Sábado, 12 Octubre 2019 06:05

El sínodo por la Amazonia

El sínodo por la Amazonia

Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llama él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente mala, es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el Papa le paró el carro a un enviado que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. “La alta política es algo muy noble”, dijo.

Sabe que el trampolín a través del que las nuevas elites financieras se han encaramado al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época en la que le ha tocado ejercer su papado, es precisamente la antipolítica. La abonan a chorro tanto medios como empresarios y CEOS. Es el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Macri hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Peña Nieto hizo política? ¿Duque hace política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando el FMI entra a escena. Nombres variopintos. Dos salidos de la política traicionera y dos productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como “chorros” o “dictadores” los chorros y los dictadores de nuestro tiempo.

Cuando el Papa hizo su primera visita a la región fue a Brasil. Al encuentro de jóvenes. Y allí dijo su recordado “hagan lío”. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquél fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, y son estos nuevos cultos que apañan al neofascismo, y que están pensados como la nueva religión hegemónica de la región. Los que depositan en cada individuo recortado de los otros la posibilidad de su salvación en la tierra: tener suerte, si así fue la voluntad de Dios. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les ha tocado. No luchan. Rezan. “Hagan lío” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general que le da el Papa, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del lodo.

Esta semana en Roma el Papa inauguró el Sínodo por la Amazonía. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pedido de los obispos de diversos países a los que esta nueva camada de gobiernos odiadores los enfrentó de pronto con el hambre y el fuego. Esta semana se vio la foto de las decenas de camiones que empresas ganaderas mandan a las zonas deforestadas por el fuego.

En el Vaticano ahora están los delegados de las etnias aplastadas. El Papa recibe a los habitantes ancestrales --a quienes pidió perdón por la colonización ya hace unos años en Bolivia, pero eso que era una enorme noticia fue como otras miles de enormes noticias borroneada por los grandes medios--. El Papa recibe a los Garabombos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en esas etnias deslumbrantes que brotan de la Amazonía. Recibe a esos invisibles.

En la apertura del Sínodo, Francisco fue al hueso y nos compete, aunque la lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de nuestros países. Se refirió a la disyuntiva sarmientina “civilización o barbarie”. En estas notas se ha apuntado varias veces que esos términos se han invertido. “El lema de civilización o barbarie se ha usado para aniquilar pueblos originarios”, dijo. Los que se identifican con la civilización están trayendo una nuevo colonialismo”, dijo.

Las elites financieras que desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los bárbaros sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas, animales y vegetales. El Papa después tiró una flecha hacia Pichetto, aunque nombrando sólo a la Argentina. Dijo que en nombre de la civilización (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late en la región desde hace cinco siglos), se escuchan palabras denigratorias, “con el desprecio a los 'bolitas', a los ´paraguas´y a los cabecitas negras”.

Los que tenía enfrente mientras decía eso eran los guardianes de la naturaleza, los que como ha dicho también Chomsky, “han sido los que en la historia más han luchado por defensa de la vida en el planeta”. Son los que perseveran hace siglos y siglos, cuando nuestros países no existían, en el buen vivir, que no le demanda a la tierra más de lo que la tierra pueda dar sin arruinarse ni seguir estando allí, disponible y pródiga para las generaciones futuras.

Esos pueblos, que tienen su propia medicina, que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con los blancos, y algunos de ellos han tomado decisiones de una sabiduría extraordinaria, como los más populosos, que en lugar de vivir todos juntos se han repartido por diferentes zonas de la Amazonía para evitar desequilibrios. Esos invisibles que hoy deben huir de sus tierras porque el fuego las devora, en estos días tienen un interlocutor. Mientras desde la “civilización” llegan las fotos del hijo de Bolsonaro haciendo gracias con sus armas, mientras Ecuador se desangra, mientras en Colombia los activistas ambientales son asesinados todos los días, mientras en la Argentina se fumiga glifosato sobre escuelas rurales y hay niños y adultos enfermos soportando la amplia gama de envenenamiento que produce la ganadería o el cultivo transgénico a gran escala, ellos, los pueblos originarios, siguen guardando sus secretos y aspiran solamente a que los dejen en paz.

 Hoy son ellos la civilización a la que hay que mirar con interés político. Bolivia es el único país que ha logrado quedar en pie y sigue repartiendo justicia y felicidad, junto con desarollo. Nos los tenemos que tomar en serio. No por “un gesto”. Por algo mucho más profundo y lúcido: si logramos romper la fetichización del dinero como vara del poder político, se abrirá una nueva fase de nuestra cultura común. Ellos nunca fueron del todo incorporados como sujetos políticos en paridad con los demás. Como el machismo, el racismo es algo que a veces parece encapsulado como un virus transversal. Ese es el hueso. Porque el hueso es la tierra, pero también el modo de ser y estar en ella. Y los pueblos originarios saben de eso mucho más que nosotros. Muchísimo más.

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 Más de un tercio de los cultivos humanos necesitan de los insectos y aves para su polinización Natural Capital Project

La mitad de la población mundial sufrirá la merma de beneficios naturales como la polinización o la limpieza del agua en treinta años

 

En 30 años, más de la mitad de la población mundial sufrirá las consecuencias de una naturaleza malherida. Un amplio estudio ha modelado lo que los distintos ecosistemas y procesos biológicos ofrecen hoy a los humanos y lo que podrán darles en 2050. Por diversas causas, la mayoría antropogénicas, procesos naturales como la polinización de los cultivos o la renovación del agua reducirán su aportación al bienestar humano. La peor parte se la llevarán regiones que hoy tienen un mayor capital natural, como África y buena parte de Asia.

Los autores de la investigación determinaron la contribución natural de los diversos ecosistemas a tres procesos claves para los humanos: la polinización por parte de insectos y aves, la regeneración del agua mediante la retirada del exceso de nitrógeno procedente de la ganadería y la agricultura o la protección que diversas barreras naturales dan en la línea de costa. "La naturaleza ofrece mucho más a los humanos, en un anterior trabajo planteamos 18 grandes familias de contribuciones naturales, pero no hay datos de todas ellas y para todo el planeta", dice el investigador Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y coautor del estudio, Unai Pascual, para explicar la elección de estas tres contribuciones.

