Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA)

 

Hazard, Kentucky.

El gobierno de Donald Trump dio otro paso hacia el desmantelamiento de las protecciones ambientales adoptadas en la presidencia de Barack Obama (2009-2017), al anular una ley que buscaba limitar las emisiones contaminantes de las centrales eléctricas de carbón.

Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés), anunció este lunes que firmará una nueva norma que anulará el Plan de Energía Limpia.

La guerra contra el carbón ha terminado, declaró Pruitt en el estado minero de Kentucky.

Pruitt –nombrado en ese puesto por Trump– está estrechamente vinculado con la industria del petróleo y el gas en su estado natal. Ha rechazado el consenso general de los científicos de que las emisiones causadas por el hombre procedentes de la quema de combustibles fósiles son la razón principal del cambio climático.

Para Pruitt, deshacerse del Plan de Energía Limpia marcará la culminación de una larga lucha que comenzó como fiscal estatal de Oklahoma. Formó parte de la veintena de fiscales estatales que entablaron una demanda para bloquear los intentos del presidente Obama para limitar las emisiones de carbono.

Trump, quien comparte el escepticismo de Pruitt sobre las causas establecidas del cambio climático, prometió anular el Plan de Energía Limpia durante la campaña presidencial de 2016 como parte de su compromiso para resucitar el alicaído sector del carbón.

Se espera que la norma que Pruitt firmará este martes declare que el Plan de Energía Limpia excedió la ley federal al establecer estándares de emisiones que las centrales eléctricas no podrían cumplir razonablemente.

Al aparecer en un acto con el líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, Pruitt declaró: “Ni la EPA ni ninguna agencia federal debe usar su autoridad para decirle a usted ‘vamos a declararle la guerra en cualquier sector de nuestra economía’”.

El plan de Obama fue diseñado para reducir las emisiones de dióxido de carbono en Estados Unidos a 32 por ciento, por debajo de los niveles de 2005 para 2030. Esa norma dictó metas específicas de emisión para los estados con base en las emisiones de las centrales eléctricas y daba a los funcionarios un amplio margen de maniobra para decidir cómo lograr las reducciones.

 

 

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Lee Plenty Wolf, activista Sioux

 

"El agua es vida". Es el mensaje de Lee Plenty Wolf, líder y activista Lakota Sioux. Una sencilla frase que encierra la batalla trascendental de su tribu contra la construcción del oleoducto Dakota Access: un megaproyecto de 1.900 kilómetros que tiene previsto conectar los estados de Dakota del Norte e Iowa. El itinerario implica atravesar el río Misuri y el lago Oahe, que abastecen de agua potable a los 8.000 indígenas que habitan en la reserva de Standing Rock, una de las mayores de Estados Unidos (EEUU).

En 2016, meses de multitudinarias protestas en el campamento de Standing Rock –que se han convertido en un símbolo de la lucha ambientalista– llevaron al entonces presidente de EEUU, Barack Obama,a paralizar la construcción del oleoducto. Sin embargo, el 24 de enero de 2017, el nuevo mandatario, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva con la que reactivó el proyecto, cumpliendo así con su promesa electoral. Y, al hacerlo, revitalizó también la resistencia de los sioux.

El líder y reconocido activista Lee Plenty Wolf, invitado a la Universidad de Sevilla por los Departamentos de Geografía Humana, Geografía Física y Análisis Regional y Antropología Social, atiende a eldiario.es /andalucía tras ofrecer una charla ante más de doscientas personas.

 

Junto a los riesgos medioambientales, otro de los grandes problemas del oleoducto Dakota Access es que invade tierras sagradas. ¿Cuentan con algún tipo de protección?

Según la ley y un estudio de impacto ambiental, [los responsables del proyecto] deben preguntar a las tribus sobre estas cuestiones y también sobre la construcción del oleoducto, pero no lo hicieron. Las compañías no tienen autoridad para entrar en las reservas indias, así que lo que están haciendo es construir muy cerca, donde todavía sigue habiendo áreas sagradas.

Se supone que si las excavadoras encuentran un antiguo enterramiento deben parar toda la obra y llamar a arqueólogos que estudien los hallazgos para no alterarlos. Pero a las compañías esto les da igual, porque tienen sus excavadoras y simplemente se abren camino.

 

¿Quién apoya el movimiento contra la construcción del oleoducto?

Tribus originales, grupos ecologistas... Cuenta con un gran respaldo social. La resistencia en el campamento de Standing Rock fue enorme porque aunó a gente de todo el mundo, cada día llegaba más gente. También recibimos ayuda exterior de quienes no podían estar físicamente, nos enviaban comida y medicinas.

 

¿Cuál es el posicionamiento de la ONU al respecto?

Las Naciones Unidas enviaron a un observador a Standing Rock con el objetivo de proteger nuestra agua. Greenpeace también estuvo allí, así como representantes de diferentes organizaciones. Pero todo esto fue ignorado porque incluso algunos de los medios de comunicación que estaban en el campamento haciendo sus reportajes de investigación fueron arrestados. Nadie estaba a salvo.

 

¿Los activistas han sufrido represión policial?

Sí. Perros, gas pimienta, pelotas de goma, cañones de agua y de ruido, golpes... incluso fumigaron el campamento.

 

¿Las protestas de los activistas fueron pacíficas?

En todo momento. Las únicas armas de los activistas y los nativos eran el rezo y el canto. El ejército dijo que íbamos armados para poder reprimirnos con una acción más violenta pero sólo portábamos la chanupa, que es la que nos conecta con el rezo.

 

La situación que describe podría recordar a la película Avatar...

Es lo mismo. Solo que en Avatar los malos mataron a muchos indígenas. Probablemente podrían haber tratado de eliminarnos si no fuera por los cientos de personas y los medios de comunicación que se unieron. Tuvieron que cambiar su estrategia, no pudieron encontrar una excusa para matarnos o hacernos daño.

 

¿Cuál es el papel del actual presidente de EEUU, Donald Trump, en todo esto?

En los últimos momentos de la presidencia de Obama, gracias a las peticiones que se movieron desde Standing Rock, se paralizó la construcción del Dakota Access. Pero en el momento en el que Donald Trump llegó al poder reactivó la construcción del oleoducto. También fue el responsable de que se entrara y se desalojara todo el campamento.

 

¿Cuál es la influencia de las compañías petroleras estadounidenses en la administración Trump?

Tienen una gran influencia. Son las que pusieron a Trump en la presidencia. Trump es un gran inversor en las petroleras porque, principalmente, es propietario de compañías que están extrayendo las reservas naturales.

 

¿Está familiarizado con el problema del agua en Doñana?

He leído un poco al respecto, pero tengo que averiguar más sobre ello. El problema del agua es un problema global y tiene que ver con dos factores principales: las sequías y la sobreexplotación de los ríos.

 

¿Es el agua el nuevo petróleo?

Sí, sin duda. Es un proceso que comenzó hace tiempo. Las grandes compañías como Nestlé saben que el petróleo es un recurso que se está agotando y se aprovechan de esta situación. ¿Cómo? Embotellando el agua y vendiéndola, impidiéndonos que podamos tomarla de forma natural, que es un derecho humano.

 

«Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez pescado, el hombre se dará cuenta de que el dinero no se come», proverbio indígena.

 

 

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Manifestación reclamando justicia para la activista Berta Cáceres.

 

Amnistía Internacional lanza una campaña para denunciar el acoso que sufren y para reclamar a Gobiernos y multinacionales “que se les permita trabajar en un entorno más seguro”

 

Defender la tierra sale caro en muchas partes del mundo. Reivindicar la libertad, también. Tanto como para que en los dos últimos años Amnistía Internacional haya contabilizado la muerte violenta de 437 activistas proDerechos Humanos, buena parte de ellos ambientalistas, en 22 países.

“Miles de defensores de los Derechos Humanos soportan campañas de hostigamiento, agresiones, detenciones irregulares e incluso homicidios”, explica Miguel Ángel Basés, portavoz de Amnistía Internacional (AI) en Aragón, que este martes ha presentado en las Cortes autonómicas la campaña Valiente, con la que la oenegé pretende denunciar el acoso y las amenazas que sufren esos activistas y reclamar que desde los gobiernos “se les permita trabajar en un entorno más seguro”.

El informe distribuido a los parlamentarios, que recuerda cómo “hoy se incumplen abiertamente tanto el espíritu como la letra de la declaración” de la ONU que en 1998 señaló a los defensores de los derechos humanos como “agentes del cambio”, pese a que los Estados miembros se comprometieron a apoyar su labor “y a permitirles trabajar sin obstáculos y sin temor a represalias”, considera “esencial, por tanto, que se les conceda protección efectiva contra la violencia, incluida la violencia sexual, y la discriminación”.

 

Agresiones en nombre de otras empresas

 

Sin embargo, la batería de 28 medidas que promueve en la campaña no van únicamente dirigidas a las instituciones públicas. Hay un apartado específico para las empresas, a las que llama a “implementar procesos adecuados de diligencia debida” para “garantizar que se respetan los Derechos Humanos de las personas y comunidades” afectados por sus actividades o las de “sus filiales, subcontratistas o proveedores”.

