Miércoles, 17 Abril 2019 06:39

China penetra en los Balcanes: Grupo 17+1

China penetra en los Balcanes: Grupo 17+1

China, con la protección del paraguas hipersónico de Rusia, anda enrachada en sus tratativas geoeconómicas multivectoriales, sin contar su prodigioso alunizaje en la parte oscura de la luna (https://bit.ly/2TRkIH4).

Después de haber atraído a Italia (https://bit.ly/2unQnkr) a las Tres Rutas de la Seda –máximos proyectos de infraestructura del siglo XXI– y de haber seducido a la Unión Europea (UE), pese a la ira de Trump, China consigue un impactante acuerdo con los países olvidados de los Balcanes y con otros países de Europa central/oriental, como plataforma para su proyección geoeconómica con Eurasia.

En la guerra comercial de Trump, China posee la carta triunfal cuando un empate para el presidente de Estados Unidos (EU) significaría una humillante derrota.

El nerviosismo de EU ha llegado a grados paranoides cuando el evangelista sionista Mike Pompeo, ex director de la CIA y hoy anodino secretario de Estado, ha fulminado contra la expansión china en Latinoamérica. Contra su costumbre, China ha replicado con dureza al neomonroísmo pinochetista de Pompeo (https://bit.ly/2v7XC0a).

Ya en el T-MEC existe un veto de Trump contra China para impedir sus inversiones en los tres países implicados.

El primer chino Li Keqiang, quien andaba relegado por la guerra comercial de Trump, empujó la asombrosa penetración de China en los Balcanes y definió que el grupo 16+1, con la incrustación de Grecia (miembro de la OTAN y de la UE), se convirtió en un 17+1: suplemento importante para la relación de Pekín con Bruselas (https://bit.ly/2XclADx).

Desde Alemania hasta Malasia, Trump no ha podido prohibir el ingreso de la trasnacional china Huawei que lleva la ventaja de punta con el 5-G.

El nuevo bloque geoeconómico 17+1 en los volcánicos Balcanes fue formalizado en la Cumbre en Dubrovnik (Croacia) donde firmaron 40 arreglos que cubren áreas como las exportaciones agrícolas, el comercio electrónico, las finanzas (sic) y la cooperación tecnológica (sic). El primer griego Alexis Tsipras, con tantos fracasos monetaristas a cuestas, era el hombre más feliz de la Cumbre de Dubrovnik.

Cabe recordar que es en Dubrovnik donde se filma la célebre serie Juego de Tronos.
La UE, de todavía 28 países (en espera del Brexit), ha dejado hacer al 17+1 que puede significar una dolorosa derrota de Trump en los verdaderos Juegos de Tronos.

Y digo que la UE-28 dejó hacer la génesis del 17+1 porque se celebró en vísperas de la relevante cumbre de China con la UE en Bruselas.

Grecia se había adelantado al haber cedido el control de su puerto Pireo a Cosco, la empresa naviera y logística estatal china, para la implementación de la “encrucijada de puertos ( hub ports)” de las Rutas de la Seda que incluyen el manejo por Pekín de dos puertos de los tres que posee Israel que traiciona once more a EU, pese al romance obsceno de Trump y Netanyahu (https://bit.ly/2RdRAUY).

El grupo 17+1 (sumados de China) comprende a 12 (¡súper-sic!) miembros de la UE y a cinco países de los Balcanes que esperan adherirse a la UE en el futuro.

Li Keqiang marcó las líneas rojas geoeconómicas: respetamos las leyes de la UE y sus parámetros cuando necesitamos todos incrementar el comercio y conectar nuestras economías.

No faltan teóricos apocalípticos desde Francia hasta Alemania quienes temen que la influencia de China en los Balcanes acabe por dividir a Europa, ya de por sí fragmentada (https://bit.ly/2IuJ8zr).

Por razones del feliz destino he tenido la fortuna de recorrer todos los países de los Balcanes por tierra –desde la guerra de Clinton contra Serbia hasta recientemente en 2014– donde EU dejó las huellas de sus guerras que pudieron haber derivado en una Tercera Guerra Mundial en Kosovo (https://bit.ly/2KGPJcz).

En los Balcanes también estalló la Primera Guerra Mundial y fue una de las principales cajas de resonancia de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy los Balcanes se pueden adherir a una nueva ruta pacífica de desarrollo compartido con China. ¡Esa es la gran diferencia entre las guerras permanentes de EU y las rutas de la seda de China!

AlfredoJalife.com

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Miércoles, 10 Abril 2019 06:12

La construcción de Vladimir Putin

La construcción de Vladimir Putin

Vivimos en una época de falsificaciones históricas. En las relaciones internacionales, los adversarios y los enemigos son frecuentemente el resultado de un complicado proceso de construcción social. Eso conduce paulatinamente a distorsiones peligrosas que llevan a provocar guerras y otros cataclismos.

La historia de las percepciones que hoy se cultivan sobre Vladimir Putin es un ejemplo de ese tipo de evoluciones. La obsesión de Estados Unidos por mantener su hegemonía está íntimamente relacionada con esta crónica. El poderío del lobby industrial-militar es el motor principal del proceso. Y el papel de los medios de comunicación para moldear la opinión pública es el otro ingrediente clave. El resultado es un peligroso pantano del que las dos más grandes potencias nucleares difícilmente podrán escapar. Hoy el enfrentamiento se concentra en Siria y Ucrania, pero podría transformarse en una confrontación nuclear entre ambas potencias.

En 1989 el muro de Berlín fue derribado. A cambio de aceptar la reunificación de Alemania, Mijail Gorbachov recibió las seguridades de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) no se expandiría para incorporar a los antiguos países satélites de la URSS. En 1990 Gorbachov escuchó a James Baker, secretario de Estado, prometer que la OTAN no se movería "ni una pulgada" en dirección al este. Las mismas promesas se hicieron en reuniones con Helmut Köhl, primer ministro alemán. El canciller Genscher fue claro en su discurso del 31 de enero 1990: "Los cambios en Europa oriental y la reunificación alemana no deben lastimar los intereses soviéticos en materia de seguridad y, por tanto, la OTAN no debe expandirse hacia el este o acercarse a las fronteras soviéticas". Esas fueron las promesas y garantías que escuchó Gorbachov, último dirigente soviético. (Los archivos que confirman estos hechos se encuentran en nsarchive.gwu.edu).

La Unión Soviética fue disuelta en 1991. En 1993, el presidente ruso Yeltsin volvió a recibir garantías sobre la no expansión de la OTAN. Pero en marzo de 1999 las cosas cambiaron: Polonia, Hungría y República Checa ingresaron a la OTAN. Fue un acontecimiento muy mal recibido en Rusia. Yeltsin se sintió traicionado y enfureció. George Kennan, artífice de la política de contención de la Unión Soviética, describió la expansión de la OTAN como un terrible error histórico.

Vladimir Putin accedió a la presidencia de Rusia en mayo de 2000. Un año después pidió que Rusia se convirtiera en miembro de la OTAN, lo que cambiaría radicalmente la naturaleza de la alianza atlántica para convertirla en una asociación garante de la paz regional. La respuesta de Washington y de Europa fue negativa.

Tras los ataques a las Torres Gemelas, en septiembre de 2001, Putin llamó a George W. Bush y le ofreció su apoyo. Durante los preparativos para la invasión a Afganistán, Putin permitió el transporte y despliegue de militares estadunidenses en las fronteras rusas. Pero más tarde, cuando en 2004 la OTAN acogió en su seno a otros siete países de Europa central y oriental (incluyendo Bulgaria y las repúblicas del Báltico), la exasperación de Putin llegó al límite.

En 2007, Putin recordó a los líderes del G7 las promesas incumplidas. La expansión de la OTAN, señaló, es una provocación que mina la confianza rusa. Acto seguido preguntó: ¿Contra quién está dirigida esa expansión de la OTAN? Al año siguiente, cuando las señales apuntaban hacia la admisión en la OTAN de Georgia, una exrepública de la antigua URSS, Moscú intervino militarmente para impedir que Tbilisi sofocara un levantamiento separatista. Era una señal para congelar el crecimiento de la OTAN.

En febrero de 2014 se consumó un golpe de Estado en Kiev que culminó con la entronización de un régimen poco amistoso hacia Moscú. En la opinión de Stephen Cohen, investigador de la universidad de Princeton, la anexión de Crimea fue más una respuesta reactiva de Moscú que un acto de agresión, pero Washington respondió con nuevas sanciones que hacen más difícil cualquier salida negociada. El proyecto de convertir Ucrania en otro miembro de la OTAN sigue adelante. Para Rusia esa es la línea roja en el sendero a una guerra.

Estados Unidos ahora ha denunciado el tratado de armas de alcance intermedio, lo que abre un nuevo capítulo en la carrera armamentista. En su obsesión por mantener una hegemonía incontestada, el complejo militar-industrial mantiene viva la tradición de la guerra fría. Putin no es ningún santo de la caridad, pero tampoco es lo que los medios estadunidenses han construido. Al igual que Gorbachov y Yeltsin, Putin es un viejo reflejo que siente la amenaza de una Europa que ha atacado dos veces a Rusia en los pasados 100 años. Trágicamente, la llegada de Trump y su delirio egocéntrico sirven de catalizador para que una parte importante de la clase política estadunidense vuelva a deleitarse con los desvaríos de la guerra fría que nunca parece terminar. Vivimos tiempos más peligrosos de lo que se piensa.

