Sábado, 11 Marzo 2017 07:41

La revolución será feminista

Varias manifestantes en la marcha del 8M de Madrid. / Olmo Calvo.

 

El feminismo es el proceso de subjetivación más expansivo y sólido que se está dando en nuestras sociedades; sin líderes, sin centralizar, sin programa, ni dirección, sin fronteras, puro rizoma.

 

El feminismo no es un movimiento social, es mucho más, es una sociedad que está moviéndose hacia el feminismo. En ese proceso, las fuerzas y lecturas que rechazan una sociedad igualitaria lanzan exabruptos y conatos propios del Medioevo; pero lejos de ser una muestra del retroceso de la sociedad hacia posturas aparentemente superadas, representan la reacción de los valores de una sociedad que se muere, pero que en su agonía, cual perro rabioso, se parapeta en la esquina lanzando mordiscos a la espera de ser derribado.

Las manifestaciones del 8 de marzo han sido masivas alrededor del mundo. En Madrid, ahí donde hace unos años se juntaban unas pocas miles de personas en una puesta en escena donde se identificaban con facilidad los bloques de partidos y colectivos políticos, en esta ocasión se han diluido entre un torbellino de iniciativas, pancartas caseras, cánticos cruzados y las calles aledañas a la manifestación tomadas por grupos de mujeres que vuelven a casa contentas y exhibiendo símbolos: la calle es suya. Sucede siempre lo mismo con aquello que es grande, que desaparece todo rastro de vanguardia y se le responde al poder con la frase que canta el Evaristo, "¿quieres identificarnos? Tienes un problema".

En el caso de Turquía, inmersa en una grave espiral represiva, las feministas han desafiado al terror de Erdogan y al de ISIS. El gobierno que ha suspendido el derecho de manifestación –desde que en 2015 las bombas de DAESH asesinaran a decenas de manifestantes en diferentes ciudades– no ha podido evitar que decenas de miles de mujeres desfilaran por las calles de Estambul, Ankara y Diyarbakir.

En Grecia, el 8 de marzo de 2016 no hubo movilizaciones, con excepción de la pequeña manifestación protagonizada por mujeres kurdas en Atenas. Las feministas griegas decidieron no convocar porque estaban completamente sobrepasadas trabajando en la llamada crisis de los refugiados. Esto les valió algunas críticas de colectivos de otros países.

En 2017, sin embargo, Grecia no sólo ha recuperado la tradicional manifestación feminista sino que las mujeres refugiadas y migrantes han ocupado un espacio central en la misma, tanto en el número de participantes como en el discurso. Tres lecciones se pueden extraer de esto. El primero, que cada contexto debe tener su proceso, sus ritmos, sus prioridades y su discurso. La uniformidad a veces no suma sino que resta. El segundo, que los feminismos son el proceso de confluencia más exitoso en casi todas las partes del mundo. El tercero, que cuando hablamos de feminismos no nos referimos sólo a la lucha de las mujeres blancas con papeles.

El feminismo es el proceso de subjetivación más expansivo y sólido que se está dando en nuestras sociedades; sin líderes, sin centralizar, sin programa, ni dirección, sin fronteras, puro rizoma. El feminismo muestra que la verdadera política es algo más ambicioso: modificar las estructuras y las formas de comprender el orden de la sociedad. El movimiento subjetivo inventa nuevos universos de referencia y modos de concebir las relaciones sociales; es la sociedad reinventándose a sí misma en su propia defensa. "La revolución será feminista o no será" rezaba la pancarta colgada en la puerta del Sol en mayo de 2011. Había quien no lo entendía, incluso la pancarta fue arrancada, pero ahora nos vamos enterando: no estaban pidiendo permiso, tampoco exigiendo tolerancia por parte del hombre que debe "tolerar" la lucha de las mujeres; estaban constatando un hecho.

Este es el siglo de las mujeres. Lo vimos en Austria donde las mujeres salvaron a su país de la extrema derecha, lo vimos en Polonia con las mujeres valientes defendiendo su derecho a decidir, lo vimos en EEUU con las mujeres defendiéndose del ataque de Trump, en Islandia haciendo huelgas contra la brecha salarial, y lo vimos en España, donde el feminismo ha sido el único movimiento capaz de derribar a un ministro.

Esto quiere decir que las posibilidades para repensar la democracia y las bases de la convivencia, no es que deban tener en cuenta la perspectiva de las mujeres, sino que el conjunto de nuestra convivencia y relación ecológica viene dada por una hegemonía feminista. No solo cambian su papel y rol en sociedad, no solo visibilizan el trabajo socio reproductivo, base y a la vez molestia de la acumulación capitalista, con ello también alteran profundamente lo que significa y representa ser hombre.

Los hombres tenemos dos opciones: defender con uñas y dientes nuestros privilegios o aceptar que es el momento de dar un paso atrás. Asumir que no vamos a ser los protagonistas es difícil para quienes estamos acostumbrados a que nuestra opinión cuente. Reconocer que somos parte del problema es duro para quienes prefieren creer que el machismo es un conjunto de comportamientos individuales de determinados hombres, en vez de una cuestión estructural. Cuanto antes lo hagamos, menos sufrimiento provocaremos. Este proceso no se da de una vez para todas, no tiene una fecha fijada en el calendario, no es solo un acontecimiento, es una sedimentación cotidiana que va drenando y mutando en nuevas prácticas, gestos tácitos y mapas mentales.

Comentaba hace unos meses el presidente de la CEOE, Juan Rosell, que la mujer es "un problema" para lograr el pleno empleo. En 2014, la que en su momento era la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol, llegó a afirmar que prefería contratar a mujeres menores de 25 años o mayores de 45 años porque es menos probable que se queden embarazadas; quedarse embarazada es según sus propias palabras "un problema".

Pero, ¿cuál es el verdadero problema? Asumir un funcionamiento laboral que choca frontalmente con el funcionamiento de la vida. El problema es la manera en que se comprende qué define a la riqueza, a la utilidad, a lo que es o no actividad, a las prioridades, y hacer totalmente dependiente del trabajo remunerado el acceso a la condición de ciudadanía. El problema es poner por delante obtener beneficios privados a los beneficios comunes. La lucha de las mujeres representa el potencial de una contradicción fundamental del capitalismo, que no es la de trabajo proletario vs trabajo capitalista (un oxímoron), sino entre concebir la riqueza basada en el valor vs la riqueza no basada, no medida ni mediada por el gasto inmediato de tiempo de trabajo humano. Contradicción entre la centralidad de la autovalorización capitalista o la centralidad en el desarrollo de la vida, por eso el feminismo es ante todo un movimiento de vida.

La hegemonía de la política de movimiento lo impregna todo y obliga a que todos los actores tengan que moverse y posicionarse. El grado de fortalecimiento del movimiento mantiene una tensión dialéctica entre su capacidad de transformar la sociedad y la de ser transformado. El capitalismo funciona también como un cierre semiótico, esto es, busca adaptarse a los nuevos códigos y significados de tal forma que incorpora parte de sus demandas al tiempo que trata de evitar la politización de la economía. Es lo que Nancy Fraser ha calificado de "neoliberalismo progresista"; una especie de alianza entre algunas corrientes de los nuevos movimientos sociales, incluido el feminismo, y sectores de Wall Street, Silicon Valley y Hollywood. Una alianza entre la financiarización de la economía y la lectura licuada de la diversidad social y el reconocimiento a los distintos "estilos de vida".

La conocida marca de moda Christian Dior ha presentado para esta temporada de primavera 2017 una camiseta que lleva por mensaje el título del libro de la escritora Ngozi Adichie, We should all be feminists (Todos deberíamos ser feministas). Si Dior lo hace es gracias al efecto generado por el terremoto feminista, lo que ciertamente es síntoma de fortaleza, pero al mismo tiempo entraña sus riesgos; ¿Dior se come al feminismo, o el feminismo a Dior? La tensión de la lucha de clases en una camiseta. El momento es ahora. La revolución está siendo feminista.

 

 

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(Imagen: EFE)

 

Con manifestaciones, protestas y paros de actividades, mujeres de los cinco continentes coincidieron en reivindicar sus derechos y exigieron el cese de todas las formas de discriminación que sufren, en todos los ámbitos de la sociedad.

 

El Día Internacional de la Mujer, una jornada en la que se reivindica una igualdad real y justa y se alerta sobre los abusos que aún sufren muchas mujeres por el mero hecho de serlo, se conmemoró en todo el mundo con marchas y actos.

En París, miles de mujeres se reunieron en la plaza de la República para denunciar la desigualdad salarial con los hombres, mientras que en Italia la jornada se celebró con asambleas, concentraciones y huelgas en sectores públicos y privados.

Mujeres y hombres se concentraron frente a sus lugares de trabajo en España para un paro de media hora, “laboral y de consumo” en las principales ciudades españolas, con Madrid y Barcelona a la cabeza, donde las alcaldesas Manuela Carmena y Ada Colau lideraron las protestas.

 

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México (Imagen: EFE)

 

En Londres, los actos comenzaron el domingo con una marcha liderada por la activista y cantante Annie Lennox y el alcalde de la metrópoli, Sadiq Khan, y continuarán por varios días. En el marco de la campaña denominada “Un día sin una mujer”, también se instó a no trabajar ayer y a no realizar compras.

En Bolivia también hubo marchas y paros y La Paz fue la sede principal de las protestas. Los colectivos Ni Una Menos Bolivia, Komunidad Vida, Wiñay Wara, Universitarias Libertarias y Pan y Rosas plantearon un paro a las 12.30 hora local en una de las principales plazas de la ciudad paceña, y bloqueos y una gran marcha por la tarde.

La presidenta chilena, Michelle Bachelet, puso como ejemplo de reducción de la brecha de género y el machismo el proyecto de ley impulsado por su Ejecutivo para despenalizar el aborto en caso de inviabilidad fetal, peligro de vida para la mujer o producido por violación.

Pero no en todo el mundo fue una jornada de reivindicación de derechos. Un grupo atacó al grito de “Alá es grande” un acto que se celebraba en la Universidad Bilgi de Estambul, con un saldo de varios estudiantes heridos.