La propuesta no es para nada infundada. De hecho, el último dictamen del relator de la ONU sobre la situación de los activistas documenta los vínculos de grandes compañías con “violaciones de los derechos humanos, que van desde la restricción de las actividades legítimas de las personas defensoras para limitar el ejercicio de sus derechos hasta agresiones perpetradas por empresas de seguridad privadas en nombre de otras empresas”.

 

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El activista, Gustavo Castro (primero por la derecha), compareció en las Cortes de Aragón con los representantes de Amnistía Internacional Miguel Ángel Bases y Luis Ángel Muñoz para presentar la campaña ‘Valientes’.

 

El mexicano Gustavo Castro, superviviente del ataque en el que murió asesinada la indigenista y ambientalista hondureña Berta Cáceres y que también participó en la comparecencia, es una de las víctimas de esa violencia de las oligarquías. Hoy, tras haber pasado un mes detenido mientras intentaban colgarle el crimen, vive acogido por AI. “El Gobierno me tuvo secuestrado un mes para tratar de imputarme”, apunta.

“No se ha querido investigar e ir más allá, hacia los autores intelectuales”, explica, en referencia al ‘cortafuegos’ judicial que rodea a los ocho detenidos por el asesinato, entre ellos el gerente de la empresa hidroeléctrica Desa, promotora de la presa a la que se oponía la comunidad Ienca, cuyo territorio iba a ser inundado, con Cáceres a la cabeza, además de varios militares y presuntos sicarios.

 

El 95% de los crímenes quedan impunes


El 95% de los crímenes contra ambientalistas y activistas proDerechos Humanos en el mundo quedan impunes, según las estimaciones de AI, que también admite que la cifra oficial de 427 víctimas queda restringida a las documentadas. La cifra real de asesinatos es mucho mayor.

“La historia no nos da muchas expectativas, con tanta impunidad, pero tenemos que seguir exigiendo justicia”, anota Castro, que recuerda cómo varias organizaciones han llevado al Gobierno de Honduras ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos “para que esto no quede impune”.

“Es paradójico que la misma policía vaya persiguiendo y asesinando a los defensores”, anota, con sarcasmo, al evocar los 120 ambientalistas asesinados en los últimos siete años en ese país; “cinco de ellos con medidas de la comisión interamericana”, recalca.

“Cada vez más gobiernos atacan a los defensores de los Derechos Humanos y dificultan su labor con fuerza excesiva”, refuerza Luis Ángel Muñoz, responsable de la campaña Valientes, que describe a esos activistas como “personas que tratan de defender los derechos de otros y que se oponen a los intereses de grupos políticos, grupos armados y empresas”.

 

“La persecución contra las mujeres es terrible”


El grueso de esos conflictos en América Latina, donde el año pasado se produjeron el 75% de los asesinatos documentados de activistas, están relacionados con actividades extractivas, ya sea de hidrocarburos o de minerales. Estas últimas afectan a 90 millones de hectáreas en México y al 40% del territorio en Guatemala, mientras países como El Salvador y Costa Rica han declarado una moratoria para frenarlas.

“Este modelo de extractivismo tan voraz implica necesariamente desplazar población”, explica Castro, para quien “a final de cuentas el problema no es solo de allá, sino que tiene un impacto global, va en detrimento de la alimentación y de la salud, de la calidad de vida de nuestro planeta”.

Castro llama la atención sobre el hecho de que “los feminicidios están aumentando de una manera impresionante” en la represión de los movimientos sociales en Latinoamérica. “La persecución contra las mujeres es terrible, porque eso minimiza e incide en la concienciación social”, apunta. “Ya no hay ninguna inhibición por parte de las fuerzas represivas –añade-. Saben que con eso también impiden mucho la movilización social, y las mujeres están cada vez más al frente de la lucha por la defensa de sus hijos, de la tierra, del agua”

 

 

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“El cambio climático es el síntoma pero la enfermedad es el capitalismo”

 

Profesor de Filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista y miembro de Ecologistas en Acción, Jorge Riechmann (Madrid, 1962) desgrana un buen puñado de reflexiones incómodas sobre un modelo de vida que dirige a la humanidad hacia el despeñadero. En su libro Autoconstrucción cataloga el siglo XXI como “la era de la gran prueba” porque, según dice, “somos la primera generación que entiende perfectamente lo que está pasando con el clima y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”. Lo suelta a bocajarro, como un puñetazo entre los ojos. Consciente de que el pesimismo en estos tiempos de oscuridad tiene cada vez menos adeptos, Riechmann censura sin ambages la mercadotecnia del “buenismo” de la que hace gala el sistema convocando grandes cumbres climáticas en las que a muchos se les llena la boca con compromisos medioambientales y “energías verdes” pero luego estigmatizan a los movimientos ecologistas como ingenuos apestados. La realidad que dibuja es desoladora. Todo está en contra del planeta pero, frente a eso, no cabe la resignación. “Aún podemos actuar contra este modelo de producción salvaje porque no está sujeto a ninguna ley física, como lo está la naturaleza, que impida cambiarlo”. Es el mínimo espacio que este investigador apasionado deja abierto a la esperanza.

 

¿Tiene solución el planeta?

Pienso que sí. Lo que no tiene sentido es intentar salvarlo interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productiva. Ambas variables caminan de la mano aunque no valga sólo con esto. Por nuestro comportamiento depredador con los recursos naturales y la biosfera habría que hablar también del extractivismo y, a mi modo de ver, también del exterminismo, una noción acuñada por el historiador británico E. P. Thompson para explicar la estructura del mundo a finales del siglo pasado, cuando las dos superpotencias nucleares enfrentadas amenazaban con aniquilar cualquier rastro de vida en el planeta.

 

La medida referencial del éxito de un sistema es el PIB. Si crece significa que las cosas van bien y hay esperanza de una vida mejor.

Es la locura típica de una cultura denegadora como la nuestra. Digo denegar porque va más allá de ignorar lo que pasa y es no ver lo que tenemos delante de los ojos. Significa que no nos hacemos cargo de las consecuencias de seguir chocando contra los límites biofísicos de manera violenta. Nos hacen creer que vivimos en una especie de Tierra plana en la que podemos avanzar de manera infinita porque los recursos naturales son inagotables y la capacidad de absorción de la contaminación es ilimitada. Esto es una fantasía porque las leyes de la naturaleza, de la física, de la dinámica de los seres vivos nunca podremos cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones al respecto.

 

Pero las grandes cumbres climáticas aseguran haber empezado medidas drásticas para evitar el apocalipsis. ¿Qué credibilidad concede a sus decisiones?

El calentamiento global, siendo una realidad devastadora, es sólo la manifestación de otras dinámicas que deberíamos atajar si queremos evitar el apocalipsis climático hacia el que nos dirigimos. Nuestro principal problema ambiental es la extralimitación ecológica, el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos de la Tierra. Si utilizamos la herramienta de la huella ecológica como indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana podemos observar que, en la actualidad, consumimos los recursos inexistentes de 1,5 planetas Tierra. Y eso a pesar de las carencias y desigualdades que asolan a buena parte de la humanidad. Dicho de una forma más didáctica: si quisiéramos generalizar al resto del mundo el modo de vida de los españoles necesitaríamos tener 3 planetas como la Tierra a nuestra entera disposición. Y si quisiéramos generalizar el de EEUU, que muchas veces ponemos como ejemplo de éxito, necesitaríamos 6. Es una locura que emana de esa construcción económica de tierra plana de la que hablaba antes.

 

Entonces, ¿qué empuja al mundo a seguir enalteciendo el crecimiento económico pese a saber que conduce a la destrucción?

El capitalismo, cuya dinámica es autoexpansiva y deniega cualquier salida alternativa. Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino más bien ejercicios de diplomacia teatral.

 

¿No sirven para nada?

Confunden a la opinión pública. La prueba es que los grandes expertos en el cambio climático como James Hansen, a quien podríamos considerar el climatólogo jefe del planeta, calificó de farsa la cumbre celebrada en París. Se intenta poner un límite a las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero pero los límites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. Aunque el síntoma sea el calentamiento climático, la enfermedad se llama capitalismo.

 

¿Por qué el movimiento ecologista, cuya expresión política llegó a gobernar en países como Alemania, es descalificado hoy por muchos gobiernos?

Ojalá fuéramos descalificados un poco más porque así seríamos mucho más fuertes y activos. La realidad es que las descalificaciones son un indicio de una situación paradójica: aunque la percepción generalizada es que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático, eso no es así. Sabemos que desde los años 60 y 70 había evidencias sobre cuál era la dinámica del sistema y los límites del crecimiento pero los mismos a los que hoy se les llena la boca con la lucha contra el cambio climático decidieron poner en marcha toda una campaña global para impedir que se tomaran las decisiones correctas. Bastaría con leer un libro de Sicco Mansholt, un socialdemócrata holandés que era presidente de la CEE cuando en los años 1972 y 1973 se produjo el primer choque petrolero mundial, en el que aboga por un cambio radical en las estructuras de producción y consumo que hoy serían catalogadas como radicales y peligrosas.

 

¿Cuándo se quiebra ese proceso de sensibilización medioambiental?

