Por qué la gente joven se está uniendo de nuevo a los sindicatos en EE UU

La gente joven está en un punto de inflexión. Está frustrada por un sistema cuyas grietas fueron abiertas por generaciones anteriores, pero que solo se han propagado completamente para la suya.

En la Marcha por Nuestras Vidas en Washington DC, los rayos de sol atravesaban un marzo extemporáneamente frío, a través de los ordenados edificios brutalistas que bordean Pennsylvania Avenue. Cientos de miles personas inundan la avenida, igual que han estado inundando las líneas telefónicas y los correos electrónicos de los legisladores en las semanas recientes. En un escenario estratégicamente posicionado respecto al edificio del Capitolio, el joven de 17 años Cameron Kasky, un superviviente del tiroteo de Parkland [masacre en febrero de este año], ofrece esta declaración:


“A los líderes, escépticos y cínicos que nos dijeron que nos sentáramos y nos quedáramos callados, esperad vuestro turno: bienvenidos a la revolución. Es una poderosa y pacífica porque es de, por y para la gente joven de este país. Desde que este movimiento empezó algunas personas me han preguntado: ‘¿Crees que va a venir algún cambio de esto?’. Echad un vistazo, nosotros somos el cambio. Nuestras voces son poderosas, y nuestros votos importan. Así, prometemos arreglar el sistema roto en el que se nos ha obligado a estar y crear un mundo mejor para las generaciones que vienen. No os preocupéis, nosotros nos ocupamos”.

La declaración de Kasky trataba, por supuesto, sobre las armas. 17 de sus compañeros de clase y profesores le habían sido arrebatados, y a sus familias, amigos y a sus propios futuros, cinco semanas antes por un tirador que usó un arma automática para matar 17 personas en seis minutos y 20 segundos. También habían sido arrebatados por un sistema. Un sistema político en el que una amplia mayoría de estadounidenses, y especialmente los jóvenes, defienden políticas para frenar las muertes por armas de fuego, pero los políticos, sobornados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), no escuchan.

La gente joven está en un punto de inflexión. Está frustrada por un sistema cuyas grietas fueron abiertas por generaciones anteriores, pero que solo se han propagado completamente para la suya. Experimentan niveles sofocantes de deuda estudiantil junto a salarios e igualdad de ingresos en declive mientras ven empresas que monopolizan industrias enteras, y a veces incluso elecciones nacionales. La representación —la representación real— parece más teoría que realidad.

La gente, finalmente, está empezando a advertir el activismo de la gente joven para arreglar ese sistema. Sin embargo, muchos están confundiendo la nueva ola de cobertura mediática dedicada al activismo político juvenil con un activismo político recién adquirido por la gente joven. No es que la gente joven haya sido siempre políticamente inactiva, es que su activismo ha existido en lugares donde las generaciones mayores no están acostumbradas a mirar: en los campus universitarios, como el movimiento Know Your IX [en referencia al Título IX de las Enmiendas de Educación de 1972, relativas a la discriminación por razón de sexo] y las campañas por la igualdad de matrícula para los estudiantes indocumentados, y en movimientos activistas como #BlackLivesMatter [Las Vidas Negras Importan, contra la brutalidad policial], #ByeAnita [una exitosa campaña para conseguir que Anita Álvarez, fiscal del estado en el condado de Cook (Illinois), no fuera reelegida debido a su escaso empeño en perseguir a policías involucrados en casos de asesinato] y #Occupy.


Y ahora, cada vez más, en los sindicatos.


Por primera vez en décadas, la afiliación sindical aumenta entre la gente joven. Históricamente, la gente más joven no ha estado sindicalizada, y sus tasas de afiliación sindical estaban muy por detrás de los adultos más mayores. Pero, al igual que las leyes sobre armas que ya están siendo enmendadas, eso también está empezando a cambiar.


Según el Instituto de Política Económica (EPI, por sus siglas en inglés), en 2017 había 262.000 nuevos afiliados a sindicatos en Estados Unidos. El 75% de este aumento vino de gente joven (que el EPI considera aquellos con 34 o menos años, pero para los propósitos de este artículo, en general se refiere al subconjunto de más edad de la Generación Z y de la mayoría de los millennials, entre 16 y 35 años). La gente joven también tiene las actitudes más positivas hacia el trabajo organizado de entre todas las generaciones, y su apoyo en cuanto a partidos políticos se inclina profundamente hacia aquellos que defienden políticas a favor de los trabajadores (como posicionarse contra las leyes antisindicales), incluyendo los Demócratas y, cada vez más, los Socialistas Democráticos (DSA, por sus siglas en inglés).


Pero, por algún motivo, a diferencia de las generaciones previas, la organización laboral de la juventud no se ve como una parte integral de su organización, en general. Mientras mucha gente está documentando el aumento de la afiliación sindical juvenil y mucha más está describiendo el liderazgo juvenil en los espacios activistas, lo que falta es la idea de que estos dos fenómenos son en realidad uno: la gente joven está volviéndose hacia válvulas de escape exteriores que le permiten ejercer su política como resultado de un sistema político que, en general, no lo hace.

En un artículo para Jacobin Magazine, Micah Uetricht esboza la menguante relación entre la democracia dentro y fuera del centro de trabajo y, de igual forma, la relación entre la democracia económica y política. Para Uetricht —un estudiante de Sociología que se centra en el trabajo, miembro de DSA, y editor asociado de Jacobin— el activismo es el activismo, tenga lugar en el centro de trabajo o fuera de él. “Es un desarrollo relativamente reciente el que consideremos lo que ocurre en el trabajo como algún tipo de esfera separada de nuestras vidas en general”, dice. Añade: “La gente joven entiende eso y no le gusta vivir en una dictadura en el lugar donde pasan 8 o 10 horas cada día”.


Uetricht vivió algo parecido en su primer trabajo fuera de la universidad, cuando trabajó como cajero en un aeropuerto ganando el salario mínimo. Dice que él y sus compañeros de trabajo eran tratados como menos que humanos día a día, y que eventualmente decidieron sindicarse, otorgándole el descubrimiento de un sentido de voluntad de acción: “Nunca me había sentido tan indefenso como cuando era un cajero ganando el salario mínimo. En cambio, nunca me había sentido tan poderoso como cuando me uní a mis compañeros de trabajo, me enfrenté a mi jefe, y gané”.


Ese hecho —que las campañas de sindicalización frecuentemente no se centran sólo alrededor de mejores salarios o prestaciones, sino de un sentido de que se escuchará tu voz— es a menudo malinterpretado por aquellos que no están conectados con el movimiento obrero. Pero para Uetricht, que siguió hasta convertirse en un organizador sindical, la idea de la voz del trabajador, incluso si es para manifestar quejas sobre paga congelada o prestaciones sanitarias mediocres, no es simplemente un beneficio de los sindicatos; es ‘el’ beneficio. “Lo que aprendes inmediatamente como organizador —me cuenta— es que incluso en centros de trabajo con bajos salarios, el problema número uno que la gente tiene no son sus bajos salarios sino una falta de respeto”.


Una falta de respeto también está impulsando principalmente la frustración de la juventud con el sistema político. Cuando Kasky, el superviviente de Parkland de 17 años, habló en la Marcha por Nuestras Vidas, dijo que “nuestras voces son poderosas, y nuestros votos importan”. Lo dijo en contraste con el statu quo, en el cual las voces de la gente joven no se ven como poderosas, ni sus votos. Y, mirando la historia reciente, no es difícil entender por qué ésa puede ser la percepción de Kasky del statu quo.


Los votos de la juventud fueron desdeñados por un sistema electoral que favorece las áreas rurales y dispersas, rebajando desproporcionadamente las grandes cantidades de jóvenes que vivían en ciudades en 2016. Sus ideas de restricciones más fuertes sobre las armas de fuego, controlar a los grandes bancos, y apoyo a los derechos de las personas LGBTQ, los inmigrantes, la gente de color y las personas de diferentes creencias religiosas han sido continuamente superadas por las generaciones más mayores y los intereses particulares.


Viéndolo a través de esa lente, no sorprende que la gente joven haya considerado trabajar dentro del sistema político estadounidense como algo ineficaz y, honestamente, no digno de su tiempo. En vez de eso, la juventud ha redirigido su activismo hacia diferentes tipos de válvulas de escape, donde su esfuerzo sí puede dar lugar a resultados tangibles. Válvulas de escape como los sindicatos.


¿Qué significa esto para el movimiento obrero? Un centro de trabajo es, en el nivel más fundamental, un microcosmos del sistema político. Están aquellos que tienen el poder, los jefes, y los que no, los trabajadores. Con el paso del tiempo, el equilibrio de poder oscila; cuando los sindicatos son fuertes, el equilibrio gira más profundamente hacia los trabajadores, y cuando los sindicatos son débiles, el equilibrio favorece a los jefes. Cuando los sindicatos son poderosos, los trabajadores tienen algo parecido a una voz en la dirección de su país, un contrapeso para grupos de intereses particulares como el Consejo de Intercambio Legislativo Americano (ALEC, por sus siglas en inglés) o la Cámara de Comercio de EEUU.

