Lunes, 08 Febrero 2016 06:20

Globalización histérica

Globalización histérica

Al principio pareció divertido. Excitante. Estimulante. La globalidad, su simultaneidad hiperconectada, la sensación de ser ultramodernos nos convencieron de que vivíamos un progreso único en la escala humana. Tal vez fuera verdad, mas no para nosotros, la humanidad presente. Con perdón de Hegel, la Historia siempre termina. Cada vez estamos en el fin de la Historia; sólo a los ideólogos oportunistas proclaman la perogrullada de que hemos llegado (y venturosamente) a ese fin por primera y definitiva ocasión. ¿Para iniciar algo mejor, más humano que lo humano, por el incesante progreso de la especie? Sentimos nadar la felicidad de la facilidad. Abundan no obstante indicios de que ya alcanzamos ciertos límites.

Como dice Rüdiger Safranski, nos movemos en un universo hecho por nosotros, donde el humano tiene que vérselas cada vez más y en todo momento consigo mismo. Un mundo artificial (donde el interés urbano y extractivo, por ejemplo, se antepone a cualquier otro) que a la larga, intuye Safranski, devendrá mortalmente aburrido. Y eso si se mantiene viable. El actual catastrofismo ambiental, económico, demográfico, y el inspirado en religiosidades delirantes, podrían dar al traste con todo antes que nos alcance el tedio.


Los pobladores originarios de Australia, horriblemente diezmados en pleno siglo XX por una sociedad civilizada, o sea brutal, son quizá los más humillados de la Tierra. También son la población humana más antigua: 10 mil años ininterrumpidos. Solos en su continente, solían caminar grandísimas distancias. Cuando llegaban a su destino, se sentaban en silencio un cierto tiempo, para esperar a que los alcanzara su alma. ¿No estaremos así? Hemos logrado todo esto pero como especie no estamos preparados. El espíritu humano sigue sin alcanzarse, por eso vivimos tiempos tan peligrosos. Domina la irresponsabilidad de políticos, científicos, magnates y ejércitos que manipulan técnicas humanas superiores a ellos mismos y reducen a la humanidad a una minoría de edad de nuevo tipo, modelada por el consumismo al que prácticamente nadie escapa.


Safranski apela a las historias, lo único real posible dentro de la Historia (¿un eco de John Berger?): hormiguero de historias ya que no podemos verla en su conjunto. Alumno de Adorno y colega de Sloterdijk (con quien condujo en Alemania el programa televisivo El cuarteto filosófico, 2002-2012), su amigo José María Pérez Gay destacaba su doble calidad de filósofo y escritor. Sin exhibicionismo, Safranski ha formulado algunas de las preguntas más pertinentes del tiempo actual. Lúcido y conciso, propone hacer un claro en el bosque ante la histeria globalista que nos condena a la rapidez, fascinados por ella. Si no nos hacemos sitio estaremos perdidos. Habrá que adoptar conductas y pensamientos que signifiquen menos rapidez, como cultivar el sentido de lo local, la capacidad para desconectar, para no estar accesible (¿Cuanta globalización podemos soportar?, Tusquets, 2004).


No olvidemos que en la red comunicativa no hay ninguna no comunicación, pues también ésta es un acto comunicativo. Lo sabe bien todo el que tiene un teléfono móvil. Potencialmente está siempre accesible, y por ello es tarea suya dar las razones cuando no lo está, advierte Safranski. "Estar siempre accesible, el ideal de la sociedad de la comunicación, se tiene por un progreso, y se ha olvidado que antes sólo tenía que estar accesible el ámbito de lo 'personal'. Hoy en cambio presionamos para que nos empleen como mensajeros de la red de comunicación".


Estas constante disposición y disponibilidad olvidan que no sólo nuestro cuerpo requiere una protección inmunológica, sino también nuestro espíritu. No podemos permitir que todo entre en nosotros; ha de entrar sólo en la medida en que podamos apropiarnos de ello. Pero la lógica del mundo enlazado comunicativamente está dirigida contra la protección inmunológica de la cultura. Perdidos en un sistema sin filtros, quien no se doblegue a la coacción de la comunicación renunciará al orgullo de estar siempre a la altura de la época y en la cúspide del movimiento.


Esto lleva a pensar en espejismos cuyo efecto a largo plazo aún desconocemos, como las amistades intangibles y esencialmente falsas de las redes sociales (independientemente de la eficacia informativa que éstas puedan proporcionar). Nos encontramos ante una dudosa abolición de la distancia. Interroga Safranski: "Nuestra civilización, en la que crece la participación de los 'singulares', ¿no se está transformando en una sociedad de consumidores finales que, desligados de la cadena de generaciones, sólo se cuidan de sí mismos?" Ya nadie se deja enredar con el sentido de responsabilidad. Sólo consumimos ofertas.


¿Cuánto más seguiremos transformando el mundo sin obliterar la existencia de una humanidad que pierde el sentido de la responsabilidad? Luego nos extrañamos de cómo votan los pueblos en lo que hoy se da por "democracia".

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Mujica en Palacio: "El homo sapiens es el único bicho que se puede hacer cargo de su destino"

Esta tarde el ex mandatario uruguayo Pepe Mujica ofreció una conferencia en el Palacio de las Convenciones en el marco del II Encuentro Internacional Con todos y para el bien de todos, dedicado al Héroe Nacional de Cuba, José Martí.
En el encuentro Mujica resaltó la importancia de que la izquierda y los movimientos progresistas sean capaces de construir una cultura que no sea esclavizante y sometedora.


Comentó que a pesar de que la civilización parece haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a las atrocidades que comete a diario, está en manos de la misma humanidad cambiar ese orden de cosas: "El homo sapiens es el único bicho que se puede programar en partes, que se puede hacer cargo de su propio destino".


El consumismo como arma de destrucción masiva


El actual senador de Uruguay sostuvo que la falta de consumo es el terror de los economistas contemporáneos. "Nos tienden la mesa de la mercadería, como diciendo: Subite, que hay pa' vos también", añadió.


La migración es un fenómeno, según él, muy vinculado a las ansias por tener. Sostuvo que el sueño de los pobres es emigrar, pero no a un lugar tranquilo, sino a la Meca de la sociedad de consumo, y que eso se ve a diario en los refugiados que huyen de sus países en conflicto. Todos quieren ir a Alemania o a Suecia.


Y lo mismo ocurre con los emigrantes centroamericanos, que no van a países como Uruguay, "donde hay tres millones de cristianos y 30 de vacas", sino que llegan en México en un intento por pasar a Estados Unidos.

 

Lo importante es estar vivo

 

El político uruguayo sentenció que si bien la economía es importante, nada lo es más —ante la magnitud del universo— que estar vivo. Y que resulta alarmante el hecho de que "este mundo tiene cada vez más cantidad de gente que vive con infelicidad sin ser pobres".


Opina que en ese contexto es necesario un cambio de ética. "Esto no es una moralina, es una invitación a luchar por la felicidad humana por encima del criterio de que sos feliz según lo que tengas", concluyó.


El hombre moderno, comentó el ex guerrillero, se cree que inventó la rueda, padece de petulancia. Por eso el cambio, además de estructural, debe ser ético, sino no será visceral, ni suficiente.


"Nuestra pelea de fondo —añadió— es con la muerte, y se puede resolver dejando algo conscientemente mejor a los que vienen después de nosotros". A su criterio, eso es la civilización: una solidaridad intergeneracional.


Considera que para eso es necesario enfrentar problemas que no puede solucionar ningún país por poderoso que sea: "los pobres de Centroamérica y de África subsahariana son causa de la humanidad, viva donde viva, es necesaria una visión de especie".

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Lunes, 11 Enero 2016 06:49

Explosión de cine

Explosión de cine

La octava maravilla de Quentin Tarantino parece colocarse a la altura de las expectativas de los cultores, y no son pocos los que aseguran que se trata de la mejor película que el director ha filmado hasta el momento. Tampoco faltan los detractores que la señalan como un entretenimiento pueril, vacío, o como un exabrupto de violencia gratuita.

 

Ignoro si en el largo plazo será algo favorable o desfavorable para la industria y para el mismo cineasta, pero lo que sucedió es que esta película se filtró a la web casi simultáneamente a su estreno internacional en una calidad aceptable, por lo que estuvo siendo compartida por una enorme cantidad de internautas. Lo que las compañías reparten como screeners –copias previas al estreno, generalmente distribuidas para jurados, miembros de la academia y prensa– tuvieron la gracia de dar con un solidario pirata que decidió expropiar y socializar el material, obteniendo inmediatamente centenares de miles de interesados.

La película ya había ganado dos premios de la Asociación de Críticos Norteamericanos, por lo que varios de sus screeners habían pasado por unas cuantas manos. Por lo pronto, los hermanos Weinstein, productores de la compañía Miramax, pusieron el grito en el cielo, y existe una investigación en curso para dar con el corsario responsable, llevada adelante por el mismo Fbi.

Lo cierto es que por ahora la taquilla no le viene siendo demasiado favorable a la película. Si bien recaudó 16,2 millones de dólares en su primer fin de semana, y se trata de una cifra nada desdeñable, desde 1997 (año del estreno de Jackie Brown) no sucedía que una película de Tarantino obtuviese una recaudación tan baja. Falta esperar y ver cómo funciona el boca a boca y si las cifras se remontan en estas semanas venideras.

Pero las cosas hace rato venían mal para Tarantino; ya a comienzos de 2014 se había filtrado a la web una primera versión de su guión, lo que le provocó un enojo mayúsculo que lo llevó a renunciar públicamente al proyecto, y al que sólo volvió convencido gracias a la insistencia de varios de sus colegas, incluido el actor Samuel L Jackson. Luego, su decisión de estrenar la película en 70 milímetros (formato de mayor resolución, pero que la gran mayoría de las salas no tiene los proyectores para pasarlo) acotó sustancialmente sus posibilidades de estreno, pero además tuvo la mala idea de pretender proyectar su película con pocos días de diferencia respecto de la última Star Wars. Con su inmenso poderío, Disney presionó a una de las más importantes salas de cine en la que pensaba estrenarse Los ocho más odiados, y le impuso mantener Star Wars e incumplir sus contratos previos para exhibir la película de Tarantino, bajo amenaza de retirar su película de todas las salas de la cadena de cines. En consecuencia, el estreno de Los ocho más odiados debió postergarse en esa prestigiosa y determinante sala. Furioso, el director denunció la situación mediáticamente, dando a entender que la magia y el encanto con los que se identifica a Disney mal encubren la competencia desleal y el desacato recaudatorio. A fin de cuentas parece ser que uno de los peces más grandes de la industria nada más a sus anchas que los demás en ese "libre" mercado.

Todo esto venía sumado a la amenaza de boicot por parte de la policía neoyorquina a las películas del director. Tarantino había participado en una marcha en Nueva York contra la violencia racial policial, como consecuencia de los múltiples asesinatos perpetrados por agentes policiales sobre la población negra. Consultado sobre su presencia allí, afirmó en plena manifestación: "Soy un ser humano con conciencia. Estoy aquí para decir que estoy del lado de todas las víctimas", "si se estuviera abordando este problema, los policías asesinos estarían en la cárcel o por lo menos enfrentándose a cargos", agregó.

