Ambientalistas ganan en la UE batalla contra alimentos transgénicos

Deben cumplir estrictas normas, indica tribunal; ONG aplauden la decisión; industrias, la cuestionan


Bruselas

La corte superior de la Unión Europea (UE) determinó que los alimentos producidos mediante técnicas de crianza biotecnológicas deben considerarse organismos genéticamente modificados y, por tanto, están sujetos a las estrictas normas del bloque so-bre esos productos.


Las nuevas técnicas de “mutagénesis” generan organismos genéticamente modificados (OGM) y deben seguir las reglas europeas que buscan prevenir daños en el medio ambiente y la salud, de acuerdo con el fallo de ayer de la justicia europea.


La mutagénesis permite desarrollar variedades de semillas resistentes a ciertos herbicidas.


A diferencia de los transgénicos (los OGM más conocidos y controvertidos), la mutagénesis permite alterar el genoma de una especie viva sin insertar ADN extraño. Las asociaciones ambientalistas reclamaban la equiparación de ambos en la legislación europea.


Los magistrados del alto tribunal consideraron que, como “las técnicas o métodos de mutagénesis modifican el material genético de un organismo de una manera que no se produce naturalmente”, éstos deben regirse por la directiva sobre los OGM.


Sin embargo, el tribunal abrió la puerta a los países para incluirlas si así lo consideran.


Los jueces responden a una duda del Consejo de Estado francés que debe pronunciarse sobre las acciones interpuestas por ocho asociaciones galas, entre ellas, el sindicato agrícola Confédération Paysanne, contra la normativa local sobre estos organismos.


La sentencia, que obligará a los alimentos a pasar por verificaciones especiales y restricciones en el etiquetado, fue considerada una victoria para los ambientalistas contra la industria biotecnológica.


En su fallo de ayer, el Tribunal de Justicia señaló que los organismos creados mediante las nuevas técnicas “caen, en principio, bajo el alcance de la directiva OGM y están sujetos a las obligaciones impuestas por esa directiva”.


La industria biotecnológica asegura que las nuevas técnicas facilitan la creación de organismos resistentes a la sequía y las enfermedades, y, a la vez, dan mayor rendimiento nutritivo. Dice que sujetarlas a las regulaciones estrictas de la directiva OGM limitaría su desarrollo. Otros afirman que la producción irrestricta pondría en riesgo a la naturaleza y la salud humana.


“Estamos felices por esta decisión”, declaró a la agencia de noticias Afp uno de los fundadores de la Confédération Paysanne, Guy Kastler, para quien “todos los productos, incluidos los animales, obtenidos mediante técnicas desarrolladas tras 2001 debe regularse como OGM”.


Greenpeace también celebró la decisión de la justicia europea que confirma, a su juicio, las “advertencias de los científicos de que estas modificaciones genéticas podían causar daños involuntarios en el ADN con consecuencias inesperadas”.


La ministra alemana de Ambiente, Svenja Schulze, dijo que la sentencia es una “buena noticia para el ambiente y la protección del consumidor”.
Mute Schimpf, de la organización Amigos de la Tierra, dijo que con la sentencia las nuevas técnicas “deben ser sometidas a prueba antes de soltarlas en el campo y en nuestra comida”.

 

 

 

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Dan Mcaulay, uno de los cuatro jugadores profesionales de póquer que se enfrentaron en 2017 al programa de inteligencia artificial Libratus y perdieron, durante la competición en Pittsburgh.

Las personas más dotadas están mejor protegidas del alzheimer y otros trastornos, excepto el autismo, mientras que ansiedad y depresión resultan tener una base distinta.

De poco más de medio centenar de genes a más de mil. Ese es el gran salto cuantitativo que proporcionan los nuevos análisis de la base genética de la inteligencia humana, al identificar cerca de mil genes, que ni siquiera se conocían como tales, que influyen en las funciones cognitivas. La inteligencia es altamente heredable y un factor determinante en la salud y el bienestar humanos, aseguran los científicos autores de los análisis, pero también es un rasgo muy complejo, como demuestran estos resultados.


La primera pregunta sería cómo es posible que todavía se desconozca la existencia de tantos genes, a casi 20 años del hito que supuso la secuenciación del genoma humano, pero esa es la realidad. La segunda pregunta es cómo se da este salto y ahí la respuesta está en la estadística, que permite abordar grandes números y sacar conclusiones. Los investigadores, liderados por Danielle Posthuma de la Universidad Vrije en Amsterdam, estudiaron en un primer análisis el genoma completo de casi 270.000 personas incluidas en diferentes y grandes bases de datos europeas, que pasaron pruebas de inteligencia estándar.

La inteligencia se esconde tras pequeñas mutaciones


Los resultados de estas pruebas se relacionaron con pequeñas variaciones en el ADN de los participantes, para identificar mutaciones que se asocian con un alto grado de inteligencia. Los tests usuales se refieren a las habilidades verbales y matemáticas, el razonamiento abstracto, la velocidad de proceso de información, la toma de decisiones, el razonamiento espacial y la memoria, que son la base de lo que se denomina inteligencia general.


El año pasado ya se había hecho una prueba similar de menor alcance, con 80.000 personas, que identificó solo 77 genes. Ahora el total se eleva a 1.016 genes, que se expresan sobre todo en neuronas de áreas del cerebro relacionadas con el aprendizaje, el conocimiento y las emociones.


Y aquí viene la segunda parte, la cara y la cruz de la moneda. Muchas de estas variaciones genéticas positivas para la inteligencia resultan estar asociadas a personas que tienen una vida más larga y tienen un menor riesgo de sufrir alzheimer u otros trastornos cognitivos, como el déficit de atención o la esquizofrenia. Sin embargo, también se asocian a un mayor riesgo de sufrir trastornos del espectro autista.


Un estudio basado en 5 millones de perfiles genéticos


El equipo de Posthuma además ha ido más allá, basándose en otras bases de datos británicas (un total de 450.000 personas) y, lo que es más polémico, en parte de los 5 millones de perfiles genéticos y de salud que ha acumulado una empresa de California, que ofrece información genética personal. En todos los casos se pidió el consentimiento.


Así afirman haber identificado 500 genes asociados a lo que se denominan rasgos neuróticos, tan comunes como la ansiedad y la depresión. Quizá lo más interesante es que han encontrado que ansiedad y depresión tienen bases y vías genéticas diferentes, lo que indica que la probabilidad de sufrir ambas a la vez es pequeña.


No se puede escapar del determinismo genético


Los especialistas alertan, sin embargo, sobre el determinismo genético, ya que se sabe que factores medioambientales como el acceso a la educación y la asistencia sanitaria, además de las situaciones de estrés, pueden influir notablemente en la inteligencia y en la salud mental.


“Nuestros resultados indican una superposición de los procesos genéticos involucrados tanto en el funcionamiento cognitivo como en los rasgos neurológicos y psiquiátricos y proporcionan una sugerente prueba de las asociaciones causales que pueden dirigir estos procesos”, señalan los investigadores en la revista Nature Genetics, donde se han publicado los dos estudios, que implican a un alto número de instituciones de 12 países distintos. Solo en el primer análisis, sobre los genes de la inteligencia, figuran más de 100 autores.


Además de contribuir al conocimiento básico en sí, los investigadores creen que su labor puede ayudar a desarrollar nuevas terapias para trastornos cognitivos y mentales. Si se conocen los genes en que se basa la inteligencia se puede pensar en cómo proteger frente al alzheimer y otras enfermedades.

 

Logran in vitro los primeros siete embriones para salvar al rinoceronte blanco del norte

Inventan una técnica y un utensilio de dos metros de largo para extraer ovocitos de los animales

Científicos dieron un primer paso esperanzador para la supervivencia del rinoceronte blanco del norte, subespecie prácticamente extinguida, al haber creado in vitro los primeros embriones del paquidermo.


Sudán, el último macho de rinoceronte blanco del norte, falleció en marzo a los 45 años en la reserva keniana de Ol Pejeta.


Su hija y su nieta, Najin y Fatu,son así los últimos ejemplares vivos de esta subespecie originaria de África Central, diezmada por la caza furtiva.


Para garantizar la supervivencia de la subespecie, muchos habían confiado en la ciencia.


Con un procedimiento de procreación asistida inédito en rinocerontes, se franqueó “la primera etapa esencial para salvar esta subespecie”, explicó un equipo internacional de investigadores en la revista Nature Communications.


Los expertos recolectaron en zoológicos europeos más de 80 ovocitos de hembras de rinocerontes blancos del sur, de los que quedan unos 20 mil ejemplares salvajes en el sur de África.
Los óvulos fueron fecundados in vitro, algunos con esperma congelado de rinocerontes blancos del norte y otros con esperma de su primo del sur en los laboratorios de la sociedad italiana Avantea.
El resultado: siete embriones, de los cuales tres (uno sur-sur y dos sur-norte) fueron congelados.


Se ponen plazo de tres años


Sin embargo, esto es sólo el principio para lograr el nacimiento del primer rinoceronte blanco del norte “puro”, en un plazo de “tres años”, afirmó Thomas Hildebrandt, del Instituto Leibniz de Investigación Zoológica y Animal de Berlín.


Para conseguir ese objetivo, los investigadores esperan recolectar ovocitos de las dos hembras, Najin y Fatu, nacidas en 1989 y 2000, respectivamente, en el zoológico checo de Dvur Kralove.
“Esperamos hacerlo de aquí a fin de año”, según Jan Stejskal, uno de los responsables de ese zoológico, que trató en vano una inseminación artificial antes de enviarlas a Kenia con la esperanza –también frustrada– de una reproducción natural.


