Un técnico trabaja en la empresa bioquimica italiana Irbm, que está desarrollando una vacuna.  ________________________________________ Imagen: EFE

Grupos de investigación y empresas farmacéuticas de todo el mundo se lanzaron a una carrera desenfrenada para crear vacunas contra el coronavirus, la pandemia que hasta ha provocado la muerte de unas 127 000 personas en todo el mundo y ha infectado a casi dos millones en los cinco continentes. Y hasta ahora, son 70 las vacunas contra el coronavirus que están en estudio en el mundo, según un informe presentado el 11 de abril por la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Pero sólo una de ellas, producida por CanSino Biological Inc. y el Instituto de Biotecnologías de Pekín (Beijing Institute of Biotechnology), ha pasado ya a la fase dos de la evaluación clínica, es decir ha pasado a hacer experimentos más numerosos en seres humanos.

Las otras dos incluidas en la fase de evaluación clínica, pero que están aún en al fase uno, son las producidas por dos empresas farmacéuticas de Estados Unidos y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (National Institute of Allergy and Infectious Diseases) con base en Michigan, siempre en Estados Unidos.

Las restantes 67 vacunas están en la fase de evaluación preclínica. Son producidas en numerosos países del mundo, entre ellos Suecia (Karolinska Institute), Japón (Osaka University), China (Beijing Institute of Biotechnology), India (Serum Institute), Inglaterra (Universidad de Oxford e Imperial College de Londres), España (Centro Nacional de Biotecnologías) y Rusia (Instituto de Investigación Científica sobre Vacunas y Sueros de San Petersburgo). Y a veces por más de un laboratorio en cada país.

Los tests de las vacunas generalmente comienzan en los animales, y al parecer algunas de los laboratorios que están experimentando los 70 vacunas contabilizadas por la OMS, habrían saltado la experimentación animal para pasar directamente a los humanos. Otras han hecho experimentos en animales y humanos al mismo tiempo. Los experimentos en seres humanos se hacen en tres fases sucesivas.

Según algunos expertos, el plazo estimado para desarrollar una vacuna puede ser de un año a un año y medio. Mike Ryan, director ejecutivo del Programa de Emergencias de Salud de la OMS, dijo en este sentido que para una vacuna contra el coronavirus habrá que esperar “al menos un año”. Pero hay algunos investigadores más optimistas.

Entre los optimistas se incluye una empresa farmacéutica del Lazio, la región a la que pertenece Roma. Se trata de la Advent-Irbm de Pomezia, que junto al Jenner Institute de la Universidad inglesa de Oxford, anunciaron que prevén que la vacuna que están estudiando será ya utilizable en septiembre, especialmente para el personal sanitario y las fuerzas de de seguridad (policía, carabineros y ejército) que custodian y controlan las ciudades durante las cuarentenas. Ambos son considerados los sectores más expuestos al virus.

Según declaró al diario La Repúbblica de Roma Piero Di Lorenzo, gerente general de Advent-Irbm, se estima en efecto “que la vacuna estará disponible en septiembre” en virtud “de los resultados obtenidos en las últimas semanas”. A fines de abril, precisó, una primera partida de vacunas será enviada a Oxford donde se iniciarán los test sobre 550 voluntarios sanos. En este sentido Sarah Gilbert, profesora de vacunología de la Universidad de Oxford que está llevando adelante el proyecto con la empresa italiana, dijo al diario inglés The Times, que ella se “confiaba al 80%” en que la vacuna sería efectiva en septiembre. Añadió que se estaba tratando con el gobierno inglés para crear un posible plan de producción antes de que la experimentación de las vacunas haya terminado, lo que permitiría que el público tenga acceso a la vacunas mucho más rápidamente.

Los investigadores, tanto de Advent-Irbm como de la Universidad de Oxford, decidieron pasar directamente a la experimentación clínica sobre personas porque consideraron suficientemente probada la no toxicidad y la eficacia de la vacuna en base a los resultados de laboratorio.

En total han realizado cinco meses de experimentación. Y para algunos expertos podría ser insuficiente. En efecto, la Agencia del Fármaco europea habla más bien de un año para conseguir una vacuna que sea eficaz, aprobada y que pueda ser producida y distribuida a nivel mundial.

La producción y distribución de las futuras vacunas a nivel mundial es otro de los grandes problemas que deberán afrontar los gobiernos y las casas farmacéuticas que eventualmente los produzcan. Raramente una sola de estas empresas podría producir los millones de vacunas que se necesitarán. Dos de estas multinacionales, la francesa Sanofi y la inglesa Glaxo Smith Kline, se han puesto de acuerdo para trabajar juntas y abrir sus laboratorios a otros equipos de investigación, no sólo sobre un proyecto de vacuna que Sanofi ya tiene registrado en la OMS, sino para cubrir la producción y distribución mundial que se necesite. Un acuerdo bastante inusual, dicen los expertos, entre dos empresas que siempre han competido entre sí. Pero la urgencia de una solución para el Covid-19 por todos los problemas que ha producido y podría producir a la población y a la economía mundial, es también completamente inusual. Esto teniendo en cuenta además, como subrayan muchos especialistas de la salud, que la vacuna debe ser para todos, por lo cual también habrá que contener los precios y hacer una equitativa distribución mundial.

Cuba también busca una vacuna específica para prevenir la COVID-19

En la Mesa Redonda del martes 13 de abril, el Doctor Vicente Vérez Bencomo, director General del Instituto Finlay de Vacunas, comentó que crear una vacuna contra la COVID-19 es un reto grande, que llevará una integración mayor de la industria cubana.

“Tenemos tres proyectos, pero consideramos que son proyectos intermedios para poder integrarnos. Es esencial entender el virus, porque este tiene muchos mecanismos de escape, y hasta que no entendamos esos mecanismos de escape el diseño de una vacuna será imposible”, dijo el especialista.

Vérez aseguró que, en ese sentido, el CIGB está trabajando en los antígenos específicos del virus, que servirán de plataforma a los proyectos del CIGB y a los de Finlay, mientras que su Instituto trabaja en el análisis de los trucos del virus.

“Uno de estos trucos más importantes es un mecanismo de acción viral que se descubrió para el SIDA en el año 2000. Ese año se descubrió que el virus utilizaba un mecanismo en el cual el virus secuestra a las células del sistema inmune y las pone a trabajar para multiplicarlo.

“Nosotros nos preguntamos: ¿no estaría también este virus utilizando ese mecanismo? ¿Cómo nosotros pudiéramos contrarrestarlo? Una vez que uno encuentra mecanismos para contraponer esos trucos del virus se puede encontrar una vía más rápida a las vacunas específicas”.

Respecto al desafío de una vacuna específica, aclaró que ninguna de las tecnologías que se están usando tiene otra vacuna prima que haya probado esas tecnologías, con lo cual se está validando una tecnología para hacer algo y, además, pensamos que pueda funcionar contra el coronavirus.

15 abril 2020

Martes, 14 Abril 2020 06:30

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Brasil: Covid-19 desnuda la crisis

Todavía es temprano para pensar en un después del COVID-19. Estamos recién en el medio del recorrido, transitando por uno de los momentos más dramáticos e indefinidos de las últimas generaciones. Se traba una guerra a muerte en contra un enemigo invisible, aún sin contar con todas las armas para derrotarlo. No existe siquiera un rincón totalmente seguro para donde una persona pueda escapar. Y aunque los pobres sufran muchísimo más, como siempre, ahora basta un estornudo o una tos para que un rico sea contaminado. Pandemia rara, que el tiempo dirá si es parte o no de las nuevas guerras híbridas, un desventurado ensayo de agresión bacteriológica.

Pareciera innecesario afirmar que la vida vale mucho más que la economía. Pero estamos en un tiempo en que decir lo elemental parece absurdo. La actual coalición de poder en Brasil es compuesta por un grupo de degenerados y descualificados. Ascendieron al Palacio después de poderosa campaña mediática orquestada desde Estados Unidos, que condujo el país por un callejón desde la operación Lava Jato hacia el presente escenario, pasando por el golpe de Estado de 2016. En ese momento, el gobierno trata de crear una narrativa que esconde su rotunda incompetencia detrás del coronavirus. El ministro Guedes, Chicago boy en los años 1970, opera en el sentido de rebajar derechos sociales y drenar las riquezas del país para Washington. El presidente, ante el mundo, convocó la población a irrespetar la cuarentena, boicoteando a las recomendaciones de científicos y médicos, además de muchos gobernadores y alcaides. Continúa garantizando que la hidroxocloroquina puede curar la enfermedad. Con eso, también creó un gran malestar con diputados, senadores y jueces de la Corte Suprema. Por ahora, los más de dos mil militares empotrados en la estructura gubernamental, perplejos o no, hacen el aguante. El ministro de Salud, que boicotea al sistema público y al programa Más Médicos, ahora luce como un ser coherente al contrariar su jefe y defender el aislamiento social.

Obviamente es complejo y suena desubicado escribir sobre economía, política, deudas, tasas de interés, comercio e inversiones en medio a una inédita y preocupante cuarentena. Sin embargo, de alguna forma se hace obligatorio seguir pensando en lo que viene después. Será un después nuevo; quizás mejor. Ese corto ensayo busca contribuir con esa discusión, que debe ganar fuerza y forma entre los intelectuales comprometidos con la construcción de Patrias libres y soberanas en América Latina, así como de una región integrada y consolidada como relevante bloque de poder en el mundo.

Economía ya estaba enferma

La grave crisis de la economía brasileña, así como sucede en muchos de los demás países de la región, no es consecuencia del COVID-19. La pandemia solo está cumpliendo la tarea de exponer una situación absolutamente insostenible. Por un lado, Brasil posee una economía pujante, que, en 2019, de acuerdo con el Banco Mundial, se ubicó entre las más grandes del planeta, con un tamaño similar a la de Italia o Canadá y superior a la de Corea del Sur, Rusia o España. Por otro lado, el país está entre los más desiguales del mundo. El 1% más rico concentra el 28% de toda la renta; los 10% más ricos, el 41,9%. Ese cuadro es resultado de políticas adoptadas desde mediados de los años 1960, intensificadas post apertura económica de los años 1990. Dicha concentración de la renta fue solo en parte interrumpida durante los años de progresismo (2003-2016), por medio de acciones compensatorias.

Sin embargo, los gobiernos progresistas continuaron atrapados por el canto de sirena de las Inversiones Extranjeras Directas (IED) y por el sortilegio del boom de las commodities. Brasil se mantiene como el principal receptor de IED de América Latina, sin que hayan ocurrido los impactos positivos prometidos. Las inversiones estimulan la sustitución de producción nacional por bienes importados, consolidan la exportación de productos de bajo valor agregado e impulsan el aumento acelerado de las remesas de lucros al exterior. El impacto ha sido chico sobre el desarrollo científico-tecnológico, la generación de empleos y la recaudación tributaria. Los números oficiales apuntan que la economía brasileña creció con un promedio anual de 3,3% entre 2000 y 2009 y de solo el 1% entre 2010 y 2019. Esos resultados, bastante modestos, estuvieron apoyados en un creciente proceso de desnacionalización de la estructura productiva. La mejora de los indicadores sociales, como empleo, trabajo formal y poder de compra del salario, entre 2003 y 2016, fue financiada por una acelerada pérdida de control nacional sobre sectores claves de la economía. Así, es creciente el peso de conglomerados extranjeros en sectores como minería, agricultura, energía, siderurgia y servicios (financieros, telefonía, electricidad y transportes, entre otros).

