Domingo, 06 Mayo 2018 06:21

Los ideales que siguen viviendo

Los ideales que siguen viviendo

A 200 años del nacimiento de Marx, el respeto por su ideario sigue en alto. La mitad de la humanidad considera importante el socialismo y hay un amplio consenso para que los ricos paguen más impuestos.

A dos siglos del nacimiento de Karl Marx y a casi treinta de la caída del Muro de Berlín, la permanencia de las ideas socialistas puede ser sorprendente. Un estudio internacional de la encuestadora Ipsos revela que algo así como la mitad de la humanidad sigue considerando el socialismo como una idea importante, con picos del 84 por ciento en China y pozos del 21 en Japón. El mismo estudio muestra un amplio consenso para la idea de que los ricos paguen más impuestos, con mayorías absolutas en países tan disímiles como España, China e India, y una fuerte insatisfacción con el grado de representación de los trabajadores en los gobiernos de cada país. Apenas un tercio de los encuestados considera que los que trabajan participan del poder, con Brasil, Chile, Argentina, Francia y Serbia entre los más insatisfechos y la curiosa mezcla de India y Arabia Saudita entre los más conformes.


El estudio fue realizado por el Instituto de Estudios Sociales de la firma Ipsos en 28 países. Hubo un total de 20.793 encuestados en Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, Chile, China, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Hungría, India, Italia, Japón, Malasia, México, Perú, Polonia, Rumania, Rusia, Serbia, Sudáfrica, Suecia y Turquía. El trabajo, online y presencial, fue realizado entre fines de marzo y comienzos de abril.


La pregunta más directa fue sobre el valor actual de los ideales socialistas para el progreso social. La mitad de los encuestados estuvo de acuerdo, con un fuerte pico en China del 84 por ciento y valores muy altos en India y Malasia. Los argentinos se colocaron en el promedio mundial, con un 52 por ciento de opinión favorable, una franja compartida con México, Arabia Saudita, Suecia y Canadá. Sorprendentemente, Estados Unidos produjo un 39 por ciento de acuerdo, por encima de Francia, Hungría y Japón.


Los trabajadores son vistos internacionalmente como mal representados en los gobiernos del mundo, con un 67 por ciento de negativas ante la pregunta. Arabia Saudita, China e India sorprenden con fuertes mayorías que afirman que los que trabajan están bien representados. Argentina muestra un acuerdo de apenas el 24 por ciento, igual que Italia y Rumania.


De las ideas socialistas más frecuentes, la más popular es la que dice que quien más gana más debe pagar en impuestos, aceptada por un 78 por ciento de los encuestados. España, Serbia, China, Rusia, India, Corea, Malasia, Arabia Saudita, Italia y Turquía tienen promedios por encima del 80 por ciento de acuerdo que mostró Argentina. Con un 58 por ciento, Sudáfrica es la nación más reacia al asunto.


Otras ideas tradicionales del progresismo también mostraron aceptación. Un 89 por ciento a nivel mundial piensa que la educación gratuita es un derecho, con una mayoría total del 98 por ciento en Rusia, un 91 en Argentina y apenas tres países por debajo de los ochenta puntos: Estados Unidos, Sudáfrica y Japón, que oscilan entre el 77 y el 64 por ciento. Lo mismo ocurre con la salud, que muestra un excepcional acuerdo internacional del 87 por ciento, con Argentina en un abundante pelotón de países con 92 puntos porcentuales. Sólo Japón se desmarca, con un escaso 47 por ciento. Más compleja es la aceptación de una idea relativamente nueva, la del ingreso garantizado, que recibe un 69 por ciento de acuerdo promedio formado por un enorme 95 en Rusia y un escaso 38 en Japón. Argentina, de hecho, está al fondo de la pirámide con un 53 por ciento.


Pero varias críticas al socialismo también siguen firmes, como la idea de que los que tengan más talento tienen derecho a ganar más, aceptada por un 69 por ciento a nivel mundial. Francia y Alemania, con 51 y 47 puntos, son los más reacios, mientras que países como Rumania, Corea y Rusia la aceptan por amplios márgenes. Un 48 por ciento va más allá y dice estar de acuerdo con que el socialismo es un sistema de opresión, vigilancia estatal y terrorismo. En Estados Unidos y la India el acuerdo pasa los 60 puntos, mientras que en China, Rusia y España alcanza apenas un tercio. Argentina navega al medio con un 45 por ciento.


Tal vez la crítica más profunda sea la idea que la competencia saca lo mejor de las personas, aceptada por un 69 por ciento en promedio. Francia, Alemania y Bélgica son los que menos creen en eso, con números inferiores a la mitad, pero los argentinos se instalan en un sólido promedio por encima de los sesenta puntos. Esto coincide con el 52 por ciento global que piensa que la libertad individual es más importante que la justicia social. No sorprende que dos de cada tres norteamericanos piensen así, pero los números son similares en India, Sudáfrica, Perú, Rumania y Malasia. Los argentinos están divididos en mitades exactas, como los polacos, los brasileños, los australianos, los belgas y los húngaros. Francia, China y Alemania muestran que apenas más de uno en tres se cree eso.

 

¿El socialismo es importante?

 

Mi gobierno representa el trabajo

 

A los ricos, más impuestos

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Columbia 1968: algunos recuerdos personales

El 23 de abril de 2018 marca el 50 aniversario del levantamiento estudiantil en la Universidad de Columbia, en 1968. Dado que estuve involucrado en los eventos, en varias capacidades, quiero ofrecer un testimonio de lo que ocurrió y de lo que hoy me parece son las lecciones más importantes que podemos extraer.


El primero de mayo es una fecha famosa. Es el día del Trabajo, que celebra los motines de Haymarket, en Chicago, en 1886, y es la fecha que celebra los eventos mundiales de 1968 que muchos comentaristas arguyen que comenzó en Francia. Pero Columbia se adelantó a París por una semana como le recuerdo con frecuencia a mis amigos franceses, y es una mejor fecha para comenzar las celebraciones.


Una de las destacadas lecciones de Columbia es lo espontáneo que fue el levantamiento. Sabemos ahora que poco antes de que comenzara, los líderes de Students for a Democratic Society (SDS) sintieron que era virtualmente imposible convocar y mantener el respaldo estudiantil a sus objetivos.


SDS había enlistado seis demandas. Había dos de ellas que eran cruciales: la primera es que Columbia debía retirar su afiliación con el Institute for Defense Analyses (instituto de análisis de defensa) que era uno de los pilares del involucramiento de Estados Unidos en Vietnam. La segunda es que Columbia debía cesar la construcción de un nuevo gimnasio en Morningside Park, por considerarse que con éste Columbia expulsaba a la comunidad negra de Harlem de una tierra que por derecho les pertenecía.


Todo comenzó a mediodía, en un sitio tradicional para los discursos en Columbia. Hubo oradores del SDS y de la Student Afro-American Society (SAS). Ahí expresaron una vez más las seis demandas. En cierto punto el grupo decidió marchar sobre la biblioteca Low, donde se situaba la administración de la universidad. Como la hallaron cerrada cuando arribaron, algún individuo gritó que deberían encaminarse al gimnasio. No sabemos siquiera quién gritó, pero todo mundo fue al sitio donde se hallaba el gimnasio.


Como encontraron que el sitio estaba protegido por la policía, el grupo decidió ir a Hamilton Hall, el centro de las actividades del Columbia College. Intentaron llegar a la oficina del decano. Como también la encontraron cerrada con llave, el grupo simplemente se sentó y le pidió a quienes no participaban que abandonaran el edificio. Esto fue definido por la administración como tomar al decano como rehén. Y así comenzó el levantamiento.


Lo que siguió fue una reunión de los profesores de Columbia College. Debatieron qué hacer: ¿llamar a la policía?, ¿negociar? Los estudiantes liberaron al decano, que por lo demás decidió quedarse. La indecisión cundía por todas partes. En la noche, los estudiantes del SAS pidieron a los estudiantes del SDS que abandonaran Hamilton Hall y tomaran su propio edificio, lo cual hicieron –de hecho, tomaron cuatro.


