Lunes, 26 Octubre 2020 05:33

Energía y país

Energía y país

Se atribuye a Ahmed Zaki Yamani, quien fue ministro de Petróleo de Arabia Saudita, haber dicho hace 20 años que "la Edad de Piedra no se acabó por falta de piedras; la edad del petróleo acabará mucho antes de que el mundo se quede sin petróleo".

Poco antes de eso Don Huberts, quien trabajaba en el área de hidrógeno de la compañía petrolera anglo-holandesa Shell, señaló en la revista The Economist (julio de 1999): "Ciertamente no pienso que el petróleo se agote durante mi vida. Pero puede haber una falta de petróleo barato"; se refería a esa misma expresión sobre la Edad de Piedra de que "acabó porque las herramientas de bronce se hicieron más baratas".

Según ciertos análisis económicos de la industria energética, contar con nuevas energías renovables es ya más barato que operar las plantas productoras de carbón y la tendencia descendente de los precios relativos es continua. Forbes señaló en fechas recientes que para 2025 costará más operar todas las plantas carboníferas en Estados Unidos que remplazarlas con equipos solares y de viento en un margen de 35 millas de cada planta.

Hay muchos gobiernos y empresas que fijan metas de 100 por ciento de energías limpias y, con ello, una nueva demanda de trabajadores y técnicos para diseñar, construir, instalar y operar paneles solares y turbinas de viento y las redes de distribución. En Estados Unidos, una de las confrontaciones al respecto en las próximas elecciones gira en torno del impulso al carbón de Trump y las nuevas energías que apoya Biden.

Ésta es la transición desde el carbón a una economía limpia, con el desarrollo de nuevas industrias, empleo, capacidades de trabajo y de gestión empresarial, junto con nuevas tecnologías y formas de financiamiento. Véanse, por ejemplo, las metas fijadas en California para el uso único de autos eléctricos en 2030 y lo que significa para las gasolinas.

Éste es un proceso que Schumpeter denominó "destrucción creativa", a la que consideraba la base del proceso de cambio, desarrollo económico y generación de riqueza. Podrá, sin duda, ser un factor adicional de distancia entre los países más y menos desarrollados y, también, fuente añadida de desigualdad social.

El informe más reciente del Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas apunta que en 2019 aumentó la capacidad de generación de energía limpia; que ese aumento se consiguió con casi la misma inversión de 2018 (cifrada en 282 miles de millones de dólares), esto es, a menores costos.

La meta de limitar el alza de la temperatura del planeta por debajo de 2 grados centígrados para 2030 está vinculada con el desenvolvimiento esperado de esta industria y las tecnologías disponibles. La inversión en energías renovables en Estados Unidos creció 28 por ciento en 2019 aprovechando los beneficios fiscales que existieron, superando el monto registrado en Europa.

La publicación Energy Strategy Reviews plantea la transición energética como un fenómeno de suma relevancia en la industria. Las mayores empresas petroleras del mundo se posicionan cada vez más para transformarse en empresas de energía, lo que constituye un modelo económico muy diferente.

De las ocho petroleras más grandes, cinco han emprendido una inversión cuantiosa en energías renovables y en función de sus reservas probadas de crudo.

En el caso, por ejemplo, de British Petroleum, desde 2018 se planteó que su segmento de energía renovable sea su fuente de más crecimiento, con una expansión al quíntuple para 2040, hasta proveer alrededor de 14 por ciento de la demanda global.

A pesar de que no se ha llegado a la cúspide de la demanda de crudo, los expertos esperan que esa situación ocurra a medida que baje la demanda. De ahí se desprende la relevancia cada vez más grande del viento y el sol en la industria, con todo lo que eso representa para el conjunto de las actividades económicas, la productividad, los patrones del empleo y las corrientes de la inversión, además de la manera como muchos gobiernos se adaptarán a las nuevas condiciones. La transición en la industria energética representa un cambio radical en los modelos de negocio, su gestión y operación. Los costos de capital son diferentes, su asignación también y los determinantes de los flujos de ingreso y gasto para las empresas.

La transición ya está en curso y en no menor medida por las exigencias del cambio climático y las repercusiones sociales que provoca.

La intensidad y velocidad de la transición puede acelerarse. Las empresas petroleras y los gobiernos que se rezaguen incurrirán en grandes costos sociales y económicos.

En México el modelo energético está anclado en una concepción de la propiedad estatal y del usufructo de los excedentes por medios fiscales por parte del gobierno. La producción de energía del petróleo y la generación de electricidad podrían resolver problemas a corto plazo, por cierto cada vez más corto y más caro. Y después quedar fuera de la nueva fase de desarrollo de las fuentes de energía y su uso productivo.

El significado de todo esto es de enorme relevancia y gran riesgo para un modelo político de reducción de la pobreza y la desigualdad y, sobre todo, dada la menguada capacidad de crear empleo e ingresos, de generar riqueza de modo sostenido. Energía y políticas públicas están entrelazadas y merecen una atención privilegiada, apropiada y oportuna.

Publicado enEconomía
Solo la guerra de clases puede detener el cambio climático

Un nuevo informe muestra que el 1 por ciento más rico del mundo es responsable del doble de las emisiones de toda la mitad inferior del planeta. El mensaje es claro: para luchar contra el cambio climático, tenemos que luchar contra la clase dominante.

Nuestro nuevo número, "AfterBernie", ya está disponible. Nuestras preguntas son simples: ¿qué logró Bernie, por qué fracasó, cuál es su legado y cómo debemos continuar la lucha por el socialismo democrático? 

Mientras los incendios arden en California, el permafrost se derrite en Siberia, las olas de calor azotan Europa y los huracanes y tifones se hacen cada vez más fuertes, existe una necesidad urgente de una acción climática ambiciosa. La pregunta es cómo será y quién soportará el peso de una transición hacia un mundo más sostenible.

Desde hace varias décadas, el mensaje ambiental dominante para el público ha sido la acción individual. Nos dijeron que para resolver la crisis climática, necesitábamos cambiar nuestras bombillas, cambiar a electrodomésticos de bajo consumo, comprar vehículos híbridos o eléctricos, aislar mejor nuestros hogares, dejar de usar bolsas de plástico y alterar nuestro consumo personal de otras formas.

Estas cosas son, sin duda, cambios positivos, pero no son suficientes para abordar la escala de la crisis que enfrentamos y pueden llevar a conclusiones perversas sobre dónde radica realmente la culpa de la crisis climática.

Existe un creciente argumento de que una de las fuerzas impulsoras de la crisis climática es la población mundial. El mundo está superpoblado, dicen estas personas, y por eso las emisiones son tan altas. Esta opinión la expresan con mayor frecuencia los  eco-fascistas , que creen que se necesita un genocidio para reducir la población humana. Pero la superpoblación también ha sido citada por destacadas figuras liberales como la primatóloga Jane Goodall  y el naturalista  Sir David Attenborough , lo que ha contribuido a generar conclusiones engañosas y preocupantes sobre lo que está alimentando el cambio climático.

Si bien centrarse en el consumo personal nos impone la responsabilidad a todos por igual, centrarse en el crecimiento de la población traslada la culpa a los países de África y Asia, donde la población ha seguido creciendo en las últimas décadas. Sin embargo, estas personas tienen una de las huellas de carbono más bajas del mundo, y cuando miramos qué jurisdicciones han  emitido los gases de efecto invernadero  que están calentando el planeta, la respuesta es definitiva: Estados Unidos y Europa.

Pero incluso culpar por completo a los estadounidenses y europeos es perder el panorama general. Un nuevo informe de Oxfam concluye que el 1 por ciento más rico de las personas por sí solo es responsable del doble de emisiones del 50 por ciento más pobre de la población mundial. Eso significa que incluso si la clase trabajadora del Norte global tomara todas las acciones individuales recomendadas o forzáramos a los pobres del Sur global a dejar de tener hijos, eso no resolvería el problema.

Nuestro presupuesto de carbono restante está siendo sacrificado para que la élite mundial pueda mantener su lujoso estilo de vida, mientras  llevan aviones privados a conferencias sobre el clima para dar la impresión de que les importa. El fundador de Virgin, Richard Branson, ha sido un líder en este lavado verde multimillonario, haciendo  promesas climáticas  que no cumplió mientras expandía su negocio de aerolíneas. Del mismo modo, ElonMusk  afirma preocuparse por el clima para vender más automóviles, mientras  critica el transporte público  y trata de  detener los proyectos de trenes de alta velocidad .

Pero quizás el más prominente de estos multimillonarios que lavan de verde sus actividades insostenibles es Jeff Bezos. A principios de este año, el CEO de Amazon fue elogiado en la prensa por su Bezos EarthFund de $ 10 mil millones; ¡incluso compró los derechos para  cambiar el nombre de un estadio de Seattle después de su promesa climática! Pero aún no  se han otorgado subvenciones del fondo, mientras que Amazon continúa  ayudando a las empresas de petróleo y gas a  extraer combustibles fósiles de manera más eficiente.

