Miércoles, 18 Febrero 2015 06:16

Riesgos de la sequía

Riesgos de la sequía

La aceleración del cambio climático y su impacto sobre la producción agrícola implica que se necesitarán profundas mutaciones sociales en las próximas décadas para alimentar la creciente población mundial, alertaron investigadores en una conferencia científica anual.


Según los científicos, la producción alimentaria deberá duplicarse en los próximos 35 años para abastecer la población mundial de 9000 millones de habitantes en 2050, contra 7000 millones en la actualidad.


Alimentar al mundo "implicará algunos cambios en términos de minimizar el factor climático", dijo el estadounidense Jerry Hatfield, director del Laboratorio Nacional para la Agricultura y el Medio Ambiente. La volatilidad de las lluvias, las frecuentes sequías y el incremento de las temperaturas afectan los cultivos de granos, por lo que se deberá adoptar medidas, afirmó, durante la reunión anual de la asociación estadounidense para el avance de la ciencia.


"Si se evalúa la producción desde el 2000 al 2050, básicamente deberíamos producir la misma cantidad de alimentos que produjimos en los últimos 500 años", pronosticó. Pero globalmente, los niveles de uso de la tierra y la productividad continuarán degradando el suelo, advirtió.


"En lo que respecta a la proyección para el Medio Oeste (de Estados Unidos), estamos convencidos de que las temperaturas se incrementarán bastante", afirmó Kenneth Kunkel, climatólogo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense, refiriéndose a la región cerealera del centro del país.


Kunkel estudió el impacto del calentamiento global en el Medio Oeste, donde la mayor amenaza para la seguridad alimentaria es la sequía. La probabilidad es alta de que esa región registre la peor sequía en el siglo XXI de las que se produjeron en el último milenio, lo que constituye una amenaza directa para los habitantes del área, alertaron científicos en la apertura de la conferencia, celebrada en San José, California.


El cambio climático se está produciendo tan rápidamente que los seres humanos pronto enfrentarán una situación sin precedentes, dijo Kunkel.


Pero James Gerber, un experto agrícola de la Universidad de Minnesota, dijo que reducir el desperdicio de alimentos y el consumo de carnes rojas ayudaría. La reducción del número de cabezas de ganado disminuye el impacto ambiental, incluidas las emisiones de metano, un potente gas que produce el efecto invernadero.


Gerber dijo que los científicos identificaron "tendencias bastante preocupantes" como la disminución global de las reservas de granos, que brindan a la sociedad una importante red de seguridad.


El científico también expresó su preocupación sobre el hecho de que la mayoría de la producción de granos está concentrada en áreas vulnerables al calentamiento climático. Gerber no descartó un mayor uso de los organismos genéticamente modificados (OGM) como medio de incrementar la disponibilidad de alimentos.


Paul Ehrlich, presidente del Centro para la Conservación Biológica de la Universidad de Stanford, consideró que el problema requiere "un real cambio social y cultural en todo el planeta". "Si tuviéramos 1000 años para resolverlo estaría muy tranquilo, pero podríamos tener 10 o 20 años" solamente, advirtió.

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En 2025 habrá 10 bolsas llenas de plástico por cada 30 cm de costa en el mundo

Los océanos están llenos de suficiente basura plástica para formar una densa capa sobre todas las costas del orbe, según la primera evaluación mundial detallada del problema.


Científicos estiman que unos 8 millones de toneladas de basura plástica, como empaques y botellas, son descargados en los océanos cada año, y la cantidad acumulada de desperdicios provocará un aumento de 10 veces la cantidad total de ese material en el mar antes de 2020.


Nuestra estimación de 8 millones de toneladas que llegaron a los océanos en 2010 es equivalente a cinco bolsas del mandado llenas de plástico por cada pie (30 centímetros) de línea costera en el mundo, comentó Jenna Jambeck, profesora asistente de ingeniería ambiental en la Universidad de Georgia (Estados Unidos).


En 2025, la cantidad anual será el doble que en 2010, es decir, 10 bolsas llenas de plástico por cada 30 centímetros de costa. Entonces, el efecto acumulado hacia 2025 será de unas 20 veces nuestro cálculo de 2010: 10 bolsas de plástico por cada 30 centímetros de costa en el mundo.


Investigadores habían calculado anteriormente que habría unas 245 mil toneladas de desperdicios plásticos en los océanos. Pero este cálculo se basaba en la cantidad de plástico que se encontraba flotando en la superficie y no tomaba en cuenta el que se ha hundido.


La estimación más reciente proviene de la cantidad total de basura plástica que genera gente que vive a 50 kilómetros o menos de la costa en los 192 países estudiados.


Hasta ahora habíamos calculado la cantidad de contaminación por plástico en el océano llevando un barco muy lejos de la costa, lanzando una red de plancton y contando todas las piezas de plástico que recogíamos. Es una tarea muy tediosa y costosa, relató la doctora Jambeck.


Nuestra cifra es más grande ahora porque lo que encontramos en la superficie es sólo una porción de lo que entra. Una parte se hunde, otra se va a otras zonas. No sabemos con precisión adónde llega todo.


El estudio, publicado en la revista Science, estima que cada año se generan unos 275 millones de toneladas de desperdicio plástico en 192 países, y entre 4.8 y 12.7 millones derivan hacia el mar.


Las predicciones de cómo este desperdicio se incrementará en el futuro próximo toman en cuenta la creciente industrialización de las naciones en desarrollo, el aumento de la población y los intentos de limitar el flujo de basura plástica hacia los océanos por medio de actividades de manejo de desechos en tierra.


Nuestros cálculos futuros son acordes al crecimiento del plástico en nuestros desperdicios y también al aumento de la población, explicó Jambeck.


La basura plástica afecta especies marinas como delfines, focas, tortugas, aves y peces, que quedan atrapados o se asfixian en ella. Y cuando el plástico se descompone en partículas de menos de un milímetro, puede causar problemas para organismos más pequeños si es ingerido, apuntaron científicos.


La investigación más reciente se ha enfocado en plásticos que se fragmentan en el océano y se vuelven partículas microplásticas, que llegan a los extremos más bajos de la cadena alimentaria, por ejemplo peces pequeños, observó la doctora.


Kara Law, de la Asociación de Educación Marina en Woods Hole, Massachusetts, coautora del estudio, señaló: Este trabajo nos da una idea de cuánto necesitamos encontrar en el océano para sumarlo al total. Hay un montón de plástico en el fondo del océano y en las playas de todo el mundo. Por ahora hemos medido principalmente el plástico que flota, y sólo en relativamente pocos lugares.


Traducción: Jorge Anaya

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Domingo, 01 Febrero 2015 05:38

Brasil, un país seco y en la oscuridad

Brasil, un país seco y en la oscuridad

Alrededor de 60 millones de brasileños –poco más de la tercera parte de la población del país– sufre los efectos de la falta de agua. Crece rápidamente la posibilidad de que se multipliquen los cortes de energía eléctrica en la región sureste, donde están São Paulo y Río de Janeiro, las mayores ciudades de Brasil (considerándose la suma de las dos regiones metropolitanas se llega a la cifra de unos 30 millones de habitantes).


Es verdad que la inclemencia de los cielos tiene su parte de responsabilidad en el escenario tenso y pesimista: este es el verano más seco y caliente del último siglo. Los reservorios de agua tanto de São Paulo como de Río están agotados. Minas Gerais sigue el mismo camino. Queda lo que los especialistas llaman de reserva técnica. También en el noreste los reservorios están en sus niveles mínimos. En el sur la situación es un poquito más confortable, pero igualmente preocupante.


En otras palabras: a menos que llueva pronto, y mucho, en dos o tres meses el racionamiento será inevitable en los tres estados más ricos de Brasil, con todas sus consecuencias para la economía.


Tratando de preparar los espíritus, el gobierno de São Paulo insinúa que el suministro de agua podrá ser suspendido durante cinco días de la semana. Habría agua en los otros dos.


Varias industrias tanto en Río como en São Paulo y Minas fueron obligadas a disminuir sus actividades para ahorrar agua. Y sigue sin llover.


Pero la responsabilidad (o su falta) de los gobiernos es tan estridente como la de los cielos mezquinos. Si del cielo no cae agua, en Brasilia llueven ejemplos de ineficacia. En ocho años fueron construidos grandes polos de energía eólica, es decir, generadores de energía impulsados por el viento. Su producción es baja, pero cuando el riesgo de cortes drásticos de luz es tan alto, podría ser un alivio significativo. ¿Y por qué podría y no es? Porque no fueron tendidas las torres y los cables de transmisión. Es decir, las hélices giran y producen una energía que se pierde.