Alguien me telefoneó aquella noche y me sugirió que fuera al campus de inmediato. Ahí me encontré con varios profesores muy inseguros de lo que había que hacer. Decidimos reunirnos en el Philosophy Hall, que tenía buen espacio. El supervisor del Hall estaba muy opuesto a eso, pero no pudo hacer nada. En efecto, los profesores habían tomado Philosophy Hall. No obstante, permitieron que cualquiera entrara. Los profesores se constituyeron a sí mismos como el grupo facultativo ad hoc (AHFG, por sus siglas en inglés) y comenzaron a reunirse continuamente. Se eligió a un comité ejecutivo, pienso que lo formaban unas 17 personas. Yo fui una de ellas.


Esto nos trae a mi segunda lección importante. La gente de SAS había expulsado a los del SDS de Hamilton Hall, porque los del SDS eran indisciplinados. Amigos, ¡eran muy indisciplinados! En contraste, la gente del SAS era increíblemente apegada a una disciplina firme. En retrospectiva, resulta que el SAS fue mucho más importante en transformar la universidad y la más amplia situación estadunidense que el SDS, aunque en ese momento nadie parecía entenderlo.


Varios funcionarios de Harlem se ofrecieron como mediadores en Columbia, aunque las autoridades de la universidad eran renuentes. Al mismo tiempo, el AHFG había votado el envío de emisarios para discutir con SDS y SAS sus demandas. A mí me pidieron ser uno de los que discutieran con SAS. Otros fueron a hablar con SDS.


Fui a ver a David Truman, el vicerector de Columbia, y le pregunté si a él le parecía bien que yo jugara ese papel. A él le encantó, viendo que esto era una forma de sacar de la jugada a los políticos de Harlem. SAS aceptó también que yo jugara este papel, a condición de que discutiera los asuntos sólo con un grupo de cuatro personas que ellos constituyeron.


Así fui y vine de Hamilton Hall varias ocasiones y se me permitió hablar sólo con el grupo de cuatro personas. Cada vez que hablamos lo hicimos en un lenguaje indirecto, codificado. No puedo decir que podía informar al AHFG de algún cambio significativo en su postura. SAS parecía deseoso de mantener el contacto, pero eso era todo. Por lo menos me fue mejor que los que fueron con SDS que reportaban un estancamiento total.


Tras siete días o algo así, la administración de Columbia decidió llamar a la policía. David Truman vino a una reunión del AHFG a decirnos lo que iba a hacer. Sólo nos informó. No lo discutió con nosotros. Varios profesores tomamos decisiones personales. Algunos decidieron rodear la entrada a los edificios ocupados. La mayoría de ellos rodearon Fayerweather, el edificio ocupado por los graduados. Un grupo más pequeño, en donde yo estuve, decidió rodear Hamilton Hall.


Y esa fue mi última sorpresa. Cuando la policía llegó donde yo estaba, gentilmente saludaron con la cabeza y siguieron de largo. El grupo que rodeaba Fayerweather fue tratado bastante diferente. Fueron golpeados, algunos seriamente, como también lo fueron los estudiantes que ocupaban el edificio. Luego supimos que SAS había hecho un trato con la policía. Se iban a ir en silencio por la puerta trasera, y entonces no serían arrestados. Es por eso que a los que rodeábamos Hamilton nos trataron con gentileza.


Mi conclusión es que quien ganó de verdad en los acontecimientos de Columbia fue la gente de SAS. La administración de Columbia quedó devastada y David Truman nunca llegó a rector como había esperado antes de esto. SDS se fragmentó y destruyó. Los políticos de Harlem perdieron autoridad. Y SAS mostró poder y disciplina. SAS logró algo pero, por supuesto, únicamente como parte de una larga y continuada lucha contra el racismo en Estados Unidos.


En cuanto a 1968, como un todo, he escrito en muchas ocasiones y no tengo espacio para repetir aquí el argumento. En una frase, lo que ocurrió fue el fin de la dominación geocultural de un liberalismo centrista y la reapertura de una lucha de tres vías entre la Izquierda Global y la Derecha Global, con el liberalismo centrista batallando por mantener algún apoyo como alternativa real.


Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Domingo, 29 Abril 2018 05:47

Marx

Marx

El 5 de mayo es el bicentenario de Marx. Su muerte fue decretada tantas veces que pareciera haberse vuelto inmortal. En su Crítica de la razón dialéctica, Sartre dijo poderosamente: “El marxismo es la única filosofía viva de nuestro tiempo porque no han sido superadas las condiciones que le dieron existencia”. Si no está vivo el marxismo sin duda lo está Marx. El siglo XX creyó enterrarlo con la caída del comunismo. Los filósofos estructuralistas franceses emprendieron la tarea. Había que salir de Marx y entrar en Nietzsche y Heidegger. La tarea se hizo por medio de la destrucción del sujeto. 

Con su ensayo “La época de la imagen del mundo”, Heidegger entrega el camino adecuado. Esa época es la del cartesianismo. Aquí, lo vinculante es la subjetividad. El mundo es imagen del sujeto y lo subjetivo es la materia vinculante de todos los entes en medio de la tarea por olvidar al ser. Luego Foucault habrá de soldar esto con su sorprendente análisis del cuadro de Velázquez, “Las meninas”. Antes, Adorno y Horkheimer cambian el eje del marxismo de la Teoría Crítica. Pasan de la lucha de clases al conflicto del hombre con la naturaleza y critican lo que llaman razón instrumental.


En sus “Tesis de filosofía de la historia”, Benjamin destruye el decurso teleológico de la historia, base de la dialéctica hegeliana y marxista. Deleuze habrá de partir de la afirmación aristocrática de Nietzsche y se afirmará en la positividad spinoziana y nietzscheana. Lo negativo, que es esencial en Marx, queda de lado. En lugar de la negatividad del obrero trabajador se elige la veracidad del grupo aristocrático del Nietzsche de la “Genealogía de la moral”.


Benjamin escribe: “Nada perjudicó más a la clase obrera alemana que creer que nadaba a favor de la corriente”. Luego vienen los posmodernos, fervientes antimarxistas. Vattimo hablará de la sociedad transparente. Una transparencia garantizada por los medios de comunicación. El lenguaje se deconstruye en dialectos .La historia deviene fábula. Sin más, en Baudrillard, un verdadero talentoso, se comete el crimen perfecto, muere la historia.


Hay una secreta alegría en el modo que se festeja este bicentenario de Marx. Se lo siente más vivo que durante buena parte del siglo XX, en su peregrinaje soviético. Hoy, es parte de las luchas por la libertad. Molesta a la izquierda dogmática tanto como al neoliberalismo, que busca tratarlo bien, con buenos modales. Incorporarlo a las nuevas filosofías livianas. Marx es un núcleo duro. De joven es un romántico hegeliano. En 1843 escribe su “Introducción a la filosofía del derecho de Hegel”. Este bello texto habla de la ignominia y de la tarea de volverla más ignominiosa, publicándola. Postula que la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales así como el proletariado encuentra en ella sus armas espirituales. Habla del hombre como ser supremo para el hombre. Y también de la crítica de las armas y las armas de la crítica. La filosofía es la cabeza de la emancipación del hombre y su corazón es el proletariado. Y concluye diciendo que la filosofía no puede realizarse sin la superación del proletariado y el proletariado no puede superarse sin la realización de la filosofía.


Este texto está lleno de hegelianismo. Sucede que Marx nunca dejó de ser un gran hegeliano. El Manifiesto del partido comunista, de 1848, es uno de los más grandes textos políticos jamás escritos. Marx se refiere a las grandes tareas revolucionarias de la burguesía. Creó el sistema mundo. Sometió el mundo rural al urbano. Reescribe varias páginas de Facundo, que es tres años anterior al Manifiesto. Tanto Marx como Sarmiento vieron en el desarrollo de las ciudades el avance de la civilización.


