Martes, 12 Enero 2010 06:42

CO2: El nuevo tráfico de indulgencias

Ginebra.- El elemento esencial de las indulgencias es la cesión a favor de una persona de los méritos realizados por otros. La doctrina básica era que la oración y las buenas obras tienen un valor acumulable que constituye el “Tesoro de la Iglesia”, una cuenta en el otro mundo. El depósito inicial serían los méritos de Jesús, luego abonaron los santos y miles de conventos y millones de devotos que elevan sus rezos[1]. Esas santas emisiones sumaron a la iglesia unos “trillions” en misericordia celestial. La iglesia giraba sobre esa cuenta divina a favor de los pecadores que hacían la buena obra de dar a la iglesia dinero sonante y de este mundo. 
 
La Historia nos cuenta como ese ávido truco creó un mercado conocido como el “Tráfico de Indulgencias”. Un tráfico que fue de las más graves acusaciones esgrimidas por la rebelión protestante y que obligó a reformar el uso de sus indulgencias a la propia Iglesia Católica.
 
Ahora se habla otra vez del cielo y otra vez de indulgencias. Los ricos compran unos “Bonos de Carbono”, que les perdonan sus emisiones y que obligan a los países en desarrollo a no aumentar las suyas. El efecto es congelar la mala repartición de la riqueza mundial. Como en la Organización Mundial de Comercio (OMC), con subsidios a la agricultura de los ricos, que arruinan la agricultura de los pobres. Otra vez los pobres deben salvar el planeta y redimir a los pecadores ricos. Lo peor, es que la histeria creada en torno al CO2 , un gas benéfico, desvía hacia un fantasma futuro, la atención que requiere la presente y muy real contaminación ambiental. 
 
La verdadera contaminación ambiental
 
El planeta está contaminado y continúa contaminándose. Una culpa es la ignorancia, pero la causa mayor es la codicia, la prédica del lucro como fin supremo. El estimular al consumo para ganar más y ahorrar gastos dejando impregnar el aire, la tierra o el mar de desechos tóxicos. Minería a cielo abierto. Lagos, ríos y playas negras de petróleo. Sobre-pesca. Bosques talados para soya y palma aceitera. Plásticos y desechos tóxicos en el mar. Basura indiscriminada. Desechos tóxicos vaciados en acuíferos. Munición radioactiva de la OTAN causando bebes deformes. Bombas racimo israelíes que matan niños libaneses. La lista es muy larga y no se convoca ninguna cumbre mundial para remediarlo.
 
Casi todo lo ensuciado se puede limpiar y recuperar, con un esfuerzo. Europa ya recuperó muchos lagos, ríos y bosques. El alto nivel de educación y una conciencia pública ambiental obligó a sus políticos a actuar y sin dejar de ser una gran potencia industrial. El país más contaminador con restos tóxicos son los Estados Unidos (que además produce el 30% del CO2 mundial), pero eso casi no se dice. El Pentágono contamina el mundo entero con su guerra sin fin y desde unas 800 bases, pero esas emisiones no cuentan. Estados Unidos pide en todas las negociaciones –Kyoto o Copenhagen - que la contaminación del Pentágono quede excluida[2], que no se mida; por razones de seguridad, naturalmente. 
 
La diabolización del CO2
 
Otra vez la pureza del cielo la asedia un demonio. Otra vez el diablo es un ángel caído: el CO2, el gas con que la fotosíntesis produce oxigeno. Las plantas decaen si el CO2 baja a 220 ppm[3] y mueren con 160 ppm. El nivel óptimo es cerca de 1000 ppm. 
 
El aire es una mezcla de gases, 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y 1% de otros gases, entre ellos el CO2[4]. Esa ínfima parte de CO2 oscila con los océanos: el agua fría absorbe CO2 y el agua caliente lo libera. Los océanos almacenan un 25% del CO2 para plantas y seres marinos. El CO2 es parte de la respiración humana. Cuidado, que de pronto nos cobran por respirar. 
 
Hay una campaña para culpar al CO2 por un aumento de la temperatura terrestre. El trompetista más notorio de la acusación es Al Gore, que no es un científico, sino un político norteamericano. Su documental “Una verdad inconveniente” manipula desde el título mismo. Su error más neto es decir que los mares se calientan por las emisiones de CO2, cuando es a la inversa; el mar primero se calienta y luego emite más CO2. Es un hecho básico conocido y explica la coincidencia de las curvas ascendientes de temperatura y CO2. Temo que es otro caso de etiquetar con lo contrario para vender fechorías: una mentira conveniente. 
 
Sabemos, desde bachillerato, que la temperatura terrestre fluctúa con las radiaciones solares. La vida existe porque hay “Efecto Invernadero” y el gas que más lo causa es el vapor de agua, las nubes. La tesis del “Calentamiento Global Generado por el Hombre”[5] parece explotar con fines políticos la simpatía de quienes queremos defender el ambiente de la contaminación. Se está fabricando un pretexto para imponer una autoridad mundial que administre el uso de la energía fósil, cree nuevos impuestos, cree otro mercado de valores falsos y desarrolle un mercado para bienes ambientales con tecnología de las empresas apátridas. Mientras tanto, se desvía la atención de la contaminación verdadera. 
 
Contradicciones desde el origen
 
En 1988, se creó en la ONU un “Panel Intergubernamental de Cambio Climático-IPCC[6] que contrató un grupo de expertos. En 1995 los expertos presentaron un borrador que decía: 
 
“1. Ningún estudio ha mostrado evidencia de cambio climático debido a gases de invernadero; 
 
2. Ningún estudio atribuye algún cambio climático atribuible a las actividades humanas.”
 
En el Sumario para legisladores del reporte final del IPCC se cambiaron esas dos claras negaciones por una afirmación que dice: “La balanza de la evidencia sugiere una influencia humana discernible en el clima global.” Hubo un gran escándalo[7]. Los expertos contratados por el IPCC se indignaron, muchos renunciaron y exigieron al IPCC que se borrase sus nombres del Reporte Final. 
 
Millares de científicos firman su desacuerdo con el informe del IPCC. Alguno puede que sea pagado por las petroleras, como dicen, pero tienen buenos argumentos. Todos dicen que desde siempre han habido cambios globales de temperatura. Épocas de hielo hasta los Alpes y otras calientes (900 -1200) en que la helada Groenlandia era verde y una flota china surcó el Ártico. Otro argumento válido es que los astrónomos reportan un aumento de temperatura general en todos los planetas, por una mayor actividad energética del Sol[8]. No parece culpa humana. 
 
El mercado del Carbono
 
Es la idea favorita de grandes empresas, bancos, políticos y algunas ONGs. Una autoridad mundial administraría un mercado de derechos a emitir CO2. El volumen de emisiones legal sería el de los niveles históricos, o sea, que no se disminuye, se congela. Quienes sobrepasen el nivel de emisiones legal pueden comprar bonos a quienes  emiten menos de lo permitido. Europa tiene algo así con el nombre de Sistema de Comercio de Derechos de Emisión (EU ETS). El Presidente Sarkosy ya anunció de impuestos indirectos (consumidor) al carbono.
 
Congelar las emisiones históricas es la esencia de la propuesta. El desarrollo necesita energía y esa proviene- hoy - de combustibles fósiles que generan CO2 y también gases tóxicos. El mercado de carbono es un medio para frenar a los países en desarrollo y crear otra bolsa para  jugar con las emisiones de dólares sin fondos que contaminan la economía internacional. 
 
Pandemonio en Copenhague
 
El objetivo oculto de la cumbre en Copenhagen era poner precio al CO2. Se presentó un papel  ya “negociado” con los países en desarrollo “cooperativos” de  siempre. El acceso a las reuniones se jerarquizó. Se admitió sólo a  países representados por presidentes y se excluyó a los representados por Cancilleres. Una clara violación del derecho internacional. Aún así, se excluyó a Hugo Chávez y Evo Morales, presentes en Copenhagen, por no ser “cooperativos”.
 
