Trump apoya retorno de Rusia al G-8, mientras el zar Vlady y el mandarín Xi sellan su amistad

Con los fractales –zonas mínimas de orden dentro del caos generalizado– del incipiente nuevo orden mundial que parece tender a la tripolaridad de EU con Rusia y China.

Con todo y sus inconmensurables defectos locales/regionales/globales, a escala geoestratégica, Trump entiende la decadencia de EU –aunque alardea lo contrario– cuando no pierde de vista que las deletéreas guerras de Clinton, los Bush y Obama arruinaron a su país con el aterrador dispendio militar de 7 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón).

No se puede soslayar que el vacío global de EU está siendo ocupado en forma gradual por Rusia, a nivel militar, y por China, a nivel geoeconómico.

En forma paradójica, Europa –protegida por el paraguas nuclear de EU y la OTAN que encabeza– se volvió el competidor comercial, geopolítico y geofinanciero (euro vs dólar) de EU.

La mejor prueba es que Trump desprecia y sojuzga a Europa (incluyendo a Gran Bretaña) –no se diga, humilla a sus dos valetudinarios vecinos Canadá y México: otrora aliados en el caduco previo (des)orden mundial unipolar– mientras negocia con China en forma más equilibrada y equitativa su déficit comercial y coquetea con el retorno de Rusia al G-8.

Tales serían los tres fractales del caos global: EU/Rusia/China que configuran la nueva tripolaridad del siglo 21.

No faltan quienes agreguen a India –que desplazó a Japón con un PIB de casi el doble, medido por el Poder Adquisitivo (http://hyperurl.co/ga9dp8)– sin contar su arsenal nuclear de 130 ojivas (http://bit.ly/2Jseggu) del que carece el país nipón. India aún no exhibe su vocación geoestratégica que quizá procure más adelante.

Era previsible la fractura del G-7 hoy convertido en un G-6+1: El G-7 implosiona en Canadá, mientras el grupo de Shanghái asciende en China (http://bit.ly/2LCoQlO).

Antes de llegar con medio día de retardo a la disfuncional cumbre del G-7 en Malbaie (Quebec), Trump sacudió sus entrañas cuando formuló la imperativa presencia de Rusia para regresar al G-8: Rusia debería estar en esta reunión, ¿Por qué tenemos una reunión sin Rusia?. Trump agregó en forma desafiante e impertinente: Les guste o no, y puede ser políticamente incorrecto, pero tenemos un mundo que administrar (https://nyti.ms/2sKi5HD).

De facto, Trump sepulta la añeja unipolaridad, a la que se habían subido en forma confortable los restantes miembros del G-7, y adopta quizá la tripolaridad con Rusia y China, lo cual dejó estupefactos a sus aliados occidentales, con excepción del flamante primer ministro italiano Giuseppe Conte quien en un tuit avaló la sugerencia de Trump: Rusia debe regresar al G-8. Es en el interés de cada uno (https://reut.rs/2HAfVyO).

No se recupera de su estupor el rusófobo New York Times vinculado a los intereses de George Soros, del Partido Demócrata de los Clinton, Obama y el israelí-estadunidense Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado.

The Washington Post expone que con Trump, varios temen el fin del orden mundial (https://wapo.st/2sM4QWM). ¿Cuál orden?

Trump llegó medio día tarde a la cumbre, arribó retrasado 17 minutos al desayuno del día siguiente y se fue medio día antes de su conclusión cuando volvió a la carga con el reingreso de Rusia: el G-8 es un grupo más significativo que el G-7. Culpó a Obama de haber permitido la anexión de Crimea por Rusia y de haber encabezado luego las sanciones y la expulsión de Rusia del G-8 (https://nyti.ms/2sKjgGR).

Si ahora el G-7 se quedó en lo que el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, bautizó como el G-6+1, con el apoyo de Italia al reingreso de Rusia pues más bien se trataría de un G-5+2 (http://bit.ly/2LDAEUK), si es que no se sale también Japón que mantiene excelentes relaciones con Rusia, lo cual acabaría en un grotesco G-4+3.

Lo más divertido es que Rusia no desea regresar al G-8, según expresó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov (http://bit.ly/2MdTxPu).

El G-8 nunca existió: fue un engaño de Clinton que le propinó a Yeltsin que deglutió todos los cuentos texanos, ya que Rusia nunca fue admitida a sus reuniones financieras, por lo que en su momento la bauticé de G-7.5.

Se pulveriza el G-6+1, mientras su contrincante silencioso, pero efectivo, el Grupo de Shanghái –encabezado por China y Rusia con otros cuaro países centroasiáticos y la reciente incrustación de dos potencias nucleares India y Pakistán (con 140 ojivas nucleares) se consolida en Eurasia con su cumbre número 18 en Qingdao (China), donde el mandarín Xi y el zar Vlady Putin fortalecieron su asociación estratégica.

El mandarín otorgó al zar la primera Medalla de la Amistad de China (http://bit.ly/2sKTylD), lo que denota la relevancia de sus estratégicos lazos bilaterales.

Ya el año pasado, el zar había galardonado al mandarín con la máxima Orden de San Andrés. Hasta donde alcancé a consultar, no vi ninguna mención en la prensa occidental del galardón del mandarín al zar ni de la transcendental cumbre del Grupo de Shanghái en Qingdao. ¿Censura o envidia?

El portal Sputnik expone los puntos de vista de una pléyade de expertos de China y Rusia quienes comentan los acuerdos del mandarín y el zar desde el Ártico (¡súper-sic!) al espacio profundo (sic) frente a una compleja situación internacional (http://bit.ly/2JDGhVF) cuando Rusia y China se oponen al despliegue de armas en el espacio, lo cual fomenta EU y socava la estabilidad estratégica.

Se acabó el pensamiento lineal maniqueo y ahora impera la era de la hipercomplejidad no-lineal.

De hecho, el galardón del zar de parte del mandarín, al unísono de la consolidación de la relación bilateral, fue la nota relevante de la Cumbre de Shanghái.

La cumbre del Grupo de Shanghái fue como de costumbre escamoteada por Occidente.Pero en la mitad poblacional del planeta su celebración fue seguida con sumo interés.

La sede de la cumbre fue en la provincia de Shandong, lugar de nacimiento del confucianismo, e impulsó el espíritu de Shanghái de confianza mutua, beneficio mutuo, igualdad, consulta, respeto a la diversidad cultural (http://bit.ly/2sJSWgl).

Se trata de un neoconfucianismo geopolítico/geoeconómico: una cosmogonía más optimista frente a la decadencia de Occidente que exhibió sus fracturas y su egoísmo durante la disfuncional cumbre del agónico G-7 en Quebec, en contraste con la exitosa cumbre del Grupo de Shanghái donde el primer ministro indio, Narendra Modi, invitó al presidente vitalicio Xi a visitar India el año entrante (http://bit.ly/2sKiNob).

Llamó poderosamente la atención un articulo de Dmitry Shlapentokh, en el portal oficioso chino Global Times, en el que aduce en forma persuasiva que la cumbre Trump/Kim exhibe el desvanecimiento del poder de EU (http://bit.ly/2xUoW6s).

A mi juicio, es probable que la cumbre entre Trump y Kim Jong-un en Singapur no hubiera sido factible sin la facilitación tras bambalinas del mandarín Xi y del zar Vlady Putin, con la notable ausencia de Europa que se aferra nostálgicamente al caduco orden occidental y no asimila la nueva tripolaridad de EU/Rusia/China del siglo 21 que se ejerce en su detrimento.

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Trump quedó aislado en la cumbre de Canadá

Son pocos los que creen que el mundo es un lugar más seguro luego de que el magnate rompiera el convenio con Teherán de 2015, que limita actividades nucleares iraníes que podrían servir para el desarrollo de una bomba atómica.

 

En la cumbre del G7, Occidente se mostró tomando distancia del presidente estadounidense, Donald Trump, a causa de las decisiones que el mandatario ha adoptado en materia de políticas internacionales, como el hecho de haber retirado a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París y del pacto nuclear con Irán.