Los científicos crearon los embriones híbridos en vez de extraer directamente los ovocitos de las dos hembras, porque esta intervención requiere el permiso de las autoridades kenianas.


Además, los científicos tuvieron que inventar una técnica y un utensilio de dos metros de largo para extraer los ovocitos de los rinocerontes blancos.


“Teniendo en cuenta los 16 meses de embarazo, tenemos poco más de un año para conseguir un implante” en una madre portadora de rinoceronte blanco del sur, puesto que ni Najin ni Fatu pueden llevar a cabo un embarazo, según Hildebrant.


Este experto subrayó que las dos hembras son las únicas capaces de “enseñar la vida social a un rinoceronte blanco del norte”, por lo que espera que el pequeño podrá crecer con ellas.
En el caso de que no puedan retirarse los ovocitos de Najin ni Fatu, se llevan a cabo otros experimentos para tratar de producir gametos (ovocitos y esperma) de rinocerontes blancos del norte, gracias a las células madre pluripotentes inducidas, que tienen el potencial de convertirse en cualquier tipo de célula.


Pero los expertos advierten de la “improbabilidad de restaurar una población viable de rinocerontes blancos del norte”, según Terri Roth y William Swanson, del centro de investigación del zoológico de Cincinnati, que no participaron en el estudio.


Los autores prevén que su iniciativa suscitará las críticas del mundo de la conservación, en ocasiones hostil al uso de biotecnologías.


“Ya nos han criticado por gastar el dinero de esta manera”, según Jan Stejskal. Sin embargo, para este experto, la lucha debe llevarse a cabo en todos los frentes: “conservación sobre el terreno, lucha contra la demanda (de cuernos) en Asia y apoyo a la ciencia”.

El Samaná: último río libre y limpio de Antioquia

En las estribaciones de la Cordillera Central, en el páramo del municipio de Sonsón, al sur oriente antioqueño, nace uno de los ríos más biodiversos y maravillosos de nuestro país. Entre montañas agrestes, ocultas por décadas de conflicto armado, se abre paso este gigante, cuyo cause aumenta a medida que desciende de las altas montañas. Serpenteante, en su paso por el municipio de San Luis, en un recodo de la vía Medellín-Bogotá, deja ver su enorme dorso, que en días de verano tiene un color verde esmeralda. Aguas abajo, como un enorme reptil, se desliza hasta perderse nuevamente en la espesura del monte. Hoy, su fluir hasta el río Magdalena está amenazado por un proyecto Hidroeléctrico. Motivados por conocer el impacto ambiental y social que podrían ocasionar estos proyectos, realizamos diversos viajes los cuales componen esta crónica; en la cual se narra el sentir de los ribereños y se registra parte de la riqueza amenazada de nuestro último río libre y limpio de Antioquia: el río Samaná.

Da caluroso. Nos animamos para nuestro viaje cargados de ilusiones. Hemos escuchado distintas historias sobre “El patrón” y queremos comprobarlas. El aire del campo nos trae la sorpresa de aromas frescos, superpuestos a los de la gasolina y la contaminación que ahogan la urbe y los millones que en ella disputan un espacio y una oportunidad para abrirse paso en el presente y para el futuro.

 

Nuestra llegada estuvo precedida de una manada de titís que cruzaban la carretera por un tendido eléctrico. El caserío está conformado por unas cuantas casas a lado y lado de la vía hasta toparse con el río, “El patrón”. Todo allí confluye en él. Caminamos directamente al puente que lo atraviesa, su color café y sus aguas crecidas dan cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Nos dirigimos a la casa de la señora donde nos vamos a quedar. El camino es bordeando la escuela, se atraviesa un pequeño caño y en un alto, al margen del río, está su casa. Justo al frente, en la otra orilla, se alcanza a ver lo que parece ser una cascada: es como si de los árboles brotara un manantial de agua.

 

–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, pero mire que uno aquí no valora tanto todo esto…

 

María, de cuyo nombre nos enteramos de manera pronta, nos cuenta que ha vivido toda su vida en la región. Es la única que queda en la casa; sus hijos viven en la ciudad, y aunque le insisten que se vaya a vivir con ellos, ella se resiste.

 

–Mal que bien, aquí tengo mi casa, mis cosas… mi vida la he construido aquí. Además, yo por allá no me amaño!


Pese a que nunca se fue de la región, es beneficiaria de un apoyo a las víctimas que sufrieron desplazamiento por el conflicto armado y que ahora regresan a sus territorios. El apoyo consta de un bono en materiales de construcción para mejorar sus viviendas.

 

–Pero fíjese como es la vida, yo que he resistido a salir de mi casa en la época más dura de violencia, ahora que ya todo está tranquilo, ¡me tengo que ir! Con el proyecto de la hidroeléctrica, todos, incluso los que han vuelto a sus ranchos, les toca volverse a ir. Entonces, ¿para qué arreglar la casa si nos van a sacar, queramos o no?… El otro día escuché que aquí, donde está ubicada esta casa, va a quedar el cuarto de máquinas.

 

Su rostro inmutable, reflejo de quien ha sorteado los más duros embates de la vida, es el mismo con que seguidamente nos ofrece comida: patacón con bocachico. –Nunca nos ha faltado pescado en el río. Él es quien nos da de comer.

 

La conversa continúa y las horas pasan, el goce es pleno. Con la noche compruebo como la selva cobra vida, el río como telón de fondo acompaña una multitud de sonidos. El cansancio por el trajín del día viene acompañado con el sueño, y éste y la mente viajan en el tiempo. Afloran imágenes confusas, quizá rememorando antiguos oficios y prácticas nunca antes vistas. Un reencuentro con los antiguos moradores de estas tierras, la tribu Malagua con su cacique Nare, vestido con piel de jaguar y ornamentado con orfebrería de oro. ¿Qué pensarían ellos si supieran que están amenazando con estancar las corrientes de este río hermano, elixir de la vida? Les agradecemos habernos enseñado que un río es más que un simple recurso hídrico, que sobre todo es fuente de vida, y como tal merece ser reconocido por lo que es: un fluido vital, sagrado, como la vida, de la cual es sustento sustancial. Nos recuerdan, además, que no somos el fin absoluto de la creación y que los ríos, así como la especie humana, tienen derechos. Estamos hechos de la misma materia del universo, somos hijos de Caribá o tierra de aguas en español, pues así llamaban esta región, quienes la habitaron mucho antes de que llegaron extraños a pisotearla.


Al día siguiente, con la curiosidad del que quiere conocer y aprender, nos levantamos con el alba, acompañados de nuevos sonidos, recordándonos, una y otra vez, que la vida palpita de diferentes formas, con colores vivos y apagados, con trinar diverso y ecos de distintos animales, evidencia de nuestra sorprendente biodiversidad, y en su opuesto, la mezquindad y la avaricia sin límite de quienes pretenden seguir entubando todos los ríos del departamento y del país.

 

Disfrutamos del amanecer sin pitos ni ruido de motores, saboreamos los primeros tragos del día con las melodías del despertar del campo y de inmediato nos enrutamos hacia el punto donde llegan las lanchas, lugar preestablecido para el encuentro con los lugareños que guiarán nuestros pasos. Con un andar tranquilo, aunque algo inseguro, como el de todo poblador urbano, nos guiamos con la luz del celular, afinamos nuestros sentidos, y justo después de atravesar una quebrada somos sorprendidos por una mapaná, que al encuentro con la luz que portábamos, se quedó quieta en mitad del camino. Ella nos observa, nosotros a ella, necesito moverla para poder proseguir hacia nuestro destino, doy media vuelta para buscar una rama y cuando regreso ella ya está resguardada entre los arbustos.

 

El camino que bordea el río por el cañón era una antigua carretera, hoy en día es un estrecho sendero absorbido por la densa vegetación; de un lado es montaña, del otro un acantilado que va a dar al río. A medida que avanzamos empieza a despuntar el día, los rayos del sol se filtran por entre las hojas de los árboles, hay una tenue neblina que hace del paisaje algo místico. Finalmente, llegamos a lo que fue el desembarcadero en otros tiempos: una plancha en cemento que se adentra en el río, y en su centro se erige una cruz desgastada por la inclemencia del tiempo. El agua del río se arremolina, un enorme tronco es arrastrado por la corriente como la levedad de una hoja que lleva un arroyo. Pienso en toda la muerte que pudo haber bajado por este río lleno de vida, en las lágrimas de tristeza perdidas en la corriente, y en los gritos de dolor que nunca escuchamos. El ruido del motor me saca de estos pensamientos, vemos la lancha acercarse a lo lejos.

 

Nos internamos río abajo por el estrecho cañón. Para Gabriel, ribereño como todos los que habitan al margen del cauce, el río es parte fundamental de su vida: es quien provee de alimento, es medio de transporte, fuente de trabajo, es quien dispone el quehacer del día a día, es, a fin de cuentas, su hogar.

 

 

 

–Nosotros, los que vivimos río abajo, no sabemos que será de nuestras vidas. Con la represa van a acabar el río. Ya escasamente nos dará algo de comer. Mire que este otro río que desemboca aquí cerca y que está represado aguas arriba, ya no le sube pescado. Antes la gente iba a pescar mucho por allá.

 

A medida que seguimos aguas abajo, la vegetación se hace más densa. De cuando en cuando se ven algunas casas con sus pequeños cultivos de cacao, yuca, maíz y aguacate. Nos cuenta Guillermo que anteriormente se sembraba mucha coca. Según él, esta era una ruta que usaban para sacarla hasta el Magdalena.

