Miércoles, 12 Febrero 2014 05:47

Sigue el engaño de la minería responsable

Sigue el engaño de la minería responsable

Saben cuánto va a utilizar el proyecto, el agua del río (en Quinsacocha)?
Uno por ciento, porque se saca el agua y se la recicla, esa es la minería moderna. Presidente Rafael Correa [2].

Cuando se trata de vender la idea de que la minería a gran escala no causará mayores impactos ambientales y sociales, los empresarios mineros y el Gobierno recurren a los mitos de la "minería responsable". Este discurso ha sido diseñado por las grandes transnacionales mineras, en el marco de la Iniciativa Minera Global (Global Mining Initiative), hace más de 10 años. Es un paquete publicitario que incluye la noción de que todos los problemas que la gran minería genera son estrictamente técnicos, y que se pueden resolver con "tecnología de punta". Asimismo, se quiere vender la idea de que la gran minería moderna -con sus pretendidos altos estándares- rompe con las taras de la minería de "antaño" (y las de la pequeña minería) en cuanto a sus impactos sociales y ambientales.


Tanto las empresas como nuestros gobiernos invierten millones de dólares en vídeos, spots televisivos, publicidad impresa, foros, entre otros, para promover esta visión de la "minería responsable". A esta se asocian los imperativos del "progreso" y del "desarrollo", cuyas aplicaciones han hecho tanto daño a los pueblos del Sur global, particularmente en América Latina. Con esta narrativa, se quiere convencer al público de que la gran minería no impactará a las comunidades ni al medio ambiente de forma significativa.


En el Ecuador, estamos bombardeados por estos discursos. El Gobierno del presidente Rafael Correa, mucho más que en los gobiernos neoliberales, ha sido de los más dedicados a difundir los mitos de la "minería responsable". El mismo presidente, afirmó por ejemplo que "con la minería responsable se puede recuperar el 95% de los impactos". [3] La empresa minera transnacional ECSA y altos funcionarios del Ministerio de Recursos No Renovables, llegaron incluso a afirmar que el agua usada para extraer el cobre de la mina a cielo abierto del proyecto Mirador será devuelta al medio ambiente "en mejores o iguales condiciones que fue captada" [4] . Desde su portal de internet, la empresa minera estatal, la ENAMI, irónicamente se compromete por su lado a promover "la minería para el buen vivir", caminando "juntos por una minería responsable" [5] .


El mito de la minería "responsable" se basa -entre otras características- sobre la premisa que la técnica moderna y la ciencia actual son capaces de diagnosticar, prever y controlar todos los impactos que la minería a gran escala puede provocar. La creencia ciega en la capacidad de la ciencia y la tecnología están muy arraigadas en el imaginario moderno.


A esta creencia ingenua, basta oponer la historia reciente de la megaminería en el mundo, que demuestra hasta la saciedad cuáles son sus enormes y nocivas huellas. Una amplia documentación que circula a nivel internacional evidencia los múltiples impactos sociales, ambientales, económicos y políticos que provocan las grandes empresas mineras: contaminaciones crónicas y accidentales de las aguas, del suelo y aire; destrucción irreversible del paisaje; afectaciones graves a la salud pública; pérdida de soberanía alimentaria; destrucción de economías basadas en actividades productivas sustentables; despojos y militarización de territorios; violencias físicas y simbólicas; tráficos ilícitos y explotación de seres humanos; asesinatos; evasión fiscal y violaciones de leyes, derechos humanos y constitucionales; debilitamiento de la democracia; ataques a la soberanía nacional, entre otros.


La minería a cielo abierto, como la que se quiere implantar en Ecuador en la zona de Íntag o en la Cordillera del Cóndor, supone la excavación de un tajo de cientos de metros de profundidad y varios kilómetros de diámetro. Esta intervención destruye de forma permanente la capa vegetal, no solamente del área de la mina en sí, sino también de miles de hectáreas alrededor, las cuales muchas veces son utilizadas como botaderos de desechos sólidos, piscinas de relave y para otras instalaciones sin las cuales las minas no pudieran funcionar. El simple hecho de traer rocas sulfurosas que contienen metales pesados desde el subsuelo hasta la superficie donde están expuestas al aire y las aguas de lluvia, desencadena procesos de contaminación ambiental que perduran siglos. Hay evidencias, por ejemplo, de minas operadas en el tiempo del imperio romano que siguen contaminando fuentes de agua.


¿Una minería social y ambientalmente "responsable"?


Si es que algún día existiera una verdadera responsabilidad, esta debería partir por respetar ciertos principios fundamentales, como el derecho de las comunidades y gobiernos locales a decidir sobre la instrumentación de cualquier actividad que represente un riesgo para su bienestar presente o futuro. Sin el respeto de este derecho, simplemente no hay minería responsable. La "consulta" tal como la suelen manejar los gobiernos dedicados a la promoción de la megaminería, no tiene mucho sentido. Las decisiones de las comunidades nunca son vinculantes. Es, lastimosamente, en estas condiciones que se realizaron las consultas en los territorios afectados por los proyectos mineros en el Ecuador. Vale recordar la parodia que fueron las recientes consultas realizadas en la Amazonía Sur del Ecuador en el marco de la Décimo Primera Ronda Petrolera. [6] En lugar de estas mascaradas, y como lo exige el convenio 169 de la OIT (ratificado por Ecuador en el 1998), se debería exigir el consentimiento previo libre e informado de las comunidades.


Por otra parte, una minería realmente responsable debería reconocer, en ciertas situaciones y áreas, que la extracción no puede representar el mejor uso del suelo o de emprendimiento económico. Sobre todo en territorios sensibles como son:


- el bosque nublado y páramos que protegen las cuencas hidrográficas y almacenan agua;
- las lagunas y ríos, así como manglares y humedales;
- donde exista un excepcional potencial turístico, agropecuario, o riqueza arqueológica;
- que albergan especies en peligro de extinción;
- donde exista grandes riesgos sísmicos;
- de alta pluviosidad (lo que exacerba los riesgos de contaminación del agua);
- donde la roca tiene altas concentraciones en compuestos sulfurosos (que generan contaminación por drenaje ácido de mina), entre otras.

Preguntamos: ¿qué sentido tiene destruir el patrimonio cultural milenario, impactar a las actividades económicas auténticamente sustentables, contaminar de manera irreversible el agua, el aire y la tierra, así como transformar el clima que le da vida a miles de campesinos, pueblos ancestrales, pescadores y recolectores de mariscos, para sustentar una actividad minera altamente destructiva y cuya duración es de apenas un par de décadas?


Además, una minería "responsable" con el ambiente reconocería que antes de iniciar actividades con tan fuerte impacto ambiental, es absolutamente indispensable contar con largas series de datos históricos (al menos décadas) confiables sobre la hidrometeorología y la sismicidad del área a ser intervenida. En Ecuador, con muy pocas excepciones, estos datos no existen.


Por último, la minería "responsable" es imposible si no existen instituciones públicas sólidas e independientes del sector minero, capaces de evaluar y monitorear la actividad. Por ejemplo, no se puede hablar de minería responsable si la gestión minera está a cargo de instituciones que aprueban Estudios de Impacto Ambiental que carecen de rigor científico, como muchos de los que se han elaborado y aprobado en el Ecuador. No se puede hablar de minería responsable cuando una mayoría de las empresas transnacionales presentes en el país usan paraísos fiscales y bancarios como Las Islas Vírgenes, Bermuda, Barbados, Panamá, entre otros, lo que presumiblemente les permite evadir sus obligaciones en términos fiscales en el Ecuador.


La minería que se está desarrollando en la actualidad en el país no cumple con todas las características que acabamos de mencionar cuando de responsabilidad se habla, más bien da paso a la peor actividad productiva posible, en los lugares lo menos apropiados, como son las Cordilleras del Toisán y del Cóndor, e incluso en los páramos como en la zona de las lagunas de Quimsacocha.

Es así como podemos anticipar que en Ecuador, dadas las condiciones políticas, ambientales y geológicas del país, la minería "responsable" y la recuperación del medio ambiente en las proporciones anunciadas en los discursos oficiales nunca se llevarán a cabo. Menos aún en un país donde no se cumple con la Constitución y tampoco con el Mandato Minero, aprobado en abril de 2008 en la Asamblea Constituyente de Montecristi, con el que se pretendía al menos normar la situación de caos en la minería a gran escala, heredada del modelo neoliberal. [7]

En síntesis, ¿es posible creer en una minería bien hecha y responsable, que no ocasione severos impactos ambientales y sociales y que, además, se constituya en la senda para el Buen Vivir?


Por supuesto que no. La realidad contradice esta afirmación, que no pasa de ser una burda manipulación.


La explotación minera industrial moderna implica la extracción masiva -y en un tiempo muy corto-, de la mayor cantidad posible de recursos minerales; recursos que se han formado en procesos de muy larga duración, a escalas tectónicas. En la actualidad, los sitios de alta concentración mineral se van agotando, sin embargo, los elevados precios del mercado mundial permiten que la explotación minera sea rentable aún en los yacimientos en donde el mineral es escaso. Para hacer producir estos yacimientos, es necesario aplicar una minería industrial de gran escala, con uso masivo de químicos a veces sumamente tóxicos, el consumo abundante de agua y la acumulación de grandes cantidades de desechos. El examen de la minería industrial alrededor del planeta evidencia un sinnúmero de daños y destrucciones múltiples e irreversibles de la Naturaleza. Por igual son incontables las tragedias humanas, tanto como la destrucción de las potencialidades y riquezas culturales de muchos pueblos. En el ámbito económico la situación tampoco es mejor. Los países de América Latina, África y Asia, cuyas economías dependen fundamentalmente de recursos minerales o petroleros, nunca saldrán de la pobreza.