La distancia con Trump quedó reflejada durante la cumbre del Grupo de los siete países más industrializados (G7) en Canadá, donde varios líderes protestaron por la decisión del magnate de imponer aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%). Además, son pocos los que creen que el mundo es un lugar más seguro luego de que el magnate rompiera el convenio con Teherán de 2015, que limita actividades nucleares iraníes que podrían servir para el desarrollo de una bomba atómica.


Durante el encuentro del G7 –formado por Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá–, el presidente francés, Emmanuel Macron manifestó sus diferencias con su par estadounidense. Trump, sin embargo, trató de desviar la atención de sus medidas proteccionistas proponiendo la inclusión de Rusia en la mesa de negociaciones, lo que fue rechazado por sus aliados, menos por el flamante primer ministro italiano, Giuseppe Conte. Rusia, que se sumó al G7 (y pasó a llamarse G8) en 1988, fue expulsada de dicho grupo luego de anexarse en 2014 la península ucraniana de Crimea.


A causa de las abismales diferencias entre las visiones sobre temas tan importantes, como la cuestión de los aranceles y el Pacto con Irán, los líderes del G7, en la práctica, parecen inclinarse a conformar un “G6+1” contra Estados Unidos y sus medidas proteccionistas, como dijo el ministro de Economía y Finanzas francés, Bruno Le Maire. Sin embargo, el G7 en conjunto aprobó en la declaración final del encuentro trabajar juntos para reducir aranceles y modernizar la Organización Mundial de Comercio. “Nos comprometemos a modernizar la OMC para hacerla más justa lo antes posible. Nos esforzamos por reducir barreras arancelarias y no arancelarias y subsidios”, asentó el texto.

Antes que se emitiera dicha declaración final en La Malbaie, Canadá, Trump se retiró rápidamente de la reunión, puesto que su objetivo primordial es asistir en Singapur a una histórica cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un, con el quien analizará el desarme nuclear de Corea del Norte, el próximo 12 de junio. “En el tope de la lista estuvo la cuestión comercial”, había dicho Trump, sobre los temas conversados, justo antes de tomar su vuelo. “Nosotros queremos y esperamos que otras naciones den un acceso justo al mercado a las exportaciones estadounidenses”, añadió.


Al haber partido cinco horas antes de que finalizara la cumbre, el mandatario estadounidense no participó en las reuniones sobre clima y océanos. Estados Unidos y Japón decidieron no sumarse –como ya sucedió el año pasado– al compromiso de trabajar para reducir con metas concretas la contaminación de los océanos con basura plástica, que sí apoyaron en cambio los europeos y Canadá.


Para Norberto Consani, director del Instituto de Relaciones Internacionales, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata, la cumbre jugó al borde de la ruptura de la Alianza Atlántica, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, a raíz de las provocaciones de Trump.


“Nunca hubo una tensión tan grande entre Estados Unidos y el resto de la Alianza Atlántica -que tiene en la Organización del Tratado del Atlántico Norte la vía militar- como con la crisis que se vive en estos días luego de que Washington rompiera el pacto nuclear con Irán”, opinó el analista.


Para Consani, Alemania y Francia son los países que más fuertemente se manifiestan en contra de algunas posiciones internacionales de la Casa Blanca. “Angela Merkel (la jefa del gobierno de Alemania), sobre todo, es muy dura, mientras que Macron está condicionado por ese componente gaullista que tiene la sociedad francesa, debido a lo cual Estados Unidos va a quedar aislado del resto de Occidente”, estimó el académico.


Ambos mandatarios se han pronunciado individualmente en contra de Trump. El mes pasado, Merkel dijo que Europa debe aprender a tomar su destino con sus propias manos, pues ya no puede confiar en la política exterior de Washington. Esta semana, el presidente francés recibió en París al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien lo presionó para que Francia se retire también del acuerdo, que había levantado sanciones a Irán y desbloqueado miles de millones de dólares iraníes congelados alrededor del mundo en virtud de las penalidades. “Ya me explicarán cómo se contribuye a la estabilidad regional haciendo salir a todo el mundo de un marco que ha permitido a la Organización Internacional de la Energía Atómica vigilar actividades que antes no se veía”, dijo Macron.


Disgustada por la actitud de Trump de retirarse del convenio nuclear, Irán anunció que se propone aumentar el número de sus centrifugadoras de uranio en la central atómica de Natanz, dentro de los límites del acuerdo firmado con Occidente.

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Viernes, 08 Junio 2018 06:41

Medio siglo de educación popular

Medio siglo de educación popular

Entre las múltiples creaciones que alumbró la "revolución mundial de 1968" (concepto acuñado por Immanuel Wallerstein), la educación popular es una de las más trascendentes, ya que ha cambiado en profundidad los modos como concebimos y practicamos el acto educativo, en particular en el seno de los movimientos anti-sistémicos.

En 1967 Paulo Freire publicó su primer libro, La educación como práctica de la libertad, y en 1968 redacta el manuscrito de Pedagogía del oprimido, que se publica en 1970. Este libro influyó sobre varias generaciones y llegó a vender la astronómica cifra de 750 mil ejemplares, algo extraordinario para un texto teórico. Desde la década de los años setenta los trabajos de Freire fueron debatidos en los movimientos, que adoptaron sus propuestas pedagógicas como forma de profundizar el trabajo político de los militantes con los pueblos oprimidos.

Una de las principales preocupaciones de Freire consistía en superar el vanguardismo imperante en esos años. Defendía la idea de que para transformar la realidad hay que trabajar con el pueblo y no para el pueblo, y que es imposible superar la deshumanización y la internalización de la opresión sólo con propaganda y discursos generales y abstractos.

De ese modo sintonizaba con los principales problemas legados por la experiencia de la Unión Soviética, pero también abordaba críticamente los métodos de trabajo de las guerrillas nacidas al influjo de la revolución cubana. Casi la totalidad de la generación de militantes de las décadas de 1960 y 1970 estábamos firmemente convencidos de representar los intereses de los sectores populares (incluyendo pueblos originarios y descendientes de esclavos arrancados de África), pero no se nos ocurría consultarlos acerca de sus intereses y menos aún sobre sus estrategias como pueblos.

Creo que la educación popular es una de las principales corrientes de pensamiento y acción emancipatoria nacidas en el entorno de la revolución de 1968. Buena parte de los movimientos tienen alguna relación con la educación popular, no sólo en sus prácticas educativas y las pedagogías que asumen, sino sobre todo en los métodos de trabajo en el seno de las organizaciones.

Freire se mostraba preocupado por transformar las relaciones de poder entre los revolucionarios y entre éstos y los pueblos (el vocablo revolución es uno de los más usados en Pedagogía del oprimido), probablemente porque estaba intentando superar los límites del proceso soviético. Sus propuestas metodológicas buscaban potenciar la autoestima de los oprimidos, jerarquizando sus saberes, que no los consideraba inferiores a los saberes académicos. Se propuso acortar las distancias y jerarquías entre los educadores-sujetos y los alumnos-objetos, con métodos de trabajo que mostraron enorme utilidad para potenciar la organización de los sectores populares.

Gracias a las formas de trabajo de la educación popular, los oprimidos pudieron identificar el lugar estructural de subordinación que los atenazaba, lo que contribuyó a la creación de las más diversas organizaciones de base en todo el continente.

En la década neoliberal de 1990, la educación popular fue tomando otros caminos. Un excelente trabajo de la socióloga brasileña Maria da Gloria Gohn (goo.gl/zBZVks), destaca que se produjo un profundo viraje que llevó a la "profesionalización" de los educadores populares, se debilita la horizontalidad y se consolidan relaciones de poder entre los que enseñan y los que aprenden. Los educadores populares van dejando de la lado la relación militante con sus alumnos para vincularse con la población como "grupos de beneficiarios".

La mayoría de los educadores populares trabajan para ONG (antes eran militantes organizados que, por supuesto, no recibían paga) y se difunde la idea de que "los gobiernos ya no son el enemigo sino fomentadores de iniciativas sociales para incluir a los excluidos". En adelante, la educación popular se dirige a individuos y ya no a sujetos colectivos, las metodologías ocupan un lugar central desplazando los debates político-ideológicos y el concepto de "ciudadano" sustituye al de "clase".

