La 'tormenta perfecta' que los 'gurús' atisban para anunciar otra crisis mundial

El retorno del estancamiento con inflación por las guerras comerciales; una deuda, soberana y privada, de 157 billones de dólares, el doble del PIB global; revalorización del dólar, que ha zarandeado el mercado de divisas; sacudidas de volatilidad bursátil y alta tensión en los mercados emergentes. Son algunos de los grandes nubarrones que detecta el FMI. Pero no los únicos ciclones en el horizonte, según los analistas.


El oráculo del mercado señala a 2020. Sus presagios hablan de que, para entonces, las hostilidades comerciales se habrán recrudecido. Que los hasta ahora socios económicos de EEUU -y la mayor potencia planetaria- estarán en el fragor de las batallas por registrar superávits o, según los casos, por eliminar los déficits de sus balanzas de intercambios de bienes y servicios. En medio de otra tormenta perfecta; de una nueva singladura recesiva. También profunda. Porque el proteccionismo se ha apoderado de las agendas políticas del mundo industrializado. Al principio, fue sólo una ralentización. Un parón al que condujo Donald Trump a sus aliados. Pero luego fue tomando una mayor dimensión. Hasta volver a situar al G-7 al borde de la contracción sincronizadas de sus economías. Debido a que el encarecimiento de la financiación internacional por las subidas de tipos de los grandes bancos centrales, que acabaron siguiendo la estela de la Reserva Federal, encarecieron las inversiones empresariales y los gastos de hogares y de consumidores. Hasta el punto de revertir el ciclo de negocios estadounidense. Las bolsas se desploman y la Casa Blanca aumenta sus trabas aduaneras a las importaciones de China, cuyo sector exterior y sus empresas, en una espiral de endeudamiento gradual, subsisten a duras penas por el férreo control del valor del rinminbi desde la jerarquía económica de Pekín. Los flujos comerciales e inversores se obstruyen hasta casi la parálisis.


¿Realidad o ficción? A juzgar por el reciente diagnóstico del FMI, en su reunión de otoño -en esta ocasión, en Bali- el escenario es más que factible. Ya no disimula su apuesta por una crisis dentro de dos años. Después de recortar, por primera vez en el último bienio, sus previsiones de crecimiento global. Lo hizo en dos décimas, hasta situar su predicción en el 3,7%. En el cálculo del mercado, cualquier repunte del PIB mundial inferior al 3% anticipa recesión. Hace un año, en su World Economic Outlook (WEO) otoñal, el de 2017, hablaba de que las potencias industrializadas ya no disponían del acopio de combustible monetario y fiscal que usaron tras la quiebra de Lehman Brothers para activar estímulos financieros y económicos. Ante una -decían entonces- hipotética crisis. Esta semana, en la isla indonesia, su economista jefe, no sólo abandonó el beneficio de la duda, sino que incidió en que “hay nubarrones a la vista por la súbita debilidad de la actividad” y porque la pérdida de dinamismo “ofrece muestras de un mayor desequilibrio de lo esperado”, precisó Maurice Obstfeld. En su opinión, el ritmo del PIB mundial del pasado ejercicio, el más vigoroso desde 2011, cuando surtieron efecto los multimillonarios programas para espolear la actividad en las economías con mayores ingresos, no volverá en los años venideros.


Pero, ¿dónde se registran los epicentros de este nuevo tsunami cuyas alarmas califican de alto riesgo? En gran medida, por la guerra comercial fratricida desencadenada por la Administración Trump con varios de sus históricos aliados, que Washington ha tratado de enmascarar, por ejemplo, con una nueva versión, edulcorada, del Nafta. Aunque hay otros factores del nuevo orden -económico y geoestratégico- global impuesto por el dirigente de EEUU que, al parecer, harán bueno el augurio del FMI, por el que también apuesta el mercado y economistas de relevancia internacional. Hasta completar un decálogo.


1.- El precio del proteccionismo en la globalización


En medio del apogeo de la carrera por la digitalización, por la Revolución Industrial 4.0, por los cambios en las cadenas de valor de las empresas, por los nuevos modelos de negocios, basados en ecosistemas de consumo de dimensión global, la automatización, el Big Data y la Inteligencia Artificial, la Casa Blanca ha activado el modo combate en el terreno comercial. Medio año después de que Trump impusiera las subidas arancelarias al acero y el aluminio -la considerada como declaración de guerra de Washington- el FMI ha puesto cifras a la traslación del America, first trumpiano sobre la libertad de intercambios de bienes y servicios: 430.000 millones de dólares, equivalente al tamaño de la economía de Noruega, lo que implica una pérdida de medio punto del PIB global. Sólo por los efectos de la escalada de tarifas entre las dos grandes potencias del planeta. Un daño que dejaría de ser colateral y que se propagaría aún con mayor virulencia por todas las latitudes si, como amenaza Trump, EEUU decreta la entrada en vigor la subida del 10% de los aranceles sobre otra batería de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares y de distinta cuantía a un conjunto de mercancías que superan el medio billón de dólares, según el valor actual de mercado. Dejando -alerta Obstfeld- nuevas brechas de desigualdad, porque los costes asociados a la vuelta a las anacrónicas corazas proteccionistas, generará “un crecimiento no inclusivo”, fenómenos de exclusión social y precariedad laboral y “males endémicos” en el ámbito político.


Todo un recordatorio, sin citarlo, a la oleada de nacional-populismo que se ha instalado por Europa y EEUU en busca de supuestas soluciones a la globalización desordenada de los mercados.


“Nuestros modelos de predicción sugieren que, si esta advertencia oficial se materializa, los índices de confianza empresarial descenderán y la previsión para 2020 retrocederá, al menos, un 0,5%”, asegura el FMI. Una mala idea -enfatiza-, incluso para EEUU, porque “una considerable parte de sus exportaciones están dirigidas y se encuentran sometidas a bajas tarifas y aranceles de entrada en mercados sobre los que ha dirigido su conflicto comercial”. De hecho, el Fondo rebaja en dos décimas sus previsiones para el próximo ejercicio tanto a EEUU, que sitúa en el 2,5%, como en China, que reduce al 6,2% por las hostilidades comerciales. Y sitúa el escenario de mayor gravedad bajo un nuevo arrebato del líder americano hacia Europa, a la que acaba de reenviar su mensaje de que el club comunitario es el “mayor adversario real” de la deficitaria balanza comercial de EEUU, y hacia el renovado Nafta, la unión aduanera con México y Canadá. Pero que está lejos de ser “el acuerdo más grande firmado por EEUU” como dijo Trump antes de enviar el texto del rebautizado como USMCA (ES-México-Canadá Agreement) al Congreso para su luz verde definitiva. Más bien, los expertos, que destacan las nuevas fórmulas de regulación laboral -que mejorarán los salarios y derechos de los trabajadores mexicanos del sector del automóvil-, entre los beneficios del sorprendente pacto trilateral, inciden también en que la maniobra es un gesto electoralista. Un guiño a los votantes republicanos de los estados del norte y del sur con mayor dinamismo comercial con Canadá y México y que tradicionalmente han defendido el libre mercado. Y el Nafta moviliza 1,2 billones de dólares en intercambios de mercancías.


2.- Las bolsas, 'complacientes' con la peligrosa coyuntura


Otra de las perlas dialécticas que ha dejado el economista jefe del FMI. Los inversores -dijo Obstfeld- se comportan de forma muy complaciente con los riesgos económicos. A pesar de que la escalada de tensiones comerciales ha hecho perder la velocidad de crucero a Europa y Japón, los dos enfermos económicos en el pasado reciente y máximos exponentes de la estanflación o ritmo plano de crecimiento con riesgo de deflación y la doble y profunda rebaja fiscal en EEUU, por el contrario, ha hecho germinar el caldo de cultivo idóneo para sobrecalentar la actividad en la primera potencia global. “El peligro de que se recrudezcan las tensiones comerciales también creará efectos adversos en los activos y la inversión”, profetiza el Fondo.


Trump, curiosamente, se ha unido a esta prédica. Porque ha atizado a la Reserva Federal, a la que no sólo le transmite su visión de que “está cometiendo un error” al subir tipos de manera acelerada (el precio del dinero en EEUU está en el 2,25% y la Fed habla de dos nuevos movimientos alcistas a medio plazo), sino que se atreve -faltaría más- a decir que “se ha vuelto loca”. Como si no hubiera intercedido deliberada e intensamente en el nombramiento del halcón Jerome Powell -pese al prestigio que se labró su antecesora, Janet Yellen- quien no duda, además, en avanzar la definitiva retirada de los estímulos monetarios para no sobrecalentar la economía. Impulsada, en realidad, por el esperado mayor poder adquisitivo que darán a consumidores y empresas las rebajas impositivas republicanas. El problema para el inquilino de la Casa Blanca es que la cita electoral de mitad de mandato, con no muy buenos augurios para los republicanos, puede coincidir con un periodo de vacas flacas en Wall Street. El Nasdaq sufrió esta semana un batacazo superior al 4%, la mayor caída desde el referéndum del Brexit, en Reino Unido, y el Dow Jones se dejó en una jornada un 3,1%.


Pero es que, además, entre los analistas del mercado, se ha instalado la convicción de que el clima inversor guarda demasiadas connotaciones similares a las de 2007, antesala de la crisis del año siguiente. Con índices de volatilidad extraordinarias. En Asia, EEUU y Europa. Y, en general, en los mercados emergentes, a los que el FMI señala por su riesgo bursátil. El retroceso en EEUU “no ha sido sólo una corrección, un estado de relajación, sino una tendencia que ya se ha hecho viral en las plazas emergentes y que hacen poner en cuestión a los inversores si el actual ciclo de negocios no toca a su fin y estamos ante el comienzo de otra embestida financiera”, dicen en Wells Fargo Investment Institute.