En los años 80, con la fase neoliberal del capitalismo. Desde entonces, el retroceso ha sido constante pese al aumento de lo que algún experto denomina sosteni-blabla, es decir, mucho discurso, mucha cháchara, mucha propaganda y mucha estrategia de comunicación sobre energía verde. Pero la realidad vuelve a ser demoledora: la acción brilla por su ausencia y los planteamientos de fondo, incluso aquellos realizados por gente del establishment como Sicco Mansholt, son estigmatizados por rechazar el dogma del crecimiento infinito.

 

¿Estamos a tiempo de frenar el cambio climático?

Hemos llegado a un punto tal que lo que hace 30 años hubieran sido estrategias de cambio gradual ahora ya no están a nuestro alcance. Para hacer frente al calentamiento global necesitamos salir a toda prisa del capitalismo salvaje en el que hoy nos movemos.

 

¿Cree que el mundo está dispuesto a renunciar a esos principios económicos pese a conocer los riesgos?

Los cálculos teóricos realizados por investigadores canadienses sobre las opciones que resultarían de respetar los límites biofísicos de la Tierra indican que, por ejemplo, el parque móvil de un país como España, que tiene 15 millones de coches, debería ser de unos 180.000 vehículos con motor de combustión. Pero claro, eso es inaceptable en términos industriales. El caso es que, si no se acepta esta realidad, no hay lucha alguna contra el cambio climático.

 

¿Quiere decir que la humanidad está condenada si no renuncia al modo de vida capitalista?

Ya decía antes que las leyes de la naturaleza existen y son las que son. No podemos cambiarlas pese a la ilusión que albergamos de que una especie de tecnociencia omnipotente conseguirá derrotarlas. Donde podemos actuar, en cambio, es contra la organización de nuestro modelo de vida que no está sujeto a ninguna ley física.

 

¿Qué impide cambiarlo?

Que no nos creemos lo que sabemos. Si fuéramos capaces de hacerlo, tomaríamos decisiones racionales para cambiar un modelo que nos lleva a la destrucción. Para que esto se produzca nos haría falta un enorme ejercicio de reforma intelectual y moral. El problema es que nuestras sociedades están organizadas contra eso. Fatídicamente, el neoliberalismo se impuso con sus ideas aberrantes de que todo depende de los gustos y preferencias individuales, y que igualdad y libertad son dos principios contrapuestos, cuando una mínima reflexión indica que es una falacia. Necesitamos bienestar humano pero necesitamos que sea compatible con los límites biofísicos del planeta. Somos la primera generación de la historia que entiende perfectamente lo que está pasando y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos.

 

@GORKACASTILLO

 

Fuente:http://ctxt.es/es/20170920/Politica/15167/cambio-climatico-riechmann-acuerdo-paris-ecologia-medioambiente-ctxt.htm#.Wct5t1ZLsO4.twitter

 

 

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Luchamos por la protección de la cuenca del Tunjuelo.

Desde las 6 de la mañana de este 27 de septiembre, los pobladores del sur bogotano se movilizan en pro de sus derechos ambientales, económicos, sociales y culturales. El Alcalde la desestima; el reesto de la ciudad sigue con expectativa los posibles resultados de la protesta social.

 

El sur de la ciudad, comprendido por las localidades de Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Usme, Bosa, Tunjuelito, Rafael Uribe Uribe, Antonio Nariño y la parte más occidental de Kennedy, tiene una historia rica en luchas y reivindicaciones por vida digna. El sur de Bogotá, sin excepción alguna, reproduce el orden geopolítico que impera en buena parte del mundo: en el sur viven las personas más pobres. En consecuencia, la lucha por vida digna describe un sinfín de combates que van desde exigir el acceso a un ambiente sano, al trabajo e ingresos dignos, como a la recreación y al deporte, hasta reclamar el derecho a existir, el derecho a la vida.
La jornada de protesta concitada para el miércoles 27 de septiembre, cuenca Tunjuelo, reúne esas voces que exigen nada más que lo justo, todo lo que les niegan. El periódico desdeabajo (da) consultó a dos líderes participantes de esta jornada de protesta. Ellos nos contaron acerca de los procesos, las consignas y las exigencias a realizar desde cada sector social, gremio o comunidad participante, que tienen como resultado la masiva manifestación que debe tomar forma en el curso del día.


Andrey Téllez (AT) trabaja con la comunidad de Ciudad Bolívar; por su parte, Manuel (M) trabaja en la casa cultural El Caracol, en la localidad de Kennedy. Cada uno cuenta desde cuándo se viene organizando el paro en sus localidades:


AT: “Este año llevamos más de tres meses en el proceso de organización, pero estamos en la lucha desde 1993 cuando hicimos el primer gran paro y pudimos lograr algunas cosas para la localidad, algunas mejoras, por lo menos visibilizarnos como localidad para que nos tuvieran en cuenta, y desde ahí también, empieza todo un proceso de lucha para lograr la satisfacción plena de nuestras necesidades que hasta el día de hoy, 2017, no existe.


M: En Kennedy llevamos un mes planeando este paro y la manera en que nos sumamos desde la localidad. Distintas organizaciones forman parte de la movilización, con la particularidad de que todas están unidas bajo la consigna de protección para la cuenca del Tunjuelo. 


da. ¿A qué sectores y organizaciones convoca el Paro desde el sur?


AT: En el tejido que estamos realizando caben todos los hilos. Tenemos madres comunitarias, recuperadores de oficio –que les llaman recicladores–, estamos hablando de campesinos de la zona rural, de profesores de acá de nuestro territorio, de conductores del sistema de transporte, amas de hogar, líderes sociales y populares, jóvenes que quieren que el arte, la cultura y el deporte sean lo cotidiano en nuestros territorios. Estamos tejiendo bonito, estamos tejiendo rebeldías de diversas clases, para intentar solventar las problemáticas de clases clases que tenemos en el territorio.


da: ¿Qué problemáticas encontraron prioritarias y qué exigencias consideran innegociables?

TA: Prácticamente tenemos unos problemas macro, digamos que lo histórico, lo que siempre hemos tenido, son los temas de salud, de transporte, de la vivienda, del trabajo digno, de la educación. Estos son los problemas que lastimosamente no se han solventado en estos territorios. Tenemos actualmente unas cosas más que se nos suman y que tienen que ver, sobre todo, con el tema socio-ambiental. Por ejemplo, tenemos todo el tema del borde sur de la ciudad, la media luna del sur; una propuesta de protección de ecosistemas estratégicos del Distrito Capital, protección de economías y sectores campesinos en los territorios del sur.
En lo que respecta al tema del ordenamiento territorial, no queremos que la ciudad se siga expandiendo como hasta ahora lo está haciendo, de forma desaforada, sin previsión completa, pasando por encima de comunidades; queremos que la media luna del sur –que inicia desde Ciudad Bolívar en el parque de Altos de la Estancia y termina en los cerros orientales de San Cristóbal–, sea un espacio más para la vida, para la producción del aire puro y no para llenarlo de cemento. Frente al botadero Doña Juana, y teniendo en cuenta lo que dice el alcalde Peñalosa, rechazamos la pretensión de ampliar el relleno en 50 hectáreas más, lo que de hacerse realidad sacaría de allí a los campesinos que habitan esta parte de Bogotá; ya lo dijo el Alcalde, o ‘se van por las buenas o los expropian’, estamos en contra de tal posiblidad.


M: Concluimos, en general, que el modelo de ciudad hoy imperante va en contra del medio ambiente. Los caudales de los ríos han sido desviados y secados. Actualmente se encuentra en disputa el bosque de Bavaria, desde hace mucho tiempo hay gente organizada exigiendo que el bosque sea uno de los parques metropolitanos y haya un pulmón para la ciudad, para su parte occidental. Sin embargo, el gobierno de Peñalosa proyecta construir más esta parte de la ciudad, llenarla de más cemento; toda una aberración.


Además, existe una inconformidad generalizada con el servicio de Transmilenio y con el Sistema integrado de transporte. Por un lado, la pretensión desde la Administración distrital de quitar el servicio de alimentadores, por otro lado, los precios de los pasajes que no corresponden con los ingresos de la mayoría de bogotanos ni con la calidad del servicio prretado y, por último, los subsidios que han ido quitando para algunos sectores de la población, entre ellos los estudiantes.


da: Andrey, en las localidades del sur predominan las canteras, tanto de minería a gran escala como de pequeñas ladrilleras, ¿hay flexibilidad de algún tipo con la pequeña industria?


AT: Tenemos muy claro que de las ladrilleras presentes en el territorio dependen muchas de las comunidades del sur bogotano, pero es un harakiri porque si bien las personas trabajan y consiguen la manutención diaria para sus familias, también están acabando con el ecosistema subxerofítico, y contaminando con humo el viento del valle del mochuelo, los vientos provenientes de los Llanos Orientales. Son 30 concesiones mineras las que contaminan con humo el aire de los sectores más deprimidos de Ciudad Bolívar; estamos hablando de los barrios Arabia, Canadá, Cordillera, entre otros. Allí se siguen cocinando, de manera rudimentaria, los ladrillos que surten una parte de la oferta para la construcción de vivienda en la ciudad.


Aunque somos conscientes de que es una actividad económica realizada por muchos habitantes del territorio, somos enfáticos cuando decimos que ninguna actividad económica puede estar por encima del bienestar de cientos de miles de personas en el sur de la ciudad.


