Un manifestante sostienen un cartel frente a la Casa Blanca.Foto Afp

"Cuando comiencen los saqueos, comienzan los disparos"

 Protestas se extienden a 10 ciudades de todo el país

 

Nueva York. Una vez más estalla la ira ante la violencia oficial sistemática contra la comunidad afroestadunidense, con otro grito de "ya basta" escuchado desde Minneapolis a varias ciudades del país.

El presidente Donald Trump amenazó con enviar tropas y disparar contra los amotinados.

“Hay una revuelta porque la policía no nos protege como dicen que hacen… Estamos perdiendo a seres queridos todos los días. No somos nosotros, es la policía, esta es la locura que ellos provocaron. Si quitas (la vida) a un ser querido, tienes mucha gente adolorida. Y esto no se acaba hoy. Nosotros no somos los que no estamos matando, esos son ustedes. No podemos hacer un cambio si ustedes no cambian”, declaró un joven adolescente en las calles de Minneapolis durante la revuelta de furia la noche del jueves y madrugada del viernes en entrevista con videorreporteros.

El caso que detonó la nueva ola de furia –sólo uno de incontables– ocurrió el lunes pasado en Minneapolis cuando un policía blanco, acompañado por tres oficiales más, arrestó a George Floyd, un hombre afroestadunidense acusado de un delito no violento, sujetándolo con esposas en un estacionamiento donde lo hizo tirarse al piso, se hincó sobre su cuello por varios minutos, mientras el detenido exclamaba: "no puedo respirar". Murió poco después. "Fue una ejecución pública", declaró un observador.

Aunque los cuatro policías fueron despedidos, el culpable no fue arrestado hasta este viernes y sólo después de las revueltas y demandas por todo el país. Derek Chauvin, cuya imagen con su rodilla sobre el cuello de Floyd se hizo viral, fue acusado de homicidio; su tres colegas están aún bajo investigación.

Las protestas estallaron por tercer día el jueves y la madrugada del viernes en Minneapolis, las cuales fueron enfrentadas con gases lacrimógenos y balas de goma de la policía provocando una revuelta civil que el jueves culminó con la ocupación de un cuartel policial en uno de los barrios más afectados por la violencia oficial, que fue incendiado mientras las fuerzas de seguridad huyeron.

Las autoridades declararon un estado de emergencia en la ciudad, y se desplegaron elementos de la Guardia Nacional. El alcalde Jacob Frey declaró un toque de queda de las 20 horas el viernes a las 6 de la mañana del sábado.

Poco después de la una de la mañana del viernes, Trump emitió un tuit –el cual fue parcialmente oculto por Twitter al considerar que violaba sus normas por "glorificar la violencia"– en el que amenazó con disparar contra los manifestantes, a los que llamó "matones" (thugs, en inglés); criticó al alcalde de ser un "débil radical de izquierda", quien no logra imponer control, y dijo estar dispuesto a enviar tropas de la Guardia Nacional, advirtiendo que "cualquier dificultad y asumiremos el control; cuando empieza el saqueo, empiezan los disparos".

El mensaje fue denunciado como racista por una amplia gama de figuras (la frase sobre el saqueo es exacta a una que usó un famoso jefe de policía de Miami a finales de los años 60 para amenazar a manifestantes), llevando a que Trump intentara rectificar sin lograrlo.

Mientras miles se manifestaban en Minneapolis, protestas estallaron en más de 10 ciudades incluyendo Nueva York, Los Ángeles, Memphis, Columbus, Phoenix, Atlanta y Louisville, algunas de las cuales continuaron hoy con reportes de más arrestos esta noche. La pancarta más común es "no puedo respirar".

Hubo brotes de violencia y decenas de arrestos, entre ellos un equipo de periodistas de CNN en Minneapolis que fue rápidamente liberado con disculpas del gobernador.

Con todo esto se renovó el debate de un tema obviamente sin resolver después de repetidas promesas y compromisos a lo largo de los últimos años.

El ex presidente Barack Obama declaró que “esto no puede ser ‘normal’ en el Estados Unidos de 2020”, y pidió un esfuerzo para crear una "nueva normalidad", pero no asumió ninguna responsabilidad por su fracaso para lograrlo durante sus ocho años en la Casa Blanca.

El ex vicepresidente y candidato presidencial demócrata Joe Biden denunció las palabras de Trump y declaró que "esto es una crisis nacional" que requiere de un "verdadero liderazgo" para abordar las "heridas abiertas" históricas del racismo en el país.

El senador Bernie Sanders emitió un mensaje: "No podemos esperar más para actuar de manera firme y audaz para sacar el cáncer del racismo sistémico y violencia policiaca contra gente de color. Esto tiene que parar".

En Minneapolis, sindicatos y agrupaciones sociales se unen en apoyo a los manifestantes y las demandas por justicia en el caso. Choferes sindicalizados de autobuses municipales bajo las órdenes de la policía rehusaron transportar arrestados en las protestas a las cárceles. Algunos sindicatos nacionales, como el siderúrgico (USW) deploraron los hechos como parte de un patrón de violencia racista en Estados Unidos.

"No creo que la gente haya sido tan violenta como el sistema ha sido contra ellos", explicó Michael McDowell, un fundador de Black Lives Matter en Minneapolis. “Están reaccionando a un sistema violento… Ya no lo van a tolerar. Por eso está ardiendo Minneapolis”, indicó al Washington Post.

Aunque el caso de Floyd detonó esta ola de protestas contra la brutalidad policiaca y la violencia racista contra minorías, su caso es sólo el más reciente. En semanas recientes se registró el caso de Breonna Taylor, una técnica médica de emergencia de 26 años quien fue muerta a balazos por policías en Louisville que entraron por la fuerza a su hogar durante una investigación antinarcóticos en marzo. En febrero, Ahmaud Arbery, de 25 años, fue asesinado por un par de hombres blancos cuando estaba haciendo ejercicio en un suburbio de Georgia.

Son incontables los casos anteriores, entre ellos el de Eric Garner, quien también fue sujetado por policías en Nueva York en 2014 de tal manera que sus últimas palabras fueron iguales a las de Floyd esta semana: "no puedo respirar" y generaron el surgimiento de nuevos movimientos de derechos civiles, incluyendo Vidas Negras Valen (Black Lives Matter), entre otros.

"Soñamos una utopía pero nos despertamos gritando", dice una nueva pinta sobre una barda en Minneapolis.


Racismo, brutalidad policial y COVID-19 en Estados Unidos

Por Amy Goodman - Denis Moynihan | 30/05/2020

Mientras las muertes por Covid-19 en Estados Unidos superan las 100.000, con un impacto desproporcionado sobre las comunidades de color, el asesinato y la violencia por parte de la policía contra personas de color, perpetrados con legitimación del Estado, continúan aparentemente sin tregua.

El pasado lunes, Día de los Caídos en Estados Unidos, George Floyd suplicaba por su vida mientras Derek Chauvin, oficial de la policía de Minneapolis, le apretaba el cuello contra el pavimento con una de sus rodillas. “Por favor. Por favor. No puedo respirar, oficial. No puedo respirar”, jadeaba George Floyd, con sus manos esposadas detrás de la espalda. Los testigos del suceso le pidieron repetidas veces a Chauvin que aflojara la presión, pero el oficial siguió con la rodilla enterrada en el cuello de Floyd. Un devastador video de diez minutos registró este asesinato en cámara lenta, respiración menguante tras respiración menguante. Finalmente, el cuerpo inerte de Floyd fue bruscamente colocado en una camilla, cargado en una ambulancia y llevado al hospital, donde se declaró su muerte.

La indignación fue in crescendo a medida que el video se viralizaba. El hermano de George, Philonise Floyd, declaró a la cadena CNN: “Amo a mi hermano. Todos amaban a mi hermano… conocerlo es quererlo. Él gritaba ‘mamá, mamá, no puedo respirar’ pero no les importó. Realmente no entiendo lo que tenemos que sufrir en la vida. No tenían por qué hacerle eso”. El fiscal general de Minnesota, Keith Ellison, expresó en un comunicado: “Su vida era importante. Tenía valor… Vamos a buscar justicia y la encontraremos”. En declaraciones posteriores, Ellison agregó: “Lo que estamos tratando aquí no es un caso aislado, sino un problema sistémico. Y tanto la investigación como la acusación se están llevando adelante con el objetivo de llegar hasta las últimas consecuencias. Estoy seguro de que se están llevando adelante de manera competente. Pero eso no le pone fin al asunto. El despido de los agentes no le pone fin. El proceso penal que ha comenzado no le pone fin. El proceso de derechos civiles no le pone fin. Necesitamos un cambio sistémico, profundo y permanente”. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, opinó tras el asesinato de Floyd: “Ser negro en Estados Unidos no debería implicar una condena a muerte”. Frey demanda el arresto de Chauvin y la familia de Floyd quiere que los cuatro oficiales sean acusados ​​de asesinato.