 

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Estados Unidos (Imagen: EFE)

 

En Brasil, el presidente Michel Temer afirmó que “nadie mejor que la mujer” detecta la variación de los precios en el supermercado y aseguró tener la convicción de cuánto las mujeres brasileñas “hacen por sus casas” y por la educación de sus hijos en el hogar.

Mientras la ONU y los movimientos sociales y feministas enfocan el 8 de marzo como un día de lucha por la igualdad, la ausencia de reivindicación, excepto raras excepciones, es la tónica en Rusia. “La mitad fuerte de la humanidad tiene que enfrentarse hoy a enormes dificultades, y no sólo por el tráfico. En la víspera de la fiesta más bella del año, el 8 de marzo, los mercados y tiendas de flores viven la tradicional agitación”, comenzó ayer una locutora de televisión una crónica sobre las masivas compras de flores por parte de la mitad masculina.

El secretario general de la ONU, António Guterres, desde Nairobi, afirmó: “El desarrollo global será más eficiente, la paz duradera y los derechos humanos estarán mejor protegidos si la mujer adquiere una plena capacitación en todos los aspectos de la sociedad”.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, con numerosos comentarios de carácter machista, dijo en su cuenta de Twitter: “Tengo un tremendo respeto por las mujeres y los muchos papeles que cumplen (y) que son vitales para la estructura de nuestra sociedad y nuestra economía”. Manifestaciones y huelgas de empleados en empresas y organizaciones marcaron en EE.UU. el Día sin Mujeres para denunciar los desafíos a los que se enfrentan bajo la presidencia de Trump.

 

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Nicaragua (Imagen: EFE)

 

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Leymah Gbowee inició una campaña que ayudó significativamente a acabar con una guerra civil de 14 años en Liberia.

 

Ya sea la lucha para acabar con la guerra civil en Liberia, para erradicar la mutilación genital femenina, para parar una ley antiabortista o para eliminar el impuesto a los tampones, las batallas –y los éxitos– de estas mujeres tienen mucho en común.

 

 

Un grupo de madres acabó con la guerra civil de Liberia

 

Leymah Gwobee

Liberia lo estaba haciendo muy bien matándose a sí misma durante la guerra civil. Un país de unos 4,5 millones de personas vio durante los 14 años de guerra civil morir a 250.000. Muchas más fueron desplazadas. El uso de niños como soldados, la violencia sexual y los ataques a los civiles eran moneda diaria durante el conflicto.

En abril de 2003, siete de nosotras nos reunimos en una oficina improvisada para hablar sobre la guerra civil de Liberia y el hecho de que los combates se estaban acercando muy rápido a la capital, Monrovia. Armadas solo con nuestra convicción y 10 dólares pusimos en marcha la Campaña de la Acción en Masa de las Mujeres de Liberia por la Paz. Creíamos que era nuestro deber moral levantarnos como madres para proteger las vidas de nuestros hijos, la tierra y su futuro.

Estábamos unidas en nuestra convicción de que la acción no violenta era la única forma para conseguir ver la paz en Liberia. No tomaríamos las armas. En su lugar, organizamos sentadas diarias, piquetes, vigilias, protestas callejeras y manifestaciones para pedir un alto el fuego inmediato, un diálogo entre las partes en conflicto y el despliegue de una fuerza de intervención.

Necesitábamos un modo de asegurarnos de que los hombres de nuestras comunidades estaban igual de comprometidos con el fin del conflicto. Nuestra huelga de sexo hizo de la causa algo más personal y nos ayudó alcanzar un perfil mediático que reforzara nuestras demandas a las partes en conflicto.

Después de tres semanas de movilizaciones masivas, el presidente Charles Taylor accedió a reunirse con nosotras. Más de 2.000 mujeres acudieron a la reunión, que acabó con su compromiso de acudir a las conversaciones de paz en Ghana.

Nuestro siguiente reto era asegurarnos de que las conversaciones de paz resultasen en un acuerdo óptimo para los liberianos. No un acuerdo que sirviese simplemente a los intereses personales de los señores de la guerra. Nos asociamos con las mujeres liberianas refugiadas en Ghana y nos convertimos en la voz moral y en el rostro de las conversaciones de paz. Al mismo tiempo mantuvimos la presión continuando con las protestas en Monrovia.

Una vez que se firmó el acuerdo de paz nos involucramos como mediadoras para conseguir que los combatientes cumpliesen los términos del acuerdo y que la ONU y el gobierno transicional de Liberia diesen los incentivos necesarios a los combatientes.

Éramos madres ordinarias que decidimos que ya no era necesario rogar por la paz. Por el contrario, nos unimos para exigir paz, justicia, igualdad e inclusión en la toma de decisiones políticas. Utilizamos nuestros cuerpos, rotos por el hambre, la pobreza, la desesperación y la indigencia para sostener la mirada al cañón de la pistola.

14 años después, podemos decir tranquilamente que hicimos lo inimaginable.

 

 

Laura Coryton Foto Twitter EDIIMA20170308 0626 19

 

Llegó la hora de acabar con el impuesto al tampón

 

Laura Coryton

Ni la menstruación ni los impuestos son temas muy populares y, sin embargo, —gracias a las 320.086 personas que firmaron mi petición en Change.org— estamos por fin a punto de acabar con los impuestos machistas que gravan los tampones y otros productos de higiene femenina. Nuestro Gobierno (Reino Unido) clasificó los tampones como producto “de lujo” cuando estableció el impuesto en 1973, mientras que los aviones privados, la carne de cocodrilo y las flores de azúcar son clasificadas como productos esenciales que no están gravados. No es broma. Incluso Barack Obama ha criticado el impuesto al tampón en 40 estados de su país.

Durante estos años, dirigir esta campaña y difundir la petición ha sido genial. Siempre es divertido conectarse con activistas inspiradoras. Pero ha sido mucho trabajo y no todo ha sido positivo. A menudo me han sorprendido y desalentado los trolls de Twitter, la oposición gubernamental e incluso las cartas con amenazas, pero no hay que darse por vencido cuando algo nos importa, especialmente cuando es algo que afecta injustamente a más de la mitad de la población solo por ser mujer.

Después de ver con satisfacción la petición de Caroline Criado-Perez para que los billetes británicos lleven el rostro de Jane Austen , me sentí inspirada para iniciar mi propia petición contra el impuesto al tampón en mayo de 2014. Al poco tiempo, diferentes universidades del Reino Unido comenzaron a repartir productos de higiene femenina de forma gratuita o a venderlos a sus estudiantes a un precio reducido. Algunas comunidades se unieron para montar foros locales para ayudar a la campaña, y algunas personas se inspiraron para iniciar campañas similares en países como Australia y Malasia.

Finalmente hicimos historia en 2016, cuando el entonces canciller George Osborne se comprometió ante la Cámara de los Comunes a abolir el impuesto al tampón “cuando sea posible a nivel legal”. Las normativas tributarias de la UE impiden abolir el impuesto antes de que esté finalizado el Brexit. Osborne calculó que sería hacia abril de 2018, pero su sucesor Philip Hammond todavía no ha dicho nada sobre este tema. Mientras tanto, debemos seguir hablando de esto, tuiteando y haciendo campaña para asegurarnos de que Theresa May sepa que estamos esperando que deje de recaudar impuestos cada vez que nos viene la regla.

 

 

Krystyna Kacpura EDIIMA20170308 0628 19

 

Frenar la iniciativa contra el aborto en Polonia

 

Krystyna Kacpura

Hace muchos años que trabajo en el campo de los derechos sexuales y reproductivos. He luchado contra varios intentos de reforzar aún más la ley antiaborto de Polonia, que ya es bastante restrictiva. Sin embargo, la Iniciativa contra el Aborto no solo me escandalizó, sino que además me dio mucho miedo. ¿Quién se atrevería a meter a las mujeres polacas en tamaño infierno? ¿Quién nos odia a este nivel?

Mi primer impulso fue el de informar a las mujeres qué significaría esta ley en la práctica: cárcel y nacimientos forzados en cualquier circunstancia, incluso en casos en que estuviera en riesgo la salud y la vida de la madre, incluso en casos de violaciones o incesto, o cuando el feto tuviera malformaciones o defectos genéticos. En casos de abortos naturales, también se podría hacer una investigación policial y meter presa a la mujer. Y estas eran sólo algunas de las cláusulas más radicales del proyecto de ley.

En cada uno de mis discursos les pedí a las mujeres que fueran solidarias y que se unieran a la lucha sin mirar las diferencias entre nosotras. En las protestas les pedí a los políticos que nos apoyaran. También solicité el apoyo de ginecólogos, pidiéndoles que brindaran información honesta y completa sobre las consecuencias que podría tener la ley.

Algunos médicos nos apoyaron en secreto. Se reunieron con diputados y les escribieron cartas, detallando los riesgos para las mujeres. Repartimos folletos claros y concisos a mujeres en las calles, las tiendas, las oficinas y las escuelas. Muchas mujeres nos llamaban luego muy asustadas. Algunas no podían creer que alguien quisiera tratar a las mujeres de forma tan horrorosa. Necesitábamos convertir ese miedo en indignación, protesta y solidaridad hacia las mujeres.

Mostramos comparativas con los derechos reproductivos de las mujeres en otros países europeos. Apoyamos y empoderamos a las mujeres para que se sintieran más fuertes en esta batalla desigual. Movilizamos a las mujeres para que participaran activamente en las protestas , manifestaciones y debates callejeros.

Para mí era como estar en trance: miles de conversaciones individuales, docenas de debates, manifestaciones, protestas, cientos de llamadas telefónicas, correos electrónicos. Sabía que debía encontrar la fortaleza para seguir adelante. Cuando estaba agotada, abría el cajón donde guardaba las firmas de cientos de personas que apoyaban nuestra iniciativa Salvemos a las Mujeres y eso me recordaba que todas esas personas confiaban en mí y en mi organización.

Ganamos la batalla. El proyecto retrógrado fue retirado. Sin embargo, la lucha por nuestros derechos reproductivos no ha acabado. No lancemos las campanas al vuelo.