Fue a partir de este gesto que los cuerpos de policía de ciudades como Nueva York, Chicago, Filadelfia y Los Ángeles hicieron un llamado a boicotear Los ocho más odiados, e incluso un oficial amenazó con estar preparando una "sorpresa" para Tarantino el día mismo del estreno de su película. Pero finalmente los estrenos en las ciudades de Los Ángeles y Nueva York ocurrieron sin incidentes y, lejos de recular, Tarantino redobló su crítica, comentando en una entrevista con la revista Entertainment Weekly: "¿Si me sentí mal porque no quisieran besarme por haber ido? Sí, un poco. Pero no tan mal como si me hubiera quedado sentado en mi sofá viendo gente siendo bajada literalmente a tiros, y luego a los responsables enfrentando un tribunal policial de pacotilla, que los acabó reubicando en trabajos de oficina". También señaló que situaciones como la muerte del chico de 17 años Laquan McDonald no se explican con el argumento de que hay unas pocas "manzanas podridas" en el departamento, sino que se trata de un "racismo institucional" y de "encubrimientos institucionales que protegen a la fuerza policial por encima de los ciudadanos".

Pero polémicas a un lado, lo importante es que Los ocho más odiados es una película inmensamente rica que se transforma en algo nuevo a cada paso, que se presta para los análisis más contradictorios y que reúne en su interior una buena cantidad de temas, compilando asimismo una infinidad de recursos cinematográficos. En definitiva, podría verse como una extensa y pormenorizada clase sobre el lenguaje cinematográfico y sus inagotables posibilidades. A continuación analizaremos algunos de sus elementos más llamativos, pisando una buena cantidad de spoilers en el camino. Por esta razón es bueno alertar que el que no haya visto la película y quiera disfrutar de las innumerables sorpresas de su visionado, debería dejar de leer por aquí.


A LO QUE VINIMOS.


Un director de cine nunca es simplemente un talento aislado que pare a capricho las películas que imaginó, sino que es, precisamente, un director; un individuo que, rodeado de gente, la mueve y coloca en determinada senda instruyéndola sobre cierto procedimiento a seguir. Es por eso que un gran cineasta es el que sabe con quién trabajar; una eficaz selección de talentos contribuirá a un trabajo que fluya y juegue a favor de sus intereses. Una de las más importantes figuras que sorprenden en el equipo de esta película es el legendario Ennio Morricone, de 87 años, autor de bandas sonoras inolvidables, como las de El bueno, el malo y el feo, La misión, Novecento, La batalla de Argelia y una infinidad más. Tarantino ya había echado mano a algunos temas del compositor para películas previas, e incluso en alguna ocasión Morricone se había manifestado en desacuerdo con cómo las había utilizado. Pero esta vez escribió directamente las partituras pensando en la película, e incluso dio aportes generales que quedaron en el resultado final, como la idea de una secuencia de caballos tirando de una carreta, en su lucha contra un camino nevado.

Soberbia, su música emerge ya desde el comienzo como el perfecto presagio de algo maléfico que se avecina; así como una tormenta de nieve pisa los talones de los personajes y se cierne sobre ellos, un aura insidiosa se augura desde esta composición trepidante, creciente, con tambores apagados que palpitan y resuenan en los páramos helados. Una escultura de Cristo crucificado, cargada de nieve, olvidada y sepultada, refuerza la idea de la ausencia de valores imperante en estas gélidas tierras de nadie.

Pero el compositor es uno de los tantos elementos que dan forma a este milagro cinematográfico; las grandes figuras están a la orden del día y no podría hacerse una reseña completa de esta película sin nombrar al insuperable cúmulo de talentos actorales que contiene. Lo cierto es que Los ocho más odiados se sustenta fundamentalmente en un gran guión y en diálogos constantes, y por tanto el elenco es su pilar fundamental. Tarantino es también un actor y alguien que sin dudas sabe proponer desafíos a sus pares: al estar dotado el libreto de elementos de comedia y hacerse uso de un humor negro constante, su elenco juega en el arduo doble terreno de cumplir como vehículos de tensión y como comic reliefs al mismo tiempo. En primer lugar está Kurt Russell (John Ruth, alias "The Hangman"), un palurdo cazarrecompensas poco interesado en otra cosa que no sea el dinero, que divierte al mismo tiempo que horroriza en su brutalidad constante. Otro fetiche de Tarantino, el gran Samuel L Jackson es el mayor Marquis Warren, un negro veterano de la Unión, ahora devenido cazarrecompensas y funcionario de la corte, asesino sin miramientos, y preferentemente de blancos racistas. La verdadera revelación del cuadro y un talento que de ahora en adelante no perderemos de vista es Walton Goggins (Chris Ma¬nnix, sureño rebelde y perfecta antítesis de Warren), quien ofrece tantos cambios de registro y dobleces como son posibles en una sola película. A un nivel más secundario, Tim Roth, Michael Madsen y Demián Bichir cumplen, ya sea para dar un toque de excentricidad (Roth, sin dudas), como presencia intimidante (Madsen), o como simple enigma (Bichir). Pero quien es una verdadera fuerza de la naturaleza y se desenvuelve como nadie es Jennifer Jason Leigh en el rol inolvidable de la sentenciada Daisy Domergue, una mujer que se impone desde su primer segundo en pantalla, y quien en su contención a medias y en su silenciosa malicia va creciendo hasta delinear un personaje único en su especie.

Es curiosa la forma en que, en este cuadro de parias realmente odiosos, la empatía del espectador va migrando continuamente hacia uno u otro, sin nunca poder detenerse en ninguno en particular. Esta economía de elementos profundamente cuestionables, dispersos en todos y cada uno de los personajes centrales, y la precisión en los matices que de algún modo los vuelven igualmente cercanos supone una apuesta sobresaliente.


LICUADORA DE GÉNEROS.


Los ocho más odiados es, a primera vista, un western. La acción se ubica a pocos años de terminada la Guerra de Secesión y presenta a un puñado de hombres armados, con sus típicos sombreros tejanos, caballos y carretas. Pero si los parajes desérticos que son la constante del género se convierten en bosques helados, si se propicia una tormenta de nieve y se coloca a todos los personajes a cubierto en un espacio reducido, ese western pasa a tener muchos elementos en común con The Thing, la obra maestra de John Carpenter. Y si a esto se le agrega un montón de parias, forajidos, delincuentes de diversa calaña (algunos de ellos devenidos representantes de la ley), se aterriza entonces la película en el mundo antiheroico propio del film noir –que ya había tenido sus ecos en los polvorientos spaghetti westerns y en los pistoleros lúmpenes de los años setenta, bajo la dirección de Sergio Leone, Sam Peckinpah y Sergio Corbucci, entre otros.

Hasta aquí todo era ciertamente previsible, considerando los precedentes de Tarantino y sus gustos particulares. Pero los géneros siguen agolpándose y superponiéndose, dándole a esta obra una singularidad única: una trama de mentiras, sospechas, acusaciones entrecruzadas y enigmas a resolver provee las reglas del whodunit, subgénero prácticamente olvidado que supo dar infinidad de obras a partir de los años treinta para acabar muriendo casi definitivamente en los setenta. La investigación policial que presenta un crimen y un grupo de sospechosos fue revisitada hasta el hartazgo y es de allí que viene la frase común de que "el asesino es el mayordomo". Increíblemente, uno de los referentes ineludibles para esta película es Agatha Christie, y los ecos de Eran diez indiecitos, Asesinato en el Expreso Oriente y Tres ratones ciegos son palpables. Pero Tarantino no echa mano precisamente a los lugares comunes del subgénero, sino a sus principales trampas.1 Esto remite necesariamente a Alfred Hitchcock, quien supo filmar whodunits en los inicios de su carrera y que deja sus huellas aquí en ciertos tiempos muertos y en la información que, por momentos, el espectador tiene y los involucrados no (una cafetera al fondo del cuadro se convierte durante un breve lapso en un magistral elemento de tensión). La muerte repentina de personajes fundamentales en los que depositábamos alternativamente cierta empatía, provocándonos un desconcierto mayor y un vacío importante podrían recordar a Psicosis... bajo los efectos de un cóctel de barbitúricos y elevada a su enésima potencia.

Por supuesto que en esta licuadora se ha volcado también mucho gore: la sangre, inesperada, embarrará prontamente la contención inicial del cuadro. Es una sangre poética, desmesurada como suele serlo, en la que resuenan los ecos de despropósitos del giallo italiano y del sla-sher. Es por eso que se pasa en pocos minutos de bellos planos abiertos tipo La diligencia a los peores asfixiantes exabruptos de Suspiria y Alta tensión, sin perder nunca las formas ni la coherencia estilística.

Pero la influencia decisiva, y seguramente lo que le dé un verdadero vuelo a la obra, está algo más solapada: uno de los filmes favoritos de todos los tiempos de Tarantino es Río Bravo, de Howard Hawks. Allí un grupo de personajes se recluía en un pequeño espacio y se contaban anécdotas, tocaban la guitarra, enfrentaban una amenaza con una naturalidad y un aire de familia que convertían a la película en una experiencia única. Es en detalles de este tipo que Los ocho más odiados crece hasta convertirse en la categoría de obra maestra, y en donde más se sienten los ecos de los westerns de Hawks, George Stevens y Michael Mann: así como John Ruth (Kurt Russell) y Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) se odian a muerte, Ruth también cuida en un principio que ella no quede manchada con estofado, o juntos colaboran con ciertas tareas (como clavar tablones en una puerta floja, por ejemplo), estos elementos contribuyen a construir un aspecto invisible pero insoslayable: la inigualable química existente entre ambos personajes.

Y así como existen rencores enquistados, racismo, individualismo, desconsideración y una imperiosa necesidad de perforar a balazos al prójimo, también hay sutiles momentos de humanidad que nos permiten acercarnos a los personajes y creer realmente en ellos: están en las infantiles carcajadas de Chris Mannix, en la ingenuidad y en la visible emoción de John Ruth al leer una carta, en el abrazo fraterno que se dan Bob (Demián Bichir), Oswaldo Mobray (Tim Roth) y Joe Gage (Michael Madsen) durante los preparativos de un momento crucial, en la cautela y los intentos de conciliación de Mobray para evitar tempranos baños de sangre o en la parsimonia reflexiva de Marquis Warren, en definitiva el Hércules Poirot del grupo.


MISOGINIA.


Por supuesto no han faltado ni faltarán los que desestimen la película por ser deliberada e impiadosamente violenta (lo es), y muy especialmente los que la acusen de ser una obra directamente misógina –el personaje de Jennifer Jason Leigh es baleado, vapuleado, insultado, bañado en sangre y algunas cosas más a lo largo del metraje–. Algunos críticos, como A O Scott en The New York Times, hicieron hincapié en este supuesto "odio" a la mujer, reflejado en la violencia explícita hacia ella. Es comprensible el impacto que varias de estas escenas tienen sobre la audiencia, y especialmente una de las finales, un despliegue de sadismo indisimulado por parte de dos de los personajes hombres. Pero esta mirada superficial por la cual se toma a la parte por el todo, que se queda en aquello que se ve y no en lo que hay por detrás, debería ser desestimada: prácticamente es lo mismo que pensar que Gustave Flaubert era misógino por haberle hecho pasar tan mal a madame Bovary.

