“En Grecia se rompió el contrato social”
El tembladeral de la Eurozona es la segunda fase de una crisis que comenzó con el estallido financiero de 2008 y tiene en vilo al orden mundial surgido con la caída del Muro. Uno de los más inesperados rostros de este conflicto entre lo viejo y lo nuevo que lucha por nacer es la coalición de izquierda griega Syriza. Partido marginal antes de la crisis financiera, Syriza dio el gran salto con el desgaste de los dos partidos tradicionales griegos (socialdemocracia de Pasok y la derecha conservadora de Nueva Democracia) ante los drásticos programas de ajuste exigidos por la Troika (el FMI, el Banco Central Europeo, la Unión Europea) a cambio de un rescate que evitase el default.


En las elecciones del 6 de mayo esta coalición de comunistas variopintos –maoístas, trotskistas, independientes– y verdes obtuvo un 17 por ciento de los votos, cuatro veces más de lo que habían cosechado en los comicios previos. De cara a las elecciones del 17 de junio cuentan con alrededor de un 28 por ciento de la intención de voto y están cabeza a cabeza con los conservadores, la mejor carta que tiene hoy la Troika para imponer el ajuste. Según la mayoría de los medios europeos, una victoria de Syriza significaría la salida de Grecia del euro y la más seria amenaza a la supervivencia de la moneda única europea desde su lanzamiento a fines de los ’90. Página/12 sostuvo un largo diálogo telefónico con Errikos Finalis, miembro del Secretariado Ejecutivo de Syriza, quien se manifestó conmovido por el apoyo que les ha llegado de Argentina, Brasil y el resto de América latina.


–¿Cómo define a Syriza?

–Syriza está en un proceso de transformación. Somos una coalición de izquierda, pero estamos formando un amplio frente popular para incorporar el apoyo de nuevos sectores sociales desde las elecciones de mayo. Campesinos, obreros, pequeños empresarios, la clase media empobrecida, los jóvenes, muchos de ellos desempleados, forman hoy parte de esta nueva base de Syriza. En Grecia se ha roto el contrato social. Nosotros queremos restaurarlo sobre nuevos cimientos. En las últimas semanas hemos realizado más de 300 asambleas populares para escuchar lo que dice la gente y elaborar juntos una solución a sus problemas.


–¿Cuál es su plataforma económica?

–Nuestra primera medida será romper el memorando que el gobierno firmó con la Troika para recibir el segundo rescate. Grecia ha sufrido años de recesión con estos programas de austeridad que sólo han servido para destruir nuestra economía y nuestro tejido social. Vamos a congelar de inmediato los recortes a las pensiones y los salarios. Vamos a frenar las privatizaciones y revertir algunas que ya fueron hechas. Los bancos que han recibido ayuda estatal de unos 200 mil millones de euros y que, por tanto, pertenecen al Estado, quedarán bajo control público. Necesitamos reformar el sistema impositivo que ha permitido que las grandes fortunas griegas no paguen impuestos. En cuanto a la deuda, suspenderemos de inmediato el pago de intereses. Queremos que haya un período de tres años de moratoria para poder dialogar con todos los bancos e instituciones para ver qué parte de la deuda ha sido ya pagada hasta dos o tres veces y qué parte realmente se adeuda. Queremos que haya una auditoría independiente, un poco al estilo de la de Rafael Correa en Ecuador, para decidir qué deuda es legítima y cuál no.


–Su agenda requiere tiempo y Grecia no parece tenerlo. Alemania ha advertido que el memorando no es negociable. El mensaje es que, si Grecia decide desconocerlo, quedará fuera del euro. Teniendo en cuenta que Grecia importa casi todo el petróleo y los medicamentos, además de un 40% de sus alimentos, ¿no se expone a un descalabro total sin el euro detrás?

–En primer lugar tenemos elementos muy importantes para negociar y evitar una salida del euro que nosotros no deseamos. En segundo lugar, la política que se siguió desde el ingreso de Grecia a la Eurozona desmanteló el aparato productivo griego. Nosotros éramos autosuficientes a nivel alimentario. Ya no lo somos. Teníamos una industria manufacturera débil, pero existente, que también fue duramente golpeada. Este modelo económico fracasó. Pero no fue obra de la naturaleza. Fracasó por razones humanas que tienen que ver con el modelo que impuso la Unión Europea para transformarnos en un país de servicios que importa todo. Es necesario comenzar a recrear un modelo viable. Esta es la principal tarea. Alemania está chantajeando al resto de Europa. No tiene ningún derecho a decidir si Grecia sigue o no en el euro. Si usa un mecanismo ilegal para sacarnos del euro, será un problema para el resto de la Eurozona, y no me refiero únicamente a los países del sur: Francia también está muy expuesto. La solución no puede ser unilateral, no puede ser el exterminio de los griegos. Para nosotros el dilema no es el euro o el dragma. El dilema es sobrevivir o no.


–El discurso dominante en muchas capitales europeas es que Grecia tiene que pagar por su propia incompetencia y corrupción. La directora general del FMI, Christine Lagarde, lo dijo en una reciente entrevista con The Guardian. No parece haber mucho margen para la negociación.

–Están usando a Grecia de conejillo de Indias de un experimento que si sale se aplicará en el resto de Europa. Los argumentos que usan se sostienen gracias a un bombardeo mediático que no tiene empacho en difundir mentiras. La idea de que los griegos trabajan mucho menos que los alemanes, o que los jubilados germanos están pagando por la jubilación anticipada de los griegos, es uno de los tantos mitos difundidos por los medios. Según las estadísticas de Eurostat, es decir la oficina de estadísticas de Europa, los griegos son los segundos en horas de trabajo de toda la Unión Europea. Lo mismo pasa con la jubilación. En Grecia, la edad oficial de jubilación de los hombres es de 67 años, de las mujeres de 65. Es un régimen más estricto que en otros países de Europa y las jubilaciones que se cobran después de 30 o 40 años de trabajo son mucho peores. Pero además hay un segundo factor que debería liquidar estos mitos mediáticos de una vez para siempre. Los préstamos de la Troika apenas pasan por Grecia. Se quedan literalmente dos días antes de que ese mismo dinero vaya a los bancos y al FMI. Lo que está haciendo la Troika es salvar a los bancos, no a los griegos, mucho menos a sus jubilados que han visto un recorte brutal de sus pensiones.


–Uno de los peligros de una situación tan difícil es la violencia. Grecia tuvo en el siglo XX una guerra civil y un golpe de Estado. Y en las elecciones de mayo los neonazis tuvieron un considerable apoyo que les permitió tener representación parlamentaria.