 

 

Jaha Dukureh EDIIMA20170308 0629 19

 

La mutilación genital femenina se prohibió en Gambia

 

Jaha Dukureh

Tomar la decisión de llevar mi campaña contra la mutilación genital femenina (MGF) de vuelta a Gambia fue, aunque difícil, la decisión correcta. Luchar contra la MGF es, a menudo, causa de aislamiento social, por lo que al hacerlo tuve que asumir el hecho de que muchas veces me vería forzada a defenderme por mí misma. Aunque ha habido otras campañas contra la mutilación genital femenina, entendí que para que se produjese un cambio real era necesario tomar un nuevo enfoque.

Sabía que el hecho de ser una mujer joven iba a hacer más difícil que la gente me escuchara. También era consciente de los peligros a los que me expondría al abordar este asunto. Esto significaba que para mí era crucial tener un equipo, gente que como yo se dedicase a esta causa y que quisiera estar a mi lado. De este modo podríamos trabajar de una manera más eficiente y efectiva.

En lugar de centrarnos en una sola persona, en una región o en un grupo étnico, trabajamos con todo el país a la vez. Mantuvimos diálogo no solo con los líderes religiosos sino también con las generaciones más jóvenes iniciando conversaciones sobre la MGF desde puntos de vista que nunca antes se habían formulado.

Para nosotros fue importante que el mensaje se difundiese a nivel local, nacional y mundial. Al tomar conscientemente la decisión de no dejar a nadie por el camino, y entendiendo el poder de las masas, nuestro mensaje para acabar con la mutilación genital femenina se oyó más fuerte y más claro. Finalmente, la decisión de prohibir la MGF se anunció a finales de 2015.

Nuestra forma de resistencia provino del rechazo a permanecer en silencio y de encender la llama en cada comunidad, para que la voz de todos nosotros pudiera ser escuchada.

 

Traducción de Javier Biosca Azcoiti, Lucía Balducci y Cristina Armunia Berges

 

 

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Foto: Andrés Cuenca

 

A menos de una semana antes del Día Internacional de la Mujer hace un año, militares hondureños entrenados por el Pentágono irrumpieron en su casa y asesinaron a Berta Cáceres. Feminista, ecologista y antiimperialista, organizadora carismática y opositora firme de los megaproyectos que robaron y envenenaron la tierra de los pueblos indígenas, Berta fue el epítome de todo lo que los secuaces del capitalismo detestaron y temieron.

Berta Cáceres fue pionera en una nueva generación de mujeres líderes en América Latina. Éstas nuevas líderes viven la “interseccionalidad” entre clase, raza y género no como líneas que se entrecruzan, sino en cada respiración que toman. El liderazgo de Berta fue reconocido en todo el mundo por cómo enfatizó las luchas unificadoras. Transmitió a sus hijas e hijo y a los miembros de su organización COPINH su cosmovisión indígena Lenca y la convicción de que la Madre Tierra debe ser protegida, su análisis anticapitalista y antiimperialista que proporciona un marco para entender los ataques a su tierra y su pueblo vinculándolos al contexto nacional y global, y su firme creencia en la necesidad de la solidaridad internacional para enfrentar un sistema global. Insistió en que el activismo medioambiental significa enfrentar las fuerzas patriarcales que destruyen el planeta, y que la defensa del territorio es la defensa de los derechos de las mujeres porque el patriarcado reclama los cuerpos de la mujer como su territorio.

Esta manera de ver al feminismo como una parte integral de la batalla por la supervivencia –como persona, como especie, como mujer- ha dado nueva vida al feminismo en un momento en que la segunda ola del feminismo—mayoritariamente mujeres blancas, de clase media-alta– parece haberse estrellado contra los bajíos del neoliberalismo. Estas batallas lideradas por mujeres, no sólo en América Latina, sino en todo el sur global, proporcionan la vitalidad, diversidad y relevancia que el feminismo necesita para tomar un lugar permanente y prominente en cada movimiento por la libertad en la tierra.

Lolita Chávez Ixcaquic, líder Maya K’iche’ en Guatemala, se refiere a “otros feminismos que surgen de las mujeres de los pueblos indígenas”. “Hemos hablado de la autonomía de nuestros pueblos”, dice, “y también de la autonomía dentro de la autonomía. Porque en mi comunidad hay un patriarcado, y a veces es peor que otras barreras porque es muy íntimo”.

Estar en primera línea en las batallas anticapitalistas para defender la tierra y los derechos, catapulta a las mujeres de toda la región hacia el liderazgo y forja nuevas definiciones. Esta transformación en las propias mujeres y en el papel y la práctica del feminismo es clave para el futuro y es conscientemente ignorada por el feminismo liberal.

 

Las mujeres y sus movimientos

 

No hay una sola manera de caracterizar a los nuevos feminismos en América Latina, pero la mayoría empieza con dos elementos básicos: las víctimas que se niegan a ser víctimas, y la defensa del valor de la vida. Eso suena simple, pero es el desafío más fundamental y radical al sistema hoy en día, y es tan peligroso que ha llevado a asesinatos y ataques constantes a mujeres líderes. Las mujeres indígenas están en el centro porque sufren la triple discriminación de ser pobres, indígenas y mujeres, pero también porque los profundos valores indígenas de conexión confrontan al individualismo y a la cultura de consumo que han absorbido gran parte del feminismo estadounidense y europeo.

Esas conexiones alimentan la organización de las mujeres mayas. “Tenemos la fuerza de muchos principios, entre ellos la reciprocidad -tú eres yo y yo soy tú. Eso nos fortalece como mujeres y la conexión con la vida y la red de la que todos somos parte”, dijo Lolita en una entrevista con Just Associates. “Como parte de esa red, tenemos que tener territorios libres de corporaciones y libres de violencia contra las mujeres, para que podamos avanzar hacia el pleno significado de la vida”.

La lideresa garífuna Miriam Miranda señala que el énfasis en la comunidad significa que ningún aspecto puede ser temporalmente archivado o ignorado. “Todos los movimientos organizados – campesinos, trabajadores, pueblos indígenas, LGTB – tienen que incorporar elementos que tienen que ver con la reivindicación de la comunidad, la comunalidad. Especialmente la lucha anti-patriarcal, pero también la organización antirracista, porque es inútil luchar por un sistema anti-patriarcal si todavía tenemos actos racistas y discriminatorios contra personas que no son como nosotros”. Como feminista indígena negra, ella y su organización en la costa atlántica de Honduras colectivamente asume todo a la vez, todos los días.

Por defender la vida en un sistema que mata, se han generado nuevos movimientos dirigidos por mujeres nunca imaginados hace apenas una década. En México, miles de mujeres se organizan para buscar a sus hijas e hijos y otros seres queridos desaparecidos en la desastrosa “guerra contra las drogas”. En grupos locales en todo el país, las mujeres, y en menor grado los hombres, se reunen; comenzaron pasando innumerables horas en oficinas gubernamentales para presionar a los funcionarios para que realizaran investigaciones serias, enjuiciamientos y proporcionaran información sobre sus casos, usualmente sin resultados. Ahora las demandas al gobierno continúan, pero muchas personas han salido de las oficinas para ir a los campos con palos y palas para hacer la búsqueda ellas mismas. Están construyendo alianzas como base para la acción autónoma. Del dolor de perder a un hijo, han aprendido a defender los derechos, presentar quejas formales, hablar en público y dirigir movimientos. Muchas podrían no llamarse a sí mismas feministas, pero reconocen cambios reales en sus roles.

“Después de considerarme una ama de casa, porque eso es lo que era anteriormente, puedo decir que a partir del 28 de agosto de 2008 me desubicaron totalmente porque fue un cambio de vida drástico”, dijo María Herrera, líder de la organización nacional de familiares desaparecidos en una entrevista reciente y refiriendo a la fecha en que desaparecieron dos de sus hijos.

“Te cambia la vida totalmente y no sabemos ni qué hacer ni cómo hacerlo. Afortunadamente, estos cambios que han surgido intempestivamente también nos han dado a entender que como personas, como mujeres, no nos debemos dejar vencer... el dolor que estoy sufriendo, y no nada más yo, sino las miles de mujeres, madres de familia, esposas, hijas, estamos sufriendo una tragedia, no sé ya ni cómo llamarla, y esto, muy lejos de asustarnos, nos da valor, fuerzas, para luchar y salir adelante”. María Herrera se ha convertido en una crítica internacionalmente conocida de la guerra contra las drogas y del gobierno mexicano, incorporando a miles de personas a un movimiento de profundo cambio social. Las mujeres han asumido todos los casos de los desaparecidos como propios y han arriesgado sus vidas contra el crimen organizado y los funcionarios corruptos del gobierno.

Las madres centroamericanas que cada año viajan por México en busca de sus hijos migrantes desaparecidos pasan por la misma transformación–de la esfera privada a la esfera pública, de la pena individual a la indignación y la acción compartidas. Cuando pregunté por qué las mujeres son más propensas que los hombres a organizarse, una fundadora de uno de los grupos respondió que una madre arriesgará su propia vida para encontrar un hijo o una hija y nunca renunciará a la esperanza. Los padres sienten que han fallado en su papel de proteger y tienden a retirarse de la lucha para proteger a los que aún permanecen con ellos. Así, los papeles patriarcales tradicionales empujan a las mujeres a salir de esos mismos papeles -no es la primera vez en la historia del feminismo que hemos visto esa paradoja-.

En toda la región, millones de mujeres de todo el mundo participaron en la huelga de mujeres del 8 de marzo de 2017 contra la violencia machista, ya sea negándose a trabajar, a comprar, a tener relaciones sexuales, o a asistir a la escuela, o asistiendo a manifestaciones. La idea de la movilización global comenzó en Argentina con la movilización “Ni Una Menos” tras la brutal violación y asesinato de una joven, y con las manifestaciones “Ni Una Más” en contra de los feminicidios en México. Las mujeres jóvenes indignadas por la falta de seguridad y la agresión sexista en sus sociedades se manifestaron en eventos que pasaron por alto las organizaciones feministas tradicionales y marcaron una nueva generación de activismo feminista.

