Martes, 19 Junio 2012 06:55

Dos cumbres, muchos reclamos

Dos cumbres, muchos reclamos
A seis días del inicio de la cumbre ambiental y cuando faltan dos para la llegada de los jefes de Estado, anoche no estaba definido el documento que deberían firmar los mandatarios. “Hay por lo menos diez cuestiones complejas en el texto”, admitió ayer el embajador André Correa do Lago, jefe de la delegación brasileña. El debate está empantanado en torno del concepto de economía verde que impulsan los países desarrollados y, sobre todo, si esas naciones se van a hacer cargo de su mayor responsabilidad en el deterioro ambiental del planeta, financiando un fondo para iniciativas sustentables. Hasta ahora se resisten, escudados en la crisis económica que los afecta. Se estima que el texto podría ser aprobado esta madrugada. Mientras los diplomáticos debaten contra reloj, los movimientos sociales que participan de la Cumbre de los Pueblos, en esta misma ciudad, avanzan con sus reclamos. Ayer, tres movilizaciones paralizaron el centro de Río: grupos de aborígenes que rechazan las represas hidroeléctricas en el Amazonas, ambientalistas que se oponen a la economía verde y unas sesenta organizaciones de mujeres que pidieron por el derecho al aborto y contra la violencia doméstica.


De la Cumbre de los Pueblos participan numerosas organizaciones de la Argentina, la mayoría de ellas nucleadas en la Red Social que organizó y coordinó la Cancillería. “La delegación representa a unas 567 organizaciones que, si bien no elaboraron un documento en conjunto, lograron establecer un debate y elaborar una postura con coincidencias”, dijo a Página/12 Oscar Laborde, coordinador del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil de la Cancillería.


La convocatoria incluyó a organizaciones ambientalistas, sociales, universitarias, sindicales, políticas y de pueblos originarios. Entre ellas participan la CTA, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), el INTI, el Instituto Gino Germani de la UBA, organizaciones de pueblos originarios y de migrantes, la Universidad Nacional de San Martín y el área de profesionales del Movimiento Evita, entre otros.


“Todos coincidimos en que no va a haber política ambiental viable si no se contemplan políticas de inclusión”, dijo a este diario Beatriz Anchorena, directora ejecutiva de la Fundación Compromiso, una de las integrantes de la delegación argentina.


La Cumbre de los Pueblos por la Justicia Social y Ambiental se desarrolla en forma paralela a la Cumbre de Naciones Unidas, en el Aterro do Flamengo, un predio ubicado en pleno centro de Río de Janeiro, lejos del escenario de la cumbre de jefes de Estado. Han llegado delegaciones de diversos países, todos con un denominador común: el rechazo a la mercantilización de la vida y la naturaleza, y en defensa de los bienes comunes.


En ese escenario se desarrollan conferencias y exposiciones simultáneas sobre diferentes temas, como los estragos de la minería a cielo abierto o la amenaza por la deforestación, como consecuencia de la extensión de las fronteras agropecuarias. El tema de género también se incorporó a los debates, en una ampliación del concepto de protección del medio ambiente, en la que las mujeres, como mayoría de la población mundial, tienen un papel decisivo.


Fueron las mujeres, justamente, las que salieron a la calle ayer, y se manifestaron con un corte en las avenidas Presidente Vargas y Antonio Carlos que paralizó el centro de Río. Las convocantes dijeron haber reunido a unas cinco mil participantes, muchas de ellas con los pechos desnudos y los cuerpos pintados con coloridas pinturas. “No queremos estar encerradas en el Aterro do Flamengo, salimos a hacer públicas nuestras reivindicaciones por la igualdad”, dijeron.


No fueron las únicas. Grupos indígenas de Brasil también hicieron su piquete para hacer visibles sus reclamos contra un proyecto del Banco Nacional de Desarrollo para construir centrales hidroeléctricas en el Amazonas. Por último, grupos ambientalistas del Comité de Defensa de los Bosques también se manifestaron en contra del Código Forestal.


Las organizaciones son críticas del concepto de economía verde que impulsan los países desarrollados y Africa. Coinciden grosso modo con la posición que vienen sustentando los países del G-77 (entre ellos la Argentina) más China, que sospechan que puede convertirse en un instrumento de las potencias para imponer nuevas barreras a las importaciones provenientes de países en desarrollo que no cumplan con esos parámetros verdes.


Como contrapartida, los países emergentes reclaman la creación de un fondo con el aporte de los países más ricos –los que más daño hicieron al ambiente en el planeta– para financiar el desarrollo de las naciones periféricas de una manera sustentable.


Ambas posiciones constituyen los ejes de un debate que hasta anoche no había terminado de saldarse. Los esfuerzos de la diplomacia anfitriona procuraban que la cumbre no termine en fracaso y se llegue a un compromiso lo menos lavado posible. Luis Figueiredo Machado usó una metáfora futbolera para describir el cuadro: “Ya terminó el tiempo reglamentario, estamos en el alargue”.
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Río+20: Omisiones y debilidades del texto en negociación
Las negociaciones oficiales en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible han ingresado a su etapa final con la presentación de un documento de negociación presentado por Brasil, el Estado anfitrión, que sigue siendo discutido. Es un texto de 20 páginas y 287 parágrafos que muestra algunos tímidos avances en materia de reconocimiento de derechos, pero insiste en un modelo único de desarrollo sostenible que no incorpora la diversidad cultural y se resiste a reconocer a la Madre Tierra como sujeto de derechos.

 
El documento insiste en los tres pilares del desarrollo sostenible (económico, ambiental y social) acordados hace veinte años y que no han hecho sino profundizar la crisis, al enfatizar el pilar económico para definir las políticas ambientales e ignorar el pilar social. Textualmente, el documento apenas reconoce “la diversidad natural y cultural del mundo” y “que todas las culturas y civilizaciones pueden contribuir al desarrollo sostenible”. Los pueblos indígenas planteamos la incorporación expresa del pilar cultural, a fin de garantizar el reconocimiento de todas las visiones y prácticas de desarrollo, en particular las de aquellas culturas que, aunque diversas, nos identificamos en un modelo de diálogo y armonía con la Madre Tierra.

 
Particularmente grave es considerar la minería como una actividad compatible con el desarrollo sostenible, siendo la minería una de las actividades más dañinas para la conservación de la Madre Tierra y que más impactos causa en la vida y la cultura de los pueblos.

 
Derechos y participación

 
El documento propuesto por Brasil señala: “Somos conscientes de que el planeta Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que la Madre Tierra es una expresión común en varios países y regiones, y tomamos nota de que algunos países reconocen los derechos de la naturaleza en el contexto de la promoción del desarrollo sostenible. Estamos convencidos de que a fin de lograr un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y medio ambiente de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza”.

 
Es decir, los Estados siguen resistiéndose a reconocer a la Madre Tierra como sujeto de derechos y a adoptar, en consecuencia, una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra, como venimos planteando los pueblos indígenas en diversos escenarios internacionales y hemos reiterado en Río+20.

 
El “hincapié en la importancia de la participación de los pueblos indígenas en el logro del desarrollo sostenible” y el reconocimiento de “la importancia de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en el contexto de aplicación a nivel mundial, regional, nacional y subnacional de las estrategias de desarrollo sostenible” solo representarán un avance si este reconocimiento se materializa en salvaguardas de derechos para todos los programas de desarrollo sostenible.

 
En el mismo sentido, el “pleno respeto del derecho internacional y sus principios” debe incluir, en la práctica, el principio de progresividad. Nos referimos concretamente al requisito del consentimiento previo, libre e informado, ya reconocido por el Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y que por tanto debe hacerse extensivo a todo aquello que involucre a los pueblos indígenas, en todos los ámbitos.

 
Lo mismo rige para el fomento de la participación de la sociedad civil en el que insiste el texto presentado por Brasil. Esto debe significar que todas las instancias de las Naciones Unidas deben crear espacios de participación para los pueblos indígenas, como existen en el CDB, pero no solo en calidad de observadores sino con poder de decisión. La Organización Internacional del Trabajo, por ejemplo, adoptó el Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales hace 23 años y su estructura sigue siendo tripartita, sin que se haya creado un espacio para los pueblos indígenas.

 
Responsabilidades históricas y con el futuro

 
El texto reitera el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”. Un principio que solo se hará realidad si los países industrializados y las corporaciones multinacionales asumen su deuda histórica con los pueblos y la Madre Tierra, acumulada en siglos de depredación, saqueo, contaminación y colonialismo. Y si se comprometen a cambiar sus patrones de consumo y su matriz energética basada en los combustibles fósiles, fijándose también metas reales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

 
De no ser así, toda declaración acerca de la “diversificación de la matriz energética”, citada en el documento, seguirá siendo un discurso hueco. Peor aun si se insiste en las soluciones de mercado, como los proyectos REDD+ a los que alude el texto propuesto.