Luego ocurrió algo para los anales de la mala práctica diplomática. El Primer Ministro de Dinamarca, Anders Rasmussen, con el papel en la mano, ordenó a los países estudiarlo en una hora, aprobarlo y cerrar la sesión. Se levantó para irse, pero la Secretaría lo invitó a escuchar a las delegaciones que pidieron la palabra. Dejó hablar, pero sólo a los de siempre. 
 
La delegada de Venezuela, Claudia Salerno, golpeó inútilmente con su pancarta, pidiendo la palabra. Al final, con su mano sangrante increpó a Rasmussen: “¿Es que debo tener sangre en las manos para poder hablar? ¡Esto es una vergüenza!”. Al fin se le dio la palabra. Le siguieron Cuba, Bolivia y las otras delegaciones del ALBA, todas rechazando el papel. 
 
El Sr. Rasmussen escuchó, sin tomar notas como hace todo presidente de una reunión. Luego vino la segunda “gaffe”, sin más,  preguntó cuantos estaban en contra, para pasar a votación. De nuevo Venezuela lo puso en su lugar y le recordó que las decisiones en la ONU se toman por consenso. El Sr. Rasmussen pidió una pausa, de la que ya no regresó. La reunión terminó presidida por un Vicepresidente, de Bahamas, quien hizo lo adecuado: tomar nota del papel. 
 
Conclusión
 
Combatir la polución es urgente. Señalar el CO2 con el espantajo del “Cambio Climático” parece una fabulación dirigida a controlar el CO2, que es controlar energía. Se quiere crear un derecho adquirido al consumo de energía y el derecho de negarlo a otros. La OMC es ejemplo del juego con niveles históricos: quienes daban subsidios agrícolas antes los pueden seguir dando y se prohíbe darlos a quienes producían sin usar subsidios. No estamos locos y no esperamos un resultado distinto. Errare humanum est, perseverarem diavolicum. 
 
Por Umberto Mazzei, doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia. Ha sido profesor en temas económicos internacionales en universidades de Colombia, Venezuela y Guatemala. Es Director del Instituto de Relaciones Económicas Internacionales en Ginebra.
http://www.ventanaglobal.info

--------------------------------------------------------------------------------

[1] Tomás de Aquino, Summa Theologica,1947, en sacred-texts.com
[2] Bryan Farrell:  "The Green Zone: The Environmental Costs of Militarism", 2009
   Jeffrey Salmon: "National security and military policy issues involved in the Kyoto treaty," George Marshal Institute, May 18, 1998: “complete military exemption from greenhouse gas emissions limits.”
[3] Ppm : partes por millón. Es el número de moléculas de dióxido de carbono (CO2) dividido por el número de todas las otras moléculas presentes en una cantidad de aire.   
[4] El porcentaje de CO2 en el aire varia entre 0,036% y 0,039%. 
[5] Antropogenic Global Warming-AGW
[6] Intergovernmental Panel of Climate Change (IPCC)
[7] Zbignew Jaworosky: CO2 : The greatest scandal of our time, Science, March 16, 2007.
Tom Segalstad: The distribution of CO2 between Atmosphere, Hydrosphere, and Lithosphere; Minimal Influence from Anthropogenic CO2 on the Global “Greenhouse Effect,” 1995, Global Warming Debate, European Science & Environmental Forum, 1996.
[8] Pier Corbyn et al.:www.weatheraction.com: “The most significant and persistent cycle of variation in the world's temperature follows the 22-year magnetic cycle of the sun's activity… IPCC uses the 11 warmer ones.” 
 
Publicado enInternacional
Domingo, 06 Diciembre 2009 11:41

A la Tierra le toman la temperatura

magine  un invernadero... Un lugar  cerrado para concentrar el calor y favorecer el cultivo de las plantas… O   sienta  cómo la temperatura de su cuerpo aumenta  tras cubrirse totalmente con una cobija… La Tierra está experimentando un proceso similar.

Tal como lo grafica el ex vicepresidente de EE.UU., Al Gore, en su documental “Una verdad incómoda” (2006), a nuestro planeta ingresa la radiación solar, una parte se queda en la atmósfera, que es  fundamental  para   vivir, mientras que  la otra sale. Hasta ahí todo bien.  Pero hay un problema: el aumento de gases fósiles en la atmósfera, principalmente dióxido de carbono (CO2),   generado, en su mayor parte, por las industrias y vehículos, impide que  el exceso de radiación sea expulsado, por lo que el calor se queda atrapado produciendo el efecto invernadero  y el calentamiento  de la Tierra.

Según un reciente estudio del Global Carbon Project (GCP), que reúne a científicos de universidades del mundo, las emisiones de  CO2 alcanzaron 8.700 millones de toneladas en 2008, un nuevo récord que marca un alza de 2% con respecto a 2007.  El estudio registra, además, que las emisiones  de CO2 vinculadas al uso de energías fósiles, sobre todo en los países en desarrollo, aumentaron un  29% entre 2000 y 2008.   Todo este incremento de gases ha  provocado una destrucción del sistema climático, por lo que es  mejor hablar de cambio climático que de calentamiento global.

Así lo explica la directora de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente de Ecuador, Carolina Zambrano, quien detalla que este proceso, que incluye las variaciones de temperatura, también genera cambios en los patrones de precipitación, circulación atmosférica y  marina.  “Es mucho más general, no es solo un calentamiento de la Tierra, porque, incluso, la gente se pregunta  ¿por qué es calentamiento global, si ahora tengo más frío?”, manifiesta   Zambrano, quien representará a Ecuador, desde mañana hasta el 18 de diciembre, en la Conferencia  de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se realizará en Copenhague (Dinamarca), donde participarán 15.000 delegados de 191 países.

 El objetivo de esta conferencia es negociar un acuerdo sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, que sustituya al Protocolo de Kioto de 1997. Meta que Zambrano considera  difícilmente  se acuerde en diciembre, más bien cree que las reuniones  continuarán después de Copenhague.

Y es que la mencionada cumbre, en vez de crear optimismo,  genera pesimismo entre los científicos, sobre todo por la última reunión realizada en Barcelona (España) previo al  encuentro de Copenhague, porque  las negociaciones concluyeron  sin que Europa, EE.UU. y países en vías de desarrollo redacten un borrador de acuerdo sobre el porcentaje de reducción de emisión de gases de aquí al 2020. Sin embargo, China, EE.UU. e India plantearon después ofrecimientos. El primer país se comprometió  a reducir su intensidad carbónica entre el 40% y el 45% para 2020 en relación a 2005, mientras que el segundo anunció que desea reducir en 17% sus emisiones. Pero aquí  viene el condicionante: lo hará, siempre y cuando los  otros países, desarrollados y emergentes, cumplan también con sus promesas. India, en cambio, ofreció rebajar la intensidad de sus emisiones   en un 20  a 25%, entre 2005 y 2020, pero se niega a aceptar un pacto vinculante.

Inundaciones, sequías

Según el Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), que trabajó con Al Gore en el documental, si se mantiene el ritmo actual de emisiones de CO2, procedentes de la quema de combustibles fósiles, las consecuencias serán incontrolables.  Las inundaciones, sequías y un aumento del nivel del mar serán más frecuentes. Por eso detalla que los países industrializados deben reducir sus emisiones entre un 25 y 40%  en 2020 respecto a 1990, para que el calentamiento global no supere los 2 grados centígrados sobre la época preindustrial.

La temperatura media actual de nuestro planeta es de 15 grados centígrados, tal como lo confirma desde la Antártida el científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) del Ministerio de Ciencias e Innovación de España, Andrés Barbosa, quien  explica  que los cambios de clima en la Tierra han sido frecuentes a  lo largo de su historia. Pero  detalla que en la actualidad se ha detectado una tendencia en el aumento de la temperatura promedio del planeta de más de medio grado en el último siglo, en concreto 0.8ºC desde 1880.

Los trabajos del IPCC  pronostican que  la temperatura promedio de la Tierra podría subir +1,1 a +6,4 grados centígrados en 2100, con un valor medio “comprendido con más seguridad” entre +1,8 y +4ºC.

