Los seres humanos están haciendo hervir el planeta

La mayoría de las personas están convencidas de que el ser humano está cambiando el clima para peor. Cada vez hay más pruebas que demuestran el nefasto futuro que nos estamos forjando a nosotros mismos y al planeta. Tendremos que soportar una mayor ocurrencia de eventos climáticos extremos, como huracanes y grandes sequías, la extinción de muchas especies y el grave problema de la escasez de alimentos a nivel mundial. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ( IPCC ) acaba de publicar su último informe después de una reunión de cinco días celebrada la semana pasada en Yokohama, Japón. El Panel, que está integrado por más de 1.800 científicos de todo el mundo, recopila, analiza y sintetiza los datos científicos más sólidos y relevantes sobre el clima y otros asuntos relacionados. El pronóstico no es alentador.

 

En la conferencia de prensa en la que se anunció el lanzamiento del informe, el presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, advirtió: "En la medida en que el mundo no adopte medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático continúe aumentando, la estabilidad social de los sistemas de vida humanos corre grave peligro". Pachauri habla con la disciplina de un científico y la cautela de un diplomático. Sin embargo, el último informe es claro: "El cambio climático puede aumentar indirectamente el riesgo de conflictos violentos como guerras civiles y violencia entre comunidades". El informe también subraya que el abastecimiento mundial de alimentos, que ya es escaso, sufrirá las consecuencias del cambio climático y que los sectores más vulnerables de la población mundial serán los primeros en padecer hambre. Pero el problema no se termina ahí.


El IPCC publicó su informe anterior, más amplio, en 2007. Desde entonces, se duplicaron los hallazgos científicos que demuestran que es un hecho irrefutable que el cambio climático es provocado por el ser humano. Sin embargo, aún existen poderosos negadores del cambio climático, financiados por la industria de los combustibles fósiles. Oxfam, una organización no gubernamental que lucha contra el hambre a nivel mundial, cuestiona a los negadores en un informe publicado la semana pasada, denominado "Hambre y calentamiento global: cómo impedir que el cambio climático haga fracasar la lucha contra el hambre. Tim Gore, de Oxfam, afirma que "los poderosos intereses económicos que actualmente están lucrando con este modelo económico tan dependiente del carbono, empresas como Exxon, son los que tienen más que perder con la transición hacia un modelo económico alternativo, justo y de bajas emisiones de carbono". Impertérrito, ExxonMobil publicó su propio informe esta semana, tras el informe del IPCC , en el que afirma que es "muy improbable" que las políticas para combatir el cambio climático impidan que la empresa continúe produciendo y vendiendo combustibles fósiles en el corto plazo.


Las empresas productoras de combustibles fósiles como ExxonMobil ejercen una gran influencia en las políticas diseñadas para combatir el cambio climático, en particular en Estados Unidos. Esta semana, la Cámara de Representantes estadounidense aprobó una medida que obligaría a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y a otros órganos relacionados a no hacer caso del cambio climático y centrarse, en cambio, en pronosticar un clima severo, pero sin mencionar las causas probables. Mientras tanto, a nivel estatal, el Senado de Tennessee aprobó un proyecto de ley que prohibe la inversión en determinadas formas de transporte público. Según el grupo ThinkProgress, la medida recibió importante financiamiento de los barones del petróleo Charles y David Koch. La influencia política de personas como los hermanos Koch probablemente se vuelva más directa tras el reciente fallo de la Corte Suprema en el caso McCutcheon contra la Comisión Federal Electoral que elimina el tope establecido de donaciones personales que pueden recibir los candidatos políticos.


Uno de los autores del informe del IPCC , el climatólogo bengalí Saleemul Huq, lo explicó de la siguiente manera en el programa Democracy Now!: "Las empresas de combustibles fósiles son las que abastecen de droga al resto del mundo, que es adicto y dependiente de los combustibles fósiles. Sin duda, vamos a tener que poner fin a nuestra adicción a los combustibles fósiles. Vamos a tener que dejar de depender de ellos si queremos una verdadera transición y evitar el tipo de aumento de la temperatura que mencionó, de hasta 4 grados Celsius. La única respuesta es abandonar el uso de los combustibles fósiles".


Ese es el punto central de la crisis: los países que son los mayores contaminadores están obstruyendo un acuerdo vinculante a nivel mundial para combatir el cambio climático. En las negociaciones sobre cambio climático de las Naciones Unidas se pusieron de acuerdo con el resto del mundo, en principio, en limitar las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles que permitirían un aumento de la temperatura del planeta de tan solo dos grados Celsius. Sin embargo, los científicos afirman que esa meta se está volviendo cada vez más difícil de alcanzar y que afrontamos un aumento de la temperatura de 4 grados Celsius.


El catedrático de la Universidad de Princeton Michael Oppenheimer, otro de los autores del informe del IPCC , me dijo: "No se trata solamente de un problema para el resto del mundo...Tomemos, por ejemplo, el Huracán Sandy. Recordemos lo difícil que fue hacer frente a la tormenta. Así son las tormentas de hoy en día. Pensemos en lo que sucederá en los próximos 10, 20 o 30 años cuando aumente el nivel del mar y las tormentas, en la mayoría de los casos, sean más intensas".


"Estados Unidos es adicto al petróleo", afirmó el ex Presidente George W. Bush, un petrolero frustrado, durante el discurso sobre el Estado de la Unión en 2006. La clase política estadounidense está nadando en el dinero proveniente de los combustibles fósiles, que está ahogando la democracia. El cambio provendrá de las organizaciones de base, de los movimientos sociales, como el movimiento estudiantil que está presionando a los fondos de las universidades para que retiren sus inversiones de las empresas de combustibles fósiles, de las luchas comunitarias locales contra la fracturación hidráulica y de la creciente campaña de acción directa no violenta para impedir la construcción del oleoducto Keystone XL.

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Los impactos del calentamiento ya se notan en todo el mundo, alerta el último informe de la ONU

Los impactos del calentamiento global ya son visibles en todos los continentes y en todos los océanos, alerta el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que dibuja un panorama futuro muy lúgubre si los líderes mundiales no actúan a tiempo. De no adoptar medidas, el texto prevé que durante este siglo aumente el desplazamiento de poblaciones, sobre todo en zonas litorales que se verán afectadas por la subida del nivel del mar, las inundaciones y la erosión de las costas. El informe también alerta sobre el descenso de las cosechas, la extinción de especies y la degradación de los ecosistemas. Y apunta incluso al riesgo de que se produzcan conflictos violentos o guerras civiles.

 

El IPCC, la mayor red científica del mundo dedicada a estudiar el cambio climático, desvela hoy en Yokohama (Japón) la segunda de las tres partes de su extenso informe de actualización sobre la literatura científica del calentamiento, llamado AR5. Sus centenares de autores, escogidos por Naciones Unidas, han contado con más del doble de estudios que la última vez (el AR4 es de 2007) para elaborar informes que serán clave en las negociaciones de las próximas cumbres internacionales sobre el clima. El informe del Grupo I, divulgado en septiembre pasado, concluyó que la actividad humana es la responsable del cambio climático. Ahora el Grupo II presenta su revisión sobre sus impactos, la vulnerabilidad de los territorios y las posibilidades de adaptación.

 

Los efectos del calentamiento global no son una amenaza futura e inconcreta, sino que ya pueden observarse en muchas regiones, asegura el IPCC en su resumen para los responsables políticos: fenómenos meteorológicos extremos como olas de calor, sequías y ciclones; cosechas menos abundantes; cambios en las precipitaciones que afectan el acceso a los recursos hídricos... Y el mundo está "mal preparado" para enfrentarse a los impactos futuros, añade la nota de prensa que lo acompaña. Un texto que se ha estado consensuando durante este fin de semana con los responsables políticos y que rebaja algunas de las previsiones incluidas en un borrador filtrado hace unos días. Estas son algunas de las alertas que lanza el informe:


Conflictos. Se prevé que el cambio climático aumente el desplazamiento de poblaciones durante el siglo XXI, especialmente en países en vías de desarrollo, señala el texto, que añade: "Indirectamente, puede incrementar el riesgo de conflictos violentos en forma de guerra civil y entre comunidades al amplificar factores instigadores de conflictos bien documentados como pobreza y perturbaciones económicas".
Más pobreza. Los peligros relacionados con el clima "afectan directamente" a las vidas de los más pobres, porque impactan en sus medios de vida, en la reducción de las cosechas, en la destrucción de sus viviendas y, de forma indirecta, al aumentar los precios de la comida y la inseguridad alimentaria.


Costas. La previsible subida del nivel del mar durante el siglo XXI provocará inundaciones y erosión del litoral. Al mismo tiempo, las proyecciones muestran que el aumento de la población, el desarrollo económico y la mayor urbanización atraerán a más personas hacia zonas costeras, con lo que el peligro será mayor. El informe asegura que los costes de adaptación a esta realidad varían mucho entre países. En el caso de algunos en vías de desarrollo y de pequeños Estados insulares, hacer frente a los impactos y a los costes de adaptación puede suponer varios puntos porcentuales de su producto interior bruto.


Seguridad alimentaria. El calentamiento global, la subida del nivel del mar y los cambios en las precipitaciones afectarán a las tierras cultivables. Y no para bien, según el informe. En el caso de los principales cultivos (trigo, arroz y maíz), en las regiones tropicales y templadas, el texto habla de "impacto negativo" en las cosechas si la temperatura sube más de dos grados centígrados y no se toman medidas de adaptación.