A principios de septiembre, John Normand y Federico Manicardi, analistas de JP Morgan, avanzaron que sus modelos veían una pérdida de los valores bursátiles en EEUU del 20% y un endurecimiento de las condiciones crediticias de 115 puntos básicos por las subidas de tipos de la Fed. Los inversores deberían prever para 2020 otra convulsión financiera, admiten. Antes de recordar que, en 2008, el S&P 500 se dejó un 54% desde sus máximos históricos.


3.- El 'dólar fuerte' regresa en el peor momento.


Es la otra consigna monetaria, junto a la reclamación a Powell de que acabara con la política de tipos de interés próximos a cero, con la que llegó Trump a la Casa Blanca. Esta combinación -precio del dinero al alza y billete verde revalorizado- es una pinza demasiado rígida. Las empresas globales y no pocas de latitudes emergentes, con independencia de su grado de proyección mundial, denominan su deuda en dólares. Y sus márgenes de endeudamiento han crecido en los ejercicios posteriores a la crisis de 2008. Su problema son los vencimientos inmediatos, en la divisa estadounidense y con condiciones financieras más duras que las de apenas hace un año. Por designio de la Fed. El Fondo habla a las claras de un círculo vicioso que genera volatilidad y cambios de dirección en los flujos de capitales. Huyen de espacios emergentes hacia cobijos industrializados. A los gobiernos les llega dicha factura a través de la balanza por cuenta corriente. En tiempos, además, de desequilibrios fiscales. Son los denominados “déficits gemelos” -presupuestarios y financieros- que han engordado en la práctica totalidad de los cuadros macroeconómicos nacionales. El propio Fondo se hacía eco de este viraje inversor. Entre 2009 y 2013 los mercados emergentes recibieron 4,5 billones de dólares -en pleno decoupling o desacoplamiento del ciclo de negocios de las potencias industrializadas, más débil y con episodios de números rojos-, aunque en 2016 y, sobre todo, en 2017, las fugas inversoras rebasaron los 250.000 millones. Cada año.


El Banco Internacional de Pagos (BIS, según sus siglas en inglés) valora precisamente en 4,5 billones de dólares, cifra del PIB alemán, las necesidades financieras de compañías y tesoros de mercados emergentes. En tiempos de acceso al dinero más caro. De ahí que el peso argentino o la lira turca hayan perdido más de la mitad de su valor desde el inicio de 2018, y que el fantasma de la devaluación sobre las divisas de India, Indonesia, Brasil o Sudáfrica persista en los círculos inversores. Con o sin ayuda prestamista del FMI.
En su External Sector Report, el Fondo asegura, para más inri, que el billete verde está sobrevalorado y que, por contra, el rinminbi, “se encuentra claramente en línea con los fundamentos macroeconómicos de China” antes de las tensiones comerciales. Algo que, a buen seguro, no ha gustado en el Tesoro norteamericano, una de las tres partes, junto al FMI y la Fed, del llamado consenso de Washington. Sin el que, parece, “nada se hace en los mercados”, atestiguan las voces neoliberales al uso. Foco desde el que su máximo responsable, Steven Mnuchin, insiste, a veces machaconamente, en “la manipulación constante de la moneda china” por parte del régimen de Pekín.


Desde febrero de 2016, cuando el dólar toca fondo, su valor ha aumentado en más de un 9,3%. Un contexto de suma dificultad para gobiernos y firmas emergentes que, hasta 2025, deben atender el pago de bonos y préstamos por un montante de 2,7 billones de dólares. El PIB de India, séptimo del mundo. En billetes verdes.


4.- Los mercados emergentes, termómetros del riesgo


La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, fue la encargada de dar la señal de alarma. “Hasta 100.000 millones de dólares están listos para la fuga” desde latitudes emergentes. El dato se incluye en el Global Financial Stability Report del FMI y supone una cantidad similar a la que huyó de estos mercados en 2008. “Y las probabilidades de que acontezca rápidamente van en aumento”, aclaró Lagarde. Insistiendo en la complacencia inversora. Porque la merma de la confianza empresarial “puede ser fulminante”

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Desde Pimco se resalta que las bolsas emergentes atraviesan “el peor ejercicio desde 2011”, según una filial de investigación de gestión de fondos que posee en Asia. Aunque prefieren ver la botella medio llena y creen que su vuelta a las tasas de retorno -de beneficios- del 7% anuales, como el promedio que han registrado en el último decenio, “dependerá de las tensiones comerciales”. En tal caso, el valor del dólar “seguiría su escalada alcista”; pero, si Washington y Pekín enarbolan la bandera blanca, desde otras firmas como Franklin Templeton, anticipan que las carreras competitivas en la que están inmersas sus divisas tocarían a su fin. Aunque haya mercados como el filipino, donde aún sufrirán salidas de capitales y ataques monetarios. Bastaría, a juicio de sus expertos, con que se calmen las ínfulas comerciales para que el contagio, sin llegar a desaparecer, al menos mitigue sus efectos.


“Hay que acabar con esta tormenta perfecta, de subida catapultada del dólar bajo un escenario de fuerte dinamismo, actual, en EEUU, con un agujero comercial cada vez más abultado y la Fed mostrando su felicidad por encarecer el precio del dinero”, afirma Chris Weston, del fondo inversor Pepperstone. En un clima inversor y multilateral en el que “todos convienen en señalar que la carestía del billete verde y la dimensión de la deuda global en dólares son exagerados”, asegura.


El WEO establece un crecimiento para las potencias avanzadas del 2,4% para este año y del 2,1% para 2019, frente al 4,7% del área emergente durante el actual bienio.


5.- Rebajas fiscales con déficit y deuda fuera de control


Fue el motivo esencial por el que el Fondo redujo en primavera su previsión de crecimiento para este año. La batalla comercial protagoniza la decisión de recortar, este año, en dos décimas, la del próximo año. Al FMI no le acaba de gustar la política económica republicana. El doble y generoso estímulo fiscal -sobre las rentas personales y los beneficios empresariales- “eleva notablemente el riesgo sobre EEUU y sobre la economía global” y representa el combustible idóneo, por la mayor disponibilidad al gasto de consumidores y firmas, para espolear la inflación. Lo que acarreará nuevas subidas de tipos para contener los precios y, con cierta seguridad, revalorizaciones del dólar. Y, probablemente también, nuevas peticiones de ayuda multilateral al Fondo desde otras áreas emergentes, además de los 50.000 millones de dólares concedidos a Argentina y que tanto dolor de cabeza provoca en personalidades que, como Trump, prometen velar por la austeridad del FMI y critican las aportaciones de los contribuyentes americanos a la resolución de crisis como la del peso argentino. Aunque haya sido cercado por su compromiso ideológico con un dólar fuerte.


Tampoco los economistas se creen los efectos beneficiosos de su rebaja impositiva que verá sus primeros vestigios sobre la economía el próximo año. Si se cumple la máxima del mercado de que toda rebaja fiscal tarda, al menos un año, en mostrar su cara. Frente a los seis meses que dictaminan para cualquier reforma laboral, por ejemplo. Desde el Tax Policy Center, think tank de prestigio en EEUU, se admite que los recortes fiscales conjuntos serán de 1.300 dólares en 2019, aunque apenas sitúa su ahorro real en los 850 dólares para la clase media. Es decir, los que ganan entre 50.000 y 87.000 dólares al año. Debido a la supresión de deducciones y exenciones en el Código Fiscal. En un país en el que cualquier gasto imprevisto o no corriente de 400 dólares al mes implica pedir un préstamo personal. Para las clases pudientes, el ahorro anual será de 32.510 dólares.


Toda una invitación al despilfarro y a las inversiones de alto riesgo. Cuando las arcas del Tesoro americano dejarán de ingresar 1,5 billones de dólares, la cuantía de la rebaja de rentas y sociedades, el déficit sobrepasa el 4,5% del PIB y la deuda supera los 18 billones de dólares, el tamaño de su economía.


6.- Sobrecalentamiento en la mayor potencia global


Gran parte de las diez razones que aduce Nouriel Roubini, el economista, catedrático y gestor de fondos que se erigió en el único gurú que vio venir la crisis de 2008, para avanzar otra inestabilidad, también en el año 2020, tienen que ver con el estado de ebullición de la economía americana. Otro argumento adicional para que la Fed continúe subiendo tipos hasta, previsiblemente, el 3,5% en 2020 y para que otros bancos centrales, en principio, los del mundo anglosajón, sigan su estela y encarezcan el dinero. Todo ello, a su juicio, mermará la liquidez en los mercados y propiciará escaladas de precios. A lo que hay que unir -dice- los daños de la guerra comercial -un clásico de estos tiempos- y los obstáculos a la inmigración, el freno a la economía verde o el déficit en infraestructuras del país. Fenómenos que perjudican la configuración de un dinamismo sostenible con creación de empleo estable.
Por si fuera poco, Roubini imputa otros tres aspectos que añaden sobrecalentamiento a EEUU. “La ratio precio-ganancias en las plazas bursátiles -y EEUU es el primer centro de las finanzas globales- están un 50% por encima de la media histórica, el capital privado está muy sobrevalorado y los mercados de bonos, demasiado caros”. A este panorama se une, además, que el diferencial de tipos a largo y corto plazo ha comenzado a crecer. En 2005 esta curva, que determina la rentabilidad real de los bonos americanos, en este caso, se invirtió. Es decir, que la deuda no inmediata ofrecía mayor beneficio que la que el Tesoro reclamaba al mercado para hacer frente a sus vencimientos más urgentes. Este comportamiento invertido anticipa recesión. Al igual que la sucesión de dos trimestres consecutivos de retrocesos en los beneficios empresariales, circunstancia que ha llegado a acontecer en los últimos dos ejercicios.