Estos multimillonarios afirman que el capitalismo puede resolver la crisis climática y sus inversiones están ayudando a crear una nueva forma de "capitalismo verde" que reducirá las emisiones y marcará el comienzo de un futuro sostenible. Los gobiernos también están cayendo en este mito y lo están colocando en el centro de sus planes de recuperación ante una pandemia.

En julio, el gobierno británico  anunció un plan de recuperación de 350 millones de libras esterlinas para poner al país a la vanguardia de la “innovación verde”, una gota en el océano de la inversión necesaria. Como era de esperar, no incluía ninguna sugerencia de asumir las emisiones de los ricos reduciendo su riqueza, prohibiendo los aviones privados o eliminando las industrias contaminantes de las que se benefician.

Mientras tanto, en los Estados Unidos, el presidente Donald Trump no tiene un plan climático, pero incluso JoeBiden se enfoca en las energías renovables y los autos eléctricos, mientras promete nuevas carreteras con estaciones de carga y se  niega a prohibir el fracking . Al norte, el reciente discurso en el trono del primer ministro Justin Trudeau  prometió hacer de la acción climática una “piedra angular” de la recuperación pandémica de Canadá, mientras se centra en los vehículos eléctricos, extrae más componentes para ellos e invierte más en energía hidroeléctrica. Guardó silencio sobre los  impactos ambientales   de esas iniciativas.

El capitalismo verde nunca facilitará la escala de acción necesaria para mantener el calentamiento por debajo de 1,5ºC o incluso 2ºC porque se niega a enfrentarse a las personas e industrias poderosas que están alimentando la crisis climática en primer lugar. Continúa asegurando que los beneficios fluyan hacia la cima mientras vaciando a la clase media y produciendo narrativas climáticas que transfieren la carga de la responsabilidad a aquellos que tienen poco poder para hacer los cambios necesarios: el público, si no los pobres del mundo.

El tipo de acción climática que necesitamos requiere enfrentar a los ricos y organizarnos en torno a una visión para un tipo diferente  de sociedad. Eso significa no solo hacer que los ricos paguen impuestos más altos, sino desmantelar activamente las estructuras económicas que facilitan su acumulación de riqueza, tratar al planeta como una abundancia ilimitada de materias primas gratuitas y generar todas las emisiones que calientan el planeta.

O nos enfrentamos al capitalismo y sus vencedores, o seremos incapaces de detener el cambio climático descontrolado, ayudar a los refugiados climáticos que creará o detener el mito eco-fascista de la superpoblación que surgirá como resultado. Nuestra elección es el socialismo o la barbarie, como dijo una vez Rosa Luxemburg. El capitalismo verde no nos salvará.

Publicado enMedio Ambiente
  Mark Blyth, en una imagen reciente. Cedida por el entrevistado

Mark Blyth / Politólogo

 

Las ideas estúpidas abundan y acostumbran a dirigir la vida de la gente. Mark Blyth (Dundee, Escocia, 1967) está decidido a entender el porqué. Profesor de Ciencias Políticas, Economía Internacional y Relaciones Internacionales y director del Rhodes Center of International Economics en la Universidad de Brown, Blyth centra sus investigaciones en el papel que desempeña la incertidumbre en la configuración de los sistemas económicos, así como el de la política ideológica, y pone gran énfasis en la importancia de las políticas económicas.

Blyth, autor de varios libros, entre los que cabe destacar Great Transformations: Economic Ideas and Institutional Change in the Twentieth Century (Cambridge University Press, 2002), The Future of the Euro (Oxford University Press, 2015) y Austerity: The History of a Dangerous Idea (Oxford University Press, 2013), regresa con Angrynomics (Agenda, 2020), en el que sostiene, junto al gestor de fondos de inversión Eric Lonergan, que la creciente oleada de ira que domina la política global tiene su origen en políticas macroeconómicas desacertadas, tecnocráticas. En esta entrevista, Blyth analiza las repercusiones económicas de la crisis de la covid-19, los diversos enfoques que han adoptado los gobiernos y los bancos centrales de todo el mundo para controlarla y cuál podría ser la alternativa inteligente para lidiar con los problemas políticos a corto plazo, así como los de la civilización a largo plazo.

Empecemos por Angrynomics. Ustedes aluden a las raíces económicas que subyacen tras el profundo descontento y la rabia que han caracterizado al electorado occidental durante la última década. ¿De qué maneras la política económica perpetúa esa ira?

En el libro utilizamos la analogía de la macroeconomía como si fuera un ordenador. Todas las economías capitalistas tienen un hardware relativamente similar: todas tienen un mercado laboral y un mercado de capitales, que varían en alcance, profundidad y regulación. Todas las economías tienen software: un conjunto de ideas económicas o un guión dominante que dicta cómo se hacen las cosas en la economía. Históricamente hemos tenido tres “ordenadores” capitalistas diferentes.

El primero fue la globalización bajo el patrón oro, en el que el capital y las personas podían moverse libremente entre países y el sistema se ajustaba utilizando la balanza comercial mediante las exportaciones e importaciones. El problema derivado de esto era estructural: como todos querían ser exportadores, el sistema se sesgaba hacia la deflación. Esto supuso que los salarios se redujeran en relación con las ganancias, lo que derivó en una gran cantidad de mano de obra cabreada. Los primeros intentos de nacionalismo a principios de la década de 1900, como el socialimperialismo de Joseph Chamberlain, estaban destinados a resolverlo. La Primera Guerra Mundial fue el punto culminante, después del cual el sistema se vino abajo.

La versión 2.0 contenía economías nacionales mucho más restrictivas y un sistema monetario internacional basado en el dólar, y un tanto ligado al oro: el sistema de Bretton Woods. Teníamos economías nacionales con mercados laborales nacionales, y los países que producían lo mismo ocasionalmente comerciaban entre sí. Debido al trauma del período anterior, el objetivo de las políticas era el pleno empleo. Ahora bien, el inconveniente de hacer del pleno empleo su objetivo político es el problema de Kalecki. Si se maneja un mercado laboral de pleno empleo durante treinta años, debido a la tecnología estática, en última instancia, lo que se hace es aumentar los salarios antes que la productividad. Eso perjudicará las ganancias y las expectativas de ganancia a través de la inflación en el sistema. Esto es exactamente lo que revirtió ese orden en los años setenta.

Después de las versiones 1.0 y 2.0, hubo un restablecimiento y reconstrucción fundamentales del hardware del capitalismo y una reescritura de su software. La reconstrucción supuso el surgimiento de bancos centrales independientes y la estabilidad de precios se convirtió en el objetivo de la política. Volvimos a abrir la economía mundial, esta vez con 700 millones de personas nuevas que se unieron al mercado laboral mundial y China pasó de la indigencia a la prosperidad relativa. Y, como mostró Branko Milanović con su famosa gráfica del elefante en 2015, esto contrajo los ingresos de aquellas economías de la OCDE que se encontraban entre los percentiles 50 y 85, particularmente en las economías angloamericanas.

Ahora añadamos a esto la crisis financiera de 2008, cuyos costes se distribuyeron asimétricamente. Los propietarios de capital fueron rescatados; el coste de esta operación se incluyó en el balance público, y el sector público se restringió mediante la austeridad. En última instancia, fue una década en la que las pérdidas de ingresos reales y el estancamiento de los salarios se vieron agravados por una depresión de largo efecto, especialmente en el sur de Europa y las periferias anglosajonas. Por lo tanto, la ira política que estamos presenciando ahora se ha estado gestando durante mucho tiempo.

Los partidos de centro y centroizquierda que cedieron la responsabilidad a los tecnócratas de los bancos centrales y la OMC fueron los que no estaban preparados en absoluto para la crisis. Con la covid-19 hemos visto más de lo mismo. Los gobiernos han transferido la responsabilidad política a los bancos centrales, que saben cómo llevar dinero a las empresas, pero no cómo dar dinero a la gente. Esto, por supuesto, conduce a una reacción violenta, que se arma de diferentes maneras y que en parte ha provocado lo que en el libro llamamos la ira pública.

Sus principales propuestas para hacer frente a esta ola de ira son la creación de un fondo nacional de riqueza y un dividendo de datos. ¿Cómo podrían resolver nuestros problemas estas políticas?

Si tienes un grupo de personas enfadadas, las invitas a cenar y las sientas a todas en una mesa unas frente a las otras en filas según de qué lado estén, será una experiencia muy desagradable. Pero si divides la habitación con sofás, pufs y luz ambiente, cambiarás la dinámica. Para salir de este lío necesitamos cambiar los muebles de la habitación.