–Los neonazis aprovecharon la desorientación y el miedo de un sector de la población, pero no tienen una base social real. Con el paso de los días, su impacto electoral ha disminuido, algo que se va a notar en las próximas elecciones. No cabe duda de que hay aventureros de todo tipo que quieren desestabilizar para influir en el resultado de las elecciones, pero los griegos no quieren pelear entre ellos. Quieren una solución para sus problemas. Lo que pasa es que las campañas existen y se echan a rodar amenazas y rumores como la idea de un golpe de Estado. No tienen ningún fundamento. El ejército no va a repetir los errores del pasado.


–¿Tienen entonces confianza en la victoria?

–No. Desde ya que estamos trabajando para ganar las elecciones, pero las fuerzas internacionales que tenemos que enfrentar son muy poderosas y están intentando aterrorizar al pueblo griego. Si logran imponer su agenda, solo será de modo temporario. Con esta política no podrán mantenerse en el gobierno más que unos meses.


–Muchas cosas que usted ha contado recuerdan la situación de Argentina en 2001. ¿Ustedes han percibido también ese paralelo?

–Lo tenemos muy presente. En estos momentos Grecia se encuentra en una situación muy similar a la que vivió Argentina en los meses previos al default, con programas de austeridad con el sello del FMI que generaban de-sempleo y recesión. Sabemos lo que ocurrió entre diciembre de 2001 y los primeros meses de 2002. Queremos evitar un default que es siempre traumático. Pero lo sucedido en Argentina es una inspiración también porque muestra que es posible salir de esa situación si se abandona la política de austeridad. Mucha gente de Argentina, Brasil y otros países de América latina nos ha enviado mensajes de solidaridad. Yo quiero agradecérselos. Es muy alentador saber que tan lejos mucha gente se da cuenta de que somos parte de la misma lucha.

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Sábado, 09 Junio 2012 07:26

Perú. La gran transformación

Perú. La gran transformación
El complemento directo de “Adiós Humala” es “bienvenidos fujimoristas”. Con las técnicas y sistemas mafiosos, el gobierno de Humala ha dado el gran viraje. La llamada hoja de ruta dibuja una trayectoria de 180 grados que se ha dado constantemente desde el inicio del gobierno. Es la ruta del viraje en la política exterior ya mencionada (ver “Adiós Humala”), en la política de género, en la política ambiental y en la Política. Lo demás no tiene viraje alguno, es el piloto automático hacia la derecha natural de todo gobierno, al que se refiere Patricia del Río en su columna en un diario limeño.

 
Cuando dispararon contra los que protestaban en Espinar, votantes de Humala en su gran mayoría, ya estaba cumplida la hoja de ruta. El viraje ya es de 180 grados y está el partido y su jefe enfrentado a sus aliados y miembros. En la calle esto tiene como resultado el aumento de las protestas y quizás -en un efecto de bola de nieve- reproducir lo que Santos, presidente de la región Cajamarca, dijo con tanta certeza hace pocos días: procesos sociales análogos a los de Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez en Ecuador y Sánchez de Losada y Carlos Mesa en Bolivia. Esto por no mencionar a los que se produjeron en Argentina con “el que se vayan todos” en diciembre del 2001 o el propio pueblo peruano del 2000 cuando los cuatro suyos marcharon para sacar a Fujimori. En la calle peruana actual, los actores son los jóvenes y los afectados por la minería. Ellos no necesitan de líderes naturales. Podrían autoconvocarse bajo el lema “que me devuelvan el voto”.

 
Ya efectuada la correctamente llamada “gran transformación” (Ayer con la gente, hoy contra la gente) la hoja de ruta ha colocado al congreso de la república en un disparadero. Está el partido de gobierno a 180 grados de su punto de inicio lo que lo coloca como aliado natural de sus adversarios y opositor de su bancada. De esta forma debe de entenderse el inicio de las renuncias de sus partidarios y aliados a la bancada. Esto le va a quitar la escueta mayoría simple que obtuvo. Lo que le debería de seguir es la alianza con los fujimoristas para poder elegir un presidente del congreso dentro de un mes. Esta es la ocasión perfecta para que Kenji Fujimori llegue a la presidencia del congreso. Parece que él trabaja un poco más que su hermana que no va nunca. Esa alianza reforzaría tanto los aspectos siniestros montesinistas del régimen (e.g. cambio de leyes en la noche, sembrado de armas, encarcelamiento de defensores de derechos humanos) que ya se ven, como los propiamente dictatoriales-fujimoristas, que sobra mencionar. ¿Otra vez teléfonos interceptados y amenazas telefónicas de muerte? Si algunos congresistas y diplomáticos políticos no están renunciando ahora aún es por razones de trabajo e ingresos. Pero otros sin duda seguirán los pasos ya dados por Verónica Mendoza, y seguido por otros. Mendoza es fundadora del Partido Nacionalista por cierto.

 
Humala no puede gobernar los próximos cuatro años sin tener mayoría en el congreso y eso solo se lo da una alianza con el Fujimorismo ahora. En realidad en el ejecutivo solo le falta rebalancear la cancillería y poco más. Los ministros actuales hubieran estado en los años 90 encantados como tecnócratas “asépticos”. Francisco Tudela, ex canciller de Fujimori aceptaría encantado la cancillería. Por otro lado, la cancillería no ha pintado en el viraje de la política exterior peruana. Esa gran transformación vino de Palacio.

 
Lo que hace pintoresca a la derecha peruana, es que nunca ha calculado el efecto de sus actos río abajo.  Esto es por la frivolidad rampante. Este no es un complot peruano, ni siquiera es uno internacional. Los temas de la contaminación y una mejor distribución del ingreso minero son universales y están brotando de forma espontánea en el mundo. Lo pintoresco es que cuando revienta el problema, se sorprende muy tarde, se convierte en víctima, y acusa a todos los pobladores de “terrorismo”, que en el Perú tiene mucho atractivo mediático por la existencia de Sendero en los años 80. Es un recurso barato usado por la prensa escrita y televisiva adicta al Fujimorismo (que aún pervive) para generar miedo nacional a las protestas en la asociación “terrorismo=senderismo”. Con eso cree que produce desafección popular a las protestas. Todos los peruanos terminamos pagando la cuenta de esta tontería. Los analistas políticos peruanos deberían estar alimentando a la prensa, de proyecciones de los efectos de estos movimientos a diez años plazo y advirtiendo a la prensa de dejarse de frivolidades. ¿Alguien ha pensado cómo se haría si cayera Humala? Faltan cuatro años de gobierno y el partido gobernante está perdiendo la mayoría simple en el congreso. “Es el marxismo que tiende sus brazos para destrozar el progreso logrado” dirá algún editorial de esos periódicos que no sirven ni para envolver pescado.

 
Ahora está claro que debería de existir una fórmula constitucional para pedir la vacancia de la presidencia de la república, de la misma manera que la hay para alcaldes y presidentes regionales. Incumplir con las promesas electorales es una buena razón.

