Violenta explosión del volcán de Fuego en Guatemala deja tres localidades afectadas

Al menos tres departamentos o localidades de la zona centro-sur de Guatemala quedaron sumergidos en cenizas por la erupción más fuerte –desde hace más de cuatro décadas– que haya arrojado el volcán de Fuego, uno de los más activos de Centroamérica. Hasta el cierre de esta edición, el evento había provocado la muerte de 25 personas, de acuerdo con datos preliminares del gobierno guatemalteco.


La expulsión de lava y rocas dejó además casi 300 personas heridas, unos 3 mil 100 desalojados de las zonas aledañas y hasta 1.7 millones de afectados.
El coloso, ubicado a 50 kilómetros de la capital y uno de los 37 que tiene ese país, es considerado uno de los más peligrosos en Centroamérica debido a su actividad, la cual comenzó a intensificarse antes del mediodía.


Después de las 14 horas locales, las operaciones en el Aeropuerto Internacional La Aurora de Guatemala quedaron canceladas por la caída de ceniza que llegó hasta la capital. A las 16 horas comenzó la expulsión de lava.


Vibraciones llegaron a más de 20 kilómetros


Las severas vibraciones por las detonaciones en el cráter se sintieron a más de 20 kilómetros de distancia, a la vez que se formó una columna de humo que ascendió aproximadamente a 10 mil metros.


Varias personas que perdieron la vida eran habitantes de El Rodeo, comunidad a las faldas del coloso. En ese sitio, dos niños que veían desde un puente la creciente fumarola perdieron la vida tras la explosión. Los departamentos más afectados fueron Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, los cuales permanecen en alerta roja.


Los flujos piroclásticos alcanzaron hasta 700 grados centígrados, explicó Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología.
Esta es la erupción más grande desde 1974; hemos tenido expulsiones constantes, pero no de esta dimensión. En ésta han descendido hasta ocho kilómetros de lava de gran magnitud, agregó Gustavo Chigna, especialista del Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología.


Hasta las 21 horas locales, ya eran cerca de 653 personas las que estaban en albergues, detalló David de León, portavoz de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, instancia encargada del área de protección civil en este país.


El presidente guatemalteco, Jimmy Morales, emitió una declaración de estado de emergencia, la cual debe ser ratificada por el Congreso, para permitirle al Estado realizar adquisiciones sin restricciones y con controles mínimos para agilizar el flujo de recursos ante la crisis. Por la noche, las tareas de búsqueda y rescate, tanto de fallecidos como de desaparecidos, tuvieron que suspenderse por falta de energía eléctrica y la peligrosidad de la zona, ya que el escenario es de ríos de lava y ceniza, e incluso de casas que fueron destruidas, por lo que estas acciones se reanudarán las primeras horas de este lunes.

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Bayer suprimirá la marca Monsanto tras comprarla por 53.373 millones

La corporación norteamericana de transgénicos y pesticidas tiene una pésima imagen global por lo que el grupo solo se llamará Bayer

Bayer, el gigante europeo de la farmacia y la agroquímica, cierra la compra de Monsanto. Y la compañía se llamará Bayer a secas. Monsanto desaparece como marca corporativa después de que la alemana adquiera la multinacional norteamericana de pesticidas y transgénicos por 66.000 millones de dólares(53.373 millones de euros). Lo único que mantendrá Bayer serán algunas submarcas comerciales con las que trabaja Monsanto para ciertos productos, por su popularidad en el mercado.

Monsanto es una de las empresas con peor imagen corporativa del mundo, por ser el mayor productor mundial de semillas transgénicas (sobre todo de maíz y soja) y por la venta de herbicidas como el Roundup, anatemizados por los ecologistas. Pocas empresas han sido objeto de tantas manifestaciones y eventos de protesta en diferentes rincones del planeta como este conglomerado agroquímico estadounidense. Su enorme tamaño y la combinación de productos destinados a un sector como la agricultura (y por tanto, la alimentación mundial) hacen que Monsanto sea una compañía más odiada incluso que las grandes petroleras, hasta el punto de generar movilizaciones de protesta, como la que hace cinco años tomaron las calles de medio centenar de países en todo el mundo.


El Departamento de Justicia de Estados Unidos dio el martes pasado la luz verdea la operación por la que Bayer y Monsanto podrán fusionar sus operaciones. Pero a cambio deberán desprenderse de activos por valor de 9.000 millones de dólares en el negocio agroquímico, que cede a su rival alemana BASF. La autorización va en línea con el dictamen de la Comisión Europeas hace un mes. En concentro Bayer tendrá que vender la división de semillas y los herbicidas Liberty. También tendrán que vender el naciente negocio de la gestión digital de las tierras de cultivo, y otros proyectos en marcha en el ámbito de la investigación, algunas patentes y el desarrollo de nuevos productos.
En Europa, las autoridades de competencia han dado su plácet tras el compromiso de la nueva compañía de desprenderse de activos por valor de 6.000 millones de euros. El comprador es la germana BASF, que abonará 5.900 millones de euros en una operación concebida expresamente para obtener el visto bueno comunitario al acuerdo.


Los principales mercados de Monsanto, con sede en St. Louis, son Estados Unidos, Brasil, Argentina y Canadá, además de la India, donde se concentran el grueso de las plantaciones genéticamente modificadas en todo el mundo. El rechazo que genera se debe las tres letras clave: OGM. Son las siglas que identifican a los organismos genéticamente modificados. Estos productos empezaron a comercializarse hace dos décadas.


Monsanto no es un nombre que crea recelo solo entre el público. Los dirigentes políticos en Estados Unidos y Europa llevan años debatiendo sobre los límites que deben tener en el mercado estas semillas genéticamente modificadas. Francia y Alemania, por ejemplo, las tiene completamente prohibidas.

 

Madrid 4 JUN 2018 - 04:41 COT

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La minga: aprender sin escuela, sin esperar aprender

Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. […] Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Llega el día miércoles y como todos los miércoles en el área rural de Cachipay y de Zipacón (Cundinamarca), nos alistamos para participar en la minga que comienza a las nueve a.m. Se trata de un colectivo diverso que se reúne cada semana en torno a la labor conjunta, bajo el signo de la fraternidad y la alegría en diferentes espacios. La minga es un bien común y cada minga es diferente. Por temporadas pueden concurrir unos y no otros, dependiendo de la vida de cada participante y sus exigencias; en ocasiones vienen seres que viajan, personas interesadas en conocer la experiencia, echar una mano y quizás compartir un saber.

