Un millón de especies, amenazadas de extinción a un ritmo sin precedentes

El mayor informe sobre biodiversidad, auspiciado por la ONU, advierte del impacto de la acción humana

Un millón de los ocho millones de especies animales y vegetales existentes están amenazadas de extinción y podrían desaparecer en solo décadas si no se toman medidas efectivas, urgentes y decisivas. El informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), presentado este lunes en París, no se anda con rodeos. Se trata, subraya, de un “declive sin precedentes” en la historia de la humanidad. Y el impacto no es solo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por Naciones Unidas. Y, por supuesto, la economía. Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca, subrayan los expertos, que instan a actuar tanto a nivel global como local.


“Los ecosistemas, las especies, la población salvaje, las variedades locales y las razas de plantas y animales domésticos se están reduciendo, deteriorando o desapareciendo. La esencial e interconectada red de vida en la Tierra se retrae y cada vez está más desgastada”, advierte Josef Settele, uno de los autores principales del informe. “Esa pérdida es la consecuencia directa de la actividad humana y constituye una amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo”.


El informe identifica y, por primera vez, clasifica los cinco impulsores directos —que también se han acelerado en los últimos 50 años, según las investigaciones— de los cambios en la naturaleza con mayor impacto relativo global. El primero son cambios en el uso de la tierra y el mar: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor del 66% del marino se han visto “significativamente alterados” por la acción humana. Le sigue la explotación de organismos —el 33% de los recursos pesqueros marinos eran explotados a niveles insostenibles en 2015— y, en tercer lugar, aunque cada vez con mayor relevancia, el cambio climático: las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y han provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0,7 grados centígrados. Otro de los factores es la contaminación —la polución plástica se ha multiplicado por diez desde 1980— y, finalmente, las especies foráneas invasoras, que han aumentado un 70% desde 1970 en al menos 21 países.


Informes alarmistas abundan desde hace tiempo. Este no es uno más. Elaborado durante los últimos tres años por 145 expertos de 50 países y con colaboraciones de otros 310 especialistas más, el estudio Evaluación Global sobre Biodiversidad y Ecosistemas, de más de 1.500 páginas, es uno de los más amplios realizados a escala mundial —evalúa los cambios en las últimas cinco décadas— y el primero que analiza la situación de la biodiversidad desde 2005. Aunque no será publicado en totalidad hasta más entrado el año, el resumen de las conclusiones, aprobadas tras una reunión de una semana de la IPBES, un organismo independiente impulsado por la ONU, en la sede de la Unesco en París, no es nada alentador.


"La vida en la Tierra se está deteriorando rápidamente en todo el mundo y virtualmente todos los indicadores del estado global de la naturaleza están decreciendo", subrayó Settele al presentar el informe en rueda de prensa en París. "Ya nadie podrá decir que no sabemos que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común", acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay.


Una amenaza muy grave y real


De los ocho millones de especies que existen actualmente en el planeta —incluidos animales, insectos y plantas—, un millón está amenazado de extinción. Y esta se está “acelerando”: en los últimos 40 años, ha aumentado el riesgo de extinción total de especies. “La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural”, según Paul Leadley, uno de los autores del informe.


Más del 40% de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, tiburones y especies relacionadas, así como más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. Más difícil es hacer esta estimación, señalan los expertos, en el caso de los insectos, pero consideran que las pruebas existentes permiten hablar de un 10% de especies amenazadas. Y las consecuencias, advierte nuevamente Leadley, son directas para la especie humana. “Dependemos de la biodiversidad y por tanto esa pérdida tiene consecuencias para nosotros”, subraya y pone un ejemplo sencillo: “El declive constatado de los polinizadores tiene efectos potencialmente muy negativos sobre la polinización de frutas y legumbres, o para el chocolate o el café. Son consecuencias directas”.


Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del 9% de todos los mamíferos domesticados usados para alimentación y agricultura se habían extinguido en 2016. Al menos 1.000 más están todavía amenazados, continúa el informe.


Aunque este no especifica cuáles son las regiones más afectadas, la bióloga argentina Sandra Díaz, que copresidió el proceso de evaluación, indicó que son muchas áreas en América Latina, algunas en el sureste asiático y también buena parte de África. “Pero globalmente, todo el mundo debería estar preocupado, porque estamos crecientemente interconectados y lo que pasa en una región, inevitablemente tendrá repercusiones en el resto del mundo”, puntualizó. “Somos una única red de vida interconectada. Y esto no es una metáfora”.


El informe deja claro que no se pueden separar objetivos de medioambiente de metas de desarrollo. La actual tendencia negativa en biodiversidad y ecosistemas “minará” los avances en el 80% de las metas estimadas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU fijados para 2030, especialmente en materia de fin de la pobreza, hambre, salud, agua, ciudades sostenibles, clima, vida submarina y ecosistemas terrestres (los objetivos 1, 2, 3, 6, 11, 13, 14 y 15).


“Los objetivos para conservar la naturaleza y lograr la sostenibilidad no pueden ser logrados con la trayectoria actual, y las metas fijadas para 2030 y más allá solo se conseguirán mediante cambios transformativos de carácter económico, social, político y tecnológico”, recalcan los expertos.


Acciones urgentes


Se puede detener esta “crisis”, explica Leadley, pero ello va a requerir “una transformación de nuestro modo de desarrollo”. Y una implicación a todos los niveles.


Entre las políticas a cambiar están los “subsidios malos para el medioambiente” como los de la industria energética, el transporte o a la agricultura, señaló el hasta ahora presidente del IPBES, Robert Watson, para quien los gobiernos también tienen que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano de sus países, “que sería una mejor medida”. “Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible”, dijo. Pero también los ciudadanos de a pie pueden aportar su grano de arena, cambiando por ejemplo sus hábitos de consumo, según los expertos. Estos señalan también a las comunidades indígenas, en cuyos territorios la biodiversidad está mucho mejor preservada, como un modelo a seguir.


“Nuestro saber local, indígena y científico está demostrando que tenemos soluciones, así que basta de excusas, tenemos que vivir de manera diferente en la Tierra”, dijo el administrador del Programa de Desarrollo de la ONU, Achim Steiner.


Tras tanto panorama pesimista, un rayo de esperanza: “Hemos visto ya las primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, como políticas innovadoras por parte de muchos países, autoridades locales y empresas, pero especialmente por gente joven en todo el mundo”, valoró Watson. “Desde los jóvenes tras el movimiento #VoiceforthePlanet, a huelgas escolares por el clima, hay una corriente de comprensión acerca de la necesidad de una acción urgente si queremos asegurar algo parecido a un futuro sostenible”

Por, Silvia Ayuso

París 6 MAY 2019 - 12:09 COT

 

.

Publicado enMedio Ambiente
El exceso de CO2 de EEUU cuesta un billón de dólares a la economía mundial

Los Acuerdos de París para lograr que el repunte de la temperatura del planeta no supere los 2 grados centígrados en 2025 no van por buenos derroteros. Por si fuera poco, el gran emisor de gases de efecto invernadero –EEUU–, ya ha avanzado que no acudirá a la cumbre para la Acción Climática de Naciones Unidas de septiembre.

En 2016, en las postrimerías de su segundo mandato, Barack Obama, tan sólo unos meses antes de conocer a su sucesor en la Casa Blanca, firmaba los Acuerdos de París, a los que definió como "el más ambicioso pacto contra el cambio climático de la historia". Tras estampar su rúbrica, el líder demócrata preconizó que EEUU sería el abanderado mundial en esta lucha. Es más, señaló la estela a seguir: la mayor potencia económica del planeta está en condiciones de recortar en más de un 26% sus niveles de emisiones de CO2 a la atmósfera en 2025.


En línea con el objetivo del tratado parisino. Sin embargo, la fumata blanca se ha tornado negra. En 2018, los niveles de polución volvieron a aumentar, después de que la Administración Trump echara por la borda las normas de protección medioambiental redactadas por Obama. Una vez más. Porque la promesa internacional de EEUU en esta materia nunca ha sido sólida.