 

–El río era una frontera natural, de un lado estaba la guerrilla y del otro los paramilitares… Mucha gente de por aquí le tocó irse de la región y a otros los mataron. Eran otros tiempos, ya todo está muy calmado…

 

Llegamos a la casa de Guillermo, está ubicada en una vega del río. Es espaciosa y fresca, de amplios corredores sin chambranas y una sala abierta que hace también de comedor. El sonido del viento que circula se confunde con el del río. Descargamos las mochilas y nos sentamos directamente en el piso de cemento, brillante de tanto trapearlo. En la parte posterior de la casa hay una cancha de fútbol que linda con un corral para el ganado. En las tardes de todos los fines de semana se reúnen los vecinos a jugar partidos y a tomar fresco. Guillermo vive con su esposa e hija. Aunque sus vecinos están retirados, es una comunidad unida por el río, el mismo que les ha forjado su identidad, cultura y tradición. No obstante, es una comunidad vulnerable. Pese a que es gente tallada con la más resistente madera del monte, hoy en día su legado está amenazado. Intereses opuestos a los suyos se anteponen a sus formas de vida.

 

Después de refrescarnos con guandolo1 helado y haber comido un par de buñuelos, terminamos hablando del festival que se está realizando en defensa del río Samaná, el Samaná Fest. Iniciativa que además de haber dado a conocer la problemática a la opinión pública, ha propuesto a Celsia (filial del Grupo Argos y responsable del proyecto hidroeléctrico Porvenir II), gobierno y sociedad en general, la creación del Parque Río Samaná como alternativa al impacto negativo que produciría la represa. Su apuesta está en combinar la economía local, turismo e innovación, con otras formas de generación de energía “realmente sostenibles”2.

 



–Al festival hemos ido la mayoría de por aquí, finqueros, agricultores, pescadores y gente de los caseríos afectados que no queremos la construcción de la represa. Agradecemos el apoyo de la gente de los municipios y ciudades… y de otros países, porque aquí ha llegado gente de todo el mundo a defender el río.

 

Nos cuentan que con la creación del embalse se inundaría una gran porción de bosque y en particular se acabaría con varias especies de plantas nuevas para la ciencia, que sólo se han encontrado en las orillas de esta cuenca. Según cuentan los expertos, las propiedades de este río y su ecosistema son únicas y el daño ambiental ocasionado sería irreversible.

 

Quisiera no darme cuenta de tantas cosas, a lo mejor así estuviera más tranquilo y no me pesaría tanto todo lo que le estamos ocasionando al medio ambiente. Me quedo detallando un cachorrito que se quedó dormido junto a mis pies. Su sueño es profundo, me parece que fantasea con que está corriendo o quizá volando tras algo que huele muy apetitoso, mueve sus paticas y sus bigotes constantemente. ¡Ojalá lo logre atrapar!

 

Les pedimos que nos recomienden un lugar para conocer, al que podamos ir caminando. Nos sugieren ir a unos charcos. La quebrada que conduce a estos parece una réplica a menor escala del río. Mientras ascendemos, el cantar de las chicharras se hace más intenso, como relata el mito: a punto de reventar por amor3. Nunca habíamos visto una quebrada tan cristalina y llena de peces como aquella. Al meternos al charco, llegaron unos pececitos de cola roja a picotear los pies y la espalda, los más grandes guardaban su distancia. Distinguimos por lo menos cuatro especies diferentes entre ellos. Nos preguntamos por cuán importante sería para nosotros, como sociedad, aprender de los conocimientos que nos ofrece nuestra irrespetada biodiversidad.

 

Siguiendo camino arriba, nos encontramos a un personaje: el Árabe. Llevaba puesto una especie de turbante. Cuentan que estuvo en el Medio Oriente. Hace quince días que está barequiando por estos lados. Tiene su “cambuche” cerca. Una atarraya, una olla y una hamaca es todo lo que lleva consigo. Nos enseña esta técnica milenaria heredada de los ancestros. Hoy en día al borde de desaparecer.

 

Regresamos por la orilla opuesta hasta topar con la desembocadura en el río. Allí se forma una playa de arena. Nos quedamos a contemplar el río, su cauce comenzó a crecer lentamente. Vimos algunas rayas deambular mimetizadas con el fondo arenoso. Lo que antes era una quebrada, en cuestión de minutos se convirtió en otro río. Para cruzar a la otra orilla debimos volver un buen tramo, hasta encontrar un paso seguro; el agua ahora bajaba turbia, así que además debimos cruzar con cuidado para no ir a pisar ninguna raya, dicen que es muy doloroso su pinchazo. Estando ya del otro lado, el camino por el cual habíamos ascendido estaba tapado, nos tocó abrir paso por el monte hasta llegar nuevamente a la desembocadura, y justo antes de doblar rumbo a la casa vimos a lo lejos una pequeña mancha café que se aventó en el río. Atraída por la corriente hacia nosotros distinguimos una enorme nutria que se debatía en el torrente. ¡Los gajes del oficio silvestre!

 

De regreso nos recibieron con una suculenta viuda de bocachico. –Antes la pesca abundaba –nos cuentan– pero empezaron a llegar foráneos a pescar con dinamita y trasmallos que atravesaban de lado a lado… y eso mata al pequeño y al grande. Ahora ya no dejamos que hagan eso aquí. Debemos cuidar a quien nos da de comer– nos dicen de manera enfática.

 

Mientras hablábamos, a lo lejos se escuchaban los aullidos de los micos aulladores. Son sonidos guturales; su eco, el cual retumba por todo el cañón, es el mismo que escuchaban los Malagua mientras vivían en armonía con el territorio.

 

El sol comienza a recostarse en el horizonte, la luz se hace más cálida y las sombras se extienden. Llega la tarde acompañada de manadas de garzas que vuelan sobre el río. Una que otra lancha navega el cauce: son los ribereños que, al igual que las garzas, vuelven a sus casas.

 

Todo alrededor de la casa está oscuro, nuevos sonidos provenientes del monte le dan la bienvenida a la noche. El río no lo vemos pero lo sentimos, siempre está presente. Reunidos en torno al televisor, tendidos en hamacas y en el piso, esperamos expectantes los titulares del noticiero que anuncian los últimos acontecimientos sobre Hidroituango, los cuales advierten sobre la crisis que por estos días amenaza a las poblaciones río abajo con el desbordamiento del Cauca. ¿Será este el “porvenir” de los ribereños del Samaná? Un sentimiento de zozobra invade el ambiente. Mientras tanto, los geckos (pequeños lagartos) se dan un banquete con las incautas polillas que llegan atraídas por la luz del televisor.

 

–Dicen que abrirán cientos de puestos para trabajar en la represa… pero sólo es mientras se construye. ¿Y después de eso qué? Nos dejan el río que ni para pescar… ya ni los pocos turistas que viene por acá volverán…

 

Al día siguiente, con el trinar de los pájaros partimos rumbo a la desembocadura del Samaná. Nos llevan unos vecinos que van a un entierro en un caserío cercano. De camino aprovechan para tirar atarraya y pescar con anzuelo. Sacan algunos bocachicos y dos bagres, los mismos que resguardan en una nevera portátil, para venderlos en el poblado. Mientras más descendemos, el río se hace más grande: va tomando la forma del Magdalena, su hermano mayor. Las aguas puras y libres del Samaná son entregadas a este gigante maltrecho, como una arteria llena de vida que sana su enfermedad. Nuestro cuerpo, al igual que este territorio, tiene un sistema circulatorio que nos da vida. Cada vez que se obstruye un río con una represa se condena un territorio. ¿Por qué, en vez de obstruir más ríos, mejor empezamos a revivir todos aquellos que hemos acabado?

 

Seguimos con la mirada el curso de la lancha por las aguas turbias y torrentosas, intentando descifrar la dirección que toma quien la conduce. La forma de la superficie del agua indica cuál es el camino que hay que tomar para no golpear con las piedras o algún tronco mal puesto. Son habilidades adquiridas, como quien aprende a leer una partitura o un libro. Los ribereños son grandes lectores del río y su entorno. Nos cuentan que cada año celebran las fiestas del bocachico, en homenaje a esta especie que ha traído prosperidad a toda la región. Sin embargo, cada día acortamos más la travesía de esta especie migratoria. La ganadería extensiva, la deforestación, la pesca indiscriminada, la minería, la contaminación de los ríos y las represas, son las causas que la están llevando a la extinción; además de desequilibrar los ecosistemas del cual ellos se benefician. Miles de bocachicos migran todos los años desde las ciénagas a los afluentes de los ríos principales, lo que se conoce como la “subienda”; al ser obstaculizado su paso con una represa dejarán de remontar el río, se interrumpe su reproducción y desove. Como dice la canción, ya no “habrá subienda”, ni “plata pa’ tienda”, ni “amanecer con pescado pa’ vender en el mercado”.

 

Finalmente, llegamos al Magdalena. Es un hermoso y gigante moribundo. Ya las montañas son apenas unas pequeñas protuberancias. El calor se siente más intenso. Nos despedimos del río y de su gente. Al llegar a la antigua carretera Panamericana, nos recostamos bajo la sombra de un Samán. Soñamos con que nos recoge un tren, de esos que parecen levitar; viajamos al futuro: Vemos las aparatosas plantas de petróleo, imponentes en un paisaje tan llano. Es como si fueran monumentos de una época remota. Un recuerdo lustroso del pasado. La vegetación es densa, se siente un aire fresco y limpio. Como en un Déjà vu nos internamos en las montañas de regreso al punto donde partimos: El río, al margen de las vías férreas, está crecido, su color café da cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Llegamos a la casa de María, quien ahora está acompañada de dos de sus sobrinos. Pareciera que no le hubieran pasado los años. Su rostro más juvenil nos sonríe.