No solo queremos pensar en políticas de mejora, queremos pensar en incorporar a la economía elementos que reestructuren las interacciones políticas y económicas. Un fondo ciudadano de inversión haría exactamente eso. En estos momentos, la Reserva Federal de hecho ha fijado un nivel mínimo a los precios de los activos, lo que significa que no se permitirá que los precios de las acciones caigan más allá de cierto punto. Esto fomenta el crecimiento en el mercado de valores a pesar de que la economía ha recibido un golpe tremendo, de tal manera que casi existe un divorcio entre el mercado y la economía. Se trata de una oportunidad desperdiciada. Cuando llegó el pánico por el coronavirus, los inversores abandonaron entre el 30 y el 50 % de sus participaciones en acciones. Todo el mundo quería comprar deuda pública porque es el activo más seguro. Esto significa que, teniendo en cuenta las tasas de inflación actuales, durante un período de diez a quince años, la deuda pública cotiza en negativo. Los inversores básicamente te están pagando por pedir prestado.

Con ese tipo de demanda y coste de financiación, la Reserva Federal podría haber emitido un 20%  adicional o más del PIB, comprar todas las acciones que simplemente se desecharon en todos esos mercados de valores y colocarlas en un fondo pasivo gestionado profesionalmente. Podrían gestionarlo como un gran fondo de inversión libre con un perfil de riesgo bajo y permitir que la magia de la prima del 6% que se obtiene en las acciones obre durante una década. El 6%  anual compuesto durante diez años sobre el 20 % del PIB estadounidense les proporcionaría miles de millones de dólares.

Podríamos utilizarlo para pagar nuestra deuda, si resulta molesta, o mejor, podríamos financiar completamente la descarbonización. Por ejemplo, una de las principales causas de fugas de dióxido de carbono son los edificios. Suponen el 30% de las emisiones. Podríamos modernizar todos los edificios de Estados Unidos durante un período de veinte años, y las aptitudes necesarias para ello mejorarían al conjunto de la clase trabajadora estadounidense. O si se piensa desde el punto de vista de un país pequeño y acomodado como Dinamarca, en el que ya se están haciendo cosas buenas, imagina lo que se podría hacer con un 20% más de PIB. Aquí las posibilidades son enormes.

En esta crisis no podemos juzgar quién lo está haciendo bien porque no sabemos muy bien a qué jugamos

En cuanto al dividendo de datos, el 20% de la bolsa estadounidense está compuesta por seis firmas, las denominadas FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google/Alphabet). Son lo que algunas personas llaman un negocio de coste marginal cero. Tienen enormes márgenes de ganancia sobre los costes y también tienen estatus de monopolio en muchos sectores. Esto significa que son increíblemente rentables. También significa que, debido a que pueden poner a un país en contra de otro, prácticamente no pagan impuestos.

Pero todas estas empresas funcionan porque se utiliza el producto y se les entrega los datos. Facebook es una mera plataforma. Les das los datos, que luego recolectan y venden. Entonces, ¿por qué se los regalamos? Tenemos el derecho de propiedad de nuestros datos y los datos que generaremos en el futuro para ellos. ¿Por qué no los ponemos en un fideicomiso nacional, en el que cada persona puede optar por participar o no, y después autorizar el uso de esos datos a dichas empresas por un precio muy elevado en lugar de impuestos? Si comienzan a hacer un uso abusivo, los recuperamos. De esa manera, podríamos otorgar transparencia y democracia a estas plataformas que son tan importantes pero que no rinden cuentas, y en el proceso también podríamos recaudar unos valiosos ingresos.

Muchas de las tendencias que presentan en el nuevo libro parecen haberse exacerbado durante esta crisis. El desempleo se ha disparado a nivel mundial, con 500 millones de personas en riesgo de caer en la pobreza, mientras que los multimillonarios estadounidenses han aumentado su fortuna en 565.000 millones de dólares hasta el mes de junio. En la ciudad de Nueva York, donde vivo, los apartamentos de lujo de Manhattan se vaciaron mientras que las UCI de Queens y el Bronx estaban por encima de su capacidad. Me hizo pensar en una frase suya: “Los Hamptons no es una posición defendible”. ¿Qué quiere decir con eso?

En todas las revoluciones provocadas por la desigualdad una cosa está clara: sabemos dónde están los ricos. En este momento están de fiesta en los Hamptons. Si posees capital, alguna salida y propiedades –o, para ser comprensivo, si tienes hijos y estás preocupado por la covid–, por supuesto que te irás a tu casa grande y bonita de la playa. En realidad este dato no es muy interesante, pero es representativo de cómo el mantra que se repetía al comienzo de la crisis de la covid-19 –la idea de que estamos todos juntos en esto– no es cierto. Hay grupos que tienen opciones y las van a utilizar. Y es entonces cuando las distinciones raciales, las distinciones de género, las distinciones de clase y las enfermedades salen a la luz en toda su crudeza.

Estoy sentado en la zona más rica de Providence (Rhode Island). La última vez que lo comprobé, el índice de contagio en mi barrio era del orden del 1 al 2%. Si voy a Central Falls o Pawtucket, o a algunas de las zonas más pobres de Providence, es de algo así como el 14 %. ¿Son los Hamptons una posición defendible? Quizás a corto plazo, pero a largo plazo, es una vulnerabilidad.

La crisis que surgió tras el confinamiento mundial parece muy diferente de la recesión típica. ¿Qué distingue a esta crisis de las demás?

A diferencia de las crisis financieras, esta no comenzó con una burbuja de deuda del sector privado, donde las valoraciones subyacentes no podían estar respaldadas por los flujos de ingresos en los que se basaban los activos. Le dijimos a la población activa que se fuera a casa, pero todo el capital sigue ahí. Ahora tenemos que preguntarnos: ¿podemos volver a la situación anterior? Si alguien te pregunta si a los Yankees les ha ido bien últimamente, la respuesta es bastante fácil de encontrar. Solo es necesario buscar el último partido que jugaron, verificar los marcadores y emitir un juicio basado en ese partido. Pero en esta crisis no podemos juzgar quién lo está haciendo bien porque no sabemos muy bien a qué jugamos. ¿Nos estamos jugando que nadie se quede desempleado durante los tres primeros meses? Esto tendría sentido si se cree que la economía se reactivará en tres meses. ¿Y si son seis meses? Ahí probablemente podemos hacer algo. ¿Pero qué pasa si son dos años? ¿Y si pasa a formar parte del mobiliario?

Analicemos a Boeing. Supone una parte enormemente importante de la economía estadounidense y es uno de los principales constructores de aviones del mundo, pero estaba tan obsesionado con el enriquecimiento de los altos ejecutivos y las readquisiciones que no se molestó en actualizar ninguno de sus diseños. Tenemos el 737 Max, del que todos sabemos que tuvo problemas. Volverá a un mercado en el que ya hay demasiados aviones. Luego está el 777 X: nadie lo quiere, nadie lo necesita. Esto es lo que está sucediendo en una de las empresas más grandes de Estados Unidos debido al enriquecimiento y la sobreinversión.

También podemos analizar las propiedades inmobiliarias comerciales. Digamos que las oficinas se vuelven problemáticas de cara al futuro de un modo distinto al de antes. ¿Qué sucede con los fondos de inversión inmobiliaria que dependen de los ingresos por rentas provenientes de clientes comerciales que después van a los inversores? Se aprecia que esto empieza a estar fuera de control de formas que no estamos monitoreando adecuadamente. Pero la mayor paradoja es que no destruimos nada de nuestro capital. No hubo una quiebra. Simplemente lo dejamos, y ahora, en muchos sectores, no está claro el modo en que podemos recuperarlo.

¿Podemos siquiera averiguar quién lo está haciendo bien? Se podría decir que Estados Unidos está cometiendo todos los errores: no mantuvo a la gente en ERTE, no la protegió, no protegió tanto a la economía. Los cobros por desempleo se concedieron al azar; no se puede acordar una extensión y ahora la gente perderá su casa o su trabajo. Pero ¿y si esos trabajos nunca regresan? ¿Y si necesitan aceptar nuevos trabajos a medida que resurgen los anteriores? La solución europea, lo que yo llamo el Volvo con todos sus airbags, es más amable, pero quizás no tan buena a largo plazo como el Mustang, ya que mantiene a la gente en trabajos que tal vez nunca resurjan. Entonces, ¿cuál es la mejor manera de avanzar? No lo sabemos.

¿Puede desarrollar esta distinción entre el “Volvo” y el “Mustang”? ¿Hasta qué punto se trata de una crisis de capitalismo “en el momento justo”? 

A menudo pienso en Antifragile, de Nassim Taleb, que sostiene que el despido es caro. La optimización es mucho más barata y sale mucho más rentable. Sin embargo, un sistema óptimo convulso se derrumba rápidamente. Hay un motivo por el que la naturaleza te da dos ojos y dos riñones cuando en realidad podrías vivir con uno. El despido es caro pero necesario.   