7.- Excesivo endeudamiento global


Cuando el FMI, Roubini o los principales bancos de inversión coinciden en atisbar nubarrones y hablan de una “tormenta perfecta”, a buen seguro que los temores son fundados. Se refieren a que los riesgos sistémicos, fuera del sector bancario, en principio, en esta ocasión y que se circunscriben a la coyuntura de las economías mundiales -o a los abultados balances de los bancos centrales- han dejado huérfanos de instrumental para una cirugía quirúrgica de urgencia tanto a autoridades económicas como monetarias.
A las primeras, sin los colchones financieros de superávits fiscales labrados, en mayor o menor medida, durante la época de vacas gordas previa a 2008.

Y, a las segundas, porque en la mayor parte de los bancos centrales, los tipos aún navegan en cotas próximas a cero, lo que reduce al mínimo la opción estimulante, y se llama al final de los programas de compra de deuda.


El endeudamiento es, precisamente, la principal losa económica. La auténtica bomba de relojería. Lagarde situó esta semana la deuda soberana y privada en todo el mundo en los 182 billones de dólares (157 billones de euros), casi el doble de un PIB global que se cifra en 80 billones de dólares. “Es récord histórico y un 60% más que el nivel alcanzado en 2007”. A pesar de que “las condiciones financieras, durante este decenio último, han sido anormalmente ventajosas” para quitar lastre. Japón (con un 239,2% de su PIB) y 9 billones de dólares de deuda acumulada; Grecia (181,3% del PIB) y riesgo de que sus compromisos alcancen, en unas décadas, el 300% de su economía; Líbano (143,4%), Cabo Verde (133,8%) e Italia (132,6%) encabezan el ranking de deuda soberana. España ocupa el decimosexto puesto.


8.- El petróleo a 100 dólares precipita la recesión. El petróleo se ha instalado por encima de los 80 dólares desde el verano. Y podría alcanzar la cifra de los tres dígitos a medio plazo, lo que desencadenaría una contracción económica en EEUU y hundiría la actividad global. “Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, asegura el servicio de estudios de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, sobre todo, hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. En caso de que el barril sobrepase los 100 dólares, cosa que podría suceder, para mayor gloria de Arabia Saudí, a lo largo de este ejercicio, “las señales de una posible contracción del PIB americano serían inmediatas”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores.


Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. En EEUU y en los mercados emergentes, reacios, hasta ahora, a seguir los dictados de la Fed, para espolear sus tasas de crecimiento. Sin embargo, para los expertos de este banco, “hay que tomarse muy en serio” toda escalada más o menos brusca del precio del crudo porque “acarrea una serie de riesgos”. Conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y el repunte actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.
Aditya Bhave, economista jefe de Merrill Lynch Bank of America, sitúa el instante en el que el barril rebasará los 100 dólares en la segunda mitad del próximo ejercicio. A no ser que se produzcan acontecimientos excepcionales, como el colapso de la economía de Venezuela.


9.- Burbujas inmobiliarias al acecho


El otro gran detonante del credit crunch de 2008, el estallido inflacionista de los mercados inmobiliarios -en países como EEUU, España o Reino Unido, entre otros- vuelve a vislumbrarse. Es cierto que más bien en determinadas capitales, pero lo suficientemente significativas como para que hayan contagiado a otras ciudades de sus territorios estatales. Londres, Ámsterdam, Vancouver, Toronto, Múnich y Hong-Kong son las ciudades con un mercado de la vivienda en estado de ebullición. Al igual que los países nórdicos europeos. El Índice Global inmobiliario de UBS denuncian el calentamiento excesivo en estas urbes. “La mayoría de las personas, sean asalariados o profesionales liberales, no pueden hacer esfuerzos para adquirir una vivienda en estos centros financieros, si no se benefician de una herencia o perciben alguna remuneración adicional del ámbito familiar”. Y los alquileres -aseguran- “continúan consumiendo gran parte de sus retribuciones salariales”.


Los gobiernos son los únicos agentes que pueden intervenir en la contención de precios, una estrategia que tilda de necesaria. Por ejemplo, impulsando subsidios para el acceso a la primera vivienda. Aunque hay otras recetas que puede ser también determinantes. Si bien, requieren de un equilibrio difícil de alcanzar. El informe defiende la imposición de una alta tributación sobre las propiedades de ciudades especialmente caras, lo que podría retraer la inversión en el sector de extranjeros. “Contribuiría a rebajar precios con celeridad, aunque sea a costa de los propietarios que quieran vender”, alerta.


Las burbujas, a menudo, no son identificadas como tales hasta que estallan, reconocen en UBS. Pero hay en la actualidad las seis ciudades citadas pueden catalogarse como de alto riesgo de sus mercados inmobiliarios. Todas con alzas de precios de compraventa que superan, al menos en un 10% anual, sus registros de 2007.


Otros territorios de especial carestía de la vivienda son los nórdicos europeos. “Si se nos pregunta cuál es el mayor riesgo latente de las economías escandinavas, diríamos que los mercados inmobiliarios”, dice Erik Bruce, economista en el banco Nordea, para quien “resulta normal, dado el bajo nivel de tipos de interés, la caída del paro y el optimismo empresarial en el futuro económico” en estos países.


El repunte supera el 70% en los mercados sueco y noruego. También desde 2007, año previo a la crisis. En Dinamarca es algo inferior, aunque supera el 50% y Copenhague ha duplicado precios respecto a 2012. Y pese a que, en Oslo, los ajustes financieros de familias y empresas han rebajado los precios en los últimos dos trimestres entre un 7% y un 8% en términos interanuales. En cambio, en Estocolmo, la demanda de adquisición de apartamentos sigue en cotas desconocidas en nueve años. Y el pulso inmobiliario en la capital sueca marca tendencia en el resto de grandes capitales escandinavas, aclaran en Nordea.


10.- La debilidad manifiesta en Europa y Japón


El FMI otorga a la zona del euro un modesto crecimiento del 2% este año, cuatro décimas por debajo de su previsión de finales de 2017 y dos menos que su predicción de primavera. Para Japón, el panorama es aún más tenue: un alza del 1% en 2018 y de nueve décimas el próximo ejercicio. Mark Wall, de Deutsche Bank cita tres grandes incertidumbres sobre el euro. La primera, los efectos de la guerra comercial de EEUU contra sus socios, en especial, contra Alemania, a la que culpa del deterioro de su déficit. La segunda, las alambicadas negociaciones sobre el Brexit. Y, en tercer lugar, el difícil futuro en Italia de la coalición entre los neofascistas de la Liga Norte y el complicado crisol ideológico del Movimiento Cinco Estrellas.

Además, Wall menciona la parálisis reformista que se resiste a armonizar los criterios monetarios y económicos del euro, que no lograron formalizarse en la última cumbre semestral, en junio pasado, por el rechazo de los contribuyentes netos a la ambiciosa agenda de transformaciones diseñada por la Comisión Europea y apoyada por la Francia de Emmanuel Macron.

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El Banco Mundial recorta drásticamente la previsión de crecimiento para América Latina

El organismo deja la expansión prevista para este año en el 0,6%, más de un punto menos que en junio, y advierte de los riesgos por el coste de la deuda y por la reversión en los flujos de capitales

 

El Banco Mundial habla de “cisnes negros” al analizar la coyuntura global, un término que se popularizó cuando se gestaba el derrumbe del sistema financiero hace una década. Hace seis meses, el organismo con sede en Washington esperaba que América Latina acelerara el crecimiento este año. Ahora lo deja en un anémico 0,6%, medio punto más bajo que en 2017 y lejos del 1,7% que proyectó en junio. Y advierte, también, de los riesgos por el coste de la deuda y la reversión en los flujos de capitales.


“Lamentablemente”, comienza el informe, “la región ha tropezado con algunos obstáculos”. Cita el giro inesperado en Argentina –que se contraerá un 2,5% este año–, la desaceleración en Brasil –que crecerá solo un 1,2% en año electoral–, el deterioro de la ya de por sí crítica situación en Venezuela –que se contraerá un 18,5%– y un empeoramiento generalizado del entorno externo, con una consecuente disminución de las ventas al exterior. Esta suma de factores provocará, en definitiva, que el crecimiento de la región sea finalmente más bajo de lo pronosticado este 2018.


La nueva proyección contrasta con la afirmación, la pasada primavera, de que la región había retomado “finalmente” la senda de un crecimiento cada vez mayor, tras seis años marcados por los retrocesos. La situación para el conjunto de Sudamérica es incluso peor, porque las economías del subcontinente se contraerán una décima y arrastrarán a la baja al conjunto latinoamericano. Si se excluye el ya habitual efecto lastre de Venezuela, crecerían un 1,2%.


La solidez de la economía estadounidense ejerce, por el contrario, de sustento. Especialmente en Centroamérica y, sobre todo, en México, un país muy interconectado con la primera potencia mundial y que se expandirá a un ritmo estable del 2,3%. Los técnicos, sin embargo, siguen viendo la cifra mexicana “por debajo de su potencial”. También es un factor positivo para la región China y la recuperación del precio de las materias primas, lo que explica que Colombia crezca un 2,7%. Perú lo hará un 3,9% y Chile un 4%.


