Éstas son las últimas medidas presentadas por Tsipras para lograr un nuevo rescate para Grecia

ATENAS.- El Gobierno de Alexis Tsipras ha presentado un nuevo pliego de medidas a la Unión Europea, al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) para llegar a un acuerdo sobre el tercer rescate a Grecia.

El catálogo contiene una serie de subidas de impuestos -directos e indirectos-, aumentos de las cotizaciones sociales, así como reducciones de las pensiones.

Estas son las principales medidas recogidas:

- Aumento del IRPF del 11 % al 15 % para ingresos menores a los 12.000 euros, y del 33 % al 35 % para los superiores.

- Bajada del impuesto súperreducido del IVA del 6,5 % al 6 % para medicamentos, libros y teatro; se fija un 13 % para alimentos básicos, hoteles, energía y agua; un 23 % para el resto, incluida la restauración, a la que actualmente se le aplica un 13 %.

- Eliminación a partir de octubre del descuento del 30 % en el IVA en las islas del mar Egeo más ricas y con mayor afluencia de turistas. Se exceptúan las islas más remotas.

- Aumento del 26 % al 28 % del impuesto de sociedades con un pago adelantado del 100 % de este gravamen.

- Eliminación gradual de los subsidios al gasóleo de los agricultores.

- Abolición gradual de las exenciones fiscales a los agricultores de aquí a 2017.

- Aumento del impuesto de lujo del 10 % al 13 %, con efecto retroactivo para la declaración de 2014, y aplicable a partir de ahora también a las embarcaciones con una eslora mínima de 5 metros.

- Eliminación gradual del sistema de prejubilaciones con inmediata aplicación y exceptuando profesiones de riesgo y a madres con hijos discapacitados, con un sistema de penalizaciones. El objetivo es lograr hasta 2022 el aumento de la edad de la jubilación real a los 67 años, y a los 62 para las personas con 40 años de trabajo cotizado.

- Aumento de las cotizaciones de los pensionistas al sistema sanitario del 4 % al 6 %.

- Eliminación gradual de las ayudas a las pensiones más bajas (EKAS) de aquí al 31 de diciembre de 2019.

- Congelación de las pensiones en términos nominales hasta 2021.

- Fusión de las pensiones suplementarias, que pasarán a financiarse exclusivamente con las contribuciones de los trabajadores (hasta ahora eran cofinanciadas por patronos y en algunos casos con ayudas del Estado).

- Impuestos sobre la publicidad en televisión.

- Privatización inmediata de los aeropuertos regionales, de los ferrocarriles y puertos y de una autopista.


El Parlamento griego aprueba por mayoría la propuesta del Gobierno de Tsipras

para solicitar el rescate

La propuesta, que incluye cambios en el IVA y las pensiones, ha recibido 251 votos a favor, 32 en contra y 8 abstenciones.


EUROPA PRESS


ATENAS.- El Parlamento griego ha aprobado por mayoría en la madrugada de este sábado el nuevo plan de reformas presentado por el primer ministro del país, Alexis Tsipras, al Eurogrupo. En concreto, la propuesta ha recibido 251 votos a favor, 32 en contra y 8 abstenciones, a lo que se debe sumar la ausencia de otros 9 diputados.

De esta manera, los miembros del Parlamento autorizan al Gobierno a negociar con los acreedores internacionales en base al programa de reformas que les ha sido presentado esta misma semana.

Varios miembros de Syriza, incluido el presidente del Parlamento, Zoe Constantopoulou, y el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, dijeron "presente", lo que equivale a abstenerse de votar, en una señal de su oposición al paquete de subidas de impuestos y recortes al gasto.

A pesar de estas votaciones disidentes por parte de miembros del propio partido de Tsipras, la propuesta de reformas nunca ha estado en riesgo y ha sido finalmente aprobada por los partidos opositores pro europeos.

Los ministros de Finanzas del Eurogrupo cuentan ya en su poder con la primera evaluación realizada por expertos de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional sobre las nuevas propuestas formuladas por el Gobierno griego, según ha informado el portavoz de la Presidencia del Eurogrupo, Michel Reijns.

Antes de que se llevara a cabo la votación, en un discurso dirigido ante el Parlamento, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha reconocido que su Ejecutivo se ha visto obligado a tomar medidas que no se encontraban en su programa electoral.

"No estoy dejando vendidos a los griegos. Nunca pedí el "no" para salir de Europa, sino para fortalecer nuestra capacidad negociadora", ha declarado el primer ministro, aclarando que el resultado del referéndum no le daba el derecho para romper relaciones con Europa.

El primer ministro insiste en "haber hecho todo lo humanamente posible en circunstancias difíciles" y asegura que las nuevas medidas abren el diálogo con los acreedores para reestructurar la deuda griega, a lo que añade que su nueva propuesta "es mucho mejor que el ultimátum recibido previamente" por parte de la Troika.

"A partir de ahora nos espera un campo de minas. Es un hecho que no puedo ocultar a nadie", ha hecho saber ante la cámara. "Tenemos el deber de seguir luchando con orgullo. Tendremos que tomar decisiones difíciles, pero nos las apañaremos para seguir en Europa", ha aseverado.


La propuesta del Gobierno griego


La propuesta de reformas que remitió el Gobierno de Tsipras a la Unión Europea, al Banco Central Europeo (BCE) y al Fondo Monetario Internacional (FMI) incluye cambios en cuanto al IVA, respecto a algunos impuestos y también en el espinoso apartado de las pensiones.

El documento contempla un IVA del 23% para restaurantes y catering así como un IVA para los hoteles del 13%. Además, propone eliminar la exención de IVA para las islas antes de finales de 2016.

Por otra parte, el Gobierno heleno propone subir el impuesto de sociedades en 2015 y aumentar también el impuesto a las compañías navieras. Asimismo, se propone incrementar el impuesto a los artículos de lujo y aplicar de forma inmediata un impuesto sobre los anuncios en televisión.

En otro orden de cosas, y en uno de los apartados más delicados para el Gobierno de Tsipras, la propuesta incluye la eliminación gradual del beneficio EKAS (Beneficio de Solidaridad Social de los Pensionistas) para los pensionistas para diciembre de 2019.

Además, se presentará en el último trimestre de este año una ley sobre un nuevo sistema de negociación colectiva. La cláusula de déficit cero sobre las pensiones será suspendida hasta octubre, cuando se presentará una nueva reforma de las pensiones.

Asimismo, el Gobierno facilitará que se complete el proceso de privatización de los aeropuertos regionales, así como los puertos del Pireo, Tesalónica y Hellinikon. La fecha para la licitación de cara las privatizaciones de los puertos se fijará antes de octubre de este año. Por otra parte, el Estado transferirá las acciones que mantiene en la empresa de telecomunicaciones OTE a la agencia de privatizaciones.

En lo que se refiere al gasto en materia de Defensa, el Gobierno de Tsipras se compromete a recortarlo en 300 millones para finales de 2016.

A cambio, el Gobierno griego quiere que los acreedores revisen las metas de superávit primario para el país en los próximos cuatro años, y que entreguen fondos por valor 53.500 millones de euros para cubrir sus obligaciones de deuda hasta junio de 2018.


EL PANORAMA QUE SE ABRE PARA GRECIA TRAS LA PROPUESTA DE TSIPRAS


"La reforma puede tener éxito"


"Las concesiones griegas no significan que el tercer rescate sea un hecho ni que se reabran los bancos y se elimine el corralito que rige desde el lunes de la semana pasada", dice el economista grecochipriota Panicos Demetriades.

Por Marcelo Justo
Desde Roma


¿Traidor o pragmático? ¿Capitulación o realismo? La propuesta que presentó ante la Eurozona el gobierno del primer ministro griego Alexis Tsipras es casi igual a la que él mismo invitó a rechazar en el referendo del domingo pasado que terminó con un 61 por ciento de los griegos votando en contra de la austeridad. Ahora, como un moderno Sísifo, Tsipras acaba de proponer el mismo pesado ajuste a fin de evitar una salida griega del euro para la que, como dijo él mismo, "no tenemos un mandato de la población". Muchos medios europeos, extremadamente críticos de su liderazgo, parecieron regocijarse con este cambio de posición que titularon "capitulación", pero otros opinan que la propuesta estará acompañada de una reestructuración de la deuda, un préstamo especial para pagarla en los próximos tres años y la aparente promesa del presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Jun-cker de un paquete de estímulo. En todo caso, las concesiones griegas no significan que el tercer rescate sea un hecho ni que se reabran los bancos y se elimine el corralito que rige desde el lunes de la semana pasada. El economista grecochipriota de la Universidad de Leicester y ex presidente del Banco Central de Chipre durante el corralito chipriota de 2012, Panicos Demetriades dialogó con Página/12 sobre el panorama que se abre para Grecia a partir de esta propuesta.


–La propuesta del gobierno de Tsipras ha desconcertado a casi todo el mundo porque es casi igual a la que él mismo llamó a rechazar en el referendo el domingo pasado. ¿Sirve para que Grecia salga de la crisis?


