El secretario general de la ONU afirmó que el coronavirus es la crisis global “más difícil” desde la Segunda Guerra Mundial

Para António Guterres la respuesta a la crisis generada por la pandemia "demanda una acción política decisiva, inclusiva e innovadora por parte de las economías más fuertes del mundo, y el máximo apoyo financiero y técnico para las personas y los países más vulnerables” .

 

El secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó este martes que el coronavirus es la crisis “más difícil” a la que se enfrenta el mundo desde la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que lanzó un plan para contrarrestar los impactos socieconómicos de la pandemia.

“Por un lado, es una enfermedad que representa una amenaza para todos en el mundo y, por otro, tiene un impacto económico que traerá una recesión sin paralelos probablemente en el pasado reciente”, señaló Guterres durante una rueda de prensa virtual de Naciones Unidas.

Así, “la combinación de los dos hechos y el riesgo de que contribuya a una mayor inestabilidad, a un mayor descontento y a un mayor conflicto son cosas que nos hacen creer que esta es, en efecto, la crisis más difícil a la que nos hemos enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial”, remarcó.

Guterres que, a su juicio, la crisis del Covid-19 “necesita una respuesta más fuerte y eficaz que sólo es posible en la solidaridad, si todos se unen y nos olvidamos de los juegos políticos y comprendemos que es la humanidad la que está en juego”.

Asimismo, el secretario general de la ONU, insistió en que la respuesta al coronavirus ha de ser “decisiva, innovadora y conjunta”, además de “a gran escala, coordinada e integral”. Y dijo que es necesario mostrar “solidaridad” con las comunidades y los países “más vulnerables” ante el avance del Covid-19.

“Esta crisis humana demanda una acción política decisiva, inclusiva e innovadora por parte de las economías más fuertes del mundo, y el máximo apoyo financiero y técnico para las personas y los países más vulnerables”, señaló.

En cuanto al documento lanzado por Naciones Unidas, describe la velocidad y la escalada de la propagación del coronavirus, la severidad de los casos y la interrupción económica y social que la pandemia trae aparejada.

En este contexto, Guterres se refirió a la respuesta sanitaria al Covid-19 y pidió una respuesta “coordinada” para suprimir la transmisión y poner fin a la pandemia.

La respuesta tiene que “aumentar la capacidad sanitaria para realizar pruebas, vigilancia, cuarentena y tratamiento, a la vez que mantiene a los trabajadores seguros, combinado con medidas para restringir el movimiento y el contacto”.

Guterres recordó que la enfermedad “se propaga como un incendio forestal en el sur con millones de muertes”, al tiempo que se refirió a la posibilidad de que “la enfermedad reaparezca donde se suprimió anteriormente”. “Recordemos que sólo somos tan fuertes como el sistema de salud más débil en nuestro mundo interconectado”, destacó.

En cuanto a las personas más vulnerables ante el avance del Covid-19, Guterres instó a centrarse en ellos mediante el diseño de políticas que, entre otros asuntos, apoyen la provisión de seguros de salud y desempleo, además de las protecciones sociales, al tiempo que se fortalece a las empresas para evitar quiebras y pérdidas de empleo.

Según el secretario general de la ONU, el alivio de la deuda también deber ser una “prioridad”, remarcando que el organismo ha establecido un nuevo Fondo Fiduciario de socios múltiples para la Respuesta y Recuperación del Covid-19 con el objetivo de responder a la emergencia y recuperarse del choque económico.

“Cuando superemos esta crisis, lo cual haremos, enfrentaremos otra opción”, ha indicado Guterres. “Podemos volver al mundo como era antes o enfrentar de manera decisiva aquellos problemas que nos hacen innecesariamente vulnerables a las crisis”, dijo

1 de abril de 2020

Con información de Europa Press

Publicado enInternacional
Qué medidas han venido aplicando frente a la crisis del coronavirus

¿Cómo responden los países al colapso económico?

El parate económico derivado de las restricciones sanitarias representan un gran desafío para los gobiernos, que lanzaron masivamente planes estímulo.

 

Los países industrializados, con Europa y Estados Unidos a la cabeza, anunciaron en las últimas semanas enormes paquetes de estímulo para evitar el colapso de sus economías. Según un proyecto de la OCDE que actualiza en tiempo real las medidas sanitarias y económicas, los 46 países más importantes en términos de riqueza (que forman parte de la OCDE y/o del G-20) adoptaron medidas de “distanciamiento social” y todos ellos comenzaron a implementar fuertes medidas económicas paliativas.

Una de las particularidades de la crisis económica que se está desatando a partir de la pandemia del coronavirus es que se trata de una situación autoinflingida, ya que es resultado de las medidas de restricción sanitaria adoptadas por los propios gobiernos. Es decir, no se trata de un shock exógeno, como puede ser un terremoto, ni del estallido de los desequilibrios internos del sistema, al estilo crisis de las hipotecas subprime, sino que es el producto de la decisión soberana de los países, de proteger antes que nada la vida de su población y evitar el colapso de los sistemas de salud.

El gobierno argentino anunció el aumento de la asignación universal por hijo y jubilaciones, transferencias directas a monotributistas, congelamiento de cuotas, alquileres y precios, reducción de cargas patronales en sectores especialmente afectados, créditos para recomponer capital de trabajo y Repro para que el Estado afronte el pago de salarios en empresas en crisis, entre otras medidas. Las políticas adoptadas por otros países tienen varios puntos en común: apoyo monetario directo a no asalariados, diferimiento en el pago de impuestos, apoyo crediticio a pymes y en el pago de sueldos para las empresas más afectadas. A continuación, algunos ejemplos:

España

El gobierno español anunció un paquete económico de 200 mil millones de euros, el mayor en la historia democrática del país, equivalente a un 20 por ciento del PIB. “El Estado va a asumir el choque económico”, dijo el presidente, Pedro Sánchez. La mayor parte de ese dinero estará disponible para que las empresas no se queden sin liquidez y puedan continuar pagando los sueldos. Se suspende por seis meses el pago de impuestos para las pymes y para empleados autónomos así como la devolución de los créditos otorgados por el gobierno. También hay prórroga automática de los seguros de desempleo y se prohibieron los despidos.

Italia

Enfrenta la situación sanitaria más dramática. Redujo en 100 euros impuestos para trabajadores que reorganizaran su actividad desde el hogar y para aquellos que no pueden trabajar, el Estado se hace cargo del salario. Se aplicó una suma de 600 euros para la mayoría de los empleados autónomos, artistas y 100 euros para trabajadores asalariados de bajos ingresos. Se suspendieron las condicionalidades para acceder a un ingreso básico estatal y se aplicaron 700 millones de euros para apoyar a las aerolíneas y flexibilidad en el cobro de impuestos para las pymes. Los despidos se suspendieron por dos meses, así como también el pago de hipotecas.

Alemania

El gobierno de la mayor economía europea aprobó un paquete de 122 mil millones de euros. El ministro de Economía alemán, Olaf Scholz, describió el plan como una “gran bazooka” para evitar el colapso de la economía. Los trabajadores autónomos y las pymes de hasta 10 empleados tendrán a disposición un fondo de 50 mil millones de euros para solventar la actividad. La ayuda será de 9 mil a 15 mil euros por tres meses. También hay flexibilización en el pago de impuestos y alquileres. Pero complementariamente hay un fondo de 600 mil millones de euros para asegurar que las grandes empresas exportadoras alemanas no debiliten su posición patrimonial. Alemania está enfrentada con España e Italia porque no quiere que el Banco Central Europeo emita “eurobonos” de salvataje para las economías de región.

Estados Unidos

Republicanos y demócratas acordaron lanzar un paquete económico de 2 billones de dólares, “el más grande en la historia de los Estados Unidos”, según el New York Times. 367 mil millones de dólares se destinarán a que las pymes puedan seguir pagando salarios, mientras que 500 mil millones de dólares serán préstamos garantizados y subvencionados para fondear a empresas grandes. Además, hay fuertes transferencias directas de dinero a los hogares. Las personas recibirán 1200 dólares junto a otros 500 dólares por hijo o hija. El beneficio opera para salarios anuales que están por debajo de los 75 mil dólares. Aumenta el seguro de desempleo en 600 dólares por semana por hasta cuatro meses. Las aerolíneas van a recibir 25 mil millones de dólares en garantías y los hospitales, 117 mil millones, entre otras medidas.

