El negocio de los desastres climáticos

Los desastres medioambientales son un buen negocio. Con el ingenio que lo caracteriza para la invención de nuevos instrumentos de rentabilidad, el mundo financiero ha creado un nicho para seguros contra desastres climáticos y naturales cada vez más popular entre países afectados por estos fenómenos.


Los bonos CAT (Catastrophe Bonds) son la estrella indudable de este firmamento que también tiene otros protagonistas como el derivado climático o la hipoteca medioambiental. Entre 2003 y 2013 se emitieron unos 40 mil millones de dólares de "bonos CAT" (CAT bonds), 10 veces más que hace una década.


El negocio parece redondo. Los Estados se protegen contra catástrofes que demandarían una inversión por fuera de sus posibilidades y los inversores cobran primas altísimas ante eventualidades que raramente ocurren. Según la revista británica The Economist, de las 200 obligaciones catástrofe emitidas desde los '90, sólo tres terminaron con una indemnización. El académico estadounidense Chris Williams, autor de Ecología y Socialismo, indicó a Carta Maior tres factores que están contribuyendo a este boom de los seguros contra desastres naturales.


"Por un lado, la financiarización de la economía mundial. Hace 30 años, las finanzas constituían un 7 por ciento de la economía. Hoy son el 25 por ciento. El capital busca cada vez más su rentabilidad no en el sector productivo sino en el financiero-especulativo. La catástrofe medioambiental le da una oportunidad perfecta por la creciente frecuencia de desastres naturales. Si uno añade a esto los problemas fiscales que están experimentando muchos países, el negocio está listo."


Williams pone el ejemplo del bono CAT emitido por el servicio de transporte de su propia ciudad, la Red de Transporte Público de Nueva York, el MTA, después del huracán Sandy de 2012. "Estamos viendo una gran transferencia de fondos públicos al sector privado, porque cuando uno mira la infrecuencia con que se pagan los bonos debido a las condiciones de pagos y las exclusiones, uno se da cuenta de que los inversores terminan ganando mucho dinero. Por otro lado, hay un fuerte riesgo financiero si llega efectivamente a repetirse el Sandy y tienen que pagar. ¿Tienen las aseguradoras y reaseguradoras realmente los miles de millones de dólares que tienen que desembolsar? Es una pregunta que nadie quiere hacerse porque muchas de esas compañías están tan apalancadas (se endeudaron tanto) que nadie sabe si tendrían el dinero."


A la carga


En febrero de este año, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (Unisdr) encabezó una misión ante el Congreso filipino para promocionar el Philippine Risk and Insurance Scheme for Municipalities, después de que el supertifón Haiyan dejara más de seis mil muertos y un millón y medio de viviendas destruidas o dañadas.


"Filipinas tiene unos 20 tifones por año. Lo que necesitamos es un esquema simple que pueda suministrar protección a las municipalidades antes de la próxima temporada", justificó Margareta Wahlström, directora de Unisdr.

 


Los daños materiales del tifón Haiyan rondan los 13 mil millones de dólares, suma astronómica para un país de las características de Filipinas. Si el impacto de los desastres naturales es un golpe para países ricos, puede resultar devastador para naciones en desarrollo o pobres como Haití. El menú de opciones de los Estados es reducido: la asistencia internacional, el endeudamiento y aumento impositivo (que toman tiempo) o los fondos que hayan previsto presupuestariamente para este propósito.

 


Estos fondos se programan para eventos de baja o mediana intensidad, pero no para grandes tragedias, ya que los Estados no pueden congelar enormes sumas que limitarían otras partidas presupuestarias (educación, salud, defensa) para hechos hipotéticos (terremoto, inundación, tsunami, etcétera). De ahí que con frecuencia resultan insuficientes. En 1996, México creó un fondo para desastres naturales llamado Fonden (Fondo de Desastres Naturales) que hizo agua en 2010 cuando el país tuvo que enfrentar desastres naturales en 18 de los 31 estados y en 850 de las 2500 municipalidades.


"En este sentido –le pregunta Carta Maior a Williams–, ¿no dan los seguros una solución? Es decir, ganan dinero, pero se exponen y, en caso de tragedia, ofrecen una salida a Estados con recursos que, por definición, son finitos."


"Ese es el argumento que usan –responde–. Pero la realidad es que este seguro termina desviando la inversión que necesitamos hacer para evitar que la catástrofe ocurra en primer lugar. El seguro instala la idea de que estamos protegidos y, por lo tanto, no hay que gastar en prevenir. Pero además, si seguimos con el ejemplo del MTA en Nueva York, una de las razones por las que ha habido tantos recortes presupuestarios en los últimos tiempos es porque están pagando deudas incurridas con el sector privado. De modo que el MTA está pagando esta deuda de sus propios ingresos de boletería, lo que lo limita para hacer las tareas de prevención que se requieren."


Según un reciente informe publicado por New England Journal of Medicine, el número de desastres naturales se triplicó entre 2000-2009 en comparación con la década 1980-1989. En las últimas dos décadas, unas 217 millones de personas han sido afectadas cada año por desastres naturales.


–En otras palabras –dice Carta Maior a Williams–, la tendencia es a un aumento de este tipo de eventos en un contexto económico internacional complicado. ¿No es inevitable que siga este boom de los bonos CAT y nuevas variantes para fenómenos medioambientales?
–Es la tendencia. Cuando se emitió el bono para el MTA hubo un exceso de interesados. Estamos hablando de un mercado que en los últimos tres o cuatro años se ha convertido en un negocio multibillonario. Esto se ve intensificado por los problemas fiscales. Pero más allá de este cuadro, el interrogante es cómo vamos a lidiar con estos fenómenos a mediano y largo plazo. Faltan soluciones sistémicas. Esto no es una mera cuestión tecnológica, ni se va a solucionar a través del mercado o por una mayor conciencia individual. Se necesita una alternativa al actual sistema de producción y distribución para lograr una solución duradera y sustentable.

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Rusia abre la llave del suministro de petróleo del Ártico

Rusia se convirtió hoy en el primer país en suministrar petróleo del Ártico, con el envío al continente de una partida de crudo extraído en la plataforma flotante Prirazlómnaya en el mar de Bárents, lo que provocó la indignación de Greenpeace.

"El proyecto influirá positivamente en el aumento de la presencia de Rusia en los mercados energéticos internacionales", afirmó el presidente ruso, Vladímir Putin, durante un puente televisivo con la plataforma ártica. Putin aseguró que el proyecto operado por Gazprom, consorcio que comercializa petróleo y gas, representa el comienzo de "la explotación a gran escala de los recursos naturales del Ártico por parte de Rusia".
Y destacó que, pese a las extremas condiciones climatológicas de la zona, dos rompehielos transportarán crudo al continente durante casi todo el año, lo que ha disparado todas las alertas de los ecologistas.


Greenpeace considera que la plataforma es una amenaza para la zona y ha pedido a la ONU que declare el Ártico santuario ecológico donde esté prohibido tanto la extracción de petróleo como la pesca intensiva, al igual que en la Antártida. "Este es un momento crucial para el Ártico y el mundo en general. Pese al tono festivo del presidente (ruso), el cargamento contiene petróleo de muy baja calidad y representa un gran riesgo para el prístino entorno del Ártico", aseguró hoy Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace Internacional, en un comunicado.
Naidoo denunció que las compañías estatales rusas apuestan por que el Ártico provea una "nueva fuente de energía e ingresos durante las próximas décadas", planes que son secundados por otros consorcios internacionales como Shell, ExxonMobil y Statoil. "Greenpeace continuará oponiéndose junto a millones de sus partidarios a que cualquier petrolera intente perforar en el Océano Glacial Ártico", aseguró.


Naidoo subrayó que el rompehielos ruso Mijaíl Uliánov partió hoy con destino al continente con la primera partida de crudo de Prirazlómnaya con varias semanas de retraso sin motivo aparente. Y recalcó que la calidad del hidrocarburo era tan baja que Gazprom tuvo problemas para encontrar comprador y que el yacimiento tiene unas reservas mucho menores de lo anunciado, lo que no justificaría el riesgo que supone su explotación. El presidente de Gazprom, Alexéi Miller, se desplazó a la plataforma, que se encuentra a unos 60 kilómetros de la costa, para presidir el inicio de la comercialización del petróleo ártico.


Adelantándose a las críticas de los ecologistas, Miller aseguró hoy que Prirazlómnaya garantiza no sólo la explotación de petróleo en condiciones climatológicas extremas, sino también observa las medidas internacionales de seguridad más estrictas. "Aquí, en la plataforma, las exigencias ecológicas son ley. El proyecto descarta completamente la posibilidad de un vertido de crudo tanto durante la extracción como durante el transporte", dijo.


