Hoy, en América Latina, Marx ¿sería extractivista?

ALAI AMLATINA, 07/02/2013.- En América Latina siguen avanzando las estrategias enfocadas en minería, hidrocarburos y monocultivos, a pesar que esto significa repetir el papel de proveedores de materias primas y de las resistencias ciudadanas. Este modo de ser extractivista se expresa tanto en gobiernos conservadores como progresistas. Pero como entre estos últimos se esperaba otro tipo de desarrollo, esa insistencia se ha convertido en un nudo político de enorme complejidad.

 

Para sostener el empuje extractivista se está apelando a nuevas justificaciones políticas. Una de las más llamativas es invocar a los viejos pensadores del socialismo, para sostener que no se opondrían al extractivismo del siglo XXI, y además, lo promoverían.

 

Seguramente el ejemplo más destacado ha sido el presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien para defender al extractivismo lanzó dos preguntas desafiantes: “¿Dónde está en el Manifiesto Comunista el no a la minería? ¿Qué teoría socialista dijo no a la minería?” (entrevista de mayo de 2012).

 

Correa redobla su apuesta, ya que además de citar a Marx y Engels, le suma un agregado propio que no puede pasar desapercibido: “tradicionalmente los países socialistas fueron mineros”. El mensaje que se despliega es que la base teórica del socialismo es funcional al extractivismo, y que en la práctica, los países del socialismo real lo aplicaron con éxito. Si su postura fuese correcta, hoy en día, y en América Latina, Marx y Engels deberían estar alentando las explotaciones mineras, petroleras o los monocultivos de exportación.

 

Soñando con un Marx extractivista

 

Comencemos por sopesar hasta dónde puede llegar la validez de la pregunta de Correa. Es que no puede esperarse que el Manifiesto Comunista, escrito a mediados del siglo XIX, contenga todas las respuestas para todos los problemas del siglo XXI.

 

Como señalan dos de los más reconocidos marxistas del siglo XX, Leo Huberman y Paul Sweezy, tanto Marx como Engels, aún en vida, consideraban que los principios del Manifiesto seguían siendo correctos, pero que el texto había envejecido. “En particular, reconocieron implícitamente que a medida que el capitalismo se extendiera e introdujera nuevos países y regiones en la corriente de la historia moderna, surgirían necesariamente problemas y formas de desarrollo no consideradas por el Manifiesto”, agregan Hunerman y Sweezy. Sin duda esa es la situación de las naciones latinoamericanas, de donde sería indispensable contextualizar tanto las preguntas como las respuestas.

 

Seguidamente es necesario verificar si realmente todos los países socialistas fueron mineros. Eso no es del todo cierto, y en aquellos sitios donde la minería escaló en importancia, ahora sabemos que el balance ambiental, social y económico, fue muy negativo. Uno de los ejemplos más impactante ocurrió en zonas mineras y siderúrgicas de la Polonia bajo la sombra soviética. Hoy se viven situaciones igualmente terribles con la minería en China.

 

No puede olvidarse que muchos de esos emprendimientos, dado su altísimo costo social y ambiental, sólo se vuelven viables cuando no existen controles ambientales adecuados o se silencian autoritariamente las demandas ciudadanas. Tampoco puede pasar desapercibido que aquel extractivismo, al estilo soviético, fue incapaz de generar el salto económico y productivo que esos mismos planes predecían.

 

Actualmente, desde el progresismo se defiende el extractivismo aspirando aprovechar al máximo sus réditos económicos para así financiar, por un lado distintos planes sociales, y por el otro, cambios en la base productiva para crear otra economía.

 

El problema es que, de esta manera, se genera una dependencia entre el extractivismo y los planes sociales. Sin los impuestos a las exportaciones de materias primas se reducirían las posibilidades para financiar, por ejemplo, las ayudas monetarias mensuales a los sectores más pobres. Esto hace que el propio Estado se vuelva extractivista, convirtiéndose en socio de los más variados proyectos, cortejando inversores de todo tipo, y brindando diversas facilidades. Sin dudas que existen cambios bajo el progresismo, pero el problema es que se repiten los impactos sociales y ambientales y se refuerza el papel de las economías nacionales como proveedores subordinados de materias primas.

 

La pretensión de salir de esa dependencia por medio de más extractivismo no tiene posibilidades de concretarse. Se genera una situación donde la transición prometida se vuelve imposible, por las consecuencias del extractivismo en varios planos, desde las económicas a las políticas (como el desplazamiento de la industria local o la sobrevaloración de las monedas nacionales, tendencia a combatir la resistencia ciudadana). El uso de instrumentos de redistribuciones económicas tiene alcances limitados, como demuestra la repetición de movilizaciones sociales. Pero además es costoso, y vuelve a los gobiernos todavía más necesitados de nuevos proyectos extractivistas.

 

Es justamente todas esas relaciones perversas la que debería ser analizada mirando a Marx. El mensaje de Correa, si bien es desafiante, muestra que más allá de las citas, en realidad, no toma aquellos principios de Marx que todavía siguen vigentes para el siglo XXI.

 

Escuchando la advertencia de Marx


Marx no rechazó la minería. La mayor parte de los movimientos sociales tampoco la rechazan, y si se escuchara con atención sus reclamos se encontrará que están enfocados en un tipo particular de emprendimientos: a gran escala, con remoción de enormes volúmenes, a cielo abierto e intensiva. En otras palabras, no debe confundirse minería con extractivismo.

 

Marx no rechazó la minería, pero tenía muy claro donde debían operar los cambios. Desde esa perspectiva surgen las respuestas para la pregunta de Correa: Marx distinguía al “socialismo vulgar” de un socialismo sustantivo, y esa diferenciación debe ser considerada con toda atención en la actualidad.

 

En su “Crítica al programa de Gotha”, Marx recuerda que la distribución de los medios de consumo es, en realidad, una consecuencia de los modos de producción. Intervenir en el consumo no implica transformar los modos de producción, pero es a este último nivel donde deberán ocurrir las verdaderas transformaciones. Agrega Marx: “el socialismo vulgar (…) ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y, por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución”.

 

Aquí está la respuesta a la pregunta de Correa: Marx, en la América Latina de hoy, no sería extractivista, porque con ello abandonaría la meta de transformar los modos de producción, volviéndose un economista burgués. Al contrario, estaría promoviendo alternativas a la producción, y eso significa, en nuestro contexto presente, transitar hacia el post-extractivismo.

 

Seguramente la mirada de Marx no es suficiente para organizar esa salida del extractivismo, ya que era un hombre inmerso en las ideas del progreso propio de la modernidad, pero permite identificar el sentido que deberán tener las alternativas. En efecto, queda en claro que los ajustes instrumentales o mejoras redistributivas, pueden representar avances, pero sigue siendo imperioso trascender la dependencia del extractivismo como elemento clave de los actuales modos de producción. Esta cuestión es tan clara que el propio Marx concluye “Una vez que está dilucidada, desde ya mucho tiempo, la verdadera relación de las cosas, ¿por qué volver a marchar hacia atrás? Entonces, ¿por qué se sigue insistiendo con el extractivismo?

 

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Huberman, L. y P. Sweezy. 1964. El Manifiesto Comunista: 116 años después. MonthlyReview 14 (2): 42-63.

Marx, K. 1977. Crítica del Programa de Gotha. Editorial Progreso, Moscú.

Eduardo Gudynas es investigador en CLAES (Centro Latino Americano de Ecología Social).

 

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Miércoles, 06 Febrero 2013 06:26

Capital financiero y cambio climático

Capital financiero y cambio climático

Las fuerzas del capital financiero harán muy difícil frenar el cambio climático. Algunos dicen que la estructura del sector financiero no facilitará la transición a una economía baja en carbono. El problema es más grave: el sistema financiero es un potente obstáculo para prevenir una catástrofe derivada del calentamiento global.

 

Para apreciar los alcances del peligro es importante recordar algunos datos. En la actualidad, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera alcanza las 394 partes por millón (ppm). El CO2 es el gas de efecto invernadero más común (no es el único, ni el más potente). Los modelos más desarrollados sobre cambio climático indican que sólo por debajo de las 450 ppm de CO2 se tiene una alta probabilidad de mantener el incremento de temperatura dentro del rango de los dos grados centígrados. Los científicos consideran que ese umbral no debe ser rebasado si se quiere evitar un cambio climático catastrófico.

 

Estudios científicos consideran que para aumentar significativamente la probabilidad de permanecer por debajo de dicho umbral la economía mundial debe limitar sus emisiones para el periodo 2000-2050 a 886 gigatoneladas de dióxido de carbono (GtCO2). En la primera década del siglo se emitieron 321 GtCO2, así que ya solamente nos queda un volumen disponible de 565 gigatoneladas para el periodo 2010-2050.

 

Datos de la organización Carbontracker Initiative revelan que si se extrajeran y quemaran las reservas mundiales conocidas de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) tendríamos emisiones superiores a las 2 mil 795 GtCO2. Es decir, esas reservas contienen cinco veces más carbono que el tope arriba mencionado de 565 GTCO2. Extraer y usar esas reservas podría llevar la concentración de CO2 en la atmósfera a las 700 ppm, lo que cambiaría el planeta tal y como lo conocemos.

 

Ahora bien, las reservas de combustibles fósiles de las 200 empresas más importantes de carbón, petróleo y gas en el mundo (empresas que cotizan en bolsas de valores) tienen reservas con un potencial de carbono de 745 GtCO2. Es decir, si estas empresas extraen y queman sus reservas estaríamos rebasando con 180 GtCO2 el volumen que nos queda disponible para el periodo 2010-2050 (las 565 GtCO2 arriba mencionadas). El problema es todavía más serio porque estas cifras no incluyen a las empresas estatales y tampoco toman en cuenta las gigantescas reservas de gas natural de los esquistos en Estados Unidos y numerosos otros países.

 

El problema es que las reservas detentadas por estas compañías se encuentran asentadas en sus libros y hojas de balance con un enorme valor monetario. Un avalúo de estas empresas asume que esas reservas serán efectivamente realizadas, lo que significa que serán extraídas y utilizadas. Desde el punto de vista contable a nadie le importa un pepino si la utilización de esas reservas es suficiente para sobrepasar el peligroso umbral de los dos grados centígrados. El cambio climático no es un concepto contable.

 

Para decirlo de otro modo, si existiera una autoridad capaz de aplicar la restricción de las 565 GtCO2 para los próximos cuarenta años, estas compañías solamente podrían quemar unas 150 GtCO2. El resto, carbono no inyectado a la atmósfera, serían activos sin valor y se traducirían en pérdidas colosales para los inversionistas que han comprometido recursos en esas empresas.