Sin embargo, de acuerdo con  un diagnóstico de la cumbre en  Copenhague, facilitado a este diario por la ONU, aunque las tasas de emisiones  se estabilicen a los niveles actuales, en solo 20 años más (de emisiones) tendríamos un 25% de probabilidad de que, aunque tuviéramos cero emisiones después de 2030, el calentamiento excederá  los 2ºC.  Algunos científicos apuntan a que el aumento no puede ser superior a 1,5 grados, ya que hay países muy vulnerables por ser costeros, como los   estados del Índico y otros, como Holanda y Bangladesh.

Alexa Kleysteuber, jefa de proyectos de la Comisión Nacional de Medio Ambiente de Chile (Conama), manifiesta a El Telégrafo que  según  el informe científico del IPCC, los once años anteriores (1995 a 2006) figuran entre los más cálidos en los registros de la temperatura de la superficie mundial desde 1850.

De dicho informe se desprende que es muy probable que en los últimos 50 años los días y noches fríos hayan sido menos frecuentes, y que los cálidos han sido más habituales -menciona la experta- quien es optimista de que las potencias lleguen a un acuerdo global en Copenhague.

Al igual que Barbosa, el geólogo de la organización española Geólogos sin Frontera,  José Antonio de San Antonio, se remonta al pasado.  Detalla que los cambios climáticos se han registrado a lo largo de los cinco mil millones de años de existencia de la Tierra. Añade, además,   que entre los años 1.500 a 1.600 hubo una ola de frío y luego llegó otra de calor que duró muchos años, hechos que quedaron  en documentos escritos en aquella época, pero no existen estudios científicos que lo comprueben.

La diferencia -dice- entre aquellos cambios evolutivos de la Tierra con los actuales es que ahora se están dando de forma más acelerada.  De San Antonio relata que hay constancia de  que hace unos 360 millones de años hubo una extinción y prácticamente desapareció el 90% de las especies del planeta, pero se  volvió a recuperar. “Por eso, cuando se habla de cambio climático, la atención debe recaer más en las personas, porque nos va a afectar mucho más. La Tierra se va  recuperando con  o sin nosotros”, menciona y  recomienda que hay que tener  cuidado y no  atemorizar a la población.

El aumento de la temperatura -destacan los científicos-  se produjo con la Revolución Industrial (1750 a 1840, 1880 a 1914) por la quema de combustibles fósiles, para  satisfacer  necesidades energéticas de la población.

Lugares extremos

Andrés Barbosa  detalla  que la temperatura  media de la Tierra se  establece con los valores de lugares extremos, como pueden ser los desiertos y los casquetes polares. “Un incremento de media de 3 o 4 grados implica cambios catastróficos”, sentencia.

Y añade que solo hay que imaginar que el incremento de alrededor de medio grado de promedio detectado hasta la fecha ha provocado efectos visibles, como aumento o disminución de precipitaciones y aumento del nivel del mar (0.8 a 3 milímetros en Europa) que está haciendo que algunas islas de Oceanía estén amenazadas.  Se suma a ello, el retroceso de los glaciares en todas las zonas montañosas del mundo, incluidos los polos, el aumento del área de distribución de enfermedades transmitidas por insectos y la  extinción de especies.

El investigador explica que la Antártida, junto con el Ártico, son dos de los lugares del planeta donde más rápidamente se está produciendo el calentamiento.
 
En la Antártida, la zona más afectada es la península antártica, donde ha aumentado la temperatura 0.6ºC en los últimos 50 años.  Todo esto ha provocado que el 80% de los glaciares de la zona esté en retroceso, haya una disminución de la cantidad de hielo marino y una reducción asociada del krill (crustáceo), principal presa de la que se alimenta la mayor parte de la fauna antártica.

A septiembre de 2009, las concentraciones de CO2  en la atmósfera sumaron   384,78   ppm (partes por millón que se refiere a los miligramos que hay en un kilogramo). José Vicente Troya, del Programa de la ONU para el  Medio Ambiente de Ecuador (Pnuma), explica que la meta es estabilizarlas a 450 ppm “y no pasar nunca ese umbral,  que es el umbral crítico en el que todavía es manejable el impacto del cambio climático”.

La lectura inicial de Troya es que  alcanzar un acuerdo global, jurídicamente vinculante, no se perfila como viable en  Copenhague, a pesar de que eso es  lo más anhelado. “A lo mejor se alcanza un acuerdo políticamente vinculante que mantenga las esperanzas de que en la futura conferencia (México 2010) se pueda concretar algo jurídicamente vinculante”, añade.

Otros científicos, como Fernando Valladares,  del Instituto de Recursos Naturales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, y Juan José Sanz, investigador   del Área de Zoología de la Facultad de Ciencias del Medio Ambiente de la Universidad de Castilla-La Mancha, mantienen similar pesimismo. 

Tras los nulos acuerdos de la Cumbre sobre el Cambio Climático de Barcelona, Valladares considera que la de Copenhague  supone un “tímido avance”.

Primero porque es difícil plantear recortes a las emisiones en el marco actual de crisis económica; segundo porque los países en vías de desarrollo quieren tener margen para aumentar o, al menos,  no reducir sus emisiones; y tercero porque los gobiernos no han hecho sus deberes y llegan a la cumbre con poco trabajo avanzado.

José Sanz ve también  con  cierta incertidumbre que se produzca  un acuerdo, pues hay muchas presiones de sectores sociales y económicos que lo dificultarán. Pero estamos viviendo desgraciadamente -enfatiza- un hecho único, “pues es la primera vez en la historia que un tema medio- ambiental obliga a los políticos a intentar adoptar acuerdos para afrontarlo”.

Diana Auz/Mónica Álvarez
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Periodistas
Publicado enInternacional
Miércoles, 03 Junio 2009 06:34

“El mundo se acerca a la pandemia”

Con casi 400 personas contagiadas hasta el momento, Chile registró la primera muerte en Sudamérica a causa de la gripe tipo A H1N1. El fallecimiento se produjo el domingo último en la ciudad sureña de Puerto Montt y, según funcionarios del Instituto de Salud Pública (ISP) chileno, la víctima es un plomero de 37 años que habría sido tratado tardíamente. También, en el país trasandino las autoridades sanitarias confirmaron tres casos de pacientes en grave estado de salud a raíz del nuevo virus. Después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) constatara ayer los “primeros signos” de una propagación autónoma del virus fuera del continente americano en Gran Bretaña, Japón, Chile y Australia, el director general adjunto del organismo, Keiji Fukuda, aseguró que el mundo “se acerca” a una fase 6 de alerta máxima de pandemia.

Chile confirmó ayer la primera muerte ocurrida en el país a causa de la gripe A: un hombre de 37 años que vivía en el sur del país y falleció la madrugada del lunes producto de una insuficiencia respiratoria severa. El diagnóstico, el primer caso de fallecimiento por gripe A en Sudamérica, fue confirmado por el ISP, un órgano dependiente de la cartera de Salud que realiza los análisis de la enfermedad, señaló el ministro de Salud chileno, Alvaro Erazo. La víctima, Fernando Vera Maldonado, había ingresado el sábado de urgencia al Hospital de Puerto Montt, a unos 1000 kilómetros al sur de Santiago.

Según Erazo, Vera Maldonado era un hombre sano que no padecía enfermedades respiratorias anteriores, pero que dos semanas antes había presentado un cuadro de resfrío común, del cual se recuperó con medidas generales y en su domicilio. Tres días antes de ser hospitalizado, no obstante, presentó fiebre y malestar general, síntomas que hicieron necesaria su internación en el Hospital de Puerto Montt, donde falleció la madrugada del lunes. El ministro relató que el paciente “se agravó en las últimas 24 horas”.

Poco después del fallecimiento, la familia de la víctima había denunciado una atención tardía por parte de los médicos. Pese a que según los allegados de Vera Maldonado el hombre habría tenido que aguardar seis horas antes de ser asistido, Erazo descartó la atención inapropiada de parte de los servicios de salud pública: “La constatación que nosotros tenemos es que el procedimiento ha sido el adecuado”, dijo Erazo, quien realizó también un llamado a la calma a la población.

Chile es el país de Sudamérica con más casos confirmados de gripe A, con niños y adultos infectados, de los cuales tres permanecían ayer en estado grave. “A pesar de los casi 400 casos de influenza humana en el país certificados por el Instituto de Salud Pública, estamos bajo la letalidad que se espera para esta enfermedad, que es 0,1 por ciento”, añadió el ministro.