El capital global, en contubernio con gobiernos liberales y "progresistas", una vez más está ganando la partida, y la única forma de parar es con el fortalecimiento de la resistencia pacífica a nivel local y generando alianzas para que cada vez más gente sea conciente de la realidad de la minería y de sus terribles consecuencias.-


________________________________________
Carlos Zorrilla: Activista. Cofundador de la DECOIN, de la Asociación de Caficultores de Íntag y de la Red Nacional de Bosques Privados. Residente de la zona de Íntag desde 1978. Autodidacta en impactos de la minería a gran escala.
William Sacher: PhD en ciencias atmosféricas y oceánicas. Candidato a doctor en economía en la FLACSO-Ecuador.
Alberto Acosta: Profesor e investigador de la FLACSO-Ecuador. Exministro de Energía y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República.

NOTAS:
[2] Sabatina, 29.10.2011.
[3] El Ciudadano , 9.12.2011.
[4] Declaración de Federico Auquilla, viceministro de Recursos Naturales No Renovables en el Enlace Ciudadano número 249, 10.12.2011.
[5] http://www.enamiep.gob.ec/
[6] Véase, por ejemplo el documental "La consulta inconsulta" de Tania Laurini y Julián Larrea Arias, 2013.

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Undécima carta a las izquierdas: ¿ecología o extractivismo?

En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.


Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía gozar de una gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis estos movimientos y esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas más directamente opuestas a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como única solución, y excepcionalmente hacen alguna declaración algo ceremonial sobre la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad. De hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Antes de la crisis el modelo de crecimiento en vigor era el principal blanco de crítica de los movimientos ambientalistas y ecologistas precisamente por insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecológica muestra que el capitalismo no sólo tiene prioridad sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.


Hoy, sin embargo, resulta evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca los límites de carga del planeta Tierra. En los últimos meses se han batido varios récords de peligro climático en Estados Unidos, la India, el Ártico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten cada vez con mayor frecuencia y gravedad. Prueba de ello son las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la escasez creciente de agua potable, el uso de terrenos agrícolas para agrocombustibles, la deforestación de bosques. Poco a poco se va constando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, en última instancia, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está relacionado: la crisis alimentaria, la ambiental, la energética, la especulación financiera sobre las commodities y los recursos naturales, la apropiación y concentración de tierra, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y su privatización, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para dar paso a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por la dramática degradación ambiental, con mayor incidencia de cáncer en determinadas zonas rurales, los organismos modificados genéticamente, el consumo de agrotóxicos, etc. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Rio+20, celebrada en junio de 2012, fue un fracaso rotundo debido a la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad a los beneficios de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.


La valoración internacional de los recursos financieros permitió en varios países de América Latina una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados) que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como "enemigas del desarrollo", se liberasen de este fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para llevar a cabo políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron aumentado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente hasta el punto de que algunos analistas vieron el surgimiento de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista: el neodesarrollismo basado en el neoextractivismo.


Sea como sea, este neoextractivismo tiene como base la explotación intensiva de los recursos naturales y plantea, en consecuencia, el problema de los límites ecológicos (por no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto resulta más preocupante en cuanto que este modelo de "desarrollo" es flexible en la distribución social pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que interfiera en su camino y complique el trayecto tiende a ser aniquilado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.


Dado su atractivo, estas locomotoras son magníficas para convertir las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ecológica y social que crean en un coste inevitable del "progreso". Por otro lado, privilegian una temporalidad afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos no va a durar siempre, y eso hay que aprovecharlo al máximo en el menor espacio de tiempo. El brillo del corto plazo ofusca las sombras del largo plazo. Mientras que el boom configure un juego de suma positiva, cualquiera que se interponga en su camino es visto como ecologista infantil, campesino improductivo o indígena atrasado de los que a menudo se sospecha que se trata de "poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales no se sabe al servicio de quién".


En estas condiciones, resulta difícil activar principios de precaución o lógicas a largo plazo. ¿Qué sucederá cuando termine el boom de los recursos? ¿Cuando sea evidente que la inversión en "recursos naturales" no fue debidamente compensada por la inversión en "recursos humanos"? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, quilombolas y ribereñas expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? La ideología económica y política dominante considera estas preguntas escenarios distópicos exagerados o irrelevantes, fruto del pensamiento crítico entrenado para pronosticar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y en absoluto atractivo para los grandes medios.


En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos sociales y organizaciones lo suficientemente valientes para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado de este modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Es un proceso lento en que la historia particular de cada movimiento todavía pesa más de lo que debería, aunque ya son visibles articulaciones entre luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, los transgénicos, la impunidad de la violencia en el campo, la especulación financiera con los alimentos, luchas por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y quilombolas, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, luchas por la economía solidaria, la agroecología, la gravación de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.


Al igual que ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica robusta y anticapitalista pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al "ecologismo de los ricos" hay que contraponer el "ecologismo de los pobres", basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad, vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.

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Diez corporaciones del mundo real que parecen salidas de la mente de un supervillano

Ya lo avisó en su día el documental 'The Corporation': Las empresas se comportan como psicópatas y, lo que es peor, no les queda otra opción para sobrevivir en este frenopático poblado por otros psicópatas que es la economía global. Pero dentro del manicomio hay muchos niveles de locura: están los locos de toda la vida, esos que quieren ganar más dinero cada año, y están los verdaderamente tarados, aquellos que son capaces de pasar por encima de cualquier comunidad o ecosistema para lograr su sacrosanto objetivo: amasar pasta.

 

A continuación las diez empresas más malvadas del planeta (con su token español incluido):

 


10 Wal Mart


Negocio: Gran distribución


Tropelías: Atila del pequeño comercio, negrero de sus "asociados"


¿Pero qué tripa se os ha roto para incluir en una lista de empresas malvadas al mayor empleador de EEUU, con sus 2,2 millones de trabajadores en todo el mundo? Pues porque buena parte de esos trabajadores sobreviven en el umbral de la pobreza, con sueldos de unos 8 dólares por hora (menos de 6 euros). El presidente de Wal-Mart gana más en una hora que un "asociado" (así llaman a los curritos) a tiempo completo en un año.


En un mercado libre el trabajador de Wal-Mart tal vez podría buscar trabajo en otro lugar pero no es el caso: la cadena de supermercados ha arrasado con la competencia y con la industria estadounidense: el 85% de los productos que vende se importan de China.

 

 

9 Office Cherifien des Phosphates


Negocio: Minería


Tropelía: Expoliar las riquezas de territorios invadidos


Ni tú ni casi nadie ha oído el nombre de esta empresa, pero puedes estar seguro que en tu nevera hay más de una fruta crecida gracias a los fosfatos que extrae del subsuelo del Sáhara. ¡Ah, en ese caso es una benefactora de la Humanidad! Bien, podría serlo, si no fuera por dos pequeños detalles:


1. Buena parte del mineral que vende esta empresa marroquí procede del territorio del Sáhara Occidental, más concretamente de la gigantesca mina de Bou Craa, la mayor del mundo. En otras palabras, Office Cherifien se está lucrando con las riquezas naturales de los saharauis.


2. La empresa pertenece a la familia real marroquí, así que la inmensa riqueza generada (Marruecos es el primer exportador de fostafos del mundo) no revierte tampoco en la población marroquí sino en su monarca, Mohammed VI, "el rey de las rocas", según Forbes, el séptimo rey más rico del mundo, con una fortuna de 2.500 millones de dólares.

 

8 Nestlé


Sector: Alimentación, cosmética y demás


Tropelía: Acaparar el agua a las comunidades de medio mundo


El evocador logo de Nestlé –mamá pájaro alimentando a sus polluelos en el nido- es probablemente uno de los más hipócritas de la historia de la comunicación corporativa. La multinacional suiza es por derecho propio la empresa más boicoteada de la historia, por escándalos como la leche en polvo que hacía que los lactantes renunciaran a la leche materna a la más reciente acaparamiento de los recursos hídricos en países como Etiopía, Sudáfrica o Pakistán.


Es ley de mercado: a medida que el agua empieza a escasear, su venta se convierte en un enorme negocio. Ejemplo práctico: Nestlé se apropia cada día de 1,1 millones de litros de agua de un acuífero canadiense (incluso durante las sequías) por los que abona la bonita cifra de 3,71 dólares, y los revende –una vez embotellada y etiquetada- por 2 millones de dólares, obteniendo un espectacular margen del 53 millones por ciento, según el cálculo de Hang the Bankers.

 

 

7 Pescanova


Negocio: Pesca


Tropelías: Destrozos en el medio ambiente, abusos a sus trabajadores


Para hacer tortilla hay que romper huevos, decía Alex en 'La Naranja Mecánica'. Y para que Rodolfo Langostino llegue a tu mesa hay que expoliar muchos manglares en Nicaragua, denuncia la ONG Intermón Oxfan en un informe distribuido el pasado verano sobre las prácticas laborales y medioambientales de la pesquera española, propietaria de la mayor flota mundial al menos hasta que a sus dueños les cegó la codicia y hundieron el barco.


Entre las muchas denuncias acumuladas –y no sólo contables- están "causar daños medioambientales irreparables" en los manglares de Nicaragua para la cría del langostino o en los bancos de Chile, con redes de arrastre. Además, los trabajadores de los criaderos de langostinos cumplen jornadas maratonianas. Para añadir sal a la herida, Pescanova recibió en 2012 créditos por valor de 10 millones de euros del Ministerio de Economía (Cofides), años después de que se hubieran presentado las denuncias.