–Por sí sola no. Tendrá que contar con un alivio de la deuda y un paquete de estímulo. Pero hay reformas en la propuesta que son importantes como la del sistema impositivo o la desregulación de las profesiones. El gran problema que hay es que todos los acuerdos previos provocaron una terrible recesión porque calcularon muy mal el impacto del ajuste, razón por la cual la gente perdió la fe en este tipo de acuerdo. En esto el FMI tiene una responsabilidad del ciento por ciento porque calculó mal el impacto que iba a tener la austeridad en la producción y el empleo. Creo que si ahora se combinan el alivio de la deuda, el estímulo y la reforma puede tener éxito. No va a ser fácil, pero es posible.


–Un problema es que el alivio de la deuda no figura en la propuesta.


–No, pero hay un consenso generalizado de que es necesaria. Angela Merkel dijo que no habría una clásica reducción de la deuda. La palabra clave acá es "clásica". Los alemanes dicen que no es posible legalmente que el gobierno elimine un 30 por ciento de la deuda. Pero lo cierto es que hay otro tipo de reducción que sí es posible. Si reprogramamos los plazos de pago, o si digo que durante 20 años la tasa de interés de la deuda es cero por ciento, estoy logrando lo mismo. Esto es lo que quiere el gobierno de Syriza.


–Y usted piensa que la oferta va a estar definitivamente sobre la mesa.


–Hoy el ex ministro de economía Yanis Varoufakis dijo algo en griego que me llamó la atención: "Mejor asegúrense que pongan por escrito esta oferta". Es decir, da por sentado que la oferta existe. Este es el plan. Un modo de aliviar la austeridad y una pequeña victoria para Tsipras que justificaría el referendo y la actual oferta que, como usted dice, es casi igual que la que el electorado griego rechazó en el referendo. A esto se podrían sumar los 35 mil millones de euros que Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, prometió a Grecia. Ambas cosas mitigarían mucho el efecto recesivo.


–Aun así muchos hablan de capitulación o traición.


–A nivel doméstico Tsipras se manejó con mucha habilidad esta semana porque logró un acuerdo con los partidos que habían impulsado el sí en el referendo, con lo que aún si algunos miembros de Syriza rechazan el acuerdo, tendrá mayoría en el Parlamento. Esto lo convierte más un líder de toda Grecia. En cuanto a lo de capitulación, Tsipras puede decir que ahora el alivio de la deuda está sobre la mesa mientras que antes no lo estaba. ¿Por qué no aceptó la oferta previa y convocó a un referendo? No lo sé. A mí nunca me pareció una buena idea el referendo, pero me imagino que necesitaba demostrar que tenía un mandato. Uno puede opinar que es un demagogo o decir que es un líder de extraordinario talento. Escuchándolo hablar en griego es indudable que tiene gran carisma y oratoria. Con esta crisis veremos la solidez que hay detrás de la oratoria.


–Igualmente esto necesita la aprobación de otros Parlamentos.


–Todo depende de lo que haga Alemania. Si el parlamento alemán lo aprueba, el resto también lo hará. Los sectores duros de Alemania salieron hoy a hacer declaraciones, pero no porque realmente crean que pueden ganar si no para quedar mejor situados políticamente. No creo que haya sorpresas. El tema es que Alemania lo apruebe.


–Usted vivió una crisis similar cuando estaba a la cabeza del Banco Central de Chipre.


–El caso de Chipre tiene similitudes superficiales pero era diferente. En Chipre, el gobierno quería poner un impuesto a los depósitos en los bancos y por eso tuvo que hacer un corralito para que no hubiera una fuga de dinero, pero el problema no era de liquidez. En Grecia el problema es la deuda pública y la exposición de los bancos griegos a esta deuda. De modo que no va a ser simplemente tener un acuerdo y normalizar la situación bancaria. Lo que se va a poder hacer es avanzar hacia una normalización. Pero para eso se necesita un incremento de los préstamos de emergencia, el llamado ELA, del Banco Central Europeo. Mientras tanto van a necesitar mantener los controles de capital. Un ejemplo de estos controles que permanecerán por mucho tiempo es la posibilidad de sacar dinero al extranjero que deberá estar prohibido salvo para casos comerciales. Esto genera un problema burocrático. En Chipre nos pasó. Todos los giros de dinero tenían que solicitarse para determinar si eran genuinos. En muy poco tiempo tuvimos unas dos mil solicitudes. Algunas eran genuinas, otras dudosas. Pero la creciente cantidad nos obligó a delegar lentamente el trabajo en los bancos. Al perder este control inevitablemente hay más filtraciones en el sistema. La realidad es que esto puede convertirse en una pesadilla a nivel organizativo. Los controles de este tipo no pueden durar mucho tiempo.


–Si hay una solución a esta crisis, ¿el euro está a salvo?


–Si hay una solución a esta crisis será un gran paso adelante. Una salida de Grecia sería muy grave para toda la eurozona porque inmediatamente los mercados buscarán el próximo candidato en la lista. Pero además la eurozona ha estado demasiado concentrada en esta crisis. Si se empieza a solucionar, podrán concentrarse en otros puntos que son necesarios para avanzar como la mayor integración de la eurozona sin la cual el euro no podrá tener éxito.

Publicado enEconomía
Viernes, 10 Julio 2015 06:48

Llegó la calma después de la tormenta

Llegó la calma después de la tormenta

Un país que apenas representa el 2 por ciento del PIB de la Zona Euro suscitó un odio incandescente cuando decidió plantar fronteras y oponer la consulta democrática frente a una política económica dictada desde afuera. El costo del No.


Las Bolsas ya anticipan un acuerdo estable entre Grecia y sus acreedores, pero nada borrará estas dos semanas de confrontación, de acoso, de chantajes y de agravios en donde los principales actores del eje de la Unión Europea se descalificaron con sus posiciones. El primero de ellos, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien salió a hacer campaña por el Sí cuando se avecinaba el referendo griego, rebasando en mucho los diques de su mandato. El presidente del Consejo europeo, el polaco Donald Dusk, un hombre muy por debajo de la estatura que requiere su mandato y cuyo país, Polonia, no es ni siquiera parte del euro. "El juego de pocker se acabó", les dijo Dusk a los griegos a mediados de junio. El holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, con etiqueta de socialdemócrata pero de una ferocidad y una intransigencia dignas de un prestamista. La prensa holandesa lo apoda "el perro de compañía de Alemania". El presidente francés, François Hollande, apretado entre la alianza con Berlín, los 42.000 millones de euros que Grecia les debe a los bancos franceses y las rupturas de su partido. La canciller alemana Angela Merkel y sus erróneos cálculos políticos: apostó por el Sí en el referendo del pasado 5 de julio y, con él, por la caída del Ejecutivo de Alexis Tsipras. Ello la condujo a congelar todas las opciones previas. Detrás de ella cerraron filas el resto de los dirigentes del Eurogrupo, liberales, conservadores y socialdemócratas.


¿Y qué decir de la tormentosa y vulgar avalancha de adjetivos deshonrosos que periodistas, intelectuales y dirigentes políticos desparramaron sobre Grecia? Los trataron de vagos, de corruptos, de gastar el dinero de la Unión Europea, de vivir de préstamos y de no haber saneado la economía. El francés y socialista Pascal Lamy, ex comisario europeo para el Comercio y ex director de la OMC (organización mundial del comercio), se despachó con la siguiente frase: "Los griegos son un pueblo orgulloso, resistente, apasionado, pero también un poco despreocupado y gastador" (declaraciones en la radio France Info). El pasado 8 de julio, el ex presidente francés Nicolas Sarkozy dijo en el canal TF1: "El problema al que se confronta Grecia hoy radica en que los griegos no trabajan lo suficiente". Nada puede ser más tramposo. Un estudio publicado ayer por la muy racional OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) desarma ese argumento: Grecia es el país de Europa donde se trabaja más horas... y el que trabaja menos es Alemania. Los griegos trabajan 671 horas más que los alemanes, 2042 horas contra 1371 en Alemania o 1489 para los franceses (en este informe, México es el país donde más horas se trabaja). En cuanto a la corrupción, en la clasificación de la ONG Transparencia Internacional, del total de 175 países que la componen Grecia se ubica en el puesto número 69, al mismo nivel que Italia, Rumania o Bulgaria. Y en lo que atañe a la ausencia de esfuerzos en Grecia, este argumento es otra ficción: entre 2009 y 2015 hubo ocho planes de austeridad a cambio de los prestamos obtenidos: suba de impuestos, tasas suplementaria, disminución de los servicios públicos, recortes en los gastos de educación y salud, congelamiento de las jubilaciones, etc, etc. El organismo de consulta France Strategie calcula que entre 2008 y 2013 el porcentaje de pobres creció en un 30 por ciento. En suma, Grecia asumió en estos años "la cura de austeridad más extensa que haya conocido la zona euro" (diario Le Monde del 09/07/2015). "Mi país se convirtió en un laboratorio de la austeridad y la experiencia fracasó", dijo el primer ministro griego el pasado 8 de julio ante el Parlamento Europeo. En 2009, el PIB de Irlanda cayó en un 6,4 por ciento, el de España en un 3,6 por ciento, Portugal cayó en un 3 por ciento y el de Grecia, en 2010, en un 8,9 por ciento. Entre 2009 y 2014 el déficit público de Grecia pasó del 15,2 al 2,7 por ciento. Grecia fue el único país de Europa que bajó su salario mínimo: este pasó de 680 a 586 euros. El economista Thomas Piketty, autor del libro El Capital en el siglo XXI, observó en el canal BFM que "nunca se había visto a un país que en tiempo de paz realiza un ajuste presupuestario del 12 por ciento de su PIB con, de paso, una economía que se hunde en un 25 por ciento".


