Fuentes: CTXT [Ilustración: Fake News Circus, LA BOCA DEL LOGO]

Derecho a la información veraz

La mentira es un arma de destrucción social que esclaviza a los seres humanos, pues puede hacer que actuemos en contra de nuestros intereses y que renunciemos a ser auténticamente libres

El enorme protagonismo que han tenido las mentiras en el mandato de Donald Trump (se le han contabilizado 30.573 en los cuatro años de presidencia) y su masiva circulación a través de las redes sociales pueden llevar a un error importante sobre su verdadera naturaleza, causas y propósitos.

Nos referimos a creer que las ahora llamadas fake news o posverdad son un fenómeno de nuestro tiempo, vinculado a un auge coyuntural de las posiciones políticas extremistas que antes o después desaparecerán, y algo derivado exclusivamente del uso de las nuevas plataformas digitales.

La mentira, el engaño, la difusión de información falsa, de bulos o de dudas malintencionadas son tan antiguas como la humanidad. Y no se trata tan solo de un fenómeno que sea exclusivo de la vida política sino que constituye una auténtica industria puesta al servicio de estrategias comerciales e incluso de los mecanismos más viejos que se conocen para lograr el dominio de unos seres sobre otros. La historia de la comunicación social y de los medios es la de la manipulación informativa y de la decadencia de la verdad.

La larga historia de la mentira en la comunicación social

Falsear la verdad, fabricar noticias, extender bulos y mentir en interés propio a través de los medios de comunicación social ha sido una práctica muy corriente en el último siglo y medio.

La “derrota de la razón” que con tanta brillantez y dolor describió Stefan Zweig, el ascenso del nazismo, o lo que sucedió en España a partir de 1936 no podrían entenderse sin tener presente el papel de los medios como deformadores de la verdad. 

La difusión de noticias falsas y la manipulación de la información se ha utilizado en campañas electorales, en publicidad y en estrategias comerciales, como las que durante años han tratado de ocultar los efectos mortales del tabaco o los costes reales de la sanidad privada. Más recientemente, hemos vivido auténticos procesos de intoxicación comunicativa para ayudar a propagar falsedades sobre hechos o procesos de gran trascendencia: guerra de Irak, 11-M en España, brexit o independencia de Cataluña, entre muchos otros. Por no hablar de la mentira al menudeo que se difunde día a día a través de todo tipo de medios.

Es una evidencia histórica, por tanto, que el engaño y la difusión de falsedades como parte de estrategias para tratar de conseguir determinados objetivos, bien sea de naturaleza política o comercial, no son fenómenos recientes ni casuales sino bien antiguos y deliberados.

Sin embargo, también es un hecho que la difusión de la mentira y el deterioro generalizado de la verdad se están produciendo en los últimos años de una forma más extendida y con consecuencias mucho peores que en épocas anteriores. Pero sería un error, como dijimos, creer que eso se debe solamente a que han cambiado las infraestructuras a través de las cuales fluye la información.

Mentira e ignorancia inducida en la comunicación digital

Es cierto que la proliferación de las nuevas plataformas, redes y artefactos que sirven de medios para producir, almacenar, transmitir y consumir información sin apenas dependencia del tiempo y el espacio y a mucha mayor velocidad, tienen tres efectos principales que facilitan la desinformación y la propagación de mentiras.

En primer lugar, la “balcanización” del sistema de comunicación al generarse miríadas de puntos de emisión y redifusión, periféricos, excéntricos, marginales… pero con gran capacidad de incidencia en amplias zonas o incluso en la totalidad del sistema. Esto hace que, a través de las redes y plataformas, sea más fácil y barato disponer de capacidad para difundir falsedades, bulos o dudas malintencionadas que producen ignorancia e impiden descubrir la verdad. Entre otras cosas, porque –con independencia de que se tenga algún otro tipo de interés político para llevarla cabo– la difusión de información falsa a través de las redes digitales se ha convertido en un negocio muy rentable económicamente (porque se cobra por visualizaciones o reenvíos y los sesgos cognitivos asociados al uso de la red hacen que las informaciones falsas se reenvíen un 70% más que las reales). 

En segundo lugar, la velocidad con que hay que operar en estas plataformas obliga a empaquetar la información de forma mucho más intuitiva y simplificada, con lenguaje menos analítico, más emocional, y vinculado a la experiencia personal y a la opinión que a los hechos y a su análisis objetivo. De este modo, el falseamiento de la verdad se produce más fácilmente y resulta más difícil descubrir la realidad de los hechos.

La intervención de los algoritmos refuerza el sesgo de autoconocimiento que consiste en darle más credibilidad a los datos que ratifican nuestras ideas previas

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que los nuevos medios no proporcionan la información limpiamente, o como respuesta directa a la demanda de los receptores, sino a través de algoritmos que previamente determinan el tipo de información que mejor se ajusta a sus perfiles personales. La información que llega a los receptores no es la que se corresponde directa u objetivamente a la demanda que hayan realizado, sino la elaborada o seleccionada “a propósito” por el algoritmo para que pueda ser reconocida más fácil y rápidamente como propia o deseada y sin con la menor reflexión posible.

Así, la intervención de los algoritmos refuerza el sesgo de autoconocimiento que consiste en darle más credibilidad a los datos que ratifican nuestras ideas previas y, por tanto, dificulta que los receptores de información puedan ponerla en duda cuando es falsa. 

Para evitar este y otros sesgos semejantes asociados a la comunicación digital, es decir, para poder discernir sobre lo que es verdad o mentira en la comunicación digital de nuestro tiempo, es preciso que el consumidor de información no solo tenga acceso a ella sino que, además, conozca a la perfección la naturaleza de la infraestructura (del algoritmo) que le permite poseerla, lo que equivale a decir que se encarece la inversión necesaria para descubrir la verdad, haciendo más barato y sencillo propagar falsedades.

Ahora bien, por muy presentes que estén estas circunstancias que abaratan la difusión de la mentira y dificultan y encarecen el descubrimiento de la verdad, a pesar de la abundancia de información y de la pluralidad de fuentes a nuestra disposición, la proliferación de la mentira en nuestro tiempo tiene que ver, en mucha mayor medida, con otras dos circunstancias.

Desigualdad, concentración del poder y desinformación

La primera de ellas es el aumento sin parangón que está registrando la desigualdad en los últimos años. Un fenómeno que necesariamente va unido a la polarización y al aumento de la ya de por sí gran concentración de la propiedad y del poder de decisión no solo en los medios tradicionales de comunicación sino en las nuevas plataformas y también en la economía, las finanzas y la política.
Cuando eso ocurre, para que los de arriba puedan acumular sin descanso privilegios, renta y riqueza a costa, lógicamente, de los de abajo, es imprescindible que estos últimos no sean conscientes de lo que está sucediendo. Quienes disfrutan del poder y de los privilegios necesitan convencer al resto de la población de que no hay alternativa posible a la situación en la que se encuentran y, al mismo tiempo, han de conseguir que quienes afirmen lo contrario no dispongan de capacidad ni poder mediático suficientes para divulgar sus propuestas. Algo que solo se puede conseguir logrando que la población a quien se quiere dominar no perciba la realidad tal cual es e impidiendo que identifique correctamente la naturaleza real de los problemas que le afectan y sus intereses auténticos.

La desigualdad extraordinaria de nuestro tiempo es, al mismo tiempo, la causa y la consecuencia de que la agenda de los medios, lo que se dice en la prensa o en los programas de radio y televisión, lo que se puede hacer o decir o no en las redes… estén cada vez más controlados por un grupo cada vez más reducido de propietarios y editores que se han adueñado del poder omnímodo que permite producir y difundir como verdades las mentiras que les interesan a sus dueños.

Relativismo y debilidad de los mecanismos de contrapoder social

El último fenómeno que a nuestro juicio explica el por qué de la gran decadencia de la verdad que estamos viviendo tiene que ver con el tipo de civilización que ha generado el neoliberalismo.

En las últimas cuatro décadas se ha conseguido forjar una no-sociedad basada en el individualismo, de personas ajenas a su alteridad que viven ajenas a su condición de seres sociales, prácticamente aisladas unas de otras y que socializan, si lo hacen, en grupos virtuales, que solo les pueden proporcionar una confluencia líquida, en el sentido de Zygmunt Bauman, es decir, efímera, incierta, volátil, intangible… en la práctica, completamente irreal.

Eso, por una parte, ha permitido que crezca y se consolide en nuestras sociedades el relativismo que lleva a creer que no existe una verdad objetiva e independiente de nuestra preferencia o percepción subjetiva, que cualquier expresión tiene valor como verdad. Pareciera que el derecho a tener opinión propia se haya sustituido por el de disponer de nuestros propios hechos, de modo que nos estaría permitido definir o percibir la realidad objetiva que nos rodea a nuestro libre albedrío, ajustada a nuestra preferencia. Y, por otra, esa ceguera de la realidad objetiva impide que se puedan generar intereses comunes, resistencias de grupo, contrapoderes frente a los grupos sociales que dominan y utilizan las plataformas y los medios de comunicación social para producir la ignorancia inducida sin la que sería imposible que mantengan sus privilegios.

Estrategias frente a la desinformación y la mentira

Para terminar, hay que preguntarse qué se puede hacer para enfrentarnos a esta especie de Edad de la Mentira en la que se está convirtiendo la era digital que cabalga a lomos de los viejos productores de la desinformación que ahora disponen de más poder mediático, financiero y político que nunca. A nuestro juicio, cabe avanzar por tres grandes líneas de actuación.

La primera y sin la cual nada se podrá hacer para hacer que el respeto a la verdad prevalezca en nuestras sociedades es combatir la desigualdad, distribuir más justamente la riqueza, fortalecer la democracia e impedir que la propiedad de los medios que los seres humanos necesitamos tener a nuestro alcance para vivir en libertad se concentre en tan pocas manos como ahora.

La segunda debería encaminarse a procurar que nuestras sociedades den valor a la verdad.

Más en concreto, para poder combatir la desinformación y la mentira es imprescindible reconocer que las sociedades no pueden desarrollarse en paz y quizá ni siquiera sobrevivir tolerando la indiferencia entre lo verdadero y lo falso. Hay que entender y asumir que la mínima cohesión que precisa una sociedad libre y democrática sólo se puede conseguir compartiendo un concepto de verdad respetado generalizadamente. Y que la mentira, por el contrario, es un arma de destrucción social que esclaviza a los seres humanos, pues puede hacer que actuemos en contra de nuestros intereses y que renunciemos a ser auténticamente libres. De hecho, esta utilidad de la mentira es lo que explica que se produzca y difunda estratégica y deliberadamente a través del sistema de comunicación social, cuando unos grupos de población más poderosos tratan de dominar al resto de la población.

