Jueves, 03 Diciembre 2020 05:58

El virus arrasó con el salario en el mundo

El virus arrasó con el salario en el mundo

Informe de la Organización Internacional del Trabajo

 

La crisis tiene un impacto mucho más fuerte en los segmentos más desprotegidos del mundo laboral, que además son los peores pagos. En consecuencia, la pandemia aceleró la desigualdad hacia el interior del mundo del salario. 

La pandemia no sólo destruyó empleo a lo largo y ancho de la economía global sino que también generó una caída de los salarios en dos tercios del mundo, alertó este miércoles la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La crisis tiene un impacto mucho más fuerte en los segmentos más desprotegidos del mundo laboral, que además son los peores pagos. En consecuencia, la pandemia aceleró la desigualdad hacia el interior del mundo del salario. El informe destaca que la caída de las horas de trabajo derivó en una baja de la masa salarial del 6,9 por ciento entre las trabajadores mujeres, superior a la merma del 4,7 en los varones. Y pone el foco en un fenómeno inusual de esta crisis: la masiva reducción voluntaria de salarios y los subsidios masivos de parte del Estado.

Según la OIT, en los años previos a la pandemia (2016-2019) el poder adquisitivo del salario registró un leve incremento, de entre el 0,4 y el 0,9 por ciento en las economías avanzadas. En ese grupo, el mejor desempeño se dio en la República de Corea, en donde el salario subió un un 22 por ciento y en Alemania (15 por ciento). En cambio, en Italia, Japón y Reino Unido el salario real se redujo. Entre 2008 y 2019, el salario real se más que duplicó en China. A contramano del mundo, en la Argentina el salario real se redujo en promedio alrededor de un 15,7 por ciento desde fines de 2015 hasta fines de 2019, calcula la UMET. Ese deterioro se explica por una inflación desbocada durante el gobierno de Mauricio Macri junto a caída de la producción y deterioro financiero.

El impacto de la crisis

"La crisis imprimió una presión a la baja en el nivel o en la tasa de crecimiento de los salarios medios de dos terceras partes de los países. En otros países como Brasil, Canadá, Francia, Estados Unidos e Italia, el salario medio aumentó como reflejo de la pérdida sustancial de puestos de trabajo entre los trabajadores con salarios más bajos", indica la OIT. 

El informe detalla que la crisis "afectó muy especialmente a los trabajadores con salarios más bajos y en consecuencia aumentó las desigualdades salariales". Por otro lado, "la crisis no ha tenido las mismas consecuencias para las mujeres que para los hombres. Son ellas quienes más sufren los efectos adversos", advierte el organismo, y muestra que "la masa salarial perdida a consecuencia de la caída de las horas de trabajo fue del 6,9 por ciento en el caso de las mujeres, frente al 4,7 por ciento en el de los hombres".

Sostén estatal y reducción voluntaria

"Para una selección de 10 países europeos los subsidios al salario permitieron compensar el 40 por ciento de la pérdida de masa salarial, incluido el 51 por ciento de la pérdida de masa salarial provocada por la reducción de las horas de trabajo", dice la OIT.

Muchos gobiernos definieron que la ayuda sea una porción del salario mínimo, como los casos de Croacia y Letonia (75 por ciento del salario mínimo) y Polonia (del 50 al 90 por ciento). En el caso de la Argentina, el salario mínimo se estableció como un techo, al definir un tope de dos veces ese monto, mientras que en Luxemburgo se puso ese máximo en 4,5 veces.

Una de las particularidades que tuvo el comienzo de la crisis de la pandemia es que el cierre violento de la oferta global de la economía amenazó con la quiebra masiva de empresas, con lo cual se negociaron en muchos rubros en países de todo el mundo reducciones temporarias de manera voluntaria en los salarios. El informe de la OIT muestra que el 35 por ciento de los trabajadores de los Estados Unidos, 30 por ciento del Reino Unido y 20 por ciento de Alemania cobraron menos en marzo que en febrero y enero de este año. 

La OIT destaca en este punto el caso de la Argentina "en donde el gobierno prohibió los despidos sin causa a través de acuerdo que incluyó el recorte del 25 por ciento de los salarios por sesenta días en los sectores bajo confinamiento". También menciona el caso de Chile, en donde "la proporción de empresas que llegaron a acuerdos de reducción temporaria de salarios pasó del 6,6 por ciento en abril al 8,4 por ciento en julio y hasta el 15 por ciento en algunos rubros". También se detalla medidas similares aplicadas en Paraguay, Uruguay, Etiopía, India y Burkina Faso.

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Martes, 01 Diciembre 2020 06:07

Las dos espadas de China para frenar a EEUU

Las dos espadas de China para frenar a EEUU

El Dragón sigue avanzando a gran velocidad, poniendo en el fuego las dos espadas con las que combate la hegemonía estadounidense: la económica y la militar.

 

La tercera semana de noviembre se firmó la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que incluye a 15 países de Asia-Pacífico, incluyendo Japón y Corea del Sur, pero excluyendo a EEUU y su ahora aliada India. Según observadores, el acuerdo largamente trabajado, coloca a China "en una mejor posición para moldear las reglas comerciales de la región

Esos días, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, fue recibido en Tokio y en Seúl por el primer ministro japonés, Yoshihide Suga, y el primer ministro surcoreano, Moon Jae-in. El analista de Asia Times, Andrew Salmon, se formula una interesante pregunta: "¿Puede una China estable, segura, asertiva y económicamente en ascenso apalancar a Japón y Corea del Sur lejos de un Estados Unidos caótico, que se auto-desprecia, se cuestiona a sí mismo y se tambalea económicamente?".

Ambos países, señala el analista, están compatibilizando sus alianzas de seguridad con Estados Unidos, con el hecho de que China, el principal socio comercial de Corea del Sur y Japón, continúa "expandiéndose en todas las direcciones: económica, diplomática y estratégica". China consigue de este modo zurcir una alianza más que compleja, dadas las históricas desconfianzas entre las tres naciones más fuertes de Asia-Pacífico.

Respecto a las disputas entre Japón y Corea del Sur, Salmon señala: "Quizás ninguna excolonia en la tierra tiene más rencor hacia su excolonizador que Corea hacia Japón. Muchos coreanos, a quienes no se les enseña sobre el Holocausto en la escuela, creen que la colonización de la península por parte de Japón en 1910-1945 fue uno de los mayores crímenes en la historia de la humanidad".

Esta histórica desconfianza ha impedido la formación de una alianza trilateral Washington, Tokio y Seúl, bajo hegemonía estadounidense. Sin embargo, allí donde fracasa EEUU está avanzando China, lo que enseña dónde está la iniciativa y la capacidad de liderazgo.

Días después de haber firmado un acuerdo que comprende el 30% de la economía mundial y el 30% de la población mundial, alcanzando a unos 2.200 millones de consumidores, el presidente Xi Jinping, que es a su vez secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China y presidente de la Comisión Militar Central, "ordenó a las fuerzas armadas fortalecer el entrenamiento en condiciones reales de combate y aumentar la capacidad de ganar guerras", según reporta la agencia Xinhua.

Xi pidió a los mandos un "nuevo tipo de sistema de entrenamiento militar" para mejorar la capacidad en "las operaciones integradas y conjuntas, aumentar el conocimiento científico y tecnológico de los oficiales y los soldados, y aplicar nuevas armas y nuevas fortalezas en el entrenamiento". El objetivo de China es desarrollar las Fuerzas Armadas en "un ejército de clase mundial".

Parte de este creciente despliegue militar es el avión Xian H-20, el nuevo bombardero furtivo de China con el que podría golpear la base de Guam y hasta Hawái, ya que está siendo "diseñado para penetrar las defensas antiaéreas y lanzar devastadoras cargas nucleares", informa Asia Times.