Brasil

A pesar del juego mediático del presidente, Jair Bolsonaro, para encender la chispa de su electorado, al minimizar la magnitud de la pandemia, el gobierno de Brasil anunció medidas para reducir la crisis económica. Se definió la entrega de un bono por el equivalente a 120 dólares a los trabajadores informales y desempleados que no reciban recursos de otros programas. Las empresas pueden pagar la mitad de los sueldos, aunque sin compensación para los trabajadores formales afectados. Flexibilización en el pago de impuestos para las pymes. Se abrió también una línea de crédito de emergencia de unos 8 mil millones de dólares para que las pequeñas y medianas empresas puedan pagar sueldos durante los próximos dos meses.

Colombia

Se estableció el pago de un beneficio extra para los programas sociales existentes Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor, la entrega de una canasta de comida para los hogares más vulnerables y libre acceso al servicio de agua a pesar de deudas impagas. Se refinancian deudas e hipotecas y se pospone el pago del IVA y otros impuestos para el sector turístico y aviación.

Publicado enEconomía
Lunes, 30 Marzo 2020 06:28

La crudeza de las opciones

La crudeza de las opciones

Hoy es ya claramente manifiesta la disyuntiva que representa la infección por el virus en la conducción política de muchas sociedades. El equilibrio es muy precario entre las exigencias sanitarias para contener el muy rápido avance del contagio y las necesidades de una extensa población con poca o ninguna capacidad de guardarse en casa.

La pandemia muestra la naturaleza misma de poder, así como la expresión particular del modo de hacer política (remito al artículo de D. Runciman, en The Guardian, 27/03/20).

Una de las cuestiones más relevantes en una democracia es cómo se ejerce el poder conferido a un gobierno por medio de las elecciones. La contraparte de esto, claro está, es cómo respondemos los ciudadanos.

En materia política siempre existe el hecho de que ciertas personas indican u ordenan a los demás qué es lo que tienen que hacer. Esta es la alternativa que existe entre la libertad personal y las opciones colectivas.

En el caso que nos ocupa ha habido llamados para cumplir primero con las indicaciones de distanciamiento social, hasta llegar ya al llamado enfático a la reclusión. Cuando esto no es suficiente se imponen medidas compulsivas aplicadas por las autoridades mediante la fuerza pública. Es este rasgo el que finalmente expone dónde se sitúa el límite que, al rebasarse, significa el quiebre del orden político.

Le damos a otros el poder extremo de decidir acerca de la vida o muerte de la gente, y eso se sustenta en que el costo se incurre con miras en la seguridad colectiva.

El caso es que en el campo en que se lucha contra el virus, los niveles de la responsabilidad se van delineando de diversas maneras. Desde las medidas aplicadas por el gobierno al más alto nivel, siguiendo las de índole subordinada y otras a escala local. No es fácil, en ese escenario, mantener la coherencia en la gestión de una crisis como ésta.

Así se llega incluso hasta las decisiones que ya están tomando los trabajadores sanitarios en algunos países respecto a quienes atender en los hospitales en la medida en que éstos se saturan.

Los ciudadanos no tenemos ningún control sobre todos estos ámbitos que se expresan en decisiones que afectan la salud y las condiciones económicas de la población. Es un caso extremo de opciones sociales y la situación se dificulta aún más en una sociedad en la que la legalidad está desgastada y existe una desigualdad social tan grande.

Al asunto eminentemente relacionado con la salud personal y colectiva se suma por necesidad la repercusión económica de la instrucción de quedarse en casa. Si se interrumpen el trabajo y el funcionamiento de las empresas, la parálisis se generaliza. La cuestión tiene un severo impacto en el corto plazo y se asocia con una recesión de la actividad productiva.

La recesión es ya un hecho en todas partes. Si se extienden las condiciones de paro en el tiempo, los escenarios podrán llevar a un periodo de depresión económica como no se ha visto desde hace más ocho décadas.

En Europa se habla de la hibernación de la economía, con lo que se da a entender que el periodo de práctica inactividad que ya prevalece debe, de alguna manera, salvaguardar la capacidad productiva existente para poder remprender el trabajo cuando la pandemia ceda, lo que es, por ahora, impredecible.

Tal hibernación es un proceso sumamente complicado, no sólo en términos físicos asociados con los trabajadores y las plantas productivas, sino con las posibilidades de remprender el financiamiento de la producción, del consumo y la inversión en un entorno de riesgo exacerbado del sistema financiero.

La cuestión es que, primordialmente, las personas tienen que sobrevivir, pero también las empresas, la estructura productiva; ahí se produce, se generan empleos e ingresos.

La política pública ha de enfocarse, pues, a apoyar a las familias que más lo necesitan, aplicar medidas que evitan los despidos masivos y las quiebras; luego habrá que recrear el crédito y reponer la liquidez en el mercado.

Decir todo esto podría ser obvio, pero será endiabladamente difícil conseguirlo sin un amplio pacto social que requiere de una enorme legitimidad de los gobiernos y de la política como instrumento para conseguir una renovada forma de la cohesión social. El complejo proceso de la reproducción social tendrá que ser forzosamente replanteado.

Publicado enEconomía
Rusia demanda nuevo acuerdo de la OPEP para enfrentar colapso en la demanda de petróleo

Un nuevo acuerdo de la OPEP+ para equilibrar los mercados del petróleo podría ser posible si otros países se unen a él, dijo Kirill Dmitriev, responsable del fondo soberano ruso, añadiendo que los países también deberían cooperar para amortiguar las consecuencias económicas del coronavirus.

El pacto entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo y otros productores, incluyendo a Rusia (conocido como OPEP+), para frenar la producción de petróleo y apoyar los precios se vino abajo a principios de este mes, lo que provocó una caída en picado de los precios mundiales del petróleo.

"Se necesitan acciones conjuntas de los países para restaurar la economía (mundial)... Estas (acciones conjuntas) también son posibles en el marco del acuerdo de la OPEP+", dijo a Reuters en una entrevista telefónica Dmitriev, jefe del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF por sus siglas en inglés).

Dmitriev y el ministro de Energía Alexander Novak fueron los principales negociadores de Rusia en el acuerdo sobre el recorte de producción con la OPEP. El acuerdo existente expira el 31 de marzo.

"Estamos en contacto con Arabia Saudí y otros países. En base a estos contactos vemos que si el número de miembros de la OPEP+ aumenta y otros países se unen, existe la posibilidad de un acuerdo conjunto para equilibrar los mercados del petróleo".

Dmitriev se negó a decir quiénes deberían o podrían ser los miembros del nuevo acuerdo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo la semana pasada que se involucraría en la guerra de precios del petróleo entre Arabia Saudí y Rusia en el momento oportuno.

Dmitriev también dijo que era inevitable una crisis económica mundial, ya que la deuda mundial había subido a un importe equivalente al 323% del producto interior bruto, frente el 230% de la anterior crisis económica de 2008.

"Los esfuerzos para restaurar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos son ahora tan importantes como siempre, haremos todos los esfuerzos de nuestro lado y esperamos que Estados Unidos también entienda que esto es necesario", dijo.

29 marzo 2020

(Con información de Público)

Publicado enInternacional
Domingo, 29 Marzo 2020 07:29

El mundo en hibernación busca salidas

El mundo en hibernación busca salidas

La triple conmoción por el coronavirus —sanitaria, económica y política— une a la humanidad bajo la misma amenaza pero la divide en las respuestas

 

El planeta, para un extraterrestre que aterrizase estos días, ofrecería una imagen extraña, entre apacible e inquietante. Más de un tercio de la humanidad está en casa, privada de la libertad de moverse, tan esencial y que todos damos por hecha. Las calles, vacías, como las carreteras sin coches. Los cielos claros, sin aviones. Las fronteras, cerradas. ¿Los líderes? Encerrados también y gestionando como pueden —primero cada uno por su cuenta, atolondradamente, casi siempre tarde pese a las señales— la mayor crisis que seguramente les habrá tocado afrontar en sus vidas. ¿Los ciudadanos? Desconcertados por el virus que se detectó en China el pasado diciembre y que ha matado a más de 28.900 personas y afectado a unos 200 países. Angustiados por su salud y la de sus prójimos, y por el batacazo económico que, según la unanimidad de los expertos, se avecina. El mundo ha entrado en hibernación.

 “Vivimos un momento histórico de desaceleración, como si unos frenos gigantes detuviesen las ruedas de la sociedad”, explica, desde su confinamiento en la Selva Negra, el filósofo alemán Hartmut Rosa, que ha dedicado buena parte de su obra a estudiar lo que él llama la “aceleración” desenfrenada de las sociedades capitalistas. “En los últimos doscientos años o más, el mundo cada vez iba más rápido”, argumenta. “Si usted observa el número de coches, trenes, barcos, aviones, sin cesar aumentaba el tráfico y el movimiento. Es cierto que había bolsas de desaceleración, por ejemplo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001: el tráfico aéreo fue más bajo durante unas semanas. Pero todo esto se ha interrumpido. Vivimos un momento único de calma”.

