Afro Netto, frente a un mural en la fachada de una casa en el centro de Palenque

Colombia tiene 86 comunidades indígenas, 12 familias lingüísticas, 10 lenguas aisladas y dos de origen de africano, como la que se da en San Basilio de Palenque
"Necesitamos mucho más trabajo", dice el artista y líder social Afro Netto (Andris Padilla Julio). "Muchas veces la cultura se debilita porque la gente se va"
"Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones excluidas", dice Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional

 En la entrada de San Basilio de Palenque, un burro atado con una soga vieja mira a un grupo de visitantes con extrañeza, un niño juega con un palo y un grupo de mujeres corta fruta con un cuchillo de filo inmenso. El calor es abrasador y tanto el burro como los humanos buscan cobijo en la sombra en una maniobra de vida o muerte. Los palenqueros caminan despacio por las calles sin asfaltar y, a lo lejos, se oyen frases sueltas acompañadas del sonido de los tambores. De pronto, una lengua extraña (la palenquera) y las vestimentas africanas anuncian que estamos ante un municipio poblado por descendientes africanos. Palenque fue el primer pueblo libre de América Latina.


Un grupo de esclavos liberados y huidos establecieron su fortín en esta zona del norte de Colombia en el siglo XVII. La desbandada desde Cartagena de Indias y su lucha contra las tropas españolas tejieron el inicio de su leyenda rebelde y de su resistencia admirable. Hoy, este pueblo de unos 4.500 habitantes afrocolombianos lucha por subsistir y no caer en el olvido.


"Necesitamos mucho más trabajo", dice el artista y líder social Afro Netto (Andris Padilla Julio). "Muchas veces la cultura se debilita precisamente por eso, porque mucha gente se va de Panlenque por cinco o diez años a buscar trabajo para enviar plata al pueblo. Algunos no retornan por miedo a perder lo que han conseguido o porque encontraron una nueva vida por allá. Todo esto hace que se debilite la cultura palenquera", dice resignado y con una cadencia triste.


Colombia es el tercer país americano con mayor población de descendientes africanos después de EEUU y Brasil, según un censo realizado en el año 2005. Presentes en todo el país, pueblan mayormente los departamentos de Chocó, San Andrés y Providencia, Bolívar, Valle y Cauca. Sin embargo, la falta de trabajo y de oportunidades ha hecho que estas comunidades se hayan visto obligadas a desplazarse a las grandes ciudades del país: Cartagena de Indias, Cali, Barranquilla, Medellín y Bogotá.


"Muchos jóvenes se van del pueblo a estudiar cuando terminan la secundaria. Se van a Cartagena, a Barranquilla, a Santa Marta o a Bogotá. Ahora mismo, algunos también se están dedicando al deporte, al boxeo y al fútbol", puntualiza Netto.


"Yo no toco muy bien el tambor", dice un chico de poco más de 18 años mientras da vida a la piel y la madera con las yemas de sus dedos. "Los que se quedaron en Palenque tocan mejor que yo. Yo me fui a estudiar a Cartagena". Como él, muchos otros jóvenes abandonan estas pequeñas poblaciones que probablemente estarían casi vacías si no llega a ser por el turismo.


Afro Netto tiene 26 años, un grupo de música llamado Kombilesa-mi y hace dos años se presentó a las elecciones municipales "para dar voz a su pueblo". Y es exactamente eso lo que intenta hacer con la música y con un centro social que trabaja con unos 50 niños. Con apenas tres años, los niños tocan el tambor y siguen el ritmo con sus pies diminutos.


"Decidí presentarme a esas elecciones porque me doy cuenta de las cosas. Lo primero que veo es que no hay quien hable de nuestro pueblo a nivel municipal. Y lo segundo es que hay cosas como la educación y la sanidad que no llegan a toda la comunidad", dice el líder social. "Mi intención era poder hablar por toda esa gente, hablar para que se desarrolle nuestro pueblo. Luchar por Palenque".


A pesar de los carteles, de la música y de su empeño, Netto no fue elegido concejal por el partido ASI, Alianza Social Independiente. "Obtuve buenos resultados, pero no gané. Ahora me han escogido para consejero de Identidad, Patrimonio y Cultura de la junta directiva del Consejo Comunitario de Ma Kankamaná de San Basilio de Palenque, que es como el Gobierno local", añade con orgullo y desechando la idea de volver a presentarse a más elecciones.


De la frente y las mejillas de Netto caen borbotones de sudor justo al terminar un pequeño concierto improvisado. Hace mucho calor, pero nos explica hasta dónde ha llevado su música y las ganas que tiene de que el mundo conozca esta pequeña rareza colombiana. "Canté con Kase. O en Bogotá en un festival en el que se mezclaban varios estilos musicales", recuerda este hito de su grupo, que lleva en marcha desde 2011.
Colombia tiene 86 comunidades indígenas diferentes, tiene 12 familias lingüísticas, 10 lenguas aisladas y dos de origen de africano, como la que se da en San Basilio de Palenque y la raizal.


Y para que todo esto no muera, para que esa música siga sonando y la resistencia legendaria no se quede sin representantes, los palenqueros necesitan acción política. "Llevamos mal la victoria de Duque. En Palenque queríamos a Petro. Pensábamos que con Petro se podrían haber cambiado más cosas porque su ideal es más cercano al pueblo. Él sí que conocía las dificultades de la gente de estas comunidades. Veremos lo que pasa".


"La realidad es que hay varias colombias", dice tajante Carolina Jiménez, directora adjunta de Investigación para las Américas de Amnistía Internacional. "Colombia tiene una deuda histórica con las poblaciones excluidas. A esos grupos, aislados de manera histórica, es muy probable que se les agreguen ahora la población migrante venezolana que está en una situación de gran desventaja porque no podrán formar parte de la economía formal", apunta Jiménez.


"Si vas a las zonas más afectadas por el conflicto y ves las situación de las poblaciones indígenas y de las comunidades afrocolombianas (como Palenque), se puede ver de manera todavía más acentuada (en comparación con las grandes ciudades) esos procesos de exclusión histórica", añade Jiménez. Efectivamente, en Palenque parece que el tiempo se detuvo y que su atmósfera marrón y calurosa permanecerá así eternamente.

Por Cristina Armunia Berges - Palenque (Colombia)

01/08/2018 - 21:08h

Publicado enColombia
La economía naranja  y el modelo de maquila cultural

Presionado por el capital internacional –léase Ocde– el gobierno Santos impulsó y logró la aprobación de esta Ley, la que junto con la Ley Lleras 6.0 y el proyecto Ley de Convergencias, arrasan con el patrimonio cultural inmaterial del país. Reducida a simple mercancía, las expresiones culturales y sus creadores son embolsados en el botín de las multinacionales.

 

En abril 26 de 2017, la denominada Ley Naranja, presentada por el senador Iván Duque Márquez, fue aprobada en último debate en la Cámara de Representantes. Inexplicablemente, la discusión se adelantó, pasando del puesto 25, que originalmente tenía en la agenda, al segundo. Con un quórum mínimo y sin un estudio real, obtuvo 80 votos a favor y solo 5 en contra. Otro ejemplo de cómo en nuestro país se aplica una política antidemocrática, aprobando leyes a pupitrazo, sin garantizar una amplia deliberación que incluya a la sociedad civil y a los sectores directamente interesados. Como era de esperarse, el presidente Santos, se apresuró a convalidarla, sancionándola en tiempo récord.

 

En 2013, Iván Duque y Felipe Buitrago, ya habían presentado para el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– un extenso estudio sobre el tema, con estadísticas mundiales de lo que ellos denominaban la economía de la cultura y la creatividad y sus posibilidades como nueva fuente de negocios y emprendimiento. Allí se calculaba el monto de la Economía Naranja en las Américas en 1.932 miles de millones de dólares de los cuales 1.664 en Estados Unidos, 175 en Latino América y el Caribe y 93 en Canadá. En el caso de Latino América, los países más relevantes son: Brasil con 66 mil millones de dólares, México con 55, Argentina con 17 y Colombia con 11.

 

El 17 de junio de 2018, en su discurso, tras ganar las elecciones en la segunda vuelta, Iván Duque resaltó éste renglón económico como uno de los pilares de su futura política gubernamental hasta el punto de mencionar posteriormente la posible creación de un viceministerio de la Economía Naranja. La importancia del tema por su relevancia económica y por ser el nuevo concepto con el cual pretenden manejar a la cultura y las artes, obligan a profundizar sobre las consecuencias que tiene para la Nación y la sociedad en general.

 

El concepto de Economía Naranja surge como otro derivado de las economías multicolores (verde, fucsia y demás), con las cuales las multinacionales pretenden solucionar sus problemas ante la crisis de rentabilidad a la que se ven enfrentadas.

 

En 2008, tras el crack financiero en el que colapsan Lehman Brothers y otras instituciones financieras norteamericanas y europeas, las instituciones financieras mundiales y los monopolios internacionales se apresuraron a buscar nuevos nichos de ingresos para salir de la crisis. No bastaron los enormes recursos que el gobierno americano invirtió en su rescate (solo el American International Group recibió 182.000 millones de dólares en asistencia y a distintas instituciones les ofrecieron alrededor de 16 trillones de dólares en “bailouts” –rescates– y otros subsidios de la Reserva Federal y del Congreso).

