El FMI se levanta de la negociación con Grecia ante la falta de avances

La crisis griega tiene carácter circular y estructura de pesadilla. "El tiempo se ha acabado": la frase más repetida de las negociaciones con Grecia en los últimos cinco meses volvió a oírse este jueves en boca de altos funcionarios de la Comisión Europea, del Consejo, del Bundesbank alemán y del Fondo Monetario Internacional, tal vez con más crudeza que nunca. El FMI, en el penúltimo gesto teatral de esta saga, abandonó la mesa de negociaciones con Atenas. Y el presidente del Consejo, Donald Tusk, ofreció en Bruselas la mejor interpretación de esa jugada. "El tiempo de la negociación se ha acabado: es hora de llegar a un acuerdo", dijo.


Los acreedores entregaron a Grecia su última oferta el miércoles por la noche, de la mano del presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha hecho en los dos últimos días el enésimo esfuerzo diplomático con un maratón de reuniones al más alto nivel, con los citados Juncker y Tusk, y también con el presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel. Las diferencias entre ambas partes persisten. Pero tanto Europa como el Fondo se plantan aquí: el veredicto de los acreedores es que Grecia conoce ya los objetivos fiscales de los tres próximos años (superávits fiscales del 1% en 2015, 2% en 2016 y 3% en 2017) y está en su mano decidir cómo alcanzarlos con una propuesta fiable que debe formarse, sí o sí, en el próximo Eurogrupo, el 18 de junio.


Hay razones tanto objetivas como subjetivas que explican esa fecha límite. Varios parlamentos nacionales tendrían que votar ese pacto para que se amplíe el actual programa, probablemente hasta marzo del año próximo. Grecia se ha ido quedando paulatinamente sin dinero y a final de mes tiene que hacer frente a un vencimiento de 1.600 millones con el Fondo, a los que hay que sumar 6.700 millones con el BCE durante julio y agosto. La economía griega se ha parado, los ingresos públicos han caído, la huida de depósitos va gangrenando la banca griega y, en fin, no va más. Junto con todo eso, razones más pasionales: los acreedores están hastiados de ofertas y contraofertas, los europeos y los funcionarios del Fondo buscan como locos poner punto final a unas conversaciones que se han prolongado durante meses sin gran éxito.


"Estamos muy lejos del acuerdo", dijo un portavoz del FMI. "Subsisten grandes diferencias en la mayor parte de los asuntos clave. Grecia no puede cumplir la mayor parte de sus objetivos fiscales sin reformar las pensiones", añadió. Ambas partes han ido acercándose en los objetivos de superávit, en la subida del IVA, en pensiones y en la reforma laboral. Pero queda un empujón final, que Tsipras se resiste a dar porque no le va a ser nada fácil vender un acuerdo de esas características en casa, con la facción izquierda de su partido amagando con romper la baraja. "La gente está perdiendo la paciencia", alcanzó a decir este jueves Juncker. "Tsipras tiene que ser un poco más realista. No hay tiempo para regatear. El próximo Eurogrupo será crucial", añadió Tusk al final de la cumbre entre la UE y América Latina.


Un viejo adagio europeo viene a decir que la tensión tiene que subir al máximo antes de llegar a un acuerdo de compromiso. Las Bolsas saludaron este jueves ese recrudecimiento de la tensión con fuertes subidas, de hasta el 8% en Atenas. La crisis griega se ha convertido en un ovillo ininteligible, pero al final se resume en una frase sencilla: Tsipras puede dar un giro como el que dieron otros antes que él, o puede llegar al próximo Eurogrupo sin la propuesta que quieren oír sus acreedores y arriesgarse a una suspensión de pagos. "Grecia es demasiado pequeña para caer", dice el economista Ken Rogoff, de Harvard: Atenas no va a salir del euro porque confía en seguir recibiendo fondos, y los europeos no van a arriesgarse a que un país que supone el 1,8% del PIB de la UE reviva la crisis del euro. La solución es prorrogar y fingir: firmar el acuerdo y ampliar el segundo rescate actual unos meses a la espera de que el mercado aplauda la jugada. Es eso, o un accidente.


"El riesgo de insolvencia crece a diario"


El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, explicó este jueves que Europa "sigue con la intención de ayudar a Grecia", pero añadió que el riesgo de insolvencia "crece cada día". Poco amigo de hacer concesiones, Weidmann reiteró que solo habrá solidaridad si Atenas acepta la condicionalidad que imponen los acreedores. Grecia se mostró dispuesta a intensificar los esfuerzos "para alcanzar un acuerdo en cuestión de horas", según un portavoz. Más lacónico, el primer ministro, Alexis Tsipras, dijo que persigue un acuerdo "que asegure que Grecia se recupera con cohesión social y una deuda pública viable".

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Miércoles, 10 Junio 2015 06:11

Contraoferta griega

Contraoferta griega

El gobierno de Syriza pidió a los acreedores internacionales una respuesta "clara y por escrito" y éstos consideraron insuficiente la propuesta. Se reúnen Tsipras, Merkel y Hollande.

 

Grecia presentó ayer una contraoferta a sus acreedores internacionales a tres semanas del próximo gran vencimiento de su deuda externa. Mientras el primer ministro griego Alexis Tsipras informaba a la dirigencia y a la bancada de su coalición, Syriza, de la propuesta, uno de los principales negociadores de su gobierno y ministro de Estado, Nikos Pappas, salió a presionar públicamente a los acreedores. "Queremos una respuesta clara y por escrito", escribió el hombre de confianza de Tsipras en las redes sociales. Los acreedores consideraron insuficiente la oferta. Entre críticas a la austeridad y a la oligarquía económica griega, Tsipras –que presentará hoy en su reunión con la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, la propuesta– se presentó como campeón de la Europa social y advirtió que el fracaso de la negociación entre Grecia y sus acreedores anunciará el principio del fin de la Eurozona, empezando por Italia y España.


La contraoferta griega no incluye una reducción de las jubilaciones ni un aumento del IVA para los alimentos básicos, medicamentos y energía, ni una eliminación del sistema colectivo de negociación laboral, como reclaman las instituciones acreedoras. En cambio, propone admitir el fracaso de la receta del ajuste y reorientar los esfuerzos para combatir la evasión fiscal, el contrabando y el trabajo en negro, según adelantó ayer Tsipras, en una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera. La contraoferta griega, integrada por apenas tres páginas, también reitera el reclamo de Atenas de que los bonos griegos en poder del Banco Central Europea (BCE) sean transferidos al fondo de estabilidad europea, lo que daría un respiro importante al debilitado país.


Atenas y los prestamisas internacionales negocian desde hace cuatro meses un acuerdo que le permita a Grecia obtener 7200 millones de euros de asistencia financiera para hacer frente a sus compromisos de deuda y evitar la cesación de pagos. Al mismo tiempo, le garantizaría una liquidez suficiente para seguir pagando sueldos y cumpliendo con su presupuesto interno. Un default griego podría dejar al país fuera de la Zona Euro y asestar un duro golpe a la recuperación económica mundial tras la crisis financiera que se extendió de Estados Unidos al resto del mundo a partir de 2008.


Grecia acordó con el Fondo Monetario Internacional retrasar el pago de 305 millones de euros que debía hacer el viernes pasado y acumular los 1600 millones de euros que debe cancelar en junio para fin de mes. De esta manera ganó tiempo para llegar a un acuerdo con sus acreedores. La vocera de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, dijo que recibió la contraoferta griega en la mañana de ayer y adelantó que las tres instituciones acreedoras (FMI, CE y el Banco Central Europeo) analizan las propuestas "con diligencia y cuidado".


Según dijo el premier heleno en un reportaje al Corriere, la negociación abre el camino a la definición de cómo retornará Grecia a los mercados con una economía competitiva en el tiempo más breve posible. Si no se llegara a un acuerdo, agregó, "en los cuatro años que nos corresponde gobernar terminaremos nuestro trabajo. No traicionaremos al pueblo griego". Además, Tsipras planteó que su país no negocia sólo por su propio interés sino por el del conjunto de los europeos, y diferenció al conjunto de los líderes políticos europeos de quienes, como él, siguen creyendo en una democracia solidaria para Europa.

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Viernes, 05 Junio 2015 07:10

Grecia: instrucciones de uso

Grecia: instrucciones de uso

Durante muchos años, el empresario más famoso de Grecia fue Aristóteles Onassis. Era un armador argentino de origen griego, propietario de una isla privada —Skorpios— donde se casó con Jackie Kennedy. Así resumía su filosofía: "Para tener éxito hay que estar bronceado, vivir en un edificio elegante (aunque sea en el sótano), dejarse ver en buenos restaurantes (aunque solo sea para tomarse una copa) y, si pides un préstamo, que sea por mucho dinero". No puede decirse que Grecia sea precisamente un caso de éxito, pero al menos en un asunto los sucesivos Gobiernos griegos —socialdemócrata, conservador y ahora de izquierda radical— han hecho caso a Onassis en los últimos cinco años: Grecia ha obtenido dos préstamos de sus socios europeos, el FMI y el BCE por importe de 240.000 millones de euros, a cambio de duras condiciones; de una formidable cura de austeridad. Y no puede devolverlos. Las crisis de deuda suelen acabar mal: el economista francés Thomas Piketty dice que la reestructuración de la deuda griega "es inevitable". Pero incluso lo inevitable lleva tiempo: la saga griega se acerca al final de un nuevo capítulo cargado de drama, en medio de una sensacional asfixia financiera del Estado, con una huida de capitales que dura ya meses y un nuevo Gobierno que llegó al poder para acabar con la austeridad pero que tiene la caja prácticamente vacía y necesita ayuda.


