Túnez, la agonía del Foro Social Mundial

El sábado pasado se cerró el Foro Social Mundial, celebrado por segundo año consecutivo en Túnez, con una manifestación pro-palestina mucho menos numerosa que la de 2013 y en un ambiente mucho más mortecino. Todas las fuentes coinciden en que ha sido el Foro más complicado, el menos concurrido y quizás el más inútil, y ello por razones que tienen que ver con las propias dinámicas políticas globales y con la situación interna de Túnez. Poco antes del encuentro, el conocido profesor brasileño Emir Sader criticaba el control del FSM por parte de las ONGs, modelo "reduccionista y superado" en un momento en el que son "los gobiernos progresistas latinoamericanos" -según su opinión- el referente de los "indignados, los ocupas, Syriza y Podemos". Por su parte, el también brasileiro Chico Whitaker, uno de los co-fundadores del Foro, señaló más bien los problemas organizativos como causa del creciente desinterés de esta iniciativa que cumple ya quince años de vida: "el Consejo Internacional está totalmente perdido en cuanto a propuestas"; y añade "ya hace algún tiempo propusimos la eutanasia de este elefante blanco y buscar una nueva fórmula" a fin de "recuperar la visibilidad perdida y volver a existir internacionalmente".


El Foro de Túnez ha sido, en efecto, de baja intensidad: el que menos delegaciones europeas y latinoamericanas ha recibido,el que ha contado con menos financiación y el que menos atención mediática ha despertado. Es verdad que el FSM nació en el interior de la ola progresista que transformó la orografía política de América Latina y que llevó al gobierno a partidos políticos que, aupados en los movimientos sociales, hoy los contemplan con desconfianza, cuando no como fuerzas de oposición. Y no es menos cierto que los movimientos en España y en Grecia están ahora absorbidos -o al menos ocupados- en procesos de cambio que hace dos años no existían. Ahora bien, creo que, en este caso, las limitaciones del Foro -que son también estructurales- tienen más que ver con la situación concreta del país anfitrión y, más allá, de la región árabe en general. Podríamos mencionar las numerosas anulaciones de viajes y talleres tras el atentado yihadista del 18 de marzo, pero esa misma circunstancia habría podido provocar un desafiante impulso solidario si Túnez siguiese siendo el principio, y no el final, de una gran esperanza regional e internacional.


La implacable lluvia que durante cuatro días ha subrayado la arquitectura carcelaria del campus universitario del Manar, en la capital de Túnez, ha expuesto el alma de un país política y socialmente deprimido en una región que vuelve aparatosamente al peor de los pasados imaginables. Frente a la reunión de la Liga Arabe -celebrada en Egipto al mismo tiempo que se cerraba el Foro- en la que nuevos y viejos dictadores apoyaban los bombardeos sobre Yemen, como si jamás hubiera habido "primavera árabe", la fiesta de los movimientos sociales tenía algo clandestino y marginal y hasta elegíaco: los jóvenes tunecinos acudieron en menor número que en 2013, "entre la decepción y la depresión" -según las palabras del artista y escenógrafo Khaled Ferjani- , y ante la indiferencia de los propios medios locales, completamente absorbidos por las consecuencias del atentado del Bardo y "la marcha anti-terrorista" internacional encabezada por François Hollande. Nawaat, el conocido medio alternativo tunecino, hace dos años resumió el Foro en un titular: "Entusiasmo a pesar de la falta de organización". Hace dos días, el único artículo aparecido en sus páginas sobre el encuentro se preguntaba "qué ha sido de la lucha anticapitalista", pero hablaba sobre todo de "visible decepción de los participantes". Estas críticas son elocuentes en la medida en que describen no tanto la atmósfera del campus -con sus talleres más o menos interesantes y sus más o menos rutinarios "vendedores de causas perdidas"- como el abatimiento de los militantes locales, cuyas demandas se han visto marginadas por el juego "democrático" y silenciadas por la "alarma terrorista".


Si se tiene en cuenta que, en todo caso, Túnez es el único país de la región donde podía celebrarse un encuentro como éste, puede imaginarse el tono de las otras delegaciones y organizaciones árabes. Incluso los acostumbrados enfrentamientos entre saharauis y marroquíes o entre partidarios y opositores de Bachar Al-Assad han sido marginales y casi protocolarios. Las fuerzas zombis que se apoderan de nuevo de la región -regímenes dictatoriales, intervenciones multinacionales y violencia yihadista- han secado por el momento las esperanzas de cambio que la sacudieron de arriba abajo en 2011.


¿Ha sido un fracaso el Foro tunecino? Más allá del fugaz estímulo al sector turístico, en ruinas tras el atentado, y de las píldoras de conocimiento ingeridas en los talleres, el Foro ha servido, como todos, para catalizar contactos, festivos y políticos, en los pasillos, para prolongar redes más o menos duraderas y para amortiguar la soledad de unos cuantos centenares de tunecinos que, en cualquier caso, no representan sino a una minoría de la población, los menos castigados por el paro y la crisis económica. Es poco. Es algo. Aunque ahora, más solos que hace una semana, fuera ya de todos los focos, esos mismos jóvenes queden más expuestos que nunca frente a un gobierno y una policía que -advierte ya Human Rights Watch- aprovechará el atentado del Bardo y la alerta securitaria para recortar derechos civiles y amordazar sus voces.


¿Es el fin del Foro Social Mundial? Probablemente no, pero es verdad que debería replantearse sus formatos y sus sedes a la medida de los cambios político-geográficos insinuados en los últimos años. Al contrario de lo que dice Emir Sader, la ola latinoamericana, en marea baja, no puede ser ya el referente del Foro, que nació para vender causas perdidas, no ganadoras (por muy importante que sea ganarlas), y que debe conservar y robustecer su vida paralela -mientras defender causas perdidas siga sirviendo para que los perdedores de siempre no pierdan las ganas de luchar.


 

Túnez, entre el Foro Social Mundial y la lucha por la paz

 

Por, Emir Sader

Público


Dos marchas cerraron una semana tensa en Túnez. Una de ellas puso punto final al Foro Social Mundial. La otra, por su parte, tuvo como protagonista la lucha por la paz y congregó a cientos de invitados extranjeros.


Todo esto sucedía en las calles sin la presencia de ningún turista extranjero. A pesar de la solidaridad internacional, la reacción inmediata al atentado del 18 de marzo ha tenido un efecto arrasador sobre la economía del país. El turismo —la actividad que genera más empleo en el mundo y que alimenta gran parte de la economía de la región— prácticamente abandonó Túnez. Solo se veía por las calles a aquellos que asistieron al Foro Social Mundial, y que, aunque hicieron gala de su solidaridad, una vez finalizado el evento no dudaron en abandonar el país.


Lo que más preocupa es la cantidad de jóvenes que habrían ido a luchar a Siria e Iraq en las filas de grupos yihadistas, y que estarían de vuelta para actuar en Túnez, a los que habría que sumar aquellos que se han entrenado en Libia. Mientras que el desempleo sigue aumentando, alcanzando las 650 mil personas, de entre las cuales 245 mil cuentan con títulos universitarios, lo que significa una tasa del 23,7% de desempleados, porcentaje que en el caso de los jóvenes es mucho más alto.


El atentado al museo del Bardo tiene como principal característica el haberse producido en el centro de la ciudad y utilizar a los turistas extranjeros como objetivos de sus ataques. Cuando, por lo general, las acciones se han limitado hasta la fecha a zonas rurales cercanas a las fronteras. Ahora, en cambio pretenden causar daños económicos reales, ahuyentando a los turistas.


Las reacciones en la opinión pública no son unánimes. El ejecutivo propone el endurecimiento de las leyes de seguridad, pero sectores de la oposición —que se han manifestado este domingo— creen que el propio gobierno tiene cierta responsabilidad en los actos terroristas, ya que de él participa el partido islámico, acusado en el pasado de ser muy laxo con movimientos islamistas radicales.


Por otra parte, hay constancia de que el aumento de la represión hacia algunos sectores de la juventud criminalizados por tener vínculos con el terrorismo, solo aumenta la solidaridad hacia dichas acciones. Así como el hecho de que la crisis económica y social —que solo tiende a aumentar con la bajada del turismo— es el escenario favorable para la propagación del reclutamiento de jóvenes por grupos terroristas.


Si hace dos años, en el Foro Social Mundial se vivía todavía un clima de optimismo propiciado por la primavera árabe, esta vez dicho clima ha cambiado, debido como es lógico al atentado terrorista y al temor de que se multipliquen, así como por la crisis social, que tampoco parece que vaya a amainar.


En el décimo Foro Social Mundial hubo una amplia participación de los jóvenes de los países del mundo árabe, sin embargo, no contó con jóvenes de muchos países del África sub-sahariana, probablemente por las dificultades a la hora de obtener recursos para el desplazamiento.


Durante los días en los que tuvo lugar la celebración del Foro, la ciudad universitaria de Túnez reunió a docenas de miles de jóvenes, en torno a cientos de actividades simultáneas en las que predominaron los temas clásicos de los FSM: ecología, género, agricultura, lucha contra todo tipo de discriminación, y esta vez con el añadido especial de asuntos relacionados con la violencia, así como las interrelaciones entre política y religión.


Una vez más se ha vuelto a abrir el debate sobre la necesidad de que los Foros se realicen cada año debido a la rapidez con la que trascurren los acontecimientos en el mundo actual, pero también por el hecho de que los FSM han perdido el pulso a los nuevos movimientos que luchan por crear otro mundo posible —ya sea en América Latina, o en la propia Europa—. En el caso de que se concrete esta decisión, la perspectiva más probable es que la conmemoración de los 15 años trascurridos desde el primer FSM se realice en su sede original —Porto Alegre— en enero de 2016.

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Latinoamérica afronta el reto de ajustar en pleno parón económico

José Ignacio recorre barrios del Gran Buenos Aires (periferia) con su bicicleta para ofrecer detergente y otros productos de limpieza que compra a granel y fracciona en botellas de refrescos de medio litro. También subsiste con algunas tareas de albañil y con las asignaciones estatales que recibe por sus dos hijos, de 65 euros mensuales por cada uno. Teme que en las elecciones presidenciales de Argentina, de octubre próximo, gane algún candidato que quiera eliminar ese subsidio, pese a que todos los candidatos prometen mantenerla. Lo que puede suceder es que se recorte. Por lo menos eso es lo que sugiere el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el informe macroeconómico que difundió este domingo en Busan, Corea del Sur, uno de los países donantes de la entidad y sede de la reunión anual de 2015.


En su informe, el BID prevé un escenario base en el que Latinoamérica crecerá al 2,7% anual entre 2015 y 2017, por debajo del 4,7% del periodo 2003-2008, cuando se apreciaban las materias primas que la región exporta y antes de que la crisis mundial destrozara todos los pronósticos. Esos cálculos se basan en la perspectiva de una recuperación de EE UU, un bajo crecimiento de la Unión Europea y una desaceleración de China. Pero si el escenario internacional empeora, la economía latinoamericana solo crecería un 1% anual durante los dos próximos años. Si al menos EE UU empuja en un contexto negativo para el resto de las regiones, la expansión alcanzaría el 1,3%, según el BID.


"América Latina y el Caribe se enfrentan a varios años de crecimiento relativamente lento y a algún riesgo macroeconómico potencialmente grave", advierte el documento que coordinó el asesor principal de economía del BID, el británico Andrew Powell, considerado un liberal. El reporte advierte sobre el impacto del nuevo contexto en las deudas de las grandes empresas latinoamericanas y, por consiguiente, en sus sistemas bancarios.


"Los menores precios de las materias primas y un mayor gasto inflexible amenazan con erosionar avances", advirtió el economista jefe del BID, el español José Juan Ruiz. "Los países deberán encontrar la forma de incrementar sus ingresos y mejorar la eficiencia del gasto, y a la vez proteger sus logros sociales", añadió.


El informe explica como "la mayoría de las economías de América Latina y el Caribe no se encuentran en posición de pensar en políticas contracíclicas" para contrarrestar la desaceleración económica "y actualmente contemplan cómo reducir los déficit fiscales". Entre las excepciones figuran Perú, Colombia, Chile y Guatemala, según el BID.