Miller explicó que Gazprom ha utilizado un sistema de "vertido cero", por lo que durante la perforación y producción en el mar no cae ni una gota de petróleo. Por su parte, el ministro de Energía ruso, Serguéi Donskói, secundó al jefe de Gazprom al indicar que, "dado que la extracción es mínima, los riesgos ecológicos del proyecto no son muy altos". "Con todo, el proyecto debe respetar todas las normas establecidas por la ley. Lo importante es que no surja ninguna duda, en particular en materia ecológica", subrayó.


La protesta con el Arctic Sunrise


En septiembre del pasado año el rompehielos de Greenpeace Arctic Sunrise intentó obstruir la explotación de Prirazlómnaya, a la que se intentaron encaramar varios activistas, acción que terminó con la detención de sus 30 tripulantes. Los activistas fueron juzgados, acusados primero de piratería y después de gamberrismo, lo que conlleva varios años de cárcel, y pasaron dos meses en prisión preventiva, en un proceso judicial que se convirtió en un incidente diplomático internacional.


Entonces, Putin describió como "nobles" los objetivos de Greenpeace, pero tachó de "incorrectos" sus métodos, y aseguró que nada ni nadie impedirá que Rusia explote los ingentes recursos naturales del Ártico. Al respecto, Donskói adelantó hoy que a finales de año su ministerio presentará una solicitud formal para ampliar la plataforma continental rusa en el Ártico con el fin de explotar una zona que tendría más de 5.000 millones de toneladas de combustible.


Gazprom, que ha invertido 90.000 millones de rublos (unos 2.500 millones de dólares) en el yacimiento, tiene previsto extraer 300.000 toneladas de petróleo este año y alcanzar los 6 millones de toneladas a partir de 2020. El yacimiento Prirazlómnoye fue descubierto en tiempos soviéticos (1989) y tiene unas reservas estimadas en 71,9 millones de toneladas de crudo.

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Venezuela: El "socialismo" petrolero en su laberinto

Crisis económica, desabastecimiento y polarización, dibujan un escenario en el que está en juego la continuidad del proceso bolivariano, pero también la soberanía de un país que se atrevió a desafiar la dependencia de una superpotencia que considera el Caribe como "un mar cerrado".

 

Llenar un tanque de 70 litros de gasolina vale la mitad del precio de una botella de medio litro de agua mineral. Lo mismo que un cigarrillo detallado (suelto), cinco bolos (bolívares fuertes). La última semana de marzo el dólar paralelo estaba a 52 bolívares, nueve veces más que el oficial que había alcanzado semanas atrás la astronómica cifra de cien bolívares.


Esta distorsión de los precios es el emergente de una economía deformada, que ya no funciona como una economía capitalista tradicional (dominada por los monopolios privados) y parece encontrarse a medio camino de la economía llamada socialista (monopolio estatal), con las tensiones y contradicciones que supone semejante tránsito. En suma, la economía es escenario de una aguda lucha de clases, en el sentido más tradicional del concepto.


Una de las distorsiones evidentes puede palparse recorriendo los diversos barrios de una ciudad de millón y medio de habitantes, como Barquisimeto, capital del estado occidental de Lara: en los barrios populares se aprecian colas frente a tiendas y supermercados, de diferente extensión pero casi diarias; en los barrios de clases medias altas como Fundalara, no se ven colas y los comercios parecen bien abastecidos. Las familias salen de los comercios con pequeñas bolsas de alimentos, mientras en los barrios populares las amas de casa acarrean grandes bultos para aprovisionar sus familias numerosas.


La principal diferencia es que en los barrios altos pueden verse, con la misma cotidianeidad que se observan colas en los populares, manifestaciones de estudiantes que portan banderas venezolanas en lo alto, sin que nadie los moleste y aplaudiendo algún que otro bocinazo de apoyo. La última semana de marzo la impresión es que tanto las colas como las protestas tendían a disminuir.

 

Empate catastrófico


La imagen de una sociedad dividida en partes casi iguales, y además polarizada, parece la más cercana a la realidad. Las elecciones presidenciales que llevaron a Nicolás Maduro a la presidencia, casi un año atrás, reflejaron ambos hechos al marcar una diferencia del 1,5 % entre el actual presidente y el aspirante opositor Henrique Capriles.


La división tiene, además, una lectura territorial necesaria que puede contribuir a explicar la situación actual. En los estados de Zulia, Táchira y Mérida, entre otros, ganó la oposición. Se trata de la región que limita con Colombia donde las protestas alcanzaron durante el mes de febrero una situación de "zona liberada", como en la capital de Táchira, San Cristóbal, cuya universidad pública fue incendiada por los manifestantes con, por lo menos, la complicidad de las autoridades municipal y estatal vinculadas a la oposición.


Desde el oficialismo se denuncia la participación de paramilitares colombianos afines al ex presidente Álvaro Uribe en las protestas y, de modo particular, en las amenazas selectivas a militantes chavistas. La oposición, a su vez, denuncia malos tratos y torturas a los detenidos. Ambos hechos parecen plausibles, aunque no existen pruebas contundentes que los avalen.


Dos hechos parecen evidentes. Que la represión estatal provocó la muerte de varios manifestantes, y que tanto la oposición como los grupos chavistas utilizan armas de fuego. El periodista Aram Aharoninan, ex director de Telesur, asegura que de los 40 muertos entre el 12 de febrero y fines de marzo, 22 fueron "asesinatos selectivos de líderes de base bolivarianos, realizados por mercenarios paramilitares colombianos aliados de las fuerzas de la burguesía venezolana" (Rebelion, 1 de abril de 2014).


La Fiscalía General de la República difundió datos, cuando la cifra de muertos era de 31, de que entre los 461 heridos en las manifestaciones había 143 policías. Varios uniformados fueron muertos. De casi dos mil detenidos, sólo 168 permanecen tras las rejas.


Durante el mes de febrero, Venezuela fue escenario de una doble escalada y de un amago de negociación: la escalada de la derecha más ultra, liderada por el detenido Leopoldo López y la diputada Corina Machado pero no acompañada por la Mesa de Unidad Democrática (MUD) encabezada por Capriles quien en plena crisis afirmó que "el único camino es la vía electoral".


La ofensiva de la derecha ultra conoció un viraje cuando irrumpieron las fuerzas chavistas, en particular los motorizados, miles de militantes en motos que son una de las más activas fuerzas organizadas del oficialismo. Contra ellos, la oposición cruzó cables en las calles a la altura de la cabeza.


Incluso el presidente Maduro apoyó públicamente la aparición de los motorizados denunciado que cinco de ellos fueron muertos por francotiradores. "Este golpe de Estado continuado que ya está derrotado, pero que sigue haciéndole daño al pueblo, ha permitido que los motorizados irrumpan como un actor para el bien de la patria. Ahora ustedes son visibles, ya no serán más estigmatizados. Los motorizados actuarán haciendo la paz y en este momento están derrotando un golpe de Estado" (El Nacional, 13 de marzo de 2014).

 

La mala economía


En la comunidad Abya Yala, en las afueras de Barinas, tierras tan secas como fértiles que esperan ansiosas el comienzo de la temporada de lluvias, Ignacio y Edis detallan cómo trabajan la producción de alimentos sin agrotóxicos en base al control biológico de las plagas. Producen hortalizas y frutas, cerdos y aves, que llevan al mercado de la Cooperativa de Autogestión Comunitaria integrada en una de las mayores redes cooperativas de abastecimiento, Cecosesola.


Ignacio, veterinario y productor uruguayo que lleva ocho años en Venezuela, es miembro de una cooperativa cercana que se destaca por una fuerte producción de yuca orgánica. Vive en una cooperativa de reforma agraria, también en las cercanías del capital del estado. Alucina con la tierra porque aquí se pueden cultivar los doce meses del año, mientras en Uruguay sólo es posible hacerlo durante cinco meses. Aunque sigue apoyando el proceso, sostiene que "la inmensa mayoría de los beneficiarios de la reforma agraria no trabajan la tierra y la abandonan".


Sabe de lo que habla. Y tiene perfecta conciencia que está tocando un punto neurálgico de la economía bolivariana. Su relato a escala micro se ve reforzado por los datos macro: 56,2 por ciento de inflación en 2013, déficit fiscal cercano al 15 por ciento, caída de las reservas internacionales, importante escasez de alimentos.


Lo más grave es que las cosas vienen empeorando. Hasta mediados de 2013 no faltaban alimentos ni había colas. La inflación venía cayendo hasta 2008, para remontar hacia 2011. Datos a los que debe sumarse una aguda evasión de divisas y que en su conjunto reflejan un problema estructural que los sucesivos gobiernos no han resuelto y que eclosiona con la muerte de Chávez.


El periodista Modesto Emilio Guerrero, venezolano radicado en Argentina, quien apoya el proceso bolivariano, se pregunta cómo es posible que haya desabastecimiento cuando el gobierno controla el 36 por ciento del sistema de distribución de alimentos.