DA: ¿Cuánto le cuesta a la ciudad el manejo actual de las basuras y la contaminación del río Tunjuelo?


AT: En términos económicos, a la ciudad le cuesta miles de millones de pesos. De ese botadero podríamos sacar energía eléctrica para casi la mitad de la urbe; si se hiciera el metro eléctrico, el botadero sustentaría la energía necesaria para su funcionamiento. El manejo de las basuras debería ser público, administrado por el Estado nacional y por el Distrito y así generar bienes económicos para las comunidades. En cambio de esto tenemos un relleno a cielo abierto que genera moscas, plagas de ratas, malos olores que contaminan zonas rurales y urbanas en nuestras localidades....


Sabemos que es muy complicado trasladar el basurero de ahí, pero si se hubiera proyectado una política para generar discusión pedagógica y de concientización con las comunidades a lo largo y ancho de la ciudad, de separar los desechos, de seleccionarlos en la fuente, al botadero no llegarían las 7 mil toneladas de desperdicios que a diario recibe. Hay países en donde se recicla hasta el 80 por ciento de las basuras que producen sus habitantes y son transformadas en energías para el uso de la población. Aquí pasa que las empresas de aseo ganan plata de acuerdo a la cantidad de basura que recogen; ese sistema de pago por peso es perjudicial porque a ellos no les sirve separar los residuos, les sirve es el peso total de lo que recolectan. Eso desestimula la participación de las comunidades desde los hogares, para solucionar esta problemática, que ahora se dan cuenta que sus esfuerzos por separar y clasificar las basuras es inútil pues al final todo se junta en los carros recolectores.


También proponemos que se cree un lugar donde se dispongan todos los residuos orgánicos del Distrito Capital y así generar compostaje. Uno de los problemas más graves en Colombia es la desertificación de las tierras; el compostaje ayudaría a fertilizar de nuevo las zonas áridas que han sido explotadas en nuestros territorios, a generar biodiesel y otros tipos de energías sustentables.


M: Techotiba es una localidad que cuenta con tres humedales reconocidos y uno que no es reconocido, cuenta con los ríos Fucha, Tunjuelo, Bogotá y riachuelos afluentes. Estos recursos hídricos son menospreciados, contaminados y desaparecidos. Consideramos que defender estos ecosistemas debe ser la prioridad de cualquier programa de gobierno. Esto lo exigimos en esta protesta, y por ello también nos movilizamos.

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Martes, 26 Septiembre 2017 15:31

Con licencia para explotar y matar

Con licencia para explotar y matar

A medida que el negocio de explotación de la naturaleza aumenta, el asesinato de quienes se oponen a esta realidad se expande por todo el mundo. Un modelo que no se detiene ante sus efectos sobre el medio ambiente ni ante los intereses y derechos de comunidades locales. Una fórmula que se repite en varios países. Promesas inversionistas, gobiernos corruptos, criminalización de la defensa local del territroio y el ambiente, y la muerte de líderes sociales. Este es el modelo de desarrollo que nos quieren imponer.

“Defender la tierra”, así se titula el más reciente informe de Global Witness, una Ong dedicada a sistematizar las agresiones sufridas por los defensores del medio ambiente y de tierras comunitarias. Allí confirma que “el año pasado en el mundo, al menos 200 personas defensoras de la tierra y el medio ambiente fueron asesinados, siendo el año con mayores muertes registradas [...]. Esta tendencia no está sólo creciendo, se expande, con asesinatos diseminados en 24 países, mientras que los registrados en 2015 fueron en 16 países”1. Sus estadísticas relacionan que desde 2010 y hasta el 2017, casi se completan 1.000 asesinatos.

 

Entre los países más peligrosos para quienes legítimamente se empoderan para oponerse a los grandes megaproyectos y monocultivos aparecen Brasil, Honduras, Nicaragua, Filipinas, India, República del Congo y, obviamente, Colombia.

 

Violencia soterrada y abierta

 

El capitalismo es un modelo depredador, su afán de lucro no mide consecuencias ante la explotación. Desarrollo que mata, ese es el rostro que siempre ha tenido. Ahora que no funciona la eterna e incumplida promesa del “desarrollo” y el “bienestar colectivo”, es cada vez más común el uso de la fuerza para imponer proyectos extractivos, saltándose el derecho comunitario y colectivo a la consulta previa.

 

Uso de la fuerza y desconocimiento de derechos que no pasa impune; las comunidades, conscientes del peligro que corren sus territorios activa su legítima defensa, se movilizan, denuncian, encontrando como respuesta gubernamental la criminalización de sus liderazgos locales y de la misma protesta. Caen sobre ella, entonces, arbitrariedades, abusos y homicidios por parte del capital voraz. La metáfora histórica colonial de civilizado vs salvaje, sigue viva. El 60 por ciento de estos homicidios recaen sobre comunidades indígenas, hermanos mayores que luchan contra la idea de progreso.


Es una lucha desigual. La “incapacidad” estatal para garantizar los derechos y bienestar colectivo, se pasa por la faja la soberanía local, facilitando así que empresas nacionales y extranjeras impongan sus intereses. Lo que ilustran las estadísticas, es que son numerosos los procesos anómalos de consulta, que no son libres, ni previas, ni suficientemente informadas, ni logran el consentimiento colectivo. Los gobiernos presentan, cada vez más, acusaciones penales falsas contra activistas, sometiéndolos, a padecer allanamientos policiales, detenciones ilícitas, multas y encarcelamientos. La resistencia social termina convertida en delito penal.

 

Periscopio

 

Los Estados Unidos no registran muertes de defensores, pero su tarea cada vez es más obstaculizada y criminalizada, como denuncian sus comunidades indígenas, opuestas al fracking, a la construcción de oleoductos y a los monocultivos. Las leyes van en contra de la protesta, ilegalizándola; así lo constata el informe en cuestión, el mismo que registra alarmantes casos en África (República del Congo), donde los asesinatos afectan de manera notable a los guardabosques. En Asia (India), con grandes proyectos mineros y de tala de bosques, el mecanismo de violencia procede a través de una policía cada vez más vendida, lo cual la convierte en el cuarto lugar más mortal para los defensores del planeta.

 

En América Latina, en el 60 por ciento de los asesinatos de estos líderes están implicados los bancos, por ser inversionistas en las explotaciones de bosques, aguas y similares. Las muertes registradas durante el 2014 –con un promedio de dos a la semana– sumaron las tres cuartas partes de todos los asesinatos registrados en todo el mundo. Para el 2015, con un total de 122 asesinatos2, la región registró el peor de los años.

 

Resalta de manera preocupante en este informe, los casos de Nicaragua, donde 11 defensores fueron asesinados, convertido así en el país, percapita, más peligroso del mundo. Sólo una de estas muertes no pertenecía a comunidades indígenas centroamericanas. Un genocidio selectivo producto del interés por el canal interoceánico, bajo el dominio de la empresa china Hong Kong Canal Development Group (Hknd), con una concesión de 100 años de operación de un megaproyecto tres veces más grande que el Canal de Panamá, el que implicará el desplazamiento de 120.000 indígenas.

 

En Honduras, los asesinatos ejecutados durante el 2016 se elevaron a 14, crímenes que sumados desde el 2007, y hasta la fecha, alcanzan a 127. Desde el asesinato de Berta Cáceres –3 de marzo de 2016– han consumado otros siete homicidios, transformando a éste en el país más peligroso para el activismo ambiental. Ante estas acusaciones el gobierno presentó acciones legales en contra de Global Witness, apoyado para ello en los voceros de las industrias, básicamente criticando y cuestionando su labor por frenar el desarrollo del país y tener fines conspirativos.

 

mapa p7

 

 

Grafico p6

 

Colombia

 

Datos escandalosos los de estos países vecinos, pero el nuestro no rompe con el crimen en contra de este tipo de activistas sociales: acá el número de asesinados durante el 2016 creció en un 40 por ciento. Los 37 casos conocidos y documentados superan los registrados en Honduras y Nicaragua. Global Witness se pregunta por semejante cifra en tiempos de acuerdos de paz. La “debilidad” estatal es cómplice del poder de grupos locales; 22 de estas muertes son atribuidas a los paramilitares. Y el gobierno insiste en que no existe un fenómeno sistemático.

 

Entre los homicidios más recientes, es necesario recordar que el pasado 17 de enero fue encontrada muerta, apuñalada y baleada, con su esposo, la lideresa de Red Comunidades Construyendo Paz en los Territorios –Conpaz– Emilse Manyona, que denunciaba a paramilitares e intereses internacionales mineros y agroindustriales en el Valle del Cauca, en especial en territorio correspondiente al municipio de Buenaventura. Las presiones sobre las comunidades continúan: hace unos meses Jakeline Romero, lideresa de la comunidad Wayuú, comenzó a recibir amenazas por oponerse a la solicitud de las empresas del Cerrejón Glencore BHD Biliton y Anglo American para desviar el río Ranchería.


El capital no atenúa su voracidad. Ahora las comunidades ya no comen el cuento del “desarrollo”, que cual espejo busca deslumbrar. Y entonces, ahora el capital pretende desconocer los mecanismos de participación autónoma local, activando un modelo estatal que busca la criminalización de quienes asumen la legítima defensa de sus territorios. ¡Qué escenario de impunidad para el asesinato sistemático y selectivo de docenas de personas!


