Las grandes petroleras de EEUU, detrás de la lucha contra la corrupción en Brasil

La llamada "lucha contra la corrupción" fue desde siempre una práctica normal de la competencia por nuevos recursos y mercados. En el caso de Brasil, la sombra de las grandes petroleras estadounidenses está detrás de las denuncias contra Petrobras, contra el Partido de los Trabajadores y contra el expresidente Luis Inácio Lula da Silva.

 

Estas grandes empresas, decanas en la práctica de sobornar funcionarios y políticos en todo el mundo, "acostumbran a utilizar la sorprendente acusación de 'corrupción' contra todo tipo de competidores y adversarios que se interpongan en su camino", escriben los analistas geopolíticos José Luis Fiori y William Nozaki, en una pieza titulada Petróleo, guerra y corrupción: entender Curitiba.

Nozaki es profesor de sociología en Sao Paulo y director técnico del Instituto de Estudios Estratégicos del Petróleo, Gas y Biocombustibles (INEEP), creado en 2018 por la Federación de Trabajadores Petroleros, para promover la investigación académica sobre asuntos relacionados con la agenda del sector del petróleo en Brasil y el mundo.

Fiori es economista y coordinador del programa Poder global y geopolítica del capitalismo en la Universidad Federal de Río de Janeiro y también pertenece al INEEP. Publicó varios libros sobre geopolítica y es una de las voces más autorizadas sobre el tema en Brasil y en América Latina.

Curitiba es la ciudad del sur de Brasil donde residen los jueces y juzgados que promovieron la investigación conocida como Lava Jato (lavado rápido), que procesó y encarceló un centenar largo de políticos y empresarios, entre ellos al expresidente Luiz Inacio Lula da Silva.

En el trabajo mencionado comienzan a desvelar, con datos históricos y algunas proyecciones, las razones por las cuales fue posible descabalgar al Partido de los Trabajadores (PT) del gobierno, en base a acusaciones de corrupción que, más allá de algunos desvaríos, tienen visos de ser reales. Aunque realizan algunas conjeturas siempre discutibles, no caen en teorías conspirativas sino que se atienen a los hechos.

Su trabajo arranca con la formación de las Siete Hermanas, como se conoció a las grandes petroleras lideradas por Standard Oil (de John Rockefeller), que controlaban el mercado global de petróleo hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Recuerdan que el petróleo jugó un papel muy destacado en las guerras del siglo XX, lo que les permite asegurar la estrecha asociación entre la industria del petróleo y la industria de la guerra.

​En efecto, el petróleo tuvo un papel decisivo en la Guerra del Pacífico desencadenada con el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 y en el ataque alemán a la Unión Soviética el mismo año, hasta la guerra del Golfo (1991), la guerra de Irak (2003), la invasión a Libia (2011) y la actual guerra en Siria. El petróleo puede ser considerado una commodity geopolítica.

Luego detallan quince casos en los cuales las grandes petroleras estuvieron involucradas en corrupción comprobada, ya sean empresas privadas o estatales. Citan la investigación del cientista político Paasha Mahdavi, quien constató en base a datos del Departamento de Justicia de EEUU, que un tercio de los 141 procesos de corrupción investigados entre 1977 y 2013 estaban relacionados con el sector petróleo y gas.

Luego se focalizan en Brasil. El caso del ingeniero Pedro Barusco, gerente de Servicios de Petrobras entre 1995 y 2010, es elocuente. En sus declaraciones ante la justicia, asegura que comenzó a recibir sobornos en 1997, como otros altos cargos de la petrolera, cuando gobernaba Fernando Henrique Cardoso, y estima que el PT recibió entre 150 y 200 millones de dólares entre 2003 y 2013.

Durante el Gobierno del PT, las propinas pasaron a ser pagadas por empresas "nacionales" como Odebrecht y OAS, dos de las mayores constructoras que se beneficiaron con licitaciones para obras de infraestructura. En ese período hubo un recambio de empresas nacionales por las extranjeras como abastecedoras de Petrobras, que ocupaba el segundo lugar entre sus pares del mundo.

Fiori y Nozaki establecen que "el descubrimiento de las reservas de petróleo en el presal en 2006 fue el momento decisivo en el que Brasil cambió la agenda geopolítica de los Estados Unidos". Brasil pasa a ocupar "una posición destacada en tres de las siete prioridades estratégicas de la política energética de EEUU: como fuente de experiencia para la producción de biocombustibles; como socio clave para la exploración y producción de petróleo en aguas profundas; como territorio estratégico para la exploración del Atlántico Sur".

Tres datos adicionales. El mercado del petróleo nunca se guió por la libre competencia, como aseguran los liberales, sino como "campo de guerra entre las grandes corporaciones y las grandes potencias". La llamada "corrupción" fue desde siempre una práctica normal de la competencia por nuevos recursos y mercados. Y, por último, acusan de corrupción a los "adversarios que se interponen en su camino".

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Tierra Forme y Nuevo Reino de Granada y Popayán. Willem Blaeu, Amsterdan, 1647 (1ª. Edición: 1635). Mapoteca 4, X-61, Archivo Nacional, Bogotá.

Mucho antes de la invasión/conquista y la Colonia, cuando los pueblos originarios dominaban el territorio que hoy es Colombia, éste ya se había configurado como una nación de regiones geográficas con características y particularidades en clima, vegetación, cuencas y microcuencas hidrográficas, factores fundamentales que a su vez marcan las costumbres de sus habitantes e incluso su idioma. Si bien la conformación política ha variado o evolucionado de acuerdo con las circunstancias no naturales, la conformación geográfica regional se mantiene invariable hasta nuestros días. La denominación de Colombia, “país de regiones”, es un concepto moderno lingüístico, y por lo tanto científico, que resume la configuración geográfica ancestral, en un intento de acomodarla con la configuración político administrativa, pero sin encontrar la solución a las contradicciones políticas criollas que afloraron tempranas en el movimiento de los Comuneros de 1781, se manifestaron belicosas en la revuelta del 20 de julio de 1810, que propulsó un proceso de lucha para ponerle fin al régimen colonial, y se agudizaron y se exacerbaron a partir del establecimiento de la República en 1821, y han perdurado hasta nuestros días.

Como la define el arquitecto, escritor y geógrafo Alberto Mendoza Morales en su obra trascendental Colombia, Estado Regional (Bogotá, 2000) “Región es una porción de territorio, de tamaño variable, definida por límites arcifinios [naturales], individualizada por algún elemento unificador que la distingue, le imprime carácter único y la hace singular frente a otras regiones”.


Dentro de esta definición se desarrolló la vida de las naciones o regiones que conforman el territorio invadido por los conquistadores españoles a partir de 1500. Aquí habitaban la nación Calamarí (Caribe), la nación Mwiska, la nación Pijao, la nación Patía, y otras, formadas alrededor de doce grandes cuencas fluviales, que tienen como ejes los ríos Magdalena y Cauca (pues influyen ellos dos en la totalidad del territorio) y las otras diez grandes cuencas: Amazonia, Orinoquia, Catatumbo, Sierra Nevada, Sinú, Atrato, Baudó, San Juan, otros ríos, Patía y Mataje. El Himat ha identificado en Colombia 714.300 minicuencas hidrográficas (fluviales y lacustres) menores de 10 kilómetros.

Los españoles reorganizaron la división político administrativa del que bautizaron Nuevo Reino de Granada, subdividiéndolo, con base en la delimitación geográfica, en gobernaciones. La Gobernación de Santa Marta, la Gobernación de Cartagena, la Gobernación del Río de La Hacha (Guajira), las gobernaciones de Venezuela y Quito, la Gobernación de Popayán, los territorios de las Misiones (Llanos Orientales, Casanare, Arauca, Meta), y la Audiencia de Santafé, erigida en capital del Nuevo Reino de Granada. Esa división administrativa se mantuvo hasta el final de la Colonia, con las variantes de que la Gobernación de Venezuela fue convertida en capitanía, y la de Quito en presidencia, con una Real Audiencia auxiliar de la de Santafé. Tales regiones o gobernaciones estuvieron determinadas en su funcionamiento económico por una institución común: la Encomienda. Por orden del rey Carlos V la Encomienda estaba destinada a garantizar la propiedad de los indígenas sobre sus tierras y a darles la protección que necesitaran, para lo cual se nombraba un encomendero que tendría a su cuidado determinada porción de tierras (por lo general latifundios) y el cuidado de los indígenas que las habitaban y que eran sus dueños legítimos, en cuyo servicio obraba el encomendero, remunerado por los mismos indígenas. A los pocos años los encomenderos pasaron a ser los dueños de las tierras y los indígenas sus sirvientes.

De ahí se formaron enormes latifundios y los encomenderos pasaron a ser la clase de los terratenientes, de modo que a finales del siglo dieciocho la totalidad de las tierras productivas del Nuevo Reino de Granada era propiedad de no más del tres por ciento de la población. Los encomenderos terratenientes utilizaban para trabajarlas la mano de obra de los indígenas (que no eran esclavos, pero recibían un trato peor que si lo fueran) y de los esclavos.
Tras el movimiento del 20 de julio de 1810, que, si no estableció formalmente la independencia, sí le torció el pescuezo al régimen colonial español, se organizó un primer ensayo de Estado Regional, de tipo federal, en imitación al adoptado por los Estados Unidos de Norteamérica, y se le dio el nombre de Provincias Unidas de la Nueva Granada, con gobiernos y administraciones autónomas, y sujetas políticamente a la autoridad del Congreso. Esas Provincias Unidas surgieron de la conformación Geográfica natural del país. Venezuela y Quito no entraron a formar parte de la nueva organización post colonial y adoptaron su propio régimen político- administrativo.

Un observador tan agudo como Antonio Nariño, que llevaba casi treinta años de lucha por la libertad de su pueblo, y sufrido varias prisiones por esa causa, al salir de su celda en las mazmorras de Bocachica, en Cartagena, donde lo tenía encerrado el régimen español a raíz de la conspiración en 1809, analizó la forma como la organización de las Provincias Unidas no iba a derivar en un Estado nacional libre y soberano, integrado por regiones con verdadera autonomía económica, política y social, según las características regionales, sino en una supuesta nación hecha a semejanza de los Estados Unidos, pero con regiones que constituiría el feudo de los terratenientes herederos de las encomiendas y del dominio de la tierra en esas provincias. Tendríamos entonces un Estado feudal y no un Estado regional.

A su regreso a Santafé, Nariño asumió dos posturas inaceptables para los nuevos dominios. La primera, propuso un gobierno central, que facilitara la organización de las provincias para la defensa del país ante la inminencia de un intento de reconquista por parte de la antigua metrópoli, que lo emprendería tan pronto terminara su guerra contra Napoleón. Y la segunda, acabar con la encomienda y redistribuir las tierras entre los campesinos e indígenas que las trabajaban y que eran sus dueños legítimos. No podíamos pensar en fundar una democracia si pensábamos continuar bajo el mismo sistema feudal de la Colonia. La propuesta audaz de Nariño les produjo náuseas a los nuevos encomenderos, nada dispuestos a repartir sus fundos entre los trabajadores, así como así.

De ahí surgieron los dos primeros partidos políticos en Colombia con posiciones antagónicas. El centralista, encabezado por Antonio Nariño, y el federalista, por el doctor Camilo Torres. De ahí también surgió la primera de las nueve guerras civiles generales del Siglo diecinueve en Colombia, motivadas en apariencia por la misma razón: centralismo versus federalismo; pero no se trataba de dos posiciones políticas ni ideológica opuestas. A los federalistas les interesaba ese sistema porque se adaptaba mejor al dominio feudal de las tierras productivas de la República, mientras que los centralistas aspiraban a un gobierno que pudiera efectuar hacia la periferia una distribución equitativa no solo de la propiedad de la tierra sino de las riquezas que pudiera generar el trabajo nacional. Entró en juego también el libre cambio, del que se hicieron campeones los federalistas (o liberales radicales) y al que combatieron, apoyados en el centralismo, los artesanos que pretendían crear una industria nacional y pedían para ello la protección incondicional del gobierno. La lucha auténtica no fue entre centralistas y federalistas, sino entre librecambistas y artesanos, entre el libre comercio y el proteccionismo industrial.


En su discurso de Instalación del Congreso de Angostura, el Libertador Simón Bolívar encareció a los diputados adoptar una constitución de tipo centralista, que se adaptaba a las características de los pueblos (Nueva Granada, Venezuela y Quito) que habrían de integrar la futura República de Colombia. El Congreso de Angostura elaboró una Constitución de tipo centralista con carácter provisional, mientras se decidía la suerte de la Guerra de Independencia. La victoria de Boyacá en 1819 y la liberación de la Nueva Granada, le permitieron al Libertador convocar el Congreso Constituyente de Cúcuta, instalado por Antonio Nariño. Allí se adoptó una constitución de tipo centralista y proteccionista, que impulsara el desarrollo de la industria artesanal nacional, y de la agricultura, como efectivamente las impulsó; pero las ambiciones de poder y de riqueza de la clase dirigente criolla, los intereses de los terratenientes, que ejercían el poder verdadero, y las intrigas de los ministros plenipotenciarios de Estados Unidos y de Inglaterra, que encontraban en el proteccionismo constitucional un obstáculo fastidioso para sus intereses comerciales, instaron a la separación de Venezuela y de Ecuador, y a la disolución de Colombia tras la muerte del Libertador en 1830. La República de la Nueva Granada, y las que le siguieron en el curso tormentoso del Siglo XIX colombiano, tampoco pudieron organizar Estados Regionales, en parte porque los terratenientes y los comerciantes se opusieron, y en parte porque los tratados de libre comercio y amistad con Estados Unidos (1835 y 1848) hicieron imposible que las regiones pudieran librarse de su vasallaje feudal.

Con las constituciones semilibrecambistas y semifederalistas de 1853 y 1857 el librecambio avanzó hacia el dominio total de la vida granadina, lo que se dio con la Constitución de 1863, que instauró nueve estados soberanos aupados bajo el denominador común de República de los Estados Unidos de Colombia. Sin embargo, las contradicciones se agudizaron. La soberanía pomposa de los nueve estados de 1863, como la autonomía de las doce provincias Unidas de 1811, era la misma máscara con que se encubrían los soberanos incuestionables: los terratenientes. El régimen feudal seguía imperando bajo la Constitución más liberal que pudiera imaginarse. Esa misma Constitución liberal que favorecía los intereses del libre comercio, pero no el nuestro sino el de las potencias que nos vendían sus productos, sumieron en la ruina a los artesanos colombianos, y se originó una confrontación que tuvo muchas refriegas en las plazas públicas entre gólgotas (librecambistas) y draconianos (artesanos). O como decían entonces. “entre los de casaca y los de ruana”.