 
Glaciares, agua, biodiversidad

 
 El texto propuesto por Brasil reconoce los riesgos que corren los Estados insulares, pero no señala como una de las causas el creciente retroceso de los glaciares, a fin de tomar medidas para su protección. Lo mismo ocurre con el tema de los desastres, porque la desglaciación es una de sus causas. Los pueblos indígenas planteamos expresamente declarar la intangibilidad de los glaciares, las cuencas hídricas, los páramos y las zonas de alta biodiversidad, para que se prohíban en todos ellos las actividades extractivas.

 
Esto nos lleva al tema del agua, a la que el documento que se negocia solo se refiere para garantizar el acceso a los servicios, pero no dice nada respecto a la indispensable protección de las fuentes hídricas, porque se sigue considerando al agua como un recurso o un servicio, no como un ser vivo ni como un derecho universal.
 

El documento reconoce “la importancia de las prácticas tradicionales de agricultura sostenible, incluyendo los sistemas tradicionales de suministro de semillas, incluidas las de muchos pueblos indígenas y comunidades locales”. Y que “los conocimientos tradicionales, innovaciones y prácticas de los pueblos indígenas y las comunidades locales hacen una importante contribución a la conservación y uso sostenible de la biodiversidad, y su aplicación más amplia, puede apoyar el bienestar social y de medios de vida sostenibles. Además, reconocemos que los pueblos indígenas y las comunidades locales a menudo dependen más directamente de la biodiversidad y los ecosistemas y por lo tanto son a menudo más inmediatamente afectados por su pérdida y degradación”.
 

Sin embargo, no dice nada respecto a la protección de los conocimientos tradicionales de su mercantilización. Solo reconoce los derechos de los Estados nacionales sobre los recursos genéticos, pero no que los pueblos indígenas somos los que más los hemos desarrollado, otorgando alimentos indispensables para el mundo.

 
El documento continúa restringiéndose a hablar de “seguridad alimentaria”, pero una propuesta de los pueblos indígenas y de las mujeres indígenas en particular es garantizar la soberanía alimentaria, a fin de proteger los recursos genéticos y ejercer el derecho a decidir que sembramos y qué comemos.

 
Ciudades y educación

 
Otro tema es el de las “ciudades sostenibles”, en el que el documento no hace referencia alguna a todo aquello que obliga al desplazamiento de los pueblos indígenas hacia las zonas urbanas debido a la invasión y saqueo de sus territorios por la minería y otras actividades extractivas o megaproyectos como represas hidroeléctricas y grandes carreteras que impactan sobre nuestros derechos fundamentales.

 
De manera similar, el tema de la educación es abordado de manera pobrísima, nuevamente como un servicio y no como un derecho. No se pueden discutir mejoras curriculares y oportunidades de acceso sin empezar por plantearnos que la educación debe ser intercultural, desde la producción de contenidos propios, que no se limiten al bilingüismo sino que constituyan un camino para lograr la convivencia armónica y respetuosa entre los pueblos y la reafirmación de la identidad, desde la defensa de la vida y para garantizar un futuro a las próximas generaciones.
 

Río de Janeiro, 18 de junio del 2012


Por Miguel Palacín Quispe, cCordinador General de la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas - CAOI
www.coordinadoracaoi.org
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Viernes, 15 Junio 2012 06:40

Más diferencias que consensos en Río

Más diferencias que consensos en Río
Tras el segundo día de reuniones preliminares de la Conferencia de las Naciones Unidas Río+20, sobre Desarrollo Sostenible, no se logró consenso aún sobre el 75 por ciento del documento final. Uno de los puntos centrales de divergencia es de dónde saldrán los recursos financieros y técnicos para solventar la polémica propuesta de impulsar una “economía verde”. Hubo progresos, pero los desacuerdos siguen siendo grandes, y el reloj empezó su cuenta regresiva con vistas a la cumbre de jefes de Estado que se desarrollará entre el miércoles y el viernes de la semana próxima.


Quienes sí manifestaron acuerdos son las counidades indígenas, participantes de la Cumbre de los Pueblos que se desarrolla en forma paralela en Río de Janeiro. “Que nos dejen vivir en paz”, pidió un cacique de la etnia caiapó. Unos 1600 aborígenes llegaron a esa ciudad para participar de la cumbre alternativa.


La serie de tres días de reuniones preparatorias, que finaliza hoy, todavía no logró consenso sobre varios temas. La principal diferencia se expresa en cuáles son los medios financieros y tecnológicos para impulsar el giro del modelo de desarrollo hacia una “economía verde”, sostuvo el coordinador brasileño, Luiz Figueiredo. “Si las negociaciones no terminan hoy, Brasil, como presidente de la conferencia, asumirá la coordinación y buscará encontrar puntos de convergencia entre las posiciones”, afirmó. Es probable que las negociaciones deban continuar el fin de semana o, inclusive, prolongarse hasta el inicio de la conferencia de jefes de Estado y de gobierno, el próximo 20.


Figueredo dijo que mantiene esperanzas de que el documento esté listo hoy, pero advirtió que eso no será posible sin un acuerdo sobre la financiación y la transferencia de tecnología para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que serán fijados para 2015-2030. “Para cualquier recomendación de acción, es necesario que esté en claro qué medios están a la disposición de los países para implementarlas”, opinó.


El embajador admitió que la crisis que afecta a las economías de los países desarrollados redujo su disposición a financiar la transición hacia la “economía verde”. “Pero no podemos ser rehenes de una retracción generada por la crisis: estamos acá para pensar a largo plazo, y no en una crisis que en un año o dos podrá ser superada”, enfatizó.


Las discrepancias que persisten en torno de un 75 por ciento del documento final de la cumbre también preocupan a la ONU, según afirmó el representante de la secretaría general, Nilchil Seth. “Hay que acelerar las cosas; tenemos sólo un día más y no es hora de debatir nuevas ideas, es hora de cerrar un texto”, dijo. Según el diplomático, tampoco se logra un consenso sobre el marco institucional que será encargado de monitorear el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a través de una “gobernanza” global: persisten divergencias en torno de la propuesta de la Unión Europea, apoyada por países africanos, de convertir el Programa de Naciones Unidas sobre medio Ambiente en una agencia independiente.


También las potencias desarrolladas resisten la propuesta de los países del G-77 más China de crear un fondo de 30.000 millones de dólares anuales por las naciones industrializadas para financiar proyectos de desarrollo sostenible entre 2013 y 2018. Y el principio de “responsabilidad común pero diferenciada” entre países ricos y pobres también genera la resistencia de los industrializados.

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Lunes, 11 Junio 2012 14:02

Río+20, repensando el desarrollo

Río+20, repensando el desarrollo
Hace 20 años, en junio de 1992, se celebró en Río de Janeiro, Brasil, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también conocida como Cumbre de la Tierra. En la Cumbre de la Tierra participaron 172 gobiernos con presencia de 108 jefes de Estado y de Gobierno.

Los resultados de la Cumbre de Río fueron la aprobación del Programa 21, un plan de acción mundial para promover el desarrollo sostenible, y la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo que es básicamente un conjunto de principios que definen los derechos y obligaciones de los Estados respecto del medio ambiente y el desarrollo. Asimismo esa cumbre fue el origen de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que en 1997 acordaría el famoso Protocolo de Kioto para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Hubo dos grandes protagonistas de la Cumbre de la Tierra, por un lado George Bush padre, presidente de los Estados Unidos, quien vino a anunciar en Río que «el estilo de vida estadounidense no está abierto a negociaciones». Por otro lado, el comandante de la revolución cubana Fidel Castro cuya posición se resume en la siguiente frase extraída de su discurso ante el plenario de la Cumbre: «Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre».

En definitiva Fidel se enfrentaba en nombre de los países en desarrollo a ese Norte que había podido industrializarse, desarrollarse y construir sus Estados del Bienestar a costa de un Sur, los países del Tercer Mundo, colonias hasta hace poco convertidas en ese momento en naciones explotadas y saqueadas por un orden económico mundial injusto. En ese sentido, proponía una vez terminada la Guerra Fría dedicar el gasto militar y armamentístico a promover el desarrollo del Tercer Mundo y combatir la amenaza de destrucción ecológica del planeta.

Río+20


20 años después de aquella Cumbre de la Tierra, en medio de una crisis estructural del modelo civilizatorio occidental y con las clarividentes palabras de Fidel aun resonando en los pasillos de Riocentro, el lujoso centro de convenciones en la exclusiva zona de Barra de Tijuca, se celebra la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20.

