Jean Luc Mélenchon: lecciones para la izquierda
Ayer en Francia tomó posesión el nuevo presidente François Hollande. Su ascensión es un elemento positivo en el ambiente enrarecido por la crisis en Europa. Ayer mismo en Berlín, Hollande insistió en renegociar el pacto fiscal. La canciller alemana le reviró que el crecimiento ya es uno de los objetivos del tratado fiscal consagrado a la austeridad. Es la forma que tiene la Merkel de promover las reformas estructurales y, en especial, la total flexibilidad en las relaciones laborales.


El campo de batalla está bien definido. Ojalá Hollande pueda entrar en él con decisión, pero no se puede confiar en ello. No hay que olvidar que el Partido Socialista francés siempre estuvo a favor de la globalización y de la integración europea al estilo neoliberal. Otros partidos socialistas en Europa han aplicado la receta de la austeridad en sus respectivos países.


La retórica de Hollande es sin duda un adelanto, pero la urgencia del corto plazo no debe esconder las exigencias de los cambios estructurales de largo alcance. Es aquí donde la agenda de Hollande tiene sus limitaciones más importantes y hasta inconsistencias. Después de todo, restablecer algo del estado de bienestar puede no ser posible bajo la estructura neoliberal que hoy hereda. Frente a los graves problemas que enfrentan Francia y Europa la trayectoria de Hollande en el PS anuncia más continuidad que transformaciones profundas.


Por eso lo más relevante de la contienda electoral en Francia estuvo en la participación de Jean Luc Mélenchon, el candidato del Frente de Izquierda. De su intervención en esas elecciones y de su trayectoria de lucha política se desprenden importantes lecciones para las contiendas electorales en las que participa la izquierda en todo el mundo.


Jean Luc Mélenchon (JLM) militó durante tres décadas en el ala izquierda del Partido Socialista francés. A diferencia de Hollande, Mélenchon se esforzó durante ese tiempo en hacer del PS un verdadero partido de izquierda, con un proyecto alternativo al neoliberalismo.


Frente a la crisis, la posición de Mélenchon es clara: ésta no es una crisis provocada por unos cuantos especuladores. Es la debacle del modelo neoliberal. La respuesta a través de la austeridad es algo más que un simple error técnico. Es cierto que su aplicación no dará buenos resultados en ningún caso. Pero Mélenchon va más lejos en el análisis: la austeridad es un arma para desmantelar el estado de bienestar, castigando prestaciones y servicios sociales, y es el preludio de la profundización de las reformas neoliberales, en especial, la reforma laboral.


La integración monetaria en Europa, Mélenchon lo tiene claro, se hizo sobre bases neoliberales. La consecuencia fue entregar las finanzas públicas a los mercados financieros. Esa, en una frase, es la tragedia de Europa. Antiguamente el Banco de Francia podía financiar al gobierno francés. Hoy eso está prohibido y el Banco Central Europeo presta a los bancos pero no a los estados. Esa es la ignominia en los tiempos del capital financiero. Es la época de sumisión que debe terminar si se quiere justicia social e igualdad. Al sector financiero hay que enfrentarlo, dice Mélenchon, no hablarle de rodillas para pedir limosna.


Mientras Hollande buscaba ubicar al PS en el centro para cortejar a una parte del electorado, Mélenchon proponía una política con una visión de largo plazo, colocando los temas de relevancia histórica en la mesa del debate nacional. Y es que en medio de la peor crisis del capitalismo en ocho decenios, y en el contexto de una hecatombe financiera y económica fabricada por la pesadilla neoliberal, Mélenchon rápidamente comprendió que es preciso ofrecer alternativas de largo aliento que se alejen de la subordinación al mundo de las finanzas. Sólo así se puede rescatar el diseño y control de la política macroeconómica no sólo para recuperar el crecimiento, sino para transitar hacia un mundo de justicia y responsabilidad ambiental.


Aunque Mélenchon sólo alcanzó 11 por ciento de los sufragios, colocó temas medulares en la agenda nacional y su influencia decisiva dejará una huella saludable por muchos años. La izquierda ha vuelto a renacer con su campaña audaz. No sólo influyó en las posiciones de Hollande, sobre todo en materia fiscal, sino que tuvo un efecto importante a través de su enfrentamiento sistemático con los planteamientos racistas y xenófobos de la extrema derecha. Su campaña ha sido una pesadilla para la rabiosa e ignorante señora Le Pen.


Se desprende de todo esto una enseñanza: la izquierda no puede jugar a ocupar el centro en la disputa electoral, aunque muchos piensen que eso permite ganar votos. La gran lección de Mélenchon es que colocar el apetito electoral por encima del trabajo político basado en principios y, en especial, en la justicia social, es un error de dimensiones históricas. El terreno de los principios y de la ética es el espacio en el que la izquierda tiene su casa. No se le debe abandonar nunca

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Miércoles, 16 Mayo 2012 06:48

Hollande, la contrafigura de Sarkozy

Hollande, la contrafigura de Sarkozy
François Hollande inició su mandato bajo una racha de contratiempos. La lluvia y el viento acompañaron su recorrido por los Campos Elíseos en un auto descapotable, luego un rayo alcanzó el avión en el que viajaba rumbo a Berlín para encontrarse con la canciller alemana Angela Merkel. Hollande tuvo que volver a tierra, cambiar de avión y una vez en la capital alemana, Merkel y Hollande tropezaron varias veces en la alfombra roja empapada por la lluvia. El viaje del presidente electo a Alemania fue la primera cita de importancia internacional con una interlocutora, Merkel, a quien Hollande hizo frente proponiendo cambiar la política de austeridad que la canciller alemana promueve en toda Europa como poción curativa de la crisis. Por la mañana, durante el discurso que pronunció en la ceremonia de toma de posesión, François Hollande se inscribió en una posición de ruptura con su predecesor, el conservador liberal Nicolas Sarkozy. Sobria, breve, sin la presencia de sus cuatro hijos ni los de su actual compañera, Valérie Trierweiler, la ceremonia de investidura estuvo a años luz del estilo protagonizado por Sarkozy. Hasta en el más mínimo detalle se buscó marcar la diferencia. El jefe del Estado prometió luchar contra todas las discriminaciones e instó a crear “un nuevo camino para Europa”. Todo lo que dijo el líder socialista fue una suerte de negación del sarkozismo. François Hollande prometió un “Estado imparcial” y fijó tres ejes de la democracia como orientación de su mandato: la democracia social –la negociación con los actores sociales–, la democracia local –el incremento de los poderes locales– y la democracia ciudadana –dar lugar a las iniciativas de la sociedad civil–.