Mientras tanto, son accionadas las plantas termoeléctricas, que además de consumir petróleo en cantidades elevadas generan más y más polución, y no dan abasto. Para empeorar, son plantas viejas, proyectadas para acciones circunstanciales, y no estructurales. Se averían a cada tanto.


No hay, por ahora, un cálculo fiable sobre las pérdidas económicas producidas por la falta de agua. Los cortes de luz en São Paulo afectaron básicamente a residencias y al comercio. Pero seguramente afectarán a la industria, si se impone un racionamiento formal.


Con las temperaturas elevadísimas de este verano, aumenta de manera brutal el consumo de luz, gracias principalmente a los aparatos de aire acondicionado en domicilios, oficinas e industrias. Y en horas pico, el sistema distribuidor no aguanta.


En semanas recientes, Brasil tuvo que recurrir, en dos ocasiones, a la energía eléctrica argentina para evitar un colapso. No se trata de comprar, sino pedir prestado, y ahora el país no tiene cómo pagar al vecino, devolviéndole la carga recibida. También Paraguay participó de esa ayuda solidaria, prestando energía.


Nuevas presas gigantescas, con sus respectivas plantas generadoras de energía, llevan años de retraso, y es imposible prever cuándo efectivamente comenzarán a funcionar. Todo eso está dentro de las responsabilidades del gobierno nacional.


En el caso específico de São Paulo, al menos desde hace 10 años especialistas claman en el desierto pidiendo medidas urgentes para evitar el caos en el almacenamiento de reservas de agua. El gobierno decía que estudios estaban avanzados en esa dirección. Nadie nunca vio ninguno. Ahora anuncia obras de emergencia, financiadas por el gobierno nacional. Dicen que en tres o cuatro meses empezarán a resolver parte del problema de almacenamiento para suministrar agua a la zona metropolitana de la capital, utilizando los volúmenes de ríos que no han sido tan afectados por la sequía.


Tanto la presidenta de la República como el gobernador de São Paulo fueron relectos hace pocos meses. Ambos sabían de la gravedad del cuadro. Ninguno de los dos lo admitió en la campaña electoral.


El nuevo ministro de Minas y Energía de la nación trató de tranquilizar a los moradores de los grandes centros afectados por el riesgo de la falta de agua: ''Dios es brasileño", repitió un viejo refrán, y hará llover. Hasta donde se sepa, Dios no ocupa ningún ministerio en Brasilia y los responsables directos son otros.


Técnicos advierten que en marzo termina la temporada anual de lluvias en el sur y el sureste del país. La advertencia suena a broma de mal gusto. Es que para llegar al fin, la temporada de lluvias debería de haber comenzado.


No ha llovido en los pasados 60 días, más que 30 por ciento de lo previsto. En Brasil fallan hasta las previsiones meteorológicas. Pero, lo más grave, fallan los responsables por sanar una infinidad de problemas estructurales que se arrastran desde hace años.

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Cientos de indígenas toman el control de la mayor explotación petrolera de Perú

LIMA.- Cientos de indígenas tomaron al menos 14 pozos del mayor lote petrolero de Perú operado por la argentina Pluspetrol y paralizaron su producción, en demanda de un mejor pago de compensaciones por el uso de sus tierras, informaron el martes la empresa y grupos indígenas.

El presidente de la Federación de Comunidades Nativas del Corrientes (Feconaco), Carlos Sandi, detalló que casi 400 indígenas de la comunidad Achuar de Pampa Hermosa ingresaron el lunes a la base de Jibarito del lote 1AB y paralizaron 16 pozos. "La producción está parada totalmente en 16 pozos, en la base Jibarito unas 380 personas aproximadamente han tomado esos pozos y la han paralizado", dijo Sandi en conversación con Reuters.

En tanto, Pluspetrol dijo en un comunicado que los indígenas paralizaron las operaciones de 14 pozos de Jibarito, ubicada en la región amazónica de Loreto, y que la medida de fuerza ha ocasionado una pérdida de producción de 3.100 barriles por día de crudo.

Los manifestantes también bloquearon una carretera cercana al lote 1AB y otro grupo de indígenas bloqueó un río impidiendo el paso de unas ocho embarcaciones que llevarían alimentos y materiales a Pluspetrol, reportaron la empresa y medios locales.

"Las comunidades quieren una compensación por el uso de tierras de una manera consensuada por el pueblo y la incorporación de una empresa comunal para que ingrese a trabajar en ese lote", explicó Sandi. "Las comunidades tomaron sus medidas de protesta y están esperando que se instale el diálogo para resolverlo lo más pronto posible", agregó Sandi.

El lote 1AB, también llamado lote 192, es operado por Pluspetrol desde el 2001 y su contrato terminará en agosto de este año. El bombeo habitual de este lote es de entre 15.000 y 17.000 barriles por día, la cuarta parte de lo que se extrae diariamente en el país.

Pluspetrol afirmó que "ratifica su predisposición a mantener el diálogo en un ambiente de paz social, por lo que hace un llamado a las autoridades comunales a deponer esta medida de fuerza que atenta contra el libre tránsito fluvial y la actividad petrolera".

El lote 1AB ha sido blanco de varias protestas indígenas en los últimos años. En abril del año pasado las comunidades Achuar tomaron por casi una semana parte de las instalaciones de este lote, cuya producción cayó en 70%.

El Gobierno ha declarado en emergencia ambiental varias zonas del lote 1AB en los últimos años por los altos niveles de contaminación por hidrocarburos y derrames. Las comunidades indígenas peruanas afirman que su agua potable ha sido contaminada y un canal de televisión local mostró el año pasado imágenes de residuos negros y pegajosos de petróleo en la tierra y en los ríos de la zona de Pastaza.

Pluspetrol opera también en Perú el campo de Camisea, ubicado en la región sureña del Cusco, que produce la mayor parte del gas natural del país.

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¿El mundo a tres minutos del reloj del juicio final?

No hubo buenas noticias durante una semana: desde el clamor sobre la cada vez más alta probabilidad de una guerra nuclear entre Estados Unidos (EU) y Rusia –como sentenció Gorbachov, último presidente de la extinta URSS (http://goo.gl/Dcqkgd)– hasta el desgarrador estudio de Oxfam –conglomerado de 17 organizaciones en 94 países que combate la pobreza y la injusticia– de que "el 1 por ciento más rico del planeta poseerá más que todo el resto en 2016 (http://goo.gl/Zdx3CN)".


Como si lo anterior fuera poco, el acreditado Boletín de los Científicos Atómicos (BAS, por sus siglas en inglés) sacudió al mundo con su publicación de la situación del "reloj del juicio final ( doomsday clock)" que fue adelantado dos minutos para colocarse a tres minutos de medianoche (http://goo.gl/tewOZg).


La decisión de mover las manecillas del reloj del juicio final ocurre cada año en consulta con su consejo de patrocinadores que incluye a 17 laureados con el Premio Nobel.


El reloj es un indicador de la vulnerabilidad del mundo a la catástrofe por armas nucleares, cambio climático y la emergencia de nuevas tecnologías.


En epístola dirigida a los líderes y ciudadanos del mundo alerta sobre tal vulnerabilidad.


En su polémico análisis, que puede sonar escatológico, evalúa las extraordinarias e innegables amenazas a la existencia continua de la humanidad cuando los líderes mundiales han fracasado en actuar a la velocidad o a la escala requerida para proteger a los ciudadanos de una catástrofe potencial.


A su juicio, las fallas de liderazgo político pone en peligro a cada persona en el planeta.


El BAS fue fundado en 1945 por los científicos de la Universidad de Chicago que habían contribuido al desarrollo de las primeras bombas atómicas del Proyecto Manhattan y dos años más tarde crearon la ominosa metáfora del reloj del juicio final.


En 1953, su peor año, el reloj estuvo a dos minutos de su Armagedón con la primera prueba de la bomba de hidrógeno, mientras 1991 fue el año más optimista con el finiquito de la guerra fría que colocó las manecillas a 17 minutos lejos del Apocalipsis.


Ahora, en enero de 2015, las manecillas son colocadas a sólo tres minutos debido a la inédita conjunción del cambio climático, la modernización de programas nucleares que amenazan crear una nueva carrera armamentista, el fracaso del liderazgo del poder nuclear y las amenazas de tecnologías emergentes.


Juzga que se vislumbra una catástrofe climática que no es inevitable.


De los 134 años que se guardan registros, 2014 fue el más caliente y nueve de los 10 años más calientes ocurrieron desde 2000, a lo que se suman los descubrimientos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU: El calentamiento global es inequívoco y sin precedentes y ya es responsable de un daño extenso que pudiera alcanzar de tres a ocho grados Celsius a final del siglo XXI.