Los objetivos de esta conferencia de Naciones Unidas son alcanzar un nuevo acuerdo político en torno al desarrollo sostenible, evaluando el progreso hasta la fecha y las lagunas en la aplicación de los acuerdos que se han ido adoptando. La conferencia va a estar centrada en dos temas principales, el de la economía verde o ecológica con vista a la sostenibilidad y la erradicación de la pobreza, y la creación de un marco institucional para el desarrollo sostenible. Todo ello dentro de un ambicioso llamado de las Naciones Unidas a los Estados y la sociedad civil en general a sentar las bases de un mundo de prosperidad, paz y sustentabilidad.

Río+20 tendrá lugar oficialmente del 20 al 22 de junio, momento en el que los Jefes de Estado y Gobierno de los diferentes países que conforman las Naciones Unidas llegarán a Río de Janeiro para las sesiones plenarias y la búsqueda de un acuerdo. Sin embargo, los equipos negociadores de cada gobierno, después de tres rondas de negociaciones previas en Nueva York en torno a un borrador de acuerdo, comienzan la última ronda de negociaciones el 13 de junio para preparar el documento que sus respectivos presidentes deberán firmar como parte de un acuerdo final.

Los equipos negociadores de cada país miembro de Naciones Unidas están trabajando en torno a un documento llamado “El futuro que queremos – Borrador Cero del documento de Río+20”. Este documento, que comenzó hace meses siendo una compilación de diferentes propuestas por parte de los Estados de en torno a 300 paginas, cuenta en estos momentos con 82 paginas íntegramente en ingles con una base de párrafos que se van acordando y otra serie de ideas entre corchetes lo cual indica que están siendo sujetos a discusión, esquema habitual de los documentos de negociación en Naciones Unidas.

El Zero Draft o Borrador Cero cuenta con una estructura dividida en 5 puntos principales. Una primera parte que es básicamente un preámbulo y donde se define la visión compartida por los diferentes miembros de Naciones Unidas. Un segundo punto en torno a la renovación del compromiso político, en el que se reafirman los principios de Río, se evalúan los progresos y los déficits en la implementación del desarrollo sostenible y se va haciendo un repaso en torno a los principales grupos implicados, desde los pueblos indígenas a los sindicatos o la comunidad científica. La tercera parte del documento está dedicada a desarrollar el rol de la economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, el punto principal y más conflictivo de todos pues trata de presentar a la economía verde como el nuevo paradigma del desarrollo sostenible. En cuarto lugar nos encontramos con la definición del marco institucional para el desarrollo sostenible y finalmente la quinta y ultima parte del documento de negociación está dedicada al marco de acción y seguimiento, con propuestas de acuerdo en torno a temas como la seguridad alimentaria, agua, energía, cambio climático, bosques y biodiversidad, educación o igualdad de género.

G77+China


Dentro de la política de bloques inherente a unas negociaciones en el marco de Naciones Unidas podemos observar dos grupos principales, la Unión Europea por un lado, y el G77 junto a China por otro lado. El G77 es un grupo muy heterogéneo de países del Sur, es decir, de los países llamados del Tercer Mundo o en desarrollo, que cuenta con diversos bloques en su interior, como el del ALBA, el Grupo Africano, Grupo de los Estados Insulares o el Grupo Árabe. Asimismo cuenta con potencias emergentes de los BRICS como Brasil o India.

El G77, presidido en 2011 por Cristina Fernández de Kirchner en representación de Argentina, y desde 2012 con Argelia como coordinador, se presenta en Río con un documento propio de consenso como base para la negociación.

El documento del G77+China propone un nuevo orden económico mundial basado en los principios de equidad, soberanía, intereses comunes, interdependencia y cooperación entre los estados. Plantea además una nueva arquitectura financiera internacional mediante la reforma expedita y ambiciosa de las instituciones creadas por los acuerdos de Bretton Woods (es decir, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional), cambiando sus estructuras de gobierno y su déficit democrático en el marco de una plena y justa representación de los países en vías de desarrollo, promoviendo la provisión de recursos financieros y transferencia tecnológica a los países en vías de desarrollo sin condicionalidades.

Asimismo, se pide el reconocimiento y respeto a los diferentes modelos de desarrollo afirmando que las estrategias de crecimiento económico basadas en el mercado son insuficientes y no garantizan ni aseguran un crecimiento económico equitativo ni resuelven los problemas de pobreza, salud, educación, empleo pleno, reducción de inequidades y promoción del desarrollo social y la inclusión.

También se propone un cambio en los patrones de producción y consumo, denunciando que los recursos naturales son limitados y que los países desarrollados han hecho un uso excesivo de ellos. A partir de ahí se reconoce la importancia del agua como Derecho Humano o la seguridad alimentaria, y se demanda un desarrollo sostenible con un enfoque holístico y en armonía con la naturaleza, propuesta que parte del Estado Plurinacional de Bolivia. Esta demanda además ha sido recogida en el Borrador Cero oficial, cuyo párrafo 33 dice textualmente: «Somos conscientes de que el planeta Tierra y su ecosistema son nuestra casa y que Madre Tierra es una expresión común en una serie de países y regiones. Estamos convencidos de que con el fin de lograr un equilibrio justo entre el económico, las necesidades sociales y el medio ambiente de presentes y futuras generaciones, es necesario promover la armonía con naturaleza».

En la misma línea, uno de los objetivos en Río+20 por parte de Bolivia y del ALBA será el de recoger las propuestas de la Conferencia Mundial de los Pueblos Sobre Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra realizado en Tiquipaya (Bolivia) y plantear una propuesta de Derechos de la Madre Tierra.

Unión Europea


Frente a estas propuestas, la posición de la Unión Europea es contundente y fiel reflejo del modelo neoliberal en el que está instalada. La UE conceptualiza a la naturaleza como “capital natural”, como “stock de recursos naturales” regulables a través del mercado. Es decir, estaríamos ante una segunda fase del neoliberalismo, una fase más avanzada en la que después de haber hecho retroceder al Estado, cuando no desaparecer totalmente privatizando los sectores estratégicos bajo control estatal, se le ordena al Estado que cree mercados donde hasta ahora no existían. Ya no es suficiente además con generar plusvalía vendiendo la madera de los bosques, sino que además se crea un nuevo mercado en el que lo que se vende es la capacidad de absorción de dióxido de carbono de esos mismos bosques. A partir de ahí se abre la vía para la financiarización de la naturaleza, para especular y crear nuevos mercados inmateriales.

La Unión Europea plantea entonces un paquete de metas e indicadores enfocados en el medio ambiente, y con la excusa de la reducción de emisiones y la eficiencia en el uso de recursos naturales, deja de lado las necesidades sociales y económicas de los países en desarrollo.

Pensando el mañana


Son numerosos los temas a desarrollar en Río+20 y cada uno de ellos exigiría de decenas de páginas para profundizar, pero finalmente el reto de Río+20 será el de cómo construir una visión del desarrollo no basada en el capitalismo, que salga de los parámetros de crecimiento capitalista. Como lograr un desarrollo integral, complementario y solidario basado en la complementariedad de los derechos de los pueblos a su desarrollo, de los derechos de los pueblos a superar la pobreza causada por el capitalismo y el colonialismo, y de los derechos de la Madre Tierra. Además, estos derechos deberían ser realizados de manera integral, interdependiente, complementaria y en apoyo mutuo. Es decir, un derecho no puede realizarse sin los otros y un derecho no puede estar sobre los otros. Se trata de derechos interdependientes, cuya plena consolidación requiere una interacción complementaria entre ellos.

En cualquier caso no hay duda que estamos viviendo (y sufriendo) los limites de un modelo civilizatorio insostenible. Los pueblos del Sur han recuperado su dignidad y el Norte ya no puede seguir creciendo a costa de su explotación. Además Ama Lurra, la Pachamama, ya nos está demostrando que no se la puede seguir explotando indefinida e incontroladamente como se ha hecho hasta ahora. Estamos viendo por tanto los límites planetarios del sistema de acumulación capitalista en toda su crudeza. En ese sentido Río+20 es una ocasión histórica para poner sobre la mesa debates necesarios y tratar de llegar a consensos en la búsqueda de soluciones.

En definitiva, y retomando las palabras finales de Fidel en su discurso en el plenario de la Cumbre de la Tierra de 1992: «Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo».

- Katu Arkonada se encuentra en Río de Janeiro formando parte del equipo negociador del Estado Plurinacional de Bolivia

http://alainet.org/active/55523
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“Quieren trasladar su crisis a nuestros países”
La cumbre ambiental Río+20, que en unos días concentrará en la capital carioca a presidentes y funcionarios de casi doscientos países, será escenario de una nueva disputa entre las naciones centrales y el grupo de países emergentes o en vías de de-sarrollo, nucleados en el G-77 más China. Uno de los ejes de la controversia es el concepto de “economías verdes” que, para el gobierno argentino y sus socios de América latina, es una suerte de trampa tendida por las potencias y sus aliados para poner freno a las exportaciones cuando no cumplen con ciertos parámetros “verdes”. El otro foco de conflicto es la posible creación de una agencia internacional, que tendría el poder de policía para hacer cumplir con indicadores y premisas, inspecciones que los países interpretan como la antesala a restricciones comerciales.