 

Fue la danza de los millones, con dineros públicos, para salvar a unos pocos, en este caso, especuladores privados. Millones que deben encontrar destino. Uno de cada diez dólares de la economía mundial va a la producción de bienes y servicios. El resto se invierte en modelos especulativos (mercados de deuda, de valores, futuros, seguros, etcétera). Hay millones de dólares que no tienen como invertirse y, por ende, se deben buscar nuevas fuentes o “nichos” que generen réditos. Entre estos se encuentra la “creatividad”. Es el gran capital buscando una nueva economía. Se trata de un modelo impuesto desde arriba y que no surge desde abajo. No son los artistas, son el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– y las financieras mundiales proponiendo un modelo de negocio.

 

Las industrias llamadas creativas comprenden los sectores que conjugan la creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural y/o aquellas que generen protección en el marco de los derechos de autor. La intención es incluir renglones ya existentes (gastronomía, arquitectura, publicidad, moda, turismo, agencias de noticias, videojuegos, etcétera) con otros nuevos de tipo artístico (artes escénicas, plástica, música, literatura, danza...). Dentro del nuevo modelo, el Estado se convertirá solo en un regulador y facilitador del nuevo negocio cuyos grandes beneficiarios serán las compañías oligopólicas del ramo.

 

Este modelo hace parte de una política neoliberal, que suprime expresiones de la cultura, como un derecho de la gente, con lo que pretende eliminar la obligación del Estado de garantizar, auspiciar, financiar y defender todas las expresiones artístico culturales de asiento nacional. De esta manera, la expresión cultural desaparece como derecho y se convierte exclusivamente en un negocio de las empresas del entretenimiento. Se intenta acabar con su papel como generadora de valores morales, éticos y estéticos, de nacionalidad y de construcción y reconstrucción del tejido social y se pone en entredicho la propiedad del patrimonio cultural inmaterial de la Nación.

 

El único criterio que se aplicará para que sobreviva cualquier iniciativa cultural, será que produzca réditos inmediatos. Así se trata, a las expresiones culturales, y al arte, como cualquier otro bien seriado, llámense zapatos, camisas, automóviles o goma de mascar. No se tiene en cuenta su carácter como productos únicos e irrepetibles. Tampoco se tiene en cuenta el valor que producen, no solo intelectual sino materialmente, a través del tiempo.

 

Las grandes obras, no solo perduran, sino que se reproducen por centurias. Se siguen montando los dramaturgos griegos, o a Shakespeare; se siguen tocando y escuchando la música de Bach, Mozart o Beethoven; y se siguen imprimiendo las obras de los grandes literatos, de Homero en adelante. Esto genera una riqueza material durante prolongados períodos de tiempo, por siglos, fuera del invaluable enriquecimiento a nivel intelectual y espiritual. La creación tiene unos parámetros totalmente distintos a las demás mercancías.

 

En este contexto, la Ley Naranja, en vez de solucionar el problema del abandono de los creadores por parte del Estado colombiano y de velar por el derecho fundamental del acceso a la cultura, busca que en medio de la crisis y la baja de la rentabilidad en otros sectores económicos, la economía creativa sirva como “oportunidad de negocios”, para grandes empresas nacionales e internacionales.

 

Como es conocido, dentro de los ciclos productivos se habla de creación, producción, distribución y comercialización. En este caso, serán los comercializadores los que se queden con el 90 por ciento del producido. La Ley Naranja hace parte del mismo paquete que incluye la Ley Lleras 6.01 y el Proyecto de Ley de Convergencias 1742, en los cuales dentro del concepto del copyright son los intermediarios quienes se benefician con la mayor tajada del pastel. A los pocos creadores “afortunados” que logren entrar en el negocio, les tocará un 10 restante, mientras los negociantes se apropiarán del conocimiento de la humanidad y manejarán su distribución únicamente bajo sus criterios de lucro y control del saber. Es el concepto del conocimiento, la cultura y las artes como propiedad privada, generadores del lucro, y no como bienes comunes de la sociedad.

 

El propósito es acomodar la “economía creativa” a los Tratados de Libre Comercio ya firmados y los por firmar. Con esta Ley se pretenden afinar los instrumentos jurídicos para que las industrias creativas extranjeras entren a saco al mercado colombiano con las mismas garantías de la industria nacional (nefasto Artículo 100 de la Constitución del 91). Se trata de impulsar que el modelo empresarial antinacional se lucre de la infraestructura que la nación, los departamentos y los municipios construyen con los impuestos de los colombianos y con el talento nacional. Es decir, estamos ante un nuevo caso de competencia desigual, en la que la desprotección y la falta de garantías llevarán a la ruina a las industrias culturales y los artistas nacionales. El creador colombiano, que no es ni siquiera mencionado en la Ley, terminará siendo apenas un empleado más, sin posibilidad de continuar con su creación independiente. En la práctica, el país se convertirá en una maquila cultural.

 

Por lo demás, la ley no habla del fortalecimiento del sector a través del apoyo financiero del Estado. Por el contrario, entrega al capital financiero el manejo de la “Economía Naranja”. En materia de presupuesto solo contempla créditos y líneas de inversión a través de Bancoldex, Findeter y Procolombia, entidades que promueven y financian el libre comercio, con lo que, finalmente, además de encadenar la Economía creativa a los ciclos de la apertura económica, encarece su consumo, obligando a los ciudadanos a pagar los costos.

 

De esta manera, el patrimonio cultural inmaterial del país recibe su sentencia de muerte. No solo se entrega la creación nacional en manos de los grandes empresarios, sino que las regiones, las etnias y los municipios pierden toda posibilidad de una expresión cultural autónoma e independiente y quedan sometidos a los circuitos financieros y al modelo empresarial que promueve esta Ley.

 

La nuestra es una crítica que no cuestiona la posibilidad de que exista la cultura del entretenimiento y de que existan empresas que se beneficien con ello. El primer problema es que los pequeños y medianos productores nacionales tendrán que enfrentar una competencia desleal donde los únicos beneficiados son los monopolios culturales nacionales y extranjeros. El segundo, y tal vez el principal, es que se despoje al pueblo colombiano del derecho a tener un arte y cultura nacionales y se exima al Estado de sus obligaciones. En Colombia el presupuesto del Ministerio de Cultura representa solo el 0.16 por ciento del presupuesto general.

 

El país tampoco cumple con las mínimas recomendaciones de la Unesco de la cual somos miembros. La Convención de la Unesco para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, del 2005, especifica “que las actividades, los bienes y los servicios culturales son de índole a la vez económica y cultural, porque son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si solo tuviesen un valor comercial”. La Declaración Internacional sobre la Condición del Artista aprobada en Belgrado en 1980 y ratificada en París en 1997, dice: “Sin dejar de apreciar el creciente interés del sector privado hacia el apoyo a la creación sobre todo cuando su contribución evita que se pierdan talentos creadores por falta de medios, reafirmamos la importancia de mantener la financiación pública de las artes”.

 

Desoyendo estas y otras recomendaciones, lo que se pretende imponer es la ley del más salvaje y del “sálvese quien pueda”, ante la arremetida voraz de los monopolios impulsadores de la banalidad, lo trivial y lo vacuo, lo cual busca reforzar su perniciosa ideología y el concepto de contra-cultura a nivel mundial.

 

La cultura y el arte necesitan una legislación que esté acorde con su estado actual y que impulse y defienda la creación nacional y sus aportes a la sociedad. Ante esta ley y las demás del ramo, ya sea que estén aprobadas o en proyecto, es fundamental realizar un amplio debate en el que participen todos los actores involucrados; retirar el arte y la cultura de los tratados de libre comercio y del bloque de la llamada Economía Naranja y evitar su entrega a las multinacionales; se debe crear una Política Pública Cultural del Estado y una Nueva Ley General de la Cultura y el Arte que incluya el fortalecimiento y la promoción del artista y su trabajo, a la vez que defienda todo el arte colombiano y, por supuesto, la producción de las industrias culturales nacionales. En definitiva: proteger la soberanía cultural nacional.