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La India destruye un satélite propio y causa un incidente internacional

La NASA se queja del incremento de basura espacial que puede dañar la Estación Internacional



Sobre el sector espacial se podría decir que para los pioneros no hay nada peor que los imitadores, pero también que en cualquier momento el espacio se puede convertir en un escenario bélico peligroso para todos en vez de un lugar común protegido. Las fuerzas armadas de la India destruyeron el pasado 27 de marzo un pequeño satélite propio recién lanzado, cuyo supuesto objetivo era el espionaje. Lo hicieron para demostrar que el país puede defenderse de ataques a sus activos espaciales, según recalcó el primer ministro indio Narendra Modi en un mensaje especial televisado.


El éxito del simulacro de ataque, a 300 kilómetros de altura, provocó que numerosos fragmentos del satélite pasaran a formar parte de la nube de basura espacial que rodea la Tierra. La NASA puso el grito en el cielo, y nunca mejor dicho. "Lo que ha hecho la India es algo horrible", aseguró James Bridenstine, su director. "Son actividades incompatibles con el futuro de las misiones tripuladas".


La agencia espacial estadounidense ya tiene estimados 400 fragmentos del satélite y localizados 64 de gran tamaño, de los cuales 20 están por encima de la órbita de la Estación Espacial Internacional (ISS), que alcanza los 410 kilómetros de altura máxima. Esto supuso un incremento notable del riesgo existente para la base espacial, que está continuamente habitada, asegura la NASA.


El Gobierno indio dijo que la inmensa mayoría de los fragmentos, al estar en órbita baja, caerá en las próximas semanas, quemándose en la atmósfera sin mayores efectos. Un especialista indio señaló, por su parte, que la maniobra no sirve para demostrar nada, porque los chinos podrían ya destruir cualquier satélite indio mientras que esto no se cumple a la inversa.


Este escenario de lenguaje prebélico, sin una razón inmediata aparente, indica la fragilidad de la situación en el espacio, falto de un marco legal suficiente. La India reconoció esta vez que quería sumarse al selecto club de países que han demostrado sus armas antisatélites, o sea imitar a Rusia, Estados Unidos y China. Este país realizó una maniobra similar, en 2007, causando igualmente una nube de basura espacial nueva. Estados Unidos hizo lo mismo en 2008, con la excusa de que un satélite que terminaría cayendo a la Tierra portaba combustible tóxico.


El hecho es que Estados Unidos y sus socios (Rusia, Canadá, la Unión Europea y Japón) no pidieron permiso a nadie para poner en órbita su Estación Espacial, ahora amenazada por sus imitadores. También sucede que el programa espacial chino está reproduciendo los de estadounidenses y rusos de hace casi cincuenta años, con un fuerte componente de orgullo nacional, y además es el mayor contribuyente a la basura espacial. Pero cuando se quejó Bridenstine de la acción india, acababa de anunciar que intentan que vuelvan astronautas de Estados Unidos a la Luna para 2024. La razón principal es, una vez más, política, porque así lo quiere el presidente Trump.


De los 23.000 elementos de basura espacial de más de 10 centímetros, en órbita baja, que rastrean las principales potencias espaciales, casi un tercio se atribuye a la maniobra china de 2007 y al choque de un satélite ruso y otro estadounidense en 2009. Los militares estadounidenses se quejan de que su capacidad de rastreo y de aviso del peligro, considerada la mejor del mundo, es solicitada, y obtenida gratis, por los mismos que producen intencionadamente basura espacial. De hecho, todos los países con actividades espaciales han puesto en peligro a los habitantes de la Tierra alguna vez, en especial cuando se han producido reentradas de naves o etapas de cohetes grandes, por accidente o no, aunque el riesgo sea muy pequeño.


La Agencia Espacial Europea (ESA) hizo el año pasado un repaso sistemático del exterior de su módulo laboratorio Columbus, que forma parte de la ISS, en busca de desperfectos, causados por los micrometeoritos naturales y la basura espacial, que pudieran poner en peligro la base. Se encontraron varios centenares de pequeñas marcas de impacto, aunque sin consecuencias. En la NASA, los especialistas rastrean todos los trozos errantes considerados peligrosos para la ISS y la desplazan cuando es necesario para evitarlos.
En el caso de la destrucción del satélite indio, un día después de la declaración del director de la NASA el Departamento de Estado de Estados Unidos se apresuró a limar asperezas con la India, aduciendo su condición de aliado estratégico con el que seguirán cooperando. Las cosas no parecen que vayan a cambiar mucho por ahora en el gran escenario espacial, aunque se esté jugando con fuego, al menos mientras no se produzca un accidente grave.

Sábado, 30 Marzo 2019 06:50

Greta

Greta

A Greta Thunberg le ha llegado muy temprano la hora de su estigmatización. A los 16 años. Desde que la semana pasada en más de mil ciudades del mundo una cantidad incalculable de estudiantes secundarios se pusieron sobre sus hombros la lucha para detener el cambio climático, comenzó en los grandes medios de Europa una campaña de ridiculización que puede entenderse como el primer caso de bullyng global. Su víctima es esa adolescente sueca que fue diagnosticada pasados sus diez años con el síndrome de Asperger, que según ella misma relató en una charla TED con un enorme auditorio siempre fue muy callada, muy solitaria, una persona que sólo hablaba cuando era estrictamente necesario. Con voz siempre pausada y meditando palabra por palabra, dijo en esa charla mirando a las butacas: “Por eso estoy hablando hoy aquí. Porque es estrictamente necesario”. Fue a los 14 años que en rigor consideró estrictamente necesario hablar ante multitudes, ante auditorios como el Parlamento Europeo o el Foro de Davos, porque fue entonces que hizo, digamos, su comprensión histórica: si su generación no actuaba ya, si ellos, que serán adultos cuando este planeta ya no sea viable, no salen ya a las calles, están pactando con su propia falta de futuro. 

Según todos los diagnósticos científicos, las emisiones tóxicas deben empezar a reducirse ahora, no “dentro de poco” o en “próximamente”, sino ya, porque los tiempos no dan. Esta semana 20.000 científicos de todo el mundo adhirieron al movimiento Viernes por Futuro, el que nuclea a los secundarios de más de cien países, cuyo primer gran paso fue dado el 15 de marzo. “Los jóvenes tienen razón”, fue el título del documento de adhesión. El cambio climático provocará desastres y desequilibrios de ecosistemas de una manera irreversible y sin antecedentes en miles de años. Cuando hace dos años Greta comprendió eso, decidió hacer huelga, a los 14. Empezó sola. Faltaba a clase todos los viernes, en protesta por la falta de decisiones políticas mundiales que paren el cambio climático.


Y lo que hace dos años fue apenas la actitud decidida de una niña que había comprendido que era su derecho y el de sus hijos y nietos vivir en este planeta, hoy es un fenómeno global. Los grandes medios lo acallaron, como callan todo lo que les resulta incómodo o amenazante. Pero fue en mil ciudades que bajo el liderazgo de Greta Thunberg miles y miles de adolescentes salieron a marchar para que sus gobiernos tomen medidas en relación a las emisiones tóxicas, que es lo mismo que decir que debe detenerse entre otras cosas la producción a gran escala en bosques, selvas, desiertos. Que el sistema no puede seguir acelerando la extinción de especies porque la humana también es una de ellas.


Los medios no sólo callaron. Cuando a través de las redes el movimiento Viernes por Futuro se hizo visible, comenzaron un ataque simultáneo de ridiculización y degradación de la figura de Greta. La mostraron comienzo una banana: en Suecia no hay bananas de modo que la foto era una denuncia de que Greta estaba comiendo una banana gracias al combustible usado en el transporte a su país de una fruta tropical. La mostraron con sus perros: indicaban así que si los perros comen carne, Greta tampoco es consecuente en eso. Quizá el ataque más degradante lo virtió Le Figaro, a través de un comentario no filtrado y dirigido directamente al síndrome de Asperger de Greta: alguien opinó que era “una vergüenza ver a tantos jóvenes dejarse conducir por una zombie”.


La voz de Greta no logra todavía perforar el cerco de silencio con una lógica rasante, directa y áspera, como ella, que en el Parlamento Europeo dijo “sé que no les gusta que yo esté acá. A mí tampoco me gusta que ustedes estén acá, porque no han hecho los deberes. Nosotros sí hemos hecho los deberes. Hemos leído los informes científicos. Lo que pedimos es que le hagan caso a la ciencia, porque cuando nosotros seamos adultos será tarde”.


El movimiento Viernes por Futuro encarna en una generación que hace su entrada a la política por ese costado vital y poderoso. Es con sus cuerpos que lo gritan, lo piensan, lo reclaman. Sus cuerpos tienen derecho al hábitat. Y advierten, con mucha más claridad y precisión que las otras generaciones, la gravedad límite de este momento. Ellos son una pata más de la resistencia global al modelo tanático que nos avasalla.