Nuestro futuro, colectivo, sin naturaleza ni defensa alguna, es incierto. Futuro envolatado ante un supuesto “desarrollo” que en realidad es destrucción ambiental, violencia contra las comunidades, desplazamiento de miles, sometimiento de los negados de siempre.

 

Estamos ante mundo civilizado que muestra su verdadero y salvaje rostro.

 

1 Global, Witness. (2017) “Defender la tierra. Asesintaos globales a defensores/as de la tierra y el medio ambiente en 2016” Paág. 6 disponible: https://www.globalwitness.org/en/campaigns/environmental-activists/defender-la-tierra/.
2 Global Witness. (2016) “Entreno peligroso” disponible https://www.globalwitness.org/en/reports/terreno-peligroso/

 


Recuadro


¿Cuál es la causa de los ataques?

 

La lucha entre los gobiernos, las empresas y las comunidades locales por el uso de la tierra y los recursos naturales son la base de la mayoría de los asesinatos documentados por Global Witness. En algunos casos, identificamos a los sectores específicos que las personas defensoras habían o a los que se habían opuesto antes de su asesinato:

 

Sector Total
Minería y petróleo33
Explotación forestal 23
Agroindustria 23
Caza ilegal18
Agua y represas 7
Otros 4

 

 

Publicado enEdición Nº239
Martes, 26 Septiembre 2017 15:06

El diagnóstico inesperado

El diagnóstico inesperado

Falta de ejercicio. De repente me vi dando la tercera vuelta a esa inmensa cancha de fútbol a la cual debía darle 15 vueltas, las piernas me temblaban. Una vuelta más. La fatiga era evidente, ya no podía mantener la respiración por la nariz, abrí la boca para inhalar la mayor cantidad de aire posible y así lograr respirar; mis piernas no daban más. A la mitad de la décima vuelta mi cuerpo no respondía, estaba desconectado; correr o trotar era imposible, cada paso lo sentía más difícil, más pesado, tuve que renunciar y echar mi cuerpo sobre el césped.

 

A lo mejor, una sensación similar es la que viven los pacientes antes de ser diagnosticados. Un cansancio constante, un cuerpo que no responde. Quizás ese cansancio se calma cuando le mencionan el nombre de la patología, cuando le hablan de esa sigla que nunca se le pasó por la mente, la misma que ahora le pondrá una nueva carrera en la vida y que lleva por título ELA.

 

Como se mencionó en otro artículo*, la Esclerosis Lateral Amiotrófica es una enfermedad neurodegenerativa que representa la muerte de las neuronas motoras –las que comandan el movimiento voluntario de los músculos en el cuerpo–, lo que lleva a que el/la paciente quede en estado de inmovilidad pese a que su mente está intacta, pues no afecta cognitivamente nada.


Esta enfermedad es un proceso degenerativo e irreversible de carácter progresivo e inevitable que finalmente lleva a un paro respiratorio. Según la doctora Martha Peña Preciado, se necesitan tres factores para tener la enfermedad: susceptibilidad genética, que se tiene desde el nacimiento –no se desarrolla en todos los casos–; envejecimiento, con el pasar de los años las neuronas del pensamiento o control motor se deterioran y pueden morir, lo cual es un factor de riesgo; medio ambiente, aunque aún falta investigar este último factor, el cual es bastante importante y debe tenerse presente.

 

Aunque no se asegura que sea su causa, se cree que el cigarrillo, derivados de sustancias químicas que hay en el ambiente, petroquímicos, solventes, fungicidas, pueden tener componentes que desatan la enfermedad. Curiosamente, luego de la guerra del Golfo, varios militares norteamericanos regresaron con esta patología.

 

Los casos de ELA no se presentan de la misma manera, por un patrón común, es heterogénea. Si los síntomas inician por miembros inferiores, puede presentarse con problemas como: pie caído, dificultad para caminar y generalmente múltiples tropiezos o caídas. De igual manera, si se presenta en una mano, esta se va atrofiando y debilitando progresivamente, comprometiendo otras partes del cuerpo. Según la doctora Peña, la forma más severa es cuando la enfermedad empieza por los músculos de la cara y la faringe, como la lengua y los músculos para deglutir y hablar, variedad más agresiva de la enfermedad porque el paciente puede entrar en falla respiratoria más rápidamente, al sufrir el degeneramiento de los músculos del tórax, responsables de que los pulmones puedan captar oxígeno.

 

Pacientes con ELA en Colombia

 

En el país la enfermedad integra el grupo de enfermedades huérfanas y raras, de las cuales siempre ha existido un subregistro. Según la doctora Martha, el Ministerio de Salud dice que para 2015 había cerca de 350 a 400 pacientes afectados por ELA. No existe un registro oficial de los años 2016 y 2017, pero se sospecha que al día de hoy existen entre 800 y 1.000 personas vivas con la enfermedad. La mayoría de casos se presenta en hombres entre los 60 y 65 años de edad, no quiere decir que no se presenten pacientes de 14, 20, 30 o 80 años.

 

A continuación la historia de Antonio, un paciente que lleva alrededor de 10 años con la enfermedad, quien nos cuenta cómo fue su diagnóstico:

 

Tantos trámites para recibir el golpe

 

Transcurría el año 2008, enamorado de mi trabajo como comunicador social tenía la responsabilidad de consolidar un ejercicio en la capacitación y formación de emisoras escolares en la ciudad de Bogotá. A mi cargo estaba un proceso en 10 colegios de la localidad de Bosa, donde había que jugársela por dar todo el conocimiento y compartir el saber con niñas, niños y docentes para lograr el fortalecimiento de las emisoras, las cuales debían cumplir un papel pedagógico y comunicativo al interior de la comunidad educativa, aportando cambios en la cotidianidad conflictiva que vivía la gente.

 

Caminar de colegio en colegio era mi rutina diaria, que se volvía placentera al encontrarme con la energía y vitalidad de los jóvenes participantes y con la entrega de los docentes que hacían parte del proceso. Después de las jornadas gratas y productivas llegaba a descansar a casa; un día comencé a sentir un leve dolor lumbar, que al siguiente día aminoraba y se volvía imperceptible –quizá por el goce que sentía al realizar mi labor.

 

El malestar se repetía constantemente. Como cargaba un maletín en la espalda con documentos, cds, grabadora y material para los talleres, pensé en esa como la razón del dolor; para cerciorarme saqué una cita médica adaptándome a los tiempos de mi EPS-Compensar. El día de la cita con el médico general me dijo que tenía que mandarme a tomar unas placas de rayos x o una radiografía para ver qué pasaba.


Luego de ir a la toma de la radiografía, tuve que volver a pedir una cita con un especialista para que hiciera la lectura. El médico abrió la placa, la observó y dijo que mi dolencia se debía a una escoliosis; me recomendó revisar las posturas del cuerpo al levantar objetos pesados, dormir con una almohada entre las rodillas y hacer unas terapias para la corrección de la columna.

 

Seguir un diagnóstico médico sin saber lo que me esperaba

 

Varios meses después, a pesar de cumplir con las recomendaciones médicas, la dolencia no tenía mejoría. Tomé unas terapias, primero por Compensar en la Clínica San Rafael y luego en la Universidad Nacional por colaboración de una amiga que trabajaba en rehabilitación. Asistí a las terapias, dos por semana, a lo largo de seis meses, a la par me hacían exámenes de seguimiento y tenía que ir a citas con el médico especialista, quien cada vez pedía nuevas radiografías para ver cómo había evolucionado.

 

Con la ansiedad de saber cuál era mi estado, seguía juiciosamente las indicaciones del médico, me tomaba las placas de rayos x una y otra vez; el resultado no cambiaba: escoliosis. Mi salud se deterioraba lentamente, así pasaron dos años y medio. Los síntomas avanzaban y en cada nueva cita le decía al doctor que sentía los pies cada vez más pesados para caminar, no podía subir y bajar andenes como antes, tenía que caminar lentamente, pasar las calles era un complique. Ante esto el doctor me dijo que si seguía así tenía que operarme, no veía otra salida. “Yo lo puedo operar y tengo un amigo que es anestesiólogo, entonces toca que se tome otra placa de rayos x y una electromiografía”, dijo.

 

En el papeleo de pedir la autorización de los exámenes, realizármelos y esperar los resultados, pasó más de un mes. Llegué de nuevo a verme con el doctor, tenía los resultados en mis manos, iba acompañado de Mariana, por entonces mi compañera.

 

Entramos al consultorio y el médico se encontraba hablando por teléfono, nos pidió que lo esperáramos, estaba programando un viaje para el exterior y discutía porque no le habían realizado la reserva del pasaje, a la par de su discusión me pidió los resultados de los exámenes. Entre la charla por teléfono revisó la radiografía y dijo: “bueno, toca programar la cirugía, la dejamos para cuando regrese, voy a hacer las órdenes”. En ese momento no había revisado la electromiografía. Cuando leyó los resultados dijo “esto toca que lo vea un neurólogo porque puede ser otra cosa”. Elaboró la orden para neurología y tuve que esperar otro mes para que me ordenaran la cita con el neurólogo.