Como lo había manifestado durante la campaña electoral, François Hollande hizo de la juventud y de la justicia dos rumbos irrenunciables de su mandato y de la reconfiguración política de Europa una meta esencial. “En Europa nos esperan y nos miran y voy a proponer a mis socios europeos un pacto que una la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo de la economía”, dijo el presidente. El mandatario no negó los problemas que arrastra el país: “Una deuda masiva, un crecimiento débil, un desempleo elevado, una competitividad degradada, una Europa que sufre para salir de la crisis”. Sin embargo, recalcó que no había “fatalidad”. Un extenso capítulo de una década de presidencias liberales conservadoras se cerró ayer con la investidura de un hombre que llegó a la cima del poder sin que, hasta hace tan solo un año atrás, nadie hubiese ni imaginado ni apostado por verlo un día entrar en el Palacio del Elíseo como presidente de la República. Hollande siempre se presentó como un hombre “normal”, en contrapunto con la espectacularidad de Sarkozy. François Hollande es el séptimo presidente de la Quinta República y el segundo socialista que llega a la jefatura del Estado después de François Mitterrand –1981-1995–. El nuevo jefe del Estado tiene, con todo, una particularidad: es el presidente de la República que asume el cargo siendo soltero. No se casó ni con Ségolène Royal ni con Valérie Trierweiler. La lenta solemnidad de la ceremonia, la mesura de las palabras y la escasa aparatosidad de los actos empezaron a dibujar otro país en la simpleza cruda de las imágenes. En contraste con Nicolas Sarkozy, Hollande subrayó la idea del Estado “ejemplar” y dijo: “Fijaré las prioridades, pero no decidiré todo y por todos. El Parlamento, el gobierno y la Justicia serán independientes. El poder será ejercido con escrupulosa sobriedad. El Estado será imparcial. Defenderé siempre el laicismo y lucharé contra el racismo y el antisemitismo”. El nuevo presidente destacó que el país necesitaba “reconciliación y unión”. La formación del gobierno recién se conocerá este miércoles, pero la designación del primer ministro fue oficializada el mismo día de la investidura. Se trata de Jean-Marc Ayrault, un político moderado, muy conocedor de Alemania, poco conocido por la opinión pública. El jefe de gobierno no es un adepto de la fastuosidad. “No tengo complejos sociales, pero en París me molesta una forma de elitismo y condescendencia”, dijo una vez. Hijo de un padre obrero, Jean-Marc Ayrault es diputado desde 1986, ha sido desde 1987 presidente de la bancada socialista en la Asamblea Nacional y no pertenece a ninguna de las grandes instituciones educativas que forman a las elites del Estado. Allegado de François Hollande, es, a su manera, una suerte de doble en la humildad.


Antes de salir rumbo a Alemania, Hollande anticipó con su discurso los planteos que, a la distancia, formuló en dirección de una Alemania guardiana de la austeridad. “Necesitamos solidaridad, crecimiento, un nuevo pacto para reducir la deuda estimulando nuestras economías y acuerdos comerciales que respeten la reciprocidad”, dijo. El encuentro con Merkel era el primer paso clave del líder socialista. La confrontación que amenazaba las relaciones entre París y Berlín encontró un punto de consenso que barrió con todos los rumores y especulaciones sobre la salida de Grecia del euro. En el curso de la conferencia de prensa que Merkel y Hollande ofrecieron en Berlín, ambos responsables fueron claros: “Queremos que Grecia permanezca en el euro”, dijo Merkel. Ambos no expusieron sus profundas divergencias. Hollande y Merkel dijeron que estaban dispuestos a “reflexionar” sobre medidas a favor del crecimiento –concepto que defiende François Hollande–, pero no fueron más allá. Se hace evidente que la armonía constatada en torno de la crisis griega y la necesidad de que Atenas no se aleje del euro no se tornó consenso cuando se trató del crecimiento. La palabra provoca una mueca de incomodidad en el rostro de Merkel. “Estoy a favor de la seriedad presupuestaria y eso quiere decir estar a favor del crecimiento, porque sin crecimiento, sean cuales fueren nuestros esfuerzos, no alcanzaremos nuestros objetivos”, recalcó Hollande. En este primer encuentro, Merkel y Hollande optaron por el pragmatismo. No hay contrastes entre los dos. Distantes, suaves, muy calmos, tenaces pero sin pose ni apariencias exageradas, ambos parecen compartir, al menos, la misma inclinación por la mesura y la lentitud. La jornada inicial de la presidencia de François Hollande empezó con el presidente empapado hasta los huesos y un rayo que obligó a su avión a aterrizar de urgencia. Día convulsionado, a imagen y semejanza de una Europa sacudida por las turbulencias y las tormentas de los mercados.

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La indignación vuelve a las calles de ochenta ciudades españolas en el primer cumpleaños del Movimiento 15-M
La sensación era la de "volver a casa" como un sujeto político que ha madurado y que sigue sin tener miedo. Casi un año después de las manifestaciones que prendieron la mecha del movimiento de los indignados, las plazas de más de 80 ciudades españolas volvieron ayer sábado a convertirse en un grito unánime contra un sistema que, aseguraban los convocados, ni les gusta, ni les representa. De forma pacífica y reivindicativa, como acostumbra el 15-M, miles de ciudadanos volvieron a exigir en la calle una salida alternativa a la crisis económica, política y social, que no cargue el sacrificio sobre las espaldas "de los de siempre".

En Madrid, los asistentes abarrotaron la Puerta del Sol, donde, desde un micrófono abierto, se volvieron a escuchar las demandas tradicionales de los indignados. Uno de los momentos más emocionantes de la tarde tuvo lugar cuando entraron en el kilómetro cero de la capital, y a ritmo de palmas y tambores, las cuatro columnas procedentes del norte, sur, este y oeste de la Comunidad. "He barrido esta plaza, la he vivido y la necesitaba de nuevo", decía Tatiana Blanco, profesora de inglés de 32 años. Sentada en el suelo junto a un grupo de amigas, recordaba "con orgullo y con nostalgia" cómo fue en ese mismo lugar "en el que surgió todo". Después llegó la expansión a los barrios, a los municipios y la "toma de conciencia de que este sistema sólo quiere más ricos a los ricos y más pobres a los pobres", explicaba, a su lado, Silvia López, desempleada de 36 años.

Javier Iglesias, comercial de 28 años, recorrió los 25 kilómetros que separan su ciudad, Leganés, de la Puerta del Sol, para expresar, enrolado en la marcha sur, su rechazo al "desprecio" que, a su juicio, tiene el actual Gobierno por "todo lo público". ¿Motivos para estar en la calle? "Los hay más que nunca", señalaba sin dudarlo tras una pancarta de la asamblea popular de su municipio. Ha llovido mucho desde que estallaran las protestas, pero las razones para el descontento, coinciden todos los manifestantes consultados por Público, están "más vigentes que nunca".

Jorge Fonseca, profesor de Economía de la Universidad Complutense y activo simpatizante del 15-M, censuraba el "brutal avance autoritario" del Gobierno de Mariano Rajoy. "[José Luis Rodríguez] Zapatero defendió una salida neoliberal a la crisis económica, pero los actuales mandatarios quieren aprovecharla para volver al siglo XIX. Por eso tenemos que seguir en la calle, dando pasos y haciéndonos más grandes cada día", afirmaba junto a otros activistas del Grupo de Trabajo de Economía del 15-M de Madrid, que aprovecharon esta movilización para presentar la campaña Desmontando mentiras. Con ella, pretenden dar respuesta a las falacias "con las que los poderes políticos, económicos y mediáticos imponen su pensamiento único".

En el centro de la plaza, Paloma y Jordina, de 25 y 30 años, intentaban plasmar con dibujos hechos con acuarela sus sensaciones al estar de nuevo en Sol. "Con el 15-M rompimos etiquetas y hablamos de lo que nos une con sentido común. Tiene que continuar y el éxito de hoy nos da fuerza para continuar", subrayaba la primera. "No tenemos estrategia, pero hemos crecido mucho en este año. Lo importante es que sigamos siendo inclusivos", agregaba la segunda.
Asamblea permanente hasta el martes

Los indignados recibieron con una sonora cuenta atrás el momento en que el reloj de la plaza ha marcado las 22.00, hora límite fijada por la Delegación del Gobierno para permanecer en ese emplazamiento. Con gritos de "¡Hoy nos saltamos el toque de queda!" desafiaron, en un ambiente pacífico, la prohibición de Cristina Cifuentes, máxima representante del Ejecutivo central en la Comunidad. Al cruzar la medianoche, los indignados protagonizaron un simbólico "grito mudo". Después, con pañuelos blancos en la mano, protestaron contra la "violencia económica y las guerras" al grito de "¡Ningún ser humano es ilegal!".

La intención generalizada no era la de acampar en la plaza, como ocurrió hace un año, sino pernoctar allí para "reflexionar juntos" y llevar a cabo una "asamblea permanente". Participantes de la coordinación de comunicación de la convocatoria señalaron, no obstante, que lo que pueda suceder dependerá en "gran medida" de la respuesta policial. A medianoche la situación era muy tranquila. Fuentes del Ministerio del Interior indicaron que el Ejecutivo permitirá que los concentrados en Sol permanezcan en la plaza si "no se despliegan esterillas" ni materiales para acampar.