El desenlace de ese capítulo está cerca, aunque no puede descartarse un accidente, pero el final de la saga aún queda lejos: lo más probable es un acuerdo en breve que suponga la típica patada hacia delante, una ampliación del actual rescate durante unos meses para salvar la bola de partido en forma de impago y negociar un tercer programa a lo largo del verano. Un parche temporal, en definitiva, para retomar en otoño el quid de la cuestión: la necesidad de reestructurar la deuda griega.


El pasado lunes, la canciller Angela Merkel convocó una reunión de urgencia en Berlín al presidente francés, François Hollande, y a los jefes de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. De ahí salió una oferta definitiva: un ultimátum. El Gobierno griego lo rechazó con cajas destempladas. Por un momento pareció que la cuerda se rompía definitivamente y se avecinaba el tan temido y mil veces anunciado accidente, que probablemente nunca sucederá. Anoche, las aguas volvieron a su cauce: el primer ministro, Alexis Tsipras, se sentó de nuevo a negociar con el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y el del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. No hubo acuerdo, pero todo el mundo lo ve cerca.

La Comisión Europea confirma que habrá un nuevo encuentro con Tsipras "en los próximos días". Aunque los portavoces rehúsan precisar si será mañana, fuentes comunitarias aseguran que Alemania quiere celebrar esa nueva cita para avanzar la negociación antes de la reunión del G-7 que empieza el domingo. En principio, la reunión tendrá el mismo formato que anoche, con Tsipras, Juncker y Dijsselbloem, aunque no es descartable que se incorporen también las otras dos partes interesadas en las discusiones con Grecia: el FMI y el BCE, acreedores, junto con los países del euro, del dinero desembolsado a Atenas para sus rescates.


Grecia y sus acreedores van acercando posturas: el final de la negociación está cada vez más cerca, aunque quedan aún horas de mucho teatro, del inevitable drama, paradójicamente muy necesario para que cada una de las partes pueda vender en casa el acuerdo. Sobre todo Tsipras, casi obligado a saltarse algunas de sus líneas rojas en aras del acuerdo y con una muy probable crisis política en Atenas si eso sucede. Esto es lo más destacado que queda por delante.


1. Números feos. El PIB de Grecia ha caído un 25% en el último lustro a pesar de los rescates. El desempleo está en el 25%. La economía, que parecía recuperarse el año pasado, se ha parado en seco por las incertidumbres respecto a la negociación. Los ingresos públicos caen. La banca sigue sufriendo por la huida de depósitos, ante los temores al corralito, a los controles de capitales. Atenas no ha recibido un solo euro de las ayudas europeas y del FMI desde hace casi un año. Pero hay dinero disponible, "siempre a cambio de reformas", insiste el Eurogrupo. Quedan 7.200 millones de euros del segundo rescate. Y hay 10.900 millones adicionales, en teoría para recapitalizar la banca, si Atenas se aviene a las condiciones de los acreedores. Parte de esos 10.900 millones podrían destinarse, según algunas fuentes, a permitir a Tsipras que haga gasto social para aliviar la crisis humanitaria en su país.


2. Más recortes. El problema es que esas condiciones a cambio de la ayuda no serán fáciles de vender para Tsipras, ni a los griegos ni a su propio partido, Syriza. Los socios han accedido a reducir la dosis de austeridad prevista para los próximos años: exigen superávits primarios (antes del pago de impuestos) menos exigentes, del 1% del PIB este año, del 2% el próximo, del 3% en 2017 y del 3,5% en 2018. Think tanks influyentes como Vox afirman que no se le debería pedir superávit primario este año. Ahí el acuerdo está casi hecho, porque Tsipras puede decir en casa que eso es mucho mejor de lo que negoció su predecesor, el conservador Andonis Samarás. El problema es que aún así los acreedores insisten en los recortes: 3.000 millones adicionales, aunque a cambio Grecia no tendrá que acometer una nueva reforma laboral (si se conforma con retrasar la subida del salario mínimo y no tumbar las reformas laborales anteriores). También ha acercado posturas en cuanto al IVA: los acreedores quieren dos tramos, del 11% y del 22%, aunque persiste un desencuentro porque los socios quieren que Grecia suba el IVA de la electricidad. El principal dolor de cabeza son las pensiones: la oferta europea incluye acabar paulatinamente con las prejubilaciones. Ahí no hay problemas, Tsipras lo ha aceptado ya. Pero los socios quieren recortes adicionales de las pensiones, de hasta el 0,5% del PIB este año y del 1% el año próximo. Esa es quizá la mayor diferencia que persiste con Atenas, que se resiste con uñas y dientes a un tijeretazo adicional después de los diversos recortes a los pensionistas en los últimos años.


3. Política interna. Con esa oferta o ultimátum sobre la mesa, Tsipras no lo tiene nada fácil. Hace un par de meses, más del 90% de los griegos apoyaban su estrategia de negociación; hoy ese nivel de aprobación ha bajado al 55%. Más de la mitad de los griegos quiere un acuerdo. La mayoría lo quiere incluso aunque Atenas tenga que saltarse sus líneas rojas. Dos tercios de los griegos no quieren salir del euro. Pero Tsipras es el líder de un partido en el que aceptar la oferta europea no va a ser fácil: si al final llega la conversión de Tsipras y traga con las condiciones de los acreedores, tendrá problemas internos con la facción que lidera el ministro Panayotis Lafazanis. Syriza parece en estos momentos un volcán a punto de estallar, con el flanco más izquierdista a favor de una ruptura con Europa. En Bruselas se da prácticamente por hecho que Tsipras tendría que aprobar por decreto ley ese pacto, y eso provocaría una diáspora en su propio partido y quizá una ruptura de la mayoría de Gobierno, lo que le obligaría a buscar nuevas alianzas. Más adelante, puede convocar un referéndum, y gana peso la opción de las elecciones anticipadas, con el primer ministro como claro favorito en estos momentos. Pero la crisis política, en caso de acuerdo, está asegurada.


4. Hay plan B. Grecia tiene un plan de contingencia, que a su vez es prácticamente su única baza de negociación. Su problema es que los acreedores no se han asustado con las amenazas de ruptura y salida del euro, e incluso han sugerido que también lo tienen: Dijsselbloem lo ha sugerido ya en un par de ocasiones, y el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, aseguraba hace unos días que "la experiencia ha demostrado que un país puede súbitamente ser incapaz de pagar sus cuentas"; si Grecia tuviera que salir del euro "no será por nosotros". El subdirector del FMI para Europa, Jörg Decressin, ha explicado que esos planes de contingencia existen. Grecia ha hecho varios movimientos para no quedarse sin dinero: puede mover recursos de sus empresas públicas e incluso de los ayuntamientos, puede retrasar los pagos al FMI (en torno a 1.500 millones de euros este mes, con un primer pago de 300 millones mañana viernes) y puede dilatar un buen puñado de semanas el temido impago. Un default, asume el Eurogrupo, "sería catastrófico", para Grecia y quizá también para la eurozona, que volvería a vivir momentos de gran tensión. Los mandarines del euro dicen, con razón, que Europa está mucho mejor pertrechada que hace un par de años para ese escenario. La recuperación ha vuelto. Las primas de riesgo son un remanso de aguas tranquilas. El BCE ha iniciado un programa de compras masivas de deuda, que puede minimizar los daños. Pero nadie sabe cómo demonios reaccionarían los mercados en caso de un impago. Nadie lo sabe a ciencia cierta.


5. En manos del BCE. El BCE tiene la llave de todo. Puede darle aire a Tsipras si, tras un mensaje positivo del Eurogrupo, le permite financiarse emitiendo más deuda a corto plazo, algo que permitiría al Gobierno capear los meses de verano: a partir de entonces el calendario de vencimientos es mínimo durante un plazo de tres años. Pero también puede precipitar el esperado giro de Tsipras cerrando el grifo de la liquidez de los bancos griegos, aunque en ese caso se arriesga a ser el detonante de una nueva crisis del euro. El BCE ya precipitó el primer rescate griego, y ha sido clave en las peticiones de Irlanda, Portugal, España y Chipre: ninguno de esos países hubiera pedido el dinero sin la sofocante presión del Eurobanco.


6. Una quiniela. En teoría, un default equivaldría a una depresión en Grecia. Y provocaría serios problemas en toda Europa, especialmente en los países más vulnerables. El acuerdo para salvar el match ball del segundo rescate y las restricciones de liquidez sigue siendo lo más probable, y las fuentes consultadas en Bruselas creen que se producirá en los próximos días; puede que el domingo próximo. Eso supondría una extensión de un par de meses o tres del rescate actual, y daría margen para negociar un tercer paquete de entre 11.000 y 55.000 millones, según las fuentes consultadas: una especie de New Deal, o como quiera llamársele; un tercer rescate en toda regla, o una línea de crédito de precaución (improbable: Grecia no tiene acceso al mercado), o una especie de contrato por reformas. La fórmula no está clara; lo único claro es que Grecia va a necesitar más dinero. No hay apetito entre los socios por ese tercer paquete, pero aún hay menos apetito por una reedición de la crisis del euro. Un accidente es posible: Alemania muestra un grado de dureza formidable (por las presiones dentro de la coalición de Gobierno), los países bálticos y centroeuropeos se han mostrado inflexibles, e incluso España. Irlanda y Portugal, países rescatados, han pedido ortodoxia para Grecia. Ni siquiera sus aliados, Francia e Italia, se muestran magnánimos: la presión arrecia para que Atenas doble la rodilla y acepte las condiciones que exigen sus acreedores.


