Taller "El proyecto posneoliberal para América Latina"

Temas que se desarrollarán en las cuatro sesiones:

  • - Geopolítica de la reforma estructural y biopolítica de la democracia
  • - Economía política del ajuste macrofiscal, la reforma estructural y la privatización territorial
  • - El programa político del FMI: el ajuste estructural y el discurso de la estabilización
  • - La reforma estructural del Banco Mundial: tiempos violentos en la privatización del Estado
  • - La geopolítica y la biopolítica del posneoliberalismo: privatización territorial y criminalización social
  • - Poder y violencia en el posneoliberalismo

Lugar: Cootradecun - Cra. 17 No. 57-15
Días: 21 - 23: 6:00 p.m. - 9:00 p.m.
Sábado 24: 8:00 a.m.-12 m

Tamaño: 17 x 24 cm

Páginas: 336

Colección: Congreso de los pueblos

Autor: Pablo Dávalos






Valor inscripción:

$90.000 (incluye el libro "Democracia disciplinaria" base del taller)
$60.000 (para quienes han adquirido previamente el libro)


Consignaciones a nombre de Difundir Ltda.
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Miércoles, 18 Enero 2012 07:09

Al final cayó el vice de Humala

Al final cayó el vice de Humala

Al vicepresidente de Ollanta Humala se le acabó el tiempo. Se había aferrado con desesperación al cargo, incluso desoyendo un pedido público del propio presidente Humala para que renuncie, pero finalmente Omar Chehade, hasta ayer vice de Perú, cayó. Luego de tres meses en medio del escándalo por una acusación de tráfico de influencias a favor de un poderoso grupo económico –escándalo que golpeó duramente al gobierno– y más de dos meses después de que el presidente le pidiera públicamente, a través de la televisión, dar “un paso al costado”, Chehade decidió renunciar. Lo hizo a través de una carta fechada el lunes, pero hecha pública recién ayer. Señaló que había “reflexionado” y que renunciaba para “no causar perjuicios a la buena imagen del gobierno”. La reflexión le tomó tres meses. En el Perú hay dos vicepresidentes y con la salida de Chehade la congresista Marisol Espinoza queda como única vicepresidenta.
 

La esperada renuncia de Chehade, quien también es congresista del oficialismo, se produjo en la víspera de que el Parlamento debata un pedido para destituirlo como congresista e inhabilitarlo por cinco años de toda función pública. Chehade ha sido acusado ante el Congreso por tráfico de influencias, patrocinio ilegal y cohecho activo, por intentar favorecer a un importante grupo económico. En diciembre, la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales del Congreso aprobó recomendar la destitución de Chehade de su banca congresal y su inhabilitación por cinco años. Ese mismo mes, el Parlamento lo suspendió, con el apoyo del oficialismo, por 120 días de sus funciones por “falta ética”. Al momento del envío de esta nota, la Comisión Permanente del Congreso debatía la aprobación de la acusación contra el ex vice de Humala para destituirlo de sus funciones parlamentarias e inhabilitarlo. Si es aprobada, el caso pasará al pleno del Congreso, que decidirá la suerte de Chehade.
 

El escándalo que arrastró al vicepresidente Chehade y que lo ha obligado a dimitir estalló en octubre, cuando fue acusado por una denuncia periodística de intentar favorecer al poderoso grupo Wong en su disputa con los trabajadores de la azucarera Andahuasi por la propiedad de la empresa. Chehade se reunió con tres generales de la policía para, según ha denunciado uno de los generales presentes, solicitar el desalojo policial de los trabajadores que controlan la ex cooperativa e impiden el ingreso del grupo Wong. El general Guillermo Arteta, que hizo público el caso luego de ser pasado a retiro, ha asegurado que se negó a dirigir el desalojo solicitado por Chehade y ha dicho que éste incluso le envió una orden de desalojo falsa.
 

El caso Chehade se ha convertido en el mayor escándalo de corrupción en lo que va del gobierno de Humala, que asumió en julio de 2011, y lo ha golpeado en un punto especialmente sensible: la lucha contra la corrupción, una de las principales banderas levantadas por el presidente Humala en la campaña electoral.
 

Ahora en el oficialismo respiran aliviados al conocerse la renuncia del vicepresidente, que se había convertido en un dolor de cabeza para el gobierno. Su negativa a renunciar, en noviembre, luego de que se lo pidiera públicamente Humala, había dejado mal parado al presidente y distanciado a Chehade del oficialismo. Conocida su renuncia, la bancada oficialista la calificó como “positiva”. Parlamentarios de la oposición la tomaron como una movida de último momento para intentar evitar que se apruebe en el Congreso la acusación en su contra, que terminaría con su destitución del Parlamento y una inhabilitación por cinco años.
 

“La renuncia de Chehade me huele a una negociación para evitar su sanción en el Congreso. Una negociación de Chehade con el oficialismo para que lo apoye a cambio de su dimisión y para que el partido gobernante consiga votos de otras bancadas a favor de Chehade con el argumento de que su salida de la vicepresidencia es una sanción suficiente y no se le destituya del Congreso. Chehade ya ha sido desautorizado por el oficialismo, por lo que su posible destitución del Congreso no sería un duro golpe para el gobierno, pero si lo pueden evitar, tanto mejor para el oficialismo”, le comentó a Página/12 Antonio Zapata, historiador y analista político. “La renuncia de Chehade –agregó Zapata– es positiva para el gobierno, porque se libera de una piedra en el zapato.”
 

Los cálculos que se hacen en los pasillos del Congreso sobre la posible destitución de Chehade y su inhabilitación están en contra del ex vicepresidente. Con su sorpresiva renuncia, a la que se había negado una y otra vez y que es una concesión a quienes, desde todos los sectores políticos, la habían exigido, el ex vicepresidente espera ganar los votos que lo salven de perder también su banca parlamentaria. Pero la renuncia puede haber llegado tarde para Chehade.
 

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Miércoles, 18 Enero 2012 07:00

Eloy Alfaro (1842-1912)

Eloy Alfaro (1842-1912)

“Y así estaba, recogido, los nervios finos por saber, cuando su puerta se abrió de golpe. Él se incorporó, tieso y veraz.
 

“–¡Silencio! ¿Qué quieren de mí?
 

“Un tiro en la cabeza le hizo caer suavemente, como un desvanecer de piel y huesos… Desnudo ya, descolgado de su aventura, le llevaron hasta el filo del corredor, alto, alto, alto y de allí le aventaron contra el patio” (La hoguera bárbara, Alfredo Pareja Diez-Canseco, 1944).
 

Hace cien años, el 12 de enero de 1912, la vida de Eloy Alfaro, prócer del Ecuador moderno, llegó a su fin. En la abyección y el ultraje digitado por los liberales de levita y conservadores chupacirios que hoy continúan acechando, como buitres de la historia, la revolución ciudadana del presidente bolivariano Rafael Correa.
 

Alfaro nació en Montecristi, pueblo caliente ubicado en la combativa provincia de Manabí, cuna del "liberalismo machetero". Desde los 24 años, en la fragua militar contra los gobiernos conservadores llegó a general en jefe de la revolución liberal (1895), siendo elegido dos veces presidente de la república (1896-1901/1907-11).
 

Las derrotas del Viejo Luchador fueron amargas cuanto fructíferos sus muchos exilios en Panamá, donde fue acogido por el líder liberal Belisario Porras y en Nicaragua por el presidente José Santos Zelaya, quien le confirió el grado de general.
 

Melodía que Alfaro conocía por los relatos de las luchas independentistas que de niño le contaban su madre, y de joven Francisco Calderón, viejo cubano vinculado al primer grito emancipador de América Latina (Quito, 1809). Calderón había emigrado a la ciudad ecuatoriana de Cuenca y fue padre del capitán Abdón Calderón, muerto a los 18 años a causa de las heridas recibidas en la batalla de Pichincha (1822).
 

