Google: En el 2050 los cerebros humanos se conectarán directamente a Internet

Ray Kurzweil, el hombre que en los años noventa había profetizado que para 2009 las tecnologías inalámbricas dominarían el mundo, declaró hace pocos días que en tan sólo 15 años, los humanos serán capaces de transformar artificialmente su cerebros a través de robots compuestos de hebras de ADN, y podrán conectarse a Internet directamente.


El hoy Director de Ingeniería de Google auguró que hacia el año 2050, los cerebros humanos se conectarán directamente a Internet. Según él, también existirán los elementos básicos para que los humanos puedan ser transformados en "híbridos".
Esto lo dijo el pasado miércoles en la conferencia Exponential Finance en Nueva York. "Se fusionarán gradualmente, mejorándonos a nosotros mismos", dijo, agregando que es un proceso "natural para los seres humanos". "Nosotros trascendemos nuestras limitaciones", resaltó.


(Con informacion de agencias)

Domingo, 14 Diciembre 2014 06:02

Guerra de robots vs. humanos

Guerra de robots vs. humanos

Causó enorme convulsión la ominosa prospectiva del genial astrofísico británico Stephen Hawking, quien advirtió que la inteligencia artificial (IA) podría aniquilar al género humano, limitado por su lenta evolución biológica, que no podría competir (sic) y sería superado (http://goo.gl/a75YoS).


Hawking se ha vuelto muy polémico al haber sentenciado que no existen los agujeros negros ni Dios, y ahora aduce que las formas primitivas de IA desarrolladas hasta ahora han comprobado ser muy útiles, pero existen consecuencias de crear algo que iguale o supere a los humanos, basado en la Ley de Moore, duplicación de los microprocesadores cada 18 meses en forma exponencial.

Mark Bishop, profesor de computación cognitiva de Goldsmiths, Universidad de Londres, discrepa del fatalismo escatológico de Hawking y considera que los robots carecerán de conciencia y comprensión, atributos específicamente humanos, por lo que "siempre (sic) existirá una brecha de humanidad entre cualquier IA y una mente realmente humana". Aunque ambos trabajen en conjunción, la mente humana superará a la máquina de la IA, lo cual no obsta para que se preocupe por el "potencial militar del despliegue de los sistemas de armas robóticas –sistemas que pueden tomar una decisión para que militarmente se comprometan sin la intervención humana– precisamente porque la presente IA no es muy buena (¡supersic!) y puede también fácilmente forzar situaciones que escalen a consecuencias potencialmente aterradoras" (http://goo.gl/m2FsXq).


¿Podrá la IA emular las emociones y la adaptabilidad, características de la inteligencia humana?

La superación de la capacidad intelectual humana por la desregulada IA –que trastornaría el concepto mismo de civilización y quizá aun de la naturaleza humana misma– es conocida como singularidad tecnológica que da por hecha Ray Kurzweil en La singularidad está cerca. Cuando los humanos transcendamos la biología (http://goo.gl/QsElCp), lo cual se presta a un debate interminable, ya que los robots carecen de ética y estética: patrimonios consustanciales a la biología humana.


Paul Joseph Watson, de Infowars (http://goo.gl/2Lg0lb), expone que Eric Schmidt, mandamás del polémico Google, predijo que la prueba Turing –cuando la IA alcance el nivel de la inteligencia humana– advendrá en los próximos cinco años.

El término robot proviene del idioma checo robota (esclavitud) propalado en 1920 por Karel Capek en su obra de teatro RUR (Robots Universales de Rossum).


De por sí la desregulada globalización financierista propende a los oligopolios y a la automatización que convierte en desechable a la mayoría de los humanos (http://goo.gl/yUEBfi).


El muy exitoso sudafricano-canadiense-estadunidense Elon Musk considera que a corto plazo, existe preocupación de que las máquinas inteligentes sean capaces de suplir las tareas realizadas por los humanos hasta ahora y que destruirán abruptamente millones de empleos, mientras a largo plazo, la IA es nuestra máxima amenaza existencial (http://goo.gl/wPYYlY), mientras exclama que "con la IA estamos convocando al demonio entre cinco y 10 años (http://goo.gl/jhXrNc)".

Basado en la película Trascender, el connotado editor en tecnología Patrick Tucker afirma que habrá un levantamiento de robots para controlar el poder (http://goo.gl/gSPIQv).


También el imperante y cada vez mas robotizado neoliberalismo global de la bancocracia coloca como su nuevo Moloch al mercado intrínsecamente antihumano.

Hoy en la desregulada globalización financierista opera ya una guerra de robots mediante la cotización de alta frecuencia ( high frequency trading, HFT) de las supercomputadoras de Wall Street y la City.


A juicio de la Oficina de Investigación Periodística (BIJ, por sus siglas en inglés) se libra ya la batalla electrónica más intensa en el mundo en los mercados bursátiles globales cuando sus municiones (sic) son pequeñas fracciones de centavos disparados por las cargadas supercomputadoras, cuyo objetivo es eliminar (¡supersic!) a la oposición (http://goo.gl/iUghtM).


Se trata de una guerra de alta tecnología que explota las peculiaridades del comportamiento humano, cuando el poder bursátil radica en la velocidad y el procesamiento de las supercomputadoras que miden sus cotizaciones en microsegundos (una millonésima de segundo; ver infograma: http://goo.gl/3s6rBC).

Estados Unidos (45.4 por ciento) encabeza en forma apabullante la lista global de las supercomputadoras seguido por China (12) y luego por Japón (6.3) –aunque China posee la más veloz de todas (http://goo.gl/A6uusG).

La BIJ juzga que los humanos se encuentran fuera del juego cuando los bancos de inversiones, directores de fondos y mercaderes colocan toda su confianza en complejos algoritmos de las supercomputadoras para comprar y vender acciones que han irrumpido las ciudadelas de las finanzas que cotizan más de la tercera parte de la actividad de los mercados europeos y 70 por ciento de Estados Unidos.


Sus críticos señalan dos devastadores colapsos del mercado estadunidense en las que las cotizaciones vía HFT jugaron un papel central.


Los grandes jugadores (sic) tienen una gran ventaja por su adquisición de algoritmos, su cercanía a los intercambios que manipulan los mercados cuando la nueva generación de maestros del universo financiero son los programadores cuantitativos quienes escriben los sofisticados algoritmos en el que se basa el HFT: matemáticos de avanzada más que financieros.

A propósito, Gran Bretaña, la matriz de la desregulada globalización financierista, se opone a la abolición del HFT por los parlamentarios europeos (http://goo.gl/va3PE1).

En su libro La frontera más alta (http://goo.gl/zHrnNN), la microbióloga Joan Slonczewski, de religión mormona y premiada por su obra en ciencia ficción, considera que el futuro de la humanidad puede ser similar al de las mitocondrias, las plantas de energía de las células, cuando los humanos proveerán la energía a las maquinas. Pero ese es un mundo involutivo de microbios extrapolado malignamente a los humanos...

Desde el punto de vista neuropsiquiátrico es absurdo equiparar a robots abstemios de salud mental con el cerebro humano que, según el neurofisiólogo Paul MacLean, comporta tres cerebros evolutivos en uno solo, el cerebro triuno: 1) arquicorteza (cerebro reptiliano); 2) paleocorteza (sistema límbico de las emociones del circuito de Papez), y 3) neocorteza: asiento de las funciones cerebrales superiores, pero más que nada, del lóbulo prefrontal (planeación ejecutiva/autocontrol/personalidad/moderación del comportamiento social, etcétera).


La IA –sin creatividad/sindéresis/ética/estética /cultura–, carece los atributos de la tercera y segunda cortezas de los humanos y ni siquiera imita al lóbulo prefrontal.

Como reza el apotegma humanista del Renacimiento, la ciencia sin conciencia es nesciencia (ignorancia) y uno de sus redentores resguardos civilizatorios es la bioética: el puente entre la acelerada tecnología, que debe ser controlada y regulada, y la lentísima evolución sociomoral que debe ser impulsada por los humanos samaritanos que aún quedan en el planeta.

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Martes, 18 Noviembre 2014 05:53

¿Qué es una exaptación?

¿Qué es una exaptación?

De la teoría de la evolución se ha dicho que es, de lejos y literalmente, el soporte cultural de todo el mundo contemporáneo, hasta el punto de que si se suprimiera, toda la civilización actual se caería en pedazos.

La teoría de la evolución, formulada originariamente por Darwin en 1859 en El origen de las especiespor medio de la selección natural. Un libro que estuvo en el Índice Romano (la lista de los libros prohibidos y cuya lectura implica la excomunión para los creyentes que lo hagan) debido a una circunstancia particular: la teoría originariamente desarrollada por Darwin es una teoría no–teleológica. Es decir, sostiene y demuestra que la evolución, las especies y la vida no van a ninguna parte: no hay "fin" (telos), "norte", ni "sentido". Los seres vivos tan sólo se adaptan en cada caso, como pueden. Los sistemas vivos no van a ninguna parte: sólo quieren adaptare; esto es, si se quiere, sobrevivir. Punto.

Ahora bien, hay que aclarar que no existe nada así como una "teoría darwiniana". Lo que existe es la teoría de la evolución, la cual tiene, por lo menos, tres etapas, así: la teoría formulada por Darwin —el darwinismo—, la síntesis lograda en 1942 por Fischer, Dobzhnasky y varios más, que es el neodarwinismo (Darwin más Mendel), y más recientemente, varios desarrollos apasionantes y distintos, entre los cuales cabe destacar el enfoque evo–devo (evolution and development), la biología sintética, la autoorganización y varios más.


La teoría de la evolución, que es, de lejos, la mejor teoría jamás encontrada en la historia de la humanidad para explicar lo que son y lo que hacen los sistemas vivos (para vivir). La teoría de la evolución, una teoría esencialmente incompleta, reconocido por el propio Darwin.


El genio de un pensador se plasma, entre otras formas, en su capacidad para acuñar conceptos, lo cual es, literalmente, un acto poético. Decía Deleuze en un libro sobre la filosofía que los grandes filósofos y pensadores se caracterizan porque crean conceptos. Los demás, tan sólo los usan. Crear conceptos: algo que se dice fácilmente, pero es sumamente difícil de hacer.


En la comprensión y explicación de la teoría de la evolución hay un autor imposible de no conocer: Stephen Jay Gould (1941–2002). Con una obra extensa y creativa, Gould escribe su libro cumbre: La estructura de la teoría de la evolución (2002). Pues bien, puede decirse que, de manera puntual, son dos las contribuciones de Gould al desarrollo y a la comprensión de la teoría de la evolución. De un lado, se trata del concepto de "equilibrios puntuados" (volveremos sobre esto en otro texto), y de otra parte, el concepto de "exaptación".


