Miércoles, 22 Agosto 2018 07:12

Luz verde para contaminar

Luz verde para contaminar

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asestó ayer un nuevo golpe al legado medioambiental de su predecesor, Barack Obama, al anunciar una nueva propuesta normativa que liberaliza y dejará en manos de los estados la regulación de las emisiones de las centrales térmicas de carbón (foto). “La nueva norma responde a la agenda del presidente”, señaló ayer el administrador interino de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Andrew Wheeler, quien participó este martes en una rueda de prensa telefónica para dar a conocer la nueva regulación, bautizada como plan de Energía Limpia Asequible (ACE, por sus siglas en inglés). Esta nueva normativa, que tras someterse a un proceso de audiencias previas entraría en vigor por decreto, tiene como objetivo derogar el Plan de Energía Limpia (CPP, por sus siglas en inglés) implantado por la anterior Administración, cuyo objetivo era reducir la emisión de gases de efecto invernadero.


No obstante, desde la EPA, aseguran que la nueva normativa, además de cumplir con la ley y con la voluntad del Congreso de mayoría republicana, servirá igualmente para reducir las emisiones gracias a que la industria ganará en eficiencia. Según cálculos de la Administración, esta reducción llegará a ser de un 1,5 por ciento en comparación con las previsiones que se manejaban al amparo de la CPP.


“La ACE que reemplaza el anterior CPP, que era una norma excesivamente restrictiva y costosa, devuelve el poder a los estados, promueve la independencia energética y facilita el crecimiento económico y la creación de empleo”, señaló la EPA mediante un comunicado.


El CPP impulsado por Obama requería que los estados cumplieran con los estándares específicos de reducción de emisiones de dióxido de carbono basados en su consumo individual de energía. Durante la anterior Administración, la EPA estimó que el Plan de Energía Limpia podría prevenir de 2700 a 6600 muertes prematuras y de 140.000 a 150.000 ataques de asma en niños. Por este motivo, no es de extrañar que diversos movimientos sociales y legisladores rechazaran ayer el anuncio del Gobierno. “La regulación propuesta debilitaría los esfuerzos realizados por el Gobierno federal para limitar las emisiones dañinas que provienen de las plantas de energía más sucias. Sin embargo, no va a poder detener a las ciudades, estados y empresas de Estados Unidos que están definiendo su rumbo tomando como guía a la ciencia y no a la política”, dijo Carter Roberts, presidente WWF. Wheeler celebró que, gracias a la nueva regulación, la intromisión del Gobierno federal “se ha acabado”. La nueva medida concede un plazo de tres años a los estados para presentar una regulación propia sobre las emisiones de dióxido de carbono que, no obstante, deberá ser aprobada por la propia EPA en un plazo de doce meses.


Si la propuesta estatal no recibe el visto bueno de la agencia medioambiental, el Gobierno federal implantará su propia regulación. En cualquier caso, según explicó un funcionario de la Administración presente en esa misma teleconferencia, la ACE no impone “mínimos, no existe ningún límite que un estado pueda superar”. Desde el punto de vista del Ejecutivo, otro de los grandes beneficios de la nueva regulación en relación con la anterior es el ahorro de los costos de producción para la industria local.


“En comparación con el CPP, que el ACE está reemplazando esperamos que se produzca una reducción en los costes de entre el 0,2 y el 0,5 por ciento de aquí a 2025”, señaló el mismo funcionario.


La agencia medioambiental calcula que esta regulación supondrá un ahorro de unos 400 millones de dólares anuales para la industria estadounidense, que es el gran caladero de votantes de Trump.


De hecho, el mandatario tiene previsto dar esta tarde un mitin en el estado de Virginia Occidental, una de las principales regiones mineras del país, en el que con toda seguridad sacará pecho por esta nueva propuesta normativa presentada a poco más de dos meses de las elecciones legislativas de noviembre.

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 19 Agosto 2018 10:26

¿20 años no son nada?...

¿20 años no son nada?...

¡No le crean a Gardel, el Mudo Inmortal! Hoy, al cumplir 90, puedo afirmar por experiencia propia y no sólo como historiador, que dos décadas pueden ser decisivas. Los 20 años que van desde 1789 hasta 1809, desde la toma de la Bastilla hasta la ocupación de toda Europa menos Inglaterra por el imperio napoleónico destrozaron los cimientos de las monarquías y crearon las condiciones para la independencia en este continente y para la consolidación de la de Estados Unidos.Ya en otro siglo, los 23 años posteriores a la muerte de Lenin, en 1923, fueron aún más importantes, pues en ellos fracasaron las revoluciones en Hungría, Austria, Alemania y el norte de Italia. La Unión Soviética (URSS) quedó aislada; triunfó en la URSS la burocracia dirigida por Stalin que acabó con el partido de Lenin y con las conquistas sociales de 1917, Stalin llevó a los comunistas alemanes a la alianza con los nazis en la lucha contra los socialistas, dividiendo y debilitando a los obreros y facilitando el triunfo de Hitler, no hizo efectivo el pacto de ayuda militar mutua con Checoeslovaquia que le habría permitido aplastar al nacer la potencia militar alemana, firmó el Pacto Ribbentrop-Molotov con los nazis y, descabezando al ejército rojo y mediante el terror, favoreció la agresión hitlerista, traicionó la revolución española, disolvió al Partido Comunista polaco acusándolo de trotskismo y entregándolo a Hitler y, en 1942 acabó de un plumazo con la Internacional Comunista para dar garantías a los imperialismos occidentales mientras la guerra dejaba a la URSS vencedora, desangrada y destruida.

 

En esos 20 años Stalin enterró la revolución socialista rusa, cambió el carácter de la URSS y de los partidos comunistas, que dejaron de ser revolucionarios e independientes, convirtió al Kremlin en una fuerza contrarrevolucionaria mundial que en Yalta y Potsdam se dividió el mundo con los imperialistas y que después buscó convivir pacíficamente con ellos. El desastre político y cultural fue inmenso.

 

Burlando los esfuerzos y los sacrificios de millones de personas que querían acabar con el capitalismo incluso al costo de sus vidas, los grandes partidos comunistas de Occidente reconstruyeron el Estado capitalista en alianza con la derecha y, siguiendo el ejemplo de Stalin, educaron a sus seguidores en el nacionalismo y en la aceptación de los valores burgueses y en la idea de que el capitalismo es reformable. La población soviética salió de la guerra desmoralizada, despolitizada, atomizada y odiando el seudomarxismo escolástico inventado por la casta de los sacerdotes-burócratas.

 

Los que nacimos en 1928, y en la adolescencia optamos por la lucha contra la opresión y la desigualdad, esperábamos, por el contrario, que la caída del nazifascismo abriría un rápido y corto proceso de liberación mundial que despertaría las energías revolucionarias de los oprimidos por el stalinismo. El pensamiento es conservador al igual que la esperanza, pues ambos proyectan al futuro lo que conocimos, las mejores tendencias y experiencias del pasado convertidas en deseos o previsiones. Aún inmaduros, no comprendimos la complejidad del nuevo mundo surgido de la guerra y de la descolonización, ni contamos con que los plazos de la historia son mayores que los tiempos de nuestra vida.

 

El resultado de las luchas revolucionarias contra el viejo mundo pronto fue visible: los grandes partidos socialistas y comunistas se hicieron socialdemócratas o social-liberales y desaparecieron o están moribundos. El stalinismo se hundió junto con la Unión Soviética y queda sólo en las mentes de burócratas y tecnócratas de la política. Por su parte, el capitalismo, triunfante a escala mundial, vive una profunda crisis, pero produce dirigentes del nivel de Trump, mientras que el único método de interpretación de este proceso caótico sigue siendo el marxismo que muchas veces sustituimos por un superficial impresionismo o por el pragmatismo de la actividad.

 

Hoy, ya en mis 90, sigo con la voluntad intacta y tengo la misma seguridad de que el capitalismo, así como nació hace 600 años morirá, como murieron todos los sistemas sociales anteriores, pero lamento no haber dedicado más tiempo a escribir porqué los nuevos tiempos exigen más reflexión.

 

Esta es una fase terrible de la historia. La catástrofe ecológica es prácticamente irreversible, las especies muertas no renacerán y se necesitarán muchos años para que una civilización superior pueda regenerar el ambiente. Una guerra nuclear, cualquiera que sea su resultado, empeorará la situación del planeta y reducirá ulteriormente las posibilidades de una rápida reconstrucción. El egoísmo llevó a una concentración cada vez más aberrante de la riqueza y, por consiguiente, a la creación de enormes masas de miserables que los opresores intentarán reprimir y que, si logramos imponer un cambio social, deberán ser organizadas con medios escasos –y con un material humano deformado por el hedonismo y los valores putrefactos del régimen apenas muerto– en comunas autogestionarias libremente asociadas.

 

Pese a todo mantengo inalterable mi esperanza en la capacidad creativa de nuestra especie y pienso que las terribles adversidades sacarán de ella lo más noble, las tendencias a la solidaridad y al comportamiento colectivo.

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Publicado enPolítica
Unos emprendedores chilenos fabrican bolsas plásticas solubles en agua que no contaminan

Con un ligero cambio en la fórmula del plástico, que permite sustituir el petróleo por la caliza, un grupo de emprendedores chilenos ha logrado fabricar bolsas plásticas y de tela reutilizables solubles en agua y que no contaminan.

 

Roberto Astete y Cristian Olivares, los dos artífices de este producto, empezaron con experimentos para fabricar detergente biodegradable, pero al final hallaron la fórmula química a base de PVA (alcohol de polivinilo, soluble en el agua) y que reemplaza a los derivados del petróleo, los causantes de la indestructibilidad de los plásticos que se han integrado en la cadena alimenticia de los animales que pueblan los océanos y deterioran el medio ambiente.

"Nuestro producto deriva de una caliza que no daña el medio ambiente", aseguró Astete, director general de la empresa SoluBag, que espera comercializar sus productos a partir de octubre en Chile, uno de los primeros países de América Latina en prohibir el uso de las bolsas plásticas convencionales por los comercios. "Esto es como hacer pan", agrega. "Para hacer pan se necesita harina y otros componentes. Nuestra harina es el alcohol de polivinilo y otros componentes, aprobados por la FDA (la agencia estadounidense para la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos, aparatos médicos, productos biológicos y derivados sanguíneos), que nos ha permitido una materia prima para hacer distintos productos".


El Gobierno de Chile ha puesto en marcha varias iniciativas para reducir el uso de las bolsas de plástico. Desde este mes está prohibido el uso de bolsas de plástico en los comercios chilenos.La iniciativa comenzó a discutirse con el gobierno anterior de la presidenta Michelle Bachelet y proponía que fuera solo en zonas costeras, pero luego el actual Ejecutivo, que preside Sebastián Pieñara, se amplió a todo el territorio después de un tira y afloja con la industria que fabrica este material.


Bolsas comestibles


Ante la prensa, los dos muestran la solubilidad inmediata de sus bolsas plásticas en agua fría o de las bolsas de tela reutilizables en agua caliente. "Lo que queda en el agua es carbono", asegura Astete, lo que las pruebas médicas realizadas han demostrado que "no tiene ningún efecto en el cuerpo humano". Y para demostrar que el agua turbia que queda es "inocua" y sigue siendo potable, se bebe unos cuantos vasos de agua.


"La gran diferencia entre el plástico tradicional y el nuestro es que aquel va a estar entre 150 y hasta 500 años en el medio ambiente y el nuestro solo demora cinco minutos. Uno decide cuándo lo destruye", sostiene Astete, antes de agregar que "hoy día la máquina recicladora puede ser la olla de tu casa o la lavadora". La fórmula hallada permite "hacer cualquier material plástico" por lo que ya están trabajando en la fabricación de materiales como cubiertos, platos o envases de plástico.


Las telas solubles en la misma agua caliente que sirve para preparar, por ejemplo, un té o un café, sirven para fabricar bolsas de compra reutilizables o productos hospitalarios como los protectores de las camillas, las batas y los gorros del personal médico y de los pacientes que suelen tener un único uso, dice por su parte Olivares. Y cuando llueve, ¿cómo llega la compra a casa? Los fabricantes pueden programar la temperatura a la que tanto las bolsas plásticas como las de basura se disuelven al contacto con el agua.


