La energía de mañana: detener el consumo de petróleo hoy

ALAI AMLATINA, 16/11/2012.- La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha lanzando un desafío impactante y dos advertencias angustiosas: dos tercios de las reservas de combustibles fósiles deben mantenerse bajo tierra si se quiere evitar el cambio climático, el sector energético duplicará su consumo de agua dulce en los próximos 20 años y los pobres seguirán sin energía.

 

Estos dichos aparecen en el reporte Prospectiva Mundial de Energía que acaba de lanzar la AIE. No sólo sus contenidos son impactantes por dejar al desnudo la gravedad de los problemas actuales, sino que tampoco debe olvidarse que es agencia depende de los gobiernos de la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). O sea, depende de los países industrializados, y en sus informes nunca se caracterizó por sus preocupaciones ambientales. Más bien siempre se la asoció con las industrias energéticas y su prédica históricamente ha sido ostensiblemente promotora del desarrollo de la oferta de energía.

 

Sin embargo en los últimos años algo ha ido cambiando en los enfoques de la Agencia. Reconoció que el mundo ha alcanzado el pico del petróleo en el año 2006 (World Energy Outlook 2010) y formuló escenarios energéticos para detener la amenaza del cambio climático (World Energy Outlook 2009). El reporte de este año mantiene estas últimas tendencias, agregando a las preocupaciones anteriores, la advertencia acerca del aumento del consumo de agua en el sector energético y que el mundo sigue una ruta insostenible.

 

Los contenidos del reporte no ameritan comentarios. Considerando que provienen de un organismo que nadie puede calificar de “fundamentalismo” ambientalista, son elocuentes por sí solos.

 

La demanda mundial de energía se incrementará en más de un tercio desde ahora hasta el 2035. Según la agencia, para abastecer esta demanda se requiere de una inversión acumulada de 37 millones de millones de dólares, entre 2012 y 2035, equivalente al 1,5% del PIB mundial durante ese período. Las emisiones energéticas de CO2 crecerán desde un estimado de 31,2 Gt en 2011 a 37,0 Gt en 2035, lo que estaría provocando un aumento de la temperatura media del planeta de 3,6°C. Si el mundo pretende cumplir el objetivo de limitación del aumento de la temperatura mundial a 2 ºC, hasta 2050 no se podrá consumir más de un tercio de las reservas probadas de combustibles fósiles. Dicho de otro modo: la propia AIE señala la necesidad de transiciones post-petroleras.

 

Los combustibles fósiles seguirán siendo la principal fuente de energía al final del período de análisis. La demanda de petróleo, gas y carbón crece en términos absolutos hasta el año 2035, pero su participación en el mix energético mundial cae del 81% al 75% durante ese lapso. El consumo de petróleo alcanza los 99,7 millones de barriles diarios (mb/d) frente a los 87,4 mb/d consumidos en 2011. China por sí sola representa el 50% del aumento global de la demanda de crudo. Todo el incremento neto del abastecimiento de petróleo mundial está basado en la producción de petróleo no convencional, un recurso de altos impactos ambientales locales y mayores emisiones de gases de efecto invernadero.

 

El gas natural tendrá un aumento importante (de 3,4 a 5 billones de metros cúbicos) alcanzando al carbón en suministro de energía primaria en 2035. La mayor parte de este aumento también está impulsado por China, aunque se observa asimismo un crecimiento en los países de la OECD. La mitad del aumento de la producción mundial de gas natural proviene de explotaciones “no convencionales” una tecnología que ha sido prohibida en varios países debido a sus riesgos ambientales.

 

Entretanto, los subsidios a los combustibles fósiles siguen distorsionando los mercados energéticos y alcanzaron la cifra de USD 523 mil millones en 2011, casi un 30% más que en 2010. El apoyo financiero a las fuentes renovables de energía, en cambio, ascendió a $ 88 mil millones en 2011.

 

El reporte de la Agencia incorpora un nuevo escenario: el “Escenario Eficiente Mundial”. Aquí se propone una inversión adicional de $ 11.8 millones de millones de dólares en tecnologías de uso final que es más que compensado por USD 17,5 millones de millones de reducción en las facturas de combustible y una reducción de USD 5,9 millones de millones en inversiones para el aumento de la oferta energética.

 

En este escenario el crecimiento de la demanda mundial de energía primaria se reduce a la mitad, las emisiones de CO2 energéticas alcanzan su pico antes de 2020 y llegan a 30,5 Gt en 2035, lo cual apunta a un aumento de la temperatura media a largo plazo de 3°C. Además de eficiencia, dice la AIE, hace falta inversiones en tecnologías de bajo carbono si se quiere mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2°C como se ha acordado en la Convención de Cambio Climático de Naciones Unidas.

 

La producción de energía está requiriendo cada vez mayor uso de agua, dice el informe. El consumo de agua dulce para la producción de energía en 2010 ascendió a 583 mil millones de metros cúbicos, un 15% del uso mundial de agua total. De esa cantidad, 66 millones de metros cúbicos no regresaron a su fuente, es decir fue consumida en la producción. El uso del agua aumentará en un 20% durante 2010-2035, pero el consumo aumentará en 85% (más del doble de la tasa de crecimiento de la demanda de energía). Estas tendencias son impulsadas por la transición hacia nuevas usinas (superiores en eficiencia pero con mayor consumo de agua) y la expansión de la producción de biocombustibles.

 

El uso del agua, advierte el informe, podría convertirse en un obstáculo para el desarrollo de gas y petróleo no convencional, la generación de electricidad y el mantenimiento de la presión de los yacimientos para la producción de petróleo.

 

En la actualidad, casi 1,3 mil millones de personas siguen sin tener acceso a la electricidad y 2,6 mil millones no cuentan con tecnologías limpias para cocinar. En ausencia de nuevas medidas, el informe proyecta que casi mil millones de personas carecerán de electricidad y 2,6 mil millones de personas aún no podrán contar con tecnología para cocción en 2030. Se estima que para lograr la universalización acceso a la energía en 2030, se necesita cerca de un millón de millones de dólares en inversión acumulada Esto es equivalente a sólo el 3% del total de la inversión en infraestructura relacionada con la energía. El acceso universal a los servicios energéticos sólo haría aumentar la demanda global de energía en un 1% en 2030 y las emisiones de CO2 en un 0,6%.

 

- Gerardo Honty es investigador en temas de energía y cambio climático en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social), en Montevideo (Uruguay).

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Sábado, 10 Noviembre 2012 06:46

¿Un shock del pueblo?

¿Un shock del pueblo?

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: “Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias”, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces “las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon”, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

 

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las “sociedades pública-privadas”, conocidas como “P3”. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. “Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso”, dijo a The Nation. “Así que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3”.

 

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial “proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan”.