Julia Ackerly está trabajando para desarrollar a los sindicatos hasta ese nivel. Con 27 años, ha trabajado en campañas del Partido Demócrata durante la mayor parte de su vida adulta: trabajó como organizadora y directora regional para la campaña de Bernie Sanders en las primarias de 2016, y después para el intento de Larry Krasner de ser fiscal de distrito de Philadelphia, que atrajo atención nacional por cómo Krasner buscó usar esa posición para promulgar una visión progresista del sistema de justicia criminal. Ackerly siempre ha trabajado en campañas que trabajaban de cerca con el trabajo organizado. Pero nunca había estado en un sindicato.


Eso cambió cuando se formó la Asociación de Trabajadores de Campañas (CWG, por sus siglas en inglés). La idea tras el CWG es bastante sencilla: espera sindicalizar a los miembros del personal de las campañas, que sufren duras condiciones laborales en las que proliferan la mala remuneración y prestaciones y los largos horarios, justificados por los directivos como sacrificios por una importante causa. CWG está organizando actualmente campañas una por una: su primera campaña de organización exitosa fue la de Randy Bryce, el candidato que esperaba ganar el escaño en el Congreso del presidente de la cámara, Paul Ryan, y ha organizado desde entonces diez campañas más, hasta un total de 11 en marzo de 2018. Pero espera organizar en última instancia a plantillas enteras de las campañas de los partidos en el futuro.


Ackerly, que ayuda a organizar personal de campañas y ella misma es ahora afiliada de CWG, dice que tener una capacidad colectiva de ser escuchados y respetados en el trabajo es un “factor muy motivador para las campañas de sindicalización”. Destaca la creación de protocolos para denunciar acoso sexual y discriminación como una de las mayores motivaciones que los miembros de las plantillas tienen para organizarse. Lo cual, de forma reveladora, es también uno de los mayores movimientos activistas, que domina en las conversaciones en las salas de estar de los hogares y en las salas de descanso de las empresas, mientras continúe el movimiento #MeToo [`Yo También’, que denuncia el acoso sexual].


La gente joven domina el personal subalterno de las campañas y también han constituido una parte importante de la fuerza motriz detrás de plantillas de campañas recientemente organizadas, según Ackerly. Jake Johnston, el vicepresidente de Organización del Sindicato de Empleados Profesionales del Sector sin ánimo de lucro (NPEU, por sus siglas en inglés), que incluye a algunos miembros de la plantilla de TalkPoverty [medio autor de este artículo], ha visto de igual manera a la gente joven llevar la batuta en las organizaciones que se han constituido recientemente bajo NPEU, y en el mismo NPEU.


Para Johnston, la acción colectiva tiene lazos implícitos con el activismo, en general. “La realidad es que nuestro sistema político realmente ha suprimido una parte significativa de este país. Creo que claramente hay un rechazo del statu quo, y sin embargo hay tan pocas vías para intentar cambiar eso”, dice. “Ya sea uniéndose a DSA, a un sindicato, una campaña de sensibilización o una campaña electoral, la gente está intentando cambiar eso. Todo el mundo necesita una válvula de escape para el activismo”.


Eso es cierto para la juventud en concreto. Durante demasiado tiempo, han sido las víctimas de un sistema económico y político que no funciona para ellos, mientras se les ha negado la oportunidad de cambiar ese sistema.


Ya sean estudiantes como Cameron Kasky gritando sobre la NRA en un micrófono que reverbera desde el Capitolio a la Casa Blanca, gente joven como Julia Ackerly organizándose en una industria que nunca antes ha sido sindicalizada, o activistas como Micah Uetricht organizándose en su propio centro de trabajo, la juventud se está negando a formar parte de un sistema político que ha ahogado consistente y metódicamente su voz. En vez de eso, ellos han llevado sus voces a otro sitio, a válvulas de escape como sindicatos o movimientos activistas donde —finalmente— se están escuchando sus voces.


Traducción: Eduardo Pérez

2018-05-08 06:58:00

 

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"El Frente Sandinista ni es de izquierdas ni representa a la memoria de la revolución"

La activista feminista Rebeca Mora, que lideró junto a sus compañeras varios grupos de manifestantes, explica que llegó a temer por su vida

Los jóvenes nicaragüenses tiene dos consignas claras: defender a la Upoli y dejarlo todo grabado. La primera, la Universidad Politécnica de Nicaragua, es el bastión del que depende que la protesta tome forma y consiga que se tambalee el Gobierno de Ortega. La segunda consiste en defenderse a golpe de móviles y cámaras. Los que tienen las camionetas, las motos y las armas son la policía y las Juventudes Sandinistas.


"Lo estamos dejando todo documentado por si nos pasa algo", explica Rebeca Mora, activista feminista de 26 años que participó en las movilizaciones de Managua de la semana pasada. Por el momento, se contabilizan 38 muertos y, según reconoce Mora, todavía hay gente detenida y desaparecida.


El origen de las protestas no es solo la reforma de las pensiones que anunció el Gobierno de Daniel Ortega. A este hecho, que empobrecería todavía más al país, se suman otros como el del aumento de los salarios de las autoridades, cuenta la activista, y la pasividad de Ejecutivo ante los incendios de Indio Maíz.


"La reserva biológica de Indio Maíz, que es el pulmón de Centroamérica, se estaba quemando y comenzaron a aparecer sospechas sobre si el Gobierno estaba detrás de la quema porque por esa zona es por donde pasa una de las rutas de un proyecto canalero", asegura la activista para dar a entender que el descontento es generalizado y muy anterior a los motines de la semana pasada.


Los ecologistas, las feministas y los estudiantes estallaron cuando se produjo el primer muerto durante las manifestaciones contra la reforma de la Seguridad Social.
"Lo que quieren hacer con esta reforma es que el pueblo pague una deuda que se ha producido por un mal manejo de la institución pública, porque el dinero de la Seguridad Social el Gobierno lo ha invertido, por ejemplo, en bienes raíces", protesta.


Las Juventudes Sandinistas, "el aparato del Gobierno"


Rebeca Mora vive en los alrededores del Camino de Oriente, lugar en el que se produjeron las primeras protestas violentas. "Te lo digo, he estado desde muy pequeña en marchas de todo tipo en este país y jamás habíamos sentido una represión tan fuerte", cuesta creer que pocas horas después del inicio de su relato habría varios muertos en las calles.


Mora decidió grabarlo todo y emitir por Facebook Live. En uno de sus vídeos se ve cómo llega despavorida a un restaurante y cómo va llegando gente que ha sido golpeada por la policía o por las juventudes que, según explican, son "el aparato del Gobierno". Entre ellos está Julio, un periodista del programa Onda Local que estuvo tres días con amnesia temporal. "El compañero Julio ya está recuperado", confirma Mora.


"Desde Camino de Oriente, la protesta quería dirigirse a la Uca y nos acordonaron los antimotines [las Juventudes Sandinistas] frente a una rotonda. En ese momento, vimos venir a cinco camionetas llenas de chavalos jóvenes. Mientras corríamos, los sentíamos a nuestra espalda. Yo logré correr y meterme en un restaurante con otras cuatro chicas. Nunca había corrido así en toda mi vida, corrí por mi vida", lo cuenta con una mezcla extraña de agobio y frialdad, quizá porque el otro lado del teléfono está a miles de kilómetros.
Por suerte, no estuvieron solas. "El señor de seguridad nos vio y nos metió para adentro. Él salió al frente de los chavalos que nos perseguían y les preguntó que qué pasaba. Este es un lugar privado y aquí no pueden estar, les dijo. Todo ese rato, el señor estuvo sosteniendo su escopeta en la mano".


Después de cuatro horas en el restaurante, la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras se organizó en sus propios vehículos para sacar a toda la gente que se resguardaba en los comercios de la zona porque los sandinistas les esperaban en la calle.


Ahora las activistas se sienten perseguidas. Creen que vigilan sus movimientos cada vez que se reúnen. "Yo he sido perseguida dos veces mientras iba a reuniones. Lo hemos denunciado, lo hemos hecho público todo para que quede documentado, también por si nos pasa algo".
¿Qué piden los estudiantes desde la Upol?


El Gobierno ha dado un paso atrás y ahora se ofrece al diálogo. Las calles de Managua permanecen en una extraña calma que no tranquiliza a nadie. El Movimiento Nacional de Jóvenes Universitarios 19 de Abril pide, en primer lugar, justicia para "los chavalos que fueron asesinados". Quieren que haya un mecanismo que haga justicia porque, según Mora, no fue solo la policía la que mató a estudiantes, también fueron los jóvenes afines a Ortega.


A largo plazo, quieren que el diálogo no sea solo entre Gobierno, Iglesia y empresa privada, quieren que el pueblo cuente. Y, por encima de todo, piden que "Daniel (Ortega) se vaya".


"Tras 16 años de gobiernos neoliberales, cuando regresan al poder [el sandinismo], la gente lo vislumbra como un verdadero cambio, como integradores sociales", relata Mora. "Pero después de todo este tiempo hemos visto que esto no es así. Aquí no hay ningún partido político que represente a la población, ni que represente o aglutine a la izquierda". Recuerda que por un lado está el Gobierno y por otro los "diputados zancudos", que son la oposición doblegada a Ortega.


