Putin brilla en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (spief)

El Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF, por sus siglas en inglés) desde su fundación hace 21 años no había tomado la relevancia de este año en donde el presidente ruso Vladimir Putin se movió como pez en el agua.

San Petersburgo, de 5 millones de habitantes, es la ciudad más europea de toda Rusia y es cuna de la mayoría de su élite gobernante.

Desde hace 13 años, el SPIEF se encuentra bajo los auspicios del presidente ruso en turno, y en esta ocasión acudieron desde el presidente francés Emmanuel Macron pasando por el primer ministro nipón Shinzo Abe hasta el vicepresidente chino Wang Qishan (íntimo del mandarín Xi).

De que asistan 2 miembros del G-7–Francia y Japón–, sin contar a la directora del FMI, la francesa Christine Lagarde (CL) y las nutridas delegaciones de empresarios alemanes, pone en tela de juicio toda la política de sanciones que ha encabezado EU contra Rusia.

El portal Russia Today comenta que Washington y Londres no parecen perturbados por el giro de Rusia con China e India, lo cual sí preocupa a Francia y Alemania.

El juvenil presidente galo Macron sentenció que Rusia es una parte inalienable de Europa, mientras que en forma sarcástica el zar Vlady prometió proteger a Francia ante el abandono de Trump.

El ex canciller alemán Gerhard Schroeder resaltó que la asociación energética con Rusia es de interés vital para Europa –cuyo proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que vincula a Rusia con Alemania sin pasar por Ucrania, ha indispuesto a EU que desea vender la próxima extracción masiva de gas esquisto de Norteamérica mediante el pernicioso fracking.

Analistas rusos y alemanes consideran que las próximas sanciones de Trump contra Europa, bajo el pretexto de su diferendo con Irán, van encaminadas a procurar ventajas empresariales a EU.

Las sanciones de Trump son ya contraproducentes cuando se auto-golea en sus segmentos médicos y tecnológicos ( http://bit.ly/2GS5sOX ).

El zar Vlady Putin, acompañado por China, alabó el mercado libre y el sistema de cooperación multilateral que tomó años construir y que ahora es roto en forma cruda ya que romper las reglas se está volviendo la nueva regla, en alusión a las deletéreas medidas proteccionistas de Trump.

El zar Vlady expuso que el comercio de Rusia con Europa llegó a alcanzar 450 mil millones de dólares que ahora ha caído a la mitad, mientras que con China “el comercio alcanzará 100 mil millones de dólares próximamente ( http://bit.ly/2sgLEzm )”.

Al contrario de la propaganda negra anglosajona, la directora francesa del FMI, CL, alabó que Rusia había puesto un marco macroeconómico admirable por lo que es capaz de sortear los tiempos difíciles: hoy no tiene virtualmente un déficit fiscal y ostenta un equilibrio sólido de su cuenta corriente con muy poca deuda, además de propiciar inversiones en salud y educación.

CL puso énfasis en los riesgos de tormentas cuando la deuda global, pública y privada juntas, se encuentra en su más alto nivel: 164 millones de millones de dólares, es decir, 225% del PIB global.

El zar Vlady Putin advirtió sobre una crisis financiera no vista en el mundo: el desprecio a las normas existentes y la pérdida de confianza pueden combinarse con la impredecibilidad y la turbulencia del cambio colosal tecnológico que pueden desembocar en una crisis sistémica, por lo que no necesitamos hoy guerras comerciales o aun treguas comerciales temporales. Necesitamos una paz comercial integral, en clara alusión al unilateralismo proteccionista de Trump ( http://bit.ly/2GRqi13 ).

No todos los analistas de la dupla anglosajona son aguafiestas: Ian Colebourne, mandamás de Deloitte CIS, comentó que los “poderosos fundamentos de la economía rusa atraen a los inversionistas extranjeros, en particular en su significativo crecimiento agrícola, así como en el rubro farmacéutico ( http://bit.ly/2IM1Gwm )”.

Según CNBC, Rusia, previo al mundial de futbol, “busca probar que los pronósticos apocalípticos de su colapso económico han fracasado ( https://cnb.cx/2GPJU5z )”.

Kirill Dmitriev, mandamás del Fondo de Inversiones Directas de Rusia (RDIF, por sus siglas en inglés), alardea de las excelentes condiciones de la prudente política macroeconómica del país, además de haber estimulado la economía doméstica mediante la sustitución de importaciones.

Sin duda ha contribuido el alza notable del barril de petróleo que pasó de 27 dólares hace 2 años a 79 dólares este año.

Los analistas pertenecientes a la dupla anglosajona enemiga de Rusia no comparten los prospectos encomiásticos, como es el caso de Neil Shearing, economista en jefe de los mercados emergentes en Capital Economics, quien considera que en el corto plazo, Rusia todavía se encuentra en la fase de recuperación, mientras que vislumbra enorme preocupación en el mediano plazo, debido a la tasa reducida de inversiones que empuja a mayores políticas estatistas.

Las críticas de los economistas anglosajones van encaminadas a la tendencia autárquica (de autosuficiencia) y a su enorme dependencia en los hidrocarburos, y calculan un crecimiento mediocre entre 1.5% a 3% al año de aquí a los próximos 5 años. ¿Cómo catalogarán, entonces, a las propias economías de sus países EU y Gran Bretaña que se encuentran en la lona?

Todo depende del cristal con que se mire: el presidente del banco ruso VTB, Andrei Kostin, comentó que estaba más preocupado por la tercera guerra mundial debido a la política agresiva de EU, que a sus sanciones económicas ( https://cnb.cx/2J8LXGR ).

A propósito, el zar Vlady recordó durante el SPIEF que la OTAN se está acercando a las fronteras de Rusia, por lo que instó a Occidente ( sic) a no cruzar la línea roja en las relaciones con Rusia: No basta con que la OTAN haya llegado a nuestras fronteras, también sospechamos que mañana podría incluir también a Ucrania y desplegar allí radares y sistemas antimisiles de defensa. Existen unos límites, si me entienden, no se puede cruzar la línea roja.

También el zar Vlady se lamentó de que Rusia sea culpada de todos los problemas sin seriedad alguna por EU. Sobre su relación con Trump comentó que no han mejorado ni se han deteriorado. Prácticamente no tenemos un diálogo directo y adujo que “la situación existente se debe a un conflicto entre los representantes de la élite estadunidense ( http://bit.ly/2saiTp3 )”.

Liza Ermolenko, del grupo británico Barclays Capital Economist, pone en relieve el ambiente de su pobre demografía, el cual siempre ha sido el objetivo de largo plazo de EU para doblegar a Rusia.

La dupla simbiótica de Trump y Netanyahu ha arreciado sus guerras demográficas contra mexicanos y palestinos por igual, pero la guerra demográfica propiamente dicha contra Rusia proviene de los cuartos de guerra del Partido Demócrata desde Clinton y Obama y que han sido refrendados por el Deep State estadunidense de demócratas y republicanos por igual.

El objetivo de Washington desde el mediano hasta el largo plazo es obligar a Rusia a reconocer la primacía indiscutible de EU para poder consagrarse a someter a China, donde no existe guerra demográfica que valga.

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Prevé EU otra estructura en el diálogo con China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio ayer señal de una nueva dirección en las conversaciones de comercio entre su país y China, al decir que el actual camino lucía "demasiado difícil de hacer" y que cualquier posible acuerdo necesita "una estructura diferente".

En una publicación en Twitter, Trump citó dificultades como la verificación, pero no dio otros detalles sobre lo que él o su administración busca en las actuales negociaciones.

Representantes de la Casa Blanca no respondieron inmediatamente a un pedido de más información sobre el comunicado.

"Nuestro acuerdo comercial con China avanza muy bien, pero al final probablemente tendremos que usar una estructura diferente que será demasiado difícil de hacer y verificar los resultados después de su finalización", escribió Trump en Twitter.

La declaración del mandatario se da en medio de negociaciones entre las dos mayores economías del mundo, después de que potenciales aranceles de ambas partes elevaron los temores de una guerra comercial, incluso cuando algunas tensiones se han aliviado por señales de progreso.

El martes, el presidente estadunidense indicó a periodistas que no estaba conforme con las recientes conversaciones comerciales entre los dos países, sin embargo, China importará volúmenes récord de petróleo y probablemente más soya estadunidenses, tras dar señales a refinerías y compradores de granos estatales que deben incrementar más sus adquisiciones para ayudar a aliviar las tensiones entre las dos grandes economías, divulgaron fuentes de comercio ayer.