 

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

 

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

 

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos “listos para el clima” –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

 

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que “puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse”. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? “Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.”

 

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de “reforma a los mercados laborales” y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen “estrategias sociales, formales o informales”. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas “estrategias sociales” antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.
Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de “conserjería” a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran “instalarse con estilo”.

 

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

 

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

 

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

 

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

 

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour “Haz las cuentas”. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

 

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

 

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

 


Naomi Klein, autora de No logo y La doctrina del shock.

 

Traducción: Tania Molina Ramírez.

Copyright Naomi Klein 2012.

Publicado en The Nation (thenation.com).

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Miércoles, 07 Noviembre 2012 06:12

Cuando la ciencia no cuenta o cuenta para mal

Cuando la ciencia no cuenta o cuenta para mal

La devastación causada por el huracán Sandy en la costa este de Estados Unidos ha dominado las primeras páginas de la prensa internacional, pero no se ha puesto el acento en el problema del cambio climático mundial. Aunque hace unos años pudo haber algunas dudas sobre el fenómeno, hoy existe un consenso científico al respecto si se excluyen a los investigadores con un claro conflicto de interés. Con el Informe Brundtland en 1987 y con la Conferencia de Río de Janeiro de 1992 se generó conciencia de la necesidad de lograr un desarrollo sostenible en cuyo centro debería estar el ser humano. En Río se hicieron algunos compromisos en esta dirección, pero durante Río más 20 no se avanzó, incluso hubo algunos retrocesos en el contexto de la crisis económica actual. Los jefes de estado de los países del Norte no asumieron que están poniendo a la humanidad al borde de una catástrofe global con su afanosa búsqueda del crecimiento económico a toda costa.

 

El interés de lucro no sólo se expresa en el consumismo desenfrenado y su impacto sobre el ambiente. También han surgido formas de producción depredadoras en la minería y la agricultura, que forman parte del comercio y la especulación con los llamados commodities, promovidos por los grandes consorcios transnacionales financieros.

 

El incremento del precio del oro y la plata ha desatado la minería a tajo abierto con nuevas tecnologías altamente tóxicas y el uso de enormes cantidades de agua. Desplazan pueblos enteros, destruyen el ambiente hoy y tienen efectos irreparables para el futuro. Simultáneamente, se intensifican los monocultivos empleando como nunca los agrotóxicos e introduciendo las semillas genéticamente modificados. En ambos casos el desarrollo tecnológico desempeña un papel central, que se combina con las “innovaciones” especulativas.

 

Parte de los países de América Latina han vuelto a ser primo-exportadores, pero también han surgido movimientos de resistencia muy importantes para contrarrestar la dinámica devastadora. Incluso han llegado a llevar al gobierno –destacadamente en Bolivia– defensores de la Madre Tierra, los cuales están formulando una nueva concepción del bien vivir alejado del consumismo.


Aunque la salud pública tiene una larga tradición en el estudio de la relación entre el hombre y el ambiente, está surgiendo un nuevo enfoque denominado ecosalud, que se propone abordar la salud humana en el contexto del ecosistema, pero introduciendo también la determinación socio-económica y política tanto del ambiente como de la salud. Por su carácter, la manera de plantear los problemas a estudiar es interdisciplinaria y aspira a ser transdisciplinaria. Destaca también que frecuentemente trabaja con una metodología de investigación-acción, o sea, con la participación de aquellos directamente involucrados en el problema.

 

Han producido estudios tan diversos como, por ejemplo, sobre los agrotóxicos en las grandes plantaciones bananeras costarricenses y su efecto en la salud de los niños trabajadores; sobre los problemas de salud de los colonizadores de la selva amazónica y de los pepenadores limeños de basura. En todos los casos sus estudios han ofrecido evidencias que han sido utilizados por la población para plantear soluciones a los problemas que enfrenta. Resulta interesante que tienden a encontrar más visión sobre los problemas en los gobiernos locales que en los nacionales que están más sujetos a los grandes intereses económicos.

 

El enfoque de ecosalud tiene un largo camino por adelante, tanto para afinar su metodología como para abrir mayor espacio de comprensión en la opinión pública. Sin embargo, este tipo de estudios tienen una importancia grande porque contrarrestan el abandono de la problemática ambiental a raíz de la crisis económica iniciada en 2008. Es notable que el huracán Sandy no actualizara la amenaza que representa el cambio climático para el planeta y que la campaña presidencial siguiera enfrentando las propuestas de cada candidato para retomar el crecimiento económico.

 

El mundo está inmerso en una crisis ambiental, alimenticia y económica, pero mientras los intereses de una minúscula minoría prevalecen sobre los de la inmensa mayoría no se va a resolver. Una crisis civilizatoria requiere de la construcción de una nueva civilización que tenga el ser humano en el centro.

 

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Martes, 06 Noviembre 2012 06:33

Sandy refuta el negacionismo

Sandy refuta el negacionismo

En un país como Estados Unidos, donde cunde el escepticismo sobre si de verdad se está calentando el clima, las fuerzas de la naturaleza han vuelto a poner en la agenda un asunto que estaba siendo ignorado en el debate público y en particular en la carrera por la presidencia. Romney llegó a burlarse de Obama por su intención de tomar medidas para detener el cambio climático; sin embargo, la realidad es que tampoco la actual Administración adquirió compromisos en la cumbre del clima de Copenhague, en la que debía pactarse un acuerdo para limitar emisiones de CO2 que sustituya al de Kioto. La crisis económica aparcó completamente el debate del cambio climático. Hasta que el huracán Sandy vino a recordar a todos que, mientras tanto, el clima se sigue calentando. Y que, según numerosos científicos, ello influye en la gravedad de los fenómenos meteorológicos.


 
“La influencia del clima es un tema sobre el que se lleva hablando demasiado tiempo, pero si estamos aprendiendo algo con este huracán es que el cambio climático es una realidad. Y la realidad es que somos vulnerables a él”, aseguró en rueda de prensa el gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, horas después de la llegada de Sandy. Es el mismo mensaje que llevan repitiendo no pocos científicos en las últimas décadas. “Solo hay que observar lo ocurrido el año pasado en Estados Unidos: la sequía, las olas de calor y el gran número de incendios forestales. El cambio climático está asomando la cabeza”, explica por correo electrónico el científico Kevin Trenberth, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Nueva Zelanda.


 
La actividad de huracanes ha sido muy alta en la costa Atlántica del país desde 1994, hasta alcanzar su máximo en 2005, con el huracán Katrina. “Más o menos se da uno fuerte cada cinco años”, afirma en conversación telefónica Katharine Hayhoe, profesora asociada en el Departamento de Ciencia Política y directora del Centro de Impacto del Clima en la Universidad Tech en Tejas.