El documento dedica uno de sus ochos capítulos a recomendaciones sobre ajustes del gasto social. "En salud, la región se ubica entre 12 y 44 puntos porcentuales por debajo de las naciones más eficientes en generación de una expectativa de vida saludable con los recursos disponibles. En educación, el gasto se elevó desde el 4,2% del PIB al 5,6% del PIB en 13 años, con pocas evidencias de una mayor efectividad", enumera el BID.


El banco también critica las ayudas a los más necesitados pobres como las que recibe el vendedor del Gran Buenos Aires. El BID señala que tendrían que focalizarse solo en las víctimas de la pobreza extrema y que "en varios países el valor de las transferencias han aumentado hasta el 40% del ingreso de los hogares", pero ese nivel "debería ser de una magnitud razonablemente modesta, no superior al 20% o 25%". Tampoco se priva de objetar los "altos costes laborales asociados al salario mínimo", que también mejoró en los últimos años en la región.


A los países con mayor recaudación tributaria, como Brasil y Argentina, el banco les recomienda la eliminación de exenciones impositivas y el recorte de gasto "ineficiente". A los de baja carga fiscal y poco gasto público, como los de América Central, les advierte de que será difícil reducir subvenciones. El BID además advierte sobre el elevado el fraude fiscal en toda la región: "El porcentaje de contribuyentes registrados que no presentan su declaración es de hasta una tercera parte de todos los contribuyentes activos, tanto para el IVA como para el impuesto sobre la renta (personal e impuesto de sociedades) y el porcentaje de contribuyentes que son inspeccionados y auditados son solo una pequeña fracción de los contribuyentes activos".

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El sacrificio de la ética en el altar del poder

Tres décadas y media después de su creación y a doce años de haber alcanzado el poder, el Partido de los Trabajadores (PT) atraviesa una profunda crisis que afecta su propia identidad, toda vez que abandonó principios éticos que pautaron los primeros años de su existencia. El último escándalo de corrupción en torno a la estatal Petrobras, no sólo puede desalojarlo del gobierno sino deslegitimarlo ante sus propias bases.

 

"El proyecto del PT hoy, como el de todos los partidos, es mantenerse en el poder y punto", asegura el sociólogo Francisco de Oliveira (Revista IHU, 1 de abril de 2013). Lo dice quien fue militante en la clandestinidad durante la dictadura y fundador del partido; quien bajo la presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva lo abandonó por izquierda para formar el Partido del Socialismo y la Libertad (PSOL), un intelectual con larga trayectoria política que, desde los primeros pasos del PT en el poder, se esforzó por comprender la inédita experiencia de una fuerza nacida desde la experiencia cotidiana de los trabajadores para ascender en los diversos escalones del aparato estatal hasta coronar la presidencia en 2003. Y volverse, en apenas meses, partido del orden y de los empresarios.


"El poder intriga", escribió Frei Betto en 2006, luego de abandonar su cargo en el gobierno de Lula como asesor especial del presidente y Coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero, "con derecho a gabinete en el Palacio de Planalto y una infraestructura nada despreciable: secretarias, móvil, viajes aéreos, vivienda, coche con conductor, todo pagado por el contribuyente" (Alainet, 14 de marzo de 2006). Sus desencantadas reflexiones en el libro Moca azul parecen premonitorias: "Un militante de izquierda puede perder todo, la libertad, el empleo, la vida. Menos la Moral"*.


Ambos referentes éticos e intelectuales de la izquierda brasileña coincidieron en tomar distancias del PT en el gobierno. De Oliveira dio un portazo a los pocos meses de que Lula se convirtiera en presidente, asegurando que era más privatizador que el neoliberal Fernando Henrique Cardoso, "privatizador en una escala que Brasil nunca conoció". Betto se fue en silencio, pero su libro fue un golpe tremendo al prestigio de Lula y del partido. Ambas denuncias partían del corazón mismo del poder. Sabían de qué hablaban y, de hecho, nunca fueron desmentidos.


Una década después de aquellas deserciones, las cosas no han hecho sino empeorar para el gobierno y el partido. Las grandes movilizaciones del pasado 15 de marzo, siete a diez veces más concurridas de las que convocó el arco oficialista dos días antes, el 13 de marzo, son apenas la parte más visible de un doble deterioro: el PT y el gobierno perdieron tanto la iniciativa política como la legitimidad largamente construida y, peor aún, perdieron la calle, allí donde nació el partido que llevó aire nuevo a la política brasileña.


Aún es pronto para saber si podrá recuperarse. Lo cierto es que sus cuadros e intelectuales no atinan a reconocer lo que está sucediendo. Lanzan pelotazos lo más lejos posible del área propia: acusan a los medios, a la derecha y al imperialismo de todo lo malo que les sucede, pero nada dicen de las decisiones políticas de la presidenta Dilma Rousseff que nombró a un Chicago boy al frente de Economía y a una contumaz representante del agronegocio en Agricultura, por poner apenas dos ejemplos.


La crisis actual tiene antecedentes que deben buscarse en la forma como construyó el PT la gobernabilidad desde 2003, de la mano de Lula, con el visto bueno de la central sindical CUT, de la dirección del partido, incluyendo sus diversas corrientes "críticas", y la casi totalidad de los movimientos sociales. Las voces disidentes, en estos doce años, fueron débiles y se atrincheraron con el gobierno con el argumento de "no hacerle el juego a la derecha", sin percibir que la derecha está, precisamente, en el gobierno.

 

Mensalao después

 

Apenas llegados al gobierno, los cuadros de confianza del PT diseñaron una política de alianzas para conseguir las mayorías parlamentarias necesarias para gobernar y una estrategia de expansión de la economía soldada con las grandes empresas brasileñas. La articulación con una decena larga de partidos requirió paciencia y habilidad política, pero pronto se supo que, para asegurar que los proyectos del Ejecutivo fueran aprobados en el Congreso, se había montado un esquema de pago de mensualidades (mensalão) desviando recursos de empresas estatales.


El escándalo le costó el cargo a José Dirceu, experimentado dirigente petista y hombre de máxima confianza de Lula, además de varios dirigentes del PT y de partidos aliados quienes fueron condenados por la justicia. Pero el episodio de corrupción que involucró a decenas de parlamentarios no tuvo grandes costos políticos, ya que apenas un puñado de militantes abandonó la sigla y la buena situación económica evitó mayor desgaste del oficialismo ante su electorado.


Sin embargo, fue claro para quien quiso ver que la ética había sido relegada en aras de un proyecto de poder. Algo similar sucedió con la alianza tejida por el lulismo con los empresarios. Las informaciones sobre las millonarias donaciones a las campañas electorales de los partidos, incluyendo al PT, no deterioraron la imagen del gobierno ni del partido, que aducía que era el modo como se financiaban todos.


Se trata de un vínculo estructural que hace al meollo de la gobernabilidad brasileña que, por cierto, no fue inventado por el PT, pero que un partido que se proclamó de los trabajadores y de la ética no hizo el menor intento por desmontar. Cuando se destapó el nuevo escándalo, conocido como Petrolão porque el epicentro es la empresa estatal Petrobras, involucrando a dirigentes de varios partidos que sostienen al gobierno, a altos cargos de la empresa y a directivos de las más conocidas constructoras, no fue una sorpresa. Salvo por el monto desviado: la friolera de casi cuatro mil millones de dólares en diez años.


Dos grandes problemas afectan al gobierno del PT. Uno, que no puede achacar la corrupción a nadie más que a sus propios cuadros, ya que la dirección de la estatal estaba en manos de Graças Foster, una tecnócrata de confianza de Rousseff. Ambas debían tener conocimiento de que se estaba desviando dinero, ya que la magnitud de la cifra no permite otra conclusión. Si no sabían, el desgobierno sería más grave aún.


El segundo problema que enfrenta, es que las empresas involucradas juegan un papel destacado en el esquema de gobernabilidad petista y en su engranaje de política exterior. Las constructoras son grandes multinacionales brasileñas definidas como "campeonas nacionales" por Lula, que contaban con generosos créditos del BNDES para lubricar su expansión por el mundo. Esta "alianza estructural" con el agronegocio, las mineras y los sectores estratégicos del empresariado es una de claves de la gobernabilidad del PT.


Por eso Bruno Cava, investigador de la Universidad Nómade, sostiene que el escándalo de corrupción no se debió a desvíos de dineros públicos por personas corruptas. O sea no fue un accidente ni un hecho puntual que pueda resolverse castigando a los implicados, sino que "estructura la propia gobernabilidad, de modo que es difícil decir quién es el corrupto y quién el corruptor: si las constructoras corrompieron al partido y al gobierno, o si el partido y el gobierno corrompieron a las constructoras" (Revista IHU, 23 de marzo de 2015).


Concluye destacando la existencia de redes de poder que abarcan tanto al polo estatal como al privado. Desde que llegó al gobierno, el PT promovió una reorganización del capitalismo brasileño en base al impulso estatal de un puñado de empresas en condiciones de competir en el mundo. Las constructoras formaban parte de ese núcleo.

 

Empresarios amigos

 

Desde 2011 hasta mediados de 2013, el expresidente Lula visitó 30 países, de los cuales 20 están en África y América Latina. Las constructoras pagaron trece de esos viajes, la casi totalidad por Odebrecht, OAS y Camargo Correa (Folha de São Paulo, 22 de marzo de 2013). Un telegrama enviado por la embajada de Brasil en Mozambique, luego de una de las visitas de Lula, destaca el papel del ex presidente como verdadero embajador de las multinacionales. "Al asociar su prestigio a las empresas que operan aquí, el ex-presidente Lula desarrolló, a los ojos de los mozambiqueños, su compromiso con los resultados de la actividad empresarial brasileña", escribió la embajadora Lígia Scherer.


La actuación de Lula no es ilegal. Por el contrario, su actitud está en sintonía con lo que suelen hacer los presidentes y ex presidentes de todo el mundo: trabajar para favorecer a las grandes empresas de sus países, aunque poco tiene que ver con una actitud de izquierda, solidaria con los trabajadores.


La casi totalidad de las obras de infraestructura contempladas en el proyecto Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), en total de más de 500 obras por 100 mil millones de dólares, están siendo construidas por las multinacionales brasileñas. Lo mismo sucede con las represas hidroeléctricas. El estatal BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) es el principal financiador de estas obras, pero lo hace a condición de que el país que recibe el préstamo contrate empresas brasileñas.


El papel del Lula es el de promover a "sus" empresas, contribuyendo a allanar dificultades gracias a su enorme prestigio y a la caja millonaria del BNDES. No ilegal, pero políticamente impresentable para quien tenga pretensiones de considerarse de izquierda.


Cuando hubo conflictos entre las empresas y gobiernos de la región, los dirigentes del PT optaron por las empresas que, entre otras cosas, financian las campañas electorales, de modo muy particular las constructoras. Odebrecht fue expulsada por el gobierno de Rafael Correa en 2008 por las fallas de la represa San Francisco que debió ser paralizada apenas un año después de inaugurada. El gobierno de Lula se empeñó a fondo en la defensa de Odebrecht, una de las principales donantes a las campañas del PT.


Se trata de megaempresas (Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierrez, Gerdau, Votorantim, OAS) que nacieron al amparo del Estado en el periodo del desarrollismo de Getúlio Vargas (1951-1954) y crecieron gracias a la obra pública de la dictadura (1964-1985). Hoy son los principales apoyos empresariales de los gobiernos petistas, construyen las principales obras de infraestructura en Brasil, desde represas como Belo Monte hasta autopistas, ferrocarriles y aeropuertos, pero sobre todo los polémicos estados del Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de Rio en 2016.


Para hacerse una idea del poder de este grupo de empresas, sólo una de ellas, Odebrecht, tiene 160.000 empleados (sólo en Angola emplea 40.000 personas) y factura 55.000 millones de dólares, cifra similar al PIB de Uruguay. Tiene presencia en 17 países, sobre todo en América Latina y África, y el 52% de sus ingresos provienen del exterior, de ahí la necesidad que tienen de apoyo "diplomático".

