Sábado, 12 Diciembre 2015 07:06

COP21, metas y geoingeniería

COP21, metas y geoingeniería

Uno de los temas más álgidos en la reunión global de la Convención de Naciones Unidas sobre el cambio climático que finaliza el 12 de diciembre en París (COP21), fue la definición de una nueva meta de calentamiento global que no se podría sobrepasar. Países insulares y otros del tercer mundo, desde hace años plantean que no sobrevivirán un calentamiento global mayor a 1.5 grados centígrados, ya que su territorio desaparecería por el aumento del nivel del mar y otros desastres. Razones más que atendibles, que se suman a que esos países no son los que han causado el cambio climático.


La temperatura global promedio aumentó 0.85 grados centígrados en el último siglo, la mayor parte en los últimos 40 años, a causa de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de dióxido de carbono (CO2) y otros gases, causadas por el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), mayoritariamente para la producción de energía, sistema alimentario agro-industrial, urbanización y transportes. Si sigue el curso actual, la temperatura aumentará hasta 6 grados centígrados a fin del siglo XXI, con impactos tan catastróficos que no es posible predecirlos.


En el proceso hacia la COP21 y hasta su inicio, el texto borrador de negociación contemplaba fijar una meta de aumento global de 2oC hasta el año 2100, cifra que de todas maneras era combatida por los principales emisores.


Sorpresivamente, países del Norte, que son los principales culpables del caos climático, entre ellos Estados Unidos y Canadá, así como la Unión Europea, anunciaron en la COP21 que apoyarían una meta global de máximo 1.5 grados centígrados. Según estimaciones científicas, esto implicaría reducir sus emisiones en más 80 por ciento hasta 2030, a lo cual los gobiernos de los países del Norte se niegan rotundamente. ¿Por qué ahora dicen aceptar una meta de 1.5 grados centígrados?


Como es predecible, sus razones no son limpias y ocultan escenarios que agravarán el caos climático: se trata de legitimar el apoyo y subsidios públicos de tecnologías de geoingeniería y otras de alto riesgo, como nuclear, así como el aumento de mercado de carbono y otras falsas soluciones.


Cualquiera que sea la meta que se fije en el llamado Acuerdo de París, no tendrá costos para los que sigan contaminado. La Convención aceptó desde antes de la COP21, que los planes de reducción de gases no son vinculantes. Son contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional, por lo que cada país declara intenciones, no compromisos obligatorios. La suma de las contribuciones que ha declarado cada país hasta octubre 2015, resulta ya en un aumento de la temperatura de 3 a 3.5 grados centígrados al año 2100. Y esto ni siquiera es lo que realmente harán –que puede ser mucho peor– sino lo que declaran. Por tanto, aunque la meta global sea baja, los planes reales están a la vista y la catástrofe sigue en marcha.


Sumarse en el discurso a una meta aparentemente baja, no cambia los planes presentados, pero les da a esos gobiernos razones para argumentar que deben apoyar técnicas de geoingeniería, como almacenamiento y captura de carbono (CCS por sus siglas en inglés), técnica que proviene de la industria petrolera y que presentan como capaz de absorber CO2 de la atmósfera e inyectarlo a presión a gran profundidad en fondos geológicos terrestres o marinos, donde según afirma la industria, quedaría para siempre.


La tecnología existía bajo el nombre recuperación mejorada de petróleo o en inglés, Enhanced Oil Recovery. Es para empujar las reservas profundas de petróleo, pero no se desarrolló porque no es viable ni económica ni técnicamente. Rebautizada como CCS, la misma tecnología se vende ahora como solución al cambio climático. Así, los gobiernos tendrán que subsidiar las instalaciones (para cumplir las metas de la Convención), las empresas podrán extraer y quemar aún más petróleo y encima cobrar créditos de carbono por supuestamente secuestrar y almacenar gases de efecto invernadero.