Salud. El informe señala que la carga de enfermedad provocada por el cambio climático es pequeña si se compara con otras consecuencias y que no está bien cuantificada. Sin embargo, añade que ya hay evidencia de mayor mortalidad relacionada con el calor y menor con el frío en algunas zonas como resultado del calentamiento. Los cambios en la temperatura y la precipitación ya han alterado la distribución de algunas enfermedades transmitidas por el agua, añade. Los riesgos futuros incluyen problemas de salud en zonas costeras y pequeñas islas debido a la subida del nivel del mar y las inundaciones[RFC 1-5], así como en grandes poblaciones urbanas a causa de inundaciones tierra adentro. Hasta la mitad del siglo XXI, el impacto consistirá en "el agravamiento de problemas de salud ya existentes". A más largo plazo, pero dentro del siglo, los científicos creen que empeorará la salud en regiones de países en desarrollo.


Océanos. Ya están notando los efectos del cambio climático: mayor calentamiento (provoca desplazamiento de especies marinas, como el bacalao atlántico hacia latitudes polares), acidificación y deficiencia de oxígeno.


Ecosistemas. Algunos hábitats "únicos y amenazados" ya están en peligro debido al cambio climático. Si la temperatura media sube un grado más, aumentará el riesgo de "consecuencias graves". Con una subida de dos grados, el riesgo se ampliará a muchas especies con capacidad de adaptación limitada, especialmente en los arrecifes de coral y el Ártico. El texto alerta de que, si no se actúa, los cambios en algunos ecosistemas pueden ser "abruptos e irreversibles".


Medio rural. El texto alerta del peligro que acecha a las zonas rurales debido al acceso insuficiente al agua potable y de riego, y del descenso de la productividad de las cosechas. Agricultores y pastores en regiones semiáridas serán los más afectados en un futuro próximo.
Acceso al agua. El informe asegura que los recursos de aguas superficiales y subterráneas renovables "se reducirán significativamente" en la mayoría de las regiones subtropicales, lo que "intensificará la competición por el agua entre sectores".

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Sábado, 22 Marzo 2014 12:39

Agenda ambiental y paz

Agenda ambiental y paz

Hace dieciséis años el gran ambientalista colombiano, Augusto Ángel Maya, respondía a la propuesta del entonces Ministro de Medio Ambiente de "sacar la naturaleza del conflicto", señalando lo ingenuo e ilusorio de dicha idea pues "la naturaleza está en el centro del conflicto"1.

 

Casi simultáneamente con la rotunda frase de Augusto un grupo de ambientalistas presentaron en 1998, a la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil y a la Cumbre Social contra la Pobreza y por la Equidad, un documento que, leído hoy, resultó visionario, "Nuestro Compromiso Político con el Cosmos", un conjunto de propuestas de tipo programático, la inmensa mayoría aún vigentes, cuya redacción final fue encomendada a Gustavo Wilches Chaux. Dicho documento fue entregado poco después por Ecofondo y otras organizaciones a la mesa de conversaciones establecida entre el Gobierno del Presidente Pastrana y las farc, en el Caguán, como un aporte en la búsqueda de salidas al conflicto armado.

 

La dimensión ambiental y política de los conflictos

 

Década y media después la dimensión ambiental de los problemas colombianos es cada vez más visible y su carácter político cada vez más claro.

 

Colombia el segundo país megadiverso del mundo después del Brasil, está perdiendo gran parte de su biodiversidad, como resultado de la deforestación y del uso inadecuado del territorio. Las cifras son aterradoras: en Agosto del año pasado el Ideam anunciaba que entre 2011 y 2012, el país había perdido 295.892 hectáreas de bosque natural, el equivalente a 1,6 veces el área del Departamento del Quindío. Esta noticia se matizaba diciendo que el promedio anual había descendido a 147.946 hectáreas con respecto al período 2005 – 2010 donde había sido de 238.273 hectáreas anuales, lo cual no puede ocultar el desastre ambiental que supone la pérdida de 6.206.000 hectáreas entre 1990 y 2010, lo cual convierte a Colombia en uno de los países que más contribuye a la disminución de cobertura vegetal natural en el mundo.

 

La población colombiana habita hoy mayoritariamente en centros urbanos, el mayor de los cuales es Bogotá. La capital y los municipios circundantes albergan en conjunto a la cuarta parte de la población colombiana. Este enorme conglomerado es altamente vulnerable al cambio climático y a la escasez de agua, al tiempo que la calidad de vida en la ciudad disminuye. Expresión de ello son las grandes dificultades de transporte que han conducido a protestas casi cotidianas en las estaciones de Transmilenio más congestionadas.

 

La magnitud del deterioro de las condiciones ambientales del territorio se reveló en las inundaciones de hace solo tres años causadas por una temporada de lluvias más fuerte de lo habitual que no encontraron vegetación que las contuviera, acelerándose la escorrentía y produciéndose la inundación ante la sedimentación de la cuenca Magdalena – Cauca, la más poblada y a la vez más devastada de las grandes cuencas suramericanas.

 

En el período transcurrido entre las conversaciones de paz del Caguán y las que actualmente se adelantan en La Habana con el mismo actor armado, se produjo el desmonte progresivo del Sistema Nacional Ambiental diseñado en medio del entusiasmo que provocó el reconocimiento de la diversidad natural y cultural del país en la Constitución de 1991 y sus colorarios ambientales, entusiasmo reforzado por la Cumbre de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en 1993.

 

De dicho sistema queda ya muy poco: las Corporaciones Autónomas Regionales languidecen en medio del clientelismo y la corrupción. Mecanismos como las licencias ambientales han sido sucesivamente modificados para facilitar la actividad depredadora de las transnacionales y los monopolios criollos. El Ministerio encargado de gestionar el ambiente cambia de nombre en la medida en que pierde importancia y funciones y los seis últimos ministros y ministras poco o nada sabían del tema cuando se juramentaron en el cargo. Actualmente se prepara una modificación de la Ley 99 de 1993, creadora del Ministerio y del Sistema Nacional del Ambiente, que vendría a ser la estocada final al sueño ambientalista de principios de los noventa.

 

La paradoja del movimiento ambiental

 

Entre tanto el movimiento ambiental ha librado importantes luchas, al lado de otros sectores sociales y étnicos, como la oposición a la exploración de petróleo en el territorio de los U´wa, la defensa del Parque Tayrona, el referendo por el Derecho Humano al Agua y más recientemente la oposición a la minería en gran escala. Ha contribuido a la construcción de alternativas concretas impulsando la agroecología y el reciclaje, ha popularizado tecnologías apropiadas y ha educado ambientalmente a numerosos sectores sociales.

 

Sin embargo, es ostensible que dicho movimiento se ha debilitado por lo menos organizativamente. Brillan las voces autorizadas de ex – funcionarios como el ex – ministro Manuel Rodríguez, los ex – gerentes del Inderena, Julio Carrizosa y Margarita Marino y la ex – parlamentaria Alegría Fonseca, entre muchos otros, pero de las grandes ONG´s que impulsaron importantes iniciativas en los últimos venticinco años quedan muy pocas en pié, afectadas por la práctica desaparición de la cooperación internacional que las alimentaba.

 

Se presenta entonces la paradoja entre la necesidad de levantar con más fuerza que nunca una agenda ambiental de carácter programático y el debilitamiento del movimiento que tiene la experiencia histórica acumulada para contribuir a hacerlo. Todo ello en medio de un escenario, como el de las conversaciones de paz, que requiere con urgencia del aporte de los ambientalistas.

 

Agenda ambiental para el cambio y confluencia de movimientos

 

El gobierno de Juan Manuel Santos inició los diálogos de La Habana con un rotundo no a la discusión del modelo económico, cuando es precisamente el cuestionamiento del modelo dominante, no solo en lo económico sino también en lo social y en lo político, condición necesaria para alcanzar una paz duradera que nos reconcilie como seres humanos y con la naturaleza.

 

El cambio de dicho modelo es aún más urgente pues en el interregno entre los dos intentos de alcanzar la paz hemos asistido a la implementación de las políticas más agresivas contra los ecosistemas que vertebran el territorio colombiano como son la denominada locomotora minera, el agronegocio, los megaproyectos viales e hidroeléctricos y la urbanización expansiva y acelerada, entre otros. Al tiempo se ha reprimarizado la economía, al compás de la integración de Colombia a la globalización neoliberal, en virtud de la cual se han suscrito los mas lesivos tratados de "libre" comercio de nuestra historia, se ha desmontado el precario Estado de Bienestar que se había construido, se ha privatizado y mercantilizado el agua, la salud y los servicios públicos y se planea completar la tareas con la privatización de la educación, los terrenos baldíos, las semillas y otros bienes comunes.

 

La resistencia de la población, las comunidades, los sectores sociales y las múltiples formas de expresión ciudadana a las políticas neoliberales, sin embargo, ha hecho suyos muchos de los principios y propuestas ambientalistas. Este fenómeno no es para nada gratuito. Defender los páramos, de la minería, garantizando el suministro del agua y por lo tanto el derecho humano a acceder a ella, como ocurrió en Bucaramanga ante la amenaza al Páramo de Santurbán por las transnacionales, por ejemplo, pone al movimiento social y ciudadano en la ruta de las preocupaciones ambientales. Otro tanto podría decirse de la oposición a la Anglo Gold Ashanti en el Tolima o de las múltiples resistencias a la gran minería a lo largo y ancho del país.

 

Esta es la gran oportunidad para la confluencia de los ambientalistas con el movimiento social: la construcción cotidiana, permanente, consciente y participativa de una agenda social y política con dimensión ambiental capaz de erigirse en la alternativa que se requiere para aclimatar una paz estable no solo entre los actores armados sino entre todos los nacidos y nacidas en esta tierra.