El electrochoque ha dejado a los humanos aturdidos, en un estado que mezcla la calma, como dice Rosa, con el desasosiego, sin espacio físico para moverse ni espacio mental para saber cómo será la vida, la ciudad, el país, el mundo en dos o tres meses, o en un año.

Es una sacudida triple. Sanitaria, primero: la enfermedad desconocida, la Covid-19, y el virus que la causa, el temible SARS-Cov-2. No existe una vacuna, por lo que son las medidas llamadas no-farmacéuticas las que se aplican, en su modalidad más extrema: el confinamiento. No solo de infectados o sospechosos de estarlo, sino de ciudades y regiones enteras al principio —Wuhan en China desde enero, Lombardía y buena parte del norte de Italia el 8 de marzo— y, en los días siguientes, como si las piezas de dominó cayesen una detrás de otras, países grandes y pequeños, desarrollados y en vías de desarrollo. De Italia entera a la India, pasando por España, Francia, el Reino Unido y una parte considerable de Estados Unidos y de América Latina: unos 3.000 millones de personas quietas y encerradas.

La segunda sacudida es económica. Los Gobiernos asumen que el frenazo en la actividad —las rutas del comercio mundial, ya interrumpidas cuando el coronavirus no parecía más que un mal chino, se han bloqueado— provocará una recesión global. En 2020, la contracción del PIB será de un 2,2% en la zona euro, según la agencia de calificación Moody’s, y de un 2% en Estados Unidos. Las cifras de demandantes de subsidios de desempleo en este país han batido un récord: nunca, desde que hace medio siglo empezó a registrarse, había sido tan alta, más de tres millones. Las sumas que se han inyectado o inyectarán para amortiguar el descalabro de las empresas y de los trabajadores —cinco billones de dólares solo para los países del G20— y las intervenciones de los bancos centrales dan una idea de las dimensiones del desastre que se intenta evitar, o suavizar. Vuelve a entonarse el whatever it takes (lo que sea necesario), el estribillo mágico que Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, pronunció en 2012 para salvar al euro, y funcionó. Todos, no solo los bancos centrales, prometen “lo que sea necesario”, pero ocho años después de la intervención de Draghi, el primer acto de la crisis escenifica una respuesta en orden disperso. Las fracturas de la Unión Europea reaparecen en toda su crudeza. El virus es global; las reacciones, nacionales.

Se plantea un cambio de modelo económico. ¿El fin de la globalización? “Posiblemente sea inevitable pasar por una fase de desglobalización, es decir, de comercio y flujo de capitales reducidos entre los países”, escribe el economista francés Thomas Piketty en un correo electrónico a EL PAÍS. “Continuar como si nada no es una opción. En caso contrario, el nacionalismo triunfará”, avisa.

El tercer golpe, además del sanitario y el económico, es político. El virus ha irrumpido en un momento de repliegue de EE UU y de afirmación nacionalista de China. La batalla, que no distingue fronteras y sobre el papel une al mundo en una misma causa, es una batalla por la influencia entre las potencias mundiales. “Ahora la lucha es contra el virus. Pero el virus será derrotado. Y la gente volverá a trabajar y a subirse en aviones. Cuando esto ocurra, la posición de Rusia y de China se habrá reforzado comparativamente, mientras que la de Estados Unidos se habrá debilitado”, analiza el ensayista estadounidense Robert D. Kaplan. “Como China es autoritaria”, añade Kaplan, “ha sido capaz de imponer cuarentenas extremas como ninguna democracia es capaz. Al tener tantas empresas estatales, estas han podido absorber el choque económico del virus. Y Rusia, al estar sometida a sanciones, ha sido capaz de ser más autosuficiente desde el punto de vista económico. En cambio, Estados Unidos y Europa, totalmente inmersas en el sistema de libre mercado, han sufrido una devastación económica por el virus”.

En unas semanas, la historia se ha acelerado, como en 1989 al caer el Muro de Berlín, o en 1914 al ser asesinado el archiduque Francisco Fernando. Y, al mismo tiempo, se ha congelado. Nunca la humanidad se había detenido al alimón. Nunca se había visto una decisión colectiva semejante, aunque, paradójicamente, no coordinada: cada país se iba confinando a su ritmo, ignorando las lecciones del vecino, repitiendo sus errores y tropiezos y, finalmente, confluyendo, con variaciones en la intensidad del confinamiento y excepciones en países como Corea del Sur, que lo han gestionado con medidas menos drásticas.

No hubo largas discusiones parlamentarias ni tampoco presión social antes de decretarse la decisión de mayor trascendencia, quizá, de este siglo. La presión que condujo al cierre de las fronteras y a la clausura de los ciudadanos no era la de los votantes sino la de la locomotora sin frenos que —se temía— iba a causar centenares de miles o millones de muertos.

“Esto es una pandemia, por primera vez en la historia, en la que el mundo está interconectado tecnológicamente y en el que los mercados financieros están interconectados. Por eso ha causado una disrupción como nunca se había conocido”, dice Kaplan.

La política soberana —el Estado— retoma un papel central. En paralelo, arrollada por el enemigo invisible, ha quedado expuesta su impotencia. De ahí las críticas por la lenta reacción de las autoridades. “En los países democráticos, los Gobiernos son tan débiles que no podían imponer la decisión antes de que esta se impusiese por sí misma. Por eso llegamos tarde”, defiende en París la socióloga Dominique Schnapper. “¿Se imagina lo que habría sucedido si hace veinte días el Gobierno hubiera decretado el confinamiento? No se habría aplicado y habría causado un escándalo. Ahora se le acusa de haberse retrasado”.

El mundo hiberna, sí, pero los contornos del mundo posterior al coronavirus empiezan a dibujarse. Mientras los sanitarios luchan por las vidas de los enfermos y los investigadores persiguen contra el reloj la vacuna, los dirigentes se enfrentan al endemoniado dilema entre la preservación de la salud pública y la supervivencia de la economía. “Este es el verdadero problema”, señala Schnapper. “Hay que encontrar un equilibrio entre ambos imperativos: el sanitario, que es inmediato, y la necesidad de que la sociedad siga funcionando: seguir alimentando a la gente y que no haya un crac económico. No hay fórmula simple. La política consiste en conciliar dimensiones contradictorias”.

Cuanto más duren los confinamientos, más probabilidades de atenuar la pandemia y menos de evitar la depresión económica: este es uno de los debates. No el único. El virus y la carrera por derrotarlo disparan la competición entre modelos políticos. Enfrenta a autoritarios (China) y democráticos (Europa y EE UU). Y, dentro de los democráticos, opone a populistas y moderados. La gestión de los Trumps o Bolsonaros se medirá con la de la alemana Angela Merkel o el francés Emmanuel Macron.

Al erigirse nuevas fronteras y responsabilizarse a la globalización de la propagación de la epidemia, parecería que el populismo y el nacionalismo saldrán fortalecidos. No está tan claro. Porque el miedo —en este caso, a una amenaza real, no imaginaria— refuerza la confianza en los científicos y los médicos: no es tiempo de experimentos ni de soluciones fáciles.

“Se podría decir que la crisis genera los anticuerpos del populismo”, dice por teléfono Laurence Morel, politóloga en la Universidad de Lille. “No digo que vaya a hacerlo desaparecer: lo decisivo será la capacidad de los Gobiernos para resolver la epidemia y evitar consecuencias económicas demasiado graves. Serán los resultados. Sabemos que los populistas prosperan cuando los Gobiernos son impotentes”.

París - 28 mar 2020 - 18:30 COT

Publicado enInternacional
Toma de muestras a conductores en un punto de prueba de detección del Covid-19 en el Hospital Universitario de Burgos, España.Foto Afp

Más que las vacunas para el Covid-19, lo importante son las llamadas geoestratégicas, como la del mandarín Xi a su homólogo el zar Vlady Putin.

El 27 de marzo –"menos de 20 horas después de la cumbre virtual del G-20"–, Trump y el mandarín Xi entablaron una llamada, poco publicitada por los encubridores multimedia de EU, pero puesta en relieve por el portavoz oficioso chino Global Times que destaca su "cambio de actitud" (https://bit.ly/2QPAmiz), y que el mismo Trump colocó en su Twitter:"Acabo de concluir una muy buena conversación con el presidente Xi de China. Discutimos en gran detalle (sic) que destroza extensas partes de nuestro planeta. China ha pasado por esta etapa y ha desarrollado una poderosa (sic) comprensión del virus. Estamos trabajando juntos en forma estrecha. ¡Mi más profundo respeto (sic)!" (https://bit.ly/2QUpFLN).