 
Por Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org


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Viernes, 08 Junio 2012 06:57

México. Disputa electoral cerrada

México. Disputa electoral cerrada
A un mes de las elecciones presidenciales mexicanas, el resultado está abierto, después que se acentuó la caída del hasta hace poco favorito, Peña Nieto, del PRI, así como la subida del candidato de la izquierda, López Obrador, del PRD, mientras la candidata del PAN, Josefina Vázquez, quedó definitivamente relegada al tercer lugar.

 
Hasta hace poco, Peña Nieto tenía una gran ventaja en los sondeos, con algo más de 20 puntos, apoyado por casi toda la gran media monopólica mexicana. Con el fracaso del gobierno Calderón – comenzando por la “guerra al narcotráfico”, pero también por la totalidad de su gobierno ortodoxamente neoliberal-, las élites dominantes se inclinaron por el candidato del PRI para dar continuidad a la misma política neoliberal y de subordinación externa a los Estados Unidos.

 
Las manifestaciones juveniles de protesta contra la prensa que privilegia a Peña Nieto están contribuyendo a cambiar las opciones del electorado. A un mes de las elecciones comenzaron a aparecer encuestas que indican que la diferencia entre los dos disminuye significativamente. A partir de ese momento es una carrera contra el tiempo y contra la posibilidad de fraude.

 
La derecha hará todo lo posible para impedir que esto acontezca. Los Estados Unidos se llevarían una sorpresa, no sólo porque México es el país fronterizo con América Latina, sino porque es uno de los pocos países aliados de peso en el continente. Un gobierno de López Obrador no podrá salir simplemente del Tratado de Libre Comercio de América del Norte pero, como hace Perú, avanzará en la diversificación del comercio internacional, se aproximará políticamente a los países de América del Sur, cambiará la política económica, bloqueará la privatización de la Pemex –la empresa mexicana del petróleo-, revitalizará el Estado mexicano, centrará la acción gubernamental en las políticas sociales. Sería un cambio interno muy importante y significativo en el plan externo.

 
Desde que la ventaja holgada del candidato del PRI fue disminuyendo y el apoyo a López Obrador fue aumentando, se desató con fuerza la campaña contra el candidato de la izquierda. Antes prácticamente ignorado por los media privados, para no abrirle espacio, pasaron a atacarlo con falsas denuncias, buscando reactivar un nivel de rechazo que López Obrador está consiguiendo superar, mientras las movilizaciones estudiantiles posibilitan que aumente fuertemente el rechazo a Peña Nieto.

 
El proceso electoral mexicano está especialmente viciado, porque no hay segunda vuelta y el presidente tiene un mandato de 6 años, aunque gane con evidencias de fraude, como fue el caso de Calderón. La disputa final puede ser cerrada. Si López Obrador no consigue una ventaja significativa, puede ser víctima, nuevamente, del fraude que le quitó la presidencia hace 6 años. El gran factor de cambio a su favor viene de las bellas manifestaciones estudiantiles, que se oponen a las campañas de difamación de la vieja media mexicana. (Traducción: ALAI)
 

PorEmir Sader, sociólogo y cientista político brasileño, es secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

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Miércoles, 06 Junio 2012 20:19

¿Para qué sirve la consulta previa?

¿Para qué sirve la consulta previa?
En América Latina están ubicadas cuatro de las “maravillas del mundo”, todas ligadas a la herencia o la existencia de los actuales pueblos indígenas. Se trata de bellezas únicas que expresan creencias y temas simbólicos; sin embargo, con increíble inconsciencia, las clases sociales dominantes en los países donde se encuentran estos privilegiados sitios, con la complicidad de los gobiernos, tratan de alejar de ahí a los indígenas que aún hablan la lengua, conservan la vestimenta, los objetos artísticos, la música, los cánticos de sus antepasados. De Chichén-Itzá, la ciudad marcada por los astros, los artesanos mayas son expulsados para que no “molesten a los turistas”. El gobierno mexicano, claro está, no interviene. Machu Pichu, que plasma los instantes caóticos y cósmicos de la creación quechua, es un lugar inalcanzable para los indígenas de la zona, que solo ven de lejos pasar el tren que lleva a los visitantes al sitio sagrado. Al gobierno de Umala no le interesan los pueblos indígenas. Las cataratas de Iguazú, de doscientos setenta saltos, fueron parte del territorio guaraní, de donde se los desplazó a tiros para “limpiar el lugar”. Aún hoy se los sigue alejando para emplazar hoteles, pero la presidenta Kirschner no muestra el menor interés en remediar la situación. La selva amazónica es invadida por transnacionales de todo tipo, pero los gobiernos de la región están dispuestos a cambiar la Amazonia por dinero. No hay nada que haga pensar que el presidente Correa quiere proteger a los pueblos amazónicos. Piénsese solo en las afectaciones que sufre el territorio waorani por acción de las petroleras, recuérdese la muerte de Bosco Wisuma.

En la práctica, el Ecuador no ha aceptado las recomendaciones de la ONU sobre el derecho de los pueblos indígenas a la consulta previa cuando se trata de los recursos naturales que se encuentran en sus territorios ancestrales, derecho que se explica en el Convenio 169 de la OIT y que lo recogen las constituciones de varios países. El gobierno ecuatoriano reconoce que la Constitución sí establece como derecho la consulta previa, pero alude en forma artera que no se habla de consentimiento. Según un estudio sobre el tema, el actual régimen “logró la aprobación de instrumentos jurídicos para que se destruyeran los logros alcanzados por los movimientos sociales en relación a la consulta previa”. ¿Qué sentido tiene está si se rechaza de antemano la voluntad de las comunidades afectadas?

Ahora resulta que la Amazonia es “una de las maravillas del planeta”, aunque los indígenas amazónicos siempre han tratado a sus tierras y a su universo espiritual como algo milagroso. Frente a esta realidad no luce atractiva la idea de que abandonen su mundo y se suman en el desarrollo capitalista con el respaldo de una consulta despojada del carácter vinculante que originalmente tuvo.

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Miércoles, 06 Junio 2012 06:59

Guerra Total made in USA

Guerra Total made in USA
Hay ciertos aspectos en los que el presidente Barack Obama lleva adelante políticas de guerra aún más duras que las que impusiera el otro presidente George W. Bush. Por ejemplo, los bombardeos con aviones no-tripulados sobre Pakistán, Afganistán, Libia y otros lugares en los que los blancos no son sólo los supuestos “terroristas”, sino “todo hombre de edad militar en la zona será considerado como combatiente… salvo que la evidencia póstuma demuestre lo contrario”.

 
Según un extenso artículo aparecido en el matutino ‘The New York Times’ el pasado 29 de mayo, a los efectos prácticos, Obama ha impulsado lo que sólo puede describirse como una Doctrina de Guerra Total integrando las acciones de gobierno, militares y de guerra psicológica a través de los multimedios, bajo una única Doctrina.