El personaje de Domergue es, en definitiva, el mejor trabajado a lo largo de la película, esconde muchos secretos que sabemos actuarán como una bomba de tiempo y, como decíamos, se trata de una de las actuaciones más soberbias del cuadro (comparable solamente con las de Goggins y Jackson). La crítica de cine estadounidense Stephanie Zacharek reflexionaba en la revista Time sobre la indomable insubordinación del personaje: "Cuanto más es golpeada, más sonríe a carcajadas, como si el abuso incrementara la fuerza de su alma en pena. La idea puede parecer misógina, pero es de hecho su opuesto triunfante". Hay en ese último despliegue de sadismo un subtexto realista y por ello terriblemente aterrador: respectivamente, el sureño más racista del cuadro (Mannix) y su natural antagonista (Warren) disuelven sus desavenencias y se alían para ajusticiar a la única mujer del cuadro: la misoginia es más fuerte que el racismo, y se encuentra profundamente enquistada más allá de fronteras y de épocas. Ambos personajes, sheriff y mayor, respectivamente, justo los representantes de la ley en este contexto de energúmenos, acaban contradiciendo en los hechos la idea enarbolada anteriormente por el personaje de Mobray acerca de la pena capital, quien la señalaba como una ejecución limpia, exenta de sadismo. Los dos hombres recostados en una cama, en jadeos post orgásmicos luego del ahorcamiento de la dama, trascienden simbólicamente a mucho más que lo que algunos quisieran ver. La lectura subsiguiente de la carta de Lincoln nos remite a un paraíso idealizado, a una tolerancia heroica y a palabras grandilocuentes que suenan muy bien, pero que no dejan de ser una farsa irrisoria, de la cual el crudo cuadro presentado por Tarantino es su perfecto reverso. El irreverente revisionismo histórico del director dispara a quemarropa contra las bases mismas del "sueño americano".


1. Al respecto, es muy recomendable un análisis a fondo publicado en la revista Variety, que traza las similitudes entre esta película y la obra de Agatha Christie. Se titula "The Hateful Eight: How Agatha Christie Is It? (An Investigation)".

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Pablo González Casanova. Cuba y el futuro de la humanidad

Creo que es hora de pensar para luchar y de pensar cómo triunfar en las actuales circunstancias por difíciles y complejas que sean.

Lo que voy a decir, antes que nada, busca las implicaciones que tiene la crisis de las teorías hegemónicas que se basan en la idea de civilización, progreso, modernidad, o desarrollo.


Lo que voy a decir busca también aclarar la crisis en que nos hallamos quienes pensábamos en términos más o menos lineales en una historia que llevaría del feudalismo al capitalismo, al socialismo parlamentario o estatal y de éste al socialismo post-capitalista o comunista, tesis que en los países coloniales o semi–coloniales enarboló una descolonización en que tomarían el poder las clases oprimidas y colonizadas para seguir sus propios caminos de liberación y construcción del socialismo, objetivo que sólo fue alcanzado por la Revolución Cubana y el Movimiento "26 de Julio", en una victoria que amerita una reflexión mucho más profunda que nos aclare problemas y soluciones que no son sólo para Cuba sino para el mundo.


Por más que nos cueste reconocer hoy los fracasos de las tesis lineales conservadoras y revolucionarias, nos será imposible resolver cualquier problema actual si no llevamos al terreno de la conciencia, de la dialéctica y el diálogo, lo que realmente hacía y hace imposible el logro de la liberación humana en el caso del capitalismo, y lo que nos faltó o sobró a quienes teniendo la posibilidad de la liberación en los estados-nación del llamado "campo socialista" no logramos nuestras metas en una inmensa región del mundo en que asistimos hoy a la restauración del capitalismo. Esa reflexión necesaria será lamentablemente incompleta si no prestamos igual o mayor atención a las razones del triunfo de Cuba.


Una reflexión colectiva realmente profunda tendrá que orientar nuestras actuales luchas para rechazar lo que nos sobró y para incluir lo que nos faltó en una amplia región del mundo. En esa reflexión, Cuba como victoria ejemplar, hoy asediada y cercada por el imperio más poderoso y agresivo del mundo, nos lleva a recordar y parafrasear un hecho sorprendente que hoy planteamos preguntándonos ¿"Qué tiene Cuba que el imperialismo no pudo con ella" a pesar del prolongado bloqueo y de los incontables asedios de que se hizo objeto a la Isla y sus habitantes?


No sólo será importante destacar lo que Cuba hizo y hace en su lucha por el socialismo y la liberación, ni sólo aclamar lo que se propone hacer para consolidar su proyecto emancipador. También será importante destacar las medidas que el movimiento revolucionario cubano forjó y que no sólo son aplicables en Cuba, que enseñan y señalan un camino universal, parecido en medio de la diversidad.


Como cabe imaginar, lo primero es reiterar algo que hemos afirmado una y otra vez, y es que la libertad, la justicia y la democracia sólo podrán alcanzarse en el socialismo, y que sólo las organizaciones y movimientos que practiquen en su seno las medidas que fortalezcan los objetivos del socialismo podrán lograr y consolidar la justicia social, la democracia y la libertad.


Sólo cuando el poder de decisión sea de los trabajadores, de las comunidades y de los pueblos, y éstos luchen armados de ideas, armados de moral de cooperación y acción colectiva, y adiestrados en el uso de armas defensivas de su soberanía y de su vida; sólo cuando implanten las organizaciones más idóneas –horizontales y verticales– en la economía, el gobierno y los servicios podrán consolidar y defender los proyectos emancipadores.


Y precisamente por eso muchos somos quienes queremos que se haga un mundo en gran parte parecido a lo que se hace en Cuba, por supuesto, sin que los procesos emancipadores de otros pueblos y naciones sean "calca y copia" sino "creación heroica", creación original y universal. Que cada pueblo, cada nación, "a su modo" –como dirían los zapatistas–, construya con el socialismo la democracia, y con ambos la justicia y la libertad.


Pero antes de concretar esos objetivos y las medidas que en Cuba se tomaron y toman para alcanzarlos, para preservarlos, para impulsarlos, querría traer a cuentas la situación de crisis que padece la Humanidad en la organización del trabajo y de la vida, bajo el dominio de un capitalismo global que volvió a regir en todos los países del antiguo campo socialista, con excepción de Cuba, y no porque fuera Cuba una gran potencia, ni porque estuviera lejos de Estados Unidos, ni porque contara, hasta hace más de una década, con el apoyo del extinto campo socialista, que desde entonces faltó.


Ambos problemas me gustaría esbozar: ¿En qué situación se encuentra la organización del trabajo y la vida en el capitalismo?, y ¿qué le permitió a Cuba construir un sólido camino al socialismo que, entre variantes, muestra tener mucho de aplicable en la emancipación humana?


Al considerar la organización del trabajo y de la vida en el capitalismo destacan los siguientes hechos que no podemos olvidar en ningún razonamiento que se refiera al colapso de ese sistema y al comportamiento cada vez más irracional de las políticas que aplica, y cuya racionalidad tecnológica no logra ocultar ni la barbarie con que actúa ni los peligros que implica:


1º. Siendo el principal valor, o "atractor" del sistema capitalista la maximización de utilidades, de riquezas, y de poder, cualquier objetivo que frene la codicia estructural del sistema es patológicamente "negado" en su totalidad, en su causa, en sus efectos redentores, o acallado mediante políticas ilusorias de quienes pretenden e incluso creen que van a resolver los problemas dentro del sistema.


2º. El capitalismo ha sufrido varias crisis de sobreproducción y subconsumo cuyo inicio se expresó claramente a finales del siglo XIX con el desarrollo creciente del capital corporativo, de las innovaciones tecnológicas y del imperialismo, en que la "renta" de las colonias y países dependientes subsidió a las socialdemocracias reformistas o a las bases de apoyo de las dictaduras fascistas y populistas de los países metropolitanos que así frenaron el movimiento revolucionario.


La actual crisis es significativamente distinta de las anteriores: es una crisis terminal en que hasta las soluciones del "estado benefactor o social" han entrado también en crisis, y en que los "sistemas inteligentes autorregulados, adaptables y creadores" así como la robotización creciente de la producción y de los servicios, hacen imposible abandonar el neoliberalismo triunfante y regresar a Keynes, o regresar a la socialdemocracia, o regresar al populismo de izquierda o de derecha y con ellos superar los problemas sin estrechar cada vez más los vínculos con los trabajadores formales e informales y con las comunidades asediadas y crecientemente despojadas de sus tierras y territorios.


Es más, el capitalismo actual no tiene por qué regresar al nazi–fascismo metropolitano y sus campos de concentración, cuando ha demostrado ya que puede eliminar con "guerras a modo", "Estados virtuales" y otros recursos, como las pandemias y el hambre, a una inmensa población "sobrante", y cuando sin necesidad de ir a raptar esclavos en la periferia mundial, éstos van por su cuenta y –entre muertos y desaparecidos– tocan a sus puertas para ser recibidos con gotero y a regañadientes con esas políticas que los funcionarios neoliberales llaman "humanitarias". Keynesianismo y populismo de izquierda con creciente predominio de la burguesía no tienen ni la menor posibilidad de regresar y consolidarse, tras la gran derrota que sus partidarios sufrieron en las últimas décadas del siglo XX.


3º. Es cierto que al mismo tiempo la organización del trabajo y la vida muestran hoy más que nunca inmensas injusticias y crecientes desigualdades, pero éstas son consecuencia del éxito que han alcanzado quienes dominan el sistema.


Es un hecho: la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se ha vuelto a la vez mucho más eficaz y efectiva que nunca con el enorme impulso que le han dado las ciencias de la complejidad y las tecnociencias, y "paradójicamente", al mismo tiempo, ha colocado al capitalismo en una situación crítica, sin precedente en la historia.


La notable eficacia con que logran enriquecerse "más y más" "menos y menos" accionistas de las corporaciones y los complejos empresariales–militares–políticos–y– mediáticos, ha incluso derivado en una nueva contradicción de la historia, en que el hombre está al borde de acabar con la vida en la Tierra, afirmación que es rotundamente negada por las fuerzas dominantes y por buena parte de sus ideólogos y apologistas, mientras numerosos científicos rigurosos y honestos, que incluso forman parte de las comisiones intergubernamentales, descubren y publican datos sobre un creciente y variado peligro de ecocidio o de eliminación de la biósfera....Y esta es otra tragedia...el conocimiento científico que comprueba la crisis es descalificado e incluso perseguido por los más distintos medios sicológicos, sociales y políticos. En realidad el conocimiento científico puso en crisis a "la sociedad del conocimiento" y entró en crisis con remedios que de aplicarse darían al traste con los jugosos negocios de las corporaciones y complejos...y con sus codiciosos y coléricos beneficiarios y malogradas estirpes.


De los hechos señalados muchos estamos más o menos conscientes, pero a la gravedad y variedad de las amenazas a la vida en la tierra no le prestamos suficiente atención y otro tanto ocurre con tres hechos más que se añaden a los anteriores y que son fundamentales para comprender y actuar en el mundo realmente existente. Nos referimos a:


4º. La existencia de dos bloques en creciente enfrentamiento, destinados a competir por los recursos y mercados de la Tierra: el Bloque Oriental en formación, encabezado por Rusia y China, y el Bloque Occidental, en que Estados Unidos no sólo ha logrado sumar bajo su liderazgo a la Unión Europea, sino fortalecer el Proyecto de un Dominio Unipolar que considera posible imponer con su gran experiencia neo-colonial y contrainsurgente, perfeccionada con sus modelos de "sistemas inteligentes, autorregulados, adaptables y creadores". Se trata de un proyecto en que el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos está empleando todo género de recursos pacíficos y violentos, financieros, sicológicos, militares y para-militares, con escenarios de guerras reales y virtuales, cuya guía es el neoliberalismo global destinado a la estructuración de su poderío también global, un poderío que ya asoma como inmensamente destructivo y autodestructivo.