La reverenda Bernice King, una de las hijas del Dr. Martin Luther King Jr., publicó en Twitter una foto del oficial Chauvin con la rodilla apoyada sobre el cuello de Floyd al lado de una icónica foto de la estrella de la Liga Nacional de Fútbol Americano Colin Kaepernick hincado sobre una de sus rodillas en un campo de juego. El ex mariscal de campo fue expulsado de la Liga por arrodillarse durante el himno nacional en protesta contra la violencia policial y la injusticia racial. El texto que acompaña el tuit dice: “Si no te molesta o te molesta poco la primera rodilla, pero te indigna la segunda, entonces, en palabras de mi padre, estás ‘más consagrado al orden que a la justicia’. Y más apasionado por un himno que supuestamente simboliza la libertad que por la libertad de vivir de un hombre negro”.

Mientras las muertes por Covid-19 en Estados Unidos superan las 100.000, con un impacto desproporcionado sobre las comunidades de color, el asesinato y la violencia por parte de la policía contra personas de color, perpetrados con legitimación del Estado, continúan aparentemente sin tregua . El pasado 23 de febrero, en Georgia, Ahmaud Arbery fue asesinado a balazos por Travis McMichael y su padre, el policía retirado Gregory McMichael, tras salir a correr. El 13 de marzo la policía de Louisville, Kentucky, disparó ocho veces contra Breonna Taylor, causándole la muerte. Taylor era técnica en emergencia médica y tenía 26 años de edad. La policía irrumpió en su hogar en el medio de la noche, al entrar en el departamento equivocado cuando buscaban a un sospechoso que ya estaba bajo custodia.

Afortunadamente, no tenemos que agregar el nombre de Christian Cooper a esa trágica lista. Chris Cooper, afroestadounidense, se encontraba observando aves en el Central Park de Nueva York el Día de los Caídos cuando respetuosamente le pidió a una mujer que también paseaba por allí que siguiera las reglas del parque y le pusiera la correa a su perro. Ella se negó rotundamente, lo que lo condujo a grabar la interacción. La mujer llamó al 911 y le dijo a Cooper: “Voy a decirles que hay un hombre afroestadounidense que está amenazando mi vida”. Christian Cooper le envió el video a su hermana, quien lo publicó en las redes sociales, donde rápidamente llegó a 42 millones de reproducciones. Alguien identificó a la mujer como Amy Cooper (sin parentesco con Christian) y, como resultado de su reacción violenta, fue despedida de su trabajo y el refugio para perros le retiró su mascota.

Ibram X. Kendi, director fundador del Centro de Investigaciones y Políticas Antirracistas de la Universidad Americana, le dio contexto histórico a esta interacción durante una entrevista para Democracy Now!: “Lo que hizo Amy Cooper es un típico comienzo de violencia racista. Tenemos a una mujer blanca que utiliza como arma su privilegio de ser mujer y blanca. En lugar de resolver la disputa con la otra persona y seguir las reglas y ponerle la correa a su perro, se victimiza y llama a la policía, con esa proyección de víctima, para que la policía vaya y la proteja. A menudo, los policías realmente creen que esta mujer blanca está siendo amenazada por este presunto depredador afroestadounidense. Con demasiada frecuencia, esto lleva a que esa víctima desarmada resulte lesionada o incluso asesinada”. En 1955 un suceso similar condujo a la tortura y linchamiento de Emmet Till, de 14 años de edad.

El profesor Kendi lanzó “The COVID Racial Data Tracker”, un sitio web para documentar las disparidades raciales en torno a la letalidad de la pandemia, que afecta de manera desproporcionada a las comunidades de color. Los datos se están utilizando para desacreditar el argumento de que las personas de color se ven más afectadas por la Covid-19 por sus afecciones subyacentes. Kendi explicó: “Al menos hacia fines de marzo, y ciertamente a principios de abril, eran personas latinas, afroestadounidenses e indígenas estadounidenses las que se estaban contagiando y muriendo de forma desproporcionada. Llevó un gran esfuerzo de parte de los movimientos de base, que reclamaron que se expongan los datos raciales, empezar a constatar esto, porque los estados se negaban a verlo. El indicador de predictibilidad fundamental de las tasas de contagio y muerte en la población negra es el acceso a la atención médica, el acceso a seguro de salud, así como la contaminación del aire y del agua y el tipo de empleos. Todas estas determinantes sociales de la salud son indicadores predictivos mucho más fuertes en cuanto a las tasas de muerte y contagio en la población negra que sus afecciones subyacentes”.

Los afroestadounidenses representan el 13% de la población de Estados Unidos, pero han representado como mínimo el 25% de las 100.000 muertes por Covid-19 del país. La misma disparidad en la tasa de mortalidad prevalece entre los 5.000 estadounidenses asesinados por la policía desde 2015: los afroestadounidenses tienen el doble de chances de ser asesinados por la policía en comparación con los blancos. La violencia policial es una de las principales causas de muerte de los jóvenes de color.

La pandemia revela lo que los videos de teléfonos celulares y cámaras corporales han expuesto cada vez más y lo que las comunidades de color han sabido por mucho tiempo: el racismo está bien vivo en Estados Unidos y tiene consecuencias letales.

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Trump amenaza con mano dura en respuesta a los disturbios de Mineápolis

El presidente estadounidense acusa al alcalde de Mineápolis de debilidad tras el incendio de instalaciones policiales de la ciudad, y anuncia que mandará al ejército si continúan los disturbios.  

 

“No puedo quedarme atrás y observar cómo le pasa esto a una gran ciudad estadounidense como Mineápolis. Una falta total de liderazgo. O Jacob Frey, el muy débil alcalde de la izquierda radical, se hace cargo y controla la ciudad, o mandaré a la Guardia Nacional y arreglaré yo el asunto”, alertaba Donald Trump en la madrugada del viernes en su cuenta de Twitter.

“No puedo quedarme atrás y observar cómo le pasa esto a una gran ciudad estadounidense como Mineápolis. Una falta total de liderazgo. O Jacob Frey, el muy débil alcalde de la izquierda radical, se hace cargo y controla la ciudad, o mandaré a la Guardia Nacional y arreglaré yo el asunto”, alertaba Donald Trump en la madrugada del viernes en su cuenta de Twitter.

El presidente se manifestaba de esta forma horas después de que la imagen de una comisaría de la ciudad totalmente en llamas recorriera las redes sociales dando constancia de la brecha permanente entre la población afroestadounidense y las fuerzas policiales, reabierta contundentemente tras la muerte el pasado lunes de George Floyd, el hombre negro de 46 años que fue retenido por el policía Derek Chauvin durante nueve minutos con una rodilla apretando su cuello, hasta que perdió el conocimiento y murió. 

Tanto el agente, como los tres policías que le acompañaban y que no intervinieron para evitar la muerte de Floyd han sido despedidos pero están en libertad. Ayer jueves se supo que Chauvin, un policía blanco con casi dos décadas de carrera, acumula una docena de quejas por sus actuaciones. Además, según publica el New York Times, disparó en dos ocasiones su arma, la primera en 2006, cuando perseguía junto a otros agentes al presunto autor de un apuñalamiento, que resultó muerto, y la segunda, en 2008, contra un hombre que habría agredido a su pareja. Lejos de ser sancionado, Chauvin contaba con varios reconocimientos por su labor como policía.

La hermana de George, Brigitte Floyd anunció el miércoles que la denuncia por asesinato afectará a los cuatro agentes implicados. La víctima fue inmovilizada y esposada por haber presuntamente intentado pagar en un negocio con un billete de 20 dólares falso. El dueño de la tienda que llamó a la policía mostró su arrepentimiento por haber denunciado y se ha ofrecido a pagar el entierro de Floyd. 

La amenaza del presidente estadounidense, revestida de crítica a Frey, alcalde demócrata de la ciudad que ha mostrado su indignación ante el hecho de que no se haya detenido a los agentes, y que ha mostrado su comprensión ante la indignación de los manifestantes, llega tras tres noches de disturbios, que se han extendido por numerosas ciudades.  El mandatario estadounidense, que ha acusado en su tuit a los manifestantes de faltar al honor del afroamericano asesinado, continuaba su intervención en Twitter con  un mensaje inquietante “when the looting starts, the shooting starts” (cuando empiezan los saqueos empiezan los disparos). Hasta ahora, las manifestaciones han sido reprimidas con balas de gomas y gases lacrimógenos. 

El incendio y saqueo de la estación de policía durante la noche de ayer, pone de manifiesto la rabia que la población afroamericana siente hacia unas fuerzas de seguridad que acaban con su vida impunemente. Ya en las horas que siguieron a la viralización del vídeo en el que, a plena luz del día y ante la pasividad de los compañeros de Chauvin, se produce el homicidio, coches patrulla fueron destrozados e incendiados. 

Si bien Mineápolis ha sido el principal foco de los disturbios, con un primer despliegue de la Guardia Nacional ordenada por el gobernador Tim Walz, tras la petición de ayuda del alcalde, las protestas se han extendido por el país y cientos de personas salieron a las calles en California, Chicago, Memphis. Nueva York, Oakland, Ohio y Colorado, según reportan medios del país.

