Cómo hacer del decrecimiento un movimiento social de masas

La crisis climática lleva a la humanidad a un túnel oscuro. Echar el freno de mano del crecimiento turbocapitalista es una necesidad requerida por la propia ciencia. Sin embargo, de fondo hay un reto mayúsculo; el de cambiar la cosmovisión individualista y tejer una conciencia comunitaria capaz de poner la vida en el centro.

 

Es difícil escapar de las evidencias de la crisis climática cuando, cada poco tiempo, un temporal inunda pueblos enteros. Deslizar argumentos negacionistas choca con la realidad de los veranos más largos. Las fotografías aéreas de unos polos derretidos podrían servir, en este mundo del símbolo, para reforzar la verdad de la ciencia. Sin embargo, pese a los numerosos informes, la conciencia ecológica no despega lo suficiente como para despojar a la sociedad del peso del individualismo. La historia del tiempo presente es la de la desigualdad, la del neoliberalismo y el consumo vertiginoso. Todos ellos, elementos que imposibilitan frenar –más bien mitigar– las consecuencias de la crisis ecosocial.

Actuar es necesario. Así lo reclamaba Hoesung Lee, presidente del Panel de Científicos Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), en la pasada cumbre del clima. Pero para que el problema se ataje de lleno también se requiere un discurso capaz de revertir la espiral ideológica sobre la que se asientan los principios del individualismo neoliberal; reforzar lo común se presta esencial si se quiere afrontar el reto climático con aspiraciones de triunfo. "Somos una cultura que no se siente ecodependiente y no es capaz de entender hasta que punto dependemos de la naturaleza. Se pone en práctica el antropocentrismo; el no sentirse dependiente de la tierra", expresa Yayo Herrero, antropóloga ecofeminista.

Es, en definitiva, "el triunfo de la individualidad", apunta Jordi Mir, doctor en Humanidades y experto en filosofía política. Y este es un principio esencial de un sistema basado en el crecimiento exponencial y de un modelo socioeconómico que no atiende a la evidencia de que la riqueza material choca con los límites biofísicos del planeta. "Detrás de estas ideas dominantes hay una clara idea de imponer ciertos pensamientos en la agenda. Por ejemplo, el tema del transporte público frente a la libertad individual de poseer un transporte privado: las compañías de automoción son muy activas en promover la necesidad de crear un derecho a comprar un coche, pero no porque sean malas ni perversas, sino porque ese es su modelo de negocio".

Sin embargo, esos anhelos de poseer riquezas materiales podrían chocar, desde una perspectiva climática, con los derechos comunes y, en definitiva, con el devenir de una sociedad que, ante todo, aspira a sobrevivir. "La crisis ecológica o la crisis que vivimos ahora de la covid tienen en común algo básico, que nos afectan como como especie y no como individuos. No hay salidas individuales; sabemos que anualmente hay miles de personas que fallecen por enfermedades relacionadas a la contaminación y no existe una solución individual a ese problema", agrega Mir, evidenciando cómo la denominada libertad individual de consumir o tener ciertas conductas pueden ir en contra de lo común.

El poder de la industria cultural ha sido clave para generar esta necesidad de construir una identidad en torno al consumo. "Desde los años ochenta, se llevó adelante un discurso neoliberal muy intenso para desprestigiar lo público, eliminarlo si fuera posible, lo que incentivó una tendencia humana a buscar reconocimiento. Esa tendencia puede tomar formas buenas para el conjunto de la sociedad, pero también negativas como diferenciarse competitivamente a través del consumo, lo cual no es puramente espontáneo, sino fruto de un desarrollo discursivo muy apoyado por todos los medios que nos rodean, también desde la ficción", valora Alicia Puleo, doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y Catedrática de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valladolid.

"Cuando vemos ficción no nos damos cuenta de como interiorizamos el modelo de consumo. En cambio, lo publico, lo común y ecológico, es presentado de una forma estereotipada, como algo negativo y fantasioso. También se ha representado como algo antiestético o, incluso, como algo que responde a algún tipo de patología mental", añade la filósofa y autora de Claves ecofeministas

 

Hacia lo común

 

Superar esa construcción cultural que vincula el éxito a lo material es, quizá, el gran reto social del siglo XXI. "Tenemos tres ejes claros para superar ese afán de lujo privado. Por un lado, necesitamos una organización basada en la suficiencia económica. Luego, el principio de reparto, es decir, la redistribución de a riqueza y la lucha contra la riqueza excesiva. Por último, potenciar lo común y el cuidado como práctica política", razona Herrero. El desafío, por tanto, gira hacia la necesidad de "crear vidas lujosas en un clima de suficiencia" para poder asumir que "materialmente la vida debe ser mucho más sencilla".