A diez días de la firma del documento, todavía no hay consenso. Los diplomáticos trabajan contra reloj: hace una semana las delegaciones estuvieron reunidas en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, y esta semana volverán a encontrarse en Río de Janeiro. El documento que redactaron dos funcionarios de la ONU designados por Ban Ki-moon tiene ochenta páginas y muchos de sus párrafos son cuestionados por los representantes de los países en desarrollo. Estos diplomáticos están ante una doble presión: no ceder en la defensa de sus intereses estratégicos y, a la vez, no hacer fracasar la cumbre, que pretende avanzar sobre los logros obtenidos hace 20 años en otra cumbre, en esa misma ciudad. El desafío se multiplica para el gobierno de Brasil, también crítico del documento, por su condición de anfitrión.


“En esta negociación, la Argentina ha encontrado aliados importantes, como la India y Egipto, que se sumaron a los socios del Mercosur”, dijo la subsecretaria de Planificación y Política Ambiental, Silvia Révora, una de las negociadoras argentinas, en una entrevista con Página/12.


–A días de la cumbre, ¿qué consensos y qué diferencias hay entre los países?

–El documento para Río+20 se viene trabajando desde hace muchos meses y, como no se ha avanzado en el consenso entre los países centrales y los del G-77 más China, en estos días se estuvo viendo si se cerraba un acuerdo. El G-77 más China, que son 132 países sobre un total de 193, que tiene a la mayoría de la población mundial e incluye a países emergentes como China, India y Brasil, ha estado trabajando muchos meses en este documento. Hasta ahora, no hay consenso. Evidentemente, el documento que va a salir no será un documento que refleje nuestra posición y si no nos refleja, cada país hará sus reservas.


–¿Cuáles son los grandes ejes de la divergencia?

–La gran divergencia es que los países centrales están planteando el concepto de “economía verde” como el nuevo paradigma ambiental para salvar el planeta. Nosotros planteamos que no hay una definición de economía verde, por lo tanto, no podemos apoyar algo que se desconoce. No estamos de acuerdo en sustituir el concepto de desarrollo sustentable, que es mucho más ambicioso y que implica un cambio en el modelo de producción y consumo que nos ha provocado esta crisis ambiental. Como G-77 planteamos que ese cambio lo deben liderar los países centrales, que son los que han impuesto ese modelo global de consumo y de producción insustentable, que se basa en una falacia: que los recursos naturales son infinitos. Producimos y consumimos como si fuéramos a tener una cantidad infinita de agua, de petróleo, de tierra.


–Los países centrales no aceptan eso.

–Ese es el problema central: los países centrales no asumen su responsabilidad primaria. Lo que plantean es que los costos de la crisis ambiental, por ser planetaria, los tenemos que asumir todos por igual. Países pobres, en desarrollo y ellos. Cuando son ellos los que han causado esta crisis ambiental.


–No admiten que la responsabilidad no es la misma para todos.

–En el plenario, plantearon borrar el principio de responsabilidades comunes y diferenciadas. No-sotros, como G-77 más China, tenemos premisas que no son negociables. Una es ésa, la otra es nuestra soberanía respecto del manejo de nuestros recursos naturales. No vamos a delegar el control ambiental a ninguna agencia globalizada que nos imponga lo que tenemos que hacer con nuestros recursos naturales ni parámetros de cumplimiento. Porque esto de la economía verde es una trampa.


–¿En qué consiste esa trampa?

–Ellos pretenden poner indicadores y parámetros para la producción de bienes y servicios y aquel que no los cumpla, no va a poder exportar.

Por supuesto que eso nadie lo dice. El planteo de ellos es un planteo naïf: vamos a salvar el planeta.


–¿Cuáles serían las consecuencias?

–Una gran parte de los países centrales está queriendo trasladar su crisis a los países en desarrollo utilizando el tema ambiental. Si exigen el cumplimiento de estos parámetros que quieren imponer con la economía verde, va a haber una transferencia enorme de recursos de los países en desarrollo a los desarrollados, porque los que tienen la tecnología son ellos, y nos van a obligar a comprar la tecnología y a endeudarnos. Nuestro planteo de desarrollo sustentable implica la erradicación de la pobreza nosotros, como países latinoamericanos, tenemos mucho que mostrar en Río: cómo hemos bajado los niveles de pobreza, al contrario de los países desarrollados, donde en este momento va creciendo la pobreza.


–Nuestros países han disminuido los niveles de pobreza, pero ¿se han desarrollado en forma sustentable?

–En este momento, no hay ningún país que pueda plantear que tiene un desarrollo sustentable, es nuestra utopía. Se plantea que otro tipo de desarrollo es posible. Porque el desarrollo sustentable implica que produzcamos en forma eficiente, con un uso muy racional de nuestros recursos, y consumamos en función de nuestras necesidades básicas, no permitiendo el derroche. Lo que vemos es que en nuestros países hay sectores de la población que tienen que aumentar su consumo pero también hay un sector importante que tiene que evitar despilfarrar recursos naturales a través de consumo insustentable. Por ejemplo, cuando se compran productos que tienen una vida útil muy corta o que requieren un uso intensivo de electricidad o de materias primas.


–Si el modelo económico argentino permitió aumentar el consumo, ¿podemos decir entonces que este modelo es sustentable?

–No, nadie dice eso. Lo que tenemos en la Argentina es una réplica del modelo impuesto en el planeta y que nosotros no lo vamos a poder cambiar si no lo cambian ellos, que son los que tienen el gran poder económico. Por eso, el G-77, cuando se habla de economía verde, le plantea a los países centrales que ellos lideren este cambio de modelo de producción y consumo. Nosotros no lo vamos a poder liderar porque no tenemos ni tecnología ni capacidad financiera. Sí tenemos que darle buen nivel de vida a un porcentaje importante de la población, que es una prioridad de este Gobierno.


–¿Qué balance hace de los veinte años transcurridos desde la cumbre de Río ’92?

–Para nosotros, ha habido más falencias que logros. Porque los principios rectores de Río ’92 no han sido cumplidos por los países desarrollados, la transferencia de tecnología y apoyo financiero a los países en desarrollo. Y ahora lo quieren eliminar. Ahora no hablan de transferencia de tecnología, no hablan de apoyo financiero y quieren eliminar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, que es el leitmotiv de la convención y que planteamos que deben mantenerse.


–¿En qué consiste ese principio?

–En que los que produjeron el fenómeno del calentamiento global de la atmósfera son los países industrializados, desde la época de la industrialización a finales del siglo XVII hasta ahora. Ahora, los países emergentes comenzaron a emitir también gases de efecto invernadero. China e India ya se están pareciendo a los países desarrollados en sus emisiones, pero es un hecho reciente. Por eso la convención dice que las responsabilidades son comunes pero diferenciadas: el que causó el problema debe asumir el costo. Por eso Río ’92 fue un éxito para los países en vías de desarrollo, fue un reconocimiento de que había una crisis ambiental y que los países centrales debían asumir un compromiso porque eran los que la habían causado. Ahora, veinte años después, sin haber hecho los aportes que tendrían que haber hecho, boicoteando la convención, quieren trasladar su crisis a nuestras espaldas.


–¿Qué otros planteos llevan los países de América latina?

–Por ejemplo, cuando se habla de empleo verde, nosotros lo sustituimos por empleo decente. Porque nosotros acá tenemos empleo verde, el reciclador urbano, el cartonero que separa es empleo verde, pero no es decente. Tenemos que transformarlo en empleo formal y decente.


–¿Qué frutos puede dar este consenso que hay en América latina?

–A mí me interesa la alianza que tenemos los países latinoamericanos, y también con la India y Egipto, con los que lideramos esta posición: estamos de acuerdo con el desarrollo sustentable, queremos definir los temas en forma soberana, y no tenemos que aceptar que nos impongan las prioridades de la globalización, que no están pensadas en función de nuestras necesidades. Vamos a difundir la declaración de Buenos Aires para que la gran prensa conozca nuestra posición. La gran prensa, que está globalizada y manejada por los países centrales, no conoce nuestra posición.


–Otro de los ejes de controversia es la creación de una agencia global de control ambiental.

–Los países centrales quieren crear una gran agencia en base al Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (Pnuma), porque para establecer parámetros e indicadores para la producción de bienes y servicios se necesita una agencia que controle. Quieren crear una agencia con poderes para fiscalizar el cumplimiento de la economía verde.


–¿Ustedes qué proponen en cambio?