 
El concepto de la “Guerra Total”, o sea, la guerra no sólo contra fuerzas militares, sino contra todos los civiles independientemente de su edad, sexo, y contra toda la infraestructura del país, se transformó en una terrible realidad en el siglo XX, potenciada por los descubrimientos científicos y el progreso tecnológico puestos al servicio ilimitado de la guerra. La Guerra Total hoy sigue muy viva y su principal impulsor son los Estados Unidos y sus Aliados.

 
Esto lo pretenden justificar en todos los frentes gracias a los multimedios adictos en los Estados Unidos, Europa y los demás países. En el caso de la Doctrina de Guerra Total de Obama, los multimedios acompañan la politica oficial de EE.UU., describiendo el asesinato de personas inocentes -que por mala suerte o casualidad se encuentran en el lugar equivocado, en el momento equivocado en que caen las democráticas bombas norteamericanas- como “combatientes militantes”.
 

En verdad, la Guerra Total requiere de una intensa y constante guerra psicológica para convencer a la opinión pública -propia y extranjera- de que “nuestros muchachos” pelean para “traer la paz y la democracia”; que siempre hacen “lo correcto” al matar “a quienes deben morir” porque amenazan a Estados Unidos, Europa, Israel y el resto de Occidente; en otras palabras, ellos solamente asesinan a “combatientes militantes terroristas”.
 

Así, se describen con eufemismos orwellianos todas las guerras conducidas por EE.UU., ya sea por sí sólo o junto con aliados como Gran Bretaña, la Unión Europea e Israel, o a través de otros países con gobiernos títere. La lista es muy extensa: Corea, Vietnam, Panamá, República Dominicana, Palestina, Egipto, Irak, Afganistán, Libia, Irán, África, Sudamérica, Camboya, Laos, Cuba, El Salvador, Islas Malvinas, Nicaragua, Granada, Serbia… La cantidad de muertos se mide en decenas de millones de personas y sigue aumentando.

 
¿A quién le tocará ahora? ¿A Siria? ¿A Irán? ¿Sudán? ¿Corea del Norte? ¿Venezuela? Luego del 11 de septiembre 2001, las cosas pasaron de mal a peor…

 
Hoy el mundo se enfrenta a una superpotencia hegemónica crecientemente fuera de control, que alberga a un pequeño, compacto pero extremadamente poderoso grupo de Señores del Poder enquistados profundamente dentro de su estructura de poder pública y privada, que así controlan armadas y fuerzas aéreas invencibles, ejércitos de altísima tecnología, bomberos no tripulados, satélites militares, bombas de tipo napalm, de racimo y de profundidad, vigilancia electrónica, y hasta armas secretas como las aún no esclarecidas instalaciones del proyecto HAARP.

 
Agreguemos a todo esto las decenas de miles de misiles de largo alcance y bombas nucleares apuntadas a determinados países en manos del exclusivo club nuclear occidental -Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Israel- y vemos entonces cómo las cosas toman un cariz realmente muy oscuro.

 
Todo ello avalado por financiamiento ilimitado -tanto oficial como clandestino- por EE.UU. y sus Aliados. Y cuando el dinero empieza a ralear, bueno… siempre existen “otro medios y fuentes…”. Es cuando los servicios de inteligencia como la CIA lavan y reciclan billones de dólares provenientes del tráfico de drogas, armas y del crimen organizado en general, para financiar operaciones encubiertas, ilegales e inconfesables; o cuando cada tanto se atrapa a algún alto funcionario de gobierno conspirando en operativos del tipo Iran-Contras…

 
Todo ello conforma la política de “Guerra Total, estilo USA”. Ya no se trata de la guerra total contra algún país en particular, sino contra todos los países que EE.UU., Reino Unido, Francia e Israel consideran que “apoyan a los terroristas”, o que insisten en mantener gobiernos nacionales soberanos que a ellos no les agradan, o -más pragmáticamente- países bendecidos con enormes riquezas petrolíferas, gasíferas, minerales, y de agua y alimentos sobre las que poderosas multinacionales como Exxon, BP, Monsanto, Chevron y Barrick Gold desean echar mano para luego reciclar los billones de dólares en ganancias a través de los consabidos bancos JPMorganChase, Goldman Sachs, CitiCorp, HSBC, Deutsche Bank… Todo queda en casa…

 
La maquinaria de Guerra Total, estilo USA le cuesta billones de dólares y euros a los contribuyentes norteamericanos, británicos y europeos, a lo que debemos agregar los billones más creados de la nada por los bancos centrales Europeo y de la Reserva Federal de EE.UU., lo que erosiona aun más al dólar y al euro, de forma tal que a fin de cuentas, todo el mundo termina pagando la factura de la Guerra Total de EE.UU., a través de la erosión de estas monedas globales.

 
Y para aquellas decenas de millones de norteamericanos y europeos que creyeron que Obama “cambiaría las cosas” inaugurando un “mundo más pacífico y gentil”, que no se confundan: en materia de politica exterior estadounidense jamás hubo ni habrá sustanciales diferencias entre republicanos y demócratas.

 
De manera que si usted se encuentra caminando por las calles de algún pueblo o ciudad de Pakistán o Afganistán y, por casualidad, pasa cerca de algún “blanco terrorista” y es matado por una bomba teledirigida norteamericana, usted ya no será clasificado como una “baja civil”; ni siquiera como “daño colateral”. No señor: ¡la Doctrina de Guerra Total Obama lo acaba de convertir en un “militante combatiente terrorista”!

 
Naturalmente, cuando estas bombas teledirigidas asesinan a 30, 40 o 100 civiles que EE.UU. oficialmente clasifica como “terroristas militantes”, ellos saben muy bien que no tienen la más remota idea de a quiénes acaban de asesinar: podría ser un muchacho entregando pizzas, o el lechero, o un alumno de colegio secundario, o un vendedor de diarios o… ¿¡pero eso qué importa!? Sólo basta con clasificarlos como “militantes combatientes terroristas”, cerrar el parte militar yanqui y… ¡a otra cosa!

 
Total, lo importante es saber que los multimedios occidentales disciplinadamente informarán al mundo que “más terroristas militantes” acaban de ser matados en la “Guerra Total de EEUU contra el Terrorismo” (o la del Reino Unido, o la de la Unión Europea, o la de Israel…).

 
Y no vaya usted a atreverse a pensar que la Doctrina Obama no conlleva “justicia yanqui”, pues si luego que lo asesinan se “demostrara póstumamente” que usted en realidad no era ningún “terrorista militante” sino solo un pobre tipo que salió a pasear el perro, entonces la generosidad yanqui puede que lo reclasifique como “baja civil”; o incluso hasta que lo honren llamándolo “daño colateral”. ¡Uy, ya me estoy sintiendo mejor!