"Este Gobierno se declara de izquierdas porque son el Frente Sandinista de Liberación Nacional, pero realmente ya no son de izquierdas. No son de izquierdas ni son representativos de lo que fue la lucha de izquierdas ni de lo que es la memoria de la revolución. Esto es una traición a los muertos de la revolución", concluye.

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El campesinado sí es un sujeto político de derechos

No es de ahora, así ha sido desde décadas atrás: la movilización y la puesta en marcha de diferentes alternativas organizativas, ha sido la única alternativa encontrada por el campesinado colombiano para gozar de su derecho al territorio, permanecer allí y construir en comunidad una vida digna. En su gesta en procura de la tenencia y redistribución de la tierra ha luchado contra los terratenientes, contra las políticas del Estado y contra las multinacionales.

 

Como parte de esa raíz, en el departamento del Cauca, a partir de la movilización acaecidas a lo largo de la primera década de este siglo, se conformó en julio del 2012 la Mesa campesina del Cauca, donde participan el Cima, Fensuagro, Marcha Patriótica, Pup.Soc, Ordeurca, Acader, Ascar de Playa Rica, Concejo comunitario de Renacer de Micay, municipio del Tambo, Asocomunal del Plateado y del municipio de Argelia1. Ahora ya son seis años durante los cuales esta mesa aporta a la solución de las tensiones de tierras y territorios entre las comunidades de esta región, entre ellos los municipios de Cajibio, Popayán, Timbio y Rosas, tensiones presentadas en especial por los sectores afines al gobierno nacional discriminando a los campesinos y afrodescendientes.

 

A partir de los paros del 2013, otros procesos se recogen en esta mesa, articulándose a la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular, alimentando los pliegos locales del departamento del Cauca. Se agregan a los temas de tierras y territorios los temas de derechos y garantías, ambiental, educación campesina y deporte campesino; por lo que se desarrollan en dos comisiones: Tierra y Territorio –donde también se incluye al Ministerio de Agricultura, la Agencia Nacional de Tierras, Agencia de Desarrollo Rural liderado por el Viceministro de agricultura y el acompañamiento del Ministerio de Ambiente–. La otra comisión es llamada la Inter-ministerial, coordinada por el Ministerio del Interior, junto a los Ministerios de Educación, Salud, Minas y Energía, el Departamento Administrativo del Deporte, la Recreación, la Actividad Física y el Aprovechamiento del Tiempo Libre (Coldeportes); ambas comisiones se reúnen mensualmente, de dos a tres días, con nuevos compromisos y seguimiento de la agenda, reunión siempre cruzada por la coyuntura política que obliga a modificar la agenda con reuniones extraordinarias.

 

Entre movilización y concertación, el campesinado caucano ha logrado a través de esta dinámica: la resolución 1817 del 29 de noviembre del 2017, la cual viabiliza la creación de un grupo de trabajo de asuntos campesinos con el objetivo de lograr la articulación entre el Ministerio del Interior y las entidades del campo. El otro logro, es el fallo en primera instancia por parte del Tribunal Superior de Bogotá de la tutela campesina interpuesta al Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), para que cumpla con la caracterización del campesinado. Proceso judicial que con el apoyo de la Comisión de Juristas, DeJusticia2, y que fue radicada el 23 de noviembre del año anterior, también entuteló a los Ministerios del Interior y Agricultura, al Instituto de Antropología e Historia (Ican), así como a la Presidencia de la República.

 

Esta acción judicial plantea: “El gobierno nacional debe saber cuántos campesinos existen en el país, además debe construirse y desarrollarse el concepto de campesino, a partir del concepto que se desarrollará en los 7 foros regionales enmarcados en otro acuerdo de la mesa del Cauca, con el objetivo de caracterizar al campesino colombiano”. Finalmente, otro de los logros alcanzados por el movimiento campesino caucano es la producción de políticas de inclusión campesina por parte del Estado.

 

Para que se cumplan estos logros, las organizaciones campesinas nacionales y regionales del Cauca harán el respectivo seguimiento, pero también pondrán sus ojos el sector académico (Universidad Javeriana, el Observatorio de tierras de la Universidad Nacional, la Universidad Externado de Colombia) la institucionalidad, con el marco de control realizado por la Procuraduría agraria, Defensoría del Pueblo y delegación de la Agencia Nacional de Tierras.

 

Al mismo tiempo, y como vía para recoger de manera más amplia las voces y propuestas del sector, se realizarán los foros regionales en 7 departamentos, junto a la creación de mesas campesinas por parte del Ministerio del Interior y el Dane para fortalecer el concepto de campesino. Mientras el gobierno nacional debe impulsar estas exigencias, las organizaciones campesinas y la Universidad Javeriana, con el acompañamiento de Dejusticia y Oxfam3 construirán antes de un año una propuesta de instrumento estadístico para que el Dane tenga un mecanismo de control campesino en el territorio nacional. Ya sea un censo campesino o una encuesta campesina hecha por regiones, está en diseño el camino para lograr que el campesinado colombiano sea un sujeto de derechos.

 


 

* Entrevista realizada a César William Morales, miembro del Comité de Integración del Macizo colombiano–Cauca y Nariño, vocero en la Cumbre Agraria y Mesa Regional del Cauca.
1 Comité de Integración del Macizo Colombiano (Cima), Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro), Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (Pup-Soc), Organización de Desarrollo Urbano y Rural del Cauca (Ordeurca), Asociación Campesina de Desarrollo Rural (Acader), Asociación Campesina de Playa Rica (Ascar), Asociación Comunal del Plateado (Asocomunal).
2 Dejusticia es un centro de estudios jurídicos y sociales localizado en Bogotá, Colombia. Nos dedicamos al fortalecimiento del Estado de Derecho y a la promoción de los derechos humanos en Colombia y en el Sur Global. Promovemos el cambio social a través de estudios rigurosos y sólidas propuestas de políticas públicas, y adelantamos campañas de incidencia en foros de alto impacto. También llevamos a cabo litigios estratégicos y diseñamos e impartimos programas educativos y de formación.
3 Oxfam es una organización benéfica cuyas siglas significan en inglés Oxford Committee for Famine Relief, muy conocida por sus campañas para recaudar fondos, su trabajo de ayuda al Tercer Mundo y su intento de promocionar el uso de tecnología básica y de los recursos locales renovables.

Publicado enEdición Nº244
En Bogotá, trabajadores del Distrito Capital en defensa de sus derechos

No es común que los trabajadores de planta de la Alcaldía de Bogotá salgan a la calle para hacerse sentir. Pues bien, este 22 de marzo realizaron un mitin al frente del Palacio Liévano, sede de la administración capitalina. Allí, bien trajeados y dispuestos, cerca de 600 trabajadores y trabajadoras respondieron al llamado de las centrales y federaciones que los aglutinan. Su propósito: defender sus derechos laborales.


Los puntos de reivindicación que los motivaron a manifestarse frente a las narices de una de las alcaldías más desprestigiada de los últimos años, parten del hecho de que en el juzgado 51 administrativo de Bogotá cursa una Acción Popular con la cual pretenden despojar a todos los niveles de empleos asistenciales, técnicos, profesionales y directivos de: prima Técnico profesional (40% asignación básica), prima de junio de 37 días, prima de vacaciones de 37 días, reconocimiento por permanencia (18%), bonificación por servicios prestados, prima sectorial (2%), prima de desgaste y alto riesgo visual; gastos de representación, prima técnica médicos y odontólogos especializados del sector de salud medio tiempo, prima secretarial, afectación negativa de cesantías y liquidación de la pensión.


Un pliego en proceso. Es necesario recordar que desde el 28 de febrero las diferentes organizaciones sindicales del sector público, a lo largo y ancho del país, se encuentran en proceso de negociación colectiva, después de presentar pliegos regionales y municipales ante la respectiva administración de sus entidades, en cumplimiento de los Decretos 1092 de 2012 y 160 de 2014, que regulan los procedimientos de la negociación colectiva al interior de las entidades del Estado.


En el evento también hicieron presencia los concejales del Polo Manuel Sarmiento y Celio Nieves por medio de su asesora Elizabeth Fuentes, quienes en sus intervenciones se comprometieron en realizar un debate de control político en el Concejo Distrital contra la administración de Bogotá por sus diferentes incumplimientos con la sociedad capitalina, el reiterado remolino de aseveraciones falaces en que se envuelve la figura del Alcalde, así como la inconsistente ejecución de políticas no contempladas desde el inicio de su campaña, amañando incluso su proceso de revocatoria.


Hay que decir que la puesta en marcha de esta acción popular por parte de la alcaldía que encabeza Enrique Peñaloza es un acto claramente ofensivo que pretende el desmonte del régimen salarial y prestacional del cual gozan los trabajadores distritales, régimen logrado a partir de sus propias conquistas y de los acuerdos que desde el 2013 le disputan al gobierno; que aunque ya sobrepasan el 60 por ciento de incumplimiento, significan importantes mejoras en sus condiciones laborales desde que los trabajadores del sector estatal gozan del derecho de negociación. Esta ofensiva de la Alcaldía es un ataque más en contra del sindicalismo colombiano, tan golpeado desde hace más de 30 años por la violencia, la cooptación y la cultura antisindical fomentada históricamente por el poder hegemónico en Colombia.