Solaparon aquellos datos con los de la población actual y la prevista en 2050 a escala local. El modelo incluyó también los distintos factores que más están deteriorando la naturaleza, como los cambios en el uso de la tierra en forma de deforestación y avance de la agricultura, la acelerada urbanización o el cambio climático. Por último, aplicaron su modelo a tres posibles escenarios: uno en el que las sociedades seguirán basadas en el uso de los combustibles fósiles como ahora, otro emergente que denominaron de rivalidad regional y un tercero protagonizado por la sostenibilidad.

El trabajo, publicado en Science, concluye que, en el peor de los escenarios, hasta 4.450 millones de personas podrían tener problemas con la calidad del agua por la incapacidad de los distintos ecosistemas de regenerarla. Además, casi 5.000 millones de humanos tendrán que soportar una significativa merma en los rendimientos de sus cultivos por una deficiente polinización.

Los peores resultados no se dan en el escenario donde el petróleo (y las emisiones de CO2) son la base del sistema, sino en el nuevo de rivalidad regional. "Es en un escenario de generación de bloques, donde el comercio internacional se regionaliza, algo que ya estamos viendo con el Brexit o Trump", comenta Pascual, que es también copresidente del informe de Evaluación sobre los Valores de la Naturaleza de la IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas). En este panorama de nacionalización de la globalización, el aumento de la población intensificará la presión sobre los recursos que la naturaleza puede ofrecer en muchas regiones del planeta.

Solo una apuesta por una trayectoria sostenible podría reducir el número de personas afectadas por el deterioro de los ecosistemas entre tres y diez veces. Sin embargo, sea cual sea el escenario que se dé dentro de 30 años, unos 500 millones de habitantes de las zonas costeras tendrán un mayor riesgo de erosión del litoral o de inundaciones.

El trabajo, que se ha plasmado en una potente herramienta visual del Proyecto Capital Natural, permite saber quiénes serán los que mas pierdan. Hasta 2.500 millones de personas del este y sur de Asia y otros 1.100 en África sufrirán una reducción en la calidad de su agua. Los riesgos costeros se concentrarán en el sur y el norte de Asia. Mientras, los mayores problemas con la polinización natural los tendrán de nuevo en el sudeste asiático y África, pero también en Europa y América Latina. En ambas regiones las personas afectadas podrían acercarse a los 900 millones.

"Los países en desarrollo, que ya estaban en desventaja social y económica, contaban con la supuestas ventajas del mayor capital natural, pero es aquí donde se degrada más rápidamente", señala Pascual.

Aunque la tecnología ha venido supliendo un número creciente de servicios que antes prestaba la naturaleza, esta vez podría no ser la respuesta. "Si nos referimos a tecnologías como aquellas que reemplacen por completo las contribuciones de la naturaleza, como puede ser la polinización manual de cultivos que hacen en China, o plantas de tratamiento de agua para eliminar el nitrógeno, o la elaboración de estructuras sólidas para proteger las costas, no me parece que sean solución", explica en un correo la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Patricia Balvanera, no relacionada con el estudio.

Especializada en la interrelación entre biodiversidad y bienestar humano, Balvanera lo explica: "No son soluciones, por un lado, porque no cumplen todas las funciones que cumple la naturaleza. El tener vegetación a lo largo de los ríos o los bordes de los lagos no solo contribuye a la retención de nitrógeno, sino también contribuye a la infiltración del agua, a bombear agua a la atmósfera, además de ser un lugar apto para la recreación. Lo mismo con los manglares, arrecifes, pastos marinos. No solo contribuyen a la protección costera, sino que son las guarderías de los peces y por lo tanto contribuyen a la regulación de las pesquerías".

La concentración de las mayores pérdidas de capital natural en las zonas más pobres que revela el estudio también hace inviable la apuesta tecnológica. Así lo argumenta la investigadora mexicana: "No es realista que Madagascar pueda invertir en construcciones costosas para la protección costera. No es realista que la India pudiera poner cientos o miles de plantas de tratamiento de agua. Tampoco es realista que China compense toda la polinización con trabajo manual".

Más realista parece conservar la biodiversidad allí donde más ofrece. Y, como dice en una nota la científica del Proyecto Capital Natural y coautora del estudio Becky Chaplin-Kramer, "contamos con la información que necesitamos para evitar los peores escenarios que proyectan nuestros modelos y avanzar hacia un futuro justo y sostenible".

11 OCT 2019 - 04:47 COT

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El humano tiene la misma molécula que las salamandras para regenerar sus cartílagos dañados

El hallazgo puede mejorar el tratamiento de la artrosis, una dolencia que padece el 30% de la población española

 

No poder escribir y apenas teclear, tener dificultades para andar o sujetar una cuchara y sentir ansiedad y depresión por falta de movilidad son algunas de las consecuencias de la artrosis causada por lesiones, sobrepeso o envejecimiento. La doctora Virginia Kraus, de la Sociedad Internacional de Investigación de OsteoArtrosis (OARSI) e investigadora en la Facultad de medicina de la Universidad Duke, destaca como uno de los países más afectados por esta enfermedad a España, donde el 30% de la población la padece. Aunque el humano es incapaz de regenerar a la perfección una extremidad de su cuerpo como la salamandra lo hace con su cola, un estudio que se publica este miércoles en la revista Science Advances, demuestra que el cuerpo contiene la misma molécula que ella, llamada microRNA, en cantidades más pequeñas. Este elemento biológico tiene un papel crucial en la reconstrucción de un cartílago dañado y el aumento de su presencia puede mejorar el tratamiento de esta enfermedad tan expandida.

La salamandra se beneficia de una gran cantidad de estas moléculas que le permite reparar una y otra vez cualquiera de sus miembros dañados. El proceso de regeneración de proteínas en los cartílagos del animal o del humano es constante e incrementado por el estado de estrés de la molécula, explica Kraus, coautora del estudio. El cartílago puede regenerarse una y otra vez aunque poco a poco su actividad se vaya desgastando.

Para Josep Verges, el presidente de la Fundación Internacional de Artrosis, con sede en Barcelona, la asociación exclusiva de esta dolencia y envejecimiento es “un error”. El 20% de la gente de avanzada edad no tiene artrosis y el 23,5% de las mujeres mayores de 15 años, sí. “Es más una enfermedad de género que de envejecimiento”, añade el especialista. España se ve tan afectada por dos motivos principales: porque su población es de las más longevas del mundo y porque tiene una gran actividad deportista y un alto nivel de competición. Sea por el paso del tiempo o por el exceso de ejercicio, las articulaciones se ven perjudicadas. “Se considera una enfermedad grave. Los pacientes aumentan porque la esperanza de vida crece. Es como un tsunami. El problema es muy importante y cuesta hasta 4.800 millones de euros al año tratar este sufrimiento”, explica Verges.

