¿Qué hacer con el poder evangélico?

Ariel Goldstein analiza cómo los grupos religiosos están copando la política en América

En su reciente libro el sociólogo rastrea el modo en que algunas vertientes evangélicas avanzaron en el tablero político de América latina. Estados Unidos, Brasil, pero también México o El Salvador, como ejemplos de sus alianzas partidarias. Las iglesias shopping y el fiel como consumidor.

 

En diez años, el evangelismo ha duplicado su porcentaje de creyentes en Argentina. En Estados Unidos, los pentecostales, la rama más poderosa dentro de esa iglesia, consumaron en 2016 una alianza con Trump que les permitió ensanchar su poder. En Brasil los votantes evangélicos representan casi un tercio de su población, y en países centroamericanos ese porcentaje es aún mayor. Los presidentes que intentan ganarse el voto evangélico no son sólo los ultraderechistas, como Trump o Bolsonaro. Andrés Manuel López Obrador en México y Dilma y Lula en Brasil, también se lo han planteado como política. ¿Cuál es el verdadero poder evangélico en los países de la región, cuánto crece ese poder, cuáles sus contactos con las altas esferas de la política y en qué medida aumentó en los últimos años su penetración a nivel popular? Son algunas de las preguntas que se hace el sociólogo Ariel Goldstein en Poder evangélico. Cómo los grupos religiosos están copando la política en América, que editorial Marea publicó recientemente.

En entrevista con Página/12, Goldstein da cifras y porcentajes, se remonta a los orígenes del evangelismo en Estados Unidos y su proyección a los países latinoamericanos. Detalla en qué consiste el pentecostalismo, hace una proyección a futuro del posible crecimiento evangélico y se detiene en el caso argentino, donde la reciente sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo acaba de infligir una importante derrota a esos grupos.

- ¿Desde cuándo los grupos evangélicos empiezan a asomar con voluntad de poder en América latina?

- La expansión evangélica en América latina varía en función de los distintos países, pero se fortalece desde mediados del siglo XX, más precisamente en las décadas del 70 y el 80, en respuesta a la llamada “teología de la liberación” adoptada por parte de la Iglesia Católica. Mientras el Concilio Vaticano II había promovido la aproximación entre grupos católicos con sensibilidad social y movimientos de izquierda, el auge del evangelismo parece tener otro sentido político. En países como Colombia está imbuido de una fuerte matriz anticomunista.

- ¿El pentecostalismo es la corriente evangélica más poderosa? 

- Creo que junto con el neopentecostalismo son las dos corrientes que más se han expandido en los últimos años. El pentecostalismo representa un giro carismático en el evangelismo que incluye hablar en lenguas, la creencia en demonios, la curación divina. En la capacidad para adaptar sus formas religiosas a la experiencia cotidiana de los sectores populares reside una de las razones de su expansión. Surge en Estados Unidos a comienzos del siglo XX y luego se va trasladando a distintos países latinoamericanos. Centroamérica es un escenario privilegiado de esa expansión.

- ¿Cuál son los contactos del evangelismo con el poder?

- En Estados Unidos se ha dado un alineamiento histórico entre el Partido Republicano y los blancos evangélicos. Esto se remonta a la aprobación del Acta de Derechos Civiles en 1964, cuando los blancos del Sur se pasaron al Partido Republicano. Ahí empieza un fuerte proceso de fortalecimiento de la derecha norteamericana vinculado al movimiento evangélico de la Mayoría Moral. También se puede ver actualmente una amplia red de pastores que viven en Estados Unidos pero predican para América latina. Por ejemplo el argentino Luis Palau o Franklin Cerrato, importante para la llegada al poder de Nayib Bukele, presidente de El Salvador. El circuito migratorio entre Estados Unidos y América latina es aprovechado por las iglesias como fuente de construcción de poder.

- En el libro cita uno de tantos “trumpismos” pasmosos: “Si Dios alguna vez quisiera un departamento en la Trump Tower, le ofrecería mi mejor suite de lujo a un precio módico”. Hacerle descuento a Dios no suena muy religioso, y sin embargo los más poderosos pastores evangélicos no dudaron en apoyarlo.

- Hubo un pacto pragmático con Trump. Muchos de estos pastores parecen haber entendido que aunque Trump no era puritano (de hecho a lo largo de su vida representó más bien los valores contrarios) sí promovió beneficios concretos para estos grupos desde el poder, incluyendo una oficina en la Casa Blanca. Trump fue además el único presidente presente en la Marcha por la Vida. Un personaje clave en esto fue Mike Pence, el vicepresidente que acaba de ponerse en contra de Trump. Pence, que parecía representar el reaseguro de ese puritanismo, es un devoto evangélico, que siempre hace acto de presencia con iglesias y pastores.

¿Trump fue el presidente estadounidense con mayor apoyo de estos sectores?

- Con Trump se dio un pacto de beneficio mutuo. El alineamiento que había empezado con Reagan se fue haciendo más profundo. Los números de apoyo en 2016 y 2020 de los blancos evangélicos a Trump son de alrededor de 80% en ambas elecciones. Es un número alto. Sin embargo, es un grupo que a nivel demográfico no está creciendo, mientras que los latinos, por ejemplo, sí lo están haciendo. Este puede ser un dilema para el Partido Republicano. Las bases electorales que históricamente han sustentado su apoyo han entrado en un declive demográfico.

- El pastor evangélico brasileño Edir Macedo habló de un “plan de poder” orientado a conquistar espacio en la sociedad y la política. ¿En qué consiste?

- Es la idea de que los elegidos por Dios deben gobernar. Ya no despreciar la política como algo “mundano y terrenal” como antes hacían los grupos evangélicos, sino poner a los ministros, presidentes, para definir las políticas en función de sus intereses religiosos.

- ¿Qué peso tuvieron los sectores evangélicos en las recientes elecciones en los países de la región?

- En 2016 en Estados Unidos, su papel fue importante porque Trump logró nuclear detrás de sí a un sector del Partido Republicano en parte gracias a los evangélicos. En 2020 tuvieron cierta incidencia para que Trump ganara el Estado de Florida, especialmente porque alrededor de un 20, 30 por ciento de los latinos en Estados Unidos participa de las iglesias. Con Bolsonaro fue importante porque especialmente luego de las manifestaciones del EleNâo, los pastores se alinearon con su candidatura. El apoyo de Edir Macedo fue un momento clave de esa expresión. Bolsonaro se ausentó del debate de TV Globo con el resto de los candidatos, pero dio entrevistas exclusivas con el canal evangélico TV Record, cuyo dueño es Macedo.

- ¿Brasil es el país con mayor porcentaje de votantes evangélicos?

- Se estima que es un 30 por ciento. Pero hay países de Centroamérica, como Guatemala y Honduras, donde ese porcentaje es mayor. En estos países han tenido una fuerte incidencia en la política a partir de su expansión territorial.

- Hace poco detuvieron por sospechas de corrupción al pastor Marcelo Crivella, alcalde evangélico de Río de Janeiro. ¿Esto podría representar un desprestigio para esa iglesia, o será tomado apenas como un caso individual?

- Es enorme el poder de la Iglesia Universal del Reino de Dios, la agrupación evangélica más poderosa, que es la que lidera Edir Macedo. Pero Crivella, aliado a Bolsonaro, es un personaje central del pasaje de los evangélicos de las mega-iglesias a la política. Entonces eso puede significar que los pastores deban ser más cuidadosos respecto de qué líderes llevan a la política. La gestión de Crivella en Río ha sido muy criticada, y de hecho ha perdido la reelección contra un político tradicional del PMDB como Eduardo Paes.

- ¿Cómo analiza el acercamiento de Bolsonaro a Israel y el apoyo explícito de líderes evangélicos?

- Israel juega un papel importante como aliado de Estados Unidos. Jerusalén es vista por muchos líderes pastores de las mega-iglesias como parte de un lugar sagrado. Este alineamiento opera como reaseguro de los intereses israelíes en el conflicto con los palestinos. Muchos de estos países, influenciados por los grupos evangélicos, promueven el traslado de las embajadas de Tel Aviv a Jerusalém. Esto ha sucedido en Guatemala, Estados Unidos, Honduras, Brasil ha abierto un escritorio comercial en Jerusalén y el traslado de la Embajada fue parte de las promesas de campaña de Bolsonaro.

- ¿Qué nivel de penetración tienen estas iglesias en sectores populares?

- Un nivel importante, porque rescatan a los jóvenes de la drogadicción, el alcoholismo y la violencia juvenil, las pandillas en el caso de Centroamérica o la violencia doméstica. Como dice el antropólogo Juliano Spyer, son una especie de estado paralelo de bienestar cuando éste se encuentra ausente. Apuntan a resolver problemáticas concretas que se presentan en el territorio. El perfil brasileño de los evangélicos es revelador: la mayoría son mujeres jóvenes, negras y pobres.

- ¿Y en la Argentina, hoy?