 

Salvo el poder todo es ilusión

 

Mientras la socialdemocracia europea amarró su destino al Estado del Bienestar, con nudos tan potentes que se hundió con él, los progresismos latinoamericanos que nacieron en pleno etapa neoliberal trenzaron sus destinos con las elites empresariales locales. A diferencia de aquellos, nunca tuvieron la intención de erigirse como conciliadores de los intereses de clases (que implica derechos plenos para los trabajadores) sino que pusieron en pie una variedad de políticas sociales que en ningún caso representan ampliación de derechos, sino traspasos compensatorios que se resumen en integración de los de abajo a través del consumo.


Semejante política sólo pudo contentar a todas las partes en períodos de vacas gordas, o sea mientras duraran los altos precios internacionales de las commodities. En Brasil el empeño en promover los monocultivos de soja, las grandes obras de infraestructura, con algunos excesos como la represa de Belo Monte que ni la dictadura pudo realizar por la tenaz oposición social, y la expansión de la ganadería para exportación, generaron fuertes impactos ambientales que los gobiernos de Lula y Dilma nunca tuvieron en cuenta. Los políticos brasileños, de todos los colores, no se inmutaron siquiera este verano cuando la mega ciudad de São Paulo estuvo a punto de quedarse sin agua potable por la pertinaz, y previsible, sequía.


Pero el embrujo del lulismo se terminó. De la peor manera. En las calles millones de jóvenes mostraron su indignación por la perpetuación de la desigualdad, en el país más desigual del mundo. O povo acordou (El pueblo despertó), fue una de las consignas más gritadas en las 353 ciudades donde hubo manifestaciones en junio de 2013. Literalmente, despertó de un sueño de diez años acunado por los acordes del consumismo que hizo olvidar las necesarias reformas estructurales para superar la desigualdad.


Con ello el sistema político empezó a mostrar sus grietas, (mal) disimuladas por la euforia del coche nuevo, la moto y el plasma. Si ser de izquierda es "luchar por la igualdad social", como recuerda De Oliveira, el PT quedó tan malparado como los partidos de la derecha, en particular la socialdemocracia de Cardoso, su supuesto archienemigo. El modelo del "presidencialismo de coalición" actualizado por Lula y Dilma, se desvaneció en las calles.


"Lo trágico es que cuando una cosa termina no acaba inmediatamente y puede continuar como un zombi, como muerto vivo, y el país quedar paralizado por mucho tiempo", señala el filósofo Vladimir Safatle, quien asegura que el fin del modelo construido en la pos dictadura "se lleva consigo a los actores políticos, intelectuales y formadores de opinión" (bol.com.br, 15 de marzo de 2015). Lo primero es aceptar lo que sucede, el fin de algo. Sin dar ese paso, no se encuentran soluciones.


Pero el PT y sus intelectuales nunca comprendieron lo sucedido en junio de 2013. Hasta ahora resolvieron sus problemas apelando al marketing y a empresas de opinión pública. En lugar de intentar comprender los gritos de la calle, y acompañarlos como indica la ética de izquierda, se replegaron sobre un sistema político deslegitimado, se hicieron aún más conservadores (tanto los cuadros como sus intelectuales), mostraron toda la arrogancia de los que se creen investidos por un destino superior.


Peor aún: arrastraron a una parte significativa de los movimientos hacia un discurso vacío "contra el avance de la derecha". La izquierda es nada sin los movimientos que, para operar como tales, necesitan "liberarse de la dependencia financiera, política y simbólica en relación al gobierno y al PT", como señala Cava. La crisis del PT deja un vacío que, por ahora, lo está ocupando la derecha. Pero la gente del común, la que creó hace tres décadas la CUT, el MST y el propio PT, puede reaccionar y tomar la iniciativa. Sería una barrida fenomenal, en la que caerían no sólo las derechas tradicionales sino también los progresistas.

 

*Editorial Rocco, Rio de Janeiro, 2006, p. 149.

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La crisis de la justicia es una crisis orgánica del sistema oligárquico de dominación política.

La explosión de otra crisis (los antecedentes están referidos al hundimiento de una reforma al sistema judicial en el año 2012 y a los escándalos permanentes en el Consejo de la Judicatura) en el aparato judicial colombiano con el caso del paramagistrado uribista Pretel envuelto con su mujer en una cadena de situaciones de corrupción y despojo de tierras a campesinos de Uraba, no es más que el reflejo de la crisis generalizada del sistema de dominación política de la camarilla oligárquica que controla el Estado colombiano.

La crisis y el colapso de la justicia es similar a la de la salud sitiada por los bandidos, a la de la educación universitaria convertida en el mas ruin de los negocios como lo hemos visto en el caso de la U de San Martin, a la de los militares con los "falsos positivos", a la de la economía con la caída de los precios del petróleo, a la de la corrupción en municipios y departamentos donde hay una cascada de saqueos a los dineros públicos, a la de los partidos políticos, a la del sistema electoral penetrado por la criminalidad, a la de las ciudades arruinadas por el neoliberalismo, a la del campo sitiado por la violencia, a la de los medios de comunicación dominantes plagados de mentiras y promotores de la arremetida propagandística e ideológica, a la de Transmilenio y la movilidad en Bogotá, en fin a la crisis del poder de unas elites contrarias a los intereses de las mayorías nacionales afectadas por la pobreza, la miseria y la negación estructural de los derechos humanos.

Con ese panorama no queda más alternativa que acudir a la caja de herramientas de Gramsci para aclarar con el pensamiento crítico qué es esto, hacia dónde marcha el campo político de la sociedad y cuáles son las salidas apropiadas para formular alternativas democráticas y revolucionarias, en la perspectiva del socialismo y el poder popular.
Antonio Gramsci definió, para situaciones como la que hoy vivimos, el concepto de "crisis orgánica". Se trata de esos momentos históricos en que a las fuerzas dominantes se le fracturan las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre la economía y la política, y no pueden ejercer su dirección del modo habitual.

Pero lejos de simplicidades, planteamos profundizar un poco más en el significado de "la crisis" y para ello conviene que examinemos aquellos textos en los que más directa y explícitamente Gramsci analiza tal situación crítica y problemática y que nos entregan luces para interpretar la coyuntura colombiana.

Gramsci fija en sus reflexiones algunos elementos fundamentales de una teoría de la "crisis orgánica".

Primer elemento. Con el concepto de "crisis" Gramsci identifica una fase histórica compleja, de larga duración y de carácter mundial, y no uno o más acontecimientos que sean las manifestaciones particulares de ella. El concepto de crisis define, en efecto, aquello que habitualmente se denomina "período de transición", es decir un proceso crucial en el cual se manifiestan las contradicciones entre la racionalidad histórico-política dominante y el surgimiento de nuevos sujetos históricos portadores de inéditos comportamientos colectivos, que en nuestro caso son los potentes movimientos sociales, uno de los cuales es la resistencia campesina revolucionaria contra la violencia terrateniente, encarnada en las Farc.

Se trata de un proceso -escribe Gramsci- que tiene muchas manifestaciones y en el cual las causas y los efectos se complican y se superponen. Se puede decir que la crisis como tal no tiene una fecha de comienzo sino sólo de algunas manifestaciones más clamorosas que suelen identificarse con la crisis, errónea y tendenciosamente. Toda la postguerra es crisis, con intentos de obviarla que algunas veces tienen éxito en este u otro país, nada más. Para algunos, y tal vez no erróneamente, la guerra misma es una manifestación de la crisis, incluso la primera manifestación de la crisis.

En primer término debe notarse que la "gran guerra", o sea la primera guerra mundial, dadas sus dimensiones, manifiesta el carácter mundial de la crisis misma. El carácter mundial de la crisis es destacado por Gramsci en aquél paso en que se puede escapar de ella; ilusión que deriva del hecho que no se comprende que el mundo es una unidad, se quiera o no se quiera, y que todos los países permaneciendo en ciertas condiciones estructurales pasarán por alguna "crisis".

El segundo elemento consiste en la identificación de ella como proceso que involucra al conjunto de la vida social, razón por la cual no puede ser reducida a sus aspectos particulares: crisis financiera, crisis de autoridad, crisis comercial, crisis productiva, crisis judicial, etc. Es difícil en los hechos separar la crisis económica de las crisis políticas, ideológicas etc.

Es con el concepto de crisis orgánica que Gramsci define una crisis histórica global. Él contrapone el concepto de crisis orgánica al concepto de crisis coyuntural (como la judicial).

Una crisis coyuntural no es de amplia dimensión histórica, y se presenta como ocasional, inmediata, casi accidental, dice y está determinada por factores "variables y en desarrollo". Una crisis de carácter orgánico, en cambio, afecta a los grandes agrupamientos más allá de las personas inmediatamente responsables y más allá del personal dirigente; en este caso "se verifica una crisis, que a menudo se prolonga por décadas. Esta duración excepcional significa que en la estructura se han revelado (han madurado) contradicciones insanables, aunque las fuerzas políticas que actúan en orden a la conservación y defensa de la misma estructura se esfuerzan por sanar en ciertos límites y superar, con reformas intrascendentes y retoques cosméticos, como los 5 que ahora plantea Santos para la crisis de la justicia.

Las crisis (coyunturales u orgánicas) se manifiestan en el terreno del mercado determinado; Gramsci entiende por mercado determinado, determinada relación de fuerzas sociales en una determinada estructura del aparato de producción, relación garantizada o sea hecha permanente, por una determinada superestructura política, moral jurídica.

Pero, ¿qué es el mercado determinado y por qué cosa está determinado? Está determinado por la estructura fundamental de la sociedad en referencia, y entonces será preciso analizar esta estructura e identificar en ella aquellos elementos (relativamente) constantes que determinan el mercado, etc., y aquellos otros "variables y en desarrollo" que determinan las crisis coyunturales, hasta que también los elementos (relativamente) constantes sean modificados produciéndose la crisis orgánica.

Escribiendo específicamente sobre la "gran crisis", Gramsci señala que cada vez más la vida económica se ha venido concentrando en torno a una serie de grandes producciones masivas, y éstas son las que están en crisis: controlar esta crisis es imposible precisamente por su amplitud y profundidad, que han llegado a tener tales dimensiones que la cantidad se convierte en cualidad, o sea hay crisis orgánica y no sólo coyuntural.

Cuando Gramsci subraya el carácter orgánico de la crisis, toma distancia respecto a la asociación que se hace comúnmente entre el concepto de crisis histórica global y las situaciones de estancación o depresión económica.

Otra cuestión vinculada con la anterior -escribe- es la de ver si las crisis históricas fundamentales estén determinadas inmediatamente por las crisis económicas. Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan acontecimientos fundamentales, que es la tentación de algunos con la crisis económica en curso a raíz de la caída de los precios del petróleo y sus efectos fiscales.

A estas consideraciones hace seguir el ejemplo de la gran crisis de 1789 en Francia: ella se desarrollaba en un período en el que la situación económica era más bien buena inmediatamente, por lo cual no puede decirse que la catástrofe del Estado absoluto se haya debido a una crisis de empobrecimiento. La ruptura del equilibrio de fuerzas no sucede por causas mecánicas inmediatas de empobrecimiento del grupo social que tenía interés en romper el equilibrio y que de hecho lo rompe (la clase burguesa), sino que sucede en el contexto de conflictos superiores al mundo económico inmediato, conectados al "prestigio" de clase (intereses económicos futuros), a una exasperación del sentimiento de independencia, de autonomía y de poder. La cuestión particular del malestar o del bienestar económico como causa de nuevas realidades históricas es un aspecto parcial de la cuestión de las relaciones de fuerzas en sus diferentes grados, nos enfatiza Gramsci.

La crisis orgánica no es, pues, ni una crisis puramente económica ni una crisis específicamente política: ella consiste precisamente en la contradicción entre las relaciones económicas existentes y las relaciones políticas emergentes, entre economía y política, entre "condiciones" e "iniciativas", entre estructura y superestructura.