Al BAS no le convence el reciente paso histórico del acuerdo entre EU y China sobre cambio climático, y critica que la reducción de los arsenales de EU y Rusia desde la guerra fría se ha ralentizado en forma dramática.


Curiosamente, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (sic) de la ONU se han enfrascado en programas de modernización nuclear muy costosos, al unísono de otros países, como India, Pakistán, Israel y Norcorea, que se encuentran fuera del Tratado de No-Proliferación Nuclear (NPT, por sus siglas en inglés).


Pese a que la energía nuclear abastece poco más de 10 por ciento de la capacidad generadora de electricidad en el mundo, sin emisión de bióxido de carbono, la comunidad internacional no ha desarrollado planes coordinados para lidiar con los desafíos del poder nuclear en términos de costo, seguridad, manejo de desechos radiactivos y riesgos proliferativos ( v. gr. el reciente accidente en el sudeste de Nuevo México).


Considera que las instituciones mundiales se vieron anquilosadas durante el reciente brote de ébola en África occidental.


Llama la atención su extraño exhorto a una gobernación mundial –términos que perturbarán a la mayoría de los países que todavía creen en la soberanía nacional– que debe (sic) desarrollar mecanismos para reaccionar en forma rápida y efectiva para confrontar la enfermedad emergente y la posibilidad de bioterrorismo. Aquí abren una ventana a la crítica del despliegue de una agenda oculta por el gobierno mundial de marras y dan por asentada la tan vilipendiada globalización y su acoplamiento con la era de la biología sintética, justamente cuando hasta el papa jesuita Francisco –líder de mil 300 millones de católicos– ha fustigado la globalización financierista como propiciador de la enorme desigualdad (http://goo.gl/9IJNWS).


Hasta aquí los ciudadanos del mundo pudieran apreciar las contribuciones del BAS en materia del cambio climático –que también se prestará a mucha polémica– y en el rubro nuclear, pero levantará muchas cejas por su ciega apología a la fracasada globalización y a la ominosa gobernación mundial.


Otro punto de trascendental interés que aborda son las amenazas de ciberataques que tienen el potencial de desestabilizar instituciones gubernamentales y financieras, en paralelo a la preocupación por los avances en inteligencia artificial que ponen en tela de juicio las capacidades de su control y la carencia de comando humano cuando existe una brecha entre los avances científicos en tecnologías de uso dual y la habilidad de la sociedad civil para controlarlos, que requieren de vigilancia ciudadana.


En la época de la URSS, los estrategas de Moscú consideraban que la alarma catastrofista del reloj del BAS siempre le era desfavorable como herramienta publicitaria.


Robert Golan-Vilella, editor de The National Interest, señala que en los pasados 68 años el reloj del Armagedón siempre (sic) se ha encontrado entre dos y 17 minutos lejos de medianoche, amén de que era entendible que en la década de los 80 se hubiera encontrado a tres minutos con 60 mil ojivas nucleares desplegadas, en su mayoría por EU y la extinta URSS. Pero critica ferozmente el acoplamiento novedoso del cambio climático con los arsenales nucleares que equivale a comparar bombas atómicas con naranjas (Es tiempo de aniquilar el reloj del juicio final, http://goo.gl/OLNSrT).


Golan-Vilella cita a Stephen I. Schwartz, editor de The Non Proliferation Review, quien aduce que la inclusión del cambio climático como nuevo factor en los cálculos del BAS hace imposible hacer comparaciones con la colocación del reloj antes de 2007.


La advertencia apocalíptica del BAS –sea sobredimensionada o subestimada– colisiona con el muy polémico senador John McCain –flamante presidente del Comité de los Servicios del Ejército de Senado–, quien critica furibundamente el recorte militar de Obama y favorece la carrera armamentista, amén de su franca confrontación con Rusia y China (http://goo.gl/y9K6V9).


A quien deben convencer ante todo los insignes científicos del BAS es al Congreso de EU, hoy con mayoría del pugnaz y mexicanófobo Partido Republicano.


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¿Qué dice la ecuación Navier–Stokes?

Hasta la fecha nadie ha logrado aportar una solución robusta a la ecuación Navier–Stokes. Mejores ideas, enfoques y aproximaciones son necesarias. Entre tanto, se trata de un reto formidable, conocido como uno de los "Problemas del Milenio".

 

En el año 2000, el prestigioso Instituto Clay —Clay Mathematics Institute— logró reunir el consenso de toda la comunidad de matemáticos alrededor del mundo acerca de los problemas fundamentales —digamos "últimos"— de las matemáticas. Fundado en 1998 como un instituto privado, presentó en junio del 2000, en el Collège de France (París), el conjunto de los problemas matemáticos más importantes sin resolver y de los cuales depende la comprensión fundamental del universo y la realidad.

 


Los Problemas del Milenio reunidos fueron siete. Sin embargo, muy pronto uno de ellos fue resuelto por el genio matemático ruso G. Perelman. El instituto estatuyó un premio de un millón de dólares a quienes logren resolver los problemas mencionados. En una serie discontinua de distintos artículos presentaré el significado de cada uno de los problemas mencionados.

 


Uno de ellos es la ecuación de Navier–Stokes (N–S). Esta ecuación es una variación de la segunda ley de Newton referida al movimiento de los fluidos. Por ejemplo, el clima, las corrientes oceánicas, las corrientes de aire y muchos otros fenómenos que interesan y afectan a numerosas ciencias, disciplinas y la ingeniería, por ejemplo. En consecuencia, la ecuación de Navier–Stokes se ocupa de sistemas o estructuras disipativas.

 

Las dinámicas de los fluidos son difíciles de entender y de explicar. Los fluidos son determinantes en las estructuras y procesos del planeta y del universo. Y, sin embargo, hasta la fecha no se sabe si existen soluciones a esas dinámicas y la comprensión es aún primitiva. En otras palabras: la comprensión fundamental en toda la historia de la humanidad ha sido acerca de estados. Carecemos, aún, de una teoría fundamental de procesos. La ecuación Navier–Stokes apunta en esta última dirección.

 

Los términos de la ecuación son, de un lado, una región de un fluido; y de otra parte, las fuerzas que actúan sobre esa región: específicamente, la presión, la tensión y las fuerzas internas de los cuerpos. Sobre esta base debe ser posible comprender cómo se mueven los fluidos. La dificultad estriba en que los fluidos tienen procesos y estructuras que no pueden plantearse en términos lineales o cuasilineales. Técnicamente dicho, la ecuación —o las ecuaciones— de N–S son diferenciales parciales no–lineales. Tenemos ante nosotros, literalmente, un problema complejo.


Así las cosas, aquello que se encuentra en la base o en el horizonte de la ecuación de N–S son fenómenos y sistemas caracterizados por no–linealidad, turbulencia, inestabilidad, velocidades relativas. Y, muy exactamente, los fluidos son fenómenos incompresibles.

 

El ingeniero y físico francés, Claude–Louis Henri Navier (1785–1836), logró en 1822 un sistema de ecuaciones en derivadas parciales para el flujo de un fluido viscoso (elasticidad y mecánica de fluidos). Por su parte, George Gabriel Stokes (1819–1903), matemático y físico irlandés, comienza a publicar en 1842 diversos artículo científicos —papers— sobre el movimiento uniforme de fluidos incompresibles, que contribuyeron, por primera vez, a comprender fenómenos como las nubes, las olas del agua o los flujos de los ríos. Vale mencionar que, paralela e independientemente, E. Haeckel propone el concepto de ecología en 1866.


Así las cosas, la ecuación Navier–Stokes hace referencia, genéricamente, al flujo de fluidos en un espacio R3 —y que significa un espacio de tres dimensiones: el mundo a nuestro alrededor—. Habitualmente se emplea el plural —hablándose entonces de las ecuaciones Navier–Stokes—, gracias al hecho de que la ecuación está planteada en términos de un vector.


Pues bien, lo que hace la ecuación es plantear un problema. Sin embargo, no es en absoluto evidente cómo la ecuación N–S puede resolverse.


Se han planteado diversas alternativas y todas ellas en términos de lo que en matemáticas se denomina "una solución débil" (weak solution). Una solución en matemáticas se dice que es "débil" cuando no existen derivadas parciales y, sin embargo, puede pensarse que satisfacen la ecuación en un sentido muy definido. Asimismo, una solución se dice que es débil cuando de un problema determinado se ha hecho una formulación muy general.