Está por ver que eso ocurra, pero la tensión está ahí. El tiempo se acaba, y sin embargo nadie, salvo el FMI, habla del elefante en la habitación: Grecia necesita una reestructuración de deuda, y sus socios incluso se la prometieron si alcanzaba el superávit primario, algo que sucedió hace un año. El ministro de Finanzas, el carismático Yanis Varoufakis, ha pasado a un segundo plano en las últimas semanas con la excusa de que sus discursos enturbiaban las negociaciones. Pero Varoufakis, en el fondo, tiene razón: Grecia no aguanta otra ronda de austeridad, con la sociedad enormemente fatigada por los recortes de los últimos años: y Grecia necesita una reestructuración de deuda. De eso no se habla ahora. Pero ese es el Guadiana que resurgirá en cualquier momento de la crisis griega, que está a punto de cerrar un capítulo decisivo pero cuyo final va para largo.

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Martes, 02 Junio 2015 05:59

Solidaridad con Grecia

Solidaridad con Grecia

Escribo desde Atenas, donde me encuentro invitado por el Instituto Nicos Poulantzas para discutir los problemas y desafíos que enfrentan los países del sur de Europa y los aprendizajes que se pueden tomar de experiencias innovadoras tanto en Europa como en otras regiones del mundo. Lo que pase en los próximos días o semanas con las negociaciones entre Grecia y las instituciones europeas y el FMI será decisivo, no sólo para el pueblo griego, sino para todos los pueblos del sur europeo y para Europa en su conjunto.


¿Qué es lo que está en juego? Defender la dignidad y el bienestar mínimo de un pueblo víctima de una enorme injusticia histórica y de políticas de austeridad (para peor, mal calibradas) que esparcen la muerte y la devastación social (visibles en las calles y las casas), sin siquiera alcanzar ninguno de los objetivos con los que procuraron legitimarse. No sorprende que el primer punto del programa de Salónica de Syriza sea el alivio inmediato de la grave crisis humanitaria. Con una participación militante que hace mucho desapareció de los cenicientos políticos europeos, la viceministra griega de Solidaridad Social, Theano Fotiou, me habló del modo en que se está organizando el rescate de los que cayeron en la pobreza extrema (programas gratuitos de alimentación, electricidad y tratamiento médico), destacando incluso la cooperación, de algún modo sorprendente, que han tenido los bancos griegos para gestionar los sistemas de pago.


Más allá de las políticas de emergencia, el programa de Syriza, tal como el de Podemos en España, es un programa socialdemócrata moderado. Esa es la gran ironía de Europa: los socialdemócratas de ayer son los liberales de hoy; los revolucionarios de ayer son los socialdemócratas de hoy. Las principales líneas rojas que Syriza no puede dejar que se traspasen se refieren a la reducción de las pensiones y al fin de la negociación colectiva. Se trata de los dos principales pilares de la socialdemocracia europea. Al defenderlos, Syriza está defendiendo lo más luminoso que hay en el patrimonio político, social y cultural de la Europa del último medio siglo. Es una defensa corajuda en el proceso de negociación más asimétrico y desigual de la historia reciente europea (y tal vez mundial). Una defensa que no será solitaria sólo si puede contar con la solidaridad activa de los ciudadanos europeos para quienes el pantano de la resignación no es una opción.


¿Qué es lo que viene? Acostumbro decir que los sociólogos son buenos para prever el pasado. Pero no es difícil ver en las señales disponibles más razones para el pesimismo que para el optimismo. Sorprendentemente, una de las señales más perturbadoras para los griegos es el programa económico recién presentado por el Partido Socialista portugués. La radicalidad conservadora de algunas propuestas, sobre todo en el área de las relaciones laborales y de las pensiones (más conservadoras que las del partido socialista español y muy semejantes a las del nuevo partido conservador español, Ciudadanos), lleva a considerar que fueron elaboradas con inside knowledge, es decir, con conocimiento previo y privilegiado de las decisiones, por ahora secretas, que los "grandes decisores" europeos ya tomaron con respecto a Grecia y a los países del sur europeo. Tanto en el área de las pensiones (erosión de las condiciones de sustentabilidad para justificar futuras reducciones) como en el área de las relaciones laborales (erosión fatal de la negociación colectiva), el Partido Socialista propone políticas que violan las principales líneas rojas de Syriza y que, de ser aplicadas en Portugal, pondrán fin a la mitigada socialdemocracia que conquistamos en los últimos cuarenta años. ¿Es un preanuncio de que Syriza va a ser sacrificado para servir de vacuna contra lo que puede ocurrir en España, Irlanda, Portugal e incluso en Italia? No lo sabemos, pero es legítimo tener una sospecha y una certeza. La sospecha es que los "grandes decisores" buscan alcanzar el corazón de Syriza, haciendo que lo abandone una parte de sus partidarios (sobre todo los que no dependen de ayuda humanitaria), eventualmente con la engañosa promesa de que sin Syriza podrán obtener una mayor benevolencia de Europa. La certeza es que, con la derrota de Syriza, los partidos socialistas que en su momento optaron por la tercera vía pronto sabrán que esta vía es, en verdad, un callejón sin salida.


Traducción: Javier Lorca.


ESTE VIERNES LOS GRIEGOS AFRONTARAN SU PRIMER TRAMO DE LA DEUDA CON EL FMI


Una discusión que toca Fondo en Grecia

Grecia deberá decidir si paga un primer tramo de su deuda con el FMI el próximo viernes o si acepta una oferta de sus acreedores, y espera a fin de mes para saldar los 1.600 millones de euros que vencen en junio y gana tiempo para llegar a un acuerdo que le permita mantener un mínimo de liquidez.


A pocos días de que venza el primer tramo de la deuda con el FMI de este mes, el próximo viernes, los contactos entre los líderes de Grecia, las principales potencias europeas, los dirigentes de la Unión Europea (UE) y el FMI se intensificaron y desataron una lluvia de rumores sobre el futuro de Atenas en la Zona Euro. El domingo, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, habló con sus pares de Francia y Alemania, el presidente François Hollande y la canciller Angela Merkel, en conferencia telefónica para intentar destrabar las negociaciones sobre la deuda externa de Atenas.


Según informaron fuentes gubernamentales griegas, la conversación se realizó en "un muy buen clima" y los tres líderes coincidieron en la necesidad de llegar a un acuerdo cuanto antes. Grecia padece una fuerte escasez de dinero que podría provocar su bancarrota en semanas y una posible salida del euro, según el peor escenario posible. Para evitarlo, debe alcanzar un acuerdo con sus acreedores sobre una serie de reformas económicas que se le piden para obtener el desembolso de 7200 millones de dólares que forman parte de su segundo programa de "rescate", de 2011, y que le permitiría afrontar sus compromisos.


El más urgente de estos compromisos es el vencimiento de 300 millones de euros de su préstamo del FMI del próximo viernes, el primero de cuatro pagos que debe hacer al organismo de crédito en junio, hasta el día 19.


Días atrás, no obstante, el FMI confirmó que Grecia puede optar, como hizo Zambia hace 30 años, por unificar todos los reembolsos y efectuarlos a fin de mes. Atenas ya advirtió que podría verse incapacitada de pagar si no se destraban sus fondos de asistencia, pero aún no se pronunció sobre esa alternativa.


Pese a cuatro meses de negociaciones, las partes no se pudieron poner de acuerdo sobre esas medidas de ahorro exigidas a Grecia como condición para obtener los fondos. El país del sur de Europa no recibe fondos de "rescate" desde agosto pasado, y se está financiando con sus propios recursos. Por eso, mientras negocia a contrarreloj con los líderes de la UE, Tsipras también presiona públicamente a sus acreedores para que flexibilicen sus posiciones y aceleren las negociaciones.


El premier griego publicó el domingo una dura columna en el diario francés Le Monde, en la que condenó las "propuestas absurdas" que impulsan sus acreedores de la UE y el FMI para llegar a un acuerdo. Destacó la exigencia de volver a reducir las pensiones en Grecia y recordó que en su país el 44,5 por ciento de los jubilados tiene ingresos que los colocan por debajo del umbral de la "pobreza relativa", mientras que el 23,1 por ciento vive "en riesgo de pobreza o exclusión social".


El líder izquierdista griego también destacó como un absurdo la negativa a que su país cumpla con las mismas normativas de protección laboral que rigen en el resto de la UE como es la negociación colectiva, es decir, las paritarias. "Lo que pedimos es simplemente algo que es práctica común en el resto de los países de la Eurozona", insistió Tsipras en su artículo.