Se ha conseguido forjar una no-sociedad basada en el individualismo, de personas ajenas a su alteridad que viven ajenas a su condición de seres sociales

El corolario de estos principios tan elementales pero en la práctica olvidados hoy día es que la verdad, el reflejo del hecho objetivo, tiene un valor intrínseco para la sociedad, para la convivencia y el bienestar de los seres humanos, para el sostenimiento de la vida y que, por tanto, debe ser protegida con la mayor firmeza posible y con eficacia.

La tercera vía de actuación podríamos describirla como consistente en aumentar el precio, hoy día tan bajo, que se paga por mentir.

Tal y como se puede deducir de lo que venimos exponiendo, es difícil evitar la producción de mentiras y su difusión pero sí se puede exigir responsabilidad a quienes las lleven a cabo, hacerles pagar por ello y, además, mejorar las capacidades para distinguir entre lo verdadero y lo falso, utilizando cuatro grandes tipos de instrumentos.

El más importante de ellos es la educación integral y la alfabetización mediática.

No hay mejor defensa contra la mentira que la formación, el aprendizaje del pensamiento crítico y la alfabetización que permita conocer el funcionamiento de los medios y las servidumbres de las nuevas plataformas, la socialización en valores ciudadanos y el cultivo de la reflexión, del debate en condiciones de igualdad y de la duda que es, como dijo Francis Bacon, la escuela de la verdad.

Otro instrumento fundamental es el desarrollo y la utilización de herramientas contra la desinformación que permiten detectar los mensajes fraudulentos, los bots maliciosos (programas automatizados que simulan comportamientos humanos); establecer baremos de puntuación de credibilidad; seguir los flujos de desinformación; verificar la información para denunciar la falsa; elaborar listas blancas con fuentes de información confiables y otras de no verificadas o denunciables… por poner tan solo algunos ejemplos. 

El tercero, la promoción del periodismo y de los medios independientes y plurales que son los que pueden tratar y proporcionar la información sin la esclavitud que supone estar al servicio o ser propiedad de los grandes grupos mediáticos, económicos, financieros o políticos.

Finalmente, hay que tener en cuenta que el desequilibrio entre el poder de los diferentes sujetos del sistema de mediación social es tan grande que resultará imposible evitar que los más poderosos puedan producir y difundir desinformación sin que exista un poder regulador superior que, por definición, no puede ser sino el que cuente con la legitimación del sistema democrático.

Para reconocer y defender la verdad es imprescindible una regulación estricta, rigurosa, basada en el mejor conocimiento posible de cómo funciona la maquinaria de la mentira en nuestro tiempo, que facilite la persecución y sancione la falsedad sin ningún tipo de complejo, asumiendo que la verdad existe y que es imprescindible que esté protegida. Pero sin equivocarse sobre el mal que se quiere combatir ni confundir al responsable del daño que causa; es decir, sin producir más lesión a la democracia y la libertad de la que tratara de evitar, como sucede cuando se recurre a la censura o se culpabiliza a los aparatos y no a las personas que los utilizan para difundir la mentira. A quien hay que perseguir y penalizar es a quien produce desinformación y a quien, por cualquier vía, se beneficia de crearla o distribuirla.

Se trata, en fin, de respetar, por un lado, un principio elemental: los hechos son sagrados, las opiniones libres. Y, por otro lado, de algo que no se puede considerar ni muy exagerado, ni radical: simplemente, garantizar que se haga realidad un derecho reconocido en el artículo 20 de nuestra Constitución: el de “comunicar y recibir libremente información veraz”.

Por Emelina Fernández Soriano, Juan Torres López | 06/03/2021

Emelina Fernández Soriano es doctora en Comunicación Audiovisual y expresidenta del Consejo Audiovisual de Andalucía.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla.

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Martes, 23 Febrero 2021 05:45

Qué hay detrás de la suba del bitcoin

Qué hay detrás de la suba del bitcoin

El bitcoin alcanzó el viernes pasado un nuevo record al superar los 55 mil dólares. Más allá de la baja circunstancial de este lunes, al ubicarse en 53.400 dólares, desde marzo de 2020 el incremento en el precio supera las 10 veces. El avance de la cotización de la criptomoneda se hizo exponencial durante los últimos meses. 

Algunos analistas internacionales alertan sobre el riesgo de burbuja especulativa que podría causar importantes pérdidas para inversores principalmente minoristas, mientras que los optimistas vaticinan que el valor se encuentra lejos de su techo.

Parte de la suba de la cotización del bitcoin y de otras criptomonedas se explica por un contexto de liquidez extraordinaria en el mundo. 

Las principales economías del planeta -empezando por Estados Unidos- lanzaron planes de estímulos sin precedentes para contrarrestar el impacto de la pandemia sobre la demanda de los mercados internos.

Economistas internacionales de distintas corrientes relacionan ese incremento del circulante con un aumento de los precios del oro, las commodities agrícolas y también otros derivados financieros entre los que aparece el bitcoin.

Para los defensores de la criptomoneda el bitcoin es el nuevo oro digital y para los escépticos es un activo sin valor ni aporte a la estructura monetaria internacional. El incremento exponencial del precio empieza a generar apuestas en distintos frentes. Por un lado existe un interés creciente de instituciones de peso reputacional en participar del negocio.

En las últimas semanas se conoció la compra de gran cantidad de bitcoin de Tesla, el ingreso del banco más antiguo de Estados Unidos Bank of New York Mellon al nicho de ofrecer custodia de la criptomoneda y el anuncio de Mastercard para procesar pagos de monedas digitales. Esto parece legitimar el mercado y darle sustento a los nuevos valores.

Sin embargo en el otro frente las críticas contra las criptomonedas y la especulación detrás de los activos como bitcoin se vuelven cada vez más potentes. 

La alerta es principalmente para inversores sin grandes conocimientos financieros que -como ocurre en toda burbuja- se suman a la ola de compra sin considerar la posibilidad de caídas sustanciales del precio.

Entre los inversores menos sofisticados no se suelen utilizar elementos de cobertura que protejan el capital en caso de un crash de las cotizaciones. En 2017 las cotizaciones del bitcoin también habían anotado un aumento monumental pasando de menos de 1000 dólares a 20.000 en dos años y luego para caer rápidamente a 3000.

El consultor Nouriel Roubini es uno de los economistas de prestigio en el establishment financiero que se muestra más escéptico del crecimiento del bitcoin. En un artículo reciente para el Financial Times hizo una crítica lapidaria contra la criptomoneda. “Es solo un juego de una burbuja de activos especulativos, peor que la tulipomanía, ya que las flores tenían y siguen teniendo utilidad", apuntó.

"Elon Musk quizás lo esté comprando. Pero eso no significa que todos deban hacer lo mismo", advirtió el economista. Para plantear que el uso de las criptomonedas no tiene sentido dentro de la estructura de pagos moderna. “Ni siquiera están denominados de una manera consistente que permita a los usuarios comparar precios relativos de bienes. Esta dependencia de diferentes tokens es efectivamente un retorno al trueque”, mencionó. 

El economista agregó que “los Picapiedras tenían un sistema monetario más sofisticado basado en un punto de referencia: los hombres de las cavernas de dibujos animados usaban conchas marinas”.

Por último Roubini criticó la “supuesta” descentralización de las monedas digitales. "Los mineros oligopolistas controlan la mayor parte de la minería de bitcoins. Muchos están fuera del alcance de las fuerzas del orden occidentales, lo que crea una pesadilla para la seguridad nacional", planteó.

Detalló que alrededor del 99 por ciento del comercio de bitcoins se realiza en intercambios centralizados, que pueden ser pirateados.

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Quién es Keith Gill, el líder de la rebelión de GameStop

Los grandes fondos lo acusan de haber estafado a los pequeños inversores

La demanda señala que Keith Gill provocó un alza artificial del precio de las acciones para convertirse en multimillonario.

Keith Gill, el máximo referente de la revolución bursátil originada en el caso GameStop, es blanco de una demanda colectiva, acusado de haber manipulado el precio de las acciones de la tienda de videojuegos.

La denuncia fue presentada en Massachusetts y señala que Keith Gill, también conocido por su apodo en YouTube como "Gatito rugiente" (Roaring Kitty en inglés), engañó a pequeños inversionistas para que compren acciones de Gamestop, se inflen artificialmente y, de esa forma, convertirse en multimillonario.

La tienda de videojugos Game Stop estaba marcada por los analistas financieros por una posible cotización a la baja y muchos operadores habían comprado opciones de venta en corto, una apuesta que generó grandes pérdidas a partir de la tendencia alcista que lograron miles de inversores minoristas con sus operaciones.

Este jueves Gill se presentó ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos para explicar su accionar. El broker afirmó que "no es un inversor profesional" ni brinda "asesoría financiera por una comisión". "Me gustan las acciones de Gamestop", afirmó.

"La idea de que usé las redes sociales para promocionar las acciones de GameStop entre inversores inconscientes es ridícula", señaló el especialista en el análisis del mercado y agregó: "Fui muy claro al exponer que mi canal tenía solo propósitos educativos y que mi estilo agresivo de inversión probablemente no fuera adecuado para la mayoría de personas que miran el canal".

Actualmente, el valor de las acciones de GameStop se encuentra en 44 dólares, lo que supone que los inversores que entraron en el mercado en la cima de la "revolución" provocada por Gill, a finales de enero, han registrado notables pérdidas.

El episodio ha revelado los riesgos (tanto para beneficios como para pérdidas) de las operaciones bursátiles para inversores no sofisticados, y el desigual acceso al mercado financiero más avanzado del mundo. 

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Cómo los dogmas neoliberales están obstaculizando la resolución de la pandemia

Estamos inmersos en una de las mayores crisis sociales y económicas que el mundo haya vivido jamás. La evidencia científica que apoya tal observación de la realidad es abrumadora. Indicador tras indicador (desde los de mortalidad de la población hasta los de empleo) muestran el enorme dolor y sufrimiento que la pandemia está causando. Y la gente lo sabe. Los niveles de cansancio, frustración y enfado que la mayoría de la población está alcanzando en gran parte de los países a los dos lados del Atlántico Norte preocupa en gran medida a los mayores centros de reflexión de los establishments económicos y financieros, así como a los fórums políticos y mediáticos que les son afines en cada país.

