Lunes, 20 Abril 2020 06:41

Pandemonio

Pandemonio

Qué es peor: gritar "fuego" dentro de un teatro lleno, cuando no hay nada, o gritar "no hay fuego" cuando el teatro se está incendiando? El régimen estadunidense hizo lo segundo, y la consecuencia directa de ello es la multiplicación de víctimas cada día, cada hora, con una tasa mortal desproporcionada entre afroestadunidenses y latinos, entre ellos inmigrantes, ya que la pandemia revela claramente que la peor "condición prexistente" es la pobreza. Para evadir su responsabilidad, Trump y sus cómplices han buscado, igual que siempre, encubrir la realidad y asfixiar, o volver irrelevante la verdad, buscando atrapar a todos dentro del teatro de su reality show. Para lograrlo tiene que crear un pandemonio, abriendo el paso al virus más letal contra las democracias.

Van más de 18 mil declaraciones falsas o engañosas documentadas en lo que va en los tres años del presidente; un promedio de más de 15 diarias (https://www.washingtonpost.com/ graphics/politics/trump-claims- database/?itid=lk_inline_manual_2&itid= lk_inline_manual_2), incluyendo por lo menos 350 acerca del coronavirus. Van 2 mil tuits atacando los medios desde que llegó a la Casa Blanca, acusando que son "enemigos del pueblo" ( https://pressfreedomtracker.us/ blog/trump-crisis-mode-tweets- his-2000th-attack-press/). Todo parte de una estrategia sistemática no sólo para anular la legitimidad de los medios, sino con el fin de minar su credibilidad entre el público y sembrar la duda sobre los hechos y verdades que reportan. (https://cpj.org/reports/ 2020/04/trump-media-attacks- credibility-leaks.php).

“Muchos de los que estábamos profundamente preocupados sobre Trump desde el inicio, lo estábamos específicamente sobre qué ocurriría cuando llegara su momento del incendio del Reichstag”, comenta Jason Stanley, profesor de filosofía de Yale y autor de Cómo funciona el fascismo, en comentarios a The New Yorker. Observó que a diferencia de ese incidente usado por Hitler para culpar a los comunistas e imponer la suspensión de libertades civiles en Alemania, esta crisis del coronavirus no fue fabricada, pero Trump la está usando de la misma manera, ocupando la atención publica, exigiendo obediencia, y buscando ampliar sus poderes ejecutivos. El magnate habla y hace política como fascista, y aunque aún no ha logrado gobernar como uno, Stanley –entre otros– no descarta que podría llegar una coyuntura en la cual eso ocurra. Señala que mucha gente lo acusa de exagerar cuando usa la palabra fascismo, pero les advierte que será muy tarde cuando "ya esté el campo de concentración".

Entre otros actos recientes que podrían aumentar estas preocupaciones, Trump declaró que "el presidente tiene autoridad total", despidió al inspector independiente encargado de vigilar el uso del fondo de rescate económico para empresas para nombrar a uno de sus leales, y amenazó con cerrar esta sesión del Congreso para instalar a funcionarios sin tener que esperar su ratificación, algo que ninguno de sus antecesores se había atrevido ni a pensar.

La semana pasada, Trump tuiteó: “Liberen Minnesota… liberen Michigan… liberen Virginia”, en apoyo a agrupaciones de manifestantes derechistas, algunos armados y otros con sus niños, quienes llegaron a las sedes del gobierno estatal de esas entidades –todos con gobernadores demócratas– para exigir el fin de las medidas de distanciamiento social contra el coronavirus. Una manifestante llevaba una pancarta en que se leía: "distanciamiento social = comunismo". Críticos señalaron que Trump estaba incitando violar la ley al respaldar el derrocamiento de esos gobiernos.

Mientras, aunque la estrategia trumpista para su relección es redoblar su mensaje ultranacionalista (por eso los ataques a la OMS y China, y contra las amenazas extranjeras, incluidos los migrantes), estas maniobras ominosas no se quedan dentro de estas fronteras, advirtió Noam Chomsky en entrevista con Democracy Now: “Al grado de que uno puede detecta alguna política coherente en la locura de la Casa Blanca… hay un esfuerzo para construir una internacional de los estados más reaccionarios y opresores, encabezados por el gánster en la Casa Blanca”.

El pandemonio de la pandemia podría ser más peligroso que el virus.

https://www.youtube.com/ watch?v=wyjNRmSPVMM

https://www.youtube.com/watch?v= la1q1aRUaNg&feature=youtu.be

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La Universidad de Oxford podría tener lista la vacuna contra el coronavirus en agosto

John Bell, asesor del Gobierno británico, explicó que la universidad comenzó las pruebas en humanos el jueves pasado y que posiblemente se sabrá el próximo mes si la posible vacuna obtiene una respuesta contundente frente al nuevo virus.

Las investigaciones llevadas a cabo por la Universidad de Oxford para fabricar una vacuna contra el coronavirus pueden estar completadas en agosto, informó este sábado John Bell, asesor del Gobierno británico. El científico señaló que la universidad comenzó las pruebas en humanos el jueves pasado y que posiblemente se sabrá el próximo mes si esta posible vacuna obtiene una respuesta contundente frente al nuevo virus.

 “¿Protegerá a la gente? Eso no se probó y sólo se probará una vez que se haya vacunado a un número significativo de personas, se las haya expuesto al virus y se haya contado cuántas personas contrajeron el coronavirus en esa población”, explicó Bell a la BBC. El profesional forma parte de un comité de expertos del ámbito académico y empresarial que se puso como objetivo desarrollar “tan pronto como sea posible” una vacuna contra la covid-19 que pueda ser producida a nivel masivo.

“Por lo tanto, ni siquiera tendremos una señal para eso hasta mayo. Pero si las cosas siguen su curso y tiene eficacia, entonces creo que es razonable pensar que podrían completar su prueba a mediados de agosto”, precisó el experto. A su vez, agregó que el siguiente problema a resolver sería la fabricación de “miles de millones de dosis”.

En tanto, Sarah Gilbert, profesora de vacunología de la Universidad de Oxford, advirtió el 11 de abril pasado sobre los problemas que viene enfrentando su especialidad en la actualidad. “Las vacunas no reciben suficiente inversión. Son la intervención sanitaria más rentable, pero se pasan por alto. Muchos de nosotros hemos estado diciendo durante años que necesitamos más vacunas contra estos patógenos de brotes y que tenemos que ser capaces de movernos más rápido cuando hay una nueva pandemia”, sostuvo Gilbert en declaraciones a The Times.

Según cifras oficiales, 888 personas fallecieron en las últimas 24 horas en hospitales británicos por coronavirus, por lo que la cifra total de fallecimientos en el Reino Unido ascendió a 15.464, mientras que la cantidad de contagios escaló a 108.692.