Para Global Times la llamada de Trump y Xi es la mejor prueba de que el sistema de salud de EU necesita(ba) la ayuda urgente de China: "La gravedad de la situación en EU obligó a Trump a expresar su deseo de pedir ayuda de China".

Según Xinhua, el mandarín Xi instó a Trump a fortalecer la política de coordinación macroeconómica, para estabilizar los mercados, mantener el crecimiento, salvaguardar el bienestar de las poblaciones, y asegurar la apertura, estabilidad y seguridad de las cadenas globales de suministro (https://bit.ly/3aueUHK). ¡Ahora China marca el diapasón de la "Ruta Sanitaria Global de la Seda"!(https://bit.ly/2UpNZYd).

A diferencia de las misántropas sanciones sanitarias de Trump contra Irán, China abastece con material médico y ventiladores a EU para su batalla contra la pandemia.

En medio de la balcanización sanitaria, aTrump lo alcanzó el "cisne negro": evento inesperado de gran impacto (https://bit.ly/2wyqCCJ). Más bien se trata de la metáfora asiática de los "rinocerontes grises" (https://amzn.to/39wCGBW): allí están, pero nadie los quiere ver hasta que embisten.

Siguiendo el clásico guion de la "zanahoria y el garrote", el plutócrata Trump solicita ayuda médica al Partido Comunista de China, mientras le asesta un golpe geopolítico el mismo día al firmar la "Enmienda Taipéi" (https://bit.ly/3bzT6e8) que promete apoyo a las "alianzas diplomáticas (nota: un total de 15 frente a 180 que reconocen a China)" de la isla renegada de Taiwán y que socava la política de "una sola China" que fue el sustrato de las relaciones de China en la fase de la dupla Mao Zedong/Zhou Enlai con el dúo Nixon-Kissinger a inicios de los 70.

Global Times es muy severo al respecto y fustiga que mientras EU se encuentra plagado con el coronavirus, se dedica a jugar con la política cuando "usa plenamente la carta de Taiwán para librarse a juegos estratégicos con China" (https://bit.ly/33Uxp5C).

Laura Zhou, del portal SCMP, con sede en Hong Kong, comenta que la "diplomacia de los tapabocas" de China "preocupa a Occidente" (https://bit.ly/2y8e0lZ). Hasta cierto punto, porque Italia y Francia han entablado profundas relaciones sanitarias con Pekín para mitigar al Covid-19.

China ha lanzado una ofensiva sanitaria centrada en Europa, Medio Oriente, África y Asia –y ahora en el mismo EU– para enviar a sus expertos médicos y proporcionar el material médico requerido.

Ahora China se ha quitado los guantes y contesta las injurias del presidente brasileño Bolsonaro como las provenientes de EU. Al día siguiente de la "Enmienda Taiwán", Global Times arremetió contra Trump por "haber fracasado en tratar en forma inapropiada (sic) el brote" (https://bit.ly/2WPxEO0)” que calificó como "el nuevo Chernobyl de EU y Europa" (https://bit.ly/3dzS7wc).

China consiguió domesticar al Covid-19 (https://bit.ly/2R8vPs3) y ahora ha lanzado su "Ruta Sanitaria Global de la Seda", último clavo del Covid-19 en el féretro de la globalizaciónque expuso lastimosamente hasta a sus promotores de la monarquía neoliberal financierista británica: el príncipe Carlos y el primer conservador Boris Johnson que presentaron prueba positiva al coronavirus.

http://alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

Publicado enInternacional
La geopolítica en los tiempos del coronavirus

Doce años después de la crisis financiera de 2008 la historia se repite, no sabemos aún si como tragedia más profunda o directamente como farsa. Tres mil millones de personas en el mundo confinadas por un coronavirus, llamado SARS CoV-2, que ha pateado el tablero mundial, pero también ha logrado lo que el socialismo no pudo: que se asuma la imperiosa necesidad del Estado como herramienta para garantizar la reproducción de la vida ante al avance depredador del capital.

La pandemia que arrasa al mundo, deja al descubierto cómo el neoliberalismo fue desmantelando el Estado y su sistema de salud, privatizando y entregando el control a farmacéuticas privadas donde pudo. Y donde aún quedaba Estado del bienestar, como en España e Italia, el sistema de salud ha colapsado.

El maremoto geopolítico ha obligado a Estados Unidos, y a pesar de Trump, a aprobar un rescate en forma de inversión pública de 2 billones de dólares, mientras el número de contagios supera ya los cerca de 82 mil de una China que mediante un Estado autoritario y eficiente con control sobre los medios de producción y alta tecnología, ha podido neutralizar los contagios locales del Covid-19. Camiones rusos entran en Roma, al mismo tiempo que en Alemania y Francia se habla de nacionalizar empresas, mientras Japón posterga los Juegos Olímpicos hasta 2021 e India confina a mil 300 millones de personas. En América Latina los médicos cubanos retornan a Brasil, tras haber sido expulsados por Bolsonaro, a quien se le rebelan unos gobernadores que impulsan una renta básica lulista como medida para afrontar la crisis. Mientras tanto en Chile siendo éste el Israel de Sudamérica, Piñera decreta el "estado de excepción constitucional de catástrofe".

Pero todos los anteriores son países del G20 u OCDE. Debe ser por eso que hablamos tanto del coronavirus y no mucho de la malaria, que tan solo en 2019 mató a 400 mil personas en África. Perdón, donde dije personas quise escribir 400 mil pobres y negros. Porque ese es el debate subyacente en México hoy y en muchos otros países. El aislamiento puede ser necesario en muchos lugares para contener la pandemia, pero sólo puede ser sostenible si no condena al hambre a los más vulnerables, quienes no cuentan con redes de protección social ni son parte de la economía formal.

Y es que después de la crisis sanitaria viene la crisis económica y social, una vez que se interrumpa la oferta por la interrupción de las cadenas de suministros y haya un shock de demanda interna y externa.

Sin ir más lejos, en Estados Unidos subsisten 27 millones de personas sin seguro médico y 11 millones más sin documentos. El coronavirus ya ha disparado las peticiones de prestaciones por desempleo hasta el récord histórico de 3.28 millones. Esto sólo en Estados Unidos, porque a escala mundial la OIT calcula un crecimiento del desempleo de 5.3 millones de personas en su hipóte-sis más prudente, y de 24.7 millones en la más extrema. Por comparar, la crisis de 2008-2009 dejó 22 millones de nuevos desempleados. En América Latina la crisis del Covid-19 podría hacer pasar el número de personas en situación de pobreza y extrema pobreza de los 250 millones actuales a 310, la mitad de los 620 millones de personas que habitamos en el subcontinente.

En el plano estrictamente económico, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo calcula perdidas globales por 2 billones de dólares, pero otros estudios hablan de hasta 9 millones, lo que significaría 10 por ciento del PIB global en un mundo en crisis donde la deuda global ya supera los 250 billones de dólares.

Estamos ante una bifurcación con dos posibles salidas: una es el camino que vislumbra Slavoj Zizek, una sociedad alternativa de cooperación y solidaridad, basada en la confianza en las personas y en la ciencia; el otro camino lo define Byug Chul Han como un mayor aislamiento e individualización de la sociedad, terreno fértil para que el capitalismo regrese con más fuerza.

Pero antes de la bifurcación ya estamos en un momento donde como bien define Carlos Fernández Liria, nos preocupa más que el coronavirus infecte a los mercados que a las personas. Todo ello en un escenario definido por Boaventura de Sousa Santos con el aparente oxímoron de la crisis permanente, donde hemos normalizado la excepción que permite justificar el despojo, la acumulación por desposesión y la doctrina del shock permanente contra nuestros pueblos.

Lo que está claro es que la reproducción del capital, dificultada por la crisis de un capitalismo en fase de descomposición, puede encontrar una ventana de oportunidad en la medida en que desaparece una parte de la población mundial y se crean nuevos mercados.

La salida ante esta nueva crisis debe ser en un primer momento keynesiana, (re)construyendo estados fuertes que rescaten a las personas y no a los bancos ni a las trasnacionales, estados que aprovechen el momentum para transitar hacia otras energías no basadas en combustibles fósiles, mientras se siguen profundizando todas las alternativas posibles posneoliberales.

O quizá no hacen falta tantos malabares teóricos y debemos guiarnos por Britney Spears citando a la escritora Mimi Zhu: "Nos alimentaremos mutuamente, redistribuiremos la riqueza, haremos huelga. Comprenderemos nuestra propia importancia desde los lugares donde debemos permanecer. La comunión va más allá de los muros. Todavía podemos estar juntos".