 

El día de la cita, me encontré en el consultorio con un médico joven, tenía acento caribeño; le pregunté que de dónde era y me dijo que salvadoreño, había hecho sus estudios en Cuba y ahora trabajaba en Colombia. Abrió los resultados de la electromiografía y la radiografía, de inmediato me dijo a quemarropa: “esto parece que es una enfermedad de las neuronas motoras, las que hacen que uno pueda moverse, hay que recetar urgente el medicamento existente para retrasar el avance, tenemos que cerciorarnos del resultado, hay que repetir la electromiografía para estar seguros, conozco un médico que se la puede hacer de inmediato”.

 

El examen me lo realizaron en el hospital San José, antiguo Lorencita Villegas. Este examen, privado, de urgencia, costaba medio millón de pesos, tuve que conseguir el dinero por todos los medios. Llegó la toma de la electromiografía y el resultado dos días después, el neurólogo salvadoreño me atendió sin pedir cita y me dijo que, efectivamente, tenía Esclerosis Lateral Amiotrófica, me dijo que iba a ir perdiendo paulatinamente la movilidad y que lo que me esperaba no sería fácil.

 

Dos meses después el mismo médico se accidentó y se rompió las dos piernas, tuvo que regresar a su país y nunca supe nada más de él. Quedé perdido, sin guía, tenía claro el resultado pero no sabía qué hacer. Pedí una nueva cita de neurología en la EPS y me encontré con una neuróloga que no sabía mucho de la enfermedad, lo único que me dijo es que tenía máximo dos años de vida, que la enfermedad era implacable.

 

Después, otra doctora me remitió con la neuróloga que está al frente de la investigación de esta enfermedad en el país, la doctora Martha Peña Preciado. Solicitamos una cita al Instituto Roosevelt, donde ella trabajaba. Me realizó otra electromiografía y comprobamos que la ELA estaba conviviendo silenciosamente conmigo. En abril de 2010 mi mundo se partió en dos.

* https://www.desdeabajo.info/ediciones/32283-ante-la-paulatina-despedida-del-cuerpo.html

Publicado enEdición Nº239
Devastación tras el paso del huracán María en Puerto Rico

 

Se degrada a categoría 3; su paso por varias islas del Caribe provoca 18 muertos

 

 

San Juan.

 

El huracán María recorría este jueves el norte de República Dominicana, donde comenzó a causar daños a pesar de haberse degradado a categoría 3, luego de haber dejado a Puerto Rico incomunicado y sin energía eléctrica.

Oscilando entre las categorías 4 y 5, María ha dejado hasta este jueves 18 muertos en su brutal paso por el Caribe: dos en Guadalupe, 15 en Dominica y uno en Puerto Rico.

La madrugada del miércoles entró a Puerto Rico con vientos de 250 kilómetros por hora y dejó la isla sin electricidad, con las comunicaciones muy disminuidas, casas destrozadas, vías obstruidas por árboles y escombros e inundaciones severas.

El presidente Donald Trump declaró zona de gran desastre a Puerto Rico, territorio autónomo estadunidense, lo cual libera fondos ilimitados de ayuda federal para una isla que desde mayo está en bancarrota.

El gobernador Ricardo Rosselló advirtió: esto se puede poner peor.

Lo que provoca más muertes en este tipo de fenómenos es la lluvia”, explicó, porque la isla aún padece precipitaciones provocadas por María, aunque su ojo ya esté kilómetros mar adentro.

Este jueves las aguas habían descendido en Toa Baja, pero las casas estaban llenas de lodo y los vecinos se habían puesto a limpiar.

En tanto, Ocean Park, zona turística de San Juan, estaba completamente bajo agua la mañana de este jueves. Residentes en los segundos niveles de sus casas contemplaban la inundación mientras otros, en botes y kayaks, verificaban que sus vecinos estuvieran bien.

Varias tiendas fueron saqueadas y no se veía mucha presencia policial, aunque el gobierno informó de una decena de arrestos.

Las autoridades declararon toque de queda nocturno y ley seca.

En República Dominicana, el ciclón derribaba árboles y postes de electricidad, lo que dejó a unas 140 mil personas sin luz.

A media tarde del jueves, 140 mil personas estaban sin electricidad y más de mil 200 casas han sufrido daños. También se reportaron inundaciones, crecidas de los ríos y el colapso de un puente.

El Centro Nacional de Huracanes ubicó a María 140 kilómetros al noreste de Puerto Plata, con vientos de 195 kilómetros por hora y dijeron que seguirá viaje hacia el norte, rumbo a Turcos y Caicos.

El gobierno de República Dominicana estaba en alerta máxima y 14 mil 28 personas fueron desalojadas de manera preventiva. Cuatro aeropuertos internacionales fueron cerrados y sólo opera el que sirve a Santo Domingo, la capital.

En Punta Cana, balneario turístico a unos 200 kilómetros de Santo Domingo, algunos trabajadores recogían postes, letreros y botes de basura, en medio de la lluvia, luego de haberse salvado de lo peor de la tormenta.

Unas 10 mil personas se hallaban en albergues en distintos lugares el país.

Tras su paso por las Antillas Menores, el huracán dejó además dos muertos en Guadalupe y una catástrofe en Dominica, pequeña isla del Caribe donde se reportaron 15 fallecidos hasta este jueves.

Hemos enterrado al menos a 15 personas, declaró el primer ministro, Roosevelt Skerrit, a la televisión de Antigua y Barbuda, país vecino. Hay también una veintena de desaparecidos, dijo.

Skerrit indicó que todas las localidades de Dominica, de 72 mil habitantes, sufrieron el impacto del huracán.

 

 

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Martes, 19 Septiembre 2017 07:15

El asedio de China a las Islas Galápagos

Autoridades informaron que en frigoríficos se hallaron especies protegidas, como tiburón Martillo y tiburón Silky (sedoso). Foto: Dirección de Parque Nacional Galápagos

 

El 3 de agosto pasado se capturó en aguas de las Galápagos el barco chino Fu Yuan Yu Leng 999, en su interior había 300 toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares, adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y tiburón martillo

 

La noche del 3 de agosto pasado se capturó el barco pesquero Fu Yuan Yu Leng 999. En el interior de esta embarcación estaban embodegadas 300 toneladas de pesca, fundamentalmente tiburones: más de seis mil ejemplares, adultos y neonatos, de tiburones Zorr, Silky y del protegido -y espectacular- tiburón martillo. En sacos de yute se hallaron también aletas de tiburón, obtenidas presuntamente por la abominable práctica conocida como ‘finning’: una vez capturado el tiburón, se corta su aleta en vivo y se devuelve el animal al mar, donde morirá. Cada año 73 millones de tiburones mueren para que 73 millones de aletas, a más de 500 dólares el kilo, lleguen al mercado mundial. China es el principal consumidor, debido al famoso plato de sopa de aleta de tiburón -reservado a un estatus económico muy alto- que puede llegar a costar 150 dólares.

El barco en cuestión fue encontrado en un lugar donde las corrientes de agua son corrientes de vida, ricas en nutrientes y que -según el biólogo Eduardo Espinoza- « convierten la zona en uno de los mayores surtidores naturales de peces del Pacífico». En concreto, en la Reserva Marina de las Islas Galápagos, Ecuador, donde habitan más de 500 especies de peces y entre ellas, más de 30 corresponden a tiburones; y donde la pesca industrial está prohibida.

Detrás de esta constatación surgen realidades gravísimas para meditar en clave global. Una gran flota pesquera china de unos 300 barcos estaría navegando en faenas de pesca alrededor de las Galápagos, agregando nuevas amenazas a esta maravilla de la naturaleza, conocidas también como Islas Encantadas, porque según decían quienes por primera vez describieron el archipiélago, «se trata de unas islas con la capacidad de aparecer y desaparecer». Junto a la pesca, el turismo de lujo -masivo y creciendo-, la introducción de especies foráneas y la inmigración desde el continente, hacen evidente la fragilidad de este complejo de islas de origen volcánico. Pero bien sabemos que no ocurre sólo en este enclave: las denuncias por pesca ilegal de la flota China se repiten en la pesca del bacalao en aguas de Argentina, en Chile por la pesca del atún y en muchos países africanos como Senegal, Guinea, Guinea-Bissau o Ghana.

Es importante anotar que el asedio llega de un país que va tomando el control de toda la economía de algunas naciones. Precisamente Ecuador es un caso extremo de dependencia con China. Ecuador tiene comprometidos -bajo la forma de ventas anticipadas- más de 500 millones de barriles de petróleo a China a entregarse hasta 2024, que los debe conceder a cambio de recursos financieros que el gigante asiático ha desembolsado al país. Para colmo, China no se registra como compradora oficial del petróleo ecuatoriano sino que lo revende a Estados Unidos y otros países, creándose la argucia contable de que, oficialmente, China absorba menos del 5% de exportaciones ecuatorianas. A nivel de importaciones, la dependencia con China es más clara, llegando a casi el 20% del total. Pero lo más dramático es que China –en un proceso iniciado en 2012- devino en el principal acreedor de este pequeño país andino: más de 8 mil millones de dólares de deuda, el 30% del total de deuda externa; así como las ya mencionadas ventas anticipadas de petróleo que ni siquiera son registradas como deuda por las estadísticas oficiales.