China es el principal importador mundial de petróleo y soya, y más compras a Estados Unidos ayudarán a satisfacer el creciente consumo interno. Las importaciones también contribuirían a reducir el superávit comercial de China con Estados Unidos.

La china Sinopec, la mayor refinería de Asia, incrementará sus compras de crudo a Estados Unidos hasta máximos históricos en junio como parte de los esfuerzos de China por reducir el déficit comercial, resaltaron ayer dos fuentes con conocimiento del tema.

En el plano agrícola, el comprador estatal de granos Sinograin volvió esta semana al mercado de soya estadunidense por primera vez desde inicios de abril, revelaron dos fuentes.

Por su parte, Estados Unidos se acercó a un acuerdo el martes para levantar la prohibición a proveedores locales del fabricante chino de equipos de telecomunicaciones ZTE Corp, y Pekín anunció recortes arancelarios a las importaciones de automóviles.

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El dominio tecnológico de China pasa por los semiconductores

Pekín invierte fortunas para limitar la actual dependencia exterior y convertirse en el gran productor de chips del planeta


En su afán de convertirse en la próxima potencia tecnológica mundial, China tiene un punto débil: los semiconductores. Estos circuitos integrados son clave para la producción de teléfonos móviles, ordenadores, automóviles, trenes de alta velocidad y en general cualquier producto que pueda considerarse un dispositivo inteligente. Pero las capacidades tecnológicas del país están aún por detrás de las de los grandes del sector como Estados Unidos, Taiwán, Corea del Sur o Japón. Esta dependencia exterior disgusta a Pekín, que en un contexto de guerra tecnológico-comercial con Washington ha emprendido una difícil carrera para liderar el diseño y fabricación de chips.


China es el principal consumidor de semiconductores del planeta. Las fábricas del país producen gran parte de la electrónica de consumo que después se exporta al resto del mundo. Pero el principal elemento de la cadena de valor de estos productos, los semiconductores, no está ni diseñado ni fabricado en su territorio. De hecho, estos circuitos integrados fueron, con 227.000 millones de dólares, la principal mercancía importada por China en 2016. Más incluso que el petróleo.


Conscientes de la importancia de la industria, las autoridades han incluido los semiconductores en su plan “Made in China 2025”, un ambicioso programa de modernización industrial centrado en los sectores de alta tecnología. Pekín se propone que sus empresas fabriquen el 70% de chips utilizados en equipos producidos en su país en el año 2025, es decir, convertirse prácticamente en autosuficiente. El problema es que actualmente esta tasa apenas alcanza el 10% del total.


Las consignas a favor de que China pase a ser un país técnológicamente autosuficiente se han redoblado en las últimas semanas en boca del mismo presidente, Xi Jinping, ante el endurecimiento de las relaciones con Estados Unidos en materia comercial y sobre todo tras el caso de ZTE, fabricante de teléfonos móviles al que Washington ha prohibido comprar componentes de empresas americanas. Estos episodios aumentan la urgencia de Pekín, pero la premisa no es nueva: ya en 2014, China creó el Fondo Nacional de Inversión en Circuitos Integrados con 19.000 millones de euros en una primera fase -que ahora podría ampliarse con hasta los 28.000 millones más-, para fomentar el desarrollo de esta industria. El capital procede de forma directa o indirecta de las arcas públicas.


Son cifras desorbitadas para gastar tanto en investigación y desarrollo como en capacidad de producción. “Con el apoyo de enormes fondos de inversión respaldados por el Gobierno a nivel central, provincial y local, China corre el riesgo de crear un exceso de capacidad que podría reducir los márgenes de beneficio y el desarrollo tecnológico de la industria global”, alertan al respecto desde la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China. En otras palabras, se teme que con esta lluvia de millones los semiconductores chinos inunden el mercado como ya ocurrió con los paneles solares o las bombillas LED, llevándose por delante a competidores de otros países.


Este escenario, según los expertos, solamente podría suceder por ahora en el caso de los circuitos integrados situados en el extremo más bajo de la cadena tecnológica, donde China sí está haciéndose un hueco entre los grandes productores. Pero alcanzar a medio plazo la tecnología punta que cuentan empresas líderes como Intel (Estados Unidos), Samsung (Corea del Sur) o TSMC (Taiwán) es otra historia.


Según los cálculos de Christopher Thomas, socio de la consultora McKinsey en China, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) de las empresas chinas es de unos 5.000 millones de dólares anuales, una cifra que no casa con la grandilocuencia del discurso oficial. “No es muchísimo dinero. Los proveedores líderes en el mercado mundial gastan individualmente tanto en I+D como toda la industria china de semiconductores”, ilustra.


Además, China tiene tiene una barrera muy díficil –algunos dicen que imposible- de superar a corto y medio plazo. Ninguna de sus empresas cuenta actualmente con la tecnología necesaria para fabricar los chips más avanzados, los de mayor rendimiento, y los productos locales están como mínimo dos generaciones por detrás de los que diseñan los actores que están a la vanguardia del sector. “No es que de repente uno pueda acelerar sus inversiones en I+D y se ponga al día. Se trata de tecnologías integradas, muy complejas y con una cadena de valor completa. Todo el proceso tiene que ser replicado, lo cual es increíblemente difícil de hacer”, asegura Thomas. Dos de las principales compañías chinas del sector, SMIC y Huali, rechazaron hablar con este periódico sobre sus planes de expansión y las ayudas gubernamentales.


La vía lenta para conseguir ganar posiciones es seguir invirtiendo en I+D y atraer talento extranjero. Esto último se antoja muy complicado a pesar de las generosas remuneraciones que se ofrecen en China porque hay pocos ingenieros que estén a la altura y estos están blindados en sus respectivas empresas. Un estudio del Ministerio de Industria y Tecnologías de la Información estimaba en 2017 que el déficit de personal cualificado en este sector asciende a 400.000 personas.
Otra opción, mucho más rápida, es lograr tecnología extranjera mediante la adquisición de empresas de otros países. La estrategia fue ampliamente usada por Pekín entre 2014 y 2016, pero según datos del banco francés Natixis estas operaciones cayeron un 87% el año pasado. No ocurrió por falta de apetito, sino por el cada vez mayor escrutinio de otros países sobre las inversiones chinas. Ya no se trata de que Donald Trump quiera poner difíciles las cosas a China, sino que nadie en Japón, Corea del Sur o Europa está dispuesto a ceder al gigante asiático una tecnología que se antoja clave en el futuro.

Pekín 20 MAY 2018 - 21:10 COT

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Domingo, 20 Mayo 2018 05:41

Nuevos nacionalismos, nuevos arsenales

Nuevos nacionalismos, nuevos arsenales


El mundo vive una nueva carrera armamentística, esta vez multipolar y tecnológica, marcada por el nacionalismo y la desconfianza en las grandes potencias

 

El pasado 4 de mayo, el almirante John Richardson, jefe de las operaciones navales de EE UU, anunció la reconstitución de la histórica segunda flota tan solo siete años después de su disolución. La unidad naval se había responsabilizado durante décadas de las operaciones en el Atlántico Norte. Fue la que gestionó la dramática operación de control de Cuba durante la crisis de los misiles de 1962, ordenada por el presidente Kennedy para evitar la entrega de cualquier material ofensivo por parte de la URSS al régimen de Castro. También fue la flota que se encargó de sostener la invasión de la isla de Granada ordenada por Ronald Reagan en 1983. En septiembre de 2011, una década exacta después del 11-S, cuando el mundo parecía en otra era geopolítica con respecto a la Guerra Fría, la Administración de Barack Obama procedió a su disolución en el marco de una reorganización de recursos.

Por aquel entonces, el Pentágono no consideraba a Rusia un desafío estratégico y por tanto el Atlántico Norte no era una prioridad; además, Washington se disponía a reducir el gasto militar tras haber alcanzado en 2010 la histórica cifra de 768.000 millones de dólares anuales, según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés).


En pocos años, mucho ha cambiado. Hoy, las nubes de una carrera armamentística se ciernen oscuras en el horizonte global, también en el Atlántico. Tambores de retórica nacionalista retumban en varias latitudes, especialmente en las principales capitales del planeta. Y los síntomas de la nueva fiebre se hallan por doquier.


Dos días antes del anuncio de la resurrección de la segunda flota, el 2 de mayo, el SIPRI informaba de que, según sus cálculos, en 2017 hubo un nuevo incremento en el gasto militar mundial (una subida del 1,1% con respecto al año anterior). El salto sitúa el total en 1,69 billones de dólares, nuevo récord histórico desde que hay datos razonablemente fiables (1991), batiendo la anterior marca global, que se alcanzó en 2011.