Por Katu Arkonada, olitólogo vasco-boliviano

Publicado enPolítica
Keynesianismo contra el virus: seis billones para rescatar la economía planetaria

La mayor inyección de dinero público de la historia, activada para estimular el sector privado y evitar el colapso de los sistemas productivos y comerciales del planeta, multiplica por seis los recursos destinados a paliar el 'crash' de 2008 y triplica la magnitud de la recesión que ahora pronostican, en términos de PIB, organismos como el Fondo Monetario Internacional-

 

Los gobiernos de las principales economías del planeta y los organismos internacionales preparan la inyección de cerca de seis billones (con ‘b’) de euros para tratar de atajar los efectos que está comenzando a provocar en sus sistemas productivos y comerciales la pandemia del coronavirus, que, tras dispararse los contagios en la India y comenzar a extenderse por África y América, ya ha obligado a confinar a más de un tercio de la población mundial.

Ese volumen de estímulos equivale a un 7,3% del PIB planetario, que en 2018, último año para el que dispone de datos el Banco Mundial, fue de 81,8 billones de euros (85,9 de dólares al cambio actual de 1,05, y multiplica por más tres las previsiones de retroceso del PIB mundial que maneja el FMI (Fondo Monetario Internacional), que se acercan al 2%, y por más de cinco las de un punto y cuarto para este año que los analistas manejaban cuando los países occidentales comenzaron a decretar el confinamiento de sus ciudadanos y a paralizar de manera parcial la actividad económica para frenar los contagios.

El objetivo de esas partidas consiste en evitar mediante inyecciones de liquidez el gripado de un sistema económico semiparalizado por motivos sanitarios. Y su magnitud, aunque las previsiones del FMI apuntan a un retroceso similar al de 2008, resulta más de seis veces superior a los 900.000 millones de euros que los países del G-20 movilizaron entonces.

En esa situación, las apelaciones a un Plan Marshall como el desplegado en la posguerra mundial en Europa que en los últimos días han realizado algunos dirigentes políticos, como el presidente del Gobierno. Pedro Sánchez o el valenciano Ximo Puig, no dejan de resultar chocantes por dos motivos: la cuantía, ya que aquello subió a 13.400 millones de dólares, el equivalente actual de 85.700 de euros; y su génesis, ya que el 90% de esa cantidad llegó a los gobiernos europeos como donaciones del estadounidense a cambio de contrapartidas, como el despliegue de sus bases militares y facilidades para la instalación de sus empresas multinacionales.

Ahora se trata de activar mediante subvenciones, condonaciones de deudas, aplazamientos de pagos y avales bancarios la mayor movilización de dinero público de la historia, y de canalizarla hacia el sector privado para evitar el colapso de una economía basada en el consumo y que se asfixia cuando la morosidad y la insolvencia se imponen al gasto y la liquidez.

Los dos billones de euros de EEUU y Latinoamérica

Lo que sí coincide con el programa de la posguerra mundial, a grades trazos y tras la escasa aportación del FMI (43.000 millones de euros) y del Banco Mundial (12.000), son los titulares de los dos papeles principales: EEUU y Europa, que, por los datos que se conocen hasta ahora, van a poner en movimiento más de dos tercios de ese volumen de dinero.

El Senado estadounidense aprobó este miércoles sin votos en contra un paquete de dos billones de dólares (1,9 de euros) que incluye, entre otras medidas, ayudas de 500.000 millones para empresas en crisis, otros tantos para pagos directos de más de 3.000 dólares por familia, 350.000 para préstamos a pymes, 250.000 para ampliar las ayudas al desempleo y otros 100.000 para reforzar la atención sanitaria.
Ese paquete económico, que llega después de otros dos que sumaban 108.000 dedicados a financiar políticas de desempleo, acciones de investigación y actuaciones sanitarias, llega otros países de ese continente preparan la movilización de algo más de 140.000 millones de dólares: se trata de Canadá (57.000), México (25.000), Brasil (30.000), Colombia (15.000), Chile (11.000) o Argentina (5.300), cuyos planes sitúan por encima de los dos billones de euros (2,048) la movilización de fondos en América.

El billón de la UE y el BCE

Los estímulos que plantean los gobiernos de Europa y las instituciones comunitarias superan también los dos billones de euros, con el plan de emergencia del BCE (Banco Central Europeo) para poner 750.000 millones de euros a disposición de las entidades financieras y con las herramientas de la UE como principales focos de liquidez.

El Eurogrupo debatía este jueves por cuál de las dos opciones que los gobiernos habían planteado se inclinaba, sin descartar una combinación de ambas. La primera consiste en activar el MEDE, el Mecanismo Europeo De Estabilidad, que dispone de una capacidad de préstamo de 410.000 millones de euros, aunque los planteamientos iniciales apuntaban a préstamos de hasta el 2% del PIB de cada país miembro, lo que supondría un máximo de 330.000.

El plan ‘b’ de la Unión, que ya antes ha había liberado otros 25.000 millones para financiar acciones de investigación sobre el coronavirus, consiste en la emisión de bonos, los polémicos coronabonos que reclaman países del sur como España, Francia e Italia y rechazan otros del norte como Alemania y Holanda.

Se trataría de emitir deuda comunitaria para destinar su recaudación a estimular las economías de sus países miembros cuando cesen los confinamientos y a financiar sus respectivos aparatos sanitarios, lo que evitaría que cada uno de esos estados tuviera que emitir sus propios bonos. El debate de fondo cuestiona la capacidad real de la UE, y el compromiso de sus socios, para plantear políticas económicas propias, y comunitarias.

El billón y medio de los países comunitarios

Los países miembros de la UE, varios de los cuales, especialmente en el sur, llevan semanas implementando medidas sanitarias y también de tipo social ante la proliferación de los contagios en sus territorios y la paralización de sus sistemas productivos con los confinamientos, superan en su conjunto con claridad a las dos grandes instituciones comunitarias, salvo la improbable opción de que la UE combinara las dos herramientas (MEDE y coronabonos), en cuanto al volumen de recursos movilizados, ya que su suma ronda el billón y medio de euros.

Dos de esos países sureños, Italia y Francia, están preparando sendas inyecciones de recursos en su economía de un nivel similar a las que plantea Alemania, que maneja estímulos por valor de 156.000 millones y emisiones de deuda por otros 200.000.

Italia, por su parte, maneja una previsión de 350.000 millones, de los que ya ha comenzado a inyectar 25.000, mientras Francia tiene presupuestado un plan de choque de 45.000 millones para empresas, autónomos y trabajadores al que se añaden otros 300.000 que irá distribuyendo mediante avales para que esos mismos agentes puedan obtener liquidez en el sector financiero.

España, con un "escudo social"  de 200.000 millones en avales y aplazamiento de impuestos y en prestaciones para suspensiones de contrato de asalariados y ceses de actividad de autónomos, se sitúa en el nivel inmediatamente inferior, aunque muy por encima de las previsiones de otros países comunitarios como Portugal, que movilizará algo más de 3.000, o Dinamarca, con apenas 350.

A esas cifras hay que añadirles las de dos potencias económicas geográficamente europeas aunque no participan en la UE. Se trata de Reino Unido, cuyo primer ministro, Boris Johnson, ha anunciado tras sus reticencias iniciales un programa de 360.000 millones de euros (330.000 de libras) tras un primer plan de 34.000, y de Rusia, que inyectará en su economía otros 145.000.

Los 600.000 millones de Asia y Australia

En Asia, el país que mayor esfuerzo va a hacer para tonificar sus sistemas productivo, comercial y financiero, que ya renqueaban antes de la pandemia, será Japón, que tiene previsto movilizar 460.000 millones de euros (56 billones de yenes) dentro de un programa que, como en el caso de EEUU, incluye pagos directos a las familias.

Le sigue en volumen de dinero movilizado, aunque a mucha distancia, China, el país en el que comenzó la pandemia, si bien su peculiar sistema económico de capitalismo de Estado hibridado con una especie de desarrollismo postcomunista lleva a su Gobierno a reducir este capítulo al equivalente a 79.000 millones de euros, en este caso reduciendo el nivel de reservas que los bancos deben mantener para garantizar su funcionamiento.

Desde el inicio de los contagios, su producción industrial se ha reducido en más de una octava parte mientras el retroceso en la captación de inversiones se acercaba al 25%.

Turquía, con 14.000 millones de euros; Corea Sur, con 7.500, y Vietnam, con 1.700, son otros de los países asiáticos que han decidido poner en marcha planes de estímulo internos, lo que sitúa por encima de los 560.000 la movilización de recursos en ese área geográfica.

