Miércoles, 08 Enero 2014 08:09

La crisis hegemónica a escala mundial

La crisis hegemónica a escala mundial

Nunca como ahora fue tan real la tensión entre un mundo que se agota, pero trata de sobrevivir, y un mundo nuevo, con grandes dificultades para afirmarse. En ese vacío se inserta un mundo inestable, turbulento, y una gran lucha por la nueva hegemonía mundial.

 

La decadencia de la hegemonía norteamericana en el mundo y el agotamiento del modelo neoliberal son evidentes pero, al mismo tiempo, no surge todavía en el horizonte una potencia o un grupo de países que puedan ejercer la hegemonía mundial en lugar de Estados Unidos. Tampoco aparece un modelo que pueda disputar con el neoliberalismo la hegemonía económica a escala mundial. Los gobiernos posneoliberales latinoamericanos no tienen todavía la fuerza suficiente como para disputar esta hegemonía global.

 

La victoria en la guerra fría no ha significado que la imposición de la Pax Americana haya traído estabilidad al mundo. Al contrario, nunca como ahora han proliferado tantos conflictos violentos, porque Estados Unidos se vale de su superioridad militar para tratar de transferir los conflictos al plano del enfrentamiento violento. Así ocurrió en Afganistán, Irak, Libia, sin que hubiera tenido capacidad para imponer estabilidad política sobre los escombros de las intervenciones militares. Esos países continúan siendo epicentros de guerra en el mundo actual.

 

En el caso de Siria – y, por extensión Irán – Estados Unidos ni siquiera fueron capaces de generar las condiciones políticas mínimas para nuevas intervenciones militares, teniendo que participar en procesos de negociaciones de paz.

 

Sin embargo, Estados Unidos continúa siendo la única potencia mundial, que articula su poder económico, tecnológico, político, militar y cultural, para imponerse como el país de mayor influencia en el mundo, el único que tiene una estrategia global. Ni China, ni la debilitada Unión Europea, ni América Latina, o un conjunto de fuerzas articuladas entre sí, logran oponerse a la hegemonía norteamericana en el mundo.

 

La profunda y prolongada crisis económica que afecta al centro del capitalismo ha demostrado que sectores del Sur –en Asia y América Latina– pueden defenderse, sufriendo los efectos de la recesión, pero sin entrar en ella, como había ocurrido en las otras crisis del centro del sistema. Porque ya existe en el mundo un cierto grado de multilateralismo económico, que ha permitido que los países con gobiernos posneoliberales hayan podido defenderse y no caer en recesión, gracias a los intercambios Sur-Sur y a los realizados en los procesos de integración regional en América del Sur, y a la enorme expansión de los mercados internos de consumo popular. Sin embargo, las fuertes presiones recesivas no dejan de afectar a esos países, haciendo que necesiten respuestas integradas para la reactivación de sus economías.

 

Sin embargo, a pesar del desprestigio de las políticas neoliberales, que han provocado la crisis en el centro del sistema y han demostrado ser impotentes, hasta ahora, para superarla, el modelo neoliberal sigue siendo dominante en gran parte del sistema económico mundial. Las medidas puestas en práctica por los gobiernos europeos, por ejemplo, son de carácter neoliberal, diseñadas para reaccionar frente a una crisis neoliberal, es decir, están echando alcohol al fuego.

 

Porque el neoliberalismo no es solamente una política económica, es un modelo hegemónico, que guarda estrecha relación con la hegemonía del capital financiero a escala mundial, con el bloque Estados Unidos-Gran Bretaña desde el punto de vista político, así como con un modo de vida (el llamado modo de vida norteamericano), centrado en el consumo, en la mercantilización de la vida y de los shopping-centers. Es un punto de no retorno del capitalismo a escala global, que impone, a la vez, los límites de las propuestas de acción de las grandes potencias políticas y de los grandes organismos internacionales.

 

Así el mundo seguirá viviendo, por lo menos hasta la primera mitad del nuevo siglo, un período de turbulencias, en el que la decadente hegemonía norteamericana se mantendrá, aun con crecientes dificultades. De igual manera continuará el predominio del modelo neoliberal, aunque debilitado, y condenando a la economía mundial a procesos de mayor concentración de la renta, exclusión de derechos y continua recesión económica.

 

Una profunda y extensa crisis de hegemonía se impone así en escala mundial, con persistencia de los viejos modelos y dificultades para la afirmación de las alternativas.

 

- Emir Sader, sociólogo y cientista político brasileño, es coordinador del Laboratório de Políticas Públicas da Universidade Estadual do Rio de Janeiro (Uerj).

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Domingo, 05 Enero 2014 06:08

La crisis mundial no afloja

La crisis mundial no afloja

Como todo comienzo de año, este es pletórico de vaticinios para la economía mundial. La mayoría se ubica en torno de un crecimiento global del 3,6 por ciento, un 0,7 por ciento más que el año pasado. Los análisis económicos se caracterizan por no dar en el blanco en ese arte casi imposible de las predicciones, pero más allá de los porcentajes que se manejan está claro que el mundo sigue sin recuperarse de la crisis de 2008. En 2013 la Eurozona no despegó, EE.UU. creció con altibajos, China se desaceleró y hasta las llamadas economías emergentes, que habían sostenido el crecimiento en 2012, tuvieron un flojo desempeño. Página/12 dialogó con John Bowler, director de Análisis de Países de la Unidad de Inteligencia del semanario The Economist, quien planteó un panorama complicado para este 2014.

–A cinco años de la caída de Lehman Brothers y el estallido financiero mundial, la economía global no termina de despegar. ¿Hay alguna señal de que este 2014 será diferente?


–El crecimiento global fue anémico en 2013. En Estados Unidos hubo ajuste fiscal y problemas políticos en el Congreso por el presupuesto. Estimamos que el crecimiento estadounidense de 2013 es del 1,6 por ciento. Con la Eurozona, el gran mérito fue que la intervención del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, cuando dijo que haría todo lo necesario para salvaguardar a la moneda única europea, calmó a los mercados financieros que dejaron de especular con la caída del euro, pero en términos de recuperación económica, aunque la zona en conjunto salió de la recesión, su crecimiento es inexistente. China también mejoró en la segunda mitad, pero está embarcada en un cambio de modelo tal que ya no volveremos a tener esas tasas gigantescas de crecimiento. Si a esto le agregamos que los mercados emergentes, entre ellos Brasil, India y Rusia, tuvieron muchos problemas, vemos que el panorama que deja 2013 no es muy positivo. Calculamos que 2014 será un poco mejor para las economías desarrolladas, pero hay muchas incertidumbres en el camino.


–En diciembre el presidente saliente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, anunció una reducción de 10 mil millones de dólares mensuales en los estímulos financieros. ¿Qué impacto tendrá esto en Estados Unidos y el mundo?


–Es una de las claves de este año. Inevitablemente va a haber cierta volatilidad. No olvidemos que este ha sido el experimento más grande de inyección monetaria de la historia. La Reserva Federal ha estado adquiriendo títulos por valor de unos 80 mil millones de dólares mensuales desde 2012 y una buena parte de este dinero ha terminado en inversiones especulativas y mercados emergentes. Creo que la sucesora de Bernanke en el cargo, Janet Yellen, continuará con un retiro muy gradual de los estímulos monetarios acompañado de una política de anticipar las tasas de interés a futuro para que este retiro gradual no sea traumático. Pero va a ser un ajuste monetario, no hay manera de evitarlo. Y esto suele tener consecuencias. Las tuvo en 1994-95 con la crisis de Tequila que tuvo un fuerte impacto en países como Argentina y se produjo después de un ciclo de ajuste monetario de la Reserva Federal. La diferencia es que esta vez la política será más gradual que con el Tequila.