 


 

* Unidad Nacional de Artistas
1 La ley Lleras 6.0 ya fue aprobada el 22 de mayo tras ser tramitada con un mensaje de urgencia del gobierno, para cumplir las exigencias de EEUU que había condicionado su aval para que Colombia ingresara a la Ocde, a la aprobación de la misma. Debido a la protesta de amplios sectores, se le hicieron pequeñas reformas de maquillaje (a las bibliotecas se les posibilitó el préstamo público y se les permite tener terminales para disponer “in sito” de contenidos; las Medidas Tecnológicas de Protección (MTP) impuestas son menores de la ley aprobada en 2012 pero las excepciones son muy limitadas; se amplió de 3 a 10 años la prescripción para los dineros que las sociedades de gestión deben distribuir a los autores identificados; el capítulo que se ocupa de obras huérfanas (aquellas de las cuales no se conoce o no se halla el autor) contempla una mínima parte de ellas y en forma restrictiva; no se incluyó el concepto del “fair use” (uso justo), el cual sí se aplica en EEUU; el castigo de prisión para la piratería se aplicará a aquellos que supone que actúen no sólo con intención sino que tengan escala comercial o interés de lucro.) El fondo del problema se dejó intacto, manteniendo la propiedad y el manejo y la distribución del conocimiento en manos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación y ampliando sus derechos de propiedad de 50 a 70 años.
2 El 12 de junio, el proyecto de Ley de Convergencias 174, también recomendación de la Ocde, tuvo que ser retirado por el gobierno debido a la masiva protesta de los sectores del audiovisual y de organizaciones de la cultura como la Unidad Nacional de Artistas. En él se proponía un único regulador que se ocupe de la TV, las redes y la infraestructura de las telecomunicaciones, acabando de tajo el concepto de las comunicaciones como un servicio de interés social y dejando sin garantía de financiación a los 10 canales de la televisión y a los medios audiovisuales públicos; se liquidaban la Comisión de Regulación de Comunicaciones –CRC– y la Autoridad Nacional de Televisión –Antv– y se fusionaban El Fondo para el Desarrollo de la Televisión y las Comunicaciones y el Fondo para el Desarrollo de la Televisión y los Contenidos, creando un nuevo Fundo Universal Único –FUU– y la Autoridad Nacional de Regulación de Comunicaciones –Anrc–, administrados con criterios políticos por el gobierno de turno a través del Mintic; se reducían drásticamente los aportes al fondo de parte de los prestadores con título habilitado, al reducir sus aportes en más de 3 puntos y establecer una senda de decrecimiento de los mismos; y se ampliaban los permisos para el uso y explotación del espectro a 30 años renovables. Al ser una recomendación de la Ocde y bajo los criterios de la Economía Naranja impulsados por el Presidente elegido, Iván Duque, es seguro que se intentará hacer aprobar el proyecto en la próxima legislatura, razón por la cual las asociaciones del sector y la sociedad en general, deben estar alertas para rechazarlo de manera categórica.

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La economía naranja  y el modelo de maquila cultural

Presionado por el capital internacional –léase Ocde– el gobierno Santos impulsó y logró la aprobación de esta Ley, la que junto con la Ley Lleras 6.0 y el proyecto Ley de Convergencias, arrasan con el patrimonio cultural inmaterial del país. Reducida a simple mercancía, las expresiones culturales y sus creadores son embolsados en el botín de las multinacionales.

 

En abril 26 de 2017, la denominada Ley Naranja, presentada por el senador Iván Duque Márquez, fue aprobada en último debate en la Cámara de Representantes. Inexplicablemente, la discusión se adelantó, pasando del puesto 25, que originalmente tenía en la agenda, al segundo. Con un quórum mínimo y sin un estudio real, obtuvo 80 votos a favor y solo 5 en contra. Otro ejemplo de cómo en nuestro país se aplica una política antidemocrática, aprobando leyes a pupitrazo, sin garantizar una amplia deliberación que incluya a la sociedad civil y a los sectores directamente interesados. Como era de esperarse, el presidente Santos, se apresuró a convalidarla, sancionándola en tiempo récord.

 

En 2013, Iván Duque y Felipe Buitrago, ya habían presentado para el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– un extenso estudio sobre el tema, con estadísticas mundiales de lo que ellos denominaban la economía de la cultura y la creatividad y sus posibilidades como nueva fuente de negocios y emprendimiento. Allí se calculaba el monto de la Economía Naranja en las Américas en 1.932 miles de millones de dólares de los cuales 1.664 en Estados Unidos, 175 en Latino América y el Caribe y 93 en Canadá. En el caso de Latino América, los países más relevantes son: Brasil con 66 mil millones de dólares, México con 55, Argentina con 17 y Colombia con 11.

 

El 17 de junio de 2018, en su discurso, tras ganar las elecciones en la segunda vuelta, Iván Duque resaltó éste renglón económico como uno de los pilares de su futura política gubernamental hasta el punto de mencionar posteriormente la posible creación de un viceministerio de la Economía Naranja. La importancia del tema por su relevancia económica y por ser el nuevo concepto con el cual pretenden manejar a la cultura y las artes, obligan a profundizar sobre las consecuencias que tiene para la Nación y la sociedad en general.

 

El concepto de Economía Naranja surge como otro derivado de las economías multicolores (verde, fucsia y demás), con las cuales las multinacionales pretenden solucionar sus problemas ante la crisis de rentabilidad a la que se ven enfrentadas.

 

En 2008, tras el crack financiero en el que colapsan Lehman Brothers y otras instituciones financieras norteamericanas y europeas, las instituciones financieras mundiales y los monopolios internacionales se apresuraron a buscar nuevos nichos de ingresos para salir de la crisis. No bastaron los enormes recursos que el gobierno americano invirtió en su rescate (solo el American International Group recibió 182.000 millones de dólares en asistencia y a distintas instituciones les ofrecieron alrededor de 16 trillones de dólares en “bailouts” –rescates– y otros subsidios de la Reserva Federal y del Congreso).

 

Fue la danza de los millones, con dineros públicos, para salvar a unos pocos, en este caso, especuladores privados. Millones que deben encontrar destino. Uno de cada diez dólares de la economía mundial va a la producción de bienes y servicios. El resto se invierte en modelos especulativos (mercados de deuda, de valores, futuros, seguros, etcétera). Hay millones de dólares que no tienen como invertirse y, por ende, se deben buscar nuevas fuentes o “nichos” que generen réditos. Entre estos se encuentra la “creatividad”. Es el gran capital buscando una nueva economía. Se trata de un modelo impuesto desde arriba y que no surge desde abajo. No son los artistas, son el Banco Interamericano de Desarrollo –BID– y las financieras mundiales proponiendo un modelo de negocio.

 

Las industrias llamadas creativas comprenden los sectores que conjugan la creación, producción y comercialización de bienes y servicios basados en contenidos intangibles de carácter cultural y/o aquellas que generen protección en el marco de los derechos de autor. La intención es incluir renglones ya existentes (gastronomía, arquitectura, publicidad, moda, turismo, agencias de noticias, videojuegos, etcétera) con otros nuevos de tipo artístico (artes escénicas, plástica, música, literatura, danza...). Dentro del nuevo modelo, el Estado se convertirá solo en un regulador y facilitador del nuevo negocio cuyos grandes beneficiarios serán las compañías oligopólicas del ramo.

 

Este modelo hace parte de una política neoliberal, que suprime expresiones de la cultura, como un derecho de la gente, con lo que pretende eliminar la obligación del Estado de garantizar, auspiciar, financiar y defender todas las expresiones artístico culturales de asiento nacional. De esta manera, la expresión cultural desaparece como derecho y se convierte exclusivamente en un negocio de las empresas del entretenimiento. Se intenta acabar con su papel como generadora de valores morales, éticos y estéticos, de nacionalidad y de construcción y reconstrucción del tejido social y se pone en entredicho la propiedad del patrimonio cultural inmaterial de la Nación.

 

El único criterio que se aplicará para que sobreviva cualquier iniciativa cultural, será que produzca réditos inmediatos. Así se trata, a las expresiones culturales, y al arte, como cualquier otro bien seriado, llámense zapatos, camisas, automóviles o goma de mascar. No se tiene en cuenta su carácter como productos únicos e irrepetibles. Tampoco se tiene en cuenta el valor que producen, no solo intelectual sino materialmente, a través del tiempo.

 

Las grandes obras, no solo perduran, sino que se reproducen por centurias. Se siguen montando los dramaturgos griegos, o a Shakespeare; se siguen tocando y escuchando la música de Bach, Mozart o Beethoven; y se siguen imprimiendo las obras de los grandes literatos, de Homero en adelante. Esto genera una riqueza material durante prolongados períodos de tiempo, por siglos, fuera del invaluable enriquecimiento a nivel intelectual y espiritual. La creación tiene unos parámetros totalmente distintos a las demás mercancías.

 

En este contexto, la Ley Naranja, en vez de solucionar el problema del abandono de los creadores por parte del Estado colombiano y de velar por el derecho fundamental del acceso a la cultura, busca que en medio de la crisis y la baja de la rentabilidad en otros sectores económicos, la economía creativa sirva como “oportunidad de negocios”, para grandes empresas nacionales e internacionales.

 

Como es conocido, dentro de los ciclos productivos se habla de creación, producción, distribución y comercialización. En este caso, serán los comercializadores los que se queden con el 90 por ciento del producido. La Ley Naranja hace parte del mismo paquete que incluye la Ley Lleras 6.01 y el Proyecto de Ley de Convergencias 1742, en los cuales dentro del concepto del copyright son los intermediarios quienes se benefician con la mayor tajada del pastel. A los pocos creadores “afortunados” que logren entrar en el negocio, les tocará un 10 restante, mientras los negociantes se apropiarán del conocimiento de la humanidad y manejarán su distribución únicamente bajo sus criterios de lucro y control del saber. Es el concepto del conocimiento, la cultura y las artes como propiedad privada, generadores del lucro, y no como bienes comunes de la sociedad.

 

El propósito es acomodar la “economía creativa” a los Tratados de Libre Comercio ya firmados y los por firmar. Con esta Ley se pretenden afinar los instrumentos jurídicos para que las industrias creativas extranjeras entren a saco al mercado colombiano con las mismas garantías de la industria nacional (nefasto Artículo 100 de la Constitución del 91). Se trata de impulsar que el modelo empresarial antinacional se lucre de la infraestructura que la nación, los departamentos y los municipios construyen con los impuestos de los colombianos y con el talento nacional. Es decir, estamos ante un nuevo caso de competencia desigual, en la que la desprotección y la falta de garantías llevarán a la ruina a las industrias culturales y los artistas nacionales. El creador colombiano, que no es ni siquiera mencionado en la Ley, terminará siendo apenas un empleado más, sin posibilidad de continuar con su creación independiente. En la práctica, el país se convertirá en una maquila cultural.