Un informe del Pentágono revelado por The Sun y analizado por Asia Times, entre otros, sostiene que el nuevo bombardero estratégico, "le daría a China una capacidad de proyección de poder verdaderamente intercontinental" ya que tendrá un alcance de 12.000 kilómetros y una carga útil de 45 toneladas. El bombardero estratégico, cuyas características resultan para Occidente "misteriosas", iba a hacer su primera aparición pública en el Zhuhai Airshow cancelado de este año.

Para la publicación The National Interest, el H-20 "podría alterar el cálculo estratégico entre EEUU y China al exponer las bases y flotas estadounidenses en todo el Pacífico a ataques aéreos sorpresivos". El H-20 es heredero del H-6, un bombardero estratégico birreactor, fabricado en China con licencia del bombardero soviético Tupolev Tu-16, de finales de los años 50.

La Fuerza Aérea china, según la publicación, "quiere un bombardero estratégico que pueda operar dentro de la tercera cadena, también conocida como el área que comienza con las Islas Aleutianas y se extiende más allá de Hawái". Aunque no existen aún imágenes del H-20, se sabe que tiene un diseño de fuselaje que recuerda a otros bombarderos de la próxima generación, como el B-21 Raider y el PAK DA de Rusia.

Lo impresionante es, una vez más, la velocidad del desarrollo de China. Mientras el B-21 Raider de Northrop Grumman estaría listo para 2025 y el PAK DA de Sukhoi podría ser entregado entre 2025 y 2030, se estima que "el H-20 entrará en producción en serie a mediados de la década de 2020", aunque "este mismo año puede estar haciendo su debut", según South China Morning Post citado por el analista Mark Episkopos de The National Interest.

El H-20 que está siendo construido por la Xi'an Aircraft Industrial Corporation, "viajará a velocidades subsónicas, dando prioridad al sigilo y las capacidades de penetración profunda" y "contará con un formidable paquete de contramedidas electrónicas" como lo establece la doctrina de combate de la fuerza aérea china.

Como puede observarse, tanto las ventajas económicas y de las alianzas comerciales, como las ventajas militares de EEUU, se están estrechando por el impresionante crecimiento cualitativo del Dragón que sigue un guión estratégico diseñado tiempo atrás.

La firma de la RCEP muestra que su economía es lo suficientemente potente como para promover la integración regional, arrastrando a adversarios como Japón y Australia a su órbita comercial.

El despliegue de nuevas armas, como el Xian H-20, además de un importante desarrollo de su flota de submarinos y portaaviones, y sus misiles de largo y medio alcance, ponen en la mira de sus fuerzas armadas tanto a las bases estadounidenses como a sus grupos de ataque en torno a los portaaviones. La superioridad estadounidense se disuelve a una velocidad alarmante para el Pentágono.

Lo hace, empero, por razones internas más que externas. Un nuevo informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno del Congreso de los EEUU (GAO), difundida por Military Watch, revela que la tasa de capacidad de misión de la fuerza aérea viene cayendo desde 2011, por sus altos requisitos de mantenimiento y la escasez de repuestos. Solo tres clases de aviones de combate, de varias decenas, superan la capacidad determinada por el Pentágono.

El informe estima que el bombardero estratégico B-1B, tiene hoy una capacidad de misión de menos del 10%, "debido a la antigüedad y complejidad del diseño". El problema es que su reemplazo, el B-21 (con un costo de 550 millones de dólares por unidad), tampoco será fácil de mantener. ¿A quién convienen aviones muy caros y de elevados costes de mantenimiento sino al complejo militar-industrial que vuelve a ganar espacios en el gobierno de Joe Biden?

Pero aquí está la paradoja: ni la agresividad de Donald Trump, ni el supuesto estilo negociador de Biden, pueden frenar la decadencia de EEUU. Este es el problema de fondo que lleva a la Casa Blanca a oscilar entre los extremos de guerra-negociación, lo que termina por desacreditar la política exterior de la exsuperpotencia.

20:35 GMT 30.11.2020URL corto

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Lunes, 30 Noviembre 2020 05:54

El faro

El presidente Donald Trump, luego de la videoconferencia con miembros del ejército desplegados en el extranjero, en el Día de Acción de Gracias, el pasado jueves.Foto Ap

El "faro de la democracia" está parpadeando y en peligro de fundirse.

Noam Chomsky señala que "la elección entera reveló la fragilidad extrema de la democracia estadunidense". Explica en entrevista con Truthout que aun antes de Trump, era evidente que el país se acercaba cada vez más a una oligarquía en la cual los más ricos estaban ya en control de las decisiones fundamentales del gobierno, ya creando una crisis democrática.

La lucha por la democratización del país ha sido constante desde sus orígenes hasta la fecha –esa lucha que el historiador Howard Zinn reveló en su obra, incluyendo su Otra historia de Estados Unidos–, pero el asalto neofascista encabezado por Trump es el ataque más brutal contra las instituciones y procesos democráticos, y más que ello, sobre las fuerzas progresistas dentro y fuera de este país, en tiempos recientes.

Nunca un presidente ha cuestionado la legitimidad de una elección antes, durante y después de los comicios, y menos ha rehusado garantizar el traslado pacífico del poder. Eso es lo que ha generado, por primera vez, el debate sobre si hubo, o aún hay, un intento de golpe de Estado. Trump insiste, sin evidencia alguna, en que hubo un fraude masivo por medio de una conspiración entre demócratas, la FBI, partes del Departamento de Justicia y "comunistas", incluidos los cubanos y los venezolanos. Y tres cuartas partes de los 73 millones que votaron por Trump le creen.

Por lo tanto, se espera que Trump nunca conceda la elección, proclame que su resultado es un gobierno "ilegítimo", y que continúe haciendo todo por desestabilizar al próximo régimen, cueste lo cueste, o sea, el asalto anti-democrático no se acaba con el fin de la presidencia del magnate.

Pero este asalto contra el proceso político-electoral no se explica sin el ataque masivo contra la democracia durante las últimas cuatro décadas, bajo el esquema neoliberal que arrancó con la elección de Ronald Reagan y que ha sido el eje del consenso bipartidista de la cúpula política y económica de este país desde entonces. Con ello, se ha visto el peor nivel de injusticia económica en casi un siglo, expresado en la desigualdad económica cada vez más extrema –y aún más acelerada en los últimos años– junto con el desmantelamiento el estado de bienestar social y la privatización de programas sociales de salud, educación, y hasta de guerras y prisiones, incluyendo centros de detención para inmigrantes y sus niños.

El 0.1 por ciento más rico ha duplicado su fortuna desde el comienzo del neoliberalismo hace cuatro décadas y ahora controla 20 por ciento de la riqueza nacional. Según un informe reciente de la Rand Corporation, unos 47 billones de dólares fueron trasladados de las clases trabajadoras y medias (90 por ciento de la población) a los más ricos de 1975 a 2018 ( https://www.rand.org/pubs/working_ papers/WRA516-1.html).

Robert Reich advierte que lo que ahora promete el presidente Joe Biden es un retorno a la "normalidad", pero “eso será desastroso para Estados Unidos Unidos. Lo normal nos llevó a Trump… normal son cuatro décadas de salarios estancados y creciente desigualdad cuando casi todos los incrementos económicos se destinaron a los de arriba… Normal es también la creciente corrupción de la política por el gran dinero; un sistema económico amañado por y para los ricos”.

Por ello, un mosaico de movimientos y organizaciones sociales que fueron claves en frenar al proyecto neofascista de Trump entienden que la elección sólo fue un paso en una lucha por la democratización de Estados Unidos. Esa democratización de lo que antes se proclamaba el "faro de la democracia" y que llegaba a nuestros países para juzgar y recomendar recetas para ser más como ellos, ahora requiere de la ayuda de aquellos pueblos que han luchado contra el neoliberalismo y la derecha, o sea, un movimiento de solidaridad internacional para brindar apoyo a la lucha por la democratización de Estados Unidos.