Versiones periodísticas de los últimos días sostuvieron que Grecia, la UE y el FMI llegaron a un acuerdo para escalonar el IVA de manera progresiva para evitar un aumento generalizado, como pedía el establishment financiero mundial, y garantizar un tratamiento preferencial a los alimentos básicos. Sin embargo, las diferencias sobre las leyes laborales y las pensiones siguen dividiendo la mesa de negociación.


Mina Andreeva, la vocera de la Comisión Europea, el Ejecutivo de la UE, evitó ayer confrontar con Tsipras y simplemente dijo en conferencia de prensa que están "trabajando para asegurar que se ofrece un trato unificado por parte de las tres instituciones" comunitarias y que es el momento de "mostrar unidad" en la Eurozona. Pero la tensión entre Atenas y sus acreedores internacionales es innegable y cada vez se siente más dentro del territorio griego.

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El actual desatino monetario: razones y destinos

La caída de los precios del petróleo y la crisis del sector dan para todo: 'explican' la reducción de la inversión social, el giro en las políticas oficiales de mediano y largo plazo, la reducción de la planta de personal en diversidad de empresas, pero también ocultan las erráticas decisiones tomadas en el alto gobierno, como las de exonerar en impuestos a las multinacionales en general y en particular a las de este sector, producto de lo cual el país ha dejado de recaudar en los últimos años más de 30 billones de pesos.

Con total dependencia. Antes de los años ochenta del siglo XX, si la economía norteamericana era promisoria países como Colombia se sentían participes de ese provecho, ya que tendrían la posibilidad de aumentar sus exportaciones y, de contera, aumentar su producción, su empleo y bienestar –en el sentido que tiene este concepto en el mundo capitalista. También sucedía lo contrario, si le daba tos a esa economía brotaba la bronquitis en la nuestra; entonces, para el mantenimiento del bienestar nacional, era nuestro deseo que esa economía se mantuviera saludable.

Los tiempos pasan. Ahora, en el año 2015, la situación ya no es la misma, pues al tiempo que los indicadores internacionales subrayan la recuperación de la economía norteamericana, en nuestro país se registran síntomas de malestar, es decir, que la mejoría en la economía de la potencia del norte se corresponde con el deterioro de la nuestra. La salud de la economía de los Estados Unidos, traducida en la valoración de su moneda, el Dólar, hunde la nuestra en el enfisema cuyos síntomas se traducen en: la baja en el PIB, disminución en las exportaciones de materias primas como el petróleo, la devaluación del peso ($), el déficit de la balanza comercial y en el aumento de la deuda, entre otros, cuyos remedios por parte de las autoridades económicas criollas consisten en decisiones como: congelar los salarios de los trabajadores y empleados, aumentar los impuestos y los años para poder acceder a jubilación, y disminuir las inversiones sociales, entre los más evidentes; medidas por demás requeridas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). En conjunto: ¡Un truculento escenario socioeconómico para negociar la paz en el país!

¿Paradoja? ¿Contradicción? No, la situación simplemente nos reconfirma que vivimos en medio de los efectos del auge financiero que vive el sistema capitalista desde los años ochenta. Una circunstancia que vamos a denominar desatinada, o de su despropósito, cuyas razones son el objetivo de este artículo.

 

Meollo del desatino

 

Cuando uno toma nota por los medios económicos que en el mundo se producen y consumen actualmente unos 90 millones de barriles diarios de petróleo, pero que en la bolsa de valores los negociados son 500 millones diarios no le queda fácil entenderlo, pues no explican cómo es que negocian 5.5 veces más petróleo del producido y consumido diariamente; algo así como que negocian o realizan en el mercado más de cinco veces de algo que no existe. Asunto aún más complicado si lo traducimos a dólares, pues si para negociar los 90 millones de barriles (a US$ 50/barril) se necesitan algo así como US$ 4.500 millones, los 500 millones de barriles requieren US$ 225.000 millones, es decir 450 veces más de dólares! De una u otra manera nos resulta un desatinado embrollo lógico.

Desde otra perspectiva, otros hechos más vitales y cotidianos nos ubican en la misma inentendible situación. Informaban en el 2009 que Adolf Merckle, uno de los más grandes magnates del mundo, se había suicidado debido a las fuertes pérdidas que la crisis financiera global ocasionó en sus finanzas. Al momento del suicidio nuestro protagonista contaba con una fortuna de US$ 9.200 millones, pero como tenía una deuda de US$ 16.000 millones, significaba que en la realidad no tenía nada, ya que debía US$ 6.800 millones, hecho que lo llevó a lanzarse al tren de Berlín al descubrir que, al fin de cuentas, era un pobre diablo, tanto o peor que la mayoría de quienes están ahora leyendo su historia. No sobra señalar que entonces corrieron la misma suerte otros de esos "magnates de ficción" como Thierry de la Villehuchet, francés, gestor de fondos en Nueva York; Steven Good, presidente de Seldon Gook & Co; Eric Von der Porten, al frente de la gestora de fondos estadounidense Leeward Investments; Khartik Rajaram, inversionista independiente, quien también mató a su esposa, sus tres hijos y a su suegra; Kirk Stephenson, cuando Oliviant, la compañía de inversiones para la que trabajaba como director de operaciones, ya estaba afectada por la quiebra de Lehman Brothers; Barry Fox, analista de la firma estadounidense Bearn Stearns, poco después de la quiebra del banco para el que trabajaba; Edwin Rachleff, corredor de bolsa estadounidense, uno de los principales clientes de la New London Security Federal Credit Union, quien lo declaró insolvente; Scott Coles, presidente de la entidad crediticia Mortgages Incorporated (Roldán, 2009). Resulta entonces que su riqueza, como la de muchos potentados magnates del mundo, incluyendo seguramente algunos colombianos, resulta ficticia, pues existen como ricos pero en realidad son hueros.

Lo anterior indica a todas luces que lo hoy entendido por riqueza nos resulta una ficción y el sistema que la reproduce un despropósito. ¿Por qué? Veamos.

 

Razón del despropósito

 

El secreto del despropósito supuesto está en el dinero, la principal mercancía, y/o razón única del sistema capitalista, cuya condición actual explica lo anteriormente descrito.

En ese marco, no les falta razón a los abuelos quienes consideran que "antes la plata sí valía". Quizás sin proponérselo se referían a la época en que el Dinero era una mercancía con valor intrínseco, en cuanto se correspondía al valor que tenía el metal referenciado (oro o plata), es decir, que si una onza (31,10 g) de oro tenía un precio de $ 1.200 y se acuñaba una moneda que contenía una onza de tal metal, la moneda en circulación mantenía el valor intrínseco de $ 1.200. Las monedas acuñadas valían su peso en el metal que eran fundidas, el dinero era tangible, tal como lo consideraban los abuelos.

Pero la ampliación del mercado dio origen al llamado Dinero Signo, integrado por los billetes y monedas, que ya no tienen valor intrínseco, pues su valor se lo otorga la entidad que lo respalda: el Banco Central del país del cual proviene. Se entiende que el valor que le imprime esa entidad al billete no es equivalente al costo del papel sino que se trata de un valor extrínseco al mismo, inicialmente respaldado con reservas de oro u otras monedas extranjeras acumuladas en el Tesoro Nacional.

Pero enseguida el dinero se vuelve aún más intangible, al convertirse en Dinero Fiduciario (de fe) fundado en la creencia (una condición religiosa, por cierto) o confianza entre los sujetos que aceptan la promesa de pago que inspira la autoridad monetaria que lo emite: el Estado. Esta situación pone al descubierto el hecho, que el valor del dinero se corresponde realmente con el poder del Estado, es decir, con su condición política; su imprenta de billetes fácilmente se constituye en la principal fábrica, sino de riqueza, sí, de dinero. Eso nos permite entender por qué el dólar es la moneda referente del mercado mundial, cuyo uso por parte del resto del mundo le rinde réditos económicos y políticos a quien lo emite: los EU; y que su imprenta la consideremos una verdadera industria de punta, que produce, ni más ni menos, que dinero líquido. Esa condición de privilegio de este país la mantiene en medio de la lucha que libra por conservar el poder mundial de su moneda, pese a su alto endeudamiento y déficit fiscal, con países como China con el Yuan y los europeos con el Euro. Disputa que está al centro de la actual crisis financiera mundial que le asiste al capitalismo desde el 2008.

Un poco de historia precisa lo antedicho. Hasta el siglo XIX aún dominaba en el mundo el dinero mercancía como patrón monetario basado en el oro, de forma que cualquier ciudadano podía ir a un banco a solicitar el cambio del papel moneda que poseía en una cantidad de oro equivalente; la crisis del treinta inicia el fin de esa convertibilidad. Al finalizar la II Guerra Mundial los países aliados triunfantes establecieron en Bretton Woods un nuevo sistema financiero según el cual todas las divisas serían convertibles en dólares estadounidenses y solo este dólar sería convertible en oro a razón de 35 dólares por onza para los gobiernos extranjeros. En 1971 Estados Unidos (EU), para paliar la crisis fundamentada en el gasto bélico que le produce la guerra de Vietnam, entre otros, emite dólares disparando en frenesí su fábrica de billetes sin contar con su respaldo en oro, lo que apura a los bancos europeos a convertir sus reservas de dólares en oro, generándole inestabilidad al poder de los estadounidenses. Entonces el presidente Richard Nixon suspende unilateralmente la convertibilidad del dólar en oro y devalúa su moneda, enterrando en 1973 el tratado de Bretton Woods, en un momento en que toma forma el aumento de los precios del petróleo que a su vez demandan más dólares para su comercialización.