 

Esta vez la minga es en Trinitaria, en la vereda Laguna Verde, en casa de Zarabanda Opalina, quien tiene un niño de seis años y una niña de casi tres. Después de tres años de labor están cerca de terminar su hogar en bioconstrucción con materiales de la región. Una forma de respetar la naturaleza, de disminuir de manera notoria los costos en dinero de la obra y de incursionar en una estética armónica con un entorno de belleza asombrosa por la diversidad de expresiones de la vida.

 

El clima primaveral y la abundancia de aves y de cantos, de especies frutales y de flores, han ejercido desde hace muchos años una fuerte atracción por esta geografía de naturaleza exuberante ubicada en la ladera occidental de la Cordillera Oriental. En apenas unos centenares de metros es posible elegir entre las tierras más cálidas o las zonas frescas de la partes altas de las montañas. En Trinitaria la atmósfera es fresca y húmeda en la temporada de lluvias. Pero en un día invernal no es improbable que el sol irrumpa entre la niebla con todo el esplendor de la Cordillera Andina.

 

El primero en llegar es Arnulfo, quien con su vitalidad, alegría y la lozanía de su piel, no revela en absoluto los sesenta y cinco años que ha cumplido. Atribuye su formidable salud a las caminatas que realiza por la región cada fin de semana, acompañado de personas que vienen desde la ciudad, visitantes que aprecian su extraordinario conocimiento de las plantas y el privilegio de visitar su jardín, el que alberga una asombrosa variedad de orquídeas, bromelias y plantas medicinales. Hace casi diez años renunció a la ciudad y a los negocios y se vino a las montañas. Minutos después llega Jorge, un joven nativo de la región que sabe de plantas y de cocina, ha apoyado diversos procesos; su vida no la guía por el dinero. Entre sus saberes cuenta, además, con el arte de hacer pequeñas esculturas con rocas superpuestas, que hace poco aprendió.

 

La tercera en llegar a Trinitaria es Manuela, llega acompaña con su padre Víctor que vino a visitarla, y con un grupo de tres artistas que también ha invitado. Manuela ha fungido como el espíritu de la minga. Su carácter dulce y su disposición permanente a echar una mano allí donde se precisa han generado una dinámica fraterna en el colectivo. Muy pocos podrían adivinar que detrás de su apariencia de joven rebelde, con su corte de cabello alejado de la estética normalizada, con su sonrisa blanca y transparente, su piel bronceada por el sol de Peña Negra, y con su overol de trabajo en escultura y dibujo, habitó hasta hace poco tiempo una abogada muy capaz y responsable que vestía de sastre y acudía puntual a su horario de trabajo en una entidad oficial. Manuela dejó trabajo y ciudad y se vino a la vereda hace cinco años.

 

Un tesoro del proceso de la minga radica en la comunicación, que permite conocernos y descubrir diferentes dimensiones que el ritmo trepidante de la vida cotidiana en la ciudad no facilita. Nos vamos conociendo en la labor y compartiendo los alimentos que cada uno prepara y trae. De este modo el espacio fraterniza y gesta complicidades en almas afines, o con proyectos o trayectos que reúnen.

 

Manuela, con la confianza labrada entre todos, me pide que me ocupe de los invitados que ha traído porque vienen a conocer y no se quedaran a trabajar en la minga, mientras ella acude a la casa de Trinitaria para unirse a la labor que ya han iniciado Zarabanda, Arnulfo y Jorge: limpiar el barro que recubre las guaduas de la estructura de la vivienda y su suelo de tablas.

 

Invito al pequeño grupo que llegó con Manuela a un café en Riohaché Payko, un espacio colindante con Trinitaria al cual pertenezco y cuyo acento está en investigar y promover prácticas de educación alternativa y, también, de alternativas a la educación. Primero les escucho: Víctor trabaja en Bogotá en la Fundación Pepazo y desde hace años apoyan procesos de emprendimientos comunitarios dirigidos a mejorar, entre todos, la vida de todos. Felipe es psicólogo egresado de la U. Nacional, además de fotógrafo, y forma parte de un colectivo ubicado en Anolaima: Accionart. César es historiador no académico y durante años ha adelantado una minuciosa investigación sobre la historia regional de esta geografía. Fausto es italiano y vive en el país Vasco donde tiene una tienda de pastas y salsas. A él le pregunto si viene como parte de un proyecto de una Ong, de una ecoaldea. y me responde: tengo sesenta y cinco años, mi salud está quebrantada, y mi único proyecto es vivir cada día que puedo de la mejor manera. Su franqueza ruda me agrada y les propongo narrarles de modo breve el trabajo de cuatro años en la zona, mientras caminamos por la zona de huertas, de restauración de bosque y biblioteca veredal, para concluir el recorrido en Trinitaria. Me han dicho que deben regresar en media hora a Anolaima.

 

Mientras caminamos entre las arracachas, el maizal, los frijoles y arvejas, los yacones, albacas, tomates, lechugas, rosales y anturios, ocobos y cauchos, les comento que hace una semana estuvimos en la minga con Manuela, Anna, Arnulfo y Leo en la escuelita veredal de Cartagena, ubicada a quince minutos de Trinitaria. Todos ellos, como la gran mayoría de integrantes de la Red de Permacultura del Tequendama, comparten el carácter de seres fugados de la urbe y del sistema imperante. Leo es, entre otras muchas cosas, un extraordinario maestro de música, con un muy valioso camino de evolución espiritual. Renunció a su trabajo en una universidad pública por diversas razones, una de ellas: no verse inmerso en las miasmas de la politiquería que ha capturado buena parte de las academias y afecta al delicado trabajo de enseñanza que no sólo tendría que estar libre de los juegos de poder, sino que tendría que contar con todo el reconocimiento, el cuidado y acompañamiento a su alquímica forja de seres libres y creadores. Con sus ahorros consiguió un pequeño terreno en Peña Negra y ahora inicia la construcción de su casa, al tiempo que enseña música a un grupo de cinco niños de la Red de Permacultura en el hogar fraterno que le ha acogido mientras termina su vivienda: Gaiacpa, Jardin del Alma, liderado por un ser decisivo para el tejido comunitario de la red y sus emprendimientos: Girasol.

 

A muchos puede no asombrar, pero a otros sí: los talleres de inmersión en la música funcionan los martes, y los miércoles Mimby, Aluna, Manu, Mauli, Tzie, Ainoa, están preguntando: ¿cuándo es que vuelve a haber taller de música?