- Según el último estudio del Conicet la población evangélica ha pasado del 9% en 2008 al 15% en 2019. La rama que más ha crecido son los pentecostales, que representan el 13%. Existe una diversidad de corrientes dentro del evangelismo, como sucede en otros países. Pero también entidades que nuclean a estas iglesias, como Aciera. Un elemento característico es la defensa de lo que llaman la “familia tradicional”, lo que supone la oposición al aborto, entre otras cuestiones.

- En ese sentido acaban de sufrir una seria derrota, con la sanción de la legalización del aborto.

- Es posible, pero también han logrado una presencia mediática y en la calle que antes no tenían en la oposición a esta nueva ley. En países como Costa Rica, Perú, Panamá o Colombia, las coyunturas donde se debaten temas como la educación sexual en las escuelas o el matrimonio igualitario les han permitido a estos grupos visibilizar sus reclamos hacia sectores más amplios de la sociedad.

- En el libro señala que algunos sectores del progresismo hicieron pactos con fuerzas religiosas conservadoras. ¿En qué consistieron?

- Un caso interesante es el de Manuel López Obrador, que ha rendido homenaje a Naasón García de la Iglesia La Luz del Mundo, acusado de lavado de dinero y explotación sexual de menores. Pero también puede verificarse su alianza con Arturo Farela, de Confraternice, quien dijo que son “un ejército al servicio de la revolución” que lidera López Obrador. Otros son los casos de gobiernos como Nicaragua o Venezuela, que ante las violaciones de derechos humanos en ambos países y enfrentados con la Iglesia Católica, encontraron en las iglesias evangélicas un apoyo para conservar su estabilidad política. En todo caso, un factor reiterado es que los pastores terminan en general aliados a gobiernos de tendencia autoritaria, más allá de si son de derecha o izquierda.

- ¿Y Lula?

- Lula y Dilma fueron aliados del Frente Parlamentario Evangélico y sus iglesias. Les transfirieron recursos desde el Estado para el trabajo social. Hoy en Brasil el FPE representa 196 diputados y 8 senadores. Esta alianza con el PT entra en crisis alrededor de 2013. Cuando el pastor conservador y aliado de Bolsonaro, Marco Feliciano, se convierte en Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, eso supuso un gran conflicto con la izquierda del PT. La caída en popularidad de Dilma por las manifestaciones de junio de 2013 también contribuyó a la crisis. La alianza se resquebraja y ya en 2014 el Pastor Everaldo del Partido Social Cristiano (antes aliado al gobierno del PT) lanza su candidatura a la presidencia con el eslogan “privatiza todo”. Estos grupos ya estaban “en disponibilidad” para nuevas alianzas. El ascenso de Bolsonaro y la ola conservadora en 2018 terminó de sellar esta alianza que se mantiene hasta hoy y es uno de los principales apoyos de su gobierno.

"El fiel es visto como consumidor, y observa a la iglesia como espacio de entretenimiento, socialización, pertenencia y consumo".

- ¿Qué relación mantienen las distintas corrientes neoliberales con el evangelismo?

- Hay una prédica en muchas iglesias que sostiene que “la pobreza no es una condición social, sino un mal espiritual”. Así, se predica un “pacto con Dios” donde el fiel progresa por su esfuerzo y su fe. El objetivo es que sea emprendedor y alcance el progreso económico y afectivo. Es una visión que prescinde de un análisis de la sociedad en términos colectivos y busca sustento en el individualismo. En ese sentido, especialmente las corrientes neo-pentecostales pueden encontrar afinidad con el neoliberalismo.

Iglesias shopping

- Al analizar la relación del evangelismo con distintas formas de entretenimiento, habla de "iglesias shopping”. ¿En qué consisten?

- Las mega-iglesias se han tornado en centros privilegiados de consumo. Allí hay toda una serie de entretenimientos para los fieles. Bandas musicales cristianas, recitales, y objetos de consumo como libros, CDs, remeras, etc. El fiel es visto como consumidor, y observa a la iglesia como espacio de entretenimiento, socialización, pertenencia y consumo. Otra cuestión es cómo estas iglesias han usado el marketing, la televisión y las redes sociales para promover de forma exitosa sus “marcas religiosas” y reclutar nuevos fieles.

- El último capítulo del libro se titula “¿Qué hacer con el poder evangélico?”. ¿Qué hacer?

- Es necesario limitar los dos pilares donde se asienta ese poder en defensa del Estado laico y el pluralismo democrático: la cuestión territorial y la cuestión mediática. Establecer consensos entre fuerzas de izquierda, centro y derecha que busquen una defensa del Estado laico para que no sucedan escenarios como los que se ven hoy en Brasil, donde han acumulado un poder político que pone en riesgo la diversidad de creencias y el pluralismo que debe representar el Estado.

¿Por qué Ariel Goldstein?

Ariel Goldstein es doctor en Ciencia Sociales por la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe. Es docente de la cátedra Política Latinoamericana en Ciencia Política de la UBA. Se especializa en el estudio de la sociedad y la política de Brasil. Participa del proyecto internacional del cNPQ de Brasil “Prensa y circulación de ideas: el papel de los diarios en los siglos XIX y XX”. Entre sus libros se destaca Bolsonaro. La democracia de Brasil en peligro (Marea, 2019).

En Poder evangélico. Cómo los grupos religiosos están copando la política en América (Marea, 2020), analiza el crecimiento exponencial que los grupos evangélicos están teniendo en los últimos años en todo el continente americano, logrando consolidarse como nueva fuerza política y social, con presidentes, ministres, diputades y asesores que ocupan puestos clave en los gobiernos de la región. 

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Jueves, 03 Diciembre 2020 06:04

Lecciones bolivianas para América Latina

Lecciones bolivianas para América Latina

Cada vez resta menos para que termine el año 2020; un año que ha tenido de todo: desde la pandemia Covid-19 hasta la muerte de Maradona. En este tiempo, Chile aprobó un plebiscito para enterrar definitivamente la constitución pinochetista; Trump perdió las elecciones desconociendo los resultados; Guaidó se quedó en eso, en seguir siendo Guaidó, sin más pena ni gloria que una autoproclamación sin efectos; en Perú modificaron el Congreso y luego el presidente, hasta dos veces, sin necesidad de acudir a las urnas; en Ecuador cambiaron varias veces de vicepresidente; se consolidó el eje progresista Argentina-México con dos presidentes muy protagónicos en lo geopolítico, Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador, cada cual a su manera. 

En esta América Latina tensionada, Bolivia nuevamente se convirtió en el epicentro en este 2020, sobre todo porque nos dejó varias lecciones imprescindibles para tener en cuenta en los meses venideros.

Primero, no se consigue tan fácilmente la desaparición de una identidad política arraigada en la ciudadanía, ni con un golpe de Estado, ni con proscripciones, ni con persecución.

Segundo, el neoliberalismo demuestra una vez más su incapacidad para consolidar democracias, gestionar la economía (en lo macro y en lo micro), administrar el Estado, garantizar estabilidad institucional, proporcionar seguridad jurídica.

Tercero, las convicciones son rentables electoralmente a pesar de lo que digan muchos manuales ortodoxos de comunicación política. Un corpus ideológico, bien traducido en propuestas cabales, cuando sintonizan con los sentidos comunes tienen alta probabilidad de tener mayorías

Cuarto, gobernar desgasta mucho y limita la posibilidad de reciclar la épica, el relato, la narrativa, los horizontes. En el caso del MAS, en este corto periodo de tiempo afuera de la gestión gubernamental, se regeneraron dinámicas que habían quedado relativamente oxidadas algún tiempo atrás.

Quinto, la derecha no siempre está unida, ni es tan monolítica ni homogénea como se presupone. Pasó en Bolivia y ha pasado en muchos otros países de América Latina. Existen muchos más matices en el universo conservador del que nos imaginamos (visiones regionales, intereses económicos, vínculos internacionales, etc.)

Sexto, los grandes medios de comunicación se han convertido en objetos de consumo masivo, de entretenimiento, pero no constituyen ninguna fuente de credibilidad. Si hiciéramos un ejercicio de correlación estadística simple entre cantidad de portadas y titulares en contra de Evo y Arce en Bolivia, o de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, e intención de voto, nos encontraríamos una relación inversa.

Séptimo, las redes sociales importan, pero resulta importante dimensionarlas en su justa medida. El crecimiento de ese universo es evidente, pero no hay que confundir ese progreso con considerar que todo el mundo decide su voto según lo que lea en Twitter, Facebook o Instagram. Aún resta mucho por conocer cómo ellas transforman nuestras mentes, nuestros pensamientos y nuestras preferencias políticas y electorales.

Octavo, y no por último menos importante: todos aquellos que pregonan que no hay relevo detrás de los liderazgos históricos de la izquierda latinoamericana vuelven a hacerse trampas al solitario. Lucho Arce y Alberto Fernández ya son presidentes. Hay muchas probabilidades que Andrés Arauz lo sea en Ecuador. Hay líderes como Daniel Jadue en Chile, Verónika Mendoza en Perú y Gustavo Petro en Colombia, que también tienen significativas opciones para ello.