Al devaluar el dólar, los EU descargaban sobre el resto del mundo los costos de su crisis, por la necesidad que tienen los países de hacer sus transacciones comerciales y financieras en el mercado mundial en su moneda, por la que tienen que pagar por su uso, igual que sucede con cualquier mercancía; esta vez, por una mercancía producida con solo el esfuerzo y gasto de la imprenta emisora, y la fe puesta en el poder de los EU. De esa forma, como lo ilustrara el General Francés Charles de Gaulle, los norteamericanos gozaban en asuntos de comercio internacional "de un privilegio excesivo, cual era que podían pagar sus importaciones no con exportaciones de otros bienes u oro, sino con billetes impresos en la imprenta de la Reserva Federal que poco costaba producir o con títulos emitidos (bonos u acciones) por empresas y el Estado norteamericano nominados también en billetes de dólar, impresos al cabo por la imprenta de la Reserva Federal" (Esteve, 2008).

A partir de entonces entra en vigencia el dinero fiduciario propiamente dicho, con el que las autoridades monetarias y Bancos Centrales intervienen en los mercados de divisas con medidas llamadas monetaristas, para suavizar las fluctuaciones especulativas, con el objetivo de mantener a corto plazo la estabilidad de precios, y evitar situaciones hiperinflacionarias, destructoras del valor del dinero, al desaparecer la confianza en el mismo. Esto da origen al llamado Capitalismo de Casino, liderado por el capital financiero, que entra a dominar y determinar el funcionamiento del mismo proceso productivo generador de riqueza, donde la ganancia ahora no será "fruto del sudor de la frente" en la fábrica –como lo creían los viejos liberales tipo Henry Ford–, sino de la especulación en las bolsas de valores, tal como logra su fortuna George Soros (Soros, 2012), demostrando el sistema financiero que es posible obtener más dinero, en menos tiempo y con menos esfuerzo que en el sistema productivo; como que había llegado el capitalismo a la anhelada época del dinero fácil y, el fin del trabajo. Por esa razón el diferencial de rentabilidades entre el ámbito productivo y el ámbito financiero provoca que las empresas prefieran financiarse en los mercados de capitales, emitiendo bonos o acciones, antes que vía préstamos bancarios, así como también que los hogares apuesten por destinar sus ahorros a los mercados bursátiles en vez de mantenerlos en forma de depósitos. De esa manera el capitalismo desnuda en su plenitud al dinero como su principal célula, es decir, como la mercancía absoluta de su sistema, sumiendo al mundo en una economía desatinada. Es este nivel, alcanzado por el desarrollo del sistema capitalista, el que a partir de 1980 se globaliza a través del llamado modelo Neoliberal de desarrollo.

En este orden de ideas, la crisis financiera de los EU –2008–, fue precisamente producto de la danza especulativa de este fetiche dinero fácil, acumulada a intenso imprimir desde el 2001, cuando sus autoridades económicas impulsan una política de bajas tasas de interés, ofreciendo dinero barato a capitalistas y población en general, propiciando que sus deudas crezcan de manera notable. Así, las deudas de la población trabajadora estadounidense, que en 1997 equivalían al 66.1 por ciento del PIB, llegan en el 2007 al 99.9, y la del sector financiero pasa en igual periodo del 63.8 por ciento del PIB al 113.8. Mientras, la deuda total de la economía norteamericana, que representaba el 255.3 por ciento del PIB en 1997 da un salto espectacular diez años después para equivaler al 352.6 por ciento.

Especulación. Ficción. Situación traducida en un desatinado carrusel cuando el sistema bancario y financiero, liberados de las ataduras legales, multiplican los negocios convirtiendo las deudas en títulos comercializables que los lleva a asumir más deuda para comprar más títulos, es decir, se endeudaban para comprar más deuda, aprovechando que en cada compra-venta se obtenían jugosos rendimientos por las elevadas tasas de interés que generaban.

Como en cascada. Inicialmente subieron de valor los inmuebles que adquirían y los intereses estaban bajos, subiendo la contratación de créditos como nunca antes se había visto en la historia de aquel país. Pero a los dos años, los intereses comenzaron a subir de manera ostensible, de tal suerte que el valor de las propiedades resultaba mucho menor que la deuda, en desproporcionado crecimiento. Es entonces cuando millones de hipotecas dejan de pagarse, pues resultaba de mayor alivio que la confiscara el banco, a seguir pagando una deuda que crecía como la espuma, explotando la burbuja especulativa (Muñoz, 2009).

Las primeras entidades financieras en verse afectadas fueron las sociedades hipotecarias y las aseguradoras, pues tuvieron que pagar los miles de seguros que habían contratado ante eventuales riesgos, siguieron las quiebras de los bancos de inversión, pues al servirse de los títulos hipotecarios como garantía financiera y al bajar drásticamente su valor, la ley los obligaba a vender parte de sus activos para reponer la garantía perdida. Como no tenían otra alternativa, tuvieron que vender a precios de remate y eso los llevó a la quiebra. Cayeron: Bear Stearns, Morgan Stanley, Goldman Sachs, Merril Lynch y Lehman Brothers, los bancos de inversión más poderosos de los EU Goldman S. y Morgan S. fueron convertidos en holdings bancarios para estar en condiciones de tomar depósitos de capital y estar protegidos por la Reserva Federal (FED). También colapsa Indy-Mac, otro de los principales bancos hipotecarios que interviene el gobierno; el segundo banco más importante en derrumbarse en la historia de los EU.

Así pues, la burbuja que elevó a dimensiones colosales el capital ficticio, cuya base fue la especulación con los títulos hipotecarios y la guerra financiera, abierta y encubierta, tocó todos los componentes del capital financiero norteamericano y puso a temblar al mundo. La salida de la crisis la intentan a través del Plan de rescate financiero por medio del cual el Estado Norteamericano invierte US$ 700 mil millones de dinero público en la compra a los bancos de sus activos basura, para salvarlos de la quiebra. Un desatino más, pues resulta ser una política que no castiga ni condena a los responsables de la crisis, sino que los favorece pese a su entuerto.

La medida tomada, al tiempo que salva al sistema financiero hunde aún más en el endeudamiento (13.056.275 millones de euros,) y déficit fiscal (déficit de 726.552 millones de euros) la economía de los Estados Unidos. Cuya salida la va a buscar en el poder del dólar, descargando su encrucijada sobre el resto del mundo. No de otra manera puede explicarse su actual reactivación (Franco, 2015), que muestra un dólar fortalecido que le permite frenar de momento los ímpetus hegemonistas de monedas como el Yuan y el Euro, obligándolas, junto a las otras monedas del mundo, a pagar más altos intereses por las deudas y servicios contraprestados en dólares, irónicamente en una moneda de mala fe, de la que va quedando en términos reales solo su cascarón fiduciario, pues día tras día deja de contar con el respaldo real de una economía propia, robusta.

En fin, economía ficticia. Estamos ante un evidente y simbólico despropósito del sistema, soportado, en realidad, sobre un tenebroso poder militar, base real sobre la que soportan y sostienen su poder los Estados Unidos.

Bogotá, abril 21 de 2015

 

Fuentes

Esteve, F. (19 de octubre de 2008). El poder del dólar. Recuperado el 15 de diciembre de 2015, de http://www.rankia.com/blog/oikonomia/428821-poder-dolar
Franco, I. (2 de febrero de 2015). Perspectivas económicas para el 2015: La fiesta estadounidense. Recuperado el 21 de abril de 2015, de http://www.americaeconomia.com/analisis-opinion/perspectivas-economicas-para-2015-la-fiesta-estadounidense
Muñoz, y. o. (2009). ELEMENTOS PARA ENTENDER LA CRISIS MUNDIAL ACTUAL. Recuperado el 20 de abril de 2015, de http://www.eumed.net/libros-gratis/2009a/481/burbuja%20especulativa%20y%20el%20estallido%20de%20la%20crisis%20en%20los%20Estados%20Unidos.htm
Roldán, Á. (2009). Hecatombe. Los suicidas de las bolsas. Recuperado el 20 de abril de 2015, de http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2009/691/1231628401.html
Soros, G. (2012). La tormenta financiera. Bogotá: Destino.
Stiglitz, J. (13 de marzo de 2008). La guerra de los tres billones de dólares. Recuperado el 15 de diciembre de 2014

Publicado enEdición Nº 213
Miércoles, 13 Mayo 2015 06:21

El gobierno de Tsipras pagó al FMI

El gobierno de Tsipras pagó al FMI

El gobierno griego pagó ayer al Fondo Monetario Internacional (FMI) 756 millones de euros que le debía a ese organismo multilateral en concepto de intereses de la deuda. Para hacerlo posible, Atenas utilizó como aporte al monto cancelado 600 millones de euros que el gobierno tenía reservado en el Banco de Grecia en una cuenta de emergencia, cumpliendo así con su deuda internacional más inmediata. El acreedor continúa exigiendo medidas de ajuste y austeridad fiscal para refinanciar los próximos vencimientos.


