Logran in vitro los primeros siete embriones para salvar al rinoceronte blanco del norte

Inventan una técnica y un utensilio de dos metros de largo para extraer ovocitos de los animales

Científicos dieron un primer paso esperanzador para la supervivencia del rinoceronte blanco del norte, subespecie prácticamente extinguida, al haber creado in vitro los primeros embriones del paquidermo.


Sudán, el último macho de rinoceronte blanco del norte, falleció en marzo a los 45 años en la reserva keniana de Ol Pejeta.


Su hija y su nieta, Najin y Fatu,son así los últimos ejemplares vivos de esta subespecie originaria de África Central, diezmada por la caza furtiva.


Para garantizar la supervivencia de la subespecie, muchos habían confiado en la ciencia.


Con un procedimiento de procreación asistida inédito en rinocerontes, se franqueó “la primera etapa esencial para salvar esta subespecie”, explicó un equipo internacional de investigadores en la revista Nature Communications.


Los expertos recolectaron en zoológicos europeos más de 80 ovocitos de hembras de rinocerontes blancos del sur, de los que quedan unos 20 mil ejemplares salvajes en el sur de África.
Los óvulos fueron fecundados in vitro, algunos con esperma congelado de rinocerontes blancos del norte y otros con esperma de su primo del sur en los laboratorios de la sociedad italiana Avantea.
El resultado: siete embriones, de los cuales tres (uno sur-sur y dos sur-norte) fueron congelados.


Se ponen plazo de tres años


Sin embargo, esto es sólo el principio para lograr el nacimiento del primer rinoceronte blanco del norte “puro”, en un plazo de “tres años”, afirmó Thomas Hildebrandt, del Instituto Leibniz de Investigación Zoológica y Animal de Berlín.


Para conseguir ese objetivo, los investigadores esperan recolectar ovocitos de las dos hembras, Najin y Fatu, nacidas en 1989 y 2000, respectivamente, en el zoológico checo de Dvur Kralove.
“Esperamos hacerlo de aquí a fin de año”, según Jan Stejskal, uno de los responsables de ese zoológico, que trató en vano una inseminación artificial antes de enviarlas a Kenia con la esperanza –también frustrada– de una reproducción natural.


Los científicos crearon los embriones híbridos en vez de extraer directamente los ovocitos de las dos hembras, porque esta intervención requiere el permiso de las autoridades kenianas.


Además, los científicos tuvieron que inventar una técnica y un utensilio de dos metros de largo para extraer los ovocitos de los rinocerontes blancos.


“Teniendo en cuenta los 16 meses de embarazo, tenemos poco más de un año para conseguir un implante” en una madre portadora de rinoceronte blanco del sur, puesto que ni Najin ni Fatu pueden llevar a cabo un embarazo, según Hildebrant.


Este experto subrayó que las dos hembras son las únicas capaces de “enseñar la vida social a un rinoceronte blanco del norte”, por lo que espera que el pequeño podrá crecer con ellas.
En el caso de que no puedan retirarse los ovocitos de Najin ni Fatu, se llevan a cabo otros experimentos para tratar de producir gametos (ovocitos y esperma) de rinocerontes blancos del norte, gracias a las células madre pluripotentes inducidas, que tienen el potencial de convertirse en cualquier tipo de célula.


Pero los expertos advierten de la “improbabilidad de restaurar una población viable de rinocerontes blancos del norte”, según Terri Roth y William Swanson, del centro de investigación del zoológico de Cincinnati, que no participaron en el estudio.


Los autores prevén que su iniciativa suscitará las críticas del mundo de la conservación, en ocasiones hostil al uso de biotecnologías.


“Ya nos han criticado por gastar el dinero de esta manera”, según Jan Stejskal. Sin embargo, para este experto, la lucha debe llevarse a cabo en todos los frentes: “conservación sobre el terreno, lucha contra la demanda (de cuernos) en Asia y apoyo a la ciencia”.

El Samaná: último río libre y limpio de Antioquia

En las estribaciones de la Cordillera Central, en el páramo del municipio de Sonsón, al sur oriente antioqueño, nace uno de los ríos más biodiversos y maravillosos de nuestro país. Entre montañas agrestes, ocultas por décadas de conflicto armado, se abre paso este gigante, cuyo cause aumenta a medida que desciende de las altas montañas. Serpenteante, en su paso por el municipio de San Luis, en un recodo de la vía Medellín-Bogotá, deja ver su enorme dorso, que en días de verano tiene un color verde esmeralda. Aguas abajo, como un enorme reptil, se desliza hasta perderse nuevamente en la espesura del monte. Hoy, su fluir hasta el río Magdalena está amenazado por un proyecto Hidroeléctrico. Motivados por conocer el impacto ambiental y social que podrían ocasionar estos proyectos, realizamos diversos viajes los cuales componen esta crónica; en la cual se narra el sentir de los ribereños y se registra parte de la riqueza amenazada de nuestro último río libre y limpio de Antioquia: el río Samaná.

Da caluroso. Nos animamos para nuestro viaje cargados de ilusiones. Hemos escuchado distintas historias sobre “El patrón” y queremos comprobarlas. El aire del campo nos trae la sorpresa de aromas frescos, superpuestos a los de la gasolina y la contaminación que ahogan la urbe y los millones que en ella disputan un espacio y una oportunidad para abrirse paso en el presente y para el futuro.

 

Nuestra llegada estuvo precedida de una manada de titís que cruzaban la carretera por un tendido eléctrico. El caserío está conformado por unas cuantas casas a lado y lado de la vía hasta toparse con el río, “El patrón”. Todo allí confluye en él. Caminamos directamente al puente que lo atraviesa, su color café y sus aguas crecidas dan cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Nos dirigimos a la casa de la señora donde nos vamos a quedar. El camino es bordeando la escuela, se atraviesa un pequeño caño y en un alto, al margen del río, está su casa. Justo al frente, en la otra orilla, se alcanza a ver lo que parece ser una cascada: es como si de los árboles brotara un manantial de agua.

 

–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, pero mire que uno aquí no valora tanto todo esto…

 

María, de cuyo nombre nos enteramos de manera pronta, nos cuenta que ha vivido toda su vida en la región. Es la única que queda en la casa; sus hijos viven en la ciudad, y aunque le insisten que se vaya a vivir con ellos, ella se resiste.

 

–Mal que bien, aquí tengo mi casa, mis cosas… mi vida la he construido aquí. Además, yo por allá no me amaño!


Pese a que nunca se fue de la región, es beneficiaria de un apoyo a las víctimas que sufrieron desplazamiento por el conflicto armado y que ahora regresan a sus territorios. El apoyo consta de un bono en materiales de construcción para mejorar sus viviendas.

 

–Pero fíjese como es la vida, yo que he resistido a salir de mi casa en la época más dura de violencia, ahora que ya todo está tranquilo, ¡me tengo que ir! Con el proyecto de la hidroeléctrica, todos, incluso los que han vuelto a sus ranchos, les toca volverse a ir. Entonces, ¿para qué arreglar la casa si nos van a sacar, queramos o no?… El otro día escuché que aquí, donde está ubicada esta casa, va a quedar el cuarto de máquinas.

 

Su rostro inmutable, reflejo de quien ha sorteado los más duros embates de la vida, es el mismo con que seguidamente nos ofrece comida: patacón con bocachico. –Nunca nos ha faltado pescado en el río. Él es quien nos da de comer.

 

La conversa continúa y las horas pasan, el goce es pleno. Con la noche compruebo como la selva cobra vida, el río como telón de fondo acompaña una multitud de sonidos. El cansancio por el trajín del día viene acompañado con el sueño, y éste y la mente viajan en el tiempo. Afloran imágenes confusas, quizá rememorando antiguos oficios y prácticas nunca antes vistas. Un reencuentro con los antiguos moradores de estas tierras, la tribu Malagua con su cacique Nare, vestido con piel de jaguar y ornamentado con orfebrería de oro. ¿Qué pensarían ellos si supieran que están amenazando con estancar las corrientes de este río hermano, elixir de la vida? Les agradecemos habernos enseñado que un río es más que un simple recurso hídrico, que sobre todo es fuente de vida, y como tal merece ser reconocido por lo que es: un fluido vital, sagrado, como la vida, de la cual es sustento sustancial. Nos recuerdan, además, que no somos el fin absoluto de la creación y que los ríos, así como la especie humana, tienen derechos. Estamos hechos de la misma materia del universo, somos hijos de Caribá o tierra de aguas en español, pues así llamaban esta región, quienes la habitaron mucho antes de que llegaron extraños a pisotearla.


Al día siguiente, con la curiosidad del que quiere conocer y aprender, nos levantamos con el alba, acompañados de nuevos sonidos, recordándonos, una y otra vez, que la vida palpita de diferentes formas, con colores vivos y apagados, con trinar diverso y ecos de distintos animales, evidencia de nuestra sorprendente biodiversidad, y en su opuesto, la mezquindad y la avaricia sin límite de quienes pretenden seguir entubando todos los ríos del departamento y del país.

 

Disfrutamos del amanecer sin pitos ni ruido de motores, saboreamos los primeros tragos del día con las melodías del despertar del campo y de inmediato nos enrutamos hacia el punto donde llegan las lanchas, lugar preestablecido para el encuentro con los lugareños que guiarán nuestros pasos. Con un andar tranquilo, aunque algo inseguro, como el de todo poblador urbano, nos guiamos con la luz del celular, afinamos nuestros sentidos, y justo después de atravesar una quebrada somos sorprendidos por una mapaná, que al encuentro con la luz que portábamos, se quedó quieta en mitad del camino. Ella nos observa, nosotros a ella, necesito moverla para poder proseguir hacia nuestro destino, doy media vuelta para buscar una rama y cuando regreso ella ya está resguardada entre los arbustos.

 

El camino que bordea el río por el cañón era una antigua carretera, hoy en día es un estrecho sendero absorbido por la densa vegetación; de un lado es montaña, del otro un acantilado que va a dar al río. A medida que avanzamos empieza a despuntar el día, los rayos del sol se filtran por entre las hojas de los árboles, hay una tenue neblina que hace del paisaje algo místico. Finalmente, llegamos a lo que fue el desembarcadero en otros tiempos: una plancha en cemento que se adentra en el río, y en su centro se erige una cruz desgastada por la inclemencia del tiempo. El agua del río se arremolina, un enorme tronco es arrastrado por la corriente como la levedad de una hoja que lleva un arroyo. Pienso en toda la muerte que pudo haber bajado por este río lleno de vida, en las lágrimas de tristeza perdidas en la corriente, y en los gritos de dolor que nunca escuchamos. El ruido del motor me saca de estos pensamientos, vemos la lancha acercarse a lo lejos.

 

Nos internamos río abajo por el estrecho cañón. Para Gabriel, ribereño como todos los que habitan al margen del cauce, el río es parte fundamental de su vida: es quien provee de alimento, es medio de transporte, fuente de trabajo, es quien dispone el quehacer del día a día, es, a fin de cuentas, su hogar.

 

 

 

–Nosotros, los que vivimos río abajo, no sabemos que será de nuestras vidas. Con la represa van a acabar el río. Ya escasamente nos dará algo de comer. Mire que este otro río que desemboca aquí cerca y que está represado aguas arriba, ya no le sube pescado. Antes la gente iba a pescar mucho por allá.

