42 periodistas asesinados en América Latina en 2017

 

En 2017 fueron asesinados 42 trabajadores de prensa en nueve países de América Latina, incluyendo la ejecución de un youtuber de 17 años y la desaparición forzada no aclarada número 27, ambos crímenes acontecidos en México, país que registró 26 asesinatos, el 62 % del total detectado por esta investigación.

 

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Por razones desconocidas esta cifra luctuosa de América Latina y el Caribe es “reducida” a más de la mitad por las ONG dedicadas al “negocio de la libertad de información”. De este modo, la monopólica caja de resonancia de los grandes medios del mundo entero da a conocer menos asesinatos de informadores de los realmente ocurridos en esta región donde no existe ninguna guerra. Para contrarrestar esta funesta desinformación al final se ofrece “La lista contra el olvido”, con los datos elementales, nombres completos, edades, lugares de trabajo, fecha del asesinato, circunstancias del crimen, etc., para mostrar que estas 42 víctimas fueron personas reales... que se desempeñaban como periodistas, fotógrafos, locutores, editores y oficios afines.

Según el orden alfabético de los nombres de los otros ocho países, un asesinato ocurrió en Chile (el primero en más de 30 años, aún sin aclarar), otros dos acontecieron en Colombia, uno en El Salvador, dos en Guatemala, cinco en Honduras, dos en Perú, dos en República Dominicana y uno en Venezuela, según el registro de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap).

También hubo centenares de denuncias fundadas de intentos fallidos de asesinato, golpizas, espionaje telefónico del Gobierno de México a los periodistas, amenazas de muerte, además de muchos otros atentados similares en diferentes países de la región, en particular México y Honduras. La muerte a manos de sicarios pagados por la corrupción de la clase política y su principal financista de hoy, el narcotráfico (sin perjuicio de otros poderosos actores del gran delito) elimina sistémicamente a periodistas libres, críticos y éticos. Esta “limpieza permanente” se efectúa con total impunidad, en complicidad con sistemas políticos envilecidos por la corrupción generalizada. Todo esto ocurre en una región del mundo donde no existe ninguna guerra y, teóricamente, reinaría una paz social con crecimiento envidiable en presuntos “países democráticos” supuestamente “emergentes” encaminados al “desarrollo”.

Bajo el denominador común de la impunidad absoluta en países que en realidad padecen bastante anomia social, los periodistas viven estresados porque cualquiera puede ser la próxima víctima, pero el atentado definitivo contra un periodista decente no es la única agresión que constantemente sufren reporteros y reporteras de medios pequeños y medianos, y corresponsales de diarios nacionales, principalmente en las provincias y estados. Los periodistas de Ciudad de México, que no parecían tan afectados por los atentados, denunciaron espionaje telefónico y computacional masivo del Gobierno con tecnología israelí.

El gremio se siente impotente, pero marcha clamando justicia y protección de verdad en diferentes ciudades de México. Los periodistas no pueden formar bandas armadas para autodefenderse y preservar su derecho a la vida, asumiendo un rol que le corresponde a cualquier Estado que se precie de civilizado. En cambio trabajan con temor y luchan silenciosamente para que la autocensura no cale hondo ni los inhiba a cambio de sus propias vidas, ante la indiferencia de los poderes reales, formales y fácticos.

Incluso, algunos diarios se cierran para preservar la vida de su personal. Otros medios prefieren ignorar la noticia de los asesinatos o desconocer la condición de periodistas y trabajadores de la información de las víctimas, sobre todo cuando se trata de indígenas, reporteros no famosos o sencillos trabajadores no mediáticos del periodismo. Las leyes de protección son ineficaces, en particular la que está vigente en México.

 
Posición de periodistas mexicanos

 

Las organizaciones mexicanas del gremio denunciaron que "criminalizar a los periodistas victimados es la respuesta gubernamental ante la impunidad prevaleciente." Y añadieron: "No hay otro camino más que federalizar los delitos contras las libertades de prensa y expresión".

El 25 de octubre de 2016 la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, FAPERMEX; Federación Latinoamericna de Periodistas, FELAP-MÉXICO; Colegio Nacional de Licenciados en Periodismo, CONALIPE; Club Primera Plana, y la Asociación Nacional de Locutores "condenaron y denunciaron en forma pública la perversa insistencia de autoridades de recurrir a la criminalización de los periodistas victimados ante su ineficacia o probable complicidad en resolver estos atentados que vulneran directamente a la sociedad puesto que tienen el propósito de socavar las libertades de prensa y expresión y por ende el derecho a la información.

"Tal oprobio ha vuelto a ocurrir con la posición del Gobierno estatal del estado de Veracruz, por cierto la entidad en donde se han cometido más asesinatos contra los comunicadores en los últimos años, con el asesinato del joven colega, Gumaro Pérez Aguilando, puesto que la Fiscalía General de Justicia, al margen de toda ética y en violación al sigilo que obliga la ley sobre todo en la etapa de investigación judicial, no filtró sino decretó que el reportero Gumaro, bien conocido, inclusive más allá de su zona de influencia, no era periodista y lo calificó de “narco”. Esta deplorable actitud del Ministerio Público veracruzano tiene dos aristas al igual de condenables: primero, pretender, en forma errónea cuidar la imagen del gobernador, el panista Miguel Ángel Yunes Linares con violaciones al debido proceso; y segundo, la demostración plena de que mientras estos crímenes continúen en el ámbito del fuero común seguirán en la más vergonzosa impunidad como también los hemos venido denunciando desde que el fenómeno se ha vuelto exponencial.

"No existe otro camino para avanzar en la justicia pronta y expedita de los delitos contra las libertades de prensa y expresión, que la FEDERALIZACIÓN de los mismos; la iniciativa de ley existe, fue un trabajo de la Comisión Especial respectiva de la Cámara de Diputados y su Consejo externo de la sociedad civil en la que el gremio organizado participó y se comprometió con toda firmeza. Es de apreciarse que los medios de la llamada gran prensa e innumerables colegas se han unido a esta condena contra la frívola y grave posición de la Fiscalía veracruzana con su actitud de sentenciar “a bote pronto” al colega masacrado, Gumaro Pérez Aguilando, como no periodista y narco. Esta postura oficial lo ubica como otro crimen que yacerá como todos los demás en la inaceptable impunidad."

 

Lista contra el olvido

 

Esta es la nómina de los 42 periodistas asesinados en América Latina en 2017. A los datos personales se añadió información sobre su especialidad, lugar de trabajo y situación laboral:

 

Chile

Marco Álvarez Valenzuela, periodista de 59 años, fue asesinado al mediodía del 4 de diciembre en el balneario chileno de Cartagena, 111 km al oeste de la capital chilena. Dos desconocidos le propinaron seis puñaladas a metros de su trabajo, el Museo Vicente Huidobro.

 

Colombia

María Efigenia Vásquez Astudillo, de 37 años, periodista radiofónica indígena de la emisora Renacer Coconuco, fue asesinada a tiros el domingo 8 de octubre por efectivos del Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD), violento grupo de choque de la Policía que desalojó a un grupo indígena kokonkco que reclama tierras ancestrales en Coconuco, departamento del Cauca, suroeste de Colombia.

Elmer Agudelo Vidales, de 55 años, reportero gráfico y corresponsal en Palmira, Valle del Cauca, Colombia, por más de diez años de los diario El País y Q Hubo de Cali fue asesinado el domingo 27 de julio cuando se encontraba en la puerta de su casa en el barrio El Sembrador, informaron medios de prensa colombianos y europeos.

 

El Salvador

Samuel Jonathan Rivas, de 28 años, camarógrafo del Canal 21 Megavisión, fue asesinado a tiros en Ilopango, a 10 km de la capital San Salvador, el jueves 16 de noviembre.

 

Guatemala

Manuel Salvador Trujillo Villagrán, de 39 años, periodista vocero de la municipalidad de San Jorge, departamento oriental de Zacapa, y reportero de un noticiero local fue emboscado en su motocicleta y acribillado el jueves 19 de enero de 2017 en el kilómetro 149,5 de la carretera local.

Vilma Gabriela Barrios López, de 26 años, locutora de la emisora cristiana Génesis 99.5 FM, poetisa y estudiante universitaria, fue encontrada muerta el 5 de febrero en el río Samalá, departamento de Quetzaltenango, occidente del país, según reportó Cerigua en mayo.

 

Honduras

Carlos Oveniel Lara Domínguez, reconocido camarógrafo de televisión de Nueva Arcadia, La Entrada, departamento occidental de Copán (noreste de Honduras), fue asesinado por sicarios el 23 de octubre. Según el organismo estatal de derechos humanos en Honduras asesinaron a 73 periodista,desde 2003.

Osmin Antonio España Chávez, de 50 años, director de un programa de televisión del Canal 80 del departamento de Copán, occidente de Honduras, fue asesinado el miércoles 4 de octubre en la barriada Santa Rosa por cuatro sicarios.

Carlos William Flores, periodista del Canal local 22, fue asesinado por sicarios el 13 de septiembre en el departamento de Cortés, cerca de la frontera con Guatemala.

Víctor Fúnez, de 41 años, presentador del programa ‘Informe Nocturno’ del Canal 45, fue acribillado el 15 de junio en La Ceiba, al norte de Tegucigalpa.

Igor Abisaí Padilla Chávez, de 37 años, periodista de TV, fue asesinado a balazos el martes 17 de enero en San Pedro de Sula, norte de Honduras. La directora general de la UNESCO, Irina Bokova, denunció que "estos crímenes buscan desgarrar el tejido social".

 

México
 

Juan Jaimes Jaimes, periodista, locutor y docente y músico, desapareció por secuestro el 6 de junio de 2017. Llamado “Jonny Jaimes” era muy conocido por sus programas periodísticos y artísticos en "La Transmisora 92.9 FM" de Tlatlaya, Estado de México. Ésta es la desaparición forzada sin aclarar número 27 en México.

Luis Abraham González Contreras, fotógrafo de 31 años, desaparecido desde el 19 de diciembre fue hallado en un basurero de Chelem, Yucatán, informó Fapermex, la organización de los periodistas de México. "El cuerpo se encontró desmembrado en bolsas de plástico", explicó el dirigente Teodoro Rentería.

Gumaro Pérez Águilando, de 35 años, reportero, especialista en temas de seguridad, fue ejecutado el martes 19 de diciembre de 2017 en una escuela primaria de Acayucan, en el sur del estado Veracruz, donde asistía a un festival navideño en que participaba su hijo.

Juan Luis Lagunas Rosales, de 17 años, conocido youtuber de narco-temas del llamado Canal El Pirata de Culiacán, estado Sinaloa, fue asesinado al menos con 15 balazos la noche del 18 de diciembre en un bar de Tlaquepaque, Guadalajara, Jalisco. Medios atribuyen su asesinato a elementos del emergente cartel de Jalisco llamado New Generation, capitaneado por Nemesio Ocegera Cervantes, “El Mencho”, hoy uno de los principales narcotraficantes de México, considerado líder del cártel de Jalisco.

Cecilia Méndez, de 61 años, conductora de un programa de radio, fue asesinada el 16 de octubre en Guadalajara, estado de Jalisco, cuando un sicario le disparó a la cabeza mientras ella conducía su automóvil.

Ernesto Martínez Moreno, de 57 años, secretario general del Club de Periodistas de Acapulco, fue asesinado a balazos el 12 de octubre en Taxco, Guerrero, cuando se encontraba a las puertas de su casa en el centro de esa ciudad.

Edgar Daniel Esqueda Castro, de 23 años, fotoperiodista secuestrado por presuntos policía el 5 de octubre de 2017 en San Luis Potosí (400 km al norte de Ciudad de México), apareció asesinado la madrugada del 6 de octubre en la vía ferroviaria México-Laredo.

Javier Lucero, camarógrafo free-lance del desaparecido canal 10 de la Paz, Baja California, fue asesinado por sicarios el 30 de septiembre. Había recibido amenazas.

Juan Carlos Hernández Ríos, de 29 años, fotoperiodista del sitio de noticias La Bandera Noticias, fue asesinado la noche del martes 5 de septiembre por sicarios que lo aguardaban cuando llegó a su hogar en el municipio de Yuriria, estado de Guanajuato, según reportes de la prensa mexicana.

Cándido Ríos Vásquez murió acribillado el martes 22 de agosto en Covarrubias Hueyapan de Ocampo, en el sur de estado Veracruz, cerca de las viejas capitales petroleras de Coatzacoalcos y MinatRíos, según informa la prensa local e internacional, que lamentablemente omite la edad del trabajador de prensa asesinado.

Luciano Rivera Delgado fue asesinado de un disparo en la cabeza en la madrugada del lunes 31 de julio en la localidad Playas de Rosarito, en el norteño estado mexicano de Baja California, informó la Procuraduría General de Justicia (PGJBC) de ese estado. Rivera era conductor del noticiario CNR Noticias Canal 54 y dirigía la revista “Dictamen”, donde publicaba noticias sobre Rosarito y Tijuana.

Edwin Rivera Paz, de 28 años, hondureño refugiado en México, e4x director del programa periodístico “Los Verduleros”, que se transmite en San Pedro Sula, Honduras, fue acribillado el 9 de julio en el Barrio de San Diego de Acayucan, Veracruz, pese a estar protegido por Naciones Unidas, informaron las organizaciones del gremio periodístico de México, Fapermex y otras.

Pablo Martín Obregón, reportero, vocero del Nuevo Sistema de Justicia Penal Acusatorio, dependiente de la Secretaría de Gobierno, y ex corresponsal de Televisa en Chilpancingo y Acapulco, estado Guerrero, apareció muerto el 27 de junio en casa de una hermana. Las causas no fueron informadas por su familia.

Alejandro Zepeda Ortiz, de 27 años, camarógrafo del noticiario Núcleo Televisivo, que se transmite en el canal TVN de Ocosingo, estado Chiapas, el 26 de junio fue encontrado colgando de una viga en los estudios donde se trasmite el programa de noticias.

Salvador Adame Pardo, de 45 años, desaparecido desde el 18 de mayo de 2017 en Nueva Italia, Tierra Caliente, Michoacán, fue identificado a partir de restos calcinados según información policíaca difundida el 26 de junio.

Marcela de Jesús Natalia de la Cruz, de 54 años, locutora indígena de la etnia muzga de la Costa Chica del estado Guerrero, fue acribillada el 3 de junio en la cabecera municipal de Ometepec, cuando salía de su turno de locución en la Radio y Televisión de Guerrero (RTG).