Al grito de “No puedo respirar”, súplica que Floyd repitió varias veces mientras el agente Chauvi apretaba su rodilla contra el cuello del afroamericano, los disturbios han ido intensificándose en los últimos días, obteniendo la represión como respuesta. Tanto el alcalde como el abogado de la familia Floyd,Benjamin Crump, han llamado a la calma, y a la pacificación de las protestas. “No podemos caer al nivel de nuestros opresores y ponernos en peligro los unos a los otros cuando respondemos a la urgencia necesaria de alzar nuestras voces unidas y en ira. El saqueo y la violencia nos distrae de la fuerza de nuestra voz colectiva”, manifestaba el letrado en un comunicado hecho público ayer.

La muerte de Floyd y la impunidad de sus responsables se suma a una larga historia de violencia policial sin coste para sus autores. Las movilizaciones tras los hechos del lunes recuerdan a las que en 2014 sucedieron a los asesinatos por parte de la policía de Michael Brown y Eric Garner, en Ferguson, que dieron gran visibilidad al movimiento Black Lives Matter.

Los disturbios se suceden en plena crisis del covid-19, que han puesto en relieve una vez más la persistente desigualdad racial en el país, tras más de medio siglo de la aprobación de la Ley de Derechos Civiles que acababa formalmente con la discriminación por causas raciales. Los afroestadounidenses suponen una proporción de las víctimas del virus muy superior a la que les correspondería dada la dimensión de esta población.

Al mismo tiempo, las consecuencias económicas y laborales de la crisis sanitaria se están cebando con las capas de la sociedad más precarizadas, entra las que se encuentran millones de trabajadores negros. Para la investigadora y activista Keeanga-Yamahtta Taylor, autora de From#Blacklivesmatter to Black Liberation. Las protestas deben entenderse en el trasfondo de la crisis del covid. 

Los disturbios se suceden en plena crisis del covid-19, que han puesto en relieve una vez más la persistente desigualdad racial en el país, tras más de medio siglo de la aprobación de la Ley de Derechos Civiles que acababa formalmente con la discriminación por causas raciales. Los afroestadounidenses suponen una proporción de las víctimas del virus muy superior a la que les correspondería dada la dimensión de esta población.

Al mismo tiempo, las consecuencias económicas y laborales de la crisis sanitaria se están cebando con las capas de la sociedad más precarizadas, entra las que se encuentran millones de trabajadores negros. Para la investigadora y activista Keeanga-Yamahtta Taylor, autora de From#Blacklivesmatter to Black Liberation. Las protestas deben entenderse en el trasfondo de la crisis del covid. 

Redacción El Salto

29 may 2020 09:20


La Guardia Nacional entra en Minneapolis tras declararse estado de emergencia

 

El gobernador de Minnesota, Tim Walz, ha enviado a Minneapolis a la Guardia Nacional luego de que el alcalde de la ciudad, Jacob Frey, declarase estado de emergencia local. El despliegue tiene como objetivo restaurar el orden luego de varias noches de violentas protestas, provocadas por la muerte de un afroamericano a manos de un policía.

Las manifestaciones arrasaron con varias cuadras del vecindario Longfellow, luego de que los enfrentamientos se extendieran por toda la ciudad en dos noches consecutivas de protestas violentas. Los participantes empezaron a arrojar piedras y botellas y las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos para dispersar a la multitud.

​El detonante fue la muerte de George Floyd, quien, durante un arresto ocurrido el 25 de mayo, fue asfixiado por un agente de policía que mantuvo su rodilla sobre su cuello por casi ocho minutos. La víctima falleció en el hospital poco después. En un vídeo grabado por un transeúnte, se puede escuchar a Floyd diciendo que no podía respirar hasta que lentamente deja de hablar y de moverse.

Las autoridades estiman que las protestas continuarán por los próximos días. Algunas tiendas de Minneapolis y sus suburbios han cerrado o reducido su horario de trabajo por temor a nuevos enfrentamientos. El sistema de tren ligero de la ciudad cerró sus puertas y se planea suspender todo el servicio de autobuses.

El ayudante general de la Guardia Nacional trabajará con las agencias del gobierno local para proporcionar personal, equipo y las instalaciones necesarias para responder y recuperarse de esta emergencia. Además, la Patrulla del Estado de Minnesota proporcionará 200 soldados. Los helicópteros de la Patrulla y otros aviones también estarán disponibles para ayudar a los agentes del orden en tierra.

Por su parte, Jacob Frey, alcalde de Minneapolis, y la jefa de policía local, Medaria Arradondo, prometieron trabajar con los líderes de la comunidad local con la esperanza de pacificar las protestas. No obstante, Frey declaró una emergencia local de hasta 72 horas.

"Si sientes esa tristeza, esa ira, no solo es comprensible, es correcto. Es un reflejo de la verdad que nuestra comunidad negra ha vivido. Debemos creer que podemos ser mejores de lo que hemos sido", dijo Frey durante una conferencia de prensa al respecto.

Por su parte, el gobernador, Tim Walz, declaró que "la muerte de George Floyd debería conducir a la justicia y al cambio sistémico, no más muerte y destrucción".

"Es hora de reconstruir. Reconstruir la ciudad, reconstruir nuestro sistema de justicia y reconstruir la relación entre las fuerzas del orden y aquellos a quienes se les debe proteger", declaró Walz en un comunicado.

La vicepresidenta del Consejo de la Ciudad, Andrea Jenkins, reiteró los llamados para que la gente protestara pacíficamente, señalando que muchas de las estructuras que fueron incendiadas en los disturbios de la noche anterior cumplen funciones vitales durante una pandemia, vendiendo comida y llenando recetas, por ejemplo.

"Necesitamos paz y tranquilidad en nuestras calles y ruego por esa calma", señaló Jenkins.

Sputnik

23:17 GMT 28.05.2020(actualizada a las 04:18 GMT 29.05.2020) URL corto

Publicado enInternacional
Domingo, 01 Diciembre 2019 06:05

El agravio a los muertos

El agravio a los muertos

“Ni los muertos estarán seguros ante el enemigo si este vence…..”

--W. Benjamin

 

Un multitudinario cortejo fúnebre recorre las calles de El Alto y La Paz. Por delante van dos féretros y detrás miles y miles de dolientes. Son gente humilde; pobladores de El Alto, artesanos, campesinos, vecinos, madres, indígenas de las provincias de La Paz, Potosí, Cochabamba y Oruro. Han caminado con su dolor cerca de diez kilómetros, y a su paso salen trabajadores, comerciantes y estudiantes llorosos que se persignan, aplauden y entregan agua y pan a los que marchan. La ciudad está paralizada, y la gente de los barrios populares está de luto. Ayer, en la zona de Senkata ocho pobladores fueron asesinados con armas de fuego militar, más de un centenar fueron heridos de bala, llegando a treina y cuatro los muertos en los últimos nueve días del golpe de Estado en Bolivia.

Han bajado desde El Alto para reclamar justicia por sus muertos; han caminado tanto para que las personas vean lo que está pasando, ya que los medios de comunicación amordazados no hablan de la tragedia sufrida; marchan horas y horas para decirle al mundo que no son terroristas ni vándalos; que ellos son el pueblo.

Y es que desde el día del golpe de Estado todas las movilizaciones de sectores populares y campesinos que salieron a defender la democracia y el respeto al voto ciudadano fueron objeto de una feroz campaña de desprestigio que desbordó las redes y los medios de comunicación. No se hablaba de obreros, ni de vecinos, ni de indígenas. Se trataba de “peligrosas hordas”, de “vándalos” que amenazan la paz social. Y cuando los habitantes de la valiente ciudad de El Alto y los indígenas y campesinos bloquearon carreteras, un rabioso lenguaje se apoderó de los golpistas y medios de comunicación: “terroristas”, “narcotraficantes”, “salvajes”, “criminales”, “turbas borrachas” “saqueadores” y otros adjetivos fueron utilizados para descalificar y criminalizar la protesta de las clases menesterosas.

Desde entonces, mujeres de pollera con hijos en la espalda, niñas escolares que acompañan a sus padres, jóvenes universitarios, obreros soldadores, campesinos de poncho y vendedores de helados son el nuevo rostro de los “peligrosos sediciosos” que quieren incendiar el país. Esta estigmatización de la plebe sublevada, especialmente si son indios, no es nueva. Durante la Colonia, en el siglo XVI, Fray Ginés de Sepúlveda comparó a los indígenas con los monos; el cura Tomás Ortíz los calificó de “bestias”; en el siglo XIX se hablaba de “razas degeneradas”; y las dictaduras del siglo XX mutaron hacia la delincuentización del indio insurrecto, calificándolo de “subversivo“, “sedicioso”, que quiere poner en riesgo la propiedad, el orden y la religión.

Ahora, las clases medias tradicionales realizan una vergonzosa fusión verbal entre el lenguaje colonial con el de contrainsurgencia. Ni sus intelectuales orgánicos educados en universidades extranjeras pueden escapar a este llamado de la sangre y el prejuicio racial. Para ellos las marchas de vecinos son reuniones de “delincuentes borrachos”, los bloqueos de caminos de campesinos son actos de “terrorismo” y los asesinados por la bala militar son ajustes de cuentas entre “maleantes”. La forzada mesura con la que todos estos años los escribas conservadores habían calificado a los indios empoderados, hoy se desbocan como un torbellino de prejuicios, insultos y descalificaciones racializadas.