En esas condiciones, se produjo una escisión política profunda e irreconciliable. La Iglesia y los conservadores, por un lado, que decían combatir el ateísmo de los radicales y la abusiva expropiación de los bienes sagrados (tierras, conventos, iglesias) por el decreto de bienes de manos muerta que expidió el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, con destino a la recaudación de fondos para financiar el Estado, pero cuyo producido, en su mayor parte, terminó en los bolsillos de los radicales (liberales librecambistas). Y por otro lado los liberales independientes (no librecambistas) y los artesanos que pugnaban por un gobierno proteccionista. El líder de los independientes fue el pensador liberal Rafael Núñez, que comenzó a publicar una serie de artículos (enviados desde Europa, donde ejercía el consulado de Colombia en Liverpool) a favor de una política de protección a la industria artesanal, la creación de empleo y de riqueza productiva, y de restricción al libre cambio, pensamiento en contravía de los postulados de la Constitución de Rionegro, que abolió por completo el proteccionismo.


Una lucha de varios años en la cual, el movimiento artesanal organizado llevó a Núñez a la presidencia en 1880. Dos años antes, al dar posesión de la presidencia al liberal independiente Julián Trujillo, Núñez había resumido su doctrina en dos postulados: Regeneración administrativa fundamental o catástrofe y Paz científica. Los radicales hicieron burlas, chanzas y sátiras sobre esos programas de Núñez, que les demostró que tan serio era su programa cuando, al iniciar su período, estableció el Banco Nacional, con carácter de Banco Emisor, y les quitó a los bancos de los estados, y a los privados, la facultad de emitir sus propios billetes. Como el período presidencial era apenas de dos años, Núñez no tuvo tiempo de avanzar en la regeneración administrativa fundamental, ni en la Paz Científica, hasta su segunda elección, en 1884.

¿En qué consistían la Regeneración administrativa fundamental y la Paz científica? Ambas nociones las había tomado Núñez del discurso del Libertador en Angostura. La Regeneración administrativa fundamental era gobernar con honradez, con pulcritud y con eficiencia para hacer de los recursos públicos un instrumento de prosperidad del común de los ciudadanos, y no del beneficio de unos pocos. En consecuencia, había que castigar con severidad el mal uso de esos recursos, y para ello se requería un gobierno central con autoridad (no autoritarismo) capaz de proteger y estimular el trabajo de los colombianos y darles vigor a las regiones. La Paz científica era la proveniente de la satisfacción de las necesidades básicas de los ciudadanos, y de la tranquilidad que la solución de esas necesidades podía darles equitativamente a todos y a cada uno de los habitantes del país.

Los artesanos entendieron a Núñez. Lo llevaron a la presidencia en 1880 y 1884. Lo apoyaron en la guerra civil que declararon los radicales en 1885 “contra el régimen regenerador” al que tildaban de dictatorial, y después de la guerra, ganada por Núñez, respaldaron la reforma constitucional, que entre otros cambios fundamentales extendió el período presidencial a seis años. Por una gran mayoría, Núñez fue elegido para inaugurar el primer período de la Nueva Era (1886-1892).

Paradójicamente, aquel mandatario liberal y escéptico, cuasi ateo, atacado con ferocidad por los librecambistas variopintos, tuvo que aliarse con un segmento del conservatismo y hacerle a la Iglesia concesiones lamentables, pero necesarias para poder gobernar.

La Constitución de 1886 no alcanzó los objetivos anunciados por Núñez de Regeneración administrativa fundamental y Paz científica. Las concesiones a la Iglesia consiguieron que se mantuviera el mismo orden feudal que venía ininterrumpido desde la Colonia. Reformas como el papel moneda de curso forzoso, la prohibición de negociar en moneda extranjera (prohibición de estipular), y amplias medidas de protección a la industria artesanal, dinamizaron la economía, permitieron la creación de empleo, generaron un importante crecimiento industrial, mas no modificaron la propiedad feudal de la tierra, ni lograron crear el estado regional.

Varias décadas después, las reformas de la Revolución en Marcha impulsadas por el primer gobierno de López Pumarejo –en 1936– que pretendía, con la ley de tierras ponerle fin a nuestro feudalismo agrario, tropezaron igual con el poder de los terratenientes, que lejos de disminuir en 116 años de vida republicana se había acentuado y fortalecido.

La Carta de 1886, a la que hoy se cataloga de regresiva y conservadora, fue necesaria en su momento, como lo reconoció López Pumarejo, para implantar la unidad nacional y modernizar el país. Tan es así que se mantuvo vigente por ciento cinco años, hasta que, obedeciendo una ley natural de obsolescencia, fue sustituida por la Carta de 1991, que ha cumplido veintiocho años, y ha sido reformada, alterada en su esencia, incumplida y violada por las autoridades otras tantas veces. La Carta del 91 tiene una contradicción original. Al tiempo que ordena la organización de Colombia como un Estado Social de Derecho, tiene numerosos artículos de carácter neoliberal, que es lo opuesto al Estado Social de Derecho, sobre el que han prevalecido al socaire de sucesivos gobiernos neoliberales.

Aunque la Carta del 91 contiene herramientas jurídicas para organizar un estado regional, o un país de regiones, tampoco ha conseguido ese propósito. Como lo anota Alberto Mendoza Morales en su obra citada: “La riqueza de Colombia está en la heterogeneidad. Un Estado [como el colombiano] de tan fuertes características regionales está llamado a la descentralización, a aceptar y acoger de frente esas diferencias, a integrarlas, a fomentar la población de cada espacio, de modo que se maneje por sí misma, crezca por esfuerzo propio y elabore su propio plan de vida y desarrollo” (pero) “Los constituyentes de 1991 desecharon la definición geográfica de la región natural y adoptaron una definición político administrativa. En efecto, dispusieron: ‘Dos o más departamentos podrán constituirse en regiones administrativas y de planificación con personería jurídica y patrimonio propio (Art. 306 C. N.). La respectiva Ley Orgánica establecerá las condiciones para solicitar la conversión de la región en entidad territorial (Art. 307 C. N.)’”.

Estima Mendoza Morales que “Los constituyentes, con su definición, confundieron regiones, que son entidades geográficas, con asociaciones de departamentos, que son entidades político administrativas”.

En esa confusión, no hubo ignorancia de los legisladores. Fue hecha a propósito para amparar los intereses de los terratenientes y de las asociaciones privadas que tienen negocios en las regiones, a las que de ningún modo conviene que esas regiones puedan tener administraciones soberanas y vida propia. El ordenamiento jurídico está enderezado a proteger el interés privado de unos pocos, bien sea a las buenas, cuando la ley les es propicia, o con la violencia, cuando no encuentran la complicidad de la ley. Así, las consultas populares y los cabildos abiertos, dispuestos por la Constitución como mecanismos democráticos, de hecho han resultado írritos, y los planes de ordenamiento territorial, en los que la participación de la comunidad es cero, sirven para favorecer negocios inmobiliarios o propiciar el despojo de tierras, con disfraz de legalidad. Como en 1811, hoy sigue imperando en Colombia un régimen feudal férreo. El anhelo de un país de regiones, no parece estar todavía a nuestro alcance.

“Hemos roto las cadenas, pero no las hemos destruido”

Mi dictamen
sobre el gobierno
que conviene
al Reino
de la Nueva
Granada

 

En 1811, a un año del movimiento que puso fin en Santafé de Bogotá al Régimen colonial, la Junta Provisional de Gobierno integrada por criollos ilustres, aún no se ponía de acuerdo sobre qué clase de gobierno debería establecerse. La mayoría de los miembros de la Junta eran partidarios de esperar los acontecimientos de la Península y las noticias sobre la suerte del monarca, Fernando VII, que estaba prisionero de los franceses. También se discutía acerca de cuál gobierno podría ser más conveniente en las nuevas circunstancia. ¿Centralista? ¿Federalista?

El periodista Antonio Nariño, que no formaba parte del gobierno, comenzó a publicar desde el 13 de julio del año citado el semanario La Bagatela, de tono acentuadamente crítico sobre cómo los dirigentes criollos estaban manejando las cosas. Respecto al gobierno que le convenía al entonces todavía llamado Reino de la Nueva Granada, escribió una sería de artículos con un profundo sentido político y un conocimiento perspicaz de la idiosincrasia neogranadina.


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I

 

Es cosa graciosa oír a un periodista de bagatelas anunciar con magisterio su dictamen, nada menos que sobre un punto en que se han quebrado la cabeza nuestros Doctores, sin haber hasta ahora adelantado nada. …Seamos justos: ¿no se han dicho veinte mil bagatelas en todo el Reino sobre esta materia? Pues déjeseme decir a mí una para todo el Reino, y cuando más concluiremos que se han dicho veinte mil y una bagatela, hasta el 28 de julio. –Entremos en materia.

Yo me figuro, para decretar a mi gusto, que soy un soberano con los plenos poderes de todo el Reino; y que tengo mi trono, como el gran Lama, en la punta de un cerro. Como mi idea no es la de gobernar a mi gusto, sino la de que se gobiernen al suyo mis amados Granadinos, doy orden para que vengan Diputados de todas las Provincias y me expongan su voluntad en un Congreso que yo presidiré.

Llegan los Diputados a las faldas de mi trono: se señala el día y la hora del cónclave (porque por ahora hacemos poco caso de los términos); y tomando la voz el más sabio, o el más atrevido, me expone a nombre de todo el Colegio: “Que la voluntad general quiere, que todas las Provincias, por sus límites viejos, se erijan en Estados soberanos independientes, no sólo de la España y demás potencias Europeas, sino hasta de su antigua Capital; que se unan por medio de un Congreso Federativo, que solo conozca de paz y guerra y que a los pueblos que querían seguir su ejemplo (esta es la fábula de los Congresos) se les obligue por la fuerza a vivir sujetos y dependientes de sus antiguas matrices.

Oída la expresión de la voluntad general, y en virtud de la Soberanía que me he supuesto, y de los plenos poderes que con igual título tengo de todo el Reino, mando: que todas las Provincias sean de hoy en adelante Estados Soberanos independientes; que no solo se reconozcan tales unos entre otros, porque así les tiene cuenta, sino que los reconozcan también en todas las potencias de Europa, el Emperador de China y el gran Kan de los Tártaros; que se unan por un Congreso Federativo que conozca solo de paz y guerra; y que al pueblo que quiera seguir su ejemplo, se le castigue por querer un disparate.

Con este mi soberano decreto se retiraron los Diputados de todas las Provincias muy contentos y yo, creyendo haber vaciado en él toda la sabiduría humana, determiné entregarme al sueño de Epiménides, y no despertar, como este sabio, hasta pasados 57 años, para ver ya floreciendo mis Provincias. Pero no sé cuántos años, meses o días había dormido, cuando me vinieron a despertar, avisándome que ahí estaban otra vez los Diputados de las Provincias que pedían audiencia.


II

 

Llegó el domingo señalado para el segundo Congreso, y después de las ceremonias de estilo en casos de semejante importancia, tomó la voz uno de los Diputados:

–Muy alto, muy elevado, y por vuestra voluntad, muy poderoso señor: Yo, a nombre de toda esta ilustre Asamblea vengo a haceros presente que de nada nos sirvió tu soberano decreto, pues, aunque de derecho quedamos todos erigidos en Soberanos Estados, en el hecho nos hemos hallado tan embarazados que no ha sido posible atar ni desatar. ¡Cuántas veces, Señor, hemos suspirado por tu Soberano poder! Si como nos hiciste la gracia de hacernos soberanos con un solo decreto, nos hubieras con otro dado rentas, creado tribunales y organizado una milicia, levantado Escuelas, Colegios y Universidades, para formar los hombres de que carecemos, creed, Señor, que nuestro agradecimiento y nuestra Soberanía habrían sido completos. Mas habiéndonos encontrado, como muchos Doctores, con el título y sin la ciencia, no nos queda otro recurso que el de venir a echarnos a tus pies, e implorar con lágrimas en los ojos ese poder creador, para que con un nuevo Decreto suplas nuestras faltas. ¿No podrá, elevado Señor, crear Jueces, Magistrados, Legisladores, Militares, Filósofos, el que ha podido convertir unas pobres Provincias en Estados Soberanos?

–Esperamos, pues, muy Alto, muy Elevado y muy Poderoso Señor, que con la misma facilidad que nos otorgaste la gracia mayor, nos otorgues esta menor que humildemente te pedimos.

Calló el vehemente Orador, que según el fuego con que hablaba, lo creí íntimamente persuadido de que esto de hacer Soberanía, Magistrados, Legisladores, Militares y filósofos era soplar y hacer botellas: y yo por la primera vez de mi vida me hallé embarazado con mi soberanía. Pero tomando un poco de resuello, con aquel aire que dan los altos puestos:
–Señores –les dije– mi corazón está dispuesto a serviros en cuanto me pidáis: deseo daros gusto y si fuera tan fácil hacer vuestra felicidad, como lo es complaceros, desde hoy seríais felices. Yo voy a daros el nuevo decreto que me pedís; voy a mandar que de hoy en adelante no solo haya en vuestras Provincias, convertidas ya en Estados Soberanos, Jueces, Magistrados, Legisladores, Militares y Filósofos, sino que las de temperamento frío produzcan plátanos y cañas de azúcar, y las de tierras calientes trigo, papas y también alcachofas, para que nada os falte…

–Pero, señor –dijo otro de los Diputados interrumpiéndome– ¿y la tierra produciría estos frutos con tu decreto?

–Lo mismo produciría la tierra esos frutos, que el que vosotros de la noche a la mañana os encontréis con hombres y recursos para sostener la Soberanía de unas Provincias que carecen de todo menos de voluntad de ser Soberanas; pero como mi deseo es daros gusto ¿qué importa que en el hecho ni nazca el trigo, ni los plátanos, ni tengáis Legisladores, ni rentas, si lleváis los títulos para tenerlo todo, aunque sea de aquí a cincuenta años?

–¿Y si, entretanto, un enemigo nos ataca?

