Jueves, 09 Mayo 2019 05:54

Planeta en extinción

Planeta en extinción

El lunes pasado fue presentado en París el mayor y más sólido informe sobre biodiversidad que haya sido elaborado. Se trata de un diagnóstico preciso, nada esperanzador, que debe ser leído como un llamado desesperado para salvar al planeta.

Un millón de especies animales y vegetales están amenazadas de extinción, es decir, una de cada ocho especies existentes en el mundo, y subraya que estamos sumidos en un "declive sin precedentes en la historia de la humanidad".

A gobiernos e industriales, les advierte que lo hecho hasta ahora no es suficiente para revertir la tendencia negativa. El impacto no es sólo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por las Naciones Unidas para 2030.

"Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca", se afirma en el documento y se insta a actuar, ya, tanto a escala global como local.

Es un informe elaborado durante tres años por cerca de 500 especialistas de 50 países, bajo los auspicios de la ONU, en el que se alerta –entre otras cosas– del riesgo de desaparición de más del 40 por ciento de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, así como el 10 por ciento de los insectos.

El estudio identifica y, por primera vez clasifica, los impulsores directos que también se han acelerado en las pasadas cinco décadas, tales como la sobrexplotación de los recursos, el cambio climático, la contaminación y otras alteraciones provocadas por la acción humana.

Algunos datos más, igualmente preocupantes: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor de 66 por ciento del marino se han visto "significativamente alterados" por la acción humana, en tanto que la tercera parte de los recursos pesqueros marinos son explotados a niveles insostenibles.

En cuanto al cambio climático, refiere que las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0.7 grados centígrados. La polución plástica se ha multiplicado por 10 desde 1980.

Se acelera el ritmo de extinción de las especies: en los pasados 40 años ha aumentado sensiblemente el riesgo de la desaparición total de un millón de ellas. "La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural", precisó Paul Leadley, uno de los autores.

Este llamado al cambio no debe, no puede, ser ignorado. No son alteraciones que vayamos a padecer en el futuro. Se trata, más bien, de pérdidas y deterioros que están ocurriendo todos los días, a cada hora, a cada minuto, a cada instante, frente a los ojos ciegos de la humanidad.

Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del nueve por ciento de la totalidad de los mamíferos domesticados usados para la alimentación y la agricultura se habían extinguido para 2016… y al menos mil más están todavía amenazados.

Robert Watson, presidente de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) –instancia coordinadora del estudio–, destacó la necesidad de cambiar políticas y paradigmas. Deben cesar los subsidios malos para el medioambiente, como los de la industria energética, el transporte o la agricultura.

Los gobiernos, propuso, también tendrían que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano en sus países. "Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible".

Indica que afortunadamente se han visto algunas primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, particularmente en los jóvenes de diversas regiones del mundo y entre ellas se refirió al movimiento #VoiceforthePlanet, así como a las huelgas escolares por el clima.

En el detallado informe mundial se concluye que el deterioro acelerado de la biodiversidad se puede frenar, pero sólo mediante una transformación radical, con un golpe de timón –diría yo– en el desarrollo que requiere participación y compromiso de todos los niveles.

Los intereses particulares doblegan al interés público en todo el planeta. Pero es un hecho que, después de este informe, como acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, ya nadie podrá decir que no sabía que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común.

 

Publicado enMedio Ambiente
Un millón de especies, amenazadas de extinción a un ritmo sin precedentes

El mayor informe sobre biodiversidad, auspiciado por la ONU, advierte del impacto de la acción humana

Un millón de los ocho millones de especies animales y vegetales existentes están amenazadas de extinción y podrían desaparecer en solo décadas si no se toman medidas efectivas, urgentes y decisivas. El informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES), presentado este lunes en París, no se anda con rodeos. Se trata, subraya, de un “declive sin precedentes” en la historia de la humanidad. Y el impacto no es solo medioambiental. También amenaza buena parte de los objetivos de desarrollo sostenible fijados por Naciones Unidas. Y, por supuesto, la economía. Maltratar a la naturaleza significa frenar la lucha contra la pobreza, el hambre o por una mejor salud del ser humano. El tiempo apremia más que nunca, subrayan los expertos, que instan a actuar tanto a nivel global como local.


“Los ecosistemas, las especies, la población salvaje, las variedades locales y las razas de plantas y animales domésticos se están reduciendo, deteriorando o desapareciendo. La esencial e interconectada red de vida en la Tierra se retrae y cada vez está más desgastada”, advierte Josef Settele, uno de los autores principales del informe. “Esa pérdida es la consecuencia directa de la actividad humana y constituye una amenaza directa para el bienestar humano en todas las regiones del mundo”.


El informe identifica y, por primera vez, clasifica los cinco impulsores directos —que también se han acelerado en los últimos 50 años, según las investigaciones— de los cambios en la naturaleza con mayor impacto relativo global. El primero son cambios en el uso de la tierra y el mar: tres cuartas partes del medioambiente terrestre y alrededor del 66% del marino se han visto “significativamente alterados” por la acción humana. Le sigue la explotación de organismos —el 33% de los recursos pesqueros marinos eran explotados a niveles insostenibles en 2015— y, en tercer lugar, aunque cada vez con mayor relevancia, el cambio climático: las emisiones de gas de efecto invernadero se han duplicado desde 1980 y han provocado el aumento global de la temperatura en al menos 0,7 grados centígrados. Otro de los factores es la contaminación —la polución plástica se ha multiplicado por diez desde 1980— y, finalmente, las especies foráneas invasoras, que han aumentado un 70% desde 1970 en al menos 21 países.


Informes alarmistas abundan desde hace tiempo. Este no es uno más. Elaborado durante los últimos tres años por 145 expertos de 50 países y con colaboraciones de otros 310 especialistas más, el estudio Evaluación Global sobre Biodiversidad y Ecosistemas, de más de 1.500 páginas, es uno de los más amplios realizados a escala mundial —evalúa los cambios en las últimas cinco décadas— y el primero que analiza la situación de la biodiversidad desde 2005. Aunque no será publicado en totalidad hasta más entrado el año, el resumen de las conclusiones, aprobadas tras una reunión de una semana de la IPBES, un organismo independiente impulsado por la ONU, en la sede de la Unesco en París, no es nada alentador.


"La vida en la Tierra se está deteriorando rápidamente en todo el mundo y virtualmente todos los indicadores del estado global de la naturaleza están decreciendo", subrayó Settele al presentar el informe en rueda de prensa en París. "Ya nadie podrá decir que no sabemos que estamos dilapidando nuestro patrimonio mundial común", acotó la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay.


Una amenaza muy grave y real


De los ocho millones de especies que existen actualmente en el planeta —incluidos animales, insectos y plantas—, un millón está amenazado de extinción. Y esta se está “acelerando”: en los últimos 40 años, ha aumentado el riesgo de extinción total de especies. “La velocidad de extinción es centenares de veces mayor que la natural”, según Paul Leadley, uno de los autores del informe.


Más del 40% de las especies anfibias, casi un tercio de los arrecifes coralinos, tiburones y especies relacionadas, así como más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. Más difícil es hacer esta estimación, señalan los expertos, en el caso de los insectos, pero consideran que las pruebas existentes permiten hablar de un 10% de especies amenazadas. Y las consecuencias, advierte nuevamente Leadley, son directas para la especie humana. “Dependemos de la biodiversidad y por tanto esa pérdida tiene consecuencias para nosotros”, subraya y pone un ejemplo sencillo: “El declive constatado de los polinizadores tiene efectos potencialmente muy negativos sobre la polinización de frutas y legumbres, o para el chocolate o el café. Son consecuencias directas”.


Desde el siglo XVI, al menos 690 especies vertebradas han sido llevadas a la extinción y más del 9% de todos los mamíferos domesticados usados para alimentación y agricultura se habían extinguido en 2016. Al menos 1.000 más están todavía amenazados, continúa el informe.


Aunque este no especifica cuáles son las regiones más afectadas, la bióloga argentina Sandra Díaz, que copresidió el proceso de evaluación, indicó que son muchas áreas en América Latina, algunas en el sureste asiático y también buena parte de África. “Pero globalmente, todo el mundo debería estar preocupado, porque estamos crecientemente interconectados y lo que pasa en una región, inevitablemente tendrá repercusiones en el resto del mundo”, puntualizó. “Somos una única red de vida interconectada. Y esto no es una metáfora”.


El informe deja claro que no se pueden separar objetivos de medioambiente de metas de desarrollo. La actual tendencia negativa en biodiversidad y ecosistemas “minará” los avances en el 80% de las metas estimadas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU fijados para 2030, especialmente en materia de fin de la pobreza, hambre, salud, agua, ciudades sostenibles, clima, vida submarina y ecosistemas terrestres (los objetivos 1, 2, 3, 6, 11, 13, 14 y 15).


“Los objetivos para conservar la naturaleza y lograr la sostenibilidad no pueden ser logrados con la trayectoria actual, y las metas fijadas para 2030 y más allá solo se conseguirán mediante cambios transformativos de carácter económico, social, político y tecnológico”, recalcan los expertos.


Acciones urgentes


Se puede detener esta “crisis”, explica Leadley, pero ello va a requerir “una transformación de nuestro modo de desarrollo”. Y una implicación a todos los niveles.


