Sábado, 10 Noviembre 2018 08:08

Exterminadores en el campo

Exterminadores en el campo

Más de 200 líderes, movimientos y organizaciones globales de agricultura y alimentación, lanzaron un llamado a Naciones Unidas demandando una moratoria a la liberación de organismos con “impulsores genéticos”, especialmente en agricultura. Firman entre otros La Vía Campesina, la Alianza por Soberanía Alimentaria en África, la red mundial de agricultura orgánica IFOAM, la Unión Internacional de Trabajadores Agrícolas, Amigos de la Tierra internacional, así como tres relatores de Naciones Unidas para la Alimentación: la actual, Hilal Elver, y los anteriores, Olivier de Schutter y Jean Ziegler. Firman además activistas e intelectuales en el tema como Vandana Shiva, Nnimmo Bassey, Raj Patel, Ana Lappé y muchas otras y otros. Es un “llamado a proteger los sistemas alimentarios de las tecnologías de extinción genéticas”, al que se se suman los más significativos movimientos mundiales y continentales en agricultura y alimentación, para decir no a la liberación de esta nueva biotecnología. (https://tinyurl.com/ya94pl7f).

El llamado se presentó el Día Mundial de la Alimentación en la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y es también un mensaje al Convenio de Diversidad Biológica (CBD), que se reúne este mes y tiene el tema en su agenda (Ver La Jornada del Campo133).


Los impulsores genéticos son una forma de ingeniería genética para engañar a las leyes de la herencia y que toda la progenie de una especie –sean insectos, plantas o animales– hereden forzosamente un rasgo transgénico. Están diseñados para diseminarse agresivamente en el ambiente y si el gen introducido es para producir sólo machos, en pocas generaciones podría eliminar toda una población de la especie manipulada y con el tiempo extinguir la especie entera, con impactos impredecibles en el ecosistema.


La industria biotecnológica ha desarrollado varias formas nuevas de ingeniería genética que intenta a toda costa desvincular de los transgénicos anteriores usando nombres que no las relacionen a éstos, como “edición genómica” o “mejoramiento de precisión”. Lo hacen para intentar evadir la resistencia global que existe contra los cultivos transgénicos y para evitar las regulaciones de bioseguridad y etiquetado.
El caso más extremo de estos intentos de engañar al público y reguladores es justamente el de los impulsores genéticos, ( gene drives en inglés o “genética dirigida” en el juego de nombres de la industria). Aunque la presentan como una tecnología en salud –para eliminar insectos vectores de enfermedades como la malaria– o incluso para conservación –para erradicar especies consideradas dañinas–, en realidad el uso principal que planean las industrias, incluyendo a Bayer-Monsanto y Dupont-Dow, es en agricultura, con la idea de recuperar el uso de agrotóxicos en plantas que se han hecho resistentes a ellos y expandir sus monopolios.


Los promotores de la tecnología han tratado deliberadamente que el público no la relacione con la agricultura, pero un nuevo informe del Grupo ETC revela que la mayor parte de la investigación es para aplicaciones en agricultura y alimentación, y de alto interés de las trasnacionales de transgénicos. (https://tinyurl.com/yb5zf3x7).


Entre otras líneas, investigan como extinguir las hierbas que se han vuelto resistentes al uso de agrotóxicos debido al alto uso de éste en los transgénicos. Consideran exterminar una especie de amaranto que se ha vuelto “maleza” en Estados Unidos, lo cual podría llevar a extinguir el amaranto comestible en México. También trabajan en cómo devolver la sensibilidad de hierbas al glifosato e insertar tolerancia a nuevos agrotóxicos para continuar o aumentar su uso. Existen un proyecto para manipular abejas melíferas y varios otros para “autoextinguir” insectos, hierbas, escarabajos, mariposas, gusanos, ratones y otros organismos considerados plaga por las industrias y la agricultura química, pero que tienen funciones en las cadenas alimentarias y los ecosistemas, y más que plagas, son una señal de desequilibrio de los agrosistemas.


El análisis de ETC sobre dos patentes clave sobre impulsores genéticos muestra que cada patente hace referencia a entre 500 y 600 utilizaciones en agricultura, incluyendo su relación con 186 marcas de herbicidas, 46 plaguicidas, 310 insectos considerados plagas agrícolas, además de nemátodos, ácaros, polillas y otros.