En los últimos días, también en Canadá y Estados Unidos se produjeron nuevas muertes producto del virus de tipo A. Las autoridades canadienses anunciaron ayer que el domingo pasado falleció un hombre en la ciudad de Ontario debido a la influenza H1N1. En Estados Unidos, por su parte, un niño de dos años se convirtió en la quinta persona infectada con el virus de la gripe que fallece en la ciudad de Nueva York y elevó a 18 el total de muertos por la enfermedad en el país.

En Gran Bretaña, dos enfermos de gripe A se encuentran en “un estado crítico, pero estacionario” y han sido ingresados en la unidad de cuidados intensivos de un hospital en Escocia. El dato: los dos enfermos (un hombre de 45 años y una mujer de 38) no tienen ninguna vinculación con otros casos detectados, como tampoco viajaron a Norteamérica en el último tiempo.

Desde la OMS, ayer Fukuda definió la expansión del virus de la gripe A H1N1 como “una situación moderada, dado que no podemos afirmar categóricamente que sea leve”. Según los últimos datos confirmados ayer por los laboratorios de la red de la OMS, los casos de personas infectadas por la gripe ascienden a 18.965 en 64 países.

Por esta razón, la agencia sanitaria de la ONU mantiene el nivel de alerta pandémica en el nivel 5 de 6, a pesar de que Fukuda dijo que “estamos cerca de la fase 6”. El directivo explicó que, tras varias consultas con expertos de todo el mundo, la OMS decidió que para subir a la fase 6 se evaluarán de forma paralela la expansión del contagio y la severidad de los casos. No obstante, alertó que la gravedad puede variar de país a país en función del estado de la población y de su predisposición al contagio.
 

Publicado enInternacional

Hoy, como en el pasado, la humanidad se enfrenta a una nueva pandemia de microrganismos, la cual, sin embargo, no es sino una fracción de otra que podríamos llamar suprema o estelar. La gran pandemia” es sin duda la que nosotros mismos, como especie biológica, hemos provocado en los últimos tiempos. La especie humana no solamente desafió las leyes de los ecosistemas, sino que se extendió por buena parte del planeta y en el último siglo incrementó su población a tasas cada vez más altas y en periodos cada vez más cortos.

De los algo más de mil millones de seres humanos que existían en 1900 se pasó a los 6 mil millones en esta década. ¿Qué planeta puede soportar esta insólita expansión? Desde el punto de vista ecológico, mantener esta gigantesca población significa librar permanentemente durísimas batallas contra los organismos que buscan aprovechar esta situación anómala y, especialmente contra la gama conocida de microrganismos: hongos, bacterias, virus, retrovirus, viroides y priones.

La “gran pandemia” no es, sin embargo, solamente demográfica, también atañe a lo que podemos llamar la “matriz civilizatoria industrial” e incluye desde la visión moderna del mundo hasta los diseños tecnológicos y los mecanismos de acumulación implícitos al desarrollo del capitalismo.

No se puede solamente recurrir a Malthus sin invocar a Marx. El mundo de hoy necesita detener tanto el crecimiento descomunal de la población humana como transformar radicalmente el modelo de civilización. Hoy el riesgo no proviene únicamente de “fuera”. La influenza estacional que cada año brota en los inviernos de los dos hemisferios quita la vida a entre 250 mil y 500 mil individuos, es verdad, pero el auto mata anualmente a un millón de personas y los accidentes automovilísticos dejan entre 25 y 30 millones de heridos al año. Si el sida mantiene infectada a una población estimada en 33 millones, de las cuales anualmente mueren 2 millones, los pesticidas, creados en los laboratorios químicos, afectan, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a 2 millones de personas y matan anualmente a 200 mil.

Cada día se hace más difícil distinguir entre las muertes provocadas por “agentes naturales externos” y las muertes generadas en el “interior” de la sociedad industrial. Las influenzas, por ejemplo, son ya enfermedades generadas por virus que son creaciones naturales e industriales. Los virus de la gripe son el resultado de la combinación endiablada de formas que han ido de los humanos a las aves y a los cerdos, del movimiento entre estos últimos, y del retorno a los humanos en ciclos dominados por el azar (las mutaciones) que se repiten silenciosa y peligrosamente por todo el planeta.

Este fenómeno se ve promovido y acentuado por la existencia de los gigantescos confinamientos mediante los cuales la producción industrial genera los alimentos cárnicos (de aves, cerdos, bovinos, etcétera). Los “campos de concentración animal”, que son cada vez más la base de la maquinaria industrial productora de alimentos, que concentran miles y cientos de miles de animales para su sacrificio, son verdaderos focos para la incubación, mutación y recombinación de virus como el de la influenza.

Y las cifras son impresionantes. La especie humana mantiene alrededor de 2 mil millones de cerdos, 85 por ciento de los cuales están en China, Europa y Estados Unidos. Cada semana las bocas humanas consumen 23 millones de cerdos, buena parte de los cuales provienen de confinamientos masivos. Monopolios y monocultivos son dos formulaciones fuertemente emparentadas desde el surgimiento del capitalismo. Los cocteles para la gestación de nuevas formas virales están, pues, a la luz del día en las granjas industrializadas del mundo, no solamente las de cerdos, sino las de las aves (la influenza aviar) y las de los bovinos (recuérdese el mal de las vacas locas).
El riesgo de enfermedades no solamente está ligado con las cadenas alimenticias (y de ahí la necesidad de crear y extender sistemas agroecológicos de producción de alimentos sanos). Las diferentes ramas industriales generan sustancias tóxicas (solamente en Europa se han inventariado 40 mil) que se está demostrando son la causa, o parte de ella, de nuevos males, como ciertos tipos de cáncer, alergias y estado de depresión inmunológica. De ellos destacan los pesticidas, utilizados principalmente en los extensos y monótonos campos de cultivo agroindustrial.

Se define un pesticida como toda aquella sustancia que sirve para combatir los parásitos y las enfermedades de cultivos, ganado, animales domésticos, y del mismo ser humano. Los pesticidas surgieron a partir de la Segunda Guerra Mundial y son compuestos químicos (DDT, organoclorados, organofosforados y carbamatos) elaborados para exterminar plagas y enfermedades que afectan las grandes concentraciones humanas y las de sus plantas y animales domesticados. No obstante, los pesticidas no solamente afectan la salud humana, también generan impactos sobre los ciclos naturales y las especies. La extraña extinción de las abejas en extensas regiones de Estados Unidos y China al parecer ha sido provocada por estas sustancias.

El último diseño ligado a los extensos campos de cultivo agroindustriales son los organismos genéticamente modificados (alimentos transgénicos), que son creaciones derivadas de la biotecnología y de la genómica. Aunque no está aún demostrado que causen daño a quienes los consumen, su peligrosidad potencial radica en un nuevo tipo de contaminación: la genética, cuyos efectos son mucho más dificiles de detectar y controlar. En esta ocasión el ser humano, no Dios, juega con los dados de la vida misma al introducir al mundo de la naturaleza organismos que pueden provocar cambios inesperados sobre las poblaciones de las especies domesticadas y silvestres. En México el caso del maíz transgénico es un caso clave y dramático.

Los seres humanos estamos atrapados dentro de una encrucijada, en una vorágine de riesgos, que es el resultado del tamaño descomunal de la población, a la cual intenta alimentarse mediante formas (agroindustriales) que facilitan, a su vez, la proliferación de patógenos, que contaminan y afectan la salud humana y que amenazan con provocar transformaciones nunca antes vistas en la estructura genética de los organismos (transgénicos). Todo ello es parte de esta “gran pandemia” a la cual siempre terminaremos llegando. ¿Cuál es la curación posible a las infinitas pandemias en que han muerto millones?

Por, Víctor M. Toledo

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

Publicado enInternacional
En la cumbre de cambio climático, Al Gore dijo que cada aumento de un metro del nivel del mar traerá estas consecuencias.