 

Lograr lo anterior no será fácil dada la fragmentación que aqueja a los componentes del movimiento ambiental e incluso del movimiento social, sino porque la tarea debe enfrentar la enorme oposición de quienes se lucran del actual estado de cosas, las ilusiones que aprisionan la mente y la voluntad de amplios sectores de la sociedad, la desinformación y manipulación que emana de los grandes medios de comunicación comercial. Un propósito de esta magnitud implica cambiar la "piel cultural" del ser humano como dijera Augusto Angel, y ello supone grandes transformaciones tecnológicas, sociales y políticas.

 

Viene como anillo al dedo la siguiente reflexión del historiador ambiental panameño Guillermo Castro, a propósito de los retos del ambientalismo latinoamericano: "América Latina, en particular, ha logrado importantes avances en la tarea de contribuir a la creación de una verdadera visión de conjunto de este proceso, generalizando y escalando la complejidad de nuestras experiencias colectivas, en dirección a entender que, siendo el ambiente el producto de la interacción entre las sociedades y su entorno natural, la necesidad de generar un ambiente distinto nos obliga a asumir la de establecer sociedades diferentes. Identificar esa diferencia, encontrar los medios para hacer posible lo que ya es deseable, es ya el principal desafío político que encara el ambientalismo latinoamericano".2

 

* Miembro de Unión Libre Ambiental.
1 El episodio tuvo lugar en el Congreso Ambiental, "Ambiente para la Paz", realizado en Guaduas, Cundinamarca, entre el 24 y el 26 de Julio de 1998. El ministro de medio ambiente y quien hizo la propuesta de sacar la naturaleza del conflicto era Eduardo Verano de la Rosa, ante la voladura de oleoductos que practicaban los grupos guerrilleros.
2 Véase, Guillermo Castro Herrera, "Desafíos del ambientalismo latinoamericano", en culturadelanaturalezawordpress.com

Publicado enEdición Nº200
El olfato humano es capaz de distinguir más de un billón de olores

Un experimento del Laboratorio de Neurogenética de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, Estados Unidos, revela que el sentido humano del olfato puede detectar más de un billón de mezclas de olores. Los autores del trabajo, dirigido por el doctor Andreas Keller, probaron la capacidad de los voluntarios de distinguir entre complejas mezclas de olores y alcanzaron sus conclusiones sobre la base de la sensibilidad de la nariz y el cerebro de estas personas.


El número actual de olores que se detectan aceptado es sólo de 10.000, señala la jefa del laboratorio, Leslie Vosshall. "Todo el mundo en este campo tenía la sensación general de que este número era ridículamente pequeño, pero fue Andreas el primero en establecer el número con una prueba científica real", destaca Vosshall. De hecho, incluso un billón puede estar subestimado, añade Keller.


"El mensaje es que tenemos más sensibilidad en nuestro sentido del olfato de la que creemos. Simplemente no prestamos atención a ella y no la usamos en la vida cotidiana", explica. La calidad de un olor tiene múltiples dimensiones porque los olores que nos encontramos en la vida real se componen de mezclas complejas de moléculas.


Por ejemplo, el olor característico de la rosa tiene 275 componentes, pero sólo un pequeño porcentaje domina el olor percibido, lo que hace que el olfato sea mucho más difícil de estudiar que la visión y el oído.


A modo de comparación los investigadores estiman que el número de colores que podemos distinguir está entre 2,3 y 7,5 millones y los tonos audibles son unos 340.000.


Keller combinó olores y pidió a los voluntarios del estudio si podían distinguir entre mezclas con algunos componentes en común. "Utilizamos mezclas de moléculas de olor y usamos el porcentaje de superposición entre dos mezclas para medir la sensibilidad del sentido del olfato de una persona", dice Keller.


Para crear sus mezclas, Keller se centró en 128 moléculas de olor responsables de aromas como naranja, anís y menta verde, que mezcló en combinaciones de 10, 20 y 30 olores con diferentes proporciones de los componentes. Los voluntarios recibieron tres muestras, dos de los cuales contenían mezclas idénticas y se les pidió que eligieran la que era diferete.


Este enfoque se inspiró en el trabajo previo del Instituto Weizmann, en Israel, en el que los investigadores combinaron los olores a intensidades similares para crear un olor neutral. En ese experimento y en el dirigido por Keller, los científicos estaban interesados en la percepción de las cualidades del olor, como a pescado, floral o almizclado, pero no su intensidad, que, no obstante, se tuvo en cuenta porque puede interferir en las cualidades percibidas.
Los resultados de este nuevo trabajo, publicados esta semana en la revista Science, muestran que mientras que el rendimiento individual de los voluntarios fue muy variable, en promedio, pudieron decir la diferencia entre las mezclas que contenían hasta un máximo del 51% de los mismos componentes.


Cuando las mezclas compartían más de la mitad de sus componentes, el número de voluntarios que lograba encontrar la diferencia entre ellas disminuyó. Mediante el análisis de los datos, los investigadores de este trabajo pudieron calcular el número total de las mezclas distinguibles.


"Resulta que la resolución del sistema olfativo no es extraordinaria, ya que se necesita cambiar una fracción razonable de los componentes antes de que el cambio puede ser detectado con fiabilidad por más de un 50% de los sujetos", añade Marcelo O. Magnasco, responsable del Laboratorio de Física Matemática en el Rockefeller.


"Sin embargo, debido a que el número de combinaciones es literalmente astronómico, incluso teniendo en cuenta esta limitación, el número total de combinaciones de olores distinguibles es bastante grande", recalca.


La estimación de 1 billón es casi demasiado baja, según los autores, debido a que hay muchas más moléculas de olor en el mundo real que se pueden mezclar de muchas más formas.


Keller teoriza con que nuestros antepasados usaban y apreciaban más nuestro sentido del olfato que nosotros. La postura erguida de los humanos alejó la nariz de la tierra donde la mayoría de los olores se originan y, más recientemente, comodidades como los refrigeradores y las duchas diarias han limitado de manera efectiva los olores en el mundo moderno.


"Esto podría explicar nuestra actitud de que el olor no es importante, en comparación con la audición y la visión", afirma Magnasco. Sin embargo, el sentido del olfato sigue estando estrechamente vinculado a la conducta humana y su estudio puede aportar muchos datos acerca de cómo nuestro cerebro procesa información compleja.

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Miércoles, 12 Marzo 2014 06:01

La monopolización del discurso ambiental

La monopolización del discurso ambiental

El discurso de lo ambiental en la agenda pública internacional cuenta con poco más de treinta años. Pero no es ésa su principal característica, sino su monopolización por parte de las grandes potencias y sus organizaciones (Europa, EE.UU., ONU). Son ellas las que imponen sus puntos de vista, sus versiones de los problemas, incluso la que definen como problema.

Las ONG con visión internacional desarrollan campañas donde resaltan que no reciben fondos de gobiernos haciendo énfasis en la "no política". Desde esta perspectiva, los conflictos ambientales no serían cuestiones de los gobiernos, sino de ciudadanos comprometidos con su entorno quienes delegan en ellos el tratamiento de esos temas. Según éstos, el ambiente es asunto de expertos; no es algo que nos pasa a todos y a todas, aquí y ahora.


En los ámbitos académicos, la discusión de contenidos ambientales fue hasta hace poco considerada "posmoderna". No se discutía ahí la lucha de clases, sino temas menores, superfluos, débiles. Sin embargo, esto está cambiando. Los pensadores empiezan a ver en la cuestión ambiental la discusión por los recursos escasos, por las energías, por la subsistencia. En suma, por la forma en la que producimos y consumimos.


En Argentina, los temas ambientales ocupan un lugar muy reducido en la agenda mediática, monopolizados por versiones "primermundistas" de los hechos y reafirmados por las ONG que en sus fines recaudacionistas intentan visiones globalizadoras de los temas.


Pocos medios cuentan con especialistas en temas de ambiente. Cometen errores técnicos en su tratamiento, simplifican su complejidad o se limitan a reflejar denuncias de algunas de las partes ocultando que, en la mayoría de los casos, los conflictos ambientales involucran multiplicidad de actores e intereses y que cada uno de ellos tiene al menos una parte de "la verdad".


Si bien Argentina no aparece aún, a nivel internacional, con un relato fuerte y claro en torno de lo ambiental, lo ha hecho a nivel local con el conflicto por las papeleras, la minería a cielo abierto en Famatina, el fra-cking en Vaca Muerta, la contaminación industrial en el Riachuelo, la utilización de los agroquímicos. Todos estos temas siguen latentes en la agenda mediática, pero no han logrado ni imponerse con suficiente fuerza en la opinión pública, ni expresar una visión sobre lo ambiental que implique una mirada propia (nacional y popular).


Sin embargo, empiezan a asomarse en Latinoamérica relatos con conceptualizaciones distintas, a veces contrapuestas, a las que alientan potencias mundiales y las ONG ambientalistas.


El largamente aplaudido discurso del presidente de Uruguay, Pepe Mujica, en la Cumbre Río + 20, celebrada en Brasil en agosto de 2012, explicaba que, para las sociedades latinoamericanas, trabajar por la defensa del medio ambiente es pelear por condiciones de trabajo dignas, por los derechos humanos, por la eliminación de la pobreza. En síntesis, por mejorar nuestra vida cotidiana. En sus palabras, lo ambiental no es algo que tenemos que ir a buscar en otro lado, sino que nos atraviesa en lo cotidiano.