5º. La proliferación de guerras en que nadie lucha por un proyecto emancipador sino en que las ideologías y los programas político-sociales han sido suplantados por feroces carnicerías contra "el terrorismo", el "narcotráfico" y el "crimen organizado", en que estados simulados y actores disfrazados son instrumento de gobiernos y corporaciones que al mismo tiempo que por su intermedio imponen el terror y la destrucción de ciudades y pueblos, de campos, mares y montañas, así como de sitios sagrados logran que los supuestos fieles destruyan y desprestigien a pueblos enteros, a los que simulan representar en sus clásicas versiones sobre "los bárbaros" cuando en realidad muchos de los supuestos fingidos islamistas, fanáticos y "combatientes por la libertad" son reclutas, entrenados, armados, aprovisionados y respaldados como "fuerzas especiales" de la globalización.


Y en ese mundo estamos, en un mundo que trata de imponer el imperio global del gran capital corporativo, en combinación de fuerzas entre los complejos empresariales, militares, políticos y mediáticos. Un mundo que ya ni siquiera se propone un proyecto de civilización, progreso, desarrollo, ni el de socialdemocracia, socialismo, o comunismo. Un mundo que practica el culto de la eficiencia, y la eficacia para el apoyo a las inversiones de las empresas corporativas, y que al mismo tiempo renueva "la cultura de la caridad" y de los llamados "actos humanitarios", mientras estimula por todos los medios la cultura del egoísmo, del consumismo y del individualismo, y esconde en todo lo que puede el imperio de la colusión, la cooptación y la corrupción combinados con la represión.


6º. A la gigantesca tragedia se añade, tanto en Oriente como en Occidente, la prohibición de señalar su gravedad moral y material, y la prohibición de investigar y documentar lo que en verdad ocurre de injusticia, dolor y destrucción que afecta a la inmensa mayoría de la humanidad, y a toda la tierra y a toda la vida, y a ésta como un hecho novedoso científicamente comprobado.


El "conocimiento incómodo" como se le llama, o conocimiento "negado", descalificado, florece bajo una orden de callar dictada por los neoliberales globalizadores, y también por los nuevos ideólogos que racionalizan la restauración del capitalismo.


Es así como se acrecienta el gran problema de la humanidad, sobre el que se prohíbe pensar, o al que se descalifica y persigue por todos los medios, en una batalla contra el conocimiento que se inicio desde que en la Universidad de East Anglia se descubrió que el calentamiento global y todas sus consecuencias son de origen antropogénico. Esa amenaza a la vida, lejos de ser la única, posee entre otros muchos recursos ecocidas una cantidad inmensa de bombas nucleares y de armas sofisticadas que hoy manejan gobiernos incendiados en una cultura de la venganza y la cólera, a los que gustosos proveen la grandes potencias para las que el sector armamentista es uno de los que más contribuyen a la marcha del capitalismo y de los macro-negocios. Bombas nucleares con drones que las guían y sistemas perfeccionados de lanzamiento; calentamiento global, incremento del Hoyo de Ozono, destrucción y sobreexplotación de llanos y selvas, de mares y recursos subterráneos, polución creciente del aire en los conglomerados urbanos... son fenómenos de lamentar y también de denunciar. En cuanto a las políticas para detenerlos corresponden a compromisos cuyos responsables sólo ofrecen corregir parte de los males y de las causas que los provocan, sin que cumplan lo que prometen ni en la magnitud ni en los tiempos en que dicen que van a cumplir.


A tan siniestro panorama, entre lamentos y críticas inconsecuentes y a los que la humanidad se ha acostumbrado, se añaden muchos hechos más que revelan la crisis intelectual, económica, cultural, política y moral del capitalismo, dominante en el mundo entero, y en que la única esperanza de solución como Estado–Nación, asoma en Cuba, y en nuevos y notables movimientos sociales en el mundo, como los de los indios mayas del sureste mexicano conocidos como zapatistas, a quienes se añaden muchos otros que aportan elementos emancipadores capaces de reanimar la esperanza. Precedidos por Cuba ven en esa pequeña Isla un punto de apoyo para defender la vida y la libertad, y para construir otro mundo posible y viable, un "mundo Moral" en que el egoísmo ceda a las virtudes humanas acalladas en esta lucha de clases y de imperios, que gobiernan con la fusión de las corporaciones, los complejos empresariales–militares–políticos y mediáticos y el crimen organizado.


De Cuba y de quienes sigan caminos parecidos de emancipación humana dependerá el triunfo de una revolución armada de ideas, de moral y de fuerzas de cooperación y lucha, así como del valor, la entereza, la disciplina y la dignidad...


7º. Es en este contexto en el que pensar en Cuba y su papel en el futuro del mundo resulta de la mayor importancia para conocer la gravedad de los problemas y también en la posibilidad mundial de analizar la solución de los mismos a partir de la experiencia de Cuba y el Mundo. El futuro será muy distinto si se lucha y hace lo que Cuba ha hecho y por lo que ha luchado al romper en los hechos la falsa contradicción entre la democracia y el socialismo, entendida la democracia como la toma de decisiones por el pueblo organizado y sus comisiones especializadas, y entendido el socialismo como un sistema en que el principal objetivo o atractor, lejos de ser la acumulación de utilidades y riquezas sea la alimentación, la vivienda, la salud y la educación con la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, en la producción y los servicios y en la política no sólo económica sino social, cultural, así como en la de los órganos del poder popular y ciudadano, y en las comisiones que apliquen y cumplan con los programas aprobados.


Advertir las posibilidades concretas que el proyecto cubano tiene, y reconocer en él la realización universal de un anhelo histórico que respete la diversidad de creencias, de ideologías, de razas, sexos, inclinaciones sexuales y edades y que con la Justicia social e individual hermane la Libertad, y haga de ambas sus principal valor y meta, será reconocer lo nuevo en la dialéctica de la historia o la nueva dialéctica de la historia.


Cuba es un país que ha mostrado una inmensa capacidad de lucha y negociación, sin que en ningún momento de la lucha o la negociación haya renunciado a sus valores y objetivos centrales. La nueva dialéctica parece indicar que en el futuro se darán fenómenos de lucha y negociación y que en ellos, lo no negociable será el socialismo democrático y la justicia social e individual y lo que habrá de negociarse serán las alternativas y la transición a un mundo capaz de preservar la vida, la justicia, la libertad y la soberanía de pueblos, trabajadores y ciudadanos.


Sobre el camino de la resistencia y lucha de Cuba por mantener su proyecto emancipador nada pude ser más acertado que recordar aquellos discursos pedagógicos y revolucionarios de Fidel cuando en los inicios de la Revolución Cubana, durante horas y horas, en la Plaza de la Revolución hablaba a los guajiros y a su pueblo para que acrecentaran su voluntad, su conciencia y su conocimiento de los valores y metas de la Revolución. Hoy, cuando el analfabetismo ha desaparecido y la escolaridad es universal y alcanza los más altos niveles, cuando los contingentes del pueblo cubano están organizados a lo largo y ancho del país, y compenetrados en su inmensa mayoría de los valores de la revolución, y cuando a sus conocimientos, su conciencia y su voluntad añaden su capacidad para tomar decisiones cruciales en el gobierno de la Isla, como ha ocurrido en numerosas ocasiones en que Cuba mostró claramente la imposibilidad de que una guerra internacional o civil lograra destruirla, nada mejor para ganar la nueva lucha que plantean las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que hacer efectivas las palabras del reciente discurso que Fidel ya no pronunció ante los campesinos y los guajiros sino ante los hijos de los mismos que lo escucharon en la Universidad de la Habana, al lado de jóvenes provenientes de esos sectores medios que se perfilan en la sociedad cubana según Fernando Martínez Heredia.


De las palabras de Fidel se deducen, con la mayor claridad, tanto la estrategia a seguir por la juventud y el pueblo de Cuba en el mundo actual, como la que seguirán los representantes del complejo–militar–empresarial–mediático y político de Estados Unidos y otros gobiernos y corporaciones del mundo capitalista, si se atreven a conocer la verdad y optan por una política que asegure la vida en el Planeta. Semejante camino, lejos de ser increíble, corresponde a una realidad que se expresa aquí y allá en el largo discurso, con expresiones y palabras como las siguientes sobre nuestra propia fuerza actual y potencial:

"poseemos armas nucleares en virtud del poder invencible de las armas morales". Esas palabras son exactas: la estrategia de la resistencia del pueblo cubano y otros pueblos está en el poder de sus armas morales y en la demostración que hagan de ellas contra la política de colusión, de cooptación, de corrupción, de intimidación que llevó a la restauración del capitalismo en el llamado campo socialista; "los jóvenes de hoy deben luchar –dijo Fidel– con las armas morales por encima de las ideas de su clase", como han luchado a lo largo de la historia de Cuba y del Mundo, y como empezó a luchar Fidel, "hijo de terrateniente". Y agregó: Todos los "hombres de pensamiento" leen y leerán a Martí, el que hizo de la moral un concepto revolucionario invaluable.


Y ya pensando en la Tierra, en el Planeta, Fidel exaltó "la brevísima historia de la especie humana buscando una sociedad justa... frente a un repugnante sistema" como el actual, e hizo ver que "estamos frente a una gran batalla, que debemos librar, que vamos a librar y vamos a ganar, que es lo importante". En la lucha incluyó una y otra vez a los parásitos y sinvergüenzas que comercian en los mercados escondidos y que se encuentran entre los enemigos principales de una sociedad justa. "Estamos envueltos en una batalla —dijo textualmente—contra vicios, contra desvío de recursos, contra robos, y allí está esa fuerza con la que no contábamos antes de la batalla de las ideas, diseñada para librar esa batalla".


"En esa batalla no debe haber tregua con nadie" –añadió–. "Cada cosa se llamará por su nombre" y "se apelará al honor de cada sector", sin que la autocrítica se quede en autocrítica, sino se sancione el inmenso daño que hacen "los sinvergüenzas". Son las palabras que empleó. Y a ellas Fidel añadió ese tipo de resistencia en lucha frente a lo que el imperialismo usa como un arma poderosísima: el individualismo, la traición al proyecto emancipador por interés personal o familiar, o de grupo y clientela, y que atendiendo a ese interés limitado hace un daño inmenso al interés general de la liberación, de la emancipación, de la revolución. Y también recordó una experiencia personal muy importante para la acción ecuménica de Cuba, en que habiendo pasado del comunismo utópico al marxismo, cuando había ido a Chile en l971 había confirmado que a su respeto de las ideas religiosas, era necesario añadir, con la Teología de la Liberación, "la idea de unir fuerzas y luchas" y a ese respecto trajo nuevamente a cuentas la moral como fuerza. Dijo: "los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores revolucionarios".


Muchas otras líneas de conducta para la estrategia de la resistencia y la lucha por la justicia, la libertad y la vida se deducen del texto; pero quiero limitarme a los problemas que Fidel plantea a todo el mundo con la siguiente pregunta: ¿"Pueden o no impedir los hombres... puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben"? Y él hace ver que si se lucha con honestidad, con seriedad, con disciplina, con trabajo incansable, y si se reconoce que no se sabe cómo va a ser todo el proceso histórico que viene, ni todo lo que vamos a ir descubriendo, y si se reconoce que estamos decididos a enseñar y aprender, y se recuerda que no puede uno confiar en el imperialismo y que hay "millones de cubanos preparados para la guerra de todo el pueblo", y si se logra "la ausencia total del miedo".... no sólo se preservarán los logros de la revolución sino "se podrá decir en la voz de millones o de cientos de miles de millones: "¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!".


