Gobierno minero, resistencia indígena

Durante 68 días cientos de campesinos de las comunidades vecinas a la mina Las Bambas (Apurímac, Perú), cortaron la carretera por la que empresa estatal china Minerals and Metals Group (MMG) exporta cobre a través del “corredor minero” hasta el puerto de Matarani en el océano Pacífico. Los comuneros de Fuerabamba levantaron pequeñas chozas de paja a los lados de la vía, desde las cuales resisten a la minera para forzarla a negociar.

Las Bambas se instaló en 2004 de la mano de la empresa minera suiza Xstrata Cooper pero en 2014 fue traspasada a la china MMG por casi seis mil millones de dólares. Poco después, el conflicto entre comunidades y empresa se dispara. En febrero de 2015, un grupo de 400 comuneros retuvo durante cinco horas a cien trabajadores y en setiembre se realiza un paro provincial con un saldo de tres muertos y 23 heridos (15 civiles y 8 policías), por enfrentamientos entre policías y comuneros.


El estado de emergencia y la represión son el núcleo del repertorio estatal frente a las comunidades. En enero pasado el conflicto volvió a dispararse con enfrentamientos entre los comuneros de Fuerabamba, que dejaron 11 policías heridos y un campamento de la policía quemado. Los comuneros rechazan la construcción de una carretera que atraviesa su territorio sin haberlos siquiera consultado.


La comunidad de Fuerabamba fue trasladada de lugar, ya que se asentaba justo en lugar donde se instaló la mina de cobre. Se trata de 450 familias comuneras a las que se construyeron nuevas viviendas “estilo suizo”, se las compensó con dinero y en el nuevo asentamiento (a dos kilómetros del original, a 3.800 metros de altitud) cuentan con centro de salud, instituciones educativas y hasta el cementerio que fue completamente trasladado.


El caso Las Bambas puede servir de termómetro de lo que sucede en todo el “corredor minero”, una carretera de 500 kilómetros que atraviesa tres provincias (Apurímac, Cusco y Arequipa) y 215 centros poblados donde viven 50 mil personas, en su mayoría pertenecientes a comunidades indígenas quechuas, que “tienen suspendidos sus derechos a la libertad y seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio”, por la aplicación de estados de emergencia, según la ONG CooperAcción.


El corredor vial se ha convertido en pieza estratégica en el Perú, ya que incluye cinco grandes unidades mineras en explotación (entre ellas Las Bambas) y conecta no menos de cuatro proyectos exploratorios importantes. En ese marco, la Policía Nacional firmó en secreto 31 convenios con empresas mineras para la protección de sus negocios. Los policías se trasladan en camionetas de las empresas y tienen bases en los campamentos de las mineras, lo que convierte a la PN en una guardia privada empresarial. Estos mecanismos permiten hablar de un “gobierno minero” en la región, en el que participan Estado y empresas.


En una mirada amplia del conflicto minero en torno a Las Bambas, sobresalen dos cuestiones. Por un lado, 500 comuneros tienen procesos por haber participado en protestas contra la empresa minera. Pero la represión es apenas una cara del conflicto. Las consecuencias más profundas de la presencia minera pueden resumirse en el desmembramiento de las comunidades por la división que provocan los emprendimientos.


El periodista Jaime Borda, director de la ONG Derechos Humanos Sin Fronteras de Cusco, asegura que “desde 2006 hasta 2014 la mayoría de los dirigentes comunales han terminado mal su mandato, con acusaciones de aprovechamiento del cargo, de malos manejos económicos y de negociar sólo a favor de sus familiares”. Por los cuantiosos recursos que manejan las empresas, los cargos de dirección en las comunidades son altamente disputados, pero además las mineras operan en las comunidades para que elijan personas afines a sus intereses.


Borda concluye que en muchos casos “la comunidad ya no reacciona como un grupo coherente sino como una suma de individuos que velan cada uno por sus propios intereses”. Además, los terrenos comunales se parcelan y se titulan como propiedad privada, porque para la empresa minera “es más fácil negociar con las familias que con la comunidad”.
Al parecer, este es el destino que le aguarda a las regiones donde los mega emprendimientos extractivos se imponen. Toda una cultura y una historia son transformadas para favorecer al capital.