Viernes, 17 Abril 2020 06:22

El jabón

El jabón

Cuando Boaventura de Sousa Santos (bit.ly/3dLVeBk) cerraba sus reflexiones en tiempos de coronavirus apelando a la "sociología de las ausencias", subrayando la necesidad de "tener en cuenta las sombras que crea la visibi-lidad (de la pandemia)" y apuntando a laextrema vulnerabilidad al virus de los miles de refugiados detenidos en campos de internamiento en Grecia que hu-yen de las guerras en Medio Oriente –como Moría (bit.ly/3b4l2Hb), un espacio construido para 3 mil personas habitado por más de 20 mil (bit.ly/2VhqEXY) donde, subrayaba el autor de Una epistemología del sur, "hay un grifo de agua para mil 300 personas y falta jabón"−, un verdadero abismo negro se me estaba abriendo en la cabeza.

En un papelito, en medio de una tormenta cognitiva, anoté cantinfleando un poco las posibles posibilidades:

  1. "Las crisis inexorablemente cambian las maneras en que miramos las cosas".
  1. "En la pandemia, pensar en cosas peores es simplemente una estrategia de sobrevivencia".
  1. "A veces una cosa inevitablemente lleva a la otra".

Como muchos, ya llevaba días, mirando diferente a una simple barra de jabón, según la ciencia "el mejor arma en nuestras manos en contra del Covid-19": las membranas de lípidos del virus se disuelven y éste se cae como un castillo de naipes (bit.ly/3dYBhrh).

Me acordé incluso –cantinfleando mentalmente un poco más− de algo de lo que ya no me acordaba, de mis tiempos de hacer el jabón casero en colectivo (“tú le sigues dando vueltas y yo voy por unas caguamas”).

Pero las palabras "campo" y "jabón" eran la mezcla que detonó todo (el jabón y la nitroglicerina al final van de la mano, basta mirar cualquier libro de química orgánica). Esperen tantito, ahorita va, fruto de una mente desesperada e infectada tal vez con el mismo virus(¡sic!) que la de –por ejemplo− Robert Fisk que por un lado con rigor y puntualidad censura usos y abusos de analogías a la Segunda Guerra Mundial −como ahora apuntando a una verdadera infección del lenguaje a causa de esto, "que aísla el significado, destruye la semántica y trivializa la crisis" (bit.ly/3aImSxh−,) pero que, por otro, solito no puede escribir, casi, un texto sin invocarla (aquí igualito).

No eran sólo más reportes del campo de Moria y sus condiciones de falta de higiene desesperadas, donde las recomendaciones básicas en la pandemia –lavarse las manos con frecuencia y mantener la distancia social− son imposibles de seguir y donde el brote del virus "tendrá consecuencias inimaginables" (bit.ly/39XXz96), o las historias de los verdaderos campos de concentración de Trump (bit.ly/3b7Ue8W), donde ya hace meses los migrantes, niños incluidos –que ahora suplican ser deportados por el temor de morir del Covid-19 (bit.ly/2UXLrAC)−, no tenían acceso a un cepillo, pasta de dientes o jabón ( nyti.ms/2XpVNv9).

En un juicio, demandada por asociaciones de derechos humanos, la administración trumpista argumentó que "no tenía ninguna obligación a darles el jabón a los detenidos" (bit.ly/3a5StYH), una política adrede de "ser lo más cruel posible" con fines "disuasivos".

Era sobre todo –allí les va−, entre una lavada de manos y otra, la voz de mi abuela que tras salvarse de un campo de concentración nazi, terminó en trabajos forzados en una granja en el norte del "Reich de mil años" −que acabó durando 13−, contando cómo sus patrones alemanes a veces les daban el jabón... "hecho de humanos, prisioneros de los campos, víctimas del Holocausto".

"Lo tirábamos de inmediato. Era fácil de diferenciar del normal. Daba poca espuma y, en vez hundirse, flotaba en el agua...".

Lo de "mirar diferente a una simple barra de jabón" llegaba en mi mente a un clímax.

Presente en múltiples testimonios y reportes −incluso en evidencias durante los procesos en Nüremberg−, la historia de la producción del "jabón de humanos" durante la Segunda Guerra Mundial resultó ser más bien una leyenda urbana difundida por los propios nazis (bit.ly/2RAGI5S). Si bien hace unos años se determinó que una muestra del "jabón nazi" fue hecha de grasa humana (bit.ly/3b874E2), confirmando versiones de su producción limitada en el Instituto Anatómico en Danzig (Gdańsk), éste podría ser más bien un subproducto de preparación de muestras anatómicas, usado a lo mucho para el aseo interno (bit.ly/2JZkuq4).

Aun así y siguiendo un rato más con lo de “pensar en cosas peores –Holocausto et al...− como estrategia de sobrevivencia”, me imaginé que por algún azar unas barras de éstas podrían llegar a las manos de mi abuela (al final era en la misma costa del Báltico).

Pero para que el jabón flote –he aquí mi "experiencia" de productor del jabón artesanal−, basta inducirle unas microburbujas de aire. No es indicativo que esté hecho de otro tipo de grasa (humana). En fin.

Lo que sí es cierto, bien apunta Federico Finchelstein al margen del manejo de la pandemia por las derechas mundiales, los nazis −como hoy los Kaczyński, los Le Pen o los Trump en cuanto a los refugiados− acusaron primero a sus víctimas de portar "enfermedades peligrosas" creando luego adrede condiciones artificiales e insalubres en guetos y campos donde éstas se enfermaron y propagaron dolencias (bit.ly/3b6m0Tp).

Allí −vista por un prisma de una simple barra de jabón− yace, como anotaba De Sousa Santos, nuestra "Europa invisible": oscura, cruel, indiferente (y nuestros "Estados Unidos invisibles"); allí sí, "una cosa inevitablemente lleva a la otra".

*Periodista polaco

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El coronavirus abrió la era de la imprecisión y la incertidumbre

Desde hace más de un siglo, la rigurosidad científica quedó atada a la hiperprecisión. Las Ciencias Sociales han estado fuertemente influenciadas por el paradigma dominante de la Mecánica, asumiendo que casi siempre puede existir una relación precisa y, por tanto, previsible, entre muchas variables que interactúan entre sí. La certidumbre en el comportamiento de todas las aristas posibles en torno al objeto de estudio es premisa fundamental para llevar a cabo cualquier análisis implacable. De hecho, cuando la incertidumbre aparece, el marco teórico hegemónico en Economía, el neoclásico, presupone escenarios ciertos para resolver la ecuación. Una fórmula muy habitual es el uso desmesurado del ceteris paribus, todo lo demás constante, asumiendo así que muchas variables no alteran su comportamiento ante cualquier fenómeno que se produzca. Y no sólo ocurre esto en la Economía. También en otras Ciencias Sociales, como la Teoría política y la Sociología, se acude a métodos similares para eliminar la mínima distorsión que genere lo incierto. Un buen ejemplo de ello es la Teoría de la elección racional.

Sin embargo, estamos en un mientras tanto en el que no tenemos certezas y, en consecuencia, hay pocas posibilidades de ser preciso. Se buscan infinitas maneras de calcular el verdadero número de contagiados, pero son todas aproximaciones y estimaciones en base a múltiples hipótesis. Todas ellas han sido actualizadas constantemente porque el margen de error es demasiado amplio como para ser consideradas como válidas.

