Geoingeniería: peor el remedio que la enfermedad

Si los que promueven la geoingeniería –la manipulación intencional del clima planetario–, realizaran sus proyectos de crear nubes volcánicas artificiales sobre el Ártico, desequilibrarían gravemente el ciclo hidrológico en los trópicos y subtrópicos, con importante disminución de lluvias. Tendría efectos catastróficos en los bosques tropicales, principalmente en Asia y Amazonía, con incremento de sequías en África.

 

Esto es parte de las conclusiones de un nuevo estudio científico (A. Ferraro et al, Environmental Research Letters, 2014) sobre los efectos que tendría inyectar aerosoles azufrados en la estratosfera, para crear una gigantesca nube volcánica que tapara los rayos del sol sobre el Ártico, lo que según los geoingenieros podría bajar la temperatura.

 

Varios otros estudios científicos publicados en 2013 (por ejemplo los del proyecto de colaboración GeoMIP, con decenas de científicos y países participantes), basados en investigación con modelos matemáticos, señalan impactos graves de diferentes propuestas de geoingeniería. Desde 2008, el reconocido meteorólogo Alan Robock indicó que la propuesta de construcción de nubes volcánicas artificiales (ahora rebautizada por los geoingenieros Manejo de la Radiación Solar), tendría efectos colaterales graves sobre los regímenes de precipitación, colocando en riesgo las fuentes de agua y alimentación de 2 mil millones de personas en Asia y África. En julio 2013, estudios del proyecto GeoMIP señalaron que el desequilibrio tendría impactos globales, también en el hemisferio Norte. Ahora se suman las evidencias sobre la Amazonía.

 

Otro estudio reciente (Jones et al, Journal of Geophysical Research, 2013) agrega que la terminación de este tipo de proyecto de geoingeniería llevaría a un aumento abrupto de la temperatura, acompañado del aumento del promedio de precipitación y mayor derretimiento del hielo polar. Lo cual significa que si se instalaran esas nubes volcánicas, la terminación significaría colocarnos en una situación peor a la anterior.

 

La geoingeniería marina comercial, cuya propuesta más conocida es la fertilización oceánica (alterar la química marina para absorber carbono atmosférico), fue prohibida en octubre de 2013 en la trigesimaquinta Sesión del Protocolo de Londres de Naciones Unidas, que previene los vertidos en el océano. No es algo definitivo, porque los geoingenieros, representados en el discurso de algunos delegados gubernamentales, lograron una ventana para experimentos, aunque éstos sólo pueden ser para investigación y cumplir una lista de requisitos previos, por sus impactos ambientales y sobre las cadenas tróficas marinas.

 

Pese a estos nuevos estudios, a que desde 2010 existe en Naciones Unidas una moratoria contra la geoingeniería y a que la vasta mayoría de la gente piensa que manipular el clima es una idea absurda y peligrosa, hay un pequeño, pero influyente grupo de científicos que insiste en ello, como David Keith, de la Universidad de Harvard, o Ken Caldeira, de la Universidad de Stanford, entre otros. Este grupúsculo o geo-clique, como lo llama el investigador australiano Clive Hamilton, pese a lo insano de sus propuestas, está ganando lugar en espacios que son referencia global en cambio climático, como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés). Este organismo, en su nuevo informe global sobre el estado del cambio climático, incluye de forma sorprendente, la mención a estas propuestas como algo a considerar. Aclaremos que el IPCC no las apoya y expresa que tienen altos riesgos e impactos globales negativos de largo plazo, pero de todas maneras las nombra como punto en discusión, justamente debido al pesado cabildeo de los que la promueven.

 

Hay una confluencia de intereses económicos, geopolíticos y militares que impulsan la geoingeniería. Para los países con alto grado de emisiones de carbono y sus transnacionales contaminantes, la geoingeniería aparece como una solución tecnológica que les permitiría seguir emitiendo gases de efecto invernadero y encima hacer nuevos negocios, vendiendo tecnología para bajar la temperatura.

 

Para los intereses militares, la manipulación climática ha estado en su agenda desde hace décadas, se conoce que fue aplicada por Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Si las mismas tecnologías se pueden legitimar ahora como combate al cambio climático, pueden seguir desarrollándolas sin aparecer como estrategia bélica. De cualquier modo, se podrían usar contra países que no sabrán que les sucedió, porque parecerá un desastre natural o parte del caos climático. Que este tipo de propuestas y tecnologías se desarrollen con un nombre u otro (para cambio climático o como arma de guerra), no cambia el hecho de que son las mismas y que los países que las detenten tendrán control sobre el termostato global.

 

Por ello, el discurso de los científicos que piden y justifican la geoingeniería es como mínimo irresponsable, si no directamente parte del mismo juego geopolítico y militar. Claro que su argumento es otro: dicen que como los políticos no se pondrán de acuerdo, ellos deben salvar el planeta, cueste lo que cueste. Así construyen también la imagen de que no se puede hacer nada y que es inútil cuestionar las causas profundas del caos climático –el modelo industrial de producción y consumo dominante.

 

Pero eso es justamente lo que hace falta para enfrentar realmente la crisis climática, además de favorecer las verdaderas soluciones que se tejen desde abajo y no generan nuevas dependencias. Además, por las graves amenazas al ambiente, el sustento y la soberanía que representa, urge prohibir la geoingeniería.

 

Silvia Ribeiro*

*Investigadora del Grupo ETC

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Los errores de las tesis del decrecimiento económico

Una característica de los movimientos ecologistas en Europa es su enorme diversidad ideológica, lo cual se considera como una de sus fortalezas, cuando, a mi entender, podría ser una de sus debilidades. Un número considerable de ellos muestra una sensibilidad maltusiana, que asume que los recursos naturales, como por ejemplo, los recursos energéticos, son fijos, constantes y limitados, concluyendo con ello que el crecimiento económico es intrínsecamente negativo, pues consume unos recursos limitados que se irán agotando con el tiempo, creando una crisis global (ver mi artículo "El movimiento ecologista y la defensa del decrecimiento", Público, 29.08.13). Estos movimientos han sido muy influenciados por Paul Ehrlich, el fundador del ecologismo conservador.


En Europa, sin embargo, parece desconocerse el movimiento ecologista de claras raíces socialistas (que lideró Barry Commoner, al que considero uno de los personajes más lúcidos que ha tenido el movimiento ecologista a nivel mundial). Barry Commoner alertó de las consecuencias reaccionarias que el maltusianismo puede tener. Y una de ellas es el movimiento a favor del decrecimiento, aun cuando, incluso ahí, depende de lo que se utilice para definir decrecimiento. El decrecimiento no es un concepto que pueda definirse sin conocer qué es lo que está creciendo o decreciendo. No es lo mismo, por ejemplo, crecer a base del consumo de energía no renovable, que crecer a base del consumo de energía renovable. Y no es lo mismo crecer produciendo armas que crecer produciendo los fármacos que curan el cáncer. El hecho de que haya una u otra forma de crecimiento es una variable política, es decir, depende de las relaciones de poder existentes en un país y de qué clases y grupos sociales controlan la producción y distribución de, por ejemplo, la energía. Barry Commoner solía mostrar cómo en Estados de EEUU en los que había habido gran consumo de energía contaminante no renovable, este consumo había variado a consumo de energía renovable, creando con ello incluso más crecimiento económico. El punto de debate no es, pues, crecimiento o no crecimiento, sino qué tipo de crecimiento, lo que es consecuencia de quién controla tal crecimiento. Este es el punto clave. Como señaló Commoner, las fuentes de energía han ido variando históricamente y ello no ha sido resultado de cambios tecnológicos (como por regla general se explica), sino de cambios políticos. Utilizar una forma u otra de energía es un proceso determinado políticamente.