13 mayo 2019

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Sábado, 20 Octubre 2018 16:18

Sobre la balcanización en Latinoamérica

Sobre la balcanización en Latinoamérica

El nuevo presidente de Colombia, Iván Duque, ha manifestado que no está dispuesto a seguir acudiendo a las rondas de negociaciones de la Alianza del Pacífico. Argentina, por su parte, ha solicitado la anulación de la decisión 32/00 del Mercosur que prohíbe a sus países miembro firmar nuevos acuerdos comerciales por sí solos. Si gana Jair Bolsonaro, seguramente Brasil tomará el mismo camino: salirse de Mercosur.

 

Otro caso parecido es el de Ecuador, que ha abandonado hace muy poco la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). No son situaciones aisladas. Se trata de un fenómeno cada día más robusto que está teniendo lugar en Latinoamérica en esta nueva época. Cada quien abandona la vía de integrarse mediante un bloque y, por el contrario, transita hacia una nueva forma de relacionarse con el mundo: una suerte de "sálvese quien pueda", de modo individual.

 

Ha pasado una década desde que el mundo tambalease luego del crack financiero de 2008. Desde entonces, muchas cosas han cambiado en clave geoeconómica. Se ha transformado el mundo financiero en todas sus dimensiones, reconcentrándose la banca, y los grandes se comieron a los chicos.

 

Además, estamos viviendo un proceso de exceso de liquidez global debido a que Estados Unidos y la Unión Europea llevaron a cabo la "gran emisión monetaria" en estos años. En consecuencia, para darle salida a esa nueva masa monetaria, el endeudamiento global crece. El mundo está 12 por ciento más endeudado que hace una década.

 

Al mismo tiempo, en el plano de la economía real, la productividad continúa en descenso y el comercio crece a tasas muy bajas. Estamos ante un prolongado proceso de contracción en el que la tasa de crecimiento no logra alcanzar los niveles precrisis. Y las predicciones no son mucho mejores: el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) The long view: scenarios for the world economy to 2060 considera que la tasa de crecimiento del producto interno bruto real estará cercana a 2 por ciento para el año 2060.

 

Esta metamorfosis también se nota en el reordenamiento de las naciones en cuanto a su importancia económica. Las denominadas emergentes, de hecho, ya emergidas, cobran cada día más protagonismo. Tanto es así que el citado informe de la OCDE pronostica que el centro de gravedad de la economía mundial se seguirá desplazando de Norteamérica y Europa hacia el continente asiático. China, India e Indonesia serán clave en este movimiento, así como Rusia, Turquía, Sudáfrica y Corea del Sur.

 

Nada es como antes: ni el resultado del Brexit, ni la llegada de Donald Trump a la Presidencia; tampoco todo lo ocurrido en Latinoamérica. Han habido cambios de gobierno importantes que representan giros políticos y geopolíticos. El escenario regional ha mutado mucho en estos años, y esto tiene sus secuelas en el comportamiento de integración en el mundo.

 

Se está sustituyendo progresivamente la fórmula de asociarse en bloque por la de la vía individual, aplicando un criterio darwinista para sobrevivir en un clima global adverso. Cada día hay menos patrones comunes en los bloques conformados para relacionarse hacia afuera. Cada quien "se lo guisa y se lo come": se busca lograr acuerdos comerciales con el país que lo permite, intentando aprovechar algunas ventajas comparativas, obtener inversiones productivas –dadas las potencialidades nacionales y el interés externo– y conseguir financiamiento como buenamente se pueda.

 

Estamos, por tanto, ante un nuevo fenómeno de menor homogeneidad en la forma en que los integrantes de un bloque se relacionan con los países del exterior. Cada uno negocia por sí solo, y lo que pareciera una ventaja en el corto plazo, a la postre puede ser un gran inconveniente porque se pierde fuerza en la capacidad de negociación con las grandes potencias.

 

Y es así como el marco dominante de "necesidad en adversidad" está forzando a cambiar la lógica de inserción, provocándose un reordenamiento geopolítico de gran magnitud en Latinoamérica. Este viraje será determinante para los años venideros a la hora de comprender con mayor claridad cómo la región se transforma al interior y en su relación con el exterior.