Los países miembros del FMI tienen dos cuentas en el Fondo para, en función de su cuota, contribuir a los recursos financieros del organismo. El pago de los intereses de la deuda, realizado con un día de anticipación, calmó los temores inmediatos de un default griego. En junio, cuando finalice la prórroga de cuatro meses del segundo rescate que el gobierno de Alexis Tsipras acordó con las instituciones, Grecia tendrá que abonar al FMI más de 1536 millones de euros en cuatro tramos.


Para evitar falta de liquidez, el gobierno del partido izquierdista Syriza evalúa continuar con la transferencia de dinero en efectivo disponible al Banco Nacional, para otorgar financiamiento al Estado a corto plazo. El portavoz del Ejecutivo, Gabriel Sakellaridis, afirmó que hasta el momento el gobierno heleno recibió 600 millones de euros de ayuntamientos y otras entidades públicas. "Hasta ayer los gobiernos locales transfirieron 64,5 millones de euros y otros organismos de las administraciones públicas 535,6 millones al Banco de Grecia, un total de 600,3 millones", dijo.


La prensa griega expresó ayer que el Ejecutivo tiene fondos suficientes para el pago de salarios, ayudas sociales y jubilaciones en el período correspondiente a este mes, por un importe de 2000 millones de euros.


El miércoles pasado, Atenas ya abonó al FMI 200 millones de euros en concepto de intereses por créditos que le concedió este organismo en el marco de los dos rescates financieros. En lo que va del año, el país devolvió hasta ahora puntualmente todos sus préstamos, una suma que hasta el momento asciende aproximadamente 6000 millones de euros.


El gobierno griego espera que haya una solución política en el último momento, mediante conversaciones con la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo), sin tener que asumir duras decisiones laborales respecto de convenios colectivos, sueldos mínimos y jubilaciones, temas que las autoridades financieras europeas no quieren que sigan siendo en gran parte subsidiados por el Estado.


En el contexto de las negociaciones entre Grecia y el Eurogrupo celebradas en Bruselas, el equipo económico heleno logró el lunes el reconocimiento de los progresos en el diálogo por parte de los socios europeos. El ministro griego de Finanzas, Yanis Varufakis, salió de la reunión convencido de que es posible alcanzar un acuerdo con las instituciones europeas y con el FMI en un "par de semanas". Varufakis afirmó que "la cuestión de la liquidez es un asunto terriblemente urgente" y expresó su deseo de que se logre un acuerdo antes de que las restricciones de la falta de fondo sean "coercitivas", por lo que espera lograr un acuerdo con las instituciones lo antes posible.


Por su parte, el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, felicitó "el nuevo espíritu y los avances" logrados en la reunión del Eurogrupo celebrada hace dos semanas en Riga, Letonia. El comisario europeo constató un "acercamiento de posiciones en ciertas cuestiones", como una reforma en profundidad del IVA", la creación de una agencia independiente fiscal o la legislación sobre morosidad, unos "avances que no hay que subestimar", expresó.


Sin embargo, Moscovici indicó que aún existen discrepancias en otras cuestiones como las privatizaciones, la reforma del mercado laboral o las pensiones, y señaló que Atenas aún debe "presentar nuevas propuestas" que sustituyan las medidas previstas en el programa firmado por el anterior Ejecutivo que tengan un impacto similar. Una vez que las reformas tengan el visto bueno, el Eurogrupo decidirá sobre los posibles desembolsos de fondos, que corresponden a los 7200 millones pendientes del segundo rescate al país.


Varufakis fue consultado por afirmaciones hechas por el ministro alemán de Finanzas, Wolfang Schaeuble, en las que consideró que un referéndum en Grecia podría ser útil para que los griegos decidan si quieren seguir recibiendo asistencia o ir por otro camino. Su par griego afirmó que esta cuestión no fue considerada por el gobierno de Tsipras. "Es un asunto para el primer ministro, el gabinete y en última instancia para el presidente de la República desde el punto de vista de la Constitución", dijo Varufakis. "En este momento, no es algo que esté en el radar del Ejecutivo, porque estamos centrados en negociaciones muy serias y concertadas para finalizar el programa actual y embarcarnos al mismo tiempo en una nueva fase de desarrollo para la economía social de Grecia", sostuvo.

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Los establishments políticos y financieros europeos quieren terminar con Syriza

La explicación más común que aparece en los mayores medios de información en España del estancamiento en las negociaciones entre el Eurogrupo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, por un lado, y el gobierno Syriza por el otro, es que este se debe a la incompetencia de este gobierno, escenificado por el comportamiento definido como teatral de su Ministro de Finanzas, el Sr. Yanis Varoufakis, que ha mostrado una gran inmadurez e "impertinencia", expresión esta última utilizada por el Ministro de Finanzas alemán, el Sr. Wolfgang Schäuble. Se presenta así al nuevo gobierno griego como rígido, incapaz de negociar con buena fe, introduciendo demandas (como el pago de compensaciones del gobierno alemán al Estado griego por los daños causados por la ocupación nazi a la sociedad griega) que no vienen al caso, o insistiendo en la reestructuración de la deuda pública griega, un tema que el gobierno griego debiera ser consciente que se considera innegociable.


La culpa, pues, es del gobierno Syriza. Lo que este debería hacer, según la sabiduría convencional del momento, es respetar los acuerdos firmados por el anterior gobierno, implementando las medidas de austeridad autorizadas con anterioridad, y eliminando las medidas que aparecían en su oferta electoral y que incluían, entre otras propuestas, eliminar el descenso de las pensiones, revertir las reformas laborales que faciliten el despido, y parar los desahucios (una paralización que afectaría negativamente los intereses de la banca). A la respuesta negativa a parar tales medidas que ha dado el gobierno Syriza, indicando que el electorado griego les había pedido que realizaran tales medidas, el establishment político europeo (instrumentalizado por el establishment financiero) le responde que ellos, los gobiernos presentes en el Eurogrupo, también han sido elegidos democráticamente, y que la aplicación de sus propuestas a Grecia son también resultado de mandatos populares (lo cual, por cierto, no se corresponde a la realidad, puesto que la gran mayoría de partidos gobernantes de los países europeos representados por los Ministros de Finanzas del Eurogrupo no tenían incluidas en sus programas las medidas de austeridad que han estado imponiendo a sus ciudadanos, siendo el gobierno Rajoy un ejemplo de ello. Ninguna de las políticas de austeridad estaba en la oferta electoral del PP. Y como él, la gran mayoría de partidos gobernantes en la Eurozona.


La imposición de tales políticas de austeridad a Grecia se presenta por los Ministros de Finanzas del Eurogrupo como necesaria para conseguir la recuperación de la economía griega, ignorando que han causado un enorme desastre y tragedia humana en Grecia, con la pérdida de un 25% de su PIB. Es interesante y significativo que la misma reunión del Eurogrupo en Riga que acusaba al gobierno Syriza de irresponsable por oponerse a sus propuestas, presentaba al gobierno Rajoy y sus medidas de austeridad como ejemplares ("El Eurogrupo loa las reformas de España", La Vanguardia, 25.04.15, p.70).


La agresividad de economistas liberales y socioliberales hacia Syriza


Esta explicación del supuesto estancamiento de las negociaciones ha sido promovida en los mayores medios de información en España. Y dos economistas mediáticos que gozan de gran acceso a tales medios han sido especialmente agresivos en su crítica al gobierno Syriza. Uno es JC Díez, próximo al dirigente del PSOE, el Sr. Pedro Sánchez (y que se ha transformado casi en el corresponsal económico de El País) y otro es el Sr. Josep Oliver, en su día también en la órbita socialista (en Catalunya), que es un gran defensor de la necesidad de tales políticas de austeridad (a las que atribuyó en su último artículo en El País, "La larga marcha del empleo", 24.04.15, lo que él definió como recuperación económica de España). Estos economistas han sido los máximos reproductores de los argumentos utilizados por el Ministro de Finanzas alemán, responsabilizando al gobierno Syriza de la paralización de las negociaciones, y culpando además a este gobierno por el considerable deterioro de la situación económica griega desde la victoria de Syriza (como también ha hecho el ministro alemán).


Tanto Díez como Oliver parecen desconocer la acumulada evidencia científica que muestran cómo tales políticas de austeridad han deteriorado enormemente el estado de la economía no sólo griega, sino de la mayoría de países de la Eurozona al reducir la demanda doméstica en estos países, siendo una de las mayores causas de la Gran Recesión. Muchos expertos como Krugman, Stiglitz, Weisbrot, Baker, Galbraith, Jeff Faux y una larga lista de economistas bien conocidos, también han atribuido las crisis a esta limitada demanda doméstica causada por los recortes y bajadas salariales, añadiendo su voz a una explicación que, siendo minoritaria al principio, está convirtiéndose en mayoritaria en amplios círculos académicos europeos (aunque no en España) debido a la robustez de la evidencia acumulada durante estos años de Recesión. En cuanto a la supuesta recuperación de la economía española, esta no se debe a estas medidas de austeridad. Todo lo contrario, ha sido el descenso de las políticas de austeridad (debido a consideraciones electoralistas) y sobre todo al descenso del precio del petróleo, a la devaluación del euro y a las medidas de expansión monetaria del BCE las que han sido responsables de tal crecimiento económico que se presenta como recuperación.