Ni siquiera podemos tener certidumbre del número real de fallecidos por Covid-19 (cada país tiene su propio protocolo para contabilizarlo). Tampoco somos capaces de tener certezas sobre la duración de esta pandemia. No se conoce a ciencia cierta el momento en el que llegará la vacuna; y aún no sabemos si los métodos paliativos para tratar este virus son eficaces al 100%.

En el ámbito económico, no conocemos con exactitud el impacto de la pandemia. Son múltiples los organismos internacionales especializados en esta temática que realizan sus cálculos sobre efecto en el PIB, la pobreza, la producción mundial, la actividad comercial o el empleo. Y todos ellos van constantemente actualizando el valor porque es imposible prever el alcance de la pandemia a medida que avanzan los días. Por ejemplo, la OIT hace dos semanas estimaba que el coronavirus pondría en riesgo hasta 25 millones de empleos y, en cambio, su balance a día ya habla de 195 millones de empleos perdidos a tiempo completo.

Algo similar pasa y pasará aún más con todo análisis geopolítico, político y sociológico. Lo que ayer fuera negativo, hoy podría ser considerado positivo. En clave geopolítica, véase la mutante valoración de China, que pasó de ser el “culpable” a hoy ser el “ejemplo”. Así está sucediendo en cada asunto fundamental de nuestras vidas. Germinan infinitas dudas e incertidumbres acerca la evolución de nuestra valoraciones y sentidos comunes resultantes en torno a: (i) el rol de Estado, (ii) lo público y lo colectivo frente a lo privado y lo individual, (iii) los liderazgos vencedores, (iv) las nuevas fórmulas democráticas que podrían aparecer, (v) el autoritarismo presidencialista, (vi) los dilemas éticos basados en la relación intergeneracional, (vii) la globalización resultante, (viii) la exaltación de los nacionalismos, (xix) las relaciones internacionales y el orden geopolítico, (x) la antipolítica y la revalorización de expertos y científicos, (xi) el límite de la comunicación ante la ineficacia en la gestión, (xii) el papel de los organismos internacionales, (xiii) la preferencia por un mayor proteccionismo, (xiv) la moral ciudadana y, (xv) la libertad como derecho ante la necesidad de ser controlados para aminorar los efectos de la pandemia.

Todo es verdaderamente incierto e impreciso. Tanto así que estamos en una situación genuina en la Historia: Sociedad y Estado, por el instinto de la vida, paralizan en parte a las fuerzas económicas del capitalismo. Esto perturba el orden económico global, sin saber absolutamente nada, a ciencia cierta, de cuál será el resultado en los próximos meses. Las especulaciones son continuas por parte de políticos, periodistas, intelectuales y científicos. La mayoría tiene sus propios sustentos teóricos y argumentos muy legítimos para interpretar este complejo presente y realizar predicciones sobre el futuro inmediato. El debate es bienvenido y necesario, pero seguramente sería fructífero si asumiéramos la única variable que podemos contar como cierta: estamos en plena época de incertidumbre, en la que forzar a ser hiperpreciso nos llevaría a un camino contraproducente.

Es por ello que, quizás, se abra una nueva época, presente y futura, para introducir un marco referencial en el que la incertidumbre y la imprecisión estén presentes en nuestro intento de estudiar lo que nos pasa y pasará como sociedad. En este sentido, es más que recomendable acudir al trabajo de Silvio Funtowicz y Jerome Ravetz, Science for the Post-normal Age, en la revista Futures, en el que realmente explican la necesidad de trabajar con otro enfoque, de la Ciencia Postnormal, para lograr analizar y tomar decisiones cuando los factores son inciertos, hay mútiples valores en disputa y los riesgos son altos.

Alfredo Serrano Mancilla es doctor en Economía y director CELAG

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Casos acumulados de coronavirus en el mundo (mapa de la Universidad John Hopkins)

El editor de la prestigiosa revista científica The Lancet aporta su visión crítica sobre la gestión de la epidemia

"En esta ocasión, los expertos y los científicos dieron como hechas algunas realidades que luego resultaron no ser ciertas"

 

Sabíamos que esto iba a pasar. En 1994 Laurie Garrett publicó un libro clarividente, un aviso, The Coming Plague [La próxima plaga]. Su conclusión era: "Mientras el género humano se pelea entre sí, la partida cae del lado de los microbios, que ganan terreno. Son nuestros depredadores y vencerán si nosotros, homo sapiens, no aprendemos a vivir en una aldea global que deje pocas oportunidades para los microbios".

Si les parece que esa forma de expresarse es hiperbólica, tengan en cuenta un análisis más sobrio realizado por el Instituto de Medicina de Estados Unidos en 2004. Se evaluaban las lecciones del brote de Sars de 2003 citando a Goethe: "Saber no es suficiente; debemos aplicar. Querer no es suficiente, debemos actuar". Concluía que "la veloz contención del Sars es un éxito de la salud pública pero también una advertencia… si el Sars sucede de nuevo… los sistemas sanitarios de todo el planeta recibirán una presión extrema… una vigilancia continua es de vital importancia".

El mundo hizo caso omiso a las advertencias.

Ian Boyd, quien fuera asesor científico del gobierno británico entre 2012 y 2019 recordó recientemente que "un entrenamiento realizado para un escenario de pandemia de gripe en el que morían alrededor de 200.000 personas me dejó hecho trizas". ¿Sirvió para que algún gobierno tomara medidas? "Aprendimos lo que funcionaría en caso de tener que aplicarlo, pero no necesariamente se pusieron en marcha las lecciones aprendidas".

Las políticas de austeridad acabaron con la ambición y compromiso por parte de los gobiernos de proteger a sus ciudadanos. El objetivo político fue disminuir el rol del Estado, que tuviera menor capacidad de intervención: el resultado fue dejar al país herido de gravedad. Sean cuales fueren las razones por las que no se aplicaron las lecciones de las simulaciones de Sars y gripe, el hecho es que –Boyd lo ha sintetizado- "nuestra preparación era deficiente".   

La respuesta global al Sars-CoV-2 es el mayor fracaso de la política científica de nuestra generación. Las señales estaban ahí. Hendra en 1994Nipah en 1998, Sars in 2003, Mers en 2012 y Ébola en 2014; todas esas grandes epidemias que afectaron a los humanos fueron causadas por virus que nacen en los animales y luego saltan al ser humano. El Covid-19 lo causa una nueva variante del virus que causó el Sars.

A nadie sorprende que las señales de alarma pasaran inadvertidas. Pocos de nosotros tienen la experiencia de una pandemia y todos tenemos parte de culpa por haber ignorado información que no refleja nuestra propia experiencia del mundo. Las catástrofes ponen de manifiesto la debilidad de la memoria humana. ¿Cómo puede planificarse ante un suceso aleatorio y extraño, más cuando el sacrificio exigido es tan intenso?

Como argumenta la sismóloga Lucy Jones en su libro de 2018 The Big Ones,"los riesgos naturales son inevitables, el desastre no lo es".