Erik Ernesto Bolio López, de 23 años, egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación, operador productor del programa de radio por Internet “México Prioridad” y colaborador de la revista electrónica “Tierra Baldía”, fue acribillado el 29 de abril en un autobús de transporte urbano en la ciudad de Puebla.

Jonathan Rodríguez Córdova, de 26 años, reportero del semanario El Costeño de Autlán, fue abatido a balazos la tarde del lunes 15 de mayo en Autlán de Navarro, estado de Jalisco, al oeste del territorio de México, mientras se desplazaba en automóvil con su madre, Sonia Córdova Oceguera, subdirectora comercial de la revista donde laboraba el joven asesinado.

Javier Valdez Cárdenas, de 50 años, galardonado periodista y escritor, corresponsal del diario La Jornada y redactor del semanario estadal Ríodoce, fue asesinado por un pistolero al mediodía del lunes 15 de mayo en el centro de Culiacán, Sinaloa, a pocos metros de su trabajo, según reportan Felap-México, Fapermex y otras organizaciones del gremio periodístico.

Filiberto Álvarez Landeros, de 65 años, periodista y locutor de radio La Señal de Jojutla , fue asesinado por sicarios la noche de l 29 de abril en una calle de Tlaquiltenango, Morelos, tras terminar su programa Poemas y Cantares .

Juan José Roldán Ávila, de 36 años, comunicador y activista en favor de los derechos LGBTI, fue asesinado a golpes el 16 de abril en Calpulalpan, Tlaxcala, denunció la Unión de Periodistas de ese estado (UPET). El cadáver fue encontrado con signos de tortura en un predio agrícola.

Maximino Rodríguez Palacios, de 73 años, reportero de la sección policial del blog Colectivo Pericú de Baja California Sur, fue asesinado a balazos el 14 de abril (viernes santo) en La Paz, tras arribar a un centro comercial en compañía de su esposa minusválida Raquel Romo Medina, quien resultó ilesa.

Miroslava Breach Veducea, de 54 años, corresponsal de La Jornada en Chihuahua, fue asesinada el jueves 23 de marzo cuando llevaba a su hijo a la escuela. Según los periodistas mexicanos (Felap-México, Fapermex y otras organizaciones), con este asesinado suman 264 los homicidios cometidos desde 1983 por los enemigos de las libertades de prensa y expresión y sus esbirros. Éste ha sido el único asesinado aclarado con la captura de autores materiales e intelectuales.

Ricardo Monlui Cabrera, de 57 años, director de El Político, columnista de los periódicos locales El Sol de Córdoba y el Diario de Xalapa, y presidente de la Asociación de Periodistas y Reporteros Gráficos de Córdoba, fue asesinado a balazos el 19 de marzo, en Yanga, Veracruz, en presencia de su familia.

Cecilio Pineda Birto, de 39 años, director del diario La Voz de la Tierra Caliente y colaborador del periódico El Universal, fue asesinado el 2 marzo, en Ciudad Altamirano, Tierra Caliente, estado Guerrero.

Carlos Alberto García Martínez, de 41 años, cronista deportivo, locutor y administrador de ventas de Radiorama Colima, fue asesinado el 20 de febrero en el municipio de Tecomán, Colima, junto a su amigo de 18 años Hernán García Carranza.

 

Perú

Julio César Moisés Mesco, de 27 años, periodista de Ica, practicante del área de prensa de la municipalidad local, desapareció el 11 de febrero. Sus restos fueron hallados el 25 de febrero en el distrito Ocucaje.

José Feliciano Yactayo Rodríguez, de 55 años, periodista de televisión, natural de Huara, visto por última vez en el distrito limeño de San Luis y denunciado como desaparecido el 25 de febrero, fue encontrado mutilado el 3 de marzo dentro de una maleta en Andahuasi, 139 kilómetros al norte de Lima.

 
República Dominicana

Luis Manuel Medina Pérez, locutor, de la emisora 103.5 FM de San Pedro de Macorís, en el este de República Dominicana, fue asesinado el 14 de febrero por sicarios que irrumpieron en la radio mientras transmitían el programa informativo Milenio Caliente.

Leónidas Antonio Evangelista Martínez, periodista y director de la emisora 103.5 FM de San Pedro de Macorís, de República Dominicana, fue asesinado junto con Medina Pérez.

 

Venezuela:

Arnaldo Enrique Albornoz Bracho, de 34 años, “rostro” de la farándula venezolana, fue asesinado a tiros en las afueras de su domicilio en Caracas la madrugada del 15 de enero.

 

Nota:

Ciap-Felap registra todos los atentados a trabajadores de prensa de los que tenga conocimiento, procurando datos completos sobre identidad, edad, lugar y circunstancias del asesin ato, pero no tiene capacidad para hacer un seguimiento judicial de los móviles específicos de cada caso, ni verificar las interpretaciones, explicaciones o pseudo “investigaciones policíacas científicas”, a modo de ejemplo bastante frecuentes en las fuentes oficiales mexicanas. (Ernesto Carmona, presidente de Ciap-Felap).

 

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Greenwald y Keller

Recientemente el periodista Bill Keller, de The New York Times, retó a Glenn Greenwald, ex reportero del diario británico The Guardian que reveló las filtraciones de Edward Snowden. Cubadebate comparte con sus lectores esta extraordinaria esgrima verbal entre dos modelos de periodismo, texto que ha traducido el sitio Ventana Política, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.

 

Mucha de la especulación acerca del futuro de las noticias se centra en el modelo empresarial: ¿Cómo generaremos ingresos para pagar a quienes recopilan y difunden las noticias? Pero la prejudicial influencia del Internet da lugar a otras cuestiones profundas con respecto a lo que se está tornando el periodismo, a su carácter esencial y valores. La columna de esta semana es una conversación — una polémica (mayormente) civil — entre dos puntos de vista muy diferentes de cómo el periodismo lleva a cabo su misión.

 

Glenn Greenwald hizo público probablemente el mayor artículo periodístico del año, las revelaciones de Edward Snowden acerca del inmenso aparato de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional. Además, ha criticado abiertamente el tipo de periodismo que se practica en lugares como The New York Times, y ha abogado por un tipo de periodismo más activista, más parcial. A principios de este mes anunció que pasaba a formar parte de una nueva empresa periodística, con el apoyo del multimillonario de eBay, Pierre Omidyar, quien prometió invertir 250 millones de dólares y "tirar a la basura las viejas reglas." Yo invité a Greenwald a que se me sumara en un intercambio en línea acerca de lo que eso significa exactamente.

 

Estimado Glenn:

 

Llegamos al periodismo provenientes de diferentes tradiciones. Yo he pasado mi vida trabajando en periódicos que dan mucha importancia a la cobertura progresista pero imparcial, que esperan que reporteros y redactores se reserven sus opiniones a menos que se reubiquen (como lo hice yo) en las páginas identificadas claramente como la portada de opinión. Usted proviene de una tradición más activista — primero como abogado, luego como bloguero y columnista, y más recientemente como parte de una nueva empresa periodística independiente financiada por el fundador de eBay, Pierre Omidyar. Su redacción procede de un punto de vista expuesto claramente.

 

En un anuncio publicado por Reuters este verano, el crítico periodístico Jack Shafer celebró la tradición del periodismo parcial — "De Tom Paine a Glenn Greenwald" — y lo comparó a usted con lo que llamó "el ideal empresarial." No explicó la frase, pero no creo que la haya empleado de manera positiva. Henry Farrell, bloguero de The Washington Post, escribió más recientemente que publicaciones como The New York Times y The Guardian "tienen relaciones políticas con los gobiernos, por lo que temen publicar (y por ende validar) cierta clase de informaciones", y sugirió que su nuevo proyecto con Omidyar representaría un gran escape a tales relaciones.

 

Encuentro bastante que admirar en la historia estadounidense de periodistas defensores, que van desde los autores de panfletos hasta los sensacionalistas, hasta el Nuevo Periodismo de los 60 y hasta lo mejor de los blogueros activistas de la actualidad. En el mejor de los casos, su fortaleza y pasión han estimulado las verdaderas reformas (con frecuencia, como en la Era Progresista, gracias a las "relaciones políticas de los periodistas con los gobiernos"). Espero que la cobertura que usted ofreció acerca de la vigilancia hiperactiva de la Agencia Nacional de Seguridad conlleve a alguna responsabilidad inmediata.

 

Pero el tipo de periodismo que practican The Times y otras organizaciones de prensa convencionales — en el mejor de los casos — también incluye bastante de qué enorgullecerse, revelaciones desde Watergate hasta la tortura y las prisiones secretas para la malversación de la industria financiera, e incluso algunas revelaciones previas a las de Snowden acerca del abuso de autoridad de la Agencia de Seguridad Nacional. Esos son casos que saltan a la mente, pero usted encontrará ejemplos casi en cada reportaje diario. Los periodistas en esta tradición tienen muchas opiniones, pero dejarlas a un lado para seguir los hechos — como se supone que un juez en un tribunal aparte los prejuicios para seguir la ley y la evidencia — a menudo puede tener resultados más sustanciales y más creíbles. La prensa convencional ha tenido sus fracasos — episodios de credibilidad, equivalencia falsa, sensacionalismo y falta de atención — por los que hemos sido merecidamente azotados. Espero que usted diga: no han sido suficientemente azotados. Así que le paso el azote.

 

Estimado Bill:

 

No existe cuestión alguna en que los periodistas en las sedes de los medios de prensa, ciertamente incluyendo al The New York Times, hayan producido alguna cobertura extraordinaria en las últimas dos décadas. No pienso que alguien discuta que lo que se ha tornado (bastante recientemente) el modelo estándar para un reportero — ocultando las perspectivas subjetivas propias o lo que parecen ser "opiniones" — excluya al buen periodismo.

 

Pero asimismo este modelo ha generado mucho periodismo atroz y algunos hábitos tóxicos que debilitan la profesión. Un periodista que se aterrorice de salir a expresar cualquier opinión muchas veces estará libre de frases declaratorias con respecto a la verdad, optando en cambio por una formulación cobarde e inútil de "esto-es-lo-que-ambas-partes-dicen-y-yo-no-voy-a-resolver-los-conflictos". Esto recompensa la deshonestidad por parte de los funcionarios políticos y empresariales que saben que pueden confiar en periodistas "objetivos" para ampliar sus falsedades sin desafíos (por ejemplo, la cobertura se reduce a "X dice Y" en lugar de "X dice Y, y eso es falso").

 

Lo que es peor aún, esta coacción asfixiante con respecto a cómo se permite a los reporteros expresarse genera una forma de periodismo estéril que se torna tanto incapaz como aburrido. El no llamar tortura a la "tortura" porque funcionarios del gobierno exigen el empleo de un eufemismo más agradable, o el identificar perezosamente una afirmación cuya verdad es demostrable con una cuya falsedad se puede probar, priva al periodismo de su pasión, vigor, vitalidad y esencia.

 

Lo peor de todo es que este modelo se basa en una concepción falsa. Los seres humanos no son máquinas impulsadas por la objetividad. Todos nosotros de manera intrínseca percibimos y procesamos el mundo a través de prismas subjetivos. ¿Qué sentido tiene fingir lo contrario?

 

La distinción relevante no está entre los periodistas que tienen opiniones y los que no las tienen, porque esta última categoría es mítica. La distinción relevante está entre los periodistas que revelan honestamente sus suposiciones subjetivas y valores políticos y aquellos que de manera deshonesta fingen no tener ninguna o las ocultan de sus lectores.

 

Por otra parte, todo periodismo es una forma de activismo. Cada elección periodística necesariamente comprende suposiciones altamente subjetivas — de tipo cultural, político o nacionalista — y sirve a los intereses de una facción o de otra. El antiguo abogado del Departamento de Justicia de Bush, Jack Goldsmith, en el 2011 elogió lo que llamó "el patriotismo de la prensa estadounidense", refiriéndose a su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos, lo que pudiera (o no) ser una acción noble, pero definitivamente no es objetiva: es bastante subjetiva y clásicamente "activista."

 

Pero en última instancia, la única medida real del periodismo que debe importar es la exactitud y la fiabilidad. Yo personalmente creo que revelar honestamente en lugar de esconder nuestros valores subjetivos hace al periodismo más sincero y fidedigno. No obstante, ningún periodismo — del más "objetivo" desde el punto de vista estilístico al más descaradamente dogmático — posee ningún valor real si no se basa en hechos, evidencias, e información comprobable. La afirmación de que periodistas abiertamente dogmáticos son incapaces de producir un buen periodismo es absolutamente tan inválida como la afirmación de que la artificiosa forma de periodismo libre de perspectivas no puede hacerlo.

 

Estimado Glenn:

 

No los veo como reporteros fingiendo no tener opiniones. Los veo como reporteros, como una disciplina ocupacional, postergando sus opiniones y dejando que la evidencia hable por sí misma. Y lo que importa es que este no es sólo un ejercicio individual, sino una disciplina institucional, con redactores que tienen la tarea de desafiar a los escritores si han desestimado hechos o argumentos opuestos que los lectores pudieran querer saber.

 

Lo importante es que una vez que hayas declarado públicamente tus "suposiciones subjetivas y valores políticos", es la naturaleza humana querer defenderlos, y se torna tentador omitir o minimizar los hechos, o formular los argumentos de forma tal que apoyen el punto de vista que has declarado. Y algunos lectores, al saber que escribes desde la izquierda o la derecha, mirarán tu cobertura con justificada desconfianza. Por supuesto que lo podrían hacer de cualquier modo — pasando por alto cualquier cosa que lean porque aparezca en el "liberal" The New York Times — pero considero que la mayoría de los lectores confían más en nosotros porque sienten que hemos hecho la debida diligencia, y no sólo expuesto los argumentos. (Una vez vi una encuesta de opinión donde se preguntó a los lectores del The Times si consideraban que esta publicación era "liberal." La mayoría dijo que sí. Entonces les preguntaron si The Times era "imparcial." Una gran mayoría dijo que sí. Supongo que puedo vivir con eso). En estos momentos trabajo en el campo de la opinión, pero como reportero y redactor de noticias he definido mi trabajo no cómo decir a los lectores lo que pienso, o decirles lo que deben creer, sino decirles lo que necesitan saber para decidir por ellos mismos. Usted está en lo cierto, por supuesto, con respecto a que algunas veces los resultados de ese proceso son menos emocionantes que una fuerte polémica.