Pese a que la Casa Blanca ha suscrito cuatro grandes protocolos para combatir el efecto invernadero -cumbres de Río de Janeiro, en 1992; Kyoto, en 1997, Copenhague, en 2009 y el mencionado de París, en 2015- EEUU ha fallado, como muchos otros grandes emisores de CO2, en sus intentos, mínimos, de mantener a raya sus cotas de polución. En buena medida, porque han sido incapaces de añadir a sus ordenamientos una regulación rigurosa al respecto. El resultado es paradigmático. El mayor PIB del mundo ha lanzado al espacio 20.000 millones de toneladas de dióxido de carbono más de su compromiso internacional de 1992.


Mientras las previsiones auguran que, para 2025, sobrepasará en otras 5.000 toneladas los límites previstos en la capital francesa.Este superávit contaminante podría parecer testimonial para una economía que ronda ya los 20 billones de dólares. Pero no lo es. Baste decir que estos 25.000 millones de toneladas adicionales es una cantidad que superan las emisiones totales procedentes de China, India y la UE el pasado año. Más en concreto, y según cálculos del propio gobierno federal americano de 2016, basado en una prospección matemática que contabiliza el daño causado por cada tonelada de emisión de CO2 en 42 dólares, el coste para la economía mundial del exceso contaminante de EEUU será superior al billón de dólares en los próximos años.


Donald Trump ha calificado de "irracionales" y de "exigencias económicas y financieras draconianas" para EEUU el cumplimiento de los pactos de París. Falacia. Porque Washington siempre ha logrado obtener cuotas más reducidas en todos los acuerdos ecológicos de referencia. Por ejemplo, en Kyoto, su objetivo era menos ambicioso que los del resto de países cosignatarios. E, incluso, su delegación logró incluir en el protocolo el mercado de derechos de emisión, con el que quiso asegurarse que la consecución de su meta conservacionista tuviera un coste más efectivo.


Cambio de paradigma económico


El giro hacia la transición energética no sólo es la única alternativa para mantener la salud del planeta. Es, quizás, la más clara estrategia económica hacia la estabilidad y la prosperidad. Para los expertos climáticos, EEUU no tiene barreras, ni técnicas ni financieras, a la hora de avanzar por la senda de las energías renovables. En su opinión, las inversiones en la economía verde se sufragan por la propia industria y los costes asociados a su implantación son mínimos en relación a los amplios beneficios hacia la sociedad. Según la Comisión Global sobre la Economía y el Clima (GCEC, en sus siglas en inglés), el PIB global añadiría 26 millones de dólares si se consumaran los negocios relacionados con la preservación del medio ambiente en 2030. Suma equivalente a los PIB de EEUU y Japón, primera y tercera economías globales, a precios actuales de mercado.


Un salto de prosperidad que se consolidaría si, como se reclama Naciones Unidas, los gobiernos que han suscrito los Acuerdos de París sellan alianzas de colaboración con el sector privado idóneas para potenciar la economía ecológica. Bajo directrices aceptadas como que las inversiones en la energía solar o eólica exigen menos costes efectivos que la generada por el carbón. Sin embargo, todas las propuestas legislativas planteadas en el Congreso norteamericano desde la era Trump se han saldado con la férrea oposición de la mayoría republicana en el Senado. Aunque también por parte de las filas demócratas; en concreto, la de sus representantes de estados con industria del carbón. Un estudio de Boston Consulting Group (BCG) estima que el impacto de las políticas medioambientales de EEUU, de cumplirse estrictamente en su totalidad, apenas serviría para reducir en un 11% las emisiones estadounidenses de CO2 en 2050.Por si fuera poco, sus grandes consorcios energéticos están entre los son los más contaminantes. De acuerdo con la revista académica Climate Change, las 90 compañías con mayores índices de polución han sido las responsables de casi el 50% del aumento de la temperatura del planeta desde el final de la Revolución Industrial.


Periodo que enmarcan entre 1880 y 2010. De ellas, 83 extraen carbón, petróleo o gas natural. Es decir, se dedican en mayor o menor medida al negocio de los combustibles fósiles. Mientras que las otras siete son cementeras. Su gigante Chevron es el principal agente contaminante, seguido de la saudí Aramco y de la rusa Gazprom. Tras estas tres multinacionales, aparecen otro tridente estadounidense: ConocoPhillips, Consol Energy y Peabody Energy. Que anteceden a las británicas BP y British Coal Corporation, a la holandesa Royal Dutch Shell, a la francesa Total y a la australiana BHP Billiton. Desde Oriente Próximo y el norte de África surgen la National Iranian Oil Company, Kuwait Pretroleum y la energética de Argelia Sonatrach. También están entre las veinte primeras PetroChina, Coal India, la mexicana Pemex y la venezolana PDVSA. Sus emisiones –dice el informe– revela que los productores de las energías fósiles "son los que más impacto están teniendo en la temperatura de la superficie de la Tierra".


Sus efectos son "cuantificables y substanciales" en el aumento del efecto invernadero y en su persistencia en mantener sus negocios subyacen "condicionantes históricos, legales y, por supuesto, de falta de ética" que impiden el combate contra el cambio climático con capitales y fondos monetarios tendentes a mitigar sus daños, a apoyar bases jurídicas que conduzcan a un cambio de paradigma hacia economías sostenibles y limpias y a la compensación de los daños por excesos de emisiones de CO2.


Más madera … fósil


Pero, sin duda, la Administración Trump va por otros derroteros. Los últimos datos oficiales dan sobradas muestras de la apuesta de la Casa Blanca por las prospecciones de gas y petróleo en su territorio. En 2018, el gobierno federal liberalizó 2,1 millones de acres para que las empresas energéticas continuaran con sus trabajos de prospección y extracción que, en su gran mayoría, se destinó al fracking, la dañina técnica mediante fractura hidráulica que se ha erigido en una práctica habitual en el sector estadounidense. En 2017, concedió otros 1,6 millones de acres a la industria petrolífera. Así lo cifra la Oficina de Gestión de la Tierra (BLM), cuyos datos han sido analizados por el think-tank Center for American Progress (CAP). Mayoritariamente, en Nevada, Utah, Wyoming, Montana, Arizona, Colorado y Nuevo México. Un año antes, bajo el mandato de Obama, la cesión fue de 289.000 acres de terreno. Ellen Kustin, directora del CAP, afirma que "las acciones del gobierno Trump indican que la visión occidental continúa siendo la de entregar terreno a la industria para mantener sus técnicas extractivas".


En contra de ponerle freno a las estrategias contra el cambio climático. A pesar de que, la última vez que las emisiones de CO2 a la atmósfera registraron las históricas cotas actuales (410 partes por millón), hace tres millones de años, el nivel de los mares era 18,6 metros más alto y existía vida arbórea en la Antártida, dicen los investigadores del Instituto Postdam (PIK) sobre Investigación del Impacto Climático en un estudio publicado en Science Advances. Las emisiones globales de CO2 en 2018 alcanzaron una cifra sin parangón: 37.100 millones de toneladas. Con casi todas las naciones alejándose de sus objetivos de control. India lo superó en un 6,3%; China, en un 4,7% y EEUU, en un 2,5%, acaba de revelar Global Carbon Project. Aunque consultoras privadas como Rhodium Group lo incrementan hasta un 3,4% en el caso de EEUU. El mayor aumento de los últimos ocho años. Y lo que es peor. Washington acaba de corroborar que no acudirá a la cumbre de Naciones Unidas para la Acción Climática que se celebra en septiembre. Trump ni está, ni se le espera en la lucha por la preservación del medio ambiente.