Desde otro enfoque, el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, acaba de editar Geopolítica de la Amazonia, un libro en el que asegura que "existe una operación cuidadosamente planeada de parte de organismos extranjeros, las ONG y fundaciones ambientalistas que, utilizando a los indígenas de la Amazonia, quieren controlar la región, por su reserva de biodiversidad y de agua dulce, cuestionando la intervención de los Estados".


Desde Ecuador, Rafael Correa fijó posición en relación con la explotación petrolera de la reserva Yasuní. "El mundo es una gran hipocresía", declaró tras fracasar el proyecto que buscaba inexplotar el crudo en la zona a cambio de que la comunidad internacional aportara a Ecuador una suma de dinero que le permitiera preservar esa reserva. Correa evidenció la complejidad de los temas ambientales y la necesidad de que las "grandes potencias" se involucren, más allá de los discursos bonitos.


Los conflictos ambientales son muy complejos e involucran muchos aspectos de nuestra vida cotidiana: la forma de habitar, de relacionarnos, de consumir, de crecer y progresar. Perderíamos una gran oportunidad de convertirnos en actores si seguimos importando discursos que no nos tienen como protagonistas. Los comunicadores tenemos un gran desafío. Se trata de poner sobre la agenda mediática argentina estas cuestiones desde una mirada propia que nos involucre, nos acerque a las visiones que empieza a esbozar la región, problematizarlas, difundirlas, hacerlas noticia.

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Martes, 04 Marzo 2014 06:08

Dos represas brasileñas en la mira

Dos represas brasileñas en la mira

Representantes de los gobiernos de Evo Morales y Dilma Rousseff se reunirán el viernes en esta ciudad para evaluar el impacto de las represas Jirau y Santo Antônio, del lado brasileño, las cuales serían causantes del agravamiento de las inundaciones en la Amazonia boliviana, que en los últimos meses –época de lluvias– causaron más de 60 muertes, principalmente en los departamentos de Beni, Pando y el norte de La Paz.


"Hay una Comisión Técnica para verificar, para evaluar, para levantar datos (que constaten) si efectivamente estas construcciones pueden afectar la subida de las aguas. El canciller brasileño (Luiz Alberto Figueiredo) está visitando Bolivia el próximo 7 de marzo. Vamos a tener una reunión bilateral, donde vamos a tocar todos los temas con el canciller de Brasil", dijo en conferencia de prensa el ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca.


Varias Organizaciones de la Sociedad Civil brasileñas y bolivianas habían advertido ya en 2007, antes de la construcción de las represas, sobre sus posibles efectos negativos en las poblaciones de este sector de la Amazonia. Esos perjuicios son similares a los que se viven en estos días. Informes de entidades como la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), de Bolivia, o de especialistas como Philip Fearnside, del Instituto Nacional de Investigación de la Amazonia en Manaos, Brasil, entre otros, llegaron al gobierno de Morales, que envió una carta a su homólogo brasileño para indagar en la veracidad de lo que se avecinaba. Todo quedó allí, Jirau y Santo Antônio fueron construidas, comenzaron a funcionar y hoy afectan con inundaciones a poblaciones del estado de Rondônia y Beni.


El 18 de febrero, el presidente Morales sobrevoló algunas de las miles de hectáreas afectadas por la inundación. En Beni, departamento ganadero, fallecieron más de 200 mil vacas porque no tienen qué comer ni dónde pararse. Y se perdieron miles de hectáreas de cultivos, entre otros daños que soportan en esta región, donde 300.000 mil personas están afectadas. Al bajar del avión, el jefe de Estado dijo que había instruido nuevos estudios para analizar el rol de las represas brasileñas Jirau, que está a 80 kilómetros de la frontera, y Santo Antônio, a 120 kilómetros.

 


Bolivia tiene la intención de construir su megarrepresa (que generaría 980 megavatios) en la población beniana de Cachuela Esperanza, que ahora también está inundada. Si con las dos represas en cuestión hay este panorama, peor sería si Bolivia concretara su proyecto. El gobierno de Morales no quiere desprenderse de este plan, que permitiría al país exportar electricidad.


"Recientemente hubo una reunión con las autoridades bolivianas y las brasileñas para ver cuáles pueden ser los efectos que generan la construcción de las represas en el lado brasileño. Va a haber una reunión técnica posteriormente para analizar. Tenemos que fundamentar con datos técnicos qué niveles, cómo ha sido. Hay varios temas que tenemos que trabajar", adelantó Choquehuanca.


En 2007, cuando se conocieron los estudios independientes sobre los efectos de las represas, uno que cargaba contra los ambientalistas era Alexander Guzmán, alcalde de Guayaramerín, en la frontera con Brasil, por oponerse al progreso. Ahora reconoció que la pesca en los ríos de esa zona bajó hasta en un 50 por ciento por efecto de las represas. Peces como la yatorana, el surubí y el pacú "ya no se encuentran como antes, debido a que son especies migratorias que recorren los ríos, pero al tener las barreras de las represas no logran cumplir su ciclo vital", comentó.


"Bolivia está aún en posición de exigir una auditoría ambiental a nivel internacional, para la evaluación del impacto actual y de los riesgos y consecuencias futuras de la alteración de la hidrología del río Madeira. También se debería analizar la posibilidad de exigir una indemnización", indicó el investigador de Lidema Octavio Ribera.


Fearnside, citado por un documento del Foro Boliviano de Medio Ambiente y Desarrollo (Fobomade), explicó que "cuando el agua de un río entra en la laguna que se forma a consecuencia de la represa, la velocidad del agua disminuye bruscamente. Con eso, los sedimentos más pesados, como la arena, caen para el fondo del lago al comienzo del mismo, formando una pila de sedimentos que continúa creciendo y avanzando río arriba. Esta pila funciona como una especie de segunda presa, elevando el nivel del agua en el trecho de río encima del lago propiamente dicho. Ya que el reservorio de Jirau está planeado para extenderse hasta la frontera con Bolivia es lógico que esa elevación del nivel afectará al lado boliviano, tanto en el río Madera como en el río Abuná".

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10 tesis sobre el "divorcio" entre izquierda y progresismo América Latina

No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores).

Todos sabemos que los gobiernos de la nueva izquierda han dominado el escenario político latinoamericano reciente. En un viraje sustancial, suplantaron a presidentes conservadores y neoliberales, y actualmente están presentes en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela.


También sabemos que se trata de un conjunto variado. Existen diferencias notables, por ejemplo, entre los modos de hacer política de Evo Morales y los de José Pepe Mujica en Uruguay. Más allá de su diversidad, tienen muchos elementos compartidos que explican que sean parte de un mismo conjunto, y que además son efectivamente distintos de gobiernos conservadores o neoliberales.


Así, se delimita el "progresismo" como una cristalización reciente de una identidad política específica; una denominación adecuada, usada en varios países, y que deja en claro que todos comparten la fe en el progreso, con sus particulares modos en organizar la economía, las relaciones sociales y la apropiación de los recursos naturales.


Pero, también, frente a estos gobiernos hay un creciente debate. No me refiero a las clásicas críticas de la derecha (que los acusa de antidemocráticos), ni a las de una izquierda muy dogmática (que los denuncian como conservadores). Los señalamientos provienen de un número significativo de simpatizantes, militantes e incluso conocidos líderes de izquierda, que están lejos de ser dogmáticos, y que se sienten desilusionados, alejados o incluso enfrentados con este progresismo.


Impulso hacia la izquierda


Una de las razones de este malestar parece deberse a que el progresismo comienza a apuntar en sentidos que son significativamente distintos a los trazados por la izquierda que le dio origen. Como "izquierda" es también una categoría plural, estas comparaciones deben hacerse con precaución. La izquierda que lanzó al progresismo se nutrió de muy variadas tendencias, aprendió de sus errores y se renovó. Mucho de eso se debió a que convergió en lo que podría llamarse una "izquierda abierta" (parafraseando al "marxismo abierto" de Ernest Mandel), que intentaba no ser dogmática, era tolerante y aceptaba aportes diversos. Esto le permitió establecer relaciones estrechas con movimientos y organizaciones populares (especialmente indígenas y campesinos), destronar al neoliberalismo, fortalecer el Estado y atacar la pobreza. Fue una sinergia exitosa que fructificó en conquistar gobiernos, lanzar procesos de cambio y superar durísimas oposiciones internas (como en Argentina, Bolivia o Venezuela).


Con el paso del tiempo, en su seno emergió el progresismo con una identidad política propia y que apuntaría en una dirección distinta. Estaríamos frente a una "gran" divergencia entre izquierda y progresismo.
La divergencia

¿Cuáles son los temas en los cuales izquierda y progresismo están difiriendo? Se pueden identificar algunas cuestiones donde las propuestas progresistas actuales son diferentes a las de la izquierda que lo cobijó.

1. Desarrollo. Más allá de sus pluralidades, la izquierda latinoamericana de las décadas de 1960 y 1970 criticaba en profundidad el desarrollo convencional. Cuestionaba tanto sus bases conceptuales como sus prácticas concretas, como la de ser proveedores de productos primarios.
El progresismo actual ha abandonado en buena medida este debate y acepta las bases conceptuales del desarrollo. Festeja el crecimiento económico y los extractivismos. Es cierto que en algunos casos se denuncia al capitalismo, e incluso hay intentos alternativos (por ejemplo, con empresas nacionalizadas), pero prevalece la inserción en éste. Las discusiones están en cómo instrumentalizar el desarrollo (por ejemplo, si con más o menos Estado), pero no se disputa el mito del progreso. En cambio, sí mantuvo de la izquierda de los 60 y 70 una actitud refractaria a las cuestiones ambientales.