El desconocimiento de la historia del socialismo


Esta es la realidad ignorada por los maltusianos, que desconocen también el enorme debate que ha tenido lugar sobre este tema en la historia del socialismo. En los primeros albores de las revoluciones socialistas, se creyó que el socialismo era la lucha por la distribución de la riqueza creada por los medios de producción, a los cuales se los suponía intrínsecamente positivos, meros instrumentos del progreso. Fue más tarde que se cuestionó este supuesto (que alcanzó su máximo exponente en la Unión Soviética), pues estos medios de producción reflejaban también los valores de los que los habían diseñado. Una fábrica de automóviles, por ejemplo, refleja unos valores que determinan cómo, cuándo y dónde se realiza la producción de bienes y servicios en esa empresa. Y estos valores eran los dominantes en la sociedad capitalista que había creado dichos medios. La protesta frente a esta interpretación del socialismo quedó expresada en el famoso eslogan de que "el socialismo no es capitalismo mejor distribuido". Mi libro (conocido en el mundo anglosajón) crítico del productivismo en la Unión Soviética, Social Security in the USSR, Lexington Books, 1977, criticó este productivismo, prediciendo, por cierto, el colapso del sistema soviético. El libro fue prohibido en la Unión Soviética, considerándoseme como persona non grata.


Uno de los puntos que subrayé en aquel libro era que el socialismo tenía que cambiar no solo la distribución de los recursos, sino la forma y tipo de producción. Y para que ello ocurriera era fundamental cambiar las relaciones de poder en el mundo de la producción (con la democratización de la producción, que es distinto a su estatalización) y cambiar el motor del sistema, de manera que el afán de lucro se sustituyera por el afán de servicio a las necesidades humanas, definidos democráticamente. Este fue uno de los debates más vivos que ha habido dentro de la sensibilidad transformadora socialista. Los debates sobre el significado de la revolución cultural china, por ejemplo, con la victoria en aquel país de los sectores capitalistas dentro del Estado chino, condujeron a la China actual, en donde el afán de lucro y el tipo de producción que condiciona han dominado aquel proceso, creando unas enormes desigualdades a la vez que crisis ecológicas.

Es obvio que un gran número de proponentes de las teorías del decrecimiento desconocen esta historia. Así, cuando Florent Marcellesi ("La crisis económica es también una crisis ecológica", Público, 09.10.13) señala que el socialismo y el capitalismo son igual de insensibles a la necesidad de cambiar el tipo de producción y consumo, está ignorando estas discusiones dentro del socialismo. Es más, me pone a mí una etiqueta errónea, estereotipando lo que según él un socialista es y/o piensa. Me critica por pertenecer a la visión productivista del socialismo, visión que precisamente he criticado mucho antes y más intensamente que él. Marcellesi escribe "Vicenç Navarro afirma por ejemplo que 'si los salarios fueran más altos, si la carga impositiva fuera más progresiva, si los recursos públicos fueran más extensos y si el capital estuviera en manos más públicas (de tipo cooperativo) en lugar de privadas con afán de lucro, tales crisis social y ecológica (y económica y financiera) no existirían'". Esta frase está extraída de un artículo mío que señalaba cómo salir de la crisis. Florent Marcellesi indica que ello no es suficiente para prevenir el supuesto agotamiento energético, y por lo tanto las crisis económicas y ecológicas, pues añade que "incluso si redistribuyéramos de forma equitativa las rentas entre capital y trabajo, y todos los medios de producción estuviesen en manos de los trabajadores, la humanidad seguiría necesitando los 1,5 planetas que consume hoy en día".


Para llegar a esta conclusión (de que el cambio del proyecto capitalista a uno socialista no resuelve el problema, pues los dos, el capitalismo y el socialismo, creen en el crecimiento económico que agotará los recursos), Marcellesi asume erróneamente que yo estoy reduciendo el proyecto transformador (mi propuesta de cómo salir de la crisis) a una mera redistribución de los recursos, sin cambiar ni el tipo ni la forma de los medios de producción, ignorando no solo mis escritos, sino también la extensa bibliografía científica sobre la transformación del capitalismo al socialismo, cosa que ocurre con gran frecuencia entre ecologistas conservadores que, como he dicho antes, desconocen los intensos debates sobre los temas tratados derivados de otras sensibilidades políticas y de otros tiempos. Es obvio que Florent Marcellesi desconoce la historia del socialismo, y me pone en la casilla errónea (en la casilla productivista, a fin de poder llegar a sus conclusiones). Como he indicado, he sido una de las voces más insistentes en cambiar el tipo de producción en el proyecto de transformación socialista, y no se da cuenta de que la frase a la cual él hace referencia, sintetizando mi postura, tiene los dos elementos –democracia y cambio del motor del sistema- que rompen con el determinismo productivista que erróneamente me atribuye. No es mi objetivo polemizar con tal autor y ahora figura política, sino responder a críticas al socialismo basadas en un desconocimiento de su historia.


El determinismo energético no puede sustituir al determinismo político


Otro punto que considero importante esclarecer es que los cambios de producción pueden ya ocurrir dentro del capitalismo. El socialismo no es un sistema económico-político que toma lugar el año A, día D, con la toma del Palacio de Invierno, sino que se hace y deshace diariamente ya en el capitalismo. Y es ahí donde todo el movimiento a favor del decrecimiento parece ignorar un hecho bastante elemental, y es, como he indicado anteriormente, que el problema no es el crecimiento, sino el tipo de crecimiento. De nuevo, Barry Commoner mostró cómo la utilización de nuevas tecnologías (cuya producción también determina el crecimiento económico) ha permitido poder utilizar ríos en EEUU que eran antes totalmente inhabitables. Y, una vez más, Barry Commoner muestra también como han aparecido muchas formas de energía, que son renovables, que sustituyen a las más tradicionales no renovables, y que también determinan el crecimiento. El problema no es que no haya formas de energía alternativa, sino que estas están controladas por los mismos propietarios que las no renovables. En un momento de enormes crisis, con crecimiento casi cero, que está creando un gran drama humano, las voces a favor del decrecimiento parecen anunciar que ello es bueno, pues así salvamos el planeta. No se dan cuenta de que están haciendo el juego al mundo del capital responsable de las crisis económica y ecológica.
Por último, varias aclaraciones a bastantes afirmaciones sorprendentes que se están haciendo por portavoces maltusianos sin ninguna evidencia que las avale. No es cierto que el encarecimiento del petróleo y de las materias primas se deba a su escasez. Y tampoco es cierto que la crisis hipotecaria se debiera al crecimiento del precio del petróleo. La crisis financiera ha sido muy estudiada y no puede atribuírsela al crecimiento del precio del petróleo y a la inflación que creó. Y tampoco es cierto que la crisis profunda de los países del sur de Europa se deba a la falta de energía. Este determinismo energético (que la energía es la que condiciona todo lo demás) ignora que son las relaciones de poder, derivadas de la propiedad de la producción y distribución de bienes y servicios, las que configuran la crisis actual (ver mi artículo "El conflicto capital-trabajo en las crisis actuales", El Viejo Topo, octubre 2013). El hecho de que dichos países estén en crisis se debe al enorme poder que el capital tiene en ellos a costa del mundo del trabajo, poder que se manifiesta en el tipo de producción (incluida la de la energía que se utiliza y consume). La solución pasa por un cambio en estas relaciones de poder, con la democratización del Estado, que originaría no solo una nueva redistribución, sino una nueva producción. Y es en esta estrategia, donde el socialismo y el movimiento ecologista progresista pueden aliarse e incluso converger. Es una lástima que los escritos de Paul Ehrlich, que reflejan la visión conservadora maltusiana del ecologismo (y que paradójicamente recibió un premio de la Generalitat de Catalunya durante la época del tripartito), sean conocidos, mientras que los de Barry Commoner, el fundador del movimiento ecologista progresista en EEUU, apenas sean conocidos en nuestro país. Es un indicador más del conservadurismo que existe en la vida intelectual y política del país.

 

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Miércoles, 05 Febrero 2014 06:43

La vida bajo cero se torna blanca en NY

La vida bajo cero se torna blanca en NY

El clima se vuelve protagonista, tema principal de todos los noticieros y centro de la conversación cotidiana en los más de 200 idiomas que se hablan en esta ciudad, por ahora disfrazada toda de blanco. El frío extremo y la nieve no sólo son un fenómeno climático o de salud, sino también un asunto político.