–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, ¡y tienen toda la razón! ¡Síganse por favor!

 

1 Bebida de agua de panela con limón
2 Más información: http://www.riosamana.com/
3 Según el mito, las chicharras cantan en época de apareamiento para atraer a sus parejas, y lo hacen hasta que revientan de amor.

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Acabamos en 100 años con las especies que a la naturaleza le tomaría 10 mil

En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”


El impacto del humano en el planeta a lo largo del último siglo es tal que podemos responsabilizarlo de la sexta extinción masiva en la historia de la Tierra, indicó Gerardo Ceballos, director del Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre de la UNAM.


En uno de sus trabajos más recientes, el académico calculó la tasa de desaparición usual de vertebrados —la que ocurre todo el tiempo— y determinó, que hace dos millones de años (durante el Pleistoceno) debían pasar 10 décadas para que, de cada cinco mil especies presentes, desapareciera una.


“Después contrastamos este estimado con lo que está pasando en la actualidad y vimos que dicho ritmo se ha elevado hasta en un centenar de veces, es decir, el hombre ha acabado en sólo un siglo con las especies que a la naturaleza, en condiciones normales, le tomaría 10 mil años extinguir”.


Para el investigador del Instituto de Ecología, este problema es tan grave que, de no tomarse las medidas requeridas, la civilización podría colapsar en tres o cuatro décadas. “Ya hay indicios de que vamos por ese camino: dos mil millones de personas alrededor del planeta no tienen acceso continuo al agua potable y mil 800 millones no pueden comer todos los días. De no hacer nada todos estos conflictos hoy locales, mañana tendrán un alcance global”.


A fin de evitar el agravamiento de estos escenarios —advirtió— es preciso actuar de manera inmediata, pues las plantas y animales silvestres son la base de los servicios ambientales; de ellos depende la combinación adecuada de los gases de la atmósfera, la calidad y disponibilidad hídricas o la fertilidad del suelo, entre muchos otros aspectos esenciales para el buen desarrollo de la vida en la Tierra.


Los estudios del doctor Ceballos señalan que estás afectaciones han generado una suerte de efecto dominó que, además de incidir en el número de variedades desaparecidas, ha mermado las existentes. “Tras analizar 27 mil 600 especies de vertebrados (mamíferos, aves reptiles, anfibios y peces) vimos que más del 30 por ciento de sus poblaciones está decreciendo, y hablamos de todo tipo de animales, desde los comunes como la golondrina, hasta los muy raros o amenazados. La variedad y abundancia biológica están en peligro”.
Sobre si estamos siendo testigos de una extinción masiva, el universitario explicó que se les dice así a aquellas que cumplen con tres requisitos: son catastróficas (eliminan 70 por ciento, o más, de la biodiversidad); son causadas por un desastre natural, y son relativamente rápidas (tardan decenas o cientos de miles de años).


“Todo eso está pasando y es resultado de la actividad humana. En los últimos 600 millones ha habido cinco extinciones masivas y, por todo lo anterior, no se exagera al decir que está iniciando una sexta”.


Antropoceno, la era en que el hombre es un peligro


Los periodos geológicos se clasifican a partir de la huella de alguna actividad que afecta a todo el planeta; debido a su impacto, algunos científicos comparan al hombre con un desastre natural y argumentan que, desde mediados del siglo XX, no estamos más en el Holoceno, sino en una nueva época llamada Antropoceno.


“El autor de esta propuesta es Paul J. Crutzen, ganador del Premio Nobel junto con Mario Molina, quien descubrió que después de 1952 es posible detectar la huella radioactiva del ser humano — producto de la detonación de bombas atómicas — en los estratos terrestres”.


Aunque aún hay quienes no aceptan este término, para Ceballos resulta adecuado, pues alude al daño antropogénico y lo señala como la causa principal de muchas de las características físicas, químicas y biológicas hoy observadas en el planeta. “Llamarle Antropoceno nos ayuda a entender la magnitud del problema”

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Y es que, en palabras del biólogo, la situación es ya insostenible: algunos cálculos revelan que, de 1970 a la fecha, se han perdido tres quintas partes de todos los animales silvestres. ¿Qué significa?, que tenemos un 60 por ciento menos de hipopótamos, rinocerontes, venados, ballenas y demás seres no domesticados. En medio siglo perdimos todo esto debido tan sólo por la actividad humana, dijo.


“Por ejemplo, cada 15 minutos se mata a un elefante de manera ilegal en África, o en los últimos 10 años perecieron 100 mil orangutanes en Borneo y hoy quedan menos de 50 mil; lo más probable es que ya no veamos más a ninguno de estos animales en sus hábitats naturales en la próxima década. De tal magnitud es nuestra huella”.
Propuestas para lograr un cambio


Y sin embargo, en medio de un escenario tan desalentador Ceballos señala que es posible revertir algo del daño. “Es alentador pensar que, si los humanos estamos detrás de esto, con sólo modificar nuestras acciones podemos reducir el impacto en la naturaleza”.


Con este fin, el académico trabaja en la iniciativa Alto a la Extinción (Stop Extinction) que, de forma similar a los tratados internacionales contra el cambio climático y al Protocolo de Kioto, busca el aval de la mayoría de los países a fin de salvaguardar la biodiversidad.


“Ya hay avances, pero el tema es complicado. Por ejemplo, están las peligrosísimas mafias chinas y del Sudeste de Asia, dedicadas al lucrativo tráfico de especies. Debemos trabajar mucho; las siguientes décadas serán fundamentales y determinarán el derrotero a seguir”.


Sobre Stop Extinction, Ceballos adelantó que está en fase inicial y no será sino hasta el siguiente año cuando se dé información concisa. “Lo que sí podemos decir es que se lanzará en México, pues deseamos que sea un proyecto abanderado por países en desarrollo como el nuestro, a fin de mandar un mensaje firme a gobiernos como el de Donald Trump, en Estados Unidos, que tanto daño hacen con sus políticas a un medio ambiente que nos pertenece a todos”.

27 junio 2018

Publicado enSociedad
El Samaná: último río libre y limpio de Antioquia

En las estribaciones de la Cordillera Central, en el páramo del municipio de Sonsón, al sur oriente antioqueño, nace uno de los ríos más biodiversos y maravillosos de nuestro país. Entre montañas agrestes, ocultas por décadas de conflicto armado, se abre paso este gigante, cuyo cause aumenta a medida que desciende de las altas montañas. Serpenteante, en su paso por el municipio de San Luis, en un recodo de la vía Medellín-Bogotá, deja ver su enorme dorso, que en días de verano tiene un color verde esmeralda. Aguas abajo, como un enorme reptil, se desliza hasta perderse nuevamente en la espesura del monte. Hoy, su fluir hasta el río Magdalena está amenazado por un proyecto Hidroeléctrico. Motivados por conocer el impacto ambiental y social que podrían ocasionar estos proyectos, realizamos diversos viajes los cuales componen esta crónica; en la cual se narra el sentir de los ribereños y se registra parte de la riqueza amenazada de nuestro último río libre y limpio de Antioquia: el río Samaná.

Da caluroso. Nos animamos para nuestro viaje cargados de ilusiones. Hemos escuchado distintas historias sobre “El patrón” y queremos comprobarlas. El aire del campo nos trae la sorpresa de aromas frescos, superpuestos a los de la gasolina y la contaminación que ahogan la urbe y los millones que en ella disputan un espacio y una oportunidad para abrirse paso en el presente y para el futuro.

 

Nuestra llegada estuvo precedida de una manada de titís que cruzaban la carretera por un tendido eléctrico. El caserío está conformado por unas cuantas casas a lado y lado de la vía hasta toparse con el río, “El patrón”. Todo allí confluye en él. Caminamos directamente al puente que lo atraviesa, su color café y sus aguas crecidas dan cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Nos dirigimos a la casa de la señora donde nos vamos a quedar. El camino es bordeando la escuela, se atraviesa un pequeño caño y en un alto, al margen del río, está su casa. Justo al frente, en la otra orilla, se alcanza a ver lo que parece ser una cascada: es como si de los árboles brotara un manantial de agua.

 

–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, pero mire que uno aquí no valora tanto todo esto…

 

María, de cuyo nombre nos enteramos de manera pronta, nos cuenta que ha vivido toda su vida en la región. Es la única que queda en la casa; sus hijos viven en la ciudad, y aunque le insisten que se vaya a vivir con ellos, ella se resiste.

 

–Mal que bien, aquí tengo mi casa, mis cosas… mi vida la he construido aquí. Además, yo por allá no me amaño!


Pese a que nunca se fue de la región, es beneficiaria de un apoyo a las víctimas que sufrieron desplazamiento por el conflicto armado y que ahora regresan a sus territorios. El apoyo consta de un bono en materiales de construcción para mejorar sus viviendas.

 

–Pero fíjese como es la vida, yo que he resistido a salir de mi casa en la época más dura de violencia, ahora que ya todo está tranquilo, ¡me tengo que ir! Con el proyecto de la hidroeléctrica, todos, incluso los que han vuelto a sus ranchos, les toca volverse a ir. Entonces, ¿para qué arreglar la casa si nos van a sacar, queramos o no?… El otro día escuché que aquí, donde está ubicada esta casa, va a quedar el cuarto de máquinas.

 

Su rostro inmutable, reflejo de quien ha sorteado los más duros embates de la vida, es el mismo con que seguidamente nos ofrece comida: patacón con bocachico. –Nunca nos ha faltado pescado en el río. Él es quien nos da de comer.