29/04/2019 07:43 Actualizado: 29/04/2019 07:43
Por DIEGO HERRANZ

 

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 27 Abril 2019 06:08

La vuelta del hombre del rifle

Trump se sintió como en casa en la convención del NRA en Indianápolis. Imagen: EFE

EE.UU. se baja del tratado de armas convencionales. Trump hizo el anuncio en el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle, el lobby a favor de la posesión de armas.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que revocará el estatus de su país como firmante del Tratado sobre Comercio de Armas convencionales, suscrito por más de cien naciones y que regula el intercambio global de armamento, municiones y aviones o buques de combate.


“La ONU recibirá pronto una notificación formal de que Estados Unidos rechaza este tratado”, dijo Trump durante un discurso ante el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), el mayor grupo de presión en Estados Unidos a favor de la posesión de armas.


Estados Unidos firmó ese tratado de la ONU en 2013, durante el Gobierno de Barack Obama, pero el Congreso estadounidense nunca lo ratificó, por lo que no llegó a entrar en vigor en el país, como sí ocurrió en un centenar de naciones a partir de 2014.


“Revocaremos el efecto de la firma de Estados Unidos de este tratado tan profundamente equivocado. Vamos a retirar nuestra firma”, aseguró Trump.


A continuación, el mandatario rubricó un documento en el que, según explicó, pidió al Senado “que interrumpa el proceso de ratificación del tratado” y se lo envíe “al Despacho Oval”, donde prometió “deshacerse” de él. “Bajo mi Administración, nunca entregaremos la soberanía estadounidense a nadie. Nunca dejaremos que burócratas extranjeros pisoteen la Segunda Enmienda. Y por eso nunca ratificaremos el Tratado sobre el Comercio de Armas”, subrayó.


El anuncio supone un paso más en la tendencia del Gobierno de Trump a retirarse de pactos internacionales, tras su salida del acuerdo nuclear con Irán y del de París sobre el clima, además de su plan de abandonar en agosto el tratado INF (Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio) que comprometía a Estados Unidos y Rusia a eliminar muchos de sus misiles nucleares y convencionales.


Para los partidarios de la decisión, asegurarse de que Estados Unidos no ratifique el tratado es un paso más hacia la desregulación que Trump ha defendido. En una llamada con reporteros, un alto funcionario de la administración dijo que un factor importante en su decisión fue la falta de cumplimiento del tratado por parte de otros grandes exportadores de armas convencionales, entre ellos China y Rusia. El funcionario, que habló bajo condición de anonimato, dijo que Estados Unidos tenía su propio conjunto de controles para asegurar la venta adecuada de armas en el extranjero, y agregó que la administración de Trump se oponía a posibles enmiendas futuras al tratado para su consideración en 2020.


La NRA y otros grupos de Estados Unidos se opusieron a la firma en 2013 del Tratado sobre Comercio de Armas, por considerar que podría contravenir su derecho constitucional a la tenencia de armamento. “Este tratado amenazaba con subyugar sus derechos”, dijo Trump a los afiliados de la NRA congregados en Indianapolis, estado de Indiana.


Trump prometió a ese poderoso grupo de presión, que donó 30 millones de dólares a su campaña electoral en 2016, que “nunca les decepcionará” mientras siga en el poder.
El tratado de la ONU busca regular el comercio de equipos como tanques y aviones de combate, misiles, vehículos de guerra blindados, helicópteros para operaciones bélicas y armas cortas.


Entre otros elementos, el acuerdo también prohíbe el traslado de armas convencionales, municiones o componentes a países donde se determine, tras una evaluación de riesgos, que pudieran usarse para genocidios o crímenes de guerra. Si retira su firma del tratado, Estados Unidos se sumará a otros países que nunca llegaron a rubricarlo, como Rusia, Siria y Corea del Norte.

Publicado enInternacional
El discurso completo de Greta Thunberg ante el Parlamento británico: "Volveremos a clase cuando escuchéis a la ciencia"

"Nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite", señaló la activista


"La crisis climática es a la vez el conflicto más fácil y el más difícil al que nos hemos enfrentado. El más fácil porque sabemos lo que tenemos que hacer y el más difícil porque nuestra economía depende de la destrucción de los ecosistemas"

 

Me llamo Greta Thunberg, tengo 16 años, soy sueca y he venido a hablaros en nombre de las generaciones futuras.


Sé que muchos de vosotros no queréis escucharnos. Decís que sólo somos niños. Pero nosotros sólo repetimos el mensaje de la ciencia sobre el clima.


Muchos de vosotros parecéis estar preocupados por ver cómo perdemos un tiempo de clase muy valioso, pero os aseguro que volveremos al instituto en cuanto empecéis a escuchar a la ciencia y nos deis un futuro ¿Os parece mucho pedir?


En el año 2030 yo tendré 26 años. Mi hermana pequeña, Beata, tendrá 23. Igual que muchos de vuestros hijos o nietos. Nos han dicho que es una edad genial en la que tienes toda la vida por delante. Pero no estoy segura de que vaya a ser tan genial para nosotras.


He tenido la suerte de nacer en una época y en un lugar donde todos nos dicen que soñemos en grande, que podría convertirme en lo que quisiera, que podría vivir en cualquier sitio que quisiera. La gente como yo lo ha tenido todo y más. Cosas con las que nuestros abuelos ni siquiera se atrevían a soñar. Hemos tenido todo lo que podíamos desear y, sin embargo, ahora podríamos acabar sin nada. Probablemente ya ni siquiera tenemos futuro.


Porque nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite y que sólo se vive una vez.


Nos habéis mentido. Nos habéis dado falsas esperanzas. Nos habéis dicho que el futuro era algo que anhelar. Y lo más triste es que la mayoría de los niños ni siquiera sabe el destino que nos espera. No lo comprenderemos hasta que sea demasiado tarde. Y, sin embargo, somos los más afortunados. Los que se verán más afectados ya están sufriendo las consecuencias. Pero sus voces no son escuchadas.


¿Está encendido el micrófono? ¿Podéis oírme?


Alrededor del año 2030, dentro de 10 años, 252 días y 10 horas, habremos desatado una reacción en cadena irreversible que escapará todo control humano y que seguramente pondrá fin a nuestra civilización tal como la conocemos. Eso es lo que sucederá a menos que en el tiempo que nos queda se tomen medidas sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad, incluida una reducción de al menos el 50% en las emisiones de dióxido de carbono.


Y tened en cuenta que estos cálculos dependen de inventos que todavía no se han inventado a esa escala, inventos que se supone que limpiarán la atmósfera de cantidades astronómicas de dióxido de carbono.


Además, estos cálculos no incluyen puntos de inflexión imprevistos y bucles de retroalimentación como el poderoso gas metano que se está escapando rápidamente con el deshielo de la capa de hielo ártico.


Y estos cálculos científicos tampoco contemplan el calentamiento atrapado en la contaminación tóxica del aire. Ni el aspecto de equidad o justicia climática que se estableció claramente en el Acuerdo de París y que es absolutamente necesario para que los cambios funcionen a escala global.


También debemos tener en cuenta que estos son sólo cálculos. Estimaciones. Eso significa que los "puntos de no retorno" pueden ocurrir un poco antes o un poco después de 2030. Nadie puede saberlo con exactitud. Sin embargo, sí podemos estar seguros de que ocurrirán en esos períodos de tiempo, porque estos cálculos no son opiniones ni suposiciones hechas a lo loco.


Estas proyecciones están respaldadas por datos científicos, conclusiones a las que han llegado todos los países a través del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o IPCC. Casi todos los más importantes paneles científicos nacionales en todo el mundo apoyan sin condiciones el trabajo y las conclusiones del IPCC.
¿Me habéis oído? ¿Entendéis mi inglés? ¿Está encendido el micrófono? Porque estoy empezando a dudar.


En los últimos seis meses he viajado por toda Europa. He pasado cientos de horas en trenes, coches eléctricos y autobuses para repetir una y otra vez estas palabras que pueden cambiarnos la vida. Pero nadie habla de eso y nada parece haber cambiado. De hecho, las emisiones siguen aumentando.