El reconocimiento a la labor de Leo por parte de los entornos familiares de los niños se hace, una parte en dinero y otra en trueque o en Ibis: la moneda local que está funcionando para potenciar las diversas labores y posibilidades de los integrantes de la red. Los trueques y los ibis ayudan a no depender tanto del dinero. Así Leo recibe por su invaluable labor: quinua, cremas dentales artesanales, tortas con frutos orgánicos, mambe, cremas de caléndula, etcétera.

 

Anna, pedagoga de la Universidad de Barcelona, llegó hace un par de años interesada por conocer experiencias de educación alternativa. En Medellín, Daniela Cardona, una chica vinculada a la Centro de Estudios Estanislao Zuleta y vinculada a Confiar, le habló de la región. Anna vino por un par de días, sucumbió a la magia del bosque andino tropical y con sus últimos ahorros adquirió un predio en uno de los proyectos que existen en la zona: Samay. Ahora construye allí su casa en bioconstrucción, junto a su amiga, hermana, maestra y cómplice: Melissa.

 

Creo –le confieso al pequeño grupo al que narro el proceso de Riohaché–, que comulgamos a diario con ruedas de molino. Habitamos en el peor sistema para todos, como si fuera lo más normal del mundo. Pero muchas mujeres y hombres están desertando. Prefieren renunciar a los ingresos fijos y tener tiempo para sí. Prefieren reducir al máximo la necesidad de dinero y encontrar el alimento, el abrigo y la salud con formas de cooperación fraterna. Cada vez más gente comprende que habitamos un sistema que ha elevado el absurdo hasta umbrales delirantes, y no esperan ya que ningún poder estatal ayude a resolver sus necesidades. Prefieren buscar un mínimo de cordura en el trabajo con la tierra, en erosionar el poder en la vida cotidiana en casa, en el conocimiento de sí, en la creación de espacios de comunicación, cooperación y coordinación de iniciativas que sirven a la tierra, a la vida y su dignidad. En participar, en la revolución relacional que está teniendo lugar con base en la liberación del ser femenino. Hay una (re)evolución cultural antes que política, vinculada al volver a habitar la tierra de modo sostenible.

 

Hace ocho días llegamos a la escuela veredal y saludamos a Luz Marina y Francy, las profesoras de planta. Ellas nos indicaron las labores que estaban precisando: cortar las guaduas que amenazan con tumbar los cables de alta tensión de la energía, arreglar la huerta, limpiar el área aledaña a la quebrada que baja junto a la escuela.

 

Estas dos profesoras son una invaluable excepción a lo que sucede con buena parte del cuerpo profesoral en las áreas rurales de Cundinamarca: las dos viven cerca de la escuela en la que laboran. Muchas profesoras y profesores vienen desde muy lejos: desde Facatativa, Mosquera, Funza e incluso Bogotá. Las distancias afectan no solo sus economías, sino su energía para ejercer las artes exigentes y decisivas del maestro. Esta es una situación no resuelta por los encargados gubernamentales de la educación, realidad que incide en alto grado en la calidad del proceso formativo. Si no se habita en los lugares en los que viven niños y jóvenes, es muy difícil desarrollar dinámicas educativas que permitan a los estudiantes conocer sus entornos, cuidarlos, defenderlos, y aprender los oficios que les permitan habitar en ellos.

 

La profesora Luz Marina se ganó a pulso el reconocimiento profundo de sus estudiantes y sus familias. El año pasado se empeñó en demostrar que los viajes son una experiencia de aprendizaje de extraordinaria potencia formativa y decidió, alentada por el sueño entusiasta de de sus chicos, a realizar una tarea imposible: viajar con las niñas y niños a conocer el mar. Ni siquiera buena parte de las madres y padres de las niñas y niños lo conocen. Era una responsabilidad tremenda. Luz Marina desplegó una energía huracanada, no se arredró ante las negativas y las indiferencias, y obtuvo apoyos decisivos e inesperados de gente que no la conocía, como una fundación de mujeres en San Andrés que les facilitó el hospedaje en la isla y logró que no tuviesen que pagar el impuesto de entrada. Llevaron en sus equipajes, para preparar con sus propias manos, los mercados que allegaron las familias. Y por encima de la incredulidad de casi todos pudieron viajar, llorar de júbilo ante el espectáculo sobrecogedor del mar Caribe, y regresar sanos y salvos de la más audaz y hermosa aventura acometida en sus breves vidas.

 

Pedro, el rector de la Institución Educativa Cartagena, ha logrado abrir canales de comunicación y cooperación con diversos actores locales en beneficio de su estudiantado. Los niños y los jóvenes han podido viajar y conocer el modo de vida urbano en sectores socioeconómicos diferentes a los de sus veredas, y jóvenes de la capital han venido por temporadas a vivir en Laguna Verde. Para los dos grupos la experiencia ha sido transformadora. Dos mundos que se ignoran: el urbano y el rural, y dos universos distanciados por la economía, pudieron saludarse y conocerse. También la Universidad del Rosario se vinculó a la experimentación y los jóvenes de la vereda tuvieron la oportunidad de tomar un curso intensivo de emprendimiento, junto a jóvenes de primeros semestres de diversas universidades de Bogotá. Algunas de las jóvenes que viajaron desde la vereda regresaron con una determinación invencible: estudiar, estudiar, estudiar, como forma de traspasar los encierros que limitan de modo inexorable los porvenires posibles. No es un cambio de actitud banal, más cuando acontece en un medio en el que el conocimiento es contemplado como algo no práctico, ni útil, además de aburrido.

 

Hace dos meses Manuela, con Diana y Alejandro, padres de la niña Ainoa, e integrantes del proyecto Ecocirco, ubicado en la vereda Cayunda, realizaron un taller de pintura con los niños de la escuela y elaboraron un bello mural en la pared frontal de la escuela.

 

Las profesoras Luz Marina y Francy vienen periódicamente con sus estudiantes a Riohaché Payko, llevan libros de la biblioteca, realizan para ello una caminata que les permite, además, recuperar el bellísimo entorno natural como senda de aprendizajes no formales.

 

La Minga nos enseña a todas y a todos que cuando brota la cooperación es posible hacer mucho con poco. Cuando aprendemos a brindar sin esperar nada a cambio. Para decirlo con Martí: el deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente. Está germinando, como ya está dicho, una (re)evolución cultural antes que política, se está dando desde abajo, como movimiento social antes que político. Es mejor conversar con el azadón en la mano que participar en las interminables discusiones urbanas en las que rivalizan los egos y las doctrinas y cada uno vuelve a casa sin llevar consigo, por lo menos, el goce de ayudar donde se precisa, sin el placer de producir de modo conjunto, sin al menos haber sembrado una lechuga o un arbolito.