–Otra de las claves va a ser la Eurozona. Los mercados financieros se calmaron en 2013, pero si la economía no crece puede haber turbulencia no sólo financiera, sino política. En Grecia, por ejemplo, el líder de Syriza advirtió que si el gobierno pierde las euroelecciones de mayo, va a caer y él buscará renegociar los rescates con la troika, posición que para muchos aceleraría la salida de Grecia del euro y con ello un posible efecto contagio.


–El gran mérito en 2013 fue que el euro sobrevivió. El peligro es que los políticos crean que pueden seguir haciendo lo mismo hasta que pase la tormenta. La realidad es que el malestar social puede explotar en cualquier momento. En mayo la legitimidad de muchos gobiernos puede quedar seriamente cuestionada. El caso de Grecia es el más obvio. Si a esto se le suman economías que no crecen y tienen un altísimo nivel de desempleo, lo menos que se puede anticipar de la votación en mayo es un voto protesta. Y lo que no se ve por el momento son pasos concretos para apuntalar la unión monetaria y económica. La Eurozona necesita una unión bancaria y una mutualización de las deudas, que Alemania no quiere contemplar. Así las cosas, no se puede descartar una desintegración de la Eurozona que comience con defaults de países altamente endeudados con un fuerte impacto para el sistema bancario. No pensamos que sea el escenario más probable, pero desde ya que no se puede descartar, algo que puede tener un impacto global muy desestabilizador.


–Estas deficiencias de las economías desarrolladas fueron compensadas desde 2008 por China y en menor medida por el Brics y otras economías emergentes. En el caso de China está claro que ya no va a seguir teniendo un crecimiento de dos dígitos.


–Hay una desaceleración del crecimiento que continuará de aquí en más. En 2013 el crecimiento fue del 7,7 por ciento, en 2014 calculamos un 7,5 por ciento y a mediano plazo, digamos 2018, estimamos que crecerá un 6 por ciento. Esto tendrá un impacto porque la economía mundial anduvo bien cuando China crecía dos dígitos, pero este crecimiento se basaba en altísimos niveles de inversión y exportaciones, algo que creaba desequilibrios globales. La preocupación con China es el sector financiero y el crecimiento de su deuda en el sector bancario en la sombra. En este sentido, China representa un riesgo potencial.


–Estos problemas en Estados Unidos, la Unión Europea y China, ¿cómo van a afectar a América latina?


–América latina no está "de-sacoplada" de los vaivenes globales. La demanda europea ha sido muy pobre en los últimos años, algo que empieza a tener un efecto acumulado en la región. En Estados Unidos no ha habido un crecimiento de la importación porque su crecimiento se ha basado más en un modelo fabril doméstico. Y la demanda china ha disminuido, algo que está afectando a la baja los precios de las materias primas, aunque éstos todavía se mantienen en niveles históricamente altos. A estos fenómenos se añaden los vaivenes de la política monetaria estadounidense que han causado volatilidad financiera con una depreciación de las monedas desde mayo del año pasado y presiones inflacionarias para la región. Acá ha habido diferentes reacciones. México, Chile y Perú cortaron las tasas de interés mientras que Brasil las elevó para combatir la inflación. Argentina fue una de las economías latinoamericanas que más crecieron en 2013 después de Panamá y Perú. El crecimiento fue de un 5,1 por ciento, pero estimamos que crecerá un 2,3 por ciento en 2014. En cuanto a la región en su conjunto, creemos que tiene una mayor solidez financiera que en el pasado y que el crecimiento será mayor este año que en 2013, siempre y cuando las economías desarrolladas mejoren también su desempeño y no se empantanen con algunos de los problemas que señalé antes.

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El contexto político del crecimiento de las desigualdades

Por fin parece existir la preocupación de que las crisis financiera y económica actual (la mayor desde la Gran Depresión a principios del siglo XX) está creando unas enormes desigualdades que están poniendo en peligro el orden social y la estabilidad política de los países donde estas desigualdades se están produciendo, que son la gran mayoría de países de la OCDE, el grupo de países de mayor nivel de desarrollo económico del mundo (ver mi artículo "La revolución democrática a nivel mundial", Público 30.12.13). Es raro que no aparezcan estos días en los mayores medios de información artículos alertando sobre el enorme crecimiento de las desigualdades, firmados por algunos de los economistas considerados como los portavoces de la sabiduría convencional. Incluso el Papa Francisco ha añadido su voz a este coro de voces. Bienvenidas sean estas voces aun cuando es de lamentar que hayan tardado tanto en aparecer. Desde hace ya muchos años, unos pocos (ignorados por los fórums donde dicha sabiduría convencional se reproduce) hemos venido subrayando la importancia de estas desigualdades y el enorme daño que generan en el bienestar de las poblaciones desigualdadas, es decir, afectadas por esas desigualdades. Por fin parece reconocerse que algo va mal en este frente. Lo que antes se desmerecía como un mensaje radical (algunos portavoces del establishment neoliberal utilizaron adjetivos más hostiles que llamarnos radicales), ahora comienza a ser aceptado. Como me decía uno de mis maestros, Gunnar Myrdal, ser radical consiste, en muchas ocasiones, en pensar varios años antes que los demás.


Ahora bien, hay una gran diferencia entre el énfasis en el tema de las desigualdades que aparece ahora, y el que sosteníamos y continuamos sosteniendo los llamados radicales. Mientras que los recién llegados hablan de las consecuencias negativas que estas desigualdades tienen en el bienestar de las poblaciones y también en la eficiencia del sistema económico, los "radicales" no solo denunciamos las consecuencias sino que atribuimos al crecimiento de las desigualdades la crisis financiera y económica que estamos viviendo. Es decir, las desigualdades fueron la causa, además de la consecuencia, de la crisis (ver mi artículo "Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual" en Le Monde Diplomatique, julio de 2013).
Esta diferencia se hace incluso más evidente cuando se intenta explicar este crecimiento de las desigualdades como consecuencia

de fenómenos económicos, como la globalización del mundo, la introducción de nuevas tecnologías y otras intervenciones, todos ellos catalogados bajo el título de "mercados". Se nos dice que los mercados son los que, siguiendo su propia lógica, crean estas desigualdades. De ahí que siempre terminen sus artículos concluyendo que es necesario que los Estados intervengan para invertir este crecimiento de las desigualdades. De esta manera, consideran que las políticas públicas se dividen entre aquellas que quieren priorizar los mercados (que definen como las políticas de derechas) y las que desean que el Estado intervenga para corregir a los mercados (supuestamente las políticas de izquierdas).