Cuando viajo para dar discursos en diferentes países, siempre me ofrecen ayuda para escribir sobre políticas climáticas específicas en países específicos. Pero eso no es necesario. Porque el problema esencial es el mismo en todos lados. Y el problema esencial es que no se está haciendo nada para poner freno, o siquiera reducir, el colapso climático y ecológico, a pesar de todas las palabras bonitas y las promesas.


Sin embargo, el Reino Unido es un caso especial. No sólo por la extraordinaria deuda histórica de carbono, sino también por su recuento actual –y por cierto muy creativo– de sus emisiones de carbono.


Desde 1990 el Reino Unido ha logrado una reducción del 37% de sus emisiones territoriales de dióxido de carbono, según el Proyecto Global del Carbono. Y eso suena sorprendente. Pero estas cifras no incluyen las emisiones de la aviación, los barcos y aquellas asociadas con importaciones y exportaciones. Si se incluyeran estas emisiones, la reducción desde 1990 sería de alrededor del 10%, o un promedio de 0,4% al año, según el Centro Tyndall Manchester.


Y la causa principal de esta reducción no son las políticas climáticas, sino una directiva de la Unión Europea de 2001 sobre la calidad del aire que básicamente obligó al Reino Unido a cerrar viejas plantas de carbón que eran extremadamente contaminantes y reemplazarlas por estaciones energéticas de gas que son menos sucias. Y por supuesto, al pasar de una fuente de energía desastrosa a una menos desastrosa, las emisiones se reducen.


Pero quizá la idea más equivocada sobre la crisis climática es que tenemos que "reducir" las emisiones. Porque eso está lejos de ser suficiente. Si queremos que el calentamiento baje a menos de 1,5 o 2 grados, tenemos que poner freno a las emisiones. Por supuesto que es necesario "reducir" las emisiones, pero eso es sólo el comienzo de un proceso rápido que debe llevar al fin de las emisiones en un par de décadas o menos. Y cuando digo "fin" quiero decir cero y luego pasar rápidamente a cifras negativas. Eso descarta automáticamente la mayoría de las políticas actuales.

El hecho de que estemos hablando de "reducir" en lugar de "poner fin" a las emisiones es quizá la mayor prueba de que las cosas siguen igual que siempre. Por ejemplo, actualmente el Reino Unido está apoyando activamente la nueva explotación de combustibles fósiles con la industria del fracking de gas shale, la expansión de sus campos de petróleo y gas en el Mar del Norte, la expansión de los aeropuertos y el plan de permitir una nueva mina de carbón. Es más que absurdo.


Sin duda, este comportamiento irresponsable será recordado en el futuro como uno de los grandes fracasos de la humanidad.


La gente siempre nos dice a mí y a los millones de jóvenes que nos manifestamos que deberíamos estar orgullosos de lo que hemos logrado. Pero lo único que tenemos que hacer es mirar la curva de emisiones. Y, lo siento, pero sigue siendo ascendente. Esa curva es lo único que deberíamos mirar.


Cada vez que tomamos una decisión, debemos preguntarnos: ¿Cómo afectará esta decisión a la curva? No deberíamos seguir midiendo nuestra riqueza y nuestro éxito según el gráfico que muestra el crecimiento económico, sino según la curva que muestra las emisiones de gases de efecto invernadero. Ya no deberíamos sólo preguntarnos: "¿Tenemos suficiente dinero para poder hacerlo?", sino también: "¿Podemos lograrlo cumpliendo ampliamente con los objetivos de las emisiones de carbono?" Ese debería el foco de nuestra nueva forma de autoevaluación.


Muchas personas dicen que no tenemos ninguna solución para la crisis climática. Y llevan razón. ¿Cómo íbamos a tener una solución? ¿Cómo se "soluciona" la mayor crisis a la que se ha enfrentado la humanidad? ¿Cómo se "soluciona" una guerra? ¿Cómo se "soluciona" llegar por primera vez a la luna? ¿Cómo se "soluciona" inventar cosas nuevas?


La crisis climática es a la vez el conflicto más fácil y el más difícil al que nos hemos enfrentado. El más fácil porque sabemos lo que tenemos que hacer. Tenemos que poner fin a las emisiones de gases de efecto invernadero. Y el más difícil porque nuestra economía actual depende casi totalmente de los combustibles fósiles y de la destrucción de los ecosistemas para poder generar un crecimiento económico perpetuo.


"¿Y exactamente cómo resolveremos esto?" nos preguntáis a nosotros, los jóvenes que nos manifestamos contra el cambio climático. Y nosotros respondemos: "Nadie lo sabe con certeza. Pero debemos dejar de quemar combustibles fósiles y recuperar la naturaleza y muchas otras cosas que aún no sabemos bien cómo hacer".


Entonces nos decís: "¡Esa no es una respuesta!". Y nosotros os decimos: "Tenemos que comenzar a tratar la crisis como una crisis y comenzar a actuar incluso si no sabemos cuál es la solución". "Sigue sin ser una respuesta", decís vosotros. Entonces comenzamos a hablar de economía circular y de volver a una naturaleza salvaje y de la necesidad de una transición justa. Y vosotros no entendéis de qué estamos hablando.


Nosotros decimos que esas soluciones que necesitamos no las conoce todo el mundo y que entonces debemos unirnos en respaldo de la ciencia y encontrar juntos esas soluciones por el camino. Pero vosotros no nos escucháis. Porque esas son respuestas para resolver una crisis que la mayoría de vosotros no comprende bien. O no queréis comprender.
Vosotros no escucháis lo que dice la ciencia porque solo os interesan soluciones que os permitan seguir como antes. Como ahora. Y esas respuestas ya no existen. Porque no habéis actuado a tiempo.


Evitar un colapso climático requerirá un pensamiento catedral. Debemos poner los cimientos aunque todavía no sepamos cómo construir el techo.


Y estoy segura de que en cuanto comencemos a actuar como si estuviéramos en una emergencia, podremos evitar el colapso climático y ecológico. Los humanos somos muy flexibles: todavía estamos a tiempo de solucionar esto. Pero la oportunidad de hacerlo no durará mucho tiempo. Debemos comenzar hoy mismo. Ya no quedan excusas.


Los jóvenes no estamos sacrificando nuestra educación ni nuestra infancia para que vosotros nos digáis lo que consideráis que es políticamente posible en la sociedad que habéis creado. No hemos salido a las calles para que os hagáis selfies con nosotros y nos digáis cuánto admiráis lo que estamos haciendo.


Los jóvenes estamos haciendo esto para que vosotros los adultos despertéis. Los jóvenes estamos haciendo esto para que pongáis vuestras diferencias a un lado y comencéis a actuar como lo haríais en una crisis. Los jóvenes estamos haciendo esto porque queremos recuperar nuestras esperanzas y nuestros sueños.
Espero que mi micrófono haya estado encendido. Espero que hayáis podido oírme.


Traducido por Lucía Balducci

Publicado enMedio Ambiente
Tres ríos en el mundo tienen derechos. Uno es este y ‘vive’ amenazado

Una sentencia ordenó hace dos años proteger el Atrato, en la región colombiana de El Chocó, por su biodiversidad. Pero el enorme impacto de la minería, el conflicto armado, el narcotráfico y la sobreexplotación lo llevan al colapso ecológico


En el río Atrato, el nacimiento de un niño es un gran acontecimiento. Los indígenas embera, en cuanto saben la buena nueva, corren a bañarse en sus aguas para desear que ese nuevo ser abandone la pereza tras haber estado tanto tiempo en el vientre de la madre y sea activo. Las mujeres afrodescendientes también lo celebran repartiendo dulces y compartiendo una botella de aguardiente mientras lavan la ropa en la orilla. Para las comunidades negras e indígenas que habitan desde tiempos ancestrales en está zona del Pacífico colombiano, su río lo es todo. Es su despensa para pescar, su vía para transportarse, el lugar donde realizan sus acciones más cotidianas como preparar la comida y lavar los platos, el espacio de encuentro para charlar o donde los niños y niñas juegan a todas horas. La vida en este vasto territorio interétnico de la región de El Chocó está íntimamente relacionada con las aguas del Atrato.