Los educadores populares tienden a convertirse en auxiliares rentados de las políticas estatales cuando, señala Gohn, dejan de luchar por la igualdad y el cambio social y trabajan para "incluir, precaria y marginalmente, a los excluidos". Los posgrados ocupan el lugar que antes tenían los educadores-militantes, mientras predomina un estilo que deja de lado la organización para la lucha, para adoptar la agenda de las financiadoras internacionales interesadas en proyectos para "aprender a insertarse en una economía desregulada y en un mercado de trabajo sin derechos sociales".

Es evidente que no todos los educadores populares tomaron este camino. Aunque un sector mayoritario se ha incorporado a los ministerios de Desarrollo Social durante los gobiernos progresistas, aún con críticas e insatisfacciones, el sector más activo y rebelde trabaja junto a los nuevos movimientos, a las fábricas recuperadas y los campesinos sin tierra, y dedican tiempo y esfuerzos para la formación con sectores populares rurales y urbanos.

Una porción considerable de la nueva generación de educadores populares (sin título y sin nombre) se dedica a aprender los saberes populares en sus territorios, no para codificarlos ni usarlos con fines propios sino para potenciar la organización de los de abajo. El historiador chileno Gabriel Salazar sostiene que los sectores populares se educan a sí mismos, en sus espacios y en base a sus cosmovisiones. "El objetivo de la autoeducación popular es crear poder", sostiene.

Los caminos se bifurcaron, como suele suceder en todos los procesos emancipatorios. Lo importante es que la educación popular está viva, que viene mutando desde que emergen nuevos sujetos colectivos y que tiene la capacidad de incorporar saberes de los pueblos. Una parte de los educadores decidió que la pedagogía crítica consiste en bajar y no subir.

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Miércoles, 06 Junio 2018 06:21

Una ecuatoriana para la ONU

Una ecuatoriana para la ONU

Se convertirá en la primera latinoamericana que ocupe el cargo. Geógrafa, ecologista y poeta, María Fernanda Espinosa será la cuarta mujer que dirija la Asamblea General –el órgano principal de la ONU– en 73 años de historia.

 

La canciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa, fue elegida ayer como la próxima presidenta de la Asamblea General de la ONU y se convertirá en la primera latinoamericana que ocupe el cargo.


“Quiero dedicar esta elección a todas las mujeres del mundo que hoy participan en política, que se enfrentan a ataques políticos y mediáticos marcados por el machismo y la discriminación”, afirmó Espinosa, de 53 años, ante la Asamblea. Además, rindió un especial homenaje a las mujeres que luchan por acceder a trabajos en igualdad de condiciones, a las víctimas de la violencia y a las mujeres y niñas que demandan acceso a información y educación de calidad. “Mi compromiso estará siempre con ellas”, dijo y subrayó su apuesta por que la ONU avance hacia la paridad.


El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, cuya elección, en 2017, fue criticada porque muchos querían que su cargo fuese ocupado por una mujer, celebró la experiencia de Espinosa como diplomática, pero sobre todo, celebró que sea una mujer quien ocupe la presidencia del órgano. “Que la decisión de hoy allane el camino para acelerar el progreso hacia la igualdad de género, dentro y fuera de las Naciones Unidas”, afirmó el máximo representante de la ONU. La última mujer en presidir el cuerpo fue Sheikha Haya Rashed Al-Khalifa de Bahréin, en 2006. Décadas antes lo ocuparon diplomáticas de India y Liberia.


Geógrafa, ecologista y poeta, Espinosa será la cuarta mujer que dirija la Asamblea General –el órgano principal de la ONU– en 73 años de historia. La ecuatoriana se impuso con claridad a la otra aspirante, la embajadora de Honduras ante Naciones Unidas, Mary Elizabeth Flores. La ministra de Ecuador obtuvo el respaldo de 128 de los 193 Estados miembros, mientras que Flores recibió el apoyo de 62.


Espinosa ocupará el puesto durante un año a partir del próximo septiembre, cuando reemplazará al actual presidente, el eslovaco Miroslav Lajcak. “Agradezco profundamente el voto de confianza que hoy han depositado en el Ecuador para presidir esta Asamblea”, dijo Espinosa en su discurso tras la votación.


La presidencia de la Asamblea General corresponde cada año a un grupo regional y la práctica habitual es que los países pacten una candidatura única, por lo que el órgano simplemente ratifica la decisión en una votación secreta.


En esta ocasión, sin embargo, el grupo de Latinoamérica y el Caribe no fue capaz de llegar a un acuerdo y las dos candidatas tuvieron que apurar hasta el último momento sus campañas. La elección se produjo en medio de una clara división en Latinoamérica y generó un choque diplomático entre los dos países aspirantes, después de que Ecuador presentara el pasado febrero la opción de Espinosa. Honduras llevaba años trabajando en su candidatura y defendía que Ecuador se había comprometido en 2015 a respaldar sus aspiraciones, algo que siempre negó el Gobierno ecuatoriano.


Ecuador propuso el pasado febrero a Espinosa como candidata, una decisión que llevó a Honduras a expresar oficialmente su malestar y sorpresa, así como a pedir que se retirara la postulación de la canciller ecuatoriana.


Aunque el voto en la Asamblea es secreto, algunos países latinoamericanos como Colombia o Brasil se posicionaron públicamente con Flores, mientras que otros como Venezuela respaldaron a Espinosa.


Como es habitual en la ONU, en las elecciones entraban en juego numerosos factores como alianzas políticas, intereses nacionales y cuestiones específicas de la agenda. En este caso, una de las que pudo pesar en beneficio de Ecuador fue el conflicto palestino-israelí, pues Quito mantiene una posición más cercana a los palestinos que es la mayoritaria dentro de la Asamblea General.


Honduras, mientras tanto, se ha mostrado más próximo a Israel y fue uno de los pocos países que mostró su respaldo al polémico reconocimiento de Jerusalén como capital israelí por parte de Estados Unidos.


Espinosa fue ministra de Defensa del gobierno izquierdista de Rafael Correa entre 2012 y 2014 y es canciller de Ecuador bajo el actual gobierno de Lenín Moreno. Fue también ministra de Patrimonio Cultural y Natural y embajadora ante la ONU en Nueva York y en Ginebra.


“¡Felicitaciones María Fernanda Espinosa! Un honor y un orgullo para Ecuador. La primera mujer ecuatoriana, y de la región de América Latina y el Caribe, en ocupar la presidencia de la Asamblea General de la ONU”, tuiteó el presidente Lenín Moreno tras la votación.


Espinosa se comprometió ante los Estados miembros actuar como una facilitadora imparcial, objetiva y abierta, que, según aseguró, escuchará las posturas de todos los países, pero que también tratará de liderarlos para que tomen decisiones en los ámbitos más importantes de la agenda. Además, defendió el multilateralismo: “Esta elección ha sido un acto del fortalecimiento del multilateralismo. Todos los Estados hemos ganado”, sostuvo la diplomática tras su triunfo. “Tenemos el reto de construir una organización más fuerte y más eficiente”, afirmó. “El fortalecimiento del multilateralismo no es una opción, es una obligación”.
Entre otras cuestiones, señaló entre sus prioridades las políticas de migración, de desarrollo y de clima y defendió la necesidad de que Naciones Unidas siga avanzando en su proceso de modernización y reforma.

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Putin brilla en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (spief)

El Foro Económico Internacional de San Petersburgo (SPIEF, por sus siglas en inglés) desde su fundación hace 21 años no había tomado la relevancia de este año en donde el presidente ruso Vladimir Putin se movió como pez en el agua.

San Petersburgo, de 5 millones de habitantes, es la ciudad más europea de toda Rusia y es cuna de la mayoría de su élite gobernante.

Desde hace 13 años, el SPIEF se encuentra bajo los auspicios del presidente ruso en turno, y en esta ocasión acudieron desde el presidente francés Emmanuel Macron pasando por el primer ministro nipón Shinzo Abe hasta el vicepresidente chino Wang Qishan (íntimo del mandarín Xi).

De que asistan 2 miembros del G-7–Francia y Japón–, sin contar a la directora del FMI, la francesa Christine Lagarde (CL) y las nutridas delegaciones de empresarios alemanes, pone en tela de juicio toda la política de sanciones que ha encabezado EU contra Rusia.