 

En ocasiones el juego limpio se convierte en equivalencia falsa, o se percibe como un eufemismo. Pero es simplista decir, por ejemplo, a menos que utilice la palabra "tortura", que usted ha fracasado ante una prueba de coraje, o que encubre al diablo. Claro que considero el waterboarding (ahogamiento simulado) una tortura. Pero si un periodista me ofrece una descripción vívida delwaterboarding, observa la larga línea de regímenes monstruosos que lo han practicado, y luego expone el debate legal en cuanto a si se viola un estatuto o acuerdo internacional específico, no me interesa si emplea la palabra o no. Yo estoy contento — y completamente equipado — para sacar mis propias conclusiones.

 

Si Jack Goldsmith, antiguo abogado de la administración de Bush, hubiera elogiado a la prensa estadounidense, citando las propias palabras que usted emplea, por "su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos", entonces yo estaría fuertemente en desacuerdo con él. Nosotros hemos publicado muchos artículos que desafiaron las políticas e intereses declarados por el gobierno. Pero eso no es exactamente lo que dice Goldsmith. Él plantea que The Times y otros medios de difusión importantes toman seriamente en cuenta los argumentos de que publicar algo perjudicará la seguridad nacional — lo que podría significar que alguien resultara asesinado. Eso es verdad. Nosotros escuchamos con respeto tales afirmaciones, y luego tomamos nuestras propias decisiones. Si no estamos convencidos, en ocasiones publicamos a pesar de las fuertes objeciones del gobierno. Si estamos convencidos, esperamos o no damos a conocer detalles. La primera vez que me enfrenté a una decisión de esa índole fue en 1997 cuando era redactor extranjero, y un reportero aprendió de un conflicto entre Rusia y Georgia, antigua república soviética, qué hacer con un alijo de uranio altamente enriquecido dejado atrás luego de la desintegración de la Unión Soviética. El conflicto fue una noticia interesante. Pero cuando el reportero verificó resultó ser que el arsenal estaba completamente sin protección, a disposición de cualquier terrorista que quisiera fabricar una sucia bomba. Nos pidieron reservarnos el artículo hasta que se cercara y resguardara el material — y así lo hicimos. No fue una decisión difícil.

 

¿Entonces cuál sería su política con respecto a publicar información que algunos consideran pone en peligro la seguridad nacional? (Comprendo que esta no es una pregunta totalmente hipotética). ¿Usted les permitiría al menos tratar de exponer los argumentos?

 

Estimado Bill:

 

¿Por qué esos reporteros que ocultan sus opiniones habrían de estar menos tentados por la naturaleza humana a manipular su cobertura que aquellos que son honestos en cuanto a sus opiniones? En todo caso, ocultar sus puntos de vista, le ofrece a un reportero más libertad para manipular su cobertura puesto que el lector desconoce esos pareceres ocultos y por ende le es imposible tomarlos en consideración.

 

Por ejemplo, yo desconocía hasta bien transcurrido el hecho, de que John Burns [corresponsal del Times] ocultó algunas opiniones bastante favorables acerca del ataque a Irak. Él no solo admitió en el 2010 y 2011 que no logró anticipar la matanza y destrucción masiva que ocasionaría la invasión, sino que además consideró a los soldados invasores de los Estados Unidos como "ángeles del Señor" y "libertadores." ¿Eso lo hace ser un activista en lugar de un periodista? Yo no lo creo. Sin embargo, como lector, realmente desearía haber conocido sus opiniones ocultas en el momento que reportaba acerca de la guerra para haber podido tomarlas en consideración.

 

Pienso que es muy difícil argüir que el tono aparentemente "objetivo" exigido por los grandes medios de comunicación eleve la confianza pública, dada la tan baja estima que le merecen al público esas instituciones del sector de los medios de comunicación. Mucho más allá de las preocupaciones relativas a la parcialidad ideológica, el fracaso de la credibilidad de los medios de comunicación es el resultado de cosas tales como el apoyo al gobierno de los Estados Unidos a divulgar falsedades que originaron la guerra en Irak, y de manera más general, la sumisión ciega al poder político: patologías exacerbadas por la prohibición de noticias concernientes al esclarecimiento de cualquier afirmación declaratoria relacionada con las palabras y acciones de funcionarios políticos por miedo a que se nos acuse de ser imparciales.

 

En cuanto a tomar en cuenta los peligros que existen para las vidas inocentes antes de la publicación: nadie cuestiona que los periodistas deben hacerlo. No obstante, no le concedo un valor agregado a las vidas de estadounidenses inocentes en comparación con las vidas de individuos inocentes no estadounidenses, ni sentiría especial lealtad por el gobierno de los Estados Unidos con respecto a otros gobiernos a la hora de decidir qué publicar. Cuando Goldsmith elogió el "patriotismo" de los medios de difusión estadounidenses, quiso decir que los medios informativos de este país profesan especial lealtad a las opiniones e intereses del gobierno de los Estados Unidos.

 

Supongo que uno puede argumentar que así es como debe ser. Pero cualquiera que sea el modo de pensar, ciertamente no es "objetivo". Es nacionalista, subjetivo y activista, lo que es mi cuestión principal: todo periodismo es subjetivo y una forma de activismo, incluso si se intenta fingir que no lo es.

 

No tengo ninguna objeción con respecto al proceso mediante el cual se permite a la Casa Blanca hacer aportes antes de la publicación de secretos confidenciales.

 

En efecto, WikiLeaks, defensor de la transparencia radical transparencia, fue a la Casa Blanca y solicitó orientación antes de publicar los diarios de guerra de Iraq y Afganistán, pero la Casa Blanca se negóa responder, y entonces tuvo la osadía de criticar a WikiLeaks por publicar materiales que se dice deberían no ser revelados. Ese proceso previo a la publicación es tanto razonable desde el punto de vista periodístico (los periodistas deben obtener la mayor cantidad de información relevante que les sea posible antes de tomar decisiones de publicación) y sensato desde el punto de vista legal (todo abogado de la Ley de Espionaje dirá que tal consulta puede ayudar a demostrar la intención periodística a la hora de publicar dichos materiales). Para todas las coberturas de la Agencia Nacional de Seguridad que he hecho — no sólo para The Guardian sino para los medios de difusión de todo el mundo — los redactores han notificado a la Casa Blanca antes de proceder a su publicación (aunque en la inmensa, inmensa mayoría de los casos, no se tuvieron en cuenta sus exigencias de omitir información por falta de razones específicas en favor de tales supresiones).

 

Mi objeción no es con respecto a ese proceso como tal, sino a instancias específicas que conllevan a la supresión de información que debe hacerse pública. Sin rencor intencionado, considero que la decisión del The Times en el 2004 de no sacar a la luz el artículo de Risen/Lichtblau de la Agencia de Seguridad Nacional a solicitud de la Casa Blanca de Bush fue uno de los casos más atroces de esa índole, pero existen muchos otros.

 

En esencia, veo el valor del periodismo sobre la base de una misión que comprende dos aspectos: proporcionar al público una información fiel y de vital importancia, y su capacidad única de realizar una verificación verdaderamente confrontacional a quienes están en el poder. Cualquier reglamento no escrito que afecte alguno de esos dos flancos es el que considero como una antítesis al verdadero periodismo y no se debe tomar en cuenta.

 

Estimado Glenn:

 

"Nacionalista," la palabra que usted utiliza para referirse al "modo de pensar" de la prensa estadounidense, es una marca que lleva cierta carga repugnante. Es el lado oscuro de la palabra "patriótico" (igualmente superficial). Sugiere lealtad ciega y chovinismo. Supongo que no lo usa por casualidad. Y yo por casualidad tampoco lo puedo dejar así.

 

The New York Timeses global cuando se trata de recopilación de noticias (31 oficinas fuera de los Estados Unidos), de su plantilla (de entrada, nuestro funcionario ejecutivo principal es británico) y especialmente de su público. Pero es, desde sus orígenes, una empresa estadounidense. Esa identidad conlleva a beneficios y a obligaciones. Los beneficios incluyen una constitución y una cultura que, en comparación con la mayor parte del mundo, favorece la libertad de prensa. (Es por tal razón que los editores suyos en The Guardian se nos han acercado en más de una ocasión para asociarnos en empresas periodísticas delicadas — buscando refugio de la Ley de Secretos Oficiales de Gran Bretaña al amparo de nuestra Primera Enmienda). Las obligaciones incluyen, ante todo, imputar la responsabilidad al gobierno cuando viole nuestras leyes, falte a nuestros valores, o no logre estar a la altura de sus responsabilidades. Hemos consumido una gran energía periodística al poner a la luz la corrupción y opresión en otros países, pero la responsabilidad comienza en casa.

 

Como cualquier empeño de los seres humanos, el nuestro no es perfecto, y algunas veces decepcionamos. Los críticos de la izquierda, incluyéndolo a usted, se indignaron al saber que mantuvimos en secreto el artículo de la escucha clandestina de la Agencia de Seguridad Nacional por más de un año, hasta tanto estuve satisfecho de que el interés público pesara más que cualquier posible daño a la seguridad nacional. Los críticos de la derecha se enfurecieron aún más cuando publicamos en el 2005. Las personas honorables pudieran estar en desacuerdo con tales decisiones de publicar o no publicar. Pero esas opiniones fueron el resultado de un cálculo largo, difícil e independiente, de sopesar riesgos y responsabilidades, no por "lealtad al gobierno de los Estados Unidos."

 

A propósito, ya que menciona a WikiLeaks, una de nuestras principales preocupaciones al convertir esos documentos en artículos periodísticos en el 2010 era evitar poner en peligro a informantes inocentes — no a estadounidenses, sino a disidentes, eruditos, defensores de los derechos humanos o civiles corrientes cuyos nombres se mencionaron en los cables clasificados desde puestos de avanzada extranjeros. La actitud de WikiLeaks con respecto a ese asunto fue una cruel indiferencia. Según David Leigh, investigador del The Guardian a cargo de ese artículo, Julian Assange dijo: "si los matan, se lo merecen." (Assange niega haberlo dicho, pero la trayectoria de David Leigh le da bastante credibilidad). El ejecutivo de Google Eric Schmidt dijo que Assange le había comentado que hubiera preferido que no hubiera redacciones. En varias ocasiones he dicho que Julian Assange y WikiLeaks deben tener derecho a la misma libertad de prensa que The New York Times. Pero no finjamos que tienen el mismo sentido de responsabilidad.
¿Un nuevo asunto?

 

Pierre Omidyar, su nuevo empleador, cree que ha visto el futuro del periodismo, y que se parece a usted. En una entrevista para la NPR (Radio Nacional Pública), Omidyar dijo que "la confianza en las instituciones está disminuyendo" y ahora el "público quiere relacionarse con personalidades". Por eso está creando una constelación de estrellas, solistas "llenos de pasión" e investigadores defensores. Sé que usted no habla por Omidyar, pero tengo algunas interrogantes acerca de cómo usted ve este nuevo mundo.

 

En primer lugar, se ha vuelto un cliché de nuestro negocio/profesión/oficio que los periodistas se forjen como "marcas" individuales. Sin embargo, el periodismo — en particular la materia más difícil, como lo es el periodismo investigativo — se beneficia inmensamente del apoyo institucional, incluyendo a un personal técnico que sabe cómo aprovechar al máximo una base de datos, redactores y verificadores de hechos que enriquecen los artículos, diseñadores gráficos que ayudan a complicar los temas comprensibles y, no menos importantes, abogados quienes están sumidos en la libertad-de-información y en la ley de la Primera Enmienda. En la cobertura de Snowden, usted trabajó dentro de la estructura institucional del The Guardian y, por un tiempecito, del The Times. ¿Entonces qué tiene de diferente la nueva empresa? ¿Será solamente una institución periodística con otro nombre?

 

En Segundo lugar, en una entrevista con mi viejo amigo David Cay Johnston usted dijo que la cobertura de los gobiernos y de otras grandes instituciones está próxima a cambiar de manera radical debido a la omnipresencia del contenido digital. Los gobiernos y negocios dependen de inmensos tesoros de información. Todo lo que se necesita, según usted, es acceso y una conciencia atribulada para crear a un Edward Snowden o a un Bradley Manning. No obstante, me parece que se necesita algo más: una voluntad de arriesgarlo todo. Manning está cumpliendo 35 años de condena en prisión por las revelaciones en WikiLeaks, y Snowden se enfrenta a una vida en el exilio. Las mismas herramientas digitales que facilitan el leak (filtración de información) a su vez hacen difícil que puedas evitar que no te agarren. Esa es una razón por la que a mi entender la abrumadora preponderancia de la cobertura investigativa aún viene tras reporteros que cultivan fuentes confiables durante meses o años, no de aquellos con acceso a información confidencial que de repente deciden confiar un dispositivo portátil de almacenamiento lleno de secretos a alguien que no conocen. ¿En verdad cree usted que Snowden y Manning representan el futuro del periodismo investigativo?

 

Y, en tercer lugar, ¿será lo Nuevo de Pierre Omidyar una monocultura política, o espera usted que haya otros Glenn Greenwalds de la derecha a bordo?

 

De vuelta a usted.

 

Estimado Bill:

 

Para entender lo que quiero decir con "nacionalista," examinemos el ejemplo que hemos discutido: la no utilización de la palabra "tortura" por parte del The New York Times para describir las técnicas de interrogatorio de la era de Bush. Usted dice que el empleo de esta palabra es innecesario puesto que usted describió las técnicas de manera detallada. Eso está bien: pero The New York Times (junto con otros medios de comunicación) sí usó la palabra "tortura" sin reservas para referirse a las mismas técnicas — al ser empleadas por países que son adversarios de los Estados Unidos. A eso es a lo que me refiero con "nacionalismo": a tomar decisiones periodísticas para conducir y promover los intereses del gobierno estadounidense.

 

No me refiero al término despectivamente (al menos no de forma absoluta), sólo de manera descriptiva, lo que demuestra que todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo.

 

En lo que concierne a la diferencia entre WikiLeaks y The New York Times: The Guardian (conjuntamente con The New York Times) tiene una amarga y prolongada enemistad con Assange (ahora que ya han sacado provecho de sus documentos), así que yo personalmente no asumiría su inherente credibilidad en conflictos relacionados con lo que se dijo o no en privado. Sobre la base de todo lo que he visto, ni Assange ni WikiLeaks tienen el más remoto deseo de poner en peligro a personas inocentes. Más bien lo contrario: ellos han tratado diligentemente de redactar nombres de inocentes, y enviarlos a la Casa Blanca para sus aportes antes de la publicación (lo que fue injustificadamente negado). Además, la única vez que se hizo público un inmenso tesoro de documentos no editados fue, irónicamente, cuando el periodista que usted mencionó (no uno relacionado con WikiLeaks) publicó la contraseña del archivo en su libro.