Luego viene la nauseabunda letanía de los editorialistas y filósofos que calificaron a Tsipras y a Syriza de "antisemita", "jefe de una coalición con la extrema derecha", "nacional populista" que organizó un "referendo chapucero", "aficionado", "enceguecido por una ideología", "extremista de izquierda", "populista "o, colmo de la idiotez, "el Hugo Chávez de Europa" (Le Nouvel Observateur). Hasta las derechas de América latina se compraron el libreto de populismo en sus sesudas manipulaciones. En realidad, todo aquello que se sitúa fuera del circuito que va del conservadurismo liberal a la socialdemocracia es descalificado con la etiqueta de "populista". Resulta claro, sin embargo, que los intereses de un pueblo no son los mismos que los de la elite tecnócrata de Bruselas. Un país que apenas representa el 2 por ciento de PIB de la zona euro suscitó un odio incandescente cuando decidió plantar fronteras y oponer la consulta democrática frente a una política económica dictada desde afuera. Syriza materializó con su consulta las críticas que se le hacen constantemente a la Unión Europea. Entre ellas, la principal, "el déficit democrático". A Tsipras y a su equipo le achacaron todos los males acumulados por su países en los últimos años con la complicidad –y a menudo la intervención aliada– de sus socios europeos. Ahora le exigen, como lo dijo el presidente francés, François Hollande, "propuestas verosímiles y serias". Liberales, seudoprogresistas y socialistas se unieron bajo esa bandera: Tsipras no es ni serio, ni verosímil.


De allí el grito del líder del Podemos, Pablo Iglesias, en el parlamento europeo. Dirigiéndose al grupo socialista del Europarlamento les dijo: "¡Defiendan al pueblo griego! ¡Defiendan los derechos sociales y pongan fin a esta maldita coalición que nos lleva derecho a la pared!". Por "maldita coalición" hay que entender esa hermandad a contracorriente que desde hace ya muchos años unificó a liberales y socialdemócratas. Parece que no hay vida, ni aire, ni pensamiento fuera de ese conducto. Puede que, entre concesiones y chantajes, los acreedores de Grecia obliguen a Atenas a imponer un ajuste más importante del que Tsipras estaba dispuesto a implementar. Puede que, de alguna manera, Grecia pierda de nuevo ante el Eurogrupo. Pero algo substantivo, emocionante y esencial ha ganado para siempre: hemos sido testigos de que es posible decir no, que es verosímil desafiar a los grandes conglomerados de intereses, que se puede proceder así sin sacar a Marx del cajón o la Revolución de los sueños, que es concebible ser libres aunque haya que pagar por ello, que existen procedimientos políticos y democráticos de refutación radical, que se puede ser uno mismo, exclusivo, fuera del abrumador consenso, que es legítimo conservar su identidad genuina en contra de las recetas y los cepos. Es apasionante haber visto que todas esas cosas hermosas y palpitantes se volvieron a reinventar en Grecia, el país del sol y de los olivos que inventó esa figura siempre por recrear que es la democracia.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enEconomía
Grecia pidió un nuevo rescate a la Unión Europea

El premier heleno, Alexis Tsipras, recibió tanto ovaciones por parte de los eurodiputados izquierdistas como abucheos de los representantes conservadores al hablar ayer ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

 

El gobierno griego solicitó ayer un nuevo rescate internacional de tres años y hoy presentará en detalle un plan de reformas económicas que sus acreedores exigen como condición para evitar la salida del euro. El premier heleno, Alexis Tsipras, recibió tanto ovaciones por parte de los eurodiputados izquierdistas como abucheos de los representantes conservadores al hablar ayer ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francia. Allí, el líder griego se mostró confiado en que su país cumplirá con el ultimátum de los líderes de la Eurozona de alcanzar el esperado acuerdo para el domingo próximo como máximo.


Previo a la presentación del premier heleno, el vocero del presidente del Eurogrupo, Michel Rejins, confirmó en Bruselas que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) recibió una "solicitud de apoyo" de parte de Grecia. El portavoz agregó que la petición será evaluada por el Grupo de Trabajo del Euro y no en una teleconferencia de los ministros de Finanzas de la Eurozona, como estaba previsto hasta el martes. En la carta de solicitud, el ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos, pidió un programa de ayuda financiera de tres años y prometió "implementar inmediatamente", desde el lunes próximo, reformas económicas relativas a la fiscalidad y las jubilaciones. Sin dar más detalles sobre las medidas, agregó que serán dirigidas a fortalecer las áreas de sostenibilidad fiscal y crecimiento económico a largo plazo. El objetivo de Grecia, expresó Tsakalotos, es afrontar las obligaciones de deuda y asegurar la estabilidad financiera. "Grecia está comprometida a honrar sus obligaciones financieras con todos sus acreedores de manera completa y a tiempo. Confiamos en que los Estados miembro aprecien la urgencia de nuestra solicitud de crédito", añadió.


El MEDE consiste en un fondo especial para asistir financieramente a los países que integran la Eurozona. El pedido de rescate al MEDE era el primer paso que exigieron a Grecia los líderes de la Eurozona en una cumbre de emergencia celebrada ayer. Dicho encuentro marcó la reanudación de las negociaciones con Atenas tras el rotundo triunfo del No en el referéndum antiajuste convocado por Tsipras y celebrado el domingo pasado. Para obtener la ayuda financiera, Atenas debe presentar ahora una propuesta detallada de reformas económicas antes de una cumbre de los 28 líderes de la Unión Europea (UE).
En su discurso, Tsipras confirmó la solicitud de lo que sería su tercer rescate financiero desde 2010, pero esta vez al MEDE, por una cifra cercana a los 50.000 millones de euros. El líder europeo expresó que confía en que, en los próximos días, su gobierno logrará cumplir las obligaciones, siempre y cuando sean satisfactorias tanto para Grecia como para la Eurozona.
En la Eurocámara, Tsipras dijo que el acuerdo que busca debe poner fin de una vez por todas a la crisis financiera de su país, y no ser sólo un parche temporal, y agregó que también debe repartir las cargas de forma justa entre los griegos. "Necesitamos asegurar la financiación a mediano plazo de nuestro país con un programa de crecimiento", aseguró.


El jefe de gobierno también insistió en la necesidad de reestructurar la deuda externa de 320.000 millones de euros o del 180 por ciento del PBI nacional, algo a lo que muchos de los acreedores del país, sobre todo Alemania, se oponen rotundamente. "Pido un recorte de la deuda para poder ser capaces de restituir el dinero", agregó.


Los aplausos resonaron desde las bancas ocupadas por los partidos de izquierda europeos cuando Tsipras dijo que la ayuda a Grecia debe ir a parar a los griegos y no a los bancos. En tanto, desde la bancada de los partidos conservadores, por el contrario, arreciaron las críticas al premier heleno luego de que defendiera la convocatoria del referéndum y apuntara contra los ajustes exigidos a Atenas desde 2010, acusando a los acreedores de haber sometido a su país a un "experimento de austeridad" que, dijo, fracasó.


En Grecia, en tanto, los ahorristas padecieron ayer el octavo día consecutivo de corralito, mientras que los bancos y la Bolsa permanecen cerrados desde el lunes pasado. Los griegos no pueden sacar más de 60 euros diarios ni enviar dinero al exterior ni pagar cuentas sin un permiso especial. Además, 35 aerolíneas que vuelan al país heleno eliminaron la posibilidad de que los griegos cancelen el costo de los billetes aéreos con tarjetas de crédito emitidas en ese país. De este modo, sólo queda disponible la posibilidad de abonar los pasajes en efectivo.


La crisis del país mediterráneo enervó a los líderes europeos, que acusaron a Tsipras, electo con la promesa de poner fin a los ajustes, de prolongar y exacerbar la situación de manera innecesaria durante seis meses. En los últimos cinco años, Grecia ya recibió dos rescates por 240.000 millones de euros de los otros países de la Eurozona y del FMI, el último de los cuales expiró el 30 de junio, el mismo día en que Atenas incumplió un pago de deuda con el Fondo y cayó en mora con el organismo de crédito internacional.

Publicado enInternacional
Lucha la Unión Europea en cuatro frentes para evitar posible colapso

Cuatro grandes crisis en la periferia de Europa amenazan con colapsar a la Unión Europea (UE), lo que significaría un retroceso de décadas para este ambicioso proyecto de unificación continental cuya idea surgió tras la Segunda Guerra Mundial.


La unidad, la solidaridad y la posición internacional de la UE están en entredicho debido a la crisis de deuda griega, al papel de Rusia en Ucrania, al intento de Gran Bretaña de cambiar sus relaciones con el bloque y de la masiva llegada de inmigrantes a Europa a través del mar Mediterráneo.