Mir apunta a la necesidad de alejar los discursos del clima de confrontación, en tanto que "el escario nunca debe ser una opción", sobre todo cuando la cosmovisión material e individualista responde a un modelo sociedad que deriva en una serie de malas prácticas que son inconscientes por la mayor parte de la población. "Detrás de todo está la idea de que tenemos libertad y derecho a consumir o, por ejemplo, viajar en avión tantas veces como queramos. En el fondo, el mensaje de 'compra billetes low cost para viajar barato' va ligado a una serie de incentivos económicos de los que depende mucha gente, porque nuestras sociedades se articulan en torno a ello", profesa el humanista. "Nosotros planteamos algo muy diferente. Ante esta idea de libertad para decidir qué, cómo y cuánto consumir, debe haber una respuesta que sea capaz de concienciar". Se trata al fin y al cabo de hacer más evidente las contradicciones del sistema con la sostenibilidad de la vida en todas sus formas

"¿Qué sociedad es más libre: aquella en la que puedes comprar billetes low cost o la que restringe estos viaje por el problema ecológico? ¿Dónde se es más libre: en un lugar en el que se regulan unas condiciones materiales de vida mínimas, o dónde la libertad sólo consiste en poder luchar de manera individual contra la precariedad? ¿Somos más libres cuando permitimos que cada entidad contamine lo que crea oportuno, o cuando se interviene para restringir las emisiones?", plantea Mir. "Parece que la libertad de todos se tendrá que construir desde una dimensión colectiva, porque nuestras diferentes libertades individuales puestas a competir ponen en peligro la sostenibilidad de la vida".

Revertir este paradigma y hacer de todos estos valores cercanos al decrecentismo un movimiento social de masas es un reto que viene a revertir una construcción cultural afianzada con décadas de dominio neoliberal. "Una de las claves es que el discurso ecológico sea positivo, basado en el ideal de justicia y en un modelo alternativo de vida que sea atractivo. Si el discurso es el de la renuncia y la austeridad, va a ser muy difícil conseguir algo", arguye Puleo. "Habría que insistir en otro paradigma de felicidad: no se trata de ser más pobres o tener la vida más reducida, sino en descubrir nuevas posibilidades que no estén basadas en el consumo destructivo de la naturaleza", agrega, poniendo como ejemplo la ética epicúrea: "Es muy adecuada para estos problemas, ya que es hedonista, porque no renuncia al placer, sino que se centra en aquellos que no están vinculados en los lujos materiales"

El escritor británico George Monbiot hablaba en una columna en The Guardian de hacer del lujo privado un lujo común. Es decir, hacer que los esfuerzos que los individuos ponen en poseer objetos materiales vayan destinados hacia la construcción de servicios públicos de calidad. Prescindir, por ejemplo, del coche para generar un transporte público de calidad y basado en los criterios de igualdad. "Hay objetos individuales que irremediablemente nos llevan hacia injusticia social, pero que repensadas en torno a dinámicas cooperativas pueden ser válidas", expone Herrero. "Se me ocurre, por ejemplo, que ante las olas de calor el aire acondicionado no pueda ser extensible a toda la población, pero si se pueden crear espacios colectivos refrigerados".

 

Cuando lleguen los "extraterrestres"

 

El deseo de cambiar el modelo nace del decrecentismo, no como ideología, sino como fenómeno del que la humanidad no escapará, ya que el colapso del planeta fruto de una actividad económica basada en el crecimiento parece, según advierte la ciencia, cada vez más inevitable. "La clave es cómo decrecer: ¿por una vía fascista y autoritaria que conlleve recorte de derechos o por una vía democrática?", se pregunta Herrero. La dificultad de generar una conciencia global de planeta es uno de los primeros obstáculos ya que el cambio climático lleva siendo denunciado desde los años setenta del siglo XX y los pasos resolutivos, desde entonces, han sido escasos. 