El primer deber de un gobierno es proteger a sus ciudadanos. Los riesgos de una pandemia pueden medirse y cuantificarse. Como han demostrado Garrett y el Instituto de Medicina, los peligros de una nueva epidemia se sabían y comprendían desde la aparición del VIH en la década de los 80. Desde entonces, al menos 75 millones de personas se han contagiado de ese virus y han muerto 32 millones de personas. Puede que no se haya extendido por el planeta a la velocidad del Sars-CoV-2 pero su alargada sombra debería haber puesto sobre alerta a los gobiernos para que tomaran las medidas necesarias ante el estallido de un nuevo virus.

Durante una crisis, es comprensible que tanto ciudadanía como políticos se conviertan en expertos. Pero en esta ocasión, los expertos, los científicos que han modelizado y simulado futuros posibles, dieron como hechas algunas realidades que luego resultaron no ser ciertas. El Reino Unido asumió que esta pandemia se parecería bastante a una gripe. El virus de la gripe no es benigno, el número de personas fallecidas cada año por gripe en Reino Unido varía mucho con un pico reciente de 28.330 muertos en 2014-2015 pero la gripe no es Covid-19.

En contraste, China quedó marcada por su experiencia con Sars. Cuando el gobierno se dio cuenta de que había un nuevo virus en circulación, las autoridades chinas no recomendaron el lavado de manos, ni toser con más educación o tener cuidado con el lugar en el que se tiraban los kleenex. Pusieron ciudades enteras bajo cuarentena y apagaron la economía. Como me dijo un ex secretario de salud inglés, nuestros científicos sufrieron un ataque de "sesgo cognitivo" ante el riesgo medio que supone la gripe.

Quizás por ese motivo, el comité más importante del gobierno en esta crisis, el recién creado grupo de asesoramiento ante las amenazas de virus respiratorios (Nrevtag) llegó a una conclusión el 21 de febrero, tres semanas después de que la Organización Mundial de la Salud hubiera declarado la crisis una emergencia de salud pública de alcance internacional: no objetaba la evaluación de riesgo "moderado" a la salud pública de la población del Reino Unido.

Cometieron un error importante.

No elevar el nivel de riesgo tuvo como consecuencia un retraso mortal a la hora de preparar al sistema de salud ante la ola de infecciones que estaba por venir. Es doloroso releer las peticiones desesperadas de ayuda por parte del personal de primera línea del sistema sanitario público en Reino Unido. "El agotamiento del personal de enfermería nunca ha sido tan alto y muchas de nuestras heroicas enfermeras están al borde de un ataque de nervios". "Enferma ver que esto sucede y que, de algún modo, el país, cree que es lo correcto permitir que algunos trabajadores enfermen, reciban ventilación y mueran". "Me siento como un soldado que va a la guerra desarmado". "Es un suicidio". "Estoy harto de que me llamen héroe porque si tuviera opción no vendría a trabajar".

La disponibilidad y el acceso a equipos de protección individual ha fracasado de manera estrepitosa en el caso de muchos sanitarios, médicos y personal de enfermería. Algunos gestores de hospitales habían hecho la planificación correcta. Muchos no han sido capaces de proveer los equipos de protección necesarios a sus equipos de respuesta en primera línea.

En cada conferencia de prensa, el portavoz del gobierno incluye la misma frase: "Hemos seguido los consejos médicos y científicos". La frase es buena. Sólo es cierta en parte. Los políticos sabían que el sistema de salud no estaba preparado. Sabían que no se habían organizado las capacidades suficientes para proveer de cuidados intensivos ante un incremento de casos y necesidades como las actuales. Un doctor me escribió lo siguiente: "Parece que nadie quisiera aprender de la tragedia humana de Italia, China, España… Es realmente triste… Los médicos y los científicos no han sido capaces de aprender los unos de los otros".

Se supone que vivimos en el 'antropoceno', una era en la que la actividad humana  impone su influencia sobre el medioambiente. El concepto de antropoceno conjura una cierta idea de omnipotencia humana. Pero el Covid-19 revela la sorprendente fragilidad de nuestras sociedades. Ha expuesto nuestra incapacidad para cooperar, coordinarnos y actuar juntos. Quizás no podamos controlar el ámbito de lo natural en absoluto. Quizás no tengamos la capacidad de control que alguna vez creímos tener.

Si el Covid-19 es capaz de imbuir algún grado de humildad al ser humano, es posible que después de todo acabemos mostrando cierta receptividad a las lecciones de esta pandemia letal. O quizás nos sumerjamos de nuevos en nuestra cultura de complacencia y excepcionalismo en tanto llegue la próxima plaga. Que lo hará.

La historia reciente nos muestra que más temprano que tarde

por Richard Horton - Director de la revista científica The Lancet

Traducción de Alberto Arce.

11/04/2020 - 20:29h

Cierre inmediato de la Cárcel de Villavicencio

La noticia, tardía, confirma lo que tanto se temía: el pasado 10 de abril el Instituto nacional penitenciario y carcelario (Inpec) confirmó la muerte de un exrecluso que estaba en el Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Villavicencio y que había recuperado su libertad el 1 de abril. Con retraso de tres días el Inpec confirmó el deceso, producido en el Hospital Departamental de Villavicencio, donde el exrecluso de 63 años ingresó el mismo día que recibió la boleta de libertad. El centro de salud confirmó el 7 de abril que perdió la vida producto de infección con Covid-19. ¿Cuántos contagiados y muertos necesita el Inpec y el gobierno nacional para clausurar de inmediato este centro de encierro y de muerte? ¿Cuántos presos más habrán muerto por el virus a nivel nacional y la opinión pública aún no está enterada de ello?

En particular en este primer muerto producto del Covid-19, el interno se sintió mal los días finales de marzo y el 31, ante su agravamiento, le autorizaron al amanecer el traslado al Hospital Departamental, donde le brindaron oxígeno para regresarlo a la prisión hacia medio día. Un día después, por coincidencia, le llega la boleta de libertad, la que no pudo disfrutar pues debió internarse de nuevo en el Hospital, del cual salió el 5 de abril pero sin vida

Una realidad de espanto. Normalmente en una cárcel, por la manera como están construidas, no existe espacio suficiente para guardar distancia entre presos, los cuales comparten un patio pequeño para su movilidad y mínimo esparcimiento, así como un comedor estrecho donde un preso se sienta a ingerir el alimento hombro a hombro con sus compañeros de desgracia. Así mismo son las duchas, sin espacio suficiente para guardar distancia entre quienes allí pasan sus días.

Realidad sufrida por miles a lo largo del país y por lo cual semanas atrás la población reclusa levantó su voz de protesta y la exigencia de deshacinar estos centros del horror, así como brindar prisión domiciliaria transitoria para todos los sindicados. La respuesta que recibieron fue el asesinato de 23 prisioneros en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá, más de 80 heridos y el posterior traslado –como castigo– de varios reclusos, tanto hombres como mujeres, para alejarlos de sus familias.