El colonialismo eurocéntrico que late en sus textos sobre la India, México y Bolívar tiene su raíz en la dialéctica de Hegel. También su cita de Goethe: “Qué importan los estragos/ si los frutos son placeres/ ¿No mató a miles de seres/ Tamerlán en su reinado?” El Capital corrige el punto de vista. Las atrocidades de la burguesía son analizadas con la crueldad que merecen. La violencia es la partera de la historia. El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo. Antes, el capítulo sobre el fetiche de la mercancía es una obra maestra de la filosofía. El misterio y el fetiche de la mercancía radican en ocultar sus medios de producción. El colonialismo de los textos del ‘50 amaina ya en sus bellos textos sobre Irlanda. Y en sus años postreros dejará en claro, en su célebre carta a Vera Zasoulitch, que El Capital no es una filosofía de la historia. Mientras haya injusticia y despojo habrá Marx, porque fue el filósofo que propuso cambiar el mundo, no sólo interpretarlo.

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Domingo, 29 Abril 2018 07:07

Comuna 13. Una comunidad de vida

Comuna 13. Una comunidad de vida

El color, el sabor, el olor y el sonido de un barrio que sigue apostando por sobrevivir frente a las embestidas de una realidad que se empeña en hundirles.

 

Por estos días la Comuna 13 de Medellín vuelve a ser noticia. Y como casi siempre, por temas de violencia. Se ha vuelto a recrudecer la sensación de inseguridad en la zona como consecuencia de los tiroteos con fuego cruzado por parte de las bandas criminales que dominan la comuna y que responden así a las intervenciones que desde la alcaldía se están llevando a cabo para intentar asestar un golpe a la delincuencia organizada.


Todo esto no es nuevo. La historia ha sido muy cruel con este sector de la ciudad de Medellín, lo que no es decir mucho puesto que la realidad ha violentado gran parte del territorio colombiano. La Comuna 13 tiene una particularidad, fue asaltada por el ejército y la policía con la ayuda de miembros del paramilitarismo, o por estos con la connivencia de aquéllos, que tanto da. Aunque eso tampoco añade mucho más, ya que eso se ha producido, por desgracia, en otro montón de lugares de Colombia. Pero en esta parte del país hubo cuatro de esas operaciones de asalto en el mismo año.


En el año 2002, el año de la llegada a la presidencia de la República del promotor de la “seguridad democrática”, sufrió cuatro “operaciones” perpetradas por el ejército con la ayuda de grupos de las llamadas autodefensas unidas de Colombia (simple y llanamente paramilitares) para, supuestamente, limpiar las calles y las casas de malhechores. La “Mariscal” en mayo, la “Potestad” en junio, la “Antorcha” en agosto y la “Orion” en octubre iban a pacificar el barrio.


Dieciséis años después, a la Comuna 13 no ha llegado esa paz que prometían quienes promovieron toda aquella violencia. Siguen produciéndose delitos de todo tipo y todavía hay temores para decir lo que se piensa y obstáculos para vivir sin sobresaltos. La supuesta paz que buscaban quienes apoyaron aquellas operaciones militares no ha llegado del todo y la población civil padece los rescoldos de una violencia injustificada. Las bandas criminales, de diverso pelaje y similar procedencia, unas escindidas de otras y en su mayoría formadas por paramilitares, mantienen una lucha por el poder y el negocio del crimen en un sector conocido por su mala fama, por las fronteras invisibles y la peligrosidad.


En mis dos visitas al barrio san Javier de esa comuna he encontrado otras realidades, lo que no quiere decir que no sean ciertas las violencias directas que no hacen sino opacar las otras violencias, las estructurales, las que mantienen las injusticias y repiten los esquemas de exclusión y marginalidad. Allá he visto, como en muchos barrios de otras ciudades del mundo, gente del común que nada tiene que ver con bandas ni violencias y que lo único que desean es vivir en paz, que aman su barrio popular y que luchan por romper el imaginario de delincuencia y criminalidad que les ha marcado. Que quieren dejar atrás un pasado de luto para poder mirar con tranquilidad esos azules cielos del valle de Aburrá.


En ese lugar hay otra realidad diametralmente distinta. Han pasado más de tres lustros desde aquellas trágicas intervenciones y la situación es otra. No sé si me atrevería a decir mucho mejor, pero sí muy distinta. No es un remanso de paz, pero le ha cambiado un mucho la cara y un poco el alma. O tal vez al revés, que es como decir todo y nada. Pero es diferente porque son distintas las miradas de sus gentes, una mayoría pacífica que le da sentido a los sentidos y cuya apuesta por la vida es tan grande que pareciera que cuanto más duro les dan, con más fuerza se levantan.


La Comuna 13 de Medellín no es única, existen muchas otras “comunas 13”. En Bucaramanga y Cali (Colombia) o en Buenos Aires (Argentina), pero la paisa es otra cosa. Es una de las dieciséis en las que está dividida la ciudad. De pronunciadas pendientes, sus escarpadas calles y los colores de sus casas pueden recordar a las favelas de Río de Janeiro. Con casi ciento cuarenta mil habitantes, según los datos del último censo oficial del DANE de 2005, hoy seguramente muchos más, es la más poblada de Medellín al tener cerca de veinte mil habitantes por kilómetro cuadrado. Más del sesenta por ciento de su población es menor de 40 años. Sus poco más de siete kilómetros cuadrados, distribuidos en veintiún barrios, se localizan a mil seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar en el centro occidente de la ciudad.


En contraposición a toda la violencia vivida, el barrio tiene color de vida, sonidos de resistencia, olores de confraternidad, miradas de solidaridad y sabores de paz. Pintadas, músicas, eslóganes, bebidas, comidas y, sobre todo, humanidad. Una parte de ese “levantamiento” son los murales de sus calles. Las pintadas que embellecen las paredes y dan cuenta de esas ganas de vivir. Colectivos culturales del propio barrio se han empeñado en cambiarle el aspecto a una parte de la Comuna 13. Y lo han hecho apostándole a su recuperación, creando tejido social a partir de movimientos como el hip hop y todo lo que ello conlleva. A eso se han sumado tres intervenciones municipales que han ayudado a ese cambio de imagen de las lomas de la comuna: un parque, seis tramos de escaleras mecánicas y el corredor que, al final de las mismas, enlaza este barrio de san Javier con otros del sector.


Pese a que la población civil sigue llevando sobre sus hombros la pesada carga de los asesinatos, desapariciones, detenciones arbitrarias, desplazamientos y todo tipo de violación de derechos que han soportado, todavía tienen una ventana de esperanza para la recuperación del territorio. La de los colectivos que realizan los murales y los grafitis en un lugar que necesita de los colores para salir de la oscuridad a la que los poderes le han sometido. Pese a que siguen sin esclarecerse los hechos de entonces y no parece que nadie pague por lo que les hicieron, la gente desea pasar página para sobrevivir, dando sentido a ese habitus que conforman las callejuelas empinadas de su espacio vital. Una muestra de cómo un no lugar, por lo estigmatizado y excluido, puede convertirse en uno de los sitios más visitados por el turismo que llega a Medellín (lo que también conlleva sus pros y sus contras).


Esos grupos promueven su barrio, narrando otras historias a partir de las pintadas y dando a conocer otra perspectiva de la comuna y sus habitantes. Entre esos está “la cuatro trece”, una asociación que nos muestra la comuna de otra manera, para entenderla desde dentro y darla a conocer fuera sin recurrir a contar de la violencia y sus protagonistas, sino promoviendo la solidaridad y la construcción de tejido social para la paz. Lo que no significa que se ignore la historia, sino que creen que es mejor resaltar lo positivo y trabajar por un futuro con menos estigmatización.


“La cuatro trece” son un grupo de jóvenes que nacen en el barrio y lo viven desde la música, los grafitis, el baile, la fotografía y la cocina. Son hip-hop en estado puro, asumiendo las mezclas porque en la diversidad está la riqueza. Con su propuesta de “grafiti-tour” enseñan el barrio y cuentan sus cambios, recorren las lomas de un sector que es más visitado por extranjeros que por nativos. Esa es una de sus quejas, ¿cómo vamos a construir país si nuestras gentes no conocen sus calles?


A lo largo de ese camino cuesta arriba puedes disfrutar de una paleta de mango biche con sal y limón o de una limonada de café, mientras admiras los murales del recorrido, en el que también puedes adquirir recuerdos como postales, gorras o camisetas, y en el que te tienes que permitir el lujo de ser empapado por esas otras realidades que no cuentan los medios. Las existencias de un colectivo humano que sigue peleando por subsistir, que resiste y promueve un cambio social intentando salir de ese marca de “peligrosidad social”.