En estrecha relación con este segundo elemento, se presenta el elemento de la teoría de la crisis orgánica:
"Una de las contradicciones fundamentales es ésta: que mientras la vida económica tiene como premisa necesaria el internacionalismo, o mejor, el cosmopolitismo, la vida estatal se ha desarrollado siempre más en el sentido del "nacionalismo", "de la autosuficiencia", etc. Uno de los rasgos más vistosos de la "actual crisis" es nada más que la exasperación del elemento nacionalista (estatal nacionalista) en la economía: racionamientos, restricciones al comercio de divisas, comercio balanceado entre dos países, etc.

La crisis se presenta en el período en que el capitalismo había formado un mercado de dimensiones mundiales, y por tanto se había creado la posibilidad de que los grupos económicos dominantes en las naciones particulares, obtuvieran ganancias sustrayéndolas a otras naciones capitalistas; en estas condiciones el mercado económico internacional se constituye como el lugar de competencia entre grupos económicos dominantes nacionales. Siendo el mercado una determinada relación de fuerzas sociales en una determinada estructura del aparato de producción, la conformación del mercado mundial significa: a) que las fuerzas sociales comienzan a actuar a escala mundial, en una estructura del aparato de producción que presenta una interdependencia creciente entre las particulares estructuras productivas nacionales; b) que las fuerzas sociales que enfrentándose entre sí constituyen las relaciones de fuerza se torna mucho más complicado por la sustancial multiplicación de los contenedores.

En estas condiciones, los grupos económicos dominantes, respectivamente unificados en los diferentes Estados nacionales, se defienden unos de los otros a través de políticas económicas nacionalistas, proteccionistas.
Me parece -escribe Gramsci- que haciendo un análisis de la crisis se debería comenzar enumerando los impedimentos puestos por las políticas nacionales (o nacionalistas) a la circulación: 1) de las mercancías; 2) de los capitales; 3) de los hombres (trabajadores y fundadores de nuevas industrias y nuevas empresas comerciales). La premisa mayor en esta caso es el nacionalismo, que no consiste tanto en la intención de producir en el propio territorio todo lo que se consume (que significaría que todas las fuerzas son orientadas previéndose un estado de guerra), y que se expresa en el proteccionismo tradicional, sino en el tentativo de establecer las principales corrientes comerciales con determinados países, o porque son aliados (y por tanto se los quiere sostener y formar de una manera más apta para una situación de guerra) o porque se los quiere destruir ya desde antes de la guerra militar (y este nuevo tipo de política económica es el de los "racionamientos", que parte del absurdo de que entre dos países deba haber un balance de intercambios pareja, y no que cada país pueda balancear en paridad sólo comerciando con todos los países indistintamente).

Este nacionalismo de la vida estatal era, pues, resultado directo del internacionalismo de la vida económica (internacionalismo contradictorio y parcial, en cuanto expresión de la ampliación del radio de acción de los grupos económicos que se unifican solamente a nivel nacional). He aquí porqué la primera guerra mundial fue la "primera respuesta de los responsables" de la crisis. Y la segunda guerra mundial mostrará después la insuficiencia de esas respuestas a esta crisis.

La contradicción entre el cosmopolitismo de la vida económica y el nacionalismo de la vida estatal está, pues, en el origen de la guerra, en cuanto las relaciones de fuerza a nivel internacional (entre las clases dominantes unificadas en los Estados nacionales particulares) no encontraban un lugar de confrontación política, es decir un lugar de mediación y de recomposición, como pudiera haber sido una institución estatal supranacional. A falta de una dialéctica política de las relaciones de fuerza internacionales, es el momento militar (de las relaciones de fuerza) el que se impone. En este sentido la guerra constituyó un sustituto de un Estado multinacional, o sea un complejo de actividades prácticas y teóricas militares (que definen la guerra, el Estado como guerra) en lugar de aquel conjunto de actividades prácticas y teóricas políticas que faltan a nivel internacional, que definen el Estado. En este sentido debe entenderse la concepción de la guerra como continuación de la política con otros medios.

Por eso debe reexaminarse la explicación leninista de la guerra, según la cual la guerra es la lucha interimperislista por el dominio de los mercados coloniales, para la subdivisión y nueva repartición de las colonias.

El cuarto elemento de la teoría de la crisis orgánica está implícito en los tres elementos ya expuestos, y consiste en la identificación del origen de la crisis en un cambio global de las relaciones de fuerza entre las clases y entre los Estados.

"La crisis" tiene su origen en relaciones técnicas, o sea en las posiciones de clases correspondientes, o en otros hechos" ¿Legislaciones, subversiones, etc.? Cierto, parece demostrable que la crisis tiene orígenes "técnicos", o sea en las respectivas relaciones de clases, pero en sus inicios, las primeras manifestaciones o previsiones dieron lugar a conflictos de diferentes tipos y a intervenciones legislativas que pusieron en evidencia la crisis misma pero no la determinaron, o sólo le incrementaron algunos factores.

Esta no es la simple reafirmación del criterio teórico-metodológico general según el cual todos los procesos históricos son producidos por y pueden ser explicados como- conflictos entre las clases; ella más bien resumen un análisis histórico específico de la "gran crisis" y de sus manifestaciones particulares. En particular, Gramsci proporciona una explicación original de los fenómenos de la inflación y deflación, de la"perturbación" del equilibrio dinámico entre la cuota consumida y la cuota ahorrada del ingreso nacional y el ritmo de la producción como expresión de cambios en las relaciones de fuerza entre las clases y entre los Estados.

Sobre los fenómenos "monetarios de la crisis": cuando en un Estado la moneda cambia (inflación o deflación) se produce una nueva estratificación de clases en el mismo país; pero cuando cambia una moneda internacional (ejemplo la esterlina y, menos, el dólar, etc.) ocurre una nueva jerarquía entre los Estados, lo que es más complejo y lleva a reducciones en el comercio, y a menudo a guerras, es decir, hay un paso "gratuito" de mercaderías y servicios de un país a otro, y no solamente de una clase a otra de la población. La estabilidad de las monedas es una reivindicación, en lo interno, de algunas clases, y en lo externo (para las monedas internacionales en las que se han tomado compromisos) de todos los comerciantes; pero ¿por qué ellas varían? Las razones son muchas, ciertamente: 1. porque el Estado gasta demasiado, o sea no quiere hacer pagar sus gastos a ciertas clases directamente, sino indirectamente a otras y, si le es posible, a países extranjeros; 2. porque no se quiere disminuir un costo "directamente (ejemplo el salario) sino sólo indirectamente y en un tiempo prolongado, evitando conflictos peligrosos, etc. En todo caso, también los efectos monetarios son debidos a la oposición entre los grupos sociales, que es preciso entender no siempre al interior del mismo país en que sucede sino en relación con un país antagonista.

Sobre el problema del desequilibrio entre el consumo, el ahorro y la producción en la "gran crisis", Gramsci comprende además que, en sus raíces, más que de un desequilibrio en las relaciones entre salarios y ganancias se trata del hecho que ha ocurrido en la distribución del ingreso nacional a través del comercio y de la bolsa especialmente, que se ha introducido en la postguerra (o ha aumentado en comparación con el período precedente) una categoría de exactores/depredadores que no representa ninguna función productiva necesaria e indispensable, mientras absorbe una cuota imponente del ingreso.

Se trata, pues, de la formación (o de la ampliación más allá de ciertos límites) de un grupo social "parasitario", que implica la estructuración de una composición demográfica irracional. Surge una crisis cuando crecen las fuerzas del consumo en comparación con las de la producción; pero no se trata solamente de una cuestión cuantitativa.

La crisis existe cuando una función intrínsecamente parasitaria (de la clase política, burocrática y militar) se demuestra necesaria dadas las condiciones existentes: ello hace que tal parasitismo sea aún más grave. Precisamente cuando un parasitismo es "necesario" el sistema que crea tal necesidad está condenado en sí mismo.

En nuestro caso bien podemos estar hablando del parasitismo de la clase política/judicial/militar que despoja a su antojo todo el excedente controlado por el Estado y su gobierno, con Santos a la cabeza.

Estos procesos no dependen naturalmente del desenvolvimiento de los mecanismos económicos, sino que son el resultado de proyectos políticos que tienen en su base el problema de las relaciones de fuerza entre las clases.

Aún más:

Que no se quiera (o no se pueda) cambiar las relaciones internas (y tampoco rectificarlas racionalmente) aparece en la política de la deuda pública, que aumenta continuamente el peso de la pasividad demográfica, precisamente cuando la parte activa nacional, aumentan los parásitos, el ahorro se restringe y es desinvertido del proceso productivo y desviado hacia el ingreso público, o sea, convertido en la causa de un nuevo parasitismo absoluto y relativo.

El quinto elemento de la teoría de la crisis orgánica consiste en la identificación de la ruptura de los automatismos dados y en el surgimiento de nuevos comportamientos colectivos, los cuales sin embargo no alcanzan a expandirse hasta el punto de sustituir a los precedentes. Esta es una situación de contraste entre "representantes y representados", cuyo contenido es la crisis de hegemonía de la clase dirigente, que sucede o porque la clase dirigente ha fallado en alguna gran empresa suya para la cual haya exigido o impuesto por la fuerza el consenso de las grandes masas (como la guerra), o porque vastas masas (especialmente de campesinos y de pequeño burgueses intelectuales) han pasado de golpe de la pasividad política a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su conjunto inorgánico constituyen una revolución. Se habla de "crisis de autoridad" y ella es precisamente una crisis de hegemonía o una crisis del Estado en su conjunto.

Es una crisis del Estado en su conjunto, en el que la clase dirigente ve puesta en tela de juicio su "autoridad" sea por un fracaso propio en una empresa política de envergadura, sea por la movilización activa y consciente de amplias capas sociales antes inactivas.

Estas crisis de hegemonía son una lucha entre "dos conformismos". Los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que se les hunde el terreno bajo los pies, se dan cuenta de que sus "prédicas" se han convertido precisamente en "prédicas", es decir, en algo ajeno a la realidad, en pura forma sin contenido, en larva sin espíritu; de aquí su desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras: la forma particular de civilización, de cultura, de moralidad que ellos han representado, se descompone y por esto proclaman la muerte de toda civilización, de toda cultura, de toda moralidad y piden al Estado que adopte medidas represivas, y se constituyen en un grupo de resistencia apartado del proceso histórico real, aumentando de este modo la duración de la crisis, porque el ocaso de un modo de vivir y de pensar no puede producirse sin crisis.

Este es el elemento decisivo de la teoría gramsciana de la crisis orgánica. El que permite identificar el rol de la crisis económica al interior de la crisis orgánica: Se puede excluir que, por sí mismas, las crisis económicas inmediatas produzcan acontecimientos fundamentales; solamente pueden crear un terreno más favorable para la difusión de ciertos modos de pensar, de plantear y de resolver las cuestiones que implican todo el desarrollo posterior de la vida estatal.

Una crisis económica consiste en efecto, en un desequilibrio en las relaciones de fuerzas del mercado determinado tal que debilita los automatismos dominantes en los comportamientos colectivos, es decir, tal que hace surgir comportamientos deteriorados, anómalos (especulaciones, acaparamientos, atesoramientos, etc.). Estos comportamientos son de naturaleza regresiva; sin embargo, el debilitamiento de los "automatismos dados" es aquello que hace posible que nuevos comportamientos colectivos se elaboren y difundan, es decir, que frente a los nuevos problemas maduren nuevas respuestas teóricas y prácticas al interior de ciertos grupos y organicen su actividad.

Más en concreto, se trata de procesos de movilización y de activación política de determinadas clases, las cuales pasan de la pasividad a la actividad, del consenso pasivo a la autonomía política, de la fase económico-corporativa a la organización en partidos, y que en fin, se ponen el objetivo de la "conquista" del Estado con el fin de que los nuevos comportamientos de los que son portadores se generalicen en toda la sociedad.

En suma.

La crisis orgánica está, pues, en el hecho de que determinadas clases no se reconocen más en la vida estatal, se separan de los grupos dirigentes dados, pero al mismo tiempo todavía no logran imponerse como nuevas clases hegemónicas. Es el sacudimiento del "bloque histórico" completo, la crisis que abarca tanto la pérdida de hegemonía como de la posibilidad de los dominantes de hacer avanzar la economía, afectando a la estructura y a la hegemonía creada.
En palabras de Gramsci, si la clase dominante ha perdido el consenso, entonces no es más "dirigente", sino únicamente dominante, detentadora de la pura fuerza coercitiva, lo que significa que las clases dominadas se han separado de las ideologías tradicionales, no creen más en lo que creían antes. La crisis consiste justamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer, y en este terreno se verifican los fenómenos morbosos más diversos.