Señala que las 240 empresas creadas, y otras muchas nacionalizadas y estatizadas, no están consiguiendo un aumento de la producción. "Hay dos pbi en Venezuela, el petrolero y el no petrolero. El petrolera está intacto, no hay problemas. El pbi no petrolero es el que está liquidado, el privado y el estatal" (Notas, 21 de marzo de 2014).


Es cierto que el desabastecimiento se explica, en cierta medida, por el contrabando de productos con precios regulados hacia Colombia. Pero hay mucho más. El sector privado no crece porque la burguesía no está invirtiendo. Pero Venezuela cuenta con dos enormes plantas de aluminio que no son competitivas y la planta de acero que fue propiedad de Techint y cuya calidad productiva cayó luego que la empresa fue nacionalizada en mayo de 2009. "¿Le vas a echar la culpa al imperialismo?", dice Guerrero en alusión a quienes sólo esgrimen ese argumento para eludir responsabilidades.


Su explicación va por el lado de la cultura política. Quien fue representante de la Unión Nacional de Trabajadores, creada por los seguidores de Chávez en 2003, señala que la ineficiencia de estas grandes empresas se debe a "la burocracia sindical, que efectivamente protege un tipo de industria para pagar salarios del Estado. El Estado paga salarios para que no haya crisis social".


Explica que en Techint la producción era superior cuando era propiedad de la multinacional. Las empresas estatizadas repiten la historia del socialismo real, que hace que donde se producen transformaciones radicales "brota del propio organismo revolucionario, social, un cuerpo venenoso, gangrenoso, que es la llamada burocracia", que en Venezuela se hizo burguesa y corrupta.

 

Sembrar petróleo


Arturo Uslar Pietri, uno de los más destacados intelectuales latinoamericanos, publicó en fecha tan temprana como 1936 un artículo periodístico que hizo historia, titulado "Sembrar el petróleo". Señalaba dos hechos: que la industria petrolera tendría un carácter efímero y además destructivo. En el primer aspecto parece haber errado, en el segundo acertó como pocos.


Ciertamente, la explotación del petróleo se extiende por más de un siglo y Venezuela ha superado a Arabia Saudí como la mayor reserva de hidrocarburos del mundo. Hay petróleo para rato. Pero además consideró que la economía extractiva destruye un país. "La economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente", porque su productividad "depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional".


Sostuvo que la explotación de las riquezas del subsuelo podrían "llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable". La única forma de evitar esa deriva catastrófica sería promover la agricultura y la industria, o sea el trabajo productivo. El petróleo es una mina, y las minas no se producen, se explotan; son riqueza, no economía. En la misma sintonía que Juan Pablo Pérez Alfonzo, ministro de Rómulo Bentancourt, quien definió al petróleo como "excremento del diablo".


Uslar Pietri escribió que "la única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros".


Asombroso porque anticipó en setenta años la propuesta de Chávez, con quien simpatizó en sus primeros años. No contó, empero, con la nueva burguesía nacida del corazón del proceso, la llamada boliburguesía.


Las cosas en realidad se agravaron. En 2013 el petróleo representó el 96 por ciento del valor de las exportaciones. Un miembro del gabinete confiesa, en una cena privada, que los intentos por crear una industria textil bolivariana mediante la donación de miles de telares y máquinas a familias que se comprometieron en la producción, tuvo un efecto tan contrario como inesperado: hoy trabajan como maquilas para las multinacionales. Millones de bolívares echados al cesto. O peor, entregados involuntariamente al "enemigo".


Hablemos de socialismo


La debacle económica no lo explica todo. Pero sobre ella muerden la oposición y la Casa Blanca, que no deja de recordar el aserto del teórico geopolítico con mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos, Nicholas Spykman, recordado oportunamente por el profesor brasileño José Luis Fiori. Los países caribeños, incluyendo claro a Colombia y Venezuela, son parte de una región "donde la hegemonía de Estados Unidos no puede ser cuestionada" (Valor, 29 de enero de 2014).


Spykman consideró que la geografía es el factor fundamental de la política exterior porque es el más permanente, y se esmeró en dividir el planeta en zonas donde la superpotencia debería desarrollar acciones diferenciadas. Sobre el Caribe, dijo: "Para todos los efectos se trata de un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a los Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia de los Estados Unidos". Eso explica no sólo la actitud de la Casa Blanco hacia Cuba, sino incluso la imponente reacción militar cuando el terremoto en Haití que llevó a una masiva intervención en la isla.


Así las cosas, es posible que el apoyo del gobierno estadounidense a la rebelión de la derecha ultra esté más relacionado con el viraje de Venezuela hacia Rusia y China que ante un inexistente proceso hacia el socialismo. Vale aclarar que en Venezuela nunca hubo una revolución, en el sentido clásico y habitual del término, sino una ocupación progresiva y pacífica del Estado "realmente existente". O sea, un proceso reformista, también en el sentido clásico.


El socialismo, siguiendo a sus fundadores, debe asentarse en el trabajo y la producción, no en el reparto de la renta extractiva, aunque éste haya conseguido disminuir la pobreza, mejorar la vida de los sectores populares y abrirles nuevas perspectivas vitales. En ese sentido, la famosa "expropiación de los expropiadores" no es sino la restitución de medios sustraídos a los productores que no puede ser repetida hasta el infinito. Sembrar el petróleo es tanto como sembrar la corrupción. El socialismo no puede ser sembrado, sino laboriosamente construido durante largo tiempo. En este punto, no hay atajos.


Venezuela vive un "empate catastrófico", término usado por el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, para describir una situación en la que ninguno de los contendientes logra imponerse. Por eso, el camino más probable es un pacto que evite que el país pueda enrumbarse hacia una guerra interna similar a la de Siria, o a una situación de desgobierno como en Libia luego de la caída de Muamar el Gadafi.


La participación de los más importantes empresarios en la reunión con el gobierno el 27 de febrero, la Conferencia Nacional de Paz, puede considerarse un primer paso en esa dirección.


Aunque no participaron miembros destacados del MUD, la presencia del presidente de Fedecámaras, Jorge Roig, y el presidente de Empresas de Alimentos Polar, Lorenzo Mendoza, dice que la burguesía tradicional venezolana está optando por un camino propio y que no parece doblarse ante los dictados de los ultras ni de Washington.


El Pacto de Puntofijo es el antecedente obligado. Caída la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y para garantizar una mínima estabilidad democrática, los dirigentes de la socialdemócrata Acción Democrática, los socialcristianos de Copei y la centroizquierda Unión Republicana Democrática, firmaron un acuerdo el 31 de octubre de 1958 que garantizó la gobernabilidad durante medio siglo.


Los partidos se comprometieron a respetar el resultado de las elecciones, gobernar en conjunto sobre la base de un programa mínimo común y a integrar el gabinete con miembros de los dos partidos (urd se retiro del pacto en 1962). La cuestión central era garantizar la democracia frente a los alzamientos militares.


Ahora las cosas son más complejas. Un acuerdo entre la oposición y el gobierno con apoyo de los empresarios, debe neutralizar a la derecha ultra pero también a las bases chavistas, "los colectivos" de las comunas, los motoristas y todos los sectores organizados que han surgido desde el golpe de 2002.


Podar estos sectores del procesobolivariano, rechazados tanto por la burguesía tradicional como por la boliburguesía incrustada en el gabinete, sería tanto como poner fin al proceso de cambios para garantizarle a la burguesía emergente la continuidad de sus privilegios. Pero a la vista de lo sucedido en Ucrania, donde los de afuera se montaron en las manifestaciones, semejante pacto puede allanar el camino de la intervención estadounidense.


Por Raúl Zibechi es analista internacional del semanario Brecha de Montevideo, docente e investigador sobre movimientos sociales en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor a varios grupos sociales. Escribe el Informe Zibechi cada mes para el Programa de las Américas (www.cipamericas.org/es).

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Los seres humanos están haciendo hervir el planeta

La mayoría de las personas están convencidas de que el ser humano está cambiando el clima para peor. Cada vez hay más pruebas que demuestran el nefasto futuro que nos estamos forjando a nosotros mismos y al planeta. Tendremos que soportar una mayor ocurrencia de eventos climáticos extremos, como huracanes y grandes sequías, la extinción de muchas especies y el grave problema de la escasez de alimentos a nivel mundial. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ( IPCC ) acaba de publicar su último informe después de una reunión de cinco días celebrada la semana pasada en Yokohama, Japón. El Panel, que está integrado por más de 1.800 científicos de todo el mundo, recopila, analiza y sintetiza los datos científicos más sólidos y relevantes sobre el clima y otros asuntos relacionados. El pronóstico no es alentador.