Mientras comenzamos la labor con el corte de las guaduas, Manuela y Anna convocan, junto a las profes y los niños, al arreglo de la huerta. Acuden entusiastas, incluida la pequeña y brillante Ruth, hija de la profesora Luz Marina. Arnulfo y Leo se vinculan a la labor con los niños en la huerta.

 

Hay una evolución espiritual que es más decisiva en los escenarios formativos que todos los doctorados del mundo. Para nuestro infortunio, una parte no despreciable de la academia se precipitó en el juego de apariencias de los estudios y escritos para ascender en los escalafones y las tablas de ingresos. No se estudia porque se ama el oficio sino para ubicarse mejor en el escenario de los puntajes que miden los rangos salariales y la posibilidad de adquirir mejores autos. No se escribe sobre lo que se comprende y lo que se aporta al vivir mejor sino para sumar puntos, o incrementar ingresos en el marco de la feroz competencia en la que no se repara en medios, con tal de obtener fines. La lógica del capital ha permeado la vida académica y las consecuencias son pavorosas.

 

Junto a la huerta de la escuela hay una estructura de tanques y tubos que sirve para purificar el agua que baja de la montaña y toman los niños. Fue instalada en tiempos de la anterior gobernación. Cuando la instalaron, se fueron y nunca explicaron cómo funcionaba. Al mes volvieron a tomarse una foto junto a la planta de tratamiento, y volvieron a irse sin capacitar a los funcionarios del colegio en su manejo. Aún no ha sido posible poner en funcionamiento la planta y los niños toman el agua sin tratar.

 

Este tipo de actuaciones no son excepcionales en los asuntos públicos. Falta el amor. Están ausentes las moléculas de amor indispensables para desatar dinámica de perfeccionamiento en las comunidades. Contratan para girar presupuestos a las personas o entidades aliadas que antes o después remuneran a quien les contrató. Lo importante es figurar, lo importante es la foto que demuestra que se montó la estructura y que permite cobrar. No importa si quedó funcionando o no.

 

Nuestra caminata por Riohache conversando nos condujo hasta Trinitaria, y los visitantes se asombran ante la sencilla y hermosa estructura de guadua en la que ahora laboran los mingueros. Les proponemos compartir algo del alimento que cada uno de los participantes de la minga ha traído y expresan su malestar por no haber contemplado traer algo para compartir.

 

En ese momento Facundo nos dice que si le facilitamos unos huevos, un poco de sal y de harina él puede enseñar a hacer la pasta, los tallarines. El pequeño Tzie y Arnulfo se entusiasman con la propuesta y acomodamos una mesa para realizar el taller inesperado. Entre Fausto y Arnulfo se genera una empatía por la edad, el humor y el saber que comparten sobre especies vegetales alimenticias. Al taller se vincula como observadora la pequeña Jadeina. La prisa del regreso desaparece y el grupo se reúne en torno al aprendizaje. El ánimo de Fausto varía, le alegra la compañía y el reconocimiento que genera su enseñanza. Con la ayuda de Arnulfo deciden ir hasta la preparación de la pasta, revelando los secretos para que los tallarines queden al dente, finalizando su cocción con una salsa maravillosa elaborada con los frutos de la huerta que Arnulfo cosecha en unos instantes. Fausto ignoraba que actúa muy bien como maestro. Hoy la minga ha devenido en espacio de aprendizaje intergeneracional. Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. El Buen Vivir lo llaman en el sur los Aymaras. Los bienes comunes circulan recreando, sirviendo a otros saberes. Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Recuerdo, al terminar de escribir estas notas, las mingas en las que algunas de las mujeres nos han enseñado –a algunos de los hombres– la dureza que tiene y lo normalizado que permanece el patriarcalismo; o los niños y las niñas han enseñado a los adultos un poco de la sensibilidad, el juego creador, la ternura y el aprender a valorar lo que vale, y no valorar lo que no vale, que tanta falta nos hace. Recuerdo los aprendizajes, de la mano de Casilda Rodrigañez, que nos ha revelado el engaño de hacernos creer que el egoísmo y la competencia son parte de la esencia humana; que ha desnudado los efectos tremendos de la represión temprana de los deseos de amar y ser amados. El mismo patriarcalismo que ha condenado la libertad sexual de la mujer y que denunció y enfrentó, en la escritura y en su vida, Alexandra Kollontay. La confusión entre amar y poseer, entre amar y dominar, que tanto sufrimiento y violencia engendra. Son parte de una cultura y de una economía que se derrumba sin remedio por su incapacidad manifiesta de acompañar y preservar la vida, por su incapacidad absoluta de abrir cauce al caudal creador de la humanidad, que ya no cabe en los rígidos y estrechos marcos y represas establecidas por la lógica del capital, y su escasez artificial instaurada. 

 

Humanos: una parte ínfima de la vida en el planeta, pero con enorme impacto

El género humano, que parecería insignificante si se sabe que sus aproximadamente 7 600 millones de miembros representan el 0.01% de los organismos vivientes en la Tierra, tiene un peso desproporcionado en las dinámicas del planeta y en la destrucción de una inmensa cantidad de especies.


De acuerdo con un trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, de Estados Unidos, desde los inicios de la civilización la raza humana causó la pérdida del 83% de los mamíferos salvajes y la mitad de las especies de plantas.


La investigación, liderada por el profesor Ron Milo en el Weizmann Institute of Science de Israel, revela que las bacterias son una forma de vida muy extendida (13% del total), pero las plantas lideran al ser el 82% de la materia viviente. El resto, desde insectos y hongos hasta peces y animales, conforma el 5% de la biomasa terrestre.


Uno de las conclusiones más sorprendentes del estudio es que los océanos solo acogen el 1% de la vida del planeta.


En tierra, donde está la mayor parte de las especies, el 70% de las aves del planeta son hoy aves de corral; solo el 30% son salvajes. En cuanto a los mamíferos, el 60% son ganado, mayormente reses y cerdos, y el 4% son animales salvajes. Aquí los humanos representan el 36% del total.


“Es impactante. En los filmes de vida salvaje vemos bandadas de pájaros de toda clase, en vastas cantidades, pero cuando miramos los análisis apreciamos que es mucho mayor la cantidad de aves domésticas”, comentó Milo, a quien le llamó la atención que no hubiera “un estimado más abarcador de todos los componentes de la biomasa”.


“Espero que estos datos den a las personas una perspectiva del muy dominante papel que tiene la humanidad en la Tierra”, añadió.