 

 

6 Academi


Negocio: Guerras


Tropelías: Subcontratistas de batallas ajenas


Seguramente el nombre de Academi no te diga nada, y puede que te suene a una academia de catalán para extranjeros, pero si decimos Blackwater tal vez vuelvan a tu memoria las imágenes de un ejército mercenario que desembarcó en Irak tras la invasión y, poco a poco, fue reemplazando al ejército norteamericano en las tareas de zapa y hostigamiento de los insurgentes.


Academi es, efectivamente, un lavado de cara de Black Water, la mayor empresa de mercenarios del mundo: 40.000. Su página web no deja lugar a equívocos: "Entrenamientos de elite. Protección de confianza", y es que este ejército privado hace la guerra por su lado... a sueldo del Pentágono, de donde provienen el 90% de sus ingresos.


Desde un punto de vista conspiranoico, sería bonito que la empresa más malvada del planeta, Monsanto, comprara Academi/Blackwater para formar Evil Corp, como se ha dicho por ahí, pero desdichadamente es mentira.

 

 

5 Mitsubishi


Negocio: Electrónica, pesca, pastis


Tropelía: Congelar atunes para revenderlos tras su extinción


A los japos les gusta más un lomo de bonito que a los gaditanos la tortita de camarones. Tanto les gusta que ya se han comido prácticamente todos los atunes del Pacífico norte, estén (estemos) haciendo lo propio con los del Mediterráneo y los bonitos del Atlántico. El pez desaparecerá en algún momento de las próximas décadas, pero la avidez por su carne roja permanecerá alguna generación más.


Consciente de esta "demanda latente", la multinacional Mitsubishi está pescando miles de toneladas de atún azul en aguas europeas y ultracongelándolas a -60ºC para revenderlas dentro de varios años, como si fueran recién pescadas, una vez la escasez haya disparado el precio por las nubes, según denuncia el documental 'The End of the Line'. Además de fabricar excelentes troskis, Mitsubishi acapara el 40% de las capturas de atún mediterráneo que se vende en Japón. WWF calcula que la especie podría estar esquilmada en 2048. Hagan cuentas.

 

 

4 Armajaro Holdings

 


Negocio: Inversiones


Tropelía: ¡Quedarse con el chocolate!


En el cuento de Roald Dahl y en la película de Tim Burton, "Charlie y la fábrica de chocolate" Willy Wonka era un excéntrico ermitaño que controlaba la producción del mejor chocolate del mundo. Con mucho menos gracia y glamour, el especulador Anthony Ward trata de acaparar la producción de cacao en el mundo, conocedor de un pequeño secreto: dentro de 20 años el chocolate se habrá convertido en un producto de lujo.


Ward, dueño de la firma de inversión Armajaro Holdings, compró en 2010 241.000 toneladas de cacao, suficientes para fabricar 5.300 millones de barritas de chocolate, una por cada habitante del planeta sin contar diabéticos y señoras en régimen. ¿El motivo? Dentro de un par de décadas, las barritas de chocolate Kit-kat, Mars o los entrañables Huesitos que hoy podemos comprar por 1 euro costarán 10 euros (o estarán compuestos de sucedáneos grasos), según el documental Panorama de la BBC sobre la problemática producción de cacao en África.

 

 

3 Correction Corporation of America


Negocio: Prisiones


Tropelía: Conseguir clientes para llenar sus cárceles


Imagina por un momento el Gobierno privatiza Instituciones Penitenciarias, lo renombran Trullo S.A. y empieza a cotizar en Bolsa. Impensable, ¿verdad? Pues en EEUU hace tiempo que sucede. El campeón nacional del sector allí -el Hilton de las prisiones, para entendernos- se llama Corrections Corporation of America (CCA), cotiza en bolsa y su negocio no es obviamente la rehabilitación de los reclusos sino su reincidencia, lo que puede que explique que Estados Unidos sea el país con mayor población reclusa del mundo.


Si la misma existencia de una empresa que vive de la privación de libertad de las personas es un escándalo, aún lo son más los métodos de operación de CCA. Según un informe del grupo In The Public Interest, la empresa exige a los estados un contrato que garantice un 90% de ocupación de las celdas, de modo que si se reduce el índice de delitos, el gobierno debe pagar una compensación. ¿Y qué hace un gobernador con el agua de los presupuestos al cuello? Pues sacar a la policía a buscar más negros delincuentes. Como reza el famoso dicho policial, "no hay nadie inocente, sino insuficientemente investigado".

 

 

 

2 Rio Tinto


Negocio: Minería


Tropelía: Trabajo esclavo, guerras por el territorio


Quién nos iba a decir que un humilde río ferroso de Huelva iba a dar nombre a uno de los supervillanos corporativos más malvados del planeta. Pues sí: Rio Tinto fue fundada a finales del XIX por un grupo inglés para explotar las minas de cobre en Andalucía y posteriormente se expandió hasta el infinito y más allá... concretamente, hasta Papúa Nueva Guinea.


El historial de abusos contra el medio ambiente y los derechos humanos de Rio Tinto está documentado en medio mundo (Filipinas, Namibia, Madagascar y Australia, entre otros territorios), pero alcanza su paroxismo en Papúa Nueva Guinea, donde una filial de la compañía, Bougainville Copper, bloqueó la isla en 1990 en represalia a un movimiento secesionista que amenazaba su negocio. Durante el bloqueo, que duró siete años la Cruz Roja calcula que murieron 10.000 personas por falta de asistencia médica. El objetivo del director de la empresa era "matar de hambre a esos bastardos".

 

 

 

1 Monsanto


Negocio: Alimentación


Tropelía: Prohibir a los agricultores que replanten las semillas


Si un guionista tratara de plasmar maldad más abyecta en una empresa, probablemente le faltara imaginación para llegar a los niveles de perversión de Monsanto, la empresa de supervillanos que no tiene empacho en reconocer que quiere controlar la alimentación mundial. It's only business.


Recientemente, Monsanto ha sido nombrada la empresa más malvada del mundo (por delante de McDonald's y la Reserva Federal), pero lleva décadas acumulando méritos: durante la guerra de Vietnam suministró al Ejército de EEUU una fórmula refinada del "agente naranja", mucho más letal con los "malditos limones" que la de sus competidores. Luego llegaron el DDT, las aspartano y la hormona de crecimiento de las vacas, todas ellas con graves consecuencias para la salud de los consumidores.


Su línea más rentable es el herbicida Roundup, que, según denuncian los ecologistas, queda en los alimentos y puede causar una amplia gama de enfermedades en los consumidores: de la diabetes, al cáncer, pasando por Parkinson o depresión. Y mejor no hablamos de los transgénicos, porque nos acusarán de involucionistas y magufos...


Con la colaboración de Intermón Oxfam e información de Econmatters, Salon, El País, Forbes, Hang the Bankers, Público, Independent, Yorokobu, The Punch y Corp Research.


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Viernes, 29 Noviembre 2013 17:45

Hablemos en serio acerca del cambio climático

Hablemos en serio acerca del cambio climático

Un nuevo evento climático extremo está afectando una de las tradiciones más populares de Estados Unidos: el Día de Acción de Gracias. Los meteorólogos de The Weather Channel han denominado a esta tormenta de invierno "Bóreas", en honor al antiguo Dios del viento norte de la mitología griega, el portador del invierno. Se ha informado que al menos catorce personas han muerto hasta el momento como consecuencia de la tormenta y 58 millones han sido afectadas. Bóreas ha provocado nevadas y lluvias heladas a lo largo del noreste de Estados Unidos en los días de mayor tránsito del año. Los informes sobre el tiempo en la televisión siguen todos el mismo modelo: el intrépido periodista aparece de pie junto a una autopista nevada o en un aeropuerto donde los pasajeros están varados. ¿Acaso no sería una buena idea aprovechar la escena de los transportes que utilizan combustibles fósiles como excusa para hablar del cambio climático? ¿Por qué no hablamos de cómo nuestro estilo de vida, que depende tanto de actividades que emiten gases de efecto invernadero, desde conducir automóviles hasta viajar en avión, contribuye directamente a distorsionar el clima?

 

Los expertos del clima prevén que, a medida que aumente la temperatura de la Tierra, los eventos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes y severos. El Centro Tyndall para la Investigación sobre el Cambio Climático es una organización con sede en Gran Bretaña que reúne a científicos y expertos para investigar, evaluar y comunicar las nuevas realidades provocadas por el calentamiento global. Los científicos del Centro Tyndall asistieron la semana pasada a la conferencia sobre cambio climático de las Naciones Unidas en Varsovia, Polonia. Kevin Anderson es el subdirector del centro. Si bien Varsovia está a tan solo dos horas de avión de Manchester, Anderson prefirió tomar el tren, por lo que viajó durante 23 horas.


"Las emisiones de dióxido de carbono provocadas por los aviones son bastante emblemáticas de la vida moderna, en especial para el puñado de personas ricas como nosotros, y simbolizan lo que hacemos día a día. No pensamos dos veces sobre si generamos más o menos emisiones de carbono. Creo que, hasta cierto punto, los científicos están haciendo un excelente trabajo para mostrar la gravedad del problema, pero el lenguaje que hemos utilizado no ha demostrado la gravedad del asunto a los responsables políticos y eso puede verse claramente aquí. En las grandes sesiones plenarias se puede escuchar a los ministros afirmar con su retórica vacía: 'Debemos hacer algo al respecto'. Son obviedades. Podemos hablar durante horas, pero la ciencia ha demostrado que este proceso está mal encausado", sostuvo el Profesor Anderson.
 