 

En la conferencia de prensa en la que se anunció el lanzamiento del informe, el presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, advirtió: "En la medida en que el mundo no adopte medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático continúe aumentando, la estabilidad social de los sistemas de vida humanos corre grave peligro". Pachauri habla con la disciplina de un científico y la cautela de un diplomático. Sin embargo, el último informe es claro: "El cambio climático puede aumentar indirectamente el riesgo de conflictos violentos como guerras civiles y violencia entre comunidades". El informe también subraya que el abastecimiento mundial de alimentos, que ya es escaso, sufrirá las consecuencias del cambio climático y que los sectores más vulnerables de la población mundial serán los primeros en padecer hambre. Pero el problema no se termina ahí.


El IPCC publicó su informe anterior, más amplio, en 2007. Desde entonces, se duplicaron los hallazgos científicos que demuestran que es un hecho irrefutable que el cambio climático es provocado por el ser humano. Sin embargo, aún existen poderosos negadores del cambio climático, financiados por la industria de los combustibles fósiles. Oxfam, una organización no gubernamental que lucha contra el hambre a nivel mundial, cuestiona a los negadores en un informe publicado la semana pasada, denominado "Hambre y calentamiento global: cómo impedir que el cambio climático haga fracasar la lucha contra el hambre. Tim Gore, de Oxfam, afirma que "los poderosos intereses económicos que actualmente están lucrando con este modelo económico tan dependiente del carbono, empresas como Exxon, son los que tienen más que perder con la transición hacia un modelo económico alternativo, justo y de bajas emisiones de carbono". Impertérrito, ExxonMobil publicó su propio informe esta semana, tras el informe del IPCC , en el que afirma que es "muy improbable" que las políticas para combatir el cambio climático impidan que la empresa continúe produciendo y vendiendo combustibles fósiles en el corto plazo.


Las empresas productoras de combustibles fósiles como ExxonMobil ejercen una gran influencia en las políticas diseñadas para combatir el cambio climático, en particular en Estados Unidos. Esta semana, la Cámara de Representantes estadounidense aprobó una medida que obligaría a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y a otros órganos relacionados a no hacer caso del cambio climático y centrarse, en cambio, en pronosticar un clima severo, pero sin mencionar las causas probables. Mientras tanto, a nivel estatal, el Senado de Tennessee aprobó un proyecto de ley que prohibe la inversión en determinadas formas de transporte público. Según el grupo ThinkProgress, la medida recibió importante financiamiento de los barones del petróleo Charles y David Koch. La influencia política de personas como los hermanos Koch probablemente se vuelva más directa tras el reciente fallo de la Corte Suprema en el caso McCutcheon contra la Comisión Federal Electoral que elimina el tope establecido de donaciones personales que pueden recibir los candidatos políticos.


Uno de los autores del informe del IPCC , el climatólogo bengalí Saleemul Huq, lo explicó de la siguiente manera en el programa Democracy Now!: "Las empresas de combustibles fósiles son las que abastecen de droga al resto del mundo, que es adicto y dependiente de los combustibles fósiles. Sin duda, vamos a tener que poner fin a nuestra adicción a los combustibles fósiles. Vamos a tener que dejar de depender de ellos si queremos una verdadera transición y evitar el tipo de aumento de la temperatura que mencionó, de hasta 4 grados Celsius. La única respuesta es abandonar el uso de los combustibles fósiles".


Ese es el punto central de la crisis: los países que son los mayores contaminadores están obstruyendo un acuerdo vinculante a nivel mundial para combatir el cambio climático. En las negociaciones sobre cambio climático de las Naciones Unidas se pusieron de acuerdo con el resto del mundo, en principio, en limitar las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles que permitirían un aumento de la temperatura del planeta de tan solo dos grados Celsius. Sin embargo, los científicos afirman que esa meta se está volviendo cada vez más difícil de alcanzar y que afrontamos un aumento de la temperatura de 4 grados Celsius.


El catedrático de la Universidad de Princeton Michael Oppenheimer, otro de los autores del informe del IPCC , me dijo: "No se trata solamente de un problema para el resto del mundo...Tomemos, por ejemplo, el Huracán Sandy. Recordemos lo difícil que fue hacer frente a la tormenta. Así son las tormentas de hoy en día. Pensemos en lo que sucederá en los próximos 10, 20 o 30 años cuando aumente el nivel del mar y las tormentas, en la mayoría de los casos, sean más intensas".


"Estados Unidos es adicto al petróleo", afirmó el ex Presidente George W. Bush, un petrolero frustrado, durante el discurso sobre el Estado de la Unión en 2006. La clase política estadounidense está nadando en el dinero proveniente de los combustibles fósiles, que está ahogando la democracia. El cambio provendrá de las organizaciones de base, de los movimientos sociales, como el movimiento estudiantil que está presionando a los fondos de las universidades para que retiren sus inversiones de las empresas de combustibles fósiles, de las luchas comunitarias locales contra la fracturación hidráulica y de la creciente campaña de acción directa no violenta para impedir la construcción del oleoducto Keystone XL.

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Los impactos del calentamiento ya se notan en todo el mundo, alerta el último informe de la ONU

Los impactos del calentamiento global ya son visibles en todos los continentes y en todos los océanos, alerta el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que dibuja un panorama futuro muy lúgubre si los líderes mundiales no actúan a tiempo. De no adoptar medidas, el texto prevé que durante este siglo aumente el desplazamiento de poblaciones, sobre todo en zonas litorales que se verán afectadas por la subida del nivel del mar, las inundaciones y la erosión de las costas. El informe también alerta sobre el descenso de las cosechas, la extinción de especies y la degradación de los ecosistemas. Y apunta incluso al riesgo de que se produzcan conflictos violentos o guerras civiles.

 

El IPCC, la mayor red científica del mundo dedicada a estudiar el cambio climático, desvela hoy en Yokohama (Japón) la segunda de las tres partes de su extenso informe de actualización sobre la literatura científica del calentamiento, llamado AR5. Sus centenares de autores, escogidos por Naciones Unidas, han contado con más del doble de estudios que la última vez (el AR4 es de 2007) para elaborar informes que serán clave en las negociaciones de las próximas cumbres internacionales sobre el clima. El informe del Grupo I, divulgado en septiembre pasado, concluyó que la actividad humana es la responsable del cambio climático. Ahora el Grupo II presenta su revisión sobre sus impactos, la vulnerabilidad de los territorios y las posibilidades de adaptación.

 

Los efectos del calentamiento global no son una amenaza futura e inconcreta, sino que ya pueden observarse en muchas regiones, asegura el IPCC en su resumen para los responsables políticos: fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, sequías y ciclones; cosechas menos abundantes; cambios en las precipitaciones que afectan el acceso a los recursos hídricos... Y el mundo está "mal preparado" para enfrentarse a los impactos futuros, añade la nota de prensa que lo acompaña. Un texto que se ha estado consensuando durante este fin de semana con los responsables políticos y que rebaja algunas de las previsiones incluidas en un borrador filtrado hace unos días. Estas son algunas de las alertas que lanza el informe:


Conflictos. Se prevé que el cambio climático aumente el desplazamiento de poblaciones durante el siglo XXI, especialmente en países en vías de desarrollo, señala el texto, que añade: "Indirectamente, puede incrementar el riesgo de conflictos violentos en forma de guerra civil y entre comunidades al amplificar factores instigadores de conflictos bien documentados como pobreza y perturbaciones económicas".
Más pobreza. Los peligros relacionados con el clima "afectan directamente" a las vidas de los más pobres, porque impactan en sus medios de vida, en la reducción de las cosechas, en la destrucción de sus viviendas y, de forma indirecta, al aumentar los precios de la comida y la inseguridad alimentaria.


Costas. La previsible subida del nivel del mar durante el siglo XXI provocará inundaciones y erosión del litoral. Al mismo tiempo, las proyecciones muestran que el aumento de la población, el desarrollo económico y la mayor urbanización atraerán a más personas hacia zonas costeras, con lo que el peligro será mayor. El informe asegura que los costes de adaptación a esta realidad varían mucho entre países. En el caso de algunos en vías de desarrollo y de pequeños Estados insulares, hacer frente a los impactos y a los costes de adaptación puede suponer varios puntos porcentuales de su producto interior bruto.


Seguridad alimentaria. El calentamiento global, la subida del nivel del mar y los cambios en las precipitaciones afectarán a las tierras cultivables. Y no para bien, según el informe. En el caso de los principales cultivos (trigo, arroz y maíz), en las regiones tropicales y templadas, el texto habla de "impacto negativo" en las cosechas si la temperatura sube más de dos grados centígrados y no se toman medidas de adaptación.