Esto enlaza con las diferencias entre un Volvo y un Mustang. Si tienes un accidente con un Volvo, no hay problema: está cubierto de airbags. Además es muy cómodo y bonito; mantenerlo cuesta una fortuna. Mientras que si tienes un Mustang, todo es rendimiento. Tienes un motor GT de cinco litros, dos asientos de verdad y algún airbag. Si se activa todo a la vez de la forma correcta, un Mustang puede alcanzar los 160 kilómetros por hora e ir por delante de los demás.

La economía estadounidense se parece mucho a un Mustang. No fabrica airbags. No se detiene. Si todo está optimizado –el mercado de trabajo es flexible, los mercados de capital y los mercados crediticios parecen proporcionar una liquidez infinita–, todo irá de maravilla. Pero si lo que importa es la supervivencia después de un accidente, un Mustang no es el ideal. Esto es lo que estamos viendo en la economía estadounidense en este momento. Cuando algo como la covid-19 alcanza a una economía que solo funciona cuando se asume que todo funciona perfectamente, el sistema se resquebraja y no está claro cómo hay que fabricar nuevos airbags para absorber los golpes. De modo que, el capitalismo “en el momento justo”, si quieres llamarlo así, no es la causa de la crisis, sino que ha exacerbado y amplificado las consecuencias.

La solución de Volvo a esta crisis sería enviar a todos a casa durante meses y pagarles el 80% de su salario original hasta que todos volvamos a nuestros puestos. Vivimos en un mundo en el que eso es posible. En primer lugar, porque todo es comercio de valor relativo, los déficits de todos los países se están disparando, motivo por el que se les culpabiliza. Todo el mundo tiene margen. En segundo lugar, por muchas razones simples y complejas, los tipos de interés llevan cayendo, según algunas estimaciones, ¡700 años! La inflación no se percibe en ninguna parte, excepto en las cestas de la compra de los pobres y en los precios de los activos. En estos tiempos de incertidumbre, se pueden emitir bonos con intereses negativos. Esta es la razón por la que el Volvo puede durarte mucho tiempo.

Sin embargo, a la larga tendrás que salir del Volvo. Ese es el problema. ¿Cómo lo haces? Los republicanos decían que el problema de dar 600 dólares semanales de prestación por desempleo es que se desincentiva a la gente para volver al trabajo. En primer lugar, no pueden volver porque los negocios siguen bajando la persiana. Y, en segundo lugar, cabe plantearse una pregunta más interesante: ¿por qué a los estadounidenses se les paga tan bajo que 600 dólares a la semana les representaría una diferencia tan grande para no incentivarles a ir a trabajar? Esto significa que se ha desarrollado una economía de salarios bajos, lo cual tiene consecuencias muy negativas.

Ya apenas se habla de una recuperación en forma de V,  ¿a qué se debe?

Una recuperación en forma de V presupone una reversión a la media. Incluso una recuperación en forma de W lo presupone. Lo que ha ocurrido es que hemos pasado por un gran bache. Se presupone que la economía volverá a su sitio. Pero ¿y si no es así?, ¿y si terminamos en una senda de crecimiento completamente nueva? En el momento en que somos conscientes de ello –la idea de que gran parte de nuestro capital tendrá que estar paralizado, otras partes deberán ser redistribuidas y que la forma en que hacemos negocios deberá replantearse–, se abandona la idea de reversión a la media.

 ¿Qué pasa con China? ¿Existe un escenario donde salga relativamente fortalecida de esta crisis?

Alguien me sugirió que China es un camión militar en lugar de un Volvo o un Mustang. En cierto modo me gusta. Es lo suficientemente grande como para pasar por encima de todos los baches de la carretera, pero hay que soportar los golpes. Solo sobrevive porque tiene una infraestructura militar. Si quieres que continuemos con la analogía, ahí es donde iría.

China tiene para su economía un sistema de mando y control muy diferente. Cuando los bancos centrales de Estados Unidos e Inglaterra, por ejemplo, dicen a los mercados financieros que lanzarán un programa que comprará activos, en realidad están jugando entre ellos. El Estado chino se dirige directamente al sistema bancario y dice: “Le prestarán tanto dinero a esta entidad. Luego dígale a la entidad qué hacer con el dinero”. Es mucho más directo.

Pero el problema, como han señalado Herman Mark Schwartz y Michael Pettis, es que el multiplicador fiscal que se obtiene del dinero disminuye con el tiempo. La primera vez que se recibe un enorme estímulo monetario, es bueno, pero al final se han construido todos los puentes que se podrían construir. Por lo tanto, China puede estar a punto de ofrecer grandes estímulos, pero la efectividad de tales programas de estímulo parece disminuir con el tiempo. De este modo, también está enormemente endeudado en su balance público. Cuenta con los activos correspondientes, pero queda la cuestión de valoración de dichos activos porque es una economía relativamente cerrada.

La pandemia tardó mucho más en asentarse en los países en vías de desarrollo, pero parece que está haciendo estragos tanto en los sistemas de salud pública como en las economías de América Latina y países como India. ¿Cómo les irá según la estructura que usted ha diseñado?

América Latina, a pesar de sus propios esfuerzos y dedicación –y a veces debido a sus propios esfuerzos, ya que se puede ganar mucho dinero con la soja y la destrucción del Amazonas–, siempre se ha integrado a nivel mundial. Los países de América Latina son exportadores de materias primas, y si la economía global se hunde, nadie quiere materias primas, ya sea petróleo o soja. Estos países también se han cargado con una gran cantidad de deuda internacional, expresada en dólares, que ahora es dos veces más cara porque las monedas locales han caído. Esto lo hemos visto en muchas ocasiones con anterioridad en América Latina, y con la covid-19 ha regresado con fuerza.

India es un caso muy distinto. Tiene casi la misma población que China, pero una huella económica mucho más pequeña, un nivel de desigualdad mucho mayor y una gran cantidad de personas que todavía viven en condiciones de subsistencia. Obviamente, la covid-19 les va a afectar mucho más. Estamos empezando a ver esto incluso en aquellas áreas del país a las que parecía que les iba muy bien, como Kerala. Cuando el Golfo Pérsico se quedó sin dinero debido al derrumbe del precio del petróleo, comenzaron a enviar trabajadores migrantes a casa. Sin embargo, todos los trabajadores migrantes habían estado viviendo en barracones, potencialmente con covid-19, y todos están regresando a sus poblaciones de origen. Pero los datos demográficos de la población sin duda parecen ayudar. Ser un país joven parece significar menos muerte.

Digámoslo así. Es bueno tener un Mustang porque aunque tengas un accidente, sigues teniendo un Mustang, aunque la reconstrucción sea dolorosa. Está muy bien estar en un Volvo si tienes un accidente de tráfico; la pregunta es si una vez que te has subido, podrás salir. Para todos los demás que conducen un camión del ejército o simplemente caminan por la carretera, es mucho más difícil.

Se ha hablado mucho de volver a trasladar la producción a Europa Occidental o Estados Unidos, que carecían de la capacidad para abastecerse de kits de pruebas y mascarillas durante la primera oleada de la pandemia. Incluso antes de que estallara la pandemia, existían muchas dudas acerca de la globalización. ¿Qué le depara a dicho proyecto político?

El libro The Leveling, de Michael O'Sullivan, sostiene que la era de la globalización ha terminado y tenemos un vacío de liderazgo mundial. ¡Olvídense del G20, hay un G0! Creo que es cierto, pero hay un problema con simplificar demasiado los efectos negativos de la globalización. El libro de Martin Sandbu, The Economics of Belonging, lo explica muy bien. Es cierto que las crisis comerciales y las atroces políticas internas de ciertos países han ahuecado la base industrial y aumentado la desigualdad. Pero no olvidemos que Apple es una empresa estadounidense que paga sus impuestos a través de Irlanda y Holanda. Prácticamente ninguna de las ganancias termina siendo remitida a Estados Unidos en forma tributable y todavía fabrican muchos de sus productos en China.

Pongamos que relocalizas Apple. ¿Qué ocurriría? Lo que Sandbu destaca es que, en la industria de la manufactura, el capital sustituye al trabajo al margen mejor que en cualquier otro sector. Si se reubica la producción de Apple, esta no pagará a más trabajadores estadounidenses de Foxconn, estos construirán robots. Cada vez se necesita menos que la gente haga cosas. Solo hay que pensar en la impresión 3D y los productos manufacturados a mayor escala. Es un problema fundamental que nos negamos a hacernos a la idea. La cuestión entonces es cómo distribuir el valor añadido de ese aumento de la producción de un modo que derive en un crecimiento sostenible. Se trata de una cuestión política, no económica.

Usted no es en absoluto aislacionista. ¿Cómo propone que orientemos la crítica de la globalización mientras mantenemos un compromiso con el internacionalismo?

El nacionalismo no es una categoría económica. Desde el punto de vista económico, uno se mete en problemas cuando se reemplaza la coherencia entre los medios económicos de producción y el área que abarca un acuerdo democrático. Ahí es donde estamos. La democracia es local, la producción es global. Si puedes diseñar un conjunto de reglas para alinear más estrechamente esos intereses, quizás puedas hacer que el juego sea más positivo.