 
La tormenta ha dejado a su paso más de 150 muertos en el Caribe y en 12 Estados de la costa este de Estados Unidos. Algunos se enfrentaron durante más de 48 horas a ráfagas de viento de más de 145 kilómetros por hora y lluvias que llegaron a anegar literalmente, entre otras, la ciudad de Atlantic City. “Nuestro clima está cambiando. Y si bien el aumento de fenómenos meteorológicos como los que hemos vivido en la costa Este y Nueva York pueden ser o no el resultado del mismo, el riesgo de que haya una posibilidad de que sea el causante debería ser suficiente para obligar a los líderes mundiales a actuar de inmediato”, explicó el alcalde de esa ciudad, Michael Bloomberg, en una rueda de prensa tras cuatro días del desastre.

 


El cambio climático estaba ausente del debate político durante la larga campaña para las presidenciales. En la Convención Republicana de Tampa, en septiembre, el candidato republicano Mitt Romney declaró: “El presidente Obama prometió parar las mareas de los océanos y a sanar el planeta. Mi promesa es ayudarle a ustedes y a sus familias”. A lo que el presidente contestó: “El cambio climático no es una broma, cada vez hay más sequía y más incendios. Y es una amenaza para el futuro de nuestros hijos, y si eligen bien estas elecciones, haremos algo al respecto”. Los republicanos no se lo pusieron fácil alineándose con las industrias contra los límites a las emisiones.

 

Y entonces llegó Sandy. Lo sucedido en la ciudad de los rascacielos es “un suceso raro”, pero “hay que admitir que las probabilidades de que esto vuelva a ocurrir están aumentando”, afirma Trenberth. “Está claro, el cambio climático no es la causa directa de Sandy pero sí se ha visto influenciada por este fenómeno”, añade el experto. “No creemos que el número de huracanes vaya a crecer en los próximos años, pero creemos que la energía de los mismos, sí”, continúa Hayhoe. “Un dato que la gente debe recordar es que el 60% de las capitales mundiales se asientan cerca del océano, por lo que, si sigue aumentando el nivel del mar, vendrán otras tormentas como Sandy”.


 
Sandy comenzó como un huracán normal que se alimentó de las aguas cálidas superficiales del Océano Atlántico. En el momento en que la tormenta tocó tierra, se había convertido ya en ciclón extratropical con alguna característica de tormenta tropical, y con una gran cantidad de tormentas activas pero sin ojo. A este fenómeno se le unió una precipitación de invierno procedente de Colorado que convirtió a Sandy en un híbrido que llegó además a mezclarse con contrastes de temperatura que se producen en latitudes medias. “El resultado fue que la tormenta dobló su tamaño, llevó la misma fuerza que un huracán y cubrió una gran parte de la costa Este cuando tocó tierra”, explica Trenberth.


 
A ello se unieron la marea alta, una fase lunar favorable y una presión atmosférica demasiado baja que conllevó un récord de oleaje de hasta casi cuatro metros en el sur de Manhattan y en las zonas costeras del tercio norte de EE UU, según explican los expertos. “Esta perfecta combinación dio, además, lugar a la erosión de las playas, inundaciones masivas y ráfagas de vientos muy fuertes que han causado miles de millones en daños”, enfatiza este científico. Además de las más de cien vidas arrebatadas, más de ocho millones de personas en esta región sufrieron cortes de luz y más de un millón de hogares y negocios fueron devastados.


 
La consultora experta en catástrofes Eqecat estimó el pasado jueves que la tormenta costará más de 20.000 millones de dólares (15.500 millones de euros) a las aseguradoras y más de 50.000 millones (39.000 millones de euros) al Gobierno de EE UU. “Esto dobla las previsiones, y se puede asegurar que va a ser mucho más costoso que el paso de Irene, en 2011”, aseguró un portavoz de la compañía a la cadena Fox. El más costoso de la historia de EE UU fue el Katrina, en 2005, que costó más de 180.000 millones de dólares (140.000 millones de euros) y la vida de 1.200 personas.

 


“La temperatura de la superficie marina, antes de llegar la tormenta, era 2,8 grados centígrados superior a la media de los últimos 30 años, aunque se considera normal para esta época del año en la franja de 800 kilómetros de costa que se alarga entre los Estados de Carolina del Sur y Canadá. Y es muy probable que un 20% de este calentamiento se haya producido por el cambio climático”, explica Trenberth. Normalmente, con cada aumento de temperatura de un grado Fahrenheit (0,60 grados centígrados), la atmósfera suele retener un 4% más de humedad, según calculan los expertos.

 

Todas estas condiciones hicieron que “Sandy cogiera más humedad, lo que la convirtió en una gran tormenta que aumentó las condiciones de lluvia entre el 5% y el 10% en comparación con las condiciones de hace más de 50 o 60 años”, añade Hayhoe. El calentamiento también es el causante del aumento del nivel del mar a un ritmo de medio metro cada siglo, en parte por la fusión del hielo de los glaciares y el Ártico.


 
Sandy ha seguido los pasos de Isaac, que llegó en agosto de este año, y de Irene, en agosto del año pasado, ambos acompañados de inundaciones que evidenciaban el incremento de la humedad en la atmósfera asociada al calentamiento del mar. “Mientras siga aumentando el efecto invernadero, seguirá existiendo el calentamiento de los océanos y los niveles altos del mar están garantizados. Estamos pagando el precio de no tomar medidas, y la reconstrucción de lo destruido no es suficiente”, continúa la experta.


 
Algunos Estados ya han empezado a prepararse. En California se han elaborado planes con una proyección de décadas, tras sufrir inundaciones de carreteras y del aeropuerto de San Francisco; una terrible sequía en el parque nacional de Yosemite y en su región agrícola, y la pérdida de gran parte de su zona costera debido a la erosión del Pacífico. “Sin embargo, los Estados no pueden elaborar los planes solos, el Gobierno federal tiene que estar comprometido”, continúa la científica de Tejas. “Esta tormenta nos ha enseñado que somos vulnerables ante los efectos del impacto climático. Mi trabajo es prevenirlos en distintas ciudades de Estados Unidos. Acabo de terminar proyectos para Chicago y Cambridge. En la Costa Este, nuestro primer objetivo es contener las fuertes y abundantes precipitaciones. Una medida viable es amurallar ciudades como Nueva York”, continúa Hayhoe. “Debemos actuar ahora, aunque no se vean los resultados hasta dentro de 20 o 30 años. Hay que planear un plan de acción, todavía hay tiempo”, concluye Hayhoe. Un mensaje que podría empezar a calar entre los ciudadanos: según un sondeo de Gallup del mes de marzo, un 52% cree que los efectos del cambio climático ya se están notando.