Salud. El informe señala que la carga de enfermedad provocada por el cambio climático es pequeña si se compara con otras consecuencias y que no está bien cuantificada. Sin embargo, añade que ya hay evidencia de mayor mortalidad relacionada con el calor y menor con el frío en algunas zonas como resultado del calentamiento. Los cambios en la temperatura y la precipitación ya han alterado la distribución de algunas enfermedades transmitidas por el agua, añade. Los riesgos futuros incluyen problemas de salud en zonas costeras y pequeñas islas debido a la subida del nivel del mar y las inundaciones[RFC 1-5], así como en grandes poblaciones urbanas a causa de inundaciones tierra adentro. Hasta la mitad del siglo XXI, el impacto consistirá en "el agravamiento de problemas de salud ya existentes". A más largo plazo, pero dentro del siglo, los científicos creen que empeorará la salud en regiones de países en desarrollo.


Océanos. Ya están notando los efectos del cambio climático: mayor calentamiento (provoca desplazamiento de especies marinas, como el bacalao atlántico hacia latitudes polares), acidificación y deficiencia de oxígeno.


Ecosistemas. Algunos hábitats "únicos y amenazados" ya están en peligro debido al cambio climático. Si la temperatura media sube un grado más, aumentará el riesgo de "consecuencias graves". Con una subida de dos grados, el riesgo se ampliará a muchas especies con capacidad de adaptación limitada, especialmente en los arrecifes de coral y el Ártico. El texto alerta de que, si no se actúa, los cambios en algunos ecosistemas pueden ser "abruptos e irreversibles".


Medio rural. El texto alerta del peligro que acecha a las zonas rurales debido al acceso insuficiente al agua potable y de riego, y del descenso de la productividad de las cosechas. Agricultores y pastores en regiones semiáridas serán los más afectados en un futuro próximo.
Acceso al agua. El informe asegura que los recursos de aguas superficiales y subterráneas renovables "se reducirán significativamente" en la mayoría de las regiones subtropicales, lo que "intensificará la competición por el agua entre sectores".

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Sábado, 22 Marzo 2014 12:39

Agenda ambiental y paz

Agenda ambiental y paz

Hace dieciséis años el gran ambientalista colombiano, Augusto Ángel Maya, respondía a la propuesta del entonces Ministro de Medio Ambiente de "sacar la naturaleza del conflicto", señalando lo ingenuo e ilusorio de dicha idea pues "la naturaleza está en el centro del conflicto"1.

 

Casi simultáneamente con la rotunda frase de Augusto un grupo de ambientalistas presentaron en 1998, a la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil y a la Cumbre Social contra la Pobreza y por la Equidad, un documento que, leído hoy, resultó visionario, "Nuestro Compromiso Político con el Cosmos", un conjunto de propuestas de tipo programático, la inmensa mayoría aún vigentes, cuya redacción final fue encomendada a Gustavo Wilches Chaux. Dicho documento fue entregado poco después por Ecofondo y otras organizaciones a la mesa de conversaciones establecida entre el Gobierno del Presidente Pastrana y las farc, en el Caguán, como un aporte en la búsqueda de salidas al conflicto armado.

 

La dimensión ambiental y política de los conflictos

 

Década y media después la dimensión ambiental de los problemas colombianos es cada vez más visible y su carácter político cada vez más claro.

 

Colombia el segundo país megadiverso del mundo después del Brasil, está perdiendo gran parte de su biodiversidad, como resultado de la deforestación y del uso inadecuado del territorio. Las cifras son aterradoras: en Agosto del año pasado el Ideam anunciaba que entre 2011 y 2012, el país había perdido 295.892 hectáreas de bosque natural, el equivalente a 1,6 veces el área del Departamento del Quindío. Esta noticia se matizaba diciendo que el promedio anual había descendido a 147.946 hectáreas con respecto al período 2005 – 2010 donde había sido de 238.273 hectáreas anuales, lo cual no puede ocultar el desastre ambiental que supone la pérdida de 6.206.000 hectáreas entre 1990 y 2010, lo cual convierte a Colombia en uno de los países que más contribuye a la disminución de cobertura vegetal natural en el mundo.

 

La población colombiana habita hoy mayoritariamente en centros urbanos, el mayor de los cuales es Bogotá. La capital y los municipios circundantes albergan en conjunto a la cuarta parte de la población colombiana. Este enorme conglomerado es altamente vulnerable al cambio climático y a la escasez de agua, al tiempo que la calidad de vida en la ciudad disminuye. Expresión de ello son las grandes dificultades de transporte que han conducido a protestas casi cotidianas en las estaciones de Transmilenio más congestionadas.

 

La magnitud del deterioro de las condiciones ambientales del territorio se reveló en las inundaciones de hace solo tres años causadas por una temporada de lluvias más fuerte de lo habitual que no encontraron vegetación que las contuviera, acelerándose la escorrentía y produciéndose la inundación ante la sedimentación de la cuenca Magdalena – Cauca, la más poblada y a la vez más devastada de las grandes cuencas suramericanas.

 

En el período transcurrido entre las conversaciones de paz del Caguán y las que actualmente se adelantan en La Habana con el mismo actor armado, se produjo el desmonte progresivo del Sistema Nacional Ambiental diseñado en medio del entusiasmo que provocó el reconocimiento de la diversidad natural y cultural del país en la Constitución de 1991 y sus colorarios ambientales, entusiasmo reforzado por la Cumbre de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en 1993.

 

De dicho sistema queda ya muy poco: las Corporaciones Autónomas Regionales languidecen en medio del clientelismo y la corrupción. Mecanismos como las licencias ambientales han sido sucesivamente modificados para facilitar la actividad depredadora de las transnacionales y los monopolios criollos. El Ministerio encargado de gestionar el ambiente cambia de nombre en la medida en que pierde importancia y funciones y los seis últimos ministros y ministras poco o nada sabían del tema cuando se juramentaron en el cargo. Actualmente se prepara una modificación de la Ley 99 de 1993, creadora del Ministerio y del Sistema Nacional del Ambiente, que vendría a ser la estocada final al sueño ambientalista de principios de los noventa.

 

La paradoja del movimiento ambiental

 

Entre tanto el movimiento ambiental ha librado importantes luchas, al lado de otros sectores sociales y étnicos, como la oposición a la exploración de petróleo en el territorio de los U´wa, la defensa del Parque Tayrona, el referendo por el Derecho Humano al Agua y más recientemente la oposición a la minería en gran escala. Ha contribuido a la construcción de alternativas concretas impulsando la agroecología y el reciclaje, ha popularizado tecnologías apropiadas y ha educado ambientalmente a numerosos sectores sociales.

 

Sin embargo, es ostensible que dicho movimiento se ha debilitado por lo menos organizativamente. Brillan las voces autorizadas de ex – funcionarios como el ex – ministro Manuel Rodríguez, los ex – gerentes del Inderena, Julio Carrizosa y Margarita Marino y la ex – parlamentaria Alegría Fonseca, entre muchos otros, pero de las grandes ONG´s que impulsaron importantes iniciativas en los últimos venticinco años quedan muy pocas en pié, afectadas por la práctica desaparición de la cooperación internacional que las alimentaba.

 

Se presenta entonces la paradoja entre la necesidad de levantar con más fuerza que nunca una agenda ambiental de carácter programático y el debilitamiento del movimiento que tiene la experiencia histórica acumulada para contribuir a hacerlo. Todo ello en medio de un escenario, como el de las conversaciones de paz, que requiere con urgencia del aporte de los ambientalistas.

 

Agenda ambiental para el cambio y confluencia de movimientos

 

El gobierno de Juan Manuel Santos inició los diálogos de La Habana con un rotundo no a la discusión del modelo económico, cuando es precisamente el cuestionamiento del modelo dominante, no solo en lo económico sino también en lo social y en lo político, condición necesaria para alcanzar una paz duradera que nos reconcilie como seres humanos y con la naturaleza.

 

El cambio de dicho modelo es aún más urgente pues en el interregno entre los dos intentos de alcanzar la paz hemos asistido a la implementación de las políticas más agresivas contra los ecosistemas que vertebran el territorio colombiano como son la denominada locomotora minera, el agronegocio, los megaproyectos viales e hidroeléctricos y la urbanización expansiva y acelerada, entre otros. Al tiempo se ha reprimarizado la economía, al compás de la integración de Colombia a la globalización neoliberal, en virtud de la cual se han suscrito los mas lesivos tratados de "libre" comercio de nuestra historia, se ha desmontado el precario Estado de Bienestar que se había construido, se ha privatizado y mercantilizado el agua, la salud y los servicios públicos y se planea completar la tareas con la privatización de la educación, los terrenos baldíos, las semillas y otros bienes comunes.