Tampoco faltó en las movilizaciones el aliento de los veteranos del 15-M, los llamados yayoflautas, muy implicados en el movimiento especialmente desde finales del pasado verano. Lázaro Sola, de 77 años, resumía en tres palabras sus sentimientos al volver a entrar en la plaza: "Alegría, fuerza y entusiamo". "Si seguimos saliendo a la calle vamos a cambiar este país", aseveró.

Según la página web del 15-M está previsto que durante esta noche se lean manifiestos, se proyecten vídeos, se conecten con las plazas de otras ciudades. Los actos para conmemorar el primer cumpleaños del movimiento de los indignados continuarán hasta el martes con la celebración de distintas actividades lúdicas y asambleas para debatir sobre educación, sanidad, política, economía o derecho a la vivienda.
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Sábado, 12 Mayo 2012 18:51

Caminante, no hay camino

Caminante, no hay camino
No hay forma de explicarlo. Las organizaciones sociales, desde los rumbosos médicos, pasando por los nada pobres transportistas, hasta los fabriles afiliados a la COB, están en huelga. El Vicepresidente ha dicho que se trata de la vitalidad de un proceso de cambio y que, el gobierno, tiene la suficiente solvencia para manejar la situación sin muchos sobresaltos. Ahí está el quid de la cuestión.
 
En el rostro de nuestras ciudadanas y nuestros ciudadanos, se perciben los sobresaltos que causa esta inestable situación. Es probable que muchos esperemos que haya un momento en el que se rectifiquen posiciones y vislumbremos, una vez más, el camino a seguir en este proceso de cambio. Pero hay que advertir que son muchos y muchas quienes descreen de tal rectificación. ¿Por qué? Unos por la rutina; se acostumbraron a vivir, aunque sea en la miseria, pero sin sobresaltos. Otras, porque apoyaron un proceso de cambio que soñaron como una avenida donde no había ningún obstáculo, ningún rompemuelles, ningún hueco ni siquiera desportilladura. Los hay, finalmente, quienes vemos la realidad: el camino está por hacerse porque, según decía el poeta, se hace camino al andar.
 
Claro que no se trata de andar en cualquier dirección, porque así podemos llegar a cualquier parte, menos a la meta que nos propusimos. No es simple hacer camino al andar, pues al menos debe seguirse determinada orientación. El proceso de cambio tiene una dirección: vivir bien como norma para todos los bolivianos y las bolivianas. Los que viven aquí, originarios o recién llegados. Los que habitan el campo y los que se alojan en la ciudad. Los pobres y los que nada tienen. Por supuesto, quienes están más necesitados precisan una atención inmediata y mayor. Todo esto en función de las posibilidades de nuestro país. Que esas posibilidades han mejorado, es muy cierto, como lo es que hay un visible mejoramiento en el vivir de la gente.
 
¡Falta! Claro que hace falta mucho más y no es precisamente lo que está haciendo nuestro gobierno. La carretera por el TIPNIS, ¿acaso no es un enfrentamiento grosero? Hay mucha gente dispuesta a apoyar la construcción de esa vía. Pero las disposiciones de la consulta previa fueron hechas para proteger la vida, los usos y costumbres de las minorías. Por eso no es una consulta general, sino una particular a los pueblos que viven allí. Seguramente, si se hubiese hecho a tiempo, antes de iniciar los trabajos, esta tempestad de reclamos no se hubiese producido.
 
No es posible que haya tal desentendimiento con la Central Obrera Boliviana. Seguir dando vueltas al tema salarial, puede llevarnos a medio año sin una solución. No es correcto. No lo es, mucho más si revisamos los balances presentados hace poco más de un mes, por los bancos y nos chocamos con sus sustanciosas ganancias, a las que debe agregarse el aumento de sus patrimonios. Se ha reducido la miseria, pero distamos mucho de haber logrado una redistribución regular de la riqueza. Ésta sigue estando en manos de los grandes empresarios.
 
Pedir 8.300 bolivianos como salario básico, es irracional. Lo saben los dirigentes de la COB. Pero tampoco es apropiado un simple resarcimiento de la inflación ocurrida el año pasado, según el conteo del INE. ¿Para qué mostramos ingresos que son, cada año, mayores? El pueblo quiere ver esos ingresos en sus manos. Gastamos en inversión; muy bien. Pero esa inversión debe sentirse en el bolsillo de las personas. Se ha ampliado la clase media; de acuerdo. Pero debemos dar un paso más hoy día. Nos estamos enfrentando a nuestra propia gente, a las organizaciones sociales que son la base sobre la que descansa nuestro gobierno.
 
Hemos dejado que, la exigencia de los médicos, se convierta en una reivindicación de la COB. ¿Cómo puede ocurrir esto? Los médicos no pertenecen al movimiento popular. Los trabajadores en salud, los universitarios, se comprometen en defensa de los médicos; no es entendible. Si estos profesionales logran su objetivo, no compartirán absolutamente nada con quienes los están apoyando: universitarios, trabajadores en salud, COB. La trama se hace más densa, más intrincada. Alguien ha perdido la orientación y no es precisamente ésta o aquella organización social ni tampoco los profesionales que saben cuáles son sus intereses y cómo lograrlos.
 
Debemos hacer el esfuerzo. Que la gente que está desorientada, aquélla que tiene susceptibilidades, la que ha sufrido desencantos y quienes, por último, dejaron de creer en el proceso de cambio, comiencen a tener la visión de lo que puede ser este proceso. No se trata solamente se saber manejar la situación. Hay mucho más que eso, está la gente a la que nos debemos.
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La “calle boliviana” y el nuevo Estado
Estado débil, sociedad fuerte. Evo Morales, pese a encabezar el Gobierno más sólido de los últimos años, no pudo escapar a esa maldición boliviana, o bendición, depende desde dónde se lo mire: la fuente crónica de revoluciones y al mismo tiempo de inestabilidad política.


Si al Gobierno le fue relativamente fácil derrotar a la “oligarquía cruceña” y hasta pudo echar al embajador de EEUU y nacionalizar el gas, demostrando su autoridad, el 64% de los votos con el que fue reelecto parece no alcanzar para evitar retroceder una vez más frente a los sindicatos y sectores sociales variopintos.


El gasolinazo de finales de 2010 marcó un punto de inflexión. Luego vino el seguir permitiendo la importación de ropa usada, autorizar legalización del contrabando de autos, acceder al pedido de no construir la carretera por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure' en todos los casos la dinámica fue la misma. Primero, prueba de fuerza, decisión de avanzar “sí o sí” y dar una imagen de autoridad en favor del “Estado fuerte”. Poco después: anulación de las medidas y convocatoria a algún tipo de negociación o cumbre social.


En este caso, era claro que el aumento de seis a ocho horas en la jornada laboral de los médicos no era suficiente para cambiar el malogrado sistema de salud boliviano (había mucho voluntarismo en eso, así como mucho corporativismo en la respuesta de los médicos). La demanda provino de los campesinos, carentes de un sistema de salud adecuado. Luego el Gobierno avanzó, decreto en mano, con la finalidad de derrotar a la huelga médica. Pero 36 días de paro, huelga de hambre de unos 4.000 médicos (en ayunos mediáticos de dudoso cumplimiento), medidas simbólicas como las crucifixiones y hasta “tapiarse”, y especialmente bloqueos, le torcieron el brazo al Gobierno y este retroceso corrobora un mensaje incómodo: cualquiera de las poderosas corporaciones populares (y no tanto) sabe que basta tener capacidad de resistencia y de generación de desbordes públicos –de ser posible violencia mostrados por TV– para conseguir parar cualquier iniciativa oficial.