Los trabajadores de la ciudad exigen el cumplimiento del acuerdo laboral estatal distrital, con la firma del decreto que regularice el régimen salarial y prestacional del Distrito Capital. Al tiempo que así actúan, suman fuerzas para volver a levantar propuestas que renueven el movimiento sindical, lo articulen con otras comunidades afectadas por este modelo de ciudad y proyecten en Bogotá un movimiento social fortalecido por la valía de todos los derechos que merecemos para habitarla con dignidad.

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Jueves, 08 Marzo 2018 06:24

Girar

Girar

Tan enigmáticas somos, tan territorios íntimos y remotos, que así como hemos bajado la cabeza y dicho que sí y hemos olvidado ofensas para no contrariar al que nos había ofendido, así como hemos postergado nuestras amplitudes, también resultó que un día, uno más en muchos días extraordinarios de la historia humana, decidimos detener el mundo. Vaya propósito para estas criaturas quebradizas y anímicamente tuberculosas como esa dama que siempre se ahogaba en su camelia; vaya desquicio inesperado que comenzó a ocurrir hoy. No comenzó a ocurrir hoy, viene iniciándose desde hace siglos y seguirá. Las mujeres ya hemos soltado amarras porque hemos visto lo que siempre nos mantuvo quietas y muy cerca del muelle. Hemos visto que todo lo que durante siglos se nos ha dicho de nosotras (y tantas, tantas veces hemos creído como si ese dictado hubiese sido nuestra propia percepción), no era más que un hechizo mítico que comenzó en cada cultura y en cada continente a su modo, y en el nuestro, cuando en el relato original se nos hizo venir al mundo gracias a un pedazo de un varón.


Porque antes del falo fue la costilla. Las mujeres aparecimos cuando el hombre, que llegó antes al mundo, dice el relato, se sintió solo, y de una de sus costillas germinó una mujer. La primera reproducción humana de nuestra especie fue esa reproducción invertida, que sirvió luego para explicar míticamente la dominación. El patriarcado, que es el sistema, la perspectiva, la norma, la autoridad, la forma de explotación y discriminación inaugural de la humanidad, nos concibe inferiores y aunque las cosas hayan cambiado tanto, hay muchos planos paralelos en los que no han cambiado casi nada. Fuimos tributos entre reinos que se unían gracias al matrimonio, botines, herramientas y patos de la boda necesaria que decidiera el padre, el clan, el consejo de la tribu, la familia en cuyo centro estaba él. Fuimos las damas, las putas, las fregonas, las bailarinas virtuosas y las inhábiles, fuimos las que tallamos en las sombras las esculturas que firmaba un hombre, y también las que se metieron a monjas para no soportar toda una vida de obediencia al varón que nos tocara.


Fuimos las chinas que no podían hablar y que inventaron un alfabeto delirante esmaltado en los ángulos de sus abanicos. Fuimos las niñas africanas que sintieron la cuchilla entre sus piernas. Fuimos las Marilyn que le cantaron alguna vez el feliz cumpleaños al poder, y las que un día, aunque envidiadas por otras, descubrimos que estábamos completamente solas. Fuimos las que bailaron solas y se pusieron un pañuelo en la cabeza porque no se podía reclamar, pero sí dar vueltas y más vueltas a la pirámide mientras hombres armados gritaban “¡Circular!”. Circulamos. Y así como estamos seguras de que ninguna de nosotras ha olvidado jamás el aborto que se hizo, porque en cualquier biografía de mujer ese trance queda grabado como herida o una cicatriz, hace décadas reclamamos que todas tengamos las mismas posibilidades de abortar y no morir. Pero también somos las que no creemos que la maternidad sea nuestro destino obligado ni un síntoma psíquico repartido equitativamente en el género, las que vemos en las madres y en las abuelas el clímax del amor materno, el desaforado, el incontrolable amor materno, que baña hasta a los asesinos de los hijos, contra los que nunca se pidió más que justicia. Somos ésas aunque ellas empiecen a faltar. Esas nos parieron donándonos parte de la identidad femenina que es feminista porque una y otra cosa son mamushkas, no contrincantes.


“No soy feminista, soy femenina” es probablemente la frase que mejor sintetiza cómo las mujeres hemos mirado el patriarcado durante siglos con ojos ajenos, con los ojos del amo. Como si hubiera que renunciar a alguna parte que reconozcamos propia para admitir que somos además de otra manera. Somos de muchas maneras, pero hoy, en este mundo y como están las cosas, somos sobre todo las que advierten que algo hay que hacer. Que hay parar esta loca idea de supremacía que ahora ya nos da por sentadas pero no nos tiene por víctimas selectivas. La supremacía masculina ha derivado en una reacción conservadora que se especifica en la supremacía del hombre blanco. El que compra, tira o bendice las bombas que matarán a niños de pieles más oscuras y que viven en lugares que no importan. Esto tiene que parar. El que descerraja un disparo para que el muerto o la muerta aprendan quién manda acá. No alcanza la política ni la sociología ni el psicoanálisis ni las videncias ni las gargantas más poderosas para pegar el grito pertinente. Ya no somos nosotras en nuestro cuarto propio, ni nosotras detrás de la ventana. Somos las que salimos a defender el planeta, la mano que acaricia a la tierra que están envenenando. Ninguna de las pestes que cada día provocan tempestades, matanzas, crímenes, corrupción, guerras, mentiras en los diarios, es ajena al patriarcado. La verdadera costilla del patriarcado es el dolor

.
No hay ningún motivo para seguir creyéndonos chimpancés que dependen del alfa para su supervivencia. Y mientras tanto, ellos, que son o no son alfa, que son muchas veces machos humillados y deshechos por otros machos más poderosos que ellos, proveedores con alacenas vacías, se van dividiendo entre los que matan y los que comprenden. Todo gira. Giramos. Y girando es que intentaremos seguir parando el mundo. Mientras giremos el mundo notará que está quieto, como ha estado quieto desde hace siglos, quieto en el mismo movimiento, en la misma manera de entender la fuerza y la debilidad. Todo gira y el paro de mujeres, que aprendieron de sus madres y de sus abuelas muchas veces la audacia pero tantas otras la abnegación doliente, es una danza nueva.


El mundo no se lo esperaba. Y sucedió. Un día, las mujeres rasgamos el velo y vimos el ilusionismo por el que tantas y tantas fueron a la hoguera, a la cárcel o a la tumba. Y todos los platos revoleados por el aire porque la comida estaba fría, y todos los exhibicionismos que nos obligaron a ver penes desde que fuimos niñas, y todos los papeles secundarios de todas las películas y todas las historias fueron de pronto un gran escándalo retrospectivo por los abusos que estaban basados en una idea antojadiza: debíamos dejarnos someter. Giramos, aunque estemos quietas, porque paradas danzan en nosotras los millones de mujeres que no tuvieron la fabulosa chance de gritar juntas que no, y que basta.

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El feminismo es incómodo porque abre el camino para transformar el mundo y retrata la estafa de la falsa igualdad

La autora reflexiona sobre si hay ideología en el #8M

 

Para quienes creemos que un modelo que destruye el planeta atenta directamente contra las personas, preguntarse si la huelga feminista del próximo 8 de marzo es ideológico, político u otros adjetivos más que vienen aplicándole algunas organizaciones a este movimiento internacional imparable y necesario, es sencillamente absurdo. Yo me pregunto, ¿cómo no va a ser ideológico y político?. ¿Quiénes han consolidado y mantenido en el tiempo un modelo heteropatriarcal, machista, jerárquico, insostenible, implacable, agresivo, individualista, competitivo, violento, que fomenta la desigualdad, la injusticia social, la invisibilización de las mujeres, el consumo incontrolado y la apropiación en manos de unos pocos de los recursos naturales de los territorios para hacer caja?.

Es curioso que algunas organizaciones políticas como el Partido Popular y Ciudadanos que se apropian de las pancartas en las manifestaciones contra la violencia de género ocupando siempre las primeras filas, califiquen el paro internacional del día 8 de marzo como un paro ideológico para justificar que están en contra y que no participan. Realmente lo que quieren decir es que no tienen un compromiso con la igualdad real y con el cambio social necesario para conseguirla. Pretenden seguir beneficiando a las empresas que no contratan mujeres porque se quedan embarazadas, que las mujeres sigan asumiendo los cuidados de las personas dependientes, o vulnerables de manera invisible y gratuita, que en sectores como la agricultura y la hostelería, levantado habitualmente por mujeres, la contratación de mano obra barata y sin derechos y el engrosamiento de las listas de paro siga siendo la tónica, que los niños sigan queriendo ser reyes o príncipes y las niñas princesas, a ser posible consortes, y mudas.

Esto es lo que escoden al no apoyar el paro del día 8 de marzo. Enmascaran la desigualdad haciendo que las mujeres imiten comportamientos de hombres trasnochados que no responden a las nuevas masculinidades, carentes de sensibilidad, empatía, solidaridad. Diciendo y repitiendo como un mantra que para triunfar en esta vida tienes que demostrar, que es una cuestión de mérito y capacidad y que si no demuestras no tienes derecho a ser visible, a estar, a contar, a trabajar, a opinar, a expresar. Esto es lo que esconde esta falta de apoyo. El cambio les da miedo porque avanzar hacia una sociedad feminista es mucho más que luchar contra la brecha salarial. Es cambiar nuestra manera de consumir, de educar, de cuidar, de relacionarlos, de vivir. Es avanzar hacia una sociedad horizontal, sin jerarquías verticales, justa, cuidadosa con nuestro territorio, que ponga en el centro a las personas y al planeta y no la producción. Es acoger a las personas vengan de donde vengan y que cuenten. Todas y todos contamos, por el simple hecho de ser personas.