Apesar de eso, Brasil consolidó su rol como economía proveedora de bienes de bajo valor agregado, con la evidente reprimarización de su pauta de exportación. En 2003, de los 10 principales productos exportados por el país, nueve eran primarios y sumaban el 25,9% del total. En 2010, los 10 principales bienes comercializados eran primarios y alcanzaron el 43%. En 2019, otra vez, de los 10 principales productos vendidos al mundo, 10 eran primarios y sumaban el 48,3% del total. Ganaron espacio bienes como soya en grano, petróleo crudo, mineral de hierro, maíz, pastas de madera, carnes vacunas, pedazos de gallinas, café no tostado y azúcar de caña.

Se identifica claramente un empeoramiento de la situación después del giro neoliberal del equipo económico de Dilma Rousseff, en 2015, y de las acciones de su vice Michel Temer, quien intensificó el liberalismo, empujado por muchos de los mismos economistas ortodoxos de la administración anterior. El nuevo gobierno, desde 2019, generó dificultades todavía más profundas. Los últimos dos años representaron el ocaso de los ya retraídos resultados económicos, empeorados por una crisis social sin precedentes.

Hoy día el PIB es similar al de 2010. La tasa de inversión en la economía cayó del 20,9% en 2013 para el 15,4% en 2019. El peso de la industria en el PIB está en el nivel más bajo desde los años 1970; llegó a mediocres 11,7%. Según la Confederación Nacional de la Industria, la capacidad ociosa del país alcanza los 35%. Brasil tiene 12 millones de ciudadanos desempleados y más de 38 millones que laburan informalmente. El retroceso en las estructuras de protección a los trabajadores fue agravado por las recientes “reformas” laboral y de la seguridad social. El poder de compra de los salarios, que aumentó entre 2003 y 2016, pasó a caer año tras año. La situación actual es de ampliación del desempleo, encogimiento de los salarios reales y disminución de la producción. Para empeorar, la estructura tributaria es fuertemente regresiva, con impuestos indirectos, sobre el consumo, o sobre la renta de asalariados, pesando desproporcionalmente sobre la clase media y los más pobres.

Otra vez el Estado

Una vez más, la respuesta debería ser el aumento de la intervención del Estado. Es decir, la adopción inmediata de políticas públicas de auxilio a los más perjudicados. Es lo que se está anunciando en muchos países: inyección multimillonaria de recursos para reactivar las economías. En el caso brasileño, debería haber aumento de los gastos con el Sistema Único de Salud (SUS), de los créditos para que las empresas esenciales continúen funcionando y de los pagos de salarios para que las personas no necesiten salir de sus casas. Sería necesario abandonar la agenda de austeridad fiscal, con acciones de promoción a la producción local, de reactivación de la capacidad instalada, de sustitución de importaciones y retomada del poder de compra del salario.

Es urgente impulsar la producción nacional, por lo menos, de bienes sencillos, como los equipos médicos de seguridad (guantes, máscaras, batas, zapatillas de paño, ventiladores pulmonares y respiradores, entre otros), actualmente comprados en el exterior. Las universidades públicas están cumpliendo, una vez más, de forma ejemplar, su función social, pese a los crecientes cortes de presupuesto al que han sido sometidas por el actual gobierno, que busca asfixiarlas para privatizarlas. Dichas instituciones de enseñanza superior están contribuyendo con estudios y soluciones concretas,como la producción y reparación de ventiladores y respiradores, por ejemplo. El escenario de caos que se avecina revela toda la perversidad de la realidad económica. Es fundamental recordar que donde faltan testes, como en Brasil, hay menos infectados y muertos.

La Suprema Corte autorizó el aumento de gastos, flexibilizando las exigencias de la Ley de Responsabilidad Fiscal, adoptada por Fernando Henrique Cardoso para imponer legalmente las políticas de austeridad: corte de gastos sociales y reserva de recursos para satisfacer al sistema financiero. Desde 2016, la enmienda constitucional del “Techo de Gastos Públicos” modificó la Carta Magna y limitó el aumento de despesas sociales por 20 años. Ante el actual escenario, en marzo, el Senado ya aprobó el pago de un auxilio de emergencia de R$ 600, por tres meses, para trabajadores sin registro, incluyendo autónomos y en los contratos llamados “intermitentes”. La ayuda, denominada "Corona voucher", junto con otras acciones, tendrá un costo aproximado de R$ 45 mil millones. Un nuevo proyecto, todavía en discusión, prevé extender el beneficio a pescadores artesanales, madres menores de edad, taxistas, indígenas, camioneros y músicos. Dichas medidas entran en conflicto con los planteamientos de la Cámara de diputados de autorizar la suspensión de contratos de trabajo y de reducir salarios.

En paralelo a la decisión de la Corte, el Parlamento insiste en la invención de un supuestamente obligatorio “Presupuesto de Guerra”, un régimen extraordinario fiscal, financiero y de contrataciones durante el estado de calamidad, que separaría los gastos para el combate al COVID-19 del Presupuesto nacional. Entre los objetivos está la autorización del Banco Central de Brasil para liberar hasta R$ 650 mil millones para bancos, sin cualquier contrapartida o garantía de que el recurso llegará a los ciudadanos que necesitan. En un momento de crisis y alto riesgo, las instituciones financieras continuarán prestando dinero con las tasas de interés más altas del mundo (12% al mes y cerca de 300% al año). Además, se liberaría al BC para comprar directamente carteras de crédito y títulos de empresas, como hace el FED en Estados Unidos. Después de la victoria sobre la terrible pandemia, restaría un país en ruinas, familias descuartizadas y bancos poderosos.

Política Externa Grotesca

Las líneas fundamentales de la Política Externa Activa y Altiva de Brasil, implementada durante el progresismo, se fueron perdiendo después de 2014. Durante más de diez años, pocas decisiones trascendentales en el mundo fueron tomadas sin consultar la posición oficial de Brasil. En el tema financiero, comercial, productivo, ambiental y militar, el país asumió un papel de creciente relevancia. Con Dilma, sobre todo debido al avance de la iniciativa de los BRICS, ese rol se mantuvo, aunque con menos intensidad. En 2016, desvaneció. El actual gobierno condujo a la política exterior de Brasil para un abismo. En pocos años, el país transitó de una posición de player respetable y fundamental en el concierto de las naciones hacia la condición de nación burlesca, grotesca y risible.

Desde enero de 2019, el actual gobierno se encargó de plantear una agenda internacional sostenida en caricaturescos prejuicios ideológicos, digna de los tiempos más ardientes de la Guerra Fría. En pocos meses, se crearon grandísimos embarazos con importantes socios comerciales del país: China, vecinos Sudamericanos, países árabes y naciones de África. Los ejemplos más destacables son las declaraciones irrespetuosas del hijo del presidente de Brasil, del canciller y del ministro de educación sobre lo que denominan el “virus chino”; la intromisión en asuntos ajenos de otros países, en el caso de las elecciones de Argentina y Uruguay; el respaldo a la agresión imperialista contra Venezuela; el soporte al golpe de Estado en Bolivia; el escándalo en la renegociación del tratado de Itaipú, con Paraguay; el apoyo a la propuesta sionista de reconocer a Jerusalén como capital de Israel; y el cierre de embajadas en países africanos y del Caribe. Todo a nombre de un incuestionable entreguismo y de la firme decisión de someterse a los intereses del gobierno de Estados Unidos, en los más distintos temas. De esa manera, la política del Itamaraty asumió un carácter farandulero que hiere a la tradición de la diplomacia brasileña, que ya tuvo entre sus cancilleres a Río Branco, AfonsoArinos, San Tiago Dantas, Azeredo da Silveira y Celso Amorim, entre otros exponentes, trabajando en el sentido de fortalecer el regionalismo y la multipolaridad.

El escenario es bastante complejo. Así como en el caso de los demás países latinoamericanos, los principales factores negativos -junto al COVID-19, actúan todos juntos: cierre de las fronteras, cuarentenas, caída de los precios de las commodities, fuga de capitales, reducción del comercio exterior y restricciones de financiamiento. En Brasil, la actual fuga de capitales es la más grande de la historia. En 2020, en solo tres meses, de enero a marzo, ya fueron más de 54,9 mil millones de reales, superando a los 42,6 mil millones de reales del año pasado entero. Es decir, el actual gobierno acumula una pérdida de más de 97 mil millones de reales. En 2020, la moneda brasileña ya perdió un 26,8% de su valor, con la tasa de cambio sobrepasando los R$ 5,20 por dólar por primera vez, aunque el gobierno haya quemado tantos dólares. Las reservas internacionales bajaron de US$ 376 mil millones para US$ 346,5 mil millones entre agosto y diciembre de 2019. Con relación a las exportaciones brasileñas, están en el mismo nivel de 2014. La caída fue del 6% en 2019 y del 10,2% en los dos primeros meses de 2020. Se nota que el empeoramiento de las condiciones ya venía ocurriendo desde antes de la pandemia.

Sería necesaria una postura muy distinta del gobierno de Brasil. El actual escenario de crisis, potencializado por el COVID-19, podrá abrir ventanas de oportunidad para movimientos en la jerarquía del Sistema Internacional. En ese sentido, otra vez, ganan relevancia las ideas de integración sudamericana, de desarrollo autónomo y de una inserción internacional más soberana.

Integración Regional como estrategia

Los organismos internacionales plantean una crisis de profundas proporciones, mucho mayor que la del 2008-2009, comparable con la de los años 1930. Puede tratarse del inicio de una nueva década perdida. La CEPAL apunta que la economía de América Latina ya creció menos en los años 2010 (1,5%) que durante los años 1980 (1,7%). Hoy día, por ahora, pareciera que el camino solitario de salvación para los países sea más razonable y probable, principalmente porque hay una supremacía de gobiernos cercanos o asociados a Washington. Además, con una perspectiva colonizada, encarnan un avinagrado sentimiento de revancha en contra del esfuerzo emancipador, integracionista y autonomista de los años 2000.

No obstante, la disminución del comercio internacional, la caída de los precios de las commodities y la escasez de dólares podrán hacer con que sean recordados los instrumentos de comercio compensado, por ejemplo. Volverían a ser utilizados el Convenio de Créditos Recíprocos (CCR) de ALADI o el Sistema de Monedas Locales (SML) del Mercosur. El comercio intrarregional, actualmente en uno de sus niveles históricos más bajos, podría ser retomado, incluso como forma desesperada de los países de consumir bienes de las economías vecinas sin la obligatoriedad de utilizar dólares. Dicha carencia de divisas potencializaría las transacciones comerciales intrarregionales, lo que demandaría el fortalecimiento de las conexiones físicas, de infraestructura. Como la crisis continuará, el movimiento de acercamiento regional debe hacer parte del esfuerzo de restructuración de las economías. A su vez, con el tiempo, dicho comercio entre vecinos podría impulsar, incluso, la articulación de cadenas industriales, la integración productiva, incluyendo a pequeñas, medianas y grandes empresas.