El portal Russia Today comenta que Washington y Londres no parecen perturbados por el giro de Rusia con China e India, lo cual sí preocupa a Francia y Alemania.

El juvenil presidente galo Macron sentenció que Rusia es una parte inalienable de Europa, mientras que en forma sarcástica el zar Vlady prometió proteger a Francia ante el abandono de Trump.

El ex canciller alemán Gerhard Schroeder resaltó que la asociación energética con Rusia es de interés vital para Europa –cuyo proyecto del gasoducto Nord Stream 2, que vincula a Rusia con Alemania sin pasar por Ucrania, ha indispuesto a EU que desea vender la próxima extracción masiva de gas esquisto de Norteamérica mediante el pernicioso fracking.

Analistas rusos y alemanes consideran que las próximas sanciones de Trump contra Europa, bajo el pretexto de su diferendo con Irán, van encaminadas a procurar ventajas empresariales a EU.

Las sanciones de Trump son ya contraproducentes cuando se auto-golea en sus segmentos médicos y tecnológicos ( http://bit.ly/2GS5sOX ).

El zar Vlady Putin, acompañado por China, alabó el mercado libre y el sistema de cooperación multilateral que tomó años construir y que ahora es roto en forma cruda ya que romper las reglas se está volviendo la nueva regla, en alusión a las deletéreas medidas proteccionistas de Trump.

El zar Vlady expuso que el comercio de Rusia con Europa llegó a alcanzar 450 mil millones de dólares que ahora ha caído a la mitad, mientras que con China “el comercio alcanzará 100 mil millones de dólares próximamente ( http://bit.ly/2sgLEzm )”.

Al contrario de la propaganda negra anglosajona, la directora francesa del FMI, CL, alabó que Rusia había puesto un marco macroeconómico admirable por lo que es capaz de sortear los tiempos difíciles: hoy no tiene virtualmente un déficit fiscal y ostenta un equilibrio sólido de su cuenta corriente con muy poca deuda, además de propiciar inversiones en salud y educación.

CL puso énfasis en los riesgos de tormentas cuando la deuda global, pública y privada juntas, se encuentra en su más alto nivel: 164 millones de millones de dólares, es decir, 225% del PIB global.

El zar Vlady Putin advirtió sobre una crisis financiera no vista en el mundo: el desprecio a las normas existentes y la pérdida de confianza pueden combinarse con la impredecibilidad y la turbulencia del cambio colosal tecnológico que pueden desembocar en una crisis sistémica, por lo que no necesitamos hoy guerras comerciales o aun treguas comerciales temporales. Necesitamos una paz comercial integral, en clara alusión al unilateralismo proteccionista de Trump ( http://bit.ly/2GRqi13 ).

No todos los analistas de la dupla anglosajona son aguafiestas: Ian Colebourne, mandamás de Deloitte CIS, comentó que los “poderosos fundamentos de la economía rusa atraen a los inversionistas extranjeros, en particular en su significativo crecimiento agrícola, así como en el rubro farmacéutico ( http://bit.ly/2IM1Gwm )”.

Según CNBC, Rusia, previo al mundial de futbol, “busca probar que los pronósticos apocalípticos de su colapso económico han fracasado ( https://cnb.cx/2GPJU5z )”.

Kirill Dmitriev, mandamás del Fondo de Inversiones Directas de Rusia (RDIF, por sus siglas en inglés), alardea de las excelentes condiciones de la prudente política macroeconómica del país, además de haber estimulado la economía doméstica mediante la sustitución de importaciones.

Sin duda ha contribuido el alza notable del barril de petróleo que pasó de 27 dólares hace 2 años a 79 dólares este año.

Los analistas pertenecientes a la dupla anglosajona enemiga de Rusia no comparten los prospectos encomiásticos, como es el caso de Neil Shearing, economista en jefe de los mercados emergentes en Capital Economics, quien considera que en el corto plazo, Rusia todavía se encuentra en la fase de recuperación, mientras que vislumbra enorme preocupación en el mediano plazo, debido a la tasa reducida de inversiones que empuja a mayores políticas estatistas.

Las críticas de los economistas anglosajones van encaminadas a la tendencia autárquica (de autosuficiencia) y a su enorme dependencia en los hidrocarburos, y calculan un crecimiento mediocre entre 1.5% a 3% al año de aquí a los próximos 5 años. ¿Cómo catalogarán, entonces, a las propias economías de sus países EU y Gran Bretaña que se encuentran en la lona?

Todo depende del cristal con que se mire: el presidente del banco ruso VTB, Andrei Kostin, comentó que estaba más preocupado por la tercera guerra mundial debido a la política agresiva de EU, que a sus sanciones económicas ( https://cnb.cx/2J8LXGR ).

A propósito, el zar Vlady recordó durante el SPIEF que la OTAN se está acercando a las fronteras de Rusia, por lo que instó a Occidente ( sic) a no cruzar la línea roja en las relaciones con Rusia: No basta con que la OTAN haya llegado a nuestras fronteras, también sospechamos que mañana podría incluir también a Ucrania y desplegar allí radares y sistemas antimisiles de defensa. Existen unos límites, si me entienden, no se puede cruzar la línea roja.

También el zar Vlady se lamentó de que Rusia sea culpada de todos los problemas sin seriedad alguna por EU. Sobre su relación con Trump comentó que no han mejorado ni se han deteriorado. Prácticamente no tenemos un diálogo directo y adujo que “la situación existente se debe a un conflicto entre los representantes de la élite estadunidense ( http://bit.ly/2saiTp3 )”.

Liza Ermolenko, del grupo británico Barclays Capital Economist, pone en relieve el ambiente de su pobre demografía, el cual siempre ha sido el objetivo de largo plazo de EU para doblegar a Rusia.

La dupla simbiótica de Trump y Netanyahu ha arreciado sus guerras demográficas contra mexicanos y palestinos por igual, pero la guerra demográfica propiamente dicha contra Rusia proviene de los cuartos de guerra del Partido Demócrata desde Clinton y Obama y que han sido refrendados por el Deep State estadunidense de demócratas y republicanos por igual.

El objetivo de Washington desde el mediano hasta el largo plazo es obligar a Rusia a reconocer la primacía indiscutible de EU para poder consagrarse a someter a China, donde no existe guerra demográfica que valga.

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Prevé EU otra estructura en el diálogo con China

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio ayer señal de una nueva dirección en las conversaciones de comercio entre su país y China, al decir que el actual camino lucía "demasiado difícil de hacer" y que cualquier posible acuerdo necesita "una estructura diferente".

En una publicación en Twitter, Trump citó dificultades como la verificación, pero no dio otros detalles sobre lo que él o su administración busca en las actuales negociaciones.

Representantes de la Casa Blanca no respondieron inmediatamente a un pedido de más información sobre el comunicado.

"Nuestro acuerdo comercial con China avanza muy bien, pero al final probablemente tendremos que usar una estructura diferente que será demasiado difícil de hacer y verificar los resultados después de su finalización", escribió Trump en Twitter.

La declaración del mandatario se da en medio de negociaciones entre las dos mayores economías del mundo, después de que potenciales aranceles de ambas partes elevaron los temores de una guerra comercial, incluso cuando algunas tensiones se han aliviado por señales de progreso.

El martes, el presidente estadunidense indicó a periodistas que no estaba conforme con las recientes conversaciones comerciales entre los dos países, sin embargo, China importará volúmenes récord de petróleo y probablemente más soya estadunidenses, tras dar señales a refinerías y compradores de granos estatales que deben incrementar más sus adquisiciones para ayudar a aliviar las tensiones entre las dos grandes economías, divulgaron fuentes de comercio ayer.

China es el principal importador mundial de petróleo y soya, y más compras a Estados Unidos ayudarán a satisfacer el creciente consumo interno. Las importaciones también contribuirían a reducir el superávit comercial de China con Estados Unidos.

La china Sinopec, la mayor refinería de Asia, incrementará sus compras de crudo a Estados Unidos hasta máximos históricos en junio como parte de los esfuerzos de China por reducir el déficit comercial, resaltaron ayer dos fuentes con conocimiento del tema.

