Domingo, 03 Mayo 2020 06:10

Pandemias y guerras verdaderas

 En el contexto de las restricciones sanitarias por la pandemia de Covid-19 una pareja baila con familiares durante su ceremonia de compromiso en Qamishli, Siria.Foto Afp

Después de 40 años de ver la guerra "de verdad", desde luego tengo ideas muy establecidas sobre la lucha que dicen librar estadistas, políticos y mentirosos –los tres son, por supuesto, intercambiables–. Tanto la guerra "real" como la viral (del tipo Covid-19) provocan decesos y producen héroes; son una prueba para la resistencia humana, pero no deben ser comparadas.

Para empezar, muchos paralelos pueden ser vergonzosos. Cuando Matt Hancock en un principio comparó la lucha de Gran Bretaña contra el Covid-19 con los bombardeos aéreos alemanes sobre Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial (conocidos como Blitz), en realidad estaba equiparando un puñado de muertes de británicos con la masiva fuerza aérea alemana (Luftwaffe) que mató a unos 40 mil ciudadanos. Pero ahora que los muertos por el virus en Reino Unido ascienden –incluyendo a los no contabilizados, claro está– a más de 44 mil y quizás más, esas comparaciones con la Segunda Guerra Mundial son poco preocupantes.

¿Cuál es la próxima treta histórica que los defensores del Brexit nos jugarán? ¿Que los más de 66 mil británicos muertos en la Segunda Guerra Mundial demuestran la resistencia de nuestros abuelos?

Para entonces las muertes por Covid en nuestro país pueden haber sobrepasado ya esa macabra estadística.

Pero existe una diferencia mucho más importante entre las guerras "reales" y la guerra viral global. Las "reales" surgen de un conflicto de humanos contra humanos, y normalmente se ganan cuando la infraestructura de uno de los bandos –sus tierras, hogares, fábricas, vías ferroviarias, caminos, hospitales, sus museos y galerías, así como sus sistemas de suministro de agua y plantas de electricidad– se convierte en escombros. Los sobrevivientes emergen de estas guerras con sus países en ruina. No existe una "vuelta a la normalidad", porque lo normal ha sido físicamente destruido.

Nosotros los humanos no enfrentaremos la catástrofe cuando nuestra actual "batalla" haya terminado… si es que termina, pero de eso hablaremos más tarde. Cuando abramos nuestras puertas, las pérdidas humanas podrán ser muy grandes y nuestras pérdidas económicas parecerán insostenibles, pero nuestro mundo físico será, por mucho, el mismo. Nuestras grandes instituciones, nuestros parlamentos, universidades, hospitales y alcaldías, al igual que nuestras estaciones de trenes, aeropuertos, redes ferroviarias, sistemas de aguas y nuestros hogares estarán intactos. Todo esto se verá exactamente igual a como se veía hace unos meses. Estaremos a salvo del suicidio nacional que implica una guerra "de verdad".

Johnson y Cummings, así como sus compañeros de la escuela Brexit –junto con el horrendo equipo científico que los respalda (al menos hasta ahora)– pueden seguir jugando a la guerra, pero no deben enfatizar la diferencia entre esto y la verdadera guerra: es decir, en el hecho de que el mundo afuera de la puerta de sus casas será prácticamente el mismo que en febrero y marzo.

Por esto es que muchas personas se han visto dispuestas a romper las reglas del arresto domiciliario que les impusieron. No es que todos sean suicidas, o egoístas o locos, sino que ven hacia el exterior y lo ven igual a como lo recuerdan. Poco a poco, se prepararon para arriesgarse y poner en peligro a otros porque pueden (esta expresión es muy deliberada) y lo aceptan.

Así que –y aquí dejaré de usar las comillas– debemos volver a las guerras de verdad. Uno de los más notables fenómenos en estos conflictos aterradores es que la vida ordinaria continúa en medio del baño de sangre y la aniquilación inminente.

Durante las batallas en Beirut y durante los momentos más temibles de la actual guerra en Siria he ido a bodas. Una pareja musulmana en Beirut y una pareja armenia en la norteña ciudad siria de Kimishle –donde el frente del Isis más cercano está apenas a 19 kilómetros de la puerta de la iglesia. Los novios decidieron casarse y los clérigos apropiados presidieron las ceremonias. Yo los miraba, como dicen, boquiabierto. Tengo amigos que han comprado y vendido hogares durante sus respectivas guerras. Sus vidas están en peligro, pero aún así necesitan certificados de propiedad, fondos bancarios y abogados. En medio de la anarquía, la burocracia formal y la ley toman su curso.

Todo esto –los matrimonios y las transferencias de propiedad– han continuado porque, como dice la más vieja de las frases hechas: la vida debe continuar. Lo mismo ocurre con la guerra global contra el virus. Nuestras bodas tienen menos invitados, las propiedades se compran y venden mediante archivos adjuntos en un correo electrónico y los funerales –una parte esencial de la "vida" normal, supongo– aún se realizan, pero sin que los allegados vean el cadáver o hagan guardia junto a su ataúd.

He notado algo más en las guerras verdaderas que cubro: que los civiles que sufren entre los combates tienen una extraordinaria habilidad de superar las pérdidas a su alrededor. Tiene algo que ver con la idea de sociedad: esa idea de que es posible, sin importar qué tan consternados estemos por circunstancias personales, entender el dolor y la muerte como cosas que se acercan a la normalidad. Las guerras verdaderas, como pueden ver, también se encaminan hacia algo que puede llamarse "nueva normalidad". Amigos y familiares mueren. No conozco a nadie en Líbano o Siria que no haya pasado por este sobresalto, pero el sobresalto también es relativo.

Durante el conflicto en Irlanda del Norte, el secretario del Interior británico, Reginald Maudling –el ahora olvidado predecesor de Priti Patel– se refirió en 1971 a lo que él llamó un "nivel aceptable" de violencia. La expresión fue condenada por aquellos que creen que cualquier violencia es inaceptable, pero sus palabras tenían sentido, si bien macabro. Esta fue una guerra que tuve el privilegio maldito de cubrir y recuerdo cómo los periodistas entendieron exactamente lo que quiso decir Maudling: que el saldo de muertos por bombardeos en seis condados podía alcanzar un punto que podía considerarse normal.

Esto ocurrió en Líbano. Durante los ceses del fuego e incluso las treguas, los habitantes de Beirut iban a la playa, a asolearse y nadar los fines de semana. Una tarde las armas de los cristianos falangistas abrieron fuego en el este de Beirut y su metralla cayó entre los bañistas en la playa del barrio Corniche, en el mar Mediterráneo. La carnicería fue aterradora. Las primeras planas de los diarios al día siguiente estaban llenas de fotografías que jamás se habrían publicado en Europa o Estados Unidos.

A la semana siguiente las playas estaban llenas de nuevo. Muchos libaneses consideraron que había un "nivel aceptable" de muerte. En cierto sentido esto es inspirador –los seres humanos se muestran inconquistables–, pero en otra interpretación, es algo profundamente deprimente. Si los civiles –o el público, para usar una expresión muy occidental– se acostumbran a la muerte, la guerra puede continuar indefinidamente. Y ésta, recuerden, fue una guerra causada por la misma especie humana que estaba muriendo en ella.

Aquí hay una idea inquietante. Todos sabemos que el masivo confinamiento en Europa no puede continuar para siempre. Suecia en realidad nunca se embarcó en ese toque de queda. Alemania, Italia y Holanda están saliendo de él lenta y cautelosamente. Incluso el coctel de bobos de Boris Johnson sabe que esto es cierto e incluso los británicos –con o sin los pequeños brexiters de Downing Street– ahora decidirán por sí mismos cuándo terminará el encierro. No van a esperar a que el Sargento Plod (plod: vocablo en inglés que significa "a paso lento" N. de la T.) les dé permiso.

Todos sabemos que el actual brote de Covid-19 no "termina" en el mismo sentido tradicional que una guerra concluye. No habrá un último muerto. Pero cuando disminuyan las cifras y no exista una segunda visita de esta cosa espantosa, Gran Bretaña habrá alcanzado, me temo, un "nivel aceptable" de muerte. Cuando la estadística diaria vaya de los cientos a las docenas y luego a las decenas diarias, ya no habrá más conferencias desde Downing Street, y disminuirán nuestros pensamientos para los expertos de la salud, no recordaremos el sacrificio de enfermeras y doctores. Incluso podremos hacer apuestas sobre cuándo los tories volverán a hacer recortes al sistema nacional de salud.

El tema es que todos –a excepción de hombres y mujeres que ahora están en duelo por sus seres queridos– tenemos la capacidad de absorber la muerte. Cuando el gobierno británico crea que ese momento de la presente crisis llegó, abrirán las puertas, los caminos y los restaurantes. La economía debe sobrevivir.

Johnson y sus acólitos proclamarán su victoria, pero esto será falso. Los británicos seguirán muriendo, pero sus muertes se habrán convertido en algo normal, igual a quienes mueren de cáncer, ataques cardiacos o son víctimas de accidentes de tránsito; como dice Johnson en su deplorable frase, "los que perdimos antes de tiempo".

De esta forma, los británicos no disfrutarán de una "inmunidad de rebaño". Con o sin protección para este virus o el que le siga; con o sin vacuna, se convertirán en "rebaño" en un sentido diferente. Se convertirán, tal y como lo desea el gobierno, en un rebaño inmune a la muerte de los otros; que habrá asumido un nivel aceptable de muerte entre sus compatriotas. Se habrán vuelto un poco más "endurecidos" –una buena palabra victoriana– a que se inflija tal sufrimiento, y dejarán de rezongar sobre lo ineficaz que fue el gobierno británico para evitar este atropello.

Y entonces –usemos ese repugnante mantra de todos los políticos– "seguiremos adelante". Tendrán que "asumir" al virus, como lo hizo el gobierno hace mucho y como seguirá haciéndolo.

Podemos olvidar cualquier planeación costosa para su siguiente visita, hasta que nos topemos con el Covid-20, o el Covid-22 o el Covid-30 o cualquier otro que se nos atraviese.

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

Publicado enInternacional
El capitalismo en una era de plagas y catástrofes

El capitalismo plantea una amenaza mortal para la supervivencia humana básicamente de tres maneras.

En primer lugar, ya no crea puestos de trabajo. Ha hecho que por lo menos unos mil millones de personas sean totalmente excedentes para las necesidades de la actual producción globalizada. La mayoría de las personas en las ciudades de África y América Latina trabajan en el sector informal, y este es el único sector que está creando puestos de trabajo.