En cierta medida, existe un paralelismo con la crisis de la covid-19 actual. Así lo entiende la atropóloga ecofeminista, que señala cómo el parón de la economía y las decisiones del confinamiento se han efectuado principalmente porque la vida estaba en juego. Este riesgo mortal es algo común con la situación de emergencia ecológica que experimenta la sociedad en su conjunto, sin embargo, en este caso, "la mayor parte de la gente no tiene esa percepción de riesgo".

"Hasta que no lleguen los extraterrestres e invadan el planeta no habrá una reacción conjunta", ironiza Mir, realizando un paralelismo metafórico con los efectos devastadores de la crisis climática. "Parece ser que el ser humano necesita una concreción dramática para poder reaccionar". No en vano, para el humanista la crisis del coronavirus sirve para evidenciar cómo en ocasiones lo colectivo prevalece a lo individual, incluso en una sociedad como la actual, lo cual genera ciertas esperanzas.

En cualquier caso, ese reto de articular un discurso potente, capaz de generar conciencias sociales en torno a un cambio de paradigma, se presta como un paso necesario para que la sociedad pueda tener cierta resilencia ante el colapso climático. Para Puleo, conseguir que el movimiento decrecentista o ecologista tenga cierto calado requiere de "un discurso positivo" e integrador basado en "pactos de ayuda mutua". Es decir, "acuerdos entre movimientos sociales con cierto parentesco –feminismo, ecologismo, animalismo, pacifismo, antirracismo... – que a veces tienen ciertos roces inútiles. La idea es enriquecer cada movimiento con las sensibilidades de los otros. Creo que esta una clave para tejer un decrecentismo exitoso", zanja la filósofa.

 

Un cambio global

 

Articular cambios sociales conlleva riesgos. La desvirtuación de un movimiento se puede pagar caro, en tanto que la historia muestra como el poder ha tenido a bien teñir de progreso lo que termina desembocando en desigualdad. El camino de la utopía ecosocial, en ese sentido, no queda libre de curvas y desvíos perversos. El denominado green washing, el lavado de cara verde, es una realidad que se observa ya en el presente, cuando compañías que durante décadas apostaron su crecimiento al petróleo y la expansión materialista de la riqueza, comenzaron a invertir en campañas de marketing o en negocios aparentemente libres de contaminación. 

La transición ecosocial podría derivar en un aumento de las brechas que separan el Sur Global, estancado en una pila de injusticias sociales, y el Norte Global, que ha basado su supremacía en la extracción de recursos de Estados en desarrollo. "En el siglo XVIII había naciones muy avanzadas en materia de derechos humanos, pero en el fondo, mantenían la esclavitud en sus colonias del caribe. Se podría dar una situación así, en la que los países del norte cambiaran el paradigma verde a costa de mantener sucios otro territorios. Esto es algo que ya ocurre actualmente", advierte Puleo.

"Cualquier propuesta verde que no sea consciente del reparto y del derecho de todo el mundo a acceder a lo mínimo corre el riesgo de derivar en autoritarismos", dice Herrero. El ejemplo de Le Pen es válido para la antropóloga, que recuerda cómo su discurso de autosuficiencia y relocalización productiva se asienta en el rechazo y la criminalización. "Sería un error pesar en una organización de ciudades verdes que descansan sobre el flujo de materiales y energías que vienen de otros territorios", incide. 

Por tanto, la encrucijada de la humanidad pasa, no sólo por desmaterializar las aspiraciones vitales y potencial los valores comunitarios, sino por hacerlo de una forma global, sin generar nichos territoriales de falsa sostenibilidad.

madrid

17/05/2020 08:50

Actualizado: 17/05/2020 11:11

Alejandro tena

Publicado enMedio Ambiente
Trump quiere privatizar la Estación Espacial Internacional

La administración de Donald Trump quiere convertir la Estación Espacial Internacional (EEI) en una especie de empresa inmobiliaria en órbita, no administrada por el gobierno, sino por la industria privada.

La Casa Blanca planea dejar de financiar la estación después de 2024, y poner fin al apoyo federal directo del laboratorio orbital. Pero no tiene la intención de abandonar por completo el laboratorio en órbita –que la Nasa comparte con otras agencias espaciales– y prepara un plan de transición que podría entregar la estación al sector privado, según un documento interno de la Nasa obtenido por The Washington Post.

"La decisión de terminar con el apoyo federal directo para la EEI en 2025 no implica que la plataforma en sí será desorbitada en ese momento; es posible que la industria continúe operando ciertos elementos o capacidades de la EEI como parte de una futura plataforma comercial", dice el documento.