Según el historiador cubano Regino Sánchez Landrián, sería en Panamá donde Alfaro amplió sus horizontes. Allí entabló amistad con el colombiano Vargas Vila, el dominicano Máximo Gómez, José María Merchán, Antonio Maceo y otros ilustres patriotas antillanos y jefes mambises que se hallaban exiliados en el istmo cuando en la manigua cubana concluyeron las primeras acciones bélicas contra España, a finales de 1870.
 

En octubre de 1890 se entrevistó en Buenos Aires con el director del diario La Nación, Bartolomé Mitre, quien enterado de su inminente partida a Estados Unidos le entregó una suma importante para su corresponsal en Nueva York, José Martí. Alfaro andaba sin un peso, pero el dinero llegó intacto a manos del destinatario. En carta al ideólogo alfarista José Peralta le confiesa: "Recuerdo que la fortuna premió mis desdichas cuando conocí a Martí en aquel frío octubre por encomienda del señor Bartolomé Mitre".
 

En Vida y muerte de Eloy Alfaro, el biógrafo Roberto Andrade asegura que fue en Lima donde Máximo Gómez y Eloy Alfaro sostuvieron varias entrevistas, acordando la solidaridad y fraternidad cuando nada predecía el triunfo político de ambos. Alfaro cumplió, y así lo expresa Maceo, El Titán de Bronce, en carta fechada en Pinar del Río el 12 de junio de 1896:
 

"Por la prensa española he sabido que usted, en cumplimiento de lo que un día me ofreció, ha trazado en pro de la causa cubana. Reciba, por tan señalada prueba de amistad y de consecuencia, mis más expresivas gracias y las de este ejército." En efecto, no bien Alfaro alcanzó el poder, se dirigió a la reina de España y le solicitó la independencia de Cuba.
 

En ese mismo año de 1896, el gobierno alfarista convocó a un Congreso Nacional Americano, que debía reunirse en México para discutir la doctrina Monroe. Encuentro que fue boicoteado por el Departamento de Estado. Apoyándose en una circular de Miguel Covarrubias (encargado de negocios mexicano en Washington), el historiador ecuatoriano Juan Paz y Miño recuerda que para el secretario Richard Olney “…el Ecuador no tenía el prestigio bastante para acometer ni para llevar a cabo una empresa de la importancia que debía tener un Congreso americano”.
 

El guión de los enemigos de América Latina no ha variado. En 1900, durante la agresión y boicot de Alemania y Francia a los puertos de Venezuela por deudas impagas, el periódico británico Herald atribuía a "un diplomático europeo" lo siguiente:
 

“Hay muchas razones para creer que Cipriano Castro ha entrado en una conspiración con los presidentes del Ecuador y Nicaragua y los jefes revolucionarios de Colombia, animados por el propósito de unir cuatro países en una sola confederación… el presidente Castro ha estado fraguando aquel plan y que ha dado poderosos y frecuentes auxilios a los revolucionarios de Colombia, con absoluto menosprecio de todo principio de neutralidad, y aún de decencia…”
 

No satisfechos, quienes asesinaron a Alfaro en el penal García Moreno de Quito (donde el prócer se hallaba preso junto con sus lugartenientes), descuartizaron su cadáver.
 

¡Mueran los masones! ¡Mueran los herejes! ¡Viva la religión! Arrastrados por las calles céntricas, los pedazos del Viejo Luchador y el resto de las víctimas fueron quemados en el parque El Ejido.
 
Eloy Alfaro: internacionalista

Pareja Diez-Canseco evoca: "En la punta de una bayoneta, la barba de don Eloy viajaba iluminada por las llamas".

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 Obedecer a los poderosos "no es nuestro destino", manifiesta Eduardo Galeano
La Habana, 16 de enero. "El amigo de verdad es el que critica de frente y elogia por la espalda", dijo hoy el escritor uruguayo Eduardo Galeano al regresar a Cuba, después de 12 años de ausencia, esta vez para inaugurar el premio literario de la Casa de las Américas.

El autor de Las venas abiertas de América Latina, de 71 años, explicó que había tomado la cita del desaparecido líder sandinista nicaragüense Carlos Fonseca Amador. Y sin tener que explicarlo, en esa forma también resumía su relación con el gobierno cubano, al que criticó en 2003 por el fusilamiento de tres secuestradores y la sentencia masiva de opositores.

Al llegar a La Habana el jueves, Galeano, colaborador de La Jornada, había puesto al día su posición: “Estoy muy contento de volver a la Casa y a Cuba. A la Casa de las Américas, que es mi casa, y a Cuba porque, aunque hace años que no vengo, siento como que vuelvo sin haberme ido. Cuba siguió siempre viva dentro de mí, en mis palabras, en mis actos y en mi memoria (…) jamás oculté ninguna de mis discrepancias o mis dudas; pero tampoco oculté mi admiración por esta revolución que es un ejemplo de dignidad nacional, en un mundo donde el patriotismo es el obligado privilegio de los países ricos y poderosos, pero negado a los pequeños y pobres”.

Los cambios, bienvenidos


En 2003 Galeano estuvo entre los intelectuales, como José Saramago, que criticaron a La Habana por las ejecuciones y las sentencias. Escribió entonces que eran “noticias tristes que mucho duelen, para quienes creemos que es admirable la valentía de ese país chiquito y tan capaz de grandeza, pero también creemos que la libertad y la justicia marchan juntas o no marchan.

"En el duro camino que recorrió en tantos años, la revolución ha ido perdiendo el viento de espontaneidad y de frescura que desde el principio la empujó. Lo digo con dolor. Cuba duele."

Hoy lo escuchaban en la Casa de las Américas escritores cubanos como Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet, Alfredo Guevara, Eusebio Leal y Pablo Armando Fernández. Todos ellos, entre otros, firmaron en 2003 una réplica a declaraciones como las de Galeano y Saramago.

La carta de los cubanos decía que aquellas críticas de amigos "entrañables" pudieron deberse a "la distancia, la desinformación y los traumas de experiencias socialistas fallidas" y se usaban en “la gran campaña que pretende aislarnos y preparar el terreno para una agresión militar de Estados Unidos (…) Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba. No se le debe juzgar por esas medidas arrancándolas de su contexto”.

Galeano precisó tiempo después que sus críticas no alteraban el fondo de su simpatía con el gobierno cubano. El jueves pasado abundó así: "No conocí en mi vida otro país tan solidario como éste, ninguna revolución tan ofrecida a los demás como ha sido y es la revolución cubana. Todo el resto son espacios de debate, de dudas que están siendo en alguna medida respondidas por este proceso de cambios que la revolución está viviendo ahora y a los cuales, quienes la queremos, damos la bienvenida".

El autor de Memorias del fuego ganó en dos ocasiones el Premio Casa (novela, 1975 y testimonio, 1978) y también dos veces fue jurado (1981, 1989). Había estado en la isla por última vez en 1999.

Este lunes dedicó su breve discurso a la sede: "Esta casa es mi casa, la casa nuestra. Y porque así la siento y así la sé, he sido y seguiré siendo su siempre amigo", en los términos de Fonseca. “Mil gracias por ese alimento de vitamina D. D de dignidad, que tanto nos ayuda a creer que el deber de obediencia, impuesto por los poderosos del mundo, es –puede ser– nuestra penitencia, pero no es ni puede ser nuestro destino.”

Galeano presentará aquí la edición cubana de su penúltimo título, Espejos. El premio Casa se fallará dentro de 10 días, esta vez en teatro, literatura para niños y jóvenes, literatura brasileña, literatura caribeña en francés o creol, estudios sobre latinos en Estados Unidos y estudios sobre la presencia negra en América y el Caribe.