 

Esas 200 empresas del mundo de la energía fósil tienen un valor en bolsa equivalente a 7.42 billones (castellanos) de dólares. Los países con mayor potencial de gases invernadero en las reservas de compañías que cotizan en bolsa son Rusia, Estados Unidos y el Reino Unido. Y en las bolsas de valores de Londres, Sao Paulo, Moscú, Toronto y del mercado australiano hasta 30 por ciento de la capitalización de mercado está vinculada a combustibles fósiles.

 

Estamos en presencia de un conflicto de dimensiones históricas: de un lado está la comunidad científica advirtiendo no quemar esas reservas de combustibles fósiles y del otro están las empresas e inversionistas que tienen interés en realizar sus activos (extraer y usar esas reservas). ¿Quién prevalecerá? En los últimos 30 años, el sector financiero del mundo ha sido capaz de dominar a la política macroeconómica. En efecto, las prioridades de la política monetaria y fiscal del mundo entero responden hoy (incluso en medio de la crisis) a las necesidades del capital financiero. ¿Por qué tendría que ser distinto en el ámbito de la política sobre cambio climático?

 

En la actualidad carecemos de un régimen regulatorio internacional que permita pensar que la economía mundial podrá reducir su huella de carbono en la atmósfera a la velocidad que se requiere. El Protocolo de Kioto es una entelequia y lo único que queda es un ‘compromiso’ para llegar a un acuerdo en 2015 que deberá entrar en vigor en 2020. En el sector financiero anidan fuerzas que se opondrán con todo a un acuerdo que evite el peligro del cambio climático catastrófico.

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Miércoles, 06 Febrero 2013 06:21

Comunismo y belleza

Comunismo y belleza

Es muy difícil convencer a un hombre que no ha arado sus laderas, que no ha dibujado sus contornos, que no ha descrito sus cimas en un poema, que no adora a ningún dios en sus cavernas, que no ha cazado entre sus arbustos, que ni siquiera ha escalado sus abismos; es muy difícil convencer a un hombre así de que que es importante conservar las colinas y las montañas. Lo mismo ocurre con los bosques, los ríos, los animales y los cuerpos en general. Lo mismo ocurre con la Naturaleza en su conjunto. Cuando las campañas ecologistas insisten con todo fundamento en que debe interesarnos la defensa del medio, pues de ella depende nuestra propia supervivencia, declaran ya perdida la batalla: no sólo es difícil demostrar a un trabajador del sector servicios de Madrid o a un parado urbano de Roma (o a un universitario de La Habana) su dependencia interesada respecto de la tierra y sus recursos sino que además es dudoso que los humanos operen sólo o sobre todo por interés; o que defiendan sólo o sobre todo lo que asegura y facilita su supervivencia.

 

Más allá de su pretensión de haber desentrañado una “medida objetiva” de la explotación del trabajo, el gran descubrimiento de Marx tiene que ver con el autoengaño social: “la ideología dominante es la ideología de las clases dominantes”. Los trabajadores se engañan acerca de sus propios intereses, que identifican de manera errónea con los de sus patrones y verdugos. Podríamos decir que, en el caso de la supervivencia de la especie humana, los intereses de unos y otros son realmente comunes y que, por lo tanto, incluso si las ventajas inmediatas de contaminadores y contaminados son desiguales, un interés compartido une por fin a todas las clases sociales. Pero esta ceguera común, que demuestra nuestra dificultad antropológica para representarnos como “humanidad” los intereses particulares, prueba además que no sólo nos auto-engañamos sobre nuestros intereses particulares. También nos representamos mal nuestros impulsos desinteresados. También cuando amamos, cuando nos sacrificamos, cuando obramos en nombre de la justicia, nos equivocamos.

 

Hay fuentes de auto-engaño corregibles contra las que debemos combatir sin descanso: las manipulaciones de los medios, por ejemplo, o las relaciones de propiedad. Hay otras que -mucho me temo- sobrevivirán a todas las revoluciones. Tenemos, para empezar, el cuerpo, cuyas operaciones básicas, garantía de nuestra existencia biológica, ocurren a nuestras espaldas, por debajo de nuestra conciencia. Tenemos también la “mente” y el lenguaje, con todas sus opacidades edípicas y quistes irracionales. Tenemos una complejísima división del trabajo, con su encarnación tecnológica, que nunca se podrá simplificar hasta la transparencia si queremos alimentar a 7000 millones de personas. Tenemos las cosas mismas -la silla, el cenicero, la cuchara- cuya potencia anestésica, que nos hace olvidar las penas del trabajo y la fragilidad de la vida, es sin embargo inseparable de la estabilidad antropológica y social de la humanidad. Y tenemos también las “maravillas” -objetos buenos sólo para el pensamiento o para la mirada- a las que hemos estado siempre unidos por una mezcla de admiración e intimidación. “Todo ángel es terrible”, escribía Rainer Maria Rilke en una de sus Elegías del Duino, “porque la belleza es sólo el comienzo de lo terrible que aún podemos soportar”. La belleza de las estrellas -digamos- es indisociable del descubrimiento de nuestra vulnerabilidad, pero al presentarse como bellas, y no como amenazadoras, nos atan estética y emocionalmente -y nos atan como especie- al mundo y sus apariencias.

 

Estamos condenados a auto-engañarnos. O mejor dicho: estamos condenados a luchar siempre contra el auto-engaño; y tenemos derecho, en medio de la batalla, a ceder de vez en cuando a sus añagazas más benignas o menos dañinas. Ahora bien, no es lo mismo auto-engañarse acerca de los propios intereses egoístas que auto-engañarse acerca de la justicia, la verdad o la belleza. Hay algo ya un poco innoble en proteger a un niño sólo porque es mi hijo; o en apoyar a un partido porque me da trabajo; o en defender un bosque porque es mi coto de caza. Como -al contrario- hay algo potencialmente noble en creer inocente a un mentiroso o a un asesino; o en robar un reloj porque es bonito. Que el auto-engaño “noble” es antropológicamente más serio que el egoísta lo demuestra el hecho de que hasta los gobiernos más criminales -conquistadores, colonialistas, imperialistas, nazis- han invocado siempre principios universales para defender intereses particulares.

 

En un famoso texto de 1857, Marx se preguntaba retóricamente si “la idea de la naturaleza (…) de la imaginación griega” es compatible con “las máquinas de hilar automáticas, las locomotoras y el telégrafo eléctrico” para declarar enseguida muertos para siempre a Vulcano, Júpiter, Hermes y Aquiles frente a la metalurgia, el pararrayos, las armas de fuego y el tipógrafo. Es verdad: la combinación de desarrollo tecnológico y de división del trabajo, responsable de la destrucción ecológica, ha operado también el “desencantamiento” del mundo. Pero ese “desencantamiento”, ¿ha traído aparejada más transparencia, más objetividad, menos auto-engaño? Por un lado, el retroceso del paganismo -de la naturaleza habitada- no ha impedido el aumento de las formas más fanáticas y perversas de los credos monoteístas; por otro, la derrota de la Naturaleza a través del positivismo capitalista ha incrementado la nostalgia de armaduras ceremoniales y ha inducido, en su ausencia, la psiquiatrización de la vida cotidiana. El “desencantamiento” del mundo ha conducido a la humanidad, no a una mayor objetividad, no, sino a la desacralización del mercado y a la liberación de todas sus pulsiones subjetivas. Había mucha más “objetividad” en la relación del indígena con la montaña en la que vivían sus dioses que en la del turista que la fotografía para vanagloriarse ante sus amigos.

 

Lo que quiero decir es que un verdadero programa ecologista -un programa comunista- no debería llamar a defender la Naturaleza en nombre de los intereses particulares -como parte que somos de la humanidad- sino mediante el restablecimiento de su “objetividad”; es decir, de su belleza. La Naturaleza no tiene derechos ni tampoco los hombres ninguno sobre ella: es sencillamente un hecho descomunal que debería imponerse por sí mismo. ¿Por qué tanta indiferencia? No es que queramos suicidarnos, no; el problema es que ya no nos parecen bellas las montañas ni los bosques ni los animales ni los cuerpos en general; y de lo que se trata -el verdadero reto de los que queremos conservar y transformar el mundo- es de convencer a los hombres de que el mundo es hermoso, no de que lo necesitamos para la supervivencia. Es muy difícil. Es difícil porque una montaña sólo nos parece bella, fuente de intimidación y admiración, cuando la hemos arado, escalado, cantado o rendido culto; y el desencantamiento tecnológico no tiene vuelta atrás, salvo cataclismo o derrumbe civilizacional: “la tecnología dominante es la tecnología de la clase dominante”. Pero es difícil también porque los hombres siguen “encantados”, ahora ya no por el engaño “objetivo” de los versos y los dioses sino por el vehículo mismo de su “desencanto”: los coches, los electrodomésticos, los ordenadores, los celulares, las máquinas en general. Si los humanos sólo obrásemos de manera interesada y sólo nos engañásemos acerca de nuestros intereses privados, aún podríamos salvarnos; pero es que los humanos buscamos sobre todo la justicia, la belleza y la verdad y nos auto-engañamos también acerca de ellas. Re-embellecer las montañas -restablecer su “objetividad”- exige una intervención al mismo tiempo estética y económica contra el capitalismo y sus fraudulentos desencantos. Nuestras luchas son siempre desinteresadas. No se trata, pues, de renunciar egoístamente a la justicia, la verdad y la belleza sino de cambiarlas de lugar; de intentar devolverlas -es decir- a su lugar de origen.

 

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio

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Miércoles, 30 Enero 2013 06:54

La maldición de Malthus

Puede que la crisis tenga algo que ver, o que la coincidencia sea solo fortuita, pero últimamente se suceden los pronósticos agoreros sobre el porvenir de la humanidad. Con apenas un día de diferencia, los titulares de dos noticias publicadas la semana pasada en este diario interpelaban directamente a nuestra especie y su capacidad de pervivencia en el planeta: “Los humanos son una plaga sobre la Tierra”, sentencia del naturalista británico David Attenborough sobre el exceso de población, y “que se den prisa y se mueran”, recomendación del ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, a los ancianos de su país para aliviar los gastos en atención sanitaria del Estado.


 
Dejando a un lado la pertinencia de la segunda frase, neutralizada luego con la habitual disculpa de haber sido sacada de contexto, ambos mensajes abundan en una idea fuerza: el control de la población —incluso mediante métodos tan expeditivos como la eutanasia implícita en las declaraciones de Aso— para una adecuada satisfacción de las necesidades básicas mediante los recursos disponibles. O, dicho de otra manera, para el precario equilibrio entre bocas y alimentos, agua y tierra suficientes.