“Ves ese río fluyendo suavemente...Notas las hojas murmurando con el viento. Escucha los pájaros, escucha las ramas arbóreas. A la distancia, sientes el pasto. Hay silencio, hay paz y, de repente, cambias de velocidad dentro de ti y es como respirar hondo y pensar: Ah, sí, se me había olvidado lo que era esto”... Luego de ello, se fusionan más imágenes que muestran sequía y contaminación.

Así, inicia el documental del ex vicepresidente estadounidense Al Gore, titulado “Una verdad incómoda” (2006), con el que busca hacer conciencia en la humanidad sobre las consecuencias del cambio climático y por el que obtuvo el Premio Nobel de la Paz, en octubre de 2007.

Aunque no ha dejado de  exponer su filme alrededor del mundo, Al Gore hizo un nuevo llamado, en  la Conferencia de Tromsoe (norte de Noruega), sobre los retos del cambio climático en la región, para actuar rápidamente y frenar el derretimiento de los hielos en el Ártico, a pocos meses de la Cumbre de Copenhague (Dinamarca) sobre el clima.

De acuerdo con sus investigaciones, el ex  vicepresidente calculó que cada aumento de un metro del nivel del mar provocará 100 millones de refugiados climáticos. De la misma manera, el derretimiento de las nieves del Himalaya, conocido como “el tercer polo”, desencadenará en un primer tiempo inundaciones y después sequía, para el 40% de la población mundial, que depende de esta fuente de agua dulce.

Gore advirtió que el hielo del Ártico y de Groenlandia desaparece a un ritmo aún más rápido que el previsto en los análisis más pesimistas de hace unos años. “Esta conferencia es una alarma para el mundo”.

El carbón y otras partículas son transportadas por el viento hasta el Ártico y depositadas sobre los hielos
En la cumbre se expuso que los bancos de hielo disminuyen casi en todas las regiones del mundo, incluso en el oeste del Antártico, zona que se pensaba que estaba relativamente a salvo del deshielo hace unos años. En el Ártico, la masa de hielo alcanzó un nivel mínimo en septiembre de 2007, con 4,13 millones de km2, y su grosor cada vez más reducido la vuelve más frágil y más susceptible de derretirse. “Las pruebas científicas para que se actúe siguen acumulándose semana tras semana”, precisó.

Para frenar el deshielo, los participantes en la conferencia de Tromsoe propusieron varias acciones rápidas, sobre todo la reducción de algunas sustancias contaminantes como el hollín. El carbón y otras partículas finas son transportadas por el viento hasta el Ártico, y depositadas sobre los hielos, aumentando así su absorción de energía solar y acelerando su deshielo.

Las medidas contra el calentamiento anunciadas hasta ahora solo permiten reducir las emisiones de CO2 de un tercio de lo necesario, afirmó el estadounidense Robert Correll, que presidió la Evaluación del impacto del cambio climático en el Ártico en 2004.

Mientras tanto, representantes de los EE.UU. y la Unión Europea (UE) se mostraron ayer más optimistas sobre la posibilidad de que se alcance un acuerdo global sobre el cambio climático en Copenhague, si bien advirtieron que las negociaciones no serán fáciles.

Los representantes de 18 grandes economías se reunieron durante dos días, en Washington, para preparar el encuentro de la ONU, en diciembre, en Copenhague, que busca alcanzar un pacto para reducir los gases de efecto invernadero.

El enviado especial de EE.UU. para el Cambio Climático, Todd Stern,  confesó ayer que está “un poco más optimista” sobre las perspectivas de un pacto que sustituya al Protocolo de Kioto, que expira en 2012. 

El foro, que reunió a los países responsables del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero, más la ONU, la UE y Dinamarca, pretende servir de instrumento para forjar un consenso de cara a las negociaciones de diciembre
Publicado enInternacional
Martes, 06 Enero 2009 07:44

Océanos. Un mar de problemas

No es mucho lo que se sabe del mar, dicen algunos; hay mejores mapas de la superficie de Marte. Pero se han perforado 2 mil agujeros en su fondo, se le han tomado cientos de miles de fotografías, hay satélites que monitorean los cinco océanos y flotadores equipados con instrumentos que suben y bajan como yoyos perpetuos Lo que conocemos es bastante, pero muy poco es tranquilizador.

Las preocupaciones comienzan en la superficie, donde una atmósfera cargada de dióxido de carbono interactúa con las aguas salobres. El mar se ha vuelto más ácido, lo que hace la vida sea más difícil, si no imposible, para organismos marinos con conchas de carbonato de calcio o esqueletos. Éstos no son tan comunes como los camarones o langostas; sin embargo, especies como el kril (copépodo), pequeño crustáceo parecido al camarón, juegan un papel crucial en la cadena alimenticia: si las eliminamos, acabamos con quienes las consumen, cuyos depredadores podrían ser los que uno disfruta fritos, asados o con salsa tártara. Lo que es peor, podríamos desestabilizar todo el ecosistema.

Está también lo que la acidificación hace a los arrecifes de coral, en particular si ya han sido afectados por sobrexplotación, sobrecalentamiento o contaminación. Muchos lo han sido y están gravemente dañados. Algunos científicos creen que los arrecifes de coral, hogar de una cuarta parte de todas las especies marinas, podrían desaparecer en unas cuantas décadas. Sería el fin de las selvas tropicales de los mares.

El dióxido de carbono afecta al mar de diversas maneras, en particular por el calentamiento global. Los océanos se expanden conforme se calientan. También aumentan por el derretimiento de glaciares, capas de hielo y casquetes polares: el hielo de Groenlandia está en vías de derretirse por completo, lo que tarde o temprano elevará el nivel de mar casi siete metros. Incluso, a finales de este siglo el nivel bien podría haberse elevado 80 centímetros, quizá mucho más. Para 630 millones de personas que viven a menos de 10 kilómetros del mar, esto es algo serio. Países como Bangladesh, de 150 millones de habitantes, se inundarán. Incluso personas que viven tierra adentro podrían resultar afectadas por el calentamiento: las sequías en el oeste de Estados Unidos parecen causadas por el cambio de temperaturas superficiales en el Pacífico tropical.

Y están además las mareas rojas de algas florecientes, plagas de medusas y zonas muertas donde sólo prosperan organismos simples. Todos aumentan en intensidad, frecuencia y nivel. Todos, también, están vinculados al parecer con variadas presiones que el hombre inflige a los ecosistemas marinos: sobrepesca, calentamiento global, fertilizantes que van a dar a ríos y estuarios; a menudo, concatenados unos con otros.

Ciertos cambios no pueden ser responsabilidad total del hombre. Pero uno que sin duda no tiene otra causa es la escasez de peces: la mayoría de las especies grandes han sido objeto de pesca intensiva, y el resto desaparecerá en unas décadas si el pillaje continúa como hasta ahora. Más de tres cuartas partes de todas las especies de peces de mar están por debajo de niveles sostenibles, o al borde de estarlo. Otro cambio es la aparición de una masa de desechos plásticos que se arremolina en dos coágulos sobre el Pacífico, cada una tan grande como Estados Unidos. Y hay un montón más de calamidades en el mar.

Las lágrimas de Neptuno

Cada uno de estos cambios es una catástrofe. En conjunto significan algo mucho peor. Para colmo, ocurren con alarmante rapidez: en décadas, es decir, en mucho menos tiempo que los eones necesarios para que peces y plantas se adapten. Muchos son irreversibles. Según el cuerpo de científicos más eminente de Gran Bretaña, la Real Sociedad Científica, tomará muchos miles de años para que la química del océano regrese a un estado similar al preindustrial de hace 200 años. Muchos incluso temen que algunos cambios estén por alcanzar el umbral después del cual sobrevendrán de manera incontrolable y rápida muchos cambios mayores. Nadie entiende por qué el bacalao no ha regresado a las costas canadienses, aun después de 16 años de no pescarlo. Nadie sabe a ciencia cierta por qué los glaciares y las placas de hielo se derriten tan rápido, o por qué un lago de seis kilómetros cuadrados formado del deshielo en Groenlandia puede evaporarse en 24 horas, como pasó en 2006. Tales acontecimientos inesperados ponen nerviosos a los científicos.