El escritor recordó hace unos días que mandó Las venas abiertas de América Latina al concurso Casa de las Américas en 1971. Pero "aquel jurado de prestigiosas figuras de la izquierda, según supe después, consideró que el libro no era lo suficientemente serio como para recibir el premio. Era un periodo en el que todavía la izquierda confundía la seriedad con el aburrimiento. Por suerte, eso fue cambiando y en nuestros días se sabe que el mejor aliado de la izquierda es la risa".

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“De las transnacionales al Estado y del Estado a la sociedad productiva”
“Consenso con los tuyos y con los que no son los tuyos, acción directa”, afirma García Linera para describir la estrategia del gobierno de Evo Morales. Las contradicciones entre pueblos indígenas y el desafío de construir formas comunitarias de la economía.

–¿Cómo se llega al momento que hoy vive Bolivia?
–Nuestro proceso revolucionario boliviano ha atravesado varios momentos que conviene repasar. Hacia el año 2000, cuando el proyecto neoliberal parecía invencible, comienza a visibilizarse el malestar, y la gente buscaba alternativas ante las relaciones de dominación. Entonces se devela la crisis, la sociedad comienza a imaginar otra posibilidad de vida, otra posibilidad de organización política. El segundo momento es cuando este malestar colectivo, esta debilidad de dominación de las elites, de su discurso y su organización de la vida, da paso a la conformación de un proyecto de poder alternativo. Es cuando la gente dice: “Hay que recuperar los recursos naturales, hacer la asamblea constituyente y conformar un nuevo régimen de gobierno”. Esto se da entre 2003 y 2006. Luego viene un tercer período, en que este proyecto de poder se vuelve gobierno, a través del presidente Evo Morales, y donde las formas organizativas de la sociedad, que habían mostrado su capacidad frente a la represión, muestran su capacidad electoral y comienzan a implementar una serie de transformaciones del Estado, de las relaciones de poder. Pero, claro, la vieja estructura dominante puede tolerar perder el gobierno, pero antes de perder el poder va a dar una batalla muy dura. Es la batalla por el poder económico, por el poder político y el poder cultural, que va entre 2007 y 2009: la agenda constituyente sigue adelante, pero los riesgos de quiebre de la unidad estatal se hacen visibles. Se intenta un golpe de Estado, se intenta crear una dualidad conservadora del poder, contraponer al gobierno del presidente Evo con el Oriente, se crean grupos armados para dividir al país. Y el gobierno del presidente Evo va derrotando cada una de esas confrontaciones políticas. Y a cada momento este bloque nacional popular, de núcleo indígena, va a ir sorteando las tareas, por momentos debilitándose, fracturándose; después se vuelve a recomponer, para dar el siguiente paso.

–En la Argentina también hubo que “recomponer”. ¿Cómo encararon aquí estos problemas?
–Aquí ha habido un juego que podemos considerar desde la perspectiva marxista: las victorias políticas han podido ser consolidadas y viabilizadas por victorias económicas, mucho más silenciosas y menos espectaculares, pero más sostenidas. Cuando entramos nosotros, el 40 por ciento del PIB estaba en manos de dos empresas de dos países extranjeros. Al cabo de tres años pasamos de un Estado mendigo a un Estado relativamente fortalecido, con capacidad de control y manejo del excedente económico, que le va a permitir al gobierno consolidar alianzas, ampliar los beneficios sociales, expandir la distribución de la riqueza. Este tipo de transformaciones ha sido la base material de las victorias que se van llevando contra la derecha golpista y separatista. Hoy podemos decir que el bloque social popular indígena que logra el gobierno ha transformado en parte la naturaleza del Estado en Bolivia.

–¿En qué sentido puede decirse que se ha modificado la naturaleza del Estado?
–Hoy, las clases sociales que dirigen el Estado son muy distintas a las financieras, mineras, banqueras. Es un bloque de poder de origen campesino, popular, plebeyo, con alianzas con sectores medios. Los sectores que ocupan ámbitos decisorios –los ministerios, las empresas públicas–, cambiaron su condición de clase y su condición étnica cultural de manera radical. En la estructura económica, ya no es la inversión extranjera la que dinamiza sino el Estado en primer lugar. Y en el ámbito ideológico cultural desaparecen del escenario las ideas neoliberales, que eran el centro del debate. Antes lo que decía la confederación de empresarios era casi como oír al Espíritu Santo, una misión del BID o del Banco Mundial era recibida como la llegada misma de los apóstoles a Bolivia... ahora pasan a una página perdida del periódico. Estamos más atentos a qué pasó con la confederación de campesinos, qué pasó con los cocaleros, qué pasó con la Cidob... Este es el nuevo escenario político. Y el imaginario en torno del cual partidos, dirigentes, universitarios y académicos organizamos la vida, es otro, es un trípode: plurinacionalidad, autonomía y economía plural, que organiza el imaginario colectivo de la sociedad. De izquierda a derecha, discuten y se mueven en este trípode: ése es el debate. Bloques de clase, formas organizativas de la decisión político-institucional e ideario colectivo de la sociedad; en ese sentido hay un nuevo Estado. Pero un nuevo Estado no anula las luchas, ni las contradicciones: simplemente las desplaza. Esas contradicciones de la sociedad ahora atraviesan también al Estado. Por eso entramos en una nueva etapa que hemos denominado de tensiones al interior de la sociedad y del Estado.

–Serían las “contradicciones en el seno del pueblo”...
–Sí, exactamente. Yo he optado por llamarlas “tensiones creativas” porque no son proyectos alternativos; en el momento en que las contradicciones den lugar a un nuevo proyecto de Estado y sociedad, serán antagónicas, pero no es el caso. Doy algunos ejemplos: nadie pone en duda que el Estado debe ser el principal generador y controlador del excedente económico del país. La discusión es cómo se lo usa. Unos dicen: “Hay que entrar rápidamente en la etapa industrializadora”. Otros dicen: “Sí, pero utilicemos buena parte del excedente para distribución salarial”. Sólo que en nuestro país no se discute tanto en los periódicos como en tiempos leninistas sino en marchas, movilizaciones, en el paro que te hago para afirmar la posición de un sector, de una región. Es un lenguaje más plebeyo, que transcurre en la calle y no tanto en lo literario... También ha empezado a surgir otro tipo de tensiones internas. El proceso de economía plural tiene que satisfacer necesidades básicas de la gente, pero también tiene que preservar el porvenir de la vida y de la naturaleza. Nosotros, que somos defensores de la Madre Tierra, tenemos que cabalgar en esa contradicción, hoy visible, pero que hace cuatro años no lo era, sin caer en la creencia de que los que vivimos en la Amazonia tenemos que cuidar el bosque para el mundo entero. Esa es una trampa imperial que las ONG nos quieren meter, porque en el norte siguen depredando todos los bosques. Pero hay un fondo justo: tienes que satisfacer necesidades básicas y materiales sin destruir el núcleo de la naturaleza. Otra contradicción interna se da entre el interés general y el particular, con los movimientos sociales que han creado con su acción colectiva la base de este proyecto general de sociedad. Pero en ciertos momentos se repliegan y comienzan a concentrarse en sus intereses locales y particulares. Cuando la Cidob reclamaba que las 17 millones de hectáreas expropiadas fueran sólo para los indígenas de tierras bajas, o cuando la COB nos pedía que las reservas internacionales, que son de todos, se utilizaran para los salarios de salud y educación, que son de pocos. Este repliegue a lo particular es temporal, luego la sociedad crea e impulsa nuevamente intereses comunes. Entonces éstas son tensiones creativas internas al propio bloque de poder, que no ponen en discusión el núcleo de plurinacionalidad, economía plural y autonomía. Pero el porvenir sigue siendo incierto, y será una obra de creación colectiva, de debate, de duda y de avance colectivo. Nadie tiene definido el horizonte, ni está esperándonos en la esquina el comunismo. Estamos entendiendo que así se hacen las revoluciones, así de complejas. Nadie está por encima de la historia. La historia es la acción viva de las personas.