No son los mercados: son los Estados


Esta dicotomía, sin embargo, es profundamente errónea, pues el Estado siempre ha jugado un papel clave en el crecimiento de estas desigualdades. El tema no es menos o más Estado, sino a favor de quién intervienen los Estados. El crecimiento de las desigualdades es debido a causas políticas, no económicas. Y esto es lo que constantemente se ignora, incluso también ahora cuando se "descubre" que las desigualdades han crecido enormemente. Los datos, ignorados constantemente por esta nueva sabiduría convencional, muestran claramente que la mayor causa del crecimiento de las desigualdades, tanto a principios de la Gran Depresión como ahora a principios de la Gran Recesión, ha sido el enorme poder político y mediático del gran capital (en muchos momentos históricos hegemonizado por el capital financiero), que ha instrumentalizado el Estado para optimizar sus beneficios e intereses a costa del mundo del trabajo. Esta es la raíz del problema, convenientemente olvidada o marginada.


Veamos los datos. La globalización del comercio siempre se presenta como una de las causas más importantes del crecimiento de las desigualdades. El flujo de inversiones a países de mano de obra barata crea desempleo en los países de origen de este capital, al desplazarse puestos de trabajos a aquellos países con menores salarios. Pero este flujo de inversiones es el resultado de decisiones políticas que los Estados toman a favor del mundo empresarial (de las grandes corporaciones), a costa del mundo del trabajo, de los países donde se origina la inversión. Su intento es enfrentar a los trabajadores de países con distintos niveles salariales. No hay nada de "natural" y sus decisiones son políticas. Esta globalización del comercio podría tener lugar de otra manera, protegiendo los intereses de los trabajadores a costa de los beneficios empresariales.


En realidad, la globalización del comercio sistemáticamente beneficia más al mundo empresarial que al mundo del trabajo (tanto del país originario del capital como del recipiente. Si lo dudan, vean las condiciones de trabajo de Apple en China o de los trabajadores textiles en Bangladesh). Si China o Bangladesh tuvieran sistemas políticos donde el mundo del trabajo dominara el Estado, las condiciones de trabajo serían mucho mejores que las existentes hoy en día. Y es el mundo empresarial (tanto de los países "ricos" como de los países "pobres") el que se beneficia de ese comercio.


En realidad, las soluciones son fáciles de ver. Las políticas públicas de los Estados, tanto del norte como del sur, serían muy diferentes si estuvieran influenciadas por el mundo del trabajo en lugar de por el mundo del capital. Los estados del norte son los mayores compradores de vestidos producidos en condiciones infrahumanas en los países del sur. El gobierno federal de EEUU es el mayor comprador de uniformes del mundo, la gran mayoría producidos en países del sur en condiciones de práctica esclavitud.


Otro ejemplo de la intervención estatal es lo que está ocurriendo en la Unión Europea, en la que se están imponiendo políticas de devaluación doméstica, lo que quiere decir bajada de salarios. No son los mercados, sino los Estados, los que están imponiendo la bajada de salarios, una de las mayores causas del crecimiento de las desigualdades, pues esta reducción de los salarios es causa del aumento de los beneficios empresariales. Un tanto parecido ocurre en la destrucción de puestos de trabajo resultado de las reformas laborales. En realidad, los Estados han jugado un papel clave en la creación de desempleo, con el fin de disciplinar al mundo del trabajo y conseguir menores salarios, con el objetivo, de nuevo, de incrementar los beneficios. No son los mercados, sino los Estados, los que determinan los cambios que erróneamente se atribuyen a los primeros.


Otro ejemplo de las causas políticas del crecimiento de las desigualdades han sido las reformas fiscales que han beneficiado enormemente a las rentas del capital y rentas superiores a costa de las rentas del trabajo. Y no digamos las ayudas de beneficencia a la banca, que han sido una de las mayores causas del crecimiento de las desigualdades, pues han ayudado a los grupos pudientes y a la banca a costa de la mayoría de la ciudadanía, que paga los impuestos de donde se derivan los fondos de ayuda y rescate bancarios.


El Estado ha sido el eje donde se ha cocinado el gran crecimiento de las desigualdades. Y esta es la causa de que el Estado haya perdido legitimidad, pues se le ha visto, con razón, como el instrumento del capital contra la mayoría de la ciudadanía. Las derechas ha sido tan estatalistas como las izquierdas. El hecho no es, pues, Estado o no Estado, sino al servicio de quién está este Estado. Así de claro.

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La conjura de Santos/Uribe contra Petro y la Bogotá humana.

En los términos de Bourdie (2000), el litigio por la destitución del Alcalde Gustavo Petro como consecuencia de un amañado proceso disciplinario planificado por el Procurador Ordoñez, perfiló un campo político específico, el cual debe entenderse, en la visión de Enrique Dussel, como un espacio de interacciones, cooperación, coincidencias y conflictos, que remite a la esfera de las luchas hegemónicas por el poder. Un ámbito atravesado por fuerzas, por sujetos singulares con voluntad y con cierto poder. Esas voluntades se estructuran en universos específicos, cada sujeto, como actor es agente que se define en relación a los otros.


Para el caso concreto de Petro y su destrucción política, va quedando bastante clara la conjura de dos aparentes enemigos, quienes han tejido una muy sutil pero eficaz interacción, cooperación y coincidencia para validar la hegemonía de la oligarquía dominante, en el escenario bogotano.


Hay una conspiración de Santos y Uribe para aplastar a Petro y están a punto de lograrlo.

No obstante las adversidades encontradas, el Programa progresista por una Bogotá humana fue ganando importantes espacios gracias a sus resultados efectivos en el reconocimiento de los derechos sociales de amplios grupos humanos afectados por la segregación social y la pobreza extrema, en una ciudad que se acerca a los 10 millones de habitantes.


El nuevo modelo de aseo, las medidas en favor del derecho a la movilidad, el destape de la corrupción bipartidista de concejales y senadores, la construcción de los jardines infantiles en barrios marginales, el proyecto del Metro, la defensa de una paz con justicia social, la expedición del POT y la democratización de la información, entre otras medidas, consolidaron la gestión del gobierno Petro ofreciendo una alternativa a la sociedad diferente al modelo neoliberal.


Es lo que explica el bloqueo permanente desplegado durante los últimos 24 meses desde múltiples ámbitos bajo el control del bloque dominante. Los grandes medios de comunicación no han dado un solo minuto de tregua, mintiendo y distorsionando. Los grupos oligopólicos enriquecidos con el despojo del presupuesto, orquestaron procesos de revocatoria en alianza con políticos de la ultraderecha. Y el núcleo uribista de la Procuraduría afinó una acción disciplinaria con pruebas fraudulentas para guillotinar a Petro con una resolución de 500 folios.


Santos simulo indiferencia y cierta neutralidad. En realidad también movía muchas de sus cuerdas para alcanzar el resultado que tenemos hoy a la vista.


Al Jefe de la Casa de Nariño se le ve la cara de satisfacción por el rumbo que han tomado los procesos en Bogotá con su alcalde. Su formula ha sido no estar ni con Petro, ni con Ordoñez, solo con la institucionalidad que quiere decir con el Procurador y su cobarde procedimiento.


A Santos se le cayó la mascara y su conducta es un golpe demoledor a los acuerdos de La Habana en materia de participación política y derechos para la Oposición, incorporados en el punto 2 de la Agenda de conversaciones.


Lo ocurrido con Petro es la evidencia de la paz de los vencidos que quiere la élite dominante.


Algunos se han ilusionado con la "paz santista". Esa "paz" es para normalizar la dominación de las minorías sociales de siempre. Las mismas que desde el siglo XIX monopolizan el Estado y todas sus infraestructuras.