Desde hace algunas décadas, la plácida vida en este río que recorre la selva de la segunda región más biodiversa del mundo hasta desembocar en El Caribe empezó a desvanecerse. El Chocó se convirtió en un teatro de guerra. Llegaron los actores armados: guerrilla, paramilitares y ejército que dejaron miles de muertos, desaparecidos y desplazados. Llegó también el narcotráfico y la explotación salvaje de sus recursos naturales. El río se llenó de dragas y retroexcavadoras para buscar oro y lo contaminaron de ingentes cantidades de mercurio. La minería se apoderó del río y el pescado empezó a escasear. Todo, sumado a un permanente abandono estatal, unas altas condiciones de pobreza y a una nueva reconfiguración del conflicto armado tras la firma de la paz por parte de las FARC. Los territorios abandonados por la antigua guerrilla fueron copados por otros grupos, como bandas criminales herederas del paramilitarismo y la guerrilla del ELN. El Atrato tuvo que pedir auxilio y las comunidades dijeron basta.


Una demanda al Estado colombiano interpuesta por diferentes organizaciones que defienden el territorio chocoano terminó en 2016 con una sentencia histórica de la Corte Constitucional instando a diferentes instituciones competentes a proteger, conservar, mantener y restaurar el Atrato. Era la tercera vez en el mundo que un río era reconocido como sujeto de derechos. Antes, lo habían sido el Ganges en La India y el Wanganui de Nueva Zelanda. Sobre el papel, la sentencia sostiene que el Atrato es una entidad viviente de la que dependen otras formas de vida y culturas por lo que otorgarle derechos supone de facto proteger a las comunidades que habitan su cuenca. El auto pone el acento en el tema de la seguridad alimentaria y ambiental, en el control de la minería y en el análisis de la toxicidad del río.


Tras la resolución, más allá del diagnóstico, apenas ha habido algunos avances para tratar de articular la participación de las comunidades con la intención de ver qué tipo de desarrollo se pretende. También se encargó un macroestudio para tomar muestras que permitan saber el alcance de la contaminación de las aguas y poder implementar, de ser necesario, un plan integral de salud para la población. Los resultados del estudio no se conocerán hasta dentro de dos años. Otros informes realizados, de carácter más limitado, determinaron ya altos niveles de contaminación por mercurio que obligaron a poner en marcha algunas alertas comunitarias que restringieron el consumo de peces. Existe también mucha preocupación por los efectos que ese mercurio pueda tener en la leche de las madres lactantes.


La sentencia es esperanzadora, pero también hay serias dudas sobre si conseguirá revertir la situación. Para garantizar su implementación, la Corte creo la figura de los guardianes del Atrato, entre los que se encuentran varias instituciones y ministerios gubernamentales como el de Ambiente, así como siete hombres y siete mujeres en representación de las comunidades indígenas y negras. Nixon Chamorro, líder indígena embera, es uno de los guardianes. No deja de ser escéptico, pero reconoce que la sentencia es una gran oportunidad. “Aquí tenemos claro que debemos dejarle a nuestros hijos el mismo río que nos dejaron nuestros abuelos. Tanto los territorios indígenas como los de las comunidades afro son territorios colectivos reconocidos por ley y como tales debemos ejercer nuestra autonomía. No podemos seguir replicando sistemas económicos que destruyen nuestra naturaleza. Tenemos que construir una propuesta de desarrollo económico propio sin depender de la extracción de recursos” , asegura.


Alexander Rodríguez es también guardián del Atrato. Como líder social de Cocomacia, una organización étnico territorial de la cuenca media del río que representa a 123 comunidades negras, considera igualmente que el futuro de la región pasa por el respeto de su autonomía y por más inversión social. “No es solo que llegue la fuerza pública, sino que construyan escuelas y hospitales. Deben ejercer una política pública que permita desarrollar nuestro territorio acorde con nuestra cosmovisión y nuestra cultura, no hecha desde un despacho en Bogotá”, señala.


La misión de los guardianes será hacer pedagogía de la sentencia en los territorios y ahondar en el tema de la conservación, especialmente entre los niños y niñas. “Parte de la responsabilidad de como está el río es también nuestra porque nos falta mucho sentido de pertenencia y apropiación. Es fundamental, por ejemplo, que aprendamos a manejar el tema de las basuras”, afirma Fausto Palacios, de la organización Ascoba y guardían del Atrato.


Un río de oro


Pero la sentencia se enfrenta en la práctica a una dura realidad y es que buena parte del río se encuentra ya concesionado a la minería de extracción de oro, su principal fuente de contaminación. La Corte no la prohíbe, solo habla de regularla y de ejercerla con responsabilidad social y ambiental. Según datos de 2017 del Ministerio de Minas, existen 251 títulos mineros vigentes ya otorgados que está previsto poner en marcha en el Atrato. Casi el 50% pertenece a potentes multinacionales como Anglo Gold Ashanti, Continental Gold o la Newmont. “No hubo un pronunciamiento de la Corte sobre las concesiones mineras. El río Atrato sigue corriendo así mucho riesgo si se ponen en marcha todos los títulos y proyectos mineros que están otorgados y donde las empresas siempre amenazan con demandas millonarias al Estado si no les dejan hacer. Entonces, cómo se planifica en un territorio que está concesionado”, se pregunta Viviana González, abogada de Tierra Digna, la organización que acompañó a las comunidades del Chocó en la defensa de su río.


En el Chocó hoy coexiste la minería artesanal con la gran minería y con la ilegal, muy ligada a las actividades delictivas de los grupos al margen de la ley. Un contexto muy complejo porque finalmente la extracción de oro se convirtió en una fuente de trabajo para mucha gente en una región donde la minería artesanal forma además parte de su cultura. “Ha sido la gran minería la que ha acabado con todo y se debería combatir la ilegal, pero el Gobierno tendría que legalizar al pequeño minero artesanal. Es verdad que la gente se acostumbró a que con una máquina retroexcabadora saca mucha más cantidad de oro en un día que con la batea y esta parte si debería mitigarse”, explica Alexander Rodríguez.


Para Viviana González, de Tierra Digna, la minería acabó generando una gran dependencia, destruyó la zona y perjudicó a la agricultura y la pesca, así como a la cultura de las comunidades. “Un minero gana en una semana lo que puede ganar un agricultor en un año. Los jóvenes ya no quieren saber nada del campo. Romper esa lógica es muy difícil. Entre la subsistencia y vivir algo más holgadamente siempre gana lo segundo. El desafío del Estado es dejar de tratar a los grupos étnicos en términos de subsistencia y hacerlos acreedores de una mejor calidad de vida acorde a lo que ellos quieren, un desarrollo propio”, argumenta.


Nadie sabe con certeza si el río Atrato se podrá recuperar porque el modelo de desarrollo no da demasiado margen. No es solo la minería. Hay otros grandes intereses económicos que se proyectan en la región en forma de megaproyectos de infraestructura. “Es una pelea que no queremos dar por perdida porque, ademas, el 80% del territorio pertenece a las comunidades afro e indígena y eso les da un derecho. El Estado no ha entendido que los resguardos indígenas y los consejos comunitarios afrodescendientes son territorios colectivos y que por tanto son como una propiedad privada que se les otorgó legalmente. Entonces, si alguien tiene un interés en sus territorios es con ellos con quienes deben hablar y para cualquier proyecto se debe realizar la pertinente consulta previa con las comunidades, como señala la propia Corte”, sentencia la abogada Viviana González de Tierra Digna.