Además, "la Nasa ampliará las alianzas internacionales y comerciales en los próximos siete años con el fin de garantizar el acceso humano continuo y la presencia en la órbita baja de la Tierra".

Para garantizar la transición, la Casa Blanca prevé solicitar un "análisis del mercado y planes de desarrollo" al sector privado.

Estados Unidos ha gastado casi 100 mil millones de dólares para construir y operar el complejo orbital, que le cuesta a la Nasa entre 3 mil y 4 mil millones de dólares anuales.

El propósito es privatizar la EEI, ubicada en la órbita baja terrestre, que es dirigida por la agencia espacial estadunidense y desarrollada de manera conjunta con la agencia espacial rusa.

Esta base es utilizada por una tripulación internacional –especialmente con la colaboración de las agencias espaciales europea, japonesa y canadiense– para desarrollar la investigación científica del universo espacial.

El gobierno estadunidense incluirá en su presupuesto de 2019 150 millones de dólares "para hacer posible el desarrollo y la maduración de entidades y de capacidades comerciales que garanticen que los que tomen el relevo de la EEI sean operacionales" en tiempo y hora.

Desde la presidencia de George W. Bush, la Nasa comenzó a subcontratar ciertas operaciones, como los vuelos de abastecimiento, ahora en manos de empresas privadas como SpaceX y Orbital ATK, cuya tendencia se acentuó en el gobierno de Barack Obama.

En riesgo, único puesto de EU

Expertos en la exploración espacial reaccionaron con inquietud ante la noticia. El senador Bill Nelson, demócrata por Florida y ex astronauta se manifestó en contra de "apagar las luces y abandonar el único puesto de avanzada que tenemos en el espacio".

El historiador de la Nasa retirado Roger Launius opinó que tal decisión afectará a todos los demás países involucrados en el proyecto. Rusia es uno de los principales involucrados, además de Japón y Canadá.

Pero, trasladarlo todo al sector comercial es un cambio drástico, expresó Mike Suffredini, ex especialista del programa espacial de la Nasa, actual gerente de Axiom Space en Houston.

Advirtió que el gobierno estadunidense necesita participar hasta cierto punto en la EEI hasta que sea desmantelada. Ninguna empresa aceptará el riesgo de ser responsable en caso de que el proyecto colapse, añadió.

El domingo, Rusia canceló el lanzamiento de una cápsula de carga no tripulada que debía llevar toneladas de suministros a la EEI. Los preparativos para el lanzamiento de la nave espacial Progress desde el complejo de Baikonur, en Kazajistán, parecían avanzar sin problemas hasta menos de un minuto antes de la hora prevista para el despegue.

Roscosmos, agencia espacial rusa, explicó que la operación se canceló por un comando automático que estaba siendo investigado; el lanzamiento fue reprogramado para hoy. Esta misión va a probar una ruta más rápida hasta la estación orbital, anclándose al laboratorio 3.5 horas después de su partida y tras dar apenas dos vueltas alrededor de la Tierra.

Miércoles, 06 Julio 2011 08:51

Hallan una fosa en España

Con el descubrimiento en Burgos se puso en evidencia a los historiadores franquistas, quienes informaron sobre menores cifras de cuerpos de los que efectivamente se encontraron, dijo la ONG que condujo la búsqueda.

Sesenta cuerpos de un grupo de trabajadores fusilados durante la Guerra Civil Española fueron exhumados ayer de una fosa en la ciudad de Burgos.

El hallazgo en la localidad norteña es muy significativo, destacó ayer la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Con el descubrimiento se puso en evidencia a los historiadores franquistas, que informaron sobre menores cifras de cuerpos de los que efectivamente se encontraron, señaló la ARMH en un comunicado. Entre lunes y martes, los arqueólogos y forenses de la Sociedad de Ciencias de Aranzadí dieron con los cerca de sesenta cuerpos durante los trabajos para intentar encontrar la llamada fosa de los ferroviarios, agregó el comunicado.

Por la ubicación y la cantidad de restos humanos encontrados, los investigadores manejan la hipótesis de que se trataría de La Legua, la fosa con los cuerpos de un grupo de trabajadores sindicalizados del ferrocarril asesinados a comienzos de la Guerra Civil Española (1936-1939). Los trabajos en esta fosa, situada cerca de la población de Gumiel de Izán, incluyen la identificación de los cuerpos y la búsqueda de familiares.