Por último, a falta de conocer las reacciones de los gobiernos africanos, en varios de cuyos países, como Suráfrica, ha comenzado esta semana a constatarse la existencia de contagios, y de India, los programas de mayor cuantía en otras áreas se localizan en Arabia Saudí, que tras la suspensión de las peregrinaciones a La Meca va a activar el equivalente de 30.000 millones de euros (120.000 de riales), entre los que se incluye el aplazamiento de impuestos a pymes, y en Australia, con otros 10.000.

Publicado enEconomía
Medidas económicas de emergencia Covid-19.
 Una visión alternativa a la gubernamental

El gobierno nacional mediante el Decreto 417 del 17 de marzo de 2020 declaró el “Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en todo el territorio Nacional” para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales del nuevo coronavirus –Covid-19, así como de las medidas de confinamiento para prevenir la propagación del virus. A la luz del Decreto 417 se han promulgado otro conjunto de decretos con medidas específicas. Estos decretos merecen ser discutidos en diferentes aspectos.


El gobierno nacional considera que “es previsible que se requiera contar con recursos adicionales a los disponibles a través de los mecanismos ordinarios, que puedan ejecutarse de forma ágil e inmediata, con el fin de destinarlos exclusivamente a implementar medidas” a fin de “fortalecer el sistema de salud para garantizar las condiciones necesarias de atención y prevención” para hacer frente a la actual crisis mundial desatada por el coronavirus -Covid-19, entre otros.


Entre las fuentes de financiamiento que el gobierno nacional espera manejar se encuentran: los recursos “a cargo de la Nación y de las Entidades Territoriales, tales como el Fondo de Ahorro y Estabilización -FAE- del Sistema General de Regalías y el Fondo de Pensiones Territoriales –Fonpet–, a título de préstamo o cualquier otro que se requiera”.


Con el Decreto 444 de 2020, en el que el Gobierno nacional hace uso de recursos que le pertenecen a las Entidades Territoriales en calidad de “préstamo”, llama la atención de la instauración de un sistema de corresponsabilidad a la inversa (Robin Hood a la inversa), en el sentido de que las entidades con menor capacidad fiscal para generar recursos propios y con acuciantes necesidades de gasto público, le prestan forzosamente al Gobierno Central Nacional, la Entidad con mayor capacidad financiera y fiscal para generar recursos por medio de la tributación, entre otros, reiterándose una vez más la fuerte tendencia centralista que ha regido a la hacienda pública en Colombia.
De igual manera, el Gobierno nacional con base en el Decreto 417 de emergencia busca privatizar sus acciones en las entidades financieras donde participa aduciendo la optimización de este capital. Cabe recordar que con la promulgación del Decreto 2111 de 2019 la actual Administración creó la Holding Empresarial Estatal que lleva por nombre “Grupo Bicentenario”, en la cual se concentran dieciocho (18) entidades que desarrollan actividades conexas al servicio financiero público en la cual tiene participación directa e indirecta la Nación y cuyo valor patrimonial, con corte a diciembre de 2018, asciende a $15,8 billones, de los cuales su participación es del 94,3%.


Observando las fuentes de financiamiento para hacer frente a la actual crisis, llama la atención que para la provisión de bienes y servicios básicos para atender la salud pública de todos los ciudadanos se recurra no a impuestos directos nacionales y a otras medidas, sino a la privatización de activos y al crédito (suponiendo que no se cambian las reglas del juego estipuladas en el Decreto 444 de 2020 en el que se establecieron los mecanismos de repago de esta deuda con el fin de garantizar que las entidades territoriales tengan acceso a los mismos en el momento que ha sido estipulado por Ley).


Las medidas de confinamiento para hacer frente al coronavirus Covid-19 tienen consecuencias económicas y sociales especialmente sobre la población más vulnerable (Cuadro 1). De acuerdo con cifras del Dane, el 59% de la población empleada se concentra en actividades fuertemente afectadas por las medidas: comercio, con el 19.1% del total de ocupados; industrias manufactureras, 11.3%, agricultura, ganadería y pesca, 15.7%; administración pública, 10.4%; alojamiento y servicios de comida, 8.1%; construcción, 7.1%; transporte y almacenamiento, 7.0%, entre otros.

 


Adicional a lo anterior, un moderado porcentaje de la población empleada labora formalmente como obrero o empleado de empresas privadas (39.5%) o del gobierno (3.6%), los cuales dependiendo de la duración y profundidad de la pandemia podrían no ver impactados sus ingresos mensuales de manera considerable en el corto plazo; mientras que más de la mitad de los ocupados, que son clasificables como informales –el 42.8% son trabajadores por cuenta propia, por ejemplo–, sí los va a ver sustancialmente recortados en el muy corto plazo (Cuadro 2). A lo que hay que agregar que casi la mitad del trabajo informal en el país es considerado como de subsistencia mínima, con baja productividad y condiciones laborales y sociales precarias, y sin contar con margen de maniobra para enfrentar una reducción de sus ya de por si precarios ingresos diarios que no sea a costa de su integridad física y de sus muy frágiles condiciones de salubridad (Garay, 2007) (1)

 

 


Estas estadísticas básicas sobre tipo de ocupación llevan a observar que las medidas hasta ahora tomadas por el gobierno nacional favorecen a las grandes y medianas empresas como a las instituciones financieras sin que vayan a impactar los ingresos generados en las más importantes fuentes de ocupación en el país –el trabajo informal– , ni en consecuencia a la población más vulnerable.


Lo cual lleva a preguntarse: ¿Cuáles son los mecanismos de transmisión mediante los cuales se va a irrigar la liquidez que la población ocupada informalmente necesita para asegurar niveles de ingreso que permitan atender sus necesidades básicas?


Según la encuesta del Dane sobre los micronegocios, se destaca que “(l) a mayor fuente de financiación de los dueños o propietarios de los micronegocios que crearon o constituyeron el negocio, fueron los ahorros personales con el 61,2%, no requirió financiación el 14,3%, 10,1% por préstamos familiares y el 9,4% préstamos bancarios” (https://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ech/micro/ -ene-oct.pdf). De esta manera, ¿Las medidas establecidas en el marco del Decreto 417 van orientadas especialmente a este 9,4% que requirió de prestamos bancarios, o a las medianas y grandes empresas o las Personas Naturales ricas y superricas que tienen créditos con el Sistema Financiero?


El objetivo más importante expresado por el gobierno nacional es el de “minimizar el impacto económico”, buscando mantener el canal financiero y las relaciones crediticias libre de dificultades, de tal manera que las empresas y las familias “puedan cumplir sus obligaciones”. Subsidiariamente pretende “habilitar canales de transferencias monetarias para la población no asalariada y vulnerable” que no se encuentra en los programas de “Familias en Acción”, “Jóvenes en Acción” y “Adulto Mayor”, los cuales van a recibir un giro adicional. En este plano también se va a acelerar la devolución del IVA para el próximo mes de abril, en vez de para el año 2021 como fuera aprobado en la última reforma tributaria.


El Decreto 419 del 18 de marzo de 2020 que reglamenta esta línea de política, es claro en señalar que la focalización se va a realizar con base en: 1) la selección de la entidad territorial y 2) la caracterización de los hogares beneficiarios. Llama la atención que el primer criterio sea el de la entidad territorial y no el de “población vulnerable”.


Así pues, no resulta difícil señalar que las medidas de emergencia parecieran estar más orientadas a las personas y empresas con obligaciones financieras que a la población más vulnerable desde el punto de vista de su precario y extremadamente frágil flujo de ingresos, pues además el Estado no los ha identificado debidamente en su totalidad ni cuenta todavía con mecanismos mediante los cuales pueda acceder a ellos.


Por supuesto, huelga señalar que la situación económica y social es ostenciblemente dificil con un drástico impacto sobre las numerosas familias más vulnerables del país –que representan una muy elevada proporción de la población colombiana–. Adicionalmente, la situación financiera del gobierno nacional es estructuralmente frágil, al observarse un déficit presupuestal estructural (brecha entre los ingresos tributarios y los gastos presupuestales) que tiende a profundizarse en el marco de su errónea política tributaria al asumir que la reducción de la presión fiscal a las empresas más grandes e influyentes y a las personas naturales más ricas del país –súper superricos y superricos– se vería compensada con creces por un sustancial aumento de la tasa de inversión, del crecimiento económico y, por ende, de generación de empleo (Gráfico 1).

 

De ahí que se requiera en el corto plazo una intervención gubernamental rápida y efectiva en clave de los propósitos centrales para enfrentar las consecuencias socio-económicas de la pandemia del coronavirus –Covid-19.