El poder de las finanzas, de los transgénicos, de las patentes, de los buitres, en fin, el ala más dura de la derecha que puso su pata roñosa sobre tantos territorios, niega el cambio climático. Para Trump es una mentira de la izquierda. Y es en esa clave de resistencia al efecto de irrealidad del que se vale la derecha que hay que leer este inédito movimiento liderado por esa niña de trenzas rubias que toma por literal lo literal: o se actúa ahora o no habrá lugar seguro en la Tierra para que los que hoy tienen quince años vivan sus vidas y tengan sus hijos, y continúen así con la posta de la especie.


La política de la derecha global trae la muerte en muy diversas formas, pero siempre la muerte. En guerras o en hambrunas, en catástrofes naturales, en tiros por la espalda como los que diariamente reciben líderes sociales en Perú y en Colombia. Esos hombres y mujeres, muchos de pueblos originarios, están muertos por defender los recursos naturales. Es la misma lucha que la de Greta Thunberg, pero desde otra región y otra línea histórica. El reclamo es el mismo en un fondo no demasiado profundo. Quieren vida. Vivir. Quieren lo necesario y suficiente para que la vida sea posible. Quieren el equilibrio indispensable para vivir. Este es el marco macro bajo el cual transcurren nuestras propias y asombrosas circunstancias nacionales. No cuesta mucho comprender que hay un poder feroz encaramado en la cima tan alta que nos es indescifrable, y que hacia abajo mueve los hilos para que nada detenga la muerte. Y también hay que advertir, con cierta esperanza, que hay sincronías históricas no menos asombrosas, y que la resistencia al proyecto de muerte crece y se nutre de fenómenos impensados. Greta y sus congéneres ya son un nuevo actor global que aporta su enorme grano de arena a la lucha por el proyecto de la vida. Greta es un síntoma de la regeneración de la vida.

 

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El encuentro entre Jair Bolsonaro y Donald Trump. ¿El inicio de una nueva época?

La reunión entre Donald Trump y Jair Bolsonaro el pasado martes representa un hito de la actual ola conservadora que vive la región y el mundo. Si bien lo acordado debe ponerse en standby, a la vista de los antecedentes de Trump con Emmanuel Macron y Kim Jong-un, lo más importante de la cumbre presidencial es la sombra proyectada sobre los procesos que viven Latinoamérica y el mundo. En tal sentido, el presente análisis intenta ir más allá del aspecto coyuntural, para entender el significado global del encuentro.


EL ABANDONO DEL AUTONOMISMO.


En primer lugar, la visita de Bolsonaro a Estados Unidos dejó en claro la intención deliberada de abandonar las pretensiones autonomistas del Estado brasileño. La autonomía internacional es un objetivo más o menos sostenido de la política exterior de Brasil desde la época de Vargas, apenas relegado en la primera década de la dictadura y puesto en primer plano por los gobiernos del Partido de los Trabajadores.
Este cambio fue explicitado por Bolsonaro en sus primeras declaraciones al llegar a Estados Unidos, cuando afirmó que, “por primera vez en mucho tiempo, un presidente brasileño que no es antiamericano llega a Washington”. A nivel bilateral, el abandono de la búsqueda de autonomía y la aceptación orgullosa de una posición subordinada a Estados Unidos se evidencia en algunos gestos previos al encuentro presidencial: la exención no recíproca de la necesidad de la visa para los ciudadanos estadounidenses y sus principales socios globales (Australia, Canadá y Japón); la habilitación concedida a Estados Unidos para usar la Base de Lanzamientos Aeroespaciales de Alcántara; el “ofrecimento” de Bolsonaro al secretario de Estado Mike Pompeo de instalar una base militar estadounidense en Brasil (rápidamente retractado a intervención expresa de los militares brasileños) y la inédita visita del mandatario a la sede de la Cia, agencia que venía de espiar mediante escuchas telefónicas a la predecesora de Bolsonaro Dilma Rousseff.


A nivel regional, esto es simbolizado por la decisión de que la primera visita oficial del recién asumido presidente no sea a Argentina, como hicieron todos los predecesores de Bolsonaro en la sexta República. A ello se agrega que los siguientes destinos sean Chile e Israel: el primero, uno de los principales socios estables de Estados Unidos en Sudamérica y principal resistencia a las iniciativas regionalistas desde la década del 80; el segundo, el principal socio en los embates unilaterales estadounidenses al orden multilateral.


A nivel del sistema internacional, esta tendencia a relegar el objetivo autonomista se refleja en la solicitud brasileña de adherir a la Otan y a la Ocde. El argumento es reforzado al considerar la condición impuesta para proceder a solicitar el ingreso a la segunda: la renuncia unilateral de Brasil al estatuto de país en desarrollo en la Omc, que le permitía acceder a un “tratamiento especial y diferenciado” en los acuerdos comerciales suscritos bajo el paraguas del organismo multilateral.


Se relega así la disputa instaurada por los cepalinos y planteada con ahínco por Brasil en los últimos años sobre la relación entre el desarrollo y el subdesarrollo ligada a la dinámica centro-periferia. En términos gramscianos, con esta decisión Brasil cede varios lugares en la guerra de posiciones en torno a la cuestión del desarrollo. Para ejemplificar el punto, pensemos que el estatus de país en desarrollo era esgrimido por el país sudamericano para defender la producción masiva de medicamentos genéricos sin el pago de patentes, lo que le granjeó importantes triunfos en disputas comerciales.


También a nivel sistémico, la solicitud de ingresar a la Otan y a la Ocde refuerza el alejamiento de Brasil de la alianza con China. En fin, habrá tiempo hasta la próxima cumbre de los Brics, que se realizará en noviembre en Brasil para valorar las reales consecuencias, pero la solicitud no debe de haber caído bien a sus socios en el bloque de potencias emergentes.


REALINEAMIENTO CONTINETAL.


En segundo lugar, la visita dejó clara la intención de Bolsonaro de retornar al histórico rol brasileño como garante del orden panamericano y del alineamiento de los países del continente en la hegemonía estadounidense.


El encuentro entre Trump y Bolsonaro es un reencuentro entre el líder hemisférico y su follower predilecto en Latinoamérica. Se ratifica así el alcance hemisférico de la ola conservadora, que renueva la sentencia contra los países díscolos, como Cuba, Nicaragua y Venezuela. Al respecto, el encuentro previo de Bolsonaro con el secretario general de la Oea, Luis Almagro, con quien abordó las situaciones cubana y venezolana, ya dio la pauta sobre las reminiscencias panamericanistas de la visita. Luego, en la cumbre presidencial, el tema de Venezuela fue uno de los puntos centrales. Si bien Bolsonaro evitó decir públicamente qué posición asumiría en caso de una intervención militar liderada por Estados Unidos, claramente evitó rechazar esa opción y dijo que contaba con Estados Unidos para “liberar al pueblo venezolano”. De todos modos, más chocantes fueron las palabras de Trump al afirmar que “llegó la hora final del socialismo en nuestro hemisferio”, con la explícita voluntad de volver a azuzar el anticomunismo para realinear a los países del continente.


TIEMPOS OSCUROS.


Tal vez, lo más novedoso del encuentro fue observar cómo el entendimiento entre Trump y Bolsonaro nos deja frente a una renovada comunión de tinte oscurantista, basada en el fanatismo religioso, el belicismo y el predominio de lo personal y familiar por sobre lo institucional. El cierre de Bolsonaro en la conferencia de prensa conjunta lo dejó claro al repasar los elementos de afinidad con el presidente estadounidense: “Respetamos la familia tradicional, somos temerosos de Dios, contra la ideología de género, de lo políticamente correcto y de las fake news”. Por supuesto que no hay en este discurso posicionamientos que no conozcamos de ambos líderes. Pero lo que asusta es cómo estos elementos comienzan a proyectarse en la política internacional.


En relación con la religión, es fundamental dimensionar el rol que puede tener la oleada evangélica que sufre América Latina (y también el África subsahariana) en la política internacional. Ya lo vimos en el marco del referéndum sobre el acuerdo de paz en Colombia. Este elemento está también detrás del acercamiento de Bolsonaro con Israel.


Por último, es ilustrativo el rol que tuvo en toda la visita el diputado Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente brasileño, quien suplió al canciller y para quien Trump pidió un aplauso en medio de la conferencia de prensa. Recordemos que algo similar ha hecho el mandatario estadounidense con su yerno, quien se encarga de los vínculos con México e Israel. Si preocupa el creciente peso que la religiosidad y el belicismo tienen en la nueva dinámica de las relaciones interamericanas, más lo hace la posibilidad de ver la proyección internacional del séquito familiar como forma premoderna de la política.

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¿Son comunistas los militares del ejército estadounidense?

En la barra, una joven con acento mexicano se quejó de un nuevo recorte a la educación pública, propuesta por el presidente Donald Trump. Seguir sacándole dinero a los servicios sociales para dárselos al ejército, dijo, se parecía mucho a los recortes de impuestos que beneficiaban a los super ricos y dejaban limosnas a los trabajadores, aparte de una deuda impagable. 

A su lado, con gorra de béisbol, un joven delgado con acento caribeño le preguntó, como si viese al mismo diablo: “¿Eres comunista?” Esa debió ser la única palabra que entendió un señor, tipo Homero Simpson pero con pelos y bigotes, que reflexionaba sobre un enorme vaso de cerveza, porque se giró para mirar a los jóvenes que, a partir de ahí, comenzaron una acalorada discusión.


“Te están lavando la cabeza”, confirmó el muchacho, “es por eso que nuestro presidente les va a recortar fondos”.


