Torra al gobierno, Puigdemont al poder

El Parlament ha investido este lunes al diputado de Juntos por Cataluña Quim Torra como 131º presidente de la Generalitat, con los 66 apoyos de esa fuerza política y de Esquerra Republicana de Cataluña, las cuatro abstenciones de la Candidatura de Unidad Popular, y 65 votos en contra de del Partido Popular y otros partidos.


El presidente del Parlament, Roger Torrent, deberá comunicarlo al rey para que proceda al nombramiento formal: la ley fija que, en un máximo de cinco días tras el nombramiento, el nuevo presidente tome posesión.


Con la toma de posesión, Cataluña volverá a tener un presidente de la Generalitat, cargo vacante desde el 27 de octubre de 2017, cuando el Gobierno central cesó a todo el Govern en aplicación del artículo 155 de la Constitución, que entró en vigor después de que el Parlament proclamara la República ese mismo día.


El Gobierno central ha avisado de que solo levantará la aplicación del 155 si las primeras acciones del nuevo Govern se enmarcan dentro de la legalidad.
Durante el debate de investidura, Torra ha expresado su determinación en seguir apostando por hacer de Cataluña "un Estado independiente en forma de república".


Ya en su primer discurso ante el Parlament tras ser elegido, ha prometido que luchará para que el ex presidente Carles Puigdemont sea investido de nuevo porque le considera el presidente legítimo de Cataluña. Será, dijo Torra, uno de los objetivos para de esta Legislatura, en la que el papel de Torra ha sido definido por él mimo como "provisional". Ha concluido su parlamento con "Visca Catalunya lliure" (Viva Cataluña libre).


Y en ese sentido hay que interpretar el primer acto del nuevo president: Torra viajará este martes a Berlín para encontrarse con Carles Puigdemont. Los dos ofrecerán una rueda de prensa conjunta. El presidente electo y el ex presidente catalán, que contempla elecciones en Cataluña a finales de octubre, comparecerán así ante la prensa en el Sana Berlin Hotel de la capital alemana.


Cohesión social y errores


Torra ha sido investido en segunda votación gracias a las cuatro abstenciones clave de la CUP, y en el debate de este lunes ha hecho un discurso centrado en su programa de Govern que pivotará en tres ejes: cohesión social, prosperidad económica y un proceso constituyente para conseguir "una república para todos".
Ha vuelto a pedir disculpas por los tuits y artículos del pasado que le ha criticado la oposición: "Me arrepiento, no volverá a ocurrir", y también ha dicho que el independentismo ha cometido errores, aunque no los ha detallado.


Una de las novedades del discurso de este lunes respecto al del sábado es que ha cifrado en 16 las leyes catalanas aprobadas por el Parlament que su Govern querrá reimpulsar y que no están vigentes porque el Tribunal Constitucional las suspendió tras los recursos del Gobierno central.


También se ha mostrado dispuesto a reunirse con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, si éste le llama, pero le ha exigido que la negociación sea bilateral Generalitat-Estado: "De tú a tú".


Reproches de la oposición


La líder de Cs en Catalunya, Inés Arrimadas, ha asegurado que la investidura de Torra como presidente acaba con la posibilidad de que Cataluña sea Estado: "Si alguna vez el independentismo pensaba que tenía alguna posibilidad de salirse con la suya, hoy la entierran con este señor".


El primer secretario del Partido Socialista Catalán, Miquel Iceta, ha insistido en que el Govern se desmarque del anterior y respete la ley: "Si para hacer república hay que empequeñecer la nación, no nos sirve; si hay que romper la unidad civil, será nefasta, y si hay que romper las leyes, acabará como el rosario de la aurora".
El líder del PP catalán, Xavier García Albiol, ha advertido a Torra de que, si se salta la ley, el Gobierno central deberá volver a intervenir la autonomía catalana como ha hecho los últimos seis meses y ha concluido: "Está en sus manos".


Los comuns, la CUP y el ERC


El líder de los comuns, Xavier Domènech, ha dirigido sus críticas a la bancada de ERC y la CUP, a quienes ha reprochado que, pese a considerarse fuerzas de izquierdas, con sus votos entregan la Presidencia a un exponente del "catalanismo conservador".


El diputado de la CUP Carles Riera ha precisado que, aunque su grupo permita la investidura de Torra, no apoya al futuro Govern, y solo se ha abstenido como "estrategia antirrepresiva" frente al Estado; además, el grupo no ha aplaudido cuando se ha confirmado la investidura.


Torra ha agradecido las abstenciones a la CUP y les ha prometido que seguirá la senda hacia la independencia: "Os hago un encargo: que os mantengáis alerta por si alguna vez caemos en la tentación del autonomismo. Levantad la bandera roja inmediatamente".


El líder de ERC, Sergi Sabrià, ha celebrado que la investidura hará posible formar el Govern que su partido siempre ha reclamado y pedido hacer del independentismo un proyecto político más inclusivo: "El principal reto será romper barreras. De nada servirá un diálogo entre los dos millones de personas que estamos convencidos".
De Público de España especial para Página/12

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Europa apuesta por plantar cara a Trump: "¿Queremos ser los vasallos de EEUU?"


Alemania y Francia ya no se fían del presidente estadounidense. Merkel como Macron abogan por abrir una nueva etapa en las relaciones con el gigante estadounidense

 

"Afrontémoslo, Europa todavía está en la infancia en relación a la política exterior común. El supuesto de que Estados Unidos simplemente nos protegerá ya no existe. En su lugar, Europa tiene que tener en sus manos su propio destino. Esa es la tarea para el futuro". La canciller alemana, Angela Merkel, mostró su preocupación, pero especialmente toda su decepción y toda su desconfianza, tras la ruptura unilateral por parte de Donald Trump del pacto nuclear con Irán y el posterior anuncio de sanciones para las empresas que comercien con el país asiático.

La conclusión de las palabras de Merkel, pronunciadas en presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, es que Alemania y Francia ya no se fían de Trump. Las declaraciones no sólo de sus líderes, sino de varios miembros de sus respectivos gobiernos, inciden en esa línea no ya sólo de desmarcarse de Trump sino de abrir una nueva etapa en las relaciones con Estados Unidos. Por ejemplo, Merkel dijo que Alemania tenía que acelerar sus esfuerzos y jugar un papel mayor para lograr una solución pacífica en Siria.

En ese sentido, el presidente Macron marcó la línea a seguir: la soberanía de Europa. "Debemos tener éxito a la hora de construir nuestra propia soberanía, que en esta región [Oriente Medio], será garante de estabilidad".


Macron y Merkel llaman a fortalecer a política exterior común europea, así como la defensa. "Elegimos construir la paz en Oriente Próximo. Otras potencias ... no han mantenido su palabra", dijo Macron, sin mencionar un país directamente, pero anunciando un nuevo discurso europeo basado autonomía respecto de Estados, soberanía e iniciativa.

Ese discurso fue refrendado este viernes por el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, quien en una entrevista radiofónica elevó el tono frente a la amenaza de sanciones de Estados Unidos a las empresas que comercien con Irán, al tiempo que pidió a la Unión Europea (UE) que pase "de las palabras a los hechos" y plante cara a Washington.
Le Maire aseguró que Europa debe "preservar su soberanía económica" frente a las sanciones "extraterritoriales" anunciadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el momento de abandonar el acuerdo nuclear con Irán.


"¿Queremos ser los vasallos de Estados Unidos que obedecen al menor movimiento de su dedo?", se preguntó el ministro, que reunirá a sus homólogos de Alemania y el Reino Unido para preparar la respuesta.
Pero, más allá de eso, el ministro galo aseguró que estudian una serie de medidas para contrarrestar la decisión de Washington.

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¿Cuáles son las mayores corporaciones del mundo?


Crece rápido o muere lento. Es el lema de las tecnológicas, que están superando en riqueza y tamaño a los emporios clásicos porque al menos el 40% de los negocios actuales perecerá

Crece rápido o muere lento. El lema que acuñaron las punto.com a comienzo de este siglo -y que se puso en tela de juicio durante su crisis sectorial, con repercusión global, allá por 2003, que desencadenó la primera de las dos recesiones de la era George W. Bush-, ha cumplido con los augurios. Fundamentalmente, procedentes de gurús de las nuevas tecnologías. El credit-crunch de 2008 ha llevado en volandas a sus compañías más emblemáticas a la cima de la globalización. Sobran botones de muestra. Tesla, por ejemplo, pionero fabricante de coches inteligentes que fundó Elon Musk, superó en 2017 a Ford o General Motors en capitalización bursátil. Adaptarse a los cambios o desaparecer. Esa es la cuestión. Porque, como alerta John Chambers, presidente de Cisco Systems, “al menos el 40% de los negocios actuales perecerá en los próximos diez años si sus directivos no son capaces de averiguar cómo realizar una conversión de arriba a abajo en sus compañías para adecuarlas a la innovación tecnológica”.