Las argentinas marcharon este 8 de marzo bajo el eslogan de “No Estamos Todas”. El comunicado dice: “Nos faltan las presas políticas, las perseguidas, las asesinadas en territorio latinoamericano por defender la tierra y sus recursos. Nos faltan las mujeres encarceladas por delitos menores que criminalizan formas de supervivencia, mientras los crímenes de las corporaciones y el narcotráfico quedan impunes porque benefician al capital. Nos faltan las muertas y las presas por abortos inseguros. Nos faltan las desaparecidas”.

Esto no es sólo una mera lista de víctimas; es la nueva constelación de temas feministas.

 
Feminismo perdido, feminismo ganado

 

Poco después de la elección de Trump, el New York Times publicó un editorial titulado: “El feminismo perdió: ¿ahora qué?”. El artículo argumentaba que cuando la campaña de Hillary Clinton cayó en llamas significó una gran derrota para el feminismo -la destrucción del sueño de inaugurar a la primera presidenta de la nación y romper el techo de cristal. No sólo eso, el antifeminismo en su expresión más grosera y descarada en décadas había ganado, ayudado en gran medida por el voto de mujeres blancas.

Ha habido una serie de reflexiones, más allá de los post-mortem post-electorales, sobre lo que salió mal, pero la verdadera pregunta es: ¿de qué feminismo están hablando?

Hillary Clinton popularizó la frase “Los derechos de la mujer son derechos humanos”, introduciendo un cambio de paradigma que buscó insertar a los asuntos de las mujeres en la agenda del establishment. Allí está el problema. Los feminismos latinoamericanos están muy claros de que nunca llegarán a donde quieren ir, al simplemente dar al sistema actual una patina de género.

Clinton promovía el militarismo patriarcal, la intervención estafounidense y el privilegio corporativo que sostienen el mismo sistema que otros feminismos están decididos a derrotar. En su autobiografía, escribió abiertamente sobre las maniobras con la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, para mantener al régimen golpista hondureño. Mientras trabajaba tras bambalinas para institucionalizar el golpe de Estado sin restituir al presidente electo, Mel Zelaya, las “Feministas de Resistencia” hondureñas marchaban diariamente en las calles como un pilar del movimiento pro-democracia. Cáceres citó la declaración de Clinton a menudo para mostrar el papel central del gobierno de Estados Unidos en perpetuar el golpe de Estado en Honduras. Más tarde ella misma se convirtió en una víctima del legado del golpe.

El editorial del New York Times concluye: “El desafío para el movimiento de mujeres es persuadir a más del electorado de que el feminismo no es un mero lujo para los y las privilegiados o la provincia sólo de los liberales”. Hasta el fraseo es condescendiente. No se trata de persuadir a la gente a votar feminista. Ya es hora de examinar los conceptos implícitos sobre quién hace la persuasión y quién es el potencial persuadido.

Para que el feminismo se convierta en el movimiento de emancipación que pretendía ser, los roles tienen que ser revertidos. Ya no se trata de consciousness-raising (hacer conciencia) nada más, como si el velo debiera ser despojado de los ojos de aquellos que no ven las cosas tal como las vemos nosotras. Se trata de crear espacios de diálogo sin imposiciones, que reconozcan diferencias de clase y de otro tipo y permitan que surjan nuevos entendimientos y nuevos modelos. Eso no significa acomodar o justificar el virulento sexismo y el racismo que se hicieron aceptables en el discurso político de Estados Unidos con esta elección, sino que significa forjar nuevos caminos que provean una salida que no esté basada en el odio y la división o el privilegio y la represión.

Se trata de dar la delantera a los nuevos feminismos que se están desarrollando a partir de la oposición directa al sistema global de las mujeres cuyas vidas mismas son un testimonio de cómo las opresiones encajan y la resistencia es la emancipación. El mal golpe del feminismo estadounidense existe porque un feminismo falso se ha instalado cómodamente dentro del sistema y busca detener los nuevos feminismos que desafían sus privilegios.

El feminismo nunca derrotará el triunfo del avivamiento patriarcal en los Estados Unidos o el resurgimiento en el resto del mundo a menos que abrace su naturaleza como profundamente anti-sistémica. A medida que el sistema se vuelve más letal y alienante, la defensa de la vida y la oposición a la impunidad de las mujeres representan un reto radical. Si los nuevos feminismos se llaman “feministas” o no, sus acciones anti-sistémicas confrontan directamente a la violencia patriarcal institucionalizada en el Estado y expresada en la sociedad en todos los niveles, desde los hogares, hasta las calles y las legislaturas. Las feministas de todas partes deberíamos unirnos a estos desafíos.

 

 

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Betsabé Espinal, pionera de la lucha de las mujeres por derechos laborales

Hace 97 años en Bello, Antioquia, tuvo lugar una de las huelgas obreras más significativas de la historia sindical colombiana, no sólo porque paralizó por tres semanas el principal emporio textil de ese momento: la Compañía Antioqueña de Tejidos, mejor conocida como la Fábrica de Tejidos de Bello; sino porque quienes la impulsaron y sacaron triunfante fueron cerca de 400 mujeres obreras, en una época en que el rol social de la mujer no era precisamente el de ir por ahí promoviendo protestas y alborotando el cotarro, pues se entendía que su lugar natural era el hogar y la sumisión uno de sus valores preclaros. El “sexo débil”, mejor dicho.


La historia dice que entre 1919 y 1920 hubo en Colombia 33 paros de trabajadores que buscaban mejorar sus condiciones laborales. Pero eran paros desorganizados, más cercanos a la asonada y el motín, porque para entonces el sindicalismo apenas se estaba formando. Los paros más sonados fueron los de los artesanos de Bogotá, los mineros de Segovia, los ferroviarios del Magdalena, y los sastres y zapateros de Medellín, Caldas, Manizales y Bucaramanga. O sea todas protagonizados por hombres, porque era inconcebible un paro de mujeres.


El paro de las obreras de Bello fue el primero que se identificó con el rótulo de “huelga”, y, al igual que los paros precedentes, éste fue espontáneo, surgido de la desesperación de las obreras ante el maltrato y la explotación, rayana con la esclavitud, a la que eran sometidas Y la lideró una tal Betsabé Espinal, hasta ese momento una anónima obrera de 24 años de edad a quien sus compañeras respetaban y acataban por su talante decidido, don de mando y recio carácter.


Pero antes de avanzar en el relato de aquel suceso, es pertinente ubicarlo en su contexto histórico, y decir que aquella fue una época de iniciación industrial. Con el siglo XX estaba naciendo en Colombia la gran industria manufacturera, con epicentro importante en Antioquia, donde era normal que las fábricas emplearan mujeres y niños como mano de obra sumisa y barata. Es decir, el mismo esquema fabril que primó durante la revolución industrial de la Europa del siglo XIX.


Y esa irrupción de mano de obra femenina en las factorías fue un fenómeno socialmente importante, tanto que para 1920 el 73% de la fuerza obrera en el Valle de Aburrá la conformaban mujeres, solteras en el 85% de los casos; e igual proporción se daba en las trilladoras de café y en las fábricas de cigarrillos, oficios en los que las familias campesinas encontraron una buena opción laboral para las hijas solteras, porque la sociedad clerical de entonces no veía bien que por trabajar en las fábricas las mujeres casadas descuidaran su familia y su sagrada misión de amas de casa. “La fábrica es enemiga de las mujeres, enemiga de su cuerpo, de su alma, agotador de su salud y envenenador de su virtud”, rezaba una publicación católica.

La Fábrica de Tejidos de Bello fue la primera textilera a gran escala que nació bajo el modelo Manchesteriano. La fundó en 1904 Emilio Restrepo Callejas, uno de los empresarios pioneros de la Antioquia de entonces, además concejal de Medellín, reconocido latifundista y promotor de extensos cultivos de algodón y caña de azúcar. Pero sólo hasta 1908 pudo la fábrica empezar a funcionar, después de una inyección de capital. Y desde el principio sus telares emplearon mujeres, muchas de ellas niñas entre 13 y 15 años. Para 1920, cuando estalla la huelga, ocupaba unas 400 mujeres y 110 hombres.


Las obreras vivían en un ambiente casi conventual, porque al amparo del prurito paternalista de los industriales antioqueños nació una institución bastante curiosa y emblemática: los patronatos obreros, que eran casas-dormitorios para las trabajadoras solteras, administradas por monjas. En estos patronatos se modelaba la conducta moral y laboral de las obreras, y se vigilaba que no fueran influenciadas por la perniciosa ideología socialista que llegaba de Europa, inspirada en la Revolución Soviética. Un dato que habla del “espíritu” de estos patronatos es que el Día del Trabajo lo celebraban el 4 de mayo, con misa campal y velada recreativa dentro de las fiestas a la Virgen María, y no el 1º de mayo, fecha celebrada por las organizaciones obreras de tendencia revolucionaria. Un año atrás se había fundado el Partido Socialista.


Las razones de la huelga


Dependiendo el oficio que realizaran, el salario de las obreras en la fábrica de don Emilio oscilaba entre $0.40 y $1.00 la semana; mientras los hombres, por hacer el mismo oficio, ganaban entre $1.00 y $2.70. Un trabajador de construcción ganaba entre $3 y $3.60 semanales, lo que da idea de la explotación que pesaba sobre las obreras. Esto porque una idea aceptada socialmente era que el salario femenino constituía un ingreso familiar complementario, y eso justificaba su diferencia con el de los hombres.


Por eso la exigencia de un salario igual fue el primer punto en el pliego de peticiones de las obreras en huelga; lo mismo que la revisión del sistema de multas, pues ocurría que las multaban por llegar tarde, por estropear accidentalmente una lanzadera, por enfermar sin previo aviso, por distraerse en el trabajo, o por cualquier minucia que al capataz se le antojara. E incluso hubo denuncias de multas por negarse a acceder a las solicitudes sexuales de los capataces de la fábrica; y lo contrario: veladas dádivas por aceptarlas.


Precisamente el cese del acoso sexual fue otro punto central del pliego; y en ese sentido el supervisor Manuel Velásquez, hombre de escasa estatura, delgado y padre de 5 hijos, encarnaba el odio mayor de las obreras. 5 de ellas lo acusaron de forzar su despido por no acceder a sus pretensiones, y de ser el culpable de que una de ellas estuviera interna en la “Casa de las arrepentidas”, que era donde expiaban su culpa las mujeres violadas y deshonradas.