La adaptación es, de un lado, el resultado de que los individuos y las especies hayan logrado, como sea, resolver las restricciones, demandas, oportunidades, peligros, y demás que de entrada impone la selección natural. Así, esas especies e individuos son los más aptos (fittest). De otra parte, al mismo tiempo, la adaptación puede ser vista como una función creada por la selección natural mediante la cual se crea un carácter para un uso actual. Así, la vista frontal en los humanos es el resultado de la selección natural. O las aletas en los peces, y demás.


Ahora bien, hay rasgos —órganos, capacidades, habilidades y otros— que no se pueden explicar estrictamente por mecanismos de la selección natural. Se trata de todos aquellos rasgos —físicos o de habilidades o capacidades— que, por el contrario, resultan de la respuesta a nuevas circunstancias, cuando en realidad fueron creados o surgieron con otra finalidad. Asimismo, son propiedades de un organismo —o especie— que no resultan directamente de la selección natural, sino del uso actual que el organismo o la especie le adscriben a dichas propiedades. Esto es una exaptación.


En otras palabras, las exaptaciones resultan del hecho de que lo que se había creado con una finalidad determinada termina siendo determinante para otra finalidad o uso perfectamente distintos. La historia natural (y, extrapolando, la historia cultural inclusive) está llena de ejemplos de exaptaciones.


Las plumas de las aves —esos remotos descendientes de los dinosaurios—resultaron de pelos corporales que, eventualmente, empezaron a ser útiles como "paracaídas". Y posteriormente evolucionaron con la finalidad que hoy tienen. Quizás el ejemplo favorito de Gould es el (falso) pulgar del panda, cuya finalidad originaria era desplazarse por los árboles, hoy le sirve para coger y manipular mejor el bambú del que se alimenta.

Para los mamíferos superiores, un ejemplo espectacular cabe decirse que es la transformación del sistema inmunológico natural en o con el sistema inmunológico adaptativo (hace alrededor de 400.000 años). Pero de lejos, el lenguaje mismo y las capacidades cognitivas constituyen el mejor ejemplo, entre nosotros, de órganos y funciones que se destinaron, al cabo, con una finalidad perfectamente distinta a aquella con la cual surgieron en un momento dado.


Así las cosas, es importante entender que no existe en la evolución absolutamente ningún determinismo. La teoría de la evolución es quizás el ejemplo más conspicuo de una teoría no–determinista. Esto es, el pasado no determina el destino o las capacidades de un organismo o especie, en absoluto, sino, por el contrario, puede suceder, como es efectivamente el caso, que los seres vivos terminen adaptando órganos y capacidades para usos distintos de los que tuvieron en un comienzo. La evolución es, literalmente, un proceso vivo en el que no existe absolutamente ningún "programa".

Un investigador importante en el tema lo expresa, si cabe, de otra manera. F. Jacob (premio Nobel de medicina en 1965, conjuntamente con A. Lwoff y J. Monod) sostiene que en la evolución no existe ningún "programa" (una idea que ataca directamente las ideas de Watson y de Crick), sino que los sistemas vivos usan el bricolaje. Esto es, recogen "cosas" que no saben bien para qué les servirán, pero que en el futuro pueden encontrar un uso adecuado.

Las exaptaciones pueden confundirse con adaptaciones. La distinción fundamental está en el cambio o uso de función con la que nacieron. Gould emplea un término elegante y sutil a la vez para designar las exaptaciones: son auténticas cooptaciones de la evolución.
¿

Cooptaciones? Un concepto que entre las ciencias sociales y humanas tiene un significado preciso, y que permite arrojar luces frescas sobre numerosos procesos, comportamientos y dinámicas. Aquellas funciones, aquellos individuos, aquellas capacidades que, al cabo, terminan siendo cooptadas. Un motivo importante de reflexión.

Los humanos llegaron a las alturas de los Andes hace 12.000 años

Herramientas prehistóricas encontradas a gran altitud en dos yacimientos en Perú revelan la capacidad de los humanos para sobrevivir en condiciones ambientales extremas desde un milenio antes de lo que se creía, según revela un estudio publicado hoy en la revista Science.


El equipo internacional liderado por Kurt Rademaker, de la Universidad de Maine (EEUU), ha descubierto en la cuenca Pucuncho, en el sur de los Andes peruanos a más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, evidencias de lo que podría ser la presencia humana más antigua en puntos tan altos, hace más de 12.000 años, durante el Pleistoceno tardío.
Este hallazgo cambia la idea sobre la adaptación humana a entornos en altitudes elevadas, ya que adelanta la presencia de humanos en asentamintos por encima de los 4.000 metros casi un milenio, y sugiere que la adaptación a estos entornos podría haber sucedido más rápido o más temprano que lo que se suponía. "Estudiar la adaptación humana a las condiciones extremas es importante para entender nuestra capacidad cultural y genética para sobrevivir", asegura Rademaker.


Por los restos que han encontrado, los investigadores consideran que en este entorno pudieron establecerse pequeños grupos de cazadores-reclectores, aunque no está claro si por periodos determinados o durante todo el año.
En el yacimiento de Cuncaicha, situado a 4.480 metros sobre el nivel del mar, el equipo encontró diversas herramientas, huesos de animales y raíces consumidas como alimento, señales de haber sido un lugar habitado. En Pucuncho, a 4.355 metros, los expertos desenterraron herramientas hechas de piedra que podrían haber servido para cazar vicuñas, un animal similar a la llama adaptada a zonas altas.


"No sabemos si los pobladores vivían allí todo el año, pero creemos que no estuvieron allí solo para cazar durante unos días, y luego se marcharon", opinó Sonia Zarrillo, de la Universidad de Calgary y coautora del estudio.

Las regiones en altitudes elevadas han sido menos estudiadas por los arqueólogos y todavía faltan estudios sobre cómo los humanos primitivos sobrevivieron en dichos lugares caracterizados por menos oxígeno, alta radiación solar y temperaturas frías.


Algunas teorías apuntan a que los humanos tuvieron que adaptarse genéticamente durante miles de años, como muestran las poblaciones andinas actuales (mayor capacidad pulmonar y mayores concentraciones de hemoglobina para superar la falta de oxígeno), mientras otras consideran que tuvo que haber cambios ambientales, como el retroceso de los glaciares.
Los resultados del equipo de Rademaker son un desafío para la comunidad científica, pues los glaciares en esta región nunca alcanzaron la Cuenca de Pucuncho y, por tanto, nunca retrocedieron para crear una apertura que permitiera a los humanos emigrar por ahí, lo que sugiere que el cambio climático no fue necesario para una colonización exitosa.
Y, por otra parte, los artefactos encontrado en la Cuenca de Pucuncho sugieren que los humanos colonizaron altas altitudes tan solo 2.000 años después de su entrada inicial en América del Sur, lo que indica que aparenemente no hizo falta un largo periodo de adaptación humana.

Los investigadores indican que será necesario hacer más estudios arqueológicos y comparativos del genoma, para averiguar cuándo evolucionaron las adaptaciones genéticas identificadas en la población andina actual.

Miércoles, 08 Octubre 2014 06:14

El porvenir incierto

El porvenir incierto

En su evolución, el Homo Sapiens, como ser pensante único entre millones de especies vivas, jamás tuvo idea de la naturaleza y la razón de su existencia. Dotado de la capacidad de pensar, estaba regido por severos instintos. Nada sabía del resto de su maravilloso planeta. No se conoce siquiera desde cuándo posee esa capacidad; en raros casos se afirma que hace un millón de años o un poco más, pero en general se considera que no más de 200 mil años.

Hoy se conoce que el número de planetas con apariencias similares al nuestro se eleva a miles de millones en la misma galaxia donde se ubica el nuestro, dentro de lo que se denomina universo. Espero no ofender a nadie por abordar el tema de lo que somos o creemos que somos.


Hace dos días, el 5 de octubre, el sitio web del canal de televisión Russia Today, un medio de divulgación serio, publicó que Laura Mersini-Houghton, prestigiosa profesora de la Universidad de Carolina del Norte, ha demostrado que los supermasivos agujeros negros no existen, y que la teoría del Big Bang es infundada. Esto, pienso, implica un trauma para muchas personas que convirtieron tal teoría en un acto de fe.


La mayor autoridad en este tema sería el científico británico Stephen Hawking, un hombre de excepcionales méritos por su consagración a la ciencia, a pesar de una cruel afección que lo obligó a grandes sacrificios para comunicarse con los demás, cuando era todavía muy joven.

Los científicos más conocedores de estos temas se comunican e incluso publican sus resultados en términos técnicos difíciles de comprender por los que no hemos tenido el privilegio de familiaridad alguna con esa ciencia.


Stephen Hawking se convirtió, con la publicación de la "Historia del Tiempo", en el autor de un libro sobre el importante tema, cuyas ventas ascendieron a más de 10 millones de ejemplares. Seguramente que, aparte de su interés intrínseco, los principales compradores fueron los miembros de la comunidad de científicos dedicados al estudio de estos trascendentes temas que suman ya varios millones de eminentes investigadores. Haré lo posible por leer y comprender esa obra, cuando mi actual tarea relacionada con la producción de alimentos en cantidad y calidad suficientes es prioritaria, y en la que todavía el esfuerzo se puede traducir en un importante beneficio.

Es mucho lo que ignoramos y muy poco lo que sabemos de nuestra propia ignorancia.

El segundo ejemplar de Hawking, "El universo en una cáscara de nuez", escrito según él en un lenguaje más inteligible para los profanos en la materia, lo leí y subrayé muchas de las ideas que más me interesaron.

Jamás en su evolución el género humano tuvo ni podía tener una idea clara de su propia existencia, porque esta sencillamente no existía, simplemente evolucionaba con el mismo ritmo de todo lo que existe. Es una realidad que no surge contra nadie ni debe ofender a nadie.


Cada día podemos aprender algo nuevo. Ayudar a los demás y ayudarnos en lo posible a nosotros mismos.
Ayer escuchaba las declaraciones del nuevo Secretario General de la OTAN, antiguo Primer Ministro de Noruega, quien desde el pasado primero de octubre, hace solo seis días, asumió el cargo. ¡Cuánto odio en el rostro! ¡Qué increíble empeño en promover una guerra de exterminio contra la Federación Rusa! ¿Quiénes resultan más extremistas que los propios fanáticos del Estado Islámico? ¿Qué religión practican? Después de eso, ¿se puede disfrutar la vida eterna en la diestra del Señor?

Fidel Castro Ruz
Octubre 7 de 2014
9 y 30 p.m.

Lunes, 02 Diciembre 2013 07:38

Población y economía

Población y economía

Malthus previno que el crecimiento de la población constituía un asunto de principal relevancia para la economía. Esta tendía a aumentar de modo más rápido que la oferta de alimentos, lo que llevaría a un estancamiento productivo con el consiguiente conflicto social.