 

La conversa continúa y las horas pasan, el goce es pleno. Con la noche compruebo como la selva cobra vida, el río como telón de fondo acompaña una multitud de sonidos. El cansancio por el trajín del día viene acompañado con el sueño, y éste y la mente viajan en el tiempo. Afloran imágenes confusas, quizá rememorando antiguos oficios y prácticas nunca antes vistas. Un reencuentro con los antiguos moradores de estas tierras, la tribu Malagua con su cacique Nare, vestido con piel de jaguar y ornamentado con orfebrería de oro. ¿Qué pensarían ellos si supieran que están amenazando con estancar las corrientes de este río hermano, elixir de la vida? Les agradecemos habernos enseñado que un río es más que un simple recurso hídrico, que sobre todo es fuente de vida, y como tal merece ser reconocido por lo que es: un fluido vital, sagrado, como la vida, de la cual es sustento sustancial. Nos recuerdan, además, que no somos el fin absoluto de la creación y que los ríos, así como la especie humana, tienen derechos. Estamos hechos de la misma materia del universo, somos hijos de Caribá o tierra de aguas en español, pues así llamaban esta región, quienes la habitaron mucho antes de que llegaron extraños a pisotearla.
Al día siguiente, con la curiosidad del que quiere conocer y aprender, nos levantamos con el alba, acompañados de nuevos sonidos, recordándonos, una y otra vez, que la vida palpita de diferentes formas, con colores vivos y apagados, con trinar diverso y ecos de distintos animales, evidencia de nuestra sorprendente biodiversidad, y en su opuesto, la mezquindad y la avaricia sin límite de quienes pretenden seguir entubando todos los ríos del departamento y del país.

 

Disfrutamos del amanecer sin pitos ni ruido de motores, saboreamos los primeros tragos del día con las melodías del despertar del campo y de inmediato nos enrutamos hacia el punto donde llegan las lanchas, lugar preestablecido para el encuentro con los lugareños que guiaran nuestros pasos. Con un andar tranquilo, aunque algo inseguro, como el de todo poblador urbano, nos guiamos con la luz del celular, afinamos nuestros sentidos, y justo después de atravesar una quebrada somos sorprendidos por una mapaná, que al encuentro con la luz que portábamos, se quedó quieta en mitad del camino. Ella nos observa, nosotros a ella, necesito moverla para poder proseguir hacia nuestro destino, doy media vuelta para buscar una rama y cuando regreso ella ya está resguardada entre los arbustos.

 

El camino que bordea el río por el cañón era una antigua carretera, hoy en día es un estrecho sendero absorbido por la densa vegetación; de un lado es montaña, del otro un acantilado que va a dar al río. A medida que avanzamos empieza a despuntar el día, los rayos del sol se filtran por entre las hojas de los árboles, hay una tenue neblina que hace del paisaje algo místico. Finalmente, llegamos a lo que fue el desembarcadero en otros tiempos: una plancha en cemento que se adentra en el río, y en su centro se erige una cruz desgastada por la inclemencia del tiempo. El agua del río se arremolina, un enorme tronco es arrastrado por la corriente como la levedad de una hoja que lleva un arroyo. Pienso en toda la muerte que pudo haber bajado por este río lleno de vida, en las lágrimas de tristeza perdidas en la corriente, y en los gritos de dolor que nunca escuchamos. El ruido del motor me saca de estos pensamientos, vemos la lancha acercarse a lo lejos.

 

Nos internamos río abajo por el estrecho cañón. Para Gabriel, ribereño como todos los que habitan al margen del cauce, el río es parte fundamental de su vida: es quien provee de alimento, es medio de transporte, fuente de trabajo, es quien dispone el quehacer del día a día, es, a fin de cuentas, su hogar.

 

–Nosotros, los que vivimos río abajo, no sabemos que será de nuestras vidas. Con la represa van a acabar el río. Ya escasamente nos dará algo de comer. Mire que este otro río que desemboca aquí cerca y que está represado aguas arriba, ya no le sube pescado. Antes la gente iba a pescar mucho por allá.

 

A medida que seguimos aguas abajo, la vegetación se hace más densa. De cuando en cuando se ven algunas casas con sus pequeños cultivos de cacao, yuca, maíz y aguacate. Nos cuenta Guillermo que anteriormente se sembraba mucha coca. Según él, esta era una ruta que usaban para sacarla hasta el Magdalena.

 

–El río era una frontera natural, de un lado estaba la guerrilla y del otro los paramilitares… Mucha gente de por aquí le tocó irse de la región y a otros los mataron. Eran otros tiempos, ya todo está muy calmado…

 

Llegamos a la casa de Guillermo, está ubicada en una vega del río. Es espaciosa y fresca, de amplios corredores sin chambranas y una sala abierta que hace también de comedor. El sonido del viento que circula se confunde con el del río. Descargamos las mochilas y nos sentamos directamente en el piso de cemento, brillante de tanto trapearlo. En la parte posterior de la casa hay una cancha de fútbol que linda con un corral para el ganado. En las tardes de todos los fines de semana se reúnen los vecinos a jugar partidos y a tomar fresco. Guillermo vive con su esposa e hija. Aunque sus vecinos están retirados, es una comunidad unida por el río, el mismo que les ha forjado su identidad, cultura y tradición. No obstante, es una comunidad vulnerable. Pese a que es gente tallada con la más resistente madera del monte, hoy en día su legado está amenazado. Intereses opuestos a los suyos se anteponen a sus formas de vida.

 

Después de refrescarnos con guandolo1 helado y haber comido un par de buñuelos, terminamos hablando del festival que se está realizando en defensa del río Samaná, el Samaná Fest. Iniciativa que además de haber dado a conocer la problemática a la opinión pública, ha propuesto a Celsia (filial del Grupo Argos y responsable del proyecto hidroeléctrico Porvenir II), gobierno y sociedad en general, la creación del Parque Río Samaná como alternativa al impacto negativo que produciría la represa. Su apuesta está en combinar la economía local, turismo e innovación, con otras formas de generación de energía “realmente sostenibles”2.



–Al festival hemos ido la mayoría de por aquí, finqueros, agricultores, pescadores y gente de los caseríos afectados que no queremos la construcción de la represa. Agradecemos el apoyo de la gente de los municipios y ciudades… y de otros países, porque aquí ha llegado gente de todo el mundo a defender el río.

 

Nos cuentan que con la creación del embalse se inundaría una gran porción de bosque y en particular se acabaría con varias especies de plantas nuevas para la ciencia, que sólo se han encontrado en las orillas de esta cuenca. Según cuentan los expertos, las propiedades de este río y su ecosistema son únicas y el daño ambiental ocasionado sería irreversible.

 

Quisiera no darme cuenta de tantas cosas, a lo mejor así estuviera más tranquilo y no me pesaría tanto todo lo que le estamos ocasionando al medio ambiente. Me quedo detallando un cachorrito que se quedó dormido junto a mis pies. Su sueño es profundo, me parece que fantasea con que está corriendo o quizá volando tras algo que huele muy apetitoso, mueve sus paticas y sus bigotes constantemente. ¡Ojalá lo logre atrapar!

 

Les pedimos que nos recomienden un lugar para conocer, al que podamos ir caminando. Nos sugieren ir a unos charcos. La quebrada que conduce a estos parece una réplica a menor escala del río. Mientras ascendemos, el cantar de las chicharras se hace más intenso, como relata el mito: a punto de reventar por amor3. Nunca habíamos visto una quebrada tan cristalina y llena de peces como aquella. Al meternos al charco, llegaron unos pececitos de cola roja a picotear los pies y la espalda, los más grandes guardaban su distancia. Distinguimos por lo menos cuatro especies diferentes entre ellos. Nos preguntamos por cuán importante sería para nosotros, como sociedad, aprender de los conocimientos que nos ofrece nuestra irrespetada biodiversidad.

 

Siguiendo camino arriba, nos encontramos a un personaje: el Árabe. Llevaba puesto una especie de turbante. Cuentan que estuvo en el Medio Oriente. Hace quince días que está barequiando por estos lados. Tiene su “cambuche” cerca. Una atarraya, una olla y una hamaca es todo lo que lleva consigo. Nos enseña esta técnica milenaria heredada de los ancestros. Hoy en día al borde de desaparecer.

 

Regresamos por la orilla opuesta hasta topar con la desembocadura en el río. Allí se forma una playa de arena. Nos quedamos a contemplar el río, su cauce comenzó a crecer lentamente. Vimos algunas rayas deambular mimetizadas con el fondo arenoso. Lo que antes era una quebrada, en cuestión de minutos se convirtió en otro río. Para cruzar a la otra orilla debimos volver un buen tramo, hasta encontrar un paso seguro; el agua ahora bajaba turbia, así que además debimos cruzar con cuidado para no ir a pisar ninguna raya, dicen que es muy doloroso su pinchazo. Estando ya del otro lado, el camino por el cual habíamos ascendido estaba tapado, nos tocó abrir paso por el monte hasta llegar nuevamente a la desembocadura, y justo antes de doblar rumbo a la casa vimos a lo lejos una pequeña mancha café que se aventó en el río. Atraída por la corriente hacia nosotros distinguimos una enorme nutria que se debatía en el torrente. ¡Los gajes del oficio silvestre!

 

De regreso nos recibieron con una suculenta viuda de bocachico. –Antes la pesca abundaba –nos cuentan– pero empezaron a llegar foráneos a pescar con dinamita y trasmallos que atravesaban de lado a lado… y eso mata al pequeño y al grande. Ahora ya no dejamos que hagan eso aquí. Debemos cuidar a quien nos da de comer– nos dicen de manera enfática.

 

Mientras hablábamos, a lo lejos se escuchaban los aullidos de los micos aulladores. Son sonidos guturales; su eco, el cual retumba por todo el cañón, es el mismo que escuchaban los Malagua mientras vivían en armonía con el territorio.