–En este contexto, ¿cómo se inscribe la convocatoria a la cumbre plurinacional que ha realizado el gobierno?
–Ha sido imaginada como una amplia convocatoria de la sociedad civil. Obtuvimos el 64 por ciento de los votos, hay una Constitución, un programa de gobierno y un sentido común consolidado. Queremos discutir qué se modifica, dónde se acelera, cómo se profundiza. Se trata de eso. Aquí hemos convocado a la sociedad civil en su conjunto, la que está cercana, la que está lejana, hasta empresarios, a todos, para ver cómo profundizamos estos tres pilares ordenadores de la sociedad, la economía y el Estado.

–¿Cuáles son los desafíos pendientes en la actualidad?
–Hay dos espacios sociales particulares que requieren aún una larga lucha y transformación. En lo económico hemos dado un primer paso. Partimos de un poder económico extranjerizado y a través de las nacionalizaciones, la presencia del Estado en la economía, se ha logrado romper muchas relaciones de dependencia, de intermediación con los mercados internacionales, de usura, empoderando al productor en muchos lugares. Pero falta el segundo paso: cuando los productores asociados de soja, maíz o trigo, por caso, tengan su silo y puedan exportar o procesar. Tenemos experiencias; en Oruro, por ejemplo, a un empresario textil le fue mal, cerró y vino el Estado, les dio crédito a los trabajadores, se asociaron y han puesto en marcha la fábrica. ¿Cómo hacemos para que eso se expanda a otras áreas de la economía? El poder económico de la sociedad productiva, ése es nuestro sueño, nuestro siguiente objetivo. De las transnacionales al Estado y del Estado a la sociedad productiva. Pero es difícil. Les puedo contar experiencias de cómo el Estado construyó empresas que no pudieron ser administradas por los que las habían pedido, y tuvieron que volver al Estado. Porque no había capacidad de gestión, ni disciplina interna. Por mucho que el Estado tenga buena voluntad, depende de la experiencia de la sociedad. Bolivia tiene una experiencia sedimentada en control de tierra comunal en términos de propiedad, pero no hay una base comunal en términos de producción directa, que es familiar e individual. ¿Cómo se pasa hacia una producción más colectiva y a una administración más común? Ahí tenemos una gran tarea, de construcción de formas comunitarias de economía, poder económico-social. El otro espacio de lucha pendiente es en el ámbito cultural. Hay un sentido común social, ésa es una victoria, pero el control material de los medios sigue siendo privado y muy afincado en las antiguas elites políticas. Las principales cadenas de televisión aquí en Bolivia están en manos de los que hace 5 años estaban en el Parlamento y en el gobierno. Están en la política mediática, con mucha incidencia, con discurso ultraconservador, histérico. ¡Pongan los noticieros y van a creer que están en Irak! Cuando hay conflictos intensos, este histerismo parece ordenar el mundo; pero cuando no hay tantos conflictos, queda ahí, como una telenovela más. Ahí hay dos batallas que dar.

–¿Cómo se origina el conflicto con los pueblos indígenas del Oriente?
–Desde que se formó el MAS, el núcleo organizativo de lo indígena y lo popular ha sido lo aymara-quechua, dos naciones que representan el 58 o 60 por ciento de la población en Bolivia. Los indígenas de tierras bajas de la Amazonia representan el 2 o 3 por ciento de la población y componen además numerosas naciones en su diversidad identitaria. Siempre ha habido un esfuerzo, no exento de complicaciones, de las regiones indígenas mayoritarias para articular con los pueblos indígenas del Oriente amazonil. En la asamblea constituyente se dio un debate muy intenso entre la lógica más peticionista y autonomista de los indígenas de tierras bajas, y la lógica más de conducción del Estado, de las tierras altas. En tierras altas ha desaparecido la hacienda, no hay atisbo del viejo señor dueño de la vida, de los sueños de la gente. En el Oriente, aunque hay una revolución silenciosa en ciertas zonas, lo que es el Beni, Pando, todavía las jerarquías son muy fuertes y ahí lo que ha hecho el gobierno es impulsar la presencia del Estado, para acelerar la ruptura de estas jerarquías tradicionales. Cuesta, porque es la tercera parte del territorio de Bolivia. Y ahí nuestros indígenas líderes de tierras bajas juegan de distinta manera: a veces en alianza franca, directa, con indígenas de tierras altas, otras con los propios patrones...

–¿Allí aparece la resistencia a la construcción de la carretera en el Tipnis?
–Antes del problema del Tipnis ya se había dado la fisura, en Santa Cruz y en el Beni. Es algo que no se conoce mucho. A comienzos de 2011, en Santa Cruz, los pueblos indígenas de tierras bajas deciden aliarse con los partidos conservadores, los verdes, para tomar el control de la asamblea legislativa departamental y aislar al MAS. Estas alianzas estuvieron basadas en la incorporación de dirigentes en la Secretaría de Asuntos Indígenas de la gobernación, algo a lo que siempre nos habíamos opuesto. Ahí se quiebra el Cidob. Lo del Tipnis se produce a continuación de esta ruptura. Pasó algo similar en el Beni, pero allí, como las relaciones sociales son más duras, más agresivas, funcionó un esquema de sobornos. Algunos dirigentes filmaron los sobornos a los diputados indígenas para que rompieran con el MAS... Todo un escándalo judicial, con sentencias aún pendientes. Ahí se detuvo esta estrategia de quebrar la alianza entre indígenas y el MAS. En Santa Cruz se logró, en el Beni no se logró.

–¿Y cómo piensan encarar la política para reconstruir alianzas con los que se alejaron?
–No es algo resuelto. Nuestra intención es volver a restablecerlas. Aunque la propuesta de aliarse con los verdes no resulta lo más óptimo, los compañeros se siguen moviendo en el ideario de la plurinacionalidad. Sostienen que no han sido suficientemente incorporados al esquema.

–Hay quienes afirman que en el gobierno, el presidente Evo y particularmente usted tienen un estilo intransigente, “jacobino”...
–Por lo general, hay dos modos de ingreso al gobierno: para enriquecer a los propios o para que sea una herramienta al servicio del beneficio del país. Las elites utilizan el gobierno para potenciarse como clase y mejorar su situación familiar, colectiva. Cuando un revolucionario, o un profesor universitario con otro tipo de ideas, es parte del gobierno, ¿para qué lo hace? Tiene que ser en función de un ideario. Esta es una primera división. Pero también se puede estar en el gobierno en función de ideales, aunque conteniéndolos por temor a los efectos que puedan tener en otros. Un poco Carlos Mesa es el ejemplo, un hombre honesto cuando fue presidente. Pero además hay que tomar decisiones. Y las decisiones tienen sus efectos, nada hay inocente en el mundo del gobierno y del Estado. En lo personal, así he asumido las cosas: para cambiar lo que está mal hay que afectar a otros. Si no, sería hipocresía. ¿Cómo un gobierno puede nacionalizar sin afectar a las compañías extranjeras? No te darán un abrazo, ni te invitarán a sus reuniones...