El segundo aspecto es el cambio climático. El capitalismo nos ha llevado a una era geológica completamente nueva, una era donde el cambio climático tiene enormes consecuencias en la propagación de catástrofes y enfermedades. Por ejemplo, con el calentamiento global ha hecho que los insectos transmisores de la malaria, el dengue y otras pestes se están desplazando hacia el norte. Según los especialistas la reaparición de la malaria en determinados lugares de Europa, ya es casi inevitable.

Y en tercer lugar, el capitalismo amenaza nuestra supervivencia porque desencadena y produce el tipo de pandemias en las que estamos en medio ahora. No se trata de una simple pandemia. En realidad estamos viendo una época de pandemias y enfermedades emergentes. La globalización capitalista ha producido estas nuevas plagas. El capitalismo ha destruido las fronteras naturales y sociales entre las poblaciones de humanos y los animales salvajes, que antes vivían muy distanciadas.

Los coronavirus se encuentran principalmente en los murciélagos. Los murciélagos son tan solitarios, que se necesitan una gran cantidad de estos mamíferos alados para ponerlos en contacto con los humanos o con animales infectados por ellos. La fuerza propulsora de este fenómeno ha sido la destrucción de los bosques tropicales por empresas multinacionales de explotación forestal.

Luego está la agricultura industrial, y la industrialización de la producción de aves de corral y ganado. Hay fábricas que procesan un millón de pollos al año. Son como aceleradores de partículas de enfermedades virales. Estas fábricas se han transformado en una eficiente máquina que cría nuevos híbridos de virus y los distribuye masivamente.

Desde los propios parámetros inmunológicos, el factor más importante es que hay dos humanidades. Una humanidad bien alimentada, generalmente con buena salud y con acceso a la medicina. Y una segunda humanidad, que no tiene sanidad pública o que depende de sistemas médicos que fueron en gran parte destruidos en los años 80 y 90.

La deuda

Los sistemas públicos fueron destruidos por la deuda, el ajuste estructural y la exigencias del Fondo Monetario Internacional. Se recortó lo público o se privatizaran los servicios creados por el ahorro social.

En todo el África subsahariana (y también en otros países) la ausencia de sanidad pública es el origen de las enfermedades infecciosas. La gente no tiene acceso a agua limpia y ni siquiera puede lavarse las manos con jabón.

En este momento estamos al borde de lo que podría ser la verdadera masacre humana si esta pandemia estalla en los barrios pobres del Sur Global.

En el pasado el capitalismo global, destinaba una mínima inversión a la detección de enfermedades y a las alertas temprana.Las potencias coloniales desarrollaron mecanismos para salvaguardar el comercio y la salud de los colonizadores.

De una serie de conferencias sanitarias internacionales surgieron –en la época del imperialismo victoriano– instituciones cuyo objetivo explícito era controlar las enfermedades infecciosas.

De manera similar, la Organización Mundial de la Salud, (OMS), fundada en 1948 por la Fundación Rockefeller, desempeñó un papel esencial en los decenios de 1940 y 1950.

Su preocupación original era salvaguardar la salud de los trabajadores de las plantaciones de la United Fruit Company y de las minas de nitrato chilenas. Quería eliminar la enfermedad mediante la vacunación. Este método de prevención demostró ser exitoso con la eliminación de la viruela, pero falló en prácticamente todas las demás enfermedades importantes.

La causas profundas

Hay una explicación alternativa de la medicina social para entender la propagación de las plagas: los determinantes socioeconómicos de las epidemias son la pobreza, el hacinamiento, la falta de saneamiento y de medicamentos.

Ahora toda la infraestructura internacional de detección de enfermedades y la respuesta internacional coordinada se ha venido abajo.

La OMS prácticamente se ha derrumbado. Hoy tiene un papel absolutamente marginal. Nunca ha sido financiada adecuadamente. Grandes países como los Estados Unidos jamás han cumplido con las contribuciones que dijeron que harían. La OMS ha tenido que recurrir a los filántropos y a los grupos de presión de los países más poderosos. En conjunto estos sectores, proporcionan alrededor del 80 por ciento de su presupuesto. La OMS se ha visto obligada a suplicar a los Estados Unidos, China y a ciertos filántropos que no saben qué hacer con su dinero. Esto se ha hecho evidente en los últimos tres o cuatro meses.

Los recortes

El Centro Americano para el Control de Enfermedades (CDC), que desempeñaba un papel internacional en la detección de enfermedades nuevas, también se ha derrumbado. El CDC estadounidense decidió no utilizar los kits de prueba producidos por una compañía farmacéutica alemana y que todos los demás países están utilizando. La CDC desarrolló su propio kit de prueba, les resultó defectuoso y dio resultados falsos.

El CDC está financiado en parte por un cristiano fundamentalista y su presupuesto fue salvajemente recortado por Donald Trump, en uno de sus primeros actos como presidente.

La administración Trump desde su inicios comenzó a desmantelar las entidades públicas de salud y a revertir las políticas que se habían sido creadas específicamente para enfrentar las pandemias.

Trump dice que Estados Unidos es el país más avanzado técnica y científicamente del mundo, el mismo día que el New York Times publica instrucciones sobre cómo debe hacerse una propia mascarilla quirúrgica.

Una crisis mundial.

El Centro Europeo para el Control de Enfermedades no ha estado en ninguna parte y toda la Unión Europea está en profunda crisis.

Mientras Italia esperaba que sus naciones hermanas europeas la ayudaran Alemania, Austria y Francia prohibieron la exportación de suministros y materiales cruciales al país de Dante .

Por otra parte, hoy China tiene una enorme influencia económica pero en el momento que se declaró la epidemia no tenía suficiente poder blando, ni suficiente influencia política.

El Liderazgo

Sin embargo Trump abdicó totalmente de liderazgo moral o de una respuesta humanitaria. Así que los italianos se dirigieron a Pekín, que demostró estar a la vanguardia en la prestación de una ayuda crucial para enfrentar la pandemia.

En realidad China tiene una inmensa capacidad para proporcionar suministros médicos clave. Está en todas partes sobre el terreno, allí donde Europa y EE.UU han desaparecido.

En el siglo XVII las plagas, particularmente en Italia, aceleraron la transición de una economía centrada en el Mediterráneo a una economía centrada en el Atlántico Norte. Así que tenemos que preguntarnos si COVID-19 acelerará el cambio de la hegemonía estadounidense a una papel hegemónico chino.

La respuesta al brote ha sido totalmente nacionalista, hasta el punto de que ha sorprendido a la mayoría de los líderes mundiales y a los propios nacionalistas. La cooperación internacional se ha derrumbado.

Cualquier recuperación de la producción globalizada dependerá de enormes esfuerzos para crear una infraestructura internacional contra la enfermedad. Pero, para derrotar al patógeno no se podrá ignorar las condiciones sociales que hacen vulnerables a las personas y, que en cierto modo son las causas últimas de la enfermedad.

La Gran Pharma

La inmediata historia nos demuestra que las grandes empresas farmacéuticas no desarrollaron a tiempo una vacuna y los antivirales que sabían que eran necesarios. Como no era negocio el sector privado no invirtió en la investigación y en nuevas tecnologías.

De esta manera el potencial para el desarrollo científico fue bloqueado.

La industria farmacéutica ya no produce las medicamentos fundamentales para la vida, cuya producción en el pasado fue una de las justificaciones que utilizaron para darles una posición de monopolio.

Ahora no fabrican antivirales, y en gran parte no hacen vacunas. Y tampoco no produce una nueva generación de antibióticos para hacer frente a una anunciada crisis mundial por la próxima ineficiencia de estos medicamentos.

La Gran Pharma está básicamente ganando dinero con las patentes y gastando más en publicidad que en investigación y desarrollo.

Los grandes laboratorios no sólo se han convertido en un obstáculo para la revolución médica y científica, sino que se han dedicado a la especulación con los precios y a un enorme cabildeo político contra los medicamentos genéricos.

Globalización

¿Puede el capital mundial superar su actual fragmentación nacionalista y crear una infraestructura que haga frente a la continuidad de los beneficios y a la producción globalizada?

Pues bien, estamos a punto de una depresión mundial. Una depresión cuyas raíces no están en el COVID 19, aunque este bicho microscópico la vaya a desatar.

Los principales países capitalistas creen que pueden proteger el comercio mundial, con vacunas y alguna nueva forma de organización internacional de la salud. Pero no demuestran ningún interés en solucionar el gran tema que preocupa a la medicina social: la miseria y la pobreza a escala mundial.

¿Estarán las vacunas disponibles para las poblaciones de África y el sur de Asia?

Es muy difícil que el capitalismo, que su ADN es sólo el lucro, haga llegar con rapidez la vacuna ( si logra desarrollarla) a los pobres y condenados de la tierra.

De hecho lo que hará el capitalismo global es profundizar aún más el abismo entre las dos humanidades.

Por supuesto, esto es cierto también dentro de muchos países capitalistas del “primer mundo”, donde la enfermedad ataca de preferencia a las víctimas del racismo y pobreza.

En este momento, al menos en los Estados Unidos, existe una oportunidad extraordinaria para avanzar en un programa progresista: de partida la atención sanitaria como un derecho humano y una cobertura universal .

También ha llegado la hora de luchar por demandas esencialmente socialistas, como la nacionalización de las grandes farmacéuticas y de otros servicios básicos para la sobrevivencia .

Amazon que se ha convertido en el mayor monopolio de la historia del mundial, ahora por lo menos debe ser gravada con impuestos o transformada directamente en un servicio público, como Correos.

La distribución debe convertirse en una utilidad pública. Dicho de otra manera en una organización socialista controlada democráticamente y de propiedad de toda la sociedad.

Esta crisis nos ofrece una gran oportunidad para ir más allá del reformismo de izquierda y plantear ideas y demandas socialistas.

Por Mike Davis es el autor de Prisoners of the American Dream (1986), City of Quartz (1990), Late Victorian Holocausts (2001), Planet of Slums (2006) y Buda’s Wagon: A Brief History of the Car Bomb (2007). Davis es colaborador de publicaciones como New Left Review, LINKS y muchas otras. Ha recibido el premio literario Lannan. Vive en San Diego, USA.

Publicado enEconomía
“Presidente Duque, los que van a morir te saludan”.