Y con esas palabras termino las mías seguro de que Cuba y la Humanidad alcanzarán la justicia y la vida en la tierra.

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La tóxica distancia entre humanidades y ciencias naturales

El círculo vicioso de los censores


Hace poco menos de cinco siglos, por el hecho de hacer ciencia, Galileo Galilei —precursor, como Bacon y Descartes, del pensamiento mecanicista que cimentó a la ciencia moderna— fue censurado y luego condenado a prisión perpetua por los represivos y sectarios inquisidores. En aquella época imperaba la palabra sagrada emanada de textos bíblicos (la cual sólo era válida si la emitían las más sabiondas autoridades del clero), y cualquier tentativa de experimentación y duda eran consideradas poco menos que satánicas tendencias.


Apenas comenzando el siglo XXI surgen censores de nuevo cuño. Uno de las más extremadas censuras es el cierre de los programas de ciencias sociales y humanidades en 60 universidades, por orden del Ministro de Educación japonés (ElEspectador 2015). En Colombia, las preferencias reveladas de Colciencias en materia de indicadores y evaluación de las convocatorias están sesgadas para favorecer las ciencias naturales. Y una tecnócrata aduce criterios de rentabilidad, productividad y crecimiento para mostrar que, aún en la más recóndita vereda, sobran las discusiones sociológicas y políticas, y lo que falta es llevar físicos, químicos e ingenieros que ayuden a descubrir nuevas y limpias fuentes energéticas (Correa, Pablo y Navarrete, Steven 2015).


La moderna teoría económica, la única disciplina social calificada como dura y cuyos mejores exponentes son los únicos científicos sociales que ostentan alguna mención Nobel, se ha erigido sobre el edificio de la física mecanicista, ha privilegiado los métodos cuantitativos, y ha marginado cualquier asomo de ética y literatura. Uno de los más famosos hallazgos científicos de la economía del siglo XX es el teorema de la imposibilidad de Arrow (Arrow 1951), consistente en un restringido y simplista modelo de escogencia democrática que erradica del mapa cualquier subjetivo y anticientífico juicio de valor. La tendencia infortunada es el expansionismo de tan controvertidos modelos economicistas al resto de las disciplinas sociales.


Dudosas virtudes de la división social de trabajo y del conocimiento


El trabajo lento, autónomo, improvisado y creativo del artesano; y el pensamiento totalizante y universalista de los grandes sabios e inventores, resultaron poco rentables y lujos en demasía costosos para las modernas sociedades (incluyendo capitalismo y socialismo).


El mayor crecimiento de la riqueza y la incesante expansión de las llamadas fuerzas productivas se erigieron a partir de la simplista correlación, sugerida por Adam Smith (Smith 2003), entre aguda y creciente división social del trabajo (oferta) y colosal expansión geográfica y social del mercado (demanda). Su famoso modelo de una fábrica productora de alfileres, cuya productividad se multiplica astronómicamente en virtud del trabajador parcial (dedicado a operaciones mecánicas, rutinarias y fragmentarias), se expandió para legitimar y promover la división social del trabajo en la industria, la nación, el mercado mundial y el conocimiento mismo.


La paradójica Universidad moderna se consolidó como una arquitectura profundamente fragmentada entre nuevos feudos (disciplinas). En aras de contribuir al mayor crecimiento económico, el científico más productivo (y rentable) es aquel que se especializa ad nauseam en conocer al detalle la más ínfima minucia de su dominio cada vez más particular e ínfimo, e ignorar descaradamente (o pragmáticamente) el resto de saberes y conocimientos.


El problema de la banalidad del mal, explicado por la filósofa (Arendt 1977) puede, evidentemente, obedecer a la viciada ultra-especialización de los científicos, y a su cínica indiferencia ante los temas de las humanidades, la ética y la literatura misma.


Esbozo de una propuesta de integración del conocimiento


La filósofa y profesora Martha Nussbaum (Nussbaum 2003) ha ofrecido unas claves para promover una reforma educativa liberal y una mayor relevancia de las humanidades, sus pautas son: i) auto examinación crítica (dudas permanentes acerca del sentido de la vida, y de las metas que impone la sociedad y la academia); ii) cosmopolitismo (pensar como ciudadanos del mundo, incluyendo no sólo a la humanidad con sus diversas culturas y religiones, sino también a la naturaleza); y iii) imaginación narrativa (sensibilidad artística y literaria que ayuda a ponernos en lugar del prójimo).

A los argumentos de Nussbaum se les puede adicionar una idea para promover la integración de saberes, en lugar de la permanente y creciente división y separatismo que se ha fraguado durante los últimos siglos en las Universidades. Integrar significa derribar los muros disciplinarios que, a manera de compartimentos estancos, han empobrecido el conocimiento al punto de empujar a universidades y al mundo entero al abismo de múltiples crisis (económicas, éticas y ecológicas, entre otras). Integrar equivale a reunir en trabajos comunes de docencia e investigación a científicos y pensadores de disímiles disciplinas y saberes formales e informales, para resolver problemas complejos que, por lo mismo, requieren el concurso de múltiples puntos de vista y enfoques.


Existen tres clases de enfoques cognitivos que pueden ser integrados, a saber: los metafísicos, los éticos, y los conocimientos científicos de los fenómenos puros y sociales.


Las religiones nos ayudan a tener una fe para asumir pavorosos interrogantes sobre el final de los tiempos históricos, los distantes orígenes cósmicos, y el más allá de la vida. No obstante, sus mandamientos (como aquel mandato católico llamado al irrestricto crecimiento poblacional), deben ser confrontados con los argumentos de biólogos, demógrafos y economistas.


Las teorías económicas subjetivas del valor (la llamada catalaxia) resultan en truculentas y anticientíficas historietas. Los conceptos de producción y consumo de la teoría económica deben cimentarse, respectivamente, en el estudio de la física y la termodinámica, y de la biología y la nutrición.


Las investigaciones de los científicos naturales acerca de la ingeniería genética, los biocombustibles, los abonos químicos, las llamadas energías limpias, etc., deberían ser confrontadas con los dilemas morales, y las problemáticas como las de la acción colectiva, que plantean diversos investigadores y literatos desde las humanidades. Incluso debería atenderse las luces que poetas, literatos y diversos artistas ofrecen acerca de la absurdidad y fealdad de un mundo abocado a la productividad y rentabilidad.


Bibliografía:
Arendt, Hannah. Heichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil . New York : Penguin Books, 1977.
Arrow, Kenneth. Social Choice and Individual Values . New York : Willey , 1951.

Correa, Pablo y Navarrete, Steven. «El Espectador.» ElEspectador.com. 10 de Octubre de 2015. http://www.elespectador.com/noticias/educacion/el-fin-de-humanidades-articulo-591959 (último acceso: 19 de Octubre de 2015).
ElEspectador. «El Espectador.» El Espectador.com. 13 de Octubre de 2015. http://www.elespectador.com/opinion/editorial/mala-hora-de-humanidades-articulo-592433  (último acceso: 19 de Octubre de 2015).
Nussbaum, Martha. Cultivating Humanity: a Classical Defense of Reform in Liberal Education. London: Harvard University Press, 2003.
Smith, Adam. Wealth of Nations. New York : Oxford University Press, 2003.

Hallada en África una gran sima de huesos con una nueva especie humana

Se buscan expertos o expertas en antropología, delgadas, bajitas y que no tengan claustrofobia. Este era más o menos el anuncio de trabajo que lanzó hace dos años Lee Berger por las redes sociales. Buscaba gente capaz de meterse por una grieta de 18 centímetros de ancho y sacar a la luz lo que prometía ser un cargamento de fósiles humanos sin igual.


Hoy se han publicado los datos más completos de esa excavación, realizada en la cueva Rising Star, a unos 50 kilómetros de Johannesburgo (Sudáfrica). Los resultados destapan la existencia de una sima con más de 1.500 fósiles humanos entre los que hay al menos 15 individuos. Los autores aseguran que son una nueva especie dentro de nuestro género, que han bautizado como Homo naledi. Naledi quiere decir estrella en sesotho, una lengua local.


Los descubridores creen que aquellos homínidos fueron depositados allí por sus congéneres, lo que supondría un inesperado comportamiento funerario nunca observado en humanos tan primitvos. Todos los restos se conocen gracias al trabajo de un equipo íntegramente femenino que fue capaz de colarse en la estrecha cámara durante dos expediciones. El conjunto es el yacimiento de fósiles humanos concentrados en un solo lugar más grande de todo África y uno de los mayores del mundo, según sus descubridores.


Probablemente lo más apasionante del hallazgo son las preguntas que deja sin responder. Los descubridores dicen no haber conseguido datar los fósiles ni saben cómo llegaron hasta allí todos esos cadáveres. Para llegar hasta la cámara en la que se hallaron hay que recorrer unos 80 metros de cueva, trepar una pared y escurrirse por una grieta que los investigadores comparan con la boca de un buzón, bromeando solo a medias. Esta ruta, totalmente en tinieblas, es la única que existe hoy y, según los estudios geológicos, la única que existía cuando se depositaron los cadáveres. Por el tamaño de los huesos, estos incluyen infantes, niños, adolescentes, adultos y ancianos. Ninguno tiene marcas de traumatismo por una posible caída a la fosa, ni tampoco signos de haber sido devorados por un animal o por su propia especie, como sí sucede en el único yacimiento comparable: la Sima de los Huesos en Atapuerca (Burgos). Apenas hay rastros de ningún otro animal excepto unos pocos pájaros y ratones. En la cueva no hay marcas de crecidas de agua intensas que podrían haber arrastrado hasta allí los restos. Además aparecen partes de los cuerpos en perfecta articulación. Con todos estos datos en la mano, la única hipótesis que queda en pie es la de que alguien los dejó ahí en varios momentos en el tiempo, dicen los autores del estudio. Un ritual funerario que hasta ahora sólo se atribuía a humanos más modernos y con más cerebro.


"Tenemos casi todos los huesos del cuerpo representados varias veces, lo que hace que Homo naledi sea ya prácticamente el fósil de nuestro linaje que mejor se conoce", celebra Lee Berger, paleaontropólogo de la Universidad de Witwatersrand, en una nota de prensa difundida por las instituciones que han participado en las excavaciones. Tras el hallazgo, en octubre de 2013, ante un montón de huesos tan complejo, el paleoantropólogo comenzó a seleccionar un nutrido grupo de científicos internacionales, la mayoría de ellos jóvenes, para que le ayudasen en el análisis de cada parte del cuerpo de la nueva especie.


Los huesos estaban solo parcialmente fosilizados y algunos estaban a simple vista sobre el suelo de la cueva. El análisis de los restos y su contexto geológico, publicados hoy en la revista científica de acceso abierto eLIFE, describe una especie que hubiera llamado la atención si la viéramos paseando por la calle, pero que ya no eran simples chimpancés erguidos.

Los australopitecos son el género del que la mayoría de expertos piensan que surgió el género Homo, aunque hasta hace muy poco había un vacío total de fósiles que permitiese confirmalo. Por su morfología, los naledi parecen estar justo en el límite entre ambos grupos. Medían un metro y medio y pesaban unos 45 kilos. Aún no habían comenzado a desarrollar un cerebro grande (500 centímetros cúbicos comparados con los al menos 1.200 centímetros cúbicos de un Homo sapiens), pero ya tenía un cuerpo estilizado y rasgos humanos, como la capacidad para andar erguidos o unos dientes relativamente pequeños. Sus manos tenían ya el pulgar oponible que permite fabricar herramientas de piedra y sus pies eran muy parecidos a los de los humanos modernos, solo que un poco más planos.