Se recuerda que el pensamiento estructuralista de industrialización por sustitución de importaciones, de intervención y planificación estatal, se consolidó exactamente durante la “Era de la catástrofe”, entre 1914 y 1945. Las crisis suelen cumplir la función de ampliar el grado de permisividad del Sistema, posibilitando que las naciones contestadoras se muevan en la jerarquía mundial. Quizás ese desastroso escenario de pandemia, de muerte y dolor, cumpla un doble rol. Podría barrer los gobiernos neoliberales y sus políticas de concentración de riqueza, ante su total incapacidad de responder y solucionar a los crecientes problemas de las mayorías. O podría rescatar la comprensión acerca de la necesidad de integración de América del Sur. No obstante, obviamente existe la posibilidad de que las salidas post COVID-19 no sean positivas o que se profundice el actual estado de degeneración, reforzado por mecanismos de represión y control todavía más fuertes.

Nueva Arquitectura Financiera

Aunque uno haga el esfuerzo de creer en la posibilidad de contar con el FMI o el Grupo Banco Mundial en un momento de grave crisis, la historia comprueba todo lo contrario. Son instituciones gemelas que, pese al rol que pudiera incluso denominarse como “relativamente positivo” en 1945, en Bretton Woods, fueron asumiendo la función de perros de guardia de las políticas de austeridad y ajuste neoliberal después del fin del patrón dólar-oro, en los años 1970. En los 1980, durante la crisis de la deuda externa, y en los 1990, desde la apertura de las cuentas de capitales hasta las crisis financieras, los países latinoamericanos sufrieron intenso chantaje de esas instituciones financieras. Al fin, las economías periféricas contaron mucho con iniciativas proprias e instrumentos regionales, como el CCR de ALADI o el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR). Hoy se nota como hubiera sido importante ejecutar las propuestas de crear el Banco del Sur, ampliar el FOCEM, potencializar un fondo de reservas del Sur e intensificar los intercambios comerciales vía compensación.

Ojalá el BID y la CAF cumplan un rol positivo en ese momento dramático. Pero el camino de salida para las crisis de los países endeudados no será enseñado por las estructuras tradicionales, como el FMI o el BM. A fines de marzo, ambas instituciones dieron a conocer un documento en el cual supuestamente proponen un inmediato perdón de la deuda oficial bilateral de 76 países prestatarios de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), que abarca las economías más pobres del mundo. Dicha asociación incluye a 39 países de África, ocho de América Latina y Caribe (Dominica, San Vicente, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Nicaragua y Santa Lucía) y dos de Europa (Kosovo y Moldova), entre otras naciones de Asia. Sin embargo, en el comunicado de las dos instituciones, dirigido a los países del G20, lo que se sugiere es elaborar una lista de las deudas que serían insostenibles, además de eventuales planes de reestructuración. Los próximos capítulos de ese tema se conocerán en reuniones que todavía ocurrirán a mediados de abril.

Hay otra información muy importante, que llama la atención. El stock de deuda externa total de los países de ingresos bajos y medios (que incluye Argentina, Brasil, China, India, Indonesia, México y Rusia, entre otros), en 2018, ascendió a US$ 7,8 trillones. Sin embargo, el anuncio del FMI y del BM incluye solamente a los países deudores de la Asociación Internacional del Fomento (AIF), cuya deuda alcanza US$ 25 mil millones. O sea, la propuesta de las dos instituciones, que todavía necesita ser evaluada en distintas instancias, alcanza al 0,3% del total de las deudas. Aunque pueda ayudar a algunos países muy pobres, sería completamente insuficiente.

Por eso, desde los años 2000, se habla tanto, en todas las regiones, sobre la necesidad urgente de refundar una arquitectura financiera internacional, reduciendo el rol protagónico de los gemelos e impulsando mecanismos regionales de financiamiento. Es fundamental potencializar los estudios e investigaciones en ese tema, considerando cómo podrían reactivarse instrumentos ya existentes en América Latina.

Consideraciones finales

Sin contar con una bola de cristal, se trató de presentar un brevísimo análisis sobre las consecuencias de un fenómeno nuevo, que está sucediendo hoy mismo. Los resultados serán, muy probablemente, bastante drásticos para las sociedades subdesarrolladas: cierre de empresas, adquisiciones de los pequeños negocios por los grandes, concentración de la renta, corte de los gastos sociales, desempleo, hambre, desnutrición y olas de criminalidad. No obstante, existirá un después. Y parece evidente que el mundo que vendrá, post-COVID-19, exige otras realidades muy distintas. Más Estado, menos desigualdad. Menos poder al mercado, más acción consciente del ser humano. Más integración regional como salida común, menos proyectos nacionales solitarios que amplían los problemas periféricos.

Las consecuencias concretas de la pandemia dependerán de su extensión y la magnitud de la tragedia y las crisis en cada país, potencializadas por el frenazo resultante de las políticas neoliberales. Ojalá la mayoría de los gobiernos de la región sea presionada a abandonar las políticas excluyentes o barridos del mapa. Obviamente no hay ninguna garantía de que el porvenir sea mejor. Ese corto ensayo busca aportar con la necesaria discusión sobre el mundo que vendrá después de la victoria sobre la pandemia.

Por Luciano Wexell Severo, docente y Coordinador del Observatorio de la Integración Económica de América del Sur (OBIESUR) de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA).

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Lunes, 13 Abril 2020 05:50

Resurrecciones

Una enfermera del Hospital de Especialidades RML durante una protesta afuera de la cárcel del condado de Cook, en Chicago, hace unos días, para exigir la liberación de los prisioneros. Un juez federal ordenó al penal adoptar medidas inmediatas para detener la propagación del Covid-19 entre los más de 4 mil reos.Foto Ap

Son las siete de la tarde y las ventanas de la ciudad de Nueva York se abren, como todos los días a esta hora, para ofrecer una ovación sonora, acompañada de sirenas de bomberos, a los trabajadores de salud que nos están rescatando en medio de la pandemia, en medio de este llamado "epicentro" del país number one en contagios y ahora en competencia global diaria para ganar el trofeo de más muertos. Con los aplausos no sólo se agradece, sino se supera por unos minutos el aislamiento de la cuarentena parcial, y con ello, se reconoce que aunque cada acción de "distanciamiento" es individual, es a la vez una acción solidaria, lo que hace cada uno tiene impacto en todos.

Pero como en toda crisis, el coronavirus ha dejado claro que no todos son afectados de la misma manera, las cifras de contagio y muerte revelan una geografía de clases donde los más pobres –entre ellos las minorías afroestadunidenses y latinas, así como la mayoría de inmigrantes, sobre todo los indocumentados– son los más devastados. Son primero víctimas no del virus, sino de la mayor desigualdad económica y social en 90 años. El problema fundamental en esta crisis no es de salud, sino de la injusticia estructural que se ha profundizado durante cuatro décadas de políticas neoliberales.

La primavera, renacimiento de la vida después del largo invierno, esta vez está sofocada por la peste, las historias que nos contamos de sufrimiento, de personal médico arriesgando sus vidas, de los que mueren solos bajo las reglas de aislamiento en hospitales, o los cientos que perecen en casa sin jamás ser atendidos ni registrados en las cifras oficiales. Mientras la vida pública está casi totalmente clausurada, los leones que cuidan la entrada de la Biblioteca Pública de Nueva York han callado su rugir (imaginario), ya que no hay nadie a quien saludar ni despedir, igual a los felinos vivos en el zoológico del Bronx (aunque se sospecha que ellos y los otros animales están felices sin ver a los humanos que los encarcelaron para "conservarlos" de la devastación del planeta que, entre otras cosas, desató esta pandemia).

Nos invade la ira mientras como periodistas intentamos contar tanto los actos nobles y solidarios como los abusos y la delincuencia oficial en medio de la emergencia. No se puede ser "objetivo" frente al gran crimen ya bien documentado de cómo el presidente y la cúpula política no respondieron durante dos meses, a pesar de tener toda la información sobre el potencial devastador de esta pandemia. La crisis es fundamentalmente de origen político, no biológico (como se ha documentado en estas páginas por diversos expertos).

"Las historias que estamos escuchando en medio de esta pandemia resuenan con la historia en la Biblia de la crucifixión de Jesús, un refugiado sin techo de piel morena y un criminal convicto asesinado por el Estado por organizar un movimiento de fusión moral para transformar la sociedad para servir las necesidades de los pobres en lugar de los ricos", declaran los líderes del resucitado Movimiento de los Pobres, el reverendo William Barber y la reverenda Liz Theoharis, en su mensaje de Pascua. Agregan que en la Biblia hay múltiples resurrecciones –las que definen como "confirmaciones de la justicia de Dios"– y que esas hoy se expresan en luchas por los derechos civiles y humanos de los trabajadores y los pobres, incluyendo los inmigrantes, entre ellos los de la salud, empleo digno y educación.

Comentan que el silencio en muchas ciudades bajo cuarentena hoy día es interrumpida por ambulancias, y que eso recuerda palabras del reverendo Martin Luther King advirtiendo que algunas prohibiciones no se pueden respetar durante emergencias: "Los pobres de esta sociedad están viviendo en condiciones trágicas por las terribles injusticias económicas que los encadenan. La gente desheredada de todo el mundo se está desangrando por las profundas heridas sociales y económicas. Requieren de brigadas de choferes de ambulancias que tendrán que ignorar los semáforos rojos del sistema actual hasta resolver la emergencia".

De eso dependerá, en gran medida, una resurrección pospandemia.

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Cierre inmediato de la Cárcel de Villavicencio

La noticia, tardía, confirma lo que tanto se temía: el pasado 10 de abril el Instituto nacional penitenciario y carcelario (Inpec) confirmó la muerte de un exrecluso que estaba en el Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Villavicencio y que había recuperado su libertad el 1 de abril. Con retraso de tres días el Inpec confirmó el deceso, producido en el Hospital Departamental de Villavicencio, donde el exrecluso de 63 años ingresó el mismo día que recibió la boleta de libertad. El centro de salud confirmó el 7 de abril que perdió la vida producto de infección con Covid-19. ¿Cuántos contagiados y muertos necesita el Inpec y el gobierno nacional para clausurar de inmediato este centro de encierro y de muerte? ¿Cuántos presos más habrán muerto por el virus a nivel nacional y la opinión pública aún no está enterada de ello?

En particular en este primer muerto producto del Covid-19, el interno se sintió mal los días finales de marzo y el 31, ante su agravamiento, le autorizaron al amanecer el traslado al Hospital Departamental, donde le brindaron oxígeno para regresarlo a la prisión hacia medio día. Un día después, por coincidencia, le llega la boleta de libertad, la que no pudo disfrutar pues debió internarse de nuevo en el Hospital, del cual salió el 5 de abril pero sin vida

Una realidad de espanto. Normalmente en una cárcel, por la manera como están construidas, no existe espacio suficiente para guardar distancia entre presos, los cuales comparten un patio pequeño para su movilidad y mínimo esparcimiento, así como un comedor estrecho donde un preso se sienta a ingerir el alimento hombro a hombro con sus compañeros de desgracia. Así mismo son las duchas, sin espacio suficiente para guardar distancia entre quienes allí pasan sus días.