El otro elemento que me gusta de las economías nacionales es que todos podemos probar cosas diferentes. Si algo critico de la UE, es su idea decimonónica de que solo existe un único conjunto de prácticas idóneas. Si tenemos un conjunto de instituciones encargadas del mercado y un conjunto de formas de lidiar con las crisis, entonces aplanamos todos los nichos, complementariedades y aspectos únicos de estos diferentes modelos de crecimiento, como si existiera una cosa llamada “economía europea”. No existe.

De las economías nacionales se infiere que puede haber experimentos nacionales. Como explicamos al final de Angrynomics, nadie sabe cómo llegar a la descarbonización total. ¿Deberíamos hacer un gran pacto internacional sin supervisión, como el de Copenhague? ¿O deberíamos hacer que cada uno se enfrente a la realidad a su manera y trate de hacer lo que les funcione? Los experimentos nacionales individuales nos permitirían aprender unos de otros y escalar a partir de ahí. Creo que es un modo de hacerlo mucho más sensato y que se puede sobrevivir. Si la desglobalización significa algo, eso es lo que significa para mí.

A lo largo de esta conversación ha criticado el papel de los bancos centrales, la resaca de la austeridad y la redistribución al alza de la renta antes y durante la pandemia. Todo esto se remonta al aumento del descontento social sobre el que escribió en Angrynomics. ¿Cómo sería un programa alternativo?

He escrito sobre el neoliberalismo como un conjunto de ideas, pero otro enfoque es considerarlo un conjunto de prácticas. Me refiero literalmente a las cosas que se hacen: abrir, privatizar, globalizar e integrar. Una vez que se haya tomado esa decisión, a menos que haya guerras, pandemias u otros eventos que alteren el rumbo, es muy difícil imaginar un mundo diferente. Lo que intentamos en Angrynomics es decir que no es necesario un nuevo plan completo, solo es necesario cambiar los muebles.

En la primera parte de la crisis enviamos a la población activa a casa, lo que provocó una caída del consumo y la producción. En la segunda parte nos dimos cuenta de que no hay recuperación en forma de V. No podemos volver a los cruceros, porque no habrá pasajeros. Nuestro capital todavía está allí –no ha sido destruido, a diferencia de lo que ocurre en una guerra–, pero está funcionalmente destruido en el sentido de que no podemos usarlo en estos momentos, y no estamos seguros exactamente de lo que podemos y no podemos utilizar en el futuro.

Pero entonces cabe plantearse una buena pregunta: ¿cómo reutilizamos ese capital? Tenemos una escasez crónica de viviendas, y efectivamente dejamos de construir vivienda pública en 1980. Tenemos todo estos espacios de oficinas, algunos de los cuales son muy elegantes, en lugares verdaderamente agradables. Imaginemos que se contrata a las personas de esos sectores desplazados de la descarbonización y esos edificios se convierten en viviendas neutrales en emisiones de carbono. Puesto que nuestro capital no ha sido destruido, hay que preguntarse cómo deberíamos redistribuirlo. Ese es el lado positivo de todo esto, y teniendo en cuenta el coste actual del capital, solo queda limitado por nuestra imaginación.

Pero este proceso de redistribución de nuestro capital también puede convertirse en una oportunidad para pensar sobre lo que realmente necesitamos y el modo de conseguirlo. Parte de la función del gobierno es actuar como esa financiación provisional que permite al sector privado liquidar activos malos de tal modo que no quiebren y luego reasignar ese capital de tal modo que todos obtengamos un nuevo conjunto de inversiones. Pienso en la descarbonización como la mayor oportunidad de inversión del siglo XXI. Si se hace bien, a partir de ese momento, todo será maravilloso. Si se hace mal, todo lo demás carece de importancia. Es como una opción de compra. La covid nos va a obligar a empezar a tomar esas decisiones.

Por Álvaro Guzmán Bastida Nueva York , 23/10/2020

---------------------

Esta entrevista se publicó originalmente en inglés en Phenomenal World.

Traducción de Paloma Farré.

Publicado enEconomía
Franco Berardi ‘Bifo’: “Tenemos que entrar en sintonía con el caos”

El filósofo italiano Franco Berardi Bifo presentó su libro El umbral. Crónicas y meditaciones, donde comparte su diario durante la pandemia y analiza la situación geopolítica que cristalizó el coronavirus.

 

Bifo dice que el comienzo de la pandemia le produjo una soledad eufórica: “Se desató un tiempo tan terrible como útil. Escribir sobre mi experiencia personal ha sido una manera casi involuntaria de analizar muchos acontecimientos que pasan en el psiquismo global”. Sobre la portada del libro El umbral. Crónicas y meditaciones (Tinta Limón, 2020), donde destaca una ilustración de su autoría, cuenta que es resultado de momentos donde está “un poco nervioso” y necesita conectarse con “una esfera menos racional”. Referente del movimiento de la autonomía obrera italiana y fundador de importantes experiencias de comunicación alternativa, Bifo se transformó en una de las voces más influyentes para leer la coyuntura internacional.

¿Qué significa que el coronavirus pasó de ser un biovirus a un infovirus y por qué eso nos coloca como humanidad ante un umbral?


Tengo que anticipar el discurso a un período anterior a la explosión de la pandemia. Al final del año 2019, durante la explosión de revueltas en todo el mundo. De Hong Kong a Quito, La Paz, Santiago de Chile, Barcelona, París, Beirut. En el otoño de 2019 me pareció que se estaba verificando algo de nuevo muy espasmódico. Me pareció que estábamos ante una confusión del cuerpo global. Como si el cuerpo de las nuevas generaciones, especialmente de la generación precarizada, hubiese nacido en el interior de la aceleración telemática.

Esta generación estaba produciendo un rechazo muy violento, muy corpóreo a la sofocación. Esa sofocación es el punto de partida de todo esto. La imposibilidad de respirar que el movimiento negro expresa con las palabras “I can’t breathe”. Es el símbolo y el síntoma al mismo tiempo del efecto que 40 años de dictadura neoliberal ha producido sobre el cuerpo y el cerebro, entendido de una manera neurofisiológica casi. Es esta corporeidad conectiva la que explota sin proyecto, sin estrategia. Desde mi perspectiva, el centro de la revuelta de otoño de 2019 es Chile. Porque en Chile todo empezó. En Chile todo puede terminar. La dictadura fascista y neoliberal.

Pero la explosión fue como un estallido de locura, una convulsión. Y la convulsión anticipaba el colapso que llegó en febrero con la pandemia. En este momento es el caos lo que tenemos que interpretar. No podemos interponer fórmulas políticas del pasado. Tenemos que entrar en sintonía con el caos. Cuando se verifica una situación de caos es inútil y peligroso pensar que tenemos que hacer la guerra contra el caos. El caos se alimenta de la guerra.

Es la primera vez que se puede usar la palabra extinción en un sentido político y no biológico. Porque la extinción se ha vuelto muy probable. Lo que tenemos que hacer es captar un nuevo ritmo, a nivel sensible, a nivel de formas de vida. Es un proceso que puede ser muy largo y muy doloroso. Yo creo que la pandemia obliga a la sociedad global a buscar un ritmo sintónico con la situación caótica que 40 años de locura neoliberal han producido. Estamos en el umbral. El pasaje de la oscuridad a la luz y de la luz a la oscuridad.

¿Y qué evidenció el virus?


Cada vez más la fuerza dominante ha sido la abstracción tecnofinanciera que ha impuesto sus reglas y que ha destrozado unos estructuras de la vida social. Pero durante la pandemia nos damos cuenta de que el problema no es el dinero. Lo importante son cosas muy concretas como las estructuras sanitarias, las mascarillas, la comida. Lo que necesitamos básicamente se impone como lo que está al centro de la atención.

Entonces, la frugalidad es la palabra que mejor expresa esta vuelta a lo concreto. Frugalidad no significa pobreza significa una relación buena, feliz, entre lo que necesitamos y lo que podemos tener. Pero hay un punto que vamos a ver claramente en el futuro: solo una redistribución de la riqueza, de los recursos a nivel planetario y local podrá permitir una salida de la crisis espantosa que se está desarrollando en el mundo. Redistribución de la riqueza, frugalidad, igualdad.

Lejos de esta posibilidad, las crecientes expresiones de derecha en el mundo han negado la pandemia y pujan desde el comienzo por volver a “encender la máquina”. Lo vemos en Brasil y en Estados Unidos, donde cada vez más se habla de un proceso de guerra civil.


El fenómeno Bolsonaro es tan extremo en su vulgaridad que me hace pensar en una especie de Berlusconi en una fase de senilidad extrema. Creo que la senilidad y la impotencia son claves muy importantes para entender la ola de violencia machista y racista. En cuanto a Estados Unidos, la guerra civil se está desarrollando. Es un potencial que no se desarrolla en las calles, se desarrolla en las grandes instituciones del imperialismo estadounidense. Pero existe también una guerra racial y social que ha explotado en los últimos cuatro meses y no parará con las elecciones. Es una crisis psíquica.