Otra ventaja de sus bolsas según sus fabricantes es que son antiasfixia, una causa en accdidentes domésticos con niños. Este tipo de bolsa se disuelve al contacto con la lengua o con las lágrimas. Con la fabricación masiva, que puede hacerse en las mismas empresas de donde salen los plásticos de ahora -basta con modificar la fórmula-, el precio de sus productos puede ser similar al de los actuales, aseguran.
Anteriormente también se han puesto en marcha iniciativas similares en otros paíes. El biólogo indonesio Kevin Kumala cuando, tras una década en Estados Unidos, volvió a su Bali natal en 2009 y vio las playas paradisiacas plagadas de plástico puso en marcha la compañía Avani Eco.


Si en 2014 se fabricaron 311 millones de toneladas de plástico en el mundo, las estimaciones indican que, de no cambiar el ritmo anual, para el 2050 se fabricarán 1.124 millones de toneladas, Astete y Olivares esperan dar al cliente las herramientas para ayudar a evitar la contaminación del medio ambiente porque "la gran ventaja es que el usuario decide cuándo destruirla", asegura. La iniciativa ha ganado el premio SingularityU Chile Summit 2018 como emprendimiento catalizador de cambio, lo que les ha valido una pasantía para los inventores en Sillicon Valley a partir de septiembre.

El buque Eduard Toll atravesó en enero el paso del norte, a través del ártico, sin rompehielos.

"Qué suerte, de cinco balazos que recibió, sólo dos eran mortales". El chiste puede aplicarse a algunas reacciones por el rápido aumento de la producción de energías renovables, un esfuerzo inútil si no bajan las emisiones de gases de efectos invernadero.

La energía renovable se está expandiendo rápidamente por todo el mundo. La capacidad energética de los proyectos solares recién instalados en 2017, por ejemplo, excedía los incrementos combinados de las plantas de carbón, gas y nucleares. Sólo durante los último ocho años, la inversión global en renovables fue de 2,2 billones de dólares, y junto a las inversiones ha aumentado mucho el optimismo. “La tecnología solar en rápida expansión podría cambiarlo todo”, anunciaba un artículo en el Financial Times, que también explicaba que “cada vez hay más pruebas de que vienen algunos cambios fundamentales que con el tiempo pondrán un signo de interrogación sobre las inversiones en los viejos sistemas energéticos”.

Pero, ¿puede la energía renovable crecer lo suficientemente rápido en la economía de mercado como para detener el uso de los combustibles fósiles y ayudar a mantener a raya la catástrofe climática? Desgraciadamente, no es probable. Incluso cuando el porcentaje de las renovables en la generación de energía global aumenta, también lo hace el consumo de energía global, lo que significa que las emisiones de combustibles fósiles también están creciendo.


Las emisiones de carbono mundiales relacionadas con la energía aumentaron un 1,7% en 2017 y el consumo de energía creció un 2,2%, la tasa más alta desde 2013. Durante la década pasada, el consumo de energía primaria aumentó a nivel mundial a una tasa media anual de 1,7%. La generación de energía aumentó el año pasado un 2,8%, suponiendo la energía renovable el 49% del aumento y viniendo la mayor parte del resto (44%) del carbón. Globalmente, el consumo de petróleo creció un 1,8%, el gas natural un 3% y el consumo de carbón subió un 1%. El punto clave es que las emisiones de gases de efecto invernadero de los combustibles fósiles están creciendo incluso cuando está creciendo el uso de la energía renovable.


Para visualizar la relación entre el porcentaje creciente de energía verde y la producción total de energía global en aumento, imaginad un “gráfico de pastel dinámico del consumo de energía”. Una porción creciente el pastel representa las fuentes de energía verde, así que ese trozo del pastel se está ampliando, pero el radio del gráfico de pastel también aumenta con el tiempo para explicar el aumento del consumo global de energía. El pastel se hace cada vez más grande mientras que el trozo de los combustibles fósiles se hace más largo (lo cual es malo) pero más fino (lo cual es bueno). ¿Qué proceso gana? Ya que el uso de los combustibles fósiles no disminuye, al clima no le importa.


La gente a menudo se confunde cuando se debate a la vez sobre combustibles fósiles y energía renovable, pero al clima sólo le importa el primero. El segundo no tiene efecto alguno. Los paneles solares, los aerogeneradores y cosas del estilo ni ayudan ni dañan el clima. Lo único que importa, en términos de trastorno climático, son las emisiones de gases de efecto invernadero.


No basta con que el porcentaje de energía verde aumente cada año -a menos que alcance el 100% de la producción global de energía muy rápidamente. Incluso si la tasa de las emisiones de gases de efecto invernadero disminuye, pero no disminuye suficientemente rápido, nos enfrentamos al desastre. Lo que se requiere es que las emisiones globales de gases de efecto invernadero disminuyan hasta cero para mitad de siglo de modo que la biosfera tenga una oportunidad de supervivencia. Por desgracia, bajo las fuerzas del mercado capitalista es improbable que se consiga incluso con un porcentaje de la producción de energía verde en rápido crecimiento.


¿QUÉ PASA CON LA BURBUJA DEL CARBONO?

Los precios en descenso para la energía renovable han llevado a que académicos, activistas e inversores adviertan sobre una “burbuja del carbono” de activos de combustibles fósiles sobrevalorados en la economía global, lo que podría conducir a una gran crisis capitalista. Un reciente estudio económico, publicado en Nature Climate Change, predecía que una repentina reducción del valor de los combustibles fósiles -disparada por los bajos precios de la energía renovable- causaría el estallido de la burbuja del carbono y, asumiendo que las tendencias continúen, tal hecho probablemente ocurrirá antes de 2035.


A pesar de las crisis económicas, ¿podría el estallido de la burbuja del carbono al menos impedir o retrasar significativamente el colapso medioambiental? Desgraciadamente no. El destacado autor Jean-François Mercure advertía, como informaba The Guardian, “que la transición estaba ocurriendo demasiado despacio como para evitar los peores efectos del cambio climático. Aunque la trayectoria hacia una economía baja en carbono continuara, para mantenernos [2 grados centígrados] por encima de los niveles preindustriales -el límite marcado en el acuerdo de París- se necesitaría una acción gubernamental mucho más fuerte y nuevas políticas”.


CAPITALISMO O SUPERVIVENCIA


El capitalismo requiere crecimiento económico perpetuo para evitar crisis económicas como la Gran Depresión. Más específicamente, para evitar el desempleo masivo y la miseria económica, el capitalismo requiere creciente producción de mercancías, intensificación de la extracción de recursos, cada vez mayores desechos tóxicos y de residuos, y producción energética aún mayor. El capitalismo, por su propia naturaleza, debe expandirse infinitamente y ya ha sobrepasado los límites del crecimiento sostenible en el sentido de que el consumo global excede ahora la capacidad biológica del planeta para regenerar los recursos consumidos. Según WWF, se necesitarían 1,6 Tierras para satisfacer las demandas que la humanidad hace a la naturaleza cada año. El capitalismo no sólo es incapaz de responder adecuadamente a la crisis medioambiental, es la misma causa de la crisis y sólo puede empeorar las cosas.

Como señala Richard Smith en Green Capitalism: The God that Failed [Capitalismo verde: el dios que fracasó], la escala del cambio necesario para conseguir una civilización sostenible es asombrosa. La rápida reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero junto a la conservación de los recursos requiere que reduzcamos radicalmente o cerremos grandes cantidades de centrales de energía, minas, fábricas e industrias de procesamiento y otras en todo el mundo. Significa reducir drásticamente o cerrar no sólo empresas de combustibles fósiles, sino las industrias que dependen de ellos, incluyendo empresas de automoción, aeronáuticas, aerolíneas, navieras, petroquímicas, de construcción, del agronegocio, de madera, de celulosa y de papel, y de productos madereros, operaciones de pesca industrial, ganadería industrial, producción de comida basura, empresas de agua privadas, de embalaje y plástico, de productos desechables de todo tipo y, sobre todo, las industrias bélicas. El Pentágono es el mayor usuario institucional de productos del petróleo y de energía.


La pérdida de puestos de trabajo por la desindustrialización necesaria para salvarnos no sería sólo de unos pocos en la minería de carbón y la extracción de petróleo sino millones de puestos de trabajo en el mundo industrializado. Los ecologistas convencionales argumentan que la dicotomía entre puestos de trabajo y medio ambiente es falsa, pero se equivocan. En un marco capitalista, ésa es exactamente la elección. Lo que necesitaríamos hacer dentro de este marco para salvar la biosfera, incluyéndonos a nosotros mismos, daría lugar al colapso económico total.


No es suficiente con oponerse al capitalismo. También necesitamos crear algo mejor: un sistema alternativo de relaciones humanas en línea con el ecosocialismo no es sólo deseable, es imperativo. Incluidos en una visión así están la sanidad gratuita, la educación gratuita, el transporte masivo gratuito y, ya que la mayoría de los puestos de trabajo en el capitalismo no tienen sentido o son destructivos, necesitamos una semana laboral drásticamente reducida.


Las empresas contaminantes no cerrarán voluntariamente. Conseguir lo que es necesario requiere socializar virtualmente todas las industrias a gran escala. La única forma de reorganizar racionalmente la economía de forma sostenible es planificar colectiva y democráticamente la mayoría de las economías industriales del mundo.


Mientras que todo tipo de industrias inútiles, derrochadoras y contaminantes deben ser eliminadas, no podemos reducir toda la economía. Necesitamos expandir algunas industrias, incluyendo la energía renovable, la sanidad pública, el tránsito público, la vivienda energéticamente eficiente y de larga duración, los vehículos de transporte masivo duraderos, los electrodomésticos y la electrónica de larga duración, las tiendas de reparación, las escuelas públicas, los servicios públicos, la rehabilitación ambiental, la reforestación y la agricultura biológica.


Es esencial que los activistas medioambientales empiecen a centrarse en terminar el sistema económico del capitalismo mismo. La supervivencia de la vida en este planeta depende de ello.

DAVID KLEIN
FÍSICO MATEMÁTICO Y PROFESOR DE MATEMÁTICAS EN CALIFORNIA STATE UNIVERSITY NORTHRIDGE

PUBLICADO
2018-07-28 06:30:00


Fuente: Truthout.org Copyright, publicado con permiso
Traducción: Eduardo Pérez

Publicado enMedio Ambiente
Viernes, 20 Julio 2018 08:54

La verdad sobre la basura

La verdad sobre la basura


En todos los países del mundo la gestión de la basura es un asunto más que polémico, es un asunto que enciende pasiones y que genera sonoros enfrentamientos. En ocasiones extremas, con agresiones y muertes a sus espaldas. Tenemos la necesidad imperiosa de dar un adecuado destino a las basuras si no queremos quedar enterrados en ellas; sin embargo, todo paso que damos es motivo de querella. La explicación a que aquello que de-sechamos y que necesitamos gestionar produzca tanto enfrentamiento es que, a pesar de que la basura sea eso, basura, puede ser fácilmente utilizada para alcanzar las dos aspiraciones básicas de la mayoría de nosotros: dinero y poder. En efecto, por una parte la basura mueve enormes cantidades de dinero, y por otra su gestión es siempre, siempre, un escenario de conflicto político.

El volumen de basura que producimos tiene ya un importante valor económico y lo tendrá cada día más, debido a las modernas técnicas y procedimientos de reúso y reutilización que nos permiten recuperar parte de lo usado para reincorporarlo al ciclo productivo, lo que contribuye a la denominada economía circular. En definitiva, la basura vale; lo que nos lleva a que, en esa dimensión económica, aparezcan muchos actores con intereses contrapuestos. La gestión de la basura hace aflorar de muy diversos modos estos conflictos económicos, desde el riguroso control que la mafia ejerce en algunas ciudades de Italia, hasta la más aséptica gestión que se hace en algunos países avanzados en este campo, en el que los agentes económicos son empresas identificadas, o modelos mixtos en los que se aprovechan las capacidades de algunos grupos marginales –caso de los pepenadores en México– para la identificación y aprovechamientos de la parte reciclable. Desde luego cualquier modelo que se proponga mejorar la gestión de la basura deberá tener en cuenta los intereses presentes.