 
Ninguno de los dos mensajes suena a nuevo; al contrario, ambos se amparan en la alargada sombra del malthusianismo, esa alarma lanzada durante la revolución industrial por el pastor Thomas Malthus que preveía la pauperización de la especie humana por falta de recursos, e incluso su desaparición, si no mediaban mecanismos de regulación periódicos como guerras o epidemias.


 
Así pues, Attenborough, premio Príncipe de Asturias en 2009, recoge casi dos siglos después el guante de Malthus y los ecos de la teoría neomalthusiana de la bomba demográfica de los años sesenta para urgir a controlar el crecimiento de la población antes de que lo haga la naturaleza, como ya ocurre en algunas zonas de África golpeadas por la hambruna. Taro Aso, más tradicional, apela a la cultura del haraquiri igual que, en los albores de la historia, la población de algunas sociedades tradicionales esperaba que los mayores, cuando devenían una carga para el resto, se autoeliminaran. Un escenario inquietante, pero demográficamente revelador, que podría sustanciarse en una de las representaciones más dramáticas de la crisis, los suicidios de mayores: “Esas muertes de matrimonios ancianos que se etiquetan como violencia de género pero que resultan ser suicidios, quitarse del medio al sentirse una carga, son claras señales de alerta” de uno de los principales problemas de las sociedades desarrolladas, el envejecimiento de la población, apunta la demógrafa Margarita Delgado, investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). “Pero al procedimiento expeditivo de Taro Aso yo no lo llamaría neomalthusianismo, le pondría una etiqueta más fuerte”, añade.


Para Honorio Manuel Velasco, catedrático de Antropología Social de la UNED, no cabe lugar a dudas sobre el calificativo: “Estos mensajes suenan a Malthus redivivo. Confiar en que uno de los factores es posible de controlar: la supervivencia en un medio ambiente limitado”. Ese control pertenecería a la especie humana, apunta el antropólogo —igual lo hace Attenborough en su advertencia—, “en un estado de cosas que presenta a la naturaleza como si fuera un sistema regulado cuyo control recae en manos humanas”.
 


“Lo cierto es que todo está en manos de la especie humana; también la distribución de los recursos”, añade el catedrático de la UNED, lo que trasciende el planteamiento puramente demográfico e introduce en el debate cuestiones tales como el modelo de crecimiento económico y hasta los derechos humanos, el primero de ellos, a la alimentación. “Pero no estamos ante una crisis planetaria, sino que afecta más a unos que a otros. Las hambrunas, las guerras, son mecanismos de regulación demográfica tradicionales, pero no los únicos; también la frecuencia de las catástrofes”.


 
Pero ni el de Aso ni el de Attenborough son mensajes reduccionistas, “a menos que algunos poderes los aprovechen para erigirse en reguladores únicos; entonces estaríamos hablando de totalitarismo”, explica Velasco. Como la política del hijo único en China, o las campañas de esterilizaciones forzosas en India a mediados de los setenta del pasado siglo, bajo el Gobierno de Indira Gandhi, o en el Perú de Fujimori. Para el antropólogo no cabe llegar tan lejos: “Creo más bien que Attenborough está enviando un mensaje de sensibilización”.

 


Con más de 7.000 millones de habitantes, la Tierra parecería estar a punto de agotarse, pero, según los expertos consultados, no se trata tanto de una cuestión de concepto como de estructura: el reparto desigual de la población y, sobre todo, la distribución inequitativa —vale decir también desproporcionada, injusta— de los recursos. Porque, por ejemplo, con la fortuna de 2012 de los 100 hombres más ricos del mundo se podría eliminar cuatro veces la pobreza global, según la ONG Oxfam International. “Somos muchos si comparamos el número con décadas pasadas, pero lo más importante es la distribución”, sostiene Margarita Delgado. “Han cambiado los equilibrios tradicionales. Europa tenía 728 millones de habitantes en 1995, y África, poco más de 700. En 2000, África superaba los 970 millones, mientras que Europa tenía unos 730. Ser muchos o pocos en un país, depende: en Japón hay más de 120 millones de habitantes, pero nadie lo asocia a la sobrepoblación. Es decir, más que un problema de volumen, estamos ante un problema de estructura: ha descendido la fecundidad en los países más desarrollados y a la vez ha aumentado la esperanza de vida por la reducción de la mortalidad, por lo que la pirámide se ensancha por arriba con el progresivo envejecimiento de la población. El volumen sí condiciona el desarrollo de muchos países —en África, algunos de Asia—, pero en otros casos, como el de España o el entorno europeo, el problema es el desequilibrio entre grupos de edad”.


 
España crece al ritmo de 1,36 hijos por mujer, según los últimos datos de INE (2011). Muchos países del África subsahariana, y algunos en América Latina, tienen una tasa de fecundidad de 4,5 nacimientos por mujer; alrededor de 40 países en el mundo, según la ONU, rondan los cinco hijos por mujer. Aparte de la dirección de los flujos migratorios —una salida natural para un excedente de población sin acceso a recursos básicos—, el crecimiento determina también la viabilidad o la impotencia de numerosas políticas. “Somos muchos en algunos países y en otros se puede considerar que somos pocos”, prosigue Delgado. “El envejecimiento pone en riesgo los pilares del Estado de bienestar. Según el INE, los mayores de 65 años somos ahora el 20% de la población, pero en 2049 serán en torno al 37%-38%. Y la ecuación entre dependientes y activos será cada día más difícil de resolver, ya estamos viendo los recortes en el presupuesto de la dependencia”, concluye la demógrafa, que incide en los casos de mayores que se suicidan —algunos matando antes a sus parejas dependientes o enfermas— como una clara señal de alarma.

 

“Los reguladores históricos de la población han sido las guerras y las pandemias. En el siglo XX, por primera vez en la historia de la humanidad, la población se ha cuadriplicado: de 1.500 millones pasamos a 6.000 [la ONU elevó la cifra a 7.000 en octubre de 2011]; en todos los siglos anteriores ni siquiera se había doblado. Pero la clave demográfica no es una amenaza: un país tan estable como Japón tiene 120 millones de habitantes”, sostiene Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). “Es el contexto sociopolítico y económico el que nos acerca o aleja de la amenaza. Es decir, que estén satisfechas las necesidades básicas, porque, a mayor población, mayor lucha por los recursos. Hoy hay alimentos suficientes para alimentar a la población mundial; el factor belígero es la desigualdad de acceso de la población a los mismos”.


 
Aunque en los últimos años se ha acelerado la convergencia entre países desarrollados y los que están en vías de desarrollo —con desafíos tan claros al predominio de los primeros como la pujanza de los emergentes BRICS—, la desigualdad horizontal entre grupos que conviven en un mismo territorio —es decir, la desigual asignación de recursos— resulta una clave insoslayable para plantear el debate de la sobrepoblación. La competencia por el acceso a bienes escasos —tierra, agua, materias primas— marca la pauta de la supervivencia. “Lo que caracteriza al modelo económico actual es la sobreexplotación de los recursos como si fueran infinitos: tierras de cultivo, agua, fuentes de energía. Pero no lo son. En el mundo, por ejemplo, hay 260 ríos compartidos por dos o más países. Si no hallamos fórmulas de gestión común del agua, el agua será un factor belígero”. La tantas veces anunciada guerra del agua en Oriente Próximo, las construcciones faraónicas en China o la lucha por el control de los acuíferos del este de África son ejemplos de ello.


La hipotética sobrepoblación, pues, funcionaría como el sistema de las matrioskas rusas: el factor demográfico encierra dimensiones como la ecología —el ecosistema humano—, la economía o incluso los derechos humanos, cuando no la amenaza del cambio climático, un fenómeno que no solo hay que leer en clave ambiental. Con la compra masiva de tierras en África, China está introduciendo un desequilibrio fatal en las sociedades nativas. “De Madagascar a Sudán, en connivencia con los Estados locales, la compra de tierra por los chinos provoca el desplazamiento de poblaciones que se quedan sin tierras que cultivar. Son poblaciones que antes se alimentaban de una forma más o menos modesta, pero que al menos podían abastecerse”.


 
La provisión de seguridad alimentaria para evitar conflictos es otra de las patas de este polifacético asunto, igual que la amenaza el cambio climático, “que debemos leer en clave de competencia por los recursos, como una cuestión de desarrollo humano más que ecológica”, sentencia Núñez Villaverde, autor del blog Extramundi en EL PAÍS.


 
Olivier Longué, director general de la ONG Acción contra el Hambre, niega la mayor: la relación directa entre exceso de población y hambre. “El Sahel tiene una densidad de población bajísima, y sin embargo periódicas y graves hambrunas. En un país donde hay democracia no hay hambre; Japón tiene 120 millones de habitantes y no pasan hambre”. En el precario equilibrio entre factores tan volátiles como los que componen la ecuación hambre por falta de cosecha por falta de lluvia, hay factores incidentales que dan un vuelco al escenario, “como la guerra o un desastre natural, que son elementos de ruptura” de la balanza.


 
“El viejo argumento de la demografía como explicación del hambre empezó con Malthus, pero lo cierto es que un europeo o un americano consumen 150 y 200 veces más recursos, respectivamente, que un africano”, añade Longué en referencia a la desigualdad distributiva. “En las declaraciones de Attenborough resuena esa visión religiosa, mística del mundo: hay gente que dijo lo mismo cuando apareció el sida: no solo que era una plaga que castigaba a pecadores, sino también un mecanismo de regulación poblacional”.


 
De hecho, el propio Attenborough nació cuando en el mundo solo había 2.000 millones de habitantes; “cuando la pervivencia del planeta se cifraba en un tope de 900 millones; ahora, los modelos demográficos más pesimistas prevén que en 2050 la humanidad empezará a declinar”, apunta Longué, que plantea una solución para neutralizar la inoperancia de muchos Gobiernos: “Que la gestión de los recursos recaiga en manos de las mujeres; solo la educación de las madres puede revertir la curva demográfica”. Para que sociedades como las africanas, donde los hijos son la seguridad social —la mano de obra para las cosechas y el báculo en la vejez—, puedan desarrollarse y avanzar hacia la convergencia con las sociedades desarrolladas, donde, sin embargo, los viejos son cada vez más un estorbo. A juzgar por las referencias geográficas más repetidas a lo largo de este reportaje, el mapa de la sobrepoblación traza una línea de África a Japón, como casilla de salida y de llegada; como el recorrido de la especie humana desde los albores al ocaso.