 
La conferencia le brinda a un miembro de la delegación de jóvenes la oportunidad de hablar ante la sesión plenaria. Este año, fue Marian Hussein Osman, una joven activista somalí, originaria de Mogadiscio, quien habló ante los presentes: "Si bien la existencia humana no es negociable, ustedes hicieron una apuesta de 21 años con respecto a nuestro futuro. En las últimas horas [de negociaciones], ministros y delegados, les ruego que no permitan que Varsovia se convierta en otro Copenhague. La avaricia y los intereses mezquinos de una minoría no deberían despojarnos de lo que son indiscutiblemente nuestros derechos humanos inalienables. En un momento en que nuestros hogares, nuestro sustento e incluso la existencia geofísica están en riesgo, una mayor ambición para combatir el cambio climático no es algo opcional, sino fundamental".


Poco antes de finalizar la cumbre, alrededor de 800 personas abandonaron las negociaciones y declararon a la conferencia sobre cambio climático de Varsovia la peor hasta la fecha. Llevaban carteles que decían: "Los contaminadores hablan, nosotros marchamos", debido a que las negociaciones de la ONU en Varsovia fueron, por primera vez, co-auspiciadas por las industrias del carbón y el petróleo. Mientras cientos de activistas y representantes de ONG se reunían en el hall del Estadio Nacional de Varsovia (donde se desarrolló la cumbre sobre cambio climático) para abandonar la conferencia, el director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, tomó la palabra: "Tenemos un mensaje para nuestros líderes políticos: entiendan que la naturaleza no es negociable. No podemos cambiar la ciencia, sino que debemos cambiar la voluntad política. Tienen la capacidad para hacerlo, y ya no pueden seguir postergándolo. Deben comenzar a hacerlo ahora".


Quienes abandonaron la conferencia también llevaban otro mensaje, la palabra en español "Volveremos", junto a la traducción al inglés: "We will be back". Jamie Henn, de 350.org, sintetizó el espíritu de la acción de abandonar la conferencia y la promesa colectiva de quienes se reunieron para fortalecer los movimientos de base a nivel mundial: "Creo que el acontecimiento más importante en este momento es que algunas de las ONG más grandes del mundo, como WWF, Oxfam, Greenpeace, grupos que tradicionalmente han participado en este proceso están diciendo 'Necesitamos cambiar de táctica. Necesitamos comenzar a pensar en la industria de los combustibles fósiles de otra manera'. El mensaje de la camiseta dice: 'Los contaminadores hablan, nosotros marchamos'. Creo que haber salido de las negociaciones demuestra que habrá un nuevo tipo de compromiso para realmente enfrentarse a la industria de los combustibles fósiles, realizar campañas de desinversión, oponerse a los oleoductos como Keystone XL.Nos estamos dando cuenta de que para poder lograr un avance con respecto al clima, no podemos simplemente asistir a las conferencias y pedir a los líderes políticos que adopten medidas. Necesitamos enfrentarnos directamente a la industria".

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Viernes, 22 Noviembre 2013 08:33

La gran revolución de la energía

La gran revolución de la energía

Justo ahora se está diseñando un nuevo acuerdo global sobre cambio climático en la cumbre de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC, en sus siglas en inglés) —el 22 de noviembre termina la decimonovena conferencia de las partes, COP19, en Varsovia—, que se quiere culminar en 2015. Al hilo de la negociación, y dado que la mayoría de las emisiones de dióxido de carbono en el mundo provienen de la producción eléctrica y el transporte, merece la pena revisar la gran evolución que ha sufrido el panorama energético.

 

El siglo XXI será global y se definirá por la interdependencia económica. Por ello, la revolución de los hidrocarburos no convencionales —que ha provocado un auténtico terremoto— tendrá consecuencias a escala mundial. Ya se empiezan, de hecho, a sentir. Con la explotación del fracking, y en solo cinco años, la producción estadounidense de petróleo ha crecido un 30% y la de gas, un 25%. El año pasado, el gas de esquisto representó el 34% de toda la producción de gas en Estados Unidos. La Administración de Información Energética americana (EIA, en sus siglas en inglés) prevé que represente la mitad del total de gas en 2040.


Estados Unidos va camino de la autosuficiencia energética y está ya sacando partido de los beneficios económicos que ello conlleva. La explotación del gas y petróleo no convencional generó 2,1 millones de puestos de trabajo y 74.000 millones de dólares para las arcas del Estado en 2012. Su competitividad industrial se ha disparado dado el diferencial de precio con Europa y Asia, y las refinerías e industrias petroquímicas están acudiendo en masa a Estados Unidos.


Esto no significa, sin embargo, que Estados Unidos pueda encerrarse en sí mismo. La energía es una commodity global en un mundo interconectado. Se aprecia perfectamente cuando se mira al precio del petróleo, que se establece de manera global: la historia enseña ejemplos suficientes de las pésimas consecuencias que tienen los aumentos repentinos del precio del barril. Aunque la aportación del petróleo al mix energético está disminuyendo, y la capacidad excedente está razonablemente asegurada —sobre todo por Arabia Saudí—, un shock en los precios tendría efectos en todos los rincones del mundo.

Los precios del gas, en cambio, varían mucho por regiones. Desde los menos de cuatro dólares por MMBtu (unidad estándar de medida) en Estados Unidos a los aproximadamente 10 y 15 en Europa y Asia, respectivamente. Hasta que el mercado del gas se haga más líquido y global la diferencia persistirá. Sin embargo, la interdependencia económica global significa que a cada país le pesa la factura de otros. Si la economía de una región empeora, todos los países —emergentes y desarrollados— se resienten.


En Europa, hasta ahora, los recursos de esquisto han permanecido dentro de la roca, pero la revolución de los hidrocarburos no convencionales en el otro lado del Atlántico ha tenido muchos y diversos efectos. En primer lugar, la caída de la demanda estadounidense de gas natural licuado (GNL) ha permitido que bajen los precios en Europa. Eso ha dado margen de negociación a los diferentes proveedores energéticos europeos con gigantes como Gazprom —pese a los contratos de suministro de petróleo a largo plazo—. Por otro lado, la competitividad está en peligro: las compañías europeas pagan tres veces más que las americanas por el gas. Es improbable que esto cambie a corto plazo, ya que el coste de la licuación y del transporte mantendrá el precio del GNL alto incluso si EEUU permitiera más exportaciones.


Por último, las fuentes de energía usadas en Europa están haciendo que el continente se aleje gradualmente de sus objetivos de lucha contra el cambio climático. En Estados Unidos, el gas natural le está ganado parte de la cuota tradicional que llevaba el carbón en la producción de electricidad, provocando una oferta mayor de carbón barato para la exportación hacia Europa. Especialmente en Alemania, donde la energiewende (transición energética) —puesta en marcha a raíz del desastre de Fukushima— ha tenido un efecto perverso que ha provocado un aumento del consumo de carbón en el país: el carbón va camino de representar la mitad del consumo energético de Alemania. La posición europea de campeona contra el cambio climático está en peligro. Las emisiones de gases de efecto invernadero han podido descender como consecuencia de la caída en producción durante la crisis, pero el repunte en el uso del carbón es una muy mala noticia ante el futuro.


El carbón también es el recurso estrella en China, donde representa más de dos tercios del consumo energético. Pero los mandatarios chinos saben que la situación no es sostenible. No solo por la contaminación medioambiental, sino porque la diversificación de fuentes energéticas es clave para la seguridad nacional y la supervivencia del régimen.

 

El volumen de las reservas de energía no convencional en China está aún por determinar. Sin embargo, la densidad de población y la escasez de agua pueden ser factores que inhiban su explotación. China mantiene intensos contactos para asegurar y diversificar sus fuentes energéticas, tanto con productores tradicionales en Oriente Medio como con emergentes como Birmania o Rusia. El mes pasado, tras la primera visita de Dmitri Medvédev a China como primer ministro, China acordó con la empresa rusa Rosneft un contrato de suministro de petróleo por 10 años valorado en 85.000 millones de dólares. El gas natural, sin embargo, es la gran debilidad. Los gasoductos en Asia están subdesarrollados y los precios son los más altos del mundo.


Los principales productores de gas rusos comienzan a mirar hacia Asia, sobre todo ahora que el suministro en Europa ha bajado por la campaña de diversificación de matriz energética. Recordemos que Rusia obtiene la mitad de su presupuesto federal de los ingresos por gas y petróleo. El Gobierno ruso tiene que moverse rápido para adaptarse a los cambios y sostener al Estado. Hay oportunidades bajo la taiga siberiana, sobre todo en la región de Bazhenov, que podría albergar una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo. Sin embargo, el Estado podría no ser capaz de atraer la inversión necesaria si no hace antes una reforma fiscal.


La revolución de los hidrocarburos no convencionales, que empezó en EE UU, está provocando grandes cambios en todo el mundo. Incorporar el gas de esquisto al mix energético mundial podría suponer un puente hacia un futuro bajo en carbono. Las emisiones por la combustión del gas de esquisto pueden ser significativamente menores que las del petróleo, si se llegan a controlar las fugas de metano. Sin embargo, a través de interrelaciones complejas, hemos visto un resurgir en el uso del carbón —altamente contaminante— en Europa. China, por su parte, también sigue dependiendo del carbón para el 70% de sus necesidades energéticas. De esta manera, la reciente caída de las emisiones de gases de efecto invernadero —las emisiones de CO2 en Estados Unidos están en su punto más bajo en 16 años, igual que en Europa han descendido por la crisis— corre el riesgo de ser anulada por las emisiones del carbón.


El problema clave es que las fuentes baratas de energía a veces conllevan grandes costes, que solo se revelan después de un tiempo mayor, lo cual dificulta la formulación de políticas para regular su uso. Las externalidades medioambientales de la combustión de carbón son importantes y deben ser tratadas. Es fundamental que la comunidad internacional alcance un denominador común lo suficientemente ambicioso en Varsovia. Si no, no seremos capaces de limitar el aumento de la temperatura global hasta niveles sostenibles. El coste actual de la contaminación es demasiado bajo; sin embargo, el nivel de urgencia es muy alto.