Cuatro días después, el pasado 8 de mayo, el presidente Trump anunciaba la retirada de EE UU del pacto nuclear con Irán, firmado por otras cinco potencias. Se trataba de la enésima andanada contra una arquitectura global para el control de armamento que se halla en un equilibro muy precario. En la madrugada del día 10, Israel respondió con vehemencia militar a un supuesto ataque iraní contra el Golán. El ministro de Defensa israelí avisó de que "si en Israel llueve, en Irán diluviará".


El mismo día 10, la canciller alemana Angela Merkel afirmó, en la solemne entrega del Premio Carlomagno, que Europa ya no puede contar con EE UU para su protección; con coherencia, su Gobierno propugna un aumento del gasto militar. Y esta semana se ha visto que incluso la única buena noticia aparente en el panorama —el incipiente deshielo con Corea del Norte— es en realidad una frágil esperanza a la que el riesgo de colapso espera a la vuelta de cualquier esquina.


Nueva carrera armamentística en el siglo XXI


Estas son las pequeñas piezas de un rompecabezas que dibuja un escenario cada vez más claro: el amanecer de una nueva carrera armamentística con características del siglo XXI.


"Sí, estamos en una carrera armamentística. Pero no una clásica. Es una carrera tecnológica, en la que se pugna por la calidad y la precisión, tanto de armas convencionales como nucleares, y no por la cantidad", considera Thomas Countryman, que es presidente de la Arms Control Association y fue subsecretario de Estado para el Control de las Armas y la Seguridad Internacional en la Administración de Obama.


Se trata de una carrera que responde a distintas fuerzas motrices. Al anunciar la reactivación de la segunda flota, el almirante Richardson dio una clave esencial: "Nuestra Estrategia de Defensa Nacional (publicada este año) deja claro que hemos regresado a una era de competencia entre las grandes potencias, mientras el panorama de seguridad se torna cada vez más desafiante y complejo. Por eso reconstituimos la segunda flota".


Tras una época enfocada en las operaciones contra grupos terroristas, la acentuada desconfianza entre naciones poderosas (EE UU, China y Rusia) marca hoy todo el tablero, con una dinámica cambiante, de alta inestabilidad y, por tanto, peligrosidad: una potencia en fuerte ascenso (China), otra en inexorable declive que se niega a aceptarlo (Rusia) y una superpotencia en pleno viraje político que persigue ahora sin ningún complejo sus intereses de forma unilateral y vehemente (los EE UU de Trump).


Guerra Fría


En las tres, el nacionalismo impregna el discurso político como nunca desde el fin de la Guerra Fría. Putin articula toda su trayectoria de poder alrededor de la idea de la orgullosa resurrección de una gran Rusia; Trump alcanza la Casa Blanca bajo el indisimulado mantra del América first frente a los supuestos abusos de los demás; Xi Jinping vira de forma cada vez más acentuada hacia el nacionalismo a medida que se consolida en el poder. El discurso del líder chino de marzo ante la asamblea legislativa anual fue quizá el más explícito en ese sentido desde que llegó al poder. Y en India —un actor de notable peso estratégico en la escena internacional— ocupa el poder un político con un historial de corte nacionalista hindú, Narendra Modi.


La retórica de estos líderes se adentra de manera inquietante en territorio militar. "En el último año ha habido profundos cambios, tanto tecnológicos como políticos. Hemos visto a Trump y Putin alardear de sus misiles casi al estilo norcoreano, algo inconcebible hasta hace poco", señala Ian Williams, investigador asociado y director del programa sobre sistemas antimisiles del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Esa es la inquietante música de fondo en el eje principal.


Pero el mundo actual tiene una complejidad adicional. "A diferencia de lo que ocurría en la Guerra Fría, ya no tenemos una competición bipolar, sino una con múltiples frentes: India con China y Pakistán; Corea del Norte con Japón y Corea del Sur; Irán con Israel y Arabia Saudí", dice Williams. India y Arabia Saudí, desprovistos de la tecnología necesaria, son enormes compradores de armamento. Williams y Countryman coinciden en que hay una carrera de armamento y que su carácter es multipolar y tecnológico.


La posición de los principales actores induce a pensar que nos hallamos ante el arranque de una carrera sostenida. El impulso de las principales potencias va en esa dirección.
Estados Unidos, bajo la Administración de Trump, emprende un camino de constante aumento en el gasto militar. Frente a los recortes en la mayoría de Departamentos, el Pentágono goza de un claro fortalecimiento de sus recursos. Para el próximo ejercicio, la Casa Blanca busca un aumento de cerca del 10%. Desde el pico de los 768.000 millones de dólares en 2010, Obama redujo el presupuesto hasta los 600.000 en 2016. Pero con Trump pronto se superará otra vez el umbral de los 700.000.


China, respaldada por su creciente vigor económico y tecnológico, y estimulada por su voluntad de reforzarse como potencia, seguirá sin duda incrementando su inversión militar. En la década transcurrida desde 2008 ha duplicado su gasto, desde los 108.000 millones hasta los 228.000.


Europa, superada la crisis económica y espoleada por la escasa confianza en los EE UU de Trump, también se adentra en una probable senda de mayor gasto, tal y como apunta el Gobierno alemán y como le exige la propia Casa Blanca. Los cuatro grandes países europeos —Francia, Reino Unido, Alemania e Italia— siguen siendo importantes actores militares, con un gasto aproximado de 180.000 millones de dólares anuales.


El tercer mayor inversor del mundo, Arabia Saudí, encarrilado en una política de abierta rivalidad con Irán, con un inusitado activismo regional y con la guerra de Yemen abierta, tampoco aflojará.


Rusia, en cambio, camina a la contra. Tras el espectacular aumento de la inversión bajo el mandato de Putin —desde 20.000 millones en 2001 a 70.000 en 2016—, el Kremlin ha tenido que frenar debido a las graves dificultades económicas vinculadas a las sanciones internacionales y a la caída del precio del petróleo. La actual retórica de Putin parece privilegiar las condiciones de vida de los ciudadanos, frente a la inversión en Defensa. Pero el repunte del precio del petróleo lleva a pensar que pueden abrirse nuevas posibilidades de gasto también para Rusia.


A la propicia disposición hacia la inversión militar y a la retórica nacionalista —que siempre se sabe dónde empieza pero no dónde termina— hay que sumar el desmorone de la arquitectura de control de armas, un grave factor de volatilidad. El entramado de tratados en ese área no solo ha permitido limitar los despliegues, sino que, a la vez, introdujo elementos de control que elevaron la confianza mutua, la predictibilidad de los comportamientos. Varias piezas de ese puzle están desapareciendo.


En cuanto a las armas nucleares, la salida de EE UU del pacto con Irán podría conducir al ala dura del régimen de los ayatolás a reanudar el desarrollo de su programa atómico. Arabia Saudí no tardaría en poner en marcha el suyo si se da el caso. Por otra parte, el tratado entre EE UU y Rusia —conocido como New START— expira en 2021. Las partes no parecen muy inclinadas a renovarlo.


"Todos los presidentes que ha tenido EE UU desde Eisenhower (1953-1961) han tratado de liderar los acuerdos de no proliferación armamentística. Trump ha dejado claro que no quiere asumir ese papel. Le interesa más demostrar su hombría que reducir el riesgo de una catástrofe nuclear. El consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, es muy poco partidario de las políticas de no proliferación", apunta Countryman. "Nos adentramos en el periodo de menor regulación bilateral entre Moscú y Washington en materia de armamento, y eso, sumado a la imprevisibilidad de Trump, resulta alarmante", señala. EE UU ya se retiró en 2002 del Tratado sobre Misiles Antibalísticos.


En cuanto a Rusia, Williams comenta: "Desde los sesenta, Moscú solo se ha interesado por los acuerdos bilaterales para el control armamentístico y la no proliferación en momentos en que sentía que iba perdiendo. Ahora parece que entramos en una fase en la que apenas quedarán acuerdos en vigor, y Putin parece sentirse cómodo en este escenario".


Pero la caída del sistema de control también afecta al sector convencional. "En muchas regiones necesitamos que haya una mayor confianza entre los países rivales. Y eso se consigue con mucha más transparencia y con mucho más diálogo, aunque sea para que cada cual fije sus líneas rojas", advierte Siemon Wezeman, investigador principal del programa sobre transferencias de armas y gasto militar en el SIPRI. "Veamos en qué queda el intento en la península de Corea. Cada vez se avisa y se informa menos de las maniobras militares, y eso es muy peligroso con los niveles actuales de desconfianza. Son muchas las zonas en las que un error militar puede precipitar rápidamente una escalada bélica: India con Pakistán o China, Irán con Arabia Saudí, China con Japón...".