De lo que no se habla en los debates sobre la pandemia

Y, en consecuencia, está teniendo lugar un gran debate y discusión sobre cómo responder a esta pandemia. Pero en este debate se empiezan a tocar temas que eran intocables hasta ahora. Me explicaré. Hay un dato que no se aborda en tales fórums políticos y mediáticos y que, sin embargo, es de una gran importancia. Sabemos ya cómo controlar, contener y, por lo tanto, superar la pandemia. Disponemos de los conocimientos científicos y de los recursos necesarios para solucionar algunos de los mayores problemas que existen y evitar tantas muertes. Es más, conocemos cómo podría controlarse la pandemia para recuperar cierto grado de normalidad. El lector debería conocer esta realidad. La ciencia sabe hoy cómo podría ir resolviéndose. Y no me refiero solo a la ciencia virológica y epidemiológica y otras ciencias básicas en salud pública, sino también a las aplicadas, como las ciencias sociales y económicas. Sé de lo que hablo. Soy también profesor de la Johns Hopkins University, incluida su bien conocida Escuela de Salud Pública, desde donde se realizan los bien conocidos estudios sobre la pandemia, conocidos y citados a nivel internacional. Y le puedo asegurar que sí, se sabe cómo controlar la pandemia. Sabemos, por ejemplo, que no podrá haber recuperación económica sin antes contener la pandemia. Ignorar lo segundo para corregir lo primero, como hizo la administración Trump, ha llevado a un desastre económico, social y de salud. No hay ningún país que lo haya conseguido. De nuevo, hay miles de datos que muestran el gran error de ignorar esta realidad. Ahora bien, el lector se preguntará: ¿si conocemos cómo controlar la pandemia y tenemos los recursos para hacerlo, por qué no se hace? Y otra pregunta que deriva de la anterior es: ¿por qué los medios no están informando sobre ello y los gobiernos no están actuando?

El silencio ensordecedor sobre por qué no se resuelve lo que es resoluble

La respuesta al último interrogante es fácil de conocer, y tiene que ver con la ideología y cultura dominantes en estos países, lo que dificulta ir más allá de lo que el pensamiento hegemónico permite considerar. Uno de estos obstáculos es, por ejemplo, el sacrosanto "dogma de la propiedad privada", que se considera fundamental para la pervivencia del orden social, marcado este último por otro dogma, el de las también sacrosantas "leyes del mercado" como mejor sistema de asignación de recursos. Estos dogmas rigen el comportamiento de los establishments político-mediáticos de la mayoría de grandes países a los dos lados del Atlántico Norte, y han jugado un papel esencial en obstaculizar el control de la pandemia.

Un claro ejemplo de ello. El porqué de la escasez de las vacunas

Tal y como indiqué en un artículo reciente ("¿Por qué no hay suficientes vacunas anti-coronavirus para todo el mundo?, Público,30.12.20), el mayor problema que existe en el control de la pandemia hoy en el mundo es la falta de las vacunas contra el coronavirus, escasez que incluso se da en los países considerados ricos a los dos lados del Atlántico Norte, lo cual es absurdo, pues los países ricos (y, por cierto, un gran número de países pobres tienen los recursos para producir tales vacunas). En realidad, el desarrollo de la parte más esencial en la producción de las vacunas más exitosas (Pfizer y Moderna) se ha hecho con fondos públicos, en instituciones públicas, en los países ricos (y, muy en especial, en EEUU y en Alemania). Esto lo reconoce nada menos que el presidente de la Federación Internacional de Industrias Farmacéuticas, el Sr. Thomas Cueni, en un artículo publicado en el New York Times hace unas semanas, "The Risk in Suspending Vaccine Patent Rules", 10.12.20, en el que afirma que "es cierto que sin los fondos públicos de agencias [instituciones públicas del gobierno federal estadounidense] como la U.S. Biomedical Advanced Research and Development Authority o del ministerio federal alemán de Educación e Investigación, las compañías farmacéuticas globales no habrían podido desarrollar las vacunas COVID-19 tan rápido". El Sr. Cueni podría haber añadido que ello ocurre también con la mayoría de grandes vacunas que se han ido produciendo desde hace muchos años (véase el artículo citado anteriormente para ver los millones de dólares y euros públicos invertidos). La parte fundamental en el desarrollo de cualquier vacuna es el conocimiento básico, que suele investigarse en centros públicos o con fondos públicos de investigación sanitaria y salubrista. La industria farmacéutica, que sin este conocimiento básico no podría desarrollar las vacunas, utiliza dicho conocimiento para avanzar en su dimensión aplicada, es decir, la producción de las vacunas. Pero lo que el presidente de tal federación internacional olvida mencionar es que, además de utilizar el conocimiento básico que los Estados han financiado, esos mismos Estados ofrecen a las farmacéuticas un gran regalo al garantizarles el monopolio en la venta del producto durante muchos años, que pueden llegar hasta veinte, lo que les asegura unos beneficios astronómicos (los más elevados del sector empresarial de cualquier país).

Ahí está el origen de la escasez de vacunas. Es tan simple como esto. La propiedad intelectual, garantizada por los Estados y por las leyes del comercio internacional y sus agentes, es la que crea una escasez "artificial" de vacunas, lo cual genera unos beneficios astronómicos a costa de no tener suficientes vacunas para paliar las graves consecuencias de la pandemia y prevenir la muerte de millones de seres humanos.

¿Qué podría hacerse?

Lo más lógico sería, que, como ha propuesto Dean Baker (el economista que ha analizado con mayor detalle, rigor y sentido crítico la industria farmacéutica internacional), los Estados que ya financiaron el conocimiento básico expandieran su intervención para incluir, además del conocimiento básico, el aplicado, produciendo ellos mismos las vacunas, lo cual sería mucho más barato (puesto que no habría que incluir en los costes de producción los enormes beneficios empresariales).

Y el lector se preguntará: ¿por qué no se hace lo que parece lógico? Pues la respuesta también es fácil. Por el enorme poder político y mediático de la industria farmacéutica a nivel nacional e internacional. Dean Baker documenta muy bien la naturaleza de estas conexiones (ver el vídeo "Dean Baker On Beating Inequality & COVID-19: Tackle Patent and Copyright Monopolies", 20.01.21, The Analysis News). En realidad, entre un gran número de expertos en salud pública en EEUU hay una postura generalizada de que el legítimo objetivo del mundo empresarial privado de poner como principal objetivo el conseguir optimizar sus beneficios económicos debería limitarse o incluso rechazarse en las políticas públicas que tienen como objetivo el optimizar la salud y minimizar la mortalidad. Esta percepción deriva del hecho que el propio EEUU muestra claramente que la privatización de la sanidad, gestionada por empresas con afán de lucro (que es la situación más común en aquel país), ha provocado un enorme conflicto entre los objetivos empresariales y la calidad y seguridad de los servicios. EEUU es el país que tiene un mayor gasto en sanidad (la mayoría, privado), y en el que hay más gente insatisfecha con la atención recibida, con un 32% de la población con enfermedades terminales preocupada por cómo sus familiares pagarán por su atención médica. La optimización de la tasa de ganancias es un principio insuficiente y enormemente peligroso para la salud de la población (la escasez de vacunas es un ejemplo de ello).

¿Estamos o no estamos en una situación de guerra, como se dice?

El lenguaje que constantemente utilizas las autoridades que están imponiendo enormes sacrificios a la población es un lenguaje bélico. Estamos luchando, se nos dice, "en una guerra contra el virus" (que la ultraderecha cataloga de "chino", intentando recuperar la Guerra Fría, sustituyendo la URSS por China). En realidad, en EEUU el número de muertes por COVID-19 es mayor que el número de muertes causadas por la II Guerra Mundial. Lo que ocurre es que los que así hablan no se lo creen. Es un recurso que utilizan para forzar un control de los movimientos de la población (lo cual me parece lógico y razonable), pero, en cambio, siguen conservando meticulosamente los dogmas liberales de la propiedad privada y las leyes del mercado, dogmas dejados de lado en el pasado en situaciones de guerra de verdad. ¿Cómo puede justificarse que los gobernantes de las instituciones de la UE (la mayoría de los cuales son conservadores y liberales) respeten el copyright de las empresas farmacéuticas que han producido la vacuna contra el coronavirus? Durante la II Guerra Mundial toda la producción industrial se orientó a la fabricación del material de guerra necesario. ¿Por qué no se hace ahora lo mismo? Si se forzara la producción masiva de tales vacunas por parte de las empresas farmacéuticas en todos los países o en grupos de países, se podría vacunar rápidamente a la población no solo de los países ricos, sino de todo el mundo.

Como era predecible, la Unión Europea, desde su Parlamento hasta la Comisión Europea y sus otros órganos de gobierno (la mayoría gobernados por partidos conservadores y liberales), se ha opuesto a ello, pues es cautiva de sus dogmas, que ya han demostrado ser fallidos durante el período neoliberal y que, a pesar de su gran fracaso, continúa siendo dominantes en los establishments político-mediáticos a los dos lados del Atlántico Norte. Al menos en EEUU, la nueva administración federal del gobierno Biden, presionado por la comunidad científica (y por las fuerzas progresistas dirigidas por Bernie Sanders), está hablando de forzar a la industria farmacéutica a anteponer el bien común a los intereses particulares. Veremos si se lleva a cabo. Sería bueno que pasara lo mismo en Europa. Ni que decir tiene que las derechas de siempre -desde Trump hasta las derechas de España (incluyendo Catalunya)- acusan a los que quieren forzar dicha producción de "sociocomunistas". Pasa en todo el mundo. De ahí que la ciudadanía debería movilizarse para cuestionar tanto dogma que está haciendo tanto daño a la población. Animo a los lectores a que se organicen y envíen textos y cartas de protesta a tales instituciones, pues de poder hacerse sí que se puede. Lo que ocurre es que su dogmatismo y creencias les impiden verlo

Por Vicenç Navarro, profesor de Health & Public Policy, School of Public Health en The Johns Hopkins University; Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra; y Director del JHU-UPF Public Policy Center

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Martes, 29 Diciembre 2020 06:58

Origen de Covid-19 y fondos del Pentágono

Origen de Covid-19 y fondos del Pentágono

Una poderosa ONG internacional llamada EcoHealth Alliance (Alianza por la EcoSalud) ha tenido un papel clave durante la pandemia para modelar la narrativa sobre los orígenes y el posible futuro de esta y otras pandemias, tanto a la prensa como en Naciones Unidas. En particular para denostar cualquier hipótesis que cuestione el origen totalmente “natural” del virus de Covid-19.  No obstante, en julio de este año, el centro de investigación independiente Bio Science Resource , mostró que esa ONG ha canalizado más de 10 millones de dólares de fondos públicos de Estados Unidos al Instituto de Virología de Wuhan (IVW), China, justamente para modificar genéticamente virus de murciélago, en especial el SARS-CoV.

Esto sucedió además en el período en que Estados Unidos prohibió este tipo de investigación en su territorio, por los riesgos que implica.  Pero en su típica doble moral, el gobierno de Estados Unidos aprobó fondos para continuar la misma línea de trabajo en otros países, como China. Estos son los fondos que canalizaba la EcoHealth Alliance para el IVW.

Ahora, un nuevo reporte de investigación del periodista Sam Husseini publicado el 16 de diciembre de 2020 en el  portal Independent Science News, revela que la EcoHealth Alliance recibió además cerca de 40 millones de dólares del Pentágono y otras fuentes militares y públicas de Estados Unidos, datos que ha intentado ocultar.