Obviamente, sería mejor que en muchos casos las cumbres se convoquen antes de decretar las medidas. Evo Morales, con su olfato sindical, sabe cuándo retroceder. Conoce la “calle boliviana”. Pero ello no quita que cada retroceso reavive la luz amarilla de que refundar Bolivia es más complicado de lo que esperaba. Junto con el riesgo de que la imagen de la “Bolivia ingobernable” reaparezca y erosione más la aun elevada popularidad de Evo. Estos conflictos –muchos de ellos no estrictamente económicos– coinciden con una buena situación macroeconómica. La mejor quizás de la historia.


Pese al orientalismo con el que a menudo se lee la imagen de radicalidad y de “revolución permanente” de Bolivia que tanto atrae a los militantes radicales de todas las latitudes, en el país convive esta tendencia con fuertes inclinaciones conservadoras y corporativas. Todo esto es bastante comprensible dada la historia económica y social nacional. El problema es que la fuerza de veto de los “movimientos sociales” a menudo no va acompañada de acciones propositivas a favor de cambios sociopolíticos efectivos más allá de grandes líneas de acción como Asamblea Constituyente, Estado plurinacional, etc.


Pero si los médicos siguen trabajando seis horas, si no se hace la carretera del TIPNIS, si siguen entrando autos chutos, si, si, si' pueden convertirse en victorias contra iniciativas erradas' o en triunfos corporativos contra reformas necesarias. O en una mezcla de ambas cosas. Pero en todos esos casos significa la pervivencia del status quo anterior a esas luchas, no cambios hacia el futuro.


Ojalá la cumbre de la salud sea tomada en serio. Junto con la educación deberían ser el eje de esta etapa de la “revolución democrática cultural”. Y ojalá también muchos de nuestros intelectuales comiencen a citar menos a Deleuze o Zizek y a construir mediaciones más efectivas entre la utopía del cambio y los necesarios avances en las condiciones de vida de los bolivianos, la densidad estatal y un modelo económico más preciso que dé pistas de un perfil productivo para Bolivia más allá de grandes saltos industriales.


Página 7 - La Paz

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Los partidos fracasan en su último intento de formar Gobierno en Grecia
Para explicar el fracaso sin paliativos de las fuerzas políticas griegas a la hora de formar una coalición de gobierno que evite el abismo, podría aplicarse el refrán del cojo que le echa la culpa al empedrado. Pero el empedrado, esta vez, tiene nombre y apellidos, los de Alexis Tsipras, líder de la Coalición de Izquierda Radical (Syriza, segunda fuerza más votada el domingo), que ha rechazado una forzada oferta de colaboración hecha por tres partidos (socialista, conservador e Izquierda Democrática) que, con sus diputados, podrían haber sacado adelante un Ejecutivo de unidad medianamente estable. La política en Grecia tiene estas cosas, y siempre es más fácil salvar la cara ante el electorado —y ante Europa— dejando que sea otro el que pronuncie el no.


“El rechazo a esta propuesta no es de Syriza, sino del pueblo griego”, ha dicho Tsipras tras reunirse durante una hora con el líder socialista, Evánguelos Venizelos, encargado de formar Gobierno en última instancia. “Venizelos y Samarás [de la conservadora Nueva Democracia] hacen como si no hubieran entendido el mensaje de las urnas” contra los recortes, anunció, para reiterar su rechazo a un “Gobierno del memorándum [sobre el plan de rescate] con una coartada de izquierda”, en referencia a Syriza. “Ha llegado la hora de la verdad para todos”, ha declarado Venizelos, que mañana sábado informará de su fracaso al presidente del país, Karolos Papulias.


El principio de acuerdo que algunos acariciaban desde el jueves quedó pues en agua de borrajas. Tanto Fotis Kuvelis, líder de Izquierda Democrática (19 diputados) —que la víspera había aceptado integrar una coalición de Gobierno—, como Andonis Samarás, con 108 escaños, habían insistido en que en esa hipotética solución debía participar Alexis Tsipras, vencedor moral de los comicios (52 diputados) y el mayor crítico de la política de austeridad impuesta por los planes de rescate de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI).


Nueva Democracia e Izquierda Democrática hicieron en cualquier caso un brindis al sol, pues Tsipras ya había manifestado que no iba a traicionar a sus votantes “a cambio de un par de ministerios”. “Grecia necesita un Gobierno duradero, con la participación o el apoyo pasivo de Syriza, que asegure la permanencia del país en el euro y avance hacia una renegociación” del memorándum, instó Samarás. Kuvelis también solicitó la colaboración de Tsipras aunque se contradijo inmediatamente al declarar: “Es obvio que Syriza no está dispuesta a participar en un Gobierno de salvación nacional. Y nosotros no participaremos en uno solo con Pasok y Nueva Democracia. Lo único que quiere Syriza son nuevas elecciones”. Kuvelis, abogado de 61 años, propuso su hoja de ruta para acabar con el marasmo en Grecia: “Un europeísmo progresista y un socialismo democrático”. Las propuestas de unos y de otros sonaban como un diálogo de sordos ajeno a la inminencia del apocalipsis.


Los intereses partidistas han privado pues a Grecia de la única posibilidad que le quedaba para no despeñarse por el abismo —del euro y de la política—, y a los griegos, de una fórmula que la mayoría de ellos defendía: según una encuesta de Marc para el diario Ethnos, el 62,7% de los ciudadanos quiere un Gobierno de coalición (y el 53%, con la participación de Syriza). Solo el 32% de los consultados defiende unas nuevas elecciones.


Con el índice general de la Bolsa de Atenas en rojo —ha caído un 4,52%, frente a una subida similar la víspera— los principales diarios recordaban las provisiones de la Constitución griega en caso de vacío de poder. El jefe del Estado apelará ahora a los líderes de los siete partidos con representación parlamentaria (entre ellos el neonazi Aurora Dorada). Si estos no se ponen de acuerdo en un Gobierno ecuménico —con representación de todos ellos—, Papulias convocará elecciones. La repetición de los comicios puede beneficiar a Tsipras, a juzgar por la primera encuesta publicada desde el domingo: Syriza superaría en votos a ND, con el 27,7% (ND lograría el 20,3% y el Pasok, el 12,6%). El primer partido obtiene un bono de 50 escaños extras, según la ley electoral griega, lo que reforzaría la postura de Syriza.

Por María Antonia Sánchez-Vallejo Madrid 11 MAY 2012 - 20:43 CET
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El izquierdista Tsipras recibe mandato para formar un gobierno en Grecia

Atenas, 8 de mayo. Alexis Tsipras, líder de la izquierda radical griega, quien hoy recibió el mandato de formar gobierno, excluyó la particpación de su partido, Syriza, en una coalición que apoye los ajustes de austeridad impuestos por la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 

En todo caso, Grecia se hundió en una crisis más aguda cuando el líder del partido conservador Nueva Democracia (ND), Antonis Samaras, declaró que Tsipras, llevaría al país fuera de la zona euro con su propuesta de rechazar el rescate internacional.
 

De acuerdo con la Constitución, Tsipras, ingeniero de 37 años, tiene tres días para realizar la formación de un nuevo gobienro luego que Samaras fracasó el lunes en formar una mayoría.
 

“Es un momento histórico para la izquierda”, dijo Tsipras durante un encuentro con el presidente Karolos Paupulias. “El pueblo votó en masa en contra de las brutales políticas de la UE”.
 

Anunció que en el caso de asumir el gobierno, aprobará una moratoria en el pago de la deuda del país y señaló que habrá que dar marcha atrás a todas las leyes “hostiles con los trabajadores”.
 

Asesores de Tispras indicaron que el líder izquierdista usará todo el tiempo para reunir un grupo más amplio de entidades sociales y de otros partidos.
 

En teoría, Tsipras simplemente no tiene los números para formar gobierno con sólo 71 escaños de los 300 del Parlamento, o para cualquier posible alianza de izquierda. Los comunistas ya rechazaron unirse.
 

La única opción con una leve oportunidad de éxito podría ser que el socialista Pasok, que cuenta con 41 escaños, se una a una coalición con Tsipras. Si Nueva Democracia permanece fuera del Parlamento para un voto de confianza, en vez de oponerse, Tsipras podría ganar una mayoría.