La gente de la Comuna 13 no quiere que se les pregunte por la guerra, quieren hablar de paz y que se les deje disfrutarla. Quieren ser escuchados y conocidos no por la espectacularidad de las noticias sobre violencia que se dan del barrio, casi siempre sin contexto, sino por el entorno y los sentidos de sus propias narrativas.


Cocinan, venden, producen, cantan y pintan conspirando por la paz, para que la busquemos dentro de cada uno y luego salgamos a compartirla en comunidad. Rapean por la unidad, la justicia, la fuerza, la resistencia, la memoria, el grafiti o el amor… en definitiva, comunidad y hip hop. Como dicen las letras de algunos de los rap de la comuna “La paz tiene un comienzo y se llama tolerancia; si respetas te respetan, todo empieza en casa”.


Menos intervención y más transformación. Ustedes pueden leer, oír o ver mucho sobre esa comuna, y puede que muchas cosas sean ciertas, pero otras no tanto. Porque no nos hablan de las gentes sencillas, de las cosas comunes, de las vecinas guisando o cantando, de los perros subiendo las escalas, de los gatos en las ventanas o de los mensajes en sus fachadas. Por eso “no coman cuento” y vayan a visitarla dispuestos a mojarse en ella. No la critiquen sin conocerla.


Esta nota no quiere ser una invitación al turismo, aunque bienvenido sea si contribuye a su conocimiento y difusión más allá de lo “chic” de haber estado en un lugar proscrito. Lo que se pretende es dar a conocer un poquito de aquella otra realidad, la de un barrio y sus gentes. Gentes de barrio, con sus riquezas y sus miserias, las propias, no las impuestas; personas que quieren ser y estar en su barrio, con sus iniciativas para soñar, con sus ganas para vivir.


Merece la pena llegar en metro hasta la estación san Javier para continuar en un colectivo hasta donde el barrio más se empina. Desde ahí una caminata por una comuna de colores, de los colores de la gente y de sus paredes. Lugar de visita obligada para amantes de las pintadas, los grafitis te gritan sus alegorías y metáforas. Un barrio del color que da la vida, del color de la alegría que es vivirla para superar, sin olvidar, las desgracias padecidas. Y no es que todo sea de color rosa, la realidad sigue teniendo una paleta de colores tristes por las injusticias y las inequidades. Las violencias continúan manchando de rojo las calles, pero los corazones de las gentes de este barrio se siguen pintando de verde esperanza.


Son personas de las calles del barrio, como los de la 4-13. Por eso trabajan por recuperarlas y construir ciudadanía y justicia social. Hoy siguen luchando por la memoria y por la vida, marchan por la paz y la justicia y gritan sus deseos por una convivencia pacífica. Entre las palabras tal vez más escuchadas hay una que retumba por encima de otras: “quisiera”. Un pasado imperfecto que quieren superar en forma de un subjuntivo que sigue manteniendo el deseo en mera virtualidad, en algo todavía inalcanzable, pero hacia lo que se arriesgan a caminar.
Así nos lo cantó Kbala, uno de los miembros de “la cuatro trece”, con su rap


“Lo que quisiera”


el mundo entero sin hambre y sin miserias
que las noches terminen sin balaceras
que los niños puedan jugar en las aceras
esto es lo que quisiera, esto es lo que quisiera
quisiera que el amor gobernara nuestro mundo
quisiera ver el odio acabarse en un segundo
quisiera que la paz no sea una ilusión perdida
quisiera no haya muerte y que reine aquí la vida
quisiera que los hombres despertaran al presente
el ambiente en el que vivimos está vivo y se siente
quisiera la intolerancia olvidada en el pasado
quisiera que el perdón como don sea entregado
quisiera que fronteras entre naciones no haya
quisiera que por fin hablen los que siempre callan
quisiera que quisieras todo lo que yo quisiera
y que juntos tú y yo hoy cambiáramos la Tierra


Quisieran, quieren y querrán. Ganas de vivir y de transformar llenando las fachadas de pintadas plenas de color, de memoria, de deseo e ilusión. Las pintadas, como medio de comunicación ciudadana que son, pueblan las paredes de sus calles, sus particulares medios de expresión, en las que demandan ser, formar parte de y tener el reconocimiento y la paz que todo ser humano se merece. Eso también es la Comuna 13.
Esperemos que la luz de la luna ilumine de paz las calles y, sobre todo, las cabezas.

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Las nuevas lógicas para pensar la emancipación

Treinta autores de Latinoamérica, España e Inglaterra abordan textos del psicoanalista Jorge Alemán en el libro Lacan en las lógicas de la emancipación, cuya edición argentina acaba de ser presentada en el país. Una elaboración sobre los nuevos interrogantes del capitalismo y la subjetividad, el rol de Lacan en la construcción de un nuevo sujeto político, la hegemonía, el feminismo y el populismo. Aquí, un extracto del prólogo de Mario Pujó.

 La relación “psicoanálisis y política” ha devenido un sintagma de uso frecuente, cuya reiteración vela en parte su carácter innovador. No, desde luego, porque esa articulación constituya una novedad, cuando a más de un siglo de invención del psicoanálisis hay una larga serie de autores, escritos y hasta escuelas que han entablado un encendido debate con el marxismo, sostenido explícitamente en la perspectiva de la emancipación. El asunto ha interesado a diversas generaciones de analistas y ocupado a muchos teóricos notables, teniendo consecuencias quizás no perceptibles en el plano de la real politik de nuestro país, como sí las ha tenido en el seno de sus asociaciones analíticas, incidiendo en sus escisiones y en sus reagrupamientos. En todos los casos, no ha sido el psicoanálisis el que ha ido a procurar en la política un horizonte nuevo al campo de su extensión, sino que ha sido la política la que se les ha impuesto a los psicoanalistas con sus urgencias, en distintos contextos de crisis sociales y económicas que han inducido, también, una crisis del pensamiento. Recordemos, al respecto, que es hacia fines de 1929 que Freud entrega a impresión su manuscrito sobre El malestar en la cultura, y que es ese marco de catástrofe financiera el que le asegura su inmediato éxito editorial. 

Luego de décadas de pensamiento único, después que la caída del muro de Berlín ha sido saludada en Occidente como el triunfo de la democracia liberal, proclamando el fin de las ideologías y hasta celebrando el fin de la historia, lo que constatamos, desde los inicios del siglo XXI, es el retorno más o menos larvado, más o menos estridente de la política. La razón debe seguramente buscarse en las renovadas catástrofes que la llamada globalización –en su doble aspecto de deslocalización productiva y de financiarización de la economía mundial– ha implicado para las condiciones de vida de ingentes masas de la población planetaria, correlativa de una velocísima concentración de la riqueza por parte de una cada vez más restringida porción de esa misma población. La delegación en la mano invisible del mercado de las funciones de protección y regulación asumidas por el Estado –especialmente a partir de la segunda posguerra– se ha saldado por un mundo más desigual, más injusto, menos equitativo; un mundo librado a la iniciativa individual, al ingenio del emprendedor, un mundo cada vez más alejado de las promesas de la Revolución Francesa y el optimismo de la Modernidad.


Pero el universo de las demandas insatisfechas lejos de reducirse se ha incrementado, porque a los antagonismos derivados de la histórica disputa por la apropiación del excedente, la misma lógica individualizante del neoliberalismo ha generado otras nuevas, como los reclamos de equiparación de derechos de la comunidad LGTBI, los movimientos feministas, la legalización del consumo de sustancias prohibidas, el matrimonio igualitario, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, la procreación monoparental, el alquiler de vientres, la protección del medio ambiente, el surgimiento de nuevos colectivos y exigencias de reconocimiento de distintas minorías.