2. Democracia. Al menos desde fines de los 70, las izquierdas latinoamericanas hicieron suyo el mandato de la democracia. La idea de llegar al poder por las armas fue desechada; así lo entendieron desde Pepe Mujica a Hugo Chávez. No sólo esto, sino que se buscó ir más allá de las elecciones nacionales, hacia la llamada radicalización o profundización de la democracia. Se crearon los presupuestos participativos, se promovieron referéndums y se buscó diversificar la participación ciudadana.


El progresismo, en cambio, está abandonando ese entusiasmo y se contenta con el instrumento electoral clásico, las elecciones. Profundiza la democracia delegativa y llega a extremos hiperpresidencialistas.


3. Derechos humanos. Aquella izquierda incorporó la defensa de los derechos humanos, especialmente en la lucha contra las dictaduras en el Cono Sur. Fue un aprendizaje notable, donde el viejo ideal de igualdad se articuló con la salvaguarda y ampliación de los derechos. Hoy, las actitudes han cambiado, ya que cuando se denuncian incumplimientos en derechos, hay reacciones progresistas defensivas. En lugar de atender esos problemas, se cuestiona a veces a los denunciantes o se critica la institucionalidad jurídica. Incluso ponen en duda la validez de algunos derechos, como ha hecho Rafael Correa diciendo que los derechos de la naturaleza son "supuestos".


4. Constituciones y leyes. La izquierda abierta insistía en recuperar el papel de las constituciones como el marco básico compartido. Es más, en Bolivia, Ecuador y Venezuela se aprobaron nuevas constituciones (con innovaciones sobre los derechos), y nuevos ordenamientos normativos. A su vez, en todos los casos se proponía reforzar la independencia, imparcialidad y capacidades del Poder Judicial. Ahora, el progresismo da señales contradictorias. Se incomoda con obligaciones que le imponen sus propias constituciones, e incluso opera sobre ellas para aligerar controles políticos, sociales o ambientales. Se toleran desprolijidades en cumplir exigencias legales, manipular leyes o presionar al Poder Judicial. Y en algunos momentos parecería que erosiona su propio nuevo constitucionalismo.


5. Corrupción. La izquierda de fines del siglo XX era una de las más duras luchadoras contra la corrupción. Ése era uno de los flancos más débiles de los gobiernos neoliberales, y en aquellos años la izquierda atacó una y otra vez en ese terreno, desnudando negociados, favoritismos empresariales, etcétera. Aquel ímpetu parece menguar. Hay varios ejemplos en los que no ha manejado adecuadamente los casos de corrupción de figuras claves dentro de gobiernos progresistas, o la asignación de fondos públicos termina repitiendo viejos vicios. Asoma una actitud de cierta resignación y tolerancia.


6. Movimientos sociales. La izquierda latinoamericana durante décadas cultivó un relacionamiento estrecho con grupos subordinados y marginados. El progresismo inicial resulta de esa simbiosis, ya que gracias a indígenas, campesinos o movimientos populares urbanos alcanzaron los gobiernos. Desde esos sectores surgieron votos, pero también ideas y prioridades, y unos cuantos dirigentes y profesionales que ahora están en las oficinas estatales.

En los últimos años, el progresismo parece alejarse de varios de estos movimientos, no comprende sus demandas, se pone a la defensiva, intenta dividirlos y si no lo consigue, los hostiliza. Gasta mucha energía en calificar, desde el palacio de gobierno, quién es revolucionario y quién no lo es, y perdió los nexos con organizaciones indígenas, ambientalistas, feministas, de derechos humanos, etcétera. La desazón se expande entre líderes sociales que, en el pasado fueron atacados por gobiernos neoliberales y ahora vuelven a serlo, pero desde el progresismo.

7. Justicia social. La izquierda clásica concebía a la justicia social bajo un amplio abanico temático, desde la educación a la alimentación, desde la vivienda a los derechos laborales, y así sucesivamente. El progresismo en cambio apunta sobre todo a una justicia como redistribución económica, enfocada en la compensación monetaria a los más pobres y en el consumo masivo para el resto. No niego ni la importancia de esas ayudas para sacar de la pobreza a millones de familias, ni la relevancia de que los sectores populares accedan a servicios y bienes necesarios. El punto es que la justicia es mucho más que bonos, la calidad de vida es más que comprar televisores, y no se la puede reducir al economicismo de la compensación monetaria.


8. Integración y globalización. La izquierda logró relanzar la integración regional y continental, y combatió esquemas de liberalización comercial como el ALCA, los TLCS e IIRSA. Lanzó algunas iniciativas muy interesantes, como el Tratado de Comercio de los Pueblos, el SUCRE, el Banco del Sur y algunos de los convenios del ALBA.


Hoy se mantiene la retórica latinoamericanista, pero no se logran políticas continentales en sectores claves como energía, agroalimentos e industria. Hay avances en algunos planos (como la integración cultural), pero los Estados siguen compitiendo comercialmente y no pocas veces los vecinos hacen trampas comerciales. Y, finalmente, todos aceptaron la gobernanza global del comercio.
9. Independencia y crítica. La izquierda mantenía una estrecha relación con los intelectuales, y más allá de discusiones puntuales, respetaba la rigurosidad e independencia. Incluso se buscaban ángulos originales, se hurgaba en lo que estaba oculto y se navegaba en una pluralidad de voces.


El progresismo da señales que cada vez le gusta menos la crítica independiente y prefiere escuchar a los intelectuales amigos. Y cuando ellos escasean dentro del propio país, los traen del norte, aprovechando lo poco que saben de las realidades nacionales. Desconfía de análisis exhaustivos y prefiere las felicitaciones y el apoyo publicitario. Denuncia a libres pensantes y reclama seguidores fieles. La crítica es apresuradamente rotulada como traición neoliberal.


10. Discursos y prácticas. Finalmente, en un plano que podríamos calificar como cultural, el progresismo elabora diferentes discursos de justificación política, a veces con una retórica de ruptura radical que resulta atractiva, pero sus prácticas son bastante tradicionales en muchos aspectos. Por ejemplo, los discursos por la Pachamama se distancian de la gestión ambiental, se cita a Marx y Lenin pero los acuerdos productivos son con corporaciones transnacionales, se reivindica la industrialización pero prevalece el extractivismo, se dice responder a los movimientos sociales pero se clausuran organizaciones ciudadanas, se felicita a los indígenas pero se invaden sus tierras, y así sucesivamente.
Entre el concepto y la praxis


Los senderos del progresismo

En la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda.


El progresismo nació como una expresión reciente en el seno de la izquierda latinoamericana. Maduró como una particular mezcla e hibridización de distintas condiciones culturales y políticas, pero quedó enmarcado en las ideas occidentales del desarrollo. No es una postura conservadora ni neoliberal, lo que explica que sus defensores lo presenten como una expresión de izquierda, y como ha sido exitoso en varios frentes, cuenta con apoyos electorales.


Pero, en la actualidad, el progresismo parece tomar un camino distinto al de la izquierda. Quedó enmarcado en el desarrollo convencional, y lo ejecuta a su manera, ajustando la democracia y apelando a compensaciones monetarias. Es un camino propio, pero que comulga también con el mito del progreso.


Tal vez este progresismo rectifique su rumbo en algunos países, retomando lo mejor de la izquierda clásica, para construir otras síntesis de alternativas que incorporen efectivamente temas como el Buen Vivir o la justicia en sentido amplio. Sean ésas u otras cuestiones, en todos los casos deberá desligarse del mito del progreso. Dicho de otro modo: menos progresismo y más izquierda. Pero si persiste en prácticas como el extractivismo o el hiperpresidencialismo, se alejará definitivamente de la izquierda.

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Miércoles, 12 Febrero 2014 05:47

Sigue el engaño de la minería responsable

Sigue el engaño de la minería responsable

Saben cuánto va a utilizar el proyecto, el agua del río (en Quinsacocha)?
Uno por ciento, porque se saca el agua y se la recicla, esa es la minería moderna. Presidente Rafael Correa [2].

Cuando se trata de vender la idea de que la minería a gran escala no causará mayores impactos ambientales y sociales, los empresarios mineros y el Gobierno recurren a los mitos de la "minería responsable". Este discurso ha sido diseñado por las grandes transnacionales mineras, en el marco de la Iniciativa Minera Global (Global Mining Initiative), hace más de 10 años. Es un paquete publicitario que incluye la noción de que todos los problemas que la gran minería genera son estrictamente técnicos, y que se pueden resolver con "tecnología de punta". Asimismo, se quiere vender la idea de que la gran minería moderna -con sus pretendidos altos estándares- rompe con las taras de la minería de "antaño" (y las de la pequeña minería) en cuanto a sus impactos sociales y ambientales.


Tanto las empresas como nuestros gobiernos invierten millones de dólares en vídeos, spots televisivos, publicidad impresa, foros, entre otros, para promover esta visión de la "minería responsable". A esta se asocian los imperativos del "progreso" y del "desarrollo", cuyas aplicaciones han hecho tanto daño a los pueblos del Sur global, particularmente en América Latina. Con esta narrativa, se quiere convencer al público de que la gran minería no impactará a las comunidades ni al medio ambiente de forma significativa.