El cartílago es un tejido muy difícil de recuperar y cada articulación es muy diferente, precisa el experto español de acuerdo con el trabajo publicado. El estudio desvela la complejidad del mecanismo y sobre todo, "lo más sorprendente e importante" para Kraus, que las proteínas presentes en las distintas zonas del cuerpo no son de la misma edad. El tobillo, cuya articulación se cura con rapidez y no puede originar artrosis primaria, tiene proteínas más jóvenes que la rodilla (de edad media) y que la cadera (proteínas viejas). Las moléculas microRNA son las líderes de la cadena de reparación. En función de la cantidad, permiten regenerar las proteínas del tejido gracias a un sistema de rotación: las viejas desaparecen y nacen unas nuevas. En el tobillo, por ejemplo, las moléculas son más activas y por lo tanto hay un nacimiento constante de proteínas. 

“Los humanos no podemos regenerar un miembro como la salamandra o el pez cebra porque no tenemos suficiente moléculas y probablemente carezcamos de las más importantes”, cuenta Kraus, “tenemos que encontrar las que nos faltan y podremos actuar”, prosigue. A la espera de un tal descubrimiento, la científica cree que es posible inyectar más moléculas clave para estimular la reparación natural del cartílago. Además, en un ensayo que se hizo sobre una rata, la inyección redujo el dolor del animal. La investigadora está segura de que gracias al nuevo conocimiento se podrá prevenir el sufrimiento y el deterioro de las articulaciones.

La prevención y la educación son los dos elementos esenciales para luchar contra esta enfermedad, declara Verges, amigo y colaborador de Kraus. El tratamiento de la artrosis es muy complejo y el proceso que propone el estudio también, opina. "Es un gran paso adelante, pero la solución no va a salir mañana”, prosigue.

Por ahora, hay algunas medidas previas para no entrar en el círculo vicioso de la artrosis: evitar la sobrecarga en las articulaciones, mantener una musculatura mínima necesaria y llevar un buen calzado. Para tratar los pacientes afectados, ya existen algunos fármacos que frenan el desarrollo de la enfermedad y disminuyen el dolor del paciente. También se efectúan trasplantes de condrocitos sanos (células presentes en el cartílago) en la zona afectada para mejorar su movilidad. 

10 OCT 2019 - 03:22 COT

	 Janet y Norka, activistas de Fuerza de Mujeres Wayúu, posan en un río seco cercano a una multinacional minera que actúa en La Guajira, al norte de Colombia. Janet y Norka, activistas de Fuerza de Mujeres Wayúu, posan en un río seco cercano a una multinacional minera que actúa en La Guajira, al norte de Colombia. Pablo Tosco Oxfam

Oxfam entrega un informe en el que acusa al Gobierno de Iván Duque de aplicar “medidas cosméticas” que no detienen los ataques

 

Desde 2016, cuando se firmó el acuerdo final entre las FARC y el Gobierno colombiano, hasta la fecha, 55 defensoras de la tierra y el medio ambiente han sido asesinadas. En el primer semestre de este año hubo un homicidio de una líder social cada dos semanas y los ataques contra ellas han aumentado un 97% respecto al mismo periodo del año anterior, según el informe Arriesgando la vida por la paz, de Oxfam, que se publica en varios países.

La confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales denuncia que estas agresiones son sistemáticas y convierten a Colombia en el segundo país más peligroso del mundo para defensoras del medio ambiente, después de Filipinas, de acuerdo con la clasificación de Global Witness. ¨La conclusión no da lugar a dudas: la violencia contra lideresas y líderes tiene una naturaleza repetitiva, invariable y continúa, y no responde a una casuística accidental o aleatoria. Las víctimas son selectivas (lo que se demuestra porque más del 50% de las personas fueron atacadas o asesinadas en sus casas), se busca aquellas víctimas con menor protección (todas ellas llevaban a cabo su labor a nivel territorial con poca visibilidad nacional) y la gran mayoría se caracteriza por ir en contra del poder hegemónico (grupos ilegales o grupos económicos con intereses en el territorio¨, afirman en el informe.

La organización hace fuertes críticas al Gobierno de Iván Duque por su respuesta ante estos crímenes. ¨Las que persisten en la lucha están en grave peligro, y ningún indicio apunta a que esta escalada de la violencia vaya a disminuir. Las medidas que ha tomado, como el Plan de Acción Oportuna (PAO), son más cosméticas que avances reales. No se aborda la necesidad de garantizar un entorno habilitante para que defensoras y defensores puedan actuar en sus comunidades¨.

En ese sentido, Oxfam, que está presente en Colombia desde 1982, le hace recomendaciones al Gobierno. Sugiere ¨convertir la seguridad de las defensoras en política de Estado y, propone marcarse como objetivo “semanas a cero”, es decir, semanas sin ninguna víctima ni ataques¨. También, retomar las negociaciones de paz con la guerrilla del ELN y apostar por el acuerdo de paz con las FARC, entre otras cosas.

El documento es parte de la campaña internacional Juntas Somos Victoria, con la que esta organización junto a la Plataforma de Incidencia Política de Mujeres Rurales Colombianas, International Land Coalition y Somos Defensores, hacen un llamamiento a los distintos Gobiernos del mundo para salvaguardar la vida de las defensoras. Varias de ellas estarán de gira por Europa, Estados Unidos y en la sede de la ONU en Nueva York, para contar directamente los peligros a los que se enfrentan.

A la Unión Europea, por ejemplo, le recomiendan que se cree un grupo de trabajo sobre la situación de las defensoras en la comisión del Parlamento Europeo sobre Derechos de la Mujer e Igualdad de Género (FEMM). Y que allí se expida una resolución de urgencia para establecer mecanismos de protección. A España, donde se presentará el informe, le piden que frene la ¨venta de armas a Colombia¨, que se da en el marco del Tratado de Comercio de Armas, que España ratificó, así como en la Ley de Comercio de Armas de 2007. Y, finalmente, que continúe con el liderazgo que ha mostrado en la Mesa Nacional de Garantías y lidere dentro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas una agenda específica sobre las defensoras medioambientales de Colombia.

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 El entrenador del ave espera que las fotografías sacudan la apatía del mundo para que actúe de manera más rápida.Foto Ap

París. Las imágenes serán impactantes, pero también una muestra de consecuencias funestas. Con una cámara montada entre sus alas, un águila de cola blanca llamada Victor observará el mundo mientras vuela sobre los Alpes y captará imágenes de magníficos glaciares que se están derritiendo debido al calentamiento del planeta.