Son todos aprendizajes útiles para lo que se viene en nuestra América Latina en disputa. 

Director, Celag     

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Domingo, 01 Noviembre 2020 05:12

No hay salud mental sin derechos

Ilustración de Verónica Montón Alegre.

Este lema utilizado por la OMS y aceptado a nivel mundial, pone de manifiesto la importancia de la salud mental como clave para el bienestar, no sólo individual sino también de la sociedad en general. La buena salud mental hace que las personas  desarrollen su potencial, superen el estrés normal de la vida, trabajen de forma productiva y hagan sus aportaciones a la comunidad.

La clave: los derechos

La Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 2006 y ratificada por España en 2008, es un instrumento internacional de los derechos humanos destinada a proteger los derechos y la dignidad de las personas con cualquier tipo de discapacidad (física, mental, intelectual o sensorial) garantizando que gocen de plena igualdad ante la ley.

Esta convención adopta un modelo social de la discapacidad, siendo la sociedad la responsable de eliminar las barreras y de proporcionar los apoyos necesarios para que esta igualdad pueda darse.

El estigma

Es paradójico, sin embargo, que a la salud mental se le preste, ya no poca atención y pocos recursos en relación a otros problemas de salud, sino que además el estigma, que recae sobre las personas con problemas de salud mental, suponga una clara desventaja social, discriminación y la vulneración de sus derechos.

Esta situación, que desgraciadamente se arrastra desde hace siglos, no parece tener fin. Otros problemas de salud, que también han disfrutado de altas dosis de estigma, han acabado siendo integrados como pérdidas de salud, sin por ello penalizar, juzgar o apartar a las personas.

Acabar con el estigma de otros problemas de salud ha sido el resultado del compromiso de las instituciones implicadas (sanitarias, sociales…) a través de planes, campañas y recursos, que han garantizado una buena atención de calidad y la sensibilización de la sociedad en general.

Autoestigma

Sigue siendo frecuente, aún en nuestro medio, que a las personas diagnosticadas de un trastorno mental se las siga considerando imprevisibles, incapaces e incluso violentas, a pesar de que esto no se base en ningún dato avalado por estudios científicos. A ello hay que añadir el propio autoestigma que algunas personas tienen, lo que empeora sus posibilidades de ejercer sus derechos.

Derecho al acceso al empleo, formación y vivienda

Estas ideas irracionales y preconcebidas dan lugar a actitudes de temor y rechazo en la sociedad en general y conducen en muchos casos a la vulneración de los derechos de las personas, ya que impiden el acceso en igualdad al empleo, la formación y la vivienda. Es decir, poder ejercer los derechos de plena ciudadanía.

Luchar y erradicar el estigma y el autoestigma es una cuestión de respetar y garantizar los derechos de las personas con problemas de salud mental.

El Relator de la ONU

El último informe de 2019 del Relator Especial de la ONU sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental destaca el papel fundamental de los factores sociales, como determinantes de la salud en relación con el ejercicio efectivo del derecho a la salud mental.

La promoción de la salud mental no es un lujo, es un derecho de toda la población.

El Relator considera que un enfoque basado en los derechos para la promoción de la salud mental ofrece una alternativa al "modelo biomédico" que está orientado a la enfermedad y adopta un enfoque individual y limitado en la prevención de problemas de salud mental.

Advierte en su informe que las concepciones estrechas de los determinantes de salud, junto con un exceso de confianza en las explicaciones biomédicas de la angustia emocional y los problemas de salud mental, desvían la atención de las políticas y de las acciones basadas en Derechos que promueven la salud. También alerta que esta cuestión de derechos humanos está gravemente descuidada y que requiere de acciones urgentes.

Más igualdad, menos pobreza, acceso a la formación, espacios dignos donde vivir y posibilidad de desarrollarse a través de un empleo, son la mejor manera de promocionar la salud mental y prevenir los trastornos mentales.  Acciones más complejas y con intereses menos claros que algunos de los relacionados con el modelo biomédico que domina el discurso y la acción actual. En salud mental es tiempo de derechos y de política de derechos.

Firma del Post:

  • Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.
  • José Antonio López Cócera es enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.
  • Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.

Forman el Foro Ágora Salud:

  • Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.
  • Ricardo Campos. Médico Oftalmólogo. Ha sido Secretario General del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y subsecretario autonómico de sanidad.
  • Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.
  • Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.
  • José Antonio López Cócera es enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.
  • Isabel González. Médica radióloga. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora Gral. de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)
  • Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia.
  • Antonia García Valls. Asesora coordinadora en la Vicepresidencia Cuarta, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ha sido diputada en el congreso de los diputados.
  • Pere Herrera de Pablo. Medico de familia y médico SAMU. Ha ejercido como director del Servicio Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.
  • Roser Falip Barangué. Doctora en Medicina y especialista en medicina de familia y en análisis clínicos. Ha sido gerente del departamento de salud de Alcoy.
  • Juan Domene. Médico Inspector en el servicio de calidad asistencial y seguridad del paciente. Ha sido gerente del departamento de salud Arnau de VilanovaLliria.

Ilustra el blog:

  • Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar.

18 octubre, 2020

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Estos cinco movimientos rebeldes quieren cambiar cómo funciona el dinero

Siempre ha habido movimientos que discrepan con el sistema monetario, cómo funciona y a quién beneficia. Sin embargo, después de la crisis financiera de 2008 ha surgido una nueva oleada de agitadores pecuniarios, cada uno con ideas muy diferenciadas sobre lo que significa el dinero. Desde los predicadores del bitcoin hasta los abanderados de la teoría monetaria moderna, estos rebeldes del dinero se han repartido en bandos enfrentados.

 

Siempre ha habido movimientos que discrepan con el sistema monetario, cómo funciona y a quién beneficia. Sin embargo, después de la crisis financiera de 2008 ha surgido una nueva oleada de agitadores pecuniarios, cada uno con ideas muy diferenciadas sobre lo que significa el dinero. Desde los predicadores del bitcoin hasta los abanderados de la teoría monetaria moderna, estos rebeldes del dinero se han repartido en bandos enfrentados.

Para comprender a estos grupos y por qué luchan es importante que entendamos el sistema que cuestionan. Nuestro sistema monetario se caracteriza por los bancos centrales nacionales y las tesorerías, que emiten la base monetaria. Dicha base engloba el dinero físico en efectivo que tenemos en la cartera y también reservas, es decir, dinero digital en un formato especial que los bancos comerciales guardan en sus cuentas centrales, fuera de nuestro alcance.

Estas entidades se dedican entonces a aumentar la masa monetaria emitiendo una segunda capa de dinero sobre el dinero del banco central, mediante un proceso llamado multiplicador monetario (a veces, reserva fraccionaria). De esta forma se crea el dinero de la banca comercial, que aparece en nuestras cuentas en forma de depósitos.

Los pormenores son sutiles y complejos (sobre todo a nivel internacional), pero la interacción de estos agentes que emiten el dinero y lo sacan de la circulación hace que la masa monetaria se expanda y se contraiga, como un pulmón al respirar. Los grupos que abogan por una reforma monetaria apuntan a diferentes elementos de esta dinámica. Aquí tenemos cinco ejemplos:

Los guerreros del dinero público

Cuando amanece decimos que sale el sol, pero en realidad el sol está siempre en el mismo sitio y el amanecer es una ilusión creada por la rotación de la Tierra. La teoría monetaria moderna plantea que la noción que tenemos del dinero público trae un espejismo parecido: a menudo decimos que un gobierno central “recauda dinero” mediante los impuestos y después lo gasta, pero la realidad es que son las instituciones gubernamentales las que crean el dinero al gastarlo por primera vez y lo retiran de la circulación al exigir el pago de impuestos. Si el gobierno emite el dinero, ¿por qué tiene que pedir que se lo devuelvan?

Los partidarios de la teoría monetaria moderna esgrimen que la idea de que a un gobierno se le puede acabar el dinero como a cualquier hogar o empresa es una mera ilusión. Un gobierno solo puede quedarse sin dinero si no acuña su propia moneda soberana (como ocurre con los países de la Unión Europea que han optado por el Euro), o bien si se ha fijado un límite político sobre la emisión de moneda. En el segundo caso, los gobiernos primero deben recuperar el dinero mediante la recaudación fiscal (y otros medios) antes de volver a emitirlo en otro lugar.

Por esto, los partidarios de la teoría monetaria moderna no les compran a los conservadores el argumento de que “no hay dinero” cuando estos quieren recortar en sanidad y educación. “Los gobiernos que tienen el monopolio de su moneda siempre pueden sufragar las políticas prioritarias”, declara Pavlina Tcherneva, catedrática de Economía en el Levy Economics Institute del Bard College de Nueva York.

Según la teoría monetaria moderna, si hay personas en desempleo que quieren trabajar y recursos materiales para que lo hagan, el gobierno federal puede emitir dinero nuevo sin generar inflación, porque el incremento de la masa monetaria vendrá acompañado de un aumento de la producción. “El objetivo es poner las arcas públicas al servicio del interés general sin acelerar la inflación”, apuntó Stephanie Kelton, catedrática de Políticas Públicas y Economía en la Universidad de Stony Brook y antigua asesora jefe del senador independiente de Vermont Bernie Sanders.