CCS no funciona en realidad, sólo hay tres plantas operativas en el mundo, fuertemente subsidiadas con fondos públicos, además de algunas planeadas y otras cerradas por escapes de gas o fallas. No obstante, gobiernos e industrias que lo promueven aseguran que podrán compensar con estas técnicas el aumento de emisiones, para llegar a emisiones netas cero: no para reducir emisiones, sino para compensarlas con CCS, de esta forma la suma sería cero. Aseguran además que si a esto agregan el desarrollo de bioenergía a gran escala, con inmensos monocultivos de árboles y otras plantas para producir bioenergía, y luego entierran el carbono producido (lo llaman BECCS, bioenergía con CCS), resultará en emisiones negativas, con lo cual podrían incluso vender la diferencia a otros. Un muy lucrativo negocio para que los que provocaron el cambio climático sigan emitiendo gases, con mayores subsidios de dinero público. David Hone, de Shell, argumenta abiertamente en su blog en la COP21, la necesidad de lograr una meta de 1.5 grados, para apoyar el desarrollo de CCS, BECCS y otras técnicas de geoingeniería. (http://tinyurl.com/nkaqbcv)


Como estas tecnologías no funcionarán, sino que aumentarán el cambio climático, en unos años nos propondrán otras tecnologías de geoingeniería aún más riesgosas, como el manejo de la radiación solar. Desde ya, tenemos que desmantelar su discurso. No se trata de reducir, no se trata de metas bajas, no se trata de enfrentar el cambio climático. No son falsas soluciones. Son mentiras.


La autora es investigadora del grupo ETC

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La cumbre del clima avanza hacia un acuerdo de mínimos

El último borrador del acuerdo echa por tierra la "descarbonización" y no se marca porcentajes claros de reducción de emisiones para 2050. La presentación del proyecto de acuerdo global de lucha contra el cambio climático se retrasa al sábado por la mañana.


PARÍS. -Parece que habrá acuerdo, pero bastante alejado de las ambiciosas expectativas con que llegaron a París los líderes políticos en el primer día de la cumbre. El presidente de la COP21, Laurent Fabius, ha presentado el jueves por la noche, tras horas de retraso y cientos de especulaciones, un nuevo borrador del texto que, en teoría, debe sentar las bases para un pacto global contra el cambio climático.

Ante la tensión que rodea las negociaciones cerca ya de la fecha final y la dificultad para ponerse de acuerdo, Francia ha publicado un borrador que elimina gran parte de las cuestiones que hasta ahora estaban en duda y perfila ya por dónde irán las líneas clave del acuerdo. No obstante, todavía ha de ser revisado y discutido por los diferentes grupos, que pueden presentar quejas. "Estamos extremadamente cerca de un acuerdo", ha dicho Fabius, que ha emplazado a los negociadores a tener listo un texto definitivo este viernes. Sin embargo, no será hasta sábado por la mañana cuando sea presentado el proyecto de acuerdo global de lucha contra el cambio climático.


Como habían exigido algunas de las potencias petroleras, el texto ha eliminado por completo el término "descarbonización", que exigía dejar atrás la quema de combustibles fósiles, vital para la economía de países como Arabia Saudí. En su lugar, se habla de alcanzar la "neutralidad en las emisiones de gases de efecto invernadero" hacia la mitad de siglo.

Además, ha desaparecido la referencia a fijarse un porcentaje claro de reducción de emisiones para 2050, y se habla en cambio de "poner pico a las emisiones tan pronto como sea posible". Aunque alude a que estos objetivos irán en la línea de lo recomendado por los científicos para evitar las peores consecuencias del cambio climático, el texto cita también que se hará en un contexto de "desarrollo sostenible" y "erradicación de la pobreza", que en realidad tolera que los países se puedan acoger a motivos económicos para no ser más ambiciosos en sus compromisos.


El texto propone como objetivo a largo plazo (2100) limitar la subida de la temperatura global a 2 grados sobre los niveles preindustriales y se marca hacer un esfuerzo para intentar que no aumente más de 1,5 grados. No obstante, muchos de los países más vulnerables habían pedido que esta última cifra marcara el objetivo principal.

Aunque sí establece que las revisiones de los compromisos de reducción de emisiones presentados por los países se hagan cada cinco años, la primera revisión oficial del acuerdo no se producirá hasta 2023, por lo que restan casi 8 años sin que los estados tengan que replantearse nuevas metas.

"El texto pone en grave riesgo la lucha contra el cambio climático porque no crea mecanismos objetivos de reducción de emisiones, pudiendo ser fácilmente trampeado", ha valorado Javier Andaluz, miembro de Ecologistas en Acción. "Me parece indignante, se ha claudicado ante el cambio climático y se cede claramente a los intereses de los países petroleros", ha añadido Alejandro González, de Amigos de la Tierra.