 
Cuando Estados Unidos de Norteamérica inició su Guerra Total Global contra el Terrorismo, estas tácticas mortales, hipócritas, criminales, inhumanas y mentirosas se transformaron en parte integral de la “democracia” de estilo occidental que han lanzado sobre nuestro pobre planeta.

 
Hoy, miles de millones de personas se preguntan a dónde nos está arrastrando todo esto; ¿cuándo se detendrá?

 
En rigor de verdad, la pregunta clave es más bien: ¿Cómo puede la humanidad detener a un grupo de países inmensamente poderosos que parecieran haber quedado totalmente fuera de control?

 
Si alguna vez hemos de lograr aunque más no sea una Paz Parcial, primero debemos ponerle fin a la actual locura de la Guerra Total.


 6 Junio 2012

Por: Adrian Salbuchi, analista político
 
(Tomado de RT en: http://actualidad.rt.com/expertos/salbuchi/view/46131-Guerra-Total%2C-estilo-USA)

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Martes, 05 Junio 2012 06:54

Dilma con vestido verde

Dilma con vestido verde
Dilma enfrenta su mayor desafío en la enmarañada diplomacia verde. Como anfitriona de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, Río + 20, la presidenta brasileña ocupará este mes el rol de pop star –en el que no parece sentirse muy a gusto– ante un centenar de líderes que ya confirmaron su presencia, entre ellos los mandatarios del núcleo duro de los emergentes, mientras habrá defecciones notorias en las filas occidentales, como la de la alemana Angela Merkel y está en duda la participación de Barack Obama.


La lógica de la agenda ambientalista, donde lo que prima es parar la degradación del planeta más allá o más acá de las fronteras, lleva a que la política nacional se confunda con la internacional. Esa tendencia se comprueba en Brasil, por su doble condición de ser escenario del mayor evento ecológico del año y por ser una potencia ecológica con un territorio de 8,5 millones de km2 de los cuales casi el 50 por ciento corresponde a la región amazónica.


De allí que el paquete de medidas sobre la Amazonia a ser anunciado por Dilma hoy, cuando la ONU celebrará en Brasil el Día Mundial del Medio Ambiente, puede ser leído como una iniciativa de política interna y a la vez como uno de sus primeros pronunciamientos de Río + 20.


Luiz Inácio Lula da Silva hizo algo similar en la antesala de la Conferencia del Clima de Copenhague, en 2009, al declarar con su entonces aliado, el francés Nicolas Sarkozy, la disposición de reducir la generación de gases de efecto invernadero.


Es posible que Rousseff anuncie hoy la creación de dos zonas de protección ambiental –áreas donde el Estado subsidia la explotación de recursos naturales con criterios ecológicos–, seis reservas indígenas y el aumento del número de familias rurales beneficiadas por el programa Bolsa Verde. Difícilmente las medidas serán aplaudidas por los miles de activistas que participarán de la Cumbre de los Pueblos que sesionará en paralelo a Río + 20, debido a sus discrepancias de fondo con la política amazónica del gobierno al que censuran por la construcción de represas hidroeléctricas y la aprobación, aunque con vetos, del Código Forestal.


Hace una semana el globalizado movimiento ecológico recogió dos millones de firmas contra el Código Forestal por considerarlo “permisivo” con el agronegocio, que está matando la selva, y el sábado Greenpeace anunció la marca de 300 mil firmas en la campaña para alcanzar la “Deforestación Cero”, que es una meta casi imposible para el gobierno, que reportó el desmatamiento de 1400 km2 sólo entre agosto y marzo pasados.


A Dilma los ecologistas no la aman. Un segmento de esa colectividad con bastante arraigo en la clase media alta urbana, de donde provienen los 20 millones de votos obtenidos por la líder ambientalista Marina Silva en las presidenciales de 2010, ven a Rousseff como una desarrollista clásica, sin sensibilidad verde.


Otra parte de ese cosmos ecologista es más simpático con la presidenta. Allí están el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, la Pastoral de la Tierra (de la Iglesia Católica) y la Confederación Nacional de Trabajadores de la Agricultura, grupos que combaten la degradación del planeta desde un prisma social.


Río + 20 comenzará a sesionar el 12 de junio, pero el arribo de los mandatarios ocurrirá ocho días más tarde, poco después de cerrado el encuentro del Grupo de los Veinte en México y una semana antes de la reunión semestral de presidentes del Mercosur, en Mendoza.


Aunque se trata de tres eventos con agendas propias, los tres están atravesados por una misma encrucijada, la de quién cargará con el costo y cómo se sale de la crisis global. Ese dilema tiene su traducción ecológica: sobre quién recae el peso de la reconversión productiva en el campo y la ciudad para que el planeta siga siendo habitable dentro de un par de siglos. Brasil opina que ese costo debe ser absorbido por los países desarrollados causantes –a través de la revolución industrial– de la deforestación iniciada hace dos siglos. Y rechaza la tesis de la “diplomacia del ozono”, que podría resumirse así: el Primer Mundo, acuciado por la crisis, continúa produciendo a gran escala alimentado por combustibles fósiles y emitiendo gases de efecto invernadero, y mediante la compra de áreas verdes en la periferia (léase amplias extensiones de la Amazonia), la condena a ser un jardín botánico virgen hundido en la pobreza y sin industria.


Para hacer sentir su voz frente a los ricos en Río + 20 Dilma pretende sumar a sus aliados del grupo Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), cuyos gobernantes prometen estar en pleno en la Conferencia, y a los socios latinoamericanos, con Argentina y los miembros del Mercosur en la línea del frente.


El diplomático chino Sha Zucang, secretario general de Río + 20, comparte la perspectiva brasileña: “Los emergentes tienen que unirse para crear economías verdes... y éstas tienen que ser consideradas en un contexto más amplio del desarrollo sostenible... Esta es una conferencia que no trata al ambiente de forma aislada, también está el lado económico y el social”.


El frente sudamericano entrará en escena en una mesa redonda con Dilma, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la ex mandataria chilena Michelle Bachelet. “Estamos trabajando en esa posible mesa redonda con las presidentas Cristina y Dilma, es una propuesta que recibimos positivamente. Argentina y Brasil tienen una sintonía política fina y esto también se verá en los temas de Río + 20”, comentó recientemente un diplomático argentino a este diario en la embajada de Brasilia.