Se trata, en la crisis orgánica de la dominación oligárquica, de una disgregación del bloque histórico, en el sentido de que los intelectuales que están encargados de hacer funcionar el nexo estructura-superestructura, se separan de la clase a la que estaban orgánicamente unidos y no permiten que ejerza ya su función hegemónica sobre el conjunto de la sociedad. «La clase dominante ha perdido el consenso.» Es decir, que ya no es dirigente sino únicamente dominante, detentadora de una fuerza coercitiva pura.

La crisis orgánica de una clase o grupo social sobreviene en la medida que ésta ha desarrollado todas las formas de vida implícitas en sus relaciones sociales, pero, gracias a la sociedad política y a sus formas de coerción, la clase dominante mantiene artificialmente su dominación e impide que la remplace el nuevo grupo de tendencia dominante.

Una tal crisis orgánica bien puede estar provocada por las grandes masas de la población que, pasan súbitamente, de la inactividad política a una cierta actividad y plantean reivindicaciones que en su propio complejo inorgánico constituyen una revolución. La crisis orgánica que se manifiesta como desaparición del consenso que las clases subalternas acuerdan a la ideología dominante, no pueden culminar con la aparición de un nuevo bloque histórico, sino en la medida que la clase dominada fundamentalmente, sepa construir, por la mediación orgánica de sus intelectuales, un nuevo sistema hegemónico dominante capaz de oponerse al anterior y eficaz para extenderse por todo el ámbito social. Es decir, capaz de conquistar la sociedad civil como preludio a la conquista de la sociedad política.

Hoy lo que tenemos en Colombia es la fuerte sensación social de caducidad de las viejas instituciones en que se asienta el control político, representadas particularmente en el anacrónico y anquilosado poder judicial, el desprestigiado poder legislativo, el corrupto poder ejecutivo y el degenerado poder militar sin que se salven otros estamentos como la policía, los políticos tradicionales y las burocracias sindicales. Por supuesto no sólo son objeto de la protesta popular los sectores de la superestructura política: lo son también entre otros, y esto es nuevo, los bancos, las empresas privadas, el FMI y sus recetas neoliberales, la OCDE, lo que da a la revuelta popular un claro sabor anticapitalista.

Las viejas y acartonadas instituciones de la representación política funcionales al dominio oligárquico, al menos tal cual están concebidas hasta ahora, no resisten la prueba de los hechos y son sobrepasadas por un pueblo y una opinión que ya no quiere delegar y que proyecta organizarse con fuertes dosis de autonomía y de rechazo a los poderes constituidos.


Son circunstancias en que el bloque ideológico dominante tiende a disgregarse y a perder su capacidad de impulsar el sistema hacia adelante, pero cuenta aún con fuerzas que pueden moderar la crisis e impedir un desenlace revolucionario.

Por eso es necesario definir con claridad la correlación de fuerzas y entender que el sistema de dominación no se constituye desde la fachada de la Casa de Nariño hacia adentro, sino que se conforma como un entramado de fuerzas que están detrás del poder y que se reagrupan cuando el "gobierno democráticamente electo" pierde el consenso y se resquebraja y las masas comienzan a ganar el campo político.

Es entonces cuando aparecen las concertaciones, esos reagrupamientos que se verifican con las cumbres de poderes en Palacio integrando el gabinete, la Iglesia, los sindicalistas, construyendo un mentiroso "diálogo de unidad nacional" del que participan secretamente el FMI, el Banco Mundial, la UE, la OCDE y la Embajada de los EE.UU. Y cuando las fuerzas políticas del sistema abandonan sus diferencias secundarias y se organizan a la vista de todos como "partido único del sistema" en el que se revuelcan la U, los liberales, conservadores y sindicalistas amarillos.

Un nuevo sujeto popular.

Pero también es imprescindible anotar con letras mayúsculas, porque es el fenómeno más trascendente, que el rasgo principal de la situación es que el sujeto popular masivo que gana las calles y el espacio público, deja de aceptar la dirección de los maquinarias politiqueras que hasta ayer no más lo representaban.

Una de las características de la crisis orgánica es que la burocracia dirigente ha terminado por separarse de la masa, los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan como empresa electoral, con aquellos determinados hombres que los constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión propia de su clase ni de una fracción de ella, dice Gramsci, concluyendo que el partido termina por convertirse en anacrónico y en los momentos de crisis aguda desaparece su contenido social y queda como en las nubes.

En la crisis orgánica, el sistema refuerza la presencia de los factores del Estado que no se especializan precisamente en las arquitecturas del consenso o en el ejercicio cuidadoso de la hegemonía cultural, sino en los instrumentos de ejercicio de la coerción y corrupción, para lo cual tiende a territorializar las fuerzas militares, a militarizar las policías y fuerzas de seguridad y a combinar sus acciones con las fuerzas represivas del poder global, como las que giran ahora alrededor de las bases yanquis en nuestro territorio y otras iniciativas militaristas.

La crisis no es, y la realidad colombiana así lo confirma, algo surgido de la noche a la mañana. Se abona de un racimo de elementos de deterioro de la dominación oligárquica en el tiempo y en un reguero de luchas populares que adquieren diversas formas y responden a diferentes segmentos del sujeto popular, pero que se van complementando entre sí.
Hay una fuerte recuperación de elementos de conciencia colectiva que se encontraban deteriorados por años de ofensiva neoliberal.

En las actuales circunstancias, la función histórica de las izquierdas, más que autoproclamarse vanguardias, es propender a fortalecer los elementos de autonomía y de ciudadanía de las masas y la constitución de factores de poder popular asentados en el protagonismo del nuevo sujeto popular.

Hay que considerar que en las crisis orgánicas los sectores dominantes no se paralizan, sino que buscan aprovechar la revuelta inorgánica para producir movimientos reaccionarios de derecha buscando el aplastamiento de las movilizaciones y el retorno a la pasividad política.

Por ello se torna decisivo proponer en las asambleas y movilizaciones populares y en cada circunstancia, ahora que el momento es propicio, la construcción de una contra hegemonía, de un contrapoder, de un nuevo sistema de instituciones que consoliden la direccionalidad de las fuerzas antagónicas a las de la dominación.

Si bien es necesario actuar con rapidez y responder uno a uno a los acontecimientos, debe preverse también que la crisis, que está abierta, tenga una duración prolongada como producto de los esfuerzos del bloque dominante por sostener el régimen.

Por lo tanto será crucial el aspecto de la organización popular y su capacidad para que la diversidad prevaleciente pueda manifestarse de manera unificada en las luchas por un período extenso para dar un cauce positivo a la espontaneidad y acumular fuerzas. Junto, pues, a los esfuerzos apuntados a la constitución del sujeto en un nuevo sistema hegemónico serán decisivas las tareas de reforzamiento de las fuerzas definidamente revolucionarias.

El elemento decisivo de toda situación -y volvemos a Gramsci- es la fuerza permanentemente organizada y predispuesta desde largo tiempo que se puede hacer avanzar cuando se juzga que una situación es favorable ( y es favorable sólo en la medida que una fuerza tal existe y está impregnada de ardor combativo).

En ese sentido, la iniciativa planteada desde La Habana por la delegación de las Farc de convocar una Asamblea Constituyente soberana por la paz es un elemento que puede unificar todos los sectores populares en la idea de un cambio radical del Estado y el régimen social y político en la perspectiva de una democracia ampliada y con justicia social.

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Venezuela hoy: la maldición del 'rentismo'

Ya durante los primeros momentos de estancia en el país, se muestra toda la magnitud de la crisis venezolana: quien no quiere cambiar dinero ilegalmente con los taxistas y acude a una oficina de cambio estatal, se enfrenta a una situación a lo Monty Python. Tres personas empleadas están sentadas tras un cristal blindado y esperan a que termine su turno. Se trata sólo de 20 dólares, pero desde que el Gobierno bolivariano está intentando luchar contra la especulación financiera y la fuga de capitales mediante restricciones en el cambio de divisas, los negocios cambiarios en Venezuela están fuertemente regulados. El cambio sólo se puede realizar previa presentación de un documento de identidad.


Es patente que la empleada más joven, que recibe el pasaporte, no ha realizado este trabajo a menudo. Puede que incluso pretenda darle a uno la posibilidad de pensárselo mejor. 15 minutos de reloj tarda en introducir el nombre y el número de pasaporte en el sistema. Entonces expende por fin la divisa estatal: unos 12 bolívares, tras la deducción de la comisión y las tasas –lo justo para tomarse dos minúsculos cafés con leche en vaso de plástico–.


En esta instantánea se condensan los problemas de Venezuela. La cotización oficial del dólar está en 6,3 bolívares, sin embargo en el mercado negro se pagan 175, y además hay dos cotizaciones de cambio oficiales: una de 1:12, la otra de 1:50. Como los precios de los bienes de consumo se orientan por la cotización en el mercado negro, el sueldo mensual de un asalariado medio se ha hundido hasta los 50-60 dólares. Es cierto que el Estado ha proporcionado a millones de venezolanas y venezolanos pan y sueldo, pero se ha vuelto todavía más ineficaz. La Administración pública funciona, en general, aún peor que la oficina de cambio. La causa de ello es también que la mayoría de la población venezolana no vive de su trabajo, sino de negocios paralelos: el comercio de divisas, la especulación o la venta de artículos que están sometidos a la regulación de precios y por ello son escasos –entre ellos, muchos productos de uso cotidiano como el agua potable, el papel higiénico o el jabón–. Sin olvidar que los alquileres también se han disparado. Los sectores de clase media que poseen viviendas mantienen su poder adquisitivo al elevar los precios de los alquileres. La crisis venezolana es omnipresente.


Sin embargo, es falso en Venezuela no haya cambiado nada para mejor. En Caracas se ven con claridad las diferencias con otras grandes ciudades latinoamericanas, así como con las metrópolis de Estados industrializados. No hay apenas mendicidad callejera, al contrario que en Bogotá, Berlín o Nueva York. Los barrios del centro han sido saneados sin que se haya desplazado a la población.


Precisamente los caraqueños más empobrecidos son los que usan los nuevos cines estatales y de las instituciones culturales en el centro. La zona peatonal está llena de trabajadoras y trabajadores haciendo compras, y el transporte público de corta distancia se ha ampliado mucho. Nuevas líneas de autobús y tren unen Caracas con los suburbios, los barrios pobres situados en las laderas han sido conectados mediante funiculares a la red de transportes. Cierto es que el metro está crónicamente atestado durante todo el día, sin embargo, es prácticamente gratuito.


Pagar soborno

En los grandes medios rara vez se habla de ello, pero de hecho la política social de Venezuela es modélica en muchos aspectos. En una sociedad donde en los 90 tres tercios de la población trabajaba y vivía en unas condiciones de extrema precariedad, el Estado garantiza hoy en día el suministro básico. Los productos de alimentación se venden a precios extremadamente bajos en los supermercados o a través de los camiones de los programas de alimentación estatales. Se han construido y proporcionado 600.000 viviendas sociales. E incluso, aunque la prestación de servicios sanitarios en los hospitales públicos esté marcada por la escasez, la prestación básica en los barrios pobres funciona de forma impecable. El problema de Venezuela es otro: aunque en el plano de la política social se haya hecho mucho, la estructura económica sigue siendo en gran parte la antigua.


"Sencillamente, no se produce". Alberto Torres, nacido en España, pero nacionalizado ya desde los 90, es un revolucionario de la vieja guardia. Desde hace 15 años trabaja en el Ministerio del Poder Popular para la Agricultura y Tierras, donde dirige el desarrollo de los sindicatos y desde el que ha intentado estimular la producción local de alimentos. Tras más de una década de política de izquierdas, su balance es decepcionante.