En el plano agrícola, el comprador estatal de granos Sinograin volvió esta semana al mercado de soya estadunidense por primera vez desde inicios de abril, revelaron dos fuentes.

Por su parte, Estados Unidos se acercó a un acuerdo el martes para levantar la prohibición a proveedores locales del fabricante chino de equipos de telecomunicaciones ZTE Corp, y Pekín anunció recortes arancelarios a las importaciones de automóviles.

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El dominio tecnológico de China pasa por los semiconductores

Pekín invierte fortunas para limitar la actual dependencia exterior y convertirse en el gran productor de chips del planeta


En su afán de convertirse en la próxima potencia tecnológica mundial, China tiene un punto débil: los semiconductores. Estos circuitos integrados son clave para la producción de teléfonos móviles, ordenadores, automóviles, trenes de alta velocidad y en general cualquier producto que pueda considerarse un dispositivo inteligente. Pero las capacidades tecnológicas del país están aún por detrás de las de los grandes del sector como Estados Unidos, Taiwán, Corea del Sur o Japón. Esta dependencia exterior disgusta a Pekín, que en un contexto de guerra tecnológico-comercial con Washington ha emprendido una difícil carrera para liderar el diseño y fabricación de chips.


China es el principal consumidor de semiconductores del planeta. Las fábricas del país producen gran parte de la electrónica de consumo que después se exporta al resto del mundo. Pero el principal elemento de la cadena de valor de estos productos, los semiconductores, no está ni diseñado ni fabricado en su territorio. De hecho, estos circuitos integrados fueron, con 227.000 millones de dólares, la principal mercancía importada por China en 2016. Más incluso que el petróleo.


Conscientes de la importancia de la industria, las autoridades han incluido los semiconductores en su plan “Made in China 2025”, un ambicioso programa de modernización industrial centrado en los sectores de alta tecnología. Pekín se propone que sus empresas fabriquen el 70% de chips utilizados en equipos producidos en su país en el año 2025, es decir, convertirse prácticamente en autosuficiente. El problema es que actualmente esta tasa apenas alcanza el 10% del total.


Las consignas a favor de que China pase a ser un país técnológicamente autosuficiente se han redoblado en las últimas semanas en boca del mismo presidente, Xi Jinping, ante el endurecimiento de las relaciones con Estados Unidos en materia comercial y sobre todo tras el caso de ZTE, fabricante de teléfonos móviles al que Washington ha prohibido comprar componentes de empresas americanas. Estos episodios aumentan la urgencia de Pekín, pero la premisa no es nueva: ya en 2014, China creó el Fondo Nacional de Inversión en Circuitos Integrados con 19.000 millones de euros en una primera fase -que ahora podría ampliarse con hasta los 28.000 millones más-, para fomentar el desarrollo de esta industria. El capital procede de forma directa o indirecta de las arcas públicas.


Son cifras desorbitadas para gastar tanto en investigación y desarrollo como en capacidad de producción. “Con el apoyo de enormes fondos de inversión respaldados por el Gobierno a nivel central, provincial y local, China corre el riesgo de crear un exceso de capacidad que podría reducir los márgenes de beneficio y el desarrollo tecnológico de la industria global”, alertan al respecto desde la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China. En otras palabras, se teme que con esta lluvia de millones los semiconductores chinos inunden el mercado como ya ocurrió con los paneles solares o las bombillas LED, llevándose por delante a competidores de otros países.


Este escenario, según los expertos, solamente podría suceder por ahora en el caso de los circuitos integrados situados en el extremo más bajo de la cadena tecnológica, donde China sí está haciéndose un hueco entre los grandes productores. Pero alcanzar a medio plazo la tecnología punta que cuentan empresas líderes como Intel (Estados Unidos), Samsung (Corea del Sur) o TSMC (Taiwán) es otra historia.


Según los cálculos de Christopher Thomas, socio de la consultora McKinsey en China, la inversión en investigación y desarrollo (I+D) de las empresas chinas es de unos 5.000 millones de dólares anuales, una cifra que no casa con la grandilocuencia del discurso oficial. “No es muchísimo dinero. Los proveedores líderes en el mercado mundial gastan individualmente tanto en I+D como toda la industria china de semiconductores”, ilustra.


Además, China tiene tiene una barrera muy díficil –algunos dicen que imposible- de superar a corto y medio plazo. Ninguna de sus empresas cuenta actualmente con la tecnología necesaria para fabricar los chips más avanzados, los de mayor rendimiento, y los productos locales están como mínimo dos generaciones por detrás de los que diseñan los actores que están a la vanguardia del sector. “No es que de repente uno pueda acelerar sus inversiones en I+D y se ponga al día. Se trata de tecnologías integradas, muy complejas y con una cadena de valor completa. Todo el proceso tiene que ser replicado, lo cual es increíblemente difícil de hacer”, asegura Thomas. Dos de las principales compañías chinas del sector, SMIC y Huali, rechazaron hablar con este periódico sobre sus planes de expansión y las ayudas gubernamentales.


La vía lenta para conseguir ganar posiciones es seguir invirtiendo en I+D y atraer talento extranjero. Esto último se antoja muy complicado a pesar de las generosas remuneraciones que se ofrecen en China porque hay pocos ingenieros que estén a la altura y estos están blindados en sus respectivas empresas. Un estudio del Ministerio de Industria y Tecnologías de la Información estimaba en 2017 que el déficit de personal cualificado en este sector asciende a 400.000 personas.
Otra opción, mucho más rápida, es lograr tecnología extranjera mediante la adquisición de empresas de otros países. La estrategia fue ampliamente usada por Pekín entre 2014 y 2016, pero según datos del banco francés Natixis estas operaciones cayeron un 87% el año pasado. No ocurrió por falta de apetito, sino por el cada vez mayor escrutinio de otros países sobre las inversiones chinas. Ya no se trata de que Donald Trump quiera poner difíciles las cosas a China, sino que nadie en Japón, Corea del Sur o Europa está dispuesto a ceder al gigante asiático una tecnología que se antoja clave en el futuro.

Pekín 20 MAY 2018 - 21:10 COT

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Domingo, 20 Mayo 2018 05:41

Nuevos nacionalismos, nuevos arsenales

Nuevos nacionalismos, nuevos arsenales


El mundo vive una nueva carrera armamentística, esta vez multipolar y tecnológica, marcada por el nacionalismo y la desconfianza en las grandes potencias

 

El pasado 4 de mayo, el almirante John Richardson, jefe de las operaciones navales de EE UU, anunció la reconstitución de la histórica segunda flota tan solo siete años después de su disolución. La unidad naval se había responsabilizado durante décadas de las operaciones en el Atlántico Norte. Fue la que gestionó la dramática operación de control de Cuba durante la crisis de los misiles de 1962, ordenada por el presidente Kennedy para evitar la entrega de cualquier material ofensivo por parte de la URSS al régimen de Castro. También fue la flota que se encargó de sostener la invasión de la isla de Granada ordenada por Ronald Reagan en 1983. En septiembre de 2011, una década exacta después del 11-S, cuando el mundo parecía en otra era geopolítica con respecto a la Guerra Fría, la Administración de Barack Obama procedió a su disolución en el marco de una reorganización de recursos.

Por aquel entonces, el Pentágono no consideraba a Rusia un desafío estratégico y por tanto el Atlántico Norte no era una prioridad; además, Washington se disponía a reducir el gasto militar tras haber alcanzado en 2010 la histórica cifra de 768.000 millones de dólares anuales, según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés).


En pocos años, mucho ha cambiado. Hoy, las nubes de una carrera armamentística se ciernen oscuras en el horizonte global, también en el Atlántico. Tambores de retórica nacionalista retumban en varias latitudes, especialmente en las principales capitales del planeta. Y los síntomas de la nueva fiebre se hallan por doquier.


Dos días antes del anuncio de la resurrección de la segunda flota, el 2 de mayo, el SIPRI informaba de que, según sus cálculos, en 2017 hubo un nuevo incremento en el gasto militar mundial (una subida del 1,1% con respecto al año anterior). El salto sitúa el total en 1,69 billones de dólares, nuevo récord histórico desde que hay datos razonablemente fiables (1991), batiendo la anterior marca global, que se alcanzó en 2011.