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La Comisión Europea y Monsanto ocultaron la alta toxicidad del glifosato

La Comisión Europea aprobó el uso del glifosato sabiendo, como también lo sabía Monsanto, que causa defectos de nacimiento, algo que se ocultó a la gente. Este herbicida debiera ser prohibido, dicen la Dra. Eva Sirinathsinghji y la Dra. Mae-Wan Ho.

 

Un informe escrito por un grupo internacional de científicos e investigadores de la organización no gubernamental Open Earth Source (OES), revela que los estudios realizados por la empresa Monsanto, ya en la década de 1990, mostraba que el glifosato causa defectos de nacimiento. A pesar de ello, la Comisión Europea aprobó el uso de este herbicida con pleno conocimiento de aquellos estudios.

 

El glifosato es el ingrediente activo del herbicida Roundup de Monsanto y de otras formulaciones comerciales. Su uso causa gran preocupación por los efectos nocivos que los estudios científicos vienen señalando desde hace varios años, entre los que se incluyen alteraciones endocrinas, daño en el ADN, toxicidad reproductiva y en el desarrollo, neurotoxicidad, cáncer y defectos de nacimiento ( véase [[2] Glyphosate Toxic and Roundup Worse, SiS 26; [3]Death by Multiple Poisoning, Glyphosate and Roundup, SiS 42; [4] Ban Glyphosate Herbicide Now. SiS 43; [5] Lab Study Establishes Glyphosate Link to Birth Defects, SiS 48).

 

El herbicida Roundup de Monsanto es el más vendido en todo el mundo y su uso se ha incrementado de manera exponencial. Monsanto ha introducido cultivos modificados genéticamente (OGM) tolerantes al glifosato, tales como los RR (Roundup Ready) de la soja. En la actualidad, casi el 80% de la producción mundial de soja se obtiene en los Estados Unidos, Brasil y Argentina, y en año 2009, la soja RR representaba el 91%, el 99% y el 71% respectivamente de la superficie total de soja de esos países. Desde 1997, la producción de soja RR ha aumentado de 5 a 30 millones de hectáreas, eso sólo en los Estados Unidos (1). Se ha encontrado que en la soja quedan residuos de glifosato, hasta 10 veces más alta que la dosis que provoca malformaciones fetales en los embriones de pollo y de rana.

 

Con el uso generalizado de los herbicidas y la aprobación por parte de la UE del uso del glifosato en los cultivos transgénicos tolerantes a este herbicida, se observa la urgente necesidad de una revisión adecuada del herbicida, para ser consecuentes con la nueva normativa más estricta sobre el uso de los pesticidas aprobada por la UE en junio de 2011. De hecho, la revisión estaba prevista para el año 2012, sin embargo se ha retrasado la revisión del glifosato y otros 38 plaguicidas al año 2015 (1). Por otra parte, la revisión de 2010 se hizo bajo la antigua normativa, menos estricta. La razón oficial que se ha dado para este retraso es que tienen demasiada carga de trabajo. Esto significa que la seguridad del glifosato no podrá ser revisada bajo la nueva normativa hasta el año 2030.

 

Retrasar esta revisión ha sido cuestionada en una demanda contra la CE por Pesticides Action Network Europe y Greenpeace. Los coautores del informe realizado por Open Earth Source (OES) también han solicitado que se lleve a cabo una revisión del sistema sin más demoras, y se retire del mercado el glifosato y Roundup.

 

Evidencias de defectos de nacimiento en los estudios realizados por la Industria y en los independientes

 

El informe de la OES revela que en los estudios llevados a cabo por la Industria en la década de 1990 ya se mostraba la letalidad embrionaria y los defectos de nacimientos en los animales de laboratorio, entre los que se incluía dilatación del corazón en los conejos a bajas dosis de glifosato. A dosis más altas, ya se señalaron deformaciones en los estudios independientes realizados desde los años 1980.

 

Monsanto ha contestado negando sus propias conclusiones (6): "Las autoridades reguladores y los expertos independientes de todo el mundo coinciden en que el glifosato no causa defectos adversos reproductivos en animales adultos o defectos de nacimientos en las crías de estos adultos expuestos al glifosato, incluso a dosis más altas que por exposición ambiental o laboral".

 

Sin embargo, los "expertos independientes" de los que habla Monsanto están sumidos en conflictos de interés, tanto a nivel económico como profesional, y basan casi por completo sus investigaciones en los estudios realizados por la Industria (1).

 

Estudios independientes han revelado vínculos con el cáncer, alteraciones genéticas y alteraciones endocrinas, así como defectos en el desarrollo, por ejemplo, anomalías craneofaciales y vertebrales en ratas (7), deformidades de la boca, alteraciones oculares y de la cola, curvada en los renacuajos de la rana (8). Los estudios más recientes realizados por el Dr. Andrés Carrasco y sus colegas muestran una relación entre el glifosato y el ácido retinoico, señalando un desarrollo embrionario anormal (5,9).

 

Sorprendentemente, estos y otros numerosos estudios citados en el Informe de la OES fueron desestimados por la Comisión Europea (CE) y la Oficina Federal Alemana para la Protección de los Consumidores y Seguridad Alimentaria (BVL), que es la responsable de la coordinación entre la Industria y la CE. La conclusión de la BVL, comunicada a la CE a través del Informe de 1998 "Proyecto de Informe de evaluación" (DAR), fue que "no hay evidencias de teratogenicidad" para el glifosato.

 

El Proyecto de Informe de Evaluación contiene pruebas indiscutibles

 

El Informe alemán de 1998, DAR, fue crucial para que el glifosato fuese aprobado por la UE, al señalar en sus conclusiones que el "glifosato no tiene efectos teratogénicos", si bien también se decía en sus conclusiones que a dosis más altas causaba "osificación reducida y una mayor incidencia de trastornos esqueléticos o de los órganos internos" en los fetos de las ratas y de los conejos. Además, agregaba que los estudios realizados por la Industria sobre el glifosato a dosis altas mostraba un reducido número de fetos viables en las camadas de ratas y conejos, con un aumento de los defectos congénitos. Las anomalías esqueléticas encontradas por la Industria en los primeros estudios son consistentes con los hallazgos más recientes en las investigaciones de Andrés Carrasco y al (5,9). Sin embargo, estas anormalidades no se tuvieron en cuenta por motivos espurios, tales como que las altas dosis que envenenaron a las madres (dosis tóxicas) no eran dosis pertinentes para la evaluación de los riesgos humanos, ya que la madre se puede envenenar con cualquier sustancia pudiendo alterar el desarrollo del feto y causar defectos de nacimiento. Esta absurda suposición es impugnada por la literatura científica independiente, y algo muy debatido incluso por la propia Industria.

 

Puedes ver fotografías de lechones tomadas por el criador de cerdos Borup Pedersen, alimentados con soja transgénica, y en los que pueden observar distintos tipos de malformaciones. (Véase: http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2012/04/30/dinamarca-se-relaciona-la-soja-transgenica-con-danos-en-la-cria-del-cerdo/

 

Una historia de manipulaciones y engaños por parte de los reguladores alemanes y de la UE

 

Como resulta evidente en el informe de Alemania de 1998, DAR, se manipularon las evidencias científica mediante diversas estratagemas que llevaron a mentir, con un total desprecio por el principio de precaución.

 

Los animales expuestos al glifosato en los estudios presentados por la Industria muestran efectos frente a los animales no expuestos, y eso en dosis tan bajas como 20 mg por kg de peso corporal. Tanto es así, que la Dirección de Seguridad de Pesticidas del Reino Unido (PSD) apoya la teratogénesis del glifosato (1): "Considerados de forma aislada, ninguno de los hallazgos de los estudios sobre los efectos teratológicos en los conejos sería motivo de preocupación. Sin embargo, se observa en general la incidencia de un mismo patrón".

 

Alemania, por su parte, recurrió a incluir a los grupos de control "históricos" dentro de los estudios no publicados ( y por lo tanto irrelevantes), que tuvo el efecto de aumentar la variación y por lo tanto la de anular cualquier significación estadística de los experimentos realizados por la Industria. La Dirección de Seguridad de Pesticidas del Reino Unido (PSD) terminó por pedir a Alemania que pusiese a su disposición los datos de los controles anteriores, pero no está claro si la PSD vio esos datos, o, si los vio, cómo respondió. Y hasta la fecha, esos datos de control históricos siguen ocultos al público.

 

En el informe de la Open Earth Source (OES) se comenta: "El uso de los datos históricos en lugar de los controles concurrentes añade variables a un experimento que tiene por objeto el control de las variables, ocultando los efectos teratogénicos del glifosato, y evita cualquier conclusión en este sentido. Es por eso que el uso de los datos históricos de control es un asunto controvertido. En la práctica no está permitido en Evaluación Toxicológica en animales y en otros estudios para la aprobación de los plaguicidas".

 

Los controles válidos para un experimento exigen que sean animales de la misma cepa genética, de la misma edad, criados en el mismo ambiente y estudiados al mismo tiempo que los animales tratados. Además, "la manera en que los animales serán examinados y evaluados, y los datos registrados, debe hacerse de la misma forma".

 

El Informe de la OES afirma: "Si esas prácticas de utilizar los controles históricos se descubrieran en un estudio científico independiente se consideraría un fraude científico".

 

En resumen, la Industria y los reguladores cometieron una serie de manipulaciones en las pruebas científicas para favorecer la aprobación del uso del glifosato.

 

La Industria (incluyendo a Monsanto) conocía desde la década de 1980 que el glifosato causa defectos de nacimiento en los animales en altas concentraciones.

 

La Industria también sabía desde 1993 de los efectos a bajas y medias dosis.

 

El Gobierno alemán conocía que el glifosato causa defectos de nacimiento, por lo menos desde el año 1998, año en que envía el Informe DAR a la CE.

 

El Panel de Expertos de la CE que realizó la revisión científica, ha sabido desde el año 1999 que el glifosato causa defectos de nacimiento.

 

La CE sabe desde el año 2002 que el glifosato causa defectos de nacimiento, año en que la Dirección General de DANCO (Sanidad y Protección de los Consumidores) publicó el Informe final del examen para la aprobación del glifosato.

 

A lo largo de todos estos años está información se ha ocultado al público y los trabajos de los científicos independientes sobre los efectos teratogénicos del glifosato y Roundup han sido ignorados, rechazados, o incluso denigrados.

 

El LOAEL (nivel más bajo de efectos adversos observables) del glifosato se estableció en Alemania en 60 mg por kilogramo de peso corporal y día, por lo menos 3 veces superior al indicado por la Industria hasta la fecha, a través de un juego de prestidigitación que sólo consideraba la "exposición crónica" en la "especie más sensible", que era la rata, mientras que los estudios independientes señalaban un LOAEL de sólo 5 mg por kg de peso corporal para los trastornos endocrinos y daños hepáticos en las ratas. El LOAEL se utiliza para establecer la ingesta diaria admisible (IDA), que es de 1/100 del LOAEL. Por consiguiente, la IDA actual de 0,6 mg por kilogramo y día es al menos 10 veces mayor que los niveles establecidos en el momento de fijarse.