Entre las políticas a cambiar están los “subsidios malos para el medioambiente” como los de la industria energética, el transporte o a la agricultura, señaló el hasta ahora presidente del IPBES, Robert Watson, para quien los gobiernos también tienen que abandonar el uso del PIB para calcular la riqueza e incorporar el capital natural y humano de sus países, “que sería una mejor medida”. “Necesitamos un paradigma económico modificado para un futuro más sostenible”, dijo. Pero también los ciudadanos de a pie pueden aportar su grano de arena, cambiando por ejemplo sus hábitos de consumo, según los expertos. Estos señalan también a las comunidades indígenas, en cuyos territorios la biodiversidad está mucho mejor preservada, como un modelo a seguir.


“Nuestro saber local, indígena y científico está demostrando que tenemos soluciones, así que basta de excusas, tenemos que vivir de manera diferente en la Tierra”, dijo el administrador del Programa de Desarrollo de la ONU, Achim Steiner.


Tras tanto panorama pesimista, un rayo de esperanza: “Hemos visto ya las primeras acciones e iniciativas para un cambio transformativo, como políticas innovadoras por parte de muchos países, autoridades locales y empresas, pero especialmente por gente joven en todo el mundo”, valoró Watson. “Desde los jóvenes tras el movimiento #VoiceforthePlanet, a huelgas escolares por el clima, hay una corriente de comprensión acerca de la necesidad de una acción urgente si queremos asegurar algo parecido a un futuro sostenible”

Por, Silvia Ayuso

París 6 MAY 2019 - 12:09 COT

 

.

Publicado enMedio Ambiente
Economía y vida: paradigma del cuidado frente al extractivismo

«Al parecer ya no creemos tener una tarea o misión que realizar en el planeta y tampoco hay un legado que nos sintamos obligados a preservar o del que seamos guardianes.» 

Zygmunt Bauman: El arte de la vida (p. 55)

La catedral de Notre Dame en llamas. Una de esas imágenes que ya quedará indeleble en los anales como uno de los siniestros más traumáticos de Francia, Europa, el mundo... ¿Cómo pudo ocurrir? Un accidente, se dice, mientras se trabajaba en su restauración, siempre postergada, siempre insuficiente. Un símbolo gravemente dañado, materia que nos hablaba más allá de su ser físico, evocando un universo de significados que trasciende los límites espacio-temporales de una vida humana; y, sin embargo, producto de la vida, plasmación de su belleza cuando los hombres obran el milagro de revelar su esencia y transfigurarla en arte, a mayor gloria de la humanidad por más que se confunda con el delirio de la divinidad.


De tantas cosas que se ha dicho y han sido escritas con ocasión de tan malhadado acontecimiento a mí me ha llamado la atención una, mencionada de paso cuando se informaba sobre el propósito en seguida manifestado de volver el monumento a su integridad previa al incendio. Era una noticia de radio en la que el locutor destacaba la presta disposición de una gran cantidad de ciudadanos, de diversa condición y clase, a donar dinero con el fin de volver a contemplar la catedral de París como parte de esa estampa estereotipada de la capital de Francia. De pasada decía que contrastaba esta actitud con la racanería mostrada durante décadas por las instituciones encargadas de su conservación, lo que por cierto tampoco había suscitado significativas protestas por parte de la ciudadanía. Ahora, sin embargo, es el momento de la gesta, el instante que descuella y rompe con el monótono devenir de los días idénticos del cuidado. Cuando había que cuidar el monumento mediante un trabajo callado y anónimo, sin lustre heroico, parecía no existir estímulo para la generosidad ciudadana ni para el interés político, pues no luce en el escaparate de las pantallas. Un gran incendio sí que luce ofreciéndonos ese dramático punto de inflexión en el que se da pie a la gloria del rescate. El trabajo del cuidado, por comparación, es aburrido. Donde se ponga un golazo de Cristiano que se quite la lección del maestro que logra que algunos de sus alumnos aprenda algo tan cotidiano como leer.


El cuidado es la esencia del cultivo, actividad que transformó la vida de homo sapiens sobre la faz de la Tierra con la revolución neolítica. De esa actividad –expresada en latín con la palabra colere cuya forma de supino es cultum y de aquí «cultura»– se derivó un cambio determinante de una forma de vida que estableció la base material para la creación de la civilización. El inculto es el no cultivado, el que está por civilizar, el que no ha sido cuidado como es debido para llegar a ser plenamente humano. Casos extremos de esa falta de cultivo son los llamados «niños salvajes», como el famoso Víctor de L´Aveyron, cuya historia fue magistralmente plasmada por François Truffaut en su película L'Enfant sauvage. La educación, en efecto, es una de las versiones del cuidar, esencial en igual medida que la agricultura para el sólido cimiento de la civilización, y complemento inseparable de la puericultura, es decir, el cuidado del niño (del puer latino).


Frente al paradigma del cuidado, el de la extracción. La pesca y la caza seguramente son las más ancestrales actividades representativas del paradigma de la extracción. Y también, por supuesto, la guerra. Trabajos todos ellos abonados para la gesta.


Los trabajos del cuidado no son apreciados como notables. Tienen algo de naturaleza negativa en el sentido de que no producen, sino que evitan que ocurra el mal. Toda inversión en ellos parece no lucir, pues se trata de conservar en buen estado lo dado. Por contra, los trabajos de extracción traen a la esfera de nuestro poder lo que no nos era dado. No hay drama en el cuidado que sí hay en la extracción, en el cazador que expande el territorio en busca de la presa y, en general, en el buscador de recursos que ha de luchar por arrebatárselos a la naturaleza o a otros, incluso si es menester mediante el recurso a la guerra. El tiempo del cuidado es aburrido, tedioso, incluso ingrato. Nulo margen hay en él para el reconocimiento de la heroicidad humana. Digamos que no es viril, sino femenino. La extracción, el botín, siempre fue cosa de hombres. Su tiempo es el corto plazo, que conlleva la gratificación inmediata. El tiempo del cuidado es el largo plazo en cuya dimensión se diluye la entidad del beneficio que depara.


El científico y excelente divulgador norteamericano Jared Diamond dedica una parte muy importante de su entretenido libro ¿Por qué es divertido el sexo? a la lactancia, capítulo principal de la puericultura. «Dar de mamar a los gemelos humanos –nos dice– es un gasto de energía tal que el presupuesto de energía de una madre de gemelos se acerca al de un soldado en un campo de entrenamiento» (p. 73). Me pregunto cuál de las dos conductas se valora más cuando la segunda de ellas está institucionalizada en la esfera pública en tanto que la primera es asunto del hogar, que incluso se debe mantener dentro de sus límites si se atiende a cierto pacato sentido del pudor.


La dicotomía que aquí presento entre los paradigmas del cuidado y de la extracción tiene su plasmación desde la perspectiva sociológica. La recientemente galardonada con el Premio Nacional de Sociología, pionera en la investigación del trabajo dentro del hogar, la socióloga María de los Ángeles Durán, ha acuñado el término «cuidatoriado» para nombrar la clase social de los que cuidan. Importante, sin duda, para el reconocimiento de una realidad que si no se nombra no existe. Su labor investigadora de los últimos cuarenta años da cuenta de un fenómeno en el que se demuestra una vez más lo difícil que resulta desligar la economía de la ideología, el machismo en este caso. Pues lo que ya empezamos a peinar canas sabemos muy bien que todavía en los ochenta del siglo pasado era mayoritaria la idea de que ese trabajo de cuidados confinado al espacio del hogar era cosa exclusiva de mujeres que lo tenían por «sus labores», no por un trabajo al que le correspondiese un valor económico; y así era –¿y es?– para todos ya que no es generador de riqueza. Pero –a poco que se repare en ello– se trata de un trabajo de enorme valor vital, aunque no tenga el debido reconocimiento económico, que aún hoy realizan en un ochenta por ciento las mujeres.


Según los cálculos de la mencionada socióloga, habría que subir un 70% el IRPF para pagar parte de los cuidados que hoy se hace gratis (declaración en entrevista del diario 20minutos de 12 de febrero de 2019). De tal magnitud es su valor económico. En cualquier caso, una necesidad social que nuestro Estado del bienestar no cubre, que puede comprar quien tiene recursos; pero quien carece de ellos recurre al «cuidatoriado», los que se dedican principalmente a cuidar siendo la mayoría trabajadores no remunerados en absoluto o insuficientemente remunerados. Los remunerados suelen ser mujeres inmigrantes con condiciones laborales peores que todos los demás trabajadores. Pero el grueso de esta clase social son mujeres que no cobran por cuidar, sino que lo hacen por afecto o por sentimiento de obligación familiar. Sin derecho a la seguridad social están condenadas a la miseria y a la dependencia.


Con un país inmerso en un «invierno demográfica», que envejece a toda prisa, con una de las esperanza de vida más altas del planeta, el sector del cuidado es el gran negocio; si no fuera porque pocas familias pueden pagar lo que cuesta una plaza en una residencia o una persona que cuide interna al dependiente. Es la confusión de mercado y economía la que lleva al desprecio del trabajo de cuidados, que poco tiene que ver a simple vista con la producción y la generación de riqueza. Se calcula lo que cuesta una vacuna infantil, el salario del personal sanitario que la suministra, las instalaciones donde se practica; pero queda al margen de los números, lo que más valor tiene, a saber: el tiempo de la persona que deberá dejar de trabajar para acompañar al niño y que, seguramente, al día siguiente tendrá que quedarse en casa cuidándolo.