Más, mucho más complicado es el uso que desde la política se hace de este problema monumental. Aquí no se trata de dinero, al menos directamente; se trata de poder. Se trata de cómo, demagógicamente o no, hipócritamente o no, atendiendo a los conocimientos científicos o ignorándolos supinamente, puedo utilizar cualquier proyecto en la materia para arañar un puñado de votos. Las condiciones son propicias: siempre habrá intereses en contra de cambiar las cosas; siempre hay argumentos –fundamentados o no, eso es lo de menos– que despierten la alerta de los ciudadanos, como la salud o los olores; siempre habrá colectivos a los que incomode tal o cual instalación –el conocido síndrome EMPN (en mi patio no). En definitiva, siempre cabe la agitación política. La planta de termovalorización El Sarape es ahora el objetivo.

En esto no hay distinciones. Desde que soy consciente izquierda y derecha han actuado igual en este campo, de modo populista, lo que, en esencia, consiste en especular con los temores y sentimientos de los ciudadanos. En todo momento es fácil encontrar algún científico que diga lo que convenga, sea en favor o en contra de cualquier cosa. Si hace falta ignoraremos la realidad y prometeremos un mundo ideal sin basuras, pero la realidad es tozuda. Nos asfixia la basura y nadie es capaz –salvo que mienta– de pronosticar cuándo seremos capaces en algún lugar del mundo de dar un destino socialmente útil, económicamente viable y ambientalmente impecable a toda la que producimos; lo único que hoy por hoy podemos hacer es reducir sus impactos negativos. Debemos, en la medida de lo posible y con todas nuestras fuerzas, aumentar el reciclado y el reuso. Igualmente, transformar en energía y en materia útil los restos orgánicos, pero por mucho que hagamos nos quedará un resto para el que en este momento no hay mejor –y posible– opción que proceder a su valoración energética en condiciones idóneas.

Por encima de cálculos electoralistas, los políticos deben gestionar con honestidad, esto es, sin distorsionar la realidad, los intereses de los ciudadanos, de los que ahora son y de los que aún no han nacido. Deben aprovechar lo que de bueno hayan hecho sus antecesores, mejorar lo mejorable y cambiar lo abiertamente equivocado. Sería muy de agradecer que quienes tendrán la responsabilidad de gobernar mantengan e impulsen los proyectos que pretenden situar a la ciudad en el camino intermedio entre la catastrófica realidad actual y la utopía. Sería, sin duda, una muestra de madurez digna de elogio.

 

*Profesor de derecho ambiental en diversas universidades europeas y americanas. Experto en residuos. Doctor honoris causa por UNIVALI (Brasil). Ha sido asesor de Naciones Unidas y de la Unión Europea, entre otras organizaciones.

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 15 Julio 2018 11:47

Fotos del cambio

Difícilmente se puede captar mejor la toxicidad del ser humano sobre su entorno que a través de esta imagen de Paulo Oliveira.- LAS NAVES

Caroline Power pone el ojo sobre el problema del plástico mostrando la isla de este material que se ha creado en el océano Pacífico.- LAS NAVES

 

Una isla de plástico que supera ya el tamaño de España, Francia y Alemania se cierne sobre las costas de Roatan.- LAS NAVES

 

Una vieja bota captada por Eloy Alonso nos muestra las consecuencias del deshielo.- LAS NAVES

 

Alonso apuesta por el contraste con esta instantánea que muestra la inmensidad del mar y su potencia.- LAS NAVES

 

Gregg Segal nos presenta tal y como somos, acompañados por la basura que generamos.- LAS NAVES

 

Más gráfico imposible; seres humanos flotando en su propia basura.- LAS NAVES

 

Un oso escuálido como síntoma de las graves consecuencias del deshielo, por Kerstin Langenberger.- LAS NAVES

 

Marc C. Olsen nos muestra la violencia del mar y el grave problema de las inundaciones.- LAS NAVES

 

La sobreexplotación de los recursos de la mano de Mark Gamba.- LAS NAVES

 

La desertización de nuestras tierras vista a través del objetivo de Miguel Lorenzo.- LAS NAVES

 

La mirada austera de Miguel Lorenzo al servicio de la denuncia.- LAS NAVES

Publicado enFotorreportajes
Bernd Röttger: “El coche eléctrico no es un vehículo de cero emisiones, por mucho que se insista en lo contrario”

En esta entrevista, el sociólogo alemán Bernd Röttger advierte de la ausencia de las condiciones necesarias para una conversión realmente democrática y ecológica de la industria automovilística desde una perspectiva histórica crítica.

 

En el verano de 2015, el uso por parte de Volkswagen (VW) de un software durante controles para manipular los niveles de emisiones diésel de sus vehículos trascendió a la luz pública. Este escándalo, que se conoce como ‘Diesel-Gate,’ es considerado como un síntoma de la crisis de la industria automovilística: ya desde 2009, se habla de una saturación del mercado en los países industrializados.

Al mismo tiempo, aumentan las regulaciones ambientales sobre los productos. Además, el cambio a nuevos modelos de movilidad, así como el avance de la digitalización, conllevan la entrada de nuevas empresas fuertes, como Google, en el mercado. En este contexto, la manipulación de las emisiones sería una estrategia de último recurso por parte de Volkswagen para salvar los obstáculos que le impiden mantener su cuota de mercado fabricando productos que han dejado de ser competitivos.

Frente a esta situación, la posibilidad de una “conversión” de la industria automovilística —es decir, producir nuevos productos para nuevos mercados con los medios de producción existentes— vuelve a estar sobre la mesa.

Mientras grupos como Volkswagen anuncian a bombo y platillo su “transformación ecológica”, algunos sectores señalan que los desarrollos actuales de la industria, tanto alemana como global, no son más que una conversión muy parcial condicionada por la lógica capitalista.

El Diesel-Gate muestra, en primer lugar, que hace mucho tiempo que debería haberse llevado a cabo una conversión ecológica de la industria automovilística. El Gobierno alemán, Volkswagen, y también el comité de empresa de VW, están apostando por la movilidad eléctrica. Usted alerta de que esta estrategia se está llevando a cabo en función de las necesidades del capital y a costa de los trabajadores. ¿Podría precisarlo y ejemplificarlo?

Lo que considero crucial es que la convulsión actual en el sector, que se vende como su transformación ecológica, agrava las asimetrías entre trabajo y capital. Para empezar, la transformación prevista en los sistemas de propulsión supone una brutal sacudida de la cadena de valor de la industria automovilística, un sistema global de proveedores, desarrolladores y productores finales altamente diferenciado en el cual trabajan actualmente alrededor de 90 millones de personas en todo el mundo. Para la producción de un motor de combustión interna se necesitaban, según mi información, unas 1.400 piezas; para el motor eléctrico solo se precisan unas 200.

Es decir: todo el entramado jerárquico que constituye la organización a nivel global la industria automovilística, con un poder consolidado de los productores finales frente a sus proveedores, está siendo cuestionando. Paralelamente, esto estrecha los márgenes de negociación de las estructuras de representación de intereses de los trabajadores en torno a cuestiones de política salarial y laboral, surgidos precisamente gracias a la competitividad productiva que ahora se está reduciendo.

Al dejar de emplearse engranajes, válvulas, bielas, generadores, turbocompresores, etc., y pasar a ser solamente necesario un software para la interconexión de la conducción y celdas para baterías, surgen nuevos actores estratégicos en este complejo industrial, que hasta ahora se habían articulado en torno a los grupos automovilísticos y las relaciones de poder que le son intrínsecas. Las reglas del juego de la cogestión están siendo recalibradas.

 

¿Es verdad que se esté produciendo la transformación ecológica de la industria?


Yo cuestiono que las transformaciones, sobre todo en el ámbito de los nuevos sistemas de propulsión, de la digitalización, y de los procesos de producción, así como los nuevos mercados comerciales (a los que los grupos automovilísticos aspiran a acceder como proveedores de movilidad), constituyan realmente una transformación socioecológica de las sociedades capitalistas.

En primer lugar, si se tiene en cuenta todo el ciclo de producción y funcionamiento del vehículo, es evidente que el coche eléctrico no es, en absoluto, un vehículo de cero emisiones, por mucho que se insista en afirmar lo contrario. Esto se debe a la sobreexplotación minera necesaria para la producción de las baterías, así como a la combinación energética disponible en las tomas de corrientes usadas para abastecer a los coches, compuesta solo en un 37% por energía renovable.

La normativa comunitaria de reducción de emisiones de CO2 del parque de vehículos producidos en la UE se basa en esta falsa categoría de "vehículos de cero emisiones." Esto permite en última instancia que los fabricantes continúen comercializando sus utilitarios todoterreno, mucho más rentables, mientras usan la producción de coches eléctricos para “reducir” el total de sus emisiones.

En segundo lugar, los nuevos servicios de movilidad como el carsharing, dominados por empresas subsidiarias tales como Drive Now (BMW), Car2Go (Mercedes), o Moia (VW), desplazan el transporte público y a modelos de movilidad eléctrica —el tranvía, por ejemplo— que ya existen desde hace tiempo en las ciudades. Utilizando, en algunos casos, estrategias de precios de dumping, la movilidad se convierte en un objeto lucrativo de valorización de capital privado.

 

¿Produce resistencias esta transformación de la industria?


La desmaterialización de la producción amenaza ya hoy en día a los proveedores de motores de combustión interna. En Alemania, por ejemplo, afecta a una planta industrial de Bosch en Homburg (Saar) con más de 5.000 personas trabajadoras que producen bombas de inyección. Otro ejemplo de esta reestructuración derivada de la movilidad eléctrica y la digitalización son, en el caso de VW, las negociaciones entre sindicatos y patronal que ha dado paso al llamado Zukunftspakt 2025 (“Pacto para el Futuro 2025”).

Este pacto, aprobado en otoño del 2016, prevé la desaparición de 14.000 puestos de trabajo, a pesar de que el aumento de productividad previsto en ese mismo periodo es de un 25% —si bien es cierto que la reducción de empleos tiene en cuenta la evolución demográfica y las consecuentes jubilaciones progresivas, y no se contemplan despidos. Paralelamente, se prevé la transformación de ciertos centros productivos en Centros de Excelencia para la nueva tecnología de propulsión.

El presidente del comité de empresa del Grupo VW, Bernd Osterloh, se muestra optimista: “El Zukunftspakt permite que Volkswagen [...] acceda al mercado de la movilidad eléctrica de nueva generación. Con estos coches nos pondremos a la vanguardia de la industria”. Yo soy un poco más escéptico: más de un tercio del valor agregado de un coche eléctrico reside en las baterías. No obstante, la producción industrial de las celdas es todavía prácticamente inexistente.

La recién fundada Plataforma Nacional de Electromovilidad (NPE), en la que participan grupos automovilísticos y grandes proveedores, ha desarrollado el plan estratégico de producción de celdas de batería (Roadmap Batteriezellenvertigung). Este plan prevé que la producción de celdas de batería comience en 2021, y que no genere beneficios hasta el 2030.

Consecuentemente, es previsible que la producción de las celdas de batería se desarrolle, al menos por el momento, a nivel mundial. Las líneas piloto establecidas hasta la fecha han puesto de manifiesto que las plantas de Volkswagen son principalmente de ensamblaje, y no áreas de producción que permitan generar un gran volumen de empleo. Además, hay que tener en cuenta que la transformación afectará a cada planta de manera particular: es probable que el antiguo ‘Motorenleitwerk’ en Salzgitter esté entre las perdedoras; al menos así lo teme su comité de empresa.

 

Las concesiones que el capital exige en las negociaciones colectivas se intensificarán.


Bajo este contexto de reajuste de las cadenas de valor automovilísticas, las presiones del capital en el marco de las negociaciones colectivas no van a reducirse, sino que tenderán a intensificarse.

Esto no es más que la continuación de un proceso que lleva ya en marcha cierto tiempo: debido a su alto grado de organización sindical y su posición clave en muchas de las economías capitalistas desarrolladas, la industria automovilística se convirtió en una locomotora de la negociación colectiva; en una precursora en el ámbito de conquistas laborales y salariales. Pero ya desde finales de la década de 1990 ha habido un cambio en ese sentido, debido a la cooperación tripartita orientada a evitar la deslocalización productiva y asegurar puestos de empleo.

La locomotora cambió de dirección. Las concesiones de las plantillas a los objetivos de rentabilidad de las empresas automovilísticas abrieron la puerta para que las facciones del capital en otros sectores forzaran también concesiones a sus plantillas. En el caso de VW es especialmente significativa la divergencia cada vez mayor de los convenios colectivos de las empresas filiales respecto al convenio colectivo principal de la casa matriz, presionando a éste último a la baja.