Para la ARMH, las víctimas en esta región fueron más de 700 personas. El investigador José Ignacio Casado también habla de 700 muertos no identificados en Burgos en 1936. El monte de Costaján, en Aranda de Duero, fue una de las zonas calientes de la represión franquista. Esta parte de la provincia de Burgos fue utilizada para asesinar de forma masiva y organizada a cientos de civiles desde el verano de 1936, afirmó José María Rojas, autor de varias investigaciones sobre la represión en Burgos y que colabora en los trabajos de exhumación de la fosa en las proximidades del monte.

La cercanía de este espacio natural con la cárcel de Aranda de Duero facilitó las llamadas sacas, en las que las autoridades franquistas sacaban a los presos del penal y, amparados en la impunidad del anonimato, fusilaban a los civiles detenidos sin dejar constancia.

Pero algunos vecinos de los pueblos de esta zona de la ribera burgalesa recuerdan estos episodios y pueden indicar el lugar de las fosas comunes. “Es una fosa muy conocida en la zona pero hay poca información sobre ella”, explicó Rojas. “Un vecino me indicó el punto exacto y comenzamos la investigación”, recuerda. Rojas participó en varios de los trabajos de exhumación que, desde 2003, recuperaron centenares de cuerpos en la provincia de Burgos. “Sabemos que asesinaron en la zona a un grupo el 18 de agosto de 1936, tras una detención masiva de trabajadores del gremio”, dijo Rojas.

La fosa tiene 40 metros de largo y se encuentra junto a la antigua Ruta Nacional. Los ferroviarios eran en su mayoría militantes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y la Unión General de Trabajadores (UGT) de España. El próximo paso será buscar señales que brinden pistas para identificar a los restos, tales como uniformes u objetos relacionados a la profesión de los fusilados. En otras fosas encontradas en los alrededores de Aranda de Duero se descubrieron cuerpos uniformados con insignias y distintivos de ferroviarios pero no en número tan masivo, informó la ARMH. Luego, la tarea de localizar a las familias es el paso más difícil, ya que en su mayoría no eran vecinos de Aranda, sino trabajadores trasladados a ese pueblo por razones laborales. Muchas de esas familias abandonaron la zona cuando terminó la guerra.

A 500 metros de la fosa abierta ayer, en 2003 fueron exhumados los restos de 83 civiles fusilados hace 75 años. “Esta fue una zona de excesos”, explicó Rojas. Desde entonces, el equipo de la ARMH ha localizado a 429 cuerpos en una veintena de entierros clandestinos y exhumado a más de 800 en toda la provincia de Burgos.

La ARMH, formada por familiares de víctimas y voluntarios, comenzó hace 10 años la apertura de fosas comunes en toda España para buscar e identificar a desaparecidos de la Guerra Civil, principalmente del bando perdedor, y desde entonces ha abierto unas 150 y exhumado más de 1500 cadáveres con muy poca ayuda pública y del Estado.

El Parlamento español aprobó en 2007 la Ley de Memoria Histórica para reconocer a las víctimas, pero la ARMH y otras asociaciones reclaman al gobierno una participación más activa para la búsqueda de los desaparecidos, 114.000 personas durante la Guerra Civil y los primeros años del franquismo según datos de una investigación iniciada por el juez español Baltasar Garzón en 2008.

El gobierno español publicó en mayo un mapa con más fosas comunes que contabilizaron con víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista posterior, de las cuales sólo se han abierto 329. Ese mapa identifica 2246 fosas comunes en toda España, donde podrían hallarse los restos de unas 100 mil personas. La mayoría se ubica en las regiones de Aragón y Andalucía, aunque también en Asturias, Castillas y León, Cataluña, Galicia y Madrid, entre otras. En el sitio de Internet del gobierno español, Memoria Histórica, pueden distinguirse según una clave entre distintos colores las fosas exhumadas, las exhumadas de manera parcial, las que desaparecieron bajo alguna infraestructura o las que aún no fueron halladas. Para la ARMH estos cuerpos de Gumién de Izán –que se suman a los 84 hallados en 2003 en el cercano monte de Costaján– desmienten las cifras reveladas por historiadores franquistas, que indicaban que en la provincia de Burgos se habían producido 761 asesinatos. Con la exhumación de ayer, ya se superaron los 800 cuerpos encontrados en la provincia.
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Los países miembros de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) prevén implementar la moneda común llamada 'sucre' para sus operaciones de comercio exterior a partir de 2010, ha informado una fuente oficial.