Es poco probable que su desaparición sea un espectáculo agradable y ese es precisamente el punto. Victor hará hasta cinco vuelos esta semana sobre los Alpes. Los organizadores esperan que el espectacular visión del águila ayude a que el mundo se sacuda la apatía sobre el cambio climático y trabaje en acciones más rápidas para combatir sus efectos.

Su adiestrador espera que ver el mundo como lo ve un águila también ayude a convencer a los espectadores de la importancia de proteger a las aves y sus entornos, en especial después de un reporte reciente que da testimonio de su declive devastador.

La humanidad tiene dos sueños: nadar con delfines y volar con águilas, afirmó Jacques-Olivier Travers, experto en halcones y fundador de Freedom Conservation. Esta es la primera vez que realmente montaremos sobre la espalda de un águila a tal distancia y con estas panorámicas ver cómo vuela.

Si el tiempo lo permite, el águila de nueve años emprenderá el vuelo desde el pico del monte suizo Piz Corvatsch con una cámara de 360 grados montada en su espalda y un localizador satelital GPS para seguir su recorrido. Victor volará sobre Alemania, Austria e Italia antes de llegar a Francia el 7 de octubre.

Durante cada vuelo, el ave volará entre 3 y 5 kilómetros y descenderá de mil 500 a 3 mil metros en busca de Travers.

No tengo un control remoto. Si él no me ve o decide no acercarse, podría irse a donde sea, explicó Travers. Es por eso que los vuelos dependen del tiempo. Si la visión de Victor se oscurece por las nubes, no vendrá, es esencial que me vea.

 El gran trozo era uno de los llamados "dientes flojos" por estar unido de forma precaria a Amery. En la imagen se muestra otro de esos bloques.Foto Afp

Un gran iceberg, de más de mil 600 kilómetros cuadrados y que contiene 315 gigatoneladas de hielo, se separó de la plataforma Amery de la Antártida Oriental.

Las plataformas son hielo flotante que se forman donde la capa congelada se encuentra con el océano. No afectan directamente el nivel del mar porque están flotando, como un cubo de hielo en un vaso de agua. Cuando se derrite sobre tierra firme es el causante del aumento del nivel del mar.

Helen Fricker, del Instituto Scripps de Oceanografía y coautora del hallazgo, señaló que este tipo de evento no está relacionado con el cambio climático: ocurre de forma natural cada 60-70 años.

"Sin embargo, este evento es parte del ciclo normal de la plataforma de hielo y, aunque hay mucho de qué preocuparse en la Antártida, todavía no hay motivo de alarma para Amery, en particular", explicó Fricker en la cuenta de Twitter de Scripps. Se trata de la tercera plataforma más grande de la Antártida.

El iceberg provenía de la parte occidental de un sistema de grietas en la parte delantera de la plataforma de hielo.

El sistema de grietas era el límite de un gran trozo de hielo que se había denominado el "diente flojo" desde 2002, porque parece haber estado unido de forma precaria durante algún tiempo.

El nuevo bloque masivo de hielo ha sido designado D-28. Los satélites continuarán observando el nuevo iceberg, porque podría convertirse en un peligro.

Fricker aseguró que este evento de desgarro subraya la importancia de las observaciones a largo plazo en la Antártida para comprender el ciclo natural de las capas de hielo, con la finalidad de que los científicos puedan comprender mejor los fenómenos provocados por el cambio climático del ciclo natural de "fondo".

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 Un niño permanece junto a una bomba de agua instalada por una empresa minera china en Masumbiri, Sierra Leona, el 26 de julio de 2019. Nellie Peyton Thomson Reuters Foundation

Los pueblos colindantes a una mina quieren un hospital, un colegio y agua potable, pero de momento ni los han obtenido ni han dejado de ser pobres

Cuando los mineros chinos llegaron al pueblo de Masumbiri, en el norte de Sierra Leona, en busca de oro, todo el mundo se puso a la cola para conseguir un empleo. Los adolescentes mentían acerca de su edad, y las mujeres y las niñas iban a cocinar y limpiar el campamento de los trabajadores, un complejo cerrado situado en la ladera de una montaña cercana que da a los campos de arroz.

Dayu, una empresa privada que empezó a operar en Sierra Leona en 2018, no era más que la última de una serie de compañías chinas en busca de oro atraídas por la riqueza mineral del subsuelo del distrito sierraleonés de Tonkoili. "Al principio la gente estaba muy contenta con los empleos", cuenta Hasan Tholley, el envejecido jefe de Masumbiri, sentado en su porche junto a los ancianos del lugar en este pueblo de calles de tierra. Pronto, cientos de jóvenes con casco empezaron a llevar un sueldo a casa, y la población, con sus 5.000 habitantes, tuvo por primera vez cobertura móvil y bombas de agua, todo cortesía de Dayu.

Sin embargo, cuentan los lugareños, al cabo de 18 meses del comienzo del proyecto, cuyo valor asciende a miles de millones de dólares, el sueldo que ganaban no compensaba la pérdida de tierras, y la pobreza empeoró.

Al igual que muchos otros países africanos, Sierra Leona ha cortejado a las empresas extranjeras que pagan a los Gobiernos elevadas tasas por los derechos de extracción, mientras que la población local a menudo tiene la sensación de que no se le pide su opinión ni recibe ningún beneficio.

China es, con diferencia, el mayor exportador de minerales de África subsahariana. En la última década ha invertido alrededor de 30.000 millones de dólares en minería metálica en el continente, alrededor del 15% de ellos en Sierra Leona. Allí, la extracción de oro ha sido un sector relativamente pequeño comparado con el de los diamantes o el mineral de hierro, pero está aumentando con empresas como Dayu, que afirma tener la mayor mina de oro subterránea del país. Su explotación es el único proyecto de la compañía.

Varios equipos menores, algunos de los cuales operan ilegalmente, también extraen oro de la zona al mismo tiempo que las empresas grandes. "Considerando la actividad de extracción, las comunidades deberían estar experimentando un gran desarrollo", señala Mohamed Smooth Bagura, miembro del consejo del distrito de Tonkoili.

A lo largo de la pista embarrada y llena de baches que conduce a Masumbiri, los carteles oxidados anuncian las compañías mineras que llegaron y se fueron. Los únicos coches, edificios o carreteras nuevas en un radio de kilómetros estaban en el campamento chino.