El misterio funerario


Markus Bastir, un investigador de origen austríaco que trabaja en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), ha participado en el análisis del tórax del Homo naledi. Junto a Daniel García Martínez, Bastir ha usado tecnología 3D para reconstruir todo el tórax del naledi partiendo de los fragmentos de costillas, vértebras y otros fósiles hallados en la cueva de Sudáfrica. "Nuestros resultados indican que la columna vertebral y el tronco eran muy primitivos, como los de un australopiteco", explica. "Además, las falanges de sus dedos eran curvas, una adaptación para trepar a los árboles". Esta mezcla de rasgos es única, lo que les hace distintos de los Homo habilis (hasta ahora considerados los primeros miembros del género Homo, aunque por restos muy escasos) y dignos de que se les considere una nueva especie, explican los científicos.


Por su morfología, los responsables del hallazgo sitúan al Homo naledi justo en el origen del género Homo, en el punto intermedio entre los australopitecos y las especies plenamente humanas como Homo erectus. Esto supondría que vivieron hace al menos dos millones de años y les otorgaría un papel clave hacia la aparición de nuestra especie. Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, que no ha participado en el estudio, apunta otra posibilidad muy diferente. ¿Y si los restos tienen menos de 100.000 años? "Significaría que el H.naledi sobrevivió hasta hace relativamente poco igual que hizo el Homo floresiensis (hombre de Flores) en Indonesia, que también combina cerebro y dientes pequeños", explica en un artículo de análisis sobre el hallazgo. En ese caso los naledi no serían nuestros ancestros directos y podrían ser un callejón sin salida en la historia de nuestra evolución.


Descubrimiento polémico


El anuncio de las excavaciones de la cueva Rising Star, financiadas en parte por National Geographic, se ha hecho en una rueda de prensa en Londres, la ciudad en la que estos días se encuentran muchos popes de la paleoantropología que asisten al Congreso de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana. Es posible que el hallazgo tenga allí su primera prueba de fuego, debido a las muchas preguntas que deja abiertas. ¿Pudo una especie de cerebro tan pequeño tener la conciencia suficiente como para sepultar a sus congéneres? ¿Cómo llegaron a la sima en completa penumbra? ¿Por qué no se han podido datar los fósiles con carbono, ADN u otras técnicas, lo que al menos indicaría un rango aproximado de su antigüedad?


Para Juan Luis Arsuaga, codirector de los yacimientos de Atapuerca, el hallazgo es "asombroso". Sin embargo no comulga con todo, pues cree que la cueva tenía otra entrada en el pasado por la que se pudo acceder al límite de la fosa sin necesidad de luz artificial, lo que descartaría otra de las derivadas sugeridas por el trabajo: que los naledi pudieron usar fuego para llegar hasta allí. Kaye Reed, de la Universidad Estatal de Arizona, opina que sin fechas para los fósiles es "imposible" situar a esta nueva especie en nuestro árbol evolutivo más allá de incluirla en el género "Homo". Duda también de los argumentos del enterramiento, que sin fechas no son convincentes, dice. "Sus descripciones están bien pero encuentro que sus conclusiones tienen demasiado celo; muchos investigadores quieren que su fósil cambie nuestra visión de la evolución humana. A veces el fósil lo hace y a veces no", advierte. La revista National Geographic dedica en su número de Octubre un extenso artículo periodístico a los descubrimientos.

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Lo que el EI gana con la destrucción de antigüedades

Por qué el Estado Islámico (EI) hace volar en pedazos los magníficos artefactos de la historia antigua de Siria e Irak? La arqueóloga Joanna Farchakh tiene una respuesta única para este crimen único. En primer lugar, el EI vende las estatuas, los rostros de piedra y los frescos que tienen demanda entre compradores internacionales. Cobra el dinero, entrega las reliquias y hace estallar los templos y edificios de donde estas piezas provinieron para ocultar la evidencia de lo que fue saqueado.

 

Las antigüedades de Palmira ya están a la venta en Londres, aseveró la arqueóloga libanesa-francesa. Los objetos que el EI se ha robado de Siria e Irak ya están en Europa, ya no se encuentran en Turquía, que es donde fueron llevados en un principio. "Salieron de ahí hace mucho tiempo. La destrucción esconde los ingresos del Daesh (el EI), que vende los objetos antes de destruir los templos que los alojaban.


Tienen algo invaluable qué vender y después destruyen el sitio de donde lo sustrajeron; y esta destrucción tiene el objeto de ocultar el nivel de robo. Se destruye la evidencia. Así nadie sabé qué fue lo que se sacó y qué fue lo que se destruyó, dijo la arqueóloga.


Farchakh ha trabajado durante años en las antiguas ciudades de Medio Oriente, examinado sitios saqueados de Samarra en Irak, donde la civilización supuestamente comenzó, después de la invasión de 2003. Ha catalogado la vasta destrucción de sitios donde hubo mercados callejeros(souks) y mezquitas de las ciudades sirias de Alepo y Homs desde 2011.


Esta diminuta mujer cuyo conocimiento de las antigüedades perdidas del mundo llega a la obsesión, ahora describe su trabajo como el de una estudiante de la destrucción arqueológica producto de las guerras. Durante los últimos 14 años, ha visto suficiente profanación arqueológica como para encender su pasión por una carrera tan deprimente. Políticamente, Farchakh identifica una cepa particularmente astuta dentro del EI.


Ha aprendido de sus errores, señala. "Cuando el grupo comenzó la destrucción arqueológica en Irak y Siria, lo hizo con marros, maquinarias grandes destruyendo todo muy rápidamente y filmándolo. Todas las personas que participaban de esto vestían como en tiempos del profeta. Hicieron pedazos Nimrud en un día, pero eso sólo les dio 20 segundos de pietaje. No sé cuánta atención capturaron con una filmación tan breve. Pero ahora ni siquiera proclaman que han destruido un sitio. Las denuncias corresponden a los grupos de derechos humanos y a la ONU. Primero, la gente reporta que escuchó 'explosiones'. Luego, el planeta tiene acceso a las imágenes filmadas que el EI difunde según su propia estrategia."


Por esta razón, asegura Farchakh, el EI no ha completado la destrucción de Palmira para capturarla en video. "Comenzó con ejecuciones (de soldados sirios) en el teatro romano. Luego mostró explosivos atados en torno a columnas romanas. Después decapitaron a ese director de Antigüedades retirado y más tarde hicieron estallar el templo de Baalshamim.


"Entonces todos gritaron '¡Oh, no! ¿Qué vendrá después? ¿Será el templo Bel?', y eso fue lo que hicieron. No habrá más destrucción de Palmira, la estrategia será diferente. Se irán hacia el Gran Teatro Romano y luego al mercado de Agora (un famoso patio rodeado de columnas), luego a lossouks. Tienen toda una ciudad qué destruir; y han decidido tomarse su tiempo."


Farchakh cree que entre más tiempo se tomen con la destrucción, más subirán los precios de las piezas en los mercados internacionales. El mensaje de la arqueóloga es que el EI está en el negocio de las antigüedades, y este es un mensaje con el cual manipula al mundo al dramatizar la destrucción. Los medios no difunden noticias sin que haya un eventodetrás. Primero, Daesh le da sangre a los medios. Cuando éstos deciden no difundir más sangre, el grupo les da la destrucción de la arqueología. El día que esto ya no llame la atención se irán sobre las mujeres y los niños. El EI, al parecer, está usando la arqueología y la historia. En cualquier crisis política un grupo o un dictador erigen su poder en la evidencia histórica. El sha de Irán usó las ruinas de Persépolis para falsificar suhistoria familiar. Saddam Hussein hizo poner sus iniciales en los ladrillos de Babilonia. Este grupo (el EI) decidió dar un giro a esta idea, aseveró Farchakh. "En vez de erigir su poder sobre objetos arqueológicos lo está haciendo sobre la destrucción de los mismos. Usa una versión opuesta del método. No habrá un 'antes' en la historia ni un 'después'. Lo que está diciendo es: 'No hay más que nosotros'. La gente de Palmira puede comparar el 'antes' y el 'después' en este momento, pero en 10 años ya no podrán comparar porque no habrá quien recuerde. Ya no habrá memoria".


En cuanto a los dioses romanos, Baal no ha sido adorado en su templo en más de 2 mil años. Pero tenía su valor. Farchakh dice: "Cada una de las antigüedades de Palmira que el EI ha vendido no tiene precio. Se está haciendo de miles de millones de dólares. El mercado está ahí y tomará lo que sea que se le ofrezca y pagará el precio que se le exija. El Daesh está ganando con cada paso que da, y con cada 'destrucción'".


Traducción: Gabriela Fonseca

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"Es necesario transitar a otro modelo económico sostenible con el entorno y las personas"

Óscar Carpintero (Valladolid, 1972), doctor en Economía y profesor de la Universidad de Valladolid, plantea que es un autoengaño seguir apostando por el crecimiento ante la urgencia del cambio climático. Por ello, defiende la necesidad de una transición hacia una economía ecológica.


¿Qué alternativas existen al modelo económico neoliberal?


La economía como ciencia social admite diferentes miradas. En este último siglo y medio se ha puesto de manifiesto que el modelo económico neoclásico es injusto, genera pobreza y graves problemas ambientales. De entre los enfoques críticos, la economía ecológica intenta que por primera vez en mucho tiempo se incorporen las limitaciones físicas y ecológicas en el análisis del funcionamiento del sistema economico. De hecho, lo que plantea es que el sistema económico está dentro de un sistema más amplio que es la biosfera. Por eso es necesario tener en cuenta que los recursos naturales son limitados y el consumo de bienes y servicios también.


El cambio climático es una consecuencia de ese crecimiento ilimitado. ¿Hemos tocado techo?


El cambio climático es el ejemplo más claro de esa extralimitación en la explotación de los recursos naturales. Hemos superado la capacidad de absorción de los gases de efecto invernadero procedentes de la quema de combustibles fósiles e incrementado la temperatura del planeta. Conviene recordar a uno de los economistas ecológicos más importantes del siglo XX, Nicholas Georgescu-Rohen, que decía que no sólo la energía es importante, también los materiales.


Sin embargo, el modelo actual mantiene que la tecnología nos permitirá superar la escasez de recursos y seguir creciendo.
Nuestro sistema económico pone la esperanza en la tecnología como solución a la crisis ecológica, pero la tecnología exige al mismo tiempo más cantidad de recursos minerales. Ya hemos sobrepasado el cénit del petróleo convencional en 2006, y el de algunos minerales estratégicos está próximo. Y por el lado de los residuos, somos incapaces de cerrar el ciclo, seguimos contaminando. Los recursos disponibles son de peor calidad y los combustibles fósiles que quedan, si los explotamos, tendrían un impacto ambiental de tales dimensiones que sería el colapso de la especie humana en el planeta. Estamos inmersos en una crisis ecológica, social y económica en la que se sigue hablando del crecimiento como solución. Es la pescadilla que se muerde la cola.


¿El uso de energías renovables podría paliar la falta de recursos?