Por MILO DEL CASTILLO Y JAVIER SULÉ ORTEGA
Quibdó (Colombia) 20 ABR 2019 - 17:06 COT

Publicado enColombia
Lunes, 22 Abril 2019 05:39

El fuego y el acantilado

 Una cría de gorila, en el Bioparc de Valencia. EP

Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas que lo devastan

Hace unos días leí una reflexión del escritor colombiano Juan Cárdenas a propósito de una nota inquietante: el suicidio de unas morsas cuyo hábitat fue devastado por el cambio climático. Cárdenas contrastaba la impresión que le provocó el video que testimoniaba la autosupresión de las morsas (que saltaron por un acantilado) con la que le dejó, ese mismo día, el incendio accidental de la catedral de Notre Dame, en París. Y concluía, razonablemente, que pese a todo el dolor que pueda uno sentir por el patrimonio arquitectónico, histórico, artístico y religioso destruido o afectado en el siniestro del 15 de abril, lo que resulta irreparable de verdad, y ante lo que permanecemos en general indiferentes, es la pérdida de la naturaleza.


Las morsas no se encuentran, de momento, registradas entre las especies en peligro de extinción (a pesar de que han sido masacradas de modos infames) pero el deterioro o supresión de sus refugios y los vaivenes climáticos (que muchos gobiernos se empeñan en negar, o que aceptan pero sin tomar medidas contundentes al respecto) pueden hacer que esa escena extrema del suicidio se replique. Y no están solas: abrir un portal de noticias, hoy, es leer apuntes sobre el peligro global que enfrentan las abejas, la agonía de varias clases de aves y mamíferos, el colapso de las poblaciones de peces…


Notre Dame es una joya invaluable que lleva más de ocho siglos en pie, acumulando sobre sí Historia (e historias), arte, belleza... Y resulta lógico que nos consternemos porque la obra más trascendente del medioevo europeo haya sufrido daños tremendos y corrido el riesgo de desmoronarse. Eso no tendría siquiera que ponerse en duda y para negarlo hay que ser muy inconscientes o muy fanáticos (las redes dan cuenta de que padecemos la cercanía de muchos ejemplares de unos y otros bichos, aunque aún son minoría). Pero lo que sucede ahora mismo con la naturaleza es, si tuviéramos que ponernos a jerarquizar las desgracias que nos aquejan, incluso peor. Porque Notre Dame será reconstruida, al igual que lo han sido otras joyas góticas. Las catedrales de Reims y Colonia, víctimas de las guerras mundiales, perdieron parte de su gloria en el fuego pero siguen, por fortuna, en pie. Para Nuestra Señora ya se han anunciado donaciones millonarias y un programa que atienda las necesidades inmediatas del recinto. Y, sin embargo, con la naturaleza puede que no lleguemos a esos finales felices o al menos agridulces...


Los humanos hemos arrasado con animales y plantas y saqueado la tierra firme y los mares y lo seguimos haciendo cada mañana. Asumimos que lo que alberga el planeta (y el planeta mismo) está allí para que lo explotemos y en nuestra ambición, imbecilidad y vileza hemos hecho desaparecer una multitud de especies que llevaban millones de años vivas, que recorrieron el camino de la evolución junto a nosotros (o lo empezaron mucho antes) y que, por nuestra mano, ya no están más. Nos hemos afanado en dejar una realidad más pobre de la que encontramos al nacer.


Y parece que solo a golpes abrimos los ojos. Los anticipados colapsos de las reservas de agua potable y energía, el estado límite de la contaminación en miles de ciudades, los estragos causados por el sobrecalentamiento general y el deshielo de los polos no son datos curiosos: son síntomas del desastre que se avecina. Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame de las cenizas, sí, y qué bueno, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas e intereses que lo devastan. Y en materia ambiental ya no sirven las reformas o los paños tibios: urge una revolución. Porque sabemos apagar el fuego, pero parece que no sabemos qué hacer para evitar el salto por el acantilado.

Por Antonio Ortuño
21 ABR 2019 - 21:55 COT

Publicado enMedio Ambiente
Lunes, 22 Abril 2019 05:21

Bombas golpean a Sri Lanka

Bombas golpean a Sri Lanka

Al menos 207 personas murieron y 450 resultaron heridas a causa de los ataques.

Al menos 207 personas murieron y 450 resultaron heridas como consecuencia de ocho ataques explosivos ocurridos ayer en Sri Lanka en cuatro hoteles, tres iglesias y un complejo residencial en el marco de las celebraciones por las Pascuas. Ante la gravedad de la situación, el gobierno ordenó un toque de queda de duración indeterminada y además pidió el bloqueo temporal de las redes sociales. Según el portavoz de la policía, Ruwan Gunasekera, hasta el momento los atentados no fueron reivindicados por ningún grupo armado y las autoridades se limitaron a clasificarlos como ataques extremistas. Gunasekera anunció además la detención de ocho personas y la confiscación de una furgoneta empleada por los atacantes. Según testigos, al menos dos de los ataques fueron obra de kamikazes pero el portavoz de la policía no lo confirmó. 

El episodio de ayer fue el más violento ocurrido en el país desde el fin de la guerra civil, hace una década, y tuvo como blanco a la comunidad cristiana. De las tres iglesias atacadas, dos pertenecen a la comunidad católica y la tercera al culto evangélico. En Sri Lanka la población cristiana representa el 7,4 por ciento, mientras que los budistas forman el 70,2 de la población, los hinduistas el 12,6 y los musulmanes el 9,7 por ciento. Los ataques contra minorías religiosas en la isla se repitieron en el pasado. El último de ellos tuvo lugar en 2018 cuando el gobierno declaró el estado de emergencia después de se produjeran enfrentamientos entre musulmanes y cingaleses budistas, lo que dejó dos muertos y decenas de detenidos.

En la misma línea del decreto de estado de emergencia y toque de queda, el Ministerio de Educación anunció el cierre de todos los colegios del país para hoy y mañana. El primer ministro de Sri Lanka, Ranil Wickremesinghe, calificó los ataques de “cobardes” e hizo un llamado por la unidad del país. Además, encabezó una reunión de emergencia con altos mandos de las fuerzas de seguridad y miembros del gobierno. Poco después de los primeros atentados, Wickremesinghe reveló que las fuerzas de seguridad habían recibido avisos de posibles ataques en el país, pero afirmó que no le prestaron suficiente atención al asunto. Wickremesinghe además alertó sobre la circulación de noticias falsas sobre el ataque en internet. En tanto el arzobispo de Colombo, Malcom Ranjit, exhortó al gobierno de Sri Lanka a “castigar sin piedad” a los responsables, a través de una “investigación sólida imparcial”.

Las primeras imágenes que llegaron de los lugares afectados por el ataque mostraban la magnitud de la tragedia, con una de las iglesias con el techo del templo semidestruido, escombros y cuerpos esparcidos. “Escenas horribles. He visto miembros arrancados esparcidos por todos lados. Equipos de emergencia están desplegados en su totalidad en todos los puntos. (...) Hemos llevado a muchas víctimas al hospital, esperamos haber salvado muchas vidas”, relató en Twitter el ministro para las Reformas Económicas, Harsha de Silva.
El presidente de la Autoridad de Desarrollo del Turismo de Sri Lanka, Kishu Gomas, informó por su parte que 32 extranjeros se encuentran entre los fallecidos y que otros 30 están hospitalizados. Entre los muertos, anotó, hay nativos de Bélgica, Estados Unidos, China y el Reino Unido, entre otros.


Pugna entre tres identidades


El miedo a ser desplazado por otras comunidades étnico-religiosas, el budismo theravada y la lengua cingalesa han sido un elemento distintivo de la identidad nacional de Sri Lanka


Eva Borreguero

El País

21 ABR 2019 - 22:23 COT


El miedo a ser desplazado por otras comunidades étnico-religiosas, junto con la identificación con el budismo theravada y la lengua cingalesa, han sido elementos distintivos de la identidad nacional de Sri Lanka. Este temor se reforzó tras la descolonización, cuando cristalizaron tres grandes identidades en pugna comunal: los cingaleses budistas, los tamiles hindúes y los musulmanes.