–¿Cómo os ha de atacar, poseyend vuestra Soberanía con unos títulos auténticos y reconocidos por tales hasta del Preste Juan de las Indias? Pero supongamos que sin reparar en nuestros derechos, y en esos títulos auténticos, de hecho nos ataquen. En este caso …no hay duda…os vencerán; pero os vencerán con injusticia, y con la misma os pondrán a trabajar las minas para los vencedores.

Aquí se quedó todo en silencio, y mis Diputados no hacían más que mirarse los unos a los otros. Ya creía yo caer en mi sueño anticipadamente cuando el mismo preguntón se paró, y mirando antes a sus compañeros, como para captar su beneplácito:

–Soberano señor –me dijo–, supuesto que nosotros, con toda la bambolla de nuestros títulos y derechos podemos ser oprimidos por el primero que se le antoje atacarnos, y que este antojo es muy probable que pronto se verifique, nos reducimos a renunciar a nuestros legítimos y vanos derechos, y a que se forme un gobierno en la Capital, único y soberano, con tal que no haga leyes con efecto retroactivo, y nos vaya a pedir cuentas de lo pasado; sino que todo deba comenzar de nuevo, que con esto quedaremos gustosos.

–Ya os he dicho –les contesté– que mis únicos deseos son el complaceros, y así supuesta esta firme resolución, ordeno y mando: que se admita la renuncia de los legítimos y vanos derechos que querían ejercer las Provincias de la Nueva Granada, sin tener todavía fuerzas para ello; que todas las cosas vuelvan y se pongan in statu quo (este terminillo latino diplomático tiene su busilis) que no se hagan leyes con efecto retroactivo, ni se pidan cuentas de lo pasado; sino que todo comience de nuevo como si hoy fuera el día de la creación del mundo.

Satisfechos además y contentos se fueron mis Diputados y yo volví a mi sueño de 57 años.

 

III

 

¡Quién lo creyera! No me parece que habría dormido medio lustro, cuando se vuelve a interrumpir mi sueño con la llegada de nuevos diputados.

–¿Qué es lo que quieren esos señores Diputados? –dije montado en cólera a mis criados– ¡Qué es lo que quieren otra vez! …¿No les he concedido últimamente el gobierno a que están acostumbrados y el más propio para mantenerlos con su amada servidumbre? ¿No les he decretado a su gusto cuanto me pidieron? …
Pero sosegándome luego, y reflexionando como buen soberano, que más hacían ellos en venir a pedirme dictamen, que yo en dárselo, mandé que entrasen.

–Perdonad, elevado señor –me dijo un anciano Diputado– perdonad el que tan frecuentemente te estemos interrumpiendo el sueño con nuestras demandas; esta es la suerte de los que se hallan en la altura que vos os halláis por vuestra voluntad, y pues vos mismo os habéis impuesto esta carga llevadla con paciencia. Nuestras desgracias, nuestras aflicciones y temores se aumentan todos los días; el sol ya no se levanta para animar nuestras esperanzas, como lo hacía en aquellos días desgraciados de nuestra antigua opresión, en que a lo menos teníamos este lenitivo que aplicar a nuestros males; hoy sólo viene a aclarar nuestros temores. Sí, temores tanto más fundados, cuanto las dificultades de organizarnos crecen en razón directa de nuestros vanos deseos de engrandecernos. Apenas amaneció la aurora de nuestra libertad, cuando se oyó por todo el Reino la voz de Federación; voz vaga, aunque general, porque no se le asignó el verdadero significado que conforme a nuestra situación le convenía. Todas las provincias, mayores y menores, quisieron ser Estados Soberanos independientes, llevadas del entusiasmo que justamente tenían por el gobierno de la América Inglesa; pero sin advertir, ni reflexionar si estábamos en el mismo caso y circunstancias. Ocurrieron a vos, Poderoso Señor, para ponerlo en ejecución; y aunque les concedisteis por vuestra bondad aún más de lo que os pedían, la experiencia les hizo ver que no era lo mismo decretarse la soberanía que ejercerla y llenar con acierto todos los importantes puestos que pide la formación de un nuevo gobierno; que formar una sabia y adecuada Constitución, con hombres capaces de llenar todos los ramos de la administración, no era obra del momento; ni podría verificarse todavía en unas Provincias que por el régimen del antiguo sistema de opresión y de ignorancia, carecían no sólo de Escuelas y Colegios para la instrucción, sino hasta de los libros aparentes por haber quemado la Santa Inquisición cuantos llegaban a nuestras costas. Así fue que, desengañados por una parte de poder abrazar el sistema de los Anglo Americanos, y temerosos, por otra, de verse envueltos en una guerra civil, o de caer en manos de algunos extranjeros, vinieron a vos, y renunciando a sus incontestables aunque infructuosos derechos, os pidieron que el gobierno se centralizase, erigiendo una soberanía en la Capital, a que todas las Provincias quedarían sujetas. Vos les admitisteis la renuncia y decretasteis que las cosas volviesen in statu quo, con sólo ciertas pequeñas condiciones. Esto fue pasar de un extremo a otro; nada hemos adelantado, hemos mudado de Amos, pero no de condición. Las mismas leyes, el mismo gobierno, con algunas apariencias de libertad, pero en realidad con los mismos vicios*, los mismos obstáculos y arbitrariedades en la administración de Justicia, las mismas trabas en el Comercio, las mismas dificultades en los recursos, los mismos títulos, dignidades, preeminencias y quijotismo en los que mandan; y en una palabra, conquistamos nuestra libertad para volver a lo que antes éramos. En medio de esta alternativa, se nos propone que dividamos el Reino en cuatro grandes Departamentos, como el único medio de salvarnos, y podernos organizar con firmeza. Pero viendo que este pensamiento participa de los inconvenientes de los dos anteriores, sin ninguna de sus ventajas, no hemos querido hacer la prueba; ella sería muy dilatada y costosa, y ya estamos más que convencidos de que nos urge demasiado el tiempo para exponernos a perderlo con esta nueva tentativa. Venimos, pues, a echarnos a vuestros brazos por la última vez, y a suplicaros que, conciliando los deseos de las Provincias, sus justos derechos a gozar de toda la libertad posible, y la urgencia de las circunstancias que nos demandan un pronto remedio, nos dictéis vos mismo el modo con que nos debemos organizar, para no perder hasta la libertad de podernos dar una forma de gobierno que es la única que hasta ahora tenemos. Ofreciéndoos a nuestro nombre, y de todas nuestras Provincias, que no nos apartaremos un punto de lo que vuestra elevada y santa Soberanía nos dictare.

Calló el respetable anciano, y muy lejos de embarazar este lenguaje a mi Soberanía, como me sucedió en la segunda Asamblea, me alentó y comencé a sentir en mi corazón la dulce esperanza de que la libertad se sentaría entre nosotros. Y como mi soberanía no me la he apropiado para mi interés personal, sino para proporcionar la utilidad de todos, a pesar de mis altisonantes títulos, creí que ya era llegado el caso de manifestar mi dictamen, tratando con unos hombre que, penetrados del verdadero interés de la Patria, sólo desean lo que más nos convenga a todos, sin pararse en vanas preeminencias que, por legítimas que sean, ellas no pueden salvarnos del peligro verdadero en que estamos de volver a caer en las cadenas, que sólo hemos roto, pero no destruido. Así, lleno de la confianza que inspira la pureza de unas intenciones benéficas:

–Señores –les dije– supuesto que el tiempo y la experiencia os han conducido al término de conocer y confesar el disparate que es querernos aplicar servilmente las formas de gobierno de otras naciones que se han hallado en muy diversa situación que nosotros; supuesto que de buena fe y con tanta sabiduría venís hoy a que conferenciemos, no sobre los títulos y derechos que cada provincia tiene para figurar, sino sobre los medios de poder asegurar nuestra independencia y libertad, del modo que las circunstancias nos lo permitan; y supuesto finalmente que queréis oír mi dictamen y deferir a él, yo os lo pondré con la misma ingenuidad, con la misma buena fe y con los mismos deseos que os animan a vosotros de ponernos a cubierto, tanto de una guerra civil, como de un ataque exterior. Pero hoy no quiero hacer uso de mi alta Soberanía, ni exigir vuestras ofertas de deferir enteramente a mi dictamen; quiero que lo conferenciemos y que la razón, y no la autoridad, sea lo que decida.

A mí me parece que vuestra propuesta es asequible y que se puede conciliar muy bien la voluntad general, con una forma de gobierno enérgica y capaz de salvarnos de los peligros que por todas partes nos amenazan. El deseo que se ha manifestado generalmente por la federación de las Provincias, no sólo es un entusiasmo por el gobierno adoptado en la América Inglesa, sino que es un grito de la naturaleza: los grandes Estados no pueden ser libres sino bajo de este sistema, y mucho menos donde la pobreza, la ignorancia y una corta población diseminada en un inmenso terreno disponen a la servidumbre. Pero el sistema de convertir nuestras Provincias en Estados Soberanos para hacer la Federación es una locura hija de la precipitación de nuestros juicios y de una ambición mal entendida. Vosotros lo habéis visto, señores, y lo habéis palpado en el dilatado tiempo de un año que llevamos bregando con esta quimera; yo apelo a vuestro mismo testimonio. ¿Qué Constituciones tienen las provincias? ¿Qué legislaturas tienen, ni pueden todavía tener? ¡Querer establecer una forma libre de gobierno con las leyes del despotismo es querer formar un Centauro político! Y querer formar otros tantos códigos como tenemos de Provincias, sin tener hombres para formarlos es querer coger las estrellas con las manos. No es la extensión del territorio, no es la población, no son las riquezas ni las luces las que forman la fuerza de un imperio por sí solas; la suma total de todas estas cosas forma su fuerza, y si nosotros, en lugar de acumular nuestras luces, nuestras riquezas y nuestras fuerzas, las dividimos en otras tantas partes como tenemos de provincias, ¿cuál será el resultado? Que, si con la suma total de nuestros medios apenas nos podremos salvar, dividiéndonos, nuestra pérdida será tanto más probable cuanto mayor sea el número de partes en que nos dividamos.

Me parece, señores, que si las Provincias nombraran Representantes por un número dado de sus poblaciones; que estos Representantes escogidos entre los más ilustrados de cada Provincia viniesen a la Capital, no a formar un Congreso, sino un Cuerpo Legislativo, el Supremo poder Ejecutivo y el alto Poder Judicial; y que las Provincias se reservaran el nombramiento de los empleados para la ejecución de estas mismas leyes en su distrito, la recaudación de sus rentas y la organización de su milicia, todo con arreglo a ellas, se llenarían todas las indicaciones que habéis manifestado. Las Provincias nada perderían de sus incontestables derechos, porque el alto gobierno se compondría indistintamente de sus Representantes; las leyes serían hechas por ellos con conocimiento de todas las localidades, y su ejecución particular quedaba reservada a cada Provincia. Veis aquí cuál sería mi decreto, si en esta ocasión pudiera mandar, pero habiendo decidido que la razón y no la autoridad debía decidir, sólo os suplico lo meditéis muy despacio, y que me objetéis cuanto os parezca contrario a la causa común, para lo que os doy quince días de plazo.

Los diputados se retiraron en silencio y entre tanto, con el cuidado, solo pude dormitarme; entre sueños vi que en una nube resplandeciente venía hacía mí una hermosísima Matrona.

–Tus votos –me dijo al llegar– han sido oídos. Vengo a pagaros tus ardientes deseos por la felicidad de tu Patria; no sólo todo se verificará según ellos, sino que se verificará al momento.

Atónito y sin saber lo que me pasaba, lleno de respeto guardé un silencio que aunque quisiera no podría interrumpir; pero al instante vi que los Diputados para el Congreso se reunían con la mejor armonía en una Convención; que pedían a las Provincias mandasen nuevos Diputados a razón de uno por cada diez mil almas, con poderes para ratificar la Constitución que quedaban formando. Los Diputados vienen de todas partes, con unos moderados salarios para sólo su mantención frugal; se juntan, ratifican una Constitución Republicana Aristocrática Electiva, y de entre ellos mismos, por un método nuevo de elecciones, se nombran los sujetos que deben ocupar los puntos del Cuerpo Legislativo, del Poder Ejecutivo y de la alta corte de Justicia. El Congreso se disuelve: la Gran Legislatura, comenzando sus funciones, se divide en tantas secciones cuantos son los ramos más urgentes de su despacho, sus deliberaciones son públicas, y sus primeras leyes hablan de una milicia bien organizada, del arreglo del tesoro y de las costumbres públicas y privadas. El espíritu público se anima, crujen las imprentas, sociedades de distintos ramos se levantan por todas partes, y la administración de Justicia, simplificada por el método de los Jurados, asegura a los ciudadanos contra la arbitrariedad de los Jueces.

Vuelvo los ojos a las Provincias y las veo ocupadas en nombrar sus magistrados para la ejecución de las leyes comunes; en crear Escuelas de primeras letras, de Dibujo, de Agricultura, y los que pueden, sus Colegios y Universidades; las veo pedir imprentas, formar también sociedades patrióticas, tratar de la apertura y composición de caminos, y organizar una milicia por Compañías para no distraer al labrador y al artesano de sus útiles tareas.

Tiendo finalmente la vista por todo el Reino, y veo la concordia, la abundancia, la libertad y la alegría dándose el ósculo de Paz. Todas las virtudes sociales y domésticas las veo brotar como las hojas de los árboles después de un crudo invierno. Cada ciudadano es un Monarca; “Soy libre”, dice, “tengo asegurada mi subsistencia en mi trabajo; mis hijos crecen a la sombra de un gobierno justo; sus sabias leyes los ponen a cubierto de la corrupción de las costumbres, y muero contento”.

 

IV

 

Pasaron los quince días y al despertar vi que todo había sido un sueño. Mis Diputados parecieron, y tan lejos estaban de haber abrazado mi dictamen, que comenzaron por poner nuevos obstáculos, y por manifestar que todo lo que no era mantener una Soberanía, era para ellos una bagatela, aunque persuada lo contrario la razón, la necesidad y el peligro de volverla a perder antes de mucho tiempo. Conocí que había muchos a quienes hacía fuerza la necesidad en que nos hallábamos de abrazar este partido; pero que el medio por donde se les presentaba, y el encaprichamiento en que los había puesto el sistema de los Anglo-Americanos, sus propios intereses (aunque mal entendidos) y esta quisicosilla de no ceder a la opinión de un fulano, por más razón que tenga, les hacía mirarlo con desprecio. Por las objeciones que me hicieron se verá cómo se va a sacrificar el Reino y nuestra libertad a la obstinación de querer mantener una multitud de Soberanías parciales, sin tener fuerzas, luces, ni recursos suficientes para sostenerse.