Por Carolina García 6 NOV 2012 - 00:00 CET

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Brasil: La muerte anunciada de los Guaraní-Kaiowá

ALAI AMLATINA, 05/11/2012.- La Justicia revocó la orden de retirada de 170 indios guaraní-kaiowá de las tierras en que viven en el estado de Mato Grosso do Sul. En una carta a la opinión pública ellos expusieron: “Pedimos al Gobierno y a la Justicia Federal que no decreten la orden de desalojo, sino que decreten nuestra muerte colectiva y el enterramiento de todos nosotros aquí. Nosotros ya hemos evaluado nuestra situación actual y hemos concluido que vamos a morir todos, incluso dentro de poco tiempo”.

 

La muerte precoz, inducida -la que nosotros, caraspálidas, llamamos suicidio- es un recurso frecuente adoptado por los guaraní-kaiowá para resistir frente a las amenazas que sufren. Prefieren morir a degradarse. En los últimos veinte años casi mil indígenas, la mayoría jóvenes, pusieron fin a sus vidas en protesta por las presiones de empresas y terratenientes que codician sus tierras.

 

La carta de los guaraní-kaiowá fue divulgada después que la Justicia Federal determinara la retirada de 30 familias indígenas de la aldea Passo Piraju, en Mato Grosso do Sul. Dicha área es disputada por indígenas y terratenientes. En el 2002, por un acuerdo con la mediación del Ministerio Público Federal, en Dourados, se destinaron a los indígenas 40 hectáreas ocupadas por una hacienda. El supuesto propietario recurrió a la Justicia.

 

Según el CIMI (Consejo Indígena Misionero), vinculado a los obispos brasileños, hay que saber interpretar el lenguaje de los indios: “Ellos hablan de muerte colectiva (que es diferente del suicidio colectivo) en el contexto de la lucha por la tierra, o sea si la Justicia y los pistoleros contratados por los terratenientes insisten en sacarlos de sus tierras tradicionales, están dispuestos a morir todos en ellas, sin abandonarlas nunca”, dice la nota.

 

Datos del CIMI indican que, entre el 2003 y el 2011, fueron asesinados en el Brasil 503 indios. Más de la mitad -279- pertenecían a la etnia guaraní-kaiowá. Como protesta, el 19 de octubre, en Brasilia, fueron plantadas cinco mil cruces en el engramado de la Explanada de los Ministerios, simbolizando a los indios muertos y amenazados.

 

Están comprobados los asesinatos de miembros de esa etnia por pistoleros al servicio de los terratenientes de la región. Junto al río Hovy recientemente fueron asesinados dos indios mediante golpes y torturas.

 

La Constitución acepta el principio de la diversidad y la alteridad, y consagra el derecho congénito de los indios sobre las tierras habitadas tradicionalmente por ellos. Esas tierras debieron haber sido demarcadas hasta 1993, pero desgraciadamente la Justicia brasileña es extremadamente morosa cuando se trata de los derechos de los pobres y excluidos.

 

Un cuarto de siglo después de la aprobación de la carta constitucional, en 1988, las tierras de los guaraní-kaiowá todavía no fueron demarcadas, lo que favorece la invasión de ladrones y acaparadores de tierras y agentes del agronegocio.

 

Durante el gobierno de Lula participé en toda la polémica en torno a la demarcación de Raposa Serra do Sol. Gracias a la decisión presidencial y a una sentencia del Tribunal Supremo Federal, los terratenientes invasores fueron retirados de aquella reserva indígena.

 

En el caso de los guaraní-kaiowá no se ve, hasta ahora, la misma firmeza del poder público. Incluso la Abogacía General de la Unión, responsable de la salvaguarda de los pueblos indígenas -dado que ellos son tutelados por la Unión- llegó a editar un estatuto que en la práctica reduce el ejercicio de varios derechos.

 

El argumento de los enemigos de nuestros pueblos originarios es que sus tierras podrían ser económicamente productivas. Argumento tras el cual perdura la idea de que los indios son personas inútiles, descartables, y que el interés del lucro del agronegocio debe estar por encima de la sobrevivencia y de la cultura de dichos pueblos ancestrales.

 

Los indios no son extranjeros en las tierras del Brasil. Cuando llegaron aquí los colonizadores portugueses -equivocadamente calificados en los libros de historia como “descubridores”- se encontraron con más de cinco millones de indígenas, que dominaban centenares de idiomas distintos. La mayoría fue víctima de un genocidio implacable, quedando hoy apenas 817 mil indígenas, de los que 480 mil viven en aldeas, divididos entre 227 pueblos que dominan 180 idiomas diferentes y que ocupan el 13% del territorio brasileño.

 

Para nada sirve que el gobierno brasileño firme documentos en favor de los derechos humanos y del desarrollo sustentable si eso no se traduce en gestos concretos para la preservación de los derechos de los pueblos indígenas y de nuestro medio ambiente.

 

Hizo bien la presidenta Dilma al introducir retoques en el proyecto del nuevo Código Forestal aprobado por el Congreso. Entre agradar a los políticos y los intereses de la nación y la preservación ambiental, la presidenta no dudó en descartar privilegios y abrazar los derechos colectivos.

 

Ahora queda por demostrar la misma firmeza en la defensa de los derechos de esos pueblos que constituyen nuestra raíz y que marcan predominantemente el DNA del brasileño, según comprobó el Proyecto Genoma Humano. (Traducción de J.L.Burguet)

 

Por Frei Betto es escritor, autor de la novela indigenista “Uala, el amor”, entre otros libros.
www.freibetto.org/ twitter:@freibetto.

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Miércoles, 24 Octubre 2012 06:59

Más petróleo de lo que se suponía

–Cuénteme qué hace. –Yo hago paleobotánica y palinología.


–Empecemos por el principio.


–Paleobotánica es el estudio de las plantas fósiles, que se pueden conservar tanto petrificadas (en general troncos o partes de plantas que se reemplazan por sílice) en las que se preserva la estructura de la planta, de modo tal que podemos estudiarlo desde el punto de vista anatómico, o también las plantas se pueden preservar como impresiones sobre las rocas sedimentarias, o también se pueden preservar como moldes. Eso es un poco lo que hace la paleobotánica.


–¿Y la palinología?


–Es, literalmente, el estudio del polen. Lo que nosotros hacemos es, en realidad, estudiar el polen fósil. Lo que hacemos es extraer la materia orgánica que está preservada como fósil en las rocas sedimentarias, la extraemos por métodos físico-químicos y estudiamos esa materia orgánica, que incluye partes amorfas, restos de tejidos vegetales y después incluye restos generalmente microscópicos que son los palinomorfos. Estos incluyen granos de polen, esporas (esas células reproductoras de las plantas). También incluyen restos de procariotas o protistas, o sea, pequeños elementos del fitoplancton que se preservan en los fondos de los lagos o de los océanos.


–¿Y con eso qué hacen?