En el Ecuador, estamos bombardeados por estos discursos. El Gobierno del presidente Rafael Correa, mucho más que en los gobiernos neoliberales, ha sido de los más dedicados a difundir los mitos de la "minería responsable". El mismo presidente, afirmó por ejemplo que "con la minería responsable se puede recuperar el 95% de los impactos". [3] La empresa minera transnacional ECSA y altos funcionarios del Ministerio de Recursos No Renovables, llegaron incluso a afirmar que el agua usada para extraer el cobre de la mina a cielo abierto del proyecto Mirador será devuelta al medio ambiente "en mejores o iguales condiciones que fue captada" [4] . Desde su portal de internet, la empresa minera estatal, la ENAMI, irónicamente se compromete por su lado a promover "la minería para el buen vivir", caminando "juntos por una minería responsable" [5] .


El mito de la minería "responsable" se basa -entre otras características- sobre la premisa que la técnica moderna y la ciencia actual son capaces de diagnosticar, prever y controlar todos los impactos que la minería a gran escala puede provocar. La creencia ciega en la capacidad de la ciencia y la tecnología están muy arraigadas en el imaginario moderno.


A esta creencia ingenua, basta oponer la historia reciente de la megaminería en el mundo, que demuestra hasta la saciedad cuáles son sus enormes y nocivas huellas. Una amplia documentación que circula a nivel internacional evidencia los múltiples impactos sociales, ambientales, económicos y políticos que provocan las grandes empresas mineras: contaminaciones crónicas y accidentales de las aguas, del suelo y aire; destrucción irreversible del paisaje; afectaciones graves a la salud pública; pérdida de soberanía alimentaria; destrucción de economías basadas en actividades productivas sustentables; despojos y militarización de territorios; violencias físicas y simbólicas; tráficos ilícitos y explotación de seres humanos; asesinatos; evasión fiscal y violaciones de leyes, derechos humanos y constitucionales; debilitamiento de la democracia; ataques a la soberanía nacional, entre otros.


La minería a cielo abierto, como la que se quiere implantar en Ecuador en la zona de Íntag o en la Cordillera del Cóndor, supone la excavación de un tajo de cientos de metros de profundidad y varios kilómetros de diámetro. Esta intervención destruye de forma permanente la capa vegetal, no solamente del área de la mina en sí, sino también de miles de hectáreas alrededor, las cuales muchas veces son utilizadas como botaderos de desechos sólidos, piscinas de relave y para otras instalaciones sin las cuales las minas no pudieran funcionar. El simple hecho de traer rocas sulfurosas que contienen metales pesados desde el subsuelo hasta la superficie donde están expuestas al aire y las aguas de lluvia, desencadena procesos de contaminación ambiental que perduran siglos. Hay evidencias, por ejemplo, de minas operadas en el tiempo del imperio romano que siguen contaminando fuentes de agua.


¿Una minería social y ambientalmente "responsable"?


Si es que algún día existiera una verdadera responsabilidad, esta debería partir por respetar ciertos principios fundamentales, como el derecho de las comunidades y gobiernos locales a decidir sobre la instrumentación de cualquier actividad que represente un riesgo para su bienestar presente o futuro. Sin el respeto de este derecho, simplemente no hay minería responsable. La "consulta" tal como la suelen manejar los gobiernos dedicados a la promoción de la megaminería, no tiene mucho sentido. Las decisiones de las comunidades nunca son vinculantes. Es, lastimosamente, en estas condiciones que se realizaron las consultas en los territorios afectados por los proyectos mineros en el Ecuador. Vale recordar la parodia que fueron las recientes consultas realizadas en la Amazonía Sur del Ecuador en el marco de la Décimo Primera Ronda Petrolera. [6] En lugar de estas mascaradas, y como lo exige el convenio 169 de la OIT (ratificado por Ecuador en el 1998), se debería exigir el consentimiento previo libre e informado de las comunidades.


Por otra parte, una minería realmente responsable debería reconocer, en ciertas situaciones y áreas, que la extracción no puede representar el mejor uso del suelo o de emprendimiento económico. Sobre todo en territorios sensibles como son:


- el bosque nublado y páramos que protegen las cuencas hidrográficas y almacenan agua;
- las lagunas y ríos, así como manglares y humedales;
- donde exista un excepcional potencial turístico, agropecuario, o riqueza arqueológica;
- que albergan especies en peligro de extinción;
- donde exista grandes riesgos sísmicos;
- de alta pluviosidad (lo que exacerba los riesgos de contaminación del agua);
- donde la roca tiene altas concentraciones en compuestos sulfurosos (que generan contaminación por drenaje ácido de mina), entre otras.

Preguntamos: ¿qué sentido tiene destruir el patrimonio cultural milenario, impactar a las actividades económicas auténticamente sustentables, contaminar de manera irreversible el agua, el aire y la tierra, así como transformar el clima que le da vida a miles de campesinos, pueblos ancestrales, pescadores y recolectores de mariscos, para sustentar una actividad minera altamente destructiva y cuya duración es de apenas un par de décadas?


Además, una minería "responsable" con el ambiente reconocería que antes de iniciar actividades con tan fuerte impacto ambiental, es absolutamente indispensable contar con largas series de datos históricos (al menos décadas) confiables sobre la hidrometeorología y la sismicidad del área a ser intervenida. En Ecuador, con muy pocas excepciones, estos datos no existen.


Por último, la minería "responsable" es imposible si no existen instituciones públicas sólidas e independientes del sector minero, capaces de evaluar y monitorear la actividad. Por ejemplo, no se puede hablar de minería responsable si la gestión minera está a cargo de instituciones que aprueban Estudios de Impacto Ambiental que carecen de rigor científico, como muchos de los que se han elaborado y aprobado en el Ecuador. No se puede hablar de minería responsable cuando una mayoría de las empresas transnacionales presentes en el país usan paraísos fiscales y bancarios como Las Islas Vírgenes, Bermuda, Barbados, Panamá, entre otros, lo que presumiblemente les permite evadir sus obligaciones en términos fiscales en el Ecuador.


La minería que se está desarrollando en la actualidad en el país no cumple con todas las características que acabamos de mencionar cuando de responsabilidad se habla, más bien da paso a la peor actividad productiva posible, en los lugares lo menos apropiados, como son las Cordilleras del Toisán y del Cóndor, e incluso en los páramos como en la zona de las lagunas de Quimsacocha.

Es así como podemos anticipar que en Ecuador, dadas las condiciones políticas, ambientales y geológicas del país, la minería "responsable" y la recuperación del medio ambiente en las proporciones anunciadas en los discursos oficiales nunca se llevarán a cabo. Menos aún en un país donde no se cumple con la Constitución y tampoco con el Mandato Minero, aprobado en abril de 2008 en la Asamblea Constituyente de Montecristi, con el que se pretendía al menos normar la situación de caos en la minería a gran escala, heredada del modelo neoliberal. [7]

En síntesis, ¿es posible creer en una minería bien hecha y responsable, que no ocasione severos impactos ambientales y sociales y que, además, se constituya en la senda para el Buen Vivir?


Por supuesto que no. La realidad contradice esta afirmación, que no pasa de ser una burda manipulación.


La explotación minera industrial moderna implica la extracción masiva -y en un tiempo muy corto-, de la mayor cantidad posible de recursos minerales; recursos que se han formado en procesos de muy larga duración, a escalas tectónicas. En la actualidad, los sitios de alta concentración mineral se van agotando, sin embargo, los elevados precios del mercado mundial permiten que la explotación minera sea rentable aún en los yacimientos en donde el mineral es escaso. Para hacer producir estos yacimientos, es necesario aplicar una minería industrial de gran escala, con uso masivo de químicos a veces sumamente tóxicos, el consumo abundante de agua y la acumulación de grandes cantidades de desechos. El examen de la minería industrial alrededor del planeta evidencia un sinnúmero de daños y destrucciones múltiples e irreversibles de la Naturaleza. Por igual son incontables las tragedias humanas, tanto como la destrucción de las potencialidades y riquezas culturales de muchos pueblos. En el ámbito económico la situación tampoco es mejor. Los países de América Latina, África y Asia, cuyas economías dependen fundamentalmente de recursos minerales o petroleros, nunca saldrán de la pobreza.


El capital global, en contubernio con gobiernos liberales y "progresistas", una vez más está ganando la partida, y la única forma de parar es con el fortalecimiento de la resistencia pacífica a nivel local y generando alianzas para que cada vez más gente sea conciente de la realidad de la minería y de sus terribles consecuencias.-


________________________________________
Carlos Zorrilla: Activista. Cofundador de la DECOIN, de la Asociación de Caficultores de Íntag y de la Red Nacional de Bosques Privados. Residente de la zona de Íntag desde 1978. Autodidacta en impactos de la minería a gran escala.
William Sacher: PhD en ciencias atmosféricas y oceánicas. Candidato a doctor en economía en la FLACSO-Ecuador.
Alberto Acosta: Profesor e investigador de la FLACSO-Ecuador. Exministro de Energía y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República.

NOTAS:
[2] Sabatina, 29.10.2011.
[3] El Ciudadano , 9.12.2011.
[4] Declaración de Federico Auquilla, viceministro de Recursos Naturales No Renovables en el Enlace Ciudadano número 249, 10.12.2011.
[5] http://www.enamiep.gob.ec/
[6] Véase, por ejemplo el documental "La consulta inconsulta" de Tania Laurini y Julián Larrea Arias, 2013.

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Undécima carta a las izquierdas: ¿ecología o extractivismo?

En la décima carta a las izquierdas afirmé que al inicio del tercer milenio las izquierdas se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo; y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En este texto voy a centrarme en el segundo desafío.