¿Qué se puede hacer? El mar, la última parte del mundo donde el hombre actúa aún como cazador-recolector –además de bañista, minero, basurero y contaminador general–, necesita administración, de la misma forma que la tierra. La economía la requiere tanto como el ambiente, pues el mundo dilapida dinero gracias a su pobre administración de los océanos. Según el Banco Mundial, la mala organización y la pesca excesiva dilapidan 50 mil millones de dólares al año.

La economía también ofrece algunas respuestas. Para empezar, los subsidios a la pesca deberían abolirse en una industria que se caracteriza por la sobrecapacidad e ineficiencia. Los gobiernos necesitan considerar maneras de promover el interés por la conservación en quienes explotan los recursos del mar. Una forma es el sistema de cuotas de pesca individuales transferibles que ha dado resultado en Islandia, Noruega Nueva Zelanda y el oeste de Estados Unidos. Derechos similares podrían otorgarse a quienes contaminan con nitrógeno, como se les han dado a los que en Europa contaminan con carbón y a los mineros del lecho marino en las placas continentales.

Las cuotas funcionan en aguas nacionales. Pero en alta mar, más allá de los límites del control nacional, se presentan problemas más grandes, y muchos temen que atunes, tiburones y otros grandes peces que nadan en mar abierto serán exterminados. Pese a que acuerdos internacionales de pesca que cubren el Atlántico Norte muestran que la administración puede funcionar incluso en aguas comunes, la comisión de atún del Atlántico demuestra también que puede fracasar. Y donde la pesca no puede ser administrada, sencillamente debe detenerse. Nada ha sido tan benéfico para las reservas de pescado del norte de Europa en los 150 años anteriores como la Segunda Guerra Mundial: al mantener las embarcaciones pesqueras en puerto, permitió que la industria se recuperara. Hoy, una solución preferible serían reservas marítimas, entre más grandes, mejor.

En un mundo cuya demanda de proteína crece día con día, la necesidad de conservar inventarios es evidente. Los remedios no son difíciles de comprender. Los políticos, sin embargo, son necios. Pocos de ellos, sobre todo en Europa, están preparados para un cabildeo potente, excepto en países pequeños donde la pesca tiene tanta importancia económica que la amenaza de una extinción masiva no puede pasarse por alto.

Ahora, a calmar las olas

Aunque remota, la extinción masiva que debería estar convocando inteligencias es la de la humanidad. No es prudente desestimarla cuando las emisiones de CO2, la otra gran maldición de los océanos, son tan preocupantes. A la larga, los mares son el gran vertedero de casi todo el carbono. Pueden contribuir a evitar cierto calentamiento global al almacenar CO2, generar energía por el poder de marea o por absorber carbono de la atmósfera más rápido que hoy. Sin embargo, seguirán cambiando mientras el hombre envíe tanto carbono a la atmósfera.

Hasta ahora, crecientes niveles del mar, corales en extinción y floraciones de algas en aumento son divertimentos menores para muchas personas. Huracanes como Katrina, unas cuantas inundaciones dramáticas en ciudades costeras del mundo rico, quizá la paralización de una parte de la gran banda transportadora de las corrientes oceánicas, especialmente si fuese la que calienta Europa Occidental: alguna de estas calamidades podría lograr la atención de los líderes del mundo. El problema es que para entonces podría ser demasiado tarde.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
 

Publicado enInternacional
El río Pamplonita es la cuenca estructurante de buena parte de Norte de Santander, al oriente del país y en la frontera con Venezuela. Su importancia histórica y socio-económica es evidente, e innegable el significado del río como factor de identidad cultural, al punto que el hermoso pasillo de Elías M. Soto, “Brisas del Pamplonita”, es realmente el himno de la región.


En la cuenca del Pamplonita se ubica Cúcuta, la capital del departamento, con más de medio millón de habitantes. La población total de esta sección del país asciende a 1.200.000 habitantes, y más de la mitad vive en la mencionada cuenca.

Río maltratado

La importancia del río y su cuenca no se compadecen, sin embargo, con el tratamiento que se les ha dado, sobre todo en los últimos años. Colombia contribuye con el 5 por ciento de la deforestación mundial1, y ésta ocurre particularmente en la zona andina, sin que la cuenca del Pamplonita sea la excepción. El río, según la tabla de contaminación de cuencas2 publicada en el “Diagnóstico del Cumplimiento del Derecho Humano al Agua en Colombia”, elaborado por la Defensoría del Pueblo en 2009, presenta un índice de calidad del agua calificado como “malo”3. Las causas de tan grave calificación son, según el mismo informe: vertimientos domésticos de grandes asentamientos humanos, arrastre significativo de sedimentos, actividad petrolera, actividad agrícola, empleo de fertilizantes.

La situación del Pamplonita no es excepcional en el país. De las 88 cuencas analizadas, 40 presentan la misma mala calificación. Entonces no es de extrañar, según el mismo estudio, el rezago que tenemos en cuanto a tratamiento de aguas residuales, es muy alarmante: “al 88 por ciento de los vertimientos urbanos no se le aplica tratamiento alguno, y el 85 por ciento de los vertimientos rurales tampoco cuenta con tratamiento de lodos”4.


En materia de servicio de alcantarillado en Norte de Santander, sólo el 46 por ciento de los municipios contaba con este servicio en 2005, siendo el promedio nacional de 41 por ciento. En síntesis, al río más importante del departamento, por los servicios ambientales que presta, se arrojan las aguas residuales de la mayor parte de su población y de allí mismo se toma el agua para la capital.

Otra vez, Cúcuta sin agua

La actual emergencia, determinada por la ola invernal pero realmente causada por el mal manejo de la cuenca y los ecosistemas que estructuran el territorio, tiene un antecedente reciente que también mostró la gran vulnerabilidad de la capital nortesantandereana.

El 2 de junio de 2007 fueron vertidos al río 20.000 barriles de petróleo a raíz de la ruptura del oleoducto Caño Limón-Coveñas, que cruza el Pamplonita a pocos kilómetros de la bocatoma de la Planta de El Pórtico, que a la sazón le suministraba a Cúcuta 1.600 litros de agua por segundo. Gracias al oportuno pero casual aviso de un agente de la policía, se alcanzaron a cerrar las compuertas de la bocatoma, evitando una tragedia de proporciones mayúsculas, pues el petróleo hubiera inutilizado irreparablemente dicha planta. En aquella ocasión, la séptima ciudad del país, estuvo 10 días sin agua potable. Las responsabilidades en el hecho y particularmente por la falta de funcionamiento de los dispositivos previstos y construidos para este tipo de emergencia nunca se establecieron realmente, a pesar de haberse anunciado demandas contra Ecopetrol.

Agua del Zulia no funcionó como opción

La única consecuencia que se derivó de esa emergencia fue la necesidad de disminuir la dependencia de Cúcuta respecto del río Pamplonita, y para ello se decidió traer agua del Zulia, al occidente de la ciudad, pero a menor altura, lo cual implica bombear agua, con la consiguiente necesidad de energía eléctrica para realizarlo, con mayores costos. Para tal efecto se habilitó la Planta de Carmen de Tonchalá, cercana a la termoeléctrica de Termotasajero. Igualmente se alcanzó a desplegar el Multipropósito del Cínera, megaproyecto que implica embalsar agua del curso alto del Zulia, creando un lago en el sitio de Hatoviejo, a 22 kilómetros de Cúcuta. Las consecuencias ambientales de este megaproyecto, que generaría electricidad y prestaría otros servicios, no se han estudiado cabalmente, como ocurre con otros similares en diferentes partes del país. La presente ola invernal ha puesto de presente los límites de este tipo de ‘soluciones’ al llegar las presas al borde de su capacidad de almacenamiento y amenazar con catastróficos desbordes.

Como corresponde a la mentalidad escapista y tecnicista, no fueron abordados con seriedad los problemas de fondo, como la deforestación de la cuenca y su restauración con especies nativas, el tratamiento de las aguas residuales de los municipios de la cuenca del Pamplonita y la prevención del riesgo que implica el paso del mayor oleoducto del país por el río que abastece a una de las 10 principales ciudades colombianas.