Para el historiador K. M. de Silva, el temor de los cingaleses se explicaría por su condición de comunidad mayoritaria con complejo de minoría perseguida y amenazada a lo largo de los siglos. Separada de la costa sur de India por el delgado estrecho de Palk, Sri Lanka ha sido a lo largo de su historia saqueada por sucesivas oleadas de invasores tamiles hindúes, procedentes del sur de la India, que enriquecieron las arcas de sus dinastías con los tesoros de las ciudades budistas. El otro elemento identitario cingalés es la religión budista, erradicada de India, de donde surgió, y que encontró refugio en el interior de Sri Lanka. De ahí el orgullo de preservar una cultura distintiva frente a la amenaza que representaba el poderoso país vecino.


Por su parte, la minoritaria comunidad tamil hindú, originaria del sur de India y asentada a lo largo de los siglos en el noroeste, tendría, a la inversa de los cingaleses, un complejo de mayoría. Convencidos de poseer una poderosa cultura respaldada por más de 1.000 millones de correligionarios. El origen del conflicto entre el Gobierno y los Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE, también conocidos como los Tigres Tamiles), uno de los más prolongados en Asia, se explicaría desde este marco. Los Tigres Tamiles fueron célebres por ser los pioneros en el terrorismo suicida moderno, así como por la utilización de civiles como escudos humanos y de niños en los combates. En 2009, la muerte de su dirigente, Vellupillai Prabhakaran, marcó el fin de la guerra y la derrota del grupo separatista.


En respuesta al conflicto, sucesivos Gobiernos alentaron una política de fortalecimiento de la identidad religiosa cingalesa, para lo que contaron con el apoyo rotundo de las autoridades clericales budistas. El presidente Mahinda Rajapaksa y sus dos hermanos encarnaron la determinación de estas medidas. Su victoria electoral en 2005 la entendió como una carta blanca para finalizar de una vez por todas la contienda. Y lo logró de un modo tan expeditivo como atroz; miles de civiles fueron asesinados en los meses más intensos del conflicto. Las críticas de periodistas y activistas fueron silenciadas por medio del secuestro y asesinato.


La pacificación sacó a Sri Lanka del radar de las noticas internacionales. Hasta que en 2014 las tensiones entre budistas cingaleses y musulmanes dieron lugar a una serie de revueltas. En la última década la relación de ambas comunidades religiosas ha estado marcada por la radicalización de sus posicionamientos. En los últimos años ha surgido el Bodu Bala Sena, una formación budista ultranacionalista que ha instigado el odio hacia las minorías musulmana y cristina, y que recuerda a la persecución de los rohingyas en Myanmar.


Las acciones de este grupo se han llevado a cabo al amparo de un rechazo hacia la comunidad musulmana que, según el experto en terrorismo Rohan Gunaratna, se ha alimentado de la creciente influencia en el país de las ramas más extremas del islam, el salafismo y el wahabismo, que son vistas como una perniciosa influencia extranjera que perjudica a las tradiciones islámicas locales, menos rigoristas.


Los cambios demográficos también han jugado un papel que ha fortalecido la percepción de amenaza: la comunidad budista ha tenido un crecimiento del 1,1% desde 1948, mientras que el de la musulmana ha sido de un 1,9%. La globalización ha traído consigo un efecto constelación en el que las narrativas alcanzan una dimensión transnacional mediante la conexión de agravios en otras regiones. Así, las facciones budistas radicales se hermanan con las minorías budistas de Bangladés y suman ultrajes a su causa. Al igual que los islamistas incluirían las persecuciones padecidas a manos de los budistas de Myanmar.


Hasta ahora, la comunidad cristiana, la principal afectada en los atentados de ayer, ha quedado relativamente fuera de este panorama. Los cristianos son vistos como una fuerza unificadora que integra por igual a cingaleses y tamiles. En los próximos días sabremos si lo ocurrido se encuadra en una constelación que abarque el ataque terrorista a las mezquitas de Christchurch en Nueva Zelanda, o si responde a las tensiones sectarias nacionales.

Publicado enInternacional
Manifestantes contra el cambio climático bloquean el acceso a las oficinas de varias multinacionales

 Miles de manifestantes contra el cambio climático han bloqueado este viernes el acceso a las oficinas de varias multinacionales en el distrito empresarial de La Défense, situado en la capital de Francia, París, según ha informado Greenpeace.


"Acaba de arrancar una de las mayores acciones de desobediencia civil organizadas en Francia", ha dicho a primera hora del día, antes de agregar que "más de 2.000 ciudadanos están bloqueando el distrito de La Défense para denunciar la alianza tóxica de Emmanuel Macron y el Gobierno francés con grandes compañías contaminadoras".


Posteriormente, ha reclamado a través de su cuenta en la red social Twitter que "se dejen de palabrería y actúen ya" para hacer frente cal cambio climático.


Según las informaciones recogidas por la agencia de noticias Reuters, algunas de las oficinas cuyos accesos han sido bloqueados son las del banco francés Société Générale, la de la eléctrica estatal EDF y la de la petrolera Total.


Los manifestantes portan carteles con imágenes del presidente francés en los que se puede leer 'Macron, presidente de los contaminantes'. Otro eslogan decía 'Escena de crimen climático' sobre la fachada de vidrio de Société Générale. La Policía ha lanzado gas pimienta contra un grupo de personas que bloqueaba la entrada principal del banco con una sentada, según Reuters. Algunos manifestantes se han atado entre ellos y otros lo han hecho a barandillas de metal, dificultando los esfuerzos de la Policía para dispersarles.
Greenpeace y el grupo activista Les Amis de la Terre (Amigos de la Tierra) han criticado en numerosas ocasiones a Société Générale por su financiamiento a inversiones de petróleo y gas, en particular al proyecto gasífero Rio Grande LNG en Estados Unidos.


La protesta tiene lugar después de una serie de manifestaciones coordinadas por el movimiento Extinction Rebellion en Londres esta semana, que causó problemas en el sistema de transporte público de la capital británica.


En estos tres días, miles de manifestantes han bloqueado puntos neurálgicos de Londres, como Marble, Waterloo y Oxford Circus, además del entorno del Parlamento. Las autoridades han confirmado cerca de 350 detenidos en las protestas.


El objetivo de Extinction Rebellion, que había llamado a hacer una gran acampada con la que paralizar al menos durante una semana el centro de Londres, es que el Gobierno británico adopte medidas drásticas para reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono para 2025.

19/04/2019 19:31 Actualizado: 19/04/2019 19:34

Publicado enMedio Ambiente
Alan García, un presidente acosado por la corrupción

García se suicidó disparándose un tiro en la cabeza cuando las autoridades ingresaron a su casa con una orden de captura por el caso Odebrecht, en el que fue procesado por cobro de coimas.

No soportó ser detenido por cargos de corrupción. El ex presidente Alan García se suicidó de un disparo en la cabeza cuando las autoridades ingresaron a su casa para apresarlo. La orden de detención se dispuso en el marco de las investigaciones judiciales ligadas a la trama de corrupción vinculada a la constructora brasileña Odebrecht. Se trataba de una detención preliminar por diez días, luego de la cual la fiscalía podía haber solicitado su arresto preventivo hasta por tres años mientras se desarrollara el proceso judicial en su contra.
Ayer, poco después de la seis de la mañana, hora local, la policía ingresó a la vivienda del ex jefe de Estado con una orden judicial para detenerlo. García dijo que iba a llamar a su abogado y fue a su cuarto, donde se disparó en la sien izquierda. La bala salió por el lado derecho de la cabeza. Inmediatamente lo llevaron a un centro médico, donde falleció minutos después de las diez de la mañana.


La detención preliminar contra García se ordenó por el supuesto cobro de sobornos a Odebrecht durante su segundo gobierno, entre 2006 y 2011. Se investiga los sobornos pagados durante la gestión de García por la construcción de una línea del Metro de Lima, por la cual funcionarios de Odebrecht han confesado haber pagado 24 millones de dólares en sobornos, y por la construcción de una ruta que une Brasil con la costa peruana, licitación obtenida luego del pago de una coima de 20 millones de dólares al ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) y que fue ejecutada durante la administración de García, período en el cual el precio de la construcción se duplicó.