 

No obstante, en un sentido más amplio: incluso si uno fuera a asumir como argumento que la transparencia más agresiva de WikiLeaks pudiera ocasionalmente traducirse en revelaciones excesivas (proposición que rechazo), la postura más amigable al gobierno por parte de The New York Times y de medios de prensa similares con frecuencia genera su propio periodismo bastante perjudicial. No fue WikiLeaks quien lavó afirmaciones oficiales falsas con respecto a las armas de destrucción masiva de Saddam y a la alianza con Al Qaeda en su primera página bajo la capa de "noticias" para ayudar a comenzar una guerra atroz. No es WikiLeaks quien de manera habitual ofrece anonimato a funcionarios de los Estados Unidos para permitirles divulgar mitologías que exaltan a los dirigentes o calumnias bastante tóxicas de los detractores del gobierno sin ninguna responsabilidad.

 

No es WikiLeaks quien estampa acusaciones increíblemente incendiarias acerca de aquellos estadounidenses que denuncian la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización sin la más mínima evidencia. Y no fue WikiLeaks el que permitió al pueblo de los Estados Unidos reelegir a George Bush mientras sabía, pero ocultaba, que él escuchaba sus conversaciones a escondidas exactamente de la misma manera en que lo prohibía el derecho penal.

 

En cuanto a la nueva empresa que estamos creando con Pierre Omidyar: aún estamos ideando cómo será, cómo estará estructurada y demás, así que mi capacidad para dar respuesta a algunas de sus preguntas es limitada. No obstante, puedo abordar varias cuestiones que plantea.

 

Somos de la absoluta opinión que redactores fuertes y experimentados son vitales para el buen periodismo, y es nuestra intención tener muchos de ellos. Es necesario que los redactores garanticen el mayor nivel de fidelidad factual, verifiquen las afirmaciones claves, y ayuden a los periodistas a tomar decisiones que eviten perjudicar a inocentes.

 

Pero no necesitan imponer reglas estilísticas obsoletas, ni apagar la voz y pasión exclusivas de los periodistas, ni impedir ningún tipo de afirmación declaratoria cuando funcionarios de alto nivel recurren a evasivas, o exigen eufemismos solicitados por el gobierno en lugar de aclarar los términos según los hechos, o confieren una categoría superior a las declaraciones oficiales o exigencias oficiales de supresión. En resumen, los redactores deben estar ahí para facultar y posibilitar al periodismo acusatorio agresivo, fuerte y altamente factual, no para servir de control en aras de neutralizar o suprimir el periodismo.

 

Intentamos abordar las afirmaciones de las más poderosas facciones con escepticismo, no con reverencia. Las aseveraciones oficiales son nuestro punto de partida para investigar ("El funcionario A dijo X, Y y Z hoy: ahora veamos si esa es la verdad"), no la pura verdad sobre la que versa la creación de nuestros relatos ("X, Y y Z, dice el funcionario A").

 

En lo que a las fuentes respecta, en verdad no entiendo la distinción que usted cree que existe entre Snowden y fuentes más tradicionales.

 

Snowden acudió a periodistas que trabajan para periódicos entre los más respetados del mundo. Los "dispositivos portátiles de almacenamiento" no nos caían simplemente del cielo: trabajamos por un tiempo bastante prolongado para establecer una relación de confianza y desarrollar un marco que nos permita informar sobre estos materiales. ¿En qué difiere eso de la decisión de Daniel Ellsberg de llevar los Papeles del Pentágono al The Times a principios de 1970?

 

Habiendo dicho todo esto, usted menciona un asunto interesante e importante con respecto a los riesgos para las fuentes. Pero no sólo personas como Manning y Snowden enfrentan acusaciones y prolongados períodos en prisión. Estadounidenses que acudieron a medios de comunicación más tradicionales para denunciar la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización — como Tom Drake y Jeffery Sterling — también enfrentan cargos por delitos graves ante una administración que, como dijo el antiguo consejero jurídico general de su diario, James Goodale, se ha mostrado más vengativa al atacar el proceso de recopilación de noticias que cualquiera desde Richard Nixon.

 

E incluso periodistas en este proceso, como el galardonado con el Premio Pulitzer de su diario, Jim Risen, enfrenta la real amenaza de ir a prisión.

 

La situación de miedo que se ha generado de manera deliberada significa que, como plantea Jane Mayer del The New Yorker, el proceso de recopilación de noticias ha llegado a un "punto muerto." Muchos reporteros de seguridad nacional del Times, tales como Scott Shane, han emitido similares advertencias: que en estos momentos las fuentes temen usar los medios tradicionales de trabajo con los reporteros a causa de la agresividad de la administración de Obama. Obviamente, la vigilancia omnipresente exacerba en gran medida este problema, puesto que la recopilación de todos los metadatos imposibilita casi totalmente la comunicación entre una fuente y un periodista sin conocimiento del gobierno.

 

Entonces sí: conjuntamente con las nuevas tecnologías para aumentar la privacidad, yo sí pienso que denunciantes valientes e innovadores como Manning y Snowden son de crucial importancia para abrir en alguna medida esta oscuridad y ofrecer algo de luz. El denunciar los actos negativos del gobierno llevados a cabo en secreto no debiera traer aparejado un coraje extremo y la voluntad de ir a prisión por décadas o incluso de por vida. Sin embargo, así es. Y ese constituye un inmenso problema para la democracia, que todos los periodistas deberían combatir de conjunto. La reclamación de las libertades básicas de prensa en los Estados Unidos constituye un impulso importante para nuestra nueva empresa.

 

Acerca de si nuestra nueva empresa estará ideológicamente homogeneizada: la respuesta es "sin dudas no." Damos la bienvenida y aceptamos a quienquiera que se dedique al verdadero periodismo acusatorio sin tener en cuenta dónde se clasifique en el espectro político, y si ha estado hablando con periodistas conservadores así: verdaderos conservadores, no la interpretación de "conservadores" de la Costa Oriental como es el caso de David Brooks.

 

La ideología que nos impulsa es el periodismo de responsabilidad basado en una rigurosa fidelidad factual.

 

Estimado Glenn:

 

Su aparente desdén por David Brooks es revelador. Supongo que lo que lo descalifica de la categoría que usted propone de "verdaderos conservadores" es que él pone la razón por encima de la pasión y en ocasiones encuentra una confluencia. De la misma forma en que Lenin despreciaba a los liberales, en que el Tea Party se resiste a los republicanos moderados, así mismo usted parece reservar su desdén más perspicaz para la moderación, para el compromiso. Eche un vistazo al Washington de hoy y dígame cómo está resultando.

 

Estamos de acuerdo, por supuesto, en que el afecto de la actual administración por la Ley de Espionaje y la disposición de apresar a reporteros que protegen a sus fuentes ha generado un clima hostil para todo tipo de cobertura investigativa. Concordamos en que eso es deplorable y perjudicial para la democracia.

 

También existen otras cosas en las que coincidimos, pero no se suponía que este intercambio fuera para encontrar nuestros puntos comunes, así que antes de cerrar me gustaría volver una vez más a lo que considero es nuestro desacuerdo fundamental.

 

Usted insiste en que "todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo." Y por ende, no tiene sentido tratar de ser imparcial. (Evito la palabra "objetivo," que sugiere un perfecto estado mítico de la verdad). Es más, caso tras caso, donde participan los medios convencionales, usted, Glenn Greenwald, está convencido de que sabe lo que es controlar ese "grupo de intereses". Nada es tan inocente como el sentido de juego limpio o la determinación de dejar que el lector decida; debe ser alguna fidelidad servil a fuerzas políticas poderosas.

 

A mi juicio, la imparcialidad es una aspiración que vale la pena en el periodismo, incluso cuando no se alcance totalmente. Entiendo que en la mayoría de los casos te acerca a la verdad, porque impone una disciplina de verificar todas las suposiciones, incluyendo en gran medida las propias. Esa disciplina no llega de manera natural. Considero que el periodismo que comienza desde una predisposición declarada en público es menos propenso a encontrar la verdad, y tiene menos posibilidades de convencer a los que ya no están convencidos. (Evidencia A: cadena de noticias Fox News). Y sí, los escritores son más propensos a manipular la evidencia para sostener un punto de vista declarado que uno mantenido en privado, porque el orgullo está en riesgo.

 

Usted señala acertadamente que esta búsqueda de la justicia es un principio relativamente nuevo en el periodismo estadounidense. Un lector no tiene que retroceder mucho en los archivos — incluidos los archivos de este periódico — para hallar el tipo de periodismo abiertamente dogmático que usted aprueba. Tiene el "alma" que usted ansía. Pero para un oído moderno, a menudo suena sermoneador, y sospechoso.

 

A mi entender, la necesidad de un periodismo imparcial es más grande de lo que alguna vez fue, porque hoy vivimos en un mundo de medios de difusión basados en afinidad, donde los ciudadanos pueden construir, y lo hacen, cámaras de ecos de sus propias creencias. En general, es demasiado fácil sentirse "informado" sin nunca toparse con información que desafíe nuestros prejuicios.

 

Hace poco usted señalaba que las encuestas demuestran una mala opinión del público estadounidense con respecto a los medios informativos. Afirmó — considero sobre la base de ninguna evidencia — que esta estima en decadencia es el resultado de la "sumisión ciega al poder político." ¿En serio? Me parece más verosímil que el menoscabo del respeto por los medios de comunicación de los Estados Unidos — categoría que incluye todo desde mi periódico, hasta el USA Today, el Rush Limbaugh, el National Enquirer, y los noticieros locales que se basan en noticias sensacionalistas — se explica por el hecho de que mucho de él es trivial, superficial, sensacionalista, redundante y, sí, ideológico y polémico.

 

Le ofrezco la última palabra, y entonces podemos dar paso a los usuarios, en caso de que alguno haya llegado hasta aquí.

 

Glenn, le deseo suerte en la nueva empresa, y espero que inspire a más multimillonarios a invertir dinero en el periodismo. Si me permite darle un consejo no solicitado. Hay muy poco de lo que usted ha mencionado en este intercambio que no se haya dicho antes en las páginas del The Times, aunque en un lenguaje menos cargado. La autocrítica y la corrección, de las cuales poseo gran experiencia, no son divertidas, pero son tan saludables para el periodismo como la independencia, y constituyen una reverencia a la verdad. La humildad es tan querida como la pasión. Así que mi consejo es: Aprenda a decir: "Estábamos equivocados."

 

Estimado Bill:

 

Sólo me restan un par de asuntos rápidos para concluir.

 

Mi "desdén" por David Brooks se basa en los años que lleva animando la guerra extrema y la veneración de una clase política de élite que ha generado poco más que un lamentable fracaso y corrupción. No veo en lo absoluto nada de moderado en él. Yo sólo señalaba que si usted quiere enorgullecerse de contratar a conservadores para que escriban en su periódico, mal puede él representar tal movimiento.

 

Pienso que existe algún juego semántico en la forma que escoge para resumir nuestro debate. Mi visión del periodismo sin lugar a dudas requiere tanto justicia como una adhesión rigurosa a los hechos. No obstante, entiendo que esos valores se promueven siendo honestos acerca de nuestras propias perspectivas y suposiciones subjetivas en lugar de asumir un tono de todo-lo-sabe, de neutralidad que da a entender equivocadamente que los periodistas residen más allá de los puntos de vista normales y de las lealtades a las facciones que plagan al no periodista y al "activista" pavoroso.

 

Arraigado a la perspectiva institucional y a las metodologías para hacer reportajes del The New York Times existen todo tipo de suposiciones políticas y culturales bastante discutibles y subjetivas acerca del mundo. Y salvo algunas nobles excepciones, The Times, por diseño o de cualquier otra forma, ha servido por mucho tiempo a los intereses del mismo grupo de facciones poderosas y de élite. Su manera de reportar no es menos "activista," subjetiva o motivada por las opiniones que las nuevas voces de los medios de comunicación que desdeña en ocasiones con condescendencia.

 

Gracias por sus mejores deseos y por el intercambio que exhorta a la reflexión. Se lo agradezco.

Publicado enInternacional
Sábado, 28 Abril 2012 17:42

La explosión del periodismo

El planeta Medios vive una conmación de intensidad nunca antes conocida. El impacto del meteorito internet, comparable al que hizo desaparecer a los dinosaurio, provoca un cambio radical del ecosistema mediático. De su mano, la digitalización del mundo tranforma a gran velocidad el biotipo informacional.

Esta tesis, sin duda sugestiva, invita a leer la presente obra con total dedicación y mente abierta, para ahondar y comprender las particularidades de un mundo en transformación que le abre grandes posibilidades al conjunto social, que deja ser –en el mundo de las comunicaciones– un simple espectador y consumidor para transformarse en actor de primer orden.



La explosión del periodismo

Internet pone en jaque a los medios tradicionales

Ignacio Ramonet


Índice

Prólogo
Un cambio de ecosistema

Capítulo 1

Una crisis de identidad 
El triunfo del amateur 
Entender lo que está pasando
De los “medios-sol” a los “medios-polvo” 
¿El fin del Blu-ray?
Un panorama chernobylizado
Newsweek vendido por 1 dólar…
Adaptarse o morir
Periodistas exprimidos
¿El fin de los reportajes?
Los nuevos galeotes de la información

Capítulo 2


Erosión de la credibilidad de los medios
Excesiva concentración
“Ideas sanas”
Endogamia político-mediática
La censura democrática
La muerte del “cuarto poder”
Una única esfera
Una materia prima estratégica
Guerras mediáticas
El aparato ideológico de la globalización
Información contaminada

Capítulo 3

“Mentirosos compulsivos” 
Intoxicación sobre Irak 
La estatua de Saddam 
El caso Kelly 
El caso Valerie Plame
Al borde del precipicio 

Capítulo 4

Innovaciones y éxitos
Periodismo sin ánimo de lucro
The Huffington Post
Politico.com
Periodismo de base de datos

Capítulo 5

WikiLeaks
El caso del Probo Koala
¡Gracias Twitter!
Asesinato colateral
Julian Assange demonizado
Al servicio del interés público
Lo primero, no perjudicar
Democracias que mienten
La excepción tunecina
Proteger las fuentes
El caso Sherrod
Perjuicios devastadores

Capítulo 6

¿Hacia qué modelo de rentabilidad vamos?
El muro del pago
El iPad, ¿la panacea?
La información automática
Información “low cost”
“Granjas de contenidos”
Pagados por clic
El caso de Le Journal de Montréal 
¿Audiencia o fiabilidad? 
Inseguridad informativa

Capítulo 7

¿Sobrevivirán los diarios? 
Los aviones no sustituyen a los barcos
El éxito de Die Zeit
Algunas webs de consulta

Formato: 13,5 x 20,5 cm - 140 páginas
Peso: 155 gr. - P.V.P.: $ 24.000
Edición 2012

Para comprar
Reporteros de guerra: la verdad incómoda
Se necesitó mucho valor para entrar en Homs; Sky News, luego la BBC, luego unos cuantos hombres y mujeres valientes que fueron a contar al mundo las angustias de la ciudad, mismas que, al menos en dos casos, ellos sufrieron en carne propia. Sin embargo, apenas esta semana pude reflexionar en lo bien que llegamos a conocer el nombre del indomable fotógrafo británico herido, Paulo Conroy, y en cambio qué poco sabemos de los 13 voluntarios sirios que al parecer fueron abatidos por francotiradores y proyectiles cuando iban a rescatarlo. No es culpa de Conroy, por supuesto. Pero me pregunto si conocíamos los nombres de esos mártires, o si siquiera intentamos descubrirlos.