Mientras mujeres y hombres confinados tras barrotes demandaban medidas humanitarias y de emergencia, el Inpec declaraba la emergencia carcelaria y el Gobierno entrega un proyecto de decreto para reglamentar la manera en que haría efectiva el traslado a sus sitios de vivienda u otros espacios de vida a las personas presas a las que les abrieran las puertas de las prisiones. Ni uno ni otro han servido para nada, ya que la emergencia solo ha sido utilizada como paraguas para reprimir a quienes protestan, y el borrador de decreto, empantanado en trasladar a otros sitios de detención a sindicados, pero también condenados mayores de edad y enfermos, no ha logrado el consenso del poder.

Un decreto, valga enfatizar, en el cual se siente la ausencia de voluntad política, así como la aceptación y aplicación de la misma legalidad del Estado colombiano, expresada por sus jueces así: “[…] sobra recordar el carácter procesal, excepcional y preventivo que gobierna en el régimen democrático la imposición de una medida de aseguramiento de detención preventiva, más aún cuando se ordena en un establecimiento de reclusión, teniendo en cuenta su calidad provisoria y no sancionatoria, además que no puede perseguir fines de prevención general ni especial y, mucho menos retributivos o de resocialización” (*)

Jurisprudencia posterior a la Sentencia T-388 de 2013 (M.P. María Victoria Calle C.), en la cual la Corte Constitucional reclamó a los legisladores y a los jueces que: “Las medidas de aseguramiento deben ser excepcionales” […]. "Como parte de una política criminal y carcelaria respetuosa de un estado social y democrático de derecho, las entidades del Estado, sin importar la rama a la cual pertenezcan, deben tomar las medidas adecuadas y necesarias para evitar un uso indebido o excesivo de las medidas de aseguramiento que impliquen la privación de la libertad de una persona. El Estado tiene que tomar todas las acciones que correspondan para evitar que sea una realidad el adagio popular según el cual ‘la condena es el proceso’. Los abogados expertos en el litigio advierten que las medidas de aseguramiento mal administradas convierten el proceso penal en una manera de imponer una pena privativa de la libertad, hasta que se constate que no se pudo demostrar la culpabilidad de la persona. Bajo el orden constitucional vigente el proceso penal no puede convertirse en una manera de imponer, de facto, una condena arbitraria a una persona".

La cadena toma forma

Si había un infectado, y las condiciones de vida en los penales son tan precarias, deben estar infectados muchos más. En efecto, el sábado 11 de abril a las 2:25 en su cuenta de twitter el Inpec informa de un segundo preso infectado y de su traslado al Hospital Departamental. El diario El Tiempo informa ese mismo día en su página web que un hombre de 78 años fue trasladado de urgencia el 5 de abril al mismo hospital para morir dos días después. Un tercer interno también fue trasladado al centro de salud y allí permanece en tratamiento.

Una información entregada de manera tardía a la opinión pública, y a cuentagotas, reflejo de una administración de justicia que no garantiza los derechos humanos de todas las personas que han caído en prisión, las cuales pierden derechos como locomoción, derechos políticos, pero no el resto de derechos conquistados por la humanidad, en sus luchas contra la opresión.

De manera también tardía, el 10 de abril el Inpec en comunicado de prensa informó que inició el protocolo de emergencia de salud, no lo hizo a nivel nacional, solo para la prisión de Villavicencio, donde ejecutarán las siguientes medidas:

  • “Los adultos mayores y pacientes con patologías previas fueron trasladados a una zona de aislamiento primario especial, donde van a ser monitoreados por personal de la salud para hacer un proceso de búsqueda activa, con el fin de monitorear casos sospechosos.
  • Los demás internos del Establecimiento también se encuentran aislados, bajo el procedimiento de búsqueda activa de cualquier síntoma, con el fin de ser atendido de manera inmediata.
  • El día de mañana se realizará un consejo de seguridad municipal, a fin de establecer otras medidas frente al tema.
  • La Agencia Nacional de Epidemiología realizará el día de mañana un cerco epidemiológico en el Establecimiento para identificar la ruta de contagio de esta persona.
  • Se solicitó apoyo al Instituto Nacional de Salud para realizar la prueba de COVID - 19 a los funcionarios del Cuerpo de Custodia y Vigilancia que trabajan en el Establecimiento y los Privados de la Libertad que tuvieron contacto con la persona contagiada.
  • Se asignaron recursos para comprar de manera inmediata elementos de bioseguridad a todos los funcionarios del Establecimiento”.

Éstas medidas están bien, pero deben aplicarse en todos los presidios, junto con la expedición del decreto que ordene el traslado a sus sitios de vivienda o lugares de paso para las 36.367 personas sometidas a prisión pese a solo estar sindicadas. Una medida que, como complemento, ayudará al deshacinamiento que reina en estos sitios, sobrepoblados en un 52 por ciento.

Unas medidas que mientras cierran este penal, tienen que ir más allá. De inmediato, por ejemplo, deben someter a toda la guardia a la prueba de coronavirus, personal que puede ser el conducto por el cual ingresó el virus al lugar del encierro.

El encierro como castigo no puede prolongarse hasta la muerte. Garantizar los derechos humanos de toda la población reclusa es obligación para el Estado colombiano.

Lea el especial de desdeabajo: Para toda la población carcelaria. Prisión domiciliaria transitoria, Ya!

*Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, Acción de Tutela, expediente STP 14283-2019, radicado 104983 de octubre 15 de 2019, Magistrados Patricia Salazar Cuéllar y Luis Antonio Hernández Barbosa.

https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39331-para-toda-la-poblacion-carcelaria-prision-domiciliaria-transitoria-ya.html

 

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Publicado enColombia
 Desde diciembre, más de 75 mil personas han muerto por la pandemia en el mundo .Foto Afp

El mismo día que EU alcanzó 10 mil muertos por el Covid-19, el índice Dow Jones se disparó 7.7 por ciento.

La "intoxicación bursátil" de EU no es compartida por la mayoría de los otros rincones del planeta que propenden al humanismo.

La cosmogonía geopolítica de EU, desalmada e hiper materialista, tampoco es compartida por otras civilizaciones: Europa, Rusia, China, India y el Mundo Islámico (mil 800 millones y 57 países).

A Kissinger, de 96 años (recluido en Nueva York: epicentro de la pandemia), se le derrumbó su caduco "Orden Mundial", donde pregona el regreso del Estado-Nación de Westfalia de 1648, bajo la égida de EU: escrito seis años más tarde a la crisis de 2008 (https://amzn.to/2V87seV).

Cuando aún no llegaba su aliado Trump al poder, exhortaba un G-2 "cultural" de la raza blanca de EU con Rusia contra China (raza amarilla de "cultura" diferente), luego de que, en 1971, operó el acercamiento de EU con China contra la ex URSS. ¡El poder por el poder: sin escrúpulos!

Ahora proclama que "la pandemia alterará para siempre el orden (sic) mundial" cuando "EU deberá proteger a sus ciudadanos de la enfermedad, mientras inicia el trabajo urgente de planificar una nueva época" (https://on.wsj.com/2Xlh1Ka).