 

Todo se resume en esta frase: la balcanización de Latinoamérica es un nuevo rasgo característico de la actual geopolítica en disputa. Y eso se nota cada vez más en casi todos los espacios de integración: Mercosur, Alianza del Pacífico, Unasur y ALBA.

 

* Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico (Celag), doctor en economía

@alfreserramanci

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Tras sesenta años de integración, ¿la disolución?

En 1951, en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), los seis Estados signatarios –la República Federal de Alemania (RFA), Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos– se declaraban “resueltos a sentar las bases de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos”. Los mismos signatarios retomaron esta formulación en el Tratado de Roma de 1957, que dio origen a la Comunidad Económica Europea (CEE) –convertida en Unión Europea (UE) en 1993–, y, a continuación, en todos los tratados europeos posteriores. Lo menos que se puede decir es que, sobre la mayoría de los grandes asuntos, el panorama que ofrece hoy en día la UE es más de desunión que de unión. Y esto ocurre tanto entre Estados como dentro de esos Estados. A este respecto, el brexit es un revelador emblemático, pero no el único.

En 1973, la entrada del Reino Unido en la CEE constituyó una etapa capital en la estructuración y en la integración del espacio europeo. En efecto, abrió la vía a nuevas ampliaciones, en primer lugar a otros Estados de Europa Occidental y, más tarde, tras la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, a la incorporación de los países bálticos y de los Estados de Europa Central y Oriental satélites de Moscú. A pesar de haber pasado de 6 a 28 miembros, la UE no ha modificado su arquitectura institucional y no hace más que extender –en realidad imponer– a nuevos territorios los dogmas liberales de la competencia y del libre comercio ya grabados en el mármol del Tratado de Roma. Al unirse a la UE, los sucesivos Gobiernos británicos –laboristas o conservadores– no han tenido que aceptar el menor compromiso ideológico.

Paradójicamente, la Europa actual es una Europa británica, una Europa liberal. Entonces, ¿por qué se pronunciaron mayoritariamente, en junio de 2016, los electores del otro lado del canal de la Mancha a favor de la salida de la Unión Europea, el brexit, que provoca una crisis existencial en la Unión?


En parte, los motivos de este resultado son el rechazo de las políticas ultraliberales del Gobierno conservador de David Cameron. Pero también radican en el sentimiento de desposesión experimentado por amplios sectores de la opinión pública, los cuales se preocupan por las transferencias de competencias del Parlamento de Westminster hacia la Comisión (no elegida) de Bruselas. La consigna “recuperar el control” de su propio destino, según la fórmula utilizada por los partidarios del leave (salida), a veces se ha basado en argumentos demagógicos, pero ha resultado muy eficaz en un país muy vinculado a las prerrogativas del Parlamento.


El brexit no es un fenómeno aislado en la UE. Ya no es momento para una dosis adicional de federalismo, como lo desearía Emmanuel Macron con respecto a la gestión del euro (un ministro de Finanzas y un presupuesto únicos, un Parlamento de la zona). Por el contrario, en las circunstancias actuales van apareciendo fisuras en las estructuras comunes existentes debido a los choques provocados por unas políticas migratorias divergentes: los países del Grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, la República Checa, Eslovaquia), a los cuales se han unido los nuevos Gobiernos austriaco e italiano, se encuentran en un estado de casi disidencia sobre esta cuestión central; asimismo, en Roma, el Gobierno de Giuseppe Conte mantiene su reivindicación de salida del euro; en la mayoría de los Estados miembros, la extrema derecha está progresando y utiliza el clima resumido en el eslogan “Dégage!” (¡Lárgate!”) para promover políticas nacionalistas y xenófobas. Se han reunido así las condiciones para una disolución de la UE. En mayo de 2019, los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo dirán si esta hipótesis se convierte o no en una realidad.

Bernard Cassen
Fundador de ATTAC y director general de 'Le Monde diplomatique'

05/08/2018

 

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Sábado, 28 Enero 2017 06:59

“2017, el año de los patriotas”

“2017, el año de los patriotas”

Varios cientos de representantes de los partidos de extrema derecha de Europa se reunieron el fin de semana pasado en la ciudad de Coblenza, a orillas del río Rin, para festejar sus últimos resultados electorales y preparar “el año de los patriotas”, un 2017 en el que se prevén elecciones cruciales en varios países del continente.