Empleos

Desde su tienda de la calle principal de Masumbiri llena de cerraduras, camisetas y relojes, Ibrahim Thulleh cuenta que el negocio ha disminuido. "Desde que llegó Dayu, la gente tiene menos dinero para gastar", se lamenta durante una tarde calurosa, sentado en su choza descubierta.

Antes de Dayu, durante algunos años no hubo en el pueblo ninguna compañía minera grande. La gente acudía en masa a buscar pepitas de oro, a menudo con éxito, y luego iba a la tienda de Thulleh a gastar lo ganado. Dayu contrató a unos 350 lugareños, y los demás mineros se fueron porque la empresa se quedó con los yacimientos que ellos explotaban.

Thulleh cuenta que, cuando los trabajadores reciben la paga —cada uno cobra entre 50 y 150 dólares al mes—, la reparten entre la familia y los vecinos y la utilizan para liquidar sus deudas. "A final de mes no queda dinero", cuenta Abdulai Kargbo, un minero de 29 años que tiene uno de los empleos mejor pagados: ocuparse de las voladuras y la perforación de la montaña en busca de oro. Antes de Dayu, transportaba a gente en su moto y ganaba entre 10 y 15 dólares al día, más del doble de lo que gana ahora, cuenta el trabajador, que es padre de seis hijos. Las ventajas de un empleo estable no compensan la mengua de los ingresos, asegura. Dentro de unas semanas, cuando lleve un año trabajando en la mina, piensa dejarlo y volver a la moto.

A William Bangura, que tiene dos hijos trabajando para Dayu, no se le ocurre nada que la familia pueda comprar ahora que no pudiese permitirse ya antes. "Solo nos llega para ir tirando", se queja. Aún así, está agradecido por los empleos. "No teníamos elección", sentencia.

En vez de cribarlas a mano y venderlas en el sitio, ahora las partículas de oro se extraen triturando las rocas en una planta de procesamiento situada en la ladera de la montaña. En el suelo de la última sala se apilan grandes bolsas blancas llenas de polvo gris que contiene unos cuantos gramos de oro. En este estado se transporta en camiones al puerto donde se embarca rumbo a China.

Repartir la riqueza

Sierra Leona está "abierta a las empresas", anunciaba el presidente Julius Maada Bio, que ha pregonado su mensaje entre los inversores de China, Gran Bretaña y Emiratos Árabes Unidos desde que llegó al cargo el año pasado con el compromiso de garantizar que su país se beneficiaría de la minería. De acuerdo con el Código de Minería, las compañías como Dayu pagan medio millón de dólares anuales al Gobierno por una licencia de extracción a gran escala, y se les exige que dediquen el 0,01% de sus ingresos al desarrollo de las comunidades.

Pero las medidas para el desarrollo de las comunidades no están claras y el código no siempre se aplica, afirmaba el Gobierno el año pasado al anunciar una nueva política minera dirigida a poner en marcha una serie de reformas.

Dayu ha decidido aumentar su contribución al 1%, pero todavía está negociando las condiciones con la población local, informaba Mohamed Daffae, gestor encargado de relaciones con la comunidad. Los tres pueblos de la zona piden cosas diferentes. Uno quiere un colegio, otro un centro de salud, y el tercero necesita agua potable, explica el concejal Bangura. Hasta ahora solo se han instalado las bombas de agua, que llega directamente del río sin filtrar. "Hacemos todo lo que podemos para contribuir al desarrollo de la comunidad", declara Peng Hui Yao, director general de Dayu. "Queremos sinceramente que la gente de la zona sea feliz".

Según Daffae, la población está impaciente por que le lleguen los beneficios. "La principal dificultad es que entiendan la concesión", añade desde su oficina del complejo. Los lugareños creen que la tierra y los minerales son suyos, pero no tienen autorización, afirma.

El acuerdo de Dayu con el Gobierno da acceso a la empresa a 9,6 kilómetros cuadrados durante 25 años. Hace poco, Daffae se encontró con la resistencia de la gente del lugar que estaba extrayendo oro de la zona en la que la empresa china quería excavar. "Tuve que desplazarme hasta allí y explicarles que no pueden parar una explotación como esta, que es para todos nosotros", concluye.

Este artículo ha sido realizado gracias al apoyo de la Fundación Thomson Reuters, la sección sin ánimo de lucro de Thomson Reuters dedicada a informar sobre temas humanitarios, derechos de las mujeres y LGTB+, tráfico de personas, derechos de propiedad y cambio climático.

Por Nellie Peyton y Richmond Tholley

MASUMBIRI (Sierra Leona) 20 SEP 2019 - 03:01 COT

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Sábado, 14 Septiembre 2019 06:37

Internet de las vacas

Internet de las vacas

Puede ser que le suene a broma, pero es real. Es un aspecto más de la invasión de tecnologías digitales en agricultura y alimentación, que propone una agricultura sin agricultores, industrializada desde la semilla al plato o al vaso de leche, y controlada por grandes empresas de agronegocios, maquinaria, informática. También un negocio más para las de telecomunicaciones. Telcel, por ejemplo, la promociona en su sitio como parte de la llamada "Internet de las cosas", en la cual la meta es aumentar exponencialmente los artefactos conectados a Internet en la vida cotidiana, desde las industrias hasta los hogares, que interactúan entre sí y con nuestros aparatos.

Empresas como IBM, Cisco y Huawei ofrecen paquetes tecnológicos para el Internet de la vacas. Se trata de dispositivos digitales (collares y/o chips) que se colocan en cada vaca para medir su pulso, temperatura, pico de fertilidad y otras condiciones de salud relacionadas con el sistema digestivo. Los datos se trasmiten por Internet a una nube de las propias compañías, que los almacena en sistemas de datos masivos ( big data), los analiza con inteligencia artificial y envía los avisos que el programa estime pertinentes a un computador o teléfono de la empresa agrícola o hacienda. También hay chips interactivos que pueden dirigir al ganado para su ordeñe cuando es hora, conectado a un sistema automatizado de ordeñe instalado previamente a la medida de la vaca en cuestión. Cada dispositivo está asociado a una vaca en particular.

Desde hace una década existen sistemas satelitales de monitoreo de ganado en ciertas áreas. La diferencia ahora es que la recolección de antecedentes es mucho más amplia, los datos son sobre cada animal y toda la información va a una nube de esas empresas, o según los contratos podrían ser nubes compartidas de Bayer-Monsanto o de maquinaria agrícola como John Deere.