La transición del modelo energético hacia fuentes renovables exige la utilización de muchos minerales y metales estratégicos. Por tanto, mantener el consumo energético actual con fuentes renovables no sería posible. No tenemos tanto teluro o tierras raras en cantidades tan importantes para generar de forma renovable el volumen de energía que nos proporcionan los combustibles fósiles. Por primera vez, este sistema económico está chocando contra sus límites. El capitalismo es insostenible.


¿Y cómo va a ser ese cambio?


Esa transición se va a dar con menos recursos energéticos. En la historia de la humanidad, cuando pasamos de las sociedades de cazadores y recolectores a las sociedades agrarias, y de éstas a las industriales, el consumo de energía per cápita se incrementó. Pero en la actualidad, el cambio de este sistema económico a otro modelo se va a producir en un contexto más duro, con una reducción en las unidades de energía y de materiales disponibles. Por tanto, seguir planteando escenarios de crecimiento económico es un autoengaño. Lo que se está haciendo es retrasar la discusión sobre las estrategias de reducción y distribución y mayor justicia en el reparto de los recursos, y los problemas ambientales.


Pero países como China, India o Brasil revindican su derecho a crecer y contaminar.


En muchas zonas del planeta hay miles de millones de personas que no tienen satisfechas sus necesidades más básicas, y en esos casos va a tener que aumentar la producción de bienes y servicios. Pero eso va a exigir medidas drásticas en los consumos de los países mal llamados desarrollados. En la actualidad, los países pobres no participan en términos de igualdad en los recursos, y en cambio participan desproporcionadamente en los costes ambientales en la producción de esos bienes y servicios con destino a los países ricos. Porque, por ejemplo, ¿podemos consumir más móviles y ordenadores a los precios que pagamos? Eso está apoyado en unos costes de producción en los países pobres que hace que nosotros paguemos precios bajos. No se me ocurre ninguna razón por la que un ciudadano chino o de un país africano tenga que cobrar un salario por hora cien veces inferior al de un español, un francés o un alemán. Y si eso no fuese así, ¿cuánto costaría un móvil?


¿Por qué es necesario retirar el indicador del Producto Interior Bruto (PIB) como un referente económico?


Las tres últimas décadas ponen de relieve que el PIB no es un buen indicador de bienestar. Es conocido que prácticas que son ambientalmente muy dañinas aumentan el PIB y prácticas que son ambientalmente beneficiosas no. Cuando usamos el coche sube más el PIB que cuando utilizamos la bicicleta. Cuando bebemos agua embotellada aumenta el PIB más que cuando la bebemos del grifo. A esa ceguera ambiental que tiene el PIB, también hemos descubierto que a partir de un determinado umbral de renta en los países ricos, en torno a los 10.000 dólares per cápita, ésta no está relacionada con el bienestar subjetivo que percibe la gente.


Tendremos que centrarnos en aquellos indicadores que están relacionados con el bienestar, los indicadores que miden la desigualdad o el grado de deterioro ecológico. Se ha estudiado que, por ejemplo, en los paí¬ses donde hay niveles de igualdad importantes, porque hay buenos servicios públicos y porque hay buenas políticas de distribución, el bienestar subjetivo de la población es muy elevado. O que en aquellos países en los que el deterioro ecológico es menor y las condiciones de bienestar de la población son elevadas, la percepción del bienestar subjetivo es alto. Los niveles de desigualdad se pueden medir con el índice Gini [medida diseñada por Corrado Gini], o cómo serían las políticas económicas si el objetivo fuera reducir la huella ecológica [impacto ambiental del consumo y los residuos]. Es necesario transitar a otro modelo económico sostenible con el medio ambiente y las personas.


¿Qué papel juega la economía feminista en todo esto?


Una parte muy importante que sostiene la economía y la sociedad es el trabajo que se realiza al margen de los círculos mercantiles, es lo que se llama trabajo de reproducción.


El análisis de esos trabajos de reproducción y cuidados ha sido objeto de estudio de las economistas feministas, con análisis muy lúcidos.


Cuando hay que poner sobre la mesa cuánto trabajo se realiza en una sociedad, la economía convencional aplica las horas desempeñadas desde el punto de vista mercantil. Pero en un circuito mercantil, cuando hablamos de la política redistributiva, no sólo hay que distribuir el trabajo, sino distribuir el empleo (trabajo remunerado) y también el trabajo no remunerado, el doméstico.


Y en esas políticas redistributivas, una parte de la población, la inmensa mayoría mujeres, viviría sustanciales mejoras si somos capaces de redistribuir las cargas de trabajo que afectan a la vida de todos: al trabajo de cuidados, doméstico, y por tanto, al sostenimiento de la vida. La importancia del trabajo doméstico en el mantenimiento de la vida ha sido subrayado por parte de la economía feminista. Si en el balance no incluimos esto, entonces no llegaremos a una sociedad justa.


¿En qué tendríamos que incidir para cambiar el modelo económico?


Hay tres dimensiones a tener en cuenta: la sostenibilidad ambiental, la sostenibilidad en términos de igualdad, defender políticas para reducir las desigualdades y la democracia económica, permitir mayores cuotas de poder a la población.


Habría que plantear con rigor y radicalidad la transición a otro sistema. Y tenemos que tener claros los objetivos, estrategias y medios para alcanzarlo. Sabemos cómo poner en marcha un cambio de modelo energético hacia la sustitución de las energías fósiles por las renovables, con el acento en la reducción del consumo y la eficiencia energética; sabemos cómo podríamos alimentarnos sin poner en riesgo la salud de las personas y los ecosistemas con métodos de producción de agricultura ecológica; cómo tendríamos que diseñar ciudades más habitables para que tengan en cuenta las necesidades de las personas y no las de los vehículos privados; cómo redistribuir la renta con criterios más justos, gravar a quienes tienen más recursos, y eludir los fraudes fiscales masivos y los paraísos fiscales. Tenemos herramientas.


También las hay para gobernar las finanzas de otra manera, para poner en marcha mecanismos de banca pública al servicio de la sociedad y no de una minoría. En economía no es una persona, un voto; hay personas que, por sus recursos, cuentan como millones de votos, y otras que no cuentan nada.


¿El momento actual es una oportunidad?


Los momentos de crisis siempre son una oportunidad. El problema es que la mayoría de las crisis recientes han servido, más que para cambiar, para reforzar las viejas estructuras.


A nivel económico español, y europeo, ahora estamos en un momento crucial. Ante la demanda de democracia de Grecia, la balanza puede inclinarse para cambiar las estructuras de fondo y favorecer a la mayoría de la población. Y a ello pueden ayudar mucho las enseñanzas de economistas heterodoxos (minoritarios en la Academia y los medios de comunicación), que no sólo supieron anticipar mejor la crisis, sino que llevan proponiendo medidas para avanzar por derroteros más sostenibles ambientalmente y justos socialmente.


Un modelo insostenible


Agricultura


Alimentamos con combustibles fósiles y recursos agotables actividades que antes eran sostenibles, como la agricultura y la ganadería.


Consumo


Mil millones de personas consumimos los recursos naturales a costa del resto del mundo, unas dinámicas que no son sostenibles.


Residuos


"El capitalismo es una potente máquina de producir residuos", dice Carpintero, que mantiene que deberíamos articular la producción sobre flujos renovables.


Justicia social


Debemos tener en cuenta las condiciones de producción en los países pobres y los precios que pagamos aquí por los productos que se fabrican allí.

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Cuatro rasgos distintivos del determinismo

Sin la menor duda, el determinismo se encuentra en el ADN de la civilización occidental y permea y constituye, al mismo tiempo, a la filosofía y a la ciencia clásica; esto es, aquellas que desde Platón y Aristóteles se proyectan hasta esta mañana (o casi).

El determinismo en ciencia como en la vida es un error, y corresponde, sin embargo, a la creencia y la actitud más clásicas de la historia de la humanidad occidental. Más exactamente, ser occidentales significa ser deterministas, lo cual, como se ha revelado, sin embargo, recientemente, constituye una equivocación. O una seria equivocación; teórica y práctica.

Quisiera aquí identificar cuatro rasgos característicos del determinismo, así:

 

  • I. El determinismo consiste en creer que el pasado contiene al presente y que ambos contienen y determinan al futuro. En este sentido, ser deterministas significa sostener que todas las cosas tienen un origen determinado y que es absolutamente indispensable conocer —y recordar de tanto en tanto, dicho origen—. El origen hace que las cosas se desenvuelvan de cierta manera —en ciencia eso se denomina "trayectoria", o "historia"—, que conducen hasta el presente. De manera puntual, la línea de tiempo que del pasado conduce hasta el presente determina el futuro, con lo cual, el futuro es el resultado de los fenómenos, acciones y procesos que del pasado condujeron hasta el presente. La ciencia clásica cree en el valor de la predicción.

 

  • II. Ser deterministas significa creer que grandes causas originan grandes efectos. Más exactamente, el determinismo consiste en esa creencia, o conjunto de creencias, según las cuales el mundo y la naturaleza están constituidos por grandes causas, grandes agentes y grandes acciones. De manera puntual, creer que existen causas inmaculadas, que son aquellas que rompen la línea de tiempo, instauran una acción precisa y entonces tiene como consecuencias efectos igualmente proporcionales. En contraste, la ciencia del caos, por ejemplo (entre otras), ha puesto suficientemente de manifiesto que pequeñas causas —incluso, à la lettre, causas nimias e insignificantes—, pueden tener consecuencias perfectamente impredecibles y que no pueden reducirse a las causas conocidas.

 

  • III. El determinismo sostiene que si se reúnen las condiciones necesarias para que un cierto fenómeno tenga lugar, entonces dicho fenómeno sucederá obligatoriamente. Esta idea está alimentada por conceptos, herramientas y enfoques tales como "parámetros", "variables", "causas múltiples", "acciones cruzadas", por ejemplo. Según esta tesis, es necesario simplemente con que se reúnan una serie de acontecimientos y factores para que entonces un fenómeno determinado tenga lugar. El voluntarismo alimenta fuertemente esta tesis, aun cuando en ocasiones pueda estar matizado por elementos probabilísticos —específicamente en la teoría clásica de probabilidades (probabilidades objetivas y probabilidades subjetivas), 1 y 0—. Todo es o bien cuestión de actuar en tal dirección específica, o bien de esperar a que confluyan —y confluirán necesariamente, tarde o temprano— ciertos parámetros y entonces el acontecimiento x sucederá de manera obligatoria. El determinismo no necesariamente es contrario a creencias como la suerte o la fortuna y, por el contrario, en la historia de la ciencia y la humanidad los implica.

 

  • IV. El determinismo implica una filosofía determinada, que es el reduccionismo. Así, ser deterministas equivale exactamente a ser reduccionistas. En este sentido, el determinismo es la creencia y la actitud que coinciden en identificar un factor singular o una serie mínima o básica de elementos a los cuales la complejidad de un fenómeno, comportamiento o sistema pueden ser reducidos y, entonces, comprendidos y explicados suficiente y necesariamente. En la filosofía de la ciencia esto se traduce en el sentido preciso de que el determinismo es concomitante con tres creencias; estas son: la creencia en la causalidad (esto es, creer que hay causas y que las causas lo explican todo, o mucho); la creencia en la fuerza y la necesidad de la predicción (o predictibilidad. Es decir, creer que hay que predecir las cosas) y la creencia en la necesidad; esto quiere decir, creer que todas las cosas suceden y tienen lugar por una razón específica y necesaria. Nada sucede sin razón y todo obedece a una razón precisa; la conozcamos o no. Dicho técnicamente, el determinismo asume e implica el principio de razón suficiente y el principio de razón necesaria.