No es la producción de alimentos lo que frena la expansión del producto ni compromete la existencia de los habitantes del planeta. Son otras causas las que obstaculizan la creación de ingreso y de riqueza, y las que provocan que mucha gente no tenga acceso suficiente a la comida.
Prácticamente al mismo tiempo, Augusto Comte señalaba que la demografía es destino y que el futuro del ser humano está ligado a los nacimientos y los fallecimientos, a la edad de la población y su evolución.


La demografía es, sobra decirlo, un tema crucial del análisis social en general: marca de modo decisivo las condiciones económicas de las naciones el proceso de desarrollo y las pautas del bienestar colectivo. Define, también, las relaciones geopolíticas. Este es un aspecto central de las consideraciones acerca del poder, de las posibilidades y alcances de la exigencia permanente de innovación en la sociedad. El ser destino no la convierte necesariamente en fatalidad.


Una de las cuestiones que se discuten hoy de modo recurrente es el envejecimiento de la población. Este proceso afecta a unas sociedades de modo más acuciante, como es el caso de Europa, donde el número de habitantes aumenta de manera lenta y tiende a estancarse y, aun, a disminuir. Al mismo tiempo se extiende la esperanza de vida y esto representa cambios relevantes en materia de producción, empleo, ingresos, financiamiento, pensiones, servicios públicos y modalidades de consumo, entre muchas otras.


El financiamiento de las pensiones se ha colocado en el centro del debate en los países de la Unión Europea, sobre todo los del sur, en el marco de la severa recesión que se extiende ya desde 2008. Se trata no sólo de los fondos para cubrirlas y de cómo se van reponiendo cuando el desempleo crece.


Mantener a los pensionados es cada vez más costoso y si se confronta con las condiciones reales del envejecimiento de la gente se advierte que no es sensato hacer que el retiro ocurra a edades tan tempranas como los 55 años, lo cual sucede en muchos casos, como el de Grecia. No se puede mantener a la gente durante 25 o 30 años con la manera en que se reproducen los ingresos. Tampoco pueden financiarse con impuestos de modo indefinido, sobre todo si han de ser suficientes, no en términos nominales sino reales.


La presión de las personas más jóvenes en el mercado de trabajo no se expresa ahora en empleos bien remunerados y con capacidad de cotizar a los sistemas de pensiones, y se acentúa la contradicción entre jóvenes y viejos en términos de la disputa por los recursos y las oportunidades.


En una forma bastante explícita, quienes nacieron en lo que se conoce como el baby boom luego de la segunda posguerra, se están quedando con los recursos que habrían de fluir hacia su descendencia. Las pirámides de edades están cambiando significativamente y con repercusiones para las que no se han adaptado las formas de la reproducción social. Esto afecta al mercado de trabajo, las viviendas, el acceso a la salud y otros servicios. La contradicción en esas sociedades no es para nada trivial.


Mientras esto ocurre en las sociedades que habían alcanzado un alto nivel de desarrollo económico y, sobre todo, elevados estándares de bienestar y que ahora están ajustándolos hacia abajo, en otras sociedades la demografía va en sentido contrario.


En China, el crecimiento económico de los últimos años ha sido muy elevado, provocando el surgimiento de una clase de consumidores con altos ingresos frente a grandes segmentos de la población con acceso mucho más limitado, o nulo, a trabajos bien remunerados y servicios públicos. Buena parte de la atención del reciente congreso del PCCh se enfocó en esta cuestión.


Luego de varias décadas de una política de población que limitaba a uno el número de hijos por pareja, esta restricción se ha relajado y el componente demográfico de una nación que tiene ya mil 354 millones de habitantes (19 por ciento del total mundial) será una referencia imprescindible en cuanto a las formas de la acumulación de capital, la distribución de las inversiones, el comercio, las finanzas y las relaciones internacionales.


El aumento de la población mundial a la escala que se registra hoy es un proceso relativamente nuevo. Hasta el 1800 el número de habitantes llegó a mil millones, hoy rebasa los 7 mil millones. Esta evolución tiene que ver con las posibilidades de producción para mantenerla; la demografía y la economía están estrechamente vinculadas.


En México la presión poblacional sigue siendo muy alta, a pesar de que el crecimiento de la tasa natural se va reduciendo. Pero la dinámica productiva es muy reducida y eso da cuenta de fenómenos como la resistencia de la pobreza, la informalidad, la migración y demás. Las reformas, todas las que se han emprendido en poco más de un año, se enfrentan con la necesidad de soltar las amarras del crecimiento y ampliar su manifestación en el conjunto de la sociedad. La demografía es un referente inescapable y tiene que ser explícito en cualquier política pública.

Publicado enInternacional
“La supremacía del trabajo humano sobre el capital es innegociable”

–¿Cómo caracterizaría su gestión al frente de la Asamblea Nacional? ¿Qué etapas se distinguen, según mayor o menor actividad legislativa, e estos años?

 

–A partir de la vigencia de la Constitución de la república, el 20 de octubre del año 2008, el proyecto político de la Revolución Ciudadana asumió la tarea de transformar, en su fondo y en su forma, lo que se denomina la Función Legislativa que se ejerce a través de la Asamblea Nacional. En términos generales, puedo decir que mi primer período al frente de la Asamblea Nacional estuvo determinado por la necesidad de operativizar todo lo necesario para que se pusiera en funciones la propia Constitución. Hubo que hacer una gran depuración del ordenamiento jurídico: se derogaron leyes, cientos de decretos legislativos, más de 900 decretos supremos, decretos-ley de emergencia, dos acuerdos supremos, tres acuerdos legislativos, etc. Implica un trabajo muy intenso desde el punto de vista normativo vertiginoso: expedir, codificar, reformar, derogar e interpretar leyes. Todo al mismo tiempo.

 

Un segundo momento marca la puesta en práctica de algunas cuestiones que ya tienen que ver con el propio proyecto de la Revolución Ciudadana, por ejemplo, la implementación, en dos oportunidades, de procesos de Consulta Prelegislativa respecto de proyectos de ley referidos a los derechos de las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, del pueblo afroecuatoriano o del pueblo montubio, experiencias inéditas en términos mundiales. Toda esta actividad de la Asamblea Nacional, este esfuerzo proactivo, ha hecho que su aceptación y valoración social como institución hayan crecido de manera creciente a lo largo de estos años: en noviembre del 2007 el anterior Congreso Nacional tenía una aprobación social del 4 por ciento, en diciembre del año pasado la Asamblea Nacional ya estaba en un 52 por ciento de aprobación. Pero no sólo desde el punto de vista de la sociedad; la Asamblea Nacional ha liderado el ranking de las instituciones públicas que manejan fondos públicos según los parámetros de transparencia de la Ley Orgánica de Transparencia y Acceso a la Información Pública. A tal punto que la Corporación Participación Ciudadana ha calificado nuestro esfuerzo por transparentar la gestión legislativa y de fiscalización con el ciento por ciento (100 por ciento) de cumplimiento.

 

–Los casos de Honduras y Paraguay han mostrado las facetas más reaccionarias de lo que, por momentos, se convirtió en principio de acción de las oposiciones políticas a los gobiernos progresistas: la “parlamentarización” de su comportamiento, esto es, encontrar en el Parlamento el instrumento decisivo de alteración del orden; ¿en algún momento hubo una situación política semejante durante estos años en Ecuador?

 

–A grandes rasgos, no puede decirse que en Ecuador hayan ocurrido hechos similares. Pero hay algo que tiene que quedar en claro: el 30 de septiembre de 2010 se puso en riesgo la estabilidad democrática del Ecuador. Hubo una conspiración, y hubo conspiradores. Según evidencias contundentes recopiladas días después del 30S se confirmaron: el bloqueo de las actividades de la Asamblea Nacional, el intento de toma de medios de comunicación públicos y la destrucción de sus instalaciones. En particular, ese día hubo ataques de policías sublevados contra asambleístas, todo lo cual evidencia de manera contundente que la insurrección buscaba acabar no sólo con el mandato y la vida del presidente Rafael Correa, sino también con el conjunto de entidades del sistema democrático del país, también la Asamblea Nacional. Para justificar el intento de golpe de Estado se tomó como pretexto una supuesta eliminación de beneficios para militares y policías, a través de la Ley de Servicio Público, que había sido objetada parcialmente por el Ejecutivo, frente a la cual no hubo los votos necesarios para ratificar el texto aprobado por la Asamblea, cuando de ninguna manera esa norma causaba perjuicio alguno a este sector de la población. La mal llamada “oposición” política, en lugar de defender la vida democrática, alentó a los golpistas y horas más tarde, frente a la reacción del pueblo y el fracaso del golpismo, planteó un proyecto de resolución para otorgar una amnistía a todos los golpistas involucrados en la revuelta. En este específico sentido puede decirse que hubo un acompañamiento parlamentarista, pero parcial, circunscripto a esta acción posterior. Pero utilizaron la investidura, eso es evidente.

 

–Respecto de los momentos de inestabilidad política del gobierno durante estos años y como presidente de la Asamblea Nacional, ¿cuál fue su reacción frente al 30S?

 

–El 29 de septiembre en la noche yo había salido de Ecuador rumbo a España. Al salir había el rumor de que el presidente decretaría la “disolución” de la Asamblea Nacional por la cuestión del veto a la ley de Servicios Públicos. Al llegar a Madrid y tratar de recabar información sobre el mencionado rumor, nuestra sorpresa fue grande: nada de ello había ocurrido. Pero sí nos enteramos de que ese día, el 30 de septiembre de 2010, un sector insubordinado de la policía, con apoyo de algunos políticos de la mal llamada oposición, intentaban dar un golpe de Estado

 

Desde España, denuncié ante la comunidad internacional este intento de golpe de Estado que estuvo a punto de romper el orden democrático, ratifiqué el compromiso de defender el mandato del presidente Rafael Correa, las instituciones y llamé a salir a las calles a defender la democracia y la Revolución Ciudadana. Realmente fueron momentos de tensa angustia y desconcierto los que vivimos en España con Virgilio Hernández, presidente de la Comisión de Gobiernos Autónomos y Descentralización de la Asamblea Nacional, que me acompañaba en ese viaje. Inmediatamente pretendimos retornar a Ecuador, pero al conocer la actitud valerosa del pueblo y del rescate del presidente constitucional decidimos continuar viaje a Ginebra y poner en conocimiento de la Unión Interparlamentaria el intento de golpe de Estado que se vivía en Ecuador. En efecto, así ocurrió, y primero el Grulac y luego la 125 Asamblea de la UIP condenaron el intento de golpe de Estado y se pronunciaron a favor de la democracia ecuatoriana y su presidente.

 

–A su regreso a Ecuador, usted y otros parlamentarios presentaron una denuncia ante la Justicia.