 

El sol comienza a recostarse en el horizonte, la luz se hace más cálida y las sombras se extienden. Llega la tarde acompañada de manadas de garzas que vuelan sobre el río. Una que otra lancha navega el cauce: son los ribereños que, al igual que las garzas, vuelven a sus casas.

 

Todo alrededor de la casa está oscuro, nuevos sonidos provenientes del monte le dan la bienvenida a la noche. El río no lo vemos pero lo sentimos, siempre está presente. Reunidos en torno al televisor, tendidos en hamacas y en el piso, esperamos expectantes los titulares del noticiero que anuncian los últimos acontecimientos sobre Hidroituango, los cuales advierten sobre la crisis que por estos días amenaza a las poblaciones río abajo con el desbordamiento del Cauca. ¿Será este el “porvenir” de los ribereños del Samaná? Un sentimiento de zozobra invade el ambiente. Mientras tanto, los geckos (pequeños lagartos) se dan un banquete con las incautas polillas que llegan atraídas por la luz del televisor.

 

–Dicen que abrirán cientos de puestos para trabajar en la represa… pero sólo es mientras se construye. ¿Y después de eso qué? Nos dejan el río que ni para pescar… ya ni los pocos turistas que viene por acá volverán…

 

Al día siguiente, con el trinar de los pájaros partimos rumbo a la desembocadura del Samaná. Nos llevan unos vecinos que van a un entierro en un caserío cercano. De camino aprovechan para tirar atarraya y pescar con anzuelo. Sacan algunos bocachicos y dos bagres, los mismos que resguardan en una nevera portátil, para venderlos en el poblado. Mientras más descendemos, el río se hace más grande: va tomando la forma del Magdalena, su hermano mayor. Las aguas puras y libres del Samaná son entregadas a este gigante maltrecho, como una arteria llena de vida que sana su enfermedad. Nuestro cuerpo, al igual que este territorio, tiene un sistema circulatorio que nos da vida. Cada vez que se obstruye un río con una represa se condena un territorio. ¿Por qué, en vez de obstruir más ríos, mejor empezamos a revivir todos aquellos que hemos acabado?

 

Seguimos con la mirada el curso de la lancha por las aguas turbias y torrentosas, intentando descifrar la dirección que toma quien la conduce. La forma de la superficie del agua indica cuál es el camino que hay que tomar para no golpear con las piedras o algún tronco mal puesto. Son habilidades adquiridas, como quien aprende a leer una partitura o un libro. Los ribereños son grandes lectores del río y su entorno. Nos cuentan que cada año celebran las fiestas del bocachico, en homenaje a esta especie que ha traído prosperidad a toda la región. Sin embargo, cada día acortamos más la travesía de esta especie migratoria. La ganadería extensiva, la deforestación, la pesca indiscriminada, la minería, la contaminación de los ríos y las represas, son las causas que la están llevando a la extinción; además de desequilibrar los ecosistemas del cual ellos se benefician. Miles de bocachicos migran todos los años desde las ciénagas a los afluentes de los ríos principales, lo que se conoce como la “subienda”; al ser obstaculizado su paso con una represa dejarán de remontar el río, se interrumpe su reproducción y desove. Como dice la canción, ya no “habrá subienda”, ni “plata pa’ tienda”, ni “amanecer con pescado pa’ vender en el mercado”.

 

Finalmente, llegamos al Magdalena. Es un hermoso y gigante moribundo. Ya las montañas son apenas unas pequeñas protuberancias. El calor se siente más intenso. Nos despedimos del río y de su gente. Al llegar a la antigua carretera Panamericana, nos recostamos bajo la sombra de un Samán. Soñamos con que nos recoge un tren, de esos que parecen levitar; viajamos al futuro: Vemos las aparatosas plantas de petróleo, imponentes en un paisaje tan llano. Es como si fueran monumentos de una época remota. Un recuerdo lustroso del pasado. La vegetación es densa, se siente un aire fresco y limpio. Como en un Déjà vu nos internamos en las montañas de regreso al punto donde partimos: El río, al margen de las vías férreas, está crecido, su color café da cuenta de lluvias que no vimos. Dos pescadores prueban suerte sobre la saliente de una enorme roca que se resiste a la corriente.

 

Llegamos a la casa de María, quien ahora está acompañada de dos de sus sobrinos. Pareciera que no le hubieran pasado los años. Su rostro más juvenil nos sonríe.


–¡Usted vive en el paraíso!

 

–Eso dicen todos los que vienen, ¡y tienen toda la razón! ¡Síganse por favor!

 

1 Bebida de agua de panela con limón
2 Más información: http://www.riosamana.com/
3 Según el mito, las chicharras cantan en época de apareamiento para atraer a sus parejas, y lo hacen hasta que revientan de amor.

Publicado enEdición Nº247
La guerra sigue para las defensoras de la naturaleza en Colombia

Colombia está en los noticiarios internacionales por las elecciones. Cambios en la presidencia, instituciones, buenas palabras. En Europa, la gente de la calle casi no conoce los nombres del saliente Santos, o del nuevo presidente uribista, Iván Duque y su opositor en la segunda vuelta, Petro. Y eso que estos días, al calor electoral, algo sale en la prensa.

 

Pero hay muchos otros nombres en Colombia que merecen ser recordados. Hace dos meses, se otorgaba el premio Goldman a la defensora de derechos humanos Francia Elena Márquez. Estos premios, conocidos como “Los Nobel del medio ambiente”, se otorgan cada año, coincidiendo con el Día de la Tierra, a personas que destacan por su labor de defensa de la naturaleza. La afrocolombiana Francia E. Márquez se lo ha ganado por la labor que ha venido desempeñando a lo largo de varios años, por poner su vida en juego para preservar el territorio y frenar la desmedida actividad minera. Denuncia que la minería se caracteriza por el uso de mercurio y cianuro, que contaminan los ríos y sus afluentes, afectando gravemente el ecosistema de la región colombiana de Cauca, al suroeste del país. Es este uno de los departamentos y municipios más afectados por el conflicto armado, a pesar de haber firmado los acuerdos de negociación para la construcción de paz estable y duradera, entre el Estado Colombiano y las Farc.

Las transnacionales mineras amenazan la vida


En casi todos los departamentos de Colombia, cientos, quizás miles de familias viven en zonas rurales y su único medio de supervivencia es la pesca artesanal y el cultivo de alimentos de pan coger (de subsistencia:maíz, plátano y yuca). Sin embargo, esta actividad que se ha realizado de generación en generación, se ha visto afectada por los intereses y la disputa histórica por el territorio. La llegada de las transnacionales, especialmente de las extractivistas de recursos mineros y energéticos, ha incrementado los riesgos no solo para las familias, si no para los líderes sociales y los defensores de derechos humanos. Francia Elena Márquez, por ejemplo, tuvo que abandonar su pueblo de origen en el año 2014, debido a su denuncia de la minería. ¿Cómo va a enfrentar el nuevo gobierno el poder de las transnacionales?


La llegada de las transnacionales se vincula, en los últimos dos años, a un aumento sustancial de los homicidios selectivos y sistemáticos de las lideresas y los líderes sociales y de defensores de los derechos humanos en Colombia. Estos líderes y defensores han venido realizando procesos de resistencia por permanecer en el territorio en que nacieron o en el que han cimentado sus historias de vida en torno a sus familias y la comunidad.


Los violentos le apuestan a condenar al país a la guerra, y sumen Colombia en el miedo, en el odio y la falta de oportunidades. Son quienes han cometido una serie de actos atroces, con el único objetivo de sabotear la respectiva implementación y los pertinentes avances de los acuerdos de paz. A la fecha no se tiene precisión del número de homicidios ocurridos en este primer semestre del 2018. Algunos informes hablan de más de cincuenta y siete; otros, de sesenta y tres. ¿Cuál es la cifra exacta de homicidios perpetrados? No se tiene la respuesta concreta, pero son demasiados. Lo cierto es que sus nombres, Hector Janen Latin, María Magdalena Cruz, Belisario Benavides Ortiz, María del Carmen Moreno, Luis Alberto Torres Montoya, Hugo Albeiro George, Iber Angulo Zamora, que sigue “desaparecido” … casi nadie los conoce, y mucho menos fuera de Colombia. Se caracterizaron por ser personas que trabajaban por preservar el medio ambiente en sus comunidades, oponiéndose a los macroproyectos. Sus rostros valientes y su incansable labor en pro de la defensa de los derechos humanos, nos han sido arrebatados. Los rostros que deberían conocerse también en Europa.

Un Estado cómplice: la impunidad


Las autoridades competentes, especialmente la Fiscalía, no realizan de manera eficaz y ágil las investigaciones que conlleven a la captura de los responsables de estos deplorables hechos, con lo cual se puede afirmar que más de un ochenta por ciento de los casos actualmente se encuentran en total impunidad. Mientras se escriben estas líneas, mientras se leen, un líder o lideresa, un defensor o defensora de derechos humanos está siendo asesinado o está en alto riesgo en Colombia. El Estado se mantiene incapaz de efectuar una política pública contundente y eficaz, que permita preservar la vida e integridad física de esta vulnerable franja de la población. La reforma judicial, para acabar con la impunidad, es una tarea pendiente para la nueva presidencia.


Se necesitan con urgencia verdaderas garantías estatales de que no volverán a ocurrir amenazas, asesinatos. Para no privar a la sociedad en general de compartir, reír y aprender de las personas que dan verdadero ejemplo: Erlendy Cuero Bravo, defensora que por culpa de las balas ha perdido a tres seres queridos (su padres y dos hermanos) en los últimos dos años y, sin embargo, actualmente ella lidera el trabajo que segó la vida de sus familiares, y quien ha sido revictimizada en diferentes oportunidades y por diferentes sectores armados.