Varios cientos de representantes de los partidos de extrema derecha de Europa se reunieron el fin de semana pasado en la ciudad de Coblenza, a orillas del río Rin, para festejar sus últimos resultados electorales (incluida la victoria de Donald Trump en Estados Unidos) y preparar “el año de los patriotas”, un 2017 en el que se prevén elecciones cruciales en varios países del continente. La francesa Marine Le Pen, del Frente Nacional, los alemanes Frauke Petry y Marcus Pretzell, de Alternativa por Alemania, y Geert Wilders, del holandés Partido por la Libertad, fueron las estrellas de un encuentro en el que la gran mayoría de los participantes fueron hombres (alrededor de 80 por ciento) de mediana edad. También hubo representantes de la Liga Norte italiana, del Ukip británico, de los españoles de Vox, de los liberales austríacos y de partidos de extrema derecha de Bélgica, Rumania, República Checa y otros países. Este año habrá elecciones en Holanda (marzo), Francia y Alemania (setiembre) y en todas ellas la extrema derecha puede obtener muy buenos resultados. “Si las cosas van medianamente bien, en los tres países llegaremos al poder”, dijo Geert Wilders.


Durante la concentración ultra, el discurso dominante estuvo muy cercano al defendido por Trump: antiinmigrantes, nacionalista, proteccionista, “anti elites”. “El año pasado marcó el despertar del mundo anglosajón, este año será el de los pueblos de Europa occidental”, declaró Wilders. Marine Le Pen fue en el mismo sentido. “Ayer nació un nuevo Estados Unidos. Este año habrá una nueva Europa. Entre nosotros hay diferencias, pero todos queremos romper con la Unión Europea y defender a nuestros conciudadanos de los ataques exteriores”, dijo la francesa. “Estamos viviendo el fin de un mundo y el nacimiento de otro. ¡Es el regreso de los estados-nación! Me gusta Alemania porque es alemana. Me encanta Francia porque es francesa”, agregó con el tono entre autoritario y entrador que la caracteriza.

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Obama puso fin a “pies secos, pies mojados”

El gobierno de Barack Obama decidió terminar con el tratamiento preferencial de los inmigrantes y refugiados cubanos –conocida como la política de ‘pies secos, pies mojados’ (de 1995)–, que reciben un visado y permiso de trabajo automáticamente al llegar a Estados Unidos.


La medida podría dejar a los inmigrantes de Cuba al mismo nivel que a los demás de América Latina. A cambio, la isla aceptará a cubanos que envíe deportados EE.UU., algo a lo que La Habana siempre se ha negado. Esta decisión, que Donald Trump podrá revocar, cambia radicalmente la relación entre Estados Unidos y Cuba, y supone un durísimo golpe para el ala más dura del exilio cubano en Miami.


Según adelantó un funcionario de la administración de Obama, la medida, que se hizo oficial ayer, pone fin de forma inmediata a la política adoptada en 1995 y que devuelve a Cuba a los cubanos que intercepta en el mar, pero admite en Estados Unidos a los que logran tocar tierra.


El fin de esa política era un reclamo que mantenía desde hace mucho tiempo el gobierno de Raúl Castro para avanzar en la política de normalización de las relaciones bilaterales que los viejos enemigos comenzaron en diciembre de 2014. La política es una enmienda a la Ley de Ajuste Cubano de 1966, que otorga autoridad al Secretario de Justicia de Estados Unidos para permitir que los cubanos que entraron en el país, tanto legal como ilegalmente, obtengan la residencia permanente un año después de su llegada. Aunque solo el Congreso puede acabar con esa ley, se trata de una legislación que da mucha flexibilidad al Secretario de Justicia para aplicarla, por lo que no está claro aún cómo pretende manejar la situación el gobierno de Obama.


El cambio en esta política se produce solo una semana antes de que Obama ceda el poder el próximo 20 de enero al presidente electo, Donald Trump, quien ha amenazado con poner fin al restablecimiento diplomático iniciado por Obama a no ser que el gobierno cubano firme con él “un acuerdo mejor”.

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Qué le espera a Europa en 2017: dos posibles escenarios

En 2016 aprendimos que todo es posible y la actual ola en contra de la política tradicional podría provocar grandes cambios en el año que comienza


Europa recordará el 2016 como un año horrible; los terribles atentados en Bruselas, Niza y Berlín, la vergüenza de Calais y el terremoto provocado por el Brexit.
Lamentablemente, 2017 podría ser igual de terrorífico.