Hay un tinte ligeramente colonialista en todo esto. Nos hemos acostumbrado tanto al desenfadado heroísmo de la versión cinematográfica de los corresponsales de guerra, que de algún modo se han vuelto más importantes que las personas de las que informan. Se supone que Hemingway liberó a París –o por lo menos el bar de Harry–, pero, ¿habrá un solo lector que recuerde el nombre de un francés que haya muerto liberando a París? Recuerdo a mi intrépido colega de la televisión Terry Lloyd, muerto por los estadunidenses en Irak en 2003, pero, ¿quién puede nombrar a uno del cuarto de millón de iraquíes muertos a consecuencia de la invasión (aparte de Saddam Hussein, claro)? El corresponsal de Al Jazeera en Bagdad fue abatido por un ataque estadunidense a la capital iraní ese mismo año. Pero, levante la mano el que recuerde su nombre. Respuesta: Tareq Ayoub. Era palestino; yo estuve con él el día anterior.

La chamarra antibalas se ha vuelto el símbolo de casi todo reportero de televisión en una guerra. No tengo nada contra esas chamarras; en Bosnia usé una. Pero cada vez me incomodan más esos reporteros en sus trajes espaciales azules, parados en medio de las víctimas de la guerra a las que entrevistan y que no gozan de tal protección. Sé que las aseguradoras insisten en que los corresponsales y técnicos lleven esos atuendos, pero en las calles se da una impresión distinta: que de alguna manera las vidas de los reporteros de Occidente son más preciosas, más meritorias, tienen más valor intrínseco que las de los civiles extranjeros que sufren a su alrededor. Hace años, durante una batalla en Beirut, un periodista de televisión que llevaba uno de esos envoltorios de acero de 60 kilos me pidió que me pusiera uno mientras me entrevistaba. Me negué, así que no hubo entrevista.

Un fenómeno igualmente incómodo apareció hace 15 años. ¿Cómo soportan los reporteros la guerra? ¿Deben recibir consejo profesional por sus terribles experiencias? ¿Deben buscar un cierre? La Press Gazette me pidió un comentario; decliné la petición. El artículo que publicaron volvía una y otra vez sobre los traumas que sufren los periodistas, y luego daba a entender que los que desechan la ayuda sicológica son alcohólicos. O perorata sicológica o botella de ginebra, no había de otra. La terrible verdad, desde luego, es que los periodistas pueden volar a casa si las cosas se ponen rudas, en primera clase, con un vaso de vino espumoso en la mano. La pobre gente sin chaleco que dejan detrás –con pasaporte de parias, sin visas extranjeras, tratando desesperadamente de evitar que el baño de sangre salpique a sus vulnerables familias– es la que necesita ayuda.

El romanticismo asociado a los reporteros de guerra quedó en evidencia en el preludio a la guerra del Golfo, en 1991. Toda suerte de periodistas extranjeros llegaron a Arabia Saudita con arreos militares. Un estadunidense hasta llevaba botas camufladas con hojas pintadas, aunque basta una ojeada al desierto para darse cuenta de la ausencia de árboles. Extrañamente, descubrí que en la soledad del desierto real muchos soldados de verdad, en especial infantes de marina estadunidenses, escribían diarios de sus experiencias y hasta me los ofrecían para publicarlos. Los reporteros, al parecer, querían ser soldados, y los soldados querían querían ser reporteros.
Esta curiosa simbiosis queda de manifiesto cuando los reporteros de guerra hablan de su experiencia de combate. Hace tres años, en una universidad estadunidense, tuve el placer de escuchar a tres veteranos de la guerra en Irak y Afganistán imprecar a un periodista que usó esa frase espantosa. “Disculpe, señor –le dijo uno con cortesía–, usted no ha tenido ‘experiencia de combate’; usted tuvo ‘exposición al combate’. No es lo mismo.” El veterano entendía el poder del desdén sereno: no tenía piernas.

Todos hemos sido víctimas de esos reporteros que claman Observé con horror / Proyectiles que pasaban chirriando / Me detuvo el fuego de proyectiles-ametralladoras-francotiradores. Sospecho que recurrí a eso allá en Irlanda del Norte, a principios de los años 70. Sin duda lo hice en el sur de Líbano a finales de esa década. Me da vergüenza.

Si bien damos testimonio personal de la guerra –frase que también me causa incomodidad–, esa especie de Diario del Muchacho Valiente es un signo de fanfarronería. James Cameron lo captó bien en la guerra de Corea. Cuando iba a desembarcar con las tropas estadunidenses en Inchon, notó “en medio de todo, si tal cosa es concebible, un bote vagabundo marcado con grandes letras, ‘PRENSA’, lleno de corresponsales agitados y belicosos, que intentábamos pasar por muy resueltos al descender en la Ola Uno, mientras tratábamos desesperadamente de discurrir algún método honorable de escurrirnos a la Ola 50”.

Y quién puede olvidar las palabras de la periodista israelí Amira Haas, reportera de Haaretz en Cisjordania ocupada, a quien cito a menudo. Ella me dijo en Jerusalén que el trabajo del corresponsal extranjero no es ser el primer testigo de la historia (mi propia deplorable definición), sino vigilar a los centros de poder, en especial cuando van a la guerra, y sobre todo si intentan hacerlo con base en un montón de mentiras. Sí, todo el honor a quienes reportaron desde Homs. Pero aquí va una idea: cuando los israelíes desencadenaron su cruel bombardeo de Gaza, en 2008, prohibieron a todos los reporteros entrar en el teatro de guerra, tal como los sirios intentaron hacer en Homs. Y los israelíes tuvieron mucho más éxito en evitar que nosotros los occidentales viéramos el baño de sangre.

Las fuerzas de Hamas y el Ejército Sirio Libre en Homs tienen mucho en común: los dos eran cada vez más islamitas, los dos se enfrentaron a un poder de fuego superior, los dos perdieron la batalla, pero fueron los reporteros palestinos quienes quedaron para cubrir el sufrimiento de su pueblo. Hicieron un trabajo espléndido. Curioso, sin embargo, que las salas de prensa en Londres y Washington no mostraron el mismo entusiasmo para meter a su gente en Gaza que en Homs. Es sólo una idea. Muy triste, por cierto.

© The Independent
Traducción: Jorge Anaya Robert Fisk
Publicado enInternacional
"Terrorista", acusación ideal para callar periódicos
Un ex presidente de Colombia calificó de "simpatizantes del terrorismo" a reporteros del Washington Post por criticar a su gobierno; seis periodistas independientes fueron encarcelados acusados de vínculos con el "terrorismo" en Etiopía; un periódico vasco fue cerrado más de siete años al ser acusado de asociación con el "terrorismo"; en Estados Unidos, uno de los periodistas más destacados fue acusado de "terrorista" por un asesor del Pentágono, y un medio árabe ha sido amenazado repetidamente al ser acusado de lo mismo.

Son sólo algunos de decenas de ejemplos –todos denunciados por las principales organizaciones internacionales de derechos humanos y defensa de la libre expresión– de cómo la acusación de "terrorismo" o de "cómplice del terror" contra periódicos y periodistas ha justificado detenciones, cierre de medios, desapariciones, asesinatos, amenazas y aun tortura en todo el mundo: de Estados Unidos a Etiopía, de Colombia a las ex repúblicas soviéticas, de España a Turquía.

Además de justificar guerras y muertes de cientos de miles de civiles, campos de concentración (Guantánamo), "rendiciones" (secuestro y encarcelamiento clandestino en terceros países), tortura y operaciones encubiertas de todo tipo contra países y poblaciones enteras (Irak, Afganistán, Somalia, Palestina, Chechenia, el País Vasco, la población negra de Sudáfrica durante el apartheid), la etiqueta de terrorismo frecuentemente se usa para descalificar y exponer la vida de críticos, opositores y reporteros (desde movimientos de resistencia, opositores de regímenes, el macartismo) que se atreven a informar algo más que las versiones oficiales.

Desde el poder


Quién define quién es terrorista o no depende de los que tienen el poder. Vale recordar que los fundadores del talibán y los integrantes de Al Qaeda fueron llamados, en los ochenta, "luchadores por la libertad" y "equivalentes morales a nuestros padres fundadores" por nada menos que el presidente Ronald Reagan cuando los invitó a la Casa Blanca, en momentos que batallaban contra el régimen "terrorista" de la Unión Soviética. Igual los movimientos de liberación fueron llamados "terroristas" por regímenes dictatoriales que afirmaban defender a la "patria", como en Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, El Salvador, España, o más recientemente el derrocado régimen de Hosni Mubarak, en Egipto, o la retórica permanente de Israel. Nelson Mandela y su organización, el Congreso Nacional Africano, fueron calificados de "terroristas" por el régimen blanco sudafricano y por Washington y otros gobiernos durante la lucha contra el apartheid.

Sobre todo después del 11 de septiembre de 2011, cuando George W. Bush reafirmó la "guerra contra el terrorismo" (la primera proclamación de una guerra contra el terrorismo fue la de Reagan, que incluyó Centroamérica), medios y sus trabajadores han sido tachados una y otra vez de "cómplices" o "colaboracionistas" de "terroristas", tanto por contrincantes como por gobiernos.

Reporteros sin Fronteras, el Comité de Protección a Periodistas, Human Rights Watch y otras organizaciones de defensa de comunicadores y derechos humanos han documentado decenas de casos que continúan hoy día.

Espionaje de Álvaro Uribe


Tal vez el caso reciente más notable fue cuando el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe acusó de cómplices del terrorismo a reporteros del Washington Post en agosto de 2011. En respuesta a un reportaje de cómo el gobierno de Uribe había destinado la asistencia estadunidense antinarcóticos a unidades de inteligencia para realizar "operaciones de espionaje y campañas de difamación contra jueces de la Suprema Corte, opositores políticos de Uribe y agrupaciones de sociedad civil", el ex presidente, en su cuenta de Twitter, escribió: "Qué tristeza que a nuestro gobierno lo difamen simpatizantes del terrorismo".

Uribe envió una carta al editor del Post, que se publicó, donde afirmó que los reporteros habían actuado de manera imprudente y sin rigor al "presentar acusaciones difamatorias y poner en peligro la imagen de Colombia y mi administración sin una evaluación imparcial de los actos y testimonios". Subrayó que él siempre había promovido, como parte esencial de la "democracia", la libertad de expresión.

Pero cuando esa libertad de expresión fue contraria a su posición, su primera reacción fue acusar a sus críticos de "simpatizantes del terrorismo". Su respuesta provocó una llamada de atención del Comité de Protección de Periodistas (CPJ) en Estados Unidos, que expresó su "preocupación" por los comentarios de Uribe, que “podrían poner en peligro a los periodistas Juan Forero y Claudia Julieta Duque [que junto con Karen DeYoung escribieron el reportaje para el Post] y poner en jaque a la libertad de prensa en el país”. Recordaron que Uribe no sólo los acusó de "simpatizantes del terrorismo", sino también de "cómplices de guerrilleros izquierdistas". Carlos Lauria, encargado del programa para las Américas del CPJ, afirmó que "Uribe tiene que abstenerse de hacer acusaciones sin base contra periodistas [Forero y Duque]. En el contexto de Colombia, tales comentarios son extremadamente peligrosos".

No fue la primera vez que Uribe motivó quejas de defensores de periodistas. En múltiples ocasiones había acusado de estar ligados al enemigo a reporteros en su país que se atrevían a revelar asuntos contrarios a la línea oficial u ofrecer voces disidentes . Por ejemplo, en febrero de 2009, CPJ y Human Rights Watch enviaron una carta al presidente, donde le escriben: "Objetamos las acusaciones que usted y otros integrantes de alto rango de su gobierno hicieron esta semana vinculando al periodista colombiano Hollman Morris al grupo guerrillero izquierdista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Esas serias afirmaciones ponen en peligro la vida del periodista y ponen en jaque la libertad de prensa en su país".

Le recuerdan que su ministro de Defensa acusaba a Morris de ser "cercano a los guerrilleros", mientras el procurador general, por órdenes del presidente, anunció que iniciaría una investigación criminal por posibles nexos de Morris con el terrorismo. Uribe acusó a Morris de "esconderse detrás de su periodismo para ser un cómplice pasivo del terrorismo". CPJ y Human Rights Watch instaron a Uribe a que se retractara y que él y su gobierno se abstuvieran "de acusar a miembros de los medios de tener nexos con actores armados, sin ninguna prueba".

Pero el caso de Morris es aún más complicado. Washington aparentemente aceptó las acusaciones de "cómplice del terrorismo" que Uribe y su gobierno lanzaron contra un periodista que había informado repetidamente sobre los nexos de paramilitares derechistas con altos funcionarios del gobierno de Uribe. A mediados de 2010, funcionarios consulares estadunidenses en Bogotá informaron a Morris que su visa para viajar la Universidad Harvard –donde había sido invitado a estudiar después de que se le otorgó la prestigiosa beca Nieman– le había sido negada conforme a normas de la Ley Patriótica relacionadas con actividades terroristas, reportó Frank Smyth, del CPJ. Fue la primera vez en la historia de la Fundación Neiman que a un periodista se le prohibía viajar a este país no por el gobierno de su país, sino por Estados Unidos.

Múltiples organizaciones, desde el CPJ a Human Rights Watch, el Open Society Institute, la Unión Americana de Libertades Civiles, el PEN, la Asociación Interamericana de Prensa y hasta la OEA solicitaron que el Departamento de Estado revirtiera su decisión. Finalmente ganaron y a Morris se le otorgó la visa. Inmediatamente después fue de nuevo amenazado de muerte.