–Por eso insisten en el consenso con lo que ya existía, con el statu quo...
–¿Cómo vas a hacer consenso con ellos? Imposible. Haz consenso con los tuyos. Y eso hicimos. Cuando dijimos “vamos a nacionalizar”, algunos compañeros dijeron “expropie sin indemnizar”. Nosotros planteamos: “Señores, este gobierno va a nacionalizar indemnizando”. Y ganamos la discusión. Consenso con los tuyos y con los que no son los tuyos, acción directa. Y así hemos ido procediendo en distintas medidas. Hay otros momentos en que el espacio de legitimación estatal te permite tomar la misma medida, pero aplacando las resistencias, lo comunicas de la mejor forma posible. Pero en el fondo sabes que lo vas a hacer. Y no hay manera de sobornar. ¿Cómo van a sobornar a un tipo de ideales? Eso es quizá lo que observan algunos compañeros: antes se negociaba la decisión en función del dinero, fidelidades, compromisos. Es el caso del incremento del precio de la gasolina. Creíamos y seguimos creyendo que beneficiaba a Bolivia, habíamos consultado antes, lo sabía la COB, lo sabían los del transporte. Tomamos la decisión y vimos el rechazo, nos equivocamos y retrocedimos, claro. Pero se tomó porque era necesario para Bolivia, no para beneficiar a una empresa vendedora de gasolina. El presidente Evo y yo entramos al gobierno con esa convicción. Luego tienes que buscar que el que ha sido afectado no se aleje tanto, ver cómo lo recuperas o lo neutralizas. Y no puedes dudar. Si tú dudas en función de Estado y muestras debilidad, todo se viene encima. El Estado tiene sus formas, exige una representación del propio poder, por muy amplio que seas en la discusión, en la reflexión y en la consulta. Es parte de la propia retórica, de la propia catequesis del Estado. No debiera ser así, pero va a funcionar así un buen tiempo, porque así viene funcionando también hace un buen tiempo. Si no lo haces así, se te erosiona el principio de autoridad, por muy colectivamente que lo hayas construido.
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Lunes, 16 Enero 2012 07:34

Dilma tiene prisa por superar el 2011

Dilma tiene prisa por superar el 2011
Un balance de su primer año de gobierno muestra que la economía creció por debajo de lo previsto. La mandataria exigió la renuncia de seis ministros acusados de corrupción. Esta semana se reunirá con su gabinete y pedirá datos y proyectos.

Desde Río de Janeiro


De manera discreta, sin fiestas ni discursos, el 1º de enero Dilma Rousseff cumplió su primer año como la primera mujer en presidir el mayor país de América latina. Había al menos dos buenas razones para celebrar. Una: los sondeos de opinión pública muestran que ella superó, en aprobación popular, a sus dos antecesores, Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inácio Lula da Silva, en sus respectivos primeros años de mandato. Otra: en los estertores de 2011, Brasil superó al Reino Unido y se transformó en la sexta economía del mundo. Es verdad que más por deméritos de los británicos que por méritos propios, pero la noticia merecería festejos. Austera y rígida en sus actitudes, Dilma Rousseff prefirió dejar la alegría para algunos de sus ministros. Y aprovechó para pedirles datos, medidas e iniciativas para el nuevo año.

El balance que la presidente hace de su primer año muestra vacíos y frustraciones que ella cobrará de sus ministros en tres reuniones convocadas para esta semana, de jueves a sábado. Los ministerios fueron divididos en tres grupos, ya que reunir a todos –38– sería improductivo. Las preocupaciones de Dilma son conocidas: los efectos de la crisis internacional, que es más persistente de lo esperado, y cómo evitar las fallas de gestión de este primer año, que tuvo largos períodos de turbulencia interna.

Por esos días algunos de los ministros de Dilma serán reemplazados. No hay pistas de cuándo, ni de cuáles. Luego de haber sustituido a siete integrantes de su gobierno en su año de estreno –uno por hablar tonterías de manera incontinente; seis por sospechas de corrupción– se llegó a especular que ahora en enero habría cambios radicales, con la fusión de algunas carteras, la supresión de otras, y que finalmente Dilma montaría un gabinete a su imagen y semejanza, sin las imposiciones de Lula y de sus aliados.

De ella nadie oyó nada nunca. Los rumores se fueron debilitando, las presiones de aliados siempre ávidos por puestos y presupuestos también, y al final nadie espera más que cambios puntuales, con ministros saliendo para disputar alcaldías en octubre y algún otro cuyo desempeño haya sido apenas sufrible.

Sin embargo, por detrás de esa serena rigidez se trabó un combate duro. Las intrincadas y confusas reglas del sistema político brasileño obligan a los presidentes a armar alianzas contradictorias, donde prevalecen intereses muchas veces oscuros en lugar de programas compartidos. No se trata de convergencias ideológicas o programáticas, sino de convergencias de ambiciones muy poco republicanas. Es un caso rarísimo de gobierno formado por cuotas de los partidos y por cuotas del presidente, o sea, queda muy claro que el mandatario no elige a su gusto quién integrará su gobierno. No hay cómo escapar de la trampa y Dilma supo aprender rápidamente esa y otras lecciones. Heredó una estructura del tamaño de un elefante –son 38 ministerios, la mayor parte de ellos sin otra función que la de agradar a correligionarios y abrigar a víctimas de derrotas electorales–, y es con ella que tendrá que seguir hasta el final.

Un balance sumario del primer año de Dilma en la presidencia muestra que la economía creció por debajo de lo previsto (alrededor de 3%), gracias en buena medida a la política fiscal impuesta por el gobierno. De salida, se impuso un ajuste drástico al presupuesto de la Nación (fueron congelados 50 mil millones de reales, unos 28 mil millones de dólares), disminuyendo sensiblemente las inversiones públicas y los gastos gubernamentales. Otros factores –la crisis global, las elevadas tasas de interés aplicadas por el Banco Central, la caída del dólar en los mercados internacionales– terminaron por contribuir de manera efectiva para el tímido desempeño de la economía.

De todas formas, la inflación quedó dentro de la meta prevista, y se espera que este año la economía vuelva a crecer de manera más robusta.

En los próximos días, más que nombres de nuevos ministros se sabrá el tamaño del corte que Dilma Rousseff impondrá al presupuesto nacional aprobado por el Congreso hace poco más de un mes. La sacrosanta entidad llamada mercado espera un ajuste de unos 60 o 70 mil millones de reales (entre 34 y 39 mil millones de dólares). En Brasilia, se dice que esos números son meras especulaciones que indican más la presión del mercado que tendencias dentro del gobierno. Dilma quiere un ajuste menor, para que el gobierno tenga recursos para retomar inversiones públicas y preservar programas que poco anduvieron en su primer año.

Asesores cercanos a la presidente reiteran que las incertidumbres de la economía europea y la gravedad de la crisis global son factores que podrán entorpecer los programas de gobierno. Dilma tiene esa preocupación y determinó a su equipo económico que encuentre alternativas.

En ese inicio de año, la presidente da muestras de que tiene prisa. Los ministros convocados para las reuniones de esta semana recibieron instrucciones precisas: todos deberán comparecer con los datos detallados de lo que hicieron en 2011. Será la primera prestación de cuentas de un desempeño que, por una razón o por otra, quedó por debajo de lo que Dilma Rousseff había previsto.
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México, un país con gobernadores virreyes

El próximo presidente de México tendrá que ser un mago, o un héroe, o un hombre con mucha suerte. México entró en el año electoral con una avalancha de malos índices económicos, reformas políticas postergadas, bloqueo institucional, la crisis que golpea a su gran vecino norteamericano y un tendal de más de 50 mil muertos que dejó la guerra contra el narcotráfico desatada por el actual presidente Felipe Calderón hace seis años. Calderón concluye su mandato con las elecciones del próximo mes de julio sin haber cerrado el volcán que destapó con la narcofensiva. Las elecciones de julio tienen casi su propia dinámica: la democracia contra el imperio del narco. Las cifras, oficiales o no, hielan la sangre de un país amable e hiperactivo: un muerto cada media hora, lo que da 48 por día y un total que avecina las 12.000 ejecuciones a lo largo de 2011. La narcoviolencia es una condena diaria que flota sobre la cabeza de México. Los carteles de la droga que ya controlan la mitad del país tendrán un papel decisivo en las elecciones presidenciales del próximo 1º de julio, sea porque se apoyarán en las amenazas o las intimidaciones, sea porque comprarán a los candidatos, sea porque los partidos pactarán en secreto con ellos. La democracia mexicana enfrenta un reto doble: no sólo dar bienestar y trabajo, sino seguridad.
 