–Todo eso nosotros lo podemos estudiar y caracterizar, y la información que sacamos es de muchos tipos. Por un lado nos da información bioestratigráfica, que es la información que da la mayoría de los fósiles. Nos ayuda a determinar la edad de los estratos. Por otro lado, nos da información paleoambiental, porque estos microorganismos se pueden relacionar con ambientes determinados o con paleoambientes determinados. Por otro lado, nos da información acerca de la génesis de hidrocarburos. Estudiando el tipo de materia orgánica que está incluida en las rocas sedimentarias, uno puede saber si esa roca puede ser o no eventual roca madre de petróleo o de gas.


–Estamos hablando de fósiles de rocas sedimentarias enterradas...


–Sí, son rocas sedimentarias antiguas.


–¿Y en qué rango de tiempo están trabajando?


–Bueno, yo específicamente trabajo alrededor de entre 250 y 60 millones de años, en lo que sería el mesozoico. Pero hay restos palinológicos desde mucho antes.


–¿Desde cuándo?

–Desde el precámbrico, o sea, 1800 millones de años. En ese momento hay restos de materia orgánica fósil: de las rocas ésas se puede extraer materia orgánica fósil, aunque no de la misma calidad o cantidad que se puede extraer de las que yo trabajo.


–¿Y qué nos dice esa materia fósil?


–Nos dice muchas cosas. Con respecto a la génesis de los carburos, por ejemplo... A ver: para que se generen hidrocarburos, la materia orgánica lo que tiene que tener es hidrógeno y carbono. Entonces uno observando el tipo de materia orgánica puede saber si esa materia orgánica es rica o no en hidrógeno y carbono. Y otra cosa que vemos en la materia orgánica es su alteración térmica. Justamente a causa del soterramiento de la pila sedimentaria a lo largo de los años, se van formando grandes espesores sedimentarios, y eso lo que hace es justamente lograr que esa materia orgánica madure térmicamente, de modo tal que los compuestos (originalmente vegetales o derivados de procariotas y protistas) se van transformando en hidrocarburos.


–¿Cómo es esa transformación? ¿Es la presión la que la genera?


–La presión y la temperatura básicamente. Para que haya hidrocarburos obviamente tiene que haber compuestos químicos originales que puedan derivar por presión y temperatura en hidrocarburos. No se pueden hacer hidrocarburos de rocas que no son ricas en carbono, hidrógeno y oxígeno.


–¿Cómo funciona esa presión?


–Imagínese que la materia orgánica es una estructura tridimensional, en la cual hay partes de carbono, partes de oxígeno y partes de hidrógeno. Cuando uno presiona esa estructura tridimensional, lo que va pasando es que se van rompiendo y reacomodando esas cadenas, y en principio lo que se va perdiendo son los puentes de hidrógeno, o sea, las partes más livianas de esa estructura. Eso va de algún modo formando o derivando en los hidrocarburos. Es una explicación muy esquemática, pero es más o menos así: una estructura tridimensional que va perdiendo su tridimensionalidad por presión y va derivando en la formación de elementos más livianos como pueden ser hidrocarburos líquidos o gaseosos.


–Es interesante, porque en realidad lo que se está transformando es energía gravitatoria en energía química.


–Sí.


–O sea que cuando uno pone la nafta en el coche y prende el motor, está usando la energía gravitatoria.


–Sí. Especialmente el peso. Porque todo esto se produce naturalmente en la corteza terrestre. Hoy en día hay técnicas para lograr extraer esa materia orgánica, esos hidrocarburos, por técnicas físico-químicas. Las nuevas tecnologías pueden exprimir las rocas sedimentarias y sacar hidrocarburos, que es lo que se está haciendo ahora.


–¿Se están fabricando hidrocarburos?


–Sí. Se está extrayendo la materia orgánica entrampada en las rocas sedimentarias. Ese es el gran potencial que tiene Argentina.


–Pero lo que se extrae no es el hidrocarburo sino la materia orgánica.


–Cuando el proceso se da naturalmente, el hidrocarburo se forma, migra, y una vez que migra queda entrampado en una roca porosa, una roca-trampa, que es de donde se extrae. Las nuevas tecnologías lo que permiten es agarrar la roca que tiene la materia orgánica original, que todavía no migró, y extraerla directamente de ahí. Hay distintas técnicas que permiten hacer esto. Eso es lo que se está haciendo ahora y es el potencial que tiene Argentina. Hay mucha de esa roca madre: nosotros tenemos por ejemplo en Neuquén y el sur de Mendoza una unidad, la formación Vaca Muerta, una unidad litoestratigráfica.


–¿Litoestratigráfica?


–Son paquetes de rocas con características físicas determinadas. Un techo, una base y determinadas características. Estas son rocas de tamaño de grano fino, oscuras, con mucha materia orgánica. Mucha de esa materia orgánica ha dado origen a la formación de petróleo y gases a lo largo del tiempo, pero mucha sigue ahí. Y hay mucho hidrocarburo entrampado en esa roca.


–¿De qué profundidades estamos hablando?


–Son rocas que están aflorando. Hay técnicas para explorar en profundidad, pero también hay técnicas para hacerlo a cielo abierto.



–¿Y de qué tiempos estamos hablando?


–Estas rocas tienen alrededor de 100 millones de años.


–Recientes.


–Sí. Los hidrocarburos son de 300 millones de años en adelante. Si los comparamos con el tiempo geológico en su conjunto, son más bien recientes, porque cuanto más antiguas son las rocas, más posibilidad tuvieron de ser sometidas a procesos de presión, de temperatura, procesos tectónicos, etcétera.


–¿No se pueden fabricar hidrocarburos artificialmente con grandes presiones a la materia orgánica?


–No son técnicas que yo conozca, pero es relativamente lo que se hace. Ante la falta de hidrocarburos, se está tomando esa materia orgánica directamente y se la procesa, extrayendo hidrocarburos mediante calentamiento y presión. Lo que pasa es que antes era más barato ir directamente y pinchar el pozo. Ahora, que hay menos, se están desarrollando estas tecnologías alternativas que en algún momento serán de uso corriente.


–O sea que las reservas de petróleo son mucho más grandes de lo que se suponía.


–Con este nuevo paradigma de producción, sí. Y Argentina es un país que tiene, en este sentido, una perspectiva muy interesante.

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El Comandante agradece su mensaje, que nosotros trasmitimos ayer temprano, y nos pidió le hiciera llegar la siguiente carta:

 
Efectivamente, las dos plantas que usted tiene identificadas son de Moringa y Morera. La primera, originaria de la India, es el único vegetal que posee todos los tipos de aminoácidos. Su producción de hojas verdes por hectárea, con el marco de siembra y el manejo adecuado, puede sobrepasar 300 toneladas por hectárea en un año. Se le conocen decenas de propiedades medicinales. Sus efectos en el aparato digestivo son muy buenos como todos los vegetales, aparte de sus elevadas cualidades proteicas, pero no debe consumirse en exceso, más de 30 gramos diarios, lo cual dependerá de la motilidad intestinal. Algunas personas admiten cifras mayores. Conozco quienes la consumen en cantidades mayores como té, en forma de polvo, con resultados excelentes por sus cualidades sedativas y favorables al descanso. No hemos hecho todavía pruebas con té de hojas secas, aunque supongo que estas darán resultados positivos.