 

Por lo demás, la ley no habla del fortalecimiento del sector a través del apoyo financiero del Estado. Por el contrario, entrega al capital financiero el manejo de la “Economía Naranja”. En materia de presupuesto solo contempla créditos y líneas de inversión a través de Bancoldex, Findeter y Procolombia, entidades que promueven y financian el libre comercio, con lo que, finalmente, además de encadenar la Economía creativa a los ciclos de la apertura económica, encarece su consumo, obligando a los ciudadanos a pagar los costos.

 

De esta manera, el patrimonio cultural inmaterial del país recibe su sentencia de muerte. No solo se entrega la creación nacional en manos de los grandes empresarios, sino que las regiones, las etnias y los municipios pierden toda posibilidad de una expresión cultural autónoma e independiente y quedan sometidos a los circuitos financieros y al modelo empresarial que promueve esta Ley.

 

La nuestra es una crítica que no cuestiona la posibilidad de que exista la cultura del entretenimiento y de que existan empresas que se beneficien con ello. El primer problema es que los pequeños y medianos productores nacionales tendrán que enfrentar una competencia desleal donde los únicos beneficiados son los monopolios culturales nacionales y extranjeros. El segundo, y tal vez el principal, es que se despoje al pueblo colombiano del derecho a tener un arte y cultura nacionales y se exima al Estado de sus obligaciones. En Colombia el presupuesto del Ministerio de Cultura representa solo el 0.16 por ciento del presupuesto general.

 

El país tampoco cumple con las mínimas recomendaciones de la Unesco de la cual somos miembros. La Convención de la Unesco para la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, del 2005, especifica “que las actividades, los bienes y los servicios culturales son de índole a la vez económica y cultural, porque son portadores de identidades, valores y significados, y por consiguiente no deben tratarse como si solo tuviesen un valor comercial”. La Declaración Internacional sobre la Condición del Artista aprobada en Belgrado en 1980 y ratificada en París en 1997, dice: “Sin dejar de apreciar el creciente interés del sector privado hacia el apoyo a la creación sobre todo cuando su contribución evita que se pierdan talentos creadores por falta de medios, reafirmamos la importancia de mantener la financiación pública de las artes”.

 

Desoyendo estas y otras recomendaciones, lo que se pretende imponer es la ley del más salvaje y del “sálvese quien pueda”, ante la arremetida voraz de los monopolios impulsadores de la banalidad, lo trivial y lo vacuo, lo cual busca reforzar su perniciosa ideología y el concepto de contra-cultura a nivel mundial.

 

La cultura y el arte necesitan una legislación que esté acorde con su estado actual y que impulse y defienda la creación nacional y sus aportes a la sociedad. Ante esta ley y las demás del ramo, ya sea que estén aprobadas o en proyecto, es fundamental realizar un amplio debate en el que participen todos los actores involucrados; retirar el arte y la cultura de los tratados de libre comercio y del bloque de la llamada Economía Naranja y evitar su entrega a las multinacionales; se debe crear una Política Pública Cultural del Estado y una Nueva Ley General de la Cultura y el Arte que incluya el fortalecimiento y la promoción del artista y su trabajo, a la vez que defienda todo el arte colombiano y, por supuesto, la producción de las industrias culturales nacionales. En definitiva: proteger la soberanía cultural nacional.

 


 

* Unidad Nacional de Artistas
1 La ley Lleras 6.0 ya fue aprobada el 22 de mayo tras ser tramitada con un mensaje de urgencia del gobierno, para cumplir las exigencias de EEUU que había condicionado su aval para que Colombia ingresara a la Ocde, a la aprobación de la misma. Debido a la protesta de amplios sectores, se le hicieron pequeñas reformas de maquillaje (a las bibliotecas se les posibilitó el préstamo público y se les permite tener terminales para disponer “in sito” de contenidos; las Medidas Tecnológicas de Protección (MTP) impuestas son menores de la ley aprobada en 2012 pero las excepciones son muy limitadas; se amplió de 3 a 10 años la prescripción para los dineros que las sociedades de gestión deben distribuir a los autores identificados; el capítulo que se ocupa de obras huérfanas (aquellas de las cuales no se conoce o no se halla el autor) contempla una mínima parte de ellas y en forma restrictiva; no se incluyó el concepto del “fair use” (uso justo), el cual sí se aplica en EEUU; el castigo de prisión para la piratería se aplicará a aquellos que supone que actúen no sólo con intención sino que tengan escala comercial o interés de lucro.) El fondo del problema se dejó intacto, manteniendo la propiedad y el manejo y la distribución del conocimiento en manos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación y ampliando sus derechos de propiedad de 50 a 70 años.
2 El 12 de junio, el proyecto de Ley de Convergencias 174, también recomendación de la Ocde, tuvo que ser retirado por el gobierno debido a la masiva protesta de los sectores del audiovisual y de organizaciones de la cultura como la Unidad Nacional de Artistas. En él se proponía un único regulador que se ocupe de la TV, las redes y la infraestructura de las telecomunicaciones, acabando de tajo el concepto de las comunicaciones como un servicio de interés social y dejando sin garantía de financiación a los 10 canales de la televisión y a los medios audiovisuales públicos; se liquidaban la Comisión de Regulación de Comunicaciones –CRC– y la Autoridad Nacional de Televisión –Antv– y se fusionaban El Fondo para el Desarrollo de la Televisión y las Comunicaciones y el Fondo para el Desarrollo de la Televisión y los Contenidos, creando un nuevo Fundo Universal Único –FUU– y la Autoridad Nacional de Regulación de Comunicaciones –Anrc–, administrados con criterios políticos por el gobierno de turno a través del Mintic; se reducían drásticamente los aportes al fondo de parte de los prestadores con título habilitado, al reducir sus aportes en más de 3 puntos y establecer una senda de decrecimiento de los mismos; y se ampliaban los permisos para el uso y explotación del espectro a 30 años renovables. Al ser una recomendación de la Ocde y bajo los criterios de la Economía Naranja impulsados por el Presidente elegido, Iván Duque, es seguro que se intentará hacer aprobar el proyecto en la próxima legislatura, razón por la cual las asociaciones del sector y la sociedad en general, deben estar alertas para rechazarlo de manera categórica.

Publicado enEdición Nº248
Jueves, 26 Julio 2018 08:04

Escribir con sangre

Amigos de uno de los grafiteros pintan en su ataúd.

La sociedad calla ante la corrupción reinante en el país, ante los asesinatos, pero ven un muro rayado y se escandaliza.

La ciudad aún duerme, la madrugada sigue tan oscura que parece la noche. Una bien planificada estrategia cumple su objetivo: lograr entrar en la zona del metro de Medellín, donde se encuentran los vagones que no serán usados ese día. Seguramente, con muchos días de anticipación, los tres jóvenes habían observado, una y otra vez, el lugar más óptimo para realizar su acción, un lugar donde pudieran pasar desapercibidos de las cámaras de seguridad. Las vías aún no están en funcionamiento. El metro de Medellín significa ESCRIBIR en lo prohibido, en el Everest de los grafiteros.

Va amaneciendo, probablemente ya estaban por culminar su obra, probablemente no se percataron del tiempo o si lo hicieron decidieron correr otro tramo más de riesgo, tal vez sintiendo la adrenalina que produce exponerse al límite para mostrar su arte, para confrontar de la manera que saben hacerlo, para ganar el respeto de otros artistas grafiteros y de la sociedad, que cierra una y otra vez las puertas y cercena las posibilidades de expresar lo fresco, lo renovado, lo joven, de embellecer cualquier fondo con otros colores diferentes a los habituales. Tal vez todas esas cosas juntas impidieron medir correctamente los tiempos, y el primer tren de la mañana, no el de pasajeros, sino el de la verificación de ruta –antes de iniciar la jornada del día–, los encontró y cobro con sangre el ímpetu de su juventud.

Los detalles de lo ocurrido nadie los conoce, los escritores de muros y paredes se los llevaron consigo. Tiempo después de lo ocurrido la fiscalía y medicina legal dan explicaciones que salvaguardan la imagen del metro de Medellín, de la alcaldía, de toda la “respetable” institución pública. Ante esta situación, decidimos hablar con Juan López (nombre falso para cuidar el anonimato del artista) quien aceptó dialogar con desdeabajo, y al contarnos su historia nos mostró también la humanidad, el ímpetu marcado por la edad y la fuerza que mueve a las nuevas generaciones.

– “Soy grafitero hace once años, el grafiti me dio una salida de la violencia, porque en el barrio donde crecí siempre ha sido muy violento. Cuando yo era pequeñito, desde que me levantaba, pasaba por encima de los muertos. Siempre he convivido con las drogas, el vicio, el licor, y todo ese tipo de asuntos. Entonces, para no caer en ese tipo de vueltas –porque ya me estaban empezando como a gustar– me empezó a llamar mucho más la atención lo que era el grafiti, lo que era rayar y todo este asunto. A mi no me gustaba ni dibujar como tal, pero empecé a tener gusto por los colores, las líneas, las letras y todo el asunto. El grafiti para mi fue una salida a todo ese entorno, una escapada al entorno que me agobiaba todos los días”.