El cuidado queda fuera del PIB por el mercadocentrismo que denuncia el economista Ha-Joon Chang en su libro Economía para el 99% de la población. En él critica la miopía de la escuela neoclásica actualmente dominante en la ciencia económica. Según su concepción, la economía se reduce a una red de relaciones comerciales que conforma el mercado. «La focalización en el mercado –nos advierte Chang– ha propiciado que la mayoría de los economistas no presten atención a ámbitos cruciales de nuestra vida económica, con importantes consecuencias negativas para nuestro bienestar» (p. 409). Diríase que nos hemos vuelto des-cuidados, desatendiendo aspectos tan vitales como la calidad del trabajo y el equilibrio entre la vida privada y el trabajo. Aquí residen las claves para identificar las causas últimas del invierno demográfico que dicen padecemos. Mujeres trabajadoras, a menudo mal pagadas y demasiado estresadas sin la seguridad de una cierta estabilidad, a las que se les exige cargar con el cuidado de la prole y puede que también con el de sus mayores y dependientes. ¿Es ético exigirles tamaña abnegación? ¿Cabe esperarla de ellas por decisión voluntaria conforme se van liberando de la tradicional moral cristiana del sacrificio femenino?
Ya lo dijo Robert Kennedy el 18 de marzo de 1968 en el fragor de la campaña electoral: «el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida». Por eso no mide el cuidado, quedando este trabajo, esencial para gozar de una vida buena, al margen de valoración y ninguneado en la agenda política.


En cuanto a la relación entre valor social de un trabajo y remuneración recibida por su desempeño, el heterodoxo antropólogo británico David Graeber lo tiene claro: «cuanto más ayuda y beneficia un trabajo a los demás, y por tanto mayor valor social crea, menos se suele pagar por él» (p. 275). Es la sentencia que encontramos en su libro Trabajos de mierda. Una teoría. Según algunas investigaciones a las que nos remite, una de las profesiones que mayor valor social aporta es la de maestro de primaria, no especialmente bien pagada como todos sabemos, mientras que la que más valor social sustrae es la de los profesionales del sector financiero, los cuales, sin embargo y como muy bien sabemos, están excelentemente bien pagados. Y dado que la actividad financiera es un exponente flagrante de extractivismo (se trata de extraer la poca riqueza de unos muchos para incrementar la mucha riqueza de unos pocos) tenemos otra constatación más de ese desequilibrio económico entre el cuidado y el extractivismo que venimos analizando. De este desequilibrio económico fueron síntoma evidente los recortes salariales aplicados a partir de la crisis de 2008 a casi todos los sectores públicos que proporcionan beneficios claros e inmediatos a la población (sanidad, educación, dependencia, etc.) entretanto se mostraba sin pudor una actitud realmente indulgente con las crecientes remuneraciones de los responsables de las entidades financieras cuya gestión había sido la causante en gran medida del desastre económico.


Al mismo tiempo, el trabajo se ha ido convirtiendo en un valor en sí mismo; quien no trabaje, aunque sea en algo que no le guste y en lo que sea explotado e invirtiendo en ello la mayor parte de su tiempo, es un gorrón, un gandul, un parásito indigno de simpatía y de ayuda pública. Así se achica el espacio y se merma el tiempo dedicado al cuidado, que –como hemos dicho– queda al margen de la matematizada valoración económica.


La pregunta es cómo se decide el valor del trabajo, en función de qué criterios. La respuesta ortodoxa que resuelve dogma en ristre la cuestión echando mano del mercado –animal metafísico donde los haya– es cuando menos discutible por cuanto desprecia consideraciones de orden vital que ya han sido expuestas. El aludido David Graeber ensaya la formulación de un criterio: «cuando un servicio o producto responde a una demanda o mejora de alguna manera la vida de la gente se puede considerar que tiene verdadero valor, pero no así cuando solo sirve para crear demanda, haciendo que la gente se sienta gorda y fea o engañándola para endeudarse y luego cobrar intereses por ello» (p. 267).


El trabajo de cuidados es el fenómeno que desafía la autenticidad de la conexión entre economía y vida. Cabe preguntarse si el actual paradigma económico globalmente vigente no ha permitido una expansión excesiva de su componente extractivo, ya sea de recursos naturales, ya de recursos financieros mediante el procedimiento del endeudamiento crónico. Si es así, la economía pone en peligro su genuina razón de ser, que tiene que ver, básicamente, con una administración de los medios materiales, siempre limitados, que posibilite que los humanos estemos en disposición de alcanzar el disfrute de una vida buena. A juzgar, sin embargo, por los efectos bien evidentes a estas alturas del proceso de globalización sujeto a la providencia del libre mercado (trasunto actual de la de Dios) diríase más bien que la esfera económica se ha constituido en un mundo independiente con leyes propias al margen de las de la materia y las de la vida.


Recientemente la antropóloga Yayo Herrero, prestigiosa investigadora en los ámbitos ecologista y feminista, participó en un diálogo radiofónico en el que ofrecía su visión del momento actual que vivimos, congruente con las ideas aquí expuestas (emitido por la Cadena Ser el 14 de abril de 2019 en el programa A vivir, que son dos días). Transcribo parte de su intervención: «Estamos viviendo un momento, yo diría, en el que hay una triple guerra, en el que se combinan una guerra convencional, por los recursos, como las que ha habido siempre, mucho más intensificada en un momento de declive de energía, de declive de minerales que intensifica ese extractivismo del que hablaba Silvia; una guerra también contra los derechos laborales y sociales, que precariza a las personas, que las reduce básicamente a la situación de consumidores, y si eres un consumidor fallido básicamente ya no cabes; y una guerra también sutil y dura contra los vínculos y las relaciones». A su entender, para enfrentar esa triple amenaza es menester colocar en el centro del horizonte humano lo que es prioritario para sostener la vida, y no cualquier vida (al estilo de los fanáticos provida) sino vidas que merezcan la pena y la alegría de ser vividas. Considera esta investigadora social que el modelo de capitalismo extractivista supone una guerra contra la vida, y que es suicida por cuanto para que haya producción –la actividad material esencial de la economía real– es necesaria como condición previa la producción de la vida, que se realiza en la naturaleza y en los trabajos que cotidianamente tenemos que llevar a cabo para mantener las vidas; es decir, lo que he venido llamando el cuidado. Es estúpido sacrificar todo lo que constituye la genuina vida humana al crecimiento económico tal como es entendido dentro del paradigma del capitalismo global de libre mercado y extractivista. La historia de homo sapiens demuestra que uno a uno los individuos somos vulnerables y que siempre es un error soslayar la evidencia de que somos cuerpo y pertenecemos a una misma especie.


El desarrollo ideológico de las últimas décadas ha llevado a cabo un continuado y efectivo trabajo de erosión de toda apreciación del vínculo social, del sentido de comunidad al margen del entramado económico. «No existe lo que se llama sociedad. Hay hombres y mujeres individuales y hay familias», decretó la Primera Ministra británica Margaret Thatcher hace cuarenta años. Desde entonces, carece de sentido preocuparse por la sociedad y pensar en el bien común, mientras que lo tiene todo que cada individuo trabaje más y haga lo posible por ganar más. Quiere decirse también que la solidaridad no es productiva; o sea, que es inútil unir fuerzas y subordinarlas a una causa común. Toda apelación al principio de responsabilidad comunal por el bienestar de los miembros integrantes de una sociedad se condena como lo propio de un Estado paternalista que debilita la capacidad de emprendimiento de los individuos, máxima virtud promotora del crecimiento económico. Se asume que el cuidado de otros, por contra, es el vicio que conduce a una dependencia aborrecible y detestable. A la postre, el debilitamiento del sentido del cuidado da lugar a sociedades fracasadas en las que el consumismo y el extractivismo se retroalimentan con el convencimiento de que no hay alternativa.


El agotamiento de los bienes materiales y el agotamiento de los cuerpos, procesos en el que nos ha instalado el paradigma extractivista nos lleva a vivir en el tiempo de la inminencia, en el que todo puede cambiar radicalmente o todo puede acabarse definitivamente. Es lo que la filósofa Marina Garcés en su sugerente ensayo titulado Nueva ilustración radical denomina «el límite de lo vivible», el apocalipsis por agotamiento de la vida. Su definición de dicho límite: «Ese umbral a partir del cual puede ser que haya vida, pero que no lo sea para nosotros, para la vida humana. Vida vivible es la gran cuestión de nuestro tiempo. (...) vida vivible es vida digna. Sus límites son aquellos por los que podamos luchar» (p. 15-16). ¿Acertará cuando afirma que nuestro tiempo no es ya el de la posmodernidad sino el de la insostenibilidad? ¿Será verdad que vivimos en la prórroga desde que en 1972 el Club de Roma en su informe Los límites del crecimiento advirtiera de la imposibilidad del crecimiento ilimitado, horizonte verdaderamente utópico del capitalismo en un planeta finito?