Cuando pasaron al tema Venezuela, como si se tratase de un algoritmo inevitable, me di cuenta de que aquella incipiente amistad no iba a cicatrizar fácilmente. Las sofisticaciones argumentales de la Guerra fría dejaron una marca indeleble en muchos patriotas, sobre todo en América Latina.
La mañana siguiente, mientras esperaba que se disipara un atasco en la autopista debido a un conductor apurado que le arrancó el farol trasero a otro, escuché en la radio pública una entrevista al almirante retirado James Stavridis sobre el mismo presupuesto que la joven mexicana había comentado la noche anterior.


El presupuesto que el presidente Donald Trump envió al Congreso para el 2019/2020 incluyó recortes multi millonarios para todo tipo de servicios sociales, desde la salud hasta el cuidado de preescolares (diversos estudios cuantitativos ya han probado que los millonarios no sienten lo mismo que el resto cuando ven a un ser humano caminando por la calle).


Los recortes han sido masivos, con una sola excepción: el nuevo presupuesto incluye un notable aumento en el gasto militar de treinta mil millones de dólares, el cual irá a aumentar un déficit récord alimentado por los recortes de impuestos del año pasado, como forma tradicional de burlarse de las promesas electorales que llevaron al presidente de turno al poder. Who cares, right? 

Según el almirante retirado James Stavridis y otros catorce comandantes de operaciones alrededor del mundo, el nuevo presupuesto de Trump no tiene sentido, y lo han puesto claro en una reciente carta abierta y en entrevistas: no necesitamos todo ese dinero. “Sabemos que nadie puede mantener la seguridad de un país sólo con la fuerza militar”. Pero el presidente Trump ha recortado fondos para el desarrollo y los ha transferido al ejército.


En la entrevista a la radio pública, NPR, Stavridis insistió que en lugar de seguir inyectando millones de dólares en las fuerzas armadas se debería invertir más en el cuerpo diplomático. Invertir en fuerza militar, dijo, es como realizar una cirugía: es doloroso y altamente riesgoso. Siempre es mejor llevar las cosas por el camino diplomático y, mejor aún, invertir en cooperación y desarrollo como forma de prevenir problemas mayores. Como ejemplo concreto, mencionó el hecho que todos saben: Estados Unidos tiene más gente en uno solo de los 12 portaviones que navegan por el mundo que en todo su cuerpo diplomático. Hasta el ministro de Defensa, Robert Gates, lo ha reconocido. Incluso el anterior ministro, Jim Mattis, reconoció lo obvio: “Podemos gastar fortunas en operaciones militares, pero si no invertimos en desarrollo y diplomacia vamos a tener que comprar cada vez más municiones”. Hasta los halcones tienen un momento de racionalidad o de simples lapsus.


Más allá de las naturales suspicacias basadas en hechos históricos sobre la labor de los diplomáticos de las grandes potencias, no deja de ser un progreso que los mismos altos militares de la superpotencia se atrevan a reconocer los trágicos errores de las decisiones políticas en el abuso de la fuerza bruta.


Stavridis concluyó: “Sin duda alguna, los navíos más importantes que dirigí fueron aquellos que llevaron ayuda hospitalaria al Caribe y a otras partes de América Latina. Estos barcos participaron en miles de tratamientos y puedo decirle que el impacto sobre la seguridad de Estados Unidos, a largo plazo, ha sido muy superior al resto de operaciones militares. […] Apostando a la fuerza, lo único que logras es perjudicarte a ti mismo”, reconoció.


Desde hace décadas, diversos ex agentes de la CIA, como el marine y paramilitar John Stockwell, luego de una experiencia de treinta años en América Central, África y Asia, reconoció que la arrogancia de querer imponer “nuestros intereses” en otros pueblos no produjo ningún progreso sino que les llevó muerte y miseria y “no nos creó ningún amigo, se los puedo asegurar”. Más o menos el mismo caso de otros marines, ex agentes de la CIA que participaron en engañar al pueblo centroamericano con historia fabricadas sobre el comunismo para mantener la antigua presencia económica y militar estadounidense, como Philip Roettinger, quien terminó retirándose en México para dedicarse a su familia y a la pintura.


No por casualidad, diversos generales latinoamericanos planearon asesinatos al estilo Orlando Letelier en Estados Unidos cuando la administración Carter comenzó a recortar la tradicional “ayuda militar” a las dictaduras amigas del sur. No solo el gigantesco, peligroso y criminal lobby de la industria armamentística mundial (en el cual las empresas estadounidenses han sido accionistas mayores) tenía intereses en “la seguridad” de esos países sino también sus servidores, que nunca lo reconocieron y, de hecho, hasta hoy se golpean el pecho llenos de orgullo por sus crímenes, sus excusas infantiles y un honor que no vale el cobre de las medallas que se cuelgan ellos mismos.


Después de diversos conflictos nacionales, Costa Rica abolió su ejército en 1948. Desde entonces nunca tuvo una dictadura militar como sus vecinos. Tal vez por eso las grandes potencias mundiales no aterrizaron en ese pequeño país como lo hicieron en casi todos los otros países de la región donde contaban con un aparato represivo local. Tal vez por eso hoy no existe una crisis de migrantes costarricenses a Estados Unidos, como es el caso de los demás países de la región que sufrieron continuas intervenciones militares y “dictaduras amigas”.


Tal vez por eso ni los militares estadounidenses se creen el discurso que en el pasado exportaron sus políticos y estrategas. Tal vez por eso ni ellos mismos confían en la fuerza bruta de sus propios super ejércitos como forma de asegurar la paz en su propio país.

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Millones de jóvenes de más de 150 países se manifestaron en escuelas y plazas públicas en el denominado "Viernes por el futuro", convocado por la activista sueca Greta Thunberg, de 16 años y propuesta para al Nobel de la Paz, en protesta por la falta de medidas de los gobiernos para combatir el calentamiento global y para exigir que respeten los tratados ambientales, como el Acuerdo de París. Las marchas se realizaron en lugares como Bogotá, Sidney, Berlín, Bruselas, Londres, Madrid, Montreal y Ciudad de México. La imagen, en Hong Kong. Foto Afp

Millones de jóvenes se manifestaron este viernes en escuelas y plazas públicas en más de mil 700 lugares de más de 150 países en el denominado Friday for future (viernes por el futuro), una movilización convocada por la activista sueca Greta Thunberg a favor de proteger el medio ambiente.

Estudiantes de todo el mundo dejaron las aulas para realizar una huelga mundial en protesta contra la falta de medidas de los gobiernos para combatir el calentamiento global, "los océanos suben de nivel, nosotros también", exclamaron los manifestantes en Sídney, "el cambio climático es peor que Voldemort", se leía en la pancarta de un joven en Wellington, Australia, aludiendo al brujo antagonista de los libros y películas británicas de Harry Potter, símbolos de una generación.

En Londres otros miles marcharon con carteles que afirmaban: "El futuro está en nuestras manos y faltamos a las lecciones para enseñarte una". En Roma, miles de alumnos comenzaron su protesta en el Coliseo antes de marchar por el centro histórico. Unas 10 mil personas salieron a las calles de Lausana, Suiza; y miles más en Zúrich; en Washington otros mil 500 jóvenes se reunieron frente al Congreso a gritar "¡acción climática ahora!" agitando carteles con consignas como "nuestro planeta, nuestro futuro".

En Madrid se desarrolló la marcha europea más concurrida, a la que acudieron 4 mil 500 personas según las cifras de las fuerzas de seguridad, aunque los estudiantes estimaron casi 50 mil.

El denominador de las demandas fue exigir a los gobiernos en el orbe que respeten tratados del ámbito medioambiental como el Acuerdo de París y tomen medidas contra el avance del cambio climático.

En la capital gala, entre 29 mil jóvenes, de acuerdo con la policía, y unos 40 mil, según los organizadores, desfilaron entre los monumentos del Panteón y el parque de los Inválidos, además un grupo bloqueó durante tres horas la entrada de la sede del banco Société Générale en en cuadrante de la Defensa para denunciar el financiamiento a proyectos "ecocidas".
Las multitudes más impresionantes se vieron en Bogotá, Sídney, Berlín, Bruselas, Londres, Madrid y Montreal, ciudad donde participaron unas 150 mil personas, de acuerdo con los organizadores. Estas protestas en capitales y ciudades como Copenhague, Viena, Zúrich, París, Lisboa, Melbourne, Chile, Brasil y Ciudad de México, llevaron a las calles a decenas de miles de simpatizantes de este movimiento que comenzó en agosto de 2018 cuando la activista Thunberg, de 16 años, cobró popularidad por manifestar su inconformidad en horas de clase por el cambio climático frente al Parlamento sueco.

Su nombre fue postulado para recibir el Nobel de la Paz, "hemos nacido en este mundo, vamos a tener que vivir con esta crisis toda nuestra vida. También lo harán nuestros hijos, nietos y las generaciones venideras. No vamos a aceptar esto. Estamos en huelga porque queremos un futuro y vamos a continuar", exclamó la joven en una concentración en Estocolmo. Científicos afirman que el uso de combustibles fósiles libera gases de efecto invernadero que atrapan el calor y elevan las temperaturas en el mundo, provocando más inundaciones, sequías, olas de calor y un aumento del nivel del mar; la promesa de la conferencia sobre el clima de París de 2015 de limitar el incremento de la temperatura mundial a 2 grados centígrados sobre las existentes antes de la industrialización, requiere una reducción radical en el uso de carbón y combustibles fósiles.