Una tercera exigencia era reducir la jornada de trabajo, que se extendía de 6 de la mañana a 6 de la tarde, con una hora para la ingestión de alimentos. Asimismo, exigían que se mejoraran las condiciones higiénicas en los galpones de trabajo y se aboliera la prohibición de asistir calzadas, pues don Emilio tenía la idea absurda de que las obreras perdían tiempo y se retrasaban tratando de no embarrarse los zapatos en el trayecto hacia la fábrica, de modo que lo mejor era que fueran descalzas. Además, decía, era una manera de conservar la uniformidad de las obreras dentro de la fábrica, pues la mayoría eran campesinas habituadas a andar a pie limpio, y era penoso ver a unas calzadas y a otras no.


Otro punto del pliego en el que hicieron harto hincapié, fue que se acabara la vigilancia cerril, las ofensivas requisas a la salida de la fábrica, y el trato despótico por parte de Jesús Monsalve y Teódulo Velásquez, los dos administradores. De Monsalve, por ejemplo, decían que era tirano y grosero de palabra, acusación de la que él se defendía aduciendo que si estaban descontentas era porque estaba cumpliendo bien con su deber.


En tal sentido es elocuente la carta que Carlos E. Restrepo, ex presidente de Colombia, le manda a Emilio Restrepo, en la que se lee: “Bastante numerosas me parecen las horas de trabajo asignadas a las obreras de Bello y demasiado rígidas las condiciones en que lo hacen, especialmente si se mira el trabajo de las mujeres y los niños y las malas condiciones fisiológicas de nuestros trabajadores. Creo que ese camino si se extrema trae el anarquismo como consecuencia forzada y de ellos son los conatos de huelga que usted habla y que empiezan con nuestra primera fábrica”.


La huelga y la figura de Betsabé Espinal

En realidad las obreras venían intentando la huelga de tiempo atrás, e incluso en una ocasión paralizaron una sección de telares, pero fracasaron porque los administradores encontraron quien las reemplazara. Pero el 12 de febrero de 1920 el lance fue a otro precio. Ese día, antes de las 6 de la mañana, las líderes del movimiento se pararon en la puerta de la fábrica para convencer al resto de obreras y obreros de que no ingresaran. La totalidad de las mujeres acataron la orden y no entraron, pero los hombres fueron reacios y en su mayoría ingresaron, por lo que fueron blanco de las burlas inmisericordes de las obreras, quienes no sólo les gritaban cobardes sino que los incitaban a cambiarse los roles: que ellos se pusieran las faldas y ellas los pantalones. “Pollerones pendejos”, les gritaban.


Entre las que se pararon en la puerta a instigar la huelga estuvieron Teresa Tamayo, Adelina González, Carmen Agudelo, Teresa Piedrahita, Matilde Montoya y Betsabé Espinal, la más fogosa y decidida de todas, por lo que desde ese mismo día se erigió como la líder de la protesta y la que organizó a sus compañeras en comisiones. Y ante ellas de nada valieron las amenazas de los capataces ni los ruegos del cura de la parroquia, quien llegó a los pocos minutos para tratar de convencer a las obreras de que terminaran esa locura y regresaran al trabajo.


Y tampoco cedieron al día siguiente, cuando ya fue el alcalde de Bello y las autoridades eclesiásticas de Medellín quienes llegaron a tratar de convencerlas. Por el contrario, para ese momento la huelga se había generalizado y los poquitos obreros hombres que quedaron en la fábrica apenas alcanzaban para aceitar las máquinas y asear el edificio.


El tercer día, en el tren de las nueve de la mañana, una delegación encabezada por Betsabé viajó a Medellín a buscar solidaridad y a poner en conocimiento de la prensa la naturaleza de su movimiento y su pliego petitorio. Estuvieron en la Gobernación de Antioquia y en las sedes de los periódicos El Espectador, el Correo Liberal y El Luchador. “No tenemos ahorros para sostener esta huelga, solo tenemos nuestro carácter, nuestro orgullo, nuestra voluntad, y nuestra energía”, fueron las palabras de Betsabé que al día siguiente salieron publicadas en la prensa.


Betsabé, a quien una foto de aquel año muestra como una mujer cejona y bien plantada, tenía 24 años en ese momento. Había sido bautizada en la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Bello en 1896, y por ser “hija natural” tomó el apellido de su madre: Celsa Espinal (que no Espinosa como erróneamente se ha difundido).


De su vida se conocen muy pocos datos. Se sabe que era muy hábil en el oficio del hilado y buena hija, dedicada por completo al cuidado de su madre. Y la razón de que hoy sepamos tan poco es que no tuvo más hermanos y tampoco nunca se casó, por lo que no dejó descendencia. De ella se sabe por el protagonismo que tuvo en aquella huelga, en la que su nombre estuvo en la mira de los periodistas. Uno de ellos escribió: “Surge una mujer de nombre bíblico a encabezar un movimiento huelguista, el primero, el único de alguna significación que ha podido llevarse a cabo en la tierra más impropia para las huelgas: Antioquia”. Otro le dio connotaciones de una Juana de Arco criolla, y otro más la definió como “una esclava rebelde, una mujer iluminada”.


Pero quien más se ocupó de la huelga y de la figura de Betsabé fue un cronista de El Espectador que firmaba con el seudónimo El Curioso impertinente, quien en el lenguaje florido del periodismo de la época escribió: “Honor a esos cientos de mujercitas que han tenido la locura galante y fértil de confrontar la resistencia y furia del capital, sin más equipaje que una buena porción de rebelión y dignidad... Cómo no secundarlas si son heraldos de una provechosa transformación social, si pueden ser las primeras víctimas ineludibles de toda revolución que se inicia”. Y en otra crónica describió el ambiente festivo que se vivía en torno a la fábrica de Bello, donde se ven “cuadros pintorescos de grandes grupos de obreras y obreros que cantan, bailan, juegan y dan vivas a la huelga, mientras los policías que vigilan están tan desocupados como ellos”.


Y por esa vía la huelga se volvió comidilla pública y generó una enorme simpatía entre la gente, no sólo de Bello sino también de Medellín. Tanto que una semana después, por iniciativa de los periódicos El Espectador y El Correo Liberal, ya se había conformado en Medellín un Comité de Socorro para recoger víveres y dinero para las huelguistas, y los estudiantes de medicina de la Universidad de Antioquia hicieron su propia colecta. Es más, una fábrica de tejidos de Medellín se ofreció a sostenerlas para que no cedieran, durante dos meses de ser necesario.


Logros y alcances de la huelga


Después de 21 días de parálisis, y gracias a la mediación de algunos empresarios y las autoridades departamentales, e incluso del mismo arzobispo de Medellín, Emilio Restrepo, finalmente cedió a todas las exigencias de las obreras y con eso, el 4 de marzo, finalizó la huelga. Se acordó un aumento salarial del 40%, regulación del sistema de multas, jornada laboral de 10 horas y más tiempo para el almuerzo, permiso para ir calzadas a la fábrica, y el despido fulminante del “acosador” Velásquez y los dos odiados administradores.


Para ratificar el acuerdo, una delegación de obreras encabezada por Betsabé Espinal se dirigió a las oficinas de la empresa en Medellín. En la estación del tren las recibió una multitud de unas 3 mil personas que las acompañó en el trayecto, en el que, según la crónica periodística, hubo hasta insolados. Después la delegación fue objeto de varios homenajes, como la corona de laurel que pusieron en cabeza de Betsabé, quien en esta ocasión, encaramada en un taburete, pronunció un discurso memorable. Y más tarde los estudiantes de medicina le ofrendaron una serenata.
Por su parte El Curioso Impertinente, quien para entonces ya era un declarado fanático de las huelguistas, escribió un elogio de este tenor: “El triunfo de esta causa ha sido, pues, completo. Por eso batimos nuestras palmas entusiastas a esas heroicas y viriles mujeres de Bello, que han dado un altísimo ejemplo de valor a Medellín, a Antioquia y a Colombia”.


La huelga de Bello fue un hito en la historia del movimiento obrero colombiano; marcó una ruptura con la tradición de damas que sumisa y silenciosamente eran carne de explotación laboral y acoso sexual en las fábricas. Con esta huelga no sólo se dignificaron como obreras y como mujeres, sino que su ejemplo tuvo repercusiones. Una de ellas fue que en la Asamblea de Antioquia se presentó un proyecto sobre descanso dominical remunerado para los obreros, y en Bogotá otros grupos de mujeres extrajeron fuerza e inspiración para adelantar sus propios movimientos, como el de las capacheras y las telefonistas de Bogotá. También al ejemplo de las huelguistas de Bello se debe el paro que en 1929 protagonizaron 186 obreras de la fábrica Rosellón, en Envigado, para protestar por la rebaja de salarios y para exigir la destitución de algunos administradores abusivos.


El final trágico de Betsabé


No se sabe nada de lo que pasó en la vida de Betsabé Espinal en los años siguientes. Se presume que salió de la fábrica de Bello y fue a trabajar a Medellín, donde vivió en una casa aledaña al cementerio San Lorenzo (hoy Niquitao), en compañía de una amiga llamada Paulina González. A pocas cuadras de allí quedaba la residencia de María Cano, la otra gran líder obrera de la época, por lo que es muy probable que se hayan conocido y compartido alguna relación.


La muerte de Betsabé se produjo a causa de una descarga eléctrica, y fue documentada por el periódico conservador La Defensa. Según esta nota, en la que para nada se recuerda la gesta protagonizada por Betsabé 12 años atrás, el accidente se produjo de la siguiente manera:
La noche anterior, a causa de una tormenta, en la calle frente a su casa cayó un cable de energía eléctrica de alto voltaje (una primaria que llaman). Un vecino madrugó a alertar a todos del peligro que corrían, pero Betsabé en un acto temerario, propio de su carácter, hizo caso omiso y decidió solucionar el problema con sus propias manos. Así que fue hasta la primaria, la agarró para retirarla, y ahí mismo cayó electrocutada. Alcanzó a llegar con vida al hospital, donde falleció el 16 de noviembre de 1932, a la corta edad de 36 años.