¿Es esto vivir? Es la pregunta a la que cualquiera puede recurrir en cualquier contexto de vida, según señalara el filósofo Etienne de La Boétie en el siglo XVI. No tiene que ver con una objetividad calculable, sino que apela a una dignidad que siempre puede ser puesta en cuestión. Según Marina Garcés de nuevo, «es una pregunta que se puede compartir pero no delegar, porque lo que expresa es que la vida consiste en elaborar el sentido y las condiciones de lo vivible» (p 58). En ella, en fin, se halla la semilla de la insubordinación a toda servidumbre voluntaria, también la promovida por un paradigma económico cuya ansia extractivista menoscaba la relevancia vital del cuidado.

Por  José María Agüera Lorente
Rebelión


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:


BAUMAN, ZYGMUNT: El arte de la vida. De la vida como obra de arte. Editorial Paidós. Barcelona, 2017.
CHANG, HA-JOON: Economía para el 99% de la población. Editorial Debate. Barcelona, 2015.
DIAMOND, JARED: ¿Por qué es divertido el sexo? Círculo de Lectores. Barcelona, 2007.
GARCÉS, MARINA: Nueva ilustración radical. Editorial Anagrama. Barcelona, 2017.
GRAEBER, DAVID: Trabajos de mierda. Una teoría. Editorial Ariel. Barcelona, 2018.

Publicado enMedio Ambiente
El mundo perdió el año pasado una superficie de bosques primarios tan grande como Bélgica

Global Forest Watch advierte del aumento de la destrucción de estos valiosos ecosistemas en países diferentes a los habituales

Imágenes de satélite muestran que en 2018 el mundo perdió 12 millones de hectáreas de bosques tropicales, destacando especialmente la destrucción de 3,6 millones de hectáreas de bosques primarios, según los datos dados a conocer esta semana por Global Forest Watch, que depende del World Resources Institute.


Los llamados bosques primarios son ecosistemas en los que crecen árboles de cientos o incluso miles de años, que almacenan gran cantidad de carbono y tienen una gran importancia para la biodiversidad, sobre todo, para especies forestales como orangutanes, gorilas, tigres... “Estos bosques tardan mucho en recuperarse, si se talan, quizá nunca vuelvan a su estado original”, incide Mikaela Weisse, directora de Global Forest Watch, que recalca como, a pesar de no ser tan malas las cifras como en 2016 y 2017, “la pérdida de estos bosques primarios sigue siendo muy alta”.


Los datos de satélite Landsat han sido procesados por la Universidad de Maryland y muestran también un cambio significativo en el mapa de destrucción de estos valiosos espacios. Si en 2002 solo Brasil e Indonesia concentraban el 71% de las pérdidas de los bosques tropicales primarios, ahora estos países suponen el 46%, habiéndose extendido este grave problema a otras áreas del planeta.


Por extensión, en 2018 las mayores pérdidas de estos bosques se registraron en Brasil (1,3 millones de hectáreas), República Democrática del Congo (481.248), Indonesia (339.888) o Colombia (176.977). Pero si se analiza dónde ha aumentado más con respecto a 2017, la lista está encabezada por Ghana (con una subida del 60%), Costa de Marfil (26%), Papúa
“Estamos viendo un aumento de pérdidas de bosques primarios en otras partes del mundo donde antes no teníamos”, señala Weisse, que considera muy difícil determinar las causas. “No sabemos qué está pasando exactamente, a veces se trata de una combinación de pequeñas cosas”, incide la directora de Global Forest Watch. “En Ghana y Costa de Marfil no sabemos si es la minería o la producción de cacao, en el Congo está aumentado la agricultura de pequeña escala, en Liberia vemos que está entrando el cultivo de palma... Depende mucho de cada sitio”.


Esta organización incide en la mejoría que se está produciendo en Indonesia, donde la pérdida de bosques primarios fue en 2018 un 40% menor que el promedio anual de 2002 a 2016.
“Hay dos factores que explican lo de Indonesia”, comenta Weisse. “Por un lado, los dos últimos años fueron más húmedos y no hubo tantos problemas de incendios. Probablemente, en 2019 vuelva a haber más fuegos, por el efecto de ‘El Niño’. Y por otro, el Gobierno introdujo nuevas políticas para frenar los incendios, impusieron restricciones en la transformación de turbas y un mayor control en el cumplimiento de la ley”.


En el caso de Brasil, si bien se ha producido también una mejoría respecto a 2016 y 2017, Global Forest Watch considera que las cifras no son positivas si se analizan tomando un periodo de tiempo más largo. De hecho, se advierte de una tendencia alcista en la deforestación de la Amazonia que podría poner en peligro los avances conseguidos a principios de los 2000.

Por Clemente Álvarez
27/04/2019 - 12:36h

Publicado enMedio Ambiente
Tres ríos en el mundo tienen derechos. Uno es este y ‘vive’ amenazado

Una sentencia ordenó hace dos años proteger el Atrato, en la región colombiana de El Chocó, por su biodiversidad. Pero el enorme impacto de la minería, el conflicto armado, el narcotráfico y la sobreexplotación lo llevan al colapso ecológico


En el río Atrato, el nacimiento de un niño es un gran acontecimiento. Los indígenas embera, en cuanto saben la buena nueva, corren a bañarse en sus aguas para desear que ese nuevo ser abandone la pereza tras haber estado tanto tiempo en el vientre de la madre y sea activo. Las mujeres afrodescendientes también lo celebran repartiendo dulces y compartiendo una botella de aguardiente mientras lavan la ropa en la orilla. Para las comunidades negras e indígenas que habitan desde tiempos ancestrales en está zona del Pacífico colombiano, su río lo es todo. Es su despensa para pescar, su vía para transportarse, el lugar donde realizan sus acciones más cotidianas como preparar la comida y lavar los platos, el espacio de encuentro para charlar o donde los niños y niñas juegan a todas horas. La vida en este vasto territorio interétnico de la región de El Chocó está íntimamente relacionada con las aguas del Atrato.


Desde hace algunas décadas, la plácida vida en este río que recorre la selva de la segunda región más biodiversa del mundo hasta desembocar en El Caribe empezó a desvanecerse. El Chocó se convirtió en un teatro de guerra. Llegaron los actores armados: guerrilla, paramilitares y ejército que dejaron miles de muertos, desaparecidos y desplazados. Llegó también el narcotráfico y la explotación salvaje de sus recursos naturales. El río se llenó de dragas y retroexcavadoras para buscar oro y lo contaminaron de ingentes cantidades de mercurio. La minería se apoderó del río y el pescado empezó a escasear. Todo, sumado a un permanente abandono estatal, unas altas condiciones de pobreza y a una nueva reconfiguración del conflicto armado tras la firma de la paz por parte de las FARC. Los territorios abandonados por la antigua guerrilla fueron copados por otros grupos, como bandas criminales herederas del paramilitarismo y la guerrilla del ELN. El Atrato tuvo que pedir auxilio y las comunidades dijeron basta.


Una demanda al Estado colombiano interpuesta por diferentes organizaciones que defienden el territorio chocoano terminó en 2016 con una sentencia histórica de la Corte Constitucional instando a diferentes instituciones competentes a proteger, conservar, mantener y restaurar el Atrato. Era la tercera vez en el mundo que un río era reconocido como sujeto de derechos. Antes, lo habían sido el Ganges en La India y el Wanganui de Nueva Zelanda. Sobre el papel, la sentencia sostiene que el Atrato es una entidad viviente de la que dependen otras formas de vida y culturas por lo que otorgarle derechos supone de facto proteger a las comunidades que habitan su cuenca. El auto pone el acento en el tema de la seguridad alimentaria y ambiental, en el control de la minería y en el análisis de la toxicidad del río.


Tras la resolución, más allá del diagnóstico, apenas ha habido algunos avances para tratar de articular la participación de las comunidades con la intención de ver qué tipo de desarrollo se pretende. También se encargó un macroestudio para tomar muestras que permitan saber el alcance de la contaminación de las aguas y poder implementar, de ser necesario, un plan integral de salud para la población. Los resultados del estudio no se conocerán hasta dentro de dos años. Otros informes realizados, de carácter más limitado, determinaron ya altos niveles de contaminación por mercurio que obligaron a poner en marcha algunas alertas comunitarias que restringieron el consumo de peces. Existe también mucha preocupación por los efectos que ese mercurio pueda tener en la leche de las madres lactantes.


La sentencia es esperanzadora, pero también hay serias dudas sobre si conseguirá revertir la situación. Para garantizar su implementación, la Corte creo la figura de los guardianes del Atrato, entre los que se encuentran varias instituciones y ministerios gubernamentales como el de Ambiente, así como siete hombres y siete mujeres en representación de las comunidades indígenas y negras. Nixon Chamorro, líder indígena embera, es uno de los guardianes. No deja de ser escéptico, pero reconoce que la sentencia es una gran oportunidad. “Aquí tenemos claro que debemos dejarle a nuestros hijos el mismo río que nos dejaron nuestros abuelos. Tanto los territorios indígenas como los de las comunidades afro son territorios colectivos reconocidos por ley y como tales debemos ejercer nuestra autonomía. No podemos seguir replicando sistemas económicos que destruyen nuestra naturaleza. Tenemos que construir una propuesta de desarrollo económico propio sin depender de la extracción de recursos” , asegura.