 

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 Donald Tusk y Jean-Claude Juncker junto al primer ministro chino, Li Keqiang, en la última cumbre bilateral de 2017. REUTERS

La Comisión Europea define al país liderado por Xi Jinping como "un rival sistémico" y le reprocha el blindaje de sus mercados


Europa no se arredra. El repliegue unilateral de EE UU había alentado en China y en otros países emergentes la esperanza de una relación privilegiada con la Unión Europea, que podría necesitar la colaboración de otras potencias para compensar la deriva del gigante liderado por Donald Trump. La necesidad de inversión que padecen muchos socios europeos podía animar, además, políticas de tolerancia hacia regímenes autoritarios, pero con grandes reservas de capital como el chino.


Pero la Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, tiene previsto aprobar este martes un documento estratégico sobre la relación con Pekín en el que lejos de mostrarse complaciente hacia el país de Xi Jinping le plantea numerosas exigencias acordes con su creciente peso político, económico y militar en el planeta.


El documento, al que ha tenido acceso EL PAÍS, servirá de base a la reorientación de la estrategia hacia China que tienen previsto debatir los presidentes de Gobierno de la UE durante la próxima cumbre europea. Y el texto destila un tono beligerante que deja claro que el gigante asiático es un socio tan imprescindible como inquietante.


El documento comunitario define a China como "un rival sistémico", advierte que su expansión militar plantea cuestiones de seguridad para el Viejo Continente "a corto y medio plazo", acusa al régimen comunista de alimentar el sobreendeudamiento y amenazar la estabilidad financiera de los países vecinos de la UE (tanto en los Balcanes como en África) y le echa en cara a Pekín el blindaje de sus mercados para crear "campeones nacionales" mientras impide la entrada de operadores europeos, en particular, en el sector financiero y en la licitación pública.


Bruselas completa su nueva estrategia con la amenaza de un cierre de los mercados a la inversión china si no se producen medidas recíprocas de apertura. Y de manera significativa, completa el documento sobre la nueva estrategia hacia China con una enumeración de las medidas puestas en marcha o que se pondrán para impedir la entrada en los mercados europeos de empresas que se benefician en sus países de una protección estatal desproporcionada. Desde el control de inversión en sectores estratégicos (que entrará en vigor en abril), hasta la elaboración este año de directrices sobre el acceso de empresas de terceros países a la contratación pública en Europa. Todo ello con China en el punto de mira.


La Comisión, sin embargo, no busca el choque frontal con Pekín, como ha hecho Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca. Bruselas mantiene tendida la oferta de lograr un pacto global de inversión con China que se negocia desde 2013 y que, según la nueva estrategia europea, "debería lograr importantes progresos en 2019 con vistas a un acuerdo ambicioso en 2020". Ese acuerdo de inversión es uno de los objetivos clave de la próxima cumbre UE-China, prevista para el próximo 9 de abril en Bruselas.


La Comisión tampoco se suma a la ofensiva de Washington contra Huawei, la compañía china, líder en la quinta generación de telefonía móvil, a la que EE UU quiere cerrar los mercados acusándola de estar sometida a los dictados del gobierno chino. El documento de la Comisión reconoce el carácter neurálgico de las nuevas redes de telefonía y el riesgo de que cualquier punto vulnerable pueda ser explotado para causar "grandes daños". Pero Bruselas se limita a anunciar una recomendación para intentar armonizar el planteamiento de los Estados miembros ante los riesgos de la 5G, sin mencionar para nada a la compañía china.


La divergencia con los planteamientos de Trump no impide, sin embargo, la evolución de la UE hacia unos planteamientos diplomáticos que Bruselas define como "pragmáticos y flexibles". Y al reconocimiento de que "hay una impresión general en Europa de que el equilibrio entre desafíos y oportunidades que plantea China ha cambiado". La balanza de oportunidades sigue pesando mucho, pero la de desafíos resulta cada vez más amenazante a ojos de Bruselas.


"China ya no puede seguir siendo tratada como un país en vías de desarrollo", advierte el documento de la Comisión. "Su creciente presencia en el mundo, incluida en Europa, debe ir acompañado de una mayor responsabilidad en el mantenimiento del orden internacional, con una apertura de su sistema con mayor reciprocidad y no discriminatoria".


El texto de la Comisión reconoce la necesidad de cooperar con el gigante asiático. Pero define a China como "un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza". Y recomienda un endurecimiento en el uso de los resortes diplomáticos, combinando la actuación en diferentes áreas políticas o sectoriales, "para ejercer una mayor presión en la consecución de los objetivos de la UE".


Los puntos sensibles en la relación con China solían girar en torno a la falta de respeto de los derechos humanos y de libertades fundamentales o a la situación del Tíbet, elementos que enturbiaban a veces las cumbres bilaterales. La nueva estrategia de la Comisión muestra que el choque de intereses se ha generalizado y abarca a áreas tan diversas como el cambio climático, la carrera de armamento o las exportaciones agroalimentarias.


El documento que aprobará este martes la Comisión reclama a China, por ejemplo, que haga realidad su compromiso de poner techo en 2030 a las emisiones de CO2 y recuerda a Pekín que, aunque ha suscrito el Protocolo de París contra el cambio climático, está financiando la construcción de plantas eléctricas a base de carbón en muchos países.


En el terreno militar, Bruselas recuerda que China se ha marcado el objetivo de "contar en 2050 con las fuerzas armadas más tecnológicamente avanzadas" del mundo, lo que obliga a la UE a reaccionar en consecuencia. La Comisión advierte de que "las amenazas híbridas intersectoriales, incluidas las operaciones de información, y las grandes maniobras militares, no solo socavan la confianza sino que suponen también un desafío a la seguridad de la UE". Un lenguaje que Bruselas solía tener reservado para lidiar con la Rusia de Vladimir Putin.

Por Bernardo de Miguel
Bruselas 12 MAR 2019 - 02:42 COT

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“El liderazgo es una suerte de trampa para las mujeres”

“Si una mujer muestra atributos considerados femeninos, se la ve como una líder débil. Pero si presenta atributos ‘a lo Angela Merkel’, que son vistos como masculinos, se la tilda de desagradable o poco femenina”, define esta especialista en opinión pública, que repasa los obstáculos estructurales que las mujeres afrontan en la vida política.


El #8M vuelve a visibilizar la desigualdad de género, en particular, los techos de cristal que afrontan las mujeres en la vida cotidiana como en el ámbito político. Evidencia, sobre todo, la necesidad imperiosa de promover una agenda de género con un enfoque de derechos que no solo atienda de manera urgente la afectación que supone forzar a una niña violada a continuar con un embarazo en contra de su voluntad, sino además las desigualdades estructurales que arrastran las sociedades producto de una cultura patriarcal tan arraigada como imperceptible e invisibilizada. Después de años de asesorar a políticas mujeres en países de América Latina y de Europa, la consultora e investigadora del Conicet, Virginia García Beaudoux, pintó ante PáginaI12 la situación de las políticas mujeres en la región: los techos que impiden su desarrollo en términos de liderazgo, la falta de una paridad sustantiva en materia de participación política y la obligación social de procurar una igualdad real como principio constitucional.

–¿Cuáles son los obstáculos estructurales que las mujeres afrontan en la vida cotidiana y en la vida política?

–No había tomado conciencia de la magnitud que tiene la desigualdad de género hasta que empecé a trabajar con mujeres en la política, en consultoría con PNUD en Honduras, en El Salvador, en Guatemala. En mi recorrido por América Latina, entendí que la dimensión de la desigualdad es enorme y que, sin importar el país, todas las mujeres me hablaban de los mismos obstáculos dentro de los partidos y, sobre todo, en lo que hace a la confianza y el financiamiento de sus campañas electorales. Encontré un denominador común que iba más allá de la política. Me encontré con un estereotipo muy marcado: la creencia extendida, construida culturalmente, de que el liderazgo es masculino. Si preguntamos a una persona tres características de lo que consideramos masculino, dirá “fortaleza, asertividad, capacidad para tomar decisiones”. Entre esas respuestas, encontraremos una superposición casi perfecta entre la descripción de lo masculino y la de liderazgo. En cambio, casi nunca coincide lo que hemos establecido que es lo femenino y el liderazgo. Esto ha sido un gran obstáculo para las mujeres en todos los ámbitos de desarrollo. En la universidad de Oxford tomó 800 años nombrar a una rectora mujer. La Universidad de Buenos Aires no ha tenido una rectora mujer en toda su existencia, cuando la mayoría de las profesoras universitarias son mujeres...

–Pero no lo son la mayoría de los titulares de cátedras universitarias.

–Exactamente. Estos techos supuestamente invisibles –los llamamos techos de cristal– son tremendamente resistentes, por eso es muy difícil romperlos y atravesarlos. Solo el 5 por ciento de Premios Nobel se otorgó a mujeres. El Foro Económico de Davos de 2018 fue considerado un éxito rotundo porque el 21 por ciento de los asistentes fueron mujeres. Entonces, la idea de que los buenos líderes son hombres continúa siendo uno de los estereotipos que más complica el desarrollo de las mujeres.

