“Quieren trasladar su crisis a nuestros países”
La cumbre ambiental Río+20, que en unos días concentrará en la capital carioca a presidentes y funcionarios de casi doscientos países, será escenario de una nueva disputa entre las naciones centrales y el grupo de países emergentes o en vías de de-sarrollo, nucleados en el G-77 más China. Uno de los ejes de la controversia es el concepto de “economías verdes” que, para el gobierno argentino y sus socios de América latina, es una suerte de trampa tendida por las potencias y sus aliados para poner freno a las exportaciones cuando no cumplen con ciertos parámetros “verdes”. El otro foco de conflicto es la posible creación de una agencia internacional, que tendría el poder de policía para hacer cumplir con indicadores y premisas, inspecciones que los países interpretan como la antesala a restricciones comerciales.


A diez días de la firma del documento, todavía no hay consenso. Los diplomáticos trabajan contra reloj: hace una semana las delegaciones estuvieron reunidas en la sede de Naciones Unidas, en Nueva York, y esta semana volverán a encontrarse en Río de Janeiro. El documento que redactaron dos funcionarios de la ONU designados por Ban Ki-moon tiene ochenta páginas y muchos de sus párrafos son cuestionados por los representantes de los países en desarrollo. Estos diplomáticos están ante una doble presión: no ceder en la defensa de sus intereses estratégicos y, a la vez, no hacer fracasar la cumbre, que pretende avanzar sobre los logros obtenidos hace 20 años en otra cumbre, en esa misma ciudad. El desafío se multiplica para el gobierno de Brasil, también crítico del documento, por su condición de anfitrión.


“En esta negociación, la Argentina ha encontrado aliados importantes, como la India y Egipto, que se sumaron a los socios del Mercosur”, dijo la subsecretaria de Planificación y Política Ambiental, Silvia Révora, una de las negociadoras argentinas, en una entrevista con Página/12.


–A días de la cumbre, ¿qué consensos y qué diferencias hay entre los países?

–El documento para Río+20 se viene trabajando desde hace muchos meses y, como no se ha avanzado en el consenso entre los países centrales y los del G-77 más China, en estos días se estuvo viendo si se cerraba un acuerdo. El G-77 más China, que son 132 países sobre un total de 193, que tiene a la mayoría de la población mundial e incluye a países emergentes como China, India y Brasil, ha estado trabajando muchos meses en este documento. Hasta ahora, no hay consenso. Evidentemente, el documento que va a salir no será un documento que refleje nuestra posición y si no nos refleja, cada país hará sus reservas.


–¿Cuáles son los grandes ejes de la divergencia?

–La gran divergencia es que los países centrales están planteando el concepto de “economía verde” como el nuevo paradigma ambiental para salvar el planeta. Nosotros planteamos que no hay una definición de economía verde, por lo tanto, no podemos apoyar algo que se desconoce. No estamos de acuerdo en sustituir el concepto de desarrollo sustentable, que es mucho más ambicioso y que implica un cambio en el modelo de producción y consumo que nos ha provocado esta crisis ambiental. Como G-77 planteamos que ese cambio lo deben liderar los países centrales, que son los que han impuesto ese modelo global de consumo y de producción insustentable, que se basa en una falacia: que los recursos naturales son infinitos. Producimos y consumimos como si fuéramos a tener una cantidad infinita de agua, de petróleo, de tierra.


–Los países centrales no aceptan eso.

–Ese es el problema central: los países centrales no asumen su responsabilidad primaria. Lo que plantean es que los costos de la crisis ambiental, por ser planetaria, los tenemos que asumir todos por igual. Países pobres, en desarrollo y ellos. Cuando son ellos los que han causado esta crisis ambiental.


–No admiten que la responsabilidad no es la misma para todos.

–En el plenario, plantearon borrar el principio de responsabilidades comunes y diferenciadas. No-sotros, como G-77 más China, tenemos premisas que no son negociables. Una es ésa, la otra es nuestra soberanía respecto del manejo de nuestros recursos naturales. No vamos a delegar el control ambiental a ninguna agencia globalizada que nos imponga lo que tenemos que hacer con nuestros recursos naturales ni parámetros de cumplimiento. Porque esto de la economía verde es una trampa.


–¿En qué consiste esa trampa?

–Ellos pretenden poner indicadores y parámetros para la producción de bienes y servicios y aquel que no los cumpla, no va a poder exportar.

Por supuesto que eso nadie lo dice. El planteo de ellos es un planteo naïf: vamos a salvar el planeta.


–¿Cuáles serían las consecuencias?

–Una gran parte de los países centrales está queriendo trasladar su crisis a los países en desarrollo utilizando el tema ambiental. Si exigen el cumplimiento de estos parámetros que quieren imponer con la economía verde, va a haber una transferencia enorme de recursos de los países en desarrollo a los desarrollados, porque los que tienen la tecnología son ellos, y nos van a obligar a comprar la tecnología y a endeudarnos. Nuestro planteo de desarrollo sustentable implica la erradicación de la pobreza nosotros, como países latinoamericanos, tenemos mucho que mostrar en Río: cómo hemos bajado los niveles de pobreza, al contrario de los países desarrollados, donde en este momento va creciendo la pobreza.


–Nuestros países han disminuido los niveles de pobreza, pero ¿se han desarrollado en forma sustentable?

–En este momento, no hay ningún país que pueda plantear que tiene un desarrollo sustentable, es nuestra utopía. Se plantea que otro tipo de desarrollo es posible. Porque el desarrollo sustentable implica que produzcamos en forma eficiente, con un uso muy racional de nuestros recursos, y consumamos en función de nuestras necesidades básicas, no permitiendo el derroche. Lo que vemos es que en nuestros países hay sectores de la población que tienen que aumentar su consumo pero también hay un sector importante que tiene que evitar despilfarrar recursos naturales a través de consumo insustentable. Por ejemplo, cuando se compran productos que tienen una vida útil muy corta o que requieren un uso intensivo de electricidad o de materias primas.


–Si el modelo económico argentino permitió aumentar el consumo, ¿podemos decir entonces que este modelo es sustentable?

–No, nadie dice eso. Lo que tenemos en la Argentina es una réplica del modelo impuesto en el planeta y que nosotros no lo vamos a poder cambiar si no lo cambian ellos, que son los que tienen el gran poder económico. Por eso, el G-77, cuando se habla de economía verde, le plantea a los países centrales que ellos lideren este cambio de modelo de producción y consumo. Nosotros no lo vamos a poder liderar porque no tenemos ni tecnología ni capacidad financiera. Sí tenemos que darle buen nivel de vida a un porcentaje importante de la población, que es una prioridad de este Gobierno.


–¿Qué balance hace de los veinte años transcurridos desde la cumbre de Río ’92?

–Para nosotros, ha habido más falencias que logros. Porque los principios rectores de Río ’92 no han sido cumplidos por los países desarrollados, la transferencia de tecnología y apoyo financiero a los países en desarrollo. Y ahora lo quieren eliminar. Ahora no hablan de transferencia de tecnología, no hablan de apoyo financiero y quieren eliminar el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, que es el leitmotiv de la convención y que planteamos que deben mantenerse.


–¿En qué consiste ese principio?

–En que los que produjeron el fenómeno del calentamiento global de la atmósfera son los países industrializados, desde la época de la industrialización a finales del siglo XVII hasta ahora. Ahora, los países emergentes comenzaron a emitir también gases de efecto invernadero. China e India ya se están pareciendo a los países desarrollados en sus emisiones, pero es un hecho reciente. Por eso la convención dice que las responsabilidades son comunes pero diferenciadas: el que causó el problema debe asumir el costo. Por eso Río ’92 fue un éxito para los países en vías de desarrollo, fue un reconocimiento de que había una crisis ambiental y que los países centrales debían asumir un compromiso porque eran los que la habían causado. Ahora, veinte años después, sin haber hecho los aportes que tendrían que haber hecho, boicoteando la convención, quieren trasladar su crisis a nuestras espaldas.


–¿Qué otros planteos llevan los países de América latina?

–Por ejemplo, cuando se habla de empleo verde, nosotros lo sustituimos por empleo decente. Porque nosotros acá tenemos empleo verde, el reciclador urbano, el cartonero que separa es empleo verde, pero no es decente. Tenemos que transformarlo en empleo formal y decente.


–¿Qué frutos puede dar este consenso que hay en América latina?