El 14 de abril de 2020, en medio de un panorama desolador y de desesperanza, fue expedido el Decreto No. 546 de 2020 por el Gobierno, con el cual se adoptaron medidas transitorias para que a algunas personas privadas de la libertad se les sustituyera la pena y detención preventiva por prisión y detención domiciliaria. Pero para ese entonces, los diferentes sitios de reclusión del país ya resonaban en los noticieros y en los diarios por los diversos motines de algunas personas privadas de la libertad, quienes en medio de la impotencia y la desesperación no encontraban otras formas de llamar la atención de un Estado que siempre les había dado la espalda, y que aun conociendo sus condiciones no se había pronunciado.

El 22 de marzo del año en curso, a causa de la reacción a las protestas murieron al menos 23 personas en Bogotá, y hubo varias personas heridas en otros lugares del país, y a la fecha las protestas pacíficas continúan, a través de mensajes como, por ejemplo, “Presidente Duque los que van a morir te saludan”. En Colombia, desde 1998 se decretó un estado de cosas inconstitucional en materia carcelaria, y el panorama que se tenía para ese entonces no ha mejorado, sino que a 2020, sin duda alguna ha empeorado. La Corte Constitucional incluso ha afirmado en reiteradas ocasiones que la gravedad de la vulneración sistemática de derechos que se presenta en los establecimientos de reclusión, es tal que no se respetan siquiera algunos mínimos asegurables para “vivir libre de humillaciones” en las cárceles colombianas, esto lo retrata una parte de la sentencia T - 762 de 2015: “se probó que la situación de salud se agrava porque el hacinamiento propicia riesgos epidemiológicos y de enfermedades para los reclusos que inician el periodo de privación de la libertad en buen estado de salud. Como se explicó en la sentencia T-388 de 2013, esa situación es propiciada, permitida y tolerada por el Estado, lo que agrava la vulneración de los derechos y la crisis humanitaria en las prisiones”.

Es por esto que, si bien nadie pronosticaba la crisis que vivimos hoy, generada por el Covid-19, sí se anunciaba el genocidio carcelario, como lo han llamado los académicos, al cual se ven sometidas las personas privadas de la libertad. En el Decreto 546 de 2020, la lista de los que no pueden acceder al beneficio es extensa y serán pocos los que lograrán escapar de un foco de contagio que en estos establecimientos será catastrófico, si nos fijamos en las tasas de hacinamiento (para que no hubiera hacinamiento se requeriría que salieran de prisión 40.000 personas y se estima que con el decreto sólo irán a domiciliaria unas 1.000). Al día de hoy se han presentado de acuerdo con el Ministerio de Salud: “12 casos registrados en el departamento de Amazonas, en Villavicencio han sido diagnosticadas, con COVID-19, más de 100 personas entre internos, guardianes y auxiliares. En la cárcel La Picota se reportan cinco internos que presentan el virus. Mientras tanto, se registra un caso en las Heliconias en Florencia (Caquetá) y otro en Guaduas (Cundinamarca). Además, se han registrado tres muertes relacionadas por coronavirus, de personas privadas de la libertad, mientras que un interno falleció pocos días después de haber quedado libre” (Recuperado de https://www.lafm.com.co/colombia/cinco-carceles-de-colombia-tienen-contagio-de-coronavirus el 24/04/2020).

Las medidas adoptadas por el Decreto No. 546 de 2020 se establecieron por un término de seis meses, es decir, no son medidas definitivas y estas personas deberán continuar cumpliendo su detención preventiva o pena como había sido establecido antes de la pandemia; razón por la cual se hace necesario hacer un llamado a los jueces a realizar un control difuso de constitucionalidad e inaplicar algunas de las exclusiones allí consagradas, por considerarse excesivas y contrarias a la Constitución, entendiendo que son violatorias de derechos humanos y fundamentales por cuanto las personas en prisión no cuentan con acceso a agua potable, insumos para protegerse del virus, ni la infraestructura para evitar su propagación, poniendo en riesgo tanto a los reclusos, como a los guardias y aquellos que necesariamente ingresan a estos centros.

Hemos conocido de la interposición de siete tutelas (los formatos para presentarlas se pueden obtener en este link:https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39416-tutela-para-solicitar-casa-por-carcel-para-personas-condenadas-por-cualquier-delito-que-se-encuentren-privadas-de-la-libertad-con-medida-intramural-por-cualquier-delito-que-no-entre-en-los-requisitos-del-decreto-expedido-por-el-gobierno.html) que piden esto, en todas ellas se solicitaba como medida provisional la prisión la prisión domiciliaria y en todas fue negada, desconociendo el peligro real que corre la vida de estas personas, y no dejando muchas esperanzas acerca de que vaya a ser concedido el amparo constitucional.

Este control constitucional sólo tendrá efecto en el caso concreto y permitirá que más personas, cumpliendo con otras condiciones, puedan acceder a este beneficio y desde la casa cumplan con las medidas necesarias para su cuidado y el de la sociedad. Además el confinamiento, el control del Inpec, la posibilidad de usar vigilancia electrónica y el control policial a las medidas de aislamiento social en el país, podrán asegurar el orden público, por lo que esto no puede ser un argumento para apelar a la aplicación literal del decreto.

Consideremos esta hipótesis: usted es Guillermo, sufre de hipertensión y diabetes y se encuentra detenido en una estación de policía por tráfico de estupefacientes (dicen que vendía drogas porque lo detuvieron con 10 papeletas de bazuco). Se ha enterado de la llegada del coronavirus y sabe que hace parte de la población de alto riesgo, teniendo altas probabilidades de morir, lo que ha hecho que esté más estresado y preocupado que antes. En su diario vivir, debido al hacinamiento en la estación, ya lidia con estar las 24 horas encerrado en una celda de donde cada persona cuenta con 40 cm² de baldosa para tratar de estar de pie, y en donde solo hay 2 baños que no funcionan bien, ni tienen agua corriente, soportando altas temperaturas por falta de ventilación. Pasa 18 horas sin comer hasta que por fin llega la comida podrida con agua que no es potable. No cuenta con jabón y mucho menos con gel antibacterial para estar lavándose las manos todo el día como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud. No hay cómo lavar la ropa.. Sumado a todo esto, le es imposible dormir, no hay espacio suficiente y le toca esperar un turno para que otro se levante y pueda descansar en el piso, por tan solo 2 horas o menos. Hace muchos domingos (la primera y casi única medida tomada por el gobierno ante el COVID en las prisiones fue suspender todas las visitas) no ve a su familia, no sabe si se encuentran bien y ellos tampoco saben de él. Tiene miedo, ansiedad, ha pensado en quitarse la vida, su presión no ha estado bien un solo día y tampoco hay medicamentos para su tratamiento y mucho menos atención médica.

Muchos y muchas, al igual que Guillermo, han entrado en pánico. Si bien tienen enfermedades graves o son personas mayores de 60 años, no podrán ser beneficiarios de la prisión domiciliaria porque su delito está en la extensa lista de exclusiones del decreto y saben que en las condiciones en que se encuentran solo les espera morir. Día a día se levantan pensando en cuándo llegará el virus al centro de reclusión, en dónde los meterán cuando se contagien, y en cómo pasarán los pocos días de vida que probablemente les quedan.

En el centro de reclusión el distanciamiento obligatorio es imposible. Hay tantas personas que no podrían estar ni siquiera a 10 cm de distancia. El uso del tapabocas (que tampoco se ha suministrado en cantidades adecuadas) sumado a las “recomendaciones” que les dan, sólo dan la impresión de que se hace algo. Es imposible no contagiarse, y no solo del coronavirus, pues otras enfermedades amenazan con matarlos, sin que tengan lo mínimo ni básico para sobrevivir.

Como Guillermo, un sinnúmero de personas presas luego de ser contagiadas empeorarán en cuestión de días, entrando en estado crítico, contagiando al resto de personas recluidas, al personal de guardia, y a quienes entran y salen: Policías, INPEC, proveedores, etc. Finalmente los enfermos serán todos, y las personas muertas muchas.

Lo único que podrán tener las familias, es recibir una llamada o un correo electrónico con la noticia de la muerte de sus familiares, pero no podrán despedirse ya que no es posible entregar los cuerpos contagiados por el virus. Para estas familias no murió un recluso, murió un padre o una madre, abuelo/a, hijo/a o hermano/a y pensarán que si el Estado y las autoridades hubieran cumplido su deber la historia sería completamente diferente.

A las juezas y a los jueces colombianos, todos ellos y ellas con poder de efectuar control de constitucionalidad difuso sobre la ley, les queremos recordar que también la legalidad formal dice que la vida es el derecho más importante, y que acudir al argumento del principio de legalidad para negar su protección, como en otras épocas de la historia, puede traer resultados horrendos.

Así, Hanna Arendt, en su libro El juicio contra Eichmann en Jerusalén, narra cómo este teniente coronel del Servicio Secreto Alemán (SS) y sujeto activo de la orden implícita en la “solución final” durante la Segunda Guerra Mundial, expuso como defensa que estos crímenes estaban amparados en el cumplimiento de la Ley:

“Eichmann, mucho menos inteligente y prácticamente carente de educación, vislumbraba, por lo menos, de un modo vago, que no fue una orden sino una ley lo que los estaba convirtiendo a todos en criminales. […] Esta es también la razón en cuya virtud la orden dada por el Führer de que se llevara a cabo la “solución final” fue seguida por un diluvio de reglamentos y ordenanzas, documentos todos redactados por expertos juristas y no por funcionarios administrativos, la orden de Hitler, a diferencia de las órdenes corrientes, recibió el tratamiento propio de una ley. No es necesario añadir que los consecuentes formalismos jurídicos, lejos de ser una simple manifestación de pedantería o perfeccionismo alemán, cumplieron muy eficazmente la función externa de dar apariencia de legalidad a la situación existente. (Arendt, 2013, p. 219).

Por Semillero de Estudios Dogmáticos y Sistema Penal de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia / .

Colectivo abolicionista contra el castigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado enColombia
El asesor principal de Alemania sobre el coronavirus: "Me temo que seremos testigos de una segunda ola de contagios"

El experto de cabecera de Angela Merkel habla de "la paradoja de la prevención" en una sociedad que necesita volver a la normalidad pero puede sufrir otra crisis si lo hace demasiado rápido

 

Christian Drosten, director de Virología del Hospital Charité en Berlín, fue uno de los investigadores que identificó el virus del SARS en 2003. Al frente del instituto de salud pública de referencia en Alemania para todo lo relacionado con los coronavirus, se ha convertido en el experto de cabecera del gobierno de Angela Merkel durante la pandemia.