Hay que desprenderse de esa ingenua ilusión. La verdadera paz para Colombia será una conquista de las mayorías con su movilización resuelta en las plazas y en la esfera pública, tal como lo hemos presenciado por estos días en la Plaza de Bolívar de Bogotá, a la que por tres veces han concurrido miles de personas para dar su apoyo a Petro.


Para el 10 de enero se convoca de nuevo a todas las expresiones de la sociedad civil para que se reúnan en la Plaza Mayor de Bogotá en defensa de la paz, la democracia y la justicia social. Esa concentración será una expresión contundente del poder constituyente y de la potencia de la multitud que cada vez exterioriza con mucha claridad sus altos niveles de organización y conciencia.


Ojala la unidad de los grupos de izquierda que han conformado sus listas electorales para las votaciones del 8 de marzo se empeñen a fondo en este magno evento de la democracia participativa y protagónica. Es la manera de demostrar que no son inferiores a las circunstancias que vivimos, que son de una amplia crisis política.

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Domingo, 15 Diciembre 2013 05:32

Cinco eventos que cambiaron el mundo en 2013

Silvio Berlusconi está fuera y Angela Merkel fue reelecta. Fallecieron Nelson Mandela y Hugo Chávez. Fidel Castro, no. La gente protestó en las calles de Kiev y Bangkok, El Cairo y São Paulo. Teherán se sentó a negociar con Estados Unidos por primera vez en 34 años. China eligió a un nuevo líder y encarceló a otro. El aprendiz de tirano en Pyongyang ejecutó a su tío. Por primera vez en 700 años un Papa renuncia y lo reemplaza un latinoamericano que nos entusiasma a todos. Algunas de las cosas que fueron noticia este año no son demasiado importantes para el mundo. Otras sí. Es imposible incluirlas todas aquí. Pero estos son cinco cambios que me parecen muy trascendentes.


» Estados Unidos se consolida como potencia energética. Esto ya se venía perfilando, pero este año se despejaron todas las dudas: el extraordinario aumento en la producción de gas y petróleo en EE UU es una realidad que cambiará el mundo. En los próximos cinco años, América del Norte en su conjunto producirá casi cuatro millones de barriles de crudo más cada día, y sus importaciones caerán a la mitad. Puede que EE UU no solo llegue a ser autosuficiente, sino que hasta podría exportar energía. Las consecuencias de esto son enormes y muy diversas. Oriente Próximo sufrirá un fuerte shock económico y político, por ejemplo. La influencia de Rusia y otros petroestados será menor. La abundancia energética estimulará la expansión del sector manufacturero estadounidense. Y la abundancia de hidrocarburos desestimulará el desarrollo de energías renovables, lo cual es una pésima noticia.


» El desprestigio de Estados Unidos. El mundo ha visto cómo Barack Obama no tuvo poder para cumplir su amenaza de castigar a Bachar el Asad si usaba armas químicas. O para evitar que el Tea Party le paralizara el Gobierno. O para hacer funcionar el sitio de Internet de su programa prioritario: la reforma sanitaria. Tampoco pudo impedir que la presidenta de Brasil cancelara su visita a Washington al descubrir que EE UU espiaba sus conversaciones telefónicas. Dilma Rousseff se unió así a Angela Merkel y otros jefes de Gobierno que regañaron a Obama. Esto, como sabemos, fue el resultado de las filtraciones de Edward Snowden, las cuales, sin duda, constituyen uno de los acontecimientos geopolíticos más trascendentes del año.


La percepción que se esparció por el mundo es que la superpotencia no solo es abusiva, sino inepta. Y que Barack Obama es un líder débil que se deja avasallar por jugadores menores como Bachar el Asad, Dilma Rousseff o el Tea Party. Estas percepciones son exageradas e irán cambiando. Pero en política las percepciones son una parte de la realidad, y la imagen de un Estados Unidos debilitado por la parálisis del Gobierno y un presidente que no tiene el poder de tomar decisiones o cumplir sus amenazas seguramente moldeará los cálculos y las actuaciones de aliados y rivales.


» La nueva agresividad internacional de China. En noviembre, China anunció restricciones al tráfico aéreo en un amplio territorio que incluye pequeñas islas que Japón considera suyas. Estados Unidos reaccionó enviando dos bombarderos B-52 a sobrevolar el área sin pedir autorización a China. Japón hizo lo mismo y reiteró su soberanía sobre esa zona. Las tensiones siguen. Pero lo importante de este incidente es que anuncia una más agresiva política internacional que el mundo debe esperar de Pekín en los próximos años.


» Irán, Siria, Egipto, Palestina, Israel y más... mucho más. Oriente Próximo nunca tiene un año fácil. Pero este estuvo lleno de sorpresas, algunas de las cuales condicionarán el futuro. El derrocamiento de Mohamed Morsi y la tragedia siria. Las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Las conversaciones entre palestinos e israelíes, que comenzaron en julio y buscan llegar a un acuerdo final a mediados de 2014. Es posible que ninguno de estos dos acercamientos llegue a nada. Pero garantizan que el torbellino que está sacudiendo Oriente Próximo tendrá consecuencias que van más allá de este año y de esa región.


» Guerra abierta a la desigualdad. Siempre han existido. Los científicos y periodistas las documentan regularmente. Pero este año, el papa Francisco, Barack Obama y millones de personas marchando en las calles denunciaron como inaceptables las enormes y crecientes brechas entre ricos y pobres. Cada vez más gobiernos, instituciones y ciudadanos tratarán de revertir esta tendencia. Esta es una buena noticia. Pero el reto será luchar contra la desigualdad sin dar el poder a demagogos que, de hecho, terminan agravándola.


Esta es mi última columna de este año. ¡Muy feliz 2014!


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Miércoles, 11 Diciembre 2013 06:45

"No hay razones para ser optimistas"

"No hay razones para ser optimistas"

A cinco años del estallido financiero de 2008, el cambio de modelo económico que pregonó Barack Obama no se ha materializado. Sigue dependiendo de burbujas y parece haberse estancado.

 

 

El crecimiento del último trimestre en Estados Unidos y la caída del desempleo son señales aparentemente auspiciosas, pero luminarias del pensamiento económico demócrata como el Premio Nobel de economía Paul Krugman y el ex secretario del Tesoro Lawrence Summers opinan que hay un estancamiento no del todo diferente al vivido por Japón en las últimas dos décadas. Es más, a cinco años del estallido financiero de 2008, el cambio de modelo económico que pregonó Barack Obama no se ha materializado, como tantas otras promesas que hizo de dar una vuelta de página tras los aciagos ocho años de George W. Bush. Página/12 dialogó con el codirector del Center for Economic and Policy Research de Washington, Dean Baker, sobre la marcha de la economía estadounidense y su impacto a nivel mundial.


–Estados Unidos creció un 3,6 por ciento en el último trimestre y el desempleo bajó. ¿Es esto una economía en estancamiento?
–No hay razones para ser optimistas. La mayor parte del crecimiento se debió a un aumento de los inventarios de las empresas. Que las empresas tengan todos esos productos que todavía no han salido a la venta sirve para sumar un crecimiento estadístico ahora, pero no augura nada bueno para el próximo trimestre si no aumentan las ventas, que en este trimestre se mantuvieron en un 2 por ciento. En términos de empleo, si seguimos creando unos 200 mil empleos mensuales no llegaremos al objetivo del empleo pleno hasta 2019 o 2020. El problema de fondo es que hay una demanda insuficiente en la economía estadounidense desde los '90. Hemos tenido burbujas en los '90 para sustituir esta caída de la demanda. La burbuja del dot com y luego la de la vivienda.