–¿Cómo se traducen estos estereotipos en el plano cotidiano?

–Los estereotipos no solo describen, también prescriben. Si un estereotipo describe que las mujeres somos más sensibles que los hombres, la prescripción es que, frente a la enfermedad de un niño o un adulto mayor, es la mujer la que debe hacerse cargo porque es la sensible y la empática. Esas tareas de cuidado asignadas como naturales a las mujeres terminan dificultando su inserción en la cadena productiva en igualdad de condiciones. Entre las personas sin instrucción formal, al no poder tercerizarlas tareas de cuidado, deben aceptar trabajos de tiempo parcial con remuneraciones mucho más bajas, al punto de que la brecha salarial de género en ese sector llega al 35 por ciento.

–Es decir que las consecuencias del estereotipo de género no son homogéneas sino que afectan más a los sectores más pobres.

–Sí, claro. Pero al mismo tiempo nos afecta a todas y a todos. Me tocó entrevistar a un hombre en Holanda, donde el 70 por ciento de las mujeres trabajan tiempo parcial, trabajan cuatro días a la semana y uno de esos días lo dedican a sus hijos o a lo que ellas quieran. Los hombres pueden hacer lo mismo pero casi ningún hombre opta por trabajar tiempo parcial. Cuando este señor dijo en su lugar de trabajo que quería empezar a trabajar part time, la primera pregunta que le hicieron fue: “¿tu esposa está bien?” Y la segunda: “¿por qué querés trabajar part time, si no te divorciaste ni tu esposa tiene un problema de salud? Como este señor quería ser papá más allá de los fines de semana, interpretaron que no le gustaba tanto su profesión. Es decir que este estereotipo también perjudica a los hombres. Lo que ocurre es que estas consecuencias son mucho más marcadas entre las mujeres, en términos de desigualdad política y económica.

–¿Qué elementos de esta desigualdad de género observa en su trabajo con mujeres políticas en América latina?

–Cuanto más tradicionalista es un país, más difícil resulta atravesar los estereotipos. Y los países donde la religión tiene mucho peso, esto se vuelve más complicado. Está claro que tenemos diferencias sexuales, las mujeres podemos gestar y los hombres suelen tener más fuerza física. Pero una cosa es el sexo y otra cosa es el género como construcción cultural. En algunos países, donde las construcciones de género son mucho más binarias y donde hay una valoración de esa diferencia, vale más ser hombre que ser mujer. Pero también en países considerados paraísos de la igualdad, como Suecia o como Holanda, encontramos estas características estereotípicas en la distribución de roles. Hay algunas cuestiones interesantes para señalar en este sentido. En América Latina, el 52 por ciento de la militancia de los partidos políticos son mujeres, en cambio menos del 15 por ciento de los secretarios generales y los presidentes de los partidos políticos son mujeres. Ese es un claro techo de cristal en la política; no es natural que frente a un 52 por ciento de mujeres militantes las cúpulas no reflejen esas proporciones. En Guatemala pregunté: “¿cuántos partidos políticos tienen?” La respuesta fue: “35”. “¿Y cuántos liderados por mujeres?”, agregué. “Cuatro”, respondieron. Lo mismo en Suecia. “¿Cuántos partidos políticos liderados por mujeres hay?” “Ninguno”, dijeron. Y se corrigieron: “Sí, hay uno: el Partido Feminista”.

–¿Cuáles son los otros aspectos que mencionó como interesantes para analizar estas diferencias?

–La primera cuestión es tener cuidado en asimilar la igualdad numérica con la igualdad sustantiva. Hemos avanzado en lo relativo a la igualdad numérica, porque las leyes de paridad garantizan que las listas estén conformadas un 50 por ciento por hombres y un 50 por ciento por mujeres. Pero además de esta igualdad numérica, que es importante, se trata de construir posiciones de poder y de influencia política. La conformación de las comisiones parlamentarias es un espacio donde se reproducen estos estereotipos. Las mujeres están al frente de la comisión de Salud, la de Educación, la de Niñez, la de Mujer o Discapacidad, mientras que los hombres están en Presupuesto, Obra Pública, Trabajo. Entonces, hay que trabajar sobre las dimensiones del liderazgo para tender a una paridad sustantiva.

–¿Qué características encuentra entre las mandatarias mujeres? ¿Qué las distingue?

–Hay mucha diversidad en los estilos de liderazgo, el liderazgo es una suerte de trampa para las mujeres.

–¿En qué sentido?

–Si una mujer muestra atributos considerados femeninos, se la ve como una líder débil. Pero si presenta atributos “a lo Ángela Merkel”, que son vistos como masculinos, se la tilda de desagradable o poco femenina. Como el liderazgo está pensado desde categorías definidas como masculinas, es difícil para una mujer no ser criticada por su estilo de liderazgo. El año pasado había solamente 15 Jefas de Estado en el mundo, hay muy pocas mujeres al frente de los Ejecutivos.

–Siguiendo con este razonamiento, ¿cómo suelen ser representadas las mujeres en la política, en general, yen los medios, en particular?

–Hay un doble estándar. Todo el tiempo vemos que las mujeres aparecen en su calidad de madres. Los medios suelen hacer hincapié en el vínculo que tienen con sus hijos o el tiempo que les ocupa la maternidad. Cuando Hillary Clinton fue abuela, diversos medios de comunicación en Estados Unidos preguntaron si, por haberse convertido en abuela, estaría en condiciones de ser presidenta. La revista Times publicó un artículo sobre los pros y los contras de una abuela presidenta. Entonces se me ocurrió mirar qué se había escrito de los hombres que eran abuelos y se habían presentado a la Presidencia de Estados Unidos. No se escribió una sola línea. Mitt Romney presentó 18 nietos en campaña, se sacó fotos con 18 nietos y nadie preguntó: “¿puede un abuelo ser presidente de los Estados Unidos?” Sabemos que es normal que tanto hombres como mujeres lleguen apadrinados a la política. Sin embargo, en el caso de las mujeres, el cuestionamiento mediático es mayor: “es la ahijada política de”, “es la esposa de o es la hija de”... Cuando una mujer asume una presidencia o una gobernación es más frecuente que se pregunte si estará realmente preparada para ese desafío. No ocurre lo mismo con un hombre. A eso se suman comentarios acerca de su vestuario, apariencia física, peinado, maquillaje. Como consecuencia, los votantes, en sus evaluaciones, empiezan a verlas como menos creíbles, menos confiables, menos fuertes, y disminuye la intención de voto hacia las mujeres. Este tipo de coberturas mediáticas las empujan más hacia lo doméstico que hacia lo político.

–En su experiencia con mujeres políticas en países de América Latina, ¿nota diferencias entre los países en el estilo patriarcal de hacer política? ¿Qué factores inciden en esas diferencias, si las hay?

–En los países con una población aborigen significativa o donde las mujeres viven una situación económica de mayor vulnerabilidad –lo que técnicamente llamamos “la doble minoría”–, por supuesto que el desafío es todavía mucho más grande que si se trata de una mujer blanca de clase medida. Efectivamente, las condiciones de etnia y la situación socioeconómica dentro del entramado social influyen en el grado de dificultad, de visibilidad y de consideración que le tienen a una mujer dentro de un partido político a la hora de sumarla a una lista electoral.

–En esos lugares con una doble minoría, ¿observa logros a partir del trabajo que se está llevando a cabo?

–En todos los países se ven muchos cambios y muy favorables, por todo el trabajo que se está haciendo. Aunque son más lentos de lo que desearíamos, porque tomará tiempo hacerlo. Claramente las mujeres están teniendo más voz, más acceso, están tomando conciencia de su rol y del espacio que tienen que reclamar por principio constitucional, pero acá hay espacios que habrá que pelear y la pelea no será fácil. En Honduras, una señora me contaba que cuando faltaban medicamentos en el dispensario era ella quien los conseguía, que cuando había problemas con el agua potable era ella quien lograba que llegara el camión cisterna, que cuando había que trasladar a alguien era ella quien sabía dónde buscar la ambulancia, pero que cada cuatro años venía un político varón y le pedía que le consiguiera votos de esa gente a la que ella asistía. Hasta que un día se preguntó por qué no podía ser ella la persona votada por esa población. Todos estos cambios van generando una mayor conciencia del valor político que esas mujeres tienen para sus comunidades.

–¿Esa conciencia es suficiente?

–No. Tampoco evita que luego de tomar conciencia te enfrentes a una sociedad que es patriarcal y a un sistema político machista.

–¿Cómo experimentan las mujeres políticas el financiamiento de sus campañas? ¿También en ese aspecto sus derechos se ven vulnerados?

–Normalmente las mujeres políticas llevan las de perder en materia de financiamiento: son enviadas a los distritos donde tienen más probabilidades de perder y, por ende, cuentan con menos financiamiento para sus campañas electorales. El dinero con el que se cuenta define una posición de poder, de allí que el reparto de los recursos simbólicos y económicos tenga un impacto significativo.


–¿Qué pasos concretos se están llevando a cabo?