Por tanto, pese a los millones de dólares que ha gastado la Fundación Gates –que junto con el Ejército de Estados Unidos son los principales financiadores del desarrollo de organismos con impulsores genéticos (https://tinyurl.com/ybtrud4y)– para tratar de convencer a Naciones Unidas de que es una tecnología para ayudar a los pobres a combatir la malaria en África, en realidad se trata, nuevamente, de una estrategia empresarial trasnacional para aumentar su control sobre la agricultura y la alimentación, esta vez con la intención expresa de eliminar especies o volverlas transgénicas, aunque creen desastres en la biodiversidad y los ecosistemas.


La 14a. Conferencia de las Partes del CBD, que se reúne próximamente en Egipto, debe escuchar a los movimientos y personalidades del mundo agrícola y detener la liberación de esta riesgosa tecnología.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Flores de 'Arabidopsis thaliana', la especie que fue objeto del estudio

 

 

Expertos crean mapa de 200 moléculas; hallan cómo responden a los peligros ambientales

Comprender interacción de esos elementos y el medio ayudará a aumentar la resistencia a patógenos o tensiones como el calor, la sequía, la salinidad o el impacto frío, explican científicos

 

Madrid.

Un reducido grupo de proteínas claves interactúa entre sí para determinar la forma en que las plantas muestran sensibilidad ante el mundo que las rodea, según el primer mapa que las describe.

Las plantas carecen de ojos y oídos, pero aún así pueden ver, oír, oler y responder a las señales y peligros ambientales, especialmente a los patógenos virulentos. Lo hacen con la ayuda de cientos de proteínas de membrana que pueden detectar microbios u otras tensiones.

Sólo una pequeña porción de esas proteínas sensibles se ha estudiado mediante la genética clásica, y el conocimiento sobre cómo funcionan estos sensores formando complejos entre sí es escaso. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha creado el primer mapa de red para 200 de estas biomoléculas, el cual muestra cómo unas pocas proteínas claves actúan como nodos maestros críticos para la integridad de la red, y también revela interacciones desconocidas.

Se trata de un trabajo pionero para identificar la primera capa de interacciones entre estas proteínas, señaló en un comunicado Shahid Mukhtar, profesor asistente de biología en la Universidad de Alabama en Birmingham (UAB), participante en el estudio.

"La comprensión de estas interacciones podría conducir a formas de aumentar la resistencia de una planta a patógenos u otras tensiones como el calor, la sequía, la salinidad o el impacto frío. Esto también puede proporcionar una hoja de ruta para investigaciones futuras de científicos de todo el mundo."

El equipo internacional, con sede en Europa, Canadá y Estados Unidos, fue dirigido por Youssef Belkhadir, del Instituto Gregor Mendel de Biología Vegetal Molecular, en Viena. El estudio fue publicado en la revista Nature.

 

Quinasas receptoras

 

El nuevo mapa de red de interacción integral se centró en una de las clases más importantes de esas proteínas de detección: las quinasas receptoras repetitivas ricas en leucina, o las quinasas receptoras de LRR, que son estructuralmente similares a los receptores tipo-toll humanos, que forman parte del sistema inmunitario.

Las quinasas receptoras de LRR son una familia de proteínas en plantas y animales que son en gran parte responsables de detectar el medio ambiente. En las primeras tienen un dominio extracelular de la proteína, que se extiende más allá de la membrana celular, que puede reconocer señales químicas, como las hormonas de crecimiento o porciones de proteínas de los patógenos. Las quinasas receptoras luego empiezan a dar respuestas a estas señales dentro de la célula, usando un dominio intracelular de la molécula.

La planta modelo Arabidopsis thaliana contiene más de 600 quinasas receptoras diferentes, 50 veces más que los humanos, que son fundamentales para el crecimiento, el desarrollo, la inmunidad y la respuesta al estrés. Hasta ahora, sólo un puñado tenía funciones conocidas, y se sabía poco sobre cómo los receptores podrían interactuar con cada uno para coordinar las respuestas a señales a menudo conflictivas.

Para el estudio de Nature, el laboratorio de Belkhadir probó las interacciones entre los dominios extracelulares de los receptores de forma pareja, trabajando con más de 400 dominios extracelulares de las quinasas receptoras de LRR y realizando 40 mil pruebas de interacción.