Realidad sufrida por miles a lo largo del país y por lo cual semanas atrás la población reclusa levantó su voz de protesta y la exigencia de deshacinar estos centros del horror, así como brindar prisión domiciliaria transitoria para todos los sindicados. La respuesta que recibieron fue el asesinato de 23 prisioneros en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá, más de 80 heridos y el posterior traslado –como castigo– de varios reclusos, tanto hombres como mujeres, para alejarlos de sus familias.

Mientras mujeres y hombres confinados tras barrotes demandaban medidas humanitarias y de emergencia, el Inpec declaraba la emergencia carcelaria y el Gobierno entrega un proyecto de decreto para reglamentar la manera en que haría efectiva el traslado a sus sitios de vivienda u otros espacios de vida a las personas presas a las que les abrieran las puertas de las prisiones. Ni uno ni otro han servido para nada, ya que la emergencia solo ha sido utilizada como paraguas para reprimir a quienes protestan, y el borrador de decreto, empantanado en trasladar a otros sitios de detención a sindicados, pero también condenados mayores de edad y enfermos, no ha logrado el consenso del poder.

Un decreto, valga enfatizar, en el cual se siente la ausencia de voluntad política, así como la aceptación y aplicación de la misma legalidad del Estado colombiano, expresada por sus jueces así: “[…] sobra recordar el carácter procesal, excepcional y preventivo que gobierna en el régimen democrático la imposición de una medida de aseguramiento de detención preventiva, más aún cuando se ordena en un establecimiento de reclusión, teniendo en cuenta su calidad provisoria y no sancionatoria, además que no puede perseguir fines de prevención general ni especial y, mucho menos retributivos o de resocialización” (*)

Jurisprudencia posterior a la Sentencia T-388 de 2013 (M.P. María Victoria Calle C.), en la cual la Corte Constitucional reclamó a los legisladores y a los jueces que: “Las medidas de aseguramiento deben ser excepcionales” […]. "Como parte de una política criminal y carcelaria respetuosa de un estado social y democrático de derecho, las entidades del Estado, sin importar la rama a la cual pertenezcan, deben tomar las medidas adecuadas y necesarias para evitar un uso indebido o excesivo de las medidas de aseguramiento que impliquen la privación de la libertad de una persona. El Estado tiene que tomar todas las acciones que correspondan para evitar que sea una realidad el adagio popular según el cual ‘la condena es el proceso’. Los abogados expertos en el litigio advierten que las medidas de aseguramiento mal administradas convierten el proceso penal en una manera de imponer una pena privativa de la libertad, hasta que se constate que no se pudo demostrar la culpabilidad de la persona. Bajo el orden constitucional vigente el proceso penal no puede convertirse en una manera de imponer, de facto, una condena arbitraria a una persona".

La cadena toma forma

Si había un infectado, y las condiciones de vida en los penales son tan precarias, deben estar infectados muchos más. En efecto, el sábado 11 de abril a las 2:25 en su cuenta de twitter el Inpec informa de un segundo preso infectado y de su traslado al Hospital Departamental. El diario El Tiempo informa ese mismo día en su página web que un hombre de 78 años fue trasladado de urgencia el 5 de abril al mismo hospital para morir dos días después. Un tercer interno también fue trasladado al centro de salud y allí permanece en tratamiento.

Una información entregada de manera tardía a la opinión pública, y a cuentagotas, reflejo de una administración de justicia que no garantiza los derechos humanos de todas las personas que han caído en prisión, las cuales pierden derechos como locomoción, derechos políticos, pero no el resto de derechos conquistados por la humanidad, en sus luchas contra la opresión.

De manera también tardía, el 10 de abril el Inpec en comunicado de prensa informó que inició el protocolo de emergencia de salud, no lo hizo a nivel nacional, solo para la prisión de Villavicencio, donde ejecutarán las siguientes medidas:

  • “Los adultos mayores y pacientes con patologías previas fueron trasladados a una zona de aislamiento primario especial, donde van a ser monitoreados por personal de la salud para hacer un proceso de búsqueda activa, con el fin de monitorear casos sospechosos.
  • Los demás internos del Establecimiento también se encuentran aislados, bajo el procedimiento de búsqueda activa de cualquier síntoma, con el fin de ser atendido de manera inmediata.
  • El día de mañana se realizará un consejo de seguridad municipal, a fin de establecer otras medidas frente al tema.
  • La Agencia Nacional de Epidemiología realizará el día de mañana un cerco epidemiológico en el Establecimiento para identificar la ruta de contagio de esta persona.
  • Se solicitó apoyo al Instituto Nacional de Salud para realizar la prueba de COVID - 19 a los funcionarios del Cuerpo de Custodia y Vigilancia que trabajan en el Establecimiento y los Privados de la Libertad que tuvieron contacto con la persona contagiada.
  • Se asignaron recursos para comprar de manera inmediata elementos de bioseguridad a todos los funcionarios del Establecimiento”.

Éstas medidas están bien, pero deben aplicarse en todos los presidios, junto con la expedición del decreto que ordene el traslado a sus sitios de vivienda o lugares de paso para las 36.367 personas sometidas a prisión pese a solo estar sindicadas. Una medida que, como complemento, ayudará al deshacinamiento que reina en estos sitios, sobrepoblados en un 52 por ciento.

Unas medidas que mientras cierran este penal, tienen que ir más allá. De inmediato, por ejemplo, deben someter a toda la guardia a la prueba de coronavirus, personal que puede ser el conducto por el cual ingresó el virus al lugar del encierro.

El encierro como castigo no puede prolongarse hasta la muerte. Garantizar los derechos humanos de toda la población reclusa es obligación para el Estado colombiano.

Lea el especial de desdeabajo: Para toda la población carcelaria. Prisión domiciliaria transitoria, Ya!

*Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, Acción de Tutela, expediente STP 14283-2019, radicado 104983 de octubre 15 de 2019, Magistrados Patricia Salazar Cuéllar y Luis Antonio Hernández Barbosa.

https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/39331-para-toda-la-poblacion-carcelaria-prision-domiciliaria-transitoria-ya.html

 

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Publicado enColombia
Sábado, 11 Abril 2020 06:34

Didier Raoult: chaleco amarillo

Didier Raoult: chaleco amarillo

El investigador francés Didier Raoult, microbiólogo de reputación mundial especializado en enfermedades infecciosas, se encuentra en el centro de una polémica desencadenada por la pandemia del nuevo coronavirus. Este científico propone un tratamiento a base de chloroquina, más precisamente hydroxichloroquine, producto que, según Raoult y el grupo de especialistas que lo secundan, podría curar las enfermedades contaminadas por el virus a condición de seguir sus instrucciones y aplicar el tratamiento al inicio de la enfermedad. Estos especialistas dan resultados en cifras que probarían la exactitud y la eficacia de su programa. Didier Raoult es director del Instituto Hospitalario-universitario en Enfermedades infecciosas de Marsella y laureado con el gran premio del Inserm (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) en 2010.

Esta esperanza de curación gracias al chloroquine produjo, de inmediato, un levantamiento de críticas, protestas y agresiones verbales. Otros investigadores de medicina, no menos diplomados y respetables, impugnaron resueltamente el resultado de los trabajos efectuados por el instituto de Marsella bajo la dirección de Didier Raoult. Cuestión de método: según ellos, las estadísticas no habían sido establecidas de acuerdo con las normas científicas requeridas.

Los científicos del instituto de Marsella respondieron que esta ola de reprobaciones era una prueba más de la arrogancia incorregible de los parisienses y de su menosprecio hacia los pobres provincianos marselleses. El tema dejaba el terreno de la medicina para tomar el de la eterna rivalidad entre la capital y la provincia, dando a la polémica un giro irracional. Excepción que confirma la regla: un grupo de doctores parisinos, entre ellos Alain y Jean-Pierre García, hicieron un llamado en apoyo al tratamiento de Raoult.

Después del desacuerdo médico y la rivalidad de las metrópolis, como si hicieran falta otras causas de cizaña, se declararon otras guerras. Para empezar, la política, siempre subyacente en los conflictos. ¿Hacia qué lado se inclinaba el Poder Ejecutivo: el presidente y el gobierno franceses? La controversia se extendió a la persona misma de Didier Raoult: ¿era un opositor, una especie de rebelde insumiso a las autoridades? Su aspecto fascina y desconcierta desde que se dejó crecer el cabello. Y este pelo largo ha dado lugar a todas las interpretaciones, incluso las más inverosímiles. Quienes prefieren bromear de su lado lo llaman Panoramix, nombre del druida que prepara una poción mágica, gracias a la cual los habitantes de un pequeño pueblo resisten a la invasión de los romanos. Se agrega a esta controversia, en importantísimo lugar, la guerra financiera. Intereses económicos disimulados a menudo tras el importante papel de los laboratorios farmacéuticos. No sería la primera vez que un escándalo estalle alrededor de los productos y maniobras de la poderosa y rica industria farmacéutica. Mientras el tratamiento del investigador y médico Didier Raoult no cuesta casi nada. Este científico, y quienes lo siguen, desean, en primer lugar, curar a los enfermos, sin ocuparse de ganar dinero. De ahí la nueva polémica que una cierta casta médica o mandarinato de investigadores al servicio de intereses financieros trata de encubrir poniendo en duda y desacreditando los trabajos científicos de Raoult. Así, los ataques se multiplicaron en todos sentidos a tal extremo que algunos observadores se decidieron a plantear algunas graves cuestiones: ¿los intereses monetarios prevalecen sobre las cuestiones de salud pública? ¿El coronavirus no sería el único enemigo invisible del bienestar sanitario? El polifacético Didier Raoult, fiel al juramento de Hipócrates, rebelde a la tecnocracia médica dominante, personalidad original que no teme decir lo que piensa y hace tambalearse ideas preconcebidas, ¿sería, como ya se dice, el chaleco amarillo de la medicina?

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Viernes, 10 Abril 2020 07:05

El año de la peste

El año de la peste

Entra el monstruo…

“ Coronavirus es la vieja película que hemos estado viendo una y otra vez desde que en 1995 el libro The Hot Zone, de Richard Preston, nos presentó al demonio exterminador conocido como ébola, nacido en una misteriosa cueva de murciélagos en África central. Fue sólo la primera de una sucesión de nuevas enfermedades que surgían en el "campo virgen" de los inexpertos sistemas inmunes de la humanidad. El ébola fue seguido pronto por la influenza aviar, que brincó a los humanos en 1997, y por el SARS, que surgió a finales de 2002: en ambos casos apareció primero en Guangdong, el centro manufacturero del mundo.

Así pues, el coronavirus entra por la puerta principal como un monstruo familiar. Secuenciar su genoma fue pan comido y, sin embargo, faltan los segmentos más vitales de información. Los científicos que trabajan día y noche para caracterizar el brote se enfrentan a tres retos colosales. Primero, la constante escasez de equipos de prueba, en especial en Estados Unidos y África, ha impedido realizar estimaciones precisas de parámetros claves, como tasa de reproducción, tamaño de la población infectada y número de infecciones benignas. El resultado ha sido un caos de cifras.

Segundo, al igual que las influenzas anuales, este virus muta al circular entre poblaciones de diferentes composiciones de edad y estado de salud. La variedad que los estadunidenses tienen más probabilidades de contraer ya es levemente distinta del brote original en Wuhan. El "catarro corona" de Trump es cuando menos un peligro mortal para la cuarta parte de los estadunidenses, que son de la tercera edad, tienen sistemas inmunes débiles o problemas respiratorios crónicos.