En este sentido, no es ninguna novedad que se están estableciendo sistemas contractuales y salariales duales, sobre todo en los nuevos servicios de movilidad externalizados por las empresas automovilísticas. Lo nuevo es que la composición de la plantilla cambiará profundamente a medida que se expande la tecnología digital y de almacenamiento de datos en la industria automovilística. La tasa de sindicalización y, con ella el poder de negociación de los sindicatos, disminuirá. Se vislumbra un desastre en el ámbito de la negociación colectiva, y esto supone un enorme reto para sindicatos, comités de empresa y delegados sindicales en lo que respecta a su estructura y estrategia organizativa.

Sin embargo, no en vano la automovilística es considerada por muchos una industria paradójica: por un lado, se caracteriza por una revolución prácticamente continua de sus modelos de gestión y producción y de su gama de productos. Al mismo tiempo, el sistema de relaciones laborales que le es característico parece ser tan resistente al cambio como estable es su posición dominante en el modelo de desarrollo económico de las economías en las que opera.

Al menos esto parecen creer los comités de empresa, al confiar en un posible efecto Lampedusa de la movilidad eléctrica: todo debe cambiar para que todo siga igual. En definitiva: para no acabar como “productores de latas” (es decir, meros montadores de carrocerías) en el aparentemente imparable proceso de electrificación y digitalización automovilística, mientras que su interior tecnológico es producido por otros, deberemos tragar con nuevas concesiones laborales.

Sin embargo, esto no es más que una ilusión fetichista que esconde la transformación inmanente del capital, así como el hecho que las condiciones que habían permitido los acuerdos interclasistas actuales están degradándose irremediablemente.

Sindicatos y comités de empresa ya no cuestionan los aspectos macroeconómicos ni la dinámica empresariales que enmarcan su margen de acción; la representación sindical ha quedado relegada a una posición subalterna como "socia júnior, pasajera en el asiento trasero, muy lejos del volante" (Wolfgang Streeck). Esto ha sido descrito por la psicología crítica como "capacidad de acción restringida", es decir, la subyugación del comportamiento social y político a un marco de acción impuesto externamente.

La conversión ecológica es necesaria, por descontado. En cierto modo, va de la mano de la transformación que le es inmanente al capital. En ese sentido no es más que un adorno verde a la intensificación del constante proceso de revalorización capitalista. Uno quisiera exclamar, como Walter Benjamin: ¡La catástrofe es que todo continúe igual!

Usted vincula el trucaje de motores no solo a los objetivos de lucro empresarial de, en este caso, Volkswagen, sino también al fracaso de los modos de control del modelo de producción capitalista. ¿Qué modelos de control ofrece el modelo de producción capitalista y por qué y en qué medida han fallado?

No puedo juzgar quién, con qué conocimiento, en nombre de quién o legitimado por qué personas manipuló efectivamente el control de las emisiones de los coches diésel. Además, debe tenerse en cuenta que la manipulación se llevó a cabo no solo en VW, sino en un marco de colaboración entre grandes grupos automovilísticos y proveedores.

Entonces, ¿quién falló? ¿Los gerentes de las empresas individuales, que apenas conocen ya los procesos de producción de 'sus' propias empresas y que han delegado hasta los objetivos empresariales a, por ejemplo, ”Profit-Centers”? ¿Los ingenieros que aspiran a la perfección tecnológica por deformación profesional pero se someten de hecho a las directrices de la junta directiva y sus expectativas de rentabilidad? ¿Las personas trabajadoras, que limitan su trabajo a acatar las órdenes de sus superiores? ¿Los consejos de administración, y los comités de empresa, que se dan por satisfechos con el aumento de ventas y beneficios y, en algunos casos, con la estabilidad laboral, pero no alcanzan a comprender las condiciones bajo las cuales se logran?

Lo que ha fracasado en relación a las cuestiones democráticas y ecológicas es el sistema de producción. Mientras impere el modo de producción capitalista el control de la producción estará al servicio del propio capital. Es el principio del control (descentralizado) capitalista lo que ha fracasado. Si es que puede hablarse de fracaso alguno, ya que es innegable su éxito a la hora de alcanzar su propósito final: la rentabilidad de la producción.


Estas cuestiones no van a solucionarse ni con la instalación de un nuevo software o nuevos motores en los vehículos manipulados, ni con la reorientación técnica de la industria automovilística hacia la movilidad eléctrica. En todo caso, estos procesos constituyen un intento de gestión a corto plazo de la crisis de la industria automovilística. ¿Qué constituiría, en su opinión, una conversión real de la industria automovilística que permita superar la crisis a largo plazo?


Yo me anticipé relativamente a esta discusión cuando, en el contexto de la crisis financiera del 2007, en la que el comercio mundial se desplomó y el sector de la ingeniería mecánica y el automovilístico (principales industrias alemanas orientadas a la exportación) se sumieron en una profunda crisis, reclamé la necesidad de un nuevo debate sobre la conversión, no solo de la industria, sino también del modelo de desarrollo económico.

No estaba solo: en 2009, Hans-Jürgen Urban, miembro de la Comité Ejecutivo Federal del sindicato IG Metall, advirtió que algunas empresas difícilmente iban a poder sobrevivir debido a su alto nivel de especialización. Por lo tanto, afirmó, era necesario "pensar sobre productos totalmente diferentes y un nuevo modelo productivo en el marco de una estrategia de reestructuración ecológica".

Sieghard Bender, fallecido representante de la IG Metall en Esslingen, respondió en 2009 al derrumbamiento dramático de la producción y a la extensión de las reducciones de jornada y salario en la industria mecánica (un sector compuesto mayoritariamente por empresas medianas enfocadas al sector automovilístico y al mercado estadounidense) impulsando mesas de dialogo en los organismos administrativos de la IG Metall. En estas mesas se invitó a representantes de plantillas y comités de empresa a discutir sobre producción alternativa: la posibilidad de producir, con los medios existentes, productos diferentes para otros mercados diferentes.

En el convenio colectivo de VW de febrero del 2010 se consiguió que la empresa se comprometiera, además de a mantener por varios años los puestos de trabajo (un compromiso prácticamente obligatorio en estos casos), a establecer un Fondo de Innovación. Este fondo pone 20 millones de euros al año a disposición del desarrollo de productos innovadores y nuevos sectores productivos. Este tipo de mediadas se están generalizando en medio del tumulto actual, como ejemplifica el caso de Bosch en Homburg, o la exigencia casi profiláctica del representante regional de IG Metall Jörg Köhlinger, que pide "propuestas concretas de conversión para cada planta en riesgo."

 

El debate en torno a la conversión no es de ahora.


El caso de referencia para todos los debates en torno a la conversión es el del proveedor de la industria aeroespacial británico, Lucas Aerospace, en la década de los 1970. Cuando descubrieron los planes de reducción de plantilla en esta empresa (altamente dependiente de contratos armamentísticos), los diferentes sindicatos de la empresa formaron conjuntamente el shop stewards combine comittee. Esté comité desarrolló en 1976 un plan para la reestructuración de la producción: el llamado corporate plan. Este plan aspiraba a luchar "por el derecho a trabajar en productos adecuados y razonables [...], con el objetivo de subsanar los problemas reales de las personas en lugar de contribuir a su creación". Por primera vez, una lucha sindical por la conservación de puestos de trabajo se vinculó a una lucha para desarrollar una nueva gama de productos. La plantilla se involucró intensamente en el plan, e incluso se desarrollaron programas individuales de formación.

A pesar de todo esto, se hizo patente relativamente pronto que esta alternativa solo podría ser implementada si se cuestionaba el derecho del capital a la disposición operativa y a la planificación empresarial (Betriebliches Dispositionsrecht). En ese sentido, las personas involucradas consideraban su plan como un paso hacia la democratización de la producción industrial. Estaban convencidas de que una "verdadera democracia industrial" no puede "limitarse a la representación sindical de los trabajadores en consejos de administración que toman decisiones en función de las directrices impuestas por la alta gerencia".

Lucas Aerospace fue el preludio de una multitud de proyectos productivos enfocados a la reconversión de la industria armamentística, también en la República Federal Alemana. En el otoño de 1981, mientras el proyecto alternativo de Lucas Aerospace fracasaba definitivamente ante la cerrazón de la dirección, los delegados de la IG Metall de Blohm & Voss fundaron el primer Arbeitskreis Alternative Produktion (grupo de trabajo de producción alternativa) en Hamburgo, una región que estaba por aquel entonces seriamente afectada por la crisis de los astilleros.

Hasta finales de 1983 se establecieron unos 40 grupos de trabajo de este tipo, principalmente (pero no solo) en el sector armamentístico y de la construcción naval, siguiendo el ejemplo del modelo británico: delegados sindicales y comités de empresa activaron todas las secciones de las plantillas para trabajar conjuntamente en modelos de producción alternativos. La oficina regional de la IG Metall abrió un Centro de Asesoría a la Innovación para las plantillas que, debido a su posición en la jerarquía productiva de su grupo empresarial, no dispusieran de los conocimientos o recursos necesarios.

 

¿Qué recorrido tuvieron estas experiencias?


Lo que todas las experiencias tuvieron en común fue que fracasaron: el sindicalista Mike Cooley, uno de los impulsores del debate en torno a la conversión en Lucas Aeroespace, se dio de bruces con el poder inquebrantable del capital cuando fue despedido en 1981 y la compañía volvió al business as usual.

En la República Federal Alemana la mera demanda de comisiones tripartitas para debatir propuestas de productos orientados a la producción alternativa se encontró generalmente con un “no” categórico por parte de la dirección. Las empresas estatales, como por ejemplo la Howaldtswerke-Deutsche Werft AG en Hamburgo, no fueron diferentes. Los modelos de producción alternativos fueron rechazados de plano. Tropezaron, en palabras de Marx, con el “poder social concentrado” que es el capital, así como con la constatación de lo evidente: constituir un contrapoder democrático es un proceso complicado.

Ocurrió lo que era de esperar: cuando, tras el final de la Guerra Fría en 1989 debido a la implosión del sistema socialista mundial, se habló largo y tendido de los llamados dividendos de la paz (que, se suponía, se obtendrían de la reconversión del sector armamentístico) éstos apenas se vincularon a la tradición del movimiento previo por la reconversión del sector.

La UE facilitó subvenciones y los líderes sindicales se centraron (siguiendo la línea convencional) en la gestión corporativista y tripartita, junto con las agencias gubernamentales y la patronal, de la crisis y la reconstrucción. No se consultó en ningún momento a los grupos de trabajo de producción alternativa que todavía existían. La conversión se convirtió en una estrategia de modernización monopolizada por las empresas que, si bien involucraba a los representantes sindicales en el marco de la cogestión, ahora estaba plenamente orientada a la innovación empresarial. El antaño carácter democrático de los movimientos de conversión fue completamente capado.

A la democracia en las empresas se le oponen tanto al derecho civil, con el derecho a la propiedad privada, como el derecho laboral, con el derecho al despido. Retrospectivamente, lo ocurrido no es tan sorprendente. Si se abandona la concepción romantizada de la conversión, de la cual quizás pequé yo mismo en 2008, y se analiza desde una perspectiva histórica y crítica, hoy en día llega uno a conclusiones diferentes, que no confunden conversión con formas democráticas de reestructuración económica.

La conversión (en el sentido más amplio, es decir, la modificación de la gama de productos, la diversificación de la producción, etc.) siempre ha existido. Es el resultado de lo que Marx y Engels formulan en El Manifiesto Comunista de tal modo: el modelo de producción capitalista y la sociedad burguesa solo puede existir mediante la “revolución constante de los instrumentos de producción, es decir, de las relaciones de producción, es decir, de las relaciones sociales en todo su conjunto".

No en vano, como afirma Marx en El Capital, es "el propio capital " el "verdadero obstáculo de la producción capitalista," ya que siempre acaba metiéndose en callejones sin salida. Pero, a su vez, el modo de producción capitalista logra superar estos obstáculos que sus propias leyes de desarrollo generan mediante la conversión, entre otros procesos.