 

Como se aprecia sin dificultad, es sumamente difícil superar el determinismo, y constituye, a la manera de Descartes, un elemento sustancial del llamado sentido común. Espontáneamente, y por lo general de manera acrítica, lo que se enseña en los colegios y las universidades, por ejemplo; lo que transmiten los grandes medios de comunicación y lo que constituye a la cotidianeidad de la mayoría de los seres humanos son actitudes y creencias que refuerzan, positiva y negativamente, el determinismo. Sin la menor duda, el determinismo se encuentra en el ADN de la civilización occidental y permea y constituye, al mismo tiempo, a la filosofía y a la ciencia clásica; esto es, aquellas que desde Platón y Aristóteles se proyectan hasta esta mañana (o casi).

Buena parte de los mejores esfuerzos en ciencia —y entonces también en educación y en comunicación, notablemente— están dedicados, hoy por hoy, a una crítica robusta y sistemática del determinismo. Se trata de la emergencia de nuevos paradigmas, de ciencia revolucionaria, en fin, de pensamiento y formas alternativas de vida. Pero esto constituye otro tema aparte.

Como quiera que sea, el error del determinismo estriba en un conjunto de elementos, entre los cuales cabe destacar: el desconocimiento de la importancia de la aleatoriedad; el desconocimiento de que vivimos en un universo esencialmente probabilístico; el olvido del hecho de que existe una diferencia cualitativa entre el pasado y el futuro y que, así las cosas, la flecha del tiempo es fundamental y no puede ser descartada ni dada por hecho; la ignorancia de que en la naturaleza como en la sociedad existen fenómenos y procesos eminentemente gratuitos, autoorganizados o emergentes —tres maneras diferentes de denominar a una sola y misma cosa—; en fin, sin ser prolijos, se trata del desconocimiento de que hay acontecimientos que suceden sin ninguna razón y ciertamente sin una razón mejor que otra. Ello, sin embargo, en absoluto implica claudicar ante la inefabilidad: ciencias completas y notables programas de investigación científica se dedican al estudio de esta clase de sistemas y fenómenos.

Digámoslo en términos clásicos: ser deterministas significa ignorar, o impedir, que los pueblos, las sociedades y los individuos asuman su destino en sus propias manos; así se equivoquen en ocasiones; o así se encuentren por momentos en intersecciones (carrefours) inciertas, riesgosas o peligrosas. Al respecto, en passant, vale recordar al viejo Marx: los seres humanos hacen la historia, pero no siempre la hacen como quisieran.

Con una nota puntual final: la naturaleza contribuye muy activa y significativamente a configurar la historia humana, también.

Viernes, 03 Julio 2015 07:10

Dios siglo XXI

Dios siglo XXI

Si la humanidad no es capaz de crear un nuevo dios, no sobrevivirá al siglo XXI. Se trata de tener un dios adecuado a las necesidades modernas, y que sirva para asegurar nuestra supervivencia. Si no lo hacemos, se nos viene el siglo XXII y no habrá nadie para festejarlo.

 

Un día, hace 20 años, un amigo citó a un filósofo que afirmaba que si la humanidad no es capaz de crear un nuevo dios, no sobrevivirá al siglo XXI. No comprendí bien la frase. Finalmente decidí hacer un esfuerzo para entenderla. Después de darle muchas vueltas, concluí, como el filósofo, que se trata de tener un dios adecuado a las necesidades modernas, y que sirva para asegurar nuestra supervivencia. Si no lo hacemos y el filósofo tenía razón, se nos viene el siglo XXII y no habrá nadie para festejarlo. Una característica que define al siglo XXI es la importancia que adquiere el conocimiento en todos los órdenes de la vida. La materia gris prima sobre la materia prima. Sin embargo, uno de los dioses disponibles más populares del planeta dice que comer el fruto del Árbol del Conocimiento es el pecado original. Conocer las cosas buenas y las cosas malas condenó al primer hombre a perder el paraíso. Poco funcional para el siglo XXI. Empecé a convencerme de que no estaría mal crear uno más adecuado. Un dios que diga que comer la fruta del Árbol del Conocimiento es la virtud original ayudaría a los padres para que sus hijos estudiaran. "Hacé los deberes como dios manda, y comé una manzana de merienda, ¿entendés?" Práctico. Se me ocurrieron otras cosas que un dios nuevo podría pregonar, más en consonancia con el progreso de la humanidad, me puse a hacer teología ficción y preparé un "Manual para la construcción de dios". Ya Linus Pauling buscó alternativas a los dioses disponibles. Fue el único individuo que tuvo dos premios Nobel, uno de química (1954) y otro de la paz (1962), formó parte de la generación de científicos que construyó la bomba atómica. Era ateo, como muchos de sus colegas, en esa época de represión macarthista que confundía ateísmo con comunismo. Él y sus amigos encontraron varias religiones que no creían en lo sobrenatural, llamaban a dios, para decirlo simple, "naturaleza". No había en ellas nada de "el camino del Señor es misterioso" sino el convencimiento de que hay cosas que no comprendemos y tendremos que estudiar e investigar. Eran compatibles con el pensamiento científico. Estas religiones eran las de los humanistas, los universalistas y los unitarios. Para evitar problemas, empezaron a decir que eran unitarios. Los domingos se encontraban en la iglesia para discutir novedades científicas, cantar, comer, beber y sentirse parte de una comunidad.


Convengamos que, como la tecnología, el conocimiento avanza de manera exponencial. Más del 90 por ciento de los científicos que ha dado la humanidad están hoy vivos, y muchos son jóvenes. El conocimiento producido circula con gran velocidad, no vamos a la biblioteca, googleamos. Analicemos por un instante el tiempo. Estuvimos unos 25 mil siglos recolectando frutas, cazando animalitos y reproduciéndonos. Nómadas, dormíamos en las cavernas y tratábamos de entender cómo conservar prendido el fuego que nos protegía y nos permitía asar comida, cosa que aprendimos al fin de esos miles de siglos. Hace solamente unos 100 siglos empezamos a volvernos sedentarios: plantar y cosechar. Hace 50 inventamos la escritura y algunos inventaron la rueda, hace 25 la navegación a vela, hace dos siglos el vapor y la electricidad, el siglo pasado la energía atómica, la informática, la manipulación del Adn y los drones. Convivimos la generación del telégrafo con la de la televisión en blanco y negro, la del transistor, del microprocesador y de la pantalla táctil. Pensemos ahora el tiempo hacia adelante. Supongamos que ninguna catástrofe fatal frene esa manera acelerada en que desarrollamos y aplicamos nuestros conocimientos. En 50 siglos más, ¿cuántos planetas del sistema solar habremos visitado? Mil, 20 mil siglos para adelante, llegará el momento en que podremos comunicar y compartir la totalidad del conocimiento de cerebro a cerebro entre los humanos que lo consientan, con el placer de sentirnos uno y todos a la vez. La humanidad habrá explorado todo el universo posible y tendrá los medios para usar enormes cantidades de energía. A eso se le llama ser omnisciente, omnipresente y omnipotente... ¡Vaya, qué casualidad!, esto coincide con la descripción de dios. Uno será a imagen y semejanza del otro, gracias al desarrollo incesante del conocimiento y la tecnología. Pero el filósofo hablaba de crear un dios para sobrevivir el siglo XXI, que se presenta problemático y febril. Llegué a la conclusión de que lo estamos haciendo, y sería bueno que aprovecháramos para hacerlo moderno, cuidadoso del ambiente, tolerante con los gustos, creencias y diferencias de cada uno, respetuoso de la igualdad de géneros y que le gusten las manzanas. Hagamos de nuevo el zoom del tiempo hacia atrás, para ver cómo evoluciona nuestra capacidad de pensar. Miles de siglos recorriendo el planeta buscando comida y refugio.


Seguramente nuestros antepasados tenían buen sentido de la orientación, mejor que la generación del Gps. También sabrían distinguir los alimentos apropiados, y las cualidades de éstos para aliviar síntomas o curar enfermedades. Cualquier sonido estaría lleno de significado, como alarma, indicio de comida o de placer. Pero las explicaciones de los fenómenos naturales y preguntas como de dónde venimos y hacia dónde vamos en la vida tenían respuestas propias del pensamiento primitivo.

Probablemente cada nube, árbol o piedra tenía buena o mala voluntad según lo que esperáramos de ella. El dolor o el temor a la muerte llevó a imaginar formas de negarla, de transformarla en un largo viaje, de fantasear con el retorno. Recién hace poco más de cien siglos las sociedades, con el invento de la agricultura y el sedentarismo, se hicieron más complejas. El excedente que produjo la agricultura permitió mantener a personajes que se encargaban de crear explicaciones y de llevar adelante rituales, liturgias y sacrificios. Surgió el pensamiento mágico, que atribuye una relación de causalidad entre pensamientos o actos y fenómenos del mundo real: me levanto con el pie derecho y tendré buena suerte, toco madera y me protegerá de alguna desgracia.


Hace un poco más de 55 siglos apareció un dios que no sólo dijo que era único, sino que afirmaba que los otros eran falsos. Nació el monoteísmo y el pensamiento religioso que sigue hasta nuestros días. El pensamiento científico, que busca en el mundo real las causas de los fenómenos, que provee explicaciones que admiten que se demuestren erróneas, es relativamente reciente, unos 25 o 26 siglos si se lo atribuimos a los griegos de la época clásica. Así como coexisten hoy generaciones tecnológicas diferentes también pasa con el pensamiento. Hay científicos que se levantan con el pie derecho, personas educadas que están convencidas de que prender una vela producirá un resultado en el mundo real, y en cada partido de fútbol podemos observar manifestaciones de pensamiento primitivo. Nuestro presente está atiborrado de información, de distracciones y de incitación a consumir. Perdemos el tiempo, en el sentido de que no lo manejamos, sino que se nos escapa.

El desborde tecnológico es poderoso en comunicación y pobre en contenido, el frenesí nos perturba la capacidad de pensar. En contraste tenemos algunas características de dios. Somos todopoderosos para destruirnos. Tenemos el arsenal nuclear, usamos inconsideradamente los recursos no renovables, modificamos el clima, permitimos diferencias inhumanas en la calidad de vida de nuestros semejantes, después de 25 mil siglos de nomadismo construimos muros para cerrar fronteras. Hoy somos dioses por el potencial destructor, y cavernícolas por la incapacidad para resolver problemas vitales de nuestra especie. Existe un déficit de espiritualidad que impide armonizar el uso de las posibilidades tecnológicas con la conservación del ambiente, de la paz, del respeto de las diferencias, con la búsqueda de la equidad y la felicidad. La religiosidad que se manifiesta en tantos pueblos y culturas no se agota con la explicación cosmológica sobrenatural, sino que obedece también, y sobre todo, a la necesidad bien humana de identificarse con un grupo, de buscar consuelo y esperanza, de marcar con ritos y fechas los momentos importantes de la vida, de mitigar el dolor de la muerte, es funcional a la supervivencia. Hoy nos religan y reconectan las redes sociales. El dios del siglo XXI está en construcción, no es sobrenatural, lo hacen quienes tienen conciencia del poder en nuestras manos y del peligro de usarlo sin pensar hacia dónde vamos. Nuestra comunidad está en Internet. Nuestro templo es el planeta. La humanidad debería ser el dios del siglo XXI.


(De una conferencia Tedx. Montevideo, 2015.)

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