–Queremos que haya mayor sinergia entre las agencias que existen actualmente y que sea la Asamblea General y el Consejo de De-sarrollo Sustentable de Naciones Unidas un ámbito de definición y debate político. No le damos mandato al secretario general para que arme esto. Queremos el fortalecimeinto del Pnuma aumentando su membresía a todos los países. En este momento tiene solo 46 países, entre ellos la Argentina.


–¿Hay coincidencia con las ONG argentinas que van a participar de la cumbre?

–Las ONG han estado muy activas, sobre todo las que trabajan en salud y educación. Las ambientalistas son las más débiles en esto, porque siguen los lineamientos de los países centrales, porque allí tienen su base de financiamiento, y están bastante condicionadas por eso.


–¿Cuál va a ser la posición argentina respecto de las industrias extractivas, como la minería?

–En la cumbre no se debate qué actividades son sustentables y cuáles no. Todas las actividades generan impacto, la idea es que lo minimicen. Hay una impronta de ir logrando nuestro propio camino, nuestro propio desarrollo sustentable.


–Entonces no van a hablar de minería.

–Sobre la minería, le voy a decir lo que pienso. Lo que nos proponemos desde esta secretaría es fortalecer el rol del Estado en la evaluación del impacto de esta actividad. Los impactos de la minería a cielo abierto, de una hidroeléctrica, son significativos. Hay una serie de actividades que se requieren para el de-sarrollo del país, pero su localización y la tecnología que usan debe ser evaluada por el Estado para aprobarlas o no. Estamos haciendo un proyecto de ley de presupuestos mínimos de evaluación de impacto ambiental para que el Estado nacional y los provinciales podamos conjuntamente evaluar, fiscalizar y controlar estos grandes emprendimientos. Hay que aceptarlos sólo si los beneficios son mayores que los costos.

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Sábado, 02 Junio 2012 07:16

Los retos de Río+20

Los retos de Río+20
Brasil acoge en Río de Janeiro, del 20 al 22 de junio, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, llamada también “Rio+20” porque se ­celebra dos décadas después de la primera gran Cumbre de la Tierra de 1992. Asistirán a ella más de 80 jefes de Estado. Las discusiones se centrarán en torno a dos temas principales: 1) una “economía verde” en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza; y 2) el marco institucional para el desarrollo sostenible. En paralelo al evento oficial, también se celebra la Cumbre de los Pueblos que congrega a los movimientos sociales y ecologistas del mundo.


Las cuestiones ambientales y los desafíos del cambio climático siguen constituyendo urgencias mayores de la agenda internacional (1). Pero esta ­realidad está siendo ocultada, en España y en Europa, por la gravedad de la crisis económica y financiera. Normal.


La eurozona atraviesa uno de sus momentos más difíciles a causa del ­fracaso manifiesto de las políticas de “austeridad a ultranza”. La recesión se ha instalado en varias economías, con un desempleo en alza y dramáticas tensiones financieras. España, en particular, vive sus momentos más preocupantes desde 2008; peores que cuando ­quebró el banco Lehman Brothers. La economía ha debido someterse a la auditoría de los inspectores de Bruselas. La prima de riesgo se disparó entrando en zona de intervención, y se han vuelto a despertar todas las dudas sobre la solvencia del sistema bancario español, arrastrado por la escandalosa quiebra de Bankia.


Ante el fracaso del Banco de España, y las dudas sobre la credibilidad del sistema financiero, se ha tenido que recurrir a un grupo de firmas “independientes” extranjeras para analizar la morosidad oculta de los bancos españoles (2). Entre los ciudadanos se extiende la idea de que España va a necesitar, de manera más o menos inmediata, el apoyo del Fondo de Rescate Europeo, como ya le ocurrió a Irlanda, Grecia y Portugal. El 62% de los españoles lo teme.


Cunde pues el pesimismo. El premio Nobel de economía Paul Krugman echó leña al fuego cuando, el mes pasado (3), avisó que es “muy posible” que Grecia abandone el euro en el curso de este mes de junio... Una salida de Atenas de la moneda única europea tendría como consecuencia inmediata la fuga de capitales hacia los paí­ses vecinos y la retirada en masa de los depósitos bancarios. Fenómenos que se contagiarían inevitablemente a Portugal e Irlanda y, sin duda, a España e Italia. Krugman vaticinó por cierto que no descartaba que, después, llegara a España y a Italia un corralito bancario (4)...


En esas preocupaciones estamos. Y por eso los ciudadanos europeos siguen con tanta atención la agenda electoral europea: elecciones legislativas francesas el 10 y el 17 de junio; nuevas elecciones griegas ese mismo día 17 de junio. Y la cumbre de Bruselas del 28 y 29 de junio que decidirá por fin si la Unión Europea sigue la senda alemana de la austeridad hasta la muerte, o si adopta la vía francesa del crecimiento y del resurgimiento. Dilema vital.


Pero ello, a pesar de su dramatismo, no debe hacernos olvidar que, a escala del planeta, hay otros dilemas vitales no menos decisivos. Y el principal de ellos es el desastre climático del que será cuestión, también este mes, en Río de Janeiro. Recordemos que, en 2010, el cambio climático fue la causa del 90% de los desastres naturales que ocasionaron la muerte de unas 300.000 personas, con un quebranto económico estimado en más de 100.000 millones de euros…


Otra contradicción: en Europa, los ciudadanos reclaman, con razón, más crecimiento para salir de la crisis; pero en Río, los ecologistas advertirán que el crecimiento –si no es sostenible– significa siempre mayor deterioro del medio ambiente y mayor peligro de agotamiento de los limitados recursos del planeta...


Los líderes mundiales, junto con miles de representantes de gobiernos, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y otros grupos de la sociedad civil, se reúnen pues en Río de Janeiro para definir precisamente una agenda global a fin de garantizar la sostenibilidad ambiental y también reducir la pobreza y promover la igualdad social. El debate central estará entre el concepto de “economía verde” que defienden los portavoces del neoliberalismo, y el de “economía ­solidaria”, promovida por los movimientos que creen que sin la superación del modelo actual de “desarrollo predatorio”, basado en la acumulación privada de riqueza, no habrá preservación ambiental.


Los países ricos acuden a Río con esa propuesta principal de la “economía verde”. Un concepto-trampa que se limita a designar, la mayoría de las veces, un simple camuflaje verde de la economía pura y dura de siempre. Un “enverdecimiento”, en suma, del ­capitalismo especulativo. Esos países desean que la Conferencia Rio+20 les otorgue un mandato de las Naciones Unidas para empezar a definir, a ­escala planetaria, una serie de indicadores de medición para evaluar económicamente las diferentes funciones de la naturaleza, y crear de ese modo las bases para un mercado mundial de servicios ambientales.


Esa “economía verde” desea no sólo la mercantilización de la parte material de la naturaleza ­sino la mercantilización de los procesos y funciones de la naturaleza. En otras palabras, la “economía verde”, como afirma el activista boliviano Pablo Solón, busca no sólo mercantilizar la madera de los bosques sino mercantilizar también la capacidad de absorción de dióxido de carbono de esos mismos bosques (5).


El objetivo central de esa “economía verde” es crear, para la inversión privada, un mercado del agua, del medio ambiente, de los océanos, de la biodiversidad, etc. Asignando precio a cada elemento del medio ­ambiente, con el objetivo de garantizar las ganancias de los inversores privados. De tal modo que la “economía verde”, en vez de crear productos reales, organizará un nuevo mercado inmaterial de bonos e instrumentos financieros que se negociarán a través de los bancos. El mismo sistema bancario culpable de la crisis financiera del 2008, que recibió miles de millones de euros de los gobiernos, dispondrá así, a su antojo, de la Madre Naturaleza para seguir especulando y realizando de nuevo cuantiosas ganancias.


Frente a estas posiciones, paralelamente a la Conferencia de la ONU, la sociedad civil organiza en Río la Cumbre de los Pueblos. En este foro se presentan alternativas en defensa de los “bienes comunes de la humanidad”. Producidos por la naturaleza o por grupos humanos, a nivel local, nacional o global, estos bienes deben ser de propiedad colectiva. Entre ellos están el aire y la atmósfera, el agua, los acuíferos –ríos, océanos y ­lagos–, las tierras comunales o ancestrales, las semillas, la biodiversidad, los parques ­naturales, el lenguaje, el paisaje, la memoria, el ­conocimiento, ­Internet, los productos distribuidos con licencia libre, la información genética, etc. El agua dulce empieza a ser vista como el bien común por excelencia, y las luchas contra su privatización –en varios Estados– han tenido notable éxito.


Otra idea que preconiza la Cumbre de los Pueblos es la de una transición gradual entre una civilización antropocéntrica y una “civilización biocéntrica”, centrada en la vida, lo que implica el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza y la redefinición del buen vivir y de la prosperidad de modo que no dependan del crecimiento económico infinito. También defiende la soberanía alimentaria. Cada comunidad debe poder controlar los alimentos que produce y consume, acercando consumidores y productores, defendiendo una agricultura campesina y prohibiendo la especulación financiera con los alimentos.