 

–Ya de regreso, y una vez que me informé documentadamente de los hechos, acompañado por un importante número de legisladores de la bancada de Alianza PAIS, así como de centenares de ciudadanas y ciudadanos de distintas provincias del Ecuador, concurrí a la Fiscalía General para entregar al titular de este organismo, Galo Chiriboga, una serie de documentos para que se investigaran los hechos ocurridos el 30 de septiembre, sobre todo los ocurridos en el interior de la sede legislativa. Las agresiones que sufrieron varios asambleístas ese día, cuando se les impidió ingresar, no tenían absolutamente nada que ver con el presunto descontento que, decían, habría originado la revuelta policial. Aportamos pruebas. Entre los documentos constaban varios correos electrónicos emitidos desde las cuentas de determinados asambleístas con contenidos que la Fiscalía sabrá valorar; discursos que podrían ser metáforas –ojalá sean solo eso, y no una especie de proclamas que están yendo más allá de una mera falta de coincidencia con quien dirige el gobierno nacional–. Siempre insisto en este asunto: si quieren hacer oposición, bienvenido sea, pero conspirar en nombre de la oposición, eso no se puede aceptar. En varias ocasiones hemos dicho que observamos muchas falencias en la investigación de los hechos del 30 de septiembre. Es evidente que el sistema penal no tiene evidencias de lo que realmente ocurrió; no se investigó adecuadamente, sólo se tomaron algunas versiones y se hizo muy poco trabajo en materia de criminalística. Sobre esas falencias hay que esperar que se corrijan las actuaciones que consideramos inadecuadas e incompletas.

 

–En comparación con las oposiciones parlamentarias en otros países latinoamericanos, ¿qué caracterización haría de la oposición política al gobierno de Correa? Tendencialmente, ¿van hacia un principio de unidad, como en Venezuela, o permanecerán atomizadas?

 

–Permanecen atomizadas, como se demuestra en las actuales elecciones. Pero hay algo más: no se trata de una oposición política, de una oposición ideológica, en términos de proyectos políticos como, quizá, pueda verificarse en otros países latinoamericanos. A decir verdad, pareciera más bien una apenas mal organizada actitud de obstrucción a los cambios propuestos por la Revolución Ciudadana.

 

–Sea en foros internacionales o incluso en debates académicos, la noción del “Buen Vivir” va progresivamente ganando espacio como “referencia conceptual” respecto del proceso político en Ecuador. ¿Qué significaría, en pocas palabras, el “Buen Vivir” desde la perspectiva de la Revolución Ciudadana?

 

–El “Buen Vivir” es la doctrina de la Revolución Ciudadana y muchos de sus principios han sido consagrados en la Constitución nacional, aprobada en 2008. Todas las grandes transformaciones que hemos impulsado tanto desde el Poder Ejecutivo como desde la Asamblea Nacional se han hecho bajo la inspiración del “Buen Vivir”. Es muy importante que un proyecto político tenga su inspiración, su espíritu. Se trata del tipo de comunidad en la que queremos vivir, el tipo de construcción colectiva, justa, equitativa, democrática, pacífica, que tienda a descentralizar las instancias del poder, gestionarlas desconcentradamente y, en esto quizá seamos una referencia los ecuatorianos, respetar los derechos de la naturaleza. La Asamblea Nacional, las leyes aprobadas, han precisamente intentado “aterrizar” esta visión conceptual, para posibilitar, en términos generales, un “crecimiento con fines” en lugar del salvaje y voraz “crecimiento sin fin” que propicia el capitalismo. Tiene que ver con el tipo de solidaridad que propiciamos con nuestro entorno, con nuestro medio, y qué tipo de individuo queremos tener en la sociedad. En este contexto histórico de la humanidad, es fundamental garantizar derechos que aseguren una vida digna, libre y autodeterminada. Eliminar y sancionar toda forma de abuso, discriminación y factores de violencia social. Hay que intentar hacerlo comenzando por los sectores más abandonados, los más desprotegidos. Habría muchas leyes para mencionar en relación con esta perspectiva pero destaco una, por ejemplo, la Ley Orgánica de Discapacidades, que es emblemática y realmente un gran avance, sobre todo si la comparamos con otros países, en términos de igualdad.

 

–Respecto del Programa de Gobierno de Alianza PAIS para estas elecciones, ¿cuáles serían los principales objetivos y metas que se proyectan para los próximos años y que antes no habían sido consideradas? Siendo que prácticamente todos los indicadores macroeconómicos y sociales han sido favorables y en expansión, ¿qué nuevos problemas han surgido, incluso como efectos no deseados o inesperados?

 

–Nuestro desafío fundamental es lograr la universalización de los derechos y su transformación en igualdad de oportunidades. Aprovechar nuestras capacidades para que todos y cada uno de los ecuatorianos tengamos un permanente y progresivo mejoramiento de nuestras condiciones materiales y espirituales de vida. En ese sentido, la importancia está, también, en la construcción del Estado, del tipo de Estado, del tipo de burocracia estatal, para que ésta tenga la capacidad de gobernar y modificar las líneas centrales de la dominación capitalista. Lo que decimos tiene que ver con generar una acción colectiva desde el Estado, cuestión que requiere de la constante organización cooperativa de la sociedad, para lograr enfrentar el dominio de los poderes fácticos y de los particulares intereses de los más poderosos. Pese a que se trata de un momento de transición sostenemos, de modo radical, la importancia de que la supremacía del trabajo humano sobre el capital es innegociable. Nuestra gente y su capacidad de trabajo no pueden ser vistas como un factor más de la producción sino como el fin mismo de la producción y la base para el despliegue de nuestros talentos. Esto se consolida con una transformación del Estado, de las instituciones, debemos continuar esa transformación. Sobre este aspecto, y en relación al trabajo de la Asamblea Nacional, deberá darse continuidad, por ejemplo, a la consolidación de la autonomía de los gobiernos provinciales, municipales y parroquiales, que hoy ya cuentan con recursos para atender las necesidades de sus circunscripciones territoriales; en concreto, hay que profundizar y desarrollar el concepto de competencias exclusivas y competencias concurrentes a fin de radicalizar la descentralización y acelerar la desconcentración. En otro orden, hay que ampliar el actual concepto de colegislación, para poder llegar a una verdadera colegislación permanente con la ciudadanía, y que no sea una imposición vertical de leyes y normas de toda índole, como nos tenía acostumbrados la partidocracia. Hay varios desafíos, la Asamblea Nacional tiene bastante tarea por delante.

 

–¿Cuál es la relación de un presidente de la república como Rafael Correa con el presidente de la Asamblea Nacional?

 

–Una de los mayores esfuerzos que hemos realizado consciente y comprometidamente desde las dos funciones del Estado ha sido la actuación planificada y coordinada para conseguir el mayor cambio posible en forma eficaz y eficiente. En ese sentido, hemos generado un debate –que lo continuamos estos días en campaña– sobre la supuesta teoría de “pesos” y “contrapesos” que supuestamente “exige” la democracia. Nosotros creemos que hay un solo poder y ése radica soberanamente en el pueblo. El Estado para el cumplimiento de sus fines se divide en funciones; son eso, son funciones, que deben ser elegidas soberanamente. La partidocracia está acostumbrada a los pactos de toda índole y “al reparto” de las competencias del Estado, discrecionalmente. Son ellos los que siempre han intentado traspasar las fronteras de manera arbitraria; lo sigue planteando hoy en día, confundiendo a la ciudadanía. Frente a la falta de legitimidad y popularidad de sus liderazgos nos hablan hoy del “peligro de la acumulación de poder” en una de las funciones del Estado, en el Ejecutivo. Buscan construir al Legislativo como el único espacio legítimo cuando, en realidad, por la propia Constitución y por la dinámica del proceso político en Ecuador nunca han estado tan claras las competencias exclusivas y excluyentes de ambos poderes, al mismo tiempo de la necesidad y la obligación de actuar coordinadamente.

 

No se puede llegar a un nuevo país con los paradigmas y herramientas del viejo país. Hay un nuevo proceso institucional en Ecuador, una dinámica política que ha estabilizado al sistema político en su conjunto, al margen de ciertos episodios, como señalé. Desde este punto de vista, hay una nueva época democrática en el país. Sin embargo esto no invalida la necesidad de tener que establecer nuevos –y profundizar los existentes– mecanismos de control político y fiscalización, para mejorar la transparencia de los procesos de gobierno y la eliminación de todo resquicio de corrupción.

 

–¿Cómo quedará el panorama político post 17 de febrero?

 

–Aspiro a un triunfo contundente del presidente Rafael Correa en la primera vuelta, como una demostración de la confianza de los ecuatorianos a nuestro proyecto político de la Revolución Ciudadana. En lo que respecta a la Asamblea Nacional, espero que el pueblo ecuatoriano, superando la desinformación y la “presión” mediática, resuelva hacer en forma directa su propia mayoría legislativa. Creo que en varios aspectos el panorama futuro depende de cómo quede proporcionada la Asamblea Nacional. Ojalá que el pueblo no delegue a un conjunto de movimientos y partidos inconsistentes la tarea de “formar” una mayoría legislativa que haga de un supuesto “contrapeso” a su propia decisión de ratificar su confianza en el presidente. El proceso de cambio requiere de una actuación leal y coordinada desde las dos funciones del Estado que son elegidas en forma directa y democrática por el pueblo ecuatoriano. Sinceramente espero que la Revolución Ciudadana en forma coherente consiga la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional para consolidar y radicalizar los cambios y acelerar el proceso de eliminación de la pobreza y las inequidades.

 


 Por Amílcar Salas Oroño y Alfredo Serrano Mancilla*

* Amílcar Salas Oroño es doctor en Ciencias Sociales, Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA, y miembro de CEPS), Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía, director América Latina CEPS.

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Miércoles, 30 Enero 2013 06:54

La maldición de Malthus

Puede que la crisis tenga algo que ver, o que la coincidencia sea solo fortuita, pero últimamente se suceden los pronósticos agoreros sobre el porvenir de la humanidad. Con apenas un día de diferencia, los titulares de dos noticias publicadas la semana pasada en este diario interpelaban directamente a nuestra especie y su capacidad de pervivencia en el planeta: “Los humanos son una plaga sobre la Tierra”, sentencia del naturalista británico David Attenborough sobre el exceso de población, y “que se den prisa y se mueran”, recomendación del ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, a los ancianos de su país para aliviar los gastos en atención sanitaria del Estado.


 
Dejando a un lado la pertinencia de la segunda frase, neutralizada luego con la habitual disculpa de haber sido sacada de contexto, ambos mensajes abundan en una idea fuerza: el control de la población —incluso mediante métodos tan expeditivos como la eutanasia implícita en las declaraciones de Aso— para una adecuada satisfacción de las necesidades básicas mediante los recursos disponibles. O, dicho de otra manera, para el precario equilibrio entre bocas y alimentos, agua y tierra suficientes.