–Por empezar se está trabajando mucho en el nivel de formación y de entrenamiento de habilidades para las mujeres del mundo público. Las mujeres venimos con demora en cuanto a la cantidad de redes que hemos construido en la política. A mí no me gusta hablar de “capacitaciones” porque creo que las mujeres estamos tremendamente capacitadas, lo que hacemos en realidad es entrenar habilidades que ya tenemos y que nunca hemos entrenado por no haber tenido la oportunidad de usarlas en la política. Habilidades de liderazgo, de negociación, de comunicación, de organización de una campaña electoral, de organización de un equipo de voluntarios para una campaña, de uso de las redes sociales. Distintos organismos, como Naciones Unidas o la OEA, están invirtiendo esfuerzos en toda América Latina para que las mujeres puedan poner a punto estas habilidades para las campañas electorales. Otra línea apunta a plantear que los partidos financien actividades para las mujeres y que ellas participen en el armado de las listas electorales, entrenar también a sus cuadros masculinos en temas de género porque si no las únicas que avanzan en temas de salud sexual y reproductiva, de cuidados o lo que fuere, son las mujeres.

–¿Y en relación con los estereotipos mediático?


–Se está trabajando con los medios de comunicación para que dejen de ser un obstáculo. Se realizan talleres con periodistas, editores y responsables de medios, donde se trabaja sobre los rasgos de la cobertura y, dentro de esta, los sesgos hacia las mujeres políticas. Y donde se piensa qué se puede hacer para mejorar esos tratamientos mediáticos. Ellos mismos comenzaron a generar ciertas pautas: no tomarle a una mujer una foto que no le tomarían a un hombre, no ponerle un micrófono cuando está a la salida de la escuela de sus hijos, establecer límites para que no existan diferencias entre unos y otras.


–¿A qué llaman transversalizar el enfoque de género?


–Apunta a cambiar el enfoque en materia de políticas públicas. Por ejemplo, en lo relativo a las licencias por maternidad se trata de pensar también un cambio en las licencias por paternidad para que las mujeres no sean las únicas que se hagan cargo de sus hijos. En el campo económico, requiere buscar la forma de que las mujeres se vean más favorecidas. Transversalizar el enfoque de género exige pensar que el escenario actual no es igual para hombres y mujeres y debemos pensar en cómo nivelarlo. Los sistemas de mentoreo son muy buenos. Se trata de que las mujeres que ya tienen experiencia en la política puedan orientar y ayudar a las que tienen menos experiencia.

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Lunes, 04 Marzo 2019 06:24

El miedo europeo a la China de Xi

El miedo europeo a la China de Xi

Occidente se debate entre ver a China como oportunidad o amenaza. En Europa, la percepción de riesgo crece: una mirada que incluye tanto el intercambio económico como los análisis del modelo político chino. El poder y los cambios impulsados por su actual líder. La pelea con Trump.

 

El politólogo doctorado en la Universidad Católica de Milán Filippo Fasulo insiste en que, como académico, tiene (debe tener) una mirada crítica pero no ética ni de juicio. “Lo que necesitamos –afirma– es tener las cartas de China sobre la mesa para comprender mejor.” Investigador del Instituto Italiano de Estudios de Política Internacional y de la Fundación Italia-China, pasó por Buenos Aires y fue entrevistado por PáginaI12 sobre las preocupaciones que existen en Europa (se traslada a todo Occidente) sobre el ascenso chino.

–Napoleón dijo: “Cuando China despierte, el mundo temblará”. Los franceses siguen disparando, como con el terrible documental de Arnaud Xainte contra el presidente Xi Jinping. ¿Lo viven así, hoy, los europeos?


–La visión cambió muy rápido en 2 o 3 años. En lo económico, la inversión china ya se ve menos como oportunidad que como peligrosa en ciertas áreas. El Parlamento Europeo debate cómo controlarla, incluso bloquearla en sectores estratégicos o tecnológicos. Los países más inquietos son los fabriles, Alemania, Francia o Italia, no tanto los nórdicos, más volcados a servicios. Una parte de la disputa se vio cuando la Unión Europea denegó el estatus de economía de libre mercado a China en la Organización Mundial del Comercio, porque así le es más fácil reclamar por dumping. Otro ejemplo es la mayor presión de firmas europeas para que China sea recíproca en el acceso de inversiones, porque ven asimetrías.

–¿En lo político también en Europa crecen las posturas críticas?


–Sí. Vivimos un momento de transición, cambia China y el análisis cambia también. Hay think tanks europeos, sobre todo en Alemania (como el Mercator Institute for China Studies, Merics), con una posición muy crítica sobre el autoritarismo y en particular la propensión externa, o sea fronteras afueras.


–Pero China no busca exportar su modelo al estilo de la vieja URSS, si bien hay textos que citan la “superioridad” de su modelo frente al de Occidente.


–Me refiero a otros aspectos, además del tema que cité de las inversiones: el mayor rol de los medios de comunicación social chinos en Europa y el rol de los estudiantes. Hay muchos en Gran Bretaña, Francia, Alemania (en Italia también, pero más que nada en bellas artes y canto lírico, eso no incide) que estudian ciencias duras o tecnológicas y hay inquietud, pues se cree que esos jóvenes tienen lazos con el Partido Comunista de China, ese es el punto.

–¿Cuál sería el problema?


–Hay temor al llamado sharpower, al medio del poder duro y el softpower; o sea, de que China –igual Rusia– puedan influir en la política interna europea por esas vías. Esa percepción es la que fue cambiando y genera temores. Y lo grave es que los gobiernos no saben qué hacer; por un lado afirman que “queremos tener una relación con China porque es más importante ahora”, pero a la vez, dicen “hay que parar las relaciones porque pueden ser una atadura”.


–Desde la reforma constitucional reciente en China asoman más temores sobre su sistema, al menos en la prensa dominante europea y en sus think tanks.


–La academia europea ahora habla más del retorno del autoritarismo en China y del “fin de la ilusión” que ya vivió Estados Unidos y Occidente en general. Aflora esa conciencia. Es un punto muy importante, haber pensado que China iría a una democracia multipartidaria, liberal... eso estaba en el abordaje académico hace 10 o 20 años.


–Pero era utópico. Usted mismo plantea en un capítulo del libro El Sueño Chino (CEAP/UBA, 2018) que para que ocurriera eso China debería revertir una visión del mundo milenaria. Por otro lado, en Occidente la democracia liberal casi no da respuesta positiva a ningún problema, más bien al contrario, en América latina, en Europa, incluso en EE.UU...


–Pero esa ilusión sobre China estaba. Básicamente, hay una concepción muy diferente en China y en Occidente de lo que es el gobierno. La pregunta no es tanto cómo gobernar, sino qué es gobernar. China y Occidente dan respuestas distintas y, por lo tanto, son diversos sus sistemas. En China, parece haber un objetivo final bien definido, y todo lo que debe hacer la autoridad sería buscar la mejor manera para realizar esa utopía. En esa construcción, el gobierno ya sabe qué hacer, busca la mejor gente para ello, la llamada meritocracia. Ahora bien, esa es la teoría; en la práctica surgen problemas. Y todo eso en China se articula a su largo pasado histórico.

–O sea, ¿no es un atributo del PCCh sino que viene del fondo de la historia imperial?


–Viene de lejos, pero el problema que yo veo es que, en rigor, no hay definición ni concepto exactos de cuál es el objetivo final.


–Una vez un diplomático me aconsejó en China no preguntar qué es específicamente “socialismo con peculiaridades chinas”, pues iba a incomodar. En mi opinión, capitalismo no es, y sacar a 800 millones de pobres en pocas décadas es claramente una política social gigante.


–Pero, si no hay algo exacto ¿cómo poner un límite? Más, cuando no hay un Congreso o una Constitución que lo fijen. En Occidente el poder absoluto se define claramente y se marca un límite. Lo que pasa en China es que el poder absoluto no es definido, a lo sumo tiene un límite moral. El emperador tenía un límite sobre el qué hacer bien; Mencio, discípulo de Confucio, hablaba del deber de hacer la revolución si eso no ocurría. Todavía está esa tradición de hacer el buen gobierno y trabajar para el bien de la población.


–¿Quién define qué es eso?


–Ese es el punto. El gobierno mismo lo define, y entonces siempre puede ir cambiándolo. Debería haber un equilibro. Debe hacer buen gobierno, pero a la vez demostrar que lo hace bien. En la antigüedad, si había algún desastre natural o una revolución, eso marcaba algo. Hay momentos en que no se requiere controlar mucho. Hay otros, como este, en los cuales mostrar que se está gobernando bien es difícil y surge un mayor control social, incluso digital, en la era de Xi Jinping.

–Ya abordaremos eso, pero sigamos con las diferencias que hay con el sistema político occidental en general, que no luce muy democrático y afronta serios problemas de legitimidad.

–La democracia liberal no tiene un objetivo definido. En tal caso se define una vez cada 4 o 5 años, al votar. Es un proceso cuantitativo, suma un individuo más otro, un voto más otro. En cambio, la meritocracia puede definirse como la cualidad del funcionario; hay, así, un proceso cualitativo, ahora con el PCCh o antes con el examen imperial. Son dos construcciones diversas de instituciones. Luego, la democracia tiene la promesa fallada, es cierto, pero también este sistema chino las tiene.

–¿Más que una democracia multipartidaria se critica la falta de un Parlamento y una Constitución como contrabalances?

–El punto es que en China el poder no se puede limitar, salvo un límite moral e interno. Es un mecanismo circular. Analistas como Thomas Metzger estudiaron la visión optimista y pesimista sobre la sociedad civil. En Occidente, la sociedad civil cree que el gobierno actúa siempre mal y debe limitarlo. En China, la sociedad civil trabaja con el gobierno.