Por Javier Solana, distinguido senior fellow de Brookings Institution y presidente del Centro de Economía y Geopolítica Global de ESADE.

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¿Está matando al planeta nuestra implacable busca de crecimiento económico?

¿Está matando al planeta nuestra implacable busca de crecimiento económico? Los climatólogos han visto los datos y están llegando a algunas conclusiones incendiarias.


Diciembre de 2012. Un investigador de sistemas complejos, de cabellos rojos, llamado Brad Werner pasó entre la multitud de 24.000 climatólogos y astrofísicos en la Reunión de Otoño de la Unión Geofísica Estadounidense, celebrada anualmente en San Francisco. La conferencia de este año incluía algunos participantes de gran renombre, desde Ed Stone, del proyecto Voyager de la NASA explicando un nuevo hito en el camino al espacio interestelar, hasta el cineasta James Cameron, quien habló de sus aventuras en sumergibles de aguas profundas.


Pero fue la propia sesión de Werner la que atrajo gran parte del alboroto. Se titulaba "¿Está jodida la tierra? (título completo: ¿Está jodida la tierra? Futilidad dinámica del manejo del medioambiente y posibilidades de sustentabilidad a través del activismo de acción directa").
De pie frente a la sala de conferencias, el geofísico de la Universidad de California San Diego presentó a la multitud el avanzado modelo informático que iba a utilizar para responder a esa pregunta. Habló de límites del sistema, perturbaciones, disipación, atractores, bifurcaciones y toda una serie de asuntos que en gran parte eran incomprensibles para nosotros, los no iniciados en la teoría de sistemas complejos. Pero el resultado final era suficientemente claro: el capitalismo global hace que el agotamiento de los recursos sea tan rápido, conveniente e irrestricto, que los "sistemas tierra-humanos" se están haciendo peligrosamente inestables como reacción. Cuando un periodista lo presionó para que diera una respuesta clara a la pregunta "¿estamos jodidos?, Werner dejó la jerga a un lado y respondió: "Más o menos".


Había, sin embargo, una dinámica en el modelo que ofrecía alguna esperanza. Werner la llamó "resistencia", movimientos de "gente o grupos de gente" que "adoptan un cierto conjunto de dinámicas que no se ajustan a la cultura capitalista". Según el resumen de su presentación esto incluye "acción directa ecológica, resistencia proveniente desde afuera de la cultura dominante, como en protestas, bloqueos y saboteos por parte de pueblos indígenas, trabajadores, anarquistas y otros grupos activistas".


Las reuniones científicas serias no destacan usualmente llamados a la resistencia política, mucho menos acción directa y saboteo. Pero por otra parte, Werner no estaba llamando a emprender cosas semejantes. Simplemente estaba observando que los levantamientos masivos de la gente, siguiendo las líneas del movimiento por la abolición, del movimiento de derechos civiles u Ocupa Wall Street, representan la fuente más probable de "fricción" para ralentizar una maquinaria económica que se está saliendo de control. Sabemos que los movimientos sociales del pasado han "tenido tremenda influencia sobre... cómo se desarrolló la cultura dominante", señaló. Por lo tanto es razonable que, "si estamos pensando en el futuro de la tierra y el futuro de nuestra conexión con el medio ambiente tenemos que incluir la resistencia como parte de esa dinámica". Y eso, argumentó Werner, no es un tema de opinión, sino "realmente un problema de geofísica".


Numerosos científicos han sido motivados por los resultados de su investigación a emprender la acción en las calles. Físicos, astrónomos, médicos y biólogos han estado a la vanguardia de los movimientos contra las armas nucleares, la energía nuclear, la guerra, la contaminación química y el creacionismo. Y en noviembre de 2012, Nature publicó un comentario del financista y filántropo ecológico Jeremy Grantham instando a los científicos a sumarse a esa tradición y "ser arrestados si es necesario", porque el cambio climático "no es solo la crisis de vuestras vidas, es también la crisis de la existencia de nuestra especie".


Algunos científicos no necesitan que los convenzan. El padrino de la climatología moderna, Hames Hansen, es un formidable activista, ha sido detenido una media docena de veces por resistir la minería de remoción de cima de montaña y los oleoductos de arenas bituminosas (incluso abandonó su puesto en la NASA este año en parte para tener más tiempo para las campañas). Hace dos años, cuando fui arrestada frente a la Casa Blanca en una acción masiva contra Keystone XL, el oleoducto de arenas bituminosas, una de las 166 personas esposadas ese día era un glaciólogo llamado Jason Box, un experto de reputación mundial sobre la placa de hielo de Groenlandia que se derrite.


"No podía mantener mi autorespeto si no iba", dijo Box entonces, y agregó que "solo votar no parece suficiente en este caso. También tengo que ser un ciudadano".


Esto es laudable, pero lo que Werner hace con sus modelos es diferente. No dice que su investigación lo impulsó a tomar acción para detener una política en particular, dice que su investigación muestra que todo nuestro paradigma económico es una amenaza para la estabilidad ecológica. Y por cierto que cuestionar ese paradigma económico –mediante la presión contraria del movimiento de masas– es el mejor intento de la humanidad para evitar la catástrofe.


Es un argumento pesado. Pero no es el único. Werner forma parte de un grupo pequeño pero cada vez más influyente de científicos cuya investigación de la desestabilización de sistemas naturales –en particular el sistema climático– los lleva a conclusiones similarmente transformadoras, incluso revolucionarias. Y para cualquier revolucionario de armario quien nunca ha soñado con derrocar el orden económico actual a favor de otro que sea menos probable que lleve a jubilados italianos a ahorcarse en sus casas, este trabajo debería ser de particular interés. Porque hace que el abandono de ese cruel sistema a favor de algo nuevo (y tal vez, con mucho trabajo, mejor) ya no sea cosa de simple preferencia ideológica, sino más bien una necesidad existencial para la especie.


En la dirección de ese grupo de nuevos revolucionarios científicos se encuentra uno de los principales expertos en el clima de Gran Bretaña, Kevin Anderson, vicedirector del Centro Tyndall de Investigación del Cambio Climático, que se ha establecido rápidamente como una de las principales instituciones de investigación del clima del Reino Unido. Dirigiéndose a todos, desde el Departamento de Desarrollo Internacional al Consejo Municipal de Manchester, Anderson ha pasado más de una década traduciendo pacientemente las implicaciones de la última ciencia climatológica a políticos, economistas y activistas. En lenguaje claro y comprensible, presenta un camino riguroso para la reducción de emisiones, que asegura un intento decente de mantener el aumento de la temperatura global a bajo 2º Celsius, un objetivo que la mayoría de los gobiernos han determinado que conjuraría la catástrofe.


Pero en los últimos años, los escritos y presentaciones visuales de Anderson se han hecho más alarmantes. Con títulos como "El cambio climático: más allá de peligroso... Cifras brutales y tenue esperanza", señala que las probabilidades de mantenerse dentro de algo semejante a niveles seguros de temperatura disminuyen rápidamente.


Con su colega Alice Bows, experta en mitigación del clima en el Centro Tyndall, Anderson señala que hemos perdido tanto tiempo debido a atolladeros políticos y débiles políticas climáticas –mientras el consumo (y las emisiones) globales aumentaban vertiginosamente– que ahora estamos enfrentando recortes tan drásticos que cuestionan la lógica fundamental de dar prioridad al crecimiento del PIB por sobre todas las cosas.


Anderson y Bows nos informan de que el objetivo de mitigación a largo plazo mencionado frecuentemente –un recorte de las emisiones de un 80% bajo los niveles de 1990 para 2050– ha sido seleccionado exclusivamente por motivos de conveniencia política y no tiene "ninguna base científica". Esto se debe a que los impactos del clima no tienen lugar solo por lo que emitimos hoy y mañana, sino por las emisiones que se acumulan en la atmósfera con el paso del tiempo. Y advierten de que al concentrarse en objetivos a tres décadas y media de distancia en el futuro –en lugar de lo que podemos hacer para reducir el carbono fuerte e inmediatamente– existe un serio riesgo de que permitamos que nuestras emisiones sigan aumentando durante años, gastando demasiado de nuestro "presupuesto de carbono" y colocándonos en una posición imposible en el resto del siglo.


Por eso Anderson y Bows argumentan que si los gobiernos de países desarrollados son serios en alcanzar el objetivo internacional acordado de mantener el calentamiento por debajo de 2º Celsius y si las reducciones han de respetar algún tipo de principio de equidad (básicamente que los países que han estado expeliendo carbono durante gran parte de dos siglos tienen que recortar antes que los países donde más de mil millones de personas todavía no tienen electricidad), entonces las reducciones tienen que ser mucho más profundas y tendrán que ocurrir mucho antes.


Para tener incluso una probabilidad de 50/50 de alcanzar el objetivo de 2ºC (que, advierten ellos y muchos otros, ya involucra una serie de impactos climáticos inmensamente dañinos), los países industrializados tienen que comenzar a reducir sus emisiones de gases invernadero en algo como 10% al año y tienen que hacerlo ahora mismo. Pero Anderson y Bows van más lejos, al señalar que este objetivo no se puede alcanzar con la serie de soluciones de bonos de carbono o de tecnología verde usualmente propugnadas por grandes grupos verdes. Estas medidas ciertamente ayudan, sin duda, pero simplemente no bastan: una baja de las emisiones de un 10%, año tras año,virtualmente no tiene precedentes desde que comenzamos suministrando energía a nuestras economías con carbón. De hecho, recortes de más de 1% por año "han sido asociados históricamente solo con recesión económica o agitación", como dijo el economista Nicholas Stern en su informe de 2006 para el Gobierno británico.