 

La resistencia de la población, las comunidades, los sectores sociales y las múltiples formas de expresión ciudadana a las políticas neoliberales, sin embargo, ha hecho suyos muchos de los principios y propuestas ambientalistas. Este fenómeno no es para nada gratuito. Defender los páramos, de la minería, garantizando el suministro del agua y por lo tanto el derecho humano a acceder a ella, como ocurrió en Bucaramanga ante la amenaza al Páramo de Santurbán por las transnacionales, por ejemplo, pone al movimiento social y ciudadano en la ruta de las preocupaciones ambientales. Otro tanto podría decirse de la oposición a la Anglo Gold Ashanti en el Tolima o de las múltiples resistencias a la gran minería a lo largo y ancho del país.

 

Esta es la gran oportunidad para la confluencia de los ambientalistas con el movimiento social: la construcción cotidiana, permanente, consciente y participativa de una agenda social y política con dimensión ambiental capaz de erigirse en la alternativa que se requiere para aclimatar una paz estable no solo entre los actores armados sino entre todos los nacidos y nacidas en esta tierra.

 

Lograr lo anterior no será fácil dada la fragmentación que aqueja a los componentes del movimiento ambiental e incluso del movimiento social, sino porque la tarea debe enfrentar la enorme oposición de quienes se lucran del actual estado de cosas, las ilusiones que aprisionan la mente y la voluntad de amplios sectores de la sociedad, la desinformación y manipulación que emana de los grandes medios de comunicación comercial. Un propósito de esta magnitud implica cambiar la "piel cultural" del ser humano como dijera Augusto Angel, y ello supone grandes transformaciones tecnológicas, sociales y políticas.

 

Viene como anillo al dedo la siguiente reflexión del historiador ambiental panameño Guillermo Castro, a propósito de los retos del ambientalismo latinoamericano: "América Latina, en particular, ha logrado importantes avances en la tarea de contribuir a la creación de una verdadera visión de conjunto de este proceso, generalizando y escalando la complejidad de nuestras experiencias colectivas, en dirección a entender que, siendo el ambiente el producto de la interacción entre las sociedades y su entorno natural, la necesidad de generar un ambiente distinto nos obliga a asumir la de establecer sociedades diferentes. Identificar esa diferencia, encontrar los medios para hacer posible lo que ya es deseable, es ya el principal desafío político que encara el ambientalismo latinoamericano".2

 

* Miembro de Unión Libre Ambiental.
1 El episodio tuvo lugar en el Congreso Ambiental, "Ambiente para la Paz", realizado en Guaduas, Cundinamarca, entre el 24 y el 26 de Julio de 1998. El ministro de medio ambiente y quien hizo la propuesta de sacar la naturaleza del conflicto era Eduardo Verano de la Rosa, ante la voladura de oleoductos que practicaban los grupos guerrilleros.
2 Véase, Guillermo Castro Herrera, "Desafíos del ambientalismo latinoamericano", en culturadelanaturalezawordpress.com

Publicado enEdición Nº200
El olfato humano es capaz de distinguir más de un billón de olores

Un experimento del Laboratorio de Neurogenética de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, Estados Unidos, revela que el sentido humano del olfato puede detectar más de un billón de mezclas de olores. Los autores del trabajo, dirigido por el doctor Andreas Keller, probaron la capacidad de los voluntarios de distinguir entre complejas mezclas de olores y alcanzaron sus conclusiones sobre la base de la sensibilidad de la nariz y el cerebro de estas personas.


El número actual de olores que se detectan aceptado es sólo de 10.000, señala la jefa del laboratorio, Leslie Vosshall. "Todo el mundo en este campo tenía la sensación general de que este número era ridículamente pequeño, pero fue Andreas el primero en establecer el número con una prueba científica real", destaca Vosshall. De hecho, incluso un billón puede estar subestimado, añade Keller.


"El mensaje es que tenemos más sensibilidad en nuestro sentido del olfato de la que creemos. Simplemente no prestamos atención a ella y no la usamos en la vida cotidiana", explica. La calidad de un olor tiene múltiples dimensiones porque los olores que nos encontramos en la vida real se componen de mezclas complejas de moléculas.


Por ejemplo, el olor característico de la rosa tiene 275 componentes, pero sólo un pequeño porcentaje domina el olor percibido, lo que hace que el olfato sea mucho más difícil de estudiar que la visión y el oído.


A modo de comparación los investigadores estiman que el número de colores que podemos distinguir está entre 2,3 y 7,5 millones y los tonos audibles son unos 340.000.


Keller combinó olores y pidió a los voluntarios del estudio si podían distinguir entre mezclas con algunos componentes en común. "Utilizamos mezclas de moléculas de olor y usamos el porcentaje de superposición entre dos mezclas para medir la sensibilidad del sentido del olfato de una persona", dice Keller.


Para crear sus mezclas, Keller se centró en 128 moléculas de olor responsables de aromas como naranja, anís y menta verde, que mezcló en combinaciones de 10, 20 y 30 olores con diferentes proporciones de los componentes. Los voluntarios recibieron tres muestras, dos de los cuales contenían mezclas idénticas y se les pidió que eligieran la que era diferete.


Este enfoque se inspiró en el trabajo previo del Instituto Weizmann, en Israel, en el que los investigadores combinaron los olores a intensidades similares para crear un olor neutral. En ese experimento y en el dirigido por Keller, los científicos estaban interesados en la percepción de las cualidades del olor, como a pescado, floral o almizclado, pero no su intensidad, que, no obstante, se tuvo en cuenta porque puede interferir en las cualidades percibidas.
Los resultados de este nuevo trabajo, publicados esta semana en la revista Science, muestran que mientras que el rendimiento individual de los voluntarios fue muy variable, en promedio, pudieron decir la diferencia entre las mezclas que contenían hasta un máximo del 51% de los mismos componentes.


Cuando las mezclas compartían más de la mitad de sus componentes, el número de voluntarios que lograba encontrar la diferencia entre ellas disminuyó. Mediante el análisis de los datos, los investigadores de este trabajo pudieron calcular el número total de las mezclas distinguibles.


"Resulta que la resolución del sistema olfativo no es extraordinaria, ya que se necesita cambiar una fracción razonable de los componentes antes de que el cambio puede ser detectado con fiabilidad por más de un 50% de los sujetos", añade Marcelo O. Magnasco, responsable del Laboratorio de Física Matemática en el Rockefeller.


"Sin embargo, debido a que el número de combinaciones es literalmente astronómico, incluso teniendo en cuenta esta limitación, el número total de combinaciones de olores distinguibles es bastante grande", recalca.


La estimación de 1 billón es casi demasiado baja, según los autores, debido a que hay muchas más moléculas de olor en el mundo real que se pueden mezclar de muchas más formas.


Keller teoriza con que nuestros antepasados usaban y apreciaban más nuestro sentido del olfato que nosotros. La postura erguida de los humanos alejó la nariz de la tierra donde la mayoría de los olores se originan y, más recientemente, comodidades como los refrigeradores y las duchas diarias han limitado de manera efectiva los olores en el mundo moderno.


"Esto podría explicar nuestra actitud de que el olor no es importante, en comparación con la audición y la visión", afirma Magnasco. Sin embargo, el sentido del olfato sigue estando estrechamente vinculado a la conducta humana y su estudio puede aportar muchos datos acerca de cómo nuestro cerebro procesa información compleja.

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Miércoles, 12 Marzo 2014 06:01

La monopolización del discurso ambiental

La monopolización del discurso ambiental

El discurso de lo ambiental en la agenda pública internacional cuenta con poco más de treinta años. Pero no es ésa su principal característica, sino su monopolización por parte de las grandes potencias y sus organizaciones (Europa, EE.UU., ONU). Son ellas las que imponen sus puntos de vista, sus versiones de los problemas, incluso la que definen como problema.

Las ONG con visión internacional desarrollan campañas donde resaltan que no reciben fondos de gobiernos haciendo énfasis en la "no política". Desde esta perspectiva, los conflictos ambientales no serían cuestiones de los gobiernos, sino de ciudadanos comprometidos con su entorno quienes delegan en ellos el tratamiento de esos temas. Según éstos, el ambiente es asunto de expertos; no es algo que nos pasa a todos y a todas, aquí y ahora.


En los ámbitos académicos, la discusión de contenidos ambientales fue hasta hace poco considerada "posmoderna". No se discutía ahí la lucha de clases, sino temas menores, superfluos, débiles. Sin embargo, esto está cambiando. Los pensadores empiezan a ver en la cuestión ambiental la discusión por los recursos escasos, por las energías, por la subsistencia. En suma, por la forma en la que producimos y consumimos.


En Argentina, los temas ambientales ocupan un lugar muy reducido en la agenda mediática, monopolizados por versiones "primermundistas" de los hechos y reafirmados por las ONG que en sus fines recaudacionistas intentan visiones globalizadoras de los temas.


Pocos medios cuentan con especialistas en temas de ambiente. Cometen errores técnicos en su tratamiento, simplifican su complejidad o se limitan a reflejar denuncias de algunas de las partes ocultando que, en la mayoría de los casos, los conflictos ambientales involucran multiplicidad de actores e intereses y que cada uno de ellos tiene al menos una parte de "la verdad".