Un dato esencial es la subida ininterrumpida del consumo de drogas oficiales que lleva a una intoxicación masiva, sobre todo de la población blanca senilizante. En junio se vendieron tres millones de armas de fuego, que fue una de las mercancías más vendidas durante la pandemia: hay 300 millones de armas de fuego bajo los colchones. La insurrección del movimiento norteamericano después del asesinato de George Floyd se explica en términos de reactivación psíquica del organismo pensante de la organización colectiva. Un intento subconsciente por evitar una depresión suicida en el largo plazo.

¿Cómo vivir ante la posibilidad de la extinción en el horizonte?


El problema es que el colapso no puede ser superado al interior del paradigma neoliberal. La cuestión principal que yo me pongo es la siguiente: ¿se puede imaginar vida feliz en el horizonte de la extinción? La respuesta es sí. Es la única manera para escapar de la extinción. Seguir imaginando ternura, imaginando erotismo, imaginando aventura. 

Publicado enSociedad
Martes, 20 Octubre 2020 05:37

Caminando hacia una nueva civilización

Caminando hacia una nueva civilización

El mundo no aguanta más, es decir, las sociedades y sus naturalezas. Las evidencias están a la vista con la confluencia de la pandemia del Covid-19, la crisis ecológica de escalas local, regional, nacional y global, la amenaza latente de una guerra nuclear, y la desigualdad social tocando su máximo nivel en la historia de la especie. Es obvio que se requiere una transformación radical en todos los ámbitos de la vida social, y la primera es aceptar que no estamos frente a un simple cambio económico, tecnológico o cultural, sino ante una transformación civilizatoria. Esto lo registramos hace casi tres décadas, y en este lapso se han acumulado las evidencias sin que hayamos avanzado mayormente en las vías para lograrla. Las rebeliones ciudadanas que se hacen cada vez más frecuentes e intensas son la demostración de un malestar colectivo que vislumbra o intuye ese cambio profundo, pero que no alcanza a concebirlo y menos a construirlo. Si hace una década el malestar ciudadano se hizo presente en los países del mundo árabe, en los últimos años alcanzó a Islandia, Hong Kong, Francia, España, Chile, Bolivia, Ecuador, etcétera, y en los últimos meses a Estados Unidos, Bielorrusia, Tailandia y otros. El problema es que estas protestas y resistencias se enfocan en objetivos parciales o secundarios y no llegan a detectar y reconocer las causas profundas de la crisis: la doble explotación, del trabajo de la naturaleza y del trabajo de los seres humanos, que una minoría de minorías realiza cada vez con más amplitud y encono. Se requiere entonces de una doble liberación y emancipación: ecológica y social. Deben, pues, surgir rebeliones ambientales, igualitarias, anticapitalistas, antipatriarcales y capaces de construir una "sociedad sustentable" y de reformular las relaciones entre los individuos, y entre éstos y la naturaleza.

Estamos, por tanto, en un fin de época, en la fase terminal de la civilización moderna, pero aún sin poder visualizar la que la sustituirá. Si se me permite una metáfora, es como estar en el circo y observar al trapecista en el preciso momento en que se encuentra soltando el trapecio sin haber cogido el otro, y con el vacío esperándolo abajo. He aquí que los intelectuales y teóricos de la emancipación no han realizado su trabajo, en buena medida porque siguen mirando al mundo con los mismos catalejos anticuados. Es decir, carecen de instrumentos a la altura de la complejidad del mundo actual. Esta limitante es la dimensión epistemológica de la propia crisis de civilización, y requiere de la superación de teorías y métodos que enclavados en la larga tradición occidental, se han vuelto un estorbo. "No hay solución moderna a la crisis de la modernidad", ha dicho Boaventura de Sousa Santos, mientras Albert Einstein asentó que "no es posible solucionar los problemas con el mismo tipo de pensamiento con que fueron creados". Hay una cierta "sequía intelectual" en los teóricos de la liberación.

Termino de manera optimista, con un listado de temas que me parece deberían ser explorados como posibles fundamentos para la transformación civilizatoria. Provienen de numerosos casos exitosos de carácter local y regional, y de al menos dos experiencias de escala nacional: Bután y Bolivia. Son parte de mi agenda de estudio de los próximos meses y lo comparto como un adelanto de publicaciones futuras. Diez son los temas claves. 1. La re-aparición de la naturaleza como la actriz principal en todos los ámbitos, pero sobre todo en el mundo de la política, y consecuencia de lo anterior. 2. La restitución de la "conciencia de especie" en todos los ciudadanos. 3. La recuperación de la espiritualidad ( cooptada desde hace 2 mil años por los grandes monoteísmos). 4. El resurgimiento de la comunalidad, es decir, del "instinto social" o colectivo casi exterminado por la sociedad moderna dedicada a impulsar el individualismo y la competencia. 5. El empoderamiento de lo social frente al poder político (partidos y gobiernos) y al poder económico (empresas, corporaciones y mercados). 6. Gobernanza desde abajo, esto es, democracia radical o participativa y disolución total de la representativa o electoral. 7. Re-conquista de los territorios, es decir, las comunidades locales y municipales ejerciendo control sobre los procesos en el espacio. 8. Sustitución de las grandes empresas y corporaciones por cooperativas y empresas familiares y de pequeña escala (economía social y solidaria). 9. Politización de la ciencia y la tecnología y su cambio de orientación hacia el bienestar social. Todo ello debe re-orientar toda la acción humana (praxis) hacia: 10. La búsqueda del "buen vivir" (la felicidad), como lo han demostrado los pueblos indígenas, y desechar los dogmas modernos del desarrollo, el progreso y el crecimiento.

Publicado enSociedad
Domingo, 18 Octubre 2020 05:33

La hora de los militares

La hora de los militares

Desde Rio de Janeiro. Siguiendo el ejemplo de Donald Trump, su guía e ídolo, el brasileño Jair Bolsonaro (foto) miente como quien respira.

Hay que reconocer, sin embargo, que de las tantas promesas disparadas durante la campaña electoral de 2018 dos – y solamente dos – Bolsonaro viene cumpliendo con rigor olímpico.

La primera surgió cuando le preguntaron qué país pretendía construir si fuese electo. “Primero vamos a destruir todo, luego veremos”, prometió. No hay como negar que lo viene haciendo de manera ejemplar, y abarcando todos, absolutamente todos, los campos.

Con menos de dos años su gobierno ataca con formidable ferocidad lo que fue construido a lo largo de décadas. La salud pública, el medioambiente, el patrimonio nacional, la educación, la ciencia, la tecnología y las investigaciones, las artes y la cultura, la economía, los programas sociales, la política externa y la imagen del país en el mundo, empleos, en fin, si más no hizo es porque le faltó tiempo y porque había muchísimo para destruir.

La segunda promesa que Bolsonaro cumple atentamente fue lanzada cuando anunció que tendría como candidato a la vicepresidencia al muy reaccionario general reformado Hamilton Mourão. En aquella ocasión, aseguró que se encargaría de esparcir militares por todo su gobierno.

Bueno: todos los ministros – cuatro – que tienen despacho en el palacio presidencial son militares. De sus 23 ministros, la mitad salió de las casernas, con destaque para un general en activo, Eduardo Pazuello, al frente del ministerio de Salud. Lo primero que hizo fue reemplazar a médicos e investigadores por uniformados. Y hace poco admitió que, cuando llegó al despacho que ocupa, no tenía idea de cómo era el SUS, el Sistema Universal de Salud que ya fue referencia en el mundo y ahora sobrevive a duras penas.

Hay policías militares y militares retirados ocupando puestos clave en instituciones y departamentos creados para protección del medioambiente. Hay uniformados en un sinfín de consejos administrativos de estatales y sociedades mixtas. Ya se perdió la cuenta del número de oriundos de casernas que ocupan puestos de diferentes niveles en el gobierno, pero se sabe que superan a los ocho mil. Siquiera en la dictadura militar que duró de 1964 a 1985 hubo tantos.

Ahora mismo Bolsonaro nombró a tres uniformados para completar los cinco puestos de dirección de la agencia nacional de protección de datos, que trata de todos los habitantes del país. Hay un bien fundado temor de que en lugar de proteger los datos de los brasileños su función sea la de vigilar a cada uno de nosotros.

Augusto Heleno, el ultra-reaccionario general reformado que ocupa el puesto de ministro-jefe del Gabinete de Seguridad Institucional, admitió, por esos días, que la delegación oficial brasileña que participó de la conferencia cumbre sobre clima realizada el pasado diciembre en Madrid tuvo entre sus integrantes a cinco “agentes de información y seguridad”, o sea, espías. Recibieron carnets que les permitía acompañar todas las reuniones, inclusive las más cerradas. Su misión: observar no solo miembros de Organizaciones no Gubernamentales, pero integrantes de la misma misión oficial que actuasen “contra la imagen del país”. Siquiera en la dictadura militar eso había ocurrido: la tarea les tocaba a funcionaros de las embajadas, conocidos por todos.