Tercero, aun si el virus se mantiene estable y muta poco, su impacto en los sectores de menor edad podría diferir radicalmente en los países pobres y entre los grupos de alta pobreza.

Dentro de un año, tal vez estemos mirando con admiración el éxito de China en contener la pandemia, y con horror el fracaso de Estados Unidos. La incapacidad de nuestras instituciones de mantener cerrada la caja de Pandora apenas si causa sorpresa: desde 2000 hemos visto repetidas fallas en la atención a la salud en la primera línea.

Las temporadas de influenza de 2009 y 2018 colmaron hospitales en todo Estados Unidos, exponiendo la pasmosa escasez de camas de hospital después de años de recortes en la capacidad de internamiento de pacientes, con talde elevar las utilidades económicas. La crisis se remonta a la ofensiva de las corporaciones que llevó a Ronald Rea-gan al poder y convirtió a destacados integrantes del Partido Demócrata en sus cajas de resonancia neoliberales. De acuerdo con la Asociación Estadunidense de Hospitales, el número de camas disminuyó en un extraordinario 39 por ciento entre 1981 y 1999.

En el nuevo siglo, la medicina de urgencias ha continuado reduciéndose en el sector privado a causa del imperativo de "valor accionario" de incrementar los dividendos a corto plazo, y en el sector público, por la austeridad fiscal y las reducciones en los presupuestos estatales y federales destinados a prepararse para contingencias. En consecuencia, existen sólo 45 mil camas de terapia intensiva disponibles para hacer frente al proyectado ingreso de casos graves y críticos de coronavirus.

Al mismo tiempo, los republicanos han rechazado todos los esfuerzos por reconstruir las redes de seguridad despedazadas por los recortes presupuestarios de 2008. Estamos en las primeras etapas de un Katrina médico. Al dejar de invertir en la preparación médica ante emergencias, al mismo tiempo que la opinión de expertos ha recomendado una expansión importante de la capacidad, carecemos de insumos básicos de baja tecnología, así como de respiradores y camas de urgencias. Las existencias nacionales y regionales se han mantenido en niveles muy por debajo de lo que indican los modelos epidémicos. Por tanto, la debacle de equipos de prueba ha coincidido con una escasez crítica de equipo de protección para los trabajadores de la salud.

La actual pandemia expande el argumento: la globalización capitalista ahora parece biológicamente insostenible en ausencia de una infraestructura de salud internacional. Sin embargo, tal infraestructura nunca existirá hasta que los movimientos de la gente rompan el poder de las grandes farmacéuticas y la atención privada a la salud.

Esto requiere un diseño socialista para la supervivencia humana, que incluya un Segundo Nuevo Trato, pero que vaya más allá de él. Desde los días del movimiento Occupy, los progresistas han puesto con éxito la lucha contra la desigualdad de ingreso y de riqueza en la página uno, un gran logro. Pero ahora los socialistas deben dar el siguiente paso y, con las industrias de asilos y farmacéuticas como objetivos inmediatos, abogar por la propiedad social y la democratización del poder económico.

Sin embargo, debemos también hacer una evaluación honesta de nuestras debilidades políticas y morales. La evolución hacia la izquierda de una nueva generación y el retorno de la palabra "socialismo" al discurso político nos anima a todos, pero hay un elemento perturbador de solipsismo en el movimiento progresista que es simétrico con el nuevo nacionalismo. Sólo hablamos de la clase trabajadora estadunidense y de la historia radical de Esta-dos Unidos. A veces esto se acerca a una versión izquierdista de "Estados Unidos primero".

Al enfrentar la pandemia, los socialistas deben encontrar toda ocasión de recordar a otros la urgencia de la solidaridad internacional. En concreto, necesitamos agitar a nuestros amigos progresistas y a sus ídolos políticos para que demanden un aumento masivo de la producción de equipos de prueba, suministros de protección y medicamentos vitales para su distribución gratuita en los países pobres. Toca a nosotros asegurar que la atención universal a la salud se convierta en nuestra política tanto exterior como doméstica.

*Reconocido urbanista e historiador, autor de City of Quartz , Planet of Slums , Nadie es Ilegal y The Monster at our Door sobre la gripe aviar, entre otros, profesor emérito de la Universidad de California e integrante del comite editorial de New Left Review .

Por Mike Davis*

Versión completa en La Jornada online: https://www.jornada.com.mx/ultimas/ mundo/2020/04/09/el-ano-de-la-peste-mike-davis-1199.html

Traducción: Jorge Anaya

Publicado enSociedad
El doctor Tomàs Pumarola, jefe de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.MASSIMILIANO MINOCRI / EL PAÍS

El jefe de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona teme que, a largo plazo, el coronavirus mute y escape a la presión inmunológica

La pandemia de coronavirus ha obligado a la población a hacerse un máster apresurado en microbiología. Antígenos, anticuerpos o reacción en cadena de polimerasa (PCR) se han incorporado al vocabulario común. Todo ello para entender qué y cuentas pruebas de detección hay para la Covid-19 y cómo funcionan. Conocer la dimensión real de la pandemia y el nivel de inmunización de la población es lo que trae de cabeza a la comunidad científica. También encontrar una vacuna y seguir desentrañando los secretos de ese microorganismo con forma de corona.

En esas anda el jefe del servicio de microbiología del hospital Vall d’Hebron de Barcelona, Tomàs Pumarola (Barcelona, 62 años). En esta crisis sanitaria, más de 15.000 PCR han pasado por sus manos y estudia de cerca las posibilidades de los otros test de detección en el mercado. “Hay tres técnicas, una lenta y dos rápidas: la PCR, el test de antígenos y el test de anticuerpos”, recuerda.

La PCR, “la de referencia”, es la más lenta (tarda cinco horas el resultado) y requiere equipos técnicos y profesionales especializados, pero también es la más fiable. Los test de antígenos son más rápidos (15 minutos) y no precisan grandes recursos humanos y técnicos, pero su sensibilidad es baja: entre el 30%y el 40% en los primeros días de infección, lo que implica que si sale negativo, se precisa una PCR de confirmación. Los test de anticuerpos son ágiles y tienen una sensibilidad del 80%, pero solo seis o siete días después de desarrollar el cuadro clínico.

Pregunta. ¿Cuál es la mejor técnica?

Respuesta. Depende de la pregunta que tengas. Para hacer el diagnóstico sobre el paciente que llega a la puerta de Urgencias, lo mejor es la PCR. Si no dispongo de un laboratorio para hacer PCR y me llega en los tres primeros días, puedo tener una técnica más sencilla, que es el test de antígenos. Si el de antígenos sale negativo, puedo derivar esa muestra a un laboratorio que haga la PCR. Otra utilidad de la PCR, fuera del diagnóstico, es cuánta gente sin síntomas es portadora del virus en el tracto respiratorio. Donde va a tener utilidad el anticuerpo es en saber quién ha pasado la infección y quién no, quiénes están protegidos y quién no.

P. En esta situación de pandemia, ¿qué es lo que más apremia saber?

R. En estos momentos, en el desconfinamiento, lo que más nos interesa saber es a cuánta gente ha infectado el virus. Eso me va a permitir establecer modelos predictivos de cuánto va a durar todavía todo esto. El virus se parará en el momento en el que haya infectado a un número determinado de la población, cuando haya inmunidad poblacional. Si detectamos que el 30% de la población está infectada, es probable que deje de infectar durante un tiempo. Si solo se ha infectado el 10%, es posible que cuando se empiece a desconfinar, continúe infectando.

P. ¿Cuánto dura la inmunidad?

R. No lo sabemos. No sabemos si la persona que tiene anticuerpos está protegida. Asumimos que sí, pero no sabemos, y tampoco durante cuánto tiempo. Hay varias preguntas: ¿esos anticuerpos me están protegiendo?, ¿cuánto tiempo van a durar en sangre? Habrá que esperar a tener meses de experiencia. Pero imaginemos que estoy protegido durante dos años, ¿el virus va a cambiar?

P. ¿Los coronavirus mutan mucho?

R. Son virus RNA, tienen mucha variabilidad. Tienen diferentes grados de estabilidad. Hay que tomarlos con mucha precaución. Tenemos las experiencias del SARS y el MERS: el MERS no ha cambiado y el SARS duró solo seis meses. Lo que no podemos decir es que este problema no lo vamos a tener. Lo que hay que hacer es vigilar el virus y ver si a lo largo del tiempo es capaz de cambiar.

Ahora no va a cambiar. Cuando un virus entra en una persona con anticuerpos, estos obligan al virus a mutar para sobrevivir. Ahora el coronavirus está entrando en personas que no tienen anticuerpos y no necesita cambiar, pero cuando empiece a reinfectar a personas con anticuerpos, estos lo van a presionar mucho para que cambie. Es la presión inmunológica.

Cuando haya infectado a un número importante de población y le cueste infectar a más, desaparece y vuelve a aparecer más tarde. Si hay un nivel de la población alto que le protege, cada vez le va a costar más y es posible que desaparezca o no. La clave es la vacuna. Si nos consigue proteger al 100% de forma duradera, conseguiremos eliminarlo definitivamente, como hicimos con la viruela. Pero si la vacuna no es 100% efectiva y el virus va cambiando, tendremos que convivir con él, con mucha menor malignidad.

P. ¿Llegará antes la vacuna o la inmunidad?

RLa vacuna tenemos todavía para un año. Veremos. Dependerá de la industria y del virus. De si las proteínas del virus que estoy usando para hacer la vacuna van a ser suficientes para hacer una respuesta inmune o no. Hay vacunas de la proteína del microorganismo donde se induce muy mal la respuesta inmunitaria, como el meningococo B. Este puede ser el principal cuello de botella para conseguir la vacuna. Con otros coronavirus la respuesta inmune ha sido baja. También es cierto que tenemos metodologías que nos permiten potenciar la respuesta inmune.

P. ¿Cuándo empezará a frenar este coronavirus?

R. No sabemos cuándo empezará a tener dificultades. Va a depender mucho de varios factores, como si los anticuerpos de las personas infectadas son muy protectores o no. El coronavirus del SARS fue muy agresivo y desapareció. El MERS es muy agresivo, pero se transmite fatal. Y hay otros cuatro coronavirus que nos afectan cada año de una forma leve y habitual. Hay mucha variabilidad. Los virus son impredecibles.

P. ¿Pero este ha venido para quedarse?

R. Depende de los anticuerpos y de la transmisibilidad. El virus del SARS se transmitía cuando la persona estaba enferma y era fácil delimitar la infección. Este lo transmite gente enferma y gente sana.

P. Este virus daña, no solo los pulmones, sino también el riñón y el corazón.

R. El virus es un disparador: lo que nos crea una lesión grave no es él, sino el sistema inmune, que reacciona de forma anómala al virus. La hiperactuación del sistema inmune es la que nos lleva a la UCI.

Cuando el virus entra, despertamos una respuesta inmune que lo neutraliza: la sensación de decaimiento, cansancio y fiebre es la respuesta inmune. Controlamos el virus, lo eliminamos y nos curamos. Pero hay un pequeño número de personas cuya respuesta no es capaz de neutralizar el virus y este continúa multiplicándose. Ahí el organismo responde activando más la respuesta inmune y se crea un círculo que lleva a una hiperactivación del sistema inmune que nos lleva a la UCI.

p. ¿Qué les falta por saber del coronavirus?