Sin embargo, los analistas sostienen que si forma un gobierno sería demasiado frágil y duraría sólo unos meses.
 

Conservadores y socialistas consideran que Grecia necesita urgentemente dinero fresco, en concreto 30 mil millones de euros antes de finales de junio, si no quiere enfrentarse a la bancarrota.
 

La incertidumbre sobre el futuro del país europeo aumentó luego que Samaras dijo que Tsipras le solicitó la destrucción de Grecia al imponer el rechazo del rescate de la UE y del FMI como condición para un gobierno de coalición.
 

“Él me pide que firme la destrucción de Grecia. Eso no lo haré”, dijo, aunque más adelante sostuvo que apoyaría un gobierno de minoría pero no bajo esas condiciones. Afirmó que el líder de la coalición de izquierda tiene pocas oportunidades de formar gobierno, lo que hace cada vez más posible repetir elecciones.
 

El miembro del directorio ejecutivo del Banco Central Europeo, Joerg Asmussen, dijo que el rescate no puede ser renegociado y que no hay alternativa si Grecia quiere permanecer en la zona euro.
 

Alemania sigue con “gran preocupación” la situación que impera en Grecia, señaló el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle.
 

“Pedimos a los reponsables que trabajen por generar en breve condiciones estables y formar un gobierno sensato”, añadió.
 

Westerwelle volvió a ofrecer a Atenas la “solidaridad” de Berlín, pero insistió en que el nuevo gobierno debe profundizar las reformas acordadas.


Reuters, Afp, Dpa y The Independent

 

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Hollande y el futuro de la Social Democracia
En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas se jugaba bastante más que las carreras políticas del socialista Francois Hollande y el derechista Nicolás Sarkozy.
 
Los resultados de estos comicios van a incidir en el camino que se siga para salir de la crisis económico-financiera en que está sumida Europa, lo que a su vez influirá en el camino que el viejo continente debe diseñar para superar esta situación.
 
No cabe esperar un cambio profundo todavía, aunque ya se han formulado fuertes críticas a lo actuado por la canciller alemana Angela Merkel, con el respaldo de su colega francés Sarkozy, ambos representantes de la derecha europea.
 
Hollande desempeñó varios cargos en los primeros años de gobierno del presidente Francois Mitterrand y en noviembre de 1997 fue elegido Primer Secretario del Partido Socialista francés.A partir de ahí llega en 1999 a una vicepresidencia de la Internacional Socialista y fue diputado al parlamento europeo y al francés.
 
En los comicios presidenciales pasados Segolene Royal, entonces su pareja formal, fue la candidata socialista a la primera magistratura, derrotando a Dominique Strauss Khan, pero a su vez ella perdió la elección frente a Nicolás Sarkozy.
 
Sarkozy ocupó distintos cargos en los gobiernos de derecha que antecedieron al suyo, como los ministerios de Economía e Interior.Es un personaje controvertido dentro y fuera de su país.
 
Sumó a Francia en la guerra contra Libia, si bien antes había invitado y recibido con los honores del caso al gobernante libio Moammar Gaddafi, oportunidad en la que se concretó un negocio petrolero.
 
Durante la guerra contra Libia uno de los hijos de Gaddafi reveló que su país le había proporcionado a Sarkozy varios millones de dólares para financiar su campaña electoral y le demandó que los devolviera ya que se los habían dado en señal de amistad.
 
Paralelamente Sarkozy ha establecido una relación muy estrecha con la canciller alemana Angela Merkel y ambos han impulsado políticas económicas que están siendo fuertemente cuestionadas .
 

El entorno europeo

 
Las medidas puestas en práctica para hacer frente a la crisis europea tienen dos protagonistas principales, la canciller alemana y el saliente presidente francés.Y aunque se aprobaron por unanimidad, ahora son objeto de fuertes críticas.
 
Hollande ha expresado que tiene la intención de renegociar el pacto sobre disciplina presupuestaria, para incluir otras disposiciones que reactiven la economía y el empleo y afirmó que “habrá un cambio de orientación de la construcción europea”.
 
También anticipó que si ganaba la segunda ronda electoral “renegociaré el tratado, Merkel lo sabe y si se me da la responsabilidad mi primer desplazamiento será a Alemania para transmitirle el voto de los franceses para una Europa distinta”.
 
Merkel, a su vez, dijo que prepara una “agenda de crecimiento” para Europa y que está dispuesta a darle un rol mayor al Banco Europeo de Inversiones en las medidas destinadas a superar la crisis.
 
Las razones de Merkel son obvias, la situación europea ha llegado a un punto en que se teme una ruptura entre los países europeos del norte y del sur, según lo declaró el presidente del Parlamento Europeo Martín Schultz, alemán y social demócrata.
 
Schultz no confía en los organismos económico-financieros estadunidenses y advierte que si se produce esa ruptura “podría desmoronarse la Unión Europea y la zona euro” y aboga por soluciones comunes.
 
Las pruebas de que las políticas que impulsaron con mayor entusiasmo Merkel y Sarkozy no han tenido éxito, están a la vista y se expresaron con fuerza en la celebración del 1º de Mayo.
 
En Italia ya se había señalado que el país tiene ahora tres veces más chozas y casas rodantes que hace tres años.El año 2001 las familias que vivían en esas condiciones eran 23 mil 336 y ahora son 71 mil 101.
 
Los suicidios también han aumentado en Italia y las mujeres cuyos maridos se han suicidado integran un grupo llamado “las viudas de blanco” y habían resuelto desfilar el día del trabajo.
 
Pero las protestas son en toda Europa porque los sueldos son bajos y el desempleo aumenta en la misma medida en que se aplican las políticas de austeridad, lo que está siendo utilizado por los sectores de la extrema derecha europea para ganar adeptos.
 
Paralelamente, la canciller alemana busca la forma de darle lo que algunos analistas han denominado”un sutil cambio de tono” a sus planteamientos, considerando el cambio de gobierno en Francia, pero que también podría alcanzar a su propio país y a ella misma.
 

De Mitterrand a Hollande

 
El Partido Socialista francés sólo ha ocupado la presidencia de la república una vez, cuando Francois Mitterrand fue elegido para ese cargo el año 1981 y reelegido en 1988, completando sus dos mandatos en 1995.
 
Fue el cuarto presidente de la Quinta República y Francois Hollande, que fue el jefe de la campaña de Mitterrand, será el segundo y se estima que su triunfo podría influir en los acontecimientos políticos de otros países europeos.
 
Hay que recordar que cuando Mitterrand llegó a la presidencia en Francia,el socialismo europeo o social democracia, vivía un momento de auge a nivel mundial.La Internacional Socialista se expandía por todos los continentes y era mirada con desconfianza y combatida por Estados Unidos.
 
Los gobiernos de ese signo se imponían en otros países europeos y también en América Latina y Africa, así como después en países que habían sido parte de la colapsada Unión Soviética.
 
Integrados en la Internacional Socialista, ésta se convirtió en un organismo al que Estados Unidos le declaró la guerra políticamente hablando, si bien hay algunos episodios que han tenido múltiples interpretaciones.
 
Los personajes clave de la expansión de esta organización fueron el Canciller alemán Willy Brandt, el Canciller austríaco Bruno Kreiski y el Primer Ministro sueco Olof Palme.Los conocidos “Diálogos” entre ellos sirvieron de base a la organización internacional, que no está relacionada con aquellas vinculadas a la Unión Soviética.
 
Los partidos que la integran empezaron a ganar elecciones en todos los continentes, en especial en los países que se liberaban de regímenes dictatoriales impuestos por el intervensionismo estadunidense.
 
La muerte de Brandt a raíz de un cáncer, y el asesinato de Palme fueron dos elementos que debilitaron a esta organización, junto a las políticas económicas puestas en práctica por los organismos internacionales.
 