El tema es grave porque sugiere que se estarían usando estos fondos para desarrollar armas biológicas u otros instrumentos o estrategias de interés militar.  Los fondos militares serían para “biodefensa”, es decir supuestamente para prepararse ante un ataque biológico, por ejemplo con virus infecciosos. La diferencia entre “defensa” y “ataque” en esta área es cuestión de palabras. Bajo el título biodefensa, se hace manipulación genética de microorganismos, entre otras cosas para aumentar su capacidad patogénica, supuestamente para poder prever la defensa generando antídotos, si otros las usaran en un ataque terrorista. En la práctica, la investigación es la misma, solamente cambia el título que se le da al fin expreso de uso de esos organismos ¿son bioarmas o armas para biodefensa?

Hay varios científicos de sólida trayectoria, que proponen estudiar la hipótesis de que el virus causante de la actual pandemia haya sido un escape de laboratorio, justamente a partir del proyecto de investigación del laboratorio de la Dra. Shi Zhengli del Instituto de Virología de Wuhan, en el proyecto de colaboración y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (en particular el que preside Anthony Fauci), canalizado por la EcoHealth Alliance.  Expliqué los argumentos de esta hipótesis en ese sentido en un artículo anterior.

A más de un año del inicio de la pandemia de Covid-19, aún no están claros los orígenes del SARS-CoV2, ni como llegó a contagiar a humanos. Eso no es opinión, todos los científicos reconocen el hecho. 

No obstante, la EcoHealth Alliance, a través de su presidente Peter Daszak, defiende enfáticamente que el SARS-CoV-2 (el virus que causa Covid-19) tiene origen natural – e insiste que todas las otras hipótesis no merecen ser analizadas ni investigadas. Daszak insiste particularmente en que no se debe investigar si fue o no una construcción de laboratorio, como demanda, entre otros científicos, el Premio Nobel de Medicina francés Luc Montagnier.

Daszak tiene un fuerte conflicto de interés en el tema, ya que la institución que preside canalizó los fondos públicos –¿y militares?– al laboratorio chino en Wuhan, para la modificación genética del SARS-CoV-2, justamente para “aumentar su función” de contagio a humanos (gain-of-function), que era lo que estaba suspendido en Estados Unidos.

Por ello, Daszak ha buscado que otros científicos se pronunciaran en el mismo sentido, para no quedar tan evidente y desacreditar a quienes pedían mayor investigación sobre las actividades de manipulación de virus en Wuhan.

Así se pronunciaron 27 científicos y científicas en febrero de 2020, en un comunicado en la revista The Lancet.  Posteriormente, la organización US Right to Know reveló (luego de acceder a correos electrónicos de la EcoHealth Alliance liberados a través de solicitudes de libertad de acceso a información pública), que Daszak es quien orquestó este texto, afirmando que los que pedían más información sobre el posible origen no natural del Covid-19 no eran más que teorías de conspiración.

Pese a ello y ante la incertidumbre sobre los orígenes del virus, tanto la Organización Mundial de la Salud como The Lancet formaron comisiones de investigación sobre los orígenes de Covid-19, para solicitar a China y al Instituto de Virología de Wuhan acceso a sus expedientes sobre el origen del SARS-CoV-2.

Entre otras cosas, China confirmó en noviembre de 2020 que el virus del cual procedería el que provocó la pandemia actual, se encontró en una mina en Yunnan desde 2012 y que el Instituto de Virología de Wuhan recogió muestras de éste en 2012 y 2013. Eso ya lo habían expuesto los científicos Jonathan Latham y Alice Wilson, y es una de las líneas de investigación que Daszak pretendió desacreditar.

Las comisiones de investigación de OMS y The Lancet podrían ser un desarrollo interesante, ya que si no hay nada que ocultar o las hipótesis no son correctas, las comisiones independientes lo podrían comprobar. El grave problema, como reporta Sam Husseini,  es que Peter Daszak integra ambas comisiones, incluso preside la comisión de The Lancet, por lo que parece que más bien se trata de otra jugada para no permitir la transparencia de lo que realmente sucedió con el proyecto estadounidense de manipulación de virus de murciélago en Wuhan. Claramente, Daszak debe ser considerado parte de los actores principales a investigar, no integrar las comisiones.

Daszak  ha conseguido también ubicarse en roles claves en Naciones Unidas, como ser el presidente de un nuevo informe de IPBES (Panel internacional de biodiversidad que asesora a ONU, referente científico en el tema de biodiversidad) y ser el orador principal de una sesión plenaria (oficial, virtual) del Convenio de Diversidad Biológica, sobre biodiversidad y salud el 15 y 16 de diciembre de 2020, en la que se discutieron temas muy importantes, como la relación entre la destrucción de la biodiversidad natural, la expansión de la cría industrial de animales y la emergencia de nuevas enfermedades zoonóticas.

Además de su dudosa función en la colaboración con el laboratorio de Wuhan, Daszak tiene una agenda propia, que impulsó en esa sesión: el Proyecto Viroma Global, donde propone secuenciar todos los virus del planeta, para luego usar sistemas de Big Data e inteligencia artificial para desarrollar antídotos, supuestamente para prevenir nuevas pandemias. Coherente con los fondos militares que recibe la EcoHealth Alliance, para Daszak se trata de una guerra, donde los virus son el enemigo y por ello, hay que desarrollar armas para combatirlos.

En el marco de esta argumentación, aunque reconoce otros factores, desliza que el problema es el consumo de animales silvestres, culpabilizando de hecho a las comunidades indígenas y campesinas de todo el planeta, por comer esos animales “silvestres” (en lugar de puercos, pollos y vacas de criaderos industriales). Daszak siempre empieza señalando el problema del tráfico ilegal de especies silvestres, (lo cual obviamente es un problema) pero su insistencia en el tema del consumo de animales silvestres, al tiempo que minimiza el tema brutal de la expansión de la cría industrial de animales, muestra su absurda parcialidad.

Como planteé en artículos anteriores, hay muchas causas convergentes que llevaron a la pandemia, las cuáles siguen existiendo y están generando nuevas pandemias. Las maniobras de la EcoHealth Alliance, coinciden con las de las grandes farmacéuticas y los titanes tecnológicos (todos los que han obtenido grandes lucros con la pandemia), en cerrar lo más posible la óptica de análisis, para en lugar de analizar críticamente la realidad y lograr soluciones preventivas, colectivas, justas y sustentables, vayamos a sociedades hipertecnologizadas, de alto control y vigilancia, donde se “atacan” las pandemias con vacunas y otras propuestas de alta tecnología controladas por esas mismas empresas.

Además, por sus altísimos riesgos de uso en bioarmas -y de probables escapes de laboratorio con efectos devastadores- urge que se prohíba en todo el mundo la manipulación genética de virus infecciosos para optimizarlos para contagio (gain-of-function). Aquí una de las campañas en ese sentido.

28 diciembre 2020

Publicado enInternacional
Geoingenieros avanzan sobre territorio indígena

El 15 de diciembre 2020, SCoPEx, un proyecto de la Universidad de Harvard para avanzar en la manipulación del clima con geoingeniería solar, financiado por millonarios y fundaciones privadas de Estados Unidos, anunció que planea realizar un experimento a cielo abierto en Suecia, a contrapelo de la oposición global que despierta esta tecnología entre ambientalistas, indígenas y defensores de la justicia climática. Plantean hacerlo en Kiruna, territorio indígena del pueblo Sami.

SCoPEx es uno de los proyectos que denunció la campaña global contra la geoingeniería "No manipulen la Madre Tierra", en la que participan 200 organizaciones de cinco continentes, entre ellas redes internacionales como La Vía Campesina, la Red Ambiental Indígena, la Alianza por la Justicia Climática, Amigos de la Tierra Internacional, la Marcha Mundial de Mujeres y la Alianza por la Biodiversidad en América Latina (https://tinyurl.com/y96tukfb).

La geoingeniería es un conjunto de propuestas tecnológicas que conllevan fuertes impactos colaterales, ambientales y sociales. Por ello el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CBD) estableció una moratoria contra su liberación en 2010, por consenso de sus 196 países miembros. Permite experimentos de pequeña escala bajo ciertas condiciones, que hasta ahora ningún proyecto ha cumplido. Estados Unidos no es parte del CBD. Como SCoPEx, la mayor parte de la promoción e investigación en geoingeniería proviene justamente de ese país.

La geoingeniería solar propone reflejar o bloquear parte de los rayos solares que llegan a la tierra, para bajar la temperatura. Por ejemplo, imitar el efecto de las erupciones volcánicas, inyectando sulfatos en nubes artificiales en la estratósfera. A la escala requerida para bajar la temperatura global, provocaría disrupción de los monzones en Asia y sequías en África y América Latina, poniendo en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 billones de personas (https://tinyurl.com/y3jxgpbr).

Los investigadores de SCoPex dicen que ahora sólo van a probar equipo –un gran globo que se elevará en la estratósfera, con una góndola que en experimentos futuros, podrá diseminar materiales reflejantes. El globo sería elevado sobre los cielos del pueblo Sami por la Corporación Sueca del Espacio. Según SCoPEx, trasladaron este proyecto de geoingeniería a Suecia debido a las restricciones por la pandemia de Covid-19 en Estados Unidos.

Afirman que en el futuro probarán con este equipo esparcir carbonato de calcio, aunque en el proyecto original plantean usar otros materiales como sulfatos, que es lo más similar a la composición de nubes volcánicas. La inyección de sulfatos en la estratósfera destruye la capa de ozono.

La fragmentación de experimentos en fases, es una táctica que se ha usado para el desarrollo de tecnologías de alto riesgo, como armas y tecnologías nucleares, entre otras. Así se avanzan componentes necesarios de proyectos riesgosos, evitando las regulaciones, la crítica y el escrutinio público hasta que cada parte esté lista. Llama la atención que también en Estados Unidos SCoPEx planteaba usar territorios indígenas, como las pruebas de armas atómicas y otros llamados "experimentos científicos".

Niclas Hallström, de la organización sueca What Next declaró a Reuters, “Esta prueba no tiene sentido si no es para permitir el paso siguiente. Es como si probaran el detonador de una bomba [separado de ésta] y dijeran "esto no puede hacer daño" (https://tinyurl.com/y9jk6hwh).

En efecto, el experimento en Suecia no tiene sentido sin la continuación que el propio SCoPEx admite, y que son pasos para hacer posible el despliegue de la geoingeniería solar. Más que técnico, se trata de un experimento político para legitimar los experimentos de geoingeniería a cielo abierto, como han señalado otros científicos que conocen el tema, como Raymond Pierrehumbert (https://tinyurl.com/y9na679o).

SCoPEx formó también su propio "comité asesor", con académicos estadunidenses (aunque el proyecto conlleva impactos globales) para simular que consulta a la sociedad. 80 organizaciones denunciaron a este comité como una farsa (https://tinyurl.com/ydc5oyzf)

Hallström también señaló que la sociedad sueca demanda cambios reales para enfrentar el cambio climático, pero que "El proyecto de Harvard está en el polo opuesto, da la impresión de que con tecnologías se podría manejar el cambio climático y continuar usando combustibles fósiles".

Este es uno más de los problemas de la geoingeniería: funcione o no, se convierte en una coartada para la continuación de las industrias más contaminantes y el caos climático, que hasta pueden hacer un nuevo negocio con la geoingeniería.