La previsión del Banco Mundial es que el crecimiento repunte tras este bache a una tasa del 1,6% en 2019. Pero esta estimación dependerá de cómo vayan tomando cuerpo “los nubarrones que se ven en el horizonte”. El mayor es la normalización de la política monetaria en EE UU, que ya está provocando una “drástica reversión” en los flujos de capital que entran en la región.


La subida del precio del dinero hace que las inversiones a tipo fijo en EE UU sean mucho más atractivas y se añade a la fortaleza del dólar –la moneda de referencia en lo cruces de toda la región latinoamericana–, que está obligando a algunos bancos centrales de países emergentes a salir a “defender” sus divisas y elevando aún más los costes de la deuda. Es decir, el temor es que la moderación en 2018 sea algo más que una piedra en el camino. “La situación general es preocupante”, admite el informe, que en este punto lanza la voz de alarma por el impacto de las guerras comerciales.


Precariedad fiscal


“El entorno internacional”, insiste el Banco Mundial, “es poco auspicioso”. Carlos Végh, economista a cargo de América Latina y Caribe, reitera que esta fragilidad en la recuperación vuelve a poner en evidencia la necesidad de que se adopten reformas para garantizar que la región puede elevar los muros de contención para resistir choques externos y poder gestionar sus propios riesgos.


El informe hace referencia a la “precaria” situación fiscal de la región; 29 de los 32 países tendrán un balance fiscal negativo. La deuda pública, añade, superó el 60% del producto interior bruto y hay seis países donde está por encima del 80%. Esta situación no hace más que elevar la prima de riesgo. “El acceso y el costo del crédito internacional se complica justo cuando es más necesario”, lamenta, al tiempo que recuerda que esto limita el margen de acción fiscal.


“La región no tiene más remedio que aumentar el ritmo del ajuste fiscal para garantizar las sostenibilidad de la deuda en el corto y mediano plazo”, insiste el equipo de Végh, “especialmente si la entrada neta de capital sigue cayendo”. En este sentido, concluye diciendo que es importante entender la naturaleza de los riesgos para predecir sus efectos y definir una respuesta que los mitigue.


América Latina, por tanto, es una región particularmente expuesta a los riesgos. “Teniendo en cuenta la incertidumbre existente”, opina Jorge Familiar, vicepresidente del Banco Mundial para la región, “es más importante que nunca fortalecerse para afrontar el futuro con mayores garantías”. Eso permitirá también recuperarse más rápido tras el cisne negro. "No se podrá gastar más pero sí habrá que hacerlo mejor", concluye, "para proteger a los vulnerables e incrementar el crecimiento".

 

Nueva York 5 OCT 2018 - 08:24 COT

Publicado enInternacional
Viernes, 07 Septiembre 2018 07:46

Crisis en Argentina

Crisis en Argentina

Las políticas económicas de la nueva administración de gobierno, entre las que destacan el endeudamiento externo público, la desregulación financiera, la apertura de las importaciones, la elevada tasa de interés, el incentivo a la especulación y valorización financiera y la permisividad frente a la fuga de capitales han determinado una necesidad de financiamiento de divisas, por encima de lo que aportan las exportaciones, por una magnitud del orden de los 40.000 millones de dólares anuales. Esta dependencia del financiamiento externo es la que ha colocado al país en un escenario al borde de la cesación de pagos, en la jerga económica, de default. Es este, y no otro, el núcleo del problema que está por detrás de las dos últimas corridas cambiarias que el país afrontó en los últimos cinco meses.

Es el temor de los acreedores frente a la posibilidad de que Argentina tenga que cumplir efectivamente los pagos de la enorme deuda pública que acumula el que dispara los comportamientos de salida de capitales que presionan al alza el tipo de cambio, en un contexto de elevada especulación sobre el valor del dólar. Ese fue el escenario de la primera corrida cambiaria de finales de abril y mediados de mayo, que en apenas 15 días hizo devaluar la moneda en un 50 por ciento. Es en el marco de esta primera corrida cuando el gobierno presenta un inesperado acuerdo con el Fmi. El acuerdo con el Fmi buscaba eliminar las incertidumbres de los acreedores respecto a la capacidad de pago de la deuda argentina, ya que se comprometía a otorgar un financiamiento del orden de los 50.000 millones de dólares por un período de tres años. Obviamente este acuerdo suponía también las vueltas de las condicionalidades del Fmi, ahora denominadas “metas”, que involucran al conjunto de la política económica, ya que van desde metas fiscales hasta monetarias, de reservas y de inflación. Metas que, en la práctica, se transforman en una política de ajuste de la economía, principalmente a través del ajuste del gasto primario, que, del 3,5 por ciento de déficit previsto para 2018, el acuerdo lo fija en 2,7 por ciento para el mismo año, una reducción del 1,3 por ciento en 2019 y un equilibrio para 2020. Metas que ocultan que su cumplimiento implica una reducción del 20 por ciento del gasto primario actual, que combinaría un ajuste del 80 por ciento de la obra pública, del 75 por ciento de las transferencias a las provincias, del 40 por ciento de los planes sociales (excepto las asignaciones familiares que se reducirían sólo un 5 por ciento) y de un 13 por ciento de los salarios de los estatales.


Las metas acordadas con el Fmi no son otra cosa que la reedición de una vieja receta fracasada en Argentina, que es la del déficit cero sobre la base de la reducción del gasto primario. Fracaso en un sentido, pero éxito en el otro. El fracaso estriba en que nunca se alcanza con esta lógica el ansiado déficit fiscal, puesto que la reducción del gasto primario supone una caída de la demanda interna. Entonces, la caída del gasto primario se traduce en caída de los ingresos, y el déficit primario se mantiene. A esta lógica hay que agregarle que los intereses de los pagos de deuda hacen incrementar el gasto total y le agrega una presión adicional a la reducción del gasto primario. De esta manera, se configura un proceso de ajuste perpetuo, que transforma el déficit en la excusa para reducir el gasto, sin que nunca se elimine el déficit. Fracaso, puesto que nunca se alcanza el déficit fiscal, pero éxito, porque el objetivo final buscado es la recesión del nivel de actividad, a la que se llega por efecto de la caída de la demanda interna, la que a su vez impacta en la reducción de las importaciones y permite achicar las necesidades de financiamiento. De este modo, la recesión es un objetivo buscado y no un accidente de esta política económica. El impacto en la caída del Pbi, del empleo, de los ingresos y el aumento de los fenómenos de la pobreza y la desigualdad son un efecto necesario, y no un defecto contingente, de esta estrategia de política económica.


LA FIESTA DE LOS EXPORTADORES.

Sin embargo, esta estrategia tiene un defecto a los ojos voraces del capital financiero: tarda mucho en concretarse. Es una espiral que se retroalimenta en sucesivas rondas de recortes del gasto y su impacto en el deterioro del nivel de actividad. La recesión llega, pero lentamente. Es en este marco de avidez por el ajuste en que emerge la segunda corrida cambiaria de principios de agosto, con la excusa de que la meta de inflación acordada con el Fmi (del 32 por ciento) no se iba a cumplir, puesto que el efecto obvio de la primera corrida cambiaria era, como todos esperaban, un aceleramiento de la tasa inflacionaria. Así, con los datos de que la inflación (del 35 por ciento anual), fruto de la primera corrida, superaba la meta con el Fmi (del 32 por ciento), se desató la segunda corrida cambiaria que en apenas una semana hizo devaluar un 30 por ciento adicional a la moneda doméstica. No alcanzó con que se anunciara un nuevo acuerdo con el Fmi en el que se comprometía a adelantar la totalidad del financiamiento previsto para 2018 y 2019, sino que hizo falta que la devaluación alcanzara el cien por ciento del valor que la moneda tenía a principios de abril para que, en momentos que esto se escribe, se presencie una cierta calma cambiaria. Una calma que supone haber perpetrado una brutal transferencia de ingresos en favor de las empresas exportadoras, principalmente a las 15 líderes exportadoras (casi todas cerealeras), que en cinco meses tuvieron un crecimiento de 550.000 millones de pesos en su facturación (el mismo monto que el gobierno se comprometió con el Fmi a reducir del gasto público). Se ve con claridad que la fiesta de los exportadores la paga la sociedad en su conjunto.
La calma cambiaria se verifica en el marco de las nuevas metas fiscales que el gobierno comprometió con el Fmi, que supone profundizar el ajuste en curso. Si para 2018 el acuerdo anterior suponía un déficit del 2,7 por ciento, ahora en el anunciado nuevo acuerdo la meta es del 2,6 por ciento; y para el 2019, en que se había previsto un déficit del 1,3, ahora se prevé llegar directamente al equilibrio en dicho año, con el agravante de una cuenta de intereses que crece exorbitantemente, y que alcanza nada menos que 600.000 millones de pesos. La novedad del acuerdo respecto al anterior es que en el primer acuerdo la meta se conseguía con un ajuste del gasto primario, y en la nueva meta se la consigue con un ajuste sobre los ingresos, los que vuelven a aportar recursos fiscales por vía de la restitución de las retenciones a la exportaciones. Se trata de una retención light, puesto que es de apenas dos puntos porcentuales para las empresas exportadoras de aceites de soja. Este dato nuevo pone en tela de juicio el fracaso de la estrategia anterior. Esta vez están dadas las condiciones del doble éxito de la política económica: por un lado, pueden conseguir el ansiado superávit primario, ya que este no se centra sólo en reducción de gasto primario, que sigue estando, sino que se compensa con el aporte de los recursos fiscales de las retenciones. El segundo éxito es que la brutal devaluación supone derrumbar la actividad económica rápidamente, en un verdadero shock recesivo, que logra en un corto plazo lo que la estrategia anterior requería un tiempo de maduración.