En una entrevista exclusiva con The Guardian, Drosten admite que teme un segundo estallido mortal. Explica los motivos por los que Angela Merkel ha jugado con ventaja respecto a otros líderes mundiales y por qué "la paradoja de la prevención" no le deja dormir por las noches.

Alemania comienza a levantar el confinamiento de manera gradual desde este lunes. ¿Qué sucede a partir de ahí?

De momento vemos que las Unidades de Cuidados Intensivos están a mitad de capacidad en Alemania. Eso sucede porque comenzamos con los diagnósticos pronto y a gran escala y detuvimos la epidemia –lo que quiere decir que llevamos la tasa de reproducción a menos de 1 [reducir el número de personas que contagia cada infectado es una medida clave para detener el avance del virus].

Ahora nos encontramos en un escenario que denomino "la paradoja de la prevención". Hay personas que argumentan que reaccionamos de manera desproporcionada y hay presión política y económica para regresar a la normalidad. El plan federal es levantar el confinamiento de manera gradual, lentamente, pero como cada Länder [estado de la república federal] puede decidir y aplicar sus propias reglas, temo que seamos testigos de una gran creatividad en la aplicación de ese plan. Me temo que la tasa de reproducción aumentará de nuevo y seremos testigos de una segunda ola de contagios.

Si el confinamiento se prolongara en el tiempo, ¿podría erradicarse la enfermedad?

En Alemania hay un grupo de especialistas en modelos [de comportamiento a futuro] sugiriendo que una prolongación de algunas, pocas, semanas, podría suprimir en gran medida la circulación del virus y llevar la tasa de reproducción por debajo de 0,2. Tiendo a apoyar sus planteamientos pero aún no me he decidido del todo. La tasa de reproducción no es más que una media, una aproximación. No te dice dónde hay grupos de prevalencia alta como las residencias de ancianos en los que puede llevar más tiempo erradicar la enfermedad y desde donde podríamos ver resurgir la infección con velocidad incluso en un escenario de confinamiento extendido.

De surgir un nuevo brote, ¿podría contenerse?

Sí, pero no puede pasar si nos limitamos a trazar solamente el contacto entre humanos. Tenemos pruebas de que casi la mitad de los contagios sucede antes de que la persona que contagia desarrolle síntomas y las personas están infectadas un mínimo de dos días antes de desarrollarlos. Eso significa que los expertos en trazar contactos y que trabajen junto a los pacientes para identificar a aquellos con quienes han estado en contacto corren una carrera contra el tiempo. Necesitan ayuda para saber quienes son todos los potenciales contagiados lo antes posible y eso requerirá métodos de seguimiento electrónico de los contactos.

¿Cómo de cerca estamos de lograr la inmunidad colectiva?

Para lograr la inmunidad colectiva necesitamos que entre el 60% y el 70% de la población tenga anticuerpos del virus. El resultado de los exámenes de anticuerpos muestra que en Europa y Estados Unidos estamos por debajo del 10% pero las pruebas no son de total confianza. Todas presentan problemas y falsos positivos. La inmunidad colectiva no lo es todo. Asume que la población se mezcla pero tenemos motivos –relacionados con las redes generadas por la gente para relacionarse- para creer que no toda la población puede infectarse al mismo tiempo. Esas redes cambian continuamente y entonces se expone a otras personas al virus. Así podrían generarse olas de infección. Otro factor que podría tener causar un impacto en la inmunidad colectiva es saber si otros coronavirus –los del resfriado común, por ejemplo- ofrecen protección para este. No lo sabemos, es una posibilidad.

¿Deberían estar todos los países haciendo pruebas a todo el mundo?

No estoy seguro. Incluso en Alemania, con nuestra gran capacidad de hacer pruebas y con la mayor parte dirigidas a quienes presentan síntomas, no tenemos un tasa de positivos superior al 8%. Creo que es mejor hacer pruebas a una población concreta, a quienes son realmente vulnerables. Personal de hospitales y residencias de ancianos, por ejemplo. Eso no se está aplicando a rajatabla en Alemania pero avanzamos en esa dirección.

Otro objetivo deberían ser los pacientes en la primera semana que presentan síntomas, sobre todo los de más edad, que suelen venir al hospital cuando es demasiado tarde, cuando ya tienen los labios azules y necesitan intubación. Necesitamos algún sistema de vigilancia, un centinela que tome muestras entre la población con regularidad y pueda estar al tanto de la tasa de reproducción del virus.

¿Qué se sabe de la estacionalidad del virus?

No mucho. El grupo de modelización que lidera Marc Lipsitch en Harvard sugiere que la transmisión del virus podría ralentizarse durante el verano, pero que este efecto será mínimo. No tengo datos mejores.

¿Podemos afirmar a ciencia cierta que la pandemia se originó en China?

Creo que sí. Por otra parte, no asumo que comenzara en el mercado de alimentos de Wuhan. Es más probable que comenzara donde se criara otro animal, el anfitrión intermedio.

¿Qué sabemos sobre ese anfitirón intermedio, es el "pobre pangolín", como empieza a conocerse?

Nada me hace creer que el virus pasara a través del pangolín en su camino hacia el ser humano. Hay información interesante al respecto en la literatura sobre el SARS. El virus apareció en civetas pero también en mapaches, algo que la prensa pasó por alto. Los mapaches están en la base de una gran industria en China. Los crían en granjas y los cazan en la naturaleza. Por su piel. Si alguien me diera unos cientos de miles de dólares y acceso libre a China para encontrar el origen del virus, iría a mirar a los criaderos de mapaches.

¿Será útil identificar al paciente cero, el primer humano infectado con este virus?

No, el paciente cero es alguien que con casi total certeza se contagió con un virus muy similar a alguno de los primeros que secuenciamos, de modo que no nos ayudaría a resolver el problema que tenemos ahora. No creo que se pueda argumentar que nos ayudaría a prevenir futuras pandemias de coronavirus porque la humanidad será inmune al próximo coronavirus vinculado a SARS una vez ha estado expuesta a este. Otros coronavirus implicarán una amenaza -uno de los primeros candidatos es el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio)- pero para entender esa amenaza tenemos que estudiar como avanzan esos virus en los camellos de Oriente Medio.

¿Es responsable la actividad humana del paso de virus de los animales al ser humano?

Los coronavirus tratan de cambiar de organismo de acogida cuando se presenta la oportunidad. A través de nuestro uso de los animales, contrario a los principios de la naturaleza, nosotros creamos esa oportunidad. Los animales de granja están en contacto con animales salvajes. El modo en que se los almacena en grandes grupos amplifica el contagio del virus entre ellos. El ser humano entra en intenso contacto con esos animales, por ejemplo, a través del consumo de carne. Eso representa una posible trayectoria de brotes de coronavirus. En Oriente Medio los camellos cuentan como animales de granja y son los animales que alojan el MERS y el coronavirus 229E que es una de las causas del resfriado común. Nuestro ganado es el huésped original del coronavirus OC43, por ejemplo.

Siempre se ha creído que la gripe común ofrece el mayor riesgo de pandemia. ¿Sigue siendo así?

Sin duda, pero no podemos descartar otra pandemia de coronavirus. Tras el primer estallido de Ébola en 1976 muchos creyeron que no volvería a suceder. Pero en menos de 20 años había pasado de nuevo.

¿Toda la ciencia desarrollada alrededor de esta coronavirus es correcta?

¡No! Al principio, en febrero, hubo muchos borradores interesantes. [Investigaciones que no han pasado por su revisión por pares]. Ahora, para encontrar uno bien fundamentado e interesante tienes que revisar 50. Se están malgastando muchos recursos de investigación.

Angela Merkel ha sido elogiada por su liderazgo durante esta crisis. ¿Qué es lo que hace de ella una buena lideresa?

Está muy bien informada. Ayuda que sea científica de formación y sepa manejar cifras. Pero creo que al final se reduce a su forma de ser y su capacidad de tomar decisiones bien fundamentadas y para transmitir seguridad. Quizás una de la características de una lideresa es que no utiliza esta situación para sacar provecho político. Saben lo contraproducente que puede ser.

¿Hay algo que no le deje dormir?

En Alemania, la gente ve que los hospitales no están desbordados y no entienden por qué las tiendas tienen que estar cerradas. Sólo ven lo que sucede así y no se fijan, por ejemplo, en lo que pasa en Nueva York o en España. Esa es la "paradoja de la prevención". Para muchos alemanes, soy el diablo que está hundiendo la economía. Recibo amenazas de muerte que paso a la Policía. Aunque me inquietan más otros emails, los de que gente que me dice que tiene tres hijos y les preocupa el futuro. No es culpa mía. Pero esos son los que no me dejan dormir de noche.

28/04/2020 - 22:20h

Traducido por Alberto Arce

Lunes, 27 Abril 2020 06:31

Auxilio

El distrito comercial de Soho, en Manhattan, donde por lo regular las calles estaban atiborradas, se ve vacío en estos días por la pandemia del Covid-19.Foto Afp

Donald Trump nos quiere matar.No hay otra conclusión posible. Pronto será el primer mandatario en presidir sobre más muertes estadunidenses que el total que pereció en la guerra de Vietnam (58 mil), con más de 54 mil hasta ahora, la gran mayoría de las cuales eran prevenibles. De hecho, él declaró que su respuesta al "enemigo invisible" es "una guerra".

No es un huracán, o un tsunami, o un sismo; las dimensiones de esta catástrofe no se pueden atribuir a "fuerzas mayores" o"divinas", sino al manejo inepto, irresponsable y francamente criminal de los encargados de gobernar este país. Aunque el terreno para la crisis fue cultivado por políticas neoliberales bipartidistas durante décadas, el presidente es el responsable de que las dimensiones de los efectos de esta crisis sean las que estamos atestiguando.

Pero aparentemente no satisfecho con el saldo creciente del Covid-19, y el hecho de que algunos de los que vivimos en Estados Unidos seguimos vivitos y coleando, Trump nos invitó a envenenarnos. Sugirió emplear desinfectantes industriales, inyectarnos cloro, para curarnos del virus, durante su conferencia de prensa del jueves. Como comentó un médico en respuesta: "Trump tiene toda la razón: el cloro sí mata al virus. El problema es que también mata al paciente". El Centro de Control de Enfermedades, departamentos de salud estatales y municipales, junto con los fabricantes de desinfectantes como Lysol y Clorox, se vieron obligados a trasmitir alertas declarando que ingerir tales productos era peligroso. Su contrincante demócrata, Joe Biden, publicó en un tuit: "no puedo creer que sea necesario decir esto, pero por favor no beban cloro". El columnista del Washington Post David Von Drehle resumió el mensaje presidencial: "María Antonieta: que coman pastel. Donald Trump: que se inyecten Lysol". Poco después, varios centros y agencias de salud pública estatales y municipales reportaron un incremento en casos de envenenamiento o quemaduras por gente que le hizo caso al presidente, reportaron vamos medios en Maryland, Nueva York y Chicago.