Las conversiones que le son inmanentes al capital vienen determinadas principalmente por la competencia por un lado, y las tendencias de los mercados mundiales por otro. El caso del grupo Nokia en Finlandia es un buen ejemplo de ello: empezó como una fábrica de papel, en el marco de un capitalismo organizado [socialdemócrata] y ante el aumento progresivo de la alfabetización de la población y de la carga administrativa estatal (lo cual, consecuentemente, impulsó la demanda de artículos de impresión).

Durante el periodo fordista viró hacia la industria de los polímeros, fabricando neumáticos para la industria automovilística y productos para la floreciente industria del ocio (botas de goma), para pasar a convertirse, en el contexto del llamado “capitalismo de alta tecnología” moderno, en un operador de telecomunicaciones.

Este tipo de conversiones fueron a veces impulsadas directamente por el Estado mediante lo que constituye la forma de conversión más sencilla y menos problemática del capitalismo: la industria bélica y la cartera estatal de contratos de defensa. La industria automovilística estadounidense reorientó su actividad a la producción armamentística tras el ataque japonés contra Pearl Harbor. Y la propia industrialización fordista de Alemania, así como el desarrollo de sus industrias automovilística y siderúrgica, fue impulsada por políticas económicas fascistas orientadas a dinamizar la demanda interna. Este es el caso de las plantas Hermann Göring en lo que hoy en día es Salzgitter, así como de Volkswagen AG, que nació en 1939 como productora de Kübelwagen y de otro tipo de material militar.

 

¿Son democráticos estos procesos de conversión?


Rara vez. La realidad histórica muestra que este tipo de conversiones siempre se han sido impulsadas por una combinación de factores: un contexto marcado por problemas de valorización capitalista, intentos estatales de superación de esta crisis, y procesos de adaptación empresarial impulsados ​​por el mercado. En ese sentido, la reestructuración de la industria automovilística actual está determinada por la conjunción de un nuevo marco regulador social y estatal y de nuevas dinámicas del mercado mundial, sobre todo en lo que respecta a China.

Podemos considerarlo un proceso de conversión. Sin embargo, que Volkswagen venda ya hoy en día más salchichas (de sus cantinas) a supermercados que automóviles (alrededor de siete millones de salchichas frente a unos seis millones de automóviles), o que en la planta de Salzgitter, con condiciones laborales innovadores para los trabajadores mayores, se abriera hace poco una nueva línea de producción (de cogeneradores termoeléctricos) que entretanto ha ya ha sido liquidada, difícilmente puede considerarse un proceso de conversión democrática.

Incluso una reorientación productiva beneficiosa desde el punto de vista ecológico o de política de transportes, como es el caso de la fusión entre Alstom y la sección ferroviaria de Siemens, no implica una disminución de la presión sobre la plantilla. En cualquier caso: ¿qué opciones de producción alternativa existen con los medios de producción actuales? En el caso de Lucas Aerospace el objetivo era producir aparatos de climatización geotérmicos, equipos de ultrasonido, motores híbridos. Hoy en día tampoco hay mucho más.

¿O es que esperamos que la industria automovilística, altamente sofisticada, se reoriente hacia la producción de bicicletas eléctricas? ¿Con 90 millones de personas empleadas? Me temo que hoy en día limitarse a reivindicar una conversión es un tanto ridículo, y no motiva a las plantillas de trabajadores a movilizarse. Quizás deberíamos, en lugar de reivindicar un proceso de conversión, entender mejor la dialéctica en la que ésta se enmarca: cómo el capital logra subyugar nuevas líneas de productos a su lógica de valorización una y otra vez. Hay bien poco de democrático en ello.

El Estado federado de la Baja Sajonia es accionista en Volkswagen con un 20 % y los delegados de las personas empleadas tienen derechos especiales de cogestión. ¿Aumentan estas condiciones la posibilidad de una conversión democrática de VW, en comparación con otros fabricantes de automóviles?


Sí y no. La Ley Volkswagen [que estableció el control del 20 % de las acciones de VW por parte del Estado federado de la Baja Sajonia cuando dicha empresa fue privatizada en 1960] se enmarca sin roces en la estrategia de reestructuración y desarrollo adoptada por la dirección del grupo. Yo por lo menos no conozco ningún ejemplo de lo contrario. Por otro lado, todos los ataques a dicha ley están vinculados a intereses que abogan por la privatización e intentan socavar los derechos de cogestión.

En este sentido, debemos defender el statu quo, pero solo para luego retomar la ofensiva a partir del mismo. En sí mismo no es suficiente para avanzar hacia una reestructuración socio-ecológica sin que el capital se apropie del proceso una vez más.

Hoy en día, el Estado está llevando a cabo su función de "capitalista colectivo ideal" (Friedrich Engels) de manera prácticamente ejemplar

Echemos un vistazo al balance anual del grupo VW para el 2016, que se publicó precisamente bajo el lema "Redefinimos la movilidad". Allí leemos que en el ejercicio fiscal 2016 los ingresos respecto al año anterior (el año del Diesel-Gate) aumentaron en un 2,5%. Es decir, no es que pueda hablarse de una debacle. Al mismo tiempo, los costes de producción se redujeron en un 7,3% y los beneficios aumentaron en 5.100 millones de euros, un aumento en un 6,7% de la tasa de retorno de la inversión. Difícilmente podemos calificar esto de crisis.

En vez de buscar el futuro de la industria automovilística exclusivamente en la movilidad eléctrica, ¿qué papel podrían jugar las políticas públicas en una conversión democrática de la industria automovilística?


De la política estatal espero poco, como ya señalé con el ejemplo de la Ley VW. Probablemente mucho más relevantes sean los debates en torno a la industria automovilística que se dan en el ámbito de las políticas urbanas o de transportes, que permiten ampliar el margen de maniobra, limitado dentro de las empresas, y facilitar desarrollos alternativos. Esto también lo demuestran la experiencia de la conversión en el sector armamentístico en los años 70 y 80: si se extendió en las fábricas, es decir, si se convirtió en un movimiento amplio, fue sobre todo porque tuvo el apoyo social del movimiento pacifista de aquel entonces. En palabras de Bertolt Brecht: "Sobre la carne que os falta en la cocina/ no se decide en la cocina".

Hoy en día, el Estado está llevando a cabo su función de "capitalista colectivo ideal" (Friedrich Engels) de manera prácticamente ejemplar. Ejemplo de ello son las “prima por desguace” que concedió durante la crisis de 2009, o el llamado “bono ambiental” para el desguace de los vehículos diésel más antiguos, ambas medidas condicionadas a la compra de un nuevo vehículo.

De todo lo anterior queda claro que, para que la conversión ecológica de la industria automovilística no se realice a expensas de las plantillas, la conversión también debe ser democrática. Al mismo tiempo, una mera conversión democrática no garantiza la transformación ecológica; la sostenibilidad ambiental estaría sujeta, junto a los demás objetivos empresariales, a la discreción de la plantilla. ¿Cómo pueden pensarse juntos ambos modelos?
Es cierto que, históricamente, la sostenibilidad ecológica y la emancipación de la clase obrera han sido objetivos mutuamente excluyentes. El ascenso del movimiento obrero se debe a un modelo de desarrollo económico basado en la destrucción ecológica y en la represión de los movimientos democráticos en la periferia de la economía mundial para obtener ‘petróleo barato’.

Hoy en día, tanto la cuestión ecológica como la cuestión de clase están amenazadas. La producción capitalista se dispone a socavar "las fuentes de toda riqueza", es decir, “la tierra y el trabajador" (Marx). Por tanto, la contradicción histórica de ecología y emancipación de la clase trabajadora no constituye una contradicción sistemática, incluso si la historia “oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” (Marx).

Creo que no se trata de elaborar "recetas [...] para los figones del porvenir," como ya rechazó Marx, sino de señalar las nuevas contradicciones que resultan de la conversión inmanente al capital: por ejemplo, la dificultad cada vez mayor de las viejas estrategias sindicales instauradas para garantizar el empleo y evitar deslocalizaciones. Este es el humus sobre el que se pueden formar cosas nuevas, y sobre el que se pueden debatir nuevas formas democráticas de reestructuración o conversión económica. Las 'soluciones' las tienen que elaborar las personas, especialmente los 'productores directos.'

La conversión democrática y solidaria de las cadenas de valor automovilísticas es más compleja y más difícil de organizar que la conversión de los grandes astilleros en la década de 1980. Aun así, ya lo escribió Bertolt Brecht: "Las contradicciones son nuestra esperanza". Cuando el capital y sus estrategias minan las fuentes de toda riqueza es cuando nos toca estar a la altura de las circunstancias y buscar soluciones.

 

A finales de noviembre de 2017, la Fundación Rosa Luxemburgo organizó una conferencia sobre el futuro del trabajo en las cadenas de valor automovilístico. La conferencia se centró en la crítica a la conversión inmanente al capital, una conversión promovida por la empresa privada y los Estados. ¿Cómo evalúa el interés social en esta crítica? ¿Cree que es posible que la crítica influya en los muchos proyectos sociales (y municipales) que están trabajando en cambiar los modelos de movilidad?


La conferencia que tuvo lugar este noviembre en Hannover surgió de un grupo de debate fundado hace varios años por la delegación de la Fundación Rosa Luxemburgo en Baja Sajonia. Este grupo tenía la intención desarrollar las conclusiones de una conferencia organizada en octubre de 2010 en Stuttgart. La conferencia de Stuttgart giró en torno a las reivindicaciones por una conversión socioeconómica del modelo productivo que surgieron en el marco de la crisis. En una conferencia previa más pequeña, en la primavera del 2010, se había discutido con un importante número de representantes sindicales y de comités de empresa, principalmente de Daimler (Bremen), sobre producción alternativa.

Pero este impulso glorioso acabó tan pronto las jornadas reducidas, que se habían impuesto en el sector automovilístico y sus proveedores debido a la coyuntura del verano 2010, dieron paso a nuevas ofertas de horas extra.

En la conferencia de Stuttgart, a la que asistieron 400 personas, solo acudieron unos pocos representantes de los trabajadores. Las demandas de conversión, ahora vinculadas a la promoción incipiente de movilidad eléctrica y la eficiencia energética, fueron absorbidas relativamente rápido por la lógica capitalista y convertidas en una maquillaje verde del capitalismo. "La reacción política empieza por la redecoración" resumió sucintamente, en otro contexto, el poeta Peter Rühmkorf.

Esta transición restaurativa constituyó el punto de partida de la conferencia en Hannover el año pasado, en la que decidimos tematizar la cuestión del futuro del trabajo en la cadena de valor automovilística, así como establecer un diálogo en torno al tema con representantes de organizaciones sindicales, personas empleadas en la industria automovilística, academia, y organizaciones ecologistas. Que la 'solución' a la cuestión ecológica no se resolviera a costa de los intereses de los y las empleadas en la industria automovilística me parece un motivo para ser mínimamente optimista.

De todos modos, es solo el comienzo vacilante de una nueva cooperación entre movimientos sociales y ecologistas. El movimiento por la conversión en el sector armamentístico ya mostró que un proceso de transformación democrático necesita, sobre todo, mucha paciencia, así como la constitución de formas democráticas de cooperación y de trabajo, la elaboración de alternativas, y la organización de contrapoder para poder hacer prevalecer modelos de desarrollo alternativos. Ya lo decía Antonio Gramsci, en línea con su lema "Pesimismo de la razón, optimismo de la voluntad": "Hay que crear personas sobrias y pacientes...". Incluso cuando el tiempo apremia.

 

Traducción Marta Cazorla | Fuhem Ecosocial

Publicado enMedio Ambiente
El municipio que obligó al Estado colombiano a repensar su sistema económico

En Colombia los ciudadanos se oponen a la extracción de metales y de petróleo. A través de las consultas populares cuestionan un sistema económico que tiene su base en la Colonia. Visita a Pijao, un pequeño pueblo que llevó su lucha hasta la Corte Constitucional. 


Los buscadores de oro están bien informados cuando encaran con sus camionetas las curvas hacia Pijao, ubicado en el departamento de Quindío, al suroeste de Bogotá. En su equipaje traen un mapa detallado del valle y los números de teléfono de doce lugareños, que indicarán a los geólogos de la ciudad bogotana como llegar a los sitios marcados en el mapa.