En fin, la Cumbre de los Pueblos reclama un vasto programa de “consumo responsable” que incluya una nueva ética del cuidado y del compartir; una preocupación contra la obsolescencia artificial de los productos; una preferencia por los bienes producidos por la economía social y solidaria basada en el trabajo y no en el capital; y un rechazo del consumo de productos realizados a costa del trabajo esclavo (6).


La Conferencia Rio+20 ofrece así la ocasión a los movimientos sociales, a escala internacional, de reafirmar su lucha por una justicia ambiental en oposición al modelo de desarrollo especulativo. Y su rechazo del intento de “enverdecimiento” del capitalismo. Según esos movimientos, la “economía verde” no constituye una solución a la crisis ­ambiental y alimentaria. Al contrario, se trata de una “falsa solución” que agravará el problema de la mercantilización de la vida (7). En suma, un nuevo disfraz del sistema. Y los ciudadanos están cada vez más hartos de los disfraces. Y del sistema.


Por Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique



(1) Léase Ignacio Ramonet, “Urgencias climáticas”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2012.

(2) El País, Madrid, 21 de mayo de 2012.

(3) The New York Times, Nueva York, 13 de mayo de 2012. http://krugman.blogs.nytimes.com/2012/05/13/eurodammerung-2/?smid=tw-NytimesKrugman&seid=auto

(4) “Corralito” es una palabra surgida durante la crisis económica argentina de 2001, cuando ante la avalancha de clientes a los bancos para retirar sus ahorros, el ministro Domingo Cavallo decidió que cada titular de cuenta sólo podría retirar un máximo de 250 pesos por semana. El ministro español de Hacienda, Cristóbal Montoro, declaró, al revuelo causado por la palabras de Krugman, asegurando que un corralito en España es una posibilidad técnicamente imposible.

(5) Pablo Solón, “¿Qué pasa en la negociación para Rio+20?”, 4 de abril de 2012. http://rio20.net/documentos/que-pasa-en-la-negociacion-para-rio20

(6) http://rio20.net/en-camino-a-rio

(7) Léase, “Declaración de la Asamblea de movimientos sociales”, Porto Alegre, 28 de enero de 2012. http://redconvergenciasocial.org/?p=160


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Sábado, 26 Mayo 2012 06:47

Para salvar el momento presente

Para salvar el momento presente
Lo distinto de la tiranía global de hoy es que no tiene rostro. No es el Führer, ni Stalin ni un Cortés. Sus maniobras varían según cada continente y sus maneras se modifican de acuerdo a la historia local, pero su tendencia panorámica es la misma: una circularidad.


La división entre los pobres y los relativamente ricos se convierte en un abismo. Las restricciones y las recomendaciones tradicionales se vuelven añicos. El consumismo consume todo cuestionamiento. El pasado se vuelve obsoleto. En consecuencia la gente pierde su individualidad, su sentido de identidad y entonces se afianza y busca un enemigo para poder definirse a sí misma. El enemigo –no importa la denominación religiosa o étnica– se encuentra siempre también entre los pobres. Aquí es donde el círculo es vicioso.


En lo económico, junto con la riqueza el sistema produce más y más pobreza, más y más familias sin techo, mientras que simultáneamente promueve en lo político ideologías que articulan y justifican la exclusión y la eventual eliminación de las “hordas” de los nuevos pobres. Es este nuevo círculo político-económico lo que hoy alienta la constante capacidad humana para infligir crueldades que arrasan la imaginación humana.


“Anoche llamó una amiga desde Vadodara. Llorando. Le tomó 15 minutos poderme decir lo que le pasaba. No era muy complicado. Era sólo que una amiga de ella, Sayeeda, había sido atrapada por una muchedumbre. Era sólo que le habían abierto el vientre y se lo habían retacado con trapos ardientes. Era sólo que tras su muerte alguien le marcó en la frente un OM (la firma sagrada de los hindúes).


Éstas fueron las palabras de Arundhati Roy para describir la masacre de miles de musulmanes a manos de fanáticos hindúes en Gujarat, durante la primavera de 2002.


“Escribimos”, confesó alguna vez, “en los resquicios de muros que alguna vez tuvieron ventanas. Y la gente que todavía tiene ventanas, a veces no puede entender”.


Vayamos al lugar de los hechos, observemos, investiguemos, informemos, rescribamos, escribamos una versión final; se publica, mucha gente la lee –aunque uno nunca sepa qué es lo ancho o lo angosto–, nos volvemos escritores controversiales, con frecuencia amenazados, pero también apoyados, que escribimos de la suerte de millones de personas, mujeres, hombres, niños; se nos acusa de arrogancia, seguimos escribiendo, develamos y detallamos más proyectos de los poderosos que conducen a tragedias más inmensas y evitables; hacemos notas, cruzamos y recruzamos el continente, somos testigos de la desesperación evidente, continuamos publicando, debaten con nosotros una y otra y otra vez, mes tras mes, y los meses se convierten en años. Pienso en ti, Arundhati. Y no obstante lo que advertimos y contra lo que protestamos sigue incesante sin que nadie le ponga freno. Continúa irresistible. Continúa como si estuviera envuelto por un silencio permisivo nunca roto. Continúa como si nadie nunca hubiera escrito una sola palabra. Entonces nos preguntamos: ¿cuentan las palabras?, y alguna vez puede regresarnos una respuesta como ésta: las palabras aquí son como las piedras que les ponen a los prisioneros amarrados antes de ser arrojados a un río.


Analicémoslo: toda profunda manifestación política es un llamado a una justicia ausente, y la acompaña una esperanza de que en el futuro tal justicia quede establecida. Sin embargo, la esperanza no es la razón primera de que se efectúe la manifestación. La gente protesta porque no hacerlo es demasiado humillante, demasiado aplastante, demasiado letal. La gente protesta (monta una barricada, toma las armas, se va a la huelga de hambre, se toma de las manos para gritar o escribe) con el fin de salvar el momento presente, sin importar lo que traiga el futuro.


Protestar es negarnos a ser reducidos a cero y a que se nos imponga el silencio. Por tanto, en cada momento que alguien hace una protesta, por hacerla, se logra una pequeña victoria. El momento, aunque transcurra como cualquier otro momento, adquiere un cierto carácter indeleble. Se va y sin embargo dejó impresa su huella. Lo principal de una protesta no es que sea un sacrificio efectuado en pos de un futuro alternativo más justo. Lo principal es una redención del presente –algo que parecería no tener consecuencias, es decir, una acción que parece inconsecuente [sin lógica, desconectada del futuro, “irrelevante”]. El problema es cómo vivir una y otra vez con la supuesta ausencia de consecuencias, con lo inconsecuente.


“La cuestión aquí, en realidad”, replica Arundhati, es: ¿qué hemos hecho con la democracia, ¿en qué la convertimos?, ¿que ocurre con una democracia desgastada por completo cuando se le ha vaciado de contenido hasta hacerla hueca?, ¿qué ocurre cuando cada de sus instituciones hizo metástasis y formó algo peligro?; ¿qué ocurre ahora que la democracia y el libre comercio se han fundido en un solo organismo predatorio con imaginación tan constreñida y flaca que gira casi en su totalidad alrededor de la idea de maximizar las ganancias? ¿Será posible revertir este proceso? ¿Puede algo que ya mutó regresar a ser lo que alguna vez fue?


¿Cómo vivir con lo inconsecuente? El adjetivo es temporal. Tal vez una respuesta posible y adecuada es que es espacial. Y entonces de lo que se trata es de acercarnos y acercarnos a aquello que se redime del presente (al interior de los corazones de quienes se niegan a aceptar la lógica de ese presente). En ocasiones, un narrador puede lograr esto mismo.


En una historia la negativa de quienes protestan se vuelve un grito salvaje, la rabia, el humor, la iluminación de las mujeres, hombres y niños. Las narraciones son otro modo de volver indeleble un momento, porque cuando las historias son escuchadas se interrumpe el flujo unilineal del tiempo y que algo no tenga consecuencias pierde totalmente su sentido.


Antes de ser asesinado en el Gulag, Osip Mandelstam dijo eso precisamente: “Para Dante, el tiempo es el contenido de la historia que uno siente en un solo acto sincrónico. Y de un modo inverso, el propósito de la historia es mantener junto el tiempo, para que todos seamos hermanos y compañeros en la misma búsqueda y en la misma conquista del tiempo”.