Administración de Obama


Todos estos factores espolean una carrera que, coinciden los expertos, tiene en la primacía tecnológica su estrella polar. En el sector nuclear, EE UU se ha embarcado en una descomunal renovación de sus arsenales, emprendida ya bajo la Administración de Obama (una suerte de condición impuesta por el Congreso para aprobar el New START), valorada en 1,2 billones de dólares hasta 2036, según cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso.


Rusia, por su parte, alardea de grandes innovaciones en sus arsenales. En el último discurso del estado de la nación, Putin emprendió una amplia digresión en ese capítulo, y presentó una nueva generación de armas, mostrando incluso un vídeo con cabezas nucleares apuntando a Florida, donde Trump tiene una residencia. Entre otras cosas, habló de un supuesto misil de crucero con propulsión nuclear ("nadie en el mundo tiene algo parecido", dijo); de un misil balístico intercontinental capaz de golpear tras sobrevolar los polos; de drones submarinos de alta velocidad armados con cabezas nucleares o convencionales ("prácticamente invencibles"); de misiles hipersónicos lanzados desde aviones de combate. Los expertos tienen profundas dudas sobre la capacidad real rusa en estos dominios, pero el discurso es revelador.


Y China, por su parte, protagoniza grandes progresos. Avanza en la constitución de una flota de alta mar y mejora su tecnología en todo el espectro, lo que le abre también mercados de venta. "China ha invertido muchísimo en innovación y ya produce material muy avanzado y más barato que el ruso o el norteamericano", explica Wezeman, del SIPRI. "Hace 30 años fabricaban basura y hoy venden algunos de los mejores drones que existen. Las opciones de Pekín de competir realmente con Washington y Moscú en el mercado global de las armas pasan por que sea capaz de penetrar en el mercado de Oriente Próximo, que está en plena ebullición y todavía se le resiste".


La carrera amenaza con adentrarse en territorios desconocidos, con hallazgos tecnológicos que pueden ser desequilibrantes. Pero también por resucitar viejas estructuras como la segunda flota de EE UU. Un escenario repleto de riesgos.

 

Madrid 18 MAY 2018 - 12:12 COT

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La sensatez de Bernie Sanders respecto de Irán

En un artículo para el rotativo británico The Guardian, Bernie Sanders, senador por Vermont, explaya que al negar el acuerdo nuclear con Irán, Trump colocó a Estados Unidos (EU) en el camino de la guerra.

No es únicamente Trump. Ya que el supremacista racista presidente de EU –quien acaba de insultar a los migrantes latinos de animales (¡megasic!) y que luego trató de enmendar y remendar aludiendo que se trataba de los Mara Salvatruchas de El Salvador (http://bit.ly/2Ldohzy)– también comparte la corresponsabilidad con el pugnaz cuan mendaz premier israelí, Bibi Netanyahu, quien anhela una nueva guerra, esta vez contra Irán, hasta el último soldado estadunidense, como aludí previamente en mi artículo: Trump y Netanyahu incendian Medio Oriente: EU reniega el acuerdo de Obama con Irán (http://bit.ly/2rKcr6W).

El mesiánico talmúdico Netanyahu comparte el supremacismo racista de Trump, como propuse en mi reciente libro: Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos (http://bit.ly/2K4CD4J).

A sus 76 años, Sanders es un admirable judío progresista a quien fue impedido ser el candidato presidencial por el Partido Demócrata debido a las supercherías de la inmunda maquinaria electorera de la familia Clinton.

Hoy Sanders encabeza la lista de las mejores opciones del Partido Demócrata para la próxima elección presidencial cuando la efigie de Hillary Clinton se ha desvanecido por sus múltiples escándalos de toda índole (http://bit.ly/2IwkIXt).

Al contrario de Trump, Sanders sentencia que es necesario intentar dialogar con el gobierno iraní, tener una mejor relación con el pueblo iraní y alentar “un papel más constructivo para Irán en la región (http://bit.ly/2Gyl2PA)”.

Bernie enuncia que es una locura imaginar que, habiendo desencadenado esos problemas por el mal uso de la fuerza militar, los podamos resolver de la misma manera.

Fustiga la salida de Trump del acuerdo nuclear con Irán –realizado en forma creativa por Obama con el formato P5+1: los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU; EU, Gran Bretaña (GB), Francia, Rusia y China; más Alemania– que impide una “distensión ( détente)” con el país persa y profundizó las tensiones con los más importantes aliados democráticos de EU –Francia, GB y Alemania.

En realidad, el distanciamiento de EU con sus aliados de Europa occidental –Francia, GB y Alemania– no solamente son imputables a Trump, sino que provienen y se acumulan desde la aventura de la guerra de Irak de Baby Bush y prosiguió con las guerras financiera y económica de Obama.

En un artículo para Sputnik, analizo la ruptura de Trump con Europa en seis frentes –“Trump rompe con Europa por Irán, Jerusalén, el comercio, el cambio climático, la OTAN y el euro (http://bit.ly/2KFNBgp)”–, a grado tal que el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, preguntó durante la Cumbre de 28 países en Sofía (Bulgaria): ¿Con amigos como Trump, quién necesita enemigos?

A mi juicio, el frente más ominoso de Trump contra Europa radica en la profundización de la guerra financiera del dólar contra el euro, cuyo nuevo teatro de batalla lo representa el pago del petróleo/gas de Irán con la divisa común europea en lugar del billete verde (http://bit.ly/2GBeQqc).

En forma perturbadora, Bernie refiere que Trump rechazó el consejo (sic) de no renegar del acuerdo nuclear con Irán de su propio equipo de funcionarios en seguridad nacional, como el jefe de las Fuerzas Armadas Conjuntas, general Joseph Dunford, y el secretario de Defensa, James Mattis, y contra la opinión de los expertos en la materia.

Trump practica su misma conducta de desprecio al conocimiento de los profesionales, cuando renegó del acuerdo sobre el cambio climático de París (http://bit.ly/2k8YHiP) para alinearse con una pequeña facción ideológica sin inmutarse sobre las desastrosas consecuencias para nuestra seguridad global.

Bernie juzga que tras 17 años de guerra en Afganistán y 15 años de guerra en Irak, el pueblo estadunidense no desea comprometerse en guerras sin fin en Medio Oriente ni desea ser atraído en un conflicto de chiítas contra sunnitas y de Arabia Saudita contra Irán, que es hacia donde se dirige Trump.

Cita un artículo pasado del megahalcón John Bolton, flamante asesor de seguridad nacional de Trump, donde postula que, para frenar la bomba de Irán, había que bombardear a Irán. ¿Cuál bomba iraní, si el país persa no posee ninguna bomba atómica, salvo en la imaginación del primer Netanyahu que usa como propaganda negra?

Bernie soslaya que Israel ostenta en forma clandestina un máximo de 400 bombas nucleares. El Estado sionista –que goza de canonjías celestiales gracias al apoyo irrestricto de EU que ha llegado a niveles antigravitatorios con Trump y su yerno talmúdico Jared Kuhsner– no firma el Tratado de No-Proliferación ni permite la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica en su reactor nuclear de Dimona, lo cual fue expuesto por Mordejai Vanunu, héroe pacifista de la era nuclear (http://bit.ly/2GyZkL8).

Existe una manía bélica en el seno del Senado de EU, que parece estar totalmente bajo la férula del omnipotente lobby sionista de AIPAC (http://bit.ly/2vF0GUt), para proteger a Israel y bombardear a sus enemigos, como fue el caso del polémico y pugnaz senador John McCain, ex candidato presidencial por el Partido Republicano, hoy en fase terminal de su enfermedad, quien en forma desquiciada se puso a bailar y cantar en público “bombardear Irán (http://bit.ly/2GybEeB)”.

El diagnóstico de Bernie es implacable: Debemos entender que la ruta a la guerra de Irak no empezó en forma sencilla en 2003. Fue construida ladrillo sobre ladrillo a lo largo de los años con decisiones políticas que pudieron haber parecido relativamente pequeñas en ese momento, pero que finalmente nos llevaron al peor error de la política exterior de nuestra historia.