Fue tan intensa la reacción que Trump se vio obligado a huir de sus declaraciones y el viernes argumentó que había sido un comentario "sarcástico" sólo para provocar a los medios. ¿En medio de una pandemia con más de 50 mil muertos el presidente decidió bromear? Poco después tuiteó que tal vez ya no haría conferencias de prensa diarias porque "no valen la pena", ya que los medios distorsionan todo lo que dice. Pero al parecer, sus estrategas temen que sus expresiones de "genio estable" no ayuden a su relección en esta coyuntura.

Por otro lado, si uno no se muere de virus, pues también está la lenta muerte por desempleo y hambre. Algunos economistas calculan que la tasa de desempleo real está entre 20 y 45 por ciento, o sea, es posible que casi la mitad de la fuerza laboral está sin trabajo, muy por arriba del peor momento de la Gran Depresión. Esto es acompañado de un incremento de millones de personas –sobre todo niños– que no tienen acceso a suficiente alimento.

No todos están en la línea de fuego de esta crisis, algunos están sufriendo la cuarentena en lugares de lujo como Los Hampton o en sus yates. De hecho, entre el 18 de marzo y el 10 de abril, mientras 22 millones de estadunidenses perdieron sus empleos, la riqueza de los multimillonarios en Estados Unidos se incrementó en 282 mil millones de dólares, una ganancia de 10 por ciento, reporta un nuevo informe del Institute of Policy Studies (https://inequality.org/ great-divide/billionaire-bonanza-2020/).

En tanto, los inmigrantes están entre los más afectados aquí por la pandemia, en gran parte por las medidas antimigrantes de este gobierno. Y para los que pensaban que estaban más seguros porque vivían fuera de este país, el más contagiado del mundo, Trump ha estado exportando el virus a varios puntos del planeta al deportar a inmigrantes que habían estado encarcelados en centros de detención contagiados sin primero administrar pruebas para diagnosticarlos. https://twitter.com/CASAforall/ status/1253442753511464960?s=20).

La gran pregunta ante todo esto es: ¿nos vamos a dejar?

https://youtu.be/LNNPNweSbp8

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Sábado, 25 Abril 2020 06:35

Gestando la próxima pandemia

La cría industrial de animales en confinamiento (avícola, porcina, bovina) es una verdadera fábrica de epidemias animales y humanas. Grandes concentraciones de animales, hacinados, genéticamente uniformes, con sistemas inmunológicos debilitados, a los que se administran continuamente antibióticos, por lo que, según la OMS, son la principal causa de generar resistencia a antibióticos a escala global

Esta pandemia ha causado la caída de muchos velos que ocultaban mecanismos perversos del sistema capitalista globalizado.

Uno de los velos que se ha hecho pedazos, dejando al descubierto una fétida realidad, es el rol del sistema alimentario agroindustrial, principal factor de producción de epidemias en décadas recientes.

La cría industrial de animales en confinamiento (avícola, porcina, bovina) es una verdadera fábrica de epidemias animales y humanas. Grandes concentraciones de animales, hacinados, genéticamente uniformes, con sistemas inmunológicos debilitados, a los que se administran continuamente antibióticos, por lo que, según la OMS, son la principal causa de generar resistencia a antibióticos a escala global. Un perfecto caldo de cultivo para producir mutaciones de virus más letales y bacterias multirresistentes a los antibióticos, que con los tratados de libre comercio se distribuyen por todo el globo.

El biólogo Rob Wallace, autor del libro Big farms make big flu, documenta este proceso analizando los brotes de nuevos virus de origen animal, las gripes aviar y porcina, ébola, zika, VIH y otros. Gran parte se originó en criaderos, otros en animales silvestres, como el nuevo coronavirus que proviene de murciélagos. Estudios recientes indican que no llegó directamente a los humanos, sino hubo intermediarios. El secuenciamiento genómico señala pangolines, pequeños mamíferos asiáticos. Podrían haber sido otros, por ejemplo, los megacriaderos de cerdos que existen en Hubei, provincia de la que Wuhan es capital. Grain compiló datos al respecto (https://tinyurl.com/ybdvmegz).

Al tiempo que se detecta el Covid-19, los grandes criaderos de cerdos en China son devastados por otro virus que afecta y mata a millones de cerdos: la peste porcina africana, que afortunadamente no ha mutado aún en virus infeccioso para humanos, pero crece por China y Europa ( https://tinyurl.com/y9f98atd ).

La relación entre ganadería industrial y epidemias-pandemias va más allá de los grandes criaderos. Como explico en otro artículo (Desinformémonos, https://tinyurl.com/ydenks9z), hay causas concomitantes: la cría masiva de animales confluye con la destrucción de hábitats naturales y de biodiversidad, que hubieran funcionado como barreras de contención de la expansión de virus en poblaciones de animales silvestres.

Los principales responsables de esta destrucción de ecosistemas son el sistema alimentario agroindustrial en su conjunto, el crecimiento urbano descontrolado y el avance de megaproyectos para servicio de los anteriores, como minería, carreteras y corredores comerciales, como por ejemplo el Corredor Transístmico.

El sistema alimentario agroindustrial juega el papel principal: según la FAO, la causa mayoritaria de deforestación en el mundo es la expansión de la frontera agropecuaria industrial. En América Latina causa 70 por ciento de la deforestación, y en Brasil hasta 80 por ciento.

De toda la tierra agrícola del planeta, 78 por ciento (!) se usa para la industria pecuaria a gran escala: sea para pasturas o siembra de forrajes. Más de 60 por ciento de cereales que se siembran globalmente son para alimentar animales en confinamiento (Grupo ETC, https://tinyurl.com/y7lszo4n).

En cada paso de la cadena alimentaria agroindustrial, 4-5 grandes trasnacionales dominan más de 50 por ciento del mercado global. (Ver Tecno-fusiones comestibles, mapa del poder corporativo en la cadena alimentaria, Grupo ETC, 2020 https://tinyurl.com/y8bwd6k3).

Por ejemplo, solamente tres empresas (Tyson, EW Group y Hendrix) controlan toda la venta de genética avícola en el planeta. Otras tres la mitad de toda la genética porcina. Y unas pocas más la genética bovina. Esto causa una enorme uniformidad genética en los criaderos, que facilita la trasmisión y mutación de virus.

Igual sucede con las empresas del comercio mundial de commodities agrícolas (granos y oleaginosas), controlado casi en totalidad por seis empresas: Cargill, Cofco, ADM, Bunge, Wilmar International y Louis Dreyfus Co, que comercian los forrajes que van a la cría industrial de animales, principalmente soya y maíz transgénico.

Las mayores procesadoras de carne avícola, porcícola y vacuna son actualmente JBS, Tyson Foods, Cargill, WH Group-Smithfield y NH Foods. WH Group, de China, es la mayor empresa porcícola del globo y domina en América del Norte, dueña de Granjas Carroll, donde se originó la gripe porcina.

Es significativo el caso de Cargill, que siendo la mayor empresa global de comercio de commodities agrícolas pasó de proveer forrajes a ser además criadora, siendo la tercer compañía mundial de cárnicos (aves, cerdos, vacas).

Pese a los desastres que está causando la pandemia de Covid-19, esas empresas siguen sus actividades, gestando la próxima pandemia, que podría incluso ocurrir mientras la actual sigue activa.

Es hora de terminar con este sistema agroalimentario absurdo y dañino, que solamente beneficia a las corporaciones. Es el principal factor de cambio climático y pese a utilizar de 70 a 80 por ciento de la tierra, agua y combustibles de uso agrícola, sólo alimentan a 30 por ciento de la población mundial (ETC Group, https://tinyurl.com/yxv3dz8s).

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Sábado, 25 Abril 2020 06:31

¿Quién es el verdadero enemigo?

¿Quién es el verdadero enemigo?

Ya es hora de que hagamos a un lado la historia de Boris Johnson. No le deseo la muerte a nadie, y me alegra que Johnson regresara del valle de las sombras. Pero es demasiado escucharlo agradecer a los Servicios Nacionales de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) por su vida, cuando su gobierno no puede proporcionarles la protección que necesitan para atender a los enfermos. O ni siquiera ofrecer a su propio pueblo la verdad acerca de cuántas personas han muerto, están muriendo o morirán.

Aun si aceptamos la diferencia de los decesos por Covid-19 en hospitales y asilos respecto de los fallecimientos en hogares –e incluso si estamos preparados para creer las intolerables dificultades para cotejar estos datos–, ¿por qué los voceros y voceras de Johnson (o el mismo primer ministro antes de enfermar) no apuntaron desde el principio que la cantidad diaria en los hospitales de Gran Bretaña era probablemente una subestimación del total de bajas británicas? Tal vez de un 100 por ciento. Creo que los ministros del gabinete pensaron que podrían hacernos tragar el cuento de que las muertes en hospitales representaban el total… hasta que alguien detectó que no era así, momento en el cual el resto (o parte del resto) de los finados fue adosado chapuceramente a la cifra original, con insufribles excusas con respecto a por qué tal vez no era exacta.

Por inconsciencia u otra razón, este gobierno de tories emplea todavía el mismo sistema de mentiras –o simple pereza factual– que le permitió salirse con la suya en el Brexit, y ahora trata de reutilizarlo en la batalla contra el Covid-19.

¿Cuántos ciudadanos británicos han muerto de coronavirus en estas semanas pasadas? ¿Más de 11 mil? ¿O son 22 mil? ¿O muchos, muchos más? La mayoría de las personas, no sólo los británicos, pueden aceptar grandes pérdidas, por inconcebibles que hubieran sido en tiempos mejores. Sospecho que una razón por la que los líderes políticos son tan afectos a escarbar en los sucesos de la Segunda Guerra Mundial es porque sospechan que los hombres y mujeres de ese tiempo estaban hechos de un material más recio. No necesitaban que los gobernantes, ni siquiera Churchill, los llamaran a luchar.