 
Ninguno de los dos mensajes suena a nuevo; al contrario, ambos se amparan en la alargada sombra del malthusianismo, esa alarma lanzada durante la revolución industrial por el pastor Thomas Malthus que preveía la pauperización de la especie humana por falta de recursos, e incluso su desaparición, si no mediaban mecanismos de regulación periódicos como guerras o epidemias.


 
Así pues, Attenborough, premio Príncipe de Asturias en 2009, recoge casi dos siglos después el guante de Malthus y los ecos de la teoría neomalthusiana de la bomba demográfica de los años sesenta para urgir a controlar el crecimiento de la población antes de que lo haga la naturaleza, como ya ocurre en algunas zonas de África golpeadas por la hambruna. Taro Aso, más tradicional, apela a la cultura del haraquiri igual que, en los albores de la historia, la población de algunas sociedades tradicionales esperaba que los mayores, cuando devenían una carga para el resto, se autoeliminaran. Un escenario inquietante, pero demográficamente revelador, que podría sustanciarse en una de las representaciones más dramáticas de la crisis, los suicidios de mayores: “Esas muertes de matrimonios ancianos que se etiquetan como violencia de género pero que resultan ser suicidios, quitarse del medio al sentirse una carga, son claras señales de alerta” de uno de los principales problemas de las sociedades desarrolladas, el envejecimiento de la población, apunta la demógrafa Margarita Delgado, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Pero al procedimiento expeditivo de Taro Aso yo no lo llamaría neomalthusianismo, le pondría una etiqueta más fuerte”, añade.


Para Honorio Manuel Velasco, catedrático de Antropología Social de la UNED, no cabe lugar a dudas sobre el calificativo: “Estos mensajes suenan a Malthus redivivo. Confiar en que uno de los factores es posible de controlar: la supervivencia en un medio ambiente limitado”. Ese control pertenecería a la especie humana, apunta el antropólogo —igual lo hace Attenborough en su advertencia—, “en un estado de cosas que presenta a la naturaleza como si fuera un sistema regulado cuyo control recae en manos humanas”.
 


“Lo cierto es que todo está en manos de la especie humana; también la distribución de los recursos”, añade el catedrático de la UNED, lo que trasciende el planteamiento puramente demográfico e introduce en el debate cuestiones tales como el modelo de crecimiento económico y hasta los derechos humanos, el primero de ellos, a la alimentación. “Pero no estamos ante una crisis planetaria, sino que afecta más a unos que a otros. Las hambrunas, las guerras, son mecanismos de regulación demográfica tradicionales, pero no los únicos; también la frecuencia de las catástrofes”.


 
Pero ni el de Aso ni el de Attenborough son mensajes reduccionistas, “a menos que algunos poderes los aprovechen para erigirse en reguladores únicos; entonces estaríamos hablando de totalitarismo”, explica Velasco. Como la política del hijo único en China, o las campañas de esterilizaciones forzosas en India a mediados de los setenta del pasado siglo, bajo el Gobierno de Indira Gandhi, o en el Perú de Fujimori. Para el antropólogo no cabe llegar tan lejos: “Creo más bien que Attenborough está enviando un mensaje de sensibilización”.

 


Con más de 7.000 millones de habitantes, la Tierra parecería estar a punto de agotarse, pero, según los expertos consultados, no se trata tanto de una cuestión de concepto como de estructura: el reparto desigual de la población y, sobre todo, la distribución inequitativa —vale decir también desproporcionada, injusta— de los recursos. Porque, por ejemplo, con la fortuna de 2012 de los 100 hombres más ricos del mundo se podría eliminar cuatro veces la pobreza global, según la ONG Oxfam International. “Somos muchos si comparamos el número con décadas pasadas, pero lo más importante es la distribución”, sostiene Margarita Delgado. “Han cambiado los equilibrios tradicionales. Europa tenía 728 millones de habitantes en 1995, y África, poco más de 700. En 2000, África superaba los 970 millones, mientras que Europa tenía unos 730. Ser muchos o pocos en un país, depende: en Japón hay más de 120 millones de habitantes, pero nadie lo asocia a la sobrepoblación. Es decir, más que un problema de volumen, estamos ante un problema de estructura: ha descendido la fecundidad en los países más desarrollados y a la vez ha aumentado la esperanza de vida por la reducción de la mortalidad, por lo que la pirámide se ensancha por arriba con el progresivo envejecimiento de la población. El volumen sí condiciona el desarrollo de muchos países —en África, algunos de Asia—, pero en otros casos, como el de España o el entorno europeo, el problema es el desequilibrio entre grupos de edad”.


 
España crece al ritmo de 1,36 hijos por mujer, según los últimos datos de INE (2011). Muchos países del África subsahariana, y algunos en América Latina, tienen una tasa de fecundidad de 4,5 nacimientos por mujer; alrededor de 40 países en el mundo, según la ONU, rondan los cinco hijos por mujer. Aparte de la dirección de los flujos migratorios —una salida natural para un excedente de población sin acceso a recursos básicos—, el crecimiento determina también la viabilidad o la impotencia de numerosas políticas. “Somos muchos en algunos países y en otros se puede considerar que somos pocos”, prosigue Delgado. “El envejecimiento pone en riesgo los pilares del Estado de bienestar. Según el INE, los mayores de 65 años somos ahora el 20% de la población, pero en 2049 serán en torno al 37%-38%. Y la ecuación entre dependientes y activos será cada día más difícil de resolver, ya estamos viendo los recortes en el presupuesto de la dependencia”, concluye la demógrafa, que incide en los casos de mayores que se suicidan —algunos matando antes a sus parejas dependientes o enfermas— como una clara señal de alarma.

 

“Los reguladores históricos de la población han sido las guerras y las pandemias. En el siglo XX, por primera vez en la historia de la humanidad, la población se ha cuadriplicado: de 1.500 millones pasamos a 6.000 [la ONU elevó la cifra a 7.000 en octubre de 2011]; en todos los siglos anteriores ni siquiera se había doblado. Pero la clave demográfica no es una amenaza: un país tan estable como Japón tiene 120 millones de habitantes”, sostiene Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). “Es el contexto sociopolítico y económico el que nos acerca o aleja de la amenaza. Es decir, que estén satisfechas las necesidades básicas, porque, a mayor población, mayor lucha por los recursos. Hoy hay alimentos suficientes para alimentar a la población mundial; el factor belígero es la desigualdad de acceso de la población a los mismos”.


 
Aunque en los últimos años se ha acelerado la convergencia entre países desarrollados y los que están en vías de desarrollo —con desafíos tan claros al predominio de los primeros como la pujanza de los emergentes BRICS—, la desigualdad horizontal entre grupos que conviven en un mismo territorio —es decir, la desigual asignación de recursos— resulta una clave insoslayable para plantear el debate de la sobrepoblación. La competencia por el acceso a bienes escasos —tierra, agua, materias primas— marca la pauta de la supervivencia. “Lo que caracteriza al modelo económico actual es la sobreexplotación de los recursos como si fueran infinitos: tierras de cultivo, agua, fuentes de energía. Pero no lo son. En el mundo, por ejemplo, hay 260 ríos compartidos por dos o más países. Si no hallamos fórmulas de gestión común del agua, el agua será un factor belígero”. La tantas veces anunciada guerra del agua en Oriente Próximo, las construcciones faraónicas en China o la lucha por el control de los acuíferos del este de África son ejemplos de ello.


La hipotética sobrepoblación, pues, funcionaría como el sistema de las matrioskas rusas: el factor demográfico encierra dimensiones como la ecología —el ecosistema humano—, la economía o incluso los derechos humanos, cuando no la amenaza del cambio climático, un fenómeno que no solo hay que leer en clave ambiental. Con la compra masiva de tierras en África, China está introduciendo un desequilibrio fatal en las sociedades nativas. “De Madagascar a Sudán, en connivencia con los Estados locales, la compra de tierra por los chinos provoca el desplazamiento de poblaciones que se quedan sin tierras que cultivar. Son poblaciones que antes se alimentaban de una forma más o menos modesta, pero que al menos podían abastecerse”.


 
La provisión de seguridad alimentaria para evitar conflictos es otra de las patas de este polifacético asunto, igual que la amenaza el cambio climático, “que debemos leer en clave de competencia por los recursos, como una cuestión de desarrollo humano más que ecológica”, sentencia Núñez Villaverde, autor del blog Extramundi en EL PAÍS.


 
Olivier Longué, director general de la ONG Acción contra el Hambre, niega la mayor: la relación directa entre exceso de población y hambre. “El Sahel tiene una densidad de población bajísima, y sin embargo periódicas y graves hambrunas. En un país donde hay democracia no hay hambre; Japón tiene 120 millones de habitantes y no pasan hambre”. En el precario equilibrio entre factores tan volátiles como los que componen la ecuación hambre por falta de cosecha por falta de lluvia, hay factores incidentales que dan un vuelco al escenario, “como la guerra o un desastre natural, que son elementos de ruptura” de la balanza.


 
“El viejo argumento de la demografía como explicación del hambre empezó con Malthus, pero lo cierto es que un europeo o un americano consumen 150 y 200 veces más recursos, respectivamente, que un africano”, añade Longué en referencia a la desigualdad distributiva. “En las declaraciones de Attenborough resuena esa visión religiosa, mística del mundo: hay gente que dijo lo mismo cuando apareció el sida: no solo que era una plaga que castigaba a pecadores, sino también un mecanismo de regulación poblacional”.


 
De hecho, el propio Attenborough nació cuando en el mundo solo había 2.000 millones de habitantes; “cuando la pervivencia del planeta se cifraba en un tope de 900 millones; ahora, los modelos demográficos más pesimistas prevén que en 2050 la humanidad empezará a declinar”, apunta Longué, que plantea una solución para neutralizar la inoperancia de muchos Gobiernos: “Que la gestión de los recursos recaiga en manos de las mujeres; solo la educación de las madres puede revertir la curva demográfica”. Para que sociedades como las africanas, donde los hijos son la seguridad social —la mano de obra para las cosechas y el báculo en la vejez—, puedan desarrollarse y avanzar hacia la convergencia con las sociedades desarrolladas, donde, sin embargo, los viejos son cada vez más un estorbo. A juzgar por las referencias geográficas más repetidas a lo largo de este reportaje, el mapa de la sobrepoblación traza una línea de África a Japón, como casilla de salida y de llegada; como el recorrido de la especie humana desde los albores al ocaso.

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El neoliberalismo y los marginales del mundo
No hay ni ha habido un sistema capitalista. Lo que no ha sido historiado con suficiencia es la emergencia y características de los muchos capitalismos que en el mundo hay y ha habido.