El retorno de la política interpela desde entonces a los distintos saberes de la cultura, la filosofía, la economía, la sociología, la historia y, en lo que nos atañe más íntimamente, el psicoanálisis. Pero ¿tendría el psicoanálisis algo para decirle a la política? Si, como lo postula de entrada Tim Appleton, el ejercicio de un pensamiento crítico constituye un acto de praxis política, debemos rápidamente concluir que sí. Y podemos otorgarle también rápidamente mucha razón, cuando desde las usinas del poder neoliberal y sus “talleres de entusiasmo” se predica diariamente contra ese pensamiento crítico al que se anatemiza, en favor de un pensamiento de la felicidad, la productividad, la alegría. Lo más importante no es para los educadores del stablishment “criticar a la sociedad” ni, mucho menos, “señalar sus defectos”; lo importante es “desarrollar la capacidad creativa, la invención, la comprensión, el deseo, las ganas”. Por lo demás, debemos considerar que si el pensamiento de la Aufklärung ha sido un pensamiento crítico del oscurantismo religioso medieval, los así llamados “pensadores de la sospecha” se han distinguido precisamente por ser duros críticos de las ilusiones de la Ilustración. Freud, Marx y Nietzsche –entre los cuales no dudamos en incluir a Lacan–, han sido innegablemente pensadores hipercríticos. Y, en ese sentido, el psicoanálisis se revela necesariamente portador del pensamiento que lo dio a luz y al que a su vez dio a luz. Vale decir, portador de un pensamiento transitivamente hiperpolítico.


En segundo lugar, quería detenerme un instante en la enunciación de Jorge Alemán. No tanto en sus enunciados, cuyo análisis podrá leerse detalladamente en los distintos trabajos que siguen, y que podrán ser leídos ellos mismos en las entrevistas que, a modo de anexo, sirven de conclusión al presente volumen. Me refiero a algo subrayado más de una vez durante el coloquio, y es el hecho de que cuando Alemán habla de política, no lo hace en tanto cientista político, no lo hace en tanto filósofo, no lo hace en tanto sociólogo, quizás sí con un decir poético y, tal vez por eso mismo, cuando habla de política lo hace en tanto psicoanalista. Un psicoanalista que ha tomado partido por la emancipación. Lo que le confiere un lugar singular y distintivo entre aquellos intelectuales que han asumido el desafío de pensar la política a partir de la enseñanza de Jacques Lacan y sus consecuencias, autores como Ernesto Laclau, Alain Badiou o Slavoj Žižek, con quienes Alemán mantiene una permanente interlocución. Posición que ha inducido a muchos cientistas políticos, a muchos filósofos y a muchos sociólogos a adentrarse en la enseñanza de Lacan, para encontrar en ella una herramienta teórica impensada.
Al interior de la comunidad analítica, la situación no está tan claramente definida. La discusión es vieja como el propio psicoanálisis, y se le planteó a Freud desde el inicio.

¿Cuáles son los límites que impone su neutralidad al desempeño de un psicoanalista en la polis? ¿Cuáles los riesgos que, para la causa analítica, presupone el compromiso público de los psicoanalistas? Lo hemos señalado, en la larga historia de nuestras asociaciones ese debate nunca ha sido saldado, y en cambio sí ha dado origen a fracturas y a sucesivos reagrupamientos. Aunque permanece, en cualquier caso, una cuestión que se le impone a cada colega en su ejercicio cotidiano: ¿es viable sostener nuestra práctica preservando una impostada extraterritorialidad respecto de la época y su subjetividad? ¿Es posible conducir una experiencia auténtica de la palabra desentendiéndose de las encrucijadas sociales, económicas y de poder que determinan las condiciones mismas de esa experiencia? ¿Es posible, en fin, ser psicoanalista en la ciudad sin reconocerse ciudadano, al fin de cuentas, desinteresarse de la política?


A modo de respuesta, transcribo la que dio Michel Foucault al periodista Fons Elders en un debate sostenido con Noam Chomsky para la televisión holandesa en 1971:
“¿Por qué me interesa tanto la política? Si pudiera responder de una forma muy sencilla, diría lo siguiente: ¿por qué no debería interesarme? Es decir, qué ceguera, qué sordera, qué densidad de ideología debería cargar para evitar el interés por lo que probablemente sea el tema más crucial de nuestra existencia, esto es, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas dentro de las que funciona y el sistema de poder que define las maneras, lo permitido y lo prohibido de nuestra conducta. Después de todo, la esencia de nuestra vida consiste en el funcionamiento político de la sociedad en la que nos encontramos. De modo que no puedo responder a la pregunta acerca de por qué me interesa; solo podría responder mediante la pregunta de cómo podría no interesarme... No estar interesado en la política es lo que constituye un problema. De modo que, en lugar de preguntarme a mí, debería preguntarle a alguien que no esté interesado por la política y entonces su pregunta tendría un fundamento sólido, y usted tendría todo el derecho de gritar enfurecido: ¿por qué no le interesa la política?”.


¿Interesarse en la política implica de por sí un posicionamiento de izquierda? Seguramente debemos responder que no. Aun cuando las usinas neoliberales se propongan fabricar emprendedores, no ciudadanos advertidos. Por esa razón recordaré, para concluir, que para Alemán ser de izquierda significa afirmar el carácter contingente de la realidad del capitalismo. Lo que quiere decir, aproximativamente, que ser de izquierda supone sostener que el capitalismo puede no ser.
* Psicoanalista.

Publicado enCultura
Miércoles, 25 Abril 2018 10:42

De-liras y bandoleros

De-liras y bandoleros

Lejos. O en lo alto de las montañas, tanto de las escarpadas, riscosas y quebradas, como de las modeladas de altiplanicies y sabanas; ambas, en la cordillera oriental. O en mitad de las montañas, que de las minas pasaron a los cafetales, rumbo al sur, pensando en Santiago de Cali, para su útil cercanía al puerto de Buenaventura, nada más que un despachadero de café rumbo al Japón: Cordillera occidental. Y ¿en la cordillera central? También. Pero, dejando acariciar sus seis órdenes, por el trémolo de las brisas del Magdalena que juguetón, pasa por entre ventanas de madera, habitando espaciosas salas altas como iglesia. Lejos. En el tiempo también. En tiempos y lugares de galerón, y tal vez por eso fue, esa pintoresca fusión compositiva regionalesca de Alejandro Wills. A propósito, en el camino a Venezuela, mata-mata es su nombre, desde los de San Martín, hasta los de Casanare.

 

Lejos ¡Que haya llegado hasta el Táchira a mediados del siglo XX! ¡Eso sí que es lejos! – ¿Lejos? No, para nada. Lejos Puerto Rico, y lejos Cuba, –¡Ja! Si a eso vamos, ¡Lejos las islas Canarias!– ¿Nos pusimos muy ultramarinos? ¡Lejos Andalucía! – Eso no es nada, ¿Lejos?, ¡Lejos Castilla! – Lejos si… Pero, más lejos las Filipinas, que no se llaman así por Felipe, el de Los Tolimenses.

 

Las doce cuerdas, para la bandurria de España. Allá sí, que allá las cuerdas las fabrican. Pero las catorce, para la bandurria en Filipinas y las dieciséis, de la colombiana (así como las quince), que toma tiempo el barco que las trae. ¿La porción vibrante de las cuerdas? Acusa, que se quería una tesitura entre el soprano y el contralto de la bandurria, tal vez, para voces intermedias, en el justo medio del mestizaje arraigado entre estas tres cordilleras; o tal vez, formular un diapasón más amable a los dedos tan gruesos, como alejados de las escuelas para digitación de instrumentos de plectro. Catorce, quince y dieciséis, porque no eran cuerdas tan accesibles, y si se totiaba alguna, quedaban otras dos, al menos en los dos primeros órdenes. Si se pandeaba la tapa armónica por tanta presión, total, había más Pino y Pedro, digo, cedro, para darle forma a las nuevas liras.

 

¡Cierto! ¿Y todo esto de las paradojas y contradicciones de la emancipación criolla? ¿Será que la institución/los poetas se inventaron una historia sobre la bandola andina colombiana, para no hacer evidente que no es más que una bandurria española menos reconocida que la soprano estándard? Para más señas, cito al taller de guitarras, bandurrias y laúdes de Alberto Carrillo, que queda allá lejos, en Valencia, en Literato Azorín #15, Barrio San Mateo, pero del que me enteré, por una bandola “Andina colombiana” colgada en una pared del municipio de Labateca, Norte de Santander: Lejos.