Los propios datos del gobierno indican que la tasa de inflación se disparó arriba del 40 por ciento y que la economía se va a contraer más del 2 por ciento. El pequeño problema es que este éxito de la estrategia económica supone colocar al borde del estallido social a los sectores más vulnerables de la sociedad. Aprendices de la crisis de 2001, el gobierno y el Fmi prevén aportar recursos focalizados para atender la situación de los sectores más vulnerables (pero de todos modos los aumentos previstos no alcanzan a reparar toda la pérdida sufrida). Aunque se evite el estallido social, en el medio queda enterrada la noción de desarrollo económico. Argentina va a quedar confinada a ser una plataforma exportadora de materias primas, destruyendo las capas medias, expandiendo su pobreza y la desigualdad en aras de mantener el altar de los pagos de deuda.


Es en este marco que quien escribe ha presentado una denuncia penal contra el presidente por el acuerdo con el Fmi, que no ha respetado los resguardos constitucionales, y se ha solicitado una suspensión de dicho acuerdo. Porque consideramos que lleva a Argentina al borde del colapso social. Se requiere una nueva concertación política con un conjunto amplio de actores que fije otro rumbo económico.


* Economista. Presidente de Unidad Popular (Argentina). Ex diputado.

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Grecia nunca fue rescatada: sigue siendo una cárcel de deudores y la UE tiene todavía las llaves

A lo largo de la pasada semana, los medios informativos de todo el mundo han estado proclamando la exitosa conclusión del programa de rescate financiero de Grecia, organizado en 2010 por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Los titulares se regocijaban por el final del rescate de Grecia, incluso por la terminación de la austeridad.

Las informaciones desde la zona cero de la crisis de la zona euro describían la intervención griega que ha durado ocho años como paradigma de una juiciosa solidaridad europea con su oveja negra: un caso de “quien bien te quiere…” que, presuntamente, ha funcionado.


Una lectura más cuidadosa de los hechos apunta una realidad diferente. En la misma semana que una Grecia asolada entraba en otros 42 años de severa austeridad y de más intensa esclavitud por deudas (2018-2060), ¿cómo se puede presentar como un hecho el final de la austeridad y la recobrada independencia financiera de Grecia?


Por el contrario, la semana pasada debería citarse en las facultades de Comunicación de nuestras universidades como ejemplo de cómo se puede erigir un consenso en torno a una falsedad ridícula.


Pero empecemos definiendo nuestros términos. ¿Qué es un rescate y por qué es excepcional e inacabable en la versión de Grecia? Tras la debacle bancaria de 2008, casi todos los gobiernos rescataron a los bancos. En el Reino Unido y los EE.UU., el gobierno dio, como todo el mundo sabe, luz verde al Banco de Inglaterra y a la Reserva Federal, respectivamente, para imprimir montañas de dinero público a fin de reflotar los bancos. Por añadidura, los gobiernos del Reino Unido y los Estados Unidos pidieron prestadas grandes sumas para otorgar mayores ayudas a los desfallecientes bancos, mientras sus bancos centrales financiaban buena parte de sus deudas.


En el continente europeo se estaba desarrollando un drama bastante peor, debido a la extraña decisión de la UE, allá por 1998, de crear una unión monetaria presentando un Banco Central Europeo sin un Estado que lo apoyara políticamente y 19 gobiernos responsables de rescatar sus bancos en tiempos de turbulencia financiera, pero sin un banco central que les ayudara. ¿Por qué este arreglo tan anómalo? Porque la condición alemana para trocar su deutschmark por el euro fue la total prohibición de cualquier financiación de bancos y gobiernos –italianos o griegos, por ejemplo- por parte de cualquier banco central.


Así, cuando en 2009 los bancos alemanes y franceses se demostraron todavía más insolventes que los de Wall Street o la City, no hubo un banco central con la autoridad legal, o respaldado por la voluntad política, como para salvarlos. Por tanto, en 2009, hasta a la canciller Merkel de Alemania le entró el pánico cuando se le dijo que su gobierno tenía que inyectar, de la noche a la mañana, 406.000 millones de euros de fondos de los contribuyentes a los bancos alemanes.


Por desgracia, no fue suficiente. Pocos meses más tarde, los ayudantes de la señora Merkel le informaron de que, igual que los bancos alemanes, el sobreendeudado Estado griego encontraba imposible sobreponerse a su deuda. Si se hubiera declarado en bancarrota, le hubieran seguido Italia, Irlanda, España y Portugal, con el resultado de que Berlín y París se habrían enfrentado a un nuevo rescate de más de un billón de euros. En ese momento, se decidió que al gobierno griego no se le podía permitir decir la verdad, es decir, confesar su bancarrota.


Para mantener esa falsedad, a la insolvente Atenas se le otorgó, con la pantalla de humo de “solidaridad con los griegos” el mayor préstamo de la historia, que pasó inmediatamente a los bancos alemanes y franceses. Para tranquilizar a los enojados parlamentarios alemanes, este colosal préstamo se concedió a condición de una brutal austeridad para el pueblo griego, colocándolo en una permanente gran depresión.
Para captar la sensación de los destrozos que siguieron, imaginemos lo que habría pasado en el Reino Unido si el RBS, Lloyds y los otros bancos de la City se hubieran rescatado sin ayuda del Banco de Inglaterra y por medio de préstamos extranjeros a Hacienda. Todo otorgado a condición de que los salarios del Reino Unido se redujeran un 40%, las pensiones un 45%, el salario mínimo en un 30%, el gasto de la sanidad pública en un 32%. El Reino Unido sería hoy el erial de Europa, como lo es hoy Grecia.


Pero, ¿no acabó esta pesadilla la semana pasada? Ni lo más mínimo. Técnicamente hablando, los rescates griegos tenían dos componentes. El primero entrañaba que la UE y el FMI concedieran al gobierno griego alguna facultad por la que fingiera que estaba devolviendo sus deudas. Y luego estaba la severa austeridad que adoptaba la forma de tipos impositivos ridículamente altos y recortes salvajes en pensiones, salarios, en salud pública y en educación.


La semana pasada acabó el tercer paquete de rescate, igual que el segundo había acabado en 2015 y el primero en 2012. Tenemos un cuarto paquete semejante que difiere de los tres anteriores de dos maneras poco importantes. En lugar de nuevos préstamos, se diferirán hasta después de 2032 los pagos de 96.6000 millones de euros que debían iniciarse en 2023, cuando las cantidades deben devolverse con intereses añadidos a otros grandes pagos de devolución anteriormente programados. Y, segundo, en lugar de llamarlo cuarto rescate, la UE lo ha denominado, de modo triunfante, el “fin del rescate”.


Por supuesto, seguirán siendo ridículamente altos el IVA y los tipos impositivos a las pequeñas empresas, igual que habrá nuevos recortes a las pensiones y nuevos tipos punitivos para el impuesto sobre la renta de los más pobres, que están previstos para 2019. El gobierno griego se ha comprometido también a mantener un objetivo de superávit presupuestario a largo plazo, en el que no se cuenta el pago de la deuda (3,5% de la renta nacional hasta 2021, y el 2,2% entre 2022 y 2060) que exige una austeridad permanente, una meta a la que el FMI mismo concede menos de un 6% de probabilidades de que se logre en cualquier país de la eurozona.


En resumen, tras haber rescatado a los bancos franceses y alemanes a expensas de los ciudadanos más pobres de Europa, y tras haber convertido a Grecia en una cárcel de deudores, la semana pasada los acreedores de Grecia decidieron proclamar su victoria. Después de haber dejado a Grecia en coma, lo han convertido en permanente, declarándolo “estabilidad”: empujaron a nuestra gente por el precipicio y festejaron que rebotaran contra la dura roca de una gran depresión como prueba de “recuperación”. Por citar a Tácito, crearon un desierto y lo llamaron paz.

 


Por Yanis Varoufakis, co-fundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), Yanis Varoufakis es profesor de economía de la Universidad de Atenas, ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia. Es autor, entre otros, de El Minotauro Global.

 

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Argentina al borde de una crisis: El peso se dispara en los mercados

Un día de máxima tensión se vivió este jueves en Argentina, con el dólar en una disparada de 18,8% a más de 40 pesos por unidad, lo que obligó al Banco Central (BCRA) a subastar 500 millones de dólares de sus arcas y mantiene al Gobierno de Mauricio Macri en crispación.


El dólar plasmó su mayor crecida diaria desde diciembre de 2015, sin poder encontrar techo en su cotización que lleva ocho días continuos de trepada, pese a los esfuerzos del Gobierno de mostrar aval del Fondo Monetario Internacional (FMI) a sus políticas.


Las autoridades también “quemaron” millones de dólares de sus arcas para detener la estampida, y lo logró en parte pero a alto costo.


Es que en lo que va de la semana el Banco Central ya vendió más de 800 millones de dólares.


“Intervenimos para darle liquidez al mercado”, dijeron fuentes del organismo monetario.


En el Mercado énico y Libre de Cambios (MULC), la divisa escaló 10,6% a 37,60 pesos, después de superar los 40 pesos, ante ausencia de oferta de divisas por parte de los exportadores y una masiva demanda entre ahorristas mayoristas y minoristas, explicó el portal especializado del diario µmbito Financiero.


“La recesión (económica) es el principal problema del Gobierno”, y “si no se regenera la confianza, se sigue pagando con suba del dólar”, opinó el economista Federico Furiase de la consultora EcoGo.