¿De qué hablan cuando apelan al mérito y capacidad?. Quiero una definición que vaya más allá de la “titulitis”, las carreras profesionales, los salarios altos, los niveles altos de idioma, a ser posible dos o tres idiomas, tener varias propiedades a tu nombre, no conciliar, no cuidar, no pensar, no vivir, no dormir, no disponer de tiempo para los demás. ¿Señores y señoras de la derecha española? Insisto PP y Ciudadanos, ¿de esto trata el mérito y capacidad? Pues yo creo que no estoy capacitada ni tengo mérito alguno porque para mí son otros los valores y actos que demuestran ese mérito.

Quizás no estén escritos, pero señoras y señores, desde mi modesta falta de mérito y capacidad he escuchado también a muchos hombres y mujeres que no creen en el paro feminista en no pocas ocasiones refiriéndose a otros ámbitos una frase que dice “el papel lo aguanta todo”. Desde mi humilde saber y entender esto viene a decir que algunos y algunas con muchas acreditaciones y títulos son una auténtica estafa. La sabiduría y el conocimiento está vinculado a las inquietudes de las personas, a sus sentimientos hacia los demás, a su motivación para transformar las cosas, a su dedicación para mejorar nuestra convivencia, a su lucha por reducir la desigualdad, a cuidar y dar amor a las personas de su entorno próximo, a respetar la diversidad cultural, sexual, funcional, religiosa, etc., a ayudar a las personas que sufren a superar las dificultades y a que puedan tener oportunidades para su crecimiento personal. Esto es mérito y capacidad, y en estas materias vitales, como en otras, las mujeres somos “Doctoras Honoris Causa”.


Mientras los señores y señoras que rinden pleitesía a banqueros y banqueras, monarcas, a grandes multinacionales que envenenan nuestros alimentos con fertilizantes, sigan manipulando los conceptos y los mensajes a su antojo y beneficio, mientras sigan forzándonos a ser heroínas, produciendo y consumiendo sin piedad, mientras sigan usando nuestros cuerpos para evadirse de sus problemas de autoestima e insatisfacción, por cierto problemas masculinos alimentados por este modelo productivo despiadado, mientras sigan imponiendo la maternidad para subir la natalidad al tiempo que nos penalizan laboralmente cuando damos el paso de ser madres, mientras el sistema educativo siga manteniendo los roles de niños competitivos, agresivos, triunfadores e individualistas y niñas humildes, prudentes, sencillas, preparadas pero delicadas, no lograremos avanzar hacia la igualdad real y seguirán siendo absolutamente necesarios los paros feministas.

Tenemos que lograr este 8 de marzo y los días sucesivos que se haga visible al mundo la cruda realidad que es que “si nosotras paramos el mundo se para”. Esto que es una verdad absoluta no quieren tener que reconocerlo públicamente. Ni tan siquiera los medios de comunicación convencionales. Yo estoy segura de que vamos a contagiar a muchas mujeres y hombres a sumarse a este paro, a colgar sus delantales. Vamos a ser capaces de visibilizar lo importante. La prioridad somos las personas. Porque estamos antes que cualquier bien material, antes que cualquier entidad financiera, antes que el pago de la deuda, antes que cualquier frontera. Y todo esto vamos a expresarlo y canalizarlo desde el feminismo que incomoda porque no hay otra manera de hacerlo, porque el patriarcado no ha sido capaz y porque definitivamente si seguimos su senda estamos abocados a seguir perpetuando el fracaso, el dolor, la injusticia, la desigualdad y a seguir devorando el planeta.

Los valores del feminismo se tienen que abrir paso para transformar la sociedad, cambiar el modelo productivo y volver a sentirnos seres humanos

 

Por Isabel Brito
TribunaFeminista

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Silvia Federici: El paro como momento de comprensión y transformación

Desde que la conocemos, las conversaciones con Silvia han sido siempre muy fértiles. No solo por su lucidez y agudeza teórico-política, sino también por su generosidad infinita en el relato de su experiencia, en esa búsqueda de coherencia entre lo que se hace y se piensa. En la previa del 8 de marzo, conversamos con ella sobre el paro internacional de mujeres y la actualidad de la lucha feminista.


Elegimos volver a escucharla hoy, en este contexto tan intenso donde la lucha de las mujeres se despliega con una fuerza por momentos inesperada. Donde cada una desde su comunidad de mujeres pone empeño en organizar, difundir y participar del 8 de marzo y del paro histórico que sucederá en más de treinta países alrededor del mundo.


En lo vertiginoso de estos acontecimientos nos venimos diciendo unas a otras: no aceptemos más la violencia, potenciemos nuestra fuerza para multiplicar nuestro ya basta, organicemos encuentros, espacios y marchas que hagan temblar la tierra. Pero también nos repetimos una y otra vez: hagamos más denso el tejido del entre mujeres; potenciemos nuestra ayuda mutua, nuestro autocuidado y reciprocidad; estemos cada vez más movilizadas pero también robemos tiempo para sentir y pensar cómo seguimos, cómo nos auto organizamos cada vez más y qué desafíos está alumbrando la lucha.


Dicho de otro modo, al desplegar la lucha ésta ilumina nuevos problemas políticos. De nada sirve hacer sin pensar. Pensemos a partir de lo que estamos experimentando y abramos los espacios para construir los cómo seguir. Nuestras compañeras y hermanas nacidas en las luchas que nos antecedieron portan experiencias que es preciso recuperar para no empezar de cero, para nutrirnos y cambiar. Por eso esta conversación busca ser un espacio-momento para que Silvia nos comparta palabras que nos ayuden a pensar lo que está sucediendo.


¿Qué está sucediendo con la lucha de las mujeres? ¿Qué has reflexionado sobre las últimas manifestaciones en Estados Unidos?


Aquí es un momento en el que se está dando una movilización muy fuerte de todos los movimiento sociales, y sobre todo del movimiento de las mujeres. Hemos visto estas marchas en Washington, en Nueva York, en varias ciudades. Mujeres de todo tipo, de todas las edades se están movilizando, sintieron la necesidad de salir a la calle. Y pienso que no es solamente una necesidad de responder a Trump, es la expresión de un gran descontento que se ha acumulado en estos años, porque las situación de las mujeres en todos los niveles, con excepción de una minoría, se ha deteriorado desde hace mucho tiempo, enfrentando una crisis en su vida cotidiana.
Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales. Además de enfrentarse continuamente a la violencia, que es violencia individual pero también del estado, de la policía, en las cárceles, es la militarización de la vida que aquí es cada vez más fuerte. Creo que ahora estos son los elementos que unifican y pueden unificar al movimiento feminista. Es un movimiento contra la violencia y los abusos institucionales, pero también es una manifestación de deseo, de voluntad de construir una sociedad diferente. En estas marchas, en Nueva York por ejemplo, se podía ver una gran creatividad, mucha fuerza y energía, por eso se puede comparar con lo que sucedió en los años setenta.
Es un movimiento que ha crecido mucho en los últimos años, sobre todo a partir de la desilusión que tantas mujeres han experimentado. Se pensó que trabajar fuera de la casa posibilitaba conseguir autonomía. Y no nos dio autonomía porque el trabajo es precario, no da seguridad. Lo que vemos es un gran número de mujeres, y hombres también, cargadas de deudas. Han luchado por entrar a las universidades, como se luchaba en los años setenta, y ahora con la privatización de la educación deben un montón de dinero para poder estudiar. Muchas jóvenes con veinte años no pueden ver cuál va a ser su futuro.


¿De qué luchas previas se nutren estas manifestaciones? Porque al mirar las imágenes -no podíamos dejar de mirar lo que pasaba, la cantidad de personas- desde el sur nos preguntamos ¿de dónde se están nutriendo? ¿de dónde nació ese desborde? ¿qué había previamente organizado?


Creo que la decisión de una parte del establishment americano de apoyar a Trump ha sido una respuesta a las luchas que ya se estaban dando. Por ejemplo, la lucha por el aumento del salario mínimo ha involucrado a muchas mujeres muy fuertemente, y siempre se cruzaba con la lucha de los migrantes. Porque son sobre todo las mujeres y las personas migrantes las que tienen salarios muy bajos. También ha crecido un movimiento estudiantil contra la deuda generada por la falta de gratuidad. Por otro lado, muchos han apoyado a Trump pensando que sería el presidente que cortaría las deudas e implementaría una educación gratuita. Es también creciente la movilización contra el control del cuerpo. Por ejemplo, en muchos estados se redujo drásticamente el acceso al aborto. Hoy las mujeres se enfrentan con dificultades en todos los lugares donde están, con cortes en servicios como la educación y la precariedad de la vida, ninguna sabe si tendrá o no trabajo. Sobre todo entre jóvenes y mujeres no se ve qué tipo de futuro se tendrá. También la rabia y la indignación contra estos abusos, la violencia institucional continua, la matanza de la policía sobre los y las jóvenes de color, migrantes, latinos. La conciencia de que vivimos en un régimen muy brutal, que no es una novedad, pero que ahora ya no se puede no ver. En los últimos años casi todos los días un joven negro fue asesinado con una impunidad absoluta. Entonces, hay un descontento muy fuerte, económico y no económico, porque los dos están conectados. Porque está claro que esta violencia se justifica y se sostiene en la represión y en la precariedad económica.