Un sorpasso, el de los unicornios -término con el que se conoce a las firmas que superan los mil millones de dólares de facturación- a las blue chips -o empresas bien establecidas, con ingresos estables, valores sin grandes fluctuaciones y que no precisan de ampliaciones de su pasivo para conservar su estabilidad en los mercados- que también representan la nueva economía, digital, en la que la información, el Big Data, y el economics analytics, ha dirigido al sector privado hacia una nueva dimensión. Facebook, una de las señaladas por las autoridades fiscales americana y europeas por disfrutar de las ventajas impositivas que confieren las regulaciones mercantiles y tributarias a los domicilios sociales y fiscales y el principal agente empresarial involucrado en los cambios de tendencia en las urnas británicas y estadounidenses, en 2016, que condujeron al Brexit y al triunfo de Donald Trump, gestiona más de 300 millones de gigabytes en información personal de sus usuarios. Datos equivalentes a que cada uno de ellos tuviera archivados 126 e-books en sus cuentas. Y un arsenal de perfiles que le permite disponer de una de las plataformas on line más importante del mundo. Indispensables para beneficiarse de modelos de negocio que amplían consumidores y diversifican mercados al calor del incremento productivo de los robots y la automatización industrial, y del boom de ventas propiciado por el e-commerce. Apenas dos decenios después de que Sergey Brin y Larry Page registraran el dominio google.com y once de que Steve Jobs presentara en sociedad, en San Francisco, el primer iPhone.


En este intervalo, el primer decenio desde la crisis de 2008, el quinteto de grandes firmas, según la consultora Statista, lo acapara las tech de referencia. Apple, con 752.000 millones de dólares de capital bursátil (tres cuartas partes del PIB español), encabeza el ranking de 2017, seguida de Alphabet, cabeza del emporio Google, con 579.500 millones; de Microsoft, con 507.500; Amazon (427.000) y Berkshire Hathaway, el oráculo inversor de Warren Buffet, uno de los clásicos, junto a Bill Gates y Carlos Slim, del top-three de mayores fortunas del mundo en la clasificación anual de Forbes de los últimos lustros, con 409.900 millones. Casi la misma cotización mundial que la firma de Mark Zuckerberg -Facebook concluyó el pasado ejercicio con un valor de mercado de 407.300 millones- y antecedió en este selecto club a la primera de las petroleras, Exxon Mobil, con 242.000 millones, las históricas y hegemónicas creadoras de riqueza para sus accionistas de otros tiempos.


El liderazgo por ingresos anuales en 2017


Sin embargo, los expertos de Statistic, modifican substancialmente su top-ten, al sondear las cuentas de resultados de las firmas y evaluarlas por el volumen de ingresos. Quizás el parámetro más fiel del tamaño de una empresa. Según sus valoraciones, de abril pasado, cuando se cerró, por tanto, el primer trimestre de actividad de este año, cuando la capitalización bursátil de Apple se catapultó hasta los 913.170 millones de dólares, Walmart registró unos ingresos, al término de 2017, para el conjunto del último ejercicio, de 485.900 millones. Fruto de los incrementos de ventas a través de e-commerce y del dinamismo consumista de su principal mercado: EEUU. Aunque opera con plataformas digitales en once naciones y tiene diseminados 11.000 centros comerciales por 28 países. Walmart, con sede en Bentonville (Arkansas) y que es propietario de los almacenes británicos Asda, emplea a más de 2,3 millones de trabajadores en todo el mundo, de los que 1,5 son empleados en EEUU. Para 2018, planea crear más de 200.000 nuevos empleos y mejorar los salarios de toda su plantilla. Además de aumentar los cursos formativos y adecuar así a sus trabajadores, presentes y futuros, a las demandas del mercado digital, promete su CEO, Doug McMillon.


A continuación, esta consultora sitúa a tres empresas chinas. El segundo escalafón del peldaño es para State Grid Corporation, con una facturación de 315.200 millones de dólares en 2017. La firma es el monopolio del mercado eléctrico del gigante asiático. Gestiona 24 firmas del sector de ámbito estatal, además de cinco regionales. Fundada en 2002, da trabajo a casi 2 millones de personas y dispone de 1.100 millones de clientes. Exporta a Italia, Filipinas, Australia y Brasil y va a realizar un plan de inversión de 11.000 millones de dólares en Sarawak (Malaisia) con la que iniciará su salida al exterior. Otra china, la petrolera Sinopec, con 267.500 millones de ingresos, completa el pódium. Esencialmente, por su expansión contractual en Rusia y Mongolia. Emplea a más de 810.000 trabajadores, principalmente a través de sus subsidiarias de petróleo y de la industria química. Ha desembolsado más de 120.000 millones de dólares en adquisiciones entre 2009 y 2013. Le sigue la China National Petroleum Corporation, con 262.600 millones. CNCP es un conglomerado de empresas energéticas con más de 1,7 millones de trabajadores, aunque su principal fuente de negocio es el petróleo y el gas. En la actualidad, dispone de unas reservas de crudo de 3.700 millones de barriles y mantiene joint-ventures de exploración y producción con Venezuela, Irán, Tailandia y Canadá.


El quinto y el sexto puesto son para dos emporios automovilísticos. Toyota, con 254.700 millones lidera las ventas de coches eléctricos, con más de 6 millones de unidades vendidos, casi todos de su modelo Prius. Si bien, buena parte de sus ingresos también proceden de sus otras marcas: Daihatsu, Ranz, Hino y Lexus. La compañía de la región japonesa de Aichi mantiene una plantilla de 348.000 trabajadores. Desde 2012, fabrica más de 12 millones de vehículos al año. Le sigue los pasos su gran rival global, Volkswagen, con 240.300 millones. A pesar del escándalo por las emisiones contaminantes de sus modelos, que estalló en 2015, y por el que ha desembolsado más de 15.300 millones de dólares en indemnizaciones y reparaciones y sanciones a autoridades regulatorias de EEUU, su política de diversificación de fabricantes (son dueños de Skoda, MAN, Scania, Bugatti, Bentley, Lamborghini, SEAT y Audi) y de vehículos (también se dedica a producir autobuses y camiones, principalmente) mantiene a más de 600.000 trabajadores.


Para desvelar a la segunda petrolera, Royal Dutch Shell, hay que remontarse al séptimo puesto. Facturó 240.000 millones de dólares. Es una de las clásicas de los seis supermajors del sector. Su catálogo de negocios es la base de su facturación. Está inmersa en exploración, producción, refino, distribución, electricidad, industria petroquímica, marketing y en la comercialización de energías renovables, especialmente eólicas y de biocarburantes. Gestiona unos 3,7 millones de barriles diarios y está presente en más de 70 países. En 2016 gastó 53.000 millones de dólares en la adquisición del grupo BP y se convirtió con esta operación en la primera compañía de gas natural licuado. Berkshire Hathway, con 223.700 millones, es la octava firma que, en su registro contable, incluye la facturación de sus marcas subsidiarias: NetJets, Pampered Chef, FlightSafety International, Long & Foster, Helzberg Diamonds, Lubrizol, BNSF Railway y Dairy Queen. Aunque el 75% de los ingresos declarados por Warren Buffet con su buque insignia, ya no proceden del ámbito financiero, sino de sus inversiones en conglomerados de sectores muy variopintos, que van desde el ferrocarril, hasta aseguradoras como Geico.


En novena posición aparece Apple, con 215.600 millones. Tiene 478 centros comerciales en 17 países y emplea a más de 110.000 personas. Y cierra el top-ten Exxon Mobil (205.000 millones y más de 77.000 empleados).


Aramco, la compañía con más beneficios del mundo


La era digital, en cualquier caso, no ha logrado desbancar a viejos teloneros del mercado. Por mucho que, en 2017, el número de unicornios repuntara como nunca en la historia económica reciente. O que china empezara a tutear a EEUU en esta faceta, al encumbrar nada menos que a 45 nuevas firmas al listado de empresas con más de 1.000 millones de facturación. Aramco, la petrolera estatal saudí, es la más rentable. Con diferencia. Sólo en los seis primeros meses del pasado ejercicio, consiguió 33.800 millones de dólares para las arcas del reino saudí. Vende más de 10 millones de barriles cada día. Las cuatro décadas de existencia de la mega-petrolera saudí ha sido uno de los secretos mejor guardados del Reino de Riad. Gobernada, como ha estado, por príncipes y ejecutivos y directivos del círculo íntimo de la monarquía Saud. Esta cifra ha sido entregada a los posibles inversores. A propósito de la privatización del 5% de su accionariado, operación inmersa dentro del programa de modernización económica del país impulsado por el heredero a la corona, Mohammed bin Salman, que valora a la petrolera en nada menos que 2 billones de dólares. Y la venta de esa porción de sus acciones en torno a los 100.000 millones.


Los 33.800 millones de ingresos en los seis primeros meses de 2017, con el precio del crudo aún por debajo de los 50 dólares, casi la cuarta parte de los que llegó a cotizar el barril en su valor histórico, rebasa la facturación conjunta de Samsung, Microsoft y Volkswagen. Y ha sido extraída de notas oficiales de varios bancos de inversión que preparan el acuerdo de salida a bolsa de Aramco.


Lista Forbes de las 500 mayores


El que Apple lidere el ranking de mayores empresas por capitalización bursátil y Walmart la lista por ingresos, no quiere decir que sean las compañías más grandes del mundo. Otra clasificación, la de la publicación Forbes, se considera la más completa por cuanto incluye en su catalogación una valoración de ventas, beneficios, activos y valor de mercado de cada una de las firmas que componen su indicador. El más extenso, incluye las 500 de mayor dimensión. En su edición sobre los resultados de 2017, el top-ten es el siguiente: los bancos chinos ICBC y China Construction Bank; Berkshire Hathaway; JP Morgan Chase; Wells Fargo; Agricultural Bank of China; Bank of America; Bank of China; Apple y Toyota Motor.