El destino, que suele gastarse sus ironías, quiso que su muerte, con un mes escaso de diferencia, coincidiera con la de Emilio Restrepo, el dueño de la fábrica donde ella lideró la huelga que inmortalizaría su nombre.


Bibliografía


– Los años Escondidos, sueños y rebeldías en la década del 20. María Tila Uribe. Ediciones Antropos. Pág. 86 a 88.
– “Las mujeres en la Historia de Colombia. Tomo II”. Editorial Norma. Pág. 405 a 407.
– “Mujeres y trabajo en Antioquia durante el siglo XX”, Ediciones ENS 2005. Pág. 52 y 53. Por Ana Catalina Reyes y María Claudia Saavedra.
– Reinaldo Espitaletta, crónica “Huelga de Señoritas, o cuando en Bello se protagonizó un alzamiento de mujeres liderado por Betsabé Espinal”. Revista Huellas, Centro de Historia de Bello. Nº 4 diciembre 2002.
– Periódicos El Espectador y El Socialista. Febrero y marzo de 1920.

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Miércoles, 08 Marzo 2017 08:22

Mujeres

Mujeres

 

Una larga lucha por pasar de objeto a sujeto


Un ocho de marzo más la historia se repite. Celebración de una onomástica y denuncia de una inequidad que no parece tener arreglo, al menos hay poca voluntad política de que lo tenga. Han pasado ciento sesenta años desde aquel 8 de marzo de 1857 en que un grupo de mujeres trabajadoras del textil se declararon en huelga y salieron a la calle a reclamar derechos. Casi tantos años como los que dicen los datos que son necesarios para que la mujer “alcance” al hombre en condiciones económicas y laborales.

Este 2017 el Día Internacional de la Mujer será el día del Paro Internacional de Mujeres para reclamar derechos, para denunciar la inacabable desigualdad y la reincidente violencia de género. Porque más que para celebrar es un día para seguir luchando.

La mujer, por suerte, no es igual que el hombre. Las mujeres no piden esa igualdad repetida hasta la saciedad e ignorada hasta la saturación. Lo que la mujer quiere, y me arriesgo a suponerlo porque me podrían tachar, y con razón, de no serlo, es equidad.

 

igualdad equidad

igualdad – equidad

 

No hay que irse a países mal llamados tercermundistas para ver esa discriminación. La vieja Europa, los EE.UU. u otros territorios “desarrollados” también tienen esa lacra hacia quienes nos dan la vida. Y tampoco se libran de ella en los medios masivos de difusión de noticias, donde el lugar de las periodistas está por debajo de sus capacidades y en condiciones de desigualdad respecto de sus compañeros.

Esa diferencia se aprecia en casi todos los sectores sociales, culturales y económicos. Entre ellos en el cine, donde la mujer sigue siendo más objeto que sujeto y donde los papeles se les van cerrando según van llegando a una madurez que, como a todo ser humano, las enriquece y mejora pero que parece lastrarlas frente a una cámara.

El cine, como gran medio de comunicación, debe ser una de las esferas para luchar por la equidad, por la justicia social y el pleno reconocimiento de la mujer como ciudadana con los mismos derechos. La gran pantalla debe ser ejemplo de lucha por superar las tradiciones aferradas a lo femenino como deudor o vicario.

¿Hay alguna actividad en la que, a lo largo de su existencia, la mujer haya sido más utilizada como objeto que en el cine? Pues creo que, publicidad aparte, la respuesta es no. Objeto de deseo, por supuesto. Sólo hay que recordar aquel casposo cine español de finales de los ´70, el llamado del destape, hecho para aplacar los picores de una sociedad pacata, y machista, que empezaba a ver la luz. Un destape que solamente se imponía a las mujeres. O es que alguien recuerda haberle visto algún pelo que no fuera del pecho a los Landa, Pajares, Esteso, etc...

Pero el cine puede aprovecharse para educar desde la equidad. Equidad que todavía hoy, en pleno siglo XXI, sí aunque parezca que socialmente volvemos hacia el XIX estamos en la segunda década del veintiuno, es necesario pelear y cuesta conseguir. El cine es una gran herramienta de comunicación y concienciación, un arte para hacer visible el papel de la mujer, como persona, como ciudadana, en situación de igualdad y contra el patriarcado que domina la sociedad. Porque, pese a que el cine y la televisión han reforzado estereotipos sobre la mujer, han sido también, sobre todo el primero, más crítico, muestrario de los cambios sociales y altavoz para reclamar el lugar de la mujer como sujeto activo de la sociedad.

Hemos de superar las narraciones ancladas en mujeres negociables (esposas, madres) o mujeres consumibles (casquivanas, prostitutas), como decía el profesor Jesús Ibáñez, siempre deudoras del hombre, para reivindicar a la mujer como sujeto, como persona: ni más ni menos que como MUJER. La lucha por la igualdad no se soluciona con decretos, que hay que ponerla en práctica en la vida diaria, en la familia, en la escuela, en la calle y en el trabajo.

Por eso quiero hacer un reconocimiento a las mujeres a través del séptimo arte. El lugar de la mujer en el cine ha estado, casi siempre, frente a la pantalla, en roles protagonistas o secundarios, encasillados o no. Pero, qué decir de otras profesiones relacionadas como guionistas, productoras o directoras. Difícil, muy difícil.

La historia de las mujeres directoras de cine, como en otras muchas profesiones, ha sido ardua, muy cuesta arriba y hoy lo sigue siendo. Pese a ello, hay grandes nombres, grandes mujeres que han hecho más grande el séptimo arte. La lista completa de mujeres dedicadas a la realización cinematográfica no nos cabría en este espacio. Tan sólo queremos mencionar nombres de autoras destacadas, algunas reconocidas y otras injustamente olvidadas, como ocurre con demasiada frecuencia, de la historia del cine.

Empecemos por Alice Guy-Blaché (París, 1873 – New Jersey, 1968), la verdadera pionera del cine. Adelantada a su tiempo, incluso al padre de este arte, George Meliés. Realizó, en 1896, la primera película narrativa de la historia, La Fee aux Choux (El hada de los repollos). Productora y directora independiente, usó grabaciones sonoras simultáneas a las imágenes, utilizó efectos especiales como la doble exposición del negativo, el retoque o los movimientos hacia atrás de la cámara. En 1912 dirigió la primera película interpretada íntegramente por personas de raza negra, Un tonto y su dinero, y tuvo su propio estudio.

 

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Alice Guy Blaché

 

Charlotte (Lotte) Reiniger, (Berlín, 1899 – 1981), precursora del cine de animación. Guionista y directora de la película animada más antigua que se conserva, Las aventuras del príncipe Achmed. Realizada con más de 300.000 imágenes individuales, tenía una duración de 65 minutos.

 

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Las aventuras del príncipe Achmed

 

En España, las precursoras fueron Helena Cortesina (Valencia, 1904 – Buenos Aires, 1984) primera directora de cine española con Flor de España o la leyenda de un torero en 1921, estrenada dos años después, y Rosario Pi (Barcelona, 1899 – Madrid, 1967) productora y directora, fue la primera en realizar una película sonora, El gato montés, en 1935. Posteriormente, no hemos de olvidar a Ana Mariscal, que llegó a rodar diez películas, la última El paseíllo (1968), en una época nada fácil; Cecilia Bartolomé, autora de la considerada primera película feminista española, Vámonos, Bárbara (1978); Ana Diez, primera mujer ganadora de un Goya como directora por Ander eta Yul, (1989); Pilar Miró, guionista y directora, primera mujer en dirigir RTVE; Icíar Bollaín, actriz, guionista y directora, Goya en 2004 por Te doy mis ojos; o Isabel Coixet, Goya como directora por La vida secreta de las palabras (2006). Las tres últimas son las únicas mujeres que han obtenido el Goya como directoras en las 31 ediciones del premio. Recordemos que el primer Óscar a una mujer directora fue para Katrhyn Bigelow, en 2009, por The hurt locker (En tierra hostil). Sólo tuvo que esperar a la 82ª edición de los premios de Hollywood.

En Colombia, Gabriela Samper, la primera directora, guionista y productora (Páramo de Cumanday, 1965); Marta Rodríguez, una gran documentalista (de Chircales, 1972, a Testigos de un Etnocidio, memorias de resistencia, 2011) con tal vez más reconocimiento fuera que dentro de su país; Camila Loboguerrero, primera mujer en filmar largometrajes en Colombia (Con su música a otra parte, 1984); Libia Stella Gómez, directora y guionista (Ella, 2015); Patricia Ayala, documentalista (don Ca, 2013), o Patricia Cardozo, ganadora del premio especial del Jurado y del Público en el Festival Sundance, 2002, con Las mujeres de verdad tienen curvas. Mencionar aquí al colectivo Mujeres al borde, iniciativa producto del sueño de dos amigas para dotar de un espacio a las mujeres desobedientes, transgresoras, que quieren crear un mundo distinto practicando el artivismo (arte + activismo) sexodisidente.

Terminamos el recorrido con un recordatorio a otras cineastas que, desde diferentes culturas, han dicho y hecho mucho por el papel de la mujer en el cine y en la sociedad: Deepa Metha (India), Julie Bridgham (EEUU), Niki Caro (N. Zelanda), Mira Nair (India), Marguerite Duras (Francia), Claudia Llosa (Perú), Hana Makhmalbaf (Irán), Lucía Puenzo (Argentina), Rebeca Chavez (Cuba), Liliana Cavani (Italia), Ma Liwen (China), Doris Dörrie (Alemania), Agnieszka Holland (Polonia), Fina Torres (Venezuela), Samira Makhmalbaf (Irán) o Djamila Sahraoui (Argelia).

Y hay muchas, muchísimas más, en el cine y en otros muchos ámbitos de la vida. En un día como el 8 de marzo y el resto de los días del año. Ya va siendo hora de que lo femenino se tome la palabra. Porque son, ni más ni menos y en definitiva, MUJERES.

 

 

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foto: En Movimiento TeVe

 

Nosotras, mujeres, lesbianas, trans, indígenas, campesinas, urbanas, afros, trabajadoras, estudiantes, feministas integrantes de los Movimientos Sociales del Alba, paramos el 8 de marzo en nuestros países para visibilizar las luchas que por más de cinco siglos han dado las mujeres en nuestro continente, para visibilizar el trabajo cotidiano de la reproducción y cuidado, trabajo no reconocido como tal y por tanto no remunerado y precarizado. Paramos para visibilizar nuestros cuerpos desaparecidos por las redes de prostitución y trata, nuestros cuerpos asesinados en femicidios, nuestros cuerpos maltratados por la violencia obstétrica, en definitiva nuestros cuerpos golpeados por la violencia patriarcal.

Nosotras paramos para denunciar que las guerras nos toman como botín y que incluso en procesos de paz como en Colombia, nos siguen asesinando, por lo que seguiremos luchando por hacer de la implementación del Acuerdo de las FARC-EP y el diálogo del ELN oportunidades para construir la paz de Colombia que es la paz del continente.

El 8M paramos para denunciar los femicidios, que están desangrando a México y Centroamérica, creciendo de manera alarmante en todo el continente, con complicidad de los Estados y las redes del narco, de la prostitución, de la trata y del crimen organizado. Nosotras paramos para denunciar los femicidios territoriales de las mujeres defensoras de la naturaleza, de los bienes comunes, de los ríos, de los bosques, como Berta Cáceres en Honduras, Laura Leonor Vásquez Pineda en Guatemala, Macarena Valdés en Chile, Ruth Alicia López Guisao, Emilsen Manyoma, Yoryanis Bernal y Luz Herminia Olarte en Colombia. Paramos para reconocer el lugar que las mujeres venimos asumiendo en el enfrentamiento a las políticas neoliberales, extractivistas, del capitalismo patriarcal y colonial.

Denunciamos que desde la mayoría de los gobiernos del continente, y los fundamentalismos religiosos se siguen negando los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, se sigue penalizado el aborto causando muertas por abortos clandestinos y mujeres encarceladas por ejercer el derecho a decidir sobre sus cuerpos. Continúa la represión a las identidades LGTBI, y se establecen medidas de control de nuestros cuerpos. Exigimos que se implemente la educación sexual integral en todos los niveles de escolaridad pública, y que se desarrolle una comunicación no sexista.

El 8M paramos para gritar que todas somos migrantes. Expulsadas de nuestros territorios, criminalizadas en los lugares a los que llegamos, vamos tejiendo nuestras propias redes de encuentro y de rebeldía.

El 8M paramos para que sepan de nuestra fuerza, de nuestra capacidad de llenar las calles y las plazas, de salir de las casas al espacio público y ocuparlo con nuestras exigencias antipatriarcales, anticapitalistas, antirracistas. Para gritar que vivas y libres nos queremos.

El 8M paramos para expresar nuestro rechazo a los golpes de estado, a la militarización, a la represión sobre nuestros pueblos. Porque frente a la feminización de la pobreza, respondemos con la feminización de la resistencia.

Ante la pérdida de conquistas, de derechos sociales, de libertades, las mujeres avanzamos en nuestra potencia organizativa y política. Por eso decimos también, que nuestras luchas no son solamente defensivas.

Seguiremos defendiendo los procesos populares asediados por el gran capital, como en Venezuela, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua y Cuba. Defenderemos siempre la Revolución Cubana, como estrella que sigue dando ejemplo de dignidad antimperialista.

El 8M paramos para denunciar la agresión imperial contra Venezuela, el bloqueo silencioso de las transnacionales y de los gobiernos derechistas dirigidos a aislar a la Revolución Bolivariana, atacando específicamente a las mujeres, e intentando agobiarlas económicamente.

El 8M paramos en solidaridad con las luchas descolonizadoras y antimperialistas de las mujeres y el pueblo de Puerto Rico, colonia de Estados Unidos por más de 500 años, que también estarán parando en reclamo de su independencia total.

Exigimos la libertad de Milagro Sala, de Ana Belén Montes, y de todas las prisioneras y prisioneros del imperio.

Paramos para exigir la salida y denunciar a las tropas de la MINUSTAH que han violado a mujeres haitianas que valientemente resisten la ocupación.

Paramos porque nuestras luchas no reconocen fronteras, porque seguiremos de pie enfrentando el capitalismo y el patriarcado por nosotras y nuestros pueblos, hasta a ver a toda Nuestramérica Libre, Socialista y Feminista.

El 8M paramos en abya yala, y la tierra toda temblará

Sin el protagonismo de las mujeres, no hay revolución

Las mujeres reivindicamos nuestro derecho al placer, a la libertad, y al deseo

Revolución en las calles, en las plazas y en las camas

Sin feminismo no hay socialismo

Ni una Menos

Vivas nos queremos

 

Texto y portada:http://www.albamovimientos.org

 

 

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“Contra el patriarcado y el capitalismo”, dice Amarilla Leiva.

 

Este paro es contra el patriarcado y el capitalismo que nos explota. La fuerza y la resistencia de las mujeres se ven y están en marcha”, dice a PáginaI12 Alicia Amarilla Leiva. Y agrega: “Es un proceso de acumulación de conciencia. Ojalá podamos forjar esa sociedad nueva que anhelamos tanto las mujeres”. Tiene 35 años, es campesina, madre soltera de un hijo de 10 años y hace 12 encabeza la Coordinadora Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas (Conamuri), de Paraguay, una de las más de setenta organizaciones e instituciones que mañana se sumarán al Paro Internacional de Mujeres en ese país. La histórica huelga se hará sentir a lo largo y ancho de Latinoamérica en ciudades más populosas y más pequeñas, como parte de ese gran movimiento que enlazará a mujeres de más 50 países, que harán temblar la tierra contra las violencias machistas, los femicidios y la desigualdad que las afecta en las distintas esferas en las que transcurren sus vidas cotidianas. Están convocadas más de 300 marchas en el mundo.

El paro se expresará con distintas acciones en Latinoamérica, además de Argentina, en Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, México, Panamá, República Dominicana y Puerto Rico. En cada territorio, en cada geografía, hay demandas puntuales también. En Uruguay, el PIT-CNT, la central sindical única, adhirió a la medida de fuerza y convocó a un paro general de 16 a 22 horas. “Está prevista una marcha a las 18 en la que participarán organizaciones sociales en contra de la violencia de género”, confirmó anoche a este diario Milagro Pau, secretaria de Género, Equidad y Diversidad del PIT-CNT.

“Voy a parar porque en Colombia entramos en un proceso de paz pero aún continúan las violaciones de los derechos de las mujeres y por eso en Medellín la consigna para este 8 de marzo es “Paren la guerra contra las mujeres, construyamos paz””, contó Sonia Vázquez Mejía, comunicadora social de Medellín, referente del movimiento de mujeres de ese país, como vicepresidenta de la Unión de Ciudadanas de Colombia, la organización feminista más antigua de Colombia, que logró el voto femenino hace sesenta años. Actualmente Vázquez Mejía representa a las mujeres en los consejos Municipal y Departamental de Participación Ciudadana desde donde trabaja “por la inclusión y la equidad de las mujeres en los contextos político, social y económico”, explicó la referente feminista. “Me uno al paro de las mujeres porque es una de las maneras de manifestar y apoyar la reivindicación de los derechos de las mujeres”, destacó desde Medellín. Fue concejala de esa ciudad y jefa de despacho de la Secretaría de las Mujeres de la municipalidad. “Estoy indignada porque las políticas públicas que formulamos y hemos defendido desde allí hoy se ven disminuidas por recortes presupuestarios. Voy a parar porque la violencia sociopolítica en el país sigue siendo una responsabilidad del estado y del sistema, porque he sido víctima de violencia sexual, porque el sistema de salud en Colombia es deficiente, y para que las mujeres jóvenes sepan que los derechos de las mujeres no nos los han dado, sino que los hemos tenido que ganar y que la lucha por ellos debe continuar”, dijo Vázquez Mejía.

En Paraguay, habrá distintas acciones el 8M. Adhieren al paro desde las universitarias hasta las organizaciones indígenas que estarán en 11 departamentos (provincias) con denuncias y acciones directas. “Nuestra consigna es: “Si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras”, contó a este diario la dirigente campesina de Conamuri. “Para nosotras –destacó– es importante el avance de la conciencia feminista en América latina y en el mundo”. Las campesinas e indígenas pararán contra la violencia institucional, los femicidios, la invasión de la agricultura intensiva y el monocultivo en sus territorios, contra el envenenamiento que producen los agrotóxicos, y para visibilizar las situaciones de pobreza y las diferentes formas de violencia machista que sufren las mujeres en el campo. Amarilla Leiva vive en el departamento Caaguazú.

En Brasil, se realizarán acciones en más de 60 ciudades, de las cuales 22 son capitales de estados, contó a este diario Mariana Bastos, periodista de Río de Janeiro y promotora del paro internacional de mujeres en ese país. Los sindicatos no llaman al paro. A pesar de las diversidad y extensión del territorio brasileño, y de sus realidades, las mujeres se sumarán a la convocatoria con dos demandas unificadas: contra la violencia machista y los femicidios, y contra una reforma previsional que impulsa el Gobierno federal para aumentar la edad jubilatoria de las mujeres y equipararla con la de los varones. “Con este proyecto nos están diciendo que nuestro trabajo en el hogar, no remunerado, no cuenta, no vale nada”, apuntó Bastos. Y contó que uno de los objetivos también es difundir entre las mujeres que es tan importante parar las actividades reproductivas, domésticas, como las productivas.

 

 

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Martes, 07 Marzo 2017 07:15

Un 8 de Marzo diferente

© Pixabay/Flachovatereza

 

"Somos protagonistas de una revolución sensible", dijo la periodista argentina Marta Dillon, al presentar en conferencia de prensa el Paro Internacional de Mujeres que se realizará el 8 de marzo. En Buenos Aires el paro comenzará a las 12 de la mañana con un "ruidazo" y luego habrá una marcha desde el Congreso hasta la emblemática Plaza de Mayo.