No obstante, hay otras cuestiones en las que sí se han constatado avances significativos, sobre todo en el capítulo que alude a la financiación que ayude a los países más vulnerables a mitigar y adaptarse al cambio climático. Hasta ahora se había aprobado un Fondo Verde de 100.000 millones anuales de dólares a partir de 2020. El nuevo texto se compromete a que esa misma cuantía se mantenga durante posteriores años y abre la puerta incluso a aumentarla.

"Es mejor que el borrador anterior, aunque si queremos que sea aceptable aún queda mucho por presionar", ha dicho Florent Marcellesi, portavoz de Equo en el Parlamento Europeo.

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Sábado, 14 Noviembre 2015 06:58

Crónica de un desastre climático anunciado

Crónica de un desastre climático anunciado

El cambio climático existe y es grave. Cifras más o menos, todos los análisis convergen: para evitar que el planeta se siga calentando con impactos devastadores urge reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), consecuencia del sistema de producción y consumo con combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón. Los rubros que más GEI emiten son extracción y generación de energía, sistema alimentario agro-industrial –incluida deforestación y cambio de uso de suelo–, construcción y transportes.


Sin embargo, las reducciones necesarias y cómo garantizar que los principales responsables (países y empresas) dejen de contaminar el clima de todos y minar el futuro de nuestras hijas e hijos, no está en la agenda del próximo encuentro mundial sobre el clima que se realizará en París el próximo diciembre.


En su lugar, la 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) que se reunirá las dos primeras semanas de diciembre prevé condonar un sistema de acciones voluntarias, llamadas contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (CPDN o INDC, por sus siglas en inglés) sin compromisos vinculantes ni real supervisión internacional, legitimando nuevas falsas soluciones y peligrosas tecnologías. De paso terminarán de enterrar el proceso multilateral de negociaciones para enfrentar esta crisis global.


El precedente de este próximo acuerdo-no acuerdo (se trata de legalizar que cada país haga lo que quiera) fue el Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional vinculante que estableció que los principales países emisores, responsables de la mayoría de GEI, redujeran en 5 por ciento sus emisiones por debajo del nivel de 1990. El total de emisiones era entonces 38 giga toneladas equivalentes de dióxido de carbono anuales (equivalentes porque hay otros gases de efecto invernadero). Estados Unidos, principal emisor histórico y segundo actual, nunca firmó el Protocolo de Kyoto y siguió aumentando sus emisiones. Al 2010, las emisiones globales, en lugar de bajar, habían aumentado a 50 giga toneladas anuales. En ese año, China pasó a ser el primer emisor, ahora con 23 por ciento del total, seguido de Estados Unidos (EU) con 15.5 por ciento. Pero acumulado, EU es responsable de 27 por ciento de emisiones desde 1850. Con 5 por ciento de la población mundial, usa 25 por ciento de la energía global y sus emisiones de GEI per cápita son más de mil 100 toneladas por persona mientras en China son de 85 toneladas por persona. Cabe notar que el desarrollo actual de China sigue el mismo modelo destructivo de producción y consumo industrial, con crecientes brechas de desigualdad interna.


Esta nueva realidad de emisiones de países emergentes afirmó a los principales emisores históricos a exigir que todos debían reducir –aunque ellos no lo habían hecho nunca. Bloquearon una nueva etapa del Protocolo de Kyoto y aprovecharon para minar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas que había sido un pilar de la CMNUCC.


Para la COP 21, por primera vez cada país debe entregar a la Convención su plan de contribuciones previstas, y como son determinadas a nivel nacional, el secretariado se limita a contabilizar lo que significan. A fin de octubre 2015, se habían entregado las contribuciones previstas de 146 países. Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, esos planes se traducen en un aumento de 3 a 3.5 grados en el promedio global al 2100, casi el doble del límite oficial acordado de máximo 2 grados y mucho más de 1.5 grados que los estados insulares, la mayoría de países del Sur y organizaciones de la sociedad civil consideran máximo aceptable para no morir bajo las aguas, sufrir violentos huracanes, sequías y hambrunas.