–A mí me interesa la alianza que tenemos los países latinoamericanos, y también con la India y Egipto, con los que lideramos esta posición: estamos de acuerdo con el desarrollo sustentable, queremos definir los temas en forma soberana, y no tenemos que aceptar que nos impongan las prioridades de la globalización, que no están pensadas en función de nuestras necesidades. Vamos a difundir la declaración de Buenos Aires para que la gran prensa conozca nuestra posición. La gran prensa, que está globalizada y manejada por los países centrales, no conoce nuestra posición.


–Otro de los ejes de controversia es la creación de una agencia global de control ambiental.

–Los países centrales quieren crear una gran agencia en base al Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (Pnuma), porque para establecer parámetros e indicadores para la producción de bienes y servicios se necesita una agencia que controle. Quieren crear una agencia con poderes para fiscalizar el cumplimiento de la economía verde.


–¿Ustedes qué proponen en cambio?

–Queremos que haya mayor sinergia entre las agencias que existen actualmente y que sea la Asamblea General y el Consejo de De-sarrollo Sustentable de Naciones Unidas un ámbito de definición y debate político. No le damos mandato al secretario general para que arme esto. Queremos el fortalecimeinto del Pnuma aumentando su membresía a todos los países. En este momento tiene solo 46 países, entre ellos la Argentina.


–¿Hay coincidencia con las ONG argentinas que van a participar de la cumbre?

–Las ONG han estado muy activas, sobre todo las que trabajan en salud y educación. Las ambientalistas son las más débiles en esto, porque siguen los lineamientos de los países centrales, porque allí tienen su base de financiamiento, y están bastante condicionadas por eso.


–¿Cuál va a ser la posición argentina respecto de las industrias extractivas, como la minería?

–En la cumbre no se debate qué actividades son sustentables y cuáles no. Todas las actividades generan impacto, la idea es que lo minimicen. Hay una impronta de ir logrando nuestro propio camino, nuestro propio desarrollo sustentable.


–Entonces no van a hablar de minería.

–Sobre la minería, le voy a decir lo que pienso. Lo que nos proponemos desde esta secretaría es fortalecer el rol del Estado en la evaluación del impacto de esta actividad. Los impactos de la minería a cielo abierto, de una hidroeléctrica, son significativos. Hay una serie de actividades que se requieren para el de-sarrollo del país, pero su localización y la tecnología que usan debe ser evaluada por el Estado para aprobarlas o no. Estamos haciendo un proyecto de ley de presupuestos mínimos de evaluación de impacto ambiental para que el Estado nacional y los provinciales podamos conjuntamente evaluar, fiscalizar y controlar estos grandes emprendimientos. Hay que aceptarlos sólo si los beneficios son mayores que los costos.

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Sábado, 02 Junio 2012 07:16

Los retos de Río+20

Los retos de Río+20
Brasil acoge en Río de Janeiro, del 20 al 22 de junio, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, llamada también “Rio+20” porque se ­celebra dos décadas después de la primera gran Cumbre de la Tierra de 1992. Asistirán a ella más de 80 jefes de Estado. Las discusiones se centrarán en torno a dos temas principales: 1) una “economía verde” en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza; y 2) el marco institucional para el desarrollo sostenible. En paralelo al evento oficial, también se celebra la Cumbre de los Pueblos que congrega a los movimientos sociales y ecologistas del mundo.


Las cuestiones ambientales y los desafíos del cambio climático siguen constituyendo urgencias mayores de la agenda internacional (1). Pero esta ­realidad está siendo ocultada, en España y en Europa, por la gravedad de la crisis económica y financiera. Normal.


La eurozona atraviesa uno de sus momentos más difíciles a causa del ­fracaso manifiesto de las políticas de “austeridad a ultranza”. La recesión se ha instalado en varias economías, con un desempleo en alza y dramáticas tensiones financieras. España, en particular, vive sus momentos más preocupantes desde 2008; peores que cuando ­quebró el banco Lehman Brothers. La economía ha debido someterse a la auditoría de los inspectores de Bruselas. La prima de riesgo se disparó entrando en zona de intervención, y se han vuelto a despertar todas las dudas sobre la solvencia del sistema bancario español, arrastrado por la escandalosa quiebra de Bankia.


Ante el fracaso del Banco de España, y las dudas sobre la credibilidad del sistema financiero, se ha tenido que recurrir a un grupo de firmas “independientes” extranjeras para analizar la morosidad oculta de los bancos españoles (2). Entre los ciudadanos se extiende la idea de que España va a necesitar, de manera más o menos inmediata, el apoyo del Fondo de Rescate Europeo, como ya le ocurrió a Irlanda, Grecia y Portugal. El 62% de los españoles lo teme.


Cunde pues el pesimismo. El premio Nobel de economía Paul Krugman echó leña al fuego cuando, el mes pasado (3), avisó que es “muy posible” que Grecia abandone el euro en el curso de este mes de junio... Una salida de Atenas de la moneda única europea tendría como consecuencia inmediata la fuga de capitales hacia los paí­ses vecinos y la retirada en masa de los depósitos bancarios. Fenómenos que se contagiarían inevitablemente a Portugal e Irlanda y, sin duda, a España e Italia. Krugman vaticinó por cierto que no descartaba que, después, llegara a España y a Italia un corralito bancario (4)...


En esas preocupaciones estamos. Y por eso los ciudadanos europeos siguen con tanta atención la agenda electoral europea: elecciones legislativas francesas el 10 y el 17 de junio; nuevas elecciones griegas ese mismo día 17 de junio. Y la cumbre de Bruselas del 28 y 29 de junio que decidirá por fin si la Unión Europea sigue la senda alemana de la austeridad hasta la muerte, o si adopta la vía francesa del crecimiento y del resurgimiento. Dilema vital.


Pero ello, a pesar de su dramatismo, no debe hacernos olvidar que, a escala del planeta, hay otros dilemas vitales no menos decisivos. Y el principal de ellos es el desastre climático del que será cuestión, también este mes, en Río de Janeiro. Recordemos que, en 2010, el cambio climático fue la causa del 90% de los desastres naturales que ocasionaron la muerte de unas 300.000 personas, con un quebranto económico estimado en más de 100.000 millones de euros…


Otra contradicción: en Europa, los ciudadanos reclaman, con razón, más crecimiento para salir de la crisis; pero en Río, los ecologistas advertirán que el crecimiento –si no es sostenible– significa siempre mayor deterioro del medio ambiente y mayor peligro de agotamiento de los limitados recursos del planeta...


Los líderes mundiales, junto con miles de representantes de gobiernos, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y otros grupos de la sociedad civil, se reúnen pues en Río de Janeiro para definir precisamente una agenda global a fin de garantizar la sostenibilidad ambiental y también reducir la pobreza y promover la igualdad social. El debate central estará entre el concepto de “economía verde” que defienden los portavoces del neoliberalismo, y el de “economía ­solidaria”, promovida por los movimientos que creen que sin la superación del modelo actual de “desarrollo predatorio”, basado en la acumulación privada de riqueza, no habrá preservación ambiental.


Los países ricos acuden a Río con esa propuesta principal de la “economía verde”. Un concepto-trampa que se limita a designar, la mayoría de las veces, un simple camuflaje verde de la economía pura y dura de siempre. Un “enverdecimiento”, en suma, del ­capitalismo especulativo. Esos países desean que la Conferencia Rio+20 les otorgue un mandato de las Naciones Unidas para empezar a definir, a ­escala planetaria, una serie de indicadores de medición para evaluar económicamente las diferentes funciones de la naturaleza, y crear de ese modo las bases para un mercado mundial de servicios ambientales.


Esa “economía verde” desea no sólo la mercantilización de la parte material de la naturaleza ­sino la mercantilización de los procesos y funciones de la naturaleza. En otras palabras, la “economía verde”, como afirma el activista boliviano Pablo Solón, busca no sólo mercantilizar la madera de los bosques sino mercantilizar también la capacidad de absorción de dióxido de carbono de esos mismos bosques (5).


El objetivo central de esa “economía verde” es crear, para la inversión privada, un mercado del agua, del medio ambiente, de los océanos, de la biodiversidad, etc. Asignando precio a cada elemento del medio ­ambiente, con el objetivo de garantizar las ganancias de los inversores privados. De tal modo que la “economía verde”, en vez de crear productos reales, organizará un nuevo mercado inmaterial de bonos e instrumentos financieros que se negociarán a través de los bancos. El mismo sistema bancario culpable de la crisis financiera del 2008, que recibió miles de millones de euros de los gobiernos, dispondrá así, a su antojo, de la Madre Naturaleza para seguir especulando y realizando de nuevo cuantiosas ganancias.