Bolsonaro eligió milimétricamente a los militares que esparció por su gobierno. Todos y cada uno de ellos representan lo que de más duro y reaccionario hubo en la pasada dictadura. Los más importantes son admiradores confesos del símbolo principal del horror, el fallecido Carlos Brilhante Ustra, uno de los más sádicos y sangrientos torturadores de los tiempos abyectos. El vicepresidente Mourão, por ejemplo, sigue elogiándolo a todo momento.

Debe de haber, entre los uniformados en actividad, algunos – o a lo mejor muchos – de índole efectivamente democrática. Bolsonaro se esmeró a la hora de evitar a todos y de cada uno de ellos.

Frente a semejante escenario, ¿para qué un golpe militar? Al fin y al cabo, el gobierno ya está militarizado…

Publicado enInternacional
China será la única gran economía que crecerá este año, estima el FMI

El FMI estima que China será la única gran economía que crecerá este año. Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters.

 

Mientras que varios países del mundo se enfrentan a una recesión económica por el impacto de la pandemia de coronavirus, el Fondo Monetario Internacional estima que China será la única gran economía que crecerá este año, según los pronósticos del organismo publicados esta semana, informa CGTN.

El FMI anticipa que el producto interno bruto (PIB) de China aumentará 1,9% en 2020, mientras que otras economías emergentes y avanzadas se espera que caigan 5,7% y 5,8%, respectivamente.

Además, el organismo internacional pronostica que el crecimiento de la nación asiática se acelerará a 8,2% el próximo año.

El Gobierno del gigante asiático introdujo una serie de paquetes de estímulo, proporcionando fondos para ayudar a los consumidores y las empresas frente a las pérdidas económicas, que culminaron en un crecimiento de 3,2% en el segundo trimestre. Se espera una recuperación más fuerte en el tercer trimestre, estimada en alrededor del 5%.

China fue el primer país en enfrentar la pandemia de COVID-19, y también fue el primero en contener la propagación del virus a nivel nacional, mientras que el número de infecciones sigue aumentando en todo el mundo.

El FMI también pronostica una contracción global de 2020 del 4,4%, una mejora con respecto a una contracción del 5,2% prevista en junio, cuando los cierres de negocios alcanzaron su punto máximo.

La economista jefe del FMI, Gita Gopinath, señaló que “estos son tiempos difíciles, pero hay algunas razones para tener esperanzas” , refiriéndose a los progresos realizados en tratamientos y ensayos de vacunas.

18 octubre 2020

(Con información de RT)

Publicado enEconomía
La economista jefa del Banco Mundial advierte de una crisis financiera tras la pandemi

La economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, ha alertado de la posibilidad de que surja una crisis financiera por culpa de la pandemia del coronavirus.

 

"Esto no comenzó como una crisis financiera, pero se está transformando en una gran crisis económica con consecuencias financieras muy graves. Hay un largo camino por delante", declaró Reinhart en una entrevista con Bloomberg Television.

Reinhart es conocida por su trabajo conjunto con Kenneth Rogoff sobre la crisis financiera de 2008. Los dos escribieron el libro titulado Esta vez es diferente: ocho siglos de locura financiera. Desde aquel entonces, se consideran especialistas en recesiones, pánicos bancarios, ventas de divisas y picos inflacionarios.

"Esto es una guerra. Durante las guerras los gobiernos financian sus gastos de guerra como pueden y ahora mismo hay necesidades extremas. El escenario en el que estamos no es sostenible", añadió.

Reinhart también ha comentado la decisión de las naciones más ricas del mundo de renovar la iniciativa de alivio de la deuda para los países más pobres hasta la primera mitad de 2021 en vez de cumplir la petición del Banco Mundial de una prórroga de un año completo.

China es el mayor prestador del mundo. A este país se le debe casi el 60% del dinero que las naciones más pobres del mundo deberían devolver este año, según los datos del Banco Mundial. No obstante, el gigante asiático carece de entusiasmo para participar en el alivio de la deuda. El Banco de Desarrollo de China, uno de los principales prestamistas, no se ha unido al esfuerzo, ni tampoco los acreedores del sector privado.

01:11 GMT 17.10.2020

Publicado enEconomía
Sábado, 17 Octubre 2020 05:57

Lucha de clanes

Lucha de clanes

 

El tercer cambio violento de jefe de Estado, desde que formalizó su salida de la Unión Soviética, acaba de consumarse en la república centroasiática de Kirguistán con la dimisión forzada del presidente Sooronbai Dzheenbekov y la concentración del poder en manos de Sadyr Dzhaparov, el nuevo primer ministro sacado de la cárcel por sus seguidores.

La enésima revuelta ahí estalló cuando el partido del hermano del entonces presidente y otra formación ligada a los hermanos Matraimov (ahora caídos en desgracia) obtuvieron casi todos los escaños del Parlamento, dejando fuera a 12 partidos de oposición, que movilizaron a sus seguidores y, tras un día de disturbios, lograron la anulación de las elecciones.

El caos se apoderó del país con un mandatario que se resistía a renunciar y una oposición dividida en dos grandes bloques, liderados por dos políticos recién liberados de prisión, el ex presidente Almazbek Atambayev y el ex diputado Dzhaparov. La balanza se inclinó hacia este último al alinearse con él los titulares de los ministerios del Interior, Defensa y Seguridad del Estado, que volvieron a encarcelar a Atambayev y a su candidato a primer ministro, Omurbek Babanov, acusados de organizar los disturbios.

El nuevo líder del Parlamento, Kanat Isayev, declinó ser presidente en funciones y, por ley, el tercero en la línea de sucesión temporal, el premier Dzhaparov, se proclamó como jefe de Estado interino y será el encargado de llevar a cabo las elecciones parlamentarias y presidenciales entre noviembre y enero del año entrante.

Las montañas dividen Kirguistán por la mitad y, desde hace siglos, es gobernado por los clanes del norte y el sur, que se disputan el poder y pactan entre ellos quién debe asumir las riendas del país. Así, el norteño Askar Akayev gobernó de 1990 a 2005, cuando lo derrocó el sureño Kurrmanbek Bakiyev, a la vez depuesto cinco años después por el norteño Almazbek Atambayev, que apoyó como sucesor al sureño Dzheenbekov y terminó en la cárcel.

Ahora, Dzhaparov afronta un complicado desafío: paliar la crisis económica que afecta a la empobrecida población que apenas subsiste con las remesas de sus trabajadores en Rusia y repartir los ingresos que llegan de Moscú y Pekín entre los clanes que lo respaldan, con una nueva revuelta siempre en el horizonte.

Publicado enInternacional
Salvador Cienfuegos Zepeda estuvo al frente de la SEDENA con EPN de 2012 al 2018 (Foto: FOTO: DIEGO SIMÓN SÁNCHEZ /CUARTOSCURO.COM)

El canciller Marcelo Ebrard confirmó que fue arrestado en el aeropuerto de Los Ángeles, versiones extraoficiales señalan que los cargos en su contra son por narcotráfico en su modalidad de distribución

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, informó que el ex Secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), el general Salvador Cienfuegos Zepeda, fue detenido en el Aeropuerto de Los Ángeles, California.

“He sido informado por el Embajador Christopher Landau de los Estados Unidos que el ex Secretario de la Defensa Nacional, Gral. Salvador Cienfuegos Zepeda, ha sido detenido en el Aeropuerto de Los Angeles, California”, refirió el canciller sobre quien estuviera al frente de la SEDENA con Enrique Peña Nieto.

La revista Proceso, Milenio y el periodista Víctor Hugo Michel confirmaron que Cienfuegos Zepeda está acusado de cargos por narcotráfico y el caso está radicado en Nueva York, pues en esta ciudad habría llegado la droga que el general en retiro colaboró para distribuir. El proceso radica en la misma Corte donde fue enjuiciado Joaquín el Chapo Guzmán y actualmente se desarrollan las acusaciones contra Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad de Felipe Calderón.

El periodista Víctor Hugo Michel reportó que fue la Administración de Control de Drogas (DEA) quien ordenó la detención del ex funcionario. Aunque ninguna autoridad ha dado más detalles. . Se trata del primer funcionario de este rango que en la historia de México fue detenido en EEUU por cargos de narcotráfico.

En su cuenta de Twitter, Ebrard agregó que ofrecerá más información en las próximas horas sobre este hecho.

“La Cónsul en Los Angeles me estará informando próximas horas de los cargos. Ofreceremos la asistencia consular a la que tiene derecho. Les mantengo al tanto”, agregó el titular de la SRE.

“Si lo detuvieron por petición de la DEA es porque ya hay una acusación sólida sobre eso, hay que esperar porque sin duda tiene múltiples implicaciones”, dijo a Infobae México, Carlos Rodríguez Ulloa, consultor y analista del Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, A.C. (Casede).