Las medidas propuestas por los grandes emisores históricos son altamente insuficientes, incluso en términos formales. Un análisis de organizaciones ambientalistas, sindicales y sociales, aplicando un criterio de contribuciones justas por país (tomando en cuenta responsabilidad histórica y capacidad de hacer reducciones según nivel económico actual debido a la industrialización que provocó las emisiones) muestra que Estados Unidos, Japón y Europa ni siquiera llegan a 20 por ciento de lo que deberían reducir. Por el contrario, los países más pobres, contribuyen más de lo que nunca causaron y algunos países emergentes (China, India) proponen mucho más que su justa parte per cápita. (civilsocietyreview.org).


Es una perspectiva reveladora, pese a que no toma en cuenta otro aspecto fundamental: cómo se componen esas contribuciones que harían los países. Porque además de insuficientes, la mayor parte de sus contribuciones se basan no en reducir emisiones, sino en compensarlas con mercados de carbono, con técnicas de geoingeniería como captura y almacenamiento de carbono (CCS) con mal llamada bioenergía que devasta ecosistemas y compite con producción de alimentos, y con programas perversos contra comunidades campesinas e indígenas, como la agricultura climáticamente inteligente y REDD+para bosques.


Además de anunciarnos que aumentarán las emisiones, las medidas propuestas van contra las comunidades y movimientos que tienen alternativas reales, viables y posibles para salir de la crisis. La COP21 se dirige a consolidar un crimen histórico. Pero no será sin denuncia y resistencia desde abajo.


Silvia Ribeiro, investigadora del grupo ETC

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Jueves, 12 Noviembre 2015 06:38

Exxon et al: escándalo del siglo XXI

Exxon et al: escándalo del siglo XXI

El procurador general de Nueva York ejerció acción sobre ExxonMobil, la mayor petrolera en capitalización de mercado, para que entregue toda comunicación acumulada durante los últimos 40 años de sus investigaciones sobre el calentamiento global (CG) vinculado a las emisiones de gases con efecto invernadero, GEI (dióxido de carbono, metano, etcétera) por la combustión de fósiles. Tanto Los Angeles Times como el WSJ y el NYT destacaron la noticia. Según D. Hasemyer y J.H. Curshman (Inside Climate News-ICN-, 22/10/15) interesa al procurador saber cuánto del conocimiento generado transmitió Exxon a sus inversionistas, así como la duplicidad de incluir ese conocimiento en sus cálculos de negocios, liderando en la investigación sobre el CG, para luego, con sus dividendos en mente, sembrar dudas por décadas sobre la ciencia climática, frenando la acción contra el CG y alentando con decenas de millones de dólares, los cofres de negacionistas del fenómeno.


Advertida la demora por la Organización Meteorológica Mundial (WMO, en inglés) y por los mismos científicos de Exxon y dadas sus catastróficas consecuencias en el control de las emisiones de GEI, es crucial, en lo judicial, lo político y atmosférico transparentar las operaciones y la propaganda de Exxon et al, para desactivar iniciativas con el fin de controlar esos gases. Transformaron las incertidumbres propias del conocimiento científico, en armas masivas de confusión como ironiza ICN, sembrando dudas sobre la ciencia climática e impulsando la negación del CG asociado a la combustión de carbón, gas y petróleo. Exxon, con los petroleros Bush-Cheney en el bolsillo, en los inicios de ese gobierno (2001) exigió una purga de personal afin al consenso científico sobre el clima dentro y fuera de la presidencia, incluidos aquellos que conducían la relación de EU con el Panel Inter-gubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC en inglés), el cuerpo que define el consenso científico sobre el calentamiento global (que hoy es de 97 por ciento) que luego es transmitido a los gobiernos del mundo.


En su lugar Exxon impulsó a quienes disputaban los fundamentos de ese consenso, enfatizando la duda para desarticular la regulación de emisiones de GEI, gases que acompañan a las ganancias de la industria fósil, hoy en colapso moral y de precios, pese a ser, desde la Revolución Industrial, el combustible de la acumulación capitalista. Se indica que tras bambalinas Exxon interfirió con, y como se supo después, premió la censura de documentos científicos internos del gobierno.