 

A medida que seguimos aguas abajo, la vegetación se hace más densa. De cuando en cuando se ven algunas casas con sus pequeños cultivos de cacao, yuca, maíz y aguacate. Nos cuenta Guillermo que anteriormente se sembraba mucha coca. Según él, esta era una ruta que usaban para sacarla hasta el Magdalena.

 

–El río era una frontera natural, de un lado estaba la guerrilla y del otro los paramilitares… Mucha gente de por aquí le tocó irse de la región y a otros los mataron. Eran otros tiempos, ya todo está muy calmado…

 

Llegamos a la casa de Guillermo, está ubicada en una vega del río. Es espaciosa y fresca, de amplios corredores sin chambranas y una sala abierta que hace también de comedor. El sonido del viento que circula se confunde con el del río. Descargamos las mochilas y nos sentamos directamente en el piso de cemento, brillante de tanto trapearlo. En la parte posterior de la casa hay una cancha de fútbol que linda con un corral para el ganado. En las tardes de todos los fines de semana se reúnen los vecinos a jugar partidos y a tomar fresco. Guillermo vive con su esposa e hija. Aunque sus vecinos están retirados, es una comunidad unida por el río, el mismo que les ha forjado su identidad, cultura y tradición. No obstante, es una comunidad vulnerable. Pese a que es gente tallada con la más resistente madera del monte, hoy en día su legado está amenazado. Intereses opuestos a los suyos se anteponen a sus formas de vida.

 

Después de refrescarnos con guandolo1 helado y haber comido un par de buñuelos, terminamos hablando del festival que se está realizando en defensa del río Samaná, el Samaná Fest. Iniciativa que además de haber dado a conocer la problemática a la opinión pública, ha propuesto a Celsia (filial del Grupo Argos y responsable del proyecto hidroeléctrico Porvenir II), gobierno y sociedad en general, la creación del Parque Río Samaná como alternativa al impacto negativo que produciría la represa. Su apuesta está en combinar la economía local, turismo e innovación, con otras formas de generación de energía “realmente sostenibles”2.

 



–Al festival hemos ido la mayoría de por aquí, finqueros, agricultores, pescadores y gente de los caseríos afectados que no queremos la construcción de la represa. Agradecemos el apoyo de la gente de los municipios y ciudades… y de otros países, porque aquí ha llegado gente de todo el mundo a defender el río.

 

Nos cuentan que con la creación del embalse se inundaría una gran porción de bosque y en particular se acabaría con varias especies de plantas nuevas para la ciencia, que sólo se han encontrado en las orillas de esta cuenca. Según cuentan los expertos, las propiedades de este río y su ecosistema son únicas y el daño ambiental ocasionado sería irreversible.

 

Quisiera no darme cuenta de tantas cosas, a lo mejor así estuviera más tranquilo y no me pesaría tanto todo lo que le estamos ocasionando al medio ambiente. Me quedo detallando un cachorrito que se quedó dormido junto a mis pies. Su sueño es profundo, me parece que fantasea con que está corriendo o quizá volando tras algo que huele muy apetitoso, mueve sus paticas y sus bigotes constantemente. ¡Ojalá lo logre atrapar!

 

Les pedimos que nos recomienden un lugar para conocer, al que podamos ir caminando. Nos sugieren ir a unos charcos. La quebrada que conduce a estos parece una réplica a menor escala del río. Mientras ascendemos, el cantar de las chicharras se hace más intenso, como relata el mito: a punto de reventar por amor3. Nunca habíamos visto una quebrada tan cristalina y llena de peces como aquella. Al meternos al charco, llegaron unos pececitos de cola roja a picotear los pies y la espalda, los más grandes guardaban su distancia. Distinguimos por lo menos cuatro especies diferentes entre ellos. Nos preguntamos por cuán importante sería para nosotros, como sociedad, aprender de los conocimientos que nos ofrece nuestra irrespetada biodiversidad.

 

Siguiendo camino arriba, nos encontramos a un personaje: el Árabe. Llevaba puesto una especie de turbante. Cuentan que estuvo en el Medio Oriente. Hace quince días que está barequiando por estos lados. Tiene su “cambuche” cerca. Una atarraya, una olla y una hamaca es todo lo que lleva consigo. Nos enseña esta técnica milenaria heredada de los ancestros. Hoy en día al borde de desaparecer.

 

Regresamos por la orilla opuesta hasta topar con la desembocadura en el río. Allí se forma una playa de arena. Nos quedamos a contemplar el río, su cauce comenzó a crecer lentamente. Vimos algunas rayas deambular mimetizadas con el fondo arenoso. Lo que antes era una quebrada, en cuestión de minutos se convirtió en otro río. Para cruzar a la otra orilla debimos volver un buen tramo, hasta encontrar un paso seguro; el agua ahora bajaba turbia, así que además debimos cruzar con cuidado para no ir a pisar ninguna raya, dicen que es muy doloroso su pinchazo. Estando ya del otro lado, el camino por el cual habíamos ascendido estaba tapado, nos tocó abrir paso por el monte hasta llegar nuevamente a la desembocadura, y justo antes de doblar rumbo a la casa vimos a lo lejos una pequeña mancha café que se aventó en el río. Atraída por la corriente hacia nosotros distinguimos una enorme nutria que se debatía en el torrente. ¡Los gajes del oficio silvestre!

 

De regreso nos recibieron con una suculenta viuda de bocachico. –Antes la pesca abundaba –nos cuentan– pero empezaron a llegar foráneos a pescar con dinamita y trasmallos que atravesaban de lado a lado… y eso mata al pequeño y al grande. Ahora ya no dejamos que hagan eso aquí. Debemos cuidar a quien nos da de comer– nos dicen de manera enfática.

 

Mientras hablábamos, a lo lejos se escuchaban los aullidos de los micos aulladores. Son sonidos guturales; su eco, el cual retumba por todo el cañón, es el mismo que escuchaban los Malagua mientras vivían en armonía con el territorio.

 

El sol comienza a recostarse en el horizonte, la luz se hace más cálida y las sombras se extienden. Llega la tarde acompañada de manadas de garzas que vuelan sobre el río. Una que otra lancha navega el cauce: son los ribereños que, al igual que las garzas, vuelven a sus casas.

 

Todo alrededor de la casa está oscuro, nuevos sonidos provenientes del monte le dan la bienvenida a la noche. El río no lo vemos pero lo sentimos, siempre está presente. Reunidos en torno al televisor, tendidos en hamacas y en el piso, esperamos expectantes los titulares del noticiero que anuncian los últimos acontecimientos sobre Hidroituango, los cuales advierten sobre la crisis que por estos días amenaza a las poblaciones río abajo con el desbordamiento del Cauca. ¿Será este el “porvenir” de los ribereños del Samaná? Un sentimiento de zozobra invade el ambiente. Mientras tanto, los geckos (pequeños lagartos) se dan un banquete con las incautas polillas que llegan atraídas por la luz del televisor.

 

–Dicen que abrirán cientos de puestos para trabajar en la represa… pero sólo es mientras se construye. ¿Y después de eso qué? Nos dejan el río que ni para pescar… ya ni los pocos turistas que viene por acá volverán…

 

Al día siguiente, con el trinar de los pájaros partimos rumbo a la desembocadura del Samaná. Nos llevan unos vecinos que van a un entierro en un caserío cercano. De camino aprovechan para tirar atarraya y pescar con anzuelo. Sacan algunos bocachicos y dos bagres, los mismos que resguardan en una nevera portátil, para venderlos en el poblado. Mientras más descendemos, el río se hace más grande: va tomando la forma del Magdalena, su hermano mayor. Las aguas puras y libres del Samaná son entregadas a este gigante maltrecho, como una arteria llena de vida que sana su enfermedad. Nuestro cuerpo, al igual que este territorio, tiene un sistema circulatorio que nos da vida. Cada vez que se obstruye un río con una represa se condena un territorio. ¿Por qué, en vez de obstruir más ríos, mejor empezamos a revivir todos aquellos que hemos acabado?

 

Seguimos con la mirada el curso de la lancha por las aguas turbias y torrentosas, intentando descifrar la dirección que toma quien la conduce. La forma de la superficie del agua indica cuál es el camino que hay que tomar para no golpear con las piedras o algún tronco mal puesto. Son habilidades adquiridas, como quien aprende a leer una partitura o un libro. Los ribereños son grandes lectores del río y su entorno. Nos cuentan que cada año celebran las fiestas del bocachico, en homenaje a esta especie que ha traído prosperidad a toda la región. Sin embargo, cada día acortamos más la travesía de esta especie migratoria. La ganadería extensiva, la deforestación, la pesca indiscriminada, la minería, la contaminación de los ríos y las represas, son las causas que la están llevando a la extinción; además de desequilibrar los ecosistemas del cual ellos se benefician. Miles de bocachicos migran todos los años desde las ciénagas a los afluentes de los ríos principales, lo que se conoce como la “subienda”; al ser obstaculizado su paso con una represa dejarán de remontar el río, se interrumpe su reproducción y desove. Como dice la canción, ya no “habrá subienda”, ni “plata pa’ tienda”, ni “amanecer con pescado pa’ vender en el mercado”.

 

Finalmente, llegamos al Magdalena. Es un hermoso y gigante moribundo. Ya las montañas son apenas unas pequeñas protuberancias. El calor se siente más intenso. Nos despedimos del río y de su gente. Al llegar a la antigua carretera Panamericana, nos recostamos bajo la sombra de un Samán. Soñamos con que nos recoge un tren, de esos que parecen levitar; viajamos al futuro: Vemos las aparatosas plantas de petróleo, imponentes en un paisaje tan llano. Es como si fueran monumentos de una época remota. Un recuerdo lustroso del pasado. La vegetación es densa, se siente un aire fresco y limpio. Como en un Déjà vu nos internamos en las montañas de regreso al punto donde partimos: El río, al margen de las vías férreas, está crecido, su color café da cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Llegamos a la casa de María, quien ahora está acompañada de dos de sus sobrinos. Pareciera que no le hubieran pasado los años. Su rostro más juvenil nos sonríe.


–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, ¡y tienen toda la razón! ¡Síganse por favor!

 

1 Bebida de agua de panela con limón
2 Más información: http://www.riosamana.com/
3 Según el mito, las chicharras cantan en época de apareamiento para atraer a sus parejas, y lo hacen hasta que revientan de amor.

Publicado enColombia
Acabamos en 100 años con las especies que a la naturaleza le tomaría 10 mil

En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”


El impacto del humano en el planeta a lo largo del último siglo es tal que podemos responsabilizarlo de la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra, indicó Gerardo Ceballos, director del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UNAM.


En uno de sus trabajos más recientes, el académico calculó la tasa de desaparición usual de vertebrados —la que ocurre todo el tiempo— y determinó, que hace dos millones de años (durante el Pleistoceno) debían pasar 10 décadas para que, de cada cinco mil especies presentes, desapareciera una.


“Después contrastamos este estimado con lo que está pasando en la actualidad y vimos que dicho ritmo se ha elevado hasta en un centenar de veces, es decir, el hombre ha acabado en sólo un siglo con las especies que a la naturaleza, en condiciones normales, le tomaría 10 mil años extinguir”.