Habían aguardado toda una década mordiéndose los dientes para no escupir sobre los indios y mostrarles su desprecio; y ahora, amparados en las bayonetas, no dudan en descargar todo su odio de casta. Es el tiempo de la venganza y lo hacen enfurecidos. Es como si quisieran borrar no sólo la presencia del indio que los derrotó, y por eso son capaces de matar con tal de que Evo no sea candidato; además desean arrancar su huella de la memoria de las clases humildes asesinando, encarcelando, torturando, amenazando a quienes pronuncien su nombre. Por eso queman la Wiphala que Evo introdujo en las instituciones del Estado; por eso queman las escuelas que él hizo construir en los barrios populares; por eso aplauden y brindan por la militarización de las ciudades. Ya no hay espacio para la dignidad ni el decoro de una clase que se revuelca frenéticamente en el lodo del autoritarismo, la intolerancia y el racismo.

Y es contra ello que marchan las clases humildes de El Alto y las provincias. Bajan por miles, doscientos mil, trescientos mil. El número ya no importa. El poder que ellas defienden no es el de una persona ni el que Weber teorizó como capacidad de influir en el comportamiento de otro. Para las clases populares la experiencia de poder de estos últimos catorce años es el de ser reconocidas como iguales, el de tener derecho al agua, a la educación, al trabajo, a la salud en similares condiciones que el resto de los ciudadanos. El ejercicio del poder para el pueblo ganado en las urnas, más que la de una capacidad de mando ha sido la de una experiencia corporal diaria de poder mirar de frente a los demás sin tener que avergonzarse del color de piel o la pollera de madre; es haber sido tomados en cuenta como seres humanos; es el poder vender en el mercado, labrar la tierra o ser autoridad sin ninguna barrera de apellido. De ahí que, si bien la experiencia del poder estatal para las clases subalternas -como lo vio Gramsci- es, en primer lugar, la construcción práctica de su unidad como bloque social, la manera de verbalizar y comprender moralmente ese poder ha sido la conquista de la dignidad, es decir, su experiencia de pueblo como cuerpo colectivo autodignificado.

Por eso la mujer de pollera y el obrero lloran cuando el fascismo quema la Wiphala, lloran cuando Evo es expulsado, lloran cuando son impedidos de entrar a las ciudades. Lloran porque están despedazando el cuerpo simbólico y real de su unidad y de su poder social. Y cuando llevan sus muertos por delante en medio de miles de crespones negros y boleros de caballería fúnebres, lo hacen para pedir a las clases pudientes el respeto a sus muertos, a esos muertos que son el umbral último donde los vivos, sea de la clase o condición social que sean, deben detener su orgía de sangre y odio, para venerar la virtud de la vida.

Pero la respuesta de los golpistas es atroz, inmoral, dantesca. Disparan gases lacrimógenos, disparan balas, desplazan sus tanquetas y los féretros quedan en el piso, envueltos en una nube de gases escoltados por gente que se arrodilla y se arriesga a la asfixia antes que abandonarlos.

”No respetan ni a los muertos” grita la gente. No es una frase de protesta, es una sentencia histórica. La misma que pronunciaron los padres de los agredidos de hoy, cuando otro golpe militar en el fatídico noviembre de 1979 ametralló desde unos aviones norteamericanos Mustang a los dolientes que rezaban y hacían ofrendas a los familiares difuntos en el día de los muertos o “todos santos”. Los aventureros del golpe militar de entonces, después de su efímera borrachera de victoria, quedaron aparcados en la cloaca de la historia, lugar en el que con toda seguridad estarán pronto los golpistas de hoy. No se puede agraviar impunemente a los muertos, porque en la cultura del pueblo ellos forman parte de los principios básicos reguladores del destino de los vivos.

La brutalidad de los golpistas hoy obtiene el miedo de la gente, pero ha abierto las puertas de un resentimiento generalizado. Las suturas con las que las seculares grietas clasistas, regionales y raciales habían sido cerradas han estallado por los aires dejando unas heridas sociales sangrantes. Hoy hay odio por todos lados, de unos contra otros. Las clases medias tradicionales quisieran ver el cadáver de Evo arrastrado por las calles, como el del expresidente Villarroel en 1946. Las clases plebeyas quisieran ver a los ricos cercados en sus barrios padeciendo de hambre por la falta de alimento. Una nueva guerra de razas anida en el espíritu de un país desgarrado por la felonía de una clase que halló en el prejuicio colonial de superioridad la defensa de sus privilegios.

Ya lo dijimos, la fascistización de la clase media tradicional es la respuesta conservadora a su decadencia social fruto de la devaluación de sus aptitudes, capitales, oportunidades y saberes legítimos frente a la “invasión“ de una nueva clase media de origen popular e indígena con repertorios de ascenso social más eficaces en el Estado indianizado de la última década. No es que han tenido una depreciación de su patrimonio -que de hecho aumentó pasivamente debido a la expansión económica generalizada del país- sino de sus oportunidades y apuestas sociales de mayor ascenso social aprovechando el crecimiento exponencial de la riqueza nacional.

Pero esto no ha limitado un hecho relevante de las estructuras de clases sociales y de los procesos de hegemonía política: la irradiación estatal de las clases medias. En sentido estricto el Estado es, en su regularidad, el monopolio del sentido común de una sociedad. En tanto que el poder político es, con mucho, la creencia y convicción de unos del poder de otros, es en cierto modo también un tipo de sensación intersubjetiva. Se trata del espeso mundo de las narraciones profundas con efecto estatal. La “opinión pública”, esto es, las narrativas, símbolos y sentidos de comprensión de la legitimidad que pugna por realinear el sentido común político, en gran parte es concentrada por las clases medias tradicionales por disposición de tiempo, recursos y especialización laboral.

En Bolivia, el ascenso social de nuevas clases medias indígena-populares ha venido acompañado por nuevas narrativas y sentidos de realidad pero no con la suficiente solidez como para irradiarse o contraponer la racialización del discurso de las clases conservadoras y ser soporte de una nueva “opinión pública” predominante. Las clases medias tradicionales poseen la experiencia en las formaciones discursivas y en los sedimentos históricos del sentido común dominante, lo que les ha permitido expandir retazos de su modo de ver el mundo más allá de la frontera de clase, incluso en partes de las nuevas clases medias y sectores populares. De hecho, la nueva clase media más que una clase social con existencia pública movilizada es una clase estadística, es decir, aún no es una clase con irradiación estatal.

De ahí las dramáticas formas con las que las fuerzas indígena-populares intentan escenificar y narrar sus resistencias. Se trata de otras maneras de construcción de opinión pública y de articulación del sentido común que se irradia a otros sectores sociales, pero a raíz del hecho de fuerza del golpe de Estado, ahora subalternizadas, fragmentadas.

Mientras tanto, el fascismo cabalga como un jinete enloquecido al interior de las murallas de los clásicos barrios de clase media. Ahí, la cultura y las razones han sido erradicadas sin disimulo por el prejuicio y la revancha. Y parece ser que sólo el estupor fruto de un nuevo estallido social o de la debacle económica que asoman en el horizonte, producto de tanto odio y destrucción, podrá agrietar tanta irracionalidad escupida como discurso.

Publicado enSociedad
Lunes, 09 Septiembre 2019 06:06

Renacimientos

Para algunos analistas, el nivel de activismo y resistencia contra el asalto de la derecha nunca había sido tan amplio en Estados Unidos. En la imagen, manifestación contra el presidente Donald Trump afuera de un club de golf en Virginia.Foto Afp

“Ahora, la única cosa que hice mal / Fue quedarme demasiado tiempo perdido en el desierto…. La única cosa que hicimos bien / Fue el día que empezamos a luchar / Mantén tu mirada sobre el premio, sostente…” (versos de Keep your Eyes on the Prize, parte esencial del repertorio de los himnos de lucha y resistencia del movimiento de derechos civiles de los años 50 y 60).

Entre rayos de esperanza y el anunciado inicio de la Apocalipsis climático y/o nuclear parece haber poco espacio. Esas odas a la resistencia, a la perseverancia, a la fe, a veces son poco convincentes, sobre todo en uno de los países más violentos de la historia ahora bajo un régimen que está dispuesto a anular el futuro no sólo de su pueblo, sino de todo el planeta.

Después de leer, ver, escuchar las noticias en todas las múltiples plataformas modernas que nos inundan de material en un asalto incesante cada mañana se necesita un esfuerzo casi superhumano para continuar con el día. A veces un poco de humor ayuda, como recordar un amigo húngaro refugiado en México de las guerras y la persecución en Europa, quien cuando alguien le preguntaba que hacía todos los días, respondía: "pues me levanto, desayuno, leo el periódico y si no estoy entre los obituarios, salgo y me voy al trabajo".