La prospectiva de Bernie no es halagüeña: La guerra de Irak tuvo enormes consecuencias involuntarias (sic) con las que todavía lidiamos hoy y que proseguirán por muchos años venideros. En efecto, una de sus consecuencias involuntarias fue el empoderamiento de Irán en Irak y en otras partes de la región.

Bernie no dice que EU concretó un colosal negocio con la venta de armas a los dos bandos enemigos de Irak (con Saddam Hussein) e Irán (con el ayatola Jomeini) para que se degollasen de 1980 a 1988 con el fin de mantener la hegemonía de la dupla anglosajona en el golfo Pérsico con su concomitante control del petróleo.

Sanders concluye que el discurso belicoso de Trump pareció claramente girar la política estadunidense al mismo cambio de régimen que sirvió de fondo a la guerra de Irak.

Ayer fue Irak. Hoy corresponde su turno a Irán.

Nada más que hoy EU se encuentra en decadencia y el zeitgeist (el espíritu del tiempo) varió sustancialmente cuando la dupla supremacista racista de Trump/Netanyahu no juega sola.

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Sábado, 19 Mayo 2018 06:53

Un “faccionalismo” limitante

Un “faccionalismo” limitante

Las manifestaciones en la frontera de Gaza deben ser comprendidas en el contexto de la ocupación israelí, el asedio y el muy postergado “derecho de retorno” de los refugiados palestinos. Pero además merecen ser analizadas desde otra perspectiva paralela: el propio “faccionalismo” y las disputas internas de los palestinos.

 

El “faccionalismo” es un mal profundamente arraigado en la sociedad palestina que durante décadas ha impedido cualquier esfuerzo unificado para acabar con la ocupación militar israelí y el apartheid.


La rivalidad política entre Fatah y Hamas es catastrófica, porque ha ocurrido mientras el proyecto colonial israelí se profundizaba y el robo de tierra en Cisjordania se ha ido acelerando.


En Gaza el asedio sigue siendo asfixiante y mortífero. Sumada a la indiferencia regional y el bloqueo de Israel, que ya dura una década, la prolongada disputa entre facciones ha llevado a los gazatíes al borde de la hambruna y la desesperación política.


Las protestas masivas en Gaza, que comenzaron el 30 de marzo y cuyo fin estaba previsto para el 15 de mayo, han sido la respuesta del pueblo a esta desalentadora realidad. No se trata sólo de destacar el derecho al retorno para los refugiados palestinos. Las manifestaciones también buscan reconquistar la agenda, trascender las rivalidades internas y devolverle la voz al pueblo.


Con el paso del tiempo acciones injustificables se vuelven tolerables. Es lo que ha ocurrido con la ocupación israelí que, año tras año, se traga más tierra palestina. Hoy la ocupación representa prácticamente el statu quo.


El liderazgo palestino sufre del mismo encierro que su gente. Diferencias geográficas e ideológicas han comprometido la integridad de Fatah y de Hamas, volviéndolos irrelevantes tanto en su casa como a nivel internacional.


Pero jamás esta división interna había sido usada de manera tan eficaz como un arma para deslegitimar el reclamo de los derechos humanos más básicos de un pueblo entero. El argumento es: “los palestinos están divididos, así que deben seguir encerrados”


El estrecho lazo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Biniamin Netaniahu, ha sido acompañado por un relato político que no admite simpatía alguna hacia los palestinos. Según este relato, incluso el hecho de que familias se manifiesten pacíficamente frente a la frontera de Gaza debe ser considerado un “estado de guerra”, tal como argumentó el Ejército israelí recientemente.


Durante su visita a la región, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, repitió un mantra bien conocido al referirse a los muertos y heridos de las protestas en Gaza: “Creemos que los israelíes tienen derecho a defenderse”.


Los palestinos se encuentran encerrados, en Cisjordania por la ocupación, rodeados de muros, puestos de control y colonias judías, mientras que Gaza sufre un asedio hermético desde hace una década. A pesar de esto, Fatah y Hamas parecen tener otras prioridades.


A partir de la creación, en 1994, de la Autoridad Palestina (ANP), luego de la firma de los Acuerdos de Oslo, Fatah dominó la política palestina, marginalizó a sus rivales y combatió a cualquier oposición. Mientras operaba bajo la ocupación militar israelí en Cisjordania, prosperaba económicamente al recibir miles de millones de dólares en ayuda económica.


Y lo que es más, la Autoridad Palestina ha usado su poder económico para mantener su control sobre los palestinos, exacerbando la ocupación y varios tipos de control militar israelí.


Desde entonces el dinero ha corrompido la causa palestina. Dinero de “donantes”, miles de millones de dólares que recibió la ANP en Ramalah, transformaron la revolución y el proyecto de liberación nacional en una estafa financiera con muchos beneficiarios. La mayoría de los palestinos, no obstante, sigue siendo pobre. Y el desempleo se ha disparado.
A lo largo de su conflicto con Hamas, Majmud Abbas (presidente de la ANP) nunca dudó en aplicar un castigo colectivo a los palestinos para ganar puntos políticos. A partir del año pasado tomó una serie de medidas financieras punitivas contra Gaza, incluso un pago sospechoso a Israel por suministro de electricidad a Gaza, mientras le recortaba los salarios a decenas de miles de funcionarios en Gaza que seguían recibiendo su paga de las autoridades cisjordanas.


Esta tragedia política lleva más de una década sin que los partidos se pongan de acuerdo para poder avanzar más allá de sus discrepancias.


Varios intentos de reconciliación han sido saboteados, o bien por los propios partidos o por factores externos. El último de estos acuerdos fue firmado en El Cairo el octubre pasado, y aunque se anunciaba prometedor, pronto comenzó a tambalearse.


En marzo pasado un supuesto intento de asesinato contra el primer ministro de la ANP, Rami Hamdalah, provocó acusaciones cruzadas entre ambos partidos. Hamas afirmó que los responsables eran agentes de la ANP resueltos a destruir el acuerdo, mientras que Abbas acusó a Hamas de intentar matar al líder de su gobierno.


Hamas está desesperado por encontrar una vía para acabar con el asedio a Gaza, y el asesinato de Hamdalah significaría un suicidio político para el movimiento. La mayor parte de la infraestructura de Gaza se encuentra en ruinas, debido a las sucesivas guerras israelíes. El hermético asedio a Gaza ha impedido su reconstrucción o reparación.


Fatah y Hamas ofrecieron relatos diferentes sobre las decenas de miles de palestinos que manifestaban en la frontera de Gaza, intentando usar las protestas para destacar o inflar su propio apoyo entre los palestinos.


Frustrado por la atención que las protestas le generaron a Hamas, Fatah intentó organizar contramanifestaciones en apoyo a Abbas en Cisjordania. Como era de esperar, el resultado fue embarazoso, ya que sólo logró convocar a pequeños grupos de simpatizantes de Fatah.


Más tarde Abbas presidió una reunión del difunto Consejo Nacional Palestino (CNP) en Ramalah para hacer alarde de sus supuestos logros en la lucha nacional palestina.
El CNP es considerado el ente legislativo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Tal como la OLP, ha sido relegado durante muchos años a favor de la ANP, dominada por Fatah. El líder de la ANP escogió personalmente a los nuevos miembros para integrar el CNP, asegurándose así que todas las instituciones políticas obedezcan a su voluntad.


Los palestinos desencantados por las divisiones políticas están trabajando para crear un nuevo espacio político, independiente de los caprichos de las facciones. Porque, para ellos, la verdadera lucha es contra la ocupación israelí, por la libertad palestina, y nada más.

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Torra al gobierno, Puigdemont al poder

El Parlament ha investido este lunes al diputado de Juntos por Cataluña Quim Torra como 131º presidente de la Generalitat, con los 66 apoyos de esa fuerza política y de Esquerra Republicana de Cataluña, las cuatro abstenciones de la Candidatura de Unidad Popular, y 65 votos en contra de del Partido Popular y otros partidos.


El presidente del Parlament, Roger Torrent, deberá comunicarlo al rey para que proceda al nombramiento formal: la ley fija que, en un máximo de cinco días tras el nombramiento, el nuevo presidente tome posesión.


Con la toma de posesión, Cataluña volverá a tener un presidente de la Generalitat, cargo vacante desde el 27 de octubre de 2017, cuando el Gobierno central cesó a todo el Govern en aplicación del artículo 155 de la Constitución, que entró en vigor después de que el Parlament proclamara la República ese mismo día.


El Gobierno central ha avisado de que solo levantará la aplicación del 155 si las primeras acciones del nuevo Govern se enmarcan dentro de la legalidad.
Durante el debate de investidura, Torra ha expresado su determinación en seguir apostando por hacer de Cataluña "un Estado independiente en forma de república".