–En 1978 un salario medio estadounidense equivalía a unos 48.000 dólares a valores actuales. Hoy es de 33.000 dólares. Si el consumo estadounidense siguió siendo un motor del crecimiento en estas décadas fue gracias al crédito. ¿Puede la economía crecer sin burbujas?
–No. Seguimos dependiendo de las burbujas. Cuando Barack Obama asumió habló de promover un crecimiento más basado en la producción manufacturera que en la especulación financiera y ahora mismo acaba de hablar sobre el impacto negativo a nivel económico de la desigualdad, pero en concreto no ha pasado mucho. Hay un desfase entre los discursos que pronuncia Obama y la política concreta. La agenda comercial que está impulsando es la misma. A nivel financiero no ha cambiado prácticamente nada. Tenemos un déficit comercial del 3 por ciento. Mientras tanto estamos viendo un aumento de los precios de la vivienda. Quizá no es todavía una burbuja, pero va en ese camino.


–Se ha hablado mucho de un relajamiento de la política de emisión monetaria electrónica, el Quantitative Easing. Este año se vio una emisión de unos 80 mil millones de dólares mensuales, pero cada vez que se menciona la posibilidad de relajar esto hay pánico en Estados Unidos y el mundo. ¿Cuándo piensa que va a suceder? ¿Qué impacto puede tener sobre la economía?


–Creo que en algún momento del año próximo va a haber una reducción de esta emisión. Es difícil prever el efecto que tendrá en la economía estadounidense, porque todavía hay mucho debate respecto del impacto que tuvo. Personalmente creo que es una política positiva de estímulo, pero tiene que estar acompañada por una política que evite la formación de burbujas. Hoy la Reserva Federal tiene una política de guía de las tasas de interés por la que anuncia con antelación qué tipo de tasa tendrá para el futuro, a veces un período de dos años. Lo mismo podría hacerse con los precios de la vivienda para evitar una burbuja. Si se sabe que se va a intervenir para que el precio no pase de un cierto punto, la gente especulará menos. Al mismo tiempo, creo que el gobierno debería mirar lo que hizo el Banco Central de Japón, que para salir de su estancamiento subió la tasa de inflación mensual. La Reserva Federal debería hacer algo similar y elevar las metas inflacionarias a un 3 o 4 por ciento. No creo que la presidenta entrante, Janet Yellen, se atreva a hacer eso a menos que haya una caída muy abrupta de la economía.


–La mera posibilidad de un relajamiento de la flexibilización monetaria afectó a Brasil, que acaba de sufrir una caída del valor de su moneda del 1,5 por ciento, la mayor entre 24 países emergentes estudiados por Bloomberg. ¿Qué impacto tendrá cuando efectivamente ocurra este relajamiento de la flexibilización monetaria del que tanto se viene hablando?


–Es inevitable que estas intervenciones de la Reserva Federal tengan un impacto en todo el mundo, porque son claves para fijar la tasa de interés a nivel mundial. Esto sigue pasando a nivel financiero a pesar de los cambios globales que están ocurriendo y la creciente importancia de China, que es también la menor relevancia de Estados Unidos. Esta menor relevancia se ve más claramente con la marcha económica en general. La economía ha estado creciendo a un ritmo bajo del 2 por ciento en 2011, 2012 y en este año, y pasará lo mismo el año próximo. Todavía nos falta mucho para volver al punto previo a la crisis de 2008. Y, sin embargo, esto va a afectar mucho menos a América latina que en otras épocas. Estados Unidos es hoy mucho menos importante para la economía mundial que en otras épocas. Si China sigue con su cambio de modelo económico y creciendo al ritmo de este último año, incluso un poco menos, pongamos un 6 o 7 por ciento, esto le permitiría a América latina tener un buen desempeño aun si la economía estadounidense sigue siendo débil.

 

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Lunes, 09 Diciembre 2013 08:48

La oposición radicaliza sus protestas

El frente opositor ucraniano volvió a copar la simbólica Plaza de la Independencia. Más de 100.000 manifestantes pidieron ayer la renuncia del presidente Viktor Yanukovich, un llamado a elecciones anticipadas y el acercamiento a la Unión Europea, en detrimento de la actual alianza con Rusia. La llamaron la "Marcha del millón", pero se quedó corta, pese a la tensión que aún domina muchas partes de la capital, Kiev, y del oeste del país, donde sólo se habla ucraniano, a diferencia del este, donde la mayoría también habla ruso, y muchos se sienten más cercanos al Viejo Continente que a Moscú. La policía contó más de 100.000 manifestantes, mientras que los organizadores hablaron de cientos de miles de personas. La hija la ex primera ministra Julia Timoshenko, actualmente en prisión, fue una de las personas que habló ante la multitud y leyó un mensaje de su madre. "No se rindan y no se sienten con ellos a la mesa", pidió la política de 53 años a través de su hija Yevguenia Timoshenko. Muchos de los manifestantes aseguraron a los medios presentes que se trata de una revolución como la que los mismos grupos pro europeos lideraron hace nueve años contra Yanukovich, el mismo hombre que hoy está en el poder. La llamada Revolución Naranja, dirigida entre otras por Timoshenko, fue un levantamiento popular que cuestionó y logró revertir la victoria electoral del actual presidente, quien era y sigue siendo considerado como un férreo aliado de Moscú. En aquel momento, Yanukovich acusó a las potencias europeas de haber financiado y promocionado esa revuelta. Sin embargo, durante su mandato tuvo algunos acercamientos con Bruselas, aunque nunca puso en peligro su alianza con Rusia.

 

Esta polarización entre los sectores promoscovitas y los proeuropeos volvió a poner en jaque la estabilidad del país hace unas semanas, después de que el presidente Yanukovich anunciara que suspendía la firma de un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE). Según denunció la oposición y más tarde confirmó el gobierno ucraniano, Yanukovich cedió a las presiones de Rusia, que amenazó con suspender toda la cooperación bilateral si firmaba el acuerdo con Bruselas.


La reunión entre el presidente ucraniano y su par ruso Vladimir Putin el viernes pasado enardeció aún más a los opositores, quienes además denunciaron que el Kremlin está intentando sumar a Ucrania en su unión aduanera, que por ahora sólo incluye a Kasajistán y Bielorrusia, otras dos ex repúblicas soviéticas. Oficialmente, se informó que la reunión entre los mandatarios tuvo como prioridad el abastecimiento de gas ruso a precios menores que los del mercado.


Por eso, además de copar la simbólica Plaza de la Independencia, algunas columnas de manifestantes, principalmente simpatizantes del partido nacionalista Svoboda, marcharon por Kiev y levantaron barricadas para bloquear los accesos a la mayoría de los edificios oficiales en el llamado Barrio Gubernamental de la capital. Además, expandieron el campamento de la protesta a la zona gubernamental y a varias avenidas centrales de la capital y también hubo quienes derribaron una estatua de Vladimir Lenin.