El faro requiere una nueva luz.

Cats & Dinosaurs, International Solidarity; Paul Robeson Joe Hill, Flogging Molly Times they are a changing .

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Richard Sennet: “La polarización ahora también es geográfica, de la ciudad contra la nación”

El sociólogo y urbanista del MIT y asesor de la ONU critica que en EE.UU. hay una “emergencia nacional” por el nuevo auge del “fascismo”

 

Richard Sennet (Chicago, 1943), uno de los intelectuales más citados del globo, nació y vivió su infancia en la ciudad del viento en el proyecto urbano público Cabrini Green, conocido por su pobreza y violencia. Pero ha sido neoyorquino gran parte de su vida. Y ahora lo es londinense. Sociólogo y urbanista, es hijo de padres socialistas (su padre, de hecho, luchó en la guerra civil española con la sección Lincoln de las Brigadas Internacionales), ha sido conservador, liberal y hoy es cercano al demócrata de izquierdas Bernie Sanders, y aunque pocos se acuerdan de que empezó su carrera profesional como músico (toca el violonchelo), entona una música de tono grave cuando traza el mundo de la Covid-19 y el papel en éste de EE.UU., sea en la era pre que post Trump.

El mapa del resultado electoral en EE.UU. muestra que Biden tiene mucho apoyo en ciudades como Pittsburgh, Filadelfia, Atlanta, Las Vegas, etc., pero no en sus estados, Pensilvania y los demás. Hay mucha diferencia entre las zonas rurales y las ciudades.

Es parte del gran cambio que ha visto la sociedad estadounidense, porque, básicamente, lo que pasa hoy es que hay una lucha de la ciudad contra la nación. En mi infancia, para mi generación, republicanos y demócratas estaban presentes de manera más o menos parecida en el país. No era una cuestión geográfica. Pero ahora todo ha cambiado. La polarización ya no es sólo política sino que también lo es geográfica, de la ciudad contra la no ciudad, de la ciudad contra la nación.

¿Qué significa?

No es populismo, como tampoco sólo una cosa que atañe a la clase obrera, sino que es algo que está extendido en la sociedad. Sin embargo, siempre he creído que los europeos romantizan a EE.UU. Nosotros siempre hemos tenido una apreciable minoría fascista, como se vio en el pasado con el racismo, el Ku Klux Klan y similares. Así que lo que se ve con Trump no es algo que él haya creado, sino algo que explotó, porque en general había un fascismo previo. Es algo no muy lejano a lo que pasa en España, en donde durante mucho tiempo tras la caída de Franco el franquista apenas hablaba sobre sus lealtades, y hoy sí lo hace. Estamos en el mismo tipo de experiencia. Como se suele decir, ahora vemos la lluvia, pero la lluvia siempre ha estado ahí.

¿Esa reacción por parte de la sociedad puede ser una consecuencia de un cierto miedo sobre su futuro, de no saber lo que está por venir, quizá pensando en sus trabajos en un mundo globalizado, etc.?

Sí, creo que así es. No me gustaría simplificar poniendo la palabra globalización, porque en EE.UU. tenemos a esta derecha reaccionaria mucho antes de la globalización. Mira el fenómeno en los años 1950 con el senador Joseph McCarthy, que era más o menos lo mismo: América estaba muy enfocada en lo internacional, pero con la fantasía de los traidores. Lo importante es que este no es un discurso sobre la noción de que EE.UU. está amenazado por otros países, sino sobre que hay una amenaza interior y de que los demócratas o personas como yo debilitan el país. Por eso esta cuestión no puede encararse sólo desde la economía.

Es decir, lo achaca más a la incertidumbre de los tiempos que vivimos y los que están por venir.

Eso es bastante cierto: hay un miedo que condiciona muchas cosas. Muchos obreros en EE.UU., en las ciudades que votaban por los demócratas o que una vez votaron por Biden, lo hacen de forma diferente a como lo hacen en los pueblos o suburbios, con experiencias diferentes y mucho más proteccionistas, pero sienten esta especie de amenaza según la cual el país está en la cuerda floja por personas del interior y tienen posturas más proteccionistas hacia el exterior. El país está, de alguna forma, imbuido por un fenómeno clásico de fascismo y nacionalismo. Algo que, además, estaba dormido. Y la noción de la amenaza interior, del traidor, es muy potente para movilizar.

Son muchos los que señalan que el trumpismo va más allá de Trump y del Partido Republicano.

EE.UU. políticamente es muy encorsetado, y aquí, ahora, es más una cuestión cultural y social que expresa algo más profundo que no quién está liderando el partido. La política moviliza en la sociedad algo muy profundo. Era algo evidente en EE.UU. y durante mucho tiempo la gente en Europa no ha querido verlo.

Quizá algo difícil de entender desde un punto de vista europeo es que, cuando habla de fascismo lo haga para referirse al EE.UU. que enarbola la revolución conservadora y el individualismo, algo diferente al fascismo clásico, por decirlo así. ¿Cómo es posible?

Es una forma diferente de fascismo. El individualismo también puede entenderse por parte de los que están en los lugares más altos de la jerarquía grupal que, desde ahí, guían las opiniones; opiniones que son sólo suyas, lo que lo acerca al fascismo más europeo y en el que todos acaban por pensar lo mismo. Es así que el distintivo estadounidense es el incluir a muchos, pero visto como una selección. Es la forma del trumpismo. Pero mejor hablar de otras cosas porque esto es muy deprimente, y más si hay que sacar la bola de cristal con todo lo que nos rodea, que es una emergencia nacional tras las elecciones.

 

En EE.UU. vuelve la noción de la amenaza interior

 

Usted ha defendido que la ciudad es anonimato junto a comunidad. ¿Quizá de algún modo hemos perdido esa comunidad en las ciudades si bien el mundo es, cada vez más, más urbano y de ahí estas consecuencias?

La ciudad es un lugar para que los desconocidos convivan, y eso es algo muy bueno. Lo que nos lleva de nuevo a EE.UU., porque allí se da algo muy inusual, con vecindarios donde todos son iguales, porque se segrega por raza, clase, etc. Yo tuve un alumno en el MIT que era mexicano e hijo de ilegales que cruzaron la frontera y antes de ir allí nunca había hablado con nadie en inglés en casa. Hablamos de Los Angeles, es decir, sin tener instituciones diferentes. Son de este tipo los problemas que tenemos en EE.UU. No creo que esto sea tan extremo para vosotros.

¿Esta división también es un peligro para la democracia?

Por supuesto. Cómo no.

El auge del fascismo en EE.UU. con Trump no es algo muy lejano a la experiencia que vive España

¿Ante ello cómo de importante puede ser cómo se entiende el espacio público?

Siempre he encontrado apasionante caminar por la Rambla de Barcelona. Al menos antes de la pandemia allí había muy pocos catalanes; es un centro en el que siempre hay un tipo de persona, lo que es muy malo a nivel social. Por eso veo bien la preferencia de la alcaldesa Ada Colau por hacer de Barcelona algo más que el turismo. Y lo mismo en Londres. Cuando voy caminando por el centro es como caminar en cualquier otro lugar, no hay británicos. Lo social es muy importante. Y con las diferencias es como creamos cultura. Por eso la Covid-19, que en las ciudades grandes es horrible, nos reta. Ahora la duda es, ¿dentro de un mes cómo estarán las calles?

Las ciudades a veces parecen la unión de diferentes ‘ghettos’, porque podemos hablar de Barcelona o Londres pero, en realidad, tenemos varias Barcelonas o Londres según la clase, origen, etc. ¿Puede ser un problema añadido?