De Etiopía al País Vasco


Hay muchos casos más en el mundo, donde medios y periodistas han sido atacados por gobiernos u otras entidades con la acusación de cómplices del terrorismo.

En noviembre pasado, un juez de Etiopía acusó a seis periodistas de "terrorismo" según las leyes antiterroristas de ese país (con ello, ahora son 10 los acusados desde junio), reportó el CPJ. Los cargos eran "ayudar, asistir y apoyar a un grupo terrorista", según el gobierno, pero el CPJ y otros afirman que los cargos carecen de pruebas, y señalan que por lo menos dos de ellos habían sido detenidos anteriormente por reportajes críticos de las acciones represivas del gobierno. En 2009, dos de ellos, editores de un rotativo, cerraron su periódico después de amenazas de arresto. A escala global, Etiopía es uno de los países que más han encarcelado periodistas o los han enviado al exilio.

Dos periodistas independientes suecos fueron arrestados en julio en Etiopía y acusados de vínculos con "terroristas" mientras viajaban con unidades de un movimiento separatista calificado de terrorista por el gobierno, informó The Guardian. Reporteros Sin Fronteras instó al gobierno a anular los cargos de "apoyo a grupo terrorista", al subrayar que ambos detenidos "son periodistas reconocidos que no tienen nada que ver con terroristas".

En 2010, después de que hace siete años el periódico vasco Euskaldunon Egunkaria fue obligado a cerrar cuando los cinco periodistas que lo dirigían fueron acusados de vínculos con el terrorismo, en este caso con ETA, un juez del Tribunal Nacional finalmente descartó los cargos presentados primero en 2003 por falta de cualquier prueba. Reporteros Sin Fronteras, entre otras organizaciones, había denunciado durante los últimos años la clausura del periódico motivada por las acusaciones de terrorismo.

Al parecer, periodistas y medios son frecuentemente acusados sin pruebas de ser cómplices de "terrorismo", obligando a los acusados –si es que no están encarcelados, torturados, desaparecidos o exiliados– a comprobar su inocencia en un mundo que desde 2001 está preparado para matar primero y hacer preguntas después, en esta proclamada "guerra contra el terrorismo".
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Domingo, 19 Diciembre 2010 08:47

¿Assange es periodista?

Sí para algunos, no para otros, quién sabe para muchos. Este tema deriva, con presunción jurídica, de la voluntad de juzgar a Assange en EE.UU. que la Casa Blanca y varios congresistas no ocultan. Si el australiano es periodista y su difusión de documentos por Wikileaks es similar a la de cualquier periódico o agencia noticiosa, la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense impide que lo procesen: prohíbe expresamente la promulgación de toda ley que inhiba el ejercicio de la libertad de prensa. Hay que buscar otro camino legal o con visos de legalidad.

El Comité Judicial de la Cámara de Representantes comenzó a explorar el asunto el jueves que pasó. Una de las alternativas examinadas en esta primera audiencia, a la que fueron citados siete fiscales, abogados y peritos, fue la aplicación de la Ley de Espionaje aprobada en 1917, cuando EE.UU. decidió participar en la Gran Guerra del ’14-’18 y la histeria belicista guiaba los pasos de gobierno y Parlamento. Raras veces surtió efecto, en ocasiones ninguno. El senador independiente Joe Lieberman y dos colegas republicanos presentaron un proyecto de ley que califica de ilegal la difusión de informaciones clasificadas y que permitiría, si se aprueba, echarle el guante al fundador de Wikileaks. Se escucharon opiniones contrarias en la audiencia.

Geoffrey Stone, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, tachó de inconstitucional el proyecto de los tres senadores: aplicarlo a ciudadanos particulares que no son funcionarios del gobierno violaría la Primera Enmienda, aseveró. Ralph Nader, el repetido candidato a la presidencia por el Partido Verde, centró el problema en “la abismante falta de seguridad” que el gobierno muestra en el manejo de documentos delicados y subrayó: “La supresión de información ha provocado más pérdidas de vidas, verdadera amenaza a la seguridad estadounidense, y demás consecuencias que se atribuyen ahora a Wikileaks y a Julian Assange” (www.talkradio.com, 16/12/10).

Para el presidente del Comité Judicial, el representante demócrata John Conyers, no hay nada que punir: “EE.UU. se ha basado en la idea de que la libertad de expresión es sacrosanta –declaró–. No hay duda de que Wikileaks es muy impopular en estos momentos, pero ser impopular no es un delito y publicar informaciones agresivas tampoco. Me incomodan mucho los llamados insistentes de políticos, periodistas y otros presuntos expertos que demandan un proceso penal o medidas extremas” (www.rawsroty.com, 16/12/10).

William Keller, director ejecutivo del New York Times –uno de los cinco diarios que difunden los documentos filtrados–, tomó distancia: “No creo que (Wikileaks) sea la organización informativa de mi gusto, pero ha evolucionado. A lo largo de esta experiencia hemos considerado que Julian Assange y su alegre banda de provocadores y hackers son una fuente. No diría que pura y simple porque, como sabe todo periodista o director, las fuentes rara vez son puras y simples” (//blogs.forbes.com, 16/12/10). Agregó que lo perturbaría que el gobierno intentara procesar a Assange aplicando la Ley de Espionaje: “Dejando a un lado lo legal, eso me enviaría una señal de alarma... es una ley que se presta a los abusos”.

Kenneth L. Wainstein, socio de la firma internacional de abogados O’Melveny & Myers, sugirió en la audiencia que Wikileaks es un medio “fundamentalmente diferente” de otros porque se limita a recoger y difundir información sin la supervisión editorial que rige en las publicaciones tradicionales. Para Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, “se aproxima cada vez más a una organización mediática”. Entonces, Assange ¿es periodista o no?

Abbe Lowell, abogado y miembro de la firma McDermott, Will & Emery, señaló que la respuesta a esa pregunta es un terreno resbaladizo desde el punto de vista legal que podría introducir fiscalizaciones ajenas en el proceso editorial. “En la historia de EE.UU., el reunir información y difundirla es periodismo clásico”, afirmó. No solamente allí.

Los objetivos de la Ley de Espionaje fueron los opositores a la entrada de EE.UU. en la guerra y sirvió para destruir al joven Partido Socialista. El senador demócrata Kenneth McKellar lo dijo con claridad cuando el proyecto se presentó ante el Congreso en 1917: “Si no logramos que la gente entre en razón para que sea leal, llegó el momento de obligarla a ser leal”. El representante republicano William Green fue más lejos: “No hay medida lo suficientemente severa para exterminar a esa canalla perniciosa”. No faltan personalidades norteamericanas que hoy piden el asesinato de Assange. A los 93 años de la promulgación de la Ley de Espionaje, poco ha cambiado la clase política de EE.UU.

Por Juan Gelman
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Julian Assange vive en un universo de secretos. Secretos eran los 400.000 documentos sobre la guerra de Irak que liberó ayer. Secretos son los 30 envíos que cada día recibe el portal que dirige, inagotable fuente de denuncia a escala planetaria. Secretas procuran ser sus comunicaciones, sus entradas y salidas. Su organización también vive envuelta en el más absoluto de los secretos.
 
Secreta por tanto tenía que ser la cita con el hombre que se ha convertido en serio enemigo del todopoderoso Pentágono. El hombre que fundó en diciembre de 2006 un sitio web también es la pesadilla de grandes bancos, multinacionales y gobiernos. Ciento veinte personas, pertenecientes al llamado gabinete de crisis Wikileaks, trabajan en los alrededores del Pentágono para contrarrestar los efectos de las filtraciones del combativo portal.
 
Pregunta. Leí un titular que ponía en su boca la frase: "Soy un periodista activista". ¿Lo es?
 
Respuesta. Yo soy un editor. Y como editor, también dirijo, y soy portavoz de mi, nuestra, publicación. He estado involucrado en periodismo desde que tenía 25 años, cuando cofirmé el libro Underground, y actualmente, dado el estado de impotencia del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista.
 
P. ¿Por qué?
 
R. Por los abusos del periodismo.
 
P. ¿A qué abusos se refiere?
 
R. El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales.
 
Assange y los suyos publicaron ayer la que es considerada la mayor filtración de documentos secretos en la historia del Ejército de EEUU, los papeles de Irak. En abril liberaron los papeles de Afganistán, 77.000 documentos desclasificados que destapaban la muerte de cerca de 20.000 afganos. Denunciaron ejecuciones extrajudiciales en Kenia y se llevaron por ello un premio de Amnistía Internacional. También pusieron en jaque al mayor banco islandés, The New Kaupthing, destapando un documento oficial que evidenciaba la irresponsable gestión de sus administradores, que meses después sufrieron penas de cárcel. Y sacaron a la luz manuales secretos de la Iglesia de la cienciología.
 
Secretos. También está llena de secretos la investigación de la que está siendo objeto Assange. Dos chicas le denunciaron en una misma semana de finales de agosto por acoso sexual en Suecia. El lunes se conocía que el país escandinavo, al que había acudido a protegerse dado su régimen garantista para la prensa, le ha denegado el permiso de residencia. Assange nos dice que está pensando instalarse en algún sitio de Sudamérica.
 
Cita amarrada, hora concreta, lugar secreto. El lunes, en Londres, a las 12.00. Así de escueta es la información del mensaje que nos entra en el móvil y que anuncia que por fin podremos hablar con el hombre que ha estado y está en el ojo del huracán informativo.
 
El verano de Assange ha sido fino. Esta entrevista fue solicitada por primera vez el 19 de julio pasado. El propio Assange respondía tres días más tarde, el 22, emoticono incluido: "Sorry. no time for a few weeks" (lo siento, sin tiempo por unas cuantas semanas); emoticono de pena.
 
La noche previa al encuentro recibimos un mensaje con la dirección de un restaurante al norte de Londres. Allí nos recibe a las 12.00 en punto la persona que le lleva las relaciones con la prensa. Nos conduce a un callejón y nos sube a unas oficinas. Un retrato de Nelson Mandela preside esta sala con largas mesas rectangulares de trabajo y paredes en tonos verde claro.
 
Julian Assange no está. No ha llegado. Se le espera. Preguntamos si hay algún otro miembro de la organización con el que podamos hablar. Al poco, por la puerta entra un hombre alto y fornido, chaqueta y pantalón negros, jersey gris de cuello alto, ojos azules, pelo canoso. Es Kristinn Hrafnson, periodista islandés que trabajó durante 20 años en la televisión estatal y que se ha enrolado en el pelotón de Assange: "Tenía ganas de trabajar en historias que crean grandes olas en el mundo", explica. Hrafnson participó durante cinco meses en la elaboración de Collateral Murder -Asesinato colateral-, el vídeo que dio la vuelta al mundo y que generó 3.000 titulares de prensa en 48 horas. Fue visto por más de cuatro millones de internautas en las 72 horas posteriores a su publicación en YouTube.
 
Seguramente recuerden ustedes las escalofriantes imágenes. Dieron la vuelta al mundo a principios de abril. Un helicóptero Apache del Ejército de Estados Unidos sobrevuela un suburbio de Bagdad. Se ve a varias personas andando por la calle, una de ellas, fotógrafo de Reuters, lleva una cámara al hombro. Los militares piensan que es un arma de fuego. Desde el Apache se dispara a todos los que por allí pasan en ese momento. La secuencia es espeluznante. "Keep shooting -sigue disparando-". Ráfaga. "Keep shooting". Ráfaga. "Keep shooting".
 
Personas que caen fulminadas al suelo. Otras que huyen de los disparos. Dos hombres que intentan auxiliar al fotógrafo herido. El Apache dispara contra ellos. Y contra la furgoneta, en cuyo interior hay dos niños.
 
Balance: doce personas fulminadas. La frialdad de la guerra expuesta. Las risas del soldado que acaba de disparar. La grosera conversación entre los soldados. El insulto a los que yacen muertos. "Bastards". Y en el suelo, las víctimas del tiro al bulto, eso que en estos tiempos modernos se ha dado en llamar "daños colaterales".
 
Llega Assange. El pelo aplastado y pegado a la cabeza; el casco de la moto bajo el brazo. Entra en la sala y Hrafnson le comenta algo. Se disculpan y se retiran a una sala contigua, asuntos urgentes, asuntos secretos. "Disculpe, esto siempre es así", dice cariacontecido el solícito hombre de prensa.
 
Assange se sienta por fin frente a la grabadora. Es un hombre muy alto, fuerte, magnético. Su antaño pelo largo totalmente blanco, que este verano dio paso al pelo corto castaño claro, es ahora una mezcla de esas dos fases. A sus 39 años, desprende un carisma indiscutible. Dos personas que han trabajado con él y que no quieren identificarse le describen como un hombre extremadamente inteligente. ¿Más calificativos?: Valiente; trabajador; divertido. El último héroe del periodismo combativo elige sentarse en la mesa que le permite tener el retrato de Mandela detrás de él: "Es importante tener bien guardadas las espaldas", bromea.
 
P. Su actividad en Wikileaks le está granjeando una creciente colección de enemigos. ¿Cuál es en estos momentos su peor enemigo?
 
R. En términos de recursos dedicados a seguir nuestros pasos, el Ejército de Estados Unidos. Dicho lo cual, tenemos buenos amigos allí, hay gente buena. Y también mala. Hay un equipo, supuestamente, de 120 personas en el llamado Wikileaks warroom -equipo de crisis/de combate- dedicado 24 horas al día a ocuparse de nosotros. Están dirigidos por un señor nombrado por Gates -secretario de Defensa norteamericano-. Son, predominantemente, miembros de la agencia de inteligencia militar y del FBI.
 
P. ¿Qué otros enemigos tiene?
 
R. Bancos. La mayor parte de los ataques legales que hemos recibido son de bancos. También los ha habido procedentes de China poco después de liberar material crítico sobre determinadas actividades del Gobierno. También hemos recibido ataques de cultos, de sectas abusivas, como la Iglesia de la cienciología, los mormones...
 
P. Esos enemigos que tiene ¿hacen que tema usted por su vida?
 
R. Alguna gente, como Daniel Ellsberg -el hombre que desveló en 1971 los papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam-, ha sostenido que mi vida está en peligro.
 
P. ¿Y usted qué cree?
 
R. Creo que hay un pequeño, pero no insignificante riesgo, sí. Lo que hay es un peligro significativo de procesamiento y de detención. Están intentando crear un caso de espionaje contra mí y otros miembros de la organización, y contra gente que ha tenido relación con nosotros en Estados Unidos.
 