Charles MacCracken, alto cargo sobre el clima en el Departamento de Energía y en la Casa Blanca, quien de los 70 a 1990 había colaborado con las investigaciones climáticas de Exxon, advirtió que el giro de la firma no se reduce a su actuación fuera del consenso científico, porque "oponerse a los hallazgos científicos más importantes (de la ciencia climática) es en verdad algo espantoso (appalling)". En efecto, al tomar Bush-Cheney el poder, Randy Randol, principal cabildero de Exxon, se quejó en memo ante la Casa Blanca de los correveidiles del pasado, con agendas agresivas de combate al CG, que influían al IPCC en sus preparativos sobre el próximo consenso científico sobre el clima. Exigió la renuncia o el control de la influencia de MacCracken de cualquier decisión mientras "la contribución de EU al IPCC debía retrasarse". El éxito del cabildo fósil, con el retiro de EU, Canadá y Australia del Acuerdo de Kyoto tuvo el efecto esperado: desarticuló, desmoralizó y demoró el esfuerzo por el control de los GEI. Aún así, el cabildo fósil acentuó duda y negacionismo como se hizo con el humo del tabaco, el DDT y la lluvia ácida (ver Oreskes y Conway Merchants of Doubt ).


A fines de los 70 los científicos de Exxon Research & Engineering (ER&E) reconocían que la causa más probable del calentamiento global (CG) se vincula a las emisiones de CO2. En su primer informe (1990) el IPCC asentó la certidumbre del CG y la necesidad de profundas reducciones en los GEI para aminorar la crisis a futuro. Los expertos del ER&E informaron a la cúpula de Exxon que era urgente enfrentar el problema a la brevedad, pero fue entonces que Exxon et al, mientras usaban la climatología para calcular los costos o beneficios del derretimiento polar en sus inversiones en el Ártico, atacaban iniciativas para regular los GEI. Hoy la WMO dice que en 2014 las concentraciones de GEI llegaron a un nivel récord (Greenhouse Gas Bulletin 9/11/15). Su secretario general, Michel Jarraud, dijo a Reuters que "las emisiones pasadas, presentes y futuras tendrán un impacto cumulativo en el calentamiento global y en la acidificación oceánica... más eventos extremos: olas de calor e inundaciones, derretimiento del hielo, niveles oceánicos al alza... Esto ocurre ahora. Hemos ingresado a territorio desconocido y a una velocidad que asusta".


La acción de Exxon et al es espantosa e imperdonable.


jsaxef.blogspot.com

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Martes, 10 Noviembre 2015 05:46

El clima de París se calienta

El clima de París se calienta

"El cambio climático lo tenemos ya aquí. Eso no se puede negar. Y lo que está claro es que el ser humano ha provocado ese cambio ambiental y eso está afectando al bienestar de las personas y pone en peligro la viabilidad del sistema. Ésta es una crisis multidimensional: ambiental, social y económica", señala el investigador Iñaki Arto, del Basque Centre for Cli¬mate Change, que estudia causas y consecuencias del cambio climático.


Entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre se celebra en París la Cumbre Internacional sobre el Cam¬bio Climático, COP21 (21 Confe¬ren¬cia de las Partes). En este encuentro se pretende sustituir el protocolo de Kioto (1997) por otro vinculante en el que los países participantes se comprometan a poner freno a las emisiones contaminantes. También como novedad, se quiere conseguir que los compromisos adquiridos sean evaluables cada cinco años. Sin embargo, la propia responsable de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Christiana Figue¬res, ya anunció a finales de octubre que los compromisos voluntarios presentados por 147 países (la UE cuenta como un Estado), de los196 que está previsto que participen en esta cumbre del clima, no son suficientes. Las emisiones van a seguir creciendo.


El peligro de superar 2 grados


Los científicos ya fijaron que no se debía sobrepasar una subida de dos grados a finales de este siglo, como umbral de seguridad para el planeta. Pero las emisiones ya son tan elevadas que el cambio climático no se puede parar. "Sus impactos ya los estamos viendo", ha reconocido Figue¬res, y ha añadido que "no vamos a solucionarlo", pero que es necesario controlar situaciones peores.