Si la UE no es capaz de lidiar correctamente con cualquiera de estos problemas, podría agravar los demás, y ampliar así los peligros que enfrenta el Proyecto Europa.


La suspensión de pagos de Grecia y el riesgo de que la nación pueda salir de la zona euro es el reto más inmediato para la noción de una unión integrada de los estados y pueblos europeos.


Las consecuencias a largo plazo de una salida de Grecia de la zona euro afectarían por completo al proyecto europeo. Sentaría un precedente que podría minar la misma razón de ser de la UE, escribieron Fabian Zuleeg y Janis Emmanouilidis en un análisis para el Centro Europeo de Política, con sede en la capital belga.


El efecto helénico


Aunque Grecia responde por apenas 2 por ciento del producto interno bruto y de la población de la UE, la bancarrota del país –tras dos rescates, sus socios europeos le prestaron cerca de 200 mil millones de euros (220 mil millones de dólares)– es un enorme golpe para el prestigio del bloque.


Incluso antes de conocerse al resultado del referendo griego del domingo anterior, el ambiente en Bruselas era tenso, con los griegos que culparon a los alemanes, mientras la mayoría de los demás países comunitarios señalaron a los griegos, a su vez los economistas keynesianos atribuyeron la crisis a la obsesión con la austeridad de las autoridades europeas, que hacen énfasis en el éxito que tuvieron los rescates que se llevaron a cabo en otros estados del bloque.


Con su destino aún incierto, Atenas ya dejó en evidencia que los fundadores del euro fueron ingenuos cuando declararon que la membresía al bloque monetario era inquebrantable.


Ahora, sus socios podrían intentar dar un portazo detrás de Grecia y tomar medidas rápidas para mantener unidos al resto de los miembros, quizás enmendando algunos de los errores que se cometieron al llevar a cabo la unión monetaria, aunque es probable que la oposición alemana evite cualquier intento de emisión conjunta de bonos gubernamentales.


La próxima vez que una recesión o un alza de los rendimientos de los bonos soberanos sacuda a la zona euro, los mercados recordarán el precedente de Grecia.


Con la tensión ya desatada en el Mediterráneo oriental debido a la guerra civil en Siria, el eterno conflicto palestino-israelí, la división no resuelta de Chipre y las disputas marítimas sobre yacimientos de gas, una Grecia quebrada podría volverse hacia Rusia en busca de apoyo.


A cambio, los griegos podrían vetar la próxima extensión de sanciones de la UE contra Moscú, o incluso ofrecerle acceso a instalaciones navales que una vez usó Estados Unidos.


Atenas ya lidia con el flujo de refugiados que huyen del conflicto en Siria e Irak y que llegan a las islas del Egeo, en busca de la ruta más segura para atravesar Europa en dirección a los países más prósperos del continente, como Alemania o Suecia.
La incapacidad para resolver la crisis griega después de cinco años de discusiones podría hacer parecer débil a la UE a los ojos del presidente ruso, Vladimir Putin; del presidente chino, Xi Jinping, y de otros que busquen expandir su poder.


Las autoridades de Bruselas son conscientes de que la crisis de la zona euro ha provocado renacionalización de la toma de decisiones en algunas materias y minado el poder blando del modelo de reglas europeas basado en la gobernación supranacional.


Además, la postura de la UE ya se ha debilitado en temas relacionados con el comercio mundial y las negociaciones por el cambio climático.


Y lo peor aún puede estar por venir.


La exigencia de Gran Bretaña de renegociar los términos de su pertenencia a la Unión y someter el resultado a un incierto referendo en 2017 aumenta el riesgo de que el bloque se quede sin el miembro que es su segunda mayor economía, su principal centro financiero y su principal potencia militar.


Dada la enemistad de Rusia con los británicos, a quienes ven como el aliado más cercano de Estados Unidos, Putin seguramente se sentiría favorecido si Gran Bretaña abandona al bloque.


La salida debilitaría a aquellos que apoyan una respuesta contundente al comportamiento de Rusia en Ucrania y Georgia, y dejaría al bloque continental sin el principal socio de confianza de Estados Unidos en la región, aunque seguiría perteneciendo a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).


Todo ello podría fortalecer la posición de Putin en las negociaciones con la canciller federal alemana Angela Merkel, quien ha liderado a la diplomacia europea en su intento de devolver a Ucrania el control de la totalidad de su territorio.

Publicado enInternacional
Tsipras: "Es un problema europeo y requiere soluciones europeas"

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha acudido esta mañana al Parlamento Europeo para explicarse. Tsipras ha presentado la crisis griega como un problema más amplio que afecta a todo el proyecto comunitario. En su opinión, la difícil situación en Grecia manifiesta "la incapacidad europea para encontrar una solución duradera al problema de la deuda. Es un problema europeo y los problemas europeos requieren soluciones europeas".


Recibido este miércoles con aplausos y abucheos casi a partes iguales en la sede de la Eurocámara en Estrasburgo, Tsipras ha expuesto su diagnóstico del deterioro en su país y ha mostrado su confianza en el acuerdo con Europa. "Pedimos un compromiso productivo y justo. Creo que juntos podemos lograrlo". A la entrada en el hemiciclo lo esperaba un grupo de diputados, entre ellos el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Todos ellos le han aplaudido y estrechado la mano antes de que Tsipras llegara al escaño desde el que ha pronunciado su discurso.


Tras aludir varias veces al respaldo obtenido en el referéndum del pasado domingo, Tsipras ha apelado a un acuerdo "que permita salir de manera definitiva de la crisis, que demuestre que al final del túnel hay luz". Para lograrlo, hacen falta "soluciones creíbles" que hagan recaer el peso "entre los que pueden asumirlo". El primer ministro griego ha prometido reformas por lo que ha reconocido son errores de su propio país. "Grecia ha llegado prácticamente a la quiebra porque durante muchísimos años los Gobierno han creado un Estado clientelista y han permitido la corrupción". Frente a ese modelo de "oligarquía y carteles", Tsipras ha prometido "reformas genuinas cuyo propósito es cambiar Grecia y que Gobiernos anteriores no quisieron aplicar".


Consciente de que buena parte de los países europeos sienten frustración tras dos rescates millonarios que no han enderezado el país, el líder griego se ha referido a una cuestión controvertida: el destino de esos préstamos de 320.000 millones de euros en total concedidos a Grecia desde la crisis. "Hemos de ser sinceros: el dinero que se ha dado a Grecia nunca le ha llegado al pueblo griego. Son fondos que se dieron para salvar a los bancos griegos y a los europeos", ha afirmado. Esas palabras han provocado aplausos en un hemiciclo salpicado con carteles de con el no de la papeleta griega (oxi en griego).


Sin entrar en las medidas que su Gobierno tiene que detallar como muy tarde mañana para que la eurozona acceda a negociar el nuevo rescate que solicita Atenas, Tsipras ha lanzado un deseo al aire: "Espero que en los próximos días consigamos responder a esta coyuntura tan grave, en beneficio de Grecia y de Europa".


El dirigente heleno no se ha referido directamente a los estrechos plazos de negociación que se ha dado la eurozona para solucionar el problema. Atenas ya ha presentado formalmente la petición de rescate y mañana tendrá que desgranar las medidas que ofrece para lograr un nuevo compromiso de los socios. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, también presente en la Eurocámara, ha dibujado un panorama aterrador si no fructifican las negociaciones: "Si no llegamos a un acuerdo debemos contemplar incluso el peor escenario, en el que pierden todas las partes. Eso podría dar lugar a la quiebra en Grecia y a la insolvencia del sistema bancario. Y afectaría a toda Europa, en el sentido geopolítico".


"Los extremistas le aplauden"


Multitud de eurodiputados han querido responder esta mañana a las palabras de Tsipras, algunas con grandes dosis de emotividad. El líder del Partido Popular Europeo en la Eurocámara, Manfred Weber, ha sido muy crítico con Tsipras, al que ha espetado: "Europa ya no confía en usted para negociar". También ha ironizado con los apoyos que cosecha entre dos polos opuestos de la Eurocámara, la izquierda minoritaria y los euroescépticos conservadores. "Los extremistas de Europa le aplauden", ha recalcado.


En un tono mucho más suave, el presidente de los socialdemócratas, Gianni Pittella, ha excluido un futuro de la UE sin Tsipras y ha apelado a la sensatez del mandatario griego: "Confío en que el primer ministro griego demuestre su visión política y su responsabilidad por el bien del pueblo griego".


Entre la riada de intervenciones del debate, que comenzó poco después de las 10 de la mañana, ha destacado la de Pablo Iglesias, que ha agradecido al pueblo griego "haber levantado mejor que nadie la bandera europea". En su opinión, "Europa no se está destruyendo por preguntar al pueblo, sino por el totalitarismo financiero y la arrogancia del pueblo alemán".



Grecia pide un tercer rescate por 50.000 millones a tres años

 

Atenas ha cumplido a mediodía de hoy la primera condición para evitar su salida del euro: el Gobierno griego ha enviado ya la solicitud del tercer programa de ayuda financiera al mecanismo europeo de rescate (Mede), un bazuca de medio billón de euros creado en la fase más aguda de la crisis europea. "La solicitud ha llegado", ha confirmado a este diario un portavoz del Mede. El Eurogrupo de ministros de Finanzas de la zona euro, que preside Jeoren Dijsselbloem, la analizará hoy en una reunión por teleconferencia.