"Hay esperanza infinita, sólo que no para nosotros", escribió Kafka, recuerda el escritor Jonathan Franzen en The New Yorker sugiriendo que tal vez en la coyuntura actual habrá que modificar esa frase a algo como "No hay esperanza, excepto para nosotros", ya que es hora de decir la verdad sobre el cambio climático y lo que habría que hacer dado los pronósticos científicos de desastres existenciales y la poca o nula acción en el mundo ante la actual desestabilización de la vida planetaria ya tan evidente. Aquí la respuesta oficial por este régimen es maravillosamente orwelliana: todo eso es puro fake news.

¿Entonces?

Rompe el corazón ver a jóvenes movilizados que preguntan por qué todos los adultos han permitido que se llegara a este punto, donde el mismo futuro se está anulando a propósito. Pero también ofrecen parte de la única respuesta posible, dentro de la cual existe el renacimiento de ese futuro hoy día, cuando estos mismos jóvenes indignados declaran: "nosotros somos el cambio que estábamos esperando".

No es nueva esa frase y ha retumbado a lo largo de los momentos más nobles de la historia en este y otros países, con diferentes palabras, pero es más urgente que nunca ahora ante una de las eras más oscuras en este país. Se escucha en varios rincones y expresiones; muchas de las cuales no se reportan tanto. Está presente, por ejemplo, en la huelga de 20 mil trabajadores de telecomunicaciones de AT&T en nueve estados que estalló el mes pasado por prácticas abusivas patronales y la ausencia de derechos laborales. A lo largo de los últimos dos años han asombrado (a las cúpulas y otros) huelgas con decenas de miles de maestros, miles de trabajadores en la industria hotelera (Marriott) y en el sector de salud, otros miles en acciones labores para obtener derechos laborales básicos en la rama de comida rápida.

De repente hay propuestas progresistas que ocupan el centro del debate político del país, desde un New Deal verde, hasta seguro de salud universal, acceso gratuito a las universidades públicas y más.

Algunos señalan que el nivel de "activismo" y el mosaico de resistencia contra el asalto por la derecha en este país nunca ha sido más amplio, con sorprendentes expresiones de apoyo para el "socialismo" por 40 por ciento de la población, mayorías favoreciendo la legalización y respeto de los derechos de los inmigrantes, como la defensa de libertades civiles de todos. Otros indican que las más grandes manifestaciones de protesta en la historia estadunidense se han impulsado durante los dos años y medio del régimen actual.

En todo esto, junto con el rescate de las historias de lucha contra el fin de la historia, está la posibilidad, tal vez la última, de un verdadero renacimiento.

Springsteen and the Seeger Sessions band https://www.youtube.com/ watch?v=LIgcBBxjgwE

https://open.spotify.com/track/ 57kHJ3wBv5RaFYt4jYmMXO? si=lKPAkX-TRfer7vMX4hKi6A.

https://open.spotify.com/track/ 0jWgAnTrNZmOGmqgvHhZEm?si= 4K65pDfNSRGldSzeiz8PVA

Publicado enSociedad
Abel Valenzuela frente al monumento improvisado a las víctimas en El Paso.Foto Afp

El joven supremacista blanco de 21 años, Patrick Crucius, recorrió mil kilómetros desde Dallas para perpetrar su planeada carnicería en El Paso, que cumplió lo poco que se ha publicitado de su "manifiesto" contra los "invasores hispanos": "La Verdad Incómoda", donde anhelaba asesinar al mayor número de mexicanos.

El mexicanocida Patrick Crucius se inspiró del libro El Gran Reemplazo del escritor galo Renaud Camus quien arguye que las élites en Europa intentan "remplazar" a los europeos blancos con migrantes del Medio Oriente y Noráfrica (https://amzn.to/2ZG7Lin).

Crucius lamenta que "la enorme población hispana en Texas" lo convertirá en "un bastión demócrata (sic)" y expone su angustia demográfica ante el ascenso galopante de los mexicanos en Texas, a punto de ser re-mexicanizada oficialmente cuando se publique el próximo censo en tres años (https://bit.ly/2yXFYy0).

Los "latinos" son 19 por ciento de la población de EU, cuyo 80 por ciento son mexicanos, de mayoría católicos guadalupanos (https://pewrsr.ch/2OTkjSw).

El perfil demográfico de Texas en 2014 (con un extraño atraso de cinco años) arroja 10.4 millones de "latinos": 39 por ciento de la población total de casi 29 millones.

En mi libro Trump y el supremacismo blanco: palestinización de los mexicanos (https://bit.ly/2JFEXmC), abordé el dramático declive de la población WASP (White AngloSaxon Protestant) de 60.4 por ciento, cuyos jóvenes desempleados no se casan y son presa de las drogas (fentanilo).

Síntesis texana: mexicanos guadalupanos al alza; WASP a la baja.

Mi tesis es que Trump adoptó la misma política de su gran aliado supremacista, el primer israelí Netanyahu, en seguridad/construcción de muros/despoblación árabe, etcétera.

¿Viene la programada desmexicanización de Texas? La selección de El Paso, ubicación del importante fuerte militar Bliss, fue bien planeada y/o teledirigida: casi 700 mil habitantes; 81.4 por ciento de "latinos".

Quizá el próximo aviso supremacista sea en San Antonio (Texas): 1.5 millones de habitantes; 64 por ciento "latinos" (https://bit.ly/2KFXaxw).

El alma blanca WASP juega su destino en Texas, segundo estado más importante de EU en superficie (casi 700 mil kilómetros cuadrados) y una población cerca a 29 millones (https://bit.ly/1gh8k4f) que tiene fronteras con cuatro estados mexicanos que deben estar muy pendientes: Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

El Rust Belt (cinturón industrial) y el Bible Belt (cinturón bíblico), donde Texas es uno de sus principales bastiones, dieron el triunfo en el Colegio Electoral a Trump, quien empieza a repetir la misma panacea demográfica para su relección.

California, principal economía de EU –que si fuera país sería elquinto en el ranking global– ya se mexicanizó y es bastión del Partido Demócrata.

Hoy Texas, segunda mayor economía de EU –que si fuera país, sería el décimo en el ranking global–, se puede re-mexicanizar, como California, en forma oficial en los próximos tres años, lo cual obligaría a su redistritación electoral.

Travesuras de la vida: 173 años después (guerra de Texas contra México) se puede re-mexicanizar por la vía biológica el omnipotente "Estado de una Estrella" y segundo estado con el mayor número de empresas (97) en el ranking de Fortune 500 (https://bit.ly/2MeN9KZ), con gran avance agrícola/aeroespacial/biomédico/computacional/electrónico/petroquímico y principal fuente petrolera con el polémico fracking del gas esquisto en su Cuenca Pérmica.

David Schultz evoca "La Nueva Política del Partido Republicano Evangélico (sic) Supremacista Blanco" y aduce en forma persuasiva la "fusión y consolidación del supremacismo blanco, el evangelismo (sic) blanco y el republicanismo en un solo partido" que se basa en la "identidad racial. Este es el nuevo Partido Republicano" (https://bit.ly/2ZFBNCQ).

David Schultz cita una reciente encuesta donde la mayor aprobación de Trump, con 73 por ciento, proviene de los "evangelistas blancos": los WASP.

No quiero sonar fatalista, pero si de algo sirve la lección a posteriori del "factor Netanyahu", en México debemos prepararnos para escenarios acordes a la nueva realidad supremacista WASP de EU: "la palestinización de los mexicanos".

www.alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: AlfredoJalife

Publicado enInternacional
Cuando los nazis se enamoraron de las armas

Un pibe de 21 años tiene un rifle automático, un arma de guerra, y decide usarlo. Desde su temprana adolescencia se considera un soldado de la causa, un Blanco, un Ario, un norteamericano que ve su país blanco amarronarse, descender en el caos de la mezcla de razas. Y,  a los 21 años apenas, entra en un Walmart y abre fuego. El chico no sabe a cuántos va a matar, pero sabe que del hipermercado él sale muerto o a la cárcel para siempre. Lo hace igual, porque se siente un soldado de una causa, un ejemplo que puede disparar la anhelada Guerra Santa Racial. Esa misma que su gobierno hace lo imposible para evitar, porque su gobierno es cómplice de las fuerzas ocultas que dominan el mundo. Hasta con Trump, los neonazis norteamericanos siguen diciendo que son oprimidos por el Gobierno Zionista de Ocupación.

La ultraderecha norteamericana es única en el mundo por su violencia militarizada y por su doctrina anti estatal. Los skins alemanes, los fascistas italianos, los falangistas disimulados de Vox, los que ven a Jair Bolsonaro como un mesías, los polacos encantados con el autoritarismo, no ven al Estado como un enemigo. La utopía es coparlo, usarlo, cambiarlo, pero el Estado es visto como la gran herramienta y el fundamento para que el Líder pueda gobernar. Los americanos llegan al borde de un anarquismo en el que toda autoridad es opresiva para los derechos "naturales" del hombre blanco. La misma idea de ley es vista con sospecha.