De esta forma, las ecuaciones N–S han sido empleadas con éxito para referirse a las dinámicas de fluidos en términos de velocidades. Tal es el caso, por ejemplo, de sus beneficios en la industria aeronáutica y aeroespacial; pero lo mismo acontece en el caso de la industria automovilística, en donde los beneficios de las ecuaciones N–S son altas y fundamentales.


Sin embargo, en la comunidad científica, en general, el Santo Grial, por así decirlo, de las ecuaciones Navier–Stokes consiste en el estudio y la comprensión del clima. Y con éste, entonces aspectos tales como el calentamiento global y el debate en contra de los negacionistas de los daños infringidos al medioambiente por parte del sistema de libre mercado.


El medioambiente y el clima son fenómenos de altísima complejidad, cuya estructura, comportamientos y dinámicas apenas están siendo comprendidos. Como quiera que sea, intelectualmente, el aspecto maravilloso estriba en el hecho de que el caos fue descubierto gracias a una ciencia "menor": la meteorología y los trabajos de E. Lorenz. Pasaron muchos años antes de que el tema se convirtiera en una teoría y en una ciencia mayor. Pues bien, las ecuaciones Navier–Stokes tienen su primero y más crucial enfrentamiento con el estudio del clima y el medio ambiente: fenómenos y estructuras esencialmente disipativos.


Nadie ha logrado hasta la fecha aportar una solución robusta a la ecuación Navier–Stokes. Mejores ideas, enfoques y aproximaciones son necesarias. Entre tanto, estamos ante un reto formidable, conocido como uno de los Problemas del Milenio. Uno de los más cruciales retos en la comprensión del mundo y del universo en el que vivimos.

¿Ambientalistas extremos, o clima extremo?

Paralelamente al desarrollo de las reuniones en noviembre –preparatoria– y diciembre del año pasado, que constituyeron la XX Conferencia Internacional sobre Cambio Climático y X en calidad de reunión de las Partes en el Protocolo de Kyoto (COP20/CMP10), las salas de cine del mundo convertían en éxito la película de ciencia ficción Interestelar del director de origen inglés Christopher Nolan. El filme tiene como tema central una humanidad que cuenta como única posibilidad de salvación, contra su total extinción, el escape hacía otra galaxia, pues el oxígeno de la tierra está en agotamiento irreversible y las nubes de polvo en las áreas de producción agropecuaria amenazan con impedir totalmente la obtención de alimentos.

Las escenas del polvo parecen inspiradas en la sequía de la región central y norte de las Grandes Llanuras de los Estados Unidos, en los años treinta del siglo pasado, convertidas luego en el paisaje de fondo de Las uvas de la ira, la renombrada novela de John Steinbeck. De la película llama la atención no sólo la irreversibilidad de la situación en la que ha sido colocada la vida humana en la tierra, sino que la posibilidad de su prolongación en el tiempo se vea reducida tan sólo al traslado de embriones fertilizados a otra galaxia, con el consecuente sacrificio de los habitantes del planeta en ese momento. El genocidio y la eugenesia, apenas velados en el filme son, curiosamente, temas que aparecen con fuerza creciente en las reflexiones sobre las condiciones materiales, cada vez más extremas, a las que nos conduce la lógica predominante del capital.

¿La superficialidad y vaguedad de los acuerdos en la COP20/CMP10 son parte de la materia prima que parece alimentar la resignación y el convencimiento de que destruiremos nuestro planeta? ¿La defensa a como de lugar del consumismo como fin en sí y la máxima de que "nuestro modo de vida no es negociable" –como afirmó George W. Bush siendo presidente de los Estados Unidos, al referirse al Protocolo de Kioto–, son inamovibles que nos obligan a pensar que las condiciones que posibilitan la vida humana en la tierra están condenadas a su destrucción?

El director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), Jean Jacques Dordain, declaró al medio de comunicación Russia Today, finalizando el 2014, que la colonización del espacio no es más que un mito. Que dadas las enormes distancias que nos separan de planetas "habitables", pensar en una emigración humana como alternativa es un imposible. Nos encontramos, entonces, en una gran disyuntiva que comenzará a aclararse en diciembre de 2015 cuando en la cumbre COP21/CM11, a realizarse en París, y fecha límite para la adopción de medidas prácticas y vinculantes después de 2020, año de expiración del segundo período del protocolo de Kioto, se acuerden o no medidas que impidan que la temperatura promedio global aumente más de 20 C sobre el promedio de la época pre-industrial. En otras palabras, las previsiones sobre el deterioro del planeta nos dicen que el ritmo de los daños es más rápido que los cambios tecnológicos que nos podrían permitir la colonización de otras galaxias, tal y como sucede en la película de Nolan.

 

El calentamiento global y algo más

 

El último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (AR-5), reafirmó su conclusión de que las temperaturas del planeta siguen elevándose, el hielo de los polos y las nieves perpetuas de las altas montañas disminuyendo y el nivel del mar continúa elevándose. Por tanto, las consecuencias más probadas como son la desaparición de amplias zonas costeras y la disminución de la producción agropecuaria por alteraciones radicales en los regímenes de lluvias –provocadas por períodos intensos tanto de sequía como de inundaciones– y la inutilización de grandes áreas hoy productivas, amenazan con convertirse en realidades en el mediano plazo.

El informe también reafirma que quedan pocas dudas que el calentamiento experimentado (0,80 C), respecto de la época preindustrial, obedece a la acción humana y es un efecto directo de que los niveles de CO2 se encuentren en la actualidad alrededor de 430 partes por millón (ppm), cuando antes de la etapa de industrialización eran de 280 ppm. El límite de aumento establecido en 20C ha sido estimado sobre la base de las condiciones que el planeta experimentó cuando la temperatura alcanzó ese valor promedio, y los mares se encontraban en un nivel entre 4 y 6 metros sobre el actual. Situación que de presentarse nuevamente haría desaparecer gran parte del mundo insular y una significativa área costera. No en vano, en 1994 la Asociación de Pequeños Países Insulares (Aosis) intentó comprometer a las naciones más industrializadas a una reducción del 20 por ciento de sus emisiones de CO para 2005, respecto de las de 1990, lo que fue imposible de lograr. Mantener el aumento de la temperatura promedio por debajo de los 20C depende de que las emisiones acumuladas de CO2 no sobrepasen 500 gigatoneladas de ahora en adelante, escenario bien improbable si se tiene en cuenta que con el actual ritmo de emisiones el nivel de saturación se alcanzaría en 2040. Pequeñas reducciones ampliarían el plazo del colapso de las actuales condiciones, pero no por mucho tiempo.

Las prospecciones petroleras en aguas profundas (conocidas en el lenguaje técnico como offshore) y en el Ártico, donde una empresa como Repsol se precia de tener 396 bloques de exploración, no son una buena señal de que en el corto o el mediano plazo el mundo vaya a contemplar una contracción significativa en el uso de combustibles fósiles y por tanto de emisiones de CO2. Los gases y el petróleo de esquisto, así como la explotación de las arenas bituminosas son muestras adicionales que el actual sistema económico, sin una presión fuerte de la población, no está dispuesto a dejar la adicción a los combustibles fósiles y que apuesta por el suicidio del planeta.

A la quema de carbón, petróleo y gas le atribuyen el 75 por ciento del CO2 emitido a la atmósfera, el 25 restante corresponde a la perdida de vegetación y a las alteraciones en el uso del suelo. Según la Fao, entre 1990 y 2010 la superficie forestal se redujo en cerca del 5,3 millones de hectáreas por año, lo que representa una pérdida, para ese período, de más de 100 millones de hectáreas de bosque, cuya extinción sumó a la emisión total de CO2 una tasa cercana al 20 por ciento.

La pérdida anual de doce millones de hectáreas de tierras productivas por efecto de la desertificación, según Naciones Unidas, es el otro elemento a destacar entre las causas más importantes del calentamiento global. Que además traerá como consecuencia, según las estimaciones actuales, que en 2025 la cantidad de tierras arables disponibles será mucho menor que en 1990. Este descenso será de dos tercios en África, un tercio en Asia y casi un quinto en Sudamérica. Dicha pérdida es muchísimo más acentuada en las tierras secas, donde paradójicamente las tasas de crecimiento de la población han mostrado un mayor dinamismo, aumentando la cantidad de personas en situación de vulnerabilidad y convirtiendo la desertificación en uno de los problemas ambientales y sociales más graves.