Lo que hace a la ciudad ciudad es la experiencia de la diversidad y el que convivan personas diferentes que viven, y trabajan, en una misma realidad que se reta, donde discuten y compiten diferentes al mismo tiempo. Yo estudié hace ya mucho tiempo Silicon Valley, que es muy urbano en el sentido de que tienes todas estas pequeñas start-ups concentradas una encima de otra, compitiendo y colaborando. Así es como logras dinamismo económico y se cimienta el sector de la alta tecnología. Lo mismo pasa en Nueva York, con la llamada Silicon Alley. En la economía la densidad es muy importante. También en términos de cultura. Y aquí, lo físico, de nuevo, no es cuestión de números sino de cercanía física.

Si hablamos de EE.UU. y dejamos a Nueva York de lado, vemos ciudades muy diferentes a, por ejemplo, las europeas, mucho más densas. Por ejemplo en su expansión urbana. ¿Quizá las decisiones urbanísticas pasadas están de alguna forma condicionando el presente y futuro de EE.UU. también desde el punto de vista político?

Bueno, en Chicago o Los Angeles, que ven esta expansión urbana, todavía votan por Biden… Es complejo.

Uniéndolo a lo que decía de Silicon Valley, están las smart cities y las nuevas tecnologías que todos utilizamos cambiando nuestra vida social, un reto para nuestras sociedades? Trump sólo habla a menudo por Twitter. Y muchos apenas se comunican vía chat, mail…

Sabe que trabajo para la ONU, y durante la pandemia, analizando su efecto en la ciudad, vimos que las tecnologías, más allá de los hospitales, etc., estaban salvando a gente, porque las diferentes redes hacían posible ponerse en contacto con otras personas, lo que realmente cambió mi idea de cómo la tecnología que usamos en Occidente sirve para aislarnos por la falta de contacto físico. En lugares muy pobres, como en Delhi, sirve para poder contactar a los otros, conocer dónde están las farmacias, la comida, etc., de forma que ha sido un revulsivo comprobar cómo impulsa la democracia y la sociedad de las personas que no son privilegiadas. Y es que, cuanto más privilegiados en las ciudades, más aislados. La tecnología no fuerza al aislamiento, ni en lo político, ni lo económico, tampoco lo social. Hay que encontrar la forma para hacer más fácil a las personas con menos recursos darles acceso a la tecnología. Porque para muchos es su último recurso.

 

Cuanto más privilegiados, más aislados

 

¿La distancia social que se está implantando por el virus en nuestra sociedad, es también un reto no sólo para el presente, donde sabemos que tenemos que hacer algunas elecciones, sino para nuestro futuro?

Hay un gran peligro cuando en un momento extremo en el que no se ven alternativas, se escucha decir: ‘Ah, la ciudad está llena de gente y no hay distancia social’. La ciudad ha cambiado mucho, porque nunca fue así. Y no había quejas por ello. Si transformamos en ese sentido nuestras ciudades, realmente nos dañaremos a nosotros mismos. Si nos guiamos en base al pánico, el que todo puede ir a peor, estará el problema del miedo y de la innovación. Para mí la historia detrás de todo ello es que si la gente está encerrada en sus casas, a largo plazo puede ser muy destructivo. Necesitamos más implicación social en las comunidades para encarar cambios como el energético, de producción, etc.

¿Qué consecuencias puede tener?

El pánico es una situación horrible. Se necesitaron 14 años para encontrar un fármaco que pudiera lidiar con el VIH. Para otras enfermedades, generaciones. Esta vez lo hemos hecho en más o menos un año. Así que es increíble. Y por eso no me gusta cuando los periodistas hablan de cómo de aterrorizados deberíamos estar, porque es como decir a un grupo de soldados que tienen miedo que pueden acabar muertos en el frente. Hay gente que está totalmente paranoica. No puedes hacerlo y sin embargo con el coronavirus todos los mensajes han sido: ten miedo. Así es como nos hacemos daño.

Por  Alexis Rodríguez-Rata

30/11/2020 06:00| Actualizado a 30/11/2020 09:26

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Errata Naturae acaba de publicar 'El murciélago y el capital', el último libro de Andreas Malm. Foto: Rainer Christian Kurzeder

Investigador experto en crisis climática, escritor y activista, Andreas Malm cree tan poco en la respuesta de los gobiernos a la emergencia global que plantea la necesidad de acabar con el gran capital fósil mediante un movimiento social que presione desde abajo a los Estados usando la desobediencia civil e incluso el sabotaje. Dos de sus obras acaban de llegar al mercado de libros en castellano.

 

Se puede ser profesor de Ecología Humana de la Universidad de Lund (Suecia) y una de las voces expertas más relevantes a nivel internacional sobre crisis climática, por un lado, y escribir un libro titulado Cómo dinamitar un oleoducto —de próxima publicación por Errata Naturae, así como formar parte del grupo Klimax, partidario de la desobediencia civil y el sabotaje, por otro. De hecho, Andreas Malm (Fässberg, Suecia, 1977) plantea la necesidad de que los Estados se preparen ya para “derribar” corporaciones como ExxonMobil, BP, Shell o Total para frenar la debacle climática.

Escéptico con los gobiernos del mundo respecto a la respuesta ante esta emergencia pero ferviente creyente en un movimiento popular que, desde abajo y lejos de los Estados, obligue a estos a actuar de forma contundente contra la mayor crisis de la humanidad y del planeta desde la última glaciación, dos de sus libros acaban de llegar al mercado en castellano. En su último trabajo, El murciélago y el capital: coronavirus, cambio climático y guerra social (Errata Naturae, 2020), profundiza en los orígenes de la pandemia de covid-19, sus causas y sus consecuencias desde un punto de vista económico y medioambiental. Además, Capitán Swing acaba de editar Capital Fósil: el auge del vapor y las raíces del calentamiento global, un volumen publicado en 2017 que Naomi Klein calificó como “la historia definitiva sobre cómo nuestro sistema económico creo la crisis climática”. 

Equiparas un mundo en permanente pandemia de covid-19 con el que resultaría de una “vuelta a la normalidad” pero en un planeta con un cambio climático desbocado. ¿Hay salida? 
Hay una salida: podemos nacionalizar todas las empresas de combustibles fósiles y ordenarlas que dejen de producirlos y, en lugar de poner CO2 en la atmósfera, volver a enterrarlo. Y, por supuesto, ordenar a todas las empresas de combustibles fósiles que ya son propiedad de los Estados que hagan lo mismo. Y cambiar toda la economía mundial de esa base energética a la energía solar y eólica. También revertir la deforestación, dejar que las selvas tropicales vuelvan a crecer sobre los pastos de ganado y las plantaciones de soja y regenerar franjas de territorios desde Australia hasta Alabama. Hay una salida; la ruta es bastante conocida. Solo algunos intereses muy poderosos bloquean el camino. Ahí es donde debe emprenderse la lucha.

Llamaron locos a quienes plantearon medidas drásticas para frenar la emergencia climática pero cuando se tomaron al llegar el covid-19 nadie vio ninguna locura. ¿Una economía de guerra para fabricar paneles solares y aerogeneradores a ritmo de bombarderos en la II Guerra Mundial es posible?Por supuesto, no hay nada técnicamente inviable al respecto. De hecho, esta pandemia ha demostrado que los Estados conservan la capacidad de interrumpir los negocios, simplemente ordenando el cierre de las empresas, y cambiar los esfuerzos productivos hacia el único objetivo de supervivencia. Claramente podrían hacer lo mismo en el frente climático. Nunca más deberíamos creer la mentira de que sería demasiado incómodo, demasiado perturbador y desagradable hacer la transición de los combustibles fósiles. En ese sentido, la pandemia le ha dado al movimiento climático algo de munición propagandística. Solo necesitamos usarlo de manera efectiva. 