 

Suena hermosa la bandola andina colombiana, y memorias tengo y relatos hay, que dan cuenta de su uso en manos de campesinos de la tradición voz a voz, o de músicos de pueblo que leían nota, y peluqueaban la mota. De músicos de banda municipal o departamental que complementaban sus decires, dando serenatas de bambuco en dueto. Tal vez ellos, poco reconocidos, fueron los que hicieron que esa bandurria española mezzosoprano, se volviera bandola andina colombiana, nada más que por la forma de tocarla y por las cosas que cantaban con ella. No tan atrás en el tiempo, apenas empezando el siglo XX. Con todos ellos, como idólatras de la Lira colombiana y entre todos nosotros, desde hace mucho, encurubitamos a lo alto, al altísimo parnaso, a los escogidos/merecedores para cantar sobre esos temas tan emotivos llamados “pueblo”, “nación”, “terruño” e “indiecitas” y “morenas”; en elegantes certámenes alejados del pueblo, la nación, del terruño, de lxs indígenas y lxs afrodescendientes, y en los que es oportuno hacer del dolor del pueblo, elegantes formas musicales revestidas con técnicas eurocéntricas. Para cantar, con lenguaje eurocéntrico, los daños de los españoles de hace quinientos años, que no los de los organizadores del imaginado certamen. Claro, depende del ámbito, y de la cantidad de cuerdas en la banda, bandola.

 

Cerca, cerca de mi opinadera, digo pues, que sería más coherente reconocer sanamente y concederle su lugar al aporte hispánico en nuestra cultura mestiza, pues los intentos de hacerla parecer nativa, con los indigenismos y los criollismos mediáticos, en verdad que siguen replicando, con efecto delay, puras estrategias coloniales que fueran patrocinadas por las rivalidades de las potencias del viejo mundo, y también, ya en el contexto de la Guerra Fría, por sus dos grandes polos, usando a la gente que la pasa mal, como publicidad; anestesiándonos o condicionándonos artísticamente, y dificultando la posibilidad de hacernos cargo del mestizaje delirante en el que vivimos. ¿Cómo asumir a la bandola aymara que vive en Chile? Está un poco más difícil de entender, que la bandola oriental, que vive en Venezuela.

Publicado enEdición Nº245
Lunes, 23 Abril 2018 16:51

Desnudo y arte

Desnudo y arte

Resulta sorprendente pensar que algo tan íntimo, tan personal secreto incluso como el propio cuerpo desnudo, el femenino pero también masculino, que se ha visto obligado a cubrirse y esconderse en público en todas las culturas occidentales y en muchas otras por siglos, sea expuesto descaradamente en todas las calles, plazas, edificios y rincones urbanos en forma de arte escultórico o pictórico. Una mujer que se desnuda en público es sumamente impúdica y hasta obscena pero impúdicamente los hombres (y mujeres) la han mostrado públicamente desnuda por doquier a su antojo. Lo considero una gran paradoja.

Las mil hormigas que hicieron huir al elefante

Un movimiento social renovador, Balai Citoyen, ha liderado la resistencia popular que ha marcado los últimos años de la historia de Burkina Faso.

Estamos en el año 4 d.R. (después de la revolución) en Burkina Faso. El día 31 de octubre de 2014, Blaise Compaoré presentaba su dimisión y huía a refugiarse en Costa de Marfil, forzado por un levantamiento popular que había llegado a tomar la Asamblea Nacional en Uagadugú. Dejaba tras de sí 27 años de un gobierno autocrático, un reguero de agravios, numerosas acusaciones de violaciones de los derechos humanos y, sobre todo, la sospecha de ser el responsable del asesinato en 1987 de Thomas Sankara, el revolucionario burkinés convertido en mito de la juventud de todo el continente.


A medio camino entre la profecía, la advertencia y el anhelo, ya lo había adelantado el cantante de reggae burkinés Sams’K le Jah. “¿No sabes que mil hormigas reunidas hacen huir al elefante?”, decía en “Si tu parles” (Si hablas). Sams’K le Jah es, junto al rapero Smockey, la cara más popular del movimiento Balai Citoyen (Escoba Ciudadana), que a su vez fue la punta de lanza de las movilizaciones que desembocaron en la caída de Blaise Compaoré. En su último intento por modificar la Constitución, por ajustársela como un traje a su medida, había lanzado una iniciativa para eliminar de la Carta Magna la limitación de mandatos. Esa fue la gota que colmó el vaso, el hecho que desencadenó las manifestaciones, la ira y, finalmente, la caída del dictador.


Sin embargo, el levantamiento del 30 de octubre de 2014 no fue ni una casualidad ni flor de un día. Más bien fue el resultado de que coincidiesen una serie de factores o, como dice Smockey, de “que se sincronizasen los relojes”. Coincidió el hartazgo de la población con la madurez de algunos movimientos sociales como Balai Citoyen, la pérdida del miedo con la sensibilización de los artistas comprometidos, los ecos de las primaveras árabes con la acumulación de atropellos del régimen, las huelgas y las protestas que habían debilitado la estructura del poder de Compaoré con el discurso a favor de la democracia y del control ciudadano de los agitadores culturales. “Los hijos de Thomas Sankara se habían hecho mayores”, sentencia Sams’k le Jah.


Durante los últimos años, el régimen autocrático de Blaise Compaoré había tenido que hacer frente a huelgas de estudiantes, que paralizaron el país en varias ocasiones. Pero también a movilizaciones, por ejemplo, de colectivos tan insospechados como algunos sectores del Ejército y de las fuerzas de seguridad, que ya habían lanzado advertencias y habían hecho tambalearse el poder.


En paralelo, los movimientos sociales como Balai Citoyen habían iniciado un trabajo de sensibilización a fuego lento y rebosante de creatividad. “Antes de la revolución llevábamos más de dos años haciendo actividades que ahora podemos llamar subversivas”, explica Smockey. “Hacíamos lo que llamábamos conciertos pedagógicos —comenta el rapero líder de Balai Citoyen—. Nosotros hacíamos el espectáculo, pero después planteábamos preguntas al público y charlábamos con ellos. Hacíamos proyecciones-debate, también sobre temas diversos con los que intentábamos alimentar el espíritu crítico. Gracias a eso pudimos tocar con los dedos la realidad de la ciudadanía, hacerles preguntas, comprender sus problemas”. Este contacto resulta fundamental en el movimiento porque, como señala Sams’k le Jah recurriendo a las enseñanzas de Sankara, “no se puede movilizar a la gente más que en torno a sus intereses”.


La ausencia de políticos al uso en el movimiento influyó en su capacidad para convencer y movilizar. “Hemos usado el instrumento de la música para la movilización. Había jóvenes que habían crecido con nosotros y confiaban. En mi caso, a través de la radio y, en el caso de Smockey, a través de su estudio y sus canciones, hemos conseguido ganarnos la confianza de los jóvenes. Así, cuando lanzamos el movimiento Balai Citoyen, pensaron: ‘Este es el movimiento que esperábamos’”, explica Sams’k le Jah


Su compañero Smockey es incluso más incisivo en esta cuestión: “Nosotros teníamos credibilidad por nuestra condición de artistas. El artista no es un mentiroso, no como los políticos. La gente está más dispuesta a escuchar lo que el artista le dice, y eso nos ha permitido difundir nuestro mensaje y plantar la semilla de la insurrección”.


Todos esos contactos generaron la sensación en los activistas de que se acercaba el momento, antes incluso del estallido de octubre de 2014. “En las actividades que desarrollábamos —explica Smockey— sentíamos que el fruto empezaba a madurar. Veíamos que había rabia y desesperanza en la base, sobre todo entre los jóvenes; pero ellos no confiaban en los partidos políticos y no sabíamos cuál era el lugar que nos reservaban a nosotros, la sociedad civil, con el riesgo de que nos colocasen en el mismo saco. Por eso intentamos seducir a estos colectivos con acciones de limpieza comunitaria, por ejemplo, que nos separaban de los partidos políticos y demostraban que no estábamos buscando puestos en las instituciones, sino que pretendíamos servir a la ciudadanía”.