Frente a estas posiciones, paralelamente a la Conferencia de la ONU, la sociedad civil organiza en Río la Cumbre de los Pueblos. En este foro se presentan alternativas en defensa de los “bienes comunes de la humanidad”. Producidos por la naturaleza o por grupos humanos, a nivel local, nacional o global, estos bienes deben ser de propiedad colectiva. Entre ellos están el aire y la atmósfera, el agua, los acuíferos –ríos, océanos y ­lagos–, las tierras comunales o ancestrales, las semillas, la biodiversidad, los parques ­naturales, el lenguaje, el paisaje, la memoria, el ­conocimiento, ­Internet, los productos distribuidos con licencia libre, la información genética, etc. El agua dulce empieza a ser vista como el bien común por excelencia, y las luchas contra su privatización –en varios Estados– han tenido notable éxito.


Otra idea que preconiza la Cumbre de los Pueblos es la de una transición gradual entre una civilización antropocéntrica y una “civilización biocéntrica”, centrada en la vida, lo que implica el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza y la redefinición del buen vivir y de la prosperidad de modo que no dependan del crecimiento económico infinito. También defiende la soberanía alimentaria. Cada comunidad debe poder controlar los alimentos que produce y consume, acercando consumidores y productores, defendiendo una agricultura campesina y prohibiendo la especulación financiera con los alimentos.


En fin, la Cumbre de los Pueblos reclama un vasto programa de “consumo responsable” que incluya una nueva ética del cuidado y del compartir; una preocupación contra la obsolescencia artificial de los productos; una preferencia por los bienes producidos por la economía social y solidaria basada en el trabajo y no en el capital; y un rechazo del consumo de productos realizados a costa del trabajo esclavo (6).


La Conferencia Rio+20 ofrece así la ocasión a los movimientos sociales, a escala internacional, de reafirmar su lucha por una justicia ambiental en oposición al modelo de desarrollo especulativo. Y su rechazo del intento de “enverdecimiento” del capitalismo. Según esos movimientos, la “economía verde” no constituye una solución a la crisis ­ambiental y alimentaria. Al contrario, se trata de una “falsa solución” que agravará el problema de la mercantilización de la vida (7). En suma, un nuevo disfraz del sistema. Y los ciudadanos están cada vez más hartos de los disfraces. Y del sistema.


Por Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique



(1) Léase Ignacio Ramonet, “Urgencias climáticas”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2012.

(2) El País, Madrid, 21 de mayo de 2012.

(3) The New York Times, Nueva York, 13 de mayo de 2012. http://krugman.blogs.nytimes.com/2012/05/13/eurodammerung-2/?smid=tw-NytimesKrugman&seid=auto

(4) “Corralito” es una palabra surgida durante la crisis económica argentina de 2001, cuando ante la avalancha de clientes a los bancos para retirar sus ahorros, el ministro Domingo Cavallo decidió que cada titular de cuenta sólo podría retirar un máximo de 250 pesos por semana. El ministro español de Hacienda, Cristóbal Montoro, declaró, al revuelo causado por la palabras de Krugman, asegurando que un corralito en España es una posibilidad técnicamente imposible.

(5) Pablo Solón, “¿Qué pasa en la negociación para Rio+20?”, 4 de abril de 2012. http://rio20.net/documentos/que-pasa-en-la-negociacion-para-rio20

(6) http://rio20.net/en-camino-a-rio

(7) Léase, “Declaración de la Asamblea de movimientos sociales”, Porto Alegre, 28 de enero de 2012. http://redconvergenciasocial.org/?p=160


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Sábado, 26 Mayo 2012 06:47

Para salvar el momento presente

Para salvar el momento presente
Lo distinto de la tiranía global de hoy es que no tiene rostro. No es el Führer, ni Stalin ni un Cortés. Sus maniobras varían según cada continente y sus maneras se modifican de acuerdo a la historia local, pero su tendencia panorámica es la misma: una circularidad.


La división entre los pobres y los relativamente ricos se convierte en un abismo. Las restricciones y las recomendaciones tradicionales se vuelven añicos. El consumismo consume todo cuestionamiento. El pasado se vuelve obsoleto. En consecuencia la gente pierde su individualidad, su sentido de identidad y entonces se afianza y busca un enemigo para poder definirse a sí misma. El enemigo –no importa la denominación religiosa o étnica– se encuentra siempre también entre los pobres. Aquí es donde el círculo es vicioso.


En lo económico, junto con la riqueza el sistema produce más y más pobreza, más y más familias sin techo, mientras que simultáneamente promueve en lo político ideologías que articulan y justifican la exclusión y la eventual eliminación de las “hordas” de los nuevos pobres. Es este nuevo círculo político-económico lo que hoy alienta la constante capacidad humana para infligir crueldades que arrasan la imaginación humana.


“Anoche llamó una amiga desde Vadodara. Llorando. Le tomó 15 minutos poderme decir lo que le pasaba. No era muy complicado. Era sólo que una amiga de ella, Sayeeda, había sido atrapada por una muchedumbre. Era sólo que le habían abierto el vientre y se lo habían retacado con trapos ardientes. Era sólo que tras su muerte alguien le marcó en la frente un OM (la firma sagrada de los hindúes).


Éstas fueron las palabras de Arundhati Roy para describir la masacre de miles de musulmanes a manos de fanáticos hindúes en Gujarat, durante la primavera de 2002.


“Escribimos”, confesó alguna vez, “en los resquicios de muros que alguna vez tuvieron ventanas. Y la gente que todavía tiene ventanas, a veces no puede entender”.


Vayamos al lugar de los hechos, observemos, investiguemos, informemos, rescribamos, escribamos una versión final; se publica, mucha gente la lee –aunque uno nunca sepa qué es lo ancho o lo angosto–, nos volvemos escritores controversiales, con frecuencia amenazados, pero también apoyados, que escribimos de la suerte de millones de personas, mujeres, hombres, niños; se nos acusa de arrogancia, seguimos escribiendo, develamos y detallamos más proyectos de los poderosos que conducen a tragedias más inmensas y evitables; hacemos notas, cruzamos y recruzamos el continente, somos testigos de la desesperación evidente, continuamos publicando, debaten con nosotros una y otra y otra vez, mes tras mes, y los meses se convierten en años. Pienso en ti, Arundhati. Y no obstante lo que advertimos y contra lo que protestamos sigue incesante sin que nadie le ponga freno. Continúa irresistible. Continúa como si estuviera envuelto por un silencio permisivo nunca roto. Continúa como si nadie nunca hubiera escrito una sola palabra. Entonces nos preguntamos: ¿cuentan las palabras?, y alguna vez puede regresarnos una respuesta como ésta: las palabras aquí son como las piedras que les ponen a los prisioneros amarrados antes de ser arrojados a un río.


Analicémoslo: toda profunda manifestación política es un llamado a una justicia ausente, y la acompaña una esperanza de que en el futuro tal justicia quede establecida. Sin embargo, la esperanza no es la razón primera de que se efectúe la manifestación. La gente protesta porque no hacerlo es demasiado humillante, demasiado aplastante, demasiado letal. La gente protesta (monta una barricada, toma las armas, se va a la huelga de hambre, se toma de las manos para gritar o escribe) con el fin de salvar el momento presente, sin importar lo que traiga el futuro.


Protestar es negarnos a ser reducidos a cero y a que se nos imponga el silencio. Por tanto, en cada momento que alguien hace una protesta, por hacerla, se logra una pequeña victoria. El momento, aunque transcurra como cualquier otro momento, adquiere un cierto carácter indeleble. Se va y sin embargo dejó impresa su huella. Lo principal de una protesta no es que sea un sacrificio efectuado en pos de un futuro alternativo más justo. Lo principal es una redención del presente –algo que parecería no tener consecuencias, es decir, una acción que parece inconsecuente [sin lógica, desconectada del futuro, “irrelevante”]. El problema es cómo vivir una y otra vez con la supuesta ausencia de consecuencias, con lo inconsecuente.


“La cuestión aquí, en realidad”, replica Arundhati, es: ¿qué hemos hecho con la democracia, ¿en qué la convertimos?, ¿que ocurre con una democracia desgastada por completo cuando se le ha vaciado de contenido hasta hacerla hueca?, ¿qué ocurre cuando cada de sus instituciones hizo metástasis y formó algo peligro?; ¿qué ocurre ahora que la democracia y el libre comercio se han fundido en un solo organismo predatorio con imaginación tan constreñida y flaca que gira casi en su totalidad alrededor de la idea de maximizar las ganancias? ¿Será posible revertir este proceso? ¿Puede algo que ya mutó regresar a ser lo que alguna vez fue?


¿Cómo vivir con lo inconsecuente? El adjetivo es temporal. Tal vez una respuesta posible y adecuada es que es espacial. Y entonces de lo que se trata es de acercarnos y acercarnos a aquello que se redime del presente (al interior de los corazones de quienes se niegan a aceptar la lógica de ese presente). En ocasiones, un narrador puede lograr esto mismo.


En una historia la negativa de quienes protestan se vuelve un grito salvaje, la rabia, el humor, la iluminación de las mujeres, hombres y niños. Las narraciones son otro modo de volver indeleble un momento, porque cuando las historias son escuchadas se interrumpe el flujo unilineal del tiempo y que algo no tenga consecuencias pierde totalmente su sentido.


Antes de ser asesinado en el Gulag, Osip Mandelstam dijo eso precisamente: “Para Dante, el tiempo es el contenido de la historia que uno siente en un solo acto sincrónico. Y de un modo inverso, el propósito de la historia es mantener junto el tiempo, para que todos seamos hermanos y compañeros en la misma búsqueda y en la misma conquista del tiempo”.


Traducción: Ramón Vera Herrera


* Texto de John Berger escrito como saludo a la celebración de la Primera Audiencia General Introductoria del Tribunal Permanente de los Pueblos en Ciudad Juárez, Chihuahua, entre el 27 y el 29 de mayo. Es un fragmento de Bento’s Sketchbook, Pantheon Books, 2012, su libro más reciente

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Lunes, 14 Mayo 2012 20:39

Desafíos sociales y ambientales

Desafíos sociales y ambientales
ALAI AMLATINA, 14/05/2012.- Un documento divulgado en diciembre del 2011 por el Proyecto Milenio, que monitorea los Objetivos del Milenio establecidos por la ONU, constata que en la última década la mortalidad infantil se redujo a nivel mundial un 30%; aumentó la escolaridad en la enseñanza media y disminuyeron los conflictos armados.

Los principales problemas globales en la década actual son: los cambios climáticos, la corrupción, el terrorismo y el narcotráfico. En el 2010, el 90 % de los desastres naturales fueron causados por los cambios climáticos, que segaron la vida de 295 mil personas, con un perjuicio económico de US$ 130 mil millones.

En junio el Brasil acogerá, en Rio de Janeiro, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable (Rio+20). Paralela al acontecimiento oficial se celebrará la Cumbre de los Pueblos, que congrega a los movimientos sociales y ambientales. La discusión será entre la “economía verde”, defendida por los heraldos del neoliberalismo, y la “economía solidaria”, propuesta por quienes creen que no habrá preservación ambiental sin la superación del modelo actual de desarrollo predatorio basado en la acumulación privada de riqueza.

Constata la ONU que, aunque haya habido mejoría en los apartados salud y educación, comparados con las décadas anteriores, todavía hoy cerca de 900 millones de personas carecen de acceso al agua potable, y 2 mil 600 millones no disponen de saneamiento básico (en el Brasil 34.5 millones de personas viven sin ese derecho elemental, según el IPEA).

La desigualdad entre ricos y pobres se profundiza, informa el documento. Más de 900 millones de personas (el 13 % de la población global) sobreviven en extrema pobreza, y apenas 17 millones habrán salido de dicho estado de penuria en el 2015 (véase Banco Mundial, “Estado del futuro 2011”).

El Proyecto Milenio llama la atención acerca de la importancia de promover el desarme, reducir el consumo de energía proveniente de combustibles fósiles y combatir la corrupción y el narcotráfico. La ONU calcula que el crimen organizado mueve anualmente más de US$ 300 mil millones, el doble del presupuesto militar del mundo. Y cálculos del Banco Mundial indican que los sobornos llegan a US$ 100 mil millones por año.

Para el Proyecto Milenio los gobiernos deben poner en práctica medidas educacionales y de transparencia a fin de contener la corrupción. Las familias y las escuelas necesitan inculcar en los más jóvenes el horror a la falta de ética y la autoestima basada en el carácter. Las empresas ya empiezan a premiar con salarios extras a los funcionarios que, en el sistema de llame-denuncie, señalan la corrupción de sus colegas. Y es necesario aumentar el control de la sociedad sobre la administración pública, tal como sucede con la Ficha Limpia en el Brasil.

Para ajustarse a los objetivos del Proyecto Milenio nuestro país clama por reformas: política, judicial, agraria y tantas otras que corrijan los desmadres que todavía imperan, como residuos de una mentalidad colonialista que consideraba ciudadanos sólo a aquellos que tenían propiedades. (Traducción de J.L.Burguet)




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“En muchos gobiernos falta lealtad planetaria”

El francés Brice Lalonde tiene en sus manos el manejo de la cumbre mundial que buscará un cambio decisivo en torno de los males ambientales del planeta. Aquí, su diálogo con Página/12.
 

Un mes y medio antes de que se celebre en Río de Janeiro la cumbre de las Naciones Unidas Río+20, las perspectivas de que en esa cita se plasme un cambio decisivo para combatir los males ambientales del planeta y la pobreza no son muy alentadoras. Expertos de todo el mundo temen que la humanidad sea incapaz de poner fin a la destrucción de la Tierra. Los científicos que participaron en una conferencia previa a Río+20, celebrada en Londres en marzo pasado, dijeron que la meta de la ONU de limitar el calentamiento global a dos grados Celsius –adoptada hace menos de 18 meses–, ya es inalcanzable. “Tenemos que darnos cuenta de que estamos observando una pérdida de biodiversidad que no tiene precedentes en los últimos 65 millones de años. Claramente estamos entrando en la sexta extinción en masa” del planeta, dijo Bob Watson, ex jefe del panel climático de la ONU y principal asesor del Ministerio de Medio Ambiente británico.
 

La cumbre tiene tres objetivos: combatir esta crisis ambiental, erradicar la pobreza y colocar el crecimiento en un camino sustentable con medidas capaces de estimular la economía verde. Pero a diferencia de lo que ocurrió en 1992, nadie espera un plan maestro de amplio alcance. Las crisis financieras en Occidente, el casi fiasco de la cumbre del clima de Copenhague en 2009 y los cambios geopolíticos, con la emergencia de China, India y Brasil, anticipan un evento de bajo perfil.
 

Sin embargo, pese a la adversidad, Brice Lalonde no apuesta por el fracaso. Este político francés fue nombrado por el secretario general de las Naciones Unidas como coordinador ejecutivo de la cumbre Río+20. En él recae la responsabilidad de poner a todo el mundo de acuerdo. La búsqueda de consensos en un mar tan agitado dista de ser un paseo. Militante ecologista, encargado de las negociaciones sobre el clima para Francia entre 2007 y 2011, ministro de Medio Ambiente en los gobiernos socialistas entre 1988 y 1992, Brice Lalonde ofrece en esta entrevista con Página/12 las pautas y los escollos de una cumbre donde, dice, la “noción simplista” del capitalismo empaña los posibles progresos.
 

–Brasil organiza el próximo junio la conferencia Río+20 sobre el desarrollo sustentable. La conferencia interviene 20 años después de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río en 1992, donde las Naciones Unidas crearon dos foros para enfrentar el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Dos décadas más tarde, ¿qué hace falta para que esta nueva cita no termine en la nada?
 

–La pregunta que debemos hacernos consiste en saber si las instituciones, la economía y el gran giro que se dio en la protección del planeta y la lucha contra la pobreza pueden seguir la evolución geopolítica. En 1992 había una situación geopolítica muy especial: el Muro de Berlín acababa de caer y aún no se había producido el ascenso mundial de China, India y Brasil. Hoy, la situación geopolítica es muy diferente a raíz de esto. También conocemos ahora el retorno de guerras y conflictos, así como la crisis económica que nos atraviesa, la cual muestra que las dificultades son complejas en el nuevo sistema mundial de la economía. Otro elemento nuevo en relación con 1992 es Internet y la tecnología. En suma, se trata de saber si podemos adaptar nuevas instituciones a los cambios de la geopolítica y responder a las preguntas, que son las mismas que en 1992: la pobreza y el medio ambiente.
 

–Río+20 suscita muchas expectativas. Sin embargo, los observadores más atentos aseguran que la cumbre apenas servirá para proponer algunas pistas. Usted dijo incluso que el texto que se estaba discutiendo carecía de ambición.
 

–Lo que vamos a hacer tal vez sea abrir una fase para un nuevo modo de desarrollo. Pero sí, al texto le falta ambición. Creo que debemos ir más rápido, con más empuje. Una de las grandes dificultades que tenemos hoy está en que dentro de cada país hay muy pocos negociadores que piensan en el planeta, en la humanidad como un conjunto.
 

–¿Esa es la gran dificultad?
 

–Sí. Los negociadores piensan en sus países, defienden sus intereses nacionales. Pero en todo esto no hay un piloto para el planeta. Eso es lo que me da miedo. Algún día habrá que inventar algo para que nos ocupemos de aquello que tenemos en común, es decir, la atmósfera, los océanos y hasta el mismo conocimiento. Hay muchos, muchos temas que están más allá de los intereses nacionales y que el sistema internacional actual no logra tratar.
 

–Esto significa que, pese a todos los cambios climáticos y a la conciencia cotidiana de lo que ocurre, aún no hay una toma de conciencia global de que el planeta es una historia común y no una cuestión meramente territorial.
 

–No. En muchos gobiernos todavía no hay civismo planetario. Hay mucho civismo nacional, mucha lealtad nacional, pero la lealtad planetaria no está muy presente. Sin embargo, entre los jóvenes sí encontramos muchas personas muy comprometidas.
 

–Una pregunta sobresale de todo esto: ¿La crisis o el planeta? ¿Acaso la crisis se llevará al planeta, o éste salvará la crisis?
 

–El problema está tal vez en el hecho de que esta crisis proviene de un sistema económico que no responde a la situación. Una parte de la respuesta a la crisis está en lo que se llama el desarrollo sustentable.
 

–Los temas fuertes de la cumbre son la economía verde y la lucha contra la pobreza. ¿Cuáles son los dos frentes antagónicos y en torno de qué tema se plasma la controversia?
 

–Ah... No hay dos campos netos o afirmados. Según los temas, hay mayorías, minorías y oposiciones. Pero hay una primera división clásica entre los países de- sarrollados y los países en vías de desarrollo. A esto se le agrega ahora un tercer actor, que son los países emergentes. Por ejemplo, las pequeñas ciudades africanas no defienden los mismos intereses que los grandes países como China. En lo que atañe a la economía verde, hay unos cuantos países que no son en nada entusiastas. El término no les gusta, prefieren el de desarrollo sustentable. En suma, muchos países quieren evitar que la economía verde sea una manera de levantar obstáculos al comercio internacional, o que de pronto haya nuevas condiciones para la ayuda al desarrollo. Luego está el tema de la gobernabilidad, pero esto no plantea demasiados problemas. Diría que la división más clara está entre los partidarios del desarrollo y los que afirman que no se puede continuar así, que es preciso salvar el planeta. Estamos en busca de una fórmula que concilie el desarrollo y el medio ambiente. Esta es la discusión más importante y más difícil de resolver porque está en juego el medio ambiente mundial y la posibilidad de llegar a un punto sin retorno. La discusión enfrenta también a quienes dicen que lo prioritario es la lucha contra la pobreza, es decir, el crecimiento económico, porque no se puede continuar acumulando tantas desigualdades. Este campo argumenta que la cuestión del planeta tiene que ser el paso posterior.
 

–Pero quien dice crecimiento está diciendo consumo de los recursos del planeta. Además, en lo que atañe a la economía verde, sus críticos advierten, y no sin razón, que ello equivale a introducir el mercado en la ecología.
 

–¡Ah! El mercado es un buen servidor pero un mal jefe. Toda la cuestión está en eso, en nuestra capacidad de organizar el mercado, de fijar reglas. No hay mercado sin reglas. Por el momento, hay muchas cosas que no se hacen. Estamos tratando de terminar con las subvenciones a los carburantes fósiles, lo que es una forma de intervenir en los mercados, pero no es nada fácil. Por ejemplo, en cuanto se suspende una subvención hay que recuperar el dinero que el Estado daba y dirigirlo hacia la ayuda a los más pobres. El tema de los mercados implica saber cómo se gestionan los recursos más raros. En realidad, es preciso salir del capitalismo más básico: hay que decir que el capital más importante son el pueblo y la naturaleza. El pueblo y la naturaleza son los elementos número uno del capital. No hay que sacrificar ese capital en beneficio del pequeño capital monetario de las empresas. Como usted sabe, existen muchas empresas que se aprovechan del sistema, así como también hay muchas empresas que financian campañas contra el desarrollo sustentable. Hay una enorme batalla en torno de esto. Existen intereses económicos que trabajan a corto plazo y a los cuales es preciso combatir.
 

–Pero, veinte años después de la precedente conferencia de Río, hoy hay un poderoso actor que antes no existía: la sociedad civil.
 

–La sociedad civil es un gran aliado, tanto para mí como para Brasil, que organiza la conferencia. Tenemos una necesidad absoluta de la sociedad civil. Asociaciones, científicos, profesores, en suma, todos aquellos que trabajan por el planeta son esenciales. Pero también las regiones, las municipalidades y las ciudades ocupan un lugar destacado en este trabajo. Cuando una ciudad fija las reglas urbanistas, esto también es importante. La sociedad civil será entonces un actor muy importante, no sólo porque estará presente sino, también, porque va a participar en un nuevo camino de negociación. Se trata de los “diálogos sobre el desarrollo sustentable”. Brasil y la ONU han hecho un gran esfuerzo para crear un nuevo tipo de conferencia donde no sólo estén los diplomáticos de cada país, sino la sociedad civil en su conjunto.
 

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Renovada fiebre del oro en América Latina pone en riesgo selvas y pueblos

Santiago, 12 de mayo. Una renovada fiebre del oro tiene a América Latina en jaque: bosques tropicales devastados en faenas ilegales donde reina la ley del más fuerte, comunidades locales en pie de guerra contra proyectos de inversión de las grandes mineras internacionales.
 

El apetito por el oro y otros metales tiene en auge a la minería informal, sobre todo en Perú, Colombia y Bolivia, y a la industria formal en apogeo, con una inversión proyectada de 300 mil millones de dólares a 2020, según la Sociedad Interamericana de Minería.
 

No obstante, 162 conflictos mineros han estallado en toda la región por la oposición de comunidades locales contra proyectos que ven como una amenaza, en especial por su gran consumo de agua, según el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina.
 

Con un precio del oro que pasó en la última década de 270 dólares a entre mil 600 y mil 800 dólares la onza (por ser refugio favorito de inversionistas ante las turbulencias de la economía mundial) y un cobre por las nubes debido a la voraz demanda de China, nada hace pensar que la tendencia se detenga.
 

La minería informal: desastre social y ambiental

La minería ilegal, sobre todo aurífera, se ha cobrado ya centenares de víctimas y ha depredado miles de hectáreas en la Amazonia, donde se han instalado extensos campamentos que arrasan con todo a su paso.
 

Para extraer cada gramo de oro se requieren dos o tres de mercurio, que es vertido a los ríos en los lavaderos. En busca de agua, las topadoras arrasan con los bosques tropicales.
 

En paralelo ocurre un desastre social: miles de niños, mujeres y hombres son explotados sexual y laboralmente, en precarios campamentos donde no hay escuelas ni centros de salud y rige la ley del más fuerte.
 

En Perú, donde entre 110 mil a 150 mil personas se dedican a la minería ilegal, unos mil niños son explotados sexualmente en la zona de Madre de Dios, según la organización no gubernamental (ONG) Save The Children.
 

“Aquí hay decenas de prostibares, donde cientos de niñas son llevadas engañadas en la creencia que van a ganar mucho dinero”, dijo a la agencia de noticias Afp Teresa Carpio, directora de esta ONG en Perú.
 

“Es la explotación del ser humano al máximo. Las condiciones de vida son miserables y están trastocados todos los valores”, agregó. “Si viajas hasta allá es como hacer un viaje al pasado, es como ver una película del oeste (estadunidense), un drama sin precedente”, ilustró.
 

En esa región, una de las más pobres de Perú, se producen unas 18 toneladas de oro al año, y según estimaciones oficiales, se han destruido 20 mil hectáreas de bosques tropicales.


En Colombia, miles de personas han vuelto a explotar antiguas minas en los departamentos de Antioquia y Chocó.
 