La relación entre calentamiento global y desertificación parece seguir un patrón retroalimentativo, como quiera que el primero al alterar los regímenes de lluvia y aumentar los períodos de sequía y los niveles de evapotranspiración, termina afectando con mayor intensidad a las tierras secas que contienen, según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, más del 25 por ciento de los depósitos de carbono orgánico en el mundo y la casi totalidad del inorgánico. Carbono, que al liberarse a la atmósfera con los procesos de desertificación, y del que se calcula su emisión anual en 300 millones de toneladas (aproximadamente el 4 por ciento de las emisiones totales de carbono), acaba generando un círculo vicioso puesto que el calentamiento global facilita la desertificación y ésta, a su vez, contribuye al calentamiento global liberando CO2. Si a esto le sumamos el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados, que al oxidarse producen gases de efecto invernadero como el óxido nitroso (N2O), que es mucho más nocivo que el CO2, completamos un cuadro nada halagüeño para los propósitos de disminuir los efectos antropogénicos en la alteración del clima.

El estrés hídrico creciente, es decir la mayor demanda de una calidad determinada de agua en relación con su oferta, es otro de los efectos de los modelos energéticos y de explotación agropecuaria a los que nos somete el capital. El agua embalsada es hoy superior a la que discurre de forma natural, con lo que se agravan los problemas de inundación, afectando la biota y contaminando el agua. Como es conocido, los represamientos de agua se dirigen, en lo esencial, a la generación de energía eléctrica y al riego, en una muestra más que tierra, energía, atmósfera y agua no pueden analizarse ni tratarse por separado, menos en una sociedad compleja y una naturaleza tan intervenida como la actual. Extraña por eso, la actitud casi indolente de la política frente a la problemática y que la academia y los medios de comunicación convencionales, en el mejor de los casos, traten el asunto como "un problema más".

 

Negacionismo y descalificación

 

El creciente deterioro de las condiciones ambientales, sin embargo, no ha estado exento de controversia. Luego de la publicación en 1998 de las estadísticas sobre el calentamiento del planeta que mostraban un comportamiento prácticamente invariable entre el año 1000 y 1900, a partir del cual se daba un crecimiento abrupto en el siglo XX, y que por la forma de la gráfica se conoció como el "Palo de Hockey", se desató una fuerte polémica sobre la pertinencia y validez del método y las cifras de cálculo. Tan sólo hasta 2006, un grupo de científicos de la Academia de ciencias de Estados Unidos (EU), a solicitud del Congreso de ese país, avaló con algunos ajustes las conclusiones de 1998 y aceptó que el calentamiento global si es un hecho. Sin embargo, los defensores de las tesis ultra-liberales siguen negando el fenómeno y argumentan que la problemática ambiental es una argucia de los derrotados comunistas para imponer visiones colectivistas.

Entre los trabajos más renombrados de los escépticos del problema ambiental tenemos el de Julián Simon –quien fuera llamado por sus admiradores, "cazador de pesimistas"–, en el que sostiene que la tecnología puede ampliar la provisión de materias primas casi de manera indefinida. Libros como Lo pequeño es estúpido: un llamado de atención a los verdes, de Wilfred Beckerman, publicado en 1995, en el que el autor sostiene que es inmoral dedicar recursos económicos a la preservación del ambiente en un planeta en el que la miseria está tan extendida, y además defiende la idea que conservar recursos para las generaciones futuras no tiene ningún sentido, así como tampoco lo tiene elevar a principio la conservación de la especie. Más recientemente logró gran resonancia el libro El ecologista escéptico, de Bjørn Lomborg, publicado en 2005, que defiende la tesis de la poca importancia del cambio climático, frente a problemas como el del Sida. Lomborg, apoyado por la revista ultraliberal The Economist, fue declarado culpable de deshonestidad objetiva por el manejo sesgado de las cifras en el mencionado libro.

La abrumadora cantidad de información que apoya la realidad de hechos como el calentamiento global, el agotamiento de recursos no renovables como el petróleo y el azufre, y la desertificación han dado lugar a un cambio desde la negación del hecho a la de sus efectos. Se argumenta, entonces, que la subida del nivel de los mares y el aumento de la temperatura no tienen que considerarse catástrofes, sino cambios manejables. Sin embargo, lo que no se quiere ver en este caso es que los desplazados por problemas ambientales, que van en aumento, son seres reales que sufren de manera cruel su desplazamiento.

Quedan en el aire, sin embargo, las preguntas de Wilfred Beckerman: ¿es deseable la perpetuación de la especie humana? ¿Tenemos obligaciones morales con las generaciones futuras? Las respuestas se escapan a la ciencia e introducen en el campo de la política. Pero, independientemente de lo que al respecto se piense, lo imposible de olvidar es que el problema ambiental no es tan sólo un problema potencial sino presente. Los habitantes de las tierras secas y de aquellos territorios más bajos respecto del nivel del mar están siendo expulsados de sus hábitats, y tienen derecho a defenderse. Además, la asimetría en el consumo tanto entre países como entre grupos sociales al interior de cada país, da derecho a hablar a las clases subordinadas de excesos y a reclamar formas distintas de lógica social.

 

Un debate demasiado elemental

 

En Colombia, desde octubre pasado se desató un debate de periódico, luego que Natalia Gutiérrez, directora de la Agencia Nacional de Minas, declarara que "No podemos dejarnos ganar por los ambientalistas radicales". Observación que obedecía a la solicitud de moratoria que un grupo de organizaciones presentó para que fuera suspendida la autorización para la explotación de hidrocarburos conocida como fracking. En respuesta a las declaraciones, el exministro del Medio Ambiente Manuel Rodríguez Becerra escribió un artículo criticando la autorización de tal práctica mediante licencia ambiental exprés, que fue respondido por el articulista Ramiro Bejarano calificando a Rodríguez Becerra y a Julio Carrizosa, que también había participado en el debate, de ambientalistas extremos. Las contra-replicas de Bejarano, luego de amenazar diciendo que "Se les acabó el cuarto de hora a esos intolerantes del medio ambiente", derivó en la discusión sobre si los polemistas tenían o no contratos con el Estado.

Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, en un artículo publicado el pasado 8 de enero en el diario El Tiempo, señalaba la necesidad de distinguir entre ambientalistas extremos y ambientalistas (sin adjetivo), y caracteriza éstos últimos porque aceptan el cálculo costo-beneficio mientras que los extremos no. Sin embargo, como es conocido, en dicho cálculo la discusión es álgida respecto de las unidades de valuación de los activos naturales. Pero, más allá de los aspectos conceptuales, llama la atención que el debate, a pesar de no ser de carácter académico, se haya centrado en los adjetivos y que la causa que le da origen, la aprobación del fracking, no ocupe ningún lugar, máxime si se tiene en cuenta que ese tipo de explotación fue prohibida recientemente en Nueva York.

El ambientalismo no es neutro políticamente hablando, existen los ecofascistas de los que quizá su más importante representante es el finlandés Kaarlo Pentti Linkola, que se cuenta entre quienes consideran que la conservación ambiental pasa por la reducción radical de la población en el mundo y que de forma explícita o velada propugnan por la eugenesia. También tenemos a quienes aceptan el problema ambiental, pero estiman posible la transformación del modelo actual en un ecocapitalismo, como es el caso de Amory Lovins, jefe científico del Rocky Mountain Institute, y quien acuñó el término Negawatt, de uso generalizado en las proyecciones del consumo energético. Y además de los negacionistas y los "cínicos" (los que aceptando la existencia del problema ambiental, consideran que no es pertinente ocuparse del mismo), también se encuentran los ambientalistas humanistas (calificados de izquierda), que parten de la premisa que ambiente y lógica de la ganancia son incompatibles.

¿En qué posición se encuentran los movimientos convencionales de la izquierda colombiana? Más allá de lo elemental del debate en nuestro medio, lo positivo es que nos muestra que nadie puede ser neutro respecto de la crítica situación en la que se encuentra nuestra relación con la naturaleza, por la forma e intensidad que le imprime la lógica capitalista. Él éxito de un filme como Interestelar, quizá nos está señalando que así sea inconscientemente, empezamos a entender que en el tema, literalmente, así sea como especie, se nos va la vida.

Publicado enEdición 209
"Es aterrador vivir en una sociedad en la que la verdad no importa"

 

En diciembre de 1947, el físico Albert Einstein, harto del ambiente de caza de brujas contra los intelectuales de izquierdas que se apoderaba de EE UU, estalló. "Vine a EE UU porque oí que en este país existía una gran, gran libertad. Cometí un error al escoger EE UU como una tierra de libertad, un error que no puedo borrar del balance de mi vida", afirmó, según documentación confidencial del Gobierno.