Alexander Rodríguez es también guardián del Atrato. Como líder social de Cocomacia, una organización étnico territorial de la cuenca media del río que representa a 123 comunidades negras, considera igualmente que el futuro de la región pasa por el respeto de su autonomía y por más inversión social. “No es solo que llegue la fuerza pública, sino que construyan escuelas y hospitales. Deben ejercer una política pública que permita desarrollar nuestro territorio acorde con nuestra cosmovisión y nuestra cultura, no hecha desde un despacho en Bogotá”, señala.


La misión de los guardianes será hacer pedagogía de la sentencia en los territorios y ahondar en el tema de la conservación, especialmente entre los niños y niñas. “Parte de la responsabilidad de como está el río es también nuestra porque nos falta mucho sentido de pertenencia y apropiación. Es fundamental, por ejemplo, que aprendamos a manejar el tema de las basuras”, afirma Fausto Palacios, de la organización Ascoba y guardían del Atrato.


Un río de oro


Pero la sentencia se enfrenta en la práctica a una dura realidad y es que buena parte del río se encuentra ya concesionado a la minería de extracción de oro, su principal fuente de contaminación. La Corte no la prohíbe, solo habla de regularla y de ejercerla con responsabilidad social y ambiental. Según datos de 2017 del Ministerio de Minas, existen 251 títulos mineros vigentes ya otorgados que está previsto poner en marcha en el Atrato. Casi el 50% pertenece a potentes multinacionales como Anglo Gold Ashanti, Continental Gold o la Newmont. “No hubo un pronunciamiento de la Corte sobre las concesiones mineras. El río Atrato sigue corriendo así mucho riesgo si se ponen en marcha todos los títulos y proyectos mineros que están otorgados y donde las empresas siempre amenazan con demandas millonarias al Estado si no les dejan hacer. Entonces, cómo se planifica en un territorio que está concesionado”, se pregunta Viviana González, abogada de Tierra Digna, la organización que acompañó a las comunidades del Chocó en la defensa de su río.


En el Chocó hoy coexiste la minería artesanal con la gran minería y con la ilegal, muy ligada a las actividades delictivas de los grupos al margen de la ley. Un contexto muy complejo porque finalmente la extracción de oro se convirtió en una fuente de trabajo para mucha gente en una región donde la minería artesanal forma además parte de su cultura. “Ha sido la gran minería la que ha acabado con todo y se debería combatir la ilegal, pero el Gobierno tendría que legalizar al pequeño minero artesanal. Es verdad que la gente se acostumbró a que con una máquina retroexcabadora saca mucha más cantidad de oro en un día que con la batea y esta parte si debería mitigarse”, explica Alexander Rodríguez.


Para Viviana González, de Tierra Digna, la minería acabó generando una gran dependencia, destruyó la zona y perjudicó a la agricultura y la pesca, así como a la cultura de las comunidades. “Un minero gana en una semana lo que puede ganar un agricultor en un año. Los jóvenes ya no quieren saber nada del campo. Romper esa lógica es muy difícil. Entre la subsistencia y vivir algo más holgadamente siempre gana lo segundo. El desafío del Estado es dejar de tratar a los grupos étnicos en términos de subsistencia y hacerlos acreedores de una mejor calidad de vida acorde a lo que ellos quieren, un desarrollo propio”, argumenta.


Nadie sabe con certeza si el río Atrato se podrá recuperar porque el modelo de desarrollo no da demasiado margen. No es solo la minería. Hay otros grandes intereses económicos que se proyectan en la región en forma de megaproyectos de infraestructura. “Es una pelea que no queremos dar por perdida porque, ademas, el 80% del territorio pertenece a las comunidades afro e indígena y eso les da un derecho. El Estado no ha entendido que los resguardos indígenas y los consejos comunitarios afrodescendientes son territorios colectivos y que por tanto son como una propiedad privada que se les otorgó legalmente. Entonces, si alguien tiene un interés en sus territorios es con ellos con quienes deben hablar y para cualquier proyecto se debe realizar la pertinente consulta previa con las comunidades, como señala la propia Corte”, sentencia la abogada Viviana González de Tierra Digna.

Por MILO DEL CASTILLO Y JAVIER SULÉ ORTEGA
Quibdó (Colombia) 20 ABR 2019 - 17:06 COT

Publicado enColombia
Lunes, 22 Abril 2019 05:39

El fuego y el acantilado

 Una cría de gorila, en el Bioparc de Valencia. EP

Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas que lo devastan

Hace unos días leí una reflexión del escritor colombiano Juan Cárdenas a propósito de una nota inquietante: el suicidio de unas morsas cuyo hábitat fue devastado por el cambio climático. Cárdenas contrastaba la impresión que le provocó el video que testimoniaba la autosupresión de las morsas (que saltaron por un acantilado) con la que le dejó, ese mismo día, el incendio accidental de la catedral de Notre Dame, en París. Y concluía, razonablemente, que pese a todo el dolor que pueda uno sentir por el patrimonio arquitectónico, histórico, artístico y religioso destruido o afectado en el siniestro del 15 de abril, lo que resulta irreparable de verdad, y ante lo que permanecemos en general indiferentes, es la pérdida de la naturaleza.


Las morsas no se encuentran, de momento, registradas entre las especies en peligro de extinción (a pesar de que han sido masacradas de modos infames) pero el deterioro o supresión de sus refugios y los vaivenes climáticos (que muchos gobiernos se empeñan en negar, o que aceptan pero sin tomar medidas contundentes al respecto) pueden hacer que esa escena extrema del suicidio se replique. Y no están solas: abrir un portal de noticias, hoy, es leer apuntes sobre el peligro global que enfrentan las abejas, la agonía de varias clases de aves y mamíferos, el colapso de las poblaciones de peces…


Notre Dame es una joya invaluable que lleva más de ocho siglos en pie, acumulando sobre sí Historia (e historias), arte, belleza... Y resulta lógico que nos consternemos porque la obra más trascendente del medioevo europeo haya sufrido daños tremendos y corrido el riesgo de desmoronarse. Eso no tendría siquiera que ponerse en duda y para negarlo hay que ser muy inconscientes o muy fanáticos (las redes dan cuenta de que padecemos la cercanía de muchos ejemplares de unos y otros bichos, aunque aún son minoría). Pero lo que sucede ahora mismo con la naturaleza es, si tuviéramos que ponernos a jerarquizar las desgracias que nos aquejan, incluso peor. Porque Notre Dame será reconstruida, al igual que lo han sido otras joyas góticas. Las catedrales de Reims y Colonia, víctimas de las guerras mundiales, perdieron parte de su gloria en el fuego pero siguen, por fortuna, en pie. Para Nuestra Señora ya se han anunciado donaciones millonarias y un programa que atienda las necesidades inmediatas del recinto. Y, sin embargo, con la naturaleza puede que no lleguemos a esos finales felices o al menos agridulces...


Los humanos hemos arrasado con animales y plantas y saqueado la tierra firme y los mares y lo seguimos haciendo cada mañana. Asumimos que lo que alberga el planeta (y el planeta mismo) está allí para que lo explotemos y en nuestra ambición, imbecilidad y vileza hemos hecho desaparecer una multitud de especies que llevaban millones de años vivas, que recorrieron el camino de la evolución junto a nosotros (o lo empezaron mucho antes) y que, por nuestra mano, ya no están más. Nos hemos afanado en dejar una realidad más pobre de la que encontramos al nacer.


Y parece que solo a golpes abrimos los ojos. Los anticipados colapsos de las reservas de agua potable y energía, el estado límite de la contaminación en miles de ciudades, los estragos causados por el sobrecalentamiento general y el deshielo de los polos no son datos curiosos: son síntomas del desastre que se avecina. Los poderes políticos y económicos vigentes podrán ayudar a levantar Notre Dame de las cenizas, sí, y qué bueno, pero no van a salvar al planeta, porque están íntimamente ligados a las fuerzas e intereses que lo devastan. Y en materia ambiental ya no sirven las reformas o los paños tibios: urge una revolución. Porque sabemos apagar el fuego, pero parece que no sabemos qué hacer para evitar el salto por el acantilado.

Por Antonio Ortuño
21 ABR 2019 - 21:55 COT

Publicado enMedio Ambiente
 Mandíbula izquierda de un fósil descubierto en Perú, considerado ancestro de las ballenas y los delfines, que se calcula vivió hace 42.6 millones de años. Por tener cuatro extremidades, pezuñas y cola ancha se cree que el cetácero caminaba y era buen nadador.Foto Afp

Los cetáceos, grupo que incluye ballenas y delfines, se originaron en el sur de Asia hace más de 50 millones de años de un pequeño antepasado de cuatro patas y pezuñas. Investigadores informan sobre el descubrimiento de una antigua ballena con cuatro extreminades, hallada en sedimentos marinos de 42.6 millones de años a lo largo de la costa de Perú, lo que da una nueva perspectiva de la evolución de estos mamíferos y su dispersión a otras partes del mundo.

De acuerdo con los investigadores, la presencia de pequeños cascos en la punta de los dedos de manos y pies de la ballena y su morfología de cadera y extremidades sugieren que podría haber caminado por la tierra. Por otro lado, las características anatómicas de la cola y los pies, incluidos los apéndices largos y probablemente palmeados, similares a una nutria, indican que también era un buen nadador, según los autores, cuyo trabajo se publica este jueves en Current Biology.

