Crisis medioambiental: provoca casi una de cada cuatro muertes en el mundo

Según un reporte de la OMS, son 12,6 millones de fallecimientos que responden a condiciones insalubres del medio ambiente.

 

El mismo informe de la Organización Mundial de la Salud aclara que representa el 23% de las muertes en el mundo, debido a causas como la insalubridad del medio ambiente, de las cuales el 65% (8,19 millones) son debido a un centenar de enfermedades no transmisibles o traumatismos consecuentes de diversos factores de riesgo ambientales, como la contaminación del aire, el agua y el suelo, la exposición a los productos químicos, el cambio climático y la radiación ultravioleta.

Todos estos "riesgos ambientales" son provocados por la depredación sobre todo de las grandes empresas imperialistas. Algo que la OMS no se ocupa de aclarar.

Ya en 2017 se producían 1,7 millones de muertes infantiles por las mismas causas. Una aberración producida por este sistema capitalista.

Por ejemplo, las olas de calor y frío extremos también son producidas por el cambio climático.

Frente a esto se alzaron muchas voces de científicos y miles y miles de activistas movilizados en todo el mundo que advierten sobre la emergencia climática por ejemplo, factor que está poniendo en peligro todo tipo de vida en nuestro planeta.

La misma pandemia que estamos atravesando es producto, como advirtieron muchos expertos, del corrimiento de las fronteras agrícolas que provocó la cercanía de animales con personas (que hasta ese momento no tenían contacto con humanos u otros animales cercanos a ellos)

Miércoles 7 de abril | 21:46
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 El químico estadounidense David Liu, de la Universidad de Harvard. En vídeo, charla TED en la que explica cómo se pueden evitar las enfermedades genéticas. FOTO: CASEY ATKINS | VÍDEO: TED

El método podría corregir el 89% de las 75.000 variantes genéticas asociadas a enfermedades, según sus autores

 

Al químico californiano David Liu le prohibieron la entrada en el casino del hotel MGM Grand, en Las Vegas, cuando tenía 29 años. Ganaba demasiado dinero apostando en la mesa del blackjack, el juego de cartas en el que hay que sumar una puntuación lo más cercana a 21, pero sin pasarse. Triunfaba utilizando “matemáticas simples”, según aseguró por entonces en una entrevista con la revista de su universidad, la de Harvard, en EE UU. Hoy, Liu es uno de los mejores científicos del planeta. Y acaba de descubrir una nueva técnica para modificar con una precisión sin precedentes la información genética de los seres vivos.

Las células humanas tienen su manual de instrucciones escrito con cuatro letras (ATTGCTGAA…) en dos metros de ADN plegados de manera asombrosa. Las herramientas de edición genética, como la técnica CRISPR que ha revolucionado los laboratorios desde 2012, son capaces de buscar una secuencia concreta de letras y cortarla de manera específica con una especie de tijeras moleculares, insertando nueva información como si fuera un procesador de textos. El problema es que, a menudo, la operación falla y se generan mutaciones no deseadas. Como resultado, la mayor parte de las 75.000 variantes genéticas humanas asociadas a enfermedades no se pueden corregir actualmente en el laboratorio, según los cálculos del equipo de Liu. Su método, afirman, puede reparar el 89%.

La técnica, bautizada prime editing (“edición de calidad”), es “elegante y fascinante”, en palabras del genetista Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid. “Estamos ante una propuesta disruptiva, algo nuevo, que no existía y que obligará a revisar las posibilidades terapéuticas derivadas de la edición genética”, celebra. El equipo de Liu publica hoy en la revista Nature los resultados de 175 experimentos en células humanas en el laboratorio, incluyendo la corrección de las causas genéticas de trastornos como la anemia de células falciformes y la enfermedad de Tay-Sachs.

En una célula, las instrucciones contenidas en el ADN se traducen a otro lenguaje, el ARN, como paso intermedio para dirigir la fabricación de proteínas, por ejemplo la hemoglobina que transporta el oxígeno en la sangre o los anticuerpos que defienden al organismo del ataque de virus y bacterias. En la técnica CRISPR habitual, los científicos diseñan una molécula de ARN complementaria a la secuencia de ADN que quieren editar y añaden una proteína Cas9, que actúa como unas tijeras. Esta máquina molecular es capaz de encontrar el tramo de ADN deseado y cortarlo, añadiendo si es preciso otro fragmento de ADN con nueva información sintetizada por los científicos.

La estrategia de David Liu es diferente. El californiano, según explica Montoliu, ha inventado “una nueva proteína quimérica”, que utiliza una variante de las tijeras Cas9 capaz de cortar una sola de las dos cadenas que forman la característica doble hélice del ADN, evitando así mutaciones indeseadas.