Por su parte, su compañero Sams’k le Jah añade: “Desde el asesinato de Norbert Zongo [periodista muerto en 1998] ha habido otros intentos de acabar con el poder, pero habían sido, digamos, demasiado políticos. Nosotros estábamos preparados desde hace años. Había que esperar a que las condiciones estuviesen maduras”.


La sombra de Sankara


El proceso que llevó al levantamiento ciudadano en Burkina Faso en 2014 necesitaba un mito y, en este caso, el referente era inevitable: la figura de Thomas Sankara lo impregna todo. La figura del capitán revolucionario se había convertido en el estandarte del anticapitalismo, del antiimperialismo, de la lucha por la emancipación definitiva más allá del neocolonialismo y de un panafricanismo actualizado. Durante sus cuatro años en el poder, entre 1983 y 1987, combinó medidas y discursos: medidas de eliminación de los gastos superfluos del Estado con una tremenda carga simbólica, y discursos con un contenido épico solo a la altura de su coherencia.


Entre sus intervenciones destaca su comparecencia ante la Organización de la Unidad Africana en julio de 1987. Sankara se presentó en Addis Abeba reclamando la unión de los países africanos en el impago de una deuda ilegítima y en pro del bienestar de sus ciudadanos y ciudadanas. El líder burkinés advirtió de que si el resto de jefes de Estado africanos no lo secundaban no asistiría a la siguiente reunión. Y así fue. Tres meses después fue asesinado.


El martirio ha hecho más grande la figura de Sankara. Para la juventud de todo el continente era un símbolo, en parte ensombrecido por el Gobierno autocrático de Blaise Compaoré. Para los movimientos sociales burkineses ha sido siempre ejemplo y origen. “Sankara inició la dinámica de los pioneros en los institutos y los CDR [Comités de Defensa de la Revolución] en los barrios. Yo fui pionero. Cuando esos niños y adolescentes han tenido la madurez suficiente, se han dado las condiciones para esta revuelta, porque Sankara había sembrado la semilla”, explica Sams’k le Jah.


Su discurso está plagado de las enseñanzas del revolucionario asesinado, como la convicción de que “es mejor avanzar un paso con el pueblo que mil sin él”. Para este líder de Balai Citoyen, “Thomas Sankara es el general invisible” de la revolución burkinesa. Su compañero Smockey hace un complejo ejercicio de aritmética de los referentes del movimiento. “Somos un 70% Sankara, un 25% Zongo y un 5% de todos los demás: Nkrumah, Lumumba, Cabral...”.


Despertar conciencias


Sin embargo, los líderes de Balai Citoyen confiesan que no ha sido fácil llevar a cabo todo el trabajo previo de sensibilización. La figura de Sankara también ha sido reivindicada por otros sectores políticos, por lo que resultaba complicado recoger su legado y a la vez mantenerse al margen del juego de los partidos.


Desmarcarse de esa política institucional tan denostada en el país ha sido una de las obsesiones de un movimiento que es mucho más que una organización. “Es a fuerza de forjar que nos hemos convertidos en herreros —confiesa Smockey—; es decir, nosotros no éramos actores políticos, sino que nos hemos convertido por necesidad. Al principio, nos presentábamos como un movimiento apolítico, aunque no fuese del todo correcto. Si tú dices que eres político te relacionan con la conquista de las instituciones y la gente se distancia porque estaba harta de los políticos”, explica el rapero.


“Solo pasado el tiempo hemos empezado a decir que Balai Citoyen es un movimiento político, pero la diferencia entre nosotros y los partidos es que ellos quieren conquistar el poder y Balai Citoyen pone en marcha acciones políticas no para conquistar el poder, sino para ejercer un control ciudadano”, precisa Smockey.
Un futuro en construcción


Balai Citoyen pasa por ser la punta de lanza del levantamiento popular de 2014, pero la historia reciente de la movilización ciudadana en Burkina Faso no termina ahí. Menos de un año después, en septiembre de 2015, un grupo de militares de una unidad de élite del Ejército protagonizó un intento de golpe de Estado. Era la guardia presidencial, así que todo apunta a que la voluntad era restituir a Blaise Compaoré. De nuevo, los burkineses se echaron a la calle espoleados por los movimientos sociales, y la movilización fue clave para que los golpistas depusiesen su actitud y rehabilitasen al presidente de la transición, Michel Kafando. Dos meses después se celebraron elecciones presidenciales y legislativas con normalidad y transparencia.


La actividad de Balai Citoyen como “centinela de la democracia” no se detuvo ni con la caída de Blaise Compaoré ni con la resistencia al golpe de Estado, ni siquiera con la aparente recuperación de unas instituciones con buena salud democrática. “Nosotros seguimos siendo responsables de que se respete la voluntad del pueblo”, confiesa Smockey, y concreta el reto al que se enfrenta Balai Citoyen: “Aún buscamos la manera de crear el cambio social sin entrar en el juego de los partidos políticos, de influir en las instituciones que toman las decisiones sin ser un partido. Nuestro objetivo es suscitar una nueva forma de hacer política, aunque no tenemos la respuesta”.


En todo caso, los dos tienen clara la necesidad de un movimiento como el que impulsan porque el cambio de mentalidad todavía se está produciendo. “Nosotros estamos dispuestos a seguir asumiendo riesgos y a atrevernos a inventarnos el futuro, como nos dijo Sankara, aunque podamos cometer errores”, concluye Sams’k le Jah.


Hay una imagen simbólica que resume el sustrato de convicciones que da sentido a Balai Citoyen y la corriente de transformación social que representa. Cuando se hizo oficial la dimisión de Compaoré, después de que las manifestaciones en las calles hubiesen puesto contra las cuerdas a un régimen de más de 27 años, el movimiento llamó a sus militantes a seguir en las calles, pero en este caso para barrerlas, para ser protagonistas de la recuperación de la vida cívica.


La operación se repitió después de la resistencia al golpe. Smockey aporta su dosis de ironía también a este episodio. “Cuando cayó Blaise [Compaoré], a mí, como a todo el mundo, me hubiese gustado irme a las Galápagos a remojar los pies en el agua cristalina, pero teníamos que terminar el trabajo que habíamos empezado. Y la limpieza era el símbolo de ese trabajo terminado”.

 

Por Carlos Bajo
Wiriko

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González Casanova se convierte en el comandante Pablo Contreras

A partir de ayer, el doctor Pablo González Casanova, de 96 años, es el comandante Pablo Contreras del Comité Clandestino Revolucionario Indígena del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (CCRI-EZLN).

El nombramiento se hizo público en medio de una prolongada y emotiva ovación de los asistentes al conversatorio Miradas, escuchas y palabras: ¿prohibido pensar?, que se realiza en el Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de Las Casas-Universidad de la Tierra (Cideci-Unitierra) en San Cristóbal de Las Casas, convocado por los zapatistas.

El acuerdo rebelde le fue anunciado al ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por el comandante Tacho. Para ser zapatista –aseguró el tojolabal– hay que trabajar y él ha trabajado para la vida de nuestros pueblos. No se ha cansado, no se ha vendido, no ha claudicado.

Previamente –en una bella e hilvanada intervención en la que realizó un balance de la campaña de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio, para obtener el registro como candidata independiente a la Presidencia de la República– el escritor Juan Villoro narró cómo el pasado 11 de febrero, en la explanada del Palacio de las Bellas Artes en la Ciudad de México, don Pablo celebró su cumpleaños número 96, en el acto final de apoyo a la indígena nahua.

Rector de izquierda

González Casanova, recordó Villoro, es el único rector de izquierda que ha tenido la UNAM. Ese día en Bellas Artes, añadió, nos dio una lección de juventud y rebeldía y se mostró como un auténtico decano y hombre de juicio.

Preparando la sorpresa, el subcomandante Moisés narró cómo los zapatistas se forman como organizadores dando y supervisando tareas. Si las cosas salen bien, dijo el mando, el zapatista es premiado con más trabajo.