En este contexto es necesario implantar algunas medidas mínimas indispensables –aunque no excluyentes sino más bien complementarias a otras medidas necesarias no abordadas aquí– en el marco del Estado de Emergencia, tales como:


1. Inter-operación efectiva de registros administrativos sobre población vulnerable. El gobierno nacional cuenta con diferentes registros administrativos, que todavía no son debidamente coherentes ni consistentes entre sí, como: el Sisben III y IV, el Registro Único de Víctimas (RUV), Pila, Colombia Mayor, Jóvenes en Acción, Familias en Acción, la base de datos de régimen subsidiado de salud, los del Icbf, entre otros, sin hacer mención de las bases de los registros administrativos de las Entidades Territoriales. En estos momentos de crisis y dada la necesidad de identificar a la población más vulnerable, resulta prioritario poner toda la infraestructura tecnológica y el capital humano del Dane y del Departamento Nacional de Planeación para poder identificar a las personas vulnerables que no están incluidas en los programas asistenciales con miras a prestarles atención y otorgarles ayudas a la mayor brevedad posible.


Es por demás diciente que sólo hasta ahora se estén realizando esfuerzos de identificación de las familias vulnerables que no están incluidas en los programas sociales más conocidos como Familias en Acción, según se ratifica de declaraciones a la prensa de la directora del DPS (2) (marzo 25 de 2020).


No menos importante, debe resaltarse que en términos de pertinencia y efectividad de política pública sobresale el caso de la informalidad de subsistencia, frente a la cual en general convendría implantarse prioritariamente un sistema integral de protección y seguridad social bajo una estrategia pública de reducción de la pobreza y avance hacia la construcción de ciudadanía y la inclusión social de la población vulnerable (Garay, 2017). Esta conveniencia se hace aún más prioritaria ante la elevada importancia de la informalidad en la población ocupada en el país y en medio de una crisis tan profunda como la difusión de la pandemia del coronavirus –Covid-19.


2. Suavizar el perfil de la deuda externa del gobierno nacional. El perfil de la deuda pública externa muestra que en el próximo año 2021 se presenta un elevado pico del servicio de la misma, lo que le resta margen de maniobrabilidad a las finanzas públicas para hacer frente a esta crisis (Gráfico 2). En 2021, el gobierno nacional deberá amortizar US$ 3.166 millones y pagar intereses por US$ 2.098 millones, que a una tasa de cambio de $ 4.100 por dólar correspondería a $13.0 y $8.6 billones, respectivamente. Dado que el gobierno nacional requiere de espacio fiscal suficiente, debería buscar refinanciar estas obligaciones por concepto de amortizaciones de la deuda multilateral con las fuentes multilaterales como el BID (cerca de USD$ 405 millones en 2020 y USD$ 404 en 2021), con el BIRF (USD$ 186 millones en 2020 y USD$ 247 en 2021), con AFD (USD$ 122 millones en 2020 y USD$ 143 en 2021) y KFW (USD$ 62 millones en 2020 y USD$ 87 en 2021), así como amortizaciones por US$ 2.190 millones en 2021 de bonos emitidos en el mercado internacional, a través de contratación de créditos blandos con fuentes multilaterales o de la emisión de bonos o títulos soberanos a menores tasas de interés y mayores plazos, al momento que sea posible. De tal manera se podrán suavizar los pagos del servicio de la deuda externa al menos en los años 2020 y 2021.

 

 


3. Implantar un impuesto al patrimonio temporal extraordinario con tarifas progresivas para enfrentar las consecuencias de la pandemia, centrado específicamente en las personas naturales ricas y superricas. Ante la menor presión fiscal del impuesto a la renta a favor de las personas más ricas del país –especialmente las superricas y súper superricas– (Garay y Espitia, 2019 y 2020) (3), convendría implantar extraordinaria y temporalmente un impuesto al patrimonio para financiar prioritariamente a las familias vulnerables del país –en especial aquellas con ocupación informal cuenta propia y las desocupadas de larga duración–, con tarifas progresivas a partir de las personas naturales pertenecientes al decil 10 según patrimonio.


Por supuesto, la actual precariedad fiscal del país para afrontar situaciones imprevistas de magnitud macro socio-económica como la pandemia del coronavirus –Covid-19, muestra fehacientemente la inaplazable necesidad de implantar un proceso de reforma tributaria estructural que a la vez que incremente sustancialmente la presión fiscal –en términos del PIB–, asegure el cumplimiento de los principios constitucionales de equidad horizontal, progresividad vertical y eficiencia administrativa –unos lineamientos básicos para esta reforma están detallados en Garay y Espitia, 2019 y 2020–.


 Esta renta mínima básica extraordinaria de un salario mínimo legal vigente por un periodo de tres meses que debe recaer, en primer lugar, sobre la población en pobreza extrema (cerca de 3 millones 500 mil personas o unos 900 mil hogares), la cual tendría un costo aproximado de $2.6 billones. En el otro extremo, si esa misma asignación se realizara para todo el 27% de la población colombiana que se encuentra en condiciones de pobreza (cerca de 13 millones de personas o unos 2 millones 700 mil hogares), el costo ascendería a cerca de $8 billones (0.8% del PIB). Es claro, que con este valor se alcanzaría a cubrir las familias venezolanas que se encuentran actualmente en Colombia.


Por supuesto, debe aclararse que el costo fiscal incremental neto al costo fiscal de las políticas actualmente existentes de distribución de subsidios sería claramente inferior a dicha cifra extrema, ante la cobertura de un grupo importante de los hogares vulnerables a cargo de los programas vigentes de “Familias en Acción”, “Jóvenes en Acción” y “Adulto Mayor”. Así, en la práctica, no sería de extrañar que el costo fiscal de la renta básica para la población vulnerable pudiera alcanzar el orden de unos $4.0-5.0 billones para un periodo de tres meses.


Simultáneamente, habría de prever una transferencia temporal a aquellos grupos poblacionales de ingresos precarios que perdieran sus empleos formales sin derecho a seguro al desempleo ni prestaciones laborales especiales, y que por esa razón se vieran abocados a un empobrecimiento depredador al menos en el corto plazo. El costo fiscal de esta clase de transferencia laboral podría aproximarse a unos $1.0-1.5 billones.
Ahora bien, para que esta intervención por parte del Estado sea efectiva se requiere del máximo nivel de coordinación entre las Entidades Territoriales y las Unidades Ejecutoras del Presupuesto General de la Nación que actúan en el territorio, así como de los entes que tienen contacto directo con estos hogares con algún programa.


Recapitulando, se trataría de una versión no universalista y temporal de la renta básica restringida a un determinado grupo poblacional en la búsqueda de propósitos específicos de política económica como sería el de combatir el empobrecimiento depredador de amplios grupos poblacionales en el país. Además, se reconoce la necesidad de no duplicar transferencias a favor de familias que estén recibiendo subsidios o transferencias condicionadas previamente existentes a la instauración de esta renta mínima básica –como las de Familias en Acción–. A su vez, para evitar un excesivo costo fiscal es que ha de implementarse con una racionalización, complementación y/o desmonte de las transferencias condicionadas existentes, una adecuación de las condiciones de acceso a ciertos servicios sociales, entre otros, contrarrestándose algunas de las críticas comunes desde la perspectiva convencional/ortodoxa de política pública (Garay, 2011) (4) .


Claramente, la implantación de una renta mínima básica temporal para la población vulnerable sería una política pública no sólo conveniente sino necesaria en el marco de un Estado de Bienestar como lo establece la Carta de 1991, además de ser no tan onerosa en términos fiscales y beneficiosa económica y socialmente en una perspectiva duradera en clave de cohesión e inclusión social, así como de reproducción intertemporal del capital social, humano y productivo en el país.

5. Apoyo temporal a través de financiación en condiciones blandas con garantía pública a las unidades productivas informales y a las pymes. Dado que cerca de un tercio del trabajo informal se reproduce en unidades productivas que muestran unos niveles de productividad y de organización mayores que las unidades de subsistencia, para las cuales su tecnificación y eventual formalización les podría resultar beneficiosa, al menos en el mediano plazo (Garay, 2007, p. 71), constituye un comglomerado de unidades productivas que ameritan ser apoyados en periodos críticos para evitar su disolución en el corto plazo y la pérdida de potencial productivo y de capital social en el país. Este es el caso frecuente de fami- y micro-empresas.

Guardadas proporciones, argumento semejante aplica al caso de las pymes y mipymes.


Ante estas circunstancias, sería rentable social y económicamente en una perspectiva duradera un apoyo público a esta clase de unidades productivas mediante mecanismos como el otorgamiento de avales para su financiación fresca en condiciones “blandas” –de tasa de interés y periodos de gracia– o de avales para la refinanciación de créditos vigentes u otras modalidades financieras o tributarias para irrigarles recursos frescos indispensables.