Cuatro días después, el pasado 8 de mayo, el presidente Trump anunciaba la retirada de EE UU del pacto nuclear con Irán, firmado por otras cinco potencias. Se trataba de la enésima andanada contra una arquitectura global para el control de armamento que se halla en un equilibro muy precario. En la madrugada del día 10, Israel respondió con vehemencia militar a un supuesto ataque iraní contra el Golán. El ministro de Defensa israelí avisó de que "si en Israel llueve, en Irán diluviará".


El mismo día 10, la canciller alemana Angela Merkel afirmó, en la solemne entrega del Premio Carlomagno, que Europa ya no puede contar con EE UU para su protección; con coherencia, su Gobierno propugna un aumento del gasto militar. Y esta semana se ha visto que incluso la única buena noticia aparente en el panorama —el incipiente deshielo con Corea del Norte— es en realidad una frágil esperanza a la que el riesgo de colapso espera a la vuelta de cualquier esquina.


Nueva carrera armamentística en el siglo XXI


Estas son las pequeñas piezas de un rompecabezas que dibuja un escenario cada vez más claro: el amanecer de una nueva carrera armamentística con características del siglo XXI.


"Sí, estamos en una carrera armamentística. Pero no una clásica. Es una carrera tecnológica, en la que se pugna por la calidad y la precisión, tanto de armas convencionales como nucleares, y no por la cantidad", considera Thomas Countryman, que es presidente de la Arms Control Association y fue subsecretario de Estado para el Control de las Armas y la Seguridad Internacional en la Administración de Obama.


Se trata de una carrera que responde a distintas fuerzas motrices. Al anunciar la reactivación de la segunda flota, el almirante Richardson dio una clave esencial: "Nuestra Estrategia de Defensa Nacional (publicada este año) deja claro que hemos regresado a una era de competencia entre las grandes potencias, mientras el panorama de seguridad se torna cada vez más desafiante y complejo. Por eso reconstituimos la segunda flota".


Tras una época enfocada en las operaciones contra grupos terroristas, la acentuada desconfianza entre naciones poderosas (EE UU, China y Rusia) marca hoy todo el tablero, con una dinámica cambiante, de alta inestabilidad y, por tanto, peligrosidad: una potencia en fuerte ascenso (China), otra en inexorable declive que se niega a aceptarlo (Rusia) y una superpotencia en pleno viraje político que persigue ahora sin ningún complejo sus intereses de forma unilateral y vehemente (los EE UU de Trump).


Guerra Fría


En las tres, el nacionalismo impregna el discurso político como nunca desde el fin de la Guerra Fría. Putin articula toda su trayectoria de poder alrededor de la idea de la orgullosa resurrección de una gran Rusia; Trump alcanza la Casa Blanca bajo el indisimulado mantra del América first frente a los supuestos abusos de los demás; Xi Jinping vira de forma cada vez más acentuada hacia el nacionalismo a medida que se consolida en el poder. El discurso del líder chino de marzo ante la asamblea legislativa anual fue quizá el más explícito en ese sentido desde que llegó al poder. Y en India —un actor de notable peso estratégico en la escena internacional— ocupa el poder un político con un historial de corte nacionalista hindú, Narendra Modi.


La retórica de estos líderes se adentra de manera inquietante en territorio militar. "En el último año ha habido profundos cambios, tanto tecnológicos como políticos. Hemos visto a Trump y Putin alardear de sus misiles casi al estilo norcoreano, algo inconcebible hasta hace poco", señala Ian Williams, investigador asociado y director del programa sobre sistemas antimisiles del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). Esa es la inquietante música de fondo en el eje principal.


Pero el mundo actual tiene una complejidad adicional. "A diferencia de lo que ocurría en la Guerra Fría, ya no tenemos una competición bipolar, sino una con múltiples frentes: India con China y Pakistán; Corea del Norte con Japón y Corea del Sur; Irán con Israel y Arabia Saudí", dice Williams. India y Arabia Saudí, desprovistos de la tecnología necesaria, son enormes compradores de armamento. Williams y Countryman coinciden en que hay una carrera de armamento y que su carácter es multipolar y tecnológico.


La posición de los principales actores induce a pensar que nos hallamos ante el arranque de una carrera sostenida. El impulso de las principales potencias va en esa dirección.
Estados Unidos, bajo la Administración de Trump, emprende un camino de constante aumento en el gasto militar. Frente a los recortes en la mayoría de Departamentos, el Pentágono goza de un claro fortalecimiento de sus recursos. Para el próximo ejercicio, la Casa Blanca busca un aumento de cerca del 10%. Desde el pico de los 768.000 millones de dólares en 2010, Obama redujo el presupuesto hasta los 600.000 en 2016. Pero con Trump pronto se superará otra vez el umbral de los 700.000.


China, respaldada por su creciente vigor económico y tecnológico, y estimulada por su voluntad de reforzarse como potencia, seguirá sin duda incrementando su inversión militar. En la década transcurrida desde 2008 ha duplicado su gasto, desde los 108.000 millones hasta los 228.000.


Europa, superada la crisis económica y espoleada por la escasa confianza en los EE UU de Trump, también se adentra en una probable senda de mayor gasto, tal y como apunta el Gobierno alemán y como le exige la propia Casa Blanca. Los cuatro grandes países europeos —Francia, Reino Unido, Alemania e Italia— siguen siendo importantes actores militares, con un gasto aproximado de 180.000 millones de dólares anuales.


El tercer mayor inversor del mundo, Arabia Saudí, encarrilado en una política de abierta rivalidad con Irán, con un inusitado activismo regional y con la guerra de Yemen abierta, tampoco aflojará.


Rusia, en cambio, camina a la contra. Tras el espectacular aumento de la inversión bajo el mandato de Putin —desde 20.000 millones en 2001 a 70.000 en 2016—, el Kremlin ha tenido que frenar debido a las graves dificultades económicas vinculadas a las sanciones internacionales y a la caída del precio del petróleo. La actual retórica de Putin parece privilegiar las condiciones de vida de los ciudadanos, frente a la inversión en Defensa. Pero el repunte del precio del petróleo lleva a pensar que pueden abrirse nuevas posibilidades de gasto también para Rusia.


A la propicia disposición hacia la inversión militar y a la retórica nacionalista —que siempre se sabe dónde empieza pero no dónde termina— hay que sumar el desmorone de la arquitectura de control de armas, un grave factor de volatilidad. El entramado de tratados en ese área no solo ha permitido limitar los despliegues, sino que, a la vez, introdujo elementos de control que elevaron la confianza mutua, la predictibilidad de los comportamientos. Varias piezas de ese puzle están desapareciendo.


En cuanto a las armas nucleares, la salida de EE UU del pacto con Irán podría conducir al ala dura del régimen de los ayatolás a reanudar el desarrollo de su programa atómico. Arabia Saudí no tardaría en poner en marcha el suyo si se da el caso. Por otra parte, el tratado entre EE UU y Rusia —conocido como New START— expira en 2021. Las partes no parecen muy inclinadas a renovarlo.


"Todos los presidentes que ha tenido EE UU desde Eisenhower (1953-1961) han tratado de liderar los acuerdos de no proliferación armamentística. Trump ha dejado claro que no quiere asumir ese papel. Le interesa más demostrar su hombría que reducir el riesgo de una catástrofe nuclear. El consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, es muy poco partidario de las políticas de no proliferación", apunta Countryman. "Nos adentramos en el periodo de menor regulación bilateral entre Moscú y Washington en materia de armamento, y eso, sumado a la imprevisibilidad de Trump, resulta alarmante", señala. EE UU ya se retiró en 2002 del Tratado sobre Misiles Antibalísticos.


En cuanto a Rusia, Williams comenta: "Desde los sesenta, Moscú solo se ha interesado por los acuerdos bilaterales para el control armamentístico y la no proliferación en momentos en que sentía que iba perdiendo. Ahora parece que entramos en una fase en la que apenas quedarán acuerdos en vigor, y Putin parece sentirse cómodo en este escenario".