–Es que en Occidente la sociedad civil está afuera del gobierno, lo interpela, pero en China parece dentro del Estado. Un famoso sinólogo dijo que lo asemeja a su padre.

–Justamente, la sociedad debería ayudar al gobierno a hacer el bien, pero en China está adentro. Eso explica que en su academia puede haber diferentes líneas, pues están dentro del sistema, no confrontan con el gobierno, sino que lo ayudan a ser mejor. Describe muy bien lo que pasa en China. Occidente es distinto.

–¿Ahí entran los derechos humanos y las diversas visiones de Occidente y Oriente?


–El concepto de derechos humanos es la idea de que el individuo está separado del Estado; así, tiene que ampliar el grado de libertad del individuo. En China –que no lo inventó, en Europa era igual antes de que naciera el liberalismo– el individuo es parte del Estado, parte del tian xia. El Sueño Chino de Xi Jinping, diferente al sueño americano, apunta a una comunidad, no a un individuo. Luego, en Occidente, si el individuo se realiza en la sociedad, tiene un beneficio. En China, si la sociedad se realiza, el individuo también tiene su beneficio. La suma de los intereses individuales hace un cambio total de interpretación. Mirar así a China así hace más fácil entenderla. En el Sueño Chino de Xi, el año 2049 es el nuevo objetivo, como la sociedad armoniosa u otros slogans de líderes anteriores. Si vamos a ver la distinción del objetivo final en 2049 (una sociedad moderna y próspera) y el intermedio en 2021 (no más indigentes en China) vemos reminiscencias confucianas. El “Libro del Gran Saber” habla de metas de mediano y largo plazo.

–Académicos occidentales mentan “totalitarismos” como el fascismo o el comunismo en China, categorías y de hecho fenómenos que surgieron en Occidente, uno como subproducto y otro como rival del capitalismo… ¿es lícito aplicarlos a China?


–No sé. Quizá debamos poner esa descripción en la discusión que teníamos, sobre objetivos finales de un gobierno. Fascismo y comunismo tienen un proyecto utópico. Sería un error decir que el fascismo es una versión negativa y el comunismo una positiva de la misma cosa. Tienen cosas similares, el uso del Estado en la economía y la corrupción o, en todo caso, formas no puras de fascismo y no puras de comunismo, etc. El debate es complicado. En China está siempre ese equilibrio en cuanto a su objetivo final y el hecho de hacer buen gobierno. El control debe buscar el equilibrio, y tildarlo de fascista o comunista no es preciso. Ahora, algunos académicos probablemente lo vean como más “fascista” porque el componente de control es más relevante que hace unos años, por razones políticas y económicas.


–¿Por qué hoy sería más relevante el control?


–Hay una transición importante. Los chinos hablan de una nueva era y “nueva normalidad”, y no es sólo propaganda, deben adoptar un nuevo modelo de desarrollo económico, distinto al anterior.


–O sea, están creciendo a 6/7 por ciento cuando antes lo hacían a 10 por ciento, el PBI se apoya más en el mercado interno que en el sector externo...


–Eso. Pero es un proyecto que tiene costos sociales y políticos. Cerrás una fábrica y abrís una nueva, pero un obrero no pasa en un día de hacer un juguete a hacer un misil o una nave espacial. El presupuesto para hacer ese tránsito es ajustado.


–¿Como nuestras “reconversiones” en los años 70/80?


–Similar. Entonces, como hay o puede haber resistencia o malhumor social, sube la necesidad estatal del control.


–¿Qué opina de Xi y de cómo encara ese desafío?


–Xi es un sujeto especial, en medio de esa transición. Nunca hubo en China alguien que en 2012 dice ser un hombre de compromiso entre dos facciones, que iba a ser uno de los dos funcionarios más importantes junto a Li Keqian (como antes el ex presidente Hu Jintao y el ex premier Wen Jiabao) y cinco años después escribe su nombre en los estatutos del PCCh al mismo nivel que Mao Zedong. Veo una veloz centralización política que no es sólo porque Xi procura el núcleo del poder partidario y del Estado, sino porque está convencido de que hay que hacer esa transición económica, y para hacerla necesita centralizar el poder para superar la reforma sin que la frenen intereses políticos ni económicos.


–¿Quiénes se resisten?


–Si el dirigente local o central necesita –de nuevo– cerrar una fábrica y echar muchos trabajadores, tiene al político nacional con vínculos con esa empresa, y al político local que puede ver complicada su carrera, no quiere desempleo en su provincia. En 2014, Xi hizo una reforma jurídica y ahora ni el gobierno ni la corte locales pueden frenar una decisión de Beijing. Xi sabe que debe hacer esa transición económica; si China no la hace, no puede haber un buen gobierno, es un punto clave para el PCCh: debe mejorar la economía y para eso, hacer reformas con costos económicos y sociales. Pasó en muchos países occidentales. Hay ganadores y perdedores. Al hacerlo, Xi pierde alguna fuerza política, surgen opositores. Y ahora es muy complicado. Sólo él está al comando. Un problema económico es el equilibrio entre el mercado y el estado centralizado. En el Estado se sabe qué tiene que hacer. Pero el centro no puede conocer todo. No puede advertir si hay errores o si hay algo no funciona.

–¿Por ejemplo?


–Creo que Xi no vio venir la amenaza de guerra comercial con EE.UU. Cuando se encontraron en 2017, Xi parecía el hombre fuerte y Donald Trump, el débil. Cuatro meses después, Trump empezó esta guerra y complicó a Xi. A mitad de 2018 incluso hubo rumores de desestabilización en China. O sea, en poquísimo tiempo pasó todo esto y hay señales sugestivas. Luego del Congreso partidario hubo tres plenario y faltó el cuarto, que es habitual. En medio, hubo una reforma constitucional que le dio más poder a Xi. ¿Por qué todo eso? ¿Está Xi tan fuerte que no necesita ese pleno? ¿O por tan débil no logró consenso en el seno del PCCh? ¿El hombre parecido a Mao está débil o está fuerte? Todo, en medio de una economía cambiante y una transición histórica, cuando China quiere coronar su regreso a lo que era antes de las guerras del Opio del siglo XIX que la postergaron y dieron primacía a Occidente.

–¿Todo esto puede condicionar a Xi?


–Sí, a su política al interior de China y también al exterior. En su país, debe controlar más porque, si no, la economía se detiene y afectaría su política exterior, y debe mostrarse nacionalista hacia afuera para un consenso interno que haga menos visibles los problemas económicos. Es todo un equilibrio muy delicado.


–¿Cómo juega ahí el control en las redes, la cuestión digital, big data, comparado con Occidente, que también ejerce sus controles, desde ya?


–En Occidente, al final, hay una posibilidad de control sobre ese control. Mark Zuckerberg puede ir al Capitolio y explicar lo que pasa. En China no. Ahí el Estado dice: esto sirve para la estabilidad del buen gobierno y se termina el debate. Occidente en manos de compañías privadas tiene obviamente muchos problemas y mucho por mejorar, pero hay un control, está la posibilidad de poner en tu teléfono alguna privacidad más alta, en China no. Y tu opinión política no es relevante para Facebook. En China sí.


–Mmm... acá hay un colosal manejo de esos datos para inducir votos, manipular, condicionar resultados electorales...


–Pero es diferente. Si no sos influenciable, podés no aceptar eso. En China es distinto. Tu opinión muy crítica al gobierno chino directamente no se permite. La propaganda, la manipulación en internet, ¿es nueva? No, se hacía antes con la tv, la radio, la prensa. Las fake news están en la historia, las hubo hasta en el Imperio Romano o la Antigua Grecia. Claro, hoy hay técnicas más eficaces, un público más amplio. Yo veo diferencias. Si vos escribís “mi gobierno no me gusta”, acá no pasa nada.

–Bueno, más o menos.


–Ok, con alguna excepción, no te ponen publicidad...


–O podés ir preso también; se acusa a Venezuela de tener presos políticos, pero hay opositores presos en Argentina y en muchos países de Occidente, Lula, virtualmente Assange, en Colombia matan a diario a líderes opositores...


–Pero es completamente distinto en China, no podés escribir eso, directamente.


–¿La censura china en las redes globales como Google, Facebook, tiene que ver también con su soberanía y la lucha contra EE.UU. por el control del big data y las bases de datos?

–El fenómeno es previo a la guerra comercial. China permitió Facebook hasta 2009, tras una revuelta en la provincia Xinjiang, de mayoría musulmana, y Google se fue antes también. Entonces la guerra con EE.UU. no era tan clara. Por ejemplo, en el mercado chino Apple es muy fuerte, a la ciudad de Zhengzhou la llaman Apple City porque allí se hacen todos los componentes. Si por esta situación ese tipo de empresas se muda, digamos, a la India, como se habla, y los nuevos IPhone se fabrican en otro lado, es una cuestión gigantesca que puede cambiar totalmente lo economía global. Por lo que pasó con la detención de la directiva de Huawei, en Italia ya hay quienes dicen “no compremos Huawei”. Yo creo que debemos mantener el sándwich frío, ser muy calmos, es un cuadro complejo y las consecuencias de estas peleas pueden ser muy grandes.

 

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