Ante el anuncio de la oposición de expandir su protesta a toda la ciudad, el gobierno ucraniano desplegó al menos mil policías antidisturbios alrededor de la sede de la Presidencia, mientras que efectivos de las tropas del Ministerio del Interior rodeaban el edificio de la Rada Suprema (Parlamento). El gobierno también respondió con la apertura de una causa penal, mediante el Servicio de Seguridad de Ucrania, por "acciones dirigidas a la toma del poder del Estado", delito que, según la Constitución de ese país, va contra la seguridad nacional y puede ser castigado con penas de hasta diez años de cárcel.


La oposición ucraniana, en tanto, calificó de provocación la apertura de la investigación penal por parte de los servicios secretos, mientras que el líder del partido opositor Batkivshina, Arseni Yatseniuk, dijo que el gobierno de Yanukovich se está preparando para declarar el estado de excepción.


Ante la creciente tensión, la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, viajará a Kiev esta semana para impulsar una solución política, según informó ayer la Comisión Europea. Dirigentes de la UE y de los gobiernos europeos ya han manifestado su apoyo a los opositores que reclaman el ingreso pleno de su país al bloque vecino.


El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, habló ayer por teléfono con Yanukovich, a quien le transmitió su preocupación por la situación que se vive en ese país y llamó al gobierno y a la oposición a mantener un diálogo pacífico. Según un comunicado de la ONU, durante la conversación con Yanukovich, Ban señaló que en ningún caso se debe recurrir a la violencia para resolver la crisis generada en Ucrania. Además, el secretario general dio la bienvenida a las garantías del presidente ucraniano de iniciar consultas para calmar la situación.

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Argentina volvió a vivir en la madrugada del domingo al lunes otra noche de saqueos, con muerto en la provincia de Entre Ríos y 25 personas heridas en medio de la pasividad de la policía. El pasado martes sucedió en el municipio de Córdoba. Y este domingo se produjo en la localidad de Concordia (116.000 habitantes), en la provincia de Entre Ríos, en la frontera con Uruguay. Los agentes de Córdoba se negaron a salir de los cuarteles, cientos de personas asaltaron los comercios, una persona murió y más de cien resultados heridas. Finalmente, el gobernador peronista -aunque opositor al Gobierno nacional- José Manuel de la Sota, cedió al chantaje policial y firmó una subida de salario.

 

Desde el primer momento quedó claro que aquello fue una pésima solución, un mal negocio para la democracia. Y al día siguiente el problema se extendía a cinco de las 23 provincias del país. En la mayoría de las provincias, las autoridades cedieron ante los reclamos mientras el Gobierno nacional movilizaba el sábado a 10.000 agentes para reforzar las zonas de mayores conflictos. Pero la amenaza de los saqueos siguió latente. Hasta que el domingo volvieron a verse imágenes de calles sin policías y ladrones cargando con electrodomésticos.
Los momentos de mayor violencia se vivieron el domingo en las localidades de Concordia, Mar del Plata (Buenos Aires) y Santa Fe (en la provincia del mismo nombre). Desde Concordia, a las dos de la madrugada el periodista Osvaldo Bodean, del portal Elentrerios.com, relató al canal Todo Noticias imágenes del caos. Ante la ausencia de policías, en un primer momento fueron los propios vecinos quieren formaron cordones de protección delante de algunos comercios cuando algunos asaltantes se acercaban en motocicletas. Pero después, ante el acuartelamiento de la policía, que dejó desguarnecida a la ciudad, decenas de locales fueron asaltados. Y otros tantos, incendiados. El gobernador de Entre Ríos, el kirchnerista Sergio Urribarri, declaró al canal TN que la víctima mortal se encontraba en el lugar de los saqueos y murió "electrocutada".


Juan Carlos Fuser, periodista de Radio Activa, describió en el citado canal un panorama de comerciantes armados, manchas de sangre y vidrios rotos. "Yo lo que quiero resaltar más que nada es la ausencia total de información por parte del intendente (alcalde) y del gobernador. Estamos desprotegidos", indicó.


Tras la huelga salvaje de los policías de Córdoba, los reclamos de los agentes se extendieron como una mancha de aceite por otras zonas del país. En la provincia de Catamarca los policías provinciales cercaron la sede de la gobernación hasta que fueron desalojados por efectivos de la gendarmería nacional. Hubo cuatro heridos en los enfrentamientos, pero los policías de Catamarca consiguieron finalmentes un 45% de aumentos. En las provincias de La Rioja y San Juan también lograron un incremento en los salarios.


En la localidad bonaerense de Mar del Plata se acuartelaron los efectivos de cuatro dependencias policiales. A partir de ese momento se produjeron varios saqueos y los agentes que no estaban en huelga detuvieron a 15 personas. En la provincia de Santa Fe cientos de policías iniciaron protestas el viernes. El Gobernador opositor socialista, Antonio Bonfatti, pidió el refuerzo de gendarmes y la Casa Rosada envió 2.500 efectivos. Pero desde la tarde del domingo se produjeron asaltos a comercios en la localidad de Santa Fe capital (415.000 habitantes). "Se escuchan disparos de armas de fuego en todos los barrios de la ciudad", comentó el periodista Juan Ruiz en Todo Noticias. Ruiz comentó que los saqueos estuvieron precedidos de cortes de luz y de agua a causa de una tormenta.


En la provincia de Buenos Aires, la más poblada del país y con mayores núcleos de pobreza, no se produjeron saqueos durante el fin de semana. Pero la psicosis se palpaba en el ambiente. Decenas de supermercados estaban custodiados por gendarmes especialmente asignados para prevenir los saqueos. En las redes sociales fluían los mensajes que convocaban a saqueos en los próximos días. El gobernador de la provincia, el peronista Daniel Scioli, se encontraba en Río de Janeiro, donde tenía previsto encontrarse con el expresidente Bill Clinton, pero se vio obligado a cancelar su agenda y volvió de urgencia a Buenos Aires.

 

Por Francisco Peregil Buenos Aires9 DIC 2013 - 11:34 CET73

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Viernes, 29 Noviembre 2013 07:16

¿Qué recuperación económica?

¿Qué recuperación económica?

Existe hoy un ambiente de euforia en los círculos económicos y financieros y, por lo tanto, también en los círculos políticos de mayor peso en el establishment español, basado en la percepción de que la Eurozona –como colectividad económica y monetaria- se está recuperando y, como parte de esta recuperación, la economía española también está saliendo del hoyo.


Las voces optimistas en la Eurozona son abundantes entre aquellas autoridades que han presionado más por las políticas de austeridad (es decir, recortes de gasto público –incluyendo el social-, disminución de las pensiones y reducción de los salarios), y que ven esta supuesta recuperación como prueba de la sabiduría de las políticas que, por cierto, han sido impuestas a las poblaciones de los países de la Eurozona (y digo impuestas porque en ninguno de estos países los partidos gobernantes que las llevan a cabo tenían tales políticas en su programa electoral).