Convinieron, porque no se puede cerrar los ojos a la razón, en que las Provincias no tienen, ni pueden tener por ahora, Legislaturas; que apenas hay dos gobiernos organizados; que casi todos se hallan sin rentas fijas y arregladas; sin armas; sin una milicia ejercitada: y lo que es más que todo, sin hombres suficientes y capaces de poder llenar todos estos arduos y necesarios objetos; pero para sostener su sistema de Soberanías parciales me contestaron que todos estos obstáculos quedarían vencidos uniéndose unas provincias a otras. Les pregunté ¿si esto lo creían fácil como lo veían? Y si en caso de convenirse a la unión, no entraríamos luego en la disputa de ¿cuál había de ser cabeza o capital de estas Provincias compuestas de otras? Que si, por ejemplo, se unían Cartagena y Antioquia, ¿no querrían Cartagena y Antioquia ser capitales? Y últimamente que ¿si este no era en substancia el sistema Departamental a que tan abiertamente se han opuesto las Provincias?

–Pero hay más –les dije–. Sabemos que, aun cuando todos estos obstáculos se vencieran con la misma facilidad que se proponen la mayor parte de las Provincias, ni aun uniéndose con otra u otras dos de sus limítrofes, pueden sostener la representación de Estados Soberanos para federarse bajo este aspecto. Supongamos que los Llanos se unan a Tunja, Pamplona al Socorro, Neiva y Mariquita a Santafé, Antioquia a Cartagena, el Chocó a Popayán, y Santa Marta con el Valle de Upar y Río de La Hacha hicieran la otra Provincia; pregunto ¿Podrá cada una de estas seis Provincias mantener su representación?

Me dijeron que sí; y que en la federación del Norte América había también una desigualdad semejante, que se equilibraba con la fuerza de la Federación, que corría siempre a sostener a las más débiles contra las más fuertes, y que lo mismo sucedería aquí. Confieso con ingenuidad que no dejó de hacerme fuerza esta reflexión, y que si creyera de buena fe que las Provincias habían de entrar en él sin disputas, ni demoras, suscribiría, porque mi ánimo no es sostener a toda costa mi opinión, sino propender a que se salve el Reino del peligro que inevitablemente corre de volver a ser subyugado, si no nos convenimos en un modo de concentrar nuestras fuerzas, sea cual fuere, como sea pronto; pero yo me temo que este plan no se verifique, como tengo dicho, por la oposición que se ha manifestado al sistema Departamental, que es muy semejante en cuanto a las divisiones, aunque sea mayor la demarcación y distinto su gobierno económico. El que yo he propuesto, es preciso convenir en que es más sencillo, más fácil de poner su ejecución, más seguro para reunirnos y darnos un gobierno uniforme, y por consiguiente preferible para ponernos en seguridad.

Por la distancia de los recursos, me dijeron también los Diputados, ¿no nos viene a dejar como en el antiguo gobierno?

–No, señores, no; este es un error nacido de no pensar bien las cosas, Todos los extremos son viciosos; tan mala es para la administración de Justicia una suma distancia, como la mucha proximidad. Bien sabido es la preponderancia de algunos ricachos en casi todos los pueblos del Reino; si se reconcentra en ellos la administración de Justicia, ¿qué recurso le queda al pobre, al desvalido, para no ser oprimido por el poderoso? La bondad de la ley, se me responderá. No, la ley sola no es bastante, si no se facilitan también los remedios de su ejecución contra los asaltos del oro y del valimiento. No es lo mismo corromper a unos jueces sobre los que se tiene algún ascendiente por las relaciones de parentesco, de amistad, o de los beneficios que la proximidad ofrece a los pudientes, que ir a corromper a una distancia en que no hay ninguna de esas relaciones, ni motivos de corrupción; y aquí es donde el pobre oprimido encuentra toda la fuerza de la ley para reclamar la injusticia que se le irrogó en su suelo patrio. Por otra parte, como en este sistema no debe la ley obligar a recurrir a la Capital, sino que debe quedar al arbitrio y voluntad de las partes, estas quedan como si estuvieran sus provincias en una rigurosa federación: y con ese recurso más, para los casos en que se sientan agraviados. Allí tendrán todos los recursos hasta la definitiva como si fueran enteramente independientes, y una puerta más abierta a la Justicia por si la hubieren menester. Esto quita también la objeción de que los pobres no pueden ocurrir a mucha distancia, porque tampoco ocurren, si no se les deja, como se quiere, a dónde ocurrir, y los que pueden, ocurrirán; lo que siempre es una ganancia para la mayor parte.

La gran dificultad para uno y otro plan está en desencaprichar a las Provincias de su funesto Quijotismo de creerse capaces de sostener su Soberana representación, porque hasta ahora no ha habido un peligro que de bulto les haga conocer que se engañan. Si en algunas es laudable la resistencia que han opuesto a la unión, por temor a perder la libertad que se les ha venido a las manos, en la mayor parte no es más que un delirio entretenido por los que mantienen el mando, que no conocen que mejor les estaría menos autoridad con seguridad, que toda la que se han apropiado con la cuasi certeza de perderla el día que menos lo piensen. Yo amo con todo mi corazón la ciudad en que respiro, pero amo más la libertad, y si para asegurarla creyera que Santafé se debía someter al menor de los pueblos del Reino, sería el primero en suscribir. Antes quiero ser libre en un pueblo, que esclavo en la Capital.

Los respetables Diputados de las Provincias son los que aceleran este momento tan deseado de los hombres de bien, de los verdaderos amantes del País, de la América y de la Libertad. Ellos serán responsables a Dios y a los hombres de la suerte que corra el Reino; en sus manos está nuestro destino, y el de las generaciones venideras. ¡Que pesen, que mediten la importancia y gravedad del asunto que se les ha confiado! Ellos pueden con su influjo, con sus luces, con su representación desimpresionar a las Provincias y obligarlas en cierto modo a abrazar el partido de la razón. ¡Que el cielo derrame sobre todos y cada uno sus bendiciones, para que acierten y les podamos llamar con justicia los salvadores de la Patria!

 

Publicado en La Bagatela, Santafé de Bogotá, 28 de julio, 1811, No. 3; 4 de agosto, 1811, No. 4; 11 de agosto, 1811, No. 5; 25 de agosto, 1811, No. 7.

* Advertencia del P. Cobos, para que nos vuelvan a moder la parte maciza: La Bagatela no habla sólo con Santafé, sólo para Santafé, ni sólo de Santafé.

 


 Línea de tiempo

 

1820

El año de 1820 es el que concluye la transición entre el siglo 18 y el siglo 19, y como tal fue un año de grandes e intensos acontecimientos en todos los órdenes. En 1819 había terminado la Campaña Libertadora de la Nueva Granada, a continuación de la cual el Congreso de Angostura tomó el nombre de Congreso de Colombia y se proclamó la Ley Fundamental de la República de Colombia, en carácter de provisional, integrada por los Departamentos de Cundinamarca (antes Nueva Granada) Venezuela y Quito, que deberían escoger sus diputados al Congreso General convocado para reunirse en Cúcuta en mayo de 1821. En Europa la revolución liberal española comandaba por el general Rafael del Riego, que obligó a Fernando VII a convocar las Cortes decretadas en Cadiz en 1821, convulsionó a Europa.

 

1 de enero: Revolución en España. Rafael del Riego se rebela en las Cabezas de San Juan. Implanta la monarquía constitucional y liberal.
22 de enero: El Congreso de Colombia declara abolida la esclavitud, de derecho, mas no de hecho.
23 de enero: Terrible conmoción en París por el asesinato del duque de Berry, hermano del rey de Francia, y heredero al trono.
24 de enero: En ataque por sorpresa los españoles recuperan Popayán.
10 de febrero: Jorge IV es proclamado Rey de Inglaterra.
7 de marzo: Fernando VII jura la Constitución liberal de Cadiz de 1812.
11 de marzo: Simón Bolívar decreta la creación de la Provincia del Cauca, con Cali como capital.
23 de marzo: Antonio Nariño, preso en la cárcel pública de Cádiz, queda en Libertad.
15 de marzo: Con el relevo en las generaciones llega el relevo inevitable en la moda. Los jóvenes estrenan los pantalones largos, y los antiguos bombachos quedan como el símbolo de la generación que se va.
30 de marzo: Se reimplanta en Francia la censura de prensa.
11 de mayo: La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprueba el reconocimiento de la Independencia de América Latina, por 80 votos contra 75.
20 de mayo: El presidente Libertador, Simón Bolívar, ordena la devolución de los resguardos a los indígenas.
5 de junio: Bolívar crea juntas de comercio y agricultura en todas las capitales de provincia.
20 de junio: El Libertador Simón Bolívar nacionaliza la educación
20 de junio: El Pacificador Pablo Morillo envía comisionados ante el Presidente Libertador, Simón, Bolívar, para negociar la paz.
23 de junio: El coronel Mariano Montilla derrota a los españoles en Laguna Salada y queda liberada la Guajira.
9 de julio: Se instalan en Madrid las Cortes.
12 de julio: El Almirante Luis Brion libera Barranquilla.
13 de julio: El Congreso de Colombia rechaza las propuestas de Morillo de unirse a la monarquía constitucional española.
21 de julio: El Libertador responde positivamente a las propuestas de armisticio del pacificador Pablo Morillo.
22 de julio: Amenaza de guerra civil en España. Se organiza una junta contra revolucionaria y absolutista, denominada Apostólica.
1 de agosto: Agitación en varias capitales de Europa por la revolución liberal en España.
1 de agosto: Francisco Antonio Zea celebra un convenio con Hening, Graham y Powles, representantes de los acreedores de Colombia. La deuda, que era de $2. 500. 000, se crece a $4. 578. 700
7 de agosto: Multitudinaria y apoteósica celebración del primer aniversario de la Batalla de Boyacá
22 de agosto: Desde Gibraltar Antonio Nariño le escribe al Presidente Libertador Simón Bolívar, para comunicarle su libertad y nombramiento como diputado a Cortes, al tiempo que le dictan orden de captura.
8 de septiembre: Arenga del general Rafael del Riego a las Cortes españolas. Las incita a defender las nuevas instituciones liberales e incluso, si es necesario para liquidar todo vestigio del despotismo, a establecer la República.
11 de septiembre: En Londres, Francisco Antonio Zea propone una Confederación Hispanoamericana.
20 de septiembre: Mensaje del Libertador de las Provincias del Río de La Plata, José de San Martín, a los soldados del ejército libertador de Colombia.
21 de septiembre: Zea le anuncia a Bolívar que Nariño partirá dentro de pocos días.
23 de septiembre: Deplorable situación interna en España por la guerra civil entre absolutistas y constitucionalistas.
1 de octubre: Tropas patriotas liberan en Venezuela la ciudad de Mérida
6 de octubre: El vicepresidente de Cundinamarca, Francisco de Paula Santander, decreta la creación de escuelas públicas en todo el Departamento.
8 de octubre: Quedan liberadas en el Departamento de Venezuela las provincias de Mérida y Trujillo.
9 de octubre: Guayaquil proclama su independencia.
19 de octubre: Queda liberada la provincia de Barcelona.
20 de octubre: Nuevos contactos de Bolívar y Morillo para celebrar el armisticio.
31de octubre: Conferencia de los soberanos aliados, en Troppau, Austria para acordar la intervención entre España contra la revolución liberal.
6 de noviembre: Avanza la revolución educativa en Colombia después de la victoria en Boyacá. Se anuncia la apertura de un nuevo curso de geometría teórica y práctica en el Colegio de San Bartolomé.
7 de noviembre: Toma cuerpo la revolución antiabsolutista en Portugal.
8 de noviembre: Queda libre el puerto de Guayaquil, en el Departamento de Quito.
9 de noviembre: El general mariano Montilla libera a Fundación.
11 de noviembre: Eligen Diputados de la Provincia de Pamplona al próximo Congreso General.
12 de noviembre: Se enarbola en Cariaco, Venezuela, el pabellón de la República de Colombia.
16 de noviembre: Principio de no intervención y respeto a la autodeterminación de los pueblos. Los Suizos reiteran que reconocen el derecho de los demás pueblos a formar sus gobiernos y condenan el intervencionismo de la Santa Alianza para restablecer en América los gobiernos monárquicos.
18 de noviembre: Bolívar y Morillo convienen un cese al fuego parcial.
19 de noviembre: Santa Marta queda liberada por las tropas del general Mariano Montilla.
20 de noviembre: James Monroe es reelegido presidente de los Estados Unidos de Norte América.
25-26 de noviembre: Bolívar y Morillo se entrevistan en Santa Ana. Firman un armisticio general por seis meses. Morillo reconoce que la guerra está perdida y anuncia su regreso a España, donde escribirá sus memorias para vindicarse de los cargos por crueldad y crímenes de guerra que le formuló Antonio Nariño en sus Cartas de Enrique Somoyar, pubicadas a principios de año en la Gaceta de Cádiz.
1 de diciembre: Se inician los viajes regulares de vapores por los ríos Ohio y Mississipi, en los Estados Unidos.
3 de diciembre: Las provincias de Cundinamarca eligen sus representantes para el próximo congreso general de Colombia.
3 de diciembre: El Pacificador Pablo Morillo se despide de sus tropas. Confía en que las Cortes y el rey pasarán del armisticio a la paz con las antiguas colonias, cuya soberanía reconocerán.
8 de diciembre: La provincia de Cuenca, en el Departamento de Quito, proclama su independencia y nombra junta de gobierno.
20 de diciembre: James Hancock, inventor e industrial londinense, crea una máquina procesadora de caucho natural o látex, que hará del caucho un elemento indispensable para la fabricación de numerosos productos-
25 de diciembre: Pablo Morillo se embarca para España y deja al mando al mariscal de campo Miguel de la Torre.
31 de diciembre: Al terminar el año solo quedan por liberar en el Departamento de Cundinamarca, la ciudad de Cartagena y el Istmo de Panamá.

Martes, 27 Agosto 2019 11:46

¿Reír o llorar?