La mayoría de los gobiernos se ha tomado la lucha contra el covid-19 como una guerra, movilizado ingentes recursos económicos e incluso paralizando su actividad económica. Sin embargo, ningún ejecutivo se ha tomado igual una amenaza del calibre de la crisis climática. ¿Hay respuesta a la pregunta de por qué a los gobiernos del mundo no les tembló la mano para paralizar la economía con el covid-19 y, sin embargo, ni se plantea algo así frente a la amenaza global del cambio climático?
Esta es una pregunta compleja que debe responderse en varios niveles, si es que puede responderse satisfactoriamente. Es algo que no deja de desconcertarme. Primero, y quizás lo más obvio, es que las medidas tomadas para combatir el covid-19 se han anunciado como temporales. Nadie está hablando de un cambio permanente en nuestra forma de vida: es una pausa, una interrupción desafortunada, y volveremos a la normalidad tan pronto como podamos. Un alejamiento de los combustibles fósiles sería permanente. Marcaría una transición que nunca se revertirá: no vamos a dejar de quemar combustibles fósiles para salvar el clima de un colapso total y luego reiniciar unos meses o años después. Las medidas que están ahora en vigor se pueden vender a todo el mundo, incluido al capital, como un precio alto que debe pagarse solo por un corto período.

Por otro lado, una transición ecológica y un alejamiento de los combustibles fósiles no tendrían que incluir nada parecido a los inconvenientes extremos de un encierro: no aislaría a las personas en sus hogares, no prohibiría las multitudes o las pequeñas reuniones, no desconectaría la vida cultural, no destrozaría prácticamente todas las interacciones humanas. Estos aspectos cuasi totalitarios de un confinamiento no servirían para un cambio de la energía fósil a la renovable. En este sentido, debería ser mucho más fácil para los gobiernos implementar un programa de acción de emergencia climática. Incluso podría mejorar la vida de las personas, no sería necesario convertirla en tantas pesadillas solitarias. En última instancia, la diferencia parece reducirse a los intereses de clase. Abandonar los combustibles fósiles significa liquidar todo un departamento de acumulación de capital, lo que se conoce como la industria de los combustibles fósiles.

La razón por la que no se toman estas medidas tiene menos que ver con las molestias que causarían a la gente común como con la extraordinaria cantidad de poder concentrado en esta industria. El distanciamiento social y restricciones similares no amenazan a ninguna fracción de la clase capitalista con una sentencia de muerte, pasar a cero emisiones sí.

Asimismo, el contraste se evapora cuando se considera que los Estados de todo el mundo también han intentado, aunque mal, proteger a los ciudadanos de los eventos climáticos extremos recientemente. Han enviado a los bomberos a las llamas y han evacuado a las poblaciones en peligro por los huracanes. Combatir los síntomas es algo que los Estados pueden hacer —ya sea de manera pobre o eficiente—, tanto en lo que respecta al clima como al coronavirus. Pero en ninguno de los campos parecen capaces de perseguir las causas. Se ha dejado que los impulsores de las pandemias se aceleren en 2020 tanto como los del calentamiento global: lo más importante es que la deforestación se está acelerando este año como nunca antes. La devastación del Amazonas central alcanzó un nuevo pico el verano pasado, y el Gobierno indonesio acaba de abrir sus selvas tropicales a inversionistas extranjeros para una tala ilimitada. 

No existe una receta más segura para más pandemias que la deforestación; en esto, la ciencia es unánime. Es mediante la tala de bosques, y los bosques tropicales en particular, que los patógenos entran en contacto con poblaciones humanas como el SARS-CoV-2, transportado por murciélagos, cuyos bosques han sido arrasados ​​en los últimos años, particularmente en el sureste Asia, lo que los obliga a viajar con sus virus a algún otro lugar, donde se topan con humanos. Y, sin embargo, en lo más profundo de la segunda ola de la pandemia del covid-19, todavía no hemos visto una sola iniciativa en ningún lugar del mundo para frenar la destrucción de los bosques tropicales. En cambio, la tendencia es una aceleración. Visto desde este ángulo, los Estados han abordado el problema de la pandemia tan irracionalmente como lo han hecho con el clima: echando más leña al fuego, más rápido.

La del covid fue una crisis casi repentina. El cambio climático, aunque se acelera y tiene consecuencias devastadoras que aparecen de repente, lleva décadas fraguándose y es gradual. ¿Cómo se convence a la humanidad para actuar rápido ante un problema que, si bien ya está aquí, apenas notamos en el día a día?
No creo que sea el caso de que apenas lo notemos en el día a día. En todo el mundo, la experiencia de un clima cambiante se está volviendo omnipresente. Esto es particularmente cierto en gran parte del sur global, donde las personas son azotadas por un huracán, un tifón, una sequía, una inundación, una invasión de langostas y una ola de calor extrema tras otra, ¡ciertamente lo notan! Y los acontecimientos recientes en los Estados Unidos también forman un conjunto de experiencias lo suficientemente ricas para una declaración nacional de emergencia climática. 

Creo que este problema es, al menos, tan sorprendente a simple vista como el microorganismo invisible llamado SARS-CoV-2. Los Estados podrían darle el estatus oficial de una amenaza existencial y combatirla por todos los medios necesarios; no hay nada en la naturaleza perceptiva del problema climático que se interponga en el camino. Se trata de política, no de notoriedad. Eso también se aplica a las personas, muy numerosas en los Estados Unidos, que reaccionan a cada evento climático extremo negando el cambio climático en un tono aún más alto. Tal negación no tiene su origen en la dificultad de percibir los impactos climáticos, sino en los intereses, privilegios e identidades que se basan en los combustibles fósiles y las tecnologías que impulsan.

Convencer a la humanidad de actuar es el arte de decir: todos sabemos que el peligro está aquí; podemos ver que nuestra casa está en llamas; ahora vamos a empezar a correr y a dejar atrás los combustibles fósiles lo más rápido que podamos. Creo que las mayorías en muchos países se sumarían a ese mensaje al menos con la misma facilidad con la que han aceptado las restricciones del covid-19. Pero requeriría estar preparado para enfrentar los poderes que prosperan y defienden los combustibles fósiles. Exigiría que los Estados se preparen para derribar corporaciones como ExxonMobil, BP, Shell y Total y poner fin a sus operaciones por completo.

La lucha contra el covid-19 encaja en una ideología que hoy mueve el mundo: el nacionalismo. La lucha contra la emergencia climática solo puede funcionar mediante el multilateralismo. ¿Eres optimista al respecto?¿O solo actuarán las naciones cuando sus puertos estén anegados y sus reservas de agua por los suelos? 
¡Hay pocas razones para ser optimistas sobre naciones y Estados! Nada indica que lanzarán reducciones radicales de emisiones, incluso si sufren consecuencias inmediatas como las que mencionas. Por ejemplo, Australia, que experimentó una catástrofe infernal de incendios forestales que terminó hace menos de un año, ¿ha llevado a la nación a eliminar gradualmente la producción de carbón? Al contrario: esa industria todavía se está expandiendo en el país que se incendió debido a la combustión de carbón y otros combustibles fósiles. Así que no hay razón para creer que las naciones entrarán en acción automáticamente cuando sus propios territorios sean quemados por el calor. El único actor que puede obligarlos a hacer lo necesario es un movimiento popular, ejerciendo presión desde abajo, desde fuera del Estado. Vimos los contornos de tal escenario en 2019, cuando el movimiento climático alcanzó su punto más alto de fuerza masiva hasta ahora y llevó el tema a la cima de la agenda política. Desafortunadamente, nuestro movimiento prácticamente ha desaparecido durante la pandemia. Debe ser revivido con urgencia, ya que es la única fuente de esperanza de que podamos hacer progresos en el clima antes de que sea demasiado tarde.