El analista de inteligencia del Ejército de Estados Unidos Bradley Manning fue detenido por la filtración del vídeo de la matanza de Bagdad. "El FBI ha visitado a gente en Boston y otras ciudades americanas conectadas con Bradley Manning o nosotros", explica Assange. "Según mis fuentes, el fiscal general del Estado australiano aprobó permisos para interceptar las comunicaciones de nuestra gente en Australia. El Gobierno de Suecia ha sido presionado a nivel de inteligencia por Estados Unidos, según dicen mis fuentes en inteligencia. El Gobierno de Islandia también ha sido presionado por Estados Unidos, según mis fuentes en Islandia y en el Senado norteamericano; y al embajador de Islandia llegaron a preguntarle si ya se habían dado pasos para asegurarse de que Islandia no se convierta en un refugio para Julian Assange".
 
Assange habla de él en tercera persona. Es un hombre que mide las palabras como nadie. No dice nada sin habérselo pensado cuatro veces. Habla despacio, con continuas pausas que invitan al entrevistador a colar una pregunta que él nunca responde porque sigue con su largamente articulada respuesta. Assange, no habla: dicta. Le gusta tener el control.
 
El adalid del periodismo combativo continúa relatando la persecución de la que ha sido objeto la organización que, con pulso firme, dirige. Un miembro de Wikileaks sufrió una emboscada en un parking de Luxemburgo en 2008. Dos abogados defensores de los derechos humanos que trabajaron con Wikileaks en Kenia fueron asesinados en marzo de 2009.
 
Y desde el Pentágono no se andan con chiquitas. El pasado 3 de agosto, el portavoz de Defensa estadounidense, Geoff Morrell, comparecía brevemente ante los medios. Solicitaba a Wikileaks que devolviera los documentos filtrados. "Si hacer lo correcto no es suficiente para ellos, entonces miraremos qué alternativas tenemos para obligarles a hacer lo correcto", anunció Morell.
 
"Fue extremadamente desagradable", dice Assange, "una manera extremadamente extraña de pronunciarse. Hemos llegado a la conclusión de que esa rueda de prensa fue diseñada para preparar posteriores ataques legales".
 
Assange sabe cultivar los silencios. Habla mirando al horizonte, sus ojos se mueven de izquierda a derecha y de derecha a izquierda mientras busca la palabra precisa. Su voz grave, levemente quebrada, y su querencia por el susurro, más propio de la confidencia que de la entrevista, confiere aún mayor intensidad a sus palabras. Habla tan bajo que conduce al interlocutor a un compromiso de escucha insoslayable. O aguzas el oído, o no te enteras.
 
Cuenta que la organización ha recibido cien "ataques legales". Dos de cada cinco demandas/querellas acabaron en juicio. Asegura que salieron victoriosos en todos los casos. También destaca los ataques que le han dirigido los medios de comunicación. Se queja de que los medios replican las mentiras que otros deslizan y se retroalimentan ad infinítum manchando su biografía. "Ha habido 15 ataques contra nosotros completamente fabricados de arriba abajo", asevera, "vendidos como filtraciones de gente de dentro de la organización. Se ha llegado a decir que llevo una vida de lujo en Sudáfrica. Nunca he estado en Sudáfrica".
 
P. ¿Piensa usted que las acusaciones que contra usted pesan en Suecia por acoso sexual están conectadas con todo esto?
 
R. No lo sabemos. Prefiero hablar de esto en otro momento, no puedo hablar en mi nombre y en nombre de la organización al mismo tiempo.
 
Assange es un hombre acosado. Tiene que protegerse. El pasado 27 de septiembre su equipaje fue requisado cuando abandonaba Estocolmo. La hipótesis de que alguien esté intentando vigilar sus pasos o interferir en sus comunicaciones no resulta descabellada. Todas las comunicaciones que realiza por teléfono o mail están encriptadas, es un excelente criptógrafo, tiene un pasado de hacker. Los protocolos de seguridad que debe seguir son estrictos. En algunos lugares, confiesa, debe moverse con guardaespaldas.
 
Nunca se sabe dónde está, dónde dormirá esta noche, o en qué anda. Su vida nada en los secretos. Se mueve rápido y procura no dejar rastro.
 
La existencia un tanto nómada no es algo que le resulte ajeno. "Nuestra familia producía teatro profesional y televisión y como resultado, íbamos de gira por el país muy a menudo", recuerda. Assange nació en 1971 en Townsville, ciudad de la costa noroeste australiana. Cuando tenía ocho años, sus padres se separaron. La madre inició una relación con un músico con el que tuvo otro hijo. "Durante una parte de mi adolescencia tuve que lidiar con este hombre del que se sospechaba estaba conectado con el culto de Anne Hamilton-Byrne", cuenta. Una secta en la que algunos miembros convencían a las madres para que ofrecieran a sus hijos recién nacidos a la líder del movimiento. Niños que se convertían en hijos adoptivos de la suma sacerdotisa, que ordenaba teñirles a todos el pelo de rubio y a los que se suministraban todo tipo de drogas, incluidas ceremonias de iniciación al LSD cuando apenas eran adolescentes.
 
Llegó un momento en que no quedó otra salida que huir. Huir de las garras de aquel hombre. Assange, su hermanastro y su madre estuvieron tres meses cambiando constantemente de domicilio. Vivir a la fuga.
 
Secretos y fugas. Dos conceptos que gobiernan la vida de Julian Assange. Leaks significa fuga. Y también fuga de información, filtración.
 
Por aquellos años difíciles nació su fascinación por los ordenadores. Su pericia, sus dotes como programador, le convirtieron en un notable hacker. Su nombre de guerra: Mendax. Allí comenzó su lucha: la información está para ser compartida.
 
Como hacker, llegó a penetrar en los sistemas de la compañía telefónica canadiense Nortel, motivo por el cual llegó a ser encausado. El juez acabó sentenciando que detrás de su intentona se escondía el simple placer de ser capaz de penetrar en sistemas ajenos. Tuvo que pagar una pequeña multa. "Yo fui un activista", asume. "La investigación de la que fui objeto se acabó cuando yo tenía 20 años; aunque el proceso durara seis años más, hasta 1997. Ahora hay muchos intentos de llamarme hacker, basados en mis actividades como hacker de hace veinte años, para devaluar mi trabajo como periodista. Con ello se pretende además despojarme de las protecciones legales de cualquier periodista; van contra mí personalmente, y contra esta organización. No obstante, es cierto que he sido un activista de la información libre durante mucho tiempo. Esos intereses de adolescente, aunque relativamente poco sofisticados, reflejan la consistencia de mi carácter".
 
La información libre. Los secretos destapados. La transparencia. Toda la información secreta debe estar a disposición del ciudadano. Varios medios, entre ellos, The New Yorker, le han acusado de venerar la transparencia en todas partes menos en el seno de su organización.
 
El presupuesto actual de Wikileaks es de un millón de dólares anuales (en torno a 712.000 euros). Desde enero, cuentan con un sistema de donaciones anónimas de modo que no están influidos por los intereses de quienes donan, explica Assange. Durante los cuatro primeros años, el portal se nutrió de las aportaciones de Assange y algunos más. El número total de donantes actual es de 10.000 personas. Ninguna donación sobrepasa los 20.000 euros.
 
Assange asegura durante la entrevista que ya son 12 personas fijas y que pronto serán 20. El número de colaboradores asciende a 800. Seguidores en Twitter: 150.000.
 
El portal de Wikileaks se reabrió el viernes tras una larga temporada cerrado. En la página alegaban motivos de mantenimiento para justificar el cierre. Assange explica que se debió a la gran reorganización en la que están inmersos. Un periodista que ha trabajado estrechamente con él sostiene que el portal ha estado cerrado por la rebelión interna que ha sufrido la organización en los últimos meses. Manifiesta que los métodos autoritarios de Assange han disuadido a varios integrantes del equipo. Que algunos de los técnicos han llegado a boicotear internamente la Red para evitar que Assange lo controle todo. Hrafnson, el portavoz islandés, niega cualquier atisbo de rebelión interna.
 
Otro periodista de una cabecera internacional, que también prefiere ocultar su identidad, dice que, efectivamente, Assange es un tanto autoritario. Pero sostiene que en una organización como Wikileaks, sometida a tanta presión, es normal que haya debate y tensión. Y es lógico, por tanto, que haya un momento en que alguien tenga que tomar una decisión que no guste a todo el mundo. "Hay unos que son más partidarios de la acción que otros", describe.
 
P. Daniel Domscheit-Berg, su ex portavoz en Alemania, que ha abandonado la organización, dijo a Der Spiegel que usted actuó con él como fiscal, juez y verdugo. Sostiene que usted no tolera las críticas.
 
R. Daniel Domscheit-Berg fue suspendido de esta organización por un número de razones serias. Como muchas personas que son suspendidas, elige criticar las decisiones del que les emplea. Creemos que la confianza, la confidencia y actuar con integridad son componentes esenciales de nuestro trabajo. Por ese motivo decidí no criticar a Domscheit-Berg, a pesar de que sus declaraciones no nos han ayudado nada en estos momentos de dificultades.
 
Daniel Domscheit-Berg coge el teléfono en Berlín. Al oír lo que Assange ha dicho sobre su salida a este periódico, se revuelve, indignado. "En primer lugar, yo no soy su empleado. En esta organización no se paga a nadie. En mi caso, además, yo puse dinero en el proyecto", exclama, notablemente irritado.
 
El ex portavoz se declara estupefacto por su despido, que se produjo en septiembre. Asegura que al menos cinco personas han abandonado Wikileaks por estar en desacuerdo con los modos de Assange. "La gente no quiere que un dictador esté al frente de una organización tan poderosa, que maneje una información tan sensible. Julian se está comportando como un dictador y yo no trabajo para dictadores, yo lucho contra los dictadores".
 
El activista alemán, de 32 años, afirma que sus palabras no son fruto de una "vendetta personal". Y señala que Wikileaks ha ido perdiendo algunas de sus señas de identidad. "Yo no sé si el Pentágono estará o no en estos momentos detrás de Julian. Pero el hecho de que pueda estarlo demuestra que se ha cometido el mayor de los errores: Wikileaks nació como una organización en la que estaba involucrada mucha gente de modo que nunca pudieran ir a por una sola persona. La gente debería ser intercambiable, lo importante es el proyecto, es un movimiento. ¿Qué es Wikileaks ahora, una organización o el show de Julian Assange?".
 
El controvertido fundador de Wikileaks no deja indiferente a nadie. Fascina a unos, irrita a otros. Para unos es el último héroe del periodismo, un hombre que desafía la lógica de un mundo cínico en busca de la máxima transparencia. Para otros, un idealista naif que cree que todo se puede contar, cuando hay cosas que el sentido común indica es mejor no publicar. Por ejemplo, aquellas que pongan en peligro la vida de las personas. De eso le acusan desde varios frentes. De haber revelado la identidad de informantes afganos que ahora son blanco fácil para los talibanes.
 
P. Su decisión de publicar los nombres de informantes afganos al hacer públicos los papeles de Afganistán levantó polvareda. Bill Keller, director de The New York Times, dijo: "Su decisión de hacer públicos los datos tuvieron consecuencias potenciales que, creo, cualquiera, sea cual sea su visión de la guerra, encontraría lamentables". ¿Considera que cometió algún error, que puso en peligro alguna vida?
 
R. Al publicar 76.000 de 90.000 documentos clasificados, hay muchas cosas de las que hablar. Esos documentos revelaron la hora, fecha, lugar y circunstancias de la muerte de cerca de 20.000 personas. Y punto. En los dos meses desde que el material fue publicado, hasta donde se puede determinar hoy, ningún civil afgano ha sido dañado por la publicación de los papeles. Eso no quita para que estos sean temas muy serios e interesantes, y por ese motivo retiramos uno de cada cinco documentos. El hecho de que Bill Keller tenga necesidad de dedicar su tiempo a hablar de este tema, que no está asociado a la muerte de nadie, comparado con los temas que han llevado a la muerte de cerca de 20.000 personas, y la muerte de cientos en los últimos dos meses, es un reflejo de la dificultad que tiene The New York Times para criticar al Ejército en Estados Unidos.
 
P. Alan Rusbridger, director de The Guardian, nos decía hace unos días con ironía que los medios tradicionales han abandonado el periodismo de investigación porque es caro y no muy sexy. ¿Está de acuerdo?
 
R. Sí, lo han abandonado casi por completo, es cierto. El peaje que pagas es caro: te crea enemigos, genera gastos en prevenir ataques judiciales, y se producen ofensivas contra los intereses de los editores. Yo creo que los lectores sí demandan periodismo de investigación, pero el coste por palabra en relación con otras formas de periodismo es alto, especialmente, el periodismo subvencionado por intereses especiales.
 
P. ¿Pero cree que la mayor parte de los grandes medios de comunicación occidentales están subvencionados por intereses especiales?
 
R. Eso no es exactamente lo que yo quería decir. Ese también es un factor. Yo me refería a los miles de millones de dólares que el Ejército de EE UU gasta al año en su comunicación de asuntos oficiales para producir contenido tutelado como vídeos, fotos y notas de prensa que al final son historias gratis para que los periodistas les pongan la firma. Y similares contenidos tutelados producidos por empresas y Gobiernos. En ese sentido, los periódicos y las televisiones se convierten en seleccionadores de contenidos tutelados.
 
P. ¿Cree usted que esto va a cambiar? ¿Cree que la revolución digital e iniciativas como Wikileaks traerán periodismo independiente?
 
R. Podemos ir en las dos direcciones. Puede que lleguemos a un sistema en que haya una mayor fiscalización y acuerdos internacionales para suprimir la libertad de prensa o puede que vayamos a un nuevo estándar en que la gente espere y demande material que exponga más a los poderes; y un entorno comercial en que este tipo de exposición sea rentable; y un entorno legal en que esto esté protegido.
 
P. ¿Es usted optimista al respecto?
 
R. Estamos en el cruce de caminos entre esos dos futuros. Por eso es tan importante y tan interesante estar involucrado en esto. Con nuestras acciones de ahora determinamos el destino del entorno mediático internacional de los próximos años.
 