Si bien Argentina no aparece aún, a nivel internacional, con un relato fuerte y claro en torno de lo ambiental, lo ha hecho a nivel local con el conflicto por las papeleras, la minería a cielo abierto en Famatina, el fra-cking en Vaca Muerta, la contaminación industrial en el Riachuelo, la utilización de los agroquímicos. Todos estos temas siguen latentes en la agenda mediática, pero no han logrado ni imponerse con suficiente fuerza en la opinión pública, ni expresar una visión sobre lo ambiental que implique una mirada propia (nacional y popular).


Sin embargo, empiezan a asomarse en Latinoamérica relatos con conceptualizaciones distintas, a veces contrapuestas, a las que alientan potencias mundiales y las ONG ambientalistas.


El largamente aplaudido discurso del presidente de Uruguay, Pepe Mujica, en la Cumbre Río + 20, celebrada en Brasil en agosto de 2012, explicaba que, para las sociedades latinoamericanas, trabajar por la defensa del medio ambiente es pelear por condiciones de trabajo dignas, por los derechos humanos, por la eliminación de la pobreza. En síntesis, por mejorar nuestra vida cotidiana. En sus palabras, lo ambiental no es algo que tenemos que ir a buscar en otro lado, sino que nos atraviesa en lo cotidiano.


Desde otro enfoque, el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, acaba de editar Geopolítica de la Amazonia, un libro en el que asegura que "existe una operación cuidadosamente planeada de parte de organismos extranjeros, las ONG y fundaciones ambientalistas que, utilizando a los indígenas de la Amazonia, quieren controlar la región, por su reserva de biodiversidad y de agua dulce, cuestionando la intervención de los Estados".


Desde Ecuador, Rafael Correa fijó posición en relación con la explotación petrolera de la reserva Yasuní. "El mundo es una gran hipocresía", declaró tras fracasar el proyecto que buscaba inexplotar el crudo en la zona a cambio de que la comunidad internacional aportara a Ecuador una suma de dinero que le permitiera preservar esa reserva. Correa evidenció la complejidad de los temas ambientales y la necesidad de que las "grandes potencias" se involucren, más allá de los discursos bonitos.


Los conflictos ambientales son muy complejos e involucran muchos aspectos de nuestra vida cotidiana: la forma de habitar, de relacionarnos, de consumir, de crecer y progresar. Perderíamos una gran oportunidad de convertirnos en actores si seguimos importando discursos que no nos tienen como protagonistas. Los comunicadores tenemos un gran desafío. Se trata de poner sobre la agenda mediática argentina estas cuestiones desde una mirada propia que nos involucre, nos acerque a las visiones que empieza a esbozar la región, problematizarlas, difundirlas, hacerlas noticia.

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Martes, 04 Marzo 2014 06:08

Dos represas brasileñas en la mira

Dos represas brasileñas en la mira

Representantes de los gobiernos de Evo Morales y Dilma Rousseff se reunirán el viernes en esta ciudad para evaluar el impacto de las represas Jirau y Santo Antônio, del lado brasileño, las cuales serían causantes del agravamiento de las inundaciones en la Amazonia boliviana, que en los últimos meses –época de lluvias– causaron más de 60 muertes, principalmente en los departamentos de Beni, Pando y el norte de La Paz.


"Hay una Comisión Técnica para verificar, para evaluar, para levantar datos (que constaten) si efectivamente estas construcciones pueden afectar la subida de las aguas. El canciller brasileño (Luiz Alberto Figueiredo) está visitando Bolivia el próximo 7 de marzo. Vamos a tener una reunión bilateral, donde vamos a tocar todos los temas con el canciller de Brasil", dijo en conferencia de prensa el ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca.


Varias Organizaciones de la Sociedad Civil brasileñas y bolivianas habían advertido ya en 2007, antes de la construcción de las represas, sobre sus posibles efectos negativos en las poblaciones de este sector de la Amazonia. Esos perjuicios son similares a los que se viven en estos días. Informes de entidades como la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), de Bolivia, o de especialistas como Philip Fearnside, del Instituto Nacional de Investigación de la Amazonia en Manaos, Brasil, entre otros, llegaron al gobierno de Morales, que envió una carta a su homólogo brasileño para indagar en la veracidad de lo que se avecinaba. Todo quedó allí, Jirau y Santo Antônio fueron construidas, comenzaron a funcionar y hoy afectan con inundaciones a poblaciones del estado de Rondônia y Beni.


El 18 de febrero, el presidente Morales sobrevoló algunas de las miles de hectáreas afectadas por la inundación. En Beni, departamento ganadero, fallecieron más de 200 mil vacas porque no tienen qué comer ni dónde pararse. Y se perdieron miles de hectáreas de cultivos, entre otros daños que soportan en esta región, donde 300.000 mil personas están afectadas. Al bajar del avión, el jefe de Estado dijo que había instruido nuevos estudios para analizar el rol de las represas brasileñas Jirau, que está a 80 kilómetros de la frontera, y Santo Antônio, a 120 kilómetros.

 


Bolivia tiene la intención de construir su megarrepresa (que generaría 980 megavatios) en la población beniana de Cachuela Esperanza, que ahora también está inundada. Si con las dos represas en cuestión hay este panorama, peor sería si Bolivia concretara su proyecto. El gobierno de Morales no quiere desprenderse de este plan, que permitiría al país exportar electricidad.


"Recientemente hubo una reunión con las autoridades bolivianas y las brasileñas para ver cuáles pueden ser los efectos que generan la construcción de las represas en el lado brasileño. Va a haber una reunión técnica posteriormente para analizar. Tenemos que fundamentar con datos técnicos qué niveles, cómo ha sido. Hay varios temas que tenemos que trabajar", adelantó Choquehuanca.


En 2007, cuando se conocieron los estudios independientes sobre los efectos de las represas, uno que cargaba contra los ambientalistas era Alexander Guzmán, alcalde de Guayaramerín, en la frontera con Brasil, por oponerse al progreso. Ahora reconoció que la pesca en los ríos de esa zona bajó hasta en un 50 por ciento por efecto de las represas. Peces como la yatorana, el surubí y el pacú "ya no se encuentran como antes, debido a que son especies migratorias que recorren los ríos, pero al tener las barreras de las represas no logran cumplir su ciclo vital", comentó.


"Bolivia está aún en posición de exigir una auditoría ambiental a nivel internacional, para la evaluación del impacto actual y de los riesgos y consecuencias futuras de la alteración de la hidrología del río Madeira. También se debería analizar la posibilidad de exigir una indemnización", indicó el investigador de Lidema Octavio Ribera.


Fearnside, citado por un documento del Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade), explicó que "cuando el agua de un río entra en la laguna que se forma a consecuencia de la represa, la velocidad del agua disminuye bruscamente. Con eso, los sedimentos más pesados, como la arena, caen para el fondo del lago al comienzo del mismo, formando una pila de sedimentos que continúa creciendo y avanzando río arriba. Esta pila funciona como una especie de segunda presa, elevando el nivel del agua en el trecho de río encima del lago propiamente dicho. Ya que el reservorio de Jirau está planeado para extenderse hasta la frontera con Bolivia es lógico que esa elevación del nivel afectará al lado boliviano, tanto en el río Madera como en el río Abuná".

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10 tesis sobre el "divorcio" entre izquierda y progresismo América Latina

No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores).

Todos sabemos que los gobiernos de la nueva izquierda han dominado el escenario político latinoamericano reciente. En un viraje sustancial, suplantaron a presidentes conservadores y neoliberales, y actualmente están presentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela.


También sabemos que se trata de un conjunto variado. Existen diferencias notables, por ejemplo, entre los modos de hacer política de Evo Morales y los de José Pepe Mujica en Uruguay. Más allá de su diversidad, tienen muchos elementos compartidos que explican que sean parte de un mismo conjunto, y que además son efectivamente distintos de gobiernos conservadores o neoliberales.


Así, se delimita el "progresismo" como una cristalización reciente de una identidad política específica; una denominación adecuada, usada en varios países, y que deja en claro que todos comparten la fe en el progreso, con sus particulares modos en organizar la economía, las relaciones sociales y la apropiación de los recursos naturales.


Pero, también, frente a estos gobiernos hay un creciente debate. No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores). Los señalamientos provienen de un número significativo de simpatizantes, militantes e incluso conocidos líderes de izquierda, que están lejos de ser dogmáticos, y que se sienten desilusionados, alejados o incluso enfrentados con este progresismo.