Son lugares, donde Anglogold Ashanti (AGA) sospecha que existen grandes reservorios de oro. La empresa británica-sudafricana es la tercera más grande del mundo en explotaciones de oro y lo que quiere es saber, si en la tierra de Quindío realmente hay este tesoro.


Después de una infinidad de curvas, que suelen provocar vómitos en los niños del valle, a la altura del Mirador Café, hay una bajada donde los últimos kilómetros antes de llegar a Pijao no necesitan los frenos.  Este lugar queda un poco atrás de la calle principal en el Circo del Valle a 1700 metros sobre el nivel del mar.


Pijao tiene seis mil habitantes y está bordeado por plantaciones de café, bananas y árboles de aguacate recién sembrados. Su gente vive de la agricultura porque acá hay que ganarse la vida. Y por esa misma razón, los doce hombres de la vecindad dijeron: sí, cuando un representante del municipio los contactó.


Ellos querían ser guías en la expedición de Anglogold Ashanti. También Gonzalo Gómez*, un vacunador de vacas de Pijao, de cabeza pelada, manos grandes y fuertes, una mirada afilada y la alegría de un indignado, decía que sí. El hombre tiene alrededor de treinta años y necesita dinero urgentemente, no duda ni un segundo cuando lo llaman del municipio. Lo que podría pasar con su pueblo, si realmente se encuentra oro en la zona, no lo sabe. Gonzalo Gómez todavía no conoce el término megaminería.


Todo eso pasó en el 2011.


Al mismo tiempo que Gonzalo Gómez y sus compañeros suben hacia las montañas, la antropóloga Mónica Flores, la alumna Estefanía Herrera y el estudiante Jairo Choa están meditando sobre sus trabajos y tareas. Los tres no saben que en este momento una docena de conciudadanos ponen en juego la existencia de toda una región. Y aún menos piensan que en pocos años van a iniciar un proyecto político que repercutirá en otros países de América Latina. El apoyo va a venir de una protagonista inesperada: la Corte Constitucional en Bogotá.


Refugio para aves migratorias


En las afueras de Pijao, rumbo hacía los valles, el asfalto se convierte rápidamente en una pista de ripio y de allí en una especie de camino rural con piedras y pasto. Sin un 4 x 4 termina el viaje aquí mismo. Pijao tiene la misma superficie de Ibarra, ciudad ecuatoriana, su punto más bajo está a 1100msnm y el más alto a 3800.


Hace unos años atrás, el Foro Mundial para la Naturaleza investigó la flora y fauna del valle y encontró pumas de montaña, osos de anteojos, lobos, zorros, comadrejas y zarigüeyas. Por su clima templado también descansan allí las aves migratorias. En las coronas de los cedros, de los robles y de las palmas de cera, el árbol nacional de Colombia encuentra comida y un lugar de descanso antes de seguir el viaje. Los pocos habitantes humanos de la zona usan los árboles para la renovación de sus casas o para cocinar, ya que el acceso a otros recursos es difícil por la lejanía. Se vive de la cría de ganado y de la plantación de papas.
De repente, el terreno se empina y exige la amortiguación de la camioneta. “Y eso es sólo el principio, – dice Roberto Tejedor* (43) – y se agarra del andamio del Jeep. Más arriba solo se puede subir cuando está seco, sino el carro resbala”. También hoy resbalamos dos o tres veces, pero el chofer Francisco Sarango* (40), un amigo de la infancia de Roberto, conoce el territorio tan bien como el vacunador Gómez. Él lleva a los habitantes casi todos los días hacia Pijao en un tiempo de 45 a 60 minutos.


Durante los años noventa, Roberto y Francisco callejearon mucho tiempo en la zona. Con sus amigos descubrieron el bosque, acamparon en el Abra y pescaron en los arroyos y ríos. Pero al margen de los animales les esperaban otros peligros, ya que la guerra entre el gobierno central en Bogotá y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) también se extendió en las montañas y valles alrededor de Pijao.


La FARC aprovechó el territorio fragoso, el bosque con niebla y la lejanía del orden capitalista para esconderse. También, los paramilitares de la ultraderecha se mueven en la zona, a veces obligan a los choferes de Pijao, que pasan por casualidad por el mismo lugar, a llevar armas de una base a otra, cuenta Francisco Sarango.


Si se cruzan con un peaje del otro partido los ejecutan en el mismo sitio, sean las FARC o los paramilitares. “Varios de nuestros chóferes nunca volvieron de sus recorridos”, relata.


Esqueletos con joyas de oro


Media hora después llegamos a una zona alta, desde ahí se observa bien el valle que causo un interés particular en Anglogold Ashanti. “Ahí, atrás se quiso construir una mina, dice Francisco indicando con la mano”.  Mucho no se ve ese día, la niebla se colgó en los árboles, pero a quien ha visto una megamina de oro en imágenes o en fotografías satelitales y se fija en los valles mayormente vírgenes de Pijao, le queda claro: sería como la detonación de una bomba. “Yo trabajé tres años como chófer en el Choco”, dice el conductor y se pone serio. “Vi lo que significa una megamina para humanos y naturaleza. No quiero que eso se repita aquí”.


En el noroeste de Colombia, en la frontera con Panamá, se explota hace siglos minas de oro bajo condiciones nefastas. Parte de la vida cotidiana son niños muertos por haber tomado agua con cianuro o las minas clandestinas ocupadas por habitantes desesperados en busca de oro. Regularmente mueren por derrumbes inesperados. Casi ochenta por ciento de los habitantes del Chocó no tienen cubiertas sus necesidades básicas. “La riqueza que se saca de allí”, dice Francisco y prende el motor, “no se queda en la región, se lleva a otros países”. Por ejemplo, a Sudáfrica, Gran Bretaña  o Suiza. Un tercio de todo el oro colombiano llega al país de los Alpes.


La cantidad de oro acumulada en los suelos de Pijao no está clara, dice la autoridad departamental de Quindío, pero escribe en su informe de Impacto Ambiental 2012 que “las unidades de roca y el ambiente geológico en la cordillera central muestran una alta potencialidad de yacimientos de minerales metálicos asociados a cuerpos ígneos”.


Para la mayoría de los habitantes de la región no hay ninguna duda: bajo sus pies hay oro. Hace unos años atrás, cuentan Roberto y Francisco durante el regreso del viaje se descubrió una tumba en las afueras de Pijao, justo donde hoy se plantan arboles de aguacates para la exportación a Europa. Se encontró un esqueleto con joyas de oro, aparentemente una reliquia de tiempos previos a los colonos europeos.


Por lo tanto, no sorprende que el Ministerio Nacional de Minas y Energía de concesiones durante los últimos años  por un total del 80% de la superficie del departamento Quindío para la explotación minera. Veintitrés de los títulos mineros están en el municipio de Pijao, nueve de ellos en el páramo de Chili que se encuentra bajo protección.


Cuando los geólogos pasaron en el 2011 con sus camionetas por la zona, sabían, más o menos, lo que les estaba esperando. En ese momento, AGA Colombia ya había adquirido concesiones mineras en todo el país, equivalentes a más de un millón de hectáreas.


Pero: ¿Quién pudo llevar a los geólogos por los caminos intrincados y protegerlos de los pumas y los lobos? “Yo conozco a alguien”, dice Roberto Tejedor y tiene su Nokia 3210 en la mano. “Él te puede contar bien como fue en ese entonces”.


La locomotora minera colombiana

 


La antropóloga Mónica Flores y la joven Estefanía Herrera buscan preservar Pijao como alternativa turística y productiva opuesta a la empresa minera. Foto: Romano Paganin


Sobre concesiones y leyes mineras, Mónica Flores (50) investigó durante años, pero antes de contar sus conclusiones pone café en el fuego, casi un acto obligatorio en Pijao, no importa la hora. Los tres gatos la siguen en la cocina y piden comida sin maullar. Mónica se inclina y acaricia la cabeza rasguñada del macho. “Te peleaste de nuevo”, le dice y pone las tasas sobre la mesa inmensa del salón. Los abuelos de Mónica han tomado café aquí, en ese entonces el siglo pasado, antes que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) definiera a Pijao como Paisaje Cultural Cafetero. La anfitriona se arrodilla en el banco y habla con el gato aleccionado.


Mónica, después de vivir largos años en Bogotá, Estados Unidos y Europa, volvió a mitad de los años cero a su lugar de nacimiento y abrió un alojamiento boutique en Pijao. Cocina omeletts con ají a sus huéspedes y solo quiere una cosa: que la gente esté bien en el pueblo. Como promotora de Citta-Slow, una organización italiana cuyo objetivo es una vida más lenta y relacionada con la naturaleza, tuvo  claro desde el primer momento: una megamina no tiene lugar acá. Ella se enteró en el 2008, todavía trabajando como concejal, y por casualidad, de las concesiones en el Quindío.


La locomotora minera, empujada por Álvaro Uribe, presidente colombiano en ese entonces (2002-2010), agarró viaje, pues la demanda de materia prima fue enorme. En diez años el número de concesiones mineras saltó de 3000 a 9500; de los 114 millones de hectáreas de tierra firme que constituye Colombia casi un tercio fue, en el 2013, prevista para minería.


Durante el mandato de Uribe no sólo se aflojaron los estándares ambientales para sacar materia prima, sino que también bajaron los impuestos para su explotación. Como consecuencia: empresas transnacionales mandaron a sus equipos de perforación a Colombia con dinamita, latas de cianuro y mercurio, indispensables para la explotación minera industrial.


Mónica empezó a juntar información sobre AGA. Se enteró de las intrigas entre la empresa y los rebeldes en el Congo, las contaminaciones en Ghana, conoce los juegos que esconden para conseguir las concesiones y el cambio de nombres de empresas en Colombia, y por supuesto, sabe de la situación en la ciudad vecina de Cajamarca.


En la mina La Colosa AGA presume reservas de oro por más de 30 millones de onzas. Según la minera, son las reservas de oro más grandes del planeta. La cresta de la montaña, donde el trabajo de exploración termina en el año 2019, llega hasta el Quindío. Y cuando el gobierno en Bogotá declaró Cajamarca juntos con Pijao y otros municipios en la región, como distritos mineros, algo quedó claro para Mónica Flores: no importa cuánto oro, plata o nicle estén en el municipio, si Pijao no se defiende podría desaparecer en breve del mapa.


Los geólogos y sus secretos 


Parecido a un toro, Gonzalo Gómez está sentado en una de las mesitas de aluminio, bajo unas sombrillas, con su gorra hasta la nariz. Es mediodía y el café en la plaza municipal de Pijao, frente a la iglesia y el municipio, se llena rápido. Pedimos café y entramos, en su interior está más tranquilo. Apenas se sentó el vacunador, vuelve a la posición de combate. Aparentemente está esperando solo una cosa: la primera pregunta.


¿Cuál fue exactamente tu tarea para Anglogold Ashanti? 
“Lo primero que se hizo fue una muestra de sedimento en todo el municipio, también en parte de Génova, Buenavista, Córdoba, Calarca y Salento. Después, hicimos una perforación de doce a quince metros cerca de acá. Los geólogos encontraron ceniza volcánica. Ellos traían su propio mapa y nosotros les mostrábamos como llegar a los puntos marcados. Los geólogos seguían más o menos el ramal de La Colosa en Cajamarca, pero mantenían esas informaciones con mucho cuidado. Como herramientas tuvimos solo una palita de jardinero de plástico y un tamiz para lavar las pruebas del suelo que ellos se llevaron. Todas las pruebas que se tomaron allí fueron superficiales”.


La exploración por Quindío pasó por cuatro etapas de veintiún días. Los hombres de Bogotá trataron a los hombres de Pijao con mucha gentileza. Ellos saben muy bien lo que está en juego, ya que se trata de mucha más plata de lo que puedan cobrar los doce ayudantes del campo. Les brindaron alojamiento, comida y cinco millones doscientos mil pesos colombianos. En otras palabras: un poco más de 2500 dólares por 84 días de trabajo, más de tres veces el sueldo básico de ese momento. El dinero fue transferido a las cuentas bancarias de los ayudantes.


¿Hubo dinero entre el municipio y AngloGold Ashanti para facilitar que la empresa pueda recorrer el territorio de Pijao?
“No se sabe”, responde Gonzalo Gómez. “Pero aparentemente la empresa estaba en reuniones con concejales y ellos no tenían nada en contra. El municipio hizo el contacto conmigo”.