La devaluación fue la segunda más grande durante la presidencia de Macri, quien a la semana de asumir en diciembre de 2015 liberó el mercado cambiario y el peso cayó casi un 30 por ciento en una sola jornada.
En la agitación de este jueves negro de las finanzas argentinas, las reservas del Banco Central cedieron 396 millones de dólares hasta los 54 301 millonesde la moneda estadounidense.


A más de una hora del cierre de los bancos, el dólar se vendió a un máximo de 42 pesos en algunas entidades de Buenos Aires y luego mostró un leve retroceso hasta 41,10, aunque terminó cerrando a 39,87.
El intento del gobierno por tranquilizar los mercados no dio sus frutos y minutos después de que el jefe de Gabinete, Marcos Peñam saliera a intentar calmar la corrida, el mercado le dio otra vez la espalda y el dólar siguió en ascenso.

(Con información de agencias)



Discurso de Macri no calma los mercados


El presidente Mauricio Macri dio un discurso el miércoles para asegurar a los mercados que el país sudamericano no tendrá problemas en pagar sus deudas. Sin embargo, su discurso televisado de dos minutos, en el que anunció unacuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para acelerar los desembolsos del crédito acordado por 50 000 millones de dólares, disparó las alarmas sobre la capacidad de Argentina de financiarse, lo que provocó un desplome del 7 por ciento de la moneda local.

El FMI se mantuvo en silencio por horas antes de emitir un comunicado en el que dijo que estaba considerando “reexaminar” el cronograma del programa financiero debido a las condiciones adversas del mercado, dejando la impresión de que Argentina estaba fuera de sintonía con sus acreedores.

Un funcionario del Ministerio de Hacienda, que pidió no ser identificado, dijo que Macri había hablado con líderes de los principales paísesaccionistas del FMI antes de su discurso y que había alcanzado un “acuerdo político” para adelantar los desembolsos.

Pero reconoció que Argentina apuró el anuncio después de varios días en los que se el banco central perdió reservas por su intento fallido de estabilizar el peso. “Lo que quiso dar el presidente en la apertura del mercado fue un mensaje contundente de que el acuerdo ya está”, dijo el funcionario, quien agregó que Argentina había presionado antes de que el FMI estuviera listo con su
declaración. “Hoy (viendo el resultado) podríamos haber esperado a tenerlo confirmado”.


“El mensaje fue dirigido hacia las personas equivocadas”, dijo Jorge Mariscal, jefe de inversión de mercados emergentes en UBS Wealth Management. “En un programa televisado a nivel nacional, parece que apareció en una situación de emergencia donde el país tendría que pedir más ayuda”, agregó.

El anuncio fallido fue el último de una serie de errores de comunicación y de promesas incumplidas respecto a la política económica que han socavado la credibilidad del Gobierno, destruyendo la confianza del mercado en su capacidad de revertir la marcha de la economía, azotada por la inflación, dijeron analistas e inversores.



El Banco Central subió la tasa de interés al 60 por ciento


En medio de la corrida cambiaria, y mientras el dólar se dispara en algunas casas de cambio a 40 pesos, el Banco Central anunció una brutal suba de la tasa de referencia, que pasa a ubicarse en un 60 por ciento, quince puntos por arriba de la actual. La decisión se completó con un aumento en 5 puntos porcentuales los encajes, integrables con pesos, LELIQ o NOBAC.


A pesar de que el 13 de agosto el titular del Central Luis Caputo aseguró a través de un comunicado que no se volvería a modificar la tasa hasta octubre, al situarla en un ya elevado 45 por ciento, el Central volvió a recalcular. El BCRA explicó que la decisión se tomó en una reunión de urgencia “en respuesta a la coyuntura cambiaria actual y ante el riesgo de que implique un mayor impacto sobre la inflación doméstica”.


“Acentuar el control de la liquidez en el mercado de dinero sigue siendo fundamental para reforzar el compromiso anti inflacionario de la entidad”, consideró la autoridad monetaria. A la vez, aseguró que “la decisión sobre los encajes no alterará las excepciones y franquicias existentes” y “tampoco afectará a aquellas cuentas y depósitos denominados en Unidad de Valor Ajustable (UVAs) o en moneda extranjera”.


Caputo se había comprometido a mantener estos niveles de tasa al menos hasta diciembre. Hace apenas tres semanas y media había dicho lo mismo, en medio de la batería de medidas anunciadas por el gobierno para frenar la corrida e intentar llevar algo de calma a los mercados.


Además de elevar la tasa de un 40 a un 45 por ciento, en ese momento se revisó la política de subastas de divisas con reservas y de licitaciones. Se lanzó un plan para acelerar la disminución del del stock de Lebac cercano al billón de pesos, una deuda equivalente al 84 por ciento de la base monetaria y el Ministerio de Hacienda anunció que suspendería el pedido al Central para licitar en forma diaria 50 millones de dólares del préstamo del FMI.

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Lunes, 04 Junio 2018 07:00

En otra parte

En otra parte

Las crisis económicas no se resuelven, son una forma del conflicto y por lo tanto sólo logran superarse de manera recurrente. La forma en que se superan es el asunto relevante, así como el tiempo en el que se extienden sus repercusiones.


Desde 2008, cuando estalló la crisis financiera más reciente, se ha alterado significativamente el proceso de acumulación de capital y su expresión política.


La globalización preconizada como una forma superior del orden mundial que abarcaba no sólo a los mercados de productos, trabajo y capitales, sino que se extendía a la pretendida expansión de la democracia, como si fuese un producto más de exportación, está abiertamente cuestionada.


El nacionalismo económico, político y étnico resurge como un brusco movimiento de péndulo. El vínculo entre la crisis de 2008 y el cuestionamiento de ese orden que llamamos (neo)liberal es un tema clave.


Y lo es, precisamente, para el movimiento nacionalista y populista encarnado por la presidencia de Donald Trump y la preminencia de uno de sus principales ideólogos y activistas, como Steve Bannon, aun ahora que está físicamente fuera de la Casa Blanca y de la agencia de Breibart que presidió.


Es un discurso bien articulado y que está en plena ejecución. Ha puesto contra las cuerdas a los intelectuales, los tecnócratas y la prensa liberales en Estados Unidos y también en la Europa unitaria, como lo demuestran el Brexit, las recientes elecciones en Italia, la degradación permanente en la que está sumida Grecia o bien el protagonismo ruso.
El recorrido de este proceso es ya palmario y previsiblemente se va extender mucho más en un entorno de descomposición política creciente. Tal vez luego alcance a estabilizarse en un escenario muy diferente al que existe, incluso ahora ya en pleno cambio.


En este entorno muchas de las discusiones que se ventilan públicamente por todas partes parecen desenfocadas, como si los hechos no fuesen suficientemente claros. Me parece que la disputa electoral en México adolece de esta deficiencia y en un panorama nacional y mundial en mutación.


Trump prometió en su acalorada campaña a la presidencia el nacionalismo como base de la recomposición de la hegemonía estadunidense. Cumple y su base electoral está contenta. De corrección política no quiere saber nada y le luce.


Las medidas que ha tomado son controvertidas, como es el caso de la reforma tributaria que premió con una rebaja de impuestos a las corporaciones y a los estrato con mayores ingresos. El argumento central en el primer caso es reforzar la competitividad de los productos hechos en ese país; en el segundo, es que se destinará una mayor parte del ingreso disponible a la inversión.


En materia de comercio exterior y gestión monetaria su argumento ha sido que las pautas vigentes son desventajosas para los intereses de Estados Unidos. El enfrentamiento con China ha sido abierto, pero también inconsistente.


En cuanto al Tratado de Libre Comercio de América del Norte la posición ha sido de fuerza y bastante manipulación, hasta la reciente imposición de aranceles al acero y el aluminio que, de facto, obstaculizan un arreglo. Al mismo tiempo, se abre una pugna con Europa cuando la inestabilidad económica y política de la región es cada vez más grande.


Nadie puede asegurar el desenvolvimiento de la pugna ya creada. Si Trump consigue imponer sus condiciones, aunque no sea completamente, será una expresión fehaciente de nuevas relaciones de poder internacional. El acercamiento de Corea del Norte, el reposicionamiento en el Medio Oriente con el beneplácito saudí y el enfrentamiento con Irán son muestras de lo que se gesta.


Es ese entorno hay que situar los escenarios que se pueden crear y el ejercicio del poder económico, político y militar desde Washington será también distinto al que se respondía hasta ahora.


Una de las consecuencias de la gestión de la crisis de 2008 fue la enorme expansión de la liquidez monetaria a partir de las inyecciones que hizo la Reserva Federal. Los activos totales en su balance eran a principios de septiembre de 2008 de 905 mil millones de dólares (billones de allá), llegaron a un máximo de 4 mil 509 billones (trillones de allá) en diciembre de 2014 y a finales de mayo sumaron 4 mil 327 billones. Sólo el poder del dólar en los mercados sostiene la situación.


Con eso se previno el colapso de las transacciones económicas, la quiebra de los bancos y el desplome de la producción. Pero el costo mayor se provocó en los precios relativos de los activos en la economía. Así, por ejemplo, se cayeron los precios de los bienes raíces mientras se elevaban los de las acciones de las empresas y con ello creció la especulación financiera. El ambiente político interiorizó los efectos sociales de la crisis.


Ahora, el Congreso dominado aún por los republicanos se apresta a deshacer parte de las regulaciones impuestas tras la crisis para limitar las operaciones altamente especulativas que los grandes bancos hacen con el dinero de los depositantes a diferencia de lo que hacen con su propio capital (la llamada regla Volker, por el antiguo presidente de la Fed).