Esto es una evolución reciente en un país que tuvo su movimiento nazi en los años treinta y un rico prontuario de militantes del Klan, antisemitas vociferantes, racistas abiertos y, un clásico, regulares prohibiciones a la inmigración de no blancos. EE.UU. tiene un cimiento tan racista, que hasta los irlandeses, tan colorados ellos, tuvieron que ganarse el derecho de ser considerados blancos. Y ni hablar de gentes más marrones, como los italianos o los croatas... La violencia tampoco estuvo ausente, pero era organizada y canalizada a través de grupos: si una iglesia negra ardía en el sur, no era porque un chico con un rifle la atacaba, sino porque el Klan decidía una "acción" que se hacía en grupo.

Pero en 1975 los americanos perdieron Saigón y vieron una camada de veteranos de guerra radicalizados por la guerra de Vietnam. Eran gente amargada por perder, acostumbrada a una violencia sin formato, con ganas de encontrar un culpable y más racista que cuando había embarcado. Si la segunda guerra mundial creó una solidaridad entre razas por la experiencia compartida, que ayudó a desegregar el ejército, Vietnam creó tensiones nuevas. Entre otras cosas, por la enorme bronca y activismo de los afroamericanos, reclutados al voleo, por pobres nomás.

Un producto del momento fue la revista Soldier of Fortune, que llegó a vender casi doscientos mil ejemplares y a ser el house organ de los que querían hacer carrera como mercenarios o simplemente querían armarse. Su editor, Robert Brown, un ex boina verde, hasta llegó a dirigir escuadrones en la muerte en El Salvador y a combatir con los muyahidin en Afganistán, contra los soviéticos. La revista señalaba oportunidades de trabajo en guerras sucias contra los movimientos de liberación en Africa y Asia, pero también fue un precursor en esto de vender uniformes, armas de combate y explosivos directo al consumidor. Así aparecieron los primeros milicianos blancos, organizados como comandos y presentados como una vanguardia espontánea contra el comunismo y sus cómplices internos, como los sindicalistas y los Panteras Negras.

Pero en 1984 hubo otro cambio y apareció el primer grupo que definió al gobierno norteamericano, a Washington como conjunto, como el enemigo. El grupo era La Orden, también conocido como Brüder Schweigen, que se dedicó a robar bancos para financiar la revolución hasta que el FBI mató o capturó a su dirigencia. Ese mismo año, hay que tener en cuenta, terminaba el primer período de Ronald Reagan, un super-conservador y posiblemente el presidente que más habló de achicar el estado. ¿Por qué los nazis lo veían como un enemigo? Porque no le creían, en parte porque tenía judíos en posiciones prominentes en el gabinete. Un gobierno con ministros judíos no podía hacer una revolución de derechas... En un sermón de la época -La Orden tenía pastores protestantes- se explicaba que Washington se aliaba a Jerusalén, se entregaba a la banca internacional y no movía un dedo para sostener la supremacía blanca.

De aquí surge la idea central que hoy es mayoría entre los 25.000 milicianos armados y el medio millón de simpatizantes que se estima con seriedad existen hoy en Estados Unidos: el gobierno es el enemigo y hay que resistir con las armas. Entre los creyentes hay dos utopías, la de crear una nación puramente blanca en el noroeste, que es una región de mayoría blanca, o la de tomar el poder, liquidar o expulsar a todos los negros, marrones o amarillos, y colgar de sendos faroles a los "traidores a su raza". En ambos casos, la receta es parecida y parte de una idea del racista Louis Beam, la de crear un movimiento sin líderes ni estructura, imposible de infiltrar, en el que cada militante lleve a cabo sus acciones "como un lobo solitario". El más famoso de estos lobos fue Timothy McVeigh, el ex soldado que voló el edificio federal de Oklahoma con una bomba casera en 1995. Con 165 muertos y cientos de heridos, el ataque fue el peor antes de las torres gemelas y sigue siendo el más sangriento de la derecha miliciana.

La idea revolucionaria fue expresada en una novela de William Pierce, Los Diarios de Turner, supuestamente las memorias de un veterano de la guerra racial. En la novela, el gobierno pasa la Ley Cohen para desarmar al pueblo, comienza razzias contra los blancos que resisten y crea bandas de negros para intimidar a la mayoría. Los blancos reaccionan cuando un militante abre fuego contra negros y eso dispara una guerra racias que termina cuando logran llevar una bomba atómica, entregada por militares racistas, a Washington y desintegran la ciudad. La purga es masiva y sangrienta, pero una nueva era comienza con la abolición del dólar y con el calendario arrancando de nuevo desde el Año Uno.

El momento clave de la novela, el más representativo, es ese en que los blancos al fin reaccionan cuando uno se alza en armas y comienza a matar enemigos de su raza. Ese es el disparador que buscan estos militantes, como el chico de 21 años que disparó en Walmart. No es sólo un tema de insanía mental, también hay una idea política.

Publicado enSociedad
Lunes, 05 Agosto 2019 07:58

Balas de odio

 La comunidad gay se manifestó ayer en Times Square, Nueva York, en repudio a la violencia con armas de fuego, luego de los tiroteos del fin de semana.Foto Afp

Otro y otro y otro. Dos tiroteos masivos en menos de 24 horas perpetrados por jóvenes blancos estadunidenses; el saldo de ambos es de por lo menos 29 muertos y decenas de heridos. Esto, después de que hace una semana, otro joven blanco asesinó a tres e hirió a 15 en Gilroy, California. Suman 253 tiroteos masivos (definido como casos en los que cuatro o más personas son heridas o mueren por balas), y 32 matanzas por armas de fuego (definido como tres o más fatalidades en un solo incidente) en los 216 días que van del año.

 

Pero el ataque en El Paso, según información preliminar, no es un tiroteo más, sino un atentado de terror contra latinos e inmigrantes. Un "manifiesto" que aparentemente dejó el atacante poco antes de salir a realizar su masacre afirma que estaba haciendo esto "en respuesta a la invasión latina".

 

El alguacil del condado de El Paso, Richard Wiles, escribió: “Este hombre anglo vino aquí para matar latinos. Estoy indignado… y toda la nación debería estar indignada. Es hora de levantarnos y hacer que nuestros representantes rindan cuentas a todos los niveles”.

 

Las autoridades están investigando el tiroteo como un acto de "terrorismo doméstico" y como un "crimen de odio". Además del manifiesto del acusado, quien emplea el vocabulario de Trump, aparentemente también encontraron expresiones de admiración al mandatario republicano, incluyendo una foto de armas posicionadas para deletrear el apellido del presidente y el uso del hashtag sobre su muro fronterizo.

 

Los ataques de "odio" se han incrementado con Trump; más de 17 por ciento el año pasado, según la FBI. Los casos de terrorismo doméstico también (la agencia informa que desde el 11/S, más estadunidenses han muerto en atentados terroristas domésticos que en internacionales). En El Paso se combinaron. No es la primera vez. El jefe de la FBI, Christopher Wray, reportó que ha realizado cerca de 100 arrestos relacionados con "terrorismo doméstico" este año –cifra superior al total de 2018– y la mayoría de éstos están vinculados a la supremacía blanca.

 

Crímenes de odio y actos de terrorismo doméstico no son nuevos, y han ocurrido con presidentes demócratas y republicanos. Pero en tiempos modernos nunca se había responsabilizado a un presidente y a su gobierno de nutrirlos como ahora.

 

Organizaciones de defensa de libertades civiles y derechos humanos, líderes de organizaciones latinas, afroestadunidenses, musulmanes y judíos han advertido repetidamente sobre las consecuencias de la retórica presidencial. Este domingo, varios candidatos presidenciales acusaron directamente a Trump (quien estaba gozando un fin de semana de golf durante las mismas 24 horas de horror en su país), por fomentar la violencia con su retórica antimigrante y racista.

 

El pasado martes, antes del incidente ocurrido en El Paso, Texas, el liderazgo de la Catedral Nacional en Washington –la catedral de presidentes y de actos político-religiosos nacionales– emitió una sorprendente e inusitada reprobación de un mandatario. “No se equivoquen, las palabras importan. Y las palabras del señor Trump son peligrosas… Cuando palabras violentas tan deshumanizantes provienen del presidente de Estados Unidos, son un llamado de clarín, y un escudo, a supremacistas blancos que consideran a personas de color como una ‘infestación’ subhumana de Estados Unidos... Palabras violentas llevan a acciones violentas”. La declaración pregunta: Después de dos años de las palabras y acciones del presidente Trump, ¿cuándo será que los estadunidenses digan basta? ¿Cuándo es que el silencio es complicidad? ¿Qué se necesitará para que todos digamos, a una voz, que ya basta? La pregunta no es tanto sobre el sentido de la decencia del presidente, sino sobre el nuestro”.

 

Tal vez sea el momento indicado para que los gobiernos, incluido el de México, emitan alertas oficiales a sus ciudadanos sobre el peligro de viajar o residir en Estados Unidos, dadas las condiciones violentas y hostiles impulsadas por un régimen racista y xenófobo.

 

¿O será necesario contemplar preparativos para ofrecer refugio a estadunidenses que ya temen por sus vidas bajo este régimen?

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 24 Julio 2019 06:15

¿Y ahora, Brasil?

¿Y ahora, Brasil?