Una de las escenas más hermosas es una nevada que poco a poco va cubriendo esta metrópoli, decorando sus árboles con cristales, escondiendo la basura bajo una cobija blanca, ofreciendo a niños un nuevo panorama para gozar con trineos, o para escenificar batallas con bolas de nieve, todo en medio de un sorprendente silencio en el incesante ruido de Nueva York.


Pero a veces el viento no perdona y los copos de nieve se convierten en municiones de un ataque contra todo lo que no se puede defender y, en alianza con el frío, pueden provocar derrotas masivas, al congelar la vida cotidiana y convertir actos normales, como caminar, en algo sumamente peligroso.


El lunes nevó con una acumulación de 20 centímetros en Central Park, y esta noche se pronostican hasta 20 más; además, advierten, puede llegar más el fin de semana. Esto, en combinación con ya demasiados días con temperaturas de cero para abajo, interrumpe cualquier rutina.
Nueva York está acostumbrada al frío y la nieve, y casi siempre la ciudad que nunca duerme rehúsa detenerse por el clima, mientras los suburbios y otras ciudades suspenden días escolares y jornadas laborales.


Pero a veces es difícil aguantar cuando son demasiados días seguidos de frío y nieve. Esto es peor que años pasados, ¿verdad?, es la pregunta casi retórica repetida en cada café y cantina, en cada conversación con desconocidos en un elevador. Está brutal, opina uno. Me encanta, revira otra. Estás loca, responde otro y lamenta: ¿Por qué vivimos aquí

?
Hay escenas tragicómicas. Peatones resbalan de pronto y al caer intentan poner cara seria como si nada hubiera ocurrido, aunque, por supuesto, hay un incremento de visitas a las salas de emergencia por fracturas de tobillos, brazos, codos y más. Uno nunca sabe dónde puede pisar firme y dónde no, donde la nieve o la calle ocultan un charco de hielo, y se necesita talento (y buenas botas) para navegar.


Muy poco después de una nevada se empiezan a escuchar ruidos de metal contra pavimento. Una vez que se acumulan más de cinco centímetros, el gobierno municipal empieza a desplegar hasta poco más de mil 300 camiones de basura (según cuánto crezca) y otros equipados con un quitanieve al frente, y cadenas sobre sus llantas traseras para la tracción, para empezar a limpiar calles y avenidas.A veces sacan aparatos enormes que pueden derretir hasta 60 toneladas de nieve por hora. También salen camiones para rociar sal de los 34 depósitos que tiene la ciudad para derretir nieve y hielo.


El otro ruido es de palas para abrir paso en las banquetas enfrente de casas, edificios y tiendas, y para desenterrar autos atrapados entre montecitos de nieve. El nuevo alcalde, Robert de Blasio, ha sido fotografiado con su pala, abriendo paso frente a su casa en Brooklyn durante las primeras dos nevadas con que comenzó su gestión (algo para distinguirlo de su multimillonario antecesor).


El metro se vuelve refugio extraoficial para los sin techo, cuyo número ha llegado a niveles récord en esta ciudad, que duermen con todas sus pertenencias en vagones o estaciones, hasta que las autoridades les piden buscar refugio en los albergues.


Mientras tanto, los perros son paseados con equipo invernal, a veces con abrigos o suéteres y zapatos para evitar que la sal que se arroja en las calles les lastime las patas.


De pronto brota el vapor debajo de las calles cubiertas de nieve. Son rupturas en un antiguo sistema de vapor (se instaló a fines del siglo XIX) generado por siete plantas y distribuido por un sistema de tubos de más de 160 kilómetros de extensión que se usa para calefacción y agua caliente en Manhattan, en lugares como la sede de la Organización de Naciones Unidas, el Empire State Building, el Museo Metropolitan, complejos de edificios de vivienda y algunos hospitales.


La presencia del vapor explica en parte el misterio de por qué desaparece la nieve más rápido de las calles de Manhattan que en otras partes de la ciudad, como Brooklyn o Queens: las calles de la isla son mucho más calientes porque existe toda una infraestructura subterránea no sólo de vapor, sino un laberinto de túneles del metro y tubos de electricidad, teléfono y gas.


A la vez, el invierno aquí es a veces incómodo no solo por el frío, sino por el calor. Los espacios interiores, sean en el metro, en oficinas, restaurantes o tiendas, tienden a ser muy calurosos y, por lo tanto, uno pasa constantemente de un congelador a un horno, donde el gran ejercicio diario es ponerse varias capas de ropa para aguantar el frío y luego quitárselas al ingresar en cualquier lugar.


La nieve, al inicio, es alfombra de pureza sobre una ciudad no muy inocente. Pero si se queda demasiado tiempo, empieza el deterioro, no solo al derretirse con sus charcos de agua helada en cada esquina, esperando a ver quién cae en la trampa, sino porque los colores se transforman al combinarse con la basura, la tierra, los orines de los perros, y el blanco se vuelve gris y amarillo, hasta que reaparece todo lo no muy bonito que quedó debajo. Algunos desean en secreto una nevada más, para volver a fingir que todo es puro y bello, aunque sea sólo por un rato más.


La nieve también es asunto político. Los alcaldes y gobernadores se ven afectados si sus respuestas a las tormentas son insatisfactorias: casi siempre convocan ruedas de prensa para informar sobre preparativos y prometer agilidad y eficiencia para enfrentar las tormentas. Pero este año más de 100 millones de estadunidenses han sido afectados por las tormentas invernales y sus consecuencias, y la gran pregunta es: ¿cuánta nieve más se requiere para que la cúpula política nacional se dé cuenta de que algo llamado cambio climático es una prioridad urgente?

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Néstor García - Secretario de Ambiente

desdeabajo. (da). El Plan de Desarrollo de la administración Petro definió como uno de sus ejes ordenar el territorio alrededor del agua y combatir el cambio climático, ¿la Secretaría de Ambiente, como ente rector de la política ambiental distrital, qué estrategia ha trazado para hacer realidad este programa?
Néstor García (NG). La Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) tiene diez políticas públicas que pueden enmarcarse dentro de este eje de enfrentar el cambio climático y ordenar el territorio alrededor del agua. Para enfrentar el cambio climático tenemos la política pública de seguimiento a la calidad del aire, con la que proponemos mitigar la emisión de gases de efecto invernadero. Aquí encontramos que son las fuentes móviles las que más emiten este tipo de gases en la ciudad, sobre todo el transporte público masivo, de ahí que nos propongamos depender cada vez menos de los combustibles fósiles y aplicar una política pública de ascenso tecnológico: que el transporte público masivo dependiente de la alcaldía se surta de combustible como gas natural híbrido, incluso combustible eléctrico, que para nuestro caso, ya que la energía en la ciudad proviene de hidroeléctricas, casi que es una manera de decir que en Bogotá el transporte público masivo se mueve con un combustible que es el agua.

 

da. A dos años de esta administración, ¿cuál es el diagnóstico que en materia de ambiente caracteriza a la capital?
NG. Hace unos siete años teníamos unos indicadores de contaminación del aire de 70 partículas UG por metro cúbico, gracias a otra política pública que viene de la administración pasada, que hizo un convenio con Ecopetrol para que el diesel que se le suministre a Bogotá sea de mejor calidad, en estos momentos los indicadores del material particulado en la atmósfera es de 48, o sea 2 puntos por debajo del estándar internacional, y con el ascenso tecnológico, a unos 7 u 8 años, la meta es bajar a 10.

 

El otro problema ambiental es el de los cuerpos de agua, han desaparecido quebradas y humedales; en el siglo XIX teníamos 50 mil hectáreas de humedales, hoy sólo setecientas; han desaparecido aproximadamente 85 ó 90 quebradas.

 

La ciudad también es vertidora de muchos contaminantes, sobre todo hogares e industrias, lo cual es un problema crucial para la ciudad. Esto nos obliga a recuperar las fuentes de agua, las quebradas, los humedales, los vallados y también el paisaje urbano, que está muy denso, hay mucho cemento y poco verde. El indicador de arbolado en la ciudad es es de 1 árbol por cada 7 habitantes, por eso hay que recuperar el verde, la calidad del aire, hay que reforestar sobretodo con especies nativas. Desde esta Secretaría es política erradicar el retamo espinoso y reforestar con especies nativas y sacar del paisaje especies extrañas como el pino y el eucalipto.