El ciclo de expansión financiera sostenido en el crecimiento de la deuda y las inversiones especulativas va a recrearse; se ha convertido en la forma predominante del modo de funcionamiento del capitalismo. Ocurrirá ahora en el nuevo entorno de auge del proteccionismo, la expansión militar, la confrontación política, el nacionalismo y el racismo siempre presente.

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Miles de argentinos marchan contra el acuerdo de Mauricio Macri con el FMI

Bajo la consigna “La patria está en peligro. No al FMI” miles de argentinos marcharon este viernes y se congregaron ante el obelisco de esta capital contra el acuerdo del gobierno del derechista Mauricio Macri con el Fondo Monetario Internacional, en rechazo a la profundización del ajuste, al tarifazo, al avasallamiento de los derechos de los trabajadores, en defensa de la soberanía y una serie de demandas leídas en una dura proclama, antes de cantar el himno nacional.

La multitudinaria marcha convocada en principio por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo a la que se adhirió la oposición en su conjunto, reunió a todas las centrales sindicales, cooperativistas, movimientos sociales, partidos políticos y la Iglesia, contrastó con un presidente que caminó aislado del pueblo con un fuerte dispositivo de seguridad en una Plaza de Mayo enrejada junto a su esposa, Juliana Awada, y funcionarios de su gobierno, al recorrer el corto camino entre la Casa Rosada y la catedral metropolitana donde debió escuchar uno de lo sermones más críticos de los últimos tiempos.

“Los ojos del Dios que sí se acuerda de los pobres”

La ceremonia fue presidida por el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Poli, quien leyó el sermón del tedeum y citó al evangelista San Lucas: “Nos da una advertencia con este ejemplo: la indiferencia y el egoísmo de los ricos frente a la miseria de los pobres no pasan inadvertidos a los ojos del Dios que sí se acuerda de los pobres y no olvida su clamor”.

Recordó que Dios está nombrado en el preámbulo de la Constitución nacional, “pero pareciera que lo dejamos al margen de nuestras decisiones… sin tener en cuenta la memoria histórica del país que también tiene algo que enseñarnos en las horas de prueba”.

Recordó que “el primer deber del Estado es cuidar la vida de sus habitantes, especialmente de los débiles, los pequeños, los pobres y marginados, los enfermos y los ancianos abandonados, porque son los más pobres de los pobres […] ninguna persona debe ser excluida de la fiesta de la vida, hasta el más humilde y olvidado de la patria profunda”.

A esto se agregó la impresionante marcha de este día. Las voces de la calle mencionaban que, ante la gravedad de la situación, el presidente debe renunciar si no puede resolverla; o si “para resolverla va a entrgar la patria”.

Antes de cantar el himno nacional, dos actores leyeron desde el palco, donde estaban Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la proclama en que defendieron los derechos de los pueblos y hubo severas críticas al gobierno nacional por la entrega de soberanía en el acuerdo con el FMI.

Entre otras demandas se defendió la del trabajo digno que genera las riquezas de la patria; a las organizaciones gremiales y a las negociaciones salariales libres, que están suspendidas. Fue importante la defensa del federalismo amenazado por el saqueo en el país, y del regreso del desarrollo industrial, la protección a las economías regionales, a la educación pública y a las organizaciones sociales y barriales.

De la misma manera se exigió la continuidad de los juicios contra los responsables militares y civiles de la pasada dictadura militar, y se remarcó que “el único lugar para los genocidas es la cárcel”. Se pidió justicia para los jóvenes asesinados Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, y respeto a los pueblos originarios.

Oradores de la marcha también reivindicaron la política del movimiento Ni Una Menos que “sacude las entrañas de la cultura patriarcal dominante”; así como la “libertad de expresión y comunicación popular” contra la concentración de medios que defienden programas de ajuste y saqueo. Se exigió la liberación de presos políticos y el cese de la la persecución.

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La impotencia de la clase dominante argentina

Tras dos años y medio de gobierno, Mauricio Macri fracasó dos veces en una semana para contener una brutal escalada del dólar que amenaza con colapsar la economía y derribar su gobierno. La moneda estadunidense comenzó el año en 18.65 pesos y esta semana superó 23.50. Millones de argentinos se enfrentan al drama de la sobrevivencia, ya que la devaluación impacta directamente en los precios de los alimentos.


Para evitar una depreciación aún mayor de la moneda, el gobierno aumentó las tasas de interés de 28 a 40 por ciento y obligó a los bancos a desprenderse de dólares. En el mismo lapso, sacrificó más de 7 mil millones de dólares de las reservas para intentar frenar la subida del dólar.


El martes de esta semana el dólar volvió a trepar luego de una leve caída el lunes. La corrida en curso arrancó en marzo y todo indica que los fondos de inversión están alentando la fuga hacia activos en dólares. “ Forbes y el Financial Times ya dijeron que es tiempo de salir de la riesgosa Argentina, calificada como uno de los tres países más vulnerables a shocksexternos por las evaluadoras del establishment internacional” (Página 12, 5/05/18).


Macri fracasó cuando intentó atraer inversiones y ahora está fracasando con su propia base social, la que lo llevó al gobierno, que está especulando porque no confía en su política económica. Una espiral de desconfianza está en la base de la crisis del mercado de cambios: crece la fuga de capitales, aumenta el déficit comercial por el crecimiento exponencial de las importaciones y el pago de intereses de la deuda en moneda extranjera. En resumen, un estrangulamiento del sector externo.


Un demacrado Macri apareció en televisión para informar que el país retorna al regazo del FMI, mediante la negociación de un crédito de 30 mil millones de dólares para estabilizar la crisis de confianza. Es la segunda vez en dos décadas que sucede algo similar. En 2001, en medio de una grave recesión, el gobierno de Fernando de la Rúa pidió 40 mil millones de dólares al FMI para defender al peso porque los argentinos estaban retirando sus depósitos masivamente para convertirlos en dólares o llevarlos fuera del país.
En 2006, el presidente Néstor Kirchner canceló la deuda y finalizó la dependencia del FMI, en una decisión política trascendente. Con la llegada de Macri, Argentina emitió títulos por 59 mil millones de dólares, casi el doble que Arabia Saudita, el segundo en el ranking, y el triple que el tercero, Indonesia ( El País, 8/05/18). De ese modo, el país vuelve a tener una deuda con una gran exposición en dólares, lo que acrecienta su vulnerabilidad.


Para los sectores populares, la devaluación es sinónimo de inflación (20 por ciento previsto para este año), o de hiperinflación, como sucedió varias veces en la historia reciente. Para aliviar el déficit fiscal, el gobierno viene aumentando las tarifas de los servicios, con la excusa de que el gobierno de Cristina Fernández las tenía subsidiadas, pero lo hace de un modo brutal. Desde fines de 2015, el gas aumentó 1,013 por ciento, el metro 178 por ciento y los autobuses 233 por ciento, en tanto las tarifas eléctricas subieron 1,615 por ciento y el agua 550 por ciento.


La política argentina es oscilante, cambiante e imprevisible. En apenas dos años, Macri consumió los apoyos sociales con los que llegó al gobierno y ahora el rechazo a su gestión duplica los aprobados. ¿Cómo explicar estos cambios y la velocidad del desgaste de Macri?


La clave hay que buscarla en diciembre pasado, cuando cientos de miles de argentinos desafiaron la reforma previsional, en la calle, afrontando una feroz represión. Ese fue el punto de inflexión, como indican las encuestas. Un punto de quiebre que conecta con la tradición del movimiento popular argentino, el más potente y combativo durante el siglo XX, como indican las fechas más destacadas del calendario de luchas.


En 1909, la Semana Roja, la primera gran huelga general en cuya represión cayeron 14 obreros. En 1919, la Semana Trágica, una oleada de huelgas reprimidas por la policía con alrededor de 700 muertos. En 1935, la seminsurrección de los obreros de la construcción en la capital. El 17 de octubre de 1945 –la insurrección obrera victoriosa exigiendo la liberación del coronel Juan Perón– quiebra el poder político de la oligarquía. Años después, la resistencia armada al golpe de Estado de 1955, protagonizada por miles de obreros fabriles.


El levantamiento obrero conocido como Cordobazo, en marzo de 1969, desarticuló la dictadura del general Juan Carlos Onganía, derrotó a la policía y sólo retrocedió, en un intenso combate de calles, ante la presencia del ejército y la marina. Entre 1969 y 1972 hubo 15 insurrecciones, puebladas o motines populares: dos en Córdoba, dos Rosario, tres en Tucumán, además de Rawson, Corrientes, Salta, Mendoza y Casilda, entre las más destacadas.


En todas hubo combates callejeros y se tomaron e incendiaron dependencias estatales. Fue el mayor ciclo de luchas obreras del mundo, en la segunda mitad del siglo XX. Este es el temor de la clase dominante, que la llevó a convocar a los militares cuando los obreros del Gran Buenos Aires (9 millones de habitantes en 1975), desbordaron a sus sindicatos, paralizaron la industria y neutralizaron el ajuste económico del gobierno de Isabel Perón.


En las movilizaciones de diciembre pasado confluyeron los sindicatos con los movimientos sociales, mostrando que la capacidad de lucha está tan intacta como la autoestima de los de abajo. El 8 de marzo se produjo la movilización más masiva a lo largo y ancho del planeta, por un movimiento de mujeres que no tiene parangón. La calle es el límite que encuentran los de arriba, y ese límite no cedió siquiera ante el genocidio perpetrado por los militares.


La pregunta es cómo será el final del experimento de Macri. No es seguro que retorne el estallido social. Los de arriba están pergeñando un plan. Debemos auscultarlo, para prevenir males mayores y seguir construyendo nuestros mundos.