Para el investigador del Instituto de Ecología, este problema es tan grave que, de no tomarse las medidas requeridas, la civilización podría colapsar en tres o cuatro décadas. “Ya hay indicios de que vamos por ese camino: dos mil millones de personas alrededor del planeta no tienen acceso continuo al agua potable y mil 800 millones no pueden comer todos los días. De no hacer nada todos estos conflictos hoy locales, mañana tendrán un alcance global”.


A fin de evitar el agravamiento de estos escenarios —advirtió— es preciso actuar de manera inmediata, pues las plantas y animales silvestres son la base de los servicios ambientales; de ellos depende la combinación adecuada de los gases de la atmósfera, la calidad y disponibilidad hídricas o la fertilidad del suelo, entre muchos otros aspectos esenciales para el buen desarrollo de la vida en la Tierra.


Los estudios del doctor Ceballos señalan que estás afectaciones han generado una suerte de efecto dominó que, además de incidir en el número de variedades desaparecidas, ha mermado las existentes. “Tras analizar 27 mil 600 especies de vertebrados (mamíferos, aves reptiles, anfibios y peces) vimos que más del 30 por ciento de sus poblaciones está decreciendo, y hablamos de todo tipo de animales, desde los comunes como la golondrina, hasta los muy raros o amenazados. La variedad y abundancia biológica están en peligro”.
Sobre si estamos siendo testigos de una extinción masiva, el universitario explicó que se les dice así a aquellas que cumplen con tres requisitos: son catastróficas (eliminan 70 por ciento, o más, de la biodiversidad); son causadas por un desastre natural, y son relativamente rápidas (tardan decenas o cientos de miles de años).


“Todo eso está pasando y es resultado de la actividad humana. En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”.


Antropoceno, la era en que el hombre es un peligro


Los periodos geológicos se clasifican a partir de la huella de alguna actividad que afecta a todo el planeta; debido a su impacto, algunos científicos comparan al hombre con un desastre natural y argumentan que, desde mediados del siglo XX, no estamos más en el Holoceno, sino en una nueva época llamada Antropoceno.


“El autor de esta propuesta es Paul J. Crutzen, ganador del Premio Nobel junto con Mario Molina, quien descubrió que después de 1952 es posible detectar la huella radioactiva del ser humano — producto de la detonación de bombas atómicas — en los estratos terrestres”.


Aunque aún hay quienes no aceptan este término, para Ceballos resulta adecuado, pues alude al daño antropogénico y lo señala como la causa principal de muchas de las características físicas, químicas y biológicas hoy observadas en el planeta. “Llamarle Antropoceno nos ayuda a entender la magnitud del problema”

.
Y es que, en palabras del biólogo, la situación es ya insostenible: algunos cálculos revelan que, de 1970 a la fecha, se han perdido tres quintas partes de todos los animales silvestres. ¿Qué significa?, que tenemos un 60 por ciento menos de hipopótamos, rinocerontes, venados, ballenas y demás seres no domesticados. En medio siglo perdimos todo esto debido tan sólo por la actividad humana, dijo.


“Por ejemplo, cada 15 minutos se mata a un elefante de manera ilegal en África, o en los últimos 10 años perecieron 100 mil orangutanes en Borneo y hoy quedan menos de 50 mil; lo más probable es que ya no veamos más a ninguno de estos animales en sus hábitats naturales en la próxima década. De tal magnitud es nuestra huella”.
Propuestas para lograr un cambio


Y sin embargo, en medio de un escenario tan desalentador Ceballos señala que es posible revertir algo del daño. “Es alentador pensar que, si los humanos estamos detrás de esto, con sólo modificar nuestras acciones podemos reducir el impacto en la naturaleza”.


Con este fin, el académico trabaja en la iniciativa Alto a la Extinción (Stop Extinction) que, de forma similar a los tratados internacionales contra el cambio climático y al Protocolo de Kioto, busca el aval de la mayoría de los países a fin de salvaguardar la biodiversidad.


“Ya hay avances, pero el tema es complicado. Por ejemplo, están las peligrosísimas mafias chinas y del Sudeste de Asia, dedicadas al lucrativo tráfico de especies. Debemos trabajar mucho; las siguientes décadas serán fundamentales y determinarán el derrotero a seguir”.


Sobre Stop Extinction, Ceballos adelantó que está en fase inicial y no será sino hasta el siguiente año cuando se dé información concisa. “Lo que sí podemos decir es que se lanzará en México, pues deseamos que sea un proyecto abanderado por países en desarrollo como el nuestro, a fin de mandar un mensaje firme a gobiernos como el de Donald Trump, en Estados Unidos, que tanto daño hacen con sus políticas a un medio ambiente que nos pertenece a todos”.

27 junio 2018

Publicado enSociedad
El Samaná: último río libre y limpio de Antioquia

En las estribaciones de la Cordillera Central, en el páramo del municipio de Sonsón, al sur oriente antioqueño, nace uno de los ríos más biodiversos y maravillosos de nuestro país. Entre montañas agrestes, ocultas por décadas de conflicto armado, se abre paso este gigante, cuyo cause aumenta a medida que desciende de las altas montañas. Serpenteante, en su paso por el municipio de San Luis, en un recodo de la vía Medellín-Bogotá, deja ver su enorme dorso, que en días de verano tiene un color verde esmeralda. Aguas abajo, como un enorme reptil, se desliza hasta perderse nuevamente en la espesura del monte. Hoy, su fluir hasta el río Magdalena está amenazado por un proyecto Hidroeléctrico. Motivados por conocer el impacto ambiental y social que podrían ocasionar estos proyectos, realizamos diversos viajes los cuales componen esta crónica; en la cual se narra el sentir de los ribereños y se registra parte de la riqueza amenazada de nuestro último río libre y limpio de Antioquia: el río Samaná.

Da caluroso. Nos animamos para nuestro viaje cargados de ilusiones. Hemos escuchado distintas historias sobre “El patrón” y queremos comprobarlas. El aire del campo nos trae la sorpresa de aromas frescos, superpuestos a los de la gasolina y la contaminación que ahogan la urbe y los millones que en ella disputan un espacio y una oportunidad para abrirse paso en el presente y para el futuro.

 

Nuestra llegada estuvo precedida de una manada de titís que cruzaban la carretera por un tendido eléctrico. El caserío está conformado por unas cuantas casas a lado y lado de la vía hasta toparse con el río, “El patrón”. Todo allí confluye en él. Caminamos directamente al puente que lo atraviesa, su color café y sus aguas crecidas dan cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Nos dirigimos a la casa de la señora donde nos vamos a quedar. El camino es bordeando la escuela, se atraviesa un pequeño caño y en un alto, al margen del río, está su casa. Justo al frente, en la otra orilla, se alcanza a ver lo que parece ser una cascada: es como si de los árboles brotara un manantial de agua.

 

–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, pero mire que uno aquí no valora tanto todo esto…

 

María, de cuyo nombre nos enteramos de manera pronta, nos cuenta que ha vivido toda su vida en la región. Es la única que queda en la casa; sus hijos viven en la ciudad, y aunque le insisten que se vaya a vivir con ellos, ella se resiste.

 

–Mal que bien, aquí tengo mi casa, mis cosas… mi vida la he construido aquí. Además, yo por allá no me amaño!


Pese a que nunca se fue de la región, es beneficiaria de un apoyo a las víctimas que sufrieron desplazamiento por el conflicto armado y que ahora regresan a sus territorios. El apoyo consta de un bono en materiales de construcción para mejorar sus viviendas.

 

–Pero fíjese como es la vida, yo que he resistido a salir de mi casa en la época más dura de violencia, ahora que ya todo está tranquilo, ¡me tengo que ir! Con el proyecto de la hidroeléctrica, todos, incluso los que han vuelto a sus ranchos, les toca volverse a ir. Entonces, ¿para qué arreglar la casa si nos van a sacar, queramos o no?… El otro día escuché que aquí, donde está ubicada esta casa, va a quedar el cuarto de máquinas.

 

Su rostro inmutable, reflejo de quien ha sorteado los más duros embates de la vida, es el mismo con que seguidamente nos ofrece comida: patacón con bocachico. –Nunca nos ha faltado pescado en el río. Él es quien nos da de comer.

 

La conversa continúa y las horas pasan, el goce es pleno. Con la noche compruebo como la selva cobra vida, el río como telón de fondo acompaña una multitud de sonidos. El cansancio por el trajín del día viene acompañado con el sueño, y éste y la mente viajan en el tiempo. Afloran imágenes confusas, quizá rememorando antiguos oficios y prácticas nunca antes vistas. Un reencuentro con los antiguos moradores de estas tierras, la tribu Malagua con su cacique Nare, vestido con piel de jaguar y ornamentado con orfebrería de oro. ¿Qué pensarían ellos si supieran que están amenazando con estancar las corrientes de este río hermano, elixir de la vida? Les agradecemos habernos enseñado que un río es más que un simple recurso hídrico, que sobre todo es fuente de vida, y como tal merece ser reconocido por lo que es: un fluido vital, sagrado, como la vida, de la cual es sustento sustancial. Nos recuerdan, además, que no somos el fin absoluto de la creación y que los ríos, así como la especie humana, tienen derechos. Estamos hechos de la misma materia del universo, somos hijos de Caribá o tierra de aguas en español, pues así llamaban esta región, quienes la habitaron mucho antes de que llegaron extraños a pisotearla.
Al día siguiente, con la curiosidad del que quiere conocer y aprender, nos levantamos con el alba, acompañados de nuevos sonidos, recordándonos, una y otra vez, que la vida palpita de diferentes formas, con colores vivos y apagados, con trinar diverso y ecos de distintos animales, evidencia de nuestra sorprendente biodiversidad, y en su opuesto, la mezquindad y la avaricia sin límite de quienes pretenden seguir entubando todos los ríos del departamento y del país.

 

Disfrutamos del amanecer sin pitos ni ruido de motores, saboreamos los primeros tragos del día con las melodías del despertar del campo y de inmediato nos enrutamos hacia el punto donde llegan las lanchas, lugar preestablecido para el encuentro con los lugareños que guiaran nuestros pasos. Con un andar tranquilo, aunque algo inseguro, como el de todo poblador urbano, nos guiamos con la luz del celular, afinamos nuestros sentidos, y justo después de atravesar una quebrada somos sorprendidos por una mapaná, que al encuentro con la luz que portábamos, se quedó quieta en mitad del camino. Ella nos observa, nosotros a ella, necesito moverla para poder proseguir hacia nuestro destino, doy media vuelta para buscar una rama y cuando regreso ella ya está resguardada entre los arbustos.

 

El camino que bordea el río por el cañón era una antigua carretera, hoy en día es un estrecho sendero absorbido por la densa vegetación; de un lado es montaña, del otro un acantilado que va a dar al río. A medida que avanzamos empieza a despuntar el día, los rayos del sol se filtran por entre las hojas de los árboles, hay una tenue neblina que hace del paisaje algo místico. Finalmente, llegamos a lo que fue el desembarcadero en otros tiempos: una plancha en cemento que se adentra en el río, y en su centro se erige una cruz desgastada por la inclemencia del tiempo. El agua del río se arremolina, un enorme tronco es arrastrado por la corriente como la levedad de una hoja que lleva un arroyo. Pienso en toda la muerte que pudo haber bajado por este río lleno de vida, en las lágrimas de tristeza perdidas en la corriente, y en los gritos de dolor que nunca escuchamos. El ruido del motor me saca de estos pensamientos, vemos la lancha acercarse a lo lejos.