En efecto, David Keith, director del Programa de Geoingeniería Solar de la Universidad de Harvard, e iniciador y principal vocero de SCoPEx, es uno de los más activos promotores de la geoingeniería a escala global. Paralelamente, fundó la empresa comercial de geoingeniería Carbon Engineering (para vender captura directa de CO2 del aire), con fondos de Bill Gates y cuyos principales inversionistas son las petroleras Chevron, BP y la megaempresa minera BHP Billiton.

Este es el contexto real. Debemos frenar los experimentos de geoingeniería solar como sea que se disfracen.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

El agua cotiza en la Bolsa: Preguntas y respuestas sobre este suceso inédito

El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza.

 

El lunes 7 de diciembre marcó un nuevo hito en los mercados financieros, la fecha será recordada como el inicio de la bursatilización de la vida misma, y no es exagerado. Como sabemos, el agua es vida, explica por sí sola al mundo como lo conocemos en nuestros días.

Iniciaron las cotizaciones de los futuros del agua en el Chicago Mercantile Exchange (CME), la bolsa de futuros de materias primas más grande del mundo, la bolsa de futuros de Chicago.

¿Qué significa?, ¿tiene alguna relevancia para el ciudadano común?, ¿afectará en algo la vida cotidiana y sobre todo los bolsillos de los ciudadanos? Estas y otras preguntas se derivan de un hecho histórico, veamos.

¿Venderán agua “física” en las bolsas de valores?

No. Como sabemos, el mercado de futuros de Chicago no necesariamente cotiza bienes “físicos”, sino que lo hace mediante contratos a futuro. Se espera que en un inicio los contratos a futuro lleguen al año 2022, se cotizarán en acre-pie, que según nuestro sistema métrico decimal equivale a 1,233 metros cúbicos o lo que es lo mismo 1,233,000 litros de agua. Imagina que en un recipiente tienes esta cantidad de litros de agua, algo más de un millón, y los cotizas en el mercado de futuros.

Pero no se entregará agua al término del contrato. En realidad, estos contratos sobre futuros del agua servirán para fijar precios en muchas partes del mundo, pese a que su precio se basará en los precios del agua en el estado de California. No habrá un mercado físico de agua, pero sí un indicador financiero que determinará el precio del bien más preciado para el ser humano porque es la vida misma.

¿Por qué el precio del agua en California puede influir en el resto del mundo?

Porque Estados Unidos, junto con China, es el mayor consumidor de agua en la tierra. La pujanza de estas economías tiene muchas explicaciones, y una de ellas es la infraestructura que tienen para llevar agua a sitios en los que se detona la actividad productiva primaria, secundaria y de todo tipo.Los futuros del agua en el CME se convierten en el primer indicador del mundo al respecto y por tratarse de un país tan importante, seguramente determinarán lo que suceda en otras partes del planeta.

¿Cómo impactará en el ciudadano común?

Por supuesto que el mercado tiene que madurar, eso le llevará algunos años, en el mejor de los casos dos o tres años. En esta primera etapa, los ciudadanos del mundo no percibirán prácticamente nada de lo que pasa en el CME sobre los futuros del agua. Una vez con un mercado maduro, es posible que las cotizaciones empiecen a influir más determinantemente en los precios al público, porque dichos precios servirán como “guías” que incorporarán factores como oferta, demanda, sequías, huracanes, infraestructura, etc. Es entonces cuando la bursatilización del agua poco a poco sería determinante para el ciudadano común, hablamos todavía de que esto sucederá en algunos años, pero si decimos que sería en una década, quizás nos quedemos cortos, o posiblemente no.

Lo que será inevitable es que las cotizaciones de futuros de agua impacten con el paso de los años, para bien o para mal, en el bolsillo de los ciudadanos del mundo. No es poca cosa la “bursatilización” del agua, es el líquido indispensable para la vida y para prácticamente todo tipo de actividades del ser humano.

¿Quiénes podrán participar en el mercado de futuros del agua del CME?

Supuestamente inversionistas institucionales, así como gobiernos, posiblemente organizaciones que requieran grandes cantidades de agua para sus actividades como industriales, agricultores, empresas del sector energético, etc.

¿Hay riesgo de especulación con los futuros del agua?

Sí, por supuesto. Ese será uno de los grandes retos del mercado para los siguientes años: la lucha contra la especulación. Como todas las materias primas (aunque en estricto sentido, el agua no es una materia prima, porque al ser humano no le pasa nada si no consume cobre, pero muere si no tiene agua), esta estará sometida a fuertes vaivenes conforme el mercado vaya madurando y la combinación de múltiples factores determinen su cotización. Los precios y posiciones especulativas serán sin duda un elemento adicional en el mercado y desde luego que cosas estarán en juego.

¿Surgirán otros mercados de futuros del agua?

Seguramente, el de Chicago marca un hito por ser el primero, pero es altamente probable que en un futuro inmediato haya más mercados como este en otras importantes plazas financieras del planeta.

El futuro nos alcanzó, o posiblemente ya nos rebasó. El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza, indispensable para la vida en la tierra.

8 diciembre 2020 0

Publicado originalmente en Alto Nivel

Publicado enMedio Ambiente
Andreas Malm, en una imagen promocional

Uno de los méritos del sueco Andreas Malm es haber abordado en su libro El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra social (Errata Naturae, 2020) una de las preguntas más estimulantes de la pandemia: si pudimos parar el mundo por la emergencia sanitaria, ¿por qué no hacerlo ante una emergencia climática? La cuestión no vincula al azar pandemia y crisis ecológica, sino mediante un nexo común: la avidez del mercado. Un mercado global al que se le concede todo y que solo funciona mediante la lógica del máximo beneficio.

La batalla por el sentido la lidera hoy la lógica mercantilista que todo lo impregna. No existe ética ni razón ecológica en si deberíamos o no comercializar con tal especie salvaje, o si tal selva tropical hace tiempo que debería haberse convertido en una plantación de soja. Las únicas incógnitas parecen ser: uno, ¿es legal?, y dos, ¿cuál será el margen de ganancia? El pangolín es un buen ejemplo de esta obsesión por convertir cualquier cosa en mercancía. En los años noventa, un kilo de este animal se pagaba en el mercado chino a 14 dólares; en 2016, a unos 600 dólares el kilo, e incluso 1.000 dólares en algunos restaurantes. Hoy es el mamífero más traficado del mundo y uno de los cabezas de cartel de este festival pandémico. Y cuando hablamos del tráfico de pangolines no hablamos de la rareza o el vicio de unos pocos asiáticos, sino de los lujosos caprichos de millonarios de todo el mundo; Alemania, por ejemplo, ha sido señalada como uno de los puntos de tránsito claves en su comercio. Un mercado sin coto es una amenaza para todos, incluido el mercado mismo. O en palabras de Malm: “La acumulación descontrolada de capital es lo que zarandea con tanta violencia el árbol en el que viven los murciélagos y los otros animales. Y lo que cae es una lluvia de virus”.

¿Y qué hay del papel del Estado? ¿Por qué Occidente decidió intervenir durante la pandemia, atando en corto a la vaca sagrada capitalista, pero sigue ignorando lo que traerá el cambio climático? Malm lo resume así: “La eliminación del CO2 no encaja de manera natural con el marco del Estado-nación. La guerra contra la covid-19 podía concebirse como una guerra clásica, valiéndose de toda la parafernalia del orgullo nacional –una nación que se protege, como en otros momentos de peligro de la historia; un pueblo que se cobija en el bastión del Estado–, mientras que una guerra contra el CO2 tendería a salirse de ese marco. Sería una guerra en beneficio de los nuestros y también de los demás. Ante todo, sería una guerra para salvar a los pobres”. 

El libro de Malm es un estimulante ensayo que hilvana el porqué de una premisa a priori simple: que un capitalismo sin límites destruye un sostén natural sin el que ni hay mercado ni hay mucho más; lo que sí hay, y habrá cada vez con más frecuencia, son pandemias como esta. 

Critica cuánto esfuerzo ha puesto todo el planeta en controlar la pandemia y, sin embargo, qué poco hacemos por solucionar la crisis climática. ¿Por qué las razones sanitarias son suficientes para hacer que el mundo se detenga pero no lo es el cambio climático?

No estoy seguro de tener la respuesta completa a por qué los gobiernos están dispuestos a ir tan lejos para romper con la vida cotidiana, la libertad de la propiedad privada y los mercados con el fin de frenar la expansión de esta enfermedad. Es extraordinario cómo los gobiernos, incluso ahora en la segunda oleada, están forzando el cierre de tiendas, interviniendo profundamente en los negocios privados. Pero los gobiernos que no se muestran competentes en el manejo de la pandemia corren el riesgo de pagarlo en las elecciones. A Donald Trump, su incompetencia a la hora de lidiar con la pandemia, le ha costado la presidencia. Un gobierno es consciente de que si no se muestra competente y efectivo a la hora de limitar la enfermedad, le castigaremos en las próximas elecciones. Pero esto tiene que ver con el hecho de que esta pandemia ha golpeado al hemisferio norte y lo hizo desde muy temprano, mientras que los mayores afectados del cambio climático todavía son las poblaciones más pobres del hemisferio sur. 

Hay una larga lista de políticos, incluidos políticos de extrema derecha, que se han contagiado de covid-19. Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Donald Trump. Toda esta gente enfermó de covid-19, pero ninguno de ellos ha sufrido personalmente las consecuencias del calentamiento global. Quizá esta pandemia se antoja más urgente a los gobiernos del hemisferio norte porque ha golpeado a sus ciudadanos de manera directa pese a su condición de clases dominantes. Sin embargo, los mismos gobiernos han hecho tan poco por controlar los desencadenantes de la pandemia como por atajar las causas del calentamiento global.

Uno podría pensar que, después de un año tan desastroso para la economía y la salud global, deberíamos tener a los gobiernos reunidos preguntándose cómo asegurarse de que esto no vuelve a ocurrir jamás, y si se estuvieran haciendo esa pregunta se habrían dado cuenta rápido de que, para empezar, deberían hacer algo contra la deforestación, pero no lo han hecho. Este año la deforestación se ha disparado en zonas clave de los trópicos. El gobierno indonesio, por ejemplo, decidió recientemente abrir sus selvas a lo que en esencia es explotación sin límites. Lo mismo en Brasil, Bolivia o Argentina, y cualquiera que sepa algo sobre los agentes desencadenantes de una pandemia sabe que la deforestación debe frenarse y revertirse si no queremos que esta situación vuelva a repetirse. Las causas del calentamiento global son las mismas que provocan las pandemias.

Ha mencionado la propiedad privada. ¿Cómo afecta a este respecto?