Salvando las distancias, lo mismo le ocurrió al investigador estadounidense Bjorn Stevens. En 2008, cuando era profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, salió huyendo de su país, indignado por las maniobras del presidente George W. Bush para amordazar a los científicos y alejarlos de la toma de decisiones. Hoy, este experto en nubes es director del Instituto Max Planck de Meteorología, con sede en Hamburgo (Alemania), y ha sido uno de los autores principales del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, que ha vinculado definitivamente las emisiones de CO2 al calentamiento que sufre la Tierra.
Stevens, nacido en Augsburgo (Alemania) en 1966 y criado en EE UU, de madre alemana y padre estadounidense, observa ahora desde su exilio cómo el Partido Republicano, el de George W. Bush, asume el control del Congreso de su país. El científico, acostumbrado a subirse a aviones para cazar nubes, ha tomado uno en esta ocasión para acudir a Madrid como jurado de los premios Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA.


Pregunta. ¿Por qué dejó EE UU?


Respuesta. Al comienzo de la década de 2000, cuando la Guerra del Golfo, había un ambiente contra la Ilustración. Vivir en una sociedad así, en la que la verdad no desempeña ningún papel, es muy desalentador. Cuando Bush fue elegido la primera vez pensé: "Bueno, estas cosas pasan". Pero luego vi lo que hizo y cómo todo el mundo sabía lo que estaba pasando, y pese a todo fue elegido una segunda vez. Era muy insatisfactorio vivir en una sociedad así, en la que la verdad no importa. Sobre todo para un científico. Para un científico la verdad es lo más importante. Es aterrador vivir en una sociedad en la que la verdad no importa, y ese era el caso de EE UU en aquella época.


P. ¿Era más difícil todavía para un científico del clima?


R. Nunca he estado realmente implicado en la ciencia del clima para convencer a nadie de nada. A las personas les gusta saber cómo funciona el mundo en el que viven y nos pagan para que se lo digamos. Yo no he interactuado con el mundo de la política ni era mi objetivo influir en las políticas. Solo espero que la gente escuche a la ciencia. Espero que los políticos escuchen a los científicos y acepten lo que dicen. Y deberían escuchar también a otras personas, a la industria, para tomar buenas decisiones. Lo que no deberían hacer es negar lo que aseguran los científicos del clima, porque no hay razones para hacerlo. Al final, las decisiones de los políticos dependen de factores de los que conozco muy poco. Todo lo que puedo pedir es que no pretendan que los científicos dicen cosas que no dicen. Afirmamos que el clima se está calentando, y que pensamos que es por las actividades humanas y porque hay más CO2. Si creen que otros temas son más importantes y deciden que sigamos viviendo como lo hacemos, me parece una decisión justa, siempre que dejen claras las bases de sus decisiones.


P. El Partido Republicano ha asumido en los últimos días el control del Congreso de EEUU. ¿Cómo cree que esto puede afectar a las políticas climáticas y a la ciencia del clima?


R. En mi opinión, los republicanos siempre han sido el partido más fundamentalista. Tienen tendencia a legislar el mundo que ellos desearían que existiera, no el que existe. Cabría esperar que aceptaran cómo funciona el mundo, algo que para mí es básico en el pensamiento de la Ilustración, pero el Partido Republicano es antiintelectual y anti-Ilustración. Y esto dificulta mucho que un país avance basándose en una mejor comprensión del mundo, al margen de cuáles sean tus ideas políticas y lo que creas que es mejor para la economía o para la gente. La política debería ser algo racional, basada en información. Pero el Partido Republicano tiene una dilatada historia de ignorar la información que considera inconveniente. Por ejemplo, vemos una negación de cómo es el mundo en su política exterior. Para mí es muy negativo que haya un partido que tiene miedo al conocimiento porque podría contradecir su idea de cómo debería ser el mundo. Esto es lo más alarmante, así es muy difícil crear políticas basadas en el conocimiento.


P. ¿Cree que los republicanos pueden poner en peligro las políticas climáticas de Obama?


R. Obama ha dado algunos pasos importantes. Y claro que los republicanos pueden ponerlos en peligro. En el Congreso pueden limitar los fondos necesarios para implementar políticas eficaces. También pueden limitar los fondos que permiten a EE UU ser parte de la comunidad de países que buscan soluciones. Tenemos un problema, el clima está cambiando y tenemos que buscar soluciones. Y si tenemos EE UU, con todos sus recursos, concentrado en el negacionismo, tenemos un problema. Nos gustaría ver a EE UU, con todo su poder intelectual y sus recursos, siendo parte de la comunidad de países que buscan soluciones.


P. ¿Cree que Obama ha hecho suficiente en cuanto al cambio climático?


R. Es difícil de decir, porque juzgas en función de lo que esperabas. Si juzgas en función de lo que hizo Bush, Obama ha dado pasos tremendos. Si juzgas en función de lo que esperabas de él hace seis años, cuando fue elegido, entonces puede ser muy decepcionante.


P. El presidente del Gobierno español aludió en 2007 a un primo suyo, catedrático de Física, para poner en duda la ciencia del clima. "Yo de este asunto sé poco, pero mi primo supongo que sabrá. Y entonces dijo: 'Oiga, he traído aquí a diez de los más importantes científicos del mundo y ninguno me ha garantizado el tiempo que iba a hacer mañana en Sevilla'. ¿Cómo alguien puede decir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?", afirmó. Hay personas que siguen pensando así.


R. Hay una buena respuesta para el presidente. Si es verano, se le puede preguntar si el invierno será más frío, porque se puede predecir. Esto es el clima. Es el hecho de que los cambios en los patrones de radiación solar hacen que el invierno sea más frío que el verano. Cuando hablamos de predicción climática, lo hacemos en este sentido. Por supuesto que no podemos predecir el tiempo exacto que hará un día concreto del próximo invierno. Predecir el clima del futuro se parece mucho más a predecir que el invierno es más frío que el verano que a predecir si va a llover un día concreto de la semana que viene. Mucha gente se confunde con esto, incluso algunos físicos inteligentes


P. Su trabajo está dedicado a estudiar la dinámica de las nubes. ¿Qué preguntas trata de responder?


R. La mayor parte de la luz es reflejada por la Tierra y calienta. Pero no toda la luz provoca un calentamiento. Una parte es reflejada hacia el espacio y eso hace que la Tierra vista desde fuera sea un planeta brillante. La pregunta es cuánta luz solar es reflejada por la Tierra y eso depende en buena medida de lo nublada que esté. Lo que se refleja, que se denomina albedo, es aproximadamente un 30% de lo que llega. Y la mayor parte se debe a las nubes. Si cambias el albedo un poco, al 31% o al 32%, tendría un efecto enorme en la temperatura de la Tierra. El efecto de un 1% más en el albedo sería similar a duplicar el CO2. Así que el albedo de la Tierra es muy importante y sabemos muy poco sobre por qué es 30%, o sobre si podría ser 40% o 10%. Una de las cosas que hacemos estudiando las nubes es intentar entender qué controla el albedo. Hay muchos factores que intervienen en ese número.


P. Usted dice que la crítica constructiva es el alma de la ciencia. ¿Puede hacer un poco de crítica constructiva sobre la ciencia del clima?


R. No entendemos bien, en absoluto, cómo la circulación atmosférica cambiará a medida que se caliente la Tierra. La circulación atmosférica es la trayectoria de los ciclones, el monzón, los sistemas polares. Hay patrones en esta circulación. Todo lo que aprende un niño sobre dónde se forman los ciclones, sobre dónde están las regiones polares, depende mucho de la circulación atmosférica. Si calientas el clima, puedes imaginar que todo se queda igual pero con mayor temperatura. Pero también tenemos razones para pensar que habrá cambios en la circulación atmosférica. Quizá los ciclones sean más potentes, o los monzones. Sabemos muy poco de cómo cambiará la circulación. Hacemos modelos muy complejos, pero unos dicen una cosa y otros dicen la contraria. Hay poco acuerdo. Para mí es uno de los grandes desafíos. Es un misterio y debemos tener mucho cuidado con utilizar los modelos como si fueran bolas de cristal. Al mismo tiempo, es muy difícil comunicar a la gente que sabemos algo y desconocemos otras cosas. A menudo, en nuestro campo no admitimos que no sabemos algo por miedo a que la gente piense que no sabemos lo que pasa si metes más CO2 a la atmósfera. Pero es desacertado, porque la ciencia se mueve por las cosas que desconocemos. No pasa nada, admitamos que tenemos problemas en nuestra comprensión del clima.


P. Usted fue uno de los autores principales del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas. ¿Qué espera de la próxima cumbre del clima que tendrá lugar en diciembre en París y de la que podría salir un acuerdo internacional de reducción de emisiones de CO2?