La humanidad y los metales


Mónica Flores trae una pila de papeles desde la oficina y lo pone en la mesa de madera. Huelen a leyes y reglamentos. “Aquí no se puede construir una mina así no más”, dice y sorbe con la nariz. Como si lo quisiera confirmar acústicamente. Manosea en la pila de papeles, buscando la sentencia del 2016.


La lista de las razones por las cuales la explotación minera es un tema controvertido, es larga y vale para todo el planeta: contaminaciones múltiples del ambiente, intoxicación y muerte de flora y fauna, división y expulsión de comunidades locales y riqueza que no queda en la zona ni en el país. Además, dice Mónica, “¿Quién consume todos estos metales? Son los países de América del Norte y de Europa, que necesitarían al menos un planeta más para mantener su estilo de vida. Ellos exigen a pueblos como Pijao contaminar su tierra y su gente como si fuese lo más normal del mundo”. Su vista se pierde en el jardín. Vuelve a sorber la nariz y pregunta: “¿Existe la minería responsable?”


En Abya Yala –así fue llamada América antes de 1492– se extraían metales mucho antes de la llegada de los europeos. Como elementos clave no se usó mercurio ni cianuro, sino agua o fuego. En hornos de piedra y bajo mucho calor se separaban los metales de las piedras, un proceso mucho más lento que con los métodos industriales y químicos de hoy en día. 1500 años antes del nacimiento de Cristo, así dice el museo de oro en Bogotá, se recolectaba oro y cobre, usados por los caciques y chamanes en sus ritos religiosos.


El Museo de Oro es un cubo de cemento austero en el centro de Bogotá y pertenece al Banco de la República de Colombia. En su interior, el ambiente se presenta moderno y hasta noble, los objetos están pulidos y los visitantes son numerosos. Admiran la artesanía y los símbolos religiosos de culturas que en la América colonial ya no tenían razón de existir. Como hoy en día ninguna duda de ese hecho deja el vídeo que se muestra sin fin en una sala oscura dentro del museo.


“La vida moderna”, dice una voz del off, “es posible gracias a que conocemos los metales y sabemos cómo usarlos. Estos soportan nuestros edificios y puentes, nos permiten volar, navegar y desplazarnos, sustentan la producción industrial y el comercio. Con los metales medimos el tiempo, hacemos movimientos, rendimos cultos. Producimos arte y hacemos la guerra. (…) La historia de la humanidad de los últimos 9000 años es la historia de los metales. Con ellos hemos construido el mundo en el que vivimos”.


La voz en off suena un poco como Margareth Thatcher y su monólogo There is no alternative. Al final del corto la voz termina con una frase llamativa. Se refiere al uso espiritual de metales por los poderosos de la era precolombina: “Los objetos espirituales y simbólicos comunicaban una visión del mundo que compartía toda la sociedad”.


Toda la sociedad, eso suena a mucha gente. Contemplando la digitalización de nuestras sociedades del siglo 21, cuya expansión no hubiese sido posible sin la materia prima como oro, cobre o litio, es permitida la pregunta: ¿Será posible que la influencia de un Iphone o una computadora en nuestra existencia sea mucho más grande de lo que suponemos? ¿Se convirtieron en objetos o símbolos espirituales?


La oposición del pueblo crece


Sea como sea: la industria extractivista con empresas como AGA, Glencore (Suiza) o BHP Billinton (Inglaterra/Australia), cuyos nombres ocupan los primeros puestos de las listas de los críticos al capitalismo, ya no pueden hacer lo que les pinta, ni en este lado de la orilla ni en la otra. Al menos en los medios de comunicación europeos el tema de la extracción de recursos en países del sur llegó a la agenda política y de a poco se va instalando en la conciencia de la sociedad. Jóvenes alemanes ocupan minas de carbón y exigen su cierre.


En Inglaterra están los municipios que se convierten en transition-towns, apuestan a la economía local y por lo tanto disminuyen la dependencia del mercado global y sus materias primas. Y en Suiza, que por sus bajos impuestos es uno de los lugares preferidos para las empresas transnacionales, crece de a poco la conciencia sobre las consecuencias que causa la industria al planeta. El plebiscito con el nombre Konzernverantwortungsinitiative, por ejemplo, exige que las empresas con sede en Suiza posean reglas vinculantes en sus prácticas para cumplir estándares sociales y ambientales. Algo parecido inició Francia.


Y también en América Latina el pueblo se está defendiendo más y más a través de consultas populares. Desde el comienzo del milenio hubo alrededor de cien consultas relacionadas con minas metálicas. En casi todos los casos los votantes dijeron que no; en Costa Rica y El Salvador se prohibió la extracción minera por completo. En Mendoza, una provincia al oeste de Argentina, se prohibió el uso de químicos tóxicos para sacar metales.


En cambio, en países como Colombia, el gobierno no sólo trata de disimular los resultados de las consultas populares. Simplemente no las reconoce. La razón es obvia: hace siglos la economía del país se basa en la extracción de materia prima, independientemente lo que piense el pueblo. En esa cuenta no se considera la intoxicación de los ecosistemas, la expulsión de indígenas, la militarización de la zona y la extinción de especies enteras. Para satisfacer los mercados internacionales y a sus consumidores –la mayoría de la materia prima va a la exportación– las empresas no dudan en matar a los que se oponen a esa lógica.


Después de Brasil e Indonesia, Colombia es el país con más activistas ambientales asesinados en el mundo. La Organización de Naciones Unidas (ONU) manifestó, en un informe reciente, su preocupación por esta situación refiriéndose especialmente a los líderes indígenas, campesinos y afro colombianos, es decir, los grupos étnicos más afectados por la industria extractivista.


De vuelta hacia sus raíces


Unas de las razones por las cuales Mónica Flores volvió a su lugar de origen es la urbanización veloz en los grandes centros, que avanza en un ritmo abismal. Vio el mundo afuera de Pijao y llegó a la conclusión de que su pueblo es un buen lugar para vivir. Escribió un libro sobre la arquitectura local, ofrece cursos en ecología social y organizó caminatas públicas con ornitólogos que indican los nombres y comportamientos de las aves del valle. Quiso que sus vecinos vean lo que ella vio: el agua cristalina de los ríos, la tierra fértil, la biodiversidad. “Y paso a paso los habitantes volvieron a reconocer su riqueza y a valorarla”, dice Mónica.


Los niños dibujaron la diversidad en la vereda, los cafeteros plantaron un café especial y generaron puestos de trabajo, los apicultores empezaron a producir miel orgánica, las caseras cocinaron mermeladas con frutas de la región y con Citta-Slow llegaron también turistas de otros continentes. Nacieron alojamientos familiares como el de Mónica Flores.


Hace diez años nadie quería ir a Pijao, por las casas que parecían derrumbarse en cualquier momento y porque durante la noche existían esquinas en el pueblo por las cuales mejor no pasar. El lugar se convirtió en un pueblo pintoresco que tiene el carisma de un pueblito en la Toscana, Italia. Sin ese cambio cultural, dice Mónica Flores, la gente no hubiese tomado dimensión de la megaminería y la discusión pública que se dio a partir de 2013 no se hubiese dado. Los ciudadanos se juntaron en ese entonces y decidieron de organizar una consulta popular. Quisieron defender la riqueza local.


Lo que suena fácil terminó en el 2016 en la Corte Constitucional. “Aquí está”, dice Mónica Flores y pone la sentencia de 118 páginas sobre la mesa.


La nena curiosa de al alado


Cuando la nueva Constitución entró en vigencia en 1991, unas de las constituciones más avanzadas en el continente respecto a la participación política y el derecho a la auto determinación territorial, Estefanía Herrera ni siquiera  estaba planeada. Pero hoy en día, veintisiete años después, la chica de 18 años hace uso de ella y dice frases como: “Gracias a la posibilidad de la participación política hoy en día ya los niños están informados sobre las consecuencias de la megaminería”.


Estefanía está de visita en la casa de Mónica Flores, como tantas otras veces durante los últimos años. Sentada en la mesa de madera, frente a una taza vacía de café, mira atentamente a través de sus anteojos cuadriculares. Describe de forma detallada lo que pasó en Pijao antes de la consulta de julio del 2017: las charlas con los vecinos, los eventos informativos en la escuela, la visita de los campesinos en los valles y por supuesto las discusiones con los que estaban a favor de una producción megaminera. “Dios mío”, dice y menea la cabeza, “Pensaron realmente que la mina trae trabajo y progreso y que se van a hacer ricos”. A ellos les respondió: “donde están parados hoy en día, ya no van a poder estar”. Porque como el oro no se puede comer tampoco se puede tomar el agua con mercurio.


Como la mayoría de los habitantes de Pijao, también la familia de Estefanía vive de la agricultura. El padre planta bananos y su tía tiene una finca. Durante su infancia sembró lechugas y calabazas, jugó con los animales, pero también observó cómo su papá fumiga con pesticidas sintéticos. A su vez, su vecina Mónica la invitó desde temprana edad a formaciones y charlas. Tema principal: el medio ambiente. Además, cosechan juntas tomates orgánicos y observan a los colibríes que se nutren de los geranios. Mónica, que no tiene hijos de repente es mamá y Estefanía, la nena curiosa de la vecindad quiere saber lo que significa consulta popular.


Generar confianza después de la guerra


La alumna se da cuenta rápido de la diferencia entre teoría y práctica. Antes de la consulta habló con los pijaenses, y aunque dice las cosas francamente, no le tienen confianza. “Una y otra vez tuvimos que explicar que no tenemos nada que ver con el gobierno y que somos del mismo pueblo”, dice Estefanía. Inseguros por la guerra civil de más que cincuenta años, inclusive un ataque armado en el 2001 de las FARC, se necesita mucha empatía para que los vecinos de Pijao se abran y hablen con un desconocido sobre sus necesidades. En última instancia, Estefanía habla de la sentencia de la Corte Constitucional. Dice entre otras cosas: “La Constitución Política establece que es obligación del Estado no solo conservar y proteger los recursos naturales, sino también prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental, imponer las sanciones legales y exigir la reparación de los daños causados”.


La Corte Constitucional creó con su sentencia en 2016 un precedente y provocó una ola de consultas populares en el país. Solo el año pasado hubo nueve consultas relacionadas con proyectos extractivistas. Más que cincuenta municipios quieren hacer lo mismo porque en su sentencia la Corte Constitucional afirma que los gobiernos regionales y locales pueden hacer consultas y provocar una prohibición de grandes proyectos de minería o petróleo. Llama la atención ya que cuestiona estructuras sociales y económicas que nacieron durante la Colonia. El poder judicial de Colombia da más importancia a la opinión pública que a la industria extractiva. Para América Latina, donde las leyes muchas veces solo existen en los papeles, es una gran excepción.


La espía de la capital


Encrespado por las múltiples consultas populares, el ministerio de Minas y Energía en Bogotá envió unas semanas antes de la consulta en Pijao, a una joven empleada hacía el valle, aparentemente para ver cómo está la onda en el pueblo. Pero no solo por eso. “Fue al mediodía, yo justo estaba comprando un pollo cuando ella me empezó a hablar”, se acuerda Jairo Choa (28) y todavía no lo puede creer.


El joven concejal, vestido con jeans, barba de cuatro días y gel en el pelo, pertenece al ala derecha del Concejo Municipal. Comparte ideas del ex presidente Álvaro Uribe, pero de ninguna manera la política extractiva de Colombia. En parte por su abuelo, quien trabajaba la tierra en los cerros de Pijao y su nieto, que se crió con él, quería un día sobre tomar su finca. Pero al Jairo adolescente se le cruzó la realidad: los precios bajos, el trabajo duro y un estudio en el horizonte. Dejó la herencia familiar y estudió en la capital del Departamento la carrera de cómo se administran negocios internacionales.


Pero si viene alguien cuestionando la agricultura, como ahora lo hace la señorita de Bogotá, se defiende con lo que tiene a su alcance. Igual, al final estuvo menos brusco de lo que pensó en su momento. “Venite”, le dice, “te muestro las bellezas de nuestro municipio, los campos y ríos y montañas y valles. ¡Te vas a enamorar!”.


La enviada del ministerio rechazó la invitación y Jairo embaló su pollo. “¿Qué vamos a dejar a las próximas generaciones?”, preguntó. “¿Una herencia de destrucción? Claro, tenemos acá en el municipio un problema de drogas, pero si construimos una megamina eso implica una destrucción total, tanto para el ambiente como para nuestra sociedad”.