"Llevamos 12 meses intentando construir una huerta de hortalizas fuera de Caracas. Hemos importado los invernaderos, el Ministerio ha contratado a 50 trabajadores". Torres, de 55 años, no puede evitar reírse cuando cuenta la historia. "Las instalaciones se han quedado paradas un año en la aduana. Hemos pagado a los trabajadores por no hacer nada. Ellos por lo demás tampoco tenían ninguna gana de trabajar... La aduana no ha soltado las instalaciones, ¡y eso que era un proyecto estatal! Si hubiéramos sido una empresa privada, habríamos recibido los invernaderos de inmediato. Sencillamente habríamos pagado un soborno. Pero así no hubo nada que hacer".El Gobierno venezolano argumenta que tales incidentes se deben al sabotaje y las conspiraciones.


Pero Torres no da crédito a esa explicación: "Por supuesto que hay algo así como una guerra económica y EE UU quiere derrocar al Gobierno por todos los medios. Pero las razones principales de la crisis son otras. Que tantos productos básicos, los que están sometidos al control de precios, no estén disponibles en los supermercados, tiene una razón muy simple: con ellos se puede hacer mucho dinero en el mercado negro. La relación con el contrabando es, según él, aún más clara. "En las regiones fronterizas con Colombia están todos metidos: los de derechas, los chavistas, los guerrilleros colombianos, los cárteles de droga, campesinos normales: todos. Por la sencilla razón de que los márgenes de ganancia son inimaginablemente altos. Un litro de gasolina cuesta en Colombia 200 veces más que en Venezuela".


Sin embargo, Torres no responsabiliza de la situación principalmente a Maduro, cuyo índice de popularidad en las encuestas se ha hundido hasta un dramático 22%. El problema tiene que ver con la estructura económica del Estado petrolero, según Torres. "100 años de petrodólares han habituado a los venezolanos y las venezolanas a que se vive mejor trepando a un puesto en el Estado o importando productos de consumo que trabajando de forma productiva... Que la aduana no haya devuelto las instalaciones para los invernaderos es muestra de ello. A la gente simplemente le da igual".


Problemas agravados


Ciertamente los problemas estructurales de la economía venezolana se han agudizado aún más bajo el chavismo. 15 años de revolución han democratizado el 'rentismo', es decir, la economía de materias primas, improductiva y orientada al consumo. Y aunque también durante la última década se han producido manejos corruptos que han proporcionado sumas de miles de millones a empresas privadas, es cierto que en general los ingresos se han repartido mejor. Eso fue posible no sólo gracias a la creación de puestos de trabajo, sino también al establecimiento de bancos estatales, más generosos que los bancos privados en la concesión de créditos y límites de descubierto.


La inflación elevada, que hoy en día asciende a entre un 40 y un 70%, no es en este contexto simplemente el resultado de una política económica fallida, sino también de una mejor distribución de la riqueza. Los precios ascienden meteóricamente porque hay más gente que quiere participar del consumo. El problema es, sin embargo, que este modelo no sobrevivirá al 2015. El precio del petróleo ha caído de 140 dólares por barril en 2008 a menos de 50 dólares por el fracking, pero también debido a las operaciones militares de EE UU en Iraq y Libia, que han destruido la OPEP como cártel de precios.


El Gobierno de Maduro debe emprender un cambio radical de rumbo y abandonar el 'rentismo'. No obstante, el problema es que para ello debería aplicar políticas como la eliminación de las subvenciones al combustible o la devaluación del bolívar, que en el país son vistas como la quintaesencia de la política neoliberal.


Y no obstante Elías Jaua, el ministro para el Poder Popular de la Comunas y los Movimientos Sociales y el hombre más importante en la dirección del Estado junto con Maduro y el general Diosdado Cabello, mencionó claramente el reto en un escrito a mediados de enero: "El rentismo conlleva no sólo una dependencia del petróleo según su precio en el mercado mundial, sino también una cultura en la cual se lucha incesantemente en torno a la renta petrolífera. Y eso lleva a su vez a una cultura de la especulación que se está extendiendo como veneno en el sistema capitalista de Venezuela".


Jaua y seguramente también el mismo presidente Maduro se imaginan claramente en qué dirección habría que ir. Con apoyo del Ministerio de las Comunas dirigido por Jaua también han surgido en los últimos años impresionantes proyectos de autoayuda. Los habitantes de barrios pobres han realizado cientos de proyectos autogestionados de construcción de viviendas por todo el país. Parte de los nuevos asentamientos están situados en las mejores zonas residenciales de Caracas: en descampados ocupados ilegalmente, los movimientos barriales han construido nuevos bloques de viviendas para hasta 1.000 habitantes. Lo más llamativo de ello es que las y los habitantes han planificado y construido sus proyectos de forma autónoma. El papel del Estado se ha limitado a proporcionar dinero para los materiales de construcción. De este modo, se ha construido a precios claramente más económicos de lo habitual en las viviendas estatales y, sobre todo, han surgido auténticas estructuras comunitarias: ese "poder popular" del que tanto se habla en el país.


A tales formas de autorresponsabilidad democrática y solidaria debería llegar Venezuela si quisiera escapar del círculo vicioso de riqueza petrolífera, corrupción, ineficiencia y dependencia del mercado mundial. "Si no queremos caer de nuevo en la pesadilla neoliberal de la que despertamos en 1998, tenemos que corregir nuestro rumbo", escribe el ministro Elías Jaua, "pero no sólo el Gobierno bolivariano, sino la sociedad entera". Sin embargo, está por ver si ese cambio político aún es posible.
El aparato chavista está completamente desacreditado a ojos de la población y la oposición derechista, que ya a principios de 2014 demostró que no le espantan las confrontaciones similares a una guerra civil, ya está en la parrilla de salida. El dirigente opositor Capriles ha convocado protestas, y los ultraderechistas de Colombia y EE UU siguen apostando por un derrocamiento violento del chavismo. Una situación prácticamente sin salida para el primer proyecto antineoliberal del segundo milenio.

Bonos basura


La situación económica de Venezuela se ha agudizado dramáticamente en los últimos meses. Diversas agencias de calificación financiera han rebajado los bonos de deuda estatal venezolanos a la categoría de bonos basura y grandes fondos de inversión están especulando sobre la insolvencia del país sudamericano.


En el mercado negro se ha duplicado el valor del dólar en 6 semanas, el déficit presupuestario es extremadamente alto, con una estimación de un 15-18%. Venezuela intenta salvarse, y no como última opción, mediante una alianza más fuerte con China. Como Argentina, que pudo superar su insolvencia el pasado verano con relativa facilidad suministrando capital fresco a China, el Gobierno de Maduro intenta también escapar a la presión de los mercados financieros y del FMI a través de una mayor orientación hacia Asia oriental. Por ello firmó el Gobierno a principios de enero en Caracas nuevos contratos de cooperación por valor de 20.000 millones de dólares estadounidenses.


Sin embargo estos acuerdos, con los que China se asegura a largo plazo el acceso al petróleo venezolano, no bastarán para superar la crisis. Desde hace meses los economistas chavistas apremian al Gobierno para que suprima la adjudicación estatal de divisas, que sobre todo fomenta la especulación y la corrupción, así como las populares pero absurdas subvenciones al combustible. El presidente Maduro, sin embargo, retrasa una y otra vez estas medidas por miedo a las protestas sociales y a la oposición de las élites del aparato estatal.

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Martes, 24 Marzo 2015 15:06

Petróleo: una crisis sospechosa

Petróleo: una crisis sospechosa

La actual situación petrolera mundial y colombiana, ha puesto en jaque al sentido común y al buen sentido, pues ¿a quién no le gusta la abundancia?, o, ¿los bajos precios?, sobre todo, ¿si se trata de una mercancía tan significativa para la vida de todos los que vivimos en la actualidad en este planeta, como lo es el petróleo?

Se supone, que logros como esos son la clave del éxito de una buena razón práctica y teórica económica. Además, ¿acaso la utopía no es vivir lo mejor posible, con el menor esfuerzo?, es decir, obtener más con menos, un principio que rige al mismo universo, y, ¿razón del mismo reto del pensamiento económico? De ahí que llame la atención que se haya armado tanto alboroto en los diversos medios, incluso calificando de crisis, tanta dicha. ¿O no?.

En ese sentido la baja de los precios del petróleo se debía traducir para los colombianos en la disminución en los precios de los combustibles y, en consecuencia, de otros productos como los alimentos, que redundaría en la baja inflación y en el rendimiento de nuestros ingresos. Pero, ¿qué pasa? ¡Nada pasa!, pues los precios de los combustibles no bajan sino que tienden al alza al igual que los impuestos con la nueva reforma tributaria. ¿Cómo entender ese embrollo?

El punto es que en ese sentido hablar de crisis nos resulta sospechoso, y es alrededor de esa sospecha que queremos referirnos.

¿Qué pasa?

El estado de la cuestión emerge en el mes de julio de 2014 cuando el precio del petróleo en el mundo sigue el siguiente comportamiento:
Esa caída en menos de cinco meses de US$ 55.07 por barril, propaga un estado de incertidumbre e incredulidad entre doctos y legos.

La explicación inmediata difundida por todos los medios refieren la situación como debida a la producción de petróleo y gas de esquisto, llamado fracking (hydrofracking en inglés) o shale gas, liderada por los Estados Unidos, cuyos siete principales yacimientos alcanzaban los 5.13 millones de barriles por día en el mes de noviembre1, y que hace suponer que este país esté a punto de alcanzar la autosuficiencia en materia petrolera: "La AIE (Agencia Internacional de Energía) dijo que veía una caída continua de las importaciones estadounidenses de crudo y que Norteamérica se convertiría en exportador neto de petróleo alrededor del 2030 y lograría la autosuficiencia energética al 2035"2.

Cabe señalar que este tipo de producción de petróleo forma parte, junto con la producción de petróleo de aguas profundas (off shore) y de petróleo de arenas bituminosas, de las tres nuevas formas de producción de hidrocarburos, iniciadas en el año 2000, denominados hidrocarburos no convencionales. Estos hidrocarburos son diferentes del gas y el crudo pesado que se empezaron a producir en la década de los ochenta, y de los crudos convencionales que habían dominado la producción desde el origen de la industria petrolera en el siglo XIX hasta la década de los setenta del siglo XX. Se considera que este tipo de hidrocarburos representan en la actualidad el 70% de las reservas mundiales, frente al 30% de las convencionales, como se ilustra en la siguiente gráfica.

Las reservas de esquisto se concentran en: Rusia (75%). EU (58%), China (32%), Argentina (27%) y Libia (8.2%). Las de arenas bituminosas en dos países: Canadá y Venezuela y las de aguas profundas en Brasil (Presal), el Báltico, Golfo de México y África. Sus costos de producción pueden oscilar entre los US$40/barril a US$70/barril. (Independencia energética Argentina, 2014), y su explotación implica altos costos ambientales y sanitarios3/4. De los tres, es el sistema fracking el que reviste más significación en la coyuntura debido al aumento alcanzado por los EU.

Su auge, alcanzado en el 2014, se inicia en julio de 2008 cuando el petróleo logra un precio de US$ 145 barril, y Estados Unidos y el mundo se encuentran en plena crisis financiera. Ese precio es el que dispara el fracking norteamericano y le permite pasar de producir 4 millones diarios de barriles de petróleo a 9 millones, ídem a Arabia que produce 10 millones y Rusia 9 millones, los mayores productores en el mundo. Crecimiento logrado gracias a la concesión de crédito otorgado a las exploradoras de petróleo, vía emisión de miles de millones de bonos basura, especulativos y/o de alto riesgo, del sector energético de Estados Unidos, cuya deuda en el sector energético alcanza el 16% del mercado de este tipo. De ahí que la baja en los precios del petróleo se dé al unísono con el desplome de esos bonos, arrastrando, "[...] la caída en dominó de las empresas de fracking y, provocando un nuevo impacto en todo el sistema financiero"5.