El capitalismo de la revolución industrial en Inglaterra sólo puede ser visto como igual al capitalismo continental en el plano abstracto de las relaciones básicas capital-trabajo asalariado. Pero los capitalismos nacionales europeos que pasaron por la reforma calvinista, habrían de tener una historia concreta distinta de lo que ocurrió con los capitalismos nacionales mediterráneos y católicos.


Las relaciones capitalistas fueron trasladadas a lo que sería Estados Unidos, mediante la conformación de una colonia de poblamiento que gozaba del inmenso privilegio histórico de no traer a las espaldas la historia del medievo y de la aristocracia europea. Nacionalmente el capitalismo se desarrolló aquí sin el lastre que arrastraron por los siglos las economías europeas.


El liberalismo europeo fue una gran lucha histórica para reducir el lastre de la aristocracia, pero Estados Unidos podía darse el lujo de construir el mito del american dream y de la tierra de la libertad, justo porque no tenía detrás esa historia medieval. Estados Unidos inventó en parte su historia de libertad en la guerra de secesión por la cual fueron manumitidos los esclavos del sur, no por ningún valor libertario, sino porque el norte industrial necesitaba mano de obra “libre” en el mercado, para convertirla en trabajo asalariado y desarrollo capitalista industrial.


El pensamiento eurocentrista nos contó el cuento de una historia necesaria, que pasaba por la esclavitud, el largo túnel de la servidumbre y el desarrollo capitalista, pero no nos contaron que Asia se desenvolvía en una historia en nada similar a la de Occidente. Salvo contados observadores.


Los capitalismos desarrollados pudieron serlo merced a la creación del mercado mundial, vale decir, mediante la brutal tarea de erigir el sistema colonial con retazos de sistemas esclavistas, serviles y mercados primitivos de asalariados.


China siguió hasta hoy un camino propio que hoy, sólo estirando rudamente los conceptos que nacieron de la experiencia histórica de Occidente, puede ser llamada capitalista o socialista. Pero no tenemos otros conceptos y nos vemos impulsados a encorsetarla en un pensamiento incapaz de abarcar la diversidad mundial.


Los capitalismos siguieron caminos variados que hoy, en el marco de la crisis de nuestros días, aparecen como lo que han sido: bichos muy distintos. Parece más claro cada vez que durante el periodo de la Colonia, como en el periodo independiente, en América Latina las clases dominantes siempre han sido parte del “centro” desarrollado. El resto de la población es una reserva que ha sido explotable por todos los siglos. Reserva de población para ser convertida en asalariada, si los tiempos dan para ello, si no, quedan o vuelven a lo que en los años sesenta llamamos “marginalidad”. Para estos millones de latinoamericanos no hay proyecto seguro, rieles firmes por donde transitar hacia una vida más humana.


Es claro que el capitalismo central está impedido de incorporar a esta inmensa masa humana que ha vivido una existencia inhumana.


Y las cosas van para peor, porque el capitalismo central, después de su gran desarrollo entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y el inicio del neoliberalismo a partir de 1973, cuyo banderazo de salida fue la “crisis del petróleo”, ha ido, a la par de un desarrollo tecnológico deslumbrante, de mal en peor como modo de existencia humana. La crisis del neoliberalismo en nuestros días no tiene un grupo humano con un proyecto alternativo de vida. La crisis del neoliberalismo está destrozando la economía, la sociedad, el medio ambiente, la democracia liberal, y los signos de civilización humana que en distintos momentos de su existencia forjó en la ciencia, en el arte, en la convivencia con los semejantes.


Queda China haciendo una paciente labor de topo, cavando en Occidente mismo su propio plan de expansión mundial; queda el poderío armamentista de Estados Unidos, y queda en Occidente un capitalismo neoliberal que se pudre con los días.


Queda también, por dar a luz, a los pueblos excluidos de América Latina, de África negra y musulmana, y de grandes áreas de Asia oriental, un proyecto de historia futura que no puede ser el de los capitalismos centrales, ni un camino como el de China, construido en milenios. Unos caminos para los excluidos de la Tierra, que son millones y millones.


Tal vez una oportunidad histórica se acerca: si fuera real lo que ve el egipcio Samir Amín, vivimos la última etapa posible de expansión del capitalismo monopolista. El monopolio hoy por hoy controla todo: todo. Desde la pequeña explotación agrícola, a través de los fertilizantes, el crédito, los canales de comercialización, hasta los monopolios de las gigantes producciones. El monopolio ha destruido las bases de la reproducción del sistema y sólo puede vivir empobreciendo a las masas del mundo.

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Sábado, 08 Septiembre 2012 07:04

Batman y la dictadura del proletariado

Batman y la dictadura del proletariado
Atención: el siguiente artículo contiene detalles de la trilogía de Batman que puede arruinar la sorpresa a aquellos que no la hayan visto ya.


The Dark Knight Rises confirma una vez más la forma en que los éxitos de taquilla de Hollywood son indicadores precisos de las problemáticas ideológicas de nuestras sociedades. He aquí (de modo resumido) su argumento. Ocho años después de los acontecimientos de The Dark Knight, la entrega anterior de la saga de Batman, la ley y el orden prevalecen en ciudad Gótica: en virtud de las facultades extraordinarias conferidas por la Ley Dent, el Comisario Gordon casi ha erradicado la violencia y el crimen organizado. Sin embargo, él se siente culpable porque los crímenes de Harvey Dent se han encubierto (Dent cayó muerto, cuando trató de matar al hijo de Gordon, antes de que Batman lo salvara, y Batman aceptó la culpa de la caída para dar forma al mito de Dent, por lo que consiguió que él mismo fuera demonizado como el villano de Ciudad Gótica), y planea admitir la conspiración en un acto público de celebración a Dent, pero decide que la ciudad no está preparada para escuchar la verdad. Bruce Wayne, quien ya no está más activo como Batman, vive aislado en su propiedad, mientras que su compañía se está desmoronando después de que invirtió en un proyecto de energía limpia diseñado para aprovechar la energía de fusión, pero que fue apagado después de que se descubriera que el núcleo podía ser modificado para convertirse en un arma nuclear. La bella Tate Miranda, miembro de la junta directiva de Wayne Enterprises, intenta animar a Wayne para volver a la sociedad y continuar con su trabajo filantrópico.


Aquí entra el (primer) villano de la película: Bane, líder terrorista que fue miembro de la Liga de las Sombras, y consigue una copia del discurso de Gordon. Después de que las maquinaciones financieras de Bane lleven a la empresa de Wayne cerca de la bancarrota, este último confía en Miranda para controlar su empresa y se envuelve en una breve relación amorosa con ella. (Cuestión en lo que ella compite con Selina Kyle, una gata ladrona que roba a los ricos con el fin de redistribuir la riqueza, pero que finalmente se reúne con Wayne y las fuerzas de la ley y el orden.) Al saber de la motivación de Bane, Wayne vuelve a ser Batman y lo enfrenta, mientras Bane asegura haberse hecho cargo de la Liga de las Sombras después de la muerte de Ra’s Al Ghul. Después de lesionar a Batman en un combate cuerpo a cuerpo, Bane lo detiene en una prisión de la que es prácticamente imposible escapar. Sus compañeros de prisión le cuentan a Wayne la historia de la única persona que alguna vez logró fugarse con éxito: un pequeño movido por la necesidad y la fuerza de voluntad. Al mismo tiempo en que un encarcelado Wayne se recupera de sus heridas y vuelve a entrenarse a sí mismo para ser Batman, Bane tiene éxito en la transformación de ciudad Gótica en una aislada ciudad-estado. Primero atrae a la mayoría de la policía de Gótica a las alcantarillas y los deja atrapados allí, luego pone en marcha explosiones que destruyen la mayoría de los puentes que conectan la ciudad con el continente, anunciando que cualquier intento de salir de la ciudad se traducirá en la detonación del núcleo de fusión de Wayne, del que se apoderado, convirtiéndolo en una bomba.


En este punto, llegamos al momento crucial de la película: el asalto de Bane es acompañado de una gran ofensiva político-ideológica. Bane revela públicamente el engaño de la muerte de Dent y libera a los prisioneros encerrados bajo la Ley Dent. Condenando a los ricos y poderosos, él se compromete a restaurar el poder del pueblo, y emplaza a la gente común a que “se ocupe de su ciudad nuevamente” – Bane se revela como “el último ocupa de Wall Street, llamando al 99% junto con él y derrocar a las élites de la sociedad”. Lo que sigue es la idea de la película del poder popular: ejemplos de los juicios sumarios y las ejecuciones de los ricos, calles llenas de crimen y maldad… un par de meses más tarde, mientras que ciudad Gótica sigue sufriendo el terror popular, Wayne escapa exitosamente de la cárcel, regresa a la ciudad como Batman, enlista a sus amigos para ayudar a liberarla y detener la bomba de fusión antes de que ella explote. Batman se enfrenta y somete a Bane, pero interviene Miranda y lo apuñala – la benefactora social se revela como Talia al Ghul, la hija de Ra’s: fue ella quien se escapó de la prisión cuando pequeña, y Bane fue la única persona que la ayudó en su escape. Después de anunciar su plan para completar el trabajo de su padre destruyendo Gótica, Talia se escapa. En el caos que viene a continuación, Gordon acaba con la capacidad de la bomba para ser detonada a distancia, mientras que Selina mata a Bane, lo que deja a Batman libre para perseguir a Talia. Él trata de obligarla a llevar la bomba a la cámara de fusión donde puede ser estabilizada, pero ella inunda la cámara. Talia muere cuando su camión se estrella fuera del camino, confiando en que la bomba no puede ser detenida. Con un helicóptero especial, Batman arrastra la bomba más allá de los límites de la ciudad, donde se detona sobre el océano y, supuestamente, lo mata.


Batman es ahora celebrado como un héroe cuyo sacrificio salvó a ciudad Gótica, mientras que Wayne se cree muerto en los disturbios. Después de que sus bienes fueran divididos, Alfred ve a Bruce y Selina, juntos y con vida en un café en Florencia, mientras que Blake, un joven policía honesto que sabía acerca de la identidad de Batman, hereda la Baticueva. En resumen, “Batman salva el día, sale indemne y se mueve hacia una vida normal, con alguien más reemplazándolo en su papel de defender el sistema”. La primera pista acerca de los fundamentos ideológicos de este final es proporcionada por Gordon, quien en el (supuesto) funeral de Wayne, lee las últimas líneas de la Historia de dos Ciudades de Dickens: “Esto que hago ahora, es mejor, mucho mejor que cuanto hice; y el descanso que voy a lograr es mucho más agradable que cuanto conocí anteriormente”. Algunos críticos de la película toman esta cita como una indicación de que el filme “se eleva a nivel de lo más noble del arte occidental. La película apela al corazón de la tradición estadounidense: el ideal del noble sacrificio de la gente común. Batman debe humillarse a sí mismo para ser exaltado, y dar su vida para encontrar una nueva. [ ... ] Como una última figura cristiana-, Batman se sacrifica a sí mismo para salvar a los otros”.