En su enumeración, registra nueve empresas hispanas. La primera que aparece es Santander, en el puesto 33, con 48.300 millones de ventas, 6.900 de beneficios, 1,4 billones de activos y 89.400 millones de valor de mercado. Le sigue BBVA, en el 105; Telefónica, en el 110; Iberdrola, en el 145; Repsol, en el 240; Inditex, en el 276; Gas Natural Fenosa, en el 307; La Caixa (321) y Mapfre (475).


Otra clasificación de referencia es la que ofrece las diez mayores firmas por valor de marca. La elabora la consultora Interbrand, que sitúa a Apple como la primera, con una enseña de 184.000 millones de dólares. La parte esencial de su valoración la extraen de los ingresos, pero también incluyen otros componentes, más o menos tangibles, relacionados, en esencia, con la ejecución de medidas de renovación de la imagen corporativa o, en su defecto, con decisiones o casos que pudieran deteriorar su marca. Acompañan a la firma de la manzana Google (141.700 millones de dólares de valoración); Microsoft, con 80.000 millones; Coca-Cola, con 69.700; Amazon, con 64.800; Samsung, con 56.200; Facebook, con 48.200; Mercedes-Benz, con 47.800 e IBM, con 46.800.


Pero, ¿cuáles son las más innovadoras en la era digital? La firma Boston Consulting Group tiene su ranking 2018. Sobre datos del pasado ejercicio. En el que calibran sus inversiones en I+D+i o el desarrollo de nuevos productos con denominación online, así como su aceptación en mercado y su éxito de ventas. La mayoría de sus empresas innovadoras (siete de las diez primeras) se consideran nativas digitales y obtienen la vitola de innovadoras por sus programas de inversión y la evolución de sus modelos de negocios y las industrias en las que operan y producen. En su listado, no aparece ninguna firma española. Los cinco primeros son Apple, Google, Microsoft, Amazon y Samsung.

 

02/05/2018 20:44 Actualizado: 03/05/2018 06:30
DIEGO HERRANZ

Publicado enEconomía
Domingo, 29 Abril 2018 06:36

Rivales estratégicos

Rivales estratégicos

La hegemonía estadounidense está siendo disputada por China. Es por el liderazgo y control de la llamada 4ta Revolución Industrial.

 Todo pareciera indicar que se esta en los inicios de una nueva fase del mandato de Donald Trump, en la que se muestra decidido a hacer realidad sus, hasta ahora incumplidas, promesas de campaña: especialmente recomponer el tejido industrial devastado por la relocalización de empresas y las nuevas tecnologías. De esas promesas, plasmadas en la “Agenda de Política Comercial”, se deducen las prioridades en el plano internacional. Un intercambio más equilibrado para reducir el déficit comercial, del 4 por ciento del PIB, y fortalecer el poderío militar estadounidense como mecanismo de presión para las negociaciones comerciales. Todo se resume en su lema de campaña “América Primero”. 

Este es el contexto de las últimas medidas tomadas por la administración Trump: suba de aranceles (proteccionismo) y recambio de funcionarios (reforzamiento del militarismo). A las que deben agregarse las disputas diplomáticas con Rusia que ahora se extendieron a buena parte de Europa y que aumentan las tensiones políticas. Trump realizó tres jugadas en simultáneo que encendieron las alarmas por la posible escalada de disputas comerciales y bélicas.


1. Por decreto gravó las importaciones chinas de 1300 productos por un valor de 50.000 millones de dólares al año.


2. Exigió a China que reduzca en 100 mil millones anuales su superávit comercial bilateral.


3. Dio marcha atrás con la suba de aranceles al acero y al aluminio que afectaban seriamente a Canadá y a Europa, principales proveedores, pero simbólicamente las mantuvo para China, que le vende muy poco en esos rubros.


Por su parte la República Popular China respondió con una lista de 128 productos pasibles de suba de aranceles por apenas 3000 millones de dólares al año, al mismo tiempo que reafirmó su intención de liderar la globalización. Pero dos días después subió la apuesta y amenazó con arancelar a los automóviles y a la soja (principales productos que le exporta Estados Unidos) por un valor también de 50.000 millones.


Por último, hubo cambios de funcionarios en el gabinete de Trump. Un halcón, John Bolton, por un moderado, H.R. McMaster, como asesor en política de Seguridad Nacional y un ultraconservador y miembro del Tea Party, Mike Pompeo como Canciller, por Rex Tillerson, lo que consolida un perfil más militarista a su gabinete.


Objetivos


Se sabe, en el largo plazo, China y Estados Unidos son rivales estratégicos, pero toda la evidencia disponible muestra que en el corto y mediano plazo comparten ciertas necesidades y objetivos comunes –lo que no implica que no haya competencia y disputas por el poder–, que se habrían sellado hace un año en la reunión que los presidentes Donald Trump y Xi Jin Ping mantuvieran en la residencia privada del primero en Florida. Allí habrían discutido desde aspectos económico-comerciales hasta geopolíticos y habrían llegado a ciertos acuerdos.


Nada indica, por ahora, que se este a las puertas de una guerra comercial abierta. Viendo la magnitud del déficit (375 mil millones de dólares sobre un intercambio de 505 mil) no parecen medidas muy exageradas, el superávit chino sería menor pero importante y Trump enviaría un mensaje a sus votantes del cinturón oxidado. Por otra parte las subas arancelarias norteamericanas entrarían en vigencia dentro de 60 días –supeditadas a la aprobación de la Oficina del Representante del Comercio Exterior (USTR)– mientras que las chinas no tienen fecha de aplicación El secretario del Tesoro de Estados Unidos fue muy claro: “las medidas contra China estaban sujetas a negociación” y el de Comercio completó: “son el preludio a una serie de negociaciones”. En tanto, China ha reservado sus cartas más fuertes, por ejemplo poner trabas a la importación de aeronaves producidas en Estados Unidos o hacer valer que es el mayor tenedor de bonos estadounidenses.


Más bien parecen movimientos para mejorar condiciones de competencia y posicionarse para la disputa estratégica. Así la suspensión de las medidas sobre el acero y el aluminio para Europa y otros países, entre ellos Argentina, serían jugadas para garantizar alianzas en esa disputa, cuando Francia y Alemania se ven tironeadas por China, con quién comparten el liderazgo de la globalización y el libre comercio. En tanto, el reforzamiento del militarismo es previo a que en mayo Estados Unidos se retire del acuerdo nuclear con Irán. Los nuevos miembros del gabinete apoyan ese retiro cuyos efectos sí pueden ser impredecibles, entre ellos fortalecer al ala más fundamentalista y debilitar al actual presidente Hasan Rohani, uno de los artífices del acuerdo con el Comité de Seguridad.


Hegemonía


Cuando el orden construido a la salida de la II Guerra Mundial comienza a resquebrajarse y la globalización pareciera tocar ciertos límites la hegemonía estadounidense está siendo disputada por China, que de seguir el curso actual, según los ejecutivos de Google, en 2030 China dominará la industria de alta tecnología. No en vano la amenaza arancelaria de Trump se refiere a las importaciones high tech de China –tecnología de punta para las industrias aeroespacial y robótica–, al mismo tiempo que denuncia ante la OMC, una institución a la que ha boicoteado sistemáticamente, el robo de tecnologías creadas por empresas de Estados Unidos.


La disputa estratégica es entonces por el liderazgo y control de la llamada 4ta revolución industrial –robótica, internet de las cosas, inteligencia artificial–, para la que la República Popular China está haciendo grandes inversiones mientras que la administración Trump ha reducido las partidas presupuestarias para ciencia y tecnología. En este juego de presiones comerciales que escalan y bravuconadas guerreristas, un error de cálculo puede transformar la inestable estabilidad actual en un caos.
* Integrante del colectivo Economistas de Izquierda (EDI).

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“¿Por qué hay tanta enfermedad del balero?”

Presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, el senador Pepe Mujica está muy preocupado por lo que ocurre en Brasil con su amigo Lula y por su impacto en la región. En diálogo con PáginaI12 no se privó de ninguna definición sobre ningún otro tema.

 

Cerca de cumplir 83 años el mes que viene y con 14 años de su vida como preso político, el senador José Pepe Mujica ya fue otra vez senador, y también ministro de Agricultura y Presidente en los gobiernos del Frente Amplio que gobierna Uruguay desde 2005. Sigue siendo un protagonista de la política, en el mundo y sobre todo desde su chacra de siempre, en las afueras de Montevideo, donde recibió a PáginaI12

 

–En la Argentina se está debatiendo actualmente la posibilidad de que se apruebe un proyecto de despenalización del aborto. Uruguay lo discutió en 2012, cuando usted era presidente.


–Desde que el mundo es mundo, hay abortos. Cuanto más oculto y menos reconocido lo tenemos, más perjudicamos a las mujeres pobres, castigamos doblemente a las mujeres pobres. El paso a la legalización parte de este primer escalón, primero tenderle una mano social a la mujer si quiere retroceder en la decisión que tome. Si lo dejamos como un fenómeno clandestino, eso es imposible. Es decir, una atención social y psicológica de ayudarla si quiere retroceder. Creo que se terminan salvando más vidas con un procedimiento así de cara, de frente, reconociéndolo, que en el otro, al decir no, el aborto no. Pero sigue existiendo, porque somos hipócritas si no nos enteramos de que existe y que termina en una sociedad de mercado, siendo un estupendo negocio para algunos, y caro. Más claro: las mujeres que tienen la necesidad de abortar y que tienen poder económico van a resolver al problema clínicamente, bien atendidas. Las mujeres que están en el fondo de la sociedad, que tienen problemas sociales, se van a jugar la vida. Por esto nosotros decidimos. Porque no es que me gusta o no me gusta. El problema es que existe. En Uruguay, es una vieja manera de pensar.