Los reformistas del dinero bancario

Los reformistas del dinero bancario quieren cambiar el poder que ostenta la banca comercial para crear dinero. Otros grupos critican el sistema basado en el dinero bancario de entidades comerciales, aduciendo que genera inestabilidad económica, sobrendeudamiento y concentración de poder en manos de los bancos: esos mismos bancos que nos llevaron a la crisis financiera de 2008.

Algunos grupos que abogan por una reforma del dinero bancario son el American Monetary Institute, Dinero Positivo[1] y el Movimiento Internacional para la Reforma Monetaria (IMMR por sus siglas en inglés).

Los bancos comerciales crean dinero nuevo al conceder préstamos. El ala moderada del movimiento reformista de la banca arguye que, ya que el gobierno les otorga ese privilegio, las entidades y sus préstamos deberían estar sometidas a un mayor escrutinio democrático. Las posturas más duras, por otra parte, defienden que debería prohibirse directamente la creación de dinero por parte de los bancos.

El movimiento que aspira a poner coto al dinero bancario es más diverso políticamente que el de la teoría monetaria moderna. Esta idea se ha granjeado el apoyo de algunos liberales, como el economista ya fallecido Murray Rothbard, economistas neoclásicos como Irving Fisher y también grupos de izquierda, como el Partido Verde británico, que plantea que la creación de dinero por parte de la banca conlleva crisis medioambientales y dominación empresarial.

Sus recetas son diversas: Dinero Positivo (movimiento hermano del británico Positive Money, que elabora estudios y campañas sobre política monetaria en Reino Unido) aboga por que la creación de dinero sea competencia exclusivamente de un órgano público democrático, transparente y que rinda cuentas, dando lugar a un sistema de “dinero soberano” donde todos podamos tener una cuenta en el banco central. Esta propuesta es distinta de una banca de reserva 100 %, en cuyo caso tu banco debería disponer de reservas que respalden la totalidad de los depósitos de tu cuenta.

Los cruzados de las criptomonedas

Los cruzados de las criptomonedas no solo rechazan el sistema monetario nacional y el papel de la banca comercial, sino que rechazan de plano el concepto del dinero basado en el crédito (donde el dinero se “crea de la nada” gracias a las leyes o a un pacto social) y piden que se sustituya con “dinero mercancía” (que se “crea a partir de algo” mediante un proceso de producción). Estos grupos han recogido el testigo de los goldbugs (literalmente, “escarabajos del oro”), que aspiraban a restablecer el patrón oro.

Este movimiento comenzó con el Bitcoin y argumenta que el mejor sistema monetario es uno que no dependa de la política humana. Dicha idea se encuadra en una tradición filosófica según la cual los sistemas deberían regirse por los límites que marque Dios, la física o las matemáticas, en lugar de las leyes que elaboran los políticos. Por ejemplo, en el caso del oro existen límites geológicos a la cantidad de oro que se puede hallar y extraer. En el caso del Bitcoin, el sistema fija un máximo de dinero que puede emitirse y obliga a los participantes a “minarlo” como si fuera un recurso natural.

Los partidarios más ortodoxos del Bitcoin creen que el verdadero dinero es un bien de oferta limitada que debe extraerse mediante un proceso de producción, por lo que sostienen que el dinero fiduciario (que crean los bancos o los países) es un dinero artificial o engañoso, controlado por unos poderes corruptos. Hay un cierto puritanismo en estos cruzados de las criptomonedas que desconfían de las instituciones humanas y se encomiendan al orden “divino” abstracto de las matemáticas y los mercados.

Mientras otras corrientes como la teoría monetaria moderna se apoyan en las instituciones humanas, los criptocruzados consideran que la política es un quehacer absurdo. Esa desconfianza es sintomática: muchas veces el movimiento está tan enfrentado con el sistema crediticio como consigo mismo, como demuestran las encarnizadas luchas intestinas entre los partidarios de las diferentes criptodivisas.

No obstante, son los reformistas monetarios más acaudalados ya que, irónicamente, muchos usuarios de las criptomonedas se han hecho millonarios en la moneda fiduciaria que tanto dicen detestar.

Los localistas

Las monedas alternativas no gubernamentales ya estaban ahí mucho antes de que surgieran las criptomonedas. Estas originales alternativas al dinero corriente engloban sistemas de crédito mutuo, bancos de tiempo (donde se emplea el tiempo para medir cuántos créditos se ganan) y monedas sociales y locales, como la libra de Brixton y sistemas como el Wir suizo, una moneda que se usa entre empresas.

Esta tradición también recela de los grandes sistemas monetarios donde interactúan el gobierno y la banca privada, pero, en lugar de exigir que dichos sistemas se sustituyan por un algoritmo robótico, proponen que las comunidades más pequeñas dispongan de competencias para acuñar una moneda local.

Al contrario que los promotores de las criptomonedas, para estos grupos no hay problema con “crear dinero de la nada”, sino más bien con quién lo hace y en qué magnitud. Creen que los sistemas a gran escala alienan a las personas y disuelven las comunidades que están íntimamente unidas.

Un sistema de crédito mutuo como el Sardex de Cerdeña, por ejemplo, no rechaza la idea de la expansión y la contracción de la masa monetaria, pero integra a la comunidad de la isla a la hora de decidir en qué términos ocurre.

Mientras los demás movimientos hablan alto y claro, los entusiastas de las monedas sociales complementarias a nivel local suelen mantener un perfil bajo, son más humildes y, aunque mal remunerados, trabajan para construir estructuras resilientes en sus comunidades.

“Las monedas locales cambian cómo se emite el dinero, cómo circula y en qué se puede gastar para relocalizar economías, fomentar conductas más ecológicas y apoyar a la pequeña empresa”, declara Duncan McCann de la New Economics Foundation.

La alianza de los criptocréditos: el crédito mutuo y la tecnología blockchain se dan la mano

Este es el movimiento menos conocido o con menos desarrollo, pero quizás sea el más emocionante. Hay iniciativas incipientes, como Trustlines, Holochain, Sikoba, Waba y //medium.com/@cemilturun/we-had-paper-blockchains-for-decades-13ac29c4efd0">Defterhane, que buscan crear un híbrido entre alternativas más antiguas, como los sistemas de crédito mutuo, y las arquitecturas de cadenas de bloques sobre las que se construyen las criptomonedas. Tienen cosas en común tanto con los partidarios de la teoría monetaria moderna, que considera que el dinero entendido como mercancía es un atraso, como con los promotores de las criptomonedas, que quieren sacar al gobierno de la ecuación.

Las criptomonedas suscitaron una oleada de creatividad, aunque en gran medida esta se echó a perder en una corriente tóxica de especulación. Por otra parte, los movimientos localistas que promueven el crédito mutuo tienen ideas potentes, pero a menudo no logran darles difusión ni diseminarse. Los grupos más innovadores están explorando las posibilidades creativas que ofrecería la unión de ambos sistemas para solucionar las carencias que tienen por separado.

Por Brett Scott, es un autor y activista crítico proveniente del sistema financiero. Su trabajo examina el funcionaniento interno de las instituciones financieras, incluyendo sus dimensiones culturales.

29 jul 2020 08:32

[1] Puedes leer más sobre Positive Money aquí.

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Sábado, 06 Junio 2020 06:21

Autogestionar la comida y la vida

Foto: Producción diversificada de hortalizas en carpas solares. comunidad Canturyo, municipio Calamarca, La Paz. (CIPCA Altiplano)

El Mercado Popular de Subsistencia (MPS) es una red de 50 grupos territoriales autogestionados que se coordinan para realizar compras por fuera de los supermercados, con un ahorro que oscila entre el 30 y el 50% en el precio de los alimentos. Más de la mitad de los productos los compran directamente a los productores, explican Sebastián y Clara en una extensa conversación

Durante la pandemia la red triplicó el volumen de compras. Ya son más de mil las familias que se organizan en grupos de barriales. No se permite la compra individual, sino que deben organizarse grupos vecinos, de cooperativas o de sindicatos, para hacer un pedido mensual, que se elige de una lista de más de 300 productos incluyendo orgánicos, veganos, para celíacos, alimentos frescos, productos de limpieza y vestimenta.

Cada grupo envía los pedidos a la comisión de compras y en ese momento abona la cantidad correspondiente. Una semana después, cada grupo local recoge el pedido en uno de los dos centros de acopio en puntos estratégicos de la ciudad, y lo llevan al barrio donde lo fraccionan entre las familias.

La red funciona en base a trabajo voluntario, ya que nadie recibe salario. Se rigen por los principios de autonomía, autogestión, antipatriarcal, solidaridad de clase, apoyo a la productores y a la producción nacional y combate a la riqueza. Consideran al MPS como “una herramienta política que tiene como horizonte la construcción de una nueva sociedad sin explotades ni explotadores” (mps.org.uy).