Para dirigir su máquina molecular a un lugar concreto del genoma, Liu utiliza una guía de ARN y “nada menos que una transcriptasa reversa, una proteína que usan fundamentalmente los virus para copiar su ARN en ADN, invirtiendo el flujo canónico de la información genética, que parte del ADN y se copia a ARN, para acabar convirtiéndose en una proteína”, detalla Montoliu. “La guía de ARN en este caso se extiende y tiene un extremo nuevo, más largo, que es usado como molde por la transcriptasa reversa para copiar nuevo ADN con la secuencia correcta, con la mutación corregida”, añade el investigador. El prime editing escribe nueva información genética directamente en el genoma.

“Se necesita mucha más investigación en una amplia variedad de tipos celulares y organismos para entender mejor el prime editing y perfeccionarlo”, reconoce el equipo de Liu en su publicación en la revista Nature. Montoliu también es cauto, a la espera de que otros laboratorios del mundo ensayen la nueva herramienta. “Esa será la prueba del nueve que nos dirá si este procedimiento innovador para editar genomas va a tener posibilidades y recorrido terapéutico o si se va a quedar como una más de las decenas de propuestas con variantes alternativas de CRISPR que conocemos cada semana”, zanja.

 

“Un avance fascinante”

 

El año pasado nacieron en China los dos primeros bebés cuyo genoma fue modificado para que fuesen inmunes al virus del sida. Este avance logrado por el polémico científico He Jiankui fue recibido con alarma por la comunidad científica porque la técnica de edición genética CRISPR aún no es perfecta y puede generar mutaciones no deseadas en otras partes del genoma. El equipo de Liu ha demostrado en líneas celulares de laboratorio que el prime editing genera menos errores de edición en los lugares a los que va dirigido, aunque no ha analizado si hay errores fuera de sitio, advierte Hilary Sheppard, bióloga molecular de la Universidad de Auckland (Australia) en opiniones recogidas por Science Media Centre. “Este es un avance fascinante que podría solucionar algunos de los problemas actuales de la edición genética, aunque aún queda tiempo hasta demostrar que puede corregir errores en el tipo de células esperado y en contextos clínicos”, explica la investigadora.

 

Por Manuel Ansede

22 OCT 2019 - 01:37 COT

La OMS urge a investigar el impacto de los microplásticos en la salud

Las pruebas toxicológicas de microplásticos se han centrado en el ecosistema marino dejando a un lado el riesgo en humanos

Con las investigaciones actuales – pocas y no todas fiables- es imposible conocer el riesgo que puede comportar la ingesta de microplásticos en los humanos, advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe publicado hoy. Se necesita “urgentemente saber más, porque esas partículas están por todas partes incluso en el agua potable y hay que detener su aumento en todo el mundo”, señala María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente del organismo. La información actual sobre detección de las diminutas partículas plásticas en agua dulce, potable o residual aparece en 50 investigaciones (solo nueve se centran en el agua potable), pero al no seguir métodos estándar para el muestreo y análisis son “difíciles” de comparar, juzga el informe Microplásticos en agua potable.

Hay estudios que sugieren una absorción e impacto muy limitado de mircroplásticos de menos de 50 micras (0,05 milímetros) en animales de laboratorio a altas concentraciones, “pero se desconoce el impacto en seres humanos”. Las pruebas toxicológicas se han dirigido principalmente a organismos acuáticos. Además, según un análisis que resume los últimos conocimientos sobre la materia, "no es probable que los microplásticos de más de 150 micrómetros sean absorbidos en el cuerpo humano y se espera que la entrada de partículas más pequeñas sea limitada". "Sin embargo", añade la OMS,  "la absorción de partículas microplásticas muy pequeñas, incluso en el rango de tamaño nano, puede ser mayor, aunque los datos son extremadamente limitados".

A pesar del desconocimiento, la OMS llega a unas conclusiones preliminares. Parten del hecho de que los humanos consumen desde hace décadas estas sustancias “sin que existan indicaciones de efectos adversos sobre la salud”. Además, se han desarrollado métodos de depuración, que lograrían poner freno al 90% de los microplásticos en las aguas residuales, plantea el informe como solución. Una medida que choca con el grado de implementación de esa tecnología, que disminuye en países con ingresos medios y bajos. En ellos, el 67% de la población “carece de acceso a las conexiones de alcantarillado y alrededor del 20% de las aguas residuales domésticas que llegan a los colectores no se somete a tratamiento (UNICEF / OMS, 2019)”. En un contexto donde, además, prima la lucha contra la exposición a patógenos de aguas no tratadas, que provocan enfermedades diarréicas mortales, los microplásticos quedan relegados a un plano secundario.