Después de dos mandatos consecutivos, el católico y centroderechista Partido Acción Nacional (PAN) se presenta a las elecciones con una imagen degradada. El panista Vicente Fox dirigió el país entre el 2000 y el 2006 y Felipe Calderón entre el 2006 y el 2012. Ambos mandatos quebraron la hegemonía que el Partido Revolucionario Institucional, el PRI, había mantenido durante más de 70 años. México amaneció en el año 2000 en plena alternancia pero aquella “revolución democrática” conducida por el PAN dejó un hondo descontento. El sistema se aprovechó de la alternancia para convertir lo que los mexicanos llamaban “una República imperial”, es decir, el presidencialismo, en un país con índices de violencia y corrupción superiores a los de antaño. La gran mayoría de los analistas locales coincide en sus visiones históricas. Cuando el PRI dejó el poder y las instituciones democráticas dejaron de ser un simple decorado, en vez de reforzarse el sistema democrático se quebrantó en beneficio del poder local de los gobernadores de los 32 estados de que consta el país. Los narcos se metieron en ese intersticio y dislocaron al país sembrando un reguero de muerte y corrupción cuyos niveles superan la guerra de Vietnam, la represión de las dictaduras de los años ’70 y ’80 y el mismo conflicto colombiano. El viaje de los últimos 12 años fue de la ilusión al desencanto y a la extrema violencia.
 

El sociólogo Emilio Alvarez Icaza Longoria, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y actual integrante del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad del poeta Javier Sicilia, reconoce que la situación actual se fue plasmando en un contexto muy poco esperado. “Después del 2000 y con las transformaciones a que dio lugar la derrota del PRI, los gobernadores locales empezaron a tener una dinámica de pequeños virreyes. Así se pasó de la presidencia imperial a los gobernadores virreyes. Esa dislocación del sistema político, asociado a fenómenos internacionales donde México dejó de ser un lugar de tránsito de la droga para convertirse en un productor, explica el panorama actual. Este fenómeno es clave porque generó una pelea por los mercados y una disputa territorial. Ello llevó a los carteles a negociar con los gobernadores y a penetrar los organismos de seguridad.” El presidente que salga electo en julio hereda ese tributo, más una economía estancada, reformas esenciales –fiscal y laboral– que duermen en el cajón, corrupción y porcentajes de pobreza elevadísimos. El 60 por ciento de la población trabaja en el sector de la economía informal. El PAN aún no designó a su candidato. Recién se sabrá en febrero a quién apoyará el presidente Calderón. Los sondeos ubican hoy a Josefina Vázquez Mota, ex ministra de Educación, en la línea sucesora. Pero el PAN se enfrenta al desasosiego del electorado, al retorno del PRI al primer plano y a la fuerza vigente de la izquierda, el PRD, Partido de la Revolución Democrática, y su candidato Manuel López Obrador.
 

El PRI y el PRD son dos movimientos con sed de venganza. El primero busca recuperar su honor tras 12 años en la oposición, el segundo aspira a cobrarse la derrota de 2006 cuando Felipe Calderón se llevó la presidencia por un margen mínimo y en medio de sospechas de fraude organizado. El PRI avanza con alas nuevas, un candidato joven y carismático, Enrique Peña Nieto, y los sondeos que le otorgan cerca de 20 puntos de ventaja sobre los demás aspirantes a la presidencia. Enrique Peña Nieto es el gobernador del Estado de México, el más poblado de la República, y, según lo admite él mismo, lleva años diseñando su traje presidencial. Su juventud le da al PRI un rostro nuevo y desconectado de las argucias del partido de caciques que fue el PRI. Peña Nieto asegura que el PRI está en condiciones de asumir el reto democrático y que no pactará con el crimen organizado. Es difícil creerle, a él o a cualquier otro candidato. Los narcos tienen una influencia enorme en México y ocupan además un lugar de predilección en el imaginario popular. La célebre actriz Kate del Castillo le envió un tweet al más poderoso de los narcos, Joaquim Guzmán, alias El Chapo, jefe del Cartel de Sinaloa. El tweet de Kate del Castillo decía: “Sr. Chapo, no estaría padre que empezara a traficar con el bien? Con las curas para las enfermedades, con comida para los niños de la calle, con alcohol para los asilos de ancianos que no los dejan pasar sus últimos años haciendo lo que se les pegue la reverenda chingada, con traficar con políticos corruptos y no con mujeres y niños que terminan como esclavos? Con quemar todos esos “puteros” donde la mujer no vale más que una cajetilla de cigarros, sin oferta no hay demanda, anímese don, sería usted el héroe de héroes, trafiquemos con amor, usted sabe cómo”.
 

Pocas dudas caben de que Peña Nieto para el PRI y Manuel López Obrador para la izquierda del PRD serán quienes disputen la final. Obrador ha sido capaz de sobrellevar la derrota del 2006, cuando perdió por apenas 0.56 por ciento de los votos, y mantenerse vigente como opción, dentro y fuera del PRD. Obrador es un caso inédito. Durante seis años no ocupó ningún cargo público, ni bancada de legislador, ni tampoco fue líder de su partido. Sin embargo, se quedó prendido en buena parte del corazón de la izquierda mexicana. El hombre del PRD supo preocuparse por la gente antes que por las disputas partidarias y también articular su acción a través de un sólido movimiento social como Morena, Movimiento de Regeneración Nacional. El Morena es una suerte de puente entre la sociedad y la acción política cuya existencia es una consecuencia de la acción del mismo Obrador. En 2006, luego de la derrota, el candidato del PRD convocó a multitudinarias manifestaciones en el centro histórico de México, el Zócalo. Allí nacieron las Asambleas y la Convención Nacional Democrática. En el Zócalo, Obrador se autoproclamó “presidente legítimo”. Su gobierno paralelo llegó a contar con cerca de un millón y medio de afiliados. De ahí en más formó el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, que se opuso a la reforma petrolera impulsada por Calderón, y luego integró el Movimiento en Defensa de la Economía Popular, con el cual enfrentó el aumento de los impuestos del 2009. Morena desciende directamente de ese magma de movimientos sociales y asociaciones civiles que le dieron a Manuel López Obrador una base profunda, al tiempo que lo mantuvieron políticamente vivo a lo largo de seis años. El PRI o el PRD, dos opciones, dos países con un enemigo común: la narcoviolencia.
 

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Miércoles, 11 Enero 2012 07:28

¡Good luck, Nigeria!

¡Good luck, Nigeria!

En marzo del año pasado, Muammar Kadafi se dirigió a los estudiantes de Abuja, Nigeria, como invitado especial. Durante su tendido discurso, el coronel diagnosticó a Nigeria como un país con profundas divisiones religiosas y recomendó como ideal separar totalmente el norte musulmán y pobre del sur cristiano y adinerado. O sea, inventar otro país.
 

Es que en Nigeria, como en muchas regiones de África subsahariana, el origen de los conflictos siempre era otro, quizá mundano o tradicional. Las etnias igbo, al sureste, yoruba, al suroeste, y hausa, al norte, han compartido el vecindario que hoy es Nigeria desde antes de Cristo y Mahoma. Sus conflictos, sangrientos sin duda, giraban sobre el hurto de ganado o el secuestro de mujeres o niños. Hasta recientemente cada etnia contribuía a gritos y amenazas al dinamismo político del vecindario.
 