Sebastián explica los comienzos: “En 2009 formamos la Brigada José Artigas en barrios de Montevideo, siguiendo la orientación de Pepe Mujica de promover el trabajo de base voluntario. Pero con el tiempo vimos que la propuesta del gobierno no era la adecuada, decidimos tomar nuestro camino y así fue como surgió el mercado popular”.

El primer pedido lo hicieron en enero de 2016, en base a sólo cuatro productos que se repartieron entre 20 familias. Cuatro años después ya son una fuerza social transformadora de las lógicas del consumo que consiste, como señala Clara, en “autogestionar la comida colectivamente”.

Realizan una reunión federal mensual con delegados de cada uno de los grupos territoriales, que además confluyen en cuatro zonas para resolver los problemas de distribución y compras. Han creado varias comisiones: logística, compras, finanzas, comunicación, formación e ingresos de nuevos grupos. Este 8 de marzo se creó, además, un colectivo de mujeres e identidades disidentes.

Los gastos de transporte y las bolsas para los alimentos, los financian con una cuota de 15 pesos por cada 500 pesos de compra (un dólar son 44 pesos). Los lemas principales del Mercado Popular son: “combativo, solidario, local, participativo y barato”.

Preguntados sobre los problemas más importantes que enfrentan, Clara sostiene que “con el dinero nunca hubo problemas, porque nos basamos en la confianza ya que las familias pagan la compra pero la reciben una semana después y saben que si surge alguna dificultad la vamos a resolver colectivamente”.

La participación es un escollo, dice Clara. “Que la gente se vaya rotando y no sean siempre los mismos, y sobre todo que no nos trasformemos en una cooperativa de consumo, donde algunos asalariados gestionan todo, porque somos una organización social y política que busca transformar la sociedad, lo que trasciende el consumo”.

En los últimos años hubo dos cambios importantes. Uno cualitativo, ya que durante la crisis provocada por la pandemia se multiplicaron las familias que hacen sus compras en la red. El otro es que inicialmente compraban en almacenes mayoristas, pero están migrando hacia los productores directos: campesinos que cultivan frutas y hortalizas, fábricas recuperadas por sus trabajadores y cooperativas de alimentos ya abastecen más de la mitad de los productos de la red.

Tanto Clara como Sebastián creen que el mayor desafío es que los sectores populares ocupen el Mercado Popular. “Los barrios donde predominan profesionales de clase media con salario fijo, son los que han reflexionado sobre el consumo y tienen condiciones para planificar la compra mensual. Ahí tenemos un desafío. Las familias más pobres no tienen dinero para hacer una compra para todo el mes”, reflexionan.

“Por eso queremos reconstruir el papel del viejo almacén de barrio, que nos pueda hacer la compra y le gane a los productos no más de un 15%. Es una forma de reconstruir las relaciones sociales territoriales tejidas en torno al almacén (como vender fiado), que las grandes superficies destruyeron”.

* * *

Gabriel es un obrero metalúrgico de unos 40 años que vive en la periferia oeste de Montevideo, en un barrio de trabajadores, viviendas sencillas con fondo apto para el cultivo. En febrero tuvo un accidente con su moto y le dieron la baja temporal del trabajo. Cuando llegó la pandemia decidió comenzar a cocinar para sus vecinos.

“Ya llevamos dos meses y nunca faltaron donaciones, de productores de la zona, de comercios pequeños y sobre todo aportes de los propios vecinos”, señala Gabriel. Durante las primeras semanas debía encargarse de recoger los alimentos, cocinar y hacer la limpieza, pero poco a poco algunas vecinas se están involucrando en una olla que sirve 50 platos cada noche.

En Montevideo funcionan 400 ollas populares, algo casi increíble en una ciudad de 1,2 millones de habitantes. La página solidaridad.uy detalla dónde funciona cada olla y los días que se juntan las vecinas. Clubes deportivos y sociales, comisiones de fomento, bares populares, capillas, cooperativas de vivienda, merenderos, almacenes, clubes de fútbol infantil, organizaciones políticas de base y sindicatos, son los espacios más comunes.

Algunas ollas las crearon vecinas que ni siquiera se conocían. Otras fueron impulsadas por la murga del barrio. Un puñado de sindicatos llevaron ollas y fogones a los barrios informales (asentamientos formados por tomas de tierras urbanas), llevaron alimentos y ayudan a los vecinos a organizarse.

El movimiento de ollas populares es muy variado. Algunos sectores se recostaron en empresas, y hasta supermercados, que les ofrecen canastas de alimentos para repartir, pero la mayoría son ollas que cocinan sus alimentos entre grupos de vecinos.

En Montevideo tenemos una potente cultura asociativa, desde comienzos del siglo XX cuando los obreros migrantes europeos se instalaron en la villa del Cerro, fundando ateneos, bibliotecas populares, grupos de teatro, mutuales y sindicatos. Esa cultura fue evolucionando, creciendo desde abajo, con su impronta anarquista primero, socialista y comunista después. Para que tengan una idea: el colegio de médicos, fundando por un anarquista, lleva el nombre de Sindicato Médico del Uruguay.

Por eso no resulta nada extraño que se hayan puesto en pie 400 ollas en una ciudad de tamaño mediano. En 1971, cuando se fundó, y en 1985 al terminar la dictadura, el Frente Amplio tuvo alrededor de 500 comités de base; el movimiento de derechos humanos, contra la ley de impunidad del primer gobierno pos-dictadura, formó más de 300 comisiones barriales en 1989.

En el asentamiento Las Cumbres, en la periferia este de Montevideo, viven 500 familias y funcionan dos ollas, una de ellas vegana llevada por un colectivo libertario. Interesa constatar que las ollas son el espacio de las mujeres y los jóvenes, que han conseguido reabrir algunos clubes y centros culturales que estaban en crisis y habían cerrado en los años anteriores. Es posible que el colapso permita un crecimiento de la cultura antipatriarcal y anti-capitalista.

* * *

El domingo 31 de mayo fue un día especial en Brasil. Se realizaron manifestaciones contra Bolsonaro, las más elocuentes en año y medio en el cual la calle había sido monopolizada por la ultraderecha oficialista. Lo novedoso, lo que llama profundamente la atención, es que las concentraciones en 14 ciudades fueron convocadas por las barras de fútbol.

En efecto, las movilizaciones en defensa de la democracia y contra Bolsonaro, partieron de barras organizadas de clubes como Santos, San Pablo y Palmeiras, que aunque son rivales en el campo de juego, confluyeron en la calle preocupados por “la escalada autoritaria en el país, a partir de una oleada de agresiones a periodistas y personal sanitario” (https://bit.ly/3dKPM0Y).

Las barras están organizadas desde hace varios años en la Asociación Nacional de Torcidas Organizadas (ANATORG). Decidieron no identificarse con la bandera de ningún equipo, para evitar problemas entre las barras. La primera concentración la realizaron a principios de mayo en Sao Paulo, convocados por la barra de Corintians, a la misma hora que se manifestaba la ultraderecha en la principal avenida.

Fueron apenas 70 hinchas, pero sentaron un precedente. El domingo 31 hubo enfrentamientos con la policía y con los bolsonaristas, que ya no son los únicos que ocupan la calle.

Sorprendido porque las hinchadas pelean en la calle mientras la izquierda y los sindicatos permanecen en una preocupante quietud, lancé la pregunta a un grupo de compañeros. La respuesta, brillante, vino de Silvia Adoue, profesora de la Escuela Florestán Fernandes del Movimiento Sin Tierra:

Los partidos y las centrales sindicales perdieron organicidad con los territorios y con los trabajadores. Siempre que se vislumbra una movilización, el PT trata de montarse y capturarla… y así la estropea. Me hace acordar a un episodio que Eric Hobsbawn relata en La historia social de jazz.

En una casa de jazz, se apagan las luces. Un foco sobre el jazzman. Un silencio antes de que comience. Una voz en la platea le grita: Fulano, toca algo que ellos [los blancos] no puedan imitar. Bueno, desde 2013 estamos tratando de tocar algo que ellos [los oportunistas] no puedan imitar”.

5 junio 2020 

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Miércoles, 13 Mayo 2020 08:18

La calle es la clave

La calle es la clave

Las calles vacías han puesto en evidencia que el espacio público es imprescindible para la cohesión social y aquello que nos mantiene unidos como comunidad.

 

“La calle es la clave, la clave es la calle”

(Club de los Poetas Violentos) - La saga continúa 24/7 (1997)

 

Esta crisis sanitaria del Covid-19 había sido anunciada, y con esa misma esencia premonitoria está revelando de manera cruda tantas realidades e intuiciones que habían sido enunciadas por muchos las últimas décadas; desde la importancia vital de los servicios públicos a la interdependencia social para mantener los cuidados, pasando por la necesaria revisión de nuestra relación con el planeta. Pero hay una cuestión que me parece transcendental y absolutamente tranversal a casi todos los ámbitos a los que esta crisis afecta, y es la revelación del espacio público como mecanismo para la garantía de derechos, reequilibrio de oportunidades y cohesión social.