Tampoco es fácil encontrar datos de qué ocurre con los desechos del tratamiento de las aguas ni del impacto que provocan en el entorno. “Los plásticos no se destruyen totalmente, sino que se transfieren de una parte a otra”, igual que ocurre con los lodos de las depuradoras que se usan como abono agrícola, concreta la OMS. Al final pueden acabar en los oceános, “el sumidero definitivo de gran parte de los restos plásticos del mundo”. En estas aguas, las piezas de plástico grandes se convierten en perjudiciales para la vida marina. “Es importante aclarar que los riesgos para el ecosistema acuático no equivalen necesariamente a peligros para la salud humana”. Las dudas se aclararían con "investigaciones bien diseñadas" que permitieran comprender mejor de dónde proceden los microplásticos que se detectan en el agua potable, además de la eficacia de diferentes procesos de tratamiento", pide la OMS.

Julio Barea, responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace, corrobora esa falta de datos. "Nosotros llevamos años pidiendo más estudios y nos alegramos de que instituciones de este tipo den la voz de alarma", comenta. El problema fundamental de los microplásticos, en su opinión, es su capacidad de que se les adhieran otros contaminantes y químicos. Recuerda el caso del bisfenol A, un compuesto químico muy utilizado en la fabricación de plásticos que está reconocido como un "disruptor endocino". "Ya sabemos que hay que eliminarlo y se ha prohibido en los biberones, pero continua utilizándose en otros muchos envases", explica. Son sustancias capaces de alterar el sistema hormonal y generar su disfunción, provocando desde cánceres a problemas en la función reproductora, trastornos metabólicos o cardiovasculares, entre otras dolencias.

La producción mundial de plástico ha aumentado de forma más o menos exponencial desde la década de 1950. El millón y medio de toneladas de entonces se convirtió en 322 millones en 2015 en Europa y en 348 en 2017, según datos de la Unión Europea. Si se añaden las fibras, la cantidad sube a 381 millones de toneladas. Al ritmo de crecimiento actual tanto de población como de consumo, se prevé que la fabricación se duplique en 2025 y se triplique en 2050, según la FAO. Un nivel de crecimiento que si se confirma, aumentará los riesgos tanto para el medio ambiente como para los humanos, asegura la OMS.

Por Esther Sánchez

Madrid 22 AGO 2019 - 03:16 COT

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Cada año te comes 50.000 partículas de plástico

Un estudio de la Universidad de Victoria, en Canadá, cifra en 50.000 las micropartículas de plástico que ingerimos cada año.

50.000 partículas de media. Es la cantidad de plásticos que consume cada persona en un solo año, a las que se suma una cantidad similar que también se mete en tu organismo por la respiración. 

Es lo que explica un estudio publicado en la revistaEnvironmental Science and Technology, en el que se recopilan datos de 26 estudios previos sobre las cantidades de plásticos presentes en pescados, mariscos, azúcar, sal, cerveza y agua, así como en el aire de diversas ciudades. En el estudio publicado se usan también las guías en cuanto a dieta del Gobierno de Estados Unidos. Frente a las 50.000 partículas ingeridas por las personas adultas cada año, las niñas y niños ingieren solamente algo menos, 40.000.


Según señala un reportaje sobre este estudio publicado por The Guardian, la cantidad de plásticos ingerida en realidad es bastante mayor, ya que solo han sido analizados algunos tipos de comidas y bebidas. “La mayoría de tipos de comida y bebida no han sido analizadas, el estudio solo valora el 15% de las calorías que se ingieren”, explica el reportaje de The Guardian. Kieran Cox, de la Universidad de Victoria en Canadá, que dirigió el estudio, señala al diario británico que “hay grandes vacíos de datos que hay que completar”. Entre estos vacíos, señala la cantidad de microplásticos presentes en tipos de comida como la carne, los productos procesados o los vegetales. “Es muy probable que tengan grandes cantidades de partículas de plástico”, apunta.


El agua embotellada es, según este estudio, uno de los productos que más aumenta la ingesta de plásticos. “Adicionalmente, los individuos que ingieren las cantidades recomendadas de agua solo embotellada, puede que estén ingiriendo 90.000 microplásticos cada año, frente a los 4.000 microplásticos de aquellos que consumen agua del grifo”.


2019-06-06 06:09:00

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En Estados Unidos sólo hay 400 medicamentos huérfanos aprobados por la FDA, de los cuales 5 por ciento son eficaces para tratar enfermedades raras; el resto de los pacientes recibe cuidados paliativos

 

El Proyecto del Genoma Humano reveló en 2000 que cada persona tiene contenidos en sus cromosomas –ubicados en el núcleo de las células– entre 20 mil y 30 mil genes, mismos que dotan a cada individuo de sus características particulares. Este avance, a pesar de haber sido un gran paso, dejó muchas incógnitas, pues no se sabía qué funciones cumplía cada gen en los seres vivos.