Incluso después del colapso de la Unión Soviética no hubo reducciones de esta duración y profundidad (los antiguos países soviéticos tuvieron reducciones anuales promedio de aproximadamente 5% durante un período de diez años). No tuvieron lugar después del crac de Wall Street en 2008 (algunos países ricos tuvieron una baja de 7% entre 2008 y 2009, pero sus emisiones de CO2 se recuperaron con ganas en 2010 y las emisiones en China e India siguieron aumentando). Solo durante las consecuencias inmediatas del gran crac del mercado de 1929, por ejemplo, EE.UU. tuvo una baja de emisiones durante varios años consecutivos de más de un 10% por año, según datos históricos del Centro de Análisis de Información sobre Dióxido de Carbono. Pero esa fue la peor crisis económica de los tiempos modernos.


Si queremos evitar ese tipo de matanza mientras cumplimos nuestros objetivos de emisiones basados en la ciencia, la reducción de carbono debe ser administrada cuidadosamente mediante lo que Anderson y Bows describen como "estrategias radicales e inmediatas de "decrecimiento" en EE.UU., la UE, y otras naciones ricas". Lo que está bien, con la excepción de que sucede que tenemos un sistema económico que hace un fetiche del crecimiento del PIB por sobre todo, sin que importen las consecuencias humanas o ecológicas, y en el cual la clase política neoliberal ha abdicado del todo su responsabilidad de administrar algo (ya que el mercado es el genio invisible al que hay que confiarlo todo).


Por lo tanto, lo que realmente dicen Anderson y Bows es que todavía queda tiempo para evitar un calentamiento catastrófico, pero no dentro de las reglas del capitalismo tal como están construidas actualmente. Lo que podría ser el mejor argumento que hayamos tenido para cambiar esas reglas.


En un ensayo de 2012 que apareció en la influyente revista científica Nature Climate Change, Anderson y Bows presentaron una especie de desafío, acusando a muchos otros científicos de no decir la verdad sobre el tipo de cambios que el cambio climático exige de la humanidad. Al respecto vale la pena citarlo en extenso:


...al desarrollar escenarios de emisiones los científicos subestiman repetida y severamente las implicaciones de sus análisis. Cuando se trata de evitar un aumento de 2ºC, "imposible" es traducido como "difícil pero factible", mientras "urgente y radical" aparece como "retador", todo para apaciguar al dios de la economía (o, para ser más precisos, de las finanzas). Por ejemplo, para evitar de exceder la reducción de la tasa de emisión máxima dictada por los economistas, se asumen picos "imposiblemente" tempranos, junto con nociones ingenuas sobre "gran" ingeniería y las tasas de despliegue de infraestructura de bajo carbono. A medida que disminuyen los presupuestos de emisiones, se propone cada vez más geoingeniería para asegurar que el dictado de los economistas no se cuestione.


En otras palabras, a fin de parecer razonables dentro de los círculos económicos neoliberales, los científicos han estado suavizando dramáticamente las implicaciones de su investigación. En agosto de 2013, Anderson estuvo dispuesto a ser aún más directo y escribió que ya era demasiado tarde para el cambio gradual. "Tal vez en los días de la Cumbre de la Tierra de 1992, o incluso al principio del milenio, los niveles de mitigación de 2ºC podrían haber sido logrados mediante cambios evolutivos significativos dentro de la hegemonía política y económica. ¡Pero el cambio climático es un problema acumulativo! Ahora, en 2013, en las naciones (post) industriales de altas emisiones enfrentamos una perspectiva muy diferente. Nuestro continuo y colectivo libertinaje con el carbono ha desperdiciado toda oportunidad del 'cambio evolucionista' permitido por nuestro anterior (y mayor) presupuesto de carbono de 2ºC. Actualmente, después de dos décadas de fanfarronadas y mentiras, el presupuesto de 2ºC restante exige cambios revolucionarios de la hegemonía política y económica".


Probablemente no debería sorprendernos que algunos científicos especialistas en clima estén un poco asustados ante las implicaciones radicales incluso de su propia investigación. En su mayoría solo estaban haciendo tranquilamente su trabajo midiendo muestras de hielo, preparando modelos del clima global y estudiando la acidificación de los océanos, solo para descubrir, como describe el experto en clima y autor australiano Clive Hamilton, que estaban "involuntariamente desestabilizando el orden político y social".


Pero hay mucha gente muy consciente de la naturaleza revolucionaria de la ciencia climática. Por eso algunos gobiernos que decidieron descartar sus compromisos climáticos a favor de excavar más carbón han tenido que encontrar maneras cada vez más "matonescas" para silenciar e intimidar a los científicos de sus naciones. En Gran Bretaña esta estrategia es cada vez más abierta e Ian Boyd, asesor científico jefe del Departamento del Entorno, Alimentación y de Asuntos Rurales, escribió recientemente que los científicos deberían evitar "sugerir que las políticas son correctas o equivocadas" y expresar sus puntos de vista "trabajando con asesores empotrados (como yo mismo) y siendo la voz de la razón, en lugar del disenso, en la arena pública".


Si queréis saber adónde lleva esto comprobad lo que sucede en Canadá, donde vivo. El Gobierno conservador de Stephen Harper ha realizado un trabajo tan efectivo silenciando a los científicos y eliminando proyectos de investigación crítica que en julio de 2012 un par de miles de científicos y sus partidarios efectuaron un simulacro de funeral en Parliament Hill en Ottawa, deplorando "la muerte de la evidencia". Sus pancartas decían, "No a la ciencia, no a la evidencia, no a la verdad".


Pero la verdad sale a la luz a pesar de todo. Ya no es necesario leer en publicaciones científicas que la búsqueda de beneficios y crecimiento de los negocios como si tal cosa está desestabilizando la vida en la tierra. Las primeras señales se despliegan ante nuestros ojos. Y más y más de nosotros reaccionamos correspondientemente: bloquear la actividad del fracking e Balcombe; interferir en los preparativos para perforaciones en aguas rusas en el Ártico (a un enorme coste personal); demandar a los operadores de arenas bituminosas por violar la soberanía indígena; e innumerables actos más de resistencia grandes y pequeños. En el modelo informático de Brad Werner, esta es la "fricción" requerida para ralentizar las fuerzas de desestabilización; el gran activista del clima Bill MbKibben los llama "anticuerpos" que se alzan para combatir la "fiebre de adulteración" del planeta.


No es una revolución, pero es un comienzo. Y podría darnos suficiente tiempo para encontrar una manera de vivir en este planeta que sea claramente menos jodida.


Naomi Klein es una periodista galardonada, columnista publicada en numerosos periódicos y autora del éxito de ventas internacional del New York Times, La doctrina del shock: El auge del capitalismo del desastre (septiembre de 2007); y de un éxito de ventas internacional anterior: No logo: El poder de las marcas; y de la colección: Vallas y Ventanas: Despachos desde las trincheras del debate sobre la

 

Traducido para Rebelión por Germán Leyens.

 

globalización (2002). Lea más en Naomiklein.org. La puede seguir en Twitter: @naomiaklein
Fuente: http://www.newstatesman.com/2013/10/science-says-revolt

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"Las amenazas transnacionales, desatadas por el capital global, deben ser enfrentadas con luchas tanto locales como globales"

FSJ: ¿Cómo surgieron los derechos de la naturaleza, en cuya formulación usted participó?


AA: Los Derechos de la Naturaleza surgieron en una coyuntura específica. Desde el mundo indígena apareció con creciente fuerza una alternativa al desarrollo, el buen vivir o Sumak Kawsay. Esta es la columna vertebral de la propuesta de los Derechos de la Naturaleza, en tanto en el mundo indígena los seres humanos entienden perfectamente que forman parte de la Naturaleza y que ésta no está allí para ser privatizada, apropiada y menos destruida.


Pero definitivamente los Derechos de la Naturaleza son producto de décadas de luchas y debates en el Ecuador de diversos grupos de la sociedad que han defendido permanentemente la Naturaleza y también los Derechos Humanos.


También nos nutrimos de algunas ideas del exterior; del abogado constitucionalista colombiano Ciro Angarita Barón quien habló, hace años, de la necesidad de otra relación frente a los atropellos que sufría la naturaleza basado en los contenidos fundamentales de los Derechos Humanos como el derecho al goce de un ambiente sano y los derechos colectivos.


FSJ: ¿Participaron directamente las comunidades, afro, indígenas, y los campesinos, que pueden ser también afro e indígenas?
AA: El movimiento indígena fue clave, aunque no estaba suficientemente representado en la Asamblea Constituyente, ellos proponen otro tipo de relación con la Naturaleza y su valor de uso y no de cambio. Los otros grupos mencionados también incidieron en este debate constituyente.


FSJ: ¿El irrespeto a esos derechos de la naturaleza, por cuenta de la minería, constituye un irrespeto a los Estados pluriculturales y multiétnicos consagrados en diferentes constituciones en América Latina?


AA: Todos los extractivismos, no solo la minería (petróleo, agrocombustibles, transgénicos...), son procesos verticales, que desplazan, que uniforman, que dominan y que colonizan, en esas visiones no existen los colectivos o las plurinacionalidades, justamente por eso, lo primero que hacen es romper con las comunidades que les pueden generar resistencias. No hay que olvidar que con la explotación del ITT en el Yasuní, en Ecuador, se pone en riesgo la vida de dos pueblos libres en aislamiento voluntario, los Tagaeri y los Taromenane; esta situación es inaudita.


FSJ: ¿Qué esperanzas hay para Colombia si en nuestra constitución existen los derechos de la naturaleza y en cambio, el gobierno privilegia la extracción minera y la califica como motor para el desarrollo?