Otro "G-2" tras bambalinas, la asociación estratégica de China y Rusia, dejó plantado a Kissinger, quien goza de enorme influencia con el eje Trump/Jared Kushner/Netanyahu, por lo que su punto de vista, más que reflejar la nueva realidad geoestratégica, delata el accionar de EU a nivel doméstico y foráneo.

Concede que "en un país dividido (sic) un gobierno eficiente y de largo (sic) alcance es necesario", donde la "confianza pública es crucial". ¿Golpismo sumado de irredentismo supremacista?

Evoca una perogrullada: "cuando la pandemia haya concluido, varios (sic) países serán percibidos en sus fracasos", sin importar qué tanto "el juicio de valor sea correctamente objetivo". Repite lo consabido sobre el colapso del sistema de salud de EU y no evalúa que sea uno de los peores del mundo: basado en ganancias que benefician al Big Pharma que obtiene un millón de millones de dólares al año (https://bit.ly/3aOCU8S).

Felicita a Trump por "haber realizado un trabajo sólido (¡mega-sic!) para evitar la catástrofe (sic) inmediata" cuando una "exitosa (sic) vacuna está de 12 a 18 meses de distancia".

Sustenta su supremacista "orden mundial", hoy (trans)mutado, cuya "urgente tarea" debe ir en "paralelo (sic) a la transición (sic) del orden post coronavirus", basado en el Plan Marshall y el Proyecto Manhattan a implementar en tres "áreas".

Sus dos primeras "áreas" versan en banalidades: 1. "Fortalecer la resiliencia global a las enfermedades infecciosas"; y 2. "Luchar para curar las heridas de la economía mundial", con el fin también de "impedir el caos en las poblaciones mas vulnerables del mundo". ¿De cuando acá Kissinger se preocupa por los desposeídos?

Su tercera "área" es notablemente supremacista: "salvaguardar los principios del orden mundial liberal", con ideas caducas del pretérito pluscuamperfecto: "las democracias del mundo necesitan defender y sostener sus valores de la Ilustración (sic)". ¿Cuáles valores? ¿Cuál Ilustración? Cuando EU se consagró a imponer su unipolaridad barbárica.

Juzga que "el tema milenario de legitimidad y poder no puede ser resuelto en forma simultánea con el Covid-19 encima" por lo que exhorta a la "moderación (¡súper-sic!) en todos lados": en la "política doméstica" y en la "diplomacia internacional". ¿Alienta un golpe de Estado?

Sputnik cataloga la visión de Kissinger de "pronóstico sombrío" (https://sptnkne.ws/BVSM).

Kissinger urge descubrir una curación para el coronavirus y la necesidad de proteger al "orden mundial liberal", ya que de otra forma el "mundo se incendiará". ¿Amenaza con el "síndrome Sansón"?

Se equivoca Kissinger, que no sabe nada de economía ni de medicina ni de humanismo: el Covid-19, más temprano que tarde, tendrá su tratamiento, pero su "orden mundial liberal" no tiene curación porque ya había fenecido mucho antes de la pandemia.

Las jeremiadas de Kissinger suenan huecas y a destiempo.

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Ana Güezmes, Representante de ONU Mujeres en Colombia

12 mujeres han sido asesinadas durante la cuarentena en Colombia. Ana Güezmes, Representante de ONU Mujeres en el país andino, habla sobre los impactos de la pandemia en las mujeres

Entre el 20 de marzo y el 4 de abril, 12 mujeres fueron asesinadas en Colombia. La cuarentena obligatoria para evitar la propagación del coronavirus no ha detenido la pandemia de los feminicidios. Mientras el país se estremece con el número creciente de fallecidos por Covid-19, no ocurre lo mismo con los asesinatos de mujeres y la violencia sexual que sufren. En lo que va del 2020, en el país andino han sido asesinadas 37 mujeres, pero durante los días de aislamiento, al tener a los victimarios en casa, las llamadas de auxilio se han incrementado un 79%. Durante el aislamiento obligatorio, la Fiscalía ha recibido 578 llamadas, de las cuales 132 han sido denuncias de violencia intrafamiliar y 55 de violencia sexual.

Ana Güezmes, médica, especialista en salud pública y Representante de ONU Mujeres en Colombia, habla de la violencia de género en la pandemia, de los aprendizajes que han dejado otras epidemias y de cómo las mujeres están en la primera línea de respuesta a la Covid-19.

Pregunta: ¿Cuáles son las principales implicaciones tiene la pandemia en las mujeres en Colombia?

Respuesta: Las epidemias de la historia siempre nos han señalado que hay impactos diferenciales y también fortalezas en relación con las mujeres. El gran aprendizaje de lo vivido con la del ébola, entre 2014 y 2016, o la del zika, entre 2015 y 2016, es que las respuestas a las epidemias tienen que incluir el enfoque de género desde el inicio. Esto porque los impactos de las epidemias acentúan las desigualdades de género y el riesgo de violencia se incrementa en espacios de aislamiento.

P: ¿Cómo afectará esta pandemia de forma particular a las mujeres?

R: Otra crisis, la del 2008, ya no sanitaria sino financiera, nos indicó que hay que tener protección reforzada para que los impactos económicos no generen aún más vulnerabilidad a las mujeres, que son las que se ubican mayormente en el sector informal de la economía o en el trabajo no pagado, en el ámbito doméstico o en sectores de la economía que se verán afectados por el confinamiento. En Colombia, tres de cada 10 mujeres no tienen ingreso propio en contraste con uno de cada 10 hombres. El llamado es a adoptar mecanismos de compensación para las mujeres y medidas de subsistencia. También, que se mantengan los presupuestos, que ya eran muy bajitos en materia de género.

P: ¿Y qué fortalezas tienen las mujeres en este contexto?

R: Las mujeres son imprescindibles en la lucha contra el brote. En América Latina representan el 74 por ciento de las empleadas en el sector social y sanitario. Sabemos que son las lideresas, defensoras comunitarias, las primeras líneas en servicios básicos, en los supermercados, farmacias, en el aseo, están en la primera línea de respuesta. Sin embargo, muy poco en los puestos de decisión. En el caso de Colombia hemos visto el liderazgo de las alcaldesas de Bogotá y de Santa Marta, el de la vicepresidenta, pero en cierto sentido en toda la región el liderazgo en la toma de decisiones está en manos de los hombres.

P: Entonces también están en la primera línea del riesgo…

R: No solo médicas y enfermeras, también el 90% de las personas que hacen limpieza en los hospitales son mujeres. Yo hago un llamado a que en los aplausos y reconocimientos las incluyamos también a ellas que están en la cadena más baja de la economía, ganan menos sueldo y muchas veces son las que tienen mayor riesgo laboral y social. Así como es importante que las comisarías y que los sistemas de investigación funcionen para atender la violencia de género en la pandemia, también que se les aseguren los equipos de protección a todas estas mujeres que están en primera línea. Por otro lado, ellas asumen una gran carga en costos físicos y emocionales. No olvidemos que muchas de ellas luego regresan a la casa a realizar el trabajo doméstico.