Al iniciar nuestra conversación, Juan estaba muy reacio a hablar con nosotros, pero una vez que empezó a narrar su historia iba teniendo más confianza para expresarse, para contarnos y hacernos entender la importancia de lo que significa el mundo del arte grafitero para ellos.

– “El objetivo fundamental es apropiarnos de los espacios, porque la ciudad siempre ha estado llena de gris, nosotros algunos años atrás vivimos unas olas de persecución con diferentes alcaldes –depende de la ideología– que nos borraban los grafitis cada quince días y la ciudad se veía muy gris, entonces la idea de nosotros es apropiarnos de eso que llaman espacio público, que es de todos, y volverlo más colorido, porque el grafiti y el arte como tal se hizo para trasgredir, para incomodar, no para agradar a todo el mundo”.

Esa necesidad de incomodar, de la que nos habla Juan, dispara mi imaginación, porque de inmediato pude recordar las imágenes, letras, colores, cosas bellas y realidades incomodas estampadas en los muros y calles por los que camino constantemente, esos que seguramente, a partir de esta conversación miraré y leeré más atenta, pues allí hay mensajes, hay historias detrás de cada uno de esos lienzos callejeros. Es inevitable preguntarle a Juan ¿a quién quiere incomodar?

–“Incomodar a todo el mundo que prefiere una ciudad gris, en vez de una ciudad llena de color, una ciudad llena de expresión, una ciudad llena de libertad. Mucha gente dice: a mi lo que me gustan son los pajaritos y las flores –que es lo que pinta todo el mundo acá, que es lo que la alcaldía les paga por hacer–, pero no me gustan esas letras y cosas feas por ahí. La gente siempre ve un realismo bonito, un rostro y dicen: ¡uy! eso sí es arte.

Para pintar hay un lado legal, cuando pides permiso para una obra de gran magnitud, y el otro lado, el ilegal, que es cuando la persona quiere pasar ese tipo de límites y se fija otras metas: dejar su nombre en lo alto, llegar donde nadie más ha llegado. Todo eso es incomodar. Demostrar que no hay límite. Yo no le veo nada de malo a la pintura, pues la pintura se borra con pintura, en realidad hay problemas más graves en la sociedad que enfrentar. Todo el mundo se preocupa y tiene la doble moral; acá dicen que: ´ay no, los grafiteros´ y toda la vuelta, pero que pasa con los problemas de corrupción del país, con los asesinatos, con los robos, ante eso si callan, pero ven un muro rayado y se escandalizan”.

Como dice el poeta, “se hace camino al andar”, y de ello saben los jóvenes mucho, lo saben por intuición, lo saben por deseo de renovación, de cambio, de ruptura, lo saben por su deseo de que la vida sea mejor para todos y no para unos pocos. Hay sed de justicia y disposición para plasmarla.

Es la edad de las rupturas, de las trasgresiones, de la imaginación, de la realización plena, audaz. Es la edad donde los riesgos pierden sus límites, donde la relación acción-consecuencia se difumina, sin importar las consecuencias; es una lucha individual pero sobre todo colectiva: los jóvenes que se reconocen como grupo buscan su lugar en el mundo, pero el mundo, sobre todo en países como Colombia, les niega ese lugar y los margina, lo que acrecienta su decisión de trasgredir, de escandalizar, de romper las normas ilógicas creadas por adultos. Los grafiteros encuentran su fuerza e inspiración justamente en esos lugares prohibidos de pintar, donde el anonimato –que es su condición más preciada– puede escribir acerca de su disconformidad.

Juan concluye para nosotros, diciendo: “El grafiti siempre ha sido ilegal; no creo que los grafiteros sientan temor. Además, esta ciudad ya está llena de violencia, entonces, sino les da miedo hacer un grafiti en un barrio peligroso, ¿por qué temer hacerlo en otro espacio? Para ir más allá la cultura grafitera se une, lo que nos brinda más confianza para actuar”.

 

 

 

 

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El 80% de los jóvenes latinoamericanos considera "normal" la violencia machista, según Oxfam Intermón

El informe 'Rompiendo moldes' de la ONG Oxfam Intermónanaliza las normas sociales que se encuentran en las raíces de las violencia machista en América Latina y Caribe
El 65% de las y los encuestados de 15 y 19 años no creen en el "no es no": sostienen que las mujeres cuando dicen ‘no', en realidad, quieren decir ‘sí’
"Esta normalización, alimentada por creencias y comportamientos, está fuertemente arraigada no solamente entre los jóvenes, también en las instituciones públicas y en nuestros círculos familiares y sociales", dice el estudio

"No se trata de llenar las cárceles de hombres, sino de cambiar la sociedad", decía en una reciente entrevista la indígena experta en género, Irma Alicia Velásquez. Su país, Guatemala, cuenta con una de las normativas más avanzadas para perseguir la violencia machista, pero al menos 500 mujeres fueron asesinadas en 2017 por el hecho de ser mujeres. Por ello, insisten las organizaciones feministas, los cimientos que sustentan los comportamientos machistas también deben ser derrumbados para reducir las altas cifras de feminicidios.

Son esos cimientos, ese "imaginario" y esas "normas sociales nocivas" que alimentan el machismo, los que trata de identificar un reciente informe de la ONG Oxfam Intermón centrado en ocho países de América Latina y Caribe. A través de 4.731 encuestas, 47 focus group y 49 entrevistas en profundidad entre jóvenes de Bolivia, Colombia, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, el estudio se introduce en las "raíces profundas del sistema que produce, reproduce y sostienen las violencias contra las mujeres" y que, advierten, suelen derivar en la "normalización" de estos comportamientos.


El 86% de las y los jóvenes entrevistados aseguran que no intervendría si un amigo le pega a su novia. El 80% considera "normal" la violencia machista, según el análisis elaborado por la ONG. En Nicaragua, cuatro de cada diez encuestados saben que un amigo le pega a su novia. En República Dominicana, tres de cada diez jóvenes señalan que sus amigos golpean a sus parejas mujeres, según el informe de Oxfam Intermón.


"Esta normalización, alimentada por creencias y comportamientos, está fuertemente arraigada no solamente entre la juventud, sino también en las instituciones públicas y en nuestros círculos familiares y sociales, y se refuerza desde nuestras prácticas cotidianas", recuerdan desde la ONG. Los resultados provienen de las encuestas realizadas en América Latina y Caribe, pero sus respuestas pueden sonarnos familiares y son las que, según organizaciones feministas, nutren la base del heteropatriarcado.


La idea de la "virilidad masculina"


"Un hombre debe tener relaciones sexuales cuando quiera y con quien quiera. Las mujeres, no". "Los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres". "Una mujer decente no debe vestirse provocativamente, ni andar sola por las calles a altas horas de la noche". "Los hombres se enojan si su pareja no quiere tener relaciones sexuales". Son algunas de las ideas grabadas a fuego en las sociedades que, según detalla el estudio, alcanzan un mayor porcentaje de aceptación entre las y los jóvenes entrevistados. El documento se centra en América Latina pero muchas de esas creencias mencionadas


Así, por ejemplo, el 82% de las mujeres y el 80% de los hombres encuestados en América Latina y Caribe están de acuerdo con que "un hombre debe tener relaciones sexuales cuando quiera y con quien quiera, mientras, las mujeres, no". Del mismo modo, el 87% de ellos y ellas consideran que sus amigos creen que "los hombres tienen mayor deseo sexual que las mujeres".


Las normas sociales de las que, según la ONG, se nutren las violencias machistas en la región son divididas en tres tipos que Oxfam Intermón: aquellas que hacen referencia a la idea de la "virilidad masculina" sobre la que acaba basándose "el control del hombre sobre la mujer". A través de esta creencia, "la mujer se establece [en el imaginario] en torno a la negación del placer sexual, como un cuerpo disponible para satisfacer las necesidades sexuales del hombre, un cuerpo bajo vigilancia permanente y al cual se le niega toda capacidad de decisión", concluye el documento.
El 65% de los jóvenes piensan que "no es sí"


El vínculo entre la virilidad masculina y la violencia se muestra, según el estudio, "cuando las y los jóvenes creen que los hombres no se pueden controlar, que las mujeres deben cumplir con las expectativas sexuales de ellos aun cuando no lo deseen, y al asumir que las mujeres son cuerpos pasivos".


El informe destaca "la culpabilidad hacia las mujeres por la forma de vestir, por andar hasta tarde en las calles o porque ellas han tomado alcohol". Siete de cada diez hombres jóvenes de 15 a 19 años creen que una mujer decente no debe vestirse provocativamente ni andar hasta tarde en las calles; seis de cada diez mujeres opinan lo mismo.


El "no es no" no obtiene aceptación entre los encuestados. "La creencia que justifica la violencia sexual al sostener que las mujeres cuando dicen ‘no, en realidad, quieren decir ‘sí’ es mucho más alta entre los hombres de 15 a 19 años, con un 65% de respaldo", sentencia el informe.