El tercer rescate es de 50.000 millones de euros en tres años, y a cambio Atenas se compromete a reformar las pensiones de manera inmediata.


Quedan varias condiciones más por delante antes de la cumbre europea del próximo domingo. Grecia debe detallar mañana las medidas prioritarias que propone, sobre la base de la propuesta del pasado 30 de junio. La canciller alemana, Angela Merkel, dejó claro ayer que esos detalles tienen que desembocar en un plan "más duro" por parte de Grecia. El Eurogrupo lo analizará el sábado. Y los líderes del euro deberían dar su visto bueno el domingo. El BCE se ha comprometido a mantener a la banca griega –a punto de quedarse sin efectivo—a flote hasta el próximo lunes.

Publicado enInternacional
Martes, 07 Julio 2015 07:18

Qué sigue tras el No en las urnas

Qué sigue tras el No en las urnas

Mientras los ministros de Finanzas europeos se reúnen hoy en una cumbre extraordinaria para evaluar el referéndum griego, se especula con que se logre un acuerdo finalmente. En caso contrario, habrá consecuencias para Grecia y la Eurozona.


Escenario 1: Los griegos ceden


A pesar del rotundo voto No del domingo a las demandas de los acreedores, es posible que Alexis Tsipras esté tratando de lograr un acuerdo rápido que resuelva la crisis, para no convertirse en el primer ministro que lleve a su país a la agonía económica de un grexit (salida del euro). Su última oferta a los acreedores el pasado martes, apenas unas horas antes de la moratoria con el FMI, de aceptar la mayor parte de las exigencias de las reformas, en realidad dejó a los dos lados tentadoramente cerca. Los acreedores podrían ofrecer a los griegos algunas concesiones para que Tsipras pueda vender el acuerdo en su país. La renuncia de ayer del ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, puede hacer que los acreedores se sientan más inclinados a seguir el juego.


Eso significaría que Atenas acuerda imponer más austeridad a cambio del dinero que necesita para seguir pagando a los trabajadores del sector público y para evitar un default de los bonos en poder del Banco Central Europeo el 20 de julio. Tal acuerdo podría significar la reapertura de los bancos a los ahorristas desesperados por el fin del mes. El problema es que la nueva austeridad probablemente empeore la recesión de Grecia en los próximos años –algo que podría causar una división en Syriza y empujar la caída del gobierno–.


Escenario 2: Los acreedores ceden


Que Grecia salga de la moneda única representaría un golpe demoledor a la reputación de esta generación de líderes europeos. Ellos también están empezando a darse cuenta de que si Grecia sale del euro se enfrentarán a un costo mucho mayor que el precio de pagar para que Atenas siga formando parte del club. Será un trabajo duro justificar esa pérdida a sus propios contribuyentes. Además, los acreedores tendrían que enviar otros tipos de ayudas a Grecia, en todo caso, si grexit ocurriera.

Así que los acreedores, a pesar de su retórica de línea dura antes de plebiscito del domingo, podrían decidir que el compromiso es la opción más inteligente después de todo. Podrían ponerse de acuerdo para facilitar la exigencia a Grecia a ejecutar grandes superávits presupuestarios en el futuro previsible y acabar con el valor nominal de la deuda del país. Atenas cantaría esta victoria y la credibilidad y el orgullo de los políticos acreedores recibirían el golpe. Pero sería bendecido por el Fondo Monetario Internacional, que ha estado presionando por una rebaja de la deuda durante años. También permitiría a los líderes de Europa centrarse en algo más que las minucias de las finanzas públicas griegas y el mercado de trabajo. Uno de los riesgos en este escenario sería que otros partidos populistas en Europa –Podemos de España, el movimiento Cinco Estrellas de Italia, el Frente Nacional de Francia– podrían obtener un gran impulso a partir de la victoria de Syriza, creando una agitación política en todo el continente.


Escenario 3: Nadie cede


Los acreedores podrían sentir que simplemente tienen demasiado que perder si concedieran algo a Grecia tras la votación. Y los griegos podrían decidir que tienen un mandato que mantener firmemente hasta que consigan todo lo que quieren. El resultado podría ser un punto muerto. El sistema bancario griego se quedaría sin dinero en efectivo en cuestión de semanas si no días, y el 20 de julio Atenas caería en default para pagar bonos por 3 mi millones de euros al Banco Central Europeo. Esta entidad, tras recibir el visto bueno tácito de Angela Merkel y los demás jefes de gobierno de la Zona Euro, podría cortar la financiación de emergencia del sistema bancario griego por completo, diciendo que no se puede prestar a un Estado insolvente sin romper sus propias reglas constitucionales. Para evitar que los cuatro grandes bancos griegos colapsen y acaben con los ahorros de la población, el gobierno de Atenas tendría que nacionalizarlos. Probablemente entonces anunciaría que se vuelven a capitalizar con un IOU (pagarés) gigante del Estado griego. El gobierno en Atenas también iniciaría la emisión de billetes IOU (en lugar de euros) para pagar a los trabajadores del sector público. Estos pagarés dirían que tienen un valor de un euro cada uno. Pero se cambiarían en el mercado negro a tal vez la mitad del valor de un euro, señalando una devaluación masiva.

Finalmente, después de un período de agitación social, el gobierno griego lograría imprimir un gran lote de billetes dracma, que se convertirían en la nueva moneda. Eso significaría que Grecia abandona efectivamente el euro. En esa transición, Atenas podría llevar un cargamento de petróleo a la Rusia de Vladimir Putin. Y, a cambio, el gobierno griego podría vetar nuevas sanciones de la Unión Europea contra Moscú por su agresión en Ucrania, dividiendo el bloque en el escenario mundial.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional
Europa deja la puerta entreabierta a Grecia

Europa mantuvo lo más que pudo el cerrojo de las concesiones y, tras el rotundo rechazo al programa de ajuste de los acreedores de Grecia expresado el domingo por los electores griegos, apenas entreabrió una hipotética salida. Con la misma retórica flotante que los caracteriza, una suerte de combinación entre el amor y la tortura, los dirigentes de la Unión Europea caminaron sobre una cuerda de equilibristas para, al final, seguir diciendo lo mismo que antes de la consulta: Atenas debe emprender reformas. Hay que medir y pesar las palabras de unos y otros con una tolerancia de Buda o una ciencia de filólogo. En París, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, sirvieron en la misma bandeja dos palabras muy ambiguas: "solidaridad y responsabilidad". Ello quiere decir que Europa será solidaria mientras Grecia se muestre responsable, o sea, traiga a la mesa de negociaciones propuestas "serias, precisas y verosímiles". En claro, los 18 países de la Zona Euro dejaron a Grecia en la misma situación que antes, como si el resultado del referendo sólo fuera, como lo escribe el eurofanático diario El País de España en su editorial, una aventura activada por el "nacionalpopulismo" del gobierno del primer ministro Alexis Tsipras. La referencia, que no es el único oprobio al que se somete al Ejecutivo y al pueblo griego, es de una ignominia de marrano. Para los gobiernos de la Eurozona un tratado colectivo y sus normas están por encima de la democracia.


Hollande dijo en la capital francesa: "Respetamos el voto de los griegos porque Europa es la democracia". Faltaría completar la frase: la democracia como la quiere el club de liberales europeos. Berlín sigue siendo la batuta de la Eurozona y nadie desafía sus prerrogativas. Durante la conferencia de prensa que ofrecieron juntos, Merkel se remitió a la última fase de la negociación que precedió la convocatoria a la consulta popular. Según la canciller alemana, la última propuesta que se hizo "fue muy generosa". Ambos recalcaron que la "puerta está abierta" mientras que, por su parte, Hollande repitió que "no queda mucho tiempo, hay urgencia para Grecia y para Europa".


El perfil de esa urgencia se delineará hoy cuando se celebre la cumbre extraordinaria de dirigentes europeos y se discutan los planteos nuevos o revisitados que traiga Tsipras. En el camino y pese al aplastante voto a favor de más del 60 por ciento, el dirigente griego dejó a su anterior ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis. El ex titular de la cartera era la oveja negra de los negociadores de Bruselas. No lo querían ver ni en foto. En un par de meses, Varoufakis les rompió el consenso y toda la cultura de los buenos modales con té y galletitas de maicena. Su presencia en las negociaciones era una traba de cara a la construcción de un acuerdo. En un comunicado, el paladín que enfrentó y no se sometió a la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión de Bruselas) explicó que le "correspondía ayudar a Tsipras a explorar, según como él lo considere adecuado, el capital que el pueblo griego nos ha concedido a través del referéndum del domingo, y seré el portador del odio de los acreedores con orgullo". Su alejamiento del Ejecutivo era una de las condiciones insalvables planteadas por el Eurogrupo. Su salida parece adelantar, tal vez, un juego de concesiones por parte de Atenas, o quizá sea una forma de distender el escenario en la cual éstas empiezan el 7 de julio.