No sabe uno si reír o llorar. Este ambiguo sentimiento es lo que genera el discurso de Iván Duque, quien ahora funge como presidente de Colombia, con motivo del bicentenario de la república. Para nuestros propósitos, enfocaremos su lectura a partir del intertítulo “Los siguientes 200 años”.

¿Reír o llorar? También puede ser perplejidad al comprobar sin tapujos que al frente del país está empotrada una clase, un sector de la misma, que sólo le desvela el control del poder, su violenta concreción como mecanismo para negar toda voz de disidencia, y para concretar negocios –los ‘legales’ y los que rompen toda regla. Esa clase, ese sector, carece de proyecto de país soberano, así como de dignidad o nada que se le parezca; tampoco de memoria y mucho menos de visión futurista.

Para que no queden duda ni sospechas sobre lo anotado, veamos el correspondiente y aludido apartado del discurso: 

 

“Los siguientes 200 años”

 

Hoy, apreciados amigos, tenemos el desafío de aprovechar la oportunidad única del bicentenario para reflexionar y mirar hacia adelante, mirar hacia la Colombia que queremos construir para los 200 años siguientes.

Nuestro país debe consolidar el Pacto por la Equidad; debe consolidar ese sendero hacia el cierre de las brechas y también afincar la justicia social.

Debemos apostarle a una de las grandes características de la personalidad de lo que es y ha sido Colombia: esa vocación empresarial, esa vocación que algunos llaman rebusque pero que se transforma también en la posibilidad de crecer y generar empleos; de llegar a otros países, de posicionar nuestras marcas, nuestro diseño.

Hoy debemos continuar el legado de los primeros años de la República y desterrar para siempre la violencia, construyendo un país donde reine la legalidad y donde se materialice ese maravilloso lema de nuestro escudo, que dice: Libertad y Orden.

Debemos apostarle al futuro de una Colombia sostenible, consciente de su riqueza y su diversidad ambiental, con energías renovables, conscientes de nuestra responsabilidad para mitigar los efectos del cambio climático”.

Sí, esto es todo lo que despertó y proyectó en el cerebro y el ánimo de quien(es) hoy controlan el gobierno colombiano, el reto implícito en la frase “Los siguientes 200 años”, lo que deja al desnudo el proyecto de poder que representan –y han significado para el país por décadas–, explicación también del desastre social en que sobreviven millones de connacionales.

Y así actúan, no porque no conozcan el país y la sociedad que controlan y oprimen sino porque proponerse construir una sociedad en justicia y felicidad, como en su tiempo reivindicó Simón Bolívar, para aterrizar el discurso en la realidad, tendría el sistema que romper la concentración de riqueza y dejar como desagradable asunto de la memoria la injusticia real que cabalga entre nosotros. Únicamente así se podría encarar el tema de la equidad a que aluden, al que no se arribará por acuerdo, pues no les asiste la voluntad para ello. Y no porque tengan mala disposición sino –simplemente– porque esa es la esencia del capital: acumular, oprimir, negar, especular, dominar… La voluntad violenta ya es una particularidad de la clase que por dos siglos les ha negado a las mayorías algo esencial y simple: vida digna.

Concentración de la riqueza que en nuestro país alcanza indicadores simplemente vulgares: siempre en índice Gini, tenemos que la concentración de la tierra es de 0.863, pero entre propietarios de ésta asciende a 0.886; para la riqueza equivale al 0.81, en concentración accionario es del 0.98.

Pero estas realidades no son de ahora. El asunto es de doscientos años, a lo largo de los cuales las mayorías siguen careciendo de un real acceso a la tierra, privilegiando la violencia para impedirlo. La reforma agraria, tantas veces reivindicada, y proclamada como bandera para despertar esperanzas nunca satisfechas, con sus adjuntos de integralidad que la hacen más que un simple asunto de tierra, sería el conducto para ello. Sin embargo, el país se desangra precisamente porque terratenientes, militares y aliados en gremios de todo orden, así como multinacionales de diverso origen e intereses en la tierra, se niegan a ello.

La tierra. Esta reivindicación está asociada hoy, con todas sus implicaciones, al reto de un ambiente integral, equilibrado, mediante la valoración de la naturaleza como un todo –no una mercancía–, con derechos pero también asociada al asunto no menor de la soberanía alimentaria, todo un contrasentido en la abyecta decisión de las clases dominantes de abrir el país a la producción agrícola elaborada por las potencias, en particular los Estados Unidos, a costa del hambre, el desempleo, el desplazamiento, de millones de campesinos colombianos.

Ambiente. Estudiado desde la ecología, la biología y otras ciencias, que al decir de Leonardo Boff identifica la pobreza como el principal reto ecológico de nuestros países. ¿Podrá la clase en el poder, y su vocero de turno, decir algo sensato acerca de las relaciones entre pobreza y crisis medioambiental, pobreza y cambio climático? Al parecer, apenas lugares comunes, palabras huecas para cumplir con el registro de los medios masivos de comunicación, pero nada inteligente, lo cual sería más exigente entre nosotros, en cuanto país caracterizado como uno de los que contienen mayor vitalidad natural, que se constituye por sí sola en uno de nuestros mayores potenciales para proyectarnos e integrarnos al mundo de hoy, y al de los próximos siglos, tiempo en el cual los países como hoy los conocemos –aislados y divididos por fronteras– serían cosa del pasado, llegando a la integración como especie, en un territorio único que todos podrán habitar en el lugar que mejor le plazca. En esa ruta, ¿en qué forma liderará Colombia, como nación, tal prospecto en la América toda?

A este potencial habría que llegar por común acuerdo entre los pueblos de todos aquellos países registrados como tales en la ONU, entidad que deberá sufrir una drástica reforma en las próximas décadas, dejando de ser el instrumento de control de las potencias para pasar a ser el espacio real de concertación global que requiere la humanidad para vivir en paz, compartiendo potencialidades y redistribuyendo los frutos del trabajo humano, de manera que allí donde haya más de lo necesario se comparta sin mezquindad con quienes tienen déficit en cualquiera de los campos que implican vivir en bienestar.

Vivir en armonía con el resto de nuestra especie demanda hacer de la paz entre nosotros una realidad, para lo cual la violencia debe dejar de ser el recurso por excelencia del poder para imponer sus designios. Empezar a transitar tal camino, un reto de hoy, para ya, es imprescindible que el establecimiento garantice la vida de los líderes sociales, que el derecho a la protesta sea más que letra muerta, que la disidencia sea derecho y que los desacuerdos internos tengan siempre una mesa dispuesta para ser tramitados.

Nada de aquello es posible sin que la clase en el poder renuncie al terrorismo de Estado, postulado y práctica tan querida por el establecimiento. El primer paso para ello es el control y la desaparición del paramilitarismo; el segundo, la reforma integral a las Fuerzas Armadas –empezando por separar a la Policía de tal estructura, desmilitarizándola–; el tercero, la reformulación de la doctrina que la guía –superando el concepto de enemigo interno–; el cuarto, la reducción de su tamaño y su presupuesto; el quinto, la separación de su sometimiento a la doctrina y el mando efectivo proveniente desde los Estados Unidos.

Vivir sin violencia, en paz, exige reconocer un mal histórico de Colombia: la militarización de la política, rompiendo con ese escollo, camino hacia lo cual se requiere abrir el Estado a la participación múltiple de la sociedad, sin restricciones ni controles que hacen de la igualdad de oportunidades una quimera, al tiempo que se abran espacios de todo tipo para que los millones que somos podamos vivir fruto del trabajo, no del rebusque, un recurso al cual acuden millones ante el signo trágico del desempleo y el desamparo estatal. Únicamente así podemos avanzar, creando espacios a fin de conseguir lo necesario para vivir, fruto del trabajo estable y bien remunerado, en que cada persona realice sus sueños, y por tanto el trabajo deje de ser el castigo que para una inmensa mayoría significa hoy. Así, todos y cada uno de los connacionales sentirían que son parte de una sociedad en la cual debe y puede participar de su organización. De otra manera, la política seguirá siendo asunto de algunos pocos, aquellos que encuentran en ello una profesión, incrustándose por esa vía en una burocracia que reproduce el mismo sistema que administran, prolongando desigualdes y exclusiones.

Son estas, como otras muchas proyecciones posibles de dibujar entre el conjunto nacional, lo que no pasa por la cabeza de quienes se niegan a aceptar que el país de hoy no es el requerido por la inmensa mayoría de la sociedad colombiana. Son estas proyecciones, no los lugares comunes de un discurso lleno de formalidades, lo que debemos discutir para sentirnos parte de la humanidad, y para saber que hoy podemos construir un país distinto del heredado tras doscientos años de exclusiones y violencia estatal.

Son estos sueños y estas proyecciones, hoy más que nunca, los factores para que el chalán que impone su poder a sangre y fuego termine su ciclo, y el sub que lo secunda pase a pronto y buen retiro. Así, el llanto y la risa serán por motivo de alegría y no por perplejidad.

Publicado enEdición Nº260
Iván Duque, un año de gobierno y todo como si nada

Cumplimos un año de gobierno en Colombia del presidente Iván Duque. Aún no vemos significativos avances ni una muestra evidente de su talante como Jefe de Estado. Su gobierno se ha visto debilitado por su inexperiencia y por reducir la agenda a modificar y/o atacar los Acuerdos de Paz. Las objeciones a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que no fueron aprobadas en el Congreso de la República, evidencian el desgate sufrido por este gobierno al oponerse a la Justicia Transicional creada para garantizar los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación y a la garantía de no repetición. 

 

Continuidad al servicio del capital privado

 

El primer año de Duque mostró que su gabinete, venido en su mayoría del sector privado y del empresariado, está conformando un Estado corporativista, privilegiando el interés privado en detrimento del  público. Veamos algunos algunos particulares: la Ministra de Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, viene de representar el gremio de la telefonía móvil –Asomovil–, el Ministro de Agricultura, Andrés Valencia, representante de la Federación Nacional de Avicultores –Fenavi–; Sylvia Constain, ministra de Tecnología de la información y las comunicaciones, trabajaba con las grandes empresas tecnológicas Facebook y Apple en Colombia, y el Ministro de Defensa Guillermo Botero, quien viene de representar a la Federación Nacional de Comerciantes –Fenalco–. Este perfil del Gabinete evidencia la efectiva privatización del aparato de Estado –para mayor beneficio de unos pocos–  que desde la apertura económica propulsada por el entonces presidente César Gaviria, realizan en Colombia en contra del Estado Social de Derecho. 

A lo anterior se suma, la línea ideológica de extrema derecha en la cual se ha ubicado el presidente Iván Duque desde que fue congresista por el Centro Democrático, partido dirigido por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, reconocido por sus acciones en contra de las clases populares, de las comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes y trabajadoras del país. A pesar del distanciamiento existente entre el gobierno de Juan Manuel Santos y el gobierno uribista por el tema del acuerdo con la Farc, tal distanciamiento no se refleja en materia económica. Las coincidencias existentes entre ambos gobiernos permiten a Duque continuar con algunas políticas heredadas, líneas estructurales del poder en beneficio del capital privado, nacional e internacional. 

Como parte de ello, la firma de tratados de libre comercio y la admisión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –Ocde–, no distan mucho entre los gobiernos Uribe-Santos. A esto se suma el desmonte de la legislación agraria y rural, en perjuicio de los derechos del campesinado, indígenas y afrodescendientes.  A su vez, la búsqueda de la limitación de los mecanismos de participación ciudadana también está en la agenda actual del Gobierno, tanto las consultas populares, como las consultas previas, libres e informadas para pueblos indígenas, afros, rom, palenqueras y raizales están en la mira para su modificación, todo ello enmarcado en el modelo de desarrollo extractivista privilegiado por los últimos gobiernos: explotación de minerales, hidrocarburos y agricultura, extensiva como forma de generar mayores ingresos para unos cuantos. 

 

Represión y profundización del modelo neoliberal y extractivista

 

El pasado mes de marzo se realizó en el suroccidente colombiano una movilización que duró más de 29 días, la denominada Minga por la Vida, el Territorio, la Democracia, la Justicia y la Paz. Las organizaciones movilizadas en el departamento del Cauca exigían al actual Gobierno, entre otras, el cumplimiento y la implementación de los acuerdos históricamente firmados por los diferentes gobiernos con las organizaciones, incluído el Acuerdo de Paz firmado con las Farc; el desmonte del paramilitarismo y medidas efectivas de protección a los líderes sociales; la no fracturación hidráulica (fracking) para la extracción de hidrocarburos; la negativa a la autorización de minería en páramos; el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos; la no intervención en países extranjeros, y un diálogo franco y abierto entre las organizaciones y el gobierno nacional para discutir  asuntos de suma importancia para el país, entre otras demandas. 

La respuesta del presidente Iván Duque no se hizo esperar, por un lado instalaba las mesas de negociación y por el otro reprimía la movilización social. Después de avanzar en los diálogos y de firmar una vez más acuerdos, el diálogo entre Duque y las organizaciones no se pudo dar. Según el exFiscal General de la Nación, Nestor Humberto Martínez, detectaron “un posible atentado contra el mandatario”, hecho que frustró el encuentro entre las partes.   

De manera simultánea, en el Congreso de la República se discutía el Plan Nacional de Desarrollo, derrotero del gobierno hasta el 2022, Plan que condensa el modelo de país y de desarrollo que el actual Gobierno quiere para Colombia. Muchas críticas recibió el trámite y la aprobación del mismo, por lo que ya cursan demandas de inconstitucionalidad de algunos de los artículos aprobados. Se introdujo en el texto una seria de reformas que por la forma como fueron discutidas y presentadas, vicían su aprobación. Cabe resaltar que, como lo han señalado académicos, investigadores, analistas y congresistas de la oposición, el Plan de Desarrollo es una muestra más de la profundización del modelo neoliberal y extractivista imperante desde gobiernos anteriores. 

 

Afectaciones para las poblaciones y territorios rurales

 

La política de desarrollo rural y agraria de Duque no es distinta a la implementada por el gobierno anterior. El Plan Nacional de Desarrollo “Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad”, sentó con claridad cómo se va a enfocar en grandes gavelas para el capital nacional e internacional. Por su parte, para los campesinos, afrodescendientes e indígenas este Gobierno plantea más de lo mismo, y mayor regresividad en los derechos. 