¿Cómo estás viviendo estos mismos movimientos en el plano internacional, por ejemplo lo que está siendo en este momento la organización del paro internacional de mujeres?


Es una idea muy excitante, sobre todo esta dimensión internacional de las luchas es muy importante. En las últimas semanas ha sido muy importante ver tantas movilizaciones en todas las ciudades al mismo tiempo, el sentimiento de ser parte de algo que se está moviendo en muchas partes del país y del mundo. Así como la respuesta al llamamiento de paro de las compañeras en Argentina en octubre pasado que fue muy fuerte. También aquí muchas compañeras salieron a la calle. Todavía es difícil saber, pero es claro que solamente algunas podrán hacer el paro porque hay tantas dificultades prácticas para organizar un paro de las mujeres, sobre todo en un país como Estados Unidos, donde existen realidades tan diferentes y hay grupos de mujeres tan diversas, en una situación donde faltan los servicios sociales, donde muchas mujeres son solteras y no tienen un marido que pueda sustituirla. Pero se envía una señal importante, es una posibilidad de compromiso con las nuevas formas de lucha y de organización. Ojalá sea un compromiso para crear redes de comunicación entre mujeres de diverso tipo. Crear un tejido social más fuerte, capaz de resistir a lo que está sucediendo y también empezar a construir nuevas relaciones. Empezar a implementar lo que se viene hablando sobre formas de auto gobernarnos, reclamar el control de nuestra vida, empezar el proceso de no solamente ponernos en contra sino ir definiendo qué tipo de sociedad queremos, cómo vamos a construirla, qué precisamos de inmediato y cuáles son los objetivos del futuro.


Yo creo que es importante hoy abrir una visión estratégica, no solamente salir a la calle, sino salir a la calle con una visión de lo que deseamos e intentamos construir. Sería una pena si vamos a la calle todas contentas y después regresamos a casa y no se une este momento con la construcción de algo distinto. Por eso es importante no solo demandar a un estado que no responde, sino comprender contra qué luchamos, que no son personajes. Estos personajes son la expresión de un mal que es el sistema. Comprender lo que está sucediendo a nivel económico, político, ecológico y empezar a hacer las conexiones. Es verdaderamente la misma lucha: luchar contra la contaminación, contra el capitalismo, la precarización de la vida y el despojo y luchar contra el patriarcado son momentos diferentes de una misma lucha. Pienso que esta movilización puede ayudar a crear conciencia sobre la interconexión de estas luchas. Ojalá tengamos la capacidad crear un terreno de unificación entre mujeres distintas.


Nosotras sentimos que nos entusiasma el paro y la movilización porque es un mensaje, es una disputa en varios planos, también simbólica. Acá en el sur, sobre todo la idea de la doble jornada, el trabajo doméstico, ha tomado mucha fuerza porque al discutir el paro hubo que intercambiar sobre qué precisábamos para parar. Eso dio lugar a un montón de discusión entre mujeres. Muchas han planteado que no pueden parar porque están solas con sus hijos e hijas, entonces vemos formas diversas de parar y participar. No nos proponemos hacer un paro en el que si no podés parar las veinticuatro horas no formás parte de la jornada y de la lucha, sino hacer un paro que diversifique las opciones y todas podamos participar.


Justamente, yo pienso que a partir de las dificultades de hacer este paro, de las dificultades de las mujeres que no pueden dejar a sus hijos, es importante comprender cuál es el paso próximo. Porque, ¿qué pasa con estas mujeres que están encarceladas por el trabajo doméstico todos los días y que no tienen a nadie que las pueda ayudar? El paro es un momento de comprensión y de transformación, porque mirando estas dificultades organizativas se puede ver qué necesitamos, qué se puede hacer como cosa urgente. Ver que existen tantas mujeres que no pueden ir a una reunión, al cine, porque son prisioneras de ese trabajo. Cuando estuve en Bruselas unos meses vi que allá las compañeras han impulsado la iniciativa de describir su jornada de trabajo y luego han recogido esos testimonios. Han dicho también al estado “todo esto es lo que las mujeres hacen”, están intentado decir “esta es la cuenta por todo lo que hemos realizado”. Este tipo de acciones pueden incrementar la conciencia y permiten pensar nuevas prácticas. Porque si estamos encarceladas en el hogar entonces ¿qué estructura necesitamos en lo urbano, en el barrio, para dar respuesta?, ¿cuáles son las necesidades inmediatas y urgentes?


En esa clave, al pensar el paro lo estábamos concibiendo como un momento pedagógico para nosotras y para todas las mujeres, por tanto para señalar los desafíos en todos los sentidos que vos nombras, para pensar qué movimiento tenemos que construir, bien atado a la vida y la cotidianidad. Pero también señalar los límites de la izquierda, los límites de ciertas formas de hacer política, lo que sucede con el sindicalismo. El paro iluminó muchas cosas, no solo para el propio movimiento de mujeres sino para muchas más personas.


Así es. Antes existieron sindicatos que se ocupaban de la vida, del barrio, que luchaban tomando en cuenta toda la vida de las trabajadoras y trabajadores, no solo sobre las ocho o nueve horas. Ahora es una forma burocrática que ya no funciona más, que no puede dar respuestas. He estado hablando con una compañera que organizó en Islandia el paro de 1975, desde allí las mujeres se han organizado en espacios urbanos donde se conversa, se circula información, en todas las ciudades están estos espacios que son experiencias colectivas para las mujeres. Estos lugares han facilitado mucho la organización, porque cada uno ha sido un punto de expansión de la información, de la táctica. Me gusta mucho pensar que se pueden crear estos lugares, espacios de las mujeres. Crear, desde donde una vive, espacios donde cuidarnos y dar discusiones entre mujeres. Insistir en la capacidad de crear, reclamar el espacio, el derecho a la ciudad. Es importante pensar este momento como un momento histórico, lo que está pasando con el Encuentro de Mujeres en Argentina, que se organice algo internacionalmente de forma autónoma sin los recursos y la intervención de la ONU. Se han hecho acciones todos los 8 de marzo, pero este año está la dimensión internacional. Esta jornada está reviviendo el sentido del 8 de marzo y dando lugar a un nuevo internacionalismo.


Pero es importante pensar estratégicamente qué es lo que queremos. Claro que no podemos saber muchas cosas, pero sí qué precisamos saber. Necesitamos una visión estratégica más allá de la manifestación. También la memoria histórica es importante para crear resistencia, la memoria sobre lo que ha significado este día para la lucha de la mujeres, sobre el internacionalismo feminista y el significado de eso en la actualidad. Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra.


Este punto es importante desde la perspectiva latinoamericana y también nos preguntamos por esto que nombras. La gente se moviliza cuando puede, cuando hay conciencia y voluntad, pero ¿qué piensa sobre las invasiones y la guerra el pueblo estadounidense?


Ahora se ven límites que no se veían y se empieza a insistir en la necesidad de la lucha contra la guerra. Han estado y están bombardeando con drones Yemen, han destruido Medio Oriente. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no? Es importante que todos digamos que no se puede excluir a las personas de ningún país, pero también que no se debe bombardear ni destruir la vida en ningún país. Pienso que en los materiales que se van a preparar y escribir es importante tener esta visión histórica del internacionalismo feminista.
Con respecto a la memoria histórica, al crecer bastante la auto organización de las mujeres en varias ciudades de Uruguay, las compañeras plantean una sensación de ser huérfanas, de empezar una lucha sin saber que otras mujeres lucharon antes, desconociendo qué problemas tuvieron y cómo se organizaron. ¿Tuvieron esta sensación en los años setenta cuando el movimiento desbordaba las calles?


Para nosotras fue muy importante el trabajo de comenzar a reconstruir la historia de otras mujeres, de comprender de dónde venimos, cuales fueron nuestras madres, reconstruir y pensar en el feminismo liberal, en el feminismo socialista -del que nace el 8 de marzo-, saber lo que planteaban sobre la liberación de la mujer. De la historia del feminismo en América Latina he descubierto dos años atrás la lucha de las mujeres en Argentina, a Virginia Bolten y su consigna “ni patrón ni marido” y su periódico La Voz de la Mujer.


Las historias locales, en el Río de la Plata, también son muy potentes. Por ejemplo, la consigna de las mujeres en Uruguay en los años ochenta era “nosotras queremos cambiar la vida”. Es hermoso reconectar con esas luchas.