Y, en efecto, desde esta perspectiva, sólo hay un paso atrás de Dickens a Cristo en el Calvario: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por mi causa, la hallará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mateo 16:25 26). ¿El sacrificio de Batman como la repetición de la muerte de Cristo? ¿No está esa idea comprometida por la última escena de la película (Wayne con Selena en un café de Florencia)? ¿No es el equivalente religioso de este final más bien la idea blasfema bien conocida de que Cristo en realidad sobrevivió a su crucifixión y vivió una larga y pacífica vida (en la India, o incluso en el Tíbet, según algunas fuentes)? La única manera de redimir a esta escena final habría sido leerla como un sueño (alucinación), de Alfred que se sienta solo en una cafetería de Florencia. La característica más dickensiana de la película es una denuncia despolitizada de la brecha entre los ricos y los pobres –al principio del film, Selina susurra a Wayne mientras están bailando en una exclusiva gala de la clase alta: “Se aproxima una tormenta, Sr. Wayne. Y es mejor que usted y sus amigos cierren las escotillas. Porque cuando llegue, ustedes van a preguntarse cómo es que pensaron que podían vivir tan a la grande, y dejar tan poco para el resto de nosotros”. Nolan, como todo buen liberal, está “preocupado” por esta disparidad y él admite que esta preocupación penetra en la película:


“Lo que veo en la película que se relaciona con el mundo real es la idea de falta de honradez. La película entera trata de la llegada de un punto crítico [...]. La noción de la equidad económica se apodera de la película, y la razón es doble. Una de ellas, Bruce Wayne es un multimillonario. Y eso tiene que ser abordado. [...] Sin embargo, la segunda, es que hay un montón de cosas en la vida y la economía es una de ellas, en la que tenemos que tener un montón de confianza en lo que nos dicen, porque la mayoría de nosotros sentimos que no tenemos la herramientas analíticas para saber lo que está pasando [... ]. Yo no siento que exista una visión de izquierda o derecha en la película. Lo que hay es simplemente una evaluación honesta o una exploración honesta del mundo en que vivimos –las cosas que nos preocupan”.


Aunque los espectadores saben que Wayne es mega-rico, tienden a olvidar que su riqueza proviene de la fabricación de armas y la especulación en el mercado de valores, que es la razón por la que los juegos bursátiles de Bane pueden destruir su imperio –traficante de armas y especulador, ese es el verdadero secreto bajo la máscara de Batman. ¿Cómo se ocupa la película de ello? Resucita el tema arquetípico de Dickens de un buen capitalista que se dedica a la financiación de orfanatos (Wayne) versus un mal capitalista codicioso (Stryver, como en Dickens). En tal sobre-moralización dickesiana, la disparidad económica se traduce en “falta de honradez”, que debe ser “honestamente” analizada, a pesar de que no tengamos algún tipo de mapa congnocitivo confiable, y ese enfoque ”honesto”, da lugar a un nuevo paralelismo con Dickens – como el hermano de Christopher Nolan, Jonathan (quien co-escribió el guión) dijo sin rodeos: “Para mi Historia de Dos Ciudades fue el más terrible retrato de una civilización conocida y descriptible que se cae completamente en pedazos. Los terrores en París, en Francia en ese período, no es difícil imaginar que las cosas podrían ir tan mal y de forma equivocada”[v]. Las escenas de la revuelta vengativa populista en la película (una turba sedienta de la sangre de los ricos que los han ignorado y explotado) evocan la descripción de Dickens del reinado del Terror, por lo que, aunque la película no tiene nada que ver con la política, sigue la novela de Dickens en retratar “honestamente” revolucionarios como poseídos fanáticos y así proporciona “la caricatura de lo que en la vida real sería un revolucionario comprometido ideológicamente al combate de la injusticia estructural. Hollywood le dice lo que el stablishment quiere que sepa –los revolucionarios son criaturas brutales, con absoluto desprecio por la vida humana. A pesar de la retórica emancipadora de la liberación, tienen planes siniestros ocultos. Entonces, cualesquiera que sean sus razones, tienen que ser eliminados”.


Tom Charity estaba en lo correcto al señalar la “defensa de la película del stablishment bajo la forma de multimillonarios filantropos y una policía incorruptible” – en su desconfianza de la gente tomando cosas entre sus propias manos, la película “demuestra, al mismo tiempo, un deseo de justicia social como un temor de que eso pueda realmente verse en las manos de una turba”. Karthick aquí plantea una perspicaz pregunta con respecto a la inmensa popularidad de la figura del Joker de la película anterior: ¿por qué una disposición tan dura hacia Bane cuando el Joker fue tratado con clemencia en la película precedente? La respuesta es simple y convincente:


“El Joker, llamando a la anarquía en su forma más pura, críticamente subraya las hipocresías de la civilización burguesa, tal como existe, pero sus opiniones son incapaces de traducirse a la acción de las masas. Por otro lado, Bane, plantea una amenaza existencial para el sistema opresivo. Su fuerza no es sólo su físico sino también su capacidad para comandar a la gente y movilizarlos para alcanzar un objetivo político. Él representa a la vanguardia, el representante organizado de los oprimidos que promueve la lucha política en nombre de ellos para generar cambios sociales. Es la fuerza, con el mayor potencial subversivo, que el sistema no puede acomodar. Tiene que ser eliminado”.


Sin embargo, incluso si Bane carece de la fascinación del Joker de Heath Ledger, hay una característica que lo distingue de este último: amor incondicional, la misma fuente de su dureza. En una breve pero emotiva escena, vemos cómo, en un acto de amor en medio de terribles sufrimientos, Bane cuida a la pequeña Talia, sin importarle las consecuencias y pagando un precio terrible por ello (fue golpeado en cada pulgada de su cuerpo mientras la defendía). Karthick está totalmente justificado al localizar este evento en la larga tradición, desde Cristo hasta el Che Guevara, que exalta la violencia como una “obra de amor”, como en las famosas líneas del diario del Che Guevara: “déjenme decir, con el riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario es guiado por un fuerte sentimiento de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”. Lo que encontramos aquí no es tanto la “Cristinización del Che” sino más bien un “Cheitización” del propio Cristo –el Cristo de las “escandalosas” palabras de Lucas (“Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, su esposa e hijos, sus hermanos y hermanas – e, incluso su propia vida – no puede ser mi discípulo” (14:26), punto que va en exactamente la misma dirección que la famosa frase del Che: “Tú tienes que endurecerte, pero sin perder la ternura”[xi]. La declaración de que “el verdadero revolucionario es guiado por un gran sentimiento de amor” debería ser interpretada conjuntamente con la mucho más problemática afirmación del Che Guevara sobre los revolucionarios como “máquinas de matar”:


“El odio es un elemento de lucha, el odio implacable del enemigo que nos impulsa a ir más allá de los límites naturales de los hombres y transformarnos en máquinas efectivas, violentas, selectivas y asesinos fríos. Nuestros soldados deben ser así, una persona sin odio no puede derrotar a un enemigo brutal”.


O, parafraseando a Kant y Robespierre una vez más: un amor sin crueldad es impotente; una crueldad sin amor es ciega, una pasión efímera que pierde su ventaja persistentemente. Guevara está aquí parafraseando las declaraciones de Cristo en la unidad del amor y la espada: en ambos casos, la paradoja subyacente es que lo que hace el amor Angélico, lo que lo eleva sobre mero sentimentalismo inestable y patético, es su crueldad, su vínculo con la violencia –es este vínculo que asciende al amor sobre y más allá de las limitaciones naturales del hombre y lo transforma en una unidad incondicional. Esto es por qué, detrás de The Dark Knight Rises, el único amor autentico en la película es el de Bane, el “terrorista”, en clara contraposición a Batman.


En el mismo sentido, la figura de Ra’s, el padre de Talia, merece una mirada más cercana. Ra’s es una mezcla de rasgos árabes y orientales, un agente del terror virtuoso luchando para equilibrar la dañada civilización occidental. Es interpretado por Liam Neeson, actor cuyo personaje en pantalla generalmente irradia bondad, dignidad y sabiduría (es Zeus en el Clash of Titans), y que también interpreta a Qui-Gon Jinn en la amenaza fantasma, el primer episodio de la serie Star Wars. Qui-Gon es un Caballero Jedi, el mentor de Obi-Wan Kenobi como también el primero en descubrir a Anakin Skywalker, creyendo que Anakin es el elegido que restablecerá el equilibrio del universo, haciendo caso omiso de las advertencias de Yoda acerca de la naturaleza inestable de Anakin; al final de la amenaza fantasma, Qui-Gon es asesinado por Darth Maul.


Ra’s en la trilogía de Batman, también es el maestro del joven Wayne: en Batman Begins, encuentra al joven Wayne en una prisión China; presentándose a sí mismo como “Henri Ducard”, le ofrece al niño un “camino”. Después Wayne es liberado, y le sigue a la fortaleza de la Liga de las sombras, donde Ra’s está esperando, a pesar de que se presente como el siervo de otro hombre llamado Ra’s al Ghul. Al final de un entrenamiento largo y doloroso, Ra’s explica que Bruce debe hacer lo necesario para luchar contra el mal, al revelar que lo han entrenado con la intención de que él lidere a la Liga para destruir ciudad Gótica, la que creen que se ha vuelto irremediablemente corrupta. Ra’s así, no es una simple personificación del mal: él representa la combinación de la virtud y el terror, disciplina igualitaria que combate contra un imperio corrupto y por tanto pertenece a la línea que se extiende (en la ficción reciente) de Paul Atreides en Dune a Leonidas en 300. Y lo que es crucial es que Wayne es su discípulo: Wayne fue formado como Batman por él.


Dos críticas de sentido común se presentan aquí. En primer lugar, hubo monstruosas matanzas y violencia en revoluciones reales, del estalinismo hasta Khmer Rojo, por lo que la película claramente no sólo está participando de la imaginación reaccionaria. La segunda crítica, opuesta a esta: el actual movimiento de OWS (Occupy Wall Street) no fue violento, su meta no era definitivamente un nuevo reinado del terror; y en la medida en que, como se supone, la revuelta de Bane extrapola la tendencia inmanente del movimiento OWS, la película ridículamente tergiversa sus objetivos y estrategias. Las protestas anti-globalización son todo lo contrario del terror brutal de Bane: Bane se alza como la imagen especular del terror de Estado, de una secta fundamentalista asesina usurpando y gobernando por el terror, no para su superación a través de la auto-organización popular… Lo que comparten ambas críticas es el rechazo de la figura de Bane. La respuesta a estas dos críticas es múltiple.