Habrá de hecho dos reuniones en la capital belga: una, a las 13, con los ministros de Finanzas de Eurogrupo. Luego, a las 18 se realizará la cumbre de los jefes de Estado y de gobierno. Todo está suspendido hasta esos dos momentos. Por lo pronto, en un momento en que los bancos griegos sufren una asfixia de vida o muerte, el BCE, Banco Central Europeo, decidió mantenerlos bajo perfusión mediante la línea de liquidez (ELA) que actualmente asciende a 89 mil millones de euros.


Menos Alemania, la casi totalidad de los países bajaron el tono con respecto a la salida de Grecia de la Zona Euro sin que ello deje prever que un pacto es posible y, si lo es, a qué precio para Grecia. El ultra agresivo presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, dijo "la victoria del No nos acerca a una solución". Pero las declaraciones como las del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, según el cual "un no de los griegos en el referendo sería interpretado como un no a la Zona Euro", se han espaciado. Los heraldos de la exclusión de Grecia desaparecieron del firmamento. La más que hostil España negó que ello fuera una realidad. Pero las capitales europeas tienen mala cara. No hay nada preciso, todo es de una incertidumbre con varias cabezas donde sólo Alemania marca el ritmo mientras que Francia gesticula pero no hace nada. Son pura y sencillamente escalofriantes el silencio, la inoperancia, el inmovilismo, la blandura y la cobardía política que han demostrado en esta crisis las llamadas izquierdas o socialdemocracias europeas. No plantearon nada, no rompieron el muro de la incomprensión con ninguna idea creativa. No existen más. Se han vuelto una pobre extensión del liberalismo y hasta han renunciado a la modesta meta de humectarlo con un poco de humanismo para que se disuelva mejor. Hace unos días, el presidente del Parlamento Europeo, el socialista Martin Schulz (sí, sí, crea lo que está leyendo "socialista") dijo que los griegos iban a tener que "imprimir otra moneda porque el euro dejará de estar disponible". Con socialistas así, mejor no perder tiempo en ilusiones y votar de una vez por todas a la derecha. Por lo menos, ya se sabe lo que harán.


Hasta anoche, la principal piedra en el camino no había desaparecido: se trata del reclamo griego para que se reestructure su deuda (322 mil millones de euros) y de un nuevo programa de ayuda. Berlín ya adelantó que "no se dan las condiciones para un nuevo programa de ayuda". En esto, pese a la escenificación ofrecida ayer en París por Merkel y Hollande, el monolito no se ha desplazado. Los impedimentos son densos. Prueba de ello, Grecia amplió el corralito bancario por dos días más. Quedan, finalmente, tres opciones sobre el horizonte: un acuerdo "amistoso" entre Grecia y sus acreedores podría diseñar la salida de lo que el canciller italiano Paolo Gentiloni llama "el laberinto griego". En realidad, la metáfora es inexacta porque el laberinto es sobre todo y antes que nada europeo. Pero, para ello, Tsipras deberá convencer aportando más reformas (aumento de la TVA, aumento de la edad de la jubilación). La segunda opción es una pura y llana salida pactada de Grecia de la Zona Euro, el "Grexit". Como, según Alemania, Grecia no acepta las reglas del juego europeo los dirigentes podrían organizar ese "Grexit" de forma coordinada. Si no hay acuerdo ni "Grexit" ordenado se impondría entonces una salida tormentosa de Grecia del euro.

Esto se plantearía seriamente a partir del 20 de julio, fecha en la cual, sin acuerdo, Atenas tiene que reembolsar al Banco Central Europeo 3,5 mil millones de euros. Si no ocurre, el BCE cortaría su ayuda de urgencia y Grecia y sus bancos estarían ya no en default, sino en bancarrota. Es, de todas, la peor alternativa. La hora de la verdad europea sigue, por el momento, sujeta a estos tres desenlaces por cuya preeminencia nadie, anoche, se atrevía a apostar.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
¿Qué pasa con la democracia, es un caso de "vota Sí o verás"?

Atenas.

 

Así que los griegos van a votar Sí el domingo. Temor. Humillación. Patriotismo (pro europeo además de pro euro, como veremos más adelante). Pragmatismo; ese gran poder industrial de los políticos europeos. Y así, la EU, el FMI y el BM, todo ese grupo habrá ganado. Grecia –cero. Borren la Segunda Guerra Mundial.
El problema –y olvidemos por un momento cuántos millones nos deben los desvergonzados griegos– es que quienes voten por el No lo harán por la misma razón. Son patrióticos y quieren esperanza. Y también están condenados por nuestra versión de su historia. Los griegos del siglo XVIII creían en el nacionalismo nacido a partir de la civilización; una idea que Byron disfrutaba, pero que dejó fuera al imperio Otomano, al maravilloso dinar (olvídense del euro) y a una historia que no tiene lugar en nuestra narrativa actual. 


Los años 40 del siglo XX ensombrecen la Grecia actual. Quienes voten Sí el domingo serán llamados traidores (o jermanotsolias, término griego cuya traducción más precisa es camisas alemanas en referencia a los soldados de esa nacionalidad).


Quienes voten No serán los hijos o nietos de patriotas socialistas que lucharon contra el mandato burgués británico que tomó el control de Atenas luego de que Churchill y Stalin acordaron que Grecia debía quedarse de nuestro lado de la cortina de hierro. Los títeres y sus amos son irrelevantes.


Alexis Tsipras es –y aquí cito a un amigo economista– el niño consentido quien hace mucho tiempo logró llegar a la televisión en entrevistas en las que apoyaba a los estudiantes, era de rostro dulce, pero se enojaba y era agresivo. Pasó su carrera en la política interna de la izquierda, con cero experiencia en el mundo real.


Yanis Varoufakis (según otro amigo griego, que es menos economista y más político) es el siempre sonriente ministro de Economía; un idiota narcisista a quien le complace demasiado escuchar su propia voz, un estudiante-académico que gusta de pavonearse. Por eso la madame del FMI insistió, fastidiada y con su mejor voz de aviso a la comunidad, en hablar con los adultos, hace unos días. El ministro cree que puede jugar con los niños y niñas grandes en Bruselas sin darse cuenta que ellos no se interesan por su actuación.


El problema es el siguiente: Europa –la Europa que quizás deba poner entre comillas, es muy similar a la Europa de los años 30; la era del abuelo de Yanis, que se preocupaba más por el socialismo, el marxismo, el poder de los trabajadores que por la democracia. Por eso se decidió que el referendo del domingo es sobre Europa, más que sobre la democracia. ¿Acaso Christine Lagarde no dijo que espera que el voto del domingo indique claramente cuál será el camino?


No es necesario haber pasado muchas horas en Atenas para ver cómo la imagen de la historia ha cambiado. En años anteriores, admiré la placa de bronce del Hotel Grand Bretagne, que recordaba a sus huéspedes que aquí hubo un cuartel nazi. Ahora hay otra placa reluciente, también de bronce, que dice a los clientes que aquí estuvieron los cuarteles de ejército griego entre 1940 y 1941. Pero no dice nada sobre lo que le pasó al ejército griego en 1941.


Nuestros periodistas tienen la sospecha de que la división podría vaticinar otra guerra civil aquí. Es posible que en ella se involucre el Ejército Griego de Liberación Popular (ELAS, por sus siglas en griego) contra los partidarios de la monarquía apoyados por Gran Bretaña –pero esto no queda claro. Quienes votarán por el Sí, son servidores púbicos, farmacéuticos, propietarios de pequeños negocios –lo que nos permite analizar a quienes votaron por Hitler en 1933–. Quienes votarán por el No son hombres y mujeres más emocionales, más conscientes de la historia; que recuerdan una y otra vez que el desequilibrado y fragmentario sistema de pensiones se modernizó por última vez hace 14 años. Ellos le dicen a uno que hay gente hambrienta,y muchos que aún recuerdan la hambruna griega de 1941, ¿100 mil muertos, tal vez? Todos sabemos quién ocupaba Grecia entonces ...


Sin embargo, hay también algo oscuro, peligroso y demasiado relevante sobre aquellos días. Europa, desde la perspectiva de Atenas, es una institución muy dictatorial que está más preocupada por el dinero que por la democracia; y ante la posible desintegración del euro, le importa aún más el dinero que la voz de los griegos hambrientos.


Tsipras puede hablar de los líderes europeos que chantajean a los electores de Grecia, pero cuando esos mismos sirvientes de la UE dicten que el referendo del domingo debe ser sobre la permanencia o la salida de Grecia de la gloriosa República Popular de Europa, es difícil estar en desacuerdo.


Si, a todos nos agrada que los griegos hablen a través de su vocero Euclides Tsakalatos, el jefe negociador de Grecia en Bruselas, cuyo lado europeo es enfatizado por su inglés brillante (cortesía del colegio St. Paul y de Oxford). Es un académico británico clásico, me dijo en el desayuno un banquero griego. Es una persona muy agradable, pero es la persona incorrecta para jugar cualquier papel político.


Luego la conversación se volvió horrenda. No ha existido tanto veneno en el léxico político desde la Segunda Guerra Mundial. Hay estalinistas dentro de Syriza, incluido el ministro de desarrollo, quien cree que Putin es una continuación de Stalin. Esta descripción vino del banquero: un hombre con sentido del humor pero sin esperanza en la sonrisa de esos que te topas durante las revoluciones, y quien insistió en que existe el peligro real de un colapso político en Grecia.
El colapso económico ya ocurrió, me dijo.