Hoy muchas personas –en especial en nuestro civilizado Occidente– creen que nunca van a morir. Nuestras laptops, Skype y Google, WhatsApp y Facebook, han hecho que la muerte sea remota, impensable entre sucesos virtuales, algo que se puede evitar con una combinación de entretenimiento y relaciones públicas, Netflix y palabras alentadoras de los funcionarios. Nuestros antepasados no tenían esos engaños.

Los remanentes de aquella sociedad –quienes creen en la muerte como un hecho de la vida– son los médicos y enfermeros que hoy hablan cada noche de su dolor y tristeza. No hay duda de que esos trabajadores son héroes, pero preguntemos cuál es el verdadero enemigo, y la respuesta es mucho más difícil de hallar. Desde un punto de vista científico, sabemos que el virus existe dentro de nuestro organismo, y de ahí se lanza a infectar a nuestras familias, amigos, vecinos, conciudadanos, los inocentes, los ancianos y, sí, a veces también los niños. Todo un enemigo. Sin duda existe. El problema es que debemos conquistar un enemigo que también somos nosotros. Somos el enemigo que debemos destruir.

Y esto inquieta mucho a nuestros amos políticos. Porque, tradicionalmente, todo sacrificio debe ir acompañado de un sentimiento de valor, de la idea de que la adversidad –sea regirnos por un toque de queda de Johnson o, verdadero heroísmo, el valor de los médicos, enfermeros y conductores de ambulancias que arriesgan la vida– debe tener su recompensa. Y si nuestro enemigo no tiene forma corporal –si no tenemos un microscopio electrónico–, ¿a quién pondremos en su lugar? ¿Al gobierno? ¿A la policía? ¿A los delirantes solitarios que escupen a los policías o realizan reuniones clandestinas? Todos amamos a nuestros vecinos, pero nos encanta desquitarnos de ellos por ofensas o desdenes pasados.

Si estamos hartos de las prohibiciones que nuestros gobiernos creen que debemos seguir, podemos redirigir nuestro fastidio hacia nuestros conciudadanos que nos ponen en peligro o que hacen caso omiso de la peste que tememos, o la aprovechan para obtener ganancias.

Por supuesto, el mayor temor de todos los gobiernos en tiempos de peste es que el pueblo pueda volverse contra ellos. Están en territorio inexplorado, como nos dicen todo el tiempo. Pero los intentos del gabinete británico de trazar nuevas rutas han sido ridículos. No necesitamos seguir la ruta de mentiras y promesas falsas –de estas últimas, limitarse a decir que las cifras bajarán de 250 mil a 100 mil simplemente no necesita explicación en estos días–, pero debemos pasar por encima de esa repulsiva expresión, comunicación equivocada, que supuestamente debía cubrir la indignante omisión del gobierno británico de no aprovechar el esquema de ventiladores de la Unión Europea.

Si rehusar la ayuda de la UE por pomposas razones políticas, no desconectadas del Brexit, tuvo algo que ver con el escándalo de la ayuda de los ventiladores de la UE, entonces –para usar otro cliché que pronto escucharemos de nuevo– deben rodar cabezas, incluso si los dueños de esas cabezas apenas se estaban recuperando ellos mismos del virus.

Lo que se revela en estos días es lo genuinas e inmensamente elocuentes –casi shakespereanas en su dolor– que son las palabras de médicos, enfermeros y paramédicos cuando se enfrentan a los micrófonos y cámaras. En un principio, como sabemos, los NHS amenazaron a esas magníficas personas con quitarles el empleo si se descubría –horror de horrores– que habían estado diciendo la verdad a la gente a través de los medios. Imagínense nada más. A nuestros salvadores les hubieran impedido salvarnos si hablaban demasiado. Por fortuna se tuvo la prudencia de abandonar esa amenaza. Si se hubiera cumplido, los británicos habrían necesitado más protección contra su gobierno que contra el Covid-19.

Porque basta escuchar unos minutos a esos hombres y mujeres, médicos, enfermeros, personal de ambulancias y asilos para que cualquiera entienda de qué se trata realmente la guerra contra el coronavirus. Se trata de humanidad y compasión en medio de la muerte, algo que los partidarios del Brexit y sus ideólogos en Downing Street no entienden ni pueden entender. Después de todo, son los hombres y mujeres a quienes dejaron sin equipo de protección suficiente por sus recortes de costos.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

El artículo completo está en: https://www.jornada.com.mx/ultimas/mundo/ 2020/04/24/quien-es-el-verdadero-enemigo-robert-fisk-3163.html

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Cárceles de Colombia en pandemia interna por coronavirus

Con 74 contagiados por covid-19, según Minjusticia, y 89 según la alcaldía de Villavicencio, y dos muertos por igual motivo, la cárcel de Villavicencio se convierte en un potencial foco de muerte, multiplicado por un hacinamiento del 98,7 por ciento: el penal fue construido para encerrar 899 personas y al momento concentra 1.796.

 A un mes del aterrador y cruel asesinato de 22 presos en la cárcel La Modelo en Bogotá y más de 80 heridos, por reclamar a través de protesta directa por sus derechos a la salud y la vida, tiempo que también suma la declaración de emergencia carcelaria por parte de la Minjusticia, y a 10 días de la expedición del decreto 546 con el cual el Gobierno dice proteger la salud y vida de las miles de personas presas, nada de lo pretendido se ha cumplido, la crisis en que vive la cárcel de Villavicencio así lo comprueba, como la tensión que reina al interior de los centros de reclusión donde quienes los padecen ven con alarma como el virus empieza a regarse por esos sitios de venganza y muerte.

Para no llegar a esta situación, decenas de plataformas defensoras de derechos humanos y medios de comunicación alternativos advirtieron que el deshacinamiento tenía que ser una medida inmediata. Pero por falta de voluntad política del gobierno central, desde su cabeza pasando por la Ministra de Justicia, así como por la dirección del Inpec, la situación al interior de los penales pasa de castaño a oscuro. La evidencia es la cárcel de Villavicencio donde a tomado cuerpo una epidemia de covid-19, con datos más que alarmantes: según la Minjusticia, 74 contagiados –20 guardias entre ellos–, cifra que la alcaldía local incrementa incluso hasta 89, además de dos muertos declarados por igual causa. El castigo no puede significar la muerte, ni la zozobra diaria por “qué será de mi vida”; angustia extendida a los familiares de las personas presas. Ante una clara violación de los derechos humanos de todas estas personas, el gobierno nacional no puede negarse a cerrar este centro de muerte por temor a que los “peligrosos delincuentes” allí recluidos pasen a otros sitios para continuar cumpliendo con sus penas, pues acá de lo que se trata es de garantizar la vida de cientos y miles de seres humanos.

Un riesgo de infección y muerte que seguirá en creciente, ya que como informó el medio independiente “El cuarto mosquetero”: “24 de (los infectados se) encargaban de hacer la comida para todos los internos, por lo que se teme que el número de contagiados aumente drásticamente”. Realidad multiplicada por la inacción gubernamental al no aplicar pruebas a todos los internos allí hacinados. Penal que alberga un 98,7 por ciento de hacinamiento: fue edificado para encerrar 899 presos y actualmente amontona 1.786, es decir carga con una sobrepoblación de 887 personas, según estadísticas del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec)

La negligencia del Estado manejando la pandemia del coronavirus llevó a que decenas de docentes e investigadores en los ámbitos del Derecho Penal, la Criminología y la política criminal, tanto de instituciones internacionales como de diversas instituciones de educación superior del país, de estudiosos independientes o de profesionales vinculados con el servicio de la Justicia, pero, sobretodo, como seres humanos, se manifestaran en contra del Decreto 546 de 2020 y en pro de la mejora real de las condiciones de privación de la libertad para los reclusos y el personal penitenciario afectados por el coronavirus, declarando la actuación del Estado como propiciatoria de un “genocidio carcelario”.

A pesar de que familiares y presos confinados en distintas cárceles hayan realizado huelgas de hambre y protestas pacíficas, como la llevada a cabo el pasado 6 de abril, con cacerolazos, desobediencias y huelgas de hambre en un total de 24 cárceles, el gobierno ha hecho y sigue haciendo caso omiso ante las demandas de los condenados y sindicados. Protestas que prosiguen: el 22 de abril, en la cárcel La Picota de Bogotá, familiares de internos se reunieron para acompañar la protesta que llevan a cabo los internos desde el 20 de abril, exigiendo una mesa de interlocución con presidencia y excarcelación humanitaria. Igual sucedió en la cárcel de la ciudad de Cúcuta.

Ante la prepotencia oficial, la sociedad civil se ha organizado en pro de los derechos fundamentales de los presos, elaborando formatos de tutelas para que todas las personas condenadas y sindicadas interpongan ante los jueves la solicitud de detención domiciliaria transitoria, al menos mientras dure la pandemia.

Mientras protestas, alegatos jurídicos, derechos de tutela y otros recursos y medios de resistencia prosiguen su curso, la solución política y humanitaria que demanda esta situación es el cierre inmediato de la cárcel de Villavicencio, y el traslado de los allí recluidos a lugares donde puedan vivir una cuarentena en condiciones dignas. Trasladarlos a otros penales es regar la epidemia por todo el país, hasta convertirse en pandemia.

Deshacinar, entre tanto, también es obligatorio, y debe actuarse por todo el país, para lo cual los sindicados, que son personas acusadas de algún delito pero sin haber sido vencidas en juicio, deben salir de estos centros del horror y ser trasladados a sus sitios de vivienda, perdiendo el derecho a la movilidad pero nada más.

La vida, en dignidad, es el principal derecho de todo ser humano, y es evidente que el Gobierno de los ricos no lo garantiza.

Obtenga el formato de todas estás tutelas y el manifiesto anotado en el artículo aquí:

Acción de tutela en favor de todas las personas condenadas

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39416-tutela-para-solicitar-casa-por-carcel-para-personas-condenadas-por-cualquier-delito-que-se-encuentren-privadas-de-la-libertad-con-medida-intramural-por-cualquier-delito-que-no-entre-en-los-requisitos-del-decreto-expedido-por-el-gobierno.html

Rumbo a un genocidio carcelario

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39422-rumbo-a-un-genocidio-carcelario.html

Acción de tutela a favor de todas las personas sindicadas

https://www.desdeabajo.info/colombia/item/39415-tutela-para-solicitar-casa-por-carcel-formato-para-personas-sindicadas-privadas-de-la-libertad-por-cualquier-delito-que-no-entre-en-los-requisitos-del-decreto-expedido-por-el-gobierno.html

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¡Qué película que estamos viendo en la vida real!
  • A menudo escuchamos que lo que estamos pasando ahora es un caso de la vida real de lo que estábamos acostumbrados a ver en las distopías de Hollywood. Entonces ¿qué tipo de películas estamos viendo ahora en la vida real?