R. No espero gran cosa, así que espero sorprenderme de manera positiva. La calidad de la información de la que disponen los políticos no va a cambiar enormemente, así que tendrán que tomar decisiones con una cierta incertidumbre. No pasa nada, lo hacen todo el tiempo. Los países van a la guerra con mucha menos información.

P. ¿Cree que sigue habiendo una brecha entre los científicos y los políticos en cuanto al cambio climático?


R. Para mí es difícil saber hasta qué punto los políticos entienden la ciencia. Es entendible si quieres entenderla e inviertes tiempo en entenderla. Y hay científicos que se explican muy bien. Los políticos tienen que tomar decisiones difíciles y a menudo es mejor para ellos no entender algunas cosas porque eso facilita que tomen las decisiones que quieren tomar. El gran desafío es exigir a nuestros políticos que intenten informarse a partir del mejor conocimiento disponible. El que quiera saber, tiene información comprensible a su disposición.

Sábado, 10 Enero 2015 08:10

Desigualdad global y devastación

Desigualdad global y devastación

A principios de 2014, un reporte de Oxfam resumió gráficamente la desigualdad que impera en el mundo: 85 individuos concentran más riqueza que los 3 mil 500 millones de habitantes más pobres en el planeta, mitad de la población mundial. El informe, llamado Gobernar para las élites: secuestro económico y desigualdad económica, indicaba desde el título que la situación se mantiene porque las políticas gubernamentales se hacen para favorecer a los más ricos. Lo cual no sorprende, en la vasta mayoría de los casos los gobiernos y legisladores llegan a sus cargos apoyados en las contribuciones, por decir lo menos, de esas élites de poder económico. En un año, los 85 más ricos aumentaron su fortuna en 14 por ciento, que se tradujo, en conjunto, en ganancias por 668 millones de dólares diarios, o casi medio millón de dólares por minuto.

En octubre 2014, el banco Credit Suisse publicó un informe sobre la riqueza mundial en el que resaltaba la preocupación por los niveles de desigualdad que siguen creciendo, lo cual considera un factor de riesgo. La riqueza mundial pasó de 117 mil billones de dólares en el año 2000 a 262,000 billones de dólares en 2014.

El uno por ciento más rico de la población mundial tiene actualmente casi la mitad de la riqueza global (48.5 por ciento). Al mismo tiempo, el 50 por ciento de la población más pobre tiene menos de uno por ciento de los ingresos y de ellos, 90 por ciento vive en países del Sur. Si estas cifras son difíciles de digerir, casi lo es más saber que 70 por ciento de la población mundial tiene en conjunto ¡menos de 3 por ciento de los ingresos!

La región con mayor índice de desigualdad en el mundo es América Latina y el Caribe, pese a que en los últimos años, algunos países, como Uruguay y Venezuela, han contribuido a bajar el promedio continental. México y Chile son los países con mayor desigualdad de todos los miembros de la OCDE, e integran los 10 más desiguales de la región, junto a Honduras, Brasil y Colombia, entre otros. En el último año el número de mil-millonarios en la región aumentó 38 por ciento.

La desigualdad global creció particularmente en las últimas tres décadas, pero la brecha se hizo mayor a partir de las crisis de 2007-2008. Según Credit Suisse, los países donde aumentó más la desigualdad son China e India, donde ahora se encuentran algunas de las mayores fortunas y corporaciones del planeta. Estados Unidos sigue siendo el país que, con distancia, concentra la mayor parte de los ingresos. Allí radica el 49 por ciento de los individuos llamados ultra-ricos, con una fortuna mayor a los 50 millones de dólares.

Esos no son los que sufrieron con la crisis financiera que ellos mismos provocaron. Por el contrario, el uno por ciento más rico de Estados Unidos capturó el 95 por ciento del crecimiento y ganancias posteriores a 2009, mientras 90 por ciento de la población se hizo más pobre. Y esto sin tener en cuenta las sumas ingentes de dinero público que se gastaron para rescatar a instituciones financieras en crisis, de las cuales esos mismos ricos son propietarios total o parcialmente.

A estos análisis, es necesario superponerle la enorme concentración corporativa que tomó vuelo en la década de 1990, en la que las fusiones y adquisiciones empresariales crecieron 757 por ciento y siguieron en ritmo ascendente, aunque más lento, hasta 2007. Con las crisis financieras, económicas y alimentarias de 2007-2008, bajó el porcentaje de fusiones, pero la concentración empresarial ya establecida nunca volvió a bajar del nivel alcanzado en 2000, e incluso subió en algunos años del siglo XXI. Según el estudio La red de control corporativo global de los investigadores Vitali, Glattfelder y Battiston (2011), mil 328 corporaciones trasnacionales tienen 60 por ciento de los ingresos globales y están interconectadas entre sí por dos o más relaciones mutuas, con un promedio de 20 interconexiones. En esta telaraña de relaciones que tienen atrapado al mundo, el estudio identificó una superentidad corporativa, como una araña en la red, integrada por 147 corporaciones que detentan 40 por ciento de los ingresos de todas las trasnacionales y que tienen un enorme poder de decisión sobre toda la red corporativa mundial. Tres cuartas partes de éstas son instituciones financieras, que a su vez están estrechamente ligadas con las mayores trasnacionales de sectores claves de la economía, como energía, petroquímica y química, comunicaciones, construcción, minería, alimentación y agricultura, etcétera.

Son los intereses de lucro de esta extraordinariamente ínfima minoría de ricos los que modelan regulaciones nacionales e internacionales para mantener sus privilegios, las que empujan los modelos industriales de producción y consumo masivos, y los responsables de la devastación social, ambiental y las crisis planetarias. Apenas un ejemplo: sólo 90 empresas, la mayoría privadas, de petróleo, carbón, gas y cemento son responsables de dos terceras partes de las emisiones de gases que han provocado el cambio climático.

Hay muchos factores que se imponen para mantener la desigualdad, incluido un amplio aparato bélico y represivo, en general pagado con fondos públicos. Pero también hay muchos y diversos focos de resistencia y construcción colectiva desde abajo, sin duda lo que sigue haciendo el mundo habitable y en definitiva las únicas alternativas reales a estas nuevas formas de esclavitud global.

 

*Investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
El cambio climático y la Amazonia: un grito de alarma

En Lima, Naciones Unidas organizó en diciembre de 2014 la última reunión preparatoria a la Conferencia de París sobre el Clima de 2015. Hubo varias referencias a la selva amazónica y también, al margen del encuentro oficial, se organizó un Tribunal de Opinión sobre el Derecho de la Naturaleza, que tocó también el tema.

El problema climático es bastante simple. Al tiempo que las actividades humanas producen más gases de efecto invernadero se destruyen los pozos de carbono, es decir, los lugares naturales de absorción de estos gases: las selvas y los océanos. El resultado es que el planeta no puede regenerase plenamente y que ya necesitamos un planeta y medio para la restauración de la naturaleza, pero tenemos solamente uno.

Tres grandes lugares del mundo tienen reservas forestales importantes reguladoras de los ecosistemas regionales: Asia del sur-este (Malasia e Indonesia), África central (Congo) y la Amazonia. El primero ya ha prácticamente desaparecido: Malasia e Indonesia han destruido más de 80 por ciento de sus selvas originarias para la plantación de palma africana y de eucaliptos. En el Congo, las guerras habían parado la explotación de madera y la extracción minera, pero estas actividades se renovaron durante los 10 últimos años. La Amazonia está en pleno proceso de degradación.

 

Las funciones geológicas de la selva amazónica

 

Con 4 millones de kilómetros cuadrados en nueve países, almacena un total de 109.660 millones de toneladas de C02, es decir, 50 por ciento del C02 de los bosques tropicales del planeta. Un total de 33 millones de personas viven en esa región, y entre ellas 400 pueblos indígenas.

Un estudio de un científico brasileño, Antonio Donato Nobre, O futuro climático da amazõnia. Relatorio de avaliação científica, describe de manera impresionante las funciones de la selva amazónica. Recogió los estudios hechos en Brasil. La historia geológica de la Amazonia es muy anciana. Se tomaron decenas de millones de años para construir la base de la biodiversidad de la selva, que estableció esta última como "máquina de regulación ambiental" de alta complejidad. Se trata de "un océano verde" en relación con el océano gaseoso de la atmósfera (agua, gases, energía) y con el océano azul de los mares, dice el autor.