 

Nos internamos río abajo por el estrecho cañón. Para Gabriel, ribereño como todos los que habitan al margen del cauce, el río es parte fundamental de su vida: es quien provee de alimento, es medio de transporte, fuente de trabajo, es quien dispone el quehacer del día a día, es, a fin de cuentas, su hogar.

 

–Nosotros, los que vivimos río abajo, no sabemos que será de nuestras vidas. Con la represa van a acabar el río. Ya escasamente nos dará algo de comer. Mire que este otro río que desemboca aquí cerca y que está represado aguas arriba, ya no le sube pescado. Antes la gente iba a pescar mucho por allá.

 

A medida que seguimos aguas abajo, la vegetación se hace más densa. De cuando en cuando se ven algunas casas con sus pequeños cultivos de cacao, yuca, maíz y aguacate. Nos cuenta Guillermo que anteriormente se sembraba mucha coca. Según él, esta era una ruta que usaban para sacarla hasta el Magdalena.

 

–El río era una frontera natural, de un lado estaba la guerrilla y del otro los paramilitares… Mucha gente de por aquí le tocó irse de la región y a otros los mataron. Eran otros tiempos, ya todo está muy calmado…

 

Llegamos a la casa de Guillermo, está ubicada en una vega del río. Es espaciosa y fresca, de amplios corredores sin chambranas y una sala abierta que hace también de comedor. El sonido del viento que circula se confunde con el del río. Descargamos las mochilas y nos sentamos directamente en el piso de cemento, brillante de tanto trapearlo. En la parte posterior de la casa hay una cancha de fútbol que linda con un corral para el ganado. En las tardes de todos los fines de semana se reúnen los vecinos a jugar partidos y a tomar fresco. Guillermo vive con su esposa e hija. Aunque sus vecinos están retirados, es una comunidad unida por el río, el mismo que les ha forjado su identidad, cultura y tradición. No obstante, es una comunidad vulnerable. Pese a que es gente tallada con la más resistente madera del monte, hoy en día su legado está amenazado. Intereses opuestos a los suyos se anteponen a sus formas de vida.

 

Después de refrescarnos con guandolo1 helado y haber comido un par de buñuelos, terminamos hablando del festival que se está realizando en defensa del río Samaná, el Samaná Fest. Iniciativa que además de haber dado a conocer la problemática a la opinión pública, ha propuesto a Celsia (filial del Grupo Argos y responsable del proyecto hidroeléctrico Porvenir II), gobierno y sociedad en general, la creación del Parque Río Samaná como alternativa al impacto negativo que produciría la represa. Su apuesta está en combinar la economía local, turismo e innovación, con otras formas de generación de energía “realmente sostenibles”2.



–Al festival hemos ido la mayoría de por aquí, finqueros, agricultores, pescadores y gente de los caseríos afectados que no queremos la construcción de la represa. Agradecemos el apoyo de la gente de los municipios y ciudades… y de otros países, porque aquí ha llegado gente de todo el mundo a defender el río.

 

Nos cuentan que con la creación del embalse se inundaría una gran porción de bosque y en particular se acabaría con varias especies de plantas nuevas para la ciencia, que sólo se han encontrado en las orillas de esta cuenca. Según cuentan los expertos, las propiedades de este río y su ecosistema son únicas y el daño ambiental ocasionado sería irreversible.

 

Quisiera no darme cuenta de tantas cosas, a lo mejor así estuviera más tranquilo y no me pesaría tanto todo lo que le estamos ocasionando al medio ambiente. Me quedo detallando un cachorrito que se quedó dormido junto a mis pies. Su sueño es profundo, me parece que fantasea con que está corriendo o quizá volando tras algo que huele muy apetitoso, mueve sus paticas y sus bigotes constantemente. ¡Ojalá lo logre atrapar!

 

Les pedimos que nos recomienden un lugar para conocer, al que podamos ir caminando. Nos sugieren ir a unos charcos. La quebrada que conduce a estos parece una réplica a menor escala del río. Mientras ascendemos, el cantar de las chicharras se hace más intenso, como relata el mito: a punto de reventar por amor3. Nunca habíamos visto una quebrada tan cristalina y llena de peces como aquella. Al meternos al charco, llegaron unos pececitos de cola roja a picotear los pies y la espalda, los más grandes guardaban su distancia. Distinguimos por lo menos cuatro especies diferentes entre ellos. Nos preguntamos por cuán importante sería para nosotros, como sociedad, aprender de los conocimientos que nos ofrece nuestra irrespetada biodiversidad.

 

Siguiendo camino arriba, nos encontramos a un personaje: el Árabe. Llevaba puesto una especie de turbante. Cuentan que estuvo en el Medio Oriente. Hace quince días que está barequiando por estos lados. Tiene su “cambuche” cerca. Una atarraya, una olla y una hamaca es todo lo que lleva consigo. Nos enseña esta técnica milenaria heredada de los ancestros. Hoy en día al borde de desaparecer.

 

Regresamos por la orilla opuesta hasta topar con la desembocadura en el río. Allí se forma una playa de arena. Nos quedamos a contemplar el río, su cauce comenzó a crecer lentamente. Vimos algunas rayas deambular mimetizadas con el fondo arenoso. Lo que antes era una quebrada, en cuestión de minutos se convirtió en otro río. Para cruzar a la otra orilla debimos volver un buen tramo, hasta encontrar un paso seguro; el agua ahora bajaba turbia, así que además debimos cruzar con cuidado para no ir a pisar ninguna raya, dicen que es muy doloroso su pinchazo. Estando ya del otro lado, el camino por el cual habíamos ascendido estaba tapado, nos tocó abrir paso por el monte hasta llegar nuevamente a la desembocadura, y justo antes de doblar rumbo a la casa vimos a lo lejos una pequeña mancha café que se aventó en el río. Atraída por la corriente hacia nosotros distinguimos una enorme nutria que se debatía en el torrente. ¡Los gajes del oficio silvestre!

 

De regreso nos recibieron con una suculenta viuda de bocachico. –Antes la pesca abundaba –nos cuentan– pero empezaron a llegar foráneos a pescar con dinamita y trasmallos que atravesaban de lado a lado… y eso mata al pequeño y al grande. Ahora ya no dejamos que hagan eso aquí. Debemos cuidar a quien nos da de comer– nos dicen de manera enfática.

 

Mientras hablábamos, a lo lejos se escuchaban los aullidos de los micos aulladores. Son sonidos guturales; su eco, el cual retumba por todo el cañón, es el mismo que escuchaban los Malagua mientras vivían en armonía con el territorio.

 

El sol comienza a recostarse en el horizonte, la luz se hace más cálida y las sombras se extienden. Llega la tarde acompañada de manadas de garzas que vuelan sobre el río. Una que otra lancha navega el cauce: son los ribereños que, al igual que las garzas, vuelven a sus casas.

 

Todo alrededor de la casa está oscuro, nuevos sonidos provenientes del monte le dan la bienvenida a la noche. El río no lo vemos pero lo sentimos, siempre está presente. Reunidos en torno al televisor, tendidos en hamacas y en el piso, esperamos expectantes los titulares del noticiero que anuncian los últimos acontecimientos sobre Hidroituango, los cuales advierten sobre la crisis que por estos días amenaza a las poblaciones río abajo con el desbordamiento del Cauca. ¿Será este el “porvenir” de los ribereños del Samaná? Un sentimiento de zozobra invade el ambiente. Mientras tanto, los geckos (pequeños lagartos) se dan un banquete con las incautas polillas que llegan atraídas por la luz del televisor.

 

–Dicen que abrirán cientos de puestos para trabajar en la represa… pero sólo es mientras se construye. ¿Y después de eso qué? Nos dejan el río que ni para pescar… ya ni los pocos turistas que viene por acá volverán…

 

Al día siguiente, con el trinar de los pájaros partimos rumbo a la desembocadura del Samaná. Nos llevan unos vecinos que van a un entierro en un caserío cercano. De camino aprovechan para tirar atarraya y pescar con anzuelo. Sacan algunos bocachicos y dos bagres, los mismos que resguardan en una nevera portátil, para venderlos en el poblado. Mientras más descendemos, el río se hace más grande: va tomando la forma del Magdalena, su hermano mayor. Las aguas puras y libres del Samaná son entregadas a este gigante maltrecho, como una arteria llena de vida que sana su enfermedad. Nuestro cuerpo, al igual que este territorio, tiene un sistema circulatorio que nos da vida. Cada vez que se obstruye un río con una represa se condena un territorio. ¿Por qué, en vez de obstruir más ríos, mejor empezamos a revivir todos aquellos que hemos acabado?

 

Seguimos con la mirada el curso de la lancha por las aguas turbias y torrentosas, intentando descifrar la dirección que toma quien la conduce. La forma de la superficie del agua indica cuál es el camino que hay que tomar para no golpear con las piedras o algún tronco mal puesto. Son habilidades adquiridas, como quien aprende a leer una partitura o un libro. Los ribereños son grandes lectores del río y su entorno. Nos cuentan que cada año celebran las fiestas del bocachico, en homenaje a esta especie que ha traído prosperidad a toda la región. Sin embargo, cada día acortamos más la travesía de esta especie migratoria. La ganadería extensiva, la deforestación, la pesca indiscriminada, la minería, la contaminación de los ríos y las represas, son las causas que la están llevando a la extinción; además de desequilibrar los ecosistemas del cual ellos se benefician. Miles de bocachicos migran todos los años desde las ciénagas a los afluentes de los ríos principales, lo que se conoce como la “subienda”; al ser obstaculizado su paso con una represa dejarán de remontar el río, se interrumpe su reproducción y desove. Como dice la canción, ya no “habrá subienda”, ni “plata pa’ tienda”, ni “amanecer con pescado pa’ vender en el mercado”.

 

Finalmente, llegamos al Magdalena. Es un hermoso y gigante moribundo. Ya las montañas son apenas unas pequeñas protuberancias. El calor se siente más intenso. Nos despedimos del río y de su gente. Al llegar a la antigua carretera Panamericana, nos recostamos bajo la sombra de un Samán. Soñamos con que nos recoge un tren, de esos que parecen levitar; viajamos al futuro: Vemos las aparatosas plantas de petróleo, imponentes en un paisaje tan llano. Es como si fueran monumentos de una época remota. Un recuerdo lustroso del pasado. La vegetación es densa, se siente un aire fresco y limpio. Como en un Déjà vu nos internamos en las montañas de regreso al punto donde partimos: El río, al margen de las vías férreas, está crecido, su color café da cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Llegamos a la casa de María, quien ahora está acompañada de dos de sus sobrinos. Pareciera que no le hubieran pasado los años. Su rostro más juvenil nos sonríe.


–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, ¡y tienen toda la razón! ¡Síganse por favor!

 

1 Bebida de agua de panela con limón
2 Más información: http://www.riosamana.com/
3 Según el mito, las chicharras cantan en época de apareamiento para atraer a sus parejas, y lo hacen hasta que revientan de amor.

Publicado enEdición Nº247
La guerra sigue para las defensoras de la naturaleza en Colombia

Colombia está en los noticiarios internacionales por las elecciones. Cambios en la presidencia, instituciones, buenas palabras. En Europa, la gente de la calle casi no conoce los nombres del saliente Santos, o del nuevo presidente uribista, Iván Duque y su opositor en la segunda vuelta, Petro. Y eso que estos días, al calor electoral, algo sale en la prensa.