Mientras hablábamo, fuimos interrumpidos por un mendigo. Al principio creí que era un refugiado sirio pero resultó afgano; otra parte de la historia de Grecia.
El FMI tuvo graves errores de cálculo. El sistema bancario se colapsará la semana próxima, los bancos perderán liquidez y los depósitos privados van a desaparecer. Perderemos la capacidad de comprar y vender internacional y localmente.


Habrá quienes voten Sí el domingo porque tienen miedo. Habrá muchos, sospecho, que votarán No por la misma razón. Y hay extremistas (qué apropiada es esta expresión, en el sentido islamita de la palabra) como los del partido Amanecer Dorado, que culpan a los inmigrantes, más que a los alemanes, de su predicamento. No olvidemos que hay 4 por ciento del voto nacionalista representado en el gobierno de Tsipras con 14 miembros del Parlamento. ¿Pero quién tiene la culpa?


Nuestro pasado populista, me anuncia categóricamente mi amigo el banquero. "Comenzó con la dictadura militar y nuestra forma de mimar constantemente nuestros más bajos sentimientos, y la convicción de que es posible que estemos equivocados. Fue una mala idea unirnos a la zona euro. Pensamos: 'Al fin, hemos recibido nuestro destino. Nos hemos unido a Occidente', pero nuestra economía no estaba lista para ello".


Sí, en efecto, y la corrupción, agregué; la cara del banquero se tornó radiante. Todos esos siglos de admirar a la Grecia clásica. Byron nos debe muchas explicaciones, me dijo.


Pero hay cuestiones más importantes, desde luego. ¿Cómo podemos seguir admirando a la dictadura de los bancos (los europeos, no los griegos)? ¿Cómo podemos seguir dándonos golpes de pecho al hablar de la Europa democrática, cuando Europa le dice a Grecia lo que está en juego en su referendo. Si esta democracia no funciona en Europa, ¿cómo se supone que va a funcionar en India? ¿O en Medio Oriente? Si lo que queremos es que la vote por el Sí el domingo; un "Sí, o verás", ¿quiénes son entonces los dictadores?

 

Es esto un poco es demasiado. Un viejo amigo, Monty Woodhouse, fue Ejecutivo de Operaciones Especiales en Grecia durante la ocupación alemana y años más tarde él y este reportero cuando era joven, buscaron juntos los expedientes de la guerra de un tal Kurt Waldheim, quien fungió como secretario general de la Organización de Naciones Unidas, a pesar de haber sido oficial de inteligencia de la Wehrmacht de la Alemania Nazi. Fue Woodhouse, quien escribió en el ya mencionado hotel Grande Bretagne de Atenas que él aprendió a amar a Grecia cuando se dio cuenta que aquí la gente viva aún hablaba en el lenguaje de Platón.


Pero sospecho que ahí está la falla. Todos amamos a Platón. Y a Aristófanes. ¿Acaso no corearon las ranas: rakak-coax-coax-coax? Pero si hasta helenizaron a los romanos, por Dios. Y todo esto nos lo tomamos a pecho. Y nosotros que pensamos que los griegos eran nuestros amigos, ¿no es cierto?


© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

Por Grecia se rompe el consenso franco-alemán

Tsipras ratificó la consulta y dijo que era erróneo afirmar que "con el No yo sacaré a Grecia de la UE". Los alemanes apuestan por una victoria del Sí y, en consecuencia, por la desaparición de la escena política del líder griego.


Alexis Tsipras rompió el consenso. El resultado más espectacular de la estrategia adoptada por el primer ministro griego en la brutal negociación que se está llevando a cabo entre los acreedores y Grecia se plasmó con el quiebre del sacrosanto eje franco-alemán. Tras varios meses de convergencia, François Hollande y Angela Merkel optan por dos caminos distintos: la canciller de Alemania no quiere entablar ninguna negociación con Atenas antes del referéndum del domingo 5 de julio. Los alemanes apuestan por una victoria del Sí y, por consiguiente, por la desaparición de la escena política de Tsipras y Syriza. Por primera vez y de forma cortante, Hollande defendió una opción contraria. El jefe del Estado francés dijo: "Tenemos que ser claros: el acuerdo es enseguida, no puede ser diferido, tiene que venir". Luego, en una nueva intervención televisiva, el premier griego salió a desmentir todas las falacias que el eje liberal y bancario hace circular sobre la consulta del próximo domingo. Tsipras dijo que no tenía "ambiciones secretas" y que era erróneo afirmar que "con el No yo sacaré a Grecia de la UE. Les están mintiendo". El jefe del gobierno reiteró que "el referéndum del domingo en Grecia nada tiene que ver con el euro o con Europa" y que constituye antes que todo "un arma" para negociar, un "paso decisivo para un mejor acuerdo". Tsipras pidió otra vez al pueblo griego que votara "No" para poder contar con "un futuro no hipotecado".


Los últimos sondeos provenientes de Atenas dan cuenta de una evolución del "Sí", aunque el "No" sigue siendo mayoritario (46 por ciento contra 37 por ciento). Por lo pronto, las declaraciones de Hollande marcan un hito en este antagonismo lleno de patrañas, malversaciones mastodónticas, ofensas públicas, mentiras, manipulaciones, abusos de toda índole y maltrato al pueblo griego. El pronunciamiento del presidente francés intervino luego de que trascendiera que Atenas había entregado un nuevo pliego de reformas que se acercaba bastante al modelo que le exige la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo).


Sin embargo, el Eurogrupo cerró filas detrás de Berlín. Al cabo de una serie de intercambios mantenidos ayer, un comunicado firmado por el presidente del Eurogrupo, el intratable Jeroen Dijsselbloem, dice que este órgano esperará "el referéndum del domingo". En coordinación con ellos, el tétrico Fondo Monetario Internacional negó a Grecia el plazo que Atenas había pedido la víspera para hacer efectivo el reembolso pendiente de 1600 millones de euros. El único actor financiero que no le sacó la asistencia a Atenas es el Banco Central Europeo. Pese a la posición hostil de un Eurogrupo capitaneado por Berlín, el BCE no bajó el piso de la llamada "ayuda de emergencia" (Emergency Liquidity Assistance, ELA) destinada a los bancos griegos.


La narrativa de la jornada revela que algo denso pasó entre el martes y ayer. El Financial Times publicó una carta enviada por Grecia a Europa en la cual Atenas se rendía ante prácticamente todos los requerimientos de sus socios y del FMI, los mismos que había rechazado hace una semana. El texto circuló con ecos de victoria, pero luego desapareció de la discusión y el antagonismo regresó al primer plano. Los eurobancarios consideran que esta nueva propuesta vino a destiempo. En realidad, no le perdonan ni le perdonarán nunca a Tsipras que haya recurrido al referéndum, es decir, a buscar una mayoría nacional contra la mayoría financiera de Bruselas. El actual ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, publicó en su blog un texto de seis puntos que esclarece muchas cosas. En el numero uno, Varoufakis explica: "Las negociaciones se estancaron porque los acreedores de Grecia renunciaron a reducir nuestra impagable deuda pública e insistieron en que debe ser paramétricamente vuelta a pagar por los más débiles de nuestra sociedad, sus hijos y sus nietos".


Entre retórica de bombón y declaraciones amenazantes, la situación se tornó dramática, un juego de vida o muerte donde se busca poner de rodillas a un país y derrocar a sus representantes electos. Esta crisis nació con una falsificación: el maquillaje de las cuentas griegas para forzar el ingreso de Grecia al euro. Esa operación no la llevó a cabo Grecia por su cuenta, sino que contó con la complicidad de bancos internacionales, de la Unión Europea y sus supuestos mecanismos de control. La memoria bancaria es más corta que los plazos de un crédito. En 2001, Goldman Sachs ayudó a Grecia a realizar un intercambio ficticio de su deuda y, con ello, disimular la realidad de sus cuentas públicas. La deuda fue cambiada a una tasa del 2 por ciento menor a su peso real. El gobierno de Atenas le pagó 600 millones de euros a Goldman Sachs por esa operación. Pero luego, la institución financiera norteamericana vendió el producto derivado que se utilizó para esconder el montaje. De los 2,8 mil millones iniciales, Grecia se encontró con una deuda de 5,1 mil millones de euros en 2005. Esta es sólo una de las incontables triquiñuelas que se emplearon en ese entonces. En cuanto a la posición de Tsipras frente al euro, ésta ha sido constante. En una entrevista que el actual jefe de gobierno concedió a Página/12 en 2012, Tsipras decía: "El problema no es la moneda única, sino las políticas que acompañan esta moneda. El euro se ha convertido en una cárcel para los pueblos de Europa, en especial para las economías más débiles de la periferia que están enfrentando la crisis. La contradicción está en la base con que se construyó el euro. El euro es un polvorín que va a explotar si seguimos con este rumbo. Las políticas de ajuste que van mano a mano con el modelo neoliberal dentro del euro nos van a conducir a la destrucción del euro. Pero esta perspectiva la van a pagar los pueblos y no los bancos, que van a salvarse, o a tratar de salvarse. El sectarismo dogmático de las elites europeas que defienden ese modelo conduce a Europa a muchas décadas atrás".