También hay Internet de los cerdos y las ovejas, con bases similares. La idea no es que el proceso termine en cada rancho, sino que el monitoreo siga a cada animal individualmente, en las transacciones de ganado en pie, a través del uso de sistemas de cadenas de bloques ( blockchain) y pagos con criptomonedas, y luego las siga hasta el matadero y en cadenas de certificación que incluyen seguimiento del procesado, venta al menudeo y hasta nuestro refrigerador, supuestamente dando la ilusión de que sabremos más sobre lo que consumimos, cuando en realidad es lo opuesto. Es un sistema para que haya aún más separación entre productores y consumidores.

Tanto IBM como Microsoft han avanzado en sistemas digitales que abarcan toda la producción agropecuaria de una hacienda o establecimiento rural. El paquete que presentó Microsoft en México a mediados de este año ofrece un sistema de monitoreo permanente de la condición de suelos, humedad y agua, estado de los cultivos (si necesitan riego, si hay enfermedades, plagas, etcétera), datos climáticos, datos del tiempo (dirección del viento, lluvias, etc.) para avisar desde la nube de Microsoft cuándo y dónde sembrar, aplicar riego, fertilizantes o agrotóxicos, cuándo cosechar, etcétera. Para resolver el tema de la conectividad rural, elemento clave del sistema, pero que falta en zonas rurales, Microsoft usará los "espacios blancos de Tv", que son bandas de televisión en desuso. Esto permite instalar un router de Internet en cada propiedad, conectando sensores, drones, chips, teléfonos y computadoras con la red electrónica ­–que alcanza con este sistema un radio de varios kilómetros– para enviar la información a la nube de la compañía.

Las mayores empresas de agronegocios, como Bayer-Monsanto, Syngenta, Corteva (fusión de Dow-DuPont) y Basf, tienen divisiones digitales con proyectos de ese tipo. Desde 2012 cuentan con diversos acuerdos de colaboración o compañías conjuntas con las mayores firmas de maquinaria (John Deere, AGCO, CNH, Kubota) en sistemas de big data, nubes para almacenado y computación, y empresas de drones. Por ejemplo, Precision Hawk, Raven, Sentera y Agribotix son empresas creadas en colaboración entre las multinacionales de semillas-agrotóxicos y las de maquinaria (https://tinyurl.com/y5ejf844).

Cada propiedad conectada aportará una gran cantidad de datos que las empresas se apropian. En la medida que este sistema avance obtendrán mapas de recursos, suelos, agua, bosques, minerales, biodiversidad y regiones enteras, lo que les permitirá visualizar y negociar proyectos mucho más allá de cada hacienda o vender la información a empresas, como mineras y otras.

Nuevamente, como con los transgénicos, las empresas alegan que esta digitalización de la agricultura y la alimentación es para proveer a una creciente población mundial y aumentar la producción. En realidad se trata de un proyecto de agricultura sin agricultores y con alto uso de agrotóxicos y semillas patentadas, orientada a la expansión de empresas (muchas ni siquiera agrícolas). Un proyecto donde, desde la semilla al plato, el control lo tenga una cadena de trasnacionales que no dejará ninguna opción de decisión real a los agricultores, alejará más a los consumidores, amenazando de paso los territorios de producción campesina, que son los que realmente alimentan a la mayoría.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

La naturaleza se quema y la política se agota

Los incendios en la Amazonia están afectando a Brasil, Bolivia, Perú y Paraguay, países con gobiernos de ideologías opuestas, pero con iguales modelos de desarrollo extractivista y agropecuario.

En los primeros días el fuego te acorrala; en los días siguientes las cenizas te entristecen. Así pueden describirse mis sensaciones en una de mis visitas años atrás a las zonas amazónicas de Brasil, Perú y Bolivia. Estas coincidieron con incendios como los que hoy causan alarma mundial.

Cuando las llamas están activas, el humo inunda todo, es peligroso transitar los caminos por la poca visibilidad, hay momentos en los que cuesta respirar, la garganta se inflama y los ojos lagrimean. Cuando las llamas se apagan, el ocre y el gris dominan las escenas. Aquí y allá siguen erguidos los restos de algunos árboles, mientras que en el suelo, entre las cenizas, aparecen de tanto en tanto los cadáveres calcinados de animales que no pudieron escapar.

Esta destrucción de la fauna y la flora es lo que está repitiéndose en estos días en América del Sur. Si bien la prensa convencional insiste con los titulares sobre la Amazonia y sobre Brasil, la realidad es más compleja, y también más hiriente.

En efecto, este tipo de incendios está ocurriendo en estos momentos en por lo menos cuatro países sudamericanos; además de Brasil, afectan a Bolivia, Perú y Paraguay. A su vez, se están quemando selvas tropicales húmedas, la Amazonia, pero lo mismo está sucediendo con los bosques secos y sabanas arboladas, como la Chiquitanía en Bolivia o el Cerrado brasileño.

En los datos más recientes, el número de incendios en Brasil superó los 82 mil focos (al 26 de agosto), la cifra más alta desde 2010, y casi el doble de lo registrado en estas mismas fechas en el año anterior. En Bolivia son más de 19 mil focos (el doble que en 2018), en Paraguay más de 10 mil (manteniéndose en valores semejantes al año anterior), y en Perú más de 6 mil (un poco más del doble).

Todas las grandes regiones ecológicas del trópico y subtrópico sudamericano están afectadas por los incendios. Por ejemplo, en Brasil, aproximadamente la mitad de los focos se ubican en la Amazonia, pero casi un tercio ocurren en el Cerrado, y un 10 por ciento en los bosques atlánticos. Bolivia en estos momentos vive el drama de ver cómo enormes áreas de bosques secos e incluso su Pantanal están siendo devorados por las llamas (las pérdidas al día de hoy se estiman en 1,5 millones de hectáreas). Por lo tanto, pensar que solamente está ardiendo la Amazonia brasileña es una simplificación. Las pérdidas ecológicas en todos esos ambientes son enormes. Por ejemplo, el bosque seco de la Chiquitanía es único en su tipo en todo el continente, y se estima que más de 750 mil hectáreas ya se quemaron.

EL CHAQUEO DE AYER Y LA DEFORESTACIÓN DE HOY.