–¿Es realismo?


–No se puede tapar lo que existe. Eso nos llevó a que en 1912 hubo un gobierno que le dio el divorcio a la mujer por su sola voluntad, que reconoció la prostitución con carnet de salud y aportes sociales. ¿Por qué, porque me gusta la prostitución? No, no, pero existe, es tan vieja como el mundo. Porque a un gobierno se le ocurra que no existe no va a dejar de existir. El alcohol lo mismo. Allá por 1915 hubo un gobierno acá que no pensó en la Ley Seca como en los Estados Unidos. No: nacionalizó la producción de alcohol de boca para garantizar que fuera un alcohol bueno. De ahí sacaba recursos para atender la salud pública, entre ellos las consecuencias del alcoholismo. Esa filosofía ha estado muy metida en Uruguay: no negar la evidencia de la realidad y tratar de organizarla lo mejor posible. Me considero un humilde heredero de esa tradición. La marihuana, ¿qué, la marihuana es una maravilla? No, es una joda, yo no creo que ninguna adicción sea buena. Si la intentamos legalizar, por lo menos tenemos un elemento de control y le damos un golpe al narcotráfico por el lado de romper el mercado. Hay una cierta armazón en todo: no negar la evidencia de la realidad y aceptándola, tratar de organizarla lo mejor que se pueda para que tenga un costo menor.


–Brasil está viviendo uno de los terremotos políticos de la región más importantes de los últimos años. ¿Qué impacto cree que puede tener en la democracia brasileña y en la región el escenario posible de que le prohíban postularse a un candidato como Lula, que podría ser electo con más de 60 por ciento?


–No lo puedo medir, pero no es la primera vez que Brasil hace dibujos de terror. Hay que recordar el suicidio de Getúlio Vargas. Curiosamente debe ser el pueblo más alegre de América Latina, un pueblo de samba, hermoso, mestizo. Si en la Argentina pasaba lo de Lula era un incendio. Daban vuelta Buenos Aires. Eso por las tradiciones que tiene el pueblo argentino. Brasil no es así, es distinto, no tiene esa tradición de luchas colectivas, de masas, de múltiples organizaciones sociales que se mueven. ¿En qué desemboca? No sé. Porque si han hecho tanta barbaridad (hay que recordar lo de Dilma y eso), no parece que tengan espíritu de detenerse así como así. De todas maneras no la van a tener fácil. Parte de la opinión a favor de Lula es la consecuencia sociológica de las reformas conservadoras que están metiendo. Lo meten a Lula en cana, pero los efectos de las reformas conservadoras los siente la gente. Y la gente se expresa políticamente. El PT, a la caída de Lula estaba hecho pelota. Y el PT sin Lula es muy poco, pero con Lula es mucho porque es un símbolo que está nucleando todo eso.


–¿Cuál es su enfoque sobre el tema de la corrupción?


–El fenómeno de la corrupción ha golpeado por toda América latina, pero existe en el mundo entero. Pero es una cosa curiosa, porque en América Latina nos destripamos. Entre otras cosas rompemos todas las empresas. La Volkswagen, la empresa de fabricación de autos más grande del mundo, se mandó una joda de carácter sideral, no hay nadie en cana, y sigue facturando autos. Paga multas. A la banca Morgan la vacunaron con 3 mil, 4 mil millones dólares de multa. Pagan y a otra cosa. Y así sucesivamente. Nosotros destrozamos todo y una empresa (lo digo yo que, tengo una visión socializante) es también una construcción social. Si las pocas que tenemos las dejamos destrozadas, ¿a quién favorecemos? A las multinacionales de afuera. Yo preferiría no matar a la empresa porque la empresa es un esfuerzo colectivo, y una acumulación de conocimiento, de experiencia, de funcionamiento, romper eso es un disparate.


–Este fenómeno de la corrupción es interesante porque atraviesa a izquierda y a derecha por igual y hoy parece ser una preocupación de toda la sociedad. A riesgo de parecer ingenuo, ¿cómo se combate la corrupción?


–Si se está sembrando la imagen de que triunfar en la vida es tener plata y eso es lo que estamos vendiendo como un modelo, y triunfador es el que gana mucha plata, ¿qué nos vamos a asustar de la corrupción? ¡Es una consecuencia del modelo que estamos planteando y se lo planteamos a todas las clases sociales! Y el gurí que nace en la pobreza y sale de caño, está enfermo de lo mismo. Y el burócrata que tiene un puesto importante en el Estado está enfermo también de lo mismo. Es una consecuencia de esta cultura, no hay que asustarse. Entonces, recogemos lo que sembramos. Ahora bien, no sembramos una sociedad de santos, no nos preocupamos por una sociedad solidaria. Tácitamente nos preocupamos por una sociedad de “Hacé la tuya, y mirá que con eso vas a hacer más feliz”. Acá hay un problema de filosofía de la vida.


–¿Cuál sería?


–El capitalismo necesita que estemos ambicionando, queriendo, comprando cosas nuevas y deseando. Generar deseos. Paralelamente a esto tenés que hacerte esta pregunta: ¿por qué hay tantos psiquiatras? ¿Por qué tanta enfermedad del balero? Parece que entramos en el siglo de las enfermedades neuronales, lo que está demostrando que algo anda mal. “Pobre es el que necesita mucho” es la vieja definición de Séneca. O la definición de los aymara: “Pobre es el que no tiene comunidad, el que está condenado a estar rodeado de soledad.” Este ideal de vida que significa comprar más que está planteado, y que el éxito depende de la riqueza, no tiene fin y quedan por el camino los afectos, porque para cultivar los afectos se necesita tiempo.


–¿Por qué usted habla cada vez más del tiempo?


–Las relaciones personales necesitan tiempo. Los afectos (porque el ser humano es muy emotivo: primero sentimos, después pensamos) necesitan tiempo. Pero si el tiempo de nuestra vida se gasta en la lucha por tener dinero para pagar las deudas que tenemos, ¿qué tiempo tenemos para nuestros afectos? “Yo no quiero que a mi hijo le falte nada”, ¡pero le faltás vos, que no tenés tiempo jamás de salir con tu hijo! ¿Qué querés, sustituir los afectos con juguetes? Las cosas no van por ahí. Porque las cosas inertes no emocionan. Las emociones son consecuencia de las cosas vivas. Esto es tan elemental que tácitamente todo el sistema nos lleva por un camino que es muy contrario a nuestro sentir. En realidad cuando comprás, no comprás con plata. Comprás con el tiempo de tu vida que tuviste que gastar para tener esa plata. Ojo, yo no hago apología del atorrantismo. Toda cosa viva tiene necesidades materiales y si tienes necesidades materiales, hay que trabajar para enfrentarlas, y el que no trabaja está viviendo a costilla de alguno que trabaja. Pero la vida no es solo trabajar. Acá hay un concepto de límite que nos hace perder esta civilización. Hay un tiempo para trabajar. Pero la vida no se hizo solo para trabajar. La vida tiene sentido para vivirla porque es lo único que se nos va. Gasto tiempo para tener plata para comprar. Pero no puedo ir al supermercado a comprar tiempo de vida. Por eso el concepto de límite, el viejo concepto griego, “nada en demasía” es parte de defender la libertad. Porque, ¿cuándo sos libre? Cuando estás sometido a la ley de la necesidad no sos libre. Sos libre cuando tenés tiempo que lo usás en lo que a ti te gusta y a ti te motiva.


–Quiere decir que la cultura del consumismo fue más arrolladora que la comunicación de una cultura?


–¡Por supuesto! La otra es de la academia. Es la que podemos decir en el devenir. Pero la cultura consumista golpea todos los días en el seno de los hogares, de la mañana a la noche y prácticamente estamos inmersos. Y eso es funcional al sistema. El sistema necesita que estemos debiendo, que tengamos cuotas que pagar. Y necesita que andemos desesperados porque no nos alcanza y cada vez tenemos que comprar más, porque somos agentes de mercado. Y los economistas se agarran la cabeza si no marcha ese mercado interno. Pero esto tiene una onda, tampoco la derecha la va a satisfacer, la va a explotar. Ya vendrá el reflujo, es inevitable. Yo creo que es pendular, y si tuviera que esquematizarlo hay tiempos que parece que son más bien de acumulación, y tiempos donde la prioridad la tiene el reparto: ninguno son definitivos ni eternos. El gran problema que tenemos los latinoamericanos es que por llegar tarde a la fiesta del capitalismo, tenemos las venas abiertas. Es decir, buena parte de nuestros períodos de eventual prosperidad, se nos va para afuera porque necesitamos recurrir a la inversión directa extranjera, después tenemos que pagar la amortización y la ganancia, aparte de los desequilibrios que se nos pueden dar en el comercio. Tenemos poca capacidad de generar ahorro con el esfuerzo propio porque estamos prisioneros de nuestra propia cultura y esa cultura nos hace también como países, eternamente demandantes. Sin darnos cuenta queremos vivir como el primer mundo, estamos como admirando el consumo del primer mundo, pero no somos. Porque ellos acumularon mucho, saqueando África, saqueando a la India. Hay una historia, 200 años atrás nosotros estuvimos ahí en el pelotón de los saqueados.