El desenlace será tal vez incierto hasta este domingo. Pero, desde ya, el antagonismo griego se desplazó al corazón de la política francesa. La derecha más liberal brama sus sempiternas recetas de moralismo financiero y cumplimiento, mientras que, a la izquierda y en otros círculos conservadores, se han despertado sectores que exigen lucidez. En una tribuna publicada por el semanario Marianne, unas 40 personalidades francesas argumentan que "salvar a Grecia es salvar a Europa". Entre los firmantes están Thomas Piketty (autor de El Capital en el Siglo XXI); el presidente de la Asamblea Nacional, Claude Bartolome; el ex ministro francés de Economía Arnaud Montebourg, diputados del ala izquierda del PS, ecologistas, comunistas o diputados de la derecha como Henri Guaino. Todos alegan que si Europa fracasa en pactar un acuerdo equitativo con Atenas, "habrá que juntar dos cadáveres: el de Grecia y el de la idea europea". Esta megacrisis nos muestra que esa idea estaba guardada desde hacía mucho en la caja fuerte de los bancos.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Grecia no le pagó al FMI y se calienta la crisis

La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Tsipras, en la cual pedía un tercer plan para reestructurar su deuda. Pero el Eurogrupo rechazó la propuesta en una reunión de urgencia.


El Fondo Monetario Internacional sigue a punto de contar, en su base de datos de morosos, con el primer país desarrollado del eje occidental que se encuentra ante la imposibilidad de pagar. Grecia tenía plazo hasta esta medianoche –hora de Washington– para abonarle al FMI 1600 millones de euros de una deuda total que asciende a los casi 24.000 millones de euros. Al cierre de esta edición fuentes del FMI confirmaron que el pago no se había efectuado, mientras el viceprimer ministro griego, Yanis Dragasakis, le pidió al organismo un plazo suplementario para evitar la cesación de pagos y dio a entender que a cambio el gobierno levantaría el referéndum del domingo acerca de aceptar o no el ajuste que exigen los acreedores para aprobar un nuevo rescate.


Es preciso aclarar que la fecha de este martes 30 de junio era para Grecia una guillotina financiera de doble filo: uno, el plazo del FMI; el otro, el plan de rescate que Europa diseñó para Grecia y que estaba en curso desde 2012. Si no se arreglaba el tema del Fondo, Atenas perdía este mismo martes el acceso a los 17 mil millones de euros de dicho plan. En una carrera contrarreloj con el telón de fondo de un referéndum en Grecia y un masivo apretón bancario por parte de los socios europeos de Atenas, el primer ministro griego presentó un nuevo plan en Bruselas. Plasmar narrativamente una jornada llena de piruetas, de contrasentidos, de frases de una vulgaridad alucinante y de cambios de posición de los actores más intransigentes requiere un rigor de libro científico. La historia parecía dirigirse hacia un final feliz con la propuesta presentada por Alexis Tsipras en la cual el jefe del Ejecutivo griego pedía un tercer plan para reestructurar su deuda (180 por ciento del PIB) así como la extensión del rescate europeo que vence hoy. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, alentó la ilusión de una solución cuando dijo una frase enigmática: "Hay acontecimientos importantes a los que ustedes no están preparados que se están produciendo en Atenas". Todos pensaron que el expediente estaba resuelto. Mera ilusión. El Eurogrupo (ministros de Economía de los países de la Zona Euro) celebró una reunión de urgencia a cuyo término decidió no extender el rescate y remitió para este miércoles su decisión sobre el tercer plan de ayuda financiera propuesto por Tsipras.


Los términos que trascendieron de la última oferta griega son difusos. Se evoca un rescate vigente durante dos años por un monto de 29.000 millones de euros obtenidos mediante el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), y un plan de reestructuración de deuda. Ambas opciones, juntas, parecen imposibles. Primero, porque hace falta el visto bueno del Eurogrupo, lo que está lejos de ser evidente. Luego porque, para que entre en vigencia, el plan debe ser validado por los diferentes Parlamentos nacionales, entre ellos el alemán, la Bundestag. La canciller alemana ya advirtió a los diputados de su partido que Berlín no discutiría sobre ese tema antes del referéndum convocado por Alexis Tsipras para este domingo 5 de julio. Varios dirigentes de la UE continuaron haciendo presión sobre el electorado griego con el argumento según el cual un "no" en el referéndum equivaldría a salir del euro y de Europa. El más aguerrido ha sido el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Si fuera por las escabrosas condiciones morales de su gobierno, de sus bancos y de su partido hace mucho que Rajoy habría sido expulsado de Europa. Pero la moral bancaria es casta e impune. La frase sucia del día la pronunció Alain Juppé, ex primer ministro liberal francés y probable candidato a las presidenciales de 2017. Juppé dijo: "No podemos seguir llenando el barril de las Danaides. Los griegos deben poner orden en sus cuentas". En la mitología, las Danaides son las 50 hijas del rey Dánao condenadas al infierno y a llenar eternamente un barril sin fondo.


La confusión constituye, también, un dato permanente. No todos ven en el posible "sí" del domingo una salida automática de Grecia de la Zona Euro. El intransigente ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, explicó que si el "no" ganaba no se produciría el Grexit (salida de Grecia de la Zona Euro). Lo único masivo, transparente, es que, sea cual fuere la mayoría política de la que son oriundos, socialdemocracia o derecha, todos los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se apretaron baja el paraguas de las posiciones de la derecha.


La apuesta de los europeos sigue siendo la del miedo: atemorizar a los electores griegos con las consecuencias del "no" para promover una mayoría a favor del "sí" y, con ello, sacarse de encima a Alexis Tsipras y a Syriza. La inoperancia europea y la de los organismos internacionales de crédito es pasmosa. En el curso de los últimos 6 años, Grecia atravesó por 8 planes de austeridad, tuvo 4 gobiernos y dos planes de ayuda.


La bomba estalló en 2009 cuando el primer ministro socialista Georges Papandreu descubrió el maquillaje de las cuentas públicas heredado del precedente gobierno conservador. Papandreu se fijó el objetivo de reducir el déficit griego del 12,7 por ciento al 3 por ciento en 2013. En marzo de 2010 encajó un segundo y masivo plan de austeridad de 4,8 mil millones de euros. En mayo del mismo año, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y la misma Grecia activaron un plan de rescate de 110 mil millones de euros en un período de tres años. 80 mil millones fueron asumidos por los Estados de la Unión y 30 mil por el FMI. Pocos días después, Atenas votó un nuevo plan de recortes y austeridad por unos 30 mil millones de euros. Un año más tarde, en junio de 2011, interviene otro ajuste por 28,5 mil millones de euros. En septiembre, la medida se repite con nuevos recortes por 7,5 mil millones de euros. En octubre, la UE llegó a un acuerdo con los bancos para borrar una parte de la deuda griega (pasó de 350 mil millones a 100 mil millones). De inmediato, un nuevo plan de crédito se pacta entre Atenas y sus acreedores. En febrero de 2012 llegó otro mega diseño de austeridad por un monto de 350 millones de euros.

Ese mismo mes, un programa internacional otorga a Grecia un rescate por 237 mil millones de euros, más una quita de 107 mil millones de euros de la deuda en manos de los acreedores privados, bancos y fondos de inversión. En noviembre de 2012 el gobierno de Antoni Samarás aplica otro ajuste que llega a los 18 mil millones de euros. El mismo mes, los ministros de Finanzas de la Zona Euro y el FMI deciden un dispositivo destinado a rebajar la deuda en unos 40 mil millones de euros.

Luego, en enero de 2013, antes de la victoria de Alexis Tsipras en las elecciones, el octavo y último plan de austeridad (2,5 mil millones de euros) entró en vigencia. La mayoría del dinero no fue al pueblo sino a pagar a los bancos y los intereses de la deuda (en especial los bancos de Francia, Alemania y Suiza). Como si fuera poco, los griegos fuero tratados de todos los nombres por la prensa y los políticos: vagos, gastadores, sucios, corruptos, irresponsables. Y todo sigue igual. O casi todo. Los sucesivos planes de la troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) hicieron caer el PIB griego en un 25 por ciento al tiempo que el desempleo llegó a un pico del 60 por ciento entre los jóvenes. Por ahora, Grecia perdió su derecho a contar con el plan de rescate europeo vigente desde 2012, debe reembolsar 1600 millones de euros al FMI y aún no se sabrá hasta este miércoles qué decidirá el Eurogrupo. Las intenciones de los europeos no pueden ser más claras: provocar la caída de Syriza, precipitar la celebración de nuevas elecciones anticipadas para que de ellas salga una mayoría acorde con los violines de su política. Todos unidos pondremos de rodillas a los rebeldes. Es altamente probable que lo consigan. El cónclave de demócratas más importante de la historia y del mundo se han confabulado para ahogar una democracia en un ejercicio lamentable que es, en suma, la negación misma de la democracia. La Unión Europea está perfeccionando en el Viejo Continente el golpe de Estado bancario más masivo, consensual y perfecto de las sociedades humanas.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional