Miércoles, 14 Julio 2021 06:36

Colombia: un peligro para la región

Colombia: un peligro para la región

Colombia, gracias al apoyo de los Estados Unidos no solo realiza la formación de las Fuerzas Militares que hoy ostenta el mayor número de violaciones a los derechos humanos y una simbiótica relación con grupos Paramilitares, sino que prepara así, un ejército de Matones Globalizados que obedecen al mejor postor.

El mercenarismo, otro lastre que potenció el Plan Colombia

El informe entregado a la Comisión de la Verdad “Desde el inicio hasta el final. Estados Unidos en el Conflicto Armado Colombiano” deja ver cómo la presencia del apoyo militar norteamericano ha estado asociado al incremento de acciones militares violatorias de derechos humanos, al uso de la guerra sucia, al incremento del paramilitarismo y a la formación bajo esta misma doctrina y lógica a las fuerzas militares de la región, exportando un producto esencial para la inestabilidad y la guerra sucia [FOR20].

Vale recordar que durante la década de los 60 el ejército estadounidense ya enviaba misiones y equipos de entrenamiento militar a Colombia. En 1962, por ejemplo, la misión en Colombia dirigida por el General William Yarborough, instruyó al ejército sobre la conformación de grupos mixtos de civiles y militares (paramilitares):

“Consideramos que […] debe realizarse un esfuerzo concertado por todo el Equipo del País [Colombia] a fin de seleccionar personal civil y militar con miras a un entrenamiento clandestino en operaciones de resistencia y, en la medida en que sea necesario, ejecutar actividades paramilitares, de sabotaje y/o terroristas, contra partidarios del comunismo conocidos. Los Estados Unidos deben apoyar esto’’ [Veg142].

El papel de la Escuela de las Américas (SOA) operativa entre 1946 y 2000, ha sido decisiva, en 2001 cambió de nombre por, Instituto de Cooperación para la Seguridad del Hemisferio Occidental (WHINSEC) esto, tras las innumerables denuncias documentadas ampliamente de su incidencia en la comisión de múltiples homicidios, violaciones a Derechos Humanos, fomento de estrategias de tortura, métodos criminales, etc., entre otras acciones difundidas y promovidas gracias a sus manuales de instrucción. De esta realidad da cuenta el análisis de siete manuales desclasificados que fueron usados en la SOA y distribuidos en Colombia y otros países latinoamericanos.

Más de 18.000 militares colombianos fueron entrenados en dicha escuela, incluyendo más de 1.300 durante 1965-1976 y 4.000 durante 1982-1991, los períodos en que el Pentágono ha reconocido que los manuales o contenido similar estuvieron en uso en la escuela [Sch20].

A finales de los años 90, hace su presencia el Plan Colombia devenido de este un contexto de militarización y doctrina del enemigo interno, una estrategia con la que EE.UU aumenta su presencia (entrenamiento, asesores, tecnología) interviniendo directamente en el conflicto armado colombiano.

El investigador John Lindsay-Poland en su libro Plan Colombia: Atrocidades, aliados de Estados Unidos y activismo comunitario, referencia que: “entre 2000 y 2010, Estados Unidos financió el entrenamiento militar de 77.276 colombianos La mayoría de los oficiales del ejército colombiano” (Lindsay-Poland, 2020). En esta etapa, el enemigo interno se amplía a las organizaciones sociales, populares, étnicas, comunitarias.

Ahora bien, existe un claro patrón de conducta derivada de esta formación y política militar norteamericana:

  • Militares formados en la SOA y WHINSEC vinculados con graves violaciones de derechos humanos.
  • Militares y policías vinculados con graves violaciones de derechos humanos.
  • Militares violadores de derechos humanos protegidos y hasta ascendidos, premiados, por sus vínculos con la SOA WHINSEC, u otras escuelas militares de los Estados Unidos, promoviendo así, la impunidad y generando un mensaje como ejemplo a seguir [FOR20].
  • Muchos de los violadores de derechos humanos más destacados en América Latina fueron entrenados por SOA – WHINSEC [Sch19].

Vale señalar este ejemplo: de los veintiún instructores colombianos en WHINSEC entre 2001-2003 y de los ocho oficiales colombianos que tomaron el importante curso de comando y estado mayor en el mismo periodo, se resalta que:

De los veinticinco instructores y graduados colombianos de WHINSEC sobre quienes hay información posterior disponible, doce de ellos, esto es, el 48%, fueron acusados de un delito grave o comandaron unidades cuyos miembros, según informes, habían cometido múltiples ejecuciones extrajudiciales después del período del oficial en WHINSEC. Para determinar si este porcentaje de oficiales colombianos implicados en violaciones o que tenían bajo su mando unidades acusadas de cometer múltiples ejecuciones era desproporcionado, examiné una muestra aleatoria de veinticinco oficiales de aproximadamente el mismo período, con la misma combinación de rango y rama militar que los instructores y egresados de WHINSEC. De estos veinticinco, cuatro dirigieron unidades con múltiples presuntas ejecuciones extrajudiciales bajo su mando. Otros tres lideraron unidades con una sola ejecución cometida bajo su mando. ¿Cómo es que pudo haber ocurrido todo eso? (Lindsay Poland, 2020, p 383-385).

Todo este contexto le deja muy buenos resultados a las empresas de seguridad de Estados Unidos que han presionado en su país la aprobación de apoyos militares y políticas de intervención como el Plan Colombia con todo y sus complejidades, como la empresa Lockheed que produce la aeronave de radar P-3, empresas fabricantes de helicópteros Sikorsky Aircraft Corporation y Bell Textron, entre otras, y también el sector extractivo, la Asociación Empresarial EE.UU.-Colombia compuesta por once compañías multinacionales, La Occidental Oil y un largo etcétera [FOR20], y lógico, entre estos negocios se encuentra uno muy lucrativo por todo el mercado que gira de manera directa e indirecta: el mercado y tráfico de drogas.

Estas estrategias de formación militar bajo la doctrina del enemigo interno, enfocado en el resultado y de aplicación de toda forma de terror incluyendo la más delirante psicología de guerra y manipulación a todo nivel, ha echado raíces en Colombia como su alumno avanzado, nada más estudiar a fondo el caso Falsos Positivos cuyo concepto da cuenta de una manera de hacer política exterior y política nacional, hacer de la guerra sucia, la mentira, la manipulación y el crimen su mayor fortaleza [Roj202].

Ahora bien, junto al interés empresarial está el interés político de control de la región a favor de dichos intereses, es así que hoy desde Colombia se viene preparando dicha asistencia militar para el control regional que incluye la creación funcional de una constante inestabilidad regional a la medida de intereses económicos y políticos, como un producto de exportación.

Colombia así, exporta formalmente entrenamiento militar a otros países [Lin20] y a la par brinda servicios a empresas privadas en calidad de mercenarios, el paquete completo y a bajo costo.

El general Kelly, excomandante del Comando Sur de los EEUU, en el año 2014 sugería que los EUA utilizara a las fuerzas de seguridad colombianas para entrenar a terceros países precisamente para evitar restricciones de derechos humanos.

No nos estamos enfocando de la misma manera en países que están, hoy, muy cerca de ir al límite, donde estaba Colombia en los 90. Están a solo unos centímetros de caer por el precipicio. Sin embargo, estamos restringidos de trabajar con ellos, por pasados – ‘pecados’, en los 80. La belleza de tener una Colombia – son tan buenos socios, particularmente en el ámbito militar, son tan buenos socios con nosotros. Cuando les pedimos que vayan a otro lugar y capaciten a los mexicanos, hondureños, guatemaltecos, los panameños, lo harán casi sin pedirlo. Y lo harán solos. Están muy agradecidos de lo que hicimos por ellos. Y lo que hicimos por ellos fue, de verdad, animarlos por 20 años y ellos han hecho un trabajo magnífico. Pero es por eso que es importante que se vayan ellos, porque yo, al menos en el lado militar, estoy restringido de trabajar con algunos de estos países debido a limitaciones que se basan realmente en pecados pasados. Y lo dejaré así [Sec14].

Hoy notamos el aumento de ese proceso de exportación de prácticas violatorias de derechos humanos de las fuerzas de seguridad colombianas a la región, generando esa funcional inestabilidad.

Es así que, en el marco del Plan de Acción Estados Unidos-Colombia para la Seguridad Regional (USCAP), entre 2013 y 2017, Colombia entrenó: 17.000 efectivos de Panamá, Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala y la República Dominicana. En el 2011, 7.000 mexicanos habían recibido entrenamiento por colombianos con financiamiento de los EUA. Destaca la formación de la policía colombiana, con el apoyo de los EUA, a los TIGRES de Honduras, estructura policial implicada en la brutal represión a las protestas masivas que se sucedieron tras el fraude en las elecciones de noviembre 2017 [FOR20].

Un exacerbado extractivismo de muerte

Después de los 90 luego de la caída del muro de Berlín, se crean ejércitos privados para liberar guerras en las que los Estados no quieren verse directamente implicados saltando exigencias del Derecho Internacional Humanitario, de Derechos Humanos, escándalos, crisis diplomáticas e impacto en futuras elecciones para personas y grupos de interés. No han sido pocos los escándalos de empresas como: G4S, DynCorp, Blackwater, entre otras, por gestar dolor, sufrimiento y destrucción de la base social, son múltiples los bombardeos, asesinatos, ejecuciones masivas, exterminios, etcétera a su favor.

En los años 2000, en el marco del Plan Colombia, soldados y policías comenzaron a ser entrenados por estas empresas que llegaron al país a brindar entrenamiento en inteligencia, seguridad, contrainteligencia y operaciones antinarcóticos, entre otras. Una vez se intensificó la guerra contra el terrorismo en Irak y Afganistán, luego del ataque contra las Torres Gemelas (2001), estas empresas decidieron recurrir a mano de obra colombiana, porque era más barata que contratar a exmilitares estadounidenses. Por unos miles de dólares se los llevaban con unos contratos poco claros que terminaron poniéndolos en el campo de batalla cuando la promesa había sido solo hacer tareas de vigilancia [ElE213].

En Irak, Libia, Afganistán, Yemen e incluso en la lucha contra el Estado Islámico se ha constatado la presencia de exmilitares colombianos contratados por empresas de seguridad privadas.

Tabla 1: Algunos casos de presencia de exmilitares en guerras externas.

País

Año

Descripción

Irak

2006

El 23 de agosto, la BBC, y varios medios locales, informaron que unos 35 exsoldados colombianos se quejaron de haber sido engañados por una compañía que los contrató en Bogotá para brindar servicios de seguridad en Irak.

Emiratos Árabes

2011

El 14 de mayo el New York Times informó que un avión que transportaba a decenas de colombianos aterrizó en Emiratos Árabes, habrían entrado a la región haciéndose pasar por trabajadores de la construcción. “De hecho, eran soldados de un ejército mercenario secreto liderado por Estados Unidos que estaba construyendo Erik Prince, el multimillonario fundador de Blackwater Worldwide” “Tales tropas podrían desplegarse si los Emiratos se enfrentaran a disturbios en sus abarrotados campos de trabajo o si fueran desafiados por protestas a favor de la democracia”, informó el Times.

  

La BBC informó en ese año que una firma que se hacía llamar Thor reclutaba por Internet soldados, suboficiales y oficiales de las Fuerzas Militares, entre 25 y 45 años de edad, que estuvieran interesados en prestar servicios de seguridad en el exterior.

Yemen

2015

El 25 de noviembre, la prensa estadounidense informó que Emiratos Árabes envió en secreto a cientos de mercenarios colombianos a Yemen para luchar en el conflicto de ese país. “Es el primer despliegue de combate para un ejército extranjero que los Emiratos han construido silenciosamente en el desierto durante los últimos cinco años, según varias personas involucradas actualmente o anteriormente en el proyecto”, informó el Times.

Fuente: elaboración propia con datos de [Ret21]

En Libia (2011) la prensa relacionó que en la invasión que terminó con el cruento asesinato por mercenarios de Maumar el Gadaffi, se reportó que “ebeldes ejecutaron a mercenarios, entre ellos 10 colombianos. «Los que no murieron en la batalla, fueron condenados de inmediato. Una bala en la cabeza y adiós. Eran asesinos, carniceros, no un grupo de soldados, eran hombres sin alma que mataban por dinero», sostuvo la fuente [Chi11].

Afirma Andrés Macías, investigador del CIPE, de la Universidad Externado de Colombia:

Hay una convención de Naciones Unidas que criminaliza el reclutamiento, utilización, financiación y entrenamiento de mercenarios (1989”, pero Colombia y muchos países no la han firmado, dejando un terreno fértil para que estas empresas contraten mercenarios, de acuerdo con la definición legal individuos reclutados para participar en un conflicto o un acto de violencia como derrocar un gobierno o socavar la integridad territorial de un Estado a cambio de una retribución material [ElE213].

En la región se evidencian hoy escándalos de militares implicados de manera directa o a modo de contratistas, en las redes logísticas y de protección de intereses norteamericanos en alianza con grandes carteles de la droga, paramilitarismo y sectores políticos altamente corruptos, es un fenómeno ya constante.

Vale recordar un caso emblemático y famoso del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) desmantelado ante los grandes escándalos de corrupción, tráfico de drogas, apoyo al paramilitarismo, asesinato de líderes sociales, la planeación e intento frustrado de asesinato del entonces Presidente de Venezuela Hugo Chávez, entre otras [Cep09].

Los ataques desde Colombia a Venezuela son constantes por medio de comandos tipo mercenarios, paramilitares y narcotraficantes, a la par de una política exterior basada en engaños y agresiones hacia el vecino país, también contra Cuba, ataques a los que se suman el Gobierno, su partido y los medios de cobertura nacional.

Se gestan así redes en alianza con Estados Unidos por medio de empresas de seguridad para atacar, intervenir y desestabilizar, es el caso de la Operación Gedeón cuyo objetivo era el de secuestrar y/o asesinar al presidente Nicolás Maduro, acción gestada con apoyos desde Colombia y según la declaración del Militar Venezolano en retiro Mayor General Cliver Alcalá quien lideró este ataque y que en entrevista al medio Nacional La W confirmó la articulación para tales fines entre altos funcionarios Colombianos, asesores norteamericanos, funcionarios Venezolanos, el liderazgo del ciudadano Venezolano Juan Gauidó, el asesor JJ Rendón y al apoyo de narcos en Colombia así, se entrenó y gestó toda esta operación, afirmó demás que de esto tenía pleno conocimiento de la Agencia Nacional de Inteligencia (antes DAS), a tal punto que el General en cuestión vivía en Barranquilla y desde allí montó y proyectó este plan [LaW201]. Luego de fracasada esta operación y de la captura de varios mercenarios por el gobierno de Venezuela, se supo de la vinculación incluso de la empresa de seguridad Norteamericana Sylvercorp y de nuevo se reafirma la participación del Gobierno de Colombia [Par201].

Estas incursiones siguen realizándose de manera reiterada, como es el caso de la llamada Operación Cacique Guaicaipuro realizada en la Cota 905 (julio de 2021) y que neutralizó una nueva incursión armada contra Venezuela, allí fueron capturados paramilitares de Colombia con abundante y potente armamento colombiano y norteamericano, el objetivo desestabilizar el Gobierno y a la par ampliar las rutas del narcotráfico de Colombia desde Venezuela, detalles emitido en declaraciones de la vicepresidenta de Venezuela Delcy Rodríguez.

Rodríguez recordó que previo a los sucesos registrados en Caracas, el jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EEUU, William Burns, visitó Colombia y Brasil. La funcionaria manifestó que el presidente Nicolás Maduro había denunciado que la CIA y el Comando Sur de EEUU preparaban un plan contra Venezuela [Spu21].

En simultánea a este hecho, ocurre el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en Haití, en donde se hace pública la supuesta participación de 26 colombianos.

Son 26 los colombianos que estarían presuntamente implicados en el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse, de los cuales 18 fueron capturados por vecinos y la Policía Nacional haitiana, mientras que tres fueron abatidos y cinco continuaban prófugos según fuentes oficiales [Spu211].

Ahora bien, se hace más delicado aún porque no todos se reportan como exmilitares, sino que 6 se referencian como militares activos, lo que complejiza aún más la situación y deja mal parado al gobierno de Colombia.

Con relación de la infiltración de militares de Colombia aseguró que es novedosa y grave porque han confirmado que «se trataría por lo menos en el caso de 6 de ellos, ya no de militares retirados como afirmó el ministro de defensa, Diego Molano, sino incluso de militares activos y 2 de ellos con el rango de Sargentos en las Fuerzas armadas colombianas».

Por su parte, es pública la noticia que la policía de Colombia asesoraba a Haití sobre cómo afrontar la crisis de los secuestros, allí un grupo de oficiales se encargó en terreno, del análisis de marzo a mayo de 2021 [Mar21] y según avanza la investigación los capturados ingresaron al país en el mes de mayo.

De los militares o exmilitares detenidos en Haití se encuentran casos particulares, por ejemplo, Francisco Eladio Uribe quien tiene cuentas pendientes ante el organismo de justicia transicional de Colombia -JEP- por su participación en ejecuciones extrajudiciales de civiles (falsos positivos) la pregunta es cómo logra que la Cancillería le otorgue pasaporte y Migración le concede permiso para salir del país.

Así mismo otro de los militares o exmilitares detenidos Manuel Antonio Groso Guarín es primo de Rafael Guarín Cotrino, consejero presidencial para la Seguridad Nacional de Colombia, quien negó conocer a su familiar luego de hacerse pública la noticia [Por21].

La información fluye muy rápido, los niveles de confusión mediática tal vez como estrategia de distracción también, ya se sabe de la Participación de la empresa de seguridad CTU con sede en Miami, desde donde se gestó el reclutamiento de algunos militares implicados, capturados, dicha empresa es dirigida por Antonio Intriago de nacionalidad venezolana, opositor y cercano al ciudadano Juan Guaidó, una empresa registrada en el año 2019, también está relacionado con otras empresas de seguridad de la Florida: la Academia Federal de la Unidad Contra el Terrorismo, el Consejo Nacional Venezolano Americano y Doral Food.

La pregunta sigue siendo ¿quiénes están detrás de los mercenarios que mataron al presidente y cuales los intereses que se tejen internacionales y nacionales allí?

Existen muchos intereses entrecruzados, como dice un dicho popular: si hay un muerto, sigue la ruta del dinero. Intereses de todo orden, desde reforma del sector eléctrico del país, la relación estrecha con Venezuela en temas de envío de petróleo a bajo costo, el interés de EE.UU. de mantener vigilado y bloqueado a Venezuela, petróleo que es un importante sector de la resquebrajada economía del país, los contratos a través de ayuda internacional ONGs que suma un gran porcentaje del producto interno bruto, y terminan siendo sectores más poderosos que el mismo Estado, acá un dato particular, el ciudadano norteamericano James Solages uno de los capturados y sindicados del asesinato del presidente de Haití, fue jefe de guardaespaldas de la embajada de Canadá en Puerto Príncipe, director de la ONG Save the Children, con sede en La Florida, Estados Unidos, a estos intereses se suma el narcotráfico, el mercado ilegal de armas, entre otras [Sga21].

En últimas, es lamentable lo bajo e indigno que ha caído la Fuerza Pública de Colombia, al punto que la han llevado los Gobiernos recientes y el actual, acabando con su soberanía, denigrando y mancillando su honor, destruyendo todo atisbo de ética, haciendo trizas su lealtad constitucional, reduciéndoles a un grupo de matones a sueldo al servicio de intereses mercantiles y políticas mezquinas a favor de extranjeros o de reducidos grupos de interés, movidos solo por el fin de lucro, sin consciencia alguna, mercenarios a sueldo.

Es necesario un cambio profundo en la estructura, doctrina y formación de la fuerza, gestar desde la misma sociedad cambios reales, propender por elegir líderes guiados por el bien común, articular bloques regionales que detenga esta estrategia global que utiliza a Colombia como plataforma de guerra sucia, fortalecer la articulación de medios alternativos que rompan el cerco mediático y la articulación de centros de investigación autónomos a modo de centros de pensamientos desde abajo, que puedan ahondar en estos fenómenos y tracen apuestas de cambio.

Por ahora Colombia fue transformada en un riesgo para América Latina exportando lo que más sabe crear, grupos mercenarios, paramilitares vendidos al mejor postor.

 

Referencias bibliográficas

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* Abogado, especialista en derecho penal, defensor público e investigador Grupo Kavilando. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

** Docente Investigador Universidad de San Buenaventura Medellín, Integrante Red Interuniversitaria por la Paz, actual consejero de Paz Conpaz Medellín sector Universidades, e Integrante grupo Autónomo Kavilando. Contacto: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enColombia
Desfile militar en la Plaza de Tiananmen, en Pekín, el 1º de octubre de 2009.Foto Ap

oby Warrick, de The Washington Post (WP), difunde que los especialistas de EU afirman que “China construye más de 100 nuevos silos de misiles (https://wapo.st/3dHA0Gp)”.

Los investigadores del Centro de Estudios de No-Proliferación James Martin exhibieron imágenes de un satélite comercial de la empresa Planet. Los supuestos silos, depósitos subterráneos de misiles, se encuentran en un desierto cercano a la ciudad noroccidental de Yumen ("Puerta de Jade") –con 170 mil habitantes, eslabón de la antigua Ruta de la Seda, en la provincia Gansu (27 millones de habitantes) en el noroeste– y "representarían un giro histórico de China".

WP le da mucho juego a Jeffrey Lewis –director del Programa de No-Proliferación en Asia Oriental en el Instituto Middlebury de Estudios Internacionales– experto en el arsenal nuclear de China, quien describe de "increíble" la escala de la acelerada construcción de silos que pudieran alcanzar hasta 145, si se toma en cuenta su edificación en otras regiones: “Creemos que China expande sus fuerzas nucleares en parte para mantener una disuasión ( deterrence) que pueda sobrevivir al primer (sic) ataque de EU con números suficientes para derrotar las defensas de misiles de EU”.

El polémico Lewis comentó que los silos están probablemente destinados para el programa chino de misiles balísticos intercontinentales (ICBM, por sus siglas en inglés) conocido como "DF-41" que puede transportar múltiples ojivas y alcanzar objetivos a 14 mil 967 kilómetros, que pondrían EU a su alcance. La distancia de Yumen a Silicon Valley es de 10 mil 496 kilómetros y con Washington es de 11 mil 181.

Según WP, "los funcionarios chinos se quejan que su disuasión nuclear ha perdido credibilidad debido a los programas de modernización nuclear en Rusia y EU", por lo que "Pekín ha resistido los llamados para unirse a nuevas charlas de control de armas porque teme que los nuevos límites consagrarían para siempre su estatus como potencia nuclear de segundo rango frente a Washington y Moscú" cuando el "Pentágono anunció planes para la extensiva modernización de sus armas nucleares en las próximas dos décadas".

Lewis comete un grave error de juicio al confundir los misiles basados en "combustible solido" –que pueden ser disparados en pocos minutos– con los "misiles de combustible líquido" –que requieren de mayor preparación para su rellenado antes de su lanzamiento–.

EU detenta alrededor de 450 silos donde se encuentran sus ICBM bautizados como Minuteman (https://bit.ly/3dExQHl).

El Boletín de los Científicos Atómicos calcula que China detentaba 372 bombas nucleares en 2020 (https://bit.ly/3AvAHfB). Se detecta que su mayor número es basado en tierra (280), de carácter más defensivo que su mínima dotación ofensiva de su fuerza aérea (20) y de sus submarinos (72).

En dos sendos artículos, Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino arremetió contra el "amateurismo" del "investigador" Lewis. Hu Xijin, editor jefe de Global Times, se mofa de Lewis, quien ignora que el arsenal nuclear chino DF-41 "se basa en combustible sólido" para los ICBM "móviles", que no requieren ser colocados "dentro de un silo" (https://bit.ly/2TCCmQ3). Hu pontifica al seudoexperto Lewis: "Los silos son muy importantes. Pueden almacenar combustible liquido (sic) de alto impulso para los ICBM y transportar ojivas nucleares de alto rendimiento." Agrega que los "silos son parte importante del poder nuclear de las superpotencias" cuando muchas veces los “silos reales son con frecuencia construidos al mismo tiempo que los silos de señuelo ( decoy silos)”. Hu juzga que la "distribución presente de silos es el mayor secreto de las potencias nucleares".

Un editorial del Global Times sentencia que la “edificación de la disuasión nuclear de China no puede estar supeditada a EU (https://bit.ly/3qJOxqt)” y confirma que la "situación de seguridad de China ha cambiado velozmente" ya que "EU tiene la ambición estratégica de someter a China".

¿Quién frenará la carrera armamentista nuclear?

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© AFP 2021 / Greg Baker

 Todo indica que China se está preparando para enfrentar desafíos mayores ante Occidente, para no verse arrastrada a una nueva derrota como sucedió en los siglos XIX y XX. Reforzar su poder parece ser el camino elegido.

Un informe de The Washington Post del 30 de junio señala que China está construyendo "más de 100 nuevos silos para misiles balísticos intercontinentales en un desierto cerca de la ciudad noroccidental de Yumen, una ola de construcciones que podría indicar una importante expansión de las capacidades nucleares de Pekin".

Según el citado medio, si estos datos se confirmaran, estaríamos ante "un cambio histórico para China, "ya que hasta ahora contaba con un arsenal nuclear modesto de entre 250 y 350 armas nucleares. El especialista Jeffrey Lewis, director del Programa de No Proliferación de Asia Oriental, quien analizó los silos fotografiados por satélites comerciales, describió la escala de la construcción como "increíble".

Lewis explicó al Post que "China está expandiendo sus fuerzas nucleares en parte para mantener un elemento de disuasión, que pueda sobrevivir a un primer ataque estadounidense en cantidades suficientes para derrotar las defensas antimisiles de EEUU".

Se estima que los silos albergarán el misil balístico intercontinental conocido como DF-41, capaz de transportar múltiples ojivas y alcanzar objetivos a 9.300 millas, poniendo el territorio de Estados Unidos a su alcance.

Rápidamente el portavoz del departamento de Estado, Ned Price, mostró la preocupación del Pentágono porque "el arsenal nuclear de la República Popular China crecerá más rápidamente y a un nivel más alto de lo que quizás se anticipó".

Desde tiempo atrás los medios oficialistas chinos vienen reclamando un aumento del arsenal nuclear. En mayo pasado, Global Timesdestacó que expertos militares chinos hicieron un llamado para "aumentar el número de armas nucleares, especialmente su disuasión nuclear basada en el mar de misiles balísticos lanzados desde submarinos intercontinentales, para disuadir una posible acción militar de los belicistas estadounidenses".

El medio agregó que "tener un arsenal nuclear apropiado a la posición de China ayudará a salvaguardar la seguridad nacional, la soberanía y los intereses de desarrollo y establecerá un orden mundial más estable y pacífico, que será beneficioso para el mundo".

En tanto, el editor jefe de Global Times, Hu Xijin, escribió un año atrás que "China necesita aumentar sus ojivas nucleares a 1.000", con al menos 100 misiles estratégicos Dongfeng-41, porque "necesitamos un arsenal nuclear más grande para frenar las ambiciones estratégicas e impulsos estadounidenses hacia China. Quizás tengamos que enfrentar desafíos con una determinación más fuerte en el futuro cercano".

A la hora de comentar las declaraciones del portavoz del Pentágono, el editorial de Global Times del 2 de julio, asegura que se persigue "obstaculizar el desarrollo de la capacidad nuclear de China convirtiéndolo en un problema y colocando a China en una posición pasiva para defenderse".

"Sugerimos que China ignore la información y las acusaciones de Estados Unidos y Occidente. China no debe dejarse llevar por las narices. Que digan lo que quieran decir y especulan", señala Global Times.

En la parte central del editorial se dice: "China ha dicho que mantiene sus capacidades nucleares al nivel mínimo requerido para la seguridad nacional. Pero el nivel mínimo cambiaría a medida que cambia la situación de seguridad de China. China ha sido definida como el principal competidor estratégico por Estados Unidos y la presión militar estadounidense sobre China ha seguido aumentando. Por lo tanto, China debe acelerar el aumento de su disuasión nuclear para frenar el impulso estratégico de Estados Unidos".

Sin embargo, uno de las frases del editorial llama la atención: "Una vez que estalle una confrontación militar entre China y EEUU sobre la cuestión de Taiwán, si China tiene suficiente capacidad nuclear para disuadir a EEUU, eso servirá como base de la voluntad nacional de China".

Se trata de la anticipación de un escenario para el cual las Fuerzas Armadas chinas parecen estarse preparando esmeradamente. Lo que no quiere decir que China esté planificando una guerra para recuperar la isla, sino que no descarta una situación en la que deba apelar a la disuasión nuclear para evitar, por ejemplo, bloqueos marítimos a sus importaciones de petróleo, su comercio o la temida declaración de independencia de Taiwán.

Hasta ahora China había elegido un camino diferente al de la URSS. Para evitar involucrarse en una costosa carrera armamentista, adoptó una doctrina de "disuasión limitada" que prioriza un arsenal nuclear pequeño pero robusto, que asegura la capacidad de Pekín para tomar represalias contra cualquier adversario si es atacado.

Las razones de esta opción de China tienen un doble carácter económico y militar.

Los gobernantes chinos parecen haber concluido que la implosión de la URSS se debió, entre otras razones, a la decisión de mantener la paridad estratégica con EEUU, lo que llevó a darle prioridad a mantener el equilibrio militar, en cantidad y calidad del armamento.

A la larga, esto provocó desajustes en la economía. Las cuantiosas inversiones necesarias para mantener la capacidad de disuasión en base a la paridad militar y nuclear, coadyuvaron al estancamiento, con todas las consecuencias negativas esperables, que se hicieron visibles en la década de 1980, cuando EEUU aceleró su rearme bajo la presidencia de Ronald Reagan.

Desde el punto de vista estrictamente militar, los estrategas chinos están convencidos de que una fuerza nuclear mucho menos cuantiosa que las de Rusia y de EEUU, puede ser suficiente para disuadir a cualquier potencia que pretenda agredirla. De lo que se trata, es de poder devolver el golpe luego de soportar un primer ataque, lo suficientemente demoledor como para que la potencia enemiga sepa a qué atenerse.

Si esta mirada es correcta, China está apostando a la superioridad económica y tecnológica para sortear la agresividad de EEUU y mantener en pie su independencia como nación. Finalmente, esta es la principal lección de su propia historia: evitar la humillación, como sucedió con las "guerras del opio" en el siglo XIX y la invasión japonesa en el siglo XX.

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Putin asevera que no habrá una tercera guerra mundial nuclear. ¿Por qué está tan seguro?

La "estabilidad estratégica" de la Cumbre de Ginebra entre Biden y Putin (https://bit.ly/3AtjDH5) muestra nubarrones en el mar Negro cuando falta la impostergable incorporación de China (https://bit.ly/3Asb9A0).

Lo que Thierry Meyssan, director de Réseau Voltaire, denomina Yalta II (https://bit.ly/3jCVFDh), aun sin un Bretton Woods II, requiere todavía de muchos ajustes para su delicada implementación cuando Estados Unidos inició su repliegue desde Afganistán hasta Iraq con el fin de concentrarse a contener a China: en el estrecho de Taiwán, en el mar del Sur de China y en el océano Índico.

Como se había anunciado,12 días después de la Cumbre entre los mandatarios de Estados Unidos y Rusia, el zar Vlady Putin tuvo una teleconferencia con el mandarín Xi Jinping para disipar las dudas de un etéreo G-2 entre Washington y Moscú frente al ascenso azorante de China. Cabe señalar que Putin y Xi se han reunido 25 veces ( sic).

Shi Jiangtao, del SCMP, con sede en Hong Kong, interpreta que la teleconferencia entre el zar Vlady Putin y el mandarín Xi "muestra un frente unido como mensaje a Biden", al tiempo que “Moscú y Beijing niegan que buscan formar una coalición militar y política al estilo de la guerra fría”, pero que, como garantía en medio de un "mundo turbulento", necesitan "fortalecer su cooperación estratégica" (https://bit.ly/3qIcrTf).

Dos días después a la teleconferencia con el mandarín Xi, el zar Vlady Putin tuvo su sesión anual de preguntas y respuestas con el público que duró casi tres horas y contestó 70 preguntas (https://bit.ly/36astM3), donde calificó de “grave provocación conjugada de Gran Bretaña y Estados Unidos por medio de la incursión del destroyer de la Armada Real Británica HMS Defender en las aguas territoriales de Rusia, en las cercanías de la península de Crimea, en el mar Negro, el pasado 23 de junio; es decir, siete días después de la Cumbre de Ginebra.

Lo más asombroso de la flemática respuesta del zar Vlady Putin consistió en el planteamiento de un hipotético escenario –que estuvo a punto de darse– del hundimiento del HMS Defender por el ejército ruso. En respuesta a una pregunta caústica, el presidente ruso contestó: “Dices que esto puso al mundo al borde de una guerra mundial. Por supuesto que no. Aun si hubiéramos hundido el barco es, sin embargo, difícil de imaginar ( sic) que esto hubiera puesto al mundo al borde de una tercera guerra mundial porque quienes lo hicieron saben ( sic) que no podían ganar (¡mega- sic!) una guerra como ésa. Esto es muy importante”.

¿A qué se deberá tanta seguridad de Putin de que la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña "no puedan ganar" una tercera guerra mundial de carácter nuclear? ¿Se deberá al portentoso avance generacional que lleva Rusia en el rubro de las armas hipersónicas, lo cual reconocen los militares del Comando Estratégico (StratCom) de Estados Unidos y que ignoran o pretenden ocultar sus mandos civiles?

Si es que no estaban trazadas o entendidas las "líneas rojas" de Rusia en el mar Negro, pues ahora sí que Putin las delineó en forma prístina: "Al menos sabemos por lo que estamos luchando: luchamos por nosotros mismos y nuestro futuro en nuestro propio territorio. No fuimos nosotros quienes cubrimos miles de kilómetros por aire y mar contra ellos, fueron ellos quienes se acercaron a nuestras fronteras y penetraron nuestro mar territorial".

La distancia de Londres a Crimea es de 3 mil 85 km, mientras Washington y Crimea están separados por 8 mil 419 kilómetros.

A juicio de Putin, detrás de la provocación de la dupla anglosajona se encuentra la militarización de Ucrania: “Bajo la Constitución de Ucrania no se pueden establecer bases foráneas (…), pero el desarrollo militar de un territorio, que es frontera directa con nuestro país, crea un problema considerable de seguridad para nosotros”.

Como novela de James Bond, los servicios británicos de inteligencia colocaron posteriormente 50 páginas de "documentos clasificados" de la incursión del HMS Defender en una parada de autobús ( sic) en Kent (https://bbc.in/3qGXMaQ). ¡No se miden!

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 Rusia today Foto: kremlin.ru

Entre otros aspectos, la estrategia indica que Rusia considera legítimo tomar las medidas simétricas y asimétricas necesarias en respuesta a acciones hostiles por parte de Estados extranjeros.

 

El presidente ruso, Vladímir Putin, aprobó este sábado la Estrategia de Seguridad Nacional de Rusia. El decreto correspondiente, publicado este sábado en el Portal Oficial de Información Legal ruso, reemplazará el anterior, adoptado en 2015. 

"La implementación de esta estrategia contribuirá a proteger el pueblo de Rusia, desarrollar el potencial humano, mejorar la calidad de vida y el bienestar de los ciudadanos, fortalecer la capacidad de defensa del país, la unidad y cohesión de la sociedad rusa y lograr los objetivos de desarrollo nacional, aumentando la competitividad y el prestigio internacional de Rusia", reza el documento.

Entre otras prioridades de Rusia el archivo menciona la protección de los fundamentos tradicionales de la sociedad rusa, así como la seguridad ambiental y el uso racional de los recursos naturales.

Injerencia desde el exterior

Frente a la implementación de la política deliberada de contener a Rusia desde el exterior, el documento señala "la importancia vital" de fortalecer "la soberanía del país, su independencia, su integridad estatal y territorial", así como de proteger "los fundamentos espirituales y morales tradicionales de la sociedad rusa", garantizar la defensa y la seguridad y "prevenir la injerencia en los asuntos internos del país".

El curso hacia el fortalecimiento de las capacidades de defensa, la unidad interna y la estabilidad política, la modernización económica y el desarrollo industrial "aseguró el fortalecimiento de la condición de Estado soberano de Rusia como un país capaz de llevar a cabo una política exterior e interna independiente y de resistir eficazmente los intentos de presión externa", señala el documento.

"Solo una combinación armoniosa de un Estado fuerte y el bienestar humano garantizará la formación de una sociedad justa y la prosperidad de Rusia", continúa. En este sentido, la estrategia se basa en la interrelación e interdependencia de la seguridad nacional del país y su desarrollo socioeconómico.

Amenazas militares

El texto destaca que la situación militar y política en el mundo se caracteriza por la formación de nuevos centros de poder globales y regionales, así como por el agravamiento de la lucha entre ellos por las esferas de influencia. Se indica también que crece la importancia de la fuerza militar como instrumento para el logro de los fines geopolíticos a nivel internacional.

"El fortalecimiento de los peligros militares y las amenazas militares para la Federación de Rusia se ve facilitado por los intentos de ejercer presión sobre Rusia, sus aliados y socios, la acumulación de la infraestructura militar de la OTAN cerca de las fronteras rusas, la intensificación de las actividades de inteligencia y los ejercicios de uso contra Rusia de grandes formaciones militares y armas nucleares", dice el documento.

La estrategia establece que para proteger los intereses nacionales de Rusia de las amenazas externas e internas, "incluso de las acciones hostiles de Estados extranjeros", es necesario "aumentar la eficiencia del uso de los logros existentes y las ventajas competitivas de Rusia, teniendo en cuenta las tendencias a largo plazo del desarrollo global".

El proyecto también afirmó que el despliegue planificado de misiles estadounidenses de mediano y corto alcance en Europa y la región de Asia y el Pacífico representa una amenaza para la estabilidad estratégica y la seguridad internacional. En la estrategia también se enfatiza que, "en el contexto del desarrollo del potencial del sistema global de defensa antimisiles, EE.UU. está siguiendo un curso constante de renuncia a las obligaciones internacionales en el campo del control de armas".

Respuesta a las acciones hostiles

Rusia tiene derecho a tomar medidas simétricas y asimétricas en respuesta a acciones hostiles por parte de Estados extranjeros, asegura el documento.

"En el caso de que Estados extranjeros cometan acciones hostiles que amenacen la soberanía y la integridad territorial de la Federación de Rusia, incluidas las relacionadas con el uso de medidas restrictivas (sanciones) de carácter político o económico o el uso de tecnologías modernas de la información y las comunicaciones, Rusia considera legítimo tomar las medidas simétricas y asimétricas necesarias para reprimir tales acciones hostiles, así como para evitar que se repitan en el futuro", dice el documento.

Seguridad informática

A diferencia del documento anterior, la nueva estrategia contiene más datos sobre las tecnologías de la información y la comunicación y advierte que el rápido desarrollo de las mismas "va acompañado de un aumento en la probabilidad de amenazas a la seguridad de los ciudadanos, la sociedad y el Estado".

"El uso de tecnologías de la información y la comunicación se está expandiendo para interferir en los asuntos internos de los Estados, socavar su soberanía y violar la integridad territorial, lo que representa una amenaza para la paz y la seguridad internacionales", advierte el documento.

La estrategia también apunta a que "la actividad de los servicios especiales de Estados extranjeros se está intensificando para realizar operaciones de inteligencia y de otro tipo en el espacio de información ruso. "Las fuerzas armadas de dichos Estados están practicando acciones para inhabilitar la infraestructura de información crítica de la Federación de Rusia", se asevera en el texto.

Comentando la nueva redacción de la estrategia rusa, el experto en geopolítica Fernando Moragón destaca la relevancia de los nuevos desafíos plasmados en el texto, y opina que EE.UU. libra una guerra híbrida contra Rusia, amenazando a su seguridad.

Publicado: 3 jul 2021 17:03 GMT

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Sábado, 03 Julio 2021 07:34

Bases

Bases

El reciente incidente de un buque de guerra británico en el mar Negro, que a juicio de Rusia se adentró en sus aguas territoriales y se retiró sólo después de que la flota rusa lanzó salvas de advertencia, confirma que la presencia militar de cualquier Estado lejos de sus fronteras no hace más seguro el mundo, obedece a una estrategia de expansionismo y aumenta el riesgo de estallido accidental de un conflicto de gran magnitud entre potencias nucleares.

 En este sentido, y sobre todo después de que Estados Unidos anunció su retirada de Afganistán, los países ex soviéticos de Asia central son cortejados para que acepten albergar tropas extranjeras.

Dos de los países colindantes con la región, Rusia –que tiene tres bases en Tayikistán y Kirguistán– y China (que no tiene ninguna, pero sí crecientes inversiones), se oponen a las bases militares de otros y apuestan a garantizar la seguridad de sus fronteras por medio de los mecanismos multilaterales, la OCS y la OTSC.

Estados Unidos, con más de 800 bases repartidas por todo el mundo, sondea reinstalar tropas en los países de la región, mientras un miembro de la OTAN, Turquía, que ya posee presencia militar en la zona del Caspio y el Cáucaso del sur a través de Azerbaiyán, se ofreció a proteger de eventuales ataques talibanes a los vecinos postsoviéticos de Afganistán, por ahora incrementando la cooperación castrense y la preparación de efectivos.

Ante la falta de avances para un arreglo político en el sur del país eslavo, Ucrania considera la posibilidad de establecer bases extranjeras, aunque ello lo prohíbe la Constitución y la obtención de plena membresía en la OTAN puede llevarle a Kiev años.

Quizás es sólo un amago para desbloquear las negociaciones, pero la Corte Constitucional va a estudiar si la prohibición se refiere también a “acuerdos bilaterales de cooperación” con un solo país “aliado”, aunque ello cruzaría una de las líneas rojas que marcó Rusia.

A todo esto, el Kremlin cerró la semana mandando a la Cámara de Diputados para ratificar el acuerdo para instalar una base naval en Sudán, en el mar Rojo, que sería, después de Siria, el segundo país fuera del espacio postsoviético donde tiene presencia militar, mientras sigue negociando las condiciones para construir bases en Egipto, Eritrea, Madagascar y Mozambique.

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Viernes, 02 Julio 2021 05:44

Europa en la era Biden

Europa en la era Biden

¿Qué tan exitosa fue realmente la maratón de cumbres de Biden y dónde debería posicionarse Europa en el triángulo de poder que conforman Estados Unidos, China y Rusia?

Se la había esperado con impaciencia y no defraudó: la maratón de cumbres del presidente estadounidense Joe Biden fue, sin dudas, un hito importante en el fortalecimiento de la cooperación internacional. En las cumbres del G-7, la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) podía –por así decirlo– leerse en los rostros de los participantes el alivio que sentían por el final de la era Trump. Biden ha tenido un comienzo, por cierto, impresionante, sobre todo si se tienen en cuenta las circunstancias en las cuales tuvo que hacerlo. Después de luchar con éxito contra la pandemia en su país y comenzar un programa de ayuda contra el coronavirus por miles de millones de dólares, el nuevo presidente de Estados Unidos ahora está comenzando a despejar el cúmulo de escombros que dejó su (megalómano) predecesor. El enfoque de Biden es «duro en el fondo de la cuestión, diplomático en el tono». Esto se aplica tanto a las relaciones con Rusia como al mayor desafío de política exterior que tiene Estados Unidos: el conflicto con China.

Apoyado sobre todo por Gran Bretaña, Estados Unidos ven el conflicto con China –de forma análoga a la Guerra Fría con la Unión Soviética– como un conflicto sistémico entre dos modelos alternativos. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha adoptado en parte este punto de vista al decir que el ascenso de China es «un desafío sistémico para el orden internacional basado en reglas». Sin lugar a dudas, esto también se debe al alivio de que el «desafío sistémico de Trump» sea ahora cosa del pasado. Pero esto no modifica en nada las diferentes evaluaciones sobre cómo afrontar de la mejor manera el desafío chino. Si bien la mayoría de los europeos quiere involucrar a China, Estados Unidos, también en la administración Biden, apuesta a la contención. Para Estados Unidos, China es y seguirá siendo el máximo desafío, mientras que para los europeos del Este claramente la prioridad es Rusia.

Si bien es comprensible que la OTAN también haya abordado en su cumbre los desafíos estratégicos planteados por el ascenso de China, no se debe dar la impresión de que las disputas en Asia, y especialmente entre Estados Unidos y China, sean un asunto de la OTAN. En consecuencia, otros Estados participantes se han referido a los otros temas importantes de la cumbre de la OTAN, como la nueva estrategia de la OTAN para 2030, que debe ser elaborada.

En cuanto a Asia, debe tenerse en cuenta que los controvertidos reclamos territoriales en el área marítima abarcan todo un conjunto de conflictos y no se limitan a las violaciones del derecho internacional por parte de la República Popular China. También hay una combinación compleja de diferentes problemas de seguridad en la región, empezando por Corea del Norte o las carreras armamentistas asiáticas. Europa debe hacer su parte para que se puedan prevenir nuevas carreras armamentistas en la región y para que se pueda establecer una cultura de control de armamentos y fomento de la confianza.

Por supuesto, Estados Unidos está más cerca de los europeos que China o Rusia. Compartimos los mismos valores. Pero esto no cambia el hecho de que los europeos también tenemos intereses y prioridades de política exterior y de seguridad diferentes. El presidente francés, Emmanuel Macrón, lo dejó claro cuando dijo que, según lo que él entendía, la OTAN es una alianza de defensa del Atlántico Norte y no del Pacífico.

Biden no solo quiere hacer regresar a Estados Unidos al escenario multilateral, sino que ve a su país como líder en la lucha de las democracias contra el desafío autocrático y populista. Sí, es verdad: China controla y oprime a su propio pueblo, persigue a los uigures y otras minorías, amenaza a Taiwán y Hong Kong y viola e ignora el derecho internacional en el Mar de China Meridional. Eso debe ser contrarrestado. Sin embargo, esta no es una tarea para la OTAN, sino, en todo caso, para la emergente «OTAN asiática», el llamado Grupo Quad (Estados Unidos, la India, Japón y Australia). Quad significa «diálogo cuadrilateral sobre seguridad», y el grupo fue creado en 2007. Estados Unidos ya no quiere limitar el formato a la política de seguridad, sino expandirlo. El propósito es contener la creciente influencia económica y geopolítica de China, que muchos países asiáticos perciben ahora como una amenaza. Esta es y seguirá siendo una tarea principalmente política y diplomática, no militar.

Básicamente, China está tratando de copiar la estrategia practicada con éxito por Estados Unidos en el siglo XX de vincular política económica, estrategia militar, atractivo cultural y geopolítica para el siglo XXI. Sin embargo, la Pax Americana fue lograda por la decisiva combinación de poder duro y poder blando. La Pax Sinica tiene actualmente solo lo primero y no parece ser demasiado aventurado augurar que el atractivo cultural del autoritario comunismo de Estado chino se moverá dentro de límites tan estrechos como los de la dictadura presidencial rusa.

Tampoco hay que olvidar que la OTAN jamás ha sido una alianza de «democracias impecables», ni en el pasado (Portugal, Grecia) ni en el presente (Turquía). Y ya tiene suficiente con hacer el trabajo para el que fue fundada: defender el territorio de la Alianza. El ignominioso final de la misión de 20 años en Afganistán documenta de manera impresionante el fracaso de las ambiciones desmedidas.

Barack Obama se puso a Vladímir Putin en contra cuando calificó a Rusia de potencia regional; poco antes de la cumbre, Biden llegó a llamar asesino a Putin. Es por eso que las expectativas cifradas en la cumbre de Ginebra no eran especialmente altas. Biden ve la Rusia de Putin principalmente como una buscapleitos que debe ser contenida y cuyo potencial militar debe ser limitado con medidas de control armamentístico. El presidente estadounidense también llegó impulsado por el éxito de una serie de cumbres del G-7, la Unión Europea y la OTAN para demostrar la fortaleza y la unidad de «Occidente». Uno de los objetivos de la reunión era marcarle límites claros a Putin y señalarle consecuencias, junto con un ofrecimiento de diálogo. Por lo tanto, los resultados de la cumbre fueron apreciables. Después de todo, ayudó a hacer más predecibles las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. El hecho de que al menos regresasen los embajadores de ambas naciones es, por lo pronto, una señal de que están hablando unos con otros en lugar de estar hablando unos de los otros.

Después de que Rusia y Estados Unidos rescindieran acuerdos centrales de control de armas como el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) y el Tratado de Cielos Abiertos, las dos potencias nucleares más grandes del mundo necesitan de manera urgente volver a comenzar en las áreas de control de armas, fomento de la confianza y verificación, especialmente en vista del desarrollo de nuevas armas. Por lo tanto, la reanudación de las conversaciones sobre control de armamentos estratégicos y ciberseguridad es particularmente bienvenida. Es esperanzador que ambos países quieran de nuevo controlar y verificar sus arsenales para evitar riesgos de una escalada no intencional. Además, deberían negociarse nuevas reducciones.

También se abordaron los temas de Irán, Siria, Ucrania y Bielorrusia y el caso del líder opositor encarcelado Alekséi Navalny. Alemania y la Unión Europea deben ahora apuntar a apoyar estos primeros pasos a través de sus propias iniciativas, especialmente desde que el presidente estadounidense adoptó el enfoque de doble vía de la Unión Europea. Esto incluye mantener y, si es necesario, intensificar la presión política y, al mismo tiempo, explorar las áreas en las que se puede reanudar y profundizar el diálogo con Moscú.

Por insatisfactorio y frustrante que sea, debemos tratar de mantener el diálogo con Rusia y, al mismo tiempo, defender los valores e intereses europeos con absoluta claridad. Esto incluye el apoyo al movimiento democrático ruso y los incansables esfuerzos para defender los derechos humanos. Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de dónde cometimos errores al tratar con Rusia. Incluso, aunque parezca poco realista en este momento, no debemos perder de vista el objetivo de organizar la seguridad con Rusia en lugar de organizar la seguridad frente a Rusia. El «sistema Putin» tampoco durará eternamente.

Es por demás sabido que el equilibrio de poder geopolítico y económico mundial se está desplazando. Estamos ante un regreso de la competencia entre potencias: ahora, entre la antigua y la nueva potencia mundial. En el medio, Europa debe definir su posición y encontrar su camino. Pero también es cierto que los intereses europeos y estadounidenses no siempre ni en todas partes son idénticos. Es lo que sucedió durante la Guerra Fría. En ese entonces, también había diferencias de opinión y conflictos, ya sea por el reparto de los esfuerzos, la estrategia nuclear de la OTAN o la seguridad energética de Europa.

Estados Unidos tampoco actúa de forma altruista, sino que persigue sus intereses. Eso también se aplica al presidente Biden. Sin embargo, la diferencia clave con su predecesor es que el gobierno de Biden no considera que la cooperación internacional y el multilateralismo sean una conspiración antinorteamericana, sino que ha entendido que Estados Unidos no puede hacer frente a los desafíos globales sin socios y alianzas. En las relaciones con China, sin embargo, los intereses de los socios transatlánticos difieren. A Alemania y Europa no les puede ser indiferente que Estados Unidos se involucre en una nueva Guerra Fría con China, aun cuando Boris Johnson pudiera tener otra visión de esto con su concepto de «Gran Bretaña global».

Eso no significa negar la amenaza que representa el ascenso de China. En Hungría o los Balcanes, Beijing está intentando con mucho éxito afianzarse y ejercer una influencia sustancial en la política de la Unión Europea hacia Beijing. Las aspiraciones territoriales chinas en el Sudeste asiático tampoco pueden dejar indiferentes a los europeos. Por lo tanto, en sus directrices del Indo-Pacífico del año pasado, el gobierno alemán se declara con razón a favor de «mantener el orden basado en reglas» en la región. Es dudoso que el despliegue de una fragata de la Marina alemana en el este asiático planeado por el ministro de Defensa alemán cause una impresión duradera en China. Pero si fuera así, no debería sorprendernos si un día la Armada china hace demostraciones de poderío militar en las puertas de Europa justificándose en el accionar de la OTAN en el Indo-Pacífico.

Los debates en las cumbres del G-7, la OTAN y la Unión Europea han demostrado una cosa: «Occidente» ha vuelto como alianza política y comunidad de valores después de cuatro años de separación durante la era Trump. El alivio no debe ocultar el hecho de que después de las cumbres comenzará el trabajo real en las cuestiones de cooperación económica, defensa, Nord Stream 2 (gasoducto entre Alemania y Rusia) y relaciones con China y Rusia.

Además, «Occidente» no debe entregarse a la ilusión de que el único peligro para las democracias liberales lo representa China o Rusia. Por el contrario, su mayor amenaza es interna y está dada por la polarización política y social, los nacionalismos y los populistas autoritarios. Esta crisis democrática no se limita a Polonia o Hungría, sino que afecta a todos los países europeos. Marine Le Pen hará un nuevo intento en las elecciones presidenciales francesas del próximo año y podría sacudir la estructura interna de la Unión.

Por tanto, las convulsiones sociales y la crisis de las democracias occidentales deben combatirse internamente. El presidente estadounidense también lo sabe. Si Biden logra reconciliar a su país, profundamente dividido, integrar a China y Rusia con una doble estrategia de seguridad y distensión y, al mismo tiempo, contenerlas, es posible que no quede en la historia como un nuevo Roosevelt, pero sí como un gran presidente de Estados Unidos. Los europeos deberíamos, en defensa de nuestros exclusivos intereses, hacer todo lo posible por ayudarlo en esa tarea.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Haití: entre vientos de cambio y ruido de botas

Las protestas ciudadanas contra el gobierno autoritario de Jovenel Moïse se combinan con una política errática de las potencias que mantienen su influencia sobre el país. A la luz de la crisis actual, producto de la transición trunca hacia la democracia, es necesario reconsiderar la aplicación de las clásicas soluciones interventoras en un país considerado siempre y únicamente como revoltoso, violento y miserable.

La crisis que sacude a Haití dista mucho de ser nueva. Estalló abiertamente en julio de 2018, bajo la forma de una protesta por el alza del precio de la gasolina, pero también por el aumento de la canasta básica y por la devaluación de la moneda nacional. La desaparición y el despilfarro de los fondos del programa Petrocaribe –un plan de ayuda al desarrollo que Venezuela ofreció a varios países del Caribe bajo la forma de préstamos preferenciales en hidrocarburos– fue la chispa que logró aglutinar a amplios sectores de la sociedad contra el gobierno. En los tres últimos años, esta crisis se ha agudizado y ha derivado rápidamente en un cuestionamiento directo y permanente al gobierno que preside Jovenel Moïse.

La situación actual no puede explicarse por un solo factor. Hoy parece estar quedando claro que el gobierno adopta rasgos propios de una dictadura. Pero, analizado históricamente, este momento parece ser el de la crisis y el derrumbe del régimen político instalado tras la caída de la dictadura de los Duvalier. A fin de cuentas, lo que vive Haití es el ocaso de un sistema varias veces remendado pero que ya no puede sobreponerse por su propio agotamiento.

En febrero del 2017, Moïse –un súbdito de su predecesor, el cantante Michel Martelly– llegó a la presidencia de Haití después de un tortuoso proceso electoral que empezó en el verano de 2016 y duró más de un año. La llegada de Moïse pretendía inaugurar un control duradero del poder por parte de la corriente neoduvalierista que se reconoce en Martelly. Basada en la captación sistemática de los recursos estatales e iniciada en un ambiente crispado, la dispendiosa e ineficiente gestión de Moïse exacerbó rápidamente la crisis económica y social que se iba profundizando desde el terremoto y las elecciones de 2010-2011. El estallido de julio del 2018 condensó todos esos elementos. La cerrazón sistemática de la presidencia a atender los reclamos populares provocó un rechazo social casi unánime. Buena parte de la población parecía rechazar el régimen y exigía un «cambio de sistema». Tras haber ignorado el calendario electoral que prescribía elecciones legislativas y locales en 2019, en junio de 2020 el Ejecutivo se quedó solo con las riendas del poder. El Parlamento bicameral había quedado reducido a 10 senadores y todos los poderes locales –consejos municipales y de secciones comunales– fueron revocados en junio.

El gobierno de Moïse emprendió entonces la construcción sistemática de una dictadura unipersonal, con la emisión de decretos liberticidas, nombramientos de allegados en puestos claves –como el de jueces en la Corte Suprema o del jefe de la policía– y una serie de políticas para, como él mismo dijo, «cazar criminales», dándole abierta participación a las Fuerzas Armadas.

En ese marco, se produjeron asesinatos que aún no han quedado claros, como el del presidente del Colegio de Abogados, el constitucionalista Monferrier Dorval. El contexto de violencia era, ciertamente, grave. Y se acrecentó cuando una agencia gubernamental quedó a cargo del «desmantelamiento» de las pandillas armadas que dominan parte del país y que reciben todo tipo de financiamiento. El terror fue la consecuencia lógica de esta política. Primero, se apoderó de numerosos barrios del área metropolitana de Puerto Príncipe y, progresivamente, fue estallando también en otras regiones del país. Aún hoy, miles de ciudadanos se encuentran en situación de desplazados internos debido a los enfrentamientos. No contentos con ello, los funcionarios siguen echando leña al fuego. Recientemente, el jefe de la Policía llamó al pueblo a «reaccionar» frente a las pandillas que actúan sobre la salida sur de Puerto Príncipe.

Las iniciativas de Moïse en el plano institucional son destructivas y no dejan lugar a dudas sobre sus intenciones. El sistema de justicia quedó huérfano con el bloqueo de los nombramientos de jueces por parte del Poder Ejecutivo. Ya el 5 de enero del 2021, un decreto dispuso la organización de un referéndum para aprobar una nueva Constitución –algo que, de hecho, está formalmente prohibido por la Constitución vigente–. El mandatario mantuvo su agenda aun después de haber suspendido la realización del referéndum el 8 de junio, e esencialmente bajo la presión internacional y la declarada oposición estadounidense. Después de haber aplicado a los poderes legislativos y locales una disposición constitucional que acorta el tiempo efectivo de su mandato, llegada la fecha de caducidad del suyo propio el pasado 7 de febrero, Moïse se aferró al poder.

Hay que subrayar que, a pesar del miedo, la ciudadanía organizada, los partidos políticos, los movimientos sociales y las organizaciones de derechos humanos continúan manteniendo una línea de protesta ciudadana pacífica y permanente. La violencia destructiva del Estado enfrenta una protesta social en la que predomina la madurez, lo cual obliga a reconsiderar la aplicación de las clásicas soluciones interventoras en un país considerado siempre y únicamente como revoltoso, violento y miserable.

Antecedentes históricos

Claramente, la crisis institucional y constitucional no es nueva en el país. En realidad, es el resultado de un déficit de enraizamiento de los principales atributos del Estado de derecho. Aunque a partir de 1986, Haití comenzó un período de cambio en el que buscó la consolidación de las instituciones, de las prácticas jurídicas y económicas, y de ejercicios electorales acordes con un régimen de democracia liberal, los resultados no siempre fueron buenos. Tras treinta años de dictadura duvalierista, el ímpetu popular empujó hacia la adopción formal de una serie de instituciones, de principios jurídicos y de leyes que simbolizan conquistas y o anhelos largamente reprimidos, pero la implementación de este nuevo sistema se topó rápidamente con las limitadas capacidades (por inexperiencia, por falta de recursos) de quienes abogaban por un cambio sustantivo. Por otra parte, ni las principales instituciones que detentaban el poder –como el Ejército y el aparato administrativo– ni los grupos sociales mejor provistos –como el empresariado, el gran comercio, los altos ejecutivos y los sectores medios acomodados– asumieron un papel en la construcción de ese nuevo orden. Así, la Constitución de 1987 nunca fue implementada a cabalidad y fue objeto de manipulaciones y violaciones incesantes. Al igual que los otros aspectos de la democracia representativa, la Carta Magna nunca ha sido integrada como marco y brújula del ordenamiento social y de las reglas del juego político.

La vida política haitiana ha transcurrido entre la instrumentalición de la justicia, las derivaciones y las manipulaciones de los principios del Estado de derecho, la desnaturalización de las libertades individuales y, sobre todo, el saqueo de los recursos públicos. Además, la corrupción ha convertido la gestión gubernamental en un verdadero sistema de connivencia entre los representantes políticos y un sector privado monopolista con extensiones mafiosas. El resultado ha sido una caricatura del sistema democrático montada sobre los resortes del viejo sistema autocrático-clientelista.

El desarrollo de este proceso de manipulación del régimen democrático-liberal se produjo bajo la alta vigilancia y la influencia decisiva de Estados Unidos. Como supervisor de la salida del dictador Jean Claude Duvalier el 7 de febrero de 1986, Estados Unidos fue también el encargado de dictar la adopción y el rechazo de leyes y reglamentos, así como de plantear las políticas públicas que conformaron al nuevo régimen. La apertura arancelaria total (desde 1987 las tasas más altas aplicadas a las importaciones no sobrepasan el 10%), la absoluta desprotección de la economía agrícola y las restricciones al desarrollo y a la profesionalización de la Policía, son algunos de los resultados del monitoreo estadounidense. La historia electoral desde la década de 1990 es, sin duda, la que mejor ilustra la responsabilidad externa en el desplome del sistema político del país.

El 28 de noviembre de 1987, durante las primeras elecciones tras la salida de Duvalier, se produjo una verdadera masacre. Apenas pocas horas después de iniciarse la votación, grupos duvalieristas y militares dispararon a sangre fría contra filas de electores que esperaban su turno para votar. Recién en 1990, y gracia a las demandas de la ciudadanía organizada, se realizaron elecciones libres con una participación de más de 70% de los votantes. Jean Bertrand Aristide, ex-sacerdote católico y promotor de la Teología de la Liberación, llegó a la presidencia haitiana.

El mandato de Aristide duró solo nueve meses. Un golpe militar derrumbó al gobierno del movimiento Lavalas e inauguró un período de control y tutela de la democracia haitiana por parte de instituciones regionales e internacionales vinculados con Estados Unidos. Las Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de Estados Americanos (OEA) se transformaron en verdaderos «aparatos de certificación electoral» de la democracia haitiana, en dictaminadores de ganadores y perdedores de los mandatarios de un país que se pretendía soberano.

Así, las elecciones de 1996 recibieron el sello de validez de la «comunidad internacional» pero las del año 2000 (en las que ganó Aristide con un amplísimo porcentaje, pero con poca afluencia electoral) fueron consideradas inválidas por estas mismas instituciones. Finalmente, y tras la salida de Aristide por segunda vez del poder, acaba instalándose la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah). En rigor, se trataba de una misión militar de 10.000 soldados y unos cuantos miles de policías en un país agitado por disturbios sociales y una delincuencia politizada, pero de ninguna manera un país en guerra. El despliegue de la Minustah marcó un hito en el tutelaje internacional sobre Haití. El terremoto de enero de 2010 reforzó este control y aumentó el involucramiento estadounidense a través de Bill y Hillary Clinton, quienes integraron la Comisión Internacional de Reconstrucción de Haití. Desde 2004 no ha habido ninguna elección sin una abierta intervención externa. Mientras que en 2006 la elección de René Préval fue «confirmada» rápidamente, en 2010 la primera vuelta electoral fue «rectificada» por la OEA, favoreciendo a Michel Martelly, el candidato de Estados Unidos, quien es finalmente proclamado presidente en una muy dudosa segunda vuelta.

La elección y la presidencia de Jovenel Moïse son el capítulo más reciente de este proceso. Entre otros resultados, la participación del electorado pasó de más de 70% en 1990 a menos de 15% en 2016-2017.

Una situación descontrolada

El proceso de intervención extranjera a través de los organismos internacionales, el descrédito de un Estado de derecho que nunca logró establecerse definitivamente tras la dictadura duvalierista y una serie de factores políticos propios del país han conducido a Haití a un profundo proceso de polarización política. En la actualidad, esto se expresa en una serie de cuestiones inmediatas. La primera de ellas es la de la fecha y las condiciones de salida del poder de Moïse. Hoy, la gran mayoría del país considera que el mandato de Moïse efectivamente ha caducado, pero no hay un entendimiento acerca de la necesidad de negociar su salida o de pactar una cohabitación.

A esto se suma una segunda cuestión: el contenido y la duración de la inevitable transición que permitirá recomponer un sistema político mínimamente confiable, condición sine qua non para la organización de elecciones transparentes e inclusivas. La sociedad civil organizada está solicitando un período transicional que permita iniciar acciones que conduzcan a la normalización de las instituciones y de la vida nacional y no solamente elegir un equipo para un traspaso de poder. En ello se juega el tercer término de esta ecuación, referente a las modalidades y al peso de la participación ciudadana en ese proceso transicional. Al contrario de lo que anticipan los políticos, las organizaciones ciudadanas consideran que es necesaria una entidad para negociar los intereses de la sociedad civil como un actor en el escenario político, no para ejercer el poder, sino para controlarlo.

En la solución a estos desafíos, el peso de las potencias de tutela lideradas por Estados Unidos es, sin duda, determinante. A las recientes declaraciones de la misión de la ONU presente en el país en favor de elecciones rápidas, se suman las del llamado Core Group, un club de países y organismos internacionales que monitorea la política interna de Haití desde 2013 y que está integrado por Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, la Unión Europea, la OEA y la propia misión de la ONU. La misión de la OEA –que visitó el país del 8 al 10 de junio pasado– hizo, además, su propio llamamiento a que se convoque a elecciones rápidamente, considerándolo el único mecanismo de legitimación del poder político, a pesar de reconocer las peligrosas condiciones de seguridad que imperan hoy a lo largo del territorio nacional. El Parlamento Europeo emitió una posición mucho más crítica sobre la responsabilidad de las actuales autoridades en la situación actual. Sin embargo, la declaración del Parlamento Europeo dista mucho de tener el mismo peso que las posiciones estadounidenses y la de los actores cercanos a ellas.

El aparente empate que se mantiene entre un país alzado pacíficamente contra la arbitrariedad y una dictadura unipersonal que se despliega desenfrenadamente contra la ciudadanía ha conseguido llamar la atención internacional. Y hay tres factores que explican que los actores globales no hayan hecho la vista gorda. El primero, y sin lugar a dudas el más espectacular, es la utilización de Moïse de métodos que hacen caso omiso de los acuerdos y las formas más elementales de gobernabilidad vigentes en el mundo contemporáneo y, en particular, en los espacios políticos y diplomáticos de la región. A esto se suma el reciente cambio de administración en Estados Unidos. La llegada de Joe Biden al poder propició la movilización de amplios sectores de la migración haitiana.

Finalmente, el impulso solidario de sectores progresistas de diversos países de la región y del mundo también consiguieron que se haga foco en la crisis haitiana. Por primera vez desde el terremoto de 2010, estas voces progresistas han conseguido sacar a Haití de un silencio que cobijó durante más de un decenio el socavamiento sistemático de las conquistas democráticas conseguidas en 1986 y los permanentes intentos de restauración neoduvalieristas. Queda por ver cuán consistente y duradera resultará esta solidaridad, y queda por evaluar lo que puede conseguir la movilización y la fuerza ciudadana contra un Estado que se ha transformado en verdugo de su propia población.  

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La herencia de Netanyahu en Israel: una fuerte erosión de la democracia

El país dividido que deja Benjamín Netanyahu a sus sucesores debe cambiar radicalmente para no hundirse en un ensimismamiento dañino para la sociedad. Si atendemos a la erosión que ha experimentado en los últimos doce años, la democracia israelí está en peligro. Netanyahu ha atacado con una energía sin precedentes a las principales instituciones del país, desde la judicatura hasta la prensa.

 

 Los últimos doce años al frente del gobierno (2009-2021) y los tres años anteriores en el mismo cargo (1996-1999) han convertido a Benjamín Netanyahu en el político occidental que más tiempo ha ocupado esa posición, con excepción de la canciller Angela Merkel, y le han permitido moldear el estado judío a su antojo, dejando una herencia que ha erosionado la democracia y que sin duda perdurará en el futuro.

El descrédito de la democracia puede observarse en numerosos aspectos de la sociedad israelí y es consecuencia natural del nacionalismo y el religionismo.

Durante su prolongado mandato el país se ha convertido en lo que se denomina una "democracia iliberal", en la que todo el poder se ha concentrado en sus manos, sirviéndose de las mayorías que le han dado las urnas para oprimir a los sectores que no comulgaban con sus ideas.