Con casi la mitad de la población mundial confinada en los momentos más duros de la pandemia, las calles vacías han puesto en evidencia cómo el espacio público es imprescindible para que tengan lugar todas aquellas actividades que favorecen la cohesión social y nos mantienen unidos como comunidad.

El espacio público se muestra más que nunca necesario para garantizar las relaciones sociales y equilibrar déficits y desigualdades entre las condiciones de la vivienda a la que cada persona tiene acceso, por desgracia mucho más precarias de lo que sería deseable, el espacio público es en estos casos, condición de reequilibrio de las posibles carencias: superficie, soleamiento, aire, o simplemente espacio para desenvolver encuentros que hoy en día no son posibles en muchas viviendas.

El acceso al espacio público es imprescindible especialmente para las personas más vulnerables, pequeñas y mayores. Para las primeras, es necesario para su desarrollo personal, su autonomía, su educación y aprendizaje. Basta recordar para entenderlo, todo aquello que cada uno de nosotros ha vivido y aprendido en el espacio público, individual o colectivamente, interactuando con los demás. Que este ámbito de crecimiento no desaparezca ni se limite sino que aumente y se enriquezca, es básico también para que la conciliación sea posible y la brecha de género no se dispare, especialmente en estos momentos de incertidumbre respecto a la asistencia escolar reglada o los nuevos modelos laborales. Un espacio público rico y seguro es clave para una educación plena.

En el caso de los mayores, el espacio público seguro, que garantice la accesibilidad universal, es clave para la independencia y la autonomía personal, clave para otro modelo vital distinto al de la residencias de ancianos al que hemos condenado a muchos de nuestros mayores. No olvidemos que las residencias que permiten una vida, son aquellas que cuentan con servicios básicos a su alrededor, y por lo tanto una conectividad natural con el espacio público que las circunda.

Son dos ejemplos, quizás los más extremos de como una ciudad que piensa en los más vulnerables es una ciudad pensada para todas las personas.

Todo apunta a que esta realidad pandémica, y la percepción social que ha generado, han venido para quedarse, cuando menos mientras no consigamos una vacuna con garantías, o hasta que llegue la siguiente ola. Esto debería hacernos estar alerta para que el argumento de la seguridad sanitaria no sea una razón para la desdemocratización del espacio público a través del control social, y pensar que las actuales circunstancias son una oportunidad para mejorar la calidad del espacio urbano y facilitar su uso. Una oportunidad para que se visibilice el desequilibrio existente en el uso del espacio público entre el coche y el peatón, y de como otro uso del espacio libre es posible, para que las modificaciones que se están realizando en el espacio público en muchas partes del mundo puedan convertirse en definitivas, consolidar un reparto más justo del escaso espacio de nuestras ciudades y marcar las pautas del diseño urbano en el futuro, especialmente en los barrios más densos con una menor proporción de zonas libres per cápita y habitualmente con unos estándares de vivienda más precarios.

La mejor manera de conseguir un uso verdaderamente democrático del espacio es a través de una ciudad que favorezca la proximidad, donde sea posible realizar una vida plena en tu entorno inmediato, desde el ocio al trabajo pasando por la educación, la salud o la consecución de bienes de primera necesidad. Para conseguir esa ciudad próxima es preciso ejecutar intervenciones en el espacio público que garanticen su uso seguro y cómodo para todas las personas, especialmente las más vulnerables, con actuaciones de mejora que entrelacen los espacios de uso diario (servicios locales, equipamiento, espacios de ocio ...) dando continuidad a las rutas peatonales principales y conectando las diferentes partes de la ciudad, especialmente los barrios periféricos entre si, barrios que muchas veces han sido aislados del resto de la ciudad y de su entorno inmediato por la construcción de grandes infraestructuras pensadas especialmente para el transporte privado. Esta búsqueda de la conectividad es clave para acabar con la dicotomía centro/periferia y la dependencia de usos y funciones que los barrios sufren por el modelo urbano predominante.

Para conseguir esta ciudad de proximidad es esencial el ámbito de la movilidad sostenible y segura. Para evitar la dependencia del vehículo privado, es necesario favorecer y potenciar todas las alternativas posibles de las que por orden de eficiencia, universalidad y economía de recursos. Enumero las tres que considero prioritarias:

Favorecer la movilidad peatonal, extendiendo la sección de aceras que soportan tráfico peatonal alto, peatonalizando aquellas calles donde es posible la desaparición o compatibilización del tráfico vehicular con los peatones, ampliando el espacio peatonal en los accesos y alrededores de equipamientos y servicios que conllevan una alta concentración de personas, garantizando la accesibilidad universal en el espacio público, con especial atención a la resolución de barreras arquitectónicas, especialmente al ensanchamiento de aceras estrechas que hacen imposible garantizar la distancia espacial entre las personas.

Potenciar el uso de la bicicleta, como medio de transporte sostenible unipersonal, posibilitando rutas seguras, aumentando las dotaciones y régimen de oferta para el estacionamiento, implementando servicios públicos de bicicleta con asistencia al pedaleo y garantizando la universalidad de su uso, favoreciendo el acceso a las personas más vulnerables, independientemente de su condición física o económica.

Garantizar acceso al transporte público colectivo, especialmente en las circunstancias actuales en las que se prevé una reducción en su uso debido a las cautelas sanitarias. Para suplir esa menor ocupación de los vehículos, es necesario un aumento de la oferta de transporte público, ya sea con una nueva flota móvil o con un mayor uso de la flota móvil existente, por medio de recorridos prioritarios y prioridad en las intersecciones, la reducción del impacto de la hora punta mediante la regulación de los horarios de entrada y salida de los principales centros de trabajo, grandes empresas, administraciones y centros educativos de cualquier ámbito, así como unos protocolos de desinfección de vehículos y medidas de higiene que eviten la desconfianza hacia estos medios de transporte.

La salida de esta crisis tiene que ser comunitaria y solidaria, como ya se está demostrando de manera empírica con el trabajo de todas esas personas, desde las cajeras a las transportistas, repartidoras o sanitarias, que están manteniendo la sociedad en equilibrio, en muchos casos a pesar de una gran precariedad propiciada por las políticas de austeridad de los últimos años. La potenciación de lo común tiene que ser el camino también respecto al espacio público, lo peor que nos podría pasar sería que en adelante prolifere el control social del espacio público o el modelo de comunidades cerradas y apartadas, más dañino social y ecológicamente.

La forma de la ciudad es el resultado de las luchas de intereses y las circunstancias del paso de la historia, pero los ejemplos positivos parten siempre de la construcción colectiva. Esta situación dejará su huella, en las ciudades ya lo está haciendo con multitud de intervenciones de reconquista del espacio libre a favor del peatón. Los conos y la pintura nos están demostrando empíricamente que cuanto más amable es la ciudad, cuanto más fácil es recorrerla sin depender del vehículo privado, menos necesario es este, y menos espacio libre consume. Un círculo virtuoso.

Aprovechemos la ola e intentemos que de alguna manera sea positiva, convirtiendo las actuaciones provisionales en definitivas, para que en el futuro tengamos más y mejor espacio público, libre y para todas.

Por XIAO VARELA GÓMEZ

ES ARQUITECTO Y EXCONCEJAL DE REGENERACIÓN URBANA Y DERECHO A LA VIVIENDA EN A CORUÑA POR LA MAREA ATLÁNTICA (2015-2019)

13 MAY 2020 06:51

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Viernes, 24 Abril 2020 06:44

Autonomías para enfrentar las pandemias

Autonomías para enfrentar las pandemias

Cuando el Estado es poco más que un miserable espectro genocida, los recursos de los pueblos son el único relevo posible para combatir guerras y enfermedades, cuyos efectos no tienen, casi, la menor diferencia. Es cierto que las guerras destruyen, además de personas, edificios e infraestructuras, mientras las epidemias afectan, primordialmente, a los seres humanos.

En el norte y el este de Siria, después de una larga década de guerra azuzada por los principales estados del planeta y de la región, los más armados y los menos razonables, capaces incluso de haber creado y alimentado ese monstruo llamado Estado Islámico, los pueblos organizados están resistiendo ahora la pandemia de coronavirus.

Lo más notable, según las noticias que nos llegan, es que combaten el virus con las mismas armas que utilizaron durante la guerra: la cohesión comunitaria, la organización de base y la determinación, como pueblos, de hacer frente colectivamente a los mayores obstáculos. Así es la vida en los territorios donde el pueblo kurdo hace de la autonomía su seña de identidad.

Un ventilador cada 100 mil habitantes, son los recursos técnicos con los que cuenta la región, según el Centro de Información de Rojava. Buena parte del instrumental sanitario fue destruido por los recientes ataques de Turquía a las regiones autónomas kurdas.