Ya en su primer discurso ante el Parlament tras ser elegido, ha prometido que luchará para que el ex presidente Carles Puigdemont sea investido de nuevo porque le considera el presidente legítimo de Cataluña. Será, dijo Torra, uno de los objetivos para de esta Legislatura, en la que el papel de Torra ha sido definido por él mimo como "provisional". Ha concluido su parlamento con "Visca Catalunya lliure" (Viva Cataluña libre).


Y en ese sentido hay que interpretar el primer acto del nuevo president: Torra viajará este martes a Berlín para encontrarse con Carles Puigdemont. Los dos ofrecerán una rueda de prensa conjunta. El presidente electo y el ex presidente catalán, que contempla elecciones en Cataluña a finales de octubre, comparecerán así ante la prensa en el Sana Berlin Hotel de la capital alemana.


Cohesión social y errores


Torra ha sido investido en segunda votación gracias a las cuatro abstenciones clave de la CUP, y en el debate de este lunes ha hecho un discurso centrado en su programa de Govern que pivotará en tres ejes: cohesión social, prosperidad económica y un proceso constituyente para conseguir "una república para todos".
Ha vuelto a pedir disculpas por los tuits y artículos del pasado que le ha criticado la oposición: "Me arrepiento, no volverá a ocurrir", y también ha dicho que el independentismo ha cometido errores, aunque no los ha detallado.


Una de las novedades del discurso de este lunes respecto al del sábado es que ha cifrado en 16 las leyes catalanas aprobadas por el Parlament que su Govern querrá reimpulsar y que no están vigentes porque el Tribunal Constitucional las suspendió tras los recursos del Gobierno central.


También se ha mostrado dispuesto a reunirse con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, si éste le llama, pero le ha exigido que la negociación sea bilateral Generalitat-Estado: "De tú a tú".


Reproches de la oposición


La líder de Cs en Catalunya, Inés Arrimadas, ha asegurado que la investidura de Torra como presidente acaba con la posibilidad de que Cataluña sea Estado: "Si alguna vez el independentismo pensaba que tenía alguna posibilidad de salirse con la suya, hoy la entierran con este señor".


El primer secretario del Partido Socialista Catalán, Miquel Iceta, ha insistido en que el Govern se desmarque del anterior y respete la ley: "Si para hacer república hay que empequeñecer la nación, no nos sirve; si hay que romper la unidad civil, será nefasta, y si hay que romper las leyes, acabará como el rosario de la aurora".
El líder del PP catalán, Xavier García Albiol, ha advertido a Torra de que, si se salta la ley, el Gobierno central deberá volver a intervenir la autonomía catalana como ha hecho los últimos seis meses y ha concluido: "Está en sus manos".


Los comuns, la CUP y el ERC


El líder de los comuns, Xavier Domènech, ha dirigido sus críticas a la bancada de ERC y la CUP, a quienes ha reprochado que, pese a considerarse fuerzas de izquierdas, con sus votos entregan la Presidencia a un exponente del "catalanismo conservador".


El diputado de la CUP Carles Riera ha precisado que, aunque su grupo permita la investidura de Torra, no apoya al futuro Govern, y solo se ha abstenido como "estrategia antirrepresiva" frente al Estado; además, el grupo no ha aplaudido cuando se ha confirmado la investidura.


Torra ha agradecido las abstenciones a la CUP y les ha prometido que seguirá la senda hacia la independencia: "Os hago un encargo: que os mantengáis alerta por si alguna vez caemos en la tentación del autonomismo. Levantad la bandera roja inmediatamente".


El líder de ERC, Sergi Sabrià, ha celebrado que la investidura hará posible formar el Govern que su partido siempre ha reclamado y pedido hacer del independentismo un proyecto político más inclusivo: "El principal reto será romper barreras. De nada servirá un diálogo entre los dos millones de personas que estamos convencidos".
De Público de España especial para Página/12

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Europa apuesta por plantar cara a Trump: "¿Queremos ser los vasallos de EEUU?"


Alemania y Francia ya no se fían del presidente estadounidense. Merkel como Macron abogan por abrir una nueva etapa en las relaciones con el gigante estadounidense

 

"Afrontémoslo, Europa todavía está en la infancia en relación a la política exterior común. El supuesto de que Estados Unidos simplemente nos protegerá ya no existe. En su lugar, Europa tiene que tener en sus manos su propio destino. Esa es la tarea para el futuro". La canciller alemana, Angela Merkel, mostró su preocupación, pero especialmente toda su decepción y toda su desconfianza, tras la ruptura unilateral por parte de Donald Trump del pacto nuclear con Irán y el posterior anuncio de sanciones para las empresas que comercien con el país asiático.

La conclusión de las palabras de Merkel, pronunciadas en presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, es que Alemania y Francia ya no se fían de Trump. Las declaraciones no sólo de sus líderes, sino de varios miembros de sus respectivos gobiernos, inciden en esa línea no ya sólo de desmarcarse de Trump sino de abrir una nueva etapa en las relaciones con Estados Unidos. Por ejemplo, Merkel dijo que Alemania tenía que acelerar sus esfuerzos y jugar un papel mayor para lograr una solución pacífica en Siria.

En ese sentido, el presidente Macron marcó la línea a seguir: la soberanía de Europa. "Debemos tener éxito a la hora de construir nuestra propia soberanía, que en esta región [Oriente Medio], será garante de estabilidad".


Macron y Merkel llaman a fortalecer a política exterior común europea, así como la defensa. "Elegimos construir la paz en Oriente Próximo. Otras potencias ... no han mantenido su palabra", dijo Macron, sin mencionar un país directamente, pero anunciando un nuevo discurso europeo basado autonomía respecto de Estados, soberanía e iniciativa.

Ese discurso fue refrendado este viernes por el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, quien en una entrevista radiofónica elevó el tono frente a la amenaza de sanciones de Estados Unidos a las empresas que comercien con Irán, al tiempo que pidió a la Unión Europea (UE) que pase "de las palabras a los hechos" y plante cara a Washington.
Le Maire aseguró que Europa debe "preservar su soberanía económica" frente a las sanciones "extraterritoriales" anunciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el momento de abandonar el acuerdo nuclear con Irán.


"¿Queremos ser los vasallos de Estados Unidos que obedecen al menor movimiento de su dedo?", se preguntó el ministro, que reunirá a sus homólogos de Alemania y el Reino Unido para preparar la respuesta.
Pero, más allá de eso, el ministro galo aseguró que estudian una serie de medidas para contrarrestar la decisión de Washington.

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¿Cuáles son las mayores corporaciones del mundo?


Crece rápido o muere lento. Es el lema de las tecnológicas, que están superando en riqueza y tamaño a los emporios clásicos porque al menos el 40% de los negocios actuales perecerá

Crece rápido o muere lento. El lema que acuñaron las punto.com a comienzo de este siglo -y que se puso en tela de juicio durante su crisis sectorial, con repercusión global, allá por 2003, que desencadenó la primera de las dos recesiones de la era George W. Bush-, ha cumplido con los augurios. Fundamentalmente, procedentes de gurús de las nuevas tecnologías. El credit-crunch de 2008 ha llevado en volandas a sus compañías más emblemáticas a la cima de la globalización. Sobran botones de muestra. Tesla, por ejemplo, pionero fabricante de coches inteligentes que fundó Elon Musk, superó en 2017 a Ford o General Motors en capitalización bursátil. Adaptarse a los cambios o desaparecer. Esa es la cuestión. Porque, como alerta John Chambers, presidente de Cisco Systems, “al menos el 40% de los negocios actuales perecerá en los próximos diez años si sus directivos no son capaces de averiguar cómo realizar una conversión de arriba a abajo en sus compañías para adecuarlas a la innovación tecnológica”.