A diferencia de EEUU que ejercía su dominación vía Consenso de Washington, China no busca conseguir el repago de sus créditos imponiendo medidas de austeridad económica, sino asegurándose el acceso a petróleo, minerales, y también pesca. Además, opera controlando que los recursos que presta se destinen a la contratación de empresas chinas, al punto que, muchas veces, los empréstitos nunca salen del gigante asiático. Sin duda la expansión China representa una nueva forma de imperialismo, más sofisticada pues no se ajusta a los parámetros clásicos del neoliberalismo. Incluso, no se presenta a primera vista como dominación política pero es más voraz pues exacerba el extractivismo de las periferias con mayor intensidad que en décadas pasadas, y más audaz, pues ni siquiera necesita programas de ajuste para garantizarse el retorno de sus préstamos.

Con la mayor población del planeta, China demanda 46% de todos los minerales extraídos en la Tierra. En tres años -2011, 2012, 2013- ha empleado 1,5 veces más cemento que lo utilizado por EEUU en todo el siglo XX. Y con su flota pesquera de más 2.600 embarcaciones, la mayor del mundo, está depredando los mares. Su capacidad de pesca es tal que –según la BBC- en una semana recoge tanto como los botes de Senegal en todo un año, un país que ha visto como se ha vaciado su mar, y la migración es la única opción.

Así como en su momento la lucha contra el imperialismo norteamericano fue clave, hoy también lo es la lucha contra el imperialismo chino. Dentro de esa lucha, urge detener la depredación ambiental, tanto por soberanía como por la propia supervivencia humana. Un pequeño paso en ese sentido sería ampliar y garantizar la zona de exclusión para la pesca, englobando a Ecuador (y las Galápagos), Panamá, Colombia y Costa Rica . Pero, hay que profundizar en el debate pues ante este reciente y preocupante expolio del imperialismo chino, urge que las normativas nacionales e internacionales que regulan la pesca de nuestros mares (como la CONVEMAR, Convención de las Naciones Unidas para el Mar), prioricen la soberanía alimentaria, dando absoluto énfasis a una pesca local artesanal, sostenible y orientada a la alimentación popular y local. Lo que no entre en estos puntos debe vetarse, en cualquier milla marítima.

En Galápagos, lugar que nos ha enseñado tanto sobre la evolución y la complejidad de la vida, se hace evidente que vivimos en el Capitaloceno, como ya utilizan muchos pensadores, una era o época geológica donde un sistema económico desesperado por movilizar mercancías lo más rápido posible a cualquier distancia a fin de generar y acumular dividendos, está acabando con tiburones, abejas, gorriones, rinocerontes, paisajes y medios de vida. Está exterminando la Vida.

 

Alberto Acosta es economista ecuatoriano y Gustavo Duch es coordinador de la revista Soberanía Alimentaria

 

Fuente: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/asedio-China-Islas-Encantadas_6_686691355.html

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

 

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Martes, 19 Septiembre 2017 06:51

Irma o el fin de la naturaleza

Irma o el fin de la naturaleza

 

En El problema de los tres cuerpos, la obra maestra de ciencia ficción de Liu Cixin, la primera parte de una trilogía Remembrance of Earth’s Past (El recuerdo del pasado de la Tierra), un científico es atraído hacia un juego de realidad virtual “Tres Cuerpos” en el que los participantes se encuentran en un planeta alienígena Trisolaris cuyos tres soles se elevan y se ponen en intervalos extraños e impredecibles: a veces demasiado lejos y horriblemente fríos, a veces demasiado cerca y destructivamente calientes, y a veces no visibles durante largos períodos de tiempo. Los jugadores pueden de alguna manera deshidratarse a sí mismos y al resto de la población para hacer frente a las peores temporadas, pero la vida es una lucha constante contra elementos aparentemente impredecibles.

A pesar de eso, los jugadores lentamente encuentran maneras de construir civilizaciones e intentar predecir los extraños ciclos de calor y frío. Después de establecer el contacto entre las dos civilizaciones, nuestra Tierra aparece para los trisolares desesperados como un mundo ideal de orden y deciden invadirlo para que su raza sobreviva.

Esta oposición entre la Tierra y Trisolaris se hace eco de la oposición entre la tradicional visión confuciana del Cielo como el principio del orden cósmico y la alabanza de Mao al Cielo desordenado: ¿es la vida caótica en Trisolaris, donde el propio ritmo de las estaciones es perturbado, una versión naturalizada del caos de la Revolución Cultural? La visión aterradora de que “no hay física”, no hay leyes naturales estables, empuja a muchos científicos al suicidio (en la novela). ¿No nos estamos acercando a algo similar hoy? La naturaleza misma está cada vez más en desorden, no porque abruma nuestras capacidades cognitivas, sino principalmente porque no somos capaces de dominar los efectos de nuestras propias intervenciones en su curso, quién sabe cuáles serán las consecuencias finales de nuestra ingeniería biogenética o del calentamiento global? La sorpresa viene de nosotros mismos, se trata de la opacidad de cómo nosotros mismos encajamos en la imagen: la mancha impenetrable en la imagen no es un misterio cósmico como una misteriosa explosión de una supernova, la mancha somos nosotros mismos, nuestra actividad colectiva. “Hay un gran desorden en lo real”.

Así es como Jacques-Alain Miller caracteriza el modo en que la realidad se nos presenta en nuestro tiempo en el que experimentamos el impacto completo de dos agentes fundamentales, ciencia moderna y capitalismo. La naturaleza como lo real, en la que todo, desde las estrellas hasta el sol, vuelve siempre a su lugar, como el reino de grandes ciclos confiables y de leyes estables que los regulan, está siendo reemplazada por un contingente completamente real, real que está permanentemente revolucionando sus propias reglas, real, que resiste cualquier inclusión en un Mundo totalizado (universo de significado).

¿Cómo debemos reaccionar a esta constelación? ¿Debemos asumir un enfoque defensivo y buscar un nuevo límite, un retorno a (o, más bien, la invención de) algún nuevo equilibrio? Esto es lo que la ecología y la bioética predominantes tratan de hacer con respecto a la biotecnología, por eso los dos forman una dupla: la biotecnología busca nuevas posibilidades de intervenciones científicas (manipulaciones genéticas, clonación ...) y la bioética se esfuerza por imponer limitaciones morales a lo que la biotecnología nos permite hacer. Como tal, la bioética no es inherente a la práctica científica: interviene en esta práctica desde afuera, imponiéndole una moral externa. Incluso se puede decir que la bioética es la traición de la ética inmanente al esfuerzo científico, la ética de “no comprometer su deseo científico, seguir inexorablemente su camino”.

¿Podemos entonces usar el capitalismo mismo contra esta amenaza? Aunque el capitalismo puede fácilmente convertir la ecología en un nuevo campo de la inversión y la competencia capitalistas, la naturaleza misma del riesgo involucrado excluye fundamentalmente una solución de mercado –¿por qué? El capitalismo sólo funciona en condiciones sociales precisas: implica la confianza en el mecanismo objetivado de la “mano invisible” del mercado que, como una especie de Astucia de la Razón, garantiza que la competencia de los egoísmos individuales funciona para el bien común. Sin embargo, estamos en medio de un cambio radical. Hasta ahora, la Sustancia histórica desempeñó su papel de medio y fundamento de todas las intervenciones subjetivas: lo que hicieran los sujetos sociales y políticos, fue mediado y finalmente dominado, sobredeterminado, por la Sustancia histórica. Lo que se vislumbra hoy en el horizonte es la inédita posibilidad de que una intervención subjetiva intervenga directamente en la Sustancia histórica, perturbando su camino en el desencadenamiento de una catástrofe ecológica, una fatídica mutación biogenética, una catástrofe militar-social nuclear o similar, etc. Ya no podemos confiar en el papel de salvaguardia del limitado alcance de nuestros actos: ya no se sostiene que, hagamos lo que hagamos, la historia continuará. Por primera vez en la historia de la humanidad, el acto de un solo agente socio-político puede alterar e incluso interrumpir el proceso histórico global.