P: El confinamiento de millones de personas ha sido la particularidad de esta pandemia y aumenta el miedo de las mujeres.

R: El aislamiento tiene un efecto mayor para las mujeres. El último reporte de la línea de atención 155 mostró un incremento de un 50 % en las denuncias de violencia de género en Colombia y la experiencia de países que llevan varios meses de cuarentena como China es que se ha triplicado el número de denuncias de violencia por parte de la pareja. En Colombia tres de cada 10 mujeres reportan violencia por parte de su pareja. De otro lado, el 77% de la violencia sexual que se denuncia ocurre en la vivienda y normalmente el agresor es una persona cercana. El hogar no es un espacio seguro para las mujeres y las niñas.

P: ¿Qué medidas deberían tomar los Gobiernos para evitar que se exacerbe durante la cuarentena?

R: Es importante que los servicios de atención a la violencia sean considerados esenciales. En el caso de Colombia, el Ministerio de Justicia expidió el decreto 460 para garantizar que las comisarías de familia continúen trabajando; la Consejería para la Mujer ha preparado un memorándum para que haya prevención y atención en lo local; y se ha generado una línea de denuncia donde la fiscalía pone como prioridad el riesgo feminicida. Se busca que todo el plan de contingencia realmente dé una respuesta a la pandemia de la Covid-19 pero también a esta otra pandemia que es más silenciosa y con altos niveles de impunidad. También llamamos la atención sobre servicios esenciales vinculados a salud reproductiva y para mujeres gestantes. Lo que hemos visto en otras epidemias es que la saturación de los sistemas de salud hace que se limiten otros servicios claves para las mujeres.

P: Ya hay casos de feminicidios. ¿Qué pasa con la respuesta?

R: La activación de la alerta debe tener una respuesta de emergencia. Recomendamos que las medidas cautelares que tienen las mujeres se amplíen de forma automática durante toda la cuarentena, como lo hacen Argentina y Uruguay. Significa que las mujeres que ya tenían medidas de protección no tengan que asistir a las comisarías. Hemos reiterado también que se tienen que fortalecer las redes de respuesta de centros de refugio y casas temporales. Hay algunas iniciativas locales, pero a todas luces son insuficientes. Se está intentando algo al adaptar hoteles como espacios temporales de refugio no solamente para mujeres víctimas de violencia sino también para mujeres en situación de calle. También hay que dotar con equipos de protección a las personas que trabajan en las comisarías que a veces no tienen internet o datos de celular. Y finalmente, que las personas que atiendan las líneas de COVID-19 y de seguridad estén informados de cómo atender situaciones de violencia.

P: Otra particularidad en Colombia es el ataque a líderes sociales en sus casas. ¿Cuál es la situación de las mujeres defensoras de derechos humanos en la cuarentena?

R: Efectivamente este es un año donde estamos especialmente preocupadas por los asesinatos de líderes y lideresas. Sabemos que hay control territorial (de grupos armados en algunas regiones) y eso genera una amplia vulnerabilidad de las defensoras. Debido a esta pandemia alertamos por cuatro tipos de violencia: la familiar y sexual; la explotación sexual, que afecta especialmente a migrantes y trabajadoras informales que al perder sus fuentes de ingreso pueden entrar en las redes de explotación; la tercera es el tráfico, que se exacerba con el cierre de fronteras; y una cuarta es la violencia cibernética. Pero en Colombia existe una quinta y es el riesgo para las defensoras de la vida, la paz y el territorio.

Por Catalina Oquendo

Bogotá - 07 abr 2020 - 11:50 COT

 

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Lo que confirmó y nos quebró el coronavirus

Desde Caracas. La pandemia nos obligó a una nueva realidad, confirmó y aceleró tendencias y precipicios. El volumen aplastante de noticias diarias toca desde las subjetividades, hasta la geopolítica. Todo se mueve -salvo el encierro para quienes podemos mantenerlo- y en ese movimiento se perciben los bordes de los cambios que avanzan a una velocidad desconocida para nuestra generación.

Vivimos una experiencia que afecta a miles de millones de personas. Dentro de esa globalidad existe, a su vez, una forma situada de atravesar esta pandemia: una ventana sobre Guayaquil con cadáveres en las calles, el silencio en Bérgamo, un comedor popular en Constitución, un departamento ante Nueva York detenida, un duelo a la distancia, o frente a esta computadora en Caracas.

La hiperconectividad hace a esta experiencia única y lleva, a veces, al peligro de perseguir las informaciones de muertos/contagiados/curados por país y últimas noticias, sin poder detenerse y ordenar algunos de los cambios centrales en desarrollo. En mi caso con el agregado de tratar de entender qué lugar ocupa Venezuela en el tablero norteamericano -y ruso- en este momento.

Se están jugando piezas centrales del orden en estos días que se hicieron semanas y, todo indica, serán meses. Una de esas piezas es el cambio de ideas-fuerza, y, en particular, el retroceso del neoliberalismo como propuesta económica y de sociedad.

Esa tendencia venía en crecimiento en América Latina, con los levantamientos del año pasado en Ecuador, Chile o la victoria electoral del Frente de Todos en Argentina. Se extiende ante la pandemia.

La propuesta de la salud privatizada, el achicamiento del Estado, o la resolución a través de las bondades del mercado, evidencian su incapacidad de construir respuestas ante la crisis. Son, de hecho, parte del problema, como queda de manifiesto con el impacto de los recortes en salud pública en Europa o la inviabilidad del modelo norteamericano.

Aparece así, para amplios sectores, la necesidad de Estados fuertes, sistemas de salud pública, la posibilidad de nacionalizar sectores estratégicos, la intervención en el orden desigual de las cosas para equilibrar entre las minorías que acaparan cuentas y propiedades millonarias, y las mayorías trabajadoras, de clases medias, populares.

Otra pieza es la geopolítica. La configuración de una multipolaridad en disputa se aceleró. Estados Unidos, con una crisis severa de pandemia, no logra liderar una respuesta internacional. Se trata de un golpe fáctico, de imaginarios y mitologías, con imágenes que podrían haber parecido impensables tiempo atrás, como la llegada de un avión militar ruso a Nueva York.

Esa ausencia norteamericana -que propone prohibir la exportación de suministros médicos- tiene su contraparte en la confirmación del papel tomado por China, que desplegó cooperaciones con diferentes países, independientemente de la orientación ideológica de los gobiernos. Ayuda a Italia, España, EEUU o Venezuela, con médicos y medicinas, al igual que Rusia y Cuba.

Es la confirmación de un nuevo ordenamiento con retroceso norteamericano, la gravitación de las potencias ya consolidadas -con proyectos como el euroasiático, teorizado por Alexander Dugin- y la evidencia del laberinto, aún sin salida, europeo.

La tendencia de fragmentaciones de pilares de la Unión Europea se confirma: la pandemia se suma a episodios como la implacable austeridad sobre Grecia en el 2015, el retorno de fronteras con la denominada crisis de migrantes en el 2016, y el actual Brexit. Los pedidos de Pedro Sánchez expresan esa situación, la necesidad de una respuesta europea proporcional a la crisis que aún no llega.