Cúcuta, de nuevo en jaque

La actual temporada invernal, efecto más de la variabilidad climática que del cambio climático, como lo han señalado varios expertos y cuyos efectos se derivan del modelo de desarrollo depredador que impera en el país, y no tanto de la intensidad de los aguaceros, puso nuevamente en jaque el suministro de agua para Cúcuta.

La turbidez de las aguas, producto de los sedimentos que arrastran el Pamplonita y el Zulia, resultado a la vez de la pérdida de cobertura vegetal en las cordilleras, obligaron al cierre de ambas plantas. A ello se sumó la interrupción del fluido eléctrico de Termotasajero a la Planta de tratamiento de agua de Carmen de Tonchalá, debido a los daños causados por el invierno en las líneas de conducción. ¡Todo un escenario de impotencia tecnológica! ¡Gran lección para quienes creen que podemos atentar impunemente contra la naturaleza porque disponemos del salvavidas de la técnica!

El resultado de todo ha sido la interrupción, alternada con el racionamiento drástico del suministro de agua para la capital fronteriza. Esta situación se prolonga ya por 20 días (para el 7 de mayo, al finalizar este artículo), y el futuro no es halagüeño ante los pronósticos de más lluvias que ha hecho el Ideam, los cuales han sido acertados en el curso de la oleada invernal que cumple ya casi un año.

El problema ha golpeado más fuertemente, como también es habitual, a los pobres. Uno de los sectores más afectados ha sido el populoso Juan Atalaya, que depende del agua de la Planta de Carmen de Tonchalá.

La privatización naufraga

Pero a todas estas, ¿quién le suministra el agua a la gente de Cúcuta? Desde 2006 y en desarrollo de la nefasta Ley 142 de 1994 sobre servicios públicos, el acueducto de la ciudad fue privatizado y entregado por 15 años a la empresa Aguas Capital-Cúcuta, de la cuestionada familia Nule.

Como en el resto del país y en virtud de la mencionada ley, todos los costos del suministro de agua se les han trasladado a los usuarios. La tarifa para el estrato 3 asciende a $1.112 pesos por metro cúbico. Si bien no alcanza los niveles de Bogotá, donde es de $2.300 el metro cúbico, se trata de una tarifa costosa, teniendo en cuenta que gran parte de la población de la capital nortesantandereana registra ingresos por debajo del salario mínimo.

Los cucuteños se quejan de que, a pesar de la falta de suministro del líquido, la empresa Aguas Kapital sigue pasando las cuentas de cobro como si se hubiera recibido el agua. El propio Defensor del Pueblo, Volmar Pérez, oriundo de la región, ha recomendado que no se cobre el cargo fijo a la ciudadanía, pues el servicio no se ha prestado5. Al tiempo, la Superintendencia de Servicios Públicos anuncia la apertura de una investigación contra Aguas Kapital por no contar con un plan de contingencia frente a la situación presentada.

Protesta ciudadana

La situación ha generado ya las primeras protestas ciudadanas. El jueves 5 de mayo, una multitud se reunió en el Parque Santander haciendo sonar pitos y golpeando cacerolas para denunciar el desabastecimiento y la corrupción. En los días anteriores hubo marchas y bloqueo de vías. Y ahora se fragua un movimiento social por el agua, y el frustrado Referendo por el Derecho Humano al Agua cobra cada vez mayor vigencia.

Sin embargo, las consecuencias de esta nueva emergencia se deben llevar más allá. Es urgente abordar en serio el problema de la ocupación del territorio, los sistemas productivos depredadores, la alarmante deforestación de la zona andina, y la ineficacia y la injusticia de la privatización de los servicios públicos. De lo contrario, y como ocurre en el resto del país, los nortesantandereanos continuarán sufriendo de sed con el agua al cuello.

  1. Según la FAO, la deforestación mundial asciende a siete millones de hectáreas al año y, según fuentes oficiales colombianas, de 366.000 hectáreas al año en el país, lo cual arroja un 5 por ciento de la deforestación en el planeta.
  2. Véase “Diagnóstico del Cumplimiento del Derecho Humano al Agua en Colombia”, Defensoría del Pueblo, abril de 2009, pp. 132-133.
  3. Este índice se elabora combinando indicadores como Demanda Química de Oxígeno (DQO), Conductividad, Oxígeno disuelto, PH y Sólidos Suspendidos.
  4. ibíd., p. 116.
  5. Ver www.radiosantafé.com 28-04-2011, “Defensoría del Pueblo propone no cobrar el agua en Cúcuta por fallas en el servicio”.
Publicado enEdición 169
Jueves, 21 Mayo 2009 12:01

El cagajón del diablo

La aparición de variedades de gripe y una espada como la de Damocles en forma de pandemia, saca a flote la galopante incoherencia entre los objetivos del aparato económico y los intereses vitales de la comunidad humana. Recordando a Clemenceau, es claro que los economistas no pueden legítimamente continuar monopolizando las decisiones relativas a la producción, y que otras instancias deben intervenir para que la sociedad no continúe, sin voz, en permanente peligro.

Cuando el meteorólogo Eduard Lorenz percibía que, en las predicciones del clima atmosférico, una pequeña variación en las condiciones iniciales conduce a resultados diametralmente distintos, y con ello inauguraba los estudios sobre los “sistemas caóticos”, no sólo daba pie a que su idea se sintetizara poéticamente en la famosa frase “el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York” sino que también, a la vez, invitaba a darles un golpe certero a las creencias en un mundo altamente predecible y por ello fácilmente dominable.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que lo que debía convertirse en un fuerte llamado a la precaución, cuando se manejan variables delicadas, se banalizara en el campo de la economía y terminara apoyando estudios sobre temas como “el comportamiento de la bolsa de valores cuando los inversionistas actúan bajo estrés” y otras cosas por el estilo. Y eso es así porque, si esa clase de consideraciones se utilizara para mirar, por ejemplo, cómo en el capitalismo globalizado (cuyo carácter complejo y cada vez más caótico es difícil de negar) las decisiones que se toman sobre las formas de producir, distribuir y consumir se inscriben de forma creciente en ambientes inestables, las conclusiones a las que se llega nos invitan, de seguro, a no dejarle al azar (las ‘fuerzas’ del mercado) nuestro futuro en el planeta.
 
Las famosas hipotecas subprime, que han sido el detonante de la actual crisis financiera y del sector ‘real’ de la economía, son un buen ejemplo de cómo las decisiones en un solo país y en un solo sector pueden convertirse, por su efecto multiplicativo en cascada, en verdaderas bombas de tiempo para el mundo entero. En igual sentido podemos considerar la reciente amenaza de pandemia de influenza porcina, que, más allá de si fue provocada de forma consciente o no (en este caso los llamados “teóricos de la conspiración” están en condiciones de exhibir indicios muy fuertes sobre la intencionalidad del hecho), le muestra al mundo su vulnerabilidad frente a la cada vez más acelerada replicación ampliada de hechos transmisibles.

El 28 de abril de este año, Joseph Domenech, veterinario jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aseguraba desde Roma que las autoridades sanitarias mundiales llevaban “cinco años esperando” un brote de gripe aviar y finalmente les había llegado una mezcla de gripe humana, porcina y aviar. En igual sentido, el columnista del diario La Jornada, de México, Alfredo Jalife, ironizando sobre la omnisciencia del Pentágono, el FMI y el Foro Económico Mundial de Davos, escribía el 29 de abril de 2009: “Hace 13 años se publicó un estudio Air Force 2025 en cuyo capítulo cinco se presenta un cronograma con una historia plausible, donde en 2009 (¡súper sic!) la influenza aniquilaría a 30 millones de personas”. Lo que, sin duda, afianza las muy serias sospechas sobre “la conspiración”; sin embargo, cabe preguntarse si existen otras razones por las que anticipar una pandemia puede ser hoy tan serio como predecir, por la existencia de las placas tectónicas, que tarde que temprano una ciudad como Los Ángeles se verá sacudida por un fuerte terremoto.