 

 

La situación revela varias cosas. De una parte, que el mundo tiene garantizado la oferta de petróleo por lo menos por los siguientes cincuenta años. De otra parte, que los precios tienen ahora una marca de referencia que oscila entre los US$ 60 y US$ 70 dólares, incluso con la posibilidad de ir a la baja, por eso de la guerra de precios por parte de los grandes productores de la Opep. Tercera, da pie para un repunte en la reactivación de la economía norteamericana, pues todo indica que los Estados Unidos han culminado 2014 con un crecimiento interanual de 5 por ciento del PIB, considerando entidades como el Banco Mundial, el FMI y la Ocde y los semanarios económicos y de negocios: The Economist y Business Week, que serán el principal motor del crecimiento económico mundial en el 20156.

Bajo esa condición puede pensarse que para un país como Colombia, cuya suerte económica y política depende del crecimiento de los EU, el futuro le resulta promisorio; lo que parece ir en contravía de los voceros económicos y políticos del país, que expresan lo contrario. ¿Quién los entiende?

Colombia: ¿Crisis para quién?

El impacto de la baja de precios del petróleo en la economía petrolera colombiana se reflejó de inmediato en el comportamiento de la acción de Ecopetrol, que el 22 de agosto de 2012 logró un precio de $5.380, con ganancias exorbitantes –318 por ciento– para sus accionistas, para iniciar su declive el 30 de octubre de 2014 al marcar un valor de $2.820 y caer en picada el 15 de diciembre de 2014 al precio de $1.850, una diferencia de solo $160 respecto al precio inicial del 2007 de $1.700.

Eso implicó que la segunda emisión llevada a cabo en el mes de agosto de 2011, al precio de $3.700, represente para sus compradores la estruendosa pérdida del 204 por ciento, cundiendo la desconfianza y dudas entre los inversores, sobre la empresa más grande del país, entre ellos el Estado, su mayor accionista.

Un Estado, cuyas finanzas públicas dependen en buena parte de la fortuna minera y la suerte de Ecopetrol S.A, y cuyo impacto y destino, aún es difícil de evaluar y predecir, pues los bajos precios le genera un vacío en los ingresos en todos los niveles, al representar el petróleo y sus derivados el 55 por ciento de las exportaciones colombianas, y cuya caída en un -2,5, como ha venido sucediendo desde el mes de agosto, reduce de forma inmediata el ingreso de divisas, genera un castigo en el peso al apreciarse el dólar y en consecuencia conlleva el aumento de la deuda externa y, que al arrastrar el alza de la tasas de interés, hace caer la inversión y el empleo, y hace más costosas las importaciones, debilitando la demanda interna.

 

 

 

 

Las finanzas públicas, al dejar de apalancar el 22 por ciento del fisco del Estado con el que se financia el presupuesto, le representa una pérdida de $400.000 millones, que en el 2015 sólo recibirá dividendos de Ecopetrol por $8,4 billones suma inferior en 2,3 billones respecto a lo que recibiera en el 20147. Afirma el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, que el déficit fiscal colombiano actual "[...] es cercano a los $9 billones, de los cuales $4,5 billones se solventaron con la reforma tributaria de diciembre pasado, y los otros $4,5 van a ser cubiertos con más deuda. Es decir, el Gobierno tendrá un déficit más alto, pues pasará de tener uno de 2,3% del PIB, a algo así como 2,8%"8; cuya repercusión en el rubro de las regalías pone necesariamente en dificultades a todas las unidades político-administrativas y demás entidades públicas dependientes de estos recursos.

La misma Ecopetrol S.A., se ve afectada con la disminución en sus inversiones, que posiblemente se repita en los siguientes años por las restricciones operativas, como que su plan de inversiones prevé para el 2015 una merma en US$10.000 millones, por debajo de US$ 10.595 millones del 2014; reduciendo los gastos en rubros que no son estratégicos para el negocio, como los patrocinios y la publicidad, y congelando el proyecto de modernización de la refinería de Barrancabermeja9. Al tiempo que emergen los fracasos de la gestión inversora de la empresa en México, Perú y África con millones de dólares invertidos en exploraciones improductivas, visibilizándose la corrupción alentada por el sistema de contratación implementada con la tercerización laboral.

Y, en ese escenario, mientras las petroleras, como Rubiales que reporta que en "[...] el segundo trimestre tuvo ingresos de US$ 1.344 millones, cifra mayor en 27 por ciento a la vista en el mismo período del año pasado"10, como grandes beneficiaria del boom vivido, ponen el grito en el cielo y aprovechan la situación para exigir y chantajear por más y mejores condiciones y estímulos, como rebaja en regalías y en los impuestos, laxitud en las licencias ambientales y mejoras a su favor en las condiciones laborales, sociales y ambientales, a costa de los trabajadores, las comunidades y el medio ambiente; mientras esto sucede el Gobierno persiste en mantener el modelo neoliberal, sustentado en el extractivismo.

Un modelo, como es conocido, llevado al culmen por Álvaro Uribe, quien convirtió a Ecopetrol en una empresa mixta, para beneficio de los ricos del país; puesto que estos, por la vía de los mayores ingresos petroleros y mineros al fisco, veían disminuir su responsabilidad impuestaria y concentraban aún más la riqueza, ubicando al país como el segundo en la región con las mayor tasa de concentración de la riqueza, 53.5 por ciento11. Modelo cuya principal característica socioeconómica es incentivar al sector privado, subsidiándolo y garantizándole las mejores condiciones a costa del resto de la población, por eso el Gobierno debe mantener al alza los precios de los combustibles con el fin de compensar el déficit que le acarrea la disminución de los ingresos por parte del Ecopetrol S.A y el sector petrolero.

Y mientras los grandes medios de comunicación de su propiedad hacen eco de la existencia de una crisis, el Gobierno se ve embolatado con la implementación de una reforma tributaria, que tocando a fondo los ingresos de las clases medias, solo roza a las clases altas, como forma de mantener un modelo que, hasta en La Habana, ha declarado que no es negociable.

La situación ratifica el principio según el cual en un país capitalista regido por la ley elemental e indiscutible que si unos ganan es porque otros pierden, y en donde es impensable que todos ganen; la susodicha crisis petrolera no va siendo otra cosa que la desgracia para unos, es decir, las mayorías, que oculta la dicha de otros: la riqueza de una minoría.

 

1 Molina, K. (4 de diciembre de 2014). El "fracking" pone en guerra el precio mundial del petróleo. Recuperado el 10 de diciembre de 2014, de http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.asp?idCat=47861&idArt=9294898
2 lanacion.com. (12 de noviembre de 2012). EE.UU. sería el primer productor mundial de petróleo en 2017. Recuperado el 10 de diciembre de 2014, de http://www.lanacion.com.ar/1525813-eeuu-seria-el-primer-productor-mundial-de-petroleo-en-2017
3 Pablo Bertinat y otros. (2014). 20 mitos y realidades del Fracking. Buenos Aires: El Colectivo.
4 Elpaís.com. (1 de febrero de 2013). Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica. Recuperado el 10 de diciembre de 2014, de http://crashoil.blogspot.com/2013/02/fracking-rentabilidad-energetica.html
5 El Blog Salmón. (14 de diciembre de 2014). La burbuja del fracking y el dinero barato de la Fed. Recuperado el 17 de diciembre de 2014, de http://www.elblogsalmon.com/mercados-financieros/la-burbuja-del-fracking-y-el-dinero-barato-de-la-fed
6 Díaz-Cardiel, J. (15 de enero de 2015). 2015 y el futuro de la economía norteamericana. Recuperado el 20 de febrero de 2015, de http://blogs.cincodias.com/eeuu-mercados-emergentes/2015/01/2015-y-el-futuro-de-la-econom%C3%ADa-norteamericana.html
7 Chagüendo, F. E. (14 de octubre de 2014). El país.co.com. Recuperado el 18 de diciembre de 2014, de Economía colombiana, en jaque por la caída del precio del petróleo: http://www.elpais.com.co/elpais/economia/noticias/economia-colombiana-jaque-por-caida-precio-petroleo
8 Vega, C. (22 de febrero de 2015). Un petróleo que perfora el bolsillo. Recuperado el 22 de febrero de 2015, de http://www.elespectador.com/noticias/economia/un-petroleo-perfora-el-bolsillo-articulo-545320
9 Ahumada, Ó. (29 de noviembre de 2014). Caída del petróleo prende las alarmas en Colombia. Recuperado el 15 de diciembre de 2014, de El tiempo.: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/caida-del-precio-del-petroleo-en-colombia/14907675
10 El Espectador.com. (14 de agosto de 2014). Ganancias de Pacific Rubiales aumentaron 208% . Recuperado el 20 de febrero de 2015, de http://www.elespectador.com/noticias/economia/ganancias-de-pacific-rubiales-aumentaron-208-articulo-510563
11 Banco mundial. (2013). Indice GINI. Recuperado el 10 de febrero de 2015, de http://datos.bancomundial.org/indicador/SI.POV.GINI

Publicado enEdición 211
Grecia acepta aplicar las reformas que le exige la UE

En una visita oficial a Alemania marcada por recientes tensiones bilaterales, el primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, prometió aquí este lunes que su gobierno llevará a cabo amplias reformas estructurales, pero sin dejar de hacer frente a la crisis humana que vive su país, producto de las políticas de austeridad aplicadas en los últimos cinco años por gobiernos conservadores.


Con esas declaraciones, el izquierdista Tsipras, quien asumió como primer ministro a principios de febrero, ratificó dos de las principales políticas de su administración, durante una conferencia de prensa conjunta con la canciller alemana, Angela Merkel, celebrada después de que ambos jefes de gobierno se reunieron por primera vez.


Grecia lleva cinco años de practicar una austeridad que implicó un increíble ajuste financiero, pero este programa no fue para nada una historia de éxito, porque tuvo efectos terribles en nuestra economía, puntualizó Tsipras.


El encuentro Merkel-Tsipras estuvo precedido por reportes del diario Financial Times sobre una carta escrita por Tsipras y enviada a Merkel el 15 de marzo, en la que el primer ministro griego advirtió a Merkel que a Grecia la están forzando a elegir entre mantener el gasto social o pagar a sus acreedores, principalmente el Fondo Monetario Internacional.


A pesar de los antecedentes, la conferencia de prensa fue dedicada a abordar temas relativos a la tensa relación bilateral germano-griega, lo que ha llevado a la prensa de los dos países a caricaturizar como nazis a Merkel y al ministro de Finanzas, Wolfang Schauble. Esta semana, la revista Der Spiegel publicó en su portada un fotomontaje de Merkel en la Acrópolis, rodeada de uniformados a la usanza del Tercer Reich.


Es una provocación injusta, dijo Tsipras. Dejemos atrás esas sombras del pasado".


Los dos gobernantes dijeron que Europa debe superar los estereotipos que muestran a Grecia como un país de gente floja y a Alemania como un país impositivo sobre el resto del continente.


Ni los griegos son unos vagos ni los alemanes son los culpables de los males de Grecia; tenemos que trabajar duro para superar estos estereotipos, sostuvo Tsipras.


Merkel afirmó que Europa debe superar este estereotipo sobre buenos y malos miembros de la eurozona para asegurar el futuro de la unión monetaria.


No obstante, el tema de la deuda alemana con Grecia por reparaciones de guerra quedó en el aire, toda vez que el diario alemán Suddeutsche Zeitung publicó una entrevista con el ministro griego de Relaciones Exteriores, Nikos Kotzias, quien dijo que la solución a esta controversia (Alemania dice haber superado esto en un acuerdo general europeo de la década de los 90) podría ser estudiado por un equipo de expertos.


En la conferencia con Tsipras, Merkel aseguró que Alemania considera política y legalmente resuelto el asunto de las compensaciones por la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, aunque aclaró que es consciente de cómo habían sufrido los griegos.


Sin perder la cordialidad del encuentro, Tsipras dijo que la reclamación por daños de guerra no es una cuestión material, sino sobre todo un problema moral y ético.


Aunque no fue mencionado en la conferencia de prensa, otro tema que acompañó la visita oficial de Tsipras fue la versión publicada en el diario popular alemán Bild sobre presuntos sobornos de las compañías alemanas Rheinmetall, STN Atlas por 62 millones de euros para conseguir en anteriores administraciones contratos de petrechos militares del sector de defensa.