El objetivo del establishment financiero y político europeo no es expulsar a Grecia del euro, sino expulsar a Syriza del gobierno griego.


Una razón aducida frecuentemente por estos y otros autores defensores de las políticas de austeridad es que estas han sido necesarias para "salvar el euro". Este "salvar el euro" ha sido una constante entre ellos. El euro, sin embargo, nunca ha estado en peligro ni de desaparecer ni de colapsar, tal como algunos hemos estado señalado desde su principio. Y la causa de que nunca haya estado en peligro es que sistemáticamente ha beneficiado a los que mandan en la Eurozona (el establishment financiero) a costa de la mayoría.


Tal argumento –de salvar el euro- se está utilizando ahora de nuevo cuando se indica que hay una posibilidad de que la rigidez e incompetencia de Syriza fuerce la expulsión de Grecia del euro, pues sus políticas hacen imposible su permanencia en esta unión monetaria. En contra de lo que dicen estos autores, lo último que desea el establishment político de la Eurozona (instrumentalizado por el establishment financiero) es que Grecia salga del euro. Lo que desean (y hay que ponerlo en cursiva) es expulsar a Syriza del gobierno griego, es decir, que colapse su apoyo electoral y que sea sustituido por el partido anterior, servil a sus intereses. Este ha sido y continúa siendo el objetivo de la agresividad mostrada por los establishments financieros, políticos y mediáticos europeos. Se mostró claramente este objetivo incluso antes de que ganaran las elecciones. Las intervenciones del BCE, de la Comisión Europea y del Consejo Europeo, por no decir del gobierno alemán y de sus aliados (como el gobierno Rajoy) en las elecciones griegas fueron notorias, participando activamente en la campaña en contra de Syriza. Y nueve días (sí, solo 9 días) después de que saliera elegido Syriza, el BCE cortó la línea de crédito al gobierno griego en una medida de una enorme hostilidad (equivalente a un acto bélico), sin tan siquiera esperar a tomar esta decisión cuando hubiera correspondido según el calendario marcado, en fechas posteriores. Este acto de hostilidad, fue seguido por una redefinición muy marcada de los términos en los cuales la banca privada griega podía prestar dinero al Estado, comprando deuda pública, una medida que el BCE nunca había aplicado a los gobiernos anteriores, responsables de los enormes déficit y deuda públicos que el gobierno Syriza había heredado.


Estas medidas fueron aplicadas con pleno conocimiento de que crearían una gran fuga de capitales. 24.000 millones de euros han abandonado Grecia desde diciembre. Esta situación, resultado de una enorme agresividad hacia el gobierno Syriza, está dificultando enormemente que el Estado pueda conseguir prestado dinero de los mercados financieros (es decir, de la banca), situación que es resultado de las acciones tomadas por el BCE. Ninguno de estos hechos aparece en los artículos del Sr. J.C. Díez o del Sr. Josep Oliver ("¿Corralito griego ya?", La Vanguardia, 24.04.15). Según ellos, Syriza y su comportamiento, su supuesta rigidez e inflexibilidad, son los responsables de la situación en la que se encuentra el gobierno Syriza.


Las políticas de austeridad impuestas a Grecia han reducido su PIB un 25%, porcentaje nunca alcanzado en ningún país en tiempo de paz. Y ello ha beneficiado al capital financiero, tanto griego como alemán, francés y español, entre otros, con un enorme daño a la mayoría de la población griega. La evidencia de que ello ha sido así es abrumadora. Pero ello no es obstáculo para que el BCE, la Comisión Europea, el Eurogrupo, el Consejo Europeo, el FMI y el gobierno alemán continúen insistiendo en las mismas políticas que han conducido a la enorme crisis humanitaria. Nada menos que el que fue director de la oficina europea del FMI, el Sr. Reza Moghadam, escribió un artículo en el Financial Times ("Stalemate can be replaced with sanity in eurozone dealings with Greece", 08.04.15) en el que concluía que lo que está ocurriendo en las negociaciones era profundamente injusto, pues "Europa está exigiendo al gobierno griego actual la implementación en cuestión de semanas de toda una serie de medias que los gobiernos anteriores no realizaron en varios años".


En realidad, las demandas del gobierno griego son más que razonables. Son las mismas que se aplicaron al gobierno alemán en los años cincuenta. Y entre ellas, pide que no se le exija el pago de la deuda a no ser que la economía griega comience a crecer de nuevo. La rigidez en las negociaciones es la que presenta el Ministro de Finanzas alemán, y sus aliados (el gobierno portugués y el español, junto con los gobiernos del Este de Europa), la mayoría de clara orientación neoliberal es la causa de la situación actual. Su objetivo es destruir a Syriza, no sacar a Grecia del euro. Véase la alegría mostrada en el reportaje de El País (conocido por su animosidad a Syriza y Podemos) subrayando el supuesto declive del apoyo popular a Syriza (de una manera característica y previsible, El País manipula el título, indicando que "el calvario de la negociación reduce el apoyo popular al gobierno de Syriza" –El País, 24.04.15-, título que contrasta con los datos proveídos en el mismo artículo, donde se ve que el apoyo a Syriza ha aumentado de un 36% en enero a un 38% ahora). Esto es lo que están intentando en su estrategia, cuya última noticia es el intento de neutralizar, e incluso expulsar, al Ministro de Finanzas griego, deseando que vuelvan sus aliados, las derechas griegas, que llevaron al país al desastre, para poder así controlar Grecia a su antojo, como hicieron en los años que precedieron a la victoria de Syriza.


Una última observación. Ruego que el lector distribuya extensamente este artículo. Yo no tengo las cajas de resonancia que tienen los antes citados economistas. Todo lo contrario, los medios de información y persuasión de este país, conocidos internacionalmente por su escasa diversidad, no publican voces críticas como la mía. De ahí que tengo que pedirle al lector que, como ocurría durante la dictadura, los artículos se conozcan pasándolos mano a mano. Gracias.

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El Eurogrupo y Draghi lanzan duras advertencias a Grecia

Hastío e irritación en grandes dosis. El Eurogrupo —la reunión de ministros de Economía del euro— terminó ayer en Letonia sin ningún tipo de acuerdo sobre Grecia, que vive al borde del alambre pero sin ceder a las pretensiones de sus acreedores. Atenas encajó una ráfaga de advertencias con un grado de hostilidad pocas veces visto: sube la tensión y el miedo a un accidente, aunque paradójicamente eso es a su vez requisito indispensable para cualquier tipo de pacto en Europa, tan pendiente siempre de ese tipo de escenificaciones. El jefe del BCE, Mario Draghi, amenazó en público —por tercera vez en unos días— con cerrarle el grifo de liquidez a Atenas. Y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, subrayó ante la prensa el tono "muy crítico" de los socios con Grecia. Eso fue en público: a puerta cerrada, los ministros y las instituciones antes conocidas como troika arrearon de lo lindo a Grecia ante una situación cada vez más tensa. En medio de un rifirrafe en el que algún ministro llegó a hablar incluso de un plan B (una salida del euro o un impago dentro del euro), el alemán Wolfgang Schäuble dejó hablar a los socios más molestos con el griego Yanis Varoufakis antes de proclamar: "No vamos en la dirección correcta; vamos por el camino equivocado. No me imagino cómo podemos alcanzar un acuerdo".

Alemania, gran dominadora del Eurogrupo, será clave en el devenir de Grecia. Schäuble puso así en duda la viabilidad de un acuerdo, como prácticamente nunca había hecho en este tipo de reuniones. La canciller Angela Merkel fue más suave. Merkel explicó en Bremerhaven, en un acto de campaña para las próximas elecciones en Bremen, que Alemania "está preparada para proporcionar ayuda, pero siempre a cambio de reformas". Ese es el sentir general en la eurozona: solo habrá dinero a cambio de ajustes.
La presión no deja de aumentar. Hace unos días, Varoufakis encontró en la cumbre del FMI, en Washington, el mismo ambiente cargado que en Riga. Y el propio FMI fue ayer una de las voces más severas en el Eurogrupo. El representante del Fondo, el danés Poul Thomsen, advirtió a los socios de que Grecia ya puede olvidarse de los superávits fiscales si las cosas no mejoran con rapidez. En ese caso, dijo, también los europeos sufrirán las consecuencias: "El déficit potencial, en la situación actual, es ya del 1,5% del PIB para este año; si eso ocurre tengo que decirles que se preparen para una reestructuración".
Grecia y los socios se van metiendo en una espiral complicada. La economía helena se ha parado en seco, los ingresos públicos han caído y la huida de capitales no se detiene. El Gobierno ha tenido que echar mano de los Ayuntamientos para hacer frente a los vencimientos de deuda y para acometer los gastos en salarios y pensiones. Nadie sabe cuánto dinero le queda a Grecia en caja, aunque todos los vaticinios acerca de cuándo iba a quedarse sin fondos han fallado estrepitosamente. Grecia necesita ayuda europea para hacer efectivos sus próximos pagos (750 millones al FMI en breve; 6.600 millones al BCE en verano). El Eurogrupo repite una y otra vez el mensaje de que solo habrá dinero a cambio de reformas; pero Atenas no termina de llegar a un acuerdo en el número y la intensidad de esas reformas.