La destrucción de hábitats salvajes debido a la expansión de fincas agrícolas, explotación de madera y otros desarrollos ha llevado al inicio de lo que muchos científicos consideran la sexta extinción masiva de vida en la historia de la Tierra, que se alarga hasta 4 000 millones de años.


Se calcula que ese proceso hizo que en los últimos 50 años se perdiera alrededor de la mitad de los animales en el planeta.


La intensificación del declive se hace más visible cuando se comparan los nuevos estimados con los que existen para los tiempos antes de que el hombre iniciara la agricultura y luego la revolución industrial.


Hoy solo queda una sexta parte de los mamíferos salvajes, desde ratones a elefantes, que existían antes de esos cambios. En los océanos, tres siglos de caza de ballenas han llevado a un quinto la proporción.


“Nuestro impacto en el mundo natural sigue siendo inmenso, particularmente en lo que escogemos para comer. Nuestros hábitos dietéticos tienen un vasto efecto en animales, plantas y otros organismos”, explicó el líder del estudio.


Los investigadores calcularon la biomasa existente a partir de datos de cientos de estudios que usualmente emplean técnicas modernas, tales como los escaneos de grandes áreas a través de satélites y la secuenciación genética de organismos microscópicos.


(Tomado de The Guardian)

 

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Jueves, 10 Mayo 2018 06:22

Marx frente a nuestro tiempo

Marx frente a nuestro tiempo

En el bicentenario del nacimiento de Marx numerosos comentaristas, políticos e intelectuales señalan que su pensamiento ha influido significativamente, de modo negativo o positivo, a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI. Quienes muestran una clara y variada animadversión hacia su persona, por primera vez en la historia se han visto obligados a reconocerle cierta capacidad teórica para leer la realidad capitalista (su previsión de la globalización, la crisis, la superpoblación, la pobreza creciente, etcétera), al margen de que no estén de acuerdo con sus recomendaciones para afrontar la violencia creciente del capitalismo. Por otra parte, quienes se reclaman seguidores de Marx en este aniversario también señalan de variadas formas múltiples aciertos críticos.

Nosotros consideramos indispensable subrayar la trascendencia de los estudios crítico materialistas de Marx (ni empiristas, ni racionalistas, ni idealistas) sobre el doble carácter que adquiere el trabajo en la sociedad mercantil (concreto y abstracto), sobre la degradación estructural que el mercado hace de los tejidos comunitarios por el aislamiento creciente con que encapsula a los individuos privatizados, por el caos competitivo que dispara entre ellos, por la cosificación de las relaciones sociales y de los procesos de desarrollo, así como por el fetichismo que caracteriza a sus diversos equivalentes generales e instituciones como son el dinero, las máquinas, los salarios, el Estado, las armas, los saberes, lo masculino, los científicos, etcétera. Marx es indispensable para denunciar y resistir a la masificación de los despojos, a la explotación, la superexplotación despiadada e incluso a la absurda reedición durante el neoliberalismo de la esclavitud literal de los trabajadores. Así como por el modo en que investiga cómo la dictadura del capital domina no sólo los procesos de producción, sino también los de reproducción y desarrollo.

Contra la ideología que convierte al capitalismo en la culminación insuperable de la civilización humana, Marx explica no sólo las razones de fondo de una automatización técnica creciente e imparable o la emergencia de la llamada economía del conocimiento. También explica cómo estos desarrollos, en vez de liberar del trabajo inmediato a los seres humanos transfigura sus "progresos" en sobrepoblación y sobretrabajo, ocasionando el crecimiento esquizofrénico de una riqueza y una miseria que nunca paran de crecer, polarizar a la sociedad y arrinconarla en situaciones catastróficas: pues el sacrificio creciente de la superpoblación no deja de predominar, mientras se escala sin fin alguno la medida de los capitales y su concentración monopólica que barre a cientos de millones de pequeños y medianos empresarios o a miles de millones de pequeños propietarios.

En medio de una prolongada depresión económica, los pensadores que abiertamente sirven a la dictadura del capital y su poder político, de mala manera le reconocen a Marx el haber formulado una teoría de las crisis cíclicas, la tendencia descendente de la tasa de ganancia, las grandes depresiones recurrentes, aunque casi nunca admiten la predominancia del capital industrial o el modo en que una sobreacumulación recurrente requiere de procesos de autodestrucción de capitales y de riqueza social, y con ello de todo tipo de guerras; así como la primacía de los complejos militares industriales, el despilfarro y la deliberada obsolescencia programada de la riqueza, no se diga de los chanchuyos de la super financiarización de la economía. Ni la manera en que estas malas artes definen e intensifican los modos imperiales y coloniales de la llamada globalización del mercado mundial. Pues tales hechos se los prefiere ver como accidentes o como eventos casuales y aislados.

Esto plantea un problema: ¿cómo una crítica que fue pensada en el siglo XIX, sin saber lo que el capital y su modernidad decadente deparaban al mundo, continua vigente en medio de tantos cambios sorprendentes? Una posible respuesta se esboza si tenemos en cuenta la intensa contradictoriedad experimentada en dicho siglo, no sólo por la extrema barbarie que aplicó el capital, sino también por la inusitada y sostenida lucha económica, política y cultural que masivamente ofrecieron los trabajadores europeos y americanos del periodo, lo que ofrece unas condiciones de visibilidad histórica excepcionales que resultan muy superiores a los siglos precedentes o a los que se imponen posteriormente. Ciertamente, es asombroso que las críticas rigurosas de aquel periodo –las leyes generales y unitarias del desarrollo histórico o las leyes generales del desarrollo capitalista, como la ley general del valor, la ley del desarrollo de la subsunción formal y real del proceso de trabajo bajo el capital, la ley general de la acumulación del capital o la ley bifacética de la caída tendencial de la tasa de ganancia y el aumento de la masa de ganancia– mantengan hasta nuestros días un filo inusitado para calar hasta la esencia de nuestro tiempo. Pues tales instrumentos todavía permiten explicar articuladamente el modo catastrófico y suicida con que el capitalismo de hoy en día "avanza". Si bien resulta innegable que nuestro tiempo y nuestras luchas de resistencia exigen a gritos el desarrollo de la crítica mediante nuevas ideas que descifren la especificidad de las bizarras configuraciones presentes y el modo en que tales formas interactúan, complejizan, median, contrarrestan y exacerban dinámicas que ya han puesto a toda la humanidad al filo del abismo.

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En Florencia, Italia, un artista de tiza hace de la acera su lienzo. Él crea sus retratos cerca del Museo Uffizi, famoso por las obras de viviendas de Miguel Ángel, da Vinci y Botticelli.