R. Muchas cosas. Lo que más nos quita el sueño, como microbiólogos, es cuál será su capacidad de variación, si será capaz de escapar a la presión inmunológica una vez haya infectado al 80% de la población y empezar de nuevo el proceso. Nos preocupa mucho que el coronavirus acaba teniendo un comportamiento similar a la gripe

Barcelona - 10 abr 2020 - 03:42 COT

Ineficaz emergencia carcelaria contra coronavirus en Colombia

A pesar de la protesta pacífica llevada a cabo por la población carcelaria a nivel nacional el pasado 6 de abril, reclamando sus derechos a la salud y a la vida, el gobierno nacional no agiliza el decreto para deshacinar prisiones y así evitar un alarmante riesgo de contagio en estos centros del oprobio. Por el contrario el director general del Inpec, general Norberto Mujica, autorizó que personas con “alto perfil delincuencial” que están en Uri (Unidades de reacción inmediata) y estaciones de policía sean enviadas a las cárceles.

La población carcelaria continúa exigiendo sus derechos frente a la pandemia del coronavirus. No temen volver a protestar, a pesar de la masacre sufrida el pasado 23 marzo que dejó 23 reclusos muertos a manos del Inpec y más de 80 lesionados. Y a pesar de la intimidación y castigo a que han sido sometidos, con traslados a cárceles lejos de sus familiares, y con requisas cada vez más frecuentes y la intimidación que se padece en medio de ellas.

Es así como durante la semana que inició el 6 de abril, llevaron a cabo cacerolazos, desobediencias y huelgas de hambre en un total de 24 cárceles. Siguen exigiendo al gobierno nacional y al Ministerio de Justicia medidas inmediatas para reducir el 52 por ciento de hacinamiento que reina en las cárceles del país, precisamente uno de los factores de riesgo para contraer el letal virus Covid-19, sumado a lo cual está el precario servicio de agua con que abastecen muchas prisiones del país, asi como sus antihigiénicas instlaciones, la mala calidad del servicio médico ofrecido a su interior, para solo relacionar algunos de los factores que agobian la vida de quienes pasan sus días a la sombra y que facilitarían la rápida reproducción del virus.

Sobre esta situación, Gavino Silva, encargado del área carcelaria del Equipo Jurídico Pueblos, comentó que los reclusos exigen medidas inmediatas frente a la pandemia porque “Los presos ven con bastante preocupación cómo se está expandiendo el virus en el país. Sienten que muy pronto les va a llegar. Los guardias del Inpec están entrando sin tapabocas y sus medidas de seguridad sanitaria son bajas. Ellos pueden estar ingresando el virus a las cárceles. Comentan (los presos) que el gobierno decretó una emergencia carcelaria, después de la masacre de los 23 presos, que para lo único que ha servido es para reprimirlos y empezar a trasladarlos”.

El director general del Inpec, Norberto Mujica, y la ministra de justicia Margarita Cabello, decidieron decretar la emergencia carcelaria por temas de salud y orden público, pero lo único realizado a gran escala es evitar las visitas a los presos y realizar jornadas de aseo en las cárceles. Esto no quita de raíz el alto riesgo de propagación del virus, ya que las medidas impuestas o recomendadas a lo largo del país para evitar la propagación del virus en los lugares de encierro no es posible implementarlas: guardar distancia entre personas –dos o tres metros–, asearse las manos con frecuencia no superior a las tres horas, usar gel y desifectantes, evitar contacto directo con metales, usar mascarillas y de ser posible guantes.

Pero el decreto de la emergencia carcelaria proyectado desde hace algunas semanas para reglamentar la excarcelación y deshacinar prisiones, para evitar un contagio masivo, no ha pasado de su borrador, sigue engavetado en discusiones entre entes gubernamentales. La pandemia no da espera y una crisis de salud pública en cárceles está en riesgo de estallar. La última discusión sobre el borrador del decreto corrió por cuenta de las objeciones presentadas por la Fiscalía General de la Nación a cargo de Francisco Barbosa, quien dijo que la adopción de medidas de deshacinamiento serían innecesarias porque no reducen el riesgo de propagación del SARS-Cov-2, así como llevar a los reclusos a sus sitios de vivienda sería trasladarle una pesada responsabilidad a su familia.

Ante estas objeciones, la Comisión de Seguimiento de la Sociedad Civil a la Sentencia T-388 de 2013* se manifestó en un carta abierta. Sobre ello Gloria Silva, integrante de esta Comisión, en entrevista con desdeabajo contó: “La fiscalía plantea que la ley ordinaria ya tiene una serie de medidas para poder acceder a estas excarcelaciones, lo que plantea la Comisión es que esas medidas no cumplen con el propósito de deshacinar de manera rápida las cárceles en frente del corona virus. Si fuera así no estuviéramos con este problema de hacinamiento”.

Una evidente falta de voluntad política por parte del gobierno nacional para resolver esta problemática, como también queda manifiesta en las objeciones interpuestas por la Fiscalía para utilizar las medidas de sustitución existentes en el ordenamiento legal (la reclusión domiciliaria u hospitalaria para personas con enfermedades graves, bien sean sindicadas o condenadas), lo que nos lleva a preguntarle a Gloria, ¿qué pasa entonces con los sindicados que son casi 38.000?

“Prisión domiciliaria se le puede aplicar a sindicados y condenados pero existe un régimen de exclusiones que impide la salida de muchos. El decreto se vuelve más restrictivo que hasta la misma ley ordinaria, por ejemplo, el delito de rebelión está excluido cuando en la ley ordinaria no. La ley plantea la detención domiciliaria u hospitalaria para personas con enfermedades graves, pero lamentablemente existen aún muchas personas con este tipo de patologías privadas de la libertad. Pero también hay un régimen de exclusiones que se mantiene en el borrador del decreto, que es bastante restrictivo y complicado” contestó la abogada.

¿Qué tipo de exclusiones hay en el decreto?

“Hay un trato discriminatorio. Por ejemplo, están excluidos delitos como hurto calificado y agravado. ¡Y la mayor parte de la población carcelaria está por hurto! Está excluido el delito de robo de ganado: el abigeato ¿Cuántas personas habrán condenadas por abigeato?, o también delitos como porte o tráfico de estupefacientes, donde muchas de quienes permanecen presas son personas pobres que hacen parte de la primera línea de producción y procesamiento de las drogas”, explicó la abogada Gloria Silva que hace parte de esta Comisión reconocida por la Corte Constitucional y cuyas recomendaciones son tomadas en cuenta por la misma para contrastar información.

La más reciente jornada de protesta pacífica realizada por los presos no tuvo mucha cobertura en medios, ni tampoco despertó el interés del gobierno para agilizar el decreto para una inmediata solución a la población carcelaria. Tal vez esto signiica que, como ya es norma en Colombia, solo los sucesos con sangre merecen la atención del poder, así como de los medios oficiosos de comunicación. Ojalá no estén esperando que las circunstancias lleven a otra masacre, para así darle vía libre al decreto, o que el virus desate una emergencia de salud y muerte entre barrotes para ahí sí tratar de remediar lo que ya no tendría solución.

El problema del deshacinamiento de las cárceles del país, uno de las circunstancias estructurales que la misma Corte Constitucional ha declarado como parte de la violación sistemática de derechos humanos de la población reclusa, no es asiumido por parte del gobierno nacional como una prioridad por superar. Un gobierno indolente, violento, que en el caso de la pandemia en curso incurre en evidentes contradicciones con sus medidas de cuarentena. Es así como el número de contagiados día tras día aumenta y más tarde que temprano llegará a las cárceles. El momento oportuno para evitar la propagación del virus es ahora.

*Recordemos que con esta Sentencia la Corte Constitucional declaró por segunda vez el estado de inconstitucionalidad en las cárceles del país e identificó que allí existe una violación sistemática de los derechos humanos.

Publicado enColombia
Víctor Hugo Ruíz, sin título (Cortesía del autor)

La pandemia generada por el Coronavirus –Covid-19– es la primera pandemia en el marco de un mundo globalizado, diferente de suma cero. Todas las demás pandemias conocidas en la historia de la humanidad sucedieron en un mundo de suma cero. Este es el primer reto grande de un modelo globalizante. Precisamente por ello la crisis desatada. Estudiamos el significado de esta crisis. Mientras tanto, nueva información mucha información, sólida y espuria se produce en el mundo. La crisis demanda un momento de reflexión, aunque son posibles numerosas líneas de análisis.

 

Un virus de la familia Coronavirus, en este caso Covid-19, conmueve y somete a la humanidad a una crisis en ascenso. El mismo fue identificado por primera vez en la provincia de Wuhan, en China, en noviembre de 2019. Fuentes oficiales del Departamento de Estado de los E.U. rápidamente lo llamaron “virus de China”. Lo que debía ser un fenómeno local, regional o a lo sumo nacional, se convirtió muy pronto en un problema global. El primer hecho que hay que señalar es que el ritmo de contagio del virus es exponencial, y que todas las estructuras –mentales, políticas, sanitarias y militares– para enfrentarlo son lineales. Este es el verdadero problema.


Nadie vio venir el virus y la pandemia, y por tanto nadie supo cómo enfrentarlo. La consecuencia fue una reacción: de la ciudadanía, del sector salud, de los políticos y gobiernos. Lo que los llamados “tomadores de decisiones” (sic) no entiende es que en política, en debates científicos, en deportes o en contextos militares y de policía, cuando se reacciona se llevan todas las de perder, pues la iniciativa la lleva la otra parte; en este caso, el virus. No hay nunca que reaccionar: esto no se entiende, y constituye un segundo hecho dramático, de enormes costos en todos los sentidos. Los ritmos de contagio se miden ya en escalas logarítmicas, lo que indica un problema serio, muy grave.


Simple y llanamente, la prevención es inmensamente menos costosa que la reacción. Ningún político, gobierno, Estado, corporación o miembro del sector salud ha entendido esto, hasta la fecha. Debido a estas circunstancias el crecimiento de los contagios es exponencial.


Gracias a estas dinámicas, los virus usan a los seres humanos para viajar y expandirse por el mundo. Al fin y al cabo, son sistemas vivos, o casi, algo sobre lo cual volveremos.


Presumiblemente, el origen del virus estuvo en el consumo de carne de murciélago en Wuhan, una costumbre inveterada en la China. El hecho es que el 99 por ciento de los virus tienen un origen zoonótico; es decir, el vector de transmisión es de animales a humanos. Las reacciones anteriores a otras epidemias y pandemias, notablemente Sars, la influenza, Mers, el Ébola y el Zika fueron tardías y lentas y de escala local. La interface seres humanos-animales es algo que no puede evitarse ni detenerse, mucho más allá de las preferencias o gustos alimenticios en algunas culturas o pueblos.


La diversidad de ecosistemas combinada con la diversidad biológica, específicamente de especies de mamíferos y de migraciones de aves es directamente proporcional a la diversidad viral.