En el caso de los pueblos indígenas, el artículo 338 es una muestra de cómo el Estado se baja de sus funciones como garante de derechos y se los cede a los sectores económicos y empresariales, en este caso el derecho fundamental a la Consulta Previa, libre e informada. Según el texto aprobado, a partir de ahora serán las empresas interesadas en proyectos a desarrollarse en territorios colectivos quienes financien los procesos y gastos en los cuales deban incurrir para la garantía del derecho a la Consulta Previa. Es decir, juez y parte. Este artículo es un vil ataque a los derechos de los pueblos indígenas, afros, raizales, palenqueros y rom, que verán una vez más sus territorios explotados y sus comunidades divididas y amenazadas por intereses externos. 

A lo anterior se suma la grave situación para el campesinado y víctimas del conflicto armado, pues en este periodo se termina la vigencia de la ley de víctimas y restitución de tierras, ley 1448 de 2011. Durante el gobierno de Iván Duque no se han visto mayores avances en su implementación y, por el contrario, a través de la bancada del Centro Democrático se ha presentado una iniciativa para cambiar el sentido de la ley en beneficio de quienes se aprovecharon del despojo a las víctimas. Como bancada de oposición y de la paz buscaremos, a través del legislativo, no sólo rechazar la propuesta del Centro Democrático sino que se prorrogue por un tiempo más esta ley, hasta que se haga efectiva la restitución de las tierras a las víctimas. 

No es alentador el panorama del agro colombiano con el actual Gobierno. Los paros de los productores de panela y café evidencian cómo se están llevando a cabo los planes del Gobierno en materia agropecuaria. Las importaciones, debido al desmonte de aranceles, la no existencia de subsidios para la producción nacional, potenció una crisis sin atención desde el Ejecutivo, y sin esperanza que gire en su actitud. Asimismo, la gran cantidad de hectáreas sembradas de coca y recientemente de marihuana, debido entre otras cosas al no cumplimiento con los planes de sustitución firmados por las comunidades, muestra también la poca atención que las poblaciones campesinas, indígenas y afrodescendientes reciben desde el Gobierno.

Una realidad persistente, a pesar de existir una oposición cercana a las problemáticas de los habitantes pobres del campo colombiano, pues sigue existiendo y dominando en las mayorías del Congreso terratenientes, además de personas asociadas a ellos, asi como a los intereses de empresarios que no permiten realizar cambios estructurales en el modelo económico colombiano. La tendencia no parece cambiar, lo reafirma, como otra evidencia, la Reforma Tributaria –Ley de Financiamiento– aprobada a inicios de este Gobierno, otra muestra de los ataques a la clase media y popular. 

 

¿Alternativas?

 

Las movilizaciones del año pasado, realizadas por estudiantes, así como las lideradas por indígenas y campesinos, son la muestra que la lucha seguirá siendo en las calles. No ha sido de otra manera como este y anteriores gobiernos toman nota de las demandas del país nacional.

Por ello, todos y todas en unidad debemos estar atentos para movilizarnos en contra de las políticas que benefician al gran capital extranjero y nacional, y en defensa de los derechos que siguen desmontando en nuestro país. Es momento de exigir al gobierno nacional que genere políticas de empleo, coloque dique a la devaluación del peso, a la carestía de los alimentos, así como de los combustibles, al tiempo que despliegue políticas efectivas de empleo digno. 

Es momento que Duque gobierne y el pueblo sea quien le exija, porque no puede ser que llevemos ya un año y todo siga como si nada, y antes se agudicen los problemas que el colombiano y colombiana de a pie sienten diariamente, sin un Ejecutivo que reaccione ante las necesidades más sentidas de la población colombiana. 

 

*Senador de la República por el Movimiento Alternativo Indígena y Social-MAIS

Publicado enEdición Nº260
El poder que venció a la Registraduría y al Ministerio de Hacienda

Todo por la vida. Luego de comprobar que las fuentes de agua de su municipio se estaban secando como consecuencia de la explotación minera, en el municipio de Mercaderes –Cauca-, su población decidió ponerle coto a tan nefasto designio. La Consulta popular fue la vía, el diálogo con la población el método. Acá la historia de un triunfo que sacia la sed de miles.

Año 2013. Luego de comprobar la desaparición de más de 10 cuerpos de agua, producto de exploraciones sísmicas, sufrir las consecuencias de la minería ilegal que mató el rí o Sambingo, y que la Agencia Nacional de Licencia Ambientales (Amla) otorga en el curso de pocos años 14 títulos mineros de explotación minera y extracción de hidrocarburos, los habitantes del municipio de Mercaderes decidieron emprender la lucha por la defensa del agua y del territorio utilizando para ello de un mecanismo de participación ciudadana establecido en la Constitución Política: la Consulta popular

Para ello, 24 organizaciones sociales del municipio, reunidas en la Coordinadora Social Integral Mercadereña, junto con la Alcaldía y el Concejo Municipal iniciaron trámites administrativos para realizar la Consulta popular sorteando cada uno de los trámites legales necesarios. En esa pugna, el punto culmen se presenta en el 2017 cuando el Tribunal Administrativo Contencioso del Cauca dio concepto favorable a la Consulta, que preguntaba a los habitantes, “¿Está de acuerdo Sí o No con que en el municipio de Mercaderes se lleven a cabo actividades de exploración y explotación de minería metálica o de hidrocarburos, que requieran aguas para el consumo humano, la naturaleza y puedan afectar las economías propias de las comunidades?”. 

Una vez obtenido este aval, se solicitó a la Registraduría Nacional adelantar los procesos necesarios para que se pudiera llevar a cabo la votación. 

Todo debería seguir su curso sin sobresaltos, sin embargo en 2017 y nuevamente en 2018, la Registradora negó el procedimiento, además de restringir el acceso al censo electoral actualizado1, y a los elementos necesarios para el proceso electoral (formularios, urnas, tarjetones etc.), negándose, además, junto con el Ministerio de Hacienda a realizar la consulta aduciendo falta de presupuesto, e invitando a la Alcaldía municipal a suspender de manera indefinida la votación hasta que alguno de los dos entes contara con recursos. 

Maniobras legalista y obstáculos desde el poder central que no lograron quebrar la voluntad popular, de manera que la comunidad y sus autoridades siguieran adelante. El asunto no era solo formal-electoral, de ahí que a finales de 2018 realizaran el recorrido Tras las huellas del agua en Mercaderes, en la que participaron habitantes y organizaciones del municipio, visitando distintos corregimientos para constatar el estado de las fuentes hídricas, para preservarlas y cuidarlas. En ese mismo ejercicio presentaron los mandatos por el agua (ver recuadro).

Ante la negativa de las autoridades responsables de cumplir con su labor, y su decisión de quebrarle el cuello a sus propias normas, la comunidad autónomamente se organizó y decidió llevar a cabo la Consulta popular legítima en Mercaderes, por el agua y el territorio, al igual que la realizada a finales del 2018 en San Lorenzo –Nariño–.

Con esta iniciativa ciudadana se busca proteger “El Cerro de la Campana, donde nace el rio Ato Viejo, principal fuente de agua del municipio, que desemboca en el rio Sambingo, y todas las restantes fuentes de agua”, como nos contó Ulber Castillo, habitante del municipio y perteneciente al Comité de Integración del Macizo colombiano, uno de los promotores de la Consulta popular.

La Consulta se realizó autogestionando los recursos económicos, logísticos, organizativos y presentación de resultados, como decisión de una comunidad que se negó a permitir que la burocracia, falta de garantías políticas, limbos jurídicos y desidia de la administración central les impidieran ejercer su derecho a decidir sobre su territorio, el mismo que día a día recorren, trabajan y cuidan en procura de un mejor porvenir. 

 

No quiero que quiten el agua de mi municipio

 

Hombres, mujeres y niños se avocaron a este ejercicio, todos querían participar, todos querían decir algo para defender las fuentes de agua del municipio. En esto coincide el abogado ambientalista David Uribe, asesor de varios procesos de Consultas populares en Colombia “Si hay un pueblo organizado, un pueblo consciente que valora, que cuida sus fuentes hídricas, sus bosques, su territorio, de alguna manera se le puede hacer frente a las empresas, a las políticas y a las legislaciones lesivas”. 

Para sacar adelante su decisión, los habitantes del municipio, primero, buscaron los recursos económicos, logrando el apoyo de diferentes organizaciones sociales y de la Alcandía municipal; también organizaron una Registraduría Comunitaria, conformada por un equipo de 4 personas designadas por la comunidad, que vigiló y se encargó de dar fiabilidad al procedimiento. De igual manera, desplegaron campañas de información, tales como “Yo defiendo el agua y tú también, apóyanos marcando No en el tarjetón”, “No quiero que en el municipio entren las multinacionales a destrozar lo que nos pertenece”. 

La Registraduría comunitariaorganizó logísticamente los elementos necesarios: jurados y testigos (la MOE, Veedores internacionales, personería, defensoría, testigos y jurados electorales, elementos de votación), buscó el censo electoral, organizó el transporte de testigos y delegados, conteo y posterior entrega de resultados, dándole así sustento legal al proceso social y popular, pese a la desidia y falta de voluntad política de las instituciones encargadas de cumplir con la ley 1757 de 2015 –sobre mecanismos de participación ciudadana–, ley 136 de 1994 –sobre organización y funcionamiento de municipios–, y el artículo 311 de la Constitución Política –sobre la autonomía de organizar el territorio y garantizar la participación ciudadana. 

Los resultados no pudieron ser mejores: se superó el umbral exigido de 4.671 votos. En las 46 mesas habilitadas se registraron un total de 6.489 votos, 17 por el Sí, 6.449 por el No, 8 nulos y 10 no marcados. 

Cabe resaltar un ejercicio político que no tiene igual en este tipo de consultas: la comunidad decidió contar con la voz de sus niños, niñas y adolescentes, y dos días antes de las elecciones del 3 de agosto de 2019, organizaron elecciones en 10 instituciones educativas: participaron 2.447 NNA, de los 2.870 que viven en el municipio, 2.416 dijeron No, 31 dijeron Sí, 423 no votaron. Los resultados no podían decir algo diferente a lo que fue posteriormente la elección general.

 

En proceso

 

Una vez surtida la fase de la Consulta popular, la comunicad enfoca su esfuerzo tras tres grandes propósitos. Primero, que lo decidido quede integrado en los acuerdos municipales por el Concejo municipal y posteriormente se integren al Esquema Básico de Ordenamiento Territorial, para así ponerle límite a las exploraciones y explotaciones, delimitando zonas especiales de protección y reserva que impidan la afectación de las fuentes hídricas y la biodiversidad de este territorio, así como definir las actividades económicas que pueden desarrollarse en el municipio. 

Segundo, consolidar un tejido social y organizativo que tenga la capacidad de hacerle frente a los desafíos de la minería ilegal, los proyectos extractivos y mineros, y la desidia del gobierno central –que desconoce las particularidades y necesidades de cada territorio–, factores adversos que, como la Consulta popular, se enfrentan a partir de ejercicios ciudadanos que se apropian no solo desde las posibilidades que brinda la ley, sino también, y en lo fundamental, desde la construcción de nuevas forma de hacer y exigir respeto a gobiernos y políticas que afecten su vida en comunidad. 

Y tercero, enviarle un potente mensaje político a todas las comunidades de nuestro país que se encuentran afectadas por los proyectos o los planes de exploración y explotación minera, para que se organicen y logren, mediante ejercicios colectivos, rigurosos, asumir ellos mismos la dirección y decisión de su destino. Como proyección de ello, llamar a la unión comunitaria para incidir en políticas nacionales que garanticen, de manera real, que sea el pueblo el que decida sobre el territorio. 

Por eso Ulber Castillo agradece “al pueblo mercadereño, a los niños y las niñas, a las organizaciones (recordando) que cuando nos articulamos, que cuando nos unimos, podemos defender nuestro territorio”. La dinámica y acción colectiva continúa. Un mensaje claro dado las decisiones de la Corte Constitucional. 

Este procedimiento dificultó que muchos habitantes del municipio no pudieran ejercer el derecho al voto, dado que no estaban en las listas de votación.

 


Mandatos comunitarios y ciudadanos por el agua en Mercaderes

 

El pueblo y las comunidades que habitamos, pervivimos y subsistimos en el territorio del municipio de Mercaderes, en ejercicio de nuestra autonomía y búsqueda de la justicia hídrica exigimos y mandatamos:

Que el agua sea concebida como un bien común y elemento que permite la vida de diversos seres de la naturaleza, además de los seres humanos.

Que se garantice el derecho fundamental al agua como un elemento de uso y gestión público-comunitario, con criterios de cantidad y calidad suficiente para la vida digna y prioridad para el consumo humano de acuerdo a la Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente y a los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales – DESCA, con un control y seguimiento riguroso a todos los actores implicados en el cumplimiento de este derecho.

Que se garanticen escenarios de participación comunitaria con carácter vinculante en la actualización del Esquema de Ordenamiento Territorial para la incidencia en la toma de decisiones en torno al agua y los ecosistemas que hacen posible que fluya, y que permita establecer y consolidar a Mercaderes como un municipio con vocación agroalimentaria y ambiental.

Que se respete la autonomía de las organizaciones sociales y comunitarias de autogestión , con inclusión de propuestas y planes y proyectos de vida propios en los planes de desarrollo municipales, EOT y demás planes de ordenamiento territorial y del agua.

Que se respete la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales (2018) y la Sentencia STP 2028 de 2018 emitida por la Corte Suprema de Justicia sobre el campesinado como sujeto de especial protección constitucional dada su relación con el agua y el territorio en el marco de la protección.

Que se garantice apoyo y financiación para la protección del agua y del ambiente con metodologías, programas y proyectos participativos y concertados con las comunidades del municipio vinculando al Sistema General de Participaciones.

 


 

Sí pero no. Decisiones ambiguas 

 

En octubre de 2018 la Corte Constitucional expidió la Sentencia Unificada SU095/18 mediante la cual decidió que las Consultas populares no pueden impedir proyectos extractivos. La decisión no pasó sin pena ni gloria pues generó incertidumbre jurídica entre las comunidades y organizaciones sociales, aquellas que desean otros proyectos productivos en sus territorios, sin que afecten y mucho menos destruyan su entorno y naturaleza. La Sentencia, además, deja limbos jurídicos debido a que diferentes normatividades en materia ambiental, territorial y ciudadano chocan entre sí, lesionando la participación ciudadana, dejando con ello un mal precedente en el país. 