Hay múltiples ejemplos de estas autoridades y su optimismo. El Sr. José Manuel Durão Barroso, un hombre de derechas, Presidente de la Comisión Europea, declaró el pasado 11 de septiembre que "los últimos datos económicos muestran que los sacrificios realizados hasta ahora están dando sus frutos". El Sr. Wolfgang Schäuble, Ministro de Finanzas del gobierno alemán y uno de los arquitectos e inspiradores de dichas políticas de austeridad a nivel europeo, también celebra en las páginas del Financial Times la recuperación económica, escribiendo que "lo que estamos ahora viendo es lo que ya dijimos que ocurriría. Las políticas fiscales y las reformas estructurales están llevándonos a esta recuperación, habiendo sembrado las bases para un crecimiento económico estable" (FT. "Ignore the doomsayers: Europe is being fixed". 16.09.13). Para el Sr. Ministro alemán, una política fiscal correcta es poner como objetivo central de la política gubernamental bajar el déficit y la deuda pública a base de recortes y más recortes del gasto público, y por reformas estructurales necesarias entiende el debilitamiento del mundo del trabajo para permitir la reducción de los salarios, políticas todas ellas promovidas por el gobierno alemán, por el Consejo Europeo, por la Comisión Europea, por el Banco Central Europeo, y por el gobierno español. En realidad, el Sr. Luis de Guindos, Ministro de Economía y Competitividad, también ha declarado al Financial Times que "España ya comienza a ver el fruto de nuestras políticas" (FT., 04.09.13).


Esta percepción de recuperación y este optimismo aparecen no solo entre las derechas, sino también en amplios sectores de las izquierdas. Por ejemplo, en Catalunya, el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, Josep Oliver Alonso, uno de los economistas más influyentes en las áreas económicas del Partido Socialista de Catalunya (el PSC) y que fue asesor económico del gobierno del Tripartito, y que ha sido una de las voces más insistentes en llevar a cabo tales políticas, promovidas por el gobierno alemán (celebró la victoria de la candidata Merkel como un buen indicador para el futuro de la Eurozona), ha indicado, en una entrevista televisiva en la cadena de televisión pública del gobierno de la Generalitat de Catalunya, TV3, que la economía española crecerá el próximo año fiscal un 1,3%, una estimación mayor que la proyectada por el gobierno Rajoy, que es un 0,7%, y ello, de nuevo, como resultado de las medidas de austeridad y reformas del mercado laboral que ha estado proponiendo.


Miremos los datos: ¿dónde está la recuperación, y de dónde deriva, si es que existe?


Martin Wolf, el comentarista en jefe de economía del Financial Times, hace una crítica devastadora de este falso optimismo, crítica que no ha aparecido en nuestros mayores medios. Para entender lo que está ocurriendo hay que entender a dónde nos han llevado las políticas de austeridad y reformas estructurales a los países de la Eurozona. Y los datos muestran esta realidad. Como bien señala Martin Wolf, el PIB de la Eurozona ha bajado un 13% respecto a su tendencia previa a la crisis (en España este bajón ha sido de 7,5% respecto a su pico pre-crisis; en Portugal un 7,6%; en Irlanda un 8,4%; en Italia un 8,8%; y en Grecia un 23,4%). Estos porcentajes de pérdida de riqueza son enormes, causados en gran parte por aquellas políticas que podrían haberse prevenido si se hubieran desarrollado políticas de expansión de signo opuesto, como ocurrió en crisis financieras y económicas anteriores, tales como el New Deal, en EEUU (con el Presidente Roosevelt), y en el periodo post II Guerra Mundial en Europa con el Plan Marshall. El haber llevado a cabo políticas de signo contrario ha contribuido en gran manera a este bajón tan notable.


Una consecuencia de aquellas políticas ha sido un enorme crecimiento del desempleo, un gran bajón de los salarios y una gran reducción de la demanda. El desempleo en la Eurozona ha subido a un 12% (en España a un 26,3%; en Grecia a un 27,9%; en Portugal a un 16,5%; en Irlanda a un 13,8%; y en Italia a un 12%). Y en la mayoría de estos países, el desempleo entre los jóvenes dobla estas cifras. (Es interesante subrayar que las mismas voces que señalan que las pensiones no se podran pagar porque hay demasiados ancianos y pocos jóvenes, apoyan políticas que crean un gran desempleo entre los jóvenes –un 56% en España, mostrando que el mayor problema para la sostenibilidad de las pensiones no es la escasez de jóvenes, sino la escasez de puestos de trabajo para los jóvenes y la precariedad y bajos salarios de estos jóvenes).


La justificación económica para llevar a cabo las políticas de claro corte neoliberal (austeridad más bajos salarios) era incrementar la competitividad y exportar más, y con ello estimular la economía. Es la misma política que se siguió en América Latina en los años noventa, hasta que fueron interrumpidas por gobiernos de izquierda, con programas expansivos que permitieron a aquellos países salir de la crisis. Pero, como bien señala Martin Wolf, Irlanda ha recuperado su competitividad y sus exportaciones han aumentado considerablemente. Y en cambio, su crecimiento económico está estancado, y ello resultado del estancamiento del mayor motor económico y de producción de empleo, que es la demanda doméstica, determinada por el nivel salarial, la tasa de ocupación y el gasto público. A no ser que estas tres variables mejoren, las economías no se recuperarán.


El famoso "milagro alemán" que se atribuye erróneamente a las reformas Schröder, tuvo poco que ver con el supuesto éxito de aquellas reformas. De nuevo, cuando dichas reformas se realizaron, Alemania tenía una ligera recesión, no la depresión que existe ahora en los países periféricos. Y Alemania no tenía ningún problema en financiarse. Los países periféricos están en depresión, y debido a la negativa del Banco Central Europeo a proteger a los Estados frente a la especulación financiera, comprando bonos públicos, estos países no pueden salir de la crisis con las medidas que llevó a cabo aquel gobierno. Comparar la situación de Alemania de los años 2000 con la de los países PIGS es, como bien subraya Martin Wolf, un absurdo. Estos países no pueden salir de la crisis a base de exportaciones. Y España es un ejemplo de ello. Las exportaciones han subido y subido y la economía está estancada, pues el mayor problema económico de estos países es la falta de demanda doméstica, que está relacionada con el enorme deterioro del mercado de trabajo, creado precisamente por las reformas neoliberales.


De ahí que el mayor problema que existe en la Eurozona, y muy en especial en los países de la periferia, sea el desempleo (al cual ahora se añade el descenso de la población que trabaja, y el descenso de los salarios). Estos son los problemas económicos (además de sociales y humanos) que hoy existen y que las políticas que se están llevando a cabo están empeorando. El bajísimo crecimiento económico que se prevé es insignificante para resolver aquellos problemas. Esta es la realidad ignorada, cuando no ocultada, en los centros donde tal sabiduría convencional se reproduce.


29 nov 2013
Por Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University


Artículo publicado en la revista SISTEMA el 11 de octubre de 2013

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Domingo, 03 Noviembre 2013 06:19

Demoler edificios

Demoler edificios

La cantidad de viviendas sin vender en España suma 675.000 unidades, según la estimación oficial, elevándose a 815.000 de acuerdo a cálculos del sistema financiero. A ese stock se agrega casi 500.000 casas en construcción registradas por agentes inmobiliarios y el propio gobierno. En algunas provincias, como Castellón, el 25 por ciento de las viviendas está deshabitado. Con el estallido de la burbuja del ladrillo, la situación del mercado inmobiliario español se resume en que la oferta supera a la demanda, como le gusta sintetizar a los economistas. Con el mismo criterio simplista para abordar cuestiones complejas, la solución que encontraron para ese desequilibrio es la demolición de viviendas. Así disminuye la oferta para intervenir sobre el mercado con el objetivo de nivelarlo a la demanda. La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), conocido como el "banco malo" que absorbió activos incobrables de entidades para salvarlas de la quiebra, tiene un presupuesto aprobado en marzo pasado de 103 millones de euros para la destrucción de edificios no terminados. La estrategia de la piqueta ya la aplicó Irlanda a través de su "banco malo" (Nama) en grandes urbanizaciones casi vacías donde se acumulaban unas 300.000 casas sin habitar. La demolición de viviendas responde a criterios económicos convencionales, cuyos promotores consideran que su concepción de la ciencia económica es la "racional" y cualquier otra que la cuestione pasa a integrar el grupo de "irracionales". Ante el desequilibrio del mercado inmobiliario, sin evaluar los motivos y quienes son los responsables que lo provocaron, la propuesta es destruir unidades justificándola con el argumento de que el costo de conservación de esos edificios es superior al operativo de derribarlos, además de que su existencia en el mercado mantiene deprimido el precio del resto de los inmuebles de la zona. Sólo como observación a esa línea de acción ofertista y de mercado, ¿no ingresa dentro de las posibilidades contemplar un Estado activo, no para salvar bancos, sino invirtiendo para la satisfacción de las necesidades urgentes de vivienda social en una economía con más de un cuarto de la población desempleada, desalojos masivos y suicidios por la pérdida de la casa propia?