Pero hoy, cuando ese modelo está en crisis, surgen nuevas expectativas. Se especula con una victoria de los socialdemócratas alemanes en las próximas elecciones y el triunfo de Hollande en Francia es señalado como un punto de partida.
 
Por Frida Modak, periodista, fue Secretaria de Prensa del Presidente Salvador Allende.
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“En Chile hay una larga continuidad del modelo neoliberal”
–Los procesos que tienen lugar en América latina por cierto cuentan con sus particularidades, pero el caso de Chile parece diferenciarse bastante de las experiencias que vienen intentando construir lo que podemos llamar alternativas al neoliberalismo. ¿Qué podrías decirnos sobre eso?

–Uno podría decir muchas cosas, y para ello hay que partir por el pasado reciente. En Chile la sociedad neoliberal empezó a constituirse durante la dictadura militar, en abril de 1975, es decir que Chile fue profético para lo malo. En abril de 1975 se aplicó el programa de shock, instalado por intelectuales neoliberales, economistas, formados en la universidad de Chicago, que rompía con los modelos de desarrollo económico industrializadores con intervención del Estado que habían existido en Chile previamente. Lo hicieron porque creían que ese modelo anterior no permitía un desarrollo capitalista pleno. Ese programa neoliberal dio frutos no muy espectaculares durante la dictadura, pero fue mantenido con obstinación. Todos los ministros de Hacienda que siguieron continuaron con ese programa, incluso después de la crisis económica de los ’80 y lo más importante es que ese programa también continuó durante los gobiernos de la Concertación. Los gobiernos de la Concertación introducen un cambio político muy importante, el paso de un régimen autoritario a una democracia representativa convencional. Pero ninguna de las esperanzas que algunos grupos habían hecho durante el período de la dictadura –que podríamos ir más allá de la simple recuperación democrática– se pudieron realizar. Ello porque la Concertación, que primero se llamaba Alianza Democrática, continuó con la aplicación del modelo neoliberal y fue más allá que la dictadura. Privatizó una serie de empresas públicas que existían en Chile e instaló un neoliberalismo con democracia que en otros países de América latina, Argentina con Menem por ejemplo, también se instalaron. Digamos que Chile fue profético, se anticipó en la instalación de este modelo, que modificó sustancialmente la estructura económica anterior.


–¿Cuál fue el motivo de que se frustraran esas expectativas a la salida de la dictadura?

–La Concertación consideró que los cambios que había prometido no podían realizarse porque se corría el riesgo de que los militares empezaran a tratar de impedirlo. Algunos dicen que hubo un pacto entre los principales dirigentes democráticos y personeros del régimen militar para continuar el mismo modelo social que había instalado la dictadura. Eso seguramente es así, pero también es cierto que los principales dirigentes que llegaron al gobierno con la Concertación habían llegado a la conclusión de que este modelo con predominio de mercado y poca intervención estatal podía dar frutos mejores que el modelo anterior, con intervención estatal. Hay que decir que se trata de una época histórica y de procesos que en otras partes del mundo también se habían realizado. Thatcher, Reagan, habían llevado a Europa a este modelo neoliberal. En Chile, pese a que durante la dictadura hubo un éxito relativo –no espectacular– este modelo se continuó aplicando con la Concertación. Eso hace que Chile sea una excepción en América latina. Hoy en día tenemos un gobierno de derecha que tampoco modifica mucho las cosas que hizo la Concertación. Entonces hay una larga continuidad del modelo neoliberal y fuerzas sociales que no están dispuestas a cambiar los rasgos fundamentales de la sociedad que se instaló. Por supuesto se han ido limando los aspectos más excluyentes, pero con límites.


–Entre sus trabajos, Chile actual, usted hace un balance de la Unidad Popular. Es notable, desde la perspectiva actual, que los dos principales partidos, el PS y el PC, que componían la Unidad Popular, inviertan en democracia el posicionamiento relativo que tenían en aquel momento. ¿Qué podría decir sobre cómo han procesado unos y otros aquella experiencia?

–En Chile, los principales actores políticos son los partidos. Entonces, para entender por qué se mantiene un modelo con rasgos neoliberales es muy importante la evolución del Partido Socialista, que es el primero que evoluciona y pasa de las posiciones que tuvo durante la Unidad Popular –a la izquierda de los comunistas en la coalición–, a convertirse en un partido que busca generar un bloque con el centro político demócrata–cristiano. Del PS se escinde lo que después se llama el Partido Por la Democracia (PPD), que al principio intenta agrupar a los sectores opositores, pero después, con la modificación de las leyes políticas oficiales, se transforma en un partido más. Un partido de izquierda hacia el centro. Entonces, el Partido Socialista y esa izquierda del PPD abandonan el espacio de izquierda marxista conformada por el PS y el PC, una izquierda revolucionaria, en la que uno adhería fielmente a la URSS y el otro adhería en un momento a Yugoslavia. Eso cambia radicalmente después del golpe. Uno de los efectos del golpe es generar una izquierda nueva, que se constituye en la lucha contra la dictadura. En ese proceso, los socialistas dicen “son tiempos nuevos, el final del siglo XX y el XXI serán distintos”. Efectivamente, la transición chilena transcurre en el medio del proceso de destrucción de la Unión Soviética, y eso también deja a esos partidos sin sus referentes históricos. Lo único que sobrevive es Cuba, pero Cuba con el PC no tenía mucho que ver y el mismo Fidel Castro recomienda en Chile caminos moderados. Surge entonces una izquierda distinta, que realiza pactos con la Democracia Cristiana, pactos que la DC no había querido realizar en el período de la dictadura. Recordemos que el PC y el PS, es decir, la Unidad Popular que quedaba después del golpe, habían insistido en un frente antifascista y la Democracia Cristiana no quiso saber nada con ello. Entonces, finalmente se hace un pacto PS-DC, pero muy lejos de las ideas del pacto antifascista, que implicaba cambios en el modelo. Tenemos un PS que también se inclina por la continuidad del modelo, con modificaciones, con políticas sociales que lo modifiquen, pero conservando los elementos centrales. A eso yo le llamé transformismo. No sé si usaría el concepto hoy en día, pero tenemos una izquierda muy distinta de la que existía antes. El otro factor que también hay que poner en el tapete es que este gobierno de derecha que tenemos hoy día no fue recibido como un trauma, como una vuelta a tiempos de Pinochet, porque también la derecha había evolucionado. Esta derecha, aunque muchos de sus dirigentes apoyaron la dictadura, es una derecha que si bien no hace una crítica del régimen militar, tampoco está dispuesta a una vuelta atrás. Se manifiesta democrática, aunque es una derecha con muchos rasgos conservadores en sus dos partidos, la UDI y Renovación Nacional. El Partido de Renovación Nacional tiene aspectos más liberales, pero también aspectos conservadores muy importantes, eso tiene que ver sobre todo con políticas culturales, respecto de reproducción y sexualidad. Aquí el tema del aborto terapéutico, que ahora se está poniendo en discusión en estos días, va a poner de manifiesto el carácter de esta derecha, porque algunos sectores ni siquiera consideran que si la madre está en peligro de muerte puede provocarse un aborto terapéutico con legitimidad. Entonces esta derecha se manifiesta en vías democráticas, nadie piensa que puede haber una vuelta atrás. Chile volvió al optimismo, que ha sido uno de los elementos centrales de su política durante mucho tiempo. Optimismo que incluso teníamos en el período de la Unidad Popular, cuando la crisis se estaba forjando en nuestras narices. Hoy en día no hay nada que haga temer en ese sentido, pero hay sectores que hablan de una crisis del modelo neoliberal en el mundo y también en Chile. En el mundo efectivamente hay una crisis, que no sé si es una crisis del modelo neoliberal. En Chile todo el mundo dice que somos capaces de resistir la crisis mundial de mejor modo que otros, justamente por la estructura socioeconómica que hemos creado en largos años de continuidad de un enfoque.