Pero la caída del sistema de control también afecta al sector convencional. "En muchas regiones necesitamos que haya una mayor confianza entre los países rivales. Y eso se consigue con mucha más transparencia y con mucho más diálogo, aunque sea para que cada cual fije sus líneas rojas", advierte Siemon Wezeman, investigador principal del programa sobre transferencias de armas y gasto militar en el SIPRI. "Veamos en qué queda el intento en la península de Corea. Cada vez se avisa y se informa menos de las maniobras militares, y eso es muy peligroso con los niveles actuales de desconfianza. Son muchas las zonas en las que un error militar puede precipitar rápidamente una escalada bélica: India con Pakistán o China, Irán con Arabia Saudí, China con Japón...".


Administración de Obama


Todos estos factores espolean una carrera que, coinciden los expertos, tiene en la primacía tecnológica su estrella polar. En el sector nuclear, EE UU se ha embarcado en una descomunal renovación de sus arsenales, emprendida ya bajo la Administración de Obama (una suerte de condición impuesta por el Congreso para aprobar el New START), valorada en 1,2 billones de dólares hasta 2036, según cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso.


Rusia, por su parte, alardea de grandes innovaciones en sus arsenales. En el último discurso del estado de la nación, Putin emprendió una amplia digresión en ese capítulo, y presentó una nueva generación de armas, mostrando incluso un vídeo con cabezas nucleares apuntando a Florida, donde Trump tiene una residencia. Entre otras cosas, habló de un supuesto misil de crucero con propulsión nuclear ("nadie en el mundo tiene algo parecido", dijo); de un misil balístico intercontinental capaz de golpear tras sobrevolar los polos; de drones submarinos de alta velocidad armados con cabezas nucleares o convencionales ("prácticamente invencibles"); de misiles hipersónicos lanzados desde aviones de combate. Los expertos tienen profundas dudas sobre la capacidad real rusa en estos dominios, pero el discurso es revelador.


Y China, por su parte, protagoniza grandes progresos. Avanza en la constitución de una flota de alta mar y mejora su tecnología en todo el espectro, lo que le abre también mercados de venta. "China ha invertido muchísimo en innovación y ya produce material muy avanzado y más barato que el ruso o el norteamericano", explica Wezeman, del SIPRI. "Hace 30 años fabricaban basura y hoy venden algunos de los mejores drones que existen. Las opciones de Pekín de competir realmente con Washington y Moscú en el mercado global de las armas pasan por que sea capaz de penetrar en el mercado de Oriente Próximo, que está en plena ebullición y todavía se le resiste".


La carrera amenaza con adentrarse en territorios desconocidos, con hallazgos tecnológicos que pueden ser desequilibrantes. Pero también por resucitar viejas estructuras como la segunda flota de EE UU. Un escenario repleto de riesgos.

 

Madrid 18 MAY 2018 - 12:12 COT

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La sensatez de Bernie Sanders respecto de Irán

En un artículo para el rotativo británico The Guardian, Bernie Sanders, senador por Vermont, explaya que al negar el acuerdo nuclear con Irán, Trump colocó a Estados Unidos (EU) en el camino de la guerra.

No es únicamente Trump. Ya que el supremacista racista presidente de EU –quien acaba de insultar a los migrantes latinos de animales (¡megasic!) y que luego trató de enmendar y remendar aludiendo que se trataba de los Mara Salvatruchas de El Salvador (http://bit.ly/2Ldohzy)– también comparte la corresponsabilidad con el pugnaz cuan mendaz premier israelí, Bibi Netanyahu, quien anhela una nueva guerra, esta vez contra Irán, hasta el último soldado estadunidense, como aludí previamente en mi artículo: Trump y Netanyahu incendian Medio Oriente: EU reniega el acuerdo de Obama con Irán (http://bit.ly/2rKcr6W).

El mesiánico talmúdico Netanyahu comparte el supremacismo racista de Trump, como propuse en mi reciente libro: Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos (http://bit.ly/2K4CD4J).

A sus 76 años, Sanders es un admirable judío progresista a quien fue impedido ser el candidato presidencial por el Partido Demócrata debido a las supercherías de la inmunda maquinaria electorera de la familia Clinton.

Hoy Sanders encabeza la lista de las mejores opciones del Partido Demócrata para la próxima elección presidencial cuando la efigie de Hillary Clinton se ha desvanecido por sus múltiples escándalos de toda índole (http://bit.ly/2IwkIXt).

Al contrario de Trump, Sanders sentencia que es necesario intentar dialogar con el gobierno iraní, tener una mejor relación con el pueblo iraní y alentar “un papel más constructivo para Irán en la región (http://bit.ly/2Gyl2PA)”.

Bernie enuncia que es una locura imaginar que, habiendo desencadenado esos problemas por el mal uso de la fuerza militar, los podamos resolver de la misma manera.

Fustiga la salida de Trump del acuerdo nuclear con Irán –realizado en forma creativa por Obama con el formato P5+1: los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU; EU, Gran Bretaña (GB), Francia, Rusia y China; más Alemania– que impide una “distensión ( détente)” con el país persa y profundizó las tensiones con los más importantes aliados democráticos de EU –Francia, GB y Alemania.

En realidad, el distanciamiento de EU con sus aliados de Europa occidental –Francia, GB y Alemania– no solamente son imputables a Trump, sino que provienen y se acumulan desde la aventura de la guerra de Irak de Baby Bush y prosiguió con las guerras financiera y económica de Obama.

En un artículo para Sputnik, analizo la ruptura de Trump con Europa en seis frentes –“Trump rompe con Europa por Irán, Jerusalén, el comercio, el cambio climático, la OTAN y el euro (http://bit.ly/2KFNBgp)”–, a grado tal que el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, preguntó durante la Cumbre de 28 países en Sofía (Bulgaria): ¿Con amigos como Trump, quién necesita enemigos?

A mi juicio, el frente más ominoso de Trump contra Europa radica en la profundización de la guerra financiera del dólar contra el euro, cuyo nuevo teatro de batalla lo representa el pago del petróleo/gas de Irán con la divisa común europea en lugar del billete verde (http://bit.ly/2GBeQqc).

En forma perturbadora, Bernie refiere que Trump rechazó el consejo (sic) de no renegar del acuerdo nuclear con Irán de su propio equipo de funcionarios en seguridad nacional, como el jefe de las Fuerzas Armadas Conjuntas, general Joseph Dunford, y el secretario de Defensa, James Mattis, y contra la opinión de los expertos en la materia.

Trump practica su misma conducta de desprecio al conocimiento de los profesionales, cuando renegó del acuerdo sobre el cambio climático de París (http://bit.ly/2k8YHiP) para alinearse con una pequeña facción ideológica sin inmutarse sobre las desastrosas consecuencias para nuestra seguridad global.

Bernie juzga que tras 17 años de guerra en Afganistán y 15 años de guerra en Irak, el pueblo estadunidense no desea comprometerse en guerras sin fin en Medio Oriente ni desea ser atraído en un conflicto de chiítas contra sunnitas y de Arabia Saudita contra Irán, que es hacia donde se dirige Trump.

Cita un artículo pasado del megahalcón John Bolton, flamante asesor de seguridad nacional de Trump, donde postula que, para frenar la bomba de Irán, había que bombardear a Irán. ¿Cuál bomba iraní, si el país persa no posee ninguna bomba atómica, salvo en la imaginación del primer Netanyahu que usa como propaganda negra?

Bernie soslaya que Israel ostenta en forma clandestina un máximo de 400 bombas nucleares. El Estado sionista –que goza de canonjías celestiales gracias al apoyo irrestricto de EU que ha llegado a niveles antigravitatorios con Trump y su yerno talmúdico Jared Kuhsner– no firma el Tratado de No-Proliferación ni permite la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica en su reactor nuclear de Dimona, lo cual fue expuesto por Mordejai Vanunu, héroe pacifista de la era nuclear (http://bit.ly/2GyZkL8).

Existe una manía bélica en el seno del Senado de EU, que parece estar totalmente bajo la férula del omnipotente lobby sionista de AIPAC (http://bit.ly/2vF0GUt), para proteger a Israel y bombardear a sus enemigos, como fue el caso del polémico y pugnaz senador John McCain, ex candidato presidencial por el Partido Republicano, hoy en fase terminal de su enfermedad, quien en forma desquiciada se puso a bailar y cantar en público “bombardear Irán (http://bit.ly/2GybEeB)”.