Las cooperativas textiles y agrícolas son las encargadas de producir mascarillas para protección y los alimentos necesarios. Las comunas decidieron un toque de queda desde el 23 de marzo, sometiendo a los viajeros que llegan a la zona a una cuarentena preventiva, mientras las estructuras económicas y políticas de la autonomía, las mismas que han permitido la sobrevivencia durante una década de guerra civil en Siria, son las que garantizan la vida de la población.

"Las cooperativas están más en sintonía con las necesidades de las comunidades en las que viven sus miembros y, por tanto, tienen más probabilidades de tomar decisiones basadas en la necesidad que en las ganancias", señala un reporte de "Kurdistán América Latina" (https://bit.ly/2RX5EVo).

Las comunas, que son la unidad básica en las que está organizada la población, garantizan el cumplimiento del toque de queda y la distribución de alimentos, basadas "en el conocimiento local y la pequeña escala de estas estructuras". Elaboran listas con las familias que tienen mayores necesidades de alimentos, productos de limpieza y medicamentos y van de familia en familia distribuyendo la ayuda, para evitar aglomeraciones.

Una forma de organización que facilita la protección de las familias, ya que "los integrantes de la comuna no necesitan viajar mas allá de sus vecindarios para distribuir ayuda, disminuyendo el número de personas que viajan de ciudad en ciudad".

Este orden comunitario y autónomo se mantiene en una región poblada por 4 millones de personas, incluyendo alrededor de un millón de refugiados que viven en tiendas de campaña por la agresión turca. A pesar de la estricta organización, del trabajo de las cooperativas y comunas y de la solidaridad internacional, los hospitales y centros de salud tienen capacidad para atender sólo 460 casos activos de coronavirus.

Un informe del Comité de Solidaridad con Kurdistán de la Ciudad de México destaca que los estados y las organizaciones internacionales, como la ONU y la OMS, están actuando de forma irresponsable ante los continuos bombardeos de Turquía sobre las aldeas de Rojava, que provocan cortes de agua y agravan la situación sanitaria.

Ante esta situación sólo vale la "autoorganización comunal, ecológica y pacífica" de los pueblos en el contexto de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria, inspirada en el confederalismo democrático teorizado por Abdullah Öcalan, líder kurdo prisionero en la isla turca de Imrali.

En sintonía con la experiencia zapatista y de otros pueblos latinoamericanos, sigue el Comité de Solidaridad, defienden "una salud comunitaria basada antes que nada sobre la autonomía, la prevención social y la educación más allá de las medidas estatales represivas y centralizadoras".

"Volver a la tierra y a la naturaleza", es uno de los lemas del pueblo kurdo, que busca enfrentar ésta y futuras pandemias repoblando aldeas rurales, reforestando, con cultivos diversificados en base al trabajo comunitario.

Las palabras autodefensa, autonomía y salud comunitaria, resuenan estos días aciagos desde Rojava hasta Chiapas, pasando por Lima, donde cientos de andinos retornan a sus pueblos en la sierra, bajo el lema "Aquí termina Lima", en una magnífica descripción de Rodrigo Montoya (https://bit.ly/3bvGW69). Lejos de la modernidad urbana individualista, quieren rehacer su vida en comunidades, tejidas con base en la reciprocidad y la ayuda mutua.

El futuro de la humanidad se juega en estos espacios y territorios de los abajos, ya que resistir la pandemia supone poner en juego los mismos recursos con los que resisten al Estado y al capital.

 

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Daniel Cabrera, colombiano confinado en Myanmar y uno de los líderes de esa comunidad

A raíz de la poca o nula ayuda por parte de la Cancillería de Colombia en solvencia económica, sanitaria o gestión de vuelos humanitarios que traigan de regreso a los colombianos atrapados por el mundo producto de la cuarentena declarada por diversidad de países, un grupo de colombianos con liderazgo, algunos en Colombia y otros atrapados en el extranjero, crearon la comunidad: Quiero regresar a casa, iniciativa independiente no gubernamental. 

Una iniciativa necesaria, toda vez que el gobierno de Iván Duque y la Cancillería, a cargo de Claudia Blum, no han atendido ni resuelto la situación que sufren miles de colombianos y colombianas que están en el limbo territorial y en situación de vulnerabilidad económica, mental, en salud y otros tópicos. Una realidad que desnuda la ausencia de voluntad política de un gobierno que no reacciona ante la demanda de una parte de sus gobernados, los mismos que ven como su situación llega a extremos inmanejables, situación que de así seguir cada día será peor.

Ante estas circunstancias, como evidencia de la energía que los llena y la esperanza que los motiva, los connacionales atrapados por el mundo crearon una alternativa para poder brindar apoyo a los colombianos que están en su misma situación.

desdeabajo entrevistó a Daniel Cabrera, líder de esta comunidad, confinado en Myanmar, quien contó: “Esta es una iniciativa que nace porque muchos colombianos atrapados por el mundo, y que están buscando ayuda, no encuentran una mano amiga por parte del gobierno. No quiero que esto sea una crítica al gobierno porque nadie se esperaba una pandemia pero ya se salió de control. Lamentablemente la respuesta de las embajadas colombianas no ha sido la mejor. Los colombianos nos sentimos en situación de vulnerabilidad, mientras vemos que ciudadanos de países en Europa o Estados Unidos sí tienen respuesta de sus gobiernos”.

¿Cuáles son los objetivos de esta comunidad?

Queremos hacer realidad tres objetivos, importantes e interdependientes: 1) poder regresar a Colombia, es el más importante y primordial de todos, pero para eso necesitamos de los otros objetivos, 2) Unir a los colombianos en el exterior que sufren de xenofobia, no tienen recursos y muchos no hablan el idioma donde están varados; unirnos con los connacionales que están en Colombia y que pueden apoyarlos mientras logramos volver al país. 3) Concentrar y canalizar las comunicaciones de todos, siendo una sola grande y fuerte voz.

¿Cuál es la estrategia para poder realizar esos objetivos?

La estrategia de unir estos dos mundos es lograr identificar los casos más graves que están sobrellevando muchos compatriotas y para eso nos reunimos varios líderes alrededor del mundo. Por ejemplo, si tú estás en Colombia y estás bien, y nos dices: soy abogado y podría ayudar legalmente, soy psicólogo y podría brindar terapias o dentro de mis posibilidades podría ayudar económicamente, entonces ingreso al portal web de: Quiero Regresar A Casa www.quieroregresaracasa.com para encontrar a todos los colombianos atrapados por el mundo en condición de vulnerabilidad y decido a cuál ayudar. Nosotros hacemos el enlace entre las dos personas, somos el canal de comunicación para conectar estos dos mundos.

¿Qué están realizando ahora?

En esta primera etapa estamos recibiendo los registros de muchos colombianos atrapados alrededor del mundo. No hacemos parte del gobierno, simplemente estamos acá para conectarlos con otras personas que los quieran ayudar. Esto es independiente, somos un equipo de personas que estamos detrás de esto, y por medio de la solidaridad y colaboración podemos lograr ayudar a los connacionales atrapados por el mundo, concluyó Daniel Cabrera.

Aparte de sufrir derechos humanos básicos como a la de salud, vida, igualdad, a no sufrir destierro y, por ello, poder regresar a casa cuando se necesita o quiere, se suma que la mayoría de los colombianos atrapados por el mundo están siendo rechazados por ser extranjeros. Como también hay colombianos en su propio país los rechazan y no quieren que vuelvan al territorio nacional pensando que pueden traer el virus covid-19.

Es el momento de unirnos y agrandar los lazos de solidaridad. Que su voz encuentre oídos prestos. Todas y todos somos país. Únase también a la campaña de desdeabajo Primero el ser humano. Para ver más aquí:

https://desdeabajo.info/sociedad/item/39406-lanzada-la-campana-primeroelserhumano.html

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Jueves, 09 Abril 2020 08:22

De repente el virus llegó a la puerta

De repente el virus llegó a la puerta

De repente el virus llegó a nuestra ciudad y la habita. Esa sucesión de horas y lugares que considerábamos “normal” acaba de licuarse e irse lavamanos abajo. Por eso, la pregunta por lo que considerábamos normal queda abierta. Porque lo que emerge de la “anormalidad” pandémica es la certeza de que lo normal era caótico. Habitábamos una normalidad caótica y desigual, donde unas personas se desgañitaban por dos pesos para el pan o para el crack, mientras otras cantaban en el karaoke o gritaban las subidas en la bolsa.

Porque el bicho silenció las calles. Invisible, nos obligó a la rutina de alejamiento e higienización. Sin ruido ni agazapado puso nuestra vida en estado de guerra, como insisten políticos, médicos y otros agentes de gobierno. El pulso de la “normalidad” era el ruido ensordecido de mil batallas. Hace mucho estamos en una guerra social que por el virus ganó un compás unánime.

La médica Sophie Mainguy advirtió del sinsentido de la metáfora bélica usada en la pandemia. Recalcaba la inexactitud retórica que pone al virus-criatura-natural, en guerra contra nuestra civilización. La naturaleza nunca ha sido nuestra enemiga. Hemos explotado cada gesto de su pasividad desarmada, siendo apenas una pintoresca “materia prima” para el comercio. Es insostenible comenzar una guerra sin un enemigo definido que carece de armas. Esta pandemia es estrictamente el avance de una forma de casi-vida (los virus no están vivos) sobre una especie bípeda en la que encontró posibilidades de reproducción.