–Esta continuidad ha generado huellas, marcas, en el escenario político, en el que se destaca el movimiento estudiantil, que se ha centrado en la educación, que uno puede decir es un eslabón débil del proyecto neoliberal. Pero ante la masividad que ha adquirido, uno se pregunta qué es lo que lo ha producido.

–Esto tuvo una primera aparición en el año 2006, con la llamada “rebelión de los pingüinos”, que fue también una protesta estudiantil de bastante magnitud, pero mucho menos visible porque hubo menos movilizaciones que las de ahora. La Concertación aplastó al movimiento estudiantil al aplicar las leyes de protección de la seguridad pública, cuestión que Piñera no ha sido capaz de hacer. Piñera es paradójico en muchas cosas y en ésta también. Su paradoja consiste en que probablemente quiera generar una derecha que se diferencie de la derecha de la dictadura y por lo tanto trata de no aplicar medidas represivas. Finalmente ha decidido aplicarlas ahora, pero hubo una demora en hacer esa operación, mientras que Ricardo Lagos no se demoró mucho. Este sentimiento de culpa que tiene Piñera hizo que se demorara, pero ya aplicó las leyes respectivas y ahora vamos a tener una derecha que hace lo que todo el mundo esperaba que hiciera: defender lo que ella llama el orden público con todas sus fuerzas, y una participación muy activa de los carabineros. Vamos a ver entonces qué pasa ahora con el movimiento estudiantil. Cuando surgió, fue un movimiento que sorprendió. Entonces uno podría pensar que el movimiento estudiantil emerge en un contexto de conflicto por otras movilizaciones, por los efectos de la crisis mundial en Chile y los aumentos de combustibles y alimentos, pero a mi entender tiene que ver sobre todo con la aparición de un liderazgo nuevo en el sector estudiantil universitario y la aparición de un actor que había estado en silencio durante mucho tiempo, que son los estudiantes secundarios. A través de sus liderazgos, los estudiantes universitarios aparecen más ligados a partidos políticos, como Camila Vallejos, que es comunista, o socialistas como Giorgio Jackson, pero lo fundamental es que las decisiones se toman colectivamente. Se creó entre los estudiantes un órgano de dirección que toma decisiones colectivas, que discute, y entre los cuales los líderes son voceros y no pueden por sí mismos tomar decisiones. Ocuparon la calle y la ocuparon bien, podemos decir que ocuparon la calle con proyecto, con discurso, no sólo se movieron sino que desfilaron y desfilaron con consignas y con un proyecto que se hizo público y que le presentaron al gobierno, que todavía no da respuestas. Creo que estamos en este momento en una etapa donde el gobierno va a endurecer su postura y vamos a ver qué pasa. Los dirigentes estudiantiles están buscando nuevas fórmulas para empezar sus protestas y que no le permitan al gobierno destruirla como sucedió últimamente. Creo que estamos entrando a un nuevo tiempo con un gobierno de derecha típico que olvida este intento que tenía de generar acuerdos en cuestiones que tuvieran que ver con políticas sociales, como sucedió en algunos casos, como la exención del aporte del siete por ciento a los pensionados que la Concertación no había realizado, la creación de Pornatal. Eso va a quedar en el olvido y se va a poner en el tapete el mantenimiento del orden público. Vamos a ver qué pasa con la reforma tributaria que están patrocinando, a lo mejor esa reforma tributaria provoca que nos encontremos con una derecha que realiza medidas populistas por una parte y por la otra parte aplica políticas represivas, que es posible que sea lo que viene por delante. Vamos a ver entonces si el movimiento estudiantil es capaz de buscar formas de acción que no fracasen ante la presencia de los carabineros en la calle.


–Uno hubiera pensado que, a partir de la amplitud de la convocatoria de los estudiantes, se podría haber articulado un espacio político-social con capacidad de gravitación creciente. Quizás las limitaciones del movimiento estudiantil se deban al peso que tienen variantes de tipo autonomista o antipartidos, un poco en sintonía con las interpretaciones del historiador Gabriel Salazar, que justificarían este distanciamiento de la escena política. De todas formas, tras la derrota de la Concertación, la emergencia de Marco Enríquez-Ominami y la presencia efectiva de este movimiento estudiantil ¿son elementos que podrían contribuir a una confluencia de nuevo tipo...?

–El problema es que la Concertación se sumió en el silencio. Este gobierno no ha tenido oposición, y los errores que ha cometido los ha cometido por su propia cuenta. La Concertación es muy débil, está todavía en proceso de reconstitución, preparándose para las elecciones municipales y seguramente para las elecciones municipales vamos a tener una Concertación porque en Chile las elecciones suscitan rápidamente partidos políticos, aun cuando éstos han estado en una especie de sueño durante un largo tiempo, como es el de la Concertación después de su error. Dos años de silencio después de una interna. Las elecciones municipales que tenemos en el escenario ya han hecho aparecer ciertos candidatos, como Carolina Tohá, presidenta del PPD. Va a ser candidata por Santiago, que es un escenario muy importante desde el punto de vista de la visibilidad. Hay que tomar en cuenta las elecciones y hay que tomar en cuenta también la dificultad de que aparezca algo que les haga frente a los partidos políticos en Chile. Aquí siempre ha sido muy difícil. Las protestas del año ’83 contra la dictadura fueron convocadas por los trabajadores del cobre, pero finalmente los partidos políticos se metieron y, pese a lo que diga Gabriel Salazar, tuvieron una importancia seria. En Chile los partidos son despreciados como en todas partes, se los critica fuertemente, pero cuando llegan los procesos electorales actúan y la gente vota por los candidatos que se presentan. Entonces yo creo que es muy difícil que en Chile aparezca una alternativa hoy que tenga a su cabeza a los dirigentes estudiantiles o a los dirigentes ecologistas, que también realizaron marchas, y además han incorporado dentro de su análisis una crítica a los sistemas industriales, sean socialistas o sean capitalistas, como generadores de problemas que ponen en peligro el medioambiente. Es muy difícil que logren presentarse como alternativas políticas globales. Entonces vamos a tener de nuevo una Concertación que al menos murmure, porque todavía no ha logrado presentar un proyecto distinto del que tenía y que fue derrotado por Piñera. En el caso de Chile, va a ser muy importante quién gane las elecciones municipales de octubre para definir el escenario hacia las presidenciales, y no hay que descartar que la derecha pueda ganarlas, aunque no de un modo aplastante. Yo no veo todavía grandes cambios en el escenario, grandes cambios del sistema de actores políticos que están en acción, aunque sí se puede esperar una Concertación que va a tener que reorganizarse para hacer frente a las elecciones. Quizás se presenten con dos listas, algo que ya hicieron en elecciones anteriores, una lista que en algún momento se llamó progresista y otra que se llamó democrática. Pero todo me hace pensar que va a haber un pacto de la totalidad de lo que es hoy la Concertación, sumando además al Partido Comunista, que después de dejar atrás, hace un tiempo, la última política conocida de ellos, que era la “política de la rebelión popular de masas”, no le han dado nombre a su nueva orientación. Volvieron a lo que ellos llaman “frente de liberación nacional”, pero aun no le han puesto nombre. Tienen una política de entrismo, de participación en una fuerza con capacidad gubernamental, con posibilidades de ser gobierno, que desde luego se trata de la Concertación, pactando, poniéndose de acuerdo. Tienen algunas discusiones sobre tal o cual distrito, pero ya están armando un pacto. Los democratacristianos están también dispuestos a aceptar finalmente, con dificultad, que los comunistas formen parte de la alianza. Entonces puede que vayamos a tener un escenario de repetición de lo que ocurrió en las últimas elecciones parlamentarias, del 2008-2009, y un panorama por lo tanto de continuidad, una vuelta a la política aburrida de una Concertación que “no calienta” porque no presenta ningún diagnóstico a la situación de la sociedad chilena interesante y menos un proyecto.