Impulso hacia la izquierda


Una de las razones de este malestar parece deberse a que el progresismo comienza a apuntar en sentidos que son significativamente distintos a los trazados por la izquierda que le dio origen. Como "izquierda" es también una categoría plural, estas comparaciones deben hacerse con precaución. La izquierda que lanzó al progresismo se nutrió de muy variadas tendencias, aprendió de sus errores y se renovó. Mucho de eso se debió a que convergió en lo que podría llamarse una "izquierda abierta" (parafraseando al "marxismo abierto" de Ernest Mandel), que intentaba no ser dogmática, era tolerante y aceptaba aportes diversos. Esto le permitió establecer relaciones estrechas con movimientos y organizaciones populares (especialmente indígenas y campesinos), destronar al neoliberalismo, fortalecer el Estado y atacar la pobreza. Fue una sinergia exitosa que fructificó en conquistar gobiernos, lanzar procesos de cambio y superar durísimas oposiciones internas (como en Argentina, Bolivia o Venezuela).


Con el paso del tiempo, en su seno emergió el progresismo con una identidad política propia y que apuntaría en una dirección distinta. Estaríamos frente a una "gran" divergencia entre izquierda y progresismo.
La divergencia

¿Cuáles son los temas en los cuales izquierda y progresismo están difiriendo? Se pueden identificar algunas cuestiones donde las propuestas progresistas actuales son diferentes a las de la izquierda que lo cobijó.

1. Desarrollo. Más allá de sus pluralidades, la izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 criticaba en profundidad el desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus bases conceptuales como sus prácticas concretas, como la de ser proveedores de productos primarios.
El progresismo actual ha abandonado en buena medida este debate y acepta las bases conceptuales del desarrollo. Festeja el crecimiento económico y los extractivismos. Es cierto que en algunos casos se denuncia al capitalismo, e incluso hay intentos alternativos (por ejemplo, con empresas nacionalizadas), pero prevalece la inserción en éste. Las discusiones están en cómo instrumentalizar el desarrollo (por ejemplo, si con más o menos Estado), pero no se disputa el mito del progreso. En cambio, sí mantuvo de la izquierda de los 60 y 70 una actitud refractaria a las cuestiones ambientales.


2. Democracia. Al menos desde fines de los 70, las izquierdas latinoamericanas hicieron suyo el mandato de la democracia. La idea de llegar al poder por las armas fue desechada; así lo entendieron desde Pepe Mujica a Hugo Chávez. No sólo esto, sino que se buscó ir más allá de las elecciones nacionales, hacia la llamada radicalización o profundización de la democracia. Se crearon los presupuestos participativos, se promovieron referéndums y se buscó diversificar la participación ciudadana.


El progresismo, en cambio, está abandonando ese entusiasmo y se contenta con el instrumento electoral clásico, las elecciones. Profundiza la democracia delegativa y llega a extremos hiperpresidencialistas.


3. Derechos humanos. Aquella izquierda incorporó la defensa de los derechos humanos, especialmente en la lucha contra las dictaduras en el Cono Sur. Fue un aprendizaje notable, donde el viejo ideal de igualdad se articuló con la salvaguarda y ampliación de los derechos. Hoy, las actitudes han cambiado, ya que cuando se denuncian incumplimientos en derechos, hay reacciones progresistas defensivas. En lugar de atender esos problemas, se cuestiona a veces a los denunciantes o se critica la institucionalidad jurídica. Incluso ponen en duda la validez de algunos derechos, como ha hecho Rafael Correa diciendo que los derechos de la naturaleza son "supuestos".


4. Constituciones y leyes. La izquierda abierta insistía en recuperar el papel de las constituciones como el marco básico compartido. Es más, en Bolivia, Ecuador y Venezuela se aprobaron nuevas constituciones (con innovaciones sobre los derechos), y nuevos ordenamientos normativos. A su vez, en todos los casos se proponía reforzar la independencia, imparcialidad y capacidades del Poder Judicial. Ahora, el progresismo da señales contradictorias. Se incomoda con obligaciones que le imponen sus propias constituciones, e incluso opera sobre ellas para aligerar controles políticos, sociales o ambientales. Se toleran desprolijidades en cumplir exigencias legales, manipular leyes o presionar al Poder Judicial. Y en algunos momentos parecería que erosiona su propio nuevo constitucionalismo.


5. Corrupción. La izquierda de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ése era uno de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y en aquellos años la izquierda atacó una y otra vez en ese terreno, desnudando negociados, favoritismos empresariales, etcétera. Aquel ímpetu parece menguar. Hay varios ejemplos en los que no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de figuras claves dentro de gobiernos progresistas, o la asignación de fondos públicos termina repitiendo viejos vicios. Asoma una actitud de cierta resignación y tolerancia.


6. Movimientos sociales. La izquierda latinoamericana durante décadas cultivó un relacionamiento estrecho con grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial resulta de esa simbiosis, ya que gracias a indígenas, campesinos o movimientos populares urbanos alcanzaron los gobiernos. Desde esos sectores surgieron votos, pero también ideas y prioridades, y unos cuantos dirigentes y profesionales que ahora están en las oficinas estatales.

En los últimos años, el progresismo parece alejarse de varios de estos movimientos, no comprende sus demandas, se pone a la defensiva, intenta dividirlos y si no lo consigue, los hostiliza. Gasta mucha energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y perdió los nexos con organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de derechos humanos, etcétera. La desazón se expande entre líderes sociales que, en el pasado fueron atacados por gobiernos neoliberales y ahora vuelven a serlo, pero desde el progresismo.

7. Justicia social. La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio apunta sobre todo a una justicia como redistribución económica, enfocada en la compensación monetaria a los más pobres y en el consumo masivo para el resto. No niego ni la importancia de esas ayudas para sacar de la pobreza a millones de familias, ni la relevancia de que los sectores populares accedan a servicios y bienes necesarios. El punto es que la justicia es mucho más que bonos, la calidad de vida es más que comprar televisores, y no se la puede reducir al economicismo de la compensación monetaria.


8. Integración y globalización. La izquierda logró relanzar la integración regional y continental, y combatió esquemas de liberalización comercial como el ALCA, los TLCS e IIRSA. Lanzó algunas iniciativas muy interesantes, como el Tratado de Comercio de los Pueblos, el SUCRE, el Banco del Sur y algunos de los convenios del ALBA.


Hoy se mantiene la retórica latinoamericanista, pero no se logran políticas continentales en sectores claves como energía, agroalimentos e industria. Hay avances en algunos planos (como la integración cultural), pero los Estados siguen compitiendo comercialmente y no pocas veces los vecinos hacen trampas comerciales. Y, finalmente, todos aceptaron la gobernanza global del comercio.
9. Independencia y crítica. La izquierda mantenía una estrecha relación con los intelectuales, y más allá de discusiones puntuales, respetaba la rigurosidad e independencia. Incluso se buscaban ángulos originales, se hurgaba en lo que estaba oculto y se navegaba en una pluralidad de voces.


El progresismo da señales que cada vez le gusta menos la crítica independiente y prefiere escuchar a los intelectuales amigos. Y cuando ellos escasean dentro del propio país, los traen del norte, aprovechando lo poco que saben de las realidades nacionales. Desconfía de análisis exhaustivos y prefiere las felicitaciones y el apoyo publicitario. Denuncia a libres pensantes y reclama seguidores fieles. La crítica es apresuradamente rotulada como traición neoliberal.


10. Discursos y prácticas. Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política, a veces con una retórica de ruptura radical que resulta atractiva, pero sus prácticas son bastante tradicionales en muchos aspectos. Por ejemplo, los discursos por la Pachamama se distancian de la gestión ambiental, se cita a Marx y Lenin pero los acuerdos productivos son con corporaciones transnacionales, se reivindica la industrialización pero prevalece el extractivismo, se dice responder a los movimientos sociales pero se clausuran organizaciones ciudadanas, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.
Entre el concepto y la praxis


Los senderos del progresismo

En la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda.


El progresismo nació como una expresión reciente en el seno de la izquierda latinoamericana. Maduró como una particular mezcla e hibridización de distintas condiciones culturales y políticas, pero quedó enmarcado en las ideas occidentales del desarrollo. No es una postura conservadora ni neoliberal, lo que explica que sus defensores lo presenten como una expresión de izquierda, y como ha sido exitoso en varios frentes, cuenta con apoyos electorales.


Pero, en la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda. Quedó enmarcado en el desarrollo convencional, y lo ejecuta a su manera, ajustando la democracia y apelando a compensaciones monetarias. Es un camino propio, pero que comulga también con el mito del progreso.


Tal vez este progresismo rectifique su rumbo en algunos países, retomando lo mejor de la izquierda clásica, para construir otras síntesis de alternativas que incorporen efectivamente temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio. Sean ésas u otras cuestiones, en todos los casos deberá desligarse del mito del progreso. Dicho de otro modo: menos progresismo y más izquierda. Pero si persiste en prácticas como el extractivismo o el hiperpresidencialismo, se alejará definitivamente de la izquierda.

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