 


La descripción del problema inmobiliario en España es un caso extremo de aplicación de la lógica económica convencional, donde ortodoxos y no pocos heterodoxos sacian la pretensión de redentores de una sociedad desorientada. Ante tensiones más o menos importantes, aunque para ellos todas son trascendentales, se presentan como los portadores del saber para aliviarlas, con una particularidad: en general, afectan las condiciones materiales de las mayorías buscando proteger los intereses de minorías intensas e influyentes. Cualquier gobierno o economista que proponga la ecuación inversa, o relativice algunas preocupaciones instaladas como graves en el sentido común, es rápidamente señalado como negador o incompetente para comprender "la realidad". Por caso, la cuenta turistas de divisas se presenta como un problema de gravedad extrema, exageración que requiere ser neutralizada con una estrategia estructural vinculada a disminuir la brecha cambiaria más que a profundizar ensayos impositivos o impulsar un tipo de cambio específico para el sector.

 


Es abrumador el bombardeo diario sobre los peligros que estarían acechando a la economía argentina por el estado de las reservas, la competitividad del tipo de cambio y las cuentas externas, además del repiqueteo constante acerca de la inflación. Esos frentes están en una situación menos aliviada que hace algunos años, lo que no significa la inevitabilidad de un estallido, menos aún cuando existen herramientas de política económica para manejarla sin efectos traumáticos. Algunas de ellas se están aplicando, como el plan de inversión de YPF o la exigencia a los privados en el mercado de hidrocarburos para recuperar el autoabastecimiento energético y aliviar la presión de divisas por la importación de combustible.

 


Las turbulencias que se presentan en el sector externo son originadas por una economía en crecimiento; no por una en recesión, endeudamiento asfixiante o pronunciado deterioro sociolaboral, como en las décadas del '80 y '90. Por lo tanto, el sendero a transitar debería ser diferente al tradicional de quienes evalúan ambas situaciones como si fueran idénticas. El desafío no menor es evitar medidas de demolición de edificios. Estas tienen de piqueta el ajuste clásico cuyo horizonte es alcanzar el equilibrio económico, objetivo que unifica a diversos economistas, incluyendo a heterodoxos que todavía no descubrieron cuánto de conservador tienen sus propuestas.
La terapia sugerida hasta por ex funcionarios de éste y de otros gobiernos, que tuvieron el privilegio de implementarla y probar el sabor del fracaso, está integrada por:

 


- Subir la tasa de interés para supuestamente desalentar la compra de dólares, minimizando su impacto sobre el nivel de actividad.
- Disminuir fuerte los subsidios a las tarifas de servicios públicos (luz, agua y gas), aclarando que habrá una tarifa social sin precisarla y sin mencionar su impacto inflacionario y reducción del ingreso disponible afectando la demanda del mercado interno.

 


- Devaluar en forma brusca el tipo de cambio para recuperar la competitividad de economías regionales y encarecer el turismo al exterior, ocultando los efectos regresivos social, económica y políticamente de esa medida, además de no mencionar que la recesión en las economías desarrolladas han generado excedentes de producción que afectan la salida exportadora de esas actividades. Y que la cuenta turismo de divisas está determinada por la brecha cambiaria en un contexto de elevados ingresos en sectores acomodados de la población que deciden viajar al exterior al tiempo de crisis en países desarrollados que disminuye el turismo receptivo.

 


- Reducir el gasto público porque la carga del Estado agobia al sector privado, con efecto inmediato de caída de la demanda doméstica.
El saldo de cada una de esas opciones para abordar supuestos desequilibrios macroeconómicos es una fuerte caída del crecimiento rumbeando hacia la recesión. Es probable que disminuya así la tasa de inflación pero también el Producto, el empleo y el salario con la consiguiente inestabilidad social.

 


FIEL, una de las principales usina de la ortodoxia económica donde abrevan analistas y fuerzas políticas para sus habituales comentarios aunque no estén directamente identificados con ese think tank del establishment, es una referencia para conocer el relato convencional sobre cómo abordar la cuestión económica. Como se sabe, el desembarco de FIEL con su equipo económico en el gobierno de la Alianza duró pocas semanas ante la resistencia al plan de ajuste del gasto en Educación, Anses y Salud, pensiones graciables, poda del 30 por ciento de empleados de la administración pública y eliminación de exenciones al IVA. En el último boletín informativo mensual, el economista de FIEL Daniel Artana planteó los desafíos de mediano plazo. Vale reconocer la sinceridad de la que carecen muchos de sus colegas al afirmar que "aun suponiendo que la situación no se deteriora de aquí a 2015, el próximo gobierno tendrá la necesidad de encarar un ajuste fiscal cercano a tres por ciento del PIB". Precisa que "el candidato natural a ese ajuste es la reducción de subsidios a la energía que insume 2,5 por ciento del PIB. Ese subsidio favorece a los consumidores residenciales (aproximadamente el 40 por ciento) y al comercio y la industria. Indica que debería haber un esfuerzo fiscal reducido para proteger a los consumidores de los tres deciles más bajos de la pirámide ingresos. Pero advierte que "aproximadamente un 40 por ciento de la contribución de los usuarios residenciales proviene de los cuatro deciles siguientes que tendrían ingresos familiares entre 10.000 y 22.000 pesos mensuales". El ajuste fiscal vía reducción de subsidios recaería en los sectores medios, que tienen el extraño comportamiento de acompañar ese tipo de propuestas, para luego quejarse con ganas por haber sido perjudicados.

 


La economía es un espacio de tensión y rupturas permanente donde se dirimen intereses contrapuestos de diferentes sujetos económicos y sociales y, por lo tanto, de disputa de poder. Por ese motivo está en desequilibrio; entonces lo relevante es observar cómo se orientan esas pujas a través de la política económica. Para eludir las recetas convencionales entonces se requiere primero estar convencido de querer desafiarlas, luego cohesionar un equipo económico que tienen a sus cinco integrantes dedicados a dejar trascender diariamente sus posiciones divergentes, después precisar el diagnóstico eludiendo lugares comunes que tan bien se reflejan en la mayoría de los medios de comunicación, para finalmente tener la convicción de intervenir de otro modo al tradicional. Esto implica que frente a la irrupción de la restricción externa lo principal es descartar la opción de demoler edificios.
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