6. Emisión primaria. El artículo 373 de la Carta Política señala que el Banco de la República podrá realizar operaciones de financiamiento a favor del Estado sobre la base que su junta directiva las apruebe de manera unánime.


Ante la gravedad de la crisis mundial tanto sanitaria como económica que se avizoraría como más profunda que la financiera de 2008, con consecuencias socio-económicas e institucionales más perversas y duraderas, se ha ido aceptando mayoritariamente en estos días que habrán de requerirse no solamente medidas extraordinarias, heterodoxas más allá de las medidas convencionales postuladas por el modelo económico-financiero imperante, sino una mayor coordinación interinstitucional entre países y al interior de los países.


Colombia no es una excepción a esta crisis. En consecuencia, una de las opciones legítimas de financiación para afrontar efectiva y solidariamente la crisis socio-económica consecuencia de la pandemia bajo una mayor y estrecha coordinación entre el Banco de la República y la adopción de políticas macroeconómicas –fiscales, monetarias y cambiarias– como lo establece la Constitución de 1991, en la emisión monetaria en el momento y por la cuantía necesaria para complementar las medidas fiscales a implementarse con miras a atender las prioridades de incremento temporal y extraordinario del gasto público en cumplimiento de los propósitos de un Estado Social de Derecho como el colombiano.

 

Notas
1. Garay, L. J. (2007). Una aproximación analítica a la economía informal en la globalización. Evidencia empírica a propósito del caso de Bogotá y Colombia. En: Garay, L. J. y Rodríguez, A. Colombia: Diálogo pendiente Vol. II. Políticas de empleo, salarios y vivienda. Planeta Paz. Bogotá, Colombia. Diciembre, 2007, 235 págs.
2. Noticias Caracol TV Mediodía, marzo 25 de 2020.

3. Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2019). Dinámica de las desigualdades en Colombia. En torno a la economía política en los ámbitos económico, tributario y territorial. Ediciones Desde Abajo, Bogotá; y Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). Dinámica de las desigualdades en Colombia. En torno a la economía política en los ámbitos económico y tributario. Volumen 2. Ediciones Desde Abajo, Bogotá (en publicación).
4. Garay, L. J. (2011). Acerca de la asistencia y la protección social. Una perspectiva de la transformación del papel del Estado hacia un Estado Postbenefactor. En Garay, L. J., Moreno, A. M., Mora, A. F. y Velázquez, I. D. Colombia: Diálogo pendiente. Vol. III. El derecho al trabajo y la política de buffer de empleo. Planeta Paz. Torre Gráfica edit. Bogotá. Diciembre.

 

Publicado enColombia
El coronavirus está hundiendo al Gobierno de Bolsonaro

El "antipresidente", lo bautizó la periodista Eliane Brum. Quizá sea la mejor definición para Jair Bolsonaro que semana tras semana no deja de decir frases machistas, pelearse con los más diversos actores políticos y hasta abrir un frente insólito con China, su principal socio comercial.

 

Mientras todos los países sudamericanos han tomado medidas más o menos drásticas, la inacción y las contradicciones en que cae a diario Bolsonaro, que se refirió al coronavirus como una "gripezinha" (gripecita), provocó la irritación de las clases medias que lo llevaron al Gobierno, y que en la última semana se despacharon con sonoros cacerolazos durante siete días consecutivos.

"En diez ocasiones Bolsonaro minimizó la crisis del coronavirus", titula el diario O Globo, el de mayor circulación en Brasil, en evidente tono de burla hacia el presidente.

Este diario apoyó el golpe de Estado de 1964, mantuvo estrechos lazos con todos los gobiernos militares y fue opositor al Gobierno de izquierda de Luiz Inacio Lula da Silva. Por eso, sus críticas al mandatario actual pueden tomarse como un termómetro de lo que piensa el sector conservador de la sociedad.

Bolsonaro se enemistó con el gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, de la socialdemocracia, a quien tildó de "lunático" y de "crear terror" por haber decretado la cuarentena en el estado más poblado del país, que junto a Rio de Janeiro concentra el 60% de los 2000 infectados del país.

El gobernador de Rio, el segundo estado más poblado de Brasil, el conservador Wilson Witzel, asegura que no tiene interlocución con el gobierno en medio de una crisis tan profunda. "Es inaceptable la falta de diálogo y de cordura. Nunca pensé que viviría esto en democracia".

Según los institutos de opinión pública, la popularidad de Bolsonaro se está derrumbando, aún cuando la epidemia no comenzó a escalar de forma vertical. El Centro de Modelamiento Matemático de Enfermedades Infecciosas de la Escuela de Medicina Tropical de Londres, estima que el subregistro de contagiados en Brasil es enorme y que habría once veces más que los 2.000 detectados hasta el lunes 23 de marzo.

Lo más grave es que el sistema de salud no está en condiciones de atender a la población brasileña, y tampoco hay tests disponibles para un país de 210 millones de habitantes.

Una de las decisiones de Bolsonaro que muestra la improvisación y la falta de sensatez, fue la propuesta de suspender durante cuatro meses los contratos de trabajo y por lo tanto los salarios de los trabajadores. Debió dar marcha atrás ante la masiva y maciza oposición de todos los estratos sociales.

El presidente no está solo en estos dislates que van a contramano de las decisiones de los principales gobiernos del mundo, que buscan proteger los ingresos de la población. El dueño de la cadena de tiendas Havan, Luciano Hang, fanático bolsonarista, propuso recortar los salarios, suspender los seguros de desempleo y posponer las elecciones municipales de octubre.

Otro bolsonarista, Junior Durski, dueño de la cadena de restaurantes Madero, dijo en las redes que el confinamiento tendrá "consecuencias serán mucho mayores que las personas que morirán por cuenta coronavirus". Una parte del empresariado y del poder están más preocupados por las ganancias que por la vida de la población.

Según especialistas Brasil sigue una curva de infecciones similar a la de algunos países europeos, mientras Atila Iamarino, biólogo y doctor en microbiología apunta la mayor vulnerabilidad de Brasil: "China, Francia, España, Italia, Estados Unidos y Corea no tienen favelas".

"La ironía es que la enfermedad fue traída por los ricos a Brasil, pero va a explotar entre los pobres", dice Paulo Buss, director de la unidad de relaciones internacionales de Fiocruz, un prestigioso centro de investigación en salud pública.

Los habitantes de las favelas comenzaron a tomar precauciones, sabiendo que no tienen agua suficiente, que los servicios de salud son lejanos y que la precariedad de las viviendas hace casi imposible el aislamiento.

En el Complexo do Alemao, una de las mayores favelas de Rio, sus habitantes crearon un "gabinete de crisis" contra el coronavirus. Ante la ausencia de orientaciones del Estado, los vecinos buscan promover una campaña para conseguir fondos para la compra de agua (ya que varias comunidades no la tienen desde hace mases), jabón y alcohol en gel.

Es evidente que Bolsonaro y los ultras brasileños no entienden ni a los brasileños ni, muchos menos, que el mundo ya cambió en una dirección que les molesta profundamente. Buena parte de los europeos agradecen la ayuda de China, Rusia y Cuba, que enviaron médicos y material sanitario a varios países afectados por la epidemia.

China es "el único país capaz de suministrar mascarillas a Europa en tal cantidad", dijo el ministro del interior checo, Jan Hamacek. Los chinos "son los únicos que pueden ayudarnos", ha afirmado el presidente serbio, Aleksandar Vucic, que ha calificado al jefe de Estado de este país, Xi Jinping, de "hermano". China está enviando material protector que escasea en el mundo a varios países, lo que no ha hecho más que acrecentar su prestigio.

En contra de esa tendencia, un hijo de Bolsonaro, el diputado Eduardo, se permitió insultar a China acusando a "la dictadura" de Beijing de ser la responsable de la pandemia.

El embajador de China en Brasil respondió con aspereza diciendo que el hijo del presidente padecía un "virus mental". El presidente Bolsonaro intentó hablar con Xi Jinping, pero éste se negó en primera instancia a escucharlo.

Aunque no se disculpó, el Gobierno sabe que no se puede permitir el menor roce con el dragón, ya que es su principal socio comercial. Cuando la Bolsa de Sao Paulo perdió casi el 50% de su valor desde fines de enero, algo inédito en otros países, y la economía sigue estancada, una crisis con China terminaría por hundir al país en una profunda recesión.

Bolsonaro no es sólo el "antipresidente" de Brasil, sino el contraejemplo de toda una región que está tomando medidas drásticas para afrontar la pandemia.

16:34 GMT 24.03. 2020(actualizada a las 18:16 GMT 24.03.2020)URL corto

Publicado enInternacional
Página 1 de 365