 

En la rueda de prensa la periodista, hija de desparecidos y activista por los derechos humanos, leyó un comunicado que comienza con una frase simbólica: "Este 8 de marzo la tierra tiembla". Argentina es seguramente el país de América Latina que más se ha destacado por la potencia de los movimientos de mujeres, que desde 1985 organizan el anual Encuentro Nacional de Mujeres que en las dos últimas ediciones, en Mar del Plata 2015 y Rosario 2016, congregaron entre 60 y 70 mil personas en cientos de talleres y debates.

Estamos ante un 8 de Marzo especial, por lo menos en la región sudamericana, donde las mujeres han protagonizado movilizaciones multitudinarias contra la violencia machista y los feminicidios. Una parte sustancial de los 200 mil muertos que se ha cobrado la "guerra contra las drogas" en México, son mujeres jóvenes pobres que trabajan en maquilas. Algo similar sucede en Guatemala y en la mayoría de los países centroamericanos.

La potencia del feminismo actual no se basa sólo en las masivas movilizaciones, sino que muestra una fuerza discursiva que han perdido otros movimientos sociales. Y una gran capacidad de análisis de la situación internacional. "Tejemos un nuevo internacionalismo", dice el comunicado de las mujeres. Y agrega: "Vemos que frente al giro neo-conservador, en la región y el mundo, el movimiento de mujeres emerge como potencia de alternativa".

La escritora y activista ítalo-estadounidense Silvia Federici, explica este nuevo activismo y las movilizaciones que se registran estos días en Estados Unidos: "Esta es una crisis de trabajo, una crisis de falta de tiempo para sí mismas, una crisis de la relación con los otros, es el no tener recursos, no tener tiempo ni acceso a los servicios más fundamentales".

Pero destaca también que el movimiento debe crecer en su comprensión estratégica del mundo actual y no olvidar nunca el internacionalismo: "Creo que hoy las mujeres debemos estar más presentes en las luchas contra la guerra. En estas manifestaciones en Estados Unidos no se le ha dado suficiente atención a la problemática de la guerra. Existe una relación fuerte entre la guerra permanente y la militarización de la vida aquí, por eso es importante esta temática. ¿De qué internacionalismo hablamos si no?".

En el Cono Sur de Sudamérica, la violencia doméstica y los feminicidios se han convertido en temas destacados en los medios masivos, sobre todo en la televisión argentina, donde las estrellas de la farándula no pierden ocasión para manifestar su apoyo a la causa de las mujeres, aunque suelen "descafeinar" los contenidos. En Brasil una de las críticas más frecuentes al gobierno ilegítimo de Michel Temer es que en su gabinete no hay ninguna mujer.

En Uruguay saltó al ruedo nada menos que el ex presidente Julio María Sanguinetti, uno de los referentes regionales del conservadurismo político e ideológico. En un artículo titulado "La cultura machista", Sanguinetti apoya la causa de las mujeres aunque critica la inclusión del feminicidio en el Código Penal, porque en su opinión ya existe como figura agravante el asesinato de miembros de la familia, en especial mujeres e hijos.

Aunque afirma que los movimientos feministas en ocasiones han "rozado el ridículo", critica el machismo y llama a docentes, artistas y políticos a manifestar públicamente su rechazo al machismo. Hay que "sacarse de la mente la idea de que quien comprende y sigue a su mujer no es un "pollerudo" sino lo contrario, un ser maduro, consciente de su fuerza, que necesita de la fuerza de "la otra" para que la vida valga la pena ser vivida", escribió Sanguinetti en el semanario Opinar.

Mucho más allá de sus cuestionables opiniones, lo más destacable es el hecho que un político como Sanguinetti haya salido a hablar del tema. Es un síntoma del vuelo que adquirió el debate sobre los derechos de las mujeres en la sociedad. Por lo pronto, en Uruguay y Argentina las centrales sindicales y sindicatos convocan un paro el 8 de Marzo como forma de manifestar su apoyo a las mujeres, actitud que refleja la expansión que están teniendo las demandas de los movimientos.

En Brasil las nueve centrales sindicales decidieron salir a la calle el 8 de Marzo contra la reforma del sistema de pensiones y en conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En Argentina confluyen las luchas del sindicato de maestros (la inmensa mayoría maestras) con el paro que apoyan las centrales sindicales. En Uruguay el PIT-CNT convoca un paro general de cuatro horas.

Quizá el hecho más notable de este 8 de Marzo es que evidencia que las demandas y las voces de las mujeres han desbordado los marcos de los sectores organizados y se han hecho carne en amplios estratos de las sociedades, tanto entre las clases medias profesionales como entre los sectores populares, los más afectados por la violencia machista. Hay varias razones que explican este cambio: desde la ampliación del casco militante, la maduración de una nueva cultura y una más sólida conciencia ciudadana de los derechos. En este último aspecto, lo realizado por los gobiernos progresistas en relación a las mujeres ha contribuido a amplificar las viejas demandas del movimiento feminista.

Pero hay un hecho adicional que parece decisivo y que puede ser el trasfondo de la masividad adquirida por la cuestión femenina. El capitalismo en la etapa actual, de hegemonía del capital financiero, está mostrando su peor faceta: militarista, destructiva del medio ambiente y de las personas.

Este es el capitalismo realmente existente en América Latina, que está tratando los cuerpos de las mujeres con la misma ferocidad destructiva con la que ensaña con la naturaleza.

 

 

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Tratamiento de dictadura militar a un conflicto laboral obstaculiza la construcción de la paz

Según lo reseñó esta semana la Agencia de Información de la ENS, Ecopetrol y el Estado colombiano vienen dando un duro tratamiento al conflicto laboral originado en la grotesca política de precarización laboral en esta empresa estatal, consistente en la reducción del 50% del salario de los trabajadores tercerizados de apoyo logístico, como vigilantes, aseadores, personal de cafeterías, entre otros, a quienes además se les ha despojado del derecho a los servicios de transporte y alimentación, y les han eliminado garantías de estabilidad laboral.

Lo triste de esta historia es que quienes vienen siendo maltratados por esta política laboral de Ecopetrol, y por la fuerza pública, son los trabajadores de más bajo rango en la estructura de la empresa, es decir, los que menos ganan. Y es más deprimente aún que el escenario de la desigual confrontación sea Reficar, la refinaría de Cartagena, proyecto de Ecopetrol que ha ganado resonancia nacional por los sobrecostos en su ejecución, que según la Contraloría supera los 2.000 millones de dólares (unos 7 billones de pesos). Aunque en una versión anterior los cálculos superaban los 4.000 millones de dólares.

El ingreso promedio de estos trabajadores, que era de unos dos salarios mínimos, se redujo a un salario mínimo, esto en un contexto macro-económico de contracción en los salarios, rezagados frente a la espiral inflacionaria, y de una reforma tributaria profundamente regresiva.

En Reficar hay unos 400 trabajadores afectados por esa política “neonzi” de Ecopetrol, con la que ésta se ahorraría este año unos $3.600 millones. Mientras que los $7 o $14 billones que saquearon de la empresa aún no se recuperan, y ni uno solo de los responsables del saqueo se encuentra tras las rejas. Un saqueo en el que están comprometidos altos funcionarios de Ecopetrol y de los gobiernos de Uribe y Santos, que actuaron en contubernio con empresas del sector privado como Andamios Anderson de Colombia, Aseo Urbano de la Costa, transportes Calderón S.A, y la firma estadounidense CB&I, encargada de la construcción de la obra.

Dos salarios mínimos en Colombia equivalen aproximadamente al costo de la canasta mínima vital para una familia de ingresos bajos, por lo que la contracción salarial del personal de logística en Reficar significa que de ahora en adelante solo podrán acceder a la mitad de la misma, con todo lo que esto significa para una familia pobre.

La encuesta de la firma Invamer Gallup, dada a conocer el 2 de marzo, deja entrever que para los colombianos los dos problemas que más preocupan son precisamente la corrupción y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

Difícilmente se podrá construir una paz estable y duradera si la implementación de los acuerdos del fin del conflicto armado suscrito con las FARC, y el que se suscriba con el ELN, no se fundamenta en una política pública de trabajo decente que restablezca la importancia social que el trabajo tuvo en el pasado.

Trabajo Decente es una vieja idea que ha acompañado al sindicalismo desde el origen de los tiempos, y que OIT se plantea como el nuevo reto, inicialmente para los Estados miembros. Según OIT, el Trabajo Decente “resume las aspiraciones de las personas en su vida laboral, aspiraciones en relación a oportunidades e ingresos; derechos, voz y reconocimiento; estabilidad familiar y desarrollo personal; justicia e igualdad de género. Las diversas dimensiones del trabajo decente son pilares de la paz en las comunidades y en la sociedad”

De acuerdo con esta definición, podemos concluir que la paz se construye con empleo y una política salarial (ingresos) que cierre la brecha inicialmente entre salario mínimo legal y salario mínimo vital, y de manera progresiva se siga mejorando el poder adquisitivo para garantizar el desarrollo de las familias y las personas como tránsito hacia una Paz con Justicia Social.

Lo que se ve entonces es que el Gobierno Santos y Ecopetrol van en contravía de los compromisos internacionales adquiridos en OIT, que a través de sus normas ha construido un estándar mínimo de condiciones laborales para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.

No es con leyes arbitrarias y con violencia estatal contra las expresiones democráticas de movilización y protesta de los trabajadores como se construye la paz. Esta se construye creando nuevas oportunidades laborales, con ingresos que tengan poder adquisitivo que garanticen el mínimo vital; con un sistema de seguridad social con enfoque de derechos y no de negocio, como la Ley 100 de 1993; con garantías para el ejercicio de las libertades sindicales y dialogo social, no con garrote ni culatazos, ni penalización de la protesta.

¿Son los convenios de OIT y el reto estratégico de Trabajo Decente los referentes de la política laboral del presidente Santos y Ecopetrol? ¿O lo serán acaso los campos de concentración de la Alemania Nazi?

Toda nuestra solidaridad y respaldo a la Unión Sindical Obrera en esta nueva batalla que adelantan en defensa de los 7.000 trabajadores más precarizados por parte de la estatal petrolera Ecopetrol.

Fecha: Marzo 6 de 2017

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