Se busca realmente la capacidad de tejer los lazos de una verdadera convivencia y reconciliación. Queremos caminar por calles y senderos donde se pueda respirar un aire limpio, cálido y liviano, que inunde de manera tan profunda la esencia del ser, que no permita lastimar al otro o la otra. Pretendemos tener la capacidad de reconocer en los ojos y en la sonrisa del similar la belleza de la vida, que la tibieza de la piel no tenga que soportar los horrores de la guerra. Que se permita disfrutar el susurro de los ríos y la montaña.


Se necesitan con urgencia más reconocimientos y menos señalamientos, Por ello, la gran sonrisa de Francia al recibir tan honorable reconocimiento a tan sublime labor nos reconfortaba, y es esa misma sonrisa la que se capta frente a los gigantes defensores y defensoras de derechos humanos que han hecho aportes , contagiando de alegría y esperanza de pensarse en un país y en un mundo diferente. Aportaciones mucho más grandes que ganar una presidencia. Esto son los retos para el próximo gobierno de Iván Duque: una paz basada en la justicia y la defensa de la vida y el territorio. Reconocer la defensa de los derechos humanos. Ponerse a la altura de estos hombres y mujeres de corazones gigantes.

 

Por Erika Gómez Ardila
Defensora de DDHH del CPDH
2018-06-18 07:00:00

 

Dedicado a los más de trescientos cinco líderes y lideresas, defensores y defensoras de derechos humanos vilmente silenciados, asesinados, pero no olvidados, a los gigantes que nos han sido arrebatados. De igual manera, a aquellos hombres y mujeres que decidieron dejar las armas por construir un nuevo país y quienes también les cegaron su existencia en pleno proceso de reincorporación a nuevos caminos.

Publicado enMedio Ambiente
Una nueva economía desde la naturaleza con derechos

“Alejada de la naturaleza, la existencia humana queda vacía de contenido” (Masanobu Fukuoka)


América Latina está llena de contradicciones y contrastes. En ocasiones, los países con gobiernos conservadores sorprenden positivamente, mientras que -con frecuencia- los países con gobiernos progresistas defraudan. Ese es el caso de los Derechos de la Naturaleza.


Hace algunas semanas Colombia asombró al mundo. En un país donde neoliberalismo y extractivismos marcan la senda desarrollista, la Corte Suprema de Justicia falló a favor de una tutela para frenar la persistente degradación de la Amazonía, provocada por los extractivismos. Tal fallo histórico reconoce a esta región como sujeto de derechos, lo cual permitirá –desde los seres humanos- exigir su protección. Ya en 2017, esta Corte Constitucional marcó otro hito histórico, al otorgar la misma categoría al río Atrato .


Estas decisiones sintonizan con los pasos dados en la Asamblea Constituyente de Montecristi, en Ecuador. En 2008 dicha Asamblea estableció un hito cuando aprobó una Constitución que reconoce a la Naturaleza como sujeto de derechos (Derechos de la Naturaleza que ya cumplen 10 años de haber sido proclamados), sumándole el derecho a ser restaurada cuando ha sido destruida. Un paso que no tuvo el eco esperado desde el gobierno ecuatoriano. El entonces presidente Rafael Correa se llenó la boca de “revolución”, pero impulsó una oleada de extractivismos nunca vista en ese país, al tiempo que preparaba el retorno neoliberal [1].

Justo cuando Correa reconoció que le quedó grande la Iniciativa Yasuní-ITT, un 15 de agosto de 2013, diría que “ el mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria, y el mayor error es subordinar esos Derechos Humanos a supuestos Derechos de la Naturaleza ”. A la par de demostrar una total incomprensión del significado de los Derechos de la Naturaleza, Correa defendía tales Derechos para combatir los destrozos ambientales ocasionados por mineros informales… para abrir paso a grandes mineras transnacionales. Correa -un verdadero charlatán- quiso vender el mensaje de que “fue el mundo el que nos defraudó”, cuando en realidad fue él quien defraudó a su país y al mundo .


Es crucial tener claro cuán importantes son los Derechos de la Naturaleza en la construcción de sociedades democráticas, justas y libres, con economías solidarias y sustentables (como puerta de entrada a otro mundo posible ). A contrapelo de las alergias provocadas a conservadores de todas las ideologías, la cristalización de la Naturaleza como sujeto de derechos es parte de la senda a seguir para pensar en otro mundo, y son varios más los esfuerzos que se mueven en esa dirección en diversas partes del globo a nivel nacional [2] y también a nivel local [3] .


A lo largo de la historia del derecho, cada ampliación de derechos fue antes impensable. Hasta el “derecho a tener derechos” se consiguió siempre con una intensa lucha política. Por ello, reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos y liberarla de la condición de mero objeto de propiedad exige un esfuerzo político; más aún si aceptamos que todo ser vivo tiene igual valor ontológico, sin implicar que todos sean idénticos.


Los cambios demandados para alcanzar tal fin son profundos en todos los ámbitos…


Para empezar, la Humanidad debe entender que también es Naturaleza y que cualquier empeño de dominarla y manipularla es suicida; tendencia agudizada en el capitalismo. La Naturaleza no es infinita, tiene límites que -peligrosamente- se están superando. Esto implica cuestionar toda institucionalidad y organización social, política y económica que destruye a la Naturaleza y, en definitiva, a la Humanidad misma.


En vez de mantener el divorcio Humanidad-Naturaleza, urge un reencuentro. Esto empieza por desmercantilizar la Naturaleza, así como todos los bienes comunes, sin implicar su estatización. Precisamos un manejo y un control comunitarios de dichos bienes y, por cierto, de las relaciones con la Naturaleza (liberándolos tanto de las fauces del mercado como de las fauces del Estado centralizado).


La economía y sus objetivos deben subordinarse a las leyes naturales, asegurando siempre la calidad de vida humana. Como parte de una “gran transformación”, en palabras de Karl Polanyi en 1944 , urge superar la religión dominante del crecimiento económico y, también, de la acumulación incesante de bienes materiales que nutre al capitalismo.


Salir de la sociedad del crecimiento, es crucial. No se trata solo de reducir físicamente el metabolismo económico. La búsqueda permanente de ganancias obtenidas explotando a seres humanos y Naturaleza debe cesar y, sobre todo, urge imaginar opciones de vida fuera de los límites utilitaristas y antropocentristas de la Modernidad. Eso implica, entre otras cosas, desmitificar a los fetiches del “desarrollo” y del “progreso”, con el fin de superar el laberinto capitalista .
Así, una nueva economía deberá priorizar la suficiencia, en donde se amplíe solo la producción de lo que realmente reproduce a la vida ( objetivo que jamás debió separarse de la economía ). Ampliación que respete siempre los ciclos de la Naturaleza, en vez de buscar mayor eficiencia -e incontrolada competitividad- para saciar un desbocado y asesino consumismo. La equidad de ingresos y riqueza son también pilares de esa nueva economía. Hasta podríamos plantear un principio: que los privilegiados -tanto de estratos altos como medios- vivan con menos hasta que todos vivamos con dignidad y armonía.


Esta aproximación demanda cada vez más un abastecimiento simple y autónomo, una “subsistencia creativa” vía autoproducción, con usos comunes y con mayor durabilidad de los bienes. En las empresas, habría que atenuar la obligación de crecer reduciendo la especialización. Todo encaminado a que el capital -en cuanto relación social- abandone la producción (reduciendo desde la presión por la ganancia infinita hasta los créditos y la especulación). Se trata de producir local y regionalmente para desenredar el comercio internacional y las cadenas de producción -ambos enmarañados-, generando cercanía y confianza. Además, cabe reducir y redistribuir el horario laboral, abriendo espacio a ocupaciones social y culturalmente productivas (y no degradantes). Pero, sobre todo, individuos y comunidades deberán “ejercitar su capacidad de vivir diferente” (todos y todas viviendo con dignidad, en armonía con la Naturaleza, NdA), como plantea el alemán Niko Paech, y los países deben “aprender a vivir con lo nuestro, por los nuestros y para los nuestros”, como recomendaba el argentino Aldo Ferrer .


Esa nueva economía no puede ser ni productivista, ni consumista, ni aspirar al crecimiento absurdo. Esa nueva economía demanda otro posicionamiento frente a los mercados, al Estado, -e incluso frente a nuestra propia concepción de qué es el trabajo y la producción- teniendo a lo comunitario y lo popular como bases. Transformación posible si, desde ya, reconstruimos relaciones armoniosas entre Humanidad y Naturaleza, lo cual exige cristalizar los derechos de ésta desde iniciativas políticas, como el Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza , tribunal que sanciona -al menos moralmente- los crímenes en contra de la Madre Tierra y de quienes la defienden, al tiempo que informa sistemáticamente sobre dichas violaciones; e incluso en los diversos observatorios ciudadanos creados para denunciar los atropellos contra la Naturaleza y las comunidades como el Observatorio Petrolero Sur , el Observatorio Oil Watch, el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina , el Atlas Mundial de la Justicia Ambiental: conflictos ecológico-distributivos o el reciente Observatorio de los Derechos de la Naturaleza .