O tal vez no. Si algo aprendimos en 2016 es que resulta imposible hacer predicciones. A continuación describimos dos posibles escenarios para el año que viene.
La alternativa más apocalíptica es la siguiente: otro atentado indiscriminado y mortal a principios de año se convierte en un mal presagio para un continente que perdió a 130 personas en 2016 como consecuencia de acciones terroristas. Geert Wilders, el candidato holandés de extrema derecha se beneficia de esta situación y gana las elecciones generales que se celebran en marzo.


Apenas un mes más tarde, justo antes de la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia, que se celebrarán el 23 de abril y que podrían cambiar el destino del país, al cada vez más autoritario presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan , se le acaba la paciencia. Bruselas prometió 3.000 millones de euros a Turquía si el país perseguía a los traficantes de personas. Esta suma debía servir para que Turquía pudiera lidiar con los cerca de tres millones de refugiados que han llegado al país. Bruselas también se comprometió a levantar la necesidad de visado para los ciudadanos turcos que quisieran viajar a la Unión Europea y hacer avances para que el país pueda ser un Estado miembro de la UE.

Sin embargo, a Europa le han horrorizado las medidas represivas impulsadas por Erdoğan tras el intento de golpe de Estado de julio y los europarlamentarios han instado a los gobiernos de los Estados miembros a paralizar las negociaciones para la adhesión. Tampoco se ha llegado a un acuerdo que permita a los turistas turcos viajar a la UE sin visado.


Por todo ello, Erdoğan podría decidir que ha llegado el momento de abrir sus fronteras y permitir que cientos de miles de refugiados desesperados entren en la UE si así lo desean, como es el caso de muchos de ellos, especialmente los hombres más jóvenes.


Las cadenas de televisión de todo el continente muestran imágenes de este nuevo éxodo de inmigrantes sumidos en la miseria coincidiendo con las elecciones en Francia. A pesar de que los sondeos daban una clara ventaja al candidato conservador François Fillon, Marine Le Pen , la candidata del Frente Nacional, el partido de extrema derecha y antiinmigración, sacude al país y gana la segunda ronda de las presidenciales en mayo.


En las elecciones de junio, el Movimiento Cinco Estrellas de Italia (M5S) completa la conquista antiestablishment de tres de los seis miembros iniciales de la UE. Coincidiendo con la llegada del otoño, la creciente crisis de los inmigrantes y la amenaza terrorista propician que un cuarto país corra la misma suerte. Muy debilitada como consecuencia de los atentados mortales en un mercado navideño de Berlín, Angela Merkel pierde las elecciones federales en Alemania.
Siguiendo el ejemplo del presidente estadounidense Donald Trump, los gobiernos proteccionistas de Europa terminan con los acuerdos comerciales multilaterales y cierran sus fronteras. En Holanda y en Francia, Wilders y Le Pen convocan un referéndum para decidir si permanecen en la UE (Nexit y Frexit respectivamente). Italia convoca un plebiscito para decidir si vuelve a instaurar la lira.


Y, en último lugar, mientras los deudores y los acreedores de la eurozona se tiran de los pelos y una desventurada, tambaleante y cada vez más fragmentada UE está al borde del colapso, Grecia vuelve a hacer la siguiente afirmación: “No puedo pagar y no pagaré”. Berlín y Bruselas le responden: “Se acabaron los rescates”.
Obviamente, no es necesario que ocurra la situación anteriormente descrita.


Los servicios de inteligencia y policiales de Europa podrían impedir que los terroristas consigan llevar a cabo sus planes y Erdoğan podría llegar a la conclusión de que, a largo plazo, no le interesa situar a Europa al borde del abismo.


La reciente e inesperada victoria del político independiente y de izquierdas Alexander Van der Bellen en Austria, que ha conseguido derrotar al candidato de extrema derecha Norbert Hofer, podría ser un indicador de que el continente ha llegado a un punto de inflexión y ahora se alejará de las opciones populistas.
Conmocionados por el evidente caos provocado por el Brexit y estremecidos por la inestabilidad política que ha caudado la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, los votantes europeos podrían pensárselo dos veces antes de votar a los partidos de extrema derecha radicales y antiinmigración y optar por candidatos que les proporcionen una mayor seguridad.