 
La literatura internacional ha publicado bastante sobre esta planta. En nuestro país le hemos suministrado muestras de semillas de diferentes variedades a los institutos de investigación agrícola. Pronto conoceremos más sobre sus potencialidades. Desde mi punto de vista, su mayor beneficio para la población radica en sus cualidades como consumo animal para la producción de carne, leche, huevos, e incluso el cultivo de peces.

 
La Morera complementa esta importante cualidad de la Moringa. Como usted con seguridad conoce, ha sido la base para la producción de seda mediante un proceso biológico que los chinos desarrollaron durante miles de años a través de los gusanos de seda. Las variedades principales que nosotros disponemos provienen de ese país, aunque en la actualidad en otras partes del mundo se han desarrollado diferentes variedades, algunas de las cuales hemos recibido en fechas recientes. Hasta en España se cultiva limitadamente esa planta. Su limitación en las regiones frías es la temperatura y la baja luminosidad que detienen su crecimiento varios meses al año. En nuestro clima crece todo el año. Varios países la dedican a la producción de leche de cabra, cuyos precios a veces alcanzan el doble de la leche de vaca para las personas alérgicas a la misma.

 
En Cuba había algunas plantas de Moringa, que los colonialistas ingleses llevaron desde la India al este de África y de ahí al Caribe inglés y Centroamérica, posiblemente a través de Belice, donde el estímulo de los altos precios que pagaron los yankis a los primeros agricultores fomentó su desarrollo por un brevísimo tiempo, y después no encontraron mercado ni dentro ni fuera del país. La forma de distribución de la tierra y la falta de escuelas e instrucción impidió su desarrollo. En eso, desgraciadamente, los pueblos del llamado Tercer Mundo han quedado rezagados.

 
En Brasil los centros de investigación han promovido el cultivo de esta planta, y su clima es excelente para el desarrollo agrícola.
 

Aprovecho su interés para comentarle otros dos temas:

 
América Latina y el Caribe, en su conjunto, disponen de tierra, agua y recursos energéticos sin necesidad de promover la producción de gas de esquisto mediante fractura hidráulica como hace Estados Unidos, con riesgos probados para la propia salud de los ciudadanos de ese país, como han comenzado a divulgar algunos medios de prensa serios.

 
Nos gustaría que éstos discutieran sobre el tema. Uno de ellos se refirió en la mañana de hoy al problema afirmando textualmente: “Las personas que viven en EE.UU. cerca de los sitios donde se extrae gas no convencional muestran un significativo deterioro de su salud…”

 
“La mitad de las personas que participó en el estudio informó que antes de la explotación no tenía problemas con la salud, pero ahora sufre de alergia, asma, artritis, cáncer, así como hipertensión y enfermedades de corazón, riñones, pulmones y tiroides. El 81% de las personas se queja del mal olor de los compuestos químicos, que a veces contienen amoníaco, cloro, azufre y propano, entre otros.”
 

En Estados Unidos ese gas se extrae a través de la fractura hidráulica: “Habitualmente el material inyectado es agua mezclada con arena y productos químicos.”

 
Es la tercera vez en los últimos meses que he visto advertir sobre ese peligro.

 
Al parecer, muy pocos conocen que Naciones Unidas está ya consciente de que sobre ella cae la responsabilidad de pagar cien mil dólares por cada una de las víctimas de la epidemia de cólera que provocó la muerte de más de 7 mil personas en Haití, contagiadas por el contingente militar nepalés que Naciones Unidas introdujo en ese país, que no padeció esa enfermedad durante un siglo. Después de exhaustivas investigaciones se confirmó que la cepa es exactamente la misma que la que existe en Nepal, y la suma a pagar a los familiares es la de cien mil dólares por cada víctima, lo cual parece justo, pero nadie menciona sin embargo la suma que debiera pagarse a la nación haitiana por el enorme daño ocasionado a ese país pobre y subdesarrollado.

 
Como usted, Handy, puede apreciar lo primero que hice hoy fue tratar de hacerle llegar una respuesta lo más breve posible de mis muy modestos conocimientos sobre la Moringa y la Morera.

 
Ahora comienzan a llegar noticias sobre un ciclón tropical que apunta directamente a la región oriental de nuestra isla. Actualmente el país dispone de mucha más experiencia y superará las dificultades.
 
Fraternalmente,
 

Fidel Castro Ruz
 Octubre 22 de 2012
 7 y 15 p.m.

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El nuevo ‘El Dorado’ siembra conflictos en América Latina
Hasta hace ocho años, la minería era un sector poco trascendente en el mundo y también en Latinoamérica. Incluso había perdido peso en países mineros como Bolivia, donde este miércoles murió un obrero en un enfrentamiento para dirimir quiénes explotarán el yacimiento de estaño de Colquiri. Las crisis del petróleo de los años setenta habían depreciado las cotizaciones. Pero a partir de 2004, ante el creciente apetito de China por minerales que den abasto a sus industrias y la actividad de la construcción, los precios del oro, la plata, el cobre, el níquel, el zinc y el hierro comenzaron a trepar tanto que han alcanzado máximos históricos. Y ahí comenzaron los conflictos.
 

Las empresas mineras, la mayoría multinacionales, han acelerado sus proyectos de exploración y producción en América Latina. Los gobiernos han comenzado a reclamar que tributaran una parte mayor de su renta, los empleados de las compañías han iniciado protestas por mejores nóminas, los mineros independientes y cooperativistas han elevado su voz para explotar también el recurso y muchos pobladores de regiones mineras, en general zonas áridas y pobres, se han puesto en pie de lucha para oponerse a los yacimientos a cielo abierto por el impacto medioambiental que éstos provocan por el uso de agua, cianuro y arsénico.


En toda la región se han desatado unos 161 conflictos entre gobiernos y empresas, por un lado, y ciudadanos que se resisten a la instalación de yacimientos a cielo abierto en sus territorios con el argumento de que, a diferencia de la menos rentable minería subterránea, los nuevos proyectos dañarán su entorno ambiental y sus actividades agrícolas tradicionales. Incluso empresas de aguas, como Danone, o bodegas, como la española O. Fournier, se han opuesto a desarrollos mineros en Argentina. Con lemas como que el agua vale más que el oro, unas 212 comunidades se enfrentan a unos 173 proyectos mineros y reclaman que se las consulte antes de su ejecución. En Perú es donde más conflictos de este tipo se han producido, unos 28, e incluso este jueves la policía reprimió un bloqueo de una carretera que lleva a una mina de oro de la empresa Barrick, canadiense, al igual que muchas de las mineras que operan en la región, y mató a uno de los manifestantes. Ya son 19 los muertos en Perú en protestas por demandas relacionadas con la explotación de recursos naturales (la mayoría mineros, pero también por hidrocarburos) desde que Ollanta Humala asumió la presidencia del país, en julio de 2011.