Antes de la crisis financiera, Europa era la región del mundo donde los movimientos ambientalistas y ecologistas tenían más visibilidad política y donde la narrativa de la necesidad de complementar el pacto social con el pacto natural parecía gozar de una gran aceptación pública. Sorprendentemente o no, con el estallido de la crisis estos movimientos y esta narrativa desaparecieron de la escena política y las fuerzas políticas más directamente opuestas a la austeridad financiera reclaman crecimiento económico como única solución, y excepcionalmente hacen alguna declaración algo ceremonial sobre la responsabilidad ambiental y la sostenibilidad. De hecho, las inversiones públicas en energías renovables fueron las primeras sacrificadas por las políticas de ajuste estructural. Antes de la crisis el modelo de crecimiento en vigor era el principal blanco de crítica de los movimientos ambientalistas y ecologistas precisamente por insostenible y producir cambios climáticos que, según los datos la ONU, serían irreversibles a muy corto plazo, según algunos, a partir de 2015. Esta rápida desaparición de la narrativa ecológica muestra que el capitalismo no sólo tiene prioridad sobre la democracia, sino también sobre la ecología y el ambientalismo.


Hoy, sin embargo, resulta evidente que, en el umbral del siglo XXI, el desarrollo capitalista toca los límites de carga del planeta Tierra. En los últimos meses se han batido varios récords de peligro climático en Estados Unidos, la India, el Ártico, y los fenómenos climáticos extremos se repiten cada vez con mayor frecuencia y gravedad. Prueba de ello son las sequías, las inundaciones, la crisis alimentaria, la especulación con productos agrícolas, la escasez creciente de agua potable, el uso de terrenos agrícolas para agrocombustibles, la deforestación de bosques. Poco a poco se va constando que los factores de la crisis están cada vez más articulados y son, en última instancia, manifestaciones de la misma crisis, que por sus dimensiones se presenta como crisis civilizatoria. Todo está relacionado: la crisis alimentaria, la ambiental, la energética, la especulación financiera sobre las commodities y los recursos naturales, la apropiación y concentración de tierra, la expansión desordenada de la frontera agrícola, la voracidad de la explotación de los recursos naturales, la escasez de agua potable y su privatización, la violencia en el campo, la expulsión de poblaciones de sus tierras ancestrales para dar paso a grandes infraestructuras y megaproyectos, las enfermedades inducidas por la dramática degradación ambiental, con mayor incidencia de cáncer en determinadas zonas rurales, los organismos modificados genéticamente, el consumo de agrotóxicos, etc. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, Rio+20, celebrada en junio de 2012, fue un fracaso rotundo debido a la complicidad mal disfrazada entre las élites del Norte global y las de los países emergentes para dar prioridad a los beneficios de sus empresas a costa del futuro de la humanidad.


La valoración internacional de los recursos financieros permitió en varios países de América Latina una negociación de nuevo tipo entre democracia y capitalismo. El fin (aparente) de la fatalidad del intercambio desigual (las materias primas siempre menos valoradas que los productos manufacturados) que encadenaba a los países de la periferia del sistema mundial al desarrollo dependiente permitió que las fuerzas progresistas, antes vistas como "enemigas del desarrollo", se liberasen de este fardo histórico, transformando el boom en una ocasión única para llevar a cabo políticas sociales y de redistribución de la renta. Las oligarquías y, en algunos países, sectores avanzados de la burguesía industrial y financiera altamente internacionalizados, perdieron buena parte del poder político gubernamental, pero a cambio vieron aumentado su poder económico. Los países cambiaron sociológica y políticamente hasta el punto de que algunos analistas vieron el surgimiento de un nuevo régimen de acumulación, más nacionalista y estatista: el neodesarrollismo basado en el neoextractivismo.


Sea como sea, este neoextractivismo tiene como base la explotación intensiva de los recursos naturales y plantea, en consecuencia, el problema de los límites ecológicos (por no hablar de los límites sociales y políticos) de esta nueva (vieja) fase del capitalismo. Esto resulta más preocupante en cuanto que este modelo de "desarrollo" es flexible en la distribución social pero rígido en su estructura de acumulación. Las locomotoras de la minería, del petróleo, del gas natural, de la frontera agrícola son cada vez más potentes y todo lo que interfiera en su camino y complique el trayecto tiende a ser aniquilado como obstáculo al desarrollo. Su poder político crece más que su poder económico, la redistribución social de la renta les confiere una legitimidad política que el anterior modelo de desarrollo nunca tuvo, o sólo tuvo en condiciones de dictadura.


Dado su atractivo, estas locomotoras son magníficas para convertir las señales cada vez más perturbadoras de la inmensa deuda ecológica y social que crean en un coste inevitable del "progreso". Por otro lado, privilegian una temporalidad afín a la de los gobiernos: el boom de los recursos no va a durar siempre, y eso hay que aprovecharlo al máximo en el menor espacio de tiempo. El brillo del corto plazo ofusca las sombras del largo plazo. Mientras que el boom configure un juego de suma positiva, cualquiera que se interponga en su camino es visto como ecologista infantil, campesino improductivo o indígena atrasado de los que a menudo se sospecha que se trata de "poblaciones fácilmente manipulables por Organizaciones No Gubernamentales no se sabe al servicio de quién".


En estas condiciones, resulta difícil activar principios de precaución o lógicas a largo plazo. ¿Qué sucederá cuando termine el boom de los recursos? ¿Cuando sea evidente que la inversión en "recursos naturales" no fue debidamente compensada por la inversión en "recursos humanos"? ¿Cuando no haya dinero para generosas políticas compensatorias y el empobrecimiento súbito cree un resentimiento difícil de manejar en democracia? ¿Cuando los niveles de enfermedades ambientales sean inaceptables y sobrecarguen los sistemas públicos de salud hasta volverlos insostenibles? ¿Cuando la contaminación de las aguas, el empobrecimiento de las tierras y la destrucción de los bosques sean irreversibles? ¿Cuando las poblaciones indígenas, quilombolas y ribereñas expulsadas de sus tierras cometan suicidios colectivos o deambulen por las periferias urbanas reclamando un derecho a la ciudad que siempre les será negado? La ideología económica y política dominante considera estas preguntas escenarios distópicos exagerados o irrelevantes, fruto del pensamiento crítico entrenado para pronosticar malos augurios. En suma, un pensamiento muy poco convincente y en absoluto atractivo para los grandes medios.


En este contexto, sólo es posible perturbar el automatismo político y económico de este modelo mediante la acción de movimientos sociales y organizaciones lo suficientemente valientes para dar a conocer el lado destructivo sistemáticamente ocultado de este modelo, dramatizar su negatividad y forzar la entrada de esta denuncia en la agenda política. La articulación entre los diferentes factores de la crisis deberá llevar urgentemente a la articulación entre los movimientos sociales que luchan contra ellos. Es un proceso lento en que la historia particular de cada movimiento todavía pesa más de lo que debería, aunque ya son visibles articulaciones entre luchas por los derechos humanos, la soberanía alimentaria, contra los agrotóxicos, los transgénicos, la impunidad de la violencia en el campo, la especulación financiera con los alimentos, luchas por la reforma agraria, los derechos de la naturaleza, los derechos ambientales, los derechos indígenas y quilombolas, el derecho a la ciudad, el derecho a la salud, luchas por la economía solidaria, la agroecología, la gravación de las transacciones financieras internacionales, la educación popular, la salud colectiva, la regulación de los mercados financieros, etc.


Al igual que ocurre con la democracia, sólo una conciencia y una acción ecológica robusta y anticapitalista pueden enfrentar con éxito la vorágine del capitalismo extractivista. Al "ecologismo de los ricos" hay que contraponer el "ecologismo de los pobres", basado en una economía política no dominada por el fetichismo del crecimiento infinito y del consumismo individualista, sino en las ideas de reciprocidad, solidaridad y complementariedad, vigentes tanto en las relaciones entre los seres humanos como en las relaciones entre los humanos y la naturaleza.

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Diez corporaciones del mundo real que parecen salidas de la mente de un supervillano

Ya lo avisó en su día el documental 'The Corporation': Las empresas se comportan como psicópatas y, lo que es peor, no les queda otra opción para sobrevivir en este frenopático poblado por otros psicópatas que es la economía global. Pero dentro del manicomio hay muchos niveles de locura: están los locos de toda la vida, esos que quieren ganar más dinero cada año, y están los verdaderamente tarados, aquellos que son capaces de pasar por encima de cualquier comunidad o ecosistema para lograr su sacrosanto objetivo: amasar pasta.

 

A continuación las diez empresas más malvadas del planeta (con su token español incluido):

 


10 Wal Mart


Negocio: Gran distribución


Tropelías: Atila del pequeño comercio, negrero de sus "asociados"


¿Pero qué tripa se os ha roto para incluir en una lista de empresas malvadas al mayor empleador de EEUU, con sus 2,2 millones de trabajadores en todo el mundo? Pues porque buena parte de esos trabajadores sobreviven en el umbral de la pobreza, con sueldos de unos 8 dólares por hora (menos de 6 euros). El presidente de Wal-Mart gana más en una hora que un "asociado" (así llaman a los curritos) a tiempo completo en un año.


En un mercado libre el trabajador de Wal-Mart tal vez podría buscar trabajo en otro lugar pero no es el caso: la cadena de supermercados ha arrasado con la competencia y con la industria estadounidense: el 85% de los productos que vende se importan de China.

 

 

9 Office Cherifien des Phosphates


Negocio: Minería


Tropelía: Expoliar las riquezas de territorios invadidos


Ni tú ni casi nadie ha oído el nombre de esta empresa, pero puedes estar seguro que en tu nevera hay más de una fruta crecida gracias a los fosfatos que extrae del subsuelo del Sáhara. ¡Ah, en ese caso es una benefactora de la Humanidad! Bien, podría serlo, si no fuera por dos pequeños detalles:


1. Buena parte del mineral que vende esta empresa marroquí procede del territorio del Sáhara Occidental, más concretamente de la gigantesca mina de Bou Craa, la mayor del mundo. En otras palabras, Office Cherifien se está lucrando con las riquezas naturales de los saharauis.