El "amor romántico" y la heterosexual normativa


El otro grupo de ideas estudiadas hace referencia a aquellas expresiones relacionadas con "el amor romántico" y la "herosexualidad como mandato obligatorio". Estos pensamientos, sostiene el estudio, repercuten en un "aumento del control sobre las mujeres". Aquí se encuentran altos porcentajes entre las y los jóvenes que "no reconocen como violencia que les vigilen los teléfonos móviles y las redes sociales, que controlan con quién se relacionan o cómo se deben vestir, cuándo y cómo transitar en los espacios públicos".


Según el estudio, más de la mitad de las creencias incluidas en este grupo, que perpetúan las violencias machistas a través del aumento de control de la mujer en base de un supuesto "amor romántico", tienen datos muy altos entre las mujeres y hombres jóvenes de 15 a 25 años.


Entre ellas se encuentran, afirmaciones como "no es violencia revisar el celular de sus parejas", apoyado por un 84% de las mujeres y un 77% de los hombres; "Los celos son la expresión del amor", asumida por el 43% de ellas y el 63% de ellos. En cuanto a la heterosexualidad como norma, identifican un 73-67% de sustento a frases como "Las lesbianas no deberían mostrar su orientación sexual en la calle".


"La creencia que indica que quien te ama te cuida se nutre de ideas que distorsionan y pervierten las relaciones amorosas naturalizando el control sobre las mujeres", recuerdan desde Oxfam Intermón. "Se enseña que entre amor y sufrimiento hay una relación inevitable. A las mujeres, se les enseña a aguantar toda clase de abusos machistas en nombre del amor", detalla el documento. Seis de cada diez hombres de entre 15 y 19 años creen que aman realmente si celan a su pareja, una creencia que, según el informe, se repite en todos los países estudiados. El 80% de la juventud afirma que sus amigos hombres revisan el celular de sus parejas y el 62% de 15 a 19 años, que ellos controlan las redes sociales de ellas.
La idea de "la buena mujer"


El último grupo de normas sociales analizado por Oxfam Intermón se engloba bajo las características atribuidas socialmente a "la buena mujer" que concluye, apuntan, en la "normalización" de las violencias machistas.


Oxfam Intermón resume en la siguiente afirmación la idea que está, según el estudio, sobre la que se basa la normalización: "Un hombre tiene derecho a corregir o disciplinar el comportamiento de las mujeres y para eso puede utilizar cualquier tipo de violencia". La ONG también analiza que los y las jóvenes asumen algunas "razones" por las que la mujer tiene que "aguantar la violencia".


De esta forma, según el estudio, "el 50% de las mujeres y el 38% de los hombres de 15 a 25 años piensan que las mujeres aguantan situaciones de violencia en la pareja porque ellas creen que es normal sufrir violencia". Del mismo modo, "el 61% de las mujeres y el 55% de los hombres porque creen que los agresores las amenazan con matarlas.


"El temor de la mujer es que la vayan a matar. Por eso, ella no habla", respondió una joven en un grupo focal de Nicaragua. Oxfam Intermón destaca que en República Dominicana, Nicaragua y Guatemala la naturalización de la amenaza de muerte obtiene porcentajes muy altos entre las mujeres y hombres de 20 a 25 años. Por su parte, Guatemala, El Salvador, Colombia y Honduras son los países donde más jóvenes piensan que "las mujeres aguantan la violencia, porque creen que es normal".


Cómo romper con estas creencias


Según Oxfam Intermón, 1.831 personas fueron asesinadas en 2016 en América Latina y Caribe. El documento de la ONG concluye que, aunque "celebra los avances legislativos conseguidos", exige a los Gobiernos "la aplicación de las leyes, garantizar el acceso a la justicia de las mujeres víctimas de violencia, asegurar presupuestos reales orientados a crear capacidades en las instituciones públicas y funcionarios y funcionarias, no revictimizar y contribuir con nuevos mensajes machistas".


Para acabar con esas creencias que, recuerdan, dan soporte a las violencias machistas apuestan por, entre otra medidas, "visibilizar a las familias que están transgrediendo el modelo impuesto". Destacan que las amigas y amigos "pueden tener un enorme poder en la construcción de imaginarios y normas sociales alternativos", así como los medios de comunicación y los líderes de opinión juveniles, como los instagramers y youtubers.

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El fascismo ya está inmerso entre nosotros

El intelectual italiano Umberto Eco definió las 14 caracteristicas principales del fascismo eterno. Eco pedía apuntar con el índice cada vez que este fascismo eterno pueda aparecer en cualquier parte del mundo. Su objetivo era claro: desenmascararlo y combatirlo.


Interesante, como ejercicio filosófico y político, sería ver hasta qué punto estas 14 características aparecen hoy en día en la sociedad israelí, influenciada en forma directa por el pensamiento y la ideología sionista.


El primer punto se refería al culto de la tradición, de los saberes arcaicos, de la revelación que aparece en los textos sagrados. Qué mejor ejemplo que el del gobierno actual de Israel, influenciado por la derecha israelí y los factores religiosos ortodoxos, que propone y promulga legislación de tinte tradicionalista y religiosa que influye en forma directa en la vida cotidiana de sus habitantes.


La segunda característica nos habla del rechazo al modernismo, principio de la depravación humana. En este punto es dificil de acusar al gobierno de Israel de aversión al modernismo. El problema vuelve a aparecer en las influencias políticas de los partidos de ultraderecha religiosa y ortodoxa que integran la coalición de Netanyahu. Políticos que sueñan con insertar los valores religiosos, tradicionalistas pero arcaicos en los diferentes niveles del quehacer cotidiano de la sociedad.


El tercer item nos habla de la cultura como sospechosa en la medida en que ella se identifica con actitudes críticas para con el accionar y la política del actual gobierno. Qué mejor ejemplo que el de la actual ministra de Cultura y Deportes, quien ataca en forma descarada cualquier hecho cultural (cine, radio, teatro) que trae algún tinte crítico o acusador del accionar de la derecha israelí. Prohibiciones, despidos, cese de ayuda o subsidios económicos es moneda corriente del actual gobierno.


El fascismo eterno, según Eco, considera que pensar es una forma de castración. Idolatra el culto de la acción por la acción, rechaza todo pensamiento crítico...quien entra en desacuerdo con el accionar del gobierno es tildado de traición. ¿Cuántas veces aparecen en los medios de comunicación acusaciones de traición contra personalidades culturales o políticas que piensan de forma distinta?...decenas de veces por día. Acusar de traidor a todo el que piensa diferente pasó a ser de uso corriente en el lenguaje cotidiano de gran parte de la población israelí.


El miedo a lo diferente...el fascismo eterno es racista por definición: está en contra del otro, de los intrusos, de todo el que no es como él... qué decir del comportamiento gubernamental y de gran parte de la población con respecto a: los palestinos, los árabes israelíes, los judíos de procedencia etíope, los judíos conservadores o reformistas, los intelectuales de izquierda, los no sionistas...(y la lista sigue...).
El fascismo eterno encontrará en la clase media frustrada y en aquellos grupos sociales que se sienten defraudados o humillados por una izquierda claudicante y soberbia, caldo de cultivo para sustentar su poder. ¿Qué mejor ejemplo que el apoyo popular sin precedentes que tiene el actual gobierno de derecha?


La lista es larga e interesante. Aparecen en ella características como: el nacionalismo y la xenofobia, la creencia en el complot internacional que quiere destruir al Estado (alguien dijo Irán), el miedo al enemigo, el principio de guerra permanente (no hay con quien hablar, los palestinos solo entienden de violencia, la palabra paz es imposible en el Medio Oriente).


Esto produce la aparición de características en la sociedad israelí que y por casualidad (o ¿causalidad?) aparecen en el listado de Umberto Eco. Me refiero al elitismo y al desprecio por los débiles, al heroísmo y al culto de la muerte de una sociedad israeli militarizada en una enésima potencia, al machismo y al odio por el sexo no conformista, al populismo cualitativo, a la continua lucha del gobierno de Netanyahu por contrarrestar las influencias del poder judicial, quien trata con todas sus fuerzas de limitar y minimizar las últimas legislaciones antidemocráticas del gobierno.


El gobierno de Netanyahu, siguiendo las definiciones de Eco, utiliza un lenguaje pobre, una sintaxis elemental para tratar en todo lo posible de limitar los instrumentos que permitan a los ciudadanos el razonamiento complejo y crítico.


En algún momento y en algún lugar, estallaron voces que exigían: ¡No pasarán!... lamentablemente el fascismo está instalado en la mentalidad y el pensamiento sionista del actual gobierno de Israel. Dicho gobierno que aprovecha la coyuntura política y el respaldo internacional de Trump y de distintos gobiernos retrógrados de la región, para legislar decretos y leyes que afiancen el pensamiento sionista fascista en la vida cotidiana del país.


* Profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

 

 

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Sábado, 30 Junio 2018 09:03

Idioma y género

Idioma y género

Esta es una nota escrita por un economisto que de idioma entiende poco y con el género va tratando de adaptarse a las construcciones imaginarias colectivas (Yuval Noah Arari dixit) de nuestro tiempo.