Para las organizaciones que conforman el movimiento por el clima, el enemigo es claro: el poderoso capital fósil. ¿No deja de ser una paradoja que el peor enemigo de la humanidad ahora mismo sea un grupo dentro de la propia humanidad?
No realmente: los peores enemigos de la humanidad siempre han sido algunos humanos, no extraterrestres u otras especies o, de hecho, la humanidad en su conjunto. Piensa en los nazis. O los amos de esclavos. O cualquier otro autor de crímenes épicos contra la humanidad. Las catástrofes inducidas por humanos tienden a ser causadas por algunos humanos en contra de otros: esta es la regla histórica más que la excepción.

La crisis climática atacará primero a los que menos tienen. El covid-19, sin embargo, se ha centrado en las naciones más ricas. ¿Los gobiernos con más recursos solo actúan si el peligro es para los de arriba?
Sí, creo que una parte de la explicación de las medidas dramáticas emprendidas para combatir el covid-19 es que este se ha cebado, y continúa cebándose, con las partes más prósperas del norte global. Este tipo de miseria suele estar reservado para el sur y los pobres, se puede permitir que se infecten. Esa ha sido durante mucho tiempo la lógica de la pasividad frente a la crisis climática. Pero esta explicación también se ve tensionada por la circunstancia de que los impactos climáticos ahora descienden regularmente sobre los países ricos, en particular los Estados Unidos o Australia, sin que se tome ninguna acción correspondiente.

Seis nombres son comunes a las listas de las diez naciones que más gases de efecto invernadero producen y los diez países con más muertes por covid-19. ¿Ironía del destino?
Sí, pero creo que esto ha cambiado a lo largo del año. Desde que escribí mi libro en abril, en la lista de los siete países con más muertes por covid-19, ahora, a fines de noviembre, encontramos a Brasil, India, México e Irán, que no se encuentran entre los principales emisores. Así que, al parecer, la ironía estaba ahí solo en la fase inicial de la pandemia.

Incendios en Australia y California, plagas en África… Dices que “ningún jinete del apocalipsis cabalga solo y las plagas no se presentan en singular”. ¿El siglo XXI será el siglo de las plagas y las anomalías climáticas?
Aparentemente, ¡pero no se detiene ahí! La crisis ecológica comprende todo un conjunto de bombas de tiempo esperando a estallar. Colapso de insectos, agotamiento del suelo, desechos plásticos, contaminación del aire... Todas estas cosas y mucho más eventualmente volverán, a menos que se aborden de inmediato, enérgicamente y de manera integral y sin respeto por los intereses de la clase capitalista. En otras palabras: el siglo XXI será el de una emergencia crónica, de un desastre tras otro derivado de cómo la economía capitalista domina y destruye la naturaleza. Pero no tiene por qué ser así. Todavía hay tiempo para dar la vuelta, pero debido a que hemos esperado tanto y debido a que ya se ha hecho tanto daño, el cambio tendrá que ser casi revolucionario en alcance y escala. Y cuanto más esperemos, más drástico todavía tendrá que ser.

Por Pablo Rivas

@PabloRCebo

28 nov 2020 04:49

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Sábado, 28 Noviembre 2020 05:53

Drástico cambio

Drástico cambio

 De un tiempo para acá, a raíz de lo sucedido en su entorno de "aliados estratégicos" –rebelión pacífica en Bielorrusia, cambio violento de gobernante en Kirguistán, derrota del candidato presidencial en Moldavia y rencor en Armenia por permitir que Azerbaiyán recuperara Nagorno-Karabaj–, Rusia parece estar asumiendo la pérdida de su liderazgo en el espacio postsoviético y comienza a practicar una política que supone un drástico cambio en las relaciones con sus vecinos.

Poco a poco desaparecen de la agenda del Kremlin concepciones claves que, en los 30 años recientes, proyectaban la intención de reconstruir de las ruinas, si no la Unión Soviética completa (imposible tras la ruptura definitiva con cinco repúblicas, las tres bálticas: Estonia, Letonia y Lituania, más Ucrania y Georgia), al menos una parte del imperio dominado por Rusia.

Los voceros oficiales hablan cada vez menos de la "Alianza Euroasiática", el "mundo ruso", la "zona de intereses exclusivos de Rusia", el "papel de Moscú como garante de la soberanía y la seguridad de los países ex soviéticos" y otros grandes sueños que, en distintos periodos de la gestión del presidente Vladimir Putin, sirvieron de eje para formular la política en el espacio postsoviético.

Ahora, Rusia procura no hacer más del mínimo que imponen sus obligaciones contractuales (Armenia), prestar ayuda muy concreta sólo cuando obtenga a cambio beneficios geopolíticos (Armenia, Bielorrusia, Kirguistán), rechazar a quien no acepte las condiciones rusas aun si aparentan ser aliados (Lukashenko), no inmiscuirse demasiado en la solución de conflictos ajenos que puedan repercutir en la política interna rusa (Kirguistán).

Asimismo, no provocar nuevas sanciones de Occidente por causa de sus protegidos (Bielorrusia, Kirguistán), reconocer tácitamente que otros actores regionales pueden tener "intereses parciales" en el espacio de la antigua Unión Soviética (Turquía), entender que son limitadas sus posibilidades y recursos para influir en crisis de poder o cambios de gobierno en otros países (Moldavia), entre otros rasgos de la actual política del Kremlin.

Tal vez el divorcio con dos países fraternos, Ucrania y Georgia –su elevado coste económico y consecuencias políticas negativas– influyó en que Rusia busque no repetir esa amarga experiencia.

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Guatemala: el Congreso suspendió la aprobación del presupuesto que desató las protestas

La ONU pidió que se investigue la represión, ya que dos manifestantes perdieron un ojo

Varios sectores de la ciudadanía reclamaron en las calles porque el gasto para 2021 no priorizaba el combate a la pobreza y dejaba de lado la educación y la salud, 

 

El Congreso de Guatemala suspendió la aprobación del presupuesto del país para 2021, que había generado protestas donde manifestantes incendiaron la sede del Parlamento y pidieron la renuncia del presidente conservador Alejandro Giammattei, por no priorizar la lucha contra la pobreza. La ONU pidió que se investigue la represión a las protestas, ya que dos manifestantes perdieron un ojo a causa del impacto de gases lacrimógenos lanzados por la Policía.

"Con la finalidad de mantener la gobernabilidad del país y la paz social, hemos acordado suspender el trámite del presupuesto de ingresos y egresos del Estado y del Organismo Legislativo 2021", informó el presidente del Parlamento, el oficialista Allan Rodríguez, en un mensaje a la nación por el canal del Congreso.

El Congreso, en su mayoría integrado por el oficialismo y partidos afines a Giammattei, aprobó el martes de la semana pasada un presupuesto de casi 12.800 millones de dólares. Varios sectores de la ciudadanía reclamaron porque el gasto no priorizaba el combate a la pobreza, que afecta al 59,3% de los casi 17 millones de habitantes, según cifras oficiales, y dejaba de lado la educación y la salud, en momentos en que la pandemia deja más de 4.000 muertos y casi 120.000 contagios en el país. Sin embargo, privilegió el desarrollo de infraestructura, beneficio que recae en las firmas constructoras.

Con esta suspensión, ahora los diputados tienen hasta el 30 de noviembre para aprobar un nuevo presupuesto, según la ley. De lo contrario, seguirá vigente el que regía este año, por unos 10.390 millones de dólares.

El sábado, miles de guatemaltecos se manifestaron pacíficamente para pedir la renuncia de Giammattei, pero otros se dirigieron a la sede del Parlamento e incendiaron varias oficinas tras romper ventanas para ingresar.