La quema de bosques o campos, el llamado “chaqueo” en algunos sitios, ha sido una práctica tradicional realizada especialmente por pequeños campesinos e indígenas. Afectaba a pequeñas superficies en tanto estaba directamente vinculada al autoconsumo de alimentos o por limitaciones tecnológicas. Todo eso ha cambiado en las últimas décadas a medida que han llegado a las áreas tropicales y subtropicales todo tipo de colonos y empresas. Los incendios de hoy nada tienen que ver con aquellos del pasado.

En la actualidad se deforestan y queman amplias zonas, casi siempre con el propósito de liberar espacio para la ganadería extensiva, aunque en otros sitios es para la agricultura. Para hacerlo a esa mayor escala se necesitan importantes recursos materiales, como motosierras y maquinaria pesada, y mucho capital para financiar una ingeniería de trámites legales o ilegales, formales o amparados en la corrupción. Detrás de esto no están ni los indígenas ni los pequeños agricultores.

Esa presión ganadera puede ser brutal. Por ejemplo, en la zona de San Félix de Xingú (estado de Pará), se concentra un rodeo vacuno de más de 2 millones de cabezas. Factores como esos empujan a la agropecuaria convencional a las áreas naturales tropicales y subtropicales.

A su vez, la diseminación de los monocultivos, especialmente de la soja, en otras zonas de Brasil, pero también en Bolivia y Paraguay, hace que los ganaderos se desplacen hacia nuevas áreas a deforestar. Todo esto genera un enorme arco de deforestación amazónica que atraviesa América del Sur, desde la costa atlántica brasileña hasta las faldas de los Andes en Bolivia y Perú. Es una franja de casi 3 mil quilómetros de largo; una distancia similar a la que separa Madrid de Varsovia.

BOLSONARIZACIÓN PARA MILITARIZAR LA AMAZONIA.

Esta problemática se ha agravado notablemente bajo el gobierno de Jair Bolsonaro. Por un lado, recortó controles ambientales en cuestiones críticas como la deforestación, redujo el presupuesto del Ministerio del Ambiente, cesó a personal clave en las agencias del ambiente y de conservación de la biodiversidad, maniobró para que se cancelaran multas a los infractores ambientales, y mucho más.

Por otro lado, Bolsonaro y su equipo han hostigado repetidamente a los ambientalistas, indígenas y pequeños campesinos, presentándolos como trabas al progreso, potenciales criminales e incluso como responsables de los incendios. Tan sólo como ejemplo, el 27 de agosto, en la reunión con los gobernadores de los estados amazónicos, en lugar de analizar la crisis ecológica volvió a quejarse de que los indígenas ya tienen demasiadas tierras y anunció que no aprobará nuevas áreas protegidas.

Bolsonaro tampoco duda en repeler las críticas diciendo que son parte de un complot del exterior para quedarse con la Amazonia brasileña. Esa retórica tiene antecedentes desde por lo menos la década de 1970, cuando el gobierno militar se oponía a las primeras negociaciones internacionales ambientales. Bolsonaro revive parte de ese vocabulario, viene colocando a militares en puestos afectados a la gestión ambiental y ha dado señales de resucitar un programa de control militar en las fronteras amazónicas. Bajo esas condiciones, no puede sorprender que recibiera cierto respaldo de otro gobierno muy conservador, el de Ivan Duque en Colombia. Este también ha presentado un nuevo plan de desarrollo en el que la gestión ambiental pasa a ser parte de la estrategia de seguridad del Estado.

LA GEOPOLÍTICA AMAZÓNICA.

La condición internacional de la Amazonia volvió al primer plano con la reacción internacional ante los incendios. Una circunstancia que aprovechó Emmanuel Macron, en la que hay poco de ambientalismo y mucho de oportunismo comercial y político. Pero el problema es que, por lo menos desde la década de 1980, los gobiernos brasileños por un lado insisten en el control soberano sobre su Amazonia, pero al mismo tiempo repiten que no tienen dinero para protegerla y reclaman ayudas a los países industrializados. Desde allí se construyeron diversos mecanismos, financiados especialmente por Europa.

Por ejemplo, en 1992 se inició el Programa Piloto de Protección de los Bosques Tropicales del G7 (Ppg7), que funcionó hasta 2009, con un presupuesto de más de 460 millones de dólares. Cuando se hacía lobby por esos dineros, desde Brasil se insistía en que la Amazonia era un ecosistema único en el planeta y que los países ricos debían colaborar a protegerlo. También se alentó una visión deformada, como si sólo existiera Amazonia en Brasil, dejando en segundo plano a los otros países que comparten la cuenca. De ese modo, las propias autoridades brasileñas durante al menos 30 años han contribuido a ese entrevero que ha oscilado entre una Amazonia “solo mía” a otra que sería “de toda la humanidad”.

La actual crisis ha expuesto en toda su crudeza las tensiones entre la soberanía nacional y las responsabilidades ecológicas, no sólo hacia adentro de un país, sino con sus vecinos y con la salud ecológica planetaria.

LAS CENIZAS IDEOLÓGICAS.

El problema se vuelve más complejo cuando se entiende que las quemas y la crisis ambiental se repiten en las naciones vecinas. No sorprende que ocurra con gobiernos conservadores como los de Colombia, Perú y Paraguay. Más difícil se vuelve asumir que en Bolivia, desde posturas ideológicas que se presentan como opuestas, también se han debilitado los controles ambientales, se perdonaron las faltas a los deforestadores y se alienta el avance del agronegocio.

El gobierno de Evo Morales cita a la Pachamama, pero sus acciones concretas han sido las de promover la explotación minera, petrolera y agropecuaria, y por ello enfrenta un desastre ecológico similar. Así como Bolsonaro ataca a los ambientalistas, la administración de Morales se burla de ellos, los hostiga y ha amenazado con expulsarlos del país.

En los progresismos, la retórica se nutre de otros argumentos. Por ejemplo, el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, cita a Marx y a Lenin, pero también sostiene que la protección de la naturaleza es un invento del norte y por eso no deberían ser guardabosques de nadie. Tuvieron éxito en esa promesa: no cuidaron los bosques y ahora se están incendiando. Y aunque los aderezos de sus discursos son opuestos a los de Bolsonaro, las similitudes en sus esencias dejan un gusto muy amargo.

Por todo esto, cuando se leen los titulares de la prensa en Madrid, Londres o París, siempre queda esa sensación de que realmente no están entendiendo lo que ocurre aquí en el sur. Es más sencillo atacar a Bolsonaro, en tanto es machista, racista, violento y autoritario, pero es más dificultoso asumir las serias contradicciones en otras tiendas políticas. Nos cuesta entender que estamos ante una crisis ecológica de escala continental y que ella también expresa el agotamiento de las ideologías políticas herederas de la Europa ilustrada. Las viejas políticas, todas ellas, han caducado. La cuestión es comprenderlo para construir alternativas antes de que se queme el último árbol.