Como se ve, el contrapunto Sur-Norte está servido en la cita de Río, a donde la tropa de los países ricos llegará diezmada, pues no viajarán Angela Merkel, que hace dos meses chocó con Rousseff en un debate sobre la crisis, ni el premier británico David Cameron, mientras es incierta la presencia de Obama. Estará, en cambio, el presidente François Hollande, cuya victoria en los comicios de mayo fue aplaudida con infrecuente efusividad por Rousseff, quien lo elogió por defender el crecimiento como camino para salir de la crisis económica, y es seguro que querrá contarlo como aliado en la cumbre ecológica.
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Lunes, 04 Junio 2012 17:33

Adiós Humala

Adiós Humala
Tras la "masacre política” de diciembre del 2011, Ollanta Humala ha decidido convencer al mundo de que no solo es un militar sin palabra, sino un político con ideología neoconservadora. Este convencimiento se lo hizo primero a los venezolanos que lo apoyaron en la campaña del 2006 y luego a los brasileños que lo apoyaron en el 2011, y ahora lo viene llevando a la calle. No ha bastado “limpiar” a su gobierno de funcionarios progresistas, ahora es fundamental declarar la lucha de clases a la antigua, a balazo limpio. En distintas partes del Perú, y con el aplauso de la pintoresca y bravucona derecha nacional, Ollanta Humala y su gobierno se enfrentan y desafían al pueblo que ha votado por él. ¿Para qué?

Humala pretendió ser el caudillo progresista esperado en dos décadas. Participante del Foro de Sao Paulo, los partidos políticos de la izquierda latinoamericana lo acogieron y apoyaron en sus campañas diversas desde el 2005. La derecha lo acusó por todo esto de ser primero el candidato de Chávez y la señora Heredia fue perseguida por una parte de la prensa peruana a partir de las elecciones del 2006 por sus vínculos con Venezuela. Por esto tuvo de portavoces de campaña a Mocha García Naranjo y a Nicolás Lynch que venían de las izquierdas.

Luego de su salto a la esfera de influencia de Brasil para la campaña del 2011, creando una mejor imagen de amigo de Lula da Silva y con posiciones más moderadas, la misma prensa lo persiguió por tener un asesor que representaba los intereses empresariales brasileños. El día del triunfo electoral, en junio del 2011, los titulares limeños no lo dieron por ganador sino por empate y anunciaron la necesidad de una concertación política. La derecha decía que éste no podría gobernar sin ella. De allí salió la baraja conservadora dentro del gabinete nombrado el 28 de julio del 2011. Sin embargo ni entonces ni después hubo concertación. La que hizo la derecha fue un asalto al poder. Lo que hay es una vuelta de la tortilla. Una revolución en su sentido cabal. Ganaron los que perdieron y perdieron los que ganaron como ya se dijo hasta la saciedad.

Una cosa es la prensa limeña conservadora y otra la realidad política en el campo. Cuando en Espinar el 76% de la población que ha votado por el candidato ve como ya de presidente los agarra a balazos, la cosa está complicada. Peor si encima mete a la cárcel a la gente de la Vicaría de la Solidaridad de Sicuani por terrorismo que fue a ver qué pasa. Y aún peor, cuando además presiona al presidente de la Corte Suprema a hacer cosas reñidas con la independencia de poderes y lo consigue, permitiendo así el secuestro de autoridades electas para su juicio en otras jurisdicciones. Lo que hay en el Perú, a un año de electo el nuevo gobierno, es un régimen mafioso y matonesco no muy distinto al de Fujimori.

Queda la interrogante de si Ollanta Humala piensa algo. Cualquier cosa. Y si tiene alguna línea. Cualquier línea. Reflejos políticos claramente no tiene. Descartado el verbo “pensar”, ¿Creerá que va a terminar su gobierno? ¿Cómo lo va a hacer? Que Washington piense que esto se arregla a balazos en el nombre del control del terrorismo es un tema relacionado al negocio de la venta de armas. Lo que a los peruanos nos concierne es nuestro país y adónde va. Cada vez hay menos ciudadanos dispuestos a que los atropellen en todo el país. Ese es el único complot. Hay más ciudadanía. Y los jóvenes de ahora son más ciudadanos que lo que han sido en mucho tiempo al margen de la geografía. Medio Oriente nos muestra que la calle pesa en el mundo y el Perú no es una excepción, aunque esa calle sea de tierra en un pueblo con un río contaminado al lado.

Venimos de una dinámica de desintegración nacional que comenzó en la década del 80, cortesía de Sendero y García, a través de las masacres, la hiperinflación y el colapso económico de los años 80. Se intentó recuperar el sentido nacional mediante la estabilización económica de los años 90, las investigaciones sobre corrupción de Fujimori y sus secuaces, y la formación de Comisión de la Verdad en la primera parte del siglo XXI. Tras la elección de Humala en simultáneo tenemos como siempre a la cruz y la espada actuando juntas. El Primer Ministro nombrado en diciembre resulta una expresión del fujimorismo castigado en junio del 2011 por el voto presidencial. Este ha tomado partido en un tema muerto y acabado, como es la sentencia de la Corte Interamericana sobre la Embajada del Japón (1997). Al mismo tiempo, el cardenal echó al padre Gastón Garatea S.S.C.C., ex Comisionado de la Verdad, de la práctica religiosa en Lima. El tema de los militares en los años aciagos ha revivido de la mano de cruz y la espada. Días más tarde se violentaron las protestas sociales anti mineras mientras la policía secuestraba a los alcaldes para enjuiciarlos fuera de su jurisdicción legal. En el Perú, los derechos humanos de los alcaldes son una cojudez total, parafraseando.

El tono de la renuncia de la congresista Verónica Mendoza del Partido Nacionalista la mañana del lunes 4 de junio debería de alertar a Humala y todo su combo, civil, religioso y militar, que pueda que no acabe su periodo. Dice: “La represión como un resorte automático frente a las demandas populares genera más resistencia de la gente, cayendo en un círculo vicioso. No obstante, condenamos tajantemente todo tipo de violencia venga de donde venga. Es necesario que las organizaciones sociales, la sociedad civil y todos los sectores que expresan su malestar por la imposición de las industrias extractivas se manifiesten de forma democrática, organizada y pacífica. Ni un muerto más, ni civiles ni personal policial. ¡Ni un muerto más! Hago un llamado a defender la vida con la vida, no con la muerte.”

Y la Coordinadora de Derechos Humanos el mismo lunes 4 de junio ha pedido la renuncia del Premier Valdés. Si los jóvenes tomaran conciencia de su poder, esto podría devenir en marchas de renuncia del Presidente de parte de organizaciones crecientes de la población afectada no solo por la minería sino por el engaño electoral del 2011. Mientras tanto faltan cuatro años de gobierno.


- Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org
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Lunes, 04 Junio 2012 06:22

Evo, la voz inaugural

Evo, la voz inaugural
La 42ª Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos empezó con fuertes reclamos de “refundarla”, sobre todo a su Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Si así no fuera, algunos países como Venezuela y Ecuador amenazan con desafiliarse. Hoy las delegaciones de 34 países intentarán achicar diferencias de criterios y semánticas para firmar alrededor de 70 resoluciones, según indicó la cancillería local. Ayer, en la inauguración de la Cumbre Social paralela, el presidente Evo Morales abogó por la nacionalización de “todos los recursos”, incluidos el agua y la telefonía.