AA: En Colombia, con un gobierno neoliberal, tanto como en Ecuador, con un gobierno considerado "progresista", el problema es complejo. En ambos casos se profundiza el extractivismo de raíces coloniales. Debe quedar claro que lo que se vive en Ecuador, Bolivia y Venezuela no es el socialismo del siglo XXI, sino el extractivismo del siglo XXI. El único camino es resistir, que la sociedad civil demande nuevas formas de hacer política, una que apele a su fortalecimiento y no a su destrucción.


FSJ: ¿Qué probabilidades hay de que un referendo acabe con los planes del Yasuní ITT, logrará solo aplazarlos?


AA: Si se consiguen las firmas y se triunfa en la consulta popular no habrá poder alguno que frené la voluntad del pueblo ecuatoriano. El presidente de Ecuador no dio la talla para cristalizar una propuesta tan revolucionaria como la Iniciativa Yasuní-ITT.


El Gobierno ecuatoriano ha hecho de la propaganda el primer aparato represor, denigra, descalifica, anula al que se opone a su pensamiento. Pero justamente el fracaso del Gobierno frente a la Iniciativa Yasuní ITT lo pone en jaque. Éste era el proyecto emblemático de la supuesta revolución ciudadana, y ahora resulta que no es tan mala la explotación. La gente se sintió burlada y eso va a ser muy difícil de revertir.


FSJ: ¿Por qué esa aparante división entre indígenas pro extractivismo y contra extractivismo?


AA: La division es real. Desde la conquista, hace más de 500 años, sabemos que el poder divide y corrompe. Esa división no es nueva. Sin el apoyo de los "felipillos", ayer como hoy, los conquistadores-colonizadores no tendrían éxito. Desde tiempo atrás ha existido un proceso sistemático de debilitamiento del movimiento indígena y hoy se capitalizó con la dádiva de privilegios, embajadas, puestos en la Asamblea, puestos en la función pública. Es doloroso lo que está sucediendo: grupos indígenas a favor del extractivismo, mujeres indígenas que protestan son acalladas, incluso intelectuales de izquierda que votan por leyes represivas.


FSJ: ¿Cree que los suelos también lloran?


AA: Ya lo dijo Eduardo Galeano, en un artículo publicado en abril de 2008, cuando saludó con entusiasmo la aprobación de los Derechos de la Naturaleza en Ecuador: la Naturaleza no es muda! Y como tal, protesta cuando es agredida, algo que lo hace cada vez con más fuerza en la medida que se van superando los límites ambientales. Por ejemplo, por efecto del calentamiento global provocado por el capitalismo globalizado.


FSJ: ¿Cómo pueden Colombia, Ecuador y Guatemala enfrentar la codicia de las clases empresariales locales y las extranjeras provenientes de Canadá, Estados Unidos y China, por mencionar algunas?


AA: Para empezar necesitamos informarnos y concienciarnos. Hay que superar los viejos discursos del progreso y el desarrollo. Luego hay que fortalecer la organización popular para dar paso a la protesta y a la propuesta. Resistir es tan importante como construir alternativas.
Las amenazas transnacionales, desatadas por el capital global, deben ser enfrentadas con luchas tanto locales como globales. Un ejemplo, es la Iniciativa Yasuní ITT, en Ecuador, que debía ser un esfuerzo local y global, y sin embargo, por lo pronto, fracasó en ambos lados.
Para superar esta realidad, de orígenes coloniales, hay que dar paso a luchas emancipatorias anticoloniales, antioligárquicas, antineoliberales y superar el capitalismo. Y por cierto hay que transitar de visiones antropocéntricas a visiones socio-biocéntricas. Eso implica propuestas de transiciones múltiples, desde prácticas participativas y comunitarias, en un esfuerzo sostenido por profundizar la democracia en todos los niveles, empezando por los hogares.


FSJ: ¿Qué alternativa puede presentarse a la minería a cielo abierto como generadora de riqueza y que permita dejar los recursos en tierra, sin explotar todavía?


AA: Habrá que analizar en cada caso y también si realmente la minería a gran escala es una fuente de ingresos, existen estudios probados que los pasivos ambientales son mucho más costosos que lo que genera esa actividad, sino que no se contabiliza; por principio, no se puede generar riqueza empobreciendo territorios y culturas.


De todas maneras, es importante entender la necesidad de una redistribución del ingreso y la riqueza. Eso pasa por tener esquemas tributarios que graben más al que más gana y más tiene. Eso implica una profunda reforma agraria y una redistribución equitativa del agua. También hay que pensar en otros patrones de producción y de consumo.


Por Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista colombiana y magíster en relaciones internacionales. Sindicalista

 



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América Latina: el costo de vivir de las materias primas


América Latina no ha dejado de vivir de las materias primas. Los únicos cambios hacen referencia a los rubros exportados. Durante el imperio español, oro, plata y azúcar. En los siglos XIX y principios del XX, café, caucho, tabaco, cacao, banano, trigo, piedras preciosas y minerales como cobre, estaño, salitre o hierro. A medida que la revolución industrial, científico-técnica, fue dominando el proceso productivo, la demanda de materias primas creció exponencialmente, dejando en evidencia el carácter desigual y predador del capitalismo. Nada parece haber cambiado. En el siglo XXI, el tan cacareado milagro chileno del neoliberalismo se reduce a exportar uvas, manzanas, peras, melocotones, salmón, celulosa de papel, y el sempiterno cobre, junto a nuevos minerales para la nanotecnología. Brasil, que goza de cierto desarrollo industrial, es un exportador neto de combustibles, minerales, carne, alimentos, productos químicos, metales, bebidas, derivados de la madera, etcétera, es decir, con poco valor agregado. A la zaga están México, Venezuela y Argentina. Por citar aquellos de mayor extensión territorial.


Caso especial son los países exportadores de petróleo, objeto de deseo de las trasnacionales del sector: la crisis energética de los años 70 del siglo XX les otorgó un valor geoestratégico a medio y largo plazos. La necesidad de asegurarse la posesión de las reservas ha generado guerras espurias, golpes de Estado y bloqueo a los países con políticas nacionalistas y antimperialistas. De allí los conflictos entre las compañías o el patrocinio de la guerra de Irak, sin ir más lejos. Hoy debemos añadir al petróleo y el gas natural el valor que poseen las reservas acuíferas, la flora y la fauna selváticas y cuanto pueda ser transformado en mercancía y huela a negocio. Los recursos naturales son codiciados y representan un plus de poder para quienes logren adueñarse de sus nichos.


Pero esto es sólo una parte del problema. A finales del siglo XX, Gonzalo Martner, ex ministro de Planeación del gobierno de Salvador Allende, publicó un estudio evidenciando el costo de vivir de las materias primas. En uno de sus apartados sub¬raya: "en muchos productos básicos, desde la fase de producción, pasando por la distribución, el transporte y la comercialización, destaca la presencia de empresas multinacionales que articulan todos estos procesos como transacciones 'intrafirma' entre subsidiarias y la matriz. El comercio de productos básicos está controlado por empresas multinacionales entre 70 y 75 por ciento en los casos de banano, arroz, caucho y petróleo crudo; entre 75 y 80 por ciento en el de estaño; entre 85 y 90 por ciento para cacao, tabaco, trigo, algodón, yute, maderas y cobre; y entre 90 y 95 por ciento en los casos del hiero y la bauxita. El comercio intrafirma se hace con precios de 'transferencia' que no reflejan los precios de mercado, con lo que se evitan así los controles de cambio, se evaden impuestos y se trasfieren utilidades".


El problema se torna más sangrante cuando Martner señala que: del precio de venta al consumidor en un país industrial, el país productor recibe 11 por ciento en el caso del banano, 14 en el caso del café, 15 por ciento en el cacao, 30 por ciento en los cítricos y 10 por ciento en el mineral de hierro. Sin olvidar el deterioro de los términos de intercambio que se produce entre la exportación de materias primas y la importación de productos manufacturados. Sólo en este concepto, según el Sela, en los años 80 del siglo XX se dejaron de percibir más de 50 mil millones de dólares.


Señeramente, Cuba patrocinó, siendo ministro de Industria Ernesto Che Guevara, entre los años 1963 y 1965, un encuentro para debatir las condiciones que enfrentaba Cuba y el tipo de sociedad que surgiría del capitalismo, tras la ruptura revolucionaria. En él intervinieron diferentes ministros e invitados internacionales como Charles Bettelheim y Ernest Mandel. Conocido como el gran debate, hoy su relectura se vuelve imprescindible para repensar el costo que supone vivir de las materias primas cuando se inicia un proceso de transición al socialismo y soberanía política.


El capitalismo no presenta soluciones para un planeta que se ve abocado al colapso. Sus formas de explotación ahondan la política de tierra arrasada, exterminio y reinstauración de la esclavitud. Un ejemplo lo tenemos en el actual litigio que enfrenta a Ecuador con la trasnacional Chevron. Durante décadas, antes Texaco, depositó residuos tóxicos en zonas protegidas de la Amazonia, generando un daño medioambiental cuasi irreversible, y un desplazamiento de los pueblos originarios que la habitaban. Hoy desconoce el daño generado y demanda al gobierno de Rafael Correa pidiendo indemnización por su expropiación al Banco Mundial y el CIADE.


El problema sigue y sólo se resolverá en la medida que nuestros países logren articular un proyecto de soberanía productiva y controlen el proceso de producción, comercialización y distribución de las materias primas. El quid no es sólo vivir de las materias primas, sino la estructura del comercio internacional implantada por el capitalismo que impide el retorno de los beneficios mediante el intercambio y el desarrollo desigual. Sólo generando políticas emancipatorias y anticapitalistas superándolo se podrá conseguir la independencia política y económica al tiempo que dar lugar a los anhelos de justicia social, dignidad y democracia.