La justicia

La judicatura ha sido posiblemente el frente de la política interior al que Netanyahu ha dedicado más tiempo. Lo ha debilitado todo lo que ha podido, tanto él como los ministros de Justicia que ha designado y que permanentemente se han enfrentado a los jueces, especialmente a los del Tribunal Supremo. Ha sido una persecución en toda regla argumentando que el parlamento, y no los jueces, es quien debe decidir lo que se hace y que el parlamento no debe obedecer las decisiones del Supremo cuando hay discrepancias entre los dos poderes.

Sus ataques a la justicia se han intensificado en los últimos años, ya desde antes de que comenzara el juicio contra la corrupción que ahora se está celebrando en un tribunal de distrito en el sector ocupado de Jerusalén.

Netanyahu ha creído que, respaldado por una mayoría parlamentaria, podía hacer y deshacer a su antojo al margen de las leyes, y no está claro cómo y hasta dónde podrá recuperarse el Supremo de esos embates que lo han desacreditado entre una buena parte de la población más populista.

La crispación

La crispación ha alcanzado límites desconocidos, incluso superiores a los que existieron en el periodo previo al asesinato de Yitzhak Rabin en noviembre de 1995. Los citados ataques contra la justicia, o contra la policía y la prensa, han contribuido a crear un clima de tensión y división permanente que Netanyahu y su entorno han impulsado conscientemente puesto que consideraban que la crispación y la división les beneficiaba electoralmente.

Esa misma política de enfrentamiento es la que Netanyahu ha empezado a aplicar en el parlamento desde mediados de este mes de junio como jefe de la oposición. Su nueva responsabilidad en la Kneset sin duda augura malos momentos para el gobierno de Naftalí Bennett, especialmente si, como todo parece indicar, mantiene el sistemático descrédito del sistema en su conjunto.

Palestinos

Los doce últimos años se han caracterizado por una creciente expansión colonial judía en los territorios ocupados, encerrando a los palestinos en guetos cada día más precarios que se sostienen por la ayuda que reciben de Occidente. Netanyahu ha conseguido que los palestinos sobrevivan en un estado de hibernación permanente a la espera de que más pronto o tarde se presente la ocasión de darles la patada definitiva.

Esta misma política continuará con el nuevo gobierno si EEUU y Europa no dan un golpe sobre la mesa y obligan a Israel a cumplir las resoluciones internacionales. Es una cuestión que sobre todo está en las manos de Biden, pero también de los europeos. Los mandatarios Angela Merkel y Emmanuel Macron deberían implicarse puesto que la solución de este conflicto redundará en beneficio de Europa y apuntalará su estabilidad.

Irán

Irán es una bicoca que permite a Israel apartar la atención internacional de la brutal ocupación militar de los territorios palestinos. Con las negociaciones de Viena a pleno rendimiento, es muy probable que pronto se restablezca el acuerdo nuclear de Barack Obama de 2015, un acuerdo contra el que Netanyahu ha luchado con todas sus fuerzas.

No está del todo claro cuál será la actitud del nuevo gobierno con respecto a Teherán, entre otras cosas porque dependerá de las decisiones que adopte el presidente Joe Biden, pero el choque con Irán seguirá siendo positivo y ventajoso para Israel por muchos motivos, en particular porque pone en la órbita israelí a varios países sin escrúpulos, como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, lo que se traducirá en importantes negocios, sobre todo militares y de inteligencia.

El objetivo de las potencias mundiales debe ser impulsar la cooperación entre los países de Oriente Próximo, pero esto solo puede hacerse partiendo de la justicia. Durante décadas el cinismo occidental ha contribuido a la desestabilización de la región, lo que se ha traducido en una instabilidad que ha llegado a Occidente de manera repetida y constante.

Encaminar a Oriente Próximo hacia un futuro mejor requiere ante todo resolver el conflicto entre Israel y los palestinos, algo en lo que Netanyahu no tiene el menor interés. El nuevo primer ministro Bennett es de la misma escuela, de hecho empezó su carrera política a las órdenes de Netanyahu y es tan radical como él. Si ese problema persiste, lo más probable es que toda la región continúe bajo la precariedad e inestabilidad de las últimas décadas.

23/06/2021 12:08 Actualizado: 24/06/2021 07:44

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China consolida su hegemonía aérea con cazas de quinta generación

Semanas atrás se difundió que la última versión del caza furtivo chino J-20, con dos pilotos, "podría controlar flotas de drones y hacer frente a las interferencias electrónicas, lo que lo convierte en una verdadera pesadilla para los enemigos".

El avión fue introducido en 2017 pero la eficiencia de la industria china hace que siga "actualizándose constantemente con la integración de nuevas tecnologías".

Un año atrás los medios militares especializados informaban que "la rápida modernización de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China (EPL) y de los activos de guerra aérea de otras ramas de las fuerzas armadas del país, ha provocado un cambio en el equilibrio de poder sobre los cielos de Asia-Pacífico, desfavorable para los Estados Unidos y sus socios occidentales, que anteriormente conservaban el dominio militar indiscutible de la región".

La publicación Military Review considera que "la adquisición más simbólica que representa el surgimiento de China como un competidor de los EEUU en términos de la calidad de sus activos de guerra aérea, es la introducción del primer caza furtivo del país, el Chengdu J-20, en servicio en 2017".

Junto con el Su-57 ruso, el J-20 y el F-35 estadounidense son los únicos cazas de quinta generación que están en producción en el mundo. Sin embargo, el caza chino "tuvo un costo de investigación y desarrollo de aproximadamente 4,5 mil millones de dólares, menos del 10% del F-35, debido a las eficiencias en el sector de defensa de China".

La diferencia a favor de China, siempre según Military Review, es que "su diseño ha mejorado significativamente desde que entró en servicio con la integración de nueva aviónica, revestimientos furtivos y motores". Una de esas mejoras es la variante de dos asientos, lo que permite que el segundo piloto se dedique en exclusiva a manejar los sistemas de la guerra electrónica y armamentos.

Inicialmente el Pentágono había confiado en el F-22, "con mucho el caza occidental más capaz jamás diseñado para el combate aire-aire", pero ya no puede confiar en su despliegue porque la producción se interrumpió prematuramente en 2009, cuando se habían entregado apenas 187 cazas, el 25% de lo previsto.

La decisión se tomó "debido a los costos operativos excepcionalmente altos de la plataforma", así como los elevados requisitos de mantenimiento "que hicieron que el despliegue de una flota más grande fuera extremadamente costoso para la Fuerza Aérea de los EEUU durante la vida útil del Raptor".

De todos modos, la comparación entre el J-20 y el F-35 sigue sin ser convincente, ya que se admite que el F-35 está lejos de ser la plataforma ideal para contrarrestar al J-20, porque tienen desempeños muy diferentes en el combate aéreo.

El peso estimado del J-20 con carga es un 45% más alto que el del F-35 y tiene un alcance considerablemente más largo y el doble de carga útil de misiles aire-aire que el avión estadounidense. El J-20 también conserva una ventaja en el rendimiento de sus misiles aire-aire PL-15, cuyo alcance supera los 200 km frente a los aproximadamente 160 km del AIM-120D que puede portar el F-35.

Por otro lado, el rendimiento del J-20 también está por delante del F-35, con una velocidad que supera 2 mach frente a 1,6 mach del estadounidense, y alcanzando altitudes de 20 kilómetros frente 15 kilómetros del F-35. "Esto permite que el J-20 imparta considerablemente más energía a sus misiles en el momento del lanzamiento, con importantes ventajas de altitud y velocidad que le proporcionan una ventaja significativa sobre el caza estadounidense", concluye Military Watch.

Por último, el motor mejorado WS-10C del caza chino proporciona un 40% más de empuje y lo hace mucho más maniobrable. "El WS-10C se considera uno de los motores de combate de cuarta generación más capaces del mundo, aunque todavía está considerablemente por detrás del próximo Izdelie 30 que Rusia está desarrollando para su propio caza de quinta generación, el Su-57".

Llegados a este punto, es necesario destacar que la ventaja de China sobre EEUU no está fundamentalmente en la tecnología militar, sino en el tipo de sociedad que es capaz de producirla y de fabricar equipos de combate.

La industria militar estadounidense despilfarra recursos fabricando productos caros que sólo favorecen a los altos cargos de las empresas, como sucedió con el F-22 y también con el F-35. En su momento, el Pentágono encontró hasta 900 defectos en el software del F-35, destacando un nivel de imprecisión "inaceptable" de su cañón de 25 mm.

En contraste, la industria china es capaz de fabricar más barato, con la misma calidad y a una velocidad muy superior. En todos los rubros del armamento, China partía con una notable inferioridad, pero en muy poco tiempo, apenas en dos décadas, igualó y superó a EEUU. No tenía portaaviones y ya tiene cuatro y otros tantos en construcción. No podía fabricar motores para cazas y dependía de Rusia, pero consiguió la independencia tecnológica.

En paralelo, Pekín no necesita presionar a sus aliados para que compren armas defectuosas y caras como hace EEUU. Un informe de Business Insiderseñala que el F-35, una de las armas más caras de la historia, el futuro de la supremacía aérea del ejército norteamericano, es un proyecto aún plagado de problemas no resueltos, que no impide a Washington presionar a sus aliados para que compren uno de los aviónes más caros jamás producidos.

Una sola frase que resume los tres problemas de la industria militar estadounidense: costos elevados, armas defectuosas y presión político-diplomática a sus propios aliados. El mencionado informe recuerda que "el F-35 llegó a provocar la ira de Donald Trump, quien criticó duramente el elevado coste del proyecto tras su llegada a la Casa Blanca".

En fin, los típicos problemas de una potencia en declive. Entre todos ellos, creo que es importante retener que la defensa del país más poderoso del mundo ha sido secuestrada por un puñado de CEOs que forman parte del Deep State, que ingresan salarios millonarios y sólo se preocupan por su riqueza personal. ¿Pueden las fuerzas armadas de una nación confiar en semejante sistema económico-político?

 

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