Traducción: Ramón Vera Herrera


* Texto de John Berger escrito como saludo a la celebración de la Primera Audiencia General Introductoria del Tribunal Permanente de los Pueblos en Ciudad Juárez, Chihuahua, entre el 27 y el 29 de mayo. Es un fragmento de Bento’s Sketchbook, Pantheon Books, 2012, su libro más reciente

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Lunes, 14 Mayo 2012 20:39

Desafíos sociales y ambientales

Desafíos sociales y ambientales
ALAI AMLATINA, 14/05/2012.- Un documento divulgado en diciembre del 2011 por el Proyecto Milenio, que monitorea los Objetivos del Milenio establecidos por la ONU, constata que en la última década la mortalidad infantil se redujo a nivel mundial un 30%; aumentó la escolaridad en la enseñanza media y disminuyeron los conflictos armados.

Los principales problemas globales en la década actual son: los cambios climáticos, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico. En el 2010, el 90 % de los desastres naturales fueron causados por los cambios climáticos, que segaron la vida de 295 mil personas, con un perjuicio económico de US$ 130 mil millones.

En junio el Brasil acogerá, en Rio de Janeiro, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable (Rio+20). Paralela al acontecimiento oficial se celebrará la Cumbre de los Pueblos, que congrega a los movimientos sociales y ambientales. La discusión será entre la “economía verde”, defendida por los heraldos del neoliberalismo, y la “economía solidaria”, propuesta por quienes creen que no habrá preservación ambiental sin la superación del modelo actual de desarrollo predatorio basado en la acumulación privada de riqueza.

Constata la ONU que, aunque haya habido mejoría en los apartados salud y educación, comparados con las décadas anteriores, todavía hoy cerca de 900 millones de personas carecen de acceso al agua potable, y 2 mil 600 millones no disponen de saneamiento básico (en el Brasil 34.5 millones de personas viven sin ese derecho elemental, según el IPEA).

La desigualdad entre ricos y pobres se profundiza, informa el documento. Más de 900 millones de personas (el 13 % de la población global) sobreviven en extrema pobreza, y apenas 17 millones habrán salido de dicho estado de penuria en el 2015 (véase Banco Mundial, “Estado del futuro 2011”).

El Proyecto Milenio llama la atención acerca de la importancia de promover el desarme, reducir el consumo de energía proveniente de combustibles fósiles y combatir la corrupción y el narcotráfico. La ONU calcula que el crimen organizado mueve anualmente más de US$ 300 mil millones, el doble del presupuesto militar del mundo. Y cálculos del Banco Mundial indican que los sobornos llegan a US$ 100 mil millones por año.

Para el Proyecto Milenio los gobiernos deben poner en práctica medidas educacionales y de transparencia a fin de contener la corrupción. Las familias y las escuelas necesitan inculcar en los más jóvenes el horror a la falta de ética y la autoestima basada en el carácter. Las empresas ya empiezan a premiar con salarios extras a los funcionarios que, en el sistema de llame-denuncie, señalan la corrupción de sus colegas. Y es necesario aumentar el control de la sociedad sobre la administración pública, tal como sucede con la Ficha Limpia en el Brasil.

Para ajustarse a los objetivos del Proyecto Milenio nuestro país clama por reformas: política, judicial, agraria y tantas otras que corrijan los desmadres que todavía imperan, como residuos de una mentalidad colonialista que consideraba ciudadanos sólo a aquellos que tenían propiedades. (Traducción de J.L.Burguet)




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“En muchos gobiernos falta lealtad planetaria”

El francés Brice Lalonde tiene en sus manos el manejo de la cumbre mundial que buscará un cambio decisivo en torno de los males ambientales del planeta. Aquí, su diálogo con Página/12.
 

Un mes y medio antes de que se celebre en Río de Janeiro la cumbre de las Naciones Unidas Río+20, las perspectivas de que en esa cita se plasme un cambio decisivo para combatir los males ambientales del planeta y la pobreza no son muy alentadoras. Expertos de todo el mundo temen que la humanidad sea incapaz de poner fin a la destrucción de la Tierra. Los científicos que participaron en una conferencia previa a Río+20, celebrada en Londres en marzo pasado, dijeron que la meta de la ONU de limitar el calentamiento global a dos grados Celsius –adoptada hace menos de 18 meses–, ya es inalcanzable. “Tenemos que darnos cuenta de que estamos observando una pérdida de biodiversidad que no tiene precedentes en los últimos 65 millones de años. Claramente estamos entrando en la sexta extinción en masa” del planeta, dijo Bob Watson, ex jefe del panel climático de la ONU y principal asesor del Ministerio de Medio Ambiente británico.
 

La cumbre tiene tres objetivos: combatir esta crisis ambiental, erradicar la pobreza y colocar el crecimiento en un camino sustentable con medidas capaces de estimular la economía verde. Pero a diferencia de lo que ocurrió en 1992, nadie espera un plan maestro de amplio alcance. Las crisis financieras en Occidente, el casi fiasco de la cumbre del clima de Copenhague en 2009 y los cambios geopolíticos, con la emergencia de China, India y Brasil, anticipan un evento de bajo perfil.
 

Sin embargo, pese a la adversidad, Brice Lalonde no apuesta por el fracaso. Este político francés fue nombrado por el secretario general de las Naciones Unidas como coordinador ejecutivo de la cumbre Río+20. En él recae la responsabilidad de poner a todo el mundo de acuerdo. La búsqueda de consensos en un mar tan agitado dista de ser un paseo. Militante ecologista, encargado de las negociaciones sobre el clima para Francia entre 2007 y 2011, ministro de Medio Ambiente en los gobiernos socialistas entre 1988 y 1992, Brice Lalonde ofrece en esta entrevista con Página/12 las pautas y los escollos de una cumbre donde, dice, la “noción simplista” del capitalismo empaña los posibles progresos.
 

–Brasil organiza el próximo junio la conferencia Río+20 sobre el desarrollo sustentable. La conferencia interviene 20 años después de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río en 1992, donde las Naciones Unidas crearon dos foros para enfrentar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Dos décadas más tarde, ¿qué hace falta para que esta nueva cita no termine en la nada?
 

–La pregunta que debemos hacernos consiste en saber si las instituciones, la economía y el gran giro que se dio en la protección del planeta y la lucha contra la pobreza pueden seguir la evolución geopolítica. En 1992 había una situación geopolítica muy especial: el Muro de Berlín acababa de caer y aún no se había producido el ascenso mundial de China, India y Brasil. Hoy, la situación geopolítica es muy diferente a raíz de esto. También conocemos ahora el retorno de guerras y conflictos, así como la crisis económica que nos atraviesa, la cual muestra que las dificultades son complejas en el nuevo sistema mundial de la economía. Otro elemento nuevo en relación con 1992 es Internet y la tecnología. En suma, se trata de saber si podemos adaptar nuevas instituciones a los cambios de la geopolítica y responder a las preguntas, que son las mismas que en 1992: la pobreza y el medio ambiente.
 

–Río+20 suscita muchas expectativas. Sin embargo, los observadores más atentos aseguran que la cumbre apenas servirá para proponer algunas pistas. Usted dijo incluso que el texto que se estaba discutiendo carecía de ambición.
 

–Lo que vamos a hacer tal vez sea abrir una fase para un nuevo modo de desarrollo. Pero sí, al texto le falta ambición. Creo que debemos ir más rápido, con más empuje. Una de las grandes dificultades que tenemos hoy está en que dentro de cada país hay muy pocos negociadores que piensan en el planeta, en la humanidad como un conjunto.
 

–¿Esa es la gran dificultad?
 

–Sí. Los negociadores piensan en sus países, defienden sus intereses nacionales. Pero en todo esto no hay un piloto para el planeta. Eso es lo que me da miedo. Algún día habrá que inventar algo para que nos ocupemos de aquello que tenemos en común, es decir, la atmósfera, los océanos y hasta el mismo conocimiento. Hay muchos, muchos temas que están más allá de los intereses nacionales y que el sistema internacional actual no logra tratar.
 

–Esto significa que, pese a todos los cambios climáticos y a la conciencia cotidiana de lo que ocurre, aún no hay una toma de conciencia global de que el planeta es una historia común y no una cuestión meramente territorial.
 

–No. En muchos gobiernos todavía no hay civismo planetario. Hay mucho civismo nacional, mucha lealtad nacional, pero la lealtad planetaria no está muy presente. Sin embargo, entre los jóvenes sí encontramos muchas personas muy comprometidas.
 

–Una pregunta sobresale de todo esto: ¿La crisis o el planeta? ¿Acaso la crisis se llevará al planeta, o éste salvará la crisis?
 

–El problema está tal vez en el hecho de que esta crisis proviene de un sistema económico que no responde a la situación. Una parte de la respuesta a la crisis está en lo que se llama el desarrollo sustentable.
 

–Los temas fuertes de la cumbre son la economía verde y la lucha contra la pobreza. ¿Cuáles son los dos frentes antagónicos y en torno de qué tema se plasma la controversia?
 