Mensualmente la prestigiosa publicación National Geographic selecciona las mejores fotos enviadas a la redacción. Aquí te mostramos las escogidas en el mes de abril.

 

Al noreste de Dakar, Senegal, las algas vuelven rojas las aguas saladas del lago Retba. El área está bajo consideración para el listado como sitio del patrimonio mundial de la UNESCO.

 

Mientras practicaba apnea con amigos en la costa de Baja California, el fotógrafo de Your Shot, Jorge Hauser, notó que un “visitante inesperado” nadaba 45 pies más abajo. “Cuando me sumergí, nunca pensé que me pondría al día”, dice Hauser, pero se las arregló para capturar esta toma: las enormes aletas de la ballena se alzan en la oscuridad mientras nada.

 

En una antigua casa de té en Chengdu, China, el fotógrafo de Shot Shot, Handi Laksono, pasó medio día observando a los lugareños. La mayoría de los que entran tienen más de 60 años, dice, y pasarán el tiempo fumando y jugando a las cartas con amigos hasta el almuerzo.

 

Después de poner un nido de huevos, esta tortuga golfina se detiene por un momento en la playa antes de continuar hacia el océano. Para proteger al medio millón de huevos vulnerables depositados en esta playa, se pidió a los voluntarios que montaran guardia. “Seguramente seré uno de ellos”, escribe el fotógrafo de Your Shot, Siddharth Khadanga.

 

Su fotógrafo de Shot, Saulius Damulevicius, tomó este autorretrato en 2016, mientras estaba en la primera expedición lituana de esquí sobre el congelado mar Báltico. “Aunque rompí una de mis fijaciones de esquí e incluso me metí en el agua helada mientras cruzaba la nueva ruta para romper el hielo”, dice, “terminamos nuestra expedición con éxito”.

 

Cada año, a fines de marzo, las amadas flores de cerezo de Tokio explotan en las ramas. Pero la pantalla impresionante es de corta duración. Aquí, los pétalos caídos crean remolinos rosados ​​en el río de abajo.

 

 

Una rana arbórea de ojos rojos se asoma sobre una hoja en San José, Costa Rica. Las ranas pasan la mayor parte de su vida en los árboles, comiendo polillas, grillos y otros insectos.

 

Esta joven no está explorando un planeta lejano: camina por una cantera abandonada en Bogdanovich, Sverdlovsk, Rusia. Su padre, el fotógrafo de Your Shot, Dmitry Elizarov, hizo su traje espacial a mano.

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La Primera Flor y el futuro de la biología

La Primera Flor habría aparecido hace unos 140 millones de años y hoy en día sus descendientes suponen más del 90% de los vegetales vivos en el planeta


El pasado agosto de 2017 se publicó un importante estudio sobre la anatomía de la Primera Flor, el ancestro de todas las plantas con flores que hay en el planeta:producto de un estudio denominado eFLOWER que ha durado más de 8 años y que utilizó rasgos morfológicos y moleculares de más de 800 especies y complejos modelos estadísticos. El modelo resultante pretende estimar la anatomía precisa de la hipotética flor originaria.

Esta Primera Flor habría aparecido hace unos 140 millones de años (200 millones de años después de las primera plantas con semillas) y hoy en día sus descendientes suponen más del 90% de los vegetales vivos en el planeta. Según eFLOWER la flor ancestral sería simétrica bilateralmente, contendría órganos sexuales tanto masculinos como femeninos y muchas de sus estructuras estarían organizadas en verticilos, es decir, en círculos concéntricos alrededor del eje central.


Este detalle concreto ha sorprendido a muchos botánicos que esperaban una organización en espiral más que en verticilos. Pero el detalle que más ha chocado es que en el modelo de eFLOWER algunas estructuras se organizan en verticilos mientras que otras forman una espiral; para muchos botánicos es imposible que en una misma flor puedan coexistir las dos geometrías. Y el problema va más allá del caso concreto de la Primera Flor, ya que la duda pone en cuestión la fiabilidad de los análisis estadísticos tipo ‘Big Data’ en biología que últimamente se han puesto tan de moda.


Los detractores del modelo de eFLOWER sugieren que algunas características que pueden tener sentido en términos numéricos y estadísticos son sin embargo absurdas en términos biológicos, lo que podría limitar la utilidad de estos nuevos análisis en esta y otras disciplinas. Al final se trata de un enfrentamiento entre la botánica, y por extensión la biología, de corte más clásico frente a los nuevos aires de la bioinformática y la ciencia basada en estadísticas.

 

Por José Cervera
01/04/2018 - 20:21h

Motores económicos de la destrucción ambiental

La semana pasada el Panel intergubernamental sobre biodiversidad y servicios de ecosistemas (Ipbes, por sus siglas en inglés) dio a conocer cuatro importantes informes sobre el deterioro ambiental. Se trata de las evaluaciones más importantes sobre el estado del medio ambiente en los pasados 10 años y cubren las regiones de Asia-Pacífico, África, América y Europa-Asia central. Las noticias son alarmantes: la pérdida de biodiversidad está a la par del cambio climático como una de las amenazas más graves para la humanidad. Ambos problemas actúan en retroalimentación y se fortalecen mutuamente en un círculo vicioso.

Cada una de las megarregiones cubiertas por los equipos del Ipbes presenta señales de severos daños en todos los ecosistemas. La pérdida de biodiversidad está acompañada de un grave deterioro en la calidad de los suelos y de una marcada degradación en los acuíferos y cuerpos de agua. Por ejemplo, para África el Ipbes concluye que hacia finales de siglo se habrán extinguido la mitad de las especies de aves y mamíferos del continente debido al cambio climático. El informe señala que se han deteriorado más de 500 mil kilómetros cuadrados en el continente debido a la sobrexplotación, erosión, salinización y diversas formas de contaminación. Y se espera que la presión sobre el medio ambiente se intensifique, porque la población en África pasará de mil 250 a 2 mil 500 millones de personas.

En el continente americano, el informe del Ipbes concluye que en promedio la biodiversidad se ha reducido 31 por ciento en toda la región a lo largo de los pasados cinco siglos, pero el cambio climático va a empeorar la situación. Si las tendencias no cambian, para 2050 se habrá perdido otro 10 por ciento de especies. En general, las malas noticias se repiten una y otra vez para las cuatro regiones que cubren los informes del Ipbes. El mensaje general es que la destrucción ambiental provocada por la actividad económica alcanza dimensiones planetarias y pone en peligro la supervivencia de la especie humana.