En múltiples formas, pero un aspecto crucial es que sigamos transformando animales salvajes en propiedad privada. En Dinamarca existe una enorme industria peletera que provee a los consumidores más ricos. Para ello hacinan a millones de visones en pequeñas jaulas, y el coronavirus se coló en ellas, mutando al entrar en contacto con esta población de visones, de manera que tenemos una nueva cepa de este mismo coronavirus y existe el enorme riesgo de que pueda ser resistente a las vacunas en desarrollo. 

El problema fundamental es que permitimos que existan negocios que hacen de estos millones de visones una propiedad privada más, los sacrifican y los transforman en pieles que venden como capricho a las clases altas. En Suecia, tenemos una industria de visones similar a la danesa y la izquierda está pidiendo que sea abolida. El derecho a la propiedad privada en la forma de cuerpos animales debe detenerse, lo que supone atajar el comercio de vida animal salvaje. Tendemos a pensar que el coronavirus lo ha originado la excéntrica cultura china, pero ese mismo problema existe en todas partes, en países como Dinamarca, Suecia o Estados Unidos, donde las empresas capturan animales salvajes y los encierran en jaulas minúsculas, creando las condiciones exactas que los patógenos necesitan para evolucionar y rápidamente mutar.

Lo mismo ocurre con la deforestación, provocada principalmente por empresarios que convierten los bosques en propiedad privada, cortan los árboles y luego transforman las tierras en plantaciones o zonas de pastoreo. Esa libertad para hacer lo que te plazca con la naturaleza con un fin económico tiene que limitarse si no queremos que esto siga ocurriendo.

¿Puede existir algo como el eco-capitalismo o capitalismo verde?

Eso es una gran pregunta. Habría que preguntarse: ¿puede el capitalismo existir sin combustibles fósiles? Históricamente lo ha hecho. El capitalismo precede históricamente a la combustión a gran escala de combustibles fósiles, por lo que no es imposible desde un punto de vista lógico tener un capitalismo que use otras formas de energía. Pero si lo ves desde la perspectiva climática, es evidente que si quieres acabar con la combustión de energías fósiles necesitas sacar del negocio a una parte concreta del sistema capitalista o a una fracción de la clase capitalista: las empresas que se benefician del uso de combustibles fósiles. Empresas como Exxon Mobil, Total, BP, Saudi Aramco, todas ellas tienen que dejar de existir como empresas productoras de petróleo, gas y carbón. Eso está clarísimo, es el ABC de la ciencia climática. Cualquier solución que busque remediar la cuestión climática debe eliminar esta parte concreta del modelo capitalista. Esto ya es  un desafío enorme y podría llevarse a cabo mediante su nacionalización;  el Estado debería tomar el control sobre ellas y obligarlas a detener su producción para convertirlas en entidades que se dediquen a otras tareas. Hacer esto supondría abrir una gran brecha en el capitalismo tal y como lo conocemos hoy, y gracias a esa brecha quizá consigas empezar a virar hacia un sistema político-económico diferente. 

No podemos saber con certeza qué ocurriría entonces, nunca hemos tomado parte en una transición como esta y no sabemos qué hay al otro lado. No sabemos qué ocurriría, si es que llega a ocurrir, pero quizás fuera algo que dejara atrás el capitalismo o que trajera una versión ecológica del capitalismo con nuevos límites, o incluso quizás una versión más autoritaria. Es muy difícil predecir qué pasaría exactamente, pero lo que sí sabemos es que cualquier solución al problema climático pasa por eliminar por completo la industria de los combustibles fósiles. 

¿Se necesita de una crisis como esta para mantener alejado lo peor del sistema capitalista?

Cuando el capitalismo parece funcionar bien, como por ejemplo en los años noventa o los cincuenta en Europa, no hay razones para cuestionarlo. Pero cuando ocurre una crisis como esta, la gente se da cuenta de que el sistema no funciona y que tenemos que contenerlo, e incluso quizás superarlo. Pero el problema es que hoy no parece que mucha gente sea capaz de establecer una conexión entre el virus y el capitalismo. La enfermedad sigue siendo percibida como un evento aleatorio, algo que ha ocurrido sin más, como un relámpago o la caída de un meteorito. Apenas hay discusión sobre cómo el capitalismo produce pandemias a pesar de que haya una considerable base científica al respecto. 

El subtítulo de la edición en castellano de su libro reza “coronavirus, cambio climático y guerra social”. ¿Por qué recurrir al uso de esta terminología belicista?

Cuando escribí esto en abril los políticos hablaban mucho de estar en guerra. Macron en Francia, por ejemplo, usaba y sigue usando esta terminología bélica: estamos en guerra contra el virus y tenemos que pensarnos como actores de un conflicto bélico. Muchos otros políticos de todo el mundo han usado esa misma retórica. Pero si queremos salir de este desastre, necesitamos redirigir esas energías hacia los causantes del problema que son los mismos responsables del calentamiento global, del deterioro del planeta y del aumento de enfermedades infecciosas. Así que si vamos a hablar de guerra, aun siendo una guerra completamente metafórica, es mejor que la luchemos contra los procesos de la sociedad que nos llevan al desastre. La guerra debería librarse contra las empresas que talan el Amazonas y otros bosques tropicales en el sudeste asiático. La guerra debería librarse contra las grandes compañías que siguen extrayendo combustibles fósiles.

¿Es su libro un aviso o el testimonio del desastre para los lectores del futuro?

Si las cosas continúan como ahora, la gente del futuro tendrá sus propios desastres de los que preocuparse. No necesitarán leer sobre lo que pasó en 2020. Este libro es mi modesto intento de zarandear a la gente y decirles “mirad, si creéis que es una mierda vivir encerrado o si están llorando la pérdida de alguien querido que acaba de morir de covid-19, o si vosotros mismos habéis enfermado, quizá os gustaría saber qué lo ha causado y cómo podría evitarse.

Juguemos a ser Nostradamus. ¿Cuándo y cómo será el próximo desastre global?

(Ríe) Es una suposición, y tampoco es una suposición muy cualificada, pero cada equis tiempo vamos a seguir teniendo eventos climáticos extremos de algún tipo. Puede ser un huracán en el Caribe, una inundación masiva en algún país, la continua sequía en China. No necesitas ser Nostradamus para prever esto. Sin embargo, prevenir una catástrofe más seria que tenga su origen en el sistema climático, como las pandemias, es mucho más difícil. Los científicos que trabajan en ese campo han estado diciendo durante mucho tiempo que venía una gran pandemia, pero no podían decir que vendría exactamente de China y que sería exactamente como esta. Lo que sí siguen diciendo es que si el mercado continúa como de costumbre, si continuamos tratando así a la naturaleza salvaje, tendremos nuevas pandemias. Si llegarán dentro de tres o cinco años, o si este nuevo brote detectado en visones en Dinamarca se convertirá en una nueva pandemia, nadie lo sabe. 

Hemos visto muchas teorías de conspiración relacionadas con el coronavirus. Hay quien dice que ya no confiamos en la ciencia, pero creo que la ciencia nunca nos bastó como herramienta interpretativa. ¿Ha cambiado algo realmente desde entonces hasta ahora? 

Algunos aspectos de la ciencia sí influyen a la hora de hacer política. Ejemplo de ello es cómo se nos ha obligado a reducir la actividad. La mayoría de políticos (aunque no todos) parecen dispuestos a escuchar este tipo de recomendaciones científicas a la hora de hacer política. Merkel, el gobierno español, incluso Boris Johnson al final, Joe Biden ahora, están preparados para escuchar a esos científicos. Pero la ciencia que explica por qué aparecen estas pandemias o la ciencia que sustenta el cambio climático no tiene la misma influencia en los políticos. Los políticos no están preparados para aceptar esa ciencia porque pone en duda la forma en que funcionan nuestras economías y sus poderosos intereses materiales. La ciencia que cuestiona o amenaza se descarta o se niega rotundamente. Muchos de nuestros gobiernos aceptan la explicación científica del cambio climático, pero ignoran las recomendaciones de estos mismos científicos. 

¿A qué se refiere cuando habla de ecoleninismo?

La Primera Guerra Mundial, causada por las clases dominantes, sumergió a Europa y luego al resto del mundo en una inútil matanza de millones de personas. Lenin y sus camaradas habrían dicho que nuestra tarea es convertir este desastre, esta crisis, en una crisis revolucionaria en la que nos deshagamos de las clases que nos condenan a la catástrofe, y eso es en realidad lo que hicieron Lenin y los bolcheviques. Se puede tener mucho en contra de ellos, pero derrocaron el gobierno de la burguesía en Rusia y sacaron a Rusia de la Primera Guerra Mundial, terminando con aquella catástrofe tal y como habían prometido. Hoy nos enfrentamos en ciertos aspectos a una situación similar. Una catástrofe, pero un tipo de catástrofe diferente: una crisis ecológica y, más concretamente, una crisis climática. Y esta crisis es alimentada por las clases dominantes y por lo que llamamos la industria de los combustibles fósiles. Nuestra tarea hoy es la misma que la que enfrentaron Lenin y sus camaradas, es decir, convertir esta catástrofe en una crisis para sus responsables.

En lugar de sufrir un desastre tras otro, con todas las muertes y el sufrimiento que conllevan, tenemos que utilizar estos momentos límite contra aquellas personas y aquellos procesos que mantienen esta catástrofe en marcha. Esa es la idea básica del ecoleninismo. Pero esto es sólo una analogía, un paralelismo que no pretende ser literal. Obviamente, no hay una superposición exacta entre esta situación y aquella, pero sí hay algunas similitudes, y necesitamos actuar extremadamente rápido. Lenin era un revolucionario de temperamento impaciente, inquieto, y tanto en 1917 como en 1918, argumentó que necesitaban con gran urgencia tomar el poder y firmar un acuerdo de paz con Alemania. Ese tipo de actitud es la que necesitamos tener ahora. Tenemos que darnos cuenta de que seguir posponiendo la acción será fatal. Y además, Lenin, a diferencia de los anarquistas, se dio cuenta de que en un momento de emergencia no podemos dejar de lado al Estado por completo. Necesitamos del poder del Estado para salir de la emergencia. Nada de esto significa que tenemos que apoyar todo lo que Lenin hizo. Es sólo una forma de pensar estratégicamente cómo lidiar con la emergencia actual.

Entonces, ¿cuál debe ser el papel del Estado en este proceso de cambio? ¿Es posible una revolución basada en un Estado que tan solo ponga límites a las acciones de algunos?

Si hablamos de revolución, no puede ser únicamente una cuestión de Estado. Y si hablamos de una transición hacia una economía que no utilice combustibles fósiles y que no destruya lo que queda de la naturaleza, sino que trate de restaurarla, tampoco puede tratarse de una cuestión de un solo Estado. En primer lugar, obviamente los Estados no comenzarán a caminar en esta dirección por sí solos. Deben ser empujados en esa dirección por fuerzas externas al Estado, fuerzas populares. Tomemos la iniciativa y exijamos que los Estados actúen y hagan lo necesario. Hay que involucrar a todo tipo de actores de la sociedad civil en la transición, pero es difícil imaginar una transición sin que el Estado desempeñe un papel central. Si, por ejemplo, quieres reducir las emisiones en algo así como un siete o diez por ciento al año, en países como España, Suecia, Alemania, EE.UU. o China es extremadamente difícil imaginar a alguien que no sean los Estados supervisando este proceso. No quiero decir con esto que todo en esta transición sea tarea del Estado, pero sí tendría que jugar un papel protagonista.