A 17 años de esta aportación científica se sabe que en el genoma existen regiones de repetición de genes, áreas con cambios estructurales muy diferentes entre un individuo que en otro, pedazos de genes que faltan y otros que sobran. Estos cambios pueden ser inocuos, benignos o causantes de enfermedades.

Todos portamos mutaciones para enfermedades muchas veces raras, sólo que se mantienen como genes recesivos y no se expresan, a menos que dos personas con las mismas mutaciones tengan progenie y sus genes recesivos se expresen. Hoy día conocemos 19 por ciento, 3 mil 831, de estos genes, mientras en 2000 se conocía uno por ciento, comentó Carmen Alaez Verson, investigadora del Instituto Nacional de Medicina Genómica.

 

Uso de la bioinformática

 

Las enfermedades raras –cuyo nombre obedece a que son poco frecuentes en las poblaciones con un estimado estadístico de un individuo por cada 2 mil personas– son muy difíciles de diagnosticar porque presentan síntomas similares, por lo cual se ha recurrido a la bioinformática para analizar regiones de genes o el genoma completo de los pacientes, pues, si la persona no sabe cuál es su mutación, no puede acceder ni a medicamento ni a un ensayo clínico que en un futuro diera lugar a la obtención del medicamento.

En México, el Inmegen realiza esos estudios en el Laboratorio de Diagnóstico Genómico, a cargo de Alaez Verson, quien indicó que es importante desarrollar el conocimiento local. Si seguimos mandando muestras al extranjero nunca vamos a saber qué pasa con estas enfermedades raras en México y cuáles son las mutaciones que circulan con mayor frecuencia en la población. Si no se tiene conocimiento de las mutaciones que están en el país será difícil que se pueda interpretar con certeza.

A lo largo de estos años se ha logrado reducir costos y aumentar la eficiencia del diagnóstico con la creación de bases de datos internacionales como el sitio web Human Gene Mutation Database, donde los especialistas consultan cuadros clínicos de pacientes de cualquier parte del mundo.

Estos repositorios contienen también datos de secuenciaciones de exomas, parte del genoma que al transcribirse da lugar a las proteínas; hay genomas completos que sirven como referencia y hay bases de datos fenotípicas (las características visibles de una persona), en las que se asigna un número a esos rasgos. Esto facilita el establecimiento de un cuadro clínico a quienes padecen una determinada patología.

Aun así, una persona puede tardar años en tener su diagnóstico por la complejidad del análisis, y esto se debe a que es muy complicado hacer diagnósticos.

Hay 15 o más genes que pueden dar un diagnóstico similar, además de que las mutaciones que causan enfermedades raras no son todas iguales ni tienen el mismo efecto sobre la proteína que codifica a determinado gen, por eso la terapia a los pacientes tampoco es exactamente igual.

La investigadora en ciencias médicas añadió que hay mutaciones que eliminan totalmente la función de una proteína, hay otras donde la proteína existe pero no funciona tan bien como debería; hay medicamentos que utilizan a ciertas moléculas para hacer que esa proteína que no funciona tan bien lo haga un poco mejor.

Ante este escenario, las bases de datos sirven para tener una estadística mundial de las enfermedades raras, que evidencian que entre éstas hay unas con mayor tasa de incidencia. Esto sirve para identificar enfermedades y evitar procesos clínicos innecesarios, y para presionar a las farmacéuticas y hacerles ver que vale la pena invertir en la creación de fármacos.

“El desarrollo de medicamentos huérfanos –que están destinados a un grupo muy reducido de pacientes– no le ha importado a la industria porque es un mercado pequeño y hay poco retorno de inversión para la industria. Sólo hay 400 fármacos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, de los cuales 5 por ciento son eficaces para tratar enfermedades raras; el resto de los pacientes recibe cuidados paliativos”, señaló Alaez Verson.

Existe también la terapia génica, en la que se utiliza un vector, como un virus que no daña al ser humano, al que se le coloca un gen sano; el vector funge como transportador que lleva al gen al tejido donde debería funcionar. El problema es que son tratamientos costosos por ser personalizados y los vectores suelen ocasionar efectos adversos en el paciente.

La terapia de remplazo enzimático es otra alternativa. Se proporciona al organismo la enzima que no funciona porque su gen está dañado, ya sea por transfusión sanguínea o vía oral. La enzima suele ser un clon obtenido de una bacteria. El problema con esta terapia es que es cara y de por vida.