Sin duda alguna estos estudios tienen una gran importancia para el diseño y aplicación de políticas. Pero es precisamente en la intersección entre actividad económica y daños ambientales donde se encuentra el punto más débil de los estudios del Ipbes.

En efecto, para los arquitectos de los diagnósticos del Ipbes el tema de los motores del deterioro ambiental es su talón de Aquiles. El equipo medular que realizó el estudio conocido como la Evaluación del milenio sobre los ecosistemas (dado a conocer en 2004) es el mismo que promovió la creación del Ipbes. Ya desde aquel trabajo habló de los motores del deterioro ambiental, pero se limitó a encontrarlos en el crecimiento económico y demográfico. Esto es problemático por varias razones.

Una de ellas es que desde hace más de 40 años la economía mundial viene sufriendo una caída en la tasa de crecimiento. En 1964 se expandió a una tasa de 6.7 por ciento, pero en 2015 el crecimiento se había reducido a 2.6 por ciento. A lo largo de esos 50 años la economía global ha sufrido cinco grandes recesiones y siempre la recuperación presentó tasas de crecimiento inferiores a las de la recuperación en la crisis anterior. A lo largo de todo el periodo se observa una tendencia constante hacia menores tasas de expansión. Y ahora viene la pregunta: ¿esa ralentización fue buena para el medio ambiente? La evidencia a nuestro alrededor es clara y los estudios del Ipbes lo constatan: el deterioro ambiental ha continuado intensificándose a lo largo de estos cinco decenios.

El tema del aumento de la población también amerita un análisis más cuidadoso. Y es que la tasa de crecimiento demográfico también ha manifestado una caída muy importante en los decenios anteriores, pasando de 2 a 1.1 por ciento entre 1963 y 2015. Claro que ahora el volumen de la población total hace que el incremento anual sea comparable al de hace 50 años, pero se espera una tasa de 0.5 por ciento en 2050. Hoy, quizás, los fenómenos demográficos más importantes son la urbanización y la migración. Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades y la tasa de incremento de la población urbana es de 1.5 por ciento. Y ese proceso tiene fuertes implicaciones ambientales por la adopción de patrones de consumo que muchas veces son insostenibles.

Desgraciadamente, hoy los estudios del por ciento no contienen un capítulo dedicado a los motores de la degradación ambiental. Da la impresión de que se quieren evadir las preguntas clave, que se acercan a las definiciones de prioridades políticas. Por ejemplo, en materia de agricultura se dice que es necesario promover prácticas de agricultura sustentable, pero se hace a un lado el hecho de que la pequeña agricultura campesina ha estado bajo un terrible ataque desde hace décadas por los gobiernos neoliberales en el mundo entero. Se necesita ir más allá de las generalidades para abordar un análisis desagregado y con una mejor definición. Sólo así será posible desentrañar las fuerzas económicas que están detrás de la destrucción ambiental.

Twitter: @anadaloficial

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Miércoles, 21 Marzo 2018 18:21

¿Qué es la eusocialidad?

¿Qué es la eusocialidad?

Desde la genética hasta la epigenética, la eusocialidad ha sido confirmada una y otra vez poniendo en claro, a plena de luz del día, que las especies se benefician enormemente más de procesos de ayuda mutua antes que de rivalidad.


El modelo básico más generalizado acerca del origen de la vida y la explicación acerca de la lógica de los sistemas vivos es la teoría de la evolución. El mérito de Darwin consistió en haber explicado un problema que llevaba cien años antes de él sin explicación, a saber: explicar la teoría de la evolución. Y la respuesta de Darwin fue el mecanismo de la selección natural. Los organismos y las especies que logran, como sea, superar las restricciones e imposiciones de la selección, logran adaptarse idóneamente y son, selectivamente, los mejores (fittest).


Es sabido que Darwin no emplea el término “evolución” en su obra cumbre, El origen de las especies por medio de la selección natural (1859), sino hasta la sexta edición, y ello debido al peso que ya había logrado el pensamiento de H. Spencer. Es debido a Spencer que a partir de la sexta edición del libro de Darwin que aparece el concepto de “evolución” expresamente en biología.


Ahora bien, al final de la introducción del libro mencionado, Darwin advierte expresamente que el mecanismo de la selección es la forma como él ha logrado explicar la dinámica de lo seres vivos, su origen, su lógica. Pero que no está para nada seguro que sea la única explicación posible de la evolución.


Numerosas otras alternativas aparecieron ulteriormente para explicar la evolución, acaso el concepto arquimédico de toda la cultura y la civilización contemporáneas. Pero la idea quedó en el ambiente: la competencia y la lucha, la exclusión e incluso la violencia fueron las claves para explicar lo que había sucedido desde las escalas más básicas hasta el surgimiento del Homo sapiens. La lucha por el mejor macho o la mejor hembra, por el cuidado de los críos, por el territorio, digamos.


Esta historia ha cambiado radicalmente en años recientes. El paradigma de la evolución, latu sensu, ya no es la selección en manera alguna. Antecedida por la obra de L. Margulis, específicamente la teoría de la endosimbiosis, la teoría más sólida a la fecha acerca de la vida y los sistemas vivos, se funda en la importancia de la cooperación: cooperación, comensalismo, mutualismo. Esta es la eusocialidad.


Desarrollada originariamente por E. O. Wilson, M. A. Nowak y C. Tarnita, la eusocialidad es el término usado que describe cómo, a partir de los insectos sociales y de otras especies animales, la vida consiste en una gran trama de cooperación centrada en los más jóvenes y en el cuidado del nido, el nicho, el hogar. La teoría es desarrollada entre 2004 y 2010, y constituye la mejor aplicación acerca de un hecho básico: la vida no es un sistema de lucha y competencia, sino de ayuda, de altruismo y de cooperación. Es lo que en términos algo más técnicos Margulis expresa como simbiosis y holobiontes.


De esta suerte, la teoría de la evolución cooperativa (= eusocial) pone de manifiesto una explicación multiniveles de la evolución, así: existe una imbricación entre selección individual y selección grupal, que favorece ampliamente, ya desde los invertebrados hasta los mamíferos superiores más complejos, la cooperación y el beneficio mutuo antes que la competencia y la lucha recíproca. Este modelo ha sido sustentado por nuevas matemáticas de sistemas dinámicos no lineales, que arrojan nuevas y refrescantes luces sobre la lógica de la vida.


Ciertamente, el origen de la eusocialidad ha sido raro en la historia de la vida, debido a que la selección de grupo ha sido excepcionalmente poderosa para relajar la fuerza de la selección individual. Desde la genética hasta la epigenética, la eusocialidad ha sido confirmada una y otra vez poniendo en claro, a plena de luz del día, que las especies se benefician enormemente más de procesos de ayuda mutua antes que de rivalidad.