*    Miembro del Centro Latino Americano de Ecología Social.

(Tomado de Ctxt por convenio)

Publicado enMedio Ambiente
Roberto Aruj, investigador Untref, UBA y OIM.

Roberto Aruj analiza las causas históricas del desastre actula en esa zona y explica las propuestas que hizo al gobierno brasileño.

 En medio del gran incendio que arrasa con el Amazonas y se propaga sin tregua a través del continente americano, son cada vez más las personas que se ven forzadas a dejar sus hogares en búsqueda de un nuevo destino o que se preguntan cómo seguir en el barrio que las vio crecer cuando, a su alrededor, todo es cenizas. Roberto Aruj, investigador de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref), de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) analiza los movimientos poblacionales provocados por eventos climáticos extremos y explica cómo poner freno a un problema "que, a diferencia de lo que muchos creen, no es coyuntural sino que se viene arrastrando desde hace años y, si no se le pone un freno, va a seguir creciendo”.

En 2016, junto a otros investigadores, Aruj encabezó un estudio para la OIM --organismo de la ONU-- sobre desplazamientos poblacionales generados por eventos climáticos extremos en 5 países de América del Sur: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. En Brasil, la investigación se centró en el Municipio Presidente Figueiredo, Rumo Certo (en el norte del Amazonas), con el objetivo de observar “cómo influye en esa población el gran problema de escasez de agua provocado por los altos niveles de deforestación” y de extender, a partir de ese análisis, recomendaciones para la generación de políticas y estrategias locales y nacionales de prevención, preparación, adaptación y monitoreo de estos eventos climáticos.

Las motivaciones económicas detrás de la deforestación del Amazonas, explicó el especialista, son tres: la construcción de represas hidroeléctricas, la expansión de la frontera agropecuaria --ya que “en el sur de Brasil hubo un proceso importante de desertificación, por la sojización de grandes extensiones de tierra, por lo que los productores migraron hacia el norte (Amazonas) para trabajar la tierra con el mismo criterio”, explicó Aruj-- y los grandes proyectos inmobiliarios que están ocupando cada vez mayor territorio.

“Este último factor no se suele mencionar en los medios y realmente es muy importante. Hay una afloramiento de inversiones por parte de grupos económicos muy importantes que están construyendo clubes de campo con canchas de golf en el medio del Amazonas”, advirtió Aruj. Y agregó: “Esto lo vimos en Manaos, por ejemplo, donde había grandes anuncios en las rutas que alentaban a invertir en terrenos del Amazonas  destinados a construir esos clubes de campo”.

Esta “injerencia humana”, continuó el investigador, “produce cambios en el clima” que cooperan con la generación de eventos climáticos extremos como inundaciones, sequías e incendios.

Lo que queda luego de esas catástrofes climáticas, además del destrozo del ecosistema, es una situación desoladora para miles de familias que, ante la pérdida de sus pertenencias materiales y el miedo a que el evento climático se repita, se ven forzadas a migrar temporal o permanentemente a otras ciudades.

“Cuando ocurren eventos climáticos extremos, como los incendios que están arrasando con el Amazonas, la gente deja de tener trabajo, se cierran las escuelas, no hay comercio, no hay producción, no hay pesca. Entonces las familias tienen que migrar a otras zonas”, explicó Aruj. “Hay que tener en cuenta que en esos contextos, como la gente pierde todos sus bienes, suele crecer la pobreza”, con lo cual la reinserción en una nueva ciudad suele ser una experiencia muy difícil sin la asistencia estatal adecuada.

Las migraciones, para la mayoría de las poblaciones, son eventos traumáticos, porque “en general la gente tiende a no querer abandonar su lugar, las pertenencias que le quedaron, su casa. Por eso hay muchos que, cuando no tienen otra posibilidad, terminan migrando a otras ciudades de forma transitoria, esperando que pasen los efectos del evento climático para volver. Hay otras familias, en cambio, que por la recurrencia de los eventos deciden mudarse de forma definitiva”, explicó el investigador.

Los movimientos poblacionales por eventos climáticos en Amazonas, así como en las otras regiones del mundo, es una problemática que viene repitiéndose desde hace años: en 2012, 54 de 62 municipios brasileños del Amazonas sufrieron desplazamientos; en 2013, fueron 38 municipios; en 2014, 42; y en 2015, 48. Si se mantiene el ritmo y la intensidad de los cambios ambientales actuales, advierten algunos investigadores, para finales del siglo XXI habrá en el mundo más de 150 millones de migrantes por causas ambientales.

Lo que está ocurriendo en Amazonas, “a diferencia de lo que muchos creen”, “no es coyuntural” sino que es una problemática "que se viene arrastrando desde hace años”, advirtió en ese sentido el investigador. “Allí se producen incendios todos los años. La diferencia es que este es un incendio tan importante que ha llamado la atención a nivel internacional”, señaló.

Es por ello que, para el especialista, es importante poner un freno a la descontrolada injerencia del hombre en la naturaleza. Para eso, ofreció una serie de recomendaciones al gobierno brasileño y a los gobiernos locales: “Pedimos la protección de los bosques del Amazonas, la reforestacion de todas las zonas deforestadas, la utilización de energías alternativas y el mejoramiento de las represas actuales, en vez de construir nuevos emprendimientos hidroeléctricos”. 

El gobierno brasileño, además, debería “colaborar con las poblaciones afectadas para ayudarlas a recuperar lo que han perdido con esta catástrofe y para reubicarlas en otras zonas". Pero, sobre todo, "debería planificar cómo intervenir en esos espacios: cómo desarrollar obras de infraestructura, incrementar la cantidad de pozos para el agua freática, construir canales para el riego, mejorar los caminos de acceso a los sectores de producción agrícola, aprovechar regiones vecinas para producir energía solar y eólica e intensificar los controles de incendio", entre otras cosas. "Y, todo eso, respetando la propia cultura local”.

“Los intereses económicos que hay en juego parecen no tener en cuenta la importancia de la preservación de este ecosistema y de su biodiversidad. Pero lo que está pasando en el Amazonas es un problema de todos. La pérdida de bosques, de la floresta amazónica, influye sobre el conjunto del planeta”, concluyó el investigador.

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