 

da. ¿Y en cuanto a minería?
NG. La minería cero es una meta del Plan Distrital de Desarrollo y el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). En la parte rural no podemos hacer nada, ya que por ley la competencia es de la CAR, pero sí en el sector urbano; a las canteras de explotación de arenas, arcillas, gravas hasta minerales, les proponemos acogerse a un plan de restauración geomorfológica de esos suelos. Mucha gente cree que la explotación sigue pero no es así, allí estén adecuando terrenos para devolverlos reconstruidos a la ciudad, para que se conviertan en más paisaje o en más espacio público.

 

da. En cuanto a contaminación y polución, ¿cuáles son los indicadores que agravan en la ciudad?
NG. Indiscutiblemente la movilidad, el transporte, el automóvil. Tenemos una ciudad donde el gran problema es la movilidad, su bloqueo, hay demasiados vehículos por habitante y este es el factor que más contribuye a contaminar su calidad del aire. El transporte público masivo es responsable de un 70% u 80% de la polución que tiene la ciudad, y ahí como administración pública tenemos injerencia, pero no podemos limitar la compra particular de un auto, por eso se piensa, hacia el futuro, en los peajes dentro de la urbe.


Por ahora, el transporte público masivo sí es un escenario donde la administración pública pueda incidir y en ello estamos, que cada día dependamos menos del acpm y del diesel. Pero también hemos dicho que para una ciudad tan congestionada como Bogotá lo más ecológico, lo más revolucionario, la tecnología de punta no es ni siquiera que sean vehículos eléctricos, lo mejor es el uso de la bicicleta. Y hacia allí apunta el ideario futuro de Bogotá: que la mayor parte de la población use la bicicleta.

 

da. ¿Cuál es la situación en materia de ruido en la ciudad?
NG. Muy delicada. Tenemos estaciones móviles para monitorear las 24 horas el grado de decibeles con que afectan la ciudad las fuentes fijas (discotecas, amanecederos, etc). Hay un problema: como autoridad ambiental solo llegamos a metro y medio del establecimiento porque como son propiedad privada no podemos entrar, entonces se deben instalar afuera los equipos y monitorear; el indicador internacional es de 50 decibles, tenemos zonas con menos de esto y otras que en ciertas horas pico superan este rango, cuando determinamos que alguien supera el rango abrimos el expediente ambiental y una vez encontramos que hay infracción damos curso y trámite a la alcaldía local, que con la policía determinan si visitan, entran, allanan, cierran, lo que sea ya que es su función. Es muy preocupante el problema del ruido que en mucho tiene que ver con cultura ciudadana.
da. ¿Qué aspecto negativo nos dejaron un siglo largo de administración de la ciudad?
NG. Permitir que el territorio se ordenara bajo la lógica del mercado, del capital, de los constructores. Tenemos una ciudad muy densa, necesitamos suelos más permeables, edificaciones más ambientales, con techos verdes, jardines verticales, etc..

 

da. ¿Cómo miran la aplicación y el resultado del mínimo vital?
NG. Es donde más avances hemos logrado en cultura ciudadana. Por tener el mínimo vital en el hogar racionalizan mucho el consumo y casi quisieran pasar el mes sin pasar del mínimo vital, de manera que tienen muy buenas prácticas de economía del agua, porque saben que si se pasa del mínimo, entonces empiezan a facturarse.

 

da. Hay una meta a cumplir: recuperar 57 kilómetros de quebradas, ¿cómo se negocia al interior de la administración el logro de esa meta?, ¿qué avances tienen?
NG. Por normas heredadas, a la empresa de acueducto le corresponde recuperar 25 kilómetros de quebradas, que son muy costosos por estar dentro de los problemas de la ciudad, de las urbanizaciones ilegales, de la expansión urbana irregular, tienen que entrar a recuperar rondas, comprar predios, reasentar todas estas familias; en cambio los otros 32 kilómetros que se le asignan a la SDA son más como de mantenimiento, de conservación ambiental. Esto quedó dilucidado con la iniciativa, de las más revolucionarias de la alcaldía de Petro: la transformación del Fopae, que era un Instituto de atención de emergencias en el nuevo Instituto de gestión integral de riesgo y cambio climático.

 

da. En administraciones anteriores plantearon la recuperación del río Tunjuelito a través de un proyecto de canalización, ¿se mantiene esta propuesta? Y qué pasa con Holcim y Cemex que son mineras, ¿están dentro del área rural o urbana?
NG. Lo que pasa es que por ley, aunque la SDA es autoridad ambiental en Bogotá, pero en lo urbano, y la CAR regula lo rural; la nación, a través de la agencia de ambiente otorga las licencias a la gran minería. Holcim, Cemex y la Fundación San Antonio son grandes mineras, pero aún así, en nuestra función como autoridad ambiental las tenemos suspendidas porque encontramos impactos ambientales. Y esto sí nos corresponde: Controlamos y decimos cuando contaminan la carga, sobre todo los acuíferos de las aguas subterráneas, y esto forma parte de esta política pública de recuperar la cuenca del Tunjuelo, pero también la del Fucha, el Salitre y Guaymaral-Torca.

 

da. Al respecto de las 400 hectáreas sustraídas por el ministerio del Medio Ambiente a la reserva forestal de los Cerros Orientales, ¿qué medida han planteado ustedes?
NG. Nosotros demandamos ese decreto porque nos imponen desde el ministerio de Minas y del Medio Ambiente unas medidas que contradicen nuestro Plan de Desarrollo y el POT, y el propósito Minería Cero, precisamente porque necesitamos garantizar la descontaminación del río Bogotá, y son las explotaciones mineras ilegales y legales en general las que más afectan la calidad del agua de nuestras quebradas, lo que redunda en la mala calidad del agua del río Bogotá.
Demandamos esas medidas porque en Colombia, según la Constitución y las leyes prevalece la legislación ambiental sobre la legislación civil. Todos los permisos mineros, los registros, las licencias forman parte de la legislación civil y por otro lado está la legislación ambiental; estamos haciendo que prevalezca la legislación ambiental sobre la legislación civil.

 

da. El Foro nacional ambiental definió estrategias de gestión de una estructura ecológica principal, ¿qué esperan de esto ustedes?
NG. Requerimos mucho de la ciencia, del conocimiento científico, de la participación de la academia, pero también del conocimiento ancestral, de la sabiduría popular; si los páramos todavía existen es porque muchos años atrás las comunidades ancestrales preservaban y cuidaban esos páramos, esas fuentes de agua, estas quebradas, cuidaban los humedales.

 

Retomando ambos saberes, partiendo de la gente, pues "el desarrollo es con la gente, o no lo es", como dijo Amartya Sen, tenemos que garantizar que la estructura ecológica principal de Bogotá tenga que ver con la conectividad ecológica entre los páramos y los cerros orientales como un ecosistema con el río Bogotá, y ahí es donde encontramos todo el quehacer: entre los páramos y el río Bogotá está arbolado, minería, quebradas, humedales, vallados, está la ciudad, la gente; entonces la estructura ecológica principal es un asunto demasiado importante para la SDA, de pronto con una diferencia más conceptual o de concepción, porque para nosotros la gente forma parte de la estructura ecológica principal, el ser humano es naturaleza, no somos robots, entonces nada sacamos tampoco con unos páramos muy lindos si tenemos que excluir a los campesinos de ahí.

 

da. ¿Cómo han avanzado con la participación ciudadana? ¿Ha existido suficiente concertación con la comunidad en esta problemática?
NG. Acá es un lugar común que cualquier proyecto, una urbanización industrial o empresarial se queje porque ambiente se atraviesa. En el mundo siempre que hay una autoridad ambiental es normal que siempre esté en permanente colisión con la oficina de planeación, con la de salud, con la de desarrollo económico; el día que ambiente no esté confrontándose con estas otras entidades, es porque no está cumpliendo su función. Recalco mucho en esto, y sé que los determinantes ambientales de los proyectos se deciden a través de la participación de la comunidad. Cuando hablo del conocimiento ancestral es porque la participación es fundamental.