 

Pero hay muchos otros nombres en Colombia que merecen ser recordados. Hace dos meses, se otorgaba el premio Goldman a la defensora de derechos humanos Francia Elena Márquez. Estos premios, conocidos como “Los Nobel del medio ambiente”, se otorgan cada año, coincidiendo con el Día de la Tierra, a personas que destacan por su labor de defensa de la naturaleza. La afrocolombiana Francia E. Márquez se lo ha ganado por la labor que ha venido desempeñando a lo largo de varios años, por poner su vida en juego para preservar el territorio y frenar la desmedida actividad minera. Denuncia que la minería se caracteriza por el uso de mercurio y cianuro, que contaminan los ríos y sus afluentes, afectando gravemente el ecosistema de la región colombiana de Cauca, al suroeste del país. Es este uno de los departamentos y municipios más afectados por el conflicto armado, a pesar de haber firmado los acuerdos de negociación para la construcción de paz estable y duradera, entre el Estado Colombiano y las Farc.

Las transnacionales mineras amenazan la vida


En casi todos los departamentos de Colombia, cientos, quizás miles de familias viven en zonas rurales y su único medio de supervivencia es la pesca artesanal y el cultivo de alimentos de pan coger (de subsistencia:maíz, plátano y yuca). Sin embargo, esta actividad que se ha realizado de generación en generación, se ha visto afectada por los intereses y la disputa histórica por el territorio. La llegada de las transnacionales, especialmente de las extractivistas de recursos mineros y energéticos, ha incrementado los riesgos no solo para las familias, si no para los líderes sociales y los defensores de derechos humanos. Francia Elena Márquez, por ejemplo, tuvo que abandonar su pueblo de origen en el año 2014, debido a su denuncia de la minería. ¿Cómo va a enfrentar el nuevo gobierno el poder de las transnacionales?


La llegada de las transnacionales se vincula, en los últimos dos años, a un aumento sustancial de los homicidios selectivos y sistemáticos de las lideresas y los líderes sociales y de defensores de los derechos humanos en Colombia. Estos líderes y defensores han venido realizando procesos de resistencia por permanecer en el territorio en que nacieron o en el que han cimentado sus historias de vida en torno a sus familias y la comunidad.


Los violentos le apuestan a condenar al país a la guerra, y sumen Colombia en el miedo, en el odio y la falta de oportunidades. Son quienes han cometido una serie de actos atroces, con el único objetivo de sabotear la respectiva implementación y los pertinentes avances de los acuerdos de paz. A la fecha no se tiene precisión del número de homicidios ocurridos en este primer semestre del 2018. Algunos informes hablan de más de cincuenta y siete; otros, de sesenta y tres. ¿Cuál es la cifra exacta de homicidios perpetrados? No se tiene la respuesta concreta, pero son demasiados. Lo cierto es que sus nombres, Hector Janen Latin, María Magdalena Cruz, Belisario Benavides Ortiz, María del Carmen Moreno, Luis Alberto Torres Montoya, Hugo Albeiro George, Iber Angulo Zamora, que sigue “desaparecido” … casi nadie los conoce, y mucho menos fuera de Colombia. Se caracterizaron por ser personas que trabajaban por preservar el medio ambiente en sus comunidades, oponiéndose a los macroproyectos. Sus rostros valientes y su incansable labor en pro de la defensa de los derechos humanos, nos han sido arrebatados. Los rostros que deberían conocerse también en Europa.

Un Estado cómplice: la impunidad


Las autoridades competentes, especialmente la Fiscalía, no realizan de manera eficaz y ágil las investigaciones que conlleven a la captura de los responsables de estos deplorables hechos, con lo cual se puede afirmar que más de un ochenta por ciento de los casos actualmente se encuentran en total impunidad. Mientras se escriben estas líneas, mientras se leen, un líder o lideresa, un defensor o defensora de derechos humanos está siendo asesinado o está en alto riesgo en Colombia. El Estado se mantiene incapaz de efectuar una política pública contundente y eficaz, que permita preservar la vida e integridad física de esta vulnerable franja de la población. La reforma judicial, para acabar con la impunidad, es una tarea pendiente para la nueva presidencia.


Se necesitan con urgencia verdaderas garantías estatales de que no volverán a ocurrir amenazas, asesinatos. Para no privar a la sociedad en general de compartir, reír y aprender de las personas que dan verdadero ejemplo: Erlendy Cuero Bravo, defensora que por culpa de las balas ha perdido a tres seres queridos (su padres y dos hermanos) en los últimos dos años y, sin embargo, actualmente ella lidera el trabajo que segó la vida de sus familiares, y quien ha sido revictimizada en diferentes oportunidades y por diferentes sectores armados.


Se busca realmente la capacidad de tejer los lazos de una verdadera convivencia y reconciliación. Queremos caminar por calles y senderos donde se pueda respirar un aire limpio, cálido y liviano, que inunde de manera tan profunda la esencia del ser, que no permita lastimar al otro o la otra. Pretendemos tener la capacidad de reconocer en los ojos y en la sonrisa del similar la belleza de la vida, que la tibieza de la piel no tenga que soportar los horrores de la guerra. Que se permita disfrutar el susurro de los ríos y la montaña.


Se necesitan con urgencia más reconocimientos y menos señalamientos, Por ello, la gran sonrisa de Francia al recibir tan honorable reconocimiento a tan sublime labor nos reconfortaba, y es esa misma sonrisa la que se capta frente a los gigantes defensores y defensoras de derechos humanos que han hecho aportes , contagiando de alegría y esperanza de pensarse en un país y en un mundo diferente. Aportaciones mucho más grandes que ganar una presidencia. Esto son los retos para el próximo gobierno de Iván Duque: una paz basada en la justicia y la defensa de la vida y el territorio. Reconocer la defensa de los derechos humanos. Ponerse a la altura de estos hombres y mujeres de corazones gigantes.

 

Por Erika Gómez Ardila
Defensora de DDHH del CPDH
2018-06-18 07:00:00

 

Dedicado a los más de trescientos cinco líderes y lideresas, defensores y defensoras de derechos humanos vilmente silenciados, asesinados, pero no olvidados, a los gigantes que nos han sido arrebatados. De igual manera, a aquellos hombres y mujeres que decidieron dejar las armas por construir un nuevo país y quienes también les cegaron su existencia en pleno proceso de reincorporación a nuevos caminos.

Publicado enMedio Ambiente
Una nueva economía desde la naturaleza con derechos

“Alejada de la naturaleza, la existencia humana queda vacía de contenido” (Masanobu Fukuoka)


América Latina está llena de contradicciones y contrastes. En ocasiones, los países con gobiernos conservadores sorprenden positivamente, mientras que -con frecuencia- los países con gobiernos progresistas defraudan. Ese es el caso de los Derechos de la Naturaleza.


Hace algunas semanas Colombia asombró al mundo. En un país donde neoliberalismo y extractivismos marcan la senda desarrollista, la Corte Suprema de Justicia falló a favor de una tutela para frenar la persistente degradación de la Amazonía, provocada por los extractivismos. Tal fallo histórico reconoce a esta región como sujeto de derechos, lo cual permitirá –desde los seres humanos- exigir su protección. Ya en 2017, esta Corte Constitucional marcó otro hito histórico, al otorgar la misma categoría al río Atrato .


Estas decisiones sintonizan con los pasos dados en la Asamblea Constituyente de Montecristi, en Ecuador. En 2008 dicha Asamblea estableció un hito cuando aprobó una Constitución que reconoce a la Naturaleza como sujeto de derechos (Derechos de la Naturaleza que ya cumplen 10 años de haber sido proclamados), sumándole el derecho a ser restaurada cuando ha sido destruida. Un paso que no tuvo el eco esperado desde el gobierno ecuatoriano. El entonces presidente Rafael Correa se llenó la boca de “revolución”, pero impulsó una oleada de extractivismos nunca vista en ese país, al tiempo que preparaba el retorno neoliberal [1].

Justo cuando Correa reconoció que le quedó grande la Iniciativa Yasuní-ITT, un 15 de agosto de 2013, diría que “ el mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria, y el mayor error es subordinar esos Derechos Humanos a supuestos Derechos de la Naturaleza ”. A la par de demostrar una total incomprensión del significado de los Derechos de la Naturaleza, Correa defendía tales Derechos para combatir los destrozos ambientales ocasionados por mineros informales… para abrir paso a grandes mineras transnacionales. Correa -un verdadero charlatán- quiso vender el mensaje de que “fue el mundo el que nos defraudó”, cuando en realidad fue él quien defraudó a su país y al mundo .


Es crucial tener claro cuán importantes son los Derechos de la Naturaleza en la construcción de sociedades democráticas, justas y libres, con economías solidarias y sustentables (como puerta de entrada a otro mundo posible ). A contrapelo de las alergias provocadas a conservadores de todas las ideologías, la cristalización de la Naturaleza como sujeto de derechos es parte de la senda a seguir para pensar en otro mundo, y son varios más los esfuerzos que se mueven en esa dirección en diversas partes del globo a nivel nacional [2] y también a nivel local [3] .


A lo largo de la historia del derecho, cada ampliación de derechos fue antes impensable. Hasta el “derecho a tener derechos” se consiguió siempre con una intensa lucha política. Por ello, reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos y liberarla de la condición de mero objeto de propiedad exige un esfuerzo político; más aún si aceptamos que todo ser vivo tiene igual valor ontológico, sin implicar que todos sean idénticos.


Los cambios demandados para alcanzar tal fin son profundos en todos los ámbitos…


Para empezar, la Humanidad debe entender que también es Naturaleza y que cualquier empeño de dominarla y manipularla es suicida; tendencia agudizada en el capitalismo. La Naturaleza no es infinita, tiene límites que -peligrosamente- se están superando. Esto implica cuestionar toda institucionalidad y organización social, política y económica que destruye a la Naturaleza y, en definitiva, a la Humanidad misma.


En vez de mantener el divorcio Humanidad-Naturaleza, urge un reencuentro. Esto empieza por desmercantilizar la Naturaleza, así como todos los bienes comunes, sin implicar su estatización. Precisamos un manejo y un control comunitarios de dichos bienes y, por cierto, de las relaciones con la Naturaleza (liberándolos tanto de las fauces del mercado como de las fauces del Estado centralizado).


La economía y sus objetivos deben subordinarse a las leyes naturales, asegurando siempre la calidad de vida humana. Como parte de una “gran transformación”, en palabras de Karl Polanyi en 1944 , urge superar la religión dominante del crecimiento económico y, también, de la acumulación incesante de bienes materiales que nutre al capitalismo.