Assange se muestra como un entrevistado rebelde. Resulta muy difícil conseguir colar una pregunta en medio de sus pausados discursos. Eso sí, muchas de las cosas que dice son sustanciosas. Si no, véase su reflexión sobre lo que le ha supuesto su experiencia en Wikileaks:
 
"Cada persona tiene una trayectoria única en la vida, pero, en los últimos tres años y medio, yo he tenido una experiencia realmente única. He leído más documentos filtrados, posiblemente, que ninguna otra persona en la tierra. De muy distintos temas. Igual hay gente que ha leído muchos, pero tal vez no de tantas y tan distintas organizaciones a lo largo de mundo. He obtenido más filtraciones internas que ninguna otra persona y he dirigido una organización que ha recibido muchos ataques de organizaciones poderosas, de secretos y neuróticos cultos. Antes de estar metido en esto, creí que sabía bastante de cómo funciona el mundo, he hecho cosas significativas e importantes antes que esto. Pero nada me preparó para la realidad con la que me he encontrado. Mi perspectiva ha cambiado mucho".
 
P. ¿Y qué ha visto?
 
R. No sé si es posible comunicar lo que he aprendido. Hay dos cosas que me vienen a la mente. La primera, la muerte a escala mundial de la sociedad civil. Rápidos flujos financieros, por transferencias electrónicas de fondos que se mueven más rápido que la sanción política o moral, destrozando la sociedad civil a lo ancho del mundo. El poder económico permite a oportunistas en cualquier sociedad conectada al sistema financiero global extraer riqueza robada con un comportamiento inmoral para llevarla a destinos lejanos o a oscuros y opacos vehículos financieros difíciles de atrapar. En este sentido, la sociedad civil está muerta, ya no existe, y hay una amplia clase de gente que lo sabe y está aprovechando que saben que está muerta para acumular riqueza y poder.
 
P. ¿Cómo...?
 
R. Y la segunda cosa que he visto, que opera en combinación y en oposición a esta, es que hay un enorme y creciente Estado de seguridad oculto que se está extendiendo por el mundo, principalmente basado en Estados Unidos. Cualquier Estado, si quiere sobrevivir, tiene que inscribirse con uno de los tres proveedores de inteligencia y sistemas armados. Los proveedores son el Imperio occidental, Rusia, antiguo Imperio soviético, y China, que aún no es un imperio, pero empieza a moverse en esa dirección. El Estado de seguridad oculto que se está extendiendo por el Imperio occidental tiene su centro de gravedad en Estados Unidos, pero es una red de tutelaje que existe en todos los países occidentales y conecta a todos los países occidentales. En EE UU, a pesar del colapso financiero, su poder económico ha crecido: su porción de recursos económicos ha crecido entre 250% y 300% desde los noventa. Para dar un ejemplo concreto, y en este caso cito a Dana Priest -dos veces ganadora del Pulitzer-, de The Washington Post, hay 817.000 personas trabajando en labores de seguridad top secret.
 
P. ¿Y esas estructuras velan fundamentalmente por salvar al capitalismo?
 
R. Las grandes corporaciones han penetrado tanto ese Estado de seguridad opaco y el sistema político que se están llevando todo el valor añadido por los contribuyentes.
 
Assange afirma que en Estados Unidos hay ahora una tensión entre el sistema nacional de seguridad paralelo y lo que denomina anarcocapitalismo, es decir, las grandes empresas. Compara el Estado de seguridad paralelo norteamericano con el que construyó Putin para dominar a los oligarcas.
 
Para terminar, Assange, que no deja títere sin cabeza, reserva su traca final para los complacientes medios de comunicación. "Los medios de comunicación internacionales son un desastre. Estamos en una buena posición para verlo porque nos llega material política e históricamente significativo, lo liberamos, y vemos cuántos medios se hacen eco y con qué rigor. Podemos ver también los esfuerzos para suprimir la información que damos. Mi conclusión es que el entorno de los medios internacionales es tan malo y tan distorsionador que nos iría mejor si no hubiera ningún medio, ninguno".
 
Se acaba la entrevista. Assange se levanta y muta. Se convierte en otra persona. Se desprende de un plumazo de toda su intensidad y gravedad. Se vuelve ligero, encantador, sonríe. Rejuvenece. Lo último que dice, una vez apagada la grabadora. "No creas a nadie. No creas a nadie. No creas a nadie. Te estarán mintiendo.

Las tripas de Wikileaks
» WikiLeaks es un sitio web para la publicación anónima de documentos secretos o delicados. Una conexión cifrada permite a cualquier usuario subir vídeos, documentos o audios confidenciales sin dejar rastro.
 
» Se ha convertido en la gran plataforma de las filtraciones -leaks, en inglés-, en el lugar en el que se cuestionan las grandes verdades oficiales.
 
» Julian Assange, australiano de 39 años, teme que los Estados Unidos le abran una causa por espionaje por la filtración de los 'papeles de Afganistán'. En Suecia, que le acaba de negar el permiso de residencia, tiene abierta una investigación por presunto acoso sexual.

Cinco episodios clave
El de ayer fue el golpe más impactante en la carrera de Wikileaks como plataforma de filtración de contenidos secretos. Desde su fundación en diciembre de 2006, el portal dirigido por Julian Assange ha levantado papeles en distintos puntos cardinales del planeta, aunque los que más ruido han hecho han sido sin duda los relacionados con el Ejército norteamericano.
 
Las ejecuciones extrajudiciales en Kenia, el escándalo del banco islandés The New Khaupting y los 'papeles de Afganistán' son tres de sus más duros golpes.
 
Pero también han recibido críticas por no editar suficientemente el material que les llega y publicar datos de carácter privado. Ocurrió con el episodio de las últimas conversaciones de las víctimas del 11-S y con la publicación de nombres y direcciones de miembros del Partido Nacional Británico.
 
EJECUCIONES EN KENIA. Noviembre de 2008. Wikileaks filtra un documento silenciado hasta la fecha en el que la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia denuncia la ejecución extrajudicial de 500 jóvenes opositores al régimen.
 
VERTIDOS TÓXICOS. Murieron seis personas. 85 necesitaron cuidados. Wikileaks publicó que la empresa Trafigura había pagado a una empresa local de Costa de Marfil para que se deshiciera de 40.000 toneladas de gasolina de baja calidad.
 
LA INTRAHISTORIA DEL 11-S. Noviembre de 2009. Wikileaks publica llamadas, mensajes SMS y correos electrónicos enviados hacia y desde las Torres Gemelas el 11-S. La publicación desata la polémica sobre el respeto a la intimidad.
 
NOMBRES Y RAZA. Octubre de 2009. Wikileaks da a conocer un listado con los nombres, apellidos, direcciones y teléfonos de miles de personas pertenecientes al Partido Nacional Británico, de corte racista. Más críticas sobre los límites de la publicación de datos.
 
MATANZA EN BAGDAD. /b> Abril de 2010. Wikileaks libera un vídeo que refleja la matanza de 12 civiles en Bagdad. Entre ellos, dos niños. Un helicóptero Apache dispara a un fotógrafo de Reuters (pensando que lleva un arma) y a todos los que por allí andan en ese momento.

Por JOSEBA ELOLA 24/10/2010
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Montazer al Zaidi, el periodista iraquí que lanzó sus zapatos al ex presidente de Estados Unidos, George Bush, en diciembre de 2008, ha salido este martes en libertad tras pasar nueves meses en la cárcel.
 
Al Zaidi trabajaba para la cadena Al Bagdadia cuando, durante una rueda de prensa de Bush y del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, lanzó sus zapatos al entonces presidente de EEUU mientras le decía: "éste es tu beso de despedida, perro".
 
El periodista fue sentenciado a tres años de cárcel por insultar al "presidente de un país extranjero", aunque el tribunal de apelación redujo la sentencia a sólo un año.
 
La Justicia consideró como atenuantes las circunstancias en las que se produjo el incidente y el estado psicológico del periodista cuando cometió el acto, que, según él, se debió a la ocupación estadounidense de Irak.
El gesto de Al Zaidi se convirtió en toda una señal contra el imperialismo norteamericano
 
Al Zaidi se conviritió en un héroe para el mundo musulmán por atreverse a hacer lo que una gran mayoría siempre había soñado y en un símbolo para el antiimperialismo. El hecho de lanzar los zapatos a alguien es el peor desprecio que se le puede hacer para los árabes. Y el periodista ha recibido ofertas de todo tipo por su osadía. Mujeres, seguros médicos y hasta diez millones de dólares por los zapatos.
 

¿Torturado en la cárcel?

 

Aunque lo que le importa a la familia del propio Zaidi es que se recupere lo antes posible de su paso por la cárcel. Los hermanos denuncia que el periodista habría sufrido supuestas torturas durante su estancia en la prisión habilitada en el antiguo aeropuerto de Bagdad. 
 
En una conversación con el diario británico The Times, su hermano mayor, confirmó que en los próximos días viajarán a Grecia para que reciba tratamiento médico. El familiar denunció que los médicos del complejo militar le inyectaban a menudo sustancias desconocidas. Los médicos decían que era para tratarle las migrañas que estaba sufriendo y cuando Zaidi se negaba, los doctores le decían que "él no sabía mejor que ellos como se hace su trabajo", según la versión del hermano.
 
Tras ser detenido, el hermano ya denunció que había sufrido una paliza que le dejó con varias costillas rotas.
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Bagdad, 22 de diciembre. El periodista iraquí, Muntazer Zaidi, quien aventó sus zapatos y le gritó “perro” al presidente saliente de Estados Unidos, George W. Buh, el pasado 14 de diciembre, sostuvo que “si volviera el tiempo atrás, lo haría de nuevo”, declaró hoy su hermano Uday Zaidi, quien denunció que el reportero, de 29 años, presenta claras señales de tortura.

Zaidi visitó a su hermano en la fortificada zona verde de Bagdad, donde está detenido, y señaló que el reportero declaró ante un juez que creyó que iba a ser baleado después de lanzar el primer zapato contra Bush. Pero como eso no ocurrió, “me dio tiempo para lanzar el segundo (zapato)”, dijo el periodista según su hermano.

Uday Zaidi también denunció que su hermano “tiene claras señales de tortura”; afirmó que le falta un diente, tiene lesiones en la nariz y moretones en brazos y piernas.

El abogado de Zaidi, Dhiya Saadi, también denunció ayer el estado físico en el que se encuentra su cliente

El juicio contra el informador empezará el 31 de diciembre y las autoridades iraquíes darán acceso total a la prensa.

De acuerdo con el artículo 223 del código penal iraquí, Zaidi podría ser condenado a una pena de cinco a 15 años de prisión si se considera que cometió una “agresión caracterizada”. Pero el tribunal podría estimar que se trató de una “tentativa de agresión”, castigada con sólo de uno a cinco años de cárcel.

Por otro lado, el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) reconoció hoy oficialmente el fin de la misión del organismo mundial en Irak al renunciar en Nueva York a prolongar el mandato para la tropa multinacional encabezada por Estados Unidos que expira el 31 de diciembre.

En una resolución aprobada de forma unánime se afirma que la situación de la seguridad en el país mejoró claramente y que Irak logró construir una nueva asociación con la comunidad internacional.

Los cerca de 140 mil soldados estadunidenses que representan la mayor parte de la tropa multinacional permanecerán en el país con base en un acuerdo bilateral entre Bagdad y Washington.

Sin embargo, no está claro el estatus legal de unos 6 mil soldados de otras nacionalidades. El Parlamento iraquí pospuso hoy por tiempo indeterminado las deliberaciones sobre el estatuto que regulará la futura situación legal de los 4 mil soldados británicos y otros 2 mil de procedencia no estadunidense acantonados en Irak, informó la agencia de noticias Aswat al-Irak.

 

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Colombia. Al finalizar la tarde del lunes 2 de febrero se conoció que el periodista Hollman Morris, quien cubre el proceso de liberación unilateral de prisioneros de guerra y secuestrados que adelanta las farc en el sur de Colombia, fue detenido por miembros del ejército en el corregimiento Unión de Peneya, entre los municipios de Paujil y Cartagena del Chairá, departamento de Caquetá, al suroccidente de Colombia.

Hollman Morris es conocido en Colombia por realizar cubrimiento a diversidad de resistencias sociales, efectuando al mismo tiempo en su programa televisivo Contravía polémicos documentales que reflejan la cara no oficial, la que se oculta en Colombia. En un país donde la presión sobre los comunicadores es evidente, y donde por tanto la autocensura tiene un amplio reconocimiento, la labor de Morris es altamente ponderada.

El nombre de Hollman Morris salió a relucir en el cruce de palabras originado por las declaraciones brindadas por su colega Jorge Enrique Botero a Telesur, denunciando las operaciones adelantadas por la Fuerza Aérea Colombiana en territorio donde se llevaba a cabo una Misión Humanitaria: la liberación de integrantes de las Fuerzas Armadas Colombianas en poder de las farc.

En efecto, Jorge Enrique Botero brindó las declaraciones en directo al canal con asiento en Caracas, por un teléfono satelital facilitado por el periodista Hollman Morris. Se podría deducir, por tanto, que su detención y el hostigamiento que sufre es una retaliación por prestar el móvil que facilitó que se conociera en el mundo la presión y riesgo a que estaban sometidos quienes acompañaban a la Cruz Roja Internacional en la Misión Humanitaria.

Inviolabilidad del material informativo

Precisa la FIP: “La Sargento Teresita Tabares, de la Dirección de Derechos Humanos de la Policía Nacional confirmó la detención de Morris, por parte del ejército. El ejército solicitó la presencia de la policía judicial para examinar un material que portaba el periodista”.

“Después de seis horas de detención, el periodista fue dejado en libertad. Según el Secretario de Gobierno del Caquetá, los militares adscritos a la Brigada XII del Ejército, realizaban un procedimiento de verificación de la identidad del periodista”.

Precisa la FIP: “‘Es preocupante el hostigamiento gubernamental contra el periodista Hollman Morris. Independientemente de lo que él estuviera cubriendo, la Constitución Nacional garantiza la libre movilidad de los periodistas y la inviolabilidad de su material informativo’, afirmó Eduardo Márquez, Director del Ceso-FIP y Presidente de la Federación Colombiana de Periodistas, Fecolper. El dirigente gremial hizo referencia al Artículo 73 de la Constitución Política que garantiza la protección a la actividad periodística, su libertad e independencia profesional, y alertó de la vulneración del derecho a la libertad de información consagrado en el artículo 20.

También se vulnera de esta manera el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos, sobre libertad de expresión y de información. El tratado internacional fue ratificado por el gobierno colombiano”.

No olvidar

La FIP recuerda que “en el 2005, Morris fue víctima de retención arbitraria y decomiso temporal de su material periodístico por parte de miembros de la Armada Nacional, en momentos en que realizaba un informe sobre la situación de orden público en el selvático departamento de Putumayo, al sur del país. 

En la actualidad Morris es beneficiario de medidas cautelares decretadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”.

Escuche la entrevista de Hollman Morris:

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