En esta Sentencia, la Corte Constitucional recuerda que el subsuelo al ser propiedad del Estado, y teniendo este la facultad para explotarlo y/o cederlo, no es competencia de los municipios determinar si se puede o no realizar exploración y extracción y, por lo tanto, las Consultas populares no pueden ser utilizadas para prohibir tales actividades. La Sentnecia reconoce, a su vez, la facultad que tienen los municipios y entes territoriales para organizar y decidir los usos que del suelo se puedan hacer. También reconoce que los ciudadanos tienen derecho a participar de las decisiones que afecten el territorio, cuando en él se lleven a cabo actividades que afecten el uso del suelo. 

Por lo tanto, considerando que el Estado es el dueño del subsuelo y que la entidades territoriales tienen la competencia del uso del suelo, y que se necesitan mecanismos de participación ciudadana, en la Sentencia se decidió que sea el Senado, en los próximos dos años, el responsable de crear los mecanismos de coordinación y concurrencia nación-territorio que permitan que todos los actores: gobierno central, gobernación, alcaldia, y ciudadanos participen y decidan conjuntamente sobre los proyectos mineros y de hidrocarburos. 

La decisión de la Corte se produce producto de la tutela presentada por Monsarovar Energy en contra de la Consulta popular realizada en el municipio de Cumaral –Meta– en el año 2017, con su decisión mayoritaria de impedir la exploración sísmica, perforación y producción de hidrocarburos, decisión colectiva que fue tutelada por la empresa, con visto favorable de la Corte.

En esta ocasión la Corte decidió fallar en favor del Estado central, desconociendo la descentralización del mismo, la autonomía de los entes territoriales, la violencia que está asociada a proyectos de extracción y exploración, la protección del medio ambiente, dejando con ello sin mecanismos de participación a los municipios, y de paso favoreciendo a las multinacionales mineras y petroleras. David Uribe, abogado ambientalista, agrega que “Los municipios tienen una función básica que es el ordenamiento del suelo, y que el suelo es inescindible del subsuelo”, por lo que no se comprende la decisión. 

Sin embargo, en la misma Sentencia el magistrado Alberto Rojas Ríos calificó la decisión de “[…] regresiva y antidemocrática en múltiples dimensiones, debido a que limita injustificadamente y en contra de los mandatos constitucionales la participación de la comunidad”,algo que compartimos en esta publicación. Por ello, ¿Por qué la Corte, en vez de limitar la participación ciudadana no limita la acción de las mineras y petroleras, en tanto se tramiten los mecanismos de concertación? ¿Por qué tienen que sufrir las comunidades mientras que un órgano ineficiente y pro exploración y explotación –como el Senado– decide legislar? 

En estas circunstancias, y con la experiencia vivida y acumulada por diversidad de comunidades a lo largo y ancho del país en su lucha contra la explotación minera, desvío de ríos, y proyectos similares, es clara la necesidad de reformar la política minera y energética del país, la misma que propicia violencia y pobreza. El reto es generar proyectos económicos acordes con el potencial de las comunidades, en los que la agricultura y la industria primen sobre la exploración y extracción depredadora, pensando en la sostenibilidad ambiental. Al mismo tiempo, transformar la matriz energética basada en hidrocarburos, explorando nuevas fuentes de energía. A la par, respetar la descentralización del Estado, fomentando la planeación con participación popular y autonomía de los entes territoriales en la organización del suelo. 

Publicado enEdición Nº260
Martes, 27 Agosto 2019 09:54

Nadie debe estar por encima de la ley

Nadie debe estar por encima de la ley

Históricamente, los expresidentes de la República son investigados por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Desde la Constitución de 1886, pasando por la de 1991 y el Acuerdo de Paz con la exguerrilla de las Farc, al ser un fuero especial en el cual los políticos se investigan entre ellos, esto conduce la impunidad política y judicial.

Igual ocurrió en el pasado con la jurisdicción penal militar, hasta 1987 cuando la Corte Suprema dictaminó que no podían hacerlo más, cuando los militares se investigaban y juzgaban entre ellos, lo cual condujo de igual manera a la impunidad.


Y es que ninguno de los expresidentes de Colombia ha sido investigado por la justicia ordinaria por actos cometidos durante el ejercicio de su mandato: ni Belisario Betancur (1982-1986) que autorizó el operativo criminal de “la retoma” del Palacio de Justicia en 1985; ni César Gaviria (1990-1994) que dio el consentimiento tácito para que los perseguidos por Pablo Escobar, “Los Pepes,” lo ejecutaran; ni Ernesto Samper (1994-1998) por el sonado proceso 8.000. A Betancur nunca se le pudo iniciar un juicio de responsabilidad por los hechos del Palacio pese a que el 7 de noviembre de 1985 él mismo, ante los medios de comunicación, asumió “toda la responsabilidad” sobre el holocausto (El Pacto del Silencio, Barrios, Cajar, Ediciones desdeabajo, 2017, página 59).


El Procurador General de la Nación de la época, Carlos Jiménez Gómez, presentó una denuncia ante la Cámara de Representantes contra Belisario Betancur y su ministro de Defensa, Miguel Vega Uribe, recién ocurridos los hechos del Palacio. La investigación fue archivada por la Comisión de Acusaciones al considerar que, las torturas, ejecuciones y desapariciones ocurridas durante y después de “la retoma” fueron “un típico acto de Gobierno, ejecutado por quien sólo podía hacerlo, es decir, el señor Presidente de la República y su Ministro de Defensa”.


Los presidentes de Colombia no han hecho nada o casi nada para detener las graves violaciones de los derechos humanos que siguieron al Palacio de Justicia en 1985, como el exterminio de la Unión Patriótica, la ejecución de sus candidatos presidenciales, Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo Ossa, o la del último senador de la Unión Patriótica Manuel Cepeda Vargas.


Más adelante, con el inicio de negociaciones con los paramilitares, el excomandante Freddy Rendón, alias el “Alemán”, afirmó que Carlos Castaño decía que Uribe era el hombre con el que iban a hacer la negociación, por ser antioqueño, por haber impulsado las Convivir -que luego se convirtieron en las autodefensas- y por ser amigo de éstas.


Todos estos son ejemplos de que el Presidente de la República está blindado mientras ejerce esa función; su inmunidad judicial y la impunidad en la que resulta son características del régimen presidencial colombiano. La Constitución Política del 91 en su artículo 188 dice que el presidente “simboliza la unidad nacional”, imagen que daría a pensar que el presidente debe estar por encima de la ley.


El primer mandatario es el “buen padre” a quien las colombianas y los colombianos confiamos nuestra protección. Él es quien “se obliga a garantizar los derechos y libertades de todas y todos”. El rol protector que se atribuye a la figura del presidente acarrea el que no se le pueda responsabilizar por los crimenes que cometiere en el desempeño de sus funciones, porque se considera intocable.


Lo que se ganó en el equilibrio institucional entre los poderes públicos en la Constitución del 91, se perdió en la responsabilidad política del presidente de la República. La impunidad y la inmunidad tanto judicial como política del Primer Mandatario, nadie está dispuesto a tocar ni remover.


Así lo reafirmó el Acuerdo de Paz con las Farc, que eximió expresamente de responsabilidad a todos los expresidentes que gobernaron durante el conflicto armado interno, de comparecer ante la Jurisdicción Especial para la Paz –JEP. Esta extensa tradición de presidentes intocables tiene fundamento también en la falta de responsabilidad política ciudadana y el rechazo de los gobernantes a rendir cuentas.


La Constitución Política de Colombia es clara al señalar que todos los cargos políticos gozan de este fuero, lo que quiere decir que las investigaciones por hechos delictivos las adelanta la Comisión de Investigaciones de la Cámara, para el caso de los Presidentes, y la Corte Suprema de Justicia, para el caso de los congresistas y gobernadores.


Esta última –en un hecho sin precedentes- fijó los días 8 y 9 de octubre de 2019 para escuchar al senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez en indagatoria. El susodicho presentó una denuncia penal el 23 de febrero de 2012 ante la CSJ contra el entonces representante a la Cámara Iván Cepeda Castro, por un supuesto “complot” con testigos falsos que intentaba involucrarlo en actividades criminales de los grupos paramilitares. El 17 septiembre de 2014 el senador Cepeda promovió un debate en el Congreso contra el senador Uribe, específicamente sobre el paramilitarismo en Antioquia. Recién iniciado el debate, el senador Uribe anunció que se trasladaría a la Corte Suprema a denunciar al senador Cepeda por difamación y que regresaría al recinto. Pero no regresó.


El 16 de febrero de 2018 el senador Uribe pasó de denunciante a investigado, ya que la Corte se inhibió de seguir adelantando la indagación preliminar contra el senador Cepeda al concluir que éste “no abusó de sus funciones como congresista ni determinó a reclusos mediante sobornos para testificar”, y, por el contrario, ordenó la compulsa de copias en contra del senador Uribe para que se adelantaren las correspondientes pesquisas.


Que bueno para el estado de derecho y la democracia que sea la Corte Suprema la encargada de determinar si el doctor Uribe manipuló o no a los testigos e incurrió en fraude procesal, a partir del abundante material probatorio que obra en el proceso, según se desprende del comunicado a la opinión pública, del 17 de agosto de 2019, suscrito por Iván Cepeda Castro, Senador de la República, y la citación a indagatoria que deberá rendir el procesado.


Este escenario, que resulta sorprendente ante los antecedentes históricos, sólo está siendo posible porque los hechos concernientes ocurrieron cuando el doctor Uribe ya no era Presidente de la República, por lo que el caso vuelve a traer de relieve un debate de fondo que debe dar la sociedad colombiana: Blindar del alcance de la justicia a la figura del Presidente de la República arriesga nuestro derecho a un Estado de derecho que vele por todas y todos. La responsabilidad política y la rendición de cuentas de los expresidentes son hoy más necesarias que nunca.

 

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Martes, 27 Agosto 2019 09:50

Discurso en clase: Hablar con el alma

Discurso en clase: Hablar con el alma

“Al igual que el niño que está aprendiendo a montar en bicicleta logra montar de hecho cuando se sumerge a fondo en esta actividad y, por contrapartida, se cae al suelo cuando se para a considerar lo bien o lo mal que lo está haciendo,  así nosotros, todos, en cualquier actividad  que llevemos a cabo”.

Pablo D’Ors

 

Como lo decía Shakespeare, y lo reiteró D’Ors, lo verdadero, lo real surge del compromiso profundo, no de los gestos superficiales. Tal como lo he explicado muchas veces a mis estudiantes de Ciencia Política en la Universidad del Rosario (Bogotá), en las jornadas de tutoría, el discurso se puede hacer de dos maneras: tipo estudiante y tipo orador. (Digo “el discurso” porque se trata de un ejercicio de retórica canónico y tradicional en la Facultad). 

Para dar algo más de contexto digamos dos cosas. Todos los estudiantes de primer semestre deben presentar al final del curso de Argumentación un discurso clásico interpretado por ellos. El texto se les entrega dos meses antes de modo que lo memoricen y lo preparen. Ya está editado a unas 320 palabras, de modo que dure alrededor de tres minutos. Al comienzo lo hacen muy mecánico, pero a medida que avanzan las tutorías, la caracterización va ganando brillo. Los mejores logran conmover al público. Como les suelo decir: “Ellos no declaman el discurso, como dice Shakespeare, sino que se convierten en él”. Le dan vida de tal forma que en ocasiones he visto estudiantes que superan estrellas de cine. Uno entre tantos ejemplos es la interpretación del discurso de Marco Antonio en el funeral del César que aparece en la película Le brio. Mis alumnos siempre lo hacen mejor que Daniel Auteiul y su discípula de la Sorbona. Siempre.

La diferencia entre estas dos formas de hacer el discurso es clara. En la primera, tipo estudiante, se sabe bien el discurso y lo actúa. Todo sucede en este caso guiado por la mente. Las manos, los pies, la cara, toda la expresión corporal depende de decisiones ensayadas. El resultado es que no se ve natural, se ve postizo, se ve como una lección: “La célula”. La mente está puesta en las palabras, los gestos, y los movimientos; en general, en la parte técnica, y no en lo esencial: el mensaje.

Nada más patético que ver a los chicos en bachillerato haciendo la clásica exposición de “La célula” en el tablero. Con sus carteleras pegadas en la pared, le dan la espalda a sus compañeros, miran al profesor todo el tiempo, leen mal lo que escribieron y esperan sacar 5.0 porque las imágenes (que hizo la mamá) están muy bonitas.

El orador, al contrario, transmite una emoción. Se sabe el discurso a la perfección, igual que en el caso anterior, pero su mente está puesta en el mensaje: las ideas y las emociones correspondientes. Vocaliza bien y con melismas (no me pregunten qué son los melismas). Articula claramente los famosos sonidos difíciles, en especial la “n” y la “rr”, “cannnta oh rrrey del cielo”. Estas sílabas suenan timbradas dentro de la palabra. Además, no se come sílabas, no mutila y pega palabras, ni deja apagar la voz al final de la frase. Refleja, con naturalidad, las impresiones espirituales contenidas en el mensaje del discurso. Si es triste, la voz timbra en esa dirección; si es arenga, el público se siente convocado; si es indignación, ironía o sorpresa el discurso va ídem. Y, por supuesto, lleva un ritmo, una cadencia, con sus altos y sus bajos, de modo que cuando cierra, el público siente que terminó y no se queda esperando lo que no ha de llegar. 

En síntesis, el orador capta el alma de discurso; el estudiante hace una tarea, “La célula”. El orador habla desde el corazón, porque está convencido profundamente del mensaje que presenta. El estudiante habla desde la mente, porque está preocupado por hacer bien la tarea que le pusieron, y para que lo ensayado no se le olvide.

Cambiando un par de palabras del original (van en cursiva) se podía explicar de nuevo esta idea sacando una cita de Pablo d’Ors en su libro Biografía del silencio. “Quienes nos dedicamos a la retórica tenemos muy claro que lo que brota de la mente está muerto y que vive, en cambio, lo que brota de un fondo misterioso al que, a falta de un nombre mejor, llamaré yo auténtico” (Pablo d’Ors, p. 65).