Cuando recibí el mensaje de muchos amigos estadounidenses de que las tiendas de armas vendieron todas sus existencias hasta más rápido que las farmacias, traté de imaginar el razonamiento de los compradores: probablemente se imaginaban a sí mismos como un grupo de personas aisladas de forma segura en su casa bien abastecida y defendiéndose con sus armas de una multitud infectada y hambrienta, como en las películas sobre el ataque de los muertos vivientes. (También se puede imaginar una versión menos caótica de este escenario: las élites sobrevivirán en sus áreas apartadas, como en el 2012 de Roland Emmerich donde un par de mil seleccionados sobreviven, con un precio de admisión de mil millones de dólares por persona).

Otro escenario en la misma línea catastrófica vino a mi mente cuando leí la siguiente noticia: “Se insta a los estados que tienen pena de muerte a liberar medicamentos almacenados para pacientes con Covid-19. Los principales expertos en salud firman una carta que dice que los medicamentos utilizados en inyecciones letales 'podrían salvar la vida de cientos'". Inmediatamente entendí que el punto es aliviar el dolor de los pacientes, no matarlos; pero por una fracción de segundo, recuerdo la distópica película "Cuando nos alcance el mañana", de 1973, que tiene lugar en una tierra superpoblada, post-apocalíptica, donde los viejos disgustados con la vida en un mundo tan degradado tienen la opción de "regresar al hogar de Dios ". En una clínica del gobierno, se sientan cómodamente y mientras observan escenas de naturaleza prístina, se les duerme de manera gradual e indolora... Cuando algunos conservadores estadounidenses propusieron que se sacrificara la vida de los mayores de 70 años para salvar la economía y el estilo de vida americano ¿la opción presentada en la película no sería una forma "humana" de hacerlo?

Pero todavía no estamos a eso. Cuando el coronavirus comenzó a extenderse, la idea predominante fue que se trataba de una breve pesadilla que pasará con el clima cada vez más cálido de la primavera: la película era la de un breve ataque (terremoto, tornado) cuya función es hacernos apreciar en qué sociedad tan agradable vivimos. (Una subespecie de esta versión es la historia de los científicos que salvan a la humanidad en el último minuto al inventar la cura (vacuna) exitosa contra un contagio, la esperanza secreta de la mayoría de nosotros hoy).

Ahora que nos vemos obligados a admitir que las epidemias permanecerán con nosotros por algún tiempo, al menos, y cambiarán profundamente toda nuestra vida, está surgiendo otro escenario de película aquí y allá: una utopía enmascarada como distopía. Recordemos El cartero, de Kevin Costner, un mega-fracaso posapocalíptico de 1997 ambientado en 2013, quince años después de que un evento apocalíptico no especificado dejó un gran impacto en la civilización humana y borró la mayoría de la tecnología. Sigue la historia de un vagabundo nómada sin nombre que tropieza con el uniforme de un antiguo cartero del Servicio Postal de los Estados Unidos y comienza a distribuir cartas entre aldeas dispersas, pretendiendo actuar en nombre de los "Estados Unidos de América Restaurados"; otros comienzan a imitarlo y, gradualmente, a través de este juego, la red institucional básica de los Estados Unidos emerge nuevamente... La utopía que surge después del punto cero de destrucción apocalíptica es el mismo Estados Unidos que tenemos ahora, recién purificado de sus excesos posmodernos: una sociedad modesta en la que los valores básicos de nuestra vida se reafirman por completo.

Estos escenarios pasan por alto lo realmente extraño de las epidemias de coronavirus, su carácter no apocalíptico: no es ni un apocalipsis en el sentido habitual de la destrucción total de nuestro mundo, y mucho menos un apocalipsis en el sentido original de una revelación hasta ahora oculta. Sí, nuestro mundo se está desmoronando, pero este proceso de desmoronamiento simplemente continúa sin un final a la vista. 

Cuando aumenta el número de infectados y muertos, nuestros medios especulan cuán lejos del pico estamos, ¿ya estamos allí, o será en una o dos semanas? Todos asistimos ansiosamente al pico de las epidemias, como si este pico fuera seguido por un regreso gradual a la normalidad, pero la crisis simplemente se prolonga. Tal vez, deberíamos reunir el coraje y aceptar que permaneceremos en un mundo viral amenazado por epidemias y disturbios ambientales. Tal vez, incluso si se descubre la vacuna contra el virus, seguiremos viviendo bajo la amenaza de otra epidemia o catástrofe ecológica. Ahora estamos despertando del sueño de que las epidemias se evaporarán con el calor del verano, y no hay un plan de salida claro a largo plazo: el único debate es cómo debilitar gradualmente las medidas de cuarentena. Cuando eventualmente las epidemias retrocedan, estaremos demasiado cansados y exhaustos para sentirnos complacidos, ¿qué escenario implica esto? Las siguientes líneas aparecieron a principios de abril en un gran diario británico, describiendo una posible historia:

“Las reformas radicales, que revierten la dirección política prevaleciente de las últimas cuatro décadas, tendrán que ponerse sobre la mesa. Los gobiernos tendrán que aceptar un papel más activo en la economía. Deben ver los servicios públicos como inversiones en lugar de pérdidas, y buscar formas de hacer que los mercados laborales sean menos inseguros. La redistribución volverá a estar en la agenda; los privilegios de los ancianos y ricos en cuestión. Las políticas hasta hace poco consideradas excéntricas, como los impuestos básicos sobre la renta y la riqueza, tendrán que estar en la agenda.

¿Es esto una repetición del manifiesto laborista británico? No, es un pasaje de un editorial del Financial Times. En la misma línea, Bill Gates pide un "enfoque global" para combatir la enfermedad y advierte que, si se deja que el virus se propague a través de las naciones en desarrollo sin obstáculos, se recuperará y golpeará a las naciones más ricas en oleadas posteriores. “Incluso si las naciones ricas logran frenar la enfermedad en los próximos meses, la covid-19 podría regresar si la pandemia sigue siendo lo suficientemente grave en otros lugares. Es probable que solo sea cuestión de tiempo antes de que una parte del planeta vuelva a infectar a otra. Creo firmemente en el capitalismo, pero algunos mercados simplemente no funcionan correctamente en una pandemia, y el mercado de suministros para salvar vidas es un ejemplo obvio".

Por agradables que sean, estas predicciones y propuestas son demasiado modestas: se exigirá mucho más. En cierto nivel básico, simplemente deberíamos pasar por alto la lógica de la rentabilidad y comenzar a pensar en términos de la capacidad de una sociedad de movilizar sus recursos para continuar funcionando. Tenemos suficientes recursos, la tarea es asignarlos directamente, fuera de la lógica del mercado. Cuidado de la salud, ecología global, producción y distribución de alimentos, suministro de agua y electricidad, buen funcionamiento de internet y teléfonos: esto debería permanecer, todas las demás cosas son secundarias.

Lo que esto implica es también el deber y el derecho de un Estado de movilizar a las personas. Ahora tienen un problema (no solo) en Francia: es el momento de cosechar frutas y verduras de primavera, y generalmente miles de trabajadores de temporadas vienen de España y otros países para hacer el trabajo. Pero como ahora las fronteras están cerradas, ¿quién lo hará? Francia ya está buscando voluntarios para reemplazar a los trabajadores extranjeros, pero ¿qué pasa si no hay suficientes? Se necesita comida, entonces, ¿qué pasaría si la movilización directa fuera la única forma?

Como lo expresó Alenka Zupančič de una manera simple y clara, si reaccionar a las pandemias con total solidaridad puede causar un daño mayor que las pandemias en sí, ¿no es esto una indicación de que hay algo terriblemente equivocado en una sociedad y economía que no puede sostener tal solidaridad? ¿Por qué debería haber una elección entre solidaridad y economía? ¿Nuestra respuesta a esta alternativa no debería ser la misma que: café o té? ¡Sí por favor! No importa cómo llamemos al nuevo orden que necesitamos, comunismo o coinmunismo, como lo hace Peter Sloterdijk (una inmunidad colectiva organizada contra ataques virales), el punto es el mismo.

Esta realidad no seguirá ninguno de los guiones de películas ya imaginados, pero necesitamos desesperadamente nuevos guiones, nuevas historias que nos proporcionen a todos una especie de mapeo cognitivo, un sentido realista y al mismo tiempo no catastrófico de dónde deberíamos ir. Necesitamos un horizonte de esperanza, necesitamos un nuevo Hollywood pospandémico.

Slavoj Žižek, filósofo y crítico cultural, profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Sus últimas obras son Territorios inexplorados (Akal) y Porque no saben lo que hacen (Akal).

Tradución: Celita Doyhambéhère

Publicado enSociedad
Martes, 21 Abril 2020 06:16

Releyendo La peste de Albert Camus

Releyendo La peste de Albert Camus

Algunos fragmentos a propósito de la pandemia actual

 ´´Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo´´. La frase del libro La Peste de Albert Camus, publicada en 1947, nos revela que la novela, en un gran porcentaje, es una radiografía de lo que estamos viviendo con la pandemia global actual, claro, guardando las proporciones, ya que la peste descrita por Camus transcurre solo en la ciudad de Orán, pero los sucesos que día a día y mes tras mes van ocurriendo, se asemejan en buena parte a ciertas situaciones que hoy por hoy estamos viviendo, tales como el encierro, el miedo, el pánico, el alejamiento de familias, de amigos, conocidos; la soledad citadina, el terror al contagio, el desbordamiento de los hospitales, la suspensión de los rituales funerarios, la injusticia, el desabastecimiento, la desidia administrativa, la soledad, el individualismo, y junto a todo esto, la solidaridad y el compromiso ético.

La gran novela de Camus, publicada a dos años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, es una reflexión sobre el absurdo de la existencia, el encierro y el exilio, la soledad, lo individual y lo colectivo, la muerte, la cotidianidad, la solidaridad, la amistad, el amor, cuando todos estos aspectos están bajo la amenaza de ser liquidados, destruidos.

Veamos algunos parajes de la novela que dan cuenta de ello:**

-- ´´Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados´´.