Se calla la señorita y el monólogo del activista ambiental de la derecha terminó.

 

 


Antes de la consulta hubo una fiesta


Jairo Choa está dentro del comité para la consulta y se junta regularmente con Mónica Flores y la joven Estefanía. Los promotores de la consulta tejen una red: por un lado, con otros comités en el país y por otro, se conectan con Marcha Carnaval, un grupo diverso de músicos y activistas, “para la defensa del territorio”. Marcha Carnaval nació hace once años, cuando AGA empezó a trabajar en Cajamarca. Se formaron sindicatos, comunidades indígenas, campesinos, estudiantes y profesores e hicieron durante las coloridas manifestaciones lo mismo que Mónica Flores en Pijao: fortalecer pacíficamente la cultura del lugar. Durante la Marcha en Ibagué 2017, la capital del Departamento donde AGA está explorando La Colosa,  participó una sexta parte de la población.


Hoy en día la Marcha Carnaval está funcionando en 35 ciudades del país. Y si es necesario los organizadores también viajan a municipios potencialmente afectados como Pijao. Sienten que su apoyo es necesario. Y gente alegre con tambores en el pecho generan más confianza que uniformados con armas.


Docenas de activistas llegan los días antes de la consulta a Pijao, reparten folletos, visitan escuelas, viajan con Jairo Choa y Estefanía a las fincas más lejanas y tamborean a través de las calles angostas del pueblo. El asunto serio se convierte en una fiesta popular. Mónica, de izquierda, está parada al lado de Jairo Choa, de derecha, y los dos saben: en este momento no se trata de Uribe, ni de su persecutor Juan Manuel Santos, ni de la locomotora. Se trata de la defensa del territorio y por lo tanto de la propia existencia. Aquí no importa cuales son las alianzas políticas.


Bogotá, molestando hasta el último momento


En el día de la consulta llegan camionetas a la plaza municipal. La administración de Quindío las mandó gratis para que los ciudadanos del campo pueden viajar hasta las urnas. Tanto Roberto Tejedor como Francisco Sarango están trabajando. Y también el vacunador Gonzalo Gómez está en la calle. Seis años después de haberle mostrado a AGA el camino por los valles quiere poner un No en la urna. “Yo no tenía ni idea lo que podría significar una megamina para el pueblo”, cuenta al final de nuestra conversación”. Se habla de ganancias grandes como en Perú o Chile, pero al final no queda nada para nosotros. Por el politiqueo la plata queda a los que están sentados allí arriba”.


Temprano se demostró que la consulta iba a favor de los que no quieren una mina. Pero tenían que alcanzar una participación de al menos 33 por ciento. Sino la consulta no tiene valor. Y Bogotá metió sus dedos hasta el último momento. En el día de la consulta, cuenta Jairo Choa durante el segundo café, faltaba infraestructura como mesas o urnas. Algo que nunca falla cuando hay elecciones nacionales. “Además apareció un funcionario del Ministerio del Interior que nos exigió abandonar el lugar. Incluso me amenazó con denunciarme por hacer ‘propaganda’ como concejal en el mismo día de la consulta”. El funcionario vino acompañado por un comandante de policía que también presionó a Jairo Choa y a su equipo. “Por suerte estaba también el presidente de la provincia de Quindío”, dice Jairo. “Él nos respaldó y nos decía que solo teníamos que seguir”.


Al final participó un 44 por ciento del pueblo y un 97 por ciento puso un No en las urnas. Decisivos fueron los votos de la generación mayor y de la gente del campo. Los jóvenes, así suponen los promotores, no pudieron dimensionar lo que hubiese implicado un Sí. Además: muchos de ellos  quieren irse de Pijao lo antes posible…


El gobierno sigue poniendo piedras en el camino


Llegó la noche a Pijao y los cafés en la plaza municipal de a poco se van vaciando. Mónica Flores cierra un poco la puerta hacía su jardín. “A la noche el aire refresca”, dice y envuelve su cuello con una bufanda. Los gatos se fueron, el macho probablemente volvió a pelearse en algún lugar de la vecindad. En la mesa de madera todavía está la pila de papeles que documenta la historia de Pijao de los últimos años. Estadísticas, diagramas, leyes, mapas, tabularios de Excel, sentencias, fotos. Y de alguna manera esa imagen con Mónica Flores en primer plano, la luchadora que ha vuelto a los Andes colombianos con sus pumas, osos de anteojos y lobos, en alguna manera esa imagen hace acordar a una película de Hollywood con un final feliz.


¿Eso fue todo?


Obviamente que no.


Los funcionarios de Bogotá ya están trabajando en una reforma sobre las leyes con el objetivo de complicar las consultas populares que tengan que ver con proyectos extractivos. En Córdoba, municipio vecino de Pijao, quisieron organizar una consulta popular en noviembre, pero no se pudo por una falta de apoyo financiero de parte del Estado. Pero no solo eso:   el Ministerio de Energía y Minas tuteló al Tribunal de Quindío por haber aprobado la consulta popular en Córdoba, es decir, el baile con el poder central sigue. Tanto como el politiqueo.


Pero gracias a las consultas populares de los últimos meses se formó una red de solidaridad en todo el país que no va a ser fácil romper. “Si el gobierno sigue poniendo piedras en el camino”, dice Mónica Flores, “el pueblo se va a la calle”. Se durmió profundamente, pero la locomotora minera despertó a la gente. “Vamos a defender la tierra”.


*Nombres cambiados
* Periodista independiente y vive entre el Atlántico y el Pacífico. Recién publicó su primer libro titulado “Manos de la Transición – Relatos para empoderarnos” (Apuntes para la Ciudadanía, Quito/Diciembre 2017).
Ese artículo  nació también gracias a las investigaciones de Kristina Dietz (GLOCON), FU Berlin. 

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Este es todo el plástico que el mundo rico debe gestionar ahora que China no lo quiere

Una investigación publicada en 'Science Advances' calcula el impacto que tendrá el veto chino a la importación de residuos de plástico estudiando los flujos de exportaciones e importaciones de este problemático material.

 
A principios de 2018, la gestión de los residuos de plástico dio un vuelco. China, el gran vertedero del planeta —donde iba a parar el 45% de toda la basura plástica que se genera en el mundo— cerró sus puertas. Una nueva normativa puso fin a las importaciones de ese material y a un sistema enormemente ventajoso para las principales potencias desarrolladas, porque el gigante asiático compraba las ingentes cantidades de plástico que ellos no eran capaces de gestionar, y porque exportar todos esos residuos les permitía lucir mayores porcentajes de reciclaje en sus estadísticas medioambientales.


Teniendo en cuenta que el mundo fabrica alrededor de 335 millones de toneladas de plástico cada año, que la previsión es llegar a las 1.000 millones de toneladas en 2050 y que sólo un 9% de todo eso se recicla, el veto de China suponía poner sobre la mesa la dimensión de un problema que hasta entonces se había tapado bajo la alfombra, además de abrir un enorme interrogante en los países de origen: Y ahora, ¿qué hacemos con toda esta basura?


Esa es la pregunta que un grupo de científicos del Instituto de Nuevos Materiales de la Universidad de Georgia (EEUU) ha tratado de resolver en un estudio que publica Science Advances y que calcula que, para 2030, alrededor de 111 millones de toneladas de basura a base de residuos plásticos tendrían que ser relocalizados debido al veto chino. Es algo más de lo que el país asiático ha venido gestionando (106 millones de toneladas) desde que comenzó a ofrecer datos de sus exportaciones en 1992; y casi la mitad de todos los desechos de plástico que se han exportado en el mundo desde 1988.


La investigación, que se basa en el estudio exhaustivo de los datos disponibles de exportaciones e importaciones de residuos plásticos en el mundo —una información aún limitada— refleja las enormes desigualdades en los flujos de gestión de esta basura.


En 2016, un total de 123 países exportaron 14,1 millones de toneladas de residuos de plástico, de los que más del 72% tuvieron como destino China y Hong Kong — que en realidad actúa como otro puerto de entrada a China, exportando allí el 63% de lo que llega—. Del otro lado de la balanza, los países ricos, con la Unión Europea a la cabeza, han liderado las exportaciones de desechos plásticos desde 1988, contribuyendo al 87% del total. Los diez mayores exportadores de plástico del mundo, a excepción de México, son países de altos ingresos.


La fotografía global es la de un flujo en el que la inmensa mayoría de los desechos de plástico del mundo salen de los países de la OCDE para llegar a los de Asia del Este y el Pacífico. 33 de los 35 países de la OCDE son ricos, mientras que 23 de los 36 de Asia del Este y el Pacífico son pobres o de ingresos medios.


"Es difícil predecir qué pasará con los desechos de plástico que una vez fueron destinados a las plantas de procesamiento de China", señala Jenna Jambeck, profesora asociada y coautora del estudio. "Parte podría desviarse a otros países, pero la mayoría de ellos carecen de la infraestructura para gestionar sus propios desechos, y mucho menos los desechos producidos por el resto del mundo. Sin nuevas ideas y cambios en todo el sistema, incluso las tasas de reciclaje actuales relativamente bajas ya no se cumplirán, y nuestros materiales reciclados anteriormente podrían terminar en vertederos”, añade.


Según la patronal del plástico Plastic Europe, el 40% de todo el plástico que se fabrica en el mundo se usa para envases, envoltorios y productos de un solo uso, que son los que más rápidamente terminan convirtiéndose en basura por su corta vida. Se estima que unos 8 millones de toneladas de plástico acaban en el mar cada año.

lucía villa
@Luchiva

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Violenta explosión del volcán de Fuego en Guatemala deja tres localidades afectadas

Al menos tres departamentos o localidades de la zona centro-sur de Guatemala quedaron sumergidos en cenizas por la erupción más fuerte –desde hace más de cuatro décadas– que haya arrojado el volcán de Fuego, uno de los más activos de Centroamérica. Hasta el cierre de esta edición, el evento había provocado la muerte de 25 personas, de acuerdo con datos preliminares del gobierno guatemalteco.


La expulsión de lava y rocas dejó además casi 300 personas heridas, unos 3 mil 100 desalojados de las zonas aledañas y hasta 1.7 millones de afectados.
El coloso, ubicado a 50 kilómetros de la capital y uno de los 37 que tiene ese país, es considerado uno de los más peligrosos en Centroamérica debido a su actividad, la cual comenzó a intensificarse antes del mediodía.


Después de las 14 horas locales, las operaciones en el Aeropuerto Internacional La Aurora de Guatemala quedaron canceladas por la caída de ceniza que llegó hasta la capital. A las 16 horas comenzó la expulsión de lava.


Vibraciones llegaron a más de 20 kilómetros


Las severas vibraciones por las detonaciones en el cráter se sintieron a más de 20 kilómetros de distancia, a la vez que se formó una columna de humo que ascendió aproximadamente a 10 mil metros.


Varias personas que perdieron la vida eran habitantes de El Rodeo, comunidad a las faldas del coloso. En ese sitio, dos niños que veían desde un puente la creciente fumarola perdieron la vida tras la explosión. Los departamentos más afectados fueron Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, los cuales permanecen en alerta roja.


Los flujos piroclásticos alcanzaron hasta 700 grados centígrados, explicó Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología.
Esta es la erupción más grande desde 1974; hemos tenido expulsiones constantes, pero no de esta dimensión. En ésta han descendido hasta ocho kilómetros de lava de gran magnitud, agregó Gustavo Chigna, especialista del Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología.


Hasta las 21 horas locales, ya eran cerca de 653 personas las que estaban en albergues, detalló David de León, portavoz de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, instancia encargada del área de protección civil en este país.


El presidente guatemalteco, Jimmy Morales, emitió una declaración de estado de emergencia, la cual debe ser ratificada por el Congreso, para permitirle al Estado realizar adquisiciones sin restricciones y con controles mínimos para agilizar el flujo de recursos ante la crisis. Por la noche, las tareas de búsqueda y rescate, tanto de fallecidos como de desaparecidos, tuvieron que suspenderse por falta de energía eléctrica y la peligrosidad de la zona, ya que el escenario es de ríos de lava y ceniza, e incluso de casas que fueron destruidas, por lo que estas acciones se reanudarán las primeras horas de este lunes.

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