–¿Hay una crisis de sucesión de los líderes fuertes?


–Los hombres trascendentes son muy importantes pero a la larga no pueden sustituir a las formaciones políticas. Si uno tiene la humildad estratégica de reconocer que vamos pasando, que la lucha es eterna y permanente, y que es en el fondo por mejorar la civilización humana, no solo por una cuota de poder, se da cuenta que tiene que contribuir a crear la rueda de la historia y esos son colectivos que quedan luego de nosotros. El mejor dirigente no es el que hace más, o el que ladra más, o el que tiene el letrero más grande, o marquesina, o aplausos, o reconocimiento. No: el mejor dirigente es el que deja una barra que lo suplante con ventaja, porque la vida se nos va y las causas quedan, y el camino queda. Porque la lucha no es ni siquiera coyuntural, la lucha es el camino eterno de la vida.


–¿Produzca un triunfo o produzca un fracaso?

–Nunca hay un triunfo total, porque tampoco nunca hay una derrota total. Y porque además antropológicamente somos gregarios. Solos somos insignificantes, por poderosos que nos parezca que somos. Hay que detenerse un poco en las consecuencias de ser gregario. La construcción de la civilización humana es la herencia más grande que recibimos cuando nacemos. Desde aquellos que descubrieron el fuego y la rueda, hasta los que han descubierto la biología molecular. Cuando nacemos recibimos sin darnos cuenta la herencia de ese formidable esfuerzo intergeneracional. Quiere decir que lo que se ha acumulado es la destilación de generaciones que nos llega a nosotros y eso es construcción colectiva. ¿Eso va en contra del individuo? No, es lo que ampara al individuo. Lo colectivo es lo único que permite que el individuo no esté en soledad y enfrente a la vida con otras posibilidades. En el derecho antiguo, en las tradiciones antiguas, después de la pena de muerte, la pena más rigurosa era que te expulsaran de la comunidad porque tenías que salir a vivir en un mundo feroz, sin respaldo colectivo. Esta etapa de la civilización trata de atomizarnos. Vivimos en la megalópolis, a veces en un bloque de apartamentos donde ni nos saludamos con los vecinos. Es el imperio de la soledad en el medio de la multitud. Porque cuanto más solos estemos, más manejables somos. Uno tiende a creer que somos nosotros, que “he logrado esto por mi esfuerzo personal”... No quiere decir que el esfuerzo personal no tenga importancia, claro que la tiene, la tiene siempre que esté el cosmos colectivo que nos rodea. Yo tengo compañeros en pila, pero si me da un ataque cardíaco, preciso un cardiólogo, y eso me lo da la sociedad. Si salgo con la Fusca y se me rompe, tendré amigos pero necesito un mecánico que lo entienda. Todo eso es la sociedad. No podríamos vivir sin eso. Pero sin embargo esto lo olvidamos. Esto es tan elemental que rompe los ojos. Por eso hay que construir cuestiones colectivas. Pero también hay otra cosa: cambiar el mundo no es changa eh, tiene algunos inconvenientes, y a veces nos han costado caro. Pero es como una avenida que pasan autos, y autos van y vienen y es un loquero. No podemos evitar que pasen autos, pero tenemos que aprender a cruzar la avenida sin que los autos nos pisen. La avenida es la vida. El cruce es el grado de independencia que tenemos acá. Si tenemos conciencia, la lucha es por que esta sociedad demandante no nos lleve del hocico. Porque creo, y este es un problema que tiene que incorporar la izquierda (o eso que llamamos izquierda, que llamamos progresismo, llamémosle como quieran): no alcanza con el desarrollo económico. Hay que entrarse a preocupar por la felicidad humana, porque esta vida se nos va.


–En 2016 usted señaló que “si a la izquierda le toca perder terreno, que lo pierda y aprenda” En este marco, ¿cuáles cree que son las “lecciones” que la izquierda tiene que aprender en el proceso político que viene?


–El duelo derecha-izquierda compone la historia humana, es un devenir constante. La forma que toma es contemporánea, pero es la cara eterna de la humanidad ese duelo. Triunfar en la vida no es llegar a un objetivo. Triunfar en la vida es levantarse y es volver a empezar cada vez que uno cae. Entonces, si la lucha es continua, tiene que ser colectiva porque solo lo colectivo se hereda. Pero además, los errores y la falta de humildad de creernos tan soberbios de creer que tenemos la verdad absoluta revelada y que somos absolutamente imprescindibles, y perdemos capacidad de negociación entre nosotros mismos y nos atomizamos. La gente de izquierda tiende a dividirse por ideas y la gente de derecha tiende a juntarse por intereses. La gente de izquierda es demasiado poética, la otra es demasiado realista. Para enfrentar eso hay que juntarse, colectivos grandes. Para lograr colectivos grandes, hay que aprender a transar con las diferencias y lograr puntos medios. Pero somos frecuentemente, tan soberbiamente intelectuales que dejamos por el camino a todos los que dijeron y queremos cosas cuadraditas, perfectas que solo están en el esquema de nuestra cabeza. La vida no es así. Y reventamos las fuerzas que pueden servir para enfrentar los desafíos que nos pone la grosa unidad de la derecha (que tiene sus contradicciones y a patadas también), pero tiene un instinto superior porque tiene intereses que custodiar. Creo que ha sido una constante.


–Hay un concepto que usted repite. Se lo cito: “Inventamos la república con la idea de que los hombres somos iguales, por lo menos ante la ley”.


–Todos sabemos que hay algunos que son mucho más iguales que otros. El que tiene mucha guita tiene abogados mucho mejores. Pero igual es una afirmación de principios que hay que defenderla. Debiera ser un camino ideal por el cual luchar. Los defectos que tiene no quieren decir que tengamos que volver al absolutismo. No merece ser despreciado, hay que defenderlo. Pero me parece que los que rengueamos por la parte izquierda o los que tenemos sentimientos solidarios no debiéramos desligar nunca nuestra forma de vivir y vivir como viven la mayoría de nuestro pueblo y no como viven las minorías privilegiadas.


–¿Cómo sería en la práctica?


–La izquierda tiene que cultivar una conducta. A la mesa ubérrima a la que nos invitan los señores por urbanismo a veces tenemos que concurrir y sentarnos, pero no es nuestra mesa. Nuestra mesa es la mesa común y corriente del pueblo común y corriente. Hay que vivir como se piensa, porque de lo contrario terminamos pensando como vivimos. La izquierda del futuro debe defender eso y debe preocuparse de esto. Yo no puedo cambiar la realidad de muchísima gente que está muy jodida, y si no lo puedo hacer, tengo que vivir a tono como vive la mayoría de la gente de mi sociedad. Porque eso es la República, eso es el republicanismo. Entonces yo he dicho, a los que les guste mucho la plata hay que correrlos de la política. En la política hay que buscar gente que viva con sencillez, con sobriedad. No quiero usar nunca más la palabra austeridad porque dejan a la gente sin laburo y a eso le llaman austeridad. Muy frecuentemente se pierde esa frontera. Y cuando sos referente no podés cometer esos errores porque el hombre de la calle ve esas cosas. Y si perdemos la confianza de la gente que defendemos, somos unos impostores. No creo que haya que ser monjes cartujos, no, pero hay que vivir como el pelotón de la sociedad, como la inmensa mayoría. Y ser coherente con un discurso que apunte a la igualdad, a la distribución, a la equidad, y que no puede solucionar todos los problemas, pero que los tiene que expresar. Yo creo que frecuentemente la izquierda en América Latina se equivocó en ese camino. Te tienden la alfombra roja, te ponen la corneta, te ponen toda una serie de instituciones que vienen del feudalismo, te las meten en los gobiernos, y creo que eso es una trampa. Soy desconfiado viejo, allá por la época de Nikita Jrushchov fui a la Unión Soviética y me llevaron a un hotel. Había unas alfombras que me hacían cosquillas en los tobillos y yo me hago la pregunta:“¿Para qué hicieron un hotel con este lujo en una revolución proletaria?” Ya no me gustó. Y empecé a mirar y me di cuenta que empezaba a haber una clase acomodada. Guarda: la forma de vivir también tiene que ver con lo que terminás pensando. Pero además esto se toca con la libertad: si no andás en la vida liviano de equipaje, tenés que preocuparte después de una cantidad de cosas materiales. Todo es complicado y difícil. Muchos sirvientes, que te afanan esto o lo otro... Dejá, si se puede vivir con enorme sencillez tranquilo. La sobriedad y la sencillez en el fondo son una terrible comodidad.

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La cumbre de las Américas sentencia el final de la era bolivariana en la región

Morales se queda solo con Cuba en su apoyo a Maduro y su rechazo al “imperialismo” de EEUU


Las cumbres regionales son una fotografía del momento político. La de las Américas ayer en Lima plasmó definitivamente el giro de la región hacia la ortodoxia económica, el final de la llamada era bolivariana, en la que los presidentes de izquierda muy críticos con EEUU protagonizaban estas citas. Vetado el venezolano Nicolás Maduro, la enorme mayoría de los líderes fueron durísimos con él y anunciaron que no reconocerán las elecciones de mayo. Evo Morales, el gran resistente, se quedó solo con el canciller cubano, Bruno Rodríguez, en el apoyo cerrado a Maduro y las críticas al “imperialismo” de EEUU.