Las principales funciones son cinco. Primero, la selva mantiene la humedad del aire, permitiendo lluvias en lugares lejos de los océanos, gracias a la transpiración de los árboles. En segundo lugar, las lluvias abundantes ayudan a conservar un aire limpio. Tercero, se conserva un ciclo hidrológico benéfico aún en circunstancias adversas, porque la selva aspira el aire húmido de los océanos para dentro, manteniendo lluvias en cualquier circunstancia. La cuarta función es la exportación del agua por los ríos en grandes distancias, impidiendo la descertificación, especialmente al este de la cordillera. Finalmente, ella evita fenómenos climáticos extremos gracias a la densidad forestal, que impiden tempestades alimentadas por el vapor de agua. Por eso se debe defender esta riqueza natural excepcional.

 

La degradación de la selva

 

Los efectos de la degradación actual de la selva amazónica son ya visibles: reducción de la transpiración, modificación de las lluvias, prolongación de la estación seca. Solamente en el Brasil hubo, en 2013, una deforestación de 763 mil kilómetros cuadrados, es decir, tres veces el estado de Sao Paulo o 21 veces Bélgica, o también 184 millones de campos de futbol.

Se estima que una disminución de 40 por ciento de la selva significaría el inicio de un proceso de transición hacia la sabana. Actualmente 20 por ciento ha sido destruida y otro 20 por ciento están seriamente afectados. Según una declaración de la FAO, el Día Internacional de la Selva de marzo de 2014, si la evolución sigue igual, dentro de 40 años no habrá más selva amazónica, sino una sabana con algunos bosques. Por esta razón, el autor del estudio pide una reversión radical estimando que el desafío es todavía posible de ser encontrado. Él propone una restauración de la selva destruida, una difusión de los conocimientos para alimentar la opinión pública y decisiones urgentes de los dirigentes políticos.

Pero, de hecho, ¿qué constatamos? Todos los países que poseen en su territorio una parte de la selva amazónica tienen "buenas razones" para utilizarla. En los países neoliberales hay la idea de explotar recursos naturales que deben contribuir a la acumulación del capital. En países progresistas los argumentos son diferentes: se necesita extraer las riquezas naturales y promover la exportación agrícola para financiar las políticas sociales y en regímenes socialdemócratas se nota en el discurso político una mezcla de los dos argumentos. Pero cualquier que sea el discurso el resultado es lo mismo.

Al oeste de la Amazonia es la explotación petrolera la que avanza en la selva. Basta visitar una región como el Putumayo colombiano para observar los daños enormes de solamente la fase de exploración. El presidente de Vetra, empresa petrolera canadiense, el señor Humberto Calderón Berti, afirmó en 2014 que a pesar de las dificultades (baja del precio del crudo, oposición de la población, actividades guerrilleras) "no nos vamos del Amazonas, pues es un mar de petróleo que va desde el alto de Macarena y pasa por Ecuador y Perú". Actualmente la compañía extrae 23 mil barriles diarios en el Putumayo colombiano.

En Venezuela nuevos yacimientos esperan su explotación para contribuir, entre otros, a la política de solidaridad del Alba. En Ecuador el proyecto profético del Yasuní está abandonado, a causa de la falta de apoyo internacional y también de la presión de intereses locales, y la frontera petrolera sigue avanzando. En Perú y Bolivia, los pozos de petróleo y gas se multiplican. En todas partes, desechos siguen contaminando las aguas y los suelos por negligencias culpables, como en el caso de Chevron (antigua Texaco) en Ecuador, por accidentes de explotación o de transporte o solamente porque las tecnologías limpias son demasiado costosas.

Algunos ejemplos concretos. En Ecuador, son más de 16 mil millones de galones de agua contaminada que fueron enviados por Texaco a los ríos de la Amazonia . Unas mil piscinas de desechos no dejan de filtrar crudo en los suelos, tras 30 años de la salida de la compañía. En 1993, 30 mil ecuatorianos afectados presentaron en Nueva York un reclamo judicial. Se trata de la catástrofe más grande de derrames en años recientes en los mares.

En Loretto, Perú, el derrame total fue de 2 millones 637 mil barriles (353 mil toneladas). En 1979 fue de 287 mil toneladas (10 veces más que la catástrofe de Exxon Valdez). Hubo afectaciones prácticamente irreversibles, tomando siglos la rehabilitación. Metales pesados, cadmio, arsénico, plomo, etcétera, superaron de 322 veces los límites máximos permitidos. El estado de emergencia fue declarado: 100 comunidades fueron afectadas, con más de 20 mil personas, sin hablar de las consecuencias sanitarias (cánceres, mutaciones genéticas, abortos) y socio-culturales. En el mismo país, en 2009, se movilizaron miles de personas en Bagua contra los proyectos extractivos. Destruyendo bosques y ríos y hubo, en la Curva del Diablo, 53 muertos y 200 heridos. Otras dos empresas han recibido 658 millones 879 mil 677 hectáreas en concesión.

Al este son las minas las que comen grandes espacios de la selva. En el estado de Para, norte del Brasil, la empresa Vale ha recibido una concesión de más de 600 mil hectáreas y las explotaciones de minas de cobre y oro se añaden a las de hierro, transformando grandes superficies en paisajes lunares. La actividad minera se encuentra también en varias regiones del oeste y centro. Así, en Perú, en la cordillera del Cóndor, la firma canadiense Afrodita recortó una parte del parque Ichigkat Muja para actividades mineras. En el lado ecuatoriano, el yacimiento Cóndor-Mirador se encuentra en conflictos con las comunidades indígenas por falta de precaución ambiental y de estudios de impactos.

Desde el sur suben los monocultivos de soya y palma en grandes rectángulos que, vistos desde un avión, parecen como heridas abiertas en el paisaje. El código forestal brasileño explica en su introducción que el país quiere favorecer la "agricultura moderna", es decir, industrial. El Rey de la soya es el gobernador del estado de Mato Grosso.

Las represas hidroeléctricas ocupan principalmente el centro de la selva amazónica, inundando decenas de miles de hectáreas de tierra forestal. En Brasil, la represa de Itaipu tiene un lago artificial de 200 kilómetros de largo, cubriendo un área de mil 400 kilómetros cuadrados. En el proyecto del río Madeira, en el estado de Rondonia, 10 mil personas fueron obligadas a quitar su hogar. La hidro-eléctrica Belo Monte, sobre el río Xingu, inundó 500 kilómetros cuadrados, afectando a 40 mil familias. El embalse de Balbina, durante los tres primeros años de su existencia, ha emitido 23 mil 750 toneladas de C02 y 140 mil toneladas de metano.

A pesar de medidas gubernamentales, la explotación legal o ilegal de la madera sigue agresiva. Los incendios, accidentales o provocados, destruyen grandes espacios de la selva. Obras públicas de carreteras, pipelines, ferrocarriles y transporte fluvial contribuyen también a la destrucción ecológica.

En medio de esta problemática ambiental se encuentran millones de seres humanos afectados por la transformación de sus medios de vida, la expulsión de sus tierras ancestrales, la colonización de sus territorios y la criminalización de sus protestas. Numerosas especies vivas, animales y vegetales, pagan también el precio de este "progreso de civilización".

 

Los olvidos del discurso oficial

 

En los discursos oficiales no se oye hablar mucho de los costos de esas políticas, es decir, de los millones de toneladas de CO2 enviadas a la atmósfera ni del tipo de uso que se hace de los minerales extraídos o de los productos de la agricultura industrial: oro que, en gran parte, termina en las bodegas de los bancos para garantizar el sistema financiero; hierro, entre otros, para fabricar armamentos; soya, para alimentar el ganado, que a su vez produce más gases de efecto invernadero que el transporte, etcétera. De verdad la primera responsabilidad está en el Norte, pero la reproducción del mismo modelo de producir y consumir tiene las mismas consecuencias y eso no es en primera instancia un problema moral o político, sino matemático.

 

Soluciones

 

Evidentemente, no se trata de hacer de la Amazonia un jardín zoológico ni de transformar los pueblos indígenas en objetos de museo, sino de adoptar una visión holística de la situación, es decir, no segmentar lo real, permitiendo así a una cierta lógica de crecimiento económico proveer la única referencia, olvidando las externalidades ambientales y sociales, o perseguir políticas a corto plazo que obliteran el futuro. Eso puede traducirse en medidas muy concretas.

No se trata tampoco, para los países latinoamericanos, de perder su soberanía y dejar a otras potencias imponer regulaciones en función de sus intereses, sino para los dirigentes políticos tomar juntos medidas positivas de salvación de la selva amazónica en colaboración con los pueblos concernidos. La Unasur podría ser el lugar de colaboración institucional para realizar esta tarea urgente.

La crisis que afecta la región, con una baja de los precios del petróleo y otras commodities, puede ser la ocasión para tomar iniciativas. Los países que lo hagan quedarán en la historia como visionarios.

 

* Profesor en el IAEN, Ecuador

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