 

da. Puede decir que tiene alguna satisfacción particular de un proyecto de participación en que haya sido notorio ese papel que pudieron tenerse como parámetro?
NG. Bueno, el fallo reciente con los Cerros Orientales que implicaba sacar a las 120 mil familias que habitan allí porque los ocupan de manera ilegal, desordenada, alrededor de todas estas familias también se colaron las organizaciones de estratos '10', '12', '15'; pero gracias a la mesa de Cerros Orientales, con la participación de la comunidad, se logró este fallo. Y con las áreas que no están construidos, zona verde, organizar un gran parque, en convivencia con los cerros
Donde tengo frustración es en la zona del CAN; allí hay una participación muy fuerte de la comunidad pero se va a imponer la voluntad del gobierno nacional a través de la empresa de renovación urbana; es posible que vaya a quedar muy bonito lo que construyan, pero ese sector forma parte de esa estructura ecológica principal, es de lo poco que nos puede garantizar conectividad de los cerros y el río Bogotá, y parece que la lógica del mercado va a terminar imponiéndose a pesar de la resistencia fuerte de la comunidad que está muy organizada. En Bogotá es muy fuerte la red de organizaciones sociales ambientales.

 

da. ¿En la creación del Instituto de gestión de riesgo y cambio climático, el trámite fue exclusivamente administrativo o hubo participación del conglomerado de organizaciones?
NG. Hay dos instrumentos de planeación producto de la participación: el Plan Distrital de Desarrollo –con los 20 planes locales de desarrollo– y el POT. Con base en ese mandato lo más consecuente era tener un Instituto ambiental, que no existía, que el Fopae dejara de estar para la atención de emergencias porque más que apagar incendios hay que evitarlos. Por eso es muy importante el Instituto, por ser producto del proceso de participación, correspondía a la administración la parte técnica, cómo se instrumentaliza ese mandato de un territorio que se ordena alrededor del agua y el POT –como lo orienta el Plan Distrital de Desarrollo–, que son los espacios públicos más otros espacios como los paisaje, las reservas de todo tipo, de nutrición, de conservación de los cuerpos de agua y del verde y de la naturaleza en Bogotá.

 

da. En relación con la realidad política del país y con la gestión ambiental, ¿qué efecto y qué papel frente a la situación del alcalde Petro?
NG. El fallo de la Procuraduría es absurdo porque a Bogotá se le reconoce en todo el mundo precisamente por la gestión ambiental. Hay premios internacionales y el Alcalde va a los grandes foros del mundo porque solo en Bogotá se aborda de lleno el cambio climático, que aún en otras partes es debate académico, aquí es político y concreto. La prensa oficial involucró a la SDA como una de las que "hundieron" al Alcalde. Recuérdese que según la Procuraduría en Bogotá se había presentado un daño ambiental en los 3 días del problema de las basuras, y resulta que lo que había dicho esta Secretaría, es que monitoreó 25 puntos críticos y concluyó que no hubo ningún daño ambiental, para nada, pero el expediente de la Procuraduría interpreta lo que dijo el doctor Pulido como ahí hay una amenaza potencial, parece que el Procurador entendió eso como una potente amenaza. Un fallo sin mucho sustento, por lo cual ya la misma Fiscalía ha dicho: si encuentra argumentos subjetivos se puede suspender, no puede fallar, pero sí puede suspender, así lo estipula una sentencia de la Corte Constitucional de 2008.
El gran valor de esta administración, además de luchar contra la corrupción y contra la segregación, es precisamente luchar contra la depredación que es el segundo eje del Plan Distrital de Desarrollo, que enfrenta el cambio climático y se ordena alrededor del agua.

 


 

Recuadro

 

da. En el POT se mantiene el esquema de ciudad región, lo que alimenta problemas, como el del agua con sus vecinos, ¿cómo es este problema?
NG. La Constitución del 91 consagró hace 23 años que Colombia es una república descentralizada. Descentralizar es generar unos territorios como los municipios, los departamentos, los distritos especiales, la capital, los territorios indígenas y hay otras figuras como las regiones administrativas de planificación. Entonces, en la reciente ley de ordenamiento territorial, que fue la última de la Constitución Política –se demoraron 21 años para sacarla– se habla de la Región Administrativa y de Planeación Especial (Rape), para el caso de Bogotá hay que fortalecerla, porque dice la Constitución en sus art. 306 y 307 'cuando dos o más departamentos' en este caso dos o más departamentos y el Distrito Capital se constituyan en región administrativa de planificación, es la antesala de una nueva región, y lo discutíamos en el Foro nacional ambiental, precisamente eso, ese es el llamado que hacía esta autoridad ambiental allí: señores, piensen que vamos a ser una región ecosistémica que incluye Cundinamarca y Meta con Bogotá. ¿Cuál es el territorio que nos imponen al tener estos cuatro páramos, estos cerros orientales y este río Bogotá, que región ecosistémica sale de ahí?, eso evitaría ese problema que tenemos con Cundinamarca, que genera el agua de Bogotá, y no hay una compensación en nada. Miremos ecosistémicamente de dónde viene el agua que consume Bogotá, les garantizo que viene de la cuenca del Magdalena y de la cuenca de la Orinoquia, pero como los constructores también volvieron eso un negocio al sacar las aguas de los acuíferos subterráneos de manera indiscriminada, por eso la medida del Alcalde de no dejar que se venda el agua en bloque.

 

 

Publicado enEdición Nº198
Filtraciones climáticas: adelanto del V Informe del IPCC

ALAI AMLATINA, 21/01/2014.- Un borrador del nuevo reporte del IPCC se filtró a la prensa. Además de reiterar amenazas conocidas, el documento rescata un tema que merece analizarse: la transferencia de emisiones del norte hacia el sur.

 

El quinto Informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático -al igual que sus cuatro antecesores publicados en 1991, 1996, 2001 y 2007- consta de tres volúmenes. El primero de ellos ya fue presentado en setiembre del año pasado y contenía una actualización de los últimos conocimientos sobre la ciencia del cambio climático. El segundo se lanzará en marzo (comprendiendo aspectos de vulnerabilidad y adaptación) y el tercero, referido a la mitigación, se conocerá recién en abril.

 

Sin embargo, un borrador parcial de este tercer volumen, fechado el 17 de diciembre, fue filtrado en los últimos días a varios medios de comunicación y mereció la atención de, entre otros, Reuters (15/01/14), The New York Times (17/01/14) y The Guardian (19/01/14). Se trata de un borrador de 29 páginas del capítulo dirigido a los responsables políticos; un resumen de fácil digestión que el Panel suele hacer para evitarles a los tomadores de decisión la dura tarea de leer los informes técnicos completos.

L

os detalles del borrador que la prensa divulgó no presentan grandes novedades y mayormente son actualizaciones de tendencias ya anunciadas o datos que ya habían sido anticipados por otras agencias internacionales de la propia ONU o la Agencia Internacional de la Energía. Algunos de los puntos señalan:

 

- Las emisiones de gases de efecto invernadero crecieron dos veces más rápido en la primera década de este siglo que en las tres décadas anteriores. Gran parte de ese aumento se debió a la quema de carbón, y particularmente por el carbón utilizado para la generación de electricidad en China.

 

- La mayoría de los escenarios a futuro muestran que las emisiones mundiales tendrían que reducirse de 40 a 70 por ciento entre 2010 y 2050 para mantener el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de los 2° C tal como se acordó en Naciones Unidas.

 

- Para limitar el calentamiento, el informe estima que el mundo tendría que invertir USD 147 mil millones al año en energías bajas en carbono, como la eólica, solar o nuclear hasta el 2030. Al mismo tiempo, las inversiones en energía de combustibles fósiles tendrían que ser reducidas en USD 30 mil millones anualmente.

 

- Los gobiernos del mundo todavía están gastando mucho más dinero en subsidiar los combustibles fósiles que en acelerar el cambio hacia una energía más limpia.

 

- Es necesario impulsar las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono -principalmente en las usinas eléctricas- y el secuestro de carbono de las plantaciones forestales como mecanismo para alcanzar un balance neto de "emisiones negativas" en el 2100.