El domingo, cientos volvieron a las calles a protestar, aunque este lunes, tras la detención del trámite del presupuesto, ya no se registraron protestas.

La ONU pide una investigación

 La ONU confió este lunes en que las autoridades de Guatemala lleven a cabo una investigación imparcial sobre lo sucedido en las protestas del pasado sábado, en las que el vicepresidente del país, Guillermo Castillo, denunció un "uso excesivo de fuerza policial" contra los manifestantes.

"Confiamos en que las autoridades lleven a cabo una investigación imparcial e independiente de los hechos", señaló el portavoz Stéphane Dujarric en su conferencia de prensa diaria.

Dujarric subrayó que "los derechos fundamentales de libertad de expresión y asamblea pacífica deben ser respetados" y dijo que Naciones Unidas llama a todos los actores a "trabajar juntos" y con medios pacíficos y legales para dar respuesta a los problemas que vive Guatemala.

Las fuerzas de seguridad detuvieron el sábado a más de 30 personas por diversos motivos durante las manifestaciones, según confirmaron tanto el Organismo Judicial como el Ministerio de Gobernación (Interior).

Además, los cuerpos de socorro han indicado que al menos 40 personas fueron atendidas por heridas, y docenas afectadas por los gases lacrimógenos, sin que se contabilizaran muertos en las protestas.

Este lunes, el Hospital Roosevelt, el más grande de Guatemala, confirmó que dos manifestantes perdieron un ojo a causa del impacto de gases lacrimógenos lanzados por la Policía Nacional Civil (PNC).

Los incidentes se registraron en el marco de una masiva convocatoria para manifestarse este sábado en contra del presidente, Alejandro Giammattei, y el Congreso guatemalteco tras la aprobación del presupuesto del Estado para 2021.

En tanto, una agrupación de países y organizaciones formado para dar asistencia a Guatemala, conocido como G-13, expresó este lunes su preocupación por la situación y dijo estar dispuesto a apoyar el diálogo de cualquier forma posible". Entre los donantes están Estados Unidos, Alemania y Francia.

El presidente Giammattei dijo en un comunicado la noche del domingo que las protestas eran de grupos "minoritarios que buscan forzar un verdadero golpe de Estado".

La crisis 

El manejo de la crisis sanitaria por parte de Giammattei, un médico de 64 años, fue criticado por su propio vicepresidente Guillermo Castillo, la oposición y sectores sociales, que denuncian carencias en los hospitales y deficiencias para atender a los sectores más afectados por los confinamientos.

El vicepresidente Castillo, que el viernes ofreció a Giammattei dimitir juntos "por el bien del país", pidió el domingo al Ministerio Público que investigue tanto la quema de oficinas del Congreso como el accionar de la policía frente a los manifestantes.

El país, donde se suceden las denuncias por corrupción así como demoras en la designación de jueces, ya vivió en 2015 la renuncia del presidente Otto Pérez por un caso de fraude aduanero.

La indignación social de estos días responde también a la opacidad con la que se han manejado los recursos destinados a la pandemia de coronavirus, así como el rechazo que despierta la creación de un superministerio dirigido por una persona cercana al mandatario.

El Congreso había aprobado préstamos por más de 3.800 millones de dólares para atender la pandemia, pero apenas un 15% de esos recursos llegó a los guatemaltecos, según datos oficiales y de ONGs fiscalizadoras.

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Lunes, 23 Noviembre 2020 05:30

Esclerosis social

Esclerosis social

Los procesos económicos son esencialmente inestables. Este rasgo se asocia en cada época con las condiciones materiales, tecnológicas y sociales que determinan la producción, definen el modo de trabajo, el tipo de consumo y las necesidades de inversión para sostener la capacidad de subsistencia, o sea, reproducir a la sociedad.

En el capitalismo, la inestabilidad se agrava por la naturaleza propia del dinero y las cambiantes modalidades del financiamiento, esta última condición se ha vuelto más notoria con el desarrollo de los mercados financieros, con instrumentos y facilidades tecnológicas más sofisticados. Es una economía de endeudamiento creciente.

Tanto los precios relativos de los bienes y servicios, especialmente el trabajo, como el nivel de la actividad económica fluctúan, en ocasiones de manera notable, derivando en crisis económicas y forzando la intervención del gobierno mediante la política fiscal y monetaria para contener la inflación o deflación y las presiones recesivas en la producción y el empleo.

Debajo de estas manifestaciones en el ámbito de los mercados, subyacen corrientes con efectos sociales significativos. No se puede confundir la salud económica con las cotizaciones de los mercados financieros: acciones, bonos privados, deuda pública, tipos de cambio y el oro. Hay un substrato social que se desenvuelve de modo permanente y que puede, ciertamente, ir a contracorriente de los indicadores convencionales usados por los ministerios de Hacienda y, sobre todo, por el discurso político.

Una muestra actual de este fenómeno es la pugna abierta en Estados Unidos entre el Tesoro y la Reserva Federal con respecto de la continuación de los mecanismos financieros de apoyo a la economía asociado con las repercusiones de la pandemia en la producción y el empleo. El Tesoro quiere limitar esas ayudas bajo el argumento de que la economía está en una situación sólida, como muestran los indicadores de Wall Street. Los intereses políticos de una elección perdida están sobre la mesa.

La estructura del capitalismo global estaba en franca recomposición antes de que estallara la pandemia. Los indicios eran apreciables, se gestaba un cambio en lo que solía llamarse como el régimen de acumulación conformado a partir de la década de 1980. La etapa de la así llamada Gran Moderación en los precios y la estabilidad macroeconómica habría acabado con la gran crisis de 2008. Desde entonces prevalecen las bajas tasas de interés, con menores grados de libertad en materia monetaria y una expansión enorme de la deuda pública.

Aquel régimen se sostuvo en las políticas destinadas a controlar la inflación de la década anterior y administrar el proceso de globalización con China como un actor principal. El entorno cambió hacia una baja inflación y un creciente nivel de endeudamiento, y es precisamente lo que estaría cambiando ya.

Tal es la tesis que sostienen Goodhart y Pradhan en su libro El gran giro demográfico (ver la nota de Martin Wolf en el Financial Times, 17/11/2020). Lo que prefiguran en un escenario de mayor inflación y una cambiante relación del lugar del trabajo.

En ese largo periodo de moderación se abrió China, colapsó la Unión Soviética, se creó la Organización Mundial de Comercio, se fortalecieron la integración y los bloques económicos, se profundizaron las corrientes de capitales, creció sustancialmente la oferta global de trabajadores en una estructura demográfica en la que aun había una gran población joven –aunque con tasas decrecientes de natalidad– y con ello el producto per cápita.

Un efecto de este proceso fue debilitar el poder de negociación del trabajo, elevar la participación de las ganancias en el producto y aumentar el grado la concentración del ingreso. Una de las consecuencias es lo que se conoce como un exceso de ahorro que afecta adversamente los patrones de consumo y de inversión.

Hoy, la estructura demográfica muestra una mayor población de jubilados en los países desarrollados y en China también. La población en edad de trabajar se ajusta a la baja, lo que repercute en las cotizaciones a los fondos de retiro y la seguridad social y ejerce una mayor presión sobre los recursos fiscales de los gobiernos.

Una conclusión del estudio es que la baja de la fuerza laboral disponible elevaría el poder de mercado del trabajo. Las condiciones generales serían así propicias para crear mayores presiones inflacionarias y, con ellas, una recomposición en los patrones de asignación de los recursos para la inversión. El régimen de acumulación tendería a recomponerse. Esa tendencia apunta a la reciente creación de la Asociación Económica Integral Regional con liderazgo chino.