Las palabras que más se repiten hoy son estupefacción y perplejidad. El gobierno brasileño ha caído en el abismo del absurdo, en la banalización total del insulto y la agresión, en el atropello primario de las reglas mínimas de convivencia democrática (por no hablar de las leyes y la Constitución), en la destilación de odio y negatividad como única arma política. Todos los días somos bombardeados con noticias y comentarios que parecen provenir de una cloaca ideológica que ha acumulado rancidez y descomposición durante años o siglos, y ahora rezuma el hedor más nauseabundo y pestilente como si fuese el aroma de la novedad y la inocencia. Esto causa estupefacción en quienes se niegan a ver normalidad en la normalización del absurdo. La perplejidad se deriva de otra verificación, no menos sorprendente: la aparente apatía de la sociedad civil, de los partidos democráticos, de los movimientos sociales y, en definitiva, de todos los que se sienten agredidos por semejante desatino. Da la impresión de que la insistencia y el abuso de la insolencia tienen el efecto de un gas paralizante. Es como si nuestra casa estuviese siendo asaltada y nos escondiésemos en un rincón con el temor de que el ladrón, si nos viese, se sintiera provocado y además de nuestras posesiones nos quitara también la vida. Puesto que un país es más que un conjunto de ciudadanos estupefactos y perplejos, y como en política la fatalidad no existe, hay que pasar de la estupefacción y la perplejidad a la indignación activa y la respuesta organizada y consistente en nombre de una alternativa realista. Para ello hay que responder dos preguntas principales. La primera, ¿cómo fue posible todo esto? La segunda, ¿con qué fuerzas políticas y de qué modo se puede organizar una respuesta democrática que ponga fin a este vértigo y retome el camino democratizador del pasado reciente sin cometer los errores en los que incurrió?

¿Cómo sucedió? La reflexión al respecto debe tener siempre en cuenta los factores internos y geoestratégicos. Las razones que llevaron a la dictadura entre 1964 y 1985 no fueron superadas con el regreso a la democracia. El pacto con los dictadores no permitió juzgar el terrorismo de Estado, exigió la continuidad (y hasta la profundización) del modelo capitalista neoliberal, y no resolvió la cuestión de la concentración de la tierra sino que, al contrario, la agravó, permitiendo a las élites patrimonialistas servirse de la democracia como antes se habían servido de la dictadura. La Constitución de 1988 contiene una profunda vocación democratizadora que las élites nunca han tomado en serio.

La continuidad también se produjo en el campo de las alineaciones geoestratégicas. Es conocida la intervención estadounidense en el golpe de Estado de 1964 y esa tutela imperial no terminó con la transición democrática. Solo cambió de discurso y táctica. Organizaciones internacionales de la llamada sociedad civil, formación de "jóvenes líderes", "promoción" de un sistema judicial conservador e iglesias evangélicas fueron los vehículos privilegiados para frenar la politización de las desigualdades sociales causadas por el neoliberalismo. En este ámbito, el largo papado de Juan Pablo II (1978-2005) desempeñó un papel decisivo. Liquidó el potencial emancipador de la teología de la liberación y permitió que en las periferias pobres el vacío lo ocupara la teología de la prosperidad, hoy dominante. La receta neoliberal se aplicó en el subcontinente con especial dureza en los años 90. Suscitó movimientos de resistencia que en la década del 2000 permitieron la llegada al poder de gobiernos de partidos de izquierda, en el caso de Brasil siempre en coalición con partidos de derecha. Este hecho coincidió (no por casualidad) con el descuido momentáneo del Imperio, embarrado en el pantano de Irak desde 2003.

Las lecciones que se pueden extraer de este periodo son las siguientes. La izquierda se embriagó con el poder del gobierno y lo confundió con el poder social y económico que nunca tuvo. El Foro Social Mundial (FSM), del que fui uno de los impulsores desde sus inicios, creó la ilusión de una fuerte movilización política de base. Tenían razón quienes advirtieron desde el principio que el predominio de las ONG en el FSM contribuía a la despolitización de los movimientos. La izquierda partidaria abandonó las periferias y se refugió en la comodidad de los palacios de gobierno. Mientras tanto, en el Brasil profundo el trabajo ideológico conservador seguía su camino, listo para ser aprovechado por la extrema derecha. Bolsonaro no es un creador; es una creación. La parálisis de la sociedad política progresista y organizada viene de lejos. Si solo ahora es visible es porque solo ahora se sufren sus peores consecuencias. Se concedieron las mejores condiciones operativas y remuneratorias al sistema judicial y al sistema de investigación criminal, pero se creía que eran órganos políticamente neutrales del Estado. De la operación militar-mediática de 1964 a la operación judicial-mediática de 2014 hay una gran distancia y diferencia. Pero tienen dos puntos en común. Primero, la demonización de la política es el arma política privilegiada de la extrema derecha para asaltar el poder. Segundo, las fuerzas políticas de derecha se sirven de la democracia cuando esta les sirve. Pero cuando la opción es entre democracia o exclusión, o entre libertad política o libertad económica, optan siempre por la exclusión y por la libertad económica.

La respuesta democrática. No se pueden improvisar soluciones de corto plazo para problemas estructurales. La historia de Brasil es una historia de exclusión social causada por una articulación tóxica entre capitalismo, colonialismo y patriarcado o, con más precisión, heteropatriarcado. Las conquistas de inclusión fueron conseguidas con muchas luchas sociales, casi nunca llegaron a consolidarse y han estado sujetas a retrocesos violentos, como sucede hoy. La victoria de la extrema derecha no fue una simple derrota electoral de las izquierdas. Fue la culminación de un proceso golpista con fachada institucional en el que, en el plano electoral, las izquierdas hasta probaron una resiliencia notable en las condiciones de una democracia al borde del abismo en que lucharon. Lo que hubo fue una vasta destrucción de la institucionalidad democrática y un retorno del capitalismo salvaje y del colonialismo por vía de la siempre vieja y siempre renovada recolonización imperial y evangelización conservadora. La sensación de tener que comenzar todo de nuevo es frustrante, pero no puede ser paralizadora. Por otro lado, es necesario actuar de inmediato para salvar lo que queda de la democracia brasileña. Lo más grave que está ocurriendo no es solo el hecho de que el monopolio de la violencia legítima por parte del Estado está siendo usado antidemocráticamente (y, por tanto, de manera ilegítima), como bien revela la Operación Lava Jato. Es también el hecho de que el Estado está perdiendo visiblemente ese monopolio con el incremento de actores armados no estatales, tanto en la ciudad como en el campo.

El corto y el mediano plazo no tienen que chocar necesariamente si se tiene una visión estratégica del momento y de las fuerzas con las que se puede contar. Es urgente revolucionar la democracia y democratizar la revolución, pues de otro modo el capitalismo y el colonialismo harán una farsa cruel de lo que todavía resta de democracia. Para este propósito, las diferentes fuerzas de izquierda deben abandonar sectarismos y unirse en la defensa de la democracia. Por otro lado, tienen que evitar a toda costa articulaciones con la derecha, aunque eso cueste la conquista del poder. En las condiciones actuales, conquistar el poder para gobernar con la derecha es un suicidio político.

A corto plazo, veo tres iniciativas realistas. La primera es que los movimientos sociales tienen que reinventar el Foro Social Mundial, esta vez sin tutelas de ONG y con la atención centrada en las exclusiones más radicales vigentes en el país. En ese sentido, el movimiento indígena, el movimiento negro y el movimiento de mujeres y LGTBI son, en toda su pluralidad interna, los sujetos más creíbles para tomar la iniciativa.

Segunda: el sistema judicial fue llevado a un desgaste extraordinario por la manipulación grosera a la que ha sido sometido por Moro y Cía. al servicio del imperialismo. Pero es un sistema internamente diversificado, y persisten en él grupos significativos de magistrados que entienden que su misión institucional y democrática consiste en respetar el debido proceso y hablar exclusivamente mediante sus fallos. La violación grosera de esta misión denunciada por la Vaza Jato está obligando a las organizaciones profesionales a desmarcarse de los aprendices de brujo. La reciente declaración pública de la Asociación de Jueces para la Democracia en sentido de que el ex presidente Lula da Silva es un preso político, constituye una señal auspiciosa del camino iniciado para recuperar la credibilidad del sistema judicial.

La tercera iniciativa debe producirse en el sistema político-partidario. Las elecciones municipales de 2020 son la oportunidad para comenzar a frenar a la extrema derecha y dar ejemplos concretos de cómo las fuerzas de izquierda pueden unirse para defender la democracia. Tres ciudades importantes pueden ser la plataforma para la resistencia: Río de Janeiro, Sao Paulo y Porto Alegre. En Río de Janeiro, Marcelo Freixo del PSOL es el candidato indiscutible para articular las fuerzas de izquierda. En las otras dos ciudades, son indispensables dos cuadros importantes del PT: Fernando Haddad en Sao Paulo y Tarso Genro en Porto Alegre. Se trata de dos políticos que salieron fortalecidos de la crisis, el primero por el modo extraordinario en que enfrentó a Bolsonaro y por las condiciones en que lo hizo, y el segundo por haber sido uno de los mejores ministros de la historia de la democracia brasileña y por la integridad que mostró durante todas las crisis por las que pasó el PT mientras fue titular del gobierno. Los demócratas brasileños deben transmitir a estos políticos el sentimiento de que su momento llegó nuevamente, ahora para comenzar todo de nuevo y desde el nivel local.

* Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Publicado enPolítica
El presidente Trump redefine el concepto de “Casa Blanca”

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ha dado un nuevo significado a la “Casa Blanca”. Desde su sillón ubicado en el número 1600 de la avenida Pennsylvania, en Washington, D.C. lanza epítetos racistas por Twitter mientras da órdenes a los agentes armados de que aterroricen a los inmigrantes en la frontera y en las comunidades de todo el país.

La presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense, Nancy Pelosi, lo sintetizó de una manera muy clara en sus comentarios de la semana pasada sobre los intentos de Trump de incluir una pregunta sobre ciudadanía en el próximo censo nacional, incluso luego de que la medida fuera rechazada por la Corte Suprema. Parafraseando el slogan de campaña de Trump, Pelosi lo acusó de intentar “hacer que Estados Unidos sea blanco otra vez”.

Es un hecho conocido que Trump es un voraz consumidor de la cadena de noticias Fox. El domingo por la mañana, apenas 20 minutos después de que el programa “Fox & Friends” emitiera un segmento en el que se atacaba a las congresistas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib, Trump tuiteó:

“Qué interesante ver a las congresistas demócratas ‘progresistas’, que provienen de países cuyos gobiernos son una completa y total catástrofe… diciéndole a Estados Unidos a los gritos y de forma agresiva… cómo se debería ejercer nuestro gobierno. ¿Por qué no vuelven y ayudan a arreglar esos lugares completamente quebrados y plagados de crimen de donde provienen?”.

¿Volver al lugar de donde vinieron? Tres de las congresistas a las que atacó nacieron en Estados Unidos: Ocasio-Cortez, oriunda del Bronx, es la mujer más joven en ser electa para el Congreso; Pressley, nacida en Cincinnati, es la primera congresista afroestadounidense en representar el estado de Massachusetts. Tlaib, de Detroit, es palestino-estadounidense; junto con Ilhan Omar, son las primeras mujeres musulmanas en ocupar escaños del Congreso.

Omar también es la primera congresista en usar hiyab. Nacida en Somalia, llegó a Estados Unidos cuando era niña como refugiada política. Como indica un video que se volvió viral, Omar es ciudadana estadounidense desde hace más tiempo que la tercera esposa de Trump, la primera dama Melania Trump, nativa de Eslovenia.

Los tuits racistas de Trump unieron al fracturado Partido Demócrata y activaron rápidamente una demostración de apoyo hacia las cuatro flamantes congresistas, ahora llamadas colectivamente “el escuadrón”.

Para el martes, se estaba debatiendo en la Cámara de Representantes la resolución número 489, caratulada “En condena a los comentarios racistas del presidente Trump dirigidos a miembros del Congreso”. Los republicanos lograron obstruir temporalmente el debate al invocar un ítem poco claro presente en las reglas del Congreso que dice: “Las referencias a la discriminación racial o de otro tipo por parte del presidente no corresponden”. El libro de normas original que prohibía el uso de la palabra “racista” estaba escrito por Thomas Jefferson, que fue él mismo dueño de esclavos, pero la ironía del hecho no fue percibida por los republicanos. La resolución finalmente fue aprobada, con cuatro republicanos que se sumaron a la mayoría demócrata. Si bien fue la primera reprimenda formal de la Cámara de Representantes hacia un presidente en ejercicio en más de un siglo, Pelosi bloqueó una moción más seria que procuraba censurar a Trump.

Trump redobló sus ataques verbales contra las cuatro congresistas al acusarlas de socialistas y comunistas. El uso de ataques típicos de la era del macartismo por parte de Trump no debería sorprender a nadie, ya que su primer mentor fue Roy Cohn, quien se desempeñó como el principal abogado del senador Joseph McCarthy en la década de 1950, época en la que destruyó miles de vidas con su política de persecución anticomunista.

El presidente Trump viajó el miércoles a Carolina del Norte para participar de un acto de campaña. Una vez más, apuntó contra sus víctimas favoritas: mujeres y personas de color, revelando lo que probablemente sea una de sus estrategias de campaña, la de usar retórica racista para encender a su base electoral blanca. En medio de su larga diatriba dirigida contra Ilhan Omar, la multitud comenzó a corear: “¡Envíenla de regreso! ¡Envíenla de regreso!”.

En su libro “Historia negra de la Casa Blanca”, el profesor de la American University Clarence Lusane narra la historia de la mansión presidencial, desde los tiempos de su construcción, realizada con trabajo forzado de esclavos negros, hasta la primera familia presidencial afroestadounidense, los Obama.

Lusane escribió: “Para muchos afroestadounidenses, el ‘blanco’ de la Casa Blanca ha implicado mucho más que el color de la mansión; ha simbolizado la tonalidad y la fuente de la crueldad deshumanizadora, la dominación y la exclusión que han definido la larga narrativa de las relaciones de los blancos con las personas de color en Estados Unidos”.

El lunes, las cuatro congresistas que tan claramente amenazan a Trump dieron una conferencia de prensa, donde denunciaron el racismo que experimentan ellas y la gente de color en general, señalaron las políticas del presidente sobre la detención de inmigrantes, la separación familiar y las amenazantes redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas. Sin mencionar a Trump por su nombre, la integrante del congreso Ayanna Pressley dejó en claro de quién es este país:

“A pesar de los intentos del ocupante de la Casa Blanca de marginarnos y silenciarnos, sepan que somos más de cuatro personas. Seguimos el mandato de defender y representar a aquellos ignorados, excluidos y abandonados. Nuestro escuadrón es grande. Nuestro escuadrón incluye a cualquier persona que se comprometa a construir un mundo más equitativo y justo. Ese es el trabajo al que queremos volver. Dado el tamaño de este escuadrón y de esta gran nación, nadie nos podrá silenciar”.

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español,

Publicado enInternacional
Una mujer sostiene una pluma de águila durante el acto de presentación de la investigación estatal por el genocidio de las mujeres indígenas, en Quebec, Canadá. / REUTERS - CHRIS WATTIE

La comisaria de la investigación ha alertado de que la desaparición y muerte de mujeres indígenas supone una "emergencia nacional".

Una comisión oficial de investigación ha denunciado después de tres años de trabajo la complicidad de las autoridades canadienses en lo que ha calificado de genocidio perpetrado contra mujeres y niñas indígenas en los últimos años. La investigación se puso en marcha tras la muerte de más de un millar de mujeres y niñas indígenas en las últimas décadas.
Las conclusiones han sido presentadas este lunes en Ottawa e incluyen un amplio abanico de recomendaciones para el Gobierno, la Policía y la población en general para atajar los niveles "endémicos" de violencia contra las mujeres indígenas y también contra personas estigmatizadas por su orientación sexual.


La comisaria jefa de la investigación, Marion Buller, ha defendido las conclusiones no como recomendaciones sino como "imperativos legales" necesarios para poner fin a la espiral de violencia. "Este informe trata del bello pueblo indígena y de factores sistémicos que llevan a que pierda su dignidad, la humanidad y, en demasiados casos, la vida", ha argumentado Buller, la primera indígena que ha llegado a juez de un tribunal provincial canadiense, según recoge la televisión pública canadiense CBC.


"Este informe trata de un genocidio deliberado por motivo de raza, identidad y orientación sexual", ha remachado, al tiempo que ha alertado de que la desaparición y muerte de mujeres indígenas supone una "emergencia nacional".


Entre las medidas concretas que propone, el informe plantea dar reconocimiento oficial a los idiomas indígenas, una renta mínima, profundas reformas del sistema judicial y de la Policía y un agravamiento de las penas para casos de violencia de género.


Así, denuncia que las investigaciones de asesinatos y desapariciones de mujeres indígenas se tratan de forma diferente a los demás casos y por tanto hay menos casos resueltos. Cuando hay opciones razonables de condena, es demasiado frecuente que se alcancen acuerdos de inculpación a cambio de reducciones de condena, que a veces incluso quedan por debajo del mínimo de 10 o 25 años de prisión en los casos de los delitos más graves.


En respuesta propone incorporar más indígenas como jueces, instructores y policías y plantea incluso la creación de una jurisdicción diferenciada para los casos penales con indígenas implicados.


"Los críticos tendrán miedo y se quejarán del coste de la reconstrucción, de que ya se ha hecho bastante, que ya se ha gastado bastante. A ellos les diré que como nación no podemos permitirnos el no reconstruir. De lo contrario, estaremos permitiendo que continúe este genocidio en nuestro propio país y con pleno conocimiento", ha argumentado.
Los indígenas canadienses suponen apenas un 4% de la población de Canadá, pero sus tasas de implicación en crímenes violentos, pobreza y drogadicción son muy superiores a la media.

04/06/2019 10:00 Actualizado: 04/06/2019 10:00

Publicado enInternacional
Página 1 de 12