En las comunidades indígenas y negras, la participación de niños en la minería del oro es parte de sus tradiciones. Se calcula que hay entre 200 mil y 400 mil niños que trabajan hoy en la minería a pequeña escala, según datos suministrados por Amichocó de Colombia, a la Alianza por la Minería Responsable (AMR).
 

En Bolivia unas 10 mil personas viven de la minería del oro, explotando pequeños depósitos “en condiciones extremadamente severas, de forma muy precaria y causando un fuerte impacto ambiental”, según la AMR.
 

Un nuevo El Dorado

El apetito por minerales tiene también a América Latina como una de las regiones más atractivas para la inversión. El año pasado captó 25 por ciento de las inversiones en exploración. Hoy 45 por ciento del cobre sale de América Latina, 50 por ciento de la plata y 20 por ciento del oro, pero si se concretan los proyectos de inversión la región liderará en 2020 la producción de estos metales.
 

No obstante, varios proyectos han sido detenidos en Chile, Perú y Argentina. La aplicación del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que exige consultar a las comunidades sobre alteraciones en sus territorios, es el arma principal contra proyectos que han sufrido costosos retrasos.
 

“Los conflictos sociales que están muy presentes en la región, van a tener y están teniendo impacto en los cronogramas de los proyectos de inversión”, dice a la Afp el economista José de Echave, ex viceministro de Medio Ambiente en el actual gobierno peruano de Ollanta Humala.
 

El proyecto Conga, de la estadunidense Newmont y con 4 mil 800 millones de dólares en inversión, es resistido por la población de Cajamarca (norte de Perú), que estima que la agricultura se verá perjudicada por la falta de agua; el proyecto quedó detenido en noviembre.
 

En la localidad argentina de Famatina, la canadiense Osisko Minning Corp suspendió su proyecto para instalar una mina de oro a cielo abierto en el cerro General Belgrano.
 

En Chile la canadiense Goldcorp paralizó la explotación de la mina El Morro, en el norte, por no haber consultado al pueblo indígena que vive en la zona.
 

“Lo que se pide es que el modelo económico y las actividades productivas respeten la legislación vigente, que el desarrollo sea acorde y sostenible con los pueblos que habitan las zonas que se quieren explotar”, explicó la abogada Consuelo Labra, de la ONG Observatorio Ciudadano, que asesora a comunidades indígenas.

Afp

 

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Miércoles, 09 Mayo 2012 06:53

Aysén ya tiene central hidroeléctrica

Aysén ya tiene central hidroeléctrica

La Secretaría de Evaluación Ambiental (SEA) de Aysén aprobó por unanimidad la construcción de la central hidroeléctrica en Río Cuervo, al sur de Santiago, Chile. La entrada en funcionamiento está prevista para 2019 y se espera que sea la primera de tres presas que Energía Austral, filial de la minera suiza Xtrata Cooper, pretende construir en la zona. En medio de un fuerte dispositivo policial y a pesar de la oposición de grupos ecologistas y algunos parlamentarios, la empresa planea edificar allí una central de embalse con una capacidad estimada de 640 megawatts y una inversión de 645 millones de dólares (unos 500 millones de euros), ubicada a 1650 kilómetros de la capital trasandina. Por su parte, la alcaldesa de Aysén, Marisol Martínez (Democracia Cristiana), dijo al diario chileno La Tercera que la votación donde se aprobó el proyecto hidroeléctrico muestra un “incumplimiento con la mesa social”, ya que no se respetó el acuerdo de realizar una consulta ciudadana antes de la votación.
 

“La mesa social tendrá que evaluar su visión, hay muchos temas por delante que tratar y eso tendrá que definirlo la mesa. Obviamente aquí hay un incumplimiento con la mesa, claramente no se respetó el que se postergara esta votación hasta que se desarrollara un plebiscito vinculante, así que claramente ésa es una falta a los compromisos”, dijo Martínez en conversación telefónica con La Tercera. Uno de los puntos que despiertan mayor controversia es el de los riesgos que presenta, para la población de Aysén, la construcción de la represa: la megaestructura se emplazará sobre una falla geológica. En ese sentido, el director del Servicio de Evaluación Ambiental, Eduardo Riveros, indicó que se evalúan impactos ambientales y no riesgos de los proyectos. La alcaldesa mostró preocupación por el proyecto: “Me parece preocupante que habiendo un estudio que arroja riesgos volcánicos y fallas activas, no sean éstas abordadas adecuadamente y que se determine continuar con este proceso, generando un peligro inminente para la población de Aysén y para el futuro de Aysén. La entidad que debe resguardar nuestra seguridad hoy día creo que no la ha abordado adecuadamente”, dijo.
 

“Estamos hablando de un sector que está lleno de volcanes alrededor, con tres líneas de fallas que son de alto riesgo”, describió el senador de Renovación Nacional, Antonio Horvath, la zona donde se ubicará la represa. Y anunció la interposición de varios recursos judiciales para impedir un proyecto que, en su opinión, podría tener un menor impacto si se construyera una central sin represa. El senador oficialista criticó a su vez que la evaluación se haya hecho en forma parcializada y que no se optara por una central más pequeña. En la misma tónica que la alcaldesa de Aysén, el ingeniero civil –y ecosenador independiente, como se presenta en su página web– cargó contra los integrantes de la comisión por no haber escuchado los argumentos en contra del proyecto.
 

“Estas megacentrales no crean un crecimiento sano, por cuanto se traen trabajadores de fuera de la región y son muy perversos, porque, además, no se cumplen los compromisos, como ocurrió en la región de Biobío”, señaló el parlamentario. Asimismo, Horvath dijo que se está repitiendo una situación similar a la que se vivió hace un año, cuando se impulsó la construcción de Hidroaysén, “con claras vulneraciones a la ley, porque se están aprobando proyectos con exigencias a futuro. Esto es como entregar un cheque sin garantía”, afirmó.
 

“Todos los impactos significativos identificados han sido respondidos satisfactoriamente con las correspondientes medidas de compensación y mitigación –dijo la intendenta, Pilar Cuevas, rechazando las críticas–. Dado esto, la comisión aprobó de forma unánime la central de Río Cuervo”, agregó la funcionaria. La puesta en marcha del proyecto supone una rebaja de la tarifa eléctrica de un 21 por ciento para los 100.000 habitantes de Aysén, así como la construcción de caminos turísticos, entre otras condiciones que la comisión propuso para apoyar la iniciativa. Los habitantes de Aysén mantuvieron durante febrero y marzo protestas para denunciar el aislamiento de su región, que se traduce en problemas de conectividad, educación y altos precios de combustibles y otros productos.
 

Mientras tanto, en el exterior del edificio donde se reunió la comisión, los carabineros detuvieron a tres manifestantes por desórdenes públicos, según informó la policía.
 

Quien mostró satisfacción por el resultado de la votación fue el gerente general de Energía Austral, Alberto Quiñones, que en un comunicado destacó la tramitación “rigurosa y transparente” que se realizó para aprobar la construcción de la hidroeléctrica. “Hemos trabajado para entregar un proyecto sustentable, que aportará energía limpia a partir de una fuente renovable y contribuirá a que Chile atienda su creciente demanda energética y generará beneficios concretos para Aysén en términos de empleo y turismo”, explicó. El proyecto Río Cuervo se suma al de Hidroaysén que, impulsado por Endesa Chile en la misma región, contempla la construcción de cinco presas en los ríos Pascua y Baker.
 

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El clima pende de un hilo: la larga y acalorada lucha para combatir el cambio climático
El Pentágono lo conoce. Las principales empresas de seguros del mundo lo conocen. Los gobiernos pueden ser derrocados a causa de él. Es el cambio climático, y es real. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, en marzo se registraron temperaturas récord en Estados Unidos, lo que lo convierte en el marzo más caluroso desde que comenzó a llevarse registro en 1895. Las temperaturas promedio estuvieron 4,8 grados Celsius por encima del promedio y se batieron más de 15.000 récords de temperaturas máximas a nivel nacional. La sequía, los incendios forestales, los tornados y otros eventos climáticos extremos ya están afectando al país.