En Holanda, Wilders ha obtenido excelentes resultados en sondeos de elecciones pasadas y, en cambio, se ha hundido el día de las elecciones. Incluso si su partido consigue tener más representación en el parlamento, será difícil que pueda formar una mayoría.


En cuanto a Francia, de momento nadie cree que Le Pen tenga una posibilidad real de ganar. Lo más probable es que Fillon gane sin problemas si modera su discurso en torno a un mercado libre.


Las reformas electorales previstas en Italia deberían introducir un sistema de representación proporcional que imposibilitaría que un único partido pueda formar gobierno. El M5S nunca ha querido integrar una coalición.


Merkel logra convencer a los alemanes de que ella es la candidata que les aporta una mayor seguridad. Grecia consigue, como siempre, salir a flote. La UE finalmente comprende que si quiere sobrevivir tendrá que aportar soluciones concretas a las necesidades y temores de los ciudadanos.


Es un horizonte plagado de incertidumbres; muchos “y si”, “pero”, “tal vez” y “podría ser”. A lo largo y ancho de Europa soplan vientos de cambio, de ansiedad y de rechazo a la forma tradicional de hacer política. Sería sorprendente que no se cobrará alguna víctima más del establishment .

 

01/01/2017 - 19:03h
Traducido por Emma Reverter

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California: corazón de la resistencia contra Trump

La batalla por el alma de California ya empezó entre el multiculturalismo, enarbolado por el Partido Demócrata, y el trumpismo, supremacismo populista de los WASP(white anglo-saxon protestant): blancos-protestantes-anglosajones.


Sobre el Calexit –salida de California de Estados Unidos (EU), al estilo Brexit de la Unión Europea, cuyo referendo sobre su independencia está programado para la primavera de 2019, cuando Trump, si no le sucede algún accidente en el camino, estaría a la mitad de su primer mandato– abordé que ya abrió su embajada en Moscú y que comportaría tres relevantes factores centrífugos que tendría que compartir con el trumpismo, a lo cual también habría que agregar el reparto del agua: 1) la base naval nuclear de San Diego; 2) el centro cibernético de Silicon Valley, y 3) Hollywood: centro de la tóxica propaganda orwelliana controlado por el sionismo (https://goo.gl/W2uvsk).


Llama la atención que entre los representantes del Calexit en su sede de Moscú no se encuentre ningún latino.


El New York Times (NYT), que se volcó sin recato por Hillary y se caracteriza por ser uno de los principales opositores de los alicaídos multimedia contra Trump, ahora opera una sección especial California Today (https://goo.gl/l42dGS).


Pregunta tonta: what for?


Rafael Bernal, de The Hill, que condensa las noticias legislativas y es muy proclive a Hillary, afirma que California se ha convertido en el corazón de la resistencia contra Trump, con una agenda progresista.


Bernal, de notorio origen latino, arguye que el estado dorado, donde Hillary venció a Trump por más de 4 millones de votos, es el centro del poder político de la izquierda (sic) y es el “hogar de Silicon Valley y Hollywood, dos industrias que se inclinan a la izquierda (https://goo.gl/BSPqlr)”.
Más allá de que cuente en su seno con poderosos líderes políticos del Partido Demócrata –el gobernador Jerry Brown y Nancy Pelosi, la primera y única mujer líder de la Cámara– y con 40 por ciento de su población de origen latino, Bernal considera que California será el centro de batalla de la agenda de inmigración de Trump.


Los altos funcionarios del estado, como Álex Padilla, de notorio origen latino, aseveran que se opondrán a las políticas federales (sic) de Trump, que dañarían a California, así como al nominado para el Departamento de Justicia, el senador Jeff Sessions, de Alabama, quien ostenta una línea dura antimigratoria.


El flamante primer procurador general estatal de origen latino, Xavier Becerra, estará a cargo de la defensa de los migrantes mediante las reglas de juego legislativas y jurídicas.


El combativo procurador Becerra, quien aboga por el valor verdadero de la diversidad y la amnistía en favor de los indocumentados, ya retó a Trump para ver si pueden pasar las leyes federales por encima de la totalidad mayoritaria del estado dorado.