En ese movimiento de cimientos geopolíticos aparece la desintegración latinoamericana, sin herramientas para desarrollar políticas comunes. La Organización de Estados Americanos, con su rol en el golpe de Estado en Bolivia y su respaldo a gobiernos de derecha post represiones -como en Chile y Ecuador- ha demostrado lo que se sabía: no sirve intereses continentales sino norteamericanos.

¿Cuál es el lugar de América Latina en este nuevo ordenamiento? Los pilares de la derecha, modelo neoliberal y alineamiento irrestricto a EEUU, no tienen respuesta para proyectos nacionales, continentales, de mayorías.

Por último, envolviendo todas las piezas, se encuentra la crisis económica que el coronavirus catalizó, se agrava a medida que no aparecen señales certeras sobre el fin de la pandemia y las cuarentenas.

Dentro de esa crisis se encuentra el desplome petrolero que combina la caída de demanda, la sobreproducción -y limitaciones en la capacidad de almacenamiento-, y la misma disputa geopolítica, esta vez en el triángulo Rusia, Arabia Saudita y EEUU. Quien más pierde, por el momento, es norteamerica, las empresas de esquistos por el alto precio de producción y la posibilidad de retroceder en los avances energéticos estratégicos.

La pandemia ha puesto en movimiento piezas centrales del orden en poco tiempo. La velocidad de los acontecimientos y cambios tiene forma de caída. En esa caída están también los miedos -a la muerte, el encierro, la pobreza y el contacto ajeno-, las distopías, la cotidianeidad quebrada, lo surreal que es no poder salir a la calle sin barbijo en esta Caracas que enfrenta la pandemia con una curva por el momento bajo control, la amenaza norteamericana y la falta de gasolina.  

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Crisis climática: más duradera y letal que el coronavirus

El coronavirus es una enfermedad que esperamos que sea temporal, con impactos temporales, pero el cambio climático ha estado allí por muchos años y se mantendrá por muchas décadas, y requiere de acción continua», afirmó António Guterres, secretario general de Naciones Unidas (ONU), al presentar el informe mundial sobre el clima, que alertó sobre el continuo aumento de la temperatura, la fusión de los hielos (tanto en el Ártico como en la Antártida), el aumento de emisiones de dióxido de carbono (CO2) y el incremento del nivel del mar. De continuar el cambio climático, la ONU advirtió graves impactos socioeconómicos, en la salud, desplazamientos forzados y crisis alimentarias.

La Organización Metereológica Mundial (OMM –organismo de Naciones Unidas–) presentó la “Declaración sobre el estado del clima mundial 2019”, que sistematizó estudios de una veintena de instituciones científicas e informes de organismos climáticos nacionales. El documento alerta que el quinquenio 2015-2019 comprende los cinco años más cálidos de la historia, confirma que 2019 fue el segundo año más cálido de la historia (con una temperatura media mundial de 1,1 grado centígrado por encima de los niveles preindustriales) y señala que hubo un pico en las concentraciones de CO2 (gas clave en el calentamiento global).

La OMM asegura que los récords de temperatura en la Antártida estuvieron acompañados de “episodios de fusión de hielo a gran escala, hechos que incidirán en el ascenso del nivel del mar a un ritmo cada vez mayor”. Y destaca que es “constante y prolongada” la pérdida de hielo en el Ártico. Al mismo tiempo, y con directa relación, en 2019 “el nivel medio del mar a escala mundial alcanzó el valor más elevado del que se tienen datos”.

Los glaciares son fundamentales reservorios de agua dulce, amenazados en muchas regiones por actividades extractivas (como la megaminería en la Cordillera de los Andes). En 2019, el “balance de masa” de glaciares a nivel global resultó negativo. El organismo de Naciones Unidas alerta que el retroceso de los glaciares se dio por 32 año consecutivo y detalló que, desde 2010, se registraron ocho de los diez años “con peores resultados” en cuanto a la desaparición de glaciares.

El portugués Guterres hizo hincapié en que las inundaciones, incendios y tormentas extremas “cobran su precio mortal en vidas humanas” e hizo una llamado a la acción: “Se nos acaba el tiempo para conjurar los peores impactos de la alteración climática y proteger a nuestras sociedades de los efectos inevitables que se avecinan”. Afirmó que se está muy lejos de cumplir los objetivos del Acuerdo de París (limitar el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados).

Petteri Taalas, titular del OMM, adelantó que –como los gases de efecto invernadero siguen en aumento– “es probable que en los próximos cinco años se produzca un nuevo récord de temperatura mundial anual”.

La crisis climática impactará de llena en la salud de la población. Naciones Unidas no tiene dudas: “La salud de las personas y los sistemas sanitarios pagan un precio cada vez más alto a causa de las condiciones de calor extremo”. Un ejemplo fueron las altas temperaturas de 2019 en Europa, Australia, India y Japón. Precisa que los efectos en la salud incluyen enfermedades y muertes relacionadas con el calor; lesiones y pérdidas de vidas humanas asociadas a tormentas violentas e inundaciones; incidencia de enfermedades transmitidas por vectores y por el agua contaminada; empeoramiento de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias por la contaminación del aire.

El informe de la Organización Metereológica Mundial recuerda que la variabilidad del clima es uno de los factores que más inciden en el aumento del hambre en el mundo. Precisa que, luego de una década en baja, en 2018 comenzó a ascender el número de personas que padecen hambre: ya son 820 millones. Y destaca que, entre 2006 y 2016, la agricultura en los países en desarrollo concentró el 26 por ciento de las pérdidas ocasionados por desastres climáticos.

Un aspecto muchas veces ignorado es la migración forzada que provoca la crisis climática. La ONU contabilizó 17,2 millones de personas en 2018 y aumentó a 22 millones en 2019. Desde ciclones y huracanes hasta tormentas extendidas e inundaciones. Irán, Filipinas y Etiopía fueron algunos de los países afectados.

Entre los fenómenos extremos menciona grandes inundaciones en Estados Unidos, norte de Argentina y Uruguay, con pérdidas estimadas de 22.500 millones de dólares.

El titular de la OMM, Petteri Taalas, lamentó lo que sucede con la pandemia del conoravirus y las miles de muertes, pero alertó que la crisis climática “es mucho peor”.

“El virus tendrá un impacto económico a corto plazo, pero las pérdidas serán masivas si pensamos en el calentamiento global. Estamos hablando de un problema de mayor magnitud, con consecuencias en la salud de las personas y en nuestras sociedades mucho más graves», alertó.

El informe tiene un apartado específico sobre los océanos, responsables de absorber el 90 por ciento del calor que queda atrapado en la Tierra por el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero. “El contenido calorífico de los océanos, que es un indicador de esa acumulación de calor, alcanzó niveles sin precedentes en 2019”, alertó el organismo de Naciones Unidas y resumió: “Los océanos se están calentando a un ritmo vertiginoso”.

Por Darío Aranda | 07/04/2020 | Ecología social

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/257699-crisis-climatica-mas-duradera-y-letal-que-el-coronavirus

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