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Lunes, 16 Abril 2018 06:34

El dólar todavía

El dólar todavía

La política del dólar, se dice, está volviendo a la normalidad y con ello también el funcionamiento de la economía de Estados Unidos. Este supuesto tiene, de una u otra manera, implicaciones para el mundo.

Para administrar la crisis de 2008 la Reserva Federal mantuvo durante casi una década las tasas de interés a un nivel de prácticamente cero, una condición ciertamente inusual y que expresaba la magnitud del colapso que se provocó.

Con esto evitó el derrumbe de la actividad económica y, también, de los bancos y otras empresas financieras. El costo de esta política ha sido tan elevado que aún no se acaba. Ahora, hay que añadir las políticas económicas y sociales que impulsa el gobierno en Washington.

Por el lado fiscal, lo anterior representó la enorme inyección de dinero en la economía y con ello el aumento de la deuda pública. Hoy, el Congreso, controlado por los republicanos, está aumentando aún más el endeudamiento.

La supuesta normalidad a la que se alude no significa, sin embargo, que el periodo de crecimiento con estabilidad de precios que se registró antes de la crisis financiera de hace una década pueda recrearse. A esa etapa se le conoce como la "gran moderación".

El dólar mantiene su primacía por la permanente demanda para todo tipo de transacciones: comerciales y financieras. La forma principal de tener moneda estadunidense es mediante la compra de los bonos que emite el Tesoro, que se sostiene en la confianza que todavía tienen los inversionistas de que se pagará esa deuda.

Esto se considera como un "privilegio exorbitante" del dólar, según lo calificó el gobierno francés encabezado entonces por De Gaulle. Aunque tal privilegio persiste hay cambios en el sistema internacional que son significativos.

En 1990 el producto de Estados Unidos representó alrededor de 22 por ciento del total mundial y se calcula que en 2020 sea de 15 por ciento. Al dólar le siguen como monedas más usadas el euro, el yen, la libra esterlina y aún muy por detrás el renminbi.

Con la economía global en pleno y junto con el nuevo proteccionismo en Washington, China aparece como un mayor contrincante político y económico. Desde 2016, la moneda china es parte de la canasta de divisas de reserva –los derechos especiales de giro– que administra el Fondo Monetario Internacional (FMI). El gobierno buscará aumentar la relevancia de su moneda como una medida consistente con la influencia que pretende tener en el mundo.

El producto por habitante chino (a precios de mercado) en 2017 era 14 porciento del de Estados Unidos, pero en 2000 fue de tres por ciento. El mero tamaño de la economía china, empezando por su población, es relevante; su producto representó el año pasado 62 por ciento del estadunidense. Las tendencias indican que en 2040 será mayor que aquel, aunque el nivel de vida siga siendo más bajo.

China es ya el mercado más grande para las exportaciones de países como Australia, Rusia, Taiwán, Corea y Brasil, entre otros, lo que extiende su influencia en los mercados. Allí se destina ahora casi la misma proporción de gasto de investigación y desarrollo que en las economías más desarrolladas y tienen, además, una agresiva política en cuánto a los derechos de propiedad intelectual.

No debe perderse de vista el carácter de esa sociedad donde persisten muchos elementos de planificación estatal y un sistema de control político muy centralizado. Ambas condiciones pueden representar una ventaja en la competencia económica a escala mundial en los próximos años. A ello hay que añadir la fuerte expansión del gasto militar que está cerrando la brecha con el de Estados Unidos.

La política exterior de Washington se enfoca en distintas formas de confrontación con China en materia comercial y financiera (¿y militar?), cuyas previsiones son inciertas.

Debajo del amplio conjunto de procesos en curso existe una debilidad estructural de las economías más desarrolladas que no ha sido superada desde que surgió la crisis más reciente. Buena parte de esa fragilidad reside en el valor de las monedas. George Soros dijo hace unos años que "el dólar es la moneda más débil del mundo, exceptuando todas las demás". De ahí que todavía tenga un privilegio y, por ahora, exorbitante. Este es un asunto clave en un sistema en el que se ha ido ahondando el proceso de financiarización de la economía con una correspondiente relocalización de la actividad productora de bienes y servicios.

En el caso de Estados Unidos, su preponderancia económica sigue estrechamente ligada con el privilegio del dólar. Ya en 2011, la calificadora de deuda Standard & Poor’s apuntaba, aquella que fue la primera vez que se degradaba la calidad de la deuda del gobierno de Estados Unidos: "La efectividad, estabilidad y predictibilidad del quehacer de la política pública y de las instituciones políticas se han debilitado al mismo tiempo que aumentan los desafíos en materia fiscal y económica".

Esta afirmación sea tal vez más apropropiada hoy que hace siete años.

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La receta económica de Moreno contiene menos Estado y más ingresos

El presidente de Ecuador renuncia a subir los impuestos y abraza la austeridad para solventar la crisis heredada con una reforma con 14 propuestas y cuatro objetivos


El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, quiso hacer oficial la austeridad en su nuevo programa económico. El lanzamiento, este martes, de su reforma adelantó que se sanearán las cuentas públicas con una amnistía fiscal, un fuerte recorte en las instituciones públicas y más eficiencia en la recaudación para obtener mayores ingresos, evitando subir los impuestos. Con sus 14 propuestas, orientadas a cuatro objetivos, el Gobierno de Moreno ha conseguido una aceptación entre los analistas y el sector privado que fue imposible de alcanzar durante la gestión de su predecesor en el cargo.


De Rafael Correa heredó un país sobreendeudado y una receta económica de la que ahora se desmarca. Quizá con el fin de llevar la contraria a los seguidores del exmandatario y al mismo Correa, que han repetido durante semanas que se avecinaba una fuerte subida de impuestos. Un paquetazo, como se dice en Ecuador. Pero para no dejar margen a interpretaciones, el presidente recalcó dos veces en la presentación de su nuevo programa económico que su Gobierno no va a "subir los impuestos" y que el aumento de ingresos tributarios llegará con una recaudación más eficiente.


La primera medida se centra en combatir la defraudación, las empresas fantasmas, los paraísos fiscales y el contrabando con la ambición de obtener 810 millones de dólares en tres años. También en materia de impuestos, se recuperarán más de 1.000 millones adicionales revisando —con el fin de eliminarlos— beneficios que favorecen a los que ganan más de 100.000 dólares y se aplicará una amnistía —llamada "revisión tributaria" en el programa— para las empresas de todos los tamaños, con la que pretenden reflotar 1.600 millones de dólares este año y 1.300 millones de dólares anuales en los siguientes. Junto a una subida de los aranceles en artículos de consumo como la ropa o los juguetes importados, estas propuestas ayudarán a Ecuador en su primer objetivo: recuperar el equilibrio fiscal de un presupuesto que ha disparado su déficit público de año en año.

Esta meta, de acuerdo con los reclamos tradicionales del sector empresarial, es imposible de alcanzar sin un ajuste del gasto público. Correa se negó siempre a aplicarlo, pese a la crisis económica provocada por la caída del precio del petróleo, pero Moreno le ha abierto la puerta por primera vez en 10 años con su segundo objetivo: reestructurar y optimizar al Estado. Según sus planes, el fisco se ahorrará 1.000 millones de dólares anuales reduciendo los presupuestos de las instituciones públicas, despidiendo a la mitad de los asesores, recortando los gastos en viajes o en alquileres y suprimiendo siete de las 22 empresas públicas. "Se mantendrán únicamente las que sean rentables económica y socialmente", puntualiza el nuevo programa, haciendo alusión a las irregularidades y a la gestión deficitaria que se destapó, tras el cambio de Gobierno, en entidades como la aerolínea pública Tame, los medios de comunicación incautados o en las negociaciones de la petrolera estatal.


Atajado el gasto excesivo y mejorada la recaudación, la tercera incógnita que necesitan despejar las Finanzas ecuatorianas es el aumento de los ingresos por la vía productiva. Aquí se repite el anhelado objetivo de fomentar las exportaciones y atraer más inversión extranjera para que lleguen más dólares del exterior a una economía que no puede emitir billetes. Para ello, Moreno propone el también repetido mandato de aumentar el acceso al crédito productivo, simplificar la burocracia, intensificar las alianzas público-privadas y mejorar el clima de seguridad empresarial.


La calidad del empleo, en un país donde casi la mitad de trabajadores son informales, dependerá de los nuevos modelos de contratación específicos para sectores como el turístico, el agrícola o el pesquero que ya prepara el Ministerio de Trabajo. Eso sí, se crearán siempre "respetando íntegramente los derechos" laborales y sin olvidarse de la "economía popular y solidaria" que incluye a los artesanos y microempresarios.


El guiño definitivo al sector privado se concretó en una certeza y una promesa. La primera implica la eliminación del impuesto mínimo en el pago del anticipo al impuesto a la Renta. Según los empresarios, esta carga tributaria se asumía por adelantado y se aplicaba incluso cuando las empresas daban pérdidas. La segunda, tan lejana que se proyecta como un imposible, propone reducir gradualmente el Impuesto a la Salida de Divisas solo si algún día la balanza de pagos entre las exportaciones y las importaciones del sector privado llega a un equilibrio.


Las catorce medidas, pese a haberse presentado con casi un año de retraso y haberse pospuesto dos veces, han convencido a los gremios empresariales. Ahora, comentan, el peso de los ajustes está repartido entre el sector público y el privado; y ahora, ofrecen, es momento de arrimar el hombro para recuperar el ritmo del país. Pero también avizoran el siguiente roce: cómo pasará la receta económica del papel a la práctica.

 

Por SARA ESPAÑA
Guayaquil 4 ABR 2018 - 11:29 COT

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