–Ah... No hay dos campos netos o afirmados. Según los temas, hay mayorías, minorías y oposiciones. Pero hay una primera división clásica entre los países de- sarrollados y los países en vías de desarrollo. A esto se le agrega ahora un tercer actor, que son los países emergentes. Por ejemplo, las pequeñas ciudades africanas no defienden los mismos intereses que los grandes países como China. En lo que atañe a la economía verde, hay unos cuantos países que no son en nada entusiastas. El término no les gusta, prefieren el de desarrollo sustentable. En suma, muchos países quieren evitar que la economía verde sea una manera de levantar obstáculos al comercio internacional, o que de pronto haya nuevas condiciones para la ayuda al desarrollo. Luego está el tema de la gobernabilidad, pero esto no plantea demasiados problemas. Diría que la división más clara está entre los partidarios del desarrollo y los que afirman que no se puede continuar así, que es preciso salvar el planeta. Estamos en busca de una fórmula que concilie el desarrollo y el medio ambiente. Esta es la discusión más importante y más difícil de resolver porque está en juego el medio ambiente mundial y la posibilidad de llegar a un punto sin retorno. La discusión enfrenta también a quienes dicen que lo prioritario es la lucha contra la pobreza, es decir, el crecimiento económico, porque no se puede continuar acumulando tantas desigualdades. Este campo argumenta que la cuestión del planeta tiene que ser el paso posterior.
 

–Pero quien dice crecimiento está diciendo consumo de los recursos del planeta. Además, en lo que atañe a la economía verde, sus críticos advierten, y no sin razón, que ello equivale a introducir el mercado en la ecología.
 

–¡Ah! El mercado es un buen servidor pero un mal jefe. Toda la cuestión está en eso, en nuestra capacidad de organizar el mercado, de fijar reglas. No hay mercado sin reglas. Por el momento, hay muchas cosas que no se hacen. Estamos tratando de terminar con las subvenciones a los carburantes fósiles, lo que es una forma de intervenir en los mercados, pero no es nada fácil. Por ejemplo, en cuanto se suspende una subvención hay que recuperar el dinero que el Estado daba y dirigirlo hacia la ayuda a los más pobres. El tema de los mercados implica saber cómo se gestionan los recursos más raros. En realidad, es preciso salir del capitalismo más básico: hay que decir que el capital más importante son el pueblo y la naturaleza. El pueblo y la naturaleza son los elementos número uno del capital. No hay que sacrificar ese capital en beneficio del pequeño capital monetario de las empresas. Como usted sabe, existen muchas empresas que se aprovechan del sistema, así como también hay muchas empresas que financian campañas contra el desarrollo sustentable. Hay una enorme batalla en torno de esto. Existen intereses económicos que trabajan a corto plazo y a los cuales es preciso combatir.
 

–Pero, veinte años después de la precedente conferencia de Río, hoy hay un poderoso actor que antes no existía: la sociedad civil.
 

–La sociedad civil es un gran aliado, tanto para mí como para Brasil, que organiza la conferencia. Tenemos una necesidad absoluta de la sociedad civil. Asociaciones, científicos, profesores, en suma, todos aquellos que trabajan por el planeta son esenciales. Pero también las regiones, las municipalidades y las ciudades ocupan un lugar destacado en este trabajo. Cuando una ciudad fija las reglas urbanistas, esto también es importante. La sociedad civil será entonces un actor muy importante, no sólo porque estará presente sino, también, porque va a participar en un nuevo camino de negociación. Se trata de los “diálogos sobre el desarrollo sustentable”. Brasil y la ONU han hecho un gran esfuerzo para crear un nuevo tipo de conferencia donde no sólo estén los diplomáticos de cada país, sino la sociedad civil en su conjunto.
 

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Renovada fiebre del oro en América Latina pone en riesgo selvas y pueblos

Santiago, 12 de mayo. Una renovada fiebre del oro tiene a América Latina en jaque: bosques tropicales devastados en faenas ilegales donde reina la ley del más fuerte, comunidades locales en pie de guerra contra proyectos de inversión de las grandes mineras internacionales.
 

El apetito por el oro y otros metales tiene en auge a la minería informal, sobre todo en Perú, Colombia y Bolivia, y a la industria formal en apogeo, con una inversión proyectada de 300 mil millones de dólares a 2020, según la Sociedad Interamericana de Minería.
 

No obstante, 162 conflictos mineros han estallado en toda la región por la oposición de comunidades locales contra proyectos que ven como una amenaza, en especial por su gran consumo de agua, según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina.
 

Con un precio del oro que pasó en la última década de 270 dólares a entre mil 600 y mil 800 dólares la onza (por ser refugio favorito de inversionistas ante las turbulencias de la economía mundial) y un cobre por las nubes debido a la voraz demanda de China, nada hace pensar que la tendencia se detenga.
 

La minería informal: desastre social y ambiental

La minería ilegal, sobre todo aurífera, se ha cobrado ya centenares de víctimas y ha depredado miles de hectáreas en la Amazonia, donde se han instalado extensos campamentos que arrasan con todo a su paso.
 

Para extraer cada gramo de oro se requieren dos o tres de mercurio, que es vertido a los ríos en los lavaderos. En busca de agua, las topadoras arrasan con los bosques tropicales.
 

En paralelo ocurre un desastre social: miles de niños, mujeres y hombres son explotados sexual y laboralmente, en precarios campamentos donde no hay escuelas ni centros de salud y rige la ley del más fuerte.
 

En Perú, donde entre 110 mil a 150 mil personas se dedican a la minería ilegal, unos mil niños son explotados sexualmente en la zona de Madre de Dios, según la organización no gubernamental (ONG) Save The Children.
 

“Aquí hay decenas de prostibares, donde cientos de niñas son llevadas engañadas en la creencia que van a ganar mucho dinero”, dijo a la agencia de noticias Afp Teresa Carpio, directora de esta ONG en Perú.
 

“Es la explotación del ser humano al máximo. Las condiciones de vida son miserables y están trastocados todos los valores”, agregó. “Si viajas hasta allá es como hacer un viaje al pasado, es como ver una película del oeste (estadunidense), un drama sin precedente”, ilustró.
 

En esa región, una de las más pobres de Perú, se producen unas 18 toneladas de oro al año, y según estimaciones oficiales, se han destruido 20 mil hectáreas de bosques tropicales.


En Colombia, miles de personas han vuelto a explotar antiguas minas en los departamentos de Antioquia y Chocó.
 

En las comunidades indígenas y negras, la participación de niños en la minería del oro es parte de sus tradiciones. Se calcula que hay entre 200 mil y 400 mil niños que trabajan hoy en la minería a pequeña escala, según datos suministrados por Amichocó de Colombia, a la Alianza por la Minería Responsable (AMR).
 

En Bolivia unas 10 mil personas viven de la minería del oro, explotando pequeños depósitos “en condiciones extremadamente severas, de forma muy precaria y causando un fuerte impacto ambiental”, según la AMR.
 

Un nuevo El Dorado

El apetito por minerales tiene también a América Latina como una de las regiones más atractivas para la inversión. El año pasado captó 25 por ciento de las inversiones en exploración. Hoy 45 por ciento del cobre sale de América Latina, 50 por ciento de la plata y 20 por ciento del oro, pero si se concretan los proyectos de inversión la región liderará en 2020 la producción de estos metales.
 

No obstante, varios proyectos han sido detenidos en Chile, Perú y Argentina. La aplicación del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que exige consultar a las comunidades sobre alteraciones en sus territorios, es el arma principal contra proyectos que han sufrido costosos retrasos.
 

“Los conflictos sociales que están muy presentes en la región, van a tener y están teniendo impacto en los cronogramas de los proyectos de inversión”, dice a la Afp el economista José de Echave, ex viceministro de Medio Ambiente en el actual gobierno peruano de Ollanta Humala.
 

El proyecto Conga, de la estadunidense Newmont y con 4 mil 800 millones de dólares en inversión, es resistido por la población de Cajamarca (norte de Perú), que estima que la agricultura se verá perjudicada por la falta de agua; el proyecto quedó detenido en noviembre.
 

En la localidad argentina de Famatina, la canadiense Osisko Minning Corp suspendió su proyecto para instalar una mina de oro a cielo abierto en el cerro General Belgrano.
 

En Chile la canadiense Goldcorp paralizó la explotación de la mina El Morro, en el norte, por no haber consultado al pueblo indígena que vive en la zona.
 

“Lo que se pide es que el modelo económico y las actividades productivas respeten la legislación vigente, que el desarrollo sea acorde y sostenible con los pueblos que habitan las zonas que se quieren explotar”, explicó la abogada Consuelo Labra, de la ONG Observatorio Ciudadano, que asesora a comunidades indígenas.

Afp

 

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