 

La mala ciencia protegida por la Industria posee pautas y directrices cuestionables

 

Además de la manipulación absoluta de las pruebas científicas, la Industria ha erigido un escudo eficaz para su mala ciencia bajo el disfraz de "Buenas prácticas de Laboratorio" (GLP), unas pautas y directrices establecidas por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), una organización no científica. Esta Guía de Buenas Prácticas ha sido ya fuertemente criticada en un documento firmado por 30 científicos (10). que señalan que las GLP "no especifican nada acerca de la calidad del diseño de la investigación, las habilidades de los técnicos, la sensibilidad de los ensayos, o ya sean los métodos empleados, bien estén al día o sean ya caducos". La Comunidad Europea y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) aceptan ambos las directivas GLP y la investigación independiente que no se ajuste a ellas puede ser ignorada para los propósitos de evaluación. Por lo tanto, la investigación del equipo del Dr. Andrés Carrasco y otros estudios independientes que muestran daños causados por el glifosato o Roundup fueron rechazados en razón de que los sistemas de prueba no estaban validados y consideraron los estudios "inapropiados e irrelevantes a efectos de evaluación de riesgos en la salud humana" (porque los realizaron en animales no aprobados, que son las ratas, los ratones y los perros, por ejemplo). En otras palabras, no realizaron la investigación de acuerdo con las normas GLP. Como observa el Informe de la OES (1): "Esto plantea la pregunta ¿por qué financian los Gobiernos investigaciones científicas si luego ignoran los resultados en casi todas las evaluaciones de riesgo?".

 

De hecho los estudios de toxicidad según las normas GLP han sido criticados por el uso actualizado de protocolos que utilizan unas dosis muy altas, en niveles cercanos a la intoxicación y que pueden tener poca relación con los niveles de exposición en el medio, y los animales de prueba mueren antes de llegar a la vejez, enmascarando la mayor parte de las enfermedades en desarrollo. En resumen, las pruebas realizadas según los protocolos GLP rara vez encuentran toxicidad.

 

Comparando los NOAEL (niveles sin efectos adversos observables) de la Industria y de los estudios independientes sobre docenas de sustancias químicas, los estudios independientes detectan importantes efectos tóxicos a niveles muy inferiores a los de la Industria. Sin embargo, los reguladores siguen ignorando hasta la fecha los estudios independientes en favor de los de la Industria, debido a que cumplen con las directrices GLP de la OCDE. Su rechazo a las recientes conclusiones del equipo de Carrasco es indefendible, por su no adhesión a la Guía de Buenas Prácticas, como se señala en el informe de la OES ( ver también 5).

 

Por otra parte, la OCDE estableció en el mes de septiembre unos rígidos criterios, científicamente incorrectos, sobre la respuesta de las dosis en las pruebas toxicológicas. No tienen en cuenta efectos como la interrupción endocrina y otros efectos que se observan a dosis bajas más que a altas, lo que invalida la suposición de que existe una dosis segura según la cual no hay toxicidad significativa.

 

El nuevo reglamento de la UE sobre pesticidas tiene el potencial de poner fin a la tiranía de las normas GLP al insistir en los estudios científicos independientes revisados por pares en la evaluación de los plaguicidas. Sin embargo, la nueva normativa obliga a la Industria a hacer su propia búsqueda de Literatura científica en la preparación de un archivo sobre los plaguicidas, dando así el control total a los estudios de la Industria, que son los que seleccionarán para su inclusión y así reforzar la tiranía de las normas GLP.

 

Pruebas en humanos ante el aumento de las preocupaciones por los efectos en la salud

 

Debido a las evidentes restricciones para realizar experimentos en seres humanos, los datos sobre la toxicidad del glifosato en las personas son difíciles de obtener en un laboratorio. Sin embargo, sí se han obtenido resultados a partir de los estudios realizados en líneas celulares humanas. Un experimento realizado por el científico francés Giles-Eric Séralini y sus colegas en el año 2009, encontró que Roundup causaba la muerte de las células umbilicales, de las células embrionarias y de la placenta en sólo 24 horas (3,11).

 

Además, con el uso generalizado del glifosato en países como Argentina y Canadá, las pruebas de que se están produciendo daños en los seres humanos están aumentando. Un gobierno local de Argentina recoge en un documento ( o véase este otro Informe: http://noticiasdeabajo.wordpress.com/2012/07/30/informe-del-primer-encuentro-nacional-de-medicos-de-pueblos-fumigados/) que se han triplicado el número de cánceres infantiles entre 2000 y 2009, y cuadriplicado el número de defectos de nacimiento en las zonas donde se utilizan agroquímicos (véase referencia [12] Argentina's Roundup Human Tragedy, SiS 48). Carrasco señala en su estudio (9): "Los resultados obtenidos en el laboratorio son compatibles con las malformaciones observadas en los seres humanos expuestos al glifosato durante el embarazo".

 

Un estudio epidemiológico en Ontario, Canadá, también ha encontrado altos niveles de nacimientos prematuros y abortos espontáneos en las mujeres que pertenecen a familias agricultoras que utilizan plaguicidas, incluyendo el glifosato.

 

La respuesta de la Oficina Federal Alemana para la Protección de los Consumidores y Seguridad Alimentaria (BVL) a esos problemas fue de que eran irrelevantes para la situación de Europa, así como ya existen planes para aumentar los cultivos tolerantes al glifosato. "Aunque hay indicios de un aumento de las malformaciones debido a la amplia exposición a los plaguicidas en América del Sur, las autoridades de estos países son responsables de propiciar la realización de más investigaciones en profundidad. Teniendo en cuenta que las condiciones de aplicación son muy distintas y existen incertidumbres en cuanto a la exposición humana a los efectos de los productos fitosanitarios, los resultados de este tipo no deben llevarnos de forma automática a preocuparnos por la seguridad de los herbicidas a base de glifosato en Europa".

 

Preocupaciones adicionales

 

Un informe publicado recientemente por el científico estadounidense Dr. Don Huber, profesor emérito de la Universidad de Purdue, advirtió de la aparición de un nuevo agente patógeno asociado a los cultivos transgénicos tolerantes al glifosato ( (véase [13] Emergency! Pathogen New to Science Found in Roundup Ready GM Crops?) y ( Los científicos advierten sobre la relación entre un nuevo y peligroso patógeno y Roundup de Monsanto)

 

En una carta escrita dirigida al Secretario de Agricultura de Estados Unidos, expresa su preocupación por la aparición de este agente patógeno, muy abundante en los cultivos transgénicos, y que al parecer está asociado a enfermedades devastadoras en los cultivos y altas tasas de infertilidad y abortos involuntarios en los animales. Esta es una nueva preocupación que se suma a la urgencia de revisión por parte de la UE del uso del glifosato y los cultivos transgénicos.

 

Conclusión y recomendaciones

 

Los autores del informe de la OES concluyen que: "La actual aprobación del glifosato y Roundup es científicamente insostenible". Recomiendan la inmediata retirada del glifosato hasta que una nueva revisión rea realizada, con una amplia variedad de pruebas actualizadas, de forma independiente y con los datos disponibles para el público.

 

Estamos totalmente de acuerdo con la conclusión y la recomendación.

 

Referencias

1. Antoniou M, Habib M, Howard CV, Jennings RC, Leifert C, Nodari RO, Robinson C, Fagan J. Roundup and birth defects: Is the public being kept in the dark? Earth Open Source, 2011.

2. Ho MW and Cummins J. Glyphosate toxic and Roundup worse Science in Society 26, 12, 2005.

3. Ho MW and Cherry B. Death by multiple poisoning, glyphosate and Roundup. Science in Society 42 , 14, 2009

4. Ho MW. Ban glyphosate herbicides now. Science in Society 43, 34-35, 2009.

5. Ho MW. Lab study establishes glyphosate link to birth defects. Science in Society 48, 32-33, 2010.

6. Beyond the Rows, A blog by Monsanto, St. Louis, United States of America, 9 June 2011, accessed 11 July 2011,http://www.monsantoblog.com/2011/06/09/june-2011-earth-open-source-report-on-roundup/

7. Dallegrave E, Mantese FD. et al. 2003. The teratogenic potential of the herbicide glyphosate-Roundup in Wistar rats. Toxicol Lett 142(1-2): 48

8.  Lajmanovich RC, Sandoval MT, Peltzer PM. 2003. Induction of mortality and malformation in Scinax nasicus tadpoles exposed to glyphosate formulations. Bull. Environ. Contam. Toxicol. 70, 612–18.

9. Paganelli A, Gnazzo V, Acosta H, Lopez SL and Carrasco AD. Glyphosate-based herbicides produce teratogenic effects on vertebrates by impairing retinoic acid signalling. Chem Res Toxicol, August 9. http://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/tx1001749

10. Myers JP, Vom Saal FS. et al. Why public health agencies cannot depend on good laboratory practices as a criterion for selecting data: The case of bisphenol A. Environmental Health Perspectives 2009, 117, 309–15.

11. Benachour N, Séralini GE. 2009. Glyphosate formulations induce apoptosis and necrosis in human umbilical, embryonic, and placental cells. Chem Res Toxicol 22: 97–105.

12. Robinson C. Argentina's Roundup human tragedy Science in Society 48, 30, 2010

13. Ho MW. Emergency! Pathogen new to science found in Roundup Ready GM crops? Science and Society 50, 10-11, 2011.

 

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Evo califica la legalización del acullico como un triunfo de la unidad boliviana

El presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmó este lunes en un masivo acto en Cochamba (centro del país) que el reconocimiento del masticado de coca por parte de la comunidad internacional “es un triunfo de la unidad del pueblo boliviano y la revolución democrática y pacífica” que encabeza.


 
El primer mandatario resaltó en un acto en apoyo a la decisión de la Organización de las Naciones Unidas de admitir como legal el masticado de coca (acullico) que esto es un triunfo de “la unidad del pueblo para defender su cultura, medicina y alimento, que está representado en la hoja de coca”.


 
Además remarcó que el reingreso del país a la Convención de Viena sobre estupefacientes bajo la reserva de que se acepte al acullico es “una misión cumplida para las futuras generaciones”.


 
Agregó que esta “es una victoria de la identidad boliviana que se consigue cuando hay unidad y claridad ideológica, programática y cultural” y subrayó que cuando “los derechos son violados por tratados internacionales, los pueblos se levantan”.