Supongamos que amanece un día como presidente del Gobierno de España. ¿Cuál sería su primera tarea?

(Ríe) Espero no tener que encontrarme nunca en esa tesitura. Tendría que pedir segundas opiniones, consultar a las otras fuerzas políticas y a la población, pero lo primero que habría que hacer, que debería haberse hecho hace mucho tiempo en España o en cualquier otro país, es detener toda expansión de infraestructura basada en combustibles fósiles y luego también empezar a desmantelarla. Recomendaría un plan nacional para liberar a la economía española de los combustibles fósiles dentro de 10 o 15 años. Cuotas planificadas de reducción de emisiones año tras año y penalizaciones para las empresas que no las cumpliesen. Dado que todavía no sabemos cómo hacer funcionar los aviones sin combustibles fósiles, habría que prohibir los vuelos nacionales y empezar a sustituirlos por una red de tráfico ferroviario extensa. Eso es algo que podría hacerse fácilmente en países como España o Suecia. También prohibir el uso de gasolina y de vehículos privados, lo cual no significa electrificar todo el parque automovilístico, sino transformar gran parte del transporte basado en automóviles en otros medios de transporte como autobuses, suburbanos, montar en bicicleta, caminar. 

La lista de medidas que deberían implementarse es muy larga y las acciones son de sobra conocidas. Incluso en lo que respecta a esta pandemia –o al problema de las pandemias en general– lo primero que un Estado debe hacer es tratar de investigar qué cadenas de suministro de su economía están conectadas con la deforestación en los trópicos para ejercer un control directo de esas cadenas de suministro y asegurarse de que no causen más deforestación, incentivando en su lugar la reforestación de esas zonas. ,Y por supuesto, un control estatal sobre las importaciones que originan deforestación en los trópicos así como medidas para combatir radicalmente el comercio de animales salvajes. Estas son las demandas más básicas. 

¿Y qué le diría a quienes piensan que estas medidas dañarían nuestra economía?

Los defensores del Green New Deal han demostrado que estas medidas no tendrían que ser perjudiciales para el conjunto de la economía. Serían únicamente muy perjudiciales para ciertos sectores de la economía. Por ejemplo, la industria de los combustibles fósiles, que debe ser abolida en su totalidad. Obviamente este sector saldría perjudicado, pero estas medidas deberían complementarse con la expansión de otros sectores de la economía, como por ejemplo las energías renovables, el transporte público o incluso las nuevas tecnologías que permiten extraer dióxido de carbono de la atmósfera. No se trata necesariamente de reducir a la mitad la economía para conseguir salir de los combustibles fósiles. Al menos durante una etapa inicial de transición se necesita hacer que otros sectores de la economía crezcan. El Green New Deal habla de garantizar a los trabajadores del sector de los combustibles fósiles una transición suave hacia trabajos seguros, buenos y permanentes en otros sectores de la economía. Y creo que es una muy buena idea tener ese tipo de garantías.

¿Qué es más peligroso para el cambio climático: nuestra dieta o nuestro nacionalismo?

Funcionan en escalas diferentes. La dieta, si piensas en carne y lácteos, o la producción de alimentos en general, es una causa directa de las emisiones de metano, CO2 y gases de efecto invernadero. El nacionalismo no causa ninguna emisión directamente, pero indirectamente sostiene el status quo y el mercado tal y como ha existido hasta ahora. Es difícil comparar los dos. Tal vez se podría decir que el nacionalismo es peor porque la política nacionalista probablemente nunca inducirá cambios en nuestras economías ni inspirará reducciones radicales de emisiones. Políticamente me considero antinacionalista y creo que cualquier progreso en el clima debe venir precedido por una derrota del nacionalismo como fuerza política, manteniéndolo alejado del poder. También estoy a favor de alejarnos de la carne y los productos lácteos, pero sin embargo sí que es posible avanzar en cuestiones climáticas a pesar de que la gente siga comiendo huevos, pollo y otras formas de carne. Así que sí, tal vez el nacionalismo es lo más importante a derrotar.

Por Antonio Pineda 7/12/2020

Errata Naturae

Publicado enEconomía
Un estudio señala a las granjas industriales como el mayor riesgo de futuras pandemias

El sistema agroalimentario mundial y la cría intensiva de animales son los principales impulsores de las enfermedades que saltan a los seres humanos. Estos patógenos ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos. Las pandemias del futuro serán más peligrosas y frecuentes, según un estudio de la ONG ProVeg Internacional.

 

La crisis del coronavirus lo ha puesto delante de los ojos del mundo. Y nuevos informes lo confirman. Uno de los mayores riesgos para la salud humana viene de las enfermedades zoonóticas, es decir, enfermedades como el covid-19, que se transmiten de animales no humanos a personas. 

Este tipo de enfermedades ya causan más muertes que la diabetes y los accidentes de tráfico juntos, según el estudio Pandemias y Alimentación, realizado por la ONG ProVeg Internacional y respaldado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Unos brotes que serán cada vez “más peligrosos y más frecuentes”, adelanta el estudio.

Las principales causas de esta emergencia sanitaria hay que buscarlas en el sistema alimentario mundial, en las dietas basadas en animales y en la cría intensiva e industrial de animales. Esta última es de hecho, según ProVeg Internacional, la actividad humana que “más riesgo tiene de generar pandemias como la actual”. 

La tormenta perfecta se consigue, detalla esta organización, con el encuentro de tres factores que se refuerzan mutuamente. El primero es la destrucción de los hábitats naturales. El segundo, la utilización de animales salvajes como alimento. Y el tercero, recurrir a los animales de granja como alimento en la agricultura animal intensiva. 

Según el estudio presentado, el 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes son de naturaleza zoonótica. Patologías como el covid-19, el SARS, MERS, ébola, rabia y ciertas formas de gripe, todas ellas de origen animal, son responsables de 2.5000 millones de casos de enfermedades en el mundo y 2,7 millones de muertes cada año.

Lejos del tópico, no siempre los orígenes de los brotes son animales raros en mercados asiáticos o africanos, los patógenos también pueden saltar a los animales de granja antes de transmitirse a los humanos, como fue el caso de los recientes casos de gripe aviar y porcina.

Muchos otros virus que representan un peligro para la salud humana, detallan en el informe, también tienen su origen en la industria ganadera intensiva. La difteria, el sarampión, las paperas, el rotavirus, la viruela, la gripe A tienen su origen en animales domesticados. “Acumular grandes cantidades de individuos genéticamente similares en entornos insanos de alta densidad, que inducen a una salud pobre y a altos niveles de estrés, aumenta seriamente las posibilidades de que se produzcan transferencias patogénicas entre animales salvajes y animales de granja y, en última instancia, seres humanos”, denuncian.

Otro de los graves problemas sanitarios que las diversas agencias internacionales y científicas llevan años alertando es el aumento de las infecciones resistentes a los antibióticos en los seres humanos, una tendencia asociada, según el informe, a las prácticas de las granjas industriales, que “requieren del uso excesivo de antibióticos”.

Según los datos recogidos hasta la publicación del informe, la letalidad del covid-19 es 47 veces más letal que la gripe estacional. Y otras enfermedades zoonóticas resultan mucho más letales que el covid-19. En el caso de la gripe aviar H5N1, la tasa de letalidad alcanza el 60%.

“No solo los brotes futuros pueden ser más peligrosos, los expertos y expertas coinciden en que también serán más frecuentes. Las causas de este alarmante pronóstico son de origen humano y están todas vinculadas con el sistema alimentario mundial”, explican desde ProVeg Internacional.

“Nos encontramos ante una situación muy vulnerable ante futuras pandemias, con consecuencias posiblemente peores que las de la actual pandemia del coronavirus”, dice Cristina Rodrigo, directora de ProVeg España. “Lo que comemos y cómo lo producimos es uno de los factores clave que está alimentando este riesgo. Tenemos una necesidad urgente y vital de transformar nuestro sistema alimentario a uno más basado en plantas, más sostenible y resiliente”, concluye. 

Por Redacción El Salto

24 sep 2020 11:10

Publicado enInternacional
Estados Unidos: el 'trumpismo' frente al feminismo en 13 apuntes

El 21 de enero de 2017, sólo un día después de que Donald Trump jurase como presidente de Estados Unidos, la Marcha de Mujeres en Washington reunió a cerca de medio millón de indignadas por su elección. Fue la protesta más multitudinaria de la historia reciente de un Estados Unidos que llegaba tarde al funeral global en el que la extrema derecha de mil disfraces está enterrando desde hace cuatro décadas las conquistas económicas, políticas y sociales de los pueblos, desde Oriente Próximo hasta Europa Oriental y Occidental: primero fue a por las mujeres, con la complicidad de la milenaria estructura patriarcal de las sociedades, para luego ir a por la otra mitad.

¿Alguien sabe cuál es la fórmula de la irreversibilidad de los derechos logrados?

  1. En dos años la marcha, espontánea en un principio, fue magníficamente organizada por el movimiento feminista en los barrios y lugares de trabajo, sacudiendo tanto al Partido Demócrata como al republicano. Fijó unos objetivos concretos, ente ellos hacerse con el control del Congreso en las elecciones de 2018 ¡Y lo consiguió!
  2. En el despertar del movimiento feminista dos factores han sido decisivos: a) el lenguaje extremadamente ordinario e inadmisible de Trump sobre las mujeres, su actitud chulesca y sus políticas misóginas, y b) el coronavirus, que también en Estados Unidos ha destapado las profundas desigualdades sociales inherentes al sistema capitalista y ha golpeado el hechizo de Trump: 6,5 millones de infectados, 190.000 fallecidos, y 45 millones de parados; las minorías negra, latina y nativa americana se han visto afectados de manera desproporcionada, y sus mujeres aún más.
  3. Cuatro años antes, un solo comentario sexista de un político era suficiente para escandalizar al refinado establishment del país. Sin embargo, este personaje sacado de la era pre-Ilustración ha conseguido normalizar lo inaudito gracias a la cooperación de los medios de comunicación, que sólo reflejan las perlas de presidente sin analizarlas y sin mostrar su repulsa.
  4. El próximo 3 de noviembre, el sistema ofrecerá a los ciudadanos la posibilidad de elegir entre dos millonarios-hombres-blancos-religiosos para que nada cambie. Estados Unidos nunca ha tenido una presidenta, y solo en 2016 pudo contar con una candidata (la antifeminista) Hillary Clinton, mientras Sri Lanka (antes Ceilán), por ejemplo, hace 60 años ya fue dirigida por Sirimavo Barandanaike.
  5. Es cierto que la mayoría del electorado en 2016 no votó a Trump y hubo 2,87 millones de votos más en favor de Clinton, pero las singularidades de sistema electoral de Estados Unidos y algo parecido a un milagro colocaron a este mediocre timador profesional en la cima del poder. Si Trump vuelve a ser presidente, los expertos en psicoanálisis de las masas tendrán un apasionante reto por delante, mientras los psicólogos ya pueden proponer la nomenclatura Síndrome de trumpismo al trastorno de personalidad producido por la fusión de los siguientes rasgos: ser autoritario, siniestro, misógino, supremacista, charlatán, farsante a tiempo completo, listillo que no inteligente, sin principios políticos ni mucho menos éticos, mentiroso compulsivo (capaz de fabricar un promedio de 14,8 mentiras diarias), mezquino, indocto, ineficaz e ineficiente, con un profundo complejo de inferioridad (y por ello, con sed de ser adulado), y creer ser el centro del universo.