 

El Norte emite hacia el Sur

 

Sin embargo, uno de los principales aspectos que recogen los artículos de prensa referidos, es el reconocimiento por parte del Panel de un asunto que ya había sido destacado por analistas y activistas climáticos y que merece un análisis un poco más profundo: la "externalización" de las emisiones.

 

"Una parte cada vez mayor de las emisiones de CO2 procedentes de la combustión de combustibles fósiles en los países en desarrollo se libera en la producción de bienes y servicios exportados, sobre todo de países de renta medio-alta y alta" entrecomilla The Guardian, dando a entender que es extracto textual del borrador filtrado.

 

Según el periódico inglés, el documento afirma que el mayor crecimiento en las emisiones de gases de efecto invernadero se da en los países emergentes, particularmente China, pero que buena parte de ellas está originada en la producción de bienes que son consumidos en Europa y Estados Unidos.

 

Muchos en el sur reclaman que una política global de reducción de emisiones debería no solo considerar el origen de la producción sino también su destino, responsabilizando a los países consumidores del norte por el aumento de las emisiones en los países productores del sur. Desde esta perspectiva, la transferencia de industrias y emprendimientos contaminantes del norte hacia el sur, sería una estrategia de los países desarrollados para escabullir sus responsabilidades climáticas. Y esto es parcialmente cierto, pero no es toda la verdad.

 

El problema es que los países del sur aceptan gustosos esta transferencia (cuando no la alientan fervientemente) y aceptan complacientemente aumentar su cuota de emisiones. No solo esto: también se oponen a la existencia de cualquier política doméstica en los países desarrollados que limite sus posibilidades de exportación. Es decir, no aceptan la inclusión de estándares de carbono en los productos consumidos en los países del norte aduciendo que se trata de medidas proteccionistas para-arancelarias.

 

Esto se ha visto en las negociaciones internacionales de cambio climático principalmente en los temas de hidrocarburos y agricultura pero es extensible a todos los rubros de exportación de los países en vías de desarrollo. De esta manera son los propios países en desarrollo los que impulsan la "externalización" de las emisiones de los países industrializados. Nadie es inocente en este juego.

 

Esto se ha convertido en un nudo imposible de desatar en la Convención de Cambio Climático. Los países desarrollados llevan sus industrias al sur porque allí no hay restricciones a las emisiones y los países del sur encuentran en esta relocalización productiva una fuente importante de inversión extranjera y de crecimiento del PBI. Esta transferencia provoca el aumento de las emisiones de las economías en desarrollo que, con el argumento del combate a la pobreza, rechazan cualquier imposición de límites a sus emisiones. Pero también rechazan cualquier medida que los países desarrollados adopten para reducir el consumo de los habitantes del norte, con el argumento de las trabas a las exportaciones desde los países en desarrollo.

 

Adicionalmente, estas exportaciones están promoviendo el crecimiento de nuevas clases altas y medio altas en los países emergentes que están aumentando su consumo y consecuentemente las emisiones de esos países.

 

Las empresas felices: han encontrado la manera perfecta de evitar los límites a sus emisiones, pagar una mano de obra más barata, recibir exoneraciones variadas, flexibilizar los estándares ambientales y mantener los mercados de mayor poder adquisitivo en el norte. Todo con la buena colaboración de los gobiernos del norte y del sur que continúan culpándose unos a otros de la falta de compromisos en el combate al cambio climático.

 

Por suerte para el clima, el "Desarrollo" es muy eficiente para mantener a la mayoría en la pobreza haciéndole creer que prospera o prometiéndole que prosperará, porque si verdaderamente todos se desarrollaran el planeta ya habría estallado.

 

Por Gerardo Honty, investigador de CLAES (Centro Latinoamericano de Ecología Social)

URL de este artículo: http://alainet.org/active/70615

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Enseñanzas de la derrota de Monsanto en Córdoba

Las multinacionales sólo pueden ser derrotadas si existe un potente movimiento de la sociedad, apoyado por una porción significativa de la población. Un tribunal provincial de Córdoba dictaminó que Monsanto debe detener la construcción de la planta de tratamiento de semillas de maíz transgénico ubicada en Malvinas Argentinas, dando a lugar a un recurso de amparo presentado por los vecinos de la zona que acampan desde hace tres meses en las puertas de la obra.


La movilización fue impulsada por pequeños grupos, Madres de Ituzaingó, la Asamblea Malvinas Lucha por la Vida y vecinos autoconvocados, entre otros, y tuvo la virtud de sostenerse en el tiempo pese a las amenazas del gobierno provincial y del sindicato de la construcción. La población de Malvinas Argentinas simpatiza y apoya la resistencia, lo que llevó a la justicia a tomar la resolución de paralizar las obras el pasado 9 de enero.

Siempre son grupos pequeños los que toman la iniciativa, sin tener en cuenta la "correlación de fuerzas" sino la justicia de sus acciones. Luego, a veces mucho más tarde, el Estado termina por reconocer que los críticos llevan la razón. Más tarde, los que fueron criminalizados suelen ser considerados héroes incluso por quienes los reprimieron. El punto crucial, a mi modo de ver, es el cambio cultural, la difusión de nuevos modos de ver el mundo, como lo enseña la historia de las luchas sociales.


Mucho antes de que cayeran las leyes segregacionistas en los Estados Unidos, la discriminación fue derrotada en los hechos. El 1 de diciembre de 1955 una mujer común, Rosa Parks, se negó a sentarse en el autobús en los asientos para negros y lo hizo en los reservados para blancos. Fue arrestada por violar la ley en Montgomery, estado de Alabama. Decenas de personas siguieron su ejemplo, y otras decenas la precedieron. Su acción de desobediencia impactó porque fue seguida por muchos.

Franklin McCain, un activista negro de 73 años de Carolina del Norte, en 1960 se sentó con tres amigos en la barra de una cafetería de la cadena Woolworth en la ciudad de Greensboro. Era un sitio exclusivo para blancos. Pidieron café y esperaron todo el día pero no les sirvieron. Al día siguiente regresaron pese a los insultos de los blancos y las amenazas de los policías. El fin de semana ya eran cientos y la protesta se extendió a decenas ciudades. La cadena Woolworth se vio obligada a permitir el ingreso de negros. Recién entre 1964 y 1965 el Estado se vio forzado a eliminar las leyes de discriminación racial, cuando había un gobierno que con los parámetros actuales –y teniendo en cuenta que se trata de los Estados Unidos- llamaríamos "progresista".


Creo que esta es una de las enseñanzas más importantes que nos deja la victoria de la población de Malvinas Argentinas contra Monsanto. Debemos hacer cosas lo más inteligentes y lúcidas posibles, pero sobre todo acciones realizadas y sentidas por la gente común, acciones sencillas, pacíficas, capaces de desnudar los problemas que nos afligen, como sentarse en el lugar que uno quiere en el autobús, y no en el que te obligan, o acampar frente a una de las más poderosas multinacionales.


Lo que sigue, ya no depende de nosotros. Que una parte significativa de la población esté de acuerdo y acompañe, que llegue a participar de algún modo en la protesta, depende de factores que nadie controla y para los cuales no hay recetas ni tácticas preestablecidas. Desde el punto de vista del movimiento social y de los cambios necesarios, no podremos derrotar el extractivismo reclamando leyes al Estado. Las leyes vendrán cuando el modelo haya sido derrotado cultural y políticamente.


Es cierto que los gobiernos de la región, más allá de su orientación concreta en cada país, se apoyan en el extractivismo. Pero es la gente común organizada a la que nos corresponde derrotarlo, con miles de pequeñas acciones, como las que desarrollaron las Madres de Ituzaingó y ahora los acampantes en Malvinas Argentinas.

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Cambio de imagen en Uruguay: ¿el hombre de hierro?