Para efectos de la calificación, un estudiante excelente saca 3.0; un orador excelente, 5.0. La nota mínima para el estudiante es 1.0; para el orador que termina su discurso, 3.5. La diferencia entre un estudiante excelente y un orador excelente es de intensidad, de alma. El primero se ve falso, y el segundo se funde con su discurso. Por lo común, todas las presentaciones del estudiante son iguales, porque están ensayadas. En cambio, el orador siempre que presenta el discurso varía un poco con cada nueva salida al escenario, porque él responde a un principio distinto, intengible. Por lo tanto, sus sonidos no salen de la masa gris, sino del plexo solar (¿qué querrá decir “plexo solar”?). Bueno desde el pecho, el centro de las emociones, según Platón.

Todo esta explicación está muy bien, ni más faltaba, pero hacer la distinción entre lo uno y lo otro no siempre es fácil. Cuando un grupo de estudiantes ve la presentación del compañero y este grita y gesticula, tienden a aplaudirlo generosamente, se dejan impresionar y creen estar en presencia de un orador. Con el tiempo y las tutorías, el ojo y la sensibilidad se van afinando y cada vez es más fácil ver cuándo es cuándo y quién es quién. Un discurso es como una partitura y el alumno es el interprete. No basta con que se sepa las notas y las ejecute todas, se necesita que a partir de ellas produzca eso que llaman música. Pero catarla no es tan sencillo ni se da de buenas a primeras. No obstante, con un poco de ensayo es fácil distinguir el ruido de la armonía.

Shakespeare se copió de mí. Dice algo similar, en el mismo sentido, pero con menor perspicacia, en Acto III, escena II, de Hamlet: “Te ruego que recites el pasaje tal como lo he declamado yo, con soltura y naturalidad, pues si lo haces voz en grito, como acostumbran muchos, de vuestros actores, valdría más que lo diera a un voceador de periódicos. Guárdate bien de aserrar demasiado el aire, así, con la mano” (Hamlet, Act. III, Esc. II). 

La pregunta más potente y al mismo tiempo la más ridícula que recibo en las tutorías es la del estudiante que me pide que le diga cómo sentir el discurso. Yo le digo que convenciéndose de la verdad y la importancia del mensaje que contiene. Y me reitera que cómo se convence del mensaje y la importancia que contiene. Yo le digo que este es un caso para Kant. Enmanuel Kant decía que era capaz de enseñar las reglas de la lógica, pero no de utilizarlas. De hecho, agrega el ilustre filósofo alemán, quien usa bien las reglas de la lógica es inteligente; el otro, lerdo.

En fin, hay dos formas de hacer el discurso. Ambas requieren mucho ejercicio, mucha repetición. Puedo decir que lo mejor es que la etapa superior sale de la inferior, tipo estudiante. Un buen estudiante, en algún momento de su ensayo, da el salto dialéctico al siguiente estadio y sigue como orador. Y una vez experimenta la felicidad de expresarse desde lo más profundo, sabrá de qué estamos hablando. Y si tienen dudas escríbanme a mi correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Eso les digo, para ver cómo lo están haciendo.

Nota: La vocalización se ensaya con el palito pincho (mi gran invento, mi cordial regalo), diciendo todo el discurso sílaba por sílaba, sintiendo que todos los sonidos se articulan bien. Luego de este ensayo palillesco, se deja de lado el palito en un lugar limpio, en una servilleta, una cajita plástica que haya sido previamente desinfectada para no contaminarlo y pueda ser reutilizado luego (toda esta explicadera está fuera de lugar, ¿cierto?). Decía, luego de ensayar sílaba por sílaba se dice todo entero el discurso para sentir que los sonidos se arman fáciles y dulces en la boca, sin esfuerzo. Suficiente explicación, ¡a trabajar, vagos!

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Martes, 27 Agosto 2019 09:33

Sin discurso para el Bicentenario

Puente de Boyacá, 7 de agosto de 2019. Foto: César Carrión - Presidencia https://id.presidencia.gov.co/multimedia/fotos

Quizá un escolar al que se le hubiera encomendado un discurso para conmemorar en sesión solemne de su colegio el Bicentenario de la Batalla de Boyacá, no lo habría hecho peor que el presidente de la República, Iván Duque Márquez, el 7 de agosto de 2019, en el campo donde doscientos años atrás se libró la batalla que culminó la Campaña Libertadora de la Nueva Granada (hoy Colombia) y que dejó libre de invasores el ochenta por ciento de nuestro territorio. Tal como lo había previsto el Libertador, la victoria de Boyacá tuvo una importancia múltiple. Garantizó que el resto de la Campaña generaría la liberación sucesiva de Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, entre 1819 y 1824. Una de las grandes hazañas épicas de la historia universal, lograda de principio a fin por el genio deslumbrante de Simón Bolívar y su tenacidad asombrosa para cumplir el juramento que, en Roma, hiciera de libertar del vasallaje colonial a la América Española y establecer en ella repúblicas soberanas, guiadas por los Derechos Humanos y por la práctica incesante de principios liberales y democráticos.

El presidente Iván Duque hubiera podido brindarnos un discurso de estadista, que les mostrara a los colombianos, y que les explicara, también, la conexión misteriosa y latente entre los hechos del pasado y los del presente, que analizados como un todo nos permiten avizorar el futuro, descubrir los errores que hemos cometido, para no repetirlos, y completar la tarea libertadora que tuvo su principio glorioso en 1819, y que en el curso de dos siglos no ha podido encontrar a las generaciones capaces de rematar la construcción del edificio democrático empezado por tantos hombres y tantas mujeres que lo cimentaron con su sangre, su heroísmo, y la ofrenda de sus vidas para crearnos un lugar mejor donde habitar con dignidad.

Incluso el presidente Duque hubiera podido hacer un discurso formal de análisis histórico, un discurso académico que nos recordara el brillo intelectual de muchos de sus antecesores. Prefirió legarle a la posteridad una pieza mediocre que, por supuesto, la posteridad ignorará piadosa.

Un llamado insípido a la unidad, sin pizca de elocuencia, y mucho menos de pensamiento que convide a sus compatriotas a la reflexión. “Somos –dice el presidente—el Gobierno del Bicentenario ya que el Bicentenario es la oportunidad de unirnos alrededor de lo que nos hace colombianos”. Esa es la apoteosis de la vacuidad. La conmemoración pasajera de una fecha magna, no puede tomarse como pretexto para llamados inocuos a la unidad nacional. La unidad es un deber permanente de las autoridades y de los ciudadanos, que se construye a diario con hechos, no con palabras. ¿Qué es lo que “nos hace colombianos”? ¿El asesinato permanente de los líderes sociales, de los activistas de Derechos Humanos, de los ambientalistas? ¿La desigualdad creciente que nos ubica entre los cinco países más desiguales del mundo? ¿En torno a esas y otras tragedias bicentenarias podemos aspirar a la unidad?

El presidente quiso hacer un reconocimiento anecdótico de la participación de las mujeres en la guerra de independencia, y citó algunos nombres como quien saca al azar las cartas de la baraja. Sin embargo, los miles de mujeres heroicas y meritorias que actuaron en la independencia, no ofrendaron sus vidas sólo por la satisfacción de verse citadas a la ligera en un discurso presidencial paupérrimo de ideas. Les hubiera gustado oír que su esfuerzo abnegado era el motivador de otros esfuerzos similares para favorecer a los millones de mujeres que hoy carecen de casi todo, que son maltratadas a diario, asesinadas, mal retribuidas en su trabajo, obligadas muchísimas de ellas, como madres cabeza de familia, a jornadas inverosímiles para conseguir el sustento de sus hijos. A nada de ello se refirió el presidente, pero sí a exaltar a “Las juanas” de la independencia, confundiendo a las voluntarias aguerridas que acompañaban a los ejércitos libertadores (que nunca se llamaron “Las Juanas”) con las protagonistas de una telenovela de hace veinte años, cuyo argumento no guarda relación ninguna con los hechos de la Independencia. 

Dos personalidades que lo dieron todo por la libertad de su Patria, conocían bien la idiosincrasia nacional y la definieron con un par de epigramas inmortales: “Pueblo indolente” (Policarpa Salavarrieta, al pie del patíbulo, 1817); y “Patria Boba” (Antonio Nariño, en Los Toros de Fucha, 1823). Así fue la alocución del señor presidente en la conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Boyacá. Un discurso indolente y bobo.

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Martes, 27 Agosto 2019 09:21

Egan Bernal: un sueño realizado

Egan Bernal: un sueño realizado

Al ganar el Tour de Francia, la competencia de los pedales más importante en el mundo, Egan Bernal ha elevado al ciclismo colombiano, sin lugar a dudas, a lo más alto de este  deporte, y él mismo se ha situado para siempre como uno de sus grandes exponentes.

Un logro que da cuenta de unas cualidades físicas especiales, pero insuficientes para explicar su triunfo, pues además de su talento y capacidad también está el equipo al que pertenece, el poderoso Ineos.

Un triunfo que es una hazaña, la de materializar el sueño buscado por los casi cien pedalistas colombianos que han participado en esa justa, desde Cochise Rodríguez hasta Nairo, y Egan, el más joven entre todos ellos, lo logró. Coronarse es una recompensa a tanto sacrificio y lucha de los escarabajos salidos de la entraña popular del país, donde se pedalea todos los días, hombres y mujeres están obligados a ello para trabajar, pasear, competir. 

Un deporte, que en una primera instancia se vivía como recreación, luego en competencias nada o poco mercantilizadas, hasta quedar sus practicantes como profesionales del oficio, integrando equipos financiados por grandes monopolios. En otras palabras, obreros de la bicicleta, con sueldo mensual, sometidos a jornadas laborales claramente establecidas –prácticas deportivas sobre la cicla, en el gimnasio y otros espacios–, labor que desempeñan bajo un régimen laboral acordado con cada una de las empresas que financian los equipos, y en los cuales se reglan, de igual manera, el sueldo según prestigio de cada uno de los integrantes del equipo, las temporadas de competencia y la distribución de lo que ganen en cada una de ellas.

 

El negocio

 

Los equipos, por regla general, son propiedad o son patrocinados por grandes monopolios. Por ejemplo, el Bora es un consorcio alemán fabricante de placas de cocina y de extracción de humo y el segundo patrocinador es Argón, empresa canadiense de bicicletas. 

En los días que cursan, Ineos es el equipo de ciclismo más poderoso del mundo; cuenta a su haber con campeones como Cris Fromm, Egan Bernal y Gerait Tomas. 

Su dueño y patrocinador es Ineos Oil & Gas UK, antes British Sky Broadcasting, un monopolio británico que registra entre las dos empresas más grandes del mundo en insumos químicos, petroquímicas, gas y Fracking. En el 2018 generó ventas por 60.000 millones de dólares. El actual dueño de este emporio es partidario de un Brexit duro –o sin acuerdo con la Unión Europea–, por lo que requiere del equipo, entre otras cosas, para visibilizar más ampliamente sus negocios en otros continentes y mercados. 

En Ineos hay un colombiano que no suena para nada: Iván Ramiro Sosa, quien pedalea junto a su compatriota Sebastián Henao, y que seguramente en un par de años será visible como un posible ganador de grandes competencias.

Otros equipos movidos por el gran capital son el CPT o CCC Polsat Polkowice Team de Polonia, firma de calzado y bolsos, antes era el equipo de EEUU BMC Racing, y el Movistar Team, del gran monopolio Telefónica de España.

El equipo de ciclismo AG2R Le Mundiale, una empresa aseguradora que compitiendo en el Tour de Francia, desde 1997, ha elevado su visibilización en un 30 por ciento; invirtió en el equipo 8 millones y sacó 60 millones de utilidades, en su mayoría por publicidad, pues este año solo recibió 55.140 euros por participar.

En este tipo de competencias la publicidad es una mina de oro para las empresas y magnates. Las ciudades se pelean el “privilegio” de ser parte de la salida o llegada de una etapa, pues el cubrimiento por TV les da rentabilidad. Una ciudad paga 100.000 euros por ser punto de salida de etapa y 60.000 por ser punto de llegada, lo que recuperan y multiplican con turismo. 

Publicidad que también está regada por las autopistas. La más reciente edición del Tour la vieron en las carreteras más de 15 millones de personas. Grandes firmas pagan por llevar sus logos en los carros y camionetas, como Skoda o Vittel. La empresa francesa de galletas Saint Michel regaló tres millones de Magdalenas, pero triplicó ventas.

 

Los triunfadores

 

Pero en el Tour de Francia (como en el Giro o en La Vuelta) ganan todos, los ciclistas, los equipos y los técnicos.

Ejemplos. Egan recibió bonificaciones especiales, así: 500.000 euros, algo así como 1.800 millones de pesos colombianos, por ser el campeón del Tour de Francia; por clasificar como el mejor joven recibió 20.000 euros o sea, 72 millones de pesos; por registrar como segundo en la montaña le correspondieron 15.000 mil euros, es decir, algo más de 45 millones, en total 1.917 millones de pesos.

Esto parece mucho, pero no es como aparenta, ya que la regla de oro en los equipos, y en este tipo de competencias, es que lo ganado por un ciclista se reparte por igual entre los que  integran el equipo. Es decir, lo ganado por Egan se divide entre nueve, lo que significa que a cada uno le corresponden algo más de 200.000 mil euros. Además, el equipo recibió otros 800 mil, los cuales también se reparten por igual entre sus integrantes.

Un triunfador de etapa se embolsa 11.000 euros o 39.600.000 pesos, que es lo ganado por Nairo Quintana por entrar de primero en la etapa 18. 

En este mundo globalizado, donde el capital financiero considera todo como ganancia máxima, el ciclismo de elite no escapa a esta lógica capitalista.

 

Un futuro a sus pies

 

De acuerdo a los especialistas, la mejor época de un ciclista va de los 27 a los 30 años, lo cual quiere decir que hay Egan para rato. Sin duda, es verdadera locura que a los 22 años haya ganado el Tour de Francia, algo excepcional. 

En estas condiciones, y sometido a las presiones del mercado, se requiere entrenamiento, sacrificio, voluntad y mucha cabeza fría, así como madurez mental, para aguantar las luces del espectáculo, y un entorno que casi siempre daña. 

De esta manera, con juventud y equipo, con capacidad física y disposición para esta labor, Edgar Bernal lo tiene todo a sus pies, lo único por evitar es que el dios dinero lo extravié en su camino de previsibles triunfos en los años que vienen.

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