 
“Durante muchos años, Estados Unidos y los gobiernos neoliberales de nuestro país intentaron eliminar el cultivo y masticado de la hoja de coca después de que se los prohibiera en 1961 y decidieran erradicarlos en 25 años. Sin embargo, ahora la comunidad internacional reconoce como una actividad lícita el consumo y cultivo de hoja coca, lo que significa una victoria de esta revolución cultural que llevamos a cabo”, indicó.


 
“Uno de los logros de esta revolución pacífica fue lograr esto, nunca Bolivia se había atrevido a cambiar los tratados internacionales. Los distintos gobiernos de las dictaduras o democracia pactada no denunciaron sino que atacaron con los protocolos para acabar con la hoja de coca en toda la región andina”, recordó.


 
En ese sentido, resaltó, que durante la batalla por que el masticado o acullico sea declarado legal murieron muchas personas y fueron heridas otras tantas para que la hoja de coca deje ser considerada como un veneno o estupefaciente y sea tenida en cuenta como parte de la vida y cultura del pueblo boliviano.


 
Destacó como otro logro que el cultivo también sea aceptado por la comunidad internacional, hecho que antes era “utilizado por la DEA norteamericana para mandar a nuestras fuerzas militares y policiales, lo que fue eliminado cuando llegamos al gobierno para terminar con nuestra sumisión al imperialismo norteamericano”.


 
“Hoy nuestros campesinos controlan el límite del cultivo de la hoja de coca para evitar que sean utilizados para cocaína”, observó luego de remarcar que la lucha contra el narcotráfico del Estado boliviano es reconocida, incluso, por ONG internacionales.


 
Morales también sostuvo que antes los productores de hoja de coca y los consumidores eran calificados como narcotraficantes y drogadictos. “Ahora dejarán de ser considerados como criminales”, expresó.


 
Jornadas de júbilo


 
Multitudinarias marchas y actos en esta capital y en Cochabamba dieron inicio este lunes a la jornada de regocijo por el retorno de Bolivia a la Convención de Viena y la despenalización del masticado de hoja de coca.


 
Elaboradores de la hoja en La Paz y representantes de organizaciones sociales se concentraron frente a la oficina de la Asociación de Productores de Coca (Adepcoca) para una gran marcha hacia el centro de la ciudad.


 
El corresponsal de teleSUR en Bolivia informó que “en La Paz productores de coca de Los Yungas marcharon por el centro de la ciudad y obsequiaron la hoja a los transeúntes”.


 
Durante el acto para festejar la despenalización del masticado de la hoja de coca en Cochabamba, el mandatario boliviano, Morales, aseguró que la concentración de este lunes es un éxito a nivel local e internacional.


 
“Me han informado que en esta concentración hay tres kilómetros de concentración, es decir que logramos que esta batalla se libre no solo a nivel nacional, sino a nivel internacional”.


 
“Saludamos la participación a nivel internacional. Queremos mantenernos unidos como hermanos y así seguiremos”, aseguró el jefe de Estado boliviano.


 


Añadió que su gobierno siempre ponderará la decisión del pueblo por encima de cualquier otro interés.
 
“Por algo hemos ganado tantas elecciones, porque hemos decidido combinar conciencia con lucha para la liberación de los pueblos, no solo en Bolivia sino en América Latina y esto no ha sido casualidad”, recordó Morales.


 
“Que viva el pueblo boliviano, la lucha por nuestra identidad. Misión cumplida ante el pueblo y las nuevas generaciones que están por venir”, concluyó el acto el mandatario boliviano.

 

14 Enero 2013


 
(Con información de Telesur)

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 Cuarenta años después del informe al Club de Roma

En marzo de 1972, en respuesta a una petición de un think-tank con sede en Zurich (Suiza) –el Club de Roma-, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicaban The Limits to Growth, un informe que establecía un modelo de las posibles consecuencias de mantener el crecimiento económico a largo plazo. Al publicarse la última edición [francesa] de Limites à la croissance (Rue de l´Echiquier, colección “Initial(e)s DD, 2012), su primer autor, el físico norteamericano Dennis Meadows, de 69 años de edad, responde a Le Monde.


 
¿Qué balance hace usted del informe de 1972?


 
En primer lugar, no era un buen título. Todo científico comprende que hay límites al crecimiento de la población, del consumo energético, del PIB, etc. Las cuestiones interesantes estriban más bien en saber lo que causa este crecimiento y cuáles serán las consecuencias de toparse con los límites físicos del sistema.


 
Sin embargo, la idea común sigue siendo que no hay límites. Y cuando demuestras que los hay, te responden generalmente que no es grave, porque nos acercaremos a ellos de manera tranquila y ordenada para detenernos suavemente gracias a las leyes del mercado. Lo que demostramos en 1972, y sigue siendo válido cuarenta años después, es que esto no es posible: franquear los límites físicos del planeta conduce al hundimiento.


 
Con la crisis financiera, se ve el mismo mecanismo de franquear un límite, el del endeudamiento: y se ve que las cosas no suceden tan tranquilamente.


 
¿Qué entiende usted por hundimiento?


 
La respuesta técnica es que el hundimiento es un proceso que implica un “bucle de retroacción positiva”, es decir, un fenómeno que refuerza aquello que lo provoca. Por ejemplo, en Grecia: la población pierde su confianza en la moneda. Retira, por tanto, los fondos de sus bancos y, por tanto, se debilitan los bancos, por lo cual la gente retira todavía más dinero de los bancos, etc., lo que lleva al hundimiento.


 
Se puede dar una respuesta que no sea técnica: el hundimiento caracteriza a una sociedad que tiene cada vez menos capacidad de satisfacer necesidades elementales: alimentación, sanidad, educación, seguridad.


 
¿Se ven signos tangibles de este hundimiento?


 
Algunos países ya están en esa situación, como Somalia, por ejemplo. Del mismo modo, la “primavera árabe”, que se ha presentado un poco en todas partes como solución a los problemas, no es en realidad más que el síntoma de problemas que nunca se han resuelto. A estos países les falta  agua, deben importar sus alimentos, su energía, todo eso con una población que aumenta. En otros países, como los Estados Unidos, andan menos cerca del hundimiento, pero están en esa vía.


 
¿El crecimiento mundial va, por tanto, a detenerse ineluctablemente?


 
El crecimiento va a detenerse en parte en razón de la dinámica interna del sistema y en parte en razón de factores externos, como la energía. La energía tiene una influencia muy grande. La producción petrolera ha pasado su pico y va a comenzar a descender. Ahora bien, no hay substituto rápido del petróleo para los transportes, para la aviación…Los problemas económicos de los países occidentales se deben en parte a los elevados precios de la energía.


 
En los próximo veinte años, entre hoy y 2030 veremos más cambios de los que ha habido en un siglo, en la política, en el medio ambiente, la economía, la técnica. Los problemas de la zona euro no representan más que una pequeña parte de lo que vamos a ver. Y estos cambios no se llevarán a cabo de manera pacífica.


 
Sin embargo, China mantiene un elevado crecimiento…


 
Desconozco cuál será el futuro de China. Se engaña la gente que dice que, con un crecimiento de un 8% a un 10% anual, China será el país dominante en veinte años. Es imposible hacer que dure este género de crecimiento. En los años 80, Japón mantenía este tipo de ritmo y todo el mundo decía que dominaría el mundo. Desde luego, no ha pasado eso, se ha detenido. Y se detendrá en el caso de China. Una razón por la que el crecimiento es fortísimo en China es la política del hijo único, ha cambiado la estructura de la población de manera que ha cambiado la proporción entre la mano de obra y los que dependen de ella, es decir, los jóvenes y los viejos. Durante un periodo que va a durar hasta cerca de 2030, habrá un aumento de mano de obra. Y luego se detendrá.


 
Además, China ha deteriorado considerablemente su medio ambiente, particularmente sus recursos hídricos, y los impactos negativos del cambio climático sobre el país serán enormes. Algunos modelos climáticos sugieren así que en el horizonte de 2030 podría ser poco menos que imposible cultivar cualquier cosa en las regiones que proporcionan actualmente el 65% de las cosechas chinas… ¿Qué cree usted que harán entonces los chinos ? ¿Que se quedarán en casa sufriendo ellos solos el hambre ? ¿O que irán hacia el norte, hacia Rusia? No sabemos cómo reaccionará China a este género de situación.

 
¿Qué consejo les daría a François Hollande, Angela Merkel o Mario Monti ?


 
 Ninguno, porque les importa un bledo mi opinión, pero supongamos que yo fuera un mago: la primera cosa que haría sería alargar el horizonte de tiempo de los hombres políticos. Para que no se pregunten qué hacer de aquí a las próximas elecciones sino que se pregunten:  “Si hago esto, ¿qué consecuencias tendrá en treinta o cuarenta años ?” Si amplía el horizonte temporal, es más probable que la gente empiece a comportarse de un modo bueno.


 
¿Qué piensa usted de la “política de crecimiento” en la zona euro?


 
Si tu única política se funda en el crecimiento, no querrás oír ni hablar del fin del crecimiento. Porque eso significa que tienes que inventar algo nuevo. Los japoneses tienen un proverbio interesante:  “Si tu única herramienta consiste en un martillo, todo se parece a un clavo”. Para los economistas, la única herramienta es el crecimiento y todo se asemeja por tanto a una necesidad de crecimiento.


 
Igualmente, los políticos son elegidos para poco tiempo. Su propósito consiste en parecer buenos y eficaces durante su mandato; no se preocupan de lo que pasará después. Justo por eso se tienen tantas deudas: se pide prestado sobre el futuro, para tener beneficios inmediatos, y cuando se trata de devolver la deuda, quien la he contraído ya no se ocupa de las cosas.
 
 
 
 *Declaraciones recogidas en mayo de 2012 por Hervé Kempf y Stéphane Foucart, periodistas de Le Monde.
 
**Dennis L. Meadows (1942) es profesor emérito de la Universidad de Nueva Hampshire, presidente del Laboratory for Interactive Learning, y coautor con Donella H. Meadows, Joergen Randers y William W. Behrens III del celebérrimo Informe al Club de Roma, Los límites del crecimiento. En 2004 se publicó una versión actualizada Los límites del crecimiento: 30 años después (Galaxia Gutenberg, Madrid, 2004).

 

Publicado por lalineadefuego el diciembre 27, 2012 · Dejar un comentario   Sin Permiso <www.sinpermiso.info>
 
16/12/12


 
Traducción para http://www.sinpermiso.info : Lucas Antón
  


 

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Límites del crecimiento

Álvaro Sanabria Duque

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Martes, 25 Diciembre 2012 09:51

Agua: interés mundial clave para 2013

El 2013 constituirá un período clave en los esfuerzos internacionales para resolver la crisis de 770 millones de personas sin acceso al agua potable y de dos mil 500 millones que están privadas de servicios de saneamiento adecuado.