–En el resto de América latina, con sus dificultades y diferencias, parece consolidarse un bloque progresista o antineoliberal. Marco Aurelio García ha diferenciado entre procesos más radicalizados en países que no han atravesado experiencias de industrialización, mineros, como en el Pacífico, y países con una burguesía más orgánica, donde los ritmos de las reformas exigen mayores equilibrios, como en el Atlántico. ¿Qué es lo interesante que uno podría destacar que puede llegar a constituirse?

–No he estudiado el proceso latinoamericano en profundidad, pero lo de Evo Morales o Rafael Correa me parece muy interesante. En Evo encontramos un intento de constituir un modelo nacional-popular, por llamarlo de algún modo. Reformismos interesantes, con una gran diferencia con los reformismos de la década del ’60, que añadían aquello de “tránsito al socialismo”, que si bien algunos lo mencionan, no es lo principal, por decirlo así. Pero hay un ala progresista en Latinoamérica interesante y una de las cosas interesantes que tiene Piñera es que busca entenderse con ellos, incluso con Chávez. Por otra parte, tenemos en Brasil un país que juega un papel importante con los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Entonces en Latinoamérica priman experiencias reformistas de las cuales Chile está al margen, pero con un gobierno de derecha que no busca enfrentarse, sino generar los máximos acercamientos posibles. La política exterior chilena está marcada por los residuos, los problemas que persisten de la Guerra del Pacífico. Enfrenta los reclamos que hizo Perú en los organismos internacionales, Bolivia parece avanzar en la misma dirección, con sus reclamos sobre la salida al mar. En ese marco, Piñera ha conservado la prudencia que tuvieron los gobiernos de la Concertación, incluso yendo más allá y tratando de entenderse con todos, incluido Ollanta Humala. Yendo al tema del peso de los intentos de industrialización anteriores, en el caso de Chile, hay que decir que hace mucho tiempo se dejó de creer que la industrialización pasaba por los frentes populares. Entonces Chile podría decirse que se parece a aquellos países sin industrialización, llamémoslo Venezuela, llamémoslo Bolivia, llamémoslo Perú. El neoliberalismo fue un intento de desarrollarnos sin industrialización con mercado interno y abriéndonos al exterior. Entonces esos países reformistas constituyen un bloque, dialogan entre sí, y para Chile son un doble problema, que tiene que ver con la tradicional pugna contra Perú y Bolivia que Chile ha tenido, que este gobierno ha tratado con prudencia, pero además Chile queda a la derecha, queda suelto a la derecha. Cristina Fernández tiene una imagen distinta, aunque no he estudiado el proceso argentino. Chile sigue aislado, aislado en el medio de gobiernos progresistas en medio de Latinoamérica. Aunque yo soy demasiado chileno en mis análisis, trabajo comparativamente menos que otros, como Manuel Antonio Garretón, aunque Garretón es un defensor de la Concertación y yo soy un crítico.

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Grecia castigó a los partidos del ajuste
Los grandes perdedores de las elecciones legislativas de Grecia fueron el Partido Socialista Panhelénico (Pasok) y los conservadores de Nueva Democracia (ND), sostenedores por igual de las medidas de ajuste. Con un 40 por ciento de abstención en las urnas, las proyecciones a partir de datos oficiales ubicaron a ND con el 18,9 por ciento de los votos y 108 de las 300 bancas del Parlamento, muy por debajo de las 151 que necesita para alcanzar la mayoría parlamentaria. El Pasok, por su parte, salió tercero con el 13,4 por ciento de los votos y 41 escaños, detrás de la coalición de izquierda radical Syriza, que se alzó con el 16,8 por ciento y 51 bancas, transformándose en el gran ganador de la jornada. El partido de extrema derecha Amanecer Dorado, que se embandera detrás de una plataforma antiinmigrante y propone minar las fronteras de Grecia, obtuvo un 7 por ciento de los votos y 22 diputados, un desempeño importante –y preocupante– para una agrupación que hasta hace meses estaba en las márgenes de la vida política griega. De acuerdo a los sondeos, ND y Pasok lograron juntos entre el 32 y el 34,5 por ciento de los sufragios, muy lejos del 77,4 por ciento que lograron en las elecciones de 2009.


Sin eufemismos, el pueblo heleno le envió un claro mensaje al bipartidismo tradicional de Grecia en las primeras elecciones que se celebran, desde el estallido de la crisis de deuda, en el país más castigado de la Zona Euro. No es casual que las fuerzas opuestas al ajuste exigido por la troika (Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y la Comisión Europea) hayan sido las más beneficiadas en las elecciones de ayer. Todo indica que sin una clara mayoría a favor de nadie, ND está obligado a formar un gobierno de coalición. Sin embargo, si fracasaran los esfuerzos de las tres fuerzas más votadas, el país debería celebrar nuevas elecciones, panorama que inquieta por igual a mercados y acreedores.


Tanto el conservador Antonis Samaras, líder de ND, como el del Pasok, Evangelos Venizelos, manifestaron su apoyo a una coalición que reemplace a la actual que encabeza el premier tecnócrata Lucas Papademos, aunque con algunas salvedades. “El hecho de que Nueva Democracia sea el primer partido aumenta su responsabilidad, puesto que ahora es el único pilar de la estabilidad política en Grecia”, dijo Samaras desde Atenas. “Estamos listos para asumir la responsabilidad de formar un nuevo gobierno de salvación nacional con dos metas exclusivas: que Grecia permanezca en la Zona Euro y se modifiquen los términos del acuerdo de préstamo para que haya crecimiento económico y alivio para la sociedad griega”, agregó.


Exultante, el líder de Syriza, Alexis Tsipras, dijo que la derrota de los dos partidos tradicionales, que acompañaron con sus firmas los acuerdos de salvataje, significa que esa rúbrica perdió legitimidad por votación popular. “El pueblo recompensó las propuestas hechas por nosotros para formar un gobierno de izquierda que cancele los acuerdos de crédito y anule el camino de la gente hacia la miseria”, sostuvo. Asimismo, Tsipras destacó que en su país se produjo una revolución pacífica, que surge una nueva Grecia y que su agrupación no colaborará ni con los conservadores ni con los socialistas, adelantando de este modo su intención de no formar parte de un futuro acuerdo con esas fuerzas. Aunque su partido se pronunció a favor de permanecer en la Zona Euro, pretende lograr una cancelación de las actuales deudas.


La coalición griega de izquierda también criticó la línea de recortes defendida por la canciller alemana y el presidente saliente francés, Nicolas Sarkozy. “La señora Merkel debe entender que el programa de ahorro ha sufrido una estremecedora derrota”, señaló Tsipras, entrevistado por la televisión local. Merkel es el blanco de múltiples críticas en Grecia por haber defendido las políticas de ajustes y recortes como salida a la crisis que atraviesa la economía helena. El magro resultado obtenido por los socialistas representa un duro golpe para el Pasok, fundado por el padre del ex ministro Giorgos Papandreu, que ganó las últimas elecciones de 2009 con el 43 por ciento de los votos. “Para nosotros es un día particularmente doloroso”, reconoció Venizelos. “Sabíamos que pagaríamos el precio de haber asumido una posición emocional y políticamente insoportable para tomar las medidas que eran necesarias”, agregó. Antes de las elecciones, Samaras había desestimado toda posibilidad de formar una alianza con los socialistas. En un intercambio de gentilezas, Venizelos descartó una alianza con ND y pidió una gran coalición de partidos proeuropeos. “Un gobierno de coalición del viejo sistema de dos partidos no tendría suficiente legitimidad ni suficiente credibilidad doméstica o internacional si reuniera una mayoría muy exigua”, señaló.


El líder del partido neonazi Amanecer Dorado, Nikos Michaloliakos, dijo que su partido, que entra al Parlamento por primera vez y será el sexto con más bancas, luchará contra los usureros mundiales y contra la esclavitud impuesta por los acuerdos crediticios del FMI y la UE, a los que calificó de dictatoriales.

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