En Nigeria, la división religiosa nunca había sido factor conflictivo, a pesar de que la mayoría de la población norteña practica el Islam y en el sur domina el cristianismo. Aun con esta distinción, miembros de las dos religiones, que son fundamentalmente pacíficas, viven por todo el país, atienden las mismas escuelas, comparten baños y butacas en los estadios de futbol, y hasta se casan unos con otros. Era de esperar que el factor étnico determinara la unión o la distancia entre nigerianos, nunca la fe. Ahora el asunto es diferente. Dioses están de por medio.
 

Boko Haram, el grupo responsable de los ataques a las oficinas de la Organización de Naciones Unidas en Abuja, capital nigeriana, y a iglesias durante la misa de Navidad, son la razón por la cual las fronteras del norte de Nigeria han sido cerradas y el presidente nigeriano, Goodluck Jonathan, ha llamado un “estado de emergencia” para controlar el país.
 

Boko Haram, que se traduce del hausa como “la educación occidental es pecado”, por dos años ha pretendido tomar el control del norte del país para implementar la ley sharia, de acuerdo con la doctrina del Corán.
 

La estructura opaca de Boko Haram y su clandestina e indeterminada manera de reclutamiento dificulta la estrategia del gobierno nigeriano para combatirlos. A pesar de su violencia, el grupo se ha expandido por el norte de Nigeria, obteniendo popularidad ante la negligencia del gobierno para asistir a esta región, que cuenta con 72 por ciento de los nigerianos que viven con 1.25 dólares al día.
La capacidad de un gobierno para reflexionar críticamente sobre sus propios problemas antes de actuar es signo de progreso. Pero, parecida a la estrategia impulsiva empleada por México, Nigeria ha militarizado el problema. La estrategia militar es duramente criticada por la élite y los analistas de Nigeria, ya que con ella no se puede combatir las raíces del grupo, que se alimentan más de las molestias sociales y políticas que de ideologías separatistas o religiosas.
 

La respuesta de Boko Haram es un ultimátum a los cristianos del norte: o se van al sur o mueren.
 

Pero esto no es lo peor. Nigerianos en todo el país cuentan con sólo unas horas de electricidad al día. el desempleo llegó a 21 por ciento en 2011, la inflación se incrementó, el interés en préstamos de bancos es de 12 por ciento.
 

Aunque el cerebro del coronel Kadafi ya no genere ideas electrizantes, la mente del presidente nigeriano Goodluck Jonathan está revolucionada. Su primera iniciativa efectiva este año fue detener el subsidio al sector petrolero, lo cual vio el incremento del litro de gasolina de 0.4 a 1.1 dólares en un país donde más de la mitad de la gente vive en menos de un dólar al día, la mayoría apretujada en el norte.
 

El impacto de esta nueva iniciativa en la economía familiar, conjuntado con la amenaza inmediata de Boko Haram, no permitirá aliento para un diálogo de paz.
 

O se hace algo o Nigeria se volcará sobre las calles a pesar de los vientos furiosos y radicales que la golpean. De perderse en el caos, las repercusiones en la región son incalculables. En este momento, quizá más que ninguno en la memoria reciente, lo principal es gobernar a este país con sensatez y ecuanimidad.
 

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Martes, 10 Enero 2012 18:42

Racismos, incendios y dictaduras

Racismos, incendios y dictaduras
Los senderos de la memoria son inextricables, como el canto de los búhos en las sombrías noches de invierno. No se sabe de dónde viene y tampoco hacia dónde se dirige aquel ulular oscuro y melancólico que parece buscar compañía, pero – en realidad – sólo esconde los misterios del universo en la caverna del olvido. Porque, los humanos no entienden la memoria sin el olvido y aquellos en el poder se encargan de tanto en tanto de recordarnos que es mejor olvidar que develar los secretos de la historia que son sus propios secretos. Terribles y feroces son, como el miedo a que se descubran y redescubran, escriban y re-escriban los racismos, incendios y dictaduras de las clases dominantes que de tanto ocultarlos han terminado por hacer creer a muchos que jamás existieron. Pero, a pesar de oligarcas de antiguo o nuevo signo,  en el barco de la memoria siempre viajan marineros irreductibles que guardan en ánforas de plata recuerdos dolorosos de la barbarie de aquellos que  dicen haber construido la república en nombre de la civilización o que, un siglo después, claman haber restaurado la democracia en nuestro país, instalando sólo un régimen militar y no una dictadura. Son los mismos que llaman terroristas a los mapuche mientras los asesinan a balazos.
 
Pero digamos las cosas por su nombre: aquí no hay nada nuevo. Basta con hurgar la superficie de nuestra historia para exhumar aquello que se ha pretendido esconder por vergüenza o descaro. Entre ellos, el racismo entronizado en las elites chilenas que es de larga data y que se ha transformado en ideología y en política pública desde los orígenes de la república que, por lo demás, nada tuvo de democrática. Sin embargo, tuvo un parlamento elitista, excluyente y oligárquico que permitía que un connotado intelectual y político, como lo fue Benjamín Vicuña Mackenna, declarara, refiriéndose a los mapuche,  que el indio no era  “…sino un bruto indomable, enemigo de la civilización porque sólo adora todos los vicios en que vive sumergido, la ociosidad, la embriaguez, la mentira, la traición y todo ese conjunto de abominaciones que constituye la vida del salvaje…”. Aunque tenía la delicadeza de señalar que “la conquista no quiere decir bajo ningún concepto exterminio; y que bien puede subyugarse a los indígenas sin matarlos”. El objetivo, sin duda, era apropiarse de territorio mapuche para – como planteaba claramente el Diario El Mercurio en 1859 – “formar de las dos partes separadas de nuestra República un complejo ligado; se trata de abrir un manantial inagotable de nuevos recursos en agricultura y minería; nuevos caminos para el comercio en ríos navegables y pasos fácilmente accesibles sobre las cordilleras de los Andes…en fin, se trata del triunfo de la civilización sobre la barbarie, de la humanidad sobre la bestialidad”.
 
Ni para Vicuña Mackenna ni para El Mercurio importaban los mapuche, por el contrario, constituían un estorbo para lo que se consideraba el desarrollo y el progreso chilenos. Es lo mismo que acaeció más de un siglo después cuando se fomentó la expansión de la industria forestal en territorio mapuche, acrecentándose el despojo de este pueblo originario, después de todo, como sostuvo Juan  Agustín Figueroa, ex ministro de Agricultura de la Concertación, a los mapuche hay que reciclarlos.
 
Como la basura, suponemos, como desperdicio o limpieza étnica, suponemos, como la limpieza que se hizo con sus tierras para allí instalar colonos extranjeros en el siglo diecinueve, porque el más grande incendio de que se tenga memoria en nuestro país no lo provocaron ni los mapuche ni turistas ni ciudadanos comunes y corrientes, sino que el Estado de Chile. Claro, porque la colonización del sur de Chile fue una política de ocupación impulsada desde el Estado con  grandes recursos económicos e institucionales. De hecho, el presidente Manuel Montt designó a Vicente Pérez Rosales como agente de Colonización de Valdivia y Llanquihue y éste último procedió, no sólo a facilitar  la llegada de alemanes y otros inmigrantes europeos, sino que a arrasar el bosque nativo, incendiando la selva valdiviana  para desbrozar el territorio y hacerla apta para la agricultura y el usufructo de los europeos. Una vez más, no importó que allí habitaran los mapuche quienes, nos imaginamos, contemplaban estupefactos como ardían sus tierras, lugares sagrados y espacios de reproducción cultural.
 