La clase política de California está bien blindada y dispuesta a entablar una feroz resistencia al avasallante trumpismo.


A juicio de Bernal, con California como bastión progresista, el choque potencial entre el mayor estado del país y el gobierno federal podría sumir a las dos mayores burocracias del país una contra otra en los dos extremos opuestos del espectro político en casi todos los temas.


Los alcaldes de California se han comprometido a resistir la feroz política de deportación de los indocumentados, como el relevante alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, quien desea conservar como santuario a la importante ciudad.


La batalla de los santuarios no será menor y el representante texano del Partido Republicano, John Culberson, amenazó con accionar el interruptor de los fondos federales, a cargo del Departamento de Justicia, en las nueve principales jurisdicciones de santuarios a partir del primer día del inicio de la presidencia de Trump (https://goo.gl/Q0ijen).


Los funcionarios de Los Ángeles, casi 4 millones de habitantes, acaban de colocar 10 millones de dólares para financiar los costos legales de los residentes que enfrentan la deportación.


Los nueve santuarios en litigio son: California, Conecticut, Orleans Parish (Luisiana), la ciudad de Nueva York, Filadelfia, Cook County (Illinois), Miami-Dade County (Florida), Milwaukee (Wisconsin) y Clark County (Nevada).


Joel Pollak, de Breitbart (portavoz de Trump), afirma que no existe base legal para las ciudades santuario, ya que, de acuerdo con una decisión de la Suprema Corte en 2012, la ley de inmigración es exclusiva jurisdicción federal, cuyo mismo principio podría ser aplicado por Trump contra la rebelde California (https://goo.gl/RdSSgq)”.


Adam Nagourney y Henry Fountaina, del NYT, comentan que el gabinete Trump se ha colmado con nominados que niegan la ciencia del calentamiento global, a grado tal que el mismo Trump ha señalado retirar a EU del Acuerdo sobre el Cambio Climático de París, lo cual colisiona con California,“un estado que durante 50 años ha sido el líder en la defensa ambiental (https://goo.gl/pHHnhG)”.


En desafío, el gobernador progresista Jerry Brown, al unísono de los líderes legislativos estatales, han anunciado que trabajarían directamente con otros países (¡supersic!) y estados (sic) para defender sus logros del combate al cambio climático y operan ya para reducir la emisión de carbón en California a 40 por ciento de los niveles de 1990 en los próximos 12 años.


Jerry Brown encabeza la iniciativa “bajo 2 grados (http://under2mou.org)”: coalición de gobiernos estatales/regionales/locales en 33 países (entre quienes se encuentra México) y más de 160 jurisdicciones.


Por México firmaron nueve de 31 estados y Ciudad de México: Baja California, Chiapas, Hidalgo, Jalisco, estado de México, Michoacán, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán (https://goo.gl/AyvRpp). ¿Qué valor soberano tiene tal iniciativa?


A juicio de los reporteros del NYT, la réplica de Trump puede ser feroz y reducir los fondos para la amplia comunidad de investigación del estado, que incluye a dos laboratorios nacionales, y hasta nulificar las regulaciones estatales sobre las emisiones al aire limpio y los parámetros de combustible de los automóviles, lo cual orillaría a relocalizar las empresas manufactureras en otros estados.


Joel Pollak cataloga de izquierdistas a los partidarios del Calexit y aduce que “nunca ha tenido éxito el esfuerzo de dividir a California o separarse de EU (https://goo.gl/sJrqlW)”. Cita a John Myers de Los Angeles Times: desde 1849, más de 200 esfuerzos (sic) para separar a California han fracasado.
A principios de 1940, la secesión del estado Jefferson (norte de California) estuvo cercano a la separación, pero el bombardeo de Pearl Harbor socavó su esfuerzo.


Tampoco el movimiento de las seis Californias pudo calificar para formar parte de las boletas en 2016.


A juicio de Pollak, Calexit significa más un movimiento de protesta, que una genuina separación: se parece a una segregación –al estilo de George Wallace, quien desafió la autoridad federal–, en el tema de la integración racial.


Suena absurdo que la mayoría de los votantes de California sufrague en favor de su propia deportación. La batalla entre la rebelde California y el supremacista Trump apenas empieza.


www.alfredojalife.com
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