La ONU asume el cálculo de la Agen¬cia Internacional de la Energía, que sostiene que en 2100 la subida de la temperatura media del planeta será de 2,7 ºC si no se reducen las emisiones a partir de 2030. "Se estableció en el Panel Intergu¬berna¬mental para el Cambio Climá¬tico (IPCC) que el límite de dos grados era considerado el punto de no retorno, porque a partir de dos grados, hiciéramos lo que hiciéramos, se fundirían los glaciares, se dispararían los índices de metano, etc. Y si ahora se pretende que sean 2,7 grados, el punto de no retorno ya sería superado", dice Jonathan Gómez Cantero, climatólogo, experto en riesgos naturales y revisor del Quinto Informe de Evaluación del IPCC de la ONU. Sin embargo, Figueres se muestra optimista y señala que en 2030 muchos países habrán alcanzado los objetivos fijando como horizonte los 2,7 grados.


Las organizaciones ambientales acusan a la ONU de no reconocer la gravedad de la situación, señalan que el incremento a finales de siglo puede superar incluso los tres y cuatro grados de media, y afirman que la Cumbre de París se está preparando como "un acuerdo de mínimos".


"No estamos dispuestos a falsos acuerdos otra vez", declara a Diago¬nal el portavoz de Cambio Climático de la federación Ecologistas en Ac¬ción, Javier Andaluz. Insiste en que los acuerdos voluntarios que presentaron los países a finales de octubre suponen sobrepasar los 2 ºC, tope de seguridad, e incrementar las emisiones entre un 37% y un 50% en 2030, y entre un 40% y un 70% en 2050, con respecto a 1990. "Esto significa que en menos de 15 años sobrepasaremos las cantidades de emisiones contaminantes máximas para mantenernos dentro del margen de seguridad [subida de 2 ºC]", afirman desde Ecologistas en Acción. Andaluz sostiene que la subida de las temperaturas recomendada de dos grados es una media global, "pero en el caso de España y todo el arco mediterráneo podríamos estar hablando de una subida de tempe¬raturas mayor, que podría ser de cuatro, cinco, seis grados o más".


Patrones comunes


La responsable de Energía y Clima de Greenpeace, Tatiana Nuño, señala: "El problema de los compromisos de los 147 países presentando recientemente es que no existe un patrón común y muchos se han fijado compromisos de reducción de emisiones respecto a 2005, otros respecto a 2007, y con proyecciones unos a 2025, otros a 2030, 2050...". Por ello explica que es necesario que la cumbre de París fije "patrones comunes y vinculantes para saber cuánto van a subir las temperaturas".

También admite que hay estudios "más pesimistas", de organizaciones como la Carbon Tracker, que documentan una subida de la temperatura a finales de 2100 de cinco grados, e incluso otros mantienen que será de ocho grados. Desde Greenpeace se insiste en que es necesario salir de París con "el compromiso de todos los países de acabar con la quema de combustibles fósiles en 2050".


Con respecto a Kioto, el presidente de EE UU, hasta hace poco el país más contaminante, se pronunció hace dos meses sobre el cambio climático: "No tenemos otro planeta, no hay plan B". Y en agosto aprobó el llamado Plan de Energía Limpia, que pretende que EE UU reduzca las emisiones de dióxido de carbono de sus plantas energéticas de carbón en un 32% para 2030 respecto a los niveles de 2005. Según datos del Banco Mundial, hasta 2011 EE UU era el país más contaminante de CO2 con emisiones de 17 toneladas métricas per cápita, el 19% mundial, superado en 2009 por China, ahora en el primer puesto, con unas emisiones per cápita de 6,7 toneladas, el 22% mundial. Brasil emite 2,2 toneladas per cápita, Alemania 8,9, Francia 7,1 y España 5,8, entre otros.


Por otro lado, China, líder del grupo de los 77, que reúne a los países emergentes, ha declarado que tiene como objetivo alcanzar su pico de emisiones de dióxido de carbono en 2030. Las emisiones de Chi¬na provienen en parte de empresas internacionales instaladas en su territorio. El año pasado China consiguió reducir sus emisiones de carbón.