En esa misma dinámica, las rápidas transformaciones demográficas, el cambio climático y los viajes globalizados constituyen tres factores, fuertemente entrelazados para el crecimiento de la pandemia. Estos tres factores comportan aspectos económicos, financieros, de estilos de vida, y de sistemas de producción y consumo, conjuntamente con factores ecológicos y biológicos. He aquí la complejidad.


Frente a un cuadro tan complicado y complejo como el anterior, abundan las noticias, vehiculadas prima facie, por mucha opinión. Nada es más peligroso para la ciencia y la vida que la opinión, pues ésta es esencialmente acrítica. Mucho ruido, mucha basura (= fake news), muchos lugares comunes y mucha desinformación corre, lo cual genera miedos y pánicos a numerosas escalas. El miedo es un inmunodepresor ya muy confirmado. De esta suerte, la inmunodepresión constituye un factor propicio para el contagio, la enfermedad y ocasionalmente la muerte. Vivir con miedos no es vida.


Virus: ¿qué son?


El problema que plantean los virus tiene que ver con el meollo del más apasionante de todos los problemas: qué es la vida. El problema es muy reciente, y nace apenas en 1944 gracias a un programa de investigación formulado por E. Schrödinger, uno de los padres de la física cuántica. Se trata del libro: ¿Qué es la vida? Primero, erróneamente, debido a Aristóteles, se creyó que la vida estaba constituida en reinos. Desde 1977 en adelante, gracias a C. Woese se supo que no existen reinos en la naturaleza, y que los dominios de la vida son tres: eukaria (plantas, animales, hongos y protistas, básicamente), archea (esencialmente extremófilos) y bacteria (todas las bacterias, incluidos los seres humanos). Siempre quedó el problema de los virus.


En su expresión más básica, los virus son paquetes de RNA y DNA, las cadenas básicas de ácidos que hacen posible la vida; sin embargo, no se replican. Constituyen un complicado conjunto de moléculas que incluyen proteínas, ácidos nucleicos, lípidos y carbohidratos.


La historia de los virus es dramática: primero fueron entendidos como veneno, luego como “alguna forma de vida”, posteriormente como químicos biológicos, hoy constituyen un área gris entre la vida y la no-vida. Este es el primer aspecto importante que debe ser considerado.


En efecto, no existen ni en el universo ni en la naturaleza fronteras rígidas y bien establecidas. Por el contrario, encontramos barreras porosas, móviles, difusas, en fin, zonas grises, umbrales e intersticios. No hay, por tanto nada como: hombre-y-mujer, vida-y-muerte, naturaleza-ser humano, realidad-ficción, normalidad-locura, ángeles-y-demonios, y otras dicotomías semejantes y próximas.


Manifiestamente, los virus no pueden replicarse por sí mismos, pero si pueden hacerlo al interior de las células vivas y afectar así profundamente el comportamiento de los organismos huéspedes. Lo cierto es que haber considerado durante mucho tiempo a los virus como no-vivos condujo a una consecuencia nefasta, a saber: ignorar su papel en la evolución. Hoy, por el contrario, y muy recientemente, se sabe que son fundamentales en la historia de la vida. La secuenciación genómica de los virus comienza apenas en 1992, pero con las nuevas tecnologías y gracias a la bioinformática, se ha acelerado enormemente hasta el día de hoy. En el caso del Covid-19, su secuenciación se llevó a cabo en alrededor de dos semanas.


Antes que ver a los virus como enemigos a los que hay que combatir por todos los medios, hay que comprender que la vida es imposible sin ellos. La propia comprensión de lo que es “vida” debe complejizarse más aún (algo que ya se ha logrado, gradualmente, gracias, en este contexto, particularmente al Proyecto Bacterioma Global, también conocido como Proyecto Microbioma Global (GBP) (1).


Una doble consecuencia emerge inmediatamente: o bien avanzamos decididamente en una comprensión de lo que es la vida, y entonces lo mejor que podría decirse es que los virus desafían las comprensiones o definiciones existentes de la vida. Los virus no son vida como la conocemos; o lo que es equivalente, son otra forma de vida a la que conocemos. La otra consecuencia, aún más paradójica, es que, como muchas cosas en la existencia, todo depende del grado o el modo. Para vivir, hay que estar algo infectados. Es, sin ambages, como decir que hay que estar algo cuerdos, algo enamorados, algo sanos, y algo ricos. El problema es qué tanto. Un reto que nos arroja a una reflexión sobre la sabiduría de la vida y del vivir.


No es posible la asepsia total, la racionalidad pura, la normalidad plena, y cosas semejantes. La complejidad es inescapable. Mientras tanto, los virus son infecciones.


Como se aprecia en el gráfico: las infecciones por virus comprenden, entre otras, la encefalitis o meningitis, la faringitis, la rinitis, el herpes, todas las infecciones de la piel, las enfermedades de transmisión sexual, la pancreatitis y la hepatitis, la gastroenteritis, la mielitis (polio), la neumonía, las infecciones en los oídos, las infecciones en los ojos.

 

 


Los retos que plantean los virus, incluido el Covid-19


La mortandad que está produciendo el Covid-19 escapa a cualquier previsión anterior a su irrupción; incluso a los más pesimistas. Se ha calculado que la mortandad humana oscilará entre el 3 y el 14 por ciento, es decir, algo así entre 3 millones y 150 millones de personas. Un verdadero cataclismo mundial en términos estadísticos, pero sobre todo un costo humano, en familias, amigos, conocidos, que supera cualquier evaluación.


Una realidad que cuestiona y presiona a los poderes realmente existentes, pues si sociedades, las más diversas, no sienten que sus gobernantes actúan de manea efectiva para controlar el fenómeno que está en marcha, simplemente les puede significar su estabilidad, cuando no el cambio total del régimen político que encabezan.


Por este, como por otros motivos, ha empezado una carrera desenfrenada para producir la primera vacuna contra el Covid-19; verosímilmente, ésta podría estar disponible en cosa de una o dos semanas, e incluso antes. Pero, muy significativamente, dadas las necesidades y urgencias, se están saltando todos los estadios de las pruebas clínicas. Se hacen pruebas directamente con humanos, saltándose las requeridas con animales y en muchos casos las pruebas in vitro. Buscando vía más cortas; también se experimenta con antiguos fármacos para qué funcionen. China y Estados Unidos, principalmente, han prometido tener pronto la vacuna.


Las vacunas ayudan, naturalmente, pero si no hay una metabolización a toda escala de esta crisis, la pandemia volverá a sorprendernos. Los juicios más sensatos han llegado a concluir que deberemos aprender a convivir con el Covid-19, y que recurrentemente podrá aparecer, de tiempo en tiempo, en un lugar u otro.


Los seres humanos, dicho en general deben poder cambiar sus estilos de vida. Este es el problema de base. Nadie se cura de nada si en el proceso de la sanación no se transforma verdaderamente. Si no, esta o aquella enfermedad los volverá a atacar, de una forma u otra. La verdadera solución de problemas estriba en cambios metabólicos. En esto debemos poder aprender de las plantas.


En el año 2018 se lanzó el Proyecto Viroma Global, destinado a entender los virus y a emprender acciones no-reactivas ante los mismos (2). Se trata de un programa de investigación formulado a diez años, por tanto, que deberá cerrarse en el 2028, destinado a identificar el 99 por ciento de los virus que suceden por zoonosis. Son sólo 260 virus conocidos los que son de origen humano. Prácticamente todas las enfermedades zoonóticas se originan en mamíferos o en aves. Se estima que hay más de 1.6 millón de virus mamíferos o de aves acuáticas, reunidas en 25 familias de infecciones humanas conocidas. Sólo se ha identificado el 1 por ciento de estos virus como amenazas y se han desarrollado vacunas y medidas preventivas y de intervención para menos de ese 1 por ciento. Entre 2018 y 2020 las familias de virus identificadas alcanza a las 144.


Nuevas herramientas de todo tipo, y particularmente, nuevas estructuras mentales se imponen, tornándose necesarias ante esta crisis. En el plano técnico, las mejores herramientas proceden de la importancia de bioinformática, el trabajo con modelos matemáticos no-lineales, y la significancia del modelamiento y la simulación. Todo ello, aunado al trabajo con grandes bases de datos (big-data science). Nuevas crisis llaman a nuevos enfoques y nuevas ciencias.


Como resultado del confinamiento de las personas en sus hogares en China, como en Italia, se comprueba que el mundo se ha limpiado: el consumo se detiene, como la producción y el gasto. Las aguas de Venecia están más limpias y de nuevo aparecen delfines en ellas; los cielos de la China están bastante menos contaminados, y hay elefantes que se han vuelto a ver en los lugares donde antes no había. Algo perfectamente similar a lo sucedido en Chernóbil, donde la fauna y la flora han aparecido, en entornos, hasta hoy, inhóspitos para los seres humanos.


La naturaleza habla: sólo que en lenguajes que Occidente no entiende. La crisis del Covid-19 es una voz mediante la cual la naturaleza le está hablando a los modelos productivistas y consumistas de Occidente y el mundo en general. Un llamado a cambiar las formas, los estilos y los estándares de vida (Nussbaum y Sen, 1993).


En un mundo globalizado la solución ha sido la de confinar a cada quien en su casa, con los suyos. Las medidas de toque de queda no fueron nunca medidas jurídicas o políticas, y mucho menos sanitarias; fueron siempre acciones militares. La cuarentena es una solución que llama a lo más básico de la experiencia humana, en el contexto de una crisis global: se trata de aprender a vivir consigo mismo y con los suyos. La primera de todas las experiencias de la familia humana. Algo que, a gran escala, parece haberse perdido. Pero la cuarentena es también un llamado a las más estrechas de las redes de apoyo humano: los amigos, los vecinos, los próximos y los de nuestros afectos. Una verdadera sorpresa en la historia de la modernidad, hasta hoy.


Conclusiones provisionales


Asistimos a una historia en marcha. Cualquier cosa que hoy se diga puede ser modificada mañana. Esto corresponde a los ritmos, acelerados, de la ciencia y la tecnología, tanto como de la vida misma. Los tiempos de crisis son tiempos rápidos.


Asistimos al más grande colapso sanitario en toda la historia de la humanidad, a escala global. Una crisis sanitaria no es otra cosa que una crisis de sistemas de cuidado, de sistemas de comprensión de la vida, de sistemas de sensibilidad y compasión por la gente. Y es el resultado, sin duda, de la imposición del interés privado sobre el interés común, el egoísmo y la codicia sobre la solidaridad, el compañerismo, la camaradería o la amistad, distintas formas históricas de construcción de convivencia y armonía.


La crisis del coronavirus evidencia una cosa: que los países más ricos –por ejemplo, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, España, Bélgica– son ricos sólo en la superficie: en consumo y apariencias. Eso es el capitalismo. Y la crisis puso de manifiesto que la verdadera riqueza está en el cuidado de la vida y del medioambiente. Los países más ricos son, todo parece indicarlo, los más pobres.


Es en este marco que los Estados Unidos decide la mayor intervención de la economía desde la Segunda Guerra Mundial. Francia ha decidido, por su parte, invertir a largo plazo en investigación básica la mayor cantidad desde igual suceso histórico. España ha nacionalizado todos los hospitales y clínicas privadas. China ya ha comenzado a enviar personal médico a países como Italia y a asesorar a otros con sus experiencias. Brasil ha vuelto a invitar a los médicos cubanos para enfrentar la crisis. Se están tomando medidas que antes fueron jamás inimaginadas. Unos, tratando de salvar lo que se tiene o lo que queda; otros, tratando de buscar salidas a la crisis. Seguramente veremos nuevas acciones, planes y propuestas.