Un sorpasso, el de los unicornios -término con el que se conoce a las firmas que superan los mil millones de dólares de facturación- a las blue chips -o empresas bien establecidas, con ingresos estables, valores sin grandes fluctuaciones y que no precisan de ampliaciones de su pasivo para conservar su estabilidad en los mercados- que también representan la nueva economía, digital, en la que la información, el Big Data, y el economics analytics, ha dirigido al sector privado hacia una nueva dimensión. Facebook, una de las señaladas por las autoridades fiscales americana y europeas por disfrutar de las ventajas impositivas que confieren las regulaciones mercantiles y tributarias a los domicilios sociales y fiscales y el principal agente empresarial involucrado en los cambios de tendencia en las urnas británicas y estadounidenses, en 2016, que condujeron al Brexit y al triunfo de Donald Trump, gestiona más de 300 millones de gigabytes en información personal de sus usuarios. Datos equivalentes a que cada uno de ellos tuviera archivados 126 e-books en sus cuentas. Y un arsenal de perfiles que le permite disponer de una de las plataformas on line más importante del mundo. Indispensables para beneficiarse de modelos de negocio que amplían consumidores y diversifican mercados al calor del incremento productivo de los robots y la automatización industrial, y del boom de ventas propiciado por el e-commerce. Apenas dos decenios después de que Sergey Brin y Larry Page registraran el dominio google.com y once de que Steve Jobs presentara en sociedad, en San Francisco, el primer iPhone.


En este intervalo, el primer decenio desde la crisis de 2008, el quinteto de grandes firmas, según la consultora Statista, lo acapara las tech de referencia. Apple, con 752.000 millones de dólares de capital bursátil (tres cuartas partes del PIB español), encabeza el ranking de 2017, seguida de Alphabet, cabeza del emporio Google, con 579.500 millones; de Microsoft, con 507.500; Amazon (427.000) y Berkshire Hathaway, el oráculo inversor de Warren Buffet, uno de los clásicos, junto a Bill Gates y Carlos Slim, del top-three de mayores fortunas del mundo en la clasificación anual de Forbes de los últimos lustros, con 409.900 millones. Casi la misma cotización mundial que la firma de Mark Zuckerberg -Facebook concluyó el pasado ejercicio con un valor de mercado de 407.300 millones- y antecedió en este selecto club a la primera de las petroleras, Exxon Mobil, con 242.000 millones, las históricas y hegemónicas creadoras de riqueza para sus accionistas de otros tiempos.


El liderazgo por ingresos anuales en 2017


Sin embargo, los expertos de Statistic, modifican substancialmente su top-ten, al sondear las cuentas de resultados de las firmas y evaluarlas por el volumen de ingresos. Quizás el parámetro más fiel del tamaño de una empresa. Según sus valoraciones, de abril pasado, cuando se cerró, por tanto, el primer trimestre de actividad de este año, cuando la capitalización bursátil de Apple se catapultó hasta los 913.170 millones de dólares, Walmart registró unos ingresos, al término de 2017, para el conjunto del último ejercicio, de 485.900 millones. Fruto de los incrementos de ventas a través de e-commerce y del dinamismo consumista de su principal mercado: EEUU. Aunque opera con plataformas digitales en once naciones y tiene diseminados 11.000 centros comerciales por 28 países. Walmart, con sede en Bentonville (Arkansas) y que es propietario de los almacenes británicos Asda, emplea a más de 2,3 millones de trabajadores en todo el mundo, de los que 1,5 son empleados en EEUU. Para 2018, planea crear más de 200.000 nuevos empleos y mejorar los salarios de toda su plantilla. Además de aumentar los cursos formativos y adecuar así a sus trabajadores, presentes y futuros, a las demandas del mercado digital, promete su CEO, Doug McMillon.


A continuación, esta consultora sitúa a tres empresas chinas. El segundo escalafón del peldaño es para State Grid Corporation, con una facturación de 315.200 millones de dólares en 2017. La firma es el monopolio del mercado eléctrico del gigante asiático. Gestiona 24 firmas del sector de ámbito estatal, además de cinco regionales. Fundada en 2002, da trabajo a casi 2 millones de personas y dispone de 1.100 millones de clientes. Exporta a Italia, Filipinas, Australia y Brasil y va a realizar un plan de inversión de 11.000 millones de dólares en Sarawak (Malaisia) con la que iniciará su salida al exterior. Otra china, la petrolera Sinopec, con 267.500 millones de ingresos, completa el pódium. Esencialmente, por su expansión contractual en Rusia y Mongolia. Emplea a más de 810.000 trabajadores, principalmente a través de sus subsidiarias de petróleo y de la industria química. Ha desembolsado más de 120.000 millones de dólares en adquisiciones entre 2009 y 2013. Le sigue la China National Petroleum Corporation, con 262.600 millones. CNCP es un conglomerado de empresas energéticas con más de 1,7 millones de trabajadores, aunque su principal fuente de negocio es el petróleo y el gas. En la actualidad, dispone de unas reservas de crudo de 3.700 millones de barriles y mantiene joint-ventures de exploración y producción con Venezuela, Irán, Tailandia y Canadá.


El quinto y el sexto puesto son para dos emporios automovilísticos. Toyota, con 254.700 millones lidera las ventas de coches eléctricos, con más de 6 millones de unidades vendidos, casi todos de su modelo Prius. Si bien, buena parte de sus ingresos también proceden de sus otras marcas: Daihatsu, Ranz, Hino y Lexus. La compañía de la región japonesa de Aichi mantiene una plantilla de 348.000 trabajadores. Desde 2012, fabrica más de 12 millones de vehículos al año. Le sigue los pasos su gran rival global, Volkswagen, con 240.300 millones. A pesar del escándalo por las emisiones contaminantes de sus modelos, que estalló en 2015, y por el que ha desembolsado más de 15.300 millones de dólares en indemnizaciones y reparaciones y sanciones a autoridades regulatorias de EEUU, su política de diversificación de fabricantes (son dueños de Skoda, MAN, Scania, Bugatti, Bentley, Lamborghini, SEAT y Audi) y de vehículos (también se dedica a producir autobuses y camiones, principalmente) mantiene a más de 600.000 trabajadores.


Para desvelar a la segunda petrolera, Royal Dutch Shell, hay que remontarse al séptimo puesto. Facturó 240.000 millones de dólares. Es una de las clásicas de los seis supermajors del sector. Su catálogo de negocios es la base de su facturación. Está inmersa en exploración, producción, refino, distribución, electricidad, industria petroquímica, marketing y en la comercialización de energías renovables, especialmente eólicas y de biocarburantes. Gestiona unos 3,7 millones de barriles diarios y está presente en más de 70 países. En 2016 gastó 53.000 millones de dólares en la adquisición del grupo BP y se convirtió con esta operación en la primera compañía de gas natural licuado. Berkshire Hathway, con 223.700 millones, es la octava firma que, en su registro contable, incluye la facturación de sus marcas subsidiarias: NetJets, Pampered Chef, FlightSafety International, Long & Foster, Helzberg Diamonds, Lubrizol, BNSF Railway y Dairy Queen. Aunque el 75% de los ingresos declarados por Warren Buffet con su buque insignia, ya no proceden del ámbito financiero, sino de sus inversiones en conglomerados de sectores muy variopintos, que van desde el ferrocarril, hasta aseguradoras como Geico.


En novena posición aparece Apple, con 215.600 millones. Tiene 478 centros comerciales en 17 países y emplea a más de 110.000 personas. Y cierra el top-ten Exxon Mobil (205.000 millones y más de 77.000 empleados).


Aramco, la compañía con más beneficios del mundo


La era digital, en cualquier caso, no ha logrado desbancar a viejos teloneros del mercado. Por mucho que, en 2017, el número de unicornios repuntara como nunca en la historia económica reciente. O que china empezara a tutear a EEUU en esta faceta, al encumbrar nada menos que a 45 nuevas firmas al listado de empresas con más de 1.000 millones de facturación. Aramco, la petrolera estatal saudí, es la más rentable. Con diferencia. Sólo en los seis primeros meses del pasado ejercicio, consiguió 33.800 millones de dólares para las arcas del reino saudí. Vende más de 10 millones de barriles cada día. Las cuatro décadas de existencia de la mega-petrolera saudí ha sido uno de los secretos mejor guardados del Reino de Riad. Gobernada, como ha estado, por príncipes y ejecutivos y directivos del círculo íntimo de la monarquía Saud. Esta cifra ha sido entregada a los posibles inversores. A propósito de la privatización del 5% de su accionariado, operación inmersa dentro del programa de modernización económica del país impulsado por el heredero a la corona, Mohammed bin Salman, que valora a la petrolera en nada menos que 2 billones de dólares. Y la venta de esa porción de sus acciones en torno a los 100.000 millones.


Los 33.800 millones de ingresos en los seis primeros meses de 2017, con el precio del crudo aún por debajo de los 50 dólares, casi la cuarta parte de los que llegó a cotizar el barril en su valor histórico, rebasa la facturación conjunta de Samsung, Microsoft y Volkswagen. Y ha sido extraída de notas oficiales de varios bancos de inversión que preparan el acuerdo de salida a bolsa de Aramco.