-- ´´Así, pues, lo primero que la peste trajo a nuestros conciudadanos fue el exilio. Y el cronista está persuadido de que puede escribir aquí en nombre de todo lo que él mismo experimentó entonces, puesto que lo experimentó al mismo tiempo que otros muchos de nuestros conciudadanos. Pues era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria´´.

-- ´´Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. De hecho sufríamos doblemente, primero por nuestro sufrimiento y además por el que imaginábamos en los ausentes, hijo, esposa o amante´´.

-- ´´En tales momentos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo con su preocupación. Si alguien por casualidad intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sufrimientos, la respuesta que recibía le hería casi siempre. Entonces se daba cuenta de que él y su interlocutor hablaban cada uno cosas distintas´´.

-- ´´Pues bien, lo que caracterizaba al principio nuestras ceremonias ¡era la rapidez! Todas las formalidades se habían simplificado y en general las pompas fúnebres se habían suprimido. Los enfermos morían separados de sus familias y estaban prohibidos los rituales velatorios; los que morían por la tarde pasaban la noche solos y los que morían por la mañana eran enterrados sin pérdida de momento. Se avisaba a la familia, por supuesto, pero, en la mayoría de los casos, ésta no podía desplazarse porque estaba en cuarentena si había tenido con ella al enfermo´´.

-- ´´Un cura recibía el cuerpo, pues los servicios fúnebres habían sido suprimidos en la iglesia. Se sacaba el féretro entre rezos, se le ponían las cuerdas, se le arrastraba y se le hacía deslizar: daba contra el fondo, el cura agitaba el hisopo y la primera tierra retumbaba en la tapa. La ambulancia había ya partido para someterse a la desinfección y, mientras las paletadas de tierra iban sonando cada vez más sordamente, la familia se amontonaba en el taxi. Un cuarto de hora después estaban en su casa.

Así, todo pasaba con el máximo de rapidez y el mínimo de peligro. Y, sin duda, por lo menos al principio, es evidente que el sentimiento natural de las familias quedaba lastimado. Pero, en tiempo de peste, esas son consideraciones que no es posible tener en cuenta: se había sacrificado todo a la eficacia´´.

- ´´El Doctor Rieux… sabía también que si las estadísticas seguían subiendo, ninguna organización, por excelente que fuese, podría resistir; sabía que los hombres acabarían por morir amontonados y por pudrirse en las calles, a pesar de la prefectura; y que la ciudad vería en las plazas públicas a los agonizantes agarrándose a los vivos con una mezcla de odio legítimo y de estúpida esperanza. Este era el género de evidencia y de aprensiones que mantenía en nuestros conciudadanos´´.

 

Al ir desapareciendo la peste, las percepciones en Orán son ambiguas. Por un lado, la idea de que la plaga había liquidado toda noción de esperanza y de porvenir, dejando una sensación de derrota, cierta atmósfera apocalíptica y de escepticismo. Veamos algunas de ellas:

-- ´´Sin memoria y sin esperanza, vivían instalados en el presente. A decir verdad, todo se volvía presente. La peste había quitado a todos la posibilidad de amor e incluso de amistad. Pues el amor exige un poco de porvenir y para nosotros no había ya más que instantes´´.

-- ´´Podemos decir, para terminar, que los separados ya no tenían aquel curioso privilegio que al principio los preservaba. Habían perdido el egoísmo del amor y el beneficio que conforta. Ahora, al menos, la situación estaba clara: la plaga alcanzaba a todo el mundo´´.

-- ´´Después de todo... -repitió el doctor y titubeó nuevamente mirando a Tarrou con atención-, esta es una cosa que un hombre como usted puede comprender. ¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?

-Sí -asintió Tarrou-, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo.

Rieux pareció ponerse sombrío.

-Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.

-No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser esta peste para usted.

-Sí -dijo Rieux-, una interminable derrota´´.

-- ´´En verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria, únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido. La estrategia que se le había opuesto no había cambiado: ayer ineficaz, hoy aparentemente afortunada. Se tenía la impresión de que la enfermedad se había agotado por sí misma o de que acaso había alcanzado todos sus objetivos. Fuese lo que fuese, su papel había terminado´´.

-- ´´En unos, la peste había hecho arraigar un escepticismo profundo del que ya no podían deshacerse. La esperanza no podía prender en ellos. Y aunque el tiempo de la peste había pasado, ellos continuaban viviendo según sus normas. Estaban atrasados con respecto a los acontecimientos. En otros, y éstos se contaban principalmente entre los que habían vivido separados de los seres que querían, después de tanto tiempo de reclusión y abatimiento, el viento de la esperanza que se levantaba había encendido una fiebre y una impaciencia que les privaban del dominio de sí mismos. Les entraba una especie de pánico al pensar que podían morir, ya tan cerca del final, sin ver al ser que querían y sin que su largo sufrimiento fuese recompensado´´.

-- ´´ Ya en aquella época había pensado en ese silencio que se cierne sobre los lechos donde mueren los hombres. En todas partes la misma pausa, el mismo intervalo solemne, siempre el mismo aplacamiento que sigue a los combates: era el silencio de la derrota´´.

 

Por otro lado, la idea de haberle ganado la batalla a la peste hace que sus habitantes salgan a festejarlo a las calles, retornando lentamente a las condiciones de una cotidianidad no avasallada, libre al fin del miedo y de la muerte:

-- ´´ Las puertas de la ciudad se abrieron por fin al amanecer de una hermosa mañana de febrero, saludadas por el pueblo, los periódicos, la radio y los comunicados de la prefectura. Le queda aún al cronista por relatar las horas de alegría que siguieron a la apertura de las puertas, aunque él fuese de los que no podían mezclarse enteramente a ella.

Se habían organizado grandes festejos para el día y para la noche. Al mismo tiempo, los trenes empezaron a humear en la estación, los barcos ponían ya la proa a nuestro puerto, demostrando así que ese día era, para los que gemían por la separación, el día del gran encuentro.

Se imaginará fácilmente lo que pudo llegar a ser el sentimiento de la separación que había dominado a tantos de nuestros conciudadanos´´.

-- ´´Al mediodía, el sol, triunfando de las ráfagas frías que pugnaban en el aire desde la mañana, vertía sobre la ciudad las ondas ininterrumpidas de una luz inmóvil. El día estaba en suspenso. Los cañones de los fuertes, en lo alto de las colinas, tronaban sin interrupción contra el cielo fijo. Toda la ciudad se echó a la calle para festejar ese minuto en el que el tiempo del sufrimiento tenía fin y el del olvido no había empezado.

Se bailaba en todas las plazas. De la noche a la mañana el tránsito había aumentado considerablemente y los automóviles, multiplicados de pronto, circulaban por las calles invadidas. Todas las campanas de la ciudad, echadas a vuelo, sonaron durante la tarde, llenando con sus vibraciones un cielo azul y dorado. En las iglesias había oficios en acción de gracias. Y al mismo tiempo, todos los lugares de placer estaban llenos hasta reventar, y los cafés, sin preocuparse del porvenir, distribuían el último alcohol. Ante sus mostradores se estrujaba una multitud de gentes, todas igualmente excitadas, y entre ellas numerosas parejas enlazadas que no temían ofrecerse en espectáculo. Todos gritaban o reían. Las provisiones de vida que habían hecho durante esos meses en que cada uno había tenido su alma en vela, las gastaban en este día que era como el día de su supervivencia. Al día siguiente empezaría la vida tal como es, con sus preocupaciones. Por el momento, las gentes de orígenes más diversos se codeaban y fraternizaban.

La igualdad que la presencia de la muerte no había realizado de hecho, la alegría de la liberación la establecía, al menos por unas horas´´.

Todo esto da a los habitantes de Orán conciencia de que la peste había pasado dejando a su paso luto, encierros, punzantes recuerdos, muerte, dolor, soledades, y con ello también la idea de renacer de las cenizas, como un ave Fénix de los escombros:

-- ´´Entre la luz suave y límpida que descendía sobre la ciudad se elevaban los antiguos olores a carne asada y a anís. A su alrededor, caras radiantes se volvían hacia el cielo. Hombres y mujeres se estrechaban unos a otros, con el rostro encendido, con todo el arrebato y el grito del deseo. Sí, la peste y el terror habían terminado y aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra´´.

-- ´´Sí, todos habían sufrido juntos, tanto en la carne como en el alma, de una ociosidad difícil, de un exilio sin remedio y de una sed jamás satisfecha. Entre los amontonamientos de cadáveres, los timbres de las ambulancias, las advertencias de eso que se ha dado en llamar destino, el pataleo inútil y obstinado del miedo y la rebeldía del corazón, un profundo rumor había recorrido a esos seres consternados, manteniéndolos alerta, persuadiéndolos de que tenían que encontrar su verdadera patria. Para todos ellos la verdadera patria se encontraba más allá de los muros de esta ciudad ahogada. Estaba en las malezas olorosas de las colinas, en el mar, en los países libres y en el peso vital del amor. Y hacia aquella patria, hacia la felicidad era hacia donde querían volver, apartándose con asco de todo lo demás´´.

El doctor Rieux, cronista y narrador, da cuenta de lo que la peste ha generado en Orán. Sabe que muchas emociones contradictorias han surgido de esta tragedia, como fatales individualismos y egoísmos, pero también una desinteresada solidaridad y entrega:

-- ´´Del puerto oscuro subieron los primeros cohetes de los festejos oficiales. La ciudad los saludó con una sorda y larga exclamación. Cottard, Tarrou, aquellos y aquella que Rieux había amado y perdido, todos, muertos o culpables, estaban olvidados. El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos´´.

-- ´´En medio de los gritos que redoblaban su fuerza y su duración, que repercutían hasta el pie de la terraza, a medida que los ramilletes multicolores se elevaban en el cielo, el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva´´.

Y sin embargo, con la lucidez que poseen los escépticos, aquellos que siempre sospechan y dudan, el doctor Rieux entendía que esa alegría, que se manifestaba en la ciudad por el fin de la peste, estaba siempre amenazada, por lo que el último párrafo de la novela nos lanza a la incertidumbre, rasga el velo de una ficticia alegría y de una vana esperanza, nos da conciencia del absurdo, de la fatalidad que tras nuestros gozos se oculta, y que nunca desaparece. Entonces leemos:

-- ´´Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que estamuchedumbre esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa´´.

 

Por Carlos Fajardo Fajardo, poeta y ensayista colombiano.

** Todos los fragmentos han sido tomados de la traducción de Franky Richard.

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