Digámoslo de manera puntual: los sistemas más complejos son aquellos que poseen eusocialidad, esto es, una condición verdaderamente social. La complejidad se funda en la eusocialidad y a su vez la eusocialidad permite formas, dinámicas y estructuras auténticamente complejas.


Como se aprecia, la biología, la ecología y las propias matemáticas han tomado una ventaja selectiva en el panorama de las ciencias y las disciplinas en este plano. Sin la menor duda, las más rezagadas son las ciencias sociales, por ejemplo, la economía, la administración, la educación y la política, las cuales siguen haciéndose ampliamente posibles a la fecha con base en conceptos (erróneos), como “competencia” y “competitividad”. Competencias argumentativas, crecimiento competitivo de la economía, competitividad empresarial, lucha por el poder, por ejemplo.


¿Cabe mencionar aquí que el 97% de la biomasa son plantas? ¿O que la biomasa de las hormigas es esencialmente igual a la de los seres humanos a todo lo largo de la historia? ¿O que la vida se funda esencialmente en la importancia de las colonias bacteriales y que el microbioma es una instancia fundamental para comprender la salud humana? (Ello sin mencionar el significado del viroma).
Existe en el imaginario social y en la cultura en general una idea equivocada; se trata de la creencia de que la vida es un combate incesante y sólo los más fuertes sobreviven; no los mejores, no los más inteligentes, no lo más buenos. Esta creencia errónea tiene enormes consecuencias en numerosos planos. Frente a este imaginario, bien vale una actualización de lo mejor de la ciencia y la investigación. En este caso se trata de la idea de eusocialidad. El origen de la vida en el planeta fue exactamente el origen de procesos de ayuda mutua, de codependencia, de reciprocidad.
La cultura ha conducido a conceptos como “fuego amigo”, “bajas casuales”, “falsos positivos”, “posverdad” y los ya mencionados de “competencia” y “competitividad”, para no elaborar una lista larga. La ignorancia en ciencia se traduce en políticas peligrosas y en creencias falsas.


La eusocialidad, el hecho de que la vida es una gran red de cooperación y ayuda mutua, y en la que la naturaleza carece de jerarquías. Los sistema vivos generan constantemente las condiciones de posibilidad de su propia existencia, y se hacen posibles con base en aprendizaje mutuo y cooperación recíproca. No es difícil.

PUBLICADO: 19 MARZO 2018

Viernes, 16 Marzo 2018 06:19

Podremos alimentarnos sin morir de sed?

Podremos alimentarnos sin morir de sed?

Ciudad del Cabo se está quedando sin agua. Desde el primero de febrero el límite de consumo por persona es de 50 litros por día. Si no llueve, se calcula que a partir del 11 de mayo no saldrá ni una gota de agua de sus grifos.


Pero este no sólo es un problema de Ciudad del Cabo. En los próximos 30 años tendremos que producir 70 por ciento más de alimentos debido al aumento poblacional y al cambio en la dieta. Un enorme obstáculo para alimentar a 9 mil millones de personas será la disponibilidad de agua dulce. Sin agua, no hay comida; así de simple. Entonces, ¿podremos alimentarnos sin morir de sed?


En los últimos 100 años aumentamos ocho veces la extracción global de agua dulce, hasta llegar a 4 mil kilómetros cúbicos anuales, equivalente a casi cinco veces el lago Titicaca. A escala mundial, de este inmenso mar de agua dulce, 70 por ciento se usa para producir comida.


El cambio climático añade aún más complejidad al desafío de producir alimentos para todos. Bajo un escenario conservador, países como Perú, Ecuador y Colombia experimentarán un aumento en promedio anual de las lluvias de alrededor de 30 por ciento, pero otras regiones como la Patagonia, México y el centro de Brasil se volverán más secos.


América Latina y el Caribe es la región con la mayor disponibilidad de agua dulce, con casi un tercio del volumen del planeta, y con sólo 9 por ciento de la población. En teoría tenemos 24 mil metros cúbicos por persona, un mundo de agua. Sin embargo, esta cifra esconde fuertes diferencias entre países y territorios: un tercio de la población regional vive en zonas áridas y semiáridas. Muchas áreas de Centroamérica, los Andes, el noreste brasileño y el Caribe, sufren carencia recurrente o crónica de agua y los asentamientos de la población no siempre coinciden con fuentes de agua abundantes. Además, existen diferencias climáticas dentro de un mismo país: la precipitación anual de Colombia varía de 300 milímetros al año en la península de La Guajira a 9 mil milímetros en la región del Pacífico.


Como tantas otras cosas, el agua también se reparte de forma desigual en América Latina y el Caribe. El consumo promedio por persona es de 240 litros al día, pero el consumo promedio de una familia acaudalada de Perú, que vive en San Isidro, es 25 veces superior al de una familia pobre de Lurigancho.


Pese a lo mencionado, somos una de las regiones con mayor potencial para aumentar de manera significativa su superficie agrícola regada. En la región, dos tercios de este potencial lo tienen cuatro países: Argentina, Brasil, México y Perú. En la región se podría extender el riego a una superficie equivalente a 106 millones de canchas de futbol. Sólo una quinta parte de esa superficie es regada hoy. Esto no es menor: una hectárea regada produce tres veces más comida que una que depende de la lluvia. Pero no estamos haciendo mucho por aprovechar ese potencial. Al ritmo que hemos invertido en las últimas cinco décadas, tardaremos más de 300 años en aprovechar nuestro potencial de riego.


Expandir la superficie regada es caro. Y tiene un lado oscuro desde el punto de vista ambiental y social. Afortunadamente, hoy existen variedades de plantas y animales que permiten producir más alimentos con menos agua. Además, podemos usar el agua de manera mucho más eficiente, si se modernizan los sistemas de riego y se adoptan técnicas que mejoran la calidad del suelo para que almacene más agua por más tiempo.


Implementar estas medidas requiere de un mayor esfuerzo: más inversión pública y privada, más organización social, mejor gobernanza del agua, de los suelos y los sistemas alimentarios. Y políticas públicas que faciliten todo lo anterior.


Entonces, ¿podremos alimentarnos sin morir de sed? La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO es enfática al respecto: sí, ya que podemos producir muchos más alimentos con mucho menos agua. Pero debemos comenzar hoy mismo.


Por JULIO BERDEGUÉ, Representante regional de la FAO, y Elizabeth Coble, consultora de la FAO

 

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