Los iberoamericanos heredamos un idioma muy rico que, entre otras peculiaridades y a diferencia de otros idiomas como el inglés, califica sus sustantivos, adjetivos y artículos con género. De dónde viene esa peculiaridad y por qué no lo sabemos, pero lo cierto es que en castellano podemos hacer el chiste de cómo hacemos para saber si un can es perro o perra (le hacemos mover la cola y si se pone contento es perro, pero si se pone contenta es perra) y los angloparlantes no.


Si buscamos el significado del género en las palabras nos encontramos con explicaciones como esta:


“En castellano (el género) es una discriminación formal que posee capacidades contrastivas diversas. El sustantivo, el adjetivo y el artículo (así como algunos pronombres) llevan marcas de género. Sirve para establecer concordancia entre un adjetivo y el sustantivo al que califica y entre un artículo y el sustantivo al que actualiza”.
O esta otra:


“El género masculino es la forma no marcada o inclusiva: si decimos ‘los alumnos de esta clase’, nos referimos a alumnos de sexo masculino y femenino; el género gramatical femenino es la forma marcada y exclusiva o excluyente: si decimos ‘las alumnas de esta clase’, no nos referimos también a los de sexo masculino, sino solamente a las de sexo femenino”.1


Es más que comprensible que esta “forma no marcada o inclusiva” del género masculino provoque una sensación de discriminación en las mujeres, sobre todo en casos extremos, como si en una reunión de 49 mujeres y un varón alguien dijera, correctamente en castellano, “nosotros estamos aquí reunidos...”.


Esto ha llevado, con bastante justificación, a afirmar que el idioma castellano lleva implícita una fuerte discriminación de género, no ya por el significado de esta característica en el idioma en sí sino por la desigualdad que se percibe en muchos otros órdenes de la vida entre varones y mujeres en perjuicio de estas últimas.


El problema es que la reacción ante esta situación está llevando a propuestas y prácticas que están haciendo del idioma castellano una suerte de adefesio indefendible aun para mujeres que viven del idioma, como es el caso de algunas escritoras que admiten el problema pero no están dispuestas a escribir de una manera poco menos que ridícula y desarticulada.


Veamos un par de ejemplos de esta reacción, que no por entendible puede ser defendible. El primero es la deformación de los participios activos:


En castellano existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es “atacante”; el de salir es “saliente”; el de cantar es “cantante” y el de existir, “existente”.


¿Cuál es el del verbo ser? Es “ente”, que significa “quien tiene identidad”, en definitiva “quien es”. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a éste la terminación “ente”.


Así, a quien preside, se le llama “presidente”, y nunca “presidenta”, independientemente del género (masculino o femenino) de quien realiza la acción. De manera análoga, se dice “capilla ardiente”, no “ardienta”; se dice “estudiante”, no “estudianta”; se dice “independiente” y no “independienta”; “paciente”, no “pacienta”; “dirigente”, no dirigenta”; “residente”, no “residenta”, “ausente” y no “ausenta”.


Explicación que termina con una frase irónica que pone de manifiesto lo desatinado de intentar calificar con género a los participios activos:
Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío del esquino y, sobre todo, ¡el machisto!2
La otra reacción/propuesta lesiva del idioma castellano y del sentido común es la que propicia el reemplazo de las vocales que identifican el género de un sustantivo, adjetivo o artículo por el símbolo @ o las letras x o e. Por ejemplo:


[email protected] [email protected] de esta clase han sido [email protected] en su mayoría.
• Lxs alumnxs de esta clase han sido aprobadxs en su mayoría.
• Les alumnes de esta clase han sido aprobades en su mayoría.


Seamos sensatis: la lucha por la igualdad de género en la sociedad no justifica estas ridiculeces en la forma de hablar y escribir, ni estos adefesios idiomáticos van a resolver el problema de la desigualdad en sí mismo. Pero alguna solución hay que buscar porque también es indiscutible la incomodidad, por no decir la indignación, y la falta de equidad implícita en tener que pluralizar en masculino.


La única solución que me parece viable y rápida, en el sentido de la inmensa cantidad de tiempo que le puede llevar a un idioma cambiar aspectos liminares de su lógica interna, es la de cambiar la titularidad en la inclusividad de género, pasándola, por lo menos por tres siglos, del masculino al femenino. En otras palabras, hacer que el género inclusivo deje de ser el masculino y pase a ser el femenino, y digo por tres siglos como resarcimiento de la situación inversa que rige durante la existencia de la Real Academia Española desde 1713; de paso le daríamos tiempo para que pueda ir diseñando una solución definitiva más inclusiva y equitativa para el idioma.


Si esto se llevara a cabo, cosa que la RAE podría decidir de un día para otro, podríamos decir en una reunión de 49 varones y una mujer: “nosotras nos encontramos aquí reunidas...”; el idioma castellano seguiría siendo tan rico y expresivo como siempre y la lucha por la equidad de género obtendría otro gran logro sin arruinar el lenguaje.


Así como hace más de diez años iniciaba reuniones de trabajo en una agencia de Naciones Unidas agradeciendo la presencia a “todes”, con cierta ironía de la que hoy me arrepiento, también hice el ensayo más recientemente de pluralizar en femenino en un curso virtual de maestría de una fundación de alcance continental, y la reacción de los maestrandos masculinos de varios países fue muy positiva, adoptando de manera entusiasta esa modalidad reparadora.


De todos modos me queda una gran duda sobre si la RAE sería capaz de dar un paso tan “revolucionario”, no sólo por la tendencia conservadora y tradicional típica de una institución encargada de preservar el idioma a lo largo de los siglos, sino porque, además, de los 29 directores que tuvo desde 1713 ninguno fue mujer y de los académicos de número actuales las mujeres representan tan sólo el 15 por ciento (7 sobre 46). Pero algo van a tener que hacer porque la presión de género sobre el idioma es muy fuerte y cada día más irresistible.


* Docente de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.
1 http://www.wikilengua.org/index.php/G%C3%A9nero_gramatical
2 Carta anónima de una profesora en https://esnoticia.co/noticia-16757-carta-de-una-profesora-para-los-ignorantes-e-ignorantas

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Miércoles, 27 Junio 2018 05:54

Racismo y derechos

Racismo y derechos

Roberto Samar se pregunta cuál debería ser nuestro rol como comunicadores y comunicadoras frente a una mirada racista, clasista y eurocéntrica que tiene un fuerte anclaje en el sentido común y que aparece en redes sociales, medios de comunicación y comentarios de lectores.

Las miradas racistas nos atraviesan. Son miradas que jerarquizan, que colocan a determinadas personas sobre otras. Esta jerarquización tiene varias funciones: legitima la vulneración de derechos de determinados sectores y facilita la construcción de un enemigo, al cual responsabilizaremos de nuestros problemas.
Julio Cesar Monasterio, profesor de la Universidad Nacional del Comahue, señaló: “el sujeto moderno, blanco, varón, europeo, heterosexual, civilizado, desarrollado, de elite, se constituirá en oposición a ese otro, negro, mujer, no europeo, homosexual, bárbaro, subdesarrollado, popular, que debe ser invisibilizado y/o visibilizado negativamente, que aparecerá por fuera de la historia o en un estadio inferior, como en la edad de la infancia y de la ignorancia. Esta estrategia de constitución del sujeto moderno será el pilar de la expansión europea hacia los escenarios regionales del sur que, como plantea Albán Achinte (2008) se fundamentó en cinco pilares: una sola raza, una sola lengua, una sola religión, una sola historia y un solo género. Todo lo demás será estigmatizado y construido desde una visión negativa”.


Esta mirada racista, clasista y eurocéntrica tiene un fuerte anclaje en el sentido común y se reproduce en los mensajes violentos que circulan en redes sociales, medios de comunicación y se vuelcan en los comentarios de lectores.


Solo a modo de ejemplo. En la noticia del diario Río Negro: “A seis meses del homicidio de Nahuel, la Justicia no muestra ningún avance” se puede leer los siguientes comentarios: “Saben que hay secretos muy bien guardados de los mapuches terroristas”. “Todo esto ocurre porque los mapuches violaron la propiedad privada o pública con la toma”.


Estas miradas racistas quizás no sean mayoritarias, pero están presentes. Existen sectores que legitiman la violencia institucional, que asocian el pertenecer a un pueblo indígena con el terrorismo y que interpretan la recuperación territorial y defensa de derechos como delitos.


Una de las razones del fuerte consenso del racismo son sus raíces históricas. En ese sentido, “la República Argentina se constituyó como Estado-Nación sobre la base de la negación de las raíces históricas americanas, la sujeción de sus ocupantes originarios y la usurpación de sus territorios”, afirmaba el Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo.


Domingo Sarmiento llegó a manifestar “¿lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar”. “Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”.


Lo complejo del momento actual es que esta matriz cultural racista se legitima y fortalece con el discurso criminalizador y estigmatizante del gobierno nacional hacia el pueblo mapuche. Basta recordar que Patricia Bullrich, Ministra de Seguridad de la Nación, sostuvo en el Senado: “Los mapuches son un grupo de extrema violencia”.


En ese marco, ¿cuál debería ser nuestro rol como comunicadores y comunicadoras?


En el capítulo de “Pueblos indígenas” de la publicación “Buenas prácticas en la comunicación pública”, el INADI recomendaba “evitar el uso, en noticias, relatos o imágenes, de símbolos o elementos propios de los colectivos en escenas que los muestran como ‘extraños’, ‘problemáticos’ o ‘peligrosos’ “.