El reto económico de los Derechos de la Naturaleza también está planteado: ¿lo aceptamos o avanzamos desquiciadamente a un mundo en donde el capital se coma a la vida misma?.-


Notas:


[1] Para comprender mejor lo que representó este gobierno recomendamos revisar los artículos recogidos en el portal La Ecconomía Política del Antipoder
[2] En 2010 Bolivia se aprobó una Ley de los Derechos de la Madre Tierra. En noviembre 2016 la Corte Suprema de Uttarakhand, al norte de la India, sentenció que los ríos Ganges y Yumana son seres vivientes. En marzo de 2017, en Nueva Zelanda, se permitió que el río Whanganui sea representado judicialmente a través de sus dos representantes, uno de la tribu Whanganui iwi y otro de la comunidad Crown; años antes en el mismo país, en 2013, el Parque Nacional Te Urewera fue reconocido como una entidad legal con los derechos de una persona, a cargo de los Crown y los Tuhoe. En Nepal está en proceso una iniciativa para reconocer los derechos de la Naturaleza a través de una enmienda constitucional.


[3] En los EEUU, el condado de Tamaqua, Pennsylvania fue el primer municipio en aprobar una ordenanza local reconociendo los Derechos de la Naturaleza de existir, prosperar y evolucionar en 2006; desde entonces más de 36 comunidades en siete estados de los Estados Unidos -Pennsylvania, Ohio, New Mexico, New York, Maryland, New Hampshire y Maine- tienes similares ordenanzas que codifican los Derechos de la Naturaleza. En ese mismo país un grupo de ciudadanos presentó una demanda para que las Montañas Rocosas o el desierto de Nevada puedan demandar legalmente a individuos, corporaciones y al gobierno.
Alberto Acosta es economista ecuatoriano, profesor universitario, exministro de Energía y Minas, expresidente de la Asamblea Constituyente y excandidato a la Presidencia de la República.

 

Por Alberto Acosta
Rebelión

5 de junio del 2018, Día Mundial del Medioambiente

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Ya son 69 muertos por la erupción del Volcán de Fuego en Guatemala

El Rodeo, Guatemala.

Cuadrillas de rescatistas usaban este lunes maquinaria pesada para buscar sobrevivientes de la erupción del Volcán de Fuego de Guatemala que el pasado domingo sorprendió a los residentes y dejó al menos 69 muertos, cifra que las autoridades temen que podría incrementarse.

El presidente de Guatemala, Jimmi Morales, decretó tres días de duelo nacional "por la irreparable pérdida de vidas humanas".

También declaró el estado de emergencia en Sacatepéquez, Chimaltenango y Escuintla –los departamentos más afectados–, que deberá ser confirmado por el Congreso.

El diario local La Prensa reportó que el Volcán de Fuego, uno de los más activos en Centroamérica y ubicado al oeste de Ciudad de Guatemala, aún presenta explosiones en el domo y las columnas de humo alcanzan 10 mil metros de altura.

"Se registran continuos flujos piroclásticos (mezcla de agua y lodo hirviendo) moderados que toman dirección de descenso sobre las barrancas Seca, Ceniza, Mineral, Taniluya, Las Lajas y Barranca Honda", informó la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred).

El Volcán de Fuego expulsó ceniza caliente mezclada con agua y otros materiales que bloquearon las carreteras y dejaron varias viviendas en llamas, en lo que los expertos consideran la explosión más violenta en 40 años.

La zona carbonizada estaba aún demasiado caliente para ingresar a buscar los cuerpos de las víctimas, pues incluso derritió los zapatos de los rescatistas. Los socorristas dijeron que encontraron cuerpos cubiertos de cenizas que parecían estatuas. La inhalación de cenizas o gases volcánicos calientes puede provocar asfixia.

El director de la Conred, Sergio Cabañas, informó que la cifra de fallecidos se elevó a 69 y que este lunes lograron rescatar a 10 personas tras sobrevolar la zona en helicópteros. Señaló que 3 mil 265 personas fueron desalojadas de la región y hay 1.7 millones de habitantes afectados. En albergues se encuentran mil 800 personas.

Mirna Zeledón, vocera del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) indicó que fueron reportados ocho muertos en Alotenango, en el departamento de Sacatepequéz, y otros seis fueron ubicados en la morgue del sureño departamento de Escuintla, donde fueron agrupados 48 cadáveres en la aldea de Hunahpú, reportó La Prensa.

De los 69 cadáveres, 17 ya fueron identificados dijo el director del Inacif, Fanuel García.

"Nos está costando mucho identificarlos, porque algunos perdieron las huellas digitales. Vamos tener que recurrir a otros métodos antropológicos", añadió García.

En San Miguel Los Lotes, en el flanco del volcán, se localizaron 18 cadáveres.

"Estábamos en una fiesta, celebrando la llegada de un bebé, cuando una vecina nos llamó a gritos para que fuéramos a ver la lava que ya venía. No le creímos, pero cuando salimos a ver, el lodo caliente ya venía por la calle", dijo Hilda López, vecina de San Miguel de los Lotes, y añadió: "allá se quedó mi mamá, no pudo salir".

Joel González, esposo de Hilda, también perdió a su padre. "Se quedó enterrado en la casa", ubicada en el camino de uno de los ríos de flujo piroclástico.

"Eso estaba cubierto de arena. Las casas, los animales, la gente, todo se quemó, no tenemos nada", lamentó el hombre, quien aseguró que en ese lugar vivían "numerosas familias".

Eddy Sánchez, director del Instituto de Sismología y Vulcanología Nacional, explicó que los flujos piroclásticos alcanzaron temperaturas de 700 grados centígrados.

En la aldea El Rodeo, soldados cubiertos con máscaras para protegerse del polvo montaban guardia detrás de una cinta amarilla que acordonaba la escena, mientras trabajadores operaban una retroexcavadora. Un grupo de residentes llegó a la escena con palas y botas de trabajo para ayudar.

Algunos lugareños dijeron que nunca se enteraron del peligro y criticaron a las autoridades. "Conred nunca nos dijo que teníamos que irnos. Cuando la lava ya estaba ahí pasaron en sus camionetas y nos avisaron que nos fuéramos, pero los carros no se detuvieron para auxiliar a la gente", dijo Rafael Letrán en El Rodeo. "El gobierno es bueno para robar, pero no para ayudar a las personas".

Entre los muertos figura un funcionario de la agencia de desastres, cuya casa estaba en El Rodeo, dijo el director Cabañas, de Conred.

Un video mostró un brazo de lava y lodo que avanzó rápido y destruyó parcialmente un puente en una carretera entre Sacatepéquez y Escuintla.

Las cenizas del volcán alcanzaron la capital, así como los departamentos de Sacatepéquez, Chimaltenango, Escuintla y la turística ciudad colonial de Antigua. Este lunes se reportó que comenzaron a llegar a Honduras.

Las autoridades reabrieron el aeropuerto internacional que fue cerrado el domingo por el peligro de la ceniza.

En ese contexto, el Servicio Geológico de Estados Unidos informó que un sismo de 5.2 remeció la costa guatemalteca un día después de la erupción del Volcán de Fuego, que alcanza una altitud de 3 mil 763 metros sobre el nivel del mar.

 

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Violenta explosión del volcán de Fuego en Guatemala deja tres localidades afectadas

Al menos tres departamentos o localidades de la zona centro-sur de Guatemala quedaron sumergidos en cenizas por la erupción más fuerte –desde hace más de cuatro décadas– que haya arrojado el volcán de Fuego, uno de los más activos de Centroamérica. Hasta el cierre de esta edición, el evento había provocado la muerte de 25 personas, de acuerdo con datos preliminares del gobierno guatemalteco.


La expulsión de lava y rocas dejó además casi 300 personas heridas, unos 3 mil 100 desalojados de las zonas aledañas y hasta 1.7 millones de afectados.
El coloso, ubicado a 50 kilómetros de la capital y uno de los 37 que tiene ese país, es considerado uno de los más peligrosos en Centroamérica debido a su actividad, la cual comenzó a intensificarse antes del mediodía.


Después de las 14 horas locales, las operaciones en el Aeropuerto Internacional La Aurora de Guatemala quedaron canceladas por la caída de ceniza que llegó hasta la capital. A las 16 horas comenzó la expulsión de lava.


Vibraciones llegaron a más de 20 kilómetros


Las severas vibraciones por las detonaciones en el cráter se sintieron a más de 20 kilómetros de distancia, a la vez que se formó una columna de humo que ascendió aproximadamente a 10 mil metros.


Varias personas que perdieron la vida eran habitantes de El Rodeo, comunidad a las faldas del coloso. En ese sitio, dos niños que veían desde un puente la creciente fumarola perdieron la vida tras la explosión. Los departamentos más afectados fueron Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, los cuales permanecen en alerta roja.


Los flujos piroclásticos alcanzaron hasta 700 grados centígrados, explicó Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología.
Esta es la erupción más grande desde 1974; hemos tenido expulsiones constantes, pero no de esta dimensión. En ésta han descendido hasta ocho kilómetros de lava de gran magnitud, agregó Gustavo Chigna, especialista del Instituto Nacional de Sismología y Vulcanología.


Hasta las 21 horas locales, ya eran cerca de 653 personas las que estaban en albergues, detalló David de León, portavoz de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, instancia encargada del área de protección civil en este país.


El presidente guatemalteco, Jimmy Morales, emitió una declaración de estado de emergencia, la cual debe ser ratificada por el Congreso, para permitirle al Estado realizar adquisiciones sin restricciones y con controles mínimos para agilizar el flujo de recursos ante la crisis. Por la noche, las tareas de búsqueda y rescate, tanto de fallecidos como de desaparecidos, tuvieron que suspenderse por falta de energía eléctrica y la peligrosidad de la zona, ya que el escenario es de ríos de lava y ceniza, e incluso de casas que fueron destruidas, por lo que estas acciones se reanudarán las primeras horas de este lunes.

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