En primer lugar, se debe dejar en claro el alcance real de la violencia – la mejor respuesta a la afirmación de que la reacción de una turba violenta a la opresión es peor que la opresión original, fue proporcionado hace mucho tiempo por Mark Twain en su Un Yanquee de Connecticut en la Corte del Rey Arturo: “hubo dos reinos de Terror si podemos recordarlo y examinarlo; el primero forjado en caliente pasión, el otro en sangre fría sin corazón… nuestros estremecimientos son para los horrores del menor Terror, el Terror momentáneo, por así decirlo, mientras que, ¿cuál es el horror de la muerte rápida por el hacha comparado con la muerte de toda la vida por el hambre, el frío, el insulto, la crueldad y angustia? Un cementerio de la ciudad podría contener los ataúdes llenados por ese breve Terror al cual a todos tan diligentemente nos han enseñado a temblar y afligirnos pero ni toda la Francia podría contener los ataúdes llenos por ese Terror más antiguo y real, ese indecible, amargo y terrible terror, que a ninguno de nosotros han enseñado a ver en la inmensidad o pena que merece”.


Entonces, uno debe desmitificar el problema de la violencia, rechazar reclamaciones simplistas de que el comunismo del siglo XX ha usado demasiado excesiva violencia asesina y que debemos tener cuidado para no caer en esta trampa nuevamente. Como un hecho, esto es, por supuesto, aterradoramente cierto –pero ese enfoque directo sobre la violencia oscurece la cuestión de fondo: ¿qué estaba mal en el proyecto comunista del siglo XX como tal, que la debilidad inmanente de este proyecto empujó a recurrir a los comunistas (y no sólo a aquellos) en el poder a la violencia desenfrenada? En otras palabras, no es suficiente decir que los comunistas “descuidaron el problema de la violencia”: fue un fracaso social y político más profundo lo que empujó a la violencia. (Lo mismo ocurre con la noción de que los comunistas “descuidaron la democracia”: su proyecto global de transformación social forzaba sobre ellos este “descuido”). Por lo tanto, no es sólo que el cine de Nolan no fuera capaz de imaginar el poder popular auténtico –los “reales” movimientos radicales-emancipatorios tampoco fueron capaces de hacerlo y permanecieron atrapados en las coordenadas de la vieja sociedad, por eso el real “poder popular” muchas veces fue un horror tan violento.


Y por último, pero no menos importante, es demasiado simple afirmar que no existe ningún potencial violento en OWS y movimientos similares – HAY una violencia en juego en cada proceso emancipador auténtico: el problema de la película es que traduce erróneamente esta violencia en terror asesino. ¿Cuál es, entonces, la violencia sublime respecto a la que el más brutal asesinato es un acto de debilidad? Hagamos un desvío a través Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago, que narra la historia de los extraños sucesos en la capital sin nombre de un país democrático no identificado. Cuando la mañana del día de las elecciones es enturbiada por lluvias torrenciales, es preocupantemente baja la participación electoral, pero el tiempo mejora por la tarde y la población se dirige en masa a sus puestos de votación. Sin embargo, el alivio del gobierno dura poco tiempo, cuando el conteo de votos revela que más del 70% de los votos emitidos en la capital han quedado en blanco. Desconcertado por este aparente lapsus cívico, el Gobierno da a la ciudadanía la oportunidad de enmendarse tan sólo una semana más tarde con otro día de elecciones. Los resultados son peores: ahora el 83% de los votos está en blanco. Los dos principales partidos políticos: el gobernante partido de la derecha (P.D.D.) y su principal adversario, el partido del centro (P.D.M.) – están entran en pánico, mientras que el desgraciadamente marginado partido de izquierda (P.D.I.) hace un análisis afirmando que los votos en blanco son esencialmente un voto para su agenda progresista. Sin estar seguros de cómo responder a una protesta benigna, pero con la certeza de que existe una conspiración antidemocrática, el Gobierno rápidamente etiqueta al movimiento de “terrorismo, puro y duro” y declara estado de emergencia, lo que permite suspender las garantías constitucionales y adoptar una serie de medidas cada vez más drásticas: los ciudadanos son capturados al azar y desaparecen en sitios secretos de interrogación, la policía y la sede del Gobierno se retiran de la capital, sellando la ciudad contra cualquier entrada o salida, y finalmente produce su propio cabecilla terrorista. La ciudad sigue funcionando casi normalmente por mucho tiempo, la gente esquiva las ofensivas del Gobierno con una armonía inexplicable y con un nivel verdaderamente gandhiano de resistencia no violenta… esta, abstención de los votantes, es un caso verdaderamente radical de “violencia divina” que despierta reacciones de pánico brutales de aquellos que están en el poder.


Volvamos a Nolan, la trilogía de películas de Batman, sigue, por tanto, una lógica inmanente. En Batman Begins, el héroe permanece dentro de las limitaciones de un orden liberal: el sistema puede ser defendido con métodos moralmente aceptables. The Dark Knight es efectivamente una nueva versión de los dos western clásicos de John Ford (Fuerte apache y El hombre que mató a Liberty Valance) que retratan cómo, con el fin de civilizar el salvaje oeste, es necesario “imprimir la leyenda” e ignorar la verdad – en definitiva, cómo nuestra civilización tiene que basarse en una mentira: es preciso romper las reglas con el fin de defender el sistema. O, para decirlo de otra manera, en Batman Begins, el héroe es simplemente una figura clásica de los vigilantes urbanos que castiga a los criminales donde la policía no puede hacerlo; el problema es que la policía, la agencia oficial del cumplimiento de la ley, admite ambiguamente la ayuda de Batman: mientras admite su eficiencia, también lo percibe como una amenaza a su monopolio del poder y un testimonio de su propia ineficiencia. Sin embargo, la transgresión de Batman aquí es puramente formal, reside en actuar en nombre de la ley sin estar legitimado para hacerlo: en sus actos, no viola la ley. The Dark Knight cambia estas coordenadas: el verdadero rival de Batman no es el Joker, su oponente, sino Harvey Dent, el “Caballero blanco”, el agresivo nuevo fiscal de distrito, una especie de vigilante oficial cuyo fanática batalla contra la delincuencia le lleva a matar a gente inocente y a su propia destrucción. Es como si Dent fuera la respuesta del ordenamiento jurídico a la amenaza de Batman: contra la lucha del Batman vigilante, el sistema genera su propio exceso ilegal, su propio vigilante, mucho más violento que Batman, directamente violando la ley. Por tanto, existe una justicia poética en el hecho de que, cuando Bruce planea revelar públicamente su identidad como Batman, Dent salta y en su lugar se indica a sí mismo como Batman –él es ”más Batman que el propio Batman”, llevando a cabo la tentación a la que Batman todavía era capaz de resistir. Entonces cuando, al final de la película, Batman asume los crímenes cometidos por Dent para salvar la reputación de héroe popular que encarna la esperanza para la gente común, su modesto acto contiene una cuota de verdad: Batman de algún modo devuelve el favor a Dent. Su acto es un gesto de intercambio simbólico: Dent primero toma para sí la identidad de Batman y, a continuación, Wayne – el Batman real– toma sobre sí mismo los crímenes de Dent.


Por último, The Dark Knight Rises empuja aún más las cosas: ¿no es acaso que Bane llevó a Dent hasta el extremo, hasta su auto-negación? ¿Un Dent que llega a la conclusión de que el sistema en sí mismo es injusto, por lo que con el fin de luchar eficazmente contra la injusticia, uno tiene que atacar directamente al sistema y destruirlo? ¿Y, como parte del mismo movimiento, un Dent que pierde las ultimas inhibiciones y está listo para usar toda su brutalidad asesina para lograr este objetivo? El surgimiento de tal figura cambia la constelación por completo: para todos los participantes, inclusive Batman, se relativiza la moralidad, se convierte en un asunto de conveniencia, algo determinado por circunstancias: es lucha de clases abierta, todo está permitido para defender al sistema cuando nos encontramos lidiando no sólo con gangsters maniáticos, sino que con un levantamiento popular.


Entonces, ¿esto es todo? ¿Debe la película ser rechazada de plano sólo por aquellos que están comprometidos en las luchas emancipadoras radicales? Las cosas son más ambiguas, y uno tiene que leer la película en el mismo modo en que tiene que interpretar un poema político chino: las ausencias y las presencias sorprendentes cuentan. Recuerden la vieja historia francesa sobre una esposa que se queja de que el mejor amigo de su marido hace insinuaciones sexuales ilícitas hacia ella: tarda un tiempo hasta que el amigo sorprendido entiende el asunto –de esta manera retorcida, ella está invitándolo a seducirla… Es como el inconsciente freudiano que no conoce de la negación: lo que importa no es un juicio negativo sobre algo, sino el mero hecho de que ese algo sea mencionado – en The Dark Knight Rises, el poder popular ESTÁ AQUÍ, se escenifica como un Acontecimiento (Event), en un paso clave dado desde los oponentes habituales de Batman (mega-capitalistas criminales, mafiosos y terroristas).


Nosotros tenemos aquí la primera pista –la perspectiva de que el movimiento OWS tome el poder y establezca una democracia popular en Manhattan es tan evidentemente absurda, tan absolutamente irreal, que uno no puede sino plantear la interrogante: ¿POR QUÉ, ENTONCES, EL PRINCIPAL BLOCKBUSTER DE HOLLYWOOD SUEÑA CON ESO? ¿POR QUÉ EVOCA ESTE ESPECTRO? ¿Por qué incluso soñar con el OWS explotando en una violenta toma del poder? La respuesta obvia (manchar al OWS con acusaciones de que alberga un potencial terrorista totalitario) no es suficiente para dar cuenta de la extraña atracción ejercida por la perspectiva de “poder popular”. No es de extrañar que el correcto funcionamiento de este poder permanezca en blanco, ausente: no se dan detalles acerca de cómo este poder del pueblo funciona, qué está haciendo la gente movilizada (Recuerden que Bane dice que las personas pueden hacer lo que quieren –él no está imponiendo sobre ellos su propio orden).


Es por eso que la crítica superficial de la película (“su representación del reino OWS es una caricatura ridícula”) no es suficiente, la crítica tiene que ser inmanente, tiene que buscar dentro de la propia película una multitud de signos que apuntan hacia el auténtico Acontecimiento. (Recordar, por ejemplo, que Bane no es sólo un terrorista brutal, sino una persona de profundo amor y sacrificio.) En resumen, la pura ideología no es posible, la autenticidad de Bane HA dejado un rastro en la textura de la película. Este es el porqué la película merece una lectura minuciosa: el Acontecimiento (Event) – la “republica popular de Ciudad Gótica”, la dictadura del proletariado en Manhattan – es inmanente a ella, ese es su centro ausente.



Slavoj Zizek
El Puercoespín


Traducción desde el portugués Sebastián Flores para El Puercoespín.
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