 

Con ese propósito, Naciones Unidas iniciará el próximo martes el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, proclamado por la Asamblea General en una resolución adoptada en diciembre de 2010.

 

Ese texto puso de relieve que el agua es fundamental para el desarrollo sostenible, en particular para la integridad del medio ambiente, la salud y el bienestar humanos y la erradicación de la pobreza y el hambre.

 

Todos esos desafíos forman parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, establecidos por la ONU en 2000 para ser cumplidos en 2015.

 

Y uno de ellos busca reducir a la mitad el porcentaje de personas sin acceso al agua potable y a los servicios básicos de saneamiento, meta cuyo cumplimiento despierta escepticismo por los lentos y desiguales avances registrados hasta ahora.

 

Frente a esa situación, agravada por los efectos del cambio climático y otros problemas que repercuten negativamente en la cantidad y la calidad del agua, la ONU insiste en la necesidad de fortalecer la cooperación en todos los planos.

 

Ese es uno de los ángulos principales del Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, el cual debe servir para la realización de actividades a todos los niveles, según establece la resolución de la Asamblea General.

 

Hace dos años y a instancias de Bolivia, ese cuerpo reconoció el acceso al agua potable y el saneamiento como "un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos".

 

De acuerdo con la entidad ONU-Agua, creada en 2003, los siete mil millones de habitantes del planeta beben de dos a cuatro litros de agua cada día y una parte de ella a través del consumo de alimentos.

 

Este último aspecto demuestra su real dimensión cuando se comprueba que para producir un kilogramo de carne de ganado vacuno y de trigo se consumen 15 mil y mil 500 litros de agua, respectivamente.

 

Por eso, la organización reclamó cambios fundamentales en la gestión y las políticas a lo largo de toda la cadena de producción agrícola para un mejor uso de los recursos hídricos y poder responder a la creciente demanda de alimentos y otros productos.

 

Para el 2013 está programada una conferencia internacional de alto nivel sobre la cooperación en la esfera del agua, a celebrarse en agosto venidero en Tayikistán.

 

También existe una propuesta para realizar otra reunión en la sede de la ONU en Nueva York, en ocasión del Día Mundial del Agua, el 22 de marzo, proclamado hace 20 años (1992) por la Asamblea General.

 

El precioso líquido también es objeto de un Decenio Internacional para la Acción, denominado El agua fuente de vida, entre 2005 y 2015. Poco antes (2003) se conmemoró el Año Internacional del Agua Dulce.

 

25 DICIEMBRE 2012

(Con información de Prensa Latina)

 

Publicado enInternacional
Martes, 20 Noviembre 2012 11:39

Cuarenta años de deterioro acelerado

Finaliza 2012 y llama la atención la frialdad con que se conmemoraron los 40 años de la publicación del libro Los límites del crecimiento, que en su momento suscribieron Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen Randers y William W. Behrems. El libro, que se puede considerar la obra fundante del ambientalismo moderno, se escribió por iniciativa del llamado Club de Roma, que se había creado tan solo dos años antes y que, liderado por Aurelio Peccei, ejecutivo de la Fiat, había solicitado un estudio a ese grupo de científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (más conocido como MIT, sigla inglesa), en el que se debían considerar en forma conjunta y dinámica el crecimiento de la población, la producción industrial y agrícola, la contaminación y las reservas de algunos recursos no renovables.

Los resultados del informe, poco halagüeños, se convirtieron prontamente en uno de los hitos más importantes del mundo académico y político, y dieron lugar al desarrollo acelerado de investigaciones sobre las consecuencias de la intensidad del uso de los recursos naturales de nuestro planeta, así como a las controversias más acerbas sobre la exactitud de las predicciones.

Los argumentos, ciertamente, no surgían de la nada, pues el entorno económico y social era propicio para generar las dudas que empezaban a presentarse sobre la sostenibilidad de un sistema como el capitalismo, cuyo signo de salud es precisamente el crecimiento permanente. El comienzo de la declinación de la producción norteamericana de petróleo, en 1970, pronosticada por Marion King Hubbert desde la década de los 50, fue el campanazo de alerta acerca de la posibilidad real de agotamiento de los recursos no renovables, que en el caso del petróleo, además, ya se veía como el sostén del sistema.

La supresión de la convertibilidad del dólar en oro, en 1971, junto con la crisis petrolera de 1973, marcaban el fin de la etapa del bienestar y el inicio de una crisis de largo plazo (ciclo Kondratiev, la llaman los economistas), que, lejos de dar muestras de finalizar en nuestros días, parece agudizarse luego de 40 años violentos.

 

¿Quiénes son los preocupados?

 

En 1962 se publicaba la Primavera silenciosa, de Rachel Carson, sobre los efectos de los pesticidas en la cadena trófica; La bomba poblacional, de Paul Ehrlich, veía la luz en 1969 y advertía sobre la amenaza del crecimiento poblacional en un planeta finito, y en 19070 Nicholas Georgescu-Roegen daba a la imprenta La ley de la entropía y el crecimiento económico, en el cual llamaba la atención sobre la flecha del tiempo en el proceso productivo y el mito de la eternidad de la especie humana.

Como el trabajo de Erlich fue patrocinado por el Club Sierra, al que algunos señalan de haber sido amigo de la eugenesia en sus orígenes (su fundador, John Muir, fue el propulsor de la creación de los parques nacionales en Estados Unidos), y Aurelio Peccei y Maurice Strong, dos de los iniciadores del Club de Roma, eran empresarios de la industria automovilística y del petróleo, respectivamente (y al parecer íntimos del círculo de los Rockefeller), se ha especulado sobre esa base que los preceptos ambientales no son más que cortinas de humo que tapan intereses ocultos.

Sin embargo, no debiera parecer extraño que entre los iniciadores del Club de Roma hayan estado industriales directamente interesados en la suerte de un recurso que, como el petróleo, en ese momento, empezaba a centrar la atención por lo limitado de sus existencias, pues el tipo de motivaciones para tal interés no invalida, ni mucho menos, las pruebas y las inquietudes sobre su agotabilidad. Como tampoco debe parecer extraño que a los verdaderos dueños del mundo les preocupara el estado de lo que ellos consideran que les pertenece.

Hoy es difícil dudar de que entramos en la era del petróleo difícil y que su extracción es cada vez más costosa (la Agencia Internacional de la Energía, en su Panorama de 2010, afirmaba que en 2006 se alcanzó el pico histórico del petróleo convencional), como tampoco de que los combustibles fósiles no convencionales –como es el caso del gas de esquisto, que se promueve como la última panacea energética– son igualmente costosos tanto ambiental como monetariamente.

Si las circunstancias de la fundación del Club de Roma se pueden homologar a la situación que usa como recurso literario la activista Susan George en el Informe Lugano, y en la que una logia de poderosos del planeta busca a un grupo de científicos para que les planteen soluciones hacia la preservación del capitalismo, en las que no debe interferir valor moral alguno, no es algo relevante, pues lo que en realidad debe preocuparnos son las consecuencias de los cambios reales en los ciclos de la naturaleza, y entender que las soluciones son un problema de la política y nos corresponde atajar cualquier salida por la vía totalitaria. Si el calentamiento global, por ejemplo, es uno de los efectos de la quema masiva y creciente de combustibles fósiles, debemos denunciar los mercados verdes y promover iniciativas como la “dieta de la cien millas” (o 60 kilómetros), en la que la gente se niega a consumir alimentos que sean trasportados a distancias mayores, impulsando los consumos locales y la soberanía alimentaria.

El proceso de aceptación oficial de la problemática del calentamiento global debe dejarnos lecciones acerca de cómo se maneja la información sobre asuntos en los que la humanidad se juega la vida. El año 1995 representa el punto de quiebre de la visión sobre la problemática, pues hasta ese año las discusiones sobre la naturaleza y los ritmos de los procesos seguían abiertas. Al finalizar ese año, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) acepta que hay una elevación de la temperatura inducida por la actividad humana. Sin embargo, la aceptación no fue ajena al escándalo, ya que el redactor del informe, Benjamín J. Santer, fue acusado de alterarlo para favorecer la percepción de que en el calentamiento global había incidencia antrópica. Sin embargo, el IPCC también ha sido acusado de lo contrario, y el climatólogo James Hansen sostiene que ese Centro maquilla las cifras para ocultar que la elevación del nivel del mar se prevé muy superior y cubrirá buena parte de las tierras costeras bajas hoy habitadas. En julio de este año, el científico Richard Muller, profesor de la Universidad de California, y uno de los principales escépticos, se declaraba converso y aceptaba la realidad del calentamiento global, así como las causas humanas del fenómeno.

Sea como fuere, lo cierto es que actualmente, por la variabilidad ambiental debida al cambio climático o porque muchas personas se ven obligadas a ocupar lugares vulnerables, los desplazados por fenómenos naturales superan a los motivados por conflictos armados, y es en esos aspectos donde debemos centrar nuestra atención. El profesor de la Universidad de Oxford Norman Myers, reconocida autoridad en el tema, estima que para 2050 el número de desplazados ambientales puede subir a 200 millones de personas, por vientos, lluvias, sequías o inundaciones, multiplicando por 10 la cifra actual de desplazamiento; y, como ya lo sabemos, la mayoría de esas personas pertenecen a los grupos subordinados.

 

¿Qué ha pasado en el entretanto?

 

La población mundial en 1972, año de publicación del informe del Club de Roma, se estimó en 3.800 millones, mientras que hoy supera los 7.000 millones, poco menos que el doble. El PIB mundial de ese año se calculó cercano a los 17 billones (millones de millones), mientras que hoy se considera que está alrededor de los 70 billones. Ahora, ¿es creíble que, siendo “no renovable” buena parte de los recursos naturales usados en la producción, el proceso de crecimiento ser pueda mantener indefinidamente?

Es cierto que la tecnología permite hoy explotar materiales antes inalcanzables, y que las diferencias entre reservas (alcanzables tecnológica y económicamente) y recursos (material del que se conoce o infiere técnicamente su existencia pero que no es explotable por restricciones tecnológicas o económicas) ha ampliado el margen del agotamiento de muchos minerales. Pero eso no niega los impactos de los residuos, la alteración de los ciclos naturales que esto conlleva, y sus efectos económicos y sociales.