"Este es el primer registro indiscutible de un esqueleto de ballena cuadrúpedo para todo el Océano Pacífico, probablemente el más antiguo de América y el más completo fuera de India y Pakistán", dice Olivier Lambert, del Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Hace algunos años, el coautor del estudio, Mario Urbina, del Museo de Historia Natural-UNMSM de Perú, descubrió un área prometedora para excavar fósiles en el desierto costero del sur peruano, llamada Playa Media Luna. En 2011, un equipo internacional, que incluyó a Francia, Italia, Países Bajos y Bélgica organizó una expedición de campo, durante la cual excavaron los restos de una ballena antigua que desde entonces han llamado Peregocetus pacificus. Significa "la ballena viajera que llegó al Pacífico".

"Al cavar alrededor de los huesos del afloramiento, nos dimos cuenta rápidamente de que este era el esqueleto de una ballena cuadrúpeda, con ambas extremidades anteriores y las posteriores", dice Lambert. Con la ayuda de microfósiles, las capas de sedimento donde se colocó el esqueleto se dataron con precisión en el Eoceno medio, hace 42.6 millones de años.

Se movió por agua y tierra

Los detalles anatómicos del esqueleto permitieron inferir que el animal era capaz de maniobrar su gran cuerpo (hasta cuatro metros de largo, con la cola incluida), tanto en tierra como en agua. Por ejemplo, las características de las vértebras caudales (en la cola) recuerdan a las de los castores y las nutrias, lo que sugiere una contribución significativa de la cola durante la natación.

La era geológica de la nueva ballena de cuatro extremidades y su presencia a lo largo de la costa occidental de Sudamérica apoyan firmemente la hipótesis de que los primeros cetáceos llegaron al Nuevo Mundo a través del Atlántico Sur, desde la costa occidental de África hasta Sudamérica, informan los investigadores.

Las ballenas habrían sido asistidas en su viaje por las corrientes de la superficie hacia el oeste y por el hecho de que, en ese momento, la distancia entre los dos continentes era la mitad de lo que es hoy.

Los científicos sugieren que, sólo después de haber llegado a América del Sur, las ballenas anfibias emigraron hasta llegar a América del Norte.

El equipo internacional continúa estudiando los restos de otras ballenas y delfines de Perú. "Seguiremos buscando en localidades con capas tan antiguas, e incluso más, que las de Playa Media Luna, para que los cetáceos anfibios más viejos puedan descubrirse en el futuro", concluye Lambert.

 

Los habitantes de una reserva natural boliviana se oponen a una exploración petrolera

La más importante línea de conflicto social que ha enfrentado el Gobierno boliviano a lo largo de los 13 años de gestión desarrollista de Evo Morales ha sido la ecológica. En estos días se produce la oposición de Tarija, una región en el sur del país, contra el inicio de la exploración petrolera en una área protegida, la Reserva de Flora y Fauna de Tariquía.


Allí, grupos de comunarios bloquean los caminos que conducen a San Telmo Norte, la zona donde las empresa estatal YPFB Chaco, junto con la brasileña Petrobras, pretenden perforar pozos exploratorios muy pronto. Hace unos días la principal ciudad de la zona, Tarija, dejó de trabajar por un día en señal de defensa de esta área natural, que está protegida desde hace aproximadamente 30 años a causa de su biodiversidad y su condición de fuente de agua para la región.


A lo largo de estas décadas, los comunarios que habitan Tariquía se han fogueado en diversas luchas ecologistas. Primero contra la entrada de madereras al bosque de la reserva, luego contra un proyecto de construcción de represas en la Argentina, país con el que este territorio colinda, y ahora contra la explotación petrolera, que está permitida en áreas protegidas desde 2015 como parte del esfuerzo del Gobierno de Morales para descubrir nuevos campos de gas que sustituyan a los que actualmente alimentan a las principales exportaciones bolivianas.


Estos yacimientos —que se remontan a los años noventa y antes— han comenzado a flaquear, como muestra la multa de 133 millones de dólares que acaba de recibir el país de Brasil, su principal comprador, por no haber podido entregar durante 2018 la cantidad de gas que estaba comprometida en el contrato entre ambos países; el cual, además, acaba este año.
Desde hace mucho que los expertos del sector expresan su preocupación por la falta de nuevos descubrimientos, que algunos atribuyen a la falta de incentivos para la inversión trasnacional a causa de la nacionalización de la industria en 2006. Esta situación podría complicar la negociación de un nuevo contrato de venta de gas a Brasil, sin el cual las finanzas bolivianas no cerrarían.


Frente a las protestas, que ya reprimió con fuerzas policiales hace una semana, el ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, aseguró que no detendrá la ejecución de un proyecto que podría darle 5.000 millones de dólares al país, que “cumple toda la normativa”, que solo afectará al 0,008% de las 247.000 hectáreas de la reserva y que cuenta con el apoyo de las comunidades directamente involucradas.


Por su parte, los movimientos en contra de la exploración dijeron que debe escucharse a la mayoría de los pobladores y no solo a las pocas comunidades que se beneficiarán con la presencia de las petroleras. Aunque el área afectada directamente sea pequeña, afirmaron, las explosiones subterráneas que son necesarias para la exploración “cerrarán las vertientes y contaminarán el agua, como siempre pasa”. Esto, sin contar con lo que podría ocurrir si los pozos terminan siendo exitosos y las empresas comienzan a explotar gas.

La Paz 3 ABR 2019 - 22:05 COT

 

Publicado enInternacional
Viernes, 29 Marzo 2019 05:39

Ecos de la consulta de Kimsacocha

Ecos de la consulta de Kimsacocha

“Nuestra lealtad es para las especies y el planeta. Nuestra obligación de sobrevivir no es solo para nosotros mismos sino también para ese cosmos, antiguo y vasto, del cual derivamos” Carl Sagan


Dedicado a quienes luchan y defienden el agua, los páramos y la vida

 


La resistencia contra la destrucción de la Naturaleza se multiplica. Hay acciones que ganan fama en poco tiempo. La Skolstrejk for Klimatet, la huelga escolar por el clima , es claro ejemplo. Greta Thunberg , una joven de 16 años, más bien tímida, sacudió su entorno, su país y el mundo con una protesta iniciada desde su escuela que en pocos meses devino en símbolo del movimiento de lucha contra el cambio climático que llenó plazas en una huelga mundial sin precedentes el 15 de marzo . Como ese, hay muchos otros procesos, que suman décadas de resistencias, represiones y de construcción de alternativas, no siempre conocidos internacionalmente.


De esos procesos cabe recuperar aquellas movilizaciones enfocadas en realizar consultas populares como parte de complejas resistencias. Varias comunidades campesinas e indígenas se han aliado con organizaciones de la sociedad civil para emprender luchas jurídicas que consoliden la participación ciudadana, la autonomía territorial y para presionar a que el Estado cumpla su deber de asegurar un ambiente sano. Con un transitar difícil y hasta sinuoso, acogiéndose en ocasiones a algunos resquicios legales o incluso a irrespetados derechos constitucionales, estas comunidades han avanzado con constancia y valentía hasta cristalizar dichos procesos electorales.


El 23 de marzo de 2003 , en Esquel, Argentina, se dio un plebiscito para aceptar o rechazar las actividades mineras en la zona, aunque con carácter no vinculante. El 82% de votantes se opuso a la megaminería de oro, permitiendo declarar a Esquel como “municipio no tóxico y ambientalmente sustentable”. Tal éxito hizo que su influencia se extendiera a otras regiones de ese país y, poco a poco, superara sus fronteras.


La democratización ambiental en Colombia


En Colombia, país de gobiernos neoliberales e hiperextractivistas, ya son decenas las consultas realizadas o propuestas. La lucha por defender con participación democrática el ambiente y los territorios se intensificó en 2013 -como parte de un proceso de democratización ambiental, tal como lo analizamos con Cecilia Roa García y Tatiana Roa Avendaño - con las consultas populares en los municipios de Piedras y Tauramena, con resultados abrumadores en contra de los proyectos extractivos. El 28 de julio de 2013, en el pequeño y casi perdido municipio de Piedras en el Tolima -de economía agrícola y ganadera– se hizo la primera consulta popular vinculante en contra el distrito minero La Colosa, previsto a ser una de las más grandes minas a cielo abierto del planeta. Tal mina sería operada por AngloGold Ashanti (AGA), la tercera mayor extractora y procesadora de oro del mundo. La alianza entre los campesinos, grandes productores de arroz y entidades municipales, junto con el apoyo de varios comités ambientales, estudiantes y asesores legales activaron la consulta popular, ampliamente ganada por los partidarios de la vida.


Cinco meses y medio después, el 15 de diciembre de 2013 en el municipio de Tauramena, Casanare, una segunda consulta popular se hizo en respuesta a los planes de la compañía colombiana Ecopetrol para ejecutar la exploración sísmica. La comunidad estaba preocupada por los posibles efectos de esa exploración sobre las fuentes de agua, tal como había acontecido en otra región cercana.