Fue entonces cuando el comandante Tacho tomó la palabra y comenzó a explicar, en tercera persona, los méritos y virtudes de don Pablo. Haciendo malabarismos con las cifras concluyó que, a pesar de la diferencia de edades, los zapatistas y González Casanova son contemporáneos. De paso recordó el nombre con el que hace casi un año, durante el seminario Los muros del capital, las grietas de la izquierda: el reloj de arena y el mundo organizado de las fincas, fue bautizado por los rebeldes "Pablo Contreras". Y ya encarrerado, anunció su nombramiento como parte del CCRI-EZLN y remató: el regalo que le vamos a dar es más trabajo...

Un año antes, durante el encuentro Los muros del capital, el subcomandante Galeano lo presentó como un hombre de pensamiento crítico e independiente, al que nunca se le indica qué decir o cómo pensar, pero que siempre está del lado de los pueblos. Por eso, explicó, en algunas comunidades zapatistas es conocido como Pablo Contreras. Y añadió que uno de los municipios rebeldes fue bautizado con su nombre.

Inmediatamente después de las palabras de Tacho para anunciar el nombramiento del nuevo comandante, los integrantes de la comandancia y el CCRI presentes en el presídium se pusieron de pie y comenzaron a saludar militarmente a don Pablo con la mano izquierda y a darle un caluroso abrazo, mientras la concurrencia aplaudía de pie durante unos 10 minutos y comenzaba a corear un inesperado "¡Goya, goya, cachún, cachún, ra, ra, ra! ¡Goooooooya! ¡Universidad!"

Don Pablo, que comenzó su intervención en el seminario saludando al auditorio en tzotzil y explicando que saludar es reconocer al otro y siguió reivindicando al zapatismo como una aportación universal a las luchas de liberación, correspondió al saludo militar y a los abrazos, visiblemente conmovido, con más saludos y abrazos.

Apenas el 1º de marzo pasado, en la presentación de una obra suya en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, González Casanova respondió a la pregunta de cuál es su receta para vivir con tanta fuerza intelectual: "Luchar y amar". Este 21 de abril, ya como comandante del CCRI-EZLN, ratificó nuevamente su vocación de luchar y amar.

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Jueves, 19 Abril 2018 06:03

La politización del deseo

La politización del deseo

Las mujeres, señala la autora, fueron capaces de hacerse cargo del deseo de emancipación y están dispuestas a volver a construir lo común estableciendo un límite a la manipulación del poder que distribuye el orden social y asigna lugares.

 

Hay dos posibilidades: o las mujeres escondían un secreto o la sociedad no quería, no podía verlas y escucharlas con la profundidad que sus reclamos ameritaban. El feminismo comprendió con mucha anticipación la necesidad de terminar con el patriarcado, relación de poder machista y sometimiento, que se impuso y naturalizó en la cultura global. Una sociedad fundamentada en el patriarca, la obediencia y la culpa conduce a la hostilidad, expresada como agresividad entre los miembros y autocastigo. Una cultura jerárquica, dividida en verdugos y víctimas, se caracteriza por la concentración del poder y la exclusión, el temor y la fascinación sacrificial.
Al poder patriarcal se sumó la acumulación capitalista, la ciencia al servicio del mercado y la desregulación neoliberal, generando un sistema de producción de esclavitud y exclusión sin precedentes. Como saldo de esta demencial acumulación de poder se obtuvieron inmensas desigualdades sociales, guerras, carrera armamentística, explotación, enfermedades y muertes. En ningún caso se cumplieron las promesas de autorregulación de los mercados, los consensos ni la igualdad garantizada por la ley y amparada por la Declaración de Derechos.


Las mujeres comprendieron antes que el resto social que patriarcado y capitalismo constituyen un dispositivo de poder que se expandió por todo el planeta y se apropió de la vida. Que sólo habrá democracia si somos capaces de emanciparnos del patriarcado y de toda forma de concentración del poder capitalista.
Feminismo: reivindicaciones y algo más


¿Qué es una mujer? Se preguntó Freud y respondió un “Dark continent”, era su manera de referirse al enigma que no tiene representación en el inconsciente. Años más tarde, Lacan, en el Seminario XX, afirmó que la mujer se inscribe en la lógica fálica, pero no toda. Hay un suplemento en la posición femenina que no tiene inscripción, por participar la mujer de un conjunto abierto que carece de límite.


Emplearemos la concepción de Lacan para describir una política de mujer.


El feminismo es un colectivo de mujeres que designa varias significaciones simultáneamente. Por una parte, refiere a las reivindicaciones concretas de la mujer: rechazo a la violencia hacia el género, la igualdad salarial, reconocimiento del trabajo de las mujeres por fuera del mercado, etc. Hace unos días se presentó por séptima vez un proyecto de ley que busca despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en el país. La demanda del movimiento de mujeres por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, simbolizado por el pañuelo verde, tomó fundamento en que el aborto, según Amnistía Internacional, es la principal causa de muerte materna en 17 de las 24 provincias y, según Unicef, nacen anualmente casi 3000 bebés de niñas de entre 10 y 14 años. Desde el psicoanálisis consideramos que la maternidad es un deseo, un proyecto y una libertad; una salida posible del Complejo de Edipo, no un imperativo ni el destino obligado para las mujeres. No desear ser madre no es un delito y el aborto nunca debe ser juzgado como un crimen. La iniciativa de este proyecto de ley lleva la firma de 71 diputados de distinto signo político, pero si este tema está en el tapete del debate parlamentario tiene que ver con el feminismo y su lucha.


Sin embargo, las mujeres no están del todo representadas en la lucha reivindicativa, algo desborda y excede ese locus histórico que supieron inscribir. El movimiento feminista afecta los “patrones” mismos del orden social porque se dirige contra la jerarquía, la sumisión y toda forma de explotación sea económica, sexual o de otra índole.


El 8M, la marcha internacional de mujeres desbordó toda medida y cálculo, poniendo en escena algo imprevisible que podemos caracterizar como ilimitado; irrumpió con una desmesura global que determina abordarlo como un nuevo agente político que contamina y reformatea lo común. La categoría política de “multitud”, propuesta por Antonio Negri y Michael Hardt en su libro Multitud (2005) resulta útil para pensar el actual movimiento feminista.


Estos autores conciben a la multitud como una energía colectiva que expresa una potencia generativa constituyente, ilimitada y global. No consiste en reunir individuos aislados, sino en construir de modo cooperativo y sin jerarquías una democracia que, partiendo de la igualdad, maximiza la libertad. Las mujeres piden igualdad asumiendo y expresando en la calle su derecho a ella, disputando el espacio del sentido común machista establecido.


La multitud no tiene un lugar espacial, no es una unidad ni una identidad pero está organizada. Se concibe como un concepto abierto, dinámico, que no puede encontrar una representación basada en una medida porque lo ilimitado excede la representación, es inconmensurable.


Es el producto de una praxis colectiva tejida desde abajo, que muestra la potencia política que tienen las singularidades de expresarse libremente en todas direcciones. Se trata de asambleas, encuentros, talleres, actividades creativas, relaciones o formas asociativas diversas: una comunidad de diferencias que al actuar políticamente conforma una voluntad común. La multitud feminista implica relaciones transversales y una libertad en la acción política en la que coinciden el cuerpo, el pensamiento y los deseos que crecen por proliferación, yuxtaposición y disyunción, en vez de hacerlo por jerarquización piramidal.


Las mujeres fueron capaces de hacerse cargo del deseo de emancipación y están dispuestas a volver a construir lo común estableciendo un límite a la manipulación del poder que distribuye el orden social y asigna lugares. Ellas politizaron el deseo poniéndolo en juego en una ética emancipatoria que interrumpe el orden establecido por el poder.


El feminismo irrumpió como una fuerza intempestiva que causa un movimiento y muestra un camino. Las mujeres nos interpelan y hacen que nos preguntemos: ¿cómo librarnos del patriarcado? ¿Cómo expulsar el fascismo incrustado en nuestro discurso y en nuestros actos?


Una invención efectiva y decidida a luchar contra el poder patriarcal y capitalista ocupó la calle, y puso un límite, un “ajuste de cuentas” en las relaciones entre igualdad y comunidad abriendo una inédita configuración del espacio político, una nueva realidad.


* Psicoanalista. Magister en Ciencias Políticas. Autora de “Populismo y psicoanálisis” y “Colonización de la subjetividad”.

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