Ciertamente, el presidente Pepe Mujica goza de merecidas simpatías por su trayectoria histórica de tupamaro encarcelado, su sentido del humor y la modestia de su estilo de vida. Pero su gobierno se prepara a cambiar radicalmente su imagen: un Mujica megalómano minero, otro presidente latinoamericano de izquierda que está por declararse antiecologista ferviente. Le atrae la dimensión gigantesca y el dinero que vendrá de un proyecto llamado Aratirí, de extracción y exportación de hierro por 18 millones de toneladas al año, casi 6 toneladas por uruguayo, unos 15 kilos al día. Está por firmar un contrato con el señor Pramod Agarwal, un indio extranjero propietario de la empresa Zamin.
Mientras tanto, los ambientalistas piden un referendo. El Movimiento pro Plebiscito Nacional Uruguay Libre de Minería Metalífera a Cielo Abierto dio el 8 de enero de 2014 una conferencia de prensa en contra de que se firme un contrato de inversión entre el gobierno nacional y Aratirí (Zamin). Cuestionaron la constitucionalidad de la nueva Ley de Minería de Gran Porte.


La empresa Zamin se anuncia así: Compañía minera independiente con un portafolio de proyectos de mineral de hierro de clase mundial en Sudamérica (Brasil y Uruguay), África, Australia y Asia. Su estrategia es convertirse en un productor líder de mineral de hierro y de carbón para la industria global del acero y también de metales preciosos y energía. Los Reyes Magos de Oriente, que llegan para llevarse el mineral de hierro a precio de regalo.


La idea del gobierno es firmar un contrato de inversión antes de terminar los estudios de impacto ambiental. Además, que los permisos ambientales puedan ser troceados, primero para las minas y meses más tarde para el mineraducto. Posteriormente, para el gran puerto. Pero si el proyecto es detenido por razones ambientales o por competencias de los municipios, ¿Zamin demandará a Uruguay?


Se trataría de una inversión con 4 mil hectáreas de tajos a cielo abierto, un área de influencia directa de más de 100 mil hectáreas, un mineraducto hasta al mar de más de 200 kilómetros y un gran puerto especializado cuyo lugar ya han cambiado dos veces en los planes. No hay todavía una licencia ambiental. La inversión sería de 2 mil millones de dólares. La vida útil, de 20 años. Los pasivos ambientales, las deudas ecológicas, no están calculados.


Con desparpajo se aseguraba en Uruguay, a finales de 2013, que lejos de provocar daños, el proyecto Aratirí, con el dinero que reporte, permitirá mejorar la calidad ambiental general mediante inversiones adecuadas. El gobierno asegura que parte de los ingresos irán a un fondo intergeneracional para infraestructura y educación.


Con apoyo del gobierno, la empresa trasnacional india-anglo-suiza Zamin Ferrous inició en 2007 trabajos de prospección en el centro del país, incidiendo en dos poblados cercanos: Valentines y Cerro Chato. Los campos están habitados por familias de productores ligados a la tierra desde hace varias generaciones, en propiedades de 350 hectáreas en promedio. Son tierras de ganadería extensiva en sierras bajas arboladas. La gran explotación minera a cielo abierto implica la expulsión definitiva de las familias junto con la devastación del ecosistema original. La zona cuenta con los arroyos Valentin Grande y Las Palmas, que para ser aprovechados por la mina serán represados, pero el proyecto necesita mayores volúmenes de agua.


En 2011 el presidente Mujica analizaba la posibilidad de convocar a un referendo sobre el tema, pero no se llevó a cabo. Por el contrario, Mujica impulsó una nueva ley de minería. Los opositores dicen que esa norma incurre en inconstitucionalidad. Las noticias en enero de 2014 son contradictorias. Por un lado, hay ministros que anuncian la firma inminente del contrato. Por otro, hay la posibilidad de que se efectúe un referendo. El presidente Mujica destaca la importancia de la inversión de Aratirí, aunque reconoce (graciosamente) que hay incertidumbre sobre cómo quedarán los campos de donde se extraería el hierro. Enormes cantidades de escorias y jales o relaves.


En 2 de diciembre de 2013 se lanzó una campaña de recolección de firmas para lograr que se efectúe ese referendo o plebiscito para prohibir la minería a cielo abierto. Para ello se requiere, antes de fines de abril, unas 260 mil firmas. Quienes se oponen a Zamin desean que se prohíba la explotación de minerales metálicos a cielo abierto. Añaden: Así quedaríamos en la misma situación que Costa Rica. Mejor es prohibirla antes de signar el contrato para que después no les ocurra como a Costa Rica, ahora con los reclamos de la empresa canadiense Infinito Gold por la anulación del proyecto Crucitas.


Joan Martínez Alier ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona 08193 Spain


www.ejolt.org
www.eco2bcn.es
www.ecologiapolitica.info
New book: Ecological Economics From the Ground Up, 2012
www.routledge.com/books/details/9781849713993/

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El 70% de las aguas residuales en América Latina vuelven a los ríos sin ser tratadas

La gestión de aguas es especialmente preocupante en las ciudades, donde vive el 80% de la población y una gran parte en asentamientos cercanos a fuentes contaminadas.

 

Pregunta: ¿Qué es más claro que el agua? Respuesta: Casi todo lo demás.

Esa es una realidad cada vez más cierta para Latinoamérica donde tres cuartas partes de las aguas fecales o residuales vuelven a los ríos y otras fuentes hídricas, creando un serio problema de salud pública y para el medio ambiente, según advierten expertos del Banco Mundial.

 

El problema es especialmente preocupante en una región como la latinoamericana, donde el 80% de la población vive en ciudades, y una gran parte en asentamientos cercanos a fuentes contaminadas.

 

También hay serias implicaciones ecológicas. Latinoamérica es una de las regiones más biodiversas del mundo y es dueña nada menos que de un tercio de las fuentes de agua del mundo. La contaminación del agua atenta contra ese orden

 

¿Cómo responder a tamaño desafío? La experta en agua y saneamiento, Carmen Yee-Batista, dice que la respuesta es multifacética pues se necesita reformar la producción del agua, invertir en infraestructura y regular el uso del territorio (es decir, dónde se puede vivir y dónde no).

 

Yee-Batista, del Banco Mundial, afirma que la situación es aún más compleja porque el "70% de las aguas residuales de la región no son tratadas. Sacamos el agua, la usamos y la devolvemos a los ríos completamente contaminada", señala.

 

Debido a lo complejo del problema, se debe revisar el proceso de producción de agua de una manera integral: suministro, saneamiento y aguas residuales y drenaje urbano, es decir, invertir en sistemas de alcantarillado que evacuen el agua de las lluvias. Y todo esto sin perder de vista la planificación urbana. "Queremos que el azul vuelva a los ríos y las ciudades se vuelvan más verdes", resume la experta.

 

Tímidamente, varias ciudades latinoamericanas como Buenos Aires, Tegucigalpa, San Pablo o Asunción están trabajando en soluciones integrales al manejo y distribución de agua y a la contaminación de los ríos.

 

Tal es el caso de la recuperación del río Bogotá, que recibe las aguas sucias que descargan los ocho millones y medio de habitantes que viven en la capital colombiana y no tiene la capacidad de asimilar tanta contaminación. Actualmente, se trabaja en el tratamiento de las aguas residuales, en ampliar el río para que tenga más capacidad de almacenamiento, en reasentar a las personas que viven allí y en la recuperación ambiental de las riveras.

 

Estos avances presentan también una paradoja. Por ejemplo, en Uruguay la cobertura de la red de agua es del 99% pero casi la mitad del agua potabilizada se pierde debido a tuberías viejas, robos o fraudes.

 

"Se construyen redes pero después de 20 años se necesitan cambios que no se están realizando. Es decir, gastamos mucho dinero en infraestructura, en recoger esta agua, en distribuirla pero aún así la perdemos", afirma Yee-Batista, destacando que esto sucede en gran parte de la región.

 

De ahí que un problema recurrente en las ciudades latinoamericanas sea la continuidad del servicio -acceso las 24 horas del día, todos los días –, la presión adecuada y la claridad del agua. Además, muchos proveedores no son autosostenibles financieramente, dependen de los gobiernos ya que las tarifas no cubren los costos de operación.

 

La experta recuerda que la falta de acceso al agua potable es todavía una amarga realidad para 32 millones de personas en Latinoamérica. Y que solo esfuerzos integrales podrán cambiar esta realidad.