Asimismo, si queremos construir una sociedad menos injusta nuestro rol también debería ser visibilizar las violencias cotidianas que sufren estos pueblos y las riquezas culturales que los atraviesan. A modo de ejemplo: no fue noticia en los grandes medios que el 13 de junio un grupo de personas llevaron adelante un violento desalojo de familias mapuches en el Cerro Belvedere. El grupo de matones que portaban garrotes y armas de fuego destrozaron la totalidad de la ruka (casa) de la comunidad.


En el mismo sentido, tampoco fue noticia que el 24 de junio el pueblo Mapuche festejó el WiñoyXipantv, momento cuando el sol recupera sus fuerzas y los días comienzan a ser gradualmente más largos.


Por último, nuestra mirada sería distinta si desde los medios de comunicación que ocupan posiciones dominantes se visibilizara los derechos de los grupos históricamente vulnerados. Recordemos que la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas establece que: “los pueblos indígenas tienen derecho a la libre determinación y tienen el derecho colectivo de vivir en libertad, paz y seguridad como pueblos distintos”.


* Licenciado en Comunicación Social UNLZ. Docente de “Comunicación Social y Seguridad Ciudadana” UNRN

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Sondeo: Estadounidenses la tienen difícil para distinguir hechos y opiniones en las noticias

En medio de la preocupación y el creciente debate sobre las llamadas fake news o noticias faltas, el Centro de Investigaciones Pew publicó esta semana los resultados de una encuesta según la cual solo una cuarta parte de los adultos estadounidenses distinguen separadamente información objetiva y opiniones en espacios noticiosos.


Como parte del sondeo, Pew entrevistó a 5 035 mayores de 18 años entre febrero y marzo últimos. Los encuestados pudieron apreciar cinco declaraciones factuales u objetivas, entre ellas la de que “el gasto en seguridad social, Medicare y Medicaid constituye la mayor parte del presupuesto federal de Estados Unidos”.
A la vez, recibieron cinco declaraciones de opinión o subjetivas, como la de que “el gobierno es siempre derrochador e ineficiente” o “el aborto debería ser legal en la mayoría de los casos”.


Tras analizar las imágenes que contenían las cinco declaraciones factuales y las cinco de opinión, los sujetos del estudio debieron identificar cuáles eran hechos y cuáles opiniones.


Solo el 26% fue capaz de identificar sin fallos las cinco declaraciones factuales u objetivas. En el caso de las subjetivas o de opinión, fueron señaladas correctamente por el 35% de los encuestados. Del total de personas, el 25% erró en la mayoría o en todo al intentar diferenciar hechos y opiniones.


Al analizar los resultados, Pew concluyó que aquellos estadounidenses con mayor conocimiento político, comprensión del mundo digital y confianza en los medios de comunicación son más capaces de identificar con exactitud declaraciones de opinión y factuales en las noticias.


Igualmente, tanto republicanos como demócratas son más inclinados a clasificar una afirmación aparecida en las noticias como factual u objetiva cuando favorece a su lado político.


Pew también concluyó que cuando los estadounidenses consideran una declaración “objetiva”, también creen en su mayoría que se trata de un hecho real y preciso. En cambio, tienden a estar en desacuerdo con las declaraciones fácticas que incorrectamente clasifican como opiniones.


A inicios de mes, Pew publicó los resultados de otro estudio según el cual casi siete de cada diez estadounidenses (el 68%) se sienten “exhaustos” por la cantidad diaria de noticias.


Aunque la mayoría de republicanos y demócratas sienten esa “fatiga noticiosa”, el sentimiento es más extendido entre los primeros (77%), mientras que en los segundos alcanza al 61% del total.

24 junio 2018
(Con información de agencias y Pew Research Center)

Publicado enInternacional
Viernes, 15 Junio 2018 06:39

Anthony Bourdain: pensar en el suicidio

Anthony Bourdain: pensar en el suicidio

Allí estoy yo el otro día leyendo la noticia del suicidio de Anthony Bourdain (1956-2018), chef, autor y estrella global de televisión. La semana pasada se ahorcó en un hotel en Francia donde filmaba otro capítulo de uno de sus programas. Un pedazo de hombre. Más de 1.90, macizo. Sé que me fijo en lo raro, pero de repente pensé en la "cuestión técnica" de lo ocurrido.

Luego volqué a los estantes para ver a todos "mis" suicidas. No tienen su propia sección, pero los ubico bien a todos. Y a sus historias. Distintas. Igualmente complicadas. Con un solo vistazo hago un pase de lista:

Benjamin, Walter. Presente (un puñado de tabletas de morfina).

Borowski, Tadeusz. Presente (un horno de gas en la cocina).

Hrabal, Bohumil. Presente (la ventana de un hospital, quinto piso).

Márai, Sándor. Presente (un disparo en la cabeza).

Mayakovski, Vladimir. Presente (un disparo en el corazón).

Toller. Ernst, Presente (un pedazo de cuerda en un hotel).

Zweig, Stefan. Presente (un vaso de veneno, y otro para su compañera).

Bourdain, Anthony. ¡Bourdain...! No está. Debería. Aunque más bien de otro orden, también ha sido un extraordinario contador de historias. Su Kitchen confidential (2000), que narra los secretos sucios de la industria restaurantera y que lo hizo famoso, bien podría estar por allí.

Claramente, Bourdain era parte –e incluso producto– de la industria de entretenimiento, pero a la vez un raro y valioso ejemplo de una estrella que "sabía de qué lado estaba" ( The Jacobin, 11/6/18): con los oprimidos, solidarizándose con los de abajo, dándole voz a la gente común. Alguien que aprovechándose de sus privilegios, pero sin fijarse en sus intereses más inmediatos, se deleitaba en fustigar la hipocresía de los de arriba.

Bueno, sí... Allí estuvo una vez ensalzando a Obama. Comiéndose unos fideos y tomándose una chela helada en Vietnam con este criminal de guerra para una oportunidad de foto que mostraba “su lado cool”.

Pero lo que dijo de Kissinger, este archicriminal de guerra –y el gurú de Barack O.–, "que si alguien veía lo que hizo en Camboya no habría podido dejar de golpear hasta la muerte con las manos desnudas a este cabrón asesino" ( A cook’s tour, 2002, p. 162), lo compensa con creces.

Una vez dijo que si pudiera matar a algún líder mundial sería justamente a él. A la pregunta de qué le habría servido a Trump en la cumbre con Kim contestó: "cicuta".

Por otro lado, defendía a los trabajadores de las cocinas, en su mayoría migrantes latinos. Desmitificaba al Medio Oriente. Si alguien no leía, por ejemplo, a Robert Fisk, Bourdain era su chance de entender mejor a la región.

"La más grande tragedia que el mundo le trajo a los palestinos, fue su deshumanización", dijo hace unos años. Para contrarrestarla mostró en Parts unknown (2013) a los habitantes de los territorios ocupados como seres "normales" que cocinan, comen y cultivan sus alimentos. Dijeron que "legitimaba al terrorismo".

Se quedó aterrado por las condiciones en Gaza y su sufrimiento generado por el sádico bloqueo israelí que desde hace unos años –si ya hablamos sobre el tema– está detrás de una espantosa ola de suicidios allá, sobre todo entre los jóvenes.

Lean la historia de Mohanned Younis, un joven escritor que se quitó la vida agobiado por el sitio, la falta de perspectivas y las periódicas masacres a manos de Israel ( The Guardian, 18/5/18) y se les partirá el corazón.

Después de años de ser parte de la cultura machista y misógina (véase: Kitchen...) –lo que igual daba un toque adicional a su voz– empezó a denunciar los abusos en el mundo restaurantero. Se sumó a #MeeToo.

Apoyó a su compañera, Asia Argento, una actriz violada hace años por el nefasto Harvey Weinstein. Y aprendía de ella. De Hillary Clinton que defendía a Weinstein ( money, money, money...) dijo que era una "sinvergüenza".

Allí estoy yo finalmente pensando en mi propia depresión –al parecer un motivo detrás de la muerte de Bourdain– una enfermedad que poco a poco va consumiendo a uno desde adentro.

No para idealizar su muerte o alabar su "solución". Para ir conteniendo mis propias tendencias autodestructivas. La práctica de ir dejando cosas y gente. De ir haciéndose daño a sí mismo y a los que están cerca (como a la persona que más amaba y que estuvo allí, pero que igual no lo veía todo ni podía alivianar un desesperante e indescriptible sentido de la soledad).

Así, el mensaje de despedida de Asia con Anthony era emotivo, pero denotaba una distancia imposible de cruzar.

Allí estoy yo recordando cómo por meses me quedé cautivado por un particular y oscuro detalle: un gancho que descubrí entre las vigas de la casa. Sólido, de acero, bien colocado. "Aguantaría a un hombre de 1.90", pensaba ( sic)...Tal vez –hasta ahora lo estoy viendo– el haberse obsesionado por el lado "técnico" de todo esto me salvó. Fue lo que hizo que no lo hiciera (tal como lo hace ahora pensar en "mis" suicidas o en Bourdain y sus suertes quizás evitables).

Ya lo dijo Cioran: "si no fuera por la idea del suicidio, ya hace mucho me habría quitado la vida".

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

 

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