También, según el rotativo, la empresa germano-francesa Eurocopter pagó 42 millones de dólares con el mismo propósito.

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Viernes, 20 Marzo 2015 06:52

Tsipras pide audacia a la UE

Tsipras pide audacia a la UE

Mientras los líderes europeos le insistían a Atenas para que cumpla con los compromisos de reforma, el premier heleno respondía exigiendo respeto a la democracia. Grecia no recibirá más ayudas hasta que no se cierre la prórroga del rescate.

 

Francia, Alemania y Holanda reafirmaron ayer sus reclamos a Grecia y, en el marco de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno que se celebra en Bruselas, le insistieron en que cumpla con los compromisos de reforma adquiridos por ese país al solicitar la prolongación del rescate, a lo que el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, respondió exigiendo "respeto a la democracia".

"Los griegos deben demostrar que hacen las reformas que se espera de ellos y Europa debe poner a disposición de Grecia los medios financieros para cumplir con los compromisos", dijo a su llegada a la cumbre el presidente francés François Hollande. La canciller de Alemania, Angela Merkel, en tanto, señaló que los griegos "no deben esperar una solución ni ningún hito", puesto que "está bastante claro que ni hoy en Bruselas ni el lunes en Berlín podemos esperar la solución al problema griego".

"La UE necesita iniciativas políticas audaces", señaló Tsipras, antes del comienzo del encuentro con sus pares del bloque, que continuará hoy.

El primer ministro está presionando ante la difícil situación que vive su país, que no recibirá más ayudas hasta que no se cierre con éxito la prórroga del programa de rescate, según lo acordado por los ministros de Economía y Finanzas del euro.

El tema griego no figura oficialmente en la agenda de la cumbre, pero será tratado por la noche en un grupo reducido, al margen de la reunión Tsipras tiene previsto reunirse con Hollande y Merkel, así como con los presidentes del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker; del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, y del Consejo Europeo, Donald Tusk, una cita que ya ha provocado malestar entre algunos Estados miembros que no participarán en el encuentro, como Bélgica.

"Lo que vamos a pedir en esta reunión a unos y otros es el respeto a los compromisos", recalcó Hollande, quien subrayó que el 20 de febrero pasado "hubo un acuerdo, que fue confirmado el 24 de febrero, y que pondremos en marcha. Francia quiere que Grecia siga siendo socio de la Zona Euro", dijo el mandatario galo, pero recalcó que al mismo tiempo hay que explicar al electorado griego que eligió al actual gobierno, en las elecciones del 25 de enero, que "hay compromisos que valen para todos los países", en relación con la financiación europea y nacional.

Tsipras respondió a la seguidilla de declaraciones señalando que es necesario que las iniciativas de la Unión Europea (UE) "respeten tanto la democracia como los tratados", para dejar atrás la crisis y avanzar hacia el crecimiento.

El premier está presionando ante la difícil situación que vive su país, que no recibirá más ayudas hasta que no se cierre con éxito la prórroga del programa de rescate, según lo acordado por los ministros de Economía y Finanzas del euro.

Su colega holandés, Mark Ru-tte, también se había sumado al señalar que el Eurogrupo tomó "fuertes decisiones" el 20 de febrero, a las que deben atenerse las partes. "Ahora depende de Grecia que quiera cumplir con los compromisos que adquirió", zanjó. En tanto el primer ministro de Estonia, Taavi Roivas, aseguró que "no deberíamos esperar grandes cambios con respecto a lo que se aprobó en el Eurogrupo" y que el mejor camino para Atenas es "continuar con las reformas".

Varios pequeños estados de la UE se quejaron de haber quedado afuera de estas conversaciones. Austria, Bélgica y Holanda le expresaron su descontento a Tusk antes de la cumbre. "Estoy enojado", expresó el primer ministro belga, Charles Michel, que apuntó que su país contribuyó con 7000 millones de euros al rescate griego. "El gobierno belga no le dio un mandato a Francia ni a Alemania para negociar en su nombre", afirmó. Su enojo fue por el formato en que se discutirá la situación de Grecia, en un encuentro que sólo incluye a los mandatarios de Atenas, París y Berlín, además de los presidentes de la CE, el BCE y el Eurogrupo, formato que consideró "erróneo". Merkel intentó tranquilizar a estos países y aclaró que las decisiones se tomarán a nivel del Eurogrupo, que reúne a los ministros de Finanzas de los 19 países de la Eurozona.

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Diálogo con quien sea y con humildad: Rousseff

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo este lunes que su gobierno debe dialogar con quien sea y con humildad, y defendió su programa de ajuste económico, un día después de que más de millón y medio de personas marcharon en todo el país contra la corrupción y para exigir su renuncia.


Rousseff envió al Congreso un proyecto para combatir la corrupción en momentos en que el Ministerio Público acusó a otras 27 personas por el desvío de fondos en la estatal Petrobras, entre ellas a Renato Duque, ex director de abastecimiento de la empresa, y al tesorero del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), Joao Vaccari Neto.


El gobierno tiene la obligación de abrir el diálogo, dijo la mandataria en una conferencia de prensa en esta capital, en su primera reacción tras las manifestaciones del domingo, que se realizaron en 83 ciudades del país.


La presidenta, quien a comienzos de la década de los 70 sufrió persecución y tortura por ser opositora a la dictadura militar, afirmó con voz emocionada: valió la pena luchar por la libertad y la democracia. Ayer (domingo), cuando vi a miles de ciudadanos manifestándose, no pude dejar de pensar que valió la pena luchar por la libertad. Este país está más fuerte que nunca.


Rousseff, quien empezó su segundo mandato el 1º de enero, fue blanco de cuestionamientos de los manifestantes, proceso que se ha ido agudizando por las constantes y escandalosas revelaciones de la confabulación político-empresarial que desvió unos 4 mil millones de dólares de Petrobras durante la última década.


La corrupción no nació hoy, es una señora que tiene muchos años, dijo la gobernante, y reiteró que había unanimidad en su gobierno acerca del combate a la corrupción y la impunidad, pero subrayó que se mantendría firme en las medidas de ajuste que impulsa para rencauzar las deficitarias cuentas públicas y recuperar el crecimiento, justo cuando la economía se deteriora cada vez más.


El paquete incluye la reactivación de algunos impuestos, un recorte de gastos en el Ejecutivo y restricciones al seguro de desempleo y pensión por muerte. Su lanzamiento despertó pugnas dentro de la base de partidos aliados al izquierdista PT y hasta en las filas de su propia agrupación.


La trama de corrupción en Petrobras, revelada hace un año, dejó al descubierto cómo las compañías sobornaban a directivos de Petrobras para poder manipular licitaciones y cobrar sobreprecios en las obras, generando un flujo de dinero negro que enriquecía a los que formaban parte de la confabulación y financiaba a agrupaciones políticas.


El Ministerio Público acusó al ex director de abastecimiento de Petrobras, Renato Duque, y al tesorero del PT, Joao Vaccari Neto, de corrupción, asociación criminal y lavado de dinero. Vaccari es señalado como el intermediario en el pago de sobornos por más de 1.23 millones de dólares al PT entre 2008 y 2010. Las nuevas denuncias, que incluyen a empresarios y ejecutivos de importantes constructoras como Mendes Junior y OAS, se refieren a irregularidades detectadas en contratos firmados por Petrobras para la construcción de dos gasoductos y de dos refinerías.


Duque, sospechoso de haber vaciado cuentas bancarias que mantenía en Suiza y haber transferido el dinero (unos 20 millones de euros) a cuentas secretas en el principado de Mónaco, fue detenido.


La Suprema Corte de Brasil autorizó este mes la apertura de investigaciones a 51 políticos –casi todos oficialistas–, entre ellos dos gobernadores y 34 legisladores, incluso los presidentes del Senado, Renan Calheiros, y de la cámara baja, Eduardo Cunha.

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Más de un millón protesta en contra de Dilma

La magnitud de las marchas sorprendió a muchos. El gobierno de Dilma Rousseff admite que ha sido una señal clarísima de un cuadro adverso, pero asegura que tiene todas las condiciones para mantenerse en pie y reaccionar.


Como suele ocurrir en ocasiones semejantes, hay discrepancias sobre el número de los manifestantes que ayer coparon calles en las 26 capitales provinciales de Brasil, además de Brasilia, capital federal, y por lo menos otro largo centenar de ciudades. Los organizadores hablan de dos millones. La suma de los datos de las respectivas policías locales llega a un millón y medio. Algunos diarios, a un millón ochocientos mil.


De todas formas, el número de manifestantes superó holgadamente la cifra del millón, como admite el mismo gobierno. Hasta el más optimista de los organizadores se sorprendió. Y hasta el más pesimista del gobierno se asustó. Ha sido una indiscutible manifestación de insatisfacción generalizada.


La gran sorpresa, en todo caso, fue Sao Paulo, principal bastión anti-PT y nicho más importante de los que se oponen radicalmente al gobierno de Dilma Rousseff. Asesores de la presidenta decían temer que el número de manifestantes superarse la marca de los cien mil y se acercase a la cifra esperada por los organizadores de la marcha, doscientos mil. Institutos de sondeo de opinión pública calcularon, terminada la marcha, que al menos un millón de personas desfiló por la avenida Paulista, corazón financiero no sólo de la ciudad, sino del país. Y la Policía Militar, encargada de mantener el orden, aseguró que marchó un millón y medio de personas. Es decir: como mínimo, algo así como una Montevideo, poco más de una Rosario, poco menos de una Córdoba entera en una sola avenida. Nadie, ni en sus más grandes delirios (o peores pesadillas, según quién), esperaba tanto.


Hasta que la marcha de Sao Paulo saliese a la avenida, las mayores concentraciones habían sido registradas en Brasilia y Belo Horizonte, con alrededor de 45 mil manifestantes. Río reunió entre 15 y 20 mil. Luego vino la primera sorpresa, en Porto Alegre, ciudad que desde hace décadas tiene al PT como principal partido preponderante y donde Dilma Rousseff hizo casi toda su trayectoria política desde que salió de las mazmorras de la dictadura: cien mil personas salieron a protestar.


El gobierno de Dilma, como se dice en el léxico del boxeo, sintió el golpe, pero trató de asimilarlo. O sea, admite que ha sido una señal clarísima de un cuadro adverso, pero asegura que tiene todas las condiciones para mantenerse en pie y reaccionar a la altura de lo que la circunstancia requiere.


A principios de la noche dos ministros, Miguel Rossetto, secretario general de la Presidencia, y José Eduardo Cardozo, de Justicia, ofrecieron una conferencia de prensa. Trataron de pasar la imagen de un gobierno que tomó muy buena nota de las dimensiones de las marchas, aseguraron que el combate a la corrupción –uno de los motores de las palabras de orden– seguirá siendo combatida tal como está, por todos los medios pero siempre respetando las bases esenciales del Derecho. Otro argumento fuerte fue que el mismo día en que se celebraron 30 años de la vuelta de la democracia (un 15 de marzo, de 1985, el último general-presidente, o sea, el último dictador, abandonó el palacio presidencial por la puerta de los fondos), el país vive tal estabilidad que más de un millón de personas fueron a las calles a protestar y no pasó nada.


Rossetto, un articulador hábil, destacó esa estabilidad y reiteró la necesidad de que sean implantadas medidas de ajuste fiscal, pero a la vez resaltó que el gobierno está completamente abierto al diálogo con todas las fuerzas políticas, la oposición inclusive.


Es un giro importante en la actitud hasta aquí mantenida por Dilma desde que logró su reelección, el pasado octubre, e inició su segundo mandato presidencial, el primer día del año. Luego de cosechar seguidas e importantes derrotas en el Congreso, debidas principalmente a la deslealtad de los aliados, que la acusaban de no negociar antes las medidas enviadas a la aprobación parlamentaria, ahora parece que cambiará de método.


No hubo incidentes, lo que ha sido un alivio para el gobierno. En São Paulo, la policía detuvo a un grupo de radicales que cargaba cohetes en mochilas. En Río, el único registro fue bastante más suave: la policía detuvo a media docena de ladrones de teléfonos celulares, y eso fue todo.

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