2. La empresa pertenece a la familia real marroquí, así que la inmensa riqueza generada (Marruecos es el primer exportador de fostafos del mundo) no revierte tampoco en la población marroquí sino en su monarca, Mohammed VI, "el rey de las rocas", según Forbes, el séptimo rey más rico del mundo, con una fortuna de 2.500 millones de dólares.

 

8 Nestlé


Sector: Alimentación, cosmética y demás


Tropelía: Acaparar el agua a las comunidades de medio mundo


El evocador logo de Nestlé –mamá pájaro alimentando a sus polluelos en el nido- es probablemente uno de los más hipócritas de la historia de la comunicación corporativa. La multinacional suiza es por derecho propio la empresa más boicoteada de la historia, por escándalos como la leche en polvo que hacía que los lactantes renunciaran a la leche materna a la más reciente acaparamiento de los recursos hídricos en países como Etiopía, Sudáfrica o Pakistán.


Es ley de mercado: a medida que el agua empieza a escasear, su venta se convierte en un enorme negocio. Ejemplo práctico: Nestlé se apropia cada día de 1,1 millones de litros de agua de un acuífero canadiense (incluso durante las sequías) por los que abona la bonita cifra de 3,71 dólares, y los revende –una vez embotellada y etiquetada- por 2 millones de dólares, obteniendo un espectacular margen del 53 millones por ciento, según el cálculo de Hang the Bankers.

 

 

7 Pescanova


Negocio: Pesca


Tropelías: Destrozos en el medio ambiente, abusos a sus trabajadores


Para hacer tortilla hay que romper huevos, decía Alex en 'La Naranja Mecánica'. Y para que Rodolfo Langostino llegue a tu mesa hay que expoliar muchos manglares en Nicaragua, denuncia la ONG Intermón Oxfan en un informe distribuido el pasado verano sobre las prácticas laborales y medioambientales de la pesquera española, propietaria de la mayor flota mundial al menos hasta que a sus dueños les cegó la codicia y hundieron el barco.


Entre las muchas denuncias acumuladas –y no sólo contables- están "causar daños medioambientales irreparables" en los manglares de Nicaragua para la cría del langostino o en los bancos de Chile, con redes de arrastre. Además, los trabajadores de los criaderos de langostinos cumplen jornadas maratonianas. Para añadir sal a la herida, Pescanova recibió en 2012 créditos por valor de 10 millones de euros del Ministerio de Economía (Cofides), años después de que se hubieran presentado las denuncias.

 

 

6 Academi


Negocio: Guerras


Tropelías: Subcontratistas de batallas ajenas


Seguramente el nombre de Academi no te diga nada, y puede que te suene a una academia de catalán para extranjeros, pero si decimos Blackwater tal vez vuelvan a tu memoria las imágenes de un ejército mercenario que desembarcó en Irak tras la invasión y, poco a poco, fue reemplazando al ejército norteamericano en las tareas de zapa y hostigamiento de los insurgentes.


Academi es, efectivamente, un lavado de cara de Black Water, la mayor empresa de mercenarios del mundo: 40.000. Su página web no deja lugar a equívocos: "Entrenamientos de elite. Protección de confianza", y es que este ejército privado hace la guerra por su lado... a sueldo del Pentágono, de donde provienen el 90% de sus ingresos.


Desde un punto de vista conspiranoico, sería bonito que la empresa más malvada del planeta, Monsanto, comprara Academi/Blackwater para formar Evil Corp, como se ha dicho por ahí, pero desdichadamente es mentira.

 

 

5 Mitsubishi


Negocio: Electrónica, pesca, pastis


Tropelía: Congelar atunes para revenderlos tras su extinción


A los japos les gusta más un lomo de bonito que a los gaditanos la tortita de camarones. Tanto les gusta que ya se han comido prácticamente todos los atunes del Pacífico norte, estén (estemos) haciendo lo propio con los del Mediterráneo y los bonitos del Atlántico. El pez desaparecerá en algún momento de las próximas décadas, pero la avidez por su carne roja permanecerá alguna generación más.


Consciente de esta "demanda latente", la multinacional Mitsubishi está pescando miles de toneladas de atún azul en aguas europeas y ultracongelándolas a -60ºC para revenderlas dentro de varios años, como si fueran recién pescadas, una vez la escasez haya disparado el precio por las nubes, según denuncia el documental 'The End of the Line'. Además de fabricar excelentes troskis, Mitsubishi acapara el 40% de las capturas de atún mediterráneo que se vende en Japón. WWF calcula que la especie podría estar esquilmada en 2048. Hagan cuentas.

 

 

4 Armajaro Holdings

 


Negocio: Inversiones


Tropelía: ¡Quedarse con el chocolate!


En el cuento de Roald Dahl y en la película de Tim Burton, "Charlie y la fábrica de chocolate" Willy Wonka era un excéntrico ermitaño que controlaba la producción del mejor chocolate del mundo. Con mucho menos gracia y glamour, el especulador Anthony Ward trata de acaparar la producción de cacao en el mundo, conocedor de un pequeño secreto: dentro de 20 años el chocolate se habrá convertido en un producto de lujo.


Ward, dueño de la firma de inversión Armajaro Holdings, compró en 2010 241.000 toneladas de cacao, suficientes para fabricar 5.300 millones de barritas de chocolate, una por cada habitante del planeta sin contar diabéticos y señoras en régimen. ¿El motivo? Dentro de un par de décadas, las barritas de chocolate Kit-kat, Mars o los entrañables Huesitos que hoy podemos comprar por 1 euro costarán 10 euros (o estarán compuestos de sucedáneos grasos), según el documental Panorama de la BBC sobre la problemática producción de cacao en África.

 

 

3 Correction Corporation of America


Negocio: Prisiones


Tropelía: Conseguir clientes para llenar sus cárceles


Imagina por un momento el Gobierno privatiza Instituciones Penitenciarias, lo renombran Trullo S.A. y empieza a cotizar en Bolsa. Impensable, ¿verdad? Pues en EEUU hace tiempo que sucede. El campeón nacional del sector allí -el Hilton de las prisiones, para entendernos- se llama Corrections Corporation of America (CCA), cotiza en bolsa y su negocio no es obviamente la rehabilitación de los reclusos sino su reincidencia, lo que puede que explique que Estados Unidos sea el país con mayor población reclusa del mundo.


Si la misma existencia de una empresa que vive de la privación de libertad de las personas es un escándalo, aún lo son más los métodos de operación de CCA. Según un informe del grupo In The Public Interest, la empresa exige a los estados un contrato que garantice un 90% de ocupación de las celdas, de modo que si se reduce el índice de delitos, el gobierno debe pagar una compensación. ¿Y qué hace un gobernador con el agua de los presupuestos al cuello? Pues sacar a la policía a buscar más negros delincuentes. Como reza el famoso dicho policial, "no hay nadie inocente, sino insuficientemente investigado".

 

 

 

2 Rio Tinto


Negocio: Minería


Tropelía: Trabajo esclavo, guerras por el territorio


Quién nos iba a decir que un humilde río ferroso de Huelva iba a dar nombre a uno de los supervillanos corporativos más malvados del planeta. Pues sí: Rio Tinto fue fundada a finales del XIX por un grupo inglés para explotar las minas de cobre en Andalucía y posteriormente se expandió hasta el infinito y más allá... concretamente, hasta Papúa Nueva Guinea.


El historial de abusos contra el medio ambiente y los derechos humanos de Rio Tinto está documentado en medio mundo (Filipinas, Namibia, Madagascar y Australia, entre otros territorios), pero alcanza su paroxismo en Papúa Nueva Guinea, donde una filial de la compañía, Bougainville Copper, bloqueó la isla en 1990 en represalia a un movimiento secesionista que amenazaba su negocio. Durante el bloqueo, que duró siete años la Cruz Roja calcula que murieron 10.000 personas por falta de asistencia médica. El objetivo del director de la empresa era "matar de hambre a esos bastardos".

 

 

 

1 Monsanto


Negocio: Alimentación


Tropelía: Prohibir a los agricultores que replanten las semillas


Si un guionista tratara de plasmar maldad más abyecta en una empresa, probablemente le faltara imaginación para llegar a los niveles de perversión de Monsanto, la empresa de supervillanos que no tiene empacho en reconocer que quiere controlar la alimentación mundial. It's only business.


Recientemente, Monsanto ha sido nombrada la empresa más malvada del mundo (por delante de McDonald's y la Reserva Federal), pero lleva décadas acumulando méritos: durante la guerra de Vietnam suministró al Ejército de EEUU una fórmula refinada del "agente naranja", mucho más letal con los "malditos limones" que la de sus competidores. Luego llegaron el DDT, las aspartano y la hormona de crecimiento de las vacas, todas ellas con graves consecuencias para la salud de los consumidores.


Su línea más rentable es el herbicida Roundup, que, según denuncian los ecologistas, queda en los alimentos y puede causar una amplia gama de enfermedades en los consumidores: de la diabetes, al cáncer, pasando por Parkinson o depresión. Y mejor no hablamos de los transgénicos, porque nos acusarán de involucionistas y magufos...


Con la colaboración de Intermón Oxfam e información de Econmatters, Salon, El País, Forbes, Hang the Bankers, Público, Independent, Yorokobu, The Punch y Corp Research.


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