Salir de la sociedad del crecimiento, es crucial. No se trata solo de reducir físicamente el metabolismo económico. La búsqueda permanente de ganancias obtenidas explotando a seres humanos y Naturaleza debe cesar y, sobre todo, urge imaginar opciones de vida fuera de los límites utilitaristas y antropocentristas de la Modernidad. Eso implica, entre otras cosas, desmitificar a los fetiches del “desarrollo” y del “progreso”, con el fin de superar el laberinto capitalista .
Así, una nueva economía deberá priorizar la suficiencia, en donde se amplíe solo la producción de lo que realmente reproduce a la vida ( objetivo que jamás debió separarse de la economía ). Ampliación que respete siempre los ciclos de la Naturaleza, en vez de buscar mayor eficiencia -e incontrolada competitividad- para saciar un desbocado y asesino consumismo. La equidad de ingresos y riqueza son también pilares de esa nueva economía. Hasta podríamos plantear un principio: que los privilegiados -tanto de estratos altos como medios- vivan con menos hasta que todos vivamos con dignidad y armonía.


Esta aproximación demanda cada vez más un abastecimiento simple y autónomo, una “subsistencia creativa” vía autoproducción, con usos comunes y con mayor durabilidad de los bienes. En las empresas, habría que atenuar la obligación de crecer reduciendo la especialización. Todo encaminado a que el capital -en cuanto relación social- abandone la producción (reduciendo desde la presión por la ganancia infinita hasta los créditos y la especulación). Se trata de producir local y regionalmente para desenredar el comercio internacional y las cadenas de producción -ambos enmarañados-, generando cercanía y confianza. Además, cabe reducir y redistribuir el horario laboral, abriendo espacio a ocupaciones social y culturalmente productivas (y no degradantes). Pero, sobre todo, individuos y comunidades deberán “ejercitar su capacidad de vivir diferente” (todos y todas viviendo con dignidad, en armonía con la Naturaleza, NdA), como plantea el alemán Niko Paech, y los países deben “aprender a vivir con lo nuestro, por los nuestros y para los nuestros”, como recomendaba el argentino Aldo Ferrer .


Esa nueva economía no puede ser ni productivista, ni consumista, ni aspirar al crecimiento absurdo. Esa nueva economía demanda otro posicionamiento frente a los mercados, al Estado, -e incluso frente a nuestra propia concepción de qué es el trabajo y la producción- teniendo a lo comunitario y lo popular como bases. Transformación posible si, desde ya, reconstruimos relaciones armoniosas entre Humanidad y Naturaleza, lo cual exige cristalizar los derechos de ésta desde iniciativas políticas, como el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza , tribunal que sanciona -al menos moralmente- los crímenes en contra de la Madre Tierra y de quienes la defienden, al tiempo que informa sistemáticamente sobre dichas violaciones; e incluso en los diversos observatorios ciudadanos creados para denunciar los atropellos contra la Naturaleza y las comunidades como el Observatorio Petrolero Sur , el Observatorio Oil Watch, el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina , el Atlas Mundial de la Justicia Ambiental: conflictos ecológico-distributivos o el reciente Observatorio de los Derechos de la Naturaleza .


El reto económico de los Derechos de la Naturaleza también está planteado: ¿lo aceptamos o avanzamos desquiciadamente a un mundo en donde el capital se coma a la vida misma?.-


Notas:


[1] Para comprender mejor lo que representó este gobierno recomendamos revisar los artículos recogidos en el portal La Ecconomía Política del Antipoder
[2] En 2010 Bolivia se aprobó una Ley de los Derechos de la Madre Tierra. En noviembre 2016 la Corte Suprema de Uttarakhand, al norte de la India, sentenció que los ríos Ganges y Yumana son seres vivientes. En marzo de 2017, en Nueva Zelanda, se permitió que el río Whanganui sea representado judicialmente a través de sus dos representantes, uno de la tribu Whanganui iwi y otro de la comunidad Crown; años antes en el mismo país, en 2013, el Parque Nacional Te Urewera fue reconocido como una entidad legal con los derechos de una persona, a cargo de los Crown y los Tuhoe. En Nepal está en proceso una iniciativa para reconocer los derechos de la Naturaleza a través de una enmienda constitucional.


[3] En los EEUU, el condado de Tamaqua, Pennsylvania fue el primer municipio en aprobar una ordenanza local reconociendo los Derechos de la Naturaleza de existir, prosperar y evolucionar en 2006; desde entonces más de 36 comunidades en siete estados de los Estados Unidos -Pennsylvania, Ohio, New Mexico, New York, Maryland, New Hampshire y Maine- tienes similares ordenanzas que codifican los Derechos de la Naturaleza. En ese mismo país un grupo de ciudadanos presentó una demanda para que las Montañas Rocosas o el desierto de Nevada puedan demandar legalmente a individuos, corporaciones y al gobierno.
Alberto Acosta es economista ecuatoriano, profesor universitario, exministro de Energía y Minas, expresidente de la Asamblea Constituyente y excandidato a la Presidencia de la República.

 

Por Alberto Acosta
Rebelión

5 de junio del 2018, Día Mundial del Medioambiente

Publicado enMedio Ambiente
Ya son 69 muertos por la erupción del Volcán de Fuego en Guatemala

El Rodeo, Guatemala.

Cuadrillas de rescatistas usaban este lunes maquinaria pesada para buscar sobrevivientes de la erupción del Volcán de Fuego de Guatemala que el pasado domingo sorprendió a los residentes y dejó al menos 69 muertos, cifra que las autoridades temen que podría incrementarse.

El presidente de Guatemala, Jimmi Morales, decretó tres días de duelo nacional "por la irreparable pérdida de vidas humanas".

También declaró el estado de emergencia en Sacatepéquez, Chimaltenango y Escuintla –los departamentos más afectados–, que deberá ser confirmado por el Congreso.

El diario local La Prensa reportó que el Volcán de Fuego, uno de los más activos en Centroamérica y ubicado al oeste de Ciudad de Guatemala, aún presenta explosiones en el domo y las columnas de humo alcanzan 10 mil metros de altura.

"Se registran continuos flujos piroclásticos (mezcla de agua y lodo hirviendo) moderados que toman dirección de descenso sobre las barrancas Seca, Ceniza, Mineral, Taniluya, Las Lajas y Barranca Honda", informó la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

El Volcán de Fuego expulsó ceniza caliente mezclada con agua y otros materiales que bloquearon las carreteras y dejaron varias viviendas en llamas, en lo que los expertos consideran la explosión más violenta en 40 años.

La zona carbonizada estaba aún demasiado caliente para ingresar a buscar los cuerpos de las víctimas, pues incluso derritió los zapatos de los rescatistas. Los socorristas dijeron que encontraron cuerpos cubiertos de cenizas que parecían estatuas. La inhalación de cenizas o gases volcánicos calientes puede provocar asfixia.

El director de la Conred, Sergio Cabañas, informó que la cifra de fallecidos se elevó a 69 y que este lunes lograron rescatar a 10 personas tras sobrevolar la zona en helicópteros. Señaló que 3 mil 265 personas fueron desalojadas de la región y hay 1.7 millones de habitantes afectados. En albergues se encuentran mil 800 personas.

Mirna Zeledón, vocera del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) indicó que fueron reportados ocho muertos en Alotenango, en el departamento de Sacatepequéz, y otros seis fueron ubicados en la morgue del sureño departamento de Escuintla, donde fueron agrupados 48 cadáveres en la aldea de Hunahpú, reportó La Prensa.

De los 69 cadáveres, 17 ya fueron identificados dijo el director del Inacif, Fanuel García.

"Nos está costando mucho identificarlos, porque algunos perdieron las huellas digitales. Vamos tener que recurrir a otros métodos antropológicos", añadió García.

En San Miguel Los Lotes, en el flanco del volcán, se localizaron 18 cadáveres.

"Estábamos en una fiesta, celebrando la llegada de un bebé, cuando una vecina nos llamó a gritos para que fuéramos a ver la lava que ya venía. No le creímos, pero cuando salimos a ver, el lodo caliente ya venía por la calle", dijo Hilda López, vecina de San Miguel de los Lotes, y añadió: "allá se quedó mi mamá, no pudo salir".

Joel González, esposo de Hilda, también perdió a su padre. "Se quedó enterrado en la casa", ubicada en el camino de uno de los ríos de flujo piroclástico.

"Eso estaba cubierto de arena. Las casas, los animales, la gente, todo se quemó, no tenemos nada", lamentó el hombre, quien aseguró que en ese lugar vivían "numerosas familias".

Eddy Sánchez, director del Instituto de Sismología y Vulcanología Nacional, explicó que los flujos piroclásticos alcanzaron temperaturas de 700 grados centígrados.

En la aldea El Rodeo, soldados cubiertos con máscaras para protegerse del polvo montaban guardia detrás de una cinta amarilla que acordonaba la escena, mientras trabajadores operaban una retroexcavadora. Un grupo de residentes llegó a la escena con palas y botas de trabajo para ayudar.

Algunos lugareños dijeron que nunca se enteraron del peligro y criticaron a las autoridades. "Conred nunca nos dijo que teníamos que irnos. Cuando la lava ya estaba ahí pasaron en sus camionetas y nos avisaron que nos fuéramos, pero los carros no se detuvieron para auxiliar a la gente", dijo Rafael Letrán en El Rodeo. "El gobierno es bueno para robar, pero no para ayudar a las personas".

Entre los muertos figura un funcionario de la agencia de desastres, cuya casa estaba en El Rodeo, dijo el director Cabañas, de Conred.

Un video mostró un brazo de lava y lodo que avanzó rápido y destruyó parcialmente un puente en una carretera entre Sacatepéquez y Escuintla.

Las cenizas del volcán alcanzaron la capital, así como los departamentos de Sacatepéquez, Chimaltenango, Escuintla y la turística ciudad colonial de Antigua. Este lunes se reportó que comenzaron a llegar a Honduras.

Las autoridades reabrieron el aeropuerto internacional que fue cerrado el domingo por el peligro de la ceniza.

En ese contexto, el Servicio Geológico de Estados Unidos informó que un sismo de 5.2 remeció la costa guatemalteca un día después de la erupción del Volcán de Fuego, que alcanza una altitud de 3 mil 763 metros sobre el nivel del mar.

 

Publicado enInternacional
Violenta explosión del volcán de Fuego en Guatemala deja tres localidades afectadas

Al menos tres departamentos o localidades de la zona centro-sur de Guatemala quedaron sumergidos en cenizas por la erupción más fuerte –desde hace más de cuatro décadas– que haya arrojado el volcán de Fuego, uno de los más activos de Centroamérica. Hasta el cierre de esta edición, el evento había provocado la muerte de 25 personas, de acuerdo con datos preliminares del gobierno guatemalteco.


La expulsión de lava y rocas dejó además casi 300 personas heridas, unos 3 mil 100 desalojados de las zonas aledañas y hasta 1.7 millones de afectados.
El coloso, ubicado a 50 kilómetros de la capital y uno de los 37 que tiene ese país, es considerado uno de los más peligrosos en Centroamérica debido a su actividad, la cual comenzó a intensificarse antes del mediodía.


Después de las 14 horas locales, las operaciones en el Aeropuerto Internacional La Aurora de Guatemala quedaron canceladas por la caída de ceniza que llegó hasta la capital. A las 16 horas comenzó la expulsión de lava.


Vibraciones llegaron a más de 20 kilómetros


Las severas vibraciones por las detonaciones en el cráter se sintieron a más de 20 kilómetros de distancia, a la vez que se formó una columna de humo que ascendió aproximadamente a 10 mil metros.


Varias personas que perdieron la vida eran habitantes de El Rodeo, comunidad a las faldas del coloso. En ese sitio, dos niños que veían desde un puente la creciente fumarola perdieron la vida tras la explosión. Los departamentos más afectados fueron Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, los cuales permanecen en alerta roja.