El viceministro boliviano de Exportaciones, Huáscar Ajata, ha explicado en una conferencia de prensa que el tema fundamental que abordará el consejo de ministros del área económica del ALBA este viernes en Cochabamba (centro) será la aprobación del tratado constitutivo del Sistema Único de Compensación Regional (sucre).

Indicó que los presidentes de los países miembros ratificarán la constitución de este medio de pago internacional durante la cumbre, para luego ingresar en un proceso de adecuación "que va a ser muy breve", pues "desde el siguiente año comienza la implementación con las primeras operaciones en sucres".

Ajata explicó que el "sucre" es "un intento" de las naciones de la ALBA para utilizar un medio de pago propio para las exportaciones e importaciones, al margen del dólar o el euro.

Agregó que el objetivo final es que el "sucre" sea una moneda común en los países de este bloque y no solamente un medio de pago para las operaciones de comercio exterior, como ocurrió con el euro en la Unión Europea (UE). La ponencia sobre este sistema de pago estará a cargo de Ecuador.
Un TLC paralelo

Los ministros del área económica del ALBA debatirán los fundamentos del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP), un acuerdo comercial, político y social propuesto en contraposición a los Tratados de Libre Comercio (TLC), criticados por los presidentes miembros de la alianza.

Los presidentes abordarán desde el viernes temas políticos y de defensa, en tanto que el sábado se llevará a cabo un encuentro de organizaciones sociales de la alianza.

El bloque de la ALBA está formado por Ecuador, Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Dominica, San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda.

A la cita se ha confirmado, de momento, la asistencia de los mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez; de Ecuador, Rafael Correa; de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Paraguay, Fernando Lugo, en calidad de invitado.

También estarán delegaciones de San Vicente y Granadinas, Antigua y Barbuda y Dominica, además de Uruguay, República Dominicana, Rusia y Haití, que junto a Paraguay son los países invitados en calidad de observadores al encuentro.

PÚBLICO.ES/EFE - La Paz - 13/10/2009 20:49
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Como novedad del momento, en plena campaña electoral para la presidencia de la República, luego de las elecciones que permitieron elegir congresistas en marzo pasado, distintas expresiones sociales conservan su dinámica.

Avanzan en procesos de reconstitución y proyección de su qué hacer, con un sentido que va más allá del corto plazo y que supera sus propias fuerzas. Tal hecho es nuevo, y prometedor. Porque ayer, la llegada de las elecciones significaba un paréntesis y la pérdída de la dinámica en curso. Como una línea transversal marcaba otro escenario, con un efecto de distracción, constante dispersión y falta de continuidad. De desconexión entre lo político social y lo político electoral de manera total. El interés y la participación política aparecían como un cajón de compartimentos, cada uno desconectado del otro. Una muralla que ya no es dominante en la totalidad de los sectores sociales.

Ahora, con la excepción respetable de pequeñas expresiones del activismo que se mantienen en la abstención como alternativa, o de otras, del mar electoral sin personalidad alguna; diversos sectores combinan el interés por el ahora y la tarea constante de su movilización y lucha. Son varios los procesos para hacer esta afirmación y este optimismo.

1.- Encuentro Nacional de Unidad Popular. Por un lado, avanza la dinámica a confluir en el Encuentro Nacional de Unidad Popular, a realizarse en Bogotá los próximos 4-6 de junio. Sus convocantes son expresiones de una diversidad llamativa: movimientos de carácter urbano, campesino, religioso, de género, cultural. Llegan a este punto, luego de un proceso de 6 años.

Años con depure de contradicciones y construcción de una plataforma de acción mancomunada, de proyección claramente política y de largo plazo. No es una suma de movimientos en junta por una causa coyuntural o de reivindicación puntual. No. Aunque sin abandonarlas o despreciarlas en su accionar y discurso cotidiano, saben que la única manera de avanzar hacia su obtención definitiva, está dada por el cambio a una nueva realidad económica, política, social. (ver entrevista pág. 18)

2.- El Congreso de los Pueblos. La otra luz que brilla es el Congreso de los Pueblos, como confluencia de tejidos sociales y políticos. Un quehacer de comunidades y colectivos que pretende sintetizar una agenda común entre la diversidad de todo lo alternativo realmente existente. Con una proyección y conexión de largo plazo, para ser gobierno y ser poder. El Congreso de los Pueblos se propone, por tanto, ayudar a superar el inmediatismo y la desconexión en las resistencias.