Pues bien, con motivo de los últimos sucesos, publicaciones de Organizaciones no Gubernamentales (ONG) como GRAIN han llamado la atención sobre las formas que asumen las explotaciones ganaderas de todo tipo, en las que cabe destacar los altísimos niveles de concentración espacial de las poblaciones animales. En “El Cuaderno de Saramago”, el blog del Premio Nobel que circula en la red, el escritor portugués señalaba el 29 de abril pasado que la población de cerdos de Estados Unidos ascendía en 1966 a 53 millones, que se distribuían en un millón de granjas, mientras que actualmente los 65 millones existentes se concentran en ‘apenas’ 65 mil instalaciones, con todos los riesgos de salud que del hacinamiento se derivan para los seres vivos. El asunto es tan delicado que la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (más conocida como EPA, sigla en inglés), y no la Secretaría de Agricultura, es la instancia responsable de vigilar las Unidades de Producción Pecuaria Intensiva, que son aquellas explotaciones que concentran más de mil bovinos para carne, 2.500 cerdos ó 750 vacas lecheras que se encuentren en condiciones de confinamiento.

Lagunas de heces y cerdos alados


El problema de la alta concentración animal ha roto el equilibrio del círculo ‘virtuoso’ que, desde tiempos inmemoriales, se había establecido entre la ganadería y la agricultura con el uso del estiércol de los animales como abono para las plantas, ya que la población animal centralizada produce más del potencialmente utilizable en las zonas aledañas. Esto ha terminado por generalizar la instalación de lagunas de desechos (conocidos como purín, en el caso de los cerdos, y definidos como la mezcla semisólida de estiércol, orina y pienso), que se convierten en seria amenaza para el ambiente y la salud humana, y terminan por provocar más de un desastre ecológico con su derrame, contaminando cuerpos de agua y provocando matanzas e infecciones en peces, lo cual acaba por trastornar la salud humana.

De igual manera, esa alta concentración y el confinamiento se convierte paulatinamente en una verdadera fábrica de virus y bacterias mutantes. El uso intensivo de drogas a que eso conduce, y el de hormonas como instrumento de crecimiento artificial, hacen que las heces de los animales criados en cautiverio se constituyan en una de las fuentes más importantes de Microcontaminantes Emergentes de Alta Persistencia, que acaban por concentrarse en los cuerpos humanos, por ser éstos, al fin de al cabo, el punto culminante de la cadena trófica en el actual estado de cosas.

No deja de ser paradójico en la reciente situación que las autoridades de la FAO llevaran cinco años esperando una pandemia de gripe aviar, basadas en el hecho de que las migraciones de ciertas aves a grandes distancias las hacían un vehículo ideal de transmisión generalizada, y terminaran recibiéndola pero mezclada y jalonada por la gripe de cerdos enjaulados. De ello se pueda esperar quizá, por lo menos, alguna lección para el futuro, como que a la ingeniería genética le quepa considerar la inconveniencia de pensar en ciertos exotismos en los que seguramente cabe el diseño de cerdos con alas.

La “primavera silenciosa” o el coche fúnebre tirado por venenos


En 1962, dos años antes de su muerte, la bióloga norteamericana Rachel Carson publicó La primavera silenciosa, libro que se constituiría en una de las bases del ecologismo moderno. En esta obra se denuncia cómo el uso indiscriminado del insecticida DDT, por su toxicidad y su capacidad para persistir en los organismos por medio de la acumulación en los tejidos grasos, era un peligro creciente a medida que se avanzaba en la cadena trófica. La obra describe cómo en Sheldon (Estados Unidos) la destrucción con DDT de una invasión masiva de escarabajos terminó afectando a los pájaros insectívoros, las lombrices de tierra y los charcos donde bebían las aves, lo cual se tradujo en una amenaza seria de extinción para estos animales. Así se mostraba por primera vez que el “control de plagas” con instrumentos químicos debía ser altamente vigilado y regulado.

Pese a los ataques que suscitó y aún suscita el libro de parte de los escépticos, que todavía pretenden cuestionar que el uso indiscriminado de sustancias químicas es peligroso, e insisten en su inocuidad, la ruta que abrió ha encontrado eco, hasta el punto de que la IV conferencia de las partes del Convenio de Estocolmo, realizada del 4 al 8 de mayo del presente año, agrega nueve sustancias al listado de Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), completando 21. Con la misma orientación, el 13 de enero el Parlamento Europeo aprobaba un conjunto de medidas que entrarán en vigencia con total plenitud hasta 2018, y que hacen más estricto el uso de plaguicidas. Pero, más allá, lo importante es que se comienza a reconocer que aplicar la lógica productivista a la agricultura y la ganadería es altamente riesgoso. Es un significativo avance el hecho de que se cuestione la lógica de la ganancia como único mecanismo decisivo en la determinación de las formas que asumen las explotaciones agrícolas y ganaderas. Estamos ante un tema que debe ser profundizado y socializado con todas las implicaciones que de esto se deduzcan.

Los nutrientes, otro problema


Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, realizada por Naciones Unidas, además del calentamiento global, otro gran problema es la carga excesiva de nutrientes que provienen de la agricultura y provocan inicialmente la eutrofización (aumento anormal de la biomasa que desequilibra el ecosistema) de las aguas dulces superficiales y subterráneas, y que termina por alterar el medio marino con la generación de las “mareas rojas” (floraciones algales), que se transforman luego en los llamados puntos muertos (áreas marinas sin vida). Desde 1960 se han duplicado los flujos de nitrógeno reactivo, los de fósforo se han triplicado, y del nitrógeno sintético, fabricado desde 1913, más de la mitad del total ha sido utilizado a partir de 1985, mostrándose un uso acelerado de químicos que no da muestras de detenerse. Rociar la materia viva, y de paso el suelo y el agua con venenos de todo tipo, ya comienza a pasarnos factura, razón de más para que los cuestionamientos acerca de la explotación intensiva de los sectores agrícola y pecuario se conviertan en un eje de reflexión sobre lo que debe ser una organización social más equilibrada.
La producción de drogas, venenos y organismos genéticamente modificados (a través de la biotecnología) convergen en una sola industria representada en multinacionales como Monsanto y Syngenta, industria que lo mismo gana si envenena o si ofrece la cura. De allí que al capital no parezca preocuparle la aparición de las pandemias y se esfuerce en hacernos creer que su advenimiento es ‘natural’ e inevitable. Cabe, por ello, a los grupos alternativos luchar por que se ponga en el campo de la discusión que el capitalismo globalizado e integrado se ha convertido en un sistema altamente inestable (complejo y caótico), y que persistir en la producción centralizada, concentrada e intensiva, tanto en la ganadería como en la agricultura, implica un peligro en el que la humanidad se juega su supervivencia.

Nunca antes los movimientos alternativos han tenido al alcance de la mano pruebas tan contundentes acerca de la precariedad de los principios rectores del capitalismo. Pues, aún aceptando que la especialización de las naciones y las regiones (división del trabajo guiada por las ventajas comparativas) pueda hacer más barata la producción, se hace fácilmente demostrable que ello aumenta considerablemente la inseguridad sobre los suministros en el largo plazo, así como la aplicación de economías de escala en la producción de biomasa es altamente riesgosa en cuanto a la generación y la difusión explosiva de enfermedades que pueden incluso amenazar la existencia humana. El desafío está servido en cuanto a la estructuración de un discurso coherente que nos ubique nuevamente como parte integral de la naturaleza, y no como su contraparte, y que además involucre la importancia de considerar que, como seres vivos, estamos ligados a las otras especies que conforman la cadena de la vida.

La suerte de nuestros congéneres de hoy y de mañana no se puede seguir considerando como independiente de lo que hacemos con nuestro entorno. Fausto comprobó que venderle el alma al diablo no es tan buen negocio, y la humanidad ya tiene pruebas de que girar tan solo alrededor del dinero y la ganancia procura una borrachera de corto plazo de la que ya va siendo hora de salir, para lo cual se hace necesario comenzar por parafrasear a George Clemenceau (a quien se atribuye la famosa frase de que “la guerra es demasiado seria para dejársela a los militares”), y decir que la economía es demasiado seria para dejársela a los economistas ortodoxos y los empresarios. La primera victoria se dará si demostramos lo elemental y desatinado de sus discursos.
Publicado enEdición 146