¿Se puede hablar de una secta trumpiana?

  1. "Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería votantes", dijo un Trump recién elegido, convencido de su capacidad para anular la razón de sus fieles. Él, un hombre hueco y demagogo, es como el jefe de una secta, grupo transversal con algunos intereses compartidos: para sus leales, él es un enviado de Dios, el "auténtico" que dice sin rubor las barbaridades que millones de ciudadanos piensan sobre:

- Los derechos de la mujer, de las minorías étnicas y sexuales y de personas de piel no blanca; las virtudes de poseer armas (que cada año mata, solo entre los menores, a unos 1.300 chavales, 80 veces más que en los países de la OCDE) o enjaular a los niños inmigrantes; los beneficios de contaminar el aire, la tierra y el mar; lo divertido que es asesinar a otras personas en otras tierras, etcétera.

- Cualquier granjero o camionero (de esos que tienen colgado un almanaque con fotos de mujeres desnudas en su cabina), podrá verse reflejado en él; pero también aquellos ultradevotos que añoran un pasado en el que los hombres hacían de macho y las mujeres eran objetos sexuales y juntos construìan la familia feliz americana en la que la esposa hacía la cena mientras el esposo visitaba a una actriz porno. Esta gente le aplaude cuando intenta contener la sexualidad femenina "salida del control" y les hace gracia esa erotización de la violencia contra la mitad de los ciudadanos y que el presidente presume de ser el macho alfa y humille sexualmente a las mujeres y los hombres que le critican por su gestión política.

  1. Para su "America First" las mujeres simplemente no existen. Las ha excluido también del poder "capitalista-blanco": en su gabinete de 23 ministros solo hay tres mujeres, la cifra más baja desde la presidencia de George H. W. Bush.
  2. Los únicos que pueden abandonar la secta son los trabajadores que en 2016 no entendían a una Hillary Clinton que les prometía una guerra mundial (atacando a Irán y Rusia) ignorando los problemas de millones de trabajadores en casa.
  3. En cuatro años, Trump ha conseguido:

- Colocar a Estados Unidos entre los diez países más peligrosos en el mundo para la mujer, según la Fundación Thompson Reuters, junto con Arabia Saudita, Afganistán, o Somalia. El 75% de las trabajadoras afirman haber sido acosadas por los compañeros. En los últimos años ha habido un aumento de violaciones, y no por la "llegada de la caravanas de inmigrantes" como afirma Trump, a quien le grabaron cuando decía cómo agredir a una mujer. Dice el Departamento de Justicia que en 2018 se produjeron unas 290.000 violaciones y eso que el 80% no se denuncian. El informe del Pentágono (2018) revela unos 20.500 ataques sexuales dentro del Ejército, y un aumento del 38% comparando con 2016. La contribución especial de Trump ha sido eliminar los criterios unificados para definir las agresiones sexuales establecidos por el gobierno de Barak Obama: ahora se puede volver a tachar de "malas conductas" a los abusos sexuales.

- Aumentar el feminicidio: en 2016 –curiosamente el último año que se proporciona datos sobre los asesinatos de la mujer en Estados Unidos–, al menos 1.809 mujeres fueron asesinadas por un hombre conocido, un crecimiento del 21%, en comparación con 2015, informa Security.org. Claro que ninguna cifra expresa el profundo dolor de sus seres queridos, de los hijos que dejan huérfanos o del impacto de una barbarie como esta en la sociedad.

. Impedir que la campaña de #MeToo, protagonizada por las actrices de "un Hollywood demócrata", fructificase. La iniciativa, cuyo objetivo (secreto) era sacar a relucir los escándalos sexuales del presidente, que no acabar con los abusos y agresiones sexuales, en un país donde el ejercicio de la violencia e intimidación es uno de los pilares de su cultura, estaba condenada al fracaso.

- Desmantelar los servicios de salud reproductiva, potenciados durante el mandato de Obama, cuyo Gobierno exigía a las aseguradoras cubrir los anticonceptivos. Con Trump se permite a los sanitarios negar este servicio por "objeción de conciencia". En un país donde la religión impide impartir la asignatura de educación sexual en los colegios y los católicos practicantes consideran un pecado el uso de anticonceptivos, miles de adolescentes se quedan embarazadas, y cuando miles de niños-padre no quieren saber nada del "asunto", estas niña-madres abandonan a miles de bebés cada año desde la absoluta desesperación. No se sorprendan si la "sorpresa de octubre" de un Trump al que las encuestas le dan por perdedor sea su anuncio de la seguridad social para todos.

- Disolver el Consejo de Mujeres y Niñas de la Casa Blanca, creado por el presidente Obama para garantizar que diferentes ministerios incluyesen las necesidades de las mujeres y las niñas en sus políticas.

- Prohibir a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades usar palabras como diversidad, feto o transgénero en sus documentos relacionados con la salud de la mujer.

- Eliminar cualquier mención a los derechos sexuales o reproductivos del informe anual de derechos humanos de la Secretaria de Estado, y las referencias a los anticonceptivos, aborto, educación sexual, y recursos para las mujeres lesbianas y bisexuales en el portal del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).

- Profundizar y ampliar la feminización de la pobreza. Durante el mandato de Trump, la fortuna de los cinco primeros magnates del país se ha incrementado en 219.000 millones de dólares, al tiempo que la mayoría de los 45 millones de estadounidenses que viven debajo de la línea oficial de pobreza son mujeres y sus hijos. Trump ha aumentado la brecha salarial, especialmente para las mujeres menores de 40 años, o sea, las que se encuentran en la edad fértil. El rostro de la pobreza en Estados Unidos es de una madre soltera-trabajadora-negra/latina/nativa americana. Las mujeres ganan 80 centavos por dólar en relación a los hombres, y si son hispanas 56. Trump ha eliminado la iniciativa de transparencia salarial del Gobierno de Obama, que obligaba a las empresas privadas de más de 100 empleados publicar sus datos salariales, con el fin de impedir la discriminación por razones de sexo y color de piel. En el condado de Dallas, las hispanas cobran solo 38 centavos por cada dólar que se les paga a los hombres blancos. Así, una de cada cinco mujeres mayores vive por debajo del nivel de pobreza, debido a que cobró menos salario en su juventud, ser cuidadora gratuita de los miembros del hogar, perdiendo unos 660.000 dólares en salarios y beneficios a lo largo de toda la vida, además de tener que desembolsar unos 5.500 dólares al año de su bolsillo en los gastos relacionados. Casi 1,6 millones de mujeres no reciben ninguna renta de la Seguridad Social, la mayoría inmigrantes. En el medio de la tragedia de la pandemia, Trump ha autorizado la eliminación de 688.000 personas del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (cupones para alimentos). El "sálvese quien pueda" de Estados Unidos hace responsable a la persona del fracaso de un sistema basado en el dominio del más fuerte.

- Bajar la esperanza de vida. Estados Unidos, que ya tenía la menor esperanza de vida al nacer entre los países ricos, por primera vez en 20 años pierde puntos: las mujeres, que vivían 81,20 años en 2015, dos años después vivieron 81,10; los hombres tampoco se salvaron: de 78,69 en 2015 bajaron a 78,54 años un año después. Este país tiene la mayor mortalidad infantil en el mundo desarrollado.

- Forzar a las mujeres transgénero sin hogar a compartir dormitorios y baños con los hombres en los albergues. Una quinta parte de los transgéneros de Estados Unidos ha tenido que vivir en la calle. En 2019, al menos 19 mujeres transgénero negras fueron asesinadas.

- Oponerse al permiso de maternidad, obligando a las mujeres a ser "amas de casa". Estados Unidos es uno de los pocos países del mundo, y el único industrial, que no concede un permiso remunerado a las mujeres embarazadas. En Singapur son 16 semanas de baja remunerada, y en el Iraq de Sadam Husein las funcionarias recibían dos años de este permiso, uno subvencionado por el Estado.

- Disminuir el número de mujeres empleadas, por primera vez desde 2018, a pesar de que ellas siguen siendo la mayoría de los titulados universitarios.

- Desplome en el Índice de Brecha de Género, indicador que analiza la división de los recursos y las oportunidades entre hombres y mujeres en 153 países. Este indicador muestra el retroceso de Estados Unidos del puesto 28 en 2015 al 51 en 2018.

  1. El movimiento feminista consiguió que las mujeres representaran el 53% de los votantes en las elecciones parlamentarias de 2018 y que los demócratas obtuvieron la mayoría de la Cámara, incluso su presidencia, en la figura de Nancy Pelosi.
  2. La nominación de la senadora Kamala Harris –apodada la Hillary Negra por el ala izquierda del Partido Demócrata–, para ser la vicepresidenta de un futuro Gobierno de Biden sirve para jugar la carta de "mujer-no blanca-hija de inmigrantes" y atraer el voto de estos tres segmentos sociales. La exfiscal "agresiva", con el nombre de la diosa de prosperidad hindú, no solo dará la fuerza que le falta al candidato Joe Biden, de 78 años, en los mítines, sino que podría ser la futura presidenta de su partido e incluso de Estados Unidos si Biden no llega a terminar su mandato, en caso de ser elegido. Pero el abuso del "factor de identidades" crea el espejismo de pluralidad y justicia social: la desigualdad en la riqueza ha aumentado en los últimos años, a pesar del aumento del número de mujeres no blancas en los altos cargos. Kamala no podrá dar una solución "racial" a un problema social.
  3. El movimiento feminista tiene pendiente un arduo trabajo entre las cristianas conservadoras que creen que Dios sólo ha designado a los hombres para dirigir a la comunidad (lo mismo que dicen los ayatolás de Irán, que en su Constitución han reservado el cargo de la presidencia a los hombres, alegando "¿Acaso Dios ha enviado alguna "profeta?") y entre las musulmanas inmigrantes que no suelen votar.
  4. El movimiento feminista se despoja de quienes intentan despolitizar su lucha: la discriminación no es cultural, es política y por ende sólo se eliminará cambiando el sistema en favor de los intereses de la mayoría.

¡Suerte, compañeras y compañeros estadounidenses!

11 septiembre 2020

Publicado enSociedad
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