Hay un componente especulativo en el tratamiento de los temas del estudio que aquí se comenta. No podría ser de otra manera en un escenario tan incierto como el que predomina. Lo interesante de la tesis, es que abre un espacio de discusión en el terreno económico y político en un entorno de democracia más endeble, de renovadas exigencias sociales en un entorno crecientemente conflictivo y cuando las condiciones de la reproducción del sistema económico y social y la dinámica de los mercados financieros muestran signos de esclerosis.

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El ataque contra la sede legislativa dejó un saldo de al menos 22 detenidos, heridos e intoxicados por gas lacrimógeno y las llamas dentro del edificio.Foto Afp

 

Recortes en educación, salud y combate a la pobreza, los detonantes de las movilizaciones

 

Ciudad de Guatemala., Un grupo de manifestantes destrozó e incendió ayer una parte de las oficinas del Congreso de Guatemala durante una masiva protesta contra el presidente Alejandro Giammattei y el cuerpo legislativo por la aprobación del presupuesto general de la nación para 2021, el más alto en la historia del país, pero que no considera aumento a las partidas sociales.

Ante la gran movilización, el mandatario tuiteó: "Previo a recibir el presupuesto del Congreso, me estoy reuniendo con sectores y grupos de la sociedad para analizar las modificaciones que en los próximos días se presenten". En su mensaje apuntó que trasladará una iniciativa de ley al Congreso para conocer y materializar los cambios, aunque no precisó qué sectores y grupos negocian el reajuste en el gasto proyectado. "En desarrollo del proceso, seguiremos informando", agregó.

Las llamas en el Congreso se veían desde la calle mientras algunos inconformes lograron ingresar al recinto. Los bomberos dijeron que una parte importante del palacio fue consumida por el fuego, específicamente la sección adonde ingresan las propuestas de ley.

La irrupción, achacada a grupos de infiltrados, dejó varios heridos e intoxicados por el gas lacrimógeno lanzado por la policía y el humo de las llamas dentro del edificio legislativo. Los bomberos y miembros de la Cruz Roja atendieron a los afectados.

"Reitero que se tiene el derecho de manifestar conforme la ley. Pero tampoco podemos permitir que se vandalice con la propiedad pública o privada. Al que se le compruebe su participación en estos hechos delictivos les caerá todo el peso de la ley", advirtió Giammattei en otro tuit.

Los hechos de violencia, que se saldaron con al menos 22 detenidos, contrastaron con las 7 mil personas que tomaron pacíficamente la Plaza de la Constitución para manifestarse frente al Palacio Nacional, como pasó en las protestas de 2015 que rechazaban a las denuncias de corrupción en el gobierno y que llevaron a la renuncia del general Otto Pérez Molina y su vicepresidenta, Rosario Murillo.

"No más corrupción", "Fuera Giammattei" y "Se metieron con la generación equivocada" fueron algunas consignas coreadas o escritas en pancartas mientras los manifestantes ondeaban banderas azul con blanco, los colores nacionales. "Nos indigna la pobreza, la injusticia, cómo se han robado el dinero del pueblo", señaló Rosa de Chavarría, profesora de sicología de la universidad pública de San Marcos de Guatemala.

En calles aledañas del centro histórico capitalino, los grupos antimotines lanzaron gas lacrimógeno contra los manifestantes, pero la acción no detuvo la movilización. Casi entrada la noche, los manifestantes fueron dispersados nuevamente por la policía, pero regresaron a la plaza para continuar con la protesta.

Cientos de personas en varios departamentos del país, con pancartas y mantas, exigían vetar el presupuesto, transparencia en el gasto público y control a los diputados, varios de ellos señalados por actos de corrupción. En redes sociales, varias fotografías mostraron a grupos de personas frente a las sedes diplomáticas guatemaltecas en Argentina o Alemania en señal de solidaridad a la protesta.

Estas manifestaciones se producen después de que el vicepresidente de Guatemala, Guillermo Castillo, propuso el viernes a Gia-mmattei que ambos renuncien a sus cargos "por el bien del país" porque "las cosas no están bien" en el gobierno.

Además de la renuncia de ambos, Castillo pidió a Giammattei vetar los presupuestos de 2021 porque tienen "anomalías", por lo que deberían ser devueltos al Congreso y ser modificados, explicó, apelando a "la eficiencia, transparencia y austeridad para no tener más endeudamiento".

El descontento e indignación de los guatemaltecos contra el Congreso y el gobierno de Giammattei se incrementó por la opacidad de los recursos para enfrentar la pandemia de Covid-19 y por los estragos que dejó el huracán Iota.

La movilización también se dirigió contra la Corte Suprema de Justicia por tramitar el retiro de inmunidad a magistrados constitucionales y sus fallos, que han frenado varios intentos de políticos por detener la lucha contra la corrupción e impunidad.

El Congreso, en su mayoría integrado por el oficialismo y partidos afines, aprobaron el miércoles el mayor presupuesto en la historia del país, de casi 12 mil 800 millones de dólares, un aumento de cerca de 25 por ciento respecto a las cuentas de este año.

La mayoría de fondos están dirigidos a infraestructuras con el sector privado y no prevé aumentar las partidas de salud o de educación ni las destinadas a combatir la pobreza y la desnutrición infantil, así como a la defensa de los derechos humanos ni la atención primaria a pacientes con Covid-19, entre otros rubros.

En Guatemala, 59.3 por ciento de los casi 17 millones de habitantes viven en la pobreza, y la desnutrición afecta a casi 50 por ciento de los niños menores de cinco años. Varias entidades económicas y analistas advierten que es un riesgo que un tercio del presupuesto sea financiado por deuda.

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EEUU dejó al descubierto la real intención de las criminales sanciones contra Venezuela

18.11.20 - El subsecretario de la Oficina de Recursos Energéticos (ENR, por sus siglas en inglés) del Departamento de Estado de Estados Unidos, Francis R. Fannon, dejó al descubierto la real intención de las criminales sanciones contra Venezuela y la intención gringa de frenar el desarrollo del país-.

Las declaraciones del funcionario se producen en medio del debate sobre los efectos nocivos de las sanciones contra la economía venezolana.

“Las sanciones contra Pdvsa fueron en parte porque el (gobierno) de Maduro ha utilizado los ingresos del petróleo para financiar su propia cleptocracia y otras malintencionadas actividades en la región”, aseveró el funcionario que trabajó en una parte del paquete de sanciones contra el gobierno de Venezuela y su principal empresa estatal.

El más reciente informe de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos estima que las sanciones "sí están generando repercusiones importantes" en su economía, "trayendo como consecuencia una pérdida importante de bienestar en la población".

"Luego de tres años, los resultados son bastante mediocres (...) la crisis ha empeorado y no se ha logrado el cambio político", señala el texto, tras remarcar que las sanciones no iniciaron la recesión económica ni el colapso financiero en el país pero sí han profundizado el deterioro en la calidad de vida de los venezolanos.

Asimismo, aseguró que la asfixia contra el pueblo venezolano continuará hasta lograr derrocar al gobierno legítimo de Venezuela.

“Estas sanciones continúan porque el problema de Venezuela es Maduro, no nuestras sanciones, y esto lo hemos dicho alto y claro”, contó Fannon al finalizar una conferencia sobre el sector energético.

La idea, señaló el principal funcionario estadounidense en materia de política energética, era “eliminar cientos de miles de barriles de petróleo del mercado que él (Maduro) estaba utilizando para sus actividades ilegítimas”.

Tras la autoproclamación del opositor Juan Guaidó como presidente imaginario en enero de 2019, EEUU recrudeció su política de sanciones en contra del país, en especial, ahogando a su industria petrolera al bloquear sus activos que se encuentran en suelo estadounidense y prohibir las transacciones de individuos estadounidenses con la empresa.

Por: Aporrea. Viernes 20/11/2020

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