Jean-Pierre Dupuy se refiere aquí a la teoría de sistemas complejos que explica las dos características opuestas de tales sistemas: su carácter robusto y estable y su extrema vulnerabilidad. Estos sistemas pueden acomodarse a grandes perturbaciones, integrarlos y encontrar un nuevo equilibrio y estabilidad - hasta un cierto umbral (un “punto de inflexión”) por encima del cual una pequeña perturbación puede causar una catástrofe total y conduce al establecimiento de un orden totalmente diferente. Durante largos siglos, la humanidad no tuvo que preocuparse por el impacto en el ambiente de su actividad actividad productiva –la naturaleza fue capaz de acomodarse a la deforestación, al uso del carbón y del petróleo, etc–. Sin embargo, no se puede estar seguro si hoy , no nos estamos acercando a un punto de inflexión –uno realmente no puede estar seguro, ya que tales puntos pueden ser claramente percibidos sólo una vez que ya es demasiado tarde, en retrospectiva–. A propósito de la urgencia de hacer algo respecto a la amenaza actual de diferentes catástrofes ecológicas: o bien tomamos esta amenaza en serio y decidimos hoy hacer cosas que, si la catástrofe no ocurriera, parecerán ridículas, o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de la catástrofe, siendo el peor de los casos la elección de un punto medio, de tomar una cantidad limitada de medidas –en este caso, vamos a fracasar suceda lo que suceda (es decir, el problema es que no hay punto medio con respecto a la catástrofe ecológica: o bien sucederá o no sucederá). En tal situación, la charla acerca de la anticipación, la precaución y el control de los riesgos tiende a no tener sentido, ya que estamos tratando con lo que, en los términos de la teoría del conocimiento de Rumsfeld (ex secretario de Defensa de EE.UU.), “hechos desconocidos que desconocemos”: no sólo no sabemos dónde está el punto de inflexión, incluso no sabemos exactamente lo que no sabemos. (El aspecto más inquietante de la crisis ecológica se refiere al llamado “conocimiento en lo real” que puede comportarse de manera peligrosa: cuando el invierno es demasiado cálido, las plantas y los animales malinterpretar el clima caliente en febrero como señal de que ya llegó la primavera y se comportan en consecuencia, no sólo haciéndose vulnerables a los últimos ataques de frío, sino también perturbando todo el ritmo de la reproducción natural.)

Es por eso que hay algo engañosamente reconfortante en la disposición de los teóricos del antropoceno al asumir la culpa por las amenazas a nuestro medio ambiente: nos gusta ser culpables ya que, si somos culpables, entonces todo depende de nosotros, movemos los hilos de la catástrofe, así también podemos salvarnos simplemente cambiando nuestras vidas. Lo que es realmente difícil para nosotros (al menos para nosotros en Occidente) de aceptar es que estamos reducidos a un papel puramente pasivo de un observador impotente que sólo puede sentarse y ver cuál será su destino –para evitar tal situación, somos propensos a participar en una frenética actividad obsesiva, reciclar papel viejo, comprar alimentos orgánicos, lo que sea, sólo para que podamos estar seguros de que estamos haciendo algo, contribuyendo en algo –como un aficionado al fútbol que apoya a su equipo frente a un televisor en una creencia supersticiosa de que esto de alguna manera influirá en el resultado– ... Es cierto que la típica forma de disuasión fetichista con respecto a la ecología es: “Sé muy bien (que todos estamos amenazados), pero realmente no lo creo (de manera que no estoy dispuesto a hacer algo realmente importante, como cambiar mi forma de vida”. Pero existe también una forma opuesta de desautorización: “Yo sé muy bien que realmente no puedo influir en el proceso que puede conducir a mi ruina (como un estallido volcánico), pero es, sin embargo, demasiado traumático de aceptar, así que no puedo resistir el impulso de hacer algo, aunque sé que es en última instancia no tiene sentido ... ¿No es por la misma razón que compramos alimentos orgánicos? ¿Quién cree realmente que las manzanas “orgánicas” medio podridas y caras son realmente más saludables? El punto es que, al comprarlas, no sólo compramos y consumimos un producto –simultáneamente hacemos algo significativo, mostramos nuestra atención y conciencia global, participamos en un proyecto colectivo grande–.

A los escépticos les gusta señalar la limitación de nuestro conocimiento sobre lo que sucede en la naturaleza, sin embargo, esta limitación no implica de ninguna manera que no debamos exagerar la amenaza ecológica. Por el contrario, debemos ser aún más cuidadosos, ya que la situación es profundamente impredecible. Las recientes incertidumbres sobre el calentamiento global no señalan que las cosas no son demasiado serias, sino que son aún más caóticas de lo que pensábamos, y que los factores naturales y sociales están indisolublemente ligados. El dilema a propósito de las amenazas actuales de catástrofes ecológicas es: o las tomamos en serio y decidimos hoy hacer cosas que, si la catástrofe no ocurriera, parecerían ridículas, o no hacemos nada y perdemos todo en el caso de la catástrofe.

El peor caso es la elección de un punto intermedio, de tomar una cantidad limitada de medidas –en este caso, vamos a fracasar suceda lo que suceda–. No hay punto medio con respecto a la catástrofe ecológica, y en tal situación, la charla sobre anticipación, precaución y control de riesgos tiende a perder sentido, ya que estamos tratando con lo que, en términos de Rumsfeld, no sólo no sabemos dónde está el punto de inflexión, ni siquiera sabemos exactamente lo que no sabemos.

Así que no es sólo la continuidad de la Historia la que está amenazada hoy en día –lo que estamos presenciando es algo así como el fin de la Naturaleza misma. Los devastadores huracanes, las sequías y las inundaciones, para no hablar del calentamiento global, ¿no indican que estamos siendo testigos de algo cuyo único nombre apropiado es “el fin de la Naturaleza”? “Naturaleza” debe entenderse aquí en el sentido tradicional de un ritmo regular de las estaciones, el fondo confiable de la historia humana, algo en lo que podemos contar que siempre estará allí. Cuando ya no podemos depender de ella, entramos en lo que llamamos “antropoceno”: una nueva época en la vida de nuestro planeta en la que nosotros, los humanos, ya no podemos confiar en la Tierra como un reservorio dispuesto a absorber las consecuencias de nuestra actividad productiva. Incluso nosotros (la humanidad) nos concebimos como héroes Prometeos imponiendo nuestra voluntad a la naturaleza, transformándola más allá del reconocimiento, todavía confiamos en ella como el fondo de la tabla de nuestra actividad que absorberá de alguna manera los efectos secundarios (daño colateral) de nuestra productividad. Hoy en día, sin embargo, tenemos que aceptar que vivimos en una “Tierra de la Nave Espacial”, responsable y responsable de sus condiciones. La Tierra ya no es el fondo impenetrable de nuestra actividad productiva, sino que surge como un (otro) objeto finito que podemos destruir o transformar inadvertidamente para hacerla inviable. Esto significa que, en el momento mismo en que somos lo suficientemente poderosos como para afectar las condiciones más básicas de nuestra vida, tenemos que aceptar que somos simplemente otra especie animal en un planeta pequeño. Es necesaria una nueva manera de relacionarnos con nuestro medio ambiente, una vez que nos damos cuenta de esto: ya no deberíamos actuar como un trabajador heroico expresando sus potencialidades creativas y usando los recursos inagotables de su medio ambiente, sino más bien como un modesto agente colaborando con su medio ambiente, negociando permanentemente un nivel tolerable de seguridad y estabilidad, sin una fórmula a priori que garantice nuestra seguridad.

Es difícil para un forastero imaginar cómo se siente cuando un vasto dominio de tierra densamente poblada desaparece bajo el agua, de modo que millones quedan privados de las coordenadas básicas de su mundo de vida: la tierra con sus campos, pero también con los monumentos culturales que eran la materia de sus sueños, ya no están allí, de modo que, aunque en medio del agua, son como peces fuera del agua, es como si el medio ambiente que miles de generaciones tomaban como la fundación obvia de sus vidas comenzara a agrietarse–. Por supuesto, se conocieron catástrofes similares durante siglos, algunas incluso desde la misma prehistoria de la humanidad. Lo que es nuevo hoy en día es que, como vivimos en una era post-religiosa “desencantada”, tales catástrofes ya no pueden ser interpretadas como parte de un ciclo natural más amplio o como una expresión de la ira divina son interpretadas mucho más directamente como intrusiones sin sentido de una rabia destructiva que no tiene una causa clara: ¿las inundaciones causadas por Irma son acontecimientos naturales o los productos de la industria humana? Las dos dimensiones están inextricablemente entremezcladas, privándonos de la seguridad básica de que, a pesar de todas nuestras confusiones, la Naturaleza continúa en sus eternos ciclos de vida y muerte. Así es como, en 1906, William James describió su reacción ante un terremoto: “La emoción consistió en alegría y admiración. Alegría ante la vivacidad que tal idea abstracta como “terremoto” podría tener cuando se verifica concretamente y se traduce en realidad sensata y admiración por como la frágil choza de madera se pudo mantener en pie a pesar del sacudón. No sentí ni un poco de temor; era puro deleite bienvenido”. ¡Que lejos estamos del sacudón de la fundación misma de la vida del mundo de uno!

Por lo tanto, la principal lección que se debe aprender es que la humanidad debe prepararse para vivir de una manera más plástica y nómade: los cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de transformaciones sociales inauditas a gran escala. Digamos que una gigantesca erupción volcánica hará inhabitable toda la Isla: ¿ A dónde se mudarán los habitantes de la Isla? ¿Bajo que condiciones? ¿Deberían recibir un pedazo de tierra o simplemente estar dispersos alrededor del mundo? ¿Qué pasa si la Siberia septentrional se vuelve más habitable y apropiada para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se harán demasiado secas para que una gran población viva allí? ¿Cómo se organizará el intercambio de población? Cuando ocurrieron cosas semejantes en el pasado, los cambios sociales sucedieron de manera espontánea y salvaje, con violencia y destrucción; tal perspectiva es catastrófica en las condiciones de hoy, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones. Una cosa es clara: la soberanía nacional tendrá que redefinirse radicalmente y se tendrán que inventar nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué ocurre con los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de agua y fuentes de energía? ¿A través de qué procesos de elaboración se decidirán y ejecutarán tales cambios?

 

* Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal).

 

Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

 

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