En los últimos días se conoció, por documentos entregados por Odebrecht en el marco de un acuerdo de colaboración con la Justicia, que el secretario de García cuando éste era presidente, Luis Nava, quien también fue su ministro, habría recibido 4,5 millones de dólares de Odebrecht. Nava recibió ese dinero cuando era secretario del entonces presidente, cargo desde el cual no tenía ninguna función ni poder directo sobre las obras concedidas a Odebrecht, por las cuales la empresa pagó sobornos para ganar las licitaciones y sobrevalorar dichas obras.


Su único poder era su cercanía al presidente. La fiscalía tenía la hipótesis que Nava era en realidad un testaferro e investigaba a García como el posible receptor final de esos sobornos. No era la única investigación judicial contra el fallecido ex presidente.


Documentos de Odebrecht han permitido encontrar un pago oculto de la empresa a García por 100 mil dólares y justificados como retribución a una conferencia del ex presidente. También se investiga el supuesto financiamiento ilegal con 200 mil dólares de la constructora a su campaña electoral.


Junto con la orden de detención a García, se ordenó el arresto de otras ocho personas, entre ellas el secretario Nava y un ministro del gobierno de García.


Cuando en noviembre pasado se dispuso su prohibición de salida del país, García intentó eludir las investigaciones judiciales pidiendo asilo en la embajada de Uruguay, el cual le fue negado. Esta vez, tal vez sintiéndose ya sin salida, optó por el suicidio.


En un mes Alan García iba a cumplir 70 años. En 1985, a los 36 años, se convirtió en el presidente más joven en la historia del país luego de ganar ampliamente las elecciones como candidato del socialdemócrata Partido Aprista.


Su primer gobierno estuvo marcado por la hiperinflación, escándalos de corrupción, el crecimiento de la violencia política interna y violaciones a los derechos humanos en el marco del combate a la subversión armada. Acusado de corrupción al terminar su gestión, se fugó del país. Regresó en 2001 luego que los cargos en su contra prescribieron y en 2006 se convirtió en presidente por segunda vez.


En su segundo gobierno dio un radical giro a la derecha. Esta segunda gestión también estuvo marcada por denuncias de corrupción. En eso no hubo cambios con su primer gobierno. Con muy buenos contactos en el sistema de justicia, tenía fama de intocable. Pero su suerte había comenzado a cambiar con el estallido del escándalo Odebrecht que lo tocó directamente.

Publicado enInternacional
Miércoles, 17 Abril 2019 06:49

Boeing: las alas de la codicia

Boeing: las alas de la codicia

El vuelo 302 de Ethiopian Airlines se estrelló pocos minutos después de despegar de Addis Abeba el 10 de marzo pasado, llevando a la muerte a 157 personas. El avión era un Boeing 737 Max. Cinco meses antes, el vuelo 610 de Lion Air, con el mismo tipo de aeronave, se desplomó después de despegar de Jakarta, provocando la muerte de 189 pasajeros y tripulantes.

Estos accidentes alertaron a las autoridades de muchos países y a los ejecutivos de Boeing. Algo debía estar mal con el avión 737 Max. Mientras la Unión Europea cerraba su espacio aéreo a este tipo de aviones, la Agencia Federal de Aviación (FAA) estadunidense se resistía. El CEO de Boeing, Dennis Muillenburg, llamó a Trump para insistir en que el 737 Max era un avión seguro y que sería un error impedir que continuara volando. Pero la presión internacional se intensificó, y el 13 de marzo la FAA no tuvo más remedio y decretó que toda la flota de 737 Max debía quedarse en tierra.

La semana pasada los ejecutivos de Boeing admitieron que ciertos problemas del sistema de control aerodinámico habían sido la causa del accidente. Esto abre las puertas a un tsunami de demandas no sólo de los familiares de pasajeros, sino de docenas de líneas de aviación que compraron esos aparatos y que ahora no pueden utilizarlos. Las cancelaciones de pedidos del 737 Max suman ya más de 456, y las pérdidas en el valor de mercado de las acciones de Boeing superan 4 mil millones de dólares. La compañía se encuentra en una situación comprometida.

Poco después de que Boeing reconociera que los sistemas electrónicos de control automático pudieran estar relacionados con el accidente, otras revelaciones mostraron que el problema era más profundo y se encuentra conectado con la feroz competencia con su rival Airbus por el control del mercado mundial de aviones. A final de cuentas, la causa de los accidentes se encuentra en la irresponsabilidad y codicia de ingenieros y ejecutivos de Boeing.

En 2010 la empresa europea Airbus dio a conocer planes para dotar a su familia de aviones A320 de un nuevo motor, más grande y eficiente en el consumo de combustible. La plataforma A320 había sido un éxito comercial y le había quitado una importante parcela de mercado a Boeing. El nuevo A320neo era una grave amenaza para Boeing. Sus dirigentes tuvieron que escoger entre diseñar una nueva familia de aviones o adaptar la estructura de los 737 para la nueva batalla.

El diseñar y lanzar una nueva familia de aviones es extraordinariamente costoso para una compañía de aviones y puede comprometer a toda la empresa. Así que Boeing prefirió dotar sus 737 de nuevos motores que pudieran rivalizar con los del A320neo.

Sólo que hay una diferencia esencial entre el Airbus A320 y el Boeing 737. El primero es más alto y permite instalar los nuevos motores sin problema. En cambio, el 737 es más bajo y por esa razón no podía acomodar los nuevos motores de mayor diámetro bajo sus alas. En 2010 la compañía estuvo a punto de cancelar esa estrategia, comenzar a diseñar una nueva familia de aviones y dejar que Airbus se quedara con una mayor parcela del mercado durante algunos años. Pero en 2011 los ingenieros de Boeing anunciaron que el problema de la baja altura del 737 se había resuelto, cambiando la posición de los motores sobre los montantes en las alas y elevándolos para alejarlos del suelo.

Pero el cambio en la posición de los motores cambió el comportamiento aerodinámico del 737. Al acelerar, el avión tiende a elevar la nariz por arriba del nivel de seguridad, y si eso no se corrige el aparato pierde velocidad y sustentación. Para corregir ese defecto, Boeing instaló un sistema electrónico MCAS, que automáticamente baja la nariz del avión. Este nuevo sistema casi ni se menciona en los manuales de operación, porque Boeing quería vender el 737 Max como un aparato esencialmente idéntico a los anteriores de la misma familia, lo que permitiría reducir el costo de entrenamiento para los pilotos.

Pero muchos pilotos estadunidenses se quejaron de que el avión mostraba una peligrosa tendencia a inclinar la nariz hacia abajo. Otros se quejaron de que no habían recibido información sobre el sistema MCAS, y que nadie les había indicado cómo desactivarlo.

La FAA debió comprobar que el cambio en la posición de los motores del 737 Max no comprometía la seguridad del avión. Pero en años recientes la FAA ha sufrido tantos recortes presupuestales que tuvo que delegar a Boeing la tarea de certificar la seguridad de sus propios aparatos. Este síndrome de la autocertificación es el mismo que se promueve en el sistema financiero y la industria farmacéutica. Boeing pudo vender sus aviones 737 Max al amparo de este sistema.

Los pedidos del 737 Max pasaron de 150 en 2011 a 914 en 2012, mientras los del nuevo A320 se desplomaron. Pero hoy los accidentes de Lion Air, en Indonesia, y de Ethiopian Airlines han llevado a Boeing al borde de la quiebra, con miles de aviones 737 impedidos de volar y demandas de compañías de aviación por pérdidas astronómicas. Las alas de Boeing se derriten al calor de la codicia.

Twitter: @anadaloficial

Publicado enEconomía