Frente al tono pesimista del resto de ministros, Varoufakis volvió a mostrarse confiado. "Hemos acercado posturas a gran velocidad en las últimas semanas", dijo. Dijsselbloem le desmintió minutos antes: "Hay avances, pero el acuerdo está lejos. Se me hace difícil pensar en cuándo puede llegar a la vista de lo que hemos avanzado en los dos últimos meses".


Los socios se quejan de que el proceso de negociación no funciona y aseguran que sería preferible que las instituciones volvieran a Atenas. "Eso no va a suceder: ese método no funcionó antes", dijo. Las diferencias entre Atenas y sus socios se extienden a las reformas de pensiones y laboral y a una subida del IVA —a las que se resiste Grecia—, y a una medida antidesahucios de Atenas que no gusta a los acreedores. "Europa es una familia que sabe resolver sus diferencias", apuntó Varoufakis. Ni siquiera Francia e Italia apoyaron esa visión optimista: Pier Paolo Padoan expresó "frustración" y destacó que "no podemos volver a salir y decir otra vez que estamos perdiendo el tiempo". Los hubo más duros. "Lo que usted nos dice es inverosímil", le espetó el ministro eslovaco Peter Kazimir. "Ya es suficiente: necesitamos un plan B", le dijo el esloveno Franc Krizanic en la reunión. Varoufakis no calló ante esa provocación: "Eso es antieuropeo, y en el fondo perjudica a su propio país", zanjó.

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Grecia acepta aplicar las reformas que le exige la UE

En una visita oficial a Alemania marcada por recientes tensiones bilaterales, el primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, prometió aquí este lunes que su gobierno llevará a cabo amplias reformas estructurales, pero sin dejar de hacer frente a la crisis humana que vive su país, producto de las políticas de austeridad aplicadas en los últimos cinco años por gobiernos conservadores.


Con esas declaraciones, el izquierdista Tsipras, quien asumió como primer ministro a principios de febrero, ratificó dos de las principales políticas de su administración, durante una conferencia de prensa conjunta con la canciller alemana, Angela Merkel, celebrada después de que ambos jefes de gobierno se reunieron por primera vez.


Grecia lleva cinco años de practicar una austeridad que implicó un increíble ajuste financiero, pero este programa no fue para nada una historia de éxito, porque tuvo efectos terribles en nuestra economía, puntualizó Tsipras.


El encuentro Merkel-Tsipras estuvo precedido por reportes del diario Financial Times sobre una carta escrita por Tsipras y enviada a Merkel el 15 de marzo, en la que el primer ministro griego advirtió a Merkel que a Grecia la están forzando a elegir entre mantener el gasto social o pagar a sus acreedores, principalmente el Fondo Monetario Internacional.


A pesar de los antecedentes, la conferencia de prensa fue dedicada a abordar temas relativos a la tensa relación bilateral germano-griega, lo que ha llevado a la prensa de los dos países a caricaturizar como nazis a Merkel y al ministro de Finanzas, Wolfang Schauble. Esta semana, la revista Der Spiegel publicó en su portada un fotomontaje de Merkel en la Acrópolis, rodeada de uniformados a la usanza del Tercer Reich.


Es una provocación injusta, dijo Tsipras. Dejemos atrás esas sombras del pasado".


Los dos gobernantes dijeron que Europa debe superar los estereotipos que muestran a Grecia como un país de gente floja y a Alemania como un país impositivo sobre el resto del continente.


Ni los griegos son unos vagos ni los alemanes son los culpables de los males de Grecia; tenemos que trabajar duro para superar estos estereotipos, sostuvo Tsipras.


Merkel afirmó que Europa debe superar este estereotipo sobre buenos y malos miembros de la eurozona para asegurar el futuro de la unión monetaria.


No obstante, el tema de la deuda alemana con Grecia por reparaciones de guerra quedó en el aire, toda vez que el diario alemán Suddeutsche Zeitung publicó una entrevista con el ministro griego de Relaciones Exteriores, Nikos Kotzias, quien dijo que la solución a esta controversia (Alemania dice haber superado esto en un acuerdo general europeo de la década de los 90) podría ser estudiado por un equipo de expertos.


En la conferencia con Tsipras, Merkel aseguró que Alemania considera política y legalmente resuelto el asunto de las compensaciones por la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, aunque aclaró que es consciente de cómo habían sufrido los griegos.


Sin perder la cordialidad del encuentro, Tsipras dijo que la reclamación por daños de guerra no es una cuestión material, sino sobre todo un problema moral y ético.


Aunque no fue mencionado en la conferencia de prensa, otro tema que acompañó la visita oficial de Tsipras fue la versión publicada en el diario popular alemán Bild sobre presuntos sobornos de las compañías alemanas Rheinmetall, STN Atlas por 62 millones de euros para conseguir en anteriores administraciones contratos de petrechos militares del sector de defensa.

También, según el rotativo, la empresa germano-francesa Eurocopter pagó 42 millones de dólares con el mismo propósito.

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Viernes, 20 Marzo 2015 06:52

Tsipras pide audacia a la UE

Tsipras pide audacia a la UE

Mientras los líderes europeos le insistían a Atenas para que cumpla con los compromisos de reforma, el premier heleno respondía exigiendo respeto a la democracia. Grecia no recibirá más ayudas hasta que no se cierre la prórroga del rescate.

 

Francia, Alemania y Holanda reafirmaron ayer sus reclamos a Grecia y, en el marco de la cumbre de jefes de Estado y de gobierno que se celebra en Bruselas, le insistieron en que cumpla con los compromisos de reforma adquiridos por ese país al solicitar la prolongación del rescate, a lo que el primer ministro heleno, Alexis Tsipras, respondió exigiendo "respeto a la democracia".

"Los griegos deben demostrar que hacen las reformas que se espera de ellos y Europa debe poner a disposición de Grecia los medios financieros para cumplir con los compromisos", dijo a su llegada a la cumbre el presidente francés François Hollande. La canciller de Alemania, Angela Merkel, en tanto, señaló que los griegos "no deben esperar una solución ni ningún hito", puesto que "está bastante claro que ni hoy en Bruselas ni el lunes en Berlín podemos esperar la solución al problema griego".

"La UE necesita iniciativas políticas audaces", señaló Tsipras, antes del comienzo del encuentro con sus pares del bloque, que continuará hoy.

El primer ministro está presionando ante la difícil situación que vive su país, que no recibirá más ayudas hasta que no se cierre con éxito la prórroga del programa de rescate, según lo acordado por los ministros de Economía y Finanzas del euro.

El tema griego no figura oficialmente en la agenda de la cumbre, pero será tratado por la noche en un grupo reducido, al margen de la reunión Tsipras tiene previsto reunirse con Hollande y Merkel, así como con los presidentes del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem; de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker; del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, y del Consejo Europeo, Donald Tusk, una cita que ya ha provocado malestar entre algunos Estados miembros que no participarán en el encuentro, como Bélgica.

"Lo que vamos a pedir en esta reunión a unos y otros es el respeto a los compromisos", recalcó Hollande, quien subrayó que el 20 de febrero pasado "hubo un acuerdo, que fue confirmado el 24 de febrero, y que pondremos en marcha. Francia quiere que Grecia siga siendo socio de la Zona Euro", dijo el mandatario galo, pero recalcó que al mismo tiempo hay que explicar al electorado griego que eligió al actual gobierno, en las elecciones del 25 de enero, que "hay compromisos que valen para todos los países", en relación con la financiación europea y nacional.

Tsipras respondió a la seguidilla de declaraciones señalando que es necesario que las iniciativas de la Unión Europea (UE) "respeten tanto la democracia como los tratados", para dejar atrás la crisis y avanzar hacia el crecimiento.

El premier está presionando ante la difícil situación que vive su país, que no recibirá más ayudas hasta que no se cierre con éxito la prórroga del programa de rescate, según lo acordado por los ministros de Economía y Finanzas del euro.

Su colega holandés, Mark Ru-tte, también se había sumado al señalar que el Eurogrupo tomó "fuertes decisiones" el 20 de febrero, a las que deben atenerse las partes. "Ahora depende de Grecia que quiera cumplir con los compromisos que adquirió", zanjó. En tanto el primer ministro de Estonia, Taavi Roivas, aseguró que "no deberíamos esperar grandes cambios con respecto a lo que se aprobó en el Eurogrupo" y que el mejor camino para Atenas es "continuar con las reformas".

Varios pequeños estados de la UE se quejaron de haber quedado afuera de estas conversaciones. Austria, Bélgica y Holanda le expresaron su descontento a Tusk antes de la cumbre. "Estoy enojado", expresó el primer ministro belga, Charles Michel, que apuntó que su país contribuyó con 7000 millones de euros al rescate griego. "El gobierno belga no le dio un mandato a Francia ni a Alemania para negociar en su nombre", afirmó. Su enojo fue por el formato en que se discutirá la situación de Grecia, en un encuentro que sólo incluye a los mandatarios de Atenas, París y Berlín, además de los presidentes de la CE, el BCE y el Eurogrupo, formato que consideró "erróneo". Merkel intentó tranquilizar a estos países y aclaró que las decisiones se tomarán a nivel del Eurogrupo, que reúne a los ministros de Finanzas de los 19 países de la Eurozona.

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