Es imprescindible conversar con estas mujeres que son libros vivientes, libros de la historia de las luchas. Esta concepción que planteas es importante para construir una memoria larga. Tú te sientes parte de algo, no puedes mirar el futuro sin mirar el pasado. Solamente cuando ves toda la historia de lucha, los límites, los problemas de las experiencias organizativas pasadas, intentas no repetir las mismas cosas. No puedes identificar lo que estás haciendo si no miras que se ha hecho antes y cuáles son las diferencias, aprender de esa experiencia, no pensar que has inventado todo.


Escasos quince días nos separan del paro del 8 de marzo. Las palabras de Silvia, que son las de una luchadora que reflexiona y teoriza a partir preocupaciones que también son las nuestras, seguramente serán fértiles para seguir construyendo este camino, que es el suyo y el de miles de mujeres que por todo el mundo van diciendo ¡ya basta!


Mariana Menéndez / Foto eldiario.es


16 febrero 2018


Publicado originalmente en Zur

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Jueves, 15 Febrero 2018 06:33

La batalla feminista en el siglo XXI

La batalla feminista en el siglo XXI

Criticas y fortalezas del movimiento feminista del siglo XXI

 

El movimiento feminista, desde su surgimiento en términos formales en fines del siglo XIX, es marcado por hechos históricos y simbólicos importantes. Un proceso de lucha caracterizado por una radicalidad desde su conformación, en lo cual estuvieron presentes las protestas, las huelgas de hambre y que también costó –y sigue costando– la vida de muchas mujeres.

La lucha por el reconocimiento de la existencia de las mujeres –todas ellas– es el eje central del movimiento, los avances y las conquistas marcaron puntos de inflexión, lo que también permitió la apropiación de la identidad feminista. Un logro, muy probablemente, sin retorno. Más allá de lo reivindicatorio –la lucha por derechos y por igualdad de oportunidades–, las feministas lograron producir su propia reflexión crítica y su propia teoría.

La dinámica con la cual surgen los métodos de intervención y las formulaciones políticas en el movimiento, hace de los feminismos un conjunto potente y de difícil contestación. Por ello, muchas veces, las críticas en contra el movimiento o contra algunas formas más radicalizadas de intervención político-cultural son superficiales, objetivando la descalificación en lugar de dar el debate de fondo. La inserción de los debates feministas en el seno de sociedad genera, como es esperado de cualquier debate amplio, una serie de polémicas. Sin embargo, estas discusiones también afloran el carácter heteropatriarcal en las construcciones de las narrativas hegemónicas.

Así, lo que debería ser un debate saludable con fines de discutir las causas y consecuencias del sistema opresor, termina por reproducir y reafirmar la lógica vigente. El debate se transforma en más una herramienta de violencia en contra las mujeres. Todo esto sería un problema si no fuera por la característica multidialéctica del movimiento asociado a su alto enraizamiento social y activista. El feminismo, tiene su propio antídoto. La reacción a la criminalización y/o intento de descalificar al movimiento es instantánea. La batalla cultural está puesta y hay una nítida construcción de hegemonía feminista en curso. Esta construcción es amenazadora y también es un logro importante, además de evidente.

En los últimos meses, las críticas a los feminismos han tenido un lugar de destaque en muchos medios. La politización del movimiento he sido el punto de mayor crítica por parte de sectores conservadores de la sociedad. El hecho de no poder dar las discusiones genera una frustración por parte de quienes disputan el sentido común desde arriba –y que habitualmente lo ganan por su capacidad de llegada masiva–. Todavía, la batalla en contra los feminismos termina por fortalecer más aún al movimiento, porque devela la debilidad de impulsar una guerra sin sentido en la cual el odio hacia las mujeres salta a cada comentario machista.

El intento de debilitar el movimiento feminista, sin embargo, lo legitima. La reacción frente a la perdida de privilegios y de la exitosa campaña contra-sistémica es natural, una vez que el constante cuestionamiento pone en riesgo las estructuras del poder. Entre los innúmeros desafíos colocados para las feministas del siglo XXI, tal vez lo más importante sea lograr transitar los espacios de animosidad los cuales tienden a ponerse más acentuados a la medida que el movimiento gana más fuerza.

 

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Martes, 13 Febrero 2018 06:28

Seducción y secuestro

Seducción y secuestro

Hace dos semanas, la Manchester Art Gallery, en la ciudad del norte de Inglaterra, retiró la pintura Hylas y las ninfas (1896) de John William Waterhouse de su sala En búsqueda de la belleza, que muestra pinturas del siglo XIX, sobre todo del movimiento prerrafaelita. Según las autoridades de la galería, la idea era estimular la discusión sobre cómo esta popular pintura, que muestra a ninfas acuáticas seduciendo a un joven, debía ser mirada hoy: si la representación era ofensiva o inapropiada para el público actual. La galería dejó en el espacio vacío un lugar para que el público opinara mediante post-its. La mayoría de las notas, incluso las que cuestionaban la pintura, pedían que volviera a su lugar. Podemos evaluar, repensar, contextualizar y todas las operaciones posibles pero no hace falta que se nos infantilice en el peor de los sentidos y con la peor decisión: la de ocultar la obra.


La pintura volvió a su lugar hace tres días. La galería comunicó su conformidad con la discusión global que se desencadenó y explicó que la remoción se hizo en el marco de un proyecto de la artista Susan Boyce que intenta darle nuevas interpretaciones y significados a las obras. Desafiar, dice Boyce, la fantasía victoriana de representar mujeres solo como femme fatales o como objetos pasivos y decorativos. Se puede y debe desafiar y repensar con perspectiva de género cualquier obra de arte. Pero no hay derecho a tratar a las mujeres como seres de azúcar que, ante la ofensa (de una pintura, recordemos), prefieren vendarse los ojos y aceptar que un cuadro sea quitado con toda la carga histórica y simbólica que la remoción de obras de arte implica más allá de las intenciones. Lo llamativo en estas semanas de polémica fue que pocos pensaron acerca de qué se trata el mito que recrea la pintura de Waterhouse. El relato es bien paradójico. En la versión griega el muchacho es Hylas, hijo del rey Tiodomante, asesinado por el héroe Hércules; después del crimen, el joven pasó a ser el aprendiz de Hércules. Deslumbrado por su belleza y su valentía, Hércules se enamoró de Hylas. Se lo llevó a la Cólquide en la expedición de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro. Y después, el desastre. Cuando pararon de regreso en Misia, una ninfa se enamoró de Hylas. Pidió ayuda a sus hermanas y juntas atrajeron al joven hasta el estanque donde vivían. Lo secuestraron. Ese es el momento que reproduce la pintura: el de la seducción y el secuestro. El cuerpo de Hylas, en la pintura, tiene toda la carga homoerótica del amor de Hércules que cuando su favorito desa- pareció se puso como loco. Primero mató a unos cuantos misios para vengarse y después le pidió ayuda al argonauta Polifemo para la búsqueda. Nunca lo encontraron. Nunca más se supo de Hylas. Las ninfas se quedaron con lo que deseaban. Para siempre. Le ganaron al héroe más poderoso de la mitología griega.


John William Waterhouse, el autor de Hylas y las ninfas no es estrictamente un prerrafaelista sino un pintor que en una fecha posterior abrazó la estética y temas del movimiento, como la mitología griega o las leyendas artúricas. De hecho, Waterhouse nació en 1849, el año en que John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt fundaron la Hermandad Prerrafaelita que, en poco tiempo, tendría siete integrantes y el apoyo del crítico John Ruskin. Los artistas vivían intensamente y su círculo e influencia posterior jamás excluyó a las mujeres. De hecho, este revuelo por Hylas y las ninfas puede servir para recordar a algunas mujeres prerrafaelistas o asociadas al movimiento. A Julia Margaret Cameron, por ejemplo, fotógrafa extraordinaria que no tuvo casi reconocimiento en vida, entre otras cosas porque usaba exposiciones largas, no evitaba los fantasmas que resultaban del movimiento del retratado y a veces dejaba la cámara fuera de foco: es decir, era una adelantada. El único apoyo decidido que obtuvo fue de los prerrafaelistas: los fotografió a todos y también a su vecino y amigo Lord Alfred Tennyson. Murió casi desconocida en Ceylán y recién en 1948, gracias a su sobrina, su trabajo fue redescubierto. O a Christina Rossetti, la hermana del pintor Dante Gabriel, una poeta importantísima, niña prodigio que le dictó a su madre un cuento antes de saber escribir. Es la autora de Goblin Market y otros poemas, de 1862, un texto hermoso ilustrado por su hermano: se trata de una rarísima aventura de dos mujeres con los goblins –seres mitológicos muy traviesos– que es también un comentario sobre los roles de género en la época victoriana. Para entender su vigencia, un ejemplo: ahora mismo la excelente serie de la BBC Peaky Blinders que se puede ver en Netflix con superestrellas como Cillian Murphy, Tom Hardy o Adrien Brody utiliza el poema de Rossetti “In The Bleak Midwinter” (“En el invierno sombrío”) como las palabras que dicen los protagonistas cuando deben enfrentarse con la muerte, cosa que les pasa muy seguido porque son ex combatientes de la Primera Guerra Mundial y gángsters bastante bestias.