 
Al otro lado del mundo, en las islas Maldivas, el aumento del nivel del mar continúa amenazando a ese archipiélago del Océano Índico. Se trata de la nación más baja del mundo, a un promedio de tan solo 1,3 metros sobre el nivel del mar. La grave situación de las Maldivas fue noticia a nivel mundial cuando su joven presidente, el primer presidente electo democráticamente en el país, Mohamed Nasheed, se convirtió en una de las principales voces del mundo que se alzó en contra del cambio climático, en particular en la etapa previa a la conferencia sobre cambio climático de la ONU realizada en Copenhague en 2009. Nasheed realizó una reunión ministerial bajo el agua, en la que su gabinete vestía equipos de buceo, para ilustrar el potencial desastre.
 
Nasheed declaró: “El cambio climático es un problema real y está sucediendo ahora. No es un problema del futuro. Cualquier desequilibrio en la naturaleza tendrá impactos enormes en las Islas Maldivas y no solo en estas islas, en otras regiones costeras del mundo también. Creo que alrededor de una tercera parte de la población mundial vive en zonas costeras y se verá gravemente afectada si no hacemos algo para combatir el cambio climático en los próximos años. Se debe alcanzar un acuerdo internacional para reducir las emisiones de carbono”.
 
En febrero de este año, Mohamed Nasheed fue derrocado de la presidencia a punta de pistola. El gobierno de Obama, a través de la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, dijo acerca del golpe de Estado: “Se actuó dentro del marco constitucional”. Cuando hablé con el presidente Nasheed el mes pasado, me dijo: “Fue muy sorprendente y muy preocupante que el gobierno de Estados Unidos reconociera de inmediato el restablecimiento de la antigua dictadura. Tenemos que reinstaurar la democracia en nuestro país. Es una democracia muy joven. Recién logramos tener elecciones multipartidarias en 2008 y tan solo duró tres años. Luego hubo un golpe de Estado muy bien planeado. Nos sorprendió que Estados Unidos reconociera tan rápido al nuevo régimen”. Hay un paralelismo entre las posiciones nacionales sobre cambio climático y el apoyo o la oposición al golpe en Maldivas.
 
Nasheed es el personaje principal de un nuevo documental denominado “The Island President” (El presidente de la isla), que hace un recorrido a través de su notable trayectoria. Durante la dictadura de Maumoon Abdul Gayoom fue un destacado militante estudiantil que fue arrestado y torturado, como muchos otros. En 2008, cuando finalmente se celebraron elecciones en el país, Nassheed derrotó a Gayoom y resultó electo presidente. Sin embargo, me dijo: “Es fácil derrotar a un dictador, pero no es tan fácil librarse de una dictadura. Las redes, las dificultades, las instituciones y todo lo que fue establecido por la dictadura sigue en pie, incluso después de las elecciones”. El 7 de febrero de 2012 por la mañana, Nasheed renunció luego de que generales rebeldes del ejército lo amenazaran de muerte a él y a sus seguidores.
 
Si bien aún no se ha hallado ningún vínculo directo entre el activismo contra el cambio climático de Nasheed y el golpe, quedó claro que, durante la cumbre de Copenhague en 2009, fue una piedra en el zapato para el gobierno de Obama. Nasheed y otros representantes de la APEI, la Alianza de Pequeños Estados Insulares, asumieron la postura de defender la futura existencia de sus países y de construir alianzas con grupos de base como 350.org, que se oponen a las políticas sobre el clima dominadas por las empresas.
 
Mientras tanto, en Estados Unidos en marzo se registró el primer desastre climático del año, que provocó más de mil millones de dólares en daños. Los tornados que azotaron cuatro de los estados centrales del país dejaron un saldo de 41 muertos. El Dr. Jeff Masters, del sitio web de información meteorológica Weather Underground, escribió en su blog que las temperaturas récord registradas en marzo “no solo fueron minimizadas sino que fueron modificadas”. El 23 de marzo, el gobernador conservador de Texas, Rick Perry, renovó el estado de emergencia declarado allí el año pasado como consecuencia de las fuertes sequías.
 
1.000 de los 4.710 sistemas de gestión comunitaria del agua de Texas están sufriendo restricciones. La localidad texana de Spicewood, con una población de 1.100 habitantes, se quedó sin agua y ahora dependen del suministro de agua en camiones cisterna. Mientras los habitantes enfrentan fuertes restricciones en el uso del agua, para el gobernador Perry restringir el uso del agua a las empresas que emiten los gases de efecto invernadero, que provocan el cambio climático, sería impensable.
 
Mitt Romney está por convertirse en el candidato republicano a la presidencia y cuenta con el apoyo de ex rivales como Perry. Los republicanos ya han comenzado a atacar al Presidente Obama con respecto a las políticas sobre cambio climático. El Consejo Estadounidense de Intercambio Legislativo (ALEC, por sus siglas en inglés), ha promovido leyes en las cámaras de diputados estatales que se oponen a cualquier legislación sobre clima y ha incitado a los miembros del Congreso a que bloqueen todo tipo de acción federal, en particular, a que obstaculicen el trabajo de la Agencia de Protección Ambiental. Como detalló el Center for Media and Democracy (Centro de Estudios sobre Medios de Comunicación y Democracia) en su informe denominado “ALEC Exposed”, ALEC cuenta con el financiamiento de las principales empresas contaminadoras del país, como ExxonMobil, BP America, Chevron, Peabody Energy y Koch Industries. Los hermanos Koch también han financiado a grupos del Tea Party como el grupo Freedom Works, para dar la impresión de que hacen activismo social.
 
Este período electoral probablemente esté marcado por más eventos climáticos extremos, con la consecuente pérdida de más vidas y miles de millones de dólares en daños.
 
Mientras el Presidente Nasheed se esfuerza para volver a presentarse como candidato a la presidencia que le fue arrebatada, el Presidente Obama intenta aferrarse a la suya. Entretanto, el clima pende de un hilo.
 
 
Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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Estudio científico demuestra que el hombre es el principal responsable del calentamiento global

Las emisiones de dióxido de carbono similares a las que hoy provoca la quema de combustibles fósiles y otras actividades humanas ayudaron a calentar el planeta y a terminar con la última era de hielo hace unos 11.700 años, informaron científicos.

 
Investigadores de la Universidad de Harvard y de la Universidad Estatal de Oregon y otras instituciones informaron en la revista Nature que el aumento de las temperaturas es una consecuencia del incremento del dióxido de carbono, en un hallazgo que ofrece una respuesta a quienes se muestran escépticos sobre el calentamiento global causado por los hombres, .

 
Los expertos climáticos sospechaban desde hace años que esto era así, pero los registros geológicos eran confusos.

 
Estudios previos observaron burbujas de aire atrapadas en hielos ancestrales de la Antártida, que revelaron niveles de dióxido de carbono en la última etapa del Pleistoceno, hace unos 20.000 a 10.000 años, el período en que finalizó la era de hielo.

 
En esas investigaciones previas, parecía que los niveles de dióxido de carbono habían aumentando luego de que lo hiciera la temperatura, llevando a los escépticos climáticos a cuestionar que el dióxido de carbono fuera un generador de calentamiento global, tanto entonces como ahora.
 

Este nuevo estudio logró observar núcleos glaciales y muestras de sedimentos bajo el mar -cuanto más profundo es el pozo, más antiguo el sedimento, con información bioquímica que indica variación de la temperatura a través del tiempo- en 80 zonas del planeta.
 

Sólo en la Antártida los estudios previos fueron confirmados: las temperaturas allí aumentaron antes de que trepara el nivel de dióxido de carbono. Pero a nivel global, un incremento en la cantidad de dióxido de carbono en el aire precedió el cambio de temperatura, según este nuevo informe.

 
El aumento de dióxido de carbono durante el final de la Era del Hielo fue importante, de unas 180 a unas 260 moléculas por millón en la atmósfera, una medición conocida como partes por millón o ppm, según el autor del estudio, Jeremy Shakun.

 
EL GRAN DERRETIMIENTO

 
Este incremento tuvo lugar hace unos 7.000 años, dijo Shakun durante una conferencia telefónica. En cambio, el actual nivel atmosférico de dióxido de carbono es 392 ppm, un incremento de alrededor de 100 ppm en los últimos dos siglos, añadió.

 
“En este siglo, probablemente vamos a aumentar unas 100 (ppm) más”, dijo Shakun, pero agregó que la Tierra posiblemente no sentirá el impacto total de este aumento en el dióxido de carbono por siglos.

 
“Calentar los océanos lleva bastante tiempo, y además tenemos extensiones de hielo, y no se pueden derretir extensiones de hielo en 100 años”, expresó.

 
Pero si bien el dióxido de carbono impulsó las temperaturas al alza para acelerar el final de la era del hielo, no fue la causa inicial.