Efectos del cambio climático


Los efectos sobre el cambio climático ya se dejan sentir en todos los países. "Este verano, en el hemisferio norte, según los datos astronómicos, será el sexto mes de junio más cálido desde 1961. Julio se convirtió en un mes extremadamente cálido, con 2,5 ºC por encima de la media, el más cálido de la serie histórica, es decir, desde que se tienen registros", afirma Gómez Cantero. Además, fenómenos como el huracán El Niño se prevén cada vez más agresivos. "En el hemisferio sur, y cuando entre el verano [22 de diciembre], la costa pacífica sudamericana se prepara para un fenómeno de El Niño muy fuerte", señala el climatólogo. El huracán de 2015 está considerado como el peor de los últimos 60 años.


Pero no sólo es el clima. Las especies están sufriendo también los efectos del cambio climático. El informe The Living Planet Report 2014 constata que la mitad de la fauna salvaje ha desaparecido en los últimos 40 años. Otro informe, publicado en la revista Sciencie Advances, señala que en total 617 especies han de¬saparecido a causa de la acción del hombre, y eso incluye el actual "consumo humano insostenible", señala. De entre esas especies, los científicos han estudiado la pérdida de anfibios a causa de la quitridiomicosis, una enfermedad infecciosa producida por el hongo B. dendrobatidis que está diezmando las poblaciones de anfibios. Los inviernos más cortos y menos fríos favorecen el aumento de la humedad en la época de cría, y el aumento de los días cálidos durante metamorfosis favorece la enfermedad. Se sabe que más de un tercio de las casi 7.000 especies de anfibios conocidas del planeta están amenazadas, y de momento más de 250 especies se consideran ya completamente extinguidas en la naturaleza.


También el cambio climático afecta a la adaptación de especies invasoras, como la hormiga argentina, que "estaba presente en las zonas del Mediterráneo y no entraba en la península porque era una zona más fría. Ahora la tienes en toda la geografía española", señala Fernan-do Valla¬dares, biólogo e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Además, Valladares apunta que la fenología (estudio de los factores climáticos y los ciclos de los seres vivos) cuenta con muchos informes que apuntan al cambio climático: "Sobre las aves migratorias, cuando llegan y cuando salen, sobre la floración o la fructificación de las plantas. Son miles de evidencias que señalan que los ciclos se están adelantando. Hay miles de estudios. O los problemas de polinización de algunas especies, porque el polinizador no responde igual al cambio climático que las plantas".

Fenómenos naturales extremos


Otra consecuencia del cambio climático son los fenómenos naturales extremos, como las sequías u otros desastres. Por ello miles de personas ya se ven obligadas a emigrar, son los llamados refugiados climáticos, que ya son una realidad. François Gemenne, experto en geopolítica ambiental y coautor del informe La situación del mundo 2015, del World¬watch Institute, editado en castellano por Fuhem Ecosocial e Icaria, señala que "los desastres meteorológicos desplazaron a unos 140 millones de personas, un promedio de 23 millones de personas al año, entre 2008 y 2013". Si, como se prevé, el nivel de los océanos va a subir hasta un metro a finales este de siglo "y son las zonas costeras y los deltas fluviales las regiones más pobladas de la Tierra", señala el informe, esto provocará una oleada de refugiados climáticos. Y, si como apuntan los científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) en su informe de 2014, se van a modificar las lluvias, se va a generar pobreza e inseguridad alimentaria en amplias zonas del planeta.


Sin embargo, a algunos gobiernos no parece impresionarles todo esto. La ministra de Ecología anfitriona de la Cumbre de París, Segolène Royale, declaró en junio que las negociaciones sobre cambio climático son "una pérdida de tiempo". Por otra parte, al cierre de esta edición se hizo público que, a partir del 13 noviembre y durante un mes, el Gobierno francés va a impedir el libre tránsito en sus fronteras. Francia se acoge al artículo 23 del acuerdo de Schengen, que permite a los países miembros restablecer controles durante un máximo de 30 días "en caso de amenaza grave para el orden público o la seguridad interior". Varios colectivos ya estaban encontrando problemas un mes antes de la cumbre para conseguir visados para viajar al país galo.


La Coalition Climat 21, que agrupa a más de 130 organizaciones sociales y ambientales, denuncia también que el Ayuntamiento de París no garantiza el alojamiento de los miles de activistas que se han dado cita en París. De momento "sólo se habían garantizado mil plazas en espacio públicos".