El modelo agrícola que hemos implantado es intensivo en petróleo y agua, dos recursos cada vez más escasos; los pesticidas y los fertilizantes son derivados del petróleo o el gas; el arado mecánico depende del gasóleo; e igualmente el empaquetado y el transporte de distribución del producto. El consumo actual de agua ya alcanza el 54 por ciento del total disponible en ríos, lagos y acuíferos subterráneos, y, al ritmo de crecimiento actual, en 25 años los seres humanos pueden estar utilizando el 90 por ciento del total, dejando apenas un 10 por ciento para las demás especies. Del total extraído para el consumo de los humanos, el 69 por ciento se destina a la agricultura; para la industria se usa el 23, y el consumo doméstico se reduce a cerca del 8 por ciento.

El uso intensivo de la tierra y las alteraciones del clima se han juntado para que actualmente alrededor de un tercio de la superficie terrestre (4.000 millones de hectáreas aproximadamente) se encuentre amenazada por la desertificación, y cerca de 24.000 millones toneladas de tierra fértil sean arrastradas y desparezcan. El 66 por ciento del continente africano puede considerarse árido o desértico, siendo la región donde más desplazados se presentan por este fenómeno. En Asia, al menos 2.000 millones de hectáreas son de tierras secas, y en América latina, pese a las apariencias, al menos el 25 por ciento del área se puede considerar tierra árida o desértica.

El mundo ha seguido concentrando la población en las ciudades, y de 1.400 millones de urbanitas en 1972 se pasó a más de 3.500 millones en la actualidad. La otra cara de ese proceso es la cada vez mayor concentración de las tierras rurales en pocas manos, incluso en los países del centro capitalista, hasta el punto de que hoy los expertos hablan, por ejemplo, de la relatifundización de Europa. En Alemania, para citar un caso, entre 2003 y 2007, 45.000 explotaciones campesinas fueron anexadas a propiedades mayores, y los predios de más de 100 hectáreas suman el 52 por ciento del área. En las regiones de lo que fue Alemania Oriental, el 73 por ciento del área está concentrada en propiedades de más de 500 hectáreas.

El Grupo de Alto Nivel de Expertos en Seguridad Alimentaria y Nutrición (HLPE, sigla inglesa), calcula que entre 50 y 80 millones de hectáreas de tierras agrícolas de países en vías de desarrollo han sido adquiridas por inversionistas extranjeros. José Graziano da Silva, director general de la FAO, y Suma Chakrabarti, presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, publicaron el 6 de septiembre pasado un artículo en The Wall Street Journal en el que invitan al sector privado a duplicar las inversiones en acaparamiento de tierras, y asimismo a los Estados a desmontar las políticas de protección del sector campesino, en una muestra de la ofensiva que el capital multilateral ha lanzado sobre la propiedad rural, y la ‘necesidad’ manifiesta de su concentración.

 

Nuevos vientos

 

El Club de Roma, como homenaje a los 40 años de la publicación de Los límites del crecimiento, daba a conocer un nuevo diagnóstico que tituló “2052: una proyección para los próximos 40 años”, firmada por Jorgen Randers, coautor de la investigación de 1972, y en el que se afirma que, si bien la humanidad empieza a adaptarse a los límites del planeta, parece hacerlo a un ritmo muy lento. También se pronostica un estancamiento de las economías que hoy se consideran desarrolladas, y se estima que en ese año el número de pobres será de tres millones, dándoles un golpe a las previsiones de los llamados Objetivos del Milenio de la ONU. Se proyecta un tope de la población de 8.000 millones, que se alcanzaría en la década del 40 de este siglo, por lo cual la pobreza pronosticada sería del 37,5 por ciento de la población: una predicción nada extraña si se comprende la naturaleza del capitalismo. La recepción del texto, a diferencia de la que recibió el informe de hace 40 años, ha sido parca, pues los pronósticos expuestos compiten en un mar de informaciones y análisis prospectivos especializados que hacen ver gris lo publicado.

El capital ha ingresado en una etapa de neorrentismo que empieza a alterar lentamente las lógicas sociales. Y no se trata de que la producción física de mercancías haya dejado de ser la base material que sustenta la sociedad sino de que los mecanismos de distribución de excedentes parecen favorecer cada vez más a los titulares de activos “no productivos”, en lo que pudiera ser una muestra de excesos de capital en el sector real que invitaría a su destrucción.

La preocupación por lo ambiental, tanto de los empresarios como de las entidades multilaterales, no tiene que obedecer a una inquietud por la especie humana en general sino que seguramente está dictada por lo que en el subtítulo del Informe Lugano, Susan George atribuye a los imaginarios destinatarios del mismo: “cómo preservar el capitalismo en el siglo XXI”. No hay que buscar, entonces, en ninguna conspiración tal interés, pero resulta necesario hurgar en las soluciones que se esconden.

Darles una salida violenta a las crisis es algo que experimentó la humanidad por doble partida en el siglo XX. ¿Por qué extrañarnos y mirar con desconfianza y asombro a quienes temen una salida similar en la actual coyuntura? La crisis civilizatoria que enfrentamos, y de la cual lo ambiental es una de sus dimensiones, obliga a los movimientos progresistas a tomar más en serio la indiscutible conexión entre política y ecología, e igualmente a recordar que llevamos 40 años de progresivo deterioro social, que se hace necesario detener conjuntamente con los efectos físicos de la depredadora lógica social que nos domina.

Publicado enEdición N°186
Sábado, 17 Noviembre 2012 06:59

Por la vida y el maíz: tejiendo luchas

Por la vida y el maíz: tejiendo luchas

El día comienza a clarear y a un costado de la plaza de Cherán se oyen los trinos de mujeres alrededor de fogatas y anafres, preparando las tortillas para los que llegarán a desayunar. Amasan en metate la masa de maíz azul que dejaron durmiendo el día anterior, para que la cal abriera los granos que nos brindan su corazón. Danzan las manos convirtiendo la masa en alas que se esponjan en el comal. Al olor cálido de las tortillas recién hechas se suma el de los frijoles, el café de olla, el té de cedrón. Las señoras de la Comunidad de Cherán K’eri, Michoacán, igual que su Consejo Mayor, reciben con generosidad a los cientos de delegados de todos el país reunidos para la octava Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA) y una preaudiencia del Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP).

 

La comunidad indígena de Cherán es un ejemplo de dignidad y resistencia para todos los asistentes, que lo repiten una y otra vez en los tres días que duran las sesiones, con alrededor de mil participantes de 15 estados de México y expertos del exterior que vienen como dictaminadores del TPP. Para defender sus bosques, su maíz y su forma de vida, en Cherán se han enfrentado a muchas formas de violencia: talamontes, crimen organizado, represión oficial, mentiras en medios oficiosos. Desde abril de 2011, cuando mujeres y jóvenes no aguantaron más y se lanzaron a detener los camiones de talamontes cargados de madera robada a la comunidad, han muerto doce comuneros y cuatro están desaparecidos. La comunidad logró frenar la devastación, tomar control de su territorio con rondas comunitarias de defensa, fortalecer las asambleas. Todos, hasta los niños, participan ahora en jornadas de reforestación con especies locales. En toda la comunidad las miradas y el aire son limpios y serenos, se respira solidaridad y orgullo.

 

No podía haber mejor marco para la realización de esta preaudiencia del TPP y la octava ANAA, donde se presentaron múltiples luchas por atropellos ambientales y de derechos de los pueblos y comunidades: talamontes y monocultivos de aguacate asociados al crimen organizado privado y oficial, atropellos urbanos, contaminación industrial de ríos y lagos, carreteras que hieren milpas, bosques, comunidades y barrios para favorecer empresas y a los ricos, fumigación con agrotóxicos prohibidos en otros países, parques eólicos en el Istmo contra las comunidades, mineras que por todo el país mafiosamente matan a la tierra y a los que la defienden, como a Bernardo Méndez y Bernardo Vásquez de San José del Progreso, Oaxaca, anfitriones de la sexta ANAA. Éstas y otras luchas, como la de estudiantes y maestros democráticos en Michoacán, junto a otras denuncias y compromisos de organización, se plasmaron en la declaración de la asamblea (afectadosambientales.org).

 

Fue motivo de celebración el veredicto del Tribunal Latinoamericano del Agua, que el 9 de noviembre condenó al Estado mexicano por la destrucción del sistema hídrico nacional y la violación del derecho humano al agua, a partir de la demanda presentada por la ANAA, cuidadosamente argumentada y enriquecida por las muchas experiencias de lucha que integran la asamblea.

 


La amenaza que representan las extensas siembras de maíz transgénico que el gobierno quiere autorizar en el norte del país, fue tema central de la octava asamblea, que llamó en el pronunciamiento “Emergencia nacional: maíz transgénico a punto de envenenar nuestras mesas”, al magisterio democrático, a los jóvenes en las redes sociales, a los pueblos y “a todos los que comemos maíz en México y en cualquier parte del mundo, a movilizarse, desarrollando formas creativas y diversas de acción para denunciar y detener este ataque de las trasnacionales por controlar la alimentación de todos, sin importarles siquiera que sea tóxica” (texto en redendefensadelmaiz.net)

 

También la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) lanzó esta semana un “Llamado a la acción contra la siembra de maíz transgénico a campo abierto en México” (www.uccs.mx/doc/g/planting-gmo-corn_es ) denunciando la gravedad de la inminente contaminación transgénica y los riesgos que implicará para la salud y la biodiversidad, suscrita al momento por más de 800 científicos y expertos de México y el mundo, así como varias redes internacionales de científicos.

 

Igualmente conmocionados por este ataque contra los pueblos del maíz, el Grupo ETC, como organización internacional con estatus consultivo en Naciones Unidas, llevará el tema ante la FAO y el Convenio de Diversidad Biológica, organismos que deben proteger los centros de origen de los cultivos. Si se aprobaran las solicitudes de las trasnacionales en México, sería la primer liberación masiva en el centro de origen de un cultivo de importancia global para la alimentación. ETC señala que la erosión de la biodiversidad del maíz que causarán los transgénicos, tendrá impactos en América Latina, Asia y África, donde actualmente los países surafricanos Lesotho, Zambia y Malawi tienen el mayor consumo por persona de maíz y dependen de su biodiversidad para adaptarlo. (Ver www.etcgroup.org )

 

Las empresas y el gobierno de Calderón (o el de Peña Nieto) comen lumbre si creen que podrán aprobar las siembras de Monsanto sin quemarse las manos. Es justamente en las fogatas, alrededor de los anafres cociendo tortillas de maíz, que se gestó en Cherán la resistencia de esa comunidad indígena, que contra toda lógica de arriba y a fuerza de dignidad y organización comunitaria ha logrado detener a los más poderosos y violentos.

 


Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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