La crisis del Covid-19 proyecta claramente sobre la mesa, a plena luz del día, un tema inocultable: debemos aprender a vivir; a vivir bien, a saber vivir. Alimentarse, asearse, saber qué consumir y por qué, saber qué dejar de consumir, y que la productividad, la competitividad y el crecimiento económico no son, en absoluto lo más importante. Sorpresivamente, la crisis del Covid-19 le aporta todos los argumentos necesarios a las tesis del decrecimiento. Las sociedades complejas deben poder decrecer: la ecología política y la economía ecológica reciben, de contrapelo, toda la razón; en toda la línea de la palabra.


Los seres humanos no son necesarios. Un escándalo para cualquier comprensión humanista. Es un hecho biológico. Ya existen serios experimentos mentales acerca de lo que podría suceder si los seres humanos desaparecieran de la faz de la Tierra (Weisman, 2007).


En fin, la crisis del Covid-19 es simple y llanamente una expresión de la crisis, más amplia, civilizatoria. Y sí: a un problema no-lineal no se puede responder con medidas, actitudes y estructuras lineales. Eso agrava el problema.


La crisis del coronavirus pone al día la importancia de una economía de lo inmaterial: salud, convivio, alegría, liberación del consumo, redimensionamiento total de la productividad, calor humano, amor. No en vano, los vecinos en cuarentena cantan desde sus ventanas y balcones. Y toda la gente aplaude al personal sanitario, al unísono, a una misma hora, alrededor del mundo. No cabe la menor duda, mientras una civilización se hunde con pesadumbre, miedo y preocupación, una nueva emerge, con alegría, con ganas de vivir y de superar los obstáculos.


En las crisis como en tiempos de transformación, las cosas no son nunca o blancas o negras. Pensar la complejidad de la vida equivale a ganar todos los cromatismos posibles en los que existe la luz y la riqueza de la vida.


No en última instancia, la crisis de este virus ha obligado a todos, a muchos, a entrar, por primera vez en el siglo XXI: es lo que significa el teletrabajo, la educación virtual, las ventas virtuales, el aprovechamiento de internet, la apropiación de las nuevas tecnologías, por ejemplo. El tránsito de la web 3.0 (la web semántica) a la 4.0 (soluciones concretas a las necesidades del navegante) se acelerará, sin la menor duda. Y en su horizonte se vislumbra ya, claramente, la web 5.0 (la web emocional). Sin ambages, pasamos de un mundo eminentemente analógico a gran escala, a un mundo en el que la dimensión digital pasa al mismo nivel que la analógica.


El coronavirus es una enfermedad, pero que llama a la salud y al cuidado de la vida. La de ayer fue una política que giró en torno al Estado y al capital. La de hoy y mañana es una política que se define de cara a la vida. Y la puerta que ahora se abre es una política de salud; de salud, y no de enfermedad. Justamente como política de vida. Otra democracia es posible.

 

1. Cfr. https://www.mymicrobiome.info/the-human-microbiome-project.html
2. Cfr. Global Virome Project, http://www.globalviromeproject.org/

* Profesor Titular, Universidad El Bosque.

Referencias
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Chamovitz, D., (2013). What a Plant Knows. A Field Guide to Our Senses. New York: Scientific American/Farrar, Starus and Giroux
Fitoussi, J.-P., (2008). La nueva ecología política. Economía y desarrollo humano. Buenos Aires: Capital Intelectual
Habib, L., (2011). La forcé de l’immatériel.Pour transformer l’économie. Paris: PUF
Hinkelammert, F. J., Mora Jiménez, H., (2009). Hacia una economía para la vida. Preludio a una reconstrucción de la economía. Bogotá: Proyecto Justicia y Vida-Casa de Amistad Colombo-Venezolana-Compromiso
Lane, N., (2006). Power, Sex, Suicide. Mitochondria and the Meaning of Life. Oxford: Oxford University Press
Latouche, S., (2003). Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo. El Viejo Topo
Latouche, S., Harpagès, D., (2011). La hora del decrecimiento. Barcelona: Octaedro
Mancuso, S., (2019). El increíble viaje de las plantas. Barcelona: Galaxia Gutenberg
Mancuso, S., (2017). El futuro es vegetal. Barcelona: Galaxia Gutenberg
Mancuso, S., Viola, A., (2015). Brilliant Green. The Surprising History and Science of Plant Intelligence. Washington, D. C.: IslandPress
Margulis, L., Sagan, D., (2003). Captando genomas. Una teoría sobre el origen de las especies. Barcelona: Kairós
Margulis, L., Sagan, D., (1995). What is Life? New York: Simon & Schuster
Nussbaum, M., y Sen, A., (Eds.), (1993). Quality of Life. Oxford: Clarendon Press
Ossola, C., (2011). En pure perte. Le renouncement et le gratuit. Paris: Ed. Payot & Rivages
Weisman, A., (2007). El mundo sin nosotros. Madrid: Debate
Wohlleben, P., (2016). The Hidden Life of Trees. What They Feel, and How They Communicate. Vancouver: Greystone Books

 

 

Publicado enColombia
Jueves, 09 Abril 2020 08:22

De repente el virus llegó a la puerta

De repente el virus llegó a la puerta

De repente el virus llegó a nuestra ciudad y la habita. Esa sucesión de horas y lugares que considerábamos “normal” acaba de licuarse e irse lavamanos abajo. Por eso, la pregunta por lo que considerábamos normal queda abierta. Porque lo que emerge de la “anormalidad” pandémica es la certeza de que lo normal era caótico. Habitábamos una normalidad caótica y desigual, donde unas personas se desgañitaban por dos pesos para el pan o para el crack, mientras otras cantaban en el karaoke o gritaban las subidas en la bolsa.

Porque el bicho silenció las calles. Invisible, nos obligó a la rutina de alejamiento e higienización. Sin ruido ni agazapado puso nuestra vida en estado de guerra, como insisten políticos, médicos y otros agentes de gobierno. El pulso de la “normalidad” era el ruido ensordecido de mil batallas. Hace mucho estamos en una guerra social que por el virus ganó un compás unánime.

La médica Sophie Mainguy advirtió del sinsentido de la metáfora bélica usada en la pandemia. Recalcaba la inexactitud retórica que pone al virus-criatura-natural, en guerra contra nuestra civilización. La naturaleza nunca ha sido nuestra enemiga. Hemos explotado cada gesto de su pasividad desarmada, siendo apenas una pintoresca “materia prima” para el comercio. Es insostenible comenzar una guerra sin un enemigo definido que carece de armas. Esta pandemia es estrictamente el avance de una forma de casi-vida (los virus no están vivos) sobre una especie bípeda en la que encontró posibilidades de reproducción.

Hasta antes de la vida en cuarentena, eran comunes los fines de semana y las vacaciones en la naturaleza, sin preocuparnos mucho por el probable ataque de una horda de virus. Buscábamos el canto de los pájaros y de los insectos y nadábamos en cualquier pozo sin miedo a contagiarnos. La naturaleza, pensábamos, era la “oposición” agreste de la civilización. Pero en el neoliberalismo todo está se mercantiliza. La “naturaleza” fue convertida en “nichos” de monetización. Hoy contabilizamos los precios de producción y consumo de oxígeno. Los países comercian huellas de carbono y derechos de emisión de gases de invernadero. La pretensión de retorno a la naturaleza como pretensión de resistencia a la civilización es el tonto ensueño good vibes de un hippie que viaja en primera clase.

La unidad entre civilización y naturaleza se funda en los tránsitos entre especies, espacios y explotaciones. El flujo neoliberal transportó el virus a las ciudades. El murciélago acusado de la transmisión fue apenas la silla. Que aquel natural virus ahora corra suelto por Guayaquil, Milán o Nueva York es consecuencia del libre comercio de commodities, extraídas de todos los rincones del planeta sin reparar en cuidados para los pobladores, humanos y de otras especies. La otra consecuencia es que en todas las esquinas del globo el bicho tumba gente como moscas con graves problemas respiratorios.

El coronavirus simplemente pasó de un mamífero a otro, por puentes orgánicos entre personas y animales. No busca acabar con la humanidad y menos mantenernos en un asedio permanente que acabe con nuestra vida “normal”. Apenas aprovecha la aglomeración de bípedos para engendrar nuevas cadenas de proteína, sin importarse por el número de contagiados y muertos y menos aún por la suerte de la economía mundial. Carece de estrategia, no entrena ni abastece un ejército, tampoco está previendo armisticios o rendiciones. Sólo hace copias de sí aprovechando la dinámica de las células del bípedo. Una tarea silenciosa y repetitiva que se opone a las estridencias de grandes guerras y al ruido mecánico de la libertad de comercio.

Porque la libertad de mercado sólo funciona por la explotación de todos los seres que participan de cuerpo presente en esas cadenas de valor. Explotados los murciélagos y su cazador. También conductores, agricultoras, empleadas de servicio y todos los que producen valor. La etiología del COVID-19 se explica por el estrechamiento de los contactos entre humanos y otros organismos, debido a la explotación intensa de todos los ecosistemas. Esto lleva a especies de animales silvestres a convivir en espacios reducidos, aumentando la densidad de vectores y enfermedades. Organismos diversos viviendo en inquilinatos y tugurios “naturales”.

El neoliberalismo tuguriza. La normalidad de nuestras ciudades neoliberales incluye el hacinamiento de millones de organismos que son quienes limpian, cocinan, cuidan, matan, transportan y vigilan. Con enormes dificultades económicas y sanitarias, los tugurios son la batahola de la guerra social, contracara del silencio que reina en los barrios de clases medias y altas. El neoliberalismo también tuguriza a los organismos silvestres recluidos en pequeñas selvas y a las vacas y gallinas hacinadas en granjas de engorde. Y en todos esos tugurios se escucha claro el ruido de la guerra de nosotros contra nosotros, motivada por el comercio desbocado.

Una guerra que son las palabras de un Bolsonaro calificando la pandemia de gripezinha, mientras los hospitales en São Paulo y Río de Janeiro comienzan a estar abarrotados de gente con problemas respiratorios. Una guerra que son los balazos que matan a un indígena por proteger las selvas o a un campesino por negarse a vender sus tierras para algún emprendimiento agroindustrial. La guerra silenciada son los alaridos de los extremistas religiosos prometiendo estridentes apocalipsis.

La guerra son los exitosos celebrando a coro la privatización de todo, mientras que lloran en Twitter por la contaminación del mundo por cuenta de las empresas que nos privaron de todo. También es la negación de la guerra por políticos que hacen lobby ante los fabricantes de

armas. La guerra son el inmigrante venezolano machacando su cuerpo en una bicicleta para entregar el pedido del Rappi y siendo insultado por ser migrante. Son las voces impostadas de los videos conspiracionistas de todo tipo. Son los ataques a las ciencias, sociales y naturales, que siempre ayudaron a resolver epidemias y otros males. Porque la ausencia de ruido es el testimonio de la masacre que sostiene la normalidad, esa que podemos escuchar claramente ahora que el virus nos tocó a la puerta.

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