 

(Con información de EL Banco Mundial)

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El calentamiento global explicado en 3 gráficos

Hace 2 años, un grupo de investigadores dirigidos por el profesor Michael Ranney salió a las calles de San Francisco en busca de voluntarios para responder esta pregunta:

 

¿Podría explicarme cuál es el mecanismo por el que la temperatura del planeta está aumentando?

 

A pesar de que la mayoría de los encuestados consideraba que el calentamiento global era un fenómeno real, casi nadie respondía correctamente a la cuestión.

 

Algo estamos haciendo muy mal los científicos si con todo lo que se habla del cambio climático en los medios, la mayoría de la gente no puede explicarlo en términos sencillos.

 

Ranney, profesor de Psicología y Educación en la Universidad de Berkeley, decidió desarrollar diferentes senderos pedagógicos para explicar el mecanismo del calentamiento global y los comparó en encuestas posteriores. Aquí tenéis una manera que parece entenderse muy bien:

 

1) La Tierra absorbe energía del Sol en forma de luz visible.

 

2) La Tierra emite energía en forma de luz infrarroja.

 

Crédito de la imagen: Michael Andrew Ranney

 

3) La atmósfera contiene gases de efecto invernadero (por ejemplo el CO2 y el metano)

 

 

Crédito de la imagen: Michael Andrew Ranney

 

4) La luz visible que llega del Sol atraviesa sin problemas los gases de efecto invernadero de la atmósfera.

 

5) Sin embargo, la luz infrarroja sale muy lentamente porque le cuesta mucho atravesar los gases de efecto invernadero.

 

Crédito de la imagen: Michael Andrew Ranney

 

Por lo tanto, cuantos más gases de efecto invernadero haya en la atmósfera, más se calienta el planeta.

 

Otros detalles relevantes:

 

¿Cuál es el efecto de los humanos en el calentamiento global?

 

Desde el inicio de la revolución industrial a mediados del siglo XVIII, la concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado un 40% y la de metano un 300%.

 

¿Los gases de efecto invernadero son siempre "malos"?

 

No. La Tierra sería un planeta helado sin gases de efecto invernadero. El problema no es que haya gases de efecto invernadero sino que han aumentado exponencialmente en las últimas décadas.

 

¿Por qué la luz visible atraviesa esos gases sin problemas mientras a la luz infrarroja le cuesta tanto?

 

¡Ay!, pues la respuesta no es demasiado complicada, pero para comprenderla hay que entender algunas ideas básicas de mecánica cuántica. Para eso estamos haciendo esta serie de vídeos. ¡El siguiente llega pronto!

 

¿Cuál es el consenso científico sobre el calentamiento global?

 

La comunidad científica considera el calentamiento global como un fenómeno inequívoco. Su evolución en el futuro sigue siendo un problema abierto: el aumento de la temperatura media durante el próximo siglo se calcula entre 2ºC y 6ºC dependiendo de los modelos climáticos y el nivel de emisiones.

 

El equipo de Ranney ha desarrollado la web "How Global Warming Works" dónde encontraréis varias maneras pedagógicas de explicar el calentamiento global, desde una versión de 50 segundos hasta otra de 5 minutos.

 

En las cenas de esta Navidad podréis explicar el cambio climático en menos de 1 minuto. A cambio, estaría bien que me mandáseis un tupper de algo rico. Mis padres dicen que los Reyes son los lectores.

 

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Viernes, 13 Diciembre 2013 07:52

Mapa de conflictos ambientales de Brasil

Mapa de conflictos ambientales de Brasil

Se acerca el 25 aniversario del asesinato de Chico Mendes (1944-1988) en el Acre, Brasil, defendiendo la Amazonia contra la deforestación. Chico Mendes era un seringueiro, fue un sindicalista que defendía a los recolectores de caucho contra los poderosos ganaderos que quemaban la selva. Aprendió a leer ya de muchacho con un viejo comunista oculto en esa frontera entre Brasil y Bolivia, superviviente de la columna Prestes.

 

Lejos de disminuir, los conflictos por deforestación y expansión de la frontera agropecuaria continúan creciendo en toda la Amazonia. Continuamente se producen muertes a causa de esta expansión. Pero hay además muchos otros conflictos por injusticias ambientales, por la expansión minera, por infraestructuras (carreteras, grandes represas), por contaminación de agrotóxicos.


Ya hace 10 años se formó en Brasil la Red por la Justicia Ambiental. Los activistas recibieron la visita de Robert Bullard, que en Estados Unidos llevaba décadas de lucha contra el racismo ambiental, es decir, luchando contra la contaminación en barrios donde vive gente de color y gente pobre. Eso dio impulso a esa red brasileña. Para dar más visibilidad a tantos casos de injusticia y conflictos abiertos, hubo varios intentos, a nivel de estado (Río de Janeiro, Minas Gerais...) de inventariar y mapear tales conflictos.


Eso ha culminado con la publicación en la web de un inventario y mapa general de Brasil y de un libro compilado por Marcelo Firpo Porto, Tania Pacheco y Jean Pierre Leroy con el título Injustiça ambiental e saúde no Brasil. O mapa de conflictos, en noviembre. Es un trabajo pionero en el mundo, con 400 casos inventariados, cada uno con una descripción de dos o tres páginas que incluye sus características principales (por ejemplo, ¿es un conflicto por minería, por residuos nucleares, por asbesto o amianto, por robo de tierras...? ¿Cuáles con los actores principales? ¿Cuáles han sido los resultados?).


En Colombia existe ya un mapa parecido (con el proyecto EJOLT), pero con 70 casos solamente. En México hay diversas iniciativas en el mismo sentido. El tema está creciendo tanto en la práctica y en la investigación universitaria que se anuncia y se prepara ya un primer Congreso Latinoamericano de Conflictos Ambientales en la Universidad Nacional General Sarmiento en Buenos Aires para octubre de 2014. No para resolver los conflictos en beneficio de las empresas sino para estudiarlos, para difundirlos, darles un sentido histórico.


¿Cuál es, pues, el propósito de esos inventarios y mapas, más allá del avance de la ecología política? Se trata de mostrar las causas estructurales de tantos y tantos conflictos, es decir, cómo nacen del aumento del metabolismo de la economía mundial y de la exportación creciente de materias primas... No son casos NIMBY ( not in my backyard: no en mi patio) sino síntomas del gran movimiento mundial por la justicia ambiental. Por ejemplo, en Brasil ha surgido un movimiento que se llama Justiça nos trilhos, en protesta contra los accidentes en las vías férreas que transportan las materias primas a los puertos de exportación. Hay protestas parecidas en otros lugares del mundo. En Brasil existe un movimiento de atingidos por barragens, es decir, de afectados por represas. Lo mismo ocurre en México.


Se trata de dar visibilidad a las poblaciones afectadas, de poner en la mesa sus demandas, sus estrategias de resistencia y las alternativas que plantean.


En muchos conflictos aparecen incertidumbres científicas (¿cuán dañino puede ser el cianuro empleado en la minería de oro a cielo abierto?, ¿cómo afecta el glifosato usado en los cultivos de soya transgénica a las poblaciones?), y por tanto el debate debe abrirse a las poblaciones locales pobres, que conocen mejor lo que está ocurriendo que las distantes autoridades sanitarias oficiales. Los conocimientos ganados en un caso de conflicto sirven para otros casos.


El objetivo no es simplemente dar la lista de impactos o riesgos ambientales que afectan a distintos grupos locales de población (campesinos, indígenas, afrobrasileños o quilombolas...), sino, más allá de eso, ver a tales poblaciones como portadoras de derechos, que se escuchen sus voces (sus relatos orales, muchas veces también con videos), voces silenciadas por las empresas, por el Estado, por los medios de comunicación, voces que claman por la justicia social y ambiental.


Los inventarios y mapas de injusticias ambientales son instrumentos de lucha contra la injusticia y el racismo, sacan de la invisibilidad a poblaciones cuya vida misma está amenazada. El mapa, dicen los investigadores brasileños, no es sólo una tribuna, un altavoz, es también en cierto modo como un escudo protector, en la medida que eso sea posible en un contexto lleno de violencia contra los pobres.



Por JOAN MARTÍNEZ ALIER, ICTA, Universidad Autónoma de Barcelona

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