Los flujos piroclásticos alcanzaron hasta 700 grados centígrados, explicó Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología.
Esta es la erupción más grande desde 1974; hemos tenido expulsiones constantes, pero no de esta dimensión. En ésta han descendido hasta ocho kilómetros de lava de gran magnitud, agregó Gustavo Chigna, especialista del Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología.


Hasta las 21 horas locales, ya eran cerca de 653 personas las que estaban en albergues, detalló David de León, portavoz de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, instancia encargada del área de protección civil en este país.


El presidente guatemalteco, Jimmy Morales, emitió una declaración de estado de emergencia, la cual debe ser ratificada por el Congreso, para permitirle al Estado realizar adquisiciones sin restricciones y con controles mínimos para agilizar el flujo de recursos ante la crisis. Por la noche, las tareas de búsqueda y rescate, tanto de fallecidos como de desaparecidos, tuvieron que suspenderse por falta de energía eléctrica y la peligrosidad de la zona, ya que el escenario es de ríos de lava y ceniza, e incluso de casas que fueron destruidas, por lo que estas acciones se reanudarán las primeras horas de este lunes.

Publicado enInternacional
Bayer suprimirá la marca Monsanto tras comprarla por 53.373 millones

La corporación norteamericana de transgénicos y pesticidas tiene una pésima imagen global por lo que el grupo solo se llamará Bayer

Bayer, el gigante europeo de la farmacia y la agroquímica, cierra la compra de Monsanto. Y la compañía se llamará Bayer a secas. Monsanto desaparece como marca corporativa después de que la alemana adquiera la multinacional norteamericana de pesticidas y transgénicos por 66.000 millones de dólares(53.373 millones de euros). Lo único que mantendrá Bayer serán algunas submarcas comerciales con las que trabaja Monsanto para ciertos productos, por su popularidad en el mercado.

Monsanto es una de las empresas con peor imagen corporativa del mundo, por ser el mayor productor mundial de semillas transgénicas (sobre todo de maíz y soja) y por la venta de herbicidas como el Roundup, anatemizados por los ecologistas. Pocas empresas han sido objeto de tantas manifestaciones y eventos de protesta en diferentes rincones del planeta como este conglomerado agroquímico estadounidense. Su enorme tamaño y la combinación de productos destinados a un sector como la agricultura (y por tanto, la alimentación mundial) hacen que Monsanto sea una compañía más odiada incluso que las grandes petroleras, hasta el punto de generar movilizaciones de protesta, como la que hace cinco años tomaron las calles de medio centenar de países en todo el mundo.


El Departamento de Justicia de Estados Unidos dio el martes pasado la luz verdea la operación por la que Bayer y Monsanto podrán fusionar sus operaciones. Pero a cambio deberán desprenderse de activos por valor de 9.000 millones de dólares en el negocio agroquímico, que cede a su rival alemana BASF. La autorización va en línea con el dictamen de la Comisión Europeas hace un mes. En concentro Bayer tendrá que vender la división de semillas y los herbicidas Liberty. También tendrán que vender el naciente negocio de la gestión digital de las tierras de cultivo, y otros proyectos en marcha en el ámbito de la investigación, algunas patentes y el desarrollo de nuevos productos.
En Europa, las autoridades de competencia han dado su plácet tras el compromiso de la nueva compañía de desprenderse de activos por valor de 6.000 millones de euros. El comprador es la germana BASF, que abonará 5.900 millones de euros en una operación concebida expresamente para obtener el visto bueno comunitario al acuerdo.


Los principales mercados de Monsanto, con sede en St. Louis, son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá, además de la India, donde se concentran el grueso de las plantaciones genéticamente modificadas en todo el mundo. El rechazo que genera se debe las tres letras clave: OGM. Son las siglas que identifican a los organismos genéticamente modificados. Estos productos empezaron a comercializarse hace dos décadas.


Monsanto no es un nombre que crea recelo solo entre el público. Los dirigentes políticos en Estados Unidos y Europa llevan años debatiendo sobre los límites que deben tener en el mercado estas semillas genéticamente modificadas. Francia y Alemania, por ejemplo, las tiene completamente prohibidas.

 

Madrid 4 JUN 2018 - 04:41 COT

Publicado enEconomía
La minga: aprender sin escuela, sin esperar aprender

Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. […] Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Llega el día miércoles y como todos los miércoles en el área rural de Cachipay y de Zipacón (Cundinamarca), nos alistamos para participar en la minga que comienza a las nueve a.m. Se trata de un colectivo diverso que se reúne cada semana en torno a la labor conjunta, bajo el signo de la fraternidad y la alegría en diferentes espacios. La minga es un bien común y cada minga es diferente. Por temporadas pueden concurrir unos y no otros, dependiendo de la vida de cada participante y sus exigencias; en ocasiones vienen seres que viajan, personas interesadas en conocer la experiencia, echar una mano y quizás compartir un saber.

 

Esta vez la minga es en Trinitaria, en la vereda Laguna Verde, en casa de Zarabanda Opalina, quien tiene un niño de seis años y una niña de casi tres. Después de tres años de labor están cerca de terminar su hogar en bioconstrucción con materiales de la región. Una forma de respetar la naturaleza, de disminuir de manera notoria los costos en dinero de la obra y de incursionar en una estética armónica con un entorno de belleza asombrosa por la diversidad de expresiones de la vida.

 

El clima primaveral y la abundancia de aves y de cantos, de especies frutales y de flores, han ejercido desde hace muchos años una fuerte atracción por esta geografía de naturaleza exuberante ubicada en la ladera occidental de la Cordillera Oriental. En apenas unos centenares de metros es posible elegir entre las tierras más cálidas o las zonas frescas de la partes altas de las montañas. En Trinitaria la atmósfera es fresca y húmeda en la temporada de lluvias. Pero en un día invernal no es improbable que el sol irrumpa entre la niebla con todo el esplendor de la Cordillera Andina.

 

El primero en llegar es Arnulfo, quien con su vitalidad, alegría y la lozanía de su piel, no revela en absoluto los sesenta y cinco años que ha cumplido. Atribuye su formidable salud a las caminatas que realiza por la región cada fin de semana, acompañado de personas que vienen desde la ciudad, visitantes que aprecian su extraordinario conocimiento de las plantas y el privilegio de visitar su jardín, el que alberga una asombrosa variedad de orquídeas, bromelias y plantas medicinales. Hace casi diez años renunció a la ciudad y a los negocios y se vino a las montañas. Minutos después llega Jorge, un joven nativo de la región que sabe de plantas y de cocina, ha apoyado diversos procesos; su vida no la guía por el dinero. Entre sus saberes cuenta, además, con el arte de hacer pequeñas esculturas con rocas superpuestas, que hace poco aprendió.

 

La tercera en llegar a Trinitaria es Manuela, llega acompaña con su padre Víctor que vino a visitarla, y con un grupo de tres artistas que también ha invitado. Manuela ha fungido como el espíritu de la minga. Su carácter dulce y su disposición permanente a echar una mano allí donde se precisa han generado una dinámica fraterna en el colectivo. Muy pocos podrían adivinar que detrás de su apariencia de joven rebelde, con su corte de cabello alejado de la estética normalizada, con su sonrisa blanca y transparente, su piel bronceada por el sol de Peña Negra, y con su overol de trabajo en escultura y dibujo, habitó hasta hace poco tiempo una abogada muy capaz y responsable que vestía de sastre y acudía puntual a su horario de trabajo en una entidad oficial. Manuela dejó trabajo y ciudad y se vino a la vereda hace cinco años.

 

Un tesoro del proceso de la minga radica en la comunicación, que permite conocernos y descubrir diferentes dimensiones que el ritmo trepidante de la vida cotidiana en la ciudad no facilita. Nos vamos conociendo en la labor y compartiendo los alimentos que cada uno prepara y trae. De este modo el espacio fraterniza y gesta complicidades en almas afines, o con proyectos o trayectos que reúnen.

 

Manuela, con la confianza labrada entre todos, me pide que me ocupe de los invitados que ha traído porque vienen a conocer y no se quedaran a trabajar en la minga, mientras ella acude a la casa de Trinitaria para unirse a la labor que ya han iniciado Zarabanda, Arnulfo y Jorge: limpiar el barro que recubre las guaduas de la estructura de la vivienda y su suelo de tablas.

 

Invito al pequeño grupo que llegó con Manuela a un café en Riohaché Payko, un espacio colindante con Trinitaria al cual pertenezco y cuyo acento está en investigar y promover prácticas de educación alternativa y, también, de alternativas a la educación. Primero les escucho: Víctor trabaja en Bogotá en la Fundación Pepazo y desde hace años apoyan procesos de emprendimientos comunitarios dirigidos a mejorar, entre todos, la vida de todos. Felipe es psicólogo egresado de la U. Nacional, además de fotógrafo, y forma parte de un colectivo ubicado en Anolaima: Accionart. César es historiador no académico y durante años ha adelantado una minuciosa investigación sobre la historia regional de esta geografía. Fausto es italiano y vive en el país Vasco donde tiene una tienda de pastas y salsas. A él le pregunto si viene como parte de un proyecto de una Ong, de una ecoaldea. y me responde: tengo sesenta y cinco años, mi salud está quebrantada, y mi único proyecto es vivir cada día que puedo de la mejor manera. Su franqueza ruda me agrada y les propongo narrarles de modo breve el trabajo de cuatro años en la zona, mientras caminamos por la zona de huertas, de restauración de bosque y biblioteca veredal, para concluir el recorrido en Trinitaria. Me han dicho que deben regresar en media hora a Anolaima.

 

Mientras caminamos entre las arracachas, el maizal, los frijoles y arvejas, los yacones, albacas, tomates, lechugas, rosales y anturios, ocobos y cauchos, les comento que hace una semana estuvimos en la minga con Manuela, Anna, Arnulfo y Leo en la escuelita veredal de Cartagena, ubicada a quince minutos de Trinitaria. Todos ellos, como la gran mayoría de integrantes de la Red de Permacultura del Tequendama, comparten el carácter de seres fugados de la urbe y del sistema imperante. Leo es, entre otras muchas cosas, un extraordinario maestro de música, con un muy valioso camino de evolución espiritual. Renunció a su trabajo en una universidad pública por diversas razones, una de ellas: no verse inmerso en las miasmas de la politiquería que ha capturado buena parte de las academias y afecta al delicado trabajo de enseñanza que no sólo tendría que estar libre de los juegos de poder, sino que tendría que contar con todo el reconocimiento, el cuidado y acompañamiento a su alquímica forja de seres libres y creadores. Con sus ahorros consiguió un pequeño terreno en Peña Negra y ahora inicia la construcción de su casa, al tiempo que enseña música a un grupo de cinco niños de la Red de Permacultura en el hogar fraterno que le ha acogido mientras termina su vivienda: Gaiacpa, Jardin del Alma, liderado por un ser decisivo para el tejido comunitario de la red y sus emprendimientos: Girasol.

 

A muchos puede no asombrar, pero a otros sí: los talleres de inmersión en la música funcionan los martes, y los miércoles Mimby, Aluna, Manu, Mauli, Tzie, Ainoa, están preguntando: ¿cuándo es que vuelve a haber taller de música?