La ausencia a última hora de Donald Trump y Raúl Castro eliminó la posibilidad de un cruce directo al máximo nivel entre los dos mundos antagónicos que conviven a pocos kilómetros en América. Pero ese combate ideológico, marcado por el acercamiento o rechazo total a EEUU, quedó muy patente en la Cumbre de las Américas, a la que sí acudieron casi todos los demás presidentes. Uno tras otro, los presidentes de países hasta hace poco cercanos al eje bolivariano como Argentina o Brasil, y otros donde también ha habido un giro político aunque no tan radical, como Chile o Ecuador, mostraron el cambio total que está viviendo la región.


“Tenemos que redoblar esfuerzos para que el Gobierno de Venezuela acepte ayuda internacional en esta crisis humanitaria. Estamos hablando de corrupción y en Venezuela vemos adonde lleva un proceso de corrupción descontrolado. No hay democracia, hay presos políticos. Argentina va a desconocer cualquier elección que surja de un proceso de este tipo, eso no es una elección democrática”, clamó el argentino Mauricio Macri. “Hemos acogido a decenas de miles de venezolanos, intentamos mandar remedios y alimentos y esa ayuda fue negada por el Gobierno venezolano. No hay espacio en nuestra región para alternativas a la democracia”, remató el brasileño Michel Temer.


“En Venezuela no hay democracia, hay presos políticos, las elecciones con partidos proscritos no son legítimas. Ayudemos al pueblo venezolano a recuperar la libertad”, insistió el chileno Sebastián Piñera. “Trabajamos para devolver la democracia a Venezuela, es inaceptable. Cualquiera que sea amigo de Venezuela debe pensar primero en el pueblo venezolano”, dijo el canadiense Justin Trudeau.


Los países grandes que ya estaban controlados por el centro derecha, como México o Colombia, remataron esa sensación de minoría en la que quedaba el boliviano Evo Morales. “Somos generosos con el pueblo venezolano pero seremos implacables con el régimen que tanto daño está haciendo. No reconoceremos los resultados de unas elecciones diseñadas para maquillar una dictadura. Es increíble que Maduro siga negando todo mientras el mundo ve como el pueblo venezolano se muere de hambre. El 15% de la población ha migrado, sobre todo a Colombia”, clamó el colombiano Juan Manuel Santos. “México apoya la decisión de no invitar a Venezuela a esta cumbre”, insistió Enrique Peña Nieto.


Frente a esa oleada de golpes a Venezuela y países que se alinean con la posición de EEUU, cuyo vicepresidente, Mike Pence, llegó a Lima con la intención de reforzar el grupo que mantiene la presión internacional contra Maduro, le llegó el turno a Morales que, pese a su soledad, mantuvo con firmeza sus posiciones clásicas que hace pocos años estaban cerca de tener la mayoría en estas citas. La cumbre estaba centrada en lucha contra la corrupción, y mientras todos los presidentes, incluidos algunos que como Temer está rodeado de escándalos que le afectan personalmente, prometían luchar contra ella, Morales les exigió que combatan el sistema capitalista, que en su opinión es el verdadero origen de esa corrupción.


“Si no eliminamos los paraísos fiscales, sin controles a las empresas transnacionales, si no se modifica el sistema financiero que promueve la acumulación de la riqueza, en tanto no suprimamos el secreto bancario, nada servirá. El capitalismo es el peor enemigo de la humanidad y del planeta. Antes utilizaban el pretexto de la lucha contra el comunismo, hoy pretenden usar la lucha contra la corrupción para derrocar gobiernos democráticos. Respeto al hermano Lula, no puede encarcelar la conciencia de un pueblo”, clamó para golpear después a EEUU, presente en la sala.


“La principal amenaza contra la paz y el multilateralismo es el Gobierno de los EEUU. Da la espalda al acuerdo de París, construye muros, gasta cientos de millones de dólares en seguir construyendo armas de destrucción masiva. Bolivia condena las amenazas de EEUU de invasión de Venezuela. Lamentamos que Maduro no esté aquí por presiones de EEUU”, remató Morales. Solo encontró respaldo en el canciller cubano. Incluso Ecuador, antes alineado con Maduro, mantuvo una posición intermedia aunque lamentó la ausencia del venezolano: “Exhortamos al gobierno venezolano a buscar soluciones integrales en el marco de la democracia. Animamos a las partes al diálogo”, sentenció su canciller, María Fernanda Espinosa, que aprovechó la cumbre para golpear al anterior presidente, Rafael Correa: “Lamentablemente con él la corrupción campeaba en todos sus sectores”. Una muestra más de que las cosas han cambiado mucho en Latinoamérica en muy poco tiempo.


Para concluir este ambiente de máxima presión al que fuera el país clave del eje bolivariano, 15 países, esto es todos los de la declaración de Lima más EEUU, firmaron un comunicado en el que apuntan que no reconocerán las elecciones venezolanas de mayo si no se hacen "con las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático". Estos 15 están lejos de los 23 que son necesarios para activar la carta democrática en la OEA, porque la cumbre también demostró que todos los pequeños países de las antillas, muy dependientes de Venezuela, mantienen la lealtad a Maduro, pero en estos 15 están todos los grandes de la región y los más influyentes.


Al final de la cumbre se vivió un cruce muy fuerte entre el vicepresidente de EEUU, Michael Pence, y el canciller cubano. Pence fue rotundo en su intervención, que en teoría cerraba la cumbre: "La mayor corrupción se da cuando la gente pierde su voz a manos de los dictadores. Mientras hablamos, un régimen comunista oprime a su pueblo en Cuba con Castro. Seguiremos apoyanos a los cubanos que piden por su libertad. Cuba exportó su ideología fallida, ayudando a la dictadura corrupta de Venezuela. Maduro prometió prosperidad y los llevó a la pobreza. Venezuela está en el caos. 9 de cada 10 venezolanos viven en la pobreza. Es el mayor éxodo de nuestra histórica. Es un estado fallido".

El canciller cubano pidió la palabra para contestar con mayor dureza aún: "No es nada democrático atacar a Venezuela cuando no está aquí para responderle. EEUU no es una referencia moral para América Latina. En los últimos 100 años, todos los gobiernos despóticos en la región han sido impuestos o apoyados por EEUU, incluidas las más crueles dictaduras militares. La Operación Cóndor y el golpe en Chile están sobre la conciencia de EEUU. El país de Pence ha sido el único en usar un arma nuclear contra civiles inocentes. Es responsables de masacres de civiles, niños mujers y ancianos, a los que llaman daños colaterales. Es el autor de violaciones masivas de los derechos humanos de sus propios ciudadanos afroamericanos. Es una vergüenza para la humanidad que en ese país de extrema riqueza haya millones de pobres. Tienen un patrón diferencia racial en las cárceles. El sustema electoral que lo ha elegido es corrupto por naturaleza porque está sustentado en las contribuciones corporativas. Promueve un proteccionismo feroz. Ha impuesto la idea de que el cambio climático es un invento. Si le interesara la libertad de los cubanos levantaría el bloqueo. Ha usado el mismo lenguaje que llevó a la invasión de Bahía de Cochinos". Por un momento la cumbre parecía volver a los años de la Guerra Fría. Y eso que no estaban ni Trump ni Castro.

 

Lima 14 ABR 2018 - 21:04 COT

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El PT ratifica a Lula como su candidato

La postulación del ex mandatario brasileño para los comicios de octubre ocurrirá “bajo cualquier circunstancia”, incluyendo la privación de su libertad. Así lo comunicó su partido.

Cuarenta y cinco horas después del arresto de Luiz Inácio Lula da Silva en Curitiba, el Partido de los Trabajadores (PT) anunció que lo ratificó como su candidato a la presidencia en los comicios del 7 de octubre. “Reiteramos hoy (por ayer) en la comisión ejecutiva del PT que registraremos la candidatura el 15 de agosto. Si no lo hiciéramos el partido perdería en coherencia, perdería en espíritu de lucha, perdería por no ser solidario, perdería políticamente”, argumentó Gleisi Hoffmann. La presidenta petista está en Curitiba desde el sábado a la noche, poco antes del aterrizaje de un pequeño avión Cesna de la Policía Federal en el que arribó el ex presidente posteriormente alojado en una celda del cuarto piso de la Superintendencia de la Policía Federa

La postulación de Lula ocurrirá “bajo cualquier circunstancia”, incluso si estuviera privado de la libertad. “No abandonamos a un inocente, y por ser inocente tiene derecho a ser candidato, además Lula ya no es sólo el candidato del PT, es el candidato de una parte importante del pueblo brasileño que a pesar de la persecución que sufre continúa apoyándolo con índices altísimos de preferencia.”
Antes del encuentro de la Ejecutiva, miembros del PT manifestaron la intención de instalar provisoriamente la dirección partidaria en Curitiba mientras Lula continúe siendo un “preso político”.
Ayer arribaron más colectivos para sumarse a la vigilia en el campamento Lula Libre, convertido en un agitado punto de debates de petistas, campesinos sin tierra, comunistas, montado a unos doscientos metros de la Superintendencia policial.