Consecuencias sin retorno


CONTAMINACIÓN


La Agencia Europea del Medio Ambiente señala que en Europa se producen cada año 430.000 muertes prematuras sólo por las partículas finas en suspensión.


METANO


Desde el IPCC, se ha señalado que "la gente debería dejar de comer carne un día a la semana si quiere contribuir a la lucha contra el cambio climático".


SIN CARBONO


Según los grupos ecologistas, es necesario descarbonizar la economía basada en combustibles fósiles y crear un sistema que tenga en cuenta los límites naturales del planeta.


MENOS LLUVIAS


La FAO estima que la escasez hídrica es cada vez mayor en China, India, África y Oriente Medio. Hoy, 805 millones de personas pasan hambre.


EL NIVEL DE LOS MARES YA SUBIO UNOS 20 CENTIMETROS DESDE EL COMIENZO DEL SIGLO XX


Pronóstico sombrío antes de la cumbre

 

Página12


La temperatura media en la superficie terrestre alcanzará este año un grado más que en los años preindustriales. En 2014, la media de emisiones de CO2 llegó un nivel inédito. Los datos fueron difundidos en el marco de la próxima reunión climática de París.

El nivel de los mares creció unos 20 centímetros desde el comienzo del siglo pasado y la temperatura media mundial en la superficie de la Tierra alcanzará este año un grado centígrado más que en los años preindustriales. Estos datos son algunos de los primeros informes que circulan en el marco de las negociaciones sobre el cambio climático previas a la cumbre de la ONU en París (COP21). En un contexto de datos de esta naturaleza, 60 ministros de diferentes países se encuentran reunidos para negociar ante la necesidad de llegar a un acuerdo en la cita que tendrá lugar en la capital francesa a fines de este mes.
"Avanzamos en territorio desconocido y la máquina acelera a un ritmo aterrador", alertó Michel Jarraud, el director de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), una agencia de la ONU con sede en Ginebra. Ayer a puertas cerradas, los ministros trataron cuatro temas cruciales para sellar un pacto definitivo: equidad entre los países del norte y del sur, ambición de los objetivos, financiación y acciones necesarias de cara al año 2020.


A tres semanas de la conferencia de París, el instituto Climate Central publicó otro informe que pone de manifiesto el impacto devastador que tendrá la subida del nivel de los mares en las grandes ciudades costeras.


Según el instituto, el nivel de los mares ya subió unos 20 centímetros desde el comienzo del siglo XX y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) predice que en el año 2100, aumentará entre 26 y 82 centímetros respecto a la media del período 1986-2005.


Por su parte, la agencia meteorológica británica Met Office anunció que por primera vez, la temperatura media mundial en la superficie de la Tierra será en 2015 un grado centígrado superior a los valores preindustriales. "Es la primera vez que alcanzaremos el listón de 1 grado y está claro que la influencia humana está llevando el clima moderno a territorios desconocidos", dijo Stephen Belcher, del Met Office.


El aumento de la temperatura será de 1,02 grado respecto al nivel del período 1850-1900, según una proyección basada en los datos colectados entre enero y septiembre por el programa HadCRUT, operado conjuntamente por el Met Office y la unidad de investigación del clima de la Universidad de East Anglia.


"Los incrementos en el nivel del mar mundial, causados por el calentamiento de los océanos y el deshielo, llevan más tiempo en responder al incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero que la temperatura del aire", afirma el Met Office.


La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, exhortó a todos los países a asumir su compromiso frente al cambio climático. "El compromiso de los países desarrollados con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero no puede ser motivo de regateo frente a la responsabilidad histórica que deben asumir ante la humanidad", afirmó la ministra.


"Las emisiones per cápita de los países desarrollados, así como sus tasas de consumo, son enormemente mayores que las de los países en desarrollo, y el número de víctimas frente a las consecuencias del cambio climático sigue siendo incomparablemente mayor en los países en desarrollo –recordó Delcy Rodríguez– y sobre eso debe basarse cualquier acuerdo justo y sincero frente a los pueblos del mundo."


"Cada año, anunciamos un nuevo record de las concentraciones de gases de efecto invernadero", lamentó Jarraud, tras la publicación del informe anual de la OMM que señala que en 2014 la media mundial de emisiones de dióxido de carbono (CO2) alcanzó un nivel inédito.

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