El tema principal de esta asamblea –elegido por Morales– es “Seguridad Alimentaria con Soberanía”, tal el slogan del encuentro. Para ello hay lista una declaración consensuada hasta con Estados Unidos, cuyo presidente y primera dama estarían “contentos” con el texto, según la cancillería anfitriona. El presidente boliviano adelantó cuál sería el segundo paso luego de implementar la seguridad alimentaria con soberanía. “Una segunda política debe ser cómo recuperar o nacionalizar todos los recursos naturales, que estén en la mano del pueblo bajo administración del Estado. Los servicios básicos (energía, agua, luz, telecomunicaciones) jamás pueden ser de negocio privado”, dijo en el Coliseo de Tiquipaya, una población de 90 mil habitantes distante 10 kilómetros de la ciudad de Cochabamba.


“Lamentablemente, tenemos un sistema capitalista que todavía está vigente aunque en decadencia. Siento que el capitalismo se derrumba”, dijo Morales ante dos mil integrantes de organizaciones sociales de la región. Anoche a pocas cuadras de ahí fue la inauguración oficial de la asamblea, en la Universidad del Valle. En Tiquipaya los vecinos andan con acreditación para entrar a sus casas, porque los sucesivos anillos de seguridad de la Policía boliviana y el Ejército no permiten la circulación de una mosca sin el permiso correspondiente. Son 3000 uniformados que están donde se mire, para evitar cualquier protesta social, como la que habían amenazado algunos sectores en entredicho con el gobierno. Además, en Cochabamba entró en rigor la ley seca hasta que se vayan las visitas.


Uno de estos grupos, el de los originarios que rechazan la construcción de una carretera por medio del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure, se reunió ayer con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, durante hora y media. Los comisionados por la Novena Marcha Indígena, que se acerca a la ciudad de La Paz, quedaron satisfechos con el recibimiento del chileno, quien se habría comprometido a pedir al gobierno boliviano informes sobre supuestas vulneraciones a los derechos de los indígenas. Le entregaron a Insulza documentación sobre la brutal represión policial a la Octava Marcha Indígena, en septiembre de 2011, cuya causa judicial aún no tiene acusados. El jefe del organismo internacional también les viabilizaría una reunión con Santiago Cantón, titular de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).


Brasil, Bolivia, Venezuela y Ecuador solicitaron reformas en esta rama de la OEA, o en todo el organismo, como dijo Morales. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, iba a llegar anoche para intervenir en el encuentro del hotel Regina. “Vamos a Bolivia. Decidimos participar en la asamblea de la OEA para poner en su sitio a cierta burocracia internacional que se cree por encima de nuestros Estados”, había anunciado en Quito. “O la OEA se reinventa, o la OEA desaparecerá. No tiene otro camino”, dijo Ricardo Patiño, ministro de Relaciones Exteriores ecuatoriano. Insulza intentó suavizar el ambiente. “En primer lugar, nosotros no hemos hablado de reforma sino de fortalecimiento. No queremos dar la impresión de que se vaya a reducir o eliminar determinadas atribuciones de ninguno de los organismos del sistema”, dijo sobre los cuestionamientos a la CIDH.


Aunque Bolivia quiere aprovechar la oportunidad para avanzar en su anhelo de tener de nuevo mar, la delegación chilena asegura que no tiene ninguna cuestión territorial ni marítima por discutir con su vecino.


Pese a todas las desavenencias, el canciller boliviano, David Choquehuanca, anticipó que la asamblea aprobará unas 70 resoluciones, entre ellas una referente a la despenalización del masticado de coca. También se rubricaría la Declaración de Cochabamba, que focalizaría en el tema de la seguridad alimentaria con soberanía. “Sólo faltan algunos detalles que están en consulta con los países. También se aprobarán otras resoluciones sobre narcotráfico, crisis energética, cambio climático, las islas Malvinas y producción de alimentos, entre otros”, dijo.

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Mubarak se derrumba; Assad se aferra al poder
Nada hay peor que un periodista en el lugar menos indicado en el momento menos oportuno. Ayer estaba yo en El Cairo, cubriendo el juicio de Hosni Mubarak, recién llegado de Líbano –donde 15 personas acaban de morir–, cuando Bashar Assad aparece en la pantalla del televisor diciendo que su ejército no fue responsable de la masacre de Hula, hace una semana, y hablando de la crisis más seria desde el fin del colonialismo. Bueno, y que lo diga.


Y no me siento mucho más feliz. Ahmed Shafik, leal a Mubarak, tiene el apoyo de los coptos cristianos, y Assad cuenta con el apoyo de los cristianos sirios. Los cristianos apoyan a los dictadores. No es mucho decir, ¿o sí?


El sábado, el dictador de Egipto fue sentenciado a cadena perpetua. El domingo, el dictador de Siria luchaba por su vida. Y dijo –advirtió, amenazó– que su guerra podría extenderse a otros países. Todos sabemos lo que eso significa: el futuro de la ciudad libanesa de Trípoli está en duda. No hace mucho, una amiga libanesa me dijo que temía por su país si Assad estaba en peligro. Ahora sé lo que quería decir.


Son malos tiempos para la primavera o despertar árabe. En Yemen, el gobierno ayuda a Estados Unidos en sus ataques con drones a operativos de Al Jazeera. En Egipto hay estadunidenses que apoyan a Shafik. Sin embargo, en el diario egipcio Al Ahram los editores están en libertad de decir que la primera reacción del vocero de Shafik a la elección presidencial es que “la revolución ha terminado”. Y pueden escribir que el régimen de Shafik sería “una versión mucho más feroz de un Estado policiaco que la que se vivió en la segunda mitad de las tres décadas de gobierno de Mubarak”. El periódico hablaba de los “interminables sacrificios de hombres y mujeres jóvenes para que todos en Egipto, los que participaron en la revolución, los que simpatizaron con ella y los que se opusieron, puedan tener una vida mejor, en la que las violaciones ya no sean la norma”. ¿Podría haber leído algo así en tiempos de Mubarak?


Pero ¿podría leer algo así en Líbano? ¿Será que Líbano no toma la libertad en serio? ¿Y Yemen? El hecho es que los árabes se despiertan; por eso prefiero “despertar” árabe a “primavera” árabe. Y me parece que Siria “despierta”. Ahora bien, el presidente Assad dijo este domingo que la “seguridad” de su país es una “línea roja” y dio a entender –sólo dio a entender– que la guerra en Siria (y la llamó guerra) podría desbordarse hacia un Estado vecino (léase Líbano). Así que estoy preocupado por Líbano y por los alauitas libaneses que apoyan a Assad, quienes merecen mejor suerte.