Estos dos movimientos sociales se ganaron fuertes reacciones del Gobierno, el cual, luego de la consulta en Piedras, intentó varias estrategias para prevenir la consulta en Tauramena, incluyendo amenazas de judicialización a los alcaldes por sobrepasar los límites de su competencia. Después de que ésta se realizó, las consultas de Monterrey, Pueblorrico, Ibagué, Cajamarca y Pijao han debido sortear una larga serie de obstáculos que bloquearon a algunas y mantienen otras en vilo.


Consultas populares en el país de los Derechos de la Naturaleza


En Ecuador, este domingo 24 de marzo, se celebraron elecciones para prefectos provinciales, alcaldes y otras dignidades locales. Son elecciones importantes, cuyos resultados influirán en la vida política del país. Pero ese mismo día se realizó una consulta popular crucial para el futuro y la esperanza de las próximas generaciones , y en línea con los procesos antes mencionados. Así, en el pequeño cantón de Girón, en la provincia del Azuay, de dio una consulta popular vinculante que decidió sobre la minería: la primera consulta de ese tipo en Ecuador. La consulta se alcanzó luego de largas resistencias y luchas, particularmente de la Federación de Organización Indígenas y Campesinas del Azuay (FOA) y de la Unión de Sistemas Comunitarios de Agua de Girón, que contaron con el respaldo de varios conglomerados ciudadanos, entre los que se destaca el Colectivo Yasunidos de Guapondelig (Cuenca).

Es indispensable relievar que las comunidades campesinas de esa zona están peleando por el agua y sus páramos en Kimsacocha por casi 30 años, anhelando sostener su agricultura y ganadería; una lucha que cuenta en su vanguardia, como sucede en casi todas las luchas de resistencia a los extractivismos, a las mujeres indígenas y campesinas . En esa resistencia, enfrentaron al mayor promotor de la megaminería y de sus empresas transnacionales en la historia de este país: el presidente “progresista” Rafael Correa [1] quien, violando el Mandato Minero , expedido por la Asamblea Constituyente el 18 de abril del 2008, abrió la puerta al festín minero del siglo XXI, como se lee en el artículo elaborado con Francisco Hurtado Caicedo .


Tal enfrentamiento, visto en especial desde 2011, ha llevado a que las comunidades luchen contra el poder de grandes mineras y del Estado, dispuestos a bloquear la consulta como sea . Incluso, en la recta final tanto el capital (representado en la empresa INV Metals) como el Estado (representado en el Ministerio de Recursos no Renovables) interpusieron múltiples impugnaciones a la autoridad electoral para frenar el avance de la consulta . Y por si eso no bastara, emergió una agrupación que intentó posicionar una pregunta paralela que buscaba dorar la píldora megaminera alegando que se consulte si la población estaría de acuerdo en que más de la mitad de las regalías mineras se entreguen a la zona de influencia del proyecto (sin hacer mención alguna de todas las afectaciones que éste causaría). A la final, ninguno de estos intentos prosperó.


Con estos antecedentes, la consulta de Girón, en la que las comunidades obtuvieron un contundente triunfo con un 87 por ciento de los votos, es determinante para proteger esa región e impulsar procesos similares en la misma provincia del Azuay e inclusive en otras zonas del Ecuador. Asimismo, la consulta de Girón significa un importante paso hacia formas de participación democrática que rebasen el cortoplacismo y la transitoriedad de la administración pública, pues la consulta en el fondo representó un acto de defensa del estilo de vida de las comunidades campesinas e indígenas ante las arremetidas del Estado y del capital . Y de esta manera se profundiza la Democracia, que, en palabras de Cornelius Castoradis, “es el poder de decidir por sí mismo sobre cuestiones esenciales y hacerlo con conocimiento de causa”, tal como sucedió en el cantón Girón.


Esto será aún más potente luego de la espectacular victoria de Yaku Pérez , como prefecto de la provincia del Azuay, quien es uno de los mayores luchadores por el agua y los páramos andinos; personaje que, por cierto, fue perseguido, vejado e incluso encarcelado en el correísmo. Asimismo, a los resultados en las urnas logrados este 24 de marzo, se suman las exitosas acciones logradas por otras comunidades para frenar judicialmente la megaminería, como Río Blanco y Sinangoe , por ejemplo. No hay duda que esta es la oportunidad para detener la intrínseca violencia megaminera, que solo es posible atropellando derechos de las comunidades y Derechos de la Naturaleza (como muestran los casos de violaciones en Nankintz, Tundayme e Intag durante el gobierno de Correa, que no han cesado en el morenismo).


La conclusión es contundente. Las organizaciones comunitarias, embarcadas en estos intríngulis de la justicia -casi siempre manipulada o controlada por intereses de grandes mineras en contubernio con los gobiernos- están obligadas a rondar los tribunales administrativos buscando la constitucionalidad y legalidad de las preguntas y de las consultas en sí mismas. Igualmente, se enfrentan a intentos de consultas paralelas que buscan legitimar de forma engañosa la megaminería. Sin embargo, la cuestión supera el ámbito técnico-jurídico como se ha visto en Girón.


Sin negar los contenidos históricos, políticos, sociales y ambientales propios de cada lucha, lo que se juega es la Naturaleza, las comunidades, la democracia y la vida. Como anota el sociólogo Juan Cuvi, refiriéndose a Kimsacocha , se trata de hechos políticos que sintetizan el derecho de una comunidad a decidir sobre su territorio y su proyecto de vida en común. Resume la lucha de pueblos que han resistido por siglos a las pretensiones productivistas y a las lógicas de acumulación capitalista. Devela la incompatibilidad entre dos formas de relacionarse con el mundo: priorizar la Naturaleza y la vida o la acumulación de capital, el poder y la muerte; la particularidad local o la uniformidad globalizadora; la paz de la ruralidad o el vértigo capitalista posmoderno. Es la lucha entre la visión de mundo de los colonizados y de los colonizadores. Y siendo también un hecho económico, enfrenta el mito de sostener la modernidad con más extractivismos (en Ecuador, un país inmerso en lo que he definido como “la maldición de la abundancia” - el petróleo no abrió la puerta al ansiado desarrollo, como tampoco lo hará la minería, tal como lo mostramos con John Cajas-Guijarro ).


Así, en cada consulta popular se juega muchísimo más que meras controversias jurídicas. Estas consultas, como una parte más de largas y complejas resistencias y construcciones de alternativas, denotan -sin rodeos- el gran potencial de una democracia vivida, practicada y conquistada desde abajo, desde las comunidades, para desde allí extenderse a otros ámbitos gubernamentales. Una democracia donde el mayor poder ya no sea el capital, sino la vida misma.


Ese es el gran mensaje de esta jornada histórica por el Kimsacocha; mensaje que nos recuerda que nuestra mayor lealtad no es para con nosotros mismos solamente sino para con la vida y con nuestro planeta. 

 

Por Alberto Acosta
Rebelión

Nota:

________________________________________
[1] En su momento, el presidente Rafael Correa -como reconoció públicamente el presidente colombiano, el neoliberal Juan Manuel Santos y gran conductor de la “locomotora minera” en su país- le habría “asesorado” sobre cómo romper las resistencias de las comunidades en contra de la minería; demostrando así, lo que Eduardo Gudynas consideró la convergencia entre gobiernos neoliberales y “progresistas” .
Alberto Acosta: Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ex-ministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República.

 

Publicado enMedio Ambiente
Viernes, 22 Marzo 2019 06:28

Colombia resiste al fracking

Colombia resiste al fracking

Con la soberbia característica de una clase de individuos que ostentan el conocimiento y el poder como supuesto derecho adquirido y de manera monopólica, la llamada comisión de expertos “independientes” convocada por el gobierno de Colombia para analizar las consecuencias del fracking en el país, produjo un cuestionable informe.

La comisión, compuesta por once académicos nacionales y dos extranjeros dio vía libre a las pruebas piloto para la explotación no convencional de hidrocarburos que se lleva a cabo en el norte del país (1).Según el informe, el fracking no representa una amenaza ambiental siempre y cuando se sigan ciertos protocolos que deben cumplirse con rigurosidad. Por una parte, existen una serie de requisitos previos a los ensayos piloto como el cumplimiento de la ley de transparencia, la capacitación de personal, la atención de riesgos de salud y el establecimiento de mecanismos de participación ciudadana. Por otra parte, las conclusiones de la comisión se centraron en las recomendaciones en torno a la ejecución de los pilotos a propósito de garantizar la participación comunitaria y la clarificación de los medios de transferencia de utilidades a las comunidades que dejará esta actividad. Según puede leerse entre líneas, los expertos otorgaron el visto bueno al gobierno para que inicie con la explotación y contaminación de recursos aún en detrimento de poblaciones enteras.

En efecto, las pruebas iniciarán en el norte del país en una superficie total de 33.915 km. Los departamentos más afectados por la iniciativa serán Santander cuya cuenca de hidrocarburos representa el 56%, seguido por Cesar con el 28%, Bolívar con el 8% y finalmente Antioquia con el 7% (2). De acuerdo con la comisión “independiente”, el rechazo al fracking en municipios como San Martín (Cesar), Puerto Wilches y Barrancabermeja (Santander) obedece a la ausencia de información por parte de los pobladores y a la desconfianza en torno a la extracción de riqueza en los territorios y la consecuente generación de pobreza. Sin embargo, el tono del informe deja ver que el rechazo vehemente por parte de las comunidades obedece a la “ignorancia y desconocimiento”, a mitos y rumores sobre el fracking más que a evidencia empírica. Esta forma de invalidar los discursos de los campesinos y trabajadores es una muestra de cómo el gobierno busca a toda costa la explotación de recursos amparado en una máscara de tecnicismos. En pocas palabras, todo aquel que contravenga las supuestas evidencias y estudios, es un “ignorante que detiene el progreso de la economía naranja”. Qué bajeza.