El diagnóstico de Bernie es implacable: Debemos entender que la ruta a la guerra de Irak no empezó en forma sencilla en 2003. Fue construida ladrillo sobre ladrillo a lo largo de los años con decisiones políticas que pudieron haber parecido relativamente pequeñas en ese momento, pero que finalmente nos llevaron al peor error de la política exterior de nuestra historia.

La prospectiva de Bernie no es halagüeña: La guerra de Irak tuvo enormes consecuencias involuntarias (sic) con las que todavía lidiamos hoy y que proseguirán por muchos años venideros. En efecto, una de sus consecuencias involuntarias fue el empoderamiento de Irán en Irak y en otras partes de la región.

Bernie no dice que EU concretó un colosal negocio con la venta de armas a los dos bandos enemigos de Irak (con Saddam Hussein) e Irán (con el ayatola Jomeini) para que se degollasen de 1980 a 1988 con el fin de mantener la hegemonía de la dupla anglosajona en el golfo Pérsico con su concomitante control del petróleo.

Sanders concluye que el discurso belicoso de Trump pareció claramente girar la política estadunidense al mismo cambio de régimen que sirvió de fondo a la guerra de Irak.

Ayer fue Irak. Hoy corresponde su turno a Irán.

Nada más que hoy EU se encuentra en decadencia y el zeitgeist (el espíritu del tiempo) varió sustancialmente cuando la dupla supremacista racista de Trump/Netanyahu no juega sola.

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Sábado, 19 Mayo 2018 06:53

Un “faccionalismo” limitante

Un “faccionalismo” limitante

Las manifestaciones en la frontera de Gaza deben ser comprendidas en el contexto de la ocupación israelí, el asedio y el muy postergado “derecho de retorno” de los refugiados palestinos. Pero además merecen ser analizadas desde otra perspectiva paralela: el propio “faccionalismo” y las disputas internas de los palestinos.

 

El “faccionalismo” es un mal profundamente arraigado en la sociedad palestina que durante décadas ha impedido cualquier esfuerzo unificado para acabar con la ocupación militar israelí y el apartheid.


La rivalidad política entre Fatah y Hamas es catastrófica, porque ha ocurrido mientras el proyecto colonial israelí se profundizaba y el robo de tierra en Cisjordania se ha ido acelerando.


En Gaza el asedio sigue siendo asfixiante y mortífero. Sumada a la indiferencia regional y el bloqueo de Israel, que ya dura una década, la prolongada disputa entre facciones ha llevado a los gazatíes al borde de la hambruna y la desesperación política.


Las protestas masivas en Gaza, que comenzaron el 30 de marzo y cuyo fin estaba previsto para el 15 de mayo, han sido la respuesta del pueblo a esta desalentadora realidad. No se trata sólo de destacar el derecho al retorno para los refugiados palestinos. Las manifestaciones también buscan reconquistar la agenda, trascender las rivalidades internas y devolverle la voz al pueblo.


Con el paso del tiempo acciones injustificables se vuelven tolerables. Es lo que ha ocurrido con la ocupación israelí que, año tras año, se traga más tierra palestina. Hoy la ocupación representa prácticamente el statu quo.


El liderazgo palestino sufre del mismo encierro que su gente. Diferencias geográficas e ideológicas han comprometido la integridad de Fatah y de Hamas, volviéndolos irrelevantes tanto en su casa como a nivel internacional.


Pero jamás esta división interna había sido usada de manera tan eficaz como un arma para deslegitimar el reclamo de los derechos humanos más básicos de un pueblo entero. El argumento es: “los palestinos están divididos, así que deben seguir encerrados”


El estrecho lazo entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Biniamin Netaniahu, ha sido acompañado por un relato político que no admite simpatía alguna hacia los palestinos. Según este relato, incluso el hecho de que familias se manifiesten pacíficamente frente a la frontera de Gaza debe ser considerado un “estado de guerra”, tal como argumentó el Ejército israelí recientemente.


Durante su visita a la región, el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, repitió un mantra bien conocido al referirse a los muertos y heridos de las protestas en Gaza: “Creemos que los israelíes tienen derecho a defenderse”.


Los palestinos se encuentran encerrados, en Cisjordania por la ocupación, rodeados de muros, puestos de control y colonias judías, mientras que Gaza sufre un asedio hermético desde hace una década. A pesar de esto, Fatah y Hamas parecen tener otras prioridades.


A partir de la creación, en 1994, de la Autoridad Palestina (ANP), luego de la firma de los Acuerdos de Oslo, Fatah dominó la política palestina, marginalizó a sus rivales y combatió a cualquier oposición. Mientras operaba bajo la ocupación militar israelí en Cisjordania, prosperaba económicamente al recibir miles de millones de dólares en ayuda económica.


Y lo que es más, la Autoridad Palestina ha usado su poder económico para mantener su control sobre los palestinos, exacerbando la ocupación y varios tipos de control militar israelí.


Desde entonces el dinero ha corrompido la causa palestina. Dinero de “donantes”, miles de millones de dólares que recibió la ANP en Ramalah, transformaron la revolución y el proyecto de liberación nacional en una estafa financiera con muchos beneficiarios. La mayoría de los palestinos, no obstante, sigue siendo pobre. Y el desempleo se ha disparado.
A lo largo de su conflicto con Hamas, Majmud Abbas (presidente de la ANP) nunca dudó en aplicar un castigo colectivo a los palestinos para ganar puntos políticos. A partir del año pasado tomó una serie de medidas financieras punitivas contra Gaza, incluso un pago sospechoso a Israel por suministro de electricidad a Gaza, mientras le recortaba los salarios a decenas de miles de funcionarios en Gaza que seguían recibiendo su paga de las autoridades cisjordanas.


Esta tragedia política lleva más de una década sin que los partidos se pongan de acuerdo para poder avanzar más allá de sus discrepancias.


Varios intentos de reconciliación han sido saboteados, o bien por los propios partidos o por factores externos. El último de estos acuerdos fue firmado en El Cairo el octubre pasado, y aunque se anunciaba prometedor, pronto comenzó a tambalearse.


En marzo pasado un supuesto intento de asesinato contra el primer ministro de la ANP, Rami Hamdalah, provocó acusaciones cruzadas entre ambos partidos. Hamas afirmó que los responsables eran agentes de la ANP resueltos a destruir el acuerdo, mientras que Abbas acusó a Hamas de intentar matar al líder de su gobierno.


Hamas está desesperado por encontrar una vía para acabar con el asedio a Gaza, y el asesinato de Hamdalah significaría un suicidio político para el movimiento. La mayor parte de la infraestructura de Gaza se encuentra en ruinas, debido a las sucesivas guerras israelíes. El hermético asedio a Gaza ha impedido su reconstrucción o reparación.


Fatah y Hamas ofrecieron relatos diferentes sobre las decenas de miles de palestinos que manifestaban en la frontera de Gaza, intentando usar las protestas para destacar o inflar su propio apoyo entre los palestinos.


Frustrado por la atención que las protestas le generaron a Hamas, Fatah intentó organizar contramanifestaciones en apoyo a Abbas en Cisjordania. Como era de esperar, el resultado fue embarazoso, ya que sólo logró convocar a pequeños grupos de simpatizantes de Fatah.


Más tarde Abbas presidió una reunión del difunto Consejo Nacional Palestino (CNP) en Ramalah para hacer alarde de sus supuestos logros en la lucha nacional palestina.
El CNP es considerado el ente legislativo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Tal como la OLP, ha sido relegado durante muchos años a favor de la ANP, dominada por Fatah. El líder de la ANP escogió personalmente a los nuevos miembros para integrar el CNP, asegurándose así que todas las instituciones políticas obedezcan a su voluntad.


Los palestinos desencantados por las divisiones políticas están trabajando para crear un nuevo espacio político, independiente de los caprichos de las facciones. Porque, para ellos, la verdadera lucha es contra la ocupación israelí, por la libertad palestina, y nada más.

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