Aunque se trate de un ex secretario de la administración anterior, el analista aseguró que tiene varias repercusiones, la principal tiene que ver con el prestigio de las fuerzas armadas, “porque esto no sólo es un tema de Secretaría de Marina (Semar) o Sedena sino de las fuerzas armadas de México. En segundo plano, empodera al ala civil de la administración pública actual porque esta detención se da en una coyuntura donde se estaba disputando el papel de los militares en seguridad pública, evidentemente este es un golpe que mina la credibilidad institucional”.

Señaló que otra variable es cómo lo tomará el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, respecto a la cercanía con las fuerzas armadas, “pero sin duda es un elemento que tienen múltiples repercusiones en la vida política nacional”.

Cabe destacar que la detención del ex secretario de la Defensa Nacional es sorpresiva, pues no se tenía conocimiento de investigaciones o delitos que le involucraran, aunque tendrá la asistencia consular correspondiente, de acuerdo con Ebrard.

Ante el arresto, algunos políticos se han apresurado a señalar el vínculo con Peña Nieto y posibles delitos, por ejemplo, el diputado del Partido del Trabajo, Gerardo Fernández Noroña. Pero otros han apelado a la prudencia, pues se desconocen los cargos.

“Esta información nos agarró indudablemente de sorpresa a todos, nadie sabía nada de esto. Pero antes de apresurarnos a comentar más, debemos saber de qué tipo de delitos se le pueden imputar. Mientras tanto, yo quiero reconocer a las Fuerzas Armadas, que son una institución muy respetable y reconocida”, dijo el senador Salomón Jara, de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), integrante de la comisión de Relaciones Exteriores para América del Norte.

Raúl Benítez, analista en temas de seguridad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aseguró que primero la DEA tendría que aclarar oficialmente la razón de su detención y si ya tiene algún caso en su contra o su arresto es para iniciar una investigación en su contra.

“Todos los generales deben estar muy asustados sin saber cómo reaccionar y yo creo que les va a bajar el empoderamiento de imagen que tienen de ellos mismos”, aseguró el analista.

Sobre la posible reacción del presidente López Obrador, el analista señaló que es mejor que se abstenga de emitir algún comentario hasta que no se conozca a fondo cuáles son las acusaciones y aseguró que es el primer militar de este nivel que es arrestado en el país.

El diputado Felipe Macías Olvera, del PAN (Partido Acción Nacional), coincidió en lo sorpresivo de la noticia y dijo que es algo muy grave, pues se trata de quien fuera titular de una de las instituciones prestigiosas y respetadas.

“Al mismo tiempo, reconocemos la seriedad con que las autoridades de Estados Unidos trabajan, esperemos también a que se confirme que se trata de la DEA la que solicitó la captura”, añadió Macías Olvera quien pidió respeto al debido proceso y no hacer especulaciones por la presunción de inocencia.

Acerca de la asistencia consular, Macías Olvera precisó que no se trata de que las autoridades ayuden en la defensa de Cienfuegos Zepeda, sino que se trata de cosas como proporcionar intérpretes y facilitar la comunicación entre el detenido con su familia o las personas que considere cercanas.

Sobre si esta detención afectará la imagen de las Fuerzas Armadas, espera que no. “Creo que el prestigio va más allá de una sola persona, hoy por hoy la ciudadanía tiene plena confianza en la labor del Ejército, eso trasciende más que una persona”; finalizó.

Salvador Cienfuegos Zepeda estuvo al frente de la SEDENA desde el 1 de diciembre de 2012 al 30 noviembre 2018. Ingresó al ejército el 23 de enero de 1964 y actualmente tiene 72 años, según su perfil oficial. Se graduó del Colegio Militar en 1967, a sus 19 de edad. Llegó al máximo grado en su carrera al obtener las cuatro estrellas de general Secretario de la Defensa Nacional.

Anunció su retiro de las fuerzas armadas durante la ceremonia de Entrega y Recepción de la secretaria de la Defensa Nacional el primero de diciembre del 2018.

El 20 de septiembre del 2018 fue premiado en Washington por el Centro para Estudios de la Defensa Hemisférica William J. Perry.

15 de Octubre de 2020

Por Manuel Gonzáles y Juliana Fregoso


Salvador Cienfuegos, el encubridor de crímenes de lesa humanidad

Rosalía Vergara 16 octubre, 2020

 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).– El exsecretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda (2012-2018), jugó un papel importante en el sexenio de Enrique Peña Nieto, en la matanza en Tlatlaya y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Con 72 años de edad, el extitular de la Sedena detenido hace unas horas en Estados Unidos, comenzó su carrera en el Ejército el 23 de enero de 1964. Cursó sus estudios en el Colegio de la Defensa Nacional y obtuvo el grado de Maestro en Administración Militar para la Seguridad y la Defensa Nacional y cursó estudios de licenciatura en la Escuela Superior de Guerra.

Nació el 14 de junio de 1948 en la Ciudad de México e ingresó la Ejército el 23 de enero de 1964. Estuvo activo durante 54 años.

Fue oficial mayor de la Sedena, inspector y contralor general del Ejército y Fuerza Aérea, comandante de la VII Región Militar en Chiapas, comandante de la I Región Militar en la Ciudad de México, comandante de la IX Región Militar en Guerrero, comandante de la V Región Militar en Jalisco, comandante de la 15/a Zona Militar en Jalisco, comandante de la 14/a Región de Infantería de Jalisco.

También fue subjefe de Doctrina Militar del Estado Mayor de la Defensa Nacional, subdirector general del Registro Federal de Armas de Fuego y Control de Explosivos y jefe de la Sección Tercera del Estado Mayor de la Defensa Nacional.

Se desempeñó como director del Heroico Colegio Militar, como director del Centro de Estudios del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, comandante del Cuerpo de Cadetes del Heroico Colegio Militar y jefe de la Sección Pedagógica del Heroico Colegio Militar.

Obtuvo Condecoraciones de Perseverancia institucional, extraordinaria, especial, de primera hasta quinta Clase, de Perseverancia por la patria, al Mérito facultativo de primera y segunda Clase, al Mérito Docente y Legión de Honor.

El 20 de septiembre del 2018, en el ocaso de su mandato y en medio de escándalos y acusaciones de flagrantes violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas de México, Cienfuegos Zepeda, como titular de la Sedena, recibió en Washington un premio por su “liderazgo en la defensa hemisférica”.

Otorgada por el Centro para Estudios de la Defensa Hemisférica William J. Perry por su contribución a la seguridad estratégica del continente, la presea le fue entregada por Sergio de la Peña, subsecretario de Defensa Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Los escándalos de Cienfuegos

La madrugada del 30 de junio de 2014, ocho militares del 102 Batallón de Infantería, a bordo de un vehículo oficial, circulaban por la carretera Dederal número 2. Habían sido incorporados por el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el presidente Enrique Peña Nieto, al Operativo “Seguridad Mexiquense” para combatir al narcotráfico.

Esa noche se detuvieron en una bodega en obra negra, sin puertas, en la comunidad San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México. Se registró un enfrentamiento entre militares y personas armadas que, según versiones, se rindieron.

Sin embargo, casi al amanecer, más militares llegaron al lugar, obligaron a los detenidos a hincarse, decir su apodo, edad y ocupación antes de ejecutarlos. Se contaron 22 cuerpos, según versiones de testigos de los hechos.

Cienfuegos Zepeda trató de ocultar un crimen de lesa humanidad, pero las presiones del gobierno de Estados Unidos lo orillaron a admitir que los militares a su cargo cometieron graves actos contra el derecho humano internacional.

Desde el teniente encargado hasta Cienfuegos Zepeda ocultaron las ejecuciones extrajudiciales, y aunque después aceptó que los militares cometieron exesos, no quiso investigar ni castigar a los responsables, solo removió al comandante del Batallón, el coronel Raúl Castro Aparicio, y le quitó mando operativo al comandante de la 22 Zona Militar, el general de brigada José Luis Sánchez León.

En cuanto a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, aunque no existe aun evidencia clara sobre la participación de miembros del Ejército durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre, cuando policías municipales desaparecieron a los estudiantes, Cienfuegos Zepeda hizo una defensa intensa del 27 Batallón de Infantería destacado en Iguala, pues no estuvo de acuerdo en que fueran interrogados como recomendó la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), en 2015.

“No me queda claro ni puedo permitir que interroguen a mis soldados que no cometieron hasta ahorita ningún delito. ¿Qué quieren saber? ¿Qué saben mis soldados? Está todo declarado. Yo no puedo permitir que a los soldados los traten como criminales, los quieran interrogar para posteriormente hacer sentir que tienen algo que ver y no apoyarlos”, alegó entonces.

(Con información de Jorge Carrasco Araizaga y Jesús Esquivel)

Publicado enInternacional
Página 1 de 212