Hasta antes de la vida en cuarentena, eran comunes los fines de semana y las vacaciones en la naturaleza, sin preocuparnos mucho por el probable ataque de una horda de virus. Buscábamos el canto de los pájaros y de los insectos y nadábamos en cualquier pozo sin miedo a contagiarnos. La naturaleza, pensábamos, era la “oposición” agreste de la civilización. Pero en el neoliberalismo todo está se mercantiliza. La “naturaleza” fue convertida en “nichos” de monetización. Hoy contabilizamos los precios de producción y consumo de oxígeno. Los países comercian huellas de carbono y derechos de emisión de gases de invernadero. La pretensión de retorno a la naturaleza como pretensión de resistencia a la civilización es el tonto ensueño good vibes de un hippie que viaja en primera clase.

La unidad entre civilización y naturaleza se funda en los tránsitos entre especies, espacios y explotaciones. El flujo neoliberal transportó el virus a las ciudades. El murciélago acusado de la transmisión fue apenas la silla. Que aquel natural virus ahora corra suelto por Guayaquil, Milán o Nueva York es consecuencia del libre comercio de commodities, extraídas de todos los rincones del planeta sin reparar en cuidados para los pobladores, humanos y de otras especies. La otra consecuencia es que en todas las esquinas del globo el bicho tumba gente como moscas con graves problemas respiratorios.

El coronavirus simplemente pasó de un mamífero a otro, por puentes orgánicos entre personas y animales. No busca acabar con la humanidad y menos mantenernos en un asedio permanente que acabe con nuestra vida “normal”. Apenas aprovecha la aglomeración de bípedos para engendrar nuevas cadenas de proteína, sin importarse por el número de contagiados y muertos y menos aún por la suerte de la economía mundial. Carece de estrategia, no entrena ni abastece un ejército, tampoco está previendo armisticios o rendiciones. Sólo hace copias de sí aprovechando la dinámica de las células del bípedo. Una tarea silenciosa y repetitiva que se opone a las estridencias de grandes guerras y al ruido mecánico de la libertad de comercio.

Porque la libertad de mercado sólo funciona por la explotación de todos los seres que participan de cuerpo presente en esas cadenas de valor. Explotados los murciélagos y su cazador. También conductores, agricultoras, empleadas de servicio y todos los que producen valor. La etiología del COVID-19 se explica por el estrechamiento de los contactos entre humanos y otros organismos, debido a la explotación intensa de todos los ecosistemas. Esto lleva a especies de animales silvestres a convivir en espacios reducidos, aumentando la densidad de vectores y enfermedades. Organismos diversos viviendo en inquilinatos y tugurios “naturales”.

El neoliberalismo tuguriza. La normalidad de nuestras ciudades neoliberales incluye el hacinamiento de millones de organismos que son quienes limpian, cocinan, cuidan, matan, transportan y vigilan. Con enormes dificultades económicas y sanitarias, los tugurios son la batahola de la guerra social, contracara del silencio que reina en los barrios de clases medias y altas. El neoliberalismo también tuguriza a los organismos silvestres recluidos en pequeñas selvas y a las vacas y gallinas hacinadas en granjas de engorde. Y en todos esos tugurios se escucha claro el ruido de la guerra de nosotros contra nosotros, motivada por el comercio desbocado.

Una guerra que son las palabras de un Bolsonaro calificando la pandemia de gripezinha, mientras los hospitales en São Paulo y Río de Janeiro comienzan a estar abarrotados de gente con problemas respiratorios. Una guerra que son los balazos que matan a un indígena por proteger las selvas o a un campesino por negarse a vender sus tierras para algún emprendimiento agroindustrial. La guerra silenciada son los alaridos de los extremistas religiosos prometiendo estridentes apocalipsis.

La guerra son los exitosos celebrando a coro la privatización de todo, mientras que lloran en Twitter por la contaminación del mundo por cuenta de las empresas que nos privaron de todo. También es la negación de la guerra por políticos que hacen lobby ante los fabricantes de

armas. La guerra son el inmigrante venezolano machacando su cuerpo en una bicicleta para entregar el pedido del Rappi y siendo insultado por ser migrante. Son las voces impostadas de los videos conspiracionistas de todo tipo. Son los ataques a las ciencias, sociales y naturales, que siempre ayudaron a resolver epidemias y otros males. Porque la ausencia de ruido es el testimonio de la masacre que sostiene la normalidad, esa que podemos escuchar claramente ahora que el virus nos tocó a la puerta.

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Transferencia y poder, la cara social de la angustia

De qué se trata la crisis de la subjetividad en la pandemia

 

Freud llama angustia pánica al sentimiento de muerte de un sujeto cuando siente que su universo de símbolos se desmorona. Acontece, mayormente, durante las guerras y catástrofes. La sensación de muerte pánica puede confluir con la muerte real, pero no es la misma; la muerte real y, aun, la angustia, pueden acontecer sin pánico.

Los símbolos, las lógicas de la conciencia son el universo del sujeto, que le da un sentido en el mundo; es un saber que garantiza su vida, aun así, el sujeto no requiere, para su existir, un conocimiento de esta sujeción sino que es algo más próximo a un saber que lo antecede, lo contiene y lo sostiene, para poder existir.

La dimensión psíquica, en la cual el sujeto vive esta sujeción, es la creencia. La relación del sujeto a la realidad es por convencimiento en lo que creen. No hay una relación directa del sujeto a ninguna evidencia real. El sujeto fundamentalmente “cree” en los símbolos que están promovidos por los discursos que representanal orden simbólico.

Los primeros seres sociales personificaban su universo a través de la creencia en los saberes agrupados en los mitos y en las religiones. Las preguntas y las adversidades; lo desconocido se descifraba desde ellos e imponían, según la necesidad, algún rito, enseñando y organizando a la sociedad.

Las religiones han ido cediendo su lugar a otro saber, disciplinado bajo un orden diferente, llamado “las ciencias”. Si bien se podría decir que es más verdadero lo que dice la ciencia sobre los fenómenos, que el conocimiento que aportaban los mitos sobre las causas, la relación que mantiene el sujeto con la ciencia es la misma que tenía con los mitos y las religiones. El sujeto solo accede al conocimiento científico vía la creencia. Desplazamiento y sustitución que no es sin un cambio de paradigmas en la valorización de las lógicas que constituyen las certezas.

Este movimiento articulado a la dimensión de la creencia fueron parte fundantes de la civilización y es lo que permite sostener el dominio de los discursos institucionalizados. La civilización le demanda a la ciencia que resuelva todas las incógnitas, que ocupe el lugar de ser un saber sobre la garantía de la existencia humana, sean estos procesos físicos, biológicos o sociales. Participe el sujeto o no, sea consciente o no de ello.

El discurso de la ciencia alcanza su dominio en la civilización, incorporando dentro de sus saberes el discurso del sistema capitalista en tanto es la organización social de generación de riqueza, que se pretende científica. Por ello, las crisis económicas del sistema también son generadoras de angustia pánica, hayan padecido o no, cada uno, algún perjuicio directo.

Interpretamos la angustia pandémica como la ausencia, en la ciencia, de una respuesta a una pregunta que tampoco creó. El poder que la civilización le adjudica a la ciencia es tan elevado como el ruido que hace su caída. Cuando la ciencia pierde su lugar de ser la garantía de existencia, puede desarrollarse, en un sujeto, la angustia pánica conceptualizada por Freud.

La sensación de muerte pánica alude al descontrol de la muerte en sí, al desamparo primordial ante ella. No se refiere a la cantidad de muertos reales, sino a una muerte que contagia de muerte. Hay otras muertes, acotadas, contenidas por un saber; hay otras muertes, de cantidades horrorosas, comandadas por determinantes ideológicas e ignoradas por los productores de la ignorancia y por los sujetos que no advierten su propio horizonte ideológico.

Mientras la ciencia descifra cómo mantener la garantía, ordenó combatir al covid-19 poniendo en cuarentena a la civilizacion: paralizar la circulación y descarga social de los goces propios. El efecto que tiene esta indicación, la limpieza de la naturaleza y la saturación personal, impulsa los interrogantes sobre el principal goce, que nos ofrece el capitalismo, para nuestras descargas: “la acumulación”, razón de ser del sistema, pero que está en oposición directa a lo natural. ¿Será solo un tropezón o una caída de los parámetros que garantizan el goce de la existencia? o ¿la civilización reforzara los diques que protejan el goce del sistema?

Por ahora, lo más importante es respetar las medidas preventivas, que los gobiernos, junto a nuestros chamanes, los científicos, imponen, como rito necesario, para combatir el virus y así lograr restituir la armonía y la disputa social, es decir, nuestras creencias. Como decía Freud, la vida no vale mucho, pero es lo único que tenemos.

Herrnán C. Guggiari es psicoanalista.

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