 
La resistencia contra la minería a cielo abierto ha llevado a que algunas compañías paralizaran proyectos en Perú y también en Argentina, donde este año la Corte Suprema de Justicia ratificó la vigencia de una ley que impide la explotación minera y petrolera en zonas de glaciares. Los conflictos mineros por cuestiones ecológicas se extienden por casi toda la región, en unos 16 países. En Costa Rica se han prohibido nuevos proyectos a cielo abierto a partir de 2010.


Otros se pelean por cómo se reparte la tarta cada vez más grande que supone este negocio. Entre 1990 y 2003, la minería suponía el 3,9% del PIB de Bolivia. Entre 2004 y 2009, el 5,7%, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La proporción subió también mucho en Chile, del 7,7% al 17,7% (estas estadísticas incluyen también el acotado sector de hidrocarburos); en Ecuador, del 6,9% al 14,7%, y en Perú, del 4% al 8,5%. Latinoamérica produce el 52% de la plata del planeta, el 45% del cobre y el 22% del zinc.
 

Los gobiernos nacionales, provinciales y municipales discuten entre sí y con las empresas mineras (además de europeas y norteamericanas, las hay chilenas, mexicanas y brasileñas) para definir cuántos impuestos pagan. Los políticos de izquierdas no han rechazado la minería a cielo abierto sino que le han exigido que tribute una porción mayor de sus beneficios considerados extraordinarios por el alza de las cotizaciones de recursos no renovables que pertenecen a los estados y se concesionan al sector privado (solo Chile cuenta con una minera estatal importante como Codelco). Pero este tipo de disputas no acaban en violencia como los que enfrentan a las compañías con los propietarios de las tierras donde se descubre el mineral y que piden mayores arriendos, o con los trabajadores mineros que piden mejores nóminas. También han acabado mal algunas refriegas de obreros que practican la llamada minería ilegal, sin autorización de los gobiernos, en Perú o Brasil.

 
La muerte del miércoles en Bolivia ilustra la disputa por la renta minera. En junio pasado, el Gobierno de Evo Morales había nacionalizado la parte del yacimiento de Colquiri que estaba en manos de la suiza Glencore. Pero a partir de entonces comenzó la tensión sobre quién debía explotar el recurso: si la estatal Corporación Minera de Bolivia (Comibol), a la que defienden sus empleados, o los cooperativas mineras, que cuentan con el respaldo de Morales. Cooperativistas protestaron el jueves en la sede del sindicato de los empleados mineros. Murió uno de los asalariados. Otra prueba más que de en Latinoamérica a algunos se les va la vida por la minería.


Por Alejandro Rebossio Buenos Aires 21 SEP 2012 - 18:05 CET
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Jueves, 20 Septiembre 2012 06:29

Exxon, codicia e imperio

Exxon, codicia e imperio
Ante el Consejo de Relaciones Exteriores, el cabildo de cabildos” del alto capital (financiarizado), vinculado a los Rockefeller y a la planeación bélico-imperial, Rex Tillerson, director ejecutivo de Exxon/Mobil, con la mira en el petróleo y gas de esquisto (shale), habló de “la vasta riqueza” mexicana y se pronunció por “reformas” que les permita tajada en la renta petrolera, reservada a la nación por la Constitución. Financial Times, por su lado, recordó que Peña Nieto (EPN) calificó de “ideologías caducas” todo freno a esa codicia. Con una legitimidad tan cuestionada ¿mentirá al jurar “respetar y defender” una Carta Magna cuyo artículo 27 constitucionalizó el derecho del pueblo a desarrollar y disfrutar sus recursos naturales, una piedra en el zapato imperial desde 1917, combatido desde entonces y formalmente rechazado por Estados Unidos ante la UNCTAD en los años 1960?


Hay gran prisa de Exxon, Chevron et al, por asumir el control y usufructo de los hidrocarburos, desde el megayacimiento de Vaca Muerta en Neuquén, al sur de Argentina (tercera reserva mundial de gas y petróleo shale, después de Estados Unidos y China) a las ricas formaciones geológicas en el norte de México. Así se deja ver en el mandato de la Casa Rosada de proceder a toda costa en Neuquén –con Chevron– y en la orden de EPN a la diputación del PRI para que den prioridad a “reformas” que “abran” el gas de esquisto a la IP, nacional y/o extranjera. La Agencia Internacional de Energía, que “lleva de la mano” a Pemex según intereses y planificación de las petroleras de Estados Unidos, espera (su economista Fatih Biro dixit) que México produzca 40 billones de metros cúbicos de gas para 2035. Se usaría el fracking, es decir, perforación horizontal y alta presión hidráulica sobre la roca porosa, con enorme cantidad de agua, arenas y compuestos químicos tóxicos, metales pesados, sustancias radiactivas, pólvora, etcétera.


Hasta hace poco Exxon negaba la existencia del calentamiento global. Con Tillerson, más sensato que su antecesor ante la evidencia científica de lo antropogénico del fenómeno, la firma reconoció lo insostenible de esa postura. Ahora propone que para seguir con el negocio –y la emisión de gases con efecto invernadero (GEI), se use “geo-ingeniería” para “mitigar” una irreversible y catastrófica dislocación del termostato global. Además, sin sustento científico, el cabildo petrolero y la Casa Blanca consideran al gas de esquisto una panacea para la transición energética, aunque el fracking se asocie a fugas de metano, un GEI mucho más potente que el CO2. ¿Es por eso que la Cámara de Comercio de Esados Unidos recomienda “adaptarse a un clima más cálido”(sic)?


El apremio de las petroleras en Argentina y en México por explotar gas y petróleo de esquisto es por lo fabuloso del negocio, en medio del pico petrolero. La ofensiva de Exxon/Móbil, Conoco/Phillips, Chevron/Texaco, etcétera, en pos de los recursos de “las Américas”, incluidas las arenas bituminosas de Canadá y yacimientos en aguas profundas de Brasil, fue anunciada por el New York Times (20/9/11) que calificó de “nueva Arabia Saudita” a esa vasta región. Un estudio de Citigroup de 2012 informa a sus inversionistas/especuladores que Arabia Saudita, la principal reserva y exportadora de crudo del mundo !pasará a la categoría de importadora neta en 2030! Con una producción de 11 millones de barriles diarios (mbd) hoy exporta 7 millones de barriles diarios y consume todo el gas que produce. Su capacidad ociosa, como la de otros productores del golfo Pérsico, es incierta. Se aumenta la probabilidad de un mega shock petrolero, por lo que, como dicen en Goldman Sachs, señores: ¡hagan sus apuestas!