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Viernes, 18 Octubre 2013 07:50

¿Es posible derrotar a Monsanto?

¿Es posible derrotar a Monsanto?

Una de las mayores multinacionales del mundo está siendo asediada por diversos movimientos y múltiples acciones, programadas y espontáneas, a través de denuncias, movilizaciones de todo tipo que convergen contra una empresa que representa un serio peligro para la salud de la humanidad. Constatar la variedad de iniciativas existentes y aprender de ellas puede ser un modo de comprender un movimiento de nuevo tipo, transfronterizo, capaz de articular activistas de todo el mundo en actividades concretas.

 

El campamento en las puertas de la planta de semillas que Monsanto está levantando en Malvinas Argentinas, a 14 kilómetros de Córdoba, es uno de los mejores ejemplos de la movilización en curso. La multinacional planifica instalar 240 silos de semillas de maíz transgénico con el objetivo de llegar a 3.5 millones de hectáreas sembradas. La planta usará millones de litros de agroquímicos para el curado de semillas y una parte de los efluentes se liberarán al suelo y al agua, provocando un grave perjuicio, como sostiene Medardo Ávila Vázquez de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

 

El movimiento contra Monsanto consiguió victorias en Ituzaingó, un barrio de Córdoba cercano al lugar donde se pretende instalar la planta de semillas de maíz. Allí nacieron una década atrás las Madres de Ituzaingó que descubrieron que 80 por ciento de los niños del barrio tienen agroquímicos en la sangre y que es una de las causas de las muertes y malformaciones de sus familiares. En 2012 ganaron por primera vez un juicio contra un productor y un fumigador condenados a tres años de prisión condicional sin cárcel.

 

El campamento en Malvinas Argentinas ya lleva un mes, sostenido por la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida. Consiguieron ganar el apoyo de buena parte de la población: según encuestas oficiales 87 por ciento de la población quiere una consulta popular y 58 por ciento rechaza la instalación de la multinacional, pero 73 por ciento tiene miedo de opinar en contra de Monsanto por temor a salir perjudicado ( Página 12, 19/09/13).

 

Los acampantes resistieron un intento de desalojo del sindicato de la construcción (UOCRA) adherido a la CGT, el acoso policial y de las autoridades provinciales, aunque cuentan con el apoyo del alcalde, sindicatos y organizaciones sociales. Recibieron apoyo del Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo. Consiguieron paralizar la construcción de la planta al impedir el ingreso de camiones.

 

El asedio a Monsanto llegó hasta un pequeño pueblo turístico del sur de Chile, Pucón, en el lago Villarrica, donde 90 ejecutivos de la trasnacional provenientes de Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile llegaron hasta un lujoso hotel para realizar una convención. Grupos ambientalistas, cooperativas y colectivos mapuche de Villarrica y Pucón se dedican estos días a escrachar la presencia de Monsanto en el país ( El Clarín, 13/10/13).

 

Son apenas dos de las muchas acciones que se suceden en toda la región latinoamericana. A mi modo de ver, las variadas movilizaciones en más de 40 países nos permiten sacar algunas conclusiones, desde el punto de vista del activismo antisistémico:

 

En primer lugar, las acciones masivas en las que participen decenas de miles son importantes, pues permiten mostrar al conjunto de la población que la oposición a empresas como Monsanto, y por tanto a los transgénicos, no es cuestión de minorías críticas. En este sentido, jornadas mundiales, como la del 12 de octubre, son imprescindibles.

 

Las movilizaciones de pequeños grupos, decenas o cientos de personas, como las que suceden en Pucón y en Malvinas Argentinas, así como en varios empendimientos mineros en la cordillera andina, son tan necesarias como las grandes manifestaciones. Por un lado, es un modo de estar presentes en los medios de forma permanente. Por encima todo, es el mejor camino para forjar militantes, asediar a las multinacionales y difundir críticas a todas sus iniciativas empresariales.

 

Es en los pequeños grupos donde suele aflorar el ingenio y en su seno nacen las nuevas formas de hacer capaces de innovar la cultura política y los métodos de protesta. Allí es donde pueden nacer vínculos comunitarios, vínculos fuertes entre personas, tan necesarios para profundizar la lucha. Después de un mes acampando en Malvinas Argentinas, los manifestantes comenzaron a levantar paredes de adobe, construyeron un horno de barro y armaron una huerta orgánica a la vera de la ruta ( Día a Día de Córdoba, 13 de octubre de 2013).

 

En tercer lugar, es fundamental sustentar las denuncias con argumentos científicos y, si fuera posible, involucrar autoridades en la materia. El caso del biólogo argentino Raúl Montenegro, premio Nobel Alternativo en 2004 (Right Livelihood Award), quien se comprometió con la causa contra Monsanto y con las Madres de Ituzaingó, muestra que el compromiso de los científicos es tan necesario como posible.

 

La cuarta cuestión es la importancia de las opiniones de la gente común, difundir sus creencias y sentimientos sobre los transgénicos (o cualquier iniciativa del modelo extractivo). La subjetividad de las personas suele mostrar rasgos que no contemplan los más rigurosos estudios académicos, pero sus opiniones son tan importantes como aquellos.

 

Por último, creo que es necesario poner en la mira no sólo a una multinacional como Monsanto, una de las más terribles de las muchas que operan en el mundo. En realidad, ésta es apenas la parte más visible de un modelo de acumulación y desarrollo que llamamos extractivismo y que gira en torna a la expropiación de los bienes comunes y la conversión de la naturaleza en mercancía. En este sentido, es importante destacar lo que hay en común entre los monocultivos transgénicos, la minería y la especulación inmobiliaria que es el modo que asume el extractivismo en las ciudades. Si derrotamos a Monsanto, podemos vencer a las otras multinacionales.

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onfirman que la contaminación ambiental causa cáncer de pulmón

En una confirmación de lo que muchos suponían, se llegó a la conclusión científica de que la contaminación ambiental causa cáncer pulmonar.

 

La Agencia Internacional de Investigación Oncológica (IARC, por sus siglas en inglés) declaró el jueves que la contaminación aérea es un carcinógeno junto con peligros conocidos como el asbesto, el tabaco y la radiación ultravioleta. A esa conclusión se llegó después de la consulta de un panel experto organizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede en Lyon, Francia.
"Consideramos que es el carcinógeno ambiental más importante, más que el tabaquismo pasivo", afirmó Kurt Straif, titular del departamento de la IARC que evalúa las sustancias causantes de cáncer.


La IARC ya había determinado como carcinógenos algunos de los componentes de la contaminación ambiental, como las emanaciones del diésel, pero es la primera vez que considera la contaminación ambiental en general como causante de cáncer.
El riesgo al individuo es escaso, pero Straif dijo que las principales causas de la contaminación son numerosas, incluso el transporte, las plantas de energía y las emisiones industriales y agrícolas.


Es una mezcla compleja que incluye gases y partículas, y la IARC dijo que uno de sus principales riesgos son las pequeñas partículas que pueden depositarse en los pulmones.


"Esto es difícil de evitar", dijo, y señaló las nubes oscuras de fábricas cercanas a su oficina en Lyon. "Cuando camino por una calle con fuerte contaminación de emanaciones de diésel, trato de alejarme", dijo. "Eso es algo que uno puede hacer".


El hecho de que casi todo ser humano esté expuesto a la contaminación ambiental podría hacer que los gobiernos y otras agencias adoptaran controles más estrictos sobre las emanaciones. Straif señaló que la OMS y la Comisión Europea revisan sus límites recomendados para la contaminación aérea.


Hasta ahora, se consideraba que la contaminación aumentaba las probabilidades de enfermedades cardiacas y respiratorias.
La clasificación del panel de expertos se efectuó después de que los científicos analizaron más de mil estudios en el mundo y llegaron a la conclusión de que había evidencias suficientes de que la exposición a la contaminación ambiental en espacios abiertos causa cáncer pulmonar.


En 2010, la IARC dijo que se registraban más de 220 mil muertes por ese cáncer asociado a la contaminación ambiental. La agencia también notó un vínculo con un riesgo ligeramente mayor de cáncer vesicular.


Straif señaló que había notables diferencias en la calidad del aire en distintas ciudades del mundo y que las metrópolis más contaminadas estaban en China e India, donde mucha gente usa máscaras protectoras en la calle.


"Esto es algo que tienen que atender los gobiernos y las agencias ambientales", afirmó Straif. "La gente, por cierto, puede contribuir haciendo cosas como no conducir un automóvil grande de diésel, pero esto requiere políticas mucho más amplias de las autoridades nacionales e internacionales".
Inevitable


Otros expertos enfatizaron que el riesgo de cáncer de la contaminación para el común de las personas era muy escaso, pero virtualmente inevitable.


"Uno puede escoger no beber ni fumar, pero no puede controlar si va a estar expuesto o no a la contaminación ambiental", opinó Francesca Dominici, profesora de bioestadística en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. "Uno no puede decidir no respirar", agregó. Ella no participó en el panel de la IARC.


El riesgo de cáncer de una persona depende de numerosas variables, incluso la genética, la exposición a sustancias peligrosas y opciones sobre estilos de vida relacionados con consumo de alcohol, tabaquismo y la práctica de ejercicio.


Dominici dijo que los científicos todavía tratan de calcular qué proporción de contaminación es la más letal y propuso un enfoque más preciso.


"El nivel de contaminación ambiental en Estados Unidos es mucho, mucho menor que el que solía ser, pero todavía hallamos evidencias de cáncer y defectos de nacimiento", advirtió. "La cuestión es ¿cómo vamos a limpiar todavía más el aire?"

 

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