De hecho, en los últimos días la capital política del país parece haberse desplazado de Brasilia, donde tiene sus oficinas un presidente Michel Temer carente de legitimidad y autoridad, hacia esta Curitiba sobresaltada por el huracán Lula. Sucede que la atención nacional puso su foco en la celda de 15 metros cuadrados que aloja a un recluso cuyo tiempo se reparte entre la lectura del recientemente aparecido ensayo La Elite del Atraso de Jesse Souza y reflexionar sobre la estrategia a seguir para impedir la proscripción a la que quieren empujarlo sus carceleros asociados a sus enemigos políticos. Uno de ellos, Michel Temer, comenzó a analizar la posibilidad de retirarle la escolta y el vehículo al que tienen derecho todos los ex presidentes.


Desde el sábado Lula fue obligado a permanecer en una habitación separada del resto de los internos. Sólo puede recibir a familiares una vez por semana y a reunirse diariamente con sus abogados. Hoffmann solicitó que se revise esa reglamentación, en cuyo diseño participó el juez Sergio Moro, para que hoy pueda conversar con una decena de gobernadores de la región nordeste que viajarán a Curitiba.


“Conversé con los abogados del presidente que hoy lo visitaron, él está bien, firme, es un luchador, transforma la tristeza en fuerza para luchar, pero nos preocupa mucho su situación en la celda, es un lugar simple y decente, pero él está incomunicado, no puede tomar sol, no puede hacer ejercicios, es un hombre de 72 años que necesita algún cuidado”, contó Hoffmann.


Además de la agenda política nacional, Lula tendrá otra con personalidades extranjeras.


Para las próximas semanas se aguarda la llegada del ex mandatario uruguayo, José Mujica, y no se descarta la del premio Nobel de la Paz argentino, Adolfo Pérez Esquivel.
Paraná es uno de los estados donde surgió un antipetismo rabioso a caballo de las movilizaciones multitudinarias, mayoritariamente blancas y de clase media, que precedieron la destitución de Dilma Rousseff en 2016.


En el interior de esa provincia sureña fue baleada una caravana lulista hace dos semanas, cuando las autoridades locales dijeron que faltaban elementos para afirmar que trató de un atentado político. Ante ello el PT solicitó que la policía provincial sea separada de la investigación, pero no tuvo respuesta favorable.


Los rubicundos policías que el sábado hirieron a por lo menos ocho militantes cuando coreaban “Lula Libre” ayer dejaron que un ultraderechista se infiltre en el campamento donde se realiza la vigilia. El sujeto pidió tomarse una foto con la precandidata presidencial Manuela D´Avila, del Partido Comunista, y cuando ella se le acercó le dijo que era seguidor de Jair Bolsonaro.


Hubo un revuelo de militantes pero se evitó que el provocador lograra su cometido. Poco después un comité de partidos y organizaciones populares en defensa de la democracia, que funciona en el campamento, acusó a la policía de “complicidad” con el infiltrado.

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Lula antes de entrar en prisión: “La muerte de un combatiente no para la revolución”

El expresidente de Brasil se despide de la libertad con durísimas críticas a los jueces. “Yo no soy un ser humano más. Yo soy una idea. Y las ideas no se encierran”, afirma

Ya llevaba más de media hora hablando, esculpiendo cada frase como si estuviese destinada a los libros de historia. Durante un largo pasaje, emuló incluso el célebre "I had a dream" de Martin Luther King. Sobre el camión que le servía de palco, se había fundido en abrazos con políticos de varios partidos, sindicalistas, músicos y hasta curas. Luiz Inácio Lula da Silva hizo entonces una pausa ante los cientos de personas congregadas frente al edificio del Sindicato de Metalúrgicos del área metropolitana de São Paulo y anunció: "Soñaban con la fotografía de Lula preso, van a tener un orgasmo múltiple. Pero voy acatar el mandato".Tras dos días jugando al escondite, Lula iba a entregarse. El favorito para ganar las elecciones brasileñas de octubre aceptaba su destino en el presidio. Pero antes arengaba a los suyos para continuar en la batalla: "La muerte de un combatiente no para la revolución".


Tras finalizar el discurso, Lula, condenado a 12 años de cárcel por corrupción, aún se hizo esperar. Fue llevado a hombros hasta el edificio donde había estado refugiado en los dos últimos días y almorzó por última vez con su familia. Sobre las 17.00 de la tarde (22.00 de la noche en España), se dispuso a salir en un coche, pero decenas de militantes bloqueaban la puerta y gritaban que no le iban a dejar marcharse. Volvió al edificio y la situación se prolongó durante hora y media, en un ambiente muy tenso. Al final, el expresidente salió a pie y, entre empujones, se subió a un vehículo blindado de la policía. Eran poco después de las 18.40 de la tarde y Lula quedaba técnicamente detenido. Sobre las 20.00 llegó a la sede de la Policía Federal en São Paulo para someterse al preceptivo examen médico. Otro grupo de ruidosos militantes le esperaba allí. Solo se demoró unos minutos para salir en helicóptero hacia el aeropuerto de Congonhas, donde lo esperaba un avión rumbo a Curitiba, la ciudad en la que cumplirá condena.


Cuando el pasado jueves fue decretada la prisión inmediata del expresidente de Brasil, su implacable acusador, el juez Sérgio Moro, intentó mostrar un gesto de magnificencia. "En atención a la dignidad del cargo que ocupó", Moro dio la oportunidad al expresidente de presentarse de forma voluntaria antes de las cinco de la tarde del viernes. Lula, desoyendo las voces de numerosos dirigentes del Partido de los Trabajadores que le pedían que se declarase en rebeldía, incluso que buscase refugio en una embajada extranjera, optó por entregarse. Pero quiso dejar claro que él iba a poner las condiciones y elegir el momento. Y que su despedida de la libertad se iba a convertir en un baño de masas y en un acto repleto de carga política.


Así que, tras dos días atrincherado en el sindicato, Lula salió sobre las 10.30 de la mañana para asistir a una misa en memoria de su fallecida esposa, celebrada allí mismo, en plena calle, sobre el camión instalado la víspera para servir de escenario a los discursos políticos de sus seguidores, entre las banderas rojas de los militantes y con la participación de un nutrido grupo de músicos. Terminada la ceremonia, el expresidente tomó el micrófono y comenzó con las despedidas, que dieron paso a un discurso vibrante, tan cargado de reproches para sus acusadores como de frases solemnes. "Yo no soy un ser humano más. Yo soy una idea", llegó a proclamar. "Mis ideas ya están en el aire y nadie las podrá encerrar. Ahora vosotros sois millones de lulas".


El sitio elegido tenía todo el simbolismo, porque allí fue donde Lula comenzó su carrera como dirigente sindical a finales de los años 60. Era también el lugar desde donde dirigió la mayor huelga obrera contra la dictadura militar brasileña, en 1980. En aquella ocasión, Lula pisó por primera vez la cárcel y, por si no quedaba claro el paralelismo, él se encargó de hacerlo explícito. Tras evocar su detención de entonces, concluyó: "Y ahora estamos aquí en la misma situación".


El líder que ha protagonizado tres décadas de política brasileña dedicó buena parte del discurso a arremeter con gran dureza contra sus acusadores: los fiscales, el juez Moro, la Policía Federal... Y también contra los grandes medios de comunicación brasileños. "Ellos", argumentó Lula, son los verdaderos criminales. Les acusó de haber creado "casi un clima de guerra en el país", de orquestar una acusación sin pruebas e incluso de la "canallada" de provocar la "anticipación" de la muerte de su esposa, Marisa Leticia, también acusada por los jueces en el caso que ha acabado llevándole a la cárcel. "Nunca les perdonaré que me hayan dejado como un ladrón", advirtió. "Yo tal vez esté viviendo el mayor momento de indignación que un ser humano haya podido vivir".


Su único delito, explicó, ha sido ser "un constructor de sueños". Y ahí reprodujo el estribillo de Luther King para explicar su sueño de un país más justo, donde millones de pobres pudiesen incorporarse a la economía, tener oportunidades, ir a la universidad, un país donde nadie pasase hambre. Es precisamente por eso, defendió, que ha sido condenado. Porque, según la tesis de Lula, "ellos" no soportan que "los pobres puedan comprar un coche, puedan ir a la universidad, puedan viajar en avión". Siempre acompañado por la expresidenta Dilma Rousseff, derribada en 2016 por un proceso de destitución parlamentaria, Lula atacó: "El golpe no terminó con Dilma, el golpe tenía que continuar para impedirme ser candidato".


Así, encadenando una frase de efecto tras otra, fue llegando hasta el final. Después de anunciar que se entregaría, se apresuró a matizar: "Voy a llegar de cabeza erguida y voy a salir con el pecho hinchado". Y aunque todo sonaba como una larga despedida, y en algún momento llegara incluso a aludir a la muerte, Lula no se resistió a mantener firme hasta el final su imagen de viejo luchador: "Voy a salir de esta más grande, más fuerte e inocente. Porque voy a demostrar que son ellos los que han cometido un crimen".

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Domingo, 08 Abril 2018 05:55

Brasil, un gigante abatido

Brasil, un gigante abatido

El país que hace una década aspiraba a ser una potencia en el mundo se hunde en la crisis política y moral

“¿Cuándo se jodió el Brasil? En 1500, cuando llegaron los portugueses”. La ironía de Clovis Rossi, uno de los más respetados periodistas brasileños, podría ser suscrita por millones de compatriotas. Es una sensación muy común, como si algo fuese mal desde el principio, como si sus problemas estuviesen tan anclados en la historia que difícilmente encontrarán solución. La rapiña colonial, un sangriento régimen esclavista que llegó casi hasta el siglo XX, una independencia sin héroes proclamada por el heredero de un rey portugués… Con un bagaje así, son muchos los que piensan que su país ya nació jodido y que la desigualdad social, la violencia y la corrupción forman parte de su naturaleza.