De acuerdo con las recomendaciones de los expertos se tendrán que seguir al menos cinco pasos para la explotación de hidrocarburos de manera no convencional. Primero, se construirá una línea de base ambiental, posteriormente se harán los respectivos estudios hidrológicos (para analizar las consecuencias de contaminación de acuíferos); a continuación, se dará el levantamiento de la línea de base de sismicidad, luego la perforación del pozo y finalmente el análisis de las aguas de retorno.

Todo este es el protocolo que aplicará Ecopetrol para utilizar esta polémica técnica que tiene férreos defensores como Julio Cesar Vera, expresidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos. Según Vera, el hecho de que el fracking produzca sismos es “técnicamente una mentira” porque la profundidad a la que se llega es de 3 a 5 kilómetros por lo que cualquier fracturamiento que se haga va a generar un efecto de 200 metros y una sismicidad asociada como si se tirara una botella de agua al piso (3).

Toda esta colección de argumentos a favor de la fracturación hidráulica demuestra el afán que tiene el gobierno por demostrar la “inocencia” de esta técnica. Habrá que recordarles a Vera y de paso a todos los funcionarios del gobierno que en 2014 la compañía Aruba Petroleum Inc., tuvo que pagar una multa de 2,9 millones de dólares a una familia en Texas por daños causados a la salud (4).Por tanto, no es tan cierto que el fracking no causa daños ambientales y sociales cuando -ahí sí- las evidencias muestran lo contrario. ¿Por qué la palabra de los expertos pesa más en algunos casos que en otros? La respuesta es una: por el dinero y el poder.

A pesar de que las recomendaciones hechas por la comisión de expertos “independientes” presenta algunos limitantes en la ejecución de las pruebas piloto, la realidad es que el gobierno y en concreto la ministra de minas, María Fernanda Suárez, sólo se quedará con lo que le conviene: el visto bueno para el inicio de las exploraciones enbusca de hidrocarburos(5) Por esta razón, es necesario establecer algunas razones por las cuales los sectores ambientalistas y alternativos en Colombia deben resistir a la andanada promovida por el gobierno colombiano. En primera instancia, como lo manifestó Óscar Sampayo, activista de la Alianza Colombia Libre contra el fracking, es poca la información a la que tienen acceso las comunidades en el país. De esa manera, el Estado busca ocultar las verdaderas consecuencias de la fractura hidráulica con el fin de reducirlo a un asunto técnico. No existe claridad ni transparencia en el procedimiento y aunque los defensores del fracking han dicho que “entre mayor conocimiento, menores son los riesgos”, la verdad es que entre más se conozca sobre esta técnica mayores serán los sectores que se le opongan. Por ese motivo, quien tiene el conocimiento, tiene el poder de decisión.

En segunda instancia, existe algo que podemos denominar “desconocimiento programado”, es decir, que no hay en la actualidad un inventario de los recursos hídricos, las plantas, los animales y demás especies, como también se desconoce el potencial de las aguas subterráneas (y no importa conocerlo). Dicho de otro modo, no se tiene una valoración de las posibles consecuencias que el fracturamiento hidráulico traería. Supuestamente la comisión de expertos realizó una serie de trabajos de terreno para analizar las posibles consecuencias, pero no se presentaron ningunos resultados al respecto. Sencillamente se dio una aprobación sin tomar en cuenta los bienes y recursos que podrían afectarse. Este desconocimiento programado tiene como propósito subvalorar los peligros, convertirlo en simples “reclamos de ambientalistas”. No obstante, la cuestión de fondo es que se genera un ocultamiento estratégico por parte del gobierno y sus instituciones para evitar que más gente se movilice en contra del fracking.

La tercera razón para oponerse y resistir es la mitomanía a propósito del “fracking responsable”, pues no existe tal disparate. Como lo ha manifestado continuamente la Alianza Colombia Libre contra el fracking, no hay en el mundo una tecnología capaz de realizar la perforación y producción de pozos sin extraer consigo material radioactivo y tóxico (6). Si así fuera, países que se consideran a la vanguardia de la industrialización como Alemania o Francia, no tendrían prohibida esta técnica. El gobierno colombiano siguiendo (como es su tradición) las órdenes impuestas desde la Casa Blanca, pretende crear un aura de “neutralidad y responsabilidad” en torno al fracking que está lejos de la realidad. Por el contrario, el visto bueno de la comisión de expertos fue un duro golpe para aquellos sectores independientes y soberanos que sí entienden los peligros que se traerían consigo. La ilusión que quiere crear el gobierno de Iván Duque es que la producción de 5.000 nuevos barriles de petróleo es un éxito de su plan de gobierno, pero al tiempo busca ocultar las terribles consecuencias ambientales ocasionadas por la fractura de rocas.

Por último, es oportuno preguntarse ¿quién toma en consideración las demandas democráticas de las poblaciones? Existe una clara tendencia autoritaria por parte de la actual administración a negar las opiniones y reparos de los opositores a tales proyectos. La comisión resolvió este asunto tildando a estas comunidades de “desconocedoras” de los procedimientos, pero al margen de esta muestra de desprecio y elitismo, ¿no es Colombia una supuesta democracia? Ejemplos como Jericó (Antioquia), Fusagasugá (Cundinamarca), Curumal (Meta), Plata (Huila) y Cajamarca (Tolima) son la muestra fehaciente de que la participación es la piedra angular de todo proceso democrático, razón por la cual, las pruebas piloto también tienen que pasar el tamiz de un mecanismo participativo, de lo contrario se estaría desconociendo la soberanía de las poblaciones (7) Sin embargo, para nadie es un secreto que el gobierno Duque es autoritario, antidemocrático y violento con los desposeídos.

La muestra de lo anterior es el discurso desarrollista de la economía naranja bajo el cual se busca ocultar los graves peligros ambientales al que estarán sometidas miles de personas. Para la ministra de Minas y Energía, las recomendaciones de la comisión son “integrales porque incluyen una variable social y no sólo técnica”. Tanta hipocresía para validar algo que a todas luces no se respetará. En efecto, el gobierno es el primero en criticar las consultas populares como mecanismos de soberanía porque impide que se desarrollen proyectos minero-energéticos que se consideran fundamentales para el “desarrollo” del país. En otras palabras, ni a la ministra ni al presidente le importa la protección de las comunidades, si así fuera se prohibiría de inmediato el fracking.

Detrás de la noción de desarrollo hay un asunto mayor y más grave: la profundización del imperialismo económico. Las mismas empresas que han explotado el petróleo históricamente en el país ya manifestaron su interés de hacerse con los pozos no convencionales. Y no es una sorpresa que dichas compañías sean de origen norteamericano. La Exxon Mobile y la Conoco Phillips quieren hacerse con el control de los recursos encontrados en el Magdalena Medio (8). En ese sentido, los acuerdos comerciales con el magnate-presidente, Donald Trump, incluyen la entrega de la soberanía nacional a favor del imperialismo trasnacional. Esto quiere decir que el fracking no sólo trae consecuencias socioambientales sino también económicas, de ahí el porqué de la resistencia.

A manera de epítome puede decirse que el fracturamiento hidráulico trae daños irreversibles al medio ambiente y por ende a los pobladores de una región específica. Por esa razón, el anuncio de la comisión de expertos resultó ser un baldado de agua fría para las comunidades que se resisten a la explotación de sus territorios. El riesgo a la salud por la contaminación de aguas subterráneas es alto pero la comisión ha querido pasarlo por alto. Más allá de los estudios técnicos y de tratar a los pobladores como “ignorantes” y desprovistos de capacidad de decisión, los académicos deberían limitar aún más el uso de esta técnica con el fin de proteger las especies animales y vegetales en un mundo que camina hacia la autodestrucción. Por eso, la resistencia al fracking es un asunto de vital importancia.

Notas

1)https://images.eltiempo.digital/uploads/files/2019/02/14/WhatsApp%20Image%20201914%20at%204.31.57%20PM%20-2-convertido.pdf

2) https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/asi-es-como-ecopetrol-planea-hacer-fracking-en-colombia-327390

3)https://www.eltiempo.com/economia/sectores/recomendaciones-de-expertos-para-hacer-fracking-en-colombia-327126

4)https://sostenibilidad.semana.com/medio-ambiente/articulo/tribunal-favorece-familia-afectada-fracking/31177

5)https://www.semana.com/nacion/articulo/fracking-en-colombia-comision-de-expertos-dijo-que-si/601668

6)http://www.uniminutoradio.com.co/es-conveniente-o-no-el-fracking-en-colombia/

7)https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/municipios-en-colombia-que-le-han-dicho-no-al-fracking-298502

8)http://caracol.com.co/radio/2019/02/15/economia/1550250155_611304.html

 

Video relacionado

 

https://youtu.be/8_UubRAep9k

 

Publicado enColombia