Lista Forbes de las 500 mayores


El que Apple lidere el ranking de mayores empresas por capitalización bursátil y Walmart la lista por ingresos, no quiere decir que sean las compañías más grandes del mundo. Otra clasificación, la de la publicación Forbes, se considera la más completa por cuanto incluye en su catalogación una valoración de ventas, beneficios, activos y valor de mercado de cada una de las firmas que componen su indicador. El más extenso, incluye las 500 de mayor dimensión. En su edición sobre los resultados de 2017, el top-ten es el siguiente: los bancos chinos ICBC y China Construction Bank; Berkshire Hathaway; JP Morgan Chase; Wells Fargo; Agricultural Bank of China; Bank of America; Bank of China; Apple y Toyota Motor.


En su enumeración, registra nueve empresas hispanas. La primera que aparece es Santander, en el puesto 33, con 48.300 millones de ventas, 6.900 de beneficios, 1,4 billones de activos y 89.400 millones de valor de mercado. Le sigue BBVA, en el 105; Telefónica, en el 110; Iberdrola, en el 145; Repsol, en el 240; Inditex, en el 276; Gas Natural Fenosa, en el 307; La Caixa (321) y Mapfre (475).


Otra clasificación de referencia es la que ofrece las diez mayores firmas por valor de marca. La elabora la consultora Interbrand, que sitúa a Apple como la primera, con una enseña de 184.000 millones de dólares. La parte esencial de su valoración la extraen de los ingresos, pero también incluyen otros componentes, más o menos tangibles, relacionados, en esencia, con la ejecución de medidas de renovación de la imagen corporativa o, en su defecto, con decisiones o casos que pudieran deteriorar su marca. Acompañan a la firma de la manzana Google (141.700 millones de dólares de valoración); Microsoft, con 80.000 millones; Coca-Cola, con 69.700; Amazon, con 64.800; Samsung, con 56.200; Facebook, con 48.200; Mercedes-Benz, con 47.800 e IBM, con 46.800.


Pero, ¿cuáles son las más innovadoras en la era digital? La firma Boston Consulting Group tiene su ranking 2018. Sobre datos del pasado ejercicio. En el que calibran sus inversiones en I+D+i o el desarrollo de nuevos productos con denominación online, así como su aceptación en mercado y su éxito de ventas. La mayoría de sus empresas innovadoras (siete de las diez primeras) se consideran nativas digitales y obtienen la vitola de innovadoras por sus programas de inversión y la evolución de sus modelos de negocios y las industrias en las que operan y producen. En su listado, no aparece ninguna firma española. Los cinco primeros son Apple, Google, Microsoft, Amazon y Samsung.

 

02/05/2018 20:44 Actualizado: 03/05/2018 06:30
DIEGO HERRANZ

Publicado enEconomía
Domingo, 29 Abril 2018 06:36

Rivales estratégicos

Rivales estratégicos

La hegemonía estadounidense está siendo disputada por China. Es por el liderazgo y control de la llamada 4ta Revolución Industrial.

 Todo pareciera indicar que se esta en los inicios de una nueva fase del mandato de Donald Trump, en la que se muestra decidido a hacer realidad sus, hasta ahora incumplidas, promesas de campaña: especialmente recomponer el tejido industrial devastado por la relocalización de empresas y las nuevas tecnologías. De esas promesas, plasmadas en la “Agenda de Política Comercial”, se deducen las prioridades en el plano internacional. Un intercambio más equilibrado para reducir el déficit comercial, del 4 por ciento del PIB, y fortalecer el poderío militar estadounidense como mecanismo de presión para las negociaciones comerciales. Todo se resume en su lema de campaña “América Primero”. 

Este es el contexto de las últimas medidas tomadas por la administración Trump: suba de aranceles (proteccionismo) y recambio de funcionarios (reforzamiento del militarismo). A las que deben agregarse las disputas diplomáticas con Rusia que ahora se extendieron a buena parte de Europa y que aumentan las tensiones políticas. Trump realizó tres jugadas en simultáneo que encendieron las alarmas por la posible escalada de disputas comerciales y bélicas.


1. Por decreto gravó las importaciones chinas de 1300 productos por un valor de 50.000 millones de dólares al año.


2. Exigió a China que reduzca en 100 mil millones anuales su superávit comercial bilateral.


3. Dio marcha atrás con la suba de aranceles al acero y al aluminio que afectaban seriamente a Canadá y a Europa, principales proveedores, pero simbólicamente las mantuvo para China, que le vende muy poco en esos rubros.


Por su parte la República Popular China respondió con una lista de 128 productos pasibles de suba de aranceles por apenas 3000 millones de dólares al año, al mismo tiempo que reafirmó su intención de liderar la globalización. Pero dos días después subió la apuesta y amenazó con arancelar a los automóviles y a la soja (principales productos que le exporta Estados Unidos) por un valor también de 50.000 millones.


Por último, hubo cambios de funcionarios en el gabinete de Trump. Un halcón, John Bolton, por un moderado, H.R. McMaster, como asesor en política de Seguridad Nacional y un ultraconservador y miembro del Tea Party, Mike Pompeo como Canciller, por Rex Tillerson, lo que consolida un perfil más militarista a su gabinete.


Objetivos


Se sabe, en el largo plazo, China y Estados Unidos son rivales estratégicos, pero toda la evidencia disponible muestra que en el corto y mediano plazo comparten ciertas necesidades y objetivos comunes –lo que no implica que no haya competencia y disputas por el poder–, que se habrían sellado hace un año en la reunión que los presidentes Donald Trump y Xi Jin Ping mantuvieran en la residencia privada del primero en Florida. Allí habrían discutido desde aspectos económico-comerciales hasta geopolíticos y habrían llegado a ciertos acuerdos.


Nada indica, por ahora, que se este a las puertas de una guerra comercial abierta. Viendo la magnitud del déficit (375 mil millones de dólares sobre un intercambio de 505 mil) no parecen medidas muy exageradas, el superávit chino sería menor pero importante y Trump enviaría un mensaje a sus votantes del cinturón oxidado. Por otra parte las subas arancelarias norteamericanas entrarían en vigencia dentro de 60 días –supeditadas a la aprobación de la Oficina del Representante del Comercio Exterior (USTR)– mientras que las chinas no tienen fecha de aplicación El secretario del Tesoro de Estados Unidos fue muy claro: “las medidas contra China estaban sujetas a negociación” y el de Comercio completó: “son el preludio a una serie de negociaciones”. En tanto, China ha reservado sus cartas más fuertes, por ejemplo poner trabas a la importación de aeronaves producidas en Estados Unidos o hacer valer que es el mayor tenedor de bonos estadounidenses.


Más bien parecen movimientos para mejorar condiciones de competencia y posicionarse para la disputa estratégica. Así la suspensión de las medidas sobre el acero y el aluminio para Europa y otros países, entre ellos Argentina, serían jugadas para garantizar alianzas en esa disputa, cuando Francia y Alemania se ven tironeadas por China, con quién comparten el liderazgo de la globalización y el libre comercio. En tanto, el reforzamiento del militarismo es previo a que en mayo Estados Unidos se retire del acuerdo nuclear con Irán. Los nuevos miembros del gabinete apoyan ese retiro cuyos efectos sí pueden ser impredecibles, entre ellos fortalecer al ala más fundamentalista y debilitar al actual presidente Hasan Rohani, uno de los artífices del acuerdo con el Comité de Seguridad.


Hegemonía


Cuando el orden construido a la salida de la II Guerra Mundial comienza a resquebrajarse y la globalización pareciera tocar ciertos límites la hegemonía estadounidense está siendo disputada por China, que de seguir el curso actual, según los ejecutivos de Google, en 2030 China dominará la industria de alta tecnología. No en vano la amenaza arancelaria de Trump se refiere a las importaciones high tech de China –tecnología de punta para las industrias aeroespacial y robótica–, al mismo tiempo que denuncia ante la OMC, una institución a la que ha boicoteado sistemáticamente, el robo de tecnologías creadas por empresas de Estados Unidos.


La disputa estratégica es entonces por el liderazgo y control de la llamada 4ta revolución industrial –robótica, internet de las cosas, inteligencia artificial–, para la que la República Popular China está haciendo grandes inversiones mientras que la administración Trump ha reducido las partidas presupuestarias para ciencia y tecnología. En este juego de presiones comerciales que escalan y bravuconadas guerreristas, un error de cálculo puede transformar la inestable estabilidad actual en un caos.
* Integrante del colectivo Economistas de Izquierda (EDI).

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