Los  incendios fueron un acto de terrorismo de Estado, como lo fueron las violaciones de los derechos humanos verificados en Chile durante la dictadura militar. Por lo mismo, el cambio que pretende realizar el gobierno en los textos escolares para suprimir el término dictadura por el de régimen militar no es algo inocente. Es un peligroso giro ideológico que busca obliterar la memoria y seguir escondiendo los feroces secretos de las clases dominantes, como siempre lo han hecho. Loreto Fontaine, coordinadora nacional de la Unidad de Currículum y Evaluación del Ministerio de Educación ha sostenido que “el cambio es de índole más general. No se refiere sólo a una palabra sino a enseñar a pensar”. ¿A enseñar a pensar qué? ¿Qué no existieron los torturados, los asesinados, los presos, las mujeres violadas, los desaparecidos? ¿Qué no se vivieron y sobrevivieron 17 años de represión y terror?
 
Puede que los caminos de la memoria sean sinuosos y que aquellos en el poder intenten de cualquier manera esconder sus secretos, pero en el barco de la memoria siempre viajan marineros irreductibles que conservan en sus vetustos recuerdos la verdad oculta: que el  Estado ha provocado más incendios que nadie; que el racismo aflora todo el tiempo, ya sea en la vinculación de los actuales y lamentables incendios en el sur con la causa mapuche – sin prueba alguna – o en la aplicación de la Ley anti-terrorista a los mapuche cuando, simultáneamente, se pretende blanquear la historia reciente eliminando por decreto a una  dictadura terrorista de las aulas de clase. Si hay que hablar de racismos, incendios y dictaduras, hay que decir las cosas por su nombre.
 
Enero 2012
 
Por Dr. Tito Tricot  sociólogo, director del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe (CEALC),  Chile
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Martes, 10 Enero 2012 11:46

Goldman Sachs gobierna España

Goldman Sachs gobierna España
Apoco de andar el siglo XXI, las pistas son esclarecedoras. Ya nadie se llama a engaño. La crisis ha sido una buena excusa para desarticular el pobre Estado de bienestar que acompañó el llamado milagro español, que –todo hay que decirlo–, era más paternalista que afincado en políticas keynesianas de redistribución de la renta y pleno empleo. Su origen lo encontramos en los gobiernos tecnócratas, conocidos popularmente como gobiernos del Opus Dei. Fue el momento de la modernización del franquismo. No será la vieja guardia franquista quien se siente en los consejos de ministros a partir de fines de los cincuenta del siglo XX. La nueva camada del franquismo muta hasta hacer imperceptible la ideología fascista que la precedía. Muchos de sus cachorros no compartían sus aspectos más repulsivos, la tortura y represión. Con un discurso ambiguo, a la muerte del dictador, 1975, son quienes dan vida a reforma política. Ya nada se les resistía. Franquistas de corazón, crearon una realidad ficticia para impedir la ruptura democrática. Su estrategia fue señalar la existencia de un búnker político donde se agazapaba el franquismo y cuyo poder radicaba en el control sobre las fuerzas armadas creadas por la dictadura fascista. Identificado el enemigo, el resto eran aliados y compañeros de viaje en la transición. Lo inteligente, para evitar un golpe de Estado, era aislar a la oligarquía política y apoyar a la burguesía reformista. Cualquier otra opción estaba fuera de lugar. El capital financiero e industrial brindó su apoyo y financió la aventura política, en esa época agrupados en la Trilateral. Así surge el periódico El País, dirigido por Juan Luis Cebrián, franquista pragmático de última generación. Los gobiernos de Adolfo Suárez contaron con sus parabienes. Cuando ganó el PSOE, en octubre de 1982 –recuérdese, tras el golpe de Estado apoyado desde la Casa Real, conocido como la operación De Gaulle–, se ratificaron los acuerdos con el Vaticano, se renunció a la reforma agraria, tanto como a una restructuración del sistema universitario y educacional, cuestión que sigue pendiente en pleno siglo XXI y, lo más destacado, se dio el visto bueno a la OTAN y la CEE.

El mito de la derecha golpista y el búnker había cumplido su objetivo y podía ser desechado. Tras la caída de Adolfo Suárez se disolvió la Unión de Centro Democrático y se formó el Partido Popular, cuyo primer presidente, considerado hasta ese momento el más franquista de los franquistas vivos, Manuel Fraga Iribarne, se transformó en un político de centro derecha, padre de la Constitución y demócrata convencido. El nuevo partido, apellidado "popular", será la suma de socialcristianos, democristianos, liberales, conservadores, falangistas y franquistas. Su aparición busca atraer a las nuevas generaciones de la derecha española. Es el llamado peregrinaje al centro. Tras años en la oposición, el mal hacer de los últimos gobiernos de Felipe González y el PSOE, con los escándalos financieros, los GAL y la corrupción, facilitó su llegada al gobierno de la nación; corría el año 1996.

José María Aznar, político gris, se transformaría en el primer presidente de gobierno de la derecha posfranquista. Su llegada no alteró el itinerario diseñado por los grupos económicos y empresariales. Todo marchaba según lo previsto. Los cambios introducidos estaban a tono con los tiempos. Privatizaciones, desregulación y reforma del mercado laboral. La profundización de la receta neoliberal, impulsada en tiempos del PSOE, supuso un aumento de la conflictividad social y varias huelgas generales. Pero nada debutó la máquina. Haciendo oídos sordos, los políticos continuaron el itinerario marcado por el capital financiero, cuyo costo fue el recorte de derechos sociales, políticos y económicos de las clases trabajadoras.

Bajo la última etapa expansiva del capitalismo central, las reformas neoliberales se justificaron como necesarias para no perder el tren del progreso. Aznar se vanagloriaba de ser el alumno más listo de la clase, cumplía a rajatabla los designios del G-7, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Los empresarios, contentos, y la clase política obtenía matrículas de honor. Nadie se planteó quién era el profesor y cuál el plan de estudio. Aznar, alumno modelo, no formaba parte del claustro de profesores. Ni sus deseos de figurar y sentirse protagonista durante la segunda guerra del Golfo cambiaron su estatus; siguió siendo un alumno sumiso. Al final de su etapa, la burbuja financiera e inmobiliaria que sostenía la endeble economía española campaba a sus anchas. Crecía sin oposición alguna. La banca Sachs se frotaba las manos. Con la entrada de José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004, las grandes empresas trasnacionales, clientes de Goldman Sachs, terminan por actuar bajo sus principios. En Estados Unidos Goldman Sachs ya gobernaba. La crisis la hizo más grande. En medio de la algarabía de las hipotecas basura y las primas de riesgo, pasaron a la ofensiva. Era el momento de invertir la relación entre poder económico y el político. Ahora serían ellos quienes asumieran directamente el poder formal. Sus asesores y empleados pasarían a ser secretarios de gobierno, ministros, diputados, etcétera. Los parlamentos se transforman en comparsas y bailan a ritmo de Telefónica, Repsol, Iberdrola, BBVA, Santander y su valedor Goldman Sachs. Nada más comenzar la recesión en España comenzaron a dar órdenes un gobierno débil y sin personalidad. Las reformas laboral y de pensiones, junto al despido libre y el trabajo basura se imponen sin rechistar. El triunfo del Partido Popular encumbra a un partido dependiente del Banco Central Europeo y la dupla Merkel, Sarkozy a Mariano Rajoy, otro alumno modélico, como inquilino de La Moncloa. Y para que no queden dudas de quién gobierna en España, nombrará a un asesor de Goldman Sachs como ministro de Economía. Y como señala el manual del banco, el ascenso de sus empleados "depende sólo de su capacidad del rendimiento y de la contribución al éxito de la empresa... No hay sitio entre nosotros para los que anteponen sus propios intereses a los de la firma... El lucro es importante para nuestro porvenir". Ya sabemos quién manda en España: Goldman Sachs, conocido bajo el apodo genérico de "los mercados". Corren malos tiempos para la ética política.
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