Mientras el 1 por ciento juega con el clima, se mantienen asimetrías en las emisiones de CO2. En 2010 los 6 mil 980 millones de humanos emitían 4.74 toneladas de CO2 per cápita (t/CO2/capita). Las cifras para “las Américas” son reveladoras: Estados Unidos derrocha 19.65 (id); Canadá 17.55 frente a México con 3.98 y Brasil, 2.43. Aunque es posible un buen nivel de vida con menos despilfarro (Francia, 6.20; Alemania, 10.13; Japón 10.24), para seguir con el “festín fósil”, se explotan las rocas de esquisto y Estados Unidos implanta (México, Colombia) o impulsa (Argentina, Brasil, etcétera) diseños militares de “guerra irregular” para el control de la población ante un esquema extractivista incapaz de generar empleo y bienestar.


Para “sacar el jugo de las rocas” de mil pozos a ser “fracturados” en Vaca Muerta en 2013, dice Diego Urretabizkaya, se utilizarían 30 mil millones de litros de agua y 424 millones de kilos de químicos tóxicos, que “ponen en riesgo a la población neuquina” (Argenpress 5/9/12). Según la AIE en el norte de México se perforarían 60 mil pozos en pocas décadas. Aunque son formaciones geológicas distintas, es posible estimar las astronómicas cifras de millones de metros cúbicos de roca quebrada y de miles de millones de litros de agua y de kilos de tóxicos: enfrentamos gran destrucción humana y la demolición de la vasta franja norte del suelo patrio.


jsaxef.blogspot.com

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Sábado, 08 Septiembre 2012 07:01

Sicco Mansholt y el decrecimiento económico

Sicco Mansholt y el decrecimiento económico
Los economistas ecológicos afirmamos que la economía de los países ricos debería ir hacia un estado estacionario, en expresión de Herman Daly. Eso debería lograrse tras un cierto decrecimiento”, observó Nicholas Georgescu-Roegen ya en 1979.


Esa economía sin crecimiento, ¿sería todavía una economía capitalista? ¿Qué pasa con las ganancias capitalistas y con la acumulación de capital si la economía no crece? La cuestión no es nueva, fue abiertamente debatida en París en 1972 por un presidente de la Comisión Europea, el socialdemócrata holandés Sicco Mansholt, contrario al crecimiento económico tras haber leído el informe de los Meadows del MIT y por su experiencia de varios años como rector de la política agraria europea. El debate, organizado por Le Nouvel Observateur (n. 397, 1972), atrajo a tres mil personas. Tuvo otros protagonistas brillantes: Herbert Marcuse y Edgar Morin (un viejo y un joven filósofo), el sindicalista Edmond Maire, el ambientalista Edward Goldsmith –que había publicado Blueprint for Survival en 1971– y los escritores Philippe Saint Marc y André Gorz. No se habló todavía de cambio climático, pero sí de escasez de recursos, aumento de la población, los absurdos de la contabilidad macroeconómica del PIB, la felicidad, el capitalismo, el socialismo, el militarismo, la tecnología y la complejidad. André Gorz introdujo en este debate la palabra décroissance y afirmó que el capitalismo tal vez pudiera sobrevivir a ese decrecimiento y a un estado estacionario porque la tecnología y el comercio que ahora llamamos “verdes”, podrían ser un nuevo sector de negocios donde invertir capitales y obtener ganancias. Pero no estaba seguro.


Fue notable la intervención de Sicco Mansholt en ese debate de 1972. El había anunciado que prefería el BNB (Bonheur national brut, la felicidad nacional bruta) al producto nacional bruto, siendo criticado tanto por el presidente Georges Pompidou como por Georges Marchais del Partido Comunista francés. Sicco Mansholt, que tenía 63 años, había iniciado el debate europeo con una carta al presidente de la Comisión Europea, Franco Malfatti, en febrero de 1972, tras leer el informe de los Meadows (antes de ser entregado al Club de Roma). La carta a Malfatti está escrita en un contexto de “estanflación” (estancamiento económico combinado con inflación) causado por un descenso de ganancias empresariales por la fuerza de los sindicatos en una época de pleno empleo, año y medio antes de la gran subida del precio del petróleo, en 1973, que desencadenó otro tipo de “estanflación”. Además, la carta fue escrita poco antes de la primera gran conferencia ambiental de Naciones Unidas, en Estocolmo.


Al decantarse por un “crecimiento por debajo de cero”, Mansholt no quería simplemente debatir sino promover políticas públicas europeas dirigidas hacia la conservación y el reciclaje. Le parecía apropiado “que la Comisión se proponga crear un Plan Económico Europeo central. Al hacer esto, nos alejaremos del objetivo de obtener el producto nacional bruto máximo (…)”.


Tuvo propuestas dirigidas contra las ganancias capitalistas, al suprimir la amortización acelerada de bienes de capital que se deduce de los impuestos (y que infla las ganancias) y al protestar contra la obsolescencia de los bienes de consumo duradero. Propuso introducir la certificación de productos reciclables que tendrían desgravaciones fiscales. Un arancel europeo a las importaciones protegería esos productos reciclables certificados, pues en caso contrario la competencia internacional impediría esa producción menos dañina. Era partidario de prohibir la producción de muchos productos no esenciales.


Otros temas como la crítica contra la modernidad de la ciencia cartesiana, la complejidad que produce incertidumbres y que impide usar ingenuamente la noción de “equilibrio ecológico”, fueron discutidos por André Gorz y Edgar Morin en ese debate de Le Nouvel Observateur de 1972. Sicco Mansholt coincidía con otros protagonistas del debate en que el ecologismo no era un lujo de los ricos sino una necesidad de todos, y que los más perjudicados por el urbanismo inhumano de las banlieues eran los pobres. Pero los problemas no eran solamente para los humanos. Mansholt dijo: “estamos aquí para hablar del destino de la raza humana, pero conviene no olvidar los animales ni los vegetales, elementos indispensable del complejo ecológico. La raza humana no debe solamente preocuparse egoístamente de su propia supervivencia”. Eso se acerca al concepto de Derechos de la Naturaleza del artículo 71 de la Constitución de Ecuador de 2008.


Cuarenta años después, falta en la Comisión Europea y en la Socialdemocracia políticos tan atrevidos como lo fue Sicco Mansholt. En Bruselas se critica el PIB, pero predomina todavía la visión de que es posible recuperar el crecimiento económico y lograr la sustentabilidad ambiental gracias al aumento de la eficiencia técnica.

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