El reconocimiento a la labor de Leo por parte de los entornos familiares de los niños se hace, una parte en dinero y otra en trueque o en Ibis: la moneda local que está funcionando para potenciar las diversas labores y posibilidades de los integrantes de la red. Los trueques y los ibis ayudan a no depender tanto del dinero. Así Leo recibe por su invaluable labor: quinua, cremas dentales artesanales, tortas con frutos orgánicos, mambe, cremas de caléndula, etcétera.

 

Anna, pedagoga de la Universidad de Barcelona, llegó hace un par de años interesada por conocer experiencias de educación alternativa. En Medellín, Daniela Cardona, una chica vinculada a la Centro de Estudios Estanislao Zuleta y vinculada a Confiar, le habló de la región. Anna vino por un par de días, sucumbió a la magia del bosque andino tropical y con sus últimos ahorros adquirió un predio en uno de los proyectos que existen en la zona: Samay. Ahora construye allí su casa en bioconstrucción, junto a su amiga, hermana, maestra y cómplice: Melissa.

 

Creo –le confieso al pequeño grupo al que narro el proceso de Riohaché–, que comulgamos a diario con ruedas de molino. Habitamos en el peor sistema para todos, como si fuera lo más normal del mundo. Pero muchas mujeres y hombres están desertando. Prefieren renunciar a los ingresos fijos y tener tiempo para sí. Prefieren reducir al máximo la necesidad de dinero y encontrar el alimento, el abrigo y la salud con formas de cooperación fraterna. Cada vez más gente comprende que habitamos un sistema que ha elevado el absurdo hasta umbrales delirantes, y no esperan ya que ningún poder estatal ayude a resolver sus necesidades. Prefieren buscar un mínimo de cordura en el trabajo con la tierra, en erosionar el poder en la vida cotidiana en casa, en el conocimiento de sí, en la creación de espacios de comunicación, cooperación y coordinación de iniciativas que sirven a la tierra, a la vida y su dignidad. En participar, en la revolución relacional que está teniendo lugar con base en la liberación del ser femenino. Hay una (re)evolución cultural antes que política, vinculada al volver a habitar la tierra de modo sostenible.

 

Hace ocho días llegamos a la escuela veredal y saludamos a Luz Marina y Francy, las profesoras de planta. Ellas nos indicaron las labores que estaban precisando: cortar las guaduas que amenazan con tumbar los cables de alta tensión de la energía, arreglar la huerta, limpiar el área aledaña a la quebrada que baja junto a la escuela.

 

Estas dos profesoras son una invaluable excepción a lo que sucede con buena parte del cuerpo profesoral en las áreas rurales de Cundinamarca: las dos viven cerca de la escuela en la que laboran. Muchas profesoras y profesores vienen desde muy lejos: desde Facatativa, Mosquera, Funza e incluso Bogotá. Las distancias afectan no solo sus economías, sino su energía para ejercer las artes exigentes y decisivas del maestro. Esta es una situación no resuelta por los encargados gubernamentales de la educación, realidad que incide en alto grado en la calidad del proceso formativo. Si no se habita en los lugares en los que viven niños y jóvenes, es muy difícil desarrollar dinámicas educativas que permitan a los estudiantes conocer sus entornos, cuidarlos, defenderlos, y aprender los oficios que les permitan habitar en ellos.

 

La profesora Luz Marina se ganó a pulso el reconocimiento profundo de sus estudiantes y sus familias. El año pasado se empeñó en demostrar que los viajes son una experiencia de aprendizaje de extraordinaria potencia formativa y decidió, alentada por el sueño entusiasta de de sus chicos, a realizar una tarea imposible: viajar con las niñas y niños a conocer el mar. Ni siquiera buena parte de las madres y padres de las niñas y niños lo conocen. Era una responsabilidad tremenda. Luz Marina desplegó una energía huracanada, no se arredró ante las negativas y las indiferencias, y obtuvo apoyos decisivos e inesperados de gente que no la conocía, como una fundación de mujeres en San Andrés que les facilitó el hospedaje en la isla y logró que no tuviesen que pagar el impuesto de entrada. Llevaron en sus equipajes, para preparar con sus propias manos, los mercados que allegaron las familias. Y por encima de la incredulidad de casi todos pudieron viajar, llorar de júbilo ante el espectáculo sobrecogedor del mar Caribe, y regresar sanos y salvos de la más audaz y hermosa aventura acometida en sus breves vidas.

 

Pedro, el rector de la Institución Educativa Cartagena, ha logrado abrir canales de comunicación y cooperación con diversos actores locales en beneficio de su estudiantado. Los niños y los jóvenes han podido viajar y conocer el modo de vida urbano en sectores socioeconómicos diferentes a los de sus veredas, y jóvenes de la capital han venido por temporadas a vivir en Laguna Verde. Para los dos grupos la experiencia ha sido transformadora. Dos mundos que se ignoran: el urbano y el rural, y dos universos distanciados por la economía, pudieron saludarse y conocerse. También la Universidad del Rosario se vinculó a la experimentación y los jóvenes de la vereda tuvieron la oportunidad de tomar un curso intensivo de emprendimiento, junto a jóvenes de primeros semestres de diversas universidades de Bogotá. Algunas de las jóvenes que viajaron desde la vereda regresaron con una determinación invencible: estudiar, estudiar, estudiar, como forma de traspasar los encierros que limitan de modo inexorable los porvenires posibles. No es un cambio de actitud banal, más cuando acontece en un medio en el que el conocimiento es contemplado como algo no práctico, ni útil, además de aburrido.

 

Hace dos meses Manuela, con Diana y Alejandro, padres de la niña Ainoa, e integrantes del proyecto Ecocirco, ubicado en la vereda Cayunda, realizaron un taller de pintura con los niños de la escuela y elaboraron un bello mural en la pared frontal de la escuela.

 

Las profesoras Luz Marina y Francy vienen periódicamente con sus estudiantes a Riohaché Payko, llevan libros de la biblioteca, realizan para ello una caminata que les permite, además, recuperar el bellísimo entorno natural como senda de aprendizajes no formales.

 

La Minga nos enseña a todas y a todos que cuando brota la cooperación es posible hacer mucho con poco. Cuando aprendemos a brindar sin esperar nada a cambio. Para decirlo con Martí: el deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente. Está germinando, como ya está dicho, una (re)evolución cultural antes que política, se está dando desde abajo, como movimiento social antes que político. Es mejor conversar con el azadón en la mano que participar en las interminables discusiones urbanas en las que rivalizan los egos y las doctrinas y cada uno vuelve a casa sin llevar consigo, por lo menos, el goce de ayudar donde se precisa, sin el placer de producir de modo conjunto, sin al menos haber sembrado una lechuga o un arbolito.


Mientras comenzamos la labor con el corte de las guaduas, Manuela y Anna convocan, junto a las profes y los niños, al arreglo de la huerta. Acuden entusiastas, incluida la pequeña y brillante Ruth, hija de la profesora Luz Marina. Arnulfo y Leo se vinculan a la labor con los niños en la huerta.

 

Hay una evolución espiritual que es más decisiva en los escenarios formativos que todos los doctorados del mundo. Para nuestro infortunio, una parte no despreciable de la academia se precipitó en el juego de apariencias de los estudios y escritos para ascender en los escalafones y las tablas de ingresos. No se estudia porque se ama el oficio sino para ubicarse mejor en el escenario de los puntajes que miden los rangos salariales y la posibilidad de adquirir mejores autos. No se escribe sobre lo que se comprende y lo que se aporta al vivir mejor sino para sumar puntos, o incrementar ingresos en el marco de la feroz competencia en la que no se repara en medios, con tal de obtener fines. La lógica del capital ha permeado la vida académica y las consecuencias son pavorosas.

 

Junto a la huerta de la escuela hay una estructura de tanques y tubos que sirve para purificar el agua que baja de la montaña y toman los niños. Fue instalada en tiempos de la anterior gobernación. Cuando la instalaron, se fueron y nunca explicaron cómo funcionaba. Al mes volvieron a tomarse una foto junto a la planta de tratamiento, y volvieron a irse sin capacitar a los funcionarios del colegio en su manejo. Aún no ha sido posible poner en funcionamiento la planta y los niños toman el agua sin tratar.

 

Este tipo de actuaciones no son excepcionales en los asuntos públicos. Falta el amor. Están ausentes las moléculas de amor indispensables para desatar dinámica de perfeccionamiento en las comunidades. Contratan para girar presupuestos a las personas o entidades aliadas que antes o después remuneran a quien les contrató. Lo importante es figurar, lo importante es la foto que demuestra que se montó la estructura y que permite cobrar. No importa si quedó funcionando o no.

 

Nuestra caminata por Riohache conversando nos condujo hasta Trinitaria, y los visitantes se asombran ante la sencilla y hermosa estructura de guadua en la que ahora laboran los mingueros. Les proponemos compartir algo del alimento que cada uno de los participantes de la minga ha traído y expresan su malestar por no haber contemplado traer algo para compartir.

 

En ese momento Facundo nos dice que si le facilitamos unos huevos, un poco de sal y de harina él puede enseñar a hacer la pasta, los tallarines. El pequeño Tzie y Arnulfo se entusiasman con la propuesta y acomodamos una mesa para realizar el taller inesperado. Entre Fausto y Arnulfo se genera una empatía por la edad, el humor y el saber que comparten sobre especies vegetales alimenticias. Al taller se vincula como observadora la pequeña Jadeina. La prisa del regreso desaparece y el grupo se reúne en torno al aprendizaje. El ánimo de Fausto varía, le alegra la compañía y el reconocimiento que genera su enseñanza. Con la ayuda de Arnulfo deciden ir hasta la preparación de la pasta, revelando los secretos para que los tallarines queden al dente, finalizando su cocción con una salsa maravillosa elaborada con los frutos de la huerta que Arnulfo cosecha en unos instantes. Fausto ignoraba que actúa muy bien como maestro. Hoy la minga ha devenido en espacio de aprendizaje intergeneracional. Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. El Buen Vivir lo llaman en el sur los Aymaras. Los bienes comunes circulan recreando, sirviendo a otros saberes. Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Recuerdo, al terminar de escribir estas notas, las mingas en las que algunas de las mujeres nos han enseñado –a algunos de los hombres– la dureza que tiene y lo normalizado que permanece el patriarcalismo; o los niños y las niñas han enseñado a los adultos un poco de la sensibilidad, el juego creador, la ternura y el aprender a valorar lo que vale, y no valorar lo que no vale, que tanta falta nos hace. Recuerdo los aprendizajes, de la mano de Casilda Rodrigañez, que nos ha revelado el engaño de hacernos creer que el egoísmo y la competencia son parte de la esencia humana; que ha desnudado los efectos tremendos de la represión temprana de los deseos de amar y ser amados. El mismo patriarcalismo que ha condenado la libertad sexual de la mujer y que denunció y enfrentó, en la escritura y en su vida, Alexandra Kollontay. La confusión entre amar y poseer, entre amar y dominar, que tanto sufrimiento y violencia engendra. Son parte de una cultura y de una economía que se derrumba sin remedio por su incapacidad manifiesta de acompañar y preservar la vida, por su incapacidad absoluta de abrir cauce al caudal creador de la humanidad, que ya no cabe en los rígidos y estrechos marcos y represas establecidas por la lógica del capital, y su escasez artificial instaurada.