Pero también estoy consciente de que los guerreros de Shafik; los que en Washington quieren que Shafik restaure la vieja relación con Israel, los que quieren, de hecho, que se restaure la dictadura de Mubarak y recrear el viejo paradigma (la “estabilidad” de Mubarak frente al viejo temor de la Hermandad Musulmana), aumentar los miedos de los cristianos y atemorizar a Occidente con el horror del “fundamentalismo árabe”, asomarán la cabeza igual que Assad. Y conforme los republicanos estrechen el cerco en torno a Obama, ¿no mostrarán su amor por el último primer ministro de Mubarak?


Pero tal vez tendremos que vivir con Mohamed Morsi como próximo presidente de Egipto, un hermano musulmán, un hombre que tendrá que mostrar que un gobierno musulmán de veras es capaz de manejar la economía y dominar la corrupción (o tal vez no, como también podría ocurrir), como se debió dejar que lo hiciera el gobierno argelino en 1991. No estoy seguro.


Pero volvamos a Líbano. Su prensa es libre y su pueblo también. Se deshizo de Siria en 1995 (al precio de la vida de un ex primer ministro). Puede mirar al otro lado de la frontera, a Siria, para ver lo democrática y libre que es su nación. Y –¿alguien se atreverá a decirlo?– pobre Siria. No se merece el dolor y las matanzas que está soportando. Su presidente afirma que las conspiraciones internacionales destruyen su país. Dado el interés de Arabia Saudita y Qatar por ayudar a la resistencia, quizá tenga razón. Y es cierto que las armas entran a Siria desde Líbano.


He aquí, pues, un mal augurio desde El Cairo. Shafik podría ganar, aunque el juicio de Mubarak podría demostrar lo contrario. Assad podría caer, aunque temo esa guerra civil de la que habla Kofi Annan. Y Líbano podría vivir. Tal vez yo deba volar de vuelta allá este lunes.


© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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La lucha mundial de clases: la geografía de la protesta
Cuando son buenos los tiempos, y la economía-mundo se expande en términos de nueva plusvalía producida, la lucha de clases se acalla. Nunca desaparece, pero en tanto exista un bajo nivel de desempleo y los ingresos reales de los estratos más bajos suban, aunque sólo sea en pequeñas cantidades, los arreglos sociales son la orden del día.


Pero cuando se estanca la economía-mundo y el desempleo real se expande considerablemente, esto significa que el pastel total se encoge. La cuestión entonces resulta ser quién cargará el peso del encogimiento –dentro de cada país y entre países. La lucha de clases se torna aguda y tarde o temprano conduce a un conflicto abierto en las calles. Esto es lo que ha estado ocurriendo en el sistema-mundo desde la década de 1970 y del modo más dramático desde 2007. Hasta ahora, el estrato más alto (el uno por ciento) se ha aferrado a su tajada, de hecho la ha incrementado. Esto necesariamente significa que la tajada del 99 por ciento se ha encogido.


La lucha por las asignaciones gira primordialmente en torno a dos aspectos del presupuesto global: los impuestos (cuánto y para quiénes) y la red de seguridad para el resto de la población (gastos en educación, salud, y garantías para un ingreso de por vida). No hay país en el mundo donde esta lucha no esté ocurriendo. Pero estalla en algunos países con más violencia que en otros –debido a su localización en la economía-mundo, a su demografía interna, y debido a su historia política.


Una aguda lucha de clases hace surgir, para todos, la pregunta de cómo manejarla políticamente. Los grupos en el poder pueden reprimir duramente los disturbios populares, y muchos lo hacen. O, si los disturbios son muy fuertes para los mecanismos represivos, pueden intentar cooptar a los manifestantes fingiendo unirse a ellos y así limitar el cambio real. O hacen ambas cosas: intentan primero la represión y si ésta falla, cooptan a la gente.


Los manifestantes también enfrentan un dilema. Comienzan siempre con un grupo valeroso relativamente pequeño. Necesitan persuadir a un grupo más grande (que es mucho más tímido políticamente) que se les una, si es que han de impresionar a los grupos que detentan el poder. Esto no es fácil pero puede ocurrir. Sucedió en Egipto en la plaza Tahrir en 2011. Ocurrió con el movimiento Occupy en Estados Unidos y Canadá, Ocurrió en Grecia en las últimas elecciones. Ocurrió en Chile en las huelgas estudiantiles que han perdurado. Y en este momento parece ocurrir de un modo espectacular en Quebec.


Pero cuando ocurre, ¿entonces qué? Hay algunos manifestantes que desean expandir sus estrechas demandas iniciales hacia demandas fundamentales de mayor amplitud y deconstruir el orden social. Y hay otros, siempre hay otros, que están listos para sentarse con los grupos en el poder para negociar algún arreglo.


Cuando los grupos en el poder reprimen, con mucha frecuencia avivan las flamas de la protesta. Pero muchas veces la represión funciona. Cuando no funciona y los grupos en el poder hacen arreglos y cooptan, a veces son capaces de neutralizar políticamente a los manifestantes. Esto es lo que parece haber ocurrido en Egipto. Las recientes elecciones conducen a una segunda ronda entre dos candidatos, ninguno de los cuales apoyó la revolución de la plaza Tahrir –uno es el último primer ministro del depuesto presidente Hosni Mubarak, y el otro es un líder de la Hermandad Musulmana cuyo objetivo primordial es instituir la sharia en la ley egipcia y no implementar las demandas de aquéllos que estuvieron en la plaza Tahrir. El resultado es una cruel opción para el aproximado 50 por ciento que no votó en la primera ronda por ninguno de los dos que contaron con la mayor pluralidad de votos. Esta desafortunada situación, resultó de que los votantes pro plaza Tahrir dividieron sus votos entre dos candidatos con antecedentes algo diferentes.


¿Qué habremos de pensar de todo esto? Parece existir una geografía de la protesta que cambia rápida y constantemente. Salta aquí y luego es reprimida, cooptada, o se agota. Y tan pronto como esto ocurre, salta en otra parte, donde de nuevo se le reprime, se le coopta o se agota. Y luego salta en un tercer lugar, como si por todo el mundo fuera irreprimible.


Es irreprimible por una simple razón. El apretón a los ingresos mundiales es real, y no parece que vaya a desaparecer. La crisis estructural de la economía-mundo capitalista hace inoperantes las soluciones convencionales a las caídas económicas, no importa qué tanto nuestros expertos y políticos nos aseguren que hay un nuevo periodo de prosperidad asomándose en el horizonte.


Vivimos en una situación mundial caótica. Las fluctuaciones en todo son vastas y rápidas. Esto se aplica también a la protesta social. Esto es lo que miramos conforme la geografía de la protesta se altera constantemente. Ayer fue la plaza Tahrir en El Cairo, las marchas masivas desautorizadas con sartenes y cacerolas en Montreal hoy, y en alguna otra parte (probablemente sorpresiva) mañana.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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