 
El gran derretimiento inicial fue impulsado por un temblor periódico en la corteza de la Tierra, indicaron los científicos.

 
En algunos momentos del temblor, el hemisferio norte quedó más cerca del sol y eso ocurrió al comienzo de la etapa final del Pleistoceno, cuando extensiones de hielo cubrían gran parte de lo que ahora es América del Norte y Europa.
 

5 Abril 2012 
(Con información de Reuters)
 

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Martes, 20 Marzo 2012 08:21

Biodiversidad en peligro

Biodiversidad en peligro
Con un fuerte retumbo, las puertas exteriores de acero de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard cerraron el 28 de febrero pasado, dejando fuera el viento helado del Ártico y encerrando una tonelada de recién llegados: 25 mil muestras de semillas de Estados Unidos, Colombia, Costa Rica, Tayikistán, Armenia y Siria. Para Carly Fowler, estadunidense y arquitecto de la bóveda, los garbanzos sirios y las habas fueron especialmente bienvenidos.

Inaugurada en 2008, la bóveda de Svalbard es un respaldo de mil 750 bancos de semillas, almacenes de biodiversidad agrícola. Para ilustrar por qué es necesaria, el banco nacional de semillas de Filipinas fue destruido por el fuego en enero, seis años antes de ser dañado por una inundación. Los de Afganistán e Irak fueron destruidos en guerras recientes. Ahora, si el conflicto en Siria llegara al almacén más rico, en Alepo, el daño sería menor: unas 10 mil muestras de semillas sirias están ya en la bóveda de Svalvard, entre un total de 750 mil semillas. “Cuando veo esto –dice Fowler, mirando con amor su más reciente encargo–, me digo: ‘por fortuna están a salvo’.”

La bóveda de Svalvard está protegida por dos bolsas de aire, al final de un túnel hundido 160 metros en la capa de hielo permanente del archipiélago del Ártico noruego, frente a la aldea de Longyearbyen, una de las poblaciones ubicadas más al norte en el mundo. Se mantiene a una temperatura constante de –18°C. Es una seria preparación para el desastre: si se cortara el suministro eléctrico, se necesitarían dos siglos para que la temperatura de la bóveda subiera hasta el punto de congelación del agua, calcula Fowler. También señala con entusiasmo la cabeza cóncava del túnel, diseñada para amortiguar la fuerza de un ataque con misiles. Tales precauciones han dado lugar al apodo del depósito: la Bóveda del Día del Juicio.

Fowler, quien la administra por cuenta del gobierno de Noruega, en asociación con bancos de genes nórdicos y un organismo internacional, el Fondo de la Diversidad Global de Cultivos, calcula que la bóveda contiene muestras de unos dos tercios de la diversidad mundial de cultivos almacenada. Para aumentar esto, pronto emprenderá un proyecto, dotado con 50 mdd de Noruega, para recolectar las semillas de los antepasados silvestres de muchas semillas agrícolas.


Asunto seminal


La mayoría de los bancos de semillas fueron creados en las décadas de 1970 y 1980, hacia el final de un periodo de cosechas récord en el mundo, a raíz de la adopción de variedades híbridas que se conoció como revolución verde. La idea nació cuando se cobró conciencia de que la biodiversidad agrícola se perdía porque los agricultores abandonaban las viejas semillas, muchas de ellas desarrolladas a lo largo de siglos, por los nuevos híbridos.

La extensión de la pérdida, que continúa hasta hoy, no está bien documentada. La extinción de especies no humanas está en general mejor estudiada que la pérdida del material genético que sostiene a la humanidad. Aun así, con base sobre todo en variedades de cultivos que ya no existen, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que 75% de la biodiversidad de cultivos se ha perdido en los campos del planeta. Se calcula que India tenía más de 100 mil variedades de arroz hace un siglo; ahora son sólo unos cuantos miles. Estados Unidos tenía 5 mil variedades de manzanas; hoy son apenas unos cientos. Tales mediciones probablemente subestiman la escala de las pérdidas, porque a menudo una sola semilla tradicional contiene mucha diversidad genética.

Es difícil cuantificar el impacto, pero los riesgos potenciales a largo plazo son enormes. La biodiversidad agrícola es la mejor protección contra catástrofes futuras como plagas, enfermedades y el cambio climático. Por eso los cultivadores de plantas, desde los pequeños agricultores hasta las grandes empresas de biotecnología, dueñas de los organismos genéticamente modificados (OGM), actualizan constantemente sus existencias de semillas, con frecuencia procedentes de fuentes oscuras.

"Si hacemos caso omiso de la diversidad genética mientras desarrollamos productos transgénicos, corremos el riesgo de que surja una enfermedad o plaga que arrase con esos tipos", señala John Soper, jefe de investigación genética de cultivos en Pioneer Hi-Bred, división de semillas del consorcio químico DuPont. Señala que la empresa ha tomado material genético de sus existencias de semillas de girasol estadunidense silvestre tres o cuatro veces en los 10 años pasados en el intento de hacer que sus variedades comerciales sean resistentes a un parásito del sur de Europa. También tiene planes de enfrentar el cambio climático, para lo cual abrió un centro de investigación en el helado occidente de Canadá. Intenta desarrollar variedades locales de maíz y soya, que no se cultivan comercialmente en esa zona, pero ello podría ocurrir si la temperatura aumenta.

Sin embargo, no se puede confiar a las empresas de biotecnología el cuidado de la biodiversidad. Sus bancos genéticos son demasiado pequeños y se concentran en un puñado de cultivos comerciales. Además, su afán de lucro no compagina necesariamente con la causa de alimentar a la humanidad. De ahí el impulso dado recientemente a los bancos nacionales de genes, de los cuales es producto la bóveda de Svalbard.

Se trata de un esperanzador despliegue de cooperación internacional. En el helado recinto de la bóveda, semillas norcoreanas, en cajas de madera, están junto a otras de Corea del Sur, así como de Congo, Bangladesh y Perú. En muchos de esos países en desarrollo, los bancos de genes se encuentran en condiciones deficientes y son mal administrados, lo cual es otra amenaza contra las reservas. Para ejemplificar uno de los riesgos, Fowler advierte que "en un tazón de caldo puede desaparecer un milenio de actividad agrícola en una noche".

Sin embargo, los bancos de semillas no son la única respuesta para salvar la biodiversidad de cultivos: también se necesita la conservación en los campos. Los bancos rara vez almacenan variedades que no producen semillas, como la mandioca, el plátano y muchas otras frutas y bayas. Además, rara vez registran el conocimiento local de sus depósitos, el cual puede ser casi tan importante como las semillas mismas. Por otra parte, a diferencia de los bancos de semillas, la naturaleza no está osificada: es gloriosamente adaptable. Por ejemplo, en los 15 años pasados, en África occidental, se ha observado que las poblaciones de las variedades tradicionales de sorgo acortan en dos semanas su ciclo de crecimiento en respuesta a la reducción de la temporada de lluvias. La mejor forma de favorecer esa adaptabilidad es sencillamente dejar que la naturaleza continúe con ella.

La ansiedad de algunos agricultores por desechar sus viejas especies nativas es comprensible. Se calcula que las variedades mejoradas de semillas han elevado las cosechas entre 21 y 43%, independientemente de fertilizantes y otros insumos. Para conservar la biodiversidad de cultivos entre la inevitable carrera en pos de nuevos híbridos, los bancos de semillas tienen una función importante. Pero otra solución –como en muchos problemas relacionados con el clima– es hacer drásticas mejoras en la planeación del uso de la tierra, y luego alentar a campesinos ubicados en lugares estratégicos a dedicar parcelas a los cultivos tradicionales. Entre las formas de lograrlo está desarrollar nichos de mercado para sus entrañables vegetales y granos de la vieja escuela o incluso, como en Nepal, con el equivalente nacional de un festival de la cosecha. El gobierno nepalés entrega premios a los agricultores que tienen la mayor biodiversidad en sus tierras.

Tales medidas son menos glamorosas y más problemáticas que depositar semillas en una fortaleza ártica sufragada por cortesía de los contribuyentes noruegos. Por eso rara vez se toman, lo cual es una gran vergüenza. Si el mundo se afanara más por atender la biodiversidad de cultivos en sus campos, el temido Día del Juicio Final que da nombre a la bóveda tendría aún menos probabilidades de llegar.

Fuente: EIU

Traducción de textos: Jorge Anaya

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