Y tal conexión pasa, necesariamente, por una nueva manera de hacer a través de sucesivas agendas y sesiones. Con definición sin hegemonías de los objetivos. Con evaluación y rectificación de los métodos. Con designación de responsabilidades y espacios a cumplir y promover con sentido de pueblo y desafío al poder. En busca de superar la institucionalización de los procesos sociales. Reapropiar la necesidad de construir caminos propios para ver y llegar a unas metas definidas colectivamente.

En esta lógica, el Congreso de los Pueblos significa un doble poder en construcción, del cual, y con el cual, deberá renacer la confianza en la fuerza y la posibilidad propias. Un esfuerzo, por tanto, autogestionario, autónomo, independiente, con capacidad para dibujar los contornos de la lucha y la sociedad necesarias. Capaz de conectarse con todos los procesos de cambio que marchan en el continente y más allá. Ningún cambio se podrá consolidar si no se inserta en una dinámica de transformación global. (Ver pág. 12)

3.- Minga social y comunitaria. Otra iniciativa de reconstrucción y coordinación social, marcha de la mano de los indígenas del Cauca (Minga social y comunitaria). Ante su experiencia y enseñanza suman, acompañan y llegan a su influencia, expresiones de lo social urbano de distinto matiz. Con varios años de acción, con importantes gestas a su haber, y con un potencial de saber y capacidad para aportar a la reconstrucción del conjunto, esta iniciativa vive un momento trascendental.

Momento que de no manejarse con superaciones de unidad y proyección nacional, sin aislamiento, puede debilitar su acumulación. Hacer perder –no sólo a ellos sino al conjunto social– todo su saber y trasegar. El indigenismo y el ideologismo son dos tensiones que hacen muros.

Como es parte sustancial de su propuesta, la instalación de un Congreso de los Pueblos, sería una derrota para la oportunidad histórica ante nosotros, y para el futuro social político de Colombia, que la Minga no facilite el concurrir en un solo espacio de construcción y proyección estratégica con ese contenido y nombre: Congreso de los Pueblos.
Son tres procesos en ruta. Además, de otros que con toda seguridad germinan en distintas coordenadas del país.

El reto es saber construir condiciones, métodos y ritmos, para que confluyan en un solo cuerpo; como veredicto de que el ciclo neoliberal en Colombia puede llegar a su fin.

Un pasado…

Por un largo tiempo, no menos de veinte años, el movimiento social colombiano vio como su dinámica quedó desecha y reducida a un afán de responder –sin ir más allá del inmediato– a cada medida gubernamental (coyunturalismo). Un resultado de varios aspectos ya conocidos y diagnósticados: la ofensiva neoliberal, la perdida de referentes históricos producto de la crisis del “socialismo real”, la cooptación e institucionalización de buena parte de la dirigencia social y política urbana, la emigración o exilio de otra parte, y en no pocos casos, la persecución y su mismo asesinato.

Durante estos veinte años, sin capacidad para contener la avalancha neoliberal, las expresiones sociales se dispersaron. Cada una, tratando de salvar algo de sus conquistas adquiridas por la sociedad y los movimientos en largas jornadas de lucha. La dispersión debilitó. Al final, ningún sector o casi ninguno salvó un algo significativo de esas viejas conquistas que permitieron, para algunos, gozar de algo más que un salario directo. Pero la dispersión de los movimientos y organizaciones trajo mucho más.

Se debilitaron sus lazos de conexión con la sociedad que decían representar. Se perdió la capacidad de tomarle la temperatura a dichos sectores y por ese conducto, de saber orientar el qué y cómo hacer en la lucha contra el Estado. Y del esfuerzo por reconfiguar una nueva sociedad. El desgrane de su militancia, fue otro de sus resultados.

Dispersión, segmentación o división entre lo político y social que impedía construir y proyectar una lectura y un accionar de largo plazo, con sentido estratégico. Estamos ante el reto y la oportunidad de superar estos lastres que tanto daño han hecho a las opciones alternativas. No podemos ser inferiores al mismo.


Publicado enEdición 157