O a Effie Gray, la esposa del crítico John Ruskin. Fue ella quien impulsó la anulación de su matrimonio, nunca consumado porque a Ruskin le “disgustaba” la genitalidad de Effie. Y la consiguió. Después se casó con el pintor prerrafaelista John Everett Millais. Cuando, años después, Ruskin intentó un segundo matrimonio con una chica muy joven, la familia le pidió opinión a Effie. Y ella les escribió que Ruskin era un hombre opresor. El matrimonio no se llevó a cabo: Effie posiblemente salvó a esa chica de una vida desgraciada. O a Elizabeth Siddal, poeta, pintora, amante y esposa tardía de Rossetti, modelo de cuadros famosísimos como Ofelia, de Millais. Murió de una sobredosis de láudano, deprimida por la pérdida de un embarazo y las constantes infidelidades de Rossetti. Su muerte estuvo marcada por un gesto generoso y una horrible profanación de parte de su viudo. Rossetti quemó la nota suicida de Elizabeth, asegurándole así un entierro cristiano. Pero después pidió la exhumación del cuerpo porque, borracho, había enterrado junto a su esposa sus últimos poemas. Consiguió el permiso pero a algunas páginas, comidas por los gusanos, les faltaban palabras. Una venganza final de esta mujer talentosa y opacada.


Esta es la hora de las mujeres y es una hora fascinante, intensa, llena de roces y avances y discusiones. Habrá muchas sobreactuaciones. Son necesarias. Pero borrar la historia, por provocación, omisión conveniente o ruido es pura pereza política. A un cambio cultural no lo retrasan ninfas pintadas en el siglo XIX ni los muslos del favorito de Hércules.

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Lunes, 18 Diciembre 2017 07:33

Con Piñera avanza la ola de la derecha

Con Piñera avanza la ola de la derecha

El ex mandatario logró el 54 por ciento de los votos frente al 45 por ciento de Guillier. Este no pudo conquistar al electorado del Frente Amplio.

 

“Fue una jornada dolorosa”. Con esa frase corta, pero contundente, Alejandro Guillier, reconocía la derrota cerca de las 19.45 horas de ayer. Habló con dolor e hidalguía. “Es una noche triste, pero saldremos fortalecidos... al final serán nuestros principios los que regirán en Chile... Gracias a mi familia, tuvimos un año duro, pero maravilloso”, agregó el sociólogo periodista, arropado por su mujer y uno de sus hijos que lo flanquearon en quizás el momento más difícil de su carrera. El hotel San Francisco, en pleno centro de Santiago, fue el escenario indicado para despachar un discurso potente y esperanzador para la centroizquierda, impronta que, sin embargo, se echó de menos en la campaña. El también senador, además perdió en su región, Antofagasta, por eso quizás los aplausos fueron tibios por más que intentara calmar la hemorragia, asegurando que “Chile ya cambió, los vencedores han recogido varias de nuestras banderas” dijo. Estos tópicos son educación, salud, reforma a las AFP y reformas sociales y tributarias, por citar algunas. “Hemos sufrido una derrota dura. Tenemos que levantar nuestro ánimo y salir a defender las reformas en las creemos... Es una derrota electoral pero no va a ser una derrota política”, acotó.


Guillier fue un candidato débil, más incluso que Eduardo Frei en 2009, cuando la ganó por primera vez la presidencia de manera democrática en cincuenta años. Dubitativo en momentos clave y con poca “pachorra”, a diferencia del vencedor, el multimillonario Sebastián Piñera.


El triunfo llegó tras una campaña dirigida a captar el 7,93% de los votos que José Antonio Kast (ex candidato presidencial de la extrema derecha que fue insultado ayer en el Estadio Nacional) obtuvo en la primera vuelta, así como también al electorado de centroizquierda. Para esto, el candidato de Chile Vamos dio un giro en algunos temas de su programa y prometió avanzar en la gratuidad de la educación técnico profesional.


Minutos antes, Guillier llamó al vencedor por teléfono, lo felicitó y reconoció un triunfo macizo. Al otro lado de la línea, se escuchaban los vítores: “se siente, se siente, Piñera presidente”, sus adherentes al fin podían saborear del triunfo, relajándose porque a pesar que el empresario multimillonario logró el 54 por ciento de las preferencias versus el 45 por ciento del periodista, sus huestes estaban preocupadas. La campaña Todos Contra Piñera y el posible traspaso de votos del Frente Amplio (la tercera fuerza política chilena), los mantuvo en vilo por semanas, por eso los gritos y caravanas de adherentes lo celebraron con todo. Este triunfo, que instala a Sebastián Piñera por segunda vez en La Moneda hasta el 2022, y lo convierte en el octavo que lo logra dos veces en la historia republicana de Chile, será recordada por la holgura de los resultados, pero también por el nerviosismo que sobrevoló todo el proceso.


La jornada del vencedor partió temprano la mañana de este domingo. Luego de tomar desayuno junto a su familia y la prensa, se dirigió al colegio República Alemania para emitir su voto. El proceso fue rápido y no emitió declaraciones, según contó La Tercera.


Tras acompañar a su esposa, Cecilia Morel, a votar en su local, el abanderado de Chile Vamos agradeció el respaldo e hizo un llamado a que Chile “vuelva por los caminos de la unidad”.


“Quiero manifestar mi gran esperanza en que después de esta elección, a pesar de las diferencias, podemos tener diferencias y es bueno que así sea, pero eso no nos convierte en enemigos (...) Quiero saludar a Alejandro Guillier, le tengo aprecio, trabajamos juntos en el pasado. También espero que sigamos trabajando juntos en el futuro”, indicó Piñera.


En esta línea, pidió por última vez el apoyo de los votantes: “Estoy convencido, porque conozco a mis compatriotas, que los chilenos y chilenas vamos a escoger el camino que conduce a los tiempos mejores (...) Quiero decirles a todos mis compatriotas que nos ayuden y apoyen, porque juntos vamos a construir ese camino que hemos soñado”.


La jornada tuvo otro momento cumbre cuando a las 20.15 Michelle Bachelet llamó a Piñera, conversación que fue televisada como reza la tradición republicana en este país. El presidente electo la invitó a desayunar hoy a las 9,30 de la mañana para coordinar el traspaso de mando, el cual ocurrirá el próximo 11 de marzo, repitiendo lo mismo que ocurrió el 2010 cuando la actual mandataria le puso la banda al empresario. En ambas ocasiones, Bachelet no pudo o no supo traspasar su adhesión ciudadana, hoy del 40 por ciento a su continuador lógico. Fue una conversación formal, pero en ningún casi feliz, entendiendo Bachelet que por mucho que su segunda administración repunte en las encuestas y su legado sea valorado con el rigor que merece, en su historial quedará grabado que entregó el poder dos veces a la derecha y, peor aún, a Sebastián Piñera, dicen en su sector.


Con todo, el presidente electo Piñera se impuso en 13 de las 15 regiones del país a Guillier, y en diez de ellas lo superó por cinco o más puntos porcentuales. Por esa razón, y pese a que hace cuatro días Gabriel Boric confirmó su apoyo al candidato oficialista de cara a las elecciones presidenciales, el líder del Frente Amplio se mostró crítico sobre la labor realizada por Guillier durante la campaña, luego de que se dieran los primeros resultados que daban a Piñera como ganador.


A través de su cuenta de Twitter, el diputado por Magallanes manifestó que “queda claro que no bastaba el ‘anti-Piñera’ para convocar a una mayoría”, y cuestionó a Guillier por no comprometerse “con transformaciones profundas y este es el resultado. La principal responsabilidad de su derrota es de quienes lideraron la campaña”. Además, tras el triunfo del candidato de Chile Vamos, Boric le quitó responsabilidad alguna a la colectividad que lidera y adelantó el trabajo que realizará durante el próximo gobierno. “Van a haber varios nuevomayoristas que tratarán de encontrar en el Frente Amplio una excusa a su fracaso. Nosotros nos dedicaremos a ser oposición firme, responsable, con proyecto propio y junto a movimientos sociales” (sic), expresó el diputado en la misma red social.


Las declaraciones de Boric son las primeras que vienen desde el Frente Amplio, movimiento que jugó un rol clave en la primera vuelta pero que a última hora antes de los comicios de ayer decidieron expresar su preferencia.


Al final del día, Guillier llegó al hotel donde estaba instalado el comando duro de Piñera para saludarlo y asegurar que será una oposición constructiva, en otro gesto republicano de este país.


A su turno, el presidente electo habló “desde la intimidad de mi historia y mi vida, le tengo cariño y estima a Guillier y su esposa y estoy seguro que seguiremos trabajando en el futuro. Hay legítimas diferencias y también cosas que nos unen como el amor por Chile y entregar lo mejor de nosotros para que todos los chilenos, los más vulnerables y la clase media, tengan una vida más plena y más feliz, si hay acuerdos más que enfrentamientos, los países crecen”, dijo Piñera.


Finalmente, sostuvo que los caminos nos unen, el futuro es más importante que el pasado. Leí el programa de Alejandro, lo tengo subrayado y hay muy buenas ideas, eso lo hablaremos con más calma para ver dónde tenemos acuerdos para impulsarlo juntos, y las diferencias las hablaremos con espíritu republicano”.


Al cierre de esta edición, Piñera tenía previsto hablar desde un hotel céntrico de Santiago y seguir celebrando este nuevo triunfo en las urnas y que le permitirán gobernar Chile por cuatro años.

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