Hace apenas una década, todo era muy diferente. En 2008, mientras la crisis económica hundía a Europa y a EE UU, Brasil batía marcas de crecimiento, con un 7,5%. El viejo mito del país del futuro parecía a punto de ser realidad. Aquello era una potencia en ciernes, un gigante con una población de 200 millones que aspiraba a jugar un papel de primer orden al frente de la coalición de las naciones emergentes. Tanto confiaba el mundo en Brasil y tan seguros de sí mismos estaban los brasileños que de una tacada se hicieron con las sedes del Mundial de fútbol y de los Juegos Olímpicos. Y al comando, un héroe popular, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cortejado por la elite de la política mundial.


Como si todo aquello hubiese sucedido en 1500 y no antes de ayer, Brasil es hoy un país arrasado por la crisis política y moral. Ni siquiera la recuperación de la economía, después de tres años desastrosos, ha conseguido aliviar el ánimo. Brasil tiene un presidente, Michel Temer, rechazado por más del 90% de sus ciudadanos. Tiene un Congreso con decenas de parlamentarios, incluidos los líderes de los principales partidos, investigados por corrupción. Sufre 60.000 asesinatos al año, con una guerra cotidiana en las favelas, y amontona entre rejas más de 725.000 personas, la tercera población carcelaria del mundo. Hasta Lula va camino de la cárcel, condenado por corrupción y dejando tras de sí la imagen de un país desgarrado, entre la rabia de sus seguidores y la euforia de los que celebran su desgracia.


Tanto se ha enfangado Brasil que, por primera vez desde el retorno de la democracia, en 1985, los mandos del Ejército se permiten hacer pronunciamientos políticos y lanzar amenazas veladas. Ahora se descubre que “muchos brasileños han perdido la vergüenza de defender la dictadura”, como apunta Clovis Rossi, veterano reportero del diario Folha de S.Paulo. Son los que han colocado en la segunda posición de las encuestas para las elecciones del próximo octubre al ultraderechista Jair Bolsonaro, un tipo que se ha negado a condenar el asesinato de la concejal y activista de Río de Janeiro Marielle Franco, otra reciente conmoción en el país.


Pero, sin remontarnos a 1500, ¿cuándo realmente empezó a torcerse todo? Hay una fecha clave, 2013. Ya con la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, en el poder, la apuesta del Partido de los Trabajadores (PT) por protegerse de la crisis mundial inyectando dinero público en la economía daba síntomas de agotamiento. Y de repente explotó el malestar social. La chispa fue por un motivo que parecía nimio, la subida del transporte público, y la mecha prendió por todo el país con grandes movilizaciones, protagonizadas por jóvenes de izquierda. Rousseff aún ganó las elecciones del año siguiente por el margen más estrecho de la historia, pero la situación se deterioró a toda velocidad. Brasil se precipitó a la peor crisis económica en un siglo. Para completar lo que Rossi llama una “combinación letal”, las investigaciones de los contratos de la petrolera pública Petrobras revelaron que el sistema político se alimentaba de una gigantesca red de corrupción.


“En los años anteriores el consumo se había extendido y estaba surgiendo una nueva mentalidad de exigencia con la calidad de los productos”, explica la socióloga Fátima Pacheco. “Esa idea se trasladó a la política. El viejísimo dicho de "roba pero hace" se transformó en "si roba, no hace". La tensión se desbordó en las calles entre 2015 y 2016. Ahora los manifestantes eran otros: la clase media que sufría la crisis y se indignaba con los escándalos. Los hasta entonces socios de centro derecha del PT reaccionaron destituyendo a Rousseff. Para la izquierda, fue el equivalente a un golpe de Estado. A Rousseff la sustituyó alguien tan impopular como ella, su vicepresidente, Michel Temer. “Y la pérdida de credibilidad se extendió a todo el sistema político”, apunta Pacheco.


Clovis Rossi tiene 75 años y por primera vez en su vida asistirá en octubre a unas elecciones sin Lula. Ausente el que, a pesar de todo, seguía siendo el favorito, nadie tiene la menor idea de lo que puede suceder. Con un debate público cada vez más violento y la amenaza de Bolsonaro, muchos brasileños temen que lo peor aún esté por llegar.

 

Xosé Hermida
São Paulo 8 ABR 2018 - 03:02 COT

Publicado enInternacional
Sábado, 07 Abril 2018 06:51

En el país de lo imprevisible

En el país de lo imprevisible

La impunidad olímpica con la que actuó el juez Moro, conduciendo un juicio de manera totalmente arbitraria y atropellando reglas básicas, abrió espacios amplios y peligrosos para que por todo el país se repitiesen tribunales de excepción.

 

Llegó el horario determinado por el juez Sergio Moro para que el ex presidente Lula da Silva se presentase en la sede de la Policía Federal en Curitiba –cinco de la tarde de ayer–, y nada.

La opción natural sería que entonces lo buscasen en la sede del Sindicato de Metalúrgicos en San Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de San Pablo, donde Lula está desde las siete de la noche del jueves, luego que de manera absolutamente sorpresiva el juez Sergio Moro, en otra ruptura legal, determinase su prisión inmediata.

Pero, al final, nada de lo previsto ocurrió: ni Lula se presentó ni la Policía Federal lo buscó. Con miles de personas alrededor del edificio, una acción de los policiales podría tener consecuencias catastróficas.

Lo ocurrido ayer es bastante simbólico del ambiente en que Brasil ingresó desde la extemporánea decisión del juez Sergio Moro: todo pasa a ser absolutamente imprevisible.
Esa imprevisibilidad será, a partir de ahora, la tónica dominante en el país. Más allá de lo que efectivamente ocurra con Lula da Silva, quedó clara la inconstancia jurídica que alcanza, o mejor dicho, tiene su epicentro en la corte suprema de la nación, cuya presidenta, Carmen Lúcia Antunes, no tiene la menor preocupación en siquiera intentar disfrazar sus maniobras claramente destinadas a perjudicar al ex presidente.


También queda evidente que el ambiente político está definitivamente contaminado, en un año electoral muy conturbado. Sin Lula, aumenta de manera exponencial la posibilidad de que entre abstenciones, votos nulos y votos en blanco, se supere el total del eventual ganador, haciendo con que su gobierno pierda legitimidad antes aún de empezar.
La impunidad olímpica con que actuó al menos desde 2015 el juez de primera instancia Sergio Moro, conduciendo un juicio de manera totalmente arbitraria y atropellando reglas básicas de cualquier conducta mínimamente íntegra, todo eso frente a la omisión cobarde de las instancias superiores, abrió espacios amplios y peligrosos para que por todo el país se repitiesen tribunales de excepción. Lo mismo con relación a las acciones de la Policía Federal, que a nombre de una supuesta autonomía pasó a actuar de manera absolutamente indiscriminada, sin límites ni reglas.


A todo eso deben sumarse dos fuertes fuentes de imprevisibilidad: una, la actuación descontrolada y muchas veces inmoral de los grandes conglomerados de comunicación, que manipulan mientras incomunican, creando de esa manera una clase media cada vez más idiotizada –y, como reflejo, exacerbando ánimos al extremo– ha sido pieza fundamental para que sean imprevisibles sus próximos pasos.


La otra es lo que ocurre en la economía, o más precisamente lo que quedará de la alta velocidad con que el gobierno ilegítimo de Michel Temer destroza el patrimonio nacional.
Para completar un cuadro abrumador, los militares vuelven a marcar posición. Y los antecedentes, como conocemos todos los que vivimos en las comarcas de esta nuestra pobre América, indican que cuándo los cuarteles empiezan a hablar por encima del tono recomendado, nos llevan, o deberían llevar, a niveles elevados de preocupación y temor.
El gobierno corrupto y plagado de bucaneros, encabezado por un pigmeo ético llamado Michel Temer, no es exactamente débil: es anémico. No tiene ni una gota de respeto popular, ni vestigio de legitimidad, ni pimienta de poder efectivo. Es un balcón de compra y venta, actuando junto al Congreso de peor nivel ético, intelectual, político y moral de las últimas muchísimas décadas.


Hay un vacío de poder, hay desvaríos judiciales, el más popular líder político tiene su futuro inmediato nebuloso, luego de un juicio arbitrario en que no surgió ni una miserable prueba en su contra. Los medios hegemónicos de comunicación siguen ennegreciendo su imagen con manipulaciones indecentes, lo que no hace más que fortalecer a los crecientes contingentes de simpatizantes que, pese a todo, Lula mantiene.


La economía, que apenas empezaba a dar muestras de respirar sin aparatos, puede estancar o volver a caminar hacia atrás.


El desempleo, que alcanza a poco más de trece millones de brasileños –cuatro veces la población de Uruguay, poco más que una Cuba entera, cuatro veces Grecia, cuatro veces Portugal–, no cede, pese al discurso tan optimista como mentiroso de un gobierno que miente como quien respira, es otra fuente de tensión permanente.
Tan, pero tan imprevisible se transformó mi país, que ya no se trata de intentar prever cómo será mañana.


La pregunta ahora es otra: ¿habrá mañana?

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